Project Gutenberg's Los entremeses, by Miguel de Cervantes Saavedra

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Title: Los entremeses

Author: Miguel de Cervantes Saavedra

Release Date: September 23, 2018 [EBook #57955]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS ENTREMESES ***




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NOTA DE TRANSCRIPCIN

  * En el texto, las cursivas se muestran entre _subrayados_ y las
    versalitas se han convertido a MAYSCULAS.

  * Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar.

  * Se ha respetado la ortografa original, normalizndola a la grafa
    de mayor frecuencia.

  * Se han aadido tildes a las maysculas que las necesitan.

  * La presentacin de las acotaciones escnicas ha sido normalizada.

  * Se han aadido los nombres de los personajes cuando estn
    omitidos.

  * Se ha aadido un ndice, del que carece el original impreso.

  * Las notas a pie de pgina han sido renumeradas, ubicndolas al
    final del libro.




ENTREMESES.




  GASPAR Y ROIG EDITORES.

  LOS
  ENTREMESES

  DE
  _MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA_.

  ILUSTRADOS CON PRECIOSAS VIETAS.


  [Ilustracin]


  _MADRID:_
  IMPRENTA DE GASPAR Y ROIG,
  PRNCIPE, 4.
  1868.




PRLOGO.


Entre las diversas obras que debemos al prncipe de los ingenios
espaoles, ninguna mas desconocida ni mas digna de conocerse que la
preciosa coleccion de _Entremeses_ que ofrecemos al pblico en la
presente esmerada edicion manual, con objeto de que logren la misma
popularidad que ha alcanzado el resto de sus obras. En stas vern
los lectores como la prodigiosa versatilidad del genio de Cervantes,
le adaptaba para concebir y desarrollar los argumentos mas grandiosos
y los mas sencillos, y si hemos de decir lo que sentimos, nos
atreveriamos  asegurar que fuera del Quijote, en los _Entremeses_
es donde Cervantes aparece mas _cervntico_, si es permitido emplear
esta espresion. En estos cuadros _goyescos_, formados  ligeras
pinceladas, parecia estar en su verdadero elemento, y correr sin
estorbo el raudal inagotable de su vena cmica. En todo lo que era
pintura de caracteres exagerados, grotescos y ridculos, Cervantes
no tenia rival, y como stos sean los verdaderos materiales y
elementos de los _Entremeses_  composiciones que hoy conocemos con
el nombre de _Sainetes_, nadie vacilar en reconocerlas y disputarlas
por unas de las mas espontneas y genuinas muestras del peculiar
talento de Cervantes.

Entre los once entremeses que la coleccion comprende, los hay tales
como _La Crcel de Sevilla_, _El Vizcaino Fingido_, _El Rufian
Viudo_, que parecen pao de la misma tela de que se cortaron los
aplaudidos cuadros de _Rinconete y Cortadillo_, _La Tia Fingida_
y _El Casamiento Engaoso_. En punto  crtica de preocupaciones
generalizadas en la humana especie, resalta entre todos, y tiene
mas de un punto de contacto con el pensamiento que presidi  la
confeccion de la aventura del Clavileo, el gracioso _entremes_
intitulado: _El Retablo de las Maravillas_. Son dos joyas de
inestimable valor, _El Viejo Celoso_, repeticion con cortas variantes
del argumento de _El Celoso Estremeo_, con la diferencia de acabar
en msica y alegra lo que en la novela tiene un fin conmovedor y
trgico; y _La Cueva de Salamanca_, en que insiste asimismo en la
pintura de viejos maridos burlados por esposas jvenes y casquivanas.
El que lleva por ttulo _El Juez de los Divorcios_, carece de
argumento propiamente dicho, y sin embargo tiene embebido y con la
risa en los labios al lector, merced  esa retahila de narraciones en
que casados mal avenidos sacan  la colada lo que otros mas discretos
suelen lavar en casa.

Como burla y descripcion exacta de alcaldes de monterilla, con
quienes por su desgracia tuvo que habrselas Cervantes en sus muchas
peregrinaciones por los lugares y aldeas de Espaa, es cuadro
inimitable el _entremes_ llamado _La Eleccion de los Alcaldes_.
Quien quiera un modelo de dilogo chispeante y gracioso, seguro que
colmar la medida de su deseo leyendo el de _La Guarda Cuidadosa_,
que con decir que sus actores tienen de soldado y de semi-bachiller
y semi-sacristan, basta para que saliese bien manejado el asunto en
manos de Cervantes. _El Hospital de los Podridos_, se le ahija sin
otra razon que la de parecer bueno, y por suyo pasa mientras nadie
vaya ni venga contra tal decision; pero no se dir lo mismo de la
imponderable y nunca bastantemente bien alabada pintura de la comezon
de charlar, hecha con todo el desenfado cervantino en el _entremes_
de _Los Habladores_.

En resmen, todos ellos son dignos de su pluma, y van salpicados de
salsas de modismos, pimienta de frases y salmorejo de locuciones
graciosas, que podrn entrar como de auxilio y refresco en el ya
agotado y seco campo de nuestro lenguaje, falto de aquella frescura
y vigor cmicos que alcanz en los tiempos de Rueda y de Cervantes.
Aunque fue como el creador de esta clase de composiciones, en
l llegaron al colmo de la perfeccion. Finalmente, compuestos 
principios del siglo XVII, su lectura es hoy dia tan interesante como
si para nosotros se hubieran hecho y sacado de la sociedad que nos
rodea: lo cual prueba, y en esto consiste su mrito principal, que
no hay asunto, por trivial que parezca, que no tome cuerpo y cobre
importancia y elevacion en las manos del verdadero genio, pues l
sabia depositar en el mas sencillo, algo de aquel fondo de inters
universal y humano, que le har sobrenadar en la corriente de los
siglos. El pblico juzgar. Por nuestra parte, hemos procurado tomar
por modelo la edicion mas correcta, y al frente de cada uno de ellos,
hemos puesto una vietita ilustrando respectivamente sus escenas
principales.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL JUEZ DE LOS DIVORCIOS_.


  _Sale el Juez y otros dos con l, que son Escribano y Procurador,
  y sintase en una silla. Salen el Vejete y Mariana, su mujer._

MARIANA.

Aun bien que est ya el seor juez de los divorcios sentado en la
silla de su audiencia: de esta vez tengo de quedar dentro,  fuera:
de esta vegada tengo de quedar libre de pedido y alcabala, como el
gavilan.

VEJETE.

Por amor de Dios, Mariana, que no almodonees[1] tanto tu negocio:
habla paso, por la pasin que Dios pas: mira que tienes atronada 
toda la vecindad con tus gritos; y pues tienes delante al seor juez,
con menos voces le puedes informar de tu justicia.

JUEZ.

Qu pendencia traeis, buena gente?

MARIANA.

Seor, divorcio, divorcio, y mas divorcio, y otras mil veces divorcio.

JUEZ.

De quin,  por qu, seora?

MARIANA.

De quin? de este viejo, que est presente.

JUEZ.

Por qu?

MARIANA.

Porque no puedo sufrir sus impertinencias, ni estar continuo atenta
 curar todas sus enfermedades, que son sin nmero; y no me criaron
 m mis padres para ser hospitalera, ni enfermera: muy buen dote
llev al poder de esta espuerta de huesos, que me tiene consumidos
los dias de la vida: cuando entr en su poder me relumbraba la cara
como un espejo, y agora la tengo con una vara de frisa[2] encima.
Vuesa merced, seor juez, me descase, si no quiere que me ahorque:
mire, mire los surcos que tengo por este rostro, de las lgrimas que
derramo cada dia, por verme casada con esta anatoma.

JUEZ.

No lloreis, seora: bajad la voz y enjugad las lgrimas, que yo os
har justicia.

MARIANA.

Djeme vuesa merced llorar, que con esto descanso. En los reinos y
en las repblicas bien ordenadas habia de ser limitado el tiempo de
los matrimonios; y de tres en tres aos se habian de deshacer, 
confirmarse de nuevo, como cosas de arrendamiento; y no que hayan de
durar toda la vida, con perptuo dolor de entrambas partes.

JUEZ.

Si ese arbitrio se pudiera  debiera poner en prctica, y por
dineros, ya se hubiera hecho; pero especificad mas, seora, las
ocasiones que os mueven  pedir divorcio.

MARIANA.

El invierno de mi marido, y la primavera de mi edad: el quitarme el
sueo, por levantarme  media noche  calentar paos y saquillos de
salvado para ponerle en la ijada, el ponerle ora aquesta, ora aquella
ligadura, que ligado le vea yo  un palo por justicia: el cuidado
que tengo de ponerle de noche alta la cabecera de la cama, jarabes,
lenitivos, porque no se ahogue del pecho; y el estar obligada 
sufrirle el mal olor de la boca, que le huele mal  tres tiros de
arcabuz.

ESCRIBANO.

Debe de ser de alguna muela podrida.

VEJETE.

No puede ser, porque lleve el diablo la muela ni diente que tengo en
toda ella.

PROCURADOR.

Pues ley hay, que dice, segun he oido decir, que por solo el mal olor
de la boca se puede descasar la mujer del marido, y el marido de la
mujer.

VEJETE.

En verdad, seores, que el mal aliento, que ella dice que tengo,
no se engendra de mis podridas muelas, pues no las tengo, ni menos
procede de mi estmago, que est sansimo, sino de esa mala intencion
de su pecho. Mal conocen vuestras mercedes  esta seora; pues  fe
que si la conociesen, que la ayunarian,  la santiguarian. Veintidos
aos h que vivo con ella mrtir, sin haber sido jams confesor de
sus insolencias, de sus voces, y de sus fantasas; y ya va para
dos aos que cada dia me va dando vaivenes y empujones hacia la
sepultura,  cuyas voces me tiene medio sordo, y  puro reir sin
juicio. Si me cura, como ella dice, crame  regaadientes, habiendo
de ser suave la mano y la condicion del mdico. En resolucion,
seores, yo soy el que muero en su poder; y ella es la que vive en el
mio, porque es seora, con mero, misto imperio[3], de la hacienda que
tengo.

MARIANA.

Hacienda vuestra? y qu hacienda teneis vos, que no la hayais
ganado con la que llevastes en mi dote? Y son mios la mitad de los
bienes gananciales, mal que os pese; y de ellos y de la dote, si me
muriese agora, no os dejaria valor de un maraved, porque veais el
amor que os tengo.

JUEZ.

Decid, seor: cundo entrastes en poder de vuestra mujer, no
entrastes gallardo, sano, y bien acondicionado?

VEJETE.

Ya he dicho que h veintidos aos que entr en su poder, como quien
entra en el de un cmitre calabrs  remar en galeras de por fuerza,
y entr tan sano, que podia decir y hacer, como quien juega  las
pintas[4].

MARIANA.

Cedacico nuevo, tres dias en estaca[5].

JUEZ.

Callad, callad, nora en tal mujer[6] de bien; y andad con Dios, que
yo no hallo causa para descasaros; y pues comsteis las maduras,
gustad de las duras[7]: que no est obligado ningun marido  tener la
velocidad y corrida del tiempo que no pase por su puerta y por sus
dias; y descontad los malos que ahora os da, con los buenos que os
di cuando pudo; y no repliqueis mas palabra.

VEJETE.

Si fuese posible, recibiria gran merced que vuestra merced me la
hiciese de despenarme, alzndome esta carcelera; porque dejndome
asi, habiendo ya llegado  este rompimiento, ser de nuevo entregarme
al verdugo que me martirice; y si no hagamos una cosa: encirrese
ella en un monasterio, y yo en otro: partamos la hacienda; y de esta
suerte podremos vivir en paz y en servicio de Dios lo que nos queda
de la vida.

MARIANA.

Malos aos! Bonica soy yo para estar encerrada: no sino llegaos  la
nia, que es amiga de redes, de tornos, rejas y escuchas: encerraos
vos, que lo podreis llevar y sufrir, que ni teneis ojos con que ver,
ni oidos con que oir, ni pies con que andar, ni manos con que tocar:
que yo que estoy sana, y con todos mis cinco sentidos cabales y
vivos, quiero usar de ellos  la descubierta, y no por brjula, como
qunola dudosa[8].

ESCRIBANO.

Libre es la mujer.

PROCURADOR.

Y prudente el marido; pero no puede mas.

JUEZ.

Pues yo no puedo hacer este divorcio, _quia nullam invenio causam_.


  _Entra un Soldado bien aderezado, y su mujer doa Guiomar._

GUIOMAR.

Bendito sea Dios, que se me ha cumplido el deseo que tenia de
verme ante la presencia de vuestra merced,  quien suplico, cuan
encarecidamente puedo, sea servido de descasarme de ste.

JUEZ.

Qu cosa es de ste? No tiene otro nombre? Bien fuera que dijrades
siquiera, de este hombre.

GUIOMAR.

Si l fuera hombre, no procurara yo descasarme.

JUEZ.

Pues qu es?

GUIOMAR.

Un leo.

SOLDADO.

Por Dios que he de ser leo en callar y en sufrir; quiz con no
defenderme, ni contradecir  esta mujer, el juez se inclinar 
condenarme; y pensando que me castiga, me sacar de cautiverio, como
si por milagro se librase un cautivo de las mazmorras de Tetuan.

PROCURADOR.

Hablad mas comedido, seora, y relatad vuestro negocio, sin
improperios de vuestro marido: que el seor juez de los divorcios,
que est delante, mirar rectamente por vuestra justicia.

GUIOMAR.

Pues no quieren vuestras mercedes que llame leo  una esttua, que
no tiene mas acciones que un madero?

MARIANA.

sta y yo nos quejamos sin duda de un mismo agravio.

GUIOMAR.

Digo en fin, seor mio, que  m me casaron con este hombre, ya que
quiere vuestra merced que asi lo llame; pero no es este hombre con
quien yo me cas.

JUEZ.

Cmo es eso? que no os entiendo.

GUIOMAR.

Quiero decir, que pens que me casaba con un hombre moliente y
corriente, y  pocos dias hall que me habia casado con un leo, como
tengo dicho; porque l no sabe cul es su mano derecha, ni busca
medios ni trazas para grangear un real con que ayude  sustentar su
casa y familia. Las maanas se le pasan en oir misa, y en estarse
en la puerta de Guadalajara murmurando, sabiendo nuevas, diciendo y
echando mentiras; y las tardes, y aun las maanas tambien, se va de
casa en casa de juego, y all sirve de nmero[9]  los mirones, que
segun he oido decir, es un gnero de gente  quien aborrecen en todo
estremo los garitos.  las dos de la tarde viene  comer, sin que le
hayan dado un real de barato, porque ya no se usa el darlo: vulvese
 ir: vuelve  media noche: cena, si lo halla, y si no, santguase,
bosteza y acustase; y en toda la noche no sosiega, dando vueltas.
Pregntole qu tiene? Respndeme, que est haciendo un soneto en la
memoria para un amigo que se le ha pedido; y da en ser poeta, como
si fuese oficio con quien no estuviese vinculada la necesidad del
mundo.

SOLDADO.

Mi seora doa Guiomar en todo cuanto ha dicho no ha salido de los
lmites de la razon; y si yo no la tuviera en lo que hago, como ella
la tiene en lo que dice, ya habia yo de haber procurado algun favor
de palillos de aqu  de all, y procurar verme como se ven otros
hombrecitos aguditos y bulliciosos, con una vara en las manos, y
sobre una mula de alquiler, pequea, seca y maliciosa, sin mozo de
mulas que le acompae; porque las tales mulas nunca se alquilan, sino
 faltas, y cuando estn de nones: sus alforjitas  las ancas, en la
una un cuello y una camisa, y en la otra su medio queso, y su pan y
su bota; sin aadir  los vestidos que trae de rua[10], para hacellos
de camino, sino unas polainas y una sola espuela; y con una comision
y aun comezon en el seno, sale por esa puente toledana raspa-hilando,
 pesar de las malas maas de la harona, y  cabo de pocos dias envia
 su casa algun pernil de tocino, y algunas varas de lienzo crudo: en
fin, de aquellas cosas que valen baratas en los lugares del distrito
de su comision, y con esto sustenta su casa, como el pecador mejor
puede; pero yo, que no tengo oficio, no s qu hacerme, porque no hay
seor que quiera servirse de m, porque soy casado: asi que me ser
forzoso suplicar  vuestra merced, seor juez, pues ya por pobres
son tan enfadosos los hidalgos, y mi mujer lo pide, que nos divida y
aparte.

GUIOMAR.

Y hay mas en esto, seor juez: que como yo veo que mi marido es tan
para poco, y que padece necesidad, murome por remediarle, pero no
puedo; porque en resolucion, soy mujer de bien, y no tengo de hacer
vileza.

SOLDADO.

Por esto solo merecia ser querida esta mujer; pero debajo de este
pundonor tiene encubierta la mas mala condicion de la tierra: pide
zelos sin causa: grita sin por qu: presume sin hacienda; y como
me ve pobre, no me estima en el baile del rey Perico[11]; y es lo
peor, seor juez, que quiere, que  trueco de la fidelidad que me
guarda, le sufra y disimule millares de millares de impertinencias y
desabrimientos que tiene.

GUIOMAR.

Pues no? Y por qu no me habeis vos de guardar  m decoro y
respeto, siendo tan buena como soy?

SOLDADO.

Oid, seora doa Guiomar, aqu delante de estos seores os quiero
decir esto: Por qu me haceis cargo de que sois buena, estando
vos obligada  serlo, por ser de tan buenos padres nacida, por ser
cristiana, y por lo que debeis  vos misma? Bueno es que quieran las
mujeres que las respeten sus maridos, porque son castas y honestas:
como si en solo esto consistiese de todo en todo su perfeccion; y no
echan de ver los desaguaderos por donde desaguan la fineza de otras
mil virtudes que les faltan. Qu se me da  m que seais casta con
vos misma, puesto que se me da mucho si os descuidais de que lo sea
vuestra criada, y si andais siempre rostrituerta, enojada, zelosa,
pensativa, manirota, dormilona, perezosa, pendenciera, gruidora, con
otras insolencias de este jaez, que bastan  consumir las vidas de
doscientos maridos? Pero con todo esto, digo, seor juez, que ninguna
cosa de estas tiene mi seora doa Guiomar; y confieso que yo soy
el leo, el inhbil, el dejado y el perezoso; y que por ley de buen
gobierno, aunque no sea por otra cosa, est vuesa merced obligado 
descasarnos: que desde aqu digo que no tengo ninguna cosa que alegar
contra lo que mi mujer ha dicho, y que doy el pleito por concluso, y
holgar de ser condenado.

GUIOMAR.

Qu hay que alegar contra lo que tengo dicho? Que no me dais de
comer  m, ni  vuestra criada; y monta que son muchas, sino una, y
aun esa sietemesina, que no come por un grillo.

ESCRIBANO.

Sosiguense, que vienen nuevos demandantes.


  _Entra uno vestido de mdico, y es cirujano; y Aldonza de
  Minjaca, su mujer._

CIRUJANO.

Por cuatro causas bien bastantes vengo  pedir  vuestra merced,
seor juez, haga divorcio entre m y la seora doa Aldonza de
Minjaca, mi mujer, que est presente.

JUEZ.

Resoluto vens: decid las cuatro causas.

CIRUJANO.

La primera, porque no la puedo ver mas que  todos los diablos: la
segunda, por lo que ella se sabe: la tercera, por lo que yo me callo:
la cuarta, porque no me lleven los demonios, cuando de esta vida
vaya, si he de durar en su compaa hasta mi muerte.

PROCURADOR.

Bastantsimamente ha probado su intencion.

ALDONZA.

Seor juez: vuestra merced me oiga; y advierta que si mi marido pide
por cuatro causas divorcio, yo le pido por cuatrocientas. La primera,
porque cada vez que le veo, hago cuenta que veo al mismo Lucifer: la
segunda, porque fui engaada cuando con l me cas; porque l dijo
que era mdico de pulso, y remaneci cirujano, y hombre que hace
ligaduras y cura otras enfermedades, que va  decir de esto  mdico
la mitad del justo precio: la tercera, porque tiene zelos del sol que
me toca: la cuarta, que como no le puedo ver, querria estar apartada
de l dos millones de leguas.

ESCRIBANO.

Quin diablos acertar  concertar estos relojes, estando las ruedas
tan desconcertadas?

ALDONZA.

La quinta...

JUEZ.

Seora, seora, si pensais decir aqu todas las cuatrocientas causas,
yo no estoy para escuchallas, ni hay lugar para ello: vuestro negocio
se recibe  prueba, y andad con Dios, que hay otros negocios que
despachar.

CIRUJANO.

Qu mas pruebas, sino que yo no quiero morir con ella, ni ella gusta
de vivir conmigo?

JUEZ.

Si eso bastase para descasarse los casados, infinitsimos sacudirian
de sus hombros el yugo del matrimonio.


  _Entra uno vestido de Ganapan, con su caperuza cuarteada._

GANAPAN.

Seor juez: Ganapan soy, no lo niego; pero cristiano viejo, y
hombre de bien  las derechas; y si no fuese que alguna vez me tomo
del vino,  l me toma  m, que es lo mas cierto, ya hubiera sido
prioste en la cofrada de los hermanos de la carga[12]; pero dejando
esto aparte, porque hay mucho que decir en ello, quiero que sepa
el seor juez, que estando una vez muy enfermo de los vaguidos de
Baco, promet de casarme con una mujer errada[13]: volv en m,
san, y cumpl la promesa, y casme con una mujer, que saqu de
pecado: psela  ser placera: ha salido tan soberbia, y de tan mala
condicion, que nadie llega  su tabla con quien no ria, ora sobre el
peso falto, ora sobre que le llegan  la fruta; y  dos por tres les
da con una pesa en la cabeza,   donde topa, y los deshonra hasta
la cuarta generacion, sin tener hora de paz con todas sus vecinas y
aparceras; y yo tengo de tener todo el dia la espada mas lista que un
sacabuche para defendella; y no ganamos para pagar penas de pesos no
maduros, ni de condenaciones de pendencias. Querria, si vuesa merced
fuese servido,  que me apartase de ella,  por lo menos le mudase la
condicion acelerada que tiene, en otra mas reportada y mas blanda; y
promtole  vuesa merced de descargalle de balde todo el carbon que
comprare este verano, que puedo mucho con los hermanos mercaderes de
la costilla[14].

CIRUJANO.

Ya conozco yo la mujer de este buen hombre; y es tan mala como mi
Aldonza, que no lo puedo mas encarecer.

JUEZ.

Mirad, seores: aunque algunos de los que aqu estais habeis dado
algunas causas, que traen aparejada sentencia de divorcio, con todo
eso es menester que conste por escrito, y que lo digan testigos;
y asi  todos os recibo  prueba: Pero qu es esto? Msica y
guitarras en mi audiencia? Novedad grande es sta.


  _Entran dos msicos._

MSICO.

Seor juez: aquellos dos casados tan desavenidos, que vuestra merced
concert, redujo y apacigu el otro dia, estn esperando  vuestra
merced con una gran fiesta en su casa; y por nosotros le envian 
suplicar sea servido de hallarse en ella, y honrallos.

JUEZ.

Eso har yo de muy buena gana; y pluguiese  Dios que todos los
presentes se apaciguasen como ellos.

PROCURADOR.

De esa manera moriramos de hambre los escribanos y procuradores de
esta audiencia: que no, no, sino todo el mundo ponga demandas de
divorcios: que al cabo, al cabo, los mas se quedan como se estaban, y
nosotros habemos gozado de el fruto de sus pendencias y necedades.

MSICO.

Pues en verdad que desde aqu hemos de ir regocijando la fiesta.

(_Cantan los msicos._)

    Entre casados de honor,
  Cuando hay pleito descubierto,
  Mas vale el peor concierto,
  Que no el divorcio mejor.
    Donde no ciega el engao
  Simple, en que algunos estn,
  Las rias de por San Juan
  Son paz para todo el ao.
    Resucita all el honor,
  Y el gusto, que estaba muerto,
  Donde vale el peor concierto
  Mas que el divorcio mejor.
    Aunque la rabia de zelos
  Es tan fuerte y rigurosa,
  Si los pide una hermosa,
  No son zelos, sino cielos.
    Tiene esta opinion amor,
  Que es el sabio mas esperto,
  Que vale el peor concierto
  Mas que el divorcio mejor.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL RUFIAN VIUDO,
  LLAMADO TRAMPAGOS_.


  _Sale Trampagos con un capuz de luto, y con l Vademecum, su
  criado, con dos espadas de esgrima._

TRAMPAGOS.

  Vademecum?

VADEMECUM.

              Seor.

TRAMPAGOS.

                     Traes las morenas?

VADEMECUM.

  Trigolas.

TRAMPAGOS.

             Est bien, muestra y camina,
  Y saca aqu la silla de respaldo,
  Con los otros asientos de por casa.

VADEMECUM.

  Qu asientos? hay alguno por ventura?

TRAMPAGOS.

  Saca el mortero puerco: el broquel saca,
  Y el banco de la cama.

VADEMECUM.

                         Est impedido.
  Fltale un pie.

TRAMPAGOS.

                  Y es tacha?

VADEMECUM.

                               Y no pequea.

(_ntrase Vademecum._)

TRAMPAGOS.

  Ah Pericona, Pericona mia,
  Y aun de todo el concejo! En fin llegse
  El tuyo: yo qued, t te has partido;
  Y es lo peor que no imagino  dnde;
  Aunque, segun fue el curso de tu vida,
  Bien se puede creer piadosamente
  Que ests en parte, aun no me determino
  De sealarte asiento en la otra vida:
  Tendrla yo sin t como de muerte.
  Que no me hallara yo  tu cabecera
  Cuando diste el espritu  los aires,
  Para que le acogiera entre mis labios,
  Y en mi estmago limpio le embasra!
  Miseria humana, quin de t confa!
  Ayer fui Pericona, hoy tierra fria,
  Como dijo un poeta celebrrimo.


  _Entra Chiquiznaque, rufian._

CHIQUIZNAQUE.

  Mi so[15] Trampagos, es posible sea
  Voac[16] tan enemigo suyo,
  Que se entumbe, se encubra y se trasponga
  Debajo de esa sombra bayetuna
  El sol hampesco?[17] So Trampagos, basta
  Tanto gemir, tantos suspiros bastan:
  Trueque voac las lgrimas corrientes
  En limosnas y en misas, y oraciones
  Por la gran Pericona, que Dios haya,
  Que importan mas que llantos y sollozos.

TRAMPAGOS.

  Voac ha garlado[18] como un tologo,
  Mi seor Chiquiznaque; pero en tanto
  Que encarrilo mis cosas de otro modo,
  Tome vuesa merced, y platiquemos
  Una levada[19] nueva.

CHIQUIZNAQUE.

                        So Trampagos,
  No es este tiempo de levadas: llueven,
   han de llover hoy psames _ad unia_[20],
  Y hmonos de ocupar en levadicas?


  _Entra Vademecum con la silla muy vieja y rota._

VADEMECUM.

  Bueno por vida mia: quien le quita
   mi seor de lneas, y posturas,
  Le quita de los dias de la vida.

TRAMPAGOS.

  Vuelve por el mortero y por el banco,
  Y el broquel no se olvide, Vademecum.

VADEMECUM.

  Y aun trair el asador, sarten y platos.

(_Vulvese  entrar._)

TRAMPAGOS.

  Despues platicaremos una treta,
  nica,  lo que creo y peregrina:
  Que el dolor de la muerte de mi ngel,
  Las manos ata y el sentido todo.

CHIQUIZNAQUE.

  De qu edad acab la mal lograda?

TRAMPAGOS.

  Para con sus amigas y vecinas,
  Treinta y dos aos tuvo.

CHIQUIZNAQUE.

                           Edad lozana.

TRAMPAGOS.

  Si va  decir verdad, ella tenia
  Cincuenta y seis; pero de tal manera
  Supo encubrir los aos, que me admiro.
   qu teir de canas!  qu rizos,
  Vueltos de plata en oro los cabellos!
   seis del mes que viene har quince aos,
  Que fue mi tributaria, sin que en ellos
  Me pusiese en pendencia, ni en peligro
  De verme palmeadas[21] las espaldas.
  Quince cuaresmas, si en la cuenta acierto,
  Pasaron por la pobre, desde el dia
  Que fue mi cara, agradecida prenda;
  En las cuales sin duda susurraron
   sus oidos treinta y mas sermones,
  Y en todos ellos, por respeto mio,
  Estuvo firme, cual est  las olas
  del mar movible la inmovible roca.
  Cuntas veces me dijo la pobreta,
  Saliendo de los trances rigurosos
  De gritos y plegarias y de ruegos,
  Sudando y trasudando: plega al cielo,
  Trampagos mio, que en descuento vaya
  De mis pecados lo que aqu yo paso
  Por t, dulce bien mio!

CHIQUIZNAQUE.

                          Bravo triunfo!
  Ejemplo raro de inmortal firmeza!
  All lo habr hallado.

TRAMPAGOS.

                         Quin lo duda?
  Ni aun una sola lgrima vertieron
  Jams sus ojos en las sacras plticas,
  Cual si de esparto  pedernal su alma
  Formada fuera.

CHIQUIZNAQUE.

                  hembra benemrita
  De griegas y romanas alabanzas!
  De qu muri?

TRAMPAGOS.

                 De qu? casi de nada:
  Los mdicos dijeron que tenia
  Malos los hipocondrios, y los hgados;
  Y que con agua de taray pudiera
  Vivir, si la bebiera setenta aos.

CHIQUIZNAQUE.

  No la bebi?

TRAMPAGOS.

                Murise.

CHIQUIZNAQUE.

                         Fue una necia:
  Bebirala hasta el dia del juicio,
  Que hasta entonces viviera. El yerro estuvo
  En no hacerla sudar.

TRAMPAGOS.

                       Sud[22] once veces.


  _Entra Vademecum con los asientos referidos._

CHIQUIZNAQUE.

  Y aprovechle alguna?

TRAMPAGOS.

                         Casi todas:
  Siempre quedaba como un ginjo verde,
  Sana como un perutano,  manzana.

CHIQUIZNAQUE.

  Dcenme que tenia ciertas fuentes
  En las piernas y brazos.

TRAMPAGOS.

                           La sin dicha
  Era un Aranjuez[23]: pero con todo
  Hoy come en ella la que llaman tierra,
  De las mas blancas y hermosas carnes,
  Que jams encerraron sus entraas;
  Y si no fuera porque habr dos aos
  Que comenz  darsele el aliento,
  Era abrazarla, como quien abraza
  Un tiesto de albahaca  clavellinas.

CHIQUIZNAQUE.

  Neguijon debi ser,  corrimiento
  El que da las perlas de su boca:
  Quiero decir, sus dientes y sus muelas.

TRAMPAGOS.

  Una maana amaneci sin ellos.

VADEMECUM.

  Asi es verdad; mas fue de eso la causa,
  Que anocheci sin ellos: de los finos
  Cinco acert  contarle: de los falsos
  Doce disimulaba en la covacha.

TRAMPAGOS.

  Quin te mete  t en eso, mentecato?

VADEMECUM.

  Acredito verdades.

TRAMPAGOS.

                     Chiquiznaque,
  Ya se me ha reducido  la memoria
  La treta de denantes: toma y vuelve
  Al ademan primero.

VADEMECUM.

                     Pongan pausa,
  Y qudese la treta en ese punto,
  Que acuden moscovitas al reclamo:
  La Repulida viene y la Pizpita,
  Y la Mostrenca y el jayan Juan Claros.

TRAMPAGOS.

  Vengan en hora buena: vengan ellos
  En cien mil norabuenas.


  _Entra la Repulida, la Pizpita, la Mostrenca, y el rufian Juan
  Claros._

JUAN.

                          En las mismas
  Est mi sor Trampagos.

REPULIDA.

                         Quiera el cielo
  Mudar su escuridad en luz clarsima.

PIZPITA.

  Desollado le viesen ya mis lumbres
  De aquel pellejo lbrego y escuro.

MOSTRENCA.

