The Project Gutenberg eBook, Memorias de un Hombre de Accin: #8 La Veleta
de Gastizar, by Po Baroja


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Title: Memorias de un Hombre de Accin: #8 La Veleta de Gastizar


Author: Po Baroja



Release Date: September 7, 2016  [eBook #53003]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1


***START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN:
#8 LA VELETA DE GASTIZAR***


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      https://archive.org/details/laveletadegastiz00baro


Nota del Transcriptor:

      Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

      Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las
      minsculas) han sido sustituidas por letras maysculas
      de tamao normal.





MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

LA VELETA DE GASTIZAR


      *      *      *      *      *      *

   OBRAS PUBLICADAS


   PO BAROJA

   PARADOX, REY, 3,00 ptas. LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LA BUSCA,
   3,50. NUEVO TABLADO DE ARLEQUN, 3,00. JUVENTUD, EGOLATRA, 3,50. EL
   RBOL DE LA CIENCIA, 3,50. LA VELETA DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS
   DE 1830, 4,00.


   JULIO VALLS

   EL NIO (vida de Jaime Vingtras), 4,00 ptas.


   ENRIQUE BARBUSSE

   EL FUEGO EN LAS TRINCHERAS, 4,00 ptas.


   CARLOS RIVET

   EL LTIMO ROMANOF (historia del Tsar de Rusia y su corte), 3,50 ptas.


   JUAN GUALBERTO NESSI

   AVENTURAS DEL SUBMARINO ALEMN U..., 2,00 ptas.


   JULIN SOREL

   LOS HOMBRES DEL 98. UNAMUNO, 2,00 ptas.


   LORENZO GALLEGO CARRANZA

   LECCIONES DE TOPOGRAFA. Obra adaptada al nuevo programa de esta
   asignatura en la Academia de Infantera y aprobada como texto
   definitivo para la misma por R. O. de 25 de Junio de 1917, 9,00
   pesetas. Contiene 32 lminas en colores.

      *      *      *      *      *      *

   OBRAS DE PO BAROJA

   VIDAS SOMBRAS (agotada). IDILIOS VASCOS (agotada). EL TABLADO DE
   ARLEQUN, 1,00 pta. NUEVO TABLADO DE ARLEQUN, 3,00. JUVENTUD,
   EGOLATRA, 3,50.


   LAS TRILOGAS


   TIERRA VASCA

   LA CASA DE AIZGORRI, 1,00 pta. EL MAYORAZGO DE LABRAZ, 3,00. ZALACAIN
   EL AVENTURERO, 1,00.


   LA VIDA FANTSTICA

   CAMINO DE PERFECCIN, 1,00. INVENTOS, AVENTURAS Y MIXTIFICACIONES DE
   SILVESTRE PARADOX, 1,00. PARADOX, REY, 3,00.


   LA RAZA

   LA DAMA ERRANTE, 3,00. LA CIUDAD DE LA NIEBLA, 3,00. EL RBOL DE LA
   CIENCIA, 3,50.


   LA LUCHA POR LA VIDA

   LA BUSCA, 3,50. MALA HIERBA, 3,50. AURORA ROJA, 3,50.


   EL PASADO

   LA FERIA DE LOS DISCRETOS, 3,50. LOS LTIMOS ROMNTICOS, 3,00. LAS
   TRAGEDIAS GROTESCAS, 3,00


   LAS CIUDADES

   CSAR O NADA, 4,00. EL MUNDO ES ANS, 3,50


   EL MAR

   LAS INQUIETUDES DE SHANTI ANDA, 3,50


   MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

   EL APRENDIZ DE CONSPIRADOR, 3,50. EL ESCUADRN DEL BRIGANTE, 3,50.
   LOS CAMINOS DEL MUNDO, 3,50. CON LA PLUMA Y CON EL SABLE, 3,50. LOS
   RECURSOS DE LA ASTUCIA, 3,50. LA RUTA DEL AVENTURERO, 3,50. LA VELETA
   DE GASTIZAR, 4,00. LOS CAUDILLOS DE 1830, 4,00.

      *      *      *      *      *      *


MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

LA VELETA DE GASTIZAR


Copyright by Rafael Caro Raggio--1918.
Es propiedad.
Prohibida la reproduccin._

Imp. de ALREDEDOR DEL MUNDO, Martn de los Heros, 65.




PO BAROJA

MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN

LA VELETA DE GASTIZAR

Novela







[Ilustracin]

Rafael Caro Raggio: Editor
Calle de Ventura Rodrguez, 18
1918




PRLOGO


ERA un dragn, una sierpe, una salamandra, un monstruo hrrido, difcil
de clasificar, con una corona de tres picos en la cabeza y un dedo de
su mano derecha en los labios como para imponer silencio. A quin? No
lo sabemos.

Este dragn se hallaba encaramado sobre el mundo, una bola de hierro
negra, sujeta en un vstago y tena la humorada de sealar el Norte
y el Sur, el Este y el Oeste, cosa no difcil de comprender si se
aade que el grifo, basilisco o dragn, formaba parte de un pequeo y
simptico artefacto que llamamos veleta.

Esta veleta coronaba la torre de la casa solariega de un pueblo
labortano.

Era un monstruo rabioso, aquel monstruo indefinido que dominaba su
mundo, un monstruo rechinador, malhumorado, que giraba desde haca
muchos aos, no se saba cuantos, en la vieja torre de Ustariz que
tena Gastizar por nombre.

Sus garras amenazaban alternativamente a los cuatro puntos cardinales,
de su boca salan llamas que por arte mgico se convertan en una
flecha, sus orejas estaban atentas a todo cuanto se hablaba y se
murmuraba en el pueblo.

Para neutralizar la perversidad y la iracundia de aquella furia
super-terrestre, para dulcificar su prfida malicia, el artfice que
le di forma mortal le fij para siempre en la cola el anagrama de
Jess-Cristo: J. H. S.

As este dragn tosco y quimrico representaba el dualismo de las cosas
humanas y divinas: por la cabeza al diablo y por la cola a Dios; por
delante la ciencia, el materialismo, la duda; por detrs el misticismo,
y la piedad; por un lado todo malicia, irona y desprecio para los
mortales por el otro todo benevolencia y resignacin cristiana.

En aquella peligrosa altura, en aquella posicin incmodamente ambigua,
Ormuz y Ariman en una misma pieza, tena que girar a todas horas el
pobre y lastimero dragn de Gastizar. No era extrao que su genio se
hubiese agriado y que rechinase con tanta frecuencia.

La soledad le haba hecho melanclico. Las alturas aislan. Aquel viejo
basilisco no tena amigos; nicamente una lechuza parda se posaba en el
remate de la veleta y sola estar largo tiempo contemplando desde all
arriba el pueblo.

El dragn rooso y la lechuza de plumas suaves y de ojos redondos
se entendan? Quin poda saberlo? Vena ella--el pjaro sabio del
crepsculo--a recibir rdenes de aquel basilisco chirriante e infernal
agobiado por su apndice cristiano? O era el basilisco el que reciba
las rdenes de la lechuza?

Si alguien traa rdenes era indudablemente la lechuza. De donde? Lo
ignoramos.

El viejo dragn velaba sobre el pueblo. El diriga los fantasmas de
la noche, l haca avanzar las nubes obscuras que pasaban delante de
la Luna, l irritaba y calmaba los bregos y los aquilones con sus
movimientos bruscos y sus chirridos agudos.

En los das de tempestad mientras el vendaval soplaba con fuerza, el
dragn muga y chillaba escandalosamente; en las tormentas, a la luz
de los relmpagos, se presentaba terrible e iracundo, en cambio en los
das de sol, cuando la claridad dorada se esparca por las colinas
verdes del Labourt, qu humilde! qu domesticado! Qu buenazo
apareca el dragn de Gastizar vencido por el anagrama cristiano de su
cola!

