Project Gutenberg's Hamlet, by William Shakespeare and L. Fernndez Moratn

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Title: Hamlet
       Drama en cinco actos

Author: William Shakespeare
        L. Fernndez Moratn

Release Date: January 28, 2018 [EBook #56454]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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                                HAMLET

                         DRAMA EN CINCO ACTOS

                         TRADUCCION DE LA OBRA

                                  DE

                         GUILLERMO SHAKESPEARE

                                  POR

                         L. FERNANDEZ MORATIN

                        [Illustration: colofn]

                         CASA EDITORIAL MAUCCI

   Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid
     1907, Budapest 1907, Londres 1913, Pars 1913, y gran premio
                      en la de Buenos Aires 1910

                      Calle de Mallorca, nm. 166




                              SHAKESPEARE


                           PRINTED IN SPAIN




                  ES PROPIEDAD DE ESTA CASA EDITORIAL




                                HAMLET

                         DRAMA EN CINCO ACTOS

                         TRADUCCION DE LA OBRA

                                  DE

                         GUILLERMO SHAKESPEARE

                                  POR

                         L. FERNANDEZ MORATIN

                        [Illustration: colofn]

                         CASA EDITORIAL MAUCCI

   Gran medalla de oro en las Exposiciones de Viena de 1903, Madrid
     1907, Budapest 1907, Londres 1913, Pars 1913, y gran premio
                      en la de Buenos Aires 1910

                      Calle de Mallorca, nm. 166




                              PERSONAJES


    CLAUDIO, rey de Dinamarca.
    GERTRUDIS, reina de Dinamarca.
    HAMLET, prncipe.
    FORTIMBRAS, prncipe de Noruega.
    La sombra del rey Hamlet.
    POLONIO, sumiller de corps.
    LAERTES, hijo de Polonio.
    OFELIA, hija de Polonio.
    HORACIO, amigo de Hamlet.
    VOLTIMAN,    |
    CORNELIO,    }
    RICARDO,     } cortesanos.
    GUILLERMO,   }
    ENRIQUE,     |
    MARCELO,     }
    BERNARDO,    } soldados.
    FRANCISCO,   }
    REINALDO, criado de Polonio.
    Dos embajadores de Inglaterra.
    Un cura.
    Un caballero.
    Un capitn.
    Un guardia.
    Un criado.
    Dos marineros.
    Dos sepultureros.
    Cuatro cmicos.
    Acompaamiento de grandes, caballeros, damas, soldados, curas,
      cmicos, criados, etc.

       *       *       *       *       *

     La escena se representa en el palacio y ciudad de Elsingor, en sus
     cercanas y en las fronteras de Dinamarca.




[Illustration: barra decorativa]




ACTO PRIMERO


ESCENA PRIMERA

Explanada delante del palacio real de Elsingor. Noche obscura

FRANCISCO, BERNARDO

     Francisco estar pasendose haciendo centinela. Bernardo se va
     acercando hacia l. Estos personajes y los de la escena siguiente
     estarn armados con espada y lanza.


BERNARDO.--Quin est ah?

FRANCISCO.--No: respndame l  m. Detngase, y diga quin es...

BERNARDO.--Viva el rey.

FRANCISCO.--Es Bernardo?

BERNARDO.--El mismo.

FRANCISCO.--T eres el ms puntual en venir  la hora.

BERNARDO.--Las doce han dado ya; bien puedes ir  recogerte.

FRANCISCO.--Te doy mil gracias por la mudanza. Hace un fro que penetra,
y yo estoy delicado del pecho.

BERNARDO.--Has hecho tu guardia tranquilamente?

FRANCISCO.--Ni un ratn se ha movido.

BERNARDO.--Muy bien. Buenas noches. Si encuentras  Horacio y Marcelo,
mis compaeros de guardia, diles que vengan presto.

FRANCISCO.--Me parece que los oigo... Alto ah. Eh! Quin va?


ESCENA II

HORACIO, MARCELO y dichos


HORACIO.--Amigos de este pas.

MARCELO.--Y fieles vasallos del rey de Dinamarca.

FRANCISCO.--Buenas noches.

MARCELO.--Oh honrado soldado! Psalo bien. Quin te relev de la
centinela?

FRANCISCO.--Bernardo, que queda en mi lugar. Buenas noches.

     (_Vase Francisco. Marcelo y Horacio se acercan adonde est Bernardo
     haciendo centinela_).

MARCELO.--Hola, Bernardo!

BERNARDO.--Quin est ah? Es Horacio?

HORACIO.--Un pedazo de l.

BERNARDO.--Bien venido, Horacio; Marcelo, bien venido.

MARCELO.--Y qu, se ha vuelto  aparecer aquella cosa esta noche?

BERNARDO.--Yo nada he visto.

MARCELO.--Horacio dice que es aprensin nuestra, y nada quiere creer de
cuanto le he dicho acerca de ese espantoso fantasma que hemos visto ya
en dos ocasiones. Por eso le he rogado que se venga  la guardia con
nosotros, para que si esta noche vuelve el aparecido, pueda dar crdito
 nuestros ojos, y le hable si quiere.

HORACIO.--Qu! No, no vendr.

BERNARDO.--Sentmonos un rato, y deja que asaltemos de nuevo tus odos
con el suceso que tanto repugnan oir, y que en dos noches seguidas hemos
ya presenciado nosotros.

HORACIO.--Muy bien: sentmonos, y oigamos lo que Bernardo nos cuente.
(_Sintanse los tres_).

BERNARDO.--La noche pasada, cuando esa misma estrella que est al
occidente del polo haba hecho ya su carrera para iluminar aquel espacio
del cielo donde ahora resplandece, Marcelo y yo,  tiempo que el reloj
daba la una...

MARCELO.--Chit. Calla; mrale por dnde viene otra vez.

     (_Se aparece  un extremo del teatro la sombra del rey Hamlet
     armado de todas armas, con un manto real, yelmo en la cabeza, y la
     visera alzada. Los soldados y Horacio se levantan despavoridos_).

BERNARDO.--Con la misma figura que tena el difunto rey.

MARCELO.--Horacio, t que eres hombre de estudios, hblale.

BERNARDO.--No se parece todo al rey? Mrale, Horacio.

HORACIO.--Muy parecido es... Su vista me conturba con miedo y asombro.

BERNARDO.--Querr que le hablen.

MARCELO.--Hblale, Horacio.

HORACIO (_se encamina hacia donde est la sombra_).--Quin eres t, que
as usurpas este tiempo  la noche, y esa presencia noble y guerrera que
tuvo un da la majestad del soberano dinamarqus que yace en el
sepulcro? Habla: por el cielo te lo pido.

(_Vase la sombra  paso lento_).

MARCELO.--Parece que est irritado.

BERNARDO.--Ves? Se va como desprecindonos.

HORACIO.--Detnte, habla. Yo te lo mando, habla.

MARCELO.--Ya se fu. No quiere responderos.

BERNARDO.--Qu tal, Horacio? T tiemblas, y has perdido el color. No
es esto algo ms que aprensin? Qu te parece?

HORACIO.--Por Dios, que nunca lo hubiera credo sin la sensible y cierta
demostracin de mis propios ojos.

MARCELO.--No es enteramente parecido al rey?

HORACIO.--Como t  ti mismo. Y tal era el arns de que iba ceido
cuando pele con el ambicioso rey de Noruega; y as le v arrugar ceudo
la frente cuando en una alteracin colrica hizo caer al de Polonia
sobre el hielo, de un solo golpe... Extraa aparicin es sta!

MARCELO.--Pues de esa manera, y  esta misma hora de la noche, se ha
paseado dos veces con ademn guerrero delante de nuestra guardia.

HORACIO.--Yo no comprendo el fin particular con que esto sucede; pero en
mi ruda manera de pensar, pronostica alguna extraordinaria mudanza 
nuestra nacin.

MARCELO.--Ahora bien, sentmonos (_sintanse_); y decidme, cualquiera de
vosotros que lo sepa, por qu fatigan todas las noches  los vasallos
con estas guardias tan penosas y vigilantes? Para qu es esta fundicin
de caones de bronce, y este acopio extranjero de mquinas de guerra? A
qu fin esa multitud de carpinteros de marina, precisados  un afn
molesto, que no distingue el domingo de lo restante de la semana? Qu
causas puede haber para que sudando el trabajador apresurado junte las
noches  los das? Quin de vosotros podr decrmelo?

HORACIO.--Yo te lo dir,   lo menos los rumores que sobre esto corren.
Nuestro ltimo rey (cuya imagen acaba de aparecrsenos) fu provocado a
combate, como ya sabis, por Fortimbrs de Noruega, estimulado ste de
la ms orgullosa emulacin. En aquel desafo, nuestro valeroso Hamlet
(que tal renombre alcanz en la parte del mundo que nos es conocida)
mat  Fortimbrs, el cual por un contrato sellado y ratificado segn el
fuero de las armas, ceda al vencedor (dado caso que muriese en la
pelea) todos aquellos pases que estaban bajo su dominio. Nuestro rey se
oblig tambin  cederle una porcin equivalente, que hubiera pasado a
manos de Fortimbrs, como herencia suya, si hubiese vencido; as como,
en virtud de aquel convenio y de los artculos estipulados, recay todo
en Hamlet. Ahora el joven Fortimbrs, de un carcter fogoso, falto de
experiencia y lleno de presuncin, ha ido recogiendo de aqu y de all
por las fronteras de Noruega una turba de gente resuelta y perdida, 
quien la necesidad de comer determina  intentar empresas que piden
valor; y segn claramente vemos, su fin no es otro que el de recobrar
con violencia y  fuerza de armas los mencionados pases que perdi su
padre. Este es, en mi dictamen, el motivo principal de nuestras
prevenciones, el de esta guardia que hacemos, y la verdadera causa de la
agitacin y movimiento en que toda la nacin est.

BERNARDO.--Si no es sa, ya no alcanzo cul puede ser... Y en parte lo
confirma la visin espantosa que se ha presentado armada en nuestro
puesto con la figura misma del rey que fu y es todava el autor de
estas guerras.

HORACIO.--Es por cierto una mota que turba los ojos del entendimiento.
En la poca ms gloriosa y feliz de Roma, poco antes que el poderoso
Csar cayese, quedaron vacos los sepulcros, y los amortajados cadveres
vagaron por las calles de la ciudad gimiendo en voz confusa; las
estrellas resplandecieron con encendidas colas, cay lluvia de sangre,
se ocult el sol entre celajes funestos, y el hmedo planeta, cuya
influencia gobierna el imperio de Neptuno, padeci eclipse, como si el
fin del mundo hubiese llegado. Hemos visto ya iguales anuncios de
sucesos terribles, precursores que avisan los futuros destinos: el cielo
y la tierra juntos los han manifestado  nuestro pas y  nuestra
gente... Pero... silencio... Veis?... All... Otra vez vuelve...
(_Vuelve  salir la sombra por otro lado. Se levantan los tres, y echan
mano  las lanzas. Horacio se encamina hacia la sombra, y los otros dos
siguen detrs_). Aunque el terror me hiela, yo le quiero salir al
encuentro... Detnte, fantasma. Si puedes articular sonidos, si tienes
voz, hblame. Si all donde ests puedes recibir algn beneficio para tu
descanso y mi perdn, hblame. Si sabes los hados que amenazan  tu
pas, los cuales felizmente previstos puedan evitarse, ay! habla... O
si acaso durante tu vida acumulaste en las entraas de la tierra mal
habidos tesoros, por lo que se dice que vosotros, infelices espritus,
despus de la muerte vagis inquietos, declralo... detnte y habla...
Marcelo, detnle...

     (_Canta un gallo  lo lejos, y empieza  retirarse la sombra; los
     soldados quieren detenerla haciendo uso de las lanzas: pero la
     sombra los evita, y desaparece con prontitud_).

MARCELO.--Le dar con mi lanza?

HORACIO.--S, hirele, si no quiere detenerse.

BERNARDO.--Aqu est.

HORACIO.--Aqu.

MARCELO.--Se ha ido. Nosotros le ofendemos, siendo l un soberano, en
hacer demostraciones de violencia. Bien que, segn parece, es
invulnerable como el aire, y nuestros esfuerzos vanos y cosa de burla.

BERNARDO.--El iba ya  hablar cuando el gallo cant.

HORACIO.--Es verdad, y al punto se estremeci como el delincuente
apremiado con terrible precepto. Yo he odo decir que el gallo, trompeta
de la maana, hace despertar al dios del da con la alta y aguda voz de
su garganta sonora, y que  este anuncio todo extrao espritu errante
por la tierra  el mar, el fuego  el aire, huye  su centro; y el
fantasma que hemos visto acaba de confirmar la certeza de esta opinin.

(_Empieza  iluminarse lentamente el teatro_).

MARCELO.--En efecto, desapareci al cantar el gallo. Algunos dicen que
cuando se acerca el tiempo en que se celebra el nacimiento de nuestro
Redentor, este pjaro matutino canta toda la noche, y que entonces
ningn espritu se atreve  salir de su morada; las noches son
saludables, ningn planeta influye siniestramente, ningn maleficio
produce efecto, ni las hechiceras tienen poder para sus encantos: tan
sagrados son y tan felices aquellos das!

HORACIO.--Yo tambin lo tengo entendido as, y en parte lo creo. Pero
ved cmo ya la maana, cubierta con la rosada tnica, viene pisando el
roco de aquel alto monte oriental. Demos fin  la guardia, y soy de
opinin que digamos al joven Hamlet lo que hemos visto esta noche;
porque yo os prometo que este espritu hablar con l, aunque ha sido
para nosotros mudo. No os parece que le demos esta noticia,
indispensable en nuestro celo y tan propia de nuestra obligacin?

MARCELO.--S, s, hagmoslo. Yo s en dnde le hallaremos esta maana
con ms seguridad.


ESCENA III

Saln de palacio

     CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO, LAERTES, VOLTIMAN, CORNELIO,
     caballeros, damas y acompaamiento.


CLAUDIO.--Aunque la muerte de mi querido hermano Hamlet est todava tan
reciente en nuestra memoria, que obliga  mantener en tristeza los
corazones, y  que en todo el reino slo se observe la imagen del dolor,
con todo eso, tanto ha combatido en m la razn  la naturaleza, que he
conservado un prudente sentimiento de su prdida, junto con la memoria
de lo que  nosotros nos debemos. A este fin he recibido por esposa  la
que un tiempo fu mi hermana y hoy reina conmigo, compaera en el trono
de esta belicosa nacin; si bien estas alegras son imperfectas, pues en
ellas se han unido  la felicidad las lgrimas, las fiestas  la pompa
fnebre, los cnticos de muerte  los epitalamios de himeneo, pesados en
igual balanza el placer y la afliccin. Ni hemos dejado de seguir los
dictmenes de vuestra prudencia, que en esta ocasin ha procedido con
absoluta libertad, de lo cual os quedo muy agradecido. Ahora falta
deciros que el joven Fortimbrs, estimndome en poco,  presumiendo que
la reciente muerte de mi querido hermano habr producido en el reino
trastorno y desunin, fiado en esta soada superioridad, no ha cesado de
importunarme con mensajes, pidindome le restituya aquellas tierras que
perdi su padre, y adquiri mi valeroso hermano con todas las
formalidades de la ley. Basta ya lo que de l he dicho. Por lo que  m
toca, y en cuanto al objeto que hoy nos reune, visle aqu: Escribo al
rey de Noruega, to del joven Fortimbrs, que doliente y postrado en el
lecho apenas tiene noticia de los proyectos de su sobrino,  fin de que
le impida llevarlos adelante; pues tengo ya exactos informes de la gente
que levanta contra m, su calidad, su nmero y fuerzas. Prudente
Cornelio, y t, Voltiman, vosotros saludaris en mi nombre al anciano
rey; aunque no os doy facultad personal para celebrar con l tratado
alguno que exceda los lmites expresados en estos artculos. (_Les da
unas cartas_). Id con Dios, y espero que manifestaris en vuestra
diligencia el celo de servirme.

VOLTIMAN.--En sta y cualquiera otra comisin os daremos pruebas de
nuestro respeto.

CLAUDIO.--No lo dudar. El cielo os guarde.


ESCENA IV

CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO, LAERTES, damas, caballeros y
acompaamiento


CLAUDIO.--Y t, Laertes, qu solicitas? Me has hablado de una
pretensin: no me dirs cul sea? En cualquiera cosa justa que pidas al
rey de Dinamarca, no ser vano el ruego. Ni qu podrs pedirme, que no
sea ms ofrecimiento mo que demanda tuya? No es ms adicto  la cabeza
el corazn, ni ms pronta la mano en servir  la boca, que lo es el
trono de Dinamarca para con tu padre. En fin, qu pretendes?

LAERTES.--Respetable soberano, solicito la gracia de vuestro permiso
para volver  Francia. De all he venido voluntariamente  Dinamarca 
manifestaros mi leal afecto, con motivo de vuestra coronacin; pero ya
cumplida esta deuda, fuerza es confesaros que mis ideas y mi inclinacin
me llaman de nuevo  aquel pas, y espero de vuestra mucha bondad esta
licencia.

CLAUDIO.--Has obtenido ya la de tu padre? Qu dices, Polonio?

POLONIO.--A fuerza de importunaciones ha logrado arrancar mi tardo
consentimiento. Al verle tan inclinado, firm ltimamente la licencia de
que se vaya, aunque  pesar mo, y os ruego, seor, que se la concedis.

CLAUDIO.--Elige el tiempo que te parezca ms oportuno para salir, y haz
cuanto gustes y sea ms conducente  tu felicidad. Y t, Hamlet, mi
deudo, mi hijo!

HAMLET.--Algo ms que deudo y menos que amigo.

CLAUDIO.--Qu sombras de tristeza te cubren siempre?

HAMLET.--Al contrario, seor: estoy demasiado  la luz.

GERTRUDIS.--Mi buen Hamlet, no as tu semblante manifieste afliccin;
vase en l que eres amigo de Dinamarca: ni siempre con abatidos
prpados busques entre el polvo  tu generoso padre. T lo sabes, comn
es  todos; el que vive debe morir, pasando de la naturaleza  la
eternidad.

HAMLET.--S, seora,  todos es comn.

GERTRUDIS.--Pues si lo es, por qu aparentas tan particular
sentimiento?

HAMLET.--Aparentar? No, seora, yo no s aparentar. Ni el color negro
de este manto, ni el traje acostumbrado en solemnes lutos, ni los
interrumpidos sollozos, ni en los ojos un abundante ro, ni la dolorida
expresin del semblante, junto con las frmulas, los ademanes, las
exterioridades de sentimiento, bastarn por s solos, mi querida madre,
 manifestar el verdadero afecto que me ocupa el nimo. Estos signos
aparentan, es verdad, pero son acciones que un hombre puede fingir...
Aqu (_tocndose el pecho_), aqu dentro tengo lo que es ms que
apariencia: lo restante no es otra cosa que atavos y adornos del dolor.

CLAUDIO.--Bueno y laudable es que tu corazn pague  un padre esa
lgubre deuda, Hamlet; pero no debes ignorarlo: tu padre perdi un padre
tambin, y aqul perdi el suyo. El que sobrevive limita la filial
obligacin de su obsequiosa tristeza  un cierto trmino; pero continuar
en interminable desconsuelo es una conducta de obstinacin impa. Ni es
natural en el hombre tan permanente afecto, que anuncia una voluntad
rebelde  los decretos de la Providencia, un corazn dbil, un alma
indcil, un talento limitado y falto de luces. Ser bien que el corazn
padezca, queriendo neciamente resistir  lo que es y debe ser
inevitable?  lo que es tan comn como cualquiera de las cosas que ms
 menudo hieren nuestros sentidos? Este es un delito contra el cielo,
contra la muerte, contra la naturaleza misma; es hacer una injuria
absurda  la razn, que nos da en la muerte de nuestros padres la ms
frecuente de sus lecciones, y que nos est diciendo desde el primero de
los hombres hasta el ltimo que hoy espira: mortales, ved aqu vuestra
irrevocable suerte. Modera, pues, yo te lo ruego, esa intil tristeza;
considera que tienes un padre en m, puesto que debe ser notorio al
mundo que t eres la persona ms inmediata  mi trono, y que te amo con
el afecto ms puro que puede tener  su hijo un padre. Tu resolucin de
volver  los estudios de Witemberga es la ms opuesta  nuestro deseo, y
antes bien te pedimos que desistas de ella, permaneciendo aqu estimado
y querido  vista nuestra, como el primero de mis cortesanos, mi
pariente y mi hijo.

GERTRUDIS.--Yo te ruego, Hamlet, que no vayas  Witemberga: qudate con
nosotros. No sean vanas las splicas de tu madre.

HAMLET.--Obedeceros en todo ser siempre mi primer conato.

CLAUDIO.--Por esa afectuosa y plausible respuesta quiero que seas otro
yo en el imperio dans. Venid, seora. La sincera y fiel condescendencia
de Hamlet ha llenado de alegra mi corazn. En aplauso de este
acontecimiento no celebrar hoy Dinamarca festivos brindis, sin que lo
anuncie  las nubes el can robusto, y el cielo retumbe muchas veces 
las aclamaciones del rey, repitiendo el trueno de la tierra. Venid.


ESCENA V

HAMLET


Oh, si esta demasiado slida masa de carne pudiera ablandarse y
liquidarse disuelta en lluvia de lgrimas,  el Todopoderoso no asestara
el can contra el homicida de s mismo! Oh Dios! oh Dios mo! Cun
fatigado ya de todo, juzgo molestos, inspidos y vanos los placeres del
mundo! Nada, nada quiero de l: es un campo inculto y rudo, que slo
abunda en frutos groseros y amargos. Que esto haya llegado  suceder 
los dos meses que l ha muerto!... No, ni tanto; aun no h dos meses.
Aquel excelente rey que fu, comparado con ste, como con un stiro,
Hiperin; tan amante de mi madre, que ni  los aires celestes permita
llegar atrevidos  su rostro. Oh cielo y tierra!... para qu conservo
la memoria? Ella, que se le mostraba tan amorosa como si en la posesin
hubieran crecido sus deseos. Y no obstante, en un mes... ah! no
quisiera pensar en esto. Fragilidad, t tienes nombre de mujer! En el
corto espacio de un mes, y aun antes de romper los zapatos con que,
semejante  Niobe, baada en lgrimas, acompa el cuerpo de mi triste
padre... s, ella, ella misma... Cielos! una fiera, incapaz de razn y
discurso, hubiera mostrado afliccin ms durable. Se ha casado, en fin,
con mi to, hermano de mi padre; pero no ms parecido  l, que yo lo
soy  Hrcules. En un mes... enrojecidos an los ojos con el prfido
llanto, se cas. Ah delincuente precipitacin, ir  ocupar con tal
diligencia un lecho incestuoso! Ni esto es bueno, ni puede producir
bien. Pero hazte pedazos, corazn mo, que mi lengua debe reprimirse.


ESCENA VI

HAMLET, HORACIO, BERNARDO, MARCELO


HORACIO.--Buenos das, seor.

HAMLET.--Me alegro de verte bueno... Es Horacio,  me he olvidado de m
propio?

HORACIO.--El mismo soy, y siempre vuestro humilde criado.

HAMLET.--Mi buen amigo, yo quiero trocar contigo ese ttulo que te das.
A qu has venido de Witemberga?... Ah, Marcelo!

MARCELO.--Seor.

HAMLET.--Mucho me alegro de verte con salud tambin. Pero, la verdad, a
qu has venido de Witemberga?

HORACIO.--Seor... deseos de holgarme.

HAMLET.--No quiera oir de boca de tu enemigo otro tanto; ni podrs
forzar mis odos  que admitan una disculpa que te ofende. Yo s que no
eres desaplicado. Pero dime, qu asuntos tienes en Elsingor? Aqu te
ensearemos  ser gran bebedor antes que te vuelvas.

HORACIO.--He venido  ver los funerales de vuestro padre.

HAMLET.--No se burle de m, por Dios, seor condiscpulo. Yo creo que
habrs venido  las bodas de mi madre.

HORACIO.--Es verdad: como se han celebrado inmediatamente!

HAMLET.--Economa, Horacio, economa. Aun no se haban enfriado los
manjares cocidos para el convite del duelo, cuando se sirvieron en las
mesas de la boda... Oh! yo quisiera haberme hallado en el cielo con mi
mayor enemigo, antes que haber visto aquel da. Mi padre!... me parece
que veo  mi padre.

HORACIO.--En dnde, seor?

HAMLET.--Con los ojos del alma, Horacio.

HORACIO.--Alguna vez le v. Era un buen rey.

HAMLET.--Era un hombre tan cabal en todo, que no espero hallar otro
semejante.

HORACIO.--Seor, yo creo que le v anoche.

HAMLET.--Le viste? A quin?

HORACIO.--Al rey vuestro padre.

HAMLET.--Al rey mi padre?

HORACIO.--Prestadme odo atento, suspendiendo un rato vuestra
admiracin, mientras os refiero este caso maravilloso, apoyado con el
testimonio de estos caballeros.

HAMLET.--S, por Dios, dmelo.

HORACIO.--Estos dos seores, Marcelo y Bernardo, le haban visto dos
veces hallndose de guardia, como  la mitad de la profunda noche. Una
figura semejante  vuestro padre, armado segn l sola de pis a
cabeza, se les puso delante, caminando grave, tardo y majestuoso por
donde ellos estaban. Tres veces pas de esta manera ante sus ojos, que
oprima el pavor, acercndose hasta donde ellos podan alcanzar con sus
lanzas; pero dbiles y casi helados con el miedo, permanecieron mudos
sin osar hablarle. Dironme parte de este secreto horrible; voime a la
guardia con ellos la tercera noche, y all encontr ser cierto cuanto me
haban dicho, as en la hora como en la forma y circunstancias de
aquella aparicin. La sombra volvi en efecto. Yo conoc  vuestro
padre, y es tan parecido  l, como lo son entre s estas dos manos
mas.

HAMLET.--Y en dnde fu eso?

MARCELO.--En la muralla de palacio, donde estbamos de centinela.

HAMLET.--Y no le hablasteis?

HORACIO.--S, seor, yo le habl; pero no me di respuesta alguna. No
obstante, una vez me parece que alz la cabeza haciendo con ella un
movimiento, como si fuese a hablarme; pero al mismo tiempo se oy la
aguda voz del gallo matutino, y al sonido huy con presta fuga
desapareciendo de nuestra vista.

HAMLET.--Es cosa bien admirable!

HORACIO.--Y tan cierta como mi existencia. Nosotros hemos credo que era
obligacin nuestra avisaros de ello, mi venerable prncipe.

HAMLET.--S, amigos, s... pero esto no me llena de turbacin. Estis
de centinela esta noche?

TODOS.--S, seor.

HAMLET.--Decs que iba armado?

TODOS.--S, seor, armado.

HAMLET.--De la frente al pie?

TODOS.--S, seor, de pies  cabeza.

HAMLET.--Luego no le visteis el rostro.

HORACIO.--Le vimos, porque traa la visera alzada.

HAMLET.--Y qu, pareca que estaba irritado?

HORACIO.--Ms anunciaba su semblante el dolor, que la ira.

HAMLET.--Plido,  encendido?

HORACIO.--No, muy plido.

HAMLET.--Y fijaba la vista en vosotros?

HORACIO.--Constantemente.

HAMLET.--Yo hubiera querido hallarme all.

HORACIO.--Mucho pavor os hubiera causado.

HAMLET.--S, es verdad, s... Y permaneci mucho tiempo?

HORACIO.--El que puede emplearse en contar desde uno hasta ciento con
moderada diligencia.

MARCELO.--Ms, ms estuvo.

HORACIO.--Cuando yo le v, no.

HAMLET.--La barba blanca, eh?

HORACIO.--S, seor, como yo se la haba visto, cuando viva, de un
color ceniciento.

HAMLET.--Quiero ir esta noche con vosotros al puesto, por si acaso
vuelve.

HORACIO.--Oh! s volver, yo os lo aseguro.

HAMLET.--Si l se me presenta en la figura de mi noble padre, yo le
hablar, aunque el infierno mismo abriendo sus entraas, me impusiera
silencio. Yo os pido  todos, que as como hasta ahora habis callado a
los dems lo que visteis, de hoy en adelante lo ocultis con el mayor
sigilo; y sea cual fuere el suceso de esta noche, fiadlo al pensamiento,
pero no a la lengua; yo sabr remunerar vuestro celo. Dios os guarde,
amigos. Entre once y doce ir  buscaros  la muralla.

TODOS.--Nuestra obligacin es serviros.

HAMLET.--S, conservadme vuestro amor, y estad seguros del mo. Adis.
(_Vanse los tres._) El espritu de mi padre... con armas... no es esto
bueno. Recelo alguna maldad. Oh, si la noche hubiese ya llegado!
Espermosla tranquilamente, alma ma. Las malas acciones, aunque toda la
tierra las oculte, se descubren al fin  la vista humana.


ESCENA VII

Sala de casa de Polonio

LAERTES, OFELIA


LAERTES.--Ya tengo todo mi equipaje  bordo. Adis, hermana, y cuando
los vientos sean favorables y seguro el paso del mar, no te descuides en
darme nuevas de ti.

OFELIA.--Puedes dudarlo?

LAERTES.--Por lo que hace al frvolo obsequio de Hamlet, debes
considerarle como una mera cortesana, un hervor de la sangre, una
violeta que en la primavera juvenil de la naturaleza se adelanta 
vivir, y no permanece; hermosa, no durable; perfume de un momento, y
nada ms.

OFELIA.--Nada ms?