  Jesus, y qu fantasma noturnina!
  Qutenmele delante.

VADEMECUM.

                      Melindricos.

TRAMPAGOS.

  Fuera yo un Polifemo, un antropfago,
  Un troglodita, un brbaro zoilo,
  Un caiman, un caribe, un come vivos,
  Si de otra suerte me adornra en tiempo
  De tamaa desgracia.

JUAN.

                       Razon tiene.

TRAMPAGOS.

  He perdido una mina potosisca,
  Un muro de la yedra de mis faltas,
  Un rbol de la sombra de mis ansias.

JUAN.

  Era la Pericona un pozo de oro.

TRAMPAGOS.

  Sentarse  prima noche, y  las horas
  Que se echa el golpe[24], hallarse con sesenta
  Numos en cuartos, por ventura es barro?
  Pues todo esto perd en la que ya pudre.

REPULIDA.

  Confieso mi pecado: siempre tuve
  Envidia  su no vista diligencia:
  No puedo mas: yo hago lo que puedo,
  Pero no lo que quiero.

PIZPITA.

                         No te penes,
  Pues vale mas aquel que Dios ayuda,
  Que el que mucho madruga: ya me entiendes.

VADEMECUM.

  El refran vino aqu como de molde:
  Tal os d Dios el sueo, mentecatas.

MOSTRENCA.

  Nacidas somos: no hizo Dios  nadie,
   quien desamparase: poco valgo;
  Pero en fin, como y ceno, y  mi cuyo[25]
  Le traigo mas vestido que un palmito.
  Ninguna es fea, como tenga brios:
  Feo es el diablo.

  VADEMECUM.

                    Alega la Mostrenca
  Muy bien de su derecho; y alegra
  Mejor, si se aadiera el ser muchacha,
  Y limpia, pues lo es por todo estremo.

CHIQUIZNAQUE.

  En el que est Trampagos me da lstima.

TRAMPAGOS.

  Vestme este capuz: mis dos lanternas[26]
  Convert en alquitaras.

VADEMECUM.

                          De aguardiente?

TRAMPAGOS.

  Pues tanto cuelo yo, hi[27] de malicias?

VADEMECUM.

   cuatro lavanderas de la puente
  Puede dar quince y falta en la colambre:
  Miren que ha de llorar sino agua-ardiente.

JUAN.

  Yo soy de parecer que el gran Trampagos
  Ponga silencio  su continuo llanto,
  Y vuelva al _sicut erat in principio_:
  Digo  sus olvidadas alegras,
  Y tome prenda, que las suyas quite:
  Que es bien que el vivo vaya  la hogaza,
  Como el muerto se va  la sepultura.

REPULIDA.

  Zonzorino Caton es Chiquiznaque.

PIZPITA.

  Pequea soy, Trampagos, pero grande
  Tengo la voluntad para servirte:
  No tengo cuyo, y tengo ochenta cobas[28].

REPULIDA.

  Yo ciento, y soy dispuesta, y nada lerda.

MOSTRENCA.

  Veinte y dos tengo yo, y aun veinte y cuatro,
  Y no soy mema.

REPULIDA.

                  mi Jezuz! qu es esto?
  Contra m la Pizpita y la Mostrenca?
  En tela quieres competir conmigo,
  Culebrilla de alambre, y t, pazguata?

PIZPITA.

  Por vida de los huesos de mi abuela,
  Doa Mari bobales, monda nspolas,
  Que no la estimo en un feluz morisco.
  Han visto el ngel tonto almidonado,
  Como quiere empinarse sobre todas!

MOSTRENCA.

  Sobre m no,  lo menos, que no sufro
  Carga que no me ajuste y me convenga.

JUAN.

  Adviertan que defiendo  la Pizpita.

CHIQUIZNAQUE.

  Consideren que est la Repulida
  Debajo de las alas de mi amparo.

VADEMECUM.

  Aqu fue Troya: aqu se hacen rajas:
  Los de las cachas amarillas salen:
  Aqu otra vez fue Troya.

REPULIDA.

                           Chiquiznaque,
  No he menester que nadie me defienda:
  Aparta, tomar yo la venganza,
  Rasgando con mis manos pecadoras
  La cara de membrillo cuartanario.

JUAN.

  Repulida, respeto al gran Juan Claros.

PIZPITA.

  Djala venga: djala que llegue
  Esa cara de masa mal sobada.


  _Entra uno muy alborotado._

UNO.

  Juan Claros, la justicia, la justicia,
  El alguacil de la justicia viene
  La calle abajo.

(_ntrase luego._)

JUAN.

                  Cuerpo de mi padre!
  No paro mas aqu.

TRAMPAGOS.

                    Tnganse todos:
  Ninguno se alborote: que es mi amigo
  El alguacil: no hay que tenerle miedo.


_Torna  entrar._

UNO.

  No viene ac, la calle abajo cuela.

(_Vse._)

CHIQUIZNAQUE.

  El alma me temblaba ya en las carnes,
  Porque estoy desterrado.

TRAMPAGOS.

                           Aunque viniera
  No nos hiciera mal: yo lo s cierto;
  Que no puede chillar, porque est untado[29].

VADEMECUM.

  Cese, pues, la pendencia; y mi sor sea
  El que escoja la prenda que le cuadre,
   le esquine mejor.

REPULIDA.

                      Yo soy contenta.

PIZPITA.

  Y yo tambien.

MOSTRENCA.

                Y yo.

VADEMECUM.

                      Gracias al cielo,
  Que he hallado  tan gran mal, tan gran remedio.

TRAMPAGOS.

  Abrrome y escojo.

MOSTRENCA.

                     Dios te guie.
  Si te aburres, Trampagos, la escogida
  Tambien ser aburrida.

TRAMPAGOS.

                         Errado anduve.
  Sin aburrirme escojo.

MOSTRENCA.

                        Dios te guie.

TRAMPAGOS.

  Digo que escojo aqu  la Repulida.

JUAN.

  Con su pan se la coma, Chiquiznaque.

CHIQUIZNAQUE.

  Y aun sin pan, que es sabrosa en cualquier modo.

REPULIDA.

  Tuya soy: pnme un clavo y una S[30]
  En estas dos mejillas.

PIZPITA.

                          hechicera!

MOSTRENCA.

  No es sino venturosa: no la envidies,
  Porque no es muy catlico Trampagos;
  Pues ayer enterr  la Pericona,
  Y hoy la tiene olvidada.

REPULIDA.

                           Muy bien dices.

TRAMPAGOS.

  Este capuz arruga, Vademecum;
  Y dile al padre, que sobre l te preste
  Una docena de reales.

VADEMECUM.

                        Creo
  Que tengo yo catorce.

TRAMPAGOS.

                        Luego, luego,
  Parte, y trae seis azumbres de lo caro[31]:
  Alas pon en los pies y en las espaldas.


  _ntrase Vademecum con el capuz, y queda en cuerpo Trampagos._

TRAMPAGOS.

  Por Dios que si durra la bayeta,
  Que me pudieran enterrar maana.

REPULIDA.

  Ay lumbre de estas lumbres, que son tuyas!
  Y cun mejor ests en este trage,
  Que en el otro sombro, y melanclico.


  _Entran dos msicos sin guitarras._

MSICO 1.

  Tras el olor del jarro nos venimos
  Yo y mi compadre.

TRAMPAGOS.

                    En hora buena sea;
  Y las guitarras?

MSICO 1.

                    En la tienda quedan:
  Vaya por ellas Vademecum.

MSICO 2.

                            Vaya:
  Mas yo quiero ir por ellas.

MSICO 1.

                              De camino

(_ntrase el msico 2._)

  Diga  mi oislo, que si viene alguno
  Al rapio rapis, que me aguarde un poco,
  Que no har sino colar seis tragos,
  Y cantar dos tonadas, y partirme:
  Que ya el seor Trampagos, segun muestra,
  Est para tomar armas de gusto.


  _Vuelve Vademecum._

VADEMECUM.

  Ya est en el antesala el jarro.

TRAMPAGOS.

                                   Trile.

VADEMECUM.

  No tengo taza.

TRAMPAGOS.

                 Ni Dios te la depare:
  El cuerno de orinar no est estrenado,
  Trele: que te maldiga el cielo santo:
  Que eres bastante  deshonrar  un duque.

VADEMECUM.

  Sosiguese, que no ha de faltar copa,
  Y aun copas, aunque sean de sombreros.
   buen seguro que este es churrullero.


  _Entra uno como cautivo, con una cadena al hombro, y pnese 
  mirar  todos muy atento, y todos  l._

REPULIDA.

  Jesus! es vision esta? qu es aquesto?
  No es este Escarramn? l es sin duda:
  Escarramn del alma! dame, amores,
  Esos brazos, coluna de la hampa.

TRAMPAGOS.

   Escarramn, Escarramn amigo!
  Cmo es esto?  dicha eres esttua?
  Rompe el silencio y habla  tus amigos.

PIZPITA.

  Qu trage es este, y qu cadena es esta?
  Eres fantasma  dicha? Yo te toco,
  Y eres de carne y hueso.

MOSTRENCA.

                           l es, amiga:
  No lo puede negar, aunque mas calle.

ESCARRAMN.

  Yo soy Escarramn; y estn atentos
  Al cuento breve de mi larga historia.

(_Vuelve el barbero con dos guitarras, y da la una al compaero._)

  Di la galera al traste en Berbera,
  Donde la furia de un juez me puso
  Por espalder de la siniestra banda.
  Mud de cautiverio y de ventura:
  Qued en poder de turcos por esclavo;
  De all  dos meses, como al cielo plugo,
  Me levant con una galeota:
  Cobr mi libertad, y ya soy mio.
  Hice voto y promesa inviolable
  De no mudar de ropa ni de carga,
  Hasta colgarla de los muros santos
  De una devota ermita, que en mi tierra
  Llaman de San Millan de la Cogolla;
  Y este es el cuento de mi estraa historia,
  Digna de atesorarla en la memoria.
  La Mendez no estar ya de provecho:
  Vive?

JUAN.

         Y est en Granada  sus anchuras.

CHIQUIZNAQUE.

  All le duele al pobre todava.

ESCARRAMN.

  Qu se ha dicho de m en aqueste mundo,
  En tanto que en el otro me han tenido
  Mis desgracias y gracia?

MOSTRENCA.

                           Cien mil cosas:
  Ya te han puesto en la horca los farsantes.

PIZPITA.

  Los muchachos han hecho pepitoria
  De todas tus medulas y tus huesos.

REPULIDA.

  Hnte vuelto divino: qu mas quieres?

CHIQUIZNAQUE.

  Cntante por las plazas, por las calles:
  Bilante en los teatros, y en las casas:
  Has dado que hacer  los poetas,
  Mas que di Troya al mantuano Ttiro.

JUAN.

  yente resonar en los establos.

REPULIDA.

  Las fregonas te lavan en el rio:
  Los mozos de caballos te almohazan.

CHIQUIZNAQUE.

  Tndete el tundidor con sus tijeras:
  Muy mas que el potro rucio eres famoso.

MOSTRENCA.

  Han pasado  las Indias tus palmeos:
  En Roma se han sentido tus desgracias,
  Y hnte dado botines sine nmero.

VADEMECUM.

  Por Dios que te han molido como alhea:
  Y te han desmenuzado como flores:
  Y que eres mas sonado y mas mocoso,
  Que un relox y que un nio de doctrina.
  De t han dado querella todos cuantos
  Bailes pasaron en la edad del gusto,
  Con apretada y dura residencia;
  Pero llevse el tuyo la escelencia.

ESCARRAMN.

  Tenga yo fama y hganme pedazos:
  De feso el templo abrasar por ella.

(_Tocan de improviso los msicos, y comienzan  cantar este romance._)

    Ya sali de las gurapas
    El valiente Escarramn,
    Para asombro de la gura[32]
    Y para bien de su mal.

ESCARRAMN.

  Es aquesto brindarme por ventura?
  Piensan se me ha olvidado el regodeo?
  Pues mas ligero vengo que solia,
  Si no toquen, y vaya y fuera ropa.

PIZPITA.

   flor, y fruto de los bailarines,
  Y qu bueno has quedado!

VADEMECUM.

                           Suelto, y limpio.

JUAN.

  l honrar las bodas de Trampagos.

ESCARRAMN.

  Toquen, vern que soy hecho de azogue.

MSICO.

  Vyanse todos por lo que cantre,
  Y no ser posible que se yerren.

ESCARRAMN.

  Toquen, que me deshago y que me bullo.

REPULIDA.

  Ya me muero por verle en la estacada.

MSICO.

  Estn alerta todos.

CHIQUIZNAQUE.

                      Ya lo estamos.

(_Cantan._)

    Ya sali de las gurapas
    El valiente Escarramn,
    Para asombro de la gura,
    Y para bien de su mal.
    Ya vuelve  mostrar al mundo
    Su felice habilidad,
    Su ligereza, y su bro,
    Y su presencia real.
    Pues falta la Coscolina,
    Supla agora en su lugar
    La Repulida olorosa,
    Mas que la flor de azahar;
    Y en tanto que se remonda
    La Pizpita sin igual,
    De la gallarda el paseo
    Nos muestre aqu Escarramn.

(_Tocan la gallarda, dnzala Escarramn; y en habiendo hecho una
mudanza prosguese el romance._)

    La Repulida comience
    Con su brio  rastrear;
    Pues ella fue la primera
    Que nos le vino  mostrar.
    Escarramn la acompae,
    La Pizpita, otro que tal,
    Chiquiznaque y la Mostrenca,
    Con Juan Claros el galan.
    Vive Dios que va de perlas:
    No se puede desear
    Mas ligereza  mas garbo,
    Mas certeza  mas comps.
     ello, hijos,  ello:
    No se pueden alabar
    Otras ninfas, ni otros rufos,
    Que os puedan igualar.
     qu desmayar de manos!
     qu huir, y qu juntar!
     qu nuevos laberintos!
    Donde hay salir, y hay entrar.
    Muden el baile  su gusto,
    Que yo le sabr tocar
    El canario,  las gambetas,
     al villano se lo dan:
    Zarabanda,  zambapalo,
    El psame de ello y mas,
    El rey don Alonso el Bueno,
    Gloria de la antigedad.

ESCARRAMN.

    El canario, si le tocan,
     solas quiero bailar.

MSICO.

    Tocarle yo de plata,
    T de oro le bailars.

(_Toca el canario, y baila solo Escarramn; y en habindole bailado
diga_):

ESCARRAMN.

    Vaya el villano  lo burdo,
    Con la cebolla y el pan;
    Y acompenme los tres.

MSICO.

    Que te bendiga San Juan.

(_Bailan el villano, como bien saben; y acabado el villano, pida
Escarramn el baile que quisiere, y acabado diga Trampagos_):

TRAMPAGOS.

    Mis bodas se han celebrado
    Mejor que las de Roldan;
    Todos digan, como digo:
    Viva, viva Escarramn.

TODOS.

    Viva, viva.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL VIZCAINO FINGIDO_.


  _Salen Solrzano y Quiones._

SOLRZANO.

Estas son las bolsas, y  lo que parecen son bien parecidas, y las
cadenas que van dentro, ni mas ni menos: no hay sino que vos acudais
con mi intento, que  pesar de la taimera de esta sevillana, ha de
quedar esta vez burlada.

QUIONES.

Tanta honra se adquiere,  tanta habilidad se muestra en engaar 
una mujer, que lo tomais con tanto ahinco, y poneis tanta solicitud
en ello?

SOLRZANO.

Cuando las mujeres son como estas, es gusto el burlallas: cuanto mas
que esta burla no ha de pasar de los tejados arriba: quiero decir,
que ni ha de ser con ofensa de Dios, ni con dao de la burlada: que
no son burlas las que redundan en desprecio ageno.

QUIONES.

Alto, pues vos lo quereis, sea asi: digo que yo os ayudar en todo
cuanto me habeis dicho, y sabr fingir tan bien como vos, que no lo
puedo mas encarecer.  dnde vais agora?

SOLRZANO.

Derecho en casa de la ninfa; y vos no salgais de casa, que yo os
llamar  su tiempo.

QUIONES.

All estar clavado esperando.

(_ntranse los dos._)


  _Salen doa Cristina y doa Brgida: Cristina sin manto, y
  Brgida con l, toda asustada y turbada._

CRISTINA.

Jesus! qu es lo que traes, amiga doa Brgida, que parece que
quieres dar el alma  su Hacedor?

BRGIDA.

Doa Cristina amiga, hazme aire, rocame con un poco de agua este
rostro, que me muero, que me fino, que se me arranca el alma; Dios
sea conmigo, confesion  toda priesa.

CRISTINA.

Qu es esto? desdichada de m! No me dirs, amiga, lo que te ha
sucedido? Has visto alguna mala vision? Hnte dado alguna mala
nueva de que es muerta tu madre,  de que viene tu marido,  hnte
robado tus joyas?

BRGIDA.

Ni he visto vision alguna, ni se ha muerto mi madre, ni viene mi
marido, que aun le faltan tres meses para acabar el negocio donde
fu, ni me han robado mis joyas; pero hme sucedido otra cosa peor.

CRISTINA.

Acaba, dmela, doa Brgida mia; que me tienes turbada y suspensa
hasta saberla.

BRGIDA.

Ay, querida! que tambien te toca  t parte de este mal suceso.
Lmpiame este rostro, que l y todo el cuerpo tengo baado en sudor,
mas frio que la nieve: desdichadas de aquellas que andan en la vida
libre, que si quieren tener algun poquito de autoridad, grangeada de
aqu  de all, se la desjarretan y se la quitan al mejor tiempo.

CRISTINA.

Acaba por tu vida, amiga, y dime lo que te ha sucedido, y qu es la
desgracia de quien yo tambien tengo de tener parte.

BRGIDA.

Y cmo si tendrs parte, y mucha, si eres discreta, como lo eres. Has
de saber, hermana, que viniendo agora  verte, al pasar por la puerta
de Guadalajara, o que en medio de infinita justicia y gente, estaba
un pregonero pregonando que quitaban los coches, y que las mujeres
descubriesen los rostros por las calles.

CRISTINA.

Y esa es la mala nueva?

BRGIDA.

Pues para nosotras puede ser peor en el mundo?

CRISTINA.

Yo creo, hermana, que debe de ser alguna reformacion de los coches:
que no es posible que los quiten de todo punto; y ser cosa muy
acertada, porque segun he oido decir, andaba muy de caida la
caballera en Espaa; porque se empanaban diez  doce caballeros
mozos en un coche, y azotaban las calles de noche y de dia, sin
acordrseles que habia caballos y gineta en el mundo; y como les
falte la comodidad de las galeras de la tierra, que son los coches,
volvern al ejercicio de la caballera, con quien sus antepasados se
honraron.

BRGIDA.

Ay, Cristina de mi alma! que tambien o decir que aunque dejan
algunos, es con condicion que no se presten, ni que en ellos ande
ninguna... ya me entiendes.

CRISTINA.

Ese mal nos hagan: porque has de saber, hermana, que est en opinion
entre los que siguen la guerra, cul es la mejor, la caballera  la
infantera, y hse averiguado que la infantera espaola lleva la
gala  todas las naciones; y agora podremos las alegres mostrar  pie
nuestra gallarda, nuestro garbo, y nuestra bizarra, y mas yendo
descubiertos los rostros, quitando la ocasion de que ninguno se llame
 engao, si nos sirviese, pues nos ha visto.

BRGIDA.

Ay, Cristina! no me digas eso. Qu linda cosa era ir sentada en la
popa de un coche, llenndola de parte  parte, dando rostro  quin
y cmo y cundo queria! y en Dios y en mi nima te digo, que cuando
alguna vez me le prestaban, y me veia sentada en l con aquella
autoridad, me desvanecia tanto, que creia bien y verdaderamente que
era mujer principal, y que mas de cuatro seoras de ttulo pudieran
ser mis criadas.

CRISTINA.

Veis, doa Brgida, cmo tengo yo razon en decir que ha sido bien
en quitar los coches, siquiera por quitarnos  nosotras el pecado
de la vanagloria? Y mas que no era bien que un coche igualase 
las no tales con las tales; pues viendo los ojos estranjeros  una
persona en un coche, pomposa por galas, reluciente por joyas, echaria
 perder la cortesa, hacindosela  ella, como si fuera  una
principal seora: asi que, amiga, no debes congojarte, sino acomoda
tu brio y tu limpieza, y tu manto de soplillo sevillano, y tus nuevos
chapines en todo caso, con las virillas de plata, y djate ir por
esas calles, que yo te aseguro que no falten moscas  tan buena miel,
si quisieres dejar que  t se lleguen: que engao en mas va que en
besarla durmiendo.

BRGIDA.

Dios te lo pague, amiga, que me has consolado con tus advertimientos
y consejos; y en verdad que los pienso poner en prctica, y pulirme y
repulirme, y dar rostro  pie y pisar el polvico  tan menudico, pues
no tengo quien me corte la cabeza; que este que piensan que es mi
marido, no lo es, aunque me ha dado la palabra de serlo.

CRISTINA.

Jesus! tan  la sorda y sin llamar se entra en mi casa, seor? Qu
es lo que usted manda?


  _Entra Solrzano._

SOLRZANO.

Usted perdone el atrevimiento, que la ocasion hace al ladron: hall
la puerta abierta y entrme, dndome nimo al entrarme, venir 
servir  usted y no con palabras, sino con obras; y si es que puedo
hablar delante de esta seora, dir  lo que vengo, y la intencion
que traigo.

CRISTINA.

De la buena presencia de usted no se puede esperar, sino que han de
ser buenas sus palabras, y sus obras. Diga usted lo que quisiere; que
la seora doa Brgida es tan mi amiga, que es otra yo misma.

SOLRZANO.

Con ese seguro y con esa licencia hablar con verdad; y con verdad,
seora, soy un cortesano,  quien usted no conoce.

CRISTINA.

Asi es la verdad.

SOLRZANO.

Y h muchos dias que deseo servir  usted, obligado  ello de su
hermosura, buenas partes y mejor trmino; pero estrechezas, que no
faltan, han sido freno  las obras hasta agora, que la suerte ha
querido que de Vizcaya me enviase un grande amigo mio  un hijo suyo,
vizcaino, muy galan, para que yo le lleve  Salamanca y le ponga de
mi mano en compaa que le honre y le ensee; porque, para decir
la verdad  usted, l es un poco burro, y tiene algo de mentecato;
y adesele  esto una tacha, que es lstima decirla, cuanto mas
tenerla, y es que se toma algun tanto, un si es no es, del vino;
pero de manera que de todo en todo pierda el juicio, puesto que se
le turba; y cuando est asomado y aun casi todo el cuerpo fuera de
la ventana, es cosa maravillosa su alegra y su liberalidad: da
todo cuanto tiene  quien se lo pide, y  quien no se lo pide; y yo
querria, ya que el diablo se ha de llevar cuanto tiene, aprovecharme
de alguna cosa, y no he hallado mejor medio, que traerle  casa de
usted, porque es muy amigo de damas, y aqu le desollaremos cerrado
como  gato; y para principio traigo aqu  usted una cadena en este
bolsillo, que pesa ciento y veinte escudos de oro, la cual tomar
usted y me dar diez escudos agora, que yo he menester para ciertas
cosillas, y gastar otros veinte en una cena esta noche, que vendr
ac nuestro burro  nuestro bfalo, que le llevo yo por el naso, como
dicen; y  dos idas y venidas se quedar usted con toda la cadena,
que yo no quiero mas que los diez escudos de ahora: la cadena es
bonsima, y de muy buen oro, y vale algo de hechura: hla aqu: usted
la tome.

CRISTINA.

Beso  usted las manos por la que me ha hecho en acordarse de m en
tan provechosa ocasion; pero, si he de decir lo que siento, tanta
liberalidad me tiene algo confusa y algun tanto sospechosa.

SOLRZANO.

Pues de qu es la sospecha, seora mia?

CRISTINA.

De que podr ser esta cadena de alquimia: que se suele decir que no
es oro todo lo que reluce.

SOLRZANO.

Usted habla discretsimamente, y no en balde tiene usted fama de la
mas discreta dama de la crte; y hme dado mucho gusto el ver cun
sin melindres ni rodeos me ha descubierto su corazon; pero para
todo hay remedio, sino es para la muerte: usted se cubra su manto,
 envie, si tiene de quien fiarse y vaya  la platera, y en el
contraste se pese y toque esa cadena, y cuando fuere fina, y de la
bondad que yo he dicho, entonces usted me dar los diez escudos,
harle una regalaria al borrico, y se quedar con ella.

CRISTINA.

Aqu pared y medio tengo yo un platero, mi conocido, que con
facilidad me sacar de duda.

SOLRZANO.

Eso es lo que yo quiero y lo que amo y lo que estimo: que las cosas
claras Dios las bendijo.

CRISTINA.

Si es que usted se atreve  fiarme esta cadena, en tanto que me
satisfago, de aqu  un poco podr venir, que yo tendr los diez
escudos de oro.

SOLRZANO.

Bueno es eso! fio mi honra de usted; y no le habia de fiar la
cadena? Usted la haga tocar y retocar: que yo me voy y volver de
aqu  media hora.

CRISTINA.

Y aun antes, si es que mi vecino est en casa.

(_ntrase Solrzano._)

BRGIDA.

sta, Cristina amiga, no solo es ventura, sino venturon llovido.
Desdichada de m, y qu desgraciada que soy, que nunca toco quien me
d un jarro de agua, sin que me cueste mi trabajo primero! Slo me
encontr el otro dia en la calle  un poeta, que de bonsima voluntad
y con mucha cortesa me di un soneto de la historia de Pramo y
Tisbe, y me ofreci trescientos en mi alabanza.

CRISTINA.

Mejor fuera que te hubieras encontrado con un ginovs, que te diera
trescientos reales.

BRGIDA.

S, por cierto, ah estn los ginoveses de manifiesto, y para venirse
 la mano, como halcones al seuelo: andan todos malencnicos y
tristes con el decreto.

CRISTINA.

Mira, Brgida, de esto quiero que ests cierta, que vale mas un
ginovs quebrado, que cuatro poetas enteros: mas ay, el viento corre
en popa, mi platero es este. Y qu quiere mi buen vecino? que  fe
que me ha quitado el manto de los hombros, que ya me le queria cubrir
para buscarle.


  _Entra el platero._

PLATERO.

Seora doa Cristina, usted me ha de hacer una merced de hacer
todas sus fuerzas por llevar maana  mi mujer  la comedia; que me
conviene y me importa quedar maana en la tarde libre de tener quien
me siga y me persiga.

CRISTINA.

Eso har yo de muy buena gana; y aun si el seor vecino quiere mi
casa y cuanto hay en ella, aqu la hallar sola y desembarazada, que
bien s en qu caen estos negocios.

PLATERO.

No seora, entretener  mi mujer me basta: pero qu queria usted de
m, que queria ir  buscarme?

CRISTINA.

No mas, sino que me diga el seor vecino qu pesar esta cadena, y
si es fina y de qu quilates?

PLATERO.

Esta cadena he tenido yo en mis manos muchas veces, y s que pesa
ciento y cincuenta escudos de oro, de  veinte y dos quilates; y que
si usted la compra, y se la dan sin hechura, no perder nada en ella.

CRISTINA.

Alguna hechura me ha de costar, pero no mucha.

PLATERO.

Mire cmo la concierta la seora vecina: que yo le har dar, cuando
se quisiere deshacer de ella, diez ducados de hechura.

CRISTINA.

Menos me ha de costar, si yo puedo; pero mire el vecino no se engae
en lo que dice de la fineza del oro, y cantidad del peso.

PLATERO.

Bueno seria que yo me engaase en mi oficio! Digo, seora, que dos
veces la he tocado eslabon por eslabon, y la he pesado y la conozco
como  mis manos.

BRGIDA.

Con esto nos contentamos.

PLATERO.

Y por mas seas, s que la ha llegado  pesar y  tocar un gentil
hombre cortesano, que se llama tal de Solrzano.

CRISTINA.

Basta, seor vecino: vaya con Dios, que yo har lo que me deja
mandado, yo la llevar y entretendr dos horas mas si fuere menester:
que bien s que no podr daar una hora mas de entretenimiento.

PLATERO.

Con usted me entierren, que sabe de todo; y  Dios, seora mia.

(_ntrase el platero._)

BRGIDA.

No haramos con este cortesano Solrzano, que asi se debe de llamar
sin duda, que trajese con el vizcaino para m alguna ayuda de costa,
aunque fuese de algun borgoon mas borracho que un zaque?

CRISTINA.

Por decrselo no quedar; pero vsle, aqu vuelve: priesa trae,
diligente anda, sus diez escudos le aguijan y espolean.


  _Entra Solrzano._

SOLRZANO.

Pues seora doa Cristina, ha hecho usted sus diligencias? Est
acreditada la cadena?

CRISTINA.

Cmo es el nombre de usted, por su vida?

SOLRZANO.

Don Esteban de Solrzano me suelen llamar en mi casa; pero por qu
me lo pregunta usted?

CRISTINA.

Por acabar de echar el sello  su mucha verdad y cortesa. Entretenga
usted un poco  la seora doa Brgida, en tanto que entro por los
diez escudos.

(_ntrase Cristina._)

BRGIDA.

Seor don Solrzano, no tendr usted por ah algun mondadientes para
m? que en verdad no soy para desechar, y que tengo yo tan buenas
entradas y salidas en mi casa, como la seora doa Cristina: que  no
temer que nos oyera alguna, le dijera yo al seor Solrzano mas de
cuatro tachas suyas: que sepa que tiene los pechos como dos alforjas
vacas y que no le huele muy bien el aliento, porque se afeita mucho;
y con todo eso la buscan, solicitan y quieren: que estoy por araarme
esta cara, mas de rabia, que de envidia, porque no hay quien me d la
mano, entre tantos que me dan del pie: en fin, la ventura de las feas.

SOLRZANO.

No se desespere usted, que si yo vivo, otro gallo cantar en su
gallinero.


  _Vuelve  entrar Cristina._

CRISTINA.

H aqu, seor don Esteban, los diez escudos, y la cena se aderezar
esta noche como para un prncipe.

SOLRZANO.

Pues nuestro burro est  la puerta de la calle, quiero ir por l:
usted me le acaricie aunque sea como quien toma una pldora.

(_Vse Solrzano._)

BRGIDA.

Ya le dije, amiga, que trujese quien me regalase  m, y dijo que s
haria, andando el tiempo.

CRISTINA.

Andando el tiempo en nosotras, no hay quien nos regale, amiga: los
pocos aos traen la mucha ganancia, y los muchos la mucha prdida.

BRGIDA.

Tambien le dije como vas muy limpia, muy linda y muy agraciada, y
que toda eras mbar, almizcle y algalia entre algodones.

CRISTINA.

Ya yo s, amiga, que tienes muy buenas ausencias.

BRGIDA.

Mirad quien tiene amartelados: que vale mas la suela de mi botin, que
las arandelas de su cuello: otra vez vuelvo  decir, la ventura de
las feas.


  _Entran Quiones y Solrzano._

QUIONES.

Vizcaino manos bsame: usted que mndeme.

SOLRZANO.

Dice el seor vizcaino, que besa las manos de usted, y que le mande.

BRGIDA.

Ay, qu linda lengua! Yo no la entiendo  lo menos; pero parceme
muy linda.

CRISTINA.

Yo beso las de mi seor vizcaino, y mas adelante.

QUIONES.

Pareces buena, hermosa: tambien noche esta cenamos: cadena quedas:
duermas nunca: bsta que dila.

SOLRZANO.

Dice mi compaero que usted le parece buena, y hermosa: que se
apareje la cena: que l da la cadena, aunque no duerma ac, que basta
que una vez la haya dado.

BRGIDA.

Hay tal Alejandro en el mundo? Venturon, venturon, y cien mil veces
venturon.

SOLRZANO.

Si hay algun poco de conserva, y algun traguito del devoto para el
seor vizcaino, yo s que nos valdr por uno ciento.

CRISTINA.

