The Project Gutenberg EBook of El corazn juglar, by Luis G. Urbina

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Title: El corazn juglar

Author: Luis G. Urbina

Release Date: October 5, 2020 [EBook #63378]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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                           EL CORAZN JUGLAR




                    _BIBLIOTECA HISPANO-AMERICANA_


                            LUIS G. URBINA


                           EL CORAZN JUGLAR


                             Creer-Crear.


                                MADRID
                            EDITORIAL PUEYO
                               ARENAL, 6
                                 1920


       Imprenta de Juan Pueyo. Luna, 29. Telf. 14-30.--Madrid.


                _En memoria de JUSTO SIERRA
                vida pura, alma blanca, pensamiento
                altsimo_.

                _Ofrenda de mi dolor devoto._

                                   LUIS




         LAMINA ANTIGUA

      Ya es viejo, mas aun vive cual en sus aos mozos,
    bajo un sol veraniego o una invernal ventisca;
    y, por esos caminos, va recitando trozos
    de romances en donde la tristeza se enrisca.

      Para llorar dolores y reir alborozos,
    trae a cuestas el viejo la guitarra morisca,
    la obscura compaera de trmulos sollozos,
    de las voces, aguda; de los puntos, arisca.

      De villorrio en villorrio, de posada en posada,
    a la lumbre del da, o a la luz plateada
    de la noche, va el viejo desgranando el cantar.

      Un nio se detiene, se asoma una vecina,
    una puerta se abre, un balcn se ilumina...
    Y, rumbo al Sueo, pasa mi corazn juglar.

     Madrid, Mayo de 1919.




         SOR MELANCOLIA

         POEMA DE VIAJE


    En un convento viva
    una monja que pasaba
    por santa, y que se llamaba
    la Hermana Melancola.

       AMADO NERVO.




I

         APARICIN

_Frente a Cdiz._


      El _Infanta Isabel_ empieza el viaje:
    de la lnea del muelle al fin se arranca,
    y la ciudad, como de fino encaje,
    se va esfumando, caprichosa y blanca,
    y se diluye, en gris, sobre el celaje.

      El abigarramiento del paisaje,
    con ser tan pintoresco, no interesa
    como el claro horizonte. Es el momento
    en que una nube crdena y espesa
    extiende un friso de rub y argento.

      Cuando vuelve la calma al entrepuente,
    de codos en la extensa barandilla,
    me pongo a contemplar la maravilla
    de sol, y cielo, y mar, en el Poniente.

      Ha comenzado el viaje...
                               De improviso
    una figura de mujer absorta
    cerca de m se yergue, y se recorta
    sobre la luz, con un perfil preciso.

      Es una monja que detuvo el paso
    y ve morir la tarde. En su cabeza
    hay una expresin vaga de tristeza
    digna de la hermosura del Ocaso.

      El crepsculo enciende, en fuego vivo,
    el oleaje de cristal sonoro.
    Y aquel semblante dulce y pensativo
    se envuelve en una atmsfera de oro
    y me recuerda un cuadro primitivo.

      El barco avanza... Sobre el mar violeta
    cae la noche pvida y sombra;
    y yo, que siento una emocin secreta,
    que es como una naciente simpata,
    mirando a la mujer humilde y quieta,
    me acuerdo de la monja del poeta,
    la que llamaban Sor Melancola.




         II

         ENTRETENIMIENTO ROMNTICO

      Hiende el trasatlntico las ondas obscuras
    y el vidrio del agua se rompe en blancuras;
    cielo y mar, y cielo y mar, da a da:
    maanas de niebla; tardes blondas, puras
    noches que florecen en diamantera.

      Pasan _cocottes_, monjas, histriones y curas;
    vanidades cursis, falsas hermosuras:
    vulgaridad todo; todo tontera.
    Un farandulero va hablando locuras
    enfticamente; y una vieja harpa
    echa a un vecino miradas impuras
    con un senil gesto de coquetera.
    Qu iguales las horas, qu largas, qu duras!
    Qu imbcil pereza! Qu monotona!
    Hiende el trasatlntico las aguas obscuras...
    cielo y mar, y cielo y mar, da a da.

      Mas yo, que rumiando voy mis desventuras
    mojadas en una gota de irona,
    endulzo mis ocios y mis amarguras
    y enciendo la lmpara de mi poesa,
    mirando tus ojos, fuente de ternuras,
    profundos y negros, Sor Melancola.




III

         CASTO RUEGO

      El amor ha pasado en todos sus martirios.
    No temas. En la hora doliente y sosegada,
    irn, como en un cofre dos olvidados lirios,
    tu juventud marchita, mi madurez cansada.

      Mis ojos no fulguran con insanos delirios;
    y, por sentir el fuego de una lumbre sagrada,
    cual mariposas negras en torno de los cirios,
    mis pensamientos buscan la luz de tu mirada.

      Ya estn--oh candorosa!--muertas las ilusiones,
    dormidos los deseos y quietas las pasiones;
    ya no queda un rescoldo del incendio voraz.

      No he de romper el frgil cristal de tu pureza...
    Permite que en tus ojos, veneros de tristeza,
    se bae largamente mi aspiracin de paz.




         IV

         INSINUACION

      Di, Sor Melancola, di tu secreto en una
    mirada, de esas hondas miradas cristalinas
    que son como un Ocaso que emblanqueci la luna
    y mancha un fugitivo volar de golondrinas.

      Eres t de las almas que ya desde la cuna
    van al dolor, y siguen coronadas de espinas,
    y tienen en el mundo la gracia inoportuna
    del lirio que florece clavado en las ruinas?

      Dentro de las monjiles tocas, blancas y negras,
    en vano tu semblante con la sonrisa alegras:
    tu gesto es misterioso y amargo como el mar.

      Tu juventud es como la rosa que en el vaso
    litrgico, agoniza de sed, y, paso a paso,
    decora con sus ptalos las gradas del altar.




V

         PRIMERA DIVAGACIN

    _A merced de los hados._

      Desde el silln de cubierta
    mi fastidio ve pasar,
    en ensoacin incierta,
    la hora muerta. La hora muerta
    y el mar. El cielo y el mar.

      Va el alma serena y sola,
    Y pienso ante el rebullir
    impaciente de la ola,
    en la muchacha espaola
    que llor al verme partir.

      Ola humana (pobrecilla!)
    que sin llegar a la orilla
    y anhelante de placer,
    huye, torna, salta y brilla
    y no cesa de correr.

      Adnde ir? No respondas,
    corazn, en vano ahondas:
    est lleno de _quin sabes_
    el destino de las ondas,
    de las nubes, de las aves.

      Lo s. Mas siento una leve
    inquietud que me conmueve,
    porque no logro entender
    qu har el viento que los lleve,
    con aquel celaje breve
    que enrubia el atardecer,
    con aquella onda de nieve
    --luz y espuma en el zafir...--
    con aquella mujer
    que llor al verme partir.




         VI

         MADRIGAL RELIGIOSO

      En el hbito negro brilla el marfil pulido
    de tus manos, que tienen, como las que pint
    el Greco, el alargado dibujo, el colorido
    anmico y la rara nobleza de expresin.