LAERTES.--Pienso que no; porque no slo en nuestra juventud se aumentan
las fuerzas y tamao del cuerpo, sino que las facultades interiores del
talento y del alma crecen tambin con el templo en que ella reside.
Puede ser que l te ame ahora con sinceridad, sin que manche borrn
alguno la pureza de su intencin; pero debes temer al considerar su
grandeza, que no tiene voluntad propia, y que vive sujeto  obrar segn
 su nacimiento corresponde. El no puede, como una persona vulgar,
elegir por s mismo, puesto que de su eleccin depende la salud y la
prosperidad de todo un reino; y ve aqu por qu esta eleccin debe
arreglarse a la condescendencia unnime de aquel cuerpo de quien es
cabeza. As pues, cuando l diga que te ama, ser prudencia en ti no
darle crdito, reflexionando que en el alto lugar que ocupa, nada puede
cumplir de lo que promete, sino aquello que obtenga el consentimiento de
la parte ms principal de Dinamarca. Considera cul prdida padecera tu
honor, si con demasiada credulidad dieras odos  su voz lisonjera,
perdiendo la libertad del corazn,  facilitando  sus instancias
impetuosas el tesoro de tu honestidad. Teme, Ofelia; teme, querida
hermana; no sigas inconsiderada tu inclinacin; huye el peligro,
colocndote fuera de tiro de los amorosos deseos. La doncella ms
honesta es libre en exceso, si descubre su belleza al rayo de la luna.
La virtud misma no puede librarse de los golpes de la calumnia. Muchas
veces el insecto roe las flores hijas del verano, aun antes que su botn
se rompa; y al tiempo que la aurora matutina de la juventud esparce su
blando roco, los vientos mortferos son ms frecuentes. Conviene pues
no omitir precaucin alguna, pues la mayor seguridad estriba en el
temor prudente. La juventud, aun cuando nadie la combata, halla en s
misma su propio enemigo.

OFELIA.--Yo conservar para defensa de mi corazn tus saludables
mximas. Pero, mi buen hermano, mira no hagas t lo que algunos rgidos
pastores hacen, mostrando spero y espinoso el camino del cielo,
mientras como impos y abandonados disolutos pisan ellos la senda
florida de los placeres, sin cuidarse de practicar su propia doctrina.

LAERTES.--Oh! no lo receles. Yo me detengo demasiado; pero all viene
mi padre: pues la ocasin es favorable, me despedir de l otra vez. Su
bendicin repetida ser un nuevo consuelo para m.


ESCENA VIII

POLONIO, LAERTES, OFELIA


POLONIO.--An ests aqu? Qu mala vergenza! A bordo,  bordo; el
viento impele ya por la popa tus velas, y  ti solo aguardan. Recibe mi
bendicin, y procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: No
publiques con facilidad lo que pienses, ni ejecutes cosa no bien
premeditada primero. Debes ser afable, pero no vulgar en el trato. Une 
tu alma con vnculos de acero aquellos amigos que adoptaste despus de
examinada su conducta; pero no acaricies con mano prdiga  los que
acaban de salir del cascarn y an estn sin plumas. Huye siempre de
mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas, obra de manera que
tu contrario huya de ti. Presta el odo  todos, y  pocos la voz. Oye
las censuras de los dems; pero reserva tu propia opinin. Sea tu
vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan, pero no afectado
en su hechura; rico, no extravagante; porque el traje dice por lo comn
quin es el sujeto, y los caballeros y principales seores franceses
tienen el gusto muy delicado en esta materia. Procura no dar ni pedir
prestado  nadie; porque el que presta suele perder  un tiempo el
dinero y el amigo, y el que se acostumbra  pedir prestado falta al
espritu de economa y buen orden que nos es tan til. Pero sobre todo,
usa de ingenuidad contigo mismo, y no podrs ser falso con los dems:
consecuencia tan necesaria como que la noche suceda al da. Adis, y l
permita que mi bendicin haga fructificar en ti esos consejos.

LAERTES.--Humildemente os pido vuestra licencia.

(_Se arrodilla y besa la mano  Polonio._)

POLONIO.--S, el tiempo te est convidando, y tus criados esperan; vte.

LAERTES.--Adis, Ofelia (_abrazndose Ofelia y Laertes_) y acurdate
bien de lo que te he dicho.

OFELIA.--En mi memoria queda guardado, y t mismo tendrs la llave.

LAERTES.--Adis.


ESCENA IX

POLONIO, OFELIA


POLONIO.--Y qu es lo que te ha dicho, Ofelia?

OFELIA.--Si gustis de saberlo, cosas relativas al prncipe Hamlet.

POLONIO.--Bien pensado, en verdad. Me han dicho que de poco tiempo 
esta parte te ha visitado varias veces privadamente, y que t le has
admitido con mucha complacencia y libertad. Si esto es as (como me lo
han asegurado,  fin de que prevenga el riesgo), debo advertirte que no
te has portado con aquella delicadeza que corresponde  una hija ma y 
tu propio honor. Qu es lo que ha pasado entre los dos? Dime la verdad.

OFELIA.--Ultimamente me ha declarado con mucha ternura su amor.

POLONIO.--Amor! ah! T hablas como una muchacha loquilla y sin
experiencia en circunstancias tan peligrosas. Ternura la llamas! Y t
das crdito  esa ternura?

OFELIA.--Yo, seor, ignoro lo que debo creer.

POLONIO.--En efecto es as, y yo quiero ensertelo. Piensa bien, que
eres una nia, que has recibido por verdadera paga esas ternuras que no
son moneda corriente. Estmate en ms  ti propia; pues si te aprecias
en menos de lo que vales (por seguir la comenzada alusin), hars que
pierda el entendimiento.

OFELIA.--El me ha requerido de amores, es verdad; pero siempre con una
apariencia honesta, que...

POLONIO.--S, por cierto; apariencia puedes llamarla. Y bien? Prosigue.

OFELIA.--Y autoriz cuanto me deca con los ms sagrados juramentos.

POLONIO.--S, sas son redes para coger codornices. Yo s muy bien,
cuando la sangre hierve, con cunta prodigalidad presta el alma
juramentos  la lengua; pero son relmpagos, hija ma, que dan ms luz
que calor: stos y aqullos se apagan pronto, y no debes tomarlos por
fuego verdadero, ni aun en el instante mismo en que parece que sus
promesas van  efectuarse. De hoy en adelante cuida de ser ms avara de
tu presencia virginal; pon tu conversacin  precio ms alto, y no  la
primera insinuacin admitas coloquios. Por lo que toca al prncipe,
debes creer de l solamente que es un joven, y que si una vez afloja las
riendas, pasar ms all de lo que t le puedes permitir. En suma,
Ofelia, no creas sus palabras, que son fementidas, ni es verdadero el
color que aparenta; son intercesoras de profanos deseos; y si parecen
sagrados y piadosos votos, es slo para engaar mejor. Por ltimo, te
digo claramente, que de hoy ms no quiero que pierdas los momentos
ociosos en hablar ni mantener conversacin con el prncipe. Cuidado con
hacerlo as; yo te lo mando. Vete  tu aposento.

OFELIA.--As lo har, seor.


ESCENA X

Explanada delante del palacio. Noche obscura

HAMLET, HORACIO, MARCELO


HAMLET.--El aire es fro y sutil en demasa.

HORACIO.--En efecto, es agudo y penetrante.

HAMLET.--Qu hora es ya?

HORACIO.--Me parece que aun no son las doce.

MARCELO.--No, ya han dado.

HORACIO.--No las he odo. Pues en tal caso ya est cerca el tiempo en
que el muerto suele pasearse. Pero qu significa este ruido, seor?

(_Suena  lo lejos msica de clarines y timbales._)

HAMLET.--Esta noche se huelga el rey, pasndola desvelado en un banquete
con gran vocera y traspis de embriaguez; y a cada copa del Rhin que
bebe, los timbales y trompetas anuncian con estrpito sus victoriosos
brindis.

HORACIO.--Se acostumbra eso aqu?

HAMLET.--S se acostumbra; pero aunque he nacido en este pas y estoy
hecho  sus estilos, me parece que sera ms decoroso quebrantar esta
costumbre que seguirla. Un exceso tal, que embrutece el entendimiento,
nos infama  los ojos de las otras naciones desde oriente  occidente.
Nos llaman ebrios; manchan nuestro nombre con este dictado afrentoso, y
en verdad que l solo, por ms que poseamos en alto grado otras buenas
cualidades, basta  empaar el lustre de nuestra reputacin. As
acontece frecuentemente a los hombres. Cualquier defecto natural en
ellos, sea de nacimiento, del cual no son culpables (puesto que nadie
puede escoger su origen), sea cualquier desorden ocurrido en su
temperamento, que muchas veces rompe los lmites y reparos de la razn,
 sea cualquier hbito que se aparta demasiado de las costumbres
recibidas, llevando estos hombres consigo el signo de un solo defecto
que imprimi en ellos la naturaleza  el acaso, aunque sus virtudes
fuesen tantas cuantas es concedido  un mortal, y tan puras como la
bondad celeste, sern, no obstante, amancilladas en el concepto pblico
por aquel nico vicio que las acompaa; un solo adarme de mezcla quita
el valor al ms precioso metal, y le envilece.

HORACIO.--Veis, seor? ya viene.

     (_Aparcese la sombra del rey Hamlet hacia el fondo del teatro.
     Hamlet al verla se retira lleno de horror, y despus se encamina
     hacia ella._)

HAMLET.--Angeles, y ministros de piedad, defendednos! Ya seas alma
dichosa  condenada visin, traigas contigo aura celestial  ardores del
infierno, sea malvada  benfica intencin la tuya, en tal forma te me
presentas, que es necesario que yo te hable. S, te he de hablar...
Hamlet, mi rey, mi padre, soberano de Dinamarca... Oh! respndeme, no
me atormentes con la duda. Dime, por qu tus venerables huesos, ya
sepultados, han roto su vestidura fnebre? Por qu el sepulcro, donde
te dimos urna pacfica te ha echado de s, abriendo sus senos que
cerraban pesados mrmoles? Cul puede ser la causa de que tu difunto
cuerpo, del todo armado, vuelva otra vez  ver los rayos plidos de la
luna, aadiendo  la noche horror? y que nosotros, ignorantes y dbiles
por naturaleza, padezcamos agitacin espantosa con ideas que exceden 
los alcances de nuestra razn? D, por qu es esto? por qu?  qu
debemos hacer nosotros?

HORACIO.--Os hace seas de que le sigis, como si deseara comunicaros
algo  solas.

MARCELO.--Ved con qu expresivo ademn os indica que le acompais 
lugar ms remoto; pero no hay que ir con l.

HORACIO.--No, por ningn motivo.

HAMLET.--Si no quiere hablar, habr de seguirle.

HORACIO.--No hagis tal, seor.

HAMLET.--Y por qu no? Qu temores debo tener? Yo no estimo la vida en
nada, y  mi alma qu puede l hacerle, siendo como l mismo cosa
inmortal?... Otra vez me llama... Voile a seguir.

HORACIO.--Pero, seor, si os arrebata al mar o  la espantosa cima de
ese monte, levantado sobre los peascos que baten las ondas, y all
tomase alguna otra forma horrible, capaz de impediros el uso de razn, y
enajenarla con frenes... Ay! ved lo que hacis. El lugar solo inspira
ideas melanclicas  cualquiera que mire la enorme distancia desde
aquella cumbre al mar, y sienta en la profundidad su bramido ronco.

HAMLET.--Todava me llama... Camina. Ya te sigo.

     (_La sombra har los movimientos que indica el dilogo. Horacio y
     Marcelo quieren detener  Hamlet, y l los aparta con violencia, y
     la sigue._)

MARCELO.--No, seor, no iris.

HAMLET.--Dejadme.

HORACIO.--Creedme, no le sigis.

HAMLET.--Mis hados me conducen y prestan  la menor fibra de mi cuerpo
la nerviosa robustez del len de Nemea. Aun me llama... Seores, apartad
esas manos... por Dios...  quedar muerto  las mas el que me
detenga... Otra vez te digo que andes, que voy  seguirte.


ESCENA XI

HORACIO, MARCELO


HORACIO.--Su exaltada imaginacin le arrebata.

MARCELO.--Sigmosle, que en esto no debemos obedecerle.

HORACIO.--S, vamos detrs de l... Cul ser el fin de este suceso?

MARCELO.--Algn grave mal se oculta en Dinamarca.

HORACIO.--Los cielos dirigirn el xito.

MARCELO.--Vamos, sigmosle.


ESCENA XII

Parte remota cercana al mar vista  lo lejos del palacio de Elsingor

HAMLET, la sombra del rey HAMLET


HAMLET.--A dnde me quieres llevar? Habla, yo no paso de aqu.

LA SOMBRA.--Mrame.

HAMLET.--Ya te miro.

LA SOMBRA.--Cuasi es ya llegada la hora en que debo restituirme  las
sulfreas y atormentadoras llamas.

HAMLET.--Oh, alma infeliz!

LA SOMBRA.--No me compadezcas: presta slo atentos odos  lo que voy 
revelarte.

HAMLET.--Habla, yo te prometo atencin.

LA SOMBRA.--Luego que me oigas, prometers venganza.

HAMLET.--Por qu?

LA SOMBRA.--Yo soy el alma de tu padre, destinada por cierto tiempo 
vagar de noche, y aprisionada en fuego durante el da, hasta que sus
llamas purifiquen las culpas que comet en el mundo. Oh! si no me fuera
vedado manifestar los secretos de la prisin que habito, pudiera decirte
cosas que la menor de ellas bastara  despedazar tu corazn; helar tu
sangre joven; tus ojos, inflamados como estrellas, saltar de sus
rbitas; tus anudados cabellos separarse, erizndose como las pas del
colrico espn. Pero estos eternos misterios no son para los odos
humanos. Atiende, ay! atiende. Si tuviste amor  tu tierno padre...

HAMLET.--Oh Dios!

LA SOMBRA.--Venga su muerte; venga un homicidio cruel y atroz.

HAMLET.--Homicidio?

LA SOMBRA.--S, homicidio cruel, como todos lo son; pero el ms cruel y
el ms injusto y el ms aleve.

HAMLET.--Refiremelo presto, para que con alas veloces como la fantasa,
o con la prontitud de los pensamientos amorosos, me precipite  la
venganza.

LA SOMBRA.--Ya veo cun dispuesto te hallas, y aunque tan insensible
fueras como las malezas que se pudren incultas en las orillas del Leteo,
no dejara de conmoverte lo que voy  decir. Escchame ahora, Hamlet.
Esparcise la voz de que estando en mi jardn dormido me mordi una
serpiente. Todos los odos de Dinamarca fueron groseramente engaados
con esta fabulosa invencin; pero t debes saber, mancebo generoso, que
la serpiente que mordi  tu padre hoy cie su corona.

HAMLET.--Oh! Prsago me lo deca el corazn. Mi to!...

LA SOMBRA.--S, aquel incestuoso, aquel monstruo adltero, valindose de
su talento diablico, valindose de traidores ddivas... (Oh, talento y
ddivas malditas, que tal poder tenis para seducir!) supo inclinar  su
deshonesto apetito la voluntad de la reina mi esposa, que yo crea tan
llena de virtud. Oh, Hamlet, cuan grande fu su cada! Yo, cuyo amor
para con ella fu tan puro... yo, siempre tan fiel  los solemnes
juramentos que en nuestro desposorio le hice, yo fu aborrecido, y se
rindi a aquel miserable, cuyas prendas eran en verdad harto inferiores
 las mas. Pero as como la virtud ser incorruptible aunque la
disolucin procure excitarla bajo divina forma, as la incontinencia,
aunque viviese unida  un ngel radiante, profanar con oprobio su
tlamo celeste... Pero ya me parece que percibo el ambiente de la
maana. Debo ser breve. Dorma yo una tarde en mi jardn, segn lo
acostumbraba siempre. Tu to me sorprende en aquella hora de quietud, y
trayendo consigo una ampolla de licor venenoso, derrama en mi odo su
ponzoosa destilacin, la cual de tal manera es contraria  la sangre
del hombre, que semejante en la sutileza al mercurio, se dilata por
todas las entradas y conductos del cuerpo, y con sbita fuerza le ocupa,
cuajando la ms pura y robusta sangre como la leche con las gotas
cidas. Este efecto produjo inmediatamente en m, y el cutis hinchado,
comenz  despegarse  trechos con una especie de lepra en speras y
asquerosas costras. As fu, que estando durmiendo perd  manos de mi
hermano mismo mi corona, mi esposa y mi vida  un tiempo. Perd la vida
cuando mi pecado estaba en todo su vigor, sin hallarme dispuesto para
aquel trance, sin haber recibido el pan eucarstico, sin haber sonado el
clamor de la agona, sin lugar al reconocimiento de tanta culpa,
presentado al tribunal eterno con todas mis imperfecciones sobre mi
cabeza. Oh, maldad horrible, horrible!... Si oyes la voz de la
naturaleza, no sufras, no, que el tlamo real de Dinamarca sea el lecho
de la lujuria y abominable incesto. Pero de cualquier modo que dirijas
la accin, no manches con delito el alma, previniendo ofensas  tu
madre. Abandona este cuidado al cielo; deja que aquellas agudas puntas,
que tiene fijas en su pecho, la hieran y atormenten. Adis. Ya la
lucirnaga, amortiguando su aparente fuego, nos anuncia la proximidad
del da. Adis, adis. Acurdate de m.


ESCENA XIII

HAMLET, y despus HORACIO y MARCELO


HAMLET.--Oh vosotros, ejrcitos celestiales! oh tierra!... y quin
ms? invocar al infierno tambin?... Eh! no... Detnte, corazn mo,
detnte; y vos, mis nervios, no as os debilitis en un momento,
sostenedme robustos... Acordarme de ti! S, alma infeliz, mientras haya
memoria en este agitado mundo. Acordarme de ti! S, yo me acordar y yo
borrar de mi fantasa todos los recuerdos frvolos, las sentencias de
los libros, las ideas  impresiones de lo pasado que la juventud y la
observacin estamparon en ella. Tu precepto solo, sin mezcla de otra
cosa menos digna, vivir escrito en el volumen de mi entendimiento. S,
por los cielos te lo juro... Oh, mujer la ms delincuente! Oh,
malvado, malvado! halageo y execrable malvado! Conviene que yo apunte
en este libro... (_Saca un libro de memorias y escribe en l._) S...
que un hombre puede halagar y sonreirse, y ser un malvado:  lo menos
estoy seguro de que en Dinamarca hay un hombre as, y ste es mi to...
S, t eres...  Ah! pero la expresin que debo conservar es sta:
Adis, adis, acurdate de m. Yo he jurado acordarme.

HORACIO (_gritando desde adentro_).--Seor! seor!

MARCELO (_gritando desde adentro_).--Hamlet!

HORACIO.--Los cielos le asistan.

HAMLET.--Oh! hganlo as.

MARCELO.--Hola! eh! seor.

HAMLET.--Hola amigos, eh! venid, venid ac

(_Salen Horacio y Marcelo._)

MARCELO.--Qu ha sucedido?

HORACIO.--Qu noticias nos dais?

HAMLET.--Oh! maravillosas.

HORACIO.--Mi amado seor, decidlas.

HAMLET.--No, que lo revelaris.

HORACIO.--No, yo os prometo que no har tal.

MARCELO.--Ni yo tampoco.

HAMLET.--Creis vosotros que pudiese haber cabido en el corazn
humano...? Pero guardaris secreto?

LOS DOS.--S, seor, yo os lo juro.

HAMLET.--No existe en toda Dinamarca un infame... que no sea un gran
malvado.

HORACIO.--Pero no era necesario, seor, que un muerto saliera del
sepulcro  persuadirnos esa verdad.

HAMLET.--S, cierto, tenis razn; y por eso mismo, sin tratar ms del
asunto, ser bien despedirnos y separarnos; vosotros adonde vuestros
negocios  vuestra inclinacin os lleven... que todos tienen sus
inclinaciones y negocios, sean los que sean; y yo, ya lo sabis,  mi
triste ejercicio,  rezar.

HORACIO.--Todas esas palabras, seor, carecen de sentido y orden.

HAMLET.--Mucho me pesa de haberos ofendido con ellas; s, por cierto, me
pesa en el alma.

HORACIO.--Oh! seor, no hay ofensa ninguna.

HAMLET.--S, por san Patricio que s la hay, y muy grande, Horacio... En
cuanto  la aparicin... es un difunto venerable... s, yo os lo
aseguro... Pero reprimid cuanto os fuese posible el deseo de saber lo
que ha pasado entre l y yo. Ah, mis buenos amigos! yo os pido, pues
sois mis amigos y mis compaeros en el estudio y en las armas, que me
concedis una corta merced.

HORACIO.--Con mucho gusto, seor; decid cul sea.

HAMLET.--Que nunca revelaris  nadie lo que habis visto esta noche.

LOS DOS.--A nadie lo diremos.

HAMLET.--Pero es menester que lo juris.

HORACIO.--Os doy mi palabra de no decirlo.

MARCELO.--Yo os prometo lo mismo.

HAMLET.--Sobre mi espada.

MARCELO.--Ved que ya lo hemos prometido.

HAMLET.--S, s, sobre mi espada.

LA SOMBRA.--Juradlo.

     (_Se oir la voz de la sombra, que suena  varias distancias debajo
     de tierra. Hamlet y los dems, horrorizados, mudan de situacin,
     segn lo indica el dilogo._)

HAMLET.--Ah! eso dices?... Ests ah, hombre de bien?... Vamos, ya le
os hablar en lo profundo. Queris jurar?

HORACIO.--Proponed la frmula.

HAMLET.--Que nunca diris lo que habis visto. Juradlo por mi espada.

LA SOMBRA.--Juradlo.

HAMLET.--_Hic et ubique?_ Mudaremos de lugar. Seores, acercaos aqu;
poned otra vez las manos en mi espada, y jurad por ella que nunca diris
nada de esto que habis odo y visto.

LA SOMBRA.--Juradlo por su espada.

HAMLET.--Bien has dicho, topo viejo, bien has dicho... Pero cmo puedes
taladrar con tal prontitud los senos de la tierra, diestro minador?
Mudemos otra vez de puesto, amigos.

HORACIO.--Oh! Dios de la luz y de las tinieblas, qu extrao prodigio
es este!

HAMLET.--Por eso como  un extrao debis hospedarle y tenerle oculto.
Ello es, Horacio, que en el cielo y en la tierra hay ms de lo que puede
soar tu filosofa. Pero venid ac, y, como antes dije, prometedme (as
el cielo os haga felices) que por ms singular y extraordinaria que sea
de hoy ms mi conducta (puesto que acaso juzgar  propsito afectar un
proceder del todo extravagante), nunca vosotros al verme as daris nada
 entender, cruzando los brazos de esta manera,  haciendo con la cabeza
este movimiento,  con frases equvocas como: s, s, nosotros sabemos;
nosotros pudiramos si quisiramos... si gustramos de hablar; hay tanto
que decir en eso; pudiera ser que...  en fin, cualquiera otra expresin
ambigua, semejante  estas, por donde se infiera que vosotros sabis
algo de m. Juradlo: as en vuestras necesidades os asista el favor de
Dios. Juradlo.

LA SOMBRA.--Jurad.

HAMLET.--Descansa, descansa, agitado espritu. Seores, yo me recomiendo
a vosotros con la mayor instancia, y creed que por ms infeliz que
Hamlet se halle, Dios querr que no le falten medios para manifestaros
la estimacin y amistad que os profesa. Vmonos. Poned el dedo en la
boca, yo os lo ruego... La naturaleza est en desorden... Iniquidad
execrable! Oh! nunca yo hubiera nacido para castigarla! Venid, vmonos
juntos.




ACTO II


ESCENA PRIMERA

Sala en casa de Polonio

POLONIO, REINALDO


POLONIO.--Reinaldo, entrgale este dinero y estas cartas.

(_Le da un bolsillo y unas cartas._)

REINALDO.--As lo har, seor.

POLONIO.--Sera un admirable golpe de prudencia, que antes de verle te
informaras de su conducta.

REINALDO.--En eso mismo estaba yo.

POLONIO.--S, es muy buena idea, muy buena. Mira, lo primero has de
averiguar qu dinamarqueses hay en Pars, y cmo, en qu trminos, con
quin y dnde estn,  quin tratan, qu gastos tienen; y sabiendo por
estos rodeos y preguntas indirectas que conocen  mi hijo, entonces ve
en derechura  tu objeto, encaminando  l en particular tus
indagaciones. Haz como si le conocieras de lejos, diciendo: s, conozco
 su padre, y  algunos amigos suyos, y aun  l un poco... Lo has
entendido?

REINALDO.--S, seor, muy bien.

POLONIO.--S, le conozco un poco; pero... (has de aadir entonces) pero
no le he tratado. Si es el que yo creo,  fe que es bien calavera;
inclinado  tal  tal vicio... y luego dirs de l cuanto quieras
fingir; digo, pero que no sean cosas tan fuertes que puedan deshonrarle.
Cuidado con eso. Habla slo de aquellas travesuras, aquellas locuras y
extravos comunes  todos que ya se reconocen por compaeros
inseparables de la juventud y la libertad.

REINALDO.--Como el jugar, eh?

POLONIO.--S, el jugar, beber, esgrimir, jurar, disputar, putear...
Hasta esto bien puedes alargarte.

REINALDO.--Y aun con eso hay harto para quitarle el honor.

POLONIO.--No por cierto; adems, que todo depende del modo que le
acuses. No debes achacarle delitos escandalosos, ni pintarle como un
joven abandonado enteramente a la disolucin; no, no es sa mi idea. Has
de insinuar sus defectos con tal arte, que parezcan nulidades producidas
de falta de sujecin, y no otra cosa, extravos de una imaginacin
ardiente, mpetus nacidos de la efervescencia general de la sangre.

REINALDO.--Pero, seor...

POLONIO.--Ah! t querrs saber con qu fin debes hacer esto, eh?

REINALDO.--Gustara de saberlo.

POLONIO.--Pues, seor, mi fin es ste, y creo que es proceder con mucha
cordura. Cargando estas pequeas faltas sobre mi hijo (como ligeras
manchas de una obra preciosa), ganars por medio de la conversacin la
confianza de aqul a quien pretendas examinar. Si l est persuadido de
que el muchacho tiene los mencionados vicios que t le imputas, no dudes
que l convenga con tu opinin, diciendo: seor mo,  amigo, 
caballero, en fin, segn el ttulo  dictado de la persona  del pas...

REINALDO.--S, ya estoy.

POLONIO.--Pues entonces l dice... dice... Qu iba yo a decir ahora...?
Algo iba yo a decir. En qu estbamos?

REINALDO.--En que l concluir diciendo al amigo  al caballero...

POLONIO.--S, concluir diciendo... es verdad... as te dir
precisamente: Es verdad, yo conozco  ese mozo, ayer le v,  cualquier
otro da,  en tal y tal ocasin, con ste  con aquel sujeto; y all,
como habis dicho, le v que jugaba, all le encontr en una comilona,
acull en una quimera sobre el juego de pelota, y... (puede ser que
aada) le he visto entrar en una casa pblica, _videlicet_, en un
burdel,  cosa tal. Lo entiendes ahora? Con el anzuelo de la mentira
pescars la verdad, que as es como nosotros los que tenemos talento y
prudencia solemos conseguir por indirectas el fin directo, usando de
artificios y disimulacin. As lo hars con mi hijo, segn la
instruccin y advertencias que acabo de darte. Me has entendido?

REINALDO.--S, seor, quedo enterado.

POLONIO.--Pues adis, buen viaje.

REINALDO.--Seor...

POLONIO.--Examina por ti mismo sus inclinaciones.

REINALDO.--As lo har.

POLONIO.--Dejndole que obre libremente.

REINALDO.--Est bien, seor.

POLONIO.--Adis.


ESCENA II

POLONIO, OFELIA


POLONIO.--Y bien, Ofelia, qu hay de nuevo?

OFELIA.--Ay, seor, que he tenido un susto muy grande!

POLONIO.--Con qu motivo? Por Dios que me lo digas.

OFELIA.--Yo estaba haciendo labor en mi cuarto, cuando el prncipe
Hamlet, la ropa desceida, sin sombrero en la cabeza, sucias las medias,
sin atar, cadas hasta los pies, plido como su camisa, las piernas
trmulas, el semblante triste como si hubiera salido del infierno para
anunciar horror... se presenta delante de m.

POLONIO.--Loco, sin duda por tus amores, eh?

OFELIA.--Yo, seor, no lo s; pero en verdad lo temo.

POLONIO.--Y qu te dijo?

OFELIA.--Me asi una mano y me la apret fuertemente. Apartse despus 
la distancia de su brazo, y poniendo as la otra mano sobre su frente,
fij la vista en mi rostro recorrindole con atencin, como si hubiera
de retratarle. De este modo permaneci largo rato, hasta que por ltimo
sacudindome ligeramente el brazo, y moviendo tres veces la cabeza abajo
y arriba, exhal un suspiro tan profundo y triste, que pareci
deshacrsele en pedazos el cuerpo y dar fin  su vida. Hecho esto, me
dej, y levantada la cabeza comenz  andar, sin valerse de los ojos
para hallar el camino; sali de la puerta sin verla, y al pasar por ella
fij la vista en m.

POLONIO.--Ven, conmigo; quiero ver al rey. Ese es un verdadero xtasis
de amor, que siempre fatal  s mismo en un exceso violento, inclina la
voluntad  empresas temerarias, ms que ninguna otra pasin de cuantas
debajo del cielo combaten nuestra naturaleza. Mucho siento este
accidente. Pero dime, le has tratado con dureza en estos ltimos das?

OFELIA.--No, seor: slo en cumplimiento de lo que mandasteis, le he
devuelto sus cartas, y me he negado  sus visitas.

POLONIO.--Y eso basta para haberle trastornado as. Me pesa no haber
juzgado con ms acierto de su pasin. Yo tem que era slo un artificio
suyo para perderte... Sospecha indigna! Eh! Tan propio parece de la
edad anciana pasar ms all de lo justo en sus conjeturas, como lo es en
la juventud la falta de previsin. Vamos  ver al rey. Conviene que lo
sepa. Si le callo este amor, sera ms grande el sentimiento que pudiera
causarte tenindole oculto, que el disgusto que recibir al saberlo.
Vamos.