Y cmo si lo hay; y yo entrar por ello, y se lo dar mejor que al
Preste Juan de las Indias.

(_ntrase Cristina._)

QUIONES.

Dama que quedaste, tan buena como entraste.

BRGIDA.

Qu ha dicho, seor Solrzano?

SOLRZANO.

Que la dama que se queda, que es usted, es tan buena como la que se
ha entrado.

BRGIDA.

Y como que est en lo cierto el seor vizcaino:  fe que en este
parecer que no es nada burro.

QUIONES.

Burro el diablo: vizcaino ingenio quereis cuando tenerlo.

BRGIDA.

Ya le entiendo, que dice: que el diablo es el burro; y que los
vizcainos cuando quieren tener ingenio le tienen.

SOLRZANO.

Asi es sin faltar un punto.


  _Vuelve  salir Cristina con un criado  criada, que traen una
  caja de conserva, una garrafa con vino, su cuchillo y servilleta._

CRISTINA.

Bien puede comer el seor vizcaino, y sin asco: que todo cuanto hay
en esta casa es la quinta esencia de la limpieza.

QUIONES.

Dulce conmigo, vino y agua llamas bueno: santo le muestras, esta le
bebo y otra tambien.

BRGIDA.

Ay Dios! y con qu donaire lo dice el buen seor, aunque no le
entiendo!

SOLRZANO.

Dice que con lo dulce tambien bebe vino como agua; y que este vino es
de San Martin, y que beber otra vez.

CRISTINA.

Y aun otras ciento, su boca puede ser medida.

SOLRZANO.

No le den mas, que le hace mal, y ya se le va echando de ver: que le
he dicho yo al seor Azcaray que no beba vino en ningun modo, y no
aprovecha.

QUIONES.

Vamos, que vino que subes y bajas, lengua es grillos, y corma es
pies: tarde vuelvo, seora, Dios que te gurdate.

SOLRZANO.

Miren lo que dice, y vern si tengo yo razon.

CRISTINA.

Qu es lo que ha dicho, seor Solrzano?

SOLRZANO.

Que el vino es grillo de su lengua, y corma de sus pies: que vendr
esta tarde, y que ustedes se queden con Dios.

BRGIDA.

Ay pecadora de m, y como que se le turban los ojos y se trastraba
la lengua! Jesus, que ya va dando traspies! pues monta que ha bebido
mucho: la mayor lstima es esta que he visto en mi vida: miren qu
mocedad y qu borrachera.

SOLRZANO.

Ya venia l refrendado de casa. Usted, seora Cristina, haga aderezar
la cena: que yo le quiero llevar  dormir el vino, y seremos temprano
esta tarde.

(_ntranse el vizcaino y Solrzano._)

CRISTINA.

Todo estar como de molde: vayan ustedes en hora buena.

BRGIDA.

Amiga Cristina, mustrame esa cadena, y djame dar con ella dos
filos[33] al deseo: ay qu linda, qu nueva, qu reluciente, y
qu barata! Digo Cristina, que sin saber cmo, ni cmo no, llueven
los bienes sobre t, y se te entra la ventura por las puertas, sin
solicitalla: en efecto, eres venturosa sobre las venturosas; pero
todo lo merecen tu desenfado, tu limpieza, y tu magnfico trmino:
hechizos bastantes  rendir las mas descuidadas y esentas voluntades;
y no como yo, que no soy para dar migas  un gato. Toma tu cadena,
hermana, que estoy para reventar en lgrimas; y no de envidia que 
t te tenga, sino de lstima que me tengo  m.


  _Vuelve  entrar Solrzano._

SOLRZANO.

La mayor desgracia nos ha sucedido del mundo.

BRGIDA.

Jesus, desgracia! y qu es, seor Solrzano?

SOLRZANO.

 la vuelta de esta calle, yendo  la casa, encontramos con un criado
del padre de nuestro vizcaino, el cual trae cartas y nuevas de que su
padre queda  punto de espirar, y le manda que al momento se parta,
si quiere hallarle vivo. Trae dinero para la partida, que sin duda ha
de ser luego: yo le he tomado diez escudos para usted, y vlos aqu,
con los diez que usted me di denantes; y vulvaseme la cadena: que
si el padre vive, el hijo volver  darla,  yo no ser don Esteban
de Solrzano.

CRISTINA.

En verdad que  m me pesa; y no por mi inters, sino por la
desgracia del mancebo, que ya le habia tomado aficion.

BRGIDA.

Buenos son diez escudos, ganados tan holgando: tmalos amiga, y
vuelve la cadena al seor Solrzano.

CRISTINA.

Vla aqu, y venga el dinero: que en verdad que pensaba gastar mas de
treinta en la cena.

SOLRZANO.

Seora Cristina, al perro viejo nunca tus tus: estas tretas con los
de las galleruzas[34], y con este hueso  otro perro.

CRISTINA.

Para qu son tantos refranes, seor Solrzano?

SOLRZANO.

Para que entienda usted que la codicia rompe el saco: tan presto se
desconfi de mi palabra, que quiso usted curarse en salud, y salir al
lobo al camino, como la gansa de Cantipalos? Seora Cristina, seora
Cristina, lo bien ganado se pierde, y lo malo ello, y su dueo. Venga
mi cadena verdadera, y tmese usted su falsa: que no ha de haber
conmigo trasformaciones de Ovidio en tan pequeo espacio.  hi de
puta, y qu bien que la amoldaron, y qu presto!

CRISTINA.

Qu dice usted, seor mio, que no lo entiendo?

SOLRZANO.

Digo que no es esta la cadena que yo dej  usted, aunque le parece:
que esta es de alquimia, y la otra es de oro de  veinte y dos
quilates.

BRGIDA.

En mi nima, que asi lo dijo el vecino, que es platero.

CRISTINA.

Aun el diablo seria eso.

SOLRZANO.

El diablo  la diabla: mi cadena venga y dejmonos de voces; y
escsense juramentos y maldiciones.

CRISTINA.

El diablo me lleve, lo cual querria que no me llevase, sino es esa
la cadena que usted me dej, y que no he tenido otra en mis manos:
justicia de Dios, si tal testimonio se me levantase.

SOLRZANO.

Que no hay para qu dar gritos; y mas estando ah el seor
corregidor, que guarda su derecho  cada uno.

CRISTINA.

Si  las manos del corregidor llega este negocio, yo me doy por
condenada: que tiene de m tan mal concepto, que ha de tener mi
verdad por mentira, y mi virtud por vicio. Seor mio, si yo he tenido
otra cadena en mis manos, sino aquesta, de cncer las vea yo comidas.


  _Entra un alguacil._

ALGUACIL.

Qu voces son estas, qu gritos, qu lgrimas y qu maldiciones?

SOLRZANO.

Usted, seor alguacil, ha venido aqu como de molde:  esta seora
del rumbo sevillano le empe una cadena, habr una hora, en diez
ducados, para cierto efecto: vuelvo agora  desempearla, y en lugar
de una que le d, que pesaba ciento y cincuenta ducados de oro de
veinte y dos quilates, me vuelve esta de alquimia, que no vale dos
ducados; y quiere poner mi justicia  la venta de la zarza,  voces
y  gritos, sabiendo que ser testigo de esta verdad esta misma
seora, ante quien ha pasado todo.

BRGIDA.

Y cmo si ha pasado, y aun repasado; y en Dios y en mi nima, que
estoy por decir que este seor tiene razon; aunque no puedo imaginar
dnde se puede haber hecho el trueco, porque la cadena no ha salido
de aquesta sala.

SOLRZANO.

La merced que el seor alguacil me ha de hacer, es llevar  la seora
al corregidor, que all nos averiguaremos.

CRISTINA.

Otra vez torno  decir, que si ante el corregidor me lleva, me doy
por condenada.

BRGIDA.

S, porque no est bien con sus huesos.

CRISTINA.

De esta vez me ahorco, de esta vez me desespero, de esta vez me
chupan brujas.

SOLRZANO.

Ahora bien, yo quiero hacer una cosa por usted, seora Cristina,
siquiera porque no la chupen brujas,  por lo menos se ahorque: esta
cadena se parece mucho  la fina del vizcaino: l es mentecato y
algo borrachuelo: yo se la quiero llevar, y darle  entender que es
la suya; y usted contente aqu al seor alguacil, y gaste la cena de
esta noche; y sosiegue su espritu, pues la prdida no es mucha.

CRISTINA.

Pgueselo  usted todo el cielo: al seor alguacil dar media docena
de escudos; y en la cena gastar uno, y quedar por esclava perptua
del seor Solrzano.

BRGIDA.

Y yo me har rajas bailando en la fiesta.

ALGUACIL.

Usted ha hecho como liberal y buen caballero, cuyo oficio ha de
servir  las mujeres.

SOLRZANO.

Vengan los diez escudos que d demasiados.

CRISTINA.

Hlos aqu: y mas los seis para el seor alguacil.


  _Entran dos Msicos y Quiones el vizcaino._

MSICOS.

Todo lo hemos oido y ac estamos.

QUIONES.

Ahora s que puedo decir  mi seora Cristina: mamla una y cien mil
veces.

BRGIDA.

Han visto qu claro que habla el vizcaino?

QUIONES.

Nunca hablo yo turbio, sino es cuando quiero.

CRISTINA.

Que me maten si no me la han dado  tragar estos bellacos.

QUIONES.

Seores msicos, el romance que les d y que saben, para qu se hizo?

MSICOS.

  La mujer mas avisada,
   sabe poco  no nada.
  La mujer que mas presume
  De cortar como navaja
  Los vocablos repulgados,
  Entre las godeas plticas:
  La que sabe de memoria
   Lofraso y  Diana,
  Y al caballero de Febo,
  Con Olivante de Laura:
  La que seis veces al mes
  Al gran Don Quijote pasa,
  Aunque mas sepa de aquesto,
   sabe poco  no nada.
  La que se fia en su ingenio,
  Lleno de fingidas trazas,
  Fundadas en inters
  Y en voluntades tiranas:
  La que no sabe guardarse,
  Cual dicen, del agua mansa,
  Y se arroja  las corrientes,
  Que ligeramente pasan:
  La que piensa que ella sola
  Es el colmo de la nata,
  En esto del trato alegre,
   sabe poco  no nada.

CRISTINA.

Ahora bien, yo quedo burlada, y con todo esto convido  ustedes para
esta noche.

QUIONES.

Aceptamos el convite; y todo saldr en la colada.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DE LA GUARDA CUIDADOSA_.


  _Sale un Soldado  lo pcaro, con una muy mala banda y un antojo,
  y detrs de l un mal Sacristan._

SOLDADO.

Qu me quieres, sombra vana?

SACRISTAN.

No soy sombra vana, sino cuerpo macizo.

SOLDADO.

Pues con todo eso, por la fuerza de mi desgracia te conjuro, que me
digas quin eres, y qu es lo que buscas por esta calle?

SACRISTAN.

 eso te respondo, por la fuerza de mi dicha: que soy Lorenzo
Pasillas, sota-sacristan de esta parroquia, y busco en esta calle lo
que hallo, y t buscas y no hallas.

SOLDADO.

Buscas por ventura  Cristinica, la fregona de esta casa?

SACRISTAN.

_Tu dixisti._

SOLDADO.

Pues ven ac, sota-sacristan de Satans.

SACRISTAN.

Pues voy all, caballo de Ginebra.

SOLDADO.

Bueno: sota y caballo; no falta sino el rey para tomar las manos. Ven
ac, digo otra vez, y t sabes, Pasillas, que pasado te vea yo con
un chuzo, que Cristinica es prenda mia?

SACRISTAN.

Y t no sabes, pulpo vestido, que esa prenda la tengo yo rematada,
que est por sus cabales y por mia?

SOLDADO.

Vive Dios, que te d mil cuchilladas, y que te haga la cabeza pedazos.

SACRISTAN.

Con las que le cuelgan de esas calzas, y con los de ese vestido, se
podr entretener, sin que se meta con los de mi cabeza.

SOLDADO.

Has hablado alguna vez  Cristina?

SACRISTAN.

Cuando quiero.

SOLDADO.

Qu ddivas le has hecho?

SACRISTAN.

Muchas.

SOLDADO.

Cuntas y cules?

SACRISTAN.

Dle una de estas cajas de carne de membrillo, muy grande, llena de
cercenaduras de hostias blancas, como la misma nieve; y de aadidura
cuatro cabos de velas de cera, asimismo blancas como un armio.

SOLDADO.

Qu mas le has dado?

SACRISTAN.

En un billete envueltos cien mil deseos de servirla.

SOLDADO.

Y ella cmo te ha correspondido?

SACRISTAN.

Con darme esperanzas propincuas de que ha de ser mi esposa.

SOLDADO.

Luego no eres de epstola?

SACRISTAN.

Ni aun de completas: motilon soy, y puedo casarme cada y cuando me
viniere en voluntad, y presto lo veredes.

SOLDADO.

Ven ac, motilon arrastrado, respndeme  esto que preguntar te
quiero: si esta mochacha ha correspondido tan altamente, lo cual
yo no creo,  la miseria de tus ddivas, cmo corresponder  la
grandeza de las mias? Que el otro dia le envi un billete amoroso,
escrito, por lo menos, en un revs de un memorial que d  su
Magestad, significndole mis servicios y mis necesidades presentes:
que no cae en mengua el soldado que dice que es pobre: el cual
memorial sali decretado y remitido al limosnero mayor; y sin atender
 que sin duda alguna me podia valer cuatro  seis reales, con
liberalidad increible, y con desenfado notable, escrib en el revs
de l, como he dicho, mi billete; y s que de mis manos pecadoras
lleg  las suyas casi santas.

SACRISTAN.

Hsle enviado otra cosa?

SOLDADO.

Suspiros, lgrimas, sollozos, parasismos, desmayos, con toda la
caterva de las demostraciones necesarias, que para descubrir su
pasin los buenos enamorados usan, y deben usar en todo tiempo y
sazon.

SACRISTAN.

Hsle dado alguna msica concertada?

SOLDADO.

La de mis lamentos y congojas, las de mis ansias y pesadumbres.

SACRISTAN.

Pues  m me ha acontecido drsela con mis campanas  cada paso, y
tanto, que tengo enfadada  toda la vecindad con el continuo ruido
que con ellas hago, solo por darle contento y porque sepa que estoy
en la torre, ofrecindome  su servicio; y aunque haya de tocar 
muerto, repico  vsperas solenes.

SOLDADO.

En eso me llevas ventaja; porque no tengo que tocar, ni cosa que lo
valga.

SACRISTAN.

Y de qu manera ha correspondido Cristina  la infinidad de tantos
servicios como le has hecho?

SOLDADO.

Con no verme, con no hablarme, con maldecirme cuando me encuentra por
la calle, con derramar sobre m las lavazas cuando jabona, y el agua
de fregar cuando friega; y esto es cada dia, porque todos los dias
estoy en esta calle y  su puerta; porque soy su guarda cuidadosa,
soy en fin, el perro del hortelano, etc. Yo no la gozo, ni ha de
gozarla ninguno mientras yo viviere: por eso vyase de aqu el seor
sota-sacristan, que por haber tenido y tener respeto  las rdenes
que tiene, no le tengo ya rompidos los cascos.

SACRISTAN.

 romprmelos como estn rotos esos vestidos, bien rotos estuvieran.

SOLDADO.

El hbito no hace al monje; y tanta honra tiene un soldado roto por
causa de la guerra, como la tiene un colegial con el manto hecho
aicos; porque en l se muestra la antigedad de sus estudios; y
vyase, que har lo que dicho tengo.

SACRISTAN.

Es porque me ve sin armas? Pues esprese aqu, seor guarda
cuidadosa, y ver quin es Callejas.

SOLDADO.

Qu puede ser un Pasillas?

SACRISTAN.

Agora lo veredes, dijo Agrages.

(_ntrase el Sacristan._)

SOLDADO.

 mujeres, mujeres, todas  las mas, mudables y antojadizas! Dejas,
Cristina,  esta flor,  este jardin de la soldadesca, y acomdaste
con el muladar de un sota-sacristan, pudiendo acomodarte con un
sacristan entero, y aun con un cannigo? Pero yo procurar que te
entre en mal provecho, si puedo, aguando tu gusto, con ojear de esta
calle y de tu puerta los que imaginare que por alguna via pueden ser
tus amantes; y asi vendr  alcanzar nombre de la guarda cuidadosa.


  _Entra un Mozo con su caja y ropa verde, como estos que piden
  limosna para alguna imgen._

MOZO.

Den por Dios, para la lmpara del aceite de seora Santa Luca, que
les guarde la vista de los ojos. Ah de casa! dan la limosna?

SOLDADO.

Hola, amigo Santa Luca, venid ac: qu es lo que quereis en esta
casa?

MOZO.

Ya vuesa merced no lo ve? Limosna para la lmpara del aceite de la
seora Santa Luca.

SOLDADO.

Peds para la lmpara,  para el aceite de la lmpara? que como
decs limosna para la lmpara del aceite, parece que la lmpara es
del aceite, no el aceite de la lmpara.

MOZO.

Ya todos entienden que pido para el aceite de la lmpara, y no para
la lmpara del aceite.

SOLDADO.

Y suelen os dar limosna en esta casa?

MOZO.

Cada dia dos maraveds.

SOLDADO.

Y quin sale  droslos?

MOZO.

Quien se halla mas  mano; aunque las mas veces sale una fregoncita,
que se llama Cristina, bonita como un oro.

SOLDADO.

Asi que es la fregoncita bonita como un oro?

MOZO.

Y como unas perlas.

SOLDADO.

De modo que no os parece mal  vos la muchacha?

MOZO.

Pues aunque yo fuera hecho de leo, no pudiera parecerme mal.

SOLDADO.

Cmo os llamais? que no querria volveros  llamar Santa Luca.

MOZO.

Yo, seor, Andrs me llamo.

SOLDADO.

Pues seor Andrs, est en lo que quiero decirle: tome este cuarto de
 ocho, y haga cuenta que va pagado por cuatro dias de la limosna que
le dan en esta casa, y suele recibir por mano de Cristina; y vyase
con Dios; y sale aviso que por cuatro dias no vuelva  llegar  esta
puerta, ni por lumbre, que le romper las costillas  coces.

MOZO.

Ni aun volver en este mes si es que me acuerdo: no tome vuesa merced
pesadumbre, que ya me voy.

(_Vse._)

SOLDADO.

No sino dormios, guarda cuidadosa.


  _Entra otro mozo vendiendo y pregonando tranzaderas, holanda de
  Cambray, randas de Flandes,  hilo portugus._

UNO.

Compran tranzaderas, randas de Flandes, Holanda, Cambray, hilo
portugus?


  _Cristina  la ventana._

CRISTINA.

Hola, Manuel: traeis vivos para unas camisas?

UNO.

S traigo, y muy buenos.

CRISTINA.

Pues entra, que mi seora los ha menester.

SOLDADO.

 estrella de mi perdicion, antes que norte de mi esperanza!
Tranzaderas,  como os llamais, conoceis aquella doncella que os
llam desde la ventana?

UNO.

S conozco, pero por qu me lo pregunta vuesa merced?

SOLDADO.

No tiene muy buen rostro, y muy buena gracia?

UNO.

 m asi me lo parece.

SOLDADO.

Pues tambien me parece  m que no entre dentro de esa casa, si no,
por Dios juro de molelle los huesos, sin dejarle ninguno sano.

UNO.

Pues no puedo yo entrar  donde me llaman, para comprar mi
mercadera?

SOLDADO.

Vaya, no me replique, que har lo que digo, y luego.

UNO.

Terrible caso! pasito, seor soldado, que ya me voy.

(_Vse Manuel._)


  _Cristina  la ventana._

CRISTINA.

No entras, Manuel?

SOLDADO.

Ya se fu Manuel, seora la de los vivos, y aun seora la de los
muertos, porque  muertos y  vivos tienes debajo de tu mando y
seoro.

CRISTINA.

Jesus, y qu enfadoso animal! Qu quieres en esta calle y en esta
puerta?

(_ntrase Cristina._)

SOLDADO.

Encubrise y psose mi sol detrs de las nubes.


  _Entra un Zapatero con unas chinelas pequeas nuevas en la mano;
  y yendo  entrar en casa de Cristina, detinele el soldado._

SOLDADO.

Seor bueno, busca usted algo en esta casa?

ZAPATERO.

S busco.

SOLDADO.

Y  quin, si fuere posible saberlo?

ZAPATERO.

Por qu no? Busco  una fregona, que est en esta casa, para darle
estas chinelas que me mand hacer.

SOLDADO.

De manera que usted es su zapatero?

ZAPATERO.

Muchas veces la he calzado.

SOLDADO.

Y hle de calzar ahora estas chinelas?

ZAPATERO.

No ser menester: si fueran zapatillos de hombre, como ella los suele
traer, s calzra.

SOLDADO.

Y stas estn pagadas,  no?

ZAPATERO.

No estn pagadas, que ella me las ha de pagar agora.

SOLDADO.

No me haria usted una merced, que seria para m muy grande? y es,
que me fiase estas chinelas, dndole yo prendas que lo valiesen,
hasta desde aqu  dos dias, que espero tener dineros en abundancia.

ZAPATERO.

S har, por cierto: venga la prenda, que como soy pobre oficial, no
puedo fiar  nadie.

SOLDADO.

Yo le dar  usted un mondadientes, que le estimo en mucho, y no le
dejar por un escudo. Dnde tiene usted la tienda, para que vaya 
quitarle?

ZAPATERO.

En la calle mayor, en un poste de aquellos, y llmome Juan Juncos.

SOLDADO.

Pues, seor Juan Juncos, el mondadientes es este, y estmele usted
mucho, porque es mio.

ZAPATERO.

Pues una viznaga, que apenas vale dos maraveds, quiere usted que
estime en mucho?

SOLDADO.

 pecador de m! no la doy yo sino para recuerdo de m mismo; porque
cuando vaya  echar mano  la faldriquera, y no halle la viznaga, me
venga  la memoria que la tiene usted y vaya luego  quitalla; si 
fe de soldado, que no la doy por otra cosa; pero si no est contento
con ella aadir esta banda, y este antojo: que al buen pagador no le
duelen prendas.

ZAPATERO.

Aunque zapatero, no soy tan descorts que tengo de despojar  vuestra
merced de sus joyas y preseas: vuestra merced se quede con ellas, que
yo me quedar con mis chinelas, que es lo que me est mas  cuento.

SOLDADO.

Cuntos puntos tienen?

ZAPATERO.

Cinco escasos.

SOLDADO.

Mas escaso soy yo, chinelas de mis entraas, pues no tengo seis
reales para pagaros. Escuche vuestra merced, seor zapatero, que
quiero glosar aqu de repente este verso que me ha salido medido:

  Chinela de mis entraas.

ZAPATERO.

Es poeta vuestra merced?

SOLDADO.

Famoso, y agora lo ver, estme atento.

  Chinelas de mis entraas.

  GLOSA.

    Es amor tan gran tirano,
  Que olvidado de la fe
  Que le guardo siempre en vano,
  Hoy con la funda de un pie,
  Da  mi esperanza de mano.
    Estas son vuestras hazaas,
  Fundas pequeas y huraas,
  Que ya mi alma imagina
  Que sois, por ser de Cristina,
  Chinelas de mis entraas.

ZAPATERO.

 m poco se me entiende de trovas; pero estas me han sonado tan
bien, que me parecen de Lope, como lo son todas las cosas que son 
parecen buenas.

SOLDADO.

Pues seor, ya que no lleva remedio de fiarme estas chinelas, que no
fuera mucho, y mas sobre tan dulces prendas, por mi mal halladas,
llvelo,  lo menos, de que vuestra merced me las guarde hasta desde
aqu  dos dias que yo vaya por ellas; y por ahora digo por esta vez
al seor zapatero que no ha de ver ni hablar  Cristina.

ZAPATERO.

Yo har lo que me manda el seor soldado; porque se me trasluce de
qu pies cojea, que son dos, el de la necesidad y el de los zelos.

SOLDADO.

Ese no es ingenio de zapatero, sino de colegial trilinge.

ZAPATERO.

 zelos, zelos, cun mejor os llamran duelos, duelos!

(_ntrase el zapatero._)

SOLDADO.

No sino seais guarda, y guarda cuidadosa, y vereis como se os entran
mosquitos en la cueva donde est el licor de vuestro contento: pero
qu voz es esta? sin duda es la de mi Cristina, que se desenfada
cantando cuando barre  friega.


(_Suenan dentro platos, como que friegan y cantan._)

  Sacristan de mi vida, tnme por tuya,
  Y fiado en mi fe canta aleluya.

SOLDADO.

Oidos que tal oyen: sin duda el sacristan debe de ser el brinco de su
alma.  platera la mas limpia que tiene, tuvo  tendr el calendario
de las fregonas! Por qu asi como limpias esa loza talaveril, que
traes entre las manos, y la vuelves en bruida y tersa plata, no
limpias esa alma de pensamientos bajos y sota-sacristaniles?


  _Entra el amo de Cristina._

AMO.

Galan, qu quiere  qu busca  esta puerta?

SOLDADO.

Quiero mas de lo que seria bueno, y busco lo que no hallo; pero
quin es vuestra merced que me lo pregunta?

AMO.

Soy el dueo de esta casa.

SOLDADO.

El amo de Cristinica?

AMO.

El mismo.

SOLDADO.

Pues llguese vuestra merced  esta parte, y tome este envoltorio
de papeles: y advierta que ah dentro van las informaciones de mis
servicios, con veintidos fes de veintidos generales, debajo de cuyos
estandartes he servido, amen de otras treinta y cuatro de otros
tantos maestres de campo, que se han dignado de honrarme con ellas.

AMO.

Pues no ha habido,  lo que yo alcanzo, tantos generales ni maestres
de campo de infantera espaola de cien aos  esta parte.

SOLDADO.

Vuestra merced es hombre pacfico, y no est obligado  entendrsele
mucho de las cosas de la guerra: pase los ojos por esos papeles, y
ver en ellos, unos sobre otros, todos los generales y maestres de
campo que he dicho.

AMO.

Yo los doy por pasados y vistos: pero de qu sirve darme cuenta de
esto?

SOLDADO.

De que hallar vuestra merced por ellos ser posible ser verdad una
que agora dir, y es que estoy consultado en uno de tres castillos
y plazas, que estn vacas en el reino de Npoles; conviene  saber,
Gaeta, Barleta y Rijobes.

AMO.

Hasta agora ninguna cosa me importan  m estas relaciones que
vuestra merced me da.

SOLDADO.

Pues yo s que le han de importar siendo Dios servido.

AMO.

En qu manera?

SOLDADO.

En que por fuerza, si no se cae el cielo, tengo de salir proveido
en una de estas plazas, y quiero casarme agora con Cristinica; y
siendo yo su marido, puede vuestra merced hacer de mi persona y de
mi mucha hacienda, como de cosa propia: que no tengo de mostrarme
desagradecido  la crianza que vuestra merced ha hecho  mi querida y
amada consorte.

AMO.

Vuestra merced lo ha de los cascos[35], mas que otra parte.

SOLDADO.

Pues sabe cunto le va, seor dulce, que me la ha de entregar luego,
luego,  no ha de atravesar las umbrales de su casa?

AMO.

Hay tal disparate! y quin ha de ser bastante para quitarme que no
entre en mi casa?


  _Vuelve el sota-sacristan Pasillas, armado con un tapador de
  tinaja y una espada muy mohosa: viene con l otro sacristan, con
  un morrion, y una vara  palo, atado  l un rabo de zorra._

SACRISTAN.

Ea, amigo Grajales, que este es el turbador de mi sosiego.

GRAJALES.

No me pesa sino que traigo las armas endebles y algo tiernas, que ya
le hubiera despachado al otro mundo  toda diligencia.

AMO.

Tnganse, gentiles hombres: qu desman y qu acecinamiento es este?

SOLDADO.

Ladrones,  traicion y en cuadrilla? Sacristanes falsos, voto
 tal que os tengo de horadar, aunque tengais mas rdenes que
un ceremonial: cobarde,  m con rabo de zorra? Es notarme de
borracho,  piensas que ests quitando el polvo  alguna imgen de
bulto?

GRAJALES.

No pienso sino que estoy ojeando los mosquitos de una tinaja de vino.


  _ la ventana Cristina y su ama._

CRISTINA.

Seora, seora, que matan  mi seor: mas de dos mil espadas estn
sobre l, que relumbran, que me quitan la vista.

ELLA.

Dices verdad, hija mia: Dios sea con l: santa rsula, con las once
mil vrgenes sea en su guarda: ven, Cristina, y bajemos  socorrerle
como mejor pudiremos.

AMO.

Por vida de vuestras mercedes, caballeros, que se tengan, y miren que
no es bien usar de superchera con nadie.

SOLDADO.

Tente, rabo, y tente, tapadorcillo, no acabeis de despertar mi clera:
que si la acabo de despertar, os matar, y os comer, y os arrojar
por la puerta falsa dos leguas mas all del infierno.

AMO.

Tngase digo; sino por Dios que me descomponga de modo, que pese 
alguno.

SOLDADO.

Por m tenido soy, que te tengo respeto, por la imgen que tienes en
tu casa.

SACRISTAN.

Pues aunque esa imgen haga milagros, no os ha de valer esta vez.

SOLDADO.

Han visto la desvergenza de este bellaco, que me viene  hacer
cocos con un rabo de zorra, no habindome espantado ni atemorizado
tiros mayores que el de Dio, que est en Lisboa?


  _Salen Cristina y su seora._

ELLA.

Ay, marido mio! Estais por desgracia herido, bien de mi alma?

CRISTINA.

Ay, desdichada de m! por el siglo de mi padre, que son los de la
pendencia mi sacristan y mi soldado.

SOLDADO.

Aun bien que voy  la parte con el sacristan, que tambien dijo mi
soldado.

AMO.

No estoy herido, seora; pero sabed que toda esta pendencia es por
Cristinica.

ELLA.

Cmo por Cristinica?

AMO.

 lo que yo entiendo, estos galanes andan zelosos por ella.

ELLA.

Y es esto verdad, muchacha?

CRISTINA.

S seora.

ELLA.

Mirad con qu poca vergenza lo dice; y hte deshonrado alguno de
ellos?

CRISTINA.

S seora.

ELLA.

Cul?

CRISTINA.

El sacristan me deshonr el otro dia, cuando fu al rastro.

ELLA.

Cuntas veces os he dicho yo, seor, que no saliese esta muchacha
fuera de casa, que ya era grande, y no convenia apartarla de nuestra
vista? Qu dir ahora su padre, que nos la entreg limpia de polvo y
de paja? Y dnde te llev, traidora, para deshonrarte?

CRISTINA.

 ninguna parte, sino all en mitad de la calle.

ELLA.

Cmo en mitad de la calle?

CRISTINA.

All en mitad de la calle de Toledo,  vista de Dios y de todo el
mundo, me llam de sucia, y de deshonesta, de poca vergenza, y menos
miramiento, y otros muchos baldones de este jaez, y todo por estar
zeloso de aquel soldado.

AMO.

Luego no ha pasado otra cosa entre t, ni l, sino esa deshonra que
en la calle te hizo?

CRISTINA.

No por cierto, porque luego se le pas la clera.

ELLA.

El alma se me ha vuelto al cuerpo, que le tenia ya casi desamparado.

CRISTINA.

Y mas, que todo cuanto me dijo fue confiado en esta cdula, que me ha
dado de ser mi esposo, que la tengo guardada como oro en pao.

AMO.

Muestra, veamos.

ELLA.

Leedla alto, marido.

AMO.

Asi dice: Digo yo, Lorenzo Pasillas, sota-sacristan de esta
parroquia, que quiero bien y muy bien  la seora Cristina de
Parrazes; y en fe de esta verdad, le d esta firmada de mi nombre,
fecha en Madrid, en el cimenterio de San Andrs,  seis de mayo, este
presente ao de mil y seiscientos y once. Testigos mi corazon, mi
entendimiento, mi voluntad y mi memoria.

