The Project Gutenberg EBook of El Viaje a Nicaragua  Historia de mis
libros, by Rubn Daro

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org/license


Title: El Viaje a Nicaragua  Historia de mis libros
       Obras Completas, Vol. XVII

Author: Rubn Daro

Illustrator: Enrique Ochoa

Release Date: April 1, 2017 [EBook #54471]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL VIAJE A NICARAGUA ***




Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and
the Online Distributed Proofreading Team at
http://www.pgdp.net (This file was produced from images
generously made available by The Internet Archive/Canadian
Libraries)






                        Notas del Transcriptor:

  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Los errores obvios de puntuacin y de imprenta han sido corregidos.

  Las pginas en blanco han sido eliminadas.

  El texto en cursiva se indica con _guin bajo_.

  El texto en letra versalita (versalilla) ha sido sustituido por
  maysculas.

  Los superndices se indican con el smbolo ^circunflejo.

  Las ilustraciones y sus textos introductorios que aparecen en el
  original dentro de los captulos se han trasladado entre stos.

                   *       *       *       *       *



                         EL VIAJE A NICARAGUA

                             [Ilustracin]




                             [Ilustracin:

                         ...EN CIUDADES DONDE
                          SONREN MUJERES DE
                           AMOR Y GRACIA...]




                             [Ilustracin:

                              RUBN DARO

                              EL VIAJE A
                               NICARAGUA

                                   

                        HISTORIA DE MIS LIBROS


                             VOLUMEN XVII
                        DE LAS OBRAS COMPLETAS
                            ADMINISTRACIN
                       EDITORIAL MUNDO LATINO
                                MADRID

                             ILUSTRACIONES
                              DE E. OCHOA]




                             [Ilustracin]

                             ES PROPIEDAD




                               EL VIAJE
                              A NICARAGUA

                             [Ilustracin]




                             [Ilustracin]




                   _A la Sra. D.^a Blanca de Belaya_

                            _respetuoso homenaje._




                                   I


Tras quince aos de ausencia, deseaba yo volver a ver mi tierra natal.
Haba en m algo como una nostalgia del Trpico. Del paisaje, de las
gentes, de las cosas conocidas en los aos de la infancia y de la
primera juventud. La catedral, la casa vieja de tejas arbigas en donde
despert mi razn y aprend a leer; la ta abuela casi centenaria que
aun vive; los amigos de la niez que ha respetado la muerte, y tal
cual linda y delicada novia, hoy frondosa y prolfica mam por la obra
fecundante del tiempo. Quince aos de ausencia... Buenos Aires, Madrid,
Pars, y tantas idas y venidas continentales. Pens un buen da: ir a
Nicaragua. Sent en la memoria el sol trrido y vi los altos volcanes,
los lagos de agua azul en los antiguos crteres, as vastas tazas
demetricas como llenas de cielo lquido.

Y sal de Pars hacia el pas centroamericano, ardiente y pintoresco,
habitado por gente brava y cordial, entre bosques lujuriantes y
tupidos, en ciudades donde sonren mujeres de amor y gracia, y donde la
bandera del pas es azul y blanca, como la de la Repblica Argentina.

Me embarqu en un vapor francs, _La Provence_, en el puerto de
Cherbourg, y llegu a Nueva York sin ms incidente en la ruta que
una enorme ola de que habl mucho la prensa. Segn Luis Bonafoux, la
caricia del mar iba para m... Muchas gracias. Pas por la metrpoli
yanqui cuando estaba en pleno hervor una crisis financiera. Sent el
huracn de la Bolsa. Vi la omnipotencia del multimillonario y admir la
locura mammnica de la vasta capital del cheque.

Siempre que he pasado por esa tierra he tenido la misma impresin.
La precipitacin de la vida altera los nervios. Las construcciones
comerciales producen el mismo efecto psquico que las arquitecturas
abrumadoras percibidas por Quincey en sus estados tebaicos. El ambiente
delirio de las grandezas hace dao a la ponderacin del espritu.
Sintese algo all de primitivo y de supertrreo, de cainitas o de
marcianos. Los ascensores _express_ no son para mi temperamento, ni
las vastas oleadas de muchedumbres electorales tocando pitos, ni el
manethecelphrico rengln que al despertarme en la sombra de la noche
sola aparecer bajo el telfono en mi cuarto del Astor: _You have mail
in the office_.

Psima navegacin se hace de Nueva York a Coln. Los vapores son
pequeos y mal acondicionados. La comida, desolante: desde la sopas
dudosas hasta las suelas de engrudo envueltas en miel de ciertos
_cakes_ de la culinaria anglosajona.

Ya es el Trpico. Ya la casas de Coln se destacan entre las palmeras.
Ya se desembarca del muelle colons, entre jamaicanos, yanquis y
panameos medio yanquis. Y sents que estis en una prolongacin de los
Estados Unidos. Desde vuestro banco del saln de espera podis leer en
ingls sobre dos puertas de cierto lugar indispensable: _Para seoras
blancas_ y _Para seoras negras_. Detalle de higiene fsica y moral que
desde luego hay que aplaudir.

Se toma el tren para Panam, y en el trayecto puede observarse la rica
vegetacin del suelo trrido. Advirtense a un lado y otro las casas
en que habitan los trabajadores del Canal.

Pas por aqu hace ya largo tiempo, cuando el desastre de Lesseps, y
dije en _La Nacin_, de Buenos Aires, la desbandada de la _dbcle_.
Aun recuerdo los grupos de salvajes africanos, aullantes y casi
desnudos, acharolados bajo el sol furioso. Hoy se han reedificado
antiguas viviendas; y si aun se mira una que otra ruina de draga
antigua, las yanquis funcionan con mayor vitalidad desde que fueron
contempladas por los ojos de Roosevelt en memorable visita.

Panam ha progresado con el empuje norteamericano; Panam tiene hoy
higiene, polica, ms comercio, y, sobre todo, dinero. Yo hice el
viaje de Nueva York a Coln en el mismo vapor en que iba uno de los
candidatos a la presidencia de la Repblica, el ministro en Washington
Sr. J. Agustn Arango, persona de experiencia, de juicio, de influencia
y de respetabilidad en el Istmo.

El Sr. Arango, que tom parte muy activa y decisiva en el movimiento
que tuvo por resultado la proclamacin de la nueva Repblica, se
manifest en nuestras conversaciones muy partidario de la candidatura
del seor Obalda, caballero tambin de prestigio y habilidad. Pensaba
el Sr. Arango poner para el triunfo de su amigo todo el peso de su
partido y de sus influencias. Conozco al seor Obalda, a quien tuve
oportunidad de tratar en Ro Janeiro. Era delegado por su pas al
Congreso panamericano. El Sr. Obalda es un panameo de buena cepa,
conocedor de su tierra, amigo del progreso y muy americano.

La Hacienda, ese ramo toral del Estado, se puso en Panam bajo
excelente direccin. La del Sr. Isidoro Hazera, persona eminente que
residi por largos aos en Nicaragua, adonde fu a buscarle la acertada
solicitud del Gobierno para ofrecerle la cartera que desempe con
aplauso de todos.

En Panam, centro de negocios, de trfico comercial, encontr un buen
ncleo de espritus jvenes y apasionados de arte y de letras. No podr
olvidar entre ellos a Andreve, a Ricardo Mir, que sostienen all con
entusiasmo y con decisin la buena campaa. No es en Panam donde
naci la delicada alma de poeta que tiene por nombre Daro Herrera?

Embarqume de nuevo con direccin a Corinto, puerto nicaragense, en
uno de los barcos ciertamente abominables de la Pacific Mail, compaa
descuidada, incmoda y voluntariosa, por la ineludible razn de la
falta de competencia.

En un feliz amanecer divis las costas nicaragenses, la cordillera
volcnica, el Cosigina, famoso en la historia de las erupciones; el
volcn del Viejo, el ms alto de todos, y ms all el enorme Momotombo,
que fu cantado en _La leyenda de los siglos_, de Vctor Hugo. Por fin
entr el vapor en la baha, entre el ramillete de rocas que forman
la isla del Cardn y el _bouquet_ de cocoteros que decora la isla de
Corinto. Y aqu otra pluma comenzara a resear la serie de fiestas
incomparables de cordialidad, verdaderamente nacionales, que celebraron
la llegada del hijo por tantos aos ausente.

En verdad, se mat el mejor cordero en el retorno del poeta prdigo.

Salud a Chinandega, famosa por sus naranjas, por su fecundidad
agrcola; salud a Len, la ciudad episcopal y escolar donde
transcurrieron mis primeros aos. Salud a Managua, asiento del
Gobierno; a Masaya, florida y artstica. Viajes de palmas y flores! En
mi recuerdo estarn siempre llenos de sol y de alegra. En esas horas
de oro y fuego nunca pens, como el terrible amigo pesimista, que no
lejos de los domingos de ramos estn los viernes santos.

Cuando llegaron las horas de las expansiones oratorias dije a mis
compatriotas mis largas saudades y mis sinceras intenciones. Repetir
aqu algunas de mis palabras, pues deseo sea sabido que en aquellos
instantes fu grato al pas argentino y a mis amigos de Buenos Aires.
Djeles que un espaol eminente, el rector de la Universidad de
Salamanca, D. Miguel de Unamuno, escribirame con motivo del retorno a
mi patria original, palabras hermosas que hablaban del griego Ulises
y de la maravillosa Odisea. Nada ms propio--expres--de esta vuelta
a mis lares, que la generosidad de mis compatriotas, la elevacin del
nivel intelectual y una simpata palpitante y orgullosa han convertido
en una apoteosis, si apenas merecida por los sufrimientos de la
ausencia y por ese perfume del corazn de la tierra nuestra, que no han
podido hacer desaparecer ni la distancia ni el tiempo. Podra decir
con satisfaccin justa que, como Ulises, he visto saltar el perro en
el dintel de mi casa, y que mi Penlope es esta Patria que, si teje y
desteje la tela de su porvenir, es solamente en espera del instante en
que pueda bordar en ella una palabra de engrandecimiento, un ensalmo
que ser pronunciado para que las puertas de un futuro glorioso den
paso al triunfo nacional y definitivo.

Tiene la ciudad de Bremen como divisa, un decir latino que el
prestigioso D'Annunzio ha repetido en uno de sus poemas armoniosos y
csmicos: _Navigare necesse est, vivere non est necesse_.

Yo he navegado y he vivido; ha sido Talasa amable conmigo tanto como
Demter, y si la cosecha de angustias ha sido copiosa, no puedo negar
que me ha sido dado contribuir al progreso de nuestra raza y a la
elevacin del culto del Arte en una generacin dos veces continental.
Benditas sean las tribulaciones antiguas, si ellas han ayudado a ese
resultado, y bendito sea el convencimiento que siempre me anim de que
necesario es navegar y, aumentando el decir latino, necesario es
vivir. Volvi Ulises cargado de experiencia; y la que traigo viene
acompaada de un caudal de esperanza. Yo quiero decir ante todo a mis
compatriotas que despus de permanecer por largo tiempo en naciones
extranjeras, y estudiar sus costumbres, y medir sus vidas, y pesar sus
progresos, y apreciar sus civilizaciones, tengo la conviccin
segura de que no estaremos entre los ltimos en el coro de naciones
que mantendr el alma latina, con sus prestigios y su alto valor, en
prximas y decisivas agitaciones mundiales. Viv en Chile, combatiente
y prctico, que ha sabido tambin afianzarse en obras de paz; viv en
la Repblica Argentina cuyos progresos asombran al mundo, tierra que
fu para m maternal y que renovaba, por su bandera blanca y azul, una
nostlgica ilusin patritica; viv en Espaa, la Patria madre; viv
en Francia, la Patria universal; y nada era para m ni ms orgulloso
ni ms grato que el nombre de un compatriota repetido por la fama
cientfica, por la autorizacin histrica o por el renombre literario;
y cuando alguna vez, desgraciadamente, saba el mundo de lamentables
disensiones, yo no poda evitar las palpitaciones de mi corazn ante
las victorias nuestras que comentaba Europa.

Aun siente Espaa la desaparicin de un grande hombre suyo que se
llam ngel Ganivet, ese andaluz eminente que de boreales regiones
envi tanta luz a la tierra maternal. Y cuenta ese granadino, hoy
glorificado, la historia de un hombre de Matagalpa que, despus de
recorrer trridas fricas y Asias lejanas, fu a morir en un hospital
belga, y le llam para confiarle los ltimos pensamientos de su vida.
No s cmo se llamaba aquel hombre de Matagalpa; pero s que ese
ignorado compatriota, en su modestia representativa, haba visto como
yo quizs, en las constelaciones que contemplaran sus ojos de viajero,
las clsicas palabras: _Navigare necesse est, vivere non est necesse_.

Si acaso el pas ha quedado retardado en este vasto concierto del
progreso hispanoamericano, por razones tnicas y geogrficas que sern
allanadas, por motivos que son explicados por nuestras condiciones
especiales, nuestros antecedentes histricos, y por la falta de esa
transfusin inmigratoria que en otras naciones ha realizado prodigios,
tenemos prctica y vitalmente demostrado que un impulso a tiempo y
una aplicacin de generosa y altas energas, mantenidas segn las
exigencias del organismo nacional, pueden, ante la revisin de valores
universales, demostrar que, aparte de poblacin o de influjo comercial,
se es alguien en el mundo.

En seguida celebr a hombres ilustres de la Repblica, en los cuales
me ocupar luego, y agregu: Brillante es la impresin que tengo yo,
que cortej durante largo tiempo a la musa cosmopolita, al ver en mi
tierra fuertes talentos, fuertes caracteres y encantadoras facultades
artsticas.

Quiero juntar dos impresiones que parecen completamente distintas,
y que han hecho en mi espritu dos huellas de reales proras: es la
primera el haber desembarcado en Corinto, dulce puerto por siempre, de
una manera europea, por su muelle y comodidades, y es la segunda mi
visita a los elementos de guerra, que el jefe del Estado tuvo a bien
mostrarme en una de las tarde ms felices de mi vida. Vi primeramente
que en las artes de la paz y en las ventajas de la civilizacin
no quedamos atrasados entre los pueblos nuestros, y vi que en las
industrias y ciencias de la guerra, ni se nos tomara por sorpresa, ni
se nos ganara por previsin.

Quiz se esperara de m un discurso florido de retrica y encantado
de poesa. Yo s lo que debo a la tierra de mi infancia y a la ciudad
de mi primera juventud; no creis que en mis agitaciones de Pars,
que en mis noches de Madrid, que en mis tardes de Roma, que en mis
crepsculos de Palma de Mallorca, no he tenido pensares como estos:
un sonar de viejas campanas de nuestra catedral; por la iniciacin
de flores extraas, un renacer de aquellos das pursimos en que se
formaba alfombras de ptalos y de perfumes en la espera de un seor del
triunfo, que siempre vena, como en la Biblia, en su borrica amable y
precedido de verdes palmas.

Como alejado y como extrao a vuestras disensiones polticas, no me
creo ni siquiera con el derecho de nombrarlas. Yo he luchado y he
vivido, no por los Gobiernos, sino por la Patria; y si algn ejemplo
quiero dar a la juventud de esta tierra ardiente y fecunda, es el del
hombre que desinteresadamente se consagr a ideas de arte, lo menos
posiblemente positivo, y despus de ser aclamado en pases prcticos,
volvi a su hogar entre aires triunfales; y yo, que dije una vez que no
podra cantar a un presidente de Repblica en el idioma en que cantara
a Halagaabal, me complazco en proclamar ahora la virtualidad de la
obra del hombre que ha transformado la antigua Nicaragua, dndonos el
orgullo de nuestra inmediata suficiencia y casi la seguridad de nuestro
fuerte porvenir.

Len, con sus torres, con sus campanas, con sus tradiciones; Len,
ciudad noble y universitaria, ha estado siempre en mi memoria, fija
y eficaz: desde el olor de las hierbas chafadas en mis paseos de
muchacho; desde la visin del papayo que empolla al aire libre sus
huevos de mbar y de oro; desde los pompones del aromo que una vez en
Palma de Mallorca me trajeron reminiscencias infantiles; desde los
ecos de las olas que en el maravilloso Mediterrneo repetan voces del
_Playn_ o rumores de _Poneloya_, siempre tuve, en tierra o en mar,
la idea de la Patria; y ya fuese en la spera frica, o en la divina
Npoles, o en Pars ilustre, se levant siempre de m un pensamiento o
un suspiro hacia la vieja catedral, hacia la vieja ciudad, hacia mis
viejos amigos; y es un hecho que casi fisiolgicamente se explicara de
cmo en el fondo de mi cerebro resonaba el son de las viejas torres y
se escuchaba el acento de las antiguas palabras.

... Deseo, al partir, decir a mis amigos de antes, a mis compaeros
de ahora y de maana, a los que me honran llamndose discpulos, y
en quienes veo la facultad vital patritica, lo siguiente: Bien va
aquel que sigue una ilusin, cualquiera que sea esa ilusin; bien
va el prctico que en su ilusin bancaria cree ser maana feliz;
bien va aquel a quien su ilusin poltica coloca en plausibles
ambiciones y ensueos de puestos honrosos, y aquel que tiene, por
fatal peregrinacin, que buscar entre las estrellas su provecho de
nefelibata; bien va, si lleva de la mano a su conciencia, y su corazn
est con l.

... En Oviedo, en Gmara, en los historiadores de Indias, supe de
nuestra tierra antigua y de sus encantos originales. Yo deseo que la
juventud de mi pas se compenetre de la idea fundamental de que, por
pequeo que sea el pedazo de tierra en que a uno le toca nacer, l
puede dar un Homero, si es en Grecia; un Tell, si es en Suiza; y que,
as como las individualidades, tienen las naciones su representacin
y personalidad que da transcendencia a las leyes de su destino y al
punto en que, por decisin de Dios, estn colocadas en el plano casi
inimaginable del progreso universal. Profunda complacencia tengo cuando
veo a la actual generacin, que representa el espritu de nuestra
tierra, brillar, tanto por cantidad como por intensidad, en el ejrcito
intelectual del Continente. Materia prima tenemos muchsima, y por algo
Vctor Hugo escogi al Momotombo, entre todos los volcanes de Amrica,
para hacerle decir los maravillosos alejandrinos de su _Leyenda de los
siglos_.

... Yo he sido acogido en diferentes naciones como si fuese hijo
propio de ellas. Yo guardo en mi gratitud los nombres de Chile, de
Costa Rica, del Salvador, de Guatemala y de Colombia; sobre todo de
esa generosa, grande y aun actualmente eficaz Repblica Argentina, que
ha sido para m adoptiva y singular patria. Y dejadme que en estos
momentos pronuncie el nombre de los Mitre, cuya gloria vasta conocis,
pero de quienes seguramente no sabis el estmulo vital que desde hace
veinte aos me ha sido benfico en Amrica y Europa. Al nombre de Mitre
habr que agregar en vuestra memoria y en vuestra gratitud, como ya
est agregado en las mas, el nombre ilustre del general Zelaya.

... Recientemente los Estados Unidos han enviado a la Repblica
Argentina a hombres como el profesor Rowe, de la Universidad de
Pensilvania, a observar las maneras de pensar y de obrar que en ese
eminente foco latino animan las ms fecundas y poderosas energas
hispanoamericanas. Y los yanquis visitantes han ido a decir,
asombrados, cul es la casi mgica labor que ha hecho del Ro de la
Plata el hogar del mundo y un refugio de libertad y de trabajo.

Tal habl a los que me haban mostrado sus almas fraternales en
discursos lujosos y ardorosos, en versos de noble pensar y generoso
sentir.

Una vez en la capital, que encontr renovada y hermoseada en los aos
de mis peregrinaciones, me part a una hacienda de caf situada
en las cercanas sierras. Y all goc de espectculos tan solamente
encontrables en esas tierras lujuriantes y solares, en donde, bajo la
sonora libertad del viento, en las apoteosis de los amaneceres y de los
ponientes, o en las noches entoldadas de diamantes, florecen el asombro
y la maravilla.




                  La flora tropical es de una belleza
                  que causa como una sensacin
                  de laxitud.

                           (_Captulo II_).




                             [Ilustracin]




                    Haba rosas de olor y jazmines
                    orientales que constelaban
                    las verdes y espesas enredaderas
                    que crecen.

                            (_Captulo II_)




                             [Ilustracin]




                     Desde la cumbre de la sierra
                     divsase el lago de Managua.

                            (_Captulo II_)




                             [Ilustracin]




                                  II


La flora tropical es de una belleza que causa como una sensacin de
laxitud. El paisaje dirase que penetra en nosotros por todos los
sentidos, y hay una furia de vida que con su proximidad enerva. Se
creera que bajo la vasta techumbre azul de un firmamento que se
rayara con una estrella, flota un efluvio estimulante para el espritu
y para la sangre; pero cuyo estmulo se convierte en languidez, en
desmayo voluptuoso: un _far tutto_ que se desle en el _far niente_...
No acaba de saberse esta declaracin reciente de cierto doctor: que
no es dudoso que un estmulo solar demasiado intenso y demasiado
prolongado conduce a la depresin, y que es a esa causa a la que
ciertamente hay que atribuir la _nonchalance_ de los habitantes de los
pases clidos?

... Solo, en el jardn de una casa amiga, he visto una tarde, en tibio
crepsculo, algo semejante a una estagnacin de las horas. Haba calor
hmedo y voluptuoso, y el cielo, en que brillaban tan solamente,
diamantinos, dos o tres luceros, se me representaba como inmenso
invernculo. No se senta ni un soplo de aire; la vegetacin hubirase
dicho cristalizada en la absoluta inmovilidad de las hojas. Haba
all azucenas blancas de anunciacin y otras semejantes a estilizados
lirios herldicos; haba rosas de olor y jazmines orientales que
constelan las verdes y espesas enredaderas en que crecen; haba
una flor que se llama cundiamor, y otra que estalla para regar su
simiente, y la que se nombra bellsima, que evocaba para m, rosada
y alegre, altares domsticos como los que se adornan en Diciembre
para celebrar la Concepcin de Mara. Toda la circunstante naturaleza
me pareca contenida en un concentrado bloque de tiempo, atmsfera
de bella-durmiente-del-bosque, o del legendario monje extasiado que
escucha al pjaro paradisaco.

El lujo del campo lo volv a admirar en plenas sierras. Se va a stas
a caballo; a las ms cercanas pueden llegar carruajes. Desde que se
sale de la capital y se comienza a subir, una temperatura dulce y
fresca sucede a los ardores de la ciudad. Se empieza a ver a un lado
y otro del camino rsticas fincas. Yo me deleitaba con las fragantes
vegetaciones, con los cafetales, que evocan poesa criolla y antillana,
sabrosos sentimentalismos lricos a lo mulato Plcido. Y hay en las
viviendas, cubiertas de tejas arbigas o de paja, tales ejemplares
de la mujer natural, mozas morenas, altas por lo general, de cuerpos
flexibles, muchachas bronce o cacao, o plidas mestizas, que sugieren
fatigantes y agotadores carios solares. Pongo por caso que tenis
sed y os detenis en una de esas posesiones en las que, desde vuestra
caballera, podis ver el fogn de llamas de oro ante el cual se
preparan los yantares. Una campesina de esas os trae un agua fina,
fra y doblemente grata por ser servida en un guacal, esto es, en
una taza hecha de la corteza del fruto del jcaro, las cuales tazas
refrigeradoras suelen ser labradas e historiadas de escudos, aves,
panculos, grecas y letras. A la oferta del agua se agrega la visin
de unos lindos brazos, de unos lindos hombros y una rosada sonrisa. Y
todo esto bien os puede hacer pensar en algo de Biblia o en algo de
Conquista, en Rebeca o en doa Marina.