      Manos finas y exanges que mueven tu rosario
    con lentitud de abeja que labra su panal;
    y vuelan por las pginas de tu devocionario,
    como los colibres, de rosal a rosal.

      Las miro, y sueo. Huelen a mirra sus marfiles.
    Qu buenas si se juntan en la santa oracin!
    Qu frescas si se posan en las sienes febriles!
    Y sobre las heridas, qu blsamo de amor!

      Las miro, y me parece que en das ya lejanos,
    con su virtud hubieran revivido mi fe.
    Qu caricia tan pura guardarn esas manos,
    la soada caricia que jams sentir!




         VII

         LUNA NUEVA

      Yo, mudo y solitario; t, aislada y silenciosa;
    las gentes, aburridas, y el ambiente, vulgar;
    mas en tus ojos tristes se abre, como una rosa
    sobre un lago, tu alma que nos ve a m y al mar.

      Dos nios que corrieran tras una mariposa
    somos t y yo. Y la vida nos quiere castigar
    ponindonos, tal como la abuela cariosa:
    al uno frente al otro, con prohibicin de hablar.

      Vuelven tus compaeras junto a ti. Yo las miro
    con inters discreto. Yo recojo el suspiro
    que no exhalas y escucho tus querellas sin voz.

      Mientras el mar de raso, suavemente sonoro,
    se adormece en la noche, y la luna de oro
    va cortando celajes cual si fuese una hoz.




         VIII

         AUTOBIOGRAFA LRICA

      Oyeme con los ojos,
    ya que estn tan distantes los odos.

    SOR JUANA INS DE LA CRUZ.

      Miras furtivamente, las cejas juntas,
    y cual nias traviesas a la ventana
    asoman a tus ojos las preguntas.
    Quieres saber cul es mi vida, hermana?

      Parece que me dices:--Pobre viajero!
    Se ve que ests cansado. Por qu sendero
    arrastraste la vida? Por qu viniste
    a surcar estos mares como un aventurero?
    Por qu ests siempre solo, callado y triste?

      Soy uno de la errante caravana
    de Can. El desierto me vi pasar, hermana;
    pas fcil al sueo, dcil a la alegra;
    bien dispuesto al pecado y a la melancola.
    El mal filtr en mi vida su fragante veneno.
    Fu malo, y--Dios lo sabe!--siempre quise ser bueno.
    De todos los placeres ninguno me da encanto
    tan hondo y tan sincero como el placer del llanto.
    De todas las virtudes, para m, la ms alta,
    es la piedad. El mundo la necesita tanto!
    Toda vida es estril si la piedad le falta.
    Tu Dios, no es una inmensa piedad? Pues es el mo:
    a l la piedad humana va como al mar el ro.

      Hermana: yo he gozado todas las impurezas,
    y he sufrido la angustia de todas las tristezas.
    Un da hall un oasis en el camino;
    una fuente en la arena bajo una palma.
    El cielo era una joya, y el divino
    crepsculo tena piedad y calma.

      Me sent rodeado de todos mis carios:
    una cancin, un sueo, una anciana y tres nios.
    Y esper. Lentamente, la tarde iba
    abriendo en la penumbra su estrella pensativa.
    Y la noche llegaba, luminosa y risuea,
    dicindome: Reposa; ama; medita; suea.
    Por el rosado ambiente, brillante de reflejos
    de sol la caravana de Can, a lo lejos,
    se perda, abrumada con todas sus miserias,
    con todos sus pecados, con todas sus histerias.
    Y yo desfalleca, pleno de confianza,
    solo con mis amores; solo con mi esperanza...

      No vino la piadosa muerte, no vino;
    la vida, deshacindose en torbellino,
    desat sus furores contra mi suerte.
    Me castig la vida, no la muerte.
    (Y aun se debate el alma, sumergida
    en el inmenso asombro de la vida.)
    Me empujaron las fuerzas de mi destino incierto
    a la sombra, a la noche y al desierto.
    Y aqu estoy. Hace tiempo que el mundo he recorrido
    en busca de una paz y de un olvido.
    Arrastr sufrimientos por tierras y por mares;
    y he secado mis ropas en ajenos hogares.

      As, en un tono lrico, te cuento el cuento; y siento
    que t me compadeces mientras yo te lo cuento.
    A tus ojos, que brillan bajo las cejas juntas,
    ya no salen curiosas las preguntas.
    Ya lo dije: soy uno de la gran caravana
    de Can; el desierto me vio pasar, hermana.

      No s ni lo que busco, ni lo que espero:
    ca, y al levantarme, perd el sendero.
    Bes mi cruz. Y sigo: y amo mi pena.
    Compadceme, hermana, t que eres buena:
    soy ms desventurado que aventurero.




         IX

         SALUDO MATINAL

      Hoy has amanecido ms plida, hermanita,
    Qu tienes? El insomnio te sombre la tez.
    El mar de la maana refleja su infinita
    luz de piedra preciosa sobre tu palidez.

      Anoche recibiste la celestial visita
    como Santa Teresa? O volaste, tal vez,
    con alas transparentes, por la regin bendita
    que sueas en tus cndidas horas de placidez?

      O recordaste alguna novela favorita
    devorada en el claro jardn de la niez:
    --el castillo; la escala; Gerineldos; la cita,
    y el pauelo que asoma por el alto ajimez?--
    Hoy has amanecido ms plida, hermanita:
    te ha pintado el insomnio de amarillo la tez.




X

         SEGUNDA DIVAGACIN

        Este es el romance vulgar
    del hombre sepultado en el mar.

      Fu en la noche. Estaba el mar
    alterado y taciturno
    cual si protestase de
    que le volvieran sepulcro.
    Tenia brillos siniestros
    de plata vieja; y obscuros
    manchones; y pareca
    terciopelo azul y sucio.

      Un cordn de extraas testas,
    como goyesco dibujo,
    se inclin en la barandilla
    de estribor--hilo de frutos
    fantsticos--: los curiosos
    miraban serios y mudos.

      En el alba de aquel da,
    abajo, entre fuego y humo
    de mquinas, dos vulcanos
    rieron, y cay uno.
    El homicida, a la barra;
    y el muerto, al mar. Era justo.
    --Los de arriba, los felices,
    qu saben de fuego y humo!
    Mas la noticia era trgica
    y original, y entretuvo.--

      En la negrura del casco
    se abri una escotilla; un brusco
    resplandor amarillento
    hiri las aguas, y, al punto,
    una crdena linterna
    apareci y ech un flgido
    torrente de sangre, en el
    mar, que enrojeci de sbito.

      Chirriaron cordeles, y
    sali el atad, de rudos
    tablones, balancendose
    sobre el abismo, un minuto.

      El capelln, invisible,
    rez en alta voz algunos
    latines. Dos marineros
    --el cordel entre los puos--
    fueron dejando caer,
    en su lquido sepulcro,
    el atad. Se abri el mar
    compasivo y taciturno;
    y argentado y azul, era
    como un palpitante tmulo.

      Resplandecan los astros
    en el horizonte adusto,
    y entre las sombras, fingan
    ojos de mirar ceudo.
    En aquel supremo instante
    me acord de Vctor Hugo.
    Un hombre al mar! Sin embargo,
    el buque no se detuvo.
    Algunas gotas de llanto;
    algunas caras de susto;
    algn dicho filosfico;
    algn chiste audaz y estpido...

