The Project Gutenberg EBook of Oasis en la vida, by Juana Manuela Gorriti

This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and most
other parts of the world at no cost and with almost no restrictions
whatsoever.  You may copy it, give it away or re-use it under the terms of
the Project Gutenberg License included with this eBook or online at
www.gutenberg.org.  If you are not located in the United States, you'll have
to check the laws of the country where you are located before using this ebook.

Title: Oasis en la vida

Author: Juana Manuela Gorriti

Release Date: July 9, 2020 [EBook #62564]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK OASIS EN LA VIDA ***




Produced by Carlos Coln, Stanford University, and the
Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net
(This file was produced from images generously made
available by The Internet Archive/American Libraries.)









  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.

  Ilustraciones han sido eliminadas.




OASIS EN LA VIDA.




                          DE LA MISMA AUTORA:


             Sueos y Realidades             2 tomos en 4
             Panoramas de la Vida            2  idem en 4
             Miscelnea                      1  idem en 4
             El Mundo de los Recuerdos       1  idem en 8


                            EN PREPARACION:

                                Salta.
                         Perfiles histricos.
                           Perfiles divinos.
                       Perfiles contemporneos.




                        JUANA MANUELA GORRITI.


                           OASIS EN LA VIDA.


                   [Ilustracin: SINE LABORE NIHIL]


                             BUENOS AIRES.
                        FLIX LAJOUANE, EDITOR.
                         (LIBRAIRIE GNRALE)
                                 1888.

                  (Derechos de propiedad reservados)




      Impreso por la Compaa Sud-Americana de Billetes de Banco

                      160--CALLE SAN MARTIN--160




INTRODUCCION.


ECONOMA POLTICA.

El sombro Prudhon, imbudo, sin duda, en las ideas de los Santos
Padres de la Iglesia que predicaban el desden por los bienes
terrenales, deca que la pobreza es una ley de nuestra naturaleza,
ley bajo la cual hemos sido constitudos, de donde se deduce que el
pauperismo es mal que no tiene remedio ni cura.

Muy desconsolados debieron quedar los menesterosos con tan ingrata
noticia, pero la actividad humana, que no siempre se lleva de teoras,
ha venido  confortar  los aflijidos trayndoles ms plausibles nuevas
y muy eficaces promesas. La industria, con sus innmeras palancas de
impulsion; las ciencias, con sus multiplicados alfileres de exmen; el
clculo, con su prevision y su aritmtica; todos estos agentes de la
vitalidad social, han venido  operar el milagro de la multiplicacion
del pan y el aumento del vino, sustentando anchamente  los hambrientos
y engordando, hasta ms no poder,  los hartos.

La manera de realizar el prodigio lo ha dado  conocer esa venerable
matrona, que los entendidos en materias graves creo que denominan
_Economa poltica_. Esta tutriz moralizadora de la sociedad,
evidenciando la fecundidad del trabajo y los beneficios del ahorro, se
ha propuesto dignificar al hombre otorgndole los medios de sacudir el
vasallaje servil de la indigencia.

El ahorro, tomando forma colectiva, ha dado orgen  la ms preciosa de
las combinaciones especulativas:  la que tiene por objeto asegurar el
bienestar individual en vida y garantir el porvenir de los que quedan,
despues de concluida la jornada.

Este tema, abstracto de suyo, y que parece ageno al dominio del arte,
acaba de ser desenvuelto por la ilustre escritora cuyo nombre ocupa tan
elevado rango en la gerarqua del movimiento intelectual americano.

Es atributo de las inteligencias creadoras trasformar y embellecer
las ideas que pasan por su espritu; parece que poseyeran ese don
vivificador de la lujuriosa primavera que todo lo hermosea, lo cubre de
flores y lo esmalta de celajes.

Por si existe incrdulo que ponga en duda el aserto, invoco por
testigo, en mi abono, el presente libro.

Su autora comprueba, bajo la forma atrayente de la novela, los
beneficios que reportan el trabajo, la perseverancia y el ahorro; nunca
un tema econmico ha sido tratado con ms galanura, con ms gracia
picarezca, ni con ms natural  ingnua intriga.

Despues de recorrer este trozo de historia social, cuya trama la forman
las peripecias de dos caractres nobles y fuertes, se encuentra no s
qu de consolatorio, de purificador, en medio de la arenosa senda por
donde nos conduce diariamente la mano de la tristeza.

Si la mision de los cultores privilegiados del arte es la de alentar,
la de consolar, la de dilatar el horizonte de la esperanza, la
prestigiosa autora de estas pginas ha sabido encerrar en ellas,
suficientes rayos de luz para satisfacer la ansiedad de las almas
soadoras, y bastantes rosas para coronar, aunque ellos no lo quieran,
la adusta efigie de los ms hipocondriacos economistas.

                                               S. VACA-GUZMAN.

    Diciembre 22 de 1887.




                      OASIS EN LA VIDA.

                      LA BUENOS AIRES

                                      _LA AUTORA._




OASIS EN LA VIDA.




I


--Bah!--exclam Mauricio Ridel, arrojando la pluma despues de escribir
la palabra Fin bajo la ltima lnea de una cuartilla marcada con el
guarismo 60.

--Qu es eso?--interrog un jven que escriba all cerca.

--El postrer prrafo del folletin--respondi Mauricio, alargando la
hoja  un cajista que aguardaba.

--Cmo! Maana acaba CHAMUSQUINAS DE AMOR? Hoy quedaba su hroe
en una situacion extrema: la mano armada de un revlver, esperando
para morir el primer rayo de sol; y ya, este comenzaba  dorar las
copas de los rboles; y al verlo, Enrique apoya el arma contra el
corazon, enviando  Mara su ltimo pensamiento;  Dios su ltima
plegaria.--Muere?

--No; porque--De repente, un brazo carioso rode su cuello; un rostro
plido y mojado de lgrimas se apoy en su rostro...

--Perdon!

--Perdon!--se oy  la vez...

Y el primer rayo de sol aguardado como una seal de muerte, fu la
aurora de su felicidad.

--Bien! oh! Qu bien!--aplaudi el otro; y aadi con dramtico
ademan:

--Ah! que no haya para nosotros, prias del destino, un rayo de sol
que venga  redimirnos!

--S: y ms que uno: dos--repuso Mauricio.--La resignacion y el trabajo.

--La resignacion! el trabajo!--replic el interlocutor con forzada
risa.--Solo t puedes decir eso; t, que no contento con la tarea
diaria, la has subido  catorce horas. Catorce horas, pluma en mano,
encorvado sobre la implacable cuartilla, y precisamente, apenas en
convalecencia de la terrible herida que casi te lleva al sepulcro.

--Sin embargo, ya lo vs: estoy sano y fuerte. Un poco de sueo; 
veces, un poco de fatiga; pero se piensa en el fin propuesto, y todo
eso vuela y se desvanece.--

Hablando as, Mauricio consult su reloj.

--Las siete--Y levantndose, fu  tomar de una percha su sombrero.

--Las siete! Con qu desenfado lo dices! Sabes que has estado
sentado ah, escribiendo desde las nueve? Diez horas! Ah! hombres
como este son un psimo ejemplo en la Redaccion.

--Y t, que as hablas, querido Emilio, eres uno de sus mejores obreros.

--A ms no poder: Sbelo.

--Notificado--dijo Mauricio, sonriendo.--Rugote que al salir digas al
Regente que me tenga listas las pruebas para las once.

--Y correccion hasta las dos de la maana. Suma: catorce horas!...
Adios, escriba!

--Adios, fariseo.--

Y ambos rieron.

Mauricio cerr su carpeta y se fu.

Emilio se extendi perezosamente en su silla; encendi un cigarro, que
aspir con nsia; y arrojando una larga espiral de humo, entornando
los ojos--Deliciosa fruicion!--exclam:--qu no haces t olvidar?...
Y sin embargo, Mauricio te desdea. Uncido  un rudo trabajo, pegado
ah,  esa mesa de redaccion, hasta los codos en la seccion editorial;
cronista, traductor, folletinista, corrector de pruebas:  qu
mvil obedecer ese anhelo de aglomerar sueldos? l, no es avaro ni
derrochador; no frecuenta clubs ni bailes; por tanto, ni juega ni
galantea. En los teatros tiene las entradas de periodista. A qu tanto
afan de ganar dinero? qu hace de l? No es mucho, en verdad; pero
qu hace de l? Enigma insoluble es para m este jven, tan franco,
sin embargo, y tan bueno...

Y Emilio dejando la pluma en largo holgorio, quedse engolfado en sus
pensamientos y en el humo de su cigarro.




II


Mauricio se alej con el paso presuroso, habitual en aquellos que
tienen contado el tiempo.

Aunque en la plcida edad de veinte aos, y bello y apuesto, hay en la
expresion de su semblante esa gravedad melanclica, signo de un destino
adverso.

En verdad, adverso haba sido el destino para Mauricio: adverso desde
la cuna, mecida por manos extraas, desierta de cuidados y caricias.

Y no fu esto solo ay! no fu esto solo.

Crlos Ridel, subyugado por una pasion que caus la muerte  su esposa,
llevando todava el luto de la viudez, di una sucesora  la difunta; 
su hijo una madrastra.

Madrastra! Al solo pronunciar esta palabra de aspereza siniestra,
comprndese la tristura de esos pobres nios que crecen temerosos,
acoquinados, bajo aquella sombra fatdica.

Para ellos no existen las alegras del hogar. Siempre espiados por la
mirada suspicaz de un fiscal inexorable que les achaca  delito su
gozosa turbulencia, su inocente espontaneidad, vulvense taciturnos,
desconfiados; ocltanse para reir; ocltanse para llorar; y en el
primer albor de la vida, aprenden esa triste ciencia de la vejez: el
disimulo. Ni qu otro recurso les queda? A quin volver sus ojos?

La casa paterna se ha tornado para ellos en campo enemigo, donde todo
les es hostil, hasta su mismo padre  quien no le es dado mostrrseles
propicio, so pena de despertar celos retrospectivos, que empeoren la
situacion tristsima de esos nufragos de la vida.

Tal suerte cupo  Mauricio.

Vctima de una semejanza que importunaba  su padre como un
remordimiento,  su madrastra como una vision de ultratumba, vise un
dia arrebatado de su casa y entregado al capitan de un buque ingls,
que lo llev  Europa y lo encerr en un colegio.

Aunque del hogar de sus padres, el pobre nio, solo guardara crueles
recuerdos, la lengua materna, el suelo de la patria, su aire, su luz,
ranle necesarios, y languideci, echndolos de menos.

Por dicha suya fu el bello pas de Francia, la hospitalaria Paris,
el lugar de su destierro.

La bondad caracterstica de los hijos de aquella tierra, tiene, en
todas las clases sociales, desde el aristcrata hasta el obrero, una
gracia irresistible que cautiva el alma y mata toda nostalgia.

Desde el sbio Blain, director del colegio donde fu el nio
consignado, hasta el ama de llaves, la buena Colombe; desde los alumnos
hasta los profesores: todos acogironlo con tan benvola conmiseracion,
que primero la serenidad y luego la alegra, vinieron como nunca,
expansivas  aquel pobre corazon, por tanto tiempo oprimido.

El desterrado comenz  encontrarse feliz en su nueva familia.

--Ah!--pensaba, recordando el pasado--as se ama, se acaricia y se
protege? Por qu no he conocido yo hasta hoy, estos bienes?

Y refugibase en esa atmsfera de calurosos afectos; y senta el dulce
bienestar del que renace  la salud despues de una larga enfermedad.




III


Los aos trascurrieron as, con sus pocas clsicas, en la vida del
nio. Los exmenes; los premios; el paso  estudios superiores; el del
vestido infantil al traje viril; la primera comunion.....

Qu ceremonia,  la vez tan imponente y tierna!

Cumplido en l, el divino misterio, de rodillas ante el altar, el nio
tiende la mano sobre el Sagrado Libro y jura ser virtuoso y bueno.

El celebrante lo bendice y coloca en su pecho una reliquia.

La voz del rgano derrama gozosas notas; nubes de incienso se elevan 
lo alto de la bveda; y en la nave central, las madres aguardan con el
llanto en los ojos, en el lbio la sonrisa.

Mauricio vi  sus compaeros ir hcia ellas y caer en sus brazos.

Ay! l estaba solo!

Ni padre ni madre que lo aguardaran; solo en esa hora solemne de la
vida.

Solo?

No: ah estaba Mr. Blain que le sonreia; ah estaba la buena Colombe
que le tiende los brazos y lo contempla enternecida.

--Ama--djole Mauricio--Quieres que te d mi reliquia? Mrala: es muy
linda: _Notre Dame du bon Secour_.