... Me engrea ver a un lado y otro del camino los arbustos cargados
de su fruto rojo y algunos an como un manojo de tirsos llenos de su
blanca floracin. Y calculaba al ver la feracidad de aquel terreno, en
que se suceden alturas y hondonadas, tupido de arbustos de riqueza,
cmo es de fecundo y prvido aquel suelo y cunto hay que aguardar
de las horas futuras, cuando una apropiada y propicia corriente
inmigratoria contribuya a hacer la produccin ms abundante y ms
proficua. La labor agrcola es all la verdadera fuente de vida,
y el cultivo del caf es el preferido; el grano de Oriente de que
hablara por primera vez en Europa el veneciano Prspero Alpino, y que
de Turqua fu con Jean Thevenot a Francia. A principios del siglo
XVIII el caf se llevaba de Arabia y costaba muy caro en los mercados
europeos; y el rbol era un objeto de curiosidad del que apenas se
haban encontrado cuatro o cinco ejemplares. El burgomaestre de
Amsterdam, segn unos, o el Statuder de las Provincias Unidas, segn
otros, regal al rey Luis XIV un arbusto de caf que el monarca francs
se dign aceptar y confiar a los profesores de su jardn botnico.
Los naturalistas del jardn recibieron con jbilo la planta obsequiada
por los holandeses, le prodigaron los cuidados ms asiduos e hicieron
cuanto les fu posible por que se reprodujese en los invernaderos.
Obtuvieron algunos retoos; pero daba lstima cultivar el caf en
estufas donde las plantas se ahogaban por falta de aire, de cuyo suelo
artificial no sacaban sino un alimento insuficiente y poco salubre, y
donde les faltaba espacio para desarrollar sus ramas. El encargado del
jardn, que era el notable naturalista Antonio de Jussieu, pens que
sera ms cuerdo enviar aquella planta a un pas donde encontrase el
calor vivificante del sol de los trpicos, la hmeda frescura de sus
noches y el riego abundante y tibio de sus lluvias peridicas. En su
concepto, la Martinica reuna las condiciones ms favorables para hacer
la prueba. Un joven alfrez de navo, sumamente celoso por el progreso
de las ciencias y amigo de Antonio de Jussieu, el caballero Dclieux,
parta para aquella colonia con el nombramiento de teniente-rey.
El botnico le entreg el mejor y ms vigoroso de los retoos,
recomendndole que no omitiese nada para llevarlo sano y salvo hasta
su destino. Dclieux prometi mostrarse digno de la misin que se le
confiaba y velar por el dbil arbusto como por un nio enfermo.

La travesa fu larga y penosa: escase el agua, y tripulantes y
pasajeros fueron puestos a racin; pero como el arbusto no estaba
comprendido en el reparto, habra perecido, si Dclieux, fiel a su
promesa y pareciendo presentir el gran elemento de riqueza que traa
consigo, no le sacrificara una parte de su escasa racin de agua. Aquel
arbusto de la Martinica fu el padre comn de los millones de arbustos
que desde entonces han poblado las grandes plantaciones de Amrica.
De la Martinica pas a las Antillas, y un siglo despus a Costa Rica,
de donde lleg a nosotros. Tales son las palabras que sobre el caf
escribe en su _Historia de Nicaragua_ D. Jos Dolores Gmez, cuyo
padre, que tena su mismo nombre, fu quien durante la administracin
Sandoval, por los aos de 1845 a 46, cultiv la primera plantacin
en las sierras de Managua. Hoy es el caf de Nicaragua de los ms
preciados en el mundo. No en vano el de Jinotega obtuvo en una de las
grandes recientes exposiciones el mejor premio por su aroma y calidad.

... Es de un pintoresco que deleitara a Francis Jammes el
espectculo de las labores en las sierras, en el tiempo del corte.
Hacen este trabajo por lo general mujeres, y en los pequeos
campamentos que se forman bajo los rboles protectores del caf, no es
raro ver la parvada de hijos que afirma la fecundidad de la raza. Hay
hamacas tendidas bajo los frutos rojos, y los cantos del pueblo suelen
acompaar el trabajo. Y qu gloria de vegetacin, qu triunfo de vida
en todo lo que la mirada abarca despus de ascender a la regin en
donde el clima cambia y el aire es fresco, y los valles se extienden
como en visiones de edn, y hay toda la gama del verde, y un vasto
rumor se esparce de los sonoros bananeros o platanares, de los rboles
enormes y caprichosos sobre los que saltan las ardillas grises y vuelan
las palomas arrulladoras, y los carpinteros y los pitorreales, y toda
la fauna alada que hara las delicias de Ovidio!

... Desde la cumbre de las sierras pobladas de fincas divsanse el lago
de Managua, al fondo, y ms cerca la laguna de Nejapa. Los colosales
volcanes semejan, en la diafanidad de los crepsculos, calcados en
los cielos puros, extraordinarios fujiyamas, y la luz da la ilusin,
siendo de una transparencia de acuarela. Excursiones a caballo, paseos
a pie, salidas cinegticas, distraen y alegran las horas. Suele haber
reuniones e improvisados bailes entre los vecinos de las propiedades;
y esas voluptuosas y como lnguidas damas que van a pasar das de
campo a las haciendas, dirase que son las hadas de los parajes, las
divinidades vivas y carnales.

... Ms de una vez pens en que la felicidad bien pudiera habitar en
uno de esos deliciosos parasos, y que bien hubiera podido tal cual
inquieto peregrino apasionado refugiarse en aquellos pequeos reinos
incgnitos, en vez de recorrer la vasta tierra en busca del ideal
inencontrable y de la paz que no existe. Pocas horas de mi existencia
habr pasado tan gratas y vividas como aquellas en que, al estallar
las maanas en una cristalera de pjaros locos de vivir, sala yo con
mi escopeta, en compaa de un joven amigo, a recorrer los caminos, a
bajar por los barrancos, a buscar entre los ramajes la deseada caza.
Y al retorno, ningn plato de Champeaux o de la Tour d'Argent fuera
comparable con los que, perfumados de las hierbas y especias de la
tierra, regocijaban nuestro paladar y nos ponan, con el gusto de los
condimentos y la satisfaccin de la gula, un humor semejante al de ese
modesto, pero excelente y bienhechor poeta que se llam Baltasar de
Alczar.

Entre todas las plantas que atraen las miradas, llvanse la victoria
palmeras y cocoteros, que en el europeo despiertan ideas coloniales,
los viajes de los antiguos bergantines y las inocencias de Pablo y
Virginia, de cuyo casto absurdo convencen los relentes de las selvas y
las continuas insinuaciones de la tierra. El Trpico transpira savias
amorosas; y all Cloe dara a Dafnis las dulces lecciones de manera que
dejara suspensa por el asombro encantado la pastoril flauta de Longo.
El bananero erige su ramillete de estandartes, de tafetanes verdes,
sobre los cuales, cuando llueve, vibra el agua redobles sonoros;
y las palmeras varias despliegan, unas, bajas, como pavos reales,
anchos esmeraldinos abanicos, otras, ms altas, airosos flabeles;
las otras son como altsimos plumeros, orgullosas bajo el penacho,
ya entreabierta la colosal y oleosa y dorada flor del coroso, ya
colgante la copiosa carga de cocos, cuya agua fresca y sabrosa es la
delicia de las canculas.

... En anchos y lisos secaderos pnese el caf al sol, una vez cortado
y recogido. Luego pasar a las mquinas descascaradoras, que lo dejarn
limpio y listo para ser puesto en los sacos de bramante que han de ir a
los mercados yanquis, a los puertos del Havre o de Hamburgo. No es la
cosecha nicaragense tan crecida como la de otros pases vecinos; pero
en Nicaragua se produce ese grano fino que supera al mismo moka por
su sabor y perfume, y que se conoce con el nombre de caracolillo. Una
buena taza de su negro licor, bien preparado, contiene tantos problemas
y tantos poemas como una botella de tinta.




                                  III


Cuntase que el Mikado, al ver en un lbum, regalo del presidente
Porfirio Daz, fotografas de soldados del Ejrcito mejicano, hizo
notar al ministro de Mjico el parecido de ellos con sus soldados
nipones. Tal recuerdo me vino al ver evolucionar a los soldados
nicaragenses, que, por otra parte, han demostrado poseer, a ms del
fsico, otras cualidades japonesas. El tipo indgena puro o el mestizo
tiene mucho de azteca. Los primeros habitantes (nicaragenses)--dice
Gmez--, de origen monglico, como los dems del continente americano,
hicieron en sus primitivos tiempos la vida nmada de los pueblos
salvajes; pero parece ser muy cierto que inmigrantes de Mjico y de
las naciones vecinas, que llegaban organizados en tribus, fueron
sucesivamente ocupando el territorio y formando de una manera
paulatina la sociedad aborigen de estos pueblos. Entre los nacionales
se encuentra una interesante variedad etnogrfica. Existen los tipos
completamente europeos, descendientes directos de espaoles o de
inmigrantes europeos, sin mezcla alguna; los que tienen algo de mezcla
india, o ladinos; los que tienen algo de sangre negra, los que tienen
de indio y de negro, los indios puros y los negros. De stos hay muy
pocos[1]. En el carcter han dejado su influjo los hbitos coloniales y
la agilidad mental primitiva. Y nunca indio, a lo que alcanzo, habl
como l a nuestros espaoles. Tal dice Francisco Lpez de Gmara,
refirindose al cacique Nicaragua o Nicarao, que di nombre a aquellas
tierras americanas. El conquistador Gil Gonzlez de vila, despus que
hubo tomado posesin de aquellas regiones y hubo bautizado la baha de
Fonseca, en recuerdo del obispo de Burgos, y gratificado a una isla con
el nombre de su sobrina Petronila, se haba encontrado con el cacique
Nicoin, al cual y a toda su gente logr convertir. Informse--dice
Gmara--de la tierra y de un gran rey llamado Nicaragua, que a
cincuenta leguas estaba, y camin all. Envile una embajada, que
sumariamente contena fuese su amigo, pues no iba por le hacer mal;
servidor del emperador que monarca del mundo era, y cristiano, que
mucho le cumpla, e si no que le hara guerra.

       [1] Segn los clculos de Paul Levy, en su obra sobre
       Nicaragua, las proporciones son: indio, 550 por 1.000;
       mestizo, 400 por 1.000; blanco y criollo, 45 por 1.000; negro,
       5 por 1.000

Nicaragua, entendiendo la manera de aquellos nuevos hombres, su
resoluta demanda, la fuerza de las espadas y braveza de los caballos,
respondi por cuatro caballeros de su corte que aceptaba la amistad
por el bien de la paz, y aceptara la fe si tan buena le pareca como
se la loaban.

Los espaoles fueron bien recibidos por el jefe indio y se trocaron
ddivas. Un fraile iba all, mercedario, que predic el cristianismo y
anatematiz las antiguas costumbre. Nicaragua y sus gentes aceptaron
pasablemente todo, menos dos cosas: que se les prohibiese la guerra y
la alegra, ca mucho sentan dejar las armas y el placer. Dijeron que
no perjudicaban a nadie en bailar y tomar placer, y que no queran
poner al rincn sus banderas, sus arcos, sus cascos y penachos, ni
dejar tratar la guerra y armas a sus mujeres, para hilar ellos, tejer
y cavar como mujeres y esclavos. Como el peruano Atabaliba con el P.
Valverde, Nicaragua arguy varios puntos de religin, que agudo era,
y sabio en sus ritos y antigedades. Pregunt si tenan noticia los
cristianos del gran diluvio que aneg la tierra, hombres y animales, e
si haba de haber otro; si la tierra se haba de trastornar o caer el
cielo; cundo y cmo perdera su claridad y curso el sol, la luna y las
estrellas, que tan grandes eran; quin las mova y tena. Pregunt la
causa de la oscuridad de las noches y del fro, tachando la natura, que
no haca siempre claro y calor, pues era mejor; qu honra y gracias se
deban al Dios trino de cristianos, que hizo los cielos y sol, a quien
adoraban por Dios en aquellas tierras; la mar, la tierra, el hombre que
seorea, las aves que volan y peces que nadan, y todo lo del mundo.
Dnde tenan de estar las almas, y qu haban de hacer salidas del
cuerpo, pues vivan tan poco siendo inmortales. Pregunt asimesmo si
mora el santo padre de Roma, vicario de Cristo, Dios de cristianos;
y cmo Jess, siendo Dios, es hombre, y su madre, virgen pariendo; y
si el emperador y rey de Castilla, de quien tantas proezas, virtudes
y podero contaban, era mortal; y para qu tan pocos hombres queran
tanto oro como buscaban. Gil Gonzlez y todos los suyos estuvieron
atentos y maravillados oyendo tales preguntas y palabras a un hombre
medio desnudo, brbaro y sin letras, y ciertamente fu un admirable
razonamiento el de Nicaragua, y nunca indio, a lo que alcanz, habl
tan bien a nuestros espaoles.

El nicaragense se distingue en toda la Amrica Central por condiciones
de talento y de valor. A la levadura primitiva se agregaron elementos
coloniales. Si, una vez proclamada la independencia, hubo descuido
en la general cultura, fu a causa de las inquietudes incesantes que
mantuvieron a todos los cinco Estados centroamericanos en continuas
agitaciones y guerras.

El historiador de Indias ya citado hace notar el estado de relativo
adelanto que encontraron en algunas tribus de Nicaragua los
conquistadores. Sea como fuere, que cierto es que tienen estos que
hablan mejicano por letras las figuras de los de Cula, y libros de
papel y pergamino, un palmo de anchos y doce largos, y doblados con
fuelles, donde sealan por ambas partes de azul, prpura y otros
colores, las cosas memorables que acontecen; e all estn pintadas sus
leyes y ritos, que semejan mucho a los mejicanos, como lo puede ver
quien cotejare lo de aqu con lo de Mjico.

Y en otro lugar: Los palacios y templos tienen grandes plazas, y las
plazas estn cerradas de las casas de nobles y tienen en medio de ellas
una casa para los plateros, que a maravilla labran y vacan el oro.
Esta condicin aun hoy puede admirarse en los trabajos de orfebrera
nicaragense. Tales labores he mostrado yo a mis amigos europeos,
que las han comparado con manufacturas de Tifany o Froment-Meurice.
Escultores y pintores hay asimismo que, sin haber frecuentado nunca
talleres ni museos, pues no han salido del pas, producen obras que me
han causado sorpresa y admiracin. As los que actualmente decoran la
catedral de Len, bajo el cuidado del obispo Pereira.

Ciertos indios fabrican utensilios de barro que no son inferiores a
los que produce la alfarera peninsular en Andjar; las tinajitas
de all alegran la vista y refrescan el agua en los estos, como las
espaolas alcarrazas. La habilidad original y criolla se manifiesta
en esteras o petates, en hamacas tejidas de la fibra de la cabuya
o de la pita, teidas con los colores que extraen del mismo modo
que los abuelos, colores que hacen rememorar cmo ante no s cul
tapiz oriental evocara un expresivo pintor francs la comparacin
de un perroquet. Se hacen en los telares rebozos de hilo y de
seda, semejantes a chales indios; se labran en el duro hueso de un
fruto de palmera, el coyol, sortijas y pendientes que se dijeran
de azabache. Y se descubre en las mentes una natural claridad de
entendimiento y una facultad de asimilacin que hacen que se aprendan
con facilidad y acierto importadas industrias extranjeras. Los zapatos
son famosos, y podran pasar los de algunos fabricantes por los que
en las zapateras sevillanas han llenado el gusto del coronado que
tiene por nombre Eduardo VII. Aprovechando la riqueza de los bosques,
que es extraordinaria, combinan los carpinteros y ebanistas piezas
de exposicin que son maravillosos mosaicos. Sorprenden las vivaces
disposiciones mecnicas. El primer automvil que haya llegado a la
Repblica fu el del presidente Zelaya. Con l fu un _chauffeur_
francs. Al poco tiempo los buenos conductores no escaseaban. Y
hasta algo como un Charles Cros nicaragense ha habido que haya
experimentado all un sistema de telfono sin hilos mucho antes de
las hoy triunfantes tentativas de electricistas europeos. Me refiero
al doctor Rosendo Rub, que obtuvo en Washington una patente el ao de
1900.

Si el clima predispone para la fatiga y hay en l el tropical incentivo
de la pereza, adelanta, sin embargo, la actividad artesana. Managua,
Len, Masaya, Granada, Rivas, Matagalpa, son centros principales de
trabajo. Aunque las condiciones de vida del pas son tan diversas de
las que hacen levantar tantas protestas al obrero en naciones europeas
y americanas, no ha dejado de sentirse por all uno que otro vago soplo
de espritu socialista; mas no ha encontrado ambiente propicio en donde
nadie puede morirse de hambre ni hay vida de dominadores placeres.

El nicaragense es emprendedor, y no falta en l el deseo de los viajes
y cierto anhelo de aventura y de voluntario esfuerzo fuera de los
lmites de la patria. En toda la Amrica Central existen ciudadanos de
la tierra de los lagos que se distinguen en industrias y profesiones,
algunos que han logrado realizar fortunas y no pocos que dan honra al
terruo original. No es el nico el caso del navegante matagalpense de
que hablara ngel Ganivet; y en Alemania, en Francia, en Rumania, en
Inglaterra, en los Estados Unidos, s de nicaragenses trasplantados
que ocupan buenos puestos y ganan honrosa y provechosamente su vida.
Recuerdo que, siendo yo cnsul de Nicaragua en Pars, recib un da la
visita de un hombre en quien reconoc por el tipo al nicaragense del
pueblo. Me salud jovial, con estas palabras, ms o menos: No le vengo
a molestar, ni a pedirle un solo centavo. Vengo a saludarle, porque es
el cnsul de mi tierra. Acabo de llegar a Francia en un barco que viene
de la China, y en el cual soy marinero. Es probable que pronto me vaya
a la India. Se despidi contento como entrara y se fu a gastar sus
francos en la alegra de Pars, para luego seguir su destino errante
por los mares.




                              MIS LIBROS

                          LA CARAVANA PASA




                             [Ilustracin]




                                  IV


Cuando llegaron los espaoles a Nicaragua exista ya en los naturales
cierta cultura intelectual, sin duda alguna reflejada de Mjico. Cierto
que en Guatemala, entre los quichs, haba una civilizacin superior;
mas los nicaragenses no eran en verdad brbaros, cuando Gmara seala
en ellos ciertos adelantos.

Todo esto no obsta para la crueldad de los ritos, que, como los
mejicanos, tenan su parte de antropofagia. De todas maneras, haba
libros y archivos, que, segn dice el historiador Gmez, fueron
tomados por los espaoles y quemados solemnemente en la plaza de
Managua, por el reverendo padre Bobadilla, en el ao 1524. Bobadilla
no hizo sino lo mismo que el obispo Zumrraga hiciera con los
tesoros escritos de la capital de Moctezuma. No iban a Amrica los
conquistadores a civilizar, sino a ganar tierras y oro; y a la Amrica
central le toc la peor parte, entre aventureros de espada y frailes
terribles.

Los que atravesaron los mares--expresa el historiador citado--en
frgiles naves para correr aventuras en tierras lejanas y desconocidas,
tuvieron que ser, fueron por lo regular, la escoria de la sociedad
espaola, sobre la que, como es consiguiente, sobresali alguna que
otra mediana social, a quien las malas circunstancias arrojaron a
nuestras playas.

Lo ms escogido fu a los virreinatos peruano y mejicano. Se cuenta
tradicionalmente en Nicaragua que all estuvo un hermano de Santa
Teresa de Jess, y que l fu quien llev la imagen que aun hoy se
venera en el santuario de Nuestra Seora de la Concepcin de El Viejo.
Pudiera suceder, y quiz de l desciendan algunos de los Cepedas del
pas. Lleg tambin un Loyola, que no juzgo haya sido de sangre de San
Ignacio. Mas quien en realidad estuvo all, e hizo perdurable obra
de bien, pues si no era un santo era un hroe, fu aquel fraile que
en el Capitolio de Washington tiene estatua, y cuyo nombre brilla
con singular luz entre los de los bienhechores de la Humanidad: Fray
Bartolom de las Casas. La importada clereca no fu, por cierto,
modelo de virtudes evanglicas. Como todos los que llegaban, aquellos
tonsurados tenan el oro por mira. As, fu un sacerdote de Cristo
el que tuvo la peregrina idea de descender por el crter del volcn
de Masaya, creyendo que la lava fundida era el metal codiciado. Los
religiosos no se preocupaban gran cosa ni de ensear lo fundamental
que se encuentra en el catecismo. Gobernadores, encomenderos,
capitanes, no tenan ms objeto que su deseo de riqueza, y entre ellos
se aprisionaban y se mataban. Guatemala, reino o capitana general,
era el centro de la escasa cultura del tiempo de la colonia. Mas por
todas partes est el dominio de las armas y la cogulla. El fanatismo
imperaba. En Guatemala se practicaban la magia y la hechicera. Es muy
curioso lo que a este respeto cuenta en su obra, que hizo traducir
Colbert al francs, el fraile ingls Toms Gage, quien logr, a pesar
de ser extranjero, ir hasta la capital guatemalteca, donde ense
teologa por espacio de doce aos.

El perodo colonial es sombro para la vida intelectual. As hasta
la Revolucin francesa, que tuvo en tonas partes repercusin. La
prohibicin de que llegasen libros extranjeros concluy con las
ordenanzas de Carlos III. La Enciclopedia en aquellos pases, como
en el resto de Amrica, ayud a preparar la independencia. Un fraile
eminente, el P. Goicochea, di nueva luz a los estudios filosficos,
antes envueltos en mucha teologa y mucho peripato. Hay que advertir
que fueron tambin clrigos los que, como antao la sombra, hacan
ahora la Luz.

En los primeros aos--expresa Gmez--que siguieron al descubrimiento
de Nicaragua, la poblacin se hallaba, en cuanto a letras, en completas
tinieblas. Los aventureros espaoles que llegaban a nuestras colonias
tenan ms aficin a la espada que a la pluma, y era raro el que
siquiera saba escribir su firma. Los escritos de aquel tiempo,
confiados a las personas ms inteligentes e instrudas, ponen de
manifiesto la ignorancia de sus autores. El clero fu entre nosotros,
como en otras muchas colonias, el que descorri el velo a la enseanza,
comenzando a propagarla. Pero la instruccin se limitaba a las castas
privilegiadas y se reduca a las primeras letras y a la doctrina
cristiana. Ms tarde se estableci en Len un colegio seminario para
fabricar los sabios de la colonia. Se estudiaba all latinidad, cierto
embrollo metafsico-religioso que apellidaban filosofa, y teologa
moral y dogmtica. La sabidura y la ciencia no pasaban nunca ms
all de los dinteles de la sacrista. Se cre despus una Universidad
en Guatemala; pero tanto en sta como en el seminario de Len, no se
poda avanzar ms que lo que conviniera a la poltica de Espaa en las
colonias. En 1794 haba en la capital del reino diez y seis conventos,
muchas iglesias y una sola escuela de primeras letras. No obstante,
en Guatemala hubo antes cierto florecimiento mental, pues no debe de
haber sido caso aislado el de aquel poeta contemporneo de Cervantes, a
quien ste alaba en su _Viaje al Parnaso_ en estos trminos, despus de
celebrar a Gaspar de vila:

      Lleg Juan de Mestanza, cifra y suma
    de tanta erudicin, donaire y gala,
    que no hay muerte ni edad que lo consuma.
    Apolo le arranc de Guatimala
    y le trujo en su ayuda para ofensa
    de la canalla en todo extremo mala.