  _Lorenzo Pasillas._

Gentil manera de cdula de matrimonio!

SACRISTAN.

Debajo de decir que la quiero bien, se incluye todo aquello que ella
quisiere que yo haga por ella; porque quien da la voluntad, lo da
todo.

AMO.

Luego si ella quisiese, bien os casarades con ella?

SACRISTAN.

De bonsima gana, aunque perdiese la espectativa de tres mil
maraveds de renta, que ha de fundar agora sobre mi cabeza una agela
mia, segun me han escrito de mi tierra.

SOLDADO.

Si voluntades se toman en cuenta, treinta y nueve dias hace hoy, que
al entrar de la Puente Segoviana d yo  Cristina la mia, con todos
los anejos  mis tres potencias; y si ella quisiere ser mi esposa,
algo ir  decir de ser castellano de un famoso castillo,  un
sacristan no entero, sino medio, y aun de la mitad le debe de faltar
algo.

AMO.

Tienes deseo de casarte, Cristinica?

CRISTINA.

S tengo.

AMO.

Pues escoge de estos dos que se te ofrecen el que mas te agradare.

CRISTINA.

Tengo vergenza.

ELLA.

No la tengas, porque el comer, y el casar ha ser  gusto propio, y no
 voluntad agena.

CRISTINA.

Vuestras mercedes, que me han criado, me darn marido como me
convenga, aunque todava quisiera escoger.

SOLDADO.

Nia, chame el ojo, mira mi garbo: soldado soy: castellano pienso
ser: brio tengo de corazon: soy el mas galan hombre del mundo; y por
el hilo de este vestidillo podrs sacar el ovillo de mi gentileza.

SACRISTAN.

Cristina, yo soy msico, aunque de campanas: para adornar una tumba,
y colgar una iglesia para fiestas solenes, ningun sacristan me puede
llevar ventaja; y estos oficios bien los puedo ejercitar casado, y
ganar de comer como un prncipe.

AMO.

Ahora bien, muchacha, escoge de los dos el que te agrada, que
yo gusto de ello, y con esto pondrs paz entre dos tan fuertes
competidores.

SOLDADO.

Yo me allano.

SACRISTAN.

Y yo me rindo.

CRISTINA.

Pues escojo al sacristan.


  _Han entrado los msicos._

AMO.

Pues llamen esos oficiales de mi vecino el barbero, para que con sus
guitarras y voces nos entremos  celebrar el desposorio, cantando y
bailando; y el seor soldado ser mi convidado.

SOLDADO.

    Acepto:
  Que donde hay fuerza de hecho
  Se pierde cualquier derecho.

MSICO.

Pues hemos llegado  tiempo, este ser el estribillo de nuestra letra.

(_Cantan el estribillo._)

    Siempre escogen las mujeres
  Aquello que vale menos,
  Porque escede su mal gusto
   cualquier merecimiento.
    Ya no se estima el valor,
  Porque se estima el dinero,
  Pues un sacristan prefieren
   un roto soldado lego;
  Mas no es mucho, que quien vi
  Que fue su voto tan necio,
  Que  sagrado se acogiese,
  Que es de delincuentes puerto:
  Que  donde hay fuerza, etc.
    Como es propio de un soldado,
  Que es solo en los aos viejo,
  Y se halla sin un cuarto,
  Porque ha dejado su tercio
  Imaginar que ser puede
  Pretendiente de Gaiferos,
  Conquistando por lo bravo
  Lo que yo por manso adquiero;
  No me afrentan tus razones,
  Pues has perdido en el juego,
  Que siempre un picado tiene
  Licencia para hacer fieros.
  Que  donde, etc.

(_ntranse cantando y bailando._)


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL VIEJO ZELOSO_.


  _Salen doa Lorenza, y Cristina, su criada, y Hortigosa, su
  vecina._

LORENZA.

Milagro ha sido ste, seora Hortigosa, el no haber dado la vuelta 
la llave, mi duelo, mi yugo y mi desesperacion: este es el primero
dia, despues que me cas con l, que hablo con persona de fuera de
casa: que fuera le vea yo de esta vida  l y  quien con l me cas.

HORTIGOSA.

Ande, mi seora doa Lorenza, no se queje tanto: que con una caldera
vieja se compra otra nueva.

LORENZA.

Y aun con esos y otros semejantes villancicos  refranes me engaaron
 m: que malditos sean sus dineros, fuera de las cruces, malditas
sus joyas, malditas sus galas, y maldito todo cuanto me da y promete.
De qu me sirve  m todo aquesto, si en mitad de la riqueza estoy
pobre, y en medio de la abundancia con hambre?

CRISTINA.

En verdad, seora tia, que tienes razon: que mas quisiera yo andar
con un trapo atrs y otro adelante, y tener un marido mozo, que verme
casada y enlodada con ese viejo podrido, que tomaste por esposo.

LORENZA.

Yo le tom, sobrina?  la fe dimele quien pudo; y yo, como
muchacha, fui mas presta al obedecer, que al contradecir; pero si
yo tuviera tanta esperiencia de estas cosas, antes me tarazara la
lengua con los dientes, que pronunciar aquel s, que se pronuncia con
dos letras, y da que llorar dos mil aos: pero yo imagino que no fue
otra cosa, sino que habia de ser esta; y que las que han de suceder
forzosamente, no hay prevencion ni diligencia humana que las prevenga.

CRISTINA.

Jesus, y del mal viejo: toda la noche daca el orinal, toma el orinal:
levntate, Cristinica, y calintame unos paos, que me muero de
la hijada: dame aquellos juncos, que me fatiga la piedra: con mas
ungentos y medicinas en el aposento, que si fuera una botica: y yo,
que apenas s vestirme, tengo de servirle de enfermera: pux, pux,
pux, viejo clueco, tan potroso como zeloso, y el mas zeloso del mundo.

LORENZA.

Dice la verdad mi sobrina.

CRISTINA.

Pluguiera  Dios que nunca yo la dijera en esto!

HORTIGOSA.

Ahora bien, seora doa Lorenza, usted haga lo que le tengo
aconsejado, y ver cmo se halla muy bien con mi consejo. El mozo es
como un ginjo verde: quiere bien, sabe callar y agradecer lo que por
l se hace; y pues los zelos y el recato del viejo no nos dan lugar 
demandas ni  respuestas, resolucion y buen nimo: que por la rden
que hemos dado, yo le pondr al galan en su aposento de usted y le
sacar, si bien tuviese el viejo mas ojos que Argos, y viese mas que
un zahor, que dicen que ve siete estados debajo de la tierra.

LORENZA.

Como soy primeriza, estoy temerosa; y no querria,  trueco del gusto,
poner  riesgo la honra.

CRISTINA.

Eso me parece, seora tia,  lo del cantar de Gomez Arias: seor
Gomez Arias, doleos de m, soy nia y muchacha, nunca en tal me v.

LORENZA.

Algun espritu malo debe hablar en t, sobrina, segun las cosas que
dices.

CRISTINA.

Yo no s quin habla; pero yo s que haria todo aquello que la seora
Hortigosa ha dicho, sin faltar punto.

LORENZA.

Y la honra, sobrina?

CRISTINA.

Y el holgarnos, tia?

LORENZA.

Y si se sabe?

CRISTINA.

Y si no se sabe?

LORENZA.

Y quin me asegurar  m que no se sepa?

HORTIGOSA.

Quin? la buena diligencia, la sagacidad, la industria, y sobre todo
el buen nimo y mis trazas.

CRISTINA.

Mire, seora Hortigosa, triganosle galan, limpio, desenvuelto, un
poco atrevido, y sobre todo mozo.

HORTIGOSA.

Todas esas partes tiene el que he propuesto, y otras dos mas, que es
rico y liberal.

LORENZA.

Que no quiero riquezas, seora Hortigosa: que me sobran las joyas,
y me ponen en confusion las diferencias de colores de mis muchos
vestidos: hasta eso no tengo que desear, que Dios le d salud 
Caizares, mas vestida me tiene que un palmito, y con mas joyas
que la vedriera de un platero rico. No me clavra l las ventanas,
cerrra las puertas, visitra  todas horas la casa, desterrra de
ella los gatos y los perros, solamente porque tienen nombre de varon:
que  trueco de que no hiciera esto, y otras cosas no vistas en
materia de recato, yo le perdonra sus ddivas y mercedes.

HORTIGOSA.

Que tan zeloso es?

LORENZA.

Digo, que le vendian el otro dia una tapicera  bonsimo precio,
y por ser de figuras no la quiso; y compr otra de verduras, por
mayor precio, aunque no era tan buena. Siete puertas hay antes que
se llegue  mi aposento, fuera de la puerta de la calle, y todas se
cierran con llave; y las llaves no me ha sido posible averiguar dnde
las esconde de noche.

CRISTINA.

Tia, la llave de loba, creo que se la pone entre las faldas de la
camisa.

LORENZA.

No lo creas, sobrina: que yo duermo con l y jams le he visto, ni
sentido que tenga llave alguna.

CRISTINA.

Y mas, que toda la noche anda como trasgo por toda la casa; y si
acaso dan alguna msica en la calle, les tira de pedradas porque se
vayan: es un malo, es un brujo, es un viejo, que no tengo mas que
decir.

LORENZA.

Seora Hortigosa, vyase, no venga el gruidor y la halle conmigo:
que seria echarlo  perder todo; y lo que ha de hacer, hgalo luego:
que estoy tan aburrida, que no me falta sino echarme una soga al
cuello, para salir de tan mala vida.

HORTIGOSA.

Quiz con esta que ahora se comenzar, se le quitar toda esa mala
gana, y le vendr otra mas saludable, y que mas la contente.

CRISTINA.

Asi suceda; aunque me costase  m un dedo de la mano: que quiero
mucho  mi seora tia, y me muero de verla tan pensativa y angustiada
en poder de este viejo y reviejo: y mas que viejo; y no me puedo
hartar de decille viejo.

LORENZA.

Pues en verdad que te quiere bien, Cristina.

CRISTINA.

Deja por eso de ser viejo? Cuanto mas, que yo he oido decir que
siempre los viejos son amigos de nias.

HORTIGOSA.

Asi es la verdad, Cristina, y  Dios, que en acabando de comer doy
la vuelta. Usted est muy en lo que dejamos concertado, y ver cmo
salimos y entramos bien en ello.

CRISTINA.

Seora Hortigosa, hgame merced de traerme  m un frailecico
pequeito, con quien yo me huelgue.

HORTIGOSA.

Yo se le traer  la nia pintado.

CRISTINA.

Que no le quiero pintado, sino vivo, vivo, chiquito como unas perlas.

LORENZA.

Y si lo ve tio?

CRISTINA.

Dirle yo que es un duende, y tendr de l miedo, y holgarme yo.

HORTIGOSA.

Digo que yo le trair; y  Dios.

(_Vse Hortigosa._)

CRISTINA.

Mire, tia, si Hortigosa trae algun galan, y  m el frailecico, y si
seor los viere, no tenemos mas que hacer, sino cogerle entre todos,
y ahogarle, y echarle en el pozo  enterrarle en la caballeriza.

LORENZA.

Tal eres t, que creo lo harias mejor que lo dices.

CRISTINA.

Pues no sea l viejo zeloso, y djenos vivir en paz; pues no le
hacemos mal alguno, y vivimos como unas santas.

(_ntranse._)


  _Salen Caizares, viejo, y un compadre suyo._

CAIZARES.

Seor compadre, seor compadre: el setenton que se casa con quince,
 carece de entendimiento,  tiene gana de visitar el otro mundo lo
mas presto que le sea posible. Apenas me cas con doa Lorencica,
pensando tener en ella compaa y regalo, y persona que se hallase en
mi cabecera, y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte, cuando me
embistieron una turba multa de trabajos y desasosiegos: tenia casa y
busqu casar: estaba pesado y desposme.

COMPADRE.

Compadre, error fue, pero no muy grande; porque segun el dicho del
apstol, mejor es casarse que abrasarse.

CAIZARES.

Que no habia de abrasar en m, seor compadre, que con la menor
llamarada quedra hecho ceniza: compaa quise, compaa busqu,
compaa hall; pero Dios lo remedie, por quien l es.

COMPADRE.

Tiene zelos, seor compadre?

CAIZARES.

Del sol que mira  Lorencita, del aire que le toca, de las faldas que
la vapulean.

COMPADRE.

Dle ocasion?

CAIZARES.

Ni por pienso, ni tiene por qu, ni cmo, ni cundo, ni  dnde: las
ventanas, amen de estar con llave, las guarnecen rejas, y celosas:
las puertas jams se abren: vecina no atraviesa mis umbrales, ni
los atravesar mientras Dios me diera vida. Mirad, compadre, no les
vienen los malos aires  las mujeres de ir  los jubileos, ni  las
procesiones, ni  todos los actos de regocijos pblicos: donde ellas
se mancan, donde ellas se estropean, y  donde ellas se daan, es en
casa de las vecinas, y de las amigas: mas maldades encubre una mala
amiga, que la capa de la noche: mas conciertos se hacen en su casa y
mas se concluyen, que en una asamblea.

COMPADRE.

Yo asi lo creo; pero si la seora doa Lorenza no sale de casa, ni
nadie entra en la suya, de qu vive descontento mi compadre?

CAIZARES.

De que no pasar mucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le
falta: que ser un mal caso, y tan malo, que en solo en pensallo le
temo, y de temerle me desespero, y de desesperarme vivo con disgusto.

COMPADRE.

Y con razon se puede tener ese temor; porque las mujeres querrian
gozar enteros los frutos del matrimonio.

CAIZARES.

La mia los goza doblados.

COMPADRE.

Ah est el dao, seor compadre.

CAIZARES.

No, no, ni por pienso; porque es mas simple Lorencica que una paloma,
y hasta agora no entiende nada de esas filateras[36]; y  Dios,
seor compadre, que me quiero entrar en casa.

COMPADRE.

Yo quiero entrar all, y ver  mi seora doa Lorenza.

CAIZARES.

Habeis de saber, compadre, que los antiguos latinos usaban de un
refran, que decia: _amicus usque ad aras_, que quiere decir: el amigo
hasta el altar; infiriendo que el amigo ha de hacer por su amigo todo
aquello que no fuere contra Dios; y yo digo, que mi amigo _usque ad
portam_, hasta la puerta, que ninguno ha de pasar mis quicios; y 
Dios, seor compadre, y perdneme.

(_ntrase Caizares._)

COMPADRE.

En mi vida he visto hombre mas recatado, ni mas zeloso, ni
mas impertinente; pero este es de aquellos que traen la soga
arrastrando, y de los que siempre vienen  morir del mal que temen.

(_ntrase el compadre._)


  _Salen doa Lorenza y Cristina._

CRISTINA.

Tia, mucho tarda tio, y mas tarda Hortigosa.

LORENZA.

Mas que nunca l ac viniese, ni ella tampoco; porque l me enfada, y
ella me tiene confusa.

CRISTINA.

Todo es probar, seora tia; y cuando no saliere bien, darle del codo.

LORENZA.

Ay, sobrina! que estas cosas,  yo s poco,  s que todo el dao
est en probarlas.

CRISTINA.

 fe, seora tia, que tiene poco nimo; y que si yo fuera de su edad,
que no me espantran hombres armados.

LORENZA.

Otra vez torno  decir, y dir cien mil veces, que Satans habla en
tu boca: mas ay! cmo se ha entrado, seor?

CRISTINA.

Debe de haber abierto con la llave maestra.

LORENZA.

Encomiendo yo al diablo sus maestras y sus llaves.


  _Sale Caizares_

CAIZARES.

Con quin hablbades, doa Lorenza?

LORENZA.

Con Cristinica hablaba.

CAIZARES.

Miradlo bien, doa Lorenza.

LORENZA.

Digo que hablaba con Cristinica: con quin habia de hablar? Tengo
yo, por ventura, con quin?

CAIZARES.

No querria que tuvisedes algun soliloquio con vos misma, que
redundase en mi perjuicio.

LORENZA.

Ni entiendo esos circunloquios que decs, ni aun los quiero entender;
y tengamos la fiesta en paz.

CAIZARES.

Ni aun las vsperas no querria yo tener en guerra con vos: pero
quin llama  aquella puerta con tanta priesa? Mira, Cristinica,
quin es; y si es pobre, dale limosna y despdele.

CRISTINA.

Quin est ah?

HORTIGOSA.

La vecina Hortigosa es, seora Cristina.

CAIZARES.

Hortigosa y vecina? Dios sea conmigo: pregntale, Cristina, lo que
quiere, y dselo, con condicion que no atraviese estos umbrales.

CRISTINA.

Y qu quiere, seora vecina?

CAIZARES.

El nombre de vecina me turba y sobresalta: llmala por su propio
nombre, Cristina.

CRISTINA.

Responda: y qu quiere, seora Hortigosa?

HORTIGOSA.

Al seor Caizares quiero suplicar un poco, en que me va la honra, la
vida y el alma.

CAIZARES.

Decidle, sobrina,  esa seora, que  m me va todo eso y mas en que
no entre ac dentro.

LORENZA.

Jesus, y qu condicion tan estravagante! Aqu no estoy delante de
vos? Hnme de comer de ojo? Hnme de llevar por los aires?

CAIZARES.

Entre con cien mil bercebues, pues vos lo quereis.

CRISTINA.

Entre, seora vecina.

CAIZARES.

Nombre fatal para m es el de vecina.


  _Entra Hortigosa, y trae un guadamec, y en las pieles de las
  cuatro esquinas han de venir pintados Rodamonte, Mandricardo,
  Rugero y Gradaso: y Rodamonte venga pintado como arrebozado._

HORTIGOSA.

Seor mio de mi alma, movida y incitada de la buena fama de vuestra
merced, de su gran caridad, y de sus muchas limosnas, me he atrevido
de venir  suplicar  vuestra merced me haga tanta merced, caridad y
limosna y buena obra de comprarme este guadamec[37]; porque tengo
un hijo preso por unas heridas que di  un tundidor; y ha mandado
la justicia que declare el cirujano, y no tengo con qu pagalle, y
corre peligro no le echen otros embargos, que podrian ser muchos, 
causa que es muy travieso mi hijo; y querria echarle hoy,  maana,
si fuese posible, de la crcel: la obra es buena, el guadamec nuevo,
y con todo eso le dar por lo que vuestra merced quisiere darme por
l, que en mas est la monta, y como esas cosas he perdido yo en esta
vida: tenga vuestra merced de esa punta, seora mia, y descojmosle,
porque vea el seor Caizares que no hay engao en mis palabras: alce
mas, seora mia, y mire cmo es bueno de caida, y las pinturas de los
cuadros parece que estn vivas.

(_Al alzar y mostrar el guadamec, entra por detrs de l un galan; y
como Caizares ve los retratos, dice_):

CAIZARES.

 qu lindo Rodamonte! Y qu quiere el seor rebozadito en mi
casa? Aun si supiese que tan amigo soy yo de estas cosas, y de estos
rebocitos, espantarsea[38].

CRISTINA.

Seor tio, yo no s nada de rebozados; y si l ha entrado en casa,
la seora Hortigosa tiene la culpa, que  m el diablo me lleve, si
dije, ni hice nada para que l entrase; no en mi conciencia: aun el
diablo seria, si mi seor tio me echase  m la culpa de su entrada.

CAIZARES.

Ya yo lo veo, sobrina, que la seora Hortigosa tiene la culpa; pero
no hay de qu maravillarme, porque ella no sabe mi condicion, ni cun
enemigo soy de aquestas pinturas.

LORENZA.

Por las pinturas lo dice, Cristinica, y no por otra cosa.

CRISTINA.

Pues por esas digo yo. Ay, Dios sea conmigo! Vuelto se me h el
nima al cuerpo, que ya andaba por los aires.

LORENZA.

Quemado vea yo ese pico de once varas: en fin, quien con muchachos se
acuesta, etc.

CRISTINA.

Ay, desgraciada, y en qu peligro pudiera haber puesto toda esta
baraja!

CAIZARES.

Seora Hortigosa, yo no soy amigo de figuras rebozadas ni por
rebozar: tome este doblon, con el cual podr remediar su necesidad,
y vyase de mi casa lo mas presto que pudiere, y ha de ser luego, y
llvese su guadamec.

HORTIGOSA.

Viva vuestra merced mas aos que Matute el de Jerusalem, en vida de
mi seora doa... no s cmo se llama;  quien suplico me mande: que
la servir de noche y de dia, con la vida y con el alma, que la debe
de tener ella como la de una tortolica simple.

CAIZARES.

Seora Hortigosa, abrevie y vyase, y no se est agora juzgando almas
agenas.

HORTIGOSA.

Si vuestra merced hubiere menester algun pegadillo para la madre,
tngolos milagrosos, y si para mal de muelas, s unas palabras que
quitan el dolor como con la mano.

CAIZARES.

Abrevie, seora Hortigosa: que doa Lorenza ni tiene madre, ni dolor
de muelas: que todas las tiene sanas y enteras, que en su vida se ha
sacado muela alguna.

HORTIGOSA.

Ella se las sacar, placiendo al cielo; porque le dar muchos aos de
vida; y la vejez es la total destruccion de la dentadura.

CAIZARES.

Aqu de Dios, que no ser posible que me deje esta vecina. Hortigosa,
 diablo,  vecina,  lo que eres, vete con Dios y djame en mi casa.

HORTIGOSA.

Justa es la demanda; y vuestra merced no se enoje, que ya me voy.

(_Vse Hortigosa._)

CAIZARES.

 vecinas, vecinas! Escaldado quedo aun de las buenas palabras de
esta vecina, por haber salido por boca de vecina.

LORENZA.

Digo que teneis condicion de brbaro y de salvaje; y qu ha dicho
esta vecina, para que quedeis con ojeriza contra ella? Todas vuestras
buenas obras las haceis en pecado mortal: dstesle dos docenas de
reales, acompaados con otras dos docenas de injurias, boca de lobo,
lengua de escorpion, y silo de malicias.

CAIZARES.

No, no,  mal viento va esta parva: no me parece bien que volvais
tanto por vuestra vecina.

CRISTINA.

Seora tia, ntrese all dentro y desenjese; y deje  tio que parece
que est enojado.

LORENZA.

Asi lo har, sobrina; y aun quiz no me ver la cara en estas dos
horas; y  fe, que yo se la d  beber por mas que la rehuse.

(_ntrase doa Lorenza._)

CRISTINA.

Tio, no ve cmo ha cerrado de golpe? Y creo que va  buscar una
tranca para asegurar la puerta.

LORENZA. (_por dentro._)

Cristinica? Cristinica?

CRISTINA.

Qu quiere, tia?

LORENZA.

Si se supiese qu galan me ha deparado la buena suerte! Mozo, bien
dispuesto, pelinegro y que le huele la boca  mil azahares.

CRISTINA.

Jesus, y qu locuras, y qu nieras! Est loca, tia?

LORENZA.

No estoy sino en todo mi juicio; y en verdad, que si le vieses, que
se te alegrase el alma.

CRISTINA.

Jesus, y qu locuras, y qu nieras! Rala, tio, porque no se
atreva ni aun burlando  decir deshonestidades.

CAIZARES.

Bobeas, Lorenza? Pues  fe, que no estoy yo de gracia para sufrir
esas burlas.

LORENZA.

Que no son sino veras, y tan veras, que en este gnero no pueden ser
mayores.

CRISTINA.

Jesus, y qu locuras, y qu nieras! Y dgame, tia, est ah
tambien mi frailecito?

LORENZA.

No, sobrina; pero otra vez vendr, si quiere Hortigosa la vecina.

CAIZARES.

Lorenza, d lo que quisieres; pero no tomes en tu boca el nombre de
vecina, que me tiemblan las carnes en oirle.

LORENZA.

Tambien me tiemblan  m por amor de la vecina.

CRISTINA.

Jesus, y qu locuras, y qu nieras!

LORENZA.

Ahora echo de ver quin eres, viejo maldito, que hasta aqu he vivido
engaada contigo.

CRISTINA.

Rala, tio, rala, tio, que se desvergenza mucho.

LORENZA.

Lavar quiero  un galan las pocas barbas que tiene, con una baca
llena de agua de ngeles, porque su cara es como la de un ngel
pintado.

CRISTINA.

Jesus, y qu locuras, y qu nieras! Despedcela, tio.

CAIZARES.

No la despedazar yo  ella, sino  la puerta que la encubre.

LORENZA.

No hay para qu, vela aqu abierta: entre, y ver cmo es verdad
cuanto le he dicho.

CAIZARES.

Aunque s que te burlas, s entrar para desenojarte.

(_Al entrar Caizares dnle con una baca de agua en los ojos: l
vse  limpiar: acuden sobre l Cristina y doa Lorenza, y en este
nterin sale el galan, y vse._)

CAIZARES.

Por Dios, que por poco me cegras, Lorenza: al diablo se dan las
burlas que se arremeten  los ojos.

LORENZA.

Mirad con quien me cas mi suerte, sino con el hombre mas malicioso
del mundo: mirad como di crdito  mis mentiras, por su... fundadas
en materia de zelos: que menoscabada y asendereada sea mi ventura:
pagad, vosotros, cabellos, las deudas de este viejo: llorad,
vosotros, ojos, las culpas de este maldito: mirad en lo que tiene
mi honra y mi crdito, pues de las sospechas hace certezas, de las
mentiras verdades, de las burlas veras, y de los entretenimientos
maldiciones. Ay, que se me arranca el alma!

CRISTINA.

Tia, no d tantas voces, que se juntar la vecindad.

JUSTICIA. (_De dentro._)

Abran esas puertas: abran luego, sino echarlas en el suelo.

LORENZA.

Abre, Cristinica, y sepa todo el mundo mi inocencia y la maldad de
este viejo.

CAIZARES.

Vive Dios, que cre que te burlabas: Lorenza, calla.


  _Entran el Alguacil y los msicos, y el bailarin y la Hortigosa._

ALGUACIL.

Qu es esto? qu pendencia es esta? quin daba aqu voces?

CAIZARES.

Seor, no es nada; pendencias son entre marido y mujer, que luego se
pasan.

MSICO.

Por Dios, que estbamos mis compaeros y yo, que somos msicos, aqu
pared y medio, en un desposorio, y  las voces hemos acudido, con no
pequeo sobresalto, pensando que era otra cosa.

HORTIGOSA.

Y yo tambien, en mi nima pecadora.

CAIZARES.

Pues en verdad, seora Hortigosa, que si no fuera por ella, que no
hubiera sucedido nada de lo sucedido.

HORTIGOSA.

Mis pecados lo habrn hecho: que soy tan desdichada, que sin saber
por donde, ni por donde no, se me echan  m las culpas que otros
cometen.

CAIZARES.

Seores, vuestras mercedes todos se vuelvan norabuena, que yo les
agradezco su buen deseo, que ya yo y mi esposa quedamos en paz.

LORENZA.

S quedar, como le pida perdn primero  la vecina, si alguna cosa
mala pens contra ella.

CAIZARES.

Si  todas las vecinas de quien yo pienso mal hubiese de pedir
perdn, seria nunca acabar; pero con todo eso, yo se le pido  la
seora Hortigosa.

HORTIGOSA.

Y yo le otorgo para aqu y para delante de Pero Garca.

MSICO.

Pues en verdad, que no habemos de haber venido en balde: toquen mis
compaeros, y baile el bailarin, y regocjense las paces con esta
cancion.

CAIZARES.

Seores, no quiero msica: yo la doy por recibida.

MSICOS.

  Pues aunque no la quiera:
  El agua de por San Juan,
  Quita vino y no da pan.
  Las rias de por San Juan,
  Todo el ao paz nos dan
  Llover el trigo en las eras,
  Las vias estando en cierne:
  No hay labrador que gobierne
  Bien sus cubas y paneras:
  Mas las rias mas de veras,
  Si suceden por San Juan,
  Todo el ao paz nos dan.
  Por la cancula ardiente
  Est la clera  punto;
  Pero pasando aquel punto,
  Menos activa se siente.
  Y asi el que dice, no miente,
  Que las rias por San Juan,
  Todo el ao paz nos dan.

(_Baila._)

  Las rias de los casados,
  Como aquesta siempre sean,
  Para que despues se vean,
  Sin pensar, regocijados.
  Sol que sale tras nublados,
  Es contento tras afan:
  Las rias de por San Juan,
  Todo el ao paz nos dan.

CAIZARES.

Porque vean vuesas mercedes las vueltas y revueltas en que me ha
puesto una vecina, y si tengo razon de estar mal con las vecinas.

LORENZA.

Aunque mi esposo est mal con las vecinas, yo beso  vuestras
mercedes las manos, seoras vecinas.

CRISTINA.

Y yo tambien: mas si mi vecina me hubiera traido mi frailecico, yo la
tuviera por mejor vecina; y  Dios, seoras vecinas.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DE LA ELECCION DE LOS ALCALDES
  DE DAGANZO_.


  _Salen el Bachiller Pesua, Pedro Estornudo, Escribano, Panduro,
  Regidor, y Alonso Algarroba, Regidor._

PANDURO.

  Rellnense, que todo saldr  cuajo,
  Si es que lo quiere el cielo benditsimo.

ALONSO.

  Mas echmoslo  doce, y no se venda:
  Paz, que no ser mucho que salgamos
  Bien del negocio, si lo quiere el cielo:
  Que quiera  que no quiera, es lo que importa.

PANDURO.

  Algarroba, la lengua se os deslicia:
  Habrad acomedido, y de buen rejo:
  Que no me suenan bien esas palabras,
  Quiera  no quiera el cielo: por san Junco,
  Que como presoms de resabido,
  Os arrojais  troche moche en todo.

ALGARROBA.

  Cristiano viejo soy  todo ruedo,
  Y creo en Dios  pies jontillas.

BACHILLER.

                                   Bueno:
  No hay mas que desear.

ALGARROBA.

                         Y si por suerte
  Habl mal, yo confieso que soy ganso,
  Y doy lo dicho por no dicho.

ESCRIBANO.

                               Basta:
  No quiere Dios del pecador mas malo,
  Sino que viva y se arrepienta.

ALGARROBA.

                                 Digo
  Que vivo, y me arrepiento, y que conozco
  Que el cielo puede hacer lo que l quisiere,
  Sin que nadie le pueda ir  la mano,
  Especial cuando llueve.

PANDURO.

                          De las nubes,
  Algarroba, cae el agua, no del cielo.

ALGARROBA.

  Cuerpo del mundo, si es que aqu venimos
   reprochar los unos  los otros,
  Dganmoslo: que  fe que no le falten
  Reproches  Algarroba  cada paso.

BACHILLER.

  _Redeamus ad rem_, seor Panduro,
  Y seor Algarroba: no se pase
  El tiempo en nieras escusadas.
  Juntmonos aqu para disputas
  Impertinentes? Bravo caso es este,
  Que siempre que Panduro y Algarroba
  Estn juntos, al punto se levantan
  Entre ellos mil borrascas y tormentas
  De mil contradictorias intenciones.

ESCRIBANO.

  El seor bachiller Pesua tiene
  Demasiada razon: vngase al punto,
  Y mrese qu alcaldes nombraremos
  Para el ao que viene, que sean tales,
  Que no los pueda calumniar Toledo,
  Sino que los confirme y d por buenos,
  Pues para esto ha sido nuestra junta.

PANDURO.

  De las varas hay cuatro pretensores:
  Juan Berrocal, Francisco de Humillos,
  Miguel Jarrete y Pedro de la Rana,
  Hombres todos de chapa y de caletre,
  Que pueden gobernar, no que  Daganzo,
  Sino  la misma Roma.

ALGARROBA.

                         Romanillos.

ESCRIBANO.

  Hay otro apuntamiento? Por san Pito,
  Que me salga del corro.

ALGARROBA.

                          Bien parece
  Que se llama Estornudo el escribano,
  Que asi se le encarama y sube el humo:
  Sosiguese, que yo no dir nada.

PANDURO.

  Hallarse han por ventura en todo el sorbe?

ALGARROBA.