--No, hijo mio--respondi la vieja sirvienta, volviendo la reliquia al
pecho del nio.--Este recuerdo le es debido  mam. Envaselo dentro de
tu primera carta.--

La hora, el lugar, la escena imponente en que acababa de actuar; la
voz del rgano; el humo del incienso; las sagradas preces; todo esto
despert en el alma del nio una emocion profunda, al oir las palabras
de la vieja Colombe. La luz de un lejano recuerdo brill en su mente,
mostrndole all, como entre las nieblas de un ensueo, la figura
angelical de una mujer que lo miraba sonriendo.

Sonrile l tambien, y dos lgrimas se desprendieron de sus ojos.

Colombe las comprendi. Bes la santa imgen; guardla en su seno; y en
la noche,  la hora de acostarse, Mauricio la encontr  la cabecera de
su cama.




IV


Desde ese dia un notable cambio se efectu en su carcter. A la
inquieta turbulencia del nio, sucedieron la mesura y la reflexion del
hombre; al gusto por los juegos, el amor al estudio;  su indiferencia
cosmopolita, el sentimiento exaltado de la nacionalidad.

Cuando en los dias clsicos, al flamear de la bandera tricolor, sus
compaeros cantaban: _Allons enfants de la patrie_, Mauricio buscaba
en el cielo, el azul pabellon; y del fondo de su alma exhalbase el
grito sagrado del himno nacional. All, surgiendo de las brumas del
lejano pasado, la imgen de la patria aparecale con su inmensa pampa,
su magestuoso rio, sus cerleas lontananzas, llamndolo con poderoso
reclamo.

Pero ah! siempre que estas luminosas imgenes visitaban su mente, un
siniestro recuerdo vena  oscurecerlas.

Su madrastra.

Este sentimiento de repulsion creci ms todava, cuando Mauricio
comprendi por las cartas de su padre, la humillante dependencia en
que yaca. Cada frase pareca consultada, corregida  dictada por el
dspota que lea sobre su hombro.

El jven verta sobre ella lgrimas de indignacion y de dolor; y una
palabra de uno  otro, contenan sus respuestas.

As, la correspondencia entre padre  hijo tom un carcter de acritud
que, poco  poco, degener en frialdad.

Y, cuando  la edad de diez y ocho aos, acabados sus estudios y
rendido con brillo el ltimo exmen, su padre le habl de regreso.

--Amo  mi patria y anhelo volver  verla--respondi Mauricio,--amo 
mi padre y deseo estrecharlo en mis brazos; pero no podra presenciar
el espectculo vergonzoso de su servidumbre; y porque lo amo; y porque
lo respeto, prefiero un eterno destierro.

A esta declaracion sigui un profundo silencio; y como nica respuesta
Mauricio recibi una carta que contena inesperadas revelaciones.
Suscribala el escribano D..., uno de los hombres ms honorables de
Buenos Aires.

  --Alejados y sin conocernos uno  otro--decale ste--nenos,
  sinembargo, el mandato de una persona que ya no existe; y que para
  m fu por esto, ms sagrado.--Y prosegua:

  --Hace quince aos, fu llamado un dia  casa del seor Crlos
  Ridel, cuya esposa, en trance de muerte, deba otorgar testamento.

  Mi colega, el seor R..., autorizaba el acto; y yo crea haber
  sido requerido como testigo, cuando la testante, habiendo declarado
  que dejaba  su hijo nico, Mauricio Ridel, el valor de doscientos
  mil pesos en propiedades urbanas y rurales, volvindose  su
  esposo, pidile permiso para instituirme  m, hasta la mayora de
  aquel, guardador de dichos bienes.

  Repugnbame una mision visiblemente motivada por disensiones
  conyugales; pero los ojos de la moribunda environme una mirada de
  angustioso ruego, que me hizo aceptarla.

  Ella entnces suspir como aliviada de una grave preocupacion;
  estrech mi mano con gratitud, y muri en paz.

  Yo he cumplido fielmente el deber que me impuse: he administrado
  esos bienes con el acierto que d una larga experiencia en los
  negocios; los he conservado, los he hecho fructificar: pero siempre
  en el limite que mi delicadeza me prescriba: no como guardador,
  sino como administrador, rindiendo cuentas de mi cometido y
  entregando al seor Ridel las fuertes sumas que producen.

  Hoy me ha hecho saber que V. se ha emancipado; y que, por tanto,
  la ingerencia que yo le daba en los asuntos de su hijo, ha cesado.

  Por consecuencia, y persuadido de que l habr informado  V. del
  estado floreciente de su fortuna, no solo por mi buena voluntad en
  su administracion, sino  causa del subido precio que ha adquirido
  la propiedad, rstame solo ponerla  su disposicion, y pedirle se
  sirvo impartirme sus rdenes.

Esta carta de un tutor hasta entnces ignorado, fu un rayo de luz en
el misterio que rodeaba el pasado de Mauricio, y efectu un cambio
favorable en su destino.

Alejado de su padre, por la funesta influencia que se alzaba hostil
entre ambos, el hijo desechado, bendijo la ternura previsora de aquella
madre moribunda, que viendo cernerse la desgracia sobre la cuna del
nio que le era forzoso abandonar, haba querido, asegurndole una
fortuna independiente, preservarlo en los azares del porvenir.

Mauricio expres su profunda gratitud al honrado escribano; confile
los dolorosos motivos de su doble ostracismo; y le suplic, en nombre
de aquella cuyo encargo haba tan noblemente cumplido, quisiera
favorecerlo  l, continuando en la administracion de aquellos bienes,
para lo cual le confiri un pleno poder.




V


Las lgrimas de una infancia desamparada y las tristezas de su
juventud, sin patria, ni hogar, haban dado al carcter de Mauricio una
gravedad melanclica que, alejndolo de los placeres bulliciosos de sus
compaeros, lo preserv de la disipacion.

As, cuando libre y en posesion de una fortuna independiente, poda
entregarse  los goces que Paris ofrece con mano prdiga, l, sin
esfuerzo, sin sacrificio, consagrse,  una vida de labor intelectual.
Frecuent la Sorbona, los Institutos, las academias y las bibliotecas.
Arrojse en el periodismo y tom activa parte en los trabajos de uno de
los principales diarios de Paris, hacindose notar por su brillante
estilo y la originalidad de sus ideas.

Ensay la novela; y muy pronto los folletines firmados por Valerio--su
seudnimo,--fueron leidos con entusiasmo, sobre todo por las jvenes,
que encontraban en sus pginas,  vueltas de los plidos excepticismos
de la poca, el color ardiente de la pasion.

Era que el ideal evocado en sus creaciones despertaba y haca palpitar
un sentimiento que hasta entnces yaca latente en el alma de Mauricio:

--El amor.--

Y aunque ms de una vez, las seducciones de la mujer haban deslumbrado
sus ojos, rozado su epidermis, jams lograron llegar  su corazon.

Tres aos pasaron para Mauricio en aquella vida activa del espritu.
Proponase ensancharla con viajes de recreo en torno  Europa y con
la fundacion de un peridico de espritu americano, que uniese en un
contacto intelectual ms ntimo, los dos continentes; trasfusionando
en la savia cansada y empobrecida del uno, la savia rica y jven del
otro.

Ah! de todas las vanidades que deplora el Sagrado Libro, ninguna tan
vana como nuestros proyectos!

Creo haberlo dicho ya, en otra ocasion. No importa: las frases son las
mismas, cuando es idntica la situacion.

En el momento que Mauricio preparaba la realizacion de tan lisongero
propsito, una carta de Buenos Aires, portadora de fatales nuevas, vino
 destruir sus proyectos y sus esperanzas.

  Deber del hombre es ser fuerte y resignado, mi querido
  Mauricio--deca el escribano D... en aquella carta.--Por tanto,
  valor y resignacion.

  El padre de Vd. ha muerto.

  Envuelto en una quiebra producida por la fuga de un scio bribon,
  falleci vctima de una congestion fulminante.

  Los acreedores se presentaron munidos de sus derechos, y
  obtuvieron la liquidacion.

  Pero como el scio (hermano de la seora Ridel) haba sustraido
  en su fuga todo el numerario existente en caja, qued un enorme
  pasivo, que toda la fortuna particular de Crlos Ridel, no ha sido
  bastante  cubrir.

  Bajo el peso de tres catstrofes: la infame fuga de aquel hermano,
  impuesto por ella  la sumision de su marido; la sbita muerte de
  ste, y la miseria que le apareca con su squito de humillaciones,
  la desventurada mujer enloqueci.

  Silenciosa, sin lgrimas, hurao el ademan y fija la mirada,
  escuch la intimacion de desalojo; y cuando intentaron hacerla
  salir de su casa, subise  lo alto del mirador que coronaba el
  edificio, abri un balcon y se arroj  la calle.

  Cuando la levantaron de la vereda estaba muerta.

La carta cay de las manos de Mauricio, que llor con lgrimas de dolor
 ese padre de quien no haba recibido ni cuidados, ni caricias, pero
cuyo desvo disculpaba, atribuyndole su verdadera causa: la debilidad
humana.

Mas, luego, secando sus lgrimas, escribi rpidamente, cual si temiera
que su carta no llegara  tiempo:

--Ponga Vd. inmediatamente  la rden del Juez que entiende en la
liquidacion de los bienes de Crlos Ridel, todos los que de mi
propiedad estn bajo la administracion de Vd.--

Aquella carta iba acompaada del poder especial para el acto.......

  --Todo se ha perdido, menos el honor--escriba  Mauricio el buen
  tabelion.

  --Puestas en remate las casas de Victoria y Cuyo y los campos
  de El Rosal, han producido ciento cincuenta mil pesos oro. Haba
  adems en mi poder diez mil nacionales, valor de alquileres
  cobrados de las dos propiedades y que tambien entregu.

  Canceladas las deudas con el valor de los bienes que durante diez
  y siete aos he administrado, el sndico del concurso me devolvi
  dos mil pesos moneda nacional, importe de la letra adjunta.

  El noble sacrificio que Vd. ha hecho  la memoria de su padre, es
  solo el cumplimiento de un deber: lo s; pero, como tales virtudes
  son cada dia ms raras, permtame felicitarlo.

  Si la experiencia de un anciano mereciera ser escuchada, yo
  aconsejara  Vd. el regreso. El regreso es tambien un deber para
  Vd. El hombre se debe  su pas, que reclama su presencia y todos
  los actos de su vida. Adems, en Buenos Aires que se agita 
  impulsos de un inmenso progreso, podr Vd. con el trabajo rehacer
  su fortuna.

As tambien pensaba Mauricio.

Solo en el mundo, sin familia, sin fortuna, ningun vnculo ligaba su
vida, sino era el sentimiento nacional, que mal grado el tiempo y la
ausencia, vivi siempre, puro y ardiente en su alma.

Y cuando las puertas de la patria se abrieron para l, aunque por la
mano severa de un desastre, el pobre desterrado apresurse  volver 
ella.

Sin embargo, Mauricio amaba tambien la Francia.

All su niez desamparada, haba encontrado el calor de una
benevolencia tutelar; all comenzaron  formarse sus ideas y sus
sentimientos; all se abri su alma  la vida intelectual.

Sangraba su corazon al dejar aquel pas riente y hospitalario; al decir
adios  sus amigos,  sus compaeros en las tareas del espritu;  sus
antiguos profesores; al sbio Blain y hasta  la buena Colombe:  ella
sobre todo, tan buena y maternal para l, en la orfandad de su infancia.

Al separarse de ellos, al alejarse de Paris, llorando, Mauricio record
el dia que, llorando tambien, all llegara: un dia helado de Diciembre.

El pobre nio segua penosamente, con sus pequeos pasos, el tranco
largo del capitan ingls que lo haba traido  su bordo, con el mismo
despego que ahora lo guiaba  pi, al travs de largas calles. Tena
frio, tena cansancio, tena miedo. Lloraba, sintindose solo en esa
ciudad inmensa, entre una multitud que hablaba un idioma desconocido;
bajo un cielo gris, de donde llovan copos de nieve que caan sobre sus
mejillas y coagulaban sus lgrimas.....

Manos piadosas lo recibieron de aquel hombre, que lo entreg con
indiferencia, y se alej sin dirigirle una mirada.

Acojido con amor, tratado con los tiernos cuidados que la piedad
consagra  la infancia, su alma, hasta entnces reconcentrada,
entumecida, abrise  los afectos de la amistad, de la gratitud; y ech
dulces races en esa plcida etapa del bienestar y de bonanza que era
ahora necesario abandonar.

As es la vida: perptua nostalgia!




VI


Mauricio lleg  Burdeos cuando el vapor Senegal aguardaba  sus
pasajeros en la rada de Pouillac.

Quedbale una hora, que emple en la visita de adios  un amable
anciano, un digno funcionario argentino, que, ms de una vez, habalo
halagado con su aprobacion y felicitaciones, cuando en la prensa
francesa, Mauricio haba alzado la voz para defender los intereses del
Plata.

Quin no conoce por su patriotismo y su caballerosa hospitalidad al
Sr. Santa Coloma, Vice-Cnsul Argentino en Burdeos?