A fines del siglo XVIII di un gran paso la enseanza en Guatemala.
Hubo un Flores que se adelantaba a Galvani y Balli en experimentos
fsicos sobre la electricidad, y a Fontana en las estatuas de cera
para el estudio de la anatoma. En el pas nicaragense llegbamos
a la vspera de nuestra emancipacin hablando malamente el idioma
castellano, llena la cabeza de cuestiones teolgicas y metafsicas;
pero en lo dems, tan pobres y atrasados como cuando Nicaragua fu a
recibir a Gil Gonzlez[2]. Las ideas revolucionarias francesas, la
doctrina de los enciclopedistas, fueron conocidas por la introduccin
de algunas obras, y produjeron su efecto a pesar de lo arraigado que
estaba en los burgueses el espritu colonial. En 1812 las Cortes de
Cdiz elevaron a la categora de Universidad el antiguo seminario
conciliar de Len. Del foco guatemalteco llegan despus las ideas
puestas en circulacin por pensadores como Valle, Molina, Barrundia. Ya
en los albores de la independencia se destaca en Nicaragua una figura
prestigiosa: la de Larreinaga. Desde entonces, a las luchas de la
colonia suceden las luchas que preceden a la formacin de los Estados,
a la repblica federal. Y en el ao 1824 el bello pas de Nicaragua,
el paraso de Mahoma, como le llam Gage, se convirti en un teatro
de guerras civiles. Todo, claro est, en merma del adelanto y de la
instruccin del pueblo. Y guerras, y ms guerras. En largos perodos,
la nica literatura que aparece es la violenta y declamatoria de los
peridicos de combate. La libertad del pensamiento no exista. En 1825
el jefe del Estado, Cerda, ordena, entre otras cosas, retrocediendo a
la poca de la conquista, que no se escribiera por la prensa concepto
alguno que no estuviera conforme con los preceptos catlicos, y que se
quemaran todos los libros prohibidos por la Iglesia. Ms tarde, durante
la administracin Herrera, pudo bien verse en Nicaragua una vislumbre
de progreso y de cultura, dado el retrato moral que de aquel gobernante
se lee en un antiguo peridico citado por Gmez: Desde muy joven lea
los filsofos ms profundos, los genios de la Francia, la historia
antigua. Su corazn noble se haba incendiado en las nociones de gloria
y libertad. Su cabeza activa y fecunda combinaba los grandes problemas
de la legislacin y la poltica. Su estudio privado, su trato ntimo
con los dos grandes literatos honor de su pas, haban desarrollado
en l un carcter de empresa, un talento de gobierno, un tacto y
conocimiento de los hombres y de los negocios.

       [2] Gmez: _Historia de Nicaragua_.

No s a punto fijo en qu poca fu introducida la imprenta en
Nicaragua; mas el libro ha sido escaso, y de aquellos tiempos no
conozco ninguno. El primer peridico oficial apareci en 1835, bajo la
administracin Zepeda, con el ttulo de _Telgrafo Nicaragense_; luego
figuraron varones de estudio al par que hombres de poltica: Buitrago,
Hermenegildo Zepeda. Y se admirar a una personalidad interesante
y valiosa: D. Francisco Castelln, varn de viva inteligencia y de
instruccin notable. En 1844 fu enviado como ministro a Europa, a fin
de ver si era posible evitar las rudezas e imposiciones de Inglaterra
en Nicaragua. En Londres no quisieron ni oirle. Luego fu a Francia.
Gmez narra un curioso episodio de ese viaje, que merece copiarse
ntegro: Castelln, que era un hbil diplomtico, concret entonces
sus esfuerzos a la Corte de Francia, para que siquiera interpusiese su
mediacin y nos librara de ser tratados como pueblos brbaros puestos
bajo la frula de cnsules descorteses y arbitrarios.

Despert con tal objeto el inters del pblico francs por
el canal interocenico de Nicaragua, por medio de la prensa y de
conversaciones con los hombres ms notables de aquel tiempo. El
prncipe Luis Napolen, despus Napolen III, estaba preso en el
castillo de Ham, y la Corte de Luis Felipe lo haca aparecer como
demente. Castelln quiso tambin sacar partido del bonapartismo y
solicit permiso de visitar al reo de Estado. Luis Napolen agradeci
la visita del diplomtico nicaragense, qued prendado de su
agradable presencia y finos modales, y se sinti vivamente reconocido
cuando Castelln, burlando la vigilancia del carcelero, le desliz
disimuladamente dos cartuchos de oro, que el prncipe rehus. Desde
ese da el futuro emperador fu un partidario decidido del canal por
Nicaragua, y todos los bonapartistas franceses se convirtieron en sus
propagandistas ms entusiastas. Estaba logrado el objeto. (La gratitud
de Napolen fu imperecedera. Apenas ocup el trono imperial, mand
a Nicaragua a buscar a Castelln, cuya muerte ignoraba. Pas una
pensin a su familia, y ms tarde, en 1867, tuvo en Pars educando
a Jorge, hijo menor de D. Francisco.) Castelln se dirigi entonces
a la Cancillera francesa, y en una conferencia con el ministro
Guizot ofreci a Francia toda clase de privilegios sobre el canal y
tambin cederle en propiedad una isla en el Atlntico para hacer all
un fuerte que sirviera de llave al mismo canal, a condicin de que
interpusiera su mediacin con Inglaterra, Vana demanda! La Corte de
Luis Felipe manifest francamente al representante de Nicaragua que
los procedimientos de Inglaterra eran correctos, porque--aadi--las
naciones de Europa no pueden, sin rebajarse, entenderse con esos
gobiernitos mosquitos. El Gobierno de Nicaragua, al dar cuenta ms
tarde, en el peridico oficial, del fracaso de su Legacin, exclamaba
con tristeza: Nuestro Gobierno, cuando se trata de condenarlo a
pagar sin ser odo, est constitudo; pero no lo est cuando quiere
manifestar sus agravios y defenderse. Y el espritu de Drago flotaba
an sobre la superficie de las aguas...

Don Patricio Rivas y D. Cleto Mayorga, ambos polticos, fueron
aficionados a las musas y produjeron cosas ingeniosas que no se
conservan en ninguna antologa. En medio de las agitaciones y guerras
que se sucedan, solan aparecer canciones populares de rimadores
annimos. Mximo Jerez, caudillo, infatigable apstol de la Unin
Centroamericana, fu persona de cultura literaria. Daz Zapata es
nombre grato al arte. El hombre de Estado Zeledn era un universitario.
El filibustero yanqui Walker, que cultiv su espritu en una
Universidad alemana, no llev a Nicaragua sino la barbarie de ojos
azules, la crueldad y el rifle. Otro anglosajn que lleg de paz fu
Squire, quien escribi un libro notable sobre aquellas tierras. Leyendo
este libro tuvo Vctor Hugo la idea que le hizo producir _Les raisons
du Momotombo_. Buenaventura Selva fu estadista, abogado de gran mrito
y tambin hombre de letras. Gregorio Jurez, sujeto estudioso, lleno
de nociones, sabio para su tiempo y que tuvo que ver tambin con los
asuntos pblicos, di a la prensa muchas ingenuas y modestas poesas.
El Dr. De la Rocha cultiv la elocuencia y dej pginas histricas y
literarias. En 1660 se introdujo la imprenta en Guatemala, y tres aos
despus se hizo el primer trabajo tipogrfico. Respecto a Nicaragua
no tengo ningn dato seguro. En Len creo que fueron de los primeros
impresores Po Orue y Justo Hernndez. Mas el libro, como he dicho,
era escaso en esos tiempos, y aun contina sindolo ahora. Conozco
muy mal impresas y mendosas las obras de un historiador de buenas
intenciones, aunque harto apasionado: Jernimo Prez. Cerrada la
Universidad leonesa, los estudios se hacan en contados Institutos y
Liceos. La Filosofa se enseaba por Balmes; la Fsica, por Ganot. La
fundacin de los Institutos de Oriente y de Occidente en Granada y
en Len fu un gran paso en el adelanto intelectual de la Repblica.
Llegaron para ensear en ellos espaoles eminentes. Al de Len debi ir
como director Augusto Gonzlez de Linares, gloria de la ciencia moderna
de Espaa. No pudo realizar el viaje, y fu en su lugar Jos Leonard,
un polaco admirable, que haba sido ayudante del general Kruck en la
ltima insurreccin, y que en Espaa lleg a dominar el castellano
con toda perfeccin--era un polglota consumado--y a ocupar el puesto
de redactor de la _Gaceta de Madrid_. Con l fu el doctor Salvador
Caldern, sabio naturalista, hoy profesor de la Universidad matritense.
A Granada fueron el padre Sanz Llara y otros notables peninsulares.




                              MIS LIBROS

                        CANTO A LA ARGENTINA




                             [Ilustracin]




                                   V


Poco se ha escrito sobre la literatura en Centroamrica, y
especialmente en Nicaragua. Menndez Pelayo le dedica algunas palabras
en el prlogo de su _Antologa_. No tengo recuerdo de que en la _Lira
americana_ que public Ricardo Palma en Pars est representada
Nicaragua, ni en la obra de Lagomagiore. El poeta Flix Medina comenz
la publicacin de una _Lira Nicaragense_ hace ya muchos aos. La
obra qued a medio hacer. En pocas pasadas los rimadores no han sido
raros, dado que excelentes sacerdotes, doctores, hombres pblicos,
licenciados, han, como deca el inocente nfasis de antes, pulsado
la lira. Tengo memoria de haber odo en mi infancia muchos cantos
nacionales, patriticos, guerreros y amorosos.

Del corazn del pueblo han brotado, como en todos los pases, cantares
sentidos y sencillos como ste:

      Maanitas, maanitas,
    como que quiere llover...
    As estaban las maanas
    cuando te empec a querer.

Era costumbre que en los entierros se distribuyesen a los concurrentes,
junto con las velas de cera, prosas y poesas impresas en papel de
luto. En esa literatura fnebre se solan encontrar producciones
de cierto mrito, firmadas con nombres conocidos o con seudnimos.
La novela no ha tenido cultivadores. Apenas un caballero de la
ciudad de Granada, el Sr. Gustavo Guzmn, ha dado hace tiempo a la
publicidad algunas tentativas sin pretensiones. El historiador Gmez
public tambin en 1878 un ensayo de novela: _Amor y constancia_. Los
estudios histricos s estn representados por libros plausibles y
meritorios. Fuera de Jernimo Prez, ya citado, y de Hernndez Somosa,
cuyos trabajos se han circunscrito a pocas determinadas, el pas se
enorgullece con la labor de Toms Ayn y de Jos Dolores Gmez. Ayn
fu un jurisconsulto eminente, que en los ltimos aos de su vida se
dedic a escribir la historia de Nicaragua sin ms elementos que
los historiadores de Indias, los historiadores guatemaltecos y lo
poco de aquellos pobres archivos. Public su trabajo por la imprenta
Nacional. Como fu un escritor para quien los clsicos eran familiares,
su produccin se recomienda por discrecin y elegancia de estilo,
aunque se le hayan hecho algunos reparos como analista. Dej ese varn
ilustre un hijo que hered sus dotes estticas, y que hoy es uno de los
primeros cultores del arte de escribir en aquella Repblica: Alfonso
Ayn.

Gmez, cuya actuacin poltica ha sido mucha y muy agitada, es uno de
los ms firmes sostenedores de las ideas liberales en Centroamrica.
Su radicalismo es fundamental, y su intransigencia reconocida. As en
su obra no busca disimular las tendencias preferidas de su espritu.
Yo--dice en la introduccin de su _Historia de Nicaragua_--, debo
declararlo con franqueza, no puedo ni podra nunca ocultar mis
simpatas por el sistema republicano, por las luchas en favor de la
independencia y libertad de los pueblos, por los progresos modernos y
por las avanzadas ideas del liberalismo en todas sus manifestaciones,
etc. De esta manera, en su produccin hay siempre un vago relampagueo
de jacobinismo que se hace advertir entre la facilidad y la claridad de
su discurso.

Despus de la publicacin de su _Historia_, el autor anunci la de
otras obras, como _Archivo histrico de Nicaragua_, voluminosa
recopilacin cronolgica de documentos histricos desde 1821 hasta
nuestros das; un _Diccionario biogrfico y geogrfico de la
Repblica de Nicaragua_; sus _Memorias del destierro_ y _Los grandes
nacionalistas_, estudios de la vida y hechos de los grandes caudillos
que en Centroamrica se han esforzado por reconstruir la Patria de
1834. Estos libros han quedado hasta ahora inditos. Gmez ha tenido
que dejar muchas veces de escribir historia por hacer historia.
Nadie ha podido por all dedicarse a las puras letras. Pero acaso
no hay la misma queja en toda la Amrica latina? Y en Espaa misma?
Hay en aquellos pases, y en Nicaragua muy particularmente, una
abundancia de materia prima, o, mejor dicho, de espritu primo, que es
de admirar. Mas el ambiente es hostil, las condiciones de existencia
no son propicias, y la mejor planta mental que comienza en un triunfo
de brotes se seca al poco tiempo. La impresin de libros, como lo
he dicho ya, casi es nula. La produccin de literatos y de poetas ha
tenido que desaparecer entre las colecciones de diarios y de una que
otra revista de precaria vida[3]. Hubo un poeta de gran cultura, a
quien yo conoc anciano, y que muri siendo director de la Biblioteca
Nacional de Managua: Antonino Aragn. Haba sido amigo de un famoso
romntico espaol que recorri casi toda la Amrica: el montas
Fernando Velarde, autor de los _Cantos del Nuevo Mundo_. Aragn,
lrico y sentimental, escribi buen nmero de poesas, y no queda de
l ni un solo volumen. Carmen Daz, que posey lo que antes se llamaba
inspiracin, no dej tampoco ni un libro. Lo propio Cesreo Salinas,
que rim asuntos galantes y graciosos, y a quien, como a tantos otros,
fu fatalmente destructor el medio en que su talento se desenvolviera.
Nada queda de los pasados cultores de las letras... Nada de Jurez,
de Rocha, de Daz, de Buitrago; nada quedar de Aguilar, cerebro
privilegiado; nada de un delicado poeta: Manuel Cano; nada del fuerte
talento de un Anselmo H. Rivas. Dos extranjeros de grata recordacin
contribuyeron a la cultura del pas, impulsando y dando nueva vida
al periodismo naciente: un alemn, H. Gottel, y un italiano, Fabio
Carnevalini. Este ltimo dej un solo volumen: la traduccin de la
obra del filibustero William Walker sobre su invasin a Nicaragua. Los
padres jesuitas, durante su permanencia en la Repblica, contribuyeron
mucho a la difusin del amor a las Humanidades en la juventud que
atraan. En tiempo de ellos comenzaron a brillar inteligencias que ms
tarde seran glorias de la Patria. Luis H. Debayle, una de las ms
finas, nobles y puras almas que me haya sido dado conocer en mi vida;
Jos Madriz, talento tan vigoroso como sagaz; y Romn Mayorga Rivas,
gallardo y elegante poeta, comenzaron su educacin de ciencia y belleza
cuando estaban en el pas aquellos religiosos. Debayle es un mdico
y cirujano ilustre, digno de figuracin y loa en cualquier parte del
mundo, y que con el argentino Wilde fu de las primeras personalidades
en el Congreso Mdico Panamericano de la Habana. Luego ha figurado
brillantemente en el Internacional de Budapest. Joven an, goza en
toda la Amrica Central de una autoridad indiscutible. Su carrera la
hizo en Pars, en donde conquist por concurso el ttulo de interno de
los hospitales--nico en Centroamrica--, y en donde Charcot, Richelot,
Pean y Guyot le estimularon, le demostraron su afecto, predijeron su
porvenir de xitos y de gloria. Discpulo ferviente de Pasteur, llev
a su Patria las nuevas ideas, siendo considerado como el innovador de
la Medicina y de la Ciruga en Nicaragua. En medio de sus triunfos
cientficos, no ha podido echar en olvido a las Gracias divinas. Y ha
escrito y escribe de cuando en cuando artculos, estudios y delicados
poemas, unos impregnados de aroma romntico, otros muy modernos y de
tcnica hbil, todos bellos de humanidad y de sinceridad. Madriz ocupa
hoy uno de los primeros puestos en la poltica centroamericana; abogado
de gran mrito, es en todo un combativo. Mas no ha sido tampoco infiel
a las letras, y tiene por publicar importantes estudios de historia
patria, que han de ser dignos de su slido y ureo talento. Mayorga
Rivas estaba llamado a ser el fundador del periodismo a la moderna en
Centroamrica, y, en efecto, dirige en San Salvador el primer diario
de aquellas cinco Repblicas. No obstante, su antigua musa le acompaa
siempre, y suele, al amor de ella, formar en su jardn de lirismo muy
lindos ramos de rosas de poesa. Hay que tener en cuenta que todos
los escritores tienen necesariamente que ir a parar al terreno de las
discusiones polticas. Los mejores cerebros se han gastado as Qu
obras perdurables no habran podido dejar un Carlos Selva, un Tiburcio
G. Bonilla, o un Rigoberto Cabezas en lo pasado, y no podra hacer un
Salvador Mendieta en lo presente? Cabezas fu a la accin, y en ella
dej un nombre luminoso. Otros han arrojado su tinta al viento y al
olvido. Modesto Barrios, un verdadero literato y maestro de la palabra,
se fatig en vanas oposiciones y se refugi en la jurisprudencia y
en el profesorado. Otro muy culto espritu, Manuel Coronel Matus, ha
ocupado altos puestos pblicos, y hoy dirige un diario y un Instituto.

       [3] Hay ahora dos revistas importantes en Nicaragua: _La
       Patria_, que dirige el notable escritor Flix Quiones, y _La
       Torre de Marfil_, fundada y sostenida por Santiago Argello.

Singular figura entre las gentes que escriben ha sido la de D. Enrique
de Guzmn, miembro correspondiente de la Real Academia Espaola, el
nico miembro correspondiente de la Real Academia Espaola que haya
existido en Nicaragua... El Sr. Guzmn se dedic a la poltica
y a la gramtica. En lo segundo ha tenido por all, en aos ya
lejanos, bastante xito. Es un hombre de cierta lectura, con dotes
socarronamente satricas, y cuya manera ha consistido en mezclar al
chiste castellano y a la cita clsica algo de la pimienta un poco
fuerte y del chile usual en su parroquia. De este modo, el Sr.
Guzmn es menos gustado en el resto de Centroamrica que en Nicaragua;
y en Nicaragua, para saborearlo por completo, se necesita ser de su
ciudad de Granada, y, posiblemente, de su barrio. Es algo, por otra
parte, semejante al espaol Valbuena, con ms cultura, y que mezcla
taimadamente a falsas inocencias de cura oblicuo desplantes y pesadeces
de dmine criollo. Excelente Sr. Guzmn, el mismo, invariable,
incambiable desde hace treinta, cuarenta, cincuenta aos; qu s yo!

    _Nilne puset capiti non posse pericula cano
    Pellere, quin tepidum hoc optes audire: decenter?_

El gramaticismo y el filologismo llegaron por influjo colombiano.
En un tiempo, cuando a Bogot se la llamaba Atenas de Amrica,
fueron aquellos pases como dependencias acadmicas de Colombia y
de Venezuela. De ah que todava se encuentre quienes juzguen que
el hombre ha sido creado por Dios para aprenderse el Diccionario de
galicismos de Baralt y las apuntaciones sobre el lenguaje bogotano de
D. J. Rufino Cuervo. Dos caballeros discuten sobre poltica, o sobre
no importa qu, por la prensa. Desventurado de aquel que, aunque lleno
de buena doctrina, escribe: es por esto que o avalancha. Una de
las razones que hicieron popular y famoso a un escritor ecuatoriano,
genial, por otra parte, D. Juan Montalvo, fu su manera de escribir
arcaica, su culto por Cervantes y por el Diccionario. Y hay quienes
en Nicaragua se han dedicado a la tarea de estudiar el idioma, y que
merecen el ttulo de miembros correspondientes de la Real Academia
Espaola tanto como el Sr. Guzmn. Me refiero al Sr. Fletes Bolaos; a
un poeta honesto y sensitivo: mi antiguo maestro Felipe Ibarra y a un
concienzudo e infatigable minero de las minas clsicas: Mariano Barreto.

Todo esto me era conocido. A mi llegada pude darme cuenta de lo que
vale y representa la nueva generacin. All, como en toda Amrica, ha
habido un florecimiento, una renovacin de brillo y valores. Encontr
un tesoro de entusiasmo, una corriente que tan slo necesita ser bien
encauzada, una fuerza que, con un poco de apoyo y de estmulo, con
paz en la Repblica y con voluntad en los espritus dirigentes, puede
convertirse en el impulso dinmico que transforme el alma del pas.
Juventud y porvenir significan en el fondo una misma cosa.