      El barco, lleno de luz,
    sigui tranquilo su rumbo.
    Son el piano en el saln;
    tocaron un vals los msicos;
    se cant el _Vorrei morir_,
    se aplaudi algn cuento burdo.

      Tres vaporosas _cocottes_
    y cuatro _monoclos_ lcidos
    mezclaban _champagne_ y risas
    en la _cmara de lujo_.
    Herva el _piccolo mondo_
    en un regocijo absurdo.

      Slo la hlice gema,
    solo el mar llevaba luto.




         XI

         ADIVINACIONES

    La biografa soada.

      Oh, los smiles viejos, que entretienen
    la sed de imaginar, las viejas flores
    retricas que se abren y que tienen
    la verdad, el hechizo y los fulgores
    de esos paisajes que a nosotros vienen
    en un cinematgrafo a colores!)]

      La brisa es un suspiro
    de abril. El mar, un campo azul. El cielo,
    un plido zafiro.
    La nube, un cisne. El barco va, en su vuelo,
    con levedad ingrvida de pluma,
    envuelto en telas difanas y blondas,
    y bordando en la seda de las ondas
    arabescos de espuma.--

      Hermana, t reposas en la silla
    de cubierta, y sealas
    en tu actitud una emocin sencilla,
    y en el perfume de xtasis que exhalas
    ante la maravilla
    de la serena inmensidad que brilla,
    el pensamiento y el mirar resbalas.

      --El barco va, con levedad de pluma
    envuelto en finas claridades blondas,
    y bordando en la seda de las ondas
    arabescos de espuma.

      Miro tu xtasis, Sor Melancola,
    y sobre el mar risueo,
    voy con los hilos de la fantasa;
    dibujando una flor de poesa
    en el lino de un sueo.

      ...La empinada calleja,
    siempre polvosa y solitaria; el muro,
    alto y sombro, y el portal obscuro,
    y la vetusta reja.

    Toledo? Avila? Burgos? Quiz... Alguna
    ciudad llena de sol y de antiguallas,
    con su puerta moruna
    y su ro en la orilla,
    y que, con torres, claustros y murallas
    pregona, entre la herrumbre y la polilla,
    leyendas de milagros y batallas
    en las ocres llanuras de Castilla.

      All pasaste la niez, sin pena
    y sin placer. Y abrise, en el devoto
    ambiente, tu alma buena,
    tal como una clortica azucena
    se abre en un tiesto roto.
    Dcil al bien y a la maldad ajena
    se desliz tu vida provinciana,
    juntando a la domstica faena
    la misa parroquial de la maana
    y el familiar rosario de la cena.

      Corri el tiempo... Y un da,
    por tu calle pas, como en un sueo
    que te impregnase el alma de alegra,
    el galn lugareo.

      --El barco va con levedad de pluma
    envuelto en finas claridades blondas,
    y realza en la seda de las ondas
    arabescos de espuma.--

      Y en la vidriera que la luz irisa,
    a la hora del silencio vespertino
    alzabas los visillos, y, de prisa,
    echabas a su paso una sonrisa
    como si le enflorases el camino.

      La embriaguez de un jardn en primavera
    aspiraste en el pdico deseo,
    y tembl tu alma entera
    con la inquietud de la primer quimera,
    como un nido que siente un aleteo.

      Fu traicin? Abandono? Desencanto?
    T escondes el secreto; mas la vida
    mordi una vez tu seno, y su mordida
    la cndida ilusin deshizo en llanto.
    Y qu cruel y persuasivo acento
    --voz de Hamlet, irnico y violento--
    decirte pudo la falaz lisonja:
    --Eres buena, y el mundo es un tormento
    para las almas buenas. Ve a un convento!
    Anda! Mtete monja!

      Y nada ms... As pas. Tranquilos,
    mas no estriles son tus sinsabores.
    Tu vida pasa entre cuidar asilos,
    velar enfermos, consolar dolores.

      Disculpa que profane tus tristezas:
    soy un viajero que, atrevido, arranca
    una corola blanca
    y que perfuma as las impurezas.

      Tu vida es como un velo
    de candor primitivo,
    simple como esta pgina que escribo
    mientras t ves el cielo.

      Ah, pobre hermana, pobre
    mujer, buena y sencilla,
    que va rezando sobre
    el abismo sin fondo y sin orilla!...

      Mas... dime: es una lgrima que brilla
    o una gota del mar, turbia y salobre,
    la que rueda en tu plida mejilla?

      --El barco va con levedad de pluma
    envuelto en finas claridades blondas,
    y realza en la seda de las ondas
    arabescos de espuma...




         XII

         TERCERA DIVAGACIN

    Un suspiro por Madrid.

      Madrid, el de las calles torcidas, los jardines
    antiguos, los palacios y la Plaza Mayor.
    Madrid de las verbenas, los _tupis_ y los _cines_.
    Madrid, pcaro y noble, viejo y evocador!

      Ciudad de ro msero y de ridos confines;
    ciudad de las mujeres de la boca de flor;
    ciudad de los mendigos y de los malandrines;
    ciudad de la alegra, la gracia y el amor!

      Una igualdad arcaica pone encanto en tu vida.
    Menipo es feliz dentro de su capa rada,
    y el nio de Vallecas le da la mano al Cid.

      Madrid, el de las tpicas y pintorescas gentes;
    el de los rojos techos, el de las claras fuentes;
    el de Goya y Velzquez... Madrid! Madrid! Madrid!




         XIII

         GALANTERA

      As, dentro la negra toca de blanco filo
    que tu cabeza cie y oculta tu cabello,
    tu cara resplandece, y en su valo tranquilo
    una invisible lmpara pone su azul destello.

      La toca, que desciende y a tus hombros da asilo,
    es un emblema puro de matiz casto y bello,
    y, como una corola de inmaculado hilo,
    avaramente esconde la gracia de tu cuello.

      Estatua en mrmol y nix, cuyo perfil semeja
    el de la ardiente santa del Bernino, y que deja
    traslucir los fervores de un ingenuo candor.

      Rostro plido que una claridad ilumina
    con su llama apacible, misteriosa y divina
    como la de una estrella que besara una flor.




         XIV

         LA LTIMA MAANA

      T, en silencio, rezabas; yo, en silencio, escriba;
    de cuando en cuando alzabas los ojos a mirar
    el horizonte difano que en esplendor arda
    y la maravillosa visin azul del mar.

      Como una seda, el viento; la luz, como un diamante
    y tu mirada, pura como el viento y la luz...
    As pas yo el tiempo, sin sufrir un instante,
    ni el mal de mi cansancio ni el peso de mi cruz.

      Era por las maanas, cuando a los cabrilleos
    del sol las ondas labran, en blancura ideal,
    efmeras diademas y leves camafeos
    que al punto se deshacen en polvo de cristal.

      Este da es lluvioso: t no rezas, hermana,
    ni yo escribo. Y estamos en silencio los dos.
    Qu opaco el horizonte de la ltima maana!
    Y qu negras las olas que nos dicen adis!