El distinguido porteo acoji al jven compatriota con cariosa
conmiseracion.

Por los diarios de Buenos Aires y su propia correspondencia, ranle
conocidas sus desgracias y su noble abnegacion.

Deplor los desastres con que la Providencia haba
querido--djole--probar su fortaleza. Y mezclando  sus frases de
condolencia, palabras de aliento, exhortlo  la entereza,  la
serenidad,  oponer  la desventura, el valor y la resignacion.

Conociendo su fuerza en el periodismo, aconsejle seguir en l, y
preferir para ofrecerle sus trabajos un rgano neutral, en que pudiera
alejarse de la poltica de partido, que tanto amengua al hombre, y
militar en la de ecleptisismo, que lo eleva y dignifica.

--Ahora--termin, consultando su reloj--venga un abrazo.... fuerte....
as, bien fuerte.

Me privo del gusto de presentar  Vd. mi gente, porque estn
tristsimas con la despedida de una amiga que se marcha, precisamente,
por el mismo vapor que Vd..... Ah! h ah, por ejemplo, un modelo de
valor y de resignacion: esta jven hija de Buenos Aires, vino hace tres
aos para perfeccionarse en sus estudios musicales. Su padre, ingeniero
en comision, regres  Buenos Aires dejndola en casa de una parienta
lejana.

En estos tres aos, hizo Julia progresos que maravillaron  pianistas
de fama europea.

Pronta estaba ya para el regreso; pero su padre, que vino  buscarla,
 su paso por Rio Janeiro contrajo una fiebre, y muri apenas llegado
aqu.

La pobre nia ha quedado sola en el mundo, hundida en el dolor; pero
no se ha desalentado. Rendidos al padre los ltimos deberes, vuelve 
Buenos Aires, donde v  buscar en el trabajo la subsistencia......

Pero, qu charlar de viejo! dir Vd.

--Oh! no seor, que me interesa profundamente esa jven.

--Y si puede Vd. serle til, durante la travesa, nos obligar mucho, 
m y  mi familia. Adems, la seorita Julia Lopez, merece por s sola
toda suerte de atenciones.... Pero, hijo mio, pronto, pronto, mrchese
Vd., que apenas tiene tiempo de tomar el trasporte y llegar  Pouillac.

--Adios, hijo mio. Escrbame V.; y dme siempre ocasiones de serle
agradable. Por su parte: contra mala fortuna, fuerte corazon, y no
olvide Vd. que el trabajo, impuesto por Dios al hombre como un castigo,
es la mayor de sus bendiciones....--

Mauricio se apart profundamente enternecido de aquel noble anciano,
tan servicial y benfico, no solo para sus compatriotas, sino para
todos los americanos que aportan  Burdeos.

Al llegar  bordo del vapor, pronto ya  partir de Pouillac, Mauricio
encontrse en medio de una escena de adioses entre los viajeros que se
iban, y los que venidos  despedirlos, regresaban.

Lejos del tumulto, sola, sentada en un banco de popa, estaba una jven
vestida de luto.

Al verla, el nombre de Julia Lopez vino  la mente de Mauricio.

Anocheca; y la sombra de la hora y un largo crespon negro velaban el
rostro de la viajera. Pero Mauricio adivinaba dos grandes ojos negros
que lloraban, fijos en el lejano paisaje que l, tambien con dolor,
contemplaba.

Un mismo duelo apenaba aquellos dos corazones: el uno dejaba un
sepulcro; el otro, la tierra de caluroso afecto que reemplazara la
patria y la familia.

Catorce aos antes,  esa misma tristsima hora, el anochecer, un nio,
angustiado el semblante, asombase  la borda de un buque ingls que
echaba el ancla en el puerto.

Sus ojos contemplaban con terror el pas desconocido que tena delante;
y volvanse llorosos hcia las azules lontananzas que en pos dejaba.....

La vida es una perptua nostalgia!




VII


El vapor dej las aguas de Pouillac y sigui su derrotero entre las
brumas de la noche.

Cuando la luz del faro de Pouillac desapareci en el horizonte, un
sollozo exhalse bajo el velo de la viajera, que se alej con lentos
pasos.

La campana del comedor llam  los pasajeros, que bajaron en bullicioso
tumulto y ocuparon la mesa, alegres y despabilados, cual si poco antes
no dieran dolorosos adioses: en el rostro la placidez de la comedia;
ocultos en el corazon los dolores del drama.

Como ellos, Mauricio ri tambien, entregse  las ruidosas 
insignificantes plticas de  bordo, guardando para la hora solitaria
del camarote, las tristezas de su incierto porvenir.

El recuerdo de la jven enlutada vino algunas veces  la mente de
Mauricio; pero en vano la buscaron sus ojos entre los pasajeros,  la
hora de las comidas y en los paseos nocturnos de toldilla.

Muy luego supo que no se haba equivocado al verla: que era Julia
Lopez, la jven artista de quien hablase el Vice-Cnsul Argentino en
Burdeos.

Supo tambien que  causa de su duelo, no sala de la cmara de seoras.

En efecto, por ms que la acechara, dirijiendo miradas indiscretas al
sagrado recinto, Mauricio no logr verla.

Y solo en la noche que el Senegal par en la rada de Rio Janeiro,
cuando los pasajeros hubieron ido  tierra y el buque se qued
solitario, Mauricio la divis de ljos, cubierta con su largo velo
de crespon negro, sentada en el mismo banco en que se sentara la vez
primera.

Ah! no era aquella ocasion para dar al diablo las prescripciones de
la etiqueta, que le prohiban presentarse  s propio  la interesante
jven, invocar el nombre del anciano Vice-Cnsul, y ofrecerla sus
servicios?

Mauricio se sorprendi anhelando una tempestad, la inminencia de un
peligro, que le diera el derecho de salvarla en sus brazos.

Pero ah! una implacable bonanza acompa al Senegal en esos temibles
mares, el resto de su viaje; y una maana nublada, pero ya con asomos
de primavera, amaneci surto en Balizas Exteriores........




VIII


Mauricio aspir con nsia el aire natal. Nada ms haba para l en
aquella soledad, que la ausencia y la muerte haban hecho en torno suyo.

Ni parientes ni amigos: extrao en su patria.

Al entrar en la Avenida Montes de Oca previno al cochero que deba
alojarse en un hotel.

--A qu hotel quiere ir el seor?--pregunt el automedon.

--Al que  Vd. mejor le parezca, amigo.

--El seor es forastero?

--Forastero!--repiti Mauricio, con amargura.--S, forastero.

--Entnces vamos al Gran Hotel, que tiene muy buenas condiciones para
los extranjeros.

--Pues, al Gran Hotel, mi amigo. Lleve Vd. all mi equipaje y
entrguelo con sta tarjeta.

--Cmo! el seor no viene tambien?

--Yo ir  pi para mejor ver la ciudad. Dnde est el Gran Hotel?

--Cangallo entre Reconquista y.........

--Bien, bien: ya lo hallar.--

Y Mauricio ech  andar  lo largo de la Avenida Montes de Oca y desde
all sigui entre quintas, _chalets_, jardines y vergeles.

Los tristes pensamientos que al llegar lo asaltaron, desvanecanse ante
el grandioso espectculo que contemplaba.

De la Buenos Aires de sus recuerdos, solo reconoca el nombre: tan
grande y bella, la gloriosa metrpoli habase tornado. Sus calles
niveladas, llenas de luz, surcadas por vias frreas, con anchas veredas
y rico pavimento; sus casas renovadas,  transformadas en palacios; sus
plazas en jardines adornados de esttuas; con avenidas de palmeras, que
recuerdan las grandiosidades fabulosas de la India; sus escuelas que
remedan suntuosos alczares; sus teatros visitados por las primeras
celebridades del mundo, con un pblico de gusto esquisito, que juzga
con rigor y paga con rgia generosidad.

Como un talisman de preservacion tutelar, en las puertas de esos
millares de edificios aglomerados en aquel vasto conjunto, brillaba la
placa de la Compaa de Seguros La Buenos Aires, poderosa asociacion
que cuenta en su seno  los ms fuertes capitalistas nacionales y
extranjeros.




IX


El desterrado vagaba entre esas grandezas, solo, pobre, desconocido,
como un alma en pena; pero el orgullo nacional sobreponase  estas
mezquindades, y llenaba de gozo su alma.

Antes de entrar en la morada de los vivos, Mauricio quiso hacer una
visita  los muertos y diriji sus pasos al cementerio.

En los alrededores de ste, habanse tambien efectuado suntuosas
trasformaciones. Grutas, lagos, jardines, esttuas, habranle hecho
creer que se haba extraviado, si ms all no se alzara ante l, la
lgubre fachada.

Mauricio penetr en el triste recinto.

Un sepulturero lo llev al mausoleo de su familia.

Mauricio despidi al cicerone y quedse solo.

Delante de l, colocado en un lecho de hierro, estaba el ataud que
guardaba los restos de su padre; y oh! amarga irona de la casualidad
 de la providencia! el despojo de aquella que lo dominara en vida,
encerrado ahora en una caja de bano, pesaba, todava, como una
obsesion sobre sus heladas cenizas.

En el extremo opuesto, Mauricio divis aislado y solitario, el sepulcro
de su madre--muerta  la edad de veinte aos--deca el epitafio.

A ella diriji su plegaria y la efusion filial de su alma.....

Di una severa mirada  las otras dos tumbas, y se alej murmurando un
_requiescant in pace_ de perdon.




X


El dia siguiente  su llegada, Mauricio dej el hotel, caro para la
exigidad de sus recursos, y tom alojamiento en una casa de huspedes,
indicada por el que fu su tutor.

Una vez instalado, busc trabajo en uno de los diarios ms acreditados
de Buenos Aires.

Su director, que es un distinguido literato y, adems, un hombre
de corazon, hizo al jven una acojida tan amable como alentadora.
Ofrecile su amistad, y desde ese dia, dile trabajos importantes en la
seccion editorial del diario....

No haba pasado una semana de la instalacion de Mauricio en la casa de
huspedes, cuando por una de esas evoluciones de barrio, tan frecuentes
en esta poca de transformacion material, aquel edificio fu expropiado
 intimada rden de desalojo.

Los huspedes se dispersaron; y Mauricio, habiendo de buscar nuevo
domicilio, record que en la guia haba visto la existencia de un
pensionado que una seora francesa, madame Bazan, tena en la calle mas
cercana  las oficinas de su diario.

Contento de esta circunstancia y anhelando volver  vivir en un
interior francs, fu  pedir hospedaje en aquella casa.

Madame Bazan, una amable vieja, entre cincuenta y sesenta, recibi con
agrado  Mauricio.

--Con gran pesar mio--le dijo--me es imposible recibir  usted. Mi
pensionado es rigurosamente femenino y de familias en las que no hay
varones.

Capricho  razon, por acuerdo general, los hombres estn excluidos de
este gineceo, verdadera sucursal del antiguo Port Royal de clebre
memoria.

--Ah! lo deploro... Pero--insisti Mauricio--mi querida madame,
parceme que siendo yo por mi contnua ausencia de la casa, un husped
invisible, bien pudiera relajarse en mi favor, algo de ese terrible
rigorismo.

--Es verdad. Yo lo deseara, por lo menos. Pero qu hacer? As lo
quieren estas seoras. Son veinte, entre ancianas y jvenes; ocupan
toda la casa: tienen, por lo tanto, derecho  vivir segun su gusto.

No obstante.... quiz pueda yo arreglarlo de algun modo.

Desde luego, y con sentimiento le digo que no puede ser V. mi
pensionista.

--Me contentar con que usted me admita como inquilino invisible.

--Contando, desde ahora, con fuertes resistencias, voy sin embargo,
 proponerlo  mis huspedas; por supuesto, alegando en gracia del
solicitante, las razones por l expuestas.

Venga usted  verme maana.--




XI


Desde que lo vi llegar, madame Bazan tendi  Mauricio las manos.

--Triunfamos!--exclam, con la espontnea alegra francesa.

--Reunido anoche mi arepago  la hora del t, expuse el caso con todas
sus atenuantes modificaciones.

Quin lo creyera! La seccion jven fu  V. adversa.

Y dicen que la juventud es indulgente! Qu error!

Apenas, las viejas, en mayora, lograron triunfar, no sin el rigoroso
aditamento de--forzosa ausencia de la casa, _desde primera hora hasta
la hora del sueo_.

Venga usted  ver el cuarto que le destino. Es el nico que un hombre
puede habitar en esta casa, verdadero monasterio, dnde solo faltan la
toca y el sayal.

Y empujando una puerta que abra en el zaguan, hizo entrar  Mauricio
en una pieza pequea, pero aseada; cubiertas sus paredes con papel de
ramajes azules en fondo blanco.

Frente  la ventana, que reciba luz de la calle, una puerta empapelada
como las paredes, clavada una percha en lo alto del marco y oculta
bajo una cortina de damasco azul, haca veces de ropero, cegando la
comunicacion con la vivienda vecina.