Aun en estos das tranquilos miraba con cierta sorna a la gente que,
sin duda, desde su altura le pareca pequea, a veces se volva
despacio como para dirigir al espectador una cortesa amable, a veces
le daba la espalda con un marcado desprecio.

A pesar de su maldad, de su energa y de su furia, el dragn de
Gastizar desde haca algunos aos se mova con dificultad para dar sus
rdenes.

Era que su aditamento cristiano le iba dominando y adormeciendo?

Era que sus articulaciones se entorpecan con el reumatismo y la gota?

Era solamente la edad?

Fuese lo que fuese era lo cierto que durante largas temporadas el
dragn quedaba inmvil, sin poder inclinarse ni a la derecha ni a la
izquierda, furioso, amenazando con un ademn de cmica impotencia al
universo.

A veces una rfaga de aire le infunda un momento de vida y sus garras
se agitaban estremecidas en el aire y su lengua de llamas vibraba con
saa, pero al poco tiempo volva a su inmovilidad con el aspecto triste
de un paraltico.

Alguien, probablemente algn burln haba echado a volar la especie
de que la anquilosis de la veleta coincida con la tranquilidad de la
villa y en cambio sus movimientos bruscos con los conflictos, con las
guerras, con las pestes, con las revoluciones...




LIBRO PRIMERO

LA FAMILIA DE ARISTY




I.

LOS VIAJEROS


HABAN salido los tres viajeros de Bayona, a caballo, por la puerta de
Mousserolles, una tarde de otoo. Uno de los jinetes, ya viejo, con el
pelo gris, tena un aplomo al caer en la silla, propio de un militar;
el otro, un joven rubio, montaba como el que ha tomado lecciones de
equitacin en un picadero, y el ltimo, un muchacho moreno y de ojos
negros brillantes, apenas saba ms que sostenerse sin caer sobre su
cabalgadura. Afortunadamente para l llevaba una yegua blanca vieja y
pacfica que a duras penas sala del paso.

Los tres jinetes eran espaoles. Tomaron poco despus de salir de
Bayona por la carretera que corre al lado del ro Nive y fueron
charlando.

El tiempo estaba hermoso, la tarde tranquila y apacible; las hojas iban
amarilleando en los rboles de ambos lados del camino y el follaje de
los robledales en la falda de los montes comenzaba a enrojecer.

Haba nubarrones en el cielo en la direccin de la costa.

Al pasar los jinetes por delante de Villefranque les sorprendi una
turbonada; las nubes comenzaron a invadir rpidamente el cielo y lo
encapotaron en poco tiempo; unos minutos despus gruesas gotas redondas
como monedas cayeron en la carretera.

El chaparrn fu arreciando y los jinetes tuvieron que picar la espuela
a sus caballos, cosa un tanto comprometida para el joven moreno de los
ojos brillantes, a quien se vi inclinarse a derecha e izquierda como
un saco mal atado, a los movimientos del trote brusco de su yegua.

Llegaron los viajeros en el instante en que ms arreciaba la lluvia a
las proximidades de Ustariz, y se detuvieron enfrente de una gran cruz
pintada de rojo con los instrumentos de suplicio.

--Qu hacemos?--pregunt el viejo.--Estamos ya en el pueblo?

--Ah se ve la iglesia--advirti el joven rubio.

Efectivamente, por encima de un grupo de rboles se destacaba el
campanario de la iglesia en medio de la bruma.

--El pueblo creo que est desparramado por el valle--indic el muchacho
moreno;--voy a preguntar en una de estas casas por la posada.

--Yo voy contigo--dijo el joven rubio y baj del caballo.

El moreno hizo lo mismo, y los dos llevando los caballos de las riendas
pasaron un portillo y se acercaron a una casa que se vea a unos
doscientos pasos de la carretera.

El muchacho moreno di las riendas a su compaero y entr en el
casero. Un campesino viejo y flaco que fumaba una pipa de barro se le
acerc.

--Esto es Ustariz?--le pregunt en vascuence el muchacho moreno.

--S, seor.

--Est lejos una casa que se llama Chimista?

--S, bastante lejos.

--Y la posada est tambin lejos?

--No, ah cerca. Sigan ustedes por el camino, pasen ustedes la iglesia
y pregunten por la Veleta.

El campesino sali al portal de la casa a indicar el sitio aproximado
en donde estaba la posada.

Los dos jvenes volvieron a salir a la carretera y se unieron con el
viejo compaero. Pasaron por delante de la iglesia y se detuvieron al
par de una casa que tena una muestra recin pintada con la bandera
tricolor, en donde poda leerse:

                        A LA VELETA DE USTARIZ

                             CAF. POSADA

El jinete viejo salt de la silla rpidamente, le siguieron los dos
jvenes y entraron todos en el gran zagun de la posada. Haba all un
tilbur y dentro un seor esperando el paso de la tormenta.

--Qu hacemos?--pregunt el viejo espaol.

--Nos quedaremos aqu--contest el muchacho moreno.

--S, si no van ustedes a ponerse perdidos--advirti el posadero que se
present para llevar los caballos a la cuadra.

--Yo me voy--dijo el caballero del tilbur al posadero,--porque hay
lluvia para rato;--y saliendo del portal a la carretera hizo tomar el
trote largo a su caballo.

El viejo y los dos jvenes espaoles quedaron en el zagun. Al volver
el posadero el viejo espaol le pregunt:

--Hay mucho de aqu a un casero que se llama Chimista?

--Ms de una hora.

--Buen camino?

--No muy malo. Ahora no pueden ustedes ir. Suban ustedes.

Los viajeros subieron hasta una sala del piso principal, donde se
sentaron.

--Quieren ustedes algo?--pregunt el posadero.

--Tomaremos sidra--dijo el muchacho moreno.

--Van ustedes a cenar?

--Si escampa seguiremos la marcha--advirti el viejo.

--Ya me parece que no escampa--replic el joven rubio.

--Entonces lo dejaremos para maana.

--Y yo mandar hacer la cena--dijo el posadero.

--Bueno.

Los viajeros se sentaron a la mesa y esperaron a que el posadero
viniera con unos vasos y dos botellas. Era el posadero hombre de
treinta a cuarenta aos, corpulento, de cara redonda y expresin
tranquila y burlona. Vesta grandes botas con polainas, pantalones
anchos de pana azul, faja encarnada, blusa negra adornada con bordados
y boina muy grande.

Estando sirviendo la sidra le llam la muchacha y el posadero sali de
prisa del cuarto.

Poco despus se oy que hablaba con unas seoras.

Los dos espaoles jvenes salieron, movidos por la curiosidad, a la
puerta de la sala y vieron en el pasillo a una seora ya de edad, con
el pelo blanco, y a otra de unos treinta aos, las dos muy elegantes.
A juzgar por sus palabras haban entrado en la posada huyendo de la
lluvia, y el posadero iba a mandar inmediatamente a la criada a casa
de estas damas por dos paraguas. Las seoras fueron a descansar al
comedor, que estaba en el extremo opuesto del pasillo adonde daba la
sala en que se encontraban los espaoles.

La muchacha volvi pronto con los paraguas y las seoras se dispusieron
a salir.

El joven moreno, como si tuviera algo que hacer, sali de la sala y se
cruz con ellas. La ms joven le ech una mirada viva y sonri.

Al volver el posadero a la sala el muchacho le pregunt:

--stas seoras son de aqu?

--No; son espaolas como ustedes.

--Espaolas! Cmo se llaman?

--Son la condesa de Vejer y su hija.

--Y viven aqu?

--S; viven en el chalet de las Hiedras, que les alquila madama de
Aristy, la duea de la casa de Gastizar. Madama de Aristy es la madre
de este caballero que estaba antes en el portal con un tilbur.

El joven se asom a la ventana y vi alejarse por la carretera a las
dos damas.




II.

LA POSADA DE LA VELETA


DOS establecimientos de Ustariz rivalizaban en la obra de misericordia
de dar posada al peregrino: uno la Veleta, el otro el Caballo Blanco.