                              MIS LIBROS

                              PARISIANA




                             [Ilustracin]




                                  VI


Entre los poetas actuales es el primero Santiago Argello. Ha producido
ya una obra considerable. Se le reconoce como a un maestro. Ha sido
vario en sus efusiones lricas; se le ha aplaudido, ha triunfado.
Es fecundo, es sonoro, es tropical, es un trabajador y un virtuoso
del verso. Ha publicado no solamente poesa, sino libros de crtica
y, por motivos docentes, un texto de literatura. Ha ensayado el
drama con ruidoso xito. En Argello hay una mezcla de cerebral y
de sensitivo. Su imaginacin es rica y derrochadora. Su talento ha
revelado su fortaleza cuando, a pesar del medio en que ha vivido,
ha podido crear lo que ha creado. A pura intuicin y a puro libro
ha realizado sus primeros sueos de arte. Con motivo del estreno de
su drama _Ocaso_ escribale Max Nordau: No le felicito slo por el
xito, sino tambin por la obra misma, fuerte y bella, y, sobre
todo, por la idea que usted ha tenido de escribir una pieza vivida,
autntica, arraigada en su suelo, poblada de un mundo suyo, cargada
de ideas propias y sentimientos reales: una pieza que traduce la vida
en el espacio y en el tiempo. Necesitaba usted valor para emanciparse
de la influencia extranjera, para apartarse de ese mundo ficticio,
casi siempre parisiense, en que se mueve el teatro sudamericano, y
colocar sobre la escena los seres y las cosas que le son familiares.
Ha hecho usted un bellsimo _dbut_. Ojal sea el creador del teatro
nacional hispanoamericano! El famoso israelita se refiere a la
valiente tesis social del drama, que en Madrid habra causado el ruido
de una _Electra_ galdosiana. No hay duda de que en Centroamrica,
Argello, con el gran salvadoreo Gavidia, en asuntos de teatro va
a la cabeza. Su poesa es, como l la llama en uno de sus libros,
de tierra clida; sin embargo, su alma ha ido a todas partes, ha
viajado en peregrinacin y adoracin de bellezas por pocas y pases
diversos. Qu poeta verdadero no lo ha hecho, sobre todo en nuestras
Amricas, de irreductibles ensoadores? Ha habido quienes critiquen la
preferencia en nuestras zonas por princesas ideales o legendarias,
por cosas de prestigio oriental, medioeval, Luis XIV, o griego, o
chino... Homero, seores mos, tena sus lotfagos; Shakespeare, su
Italia, o su Dinamarca, o su Roma, y, sobre todo, sus islas divinas...
Para ser completo y puramente limitado a lo que nos rodea se necesita
el honrado, el santo localismo de un Vicente Medina el murciano, o de
un Aquileo Echeverra el costarricense... Y ya Medina est en Buenos
Aires... Argello siente la Naturaleza y se comprende unido a ella. Su
llama interior brota en la profusin de sus ritmos y rimas. Sus formas
tienen de lo clsico y de lo moderno. Gusta, ms que del smbolo, de la
alegora. Su vocabulario es muy rico, quizs excesivo, pues ocurre que
al leer algunas de sus pginas tiene uno que recurrir al Diccionario.
Labra y engarza sus palabras con minucias de orfebrera. As como a
Robert de Montesquiou en Francia, a l sera al nico quiz que se le
podra llamar entre nosotros poeta decadente. Tiene, sin embargo, otras
maneras, pues ya he dicho que es un notable virtuoso. Ved cunta
diferencia hay entre unas y otras de sus poesas. Citar sta, del
libro _De tierra clida_, titulada _Germinal_:

      El horno de abril. En la hoguera
    se abrasan los llanos. Extiende
    sus velas el pjaro y hiende
    los aires. Resopla la fiera.
    El horno de abril reverbera,
    y se oye zumbar: es el duende
    que fuegos erticos prende.
    Despus, la gentil Primavera
    su espeso cabello prendido
    con regias coronas. El nido
    renueva las notas del coro.
    Rosal lujurioso se cubre
    de rosas. Da leche la ubre;
    la espiga, mazorcas de oro.

Y este fragmento de un poema, _Habla Safo de sus tres amores_:

      Oh, vrgenes de Lesbos...! Adoradas
    y encantadoras vrgenes! Vosotras
    prendis en el fanal de mi pupila
    esa vvida lumbre de las diosas!
    Qu fulgentes los ortos de mi dicha
    cuando os veo venir; cuando radiosas,
    el perfume esparcs de las praderas;
    cuando, a su paso, vuestros pies enfloran;
    cuando bajan en densas espirales,
    del cabello, las vboras, que enroscan
    sus anillos de seda en vuestro cuello:
    esas vidas vboras que flotan
    como obscuros afluentes del Cocito
    o cual rayos de una alba esplendorosa,
    buscando sobre el seno palpitante
    la miel de Hymeto en la colmena roja!
    Athis divina! Que se encienda mi alma
    en la risa de luz que hay en tu boca,
    y que es rayo auroral que va jugando
    en los ptalos frescos de una rosa!
    Que me envuelva tu pelo rubio, como
    un ureo manto real! Y que a la sombra
    de tu pestaa crespa, Amor encienda
    en tus clicos ojos tus auroras,
    en tus ojos azules como el Actium,
    y como el Etna ardientes...
    T, Anactoria,
    que enloqueces mi mente! T, el ensueo
    del alma ambicionado...! De tu boca
    riega sobre la ma la cascada
    de tus gnicos besos!

                            Venid todas,
    bellas hijas de Pira...! Ven, Cyrina,
    la del mohn lascivo...! Ven, Andrmeda!
    Timas, Nas... volad! Volad! Que escancie
    la madre del Amor en nuestras copas
    sus embriagantes vinos...! Que se tian
    los aurferos bordes, y las rosas
    de vuestros grasos labios encendidos
    ensangrienten la tez de sus corolas!
    Matadme, delirantes...!

                            Ven, Corina;
    hazme que pruebe de tu piel sabrosa!
    Ponme borracho de deleite...! Djame
    con mis sedientos labios en la copa!

      Y t, mi Cydno, mi adorada Cydno!
    Blanca como el plumn de la garzota,
    como la espuma que envolvi a Citeres
    en paales de tul...! Ya la zozobra
    de nuestras gratas expansiones ntimas
    me agita el corazn, e hirviendo, azota
    mi sangre las arterias. Haz que sea,
    por el amor, mi sangre abrasadora,
    mar de oleaje bravo, mar de lava
    que se estrella en sus crceles de roca,
    y levanta vorgines, y escupe
    a los cielos la espuma de su clera!
    Llegad presto, queridas! El deseo
    con sus puntas elctricas me toca.
    Me parece que os tengo entre mis brazos,
    que vuestras carnes con mis carnes rozan,
    que un aliento caldeado me enloquece,
    en un pujante resollar de forja,
    y que son vuestros senos pebeteros
    do erticos perfumes se evaporan!
    Volad, hijas de Zeus...! Que ya siento
    calcinarse las frases en mi boca;
    mi lengua se entumece, y es mi labio
    un pramo. La angustia, sudorosa,
    me aprieta el corazn, tiembla en mis carnes,
    me estruja la garganta y me sofoca...!
    Venid a refrescar este desierto
    de mis ridos labios con las pomas
    humedosas de miel de vuestros pechos!
    Que vuestras carnes, en sus tibias combas,
    cual los poros sutiles de los ptalos
    dan al insecto su embriaguez de aromas,
    me den a m su seductor perfume...
    Toda la esencia de sus flores todas!
    Todo el dulce roco de sus clices!
    Todo el grato licor de sus corolas!
    Y dormirme, ebrio ya...! Siempre soando
    con otro goce ms...! Que me aprisionan
    otros brazos mejores, y otros ojos
    ms flgidos me queman... Y en las ondas
    del pilago supremo, en los arrullos
    del abrasante amor, sentir ansiosa
    la divina epilepsia del deleite,
    con avidez frentica de loca...!

      Venid! Que ya mi ceidor desciende!
    Mi tnica est suelta; ya pregona
    la pasin delirante...! Me parece
    el mareo sentir de vuestras rondas,
    oh, lbricas hetairas...! Vuestro pelo,
    en viperina contorsin, retoza
    en los rpidos giros de la danza...,
    y las sedeas vestes en la alfombra...,
    y la gloriosa seduccin sin velos
    que vuestros regios cuerpos aureola...,
    y los senos recnditos, que emanan
    arbigas esencias voluptuosas...,
    y los besos que sangran..., y las sangres,
    embriagantes, dulcsimas y rojas...,
    y la estrechez gratsima..., y el lnguido
    desmayo de la dicha enervadora...,
    y el hondo frenes que al reino vuela
    donde tiene el Delirio su corona...!

En el _Poema de la locura_, hecho con bizarras musicales y caprichos
mtricos, muy romntico si se quiere, demuestra mayormente su dominio
tcnico y su ensoadora fantasa. En _Ojo y alma_, su ltimo libro,
contina su adoracin ideal, y la msica, en el amplio sentido griego
de la palabra, impera siempre.

Junto con Argello sostienen en aquella tierra el culto artstico
escritores como Ayn, de quien ya he hablado; como Flix Quiones,
a cuyo ferviente humanismo debe tanto la cultura intelectual
nicaragense; Manuel Maldonado, que es un poeta sentimental y
elegante, duplicado de un orador admirable, de un crisstomo fogueado
por aquellos soles, Francisco Huezo, inteligencia largamente abarcadora
y verbo ardiente y cordial; los hermanos Paniagua Prado: Francisco,
sutil, sensitivo y a veces complicado, cuya prosa elegante y moderna
es reveladora del espritu progresista y asimilador de Nicaragua; Jos
Mara, lricamente airoso y amador de quimeras.

Los nuevos en la vida de la mente, los de ahora, tienen su esperanza
en flor y su corazn lleno de futuro. El P. Casco es sapiente y
armonioso[4]; meditabundo, sereno e impregnado de universal amor
escribe sus ritmos Manuel Tejerino; con mpetu y con fragancias
slvicas exterioriza sus energas Antonio Medrano; Juan R. Avils
decora bizarramente sus prosas poemticas; el poeta Vanegas, quizs
el ms firme y slido, expresa su generoso sentido de la vida en
hermosas estrofas; Jos Olivares sinfoniza suaves melancolas y
eterizadas divagaciones; Lino Argello, de finos caprichos y prematuras
languideces, combina plausibles versos, y Garca Robleto y Narciso
Callejas, que heredara superioridades maternas, y Juan Guerra y Rivas
Ortiz, y otros ms, hacen la noble, y all por desgracia estril,
buena campaa del arte. En Managua est la Biblioteca Nacional. Los
libros extranjeros llegan raramente. Hay dos cronistas meritorios que
se dedican a comentos y exposiciones de los anales patriticos: Jenaro
Lugo y Sotomayor.

       [4] En prensa ya este libro, me llega la noticia de la
       muerte del P. Casco. Expreso mi duelo por la desaparicin de
       ese generoso talento, que tanto hubiera hecho por la cultura
       de Nicaragua.




                              MIS LIBROS

                           POEMA DEL OTOO




                             [Ilustracin]




                                  VII


La mujer nicaragense no tiene un tipo marcadamente definido entre
las del resto de Centroamrica; pero hay en ella algo especial que la
distingue. Es, y ya lo he hecho observar en otra parte, una especie
de languidez arbiga, de _nonchalance_ criolla, unida a una natural
elegancia y soltura en el movimiento y en el andar. Como en las
Antillas, como en casi todas las Repblicas sudamericanas, abunda
el color moreno, el cabello negro; pero no son escasas las rubias.
Solamente que el clima no deja durar mucho los oros de los primeros
aos. As, el rubio claro o ureo se torna en castao; las cabelleras
se obscurecen, prevaleciendo tan slo el encanto de la mirada azul. Los
cascos de bano o azabache son de copiosa riqueza. La herencia espaola
delata su procedencia extremea, castellana o andaluza. Sorprende
gratamente el gran nmero de cuerpos altos y esbeltos que caminan con
singular gallarda. En cierta manera--dice Havelock Ellis--, puede
atribuirse especialmente a sus peculiaridades anatmicas el andar
de la espaola. Su paso--que se distingue tambin en todo lugar en
que las mujeres acostumbran llevar carga a la cabeza, como en las
romanas de las colinas albanas y en algunas partes de Irlanda--es
el porte erguido y digno, acompaado de sobrios movimientos, como
sacerdotisa que llevara los sagrados vasos. A la vez, el andar de la
espaola, no exenta de altiva dignidad humana, tiene en s algo de la
graciosa condicin de un animal felino, cuyo cuerpo todo es vivo y sus
movimientos mesurados, sin exceso ni superfluidad alguna. Todo esto
es aplicable a la mujer nicaragense, sobre todo a la mujer popular,
pues en las familias acomodadas no es rara la seorita educada en
ciudades europeas que ha adquirido maneras y aires extranjeros; cuando
menos, las que han estado en colegios religiosos, la parsimonia un
poco _sacr coeur_; o la seorita educada en los Estados Unidos,
ademanes norteamericanizados y modos demasiado amaznicos para una
raza de gracia. De m dir que despus de tantos aos de ausencia
y de haber recorrido tantos pases, encontr en mis compatriotas un
encanto que por un lado me pareca lleno de atractivo extico, y por
otro reavivaba en mi memoria impresiones ya casi perdidas en la lejana
de mis primeros aos. Habituado al bullicio de las grandes ciudades, a
las comunes y sabidas elegancias femeninas de las populosas metrpolis,
me senta dulcemente subyugado por las figuras como de misterio que
en aquel ambiente voluptuoso sola percibir en los salones, visibles
desde la calle, salones en donde, por la noche, se mecen perezosa y
tropicalmente en las sillas de junco; o en los tibios crepsculos, a
las puertas de las casas, como es usual, donde se admira la gentileza
de tanta plida beldad de grandes ojeras, no lejos de los jardines que
esparcen por oleadas embriagadores perfumes de flores que causan casi
como una grata angustia. El desarrollo de la planta humana es all
prodigioso. Hay nias esplndidas, semejantes a rosas o a frutas. En
el pueblo de Len, en el mercado, por ejemplo, he visto jovencitas de
doce, de trece, de catorce aos, ya listas para la maternidad en la
ms precoz de las adolescencias. Y recordaba la graciosa _boutade_ de
Maurice Donnay: ... et tu n'ignores pas que dans les pays chauds, on
est plus vite arriv  l'ge de pubert que sous nos froids climats
d'Europe, les rpubliques sudamricaines ayant pour devise: Pubert,
galit, Fraternit! En verdad, all pueden encontrarse esos tipos de
adolescentes a la oriental que de tan caprichoso modo se describen en
_Las mil noches y una noche_, que tradujo el doctor Mardrus.

No es en los bailes o en las recepciones, que son ms o menos iguales
en todo pas civilizado, en donde ms demuestran su especial donosura
las damas de aquella tierra, sino en ciertos paseos campestres, y,
sobre todo, en las fiestas a la orilla de los lagos o en las riberas
del mar. All cantan y danzan gallardamente aires y sones del pas, o
alegres fandangos y msicas de Espaa que quedaron desde la poca de la
colonia. Todo ello es muy patriarcal, muy primitivo, si gustis; pero
para m de un deleite irreemplazable.

Por una temporada en Poneloya, cuando se admiran esas noches que bien
pudieran ser das donde no hay noches como ellas, segn la estrofa
del poeta colombiano, dara yo cien veces los halagos europeos de la
cosmopolita costa de Azur, o cualquiera de los lugares famosos por sus
casinos, _kursales_ y dems edenes de artificio.

Al hogar no ha llegado el modernismo, y, generalmente, se procura
contentar los deseos del buen Fr. Luis de Len. Las familias numerosas
abundan, pues la fecundidad es extraordinaria y no se sospecha ni se
desea sospechar a Malthus. A pesar de la victoria de los principios
radicales en la poltica, la mujer, como en casi todos los pases,
conserva la religiosidad y mantiene las prcticas de devocin. La
ortodoxia se muestra, sobre todo, en las gentes distinguidas y ricas.
Las aristocracias en todas partes son las mantenedoras de la tradicin
y las sostenedoras del culto. All, los donativos para ello no escasean
entre las pudientes. Por ejemplo: la iglesia de San Juan de Dios, de
Len, debe mucho a la munificencia de la esposa de uno de los ms
meritorios hombres pblicos: me refiero a doa Soledad de Snchez; y
en la catedral, en altares y cuadros, queda el nombre de una mi seora
ta, ya difunta: doa Rita Daro de Alvarado. El demasiado fervor ha
hecho _dupes_ algunas veces a los creyentes. Recuerdo que all, en los
aos de mi infancia, los jesuitas ponan un buzn mstico en la iglesia
de la Recoleccin, buzn que recoga las cartas que se escriban no
s ya ms si a San Ignacio, a San Luis Gonzaga o a la Virgen Mara,
los cuales contestaban por medio de sus reverencias los padres
confesores. Otra vez es un sacerdote trashumante llamado el padre de
la campanilla, pues milagrosamente se oan en su cuerpo los sonidos
de un timbre... El tunante era poseedor, a lo que entiendo, del primer
reloj con timbre que haya llegado al pas... Y quien daba la hora era
l... Otra, y reciente, es un falso cura mejicano que estuvo diciendo
misa y predicando; se gan la buena voluntad de todos, y cierto da
result ser un bribn que desapareci con un buen montn de dinero
de sus feligreses... Mas en Pars hemos visto famosos ejemplares de
esa especie, y las devotas del _Faubourg_ han sido ms de una vez tan
esquilmadas como las devotas nicaragenses.

El valor, la voluntad de sacrificio, la abnegacin, son cualidades
que all se admiran en la mujer, y de ello se han visto pruebas
repetidas en las muchas guerras que han conmovido el pas, desde la
independencia hasta nuestros das, y en tiempo de la dominacin
espaola se admiraron ejemplos de bravura y de decisin femenina,
Entre las mujeres espaolas--dice Ellis--en pocas pasadas, a pesar
de las costumbres moriscas de encerramiento, eran comunes el valor y
las cualidades blicas; y H. C. Lea, en su _History of the Inquisition
in Spain_, dice que combatan y defendan su partido en las intrigas
facciosas con ms ferocidad que los hombres. Cuando Nicaragua fu tan
atacada por los piratas, sobre lo cual narra Ooexmelin tan curiosas
cosas en su rara _Historia de la piratera_, hubo un caso de valor
mujeril que Gmez refiere de la manera siguiente: ... Pero al mismo
tiempo que los piratas amenazaban por el Realejo, cuatrocientos
filibusteros ingleses y franceses desembarcaron en Escalante, puerto
del mar del Sur, a veinte leguas de Granada, sobre la cual se
dirigieron inmediatamente. Los granadinos, noticiosos de la prxima
llegada del enemigo, se fortificaron precipitadamente con catorce
piezas grandes de artillera y seis pedreros. A las dos de la tarde del
7 de Abril de 1865 se present el enemigo, y despus de un corto fuego
se posesion de la ciudad. Al da siguiente pidieron el rescate de la
poblacin, y como no se les llev pronto, incendiaron el convento de
San Francisco y diez y ocho casas principales, saquearon la poblacin
y se retiraron con la prdida de trece hombres, pasando por Masaya y
otros pueblos, hasta salir por Masachapa. Viva todava la impresin
de tan alarmante suceso, el 21 de Agosto de 1865, los filibusteros,
al mando del pirata Dampier, desembarcaron en un estero inmediato al
Realejo, y encaminndose por un ro que entra en el playn de Jaguei,
se internaron en Len con objeto de dar una sorpresa; mas no pudieron
evitar que el vecindario y las autoridades se apresuraran a la defensa,
aunque con atropellamiento y sin orden. Al presentarse el enemigo, la
suegra del gobernador, doa Paula del Real, toc la caja, y por esta
razn se di su nombre al estero por donde penetraron los ingleses.
Si doa Paula del Real toca la caja, la seorita Rafaela Herrera
dispara el can, no contra cierto joven marino ingls llamado Nelson,
que ms tarde se encontrara en Trafalgar, segn afirma el arzobispo
Pelez en sus _Memorias para la historia de Guatemala_, y luego el
historiador nicaragense Toms Ayn, pues Nelson estuvo en Nicaragua
en otra ocasin, sino contra otros enemigos, aunque siempre ingleses.
En 1762--escribe Gmez--se presentaron los invasores amenazando el
castillo de la Concepcin (hoy castillo Viejo) en momentos en que el
castellano de la fortaleza, Sr. D. Pedro Herrera, se encontraba enfermo
de tanta gravedad, que muri algunas horas antes que los ingleses
afrontaran las bateras. Este suceso, que coincida con las miras
del enemigo, dej acfalo aquel punto militar, pues un sargento fu
cuanto qued por jefe de la guarnicin. El comandante de la flota,
informado de todo por algunos prisioneros que servan de atalayas en
puntos avanzados, mand pedir al sargento las llaves del castillo,
y ste, olvidndose de su deber militar, se manifestaba dispuesto a
entregarlas, cuando la hija del castellano, que apenas contaba diez y
nueve aos de edad, estimando como un legado el honor y la dignidad de
su difunto padre, cuyo cadver tena delante, se neg a sufrir tamaa
vejacin, y, constituyndose en jefe del castillo, hizo regresar al
heraldo con su contestacin negativa. Los ingleses entonces rompieron
un fuego de escaramuza, creyendo que esto bastara para lograr la
rendicin; pero la seorita Herrera, educada en ejercicios varoniles
y conocedora del manejo de las armas, tom ella misma el botafuego y
dispar los primeros caonazos, con tal feliz acierto que del tercero
logr matar al comandante ingls y echar a pique una balandrita, de
tres que venan en la flota. Con este arrojo contuvo el mpetu de los
invasores y mantuvo la accin en equilibrio por cinco das que dur
el fuego. Una circunstancia bien sencilla caus no poco temor a los
ingleses. Viendo la seorita Rafaela Herrera que la obscuridad de la
noche impeda distinguir las posiciones del enemigo, hizo empapar unas
sbanas en alcohol, y despus de colocarlas sobre unas ramas secas, di
orden de inflamarlas y echarlas al ro. A su vista, los ingleses se
creyeron que se trataba del tradicional fuego griego, no pudindose
explicar cmo podan sobrenadar sin apagarse aquellas masas de fuego;
y como la corriente las arrastraba hacia ellos, se llenaron de pnico
y huyeron, suspendiendo el ataque durante aquella noche. Cuando fu
de da los ingleses continuaron el interrumpido ataque; pero sin
xito. Por la tarde suspendieron de nuevo sus fuegos, y a la maana
siguiente se retiraron, dejando muchos muertos, varias embarcaciones
perdidas, algunos tiles, y, sobre todo, el triunfo de la mujer. El
acontecimiento caus gran regocijo en Granada y en todo el reino
de Guatemala, en donde se celebr con entusiasmo, y la joven herona
fu colmada de alabanzas y bendiciones.

Diez y nueve aos despus el Gobierno espaol expidi una Real cdula
otorgando a la seora doa Rafaela Herrera una pensin vitalicia en
premio de la heroica defensa que hizo del castillo de la Concepcin en
1762. De tal guisa las nicaragenses de ahora, las del pueblo, van a
las campaas, vivanderas, cantineras o compaeras del soldado; y a ms
de una se la ha visto en funciones de guerra, virilmente pelear con su
fusil, como el ms valiente. Y esa misma mujer es en su casa buena,
hacendosa y excelente para el amor. Lo que se llama las mengalas, o
sea las obreras, las que no usan el sombrero europeo de las clases
acomodadas, portan con garbo el antiguo chal, que, como los de la
India, las decora hermosamente, colgado de los hombros, hombros que
van desnudos como los de una dama en traje de etiqueta. Hay entre esas
mengalas ejemplares deliciosos que se diran floracin de una Andaluca
complicada del ancestral ensueo y voluptuosidades indgenas.

... Y tres nias del mercado leons, trucheras, o vendedoras de
telas, quedarn en mi memoria cual si las hubiese visto en un zoco
arbigo miliunanochesco, libres de todo velo facial, en los tiempos del
gran califa Harum-Al-Raschid.