ESCENA III

Saln de palacio

CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO, acompaamiento


CLAUDIO.--Bien venido, Guillermo; y t tambin, querido Ricardo. Adems
de lo mucho que se me dilata el veros, la necesidad que tengo de
vosotros me ha determinado  solicitar vuestra venida. Algo habis odo
ya de la transformacin de Hamlet. As puedo llamarla, puesto que ni en
lo interior ni en lo exterior se parece nada al que antes era; ni llego
 imaginar qu otra causa haya podido privarle as de la razn, si ya no
es la muerte de su padre. Yo os ruego  entrambos, pues desde la primera
infancia os habis criado con l, y existe entre vosotros aquella
intimidad nacida de la igualdad en los aos y el genio, que tengis 
bien deteneros en mi corte algunos das. Acaso el trato vuestro
restablecer su alegra; y aprovechando las ocasiones que se presenten,
ved cul sea la ignorada afliccin que as le consume, para que
descubrindola procuremos su alivio.

GERTRUDIS.--El ha hablado mucho de vosotros, mis buenos seores, y estoy
segura de que no se hallarn otros dos sujetos  quienes l profese
mayor cario. Si tanta fuese vuestra bondad, que gustis de pasar con
nosotros algn tiempo para contribuir al logro de mi esperanza, vuestra
asistencia ser remunerada como corresponde al agradecimiento de un rey.

RICARDO.--VV. MM. tienen soberana autoridad en nosotros, y en vez de
rogar deben mandarnos.

GUILLERMO.--Uno y otro obedeceremos, y postramos  vuestros pies, con el
ms puro afecto, el celo de serviros que nos anima.

CLAUDIO.--Muchas gracias, corts Guillermo. Gracias, Ricardo.

GERTRUDIS.--Os quedo muy agradecida, seores, y os pido que veis cuanto
antes  mi doliente hijo. (_A los criados._) Conduzca alguno de vosotros
 estos caballeros adonde Hamlet se halle.

GUILLERMO.--Haga el cielo que nuestra compaa y nuestros conatos puedan
serle agradables y tiles.

GERTRUDIS.--S. Amn.


ESCENA IV

CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, acompaamiento


POLONIO.--Seor: los embajadores enviados a Noruega han vuelto ya en
extremo contentos.

CLAUDIO.--Siempre has sido t padre de buenas nuevas.

POLONIO.--Oh! s, no es verdad? Y os puedo asegurar, venerado seor,
que mis acciones y mi corazn no tienen otro objeto que el servicio de
Dios y el de mi rey; y si ese talento mo no ha perdido enteramente
aquel seguro olfato con que supo siempre rastrear asuntos polticos,
pienso haber descubierto ya la verdadera causa de la locura del
prncipe.

CLAUDIO.--Pues dnosla, que estoy impaciente de saberla.

POLONIO.--Ser bien que deis primero audiencia  los embajadores: mi
informe servir de postres a este gran festn.

CLAUDIO.--T mismo puedes ir  cumplimentarlos  introducirlos. (_Vase
Polonio._) Dice que ha descubierto, amada Gertrudis, la causa verdadera
de la indisposicin de tu hijo.

GERTRUDIS.--Ah! yo dudo que l tenga otra mayor que la muerte de su
padre y nuestro acelerado casamiento.

CLAUDIO.--Yo sabr examinarle.


ESCENA V

CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, VOLTIMAN, CORNELIO, acompaamiento


CLAUDIO.--Bien venidos, amigos. D, Voltiman, qu respondi nuestro
hermano el rey de Noruega?

VOLTIMAN.--Corresponde con la ms sincera amistad  vuestras atenciones
y  vuestro ruego. As que llegamos mand suspender los armamentos que
haca su sobrino, fingiendo ser preparativos contra el polaco; pero
mejor informado despus hall ser cierto que se dirigan en ofensa
vuestra. Indignado de que abusaran as de la impotencia  que le han
reducido su edad y sus males, envi estrechas rdenes  Fortimbrs, que
sometindose prontamente  las reprensiones del to, le ha jurado por
ltimo que nunca ms tomar las armas contra V. M. Satisfecho de este
procedimiento el anciano rey, le seala sesenta mil escudos anuales, y
le permite emplear contra Polonia las tropas que haba levantado. A este
fin os ruega concedis paso libre por vuestros estados al ejrcito
prevenido para tal empresa, bajo las condiciones de recproca seguridad,
expresadas aqu.

(_Saca unos papeles y se los da a Claudio._)

CLAUDIO.--Est bien: leer en tiempo ms oportuno sus proposiciones, y
reflexionar lo que debo en este caso responderle. Entre tanto os doy
gracias por el feliz desempeo de vuestro encargo. Descansad. A la noche
seris conmigo en el festn. Tendr gusto de veros.


ESCENA VI

CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO


POLONIO.--Este asunto se ha concludo muy bien. (_Claudio hace una sea,
y se retira el acompaamiento_). Mi soberano, y vos, seora: explicar lo
que es la dignidad de un monarca, las obligaciones del vasallo, por qu
el da es da, noche la noche, y tiempo el tiempo. As pues, como quiera
que la brevedad es el alma del talento, y que nada hay ms enfadoso que
los rodeos y perfrasis... ser muy breve. Vuestro noble hijo est loco;
y le llamo loco, porque, si en rigor se examina, qu otra cosa es la
locura sino estar uno enteramente loco? Pero dejando esto aparte...

GERTRUDIS.--Al caso, Polonio, al caso, y menos artificios.

POLONIO.--Yo os prometo, seora, que no me valgo de artificio alguno;
es cierto que l est loco! es cierto que es lstima, y es lstima que
sea cierto; pero dejemos  un lado pueril anttesis, que no quiero usar
de artificios. Convengamos pues en que est loco, y ahora falta
descubrir la causa de este efecto,  por decir, la causa de este
defecto; porque este efecto defectuoso nace de una causa, y as resta
considerar lo restante. Yo tengo una hija... la tengo mientras es ma:
que en prueba de su respeto y sumisin... notad lo que os digo... me ha
entregado esta carta. (_Saca una carta y lee en ella los pedazos que
indica el dilogo._) Ahora resumid los hechos y sacaris la
consecuencia. Al dolo celestial de mi alma,  la sin par Ofelia... Es
una alta frase... una falta de frase sin par... Es una falta de frase,
pero od lo dems. _Estas letras destinadas  que tu blanco y hermoso
pecho las guarde: estas_...

GERTRUDIS.--Y esa carta se la ha enviado Hamlet?

POLONIO.--Bueno por cierto! Esperad un poco, ser muy fiel.

      _Duda que son de fuego las estrellas,
    duda si al sol el movimiento falta,
    duda lo cierto, admite lo dudoso;
    pero no dudes de mi amor las ansias._

     _Estos versos aumentan mi dolor, querida Ofelia; ni s tampoco
     expresar mis penas con arte; pero cree que te amo en extremo, con
     el mayor extremo posible. Adis. Tuyo siempre, mi adorada nia,
     mientras esta mquina exista._--HAMLET.

Mi hija, en fuerza de su obediencia, me ha hecho ver esta carta, y
adems me ha contado las solicitudes del prncipe, segn han ocurrido,
con todas las circunstancias del tiempo, el lugar y el modo.

CLAUDIO.--Y ella cmo ha recibido su amor?

POLONIO.--En qu opinin me tenis?

CLAUDIO.--En la de un hombre honrado y veraz.

POLONIO.--Y me complazco en probaros que lo soy. Pero qu hubierais
pensado de m, si cuando he visto que tomaba vuelo este ardiente amor...
porque os puedo asegurar que aun antes que mi hija me hablase, ya lo
haba yo advertido?... qu hubiera pensado de m V. M. y la reina que
est presente si hubiera tolerado este galanteo? Si hacindome
violencia  m propio hubiera permanecido silencioso y mudo, mirndolo
con indiferencia? Qu hubierais pensado de m? No, seor, yo he ido en
derechura al asunto, y le dije a la nia, ni ms ni menos: hija, el
seor Hamlet es un prncipe muy superior  tu esfera... Esto no debe
pasar adelante. Y despus le mand que se encerrase en su estancia, sin
admitir recados ni recibir presentes. Ella ha sabido aprovecharse de mis
preceptos, y el prncipe... (para abreviar la historia) al verse
desdeado, comenz  padecer melancolas, despus inapetencia, despus
vigilias, despus debilidad, despus aturdimiento, y despus (por una
graduacin natural) la locura que le saca de s, y que todos nosotros
lloramos.

CLAUDIO.--Creis, seora, que esto haya pasado as?

GERTRUDIS.--Me parece bastante probable.

POLONIO.--Ha sucedido alguna vez... (tendra gusto de saberlo) que yo
haya dicho positivamente: Esto hay, y que haya resultado lo contrario?

CLAUDIO.--No se me acuerda.

POLONIO.--Pues separadme sta de ste (_sealando la cabeza y el
cuello_) si otra cosa hubiere en el asunto... Ah! por poco que las
circunstancias me ayuden, yo descubrir la verdad donde quiera que se
oculte, aunque el centro de la tierra la sepultara.

CLAUDIO.--Y cmo te parece que pudiramos hacer nuevas indagaciones?

POLONIO.--Bien sabis que el prncipe suele pasearse algunas veces por
esa galera cuatro horas enteras.

GERTRUDIS.--Es verdad, as suele hacerlo.

POLONIO.--Pues cuando l venga, yo har que mi hija le salga al paso.
Vos y yo nos ocultaremos detrs de los tapices, para observar lo que
hace al verla. Si l no la ama y no es sta la causa de haber perdido el
juicio, despedidme de vuestro lado y de vuestra corte, y enviadme  una
alquera  guiar un arado.

CLAUDIO.--S, y lo quiero averiguar.

GERTRUDIS.--Pero, veis? Qu lstima! Leyendo viene el infeliz.

POLONIO.--Retiraos, yo os lo suplico: retiraos entrambos, que le quiero
hablar si me dais licencia.


ESCENA VII

POLONIO, HAMLET


POLONIO.--Cmo os va, mi buen seor?

(_Hamlet sale leyendo un libro._)

HAMLET.--Bien,  Dios gracias.

POLONIO.--Me conocis?

HAMLET.--Perfectamente. T vendes peces.

POLONIO.--Yo? No, seor.

HAMLET.--As fueras honrado.

POLONIO.--Honrado decs?

HAMLET.--S, seor, que lo digo. El ser honrado, segn va el mundo, es
lo mismo que ser escogido uno entre diez mil.

POLONIO.--Todo eso es verdad.

HAMLET.--Si el sol engendra gusanos en un perro muerto, y aunque es un
dios, alumbra benigno con sus rayos  un cadver corrupto... No tienes
una hija?

POLONIO.--S, seor, una tengo.

HAMLET.--Pues no la dejes pasear al sol. La concepcin es una bendicin
del cielo, pero no del modo en que tu hija podr concebir. Cuida mucho
de esto, amigo.

POLONIO.--Pero qu queris decir con eso? Siempre est pensando en mi
hija. No obstante, al principio no me conoci... Dice que vendo peces...
Est rematado, rematado!... Y en verdad que yo tambin, siendo mozo, me
vi muy trastornado por el amor... casi tanto como l. Quiero hablarle
otra vez. Qu estis leyendo?

HAMLET.--Palabras, palabras, todo palabras.

POLONIO.--Y de qu se trata?

HAMLET.--Entre quin?

POLONIO.--Digo que de qu trata el libro que leis.

HAMLET.--De calumnias. Aqu dice el malvado satrico, que los viejos
tienen la barba blanca, las caras con arrugas, que vierten de sus ojos
mbar abundante y goma de ciruela, que padecen gran debilidad de piernas
y mucha falta de entendimiento. Todo lo cual, seor mo, aunque yo plena
y eficazmente lo creo, con todo eso, no me parece bien hallarlo afirmado
en tales trminos; porque al fin vos serais sin duda tan joven como yo,
si os fuera posible andar hacia atrs como el cangrejo.

POLONIO.--Aunque todo es locura, no deja de observar mtodo en lo que
dice. Queris venir, seor, adonde no os d el aire?

HAMLET.--Adnde? A la sepultura?

POLONIO.--Cierto que all no da el aire. Con qu agudeza responde
siempre! Estos golpes felices son frecuentes en la locura, cuando en el
estado de razn y salud tal vez no se logran. Voyle a dejar; y disponer
al instante el careo entre l y mi hija. Seor, si me dais licencia de
que me vaya...

HAMLET.--No me puedes pedir cosa que con ms gusto te conceda,
exceptuando la vida, eso s, exceptuando la vida.

POLONIO.--Adis, seor.

HAMLET.--Fastidiosos y extravagantes viejos!

POLONIO (_ Guillermo y Ricardo, que salen por donde l se va_).--Si
buscis al prncipe, vedle ah.


ESCENA VIII

HAMLET, RICARDO, GUILLERMO


RICARDO.--Buenos das, seor.

GUILLERMO.--Dios guarde  V. A.

RICARDO.--Mi venerado prncipe.

HAMLET.--Oh, buenos amigos! Cmo va? Guillermo, Ricardo, guapos
mozos! Cmo va? Qu se hace de bueno?

RICARDO.--Nada, seor: pasamos una vida muy indiferente.

GUILLERMO.--Nos creemos felices en no ser demasiado felices. No, no
servimos de airn al tocado de la fortuna.

HAMLET.--Ni de suelas  su calzado?

RICARDO.--Ni uno, ni otro.

HAMLET.--En tal caso estaris colocados hacia su cintura: all es el
centro de los favores.

GUILLERMO.--Cierto, como privados suyos.

HAMLET.--Pues all en lo ms oculto... Ah! dices bien, ella es una
prostituta... Qu hay de nuevo?

RICARDO.--Nada, sino que ya los hombres van siendo buenos.

HAMLET.--Seal que el da del juicio va  venir pronto. Pero vuestras
noticias no son ciertas... Permitid que os pregunte ms particularmente:
por qu delitos os ha trado aqu vuestra mala suerte  vivir en
prisin?

GUILLERMO.--En prisin decs?

HAMLET.--S: Dinamarca es una crcel.

RICARDO.--Tambin el mundo lo ser.

HAMLET.--Y muy grande, con muchas guardas, encierros y calabozos; y
Dinamarca es uno de los peores.

RICARDO.--Nosotros no ramos de esa opinin.

HAMLET.--Para vosotros podr no serlo, porque nada hay bueno ni malo
sino en fuerza de nuestra fantasa. Para m es una verdadera crcel.

RICARDO.--Ser vuestra ambicin la que os le figura tal: la grandeza de
vuestro nimo le hallar estrecho.

HAMLET.--Oh, Dios mo! Yo pudiera estar encerrado en la cscara de una
nuez, y creerme soberano de un estado inmenso.... Pero estos sueos
terribles me hacen infeliz.

RICARDO.--Todos esos sueos son ambicin, y todo cuanto al ambicioso le
agita no es ms que la sombra de un sueo.

HAMLET.--El sueo en s no es ms que una sombra.

RICARDO.--Ciertamente, y yo considero la ambicin por tan ligera y vana,
que me parece la sombra de una sombra.

HAMLET.--De donde resulta que los mendigos son cuerpos, y los monarcas y
hroes agigantados, sombras de los mendigos... Iremos un rato  la
corte, seores, porque  la verdad no tengo la cabeza para discurrir.

LOS DOS.--Os iremos sirviendo.

HAMLET.--Oh! no se trate de eso. No os quiero confundir con mis
criados, que,  fe de hombre de bien, me sirven indignamente. Pero
decidme, por nuestra amistad antigua: qu hacis en Elsingor?

RICARDO.--Seor, hemos venido nicamente  veros.

HAMLET.--Tan pobre soy, que aun de gracias estoy escaso: no obstante,
agradezco vuestra fineza... Bien que os puedo asegurar que mis gracias,
aunque se paguen  ochavo, se pagan mucho. Y quin os ha hecho venir?
Es libre esta visita? Me la hacis por vuestro gusto propio? Vaya,
habladme con franqueza; vaya, decdmelo.

GUILLERMO.--Y qu os hemos de decir, seor?

HAMLET.--Todo lo que haya acerca de esto. A vosotros os envan sin duda,
y en vuestros ojos hallo una especie de confesin, que toda vuestra
reserva no puede desmentir. Yo s que el bueno del rey y tambin la
reina os han mandado que vengis.

RICARDO.--Pero  qu fin?

HAMLET.--Eso es lo que debis decirme. Pero os pido por los derechos de
nuestra amistad, por la conformidad de nuestros aos juveniles, por las
obligaciones de nuestro no interrumpido afecto, por todo aquello, en
fin, que sea para vosotros ms grato y respetable, que me digis con
sencillez la verdad. Os han mandado venir,  no?

RICARDO (_mirando  Guillermo_).--Qu dices t?

HAMLET.--Ya os he dicho que lo estoy viendo en vuestros ojos: si me
estimis de veras, no hay que desmentirlos.

GUILLERMO.--Pues, seor, es cierto: nos han hecho venir.

HAMLET.--Y yo os voy  decir el motivo: as me anticipar  vuestra
propia confesin, sin que la fidelidad que debis al rey y la reina
quede por vosotros ofendida. Yo he perdido de poco tiempo  esta parte,
sin saber la causa, toda mi alegra, olvidando mis ordinarias
ocupaciones; y este accidente ha sido tan funesto  mi salud, que la
tierra, esa divina mquina, me parece un promontorio estril; ese dosel
magnfico de los cielos, ese hermoso firmamento que veis sobre nosotros,
esa techumbre majestuosa sembrada de doradas luces, no otra cosa me
parece que una desagradable y pestfera multitud de vapores. Qu
admirable fbrica es la del hombre! Qu noble su razn! Qu infinitas
sus facultades! Qu expresivo y maravilloso en su forma y sus
movimientos! Qu semejante  un ngel en sus acciones! Y en su
espritu, qu semejante a Dios! El es, sin duda lo ms hermoso de la
tierra, el ms perfecto de todos los animales. Pues no obstante, qu
juzgis que es en mi estimacin ese purificado polvo? El hombre no me
deleita... ni menos la mujer... bien que ya veo en vuestra sonrisa que
aprobis mi opinin.

RICARDO.--En verdad, seor, que no habis acertado mis ideas.

HAMLET.--Pues por qu te reas cuando dije que no me deleita el
hombre?

RICARDO.--Me re al considerar, puesto que los hombres no os deleitan,
qu comidas de cuaresma daris  los cmicos que hemos hallado en el
camino, y estn ah deseando emplearse en servicio vuestro.

HAMLET.--El que hace de rey sea muy bien venido; S. M. recibir mis
obsequios como es de razn: el arrojado caballero sacar  lucir su
espada y su broquel, el enamorado no suspirar en balde, el que hace de
loco acabar su papel en paz, el patn dar aquellas risotadas con que
sacude los pulmones ridos, y la dama expresar libremente su pasin, 
las interrupciones del verso hablarn por ella. Y qu cmicos son?

RICARDO.--Los que ms os agradan regularmente. La compaa trgica de
nuestra ciudad.

HAMLET.--Y por qu andan vagando as? No les sera mejor para su
reputacin y sus intereses establecerse en alguna parte?

RICARDO.--Creo que los ltimos reglamentos se lo prohiben.

HAMLET.--Son hoy tan bien recibidos como cuando yo estuve en la ciudad?
Acude siempre el mismo concurso?

RICARDO.--No; seor; no, por cierto.

HAMLET.--Y en qu consiste? Se han echado  perder?

RICARDO.--No, seor. Ellos han procurado seguir siempre su acostumbrado
mtodo; pero hay aqu una cra de chiquillos, vencejos chillones, que
gritando en la declamacin fuera de propsito, son por esto mismo
palmoteados hasta el exceso. Esta es la diversin del da; y tanto han
denigrado los espectculos ordinarios (como ellos los llaman), que
muchos caballeros de espada en cinta, atemorizados de las plumas de
ganso de este teatro, rara vez se atreven  poner el pie en los otros.

HAMLET.--Oiga! Conque son muchachos? Y quin los sostiene? Qu
sueldo les dan? Abandonarn el ejercicio cuando pierdan la voz para
cantar? Y cuando tengan que hacerse cmicos ordinarios, como parece
verosmil que suceda, si carecen de otros medios, no dirn entonces que
sus compositores los han perjudicado, hacindolos declamar contra la
profesin misma que han tenido que abrazar despus?

RICARDO.--Lo cierto es que han ocurrido ya muchos disgustos por ambas
partes, y la nacin ve sin escrpulo continuarse la discordia entre
ellos. Ha habido tiempo en que el dinero de las piezas no se cobraba
hasta que el poeta y el cmico rean y se hartaban de bofetones.

HAMLET.--Es posible?

GUILLERMO.--Oh, si lo es! Como que ha habido ya muchas cabezas rotas.

HAMLET.--Y qu, los chicos han vencido en esas peleas?

RICARDO.--Cierto que s, y se hubieran burlado del mismo Hrcules con
maza y todo.

HAMLET.--No es extrao. Ya veis mi to, rey de Dinamarca. Los que se
mofaban de l mientras vivi mi padre, ahora dan veinte, cuarenta y aun
cien ducados por su retrato de miniatura. En esto hay algo que es ms
que natural, si la filosofa pudiera describirlo.

GUILLERMO.--Ya estn ah los cmicos.

HAMLET.--Pues, caballeros, muy bien venidos  Elsingor; acercaos aqu,
dadme las manos. Las seales de una buena acogida consisten por lo comn
en ceremonias y cumplimientos; pero permitid que os trate as, porque os
hago saber que yo debo recibir muy bien  los cmicos en lo exterior, y
no quisiera que las distinciones que  ellos les haga pareciesen mayores
que las que os hago  vosotros. Bien venidos... Pero mi to padre, y mi
madre ta,  fe  fe, que se equivocan mucho.

GUILLERMO.--En qu, seor?

HAMLET.--Yo no estoy loco, sino cuando sopla el nordeste; pero cuando
corre el sur, distingo muy bien un huevo de una castaa.


ESCENA IX

POLONIO y dichos


POLONIO.--Dios os guarde, seores.

HAMLET.--Oye aqu, Guillermo, y t tambin... un oyente  cada lado.
Veis aquel vejestorio que acaba de entrar? Pues aun no ha salido de
mantillas.

RICARDO.--O acaso habr vuelto  ellas, porque segn se dice, la vejez
es segunda infancia.

HAMLET.--Apostar que me viene  hablar de los cmicos, tened cuidado...
Pues, seor, t tienes razn; eso fu el lunes por la maana, no hay
duda.

POLONIO.--Seor, tengo que daros una noticia.

HAMLET.--Seor, tengo que daros una noticia. (_Imitando la voz de
Polonio_). Cuando Roscio era actor en Roma...

POLONIO.--Seor, los cmicos han venido.

HAMLET.--Tuh! tuh! tuh!

POLONIO.--Como soy hombre de bien que s.

HAMLET.--Cada actor viene caballero en burro.

     (_Hamlet declama este verso en tono trgico y los que dice poco
     despus_).

POLONIO.--Estos son los ms excelentes actores del mundo, as en la
tragedia como en la comedia, historia  pastoral, en lo cmico-pastoral,
histrico-pastoral, trgico-histrico, tragi-cmico-histrico-pastoral,
escena indivisible, poema ilimitado... Qu! Para ellos ni Sneca es
demasiado grave, ni Plauto demasiado ligero, y en cuanto  las reglas de
composicin y a la franqueza cmica, stos son los nicos.

HAMLET.--Oh Jeft, juez de Israel!...
                  Qu tesoro poseste!

POLONIO.--Y qu tesoro era el suyo, seor?

HAMLET.--Qu tesoro?

    No ms que una hermosa hija
     quien amaba en extremo.

POLONIO.--Siempre pensando en mi hija.

HAMLET.--No tengo razn, anciano Jeft?

POLONIO.--Seor, si me llamis Jeft, cierto es que tengo una hija 
quien amo en extremo.

HAMLET.--Oh! no es eso lo que sigue.

POLONIO.--Pues qu sigue, seor?

HAMLET.--Esto:

No hay ms suerte que Dios, ni ms destino. Y luego, ya sabes:

     Que cuanto nos sucede El lo previno.

Lee la primera lnea de aquella devota cancin, y ella sola te
manifestar lo dems. Pero, veis? Ah vienen otros  hablar por m.


ESCENA X

HAMLET, RICARDO, GUILLERMO, POLONIO y cuatro cmicos


HAMLET.--Bien venidos, seores; me alegro de veros  todos tan buenos.
Bien venidos... Oh! oh camarada antiguo! mucho se te ha arrugado la
cara desde la ltima vez que te vi. Vienes  Dinamarca  hacerme
parecer viejo  m tambin? Y t, mi nia, oiga! ya eres una seorita;
por la Virgen, que ya est vuesamerced una cuarta ms cerca del cielo
desde que no la he visto. Dios quiera que tu voz, semejante  una pieza
de oro falso, no se descubra al echarla en el crisol. Seores, muy bien
venidos todos. Pero, amigos, yo voy en derechura al caso, y corro detrs
del primer objeto que se me presenta, como halconero francs. Yo quiero
al instante una relacin. S, veamos alguna prueba de vuestra habilidad.
Vaya un pasaje afectuoso.

CMICO 1.--Y cul queris, seor?

HAMLET.--Me acuerdo de haberte odo en otro tiempo una relacin que
nunca se ha representado al pblico,  una sola vez cuando ms... S, y
me acuerdo tambin que no agradaba  la multitud; no era ciertamente
manjar para el vulgo. Pero  m me pareci entonces, y aun  otros cuyo
dictamen vale ms que el mo, una excelente pieza, bien dispuesta la
fbula, y escrita con elegancia y decoro. No falt, sin embargo, quien
dijo que no haba en los versos toda la sal necesaria para sazonar el
asunto, y que lo insignificante del estilo anunciaba poca sensibilidad
en el autor; bien que no dejaban de tenerla por obra escrita con mtodo,
instructiva y elegante, y ms brillante que delicada. Particularmente me
gust mucho en ella una relacin que Eneas hace  Dido, y sobre todo
cuando habla de muerte de Pramo. Si la tienes en la memoria... empieza
por aquel verso... deja, deja, ver si me acuerdo.

    Pirro feroz como la hircana tigre...

     (_Todos los versos de esta escena los dicen con declamacin
     trgica_).

No es este; pero empieza con Pirro... ah!...

    Pirro feroz, con pavonadas armas,
    negras como su intento, reclinado
    dentro en los senos del caballo enorme,
     la lbrega noche pareca.
    Ya su terrible, ennegrecido aspecto
    mayor espanto da. Todo lo tie
    de la cabeza al pie caliente sangre
    de ancianos y matronas, de robustos
    mancebos y de vrgenes, que abrasa
    el fuego de inflamados edificios
    en confuso montn;  cuya horrenda
    luz que despiden, el caudillo insano
    muerte y estrago esparce. Ardiendo en ira,
    cubierto de cuajada sangre, vuelve
    los ojos, al carbunclo semejantes,
    y busca, instado de infernal venganza,
    al viejo abuelo Pramo...

Prosigue t.

POLONIO.--Muy bien declamado,  fe ma! con buen acento y bella
expresin.

CMICO 1.--           Al momento
 le ve lidiando, resistencia breve!
 contra los griegos; su temida espada
 rebelde al brazo ya, le pesa intil.
 Pirro, de furias lleno, le provoca
  liza desigual; herirle intenta,
 y el aire solo del funesto acero
 postra al dbil anciano. Y cual si fuese
 a tanto golpe el Ilon sensible,
 al suelo desplom sus techos altos,
 ardiendo en llamas, y al rumor suspenso.
 Pirro... Le veis? la espada que vena
  herir del teucro la nevada frente
 se detiene en los aires, y l inmoble,
 absorto y mudo y sin accin su enojo,
 la imagen de un tirano representa
 que figur el pincel. Mas como suele
 tal vez el cielo en tempestad obscura
 parar su movimiento, de los aires
 el mpetu cesar, y en silenciosa
 quietud de muerte reposar el orbe,
 hasta que el trueno, con horror zumbando,
 rompe la alta regin; as un instante
 suspensa fu la clera de Pirro,
 y as, dispuesto  la venganza, el duro
 combate renov. No ms tremendo
 golpe en las armas de Mavorte eternas
 dieron jams los cclopes tostados,
 que sobre el triste anciano la cuchilla
 sangrienta di del sucesor de Aquiles.
 Oh fortuna falaz!... Vos, poderosos
 dioses, quitadle su dominio injusto;
 romped los rayos de su rueda y calces,
 y el eje circular desde el Olimpo
 caiga en pedazos del abismo al centro.

POLONIO.--Es demasiado largo.

HAMLET.--Lo mismo dir de tus barbas el barbero. Prosigue. Este slo
gusta de ver bailar  de oir cuentos de alcahuetas,  si no se duerme.
Prosigue con aquello de Hcuba.

CMICO 1.--Pero quien viese oh vista dolorosa! la mal ceida reina...

HAMLET.--La mal ceida reina!

POLONIO.--Esto es bueno, mal ceida reina, bueno!

Cmico 1.--Pero quien viese oh vista dolorosa!
  la mal ceida reina, el pie desnudo,
  girar de un lado al otro, amenazando
  extinguir con sus lgrimas el fuego...
  En vez de vestidura rozagante
  cubierto el seno, harto fecundo un da,
  con las ropas del lecho arrebatadas
  (ni a ms le di lugar el susto horrible),
  rasgado un velo en su cabeza, donde
  antes resplandeci corona augusta...
  Ay! quien la viese,  los supremos hados
  con lengua venenosa execrara.
  Los dioses mismos, si a piedad los mueve
  el linaje mortal, dolor sintieran
  de verla, cuando al implacable Pirro
  hall esparciendo en trozos con su espada
  del muerto esposo los helados miembros.
  Lo ve, y exclama con gemido triste,
  bastante  conturbar all en su altura
  las deidades de Olimpo, y los brillantes
  ojos del cielo humedecer en lloro.