Cubra el piso un tapiz de hule; y el mobiliario componanlo una cama
de nogal con dos colchones, dos almohadas y mosquitero de gasa blanca;
un velador, un lavabo con juego de porcelana, una cmoda, dos sillas y
una mesita central.

--Magnfico! H aqu cuanto necesito--dijo Mauricio, estrechando
gozoso la mano  madame Bazan.




XII


Aquel mismo dia mand all su modesto equipaje, que la camarera
instal, arreglando el pequeo cuarto,  pesar de su deficiente
mueblaje, con el realce de un buen gusto enteramente parisiense.

Cuando Mauricio vino aquella noche, _ la hora del sueo_, qued
encantado de su nueva morada.

Todo estaba en su lugar: el gas encendido dentro de una bombita de
cristal, sobre la mesa del centro; la buga en el velador, al lado
de la garrafa de agua y el vaso de cristal de roca; la cama abierta,
mullidos colchones y almohadas; sbanas y cobertores sahumados con
alhucema; en el lavabo preparado el bao.

La puerta-ropero guardaba los vestidos de Mauricio, bajo la cortina de
damasco azul; la cmoda sus corbatas y ropa blanca.

Sentase all la mano de la mujer y su benfica influencia en todo:
hasta en un lindo ramilletito de violetas que desde el fondo del bao
de porcelana, enviaba su perfume al pobre husped proscrito.

Mauricio, apoyado el codo en la mesa y la frente en la mano, lea, 
ms bien, distraido, divertase en hojear un libro, sealando con los
dedos,  la ventura y  largas distancias en la pgina, frases que,
reunidas, formaban absurdos  sentencias, que lo hacan sonreir 
meditar.

En una de esas casuales agrupaciones, ley:

--En toda existencia humana hay un minuto esperado  fortuito, solemne
 trivial, que decide del destino entero.

Mauricio sonri.--Perogrulladas!--iba  decir,  tiempo que una rfaga
de meloda, que pareca venir detrs de la puerta-ropero, invadi el
silencioso cuarto.

De seguro perteneca  un Steinway, el teclado que una mano ligera,
experta, suavsima, recorri con un arpegio tnue como el rumor de la
brisa, seguido de las primeras notas del valse de Julieta.

Mauricio, inmvil, comprimiendo el aliento, escuchaba aquellas notas
que como una misteriosa corriente, llevaban su pensamiento ljos en
el tiempo y en el espacio, all,  bordo del Senegal, al caer el
crepsculo, en la rada de Pouillac; y en la baha de Rio Janeiro, en
una noche primaveral.

Pero como si la artista hubiera adivinado su presencia, el piano call.

--Es una de las enemigas que rechazaron mi admision--pens Mauricio.

Aquella noche, fantsticas visiones visitaron su sueo. Ora bajo la
area forma de una vrgen, sonreale el valse de Julieta; ora, en
letras de fuego llameaba la misteriosa leyenda....

Desde entnces, en vano Mauricio aguzaba el odo; el cuarto vecino
permaneca silencioso.

--Quiz para alejarse de m, su habitante lo habr abandonado--pensaba
Mauricio, no sin consagrar un tierno recuerdo al encantado arpegio, y
al bello valse de Julieta.




XIII


Cierto dia, encargado de redactar una memoria en que le era necesario
compulsar leyes y decretos, Mauricio, huyendo de la chchara de sus
compaeros, resolvi hacer aquel trabajo en su habitacion.

Encerrado y sin dar al exterior seal de vida, escriba en la holgura
del silencio y la soledad.

A las nueve, probablemente la hora del arreglo, en el rden establecido
en la casa, la puerta del cuarto se abri de repente; y la camarera que
entraba tarareando una cancion, al encontrarse con Mauricio, di un
grito y dej caer escoba y plumero.

--Tranquilcese Vd., amiguita,--djole ste, en voz baja--soy su
husped, y, por ahora, en la necesidad de sigilo y asistencia.

--Mande el seor--respondi ella, tambien bajando la voz--soy la
camarera y estoy  sus rdenes.......

El seor es de Paris? Habla el francs como en el _boulevard_.

--No; pero amo  la bella ciudad; y por amor suyo pido ..... El
nombre de Vd., amiguita?

--Renata.

--Pido  Vd. buena Renata, que me deje encerrado; y que de ello guarde
rigoroso secreto. Sabe Vd. que soy un vecino proscrito?

--Ah! s...... Esas seoras! Hse visto un capricho tan tonto?
Aquella noche dbame ganas de entrar en el debate y decirles:
Insensatas! qu os proponeis? En los monasterios hay un esposo:
Jesucristo. Pero vosotras,  qu ideal obedeceis?

--Bueno  malo, djelas Vd. en l. Y, que pues halla injusticia en su
proceder conmigo, ruego  Vd. piense que mi ideal,  esta hora, despues
de haber trabajado desde las seis, debe ser....... Qu le parece  Vd.
que sea?

--Descansar?

--Bah! Almorzar, Renata, almorzar!

--Ah! es verdad, seor. En qu pensaba yo? Con gran secreto voy 
decirle  _madame_, que me mandar servir  Vd.

--Deje Vd. tranquila  madame, y avise en el _restaurant_ de enfrente,
donde tomo mis comidas.

--Yo misma ir  buscar el almuerzo del seor y se lo servir con tanto
ms gusto, cuanto que estara el dia entero oyendo hablar al seor.
Si me parece que estoy en Paris. Aqu unos hablan el francs como
normandos; otros como gascones. Como parisienses muy pocos; y de esos
los ms, hablan el francs de las _Barrieres_. El seor habla como Mr.
Ribeaumont. Conoce el seor  Mr. Ribeaumont?

--S: el espiritual colaborador de Le Courrier de la Plata.

--Cmo me gustan los folletines de Le Courrier de la Plata! Yo no s
leer el castellano; pero lo oigo leer  las seoras de la casa, todas
suscritas  los principales diarios. A m me encantan los libros. Mi
madre era portera en el colegio de seoritas que dirije madame Arnaud,
calle de Valois. Yo les guardaba las novelas que ellas traian ocultas
para leerlas en el jardin. En Paris todos gustamos de leer: los pobres
como los ricos. Le Petit Journal es nuestra delicia, y la ms msera
cocinera, ahorra sus cuatro cntimos para comprarlo.

Y en tanto que extenda los cobertores y arreglaba las almohadas,
la charlatana camarera, espetaba  Mauricio aquella palabrera, sin
cuidarse de que ste, ocupado en el trabajo que lo absorba, no la
escuchaba.

El sonido de un timbre y rumor de voces y de faldas en la habitacion
vecina, interrumpi la chchara de Renata, que llev un dedo  sus
lbios, y sali cerrando tras de s la puerta.




XIV


--Oh! qu pesados son estos vestidos de abrigo--deca cerca de
Mauricio, con acento quejumbroso, una voz dulcsima. Y se oia el caer
de pesadas ropas sobre los muebles.

--Por Dios! hay algo tan brutal como imponer al delicado cuerpo de la
mujer este abrumador astrakan y el no menos insoportable bombas!

Era necesario, era preciso, como dice Cienfuegos, que esos
confeccionadores de la moda: Wort, Bowctlaw y sus semejantes,
estuvieran locos,  que se hubieran confabulado contra nosotros.--

Y con un suspiro de alivio:

--Ah!--deca--parceme haber echado de m dos toneladas.

--Poco te queda que sufrir--contestaba otra voz, tambien dulce y jven.

--Ya rie la primavera con su florido aspecto.

--Bendita sea ella; y bendito el verano con sus lijeras gasas y
sencillas galas.

Renata dme Vd. mi baton de cachemira. Gracias... Ah! qu liviano es
esto! y al mismo tiempo qu abrigado.

--Y qu lindo!--aado yo.--Quin te lo hizo?

--Quin ha de ser? Julia Lopez, tu servidora.--

Mauricio sorprendi  su corazon estremecindose al escuchar este
nombre.

Y cuando la emocion se lo permiti--Qu bien te est!--oy decir.

--Lo hice por los ltimos modelos de La Estacion; as, en cuanto la
severidad del luto lo prescribe.

--Feliz t, que puedes emanciparte de la odiosa tutela de las modistas.

--He ah la nica ventaja del pobre sobre el rico; servirse  s mismo.

--Sin embargo, he aqu, Renata, que est sirvindote en este momento.

--Como una amiga, no es verdad, Renata?

--Oh! s, seorita Julia; y con mucho gusto mio. Es Vd. tan buena!

--Ja! ja! ja! Quitndome lo malo: ya se v.......

La campana del comedor!

--Es prevencion.

--Dios mio! Qu hora es?.... Las diez y media! Cmo pasa el tiempo!
Una clase en el colegio,  dos pasos de aqu; una leccion de piano; y
ya las diez y media!

Alicia, qudate  almorzar con nosotras.

--Imposible: me esperan en casa.

--Que no te apure eso, mi hijita.

Renata haga Vd. el favor de avisar por el telfono que la seorita
Alicia nos acompaa  almorzar.

--Entnces voy  dejar el abrigo y el sombrero.

--En la alcoba, sobre la cama; porque luego vendrn las muchachas, que,
entre clase y clase, todo lo manipulean.

--Y t no cambias vestido?

--No. Ajusto mi baton con esta cintura de largos lazos; al cuello esta
corbatita abullonada como el extremo de las mangas. As, vs?

--Oh! perfectamente...... con una gracia!.....

--Algo teatral, eh? Sabe que por el rgimen interior de sta casa, las
jvenes gozamos de una entera libertad en el vestir; y gracias  la
excelente idea de excluir  los hombres de nuestro domicilio, podemos
aadir  las galas del _dshabill_, lo picante del capricho.

As, nada tan pintoresco y gracioso como nuestra _toilette_ en la mesa,
en los paseos al jardin, y en las visitas de vivienda.

_Toilette_ sencilla, pero con el realce de caprichosas fantasias. La
tnica griega, el peplum romano, la castellana escarcela.....

A propsito dnde est la mia?..... Ah! hela aqu. Ayer la llev en
la comida. Por ms seas,  los postres, llenla de confites..... Vs?
deja que te ponga uno en la boca.

--Esquisito. Simula una almendra y tiene todo su sabor.

--S, porque es el jugo de esta, condensado. Producto de la Confitera
del Lampo: esto lo dice todo.

--Cierto. Qu manos mgicas confeccionan cuanto sale de ese maravilloso
emporio de lo rico, suculento y bello.

--Dicen que sus propietarios van  realizar grandes mejoras en ese
establecimiento, ya tan acreditado. Entre ellas, hablan de salones
magnficos, sobre todo el destinado  las seoras, decorado con
esplendor y rigurosamente reservado para ellas.

--Sin duda, los Partiano se han inspirado en el espritu de esta casa.

--Excelente inspiracion! amable galantera que debemos agradecer,
aunque solo fuera porque nos librara  la hora de los helados, del
insoportable olor del tabaco, esa pestilente atmsfera de todos los
sitios frecuentados por los hombres...

La campana del comedor son otra vez.

--Vamos?

--Vamos.

--Dame el brazo y permteme ser tu caballero.--




XV


Cuando el silencio, as en torno suyo como en el vecino cuarto,
despert  Mauricio de su profunda absorcion, encontrse con la pluma
en la mano, de pi  inclinada la cabeza ante la cortina de damasco
azul... escuchando!

Detrs de l, en una esquina de la mesa, primorosamente servido, entre
un dorado pan y una botella de vino, yaca un apetitoso almuerzo
enteramente frio.

Aquellos exquisitos manjares parecan resentidos: el bife haca una
mueca, y la tortilla tena todo el aire de una coqueta ofendida.

Solo las primaverales fresas, agrupadas en su fruterito de porcelana,
sonrean  Mauricio y le decan con su incitante perfume--gstanos.
Nosotras somos buenas y perdonamos tu desvo.

Avergonzado de su indiscrecion, apenas toc el almuerzo. Tom un bocado
de pan, dos fresas y un dedo de vino. Y como sintiese los pasos de
Renata, volvi de nuevo  su trabajo, agachado sobre el papel, para
evitar la mirada fisgona de la camarera.

Pero en vano: la parlanchina francesa habase propuesto tirarle la
lengua, y mientras quitaba el cubierto:

Lstima de solomito!--deca;--lstima de dorada fritura! Ni con el
lbio las ha tocado.--

Nada! Mauricio, pegado  la cuartilla, no se daba por entendido; y
escriba, escriba.

Y la pcara, en su empeo, continuaba:

--Pero si no ha comido ni el peso de un adarme. Un cachito de pan y
medio trago de vino. Jess! no lo hara peor un cartujo.--

Nada! Ms pegado todava  la cuartilla, Mauricio, callando como un
muerto, escriba, escriba.