                                 VIII


Y la poltica? Yo no me ocupo ahora en la poltica... Mas s os dir
que hay su buena dosis de falta de justicia cuando en el Ro de la
Plata, pongo por caso, se llama a aquellos pases las republiquetas,
con el mismo tono con que los ingleses llaman a todo el continente
hispanoparlante _South America_... Ante todo, esas cinco patrias
pequeas que tienen por nombre Guatemala, El Salvador, Nicaragua,
Costa Rica y Honduras han sido y tienen necesariamente que volver a
ser una sola patria grande. Monsieur Levasseur, administrador del
Colegio de Francia, presentaba hace pocos meses al pblico una obra
interesante sobre las riquezas de la Amrica Central. El autor de ese
libro es M. Dsir Pector, consejero del Comercio Exterior, antiguo
cnsul general de Nicaragua y Honduras en Pars. Monsieur Pector es
bien conocido entre los americanistas; ha asistido a casi todos los
Congresos especiales y publicado opsculos y libros merecedores de
todo aplauso. En _La Nacin_, de Buenos Aires, hace ya tiempo apareci
un artculo suyo sobre uno de los trabajos lingsticos del general
Mitre. En esta ltima obra sobre la Amrica Central el autor pone a la
vista los elementos de vida y de prosperidad de las cinco Repblicas.
Monsieur Levasseur dice: De cualquier modo que sea, Centroamrica ha
tomado participacin en el desenvolvimiento demogrfico y econmico
que caracteriza el perodo contemporneo en los pases civilizados.
Algunas cifras bastan para probarlo. En 1674 se calculaba la poblacin
de las cinco Repblicas en 2.580.000 almas; en 1907 ella es, poco ms
o menos, de almas 4.295.000. (M. Levasseur se queda corto. Hoy pasa
la poblacin centroamericana de cinco millones de habitantes). El
comercio exterior se calculaba en 32 millones de francos (16 millones
de importacin y 16 de exportacin) en aquella primera fecha, y en
la segunda, en 215 millones (importacin, 98.435.000 francos, y
116.600.000 de exportacin). La importancia minera de Nicaragua sola
acaba de ser demostrada en un extenso y prctico estudio publicado en
los Estados Unidos. El pas adelanta. El progreso se hace notar. Pero
la mala fama de las republiquetas, diris, est en sus continuas
revoluciones. Ellas han sido precisas muchas veces. Y en qu pueblo en
formacin no las ha habido? Diranse las fiebres del desarrollo. Mas la
administracin Zelaya en la tierra nicaragense logr imponer el orden
despus de varias tentativas de perturbacin de la paz, y el orden ha
producido en poco tiempo una transformacin.

Al da siguiente de mi llegada a Managua, me dijeron: Maana espera a
usted el Presidente. Yo no haba tratado nunca al general Zelaya. Le
conoca por la prensa, por los elogios de sus partidarios de Nicaragua
y por los denuestos de sus enemigos emigrados. Los primeros entonaban
el natural himno. Los segundos le hacan aparecer como el perturbador
de la paz en Centroamrica, como un strapa cruel y terrible, como
uno ms en la lista de los famosos sultanes hispanoamericanos que han
obscurecido y enrojecido la historia de nuestras nacionalidades. Un
espadn, un machete. Nada ms.

Me encontr con un caballero culto, de noble presencia, correcto,
serio, afable. Estaba en compaa de su esposa, una dama de gran
belleza, que junta a la mayor distincin una sencillez encantadora. Es
de origen belga, y su apellido es Cousin. El Presidente fu educado
en Francia, en Versalles. Su padre fu ntimo amigo y compaero del
clebre luchador de la Unin Centroamericana Mximo Jerez. De l
hered el general Zelaya el culto por ese ideal patritico y por los
principios liberales. Por ellos ha luchado soldado valeroso desde los
tiempos en que el Presidente Barrios, de Guatemala, quiso realizar por
la fuerza la unidad de las cinco Repblicas. En Nicaragua le alaban
los liberales por haber quitado el Poder al partido conservador, que
dominaba desde haca treinta aos. Uno de sus bigrafos resume de esta
manera la historia de sus esfuerzos y de sus victorias: Era en la
poca de la administracin Sacasa. Los conservadores se pronunciaron
en Granada en 28 de Mayo de 1893, y Zelaya y sus partidarios, a fin
de destronar el establecido Gobierno de Len, se unieron a ellos,
para separarse despus de conseguida la victoria. Zelaya venci en el
sitio de la Barranca, y despleg tanto ingenio tctico y perspicacia
estratgica, que gan la entusiasta estimacin de los conservadores.
El Convenio de Sbana Grande di trmino a la campaa, abatiendo a
Sacasa y dejando en lucha a los partidos histricos[5]. La paz dur
pocos das. El 11 de Julio de 1895 se pronunci el cuartel de Len
por Zelaya, proclamndole Presidente de la Repblica, cuyo hecho
estuvo a punto de ser su ruina. Los conservadores le guardaron en
Managua como rehn, y los liberales perdieron con su ausencia a su
jefe. No vacil Zelaya en esta emergencia, y, acompaado de algunos
valientes, rompi por entre las filas enemigas, consiguiendo reunirse
a los revolucionarios en Nagarote. Organizada la revolucin, psose
en marcha hacia Len, en donde, con rapidez y acierto, form la junta
del Gobierno de que l fu escogido Presidente; asumi el mando de
las fuerzas, marchando sobre Managua, en donde penetr vencedor,
despus de una lucha sangrienta, el da 25 de Julio. Los conservadores
imploraron la paz, que les fu concedida. En Centroamrica se form en
seguida un gran partido radical, armado y decidido, que domin a los
conservadores. Zelaya ejerci el gobierno provisional, dando pruebas
de rara justicia y habilidad, mientras se reuna la Convencin que le
eligi Presidente por cuatro aos. La carta que se di en Nicaragua
fu una remembranza fiel de la Constitucin de Ro Negro, resumen del
derecho individual victorioso sobre la tradicin autoritaria y heraldo
de las conquistas democrticas de la Repblica. As, despus de tantos
aos de guerras, de revoluciones y de luchas intestinas, la floreciente
Repblica de Nicaragua pudo al fin descansar bajo un Gobierno liberal
y honrado, por lo cual los efectos de una buena administracin dieron
los frutos deseados por todo el pas. Naturalmente, los miembros del
partido derrotado han lanzado sus protestas, y han procurado hacer ver
en el exterior bajo una luz poco propicia la obra del general Zelaya.
Han tergiversado hechos, han atacado de diversas maneras la actual
administracin, han desempeado el papel de todas las oposiciones. Un
caso, por ejemplo. Se me haba dicho que all imperaba un rgimen de
terror, que el cadalso poltico se haba levantado muchas veces y que
no exista la menor manifestacin de libertad. Pues bien; he llegado
y he podido cerciorarme de que jams se ha sacrificado a nadie por
motivos polticos; que los nicos fusilamientos que se recuerden son
los de los militares complicados en el atroz crimen de la voladura de
un cuartel, donde hubo tantas pobres vctimas. A los conspiradores
se les ha, cuando ms, alejado del pas. He podido ver all mismo
transparentarse ambiciones que en pases vecinos hubieran sido vistas
como sospechosas; he odo en varias partes palabras de descontentos,
y he podido ver tal publicacin llena de ataques al Gobierno, que en
otras repblicas habra sido harto peligrosa para sus autores. Mas
de arriba se ha logrado imponer una voluntad de paz y de trabajo; y
como se dice, el movimiento se ha demostrado andando. Lo realizado en
bien de la Repblica y de su adelanto, es la mejor prueba de tales
asertos. Se ha establecido la libertad religiosa; el laicismo en la
educacin; la amplia libertad de testar; el mantenimiento del _habeas
corpus_; el voto activo, irrenunciable y obligatorio; la justa
representacin de las minoras; el establecimiento de una sola Cmara;
la incompatibilidad entre el ejercicio de la representacin popular
y puestos de Gobierno; el _self government_; la nueva ley Electoral;
la secularizacin de cementerios; el divorcio tal como se ha adoptado
en Francia, y mucho antes que en Francia[6], aumento progresivo de las
rentas pblicas; desarrollo de la instruccin; aumento de escuelas;
cumplimiento exacto en el arreglo de la Deuda, cuyos cupones nunca han
dejado de pagarse, a veces con anticipacin; creacin de nuevas lneas
frreas; ley de trabajo en proteccin de los trabajadores; mejoramiento
de puentes y caminos; aumento de la pequea Marina del pas; apoyo a
Empresas agrcolas y forestales que, como las de la costa atlntica,
son para la Repblica un venero de riqueza; el muelle del puerto al
Pacfico de Corinto. Por otra parte--dice el mismo Presidente--, no se
ha circunscrito la presente administracin a mantener lo que encontr;
antes bien, lo ha modificado, lo ha ampliado, lo ha puesto, en fin, a
la altura de las necesidades que ha de llenar. La industria minera ha
adquirido un crecido desenvolvimiento. Se ha establecido en la capital
un Museo; en las ciudades el antiguo aspecto colonial ha cambiado,
vindose ahora un aire urbano, elegante y moderno, por parques, calles
y edificios nuevos.

       [5] El Presidente Sacasa, varn de prudencia, inspirado en
       sentimientos patriticos, quiso, ante todo, poner fin a la
       guerra civil.

       [6] Ultimamente la ley Selva--llamada as por el nombre del
       distinguido diputado que la propuso--ha ampliado el divorcio
       de una manera progresista y eficaz.

Zelaya ha sido admirado como un hroe de la guerra, pero no ha faltado
quien haga ver sus mritos y preeminencias como hroe de la paz. Fijaos
bien los que sabis por experiencia lo que son los prestigios de los
caudillos, la dificultad que hay en las inorgnicas democracias para
transformar la obra activa de la guerra en la obra progresiva de la
paz. El general Zelaya es un ejemplo admirable. Un escritor de los ms
discretos y de los de mayor carcter de su pas resume en estas sanas
palabras esa pgina de poltica centroamericana. Habla de Zelaya, y
dice: La trayectoria de su marcha poltica ha recorrido varias fases,
todas ellas bien marcadas y hondamente definidas. Tenido primero como
propagandista de su causa por su entereza de carcter y vinculaciones
populares; odiado luego por sus triunfos de revolucionario, destruyendo
abusos y rompiendo abiertamente con la tradicin secular de inicuo
absolutismo; respetado despus por haberse impuesto airosa y
noblemente a cuantos elementos y asechanzas se opusieron a su paso;
querido ms tarde por el buen xito de sus triunfos y por el notorio
mejoramiento de sus brillantes actos administrativos, es admirado, en
definitiva, por su tenaz brega y su resolucin inquebrantable para
adquirir la paz, que a todos aprovecha y todos aplauden, asegurndola
para comn y positivo inters de legtima victoria nacional. He
ah al perturbador de la paz en Centroamrica como el verdadero
implantador de la paz. Nadie como l ha prestado su voluntad y su
influencia para lo que se puede llamar definitivo paso en favor de la
paz centroamericana: la Conferencia de Washington, y el establecimiento
de la Corte de Centroamrica en la ciudad costarricense de Cartago. Es
all donde el creso Carnegie regal medio milln de francos para un
edificio conmemorativo. Diris que las Repblicas pequeas, como las
nias pobres, pero honradas, no deben aceptar esos regalos. Mas sabed
que el To Samuel demuestra que va con buen fin... De todos modos,
Zelaya ha sido quien nos ha dado muestras de deseo de paz y voluntad
de unin. Eso se lo han reconocido en los Estados Unidos y en Mjico.
Y para concluir este captulo, os dir que su elogio ha sido hecho
justamente por alguien cuyo nombre ha sido admirado y reconocido en el
mundo conforme con sus merecimientos y su autoridad universal. Quiero
nombrar a Teodoro Roosevelt.

As pensaba yo escribir al salir en Managua del Campo de Marte, morada
presidencial, en una noche tibia y coronada de estrellas, al amor del
trpico natal.




                              MIS LIBROS

                            AUTOBIOGRAFA




                             [Ilustracin]




                                  IX


Nombran a Masaya la ciudad de las flores. Es, por cierto, bella en
su suelo florido. All pens una vez ms en la gentil Primavera de
Botticelli. Flores en los jardines, flores en las mujeres, flores
en todas partes. Cuando el seor alcalde me dirigi su discurso, la
calle estaba cubierta de flores. Masaya me evocaba a Hafiz, a Sadi;
verjeles de Sarn, de Bagdad, de la olorosa Persia. Los alrededores de
la ciudad son tambin lugares excelentes, en donde la riqueza floral
se desarrolla y multiplica al cario del magnificente sol. Hace ya
tiempo viaj por esos lugares en compaa de un cubano eminente que ha
hecho admirar en nuestras Repblicas su firme amor patrio, su lengua
de Crisstomo y su corazn de poeta. Ese cubano fu de los luchadores
de la primera revolucin, la de Cspedes, y uno de los que redactaron
la antigua Constitucin. Me refiero al Dr. Antonio Zambrana, que hoy
vive rodeado de la consideracin general en San Jos de Costa Rica. l
dej en una pgina delicada el recuerdo de nuestra visita a la aldea
masayesa. He aqu sus impresiones, en las cuales se revela el cario
que desde mis primeros aos me demostrara el grande hombre: Nindiri.
l me haba hablado del pueblecito, y con l tuve el gusto de verlo
por vez primera en viaje que hicimos juntos, en un cmodo y ligero
carruaje, de Managua a Granada. A Rubn Daro, el poeta, me refiero.
A eso de las tres de la tarde divisamos las primeras chozas. El cielo
estaba azul; alguna que otra nube, transparente como velo de gasa,
volaba por l, y de lo alto caa y por todas partes se derramaba la
luz color de oro quemado de un sol brillante, pero ya muy soportable.
Me pareci que estaba en Grecia: as debi de ser la Jonia antigua, o,
por lo menos, esa segunda Grecia, la Provenza de los tiempos medios.
En calle sin polvo, recta y ancha, se alineaban las casas, hechas de
corteza de palma y de bejucos, cada una de arquitectura diferente,
a cual ms graciosa y originalmente ideada, de formas caprichosas,
como sueos de hombre que no ha visto civilizacin, pero que, sin
conocer la de los otros, ha inventado l mismo su poesa y se la
saca del alma para ponerla en todo lo que le rodea. Alrededor de las
casas haba siempre flores, y por la espalda de ellas asomaba algn
rbol, indicio de huerto, que, con sus ramas de esmeralda obscura y
sus frutos de colores vivos, daba nuevas notas a la pintura ideal que
formaba el paisaje. A la puerta, o en pequeos corredores delante de
ella, vi algunas mujeres de la raza india de Nicaragua, que es la ms
bella que conozco; todas lucan, muy morenas, por estar vestidas de un
blanco inmaculado, y los cabellos muy negros y los ojos como llamas,
tomaban con eso un relieve encantador. Admirome su limpieza singular
y el aire de fiesta que eso daba a la aldea, porque se trataba de un
da de trabajo de la semana. Qu hacen estas gentes?--pregunt con
curiosidad a Rubn--. Se dira que esperan alguna visita. Venden
flores y frutas--me contest el poeta--. Las llevan en cestos muy
bizarros a todos los alrededores: sta es su vida cotidiana. Pasaron,
en efecto, a poco, por junto a nosotros, dos mujeres y un jovencito
con cestos tan extraos como las casas, llenos de colores y de
aromas, conduciendo su mercanca; nunca hubiera calculado antes que el
comercio pudiera tomar a mis ojos forma de poesa. No era hora de oir
pjaros; lo que se escuchaba era una cigarra; pero la influencia del
medio ambiente, sin duda, me hizo encontrar bello su toque de clarn
delgado y persistente: pens en la cigarra de oro, smbolo del Arte en
el medioda de Francia, y el canto sin ritmo, lejos de perturbarla,
complet mi ilusin. Soaba yo entonces, por otra parte, que llevaba a
mi lado la cigarra de nuestros bosques y de nuestra poesa americana,
pues Rubn era ya un poeta, aunque todava no era un hombre, y su
inspiracin no haba aun torcido su cauce, sino que era genuina
y espontnea. Ms tarde se dej influir por ideales exticos, y,
persiguindolos, ha llegado a la cumbre de la gloria; pero yo prefiero
la cigarra desconocida, y ahora, que temblamos a la idea de recibir
una mala noticia, ha venido a mi mente con sincera ternura el recuerdo
del pueblecito original de las flores vivas, de las casas lindas y de
las indias limpias que venden colores y perfumes de los que brotan,
sin amao, del seno fecundo de la Naturaleza. Zambrana dice la verdad
de su entusiasmo en su lenguaje hermoso. Yo record las palabras del
maestro en mi reciente visita a aquellas deliciosas regiones. As como
admir en la ciudad gentiles y gallardas damas llenas de cultura y de
distincin, vi de nuevo en la alegra aldeana las figuras de bronce
viviente de las indias graciosas y hacendosas. Ellas tejen telas al
modo primitivo, trabajan curiosas obras de cermica, y venden, como
antao y como siempre, sus rosas, sus lirios, sus mangos, sus maraones
y sus jocotes. Desnudas de hombros, brazos, pies y piernas, llevan
con garbo sus cestas a los mercados o tiangues, y tornan a su vivir
rstico, ednico o arcdico.

Mas, como en los ms hermosos parasos meridionales de Italia, los
volcanes estn all sintiendo pasar los siglos y dando de cuando en
cuando seal de que en sus hornos arden las misteriosas potencias de
la tierra. El volcn de Santiago atemoriza. El Masaya se cree hoy
extinguido. El cronista Lpez de Gmara, en su tiempo, escriba de
l: Tres leguas de Granada y diez de Len est un serrejn raso y
redondo que llaman Masaya, que echa fuego, y es muy de notar, si hay
en el mundo. Tiene la boca media legua en redondo, por la cual bajan
doscientas y cincuenta brazas, y ni dentro ni fuera hay rboles ni
hierba. Cran, empero, all pjaros y otras aves, sin estorbo del
fuego, que no es poco. Hay otro boquern como brocal de pozo, ancho
cuanto un tiro de arco, del cual hasta el fuego y brasa suele haber
ciento y cincuenta estados ms o menos, segn hierve. Muchas veces
se levanta aquella masa de fuego, y lanza fuera tanto resplandor,
que se divisa veinte leguas y aun treinta. Anda de una parte a otra,
y da tan grandes bramidos de cuando en cuando, que pone miedo; mas
nunca rebosa ascuas ni ceniza, si no es algn humo y llamas, que
causa la claridad susodicha, cosa que no hacen otros volcanes; por
lo cual, y porque jams falta el licor ni cesa de bullir, piensan
muchos ser oro derretido. Y as, entraron dentro el primer hueco Fr.
Blas de Iesta, dominico, y otros dos espaoles, guindados en sendos
cestos. Metieron un servidor de tiro con una larga cadena de hierro
para coger de aquella brasa y saber qu metal fuese. Corri la soga y
cadena ciento y cuarenta brazas, y como lleg al fuego, se derriti el
caldero con algunos eslabones de la cadena en tan breve tiempo, que se
maravillaron; y as, no supieron lo que era. Durmieron aquella noche
all sin necesidad de lumbre ni candela. Salieron en sus cestos con
harto temor y trabajo, espantados de tal hondura y extraeza de volcn.
Ao de 1551 se di licencia al licenciado y den Juan Alvarez para
abrir este volcn de Masaya y sacar el metal. Oviedo, desde luego ms
documentado que Gmara, no habla de Fray Blas de Iesta, sino de Fr.
Blas del Castillo. Este tuvo noticia del famoso Infierno de Masaya;
pero como iba directamente al virreinato del Per, dej para el regreso
la satisfaccin de su curiosidad. Esto fu en el ao 1534.

Dos aos despus, estando en Mjico, fu expresamente a Nicaragua a
conocer el volcn. Psose de acuerdo con otro religioso francs, el P.
Juan Gandabe, y en compaa de varios espaoles emprendi la ascensin.
Asomado al crter vi la lava hirviente, y juzg fuese oro derretido.
En Granada encontr varios socios para realizar su idea de extraer
aquella riqueza inagotable. Varias tentativas se hicieron para sacar
el que crean metal incandescente. Una expedicin definitiva se hizo.
Dice Gmez, extractando a Oviedo: Entre los objetos destinados para
la expedicin figuraba una gran esfera de hierro, con sus barras, que
poda abrirse y cerrarse, para meter en ella cangilones de barro que,
introducidos de cierta manera en el pozo, pudieran sacar del lquido
rojo. Esta esfera estaba sujeta por una cadena de hierro, pendiente
de una gruesa cadena quitada a una antigua lombarda. Y luego: El
crter del volcn tiene la forma de una campana boca arriba, que
va angostndose al fondo; pero arriba, en la parte superior, no es
pareja la circunferencia, estando como desportillada por el lado del
Oriente. En todas las paredes del crter se vean bandadas de loros
de todos tamaos, que anidaban en los huecos y concavidades de las
peas. La circunferencia exterior del crter puede tener una legua, y
su dimetro, como un tiro de halconete. El fondo tendr de ancho como
un tiro de escopeta, y las paredes del can o crter, desnudas de
toda vegetacin, ostentan vetas de varios colores, de una tierra dura,
calcinada y muy pesada. En el plan se vea un fondo rojo y obscuro,
como de lava a medio enfriar, con rajaduras a travs de las cuales
poda mirarse hervir y correr un lquido de fuego que saltaba en
algunos puntos como el agua de una fuente, esparciendo gran luz, que,
llevada por el cao, se reflejaba en la atmsfera y daba una claridad
visible a mucha distancia. Con muchas dificultades, Fr. Blas el
codicioso prepar su mquina extractora. Dijo una misa. Confes a sus
compaeros. Luego el intrpido fraile se puso la estola, ci sta y
los hbitos con una cinta bendita, en la que coloc del lado derecho un
pequeo martillo para derribar las piedras movedizas, y del izquierdo
una calabaza con vino y agua; cubri su cabeza con un casco de hierro,
y encima un sombrero bien atado; despus se coloc en el bolso y se
at muy bien, y tomando una cruz de madera en la mano, se lanz al
vaco y empez a descender. El pobre Fr. Blas pas las de Can en su
descenso. Lleg por fin a una especie de plazoleta. Con la oracin en
la boca, no dejaba de maniobrar con su martillo entre los sahumerios
de las solfataras. Dems decir que no encontr oro en las grietas,
sino la roca quemada. Cuando le subieron no quiso darse por vencido.
Cont prodigios, tal Don Quijote al salir de su sima, y asegur que la
lava hirviente era oro puro en fusin. Otros tantos bajaron despus
con aparatos para recoger el tentador lquido rojo y ardiente; pero se
encontr que todo era escorias y calcinada piedra. Todava se hicieron
otros intentos y se renovaron los desengaos. Tan luego fueron vistas
las muestras por el gobernador y curiosos que se hallaban fuera, hubo
gran descontento y muchas risas, y cada cual se regres comentando el
chasco a su manera. El gobernador pidi todava algunas muestras ms,
y orden en seguida a Fr. Blas y a sus compaeros que saliesen. stos,
antes de verificarlo, tomaron posesin cada uno de lo que crey una
veta mineral, y el fraile, de la caldera hirviente del fondo. Ensayadas
en Len las tierras y escorias del volcn de Masaya, fueron declaradas
sin ningn valor. Sin embargo, Fr. Blas y sus compaeros, insistiendo
en que aquello era rica mina, suplicaron que se les permitiera volver
a entrar; pero el gobernador lo prohibi en absoluto, tanto porque
crey intil y temeraria aquella empresa, como porque las mquinas,
jarcias y aparejos eran subidos a hombros de indios, que se maltrataban
lastimosamente en las breas y sierras, sin que Fr. Blas tuviera piedad
de ellos. Medida, de orden del gobernador, la profundidad del pozo,
result que de la entrada a la plazoleta haba ciento treinta brazas,
y de la plazoleta al fondo, tambin ciento treinta. Masaya, como casi
todas las ciudades nicaragenses, est vigilada por los volcanes.
Aun se ven en largos llanos las endurecidas corrientes de lava de
erupciones inmemoriales. De cuando en cuando, si no el infierno de
Masaya, que hoy se considera apagado, dan seales de actividad otros
focos plutnicos. Ese pueblo apacible y privilegiado de Flora y de las
Gracias, se ha sentido ms de una vez amenazado por las convulsiones
de la tierra. Y all crecen las rosas y las azucenas y mil variedades
de flores, y en los espritus es innata la voluntad de armona, y los
talentos lricos se llaman legin, mayormente que en ninguna otra parte
de la Repblica. Puede decirse que el deleitoso arte de la msica es el
que est mejor cultivado en el pas, y, sobre todo, en la encantadora
y para m inolvidable Masaya. Ha producido asimismo este departamento
ciudadanos eminentes en otras disciplinas; y uno de los historiadores
que all tienen ms renombre, aunque por causa del medio, del tiempo y
de las circunstancias en que escribiera, no pueda colocarse en primera
lnea, fu masays. Hablo de Jernimo Prez.