      Adis! Muy pronto, hermana, te lo dir tan mudo
    que nadie ha de sentirlo. Del fondo de mi ser
    saldr calladamente la sombra del saludo
    de admiracin a una alma que ya nunca he de ver.

      Tal vez t, por las noches, velando a algn doliente,
    o en el convento, a la hora del grave meditar,
    avives los recuerdos y cruce por tu frente
    la imagen de una angustia que te mir al pasar.

      Acaso, si en tu limpia memoria hay un asomo
    de inters, qu habr sido--dir tu corazn--
    de aquel tmido hombre que me miraba como
    un nio hurao y triste que va a pedir perdn?

      Y yo?... Buscar a solas, como nica alegra,
    mi talismn de ensueos y purezas, y all
    ver los grandes ojos de Sor Melancola
    perpetuamente abiertos para velar por m.

     En el mar.--Abril de 1917.




A UNA CRIOLLA

      Muequita de _biscuit_
    que mueves los labios y
    dices una bobera;
    yo s desde que te vi
    que eres coqueta, alma ma;
    mas... qu adorable es tu coquetera!

      Cuentan que eres tonta. D:
    --Soy linda; pensad, seores,
    qu es lo que queris de m.
    Quin jams dijo tontas a las flores?
    Ni los ms graves doctores
    le han pedido talento al colibr.--

      Flor, colibr, mariposa,
    ave, rosa,
    ala, ptalo... Y as
    representas, alma ma,
    lo que es efmero, leve,
    frgil, breve;
    rayo de oro por el da;
    por la noche, hilo de plata...
    Tienes derecho a ser tonta e ingrata.--
    Es adorable tu coquetera!

      Pero, cuidado! no llores,
    no sufras melancola;
    no padezcas mal de amores;
    todo eso te dar sabidura.
    Mas para que la quieres?...
                                 Sigue rosa,
    colibr, mariposa...
    Tu grcil y ligera tontera
    pone el olvido las tristezas... y
    es la ms linda y adorable cosa
    del mundo, oh insustancial, oh primorosa,
    oh frgil muequita de _biscuit_.

     Habana, Noviembre 1915.




         AL PASAR

      Y dime, bondadosa criatura,
    en cuyos ojos la ilusin naufraga:
    dime si por ventura
    te ha quedado una gota de ternura
    que verter en mi llaga.

      Junto a la lumbre de tu hogar me siento
    sin soltar mi bordn de peregrino.
    Vine cansado y triste... Mas no intento
    oponerme al destino.

      La noche va a llegar, estoy sediento
    de una lgrima... Dmela, y contento
    proseguir el camino...

     Toledo, Septiembre 1916.




         DEL AZUL AL GRIS

      Una calle de barrio.--En la fachada
    --una fachada colonial y austera--
    el abierto balcn, donde la amada
    todas las tardes, a las seis, me espera.
    Cielo azul, aire limpio, luz dorada.
    Acaba de llover. Sol. Primavera.
    Huele a tierra mojada.

      En la mansa quietud del vecindario
    ladra un can solitario;
    dando traspis, un ebrio soliloquia;
    gime Chopin en piano centenario,
    y el humilde esquiln de la parroquia
    llama a los feligreses al rosario.
    Los hilos del telgrafo, con finas
    rayas de pentagrama, ornan los bordes
    del pretil de las casas en ruinas;
    y all las bulliciosas golondrinas
    estn haciendo y deshaciendo acordes.

      Sonar se oye a distancia un organillo.
    Del cercano jardn viene un aroma
    de musgo. Dan las seis. Yo paso. Un brillo
    me alumbra el corazn. Ella se asoma!
    Me paro en el portal, junto a la tienda,
    y as espero feliz, frente a la amada,
    a que la noche obscura nos sorprenda
    prendidos de una lmpida mirada.
    Estamos, en la sombra sosegada,
    oyendo al ruiseor de la leyenda!

      Dnde estoy? En Madrid. Vivo entre extraos,
    entre ansias nuevas y papeles viejos.
    Cmo vine? No s. Ya estoy muy lejos
    de mi pas y de mis veinte aos.
    Sali anoche del fondo de la nada
    este cuadro de amor. Mir la cosa
    ms ftil y, no obstante, ms soada.
    Leve impresin, efmera y alada,
    como una mariposa!
    Borrse la visin del paraso.
    La realidad me vuelve a las sencillas
    vulgaridades de mi cuarto piso.
    Para ganarme el pan, se hace preciso
    emborronar, a diario, unas cuartillas.
    Me siento tan distante, tan distante
    de aquel nocturno y repetido instante
    --de l me alejan la vida y el Atlntico--
    que sobre una mesa de estudiante
    versifiqu mi amor ultra-romntico!

      Basta, memoria! El hambre me vigila;
    terco es el mal, y la existencia, dura.
    Ya est, cuerpo rebelde, alma intranquila;
    es necesario hacer literatura!

      La ventana clarea en gris borroso.
    El da est lluvioso.
    Mi alcoba est en penumbras, y me invita
    a quedarme en el lecho.
    Qu triste soledad, y qu infinita!
    Qu suspiro tan hondo el de mi pecho!
    Rigideces de muerte hay en mi cuita!
    Son del sepulcro, el fro y mi reposo!

      Y mi vasta patrona entra y me grita:
    Don Luis, las diez! Jess, qu perezoso!

     Madrid, Calle del Pez, 1916.




A UN RINCN MADRILEO

      Plaza de Santa Ana, vieja plaza ma,
    de rboles aosos y gil alegra,
    donde, tarde a tarde de verano, el sol,
    frente a mis curiosas miradas pona
    los brillos fugaces de su pedrera
    sobre la fachada del Teatro Espaol.

      Plaza de Santa Ana que me diste abrigo,
    que me recibiste como a buen amigo,
    y, paciente abuela, con sabia bondad
    me contaste cuentos de Lope y Cervantes,
    de Felipe Cuarto, de los comediantes,
    de amor y de ingenio, de gloria y piedad!

      Bien supiste cmo no era yo un extrao,
    y entonces sacaste tus galas de antao:
    un tapiz pendiendo de cada balcn;
    y en un esplendente desfile de trajes
    espadas, brocados, joyeles, encajes,
    las calzas de seda y el negro jubn.

      Cruza el mercedario Tllez. Qu galana
    llega la figura de Villamediana!
    Por aqu una duea, por all un truhn.
    Viene, en alboroto, la _mosquetera_...
    Plaza de Santa Ana, vieja plaza ma,
    por tu claro ambiente cuntas sombras van!

      Poetas famlicos, mujeres gentiles,
    enhiestas las varas de los alguaciles;
    lmparas que humean del retablo al pie.
    Lances picarescos de amor y fortuna,
    la mitad en sombra, la mitad en luna,
    y un heroico anhelo de codicia y fe.

      Junto al terciopelo, la estamea parda;
    junto al ciego msico, los ojos de Anarda;
    la bella Amarilis con Ruiz de Alarcn.
    Del _corral_ se escapan ritmos de Chacona,
    jcaras risueas y versos que entona
    con nfasis lleno de gracia el histrin.