POLONIO.--Ved cmo muda de color, y se le han saltado las lgrimas. No,
no prosigis.

HAMLET.--Basta ya, presto me dirs lo que falta. Seor mo, es menester
hacer que estos cmicos se establezcan, lo entiendes? y agasajarlos
bien. Ellos son sin duda el eptome histrico de los siglos, y ms te
valdr tener despus de muerto un mal epitafio que una mala reputacin
entre ellos mientras vivas.

POLONIO.--Yo, seor, los tratar conforme  sus mritos.

HAMLET.--Qu cabeza sta! No, seor, mucho mejor. Si a los hombres se
los hubiese de tratar segn merecen, quin escapara de ser azotado?
Trtalos como corresponde  tu nobleza y  tu propio honor; cuanto menor
sea su mrito, mayor sea tu bondad. Acompalos.

POLONIO.--Venid, seores.

HAMLET.--Amigos, id con l. Maana habr comedia. Oye aqu t, amigo,
dime, no pudierais representar _la Muerte de Gonzago_?

CMICO 1.--S, seor.

HAMLET.--Pues maana  la noche quiero que se haga. Y no podras, si
fuese menester aprender de memoria unos doce  diez y seis versos que
quiero escribir  insertar en la pieza? Podrs?

CMICO 1.--S, seor.

HAMLET.--Muy bien; pues vete con aquel caballero, y cuenta no hagis
burla de l. Amigos, hasta la noche. Pasadlo bien.

RICARDO.--Seor...

HAMLET.--Id con Dios.


ESCENA XI

HAMLET


Ya estoy solo. Qu abatido, qu insensible soy! No es admirable que
este actor, en una fbula, en una ficcin, pueda dirigir tan  su placer
el nimo, que as agite y desfigure el rostro en la declamacin,
vertiendo de sus ojos lgrimas, dbil la voz, y todas sus acciones tan
acomodadas  lo que quiere expresar? Y esto por nadie: por Hcuba. Y
quin es Hcuba para l,  l para ella, que as llora sus infortunios?
Pues qu no hara si l tuviese los tristes motivos de dolor que yo
tengo! Inundara el teatro con llanto, su terrible acento conturbara 
cuantos le oyesen, llenara de desesperacin al culpado, de temor al
inocente, al ignorante de confusin, y sorprendera con asombro la
facultad de los ojos y los odos. Pero yo, miserable, sin vigor y
estpido, sueo adormecido, permanezco mudo, y miro con tal indiferencia
mis agravios! Qu, nada merece un rey con quien se cometi el ms atroz
delito para despojarle del cetro y la vida? Soy cobarde yo? Quin se
atreve  llamarme villano,   insultarme en mi presencia, arrancarme la
barba, soplrmela al rostro, asirme de la nariz,  hacerme tragar leja
que me llegue al pulmn? Quin se atreve a tanto? Sera yo capaz de
sufrirlo? S, que no es posible sino que yo sea como la paloma, que
carece de hiel, incapaz de acciones crueles;  no ser esto, ya se
hubieran cebado los milanos del aire en los despojos de aquel indigno,
deshonesto, homicida, prfido seductor, feroz malvado, que vive sin
remordimientos de su culpa. Pero por qu he de ser tan necio? Ser
generoso proceder el mo, que yo, hijo de un querido padre (de cuya
muerte alevosa el cielo y el infierno mismo me piden venganza),
afeminado y dbil desahogue con palabras el corazn, prorrumpa en
execraciones vanas como una prostituta vil  un pillo de cocina? Ah!
no, ni aun slo imaginarlo. Eh!... Yo he odo que tal vez asistiendo 
una representacin hombres muy culpados, han sido heridos en el alma con
tal violencia por la ilusin del teatro, que  vista de todos han
publicado sus delitos; que la culpa, aunque sin lengua, siempre se
manifestar por medios maravillosos. Yo har que estos actores
representen delante de mi to algn pasaje que tenga semejanza con la
muerte de mi padre. Yo le herir en lo ms vivo del corazn, observar
sus miradas; si muda de color, si se estremece, ya s lo que me toca
hacer. La aparicin que vi pudiera ser un espritu del infierno. Al
demonio no le es difcil presentarse bajo la ms agradable forma; s, y
acaso como l es tan poderoso sobre una imaginacin perturbada,
valindose de mi propia debilidad y melancola, me engaa para perderme.
Yo voy  adquirir pruebas ms slidas, y esta representacin ha de ser
el lazo en que se enrede la conciencia del rey.




ACTO III


ESCENA PRIMERA

Galera de palacio

CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA, RICARDO, GUILLERMO


CLAUDIO.--Y no os fu posible indagar en la conversacin que con l
tuvisteis, de qu nace aquel desorden de espritu que tan cruelmente
altera su quietud con turbulenta y peligrosa demencia?

RICARDO.--El mismo reconoce los extravos de su razn, pero no ha
querido manifestarnos el origen de ellos.

GUILLERMO.--Ni le hallamos en disposicin de ser examinado, porque
siempre huye de la cuestin con un rasgo de locura, cuando ve que le
conducimos al punto de descubrir la verdad.

GERTRUDIS.--Fuisteis bien recibidos de l?

RICARDO.--Con mucha cortesa.

GUILLERMO.--Pero se le conoca una cierta sujecin.

RICARDO.--Pregunt poco, pero responda  todo con prontitud.

GERTRUDIS.--Le habis convidado para alguna diversin?

RICARDO.--S, seora, porque casualmente habamos encontrado una
compaa de cmicos en el camino: se lo dijimos, y mostr complacencia
al oirlo. Estn ya en la corte, y creo que tienen orden de representarle
esta noche una pieza.

POLONIO.--As es la verdad, y me ha encargado de suplicar  VV. MM. que
asistan  verla y oirla.

CLAUDIO.--Con mucho gusto: me complace en extremo saber que tiene tal
inclinacin. Vosotros, seores, excitadle  ella, y aplaudid su
propensin  este gnero de placeres.

RICARDO.--As lo haremos.


ESCENA II

CLAUDIO, GERTRUDIS, POLONIO, OFELIA


CLAUDIO.--T, mi amada Gertrudis, debers tambin retirarte, porque
hemos dispuesto que Hamlet al venir aqu, como si fuera casualidad,
encuentre  Ofelia. Su padre y yo, testigos los ms aptos para el fin,
nos colocaremos donde veamos sin ser vistos: as podremos juzgar de lo
que entre ambos pase, y en las acciones y palabras del prncipe
conoceremos si es pasin de amor el mal de que adolece.

GERTRUDIS.--Voy  obedeceros; y por mi parte, Ofelia, oh, cunto
deseara que tu rara hermosura fuese el dichoso origen de la demencia de
Hamlet! Entonces yo debera esperar que tus prendas amables pudieran
para vuestra mutua felicidad restituirle su salud perdida.

OFELIA.--Yo, seora, tambin quisiera que fuese as.


ESCENA III

CLAUDIO, POLONIO, OFELIA


POLONIO.--Pasate por aqu, Ofelia. Si V. M. gusta podemos ya
ocultarnos. Haz que lees en este libro (_dndole un libro_): esta
ocupacin disculpar la soledad del sitio... Materia es por cierto en
que tenemos mucho de que acusarnos! Cuntas veces con el semblante de
la devocin y la apariencia de acciones piadosas engaamos al diablo
mismo!

CLAUDIO.--Demasiado cierto es... (_Ap._) Qu cruelmente ha herido esa
reflexin mi conciencia! El rostro de la meretriz, hermoseada con el
arte, no es ms feo despojado de los afeites, que lo es mi delito
disimulado en palabras traidoras. Oh, qu pesada carga me oprime!

POLONIO.--Ya le siento llegar, seor; conviene retirarnos.


ESCENA IV

HAMLET, OFELIA

(Hamlet dir este monlogo, creyndose solo. Ofelia  un extremo del
teatro lee.)


HAMLET.--Existir o no existir, sta es la cuestin. Cul es ms digna
accin del nimo: sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, 
oponer los brazos a este torrente de calamidades, y darles fin con
atrevida resistencia? Morir es dormir. No ms? Y por un sueo,
diremos, las aflicciones se acabaron y los dolores sin nmero,
patrimonio de nuestra dbil naturaleza?... Este es un trmino que
deberamos solicitar con ansia. Morir es dormir... y tal vez soar. S,
y ved aqu el grande obstculo; porque el considerar qu sueos podrn
ocurrir en el silencio del sepulcro, cuando hayamos abandonado este
despojo mortal, es razn harto poderosa para detenernos. Esta es la
consideracin que hace nuestra infelicidad tan larga. Quin, si esto no
fuese, aguantara la lentitud de los tribunales, la insolencia de los
empleados, las tropelas que recibe pacfico el mrito, de los hombres
ms indignos, las angustias de un mal pagado amor, las injurias y
quebrantos de la edad, la violencia de los tiranos, el desprecio de los
soberbios, cuando el que esto sufre pudiera procurar su quietud con slo
un pual? Quin podra tolerar tanta opresin, sudando, gimiendo bajo
el peso de una vida molesta, si no fuese que el temor de que existe
alguna cosa ms all de la muerte (aquel pas desconocido, de cuyos
lmites ningn caminante torna) nos embaraza en dudas y nos hace sufrir
los males que nos cercan, antes que ir  buscar otros de que no tenemos
seguro conocimiento? Esta previsin nos hace  todos cobardes: as la
natural tintura de valor se debilita con los barnices plidos de la
prudencia; las empresas de mayor importancia por esta sola consideracin
mudan camino, no se ejecutan, y se reducen  designios vanos. Pero...
la hermosa Ofelia! Graciosa nia, espero que mis defectos no sern
olvidados en tus oraciones.

OFELIA.--Cmo os habis sentido, seor, en todos estos das?

HAMLET.--Muchas gracias. Bien.

OFELIA.--Conservo en mi poder algunas expresiones vuestras que deseo
restituiros mucho tiempo ha, y os pido que ahora las tomis.

HAMLET.--No, yo nunca te di nada.

OFELIA.--Bien sabis, seor, que os digo verdad... Y con ellas me
dsteis palabras de tan suave aliento compuestas, que alimentaron con
extremo su valor; pero ya disipado aquel perfume, recibidlas, que un
alma generosa considera como viles los ms opulentos dones, si llega 
entibiarse el afecto de quien los di. Vedlos aqu.

(_Presentndole algunas joyas. Hamlet rehusa tomarlas_).

HAMLET.--Oh! oh! Eres honesta?

OFELIA.--Seor...

HAMLET.--Eres hermosa?

OFELIA.--Qu pretendis decir con eso?

HAMLET.--Que si eres honesta y hermosa, no debes consentir que tu
honestidad trate con tu belleza.

OFELIA.--Puede acaso tener la hermosura mejor compaera que la
honestidad?

HAMLET.--Sin duda alguna. El poder de la hermosura convertir  la
honestidad en una alcahueta, antes que la honestidad logre dar  la
hermosura su semejanza. En otro tiempo se tena esto por una paradoja;
pero en la edad presente es cosa probada... Yo te quera antes, Ofelia.

OFELIA.--As me lo dabais  entender.

HAMLET.--Y t no debieras haberme credo, porque nunca puede la virtud
ingerirse tan perfectamente en nuestro endurecido tronco, que nos quite
aquel resquemo original... Yo no te he querido nunca.

OFELIA.--Muy engaada estuve.

HAMLET.--Mira, vete  un convento: para qu te has de exponer  ser
madre de hijos pecadores? Yo soy medianamente bueno; pero al considerar
algunas cosas de que puedo acusarme, sera mejor que mi madre no me
hubiese parido. Yo soy muy soberbio, vengativo, ambicioso, con ms
pecados sobre mi cabeza que pensamientos para explicarlos, fantasa para
darles forma, ni tiempo para llevarlos  ejecucin. A qu fin los
miserables como yo han de existir arrastrados entre el cielo y la
tierra? Todos somos insignes malvados: no creas  ninguno de nosotros;
vete, vete  un convento... En dnde est tu padre?

OFELIA.--En casa est, seor.

HAMLET.--S? pues que cierren bien todas las puertas, para que si
quiere hacer locuras las haga dentro de su casa. Adis.

(_Hace que se va, y vuelve_)

OFELIA.--Oh, mi buen Dios, favorecedle!

HAMLET.--Si te casas, quiero darte esta maldicin en dote. Aunque seas
un hielo en la castidad, aunque seas tan pura como la nieve, no podrs
librarte de la calumnia. Vete  un convento. Adis. Pero... escucha: si
tienes necesidad de casarte, csate con un tonto; porque los hombres
avisados saben muy bien que vosotras los converts en fieras... Al
convento, y pronto. Adis.

(_Hace, que se va, y vuelve_).

OFELIA.--El cielo con su poder le alivie!

HAMLET.--He odo hablar mucho de vuestros afeites y embelecos. La
naturaleza os di una cara, y vosotras os hacis otra distinta. Con esos
brinquillos, ese pasito corto, ese hablar aniado, pasis por inocentes
y converts en gracia vuestros defectos mismos. Pero no hablemos ms de
esta materia, que me ha hecho perder la razn... Digo slo que de hoy en
adelante no habr ms casamientos; los que ya estn casados (exceptuando
uno) permanecern as; los otros se quedarn solteros... Vte al
convento, vte.


ESCENA V

OFELIA


Oh, qu trastorno ha padecido esa alma generosa! La penetracin del
cortesano, la lengua del sabio, la espada del guerrero, la esperanza y
delicias del estado, el espejo de la cultura, el modelo de la gentileza
que estudiaban los ms advertidos, todo, todo se ha aniquilado. Y yo, la
ms desconsolada  infeliz de las mujeres, que gust algn da la miel
de sus promesas suaves, veo ahora aquel noble y sublime entendimiento
desacordado, como la campana sonora que se hiende; aquella incomparable
presencia, aquel semblante de florida juventud, alterado con el frenes.
 Oh, cunta, cunta es mi desdicha de haber visto lo que vi, para ver
ahora lo que veo!


ESCENA VI

CLAUDIO, POLONIO, OFELIA


CLAUDIO.--Amor! Qu! No van por este camino sus afectos; ni en lo que
ha dicho, aunque algo falto de orden, hay nada que parezca locura.
Alguna idea tiene en el nimo que cubre y fomenta su melancola, y
recelo que ha de ser un mal el fruto que produzca. A fin de prevenirlo,
he resuelto que salga prontamente para Inglaterra  pedir en mi nombre
los atrasados tributos. Acaso el mar y los pases diferentes podrn con
la variedad de objetos alejar esta pasin que le ocupa, sea la que
fuere, sobre la cual su imaginacin sin cesar golpea. Qu te parece?

POLONIO.--Que as es lo mejor. Pero yo creo, no obstante, que el origen
y principio de su afliccin provengan de un amor mal correspondido. T,
Ofelia, no hay para qu nos cuentes lo que te ha dicho el prncipe, que
todo lo hemos odo.


ESCENA VII

CLAUDIO, POLONIO


POLONIO.--Haced lo que os parezca, seor; pero si lo juzgis 
propsito, sera bien que la reina retirada  solas con l, luego que se
acabe el espectculo le inste a que le manifieste sus penas, hablndole
con entera libertad. Yo, si lo permits, me pondr en paraje de donde
pueda oir toda la conversacin. Si no logra su madre descubrir este
arcano, enviadle  Inglaterra,  desterradle adonde vuestra prudencia os
dicte.

CLAUDIO.--As se har. La locura de los poderosos debe ser examinada con
escrupulosa atencin.


ESCENA VIII

Saln de palacio

     El saln estar iluminado; habr asientos que formen semicrculo
     para el concurso que ha de asistir al espectculo. Ha de haber en
     el foro una gran puerta con pabellones y cortina, por donde saldrn
      su tiempo los actores que deben representar.

HAMLET y dos cmicos


HAMLET.--Dirs este pasaje en la forma que te le he declamado yo: con
soltura de lengua, no con voz desentonada, como lo hacen muchos de
nuestros cmicos; ms valdra entonces dar mis versos al pregonero para
que los dijese. Ni manotees as acuchillando el aire; moderacin en
todo, puesto que aun en el torrente, la tempestad, y por mejor decir, el
huracn de las pasiones, se debe conservar aquella templanza que hace
suave y elegante la expresin. A m me desazona en extremo ver  un
hombre muy cubierta la cabeza con su cabellera, que  fuerza de gritos
estropea los afectos que quiere exprimir, y rompe y desgarra los odos
del vulgo rudo, que slo gusta de gesticulaciones insignificantes y de
estrpito. Yo mandara azotar  un energmeno de tal especie; Herodes de
farsa, ms furioso que el mismo Herodes. Evita, evita este vicio.

CMICO 1.--As os lo prometo.

HAMLET.--Ni seas tampoco demasiado fro; tu misma prudencia debe
guiarte. La accin debe corresponder  la palabra, y sta  la accin,
cuidando siempre de no atropellar la simplicidad de la naturaleza. No
hay defecto que ms se oponga al fin de la representacin, que desde el
principio hasta ahora ha sido y es ofrecer  la naturaleza un espejo en
que vea la virtud su propia forma, el vicio su imagen, cada nacin y
cada siglo sus principales caracteres. Si esta pintura se exagera  se
debilita, excitar la risa de los ignorantes; pero no puede menos de
disgustar  los hombres de buena razn, cuya censura debe ser para
vosotros de ms peso que la de toda la multitud que llena el teatro. Yo
he visto representar  algunos cmicos, que otros aplaudan con
entusiasmo, por no decir con escndalo, los cuales no tenan acento ni
figura de cristianos, ni de gentiles, ni de hombres; que al verlos
hincharse y bramar no los juzgu de la especie humana, sino unos
simulacros rudos de hombres, hechos por algn mal aprendiz. Tan
inicuamente imitaban la naturaleza.

CMICO 1.--Yo creo que en nuestra compaa se ha corregido bastante ese
defecto.

HAMLET.--Corregidle del todo, y cuidad tambin que los que hacen de
payos no aadan nada  lo que est escrito en su papel; porque algunos
de ellos, para hacer reir  los oyentes ms adustos, empiezan  dar
risotadas, cuando el inters del drama debera ocupar toda la atencin.
Esto es indigno, y manifiesta en los necios que lo practican el ridculo
empeo de lucirlo. Id  prepararos.


ESCENA IX

HAMLET, POLONIO, RICARDO, GUILLERMO


HAMLET.--Y bien, Polonio, gustar al rey de oir esta pieza?

POLONIO.--S, seor, al instante, y la reina tambin.

HAMLET.--Ve  decir  los cmicos que se despachen. Queris ir vosotros
 darles prisa?

RICARDO.--Con mucho gusto.


ESCENA X

HAMLET, HORACIO


HAMLET.--Quin es?... Ah! Horacio.

HORACIO.--Veisme aqu, seor,  vuestras rdenes.

HAMLET.--T, Horacio, eres un hombre cuyo trato me ha agradado siempre.

HORACIO.--Oh! seor...

HAMLET.--No creas que pretendo adularte; ni qu utilidades puedo yo
esperar de ti, que exceptuando tus buenas prendas, no tienes otras
rentas para alimentarte y vestirte? Habr quien adule al pobre? No...
Los que tienen almibarada la lengua, vyanse  lamer con ella la
grandeza estpida, y doblen los goznes de sus rodillas donde la lisonja
encuentre galardn. Me has entendido? Desde que mi alma se hall capaz
de conocer  los hombres y pudo elegirlos, t fuiste el escogido y
marcado para ella; porque siempre,  desgraciado  feliz, has recibido
con igual semblante los premios y los reveses de la fortuna. Dichosos
aqullos cuyo temperamento y juicio se combinan con tal acuerdo, que no
son entre los dedos de la fortuna una flauta dispuesta  sonar segn
ella guste. Dame un hombre que no sea esclavo de sus pasiones, y yo le
colocar en el centro de mi corazn: s, en el corazn de mi corazn,
como lo hago contigo. Pero yo me dilato demasiado en esto. Esta noche se
representa un drama delante del rey; una de sus escenas contiene
circunstancias muy parecidas  las de la muerte de mi padre, de que ya
te habl. Te encargo que cuando este paso se represente observes  mi
to con la ms viva atencin del alma; si al ver uno de aquellos lances
su oculto delito no se descubre por s solo, sin duda el que hemos visto
es un espritu infernal, y son todas mis ideas ms negras que los
yunques de Vulcano. Examnale cuidadosamente: yo tambin fijar mi vista
en su rostro, y despus uniremos nuestras observaciones para juzgar lo
que su exterior nos anuncie.

HORACIO.--Est bien, seor; y si durante el espectculo logra hurtar 
nuestra indagacin el menor arcano, yo pago el hurto.

HAMLET.--Ya vienen  la funcin; vulvome  hacer el loco, y t busca
asiento.


ESCENA XI

     CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, HORACIO, POLONIO, OFELIA, RICARDO,
     GUILLERMO y acompaamiento de damas, caballeros, pajes y guardias.

(_Suena marcha dnica_).


CLAUDIO.--Cmo ests, mi querido Hamlet?

HAMLET.--Muy bueno, seor; me mantengo del aire como el camalen,
engordo de esperanzas. No podris vos cebar as  vuestros capones.

CLAUDIO.--No comprendo esa respuesta, Hamlet, ni tales razones son para
m.

HAMLET.--Ni para m tampoco. No dices t que una vez representaste en
la universidad? eh?

POLONIO.--S, seor, as es; y fu reputado por muy buen actor.

HAMLET.--Y qu hiciste?

POLONIO.--El papel de Julio Csar. Bruto me asesinaba en el Capitolio.

HAMLET.--Muy bruto fu el que cometi en el Capitolio tan capital
delito. Estn ya prevenidos los cmicos?

RICARDO.--S, seor, y esperan slo vuestras rdenes.

GERTRUDIS.--Ven aqu, mi querido Hamlet, ponte  mi lado.

     (_Gertrudis y Claudio se sientan junto  la puerta por donde han de
     salir los actores. Siguen por su orden las damas y caballeros.
     Hamlet se sienta en el suelo  los pies de Ofelia_).

HAMLET.--No, seora; aqu hay un imn de ms atraccin para m.

POLONIO.--Ah! ah! habis notado eso?

HAMLET.--Permitiris que me ponga sobre vuestra rodilla?

OFELIA.--No, seor.

HAMLET.--Quiero decir, apoyar mi cabeza en vuestra rodilla.

OFELIA.--S, seor.

HAMLET.--Pensis que yo quisiera cometer alguna indecencia?

OFELIA.--No, no pienso nada de eso.

HAMLET.--Qu dulce cosa es...!

OFELIA.--Qu decs, seor?

HAMLET.--Nada.

OFELIA.--Se conoce que estis de fiesta.

HAMLET.--Quin yo?

OFELIA.--S, seor.

HAMLET.--Lo hago slo por divertiros. Y bien mirado, qu debe hacer un
hombre sino vivir alegre? Ved mi madre qu contenta est, y mi padre
muri ayer.

OFELIA.--Eh! no, seor, que ya hace dos meses.

HAMLET.--Tanto ha? Oh! pues quiero vestirme todo de armios, y llvese
el diablo el luto. Dios mo! dos meses h que muri, y todava se
acuerdan de l? De esa manera ya puede esperarse que la memoria de un
grande hombre le sobreviva quizs medio ao; bien que es menester que
haya sido fundador de iglesias, que si no, por la Virgen santa no habr
nadie que de l se acuerde, como del caballo de palo, de quien dice
aquel epitafio:

      Ya muri el caballito de palo,
    Y ya le olvidaron as que muri.

     (Suenan trompetas, y se da principio  la escena muda.--Salen el
     duque y la duquesa (que lo harn los cmicos primero y segundo); al
     encontrarse, se saludan y abrazan afectuosamente; ella se arrodilla
     mostrando el mayor respeto; l la levanta y reclina la cabeza
     sobre el pecho de su esposa. Acustase el duque en un lecho de
     flores, y ella se retira al verle dormido. Sale el cmico tercero
     (que hace el papel de Luciano, sobrino del duque), se acerca, le
     quita al duque la corona, la besa, le derrama en el odo una
     porcin de licor que lleva en un frasco, y hecho esto se va. Vuelve
     la duquesa, y hallando muerto  su marido, manifiesta gran
     sentimiento. Sale Luciano con dos  tres que le acompaan, y hace
     ademanes de dolor; manda retirar el cadver, y quedando  solas con
     la duquesa, la solicita y la ofrece ddivas; ella resiste un poco y
     le desdea, pero al fin admite su amor. Vanse.)

OFELIA.--Qu significa esto, seor?

HAMLET.--Esto es un asesinato oculto, y anuncia grandes maldades.

OFELIA.--Segn parece, la escena muda contiene el argumento del drama.


ESCENA XII

Cmico cuarto y dichos


HAMLET.--Ahora lo sabremos por lo que nos diga ese actor; los cmicos no
pueden callar un secreto, todo lo cuentan.

OFELIA.--Nos dir ste lo que significa la escena que hemos visto?

HAMLET.--S, por cierto, y cualquiera otra escena que le hagis ver.
Como no os avergoncis de representrsela, l no se avergonzar de
deciros lo que significa.

OFELIA.--Qu malo, qu malo sois! Pero dejadme atender  la pieza.

CMICO 4.--Humildemente os pedimos
            que escuchis esta tragedia,
            disimulando las faltas
            que haya en nosotros y en ella.

HAMLET.--Es esto prlogo,  mote de sortija?

OFELIA.--Qu corto ha sido!

HAMLET.--Como cario de mujer.


ESCENA XIII

Cmico primero, cmico segundo y dichos

CMICO 1.--Ya treinta vueltas di de Febo el carro  las ondas
   saladas de Nereo y al globo de la tierra, y treinta veces con luz
   prestada han alumbrado el suelo doce lunas, en giros repetidos,
   despus que el dios de amor y el himeneo nos enlazaron, para dicha
   nuestra, en nudo santo el corazn y el cuello.

CMICO 2.--Y oh! quiera el cielo que otros tantos giros  la luna
   y al sol, seor, contemos antes que el fuego; de este amor se
   apague. Pero es mi pena inconsolable al veros doliente, triste y
   tan diverso ahora de aquel que fuisteis... Tmida recelo... Mas
   toda mi afliccin nada os conturbe; que en pecho femenil llega al
   exceso el temor y el amor. All residen en igual proporcin ambos
   afectos,  no existe ninguno,  se combinan ste y aqul con el
   mayor extremo. Cun grande es el amor que  vos me inclina, las
   pruebas lo dirn que dadas tengo; pues tal es mi temor. Si un fino
   amante, sin motivo tal vez vive temiendo, la que al veros as toda
   es temores, muy puro amor abrigar en el pecho.

   CMICO 1.--S, yo debo dejarte, amada ma; inevitable es ya;
   cedern presto  la muerte mis fuerzas fatigadas; t vivirs,
   gozando del obsequio y el amor de la tierra. Acaso entonces un
   digno esposo...

CMICO 2.--No, dad al silencio esos anuncios. Yo? Pues no seran
   traicin culpable en m tales afectos? Yo un nuevo esposo? No; la
   que se entrega al segundo seor, mat al primero.

HAMLET.--Esto es zumo de ajenjos.

CMICO 2.--Motivos de inters tal vez inducen  renovar los nudos
   de himeneo, no motivos de amor; yo causara segunda muerte  mi
   difunto dueo, cuando del nuevo esposo recibiera en tlamo nupcial
   amantes besos.

CMICO 1.--No dudar que el corazn te dicta lo que aseguras hoy;
   fcil creemos cumplir lo prometido, y fcilmente se quebranta y se
   olvida. Los deseos del hombre  la memoria estn sumisos, que nace
   activa y desfallece presto. As pende del ramo acerbo el fruto, y
   as maduro, sin impulso ajeno, se desprende despus. Difcilmente
   nos acordamos de llevar  efecto promesas hechas  nosotros mismos,
   que al cesar la pasin cesa el empeo. Cuando de la afliccin y la
   alegra se moderan los mpetus violentos, con ellos se disipan las
   ideas  que dieron lugar, y el ms ligero acaso los placeres en
   afanes muda tal vez, y en risa los lamentos. Amor, como la suerte,
   es inconstante: que en este mundo al fin nada hay eterno, y aun se
   ignora si l manda  la fortuna,  si sta del amor cede al
   imperio. Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le
   abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube 
   prosperidad, los que le fueron ms enemigos su amistad procuran (y
   el amor sigue  la fortuna en esto) que nunca al venturoso amigos
   faltan, ni al pobre desengaos y desprecios. Por diferente senda se
   encaminan los destinos del hombre y sus afectos, y slo en l la
   voluntad es libre, mas no la ejecucin; y as el suceso nuestros
   designios todos desvanece. T me prometes no rendir  nuevo yugo
   tu libertad... Esas ideas ay! morirn cuando me vieres muerto.

CMICO 2.--Luces me niegue el sol, frutos la tierra, sin descanso
   y placer viva muriendo, desesperada y en prisin obscura, su mesa
   envidie al eremita austero; cuantas penas el nimo entristecen,
   todas turben el fin de mis deseos y los destruyan, ni quietud
   encuentre en parte alguna con afn eterno; si ya difunto mi primer
   esposo, segundas bodas prfida celebro.

HAMLET.--Si ella no cumpliese lo que promete...

CMICO 1.--Mucho juraste... Aqu gozar quisiera
  solitaria quietud; rendido siento
  al cansancio mi espritu. Permite
  que alguna parte le conceda al sueo
  de las molestas horas.

(_Se acuesta en un lecho de flores_)

Cmico 2.--            El te halague
  con tranquilo descanso, y nunca el cielo
  en unin tan feliz pesares mezcle.      (_Vase_).

HAMLET.--Y bien, seora, qu tal os va pareciendo la pieza?

GERTRUDIS.--Me parece que esa mujer promete demasiado.

HAMLET.--S, pero lo cumplir.

CLAUDIO.--Te has enterado bien del asunto? Tiene algo que sea de mal
ejemplo?