La astuta camarera, dando otro giro al ataque:

--Poder de la curiosidad!--exclam.--Dos jvenes charlan en la
vecindad. Qu dicen? Frusleras, frusleras, que, sin embargo, el
seor, de pi, quietecito y el odo en acecho, escucha, al parecer, tan
absorto, que no me siente llegar, ni el ruido que hago al servirlo.--

Con gran contento de la pillastrona, aquella bomba produjo el efecto
deseado.

Mauricio se enderez; y volvindose vivamente hcia ella:

--Mi buena Renata--djole estrechando sus manos--espero que esas
seoras no quieran hacerme un calvario por el inocente placer de haber
escuchado, no sus palabras, sino el co dulcsimo de su voz.

--Vaya! no le haran  Vd. un calvario y s hasta dos, si lo supieran.
Pero, quin ha de decrselo? No ser yo, por cierto; yo, que cuando
estaba all con ellas, ya imaginaba que usted estaba ocupado en
escucharlas. Porque, seor, para juzgar de los otros con acierto, no
hay como poner la mano sobre el propio corazon.

As, cuando encontr  Vd. exttico, no lo tom  novedad.

--Entnces, Vd. me absuelve y no cree que he procedido mal?

--No, por cierto. Qu dao hcia Vd.  esas seoritas en escucharlas?

--Es Vd. una excelente jven; una verdadera francesa por su bondad y
honrada indulgencia.

--El seor me favorece. Pero en verdad, nada tan natural. Un jven se
encuentra solo, encerrado como en una prision; oye de repente, cerca de
s, voces frescas que ren y hablan; y aunque digan nimiedades que l
no entiende, intersanle esos misterios femeninos y escucha. A f mia,
yo hubiera hecho otro tanto.

--Querida amiga, me alivia Vd. de una penosa preocupacion. Yo estaba
confuso, avergonzado.

--Oh! bah! pues yo pienso hacer ms: quiero presentar  Vd. las
seoras de esta casa; quiero que vengan  que Vd. haga con ellas ntimo
conocimiento.

--Qu dice Vd. presentarme  ellas!

--Usted  ellas, no; ellas  Vd.

--Cmo puede ser eso? Vd. se burla.

--Ya ver Vd.--dijo ella con misteriosa sonrisa.

Y sali, cerrando tras s la puerta.

Mauricio se qued dando vueltas en torno al enigma que haba dejado
ante l la traviesa sirvienta; en la mente, la imgen ideal de Julia
Lopez; en el corazon, el co dulcsimo de su voz.




XVI


Una ruidosa invasion en la vivienda inmediata interrumpi aquellas
cavilaciones.

Risas, remocion de muebles, apertura del piano.

Una mano inteligente, pero ay! no la mano de aquella noche, recorri
el teclado con una avalancha de melodas.

--Por Dios, Rosita, acaricia ese obsequio de la seora D..., no lo
aporres--deca la voz que Mauricio senta vibrar en su alma.

--Ah!--replicaba otra--esa intemperancia de manoteos es lo nico que
me desagrada en la escuela francesa.

--Y lo que yo nunca pude sufrir en Gottschallk--aadi la voz temblona
de una vieja;--cerraba los ojos para no verlo en el piano; porque
me pareca un caballo picado de tbanos. (Perdneme el arte esta
blasfemia).

Rosita, moderando su ruidosa manera, ejecut una preciosa composicion.

--Qu es eso?

--La Emancipacion de la Mujer.

--Quin es su autor?

--Ortz Zeballos, un artista limeo.

--Un hombre, partidario de esa causa!

--Un fnix!

--En verdad! con qu ardor atacan los hombres esa idea!

--Y con qu argumentos! El otro dia lei en un artculo firmado por una
notabilidad literaria:

--.... El mismo Cristo, en las bodas de Can, estableci su dependencia
del hombre.--Mujer, dijo  su madre, que le peda un milagro, qu hay
de comun entre t y yo?

Alicia, rugote que tomes de sobre aquella mesa los Santos Evangelios y
leas en San Juan las palabras de Jess  su Madre, en aquella ocasion.

Oyse hojear el libro y la voz de Alicia ley:

--..... Y como faltara el vino, dijo  Jess su Madre:--No tienen
vino--y Jess respondi--Mujer, qu tenemos que hacer en esto, t y
yo? Mi hora an no ha llegado.

--Jess se refera  la edad en que un profeta deba comenzar su obra:
los treinta aos, que l no haba alcanzado todava.

Pero la madre que tena la seguridad de ser obedecida, dijo  los
criados:--Haced lo que l os dijere.

Y Jess obedeci: y por obedecerla hizo su primer milagro: convirti el
agua en vino esquisito que hizo exclamar  los convidados:--Por qu
nos dan ahora este vino que debimos gustar al principio?

--Pues que de citas equivocadas se habla, ninguna como la de aquel
seor diputado que en plena Cmara llam precepto evanglico
al--Creced y multiplicaos--del Gnesis.

--Y diputado por Crdoba: la ciudad teloga por excelencia.

--Ah! y que con todas estas deficiencias se atrevan los hombres 
disputarle  la mujer su emancipacion!

--Emancipada  no, la mujer ser siempre reina del mundo. Nada en l
se hace sin su influencia: todo por obedecerla, para agradarla, por
merecerla.

Recorramos la Historia, desde los remotos dias de la creacion, hasta la
hora presente.

Qu encontramos?

Siempre y en todas partes el culto de la mujer.

A ella, por ella, para ella. He ah el mvil humano en toda la
extension del planeta, como dira Emilio Castelar.

--Puedo afirmarlo yo--intervino la voz de la anciana--yo, que he vivido
y visto mucho; yo, que, durante los ltimos catorce aos, he tenido
ante m, el espectculo repugnante del despotismo de una esposa y la
sumision de un marido.

Era aquello tan odioso, que ms de una vez me sorprend anhelando para
ella la esclavitud; y en l, con un garrote en la mano, una hora de
tirana.--

Risas.

--Quines son ellos?

--Por Dios, misia Laurencia, deltelos V.

--Ah! demasiado alto ha delatado una doble catstrofe, esa culpable
inversion de la debilidad y la fuerza.--

Sigui un largo silencio.

Luego, aqu y all--Ya s--Ya s--dijeron varias voces.

--Ay!--Ya s--poda decir tambien, aquel que detrs de la puerta
escuchaba.

Y en el corro femenil:

Usted habitaba en su vecindad, no es cierto?--dijeron.

--En frente mismo de su casa, con nuestros balcones, por decirlo as,
cara  cara, mediando solo, entre unos y otros, la angosta calle de
Esmeralda: en la mayor proximidad. Sin embargo, y por esto mismo,
nunca nos tratamos. Yo no poda sufrir, ni de vista,  aquella mujer
autoritaria, que haca de su marido un esclavo y lo pona en ridculo
con las extravagancias de su capricho. Hace dao el espectculo de
tales desequilibrios en un hogar.

As, cuando dej aquella casa al propietario que quera habitarla,
aunque haca aos que moraba en ella, me placi alejarme de la
proximidad de aquel infierno.....

Sonrien Vds.? Ah! otra cosa era oirlo. Aquel eterno contrariar cuanto
pensaba  deseaba el esposo.

Y este!... El desventurado, por ms que ante ella sonreia siempre, 
vueltas de esa sonrisa su semblante estaba triste.

Una vez sola, vilo con aire gozoso. Fu pocos dias antes de su muerte.

Sala yo de aqu,  tiempo que l pasaba en compaa de un amigo, 
quien deca alegre frotndose las manos:

--Dice V., que tiene curiosidad de saber por qu estoy tan contento?

--De seguro, un buen negocio--replicaba el otro.

--S; pues anda V. ljos--breve: es un obsequio que he hecho  mi mujer
en el porvenir; y lo mejor an, sin que ella lo sospeche, siquiera; y
todava, contra la poderosa voluntad de aquella querida criatura.

El desgraciado hablaba as, de aquella que lo arrastr  la ruina y 
la muerte.

--Pobre mujer! demasiado cruelmente ha expiado sus faltas. Paz  su
memoria!--oyse decir  Julia Lopez, con piadoso acento.

--Yo he hablado as, hija, y hecho esas referencias, para impugnar, ya
sea explcita, ya implcita, la emancipacion de la mujer.

Qu piensa Vd. de ello, Julia?

--Yo pienso que la mujer es la mitad del hombre; que ambos son las dos
partes integrantes de un ser; y que, por tanto, estn destinados 
juntarse y unirse eternamente por el amor, para formar el Todo humano:
la idea del Creador...--

Mauricio sinti una ola de deliciosa embriaguez inundar su alma.

El, tambien, crey que le faltaba la mitad de s mismo, parecale que
vena  l, que se acercaba; que la voz que hablaba era la suya y lo
llamaba.

Cuando el nimbo radioso que lo envolva se hubo disipado, y Mauricio
pudo darse cuenta de lo que en l pasaba, encontrse profundamente
apasionado.

Otro habra reido del idealismo de ese amor, encarnado en el sonido de
una voz, en la sombra de un velo.

Mauricio le abri el corazon y se entreg  su misterioso encanto.




XVII


El reloj de la casa, dando las cuatro, despert  Mauricio de aquel
enagenamiento.

Parecile descender de elevadas esferas y mir con asombro en torno
suyo.

Su trabajo concluido, enrollado y sobre el sombrero, aguardaba desde
las dos de la tarde que debi ser puesto en caja.

Avergonzado de aquella inexactitud, apresurse  correr  la imprenta,
no sin las precauciones del proscrito: escurrindose sin ruido y
cuidando de no ser visto al salir de su cuarto.

Felizmente, el diario haba debido preferir la publicacion de
documentos ms urgentes.




XVIII


Aquella noche, Mauricio encontr sobre la mesita central de su cuarto
y bajo el globo de gas, un album en cuero de Rusia con sus broches de
plata cuidadosamente cerrados y un aire de coqueto misterioso.

--H aqu el enigma insoluble de Renata--pens Mauricio.

Nada tan claro y sencillo.

Sin embargo, al abrir aquel album, al contacto de sus pginas, senta
algo del pavor que inspira el santuario.

Iba  descorrerse el velo que ocultaba al objeto de su amor.

El album aquel era un libro _sui gneris_; una galera de retratos
seguida de filiaciones biogrficas que le daban inters y novedad.

Contena en rden cronolgico las fotografas de todas las seoras que
habitaban la casa.

Comenzaba la srie, el retrato de una dama de sesenta aos, con ojos
vivos y alegrsimo semblante.

Su filiacion deca que la seora de Sanabria era viuda de un rico
estanciero y posea campos y haciendas innumerables.

El bigrafo terminaba cada filiacion con un chiste referente al
carcter de su heroina.

As, de la seora de Sanabria, deca que, de una manera desordenada,
tena la mana de la caridad. Para poner  sus anchas la confianza de
sus pobres, declaraba sus riquezas inagotables, conjurndolos  pedir y
pedir.

A esta segua la seora Zrate, antigua directora de un colegio de
nias fundado por la Sociedad de Seoras de la Misericordia y servido
por Hermanas del Huerto.

El carcter de la Zrate, concluye el bigrafo, es tan recto y
justiciero, que, un dia, asistiendo  la clase de religion, oy  la
profesora explicar la escena de Jess, nio, en el templo, con su Madre
y los doctores de la Ley.

--Pues yo, hijas mias--dijo ella dirigindose  las chiquitinas--yo,
en lugar de mi Seora, en el templo y delante de los doctores de la
Ley, le habra dado  mi Seor Jesucristo una _limpia_ de azotes por
cimarron.

Al siguiente dia, delatada por la hermana profesora de religion, perda
su puesto en la escuela.

Pero Aquel que lee en los corazones, indemniz aquella prdida,
mandndole el beneficio de una herencia con la que viva tranquila.

Segua as una docena de viejas que apesar de su insignificancia,
Mauricio las contemplaba con profunda gratitud.

Ellas habanle abierto las puertas de aquella casa, donde le aguardaba
el dulcsimo sentimiento que llenaba su alma.

Grupos de jovencitas, lindas todas--pues que la juventud es
belleza--llenaban el resto del album.

Sobre ellas el bigrafo haba arrojado una lluvia de flores, de esas
flores que convienen  todas las jvenes, sean grandes  chicas,
rosadas  plidas, morenas  rubias.

Mauricio sinti temblarle la mano y el corazon, al volver la ltima
pgina.

Un cerco de vietas representando coronas y ramilletes, ofrendas de
cario, rodeaban el retrato de una jven morena, esbelta, de rostro
oval, frente elevada y abundosos cabellos.

Vestida de negro, con esa sencillez elegante y severa que es y ser
la moda en todos los tiempos, cruzados los brazos sobre el pecho,
apoybase en la reja de un balcon.

Sus grandes ojos negros miraban  lo ljos, y una tnue sonrisa
suavizaba la seriedad de su boca.

En aquel semblante,  la vez, juvenil y reflexivo, haba un encanto
indefinible, que atraia y haca meditar.