Los dos representaban pocas distintas y enemigas; los dos simbolizaban
un rgimen poltico y social diferente: la Veleta de Ustariz era la
posada de la monarqua de Julio; el Caballo Blanco haba sido la de la
Restauracin Borbnica. Las posadas del Imperio y las anteriores no
haban llegado en el pueblo al alto honor de tener nombre y ensea.

El Caballo Blanco haba sido el primero que disfrut estas mercedes en
Ustariz. El Caballo Blanco, como casi todas las posadas y tabernas de
Francia que tenan este nombre, intent transformarse despus de la
Revolucin de 1830 en la posada del Hroe de ambos mundos en honor del
general Lafayette; pero esta transformacin la llev a cabo el posadero
de Ustariz con tan poca fe y tan poca pintura, que el letrero antiguo
se transparentaba por debajo del nuevo.

En los pueblos en donde el entusiasmo republicano era grande, y en
vista de que Lafayette pareca aburguesarse y consideraba a Luis
Felipe como la mejor de las Repblicas, los Caballos Blancos tuvieron
una segunda transformacin y quedaron convertidos en los Caballos
Tricolores. Para que los Caballos Blancos se convirtieran en Tricolores
se aada a los hipgrifos pintados en la muestra una escarapela o una
bandera francesa.

El Caballo Blanco de Ustariz no era un caballo de pura sangre ni un
caballo revolucionario; le falt la energa para esta nueva carrera; no
pudo transmigrar a su tercer avatar y se qued durante algn tiempo en
un Caballo Blanco vergonzante, hasta que, hostigado y mareado por su
enemiga la Veleta, desapareci aos despus yendo probablemente a parar
su muestra al cielo de los caballos pintados y de los dems animales
fabulosos y reales de las enseas de las tabernas.

La Veleta de Ustariz rivaliz durante mucho tiempo con el Caballo
Blanco y acab por vencerlo; fu para el Caballo Blanco lo que Luis
Felipe para la rama mayor de los Borbones.

En esta poca de 1830 la Veleta no haba conseguido an su triunfo
definitivo; no haba conseguido que la diligencia se detuviera delante
de su puerta, y por una tradicin que a Esteban Irisarri, el posadero
de la Veleta, le pareca irritante el coche correo segua hasta el
Caballo Blanco.

Haba entonces en el pueblo dos servicios de coches pblicos; la
diligencia que se llamaba La Bayonesa y el Cuco, que tena por nombre
La Nivelle. La Bayonesa con sus carteras del correo paraba en el
Caballo Blanco y el Cuco en la Veleta.

La Veleta de Ustariz se hallaba establecida en la carretera, en una
casa grande de dos pisos, oculta en el verano, por la parte de atrs,
por una parra.

Esta posada tena en el piso bajo una tienda, mitad caf y mitad
taberna, con las paredes recin pintadas de color de sangre de toro muy
brillantes.

En una esquina, el dueo haba mandado poner un bandern de madera con
los tres colores nacionales y en medio el letrero: A la Veleta de
Ustariz.

En la planta baja haba caf, taberna, la bodega, la cuadra y una
cocina espaciosa con chimenea de gran campana, dos mesas largas con
bancos y el techo lleno de jamones y chorizos colgados y de quesos
puestos sobre estantes de madera.

Desde el zagun, enlosado con grandes piedras, parta una escalera de
castao carcomida y recompuesta hasta el rellano del primer piso.

De aqu se pasaba, por una puerta de cristales, a un corredor algo
oscuro que tena alcobas a un lado y a otro. En uno de los extremos del
pasillo, hacia la carretera, estaba la sala, y en el otro lado, hacia
la huerta, el comedor.

En la sala, tapizada con un papel verde aceituna, casi siempre con las
ventanas entornadas, se vean algunos muebles descabalados de estilo
Imperio, un espejo sin brillo y lleno de puntitos blancos y varias
litografas de colores detonantes con las hazaas de Mazzepa y del
prncipe Poniatowski.

Este saln de la Veleta de Ustariz pasaba en el pueblo por un saln
elegante y confortable, digno de un hotel de Bayona.

Hacia el lado de la huerta el comedor de la posada daba a un balcn,
en verano siempre en sombra por el follaje de una parra que hacia de
cortina verde y tupida.

El comedor tena un papel nuevo que Esteban Irisarri, el posadero
de la Veleta, consideraba uno de los mayores atractivos de la casa.
Representaba la catarata del Nigara, al natural, como deca l. Cerca
de la catarata paseaban caballeros elegantes en briosos corceles, y
seoras reclinadas en fastuosos lands con lacayos negros y perros de
aguas.

Rompiendo una parte de la catarata haba un ventanillo que comunicaba
con un cuarto por el que se bajaba a la cocina, y por este ventanillo
la mujer de Esteban, la Juana Mari, sacaba la comida para que la
sirviera la criada. En el centro del comedor haba una mesa ovalada
donde podan sentarse quince o veinte personas. En este comedor de la
Veleta de Ustariz se serva nicamente a los forasteros distinguidos
por un mdico sobreprecio. La gente del pueblo y los campesinos iban
siempre a comer a la cocina.

Esteban Irisarri, el dueo de la Veleta, era hombre reformador y
progresivo. Haba sido sargento de Artillera y se haba casado con
la hija de un tratante de lana de Ustariz. Por entonces regentaba la
posada y segua con los negocios de lana.

Los tres viajeros que acababan de entrar en la Veleta de Ustariz eran
constitucionales espaoles; el viejo con aire de militar se llamaba
don Juan Lpez Campillo, haba sido guerrillero en la guerra de la
Independencia y estaba emigrado desde 1823; de los jvenes, el rubio
con aspecto enfermizo era Eusebio Lacy, hijo del general Lacy, fusilado
en Bellver, y el moreno, un muchacho navarro ex seminarista llamado
Manuel Ochoa.

Campillo haba interrogado a Esteban el posadero en un mal francs
pidindole informes acerca de las familias de aquel pueblo, y sobre
todo del militar espaol que viva en la casa llamada Chimista.

El posadero haba soslayado la cuestin con el maquiavelismo espontneo
de un vasco; pero al dirigirle claramente la pregunta no tuvo ms
remedio que hablar.

--No tenga usted cuidado, hombre--le dijo Ochoa, el joven de los ojos
negros, en vascuence--, no somos de la Polica; todo lo contrario.

Esteban el posadero valor aquel _todo lo contrario_ con una sonrisa
significativa, y di los datos que saba acerca del viejo militar por
quien le interrogaban. Despus invit a los huspedes a pasar al
comedor.

Precedindolos fu por el pasillo, encendi la lmpara, y aunque no
estaba del todo oscuro cerr las maderas del balcn. Los tres espaoles
se sentaron alrededor de la mesa.

--Se ha colocado usted en medio de la catarata del Nigara, mi
coronel--dijo Ochoa a Campillo sealando el papel del comedor--. Se va
usted a mojar.

--S--dijo el viejo sonriendo--. En cambio usted ha buscado buen sitio
en ese bosquecillo.

--Lacy se nos ha ido con las damas--indic Ochoa mostrando un grupo de
damiselas pintado en el papel--. Este siempre tan galante.

El posadero explic dnde haba comprado aquel papel, que era una de
las grandes atracciones de la casa, y como tena que ocuparse de sus
menesteres posaderiles, dijo:

--Si no desean ustedes otra cosa, me marcho. Si tienen que llamar, den
ustedes una patada en el suelo. As.

--Est bien--indic Ochoa--; conocemos el procedimiento.

Lacy haba abierto las maderas del balcn del comedor que daba a la
galera de la parra.

El tiempo estaba desecho. El cielo violceo se deshaca a torrentes
y la lluvia caa en rayas negras y oblicuas. Un canaln del tejado
vomitaba agua, formando un gran chorro en arco que iba a caer sobre
unas coles.

--Cierra, que viene viento--exclam Ochoa.