      Tiempos de malicia, de plegaria y canto,
    de lujo y miseria, de risa y de llanto,
    de monjes y cmicos, de bien y de mal!
    Siglo diez y siete, que yo amo y admiro;
    comedias del _Prncipe_, fiestas del _Retiro_,
    calles solitarias, de muro claustral!

      Hoy todo ha cambiado menos t. Lozana,
    tu vieja alegra, plaza de Santa Ana,
    tiene, como entonces, luz, vida y color:
    galn que provoca, nio que vocea,
    dama que se encubre y cura que haldea
    detrs de las mozas que venden amor.

      Entre dos portales, como en hornacina,
    el mendigo ciego toca la ocarina,
    la sucia gitana dice el porvenir.
    Lleva el viento voces, y la luz, diamantes;
    y--orquesta del coro de los estudiantes--en
    techos y frondas charlan, como antes,
    los gorriones, esos hijos de Madrid.

      Plaza de Santa Ana, donde yo viva
    dos horas de fuego, de luz y alegra,
    las tardes del limpio verano espaol.
      Para que diviertas mi melancola,
    mientras que yo vuelvo, guarda, plaza ma,
    tu jbilo arcaico, tu ensueo y tu sol!

     Madrid, Diciembre 30 1918.




         EL BESO DE LA SOMBRA

      A veces, en la noche, mientras leo
    --olvidado de todo lo que existe--
    y oigo en mi estancia sola el aleteo
                  de mi espritu triste,

      baja a mi frente, a refrescar mis males,
    un soplo, cual un hlito de brisa;
    el que abri en unos labios virginales
                  la flor de la sonrisa.

      Aroma que aspir cuando compuse
    el madrigal ms puro y ms risueo;
    suspiro de una boca en la que puse
                  por cada sculo, un sueo.

      Suave aliento de amor que me circunda
    de ultraterrestre luz desconocida,
    llvame al seno de la paz profunda,
    y, como sobre llama moribunda,
                        sopla sobre mi vida!

     Avita, Febrero 1919.




         EL DOLOR CANSADO

      Hoy, como aquel poeta de las _Rimas_, la viste,
    y ni sonri el cielo, ni brill ms la luz.
    _Ella_ pos en tus ojos una mirada triste...
    y t ya no tenas ni fe ni juventud.

      Pero bajo la sombra de un doloroso olvido
    se estremeci la angustia de tu pasin fatal,
    y se aviv el recuerdo, y el corazn herido
    sinti que lo punzaban con una espina ms...

     Mxico, Julio 1918.




         LA VISITA DEL EXTASIS

      Tena la tristeza a flor de alma
    bajo la noche azul, radiante y bella.
    V la ciudad dormida, el mar en calma...
    Y, de pronto, cay sobre la palma
          de mi mano, una estrella.

      Lleno de vida, el sideral diamante,
    en brillos expresaba su emocin.
    Vena de un misterio muy distante,
    y entre mi mano estaba palpitante,
          tal como un corazn.

      Sent en el pecho una caricia pura
    que con su refulgencia cristalina
    fundi mi ser en no s qu ternura
          religiosa y divina.

      Fu un instante sublime de consuelo
    que lo infinito puso en mi vivir...
    Despus, la estrella prfuga del cielo,
    como ave de luz trmula, alz el vuelo
    y se volvi a clavar en el zafir.

     Habana, 1915.




         VESPERTINA

      Un largo silencio en mi vida;
    en el alma un obscuro pesar.
    --Y la tarde en zafir encendida!
    Y la tierra sensual y florida!
    Y amoroso el arrullo del mar!

      Un recuerdo que en m desfallece.
    Un afn que los ojos cerr.
    --Y la luz de este ocaso que ofrece
    un camino al ensueo y parece
    ave azul que las alas abri!

      Ansiedad, como en noches de infancia,
    de dormir sin dolor ni placer...
    --Y una dulce cancin que, a distancia,
    va esparciendo, como una fragancia,
    una trmula voz de mujer!...

     Fuenterraba, Septiembre 1918.




         CUADRO DE GNERO

         INTERIOR

      Un tiesto de porcelana
    de China, blanco y azul,
    con su cimera de rosas
    desmayadas por la luz.
    En el balcn est el tiesto;
    y el balcn es como un
    cuadrado de nieve y de oro,
    (sol, maana, cielo y tul).

      En el interior sonre
    todo: el biombo de bamb
    en cuyo zigzag de raso
    tiemblan flores al trasluz;
    el verde tapiz del muro
    donde un reloj de _cuc_
    cuelga su caja de cedro
    --en la que suena el _run-run_
    de la fina maquinaria
    de los tiempos de Mambr--;
    la mesa Primer Imperio
    con la amarillenta cruz
    de marfil, bajo el fanal
    de vidrio; el negro bal
    con repujados adornos
    de hierro; el busto de Glck
    en una vieja aguafuerte;
    la estampa bblica (Ruth
    y Noemi); el silln de coro,
    la arcaica y noble curul
    cuyos brazos platerescos
    se abren en forma de U.
    Antiguallas que sonren
    tocadas de juventud!

      Afuera, el da que esplende,
    la plaza sola, ningn
    ruido, el adormilado
    arrabal en plenitud
    de sol, el dorado gris
    del polvo; el calvo sauz
    que en una tapia de adobe
    apoya su senectud.

      Medio da. Una voz canta
    a lo lejos. Aire, luz,
    bochorno, apaciguamiento;
    todo sonre en quietud.
    Y t, rumiando tristezas,
    sientes llegar del azul
    del cielo; del aire, de
    las cosas, la juventud,
    alma ma, y el ensueo,
    que fu milagroso augur,
    y la ilusin, hada buena,
    cuya vara de virtud
    dibuj en tus horizontes
    una divina Stambul!
    Antigualla dolorosa,
    te invita el ambiente; haz un
    esfuerzo; todo sonre;
    sonre, alma ma, t!

     Mxico, Colonia de la Bolsa, 1914.




         UN VIAJE AUDAZ

      Frente al gran Ocaso lento
    me hice todo pensamiento
    y un capricho extrao tuve:
    en el esquife de argento
                  de una nube,
    embarqume a la conquista
    de un ensueo tenue y vago.
    --El crepsculo era un lago
                  de amatista.--
    Y part nimbo a la flava
    isla, donde lisonjera
    y amorosa me esperaba
                  la Quimera.
      V a lo lejos lirios, rosas,
    en florestas de ideal,
    y ciudades milagrosas
                  de cristal.
    V un alczar escarlata,
    y un jardn de pedrera
    y una negra cabalgata
                  que corra.
      V plomizas catedrales,
    grises torres, ureos domos,
    y calados de vitrales
                  policromos.
    V en la testa de un endriago
    una rtila guirnalda.
    --El crepsculo era un lago
                  de esmeralda.--

      Y bogu, bogu... Mi esquife,
    hecho de argentino encaje,
    sorteaba el arrecife
                  del celaje.
      V una nube con un mago
    de fantstica silueta.
    --El crepsculo era un lago
                  de violeta.--
    Qu horizonte tan profundo,
    tan joyante, tan sedeo!
    Qu ansiedad la de ir al mundo
                  del ensueo!...
    Yo iba en xtasis, absorto
    de seguir la blanca huella
    que en la nube dej el orto
                de una estrella.