  Qu sorbe, sorbe huevos? Orbe diga
  El discreto Panduro, y serle h sano.

PANDURO.

  Digo que en todo el mundo no es posible
  Que se hallen cuatro ingenios como aquestos
  De nuestros pretensores.

ALGARROBA.

                           Por lo menos
  Yo s que Berrocal tiene el mas lindo
  Distinto.

ESCRIBANO.

            Para qu?

ALGARROBA.

                       Para ser sacre
  En esto de mojon y catavinos.
  En mi casa prob los dias pasados
  Una tinaja, y dijo que sabia
  El claro vino  palo,  cuero y hierro:
  Acab la tinaja su camino,
  Y hallse en el asiento de ella un palo
  Pequeo, y de l penda una correa
  De cordoban y una pequea llave.

ESCRIBANO.

   rara habilidad!  raro ingenio!
  Bien puede gobernar el que tal sabe,
   Alanis y  Cazalla y aun  Esquivias.

ALGARROBA.

  Miguel Jarrete es guila.

BACHILLER.

                            En qu modo?

ALGARROBA.

  En tirar con un arco de bodoques.

BACHILLER.

  Qu tan certero es?

ALGARROBA.

                       Es de manera,
  Que si no fuese porque los mas tiros
  Se da en la mano izquierda, no habria pjaro
  En todo este contorno.

BACHILLER.

                         Para alcalde
  Es rara habilidad y necesaria.

ALGARROBA.

  Qu dir de Francisco de Humillos?
  Un zapato remienda como un sastre.
  Pues Pedro de la Rana, no hay memoria
  Que  la suya se iguale: en ella tiene
  Del antiguo y famoso perro de Alva
  Todas las coplas, sin que letra falte.

PANDURO.

  ste lleva mi voto.

ESCRIBANO.

                      Y aun el mio.

ALGARROBA.

   Berrocal me atengo.

BACHILLER.

                        Yo  ninguno,
  Si es que no dan mas pruebas de su ingenio,
   la jurisprudencia encaminadas.

ALGARROBA.

  Yo dar un buen remedio y es aqueste:
  Hagan entrar los cuatro pretendientes,
  Y el seor bachiller Pesua puede
  Examinarlos, pues el arte sabe,
  Y conforme  su ciencia, asi veremos
  Quin podr ser nombrado para el cargo.

ESCRIBANO.

  Vive Dios, que es rarsima advertencia.

PANDURO.

  Aviso es, que podr servir de arbitrio
  Para su jamestad: que como en corte
  Hay potra mdicos, haya potra alcaldes.

ALGARROBA.

  Prota, seor Panduro, que no potra.

PANDURO.

  Como vos no hay friscal en todo el mundo.

ALGARROBA.

  Fiscal, pese  mis males.

ESCRIBANO.

                            Por Dios Santo,
  Que es Algarroba impertinente.

ALGARROBA.

                                 Digo,
  Que pues se hace exmen de barberos,
  De herradores, de sastres, y se hace
  De cirujanos y otras zarandajas,
  Tambien se examinasen para alcaldes,
  Y al que se hallase suficiente y hbil
  Para tal menester, que se le diese
  Carta de exmen, con la cual podria
  El tal examinado remediarse;
  Porque de lata en una blanca caja,
  La carta acomodando merecida,
   tal pueblo podr llegar el pobre,
  Que le pesen  oro: que hay ogao
  Caresta de alcaldes de caletre,
  En lugares pequeos casi siempre.

BACHILLER.

  Ello est muy bien dicho y bien pensado:
  Llamen  Berrocal, entre, y veamos
  Donde llega la raya de su ingenio.

ALGARROBA.

  Humillos, Rana, Berrocal, Jarrete,
  Los cuatro pretensores se han entrado:


  _Entran estos cuatro labradores._

  Ya los tienes presentes.

BACHILLER.

                           Bien venidos
  Sean vuesas mercedes.

BERROCAL.

                        Bien hallados
  Vuesas mercedes sean.

PANDURO.

                        Acomdense
  Que asientos sobran.

HUMILLOS.

                       Sintome y me siento.

JARRETE.

  Todos nos sentaremos, Dios loado.

RANA.

  De qu os sents, Humillos?

HUMILLOS.

                               De que vaya
  Tan  la larga nuestro nombramiento.
  Hmoslo de comprar  gallipavos,
   cntaros de arrope y  abiervadas,
  Y botas de lo aejo tan crecidas,
  Que se arremetan  ser cueros? Dganlo,
  Y pondrse remedio y diligencia.

BACHILLER.

  No hay sobornos aqu: todos estamos
  De un comun parecer, y es: que el que fuere
  Mas hbil para alcalde, ese se tenga
  Por escogido y por llamado.

RANA.

                              Bueno:
  Yo me contento.

BERROCAL.

                  Y yo.

BACHILLER.

                        Mucho, en buen hora.

HUMILLOS.

  Tambien yo me contento.

JARRETE.

                          De ello gusto.

BACHILLER.

  Vaya de exmen, pues.

HUMILLOS.

                        De exmen venga.

BACHILLER.

  Sabeis leer, Humillos?

HUMILLOS.

                          No por cierto,
  Ni tal se probar que en mi linage
  Haya persona de tan poco asiento,
  Que se ponga  aprender esas quimeras
  Que llevan  los hombres al brasero[39],
  Y  las mugeres  la casa llana[40].
  Leer no s; mas s otras cosas tales,
  Que llevan al leer ventajas muchas.

BACHILLER.

  Y cules cosas son?

HUMILLOS.

                       S de memoria
  Todas cuatro oraciones, y las rezo
  Cada semana cuatro y cinco veces.

RANA.

  Y con eso pensais de ser alcalde?

HUMILLOS.

  Con esto, y con ser cristiano viejo,
  Me atrevo  ser un senador romano.

BACHILLER.

  Est muy bien, Jarrete diga agora
  Qu es lo que sabe.

JARRETE.

                      Yo, seor Pesua,
  S leer, aunque poco: deletreo,
  Y ando en el beaba bien h tres meses,
  Y en cinco mas dar con ello  un cabo;
  Y adems de esta ciencia, que ya aprendo,
  S alzar un arado bravamente,
  Y herrar, casi en tres horas, cuatro pares
  De novillos briosos, y cerreros:
  Soy sano de mis miembros, y no tengo
  Sordez, ni cataratas, tos, ni reumas;
  Y soy cristiano viejo como todos,
  Y tiro con un arco como un Tulio.

ALGARROBA.

  Raras habilidades para alcalde,
  Necesarias y muchas.

BACHILLER.

                       Adelante:
  Qu sabe Berrocal?

BERROCAL.

                      Tengo en la lengua
  Toda mi habilidad, y en la garganta:
  No hay mojon en el mundo que me llegue:
  Sesenta y seis sabores estampados
  Tengo en el paladar, todos vinticos.

ALGARROBA.

  Y quiere ser alcalde?

BERROCAL.

                         Y lo requiero.
  Pues cuando estoy armado  lo de Baco,
  Asi se me aderezan los sentidos
  Que me parece  m que en aquel punto
  Podria prestar leyes  Licurgo,
  Y limpiarme con Brtulo.

PANDURO.

                           Pasito,
  Que estamos en concejo.

BERROCAL.

                          No soy nada
  Melindroso, ni puerco: slo digo
  Que no se me malogre mi justicia,
  Que echar el bodegon por la ventana.

BACHILLER.

  Amenazas aqu? Por vida mia,
  Mi seor Berrocal, que valen poco.
  Qu sabe Pedro Rana?

RANA.

                        Como rana
  Habr de cantar mal; pero con todo
  Dir mi condicion y no mi ingenio.
  Yo, seores, si acaso fuese alcalde,
  Mi vara no seria tan delgada
  Como las que se usan de ordinario:
  De una encina  de un roble la haria,
  Y gruesa de dos dedos, temeroso
  Que no me la encorvase el dulce peso
  De un bolson de ducados, ni otras ddivas,
   ruegos,  promesas,  favores,
  Que pesan como plomo, y no se sienten
  Hasta que os han brumado las costillas
  Del cuerpo y alma: y junto con aquesto
  Seria bien criado y comedido,
  Parte severo, y nada rigoroso:
  Nunca deshonraria al miserable
  Que ante m le trajesen sus delitos:
  Que suele lastimar una palabra
  De un juez arrojado, de afrentosa,
  Mucho mas que lastma su sentencia,
  Aunque en ella se intime cruel castigo.
  No es bien que el poder quite la crianza,
  Ni que la sumision de un delincuente
  Haga el juez soberbio y arrogante.

ALGARROBA.

  Vive Dios, que ha cantado nuestra Rana
  Mucho mejor que un cisne cuando muere!

PANDURO.

  Mil sentencias ha dicho censorinas.

ALGARROBA.

  De Caton Censorino; bien ha dicho
  El regidor Panduro.

PANDURO.

                      Reprochadme.

ALGARROBA.

  Su tiempo se vendr.

ESCRIBANO.

                       Nunca ac venga:
  Terrible inclinacion es, Algarroba,
  La vuestra en reprochar.

ALGARROBA.

                           No mas, so escriba.

ESCRIBANO.

  Qu escriba, fariseo?

BACHILLER.

                         Por san Pedro,
  Que son muy demasiadas demasas
  Estas.

ALGARROBA.

         Yo me burlaba.

ESCRIBANO.

                        Y yo me burlo.

BACHILLER.

  Pues no se burlen mas, por vida mia.

ALGARROBA.

  Quien miente, miente.

ESCRIBANO.

                        Y quien verdad pronuncia,
  Dice verdad.

ALGARROBA.

               Verdad.

ESCRIBANO.

                       Pues punto en boca.

HUMILLOS.

  Esos ofrecimientos que ha hecho Rana,
  Son de lejos.  fe que si l empua
  Vara, que l se trueque y sea otro hombre
  Del que ahora parece.

BACHILLER.

                        Est de molde
  Lo que Humillos ha dicho.

HUMILLOS.

                            Y mas aado,
  Que si me dan la vara, vern como
  No me mudo, ni trueco, ni me cambio.

BACHILLER.

  Pues veis aqu la vara, y haced cuenta
  Que sois alcalde ya.

ALGARROBA.

                       Cuerpo del mundo!
  La vara le dan zurda.

HUMILLOS.

                        Cmo zurda?

ALGARROBA.

  Pues no es zurda esta vara? Un sordo  mudo
  Lo podr echar de ver desde una legua.

HUMILLOS.

  Cmo, pues, si me dan zurda la vara,
  Quieren que juzgue yo derecho?

ESCRIBANO.

                                 El diablo
  Tiene en el cuerpo este Algarroba: miren
  Donde jams se han visto varas zurdas.


  _Entra uno._

UNO.

  Seores, aqu estn unos gitanos,
  Con unas gitanillas milagrosas;
  Y aunque la ocupacion se les ha dicho
  En que estn sus mercedes, todava
  Porfian que han de entrar  dar solacio
   sus mercedes.

BACHILLER.

                  Entren; y veremos
  Si nos podrn servir para la fiesta
  Del Crpus, de quien yo soy mayordomo.

PANDURO.

  Entren mucho en buen hora.

BACHILLER.

                             Entren luego.

HUMILLOS.

  Por m ya los deseo.

JARRETE.

                       Pues yo pajas.

RANA.

  Ellos no son gitanos? pues adviertan,
  Que nos hurten las narices.

UNO.

                              Ellos
  Sin que los llamen vienen; ya estn dentro.


  _Entran los msicos de gitanos, y dos gitanas bien aderezadas;
  y al sn de este romance, que han de cantar los msicos, ellas
  dancen_:

MSICOS

    Reverencia os hace el cuerpo,
    Regidores de Daganzo,
    Hombres buenos de repente,
    Hombres buenos de pensado,
    De caletre prevenidos
    Para proveer los cargos,
    Que la ambicion solicita
    Entre moros y cristianos.
    Parece que os hizo el cielo,
    El cielo, digo, estrellado,
    Sansones para las letras,
    Y para las fuerzas Brtulos.

JARRETE.

  Todo lo que se canta toca  historia.

HUMILLOS.

  Ellas y ellos son nicos y ralos.

ALGARROBA.

  Algo tienen de espesos.

BACHILLER.

                          Ea, _sufficit_.

MSICOS.

    Como se mudan los vientos,
    Como se mudan los ramos,
    Que desnudos en invierno
    Se visten en el verano,
    Mudaremos nuestros bailes
    Por puntos, y  cada paso;
    Pues mudarse las mujeres,
    No es nuevo ni estrao caso.

  Vivan de Daganzo los regidores,
  Que parecen palmas, puesto que son robles.

(_Bailan._)

JARRETE.

  Brava trova, por Dios!

HUMILLOS.

                          Y muy sentida.

BERROCAL.

  Estas se han de imprimir, para que quede
  Memoria de nosotros en los siglos
  De los siglos, amen.

BACHILLER.

                       Callen, si pueden.

MSICOS.

    Vivan, y revivan,
    Y en siglos veloces
    Del tiempo los dias
    Pasen con las noches,
    Sin trocar la edad,
    Que treinta aos forme,
    Ni tocar las hojas
    De sus alcornoques.
    Los vientos que anegan,
    Si contrarios corren,
    Cual zfiros blandos
    En sus mares soplen.

  Vivan de Daganzo los regidores,
  Que palmas parecen, puesto que son robles.

BACHILLER.

  El estrivillo en parte me desplace;
  Pero con todo, es bueno.

BERROCAL.

                           Ea, callemos.

MSICOS.

    Pisar yo el polvico,
     tan menudico,
    Pisar yo el polv,
     tan menud.

PANDURO.

  Estos msicos hacen pepitoria
  De su cantar.

HUMILLOS.

                Son diablos los gitanos.

MSICOS.

    Pisar yo la tierra,
    Por mas que est dura,
    Puesto que me abra en ella
    Amor sepultura,
    Pues ya mi buena ventura
    Amor la pis;
     tan menud.
    Pisar yo lozana
    El mas duro suelo,
    Si en l acaso pisas
    El mal que recelo;
    Mi bien se ha pasado en vuelo,
    Y el polvo dej
     tan menud.


  _Entra un Sota-Sacristan muy mal endeliado._

SACRISTAN.

  Seores regidores, voto  dico,
  Que es de bellacos tanto pasatiempo.
  Asi se rige el pueblo, noramala,
  Entre guitarras, bailes y bureos?

BACHILLER.

  Agarradle, Jarrete.

JARRETE.

                      Ya le agarro.

BACHILLER.

  Traigan aqu una manta, que por Cristo,
  Que se ha de mantear este bellaco,
  Necio, desvergonzado  insolente,
  Y atrevido adems.

SACRISTAN.

                     Oigan, seores.

ALGARROBA.

  Volver con la manta  las volandas.

(_ntrase Algarroba haciendo gestos al sacristan._)

SACRISTAN.

  Miren que les intmo que soy prsbiter.

BACHILLER.

  T presbtero, infame?

SACRISTAN.

                          Yo presbtero.
   de prima tonsura, que es lo mismo.

PANDURO.

  Agora lo veredes, dijo Agrages.

SACRISTAN.

  No hay agrages aqu.

BACHILLER.

                       Pues habr grajos
  Que te piquen la lengua y aun los ojos.

RANA.

  Dime, desventurado, qu demonio
  Se revisti en tu lengua? Quin te mete
   t en reprender  la justicia?
  Has t de gobernar  la repblica?
  Mtete en tus campanas y en tu oficio:
  Deja  los que gobiernan, que ellos saben
  Lo que han de hacer, mejor que no nosotros:
  Si fueren malos, ruega por su enmienda;
  Si buenos, porque Dios no nos los quite.

BACHILLER.

  Nuestro Rana es un santo y un bendito.


  _Vuelve Algarroba, que trae la manta al hombro arrastrando por
  detrs._

ALGARROBA.

  No ha de quedar por manta.

BACHILLER.

                             Asgan, pues, todos,
  Sin que queden gitanos ni gitanas:
  Arriba, amigos.

SACRISTAN.

                  Por Dios que va de veras.
  Vive Dios, si me enojo, que bonito
  Soy yo para estas burlas: por san Pedro,
  Que estn descomulgados todos cuantos
  Han tocado los pelos de la manta.

RANA.

  Basta, no mas: aqu cese el castigo,
  Que el pobre debe estar arrepentido.

SACRISTAN.

  Y molido, que es mas. De aqu adelante
  Me coser la boca con dos cabos
  De zapatero.

RANA.

               Aqueso es lo que importa.

BACHILLER.

  Vnganse los gitanos  mi casa,
  Que tengo que decilles.

GITANO.

                          Tras t vamos.

BACHILLER.

  Quedarse ha la eleccion para maana;
  Y desde luego doy mi voto  Rana.

GITANO.

  Cantaremos, seor?

BACHILLER.

                      Lo que quisiredes.

PANDURO.

  No hay quien cante cual nuestra Rana canta.

JARRETE.

  No solamente canta, sino encanta.

(_ntranse cantando_ Pisar yo el polvico.)


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DE LA CRCEL DE SEVILLA_.[41]


  _Suena adentro ruido de grillos, crcel y presos, y dicen, sin
  salir afuera:_

GARAY.

Abre aqu, Alcaide; que nos comen chinches.

SOLAPO.

Abra aqu, so Alcaide; que nos comen garrapatas.

PAISANO.

Squenos  mear, seor Alcaide.


  _Salen Garay y Solapo y Paisano, con grillos en los pies, y
  guitarras._

GARAY.

Loado sea Dios, que veo el cielo de Cristo.

SOLAPO.

Loado sea Dios, que veo el nubfero.

PAISANO.

Loado sea Dios, que veo el Sempiterno.

SOLAPO.

Seores mios, todos con guitarras, qu es esto?

PAISANO.

Ya sabr voac que compuse sobre aquella letrilla, que dice: Cantando
reniego.

GARAY.

Que voac compuso?

PAISANO.

S, seor.

GARAY.

Yo tambien.

PAISANO.

Y voac y todo? Pues escuche voac la mia.

(_Taen, y canta Paisano._)

PAISANO.

    Alta mar esquiva,
  de t doy querella:
  siete aos anduve
  por fuerza en galeras,
  ni com pan tierno,
  ni la carne fresca;
  siempre anduve en corso,
  nunca salt en tierra,
  sino en una isla
  llamada Cerdea;
  y agora en prision,
  que es la mayor pena!
  La mayor que siento
  son celos de aquella
  Beltrana la brava,
  que fue la primera
  que me hinch este gusto,
  y la faltriquera.
  Alzla Gorseo,
  llevla  Antequera,
  y al padre ordinario
  la entrega y empea;
  y alguno que canta,
  cantando reniega.

(_Dicen todos  una._)

TODOS.

Bueno, vctor, bueno!

GARAY.

Agora va la mia, escuchen voacedes.

    Peor es la mia,
  porque es otra queja:
  estoy sentenciado
   diez de galeras,
  del fiscal padrastro.
  Mi Dios me defienda
  de los soplavivos
  y la corchetea,
  de los centenarios,
  verdugo y la penca;
  y alguno que canta,
  cantando reniega.

TODOS.

Vctor, bueno, vctor!

SOLAPO.

Agora, pues, vaya la mia; escuchen voacedes.

    Peor es la mia,
  que es otra querella
  que tienen conmigo
  presos de la trena.
  Cuchillos de cachas,
  taladro y barrena,
  el ojo avizor
  todo el hombre tenga;
  porque si acometen,
  tengamos defensa
  y mis camaradas
  hagan resistencia.
  Suenen los valientes
  de la crcel fuera.
  Y alguno que canta,
  cantando reniega.


  _Suena ruido dentro de presos y grillos,  modo de pendencia,
  y salen afuera, unos por una parte, y otros por otra, riendo
  con almaradas y cuchillos; y saldr el Alcaide, y ellos huirn
  dentro. Y quedan solos Barragan, el Paisano y el Alcaide._

ALCAIDE.

Qu ruido es ste? Por vida del Rey, que he de pasar alguno  la
otra crcel,  que ha de dormir en el cepo.

BARRAGAN.

Cuando voac haga pasar alguno  la otra crcel, hay aqu hombres que
no se les da sta.

(_Da una castaeta._)

PAISANO.

Cuando voac haga pasar alguno  la otra crcel, hay aqu alguno que
no se le dar nada; y voto  Cristo, que ha de soterrar alguno algun
pual, que no se le saque del cuerpo otro que Dios.

ALCAIDE.

Por vida de quien soy, que si yo puedo, que no ha de haber en mi
crcel horro de ladrones.

PAISANO.

Seor Alcaide, que todos hurtamos, todos entendemos de la manifatura,
estender la cerra, y meter el dinero en la faltriquera, y decir: No
hay para qu[42].

ALCAIDE.

Qu es esto, Barragan? Ya tomais vos las maas del Paisano?

BARRAGAN.

 lo menos, no dir voac, seor Alcaide, que no hay en la crcel
hombre mas pacfico que yo y el seor Paisano.

ALCAIDE.

Pues sois la principal causa de la pendencia, y decs eso?

PAISANO.

Calle, seor Alcaide, que no sabe nada, aunque perdone: sta no era
pendencia, era un juguete y una manera de retozo; dme voac, que
sta fuera pendencia redomada, que en entendindolo los dos cnsules
que estamos aqu, no hubiera cirujano en Sevilla que no estuviera en
la crcel ocupado, devanando tripas y remendando asaduras.

ALCAIDE.

Vean aqu stos de la braveza, y vienen despues  parar como los
melones de invierno! Agora bien, yo quiero tener mi crcel quieta:
dnme las manos, ir  tomar las de los otros.

BARRAGAN.

So Alcaide, advierta voac, que yo y el seor Paisano tenemos alguna
carga desta pesadumbre; pero aclrome que, en la calle y en la
libertad, cada uno volver por su persona.

ALCAIDE.

Digo que en el navo y crcel, ni en cuerpo de guardia, no hay hombre
cargado, que esto lo he sido por mis pecados; que yo tambien he sido
carga de muladar.

PAISANO.

Calle, seor Alcaide, que no sabe nada; tiempla muy  lo viejo. Basta
agora la mano de amigos; pero en saliendo del purgatorio desta crcel
al cielo de la calle, todo hombre, avizor: porque ha de haber el
punto de almarada, como barbas.

ALCAIDE.

Agora bien, estnse quietos y sosegados.

(_Vse._)

PAISANO.

Quin tiene bueyes, para quitar esta pesadumbre?

BARRAGAN.

En mi rancho los hay. Hola, Coplilla!


  _Sale Coplilla, pcaro._

COPLILLA.

Qu manda voac?

BARRAGAN.

Daca el libro real, impreso con licencia de su magestad.

COPLILLA.

Vle aqu.

BARRAGAN.

Qu  mano le tenias, ladron! Quin tiene granos que jugar?

PAISANO.

Seis granos tengo, y esos juego.

(_Pnense  jugar._)

BARRAGAN.

Alc voac por mano.

PAISANO.

Yo la doy.

BARRAGAN.

Ah la gano.

PAISANO.

Vyase voac, y deje que barahe, que quiero quitar esos encuentros.

BARRAGAN.

Alc voac.

PAISANO.

Scola.

BARRAGAN.

Meto el corazon y las barbas, en saliendo suerte, de lo que fuere, y
dice eso?

PAISANO.

Ah, sotas putas!  la despedida.


  _Sale Garay con la ropilla de Solapo, que se la ha ganado, y sale
  Solapo con l._

SOLAPO.

Seor Garay, voac tiene obligacion de jugar hasta ganarme las prendas
que me quedan; y si no, dgalo el seor Paisano, que es de los taures
de la prima.

PAISANO.

Voac jug?

GARAY.

Seor, s.

PAISANO.

Ganse?

GARAY.

S, seor.

PAISANO.

Pues d la sentencia el seor Barragan, que es hombre que  todos los
hombres del mundo les puede meter la baraha en la boca.

BARRAGAN.

 pagar de mi dinero, est obligado voac  jugar con l hasta
dejarle en carnes como Adan.

SOLAPO.

Pues vayan las prendas que me quedan.

GARAY.

Si esto me gana, me voy  mi rancho, y me cubro la delantera con una
hoja de higuera.


  _Sale el Alcaide y el Escribano._

ALCAIDE.

Paisano, aqu os vienen  notificar una sentencia; psame, que es de
muerte.

ESCRIBANO.

Oid, hermano, lo que os quiero notificar.

PAISANO.

Barahe voac, y quite esos encuentros.

ESCRIBANO.

Oye lo que le digo, hermano?

PAISANO.

Aguarde voac; que mas me va en esto que en esotro.

ESCRIBANO.

Y si bien lo supisedes! Seores, vuesas mercedes sean testigos cmo
el juez que entiende de su causa le condena  muerte.

PAISANO.

 quin?  m?

ESCRIBANO.

No, sino  m!

PAISANO.

Digo la parte!

ESCRIBANO.

Oid, hermano, lo que os vengo  notificar.

PAISANO.

Veamos esta barahunda. Qu buenas pascuas nos viene  notificar?

(_Lee el Escribano la sentencia en voz alta._)

ESCRIBANO.

Fallo que por la culpa que contra Paisano resulta, le debo condenar,
y condeno,  que, de la crcel do est, sea sacado pblicamente en
un asno de albarda, y un pregonero delante que manifieste su delito;
y sea llevado por las calles acostumbradas, y de all sea llevado
 la plaza, donde estar una horca hecha; y della ser colgado del
pescuezo, donde naturalmente muera. Y nadie sea osado  quitarle sin
mi licencia. Y mando, so pena de la vida, etc.

PAISANO.

Quin di esta sentencia?

ESCRIBANO.

El juez que entiende de vuestra causa.

PAISANO.

Pudelo hacer, que es mi juez. Mas dgale voac que sea tan honrado,
que nos veamos en el campo solos, l con su fallo y yo con una espada
de siete palmos; veamos quin mata. Estos juecicos, en tiniendo un
hombre embanastado como besugo, luego le fallan, como espada de la
maesa: Fallo que debo de condenar, y condeno, que sea sacado por las
calles acostumbradas, en un asno de albarda... que todo lo diga.
Vlgate el diablo, sentencia de pepitoria! no es mejor decir que
muera este hombre, y ahorrar de tanta guarnicion?

ESCRIBANO.

Por Dios, que estoy por ponello asi, visto tanta desvergenza.

ALCAIDE.

Vyase vuesa merced, seor Escribano, y no haga caso desta gente
desalmada.

GARAY.

Seor Paisano, llmele voac, y dgale que apela.

PAISANO.

 l digo: ah, seor Escribano! venga ac voac.

ESCRIBANO.

Qu quereis, hermano?

PAISANO.

Cmo se va voac, despues que queda un hombre cargado hasta las
entraas? Ponga ah voac que apelo treinta veces.

ESCRIBANO.

Con una basta. Y para quin diremos que apelais?

PAISANO.

Apelo para Dios, que si yo apelo para esos seores padres de la
audiencia, remediadores de los fallos, pienso que no tendr ningun
remedio.

ESCRIBANO.

Seor Alcaide, oiga vuesa merced una palabra al oido.

(_Hblale al oido, y vse._)

PAISANO.

Ea, qu se quiere hablar al oido?

ALCAIDE.

Hermano, esto va muy de rota; el Escribano me ha notificado que os
suba  la enfermera, y que os ponga el hbito de la Caridad.

PAISANO.

Y no se puede hacer otra cosa, seor Alcaide?

ALCAIDE.

No, hermano; llamad  vuestro procurador, y decid que apelais, por
si esos seores os oyeren, que yo me holgar en el alma.

PAISANO.

Pues, seor Alcaide, voac me haga merced de que no se me ponga el
hbito de la Caridad que sac el ahorcado del otro dia, que estaba
viejo y apolillado, y no me le he de poner por ninguna cosa: que ya
que haya de salir, quiero salir como hombre honrado, y no hecho un
pcaro; que antes me quedar en la crcel.

ALCAIDE.

Yo os dar gusto en eso.

PAISANO.

Y voacedes me harn merced de visitarme en la enfermera, y decirme
las ledanas que se suelen decir  los presos honrados; y de camino
avisarn  la Beltrana,  ver si tiene remedio esta desgracia. Me
recomiendo, reyes mios: no haya lloros, lgrimas ni barahundas, que
me voy  poner bien con el Sempiterno.

(_Vnse el Paisano y el Alcaide._)

SOLAPO.

Por Dios, seor Barragan, que si el Paisano muere, que no queda hombre
que sepa dar un antubion de noche. Digo algo, seor mio?

BARRAGAN.

Por cierto, seor Solapo, que si Paisano muere, que pierde Barragan
el mayor amigo del mundo; porque era grande archivo y cubil de
flores[43] para pobretos. Oiga lo que faltar si muere: la cornica
de los jayanes, murcios, madrugones, cerdas, calabazas, guilas,
aguiluchos, levas, chanzas, descuernos, clareos, guzptaros,
traineles[44];

  y al fin, para desconsuelo
  que nos aumenta el dolor,
  faltar un difinidor
  al trato airado y al duelo.

GARAY.

No queda hombre honrado en todo el mundo, en faltando el Paisano.


  _Sale Torbellina y Beltrana, mujeres de la casa, con mantos
  doblados y mandiles blancos, y su Procurador con ellas._

BELTRANA.

Djame, hermana, con este ladron de Procurador; que yo le araar
toda la cara.

TORBELLINA.

Tnte, hermana, mal haya yo; y vamos  lo que importa.

BELTRANA.

Ay, hermana, que yo me tengo la culpa: que me he dejado engaar
deste ladron de Procurador; pues me ha traido engaada, diciendo que
habia de meter un escrito; y agora le mete, agora le saca; y est
el Paisano condenado  muerte! Djame que le haga rajas entre estas
manos.

PROCURADOR.

Tnte, mujer de los diablos; que te quebrar la cabeza con estas
escribanas.

BELTRANA.

Ay, hermana! Qu es esto? Jesus, que me muero!

(_Desmyase._)

TORBELLINA.

Tngala, seor Procurador; mire que se ha desmayado.

PROCURADOR.

Tnte, mujer de los diablos: aun no basta tener el pleito  cuestas,
sino servir de rodrigon?


  _Sale el Paisano, vestido de ahorcado, y una cruz en la mano, y
  el Alcaide con l._

ALCAIDE.

Ea, Paisano, llamad  Dios, que os ayude en este trance.

BELTRANA.

Ay, sentenciado de mis ojos! qu es esto?

ALCAIDE.

Hola! hola!

(_Mucha grita dentro._)

DENTRO.

Hola! hola!

ALCAIDE.

Quin ha dejado entrar aqu estas mujeres? Echaldas fuera; si no,
por vida de quien soy, que las deje presas.

BELTRANA.

Ay, sentenciado de mi nima y de mi vida!

(_Llora._)

PAISANO.

Quin me ha traido aqu estas ayudas de costa de mal morir?

TORBELLINA.

Qu es esto, Paisano de mis ojos?

(_Llora._)

PAISANO.

Quin ha traido aqu estos teatinos infernales?

BELTRANA.

Ay, que se acaba ya mi regocijo!

TORBELLINA.

Ay, que no tendremos quien nos consuele ya en nuestras borrascas y
naufragios!

PAISANO.

Hoios, bujarras; no me esteis ladrando  las orejas.

ALCAIDE.

Salos all fuera noramala.

PAISANO.

Beltrana, no me digas nada. El alma te encargo, pues el cuerpo te ha
servido en tantas ocasiones; y una de tus amigas (no lo hagas t por
el escndalo que puede haber), cuando estuviere ahorcado, me limpiar
el rostro, porque no quede feo como otros probetos. Y me traers un
cuello almidonado y mas de la marca, y advierto, con bolo y puntas, y
todo negocio; que quiero ver, antes que deste mundo vaya, quin hace
esta denunciacion.

BELTRANA.

Aun hasta en la muerte fue limpio mi amor; yo apostar que no ha
habido mejor ahorcado en el mundo.

TORBELLINA.

Oh, qu de envidiosos ha de haber!

PAISANO.