--Me gusta ver el temporal--dijo Lacy, y saliendo del comedor y
recorriendo el pasillo baj al zagun y se asom a la puerta.

La tarde estaba tibia; el aire, blando.

Un olor de races y de tierra hmeda vena del suelo. A veces haba
rfagas de viento huracanado. El follaje amarillo y rojizo de los
rboles se desprenda dejando las ramas desnudas; algunas hojas grandes
al volar por el aire parecan murcilagos de vuelo tortuoso o nubes de
mariposas que al agitarse daban el vrtigo.

La hojarasca seca del camino corra de aqu para all como en un sbado
de brujas, galopando en frenticos escuadrones, volando por encima de
las copas de los rboles, aplastndose sobre los troncos y quedando
inmviles en los charcos.

--Dejan la vida en la inmovilidad para irse a la libertad y a la
muerte--se dijo Lacy a s mismo--. As hacemos nosotros los hombres;
unos para caer en el fango como ellas, otros para quedar olvidados en
la cuneta del camino.

Largo tiempo estuvo el joven Lacy embebido en pensamientos
melanclicos, mirando las nubes que marchaban rpidamente por el cielo.
En esto la muchacha de la posada se acerc al joven absorto, y le dijo
que iba a subir la cena.

Volvi Lacy al comedor y se sent a la mesa.

Esteban el posadero, de pie, apoyado en el respaldo de una silla,
ameniz la velada hablando.

Se haba internado de lleno en una de las narraciones que a l le
parecan ms interesantes; la lucha de la Veleta de Ustariz con el
Caballo Blanco.

Pregunt Ochoa, mientras mondaba el hueso de una chuleta, por qu le
haba dado este nombre a su establecimiento, y el posadero charl por
los codos.

Se trataba, segn dijo, de una veleta vieja que haba en Gastizar,
una de las mejores casas de Ustariz, propiedad de los seores de
Aristy. Gastizar era una de las curiosidades de la villa y competa
con Urdains, la finca del convencional Garat, el hombre ilustre del
pueblo que todava viva en otoo de 1830, poca en que comienza esta
historia.

Al decir de Esteban el pasadero, la villa entera haba dado en decir
que la veleta de Gastizar era una veleta misteriosa y simblica, que
anunciaba o por lo menos coincida con los grandes trastornos polticos
y con las convulsiones que agitaban el pas.

Esta veleta de la torrecilla de Gastizar se hallaba desde haca
tiempo mohosa y no giraba con el viento; sin embargo, cuando los
acontecimientos polticos eran grandes, sin duda la fuerza de la
historia le haca girar, quieras que no.

As, la veleta de Gastizar se haba movido en la poca del Terror,
despus de las matanzas de Septiembre, cuando Domingo Garat fu
designado por Danton para ministro de Justicia; tambin se haba movido
el da del suplicio de los Girondinos, da en que el mismo Garat era
ministro del Interior; luego la veleta misteriosa cambi de rumbo el
18 de Brumario, y volvi a cambiar cuando las tropas de Wellington
pasaron por Ustariz y el lord Duque se aloj en casa de Garat. Las dos
ltimas agitaciones de la veleta haban coincidido con Waterloo y con
la restauracin Borbnica.

La revolucin de Julio no haba conseguido conmover la veleta de
Gastizar, quizs no consideraba a Luis Felipe y a sus ministros de
bastante importancia, quizs los vientos del verano no haban sido lo
suficientemente fuertes para sacarla de su inercia.

La Veleta de Gastizar dependa de la poltica francesa, que a su vez en
Ustariz dependa de Garat.

Garat, la veleta y la Revolucin eran la trinidad poltica de Ustariz.

Esteban el posadero, como hombre partidario de las reformas, haba
tenido la idea feliz de bautizar su posada con el nombre de la Veleta,
dando a entender que el establecimiento y su amo patrocinaban los ms
atrevidos cambios y las ms radicales modificaciones sociales.

Muchos aseguraban, segn dijo Esteban el posadero, que no haba
de tardar la veleta en moverse. No era la revolucin de Julio un
acontecimiento tan insignificante para que una veleta, por muy alta que
estuviera, lo despreciara.

Esteban al explicar la cuestin con detalles se rea; pero estaba
inclinado a creer que algn misterio exista en la veleta de Gastizar,
aunque no fuera ms que para amenizar la vida, algo inspida, del
pueblo.

Mientras Esteban charlaba animadamente, los viajeros cenaban y la
muchacha de la posada iba y vena mirando al joven Lacy con el rabillo
del ojo.

Despus de la cena Esteban se retir y los viajeros se enfrascaron en
una larga conversacin poltica.

Estaban los tres metidos en la gran aventura que los constitucionales
espaoles iban a emprender por aquellos das. Campillo era amigo del
coronel Valds, y pensaba acompaarle; Ochoa se deca partidario
de Mina, y el joven Lacy se hallaba dispuesto a seguir a cualquier
caudillo que marchase adelante, a la victoria o a la muerte.

Despus de una larga conversacin en la que se discutieron ideas y
personas, Campillo dijo:

--Bueno, vamos a la cama, que maana tendremos que levantarnos temprano.

Ochoa llam con el procedimiento de la patada en el suelo, y se
present Esteban, que condujo a cada uno a su cuarto.

--Me parece que la veleta de Gastizar esta noche se va a mover--dijo el
posadero frotndose las manos.

Lacy entr en su cuarto, dej la palmatoria en la mesilla de noche y se
sent en una vieja butaca. La alcoba tena en el techo grandes vigas
pintadas de azul. En medio estaba la cama de madera, grande, ancha,
con cuatro o cinco colchones y del techo colgaban cortinas pesadas que
la envolvan. Ms que una cama, aquello pareca un altar.

Sobre una cmoda, brillante y ventruda, se vea en un fanal un
ramillete hecho con conchas. Lacy estuvo un momento pensativo; luego se
acerc a la ventana. Se haba levantado un viento terrible, huracanado.

Las rfagas de aire daban alaridos, mugidos, silbidos; zarandeaban los
rboles, cuyo follaje seco se estremeca y producan un rumor como el
del mar en un robledal lejano. Algunas ramas golpeaban el cristal de la
ventana como si fueran manos que llamaran.

Los relmpagos aclaraban el campo con su luz crdena y resonaban los
truenos largos en todas las concavidades del valle. Un momento la
lluvia se convirti en granizo y qued todo el campo cubierto de perlas
brillantes. Caa el granizo con un repiqueteo como el de un tambor.
Lacy, despus de un largo rato de contemplacin, se desnud, apag la
luz y se meti en la cama...

En las primeras horas de la noche la violencia del viento aument;
despus comenz a caer una lluvia mansa, tranquila; ces el viento y
no se oy en el silencio del campo ms que el ladrido lastimero de un
perro...

Al levantarse los viajeros albergados aquella noche en la Veleta de
Ustariz, el sol brillaba en el cielo y el campo tena un aspecto
plcido e idlico.

--Saben ustedes--les dijo Esteban el posadero al saludar a sus
huspedes.

--Qu hay?

--La veleta de Gastizar se ha movido esta noche. Vamos a tener
acontecimientos.




III.

USTARIZ Y SU GRANDE HOMBRE


USTARIZ es una aldea vasco-francesa que est a dos leguas o dos leguas
y media de Bayona en la orilla izquierda del Nive. Es uno de esos
pueblos cuyo casero esparcido por el campo y agrupado en barrios tiene
una gran extensin.

Los barrios de Ustariz, muy lejanos unos de otros, llevan los nombres
de Arrauntz, Eroritz, Erribere y Purgonia. De estos grupos de casas,
el de Erribere, el pueblo bajo, ncleo principal de la villa, conserv
hasta la Revolucin ciertas prerrogativas.

Entre dos de estas barriadas, que ofrecen a las miradas del viajero
casas muy tpicas de aire vasco, est la iglesia moderna y sin carcter.