      Pero la isla nacarada
    de repente se hizo obscura
    y fu niebla salpicada
                de blancura.
    Y mi esquife era disforme
    barca negra en la extensin
    alargndose en enorme
                  nubarrn.
    Cunto tiempo mi esperanza
    bog en esa triste nave?
    No lo s... La lontananza
                  no lo sabe.

      Volv solo y sin amparo;
    no hall nada mi delirio.
    Al regreso, como un faro,
                me gui Sirio.
      Mentiroso firmamento!
    La Quimera, dnde est?
    --Ms all--me dijo el viento--;
                  ms all!
      Y grit desesperado:
    --Dnde te alzas, Eldorado
    en que el alma busca asilo?
    Y la noche era un callado
                mar tranquilo!

     Buenos Aires, junio 1918.




         EN CASTILLA

      Tarde nublada y hmeda. El callejn se empina
    y se tuerce. Los viejos muros hacen zig-zag.
    Nadie asoma...
                      Y de pronto, de la plaza vecina
    llega una dama: el manto cubre, a medias, su faz.

      En pos viene la duea, corva y magra... Qu fina
    la altivez en la joven! Qu donaire al andar!
    En la vieja, qu gesto de lechuza mohina!
    Y en las cosas, qu hermtica y vetusta hosquedad!

      Robusto y lento, un fraile, que aparece en la esquina,
    frente a moza y a vieja reverente se inclina:
    sus ojos son burlones y luenga su nariz...

      Hiere un cuadro del siglo catorce mi retina:
    (La audaz Trotaconventos, la hermosa doa Endrina
    y el risueo poeta y arcipreste Juan Ruiz.)

     Segovia, septiembre 1916.




         LOS TRES RUEGOS

      Yo sufr. Mas siento que la vida es buena
    porque poco a poco mi dolor serena
    y apacigua el mpetu de mis alas rotas.
    Corazn que fuiste como nfora llena
    de tenues perfumes de pena,
    djame que aspire las ltimas gotas!

      Yo so. So mucho, y aun creo
    que el soar eleva, y es virtud divina
    porque puso en mi sombra un gorjeo
    y encendi en mi noche la luz matutina.
    Pasin insaciable, loco devaneo,
    deja que en el mustio jardn del deseo
    corte yo la rosa sin sentir la espina!

      Yo esper. Yo tuve profunda confianza
    en que, tras el negro viaje de la suerte,
    mi espritu, libre de toda asechanza,
    saldra ms puro, ms alto, ms fuerte.
    Cirrame los ojos, piadosa esperanza,
    si en la hora de la secreta mudanza
    abiertos de espanto los deja la muerte!

      Hay luz tramontana; pero ya se llena
    de brumas la tarde.
    El cielo es como una vaguedad serena...
    Vida que se acaba, vida noble y buena,
    djame que sufra, djame que suee, djame
                                    que aguarde!

     San Sebastin, septiembre 1918.




         NOCHE VAGABUNDA

      Vieja ciudad que vive y se recata
    en un ambiente arcaico: las callejas
    obscuras, las dormidas candilejas,
    el silencio, claustral; la quietud, grata.

      Ciudad de desafo y serenata,
    de amor oculto y de tupidas rejas;
    ciudad que tiene, entre sus cosas viejas,
    el hosco templo y el jardn de plata.

      Con espaola austeridad vigila
    --del grave siglo diez y siete, espejo--
    bajo la noche flgida y tranquila.
    Y yo, pensando voy mientras me alejo
    con rumbo al mar distante que cintila:
    Para vieja ciudad, corazn viejo.

     Matanzas, 1915.




         EL CEMENTERIO

      Pero yo soy el mismo, soy el mismo
    de ayer.

    GONZLEZ MARTNEZ.


      No, poeta, te engaas, no eres el mismo. Tienes
    tantos muertos sepultos dentro del corazn!
    Aquel que amaba, libre de males y de bienes,
    sonmbulo de un mundo de luz y de ilusin.

      Aquel que ansiaba un fresco laurel sobre las sienes
    como un premio al glorioso ritmo de una cancin;
    aquel que, malherido de engaos y desdenes,
    peda la limosna de una consolacin.

      Y aquel... Y aquel...
                          Han muerto tantos en ti, poeta!

    Los recuerdos se agolpan en la cripta secreta
    donde yacen tu anhelo, tu fe, tu juventud.

      Tu _yo_ actual sufre porque a sus muertos no olvida,
    y con recelo espera que lo acueste la vida,
    blandamente, en el fondo del ltimo atad.

     Madrid, Noviembre 1917.




         ALBORADA

      Es hora ya de levantarse, hermana.
    Por la rendija del balcn ha entrado
    sutil velo de luz. En el granado
    hay trinos. Hay en la penumbra, grana.

      Ya despert en la torre la campana...
    Qu gran fatiga! Cmo hemos velado!
    Abre la puerta; el cielo nos ha dado
    un da ms.--La sombra est lejana.--

      El insomnio sacude; no me dejes
    buscar el pan sin ti; nunca te alejes
    del corazn.--Despunta la maana.--
    Tristeza, humilde y tmida tristeza,
    abandona el delirio y la pereza;
    es hora ya de levantarse, hermana!

     Habana, Agosto 1915.




         EL SIMIL

      La casa solariega que esfuma en el borroso
    ambiente su fachada de sucias piedras rojas,
    sirve de fondo al viejo jardn abandonado,
    todo l ramas desnudas en las que tiemblan hojas
    de un ocre acarminado.
    Aqu y all verdean las cabelleras flojas
    de los pinos... Qu fra la maana de enero!
    Llueve. Caen las hojas con un vuelo cansado,
    navegan en las charcas plomizas del sendero;
    y un rbol que se apoya sobre la tapia mustia
    el rudo tronco inclina con tan doliente angustia
    que es como un hombre herido que dijese: me muero!

      De pronto de las speras y obscuras ramazones,
    como un collar de alas desgranado en las brumas,
    salen, alegremente jugando, unos gorriones
    sin miedo a la llovizna que les moj las plumas.

      Yo sonro y evoco.--Oh, mi smil eterno;
    giles pajarillos, ltimas ilusiones
    que alegris la tristeza de mi vida en invierno!...

     Madrid, 1919.




         LA OFRENDA

      Pena, la ms grande de mi vida, pena
    que en lo ms oculto de mi ser te hallas,
    pena que yo arrastro como una cadena,
    pena que te envuelves en obscuras mallas!

      En el pecho, a todos mis males ajena,
    como en una triste crcel te amurallas.
    Yo sufro inquietudes y t ests serena;
    yo olvido y t aoras; yo canto y t callas.

      T siempre callaste, por miedo a la mofa;
    nunca tu secreto revel la estrofa;
    vives en un largo silencio profundo.

      Mas s que mi espritu dir a Dios un da:
    --Seor: aqu tienes esta pena ma;
    es todo lo bueno que traigo del mundo!

     En el Atlntico, Agosto 9, 1918.




         DEL COMBATE INTERIOR

A Carlos Gutirrez Palacios.