HAMLET.--No, seor, no. Si todo ello es mera ficcin; un veneno...
fingido; pero mal ejemplo, qu! no, seor.

CLAUDIO.--Cmo se intitula este drama?

HAMLET.--_La Ratonera._ Cierto que s... es un ttulo metafrico. En
esta pieza se trata de un homicidio cometido en Viena... el duque se
llama Gonzago, y su mujer Baptista... Ya, ya veris presto... Oh! es
un enredo maldito! Y qu importa? A V. M. y  m, que no tenemos
culpado el nimo, no nos puede incomodar; al rocn que est lleno de
mataduras le har dar coces; pero  bien que nosotros no tenemos
desollado el lomo.


ESCENA XIV

Cmico tercero y dichos


HAMLET.--Este que sale ahora se llama Luciano, sobrino del duque.

OFELIA.--Vos supls perfectamente la falta del coro.

HAMLET.--Y aun pudiera servir de intrprete entre vos y vuestro amante,
si viese puestos en accin entrambos tteres.

OFELIA.--Vaya, que tenis una lengua que corta!

HAMLET.--Con un buen suspiro que deis, se le quita el filo.

OFELIA.--Eso es; siempre de mal en peor.

HAMLET.--As hacis vosotras en la eleccin de marido: de mal en peor...
Empieza, asesino... Djate de poner ese gesto de condenado, y empieza.
Vamos... el cuervo graznador est ya gritando venganza.

CMICO 3.--Negros designios, brazo ya dispuesto
     ejecutarlos, tsigo oportuno,
    sitio remoto, favorable el tiempo,
    y nadie que lo observe. T, extrado
    de la profunda noche en el silencio,
    atroz veneno de mortales hierbas
    (invocada Prosrpina) compuesto;
    infectadas tres veces, y otras tantas
    exprimidas despus, sirve  mi intento;
    pues  tu actividad mgica, horrible,
    la robustez vital cede tan presto.

     (_Acrcase adonde est durmiendo el cmico primero; destapa un
     frasquillo, y le echa una porcin de licor en el odo_).

HAMLET.--Veis? Ahora le envenena en el jardn para usurparle el cetro.
El duque se llama Gonzago... Es historia cierta, y corre escrita en muy
buen italiano. Presto veris cmo la mujer de Gonzago se enamora del
matador.

     (_Levntase Claudio lleno de indignacin. Gertrudis, los
     caballeros, damas y acompaamiento hacen lo mismo, y se van segn
     lo indica el dilogo_).

OFELIA.--El rey se levanta.

HAMLET.--Qu, le atemoriza un fuego aparente?

GERTRUDIS.--Qu tenis, seor?

POLONIO.--No pasis adelante, dejadlo.

CLAUDIO.--Traed luces. Vamos de aqu.

TODOS.--Luces, luces.


ESCENA XV

HAMLET, HORACIO, cmico primero, cmico tercero

     (_Hamlet canta estos versos en voz baja, y representa los que
     siguen despus. Los cmicos primero y tercero estarn retirados 
     un extremo del teatro, esperando sus rdenes_).


HAMLET.--El ciervo herido llora,
      y el corzo no tocado
      de flecha voladora,
      se huelga por el prado;
      duerme aquel, y  deshora
      veis ste desvelado;
      que tanto el mundo va desordenado.

Y dgame, seor mo: si en adelante la fortuna me tratase mal, con esta
gracia que tengo para la msica y un bosque de plumas en la cabeza, y un
par de lazos provenzales en mis zapatos rayados, no podra hacerme
lugar entre un coro de comediantes?

HORACIO.--Mediano papel.

HAMLET.--Mediano? excelente.
      T sabes, Damn querido,
      que esta nacin ha perdido
      al mismo Jove y violento
      tirano le ha sucedido
      en el trono mal habido,
      un... quin dir yo? un... un sapo.

HORACIO.--Bien pudierais haber conservado el consonante.

HAMLET.--Oh! mi buen Horacio; cuanto aquel espritu dijo es demasiado
cierto. Lo has visto ahora?

HORACIO.--S, seor, bien lo he visto.

HAMLET.--Cuando se trat del veneno?

HORACIO.--Bien, bien le observ entonces.

HAMLET.--Ah! quisiera algo de msica (_A los cmicos_:) traedme unas
flautas... Si el rey no gusta de la comedia, ser sin duda porque...
porque no le gusta. Vaya un poco de msica.


ESCENA XVI

HAMLET, HORACIO, RICARDO, GUILLERMO


GUILLERMO.--Seor, permitiris que os diga una palabra?

HAMLET.--Y una historia entera.

GUILLERMO.--El rey...

HAMLET.--Muy bien: qu le sucede?

GUILLERMO.--Se ha retirado  su cuarto con mucha destemplanza.

HAMLET.--De vino, eh?

GUILLERMO.--No, seor, de clera.

HAMLET.--Pero no sera ms acertado rselo  contar al mdico? No veis
que si yo me meto en hacerle purgar ese humor bilioso, puede ser que se
le aumente?

GUILLERMO.--Oh! seor, dad algn sentido  lo que hablis, sin
desentenderos con tales extravagancias de lo que os vengo  decir.

HAMLET.--Estamos de acuerdo. Prosigue pues.

GUILLERMO.--La reina vuestra madre, llena de la mayor afliccin, me
enva  buscaros.

HAMLET.--Seis muy bien venido.

GUILLERMO.--Esos cumplimientos no tienen nada de sinceridad. Si queris
darme una respuesta sensata, desempear el cargo de la reina; si no,
con pediros perdn y retirarme se acab todo.

HAMLET.--Pues, seor, no puedo.

GUILLERMO.--Cmo?

HAMLET.--Me pides una respuesta, y mi razn est un poco achacosa: no
obstante, responder del modo que pueda  cuanto me mandes,  por mejor
decir,  lo que mi madre me manda. Con que nada hay que aadir en esto.
Vamos al caso. T has dicho que mi madre...

RICARDO.--Seor, lo que dice es que vuestra conducta la ha llenado de
sorpresa y admiracin.

HAMLET.--Oh maravilloso hijo, que as ha podido aturdir  su madre!
Pero dme, esa admiracin no ha trado otra consecuencia? No hay algo
ms?

RICARDO.--Slo que desea hablaros en su gabinete antes que os vayis a
recoger.

HAMLET.--La obedecer, si diez veces fuera mi madre. Tienes algn otro
negocio que tratar conmigo?

RICARDO.--Seor, yo me acuerdo de que en otro tiempo me estimabais
mucho.

HAMLET.--Y ahora tambin. Te lo juro por estas manos rateras.

RICARDO.--Pero cul puede ser el motivo de vuestra indisposicin? Eso,
por cierto, es cerrar vos mismo las puertas  vuestra libertad, no
queriendo comunicar con vuestros amigos los pesares que sents.

HAMLET.--Estoy muy atrasado.

RICARDO.--Cmo es posible, cuando tenis el voto del rey mismo para
sucederle en el trono de Dinamarca?

HAMLET.--S, pero mientras nace la hierba... Ya es un poco antiguo el
tal refrn. Ah! ya estn aqu las flautas.


ESCENA XVII

Cmico tercero y dichos


HAMLET.--Dejadme ver una.... A qu tengo de ir ah? (_Guillermo y
Ricardo se acercan  Hamlet con ademn obsequioso, siguindole adonde
quiera que se vuelve, hasta que viendo su enfado se apartan_) Parece que
me quieres hacer caer en alguna trampa, segn me cercas por todos lados.

GUILLERMO.--Ya veo, seor, que si el deseo de cumplir con mi obligacin
me da osada, acaso el amor que os tengo me hace grosero tambin 
importuno.

HAMLET.--No entiendo bien eso. Quieres tocar esta flauta?

GUILLERMO.--Yo no puedo, seor.

HAMLET.--Vamos.

GUILLERMO.--De veras que no puedo.

HAMLET.--Yo te lo suplico.

GUILLERMO.--Pero si no s palabra de eso...

HAMLET.--Ms fcil es que tenderse  la larga. Mira, pon el pulgar y los
dems dedos segn convenga sobre estos agujeros, sopla con la boca, y
vers qu lindo sonido resulta. Ves? Estos son los puntos.

GUILLERMO.--Bien, pero si no s hacer uso de ellos para que produzcan
armona. Como ignoro el arte...

HAMLET.--Pues mira t en qu opinin tan baja me tienes. T me quieres
tocar, presumes conocer mis registros, pretendes extraer lo ms ntimo
de mis secretos, quieres hacer que suene desde el ms grave al ms agudo
de mis tonos; y ve aqu este pequeo rgano, capaz de excelentes voces y
de armona, que t no puedes hacer sonar. Y juzgas que se me tae  m
con ms facilidad que  una flauta? No, dame el nombre del instrumento
que quieras: por ms que le manejes y te fatigues, jams conseguirs
hacerle producir el menor sonido.


ESCENA XVIII

POLONIO y otros


HAMLET.--Oh! Dios te bendiga.

POLONIO.--Seor, la reina quisiera hablaros al instante.

HAMLET.--No ves all aquella nube que parece un camello?

POLONIO.--Cierto, as en el tamao parece un camello.

HAMLET.--Pues ahora me parece una comadreja.

POLONIO.--No hay duda, tiene figura de comadreja.

HAMLET.--O como una ballena.

POLONIO.--Es verdad, s, como una ballena.

HAMLET.--Pues al instante ir  ver  mi madre. Tanto harn stos, que
me volvern loco de veras. Ir, ir al instante.

POLONIO.--As se lo dir.

HAMLET.--Fcilmente se dice: al instante viene... Dejadme solo, amigos.


ESCENA XIX

HAMLET


Este es el espacio de la noche apto  los maleficios. Esta es la hora en
que los cementerios se abren, y el infierno respira contagios al mundo.
Ahora podra yo beber caliente sangre; ahora podra ejecutar tales
acciones, que el da se estremeciese al verlas. Pero vamos  ver  mi
madre. Oh corazn! no desconozcas la naturaleza, ni permitas que en
este firme pecho se albergue la fiereza de Nern. Djame ser cruel, pero
no parricida. El pual que ha de herirla est en mis palabras, no en mi
mano; disimulen el corazn y la lengua; sean las que fueren las
execraciones que contra ella pronuncie, nunca, nunca mi alma solicitar
que se cumplan.


ESCENA XX

Gabinete

CLAUDIO, RICARDO, GUILLERMO


CLAUDIO.--No, no le quiero aqu, ni conviene  nuestra seguridad dejar
libre el campo  su locura. Prevenos, pues, y har que inmediatamente
se os despache para que l os acompae  Inglaterra. El inters de mi
corona no permite ya exponerme  un riesgo tan inmediato, que crece por
instantes en los accesos de su demencia.

GUILLERMO.--Al momento dispondremos nuestra marcha. El ms santo y
religioso temor es aqul que procura la existencia de tantos individuos,
cuya vida pende de V. M.

RICARDO.--Si es obligacin en un particular defender su vida de toda
ofensa, por medio de la fuerza y el arte, cunto ms lo ser conservar
aqulla en quien estriba la felicidad pblica? Cuando llega  faltar el
monarca, no muere l solo, sino que  manera de un torrente precipitado
arrebata consigo cuanto le rodea, como una gran rueda colocada en la
cima del ms alto monte,  cuyos enormes rayos estn asidas
innumerables piezas menores, que si llega  caer, no hay ninguna de
ellas, por ms pequea que sea, que no padezca igualmente en el total
destrozo. Nunca el soberano exhala un suspiro, sin excitar en su nacin
general lamento.

CLAUDIO.--Yo os ruego que os prevengis sin dilacin para el viaje.
Quiero encadenar este temor, que ahora camina demasiado libre.

LOS DOS.--Vamos  obedeceros con la mayor prontitud.


ESCENA XXI

CLAUDIO, POLONIO


POLONIO.--Seor, ya se ha encaminado al cuarto de su madre. Voy 
ocultarme detrs de los tapices para ver el suceso. Es seguro que ella
le reprender fuertemente; y como vos mismo habis observado muy bien,
conviene que asista  oir la conversacin alguien ms que su madre, que
naturalmente le ha de ser parcial, como  todas sucede. Quedaos adis;
yo volver  veros antes que os recojis, para deciros lo que haya
pasado.

CLAUDIO.--Gracias, querido Polonio.


ESCENA XXII

CLAUDIO


Oh, mi culpa es atroz! Su hedor sube al cielo, llevando consigo la
maldicin ms terrible; la muerte de un hermano. No puedo recogerme 
orar, por ms que eficazmente lo procuro; que es ms fuerte que mi
voluntad el delito que la destruye. Como el hombre  quien dos
obligaciones llaman, me detengo  considerar por cul empezar primero,
y no cumplo ninguna... Pero si este brazo execrable estuviese an ms
teido en la sangre fraterna, faltar en los cielos piadosos suficiente
lluvia para volverle cndido como la nieve misma? De qu sirve la
misericordia, si se niega a ver el rostro del pecado? Qu hay en la
oracin sino aquella duplicada fuerza, capaz de sostenernos al ir 
caer,  de adquirirnos el perdn habiendo cado? S, alzar mis ojos al
cielo, y quedar borrada mi culpa... Pero qu gnero de oracin habr
de usar? Olvida, Seor, olvida el horrible homicidio que comet... Ah!
que ser imposible, mientras vivo poseyendo los objetos que me
determinaron  la maldad: mi ambicin, mi corona, mi esposa... Podr
merecerse el perdn cuando la ofensa existe? En este mundo estragado
sucede con frecuencia que la mano delincuente, derramando el oro, aleja
la justicia y corrompe con ddivas la integridad de las leyes; no as en
el cielo, que all no hay engaos, all comparecen las acciones humanas
como ellas son, y nos vemos compelidos  manifestar nuestras faltas
todas sin excusa, sin rebozo alguno... En fin, qu debo hacer?...
Probemos lo que puede el arrepentimiento... y qu no podr?... Pero
qu ha de poder con quien no puede arrepentirse? Oh situacin infeliz!
Oh conciencia, ennegrecida con sombras de muerte! Oh alma ma
aprisionada! que cuanto ms te esfuerzas para ser libre, ms quedas
oprimida. Angeles, asistidme! Probad en m vuestro poder. Dblense mis
rodillas tenaces; y t, corazn mo de aceradas fibras, hazte blando
como los nervios del nio que acaba de nacer. Todo, todo puede
enmendarse.

     (_Se arrodilla y apoya los brazos y la cabeza en un silln_).


ESCENA XXIII

CLAUDIO, HAMLET


HAMLET.--Esta es la ocasin propicia. Ahora est rezando, ahora le
mato... (_Saca la espada, da algunos pasos en ademn de herirle; se
detiene, y se retira otra vez hacia la puerta_). Y as se ir al
cielo... Y es esta mi venganza? No, reflexionemos. Un malvado asesina 
mi padre, y yo, su hijo nico, aseguro al malhechor la gloria; no es
esto, en vez de castigo, premio y recompensa? El sorprendi  mi padre
acabados los desrdenes del banquete, cubierto de ms culpas que mayo
tiene flores... Quin sabe, sino Dios, la estrecha cuenta que hubo de
dar? Pero, segn nuestra razn concibe, terrible ha sido su sentencia.
Y quedar vengado dndole  ste la muerte, precisamente cuando
purifica su alma, cuando se dispone para la partida? No, espada ma,
vuelve  tu lugar, y espera ocasin de ejecutar ms tremendo golpe.
Cuando est ocupado en el juego, cuando blasfeme colrico,  duerma con
la embriaguez,  se abandone  los placeres incestuosos del lecho, 
cometa acciones contrarias  su salvacin, hirele entonces; caiga
precipitado al profundo, y su alma quede negra y maldita, como el
infierno que ha de recibirle. (_Envaina la espada_). Mi madre me espera.
Malvado, esta medicina, que te dilata la dolencia, no evitar tu muerte.


ESCENA XXIV

CLAUDIO


Mis palabras suben al cielo, mis afectos quedan en la tierra. (_Se
levanta, con agitacin_). Palabras sin afectos nunca llegan  los odos
de Dios.


ESCENA XXV

Cuarto de la reina

GERTRUDIS, POLONIO, HAMLET


POLONIO.--Va  venir al momento. Mostradle entereza; decidle que sus
locuras han sido demasiado atrevidas  intolerables, que vuestra bondad
le ha protegido, mediando entre l y la justa indignacin que excit. Yo
entre tanto retirado aqu, guardar silencio. Habladle con libertad, yo
os lo suplico.

HAMLET (_gritando desde adentro_).--Madre! madre!

GERTRUDIS.--As te lo prometo; nada temo. Ya le siento llegar. Retrate.

(_Polonio se oculta detrs de unos tapices_).


ESCENA XXVI

GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO


HAMLET.--Qu me mandis, seora?

GERTRUDIS.--Hamlet, muy ofendido tienes  tu padre.

HAMLET.--Madre, muy ofendido tenis al mo.

GERTRUDIS.--Ven, ven aqu; t me respondes con lengua demasiado libre.

HAMLET.--Voy, voy all... y vos me preguntis con lengua bien perversa.

GERTRUDIS.--Qu es esto, Hamlet?

HAMLET.--Y qu es eso, madre?

GERTRUDIS.--Te olvidas de quien soy?

HAMLET.--No, por la cruz bendita que no me olvido. Sois la reina, casada
con el hermano de vuestro primer esposo, y... ojal no fuera as!...
Eh! sois mi madre.

GERTRUDIS.--Bien est. Yo te pondr delante de quien te haga hablar con
ms acuerdo.

HAMLET.--Venid (_Hamlet, asiendo de un brazo  Gertrudis, la hace
sentar_), sentaos, y no saldris de aqu, no os moveris, sin que os
ponga un espejo delante, en que veis lo ms oculto de vuestra
conciencia.

GERTRUDIS.--Qu intentas hacer? Quieres matarme?... Quin me socorre?
Cielos!

     (Al ver Gertrudis la extraordinaria agitacin que Hamlet manifiesta
     en su semblante y acciones, teme que va  matarla, y grita
     despavorida pidiendo socorro. Polonio quiere salir de donde est
     oculto, y despus se detiene. Hamlet advierte que los tapices se
     mueven, sospecha que Claudio est escondido detrs de ellos, saca
     la espada, da dos  tres estocadas sobre el bulto que halla, y
     prosigue hablando con su madre.)

POLONIO.--Socorro pide... oh!...

HAMLET.--Qu es esto?... Un ratn... Muri... Un ducado  que ya est
muerto.

POLONIO.--Ay de m!

GERTRUDIS.--Qu has hecho?

HAMLET.--Nada... Qu s yo?... Si sera el rey?

GERTRUDIS.--Qu accin tan precipitada y sangrienta!

HAMLET.--Es verdad, madre ma, accin sangrienta, y cuasi tan horrible
como la de matar  un rey, y casarse despus con su hermano.

GERTRUDIS.--Matar  un rey?

HAMLET.--S, seora, eso he dicho. (_Alza el tapiz, y aparece Polonio
muerto en el suelo_). Y t, miserable, temerario, entrometido, loco...
Adis. Yo te tom por otra persona de ms consideracin. Mira el premio
que has adquirido; ve ah el riesgo que tiene la demasiada curiosidad...
(_Volviendo  hablar con Gertrudis,  quien hace sentar de nuevo_). No,
no os torzis las manos... Sentaos aqu, y dejad que yo os tuerza el
corazn. As he de hacerlo, si no le tenis formado de impenetrable
pasta, si las costumbres malditas no le han convertido en un muro de
bronce opuesto  toda sensibilidad.

GERTRUDIS.--Qu hice yo, Hamlet, para que con tal aspereza me insultes?

HAMLET.--Una accin que mancha la tez purprea de la modestia, y da
nombre de hipocresa  la virtud; arrebata las flores de la frente
hermosa de un inocente amor, colocando un vejigatorio en ella; que hace
ms prfidos los votos conyugales que las promesas del tahur; una accin
que destruye la buena fe, alma de los contratos, y convierte la inefable
religin en una complicacin frvola de palabras; una accin, en fin,
capaz de inflamar en ira la faz del cielo, y trastornar con desorden
horrible esta slida y artificiosa mquina del mundo, como si se
aproximara su fin temido.

GERTRUDIS.--Ay de m! Y qu accin es esa, que as exclamas al
anunciarla con espantosa voz de trueno?

HAMLET.--Veis aqu presentes en esta y esta pintura (_sealando  dos
retratos que habr en la pared, uno del rey Hamlet, y otro de Claudio_)
los retratos de dos hermanos. Ved cunta gracia resida en aquel
semblante! Los cabellos del sol, la frente como la del mismo Jpiter, su
vista imperiosa y amenazadora como la de Marte, su gentileza semejante 
la del mensajero Mercurio cuando aparece sobre una montaa cuya cima
llega  los cielos. Hermosa combinacin de formas, donde cada uno de
los dioses imprimi su carcter, para que el mundo admirase tantas
perfecciones en un hombre solo. Este fu vuestro esposo. Ved ahora el
que sigue. Este es vuestro esposo, que como la espiga con tizn destruye
la santidad de su hermano. Lo veis bien?... Ni podis llamarlo amor,
porque en vuestra edad los hervores de la sangre estn ya tibios y
obedientes  la prudencia; y qu prudencia descendera desde aqul a
ste? Sentidos tenis, que a no ser as, no tuvierais afectos; pero esos
sentidos deben de padecer letargo profundo. La demencia misma no podra
incurrir en tanto error; ni el frenes tiraniza con tal exceso las
sensaciones, que no quede suficiente juicio para saber elegir entre dos
objetos cuya diferencia es tan visible... Qu espritu infernal os pudo
engaar y cegar as? Los ojos sin el tacto, el tacto sin la vista, los
odos, el olfato solo, una dbil porcin de cualquier sentido hubiera
bastado  impedir tal estupidez... Oh modestia! y no te sonrojas?
Rebelde infierno! si as pudiste inflamar las mdulas de una matrona,
permite, permite que la virtud en la edad juvenil sea dcil como la
cera, y se liquide en sus propios fuegos; ni se invoque al pudor para
resistir su violencia, puesto que el hielo mismo con tal actividad se
enciende, y es ya el entendimiento el que prostituye el corazn.

GERTRUDIS.--Oh Hamlet! no digas ms... Tus razones me hacen dirigir la
vista  mi conciencia, y advierto all las ms negras y groseras
manchas, que acaso nunca podrn borrarse.

HAMLET.--Y permanecer as entre el pestilente sudor en un lecho
incestuoso, envilecida en corrupcin, prodigando caricias de amor en
aquella sentina impura!

GERTRUDIS.--No ms, no ms, que esas palabras como agudos puales hieren
mis odos... No ms, querido Hamlet.

HAMLET.--Un asesino... un malvado... vil... inferior mil veces  vuestro
difunto esposo... escarnio de los reyes, ratero del imperio y el mando,
que rob la preciosa corona, y se la guard en el bolsillo.

GERTRUDIS.--No ms...


ESCENA XXVII

GERTRUDIS, HAMLET, la sombra del rey Hamlet


HAMLET.--Un rey de botarga... Oh espritus celestes! defendedme,
cubridme con vuestras alas... Qu quieres, venerada sombra?

GERTRUDIS.--Ay! que est fuera de s.

HAMLET.--Vienes acaso  culpar la negligencia de tu hijo, que
debilitado por la compasin y la tardanza, olvida la importante
ejecucin de tu precepto terrible?... Habla.

LA SOMBRA.--No lo olvides. Vengo  inflamar de nuevo tu ardor casi
extinguido. Pero ves? Mira cmo has llenado de asombro  tu madre.
Ponte entre ella y su alma agitada, y hallars que la imaginacin obra
con mayor violencia en los cuerpos ms dbiles. Hblala, Hamlet.

HAMLET.--En qu pensis, seora?

GERTRUDIS.--Ay! y en qu piensas t, que as diriges la vista donde no
hay nada, razonando con el aire incorpreo?... Toda tu alma se ha pasado
 tus ojos, que se mueven horribles; y tus cabellos, que pendan,
adquiriendo vida y movimiento, se erizan y levantan como los soldados 
quienes improviso rebato despierta. Hijo de mi alma! Oh! derrama sobre
el ardiente fuego de tu agitacin la paciencia fra... A quin ests
mirando?

HAMLET.--A l,  l... Le veis qu plida luz despide? Su aspecto y su
dolor bastaran  conmover las piedras... Ay! no me mires as; no sea
que ese lastimoso semblante destruya mis designios crueles, no sea que
al ejecutarlos equivoque los medios, y en vez de sangre se derramen
lgrimas.

GERTRUDIS.--A quin dices eso?

HAMLET.--No veis nada all?

GERTRUDIS.--Nada, y veo todo lo que hay.

HAMLET.--Ni osteis nada tampoco?

GERTRUDIS.--Nada ms que lo que nosotros hablamos.

HAMLET.--Mirad, all... Le veis?... Ahora se va... Mi padre... con el
traje mismo que se vesta... Veis por dnde va?... Ahora llega al
prtico.


ESCENA XXVIII

GERTRUDIS, HAMLET


GERTRUDIS.--Todo es efecto de la fantasa. El desorden que padece tu
espritu produce esas ilusiones vanas.

HAMLET.--Desorden? Mi pulso, como el vuestro late con regular
intervalo, y anuncia igual salud en sus compases... Nada de lo que he
dicho es locura. Haced la prueba, y veris si os repito cuantas ideas y
palabras acabo de proferir, y un loco no puede hacerlo. Ah, madre ma!
en merced os pido que no apliquis al alma esa uncin halagea,
creyendo que es mi locura la que habla, y no vuestro delito. Con tal
medicina lograris slo irritar la parte ulcerada, aumentando la ponzoa
pestfera que interiormente la corrompe... Confesad al cielo vuestra
culpa, llorad lo pasado, precaved lo futuro, y no extendis el beneficio
sobre las malas hierbas para que prosperen lozanas. Perdonad este
desahogo  mi virtud, ya que en esta delincuente edad la virtud misma
tiene que pedir perdn al vicio, y aun para hacerle bien le halaga y le
ruega.

GERTRUDIS.--Ay, Hamlet! t despedazas mi corazn.

HAMLET.--S? Pues apartad de vos aquella porcin ms daada, y vivid
con la que resta ms inocente. Buenas noches... Pero no volvis al lecho
de mi to. Si carecis de virtud, aparentadla al menos. La costumbre,
aquel monstruo que destruye las inclinaciones y afectos del alma, si en
lo dems es un demonio, tal vez es un ngel cuando sabe dar  las buenas
acciones una cierta facilidad con que insensiblemente las hace parecer
innatas. Conteneos por esta noche; este esfuerzo os har ms fcil la
abstinencia prxima, y la que siga despus la hallaris ms fcil
todava. La costumbre es capaz de borrar la impresin misma de la
naturaleza, reprimir las malas inclinaciones y alejarlas de nosotros con
maravilloso poder. Buenas noches; y cuando aspiris de veras  la
bendicin del cielo, entonces yo os pedir vuestra bendicin... La
desgracia de este hombre (_hace ademn de cargar con el cuerpo de
Polonio; pero dejndole en el suelo otra vez vuelve  hablar 
Gertrudis_) me aflige en extremo; pero Dios lo ha querido as:  l le
ha castigado por mi mano, y  m tambin precisndome  ser el
instrumento de su enojo. Yo le conducir adonde convenga, y sabr
justificar la muerte que le d. Basta. Buenas noches. Porque soy
piadoso, debo ser cruel; ve aqu el primer dao cometido; pero aun es
mayor el que despus ha de ejecutarse... Ah! escuchad otra cosa.

GERTRUDIS.--Cul es? Qu debo hacer?

HAMLET.--No hacer nada de cuanto os he dicho, nada. Permitid que el rey
hinchado con el vino, os conduzca otra vez al lecho, y all os acaricie,
apretando lascivo vuestras mejillas, y os tiente el pecho con sus
malditas manos, y os bese con negra boca. Agradecida, entonces,
declaradle cuanto hay en el caso: decidle que mi locura no es verdadera,
que todo es artificio... S, decdselo; porque cmo sera posible
callrselo? Id, y  pesar de la razn y del sigilo, abrid la jaula sobre
el techo de la casa y haced que los pjaros se vuelen; y semejante al
mono (tan amigo de hacer experiencias), meted la cabeza en la trampa, 
riesgo de perecer en ella misma.

GERTRUDIS.--No, no lo temas; que si las palabras se forman del aliento,
y ste anuncia vida, no hay vida ni aliento en m para repetir lo que me
has dicho.

HAMLET.--Sabis que debo ir  Inglaterra?

GERTRUDIS.--Ah! ya lo haba olvidado. S, es cosa resuelta.

HAMLET.--He sabido que hay ciertas cartas selladas, y que mis dos
condiscpulos (de quienes yo me fiar como de una vbora ponzoosa) van
encargados de llevar el mensaje, facilitarme la marcha y conducirme al
precipicio. Pero yo los dejar hacer; que es mucho gusto ver volar al
minador con su propio hornillo, y mal irn las cosas o yo excavar una
vara no ms, debajo de sus minas, y los har saltar hasta la luna. Oh,
es mucho gusto cuando un pcaro tropieza con quien se las
entiende!..... Este hombre me hace ahora su ganapn... (_Quiere llevar 
cuestas el cadver, y no pudiendo hacerlo cmodamente, le ase de un pie,
y se le lleva arrastrando_) le llevar arrastrando  la pieza inmediata.
Madre, buenas noches... Por cierto que el seor consejero (que fu en
vida un hablador impertinente) es ahora bien reposado, bien serio y
taciturno. Vamos, amigo, que es menester sacaros de aqu y acabar con
ello. Buenas noches, madre.




ACTO IV


ESCENA PRIMERA

Saln de palacio

CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO


CLAUDIO.--Esos suspiros, esos profundos sollozos alguna causa tienen;
dime cul es, conviene que la sepa yo... En dnde est tu hijo?