Seora Torbellina, voac ser testigo  testiga, lo que mejor le
pareciere, cmo  esta mujer la hago heredera de todos mis bienes,
muebles y raices, de mi calabozo. Item, de cuatro  cinco platos y
escudillas, taladro, barreno, un candelero de barro, una sarten y un
asador. Item, una manta y un jergon, servicio y pulidor.

  Quien te lo quitare, hija,
  la mi maldicion le caiga.

TORBELLINA.

Muy bueno ha andado el seor Paisano.

PAISANO.

Beltrana, antes que deste mundo vaya, te quiero dejar acomodada.
Solapo es mi amigo, hme pedido que te hable; es hombre que pelea y
pelear, y te defender. En rindiendo yo el alma, le entregars t el
cuerpo.

BELTRANA.

Hermano de mi vida, eso hiciera yo muy de buena gana por mandrmelo
t; pero tengo dada la palabra  otro.

PAISANO.

Pues, badana, aun no he salido de este mundo, y das la palabra 
otro! No te logrars; t no ves que ste es desposorio clandestino?

ALCAIDE.

Ea, echad esas mujeres de ah, vayan noramala.

(_Vnse las mujeres._)

PAISANO.

Seor Procurador, qu haremos si este juez me quisiese ahorcar tan de
repente, sin oirme mi apelacion?

PROCURADOR.

Calle, que no har. No tenga pena de nada dello, que nunca el derecho
qued sin l; y pluviese  Dios que le ahorcase, que yo le haria...

PAISANO.

Y si me ahorcase?

PROCURADOR.

Pues, seor Paisano, djese ahorcar; que aqu quedo yo.

PAISANO.

Mejor pualada le den!

(_Cantan dentro la letana, y responden todos._)

ALCAIDE.

Eso me parece que es lo que importa: vuestros amigos son, que os
vienen  decir las ledanas.

PAISANO.

En la muerte se echan de ver los que son amigos.


  _Salgan todos los que pudieren, en rden de figurillas, con velas
  encendidas en las manos, y cantando las letanas._

PAISANO.

Vnme aqu cercado de grajos gallegos.

GARAY.

Hable el seor Barragan, que es mas honrado y mas antiguo.

BARRAGAN.

Yo no har: hable el seor Solapo.

SOLAPO.

Asi me vea en aquella calle con libertad, que no digo palabra: hable
el seor Cuatro.

CUATRO.

El Cuatro no lo har: hable el seor Garay.

GARAY.

Garay no lo har, no hay que decir.

PAISANO.

No es ste tiempo de rumbos ni alborotos. Hable el mas cercano
opositor  esta ctedra de la muerte, y gurdensele sus preeminencias.

SOLAPO.

Por no perder la costumbre antigua que se tiene con los presos
honrados, digo asi, que en estos luctos echar de ver voac que lo
sienten sus camaradas. Plega  Dios lo seamos en el cielo. Y mal haya
el diablo, que dos sentencias tengo de muerte, por qu no vino la
otra, para acompaar  voac?

PAISANO.

Oh, qu desgraciado ando! Mal haya el diablo, que nos furamos
de venta en venta, echando una y otra: que fuera para m de gran
contento ir acompaado de un par de consortes como vuesa merced!

SOLAPO.

Y el corchete que prendi  voac! Si yo salgo, no digo nada.

PAISANO.

Ese corchete es oficial ventoso, hizo su oficio; voac me har merced
de soterralle un pual en las entraas, y con esto ir muy contento
desta vida.

BARRAGAN.

So Paisano, consulese voac con que la justicia lo hace; que otro no
podia con voac en el mundo. Y sta puede dar pesadumbre  voac y 
todo el mundo. Voac djelos, que no digo nada.

PAISANO.

Ninguno en socolor de amigo piense cargarme en este despidimiento.
Quiero saber si es cargo lo que dijo el seor Barragan, en decirme que
la justicia me puede dar pesadumbre.

GARAY.

No es carga lo que dijo Barragan; esto  pagar de mi honra.

PAISANO.

Esa vaya en aumento. Y pues que toma  cargo lo de los testigos, me
har merced voac de cortar al uno las orejas y al otro las narices,
y  los dems borrajarles las caras con una daga; y con esto ir
contento para la otra vida.

ESCARRAMN.

Voac tenga la muerte como ha tenido la vida, pues ninguno se la hizo
que no se la pagase.

PAISANO.

Aun bien que voac es testigo de lo que yo he peleado en esta vida, y
muertes que tengo  cargo; sin mancos ni perniquebrados, que stos no
han tenido nmero.

ESCARRAMN.

Y si al bajar lloraren las personas, no las vuelva el rostro ni sea
predicador en el sitio desta desgracia, que es hijo de vecino de
Sevilla, y no ha de mostrar punto de cobarda.

PAISANO.

No hay que tratar deso, ni decir: Madres las que teneis hijos, mirad
cmo los adotrinais y enseais; que todo es borrachera y barahunda.

ESCARRAMN.

Y al verdugo que apret tanto las cuerdas  voac, que le hizo decir
lo que no habia hecho, si yo salgo, no digo nada.

PAISANO.

Ese verdugo, me har voac merced de vendimialle la vida con otro
verdugo?

ESCARRAMN.

Eso har yo de muy buena gana.

CUATRO.

Mucha pesadumbre me ha dado la Beltrana, que en mi presencia se ara
la cara.

PAISANO.

Crea voac que ha sentido la mujer en el alma esta pesadumbre que me
quiere dar la justicia, pues se ara el retablo.

CUATRO.

Djome que cuando voac pasase por Gradas, volviera el rostro; que
mas preciaria verle con una soga  la garganta, que con una cadena de
oro de cuatro vueltas.

PAISANO.

Crolo yo, que ha sido mujer de gran ser, amiga del esparto:
acostbala yo con soga de esparto, llmanla sus amigas la Espartera;
y asi tiene metido el esparto en las entraas.

CUATRO.

Y al Secretario, si yo salgo, no digo nada. Pero esto para m y
voac: este hombre que mat voac era hombre de cuenta?

PAISANO.

Era un probete, boquirubio. Pens que era yo algun lanudo, fuse
derribando en segunda; ya sabe voac qu suelo hacer con la de
ganchos: desvo y doyle, y all va el probete, que se venia  la boca
de leon, siendo cordero.

CUATRO.

Seor Paisano, no haga de la cruz daga; que es indecencia.

PAISANO.

No habia mirado en tanto.

_Sale el Alcaide y msicos, y las mujeres._

ALCAIDE.

Albricias, Paisano; que ya os oyen esos seores.

PAISANO.

Ya me oyen? No son cuerdos.

BELTRANA.

Parece que no te has alegrado con la nueva tan buena.

PAISANO.

Hay causa para ello.

BELTRANA.

Qu causa puede ser, hgados de perro?

PAISANO.

Has de saber que me huelgo por t, que quedabas hurfana y sola; y
psame por estos seores, que tenian hecho ya el gasto de cera y
lutos. Y no s con qu gana tengo de andar por la crcel.

BELTRANA.

Ea, que no faltar otra ocasion.

PAISANO.

Seor Alcaide, tome voac esta cruz, y pngala en el altar para otra
ocasion que se me ofrezca. Y voacedes se regocijen y alegren, y
gstese todo mi rancho.

(_Taen, cantan y bailan._)

BELTRANA.

        Pues que ya est libre
      mi sentenciado,
      gstese mi saya
      y lo que he ganado.
    Gstese mi rancho todo,
  aunque me quede sin rancho,
  pues mi navo y rodancho
   tan buen gusto acomodo.
  Sacdase el polvo y lodo;
  y el Mellado y Garrampies
  gocen de aqueste inters,
  por su valor esforzado.

MSICOS.

        Pues que ya est libre
      mi sentenciado, etc.

BELTRANA.

    Dganla luego  la Helipa
  las nuevas desta sentencia,
  y gstense en mi presencia
  dos jamones y una pipa;
  y beba, pues participa
  deste bien tan soberano.

MSICOS.

        Pues que ya est libre
      mi sentenciado, etc.

(_ntranse con chacota y grita, con que se da fin._)


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL RETABLO DE LAS MARAVILLAS_.


  _Salen Chanfalla y los Chirinos._

CHANFALLA.

No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis advertimientos,
principalmente los que te he dado para este nuevo embuste, que ha de
salir tan  luz, como el pasado del llovista.

CHIRINOS.

Chanfalla ilustre, lo que en m fuere, tenlo como de molde: que tanta
memoria tengo, como entendimiento,  quien se junta una voluntad de
acercar  satisfacerte, que escede  las dems potencias; pero dime,
de qu sirve este Rabelin, que hemos tomado? Nosotros dos solos no
pudiramos salir con esta empresa?

CHANFALLA.

Habamosle menester, como el pan de la boca, para tocar en los
espacios que tardaren en salir las figuras del retablo de las
maravillas.

CHIRINOS.

Maravilla ser si no nos apedrean por solo el Rabelin; porque tan
desventurada criaturilla no la he visto en todos los dias de mi vida.


  _Sale el Rabelin._

RABELIN.

Hse de hacer algo en este pueblo, seor autor? Que ya me muero
porque vuestra merced vea que no me tom  carga cerrada[45].

CHIRINOS.

Cuatro cuerpos de los vuestros no harn un tercio, cuanto mas una
carga: si no sois mas gran msico, que grande, medrados estamos.

RABELIN.

Ello dir: que en verdad que me han escrito para entrar en una
compaa de partes, por chico que soy.

CHANFALLA.

Si os han de dar la parte  medida del cuerpo, casi ser indivisible.
Chirinos, poco  poco estamos ya en el pueblo; y estos que aqu
vienen, deben de ser, como lo son sin duda, el gobernador y los
alcaldes: salgmosles al encuentro; y date un filo  la lengua en la
piedra de la adulacion[46]; pero no despuntes de aguda[47].


  _Salen el gobernador, y Benito Repollo, alcalde, Juan Castrado,
  regidor, y Pedro Capacho, escribano._

Beso  vuestras mercedes las manos: quin de vuestras mercedes es el
gobernador de este pueblo?

GOBERNADOR.

Yo soy el gobernador: qu es lo que quereis, buen hombre?

CHANFALLA.

 tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de ver que
esa peripattica y anchurosa presencia no podia ser de otro que del
dignsimo gobernador de este honrado pueblo, que con venirlo  ser de
las Algarrobillas, lo deseche vuestra merced.

CHIRINOS.

En vida de la seora y de los seoritos, si es que el seor
gobernador los tiene.

CAPACHO.

No es casado el seor gobernador.

CHIRINOS.

Para cuando lo sea: que no se perder nada.

GOBERNADOR.

Y bien, qu es lo que quereis, hombre honrado?

CHIRINOS.

Honrados dias viva vuestra merced, que asi nos honra: en fin, la
encina da bellotas, el pero peras, la parra uvas, y el honrado honra,
sin poder hacer otra cosa.

BENITO.

Sentencia ciceronianca, sin quitar ni poner un punto.

CAPACHO.

Ciceroniana quiso decir el seor alcalde Benito Repollo.

BENITO.

Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las mas veces no
acierto: en fin, buen hombre, qu quereis?

CHANFALLA.

Yo, seores mios, soy Montiel, el que trae el retablo de las
maravillas: hnme enviado  llamar de la crte los seores cofrades
de los hospitales; porque no hay autor de comedias en ella, y perecen
los hospitales; y con mi ida se remediar todo.

GOBERNADOR.

Y qu quiere decir retablo de las maravillas?

CHANFALLA.

Por las maravillosas cosas, que en l se ensean y muestran, viene
 ser llamado retablo de las maravillas; el cual fabric y compuso
el sabio Tontonelo, debajo de tales paralelos, rumbos, astros y
estrellas, con tales puntos, caracteres y observaciones, que ninguno
puede ver las cosas que en l se muestran, que tenga alguna raza de
confeso[48],  no sea habido y procreado de sus padres de legtimo
matrimonio; y el que fuere contagiado de estas dos tan usadas
enfermedades, despdase de ver las cosas jams vistas ni oidas de mi
retablo.

BENITO.

Ahora echo de ver que cada dia se ven en el mundo cosas nuevas. Y
qu se llamaba Tontonelo el sabio que el retablo compuso?

CHIRINOS.

Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela: hombre de
quien hay fama que le llegaba la barba  la cintura.

BENITO.

Por la mayor parte los hombres de grandes barbas son sabiondos.

GOBERNADOR.

Seor regidor Juan Castrado, yo determino, debajo de su buen parecer,
que esta noche se despose la seora Teresa Castrada, su hija, de
quien yo soy padrino; y en regocijo de la fiesta, quiero que el
seor Montiel muestre en vuestra casa su retablo.

JUAN.

Eso tengo yo por servir al seor gobernador, con cuyo parecer me
convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.

CHIRINOS.

La cosa que hay en contrario es, que si no se nos paga primero
nuestro trabajo, asi vern las figuras como por el cerro de beda.
Vuestras mercedes, seores justicias, tienen conciencia y alma en
esos cuerpos? Bueno seria que entrase esta noche todo el pueblo
en casa del seor Juan Castrado,  como es su gracia, y viese lo
contenido en el tal retablo; y maana cuando quisisemos mostralle al
pueblo, no hubiese nima que le viese: no seores, no seores, _ante
omnia_ nos han de pagar lo que fuere justo.

BENITO.

Seora autora, aqu no os ha de pagar ninguna Antona, ni ningun
Antoo: el seor regidor Juan Castrado os pagar mas que
honradamente, y si no el concejo: bien conoceis el lugar por cierto:
aqu, hermana, no aguardamos  que ninguna Antona pague por nosotros.

CAPACHO.

Pecador de m, seor Benito Repollo, y qu lejos da del blanco: no
dice la seora autora que pague ninguna Antona, sino que le paguen
adelantado, y ante todas cosas, que eso quiere decir _ante omnia_.

BENITO.

Mirad, escribano Pedro Capacho, haced vos que me hablen  derechas,
que yo entender  pie llano: vos, que sois leido y escribido, podeis
entender esas algaravas de allende, que yo no.

JUAN.

Ahora bien, contentarse h el seor autor con que yo le d
adelantados media docena de ducados? y mas que se tendr cuidado que
no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.

CHANFALLA.

Soy contento; porque yo me fio de la diligencia de vuestra merced y
de su buen trmino.

JUAN.

Pues vngase conmigo, recibir el dinero, y ver mi casa, y la
comodidad que hay en ella para mostrar ese retablo.

CHANFALLA.

Vamos; y no se les pase de las mientes las calidades que han de tener
los que se atrevieren  mirar el maravilloso retablo.

BENITO.

 mi cargo queda eso; y sle decir que por mi parte puedo ir seguro
 juicio, pues tengo el padre alcalde: cuatro dedos de enjundia
de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi
linaje: miren si ver el tal retablo.

CAPACHO.

Todos le pensamos ver, seor Benito Repollo.

JUAN.

No nacimos ac en las malvas, seor Pedro Capacho.

GOBERNADOR.

Todo ser menester, segun voy viendo, seores alcalde, regidor y
escribano.

JUAN.

Vamos, autor, y manos  la obra: que Juan Castrado me llamo, hijo de
Anton Castrado, y de Juana Macha; y no digo mas en abono y seguro que
podr ponerme cara  cara y  pie quedo delante del referido retablo.

CHIRINOS.

Dios lo haga.

(_ntranse Juan Castrado y Chanfalla._)

GOBERNADOR.

Seora autora, qu poetas se usan ahora en la crte, de fama y
rumbo, especialmente de los llamados cmicos? Porque yo tengo mis
puntas y collar de poeta, y pcome de la farndula y cartula[49].
Veintidos comedias tengo, todas nuevas, que se ven las unas  las
otras; y estoy aguardando coyuntura para ir  la crte, y enriquecer
con ellas media docena de autores.

CHIRINOS.

 lo que vuestra merced, seor gobernador, me pregunta de los poetas,
no le sabr responder; porque hay tantos, que quitan el sol; y todos
piensan que son famosos. Los poetas cmicos son los ordinarios y
que siempre se usan, y asi no hay para qu nombrallos. Pero dgame
vuestra merced, por su vida, cmo es su buena gracia? Cmo se llama?

GOBERNADOR.

 m, seora autora, me llaman el licenciado Gomecillos.

CHIRINOS.

Vlame Dios! Y qu, vuestra merced es el seor licenciado
Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de _Lucifer
estaba malo, y tmale mal de fuera_?

GOBERNADOR.

Malas lenguas hubo, que me quisieron ahijar esas coplas; y asi fueron
mias, como del Gran Turco. Las que yo compuse, y no lo quiero negar,
fueron aquellas que trataron del diluvio de Sevilla: que puesto que
los poetas son ladrones unos de otros, nunca me preci de hurtar nada
 nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que quisiere.


  _Vuelve Chanfalla._

CHANFALLA.

Seores, vuestras mercedes vengan, que todo est  punto, y no falta
mas que comenzar.

CHIRINOS.

Est ya el dinero _in corbona_?

CHANFALLA.

Y aun entre las telas del corazon.

CHIRINOS.

Pues dite por aviso, Chanfalla, que el gobernador es poeta.

CHANFALLA.

Poeta? Cuerpo del mundo! pues dale por engaado; porque todos
los de humor semejante son hechos  la mazacona, gente descuidada,
crdula, y nada maliciosa.

BENITO.

Vamos, autor, que me saltan los pies por ver esas maravillas.

(_ntranse todos._)


  _Salen Juana Castrada y Teresa Repolla, labradoras: la una como
  desposada, que es la Castrada._

CASTRADA.

Aqu te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos el
retablo en frente; y pues sabes las condiciones que han de tener los
miradores del retablo, no te descuides, que seria una gran desgracia.

TERESA.

Ya sabes, Juana Castrada, que soy tu prima, y no digo mas. Tan cierto
tuviera yo el cielo, como tengo cierto ver todo aquello que el
retablo mostrre: por el siglo de mi madre, que me sacase los mismos
ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese: bonita soy yo
para eso!

CASTRADA.

Sosigate, prima, que toda la gente viene.


  _Entran el Gobernador, Benito Repollo, Juan Castrado, Pedro
  Capacho, el autor y la autora, y el msico, y otra gente del
  pueblo, y un sobrino de Benito, que ha de ser aquel gentil hombre
  que baila._

CHANFALLA.

Sintense todos: el retablo ha de estar detrs de este repostero: y
la autora tambien, y aqu el msico.

BENITO.

Msico es ste? Mtanle tambien detrs del repostero; que  trueco
de no velle, dar por bien empleado el no oille.

CHANFALLA.

No tiene vuestra merced razon, seor alcalde Repollo, de
descontentarse del msico, que en verdad que es muy buen cristiano, 
hidalgo de solar conocido.

GOBERNADOR.

Calidades son bien necesarias para ser buen msico.

BENITO.

De solar bien podr ser; mas de sonar, abrenuncio.

RABELIN.

Eso se merece el bellaco que se viene  sonar delante de...

BENITO.

Pues por Dios, que hemos visto aqu sonar  otros msicos tan...

GOBERNADOR.

Qudese esta razon en el de del seor Rabel, y en el tan del alcalde,
que ser proceder en infinito; y el seor Montiel comience su obra.

BENITO.

Poca balumba trae este autor para tan gran retablo.

JUAN.

Todo debe de ser de maravillas.

CHANFALLA.

Atencion, seores, que comienzo.  t, quien quiera que fuiste, que
fabricaste este retablo con tan maravilloso artificio, que alcanz
el renombre de las maravillas: por la virtud que en l se encierra,
te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres  estos
seores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que se
regocijen y tomen placer, sin escndalo alguno! Ea, que ya veo que
has otorgado mi peticion, pues por aquella parte asoma la figura
del valentsimo Sanson, abrazado con las colunas del templo, para
derriballe por el suelo, y tomar venganza de sus enemigos. Tnte,
valeroso caballero: tnte por la gracia de Dios Padre, no hagas tal
desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanta y tan
noble gente como aqu se ha juntado!

BENITO.

Tngase! cuerpo de tal conmigo: Bueno seria, que en lugar de
habernos venido  holgar, quedsemos aqu hechos plasta: tngase,
seor Sanson, pesia  mis males! que se lo ruegan buenos.

CAPACHO.

Visle vos, Castrado?

JUAN.

Pues no le habia de ver? Tengo yo los ojos en el colodrillo?

CAPACHO.

Milagroso caso es ste: asi veo yo  Sanson ahora, como el Gran
Turco; pues en verdad, que me tengo por legtimo y cristiano viejo.

CHIRINOS.

Gurdate, hombre, que sale el mesmo toro que mat al ganapan en
Salamanca! chate, hombre: chate, hombre: Dios te libre: Dios te
libre!

CHANFALLA.

chense todos, chense todos! ucho ho, ucho ho, ucho ho!

(_chanse todos, y albortanse._)

BENITO.

El diablo lleva en el cuerpo el torillo: sus partes tiene de hosco y
de bragado: si no me tiendo, me lleva de vuelo.

JUAN.

Seor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos alboroten;
y no lo digo por m, sino por estas mochachas, que no les ha quedado
gota de sangre en el cuerpo, de la ferocidad del toro.

CASTRADA.

Y cmo, padre? no pienso volver en m en tres dias: ya me v en sus
cuernos, que los tiene agudos como una lesna.

JUAN.

No fueras t mi hija, y no lo vieras.

GOBERNADOR.

Basta que todos ven lo que yo no veo; pero al fin habr de decir que
lo veo, por la negra honrilla.

CHIRINOS.

Esa manada de ratones, que all va, deciende por lnea recta de
aquellos que se criaron en el arca de No: de ellos son blancos,
de ellos albarazados, de ellos jaspeados, y de ellos azules: y
finalmente, todos son ratones.

CASTRADA.

Jesus! ay de m! tnganme, que me arrojar por aquella ventana!
Ratones? desdichada! amiga, apritate las faldas, y mira no te
muerdan; y monta que son pocos: por el siglo de mi abuela, que pasan
de milenta.

REPOLLO.

Yo s soy la desdichada, porque se me entran sin reparo ninguno: un
raton morenico me tiene asida de una rodilla: socorro venga del
cielo, pues en la tierra me falta!

BENITO.

Aun bien que tengo gregescos, que no hay raton que se me entre, por
pequeo que sea.

CHANFALLA.

Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las nubes, es de
la fuente que da orgen y principio al rio Jordan: toda mujer  quien
tocre en el rostro, se le volver como de plata bruida, y  los
hombres se les volvern las barbas como de oro.

CASTRADA.

Oyes, amiga, descubre el rostro, pues ves lo que te importa.  qu
licor tan sabroso! cbrase padre, no se moje.

JUAN.

Todos nos cubrimos, hija.

BENITO.

Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.

CAPACHO.

Yo estoy mas seco que un esparto.

GOBERNADOR.

Qu diablos puede ser esto, que aun no me ha tocado una gota, donde
todos se ahogan? Mas si viniera yo  ser bastardo entre tantos
legtimos?

BENITO.

Qutenme de all aquel msico, sino, voto  Dios, que me vaya sin ver
mas figura: vlgate el diablo por msico aduendado, y que hace de
menudear sin ctola y sin sn!

RABELIN.

Seor alcalde, no tome conmigo la hincha; que yo toco como Dios ha
sido servido de ensearme.

BENITO.

Dios te habia de ensear, sabandija? mtete tras la manta, si no por
Dios que te arroje este banco.

RABELIN.

El diablo creo que me ha traido  este pueblo.

CAPACHO.

Fresca es el agua del santo rio Jordan; y aunque me cubr lo que
pude, todava me alcanz un poco en los vigotes; y apostar que los
tengo rubios como un oro.

BENITO.

Y aun peor cincuenta veces.

CHIRINOS.

All van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos colmeneros:
todo viviente se guarde, que aunque fantsticos, no dejarn de dar
alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de Hrcules, con
espadas desenvainadas.

JUAN.

Ea, seor autor, cuerpo de nosla, y agora nos quiere llenar la casa
de osos y de leones?

BENITO.

Mirad qu ruiseores y calandrias nos envia Tontonelo, sino leones
y dragones. Seor autor,  salgan figuras mas apacibles,  aqu nos
contentamos con las vistas; y Dios le guie, y no pare mas en el
pueblo un momento.

CASTRADA.

Seor Benito Repollo, deje salir ese oso y esos leones, siquiera por
nosotras, y recibiremos mucho contento.

JUAN.

Pues, hija, de antes te espantabas de los ratones, y agora pides
osos y leones?

CASTRADA.

Todo lo nuevo aplace, seor padre.

CHIRINOS.

Esa doncella, que agora se muestra tan galana y tan compuesta,
es la llamada Herodas, cuyo baile alcanz en premio la cabeza
del precursor de la vida: si hay quien la ayude  bailar, vern
maravillas.

BENITO.

sta s, cuerpo del mundo, que es figura hermosa, apacible y
reluciente! Hi de puta, y como que se vuelve la mochacha! Sobrino
Repollo, t que sabes de achaque de castaetas, aydala, y ser la
fiesta de cuatro capas.

SOBRINO.

Que me place, tio Benito Repollo.

(_Tocan la zarabanda._)

CAPACHO.

Toma  mi abuelo, si es antiguo el baile de la zarabanda, y de la
chacona.

BENITO.

Ea, sobrino, tnselas tiesas  esa bellaca joda; pero si sta es
joda, cmo ve estas maravillas?

CHANFALLA.

Todas las reglas tienen escepcion, seor alcalde.


  _Suena una trompeta  corneta dentro del teatro, y entra un
  Furrier de compaas._

FURRIER.

Quin es aqu el seor gobernador?

GOBERNADOR.

Yo soy, qu manda usted?

FURRIER.

Que luego al punto mande hacer alojamiento para treinta hombres de
armas, que llegarn aqu dentro de media hora, y aun antes, que ya
suena la trompeta; y  Dios.

(_Vse._)

BENITO.

Yo apostar que los envia el sabio Tontonelo.

CHANFALLA.

No hay tal, que esta es una compaa de caballos, que estaba alojada
dos leguas de aqu.

BENITO.

Ahora yo conozco bien  Tontonelo, y s que vos y l sois unos
grandsimos bellacos, no perdonando al msico; y mira que os mando
que mandeis  Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres
de armas, que le har dar doscientos azotes en las espaldas, que se
vean unos  otros.

CHANFALLA.

Digo, seor alcalde, que no los envia Tontonelo.

BENITO.

Digo que los envia Tontonelo, como ha enviado las otras sabandijas
que yo he visto.

CAPACHO.

Todos las habemos visto, seor Benito Repollo.

BENITO.

No digo yo que no, seor Pedro Capacho. No toques mas, msico de
entre sueos, que te romper la cabeza.


  _Vuelve  entrar el Furrier._

FURRIER.

Ea, est ya hecho el alojamiento? que ya estn los caballos en el
pueblo.

BENITO.

Qu todava ha salido con la suya Tontonelo? pues yo os voto  tal
autor de humos y de embelecos, que me lo habeis de pagar.

CHANFALLA.

Sanme testigos, que me amenaza el alcalde.

CHIRINOS.

Sanme testigos, que dice el alcalde que lo que manda S. M., lo manda
el sabio Tontonelo.

BENITO.

Atontonelada te vean mis ojos, plega  Dios todo poderoso.

GOBERNADOR.

Yo para m tengo que verdaderamente estos hombres de armas no deben
de ser de burlas.

FURRIER.

De burlas habian de ser, seor gobernador? est en su seso?

JUAN.

Bien pudieran ser atontonelados; como esas cosas habemos visto aqu.
Por vida del autor, que haga salir otra vez  la doncella Herodas,
porque vea este seor lo que nunca ha visto: quiz con esto le
cohecharemos para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA.

Eso en buen hora; y visla aqu  do vuelve, y hace de seas  su
bailador que de nuevo le ayude.

SOBRINO

Por m no quedar, por cierto.

BENITO.

Eso s, sobrino, cnsala, cnsala: vueltas y mas vueltas: vive Dios,
que es un azogue la muchacha! al hoyo, al hoyo:  ello,  ello!

FURRIER.

Est loca esta gente? Qu diablos de doncella es esta, y qu baile,
y qu Tontonelo?

CAPACHO.

Luego no ve la doncella herodiana el seor furrier?

FURRIER.

Qu diablos de doncella tengo de ver?

CAPACHO.

Basta _de ex illis est_[50].

GOBERNADOR.

_De ex illis est, de ex illis est._

JUAN.

De ellos es, de ellos el seor furrier; de ellos es.

FURRIER.

Soy de la mala puta que los pari; y por Dios vivo, que si echo mano
 la espada, que los haga salir por las ventanas, que no por la
puerta.

CAPACHO.

Basta, _de ex illis est_.

BENITO.

Basta de ellos es, pues no ve nada.

FURRIER.

Canalla barretina[51], si otra vez me dicen que soy de ellos, no les
dejar hueso sano.

BENITO.

Nunca los confesos ni bastardos fueron valientes; y por eso no
podemos dejar de decir: de ellos es, de ellos es.

FURRIER.

Cuerpo de Dios con los villanos: esperad!

(_Mete mano  la espada, y acuchllase con todos; y el alcalde
aporrea al Rabelejo; y la Chirinos descuelga la manta y dice_):

CHIRINOS

El diablo ha sido la trompeta y la venida de los hombres de armas:
parece que los llamaron con campanilla.

CHANFALLA.

El suceso ha sido estraordinario: la virtud del retablo se queda en
su punto; y maana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros mismos
podemos cantar el triunfo de esta batalla, diciendo: vivan Chirinos
y Chanfalla!


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DE LA CUEVA DE SALAMANCA_.


  _Salen Pancracio, Leonarda y Cristina._

PANCRACIO.

Enjugad, seora, esas lgrimas, y poned pausa  vuestros suspiros,
considerando que cuatro dias de ausencia, no son siglos: yo volver,
 lo mas largo,  los cinco, si Dios no me quita la vida: aunque ser
mejor, por no turbar la vuestra, romper mi palabra, y dejar esta
jornada: que sin mi presencia se podr casar mi hermana.

LEONARDA.

No quiero yo, mi Pancracio y mi seor, que por respeto mio vos
parezcais descorts: id, en hora buena, y cumplid con vuestras
obligaciones, pues las que os llevan son precisas: que yo me apretar
con mi llaga, y pasar mi soledad lo menos mal que pudiere. Slo os
encargo la vuelta, y que no paseis del trmino que habeis puesto.
Tenme, Cristina, que se me aprieta el corazon.

(_Desmyase Leonarda._)

CRISTINA.

, qu bien hayan las bodas, y las fiestas! En verdad, seor, que si
yo fuera que vuestra merced que nunca all fuera.

PANCRACIO.

Entra, hija, por un vidro de agua, para echrsela en el rostro: mas
espera, dirle unas palabras que s al oido, que tienen virtud para
hacer volver de los desmayos.

(_Dcele las palabras, vuelve Leonarda diciendo_:)

LEONARDA.

Basta: ello ha de ser forzoso: no hay sino tener paciencia, bien
mio: cuanto mas os detuviredes, mas dilatais mi contento. Vuestro
compadre Leoniso os debe de aguardar ya en el coche; andad con Dios,
que l os vuelva tan presto y tan bueno como yo deseo.

PANCRACIO.

Mi ngel, si gustas que me quede, no me mover de aqu mas que una
esttua.

LEONARDA.

No, no, descanso mio: que mi gusto est en el vuestro; y por agora
mas que os vais, que no os quedeis, pues es vuestra honra la mia.

CRISTINA.

 espejo del matrimonio!  fe, que si todas las casadas quisiesen
tanto  sus maridos, como mi seora Leonarda quiere al suyo, que otro
gallo les cantase.

LEONARDA.

Entra, Cristinica, y saca mi manto: que quiero acompaar  tu seor
hasta dejarle en el coche.

PANCRACIO.

No, por mi amor: abrazadme, y quedaos, por vida mia. Cristinica, ten
cuenta de regalar  tu seora, que yo te mando un calzado cuando
vuelva, como t le quisieres.