      Yo s que est muy cerca la muerte... Mas no importa.
    Viv una vida clida de bien y de pasin.
    Si para mis delirios fu la existencia corta,
    qu larga ha sido, en cambio, para mi corazn!

      La fantasa anduvo, sonmbula y absorta,
    por tierras de milagro, de sueo y de ilusin.
    El sentimiento, a rastras y herido, no soporta
    ya la fatiga, y pide paz, descanso y perdn.

      Yo s que est muy cerca la muerte... Desventura!
    No ver la flor que se abre ni el astro que fulgura!--;
    dice, con insaciada sed, la imaginacin.

      Y el sentimiento, humilde: Qu bien est!--murmura--;
    aun puedo con las plidas heces de la ternura
    manchar el cristalino vaso del corazn!

     Madrid, Diciembre 1918.




         SEMBLANZA

      Un platnico. Un cazador de estrellas
    con un temperamento ultrasensual.
    Mi alma es como un camino, todo huellas
    del paso, as del Bien como del Mal.

      Sali a veces mi aliento en un suspiro
    que quera ser sculo. Yo estuve
    clavado a un seno en flor, como un vampiro,
    o como un ave, envuelto en nube.

      Abr celajes y cruc pantanos;
    y hoy, con tristeza resignada, veo
    flamear, moribunda entre mis manos,
    la lmpara de arcilla del deseo.

      No hay aceite en mi lmpara de arcilla;
    pero ya no es preciso que me alumbre:
    puedo llegar con luz a la otra orilla:
    sobre mi corazn el sueo brilla
    como puesta de sol sobre una cumbre.

      Me salvan de la sombra del abismo
    alas de fe, que respet la edad.
    La carne se cans; pero es el mismo
    mi terco y juvenil romanticismo
    bajo mi dbil voluptuosidad.

     Madrid, Febrero 1919.




         LA CITA

    Estas voces de otoo, que va hilando la rueca
                  de la imaginacin,
    estn descoloridas y suenan a hoja seca
                  y a vetusto esquiln.
    Es que mi fantasa pag al tiempo el tributo;
    mas rememoro, a veces, con goce juvenil,
    que el rbol de mi lrica di sazonado fruto
                  y floreci en abril.
    Hoy mi vida est opaca de bruma cenicienta,
                  pero en mi corazn
    un apacible fuego primaveral calienta
                  a una anciana ilusin.
    Puedes venir. Acaso mi soledad se alumbre
    con tu presencia--oh tmida virgen!--. Puedes entrar.
    Tal vez cuando te acerques avivarn su lumbre
                  los leos del hogar!

     Buenos Aires, Julio 1919.




         PIGRICIA

      No es dolor, es un dulce cansancio. Yo he vivido
    camina que camina por la llanura inmensa,
    y tengo la fatiga que pide, en recompensa,
    echarse sobre el polvo como un perro aterido.

      Lo que de andar me falta con desencanto mido,
    y el rido horizonte, que sabiamente piensa,
    me dice:--T no eres para la vida intensa;
    tindete bajo un rbol y qudate dormido.

      No es dolor, no es hasto; es descoyuntamiento
    que tenue y suavemente debilita mi aliento
    y que a llorar me obliga sin saber yo por qu.

      El cansancio del ro que a la mar se avecina,
    la pereza apacible de la luz vespertina,
    la tristeza del nido que sin alas se ve.

     Madrid, Octubre 1916.




         LA CASTAERA

      Hace un fro que hiela el aliento. El ocaso
    envuelve en prpura a Madrid.
    Todos los transeuntes van con ligero paso.
    Y son, cristal la calle; la lejana, raso,
    y cpulas y torres y remates, rub.

      Al pie del muro--cdice de histricas hazaas--,
    frente al brasero mustio que apenas da calor,
    est una viejecita, que, asando sus castaas,
    murmura _sotto voce_ quin sabe qu cancin.

      La viejecita canta con voz alegre y suave;
    la viejecita canta cuando el atardecer
    es limpio... Canta a solas, con jbilo, quin sabe
                  qu cancin de placer.

      Yo me detengo y digo:--Viejecita, qu cantas?
    Ella me ve y responde:--Seor, lo que sent.
      Y estoy emocionado, porque recuerdo a tantas
                  gentes que son as!...

     Madrid, 25 Enero 1919.




         MAANA DE ENERO

    En el Paseo del Prado.

      Largas filas de troncos negros que, en lo alto, engrean
    su varillaje y fingen un dibujo nipn
    hecho, a lneas obscuras, en seda blanca.
                                              Suean,
    a lo lejos, dos fuentes de colmado tazn.

      Los rboles son gruesas barras de tinta china;
    el agua de la fuente de vidrio ahumado es;
    es un manchn de niebla la gente que camina,
    y el fango del suelo hunden las huellas de los pies.

      Al fondo, el horizonte su espesa bruma prende
    con un clavo de plata, lvido y diagonal,
    y en planos nebulosos, el casero extiende
    sobre el espacio una silueta fantasmal.

      En la banca de piedra, cautivo del ambiente
    hmedo y penumbroso del invierno espaol,
    qu solo y qu nostlgico mi espritu se siente!...
    Me acuerdo de mis lares y digo de repente,
    como el Osvaldo de Ibsen:
                              --Madre, yo quiero el sol!

     Madrid, Enero 1919.




         ALMA CIEGA

      Yo nada supe de Filosofa...
      Anduve el mundo con el alma ciega.
    Imaginse el alma que vea,
    y fu una mariposa en la buja,
    y fu una flor que al huracn se entrega.

      Frente a toda ilusin abri los brazos.
    Junto a toda promesa de cario,
    de la veste carnal rompi los lazos
    y se mostr desnuda como un nio.

      Pas cndida y triste por la vida;
    en las rutas del mal, dej sus huellas;
    y algunas veces se qued dormida
    a la piadosa luz de las estrellas.

      A tientas fu con ansia voluptuosa
    de aspirar el perfume de la rosa,
    y oir del ave el canto,
    de la hoja el vuelo y de la fuente el llanto.

      Sigui siempre las voces del destino;
    y a cada instante, hambrienta de ilusiones,
    detvose en la orilla del camino
    a oler el campo y a cantar canciones.

      Vivi en su sombra azul, tranquila y buena;
    mas presinti la claridad del da,
    y recibi con voluntad serena
    el placer fcil y la dcil pena...

      Yo nada supe de filosofa.

     Madrid, Diciembre 1918.




         MI AMIGO EL POETA

      Yo tengo un amigo--parece mentira!--
    que no me traiciona ni habla mal de m.
    Es tambin poeta; tiene voz y lira.
    Hace ya tres aos que lo conoc.

      Fu en la primavera de mil novecientos
    diez y seis. Yo andaba por un sitio agreste;
    la tarde encenda magias y portentos
    en el solitario Parque del Oeste.

      Una banca humilde me invit al descanso;
    un fresco ramaje me di sombra buena;
    y o, como en sueos, el _ruido manso_
    que pone en olvido gloria, ambicin, pena.

      Me v bajo un pino de tronco robusto,
    que, entre la arboleda, noblemente erguido,
    tenda sus ramas, sereno y augusto,
    como un candelabro de jade bruido.