GERTRUDIS.--Dejadnos solos un instante. (_Vanse Ricardo y Guillermo_).
Ah, seor, lo que he visto esta noche!

CLAUDIO.--Qu ha sido, Gertrudis? Qu hace Hamlet?

GERTRUDIS.--Furioso est como el mar y el viento cuando disputan entre
s cul es ms fuerte. Turbado con la demencia que le agita, oy algn
ruido detrs del tapiz; saca la espada, grita: un ratn, un ratn; y en
su ilusin frentica mat al buen anciano que se hallaba oculto.

CLAUDIO.--Funesto accidente! Lo mismo hubiera hecho conmigo si hubiera
estado all. Ese desenfreno insolente amenaza  todos:  m,  ti misma,
 todos en fin. Oh!... y cmo disculparemos una accin tan sangrienta?
Nos la imputarn, sin duda,  nosotros, porque nuestra autoridad
debera haber reprimido  ese joven loco, ponindole en paraje donde 
nadie pudiera ofender. Pero el excesivo amor que le tenemos nos ha
impedido hacer lo que ms convena; bien as como el que padece una
enfermedad vergonzosa, que por no declararla, consiente primero que le
devore la sustancia vital. Y dnde ha ido?

GERTRUDIS.--A retirar de all el difunto cuerpo, y en medio de su locura
llora el error que ha cometido. As el oro manifiesta su pureza, aunque
mezclado tal vez con metales viles.

CLAUDIO.--Vamos, Gertrudis, y apenas toque el sol la cima de los montes
har que se embarque y se vaya; en tanto ser necesario emplear toda
nuestra autoridad y nuestra prudencia para ocultar  disculpar un hecho
tan indigno.


ESCENA II

CLAUDIO, GERTRUDIS, RICARDO, GUILLERMO


CLAUDIO.--Oh Guillermo, amigos! Id entrambos con alguna gente que os
ayude... Hamlet, ciego de frenes, ha muerto  Polonio, y le ha sacado
arrastrando del cuarto de su madre. Id  buscarle; habladle con dulzura;
y haced llevar el cadver  la capilla. No os detengis. (_Vanse Ricardo
y Guillermo_). Vamos, que pienso llamar  nuestros ms prudentes amigos
para darles cuenta de esta imprevista desgracia, y de lo que resuelvo
hacer. Acaso por este medio la calumnia (cuyo rumor ocupa la extensin
del orbe, y dirige sus emponzoados tiros con la certeza que el can 
su blanco), errando esta vez el golpe, dejar nuestro nombre ileso y
herir slo al viento insensible. Oh!... Vamos de aqu... mi alma est
llena de agitacin y de terror.


ESCENA III

Cuarto de Hamlet

HAMLET, RICARDO, GUILLERMO


HAMLET.--Colocado ya en lugar seguro... Pero...

RICARDO (_desde adentro_).--Hamlet! seor!

HAMLET.--Qu ruido es este? Quin llama  Hamlet?... Oh! ya estn
aqu. (_Salen Ricardo y Guillermo_).

RICARDO.--Seor, qu habis hecho del cadver?

HAMLET.--Ya est entre el polvo, del cual es pariente cercano.

RICARDO.--Decidnos dnde est, para que le hagamos llevar  la capilla.

HAMLET.--Ah!... no lo creis, no.

RICARDO.--Qu es lo que no debemos creer?

HAMLET.--Que yo pueda guardar vuestro secreto, y os revele el mo... Y
adems, qu ha de responder el hijo de un rey a las instancias de un
entrometido palaciego?

RICARDO.--Entrometido me llamis?

HAMLET.--S, seor, entrometido; que como una esponja chupa del favor
del rey las riquezas y la autoridad. Pero estas gentes  lo ltimo de su
carrera es cuando sirven mejor al prncipe; porque ste, semejante al
mono, se los mete en un rincn de la boca; all los conserva, y el
primero que entr es el ltimo que se traga. Cuando el rey necesite lo
que t (que eres su esponja) le hayas chupado, te coge, te exprime, y
quedas enjuto otra vez.

RICARDO.--No comprendo lo que decs.

HAMLET.--Me place en extremo. Las razones agudas son ronquidos para los
odos tontos.

RICARDO.--Seor, lo que importa es que nos digis en dnde est el
cuerpo, y os vengis con nosotros  ver al rey.

HAMLET.--El cuerpo est con el rey; pero el rey no est con el cuerpo.
El rey viene  ser una cosa, como...

GUILLERMO.--Qu cosa, seor?

HAMLET.--Una cosa que no vale nada... Pero guarda, Pablo... Vamos 
verle.


ESCENA IV

Saln de palacio


CLAUDIO

Le he enviado  llamar, y he mandado buscar el cadver. Qu peligroso
es dejar en libertad  este mancebo! Pero no es posible tampoco ejercer
sobre l la severidad de las leyes. Est muy querido de la fantica
multitud, cuyos afectos se determinan por los ojos, no por la razn, y
que en tales casos considera el castigo del delincuente, y no el delito.
Conviene, para mantener la tranquilidad, que esa repentina ausencia de
Hamlet aparezca como cosa muy de antemano meditada y resuelta. Los males
desesperados,  son incurables,  se alivian con desesperados remedios.


ESCENA V

CLAUDIO, RICARDO


CLAUDIO.--Qu hay, qu ha sucedido?

RICARDO.--No hemos podido lograr que nos diga adonde ha llevado el
cadver.

CLAUDIO.--Pero l en dnde est?

RICARDO.--Afuera qued con gente que le guarda, esperando vuestras
rdenes.

CLAUDIO.--Traedle  mi presencia.

RICARDO.--Guillermo: que venga el prncipe.


ESCENA VI

CLAUDIO, RICARDO, HAMLET, GUILLERMO, criados


CLAUDIO.--Y bien, Hamlet, en dnde est Polonio?

HAMLET.--Ha ido  cenar.

CLAUDIO.--A cenar? Adonde?

HAMLET.--No adonde coma, sino adonde es comido, entre una numerosa
congregacin de gusanos. El gusano es el monarca supremo de todos los
comedores. Nosotros engordamos  los dems animales para engordarnos, y
engordamos para el gusanillo que nos come despus. El rey gordo y el
mendigo flaco son dos platos diferentes, pero se sirven  una misma
mesa. En esto para todo.

CLAUDIO.--Ah!

HAMLET.--Tal vez un hombre puede pescar con el gusano que ha comido  un
rey, y comerse despus el pez que se aliment de aquel gusano.

CLAUDIO.--Y qu quieres decir con eso?

HAMLET.--Nada ms que manifestar cmo un rey puede pasar progresivamente
 las tripas de un mendigo.

CLAUDIO.--En dnde est Polonio?

HAMLET.--En el cielo. Enviad  alguno que lo vea, y si vuestro
comisionado no le encuentra all, entonces podis vos mismo irle 
buscar  otra parte. Bien que, si no le hallis en todo este mes, le
oleris sin duda al subir los escalones de la galera.

CLAUDIO.--Id  buscarle.

(_Vanse los criados_).

HAMLET.--No, l no se mover de all hasta que vayan por l.

CLAUDIO.--Este suceso, Hamlet, exige que atiendas  tu propia seguridad,
la cual me interesa tanto como lo demuestra el sentimiento que me causa
la accin que has hecho. Conviene que salgas de aqu con acelerada
diligencia. Preprate pues. La nave est ya prevenida, el viento es
favorable, los compaeros aguardan, y todo est pronto para tu viaje 
Inglaterra.

HAMLET.--A Inglaterra?

CLAUDIO.--S, Hamlet.

HAMLET.--Muy bien.

CLAUDIO.--S, muy bien debe parecerte, si has comprendido el fin  que
se encaminan mis deseos.

HAMLET.--Yo veo un ngel que los ve... Pero vamos  Inglaterra. Adis,
mi querida madre!

CLAUDIO.--Y tu padre que te ama, Hamlet?

HAMLET.--Mi madre... Padre y madre son marido y mujer; marido y mujer
son una carne misma, con que... mi madre... Eh! Vamos  Inglaterra.


ESCENA VII

CLAUDIO, RICARDO, GUILLERMO


CLAUDIO.--Seguidle inmediatamente; instad con viveza su embarco, no se
dilate un punto. Quiero verle fuera de aqu esta noche. Partid. Cuanto
es necesario  esta comisin, est sellado y pronto. Id, no os
detengis. (_Vanse Ricardo y Guillermo._) Y t, Inglaterra, si en algo
estimas mi amistad (de cuya importancia mi gran poder te avisa), pues
aun miras sangrientas las heridas que recibiste del acero dinamarqus, y
en dcil temor me pagas tributos, no dilates tibia la ejecucin de mi
suprema voluntad, que por cartas escritas  este fin te pide con la
mayor instancia la pronta muerte de Hamlet. Su vida es para m una
fiebre ardiente, y t sola puedes aliviarme. Hazlo as, Inglaterra, y
hasta que sepa que descargaste el golpe, por ms feliz que mi suerte
sea, no se restablecern en mi corazn la tranquilidad ni la alegra.


ESCENA VIII

Campo solitario en las fronteras de Dinamarca

FORTIMBRAS, un capitn, soldados


FORTIMBRS.--Id, capitn, saludad en mi nombre al monarca dans; decidle
que en virtud de su licencia, Fortimbrs pide el paso libre por su
reino, segn se le ha prometido. Ya sabis el sitio de nuestra reunin.
Si algo quiere S. M. comunicarme, hacedle saber que estoy pronto  ir en
persona  darle pruebas de mi respeto.

CAPITN.--As lo har, seor.

FORTIMBRS.--Y vosotros caminad con paso vagaroso.


ESCENA IX

Un capitn, HAMLET, RICARDO, GUILLERMO, soldados


HAMLET.--Caballero, de dnde son estas tropas?

CAPITN.--De Noruega, seor.

HAMLET.--Y decidme, adnde se encaminan?

CAPITN.--Contra una parte de Polonia.

HAMLET.--Quin las acaudilla?

CAPITN.--Fortimbrs, sobrino del anciano rey de Noruega.

HAMLET.--Se dirigen contra toda Polonia,  slo  alguna parte de sus
fronteras?

CAPITN.--Para deciros sin rodeos la verdad, vamos  adquirir una
porcin de tierra, de la cual (exceptuando el honor) ninguna otra
utilidad puede esperarse. Si me la diesen arrendada en cinco ducados, no
la tomara, ni pienso que produzca mayor inters al de Noruega ni al
polaco, aunque  pblica subasta la vendan.

HAMLET.--Sin duda el polaco no tratar de resistir?

CAPITN.--Antes bien ha puesto ya en ella tropas que la guarden.

HAMLET.--De ese modo el sacrificio de dos mil hombres y veinte mil
ducados no decidirn la posesin de un objeto tan frvolo. Esa es una
apostema del cuerpo poltico, nacida de la paz y excesiva abundancia que
revienta en lo interior, sin que exteriormente se vea la razn por que
el hombre perece. Os doy muchas gracias de vuestra cortesa.

CAPITN.--Dios os guarde.

(_Vanse el capitn y los soldados_).

RICARDO.--Queris proseguir el camino?

HAMLET.--Presto os alcanzar. Id adelante un poco.


ESCENA X

HAMLET


Cuantos accidentes ocurren, todos me acusan, excitando  la venganza mi
adormecido aliento. Qu es el hombre que funda su mayor felicidad, y
emplea todo su tiempo slo en dormir y alimentarse? Es un bruto y no
ms. No: aquel que nos form dotados de tan extenso conocimiento, que
con l podemos ver lo pasado y lo futuro, no nos di ciertamente esta
facultad, esta razn divina, para que estuviera nosotros sin uso y
torpe. Sea, pues, brutal negligencia, sea tmido escrpulo que no se
atreve  penetrar los casos venideros (proceder en que hay ms parte de
cobarda que de prudencia), yo no s para qu existo, diciendo siempre:
razn, voluntad, fuerza y medios para ejecutarla. Por todas partes hallo
ejemplos grandes que me estimulan. Prueba es bastante ese fuerte y
numeroso ejrcito conducido por un prncipe joven y delicado, cuyo
espritu impelido de ambicin generosa desprecia la incertidumbre de los
sucesos, y expone su existencia frgil y mortal  los golpes de la
fortuna,  la muerte,  los peligros ms terribles, y todo por un objeto
de tan leve inters. El ser grande no consiste, por cierto, en obrar
slo cuando ocurre un gran motivo, sino en saber hallar una razn
plausible de contienda, aunque sea pequea la causa, cuando se trata de
adquirir honor. Cmo, pues, permanezco yo en ocio indigno, muerto mi
padre alevosamente, mi madre envilecida... estmulos capaces de excitar
mi razn y mi ardimiento, que yacen dormidos? Mientras para vergenza
ma veo la destruccin inmediata de veinte mil hombres, que por un
capricho, por una estril gloria van al sepulcro como  sus lechos,
combatiendo por una causa que la multitud es incapaz de comprender, por
un terreno que aun no es suficiente sepultura  tantos cadveres... Oh!
de hoy ms,  no existir en mi fantasa idea ninguna,  cuantas forme
sern sangrientas.


ESCENA XI

Galera de palacio

GERTRUDIS, HORACIO


GERTRUDIS.--No, no quiero hablarla.

HORACIO.--Ella insta por veros. Est loca, es verdad; pero eso mismo
debe excitar vuestra compasin.

GERTRUDIS.--Y qu pretende? Qu dice?

HORACIO.--Habla mucho de su padre: dice que continuamente oye que el
mundo est lleno de maldad; solloza, se lastima el pecho, y airada
trastorna con el pie cuanto tal pasar encuentra. Profiere razones
equvocas en que apenas se halla sentido; pero la misma extravagancia de
ellas mueve  los que las oyen  retenerlas, examinando el fin con que
las dice, y dando  sus palabras una combinacin arbitraria, segn la
idea de cada uno. Al observar sus miradas, sus movimientos de cabeza, su
gesticulacin expresiva, llegan  creer que puede haber en ella algn
asomo de razn; pero nada hay de cierto sino que se halla en el estado
ms infeliz.

GERTRUDIS.--Ser bien hablarla, antes que mi repulsa esparza conjeturas
fatales en aquellos nimos que todo lo interpretan siniestramente. Hazla
venir. (_Vase Horacio_). El ms frvolo acaso parece  mi daada
conciencia presagio de algn grave desastre. Propia es de la culpa esta
desconfianza. Tan lleno est siempre de recelos el delincuente, que el
temor de ser descubierto hace tal vez que l mismo se descubra.


ESCENA XII

GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO


OFELIA.--En dnde est la hermosa reina de Dinamarca?

GERTRUDIS.--Cmo va, Ofelia?

OFELIA.--(_Estos versos, y todos los que siguen en el presente acto, los
canta Ofelia_).

      Cmo va al amante
    que fiel te sirva,
    de otro cualquiera
    distinguira?
    Por las veneras
    de su esclavina,
    bordn, sombrero
    con plumas rizas,
    y su calzado
    que adornan cintas.

GERTRUDIS.--Oh querida ma! y  qu propsito viene esa cancin?

OFELIA.--Eso decs?... Atended a sta:

      Muerto es ya, seora,
    muerto, y no est aqu.
    Una tosca piedra
     sus plantas vi,
    y al csped del prado
    su frente cubrir.

Ah! ah! ah! (_Dando risotadas_).

GERTRUDIS.--S; pero, Ofelia...

OFELIA.--Od, od.

    Blancos paales le vestan...


ESCENA XIII

CLAUDIO, GERTRUDIS, OFELIA, HORACIO


GERTRUDIS.--Desgraciada! Veis esto, seor?

    OFELIA.--Blancos paales le vestan
             como la nieve del monte,
             y al sepulcro le conducen
             cubierto de bellas flores,
             que en tierno llanto de amor
             se humedecieron entonces.

CLAUDIO.--Cmo ests, graciosa nia?

OFELIA.--Buena: Dios os lo pague... Dicen que la lechuza fu antes una
doncella, hija de un panadero... Ah!... Sabemos lo que somos ahora.
Pero no lo que podemos ser... Dios vendr  visitarnos.

CLAUDIO.--Alusin  su padre.

OFELIA.--Pero no, no hablemos ms en esto; y si os preguntan lo que
significa, decid:

      De san Valentino
    la fiesta es maana:
    yo, nia amorosa,
    al toque del alba
    ir  que me veas
    desde tu ventana,
    para que la suerte
    dichosa me caiga.
    Despierta el mancebo,
    se viste de gala.

Y l responde entonces:

      Por el sol te juro
    que no lo olvidara,
    si t no te hubieras
    venido  mi cama.

CLAUDIO.--Graciosa Ofelia!

OFELIA.--S, voy  acabar: sin jurarlo, os prometo que la voy 
concluir.

      Ay, msera! Cielos!
    Torpeza, villana!
    Qu galn desprecia
    ventura tan alta?
    Pues todos son falsos,
    le dice indignada:
    antes que en tus brazos
    me mirase incauta,
    de hacerme tu esposa
    me diste palabra.
    Y abriendo las puertas
    entr la muchacha,
    que viniendo virgen
    volvi desflorada.

CLAUDIO.--Cunto ha que est as?

OFELIA.--Yo espero que todo ir bien... Debemos tener paciencia... (_Se
entristece y llora_). Pero yo no puedo menos de llorar considerando que
le han dejado sobre la tierra fra... Mi hermano lo sabr... preciso...
Y yo os doy las gracias por vuestros buenos consejos... (_Con mucha
viveza y alegra_). Vamos, la carroza. Buenas noches, seoras, buenas
noches. Amiguitas, buenas noches, buenas noches, buenas noches.

CLAUDIO (_ Horacio_).--Acompala  su cuarto, y haz que la asista
suficiente guardia. Yo te lo ruego.


ESCENA XIV

CLAUDIO, GERTRUDIS


CLAUDIO.--Oh! todo es efecto de un profundo dolor; todo nace de la
muerte de su padre; y ahora observo, Gertrudis, que cuando los males
vienen, no vienen esparcidos como espas, sino reunidos en escuadrones.
Su padre muerto, tu hijo ausente habiendo dado l mismo justo motivo 
su destierro), el pueblo alterado en tumulto con daadas ideas y
murmuraciones sobre la muerte del buen Polonio, cuyo entierro oculto ha
sido no leve imprudencia de nuestra parte; la desdichada Ofelia fuera de
s, turbada su razn, sin la cual somos vanos simulacros,  comparables
slo  los brutos, y por ltimo (y esto no es menos esencial que todo lo
restante), su hermano, que ha venido secretamente de Francia, y en medio
de tan extraos casos, se oculta entre sombras misteriosas, sin que
falten lenguas maldicientes que envenenen sus odos, hablndole de la
muerte de su padre. Ni en tales discursos,  falta de noticias seguras,
dejaremos de ser citados continuamente de boca en boca. Todos estos
afanes juntos, mi querida Gertrudis, como una mquina destructora que se
dispara, me dan muchas muertes  un tiempo.

     (_Suena  lo lejos un rumor confuso, que se ir aumentando durante
     la escena siguiente_).

GERTRUDIS.--Ay Dios! Qu estruendo es ste?


ESCENA XV

CLAUDIO, GERTRUDIS, un caballero


CLAUDIO.--En dnde est mi guardia?... Acudid... defended las
puertas... Qu es esto?

CABALLERO.--Hud, seor. El Ocano, sobrepujando sus trminos, no traga
las llanuras con mpetu ms espantoso, que el que manifiesta el joven
Laertes ciego de furor, venciendo la resistencia que le oponen vuestros
soldados. El vulgo le apellida seor; y como si ahora comenzase 
existir el mundo, la antigedad y la costumbre (apoyo y seguridad de
todo buen gobierno) se olvidan y se desconocen. Gritan por todas partes:
Nosotros elegimos por rey a Laertes. Los sombreros arrojados al aire,
las manos y las lenguas le aplauden, llegando  las nubes la voz general
que repite: Laertes ser nuestro rey. Viva Laertes!

GERTRUDIS.--Con qu alegra sigue, ladrando, esa tralla prfida el
rastro mal seguro en que va  perderse!

CLAUDIO.--Ya han roto las puertas.


ESCENA XVI

LAERTES, CLAUDIO, GERTRUDIS, soldados y pueblo


LAERTES.--En dnde est el rey? (_Volvindose hacia la puerta por donde
ha salido, detiene  los conjurados que le acompaan, y hace que se
retiren_). Vosotros quedaos todos afuera.

VOCES.--No, entremos.

LAERTES.--Yo os pido que me dejis.

VOCES.--Bien, bien est.

LAERTES.--Gracias, seores. Guardad las puertas... y t, indigno
prncipe, dame  mi padre.

GERTRUDIS.--Menos, menos ardor, querido Laertes.

LAERTES.--Si hubiese en m una gota de sangre con menos ardor, me
declarara por hijo espurio, infamara de cornudo  mi padre, 
imprimira sobre la frente limpia y casta de mi madre honestsima la
nota infame de prostituta.

CLAUDIO.--Pero, Laertes, cul es el motivo de tan atrevida rebelin?...
Djale, Gertrudis, no le contengas... no temas nada contra m. Existe
una fuerza divina que defiende  los reyes; la traicin no puede como
quisiera penetrar hasta ellos, y ve malogrados en la ejecucin todos sus
designios... Dime, Laertes, por qu ests tan airado?... Djale,
Gertrudis... Habla t.

LAERTES.--En dnde est mi padre?

CLAUDIO.--Muri.

GERTRUDIS.--Pero no le ha muerto el rey.

CLAUDIO.--Djale preguntar cuanto quiera.

LAERTES.--Y cmo ha sido su muerte?... Eh!... No,  m no se me
engaa. Vyase al infierno la fidelidad, llvese el ms atezado demonio
los juramentos de vasallaje, sepltense la conciencia, la esperanza de
salvacin en el abismo ms profundo... La condenacin eterna no me
horroriza; suceda lo que quiera, ni ste ni el otro mundo me importan
nada... Slo aspiro, y ste es el punto en que insisto, slo aspiro 
dar completa venganza  mi difunto padre.

CLAUDIO.--Y quin te lo puede estorbar?

LAERTES.--Mi voluntad sola, y no todo el universo; y en cuanto  los
medios de que he de valerme, no sabr economizarlos de suerte que un
pequeo esfuerzo produzca efectos grandes.

CLAUDIO.--Buen Laertes, si deseas saber la verdad acerca de la muerte de
tu amado padre, est escrito acaso en tu venganza que hayas de
atropellar sin distincin amigos y enemigos, culpados  inocentes?

LAERTES.--No, slo  mis enemigos.

CLAUDIO.--Querrs, sin duda, conocerlos?

LAERTES.--Oh!  mis buenos amigos yo los recibir con abiertos brazos,
y semejante al pelcano amoroso los alimentar, si necesario fuese, con
mi sangre misma.

CLAUDIO.--Ahora hablaste como buen hijo y como caballero. Laertes, ni
tengo culpa en la muerte de tu padre, ni alguno ha sentido como yo su
desgracia. Esta verdad deber ser tan clara  tu razn, como  tus ojos
la luz del da.

VOCES.--Dejadla entrar.

(_Ruido y voces dentro_).

LAERTES.--Qu novedad... qu ruido es ste?


ESCENA XVII

     CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, OFELIA, acompaamiento. Ofelia sale
     vestida de blanco, el cabello suelto, y una guirnalda en la cabeza,
     hecha de paja y flores silvestres, trayendo, en el faldelln muchas
     flores y hierbas.

LAERTES.--Oh, calor activo, abrasa mi cerebro! Lgrimas en extremo
custicas, consumid la potencia y la sensibilidad de mis ojos! Por los
cielos te juro que esa demencia tuya ser pagada por m con tal exceso,
que el peso del castigo tuerza el fiel y baje la balanza... Oh, rosa de
mayo! amable nia! mi querida Ofelia! mi dulce hermana!... Oh
cielos! y es posible que el entendimiento de una tierna joven sea tan
frgil como la vida del hombre decrpito?... Pero la naturaleza es muy
fina en amor y cuando ste llega al exceso, el alma se desprende tal vez
de alguna preciosa parte de s misma, para ofrecrsela en don al objeto
amado.

    OFELIA.--Llevronle en su atad
             con el rostro descubierto.
               Ay no ni, ay ay ay no ni.
             Y sobre su sepultura
             muchas lgrimas llovieron.
               Ay no ni, ay ay ay no ni.

Adis, querido mo. Adis.

LAERTES.--Si gozando de tu razn me incitaras  la venganza, no pudieras
conmoverme tanto.

OFELIA.--Debis cantar aquello de:

                        Abajito est:
    llmele, seor, que abajito est.

Ay, qu  propsito viene el estribillo!... El pcaro del mayordomo fu
el que rob  la seorita.

LAERTES.--Esas palabras vanas producen mayor efecto en m, que el ms
concertado discurso.

OFELIA.--Aqu traigo romero, que es bueno para la memoria. (_A
Laertes_). Tomad, amigo, para que os acordis... Y aqu hay trinitarias,
que son para los pensamientos.

LAERTES.--Aun en medio de su delirio quiere aludir  los pensamientos
que la agitan y  sus memorias tristes.

OFELIA (_ Gertrudis_).--Aqu hay hinojo para vos, y palomillas y
ruda... para vos tambin, y esto poquito es para m... Nosotros podemos
llamarla hierba santa del domingo... vos la usaris con la distincin
que os parezca... (_A Claudio_). Esta es una margarita... Bien os
quisiera dar algunas violetas; pero todas se marchitaron cuando muri mi
padre. Dicen que tuvo un buen fin.

      Un solitario
    de plumas vario
    me da placer.

LAERTES.--Ideas funestas, afliccin, pasiones terribles, los horrores
del infierno mismo, todo en su boca es gracioso y suave.

    OFELIA.--Nos deja, se va,
             y no ha de volver.
             No, que ya muri,
             no vendr otra vez...
             Su barba era nieve,
             su pelo tambin.
             Se fu dolorosa
             partida! se fu.
             En vano exhalamos
             suspiros por l.
             Los cielos piadosos
             descanso le den.

A l y  todas las almas cristianas. Dios lo quiera... Eh! seores,
adis.


ESCENA XVIII

CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES


LAERTES.--Veis esto, Dios mo!

CLAUDIO.--Yo debo tomar parte en tu afliccin, Laertes: no me niegues
este derecho. Oyeme aparte. Elige entre los ms prudentes de tus amigos
aqullos que te parezca. Oigannos  entrambos, y juzguen. Si por m
propio  por mano ajena result culpado, mi reino, mi corona, mi vida,
cuanto puedo llamar mo, todo te lo dar para satisfacerte. Si no hay
culpa en m, deber contar otra vez con tu obediencia, y unidos ambos,
buscaremos los medios de aliviar tu dolor.

LAERTES.--Hgase lo que decs... Su arrebatada muerte, su obscuro
funeral, sin trofeos, armas, ni escudos sobre el cadver, ni debidos
honores, ni decorosa pompa; todo, todo est clamando del cielo  la
tierra por un examen el ms riguroso.

CLAUDIO.--T le obtendrs, y la segur terrible de la justicia caer
sobre el que fuere delincuente. Ven conmigo.


ESCENA XIX

Sala en casa de Horacio

HORACIO, un criado


HORACIO.--Quines son los que me quieren hablar?

CRIADO.--Unos marineros que, segn dicen, os traen cartas.

HORACIO.--Hazlos entrar. (_Vase el criado_). Yo no s de qu parte del
mundo pueda nadie escribirme, si ya no es Hamlet mi seor.


ESCENA XX

HORACIO, dos marineros


MARINERO 1.--Dios os guarde.

HORACIO.--Y  vosotros tambin.

MARINERO 1.--As lo har, si es su voluntad. Estas cartas del embajador
que se embarc para Inglaterra vienen dirigidas  vos, si os llamis
Horacio como nos han dicho.

HORACIO. (_Lee la carta._)--Horacio: luego que hayas ledo esta,
dirigirs esos hombres al rey, para el cual les he dado una carta.
Apenas llevbamos dos das de navegacin, cuando empez  darnos caza un
pirata muy bien armado. Viendo que nuestro navo era poco velero, nos
vimos precisados  apelar al valor. Llegamos al abordaje: yo salt el
primero en la embarcacin enemiga, que al mismo tiempo logr
desaferrarse de la nuestra, y por consiguiente me hall solo y
prisionero. Ellos se han portado conmigo como ladrones compasivos; pero
ya saban lo que se hacan, y se lo he pagado muy bien. Haz que el rey
reciba las cartas que le envo, y t ven  verme con tanta diligencia
como si huyeras de la muerte. Tengo unas cuantas palabras que decirte al
odo, que te dejarn atnito, bien que todas ellas no sern suficientes
 expresar la importancia del caso. Esos buenos hombres te conducirn
hasta aqu. Guillermo y Ricardo siguieron su camino  Inglaterra. Mucho
tengo que decirte de ellos. Adis. Tuyo siempre.--HAMLET.

Vamos. Yo os introducir para que presentis esas cartas. Conviene
hacerlo pronto,  fin de que me llevis despus adonde queda el que os
las entreg.


ESCENA XXI

Gabinete del rey

CLAUDIO, LAERTES


CLAUDIO.--Sin duda tu rectitud aprobar ya mi descargo, y me dars lugar
en el corazn como  tu amigo, despus que has odo con pruebas
evidentes que el matador de tu noble padre conspiraba contra mi vida.

LAERTES.--Claramente se manifiesta... Pero decidme: por qu no
procedis contra excesos tan graves y culpables, cuando vuestra
prudencia, vuestra grandeza, vuestra propia seguridad, todas las
consideraciones juntas deberan excitaros tan particularmente 
reprimirlos?