Mauricio, cerrando los ojos, cotej aquella imgen con la que haba en
su corazon....

Era la misma, era el ideal que soara bajo el velo de crespon negro en
la rada de Pouillac y en la baha de Rio Janeiro....




XIX


Cunto tiempo permaneci as, fija la mirada en aquel retrato, absorto
en su contemplacion?

Gritos de alarma demandando auxilio alzronse de repente del interior
de la casa, llenando de terror  sus tmidas habitantes, que medio
desnudas, asomaban  las puertas, haciendo coro al angustioso clamor.

Vuelto de su abstraccion, Mauricio tom un revlver y se lanz al
travs de los patios, guiado por la voz, ya medio ahogada, de una mujer
que llamaba en su ayuda.

El lugar de donde partan los gritos, era una habitacion cuya puerta
estaba cerrada.

Mauricio no quiso llamar: salt por una ventana y se encontr en un
dormitorio, encarado con tres hombres, dos de los cuales pugnaban por
amordazar  una mujer, en tanto que el tercero desbalijaba los cajones
de una cmoda de donde haba extraido un paquete de billetes de banco
y un cofre de bano con incrustaciones de plata.

Los primeros, creyendo sobre ellos la polica, dejaron  la mujer, y
abriendo la puerta, huyeron  tiempo que Mauricio les enviaba dos balas
de su revlver.

El otro, sin soltar su presa, quiso huir; pero Mauricio, tomndolo por
el cuello, lo arrincon en un ngulo del cuarto.

El bandido logr echar al seno el paquete; y sin desprenderse del
cofre, con la mano libre, sac rpidamente un cuchillo y lo hundi en
el pecho de Mauricio.

Cuando guiada por Renata lleg la polica, la mano del herido, 
impulsos de una convulsion, estrechaba todava el cuello de aquel caco
tan empecinado en el latrocinio, que aferrndose al cofre y paquete de
billetes, cost trabajo arrancarlos de sus manos.




XX


Cuando Mauricio volvi en s, despues de largos dias de estar entre
la vida y la muerte, encontrse en su cuarto, acostado en su cama, el
pecho cubierto de vendas, bajo las que senta, sin darse cuenta de
ello, la punzada de un dolor sordo y persistente.

A la semiclaridad que penetraba al travs de espesas cortinas en puerta
y ventana, Mauricio divis dos personas sentadas al lado de la cama.

Aquella que estaba enfrente  l, era una anciana.

Conocala?

No poda recordarla, pero crea haberla visto otra vez....

De pronto, se sobresalt, y en su corazon hzose un gran tumulto....

Sobre una falda negra, lo nico que descubra de la persona sentada 
su cabecera, habase extendido una mano blanca, fina, satinada, con
uas rosadas y transparentes.

Oh! esa mano s, la conoca l. La distinguira entre mil otras manos
bellas, porque la tena presente, siempre, desde que la vi enjugando
lgrimas en la rada de Pouillac.

Mauricio quiso volverse para mirar al dueo de aquella mano; pero al
primer movimiento sinti un dolor agudo que le oblig  quejarse.

Sus dos enfermeras se inclinaron hcia l.

--Cuidado, mi hijo!--djole la una--Quietud y tranquilidad! As lo
prescribe el mdico.--

La otra guard silencio; pero fij en Mauricio una mirada de dulce
conmiseracion que llen de delicias su alma.

A la luz de aquella mirada, los recuerdos acudieron en tropel  su
mente.

Los retratos del album; su amorosa contemplacion; el grito de alarma;
el despertar de su arrobamiento; su entrada en aquel interior
desconocido; los semblantes aterrados de sus vecinas; su lucha con
los ladrones, su herida... Despues, all, como entre nieblas, un largo
anonadamiento.

Sus dos enfermeras haban vuelto  sus puestos.

Mauricio cerr los ojos y se qued inmvil, entregado  un dulce
desvaro.




XXI


Lleg el mdico, y tras l las vecinas, que venan  escuchar el
diagnstico del facultativo.

--Cmo v nuestro enfermo?--pregunt ste, acercndose  la cama.

--Ay! doctor Ramos--respondi la anciana--un momento creimos que
volva en s y abra los ojos; pero solo fu aquel un movimiento
automtico; y hlo ah ms inmvil y postrado.--

El mdico entre tanto consultaba el pulso del herido y examinaba su
semblante.

--Pues yo digo  Vds., seoras, que la fiebre ha bajado hasta el punto
de desaparecer. Esa inmovilidad es sueo natural, que es necesario
ayudar, dejndolo en completa quietud.

Cuando despierte, renovadle el apsito. Esta noche har yo esa
operacion que ahora dejo en manos de la seorita Julia; pues, en esta
ocasion, ha dado pruebas de hbil practicante.

--Efectos de mi buena voluntad, doctor.--

Mauricio escuchaba radioso.

Habra querido llevar la mano  su herida, para tocar el sitio donde se
haba posado aquella mano adorable.

Y el doctor, haciendo un ojito de malicia:

--Qu mozo feliz!--concluy--rodeado de enfermeras tan bellas!

--Ah! doctor--dijo la anciana, que no era otra que la seora de
Sanabria--es lo menos que debemos  nuestro salvador. Sin l nos
habran degollado aquellos desalmados.

--Y Vd. perdido sus joyas.

--Y mis billetes de banco: cinco mil nacionales, doctor.

--Demonios! Creo que los tres estn en poder de la justicia?

--Ay! si! Pobres!

--Doctor, el enfermo tiene mucha sed. Qu bebida le daremos?

--Orchata con hielo,  discrecion.




XXII


Ido el mdico, formse en torno  la mesita central el corro femenil.
Julia estaba en l. Mauricio, entreabriendo los ojos, veia su silueta
destacndose en el claro oscuro del cuarto, blanca, ligeramente plida
en su vestido de luto.

Tena en la mano un trozo de tela de lino que deshilaba con sus rosadas
uas, colocando cuidadosamente las hebras extraidas en un papel de
seda, abierto sobre la mesa.

--Se d Vd. un trabajo intil--djole la seora de Sanabria.--Yo he
traido un paquete de hilas de la botica.

--Quin sabe qu manos las hicieron y de qu tela.

--Julia tiene razon. Ejemplo: Fernando B... padeci dos aos de un
cortesito en la mano, convertido en una grande llaga, por el uso de
ciertas hilas que, averiguado su orgen, resultaron ser despojo de la
sbana de un enfermo de viruelas.

--Qu horror!

--Y ha escrito Fernando B...?

--De todos los lugares donde se ha detenido: de Barcelona, de Valencia,
de Sevilla. Encantados l y Carmencita.

--El, desde luego! Es su patria.

--Pues, h ah, que, en la ciudad natal, Madrid, aguardbale un gran
pesar; uno de esos pesares que es necesario haberlos sentido para
poderlos comprender.

El dia mismo de su llegada  la Corte, hijo amante, fu  visitar los
sepulcros de sus padres, que, diez aos antes, haba dejado con un
adios de lgrimas y plegarias.

Pero al llegar al sitio que antes ocupaba el cementerio, no pudo
reconocerlo. Reemplazaban al fnebre recinto, calles y edificios....

--Ay! padre querido!--murmur Julia, juntas las manos--quin me dice
 m, que cuando algun dia me sea dado ir  buscar tus amados restos,
no encuentre desaparecido el sepulcro que los guarda!--

Mauricio envi una execracion al destino, que le negaba la dicha de
realizar para Julia esos anhelos, que constituian la felicidad de su
alma.

Execr, sobre todo, la vanidad de esa utopa que tanto tiempo haba
mecido sus ensueos. Querer es poder...

--El relato de Vd. misia Laurencia, ha entristecido  Julia.

--Psame de ello. En verdad, que estas plticas en que se mezcla el
dolor, despiertan siempre cos de reminiscencia en algun corazon.
Hablemos de otra cosa.

--Qu bien duerme nuestro enfermo! Si parece que no respira.--

Era que Mauricio comprima el aliento para mejor escuchar el cuchicheo
de aquellas nimiedades que, inmensamente, sin embargo le interesaban,
porque Julia tomaba parte en ellas.

--Es hora de renovar el apsito; pero el doctor ha recomendado que se
le guarde el sueo.--

A la idea del contacto de esa mano que iba  posarse en su pecho,
Mauricio sinti un estremecimiento delicioso que le record la leyenda
del condenado que, camino del infierno, se despe en una sima y....
cay en el cielo.

--Al cabo llega Vd., Renata.

--Ah! seorita Julia, en este momento acabo el arreglo de los cuartos.
Cmo v el caballero? Debe tomar alguna bebida?

--Orchata con hielo. Vaya V.  traerla de la Confitera La Gema. No
de otra parte, porque all la hacen deliciosa. Al volver, compre Vd. de
paso el hielo en cantidad bastante  cubrir la garrafa. Porque el hielo
dentro del lquido, es malsano.

--Yo crea que la mejor orchata es la que se hace al minuto: pisando la
almendra en el momento de confeccionarla.

--Yo tambien crea eso; pero un dia tom una orchata en La Gema y
declaro que es esquisita.

--Qu magnficos aguinaldos han llegado  esa confitera; qu lujo y
variedad de bombones; qu delicadas masas, y los dueos, los hermanos
Baez, tan afables y corteses.




XXIII


El Director del diario en que Mauricio escriba, vino  visitar  su
empleado.

Fu entnces preciso que el que finga dormir, se despertara.

El distinguido hombre de mundo salud al grupo femenino con galante
cortesa.

--Perdon, seoras mias,--dijo inclinndose respetuoso.--La oscuridad
y el silencio me hicieron creer que el enfermo estaba solo. Grande ha
sido mi sorpresa encontrndolo rodeado de tan amable asamblea.

--Confiese Vd., seor, que su verdadera sorpresa fu nuestro
silencio--repuso misia Laurencia.--Pero Vd. se engaaba: charlbamos;
bien que con el secreto que es el fuerte de las mujeres--concluy la
viejecita, guiando un ojo con espiritual picarda.

El Director ri del chiste.

Luego, acercndose  Mauricio, informse del estado de su salud; habl
con l de los asuntos del diario; de la importancia de algunos de sus
trabajos editoriales.

Despues, abordando la broma.

--Ah! seor folletinista--le dijo, volvindose hcia las seoras para
generalizar la conversacion;--Vd. ya no se contenta solo con escribir
dramas y romances: los pone en accion.

Y dando una furtiva mirada  la esbelta figura de Julia:

--Veo venir el idilio--prosigui.--A ste seguir un eplogo.....
y..... un dulcsimo punto final.

A estas palabras, por un impulso unsono de misteriosa intuicion,
Julia y Mauricio, volvironse el uno hcia el otro, y sus miradas se
encontraron.

Desde esa hora, ambos supieron que se amaban.

Nada de ello tampoco escap  la perspicacia del Director. Sonri
con la benevolencia que las altas inteligencias acuerdan  estos
juveniles poemas de la vida: y se despidi, recomendando  las seoras,
no engreir  su enfermo, y devolverlo cuanto antes  las luchas del
periodismo, la ms fortificante de las convalecencias--aadi riendo.




XXIV


--Ya lo ha odo V., amiguito,--dijo la seora de Sanabria, alzando el
dedo con cmica autoridad;--diz que no debemos engreirlo.

--Ah! seora--exclam Mauricio--jams podran Vds. curarme de este
delicioso engreimiento.

--Qu no? Vamos  ver!... Seoras, comencemos por dejarlo solo y
vamos  cosechar las primeras rosas del jardin, para... adornarle el
cuarto.--

Y riendo, salieron todas en tropel.

Julia iba  seguirlas, cuando sobrevino el mdico.

--Hola!; buena seal! Cuando hay alegra, todo v bien. No es
verdad, seorita Julia? Cmo v, mi jven amigo? Pero bah! deje Vd.
que lo averige yo mismo... Qu! si este pulso est de plcemes...
Magnfico... Veamos la herida... Casi cicatrizada! Parece increible,
sobre todo, cuando se ha visto el cuchillo que la hizo. Poder de la
juventud!... Cuando se ha hecho buen uso de ella,--aadi el doctor,
estrechando cordialmente la mano  Mauricio.

--Adios, seorita. Maana levantaremos al enfermo, que ya no es tal,
sino convaleciente.

--Lo cree Vd. as, doctor?

--Vaya si lo creo! S, seorita.




XXV


--Sin embargo--dijo Julia, cuando el mdico se hubo ido--por ms que el
doctor encuentre el pulso excelente, yo veo el nimo de Vd. decaido...
Qu siente Vd.?

--Qu siento! Deploro ver llegar la salud, que v  robarme la
presencia de Vd. y volverme otra vez para Vd. un extrao.

--Ah!--respondi Julia, en tanto que el rubor encenda sus
mejillas--yo crea que el dolor haba hecho nacer en nosotros un
sentimiento de fraternidad por ambos comprendido y tcitamente aceptado.