En mi memoria queda Masaya como una tierra melodiosa y hechicera.
Siempre recordar con vagas saudades sus alrededores pintorescos,
sus lagunas cercanas, sus alturas llenas de vegetacin, sus paisajes
dorados con oro del cielo, la gracia y la sonrisa de sus mujeres, el
entusiasmo sincero de sus gentiles habitantes y el clamor lrico de sus
violines en la noche; sus admirables violines, que hablan en lengua de
amor, en idioma de pasin y de ensueo.




                              MIS LIBROS

                              LOS RAROS




                             [Ilustracin]




                                   X


La antigua ciudad de Len haba sido fundada en las cercanas del
lago de Managua, no lejos del imponente y viejo Momotombo. En 1550,
Hernando y Pedro, hijos de Rodrigo de Contreras, en venganza de haber
perdido ste sus ventajas podero de encomendero, y en unin de Juan
Bermejo, guapo espaol, segoviano, que llegara a Nicaragua con una
partida de soldados que haba estado en el Per con Gonzalo Pizarro,
proyectaron y decidieron dar muerte al obispo Valdivieso. El hecho se
llev a cabo, siendo Hernando el asesino. En 1610 la ciudad teatro
del crimen fu casi destruda por una erupcin del volcn. La clera
celeste se manifestaba as, aunque un poco tarde, segn las prdicas
del nuevo mitrado Villarreal. Su seora ilustrsima consigui con
sus palabras que los leoneses se pusiesen temerosos y todas las gentes
abandonaran el lugar, dirigidas por el alfrez mayor, que portaba el
real estandarte, dice Gmez. Al oeste del punto abandonado, a nueve
leguas de distancia, en extensa y hermosa planicie, fueron ordenadas
las nuevas construcciones. As naci la actual Len. Es ella la ciudad
de mis das juveniles, y por un fenmeno natural y muy explicable, es
ella el escenario de muchos de mis sueos gratos, o pesadillas, despus
de tantos aos de ausencia en ciudades de pases tan diversos. Esta vez
no he estado cerca del Momotombo; mas es para m imborrable el aspecto
del soberbio cono que se eleva a las orillas del lago; a su lado, el
Momotombito, formando isla y cubierto de vegetacin. Todo ello era
objeto de mis contemplaciones en antiguas travesas en los vaporcitos
que iban del puerto de Momotombo a Managua, la capital de la Repblica.

En un libro del norteamericano Squier--del cual acaba de hacer una
traduccin castellana un escritor de Honduras--ley Vctor Hugo estas
palabras: El bautismo de los volcanes es un antiguo uso que se remonta
a los primeros tiempos de la conquista. Todos los crteres de Nicaragua
fueron entonces sacramentados, con excepcin del Momotombo, de donde
no se vi nunca volver a los religiosos que se haban encargado de ir
a plantar la cruz. De all un tema para el gran lrico. Encontrando
demasiado frecuentes los temblores de la tierra, los Reyes de Espaa
han hecho bautizar los volcanes del reino que tienen debajo de la
esfera; los volcanes no han dicho nada y se han dejado hacer, y slo el
Momotombo no ha querido. Ms de un sacerdote en sobrepelliz, elegido
por el Santo Padre, llevando el Sacramento que la Iglesia administra,
la vista en el cielo, ha subido la montaa siniestra. Muchos han ido;
ninguno ha vuelto.--Oh, viejo Momotombo, coloso calvo y desnudo, que
sueas cerca de los mares y haces de tu crter una tiara de sombra y
de llama a la tierra! por qu, cuando tocamos a tu umbral terrible,
no quieres el Dios que se te trae? Responde.--La montaa interrumpe
su escupir de lava, y el Momotombo responde con una voz grave:--Yo no
amaba mucho al dios que se ha arrojado. Ese avaro ocultaba oro en un
foso; coma carne humana; sus mandbulas estaban negras de podredumbre
y de sangre; su antro era una entrada de salvaje pavimento, templo
sepulcro ornado de un pontfice verdugo; esqueletos rean bajo sus
pies; las escudillas en que ese sr beba el asesinato eran crueles;
sordo, disforme, tena serpientes al puo; siempre entre sus dientes
un cadver sangraba; ese espectro ennegreca el firmamento sublime. Yo
grua algunas veces en el fondo de mi abismo. As, cuando vinieron
orgullosos sobre las olas temblantes, y del lado de donde viene el
da, hombres blancos, los he recibido bien, encontrando que eso era
cuerdo. El alma tiene, ciertamente, el color del rostro--deca yo--;
el hombre blanco es como el cielo azul; y el dios de stos debe ser
un muy buen dios. No se le ver hartarse de carniceras. Yo estaba
contento; tena horror del antiguo sacerdote. Pero cuando he visto cmo
trabaja el nuevo; cuando he visto llamear justo cielo! a mi nivel esa
antorcha lgubre, spera, nunca extinguida, sombra, que llamis la
Inquisicin santa; cuando he podido ver cmo Torquemada la usa para
disipar la noche del salvaje ignorante, cmo civiliza y de qu manera
el Santo Oficio ensea y hace la luz; cuando he visto en Lima horribles
gigantes de mimbre llenos de nios estallar sobre un ancho brasero,
y el fuego devorar la vida y los humos retorcerse sobre los senos de
las mujeres encendidas; cuando me he sentido en veces casi asfixiado
por el acre olor que sale de vuestro auto de fe, yo, que no quemaba
sino la sombra en mi hornalla, he pensado que no tena razn para estar
satisfecho; he mirado de cerca al dios extranjero, y he dicho: No
vale la pena de cambiar. As Las razones del Momotombo, en el ciclo
de poemas de la _Leyenda de los Siglos_, representa la Inquisicin.
Cuntas veces recitara yo esos versos sobre las olas del lago, frente
al coloso de piedra, en verdad desnudo y calvo, y apenas coronado de
cuando en cuando con el flotante penacho de su humareda! A lo lejos
pasaban bellos vuelos de garzas; garzas blancas y garzas morenas. Yo
tena el halago de mis aos floridos y ensoadores. Se divisaban las
riberas llenas de vegetacin profusa como costas de islas de delicia.
Hacan casi siempre el viaje algunas hermosas mujeres. Se tomaban en
el comedorcito de a bordo _cocktails_ y _cognacs_. Y en el muelle de
Managua esperaban las manos y las sonrisas amigas. Gratos, para m,
gratos recuerdos de un pasado que me parece de sueo.

Len tiene el aspecto de una ciudad de provincia espaola. Las casas
antiguas estn construdas con adobes--la palabra y la cosa se usan
an en Castilla la Vieja--. Pesadas tejas arbigas cubren los techos.
Las casas de dos o tres pisos son pocas. Hay muchas iglesias y una
famosa catedral, comenzada en el siglo XVIII y concluda a comienzos
del XIX. All he reconocido muchas cosas que viera siendo nio. Los
retablos, las pinturas, los altares, el plpito, los restos de dos
mrtires llegados antao de Roma: San Inocencio y Santa Liberata. Y
he recorrido, evocando memorias, la vasta fbrica, acompaado por
el culto obispo Pereira. Y vi de nuevo en el baptisterio la pila en
que recib nombre y en que me tuvo mi seor padrino, D. Jos Jerez,
en representacin de su padre, el ilustre general. Luego, en la sala
capitular, encuentro los retratos de todos los obispos de Nicaragua
desde la ereccin de la dicesis leonesa, el ao de 1527. Me llam
la atencin no hallar la efigie de un mitrado que fu muerto por un
gato... El animal apareca en el cuadro, y en m despertaba aquello no
s qu legendarias y diablicas imaginaciones. No recuerdo cul fu
la explicacin que me hizo el obispo Pereira de la desaparicin del
retrato de su lejano antecesor--Huertas, o Garca?--. Despus, en un
patio, he all el pozo en donde pas algo de milagro--o de brujera,
diran algunos--. Yo alcanc a conocer al viejo sacristn. No s en
qu andanzas de gato andara; el caso es que cay desde lo alto de la
catedral, y cay en el pozo... No sufri dao alguno. Se llamaba To
Pozo. Predestinacin... Bajo las arcadas de la iglesia mayor oyeron
mis orejas infantiles las primeras plegarias, los primeros sones del
rgano, la salmodia de los cannigos en el Oficio, los ecos del canto
llano. De all salan muchas de las procesiones de la Semana Santa,
clebre por aquellas Repblicas, segn el decir: Semana Santa en Len,
y Corpus en Guatemala. Recuerdo, como si hubiesen pasado ayer, las
alegres y suntuosas fiestas y los litrgicos ceremoniales. La procesin
del Domingo de Ramos, sonora de campanas y de palmas; la procesin del
Santo Entierro, al son seco de las matracas; una procesin fnebre y
sagrada el Viernes Santo, da en que toda la gente vesta de luto, luto
por Jesucristo. El sacro difunto iba en una caja de cristal; tras l
las vrgenes de bulto, como las que conducen en idnticos casos las
cofradas sevillanas. Y la procesin del Silencio, a la media noche, en
la cual se oan temerosos sones de trompa, que se repetan de tanto
en tanto en las bocacalles de la ciudad silenciosa. Y una procesin
haba que sala de la iglesia de San Francisco: la procesin de San
Benito. Alrededor del negro dolo recuerdo haber visto penitentes que
se flagelaban las espaldas, y entre los acompaantes, muchos hombres
vestidos con blancas enaguas, a los cuales llamaban luces. Sera por
los cirios de cera negra que todos llevaban en las manos...? Haba, sin
duda alguna, en aquellas fiestas religioso fervor; mas tambin mucho
de ambiente pagano. Las reuniones en templos y calles eran propicias
a los amoros; las vigilias hacan que en las casas se preparasen
platos especiales de la cocina criolla, en los que entraban como base
sabrosos mariscos y otra suerte de ricas cosas culinarias. Y en el
antiguo convento de San Francisco, en nombre del santo negro Benito, se
regalaban tinajas y ms tinajas de chcha de pia y de maz.

Las procesiones de Len! Las calles se adornaban con arcos decorados
de banderolas y cestillos de papel de China, animales bien imitados,
pjaros de hermosos plumajes y frutas de cartn coloreado y dorado,
entre las cuales unas hermosas granadas que se abran al pasar las
imgenes veneradas, y dejaban caer una lluvia de versos impresos en
trozos de papel, que parecan mariposas llevadas por el viento. Se
escuchaban las msicas y los cantos en veces. Las ventanas y puertas
de las casas se adornaban con telas y cortinajes vistosos, y all
aparecan, para ver el desfile, grupos, ramilletes de mozas bellas
y frescas, a las cuales arrojaban los jvenes amigos de galanteras
puados de granos oleosos y perfumados, que se desgranan de la flor de
cierta palmera llamada coyol, en latn botnico _acromia pirifera_.
Las calles se llenaban de animacin y alegra, y la muchedumbre era
copiosa, pues iba a la celebracin religiosa mucha gente forastera. Hoy
ya todo eso ha pasado; el vivir moderno ha ido, aunque poco a poco,
invadiendo las costumbres antao patriarcales; las ideas liberales
triunfantes llevaron la libertad absoluta de cultos, y en stos la
supresin de manifestaciones rituales y ceremoniales fuera de los
templos. Segn tengo entendido, Nicaragua y Mjico son los nicos
pases del mundo en donde les est prohibido a los sacerdotes el uso
de sus trajes distintos en las calles. No obstante, he all que se le
permite en Len, como al jefe de la Iglesia, portar sus hbitos talares
a un anciano a quien vi recorrer la poblacin en un coche tirado por
bueyes. Monseor Villam, que as se llama dicho dignatario, visita as
a sus amigos e hijos de confesin, y la impresin es de algo primitivo
y de algo nuevo, capricho de maharadja indostnico, o necesidad de
misionero en Asia. Todo se explica por la prudencia de monseor, a
quien dieron un susto, segn se me cont, un par de caballos briosos
y de buena estampa que antes tiraban de su carruaje. Monseor es un
cuerdo. Y morir feliz y en paz antes de haber sabido lo que es un 40
HP.

Len tiene para m otras curiosas e inolvidables memorias. Si yo fuese
Benvenuto Cellini contara, con su parlar claro y convencido, cmo,
teniendo yo catorce aos, frente a la catedral, vi una larva, un
elemental, como dira un tesofo. Tal visin fu real y verdadera, y no
insisto en ello por temor a que mi sabio amigo Ingegnieros tome el dato
y lo trate como tratan esas cosas los que manejan cosas cientficas y
son incrdulos.

Fu tambin en Len donde escrib mis primeros versos y so y sufr
mis primeros amores. La vida social ha aumentado desde los tiempos
en que, como en Andaluca, las novias conversaban con sus novios
por las rejas de las ventanas. El comercio est representado por
establecimientos cosmopolitas. Los inmigrantes son pocos; pero el tal
rico importador es ingls, tal otro espaol, tal otro alemn, tal otro
rabe, tal otro chino. Hay un club en donde los caballeros de la ciudad
se distraen. En la juventud predomina la aficin a las letras, a la
poesa. Yo dije a los jvenes en un discurso que eso era plausible;
pero que junto a un grupo de lricos era til para la Repblica que
hubiese un ejrcito de laboriosos hombres prcticos, industriales,
traficantes y agricultores. La civilizacin moderna, fuera de sus
luchas terribles, ha comprendido a su manera el mito antiguo: los
argonautas eran poetas; pero iban en busca del Vellocino de Oro. Hoy,
como siempre el dinero hace poesa, embellece la existencia, trae
cultura y progreso, hermosea las poblaciones, lleva la felicidad
relativa a los trabajadores. El dinero bien empleado realiza poemas,
hace palpables imaginaciones, hace danzar las estrellas y puede traer
toda suerte de bienes, de modo que los hombres bendigan las horas que
pasan y se sientan satisfechos.

As, en la ciudad en que ensay mis primeras estrofas y tuve mis
primeras ambiciones, salud con entusiasmo a dos grandes poetas
amables: Santiago Argello, el que tiene los laureles, y Fernando
Snchez, el que tiene los millones...




                                  XI


En momentos de corregir las pruebas de este libro me llegaron las
noticias de los ltimos acontecimientos que han perturbado la paz en
aquella Repblica y producido la cada del presidente Zelaya.

Lo lgico, lo usual y hasta lo humano sera que, una vez que aquel
gobernante ha cado, yo suprimiese los elogios y los sustituyese con
las ms acerbas censuras. Me permitir la satisfaccin de dejar intacto
mi juicio.

En EL VIAJE A NICARAGUA pueden leerse estas palabras de uno de mis
discursos pronunciados durante la gira por mi tierra natal: Como
alejado y como extrao a vuestras disensiones polticas, no me creo ni
siquiera con el derecho de nombrarlas. Yo he luchado y he vivido, no
por los Gobiernos, sino por la Patria; y si algn ejemplo quiero dar
a la juventud de esta tierra ardiente y fecunda, es el del hombre que
desinteresadamente se consagr a ideas de arte, lo menos posiblemente
positivo, y despus de ser aclamado en pases prcticos, volvi a
visitar su hogar entre aires triunfales; y yo, que dije una vez que no
podra cantar a un presidente de Repblica en el idioma en que cantara
a Halagaabal, me complazco en proclamar ahora la virtualidad de la
obra del hombre que ha transformado la antigua Nicaragua, dndonos el
orgullo de nuestra inmediata suficiencia y casi la seguridad de nuestro
fuerte porvenir. Nada tengo que rectificar. Mi impresin, al llegar
despus de quince aos de ausencia, fu la de un pas con mayores
adelantos que el que dejara. Si a las administraciones anteriores se
debe la implantacin del telgrafo, el ferrocarril, las negociaciones
para la apertura del canal, que no pudo llevarse a cabo, no puede
negarse que el Gobierno de Zelaya realiz muchas obras en bien de la
Repblica. Ellas estn enumeradas en un captulo anterior.

Ahora, el rumor sordo anunciador de lo que ha pasado pude muy bien
notarlo durante mi corta permanencia, aun en medio de la multiplicidad
de las fiestas con que me obsequiaron mis compatriotas y amigos y el
mismo Gobierno.

Esos rumores que anunciaban la tempestad que despus se desatara, y que
aparentaban tener por causa la situacin econmica, puede asegurarse
que no eran sino instigaciones de los Estados Unidos y de Estrada
Cabrera, su instrumento para el desarrollo de sus planes. Propalaban
que era el odio a unos cuantos que se han enriquecido lo que motivara
la revolucin contra el gobierno de Zelaya. Y, en efecto, aquello que
confidencialmente me decan algunos amigos, de diferentes partes de la
Repblica, sobre el estado general de pobreza, lo caro de la vida, la
progresiva depreciacin del papel moneda, y el engrosamiento de ciertas
particulares fortunas, es justamente lo mismo que he visto despus
expuesto en las publicaciones revolucionarias aderezadas en Bleufields.

Al recibir las primeras noticias me tem que de nuevo se hubiese
encendido el antiguo antagonismo entre conservadores y liberales, o,
peor an, los odios entre la parte oriental y occidental del pas,
entre Granada y Len. Esta lamentable desunin viene desde tiempos de
la colonia, y ha costado a Nicaragua mucha sangre y muchos perdidos
intereses.

Ha sido desde luego un bien para el pas que Zelaya patriticamente
haya depositado el mando en el Dr. Madriz. Conozco a Madriz desde
los aos en que ramos compaeros de colegio. Es un carcter y es un
talento. Su actuacin poltica ha sido transcendental en Centroamrica.
Fu de los que acompaaron a Zelaya en la revolucin que derroc al
partido conservador en 1893. Fu el primer ministro de Relaciones de
Zelaya, y, siendo ministro, fu de los que dirigieron la revolucin
contra l. Tras el fracaso de sta, se traslad a San Salvador. Un
rasgo que le honra es que cuando Nicaragua estuvo en guerra con
Honduras, a pesar de las inquinas polticas, volvi a Nicaragua y
ofreci sus servicios al Gobierno.

El fu enviado a la Conferencia de Washington y nombrado magistrado de
la Corte Suprema de Justicia Centroamericana, que fu creada en dicha
Conferencia, que tiene su sede en la Ciudad de Cartago, de Costa Rica,
y para cuyo edificio regal medio milln de francos el plutcrata
yanqui Andrew Carnegie.

Estoy seguro de que no se le ocultaba al presidente Zelaya que el
Dr. Madriz contaba con muchos partidarios que le eligiesen para la
Presidencia. Sin menoscabarle mritos, como l deca cuando se lograba
que los ingleses desocupasen el reino mosquito: Antes de despedirme
de vosotros, quiero hacer especial recomendacin del valiente ministro
Dr. D. Jos Madriz, que os acompaa en esta expedicin. Va en nombre
del Gobierno a imponer nuestras leyes a los rebeldes. Lleva confianza
en el xito de su misin, porque cuenta con soldados como vosotros, que
sabrn en el momento dado apoyar sus disposiciones.

Hasta el momento de escribir estas lneas, no se sabe si vencer Madriz
o Estrada. Si Madriz ocupase la Presidencia, ser desde luego un
gobierno civil. En cuanto a Estrada, es un militar joven, y que se ha
distinguido muchsimo en las filas del general Zelaya. Quin me dira
que cuando iba yo en la comitiva del Presidente, para la entrevista que
tuvo en las fronteras costarricenses con el Presidente de Costa Rica,
Sr. Gonzlez Viquez, estaban ya en el cerebro de aquel compaero de
excursin las ideas que le han llevado a la sublevacin y a la batalla!

No me atrevo a profetizar a estas horas. Si la parte occidental se
pone al lado de Madriz, triunfar Madriz. Pero es que acaso Estrada,
que es de Managua, capital de la Repblica, no querr evitar un choque
entre las dos de antiguo antagonistas partes de su Patria? Demasiadas
son las rencillas, demasiados son los odios que han dividido el pas
desde hace tanto tiempo. Ya que no se ha podido hacer la unin de
las cinco Repblicas centroamericanas, no ser posible realizar la
concordia en un solo pas?

En cuanto a D.^a Blanca de Zelaya, que ha causado siempre la ms
grata impresin, dir que es belga de origen, que es muy bella, y que
ha hecho mucha caridad en Nicaragua. Ella me condecor, en un acto
pblico, con una medalla de oro. Yo le he escrito unos versos y le
he regalado un brazalete de que han hablado los diarios. Los versos
pueden leerse en el _Intermezzo tropical_, entre los que escribiera
durante mi viaje. Y el brazalete acrstico se compona de piedras que
correspondan a las letras del nombre del esposo presidencial:

La _J_ es el jacinto.

La _S_ es la _sardoine_.

La _A_ es la amatista.

La _N_ es la _nefrita_.

La _T_ es el topacio.

La _O_ es el palo.

La _S_ es la _sardonix_.

La _Z_ es el zafiro.

La _E_ es la esmeralda.

La _L_ es el lapislzuli.

La _A_ es la aguamarina.

La _Y_ es el imn.

La _A_ es la amatista.

Dios quiera llevar la paz a mi pas. Se dice que los Estados Unidos
han intervenido en todo esto. Si ello fuese cierto, como parece, es
lamentable que nacin alguna intervenga en los asuntos ntimos de
Nicaragua, ni aun para hacer el canal... Ya se sabe que el mismo
Lesseps inform en un tiempo que el nico canal posible era el de
Nicaragua. Despus los Estados Unidos quisieron realizar la obra. No
se sabe qu negociaciones la dificultaron; pero es un hecho que desde
que los espaoles pensaron en abrir el istmo, es por la tierra que ms
fcilmente se puede llevar a cabo.

Despus de todo, sin la hostilidad de la Casa Blanca, Zelaya estara
an en el Poder.

Oh, pobre Nicaragua, que has tenido en tu suelo a Cristbal Coln y
a Fr. Bartolom de las Casas, y por poeta ocasional a Vctor Hugo:
sigue tu rumbo de nacin tropical; cultiva tu caf y tu cacao y tus
bananos; no olvides las palabras de Jerez: Para realizar la unin
centroamericana, vigorzate, alintate con el trabajo, y lucha por
unirte a tus cinco hermanas!