      Caa en las lomas verdicenicientas
    la noche: un lucero brillaba en la cumbre;
    y las guiadoras luces de las ventas
    brincaban como unos insectos de lumbre.

      Perdido en la sombra quedaba algn rayo
    de sol. Todo era misterio divino.
    Y el pino cantaba, y el viento de Mayo
    cantaba... Cantaban el viento y el pino.

      Yo, rememorando mis viejas historias,
    olvid pesares que al pecho se clavan,
    y las juveniles y dulces memorias,
    como rbol y viento, cantaban, cantaban.

      Desde entonces toda mi amistad consagro
    en el bondadoso parque madrileo
    al noble poeta que me hizo el milagro
    de arrullar mi angustia y evocar mi ensueo.

      Pino de olorosa y eterna frescura,
    gracias por tus leves canciones suaves,
    y por la caricia de tu fronda obscura
    y por el anglico trinar de tus aves!

      T, que mi punzante nostalgia mitigas;
    t, que me recuerdas las frondas amigas
    del jardn remoto de mi amor primero;
    t, que mi cansada soledad abrigas:
    cuando ya no queden ni huellas de enero
    y el campo se cubra de flores y espigas,
    tindeme tus ramas, rbol extranjero,
    para que a tu sombra duerman mis fatigas!

     Madrid, Febrero 1919.




         DONES

      Mi padre fu muy bueno: me don su alegra
    ingenua; su irona
    amable: su risueo y apacible candor.
    Gran ofrenda la suya! Pero t, madre ma,
    t me hiciste el regalo de tu suave dolor.

      T pusiste en mi alma la enfermiza ternura,
    el anhelo nervioso e incansable de amar;
    las recnditas ansias de creer; la dulzura
    de sentir la belleza de la vida, y soar.

      Del sculo fecundo que se dieron dos seres
    --el gozoso y el triste--en una hora de amor,
    naci mi alma inarmnica: pero t, madre, eres
    quien me ha dado el secreto de la paz interior.

      A merced de los vientos, como una barca rota
    va, doliente, el espritu, desesperado, no.
    La placidez alegre poco a poco se agota;
    mas sobre la sonrisa que me di el padre, brota
    de mis ojos la lgrima que la madre me di.

     Madrid, Febrero 8-1919.




         IGNORANCIA

      Por entre los das speros y graves
    que del misterioso destino recibes,
    se deslizan horas alegres y suaves:
    t, como un sonmbulo, las gozas, las vives,
                pero no lo sabes.

      Una cancin leve suena en tu camino;
    la sombra de un ngel visita tu casa;
    tu vaso se colma de lcido vino...
    Oyes, sueas, bebes... Y todo no es sino
                la dicha que pasa.

      T ignoras y olvidas... Mas con oportuna
    sorpresa, en tu alma brilla de repente,
    como en negra crcel un rayo de luna,
    el dulce recuerdo que orea, como una
                caricia, tu frente.

      Entonces comprendes: te enga la vida;
    en lugar del triunfo te di la derrota.
    Mas como las cumbres, la ventura ida
    parece ms bella, ms azul y erguida
                cuanto ms remota.

      --Fu feliz!--exclamas--y no me detuve
    a escuchar el canto de la primavera.
    El vino de ensueo que en el vaso tuve,
    apur de un sorbo. Dej ir al querube
                sin decirle: espera!

      En el gris camino no qued ni un eco.
    Sin vino y sin ngel, prosigues el drama.
    Tu casa est sola; tu vaso est seco.
    Sufre en paz; que, a veces, sobre el rbol hueco
                da flor una rama!

     Madrid, Mayo 1919.




         CREPUSCULO DE MAYO

      Antes, por este tiempo, senta yo una extraa
    inquietud, un impulso de volar al placer.
    Hoy, con la vida estril y la conciencia huraa,
    hoy, que nadie me espera, que nadie me acompaa,
    slo siento el cansancio que hay en todo mi ser.
    (Qu azul es este cielo primaveral de Espaa!
    Los rboles empiezan a reverdecer...)

      Y estoy sereno. Un tibio rayo de sol me baa.
    --Mi balcn est abierto frente al atardecer.--
    La senil amargura que humedece mi entraa
    sube en onda de llanto y mis ojos empaa.
    --Las memorias invaden el rincn del ayer,
    y, arcnidos obscuros, tejen su telaraa.
    Ya, con los aos, supe lo que debo saber:
    que el pensamiento yerra y el corazn engaa.
    De angustia y de cansancio me duele todo el ser.
    (Qu hermoso es este cielo primaveral de Espaa!
    Los rboles empiezan a reverdecer...)

     Madrid, Mayo de 1919.




         EL COFRE VACIO

      Ritmo, cierra tu cofre. No tengo, como antes,
    flores ni joyas... Vivo sin ansia y sin pasin.
    Gast el zafir del sueo, la sarta de diamantes
    del llanto, y el ardiente rub del corazn.

      En la truhanesca vida fu de esos caminantes
    que su escarcela exprimen de mesn en mesn,
    besando maritornes, charlando con tunantes,
    bebiendo speros vinos y oyendo una cancin.

      Gota a gota la clpsidra me cuenta los instantes
    montonos y grises, sin pena ni ilusin.
    Cierra tu cofre, Ritmo; no hay rosas ni brillantes;
    ya slo en la memoria, como fascinacin,
    a veces, unas manos crispadas y anhelantes
    tremolan y sacuden andrajos de crespn.




         INDICE


                                                                 Pginas.

Lmina antigua                                                         7

Sor Melancola                                                        11

  I.--Frente a Cdiz                                                  15

  II.--Entretenimiento romntico                                      17

  III.--Casto ruego                                                   19

  IV.--Insinuacin                                                    21

  V.--Primera divagacin                                              23

  VI.--Madrigal religioso                                             25

  VII.--Luna nueva                                                    27

  VIII.--Autobiografa lrica                                         29

  IX.--Saludo matinal                                                 33

  X.--Segunda divagacin                                              35

  XI.--Adivinaciones                                                  39

  XII.--Tercera divagacin                                            45

  XIII.--Galantera                                                   47

  XIV.--La ltima maana                                              49

A una criolla                                                         51

Al pasar                                                              55

Del azul al gris                                                      59

A un rincn madrileo                                                 65

El beso de la sombra                                                  71

La visita del xtasis                                                 75

El dolor cansado                                                      79

Vespertina                                                            83

Cuadro de gnero                                                      87

Un viaje audaz                                                        93

En Castilla                                                           99

Los tres ruegos                                                      103

Noche vagabunda                                                      107

El cementerio                                                        111

Alborada                                                             115

El smil                                                             119

La ofrenda                                                           123

Del combate interior                                                 127

Semblanza                                                            131

La cita                                                              135

Pigricia                                                             139

La castaera                                                         143

Maana de Enero                                                      147

Alma ciega                                                           151

Mi amigo el poeta                                                    155

Dones                                                                161

Ignorancia                                                           165

Crepsculo de Mayo                                                   169

El cofre vaco                                                       173





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Foundation as set forth in Section 3 below.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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works, and the medium on which they may be stored, may contain
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
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