Ustariz se encuentra rodeado de robledales. Segn algunos sabios del
lugar, su nombre significa en vasco crculo de robles.

Ustariz es pueblo de horizonte despejado y de hermosas vistas. Desde
los altos se divisa al Sur, el monte Larrun, a la derecha, y el pico de
Mondarrain a la izquierda; hacia el Norte se extiende la gran llanura
francesa hasta que se pierde de vista. Las cercanas de Ustariz son
frondosas; colinas verdes con prados y bosques.

Ustariz forma parte de la antigua comarca vasca llamada Labourt. Toda
la tierra que lleva este nombre es potica soolienta, soleada. El ro
Nive la cruza de un extremo a otro.

El Nive es un ro de rpida corriente, con cascadas y presas que mueven
los molinos en la parte alta, y muy lento en su parte baja.

Mientras cruza la comarca de Suberoa es un ro claro, alegre, saltarn,
lleno de espumas; un riachuelo vasco, pequeo y alborotador, que corre
por entre desfiladeros y gargantas poblados de hayas y de robles.

En su parte baja al entrar en el Labourt, sobre todo despus de
Ustariz, el Nive es profundo, oscuro, verde; espejo inmvil donde se
reflejan los rboles de las orillas y por donde se deslizan las barcas
planas que en el pas llaman _chalantas_.

Todo el estrpito de este ro cuando es nio y navarro, se convierte
en silencio y modestia al hacerse labortano y adulto. Entonces se
esconde como avergonzado entre las colinas pobladas de rboles, pasa
sin ruido y sin espumas por debajo de los puentes y marcha a reunirse
con repugnancia en Bayona con el Adour, que es un ro lento y turbio
que viene de pueblos de lengua de oc, pueblos encalados y rodeados de
tierras blancas y arenosas.

Ustariz era antiguamente la capital administrativa del Labourt y
celebraba una asamblea todos los aos casi tan famosa en el pas vasco
como la de Guernica. Esta asamblea, el _Bilzaar_ donde se reunan
los viejos labortanos para resolver los asuntos de la comarca, se
congregaba en el bosque de Haitzea sobre una eminencia poblada de
robles a la que se llamaba Capitolo-erri (lugar del Capitolio).

En 1830 Ustariz estaba en decadencia; muchas de sus casas se hallaban
en ruinas; su pequea industria no progresaba. Ya no se celebraba el
_Bilzaar_ como en los buenos tiempos; ya los sabios del pas no acudan
al bosque de Haitzea.

Ustariz haba perdido su capitalidad administrativa, y las tres
comarcas vasco-francesas: el Labourt, Soule y Suberoa no formaban un
departamento como haban pedido los Garat y otros regionalistas del
pas al Gobierno revolucionario.

Los vascos de Francia entraban en el mismo montn que los bearneses
y gascones, cosa que desagradaba profundamente a Garat el menor,
vascfilo impenitente, a pesar de llamarse as mismo ciudadano del
mundo.

Muchos de estos regionalistas vasco-franceses hubieran querido llegar
a una aproximacin con los espaoles y formar una confederacin vasca
para defenderse de la presin niveladora de Pars y conservar el
espritu de la regin; pero no encontraban, ni entonces ni despus,
colaboradores en los vascos espaoles, tercos y cerrados para todo
cuanto no fuera un estpido absolutismo y un ms estpido fanatismo
religioso. Por otra parte, la poltica natural de las grandes
nacionalidades tena que separar a los vascos de un lado y otro del
Pirineo, cortando poco a poco las fibras sentimentales comunes. En esta
poca de decadencia de Ustariz quedaban en el pueblo dos curiosidades:
la casa del convencional Domingo Jos Garat, que todava viva en
Urdains y la veleta misteriosa de Gastizar.

Urdains estaba cerca del barrio de Arrauntz y de la colina de Santa
Brbara, desde donde se divisaba un magnfico panorama; Gastizar se
hallaba dentro de Erribere.

Entre Garat y la veleta de Gastizar haba grande semejanza. Los dos
eran ornamentales, los dos verstiles; pero Garat haba cambiado con
los vientos reinantes mejor que la veleta de Gastizar, que se hallaba
desde haca tiempo enmohecida. Garat se mova tambin a impulsos de la
bondad y del reconocimiento.

Los Garat haban tenido el sino de figurar en el mundo.

Garat el mayor, haba sido diputado en los Estados generales durante
la Revolucin; Garat el menor, el clebre, fu ministro en plena
efervescencia revolucionaria, y otro hermano ms joven haba sido uno
de los tenores de ms fama de la poca.

Las mujeres de la familia tambin se haban distinguido, y la hermana
de Garat, superiora del convento de la Visitacin, de Bayona, llamaba
la atencin por su inteligencia y por su belleza extraordinaria.

Garat, el tenor, alcanz el mximo de su popularidad en tiempo del
Directorio; haba dado antes lecciones de canto a la reina Mara
Antonieta; fu el dolo de los salones, y puso en boga en Pars una
cancin vasca que comenzaba as:

      _Mendian zori eder
    Eper zango gorri._

(Qu bonita es la perdiz de patas rojas en el monte!)

Domingo Garat, el menor, hombre dbil, brillante y verstil, haba
pasado por los momentos ms terribles de la Revolucin francesa,
intentando dejar una amable sonrisa all donde los dems dejaban una
mueca de furor y de amenaza.

No le vali su amabilidad, y en los momentos trgicos tom un carcter
sombro. Estuvo tambin preso y a punto de ser guillotinado. Garat
cumpli la triste misin, siendo ministro de Justicia, de comunicar a
Luis XVI su sentencia de muerte.

El sino del vasco Garat fu parecido al del bearns Barere de Vieuzac;
las circunstancias hicieron de estos ruiseores meridionales tipos
odiosos y odiados por la mayora.

Los periodistas monrquicos que redactaban el peridico _Las
Actas de los Apstoles_ agrupaban tres nombres como sinnimos:
Carra-Garat-Marat, uniendo por la fuerza del consonante a hombres tan
distintos como Marat el sanguinario, Carra el jacobino sospechoso, y
Garat el idelogo de las frases brillantes.

      _Garat toujours rempli de frayeur et d'espoir
    A toujours le secret de dire blanc et noir.
    S'exprimer franchement lui semble par trop bte
    Et sauvent son pays il veut sauver sa tte._

(Garat, siempre lleno de miedo y de esperanza, tiene siempre el
secreto de decir blanco y negro; expresarse francamente le parece muy
tonto, y salvando el pas quiere salvar su cabeza). Garat, a quien
los monrquicos intentaban pintar como uno de tantos ogros de la
Revolucin, no era ms que un hombre que haba errado el camino. Garat
era un hombre ligero y verstil, retrico y conceptista. Amaba a su
pueblo y a su pas, era vascfilo, meridionalista e hispanfilo, y
firmaba a veces sus trabajos con el seudnimo de Jos de Ustariz.

Era Garat hombre amigo de novedades, y fu uno de los primeros
franceses que antes de la Revolucin quiso hacer trabajos para propagar
en Francia la filosofa de Kant. El poeta dans Baggesen durante
su estancia en Pars le comunic el entusiasmo por el filsofo de
Koenigsberg.

A medida que la Revolucin francesa evolucionaba, Garat evolucion con
ella; fu alternativamente dantoniano, thermidoriano, bonapartista,
imperialista, despus abandon la barca de la Revolucin, que
naufragaba, y se hizo partidario de los Borbones y devoto.

    _Messieurs, n'acusez pas Garat
    De changer de doctrine._

(Seores, no acusis a Garat de cambiar de doctrina) as comenzaba una
poesa satrica dedicada a l.

En el Diccionario de las Veletas, publicado en Pars en 1814, Garat
estaba en el nmero de las primeras veletas de Francia.