                               HISTORIA

                                DE MIS

                                LIBROS

                             [Ilustracin]




                                AZUL...




                             [Ilustracin]




                                AZUL...


Esta maana de Primavera me he puesto a hojear mi amado viejo libro,
un libro primigenio, el que iniciara un movimiento mental que haba
de tener despus tantas triunfantes consecuencias; y lo hojeo como
quien relee antiguas cartas de amor, con un cario melanclico, con
una saudade conmovida en el recuerdo de mi lejana juventud. Era en
Santiago de Chile, adonde yo haba llegado, desde la remota Nicaragua,
en busca de un ambiente propicio a los estudios y disciplinas
intelectuales. A pesar de no haber producido hasta entonces Chile
principalmente sino hombres de Estado y de jurisprudencia, gramticos,
historiadores, periodistas y, cuando ms, rimadores, tradicionales y
acadmicos de directa descendencia peninsular, yo encontr nuevo aire
para mis ansiosos vuelos y una juventud llena de deseos de belleza y de
nobles entusiasmos.

Cuando publiqu los primeros cuentos y poesas que salan de los
cnones usuales, si obtuve el asombro y la censura de los profesores,
logr en cambio el cordial aplauso de mis compaeros. Cul fu
el origen de la novedad? El origen de la novedad fu mi reciente
conocimiento de autores franceses del Parnaso, pues a la sazn la
lucha simbolista apenas comenzaba en Francia y no era conocida en
el Extranjero, y menos en nuestra Amrica. Fu Catulle Mends mi
verdadero iniciador, un Mends traducido, pues mi francs todava
era precario. Algunos de sus cuentos lrico-erticos, una que otra
poesa, de las comprendidas en el _Parnasse contemporaine_, fueron
para m una revelacin. Luego vendran otros anteriores y mayores:
Gautier, el Flaubert de _La tentation de St. Antoine_, Paul de Saint
Victor, que me aportaran una indita y deslumbrante concepcin del
estilo. Acostumbrado al eterno clis espaol del siglo de oro, y a
su indecisa poesa moderna, encontr en los franceses que he citado
una mina literaria por explotar: la aplicacin de su manera de
adjetivar, de ciertos modos sintxicos, de su aristocracia verbal,
al castellano. Lo dems lo dara el carcter de nuestro idioma y la
capacidad individual. Y yo, que me saba de memoria el _Diccionario
de galicismos_ de Baralt, comprend que no slo el galicismo oportuno,
sino ciertas particularidades de otros idiomas son utilsimas y
de una incomparable eficacia en un apropiado trasplante. As mis
conocimientos de ingls, de italiano, de latn, deban servir ms tarde
al desenvolvimiento de mis propsitos literarios. Mas mi penetracin
en el mundo del arte verbal francs no haba comenzado en tierra
chilena. Aos atrs, en Centro Amrica, en la ciudad de San Salvador y
en compaa del buen poeta Francisco Gavidia, mi espritu adolescente
haba explorado la inmensa selva de Vctor Hugo y haba contemplado su
ocano divino, en donde todo se contiene.

Por qu ese ttulo _Azul_? No conoca an la frase huguesca _l'Art
c'est l'azur_, aunque s la estrofa musical de _Les chtiments_:

      Adieu, patrie,
    L'onde est en furie!
    Adieu, patrie,
    Azur!

Mas el azul era para m el color del ensueo, el color del arte,
un color helnico y homrico, color ocenico y firmamental, el
coeruieum, que en Plinio es el color simple que semeja al de los
cielos y al zafiro. Y Ovidio haba cantado:

      Respice vindicibus pacatum viribus orbem
    que latam Nereus coerulus ambit humum.

Concentr en ese color clico la floracin espiritual de mi primavera
artstica. Ese primer libro--pues apenas puede contar el volumen
incompleto de versos que apareci en Managua con el ttulo de
_Primeras notas_--se compona de un puado de cuentos y poesas, que
podran calificarse de parnasianas. _Azul_... se imprimi en 1888 en
Valparaso, bajo los auspicios del poeta de la Barra y de Eduardo
Poirier, pues el mecenas a quien fuera dedicado por insinuaciones del
primero de estos amigos ni siquiera me acus recibo del primer ejemplar
que le remitiera.

El libro no tuvo mucho xito en Chile. Apenas se fijaron en l cuando
D. Juan Valera se ocupara de su contenido en una de sus famosas _Cartas
Americanas_ de _Los lunes del Imparcial_. Valera vi mucho, expres su
sorpresa y su entusiasmo sonriente--por qu hay muchos que quieren ver
siempre alfileres en aquellas manos ducales?--; pero no se di cuenta
de la trascendencia de mi tentativa. Porque si el librito tena algn
personal mrito relativo, de all deba derivar toda nuestra futura
revolucin intelectual. A los que asustaba lo original de la reciente
manera les fu extrao que un impecable como D. Juan Valera hiciese
notar que la obra estaba escrita en muy buen castellano. Otros
elogios hiciera el tesoro de la lengua, como le llama el conde de las
Navas, y el libro fu desde entonces buscado y conocido tanto en Espaa
como en Amrica. Valera observa, sobre todo, el completo espritu
francs del volumen. Ninguno de los hombres de letras de la Pennsula
que he conocido yo con ms espritu cosmopolita, y que ms largo
tiempo han residido en Francia, y que han hablado mejor el francs y
otras lenguas extranjeras, me ha parecido nunca tan compenetrado del
espritu de Francia como usted me parece: ni Galiano, ni D. Eugenio
de Ochoa, ni Miguel de los Santos Alvarez. Y agregaba ms adelante:
Resulta de aqu un autor nicaragense que jams sali de Nicaragua
sino para ir a Chile, y que es autor tan a la moda de Pars y con tanto
chic y distincin, que se adelanta a la moda y pudiera modificarla e
imponerla. Cierto; un soplo de Pars animaba mi esfuerzo de entonces;
mas haba tambin, como el mismo Valera lo afirmara, un gran amor por
las literaturas clsicas y conocimiento de todo lo moderno europeo.
No era, pues, un plan limitado y exclusivo. Hay, sobre todo, juventud,
un ansia de vida, un estremecimiento sensual, un relente pagano,
a pesar de mi educacin religiosa y profesar desde mi infancia la
doctrina catlica, apostlica, romana. Ciertas notas heterodoxas las
explican ciertas lecturas.

En cuanto al estilo, era la poca en que predominaba la aficin por la
escritura artstica y el diletantismo elegante. En el cuento _El rey
burgus_, creo reconocer la influencia de Daudet. El smbolo es claro,
y ello se resume en la eterna protesta del artista contra el hombre
prctico y seco, del soador contra la tirana de la riqueza ignara. En
_El stiro gordo_, el procedimiento es ms o menos mendesiano, pero se
impone el recuerdo de Hugo y de Flaubert. En _La ninfa_, los modelos
son los cuentos parisienses de Mends, de Armand Silvestre, de Mezeroi,
con el aditamento de que el medio, el argumento, los detalles, el tono,
son de la vida de Pars, de la literatura de Pars. Dems advertir
que yo no haba salido de mi pequeo pas natal, como lo escribe
Valera, sino para ir a Chile, y que mi asunto y mi composicin eran
de base libresca. En _El fardo_ triunfa la entonces en auge escuela
naturalista. Acababa de conocer algunas obras de Zola, y el reflejo fu
inmediato; mas no correspondiendo tal modo a mi temperamento ni a mi
fantasa, no volv a incurrir en tales desvos. En _El velo de la reina
Mab_, s, mi imaginacin encontr asunto apropiado. El deslumbramiento
shakespeareano me posey y realic por primera vez el poema en prosa.
Ms que en ninguna de mis tentativas, en sta persegu el ritmo y
la sonoridad verbales, la transposicin musical, hasta entonces--es
un hecho reconocido--desconocida en la prosa castellana, pues las
cadencias de algunos clsicos son, en sus desenvueltos perodos,
otra cosa. _La cancin del oro_ es tambin poema en prosa, pero de
otro gnero. Valera la califica de letana. Y aqu una ancdota. Yo
envi a Pars, a varios hombres de letras, ejemplares de mi libro, a
raz de su aparicin. Tiempos despus, en _La Panthe_, de Peladn,
apareca un _Cantique de l'or_, ms que semejante al mo. Coincidencia
posiblemente. No quise tocar el asunto, porque entre el gran esteta y
yo no haba esclarecimiento posible, y a la postre habra resultado, a
pesar de la cronologa, el autor de _La cancin del oro_ plagiario de
Peladn.

_El rub_ es otro cuento a la manera parisiense. Un _mito_, dice
Valera. Una fantasa primaveral, ms bien; lo propio que _El palacio
del sol_, donde llamara la atencin el empleo del _leit-motiv_. Y otra
narracin de Pars, ms ligera, a pesar de su significacin vital,
_El pjaro azul_. En _Palomas blancas y garzas morenas_ el tema es
autobiogrfico y el escenario la tierra centroamericana en que me toc
nacer. Todo en l es verdadero, aunque dorado de ilusin juvenil. Es
un eco fiel de mi adolescencia amorosa, del despertar de mis sentidos
y de mi espritu ante el enigma de la universal palpitacin. La parte
titulada _En Chile_, que contiene _En busca de cuadros_, _Acuarela_,
_Paisaje_, _Agua fuerte_, _La Virgen de la Paloma_, _La cabeza_, otra
_Acuarela_, _Un retrato de Watteau_, _Naturaleza muerta_, _Al carbn_,
_Paisaje_, y _El ideal_, constituyen ensayos de color y de dibujo
que no tenan antecedentes en nuestra prosa. Tales trasposiciones
pictricas deban ser seguidas por el grande y admirable colombiano J.
Asuncin Silva--y esto, cronolgicamente, resuelve la duda expresada
por algunos de haber sido la produccin del autor del Nocturno anterior
a nuestra Reforma. _La muerte de la emperatriz de la China_--publicado
recientemente en francs en la coleccin _Les mille nouvelles
nouvelles_--, es un cuento ingenuo, de escasa intriga, con algn eco a
lo Daudet. _A una estrella_, canto pasional, romanza, poema en prosa,
en que la idea se une a la musicalidad de la palabra.

Luego viene la parte de verso del pequeo volumen. En los versos segua
el mismo mtodo que en la prosa: la aplicacin de ciertas ventajas
verbales de otras lenguas, en este caso principalmente del francs,
al castellano. Abandono de las ordenaciones usuales, de los cliss
consuetudinarios; atencin a la meloda interior, que contribuye al
xito de la expresin rtmica; novedad en los adjetivos; estudio y
fijeza del significado etimolgico de cada vocablo; aplicacin de
la erudicin oportuna, aristocracia lxica. En _Primaveral_--de _El
ao lrico_--, creo haber dado una nueva nota en la orquestacin del
romance, con todo y contar con antecesores tan ilustres al respecto
como Gngora y el cubano Zenea. En _Estival_ quise realizar un trozo
de fuerza. Algn escaso lector de tierras calientes ha querido dar
a entender que--tratndose de tigres!--mi trabajo poda ser, si no
hurto, traduccin de Leconte de Lisle.

Cualquiera puede desechar la inepta insinuacin con recorrer toda la
obra del poeta de _Pomes barbares_. Ello me hizo sonreir, como el
venerable _Atheneum_, de Londres, que porque hablo de toros salvajes
en unos de mis versos, me compara con Mistral. En _Autumnal_ vuelve el
influjo de la msica, una msica ntima, di camera, y que contiene
las gratas aspiraciones amorosas de los mejores aos, la nostalgia
de lo aun no encontrado--y que, casi siempre, no se encuentra nunca
tal como se suea. Hay en seguida, aconsonantando con lo anterior, la
versin de un _Pensamiento de otoo_, de Armand Silvestre. Bien sabido
es que, a pesar de sus particularidades harto rabelesianas y de su
excesiva galoiserie, Silvestre era un poeta en ocasiones delicado,
fino y sentimental.

_Anank_ es una poesa aislada y que no se compadece con mi fondo
cristiano. Valera la censura con razn, y ella no tuvo posiblemente ms
razn de ser que un momento de desengao, y el acbar de lecturas poco
propias para levantar el espritu a la luz de las supremas razones.
El ms intenso telogo puede deshacer en un instante la reflexin del
poeta en ese instante pesimista, y demostrar que tanto el gaviln
como la paloma forman parte integrante y justa de la concorde unidad
del universo; y que, para la mente infinita, no existen, como para la
limitada mente humana, ni Arimanes, ni Ormutz. Concluye el librito
con una serie de sonetos: _Caupolicn_, que inici la entrada del
soneto alejandrino a la francesa en nuestra lengua--al menos segn mi
conocimiento. Aplicacin a igual poema de forma fija, de versos de
quince slabas, se advierte en _Venus_. Otro soneto a la francesa y de
asunto parisiense: _De invierno_. Luego retratos lricos, medallones
de poetas que eran algunas de mis admiraciones de entonces: Leconte de
Lisle, Catulle Mends, el yanqui Walt Whitman, el cubano J. J. Palma,
el mejicano Daz Mirn, a quien imitara en ciertos versos agregados en
ediciones posteriores de _Azul_..., y que empiezan:

    Nada ms triste que un titn que llora,
    hombre montaa encadenado a un lirio,
    que gime, fuerte, que, pujante, implora,
    vctima propia en su fatal martirio.

Tal fu mi primer libro, origen de las bregas posteriores, y que, en
una maana de Primavera, me ha venido a despertar los ms gratos y
perfumados recuerdos de mi vida pasada, all en el bello pas de Chile.
Si mi _Azul_... es una produccin de arte puro, sin que tenga nada de
docente ni de propsito moralizador, no es tampoco lucubrado de manera
que cause la menor delectacin morbosa. Con todos sus defectos, es
de mis preferidas. Es una obra, repito, que contiene la flor de mi
juventud, que exterioriza la ntima poesa de las primeras ilusiones y
que est impregnada de amor al arte y de amor al amor.




                            PROSAS PROFANAS




                             [Ilustracin]




                            PROSAS PROFANAS


Sera intil tarea intentar un anlisis exegtico de mi libro _Prosas
profanas_, despus del estudio tan completo del gran Jos Enrique
Rod en su magistral y clebre opsculo, reproducido a manera de
prlogo en la edicin parisiense de la Viuda de C. Bouret, y en la
cual no apareci la firma del ilustre uruguayo por un descuido de los
editores. Mas s podr expresar mi sentimiento personal, tratar de mis
procedimientos y de la gnesis de los poemas en esta obra contenidos.
Ellos corresponden al perodo de ardua lucha intelectual que hube de
sostener, en unin de mis compaeros y seguidores, en Buenos Aires, en
defensa de las ideas nuevas, de la libertad del arte, de la acracia, o,
si se piensa bien, de la aristocracia literaria. En unas palabras de
introduccin concentraba yo el alcance de mis propsitos.

Ya haba aparecido _Azul_... en Chile; ya haban aparecido _Los
Raros_ en la capital argentina. Estaba de moda entonces la publicacin
de manifiestos, en la brega simbolista de Francia, y muchos jvenes
amigos me pedan hiciese en Buenos Aires lo que, en Pars, Moreas
y tantos otros. Opin que no estbamos en idntico medio, y que
tal manifiesto no sera ni fructuoso ni oportuno. La atmsfera y
la cultura de la secular Lutecia no era la misma de nuestro Estado
continental. Si en Francia abundaba el tipo de Remy de Gourmont,
Celui-qui-ne-comprend-pas cmo no sera entre nosotros? l pululaba
en nuestra clase dirigente, en nuestra general burguesa, en las
letras, en la vida social. No contaba, pues, sino con una lite, y
sobre todo con el entusiasmo de la juventud, deseosa de una reforma, de
un cambio de su manera de concebir y de cultivar la belleza.

Aun entre algunos que se haban apartado de las antiguas maneras, no
se comprenda el valor del estudio y de la aplicacin constante, y se
crea que con el solo esfuerzo del talento podra llevarse a cabo la
labor emprendida. Se proclamaba una esttica individual, la expresin
del concepto; mas tambin era preciso la base del conocimiento del
arte a que uno se consagraba, una indispensable erudicin y el
necesario don del buen gusto. Me adelant a prevenir el prejuicio de
toda imitacin, y, apartando sobre todo a los jvenes catecmenos de
seguir mis huellas, record un sabio consejo de Wagner a una ferviente
discpula suya, que fu al mismo tiempo una de las amadas de Catulle
Mends.

Asqueado y espantado de la vida social y poltica en que mantuviera a
mi pas original un lamentable estado de civilizacin embrionaria, no
mejor en tierras vecinas, fu para m un magnfico refugio la Repblica
Argentina, en cuya capital, aunque llena de trfagos comerciales, haba
una tradicin intelectual y un medio ms favorable al desenvolvimiento
de mis facultades estticas. Y si la carencia de una fortuna bsica
me obligaba a trabajar periodsticamente, poda dedicar mis vagares
al ejercicio del puro arte y de la creacin mental. Mas abominando la
democracia, funesta a los poetas, as sean sus adoradores como Walt
Whitman, tend hacia el pasado, a las antiguas mitologas y a las
esplndidas historias, incurriendo en la censura de los miopes. Pues no
se tena en toda la Amrica espaola como fin y objeto poticos ms que
la celebracin de las glorias criollas, los hechos de la independencia
y la naturaleza americana: un eterno canto a Junn, una inacabable oda
a la Agricultura de la zona trrida, y dcimas patriticas. No negaba
yo que hubiese un gran tesoro de poesa en nuestra poca prehistrica,
en la conquista y aun en la colonia; mas con nuestro estado social y
poltico posterior lleg la chatura intelectual y perodos histricos
ms a propsito para el folletn sangriento que para el noble canto.
Y agregaba, sin embargo: Buenos Aires: cosmpolis. Y maana! La
comprobacin de este augurio qued afirmada con mi reciente _Canto a la
Argentina_.

En cuanto a la cuestin ideolgica y verbal, proclam ante glorias
espaolas ms sonoras, la del gran D. Francisco de Quevedo, de Santa
Teresa, de Gracin, opinin que ms tarde aprobaran y sostendran en
la Pennsula egregios ingenios. Una frase hay que exigira comento:
Abuelo, preciso es decroslo: mi esposa es de mi tierra; mi querida
es de Pars. En el fondo de mi espritu, a pesar de mis vistas
cosmopolitas, existe el inarrancable filn de la raza; mi pensar y mi
sentir continan un proceso histrico y tradicional; mas de la capital
del arte y de la gracia, de la elegancia, de la claridad y del buen
gusto, habra de tomar lo que atribuyese a embellecer y decorar mis
eclosiones autctonas. Tal d a entender. Con el agregado de que no
slo de las rosas de Pars extraera esencias, sino de todos los
jardines del mundo. Luego expuse el principio de la msica interior:
Como cada palabra tiene un alma, hay, en cada verso, adems de la
armona verbal, una meloda ideal. La msica es slo de la idea, muchas
veces. Luego profes el desdn de la crtica de gallina ciega, de la
gritera de los ocas, y atic el fuego de estmulo para el trabajo,
para la creacin. Bufe el eunuco: cuando una musa te d un hijo,
queden las otras ocho en cinta. Frase que he ledo citada en una
produccin reciente de un joven espaol, como de Thophile Gautier...!

En _Era un aire suave_..., que es un aire suave, sigo el precepto
del Arte Potica de Verlaine: De la musique avant toute chose. El
paisaje, los personajes, el tono; se presentan en ambiente siglo
dieciochesco. Escrib como escuchando los violines del rey. Poseyeron
mi sensibilidad Rameau y Lulli. Pero el abate joven de los madrigales
y el vizconde rubio de los desafos, ante Eulalia que re, mantienen
la secular felinidad femenina contra el viril rendido; Eva, Judith u
Ofelia, peores que todas las sufragettes. En _Divagacin_ dirase
un curso de geografa ertica; la invitacin al amor bajo todos los
soles, la pasin de todos los colores y de todos los tiempos. All
flexibilic hasta donde pude el endecaslabo. La _Sonatina_ es la ms
rtmica y musical de todas estas composiciones, y la que ms boga ha
logrado en Espaa y Amrica. Es que contiene el sueo cordial de toda
adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso. Es el deseo
ntimo, la melancola ansiosa, y es, por fin, la esperanza. En _Blasn_
celebro el cisne, pues esos versos fueron escritos en el lbum de una
marquesa de Francia propicia a los poetas. En _Del Campo_ me amparaba
la sombra de Banville, en un tema y en una atmsfera criollos. En la
alabanza _A los ojos negros de Julia_ madrigalic caprichosamente. La
_Cancin de Carnaval_ es tambin a lo Banville, una oda funambulesca,
de sabor argentino, bonaerense. Dos galanteras siguen para una dama
cubana. Fueron escritas en presencia de mi malogrado amigo Julin del
Casal, en la Habana, hace ms de veinte aos, e inspiradas por una
bella dama, Mara Cay, hoy viuda del general Lachambre. _Bouquet_ es
otro madrigal de capricho. _El faisn_, en tercetos monorrimos, es un
producto parisiense, ideado en Pars, escrito en Pars, trascendente
de parisina. _Garonnire_ dice horas artsticas y fraternas de
Buenos Aires. _El pas del sol_, formulado a la manera de los lieds
de France, de Catulle Mends, y como un eco de Gaspard de la Nuit,
concreta la nostalgia de una nia de las islas del trpico, animada
de arte, en el medio frgido y duro de Manhatan, en la imperial Nueva
York. _Margarita_--que ha tenido la explicable suerte de estar en
tantas memorias--es un melanclico recuerdo pasional, vivido, aunque en
la verdadera historia, la amada sensual no fu alejada por la muerte,
sino por la separacin. _Ma_, y _Dice ma_, son juegos para msica,
propios para el canto, lieds que necesitan modulacin.

En _Heraldos_ demuestro la teora de la meloda interior. Puede decirse
que en este poemita el verso no existe, bien que se imponga la notacin
ideal. El juego de las slabas, el sonido y color de las vocales, el
nombre clamado, herldicamente, evocan la figura, oriental, bblica,
legendaria, y el tributo y la correspondencia.

El _Coloquio de los centauros_ es otro mito, que exalta las fuerzas
naturales, el misterio de la vida universal, la ascensin perpetua
de Psique, y luego plantea el arcano fatal y pavoroso de nuestra
ineludible finalidad. Mas renovando un concepto pagano, Thanatos no
se presenta como en la visin catlica, armado de su guadaa, larva
o esqueleto, de la medioeval reina de la peste y emperatriz de la
guerra; antes bien surge bella, casi atrayente, sin rostro angustioso,
sonriente, pura, casta, y con el amor dormido a sus pies. Y, bajo un
principio pnico, exalto la unidad del universo, en la ilusoria Isla de
Oro, ante la vasta mar. Pues como dice el divino visionario Juan: Hay
tres cosas que dan testimonio en la tierra: el espritu, el agua y la
sangre; y estos tres no son ms que uno. (Ep. B. Joannis. Apost. V,
8.; Et tres sunt, qui testimonium dan in terra: spiritus, et agua, et
sanguis: et hic tres unum sunt).