CRISTINA.

Vaya, seor, y no lleve pena de mi seora; porque la pienso persuadir
de manera  que nos holguemos, que ni imagine en la falta que vuestra
merced le ha de hacer.

LEONARDA.

Holgar yo? qu bien ests en la cuenta, nia! porque

  Ausente de mi gusto,
  No se hicieron los placeres,
  Ni las glorias para m:
  Penas, y dolores s.

PANCRACIO.

Ya no lo puedo sufrir: quedad en paz, lumbre de estos ojos, los
cuales no vern cosa que les d placer, hasta volveros  ver.

(_ntrase Pancracio._)

LEONARDA.

All dars, rayo, en casa de Ana Diaz: vayas, y no vuelvas: la
ida del humo: por Dios, que esta vez no os han de valer vuestras
valentas, ni vuestros recatos.

CRISTINA.

Mil veces tem que con tus estremos habias de estorbar su partida y
nuestros contentos.

LEONARDA.

Si vendrn esta noche los que esperamos?

CRISTINA.

Pues no? ya los tengo avisados; y ellos estn tan en ello, que esta
tarde enviaron con la lavandera nuestra secretaria, como que eran
paos, una canasta de colar, llena de mil regalos, y de cosas de
comer, que no parece sino uno de los serones que da el rey el jueves
santo  sus pobres, sino que la canasta es de pascua; porque hay en
ella empanadas, fiambreras, manjar blanco, y dos capones, que aun no
estn acabados de pelar, y todo gnero de fruta de la que hay ahora;
y sobre todo, una bota de hasta una arroba de vino, de lo de una
oreja[52], que huele que trasciende.

LEONARDA.

Es muy cumplido y lo fue siempre mi Reponce, sacristan de las telas
de mis entraas.

CRISTINA.

Pues qu le falta  mi maese Nicols? Barbero de mis hgados, y
navaja de mis pesadumbres, que asi me las rapa y quita cuando le veo,
como si nunca las hubiera tenido.

LEONARDA.

Pusiste la canasta en cobro?

CRISTINA.

En la cocina la tengo, cubierta con un cernadero, por el disimulo.


  _Llama  la puerta el estudiante carraolano, y en llamando, sin
  esperar que le correspondan, entra._

LEONARDA.

Cristina, mira quin llama.

ESTUDIANTE.

Seoras; yo soy, un pobre estudiante.

CRISTINA.

Bien se os parece que sois pobre y estudiante, pues lo uno muestra
vuestro vestido, y el ser pobre vuestro atrevimiento. Cosa estraa
es esta, que no hay pobre que espere  que le saquen la limosna  la
puerta, sino que se entran en las casas hasta el ltimo rincon, sin
mirar si despiertan  quien duerme,  si no!

ESTUDIANTE.

Otra mas blanda respuesta esperaba yo de la buena gracia de vuestra
merced: cuanto mas que yo no queria, ni buscaba otra limosna, sino
alguna caballeriza,  pajar donde defenderme esta noche de las
inclemencias del cielo, que segun se me trasluce, parece que con
grandsimo rigor  la tierra amenazan.

LEONARDA.

Y de dnde bueno sois amigo?

ESTUDIANTE.

Salamantino soy, seora mia: quiero decir, que soy de Salamanca. Iba
 Roma con un tio mio, el cual muri en el camino, en el corazon de
Francia: vine solo: determin volverme  mi tierra: robronme los
lacayos  compaeros de Roque Guinarde, en Catalua, porque l estaba
ausente: que  estar all, no consintiera que se me hiciera agravio;
porque es muy corts y comedido, y adems limosnero: hme tomado 
estas santas puertas la noche, que por tales las juzgo, y busco mi
remedio.

LEONARDA.

En verdad, Cristina, que me ha movido  lstima el estudiante.

CRISTINA.

Ya me tiene  m rasgadas las entraas: tengmosle en casa esta
noche, pues de las sobras del castillo se podr mantener el real:
quiero decir, que en las reliquias de la canasta habr en quien adobe
su hambre; y mas que me ayudar  pelar la volatera que viene en la
cesta.

LEONARDA.

Pues cmo, Cristina, quieres que metamos en nuestra casa testigos de
nuestras liviandades?

CRISTINA.

Asi tiene el talle de hablar por la boca, como por el colodrillo.
Venga ac, amigo. Sabe pelar?

ESTUDIANTE.

Cmo si s pelar? No entiendo eso de saber pelar, sino es que quiere
vuestra merced motejarme de pelon: que no hay para qu, pues yo me
confieso por el mayor pelon del mundo.

CRISTINA.

No lo digo yo por eso, en mi nima, sino por saber si sabia pelar dos
 tres pares de capones.

ESTUDIANTE.

Lo que sabr responder es, que yo, seoras, por la gracia de Dios,
soy graduado de bachiller por Salamanca, y no digo...

LEONARDA.

De esa manera, quin duda, sino que sabr pelar, no solo capones,
sino gansos y abutardas. Y en esto del guardar secreto, cmo le va?
y  dicha es tentado de decir todo lo que ve, imagina,  siente?

ESTUDIANTE.

Asi pueden matar delante de m mas hombres que carneros en el rastro,
que yo desplegue mis labios para decir palabra alguna.

CRISTINA.

Pues atrese esa boca, y csase esa lengua con una agujeta de dos
cabos, y amulese esos dientes, y ntrese con nosotras, y ver
misterios, y cenar maravillas, y podr medir en un pajar los pies
que quisiere para su cama.

ESTUDIANTE.

Con siete tendr demasiado: que no soy nada codicioso, ni regalado.


  _Entran el sacristan Reponce, y el Barbero._

SACRISTAN.

, que en hora buena estn los Antomedones y guias de los carros
de nuestros gustos, las luces de nuestras tinieblas, y las dos
recprocas voluntades, que sirven de basas y colunas  la amorosa
fbrica de nuestros deseos!

LEONARDA.

Esto slo me enfada de l, Reponce mio: habla por tu vida  lo
moderno, y de modo que te entienda, y no te encarames donde no te
alcance.

BARBERO.

Eso tengo yo bueno, que hablo mas llano que una suela de zapato, pan
por vino, y vino por pan,  como suele decirse.

SACRISTAN.

S: que diferencia ha de haber de un sacristan gramtico  un barbero
romancista.

CRISTINA.

Para lo que yo he menester  mi barbero, tanto latin sabe y aun mas
que supo Antonio de Nebrija; y no se dispute agora de ciencia, ni de
modos de hablar: que cada uno habla, si no como debe,  lo menos como
sabe; y entrmonos, y manos  la labor, que hay mucho que hacer.

ESTUDIANTE.

Y mucho que pelar.

SACRISTAN.

Quin es este buen hombre?

LEONARDA.

Un pobre estudiante salamanqueso, que pide albergo para esta noche.

SACRISTAN.

Yo le dar un par de reales para cena y para lecho, y vyase con Dios.

ESTUDIANTE.

Seor sacristan Reponce, recibo y agradezco la merced y la limosna;
pero yo soy mudo, y pelon adems, como lo ha menester esta seora
doncella, que me tiene convidado; y voto ... de no irme esta noche
de esta casa, si todo el mundo me lo manda. Confiese vuestra merced,
mucho de en hora mala de un hombre de mis prendas, que se contenta de
dormir en un pajar; y si lo han por sus capones, pleselos el turco,
y cmanselos ellos, nunca del cuero les salgan.

BARBERO.

ste mas parece rufian que pobre: talle tiene de alzarse con toda la
casa.

CRISTINA.

No medre yo, sino me contenta el brio. Entrmonos todos, y demos
rden en lo que se ha de hacer: que el pobre pelar, y callar como
en misa.

ESTUDIANTE.

Y aun como en vsperas.

SACRISTAN.

Puesto me ha miedo el pobre estudiante: yo apostar que sabe mas
latin que yo.

LEONARDA.

De ah le deben de nacer los brios que tiene; pero no te pese, amigo,
de hacer caridad, que vale para todas las cosas.

(_ntranse todos._)


  _Sale Leoniso, compadre de Pancracio, y Pancracio._

COMPADRE.

Luego lo v yo que nos habia de faltar la rueda: no hay cochero que
no sea temtico: si l rodera un poco, y salvra aquel barranco, ya
estuviramos dos leguas de aqu.

PANCRACIO.

 m no se me da nada: que antes gusto de volverme y pasar esta noche
con mi esposa Leonarda, que en la venta; porque la dej esta tarde
casi para espirar del sentimiento de mi partida.

COMPADRE.

Gran mujer! De buena os ha dado el cielo, seor compadre: dadle
gracias por ello.

PANCRACIO.

Yo se las doy como puedo, y no como debo: no hay Lucrecia que se le
llegue, ni Porcia que se le iguale: la honestidad y el recogimiento
han hecho en ella su morada.

COMPADRE.

Si la mia no fuera zelosa, no tenia yo mas que desear: por esta calle
est mas cerca mi casa: tomad, compadre, por esta, y estareis presto
en la vuestra; y vemonos maana, que no me faltar coche para la
jornada:  Dios.

PANCRACIO.

 Dios.

(_ntranse los dos._)


  _Vuelven  salir el Sacristan, y el Barbero, con sus guitarras:
  Leonarda, Cristina y el Estudiante. Sale el Sacristan con la
  sotana alzada, y ceida al cuerpo, danzando al sn de su misma
  guitarra, y  cada cabriola vaya diciendo estas palabras_:

SACRISTAN.

Linda noche, lindo rato, linda cena y lindo amor!

CRISTINA.

Seor sacristan Reponce, no es este tiempo de danzar: dse rden
en cenar, y en las dems cosas, y qudense las danzas para mejor
coyuntura.

SACRISTAN.

Linda noche, lindo rato, linda cena y lindo amor!

LEONARDA.

Djale, Cristina, que en estremo gusto de ver su agilidad.


  _Llama Pancracio  la puerta, y dice_:

PANCRACIO.

Gente dormida, no os? Cmo, y tan temprano teneis atrancada la
puerta? Los recatos de mi Leonarda deben de andar por aqu.

LEONARDA.

Ay, desdichada!  la voz y  los golpes, mi marido Pancracio es
este: algo le debe de haber sucedido, pues l se vuelve. Seores,
 recogerse en la carbonera: digo al desvan, donde est el carbon.
Corre, Cristina, y llvalos, que yo entretendr  Pancracio de modo
que tengas lugar para todo.

ESTUDIANTE.

Fea noche, amargo rato, mala cena y peor amor!

CRISTINA.

Gentil relente, por cierto! Ea, vengan todos.

PANCRACIO.

Qu diablos es esto? Cmo no me abrs, lirones?

ESTUDIANTE.

Es el toque, que yo no quiero correr la suerte de estos seores:
escndanse ellos donde quisieren; y llvenme  m al pajar, que si
all me hallan, antes parecer pobre, que adltero.

CRISTINA.

Caminen, que se hunde la casa  golpes.

SACRISTAN.

El alma llevo en los dientes.

BARBERO.

Y yo en los carcaares.

(_ntranse todos; y asmase Leonarda  la ventana._)

LEONARDA.

Quin est ah? Quin llama?

PANCRACIO.

Tu marido, soy, Leonarda mia: breme, que ha media hora que estoy
rompiendo  golpes estas puertas.

LEONARDA.

En la voz bien me parece  m que oigo  mi cepo[53] Pancracio; pero
la voz de un gallo se parece  la de otro gallo, y no me aseguro.

PANCRACIO.

 recato inaudito de mujer prudente! Que yo soy, vida mia, tu marido
Pancracio: breme con toda seguridad.

LEONARDA.

Venga ac, yo lo ver agora. Qu hice yo cuando l se parti esta
tarde?

PANCRACIO.

Suspiraste, lloraste, y al cabo te desmayaste.

LEONARDA.

Verdad; pero con todo esto, dgame qu seales tengo yo en uno de
mis hombros?

PANCRACIO.

En el izquierdo tienes un lunar, del grandor de medio real, con tres
cabellos, como tres mil hebras de oro.

LEONARDA.

Verdad; pero cmo se llama la doncella de casa?

PANCRACIO.

Ea, boba, no seas enfadosa: Cristinica se llama, qu mas quieres?

LEONARDA.

Cristinica, Cristinica, tu seor es; brele, nia.

CRISTINA.

Ya voy, seora: que l sea muy bien venido. Qu es esto, seor de mi
alma? Qu acelerada vuelta es esta?

LEONARDA.

Ay, bien mio! Decdnoslo presto; que el temor de algun mal suceso me
tiene ya sin pulsos.

PANCRACIO.

No ha sido otra cosa, sino que en un barranco se quebr la rueda del
coche; y mi compadre y yo determinamos volvernos, y no pasar la noche
en el campo; y maana buscaremos en qu ir, pues hay tiempo. Pero
qu voces hay?

(_Dentro, y como de muy lejos, diga el estudiante_):

ESTUDIANTE.

branme aqu, seores, que me ahogo.

PANCRACIO.

Es en casa,  en la calle?

CRISTINA.

Que me maten si no es el pobre estudiante que encerr en el pajar,
para que durmiese esta noche.

PANCRACIO.

Estudiante encerrado en mi casa, y en mi ausencia? Malo! en verdad,
seora, que si no me tuviera asegurado vuestra mucha bondad, que me
causra algun recelo este encerramiento: pero ve, Cristina, y brele,
que se le debe haber caido toda la paja acuestas.

CRISTINA.

Ya voy.

(_Vse._)

LEONARDA.

Seor, que es un pobre salamanqueso, que pidi que le acogisemos
esta noche por amor de Dios, aunque fuese en el pajar; y ya sabes
mi condicion, que no puedo negar nada de lo que se me pide, y
encerrmosle; pero vsle aqu, y mirad cul sale.


  _Sale el Estudiante y Cristina: l lleno de paja las barbas,
  cabeza y vestido._

ESTUDIANTE.

Si yo no tuviera tanto miedo, y fuera menos escrupuloso, yo hubiera
escusado el peligro de ahogarme en el pajar, y hubiera cenado mejor,
y tenido mas blanda y menos peligrosa cama.

PANCRACIO.

Y quin os habia de dar, amigo, mejor cena y mejor cama?

ESTUDIANTE.

Quin? mi habilidad; sino que el temor de la justicia me tiene
atadas las manos.

PANCRACIO.

Peligrosa habilidad debe de ser la vuestra, pues os temeis de la
justicia.

ESTUDIANTE.

La ciencia que aprend en la Cueva de Salamanca, de donde yo soy
natural, si se dejra usar sin miedo de la santa Inquisicion, yo
s que cenra y recenra  costa de mis herederos; y aun quiz no
estoy muy fuera de usalla, siquiera por esta vez, donde la necesidad
me fuerza y me disculpa; pero no s yo si estas seoras sern tan
secretas como yo lo he sido.

PANCRACIO.

No se cure de ellas, amigo, sino haga lo que quisiere, que yo les
har que callen; y ya deseo en todo estremo ver alguna de estas cosas
que dicen que se aprenden en la Cueva de Salamanca.

ESTUDIANTE.

No se contentar vuestra merced con que le saque aqu dos demonios
en figuras humanas, que traigan acuestas una canasta llena de cosas
fiambres y comederas?

LEONARDA.

Demonios en mi casa, y en mi presencia? Jesus! librada sea yo de lo
que librarme no s.

CRISTINA.

El mismo diablo tiene el estudiante en el cuerpo: plega  Dios que
vaya  buen viento esta parva! temblndome est el corazon en el
pecho.

PANCRACIO.

Ahora bien, si ha de ser sin peligro y sin espantos, yo me holgar de
ver esos seores demonios y  la canasta de las fiambreras; y torno 
advertir, que las figuras no sean espantosas.

ESTUDIANTE.

Digo que saldrn en figura del sacristan de la parroquia, y en la del
barbero su amigo.

CRISTINA.

Mas qu lo dice por el sacristan Reponce, y por maese Roque, el
barbero de casa? Desdichados de ellos, que se han de ver convertidos
en diablos! Y dgame, hermano, y estos han de ser diablos bautizados?

ESTUDIANTE.

Gentil novedad!  dnde diablos hay diablos bautizados?  para qu
se han de bautizar los diablos? Aunque podr ser que stos lo fuesen,
porque no hay regla sin escepcion; y aprtense, y vern maravillas.

LEONARDA.

Ay, sin ventura! aqu se descosen: aqu salen nuestras maldades 
plaza: aqu soy muerta.

CRISTINA.

nimo, seora, que buen corazon quebranta mala ventura.

ESTUDIANTE.

    Vosotros, mezquinos, que en la carbonera
  Hallastes amparo  vuestra desgracia,
  Salid, y en los hombros, con priesa y con gracia,
  Sacad la canasta de la fiambrera.
  No me inciteis  que de otra manera
  Mas dura os conjure: salid, qu esperis?
  Mirad que si  dicha el salir rehusais,
  Tendr mal suceso mi nueva quimera.

Ora bien, yo s cmo me tengo de haber con estos demonicos humanos:
quiero entrar all dentro, y  solas hacer un conjuro, tan fuerte,
que los haga salir mas que de paso; aunque la calidad de estos
demonios, mas est en sabellos aconsejar, que en conjurallos.

(_ntrase el estudiante._)

PANCRACIO.

Yo digo que si este sale con lo que ha dicho, que ser la cosa mas
nueva y mas rara que se haya visto en el mundo.

LEONARDA.

S saldr, quin lo duda? Pues habanos de engaar?

CRISTINA.

Ruido anda all dentro: yo apostar que los saca; pero ve aqu do
vuelve con los demonios y el apatusco de la canasta.

LEONARDA.

Jesus, qu parecidos son los de la carga al sacristan Reponce, y el
barbero de la plazuela!

CRISTINA.

Mira, seora, que donde hay demonios no se ha de decir Jesus.

SACRISTAN.

Digan lo que quisieren, que nosotros somos como los perros del
herrero, que dormimos al sn de las martilladas: ninguna cosa nos
espanta ni turba.

LEONARDA.

Llguense  que yo coma de lo que viene de la canasta, no tomen menos.

ESTUDIANTE.

Yo har la salva y empezar por el vino.

(_Bebe._)

Bueno es: es de Esquivias, seor sacridiablo?

SACRISTAN.

De Esquivias es, juro ...

ESTUDIANTE.

Tngase por vida suya, y no pase adelante: amiguito soy yo de diablos
juradores: demonico, demonico, aqu no venimos  hacer pecados
mortales, sino  pasar una hora de pasatiempo, y cenar  irnos con
Cristo.

CRISTINA.

Y estos han de cenar con nosotros?

PANCRACIO.

S, que los diablos no comen.

BARBERO.

S comen algunos; pero no todos; y nosotros somos de los que comen.

CRISTINA.

Ay, seores! qudense ac los pobres diablos, pues han traido la
cena: pues seria poca cortesa dejarlos ir muertos de hambre, y
parecen diablos muy honrados y muy hombres de bien.

LEONARDA.

Como no nos espanten, y si mi marido gusta, qudense en buen hora.

PANCRACIO.

Queden, que quiero ver lo que nunca he visto.

BARBERO.

Nuestro Seor pague  usted la buena obra, seores mios.

CRISTINA.

Ay, qu bien criados, qu corteses! nunca medre yo, si todos los
diablos son como estos, si no han de ser mis amigos de aqu adelante.

SACRISTAN.

Oigan, pues, para que se enamoren de veras.

(_Toca el sacristan, y canta, y aydale el barbero con el ltimo
verso no mas._)

SACRISTAN.

  Oigan los que poco saben
  Lo que con mi lengua franca
  Digo del bien que en s tiene

BARBERO.

  La Cueva de Salamanca.

SACRISTAN.

  Oigan lo que dej escrito
  De ella el bachiller Tudanca,
  En el cuero de una yegua,
  Que dicen que fue potranca,
  En la parte de la piel
  Que confina con el anca,
  Poniendo sobre las nubes

BARBERO.

  La Cueva de Salamanca.

SACRISTAN.

  En ella estudian los ricos,
  Y los que no tienen blanca;
  Y sale entera y rolliza
  La memoria que est manca.
  Sintanse los que all ensean
  De alquitrn en una banca;
  Porque estas bombas encierra

BARBERO.

  La Cueva de Salamanca.

SACRISTAN.

  En ella se hacen discretos
  Los moros de la Palanca;
  Y el estudiante mas burdo
  Ciencias de su pecho arranca.
   los que estudian en ella
  Ninguna casa les manca;
  Viva, pues, siglos eternos

BARBERO.

  La Cueva de Salamanca.

SACRISTAN.

  Y nuestro conjurador,
  Si es  dicha de Loranca,
  Tenga en ella cien mil vides
  De uva tinta y de uva blanca;
  Y al diablo que le acusare,
  Que le den con una tranca;
  Y para el tal jams sirva

BARBERO.

  La Cueva de Salamanca.

CRISTINA.

Basta, que tambien los diablos son poetas.

BARBERO.

Y aun todos los poetas son diablos.

PANCRACIO.

Dgame, seor mio, pues los diablos lo saben todo, dnde se
inventaron todos estos bailes de la zarabanda, zambapalo, y de ello
me pesa con el famoso del nuevo escarramn?

BARBERO.

 dnde? en el infierno: all tuvieron su orgen y principio.

PANCRACIO.

Yo asi lo creo.

LEONARDA.

Pues en verdad, que tengo yo mis puntas y collar escarramanesco; sino
que por mi honestidad y por guardar el decoro  quien soy, no me
atrevo  bailarle.

SACRISTAN.

Con cuatro mudanzas que yo le ensease  usted cada dia, en una
semana saldria nica en el baile: que s que le falta bien poco.

ESTUDIANTE.

Todo se andar: por agora entrmonos  cenar, que es lo que importa.

PANCRACIO.

Entremos: que quiero averiguar si los diablos comen  no, con otras
cien mil cosas que de ellos cuentan; y por Dios, que no han de salir
de mi casa, hasta que me dejen enseado en la ciencia y ciencias que
se ensean en la Cueva de Salamanca.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DEL HOSPITAL DE LOS PODRIDOS_.[54]


  _Salen Leiva, el Rector y el Secretario._

LEIVA.

Jesus, Jesus! Qu hospital se ha hecho de forma!

RECTOR.

Era tanta la pudricion que habia en este lugar, que corria gran
peligro de engendrarse una peste, que muriera mas gente que el ao
de las landres; y asi, han acordado en la repblica, por via de buen
gobierno, de fundar un hospital para que se curen los heridos desta
enfermedad  pestilencia, y  m me han hecho rector.

SECRETARIO.

Despues que hay galera para las mujeres y hospital para los que se
pudren, anda el lugar mas concertado que un reloj.

RECTOR.

No quiera vuesa merced saber mas, seor Leiva, que habia hombre que
ni comia ni dormia en siete horas, haciendo discursos; y cuando via 
uno con una cadena  vestido nuevo, decia: Quin te lo di hombre?
dnde lo hubiste? de dnde lo pudiste sacar? T no tienes hacienda
mas que yo; con tener mas que t, apenas puedo dar unas cintas  mi
mujer. Y desvanecidos en esto, se les hace una ponzoa y polilla.
Mas pongmonos aqu, y veremos salir los enfermos.


  _Entra el Doctor tomando el pulso  Caizares._

DOCTOR.

Seor Caizares, yo no hallo  vuesa merced enfermedad.

CAIZARES.

Cmo no, pues que traigo conmigo un recocimiento y una desesperacion
y rabia intrnseca; y es de suerte, que se me hace una postema
recocida en el corazon?

DOCTOR.

Pues de qu le viene  vuesa merced tanta pesadumbre?

CAIZARES.

De ver solamente un hombre; y es de manera lo que le aborrezco, que
el dia que le topo en la calle, me vuelvo  mi casa y me estoy sin
salir della todo aquel dia, metido en un rincon, pensando que me ha
de suceder una desgracia.

DOCTOR.

Por cierto que vuesa merced tiene razon, que hay hombres que con su
vista pronostican eso, y de balde se dejan querer mal.

CAIZARES.

Pues no quiere vuesa merced que me pudra y me haga una ponzoa y
cruel polilla, si ste es un hombre que trae por los caniculares
chinelas, y la espada  zurdas?

DOCTOR.

Pues qu se le da  vuesa merced que el otro traiga la espada 
zurdas, ni por los caniculares chinelas?

CAIZARES.

Pues no se me ha de dar, pesia  m, si envian  este hombre por
gobernador de uno de los mejores lugares desta tierra?

DOCTOR.

Ya yo entiendo su pudricion de vuesa merced, y es que pretende vuesa
merced el mismo oficio.

CAIZARES.

Cmo pretender? Ni por pensamiento me ha pasado en toda mi vida,
sino slo me pudro de ver aquellos que han de ser gobernados por mano
deste hombre, que en tal tiempo trae chinelas, que mal podr depachar
los negocios con brevedad; y si es zurdo, no podr hacer cosa 
derechas.

RECTOR.

Ea, doctor, haced meter all ese podrido, y salgan los dems.

DOCTOR.

Venid, hermano, y curaros han.

LEIVA.

Hay tal cosa, y de lo que se pudre!


  _Entren los ministros, que son unos pcaros, y salen Pero Diaz y
  Marisantos._

PERO DIAZ.

Ea, dejadme, Marisantos, que no tengo de beber, ni comer, ni dormir,
ni sosegar un punto viendo estas cosas.

MARISANTOS.

Pues Pero Diaz, un hombre como vos y de vuestro entendimiento se ha
de pudrir de manera que pierda el comer, ni tomar tanta pena?

PERO DIAZ.

Pues no me la ha de dar, si hubo poeta que tuviese atrevimiento de
escribir esta copla?

    Jugando estaban, jugando,
  y aun al ajedrez, un dia
  el famoso Emperador
  y el rey moro de Almera.

MARISANTOS.

Pues qu os va  vos en que el otro escribiese eso?

PERO DIAZ.

Mucho: porque es muy gran testimonio, que levantaron al Emperador:
porque un prncipe de tanta majestad y tan colrico no se habia de
sentar  jugar  las tablas, juego de tanta flema, y mas con un rey
moro de Almera. Yo tengo, si este poeta es vivo, de hacerle que
se desdiga; y si fuere muerto, ver en su testamento si dej alguna
clusula que declare esto.

MARISANTOS.

Por cierto, lindo disparate! De eso no podeis comer ni dormir?
Gracioso cuidado habeis tomado!

RECTOR.

Venid ac, hermano, de qu es vuestra pudricion?

PERO DIAZ.

Con los poetas.

RECTOR.

Podrido estais de poetas? Harto trabajo teneis. Y con qu poetas os
pudris?

PERO DIAZ.

Con estos que hacen villancicos la noche de Navidad, que dicen mil
disparates, con mezcla de hereja. Y mire vuesa merced que dndole 
uno aquella octava de Garcilaso que dice:

  Cerca del Tajo, en soledad amena,
  De verdes sauces hay una espesura;

volvi esto:

  Cerca de Dios, en soledad amena,
  De verdes santos hay una espesura.

Y preguntando quin eran estos santos, dijo que san Felipe y
Santiago, y otros santos que caen por la primavera[55].

RECTOR.

Por cierto, gracioso disparate!

PERO DIAZ.

Pues una noche de Navidad entr en una iglesia deste lugar, y hall
cantando este motete:

  Cuando sale Jesus  sus corredores,
  Berceb no parece, y Satan se esconde.

Y preguntando cuyo era, respondi: Mio, muy satisfecho, como si
hubiera hecho una gran cosa. Y otro estaba tambien cantando esto:

  Qu haceis en este portal,
  Mi Dios, por el hombre ingrato?
  Zape de un gato, zape de un gato!

RECTOR.

No os maravilleis; porque son esos poetas invernizos, como melones.

PERO DIAZ.

Tambien me pudro con otros poetas, que piensan que saben, y no saben;
y otros que saben y no piensan.

RECTOR.

Declreme eso: qu quiere decir que saben, y no piensan?

PERO DIAZ.

Que hay poetas que saben lo que hacen, y por no pensarlo bien, se
van despeando en cas de todos los diablos[56].

RECTOR.

ste tiene gran necesidad de remedio; y asi, ser bien entregrselo 
los malos poetas, para que ellos le curen.

PERO DIAZ.

No, por amor de Dios.

RECTOR.

Hola, ministros! meted all ese podrido.

(_Mtenlo._)

LEIVA.

Hay tal cosa como la pudricion deste!

RECTOR.

Pues otro viene, que no dar menos en qu entender.


  _Entra Valenzuela._

VALENZUELA.

Hay tal cosa como esta, que sea un hombre tan dichoso, que en cuanto
mano pone todo le sucede bien! Hecho estoy un veneno de ponzoa, y
por mil partes destilando materia.

RECTOR.

De qu es la pudricion deste?

SECRETARIO.

Seor, ste es un pudrido furioso; y dale gran pesadumbre ver  un
vecino suyo, que todas las cosas le suceden bien.

RECTOR.

Ese es mal caso; y es mas envidia que pudricion.

VALENZUELA.

Cmo envidia? Los diablos me arrebaten si tal es, seor Rector; sino
que es ste un hombre muy avariento y miserable, que por ser tal,
nada le habia de suceder bien.

RECTOR.

Tiene razon: que  los tales poca ventura les habia de ayudar. Y si
alguno tiene razon de pudrirse, es este hombre; y asi, se le puede
dar tres dias en la semana para que se pudra?

VALENZUELA.

Cmo tres dias? Mas me pudrir de no pudrirme.

RECTOR.

And con Dios, y podrios todo el tiempo que os diere gusto.

VALENZUELA.

Beso las manos  vuesa merced por la merced.


  _Vse Valenzuela y sale Galvez._

GALVEZ.

Que haya mujer de tan mal gusto! Por sta se debi de decir que hay
ojos que de legaas se enamoran.

RECTOR.

De qu se pudre este hermano?

SECRETARIO.

Este hermano se pudre de que una dama muy hermosa deste lugar est
enamorada de un hombre calvo y que mira con un antojo.

RECTOR.

Pues deso os pudris, hermano? Pues qu os va  vos en que la otra
tenga mal gusto?

GALVEZ.

Pues no me ha de ir? Que mas quisiera verla enamorada de un
demonio. Por qu una mujer tan hermosa ha de favorecer  un hombre
antojicalvo?

RECTOR.

Y con la clera que lo toma!

GALVEZ.

No lo he de tomar con clera? Dgame vuestra merced qu ha de hacer
una mujer cuando despierte y vea que tiene  su lado un hombre calvo
( calavera,  calabaza, que tal parece un calvo), ni cmo le puede
mirar con buenos ojos, tenindolos l tan malos?

RECTOR.

Ea vos estais podrido. Hola ministros! meted all ese podrido.

GALVEZ.

 m, seor! Por qu?

(_Mtenle._)

LEIVA.

Los podridos que se van desmoronando! Y si no se pone remedio, en
pocos dias se multiplicarn tantos, que sea menester que haya otro
nuevo mundo, donde habiten.

RECTOR.

Lea vuesa merced esa relacion, seor secretario.

(_Saca el Secretario unos papeles y lee._)

SECRETARIO.

Asimismo, hay aqu alguno que se pudre con los que tienen las
narices muy grandes.

RECTOR.

Vlgale el diablo! Pues qu le va  l en que el otro las tenga
grandes  pequeas?

SECRETARIO.

Dice que suele un narigon destos pasar por una calle angosta, y que
ocupa tanto la calle, que es menester ir de medio lado para que pasen
los que van por ella; y fuera deste inconveniente, hay otro mayor,
que es gastar paizuelos disformes en tanta manera, que pueden servir
de velas de navos.

RECTOR.

Podrido de humor es ste.

SECRETARIO.

Otro se pudre de que hay algunos que comen con babadores.

RECTOR.

Y no va muy fuera de camino; porque los tales parecen guitarras de
bano con tapas blancas, y se hacen ahembrados. Pero notifquesele
que dentro de tres dias est sano de su pudricion; y si no, que
le echarn una melecina de esdrjulos de poeta que le harn echar
el nima (si fuere necesario), preparada con sesos de los dichos
poetas[57].