--Fraternidad! oh! no se llama as el sentimiento profundo, inmenso,
que llena mi alma. A ese lo acepta V.?--

Julia, bajos los ojos, callaba.

--Ah! deje V. que interprete en mi favor ese silencio; indquemelo
una palabra sola, una mirada!--

Las miradas de los dos jvenes se encontraron.

Y la mano blanca, fina, satinada, de uas trasparentes y rosadas, se
pos en las manos de Mauricio, que la llev  sus lbios.

--Para siempre?--demand el uno.

--Para siempre!--respondi el otro.

Y quedaron as, juntas las manos, silenciosos, la mente llena de
radiosas visiones.

--Esposa mia,--dijo Mauricio, saboreando con delicia esta
palabra,--permteme sellar nuestra eterna union, colocando en tu mano
esta prenda misteriosa que llev siempre conmigo desde nio, sin saber
quien me la diera ni de donde me vena: persuadido solamente de que
perteneci  mi madre porque lleva sus iniciales y la fecha de su
matrimonio.--

Hablando as, Mauricio quit del dedo meique de su mano un anillo de
oro y lo pas al anular de la de Julia.

La jven bes aquella reliquia con religiosa uncion.

Su bello semblante habase tornado grave; su voz suavsima tom un
acento solemne.

--Si yo dudase--dijo--si yo dudase de la intervencion sobrenatural en
nuestro terrestre destino, desde esta hora habra comenzado  creer en
ella.--

Y abriendo el secreto de un medallon de esmalte negro que llevaba al
cuello, tom otro anillo de oro que present  Mauricio.

--He aqu--le dijo--la alianza nupcial de mi padre, que yo recog de su
mano, helada ya por la muerte.

Los que moran en el cielo, envan  sus hijos en estos signos visibles,
su bendicion.--

En ese momento las paseantes del jardin invadieron el cuarto, llenos
pauelos y sobrefaldas de hermosas rosas primaverales, que esparcieron
sobre la cama de Mauricio; en los muebles y hasta en el pavimento.

--As se quitan los engreimientos--deca riendo, la seora
Sanabria.--Seguid, seoritas, echadle flores; _date lilia_, como dice
Ovidio.

--Ah, seoras mias--dijo Mauricio, profundamente conmovido--cunta
bondad! Cmo podr yo, jams, hacerme digno de ella? Razon tena el
doctor, que me llamaba feliz!

--Ah pcaro! haca el muerto y nos escuchaba! Nias, esto merece
juicio y castigo!  qu pena le condenarn Vds.? Eso s, por Dios! no
ser tan rigorosas como la otra vez.--

Tras breve cuchicheo, alzse una voz que exclam:

--Condenado  la concesion antes negada:  ser nuestro comensal.

--Bravo!

--Bravsimo!

--Honorable tribunal: No s donde existe la costumbre de que el reo,
despues de oir su sentencia, bese la mano  sus jueces. Yo pido esa
pena ms, en mi cruel condenacion.--

Las jvenes tendieron al sentenciado sus blancas manecitas.

Las viejas, todas muy discretas, lo eximieron de esa verdadera
penitencia.




XXVI


Como se acercara la hora de la comida,  la que segun lo haba
declarado el doctor y sentenciado el tribunal, Mauricio deba asistir,
las seoras se retiraron para dejarlo vestirse y hacer ellas su propia
_toilette_.

Las jvenes que iban riendo entre ellas--Adios! decan, magestuosos
peplums.

--Adios! encantadoras tnicas griegas de perdidas mangas y dorados
flecos!

--Adios! redecillas de perlas.

--Bandas caballerescas, adios!

--Ahora, asimilarse lo ms posible al ltimo figurin de La Estacion,
y as perifolladas, sentarse  la mesa con nuestro bello comensal.

--Ay! mi hija, sabes que me qued helada el primer dia que entramos
 su cuarto, despues del accidente? Esa puerta cegada que sirve de
ropero, es la que est detrs del piano en tu saloncito, Julieta.

--Yo lo saba,--dijo Julia,--pero saba tambien, y Vds. como yo, que mi
vecino estaba ausente.

--Y yo, no obstante eso, temiendo que nos hubiera escuchado, comenc 
hacer mi exmen de conciencia, pensando en los disparates que pudimos
haber dicho.--

La campana del comedor anunci prevencion.

Las jvenes se dispersaron.

Mauricio se apresur  vestirse.

Con qu sentimiento de gozo vise, otra vez, en pi, actuando en la
vida, y un rayo de felicidad iluminando su alma.........

Renata vino  interrumpir este arrobamiento.

Armada de plumero y escoba y en las manos una gran jarra con agua, la
curiosa camarera se precipit, ms bien que entr en el cuarto.

--Gracias  Dios!--exclam--He aqu otra vez al seor, sano y listo
como antes....... y mejor que antes, bah!....... amado por aquel
ngel del cielo!......

--Qu dice Vd. Renata? No comprendo...

--No comprende el seor? Yo s. Ah! si hubiera visto el seor las
lgrimas que yo he sorprendido, cuando l estaba tendido, cerrados los
ojos, y que el doctor auguraba tan mal.

Pero ya, ya todo pas; y yo que crea que no podan ser ya ms bellos
aquellos ojos que inundaba el dolor, veo que son divinos inundados por
la felicidad.

--Renata, Vd. es el rgano de los enigmas.

--Qu semejante el anillo que la seorita Julia tiene en el dedo al
que Vd. llevaba antes en el meique!...... Pero lo ms particular es
que ese que lo ha reemplazado, es idntico  otro: una reliquia que
ella guarda en su medallon y aplica  sus lbios cuando reza.

--Nada tan natural, somos novios y hemos cambiado alianzas--dijo
Mauricio, en la inminente necesidad de poner en buen camino el nsia
curiosa de la camarera.

Oyse de nuevo la campana y madame Bazan vino muy contenta, en busca de
Mauricio, para llevarlo al comedor.




XXVII


No hay mdico tan hbil para las rpidas curaciones como la felicidad.

A su dulce influencia, Mauricio recobr luego la salud y volvi
al trabajo con un ardor, perseverancia y afan que asombraron,
inquietndolo,  Emilio, uno de sus compaeros de labor.

Era que tena prisa de llenar las condiciones que l mismo haba
impuesto  la realizacion de su dicha: adquirir, si no una fortuna, un
holgado bienestar, al menos, que ofrecer  la criatura idolatrada que
iba  ser su esposa.

Pero ah! el lucro en el trabajo, si bien seguro, es lento, y tarda en
llegar.

Solo con audaces golpes de mano, y no en esa esfera de luz, sino en las
regiones tenebrosas de la poltica, se improvisan las fortunas que con
asombro vemos surjir, no obstante conocer su orgen.

Este pensamiento nublaba  veces su frente.

Una mirada de Julia le restitua la felicidad.

--Ah!--sola decirle ella entnces,--por qu no hemos de unir nuestro
destino en el trabajo, como se han unido nuestros corazones en el amor?
Qu goces de la opulencia igualarn  la dulzura de caminar juntos, 
travs del destino, y apoyado el uno en el otro, buscar el pan de la
vida?

--No, amada mia--respondi Mauricio, con acento de autoridad--nunca
permitira  mi esposa encadenarse  esa ley de labor, mision del
hombre.

Ah! cuando seas mia, haba de dejarte salir de mis brazos para ir 
desafiar las humillaciones,  que el trabajo expone  la mujer en el
spero contacto de la vida? Jams!

--Esperemos--repuso ella--pero, no impacientes, sino con plcida
resignacion. Ah! en cuanto  m, encuntrome tan feliz, que quisiera
vivir eternamente en este trocito de cielo.--

Mauricio pensaba tambien as, en esos dulces momentos; pero en otros,
las tristezas volvan  su alma.




XXVIII


--Tienes una carta en el correo--dijo Emilio  Mauricio, cuando ste
entraba en la redaccion.

--S? Pues voy ahora mismo por ella. Quiz es de Francia. Cunto
tiempo que nada s de aquella querida gente!

Y sali  prisa.....

--La 3.3_S_4 para Mauricio Ridel--dijo ste al empleado del Correo en
las cartas de posta restante.

Entre varias personas all presentes, hallbase un caballero que al oir
aquel nombre, volvise y mir al que lo pronunciara.

El empleado con una carta en la mano, diriji  Mauricio el
sacramental--Puede Vd. dar comprobante de su persona?

--Si el seor quisiera aceptarme por fiador?--dijo  Mauricio con una
voz benvola y tranquila, el caballero que en l se fijara.

--Ah! seor--respondi ste--no s si debo......

--Por qu no, seor?--interrumpi el empleado--con tal fianza, no
solamente esto: un tesoro.--

Y di  Mauricio su carta.

Cuando ste se volvi hcia su favorecedor para darle las gracias, l
lo interrumpi para preguntarle si era hijo del seor Crlos Ridel.

--Soy su hijo nico, seor; y  mi vez suplico  Vd. me diga por qu me
hace esta pregunta.--

El desconocido, sin responderle, presentle su tarjeta y le dijo:

--Ruego  Vd. que, acompaado de alguna persona caracterizada y de
antigua relacion con el seor Crlos Ridel, se presente en la oficina
128 Rivadavia, donde har  Vd. una comunicacion que muy mucho le
interesa.--

Perplejo, sin saber que quera de l el desconocido; pero atraido por
el timbre simptico de su voz, busc su nombre en la tarjeta que tena
en la mano, para saludarlo con la expresion de su gratitud.

--Eduardo M. Coll--ley.

--No conozco este nombre: Pero  quin conoce en su patria el pobre
proscrito?




XXIX


--Mi querido tutor--dijo Mauricio, presentndose al escribano
D...--necesito, una vez ms, ampararme de su frula para un asunto
misterioso en que debo actuar.--

Y refiri al escribano lo ocurrido en la casa de Correos, entregndole
la tarjeta del fiador desconocido.

--El seor Eduardo M. Coll, hijo mio, es Gerente de La Buenos Aires,
Compaa de Seguros en la que yo mismo soy accionista qu ser ello?
Vamos all.....--

El presidente don Emilio N. Casares y el Gerente, recibieron al seor
D.... como  un antiguo amigo.

Presentado Mauricio Ridel, el Gerente le manifest que  la muerte
de Crlos Ridel, la Compaa haba solicitado la presencia de los
herederos, y demandado del sndico de la quiebra, la entrega de la
pliza nmero 49 de un seguro que hiciera el seor Ridel.

La pliza no se encontr, ni en sus papeles particulares, ni en los de
la razon social.

--Existira en poder de Vd., por acaso?

--No seor--respondi Mauricio--El seor D.... ha manejado mis
intereses, desde la muerte de mi madre, hasta el dia que, por mi rden,
los entreg al concurso; y ni l, ni yo, hemos recibido papel alguno
perteneciente  mi padre.

--Esme grato decir  Vd. que, en ltimo caso, la presencia del heredero
suple la falta de la pliza. Bastara un documento del seor, con la
declaracion de nico heredero; el certificado del mdico y la partida
de defuncion. Veremos la resolucion del Directorio. Si fuera favorable,
para llenar ciertas frmulas, se pondrn avisos por seis dias,
solicitando la pliza de vida del seor Crlos Ridel.




XXX


Antes de aquel trmino el Gerente de La Buenos Aires reciba una
citacion del Banco Nacional con motivo del aviso que por su rden
registraban La Prensa y La Tribuna Nacional.

Acudi el Gerente, y supo que all se hallaba, depositado por el seor
Crlos Ridel, un paquete cerrado, que en Junio de 1888 deba ser
entregado  la Compaa de Seguros La Buenos Aires.

Abierto el paquete, encontrronse con la pliza de seguro sobre la vida
de Crlos Ridel, por 20,000 $ m/n. en 20 aos, y en la que constaba el
abono de la primera anualidad de 792 $ m/n.; una carta  su esposa, y
en defecto de sta,  su hijo Mauricio; y una letra por 792 $ m/n.  la
rden de Crlos Ridel y endosada por ste  La Buenos Aires, como la
segunda cuota que deba pagar por su pliza.

Mauricio ley la carta que acompaaba estos documentos.

  Cuando leas estas lneas, mi bien amada Lucrecia,--deca Ridel 
  su esposa--muerto  vivo, habrs de perdonar mi primera y nica
  desobediencia, en gracia del motivo que la inspir; hlo aqu:

  Tengo por toda institucion benfica, la ms alta estima; y
  profunda gratitud por las que se levantan en nuestro pas.

  Entre estas, las Compaas de Seguros snme especialmente
  simpticas, sobretodo, La Buenos Aires, por su importancia y
  valiosa organizacion.

  As, en tanto que me permitas ser su accionista, he querido
  pertenecerle, al menos, por un seguro......

Mauricio no pudo leer ms.

Una ola amarga subi  su corazon despertando todos los antiguos
dolores filiales.