CLAUDIO.--Por dos razones, que aunque tal vez las juzgars dbiles, para
m han sido muy poderosas. Una es que la reina su madre vive pendiente
casi de sus miradas, y al mismo tiempo (sea desgracia  felicidad ma)
tan estrechamente uni el amor mi vida y mi alma  la de mi esposa, que
as como los astros no se mueven sino dentro de su propia esfera, as en
m no hay movimiento alguno que no dependa de su voluntad. La otra razn
por que no puedo proceder contra el agresor pblicamente, es el grande
cario que le tiene el pueblo; el cual, como la fuente cuyas aguas mudan
los troncos en piedras, baando en su afecto las faltas del prncipe,
convierte en gracias todos sus yerros. Mis flechas no pueden con tal
violencia dispararse, que resistan  huracn tan fuerte; y sin tocar el
punto  que las dirija, se volvern otra vez al arco.

LAERTES.--S, y en tanto yo he perdido  un ilustre padre, y hallo 
una hermana en la ms deplorable situacin... Mi hermana, cuyo mrito
(si alcanza el elogio  lo que ya no existe) se levant sobre lo ms
sublime de su siglo, por las raras prendas que en ella se admiraron
juntas... Pero llegar, llegar el tiempo de mi venganza.

CLAUDIO.--Ese cuidado no debe interrumpirte el sueo, ni has de presumir
que yo est formado de materia tan insensible y dura, que me deje
remesar la barba y lo tome  fiesta... Presto te informar de lo dems.
Basta decirte que am  tu padre, que nosotros nos amamos tambin, y que
espero darte  conocer la... Pero... Qu noticias traes?


ESCENA XXII

CLAUDIO, LAERTES, un guardia


GUARDIA.--Seor, veis aqu las cartas del prncipe: sta, para V. M., y
sta, para la reina.

(_Da unas cartas  Claudio_).

CLAUDIO.--De Hamlet! Quin las ha trado!

GUARDIA.--Dicen que unos marineros; yo no los he visto. Horacio, que las
recibi del que las trajo, es el que me las ha entregado  m.

CLAUDIO.--Oirs lo que dicen, Laertes. Djanos solos.


ESCENA XXIII

CLAUDIO, LAERTES


CLAUDIO. (_Lee una carta._)--Alto y poderoso seor: os hago saber cmo
he llegado desnudo  vuestro reino. Maana os pedir permiso de ver
vuestra presencia real; y entonces, mediante vuestro perdn, os dir la
causa de mi extraa y repentina vuelta.--HAMLET.

Qu quiere decir esto? Se habrn vuelto los otros tambin,  hay
alguna equivocacin,  acaso todo es falso?

LAERTES.--Conocis la letra?

CLAUDIO (_examinando con atencin la carta_).--S, es de Hamlet...
_Desnudo_... y en una enmienda que hay aqu, dice: _solo_... Qu puede
ser esto?

LAERTES.--Yo nada alcanzo... Pero dejadle venir, que ya siento
encenderse en nuevas iras mi corazn... S, yo vivir, y le dir en su
cara: t lo hiciste, y fu de esta manera.

CLAUDIO.--Si el caso es cierto... Eh! Cmo es posible!... Y qu otra
cosa puede ser?... Quieres dirigirte por m, Laertes?

LAERTES.--S, seor, como no procuris inclinarme  la paz.

CLAUDIO.--A tu propia paz, no  otra ninguna. Si l vuelve ahora
disgustado de este viaje y rehusa comenzarle de nuevo, yo le ocupar en
una empresa que medito, en la cual perecer sin duda. Esta muerte no
excitar el aura ms leve de acusacin; su madre misma absolver el
hecho juzgndole casual.

LAERTES.--Seguir en todo vuestras ideas, y mucho ms si disponis que
yo sea el instrumento que le ejecute.

CLAUDIO.--Todo sucede bien... Desde que te fuiste se ha hablado mucho de
ti delante de Hamlet, por una habilidad en que dicen que sobresales. Las
dems que tienes no movieron tanto su envidia como sta sola, que en mi
opinin ocupa el ltimo lugar.

LAERTES.--Y qu habilidad es, seor?

CLAUDIO.--No es ms que un lazo en el sombrero de la juventud, pero que
le es muy necesario; puesto que as son propios de la juventud los
adornos ligeros y alegres, como de la edad madura las ropas y pieles que
se viste por abrigo y decencia... Dos meses ha que estuvo aqu un
caballero de Normanda... Yo conozco  los franceses muy bien, he
militado contra ellos, y son, por cierto, buenos jinetes; pero el galn
de quien hablo era un prodigio en esto. Pareca haber nacido sobre la
silla, y haca ejecutar al caballo tan admirables movimientos como si l
y su valiente bruto animaran un cuerpo solo; y tanto excedi  mis
ideas, que todas las formas y actitudes que yo pude imaginar no llegaron
 lo que l hizo.

LAERTES.--Decs que era normando?

CLAUDIO.--S, normando.

LAERTES.--Ese es Lamond, sin duda.

CLAUDIO.--El mismo.

LAERTES.--Le conozco bien, y es la joya ms preciosa de su nacin.

CLAUDIO.--Pues ste, hablando de ti pblicamente, te llenaba de elogios
por tu inteligencia y ejercicio en la esgrima, y la bondad de tu espada
en la defensa y el ataque; tanto, que dijo alguna vez que sera un
espectculo admirable verte lidiar con otro de igual mrito, si pudiera
hallarse; puesto que, segn aseguraba l mismo, los ms diestros de su
nacin carecan de agilidad para las estocadas y los quites cuando t
esgrimas con ellos. Este informe irrit la envidia de Hamlet, y en nada
pens desde entonces sino en solicitar con instancia tu pronto regreso
para batallar contigo. Fuera de esto...

LAERTES.--Y qu hay adems de eso, seor?

CLAUDIO.--Laertes, amaste  tu padre,  eres como las figuras de un
lienzo, que tal vez aparentan tristeza en el semblante cuando les falta
un corazn?

LAERTES.--Por qu lo preguntis?

CLAUDIO.--No porque piense que no amabas  tu padre, sino porque s que
el amor est sujeto al tiempo, y que el tiempo extingue su ardor y sus
centellas, segn me lo hace ver la experiencia de los sucesos. Existe en
medio de la llama de amor una mecha  pbilo que la destruye al fin;
nada permanece en un mismo grado de bondad constantemente, pues la salud
misma degenerando en pltora perece por su propio exceso. Cuanto nos
proponemos hacer debera ejecutarse en el instante mismo en que lo
deseamos, porque la voluntad se altera fcilmente, se debilita y se
entorpece, segn las lenguas, las manos y los accidentes que se
atraviesan; y entonces aquel estril deseo es semejante  un suspiro que
exhalando prdigo el aliento, causa dao en vez de dar alivio... Pero
toquemos en lo vivo de la herida. Hamlet vuelve... Qu accin
emprenderas t para manifestar ms con las obras que con las palabras
que eres digno hijo de tu padre?

LAERTES.--Qu har? Le cortar la cabeza en el templo mismo.

CLAUDIO.--Cierto que no debera un homicida hallar asilo en parte
alguna, ni reconocer lmites una justa venganza; pero, buen Laertes, haz
lo que te dir: Permanece oculto en tu cuarto; cuando llegue Hamlet,
sabr que t has venido; yo le har acompaar por algunos que alabando
tu destreza den un nuevo lustre  los elogios que hizo de ti el francs.
Por ltimo, llegaris  veros; se harn apuestas en favor de uno y
otro... l, que es descuidado, generoso, incapaz de toda malicia, no
reconocer los floretes; de suerte que te ser muy fcil, con poca
sutileza que uses, elegir una espada sin botn, y en cualquiera de las
jugadas tomar satisfaccin de la muerte de tu padre.

LAERTES.--As lo har, y  ese fin quiero envenenar la espada con cierto
ungento que compr de un charlatn, de cualidad tan mortfera, que
mojando un cuchillo en l, adondequiera que haga sangre introduce la
muerte, sin que haya emplasto eficaz que pueda evitarla, por ms que se
componga de cuantos simples medicinales crecen debajo de la luna. Yo
baar la punta de mi espada con este veneno, para que apenas le toque
muera.

CLAUDIO.--Reflexionemos ms sobre esto... Examinemos qu ocasin, qu
medios sern ms oportunos  nuestro engao; porque si tal vez se
malogra, y equivocada la ejecucin se descubren los fines, valiera ms
no haberlo emprendido. Conviene, pues, que este proyecto vaya sostenido
con otro segundo, capaz de asegurar el golpe, cuando por el primero no
se consiga. Espera... Djame ver si... Haremos una apuesta solemne sobre
vuestra habilidad y... S, ya hall el medio. Cuando con la agitacin os
sintis acalorados y sedientos (puesto que al fin deber ser mayor la
violencia del combate), l pedir de beber, y yo le tendr prevenida
expresamente una copa, que al gustarla slo, aunque haya podido librarse
de tu espada ungida, veremos cumplido nuestro deseo. Pero... calla...
Qu ruido se escucha?

(_Suena ruido dentro_).


ESCENA XXIV

GERTRUDIS, CLAUDIO, LAERTES


CLAUDIO.--Qu ocurre de nuevo, amada reina?

GERTRUDIS.--Una desgracia va siempre pisando las ropas de otra; tan
inmediatas caminan. Laertes, tu hermana acaba de ahogarse.

LAERTES.--Ahogada!... En dnde?... Cielos!

GERTRUDIS.--Donde hallaris un sauce que crece  las orillas de ese
arroyo, repitiendo en las ondas cristalinas la imagen de sus hojas
plidas. All se encamin ridculamente coronada de rannculos, ortigas,
margaritas y luengas flores purpreas, que entre los sencillos
labradores se reconocen bajo una denominacin grosera, y las modestas
doncellas llaman dedos de muerto. Llegada que fu, se quit la
guirnalda, y queriendo subir  suspenderla de los pendientes ramos, se
troncha un vstago envidioso, y caen al torrente fatal ella y todos sus
adornos rsticos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato
sobre las aguas, semejante  una sirena, y en tanto iba cantando pedazos
de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia,  como criada y
nacida en aquel elemento. Pero no era posible que as durase por mucho
espacio... Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorban, la
arrebataron  la infeliz, interrumpiendo su canto dulcsimo la muerte,
llena de angustias.

LAERTES.--Qu, en fin se ahog? Msero!

GERTRUDIS.--S, se ahog, se ahog.

LAERTES.--Desdichada Ofelia! demasiada agua tienes ya; por eso quisiera
reprimir la de mis ojos.... Bien que  pesar de todos nuestros
esfuerzos, imperiosa la naturaleza sigue su costumbre, por ms que el
valor se avergence... Pero luego que este llanto se vierta, nada
quedar en m de femenil ni de cobarde... Adis, seores... Mis palabras
de fuego arderan en llamas, si no las apagasen estas lgrimas
imprudentes.

(_Vase Laertes_).

CLAUDIO.--Sigmosle, Gertrudis, que despus de haberme costado tanto
aplacar su clera, temo ahora que esta desgracia no la irrite otra vez.
Conviene seguirle.




ACTO V


ESCENA PRIMERA

Cementerio contiguo  una iglesia

Sepultureros primero y segundo


SEPULTURERO 1.--Y es la que ha de sepultarse en tierra sagrada, la que
deliberadamente ha conspirado contra su propia salvacin?

SEPULTURERO 2.--Dgote que s: con que haz presto el hoyo. El juez ha
reconocido ya el cadver, y ha dispuesto que se la entierre en sagrado.

SEPULTURERO 1.--Yo no entiendo cmo va eso... Aun si se hubiera ahogado
haciendo esfuerzos para librarse, anda con Dios.

SEPULTURERO 2.--As han juzgado que fu.

SEPULTURERO 1.--No, no, eso fu _se offendendo_; ni puede haber sido de
otra manera, porque... ve aqu el punto de la dificultad: Si yo me ahogo
voluntariamente, esto arguye por de contado una accin, y toda accin
consta de tres partes, que son: hacer, obrar y ejecutar; de donde se
infiere, amigo Rasura, que ella se ahog voluntariamente.

SEPULTURERO 2.--Qu!... Pero igame ahora el to Socaba.

SEPULTURERO 1.--No, deja, yo te dir. Mira, aqu est el agua. Bien.
Aqu est el hombre. Muy bien... Pues, seor, si este hombre va y se
mete dentro del agua, se ahoga  s mismo; porque por fas  por nefas,
ello es que l va... Pero atiende  lo que digo. Si el agua viene hacia
l y le sorprende y le ahoga, entonces no se ahoga l  s propio...
Compadre Rasura, el que no desea su muerte no se acorta la vida.

SEPULTURERO 2.--Y qu, hay leyes para eso?

SEPULTURERO 1.--Ya se ve que las hay, y por ella se gua el juez que
examina estos casos.

SEPULTURERO 2.--Quieres que te diga la verdad? Pues mira, si la muerta
no fuese una seora, yo te aseguro que no la enterraran en sagrado.

SEPULTURERO 1.--En efecto, dices bien; y es mucha lstima que los
grandes personajes hayan de tener en este mundo especial privilegio,
entre todos los dems cristianos, para ahogarse y ahorcarse cuando
quieren, sin que nadie les diga nada... Vamos all con el azadn...
(_Pnense los dos  abrir una sepultura en medio del teatro, sacando la
tierra con espuertas, y entre ella calaveras y huesos_). Ello es que no
hay caballeros de nobleza ms antigua que los jardineros, sepultureros y
cavadores, que son los que ejercen la profesin de Adn.

SEPULTURERO 2.--Pues qu, Adn fue caballero?

SEPULTURERO 1.--Toma! como que fu el primero que llev armas... Pero
voy  hacerte una pregunta, y si no me respondes  cuento, has de
confesar que eres un...

SEPULTURERO 2.--Adelante.

SEPULTURERO 1.--Cul es el que construye edificios ms fuertes que los
que hacen los albailes y los carpinteros de casas y navos?

SEPULTURERO 2.--El que hace la horca, porque aquella fbrica sobrevive
 mil inquilinos.

SEPULTURERO 1.--Agudo eres, por vida ma. Buen edificio es la horca;
pero cmo es bueno? Es bueno para los que hacen mal: ahora bien, t
haces mal en decir que la horca es fbrica ms fuerte que una iglesia;
con que la horca podra ser buena para ti... Volvamos  la pregunta.

SEPULTURERO 2.--Cul es el que hace habitaciones ms durables que las
que hacen los albailes, los carpinteros de casas y de navos?

SEPULTURERO 1.--S, dmelo, y sales del apuro.

SEPULTURERO 2.--Ya se ve que te lo digo.

SEPULTURERO 1.--Pues vamos.

SEPULTURERO 2.--Pues no puedo decirlo.

SEPULTURERO 1.--Vaya, no te rompas la cabeza sobre ello... T eres un
burro lerdo que no saldr de su paso por ms que le apaleen. Cuando te
hagan esta pregunta, has de responder: El sepulturero. No ves que las
casas que l hace duran hasta el da del juicio?... Anda, ve ah  casa
de Juanillo, y treme una copa de aguardiente.


ESCENA II

HAMLET, HORACIO, sepulturero primero


SEPULTURERO 1.--Yo am en mis primeros aos,

(_Cantando_).

    dulce cosa lo juzgu;
    pero casarme, eso no,
    que no me estuviera bien.

HAMLET.--Qu poco siente ese hombre lo que hace, que abre una sepultura
y canta!

HORACIO.--La costumbre le ha hecho ya familiar esa ocupacin.

HAMLET.--As es la verdad. La mano que menos trabaja tiene ms delicado
el tacto.

SEPULTURERO 1.--La edad callada en la huesa

(_Cantando_).

    me hundi con mano crel,
    y toda se destruy
    la existencia que goc.

HAMLET.--Aquella calavera tendra lengua en otro tiempo, y con ella
podra tambin cantar... Cmo la tira al suelo el pcaro! Como si fuese
la quijada con que hizo Can el primer homicidio. Y la que est
maltratando ahora ese bruto, podra ser muy bien la cabeza de algn
estadista, que acaso pretendi engaar al cielo mismo. No te parece?

HORACIO.--Bien puede ser.

HAMLET.--O la de algn cortesano que dira: Felicsimos das, seor
excelentsimo; cmo va de salud, mi venerado seor? Esta puede ser la
del caballero Fulano, que haca grandes elogios del potro del caballero
Zutano para pedrsele prestado despus. No puede ser as?

HORACIO.--S, seor.

HAMLET.--Oh! s por cierto; y ahora est en poder del seor gusano,
estropeada y hecha pedazos con el azadn de un sepulturero... Grandes
revoluciones se hacen aqu, si hubiera entre nosotros medios para
observarlas... Pero cost acaso tan poco la formacin de estos huesos 
la naturaleza, que hayan de servir para que esa gente se divierta en sus
garitos con ellos? Eh! Los mos se estremecen al considerarlo.

    SEPULTURERO 1.--Una piqueta (_Cantando_).
                      con una azada,
                      un lienzo donde
                      revuelto vaya,
                      y un hoyo en tierra
                      que le preparan:
                      para tal husped
                      esto le basta.

HAMLET.--Y sa otra, por qu no podra ser la calavera de un
letrado?... A dnde se fueron sus equvocos y sutilezas, sus litigios,
sus interpretaciones, sus embrollos? Por qu sufre ahora que ese bribn
grosero le golpee contra la pared con el azadn lleno de barro!... Y no
dir palabra acerca de un hecho tan criminal!... Este sera quizs,
mientras vivi, un gran comprador de tierras, con sus obligaciones,
reconocimientos, transacciones, seguridades mutuas, pagos, recibos... Ve
aqu el arriendo de sus arriendos, y el cobro de sus cobranzas: todo ha
venido  parar en una calavera llena de lodo. Los ttulos de los bienes
que posey cabran difcilmente en su atad, y no obstante eso, todas
las fianzas y seguridades recprocas de sus adquisiciones no le han
podido asegurar otra posesin que la de un espacio pequeo capaz de
cubrirse con un par de sus escrituras... Oh! y  su opulento sucesor
tampoco le quedar ms.

HORACIO.--Verdad es, seor.

HAMLET.--No se hace el pergamino de piel de carnero?

HORACIO.--S, seor, y de piel de ternera tambin.

HAMLET.--Pues dgote, que son ms irracionales que las terneras y
carneros los que fundan su felicidad en la posesin de tales
pergaminos... Voy  tramar conversacin con este hombre. (_Al
sepulturero_). De quin es esa sepultura, buena pieza?

SEPULTURERO 1.--Ma, seor.

      Y un hoya en tierra (_Cantando_).
    que le preparan:
    para tal husped
    eso le basta.

HAMLET.--S; yo creo que es tuya porque ests ahora dentro de ella...
Pero la sepultura es para los muertos, no para los vivos: conque has
mentido.

SEPULTURERO 1.--Ve ah un ments demasiado vivo; pero yo os le volver.

HAMLET.--Para qu muerto cavas esta sepultura?

SEPULTURERO 1.--No es hombre, seor.

HAMLET.--Pues bien, para qu mujer?

SEPULTURERO 1.--Tampoco es eso.

HAMLET.--Pues qu es lo que ha de enterrarse ah?

SEPULTURERO 1.--Un cadver que fu mujer; pero ya muri... Dios la
perdone.

HAMLET.--Qu taimado es! Hablmosle clara y sencillamente, porque sino,
es capaz de confundirnos  equvocos. De tres aos  esta parte he
observado cunto se va sutilizando la edad en que vivimos... Por vida
ma, Horacio, que ya el villano sigue tan de cerca al caballero, que muy
pronto le desollar el taln... Cunto tiempo h que eres sepulturero?

SEPULTURERO 1.--Toda mi vida, se puede decir. Yo comenc el oficio el
da que nuestro ltimo rey Hamlet venci  Fortimbrs.

HAMLET.--Y cunto tiempo habr?

SEPULTURERO 1.--Toma! No lo sabis? Eso sucedi el mismo da en que
naci el joven Hamlet, el que est loco y se ha ido  Inglaterra.

HAMLET.--Oiga! Y por qu se ha ido a Inglaterra?

SEPULTURERO 1.--Porque... porgue est loco, y all cobrar su juicio;
y si no lo cobra,  bien que poco importa.

HAMLET.--Por qu?

SEPULTURERO 1.--Porque all todos son tan locos como l, y no ser
reparado.

HAMLET.--Y cmo ha sido volverse loco?

SEPULTURERO 1.--De un modo muy extrao, segn dicen.

HAMLET.--De qu modo?

SEPULTURERO 1.--Habiendo perdido el entendimiento.

HAMLET.--Pero, qu motivo di lugar  eso?

SEPULTURERO 1.--Qu lugar? Aqu en Dinamarca, donde soy enterrador, y
lo he sido de chico y de grande por espacio de treinta aos.

HAMLET.--Cunto tiempo podr estar enterrado un hombre sin corromperse?

SEPULTURERO 1.--De suerte que si l no corrompa ya en vida (como nos
sucede todos los das con muchos cuerpos galicados, que no hay por dnde
asirlos), podr durar cosa de ocho  nueve aos. Un curtidor durar
nueve aos seguramente.

HAMLET.--Pues qu tiene l ms que otro cualquiera?

SEPULTURERO 1.--Lo que tiene es un pellejo tan curtido ya por mor de su
ejercicio, que puede resistir mucho tiempo al agua; y el agua, seor
mo, es la cosa que ms pronto destruye  cualquier hideputa de muerto.
Ve aqu una calavera que ha estado debajo de tierra veintitrs aos.

HAMLET.--De quin es?

SEPULTURERO 1.--Mayor hideputa, loco!..... De quin os parece que
ser?

HAMLET.--Yo cmo he de saberlo?

SEPULTURERO 1.--Mala peste en l y en sus travesuras!... Una vez me
ech un frasco de vino del Rhin por los cabezones... Pues, seor, esta
calavera es la calavera de Yorick, el bufn del rey.

(_El sepulturero le da una calavera  Hamlet_).

HAMLET.--Esta?

SEPULTURERO 1.--La misma.

HAMLET.--Ay, pobre Yorick...! Yo le conoc, Horacio... Era un hombre
sumamente gracioso, de la ms fecunda imaginacin. Me acuerdo que
siendo yo nio me llev mil veces sobre sus hombros... y ahora su vista
me llena de horror, y oprimido el pecho palpita... Aqu estuvieron
aquellos labios donde yo d besos sin nmero... Qu se hicieron tus
burlas, tus brincos, tus cantares y aquellos chistes repentinos que de
ordinario animaban la mesa con alegre estrpito? Ahora, falto ya
enteramente de msculos, ni aun puedes reirte de tu propia deformidad...
Ve al tocador de una de nuestras damas, y dile, para excitar su risa,
que por ms que se ponga una pulgada de afeite en el rostro, al fin
habr de experimentar esta misma transformacin... (_Tira la calavera al
montn de tierra inmediato  la sepultura_). Dme una cosa, Horacio.

HORACIO.--Cul es, seor?

HAMLET.--Crees t que Alejandro metido debajo de tierra tendra esa
forma?

HORACIO.--Cierto que s.

HAMLET.--Y exhalara este mismo hedor?... Uh!

HORACIO.--Sin diferencia alguna.

     (El sepulturero primero, acabada la excavacin, sale de la
     sepultura y se pasea hacia el fondo del teatro. Viene despus el
     sepulturero segundo, que trae el aguardiente; beben y hablan entre
     s, permaneciendo retirados hasta la escena siguiente, como lo
     indica el dilogo.)

HAMLET.--En qu abatimiento hemos de parar, Horacio!... Y por qu no
podra la imaginacin seguir las ilustres cenizas de Alejandro hasta
encontrarlas tapando la boca de algn barril?

HORACIO.--A fe, que sera excesiva curiosidad ir  examinarlo.

HAMLET.--No, no por cierto. No hay sino irle siguiendo hasta conducirle
all con probabilidad y sin violencia alguna. Como si dijramos:
Alejandro muri, Alejandro fu sepultado, Alejandro se redujo  polvo,
el polvo es tierra, de la tierra hacemos barro... Y por qu con este
barro, en que l est ya convertido, no habrn podido tapar un barril de
cerveza? El emperador Csar, muerto y hecho tierra, puede tapar un
agujero para estorbar que pase el aire... Oh! Y aquella tierra que tuvo
atemorizado el orbe, servir tal vez de reparar las hendiduras de un
tabique contra las intemperies del invierno... Pero callemos...
hagmonos  un lado, que... S... aqu viene el rey, la reina, los
grandes... A quin acompaan? Qu ceremonial tan incompleto es
ste!... Todo ello me anuncia que el difunto que conducen di fin  su
vida con desesperada mano... Sin duda era persona de calidad.
Ocultmonos un poco, y observa.


ESCENA III

     CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, LAERTES, HORACIO, un cura, dos
     sepultureros, acompaamiento de damas, caballeros y criados.

     (Conducen entre cuatro hombres el cadver de Ofelia, vestida con
     tnica blanca y coronada de flores. Detrs sigue el preste y todos
     los que hacen el duelo, atravesando el teatro  paso lento, hasta
     llegar  donde est la sepultura. Suena el clamor de las campanas.
     Hamlet y Horacio se retiran  un extremo del teatro.)

LAERTES.--Qu otra ceremonia falta?

HAMLET.--Mira, aqul es Laertes, joven muy ilustre.

LAERTES.--Qu ceremonia falta?

EL CURA.--Ya se han celebrado sus exequias con toda la decencia posible.
Su muerte da lugar  muchas dudas, y  no haberse interpuesto la suprema
autoridad que modifica las leyes, hubiera sido colocada en lugar
profano; all estuviera hasta que sonase la trompeta final, y en vez de
oraciones piadosas, hubieran cado sobre su cadver guijarros, piedras y
cascote. No obstante esto, se le han concedido las vestiduras y adornos
virginales, el clamor de las campanas y la sepultura.

LAERTES.--Con que no se debe hacer ms?

EL CURA.--No ms. Profanaramos los honores sagrados de los difuntos,
cantando un _requiem_ para implorar el descanso de su alma, como se hace
por aqullos que parten de esta vida con ms cristiana disposicin.

LAERTES.--Dadle tierra, pues. _(Ponen el cadver de Ofelia en la
sepultura_). Sus hermosos  intactos miembros acaso producirn violetas
suaves. Y  ti, clrigo zafio, te anuncio que mi hermana ser un ngel
del Seor, mientras t estars bramando en los abismos.

HAMLET.--Qu!... La hermosa Ofelia!

GERTRUDIS.--Dulces dones  mi dulce amiga. (_Esparce flores sobre el
cadver_). Adis... Yo deseaba que hubieras sido la esposa de mi Hamlet,
graciosa doncella, y esper cubrir de flores tu lecho nupcial... pero no
tu sepulcro.

LAERTES.--Oh! una y mil veces sea maldito aqul cuya accin inhumana
te priv  ti del ms sublime entendimiento!... No... esperad un
instante; no echis la tierra todava... no... hasta que otra vez la
estreche en mis brazos... (_Mtese en la sepultura_). Echadla ahora
sobre la muerta y el vivo, hasta que de este llano hagis un monte que
descuelle sobre el antiguo Pelin,  sobre la azul extremidad del Olimpo
que toca los cielos.

HAMLET.--Quin es el que da  sus penas idioma tan enftico, el que as
invoca en su afliccin  las estrellas errantes, hacindolas detenerse
admiradas  oirle?... Yo soy Hamlet, prncipe de Dinamarca.

     (Atravesando por en medio de todos, va hacia la sepultura, entra en
     ella, y luchan l y Laertes, y se dan puadas. Algunos de los
     circunstantes van all, los sacan del hoyo y los separan.)

LAERTES.--El demonio lleve tu alma.

HAMLET.--No es justo lo que pides... Quita esos dedos de mi cuello;
porque aunque no soy precipitado ni colrico, algn riesgo hay en
ofenderme, y si eres prudente debes evitarle... Quita de ah esa mano.

CLAUDIO.--Separadlos.

GERTRUDIS.--Hamlet! Hamlet!

TODOS.--Seores!

HORACIO.--Moderaos, seor.

HAMLET.--No; por causa tan justa lidiar con l hasta que cierre mis
prpados la muerte.

GERTRUDIS.--Qu causa puede haber, hijo mo?

HAMLET.--Yo he querido  Ofelia, y cuatro mil hermanos juntos no podrn
con todo su amor exceder al mo... Qu quieres hacer por ella? D.

CLAUDIO.--Laertes, mira que est loco.

GERTRUDIS.--Por Dios, Laertes, djale.

HAMLET.--Dime lo que intentas hacer. (_Los sepultureros llenan la
sepultura de tierra y la apisonan_). Quieres llorar, combatir, negarte
al sustento, hacerte pedazos, beber todo el Esil, devorar un caimn? Yo
lo har tambin... Vienes aqu  lamentar su muerte,  insultarme
precipitndote en su sepulcro,  ser enterrado vivo con ella? Pues bien,
eso quiero yo; y si hablas de montes, descarguen sobre nosotros yugadas
de tierra innumerables, hasta que estos campos tuesten su frente en la
trrida zona, y el alto Osa parezca en su comparacin un terrn
pequeo... Si me hablas con soberbia, yo usar un lenguaje tan altanero
como el tuyo.

GERTRUDIS.--Todos son efectos de su frenes, cuya violencia podr
agitarle por algn tiempo; pero despus, semejante  la mansa paloma
cuando siente animadas las mellizas cras, le veris sin movimiento y
mudo.

HAMLET.--Oyeme: cul es la razn de obrar as conmigo?... Siempre te he
querido bien... Pero... nada importa. Aunque el mismo Hrcules con todo
su poder quisiera estorbarlo, el gato mayar y el perro quedar
vencedor. (_Vase Hamlet y Horacio le sigue_).

CLAUDIO.--Horacio, ve, no le abandones... Laertes, nuestra pltica de la
noche anterior fortificar tu paciencia mientras dispongo lo que importa
en la ocasin presente... Amada Gertrudis, ser bien que alguno se
encargue de la guarda de tu hijo... Esta sepultura se adornar con un
monumento durable... Espero que gozaremos brevemente horas ms
tranquilas; pero entre tanto conviene sufrir.