En _El poeta pregunta por Stella_, el poeta rememora a un anglico sr
desaparecido, a una hermana de las liliales mujeres de Poe, que ha
ascendido al cielo cristiano. Luego leeris un prlogo lrico, que se
me antoj llamar prtico, escrito hace largos aos en alabanza del
muy buen poeta, del vibrante, sonoro y copioso Salvador Rueda, gloria
y decoro de las Andalucas. Y como en ese tiempo visitase yo la que
es llamada harto popularmente tierra de Mara Santsima, no dej de
pagar tributo, contagiado de la alegra de las castauelas, panderos
y guitarras, a aquella encantada regin solar. Y escrib, entre otras
cosas, el _Elogio de la seguidilla_.

En Buenos Aires, e iniciado en los secretos wagnerianos por un msico
y escritor belga, M. Charles del Gouffre, rim el soneto de _El
Cisne_--ave eternal!--que concluye:

    Oh, Cisne! Oh, sacro pjaro! Si antes la blanca Helena
    del huevo azul de Leda brot de gracia llena,
    siendo de la hermosura la princesa inmortal,

    bajo tus blancas alas la nueva Poesa,
    concibe en una gloria de luz y de armona
    la Helena eterna y pura que encarna el ideal.

_La pgina blanca_ es como un sueo cuyas visiones simbolizaran las
bregas, las angustias, las penalidades del existir, la fatalidad
genial, las esperanzas y los desengaos, y el irremisible eplogo de la
sombra eterna, del desconocido ms all.

Ay, nada ha amargado ms las horas de meditacin de mi vida que la
certeza tenebrosa del fin; y cuntas veces me he refugiado en algn
paraso artificial, posedo del horror fatdico de la muerte!

_Ao nuevo_ es una decoracin sideral, animada, se dira, de un
teolgico aliento. La _Sinfona en gris mayor_ trae necesariamente el
recuerdo del mgico Tho, del exquisito Gautier y su _Symphonie en
blanc majeur_. La ma es anotada d'aprs nature, bajo el sol de mi
patria tropical. Yo he visto esas aguas en estagnacin, las costas
como candentes, los viejos lobos de mar que iban a cargar en goletas
y bergantines maderas de tinte, y que partan a velas desplegadas,
con rumbo a Europa. Bebedores taciturnos, o risueos cantaban en los
crepsculos, a la popa de sus barcos, acompandose con sus acordeones
cantos de Normanda o de Bretaa, mientras exhalaban los bosques
y los esteros cercanos rodeados de manglares, bocanadas clidas y
relentes paldicos. En _Epitalamio brbaro_ se testifica en la lira
el triunfo amoroso de un grande apolonida. El _Responso_ a Verlaine
prueba mi admiracin y fervor cordial por el Pauvre Lelian, a quien
conoc en Pars en das de su triste y entristecedora bohemia; y hago
ver las dos faces de su alma pnica, la que da a la carne y la que da
al espritu; la que da a las leyes de la humana naturaleza y la que
da a Dios y a los misterios catlicos, paralelamente. En el _Canto
de la sangre_ hay una sucesin de correspondencias y equivalencias
simblicas, bajo el enigma del licor sagrado que mantiene la vitalidad
en nuestro cuerpo moral. La siguiente parte del volumen, _Recreaciones
arqueolgicas_ indica por su ttulo el contenido. Son ecos y maneras de
pocas pasadas, y una demostracin, para los desconcertados y engaados
contrarios, de que, para realizar la obra de reforma y de modernidad
que emprendiera, he necesitado anteriores estudios de clsicos y
primitivos. As en _Friso_ recurro al elegante verso libre, cuya ltima
realizacin plausible en Espaa es la clebre _Epstola a Horacio_,
de D. Marcelino Menndez y Pelayo. Hay ms arquitectura y escultura
que msica; ms cincel que cuerda o flauta. Lo propio en _Palimsesto_,
en donde el ritmo se acerca a la repercusin de los nmeros latinos.
En _El reino interior_ se siente la influencia de la poesa inglesa,
de Dante Gabriel Rosetti, y de algunos de los corifeos del simbolismo
francs, (Por Dios! Si he querido en un verso hasta aludir al
_Glosario_ de Powell...) _Cosas del Cid_ encierra una leyenda que narra
en prosa Barbey d'Aurevilly y que, en verso, he continuado. _Decires,
leyes y canciones_ renuevan antiguas formas pomicas y estrficas;
y as expreso amores nuevos con versos compuestos y arreglados a
la manera de Johan de Duenyas, de Johan de Torres, de Valtierra,
de Santa Fe, con inusitados y sugerentes escogimientos verbales y
rtmicas combinaciones que dan un gracioso y eufnico resultado, y con
el aditamento de finidas y tornadas. Y, para concluir, en la serie
de sonetos que tiene por ttulo _Las nforas de Epicuro_--con una
_Marina_ intercalada--hay una como exposicin de ideas filosficas;
en _La espiga_, la concentracin de un ideal religioso a travs de la
naturaleza; en _La fuente_, el autoconocimiento y la exaltacin de
la personalidad; en _Palabras de la Satiresa_, la conjuncin de las
exaltaciones pnica y apolnea--que ya Moras, segn lo hace saber
un censor ms que listo, haba preconizado, y tanto mejor!--; en
_La anciana_, una alegrica afirmacin de supervivencia; en _Ama tu
ritmo_..., otra vez la exposicin de la potencia ntima individual;
en _A los poetas risueos_, un gozo amable, un mpetu que lleva a la
claridad alegre y reconfortante, con el exultorio de los cantores de
la dicha; en _La hoja de oro_, el arcano de tristezas autumnales;
en _Marina_, una amarga y verdadera pgina de mi vivir; en _Syrinx_
(pues el soneto que aparece en otras ediciones con el ttulo _Dafne_,
por equivocacin, debe llevar el de _Syrinx_) paganizo al cantar la
concrecin espiritual de la metamorfosis; _La gitanilla_ es una rimada
ancdota. Loo despus a un antiguo y sabroso citareda de Espaa; lanzo
una voz de aliento y de nimo; indico mis sueos. Y tal es ese libro,
que amo intensamente y con delicadeza, no tanto como obra propia,
sino porque a su aparicin se anim en nuestro Continente toda una
cordillera de poesa poblada de magnficos y jvenes espritus. Y
nuestra alba se reflej en el viejo solar.




                            CANTOS DE VIDA

                           :: Y ESPERANZA ::




                             [Ilustracin]




                      CANTOS DE VIDA Y ESPERANZA


Si _Azul_... simboliza el comienzo de mi primavera, y _Prosas profanas_
mi primavera plena, _Cantos de Vida y Esperanza_ encierra las esencias
y savias de mi otoo. He ledo, no recuerdo ya de quin, el elogio del
otoo; mas, quin mejor que Hugo lo ha hecho con el encanto profundo
de su selva lrica? La autumnal es la estacin reflexiva. La naturaleza
comunica su filosofa sin palabras, con sus hojas plidas, sus cielos
taciturnos, sus opacidades melanclicas. El ensueo se impregna de
reflexin. El recuerdo ilumina con su interior luz apacible los ms
amables secretos de nuestra memoria. Respiramos, como a travs de un
aire mgico, el perfume de las antiguas rosas. La ilusin existe,
mas su sonrisa es discreta. Adquiere el amor mismo cierta dulce
gravedad. Esto no lo comprendieron muchos, que al aparecer _Cantos_
_de Vida y Esperanza_ echaron de menos el tono matinal de _Azul_... y
la princesa que estaba triste en _Prosas profanas_, y los caprichos
siglo XVIII, mis queridas y gentiles versalleras, los madrigales
galantes y preciosos y todo lo que, en su tiempo, sirvi para renovar
el gusto y la forma y el vocabulario, en nuestra poesa encajonada en
lo pedaggico-clsico, anquisolada de siglo-de-oro, o apegada, cuando
ms, a las frmulas prosaico-filosficas o baritonantes y campanudas
de maestros, aunque ilustres, limitados. Apenas Bcquer haba trado
su meloda a la germnica, aunque el gran Zorrilla imperase, Cid del
Parnaso castellano, con su virtuosidad genial y castiza.

Al escribir _Cantos de Vida y Esperanza_ yo haba explorado no
solamente el campo de poticas extranjeras, sino tambin los
cancioneros antiguos, la obra ya completa, ya fragmentaria de los
primitivos de la poesa espaola, en los cuales encontr riqueza de
expresin y de gracia que en vano se buscarn en harto celebrados
autores de siglas ms cercanos. A todo esto agregad un espritu de
modernidad con el cual me compenetraba en mis incursiones poliglticas
y cosmopolitas. En unas palabras liminares y en la introduccin
en endecaslabos se explica la ndole del nuevo libro. La historia
de una juventud llena de tristezas y de desilusin, a pesar de las
primaverales sonrisas; la lucha por la existencia, desde el comienzo,
sin apoyo familiar, ni ayuda de mano amiga; la sagrada y terrible
fiebre de la lira; el culto del entusiasmo y de la sinceridad, contra
las aagazas y traiciones del mundo, del demonio y de la carne; el
poder dominante e invencible de los sentidos, en una idiosincrasia
calentada a sol de trpico en sangre mezclada de espaol y chorotega o
nagrandano; la simiente del catolicismo contrapuesta a un tempestuoso
instinto pagano; complicado con la necesidad psicofisiolgica de
estimulantes modificadores del pensamiento, peligrosos combustibles,
suprimidores de perspectivas afligentes, pero que ponen en riesgo la
mquina cerebral y la vibrante tnica de los nervios. Mi optimismo se
sobrepuso. Espaol de Amrica y americano de Espaa, cant, eligiendo
como instrumento al hexmetro griego y latino, mi confianza y mi fe
en el renacimiento de la vieja Hispania, en el propio solar y del
otro lado del Ocano, en el coro de naciones que hacen contrapeso en
la balanza sentimental a la fuerte y osada raza del norte. Eleg el
hexmetro por ser de tradicin greco-latina y porque yo creo, despus
de haber estudiado el asunto, que en nuestro idioma, malgr la
opinin de tantos catedrticos, hay slabas largas y breves, y que lo
que ha faltado es un anlisis ms hondo y musical de nuestra prosodia.
Un buen lector hace advertir en seguida los correspondientes valores;
y lo que han hecho Voss y otros en alemn, Longfellow y tantos en
ingls, Carducci, D'Annunzio y otros en Italia, Villegas, el P. Martn
y Eusebio Caro el colombiano, y todos los que cita Eugenio Mele en su
trabajo sobre la _Poesa brbara en Espaa_, bien podamos continuarlo
otros, aristocratizando as nuevos pensares. Y bella y prcticamente lo
ha demostrado despus un poeta del valer de Marquina.

Flexibilizado nuestro alejandrino, con la aplicacin de los aportes que
al francs trajeran Hugo, Banville y luego Verlaine y los simbolistas,
su cultivo se propag--quiz en demasa--en Espaa y Amrica. Hay que
advertir que los portugueses tenan ya tales reformas.

Hay, como he dicho, mucho hispanismo en este libro mo; ya haga su
salutacin el optimista, ya me dirija al rey Oscar de Suecia, o
celebre la aparicin de Cyrano en Espaa, o me dirija al presidente
Roosevelt, o celebre al Cisne, o evoque annimas figuras de pasadas
centurias, o haga hablar a D. Diego de Silva Velzquez y a D. Luis de
Argote y Gngora, o loe a Cervantes, o a Goya, o escriba la Letana de
Nuestro Seor Don Quijote. Hispania por siempre! Yo haba vivido ya
algn tiempo y haban revivido en m alientos ancestrales.

El ttulo--_Cantos de Vida y Esperanza_--, si corresponde en gran
parte a lo contenido en el volumen, no se compadece con algunas
notas de desaliento, de duda, o de temor a lo desconocido, al ms
all. En _Los tres reyes magos_ se afianza mi desmo absoluto. En la
_Salutacin a Leonardo_--escrita en versos libres franceses y publicada
haca tiempo en el _Almanaque de Peuser_ de Buenos Aires--hay juegos
y enigmas de arte, que exigen para su comprensin, naturalmente,
ciertas iniciaciones. En _Pegaso_ se proclama el valor de la energa
espiritual, de la voluntad de creacin. En _A Roosevelt_ se preconizaba
la solidaridad del alma hispanoamericana ante las posibles tentativas
imperialistas de los hombres del Norte; en la poesa siguiente se
considera la poesa como un especial don divino y se seala el faro
de la esperanza ante las amenazas de la baja democracia y de la
aterrizadora igualdad; en _Canto de Esperanza_ vuelvo mis ojos al
inmenso resplandor de la figura de Cristo, y grito por su retorno,
como salvacin ante los desastres de la tierra envenenada por las
pasiones de los hombres; y, ms adelante, de nuevo hago vislumbrar a
los meditabundos pensadores, a los poetas que sufren la transfiguracin
y la final victoria. _Helios_ proclama el idealismo y siempre la
omnipotencia infinita; _Spes_ asciende a Jess, a quien se pide contra
el saudo infierno una gracia lustral de iras y lujurias; la _Marcha
triunfal_ es un triunfo de decoracin y de msica. Hay una parte
titulada _Los cisnes_. El amor a esta bella ave simblica desde antiguo:

                                  _ignem perosus,
    Qu colat, elegit contraria flumina flammis..._

ha hecho que tanto a m como al espaol Marquina nos haya censurado un
crtico hispanoamericano, anteponiendo al ave blanca de Leda el ave
sombra, aunque minervina: el buho. De cierto, juzgo en su metamorfosis
ms satisfecho al hijo de Sthenelea que a Asclafo. Y con todo, en
varias partes afirmo la sabidura del buho. Por el smbolo csnico
torno a ver lucir la esperanza para la raza solar nuestra; elogio al
pensador augurando el triunfo de la Cruz; me estremezco ante el eterno
amor. En _Retrato_, presento en lienzos evocatorios pasadas figuras de
la grandeza y del carcter hispnicos: cuatro caballeros y una abadesa.
Luego ritmo al influjo primaveral, en un romance cuyo comps corto
de pronto. En _La dulzura del Angelus_ hay como un mstico ensueo,
y presento como verdadero refugio la creencia en la Divinidad y la
purificacin del alma y hasta de la naturaleza por la ntima gracia de
la plegaria.

_Tarde del trpico_ fu escrita hace mucho tiempo, cuando por la
primera vez sent bajo mis pies las vastas aguas ocenicas, en mi
viaje a Chile. Era para m entonces todo en la poesa el semidis
Hugo. Los _Nocturnos_, en cambio, dicen una cultura posterior; ya
han ungido mi espritu los grandes humanos, y as exteriorizo en
versos transparentes, sencillos y musicales, de msica interior, los
secretos de mi combatida existencia, los golpes de la fatalidad, las
inevitables disposiciones del destino. Quiz hay demasiada desesperanza
en algunas partes; no debe culparse sino a los marcados instantes en
que una mano de tiniebla hace vibrar mayormente el cordaje martirizador
de nuestros nervios. Y las verdades de mi vida: un vasto dolor y
cuidados pequeos; el viaje a un vago Oriente por entrevistos
barcos; el grano de oraciones que floreci en blasfemia; los
azoramientos del cisne entre los charcos; el falso azul nocturno
de inquerida bohemia... S, ms de una vez pens en que pude ser
feliz, si no se hubiera opuesto el rudo destino. La oracin me ha
salvado siempre, la fe; pero hame atacado tambin la fuerza maligna
poniendo en mi entendimiento horas de duda y de ira. Mas, no han
padecido mayores agresiones los ms grandes santos? He cruzado por
lodazales. Puedo decir, como el vigoroso mejicano: Hay plumajes que
cruzan el pantano, y no se manchan: mi plumaje es de esos. En cuanto
a la bohemia inquerida, habra yo gastado tantas horas de mi vida en
agitadas noches blancas, en la euforia artificial y desorbitada de los
alcoholes, en el desgaste de una juventud demasiado robusta, si la
fortuna me hubiera sonredo y si el capricho y el triste error ajenos
no me hubiesen impedido, despus de una crueldad de la muerte, la
formacin de un hogar...?

    Esperanza olorosa a yerbas frescas, trino
    del ruiseor primaveral y matinal,
    azucena tronchada por un fatal destino,
    rebusca de la dicha, persecucin del mal...

Y gracias sean dadas a la suprema Razn, si puedo clamar con el verso
de la obertura de este libro: Si no ca fu porque Dios es bueno!
En la _Cancin de Otoo en Primavera_ digo adis a los aos floridos,
en una melanclica sonata, que, si se insiste en parangonar, tendra
su meloda algo como un sentimental eco mussetiano. Es de todas mis
poesas la que ms suaves y fraternos corazones ha conquistado. En
_Trbol_ hay homenaje a glorias espaolas; en _Charitas_ una aspiracin
teologal incensa la ms sublime de las virtudes. En los siguientes
versos: Oh, terremoto mental! pasa la amenaza de las potencias
malficas; y ms adelante se seala el peligro de la eterna enemiga, de
la hermosa Varona que nos ofrece siempre la manzana... En _Filosofa_
se comprende la justeza de la obra natural y de la divina razn, contra
las feas y dainas apariencias; en _Leda_ se vuelve a cantar la gloria
del Cisne en _Divina Psiquis_... se tiende, en el torbellino lrico,
al ltimo consuelo, al consuelo cristiano. _El soneto de trece versos_;
cuyo sentido incomprendido ha hecho balbucir juicios distantes a ms
de un crtico de poca malicia, es un juego a lo Mallarm, de sugestin
y fantasa. Los versos que van a continuacin elevan a la idealidad y
alivian del peso a las miserias morales. Despus vendr un paternal
recuerdo, un himno al encanto misterioso femenino, una loor al Gran
Manco, un madrigal ocasional, un canto a la siempre para m atrayente
Thalassa, una meditacin filosfica, seguida de otras; una silueta
bblica; alegoras y smbolos. Un soneto hay que tiene una dolorosa
historia: _Melancola_. Est dedicado a un pobre pintor venezolano que
tena el apellido del Libertador. Era un hombre doloroso, posedo de su
arte, pero mayormente de su desesperanza.

Le conoc en Pars; fuimos ntimos, me mostr las heridas de su alma.
Yo procur alentarle. Pasado un corto tiempo parti para los Estados
Unidos. Y no tard en saber que en Nueva York, en el lmite de sus
amarguras, se haba suicidado. _Aleluya_ exalta el don de la alegra
en el universo y en el amor humano. _De Otoo_ explica la diferencia
entre los mayos y diciembres espirituales; en el poema _A Goya_ me
inclino ante el poder de aquel genial prncipe de luces y tinieblas;
en _Caracol_ junto al misterio natural mi incgnito misterio; en _Amo,
amas_, pongo el secreto del vivir en el sacro incendio universal
amoroso; en el _Soneto autumnal al marqus de Bradomn_, al celebrar a
un gran ingenio de las Espaas, exalto la aristocracia del pensamiento;
en otro _Nocturno_ digo los sufrimientos de los invencibles insomnios
cuando el nima tiembla y escucha; en _Urna votiva_ cumplo con la
amistad; en _Programa matinal_ se expone un epicureismo todo potico;
en _Ibis_ sealo el peligro de las ponzoosas relaciones; en _Thanatos_
me estremezco ante lo inevitable; _Ofrenda_ es una ligera y rtmica
galantera banvillesca; en _Propsito primaveral_ de nuevo se presenta
una copa llena de vino de las nforas de Epicuro.

La _Letana de Nuestro Seor Don Quijote_ afirma otra vez mi arraigado
idealismo, mi pasin por lo elevado y heroico. La figura del caballero
simblico est coronada de luz y de tristeza. En el poema se intenta
la sonrisa del humour--como un recuerdo de la portentosa creacin
cervantina--, mas tras el sonreir est el rostro de la humana tortura
ante las realidades que no tocan la complexin y el pellejo de Sancho.
En _All lejos_ hay un rememorar de paisajes tropicales, un recuerdo
de la ardiente tierra natal, y en _Lo fatal_, contra mi arraigada
religiosidad y a pesar mo, se levanta como una sombra temerosa un
fantasma de desolacin y de duda.

Ciertamente, en m existe, desde los comienzos de mi vida, la profunda
preocupacin del fin de la existencia, el terror a lo ignorado, el
pavor de la tumba, o, ms bien, del instante en que cesa el corazn
su ininterrumpida tarea y la vida desaparece de nuestro cuerpo. En mi
desolacin me he lanzado a Dios como a un refugio, me he asido de la
plegaria como de un paracadas. Me he llenado de congoja cuando he
examinado el fondo de mis creencias, y no he encontrado suficientemente
maciza y fundamentada mi fe, cuando el conflicto de las ideas me ha
hecho vacilar y me he sentido sin un constante y seguro apoyo. Todas
las filosofas me han parecido impotentes, y algunas abominables y obra
de locos y malhechores. En cambio, desde Marco Aurelio hasta Bergson,
he saludado con gratitud a los que dan alas, tranquilidad, vuelos
apacibles y ensean a comprender de la mejor manera posible el enigma
de nuestra estancia sobre la tierra.

Y el mrito principal de mi obra, si alguno tiene, es el de una gran
sinceridad, el de haber puesto mi corazn al desnudo, el de haber
abierto de par en par las puertas y ventanas de mi castillo interior,
para ensear a mis hermanos el habitculo de mis ms ntimas ideas
y de mis ms caros ensueos. He sabido lo que son las crueldades y
locuras de los hombres. He sido traicionado, pagado con ingratitudes,
calumniado, desconocido en mis mejores intenciones por prjimos mal
inspirados, atacado, vilipendiado. Y he sonredo con tristeza. Despus
de todo, todo es nada, la gloria comprendida. Si es cierto que el
busto sobrevive a la ciudad, no es menos cierto que lo infinito del
tiempo y del espacio, el busto, como la ciudad, y, ay!, el planeta
mismo, habrn de desaparecer ante la mirada de la nica Eternidad!




                             [Ilustracin:

                                ACABSE
                              DE IMPRIMIR
                             ESTE LIBRO EN
                             MADRID, EN LA
                           TIPOGRAFA YAGES
                              EL DA XXIV
                               DE ENERO
                                DEL AO
                                MCMXIX]





End of the Project Gutenberg EBook of El Viaje a Nicaragua  Historia de mis
libros, by Rubn Daro

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK EL VIAJE A NICARAGUA ***

***** This file should be named 54471-8.txt or 54471-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        http://www.gutenberg.org/5/4/4/7/54471/

Produced by Josep Cols Canals, Nahum Maso i Carcases and
the Online Distributed Proofreading Team at
http://www.pgdp.net (This file was produced from images
generously made available by The Internet Archive/Canadian
Libraries)


Updated editions will replace the previous one--the old editions
will be renamed.

Creating the works from public domain print editions means that no
one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
(and you!) can copy and distribute it in the United States without
permission and without paying copyright royalties.  Special rules,
set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark.  Project
Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
charge for the eBooks, unless you receive specific permission.  If you
do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
rules is very easy.  You may use this eBook for nearly any purpose
such as creation of derivative works, reports, performances and
research.  They may be modified and printed and given away--you may do
practically ANYTHING with public domain eBooks.  Redistribution is
subject to the trademark license, especially commercial
redistribution.



*** START: FULL LICENSE ***

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
Gutenberg-tm License (available with this file or online at
http://gutenberg.org/license).


Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org/license

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