Hasta en Ustariz, su pueblo, donde todo el mundo le quera, se le
motejaba de verstil, y durante la Restauracin uno de los versolaris
labortanos le dirigi estos versos:

      _Gastizarco veleta
    Ez du ibiltzen aicea
    Ez ifarra, ez igoa
    Ez da Garat bezala
    Uztaritzco lagun zarra
    Bere borondatez eramana
    Beti turnatzen al da
    Alde guztiyetara_

(A la veleta de Gastizar ya no la mueve el viento, ni el Norte ni el
Medioda. No se parece a Garat, nuestro viejo amigo de Ustariz, que
llevado por su buena intencin siempre anda dando vueltas en todos
sentidos.)

Como el abate Swift gritaba en sus ratos de alegra: Viva la
bagatela!, Garat poda decir: Viva la versatilidad!

Su versatilidad le haba conservado joven y de buen corazn y tena
derecho a vitorearla.

Como se ve por estas explicaciones, Ustariz era un pueblo en 1830 que
poda vanagloriarse de sus veletas. La de Gastizar y la de Urdains
tenan fama en muchas leguas a la redonda.




IV.

GASTIZAR Y CHIMISTA


SI van ustedes a Chimista--dijo Esteban el posadero a sus
huspedes--irn ustedes mejor a pie que a caballo: al dejar la
carretera el camino que hay que tomar estar hmedo y resbaladizo con
la lluvia de esta noche.

--Nos vamos a poner perdidos--dijo Campillo.

--Si usted quiere ir a caballo--observ Ochoa--nosotros le seguiremos a
pie.

--No; ir tambin a pie.

--Yo les acompaar hasta dejarles en el camino de Chimista--indic
Esteban.

Los espaoles, precedidos por Esteban, salieron de la posada y
marcharon por la carretera. Al pasar por Gastizar, la casa de la
misteriosa veleta, se detuvieron a contemplarla.

Era Gastizar un casern grande colocado entre la carretera y el ro,
con las paredes de un color amarillento negruzco, las persianas verdes
y el tejado de un tono rojo oscuro herrumbroso. Una de sus fachadas
laterales tena en un ngulo una ancha torre cuadrada, centinela en
guardia que vigilaba la carretera.

En el pas, Gastizar poda llamarse palacio. Eran sus paredes de
mampostera y en las aristas de todo el edificio, como en las de la
torre, ostentaba cintas de piedra rojiza tallada.

Las ventanas y balcones tenan grandes marcos de arenisca blanca.

Las persianas y puertas verdes estaban ya muy desteidas; el alero,
artesonado de cerca dos metros de saliente, se hallaba pintado de
manera un tanto brbara, con las zapatas que le sostenan azules y los
entablamentos amarillos.

Un camino transversal que parta de la carretera pasaba por delante de
Gastizar, cruzaba el ro por un puente y segua hacia Chimista. A este
camino daba la fachada principal del palacio.

Tena sta un jardn delante circundado por una tapia baja, con dos
grandes tilos y unos macizos de hierba.

Pasando la avenida se entraba por una portalada por encima de la cual
avanzaba un gran balcn con los barrotes labrados y cuyo barandado
estaba sujeto a la pared por arcos de hierro.

Enredndose en ellos se vea una glicina nudosa.

En el segundo piso haba cinco balcones sin saliente con los cristales
pequeos y verdosos y en medio del tejado cortando el alero una
mansarda.

Los viajeros contemplaron un momento Gastizar.

Entre la casa y el ro se extenda la huerta orientada al levante con
dalias, rosas de todos colores y crisantemos de la India que haca
poco tiempo se haban introducido en el pas y que en aquellos das de
Octubre estaban an en todo su esplendor.

Gastizar ofreca distinto aspecto segn del lado desde donde se le
mirase.

Por la fachada, orientada al Norte, tena un aire sombro; los musgos
verdosos nacan entre sus piedras y los hierbajos crecan sobre la
cornisa de los balcones y en el alero.

Los otros tres lados eran ms sonrientes y alegres y estaban rodeados
de jardines; la parte que daba a la carretera con su torrecilla
cuadrada se perfilaba con cierto aire feudal. Esta torrecilla tena
dos miradores y un tejado plano sobre el cual se ergua la misteriosa
veleta de Gastizar con su dragn con la boca abierta, sujeto en un
vstago de ocho o diez pies de alto terminado en una punta de lanza.

Esteban el posadero que mostr a sus huspedes Gastizar y sus
curiosidades dijo que algunos que se tenan por inteligentes aseguraban
que esta veleta debi haber sido trada de otra parte porque pareca
del siglo XV y la construccin de la casa databa del siglo XVI. Esteban
aadi que un viejo del pueblo aseguraba que esta veleta la haba
visto l en un torren de Larresore antes de la poca revolucionaria y
agreg que un seor condecorado que haba estado en el pueblo dijo que
antiguamente la importancia y nobleza de un castillo se poda medir
por el nmero de veletas. Cuantas ms tena ms noble y ms importante
era. Durante mucho tiempo los plebeyos no podan tener estos pequeos
aparatos sobre el tejado de sus casas lo que a Esteban, que era un buen
liberal, le pareca el colmo del abuso y una de las ms abominables
seales del despotismo del Antiguo Rgimen.

Despus de hacer gala de sus conocimientos, el posadero, indicando uno
de los dos caminos en que se divida el que iban siguiendo, dijo:

--Por ah en media hora estarn ustedes en Chimista.

Marcharon los viajeros adelante, preguntaron en dos caseros hasta
detenerse en una casita pequea y blanca que apareca en medio de un
robledal, rodeada de campos y a poca distancia del ro. Era Chimista.

Tena la casa que llevaba este nombre dos pisos con entramado de
madera. Era del tipo clsico del pas, el primer piso avanzaba un poco
sobre el bajo y el segundo sobre el primero. Se abran a un lado dos
ventanas gticas del gtico conopial y una puerta en arco apuntado.

La puerta estaba abierta. Entraron en el zagun y llamaron dando
palmadas. No apareci nadie.

--Ah al lado haba unas mujeres. Voy a preguntarles si hay alguien en
la casa--dijo Ochoa.

Acababa de salir el muchacho navarro cuando se present en el portal
una mujer joven con un nio en brazos.

--Est don Valentn Malpica?--pregunt Campillo en castellano.

--Mi padre!... S...--balbuce la mujer.--Qu le queran ustedes?

--Queramos hablarle. Somos amigos suyos.

--Ah, entonces... pasen ustedes, est en la huerta.

Campillo y Lacy cruzaron el zagun y un establo y salieron a la huerta.

Contemplando unos rboles frutales haba dos hombres; un viejo canoso
y un seor de unos cuarenta aos, tipo entre ciudadano y campesino que
llevaba una boina grande. Este seor era el mismo que haban visto en
el zagun de la fonda de la Veleta al llegar a Ustariz en un tilbur.

Campillo se acerc al viejo.

--Malpica!--exclam.

El viejo se volvi rpidamente y puso la mano derecha sobre los ojos
como pantalla y pregunt en francs a su compaero:

--Quin es?

--No s, no le conozco--dijo el de la boina.

--Soy Campillo, tu camarada. No te acuerdas de m?

Malpica se acerc al forastero y le estrech la mano.

Era don Valentn Malpica un viejo derecho con la cara sonrosada y los
ojos grises. Tena la tiesura y la rigidez de un militar.

--Venimos a hablarte--dijo Campillo.--Este muchacho que me acompaa es
Eusebio de Lacy, hijo del general.

--Es el hijo de Lacy! perdone usted joven que le abrace.--Malpica le
estrech entre sus brazos.--Le conoc mucho a su padre de usted, y
pele con l--sigui diciendo.--Era un militar valiente y un liberal de
verdad. Esprenme ustedes un momento. Les presentar a ustedes... mi
hija..., Miguel Aristy..., el coronel Campillo... Lacy.

Se dieron la mano. Miguel Aristy era el seor de la boina grande que
acompaaba a Malpica.