SECRETARIO.

Pues hay en todo el mundo sesos de poetas para henchir media cscara
de avellana, cuanto y mas para preparar una melecina? Por lo menos ha
de llevar cuatro onzas de todos matalotajes que concurren en el arte
melecinal.

RECTOR.

Pas adelante.

SECRETARIO.

Otro se pudre de los mdicos, que cuando les van  dar el rcipe de
la cura, van diciendo: No lo quiero, no lo quiero, y van puniendo
la mano atrs como cucharon.

RECTOR.

Ese se pudre justamente. De qu sirven los melindres donde hay tan
buenas ganas de mas, si mas les diesen?

SECRETARIO.

Otro se pudre de que para haber tan pocos discretos, hay tantos
sastres y zapateros.

RECTOR.

Pues qu queria que hubiese?

SECRETARIO.

Albitares y oficiales de jalmas asntiles.

RECTOR.

Ese podrido se va  satrico. Pnganle en la boca del estmago,
porque detenga, un emplasto de mozos de sastre, y sahmenle con diez
pelos de las cejas de Celestina[58].

RECTOR.

Pues de aqu veo yo mas de cuatro.

SECRETARIO.

Aqu hay ciertas viejas que se pudren de que las gallinas de sus
vecinas ponen mas gordos huevos y crian mejores pollos.

RECTOR.

Esas son pudriciones baladies; y  esas viejas chenles unos polvos
de hijos pajizos.

SECRETARIO.

Tambien hay dos casados, que el marido se pudre porque su mujer
tiene los ojos azules, y ella se pudre porque el marido tiene la boca
grande.

RECTOR.

Gente debe ser de buen humor; salgan aqu, que los quiero ver.


  _Salen Clara y Villaverde._

CLARA.

Acabad, seor; harto mejor fuera que os pudrirades de ver vuestra
disforme boca, que no parece sino boca de alnafe, y dejarme  m con
mis ojos, azules  verdes.

RECTOR.

Pues ven ac, hermano, deso os pudris, porque vuestra mujer tenga
los ojos azules?

VILLAVERDE.

S seor; que no se usan agora, sino negros.

RECTOR.

Hay tal desatino! Pues si Dios se los ha dado asi, qu los ha de
hacer?

VILLAVERDE.

Para eso es el habilidad: que se los tia; que de puro reir esto se
me ha desgajado la boca.

RECTOR.

Gracioso disparate, si yo le he visto en mi vida! Y asi, es
menester que se os den unos botones de fuego con yerros de mdicos y
boticarios[59].

VILLAVERDE.

Aun esos son peores que los de los letrados; porque los unos paran en
las bolsas, y los otros paran en la salud y en la vida.

LEIVA.

Seor secretario, esta seora es mujer deste hombre?

SECRETARIO.

No lo ve vuesa merced?

LEIVA.

Jesus! Jesus! Jesus mil veces!

SECRETARIO.

De qu se santigua vuesa merced?

LEIVA.

No me tengo de santiguar, que una mujer tan hermosa est casada con
un hombre tan feo como es ste, que no parece sino un escarabajo?

SECRETARIO.

Pues deso se pudre vuesa merced?

LEIVA.

Pues no quiere vuesa merced que me pudra y me haga una ponzoa
viendo cosa semejante, que merezca esta seora un prncipe por
marido, y que fuese un ngel en condicion y en presencia?

SECRETARIO.

Rematado est! Hola ministros! Met all ese podrido!

LEIVA.

 m por qu razon?

(_Mtenlo._)

RECTOR.

Seor Secretario, ha visto vuesa merced que un hombre de tan buen
entendimiento haya disparatado desta suerte?

SECRETARIO.

Pues eso le ha de dar  vuesa merced pena?

RECTOR.

Pues no me ha de dar, pesia mi, el ver que haya perdido el juicio
un hombre que yo tenia en tan buena reputacion, y por muy cuerdo y
prudente?

SECRETARIO.

Pudrido est vuesa merced. Hola, ministros!

RECTOR.

 m, seor secretario?

(_Mtenlo._)

CLARA.

Seor Secretario, mucho me maravillo de que un hombre como vuesa
merced no haya tenido mejor trmino con el seor Rector.

SECRETARIO.

Pues deso se pudre vuesa merced?

CLARA.

Pues no me tengo de pudrir, viendo la obligacion que vuesa merced le
tiene, y no guardarle mas respeto al seor Rector, siendo superior en
todo? Y bastaba ser su autoridad para tenrsele, y no tenerle de la
manera que vuesa merced le tiene.

SECRETARIO.

Oigan, oigan, y qu perdida est la hermana, y qu perdida!
Ministros, metan all esta hermana.

CLARA.

 m, seor? Mire vuesa merced...

(_Mtenla._)

SECRETARIO.

Seor Villaverde, esta seora es mujer de vuesa merced?

VILLAVERDE.

Si es mi mujer? Por qu lo pregunta vuestra merced?

SECRETARIO.

Pregntolo, porque la ve llevar presa vuesa merced, y se est con esa
flema.

VILLAVERDE.

Pues no tengo de estar?

SECRETARIO.

Cmo estar? pesia  m. No me diga eso, que arrojar los papeles y
me har perder la paciencia. Pues un hombre como vuesa merced, tan
honrado, no tiene obligacion de sentir la desgracia de su mujer?

VILLAVERDE.

Podrido est el amigo; no os escapareis del hospital. Hola,
ministros!

(_Mtenle los ministros._)

(_Saca Villaverde una guitarra y canta._)

        No se pudra nadie
      de lo que otros hacen.
    Pues que toda vuestra vida
  es como juego de naipes,
  donde todas son figuras,
  y el mejor, mejor lo hace;
    dejemos  cada uno
  viva en la ley que gustare,
  aunque su vida juzguemos
   Ginebra semejante.
    Presuma de que  las musas
  ya vaci los orinales
  quien puede ser compaero
  de los que alcceres pacen.
    Que es valiente el que, enseado
   mas robustos manjares,
  no se halla sin gollina,
  porque consigo la trae.
    Y que  poder de arrebol,
  del soliman y albayalde,
  la que es demonio en figura
  quiera parecer un ngel.
    Que vea del modo que van
  los que reciben pesares,
  y les enfada y da pena
  las ajenas necedades.
        No se pudra nadie
      de lo que los otros hacen.
    Tomen ejemplo en m mismo,
  que cuando encuentro en la calle
  acuchillndose dos,
  echo  mi espada una llave;
    y pues miro con antojos,
  si el astrlogo arrogante
  en su repertorio miente,
  nunca procuro enfadarme.
    Salga el sol  medioda;
  y cuando nuevos me calce
  los zapatos, llueva luego,
  que es desgracia bien notable;
    y despues de haberme hurtado
  la mitad del pao el sastre,
  no salga bueno el vestido,
  vinindome estrecho  grande;
    parezca bien la comedia,
   digan que es disparate;
  venga  no venga la gente,
  oigan con silencio  parlen,--
    yo no me pienso pudrir,
  ni que el contento me acabe,
  aunque abadejo me digan
  y aunque bacallao me llamen.


FIN DE ESTE ENTREMES.




[Ilustracin]




  ENTREMES
  _DE LOS DOS HABLADORES_.


  _Salen el Procurador, Sarmiento y Roldan en hbito roto, cuera,
  espada y calcillas._

SARMIENTO.

Tome, seor procurador, estos doscientos ducados; y doy palabra 
usted que aunque me costra cuatrocientos, holgrame que fuera la
cuchillada de otros tantos puntos.

PROCURADOR.

Usted ha hecho como caballero en drsela, y como cristiano en
pagrsela; y yo llevo el dinero, contento de que me descanse y l se
remedie.

ROLDAN.

Ah, caballero! es usted procurador?

PROCURADOR.

S soy, qu manda usted?

ROLDAN.

Qu dinero es ese?

PROCURADOR.

Dmele este caballero, para pagar la parte  quien di una cuchillada
de doce puntos.

ROLDAN.

Y cunto es el dinero?

PROCURADOR.

Doscientos ducados.

ROLDAN.

Vaya usted con Dios.

PROCURADOR.

Dios guarde  usted.

(_Vse._)

ROLDAN.

Ah, caballero!

SARMIENTO.

 m gentilhombre?

ROLDAN.

 usted digo.

SARMIENTO.

Y qu es lo que manda?

ROLDAN.

Cbrase usted, que si no no hablar palabra.

SARMIENTO.

Ya estoy cubierto.

ROLDAN.

Seor mio: yo soy un pobre hidalgo; aunque me he visto en honra:
tengo necesidad; y he sabido que usted ha dado doscientos ducados
 un hombre  quien ha dado una cuchillada; y por si usted tiene
deleite en darlas, vengo  que usted me d una adonde fuere servido,
que yo lo har con cincuenta ducados menos que otro.

SARMIENTO.

Si no estuviera tan mohino me obligra  reir. Usted dcelo de
veras? Pues venga ac, piensa que las cuchilladas se dan sino 
quien las merece?

ROLDAN.

Pues quin las merece como la necesidad? No dicen que tiene cara de
hereje? Pues dnde estar mejor una cuchillada que en la cara de un
hereje?

SARMIENTO.

Usted no debe de ser muy leido: que el proverbio latino no dice, sino
que _necesitas caret lege_, que quiere decir, que la necesidad carece
de ley.

ROLDAN.

Dice muy bien usted: porque la ley fue inventada para la quietud; y
la razon es el alma de la ley; y quien tiene alma tiene potencias:
tres son las potencias del alma, memoria, voluntad y entendimiento:
usted tiene muy buen entendimiento; porque el entendimiento se conoce
en la fisonoma, y la de usted es perversa, por la concurrencia de
Saturno y Jpiter; aunque Vnus le mira en cuadrado, en la decanoria
del signo ascendente por el horscopo.

SARMIENTO.

Por el diablo que aqu me trajo, esto es lo que yo habia menester,
despues de haber pagado doscientos ducados por la cuchillada!

ROLDAN.

Cuchillada dijo usted? Est bien dicho: cuchillada fue la que
di Can  su hermano Abel, aunque entonces no habia cuchillos:
cuchillada fue la que di Alejandro Magno  la reina Patasilea, sobre
quitalle  Zamora la bien cercada; y asimismo Julio Csar al conde
don Pedro Anzures, sobre el jugar  las tablas con dos Gaiferos entre
Cavaas y Olas: pero advierta usted que las heridas se dan de dos
maneras; porque hay traicion y alevosa: la traicion se comete al
rey; la alevosa contra los iguales: por las armas lo han de ser; y
si yo riere con ventaja: porque dice Carranza en su filosofa de la
espada, y Terencio en la conjuracion de Catilina...

SARMIENTO.

Vyase con el diablo, que me lleva sin juicio! No echa de ver que
me dice bernardinas?[60]

ROLDAN.

Bernardinas dijo usted? y dijo muy bien, porque es muy lindo nombre;
y una mujer que se llamase Bernardina, estaba obligada  ser monja de
San Bernardo; porque si se llamase Francisca, no podia ser: que las
Franciscas tienen cuatro efes: la F es una de las letras del A. B.
C.: las letras del A. B. C. son veintitres: la K sirve en castellano
cuando somos nios, porque entonces decimos la caca, que se compone
de dos veces esta letra K: dos veces pueden ser de vino: el vino
tiene grandes virtudes: no se ha de tomar en ayunas, ni aguado;
porque las partes raras del agua penetran los poros y se suben al
celebro; y entrando puros...

SARMIENTO.

Tngase, que me ha muerto; y pienso que algun demonio tiene revestido
en esa lengua.

ROLDAN.

Dice usted muy bien; porque quien tiene lengua  Roma va: yo he
estado en Roma y en la Mancha, en Transilvania y en la Puebla de
Montalvan: Montalvan era un castillo, de donde era seor Reinaldos:
Reinaldos era uno de los doce Pares de Francia, y de los que comian
con el emperador Carlo Magno en la mesa redonda; porque no era
cuadrada ni ochavada: en Valladolid hay una placetilla, que llaman el
ochavo: un ochavo es la mitad de un cuarto: un cuarto se compone de
cuatro veces un maraved: el maraved antiguo basta tanto como agora
un escudo: dos maneras hay de escudos, hay escudos de paciencia, y
hay escudos...

SARMIENTO.

Dios me la d para sufrille! tngase, que me lleva perdido.

ROLDAN.

Perdido dijo usted y dijo muy bien; porque el perder no es ganar:
hay siete maneras de perder: perder al juego, perder la hacienda, el
trato, perder la honra, perder el juicio, perder por descuido una
sortija  un lienzo, perder...

SARMIENTO.

Acabe con el diablo!

ROLDAN.

Diablo dijo usted? y dijo muy bien; porque el diablo nos tienta con
varias tentaciones: la mayor de todas es la de la carne: la carne no
es pescado: el pescado es flemoso: los flemticos no son colricos:
de cuatro elementos est compuesto el hombre, de clera, sangre,
flema y melancola: la melancola no es alegra; porque la alegra
consiste en tener dineros: los dineros hacen  los hombres: los
hombres no son bestias: las bestias pacen; y finalmente...

SARMIENTO.

Y finalmente, me quitar usted el juicio,  poco podr; pero le
suplico en cortesa me escuche una palabra, sin decirme lo que es
palabra, que me caer muerto.

ROLDAN.

Qu manda usted?

SARMIENTO.

Seor mio: yo tengo una mujer, por mis pecados, la mayor habladora
que se ha visto desde que hubo mujeres en el mundo: es de suerte lo
que habla, que yo me he visto muchas veces resuelto  matalla por las
palabras, como otros por las obras: remedios he buscado, ninguno ha
sido  propsito:  m me ha parecido que si yo llevase  usted  mi
casa, y hablase con ella seis dias  reo[61], me la pondria de la
manera que estn los que comienzan  ser valientes delante de los que
h muchos dias que lo son. Vngase usted conmigo, suplcoselo: que
yo quiero fingir que usted es mi primo, y con este achaque tendr 
usted en mi casa.

ROLDAN.

Primo dijo usted? , qu bien que dijo usted! Primo decimos al hijo
del hermano de nuestro padre: primo  un zapatero de obra prima:
prima es una cuerda de una guitarra: la guitarra se compone de cinco
rdenes: las rdenes mendigantes son cuatro: cuatro son los que no
llegan  cinco: con cinco estaba obligado  reir antiguamente el que
desafiaba de comun; como se vi en don Diego Ordoez, y los hijos de
Arias Gonzalo, cuando el rey don Sancho...

SARMIENTO.

Tngase por Dios, y vngase conmigo, que all dir lo dems!

ROLDAN.

Camine delante usted, que yo le pondr esa mujer en dos horas muda
como una piedra, porque la piedra...

SARMIENTO.

No le oir palabra.

ROLDAN.

Pues camine, que yo le curar  su mujer.


  _Vse Sarmiento y Roldan; y sale doa Beatriz  Ins su criada._

BEATRIZ.

Ins! hola Ins! qu digo? Ins, Ins!

INS.

Ya oigo, seora, seora, seora.

BEATRIZ.

Bellaca, desvergonzada, cmo me respondeis vos con ese lenguaje?
No sabeis vos que la vergenza es la principal joya de las mujeres?

INS.

Vuestra merced, por hablar, cuando no tiene de qu, me llama
doscientas veces.

BEATRIZ.

Pcara, el nmero de doscientos es nmero mayor, debajo del cual
se pueden entender doscientos mil, aadindole ceros: los ceros no
tienen valor por s mismos.

INS.

Seora, ya lo tengo entendido: dgame vuesa merced qu tengo de
hacer, porque haremos prosa.

BEATRIZ.

Y la prosa es para que traigais la mesa, para que coma vuestro amo:
que ya sabeis que anda mohino; y una mohina en un casado es causa de
que levante un garrote, y comenzando por las criadas, remate con el
ama.

INS.

Pues hay mas de sacar la mesa? Voy volando.


  _Salen Sarmiento y Roldan._

SARMIENTO.

Hola!, no est nadie en esta casa? Doa Beatriz, hola!

BEATRIZ.

Aqu estoy, seor. De qu vens dando voces?

SARMIENTO.

Mirad que traigo este caballero, soldado y pariente mio, convidado:
acaricialde y regalalde mucho, que va  pretender  la crte.

BEATRIZ.

Si vuestra merced va  la crte, lleve advertido que la crte no
es para Crlos tu encogido; porque el encogimiento es linage de
bobera; y un bobo est cerca de ser desvalido, y lo merece; porque
el entendimiento es luz de las acciones humanas, y toda la accion
consiste...

ROLDAN.

Quedo, quedo: suplico  vuestra merced, que bien s que consiste en
la disposicion de la naturaleza; porque la naturaleza obra por los
instrumentos corporales, y va disponiendo los sentidos: los sentidos
son cinco, andar, tocar, correr y pensar, y no estorbar: toda persona
que estorbare es ignorante; y la ignorancia consiste en no caer en
las cosas; quien cae y se levanta, Dios le da buenas pascuas: las
pascuas son cuatro, la de Navidad, la de Reyes, la de Flores, y la de
Pentecosts: Pentecosts es un vocablo esquisito.

BEATRIZ.

Cmo esquisito? Mal sabe vuestra merced de esquisitos: toda cosa
esquisita es estraordinaria: la ordinaria no admira: la admiracion
nace de cosas altas: la mas alta cosa del mundo es la quietud, porque
nadie la alcanza: la mas baja es la malicia, porque todos caen en
ella: el caer es forzoso, porque hay tres estados en todas las cosas,
el principio, el aumento y la declinacion.

ROLDAN.

Declinacion dijo vuestra merced y dijo muy bien; porque los nombres
se declinan, los verbos se conjugan; y los que se casan se llaman
con este nombre; y los casados son obligados  quererse, amarse y
estimarse, como lo manda la Santa Madre Iglesia; y la razon de esto
es...

BEATRIZ.

Paso, paso: qu es esto, marido? Teneis juicio? Qu hombre es este
que habeis traido  mi casa?

SARMIENTO.

Por Dios que me huelgo, que he hallado con qu desquitarme. Dad ac
la mesa presto, y comamos: que el seor Roldan ha de ser husped mio
seis  siete aos.

BEATRIZ.

Siete aos? Malos aos; ni una hora, que reventar, marido.

SARMIENTO.

l era harto mejor para serlo vuestro. Hola, dad ac la comida.

INS.

Convidados tenemos? Aqu est la mesa.

ROLDAN.

Quin es esta seora?

SARMIENTO.

Es criada de casa.

ROLDAN.

Una criada que se llama en Valencia fadrina, en Italia masara, en
Francia gazpirria, en Alemania filimoquia, en la crte sirvienta, en
Vizcaya moscorra, y entre pcaros daifa. Venga la comida alegremente,
que quiero que vuesas mercedes me vean comer al uso de la Gran
Bretaa.

BEATRIZ.

Aqu no hay que hacer, sino perder el juicio, marido: que reviento
por hablar.

ROLDAN.

Hablar dijo vuestra merced? Dijo muy bien: hablando se entienden los
conceptos; estos se forman en el entendimiento: quien no entiende no
siente: quien no siente no vive: el que no vive es muerto: un muerto
echalle en un huerto.

BEATRIZ.

Marido, marido!

SARMIENTO.

Qu quereis, mujer?

BEATRIZ.

Echadme de aqu este hombre con los diablos: que reviento por hablar.

SARMIENTO.

Mujer, tened paciencia: que hasta cumplidos los dichos siete aos no
puede salir de aqu: porque he dado mi palabra, y estoy obligado 
cumplirla,  no ser quien soy.

BEATRIZ.

Siete aos? Primero ver yo mi muerte. Ay, ay, ay!

INS.

Desmayse. Esto quiere ver vuestra merced delante de sus ojos? Vla
ah muerta.

ROLDAN.

Jesus! de qu le ha dado este mal?

SARMIENTO.

De no hablar.

(_Dentro la justicia._)

ALGUACIL.

Abran aqu  la justicia, abran  la justicia!

ROLDAN.

La justicia! Ay, triste de m! que yo ando huido, y si me conocen
me han de llevar  la crcel.

SARMIENTO.

Pues seor, el remedio es meterse en esta estera vuestra merced, que
las habian quitado para limpiarlas; y asi se podr librar, que yo no
hallo otro.


  _Mtese en la estera Roldan, y salen Alguacil, Escribano y
  Corchete._

ALGUACIL.

Era para hoy el abrir esta puerta?

SARMIENTO.

Qu es lo que vuestra merced manda, que tan furioso viene?

ALGUACIL.

El seor gobernador manda que, no obstante que vuestra merced ha
pagado los doscientos ducados de la cuchillada, venga vuestra merced
 darle la mano  este hombre, y se abracen y sean amigos.

SARMIENTO.

Querria comer agora.

ESCRIBANO.

El hombre est aqu junto; y luego se volver vuestra merced  comer
despacio.

SARMIENTO.

Vamos en buen hora.

INS.

Vuelve en t, seora: que si de no hablar te has desmayado, agora que
ests sola hablars cuanto quisieres.

BEATRIZ.

Gracias  Dios, que agora descansar del silencio que he tenido.

(_Saque Roldan la cabeza de entre la estera y mirando  Beatriz,
diga_):

ROLDAN.

Silencio dijo vuestra merced? y dijo muy bien: porque el silencio
fue siempre alabado de los sabios; y los sabios callan  tiempos, y
hablan  tiempos; porque hay tiempos de hablar, y tiempos de callar;
y quien calla otorga, y el otorgar es de escrituras; y una escritura
ha menester tres testigos, y si es de testamento cerrado siete;
porque...

BEATRIZ.

Porque el diablo te lleve, hombre, y quien ac te trujo. Hay tan
gran bellaquera? Yo vuelvo  desmayarme.


  _Vuelven  salir todos._

SARMIENTO.

Ya que se han hecho las amistades, quiero que vuestras mercedes beban
con una caja. Hola, dad ac la cantimplora y aquella perada.

BEATRIZ.

Agora nos meteis en eso? No veis que estamos ocupados sacudiendo
estas esteras? Muestra el palo; y t con esotro dmoslas hasta que
queden limpias.

ROLDAN.

Paso, paso, seoras: que bien entend que hablaban mucho, pero no que
jugaban de mano.

ALGUACIL.

Oiga, qu es esto? No es aquel bellaco de Roldanejo el hablador,
que hace las maulas?

ESCRIBANO.

El mismo.

ALGUACIL.

Sed preso, sed preso.

ROLDAN.

Preso dijo vuestra merced? y dijo muy bien; porque el preso no es
libre, y la libertad...

ALGUACIL.

Que no, no, aqu no ha de valer la habladura: vive Dios, que habeis
de ir  la crcel.

SARMIENTO.

Seor alguacil, suplico  vuestra merced que por haberse hallado en
mi casa, esta vez no se le lleve: que doy palabra  vuestra merced de
darle con que se vaya del lugar en curndome  mi mujer.

ALGUACIL.

Pues de qu la cura?

SARMIENTO.

Del hablar.

ALGUACIL.

Y cmo?

SARMIENTO.

Hablando: porque como habla tanto, la enmudece.

ALGUACIL.

Soy contento, por ver ese milagro; pero ha de ser con condicion, que
si la diere sana, me avise vuestra merced luego, porque le lleve  mi
casa: que tiene mi mujer la propia enfermedad, y me holgaria que me
la curase de una vez.

SARMIENTO.

Yo avisar con lo que hubiere.

ROLDAN.

Yo s que la dejar bien curada.

ALGUACIL.

Vete, pcaro hablador!

SARMIENTO.

No me desagrada el verso.

ALGUACIL.

Pues si no le desagrada, oiga, que yo tengo alguna vena de poesa.

ROLDAN.

Oiga? poesa ha dicho vuestra merced? Pues repare, que por Dios que
la ha de llevar de puo.

(_Hcense la salva, y van diciendo las glosas._)

ALGUACIL.

  La condicion del hablar
  Mas parece tentacion
  De quien nos suele tentar;
  Ni puede ser condicion
  En hombre que es muladar.
  Parte  servir de atambor
  Con esa lengua, embaidor;
  Y pues que con mayor ruido
  Suenas  un discreto oido,
  Vete pcaro hablador.

ESCRIBANO.

  Despues de muerto s yo
  Que ha de ponerse en lugar
  De epitafio: _aqu muri_
  _Quien muerto no ha de callar_
  _Tanto como vivo habl_.

INS.

Esa quiero yo acabar.

ESCRIBANO.

Diga, veamos.

INS.

  Y pues de hablar el rigor
   un muerto pone temor,
   un monte, donde  ninguno
  Seas hablando importuno,
  Vete, pcaro hablador.

SARMIENTO.

Va la mia.

   t, que hablaste por veinte,
  Y hablaste por veinte mil,

BEATRIZ.

  Yo la acabar, detente:

ROLDAN.

  Por hablar; traza sutil.

BEATRIZ.

  Repare, seor pariente;
  Vete  donde tu rumor
  No suene para tu mengua;
  Y pues se sabe tu flor,
  Vete, enfermo de la lengua,
  Vete, pcaro hablador.

ROLDAN.

Oigan y reparen vuestras mercedes, que no ser peor la mia:

  Aqu he venido  curar
  Una mujer habladora
  Que nunca supo callar,
   quien pienso desde agora
  Enmudecer con hablar.
  Convdame este seor,
  Y comer con rigor,
  Aunque diga su mujer,
  Por no me dar de comer,
  Vete, pcaro hablador.

(_ntranse dndose vaya, con que se da fin._)


FIN DE LOS ENTREMESES.




NDICE


  Prlogo.                                                   v
  Entrems del Juez de los Divorcios.                        1
  Entrems del rufin viudo, llamado Trampagos.             15
  Entrems del vizcano fingido.                            37
  Entrems de la guarda cuidadosa.                          57
  Entrems del viejo zeloso.                                79
  Entrems de la eleccin de los alcaldes de Daganzo.       99
  Entrems de la crcel de Sevilla.                        119
  Entrems del Retablo de las maravillas.                  139
  Entrems de la Cueva de Salamanca.                       157
  Entrems del Hospital de los podridos.                   177
  Entrems de los dos habladores.                          193




NOTAS

  [1] No cacarees, no ponderes tanto tu negocio.

  [2] De pao,  empaado el rostro.

  [3] Duea absoluta.

  [4] Metfora tomada del juego de naipes de este nombre, especie
  del que hoy se llama del parar, en el que las dos primeras
  cartas que se sacan de la baraja junta pertenecen la primera al
  contrario, y la segunda al que da al naipe, y estas dos se llaman
  juntas. El que lleva el naipe ha de querer todos los envites que
  hace el contrario,  dejar el naipe; y de esto est tomada la
  metfora que aqu usa el viejo, y cuya alusion es bien fcil de
  entender.

  [5] Refran que esplica lo poco que suele durar el fervor en
  algunas personas que entran de nuevo en algun estado, destino
   trato;  que todas las cosas aplacen y hacen bondad en el
  principio, pero que pasada la novedad, se mudan  ceden.

  [6] Lo mismo que enhoramala,  en mala hora.

  [7] Frase que se usa para decir que el que en un negocio est 
  lo favorable, tambien debe estar  lo adverso.

  [8] Esto es, hacer un entero y completo uso de todos sus
  sentidos: metfora tomada del juego de naipes, llamado qunola,
  y en que los jugadores brujulean  rastrean, por ver si tienen
  qunola, por sola la pinta de las cartas, y sin descubrir estas.

  [9] Esto es, de aumentar el nmero de los mirones  espectadores
  del juego, pero que no toman parte en l.

  [10] Es el vestido de calle,  el que se pone para salir  ella,
  diferente  mas esmerado que el que se usa para viaje,  para
  estar dentro de casa.

  [11] Esto es, en nada: me desprecia  tiene por cosa de menos
  valer.

  [12] Son los mozos de carga,  que se ocupan en portear y
  descargar las cargas de todas clases, y especialmente las de
  carbon.

  [13] Esto es, de mala vida,  de mal vivir: tambien significa la
  esclava.

  [14] Vase la nota de la pgina 11.

  [15] Voz anticuada; lo mismo que seor.

  [16] Voz tambien anticuada; lo mismo que vuesa merced,  usted.

  [17] El sol de la gente de la hampa,  de los pcaros, matones y
  valentones. Todas  las mas de las voces y espresiones que aqu
  se notan son de la germania,  lenguaje picaresco.

  [18] Lo mismo que charlado, hablado.

  [19] Es este lance, suerte  jugada de esgrima; que es la ida y
  venida sin intermision, que juegan dos que esgrimen.

  [20] Lo mismo que _ad omnia_: esto es, que todo ha de ser hoy
  psames.

  [21] De ser azotado por la justicia.

  [22] Esto es, tom once veces las unciones.

  [23] Esto es, que tenia tantas fuentes como los jardines de
  Aranjuez.

  [24] Cuando se toca  queda;   recoger en ciertos pueblos
  de Espaa, donde habia antiguamente la costumbre de tocar  
  recoger  cierta hora de la noche, taendo una campana.

  [25]  mi querido.

  [26] Mis dos ojos.

  [27] Por hijo de malicias, malicioso.

  [28] Reales, por monedas.

  [29] Sobornado, ganado con dinero.

  [30] En seal de ser su esclava,  para que la tuviese por tal.

  [31] Del vino caro  del mejor.

  [32] La justicia.

  [33] Es desear  complacerse en una cosa que se desea, regodearse
  con ella.

  [34] Con los rsticos.

  [35] Padece de la cabeza, est loco.

  [36] Demasas.

  [37] Llambase as  la pieza  piezas de cabritilla, adobadas
  con varias figuras y labores estampadas con prensa, y de que
  antiguamente se hacia mucho uso para cubiertas de mesa, cortinas
  y aun tapices.

  [38] Modo anticuado por _se espantaria_  _espantariase_.

  [39]  la inquisicin; porque los que eran condenados  ser
  quemados por este tribunal, sufrian este castigo en una hoguera
  llamada _el brasero_.

  [40]  la galera  encierro de las malas mujeres.

  [41] Aunque algunos crticos han dudado sobre atribuir la
  paternidad de este entremes  Cervantes, hoy ya la opinion mas
  acreditada se la concede.

  [42] En Germania la palabra _cerra_ vale tanto como mano.

  [43] Esto es, de engaos.

  [44] Voces todas con que se califican diversas habilidades y
  hazaas de los hampores.

  [45] Que s hacer algo, que s mi obligacin, y no se reduce todo
   palabras generales y meras ofertas.

  [46] Disponte, preprate  adular y lisonjear con tu parlar  los
  espectadores.

  [47] No uses de agudezas  remontes demasiado el estilo, de modo
  que no te entiendan.

  [48] Judio convertido.

  [49] Esto es, me precio de entender el arte cmica;  soy
  aficionado  ella.

  [50] De ellos es, judio convertido es  hijo bastardo.

  [51] Espresion metafrica, que vale lo mismo que gente soez.

  [52] Vino bueno, espirituoso: el mas fuerte se llama de dos
  orejas.

  [53] Por esposo.

  [54] Alude  los que por cualquier cosa se afanan, desasosiegan y
  desesperan.

  [55]  Santiago el Menor, cuya fiesta se celebra efectivamente,
  en mayo, la llamaban _Santiago el Verde_.

  [56] _En cas_; lo mismo que _en casa_.

  [57] El sentido es confuso, si bien de lo que  continuacin dice
  el SECRETARIO se deduce que los sesos de los poetas  que alude,
  son los que han de hacer el oficio de vomitivos, sin duda por lo
  repugnantes  nauseabundos.

  [58] Aqu el humor satrico de Cervantes, toma un giro, adquiere
  un color tan subido, que pudiera llamarse quevedesco.

  [59] Manera singularsima y grfica de censurar los errores de la
  ignorancia  de la torpeza facultativa.

  [60] Embustes, mentiras, embrollos.

  [61] De seguida  seguidos.







End of Project Gutenberg's Los entremeses, by Miguel de Cervantes Saavedra

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