En la vida como en la eternidad, siempre la sombra fatdica de su
madrastra vena  colocarse entre l y su padre....

Pero, luego, la imgen de Julia, como un rayo de luz, borr aquella
penosa impresion.




XXXI


--La Capilla de Nuestra Seora de las Victorias tena hoy un aspecto
imponente. Llenbala el cortejo de una boda.--

As llegaron diciendo las jvenes de vuelta de misa de ocho.

Una boda! Suena tan bien esta mgica palabra, que muy luego tuvo toda
la casa por auditorio.

Y las jvenes continuaban, y en su entusiasta lenguaje:

--Qu bella pareja!--decan.

--El, todo un buen mozo; con un aire tan srio y distinguido.

--Ella! morena ms linda! Qu alianza encantadora de lo blanco de la
piel y lo negro de ojos y cabellos!

--Muchachas! no hay que exagerar!

--Oh! si nada hemos dicho todava. Escucha.--

Y dejando por aqu y por all, sombreros, guantes y abanicos,
continuaron, quitndose unas  otras la palabra:

--Que bien estaba la linda morocha, en su vestido de faya, tan sencillo
como elegante, y su velo de tul de seda liso: el todo sin ms adornos
que azahares naturales.

--Un pi de Cendrillon calzando un zapatito de raso blanco, adornado
tambien con azahares.

--Un precioso abanico formado de mariposas trasparentes: y chico,  la
ltima moda.

--Pocas seoras; muy elegantes todas.

--Pero qu gran squito de caballeros! Toda la prensa: el general
Mitre, Bartolito, Dvila, Lainez, Vedia, Laurencena, Lalanne, Walls,
Ribaumont, Ortega, Alber, Mulhall y tantos otros.

--Estaban tambien Eduardo Coll y Emilio Casares que fu el padrino y
que dicen ha hecho un rgio obsequio  la novia.

--Muchos literatos; el general Sarmiento, Santiago Estrada, Jos Mara
Zuvira, el ministro de Bolivia doctor Vaca Guzman y tantos otros,
hija, que yo no conozco. Apenas cabamos en la capilla.

--El celebrante, que era el elocuentsimo padre Pera uni  los
contrayentes con las palabras sacramentales, pronunciadas con uncion
conmovedora.

Despues, volvindose al auditorio, habl de la excelencia del
matrimonio, de su orgen divino, de su utilidad en la comunion humana,
de la santidad de su fin, del vitico de virtudes que  l debe
llevarse.

--Seores,--aadi--permitidme presentaros un modelo de esas virtudes
en los cnyugues que acabo de unir: dos hijos animosos del trabajo.
El uno, despojndose de una gran fortuna para salvar de la deshonra
la memoria de un padre; el otro, en la dbil adolescencia, luchando
valerosamente con las dificultades de la vida y el desamparo de la
orfandad.

Se amaban. Libres, podan unirse el uno al otro.

Pero eran pobres; y en la rectitud de su corazon, queran preparar el
hogar, antes de traer la familia; y dados al trabajo, aguardaban, en
ese penoso retardo  su dicha, resignados, confiando en Dios y en la
fortaleza de sus almas.

Mas, no en vano confiaron en Aquel que forma de las piedras hijos 
Abraham....

Existen varias instituciones creadas con capitales formados por la
honradez y el trabajo, que con el modesto nombre de Compaas de
Seguros, ejercen la ms benfica influencia en la vida econmica de los
pueblos; porque, cualquiera que sea la forma en que se tome, el seguro
encierra el bienestar futuro de la familia.

En el seno de una de esas asociaciones tutelares, La Buenos Aires,
la Providencia guardaba un tesoro que  su hora, hizo surgir para
recompensar la abnegacion filial y dar la felicidad  los que,
creyendo en ella, esperaban.

--Que el Altsimo os bendiga!--

Y cayendo de rodillas, el hombre de Dios se absorbi en mental
plegaria....

--Corrimos al prtico para ver el desfile de la comitiva.

Veinte carruajes aguardaban alineados, al borde de la vereda.

Los esposos, entrelazados los brazos, salieron seguidos del cortejo,
que se reuni delante del coche nupcial.

El novio estrechando con efusion la mano  Coll.

--Noble corazon!--le dijo--que el espectculo de nuestra felicidad
sea su recompensa!

Y volvindose  la comitiva cambi con ella una mirada de inteligencia;
luego dirigindose al cochero.

--Al muelle de pasageros!--orden.

La novia mirndolo sorprendida.

--Al muelle de pasageros!--repiti--Dnde vamos, pues?

--A Francia, amada mia, para pedir al sepulcro los restos que lloras y
devolverlos  la tierra de la patria.

La jven exhal un gemido y arrojndose en los brazos del esposo,
escondi la frente en su seno.

Todos lloramos....

Yo tambien lloraba.





End of Project Gutenberg's Oasis en la vida, by Juana Manuela Gorriti

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK OASIS EN LA VIDA ***

***** This file should be named 62564-8.txt or 62564-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        http://www.gutenberg.org/6/2/5/6/62564/

Produced by Carlos Coln, Stanford University, and the
Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net
(This file was produced from images generously made
available by The Internet Archive/American Libraries.)

Updated editions will replace the previous one--the old editions will
be renamed.

Creating the works from print editions not protected by U.S. copyright
law means that no one owns a United States copyright in these works,
so the Foundation (and you!) can copy and distribute it in the United
States without permission and without paying copyright
royalties. Special rules, set forth in the General Terms of Use part
of this license, apply to copying and distributing Project
Gutenberg-tm electronic works to protect the PROJECT GUTENBERG-tm
concept and trademark. Project Gutenberg is a registered trademark,
and may not be used if you charge for the eBooks, unless you receive
specific permission. If you do not charge anything for copies of this
eBook, complying with the rules is very easy. You may use this eBook
for nearly any purpose such as creation of derivative works, reports,
performances and research. They may be modified and printed and given
away--you may do practically ANYTHING in the United States with eBooks
not protected by U.S. copyright law. Redistribution is subject to the
trademark license, especially commercial redistribution.

START: FULL LICENSE

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full
Project Gutenberg-tm License available with this file or online at
www.gutenberg.org/license.

Section 1. General Terms of Use and Redistributing Project
Gutenberg-tm electronic works

1.A. By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement. If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or
destroy all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your
possession. If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a
Project Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound
by the terms of this agreement, you may obtain a refund from the
person or entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph
1.E.8.

1.B. "Project Gutenberg" is a registered trademark. It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement. There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement. See
paragraph 1.C below. There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this
agreement and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm
electronic works. See paragraph 1.E below.

1.C. The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the
Foundation" or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection
of Project Gutenberg-tm electronic works. Nearly all the individual
works in the collection are in the public domain in the United
States. If an individual work is unprotected by copyright law in the
United States and you are located in the United States, we do not
claim a right to prevent you from copying, distributing, performing,
displaying or creating derivative works based on the work as long as
all references to Project Gutenberg are removed. Of course, we hope
that you will support the Project Gutenberg-tm mission of promoting
free access to electronic works by freely sharing Project Gutenberg-tm
works in compliance with the terms of this agreement for keeping the
Project Gutenberg-tm name associated with the work. You can easily
comply with the terms of this agreement by keeping this work in the
same format with its attached full Project Gutenberg-tm License when
you share it without charge with others.

1.D. The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work. Copyright laws in most countries are
in a constant state of change. If you are outside the United States,
check the laws of your country in addition to the terms of this
agreement before downloading, copying, displaying, performing,
distributing or creating derivative works based on this work or any
other Project Gutenberg-tm work. The Foundation makes no
representations concerning the copyright status of any work in any
country outside the United States.

1.E. Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1. The following sentence, with active links to, or other
immediate access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear
prominently whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work
on which the phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the
phrase "Project Gutenberg" is associated) is accessed, displayed,
performed, viewed, copied or distributed:

  This eBook is for the use of anyone anywhere in the United States and
  most other parts of the world at no cost and with almost no
  restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it
  under the terms of the Project Gutenberg License included with this
  eBook or online at www.gutenberg.org. If you are not located in the
  United States, you'll have to check the laws of the country where you
  are located before using this ebook.

1.E.2. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is
derived from texts not protected by U.S. copyright law (does not
contain a notice indicating that it is posted with permission of the
copyright holder), the work can be copied and distributed to anyone in
the United States without paying any fees or charges. If you are
redistributing or providing access to a work with the phrase "Project
Gutenberg" associated with or appearing on the work, you must comply
either with the requirements of paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 or
obtain permission for the use of the work and the Project Gutenberg-tm
trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.3. If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any
additional terms imposed by the copyright holder. Additional terms
will be linked to the Project Gutenberg-tm License for all works
posted with the permission of the copyright holder found at the
beginning of this work.

1.E.4. Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5. Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6. You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including
any word processing or hypertext form. However, if you provide access
to or distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format
other than "Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official
version posted on the official Project Gutenberg-tm web site
(www.gutenberg.org), you must, at no additional cost, fee or expense
to the user, provide a copy, a means of exporting a copy, or a means
of obtaining a copy upon request, of the work in its original "Plain
Vanilla ASCII" or other form. Any alternate format must include the
full Project Gutenberg-tm License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7. Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8. You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works
provided that

* You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
  the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
  you already use to calculate your applicable taxes. The fee is owed
  to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he has
  agreed to donate royalties under this paragraph to the Project
  Gutenberg Literary Archive Foundation. Royalty payments must be paid
  within 60 days following each date on which you prepare (or are
  legally required to prepare) your periodic tax returns. Royalty
  payments should be clearly marked as such and sent to the Project
  Gutenberg Literary Archive Foundation at the address specified in
  Section 4, "Information about donations to the Project Gutenberg
  Literary Archive Foundation."

* You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
  you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
  does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
  License. You must require such a user to return or destroy all
  copies of the works possessed in a physical medium and discontinue
  all use of and all access to other copies of Project Gutenberg-tm
  works.

* You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of
  any money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
  electronic work is discovered and reported to you within 90 days of
  receipt of the work.

* You comply with all other terms of this agreement for free
  distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9. If you wish to charge a fee or distribute a Project
Gutenberg-tm electronic work or group of works on different terms than
are set forth in this agreement, you must obtain permission in writing
from both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and The
Project Gutenberg Trademark LLC, the owner of the Project Gutenberg-tm
trademark. Contact the Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1. Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
works not protected by U.S. copyright law in creating the Project
Gutenberg-tm collection. Despite these efforts, Project Gutenberg-tm
electronic works, and the medium on which they may be stored, may
contain "Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate
or corrupt data, transcription errors, a copyright or other
intellectual property infringement, a defective or damaged disk or
other medium, a computer virus, or computer codes that damage or
cannot be read by your equipment.

1.F.2. LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees. YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3. YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3. LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from. If you
received the work on a physical medium, you must return the medium
with your written explanation. The person or entity that provided you
with the defective work may elect to provide a replacement copy in
lieu of a refund. If you received the work electronically, the person
or entity providing it to you may choose to give you a second
opportunity to receive the work electronically in lieu of a refund. If
the second copy is also defective, you may demand a refund in writing
without further opportunities to fix the problem.

1.F.4. Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS', WITH NO
OTHER WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT
LIMITED TO WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5. Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of
damages. If any disclaimer or limitation set forth in this agreement
violates the law of the state applicable to this agreement, the
agreement shall be interpreted to make the maximum disclaimer or
limitation permitted by the applicable state law. The invalidity or
unenforceability of any provision of this agreement shall not void the
remaining provisions.

1.F.6. INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in
accordance with this agreement, and any volunteers associated with the
production, promotion and distribution of Project Gutenberg-tm
electronic works, harmless from all liability, costs and expenses,
including legal fees, that arise directly or indirectly from any of
the following which you do or cause to occur: (a) distribution of this
or any Project Gutenberg-tm work, (b) alteration, modification, or
additions or deletions to any Project Gutenberg-tm work, and (c) any
Defect you cause.

Section 2. Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of
computers including obsolete, old, middle-aged and new computers. It
exists because of the efforts of hundreds of volunteers and donations
from people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come. In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future
generations. To learn more about the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
Sections 3 and 4 and the Foundation information page at
www.gutenberg.org



Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
volunteers and employees are scattered throughout numerous
locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

For additional contact information:

    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements. We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance. To SEND
DONATIONS or determine the status of compliance for any particular
state visit www.gutenberg.org/donate

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States. U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses. Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations. To
donate, please visit: www.gutenberg.org/donate

Section 5. General Information About Project Gutenberg-tm electronic works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project
Gutenberg-tm concept of a library of electronic works that could be
freely shared with anyone. For forty years, he produced and
distributed Project Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of
volunteer support.

Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as not protected by copyright in
the U.S. unless a copyright notice is included. Thus, we do not
necessarily keep eBooks in compliance with any particular paper
edition.

Most people start at our Web site which has the main PG search
facility: www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.