La hija del coronel invit a sentarse a los forasteros en el jardn
en un cenador cubierto de enredaderas, entre las que se destacaban
clemtides blancas y azules, campanillas rojizas y rosas tardas.

Un nio de tres a cuatro aos sali corriendo de la casa y se ech en
brazos de la hija de Malpica.

--Es hijo de usted?--le pregunt Lacy sealando al nio.

--S.

--Qu guapo es!

--Lo que es, es muy desobediente.

--No!--dijo el chico levantando el dedo en el aire.

--S, s. Su hermanita es mucho mejor que l.

--Vive usted todo el ao aqu en el campo?--pregunt Lacy.

--S, todo el ao, con mi padre y mi marido.

--Su marido de usted es este seor?--dijo indicando al de la boina.

--No, este seor es mi cuado. Yo estoy casada con su hermano.

--Qu casa ms simptica tiene usted!--exclam Lacy--aqu parece que
debe ser muy fcil ser feliz.

--Yo creo que en todas partes se puede ser feliz si se contenta uno con
poco.

--S, quizs sea cierto, pero eso no lo puede saber usted por
experiencia.

--Por qu?

--Porque lo tiene usted todo: unos nios tan bonitos, su padre, el
marido, el buen carcter...

--Usted tambin lo tendr...

--Ser difcil.

--No tiene usted familia?

--S, mi madre. Mi padre fu el general Lacy fusilado en Mallorca por
liberal.

--He odo hablar mucho de l.

--Mi padre estaba reido con mi madre. Yo he sido educado en colegios,
siempre separado de la familia.

--Qu pena!

--S, mi infancia ha sido bastante triste. Mi juventud tampoco es muy
alegre. Estoy enfermo.

--Curar usted.

--No s; ya veremos.

--Buenos seores--dijo Malpica acercndose al cenador.--Puesto que
tenemos que hablar de asuntos reservados vamos a mi cuarto.

Campillo y Lacy se dispusieron a marcharse de la huerta y se
despidieron del seor de la boina.

--Adis, seor de Lacy--dijo la hija de Malpica dando la mano al
joven--y no arrastren ustedes a mi padre a ninguna empresa peligrosa.

Abandonaron los dos espaoles la huerta y por la cuadra pasaron al
zagun en donde vieron a Ochoa que hablaba en vascuence con unas
muchachas que al oirle se rean a carcajadas.

Ochoa se uni con sus amigos y los tres subieron por una escalera al
rellano del primer piso. Malpica, que les esperaba, les condujo a un
cuartito pequeo empapelado, adornado con unas estampas de generales y
de guerrilleros de la Independencia puestos en marcos en las paredes,
una mesa, un estante con una docena de libros y dos sillones.

--Aqu que nadie nos oye--dijo Malpica dirigindose a Campillo.--Puedes
hablar a tus anchas.

Campillo que no era hombre de buenas explicaderas comenz a
embarullarse y a perderse en comentarios y en detalles de tal modo, que
dijo dirigindose al joven Lacy:

--Hable usted, porque yo no s explicarme rpidamente.

Eusebio Lacy tom la palabra.

--Ya le ha indicado el coronel Campillo--dijo--que los liberales
espaoles han pensado hacer un intento serio para establecer la
Constitucin en Espaa. Supongo que estar usted enterado de la marcha
en general de este asunto.

--No, no lo estoy. Vivo aqu apartado y sin enterarme de nada.

--Entonces har un resumen de lo que ocurre. Despus de la Revolucin
de Julio de Pars, todos los caudillos espaoles liberales se han
reunido para hacer un intento en la frontera. El gobierno francs
favorece la empresa y el mismo Luis Felipe ha dado dinero para ella.
Entre los jefes estn Mina, Gurrea, Chapalangarra, Mndez Vigo,
Juregui, Lpez Baos, San Miguel, Milans del Bosch, Valds... En fin,
todos.

--Los conozco--dijo Malpica.--A unos personalmente, a otros de nombre.

--Por desgracia--aadi Lacy--hay diferencias entre los nuestros y se
han formado varios bandos capitaneados por Mina, Valds, Chapalangarra,
Mndez Vigo y Gurrea.

--Mal negocio!

--S, es defecto de nosotros los espaoles, pero en fin, yo creo que
las diferencias se borrarn con el xito.

--Es de esperar.

--Pues bien, en esto nuestro amigo el coronel Campillo que es uno de
los jefes de la fuerza constitucional, supo por conducto de algunos
agentes liberales que su compaero don Valentn Malpica viva ignorado
en Ustariz. El coronel Campillo puso la noticia en conocimiento de la
Junta y la Junta comprendiendo la importancia que tendra su valioso
concurso nos design a nosotros tres para visitarle a usted y para
proponerle tomar parte en la expedicin militar que vamos a hacer sobre
la frontera espaola. Este es nuestro objeto al visitarle.

--Le he odo a usted atentamente, seor de Lacy--contest Malpica--me
honra mucho que se hayan acordado de m y estoy dispuesto a dar mi vida
por la libertad y por la patria. No tengo ms que decir con relacin a
este punto; estar all donde me manden: en el sitio del peligro.

--Lo esperbamos de usted--dijo Lacy.

--Gracias. Ahora s, tengo que advertir que soy el coronel ms viejo de
mi cuerpo y que no aceptara un destino subalterno.

--Ni nosotros hemos pensado en tal cosa--repuso Lacy.

Campillo replic con disimulada acritud que l como todos ocupara el
lugar que le correspondiera en la escala segn su antigedad y como
todos ascendera un grado en el caso de triunfar. Puestos de acuerdo
en este punto, Campillo dijo que avisara a Malpica cundo deba
presentarse en Bayona.

Terminada la conferencia los tres viajeros bajaron al portal y se
despidieron de Malpica. Ya iban a salir cuando se present la hija del
coronel con sus dos nios. Lacy le di la mano y ella murmur en voz
baja:

--Dios quiera que no me traigan ustedes alguna desgracia.

--Por Dios, seora... no..., balbuce Lacy.

Unas horas despus, los tres viajeros llegaban a la Veleta de Ustariz,
almorzaban, montaban a caballo y se dirigan al trote largo camino de
Bayona.




V.

LA TERTULIA DE GASTIZAR


EL mismo da en que Lacy, Campillo y Ochoa visitaban al coronel
Malpica, estaban de tertulia al anochecer, varias personas en el saln
de Gastizar.

Una gran lmpara de aceite, con una pantalla verde, colgada del centro
de la habitacin difunda una luz fija y clara, y seis velas ardan en
el piano sobre arandelas de cristal tallado.

El saln de Gastizar era grande y decorativo, con vigas en el techo
negras sobre fondo rojo, suelo de nogal muy oscuro y lustroso y las
paredes tapizadas de terciopelo escarlata.

Este saln tena dos balcones muy espaciados y una ventana, ocultos en
aquel momento por cortinas espesas, en frente de uno de los balcones
haba una gran chimenea en cuyo hogar ardan unos gruesos troncos de
roble.

Los muebles de este saln eran antiguos; arcas vascas talladas, espejos
biselados, sillones estilo Luis XV. Un reloj alto, negro, de estos
ingleses, de esfera de cobre, colocado entre los dos balcones pareca
presidir la sala.

En algunos espejos, cuadros y en el respaldo de los sillones se vea
esculpido y pintado un escudo con cuatro cuarteles, en los dos de
arriba dos vacas rojas y un roble y en el de abajo otras dos vacas
rojas y una hidra de tres cabezas.

Este escudo era de la casa vasco-francesa de los Belsunce, familia
ilustre en el pas, que tena en Mearin un antiguo castillo cubierto de
hiedras.

Entre los Belsunces haba habido un obispo de Marsella que se hizo
clebre en la peste que desol esta ciudad a principio del siglo XVIII,
un general que se distingui en el sitio de Maestrich, y el mayor
Belsunce que en tiempo de la Revolucin fu muerto en Caen por la plebe
y luego destrozado y despedazado de una manera trgica, llegando una
mujer a arrancarle el corazn y a comrselo.