ESCENA IV

     Saln de palacio, el mismo que sirvi para la representacin, con
     asientos que han de ocuparse en la escena IX.

HAMLET, HORACIO


HAMLET.--Baste ya lo dicho sobre esta materia. Ahora quisiera informarte
de lo dems; pero, te acuerdas bien de todas las circunstancias?

HORACIO.--No he de acordarme, seor?

HAMLET.--Pues sabrs, amigo, que agitado continuamente mi corazn en una
especie de combate, no me permita conciliar el sueo, y en tal
situacin me juzgaba ms infeliz que el delincuente cargado de
prisiones. Una temeridad... Bien que debo dar gracias  esta temeridad,
pues por ella existo... S, confesemos que tal vez nuestra indiscrecin
suele sernos til, al paso que los planes concertados con la mayor
sagacidad se malogran; prueba certsima de que la mano de Dios conduce 
su fin todas nuestras acciones, por ms que el hombre las ordene sin
inteligencia.

HORACIO.--As es la verdad.

HAMLET.--Salgo, pues, de mi camarote, mal rebujado con un vestido de
marinero; y  tientas, favorecido de la obscuridad, llego hasta donde
ellos estaban. Logro mi deseo, me apodero de sus papeles, y me vuelvo 
mi cuarto. All, olvidando mis recelos toda consideracin, tuve la
osada de abrir sus despachos, y en ellos encuentro, amigo, una alevosa
del rey. Una orden precisa, apoyada en varias razones de ser importante
 la tranquilidad de Dinamarca y aun  la de Inglaterra, y... oh! mil
temores y anuncios de mal, si me dejan vivo... En fin, deca que luego
que fuese leda, sin dilacin ni aun para afinar  la segur el filo, me
cortasen la cabeza.

HORACIO.--Es posible?

HAMLET.--Mira la orden aqu (_le ensea un pliego, y vuelve 
guardrsele_), podrs leerla en mejor ocasin. Pero, quieres saber lo
que yo hice?

HORACIO.--S, yo os lo ruego.

HAMLET.--Ya ves cmo rodeado as de traiciones, ya ellos haban empezado
el drama aun antes de que yo hubiese comprendido el prlogo. No
obstante, sintome al bufete, imagino una orden distinta, y la escribo
inmediatamente de buena letra... Yo cre algn tiempo (como todos los
grandes seores) que el escribir bien fuese un desdoro, y aun no dej de
hacer muchos esfuerzos para olvidar esta habilidad; pero ahora conozco,
Horacio, cun til me ha sido tenerla. Quieres saber lo que el escrito
contena?

HORACIO.--S, seor.

HAMLET.--Una splica del rey dirigida con grandes instancias al de
Inglaterra, como  su obediente mandatario, dicindole que su recproca
amistad florecer como la palma robusta; que la paz coronada de espigas
mantendra la quietud de ambos imperios, unindolos en amor durable, con
otras expresiones no menos afectuosas; pidindole por ltimo, que vista
que fuese aquella carta, sin otro examen, hiciese perecer con pronta
muerte  los dos mensajeros, no dndoles tiempo ni aun para confesar su
delito.

HORACIO.--Y cmo la pudisteis sellar?

HAMLET.--Aun eso tambin parece que lo dispuso el cielo; porque
felizmente traa conmigo el sello de mi padre, por el cual se hizo el
que hoy usa el rey. Cierro el pliego en la forma que el anterior,
pngole la misma direccin, el mismo sello, le conduzco sin ser visto al
mismo paraje, y nadie nota el cambio... Al da siguiente ocurri el
combate naval: lo que despus sucedi, ya lo sabes.

HORACIO.--De ese modo, Guillermo y Ricardo caminan derechos a la muerte.

HAMLET.--Ya ves que ellos han solicitado este encargo; mi conciencia no
me acusa acerca de su castigo... Ellos mismos se han procurado su
ruina... Es muy peligroso al inferior meterse entre las puntas de las
espadas, cuando dos enemigos poderosos lidian.

HORACIO.--Oh, qu rey ste!

HAMLET.--Juzgas t que no estoy en obligacin de proseguir lo que
falta? El que asesin a mi padre y mi rey, que ha deshonrado  mi
madre, que se ha introducido furtivamente entre el solio y mis derechos
justos, que ha conspirado contra mi vida valindose de medios tan
aleves... no ser justicia rectsima castigarle con esta mano? No ser
culpa en m tolerar que ese monstruo exista para cometer, como hasta
aqu, maldades atroces?

HORACIO.--Presto le avisarn de Inglaterra cul ha sido el xito de su
solicitud.

HAMLET.--S, presto lo sabr; pero entre tanto el tiempo es mo, y para
quitar  un hombre la vida un instante basta... Slo me disgusta, amigo
Horacio, el lance ocurrido con Laertes, en que olvidado de m propio, no
vi en mi sentimiento la imagen y semejanza del suyo. Procurar su
amistad, s... Pero, ciertamente, aquel tono amenazador que daba  sus
quejas irrit en exceso mi clera.

HORACIO.--Callad... Quin viene aqu?


ESCENA V

HAMLET, HORACIO, ENRIQUE


ENRIQUE.--En hora feliz haya regresado V. A.  Dinamarca.

HAMLET.--Muchas gracias, caballero... Conoces  este moscn?

HORACIO.--No, seor.

HAMLET.--Nada se te d, que el conocerle es por cierto, poco agradable.
Este es seor de muchas tierras y muy frtiles, y por ms que l sea un
bestia que manda en otros tan bestias como l, ya se sabe, tiene su
pesebre fijo en la mesa del rey... Es la corneja ms charlera que en mi
vida he visto; pero, como te he dicho ya, posee una gran porcin de
polvo.

ENRIQUE.--Amable prncipe, si vuestra grandeza no tiene ocupacin que se
lo estorbe, yo le comunicara una cosa de parte del rey.

HAMLET.--Estoy dispuesto  oirla con la mayor atencin... Pero emplead
el sombrero en el uso  que fu destinado. El sombrero se hizo para la
cabeza.

ENRIQUE.--Muchas gracias, seor... Eh! el tiempo est caluroso.

HAMLET.--No, al contrario, muy fro. El viento es norte.

ENRIQUE.--Cierto, que hace bastante fro.

HAMLET.--Antes yo creo...  lo menos para mi complexin, hace un calor
que abrasa.

ENRIQUE.--Oh! en extremo... sumamente fuerte, como... yo no s cmo
diga... Pues, seor, el rey me manda que os informe de que ha hecho una
grande apuesta en vuestro favor. Este es el asunto.

HAMLET.--Tened presente que el sombrero se...

ENRIQUE.--Oh! seor... lo hago por comodidad... cierto... Pues ello es
que Laertes acaba de llegar  la corte... Oh! es un perfecto caballero,
no cabe duda. Excelentes cualidades, un trato muy dulce, muy bienquisto
de todos... Cierto, hablando sin pasin, es menester confesar que es la
nata y flor de la nobleza, porque en l se hallan cuantas prendas pueden
verse en un caballero.

HAMLET.--La pintura que de l hacis no desmerece nada en vuestra boca,
aunque yo cre que al hacer el inventario de sus virtudes se
confundiran la aritmtica y la memoria, y ambas seran insuficientes
para suma tan larga. Pero sin exagerar su elogio, yo le tengo por un
hombre de grande espritu y de tan particular y extraordinaria
naturaleza, que (hablando con toda la exactitud posible) no se hallar
su semejanza sino en su mismo espejo; pues el que presuma buscarla en
otra parte slo encontrar bosquejos informes.

ENRIQUE.--V. A. acaba de hacer justicia imparcial en cuanto ha dicho de
l.

HAMLET.--S; pero spase  qu propsito nos enronquecemos ahora,
entrometiendo en nuestra conversacin las alabanzas de ese galn.

ENRIQUE.--Cmo decs, seor?

HORACIO.--No fuera mejor que le hablarais con ms claridad? Yo creo,
seor, que no os sera difcil.

HAMLET.--Digo que  qu viene ahora hablar de ese caballero?

ENRIQUE.--De Laertes?

HORACIO.--Eh! ya vaci cuanto tena, y se le acab la provisin de
frases brillantes.

HAMLET.--S; seor; de se mismo.

ENRIQUE.--Yo creo que no estaris ignorante de...

HAMLET.--Quisiera que no me tuvierais por ignorante; bien que vuestra
opinin no me aadira un gran concepto... Y bien, qu ms?

ENRIQUE.--Deca, que no podis ignorar el mrito de Laertes.

HAMLET.--Yo no me atrever  confesarlo por no igualarme con l, siendo
averiguado que para conocer bien  otro es menester conocerse bien  s
mismo.

ENRIQUE.--Yo lo deca por su destreza en el arma, puesto que segn la
voz general, no se le conoce compaero.

HAMLET.--Y qu arma es la suya?

ENRIQUE.--Espada y daga.

HAMLET.--Esas son dos armas... Vaya, adelante.

ENRIQUE.--Pues, seor, el rey ha apostado contra l seis caballos
brbaros, y l ha impuesto por su parte (segn he sabido) seis espadas
francesas con sus dagas y guarniciones correspondientes, como cinturn,
colgantes, y as  este tenor... Tres de estas cureas particularmente
son la cosa ms bien hecha que puede darse. Cureas como ellas!... Oh!
es obra de mucho gusto y primor.

HAMLET.--Y  qu cosa llamis cureas?

HORACIO.--Ya recelaba yo que sin el socorro de notas marginales no
pudierais acabar el dilogo.

ENRIQUE.--Seor, por cureas entiendo yo, as, los... los cinturones...

HAMLET.--La expresin sera mucho ms propia, si pudiramos llevar al
lado un can de artillera; pero en tanto que este uso no se introduce,
los llamaremos cinturones... En fin, vamos al asunto. Seis caballos
brbaros contra seis espadas francesas con sus cinturones, y entre ellos
tres cureas primorosas... Conque esto es lo que apuesta el francs
contra el dinamarqus? Y  qu fin se han impuesto (como vos decs)
todas esas cosas?

ENRIQUE.--El rey ha apostado que si batallis con Laertes, en doce
jugadas no pasarn de tres botonazos los que l os d; y l dice, que
en las mismas doce os dar nueve cuando menos, y desea que esto se
juzgue inmediatamente, si os dignis de responder.

HAMLET.--Y si respondo que no?

ENRIQUE.--Quiero decir, si admits el partido que os propone.

HAMLET.--Pues, seor, yo tengo que pasearme todava en esta sala; porque
si S. M. no lo ha por enojo, sta es la hora crtica en que yo
acostumbro respirar el ambiente. Triganse aqu los floretes, y si ese
caballero lo quiere as, y el rey se mantiene en lo dicho, le har ganar
la apuesta si puedo; y si no puedo, lo que yo ganar ser vergenza y
golpes.

ENRIQUE.--Con que lo dir en esos trminos?

HAMLET.--Esta es la substancia; despus lo podis adornar con todas las
flores de vuestro ingenio.

ENRIQUE.--Seor, recomiendo nuevamente mis respetos  vuestra grandeza.

HAMLET.--Siempre vuestro, siempre.


ESCENA VI

HAMLET, HORACIO


HAMLET.--El hace muy bien de recomendarse  si mismo; porque si no, dudo
mucho que nadie lo hiciese por l.

HORACIO.--Este me parece un vencejo que empez  volar y chillar con el
cascarn pegado  las plumas.

HAMLET.--S, y aun antes de mamar haca ya cumplimientos  la teta...
Este es uno de los muchos que en nuestra corrompida edad son estimados,
nicamente porque saben acomodarse al gusto del da con esa exterioridad
halagea y obsequiosa... y con ella tal vez suelen sorprender el
aprecio de los hombres prudentes; pero se parecen demasiado  la espuma,
que por ms que hierva y abulte, al dar un soplo se reconoce lo que es;
todas las ampollas huecas se deshacen, y no queda nada en el vaso.


ESCENA VII

HAMLET, HORACIO, un Caballero


CABALLERO.--Seor, parece que S. M. os envi un recado con el joven
Enrique, y ste ha vuelto diciendo que esperabais en esta sala. El rey
me enva  saber si gustis de batallar con Laertes inmediatamente,  si
queris que se dilate.

HAMLET.--Yo soy constante en mi resolucin, y la sujeto  la voluntad
del rey. Si esta hora fuese cmoda para l, tambin lo es para m:
conque hgase al instante  cuando guste, con tal que me halle en la
buena disposicin que ahora.

CABALLERO.--El rey y la reina bajan con toda la corte.

HAMLET.--Muy bien.

CABALLERO.--La reina quisiera que antes de comenzar la batalla,
hablarais  Laertes con dulzura y expresiones de amistad.

HAMLET.--Es advertencia muy prudente.


ESCENA VIII

HAMLET, HORACIO


HORACIO.--Temo que habis de perder, seor.

HAMLET.--No, yo pienso que no. Desde que l parti para Francia, no he
cesado de ejercitarme, y creo que le llevar ventaja... Pero... no
podrs imaginarte qu angustia siento aqu en el corazn... Y sobre
qu?... No hay motivo...

HORACIO.--Con todo eso, seor...

HAMLET.--Ilusiones vanas!... Especies de presentimientos capaces slo
de turbar un alma femenil.

HORACIO.--Si sents interiormente alguna repugnancia, no hay por qu
empearos. Yo me adelantar  encontrarlos, y les dir que estis
indispuesto.

HAMLET.--No, no... Me burlo yo de tales presagios. Hasta en la muerte de
un pajarillo interviene una providencia irresistible. Si mi hora es
llegada, no hay que esperarla; si no ha de venir ya, seal que es hora;
y si ahora no fuese, habr de ser despus: todo consiste en hallarse
prevenido para cuando venga. Si el hombre al terminar su vida ignora
siempre lo que podra ocurrir despus, qu importa que la pierda tarde
 presto? Sepa morir.


ESCENA IX

     HAMLET, HORACIO, CLAUDIO, GERTRUDIS, LAERTES, ENRIQUE, caballeros,
     damas, acompaamiento


CLAUDIO.--Ven, Hamlet, ven y recibe esta mano que te presento. (_Hace
que Hamlet y Laertes se den la mano_).

HAMLET.--Laertes, si estis ofendido de m, os pido perdn. Perdonadme
como caballero. Cuantos se hallan presentes saben, y aun vos mismo lo
habris odo, el desorden que mi razn padece. Cuanto haya hecho
insultando la ternura de vuestro corazn, vuestra nobleza  vuestro
honor, cualquiera accin, en fin, capaz de irritaros, declaro
solemnemente en este lugar que ha sido efecto de mi locura. Puede
Hamlet haber ofendido  Laertes? No. Hamlet no ha sido, porque estaba
fuera de s; y si en tal ocasin (en que l  s propio se desconoca)
ofendi  Laertes, no fu Hamlet el agresor, porque Hamlet lo desaprueba
y lo desmiente. Pues quin puede ser? Su demencia sola... Siendo esto
as, el desdichado Hamlet es partidario del ofendido, al paso que en su
propia locura reconoce su mayor contrario. Permitid, pues, que delante
de esta asamblea me justifique de toda siniestra intencin, y espero de
vuestro nimo generoso el olvido de mis desaciertos. Disparaba el arpn
sobre los muros de ese edificio; y por error her  mi hermano.

LAERTES.--Mi corazn, cuyos impulsos naturales eran los primeros 
pedirme en este caso venganza, queda satisfecho. Mi honra no me permite
pasar adelante, ni admitir reconciliacin alguna, hasta que examinado el
hecho por ancianos y virtuosos rbitros, se declare que mi pundonor est
sin mancilla. Mientras llega este caso, admito con afecto recproco el
que me anunciis, y os prometo de no ofenderle.

HAMLET.--Yo recibo con sincera gratitud ese ofrecimiento, y en cuanto 
la batalla que va  comenzarse, lidiar con vos como si mi competidor
fuese mi hermano... Vamos. Dadnos floretes.

LAERTES.--S, vamos... uno  m.

HAMLET.--La victoria no os ser difcil: vuestra habilidad lucir sobre
mi ignorancia, como una estrella resplandeciente entre las tinieblas de
la noche.

LAERTES.--No os burlis, seor.

HAMLET.--No, no me burlo.

CLAUDIO.--Dales floretes, joven Enrique. Hamlet, ya sabes cules son las
condiciones.

HAMLET.--S, seor, y en verdad que habis apostado por el ms dbil.

     (Traen los criados una mesa, y en ella, cuando lo manda Claudio,
     ponen jarros y copas de oro que llenan de vino. Claudio y Gertrudis
     se sientan junto  la mesa, y todos los dems, segn su clase,
     ocupan los asientos restantes. Quedan en pie los criados que sirven
     las copas, Hamlet y Laertes, que se disponen para batallar, y
     Horacio y Enrique en calidad de jueces  padrinos.)

CLAUDIO.--No temo perder. Yo os he visto ya esgrimir  entrambos, y
aunque l haya adelantado despus, por eso mismo el premio es mayor 
favor nuestro.

LAERTES.--Este es muy pasado. Dejadme ver otro.

     (_Enrique presenta varios floretes. Hamlet toma uno, y Laertes
     escoge otro_).

HAMLET.--Este me parece bueno... Son todos iguales?

ENRIQUE.--S, seor.

CLAUDIO.--Cubrid esta mesa de copas llenas de vino. Si Hamlet da la
primera  segunda estocada,  en la tercera suerte da un quite al
contrario, disparen toda la artillera de las almenas. El rey beber 
la salud de Hamlet, echando en la copa una perla ms preciosa que la que
han usado en su corona los cuatro ltimos soberanos daneses... Traed las
copas, y el timbal diga  las trompetas, las trompetas al artillero
distante, los caones al cielo, y el cielo  la tierra: ahora brinda el
rey de Dinamarca  la salud de Hamlet... Comenzad, y vosotros, que
habis de juzgarlos, observad atentos.

HAMLET.--Vamos.

LAERTES.--Vamos, seor. (_Batallan Hamlet y Laertes_).

HAMLET.--Una.

LAERTES.--No.

HAMLET.--Que juzguen.

ENRIQUE.--Una estocada, no hay duda.

LAERTES.--Bien; a otra.

CLAUDIO.--Esperad... Dadme de beber. (_Claudio echa una perla en la copa
y bebe, alarga despus la copa  Hamlet, y l rehusa tomarla. Suena  lo
lejos ruido de trompetas y caonazos_). Hamlet, esta perla es pana ti, y
brindo con ella  tu salud. Dadle la copa.

HAMLET.--Esperad un poco. (_Vuelven  batallar_). Quiero dar este bote
primero. Vamos... Otra estocada. Qu decs?

LAERTES.--S, me ha tocado: lo confieso.

CLAUDIO.--Oh! nuestro hijo vencer.

GERTRUDIS.--Est grueso y se fatiga demasiado. Ven aqu, Hamlet, toma
este lienzo y lmpiate el rostro... La reina brinda  tu buena fortuna,
querido Hamlet.

     (_Toma la copa y bebe; Claudio lo quiere estorbar; y Gertrudis bebe
     segunda vez_).

HAMLET.--Muchas gracias, seora.

CLAUDIO.--No, no bebis.

GERTRUDIS.--Oh! seor, perdonadme, yo he de beber.

CLAUDIO.--La copia envenenada!... Pero... no hay remedio.

HAMLET.--No, ahora no bebo, esperad un instante.

GERTRUDIS.--Ven, hijo mo, te limpiar el sudor del rostro.

LAERTES.--Ahora veris si le acierto.

     (_Laertes habla con Claudio en voz baja, mientras Gertrudis limpia
     con un lienzo el sudor  Hamlet_).

CLAUDIO.--Yo pienso que no.

LAERTES.--No s qu repugnancia siento al ir  ejecutarlo.

HAMLET.--Vamos  la tercera, Laertes... Pero bien se ve que lo tomis a
fiesta: batallad, os ruego, con ms ahinco. Mucho temo que os burlis de
m.

LAERTES.--Eso decs, seor? Vamos. (_Batallan_).

ENRIQUE.--Nada: ni uno ni otro.

LAERTES.--Ahora... sta...

     (Vuelven  batallar; se enfurecen, trucanse las espadas y quedan
     heridos los dos. Horacio y Enrique los separan con dificultad;
     Gertrudis cae moribunda en los brazos de Claudio. Todo es terror y
     confusin.)

CLAUDIO.--Parece que se acaloran demasiado... Separadlos.

HAMLET.--No, no, vamos otra vez.

ENRIQUE.--Ved qu tiene la reina... Cielos!

HORACIO.--Ambos heridos! Qu es esto, seor?

ENRIQUE.--Cmo ha sido, Laertes?

LAERTES.--Esto es haber cado en el lazo que prepar... justamente muero
vctima de mi propia traicin.

HAMLET.--Qu tiene la reina?

CLAUDIO.--Se ha desmayado al veros heridos.

GERTRUDIS.--No, no... La bebida!... Querido Hamlet!... La bebida!....
Me han envenenado!

(_Queda muerta en la silla_).

HAMLET.--Oh, qu alevosa!... Oh!... Cerrad las puertas... Traicin...
Buscad por todas partes...

LAERTES.--No, el traidor est aqu. (_Dir esto sostenido por Enrique_).
Hamlet, t eres muerto... No hay medicina que pueda salvarte: vivirs
media hora apenas... En tu mano est el instrumento aleve, baada con
ponzoa su aguda punta... Volvise en mi dao la trama indigna!...
Vesme aqu postrado para no levantarme jams... Tu madre ha bebido un
tsigo... No puedo proseguir... El rey, el rey es el delincuente.

     (Claudio quiere huir. Hamlet corre  l furioso, y le atraviesa la
     espada por el cuerpo. Toma la copa envenenada, y se la hace apurar
     por fuerza. Le deja muerto en el suelo, y vuelve  oir las ltimas
     palabras de Laertes.)

HAMLET.--Est envenenada esta punta? Pues, veneno, produce tus
efectos.

TODOS.--Traicin, traicin.

CLAUDIO.--Amigos, estoy herido... Defendedme.

HAMLET.--Malvado, incestuoso, asesino! Bebe esta ponzoa... Est la
perla aqu? S, toma, acompaa  mi madre.

LAERTES.--Justo castigo!... El mismo prepar la pocin mortal...
Olvidmonos de todo, generoso Hamlet, y... Oh, no caiga sobre ti la
muerte de mi padre y la ma, ni sobre m la tuya! (_Cae muerto_).

HAMLET.--El cielo te perdone... Ya voy  seguirte... Yo muero,
Horacio... Adis, reina infeliz... (_Abrazando el cadver de
Gertrudis_). Vosotros, que asists plidos y mudos con el temor  este
suceso terrible.... Si yo tuviera tiempo... (_Empieza  manifestar
desfallecimiento y angustias de muerte. Parte de los manifestantes le
acompaan y sostienen. Horacio hace extremos de dolor_). La muerte es un
ministro inexorable que no dilata la ejecucin... Yo pudiera deciros...
pero no es posible. Horacio, yo muero. T, que vivirs, refiere la
verdad y los motivos de mi conducta  quien los ignora.

HORACIO.--Vivir? No lo creis. Yo tengo alma romana, y aun ha quedado
aqu parte del tsigo.

     (Busca en la mesa el jarro del veneno, echa porcin de l en una
     copa, va  beber. Hamlet quiere estorbrselo. Los criados quitan la
     copa  Horacio, la toma Hamlet, y la tira al suelo.)

HAMLET.--Dame esa copa... presto... por Dios te lo pido. Oh, querido
Horacio! si esto permanece oculto, qu manchada reputacin dejar
despus de mi muerte! Si alguna vez me diste lugar en tu corazn,
retarda un poco esa felicidad que apeteces, alarga por algn tiempo la
fatigosa vida en este mundo lleno de miserias, y divulga por l mi
historia... Qu estrpito militar es ste?

(_Suena msica militar, que se va aproximando lentamente_).


ESCENA X

HAMLET, HORACIO, ENRIQUE, un Caballero y acompaamiento


CABALLERO.--El joven Fortimbrs, que vuelve vencedor de Polonia, saluda
con la salva marcial que os, a los embajadores de Inglaterra.

HAMLET.--Yo espiro, Horacio; la activa ponzoa sofoca mi aliento... No
puedo vivir para saber nuevas de Inglaterra; pero me atrevo  anunciar
que Fortimbrs ser elegido por aquella nacin. Yo moribundo le doy mi
voto... Dselo t, e infrmale de cuanto acaba de ocurrir... Oh! Para
m slo queda ya... silencio eterno.

(_Muere_).

HORACIO.--En fin, se rompe ese gran corazn!... Adis, adis, amado
prncipe. (_Le besa las manos, y hace ademanes de dolor_). Los coros
anglicos te acompaen al celeste descanso!... Pero, cmo se acerca
hasta aqu ese estruendo de tambores?


ESCENA XI

     FORTIMBRAS, dos embajadores, HORACIO, ENRIQUE, soldados,
     acompaamiento


FORTIMBRS.--En dnde est ese espectculo?

HORACIO.--Qu buscis aqu? Si no queris ver desgracias espantosas, no
pasis adelante.

FORTIMBRS.--Oh! Este destrozo pide sangrienta venganza... Soberbia
muerte, qu festn dispones en tu morada infernal, que as has herido
con un golpe solo tantas ilustres vctimas?

EMBAJADOR 1..--Horroriza el verlo!... Tarde hemos llegado con los
mensajes de Inglaterra. Los odos  quienes debamos dirigirlos son ya
insensibles. Sus rdenes fueron puntualmente ejecutadas. Ricardo y
Guillermo perdieron la vida... Pero, quin nos dar las gracias de
nuestra obediencia?

HORACIO.--No las recibirais de su boca aunque viviese todava, que l
nunca di orden para tales muertes. Pero puesto que vos, viniendo
victorioso de la guerra contra Polonia, y vosotros, enviados de
Inglaterra, os hallis juntos en este lugar, y os veo deseosos de
averiguar este suceso trgico, disponed que esos cadveres se expongan
sobre una tumba elevada  la vista pblica, y entonces har saber al
mundo, que lo ignora, el motivo de estas desgracias. Me oiris hablar
(pues todo os lo sabr referir fielmente) de acciones crueles, brbaras,
atroces: sentencias que dict el acaso, estragos imprevistos, muertes
ejecutadas con violencia y aleve astucia, y al fin proyectos malogrados
que han hecho perecer  sus autores mismos.

FORTIMBRS.--Deseo con impaciencia oiros, y convendr que se reuna con
este objeto la nobleza de la nacin. No puedo mirar sin horror los dones
que me ofrece la fortuna; pero tengo derechos muy antiguos  esta
corona, y en tal ocasin es justo reclamarlos.

HORACIO.--Tambin puedo hablar en ese propsito, declarando el voto que
pronunci aquella boca que ya no formar sonido alguno... Pero ahora que
los nimos estn en peligroso movimiento, no se dilate la ejecucin un
instante solo, para evitar los males que pudieran causar la malignidad 
el error.

FORTIMBRS.--Cuatro de mis capitanes lleven al tmulo el cuerpo de
Hamlet con las insignias correspondientes  un guerrero. Ah! si l
hubiese ocupado el trono, sin duda hubiera sido un excelente monarca...
Resuene la msica militar por donde pase la pompa fnebre, y hgansele
todos los honores de la guerra... Quitad, quitad de ah esos cadveres.
Espectculo sangriento ms es propio de un campo de batalla que de este
sitio... Y vosotros haced que salude con descargas todo el ejrcito.


                             FIN DEL DRAMA

                   *       *       *       *       *

                             TEATRO FACIL


Obras de facilsima representacin por su sencillez de decorado y pocos
personajes

Hombres Mujeres

 1        0 =Como rezan las solteras=, por R. de Campoamor

 2        3 =Sistema Ollendorff=, por Felipe Prez Capo

 1        1  =Cartas de novios=, por Enrique Arroyo

 0        2 =Pescadores de caa=, por A. Mundet

 0        5 =A prima fija=, por P. Muoz Seca

 1        0 =La ltima carta=, por F. Flores Garca.

 2        2 =La marquesita loca=, por A. Jimenez Lora

 1        1 =El caminante=, por R. J. Catarineu

 1        0 =Marinera=, por Joaqun Dicenta

 1        1 =Caminico e la juente=, por Portusach y Castellv

 0        2  =El len de bronce=, por Joaqun Dicenta

 3        0  =Rosas todo el ao=, por Julio Dantas

 2        2  =El billete del baile=, por L. Mill y E. Arroyo

 1        2  =Los hombres=, por Armando Oliveros

 1        1 =Lo que hace el querer=, por Domingo Moreno

 5        2 =Nunca es tarde=, por A. Insua y A. Hernndez Cat

 1        5 =El grito de libertad=, por Augusto Fochs

 1        2 =Peticin de mano=, por Alberto Cosin

 2        2 =Locura=, boceto de drama en un acto, por J. A.

 2        2 =Por una furlana!=, juguete por T. de Mun

 1        2 =Un ojo de cristal=, juguete en un acto, por L. Emeg

 2        3 =Bailes rusos=, juguete por T. de Mun

 0        6 =El 4. acto del Tenorio=, por Po M. Glain

 0        6 =La factura de un incendio=, por Gil Pimoan

 0        7 =El to de su sobrino=, por M. P. y R.

 2        3 =Qu escndalo!=, juguete cmico, por Gil Pimoan

 0        5 =Expiacin=, cuadro dramtico, por M. P. Areri

 1        1 =La cajita de rap=, dilogo por Luis Mill

 1        6 =Los tres novios de Petrilla=, por Magin P. Riera

 1        5 =El seor empresario=, por Gil Pimoon

=A 50 cntimos cada obra=

Casa Editorial Maucci, Mallorca, 166.--Barcelona





End of the Project Gutenberg EBook of Hamlet, by 
William Shakespeare and L. Fernndez Moratn

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work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
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Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
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The Foundation is committed to complying with the laws regulating
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States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
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SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
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approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
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Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
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ways including checks, online payments and credit card donations.
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Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


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