Cuando Carlota Corday mat a Marat se asegur por algunos que la
heroica homicida haba sido la novia del mayor Belsunce y que haba
querido vengarle.

Adems de estos Belsunces conocidos en la historia haba otro personaje
legendario del mismo apellido: Gastn de Belsunce que a principios del
siglo XV pele con un monstruo que se esconda en una cueva de San
Pedro de Irube y muri en la lucha despus de matar a la fiera. De aqu
proceda en el escudo de la familia la hidra de las tres cabezas.

Entre los vascos, que no ha habido nunca grandes propietarios ni
aristocracia cortesana, la familia de Belsunce era la excepcin por su
riqueza.

La duea de la casa de Gastizar era de la familia de Belsunce y tena
este apellido del cual estaba orgullosa, as que le agradaba que le
escribieran madame d'Aristy (ne Belsunce).

En la sala de Gastizar haba en aquel momento varias personas;
alrededor del velador del centro estaban tres seoras, madama de
Aristy, su prima la vieja seorita de Belsunce y madama de Luxe viuda
de un coronel del Imperio.

Madama Aristy era una seora alta, de nariz corva y ojos claros, el
pelo blanco. Madama de Aristy haca media y tena entre ella y el
fuego un pequeo biombo porque no le gustaba el calor de la lumbre.

A su lado lea un nmero de _La Moda_, la vieja seorita de Belsunce.
La seorita de Belsunce estaba empeada en parecer joven a fuerza de
afeites y su sistema pictrico daba a su rostro un aspecto lamentable.

Su nica discrecin era buscar los sitios que estuvieran a la sombra o
en la penumbra donde no se le pudiese ver a la luz plena.

A pesar de su mana de pintarse y de pintarse mal que pareca denotar
cierta falta de sentido, en otras cuestiones la seorita de Belsunce
discurra con una gran claridad.

Esta vieja seorita era romntica, no del romanticismo entronizado
por los escritores y poetas del ao 1830 sino del anterior. Tena una
traduccin de Ossian que lea con tanto entusiasmo como Napolen,
tocaba el arpa y libaba el monarquismo y la melancola en las obras
llenas de catacumbas y de pompas fnebres del Vizconde de Chateaubriand.

La otra seora que estaba en el saln, madama Luxe, viuda de un coronel
del Imperio, era una mujer rubia, corpulenta, de unos treinta y cinco
a cuarenta aos, de ojos claros, vestida de una manera vistosa.

Madama Luxe haba sido poco feliz en su matrimonio y como todava
se consideraba joven esperaba casarse en segundas nupcias. Algunos
pensaban que no le hubiera disgustado Miguel Aristy como marido.

Al lado del piano haba dos muchachas y un joven.

De ellas, la mayor era Alicia de Belsunce, la otra Fernanda Luxe.
Alicia tendra unos diez y ocho aos, el pelo rubio y unos colores de
manzana. Fernanda era plida, morena y melanclica y estaba todava de
corto.

Alicia, en aquel momento sentada al piano tocaba y cantaba mientras
un joven, Luis Larralde-Maulen, pasaba las hojas de la partitura del
"Barbero de Sevilla".

Al lado del fuego, dentro de la campana de la chimenea se encontraban
Miguel de Aristy, el hijo mayor de la casa, hundido en una butaca, el
caballero de Larresore, anciano muy estirado y peripuesto, y el ex
intendente Darracq, pariente del marido de madama Aristy.

Miguel y Larresore hablaban en aquel momento de don Valentn Malpica,
Darracq escuchaba y arreglaba a cada paso el fuego con las tenazas.

--Es un hombre tosco, sin formas corteses--deca Larresore--la primera
vez que me vi me dijo: nosotros los viejos...

--Ja... ja...--ri Miguel--la verdad es que no podrn ustedes hacer
buenas migas los dos.

El seor Darracq ri tambin aunque silenciosamente.

--Otro da--sigui diciendo Larresore--le vi llevando un haz de lea al
hombro. Coronel, le dije: Por Dios! ya le enviaremos a usted un mozo
para que le acarree la lea.

--Y qu le contest a usted?

--Me dijo que el soldado debe bastarse a s mismo.

--S, es una de sus grandes razones. Don Valentn es un buen hombre
sencillo y honrado. Es el militar sin cultura. Como fantico que es,
ha exagerado los beneficios de la disciplina y cree que el hombre debe
ser una mquina que marche al paso. Para don Valentn las dos normas
superiores de la vida son la disciplina y el honor. La disciplina tiene
sus ordenanzas militares, respecto al honor l supone que sus leyes son
tan exactas como las de la gravedad. Yo no creo en nada de esto, pero
reconozco que es un excelente corazn franco y noble.

--Cierto, cierto--repuso Larresore--pero es de una insociabilidad
horrible. Estando en su compaa yo no puedo encontrar un motivo de
conversacin. Le pregunt una vez por su familia y sus antepasados
y me dijo que l no haba conocido ms que a su padre, y aadi que
haba encontrado en su casa un rbol genealgico en pergamino pero que
lo haba echado al fuego porque el soldado no debe de pensar en estas
tonteras; para l todo lo que es lujoso es intil. Qu espritu ms
lamentable!

--S, hay esa misma idea en todos estos militares espaoles que andan
por aqu. Son gentes sencillas.

--Es falta de civilizacin--exclam Larresore--poca sensibilidad. Y
estos tres espaoles que han estado a ver al coronel Malpica, quines
son? Algunos revolucionarios?

--S.

--Y a qu han venido? Quizs a proponerle que se una a ellos?

--S.

--Y l habr aceptado?

--Seguramente.

--Es tan liberal?

--No, liberal no es; pero las circunstancias le han puesto ms cerca
del campo de los liberales y con poco que halaguen su amor propio ir.

--T conoces bien su historia, Miguel?

--S.

--Qu hay de cierto en eso que se ha dicho de que mat al amante de su
mujer?

--Lo que hay de cierto es que tuvo un duelo con un amigo suyo y que le
mat.

--Y no era el amante de su mujer?

--No, no. Parece que haba otra mujer entre ellos.

En esto Alicia se levant y dirigindose a madama de Aristy dijo:

--Ta, no tocar ms. Miguel y el caballero de Larresore estn hablando
entretenidos y no hacen caso de mi msica.

--No, hija ma--dijo Larresore siempre amable--estbamos haciendo
comentarios sobre tu msica.

--Bah, bah!, no me engaa usted, siempre estn ustedes hablando.

--Tienes razn, hija ma--salt madama de Aristy con enfado--yo no s
de qu hablan. Esta noche pasada--y se dirigi a madama Luxe--han
estado hasta las dos dale que dale hablando. No se cansarn! pensaba
yo.

--Los hombres...--comenz a decir madama Luxe, pero sin duda no se le
ocurri nada y se call.

--Es que tienes un hijo muy inteligente, prima ma--repuso Larresore--y
a m me gusta oir sus opiniones.

--Miguel es inteligente para todo menos para mi msica--salt
Alicia.--Ayer que no estaba el seor de Larresore para hablar con l se
sent en la butaca y se qued dormido.

--No, no; estaba soando.

--Ya, ya. Bueno, y de qu estaban ustedes hablando?--dijo Alicia
tomando una silla pequea y sentndose con los piececitos al fuego.

--Estbamos hablando de estos espaoles que han venido al pueblo a
visitar al suegro de mi hermano Len--dijo Miguel.

--Los he visto--agreg Alicia--uno de ellos un joven moreno con un aire
muy enrgico. Muy buen tipo.

--A m me ha parecido mejor el rubio--salt Fernanda.

--Yo no les he encontrado nada de particular a ninguno de los dos--dijo
el joven Larralde-Maulen despechado.

--Ya tenemos la eterna discrepancia--exclam Miguel con su seriedad
burlona.--Alicia dice que el moreno, Fernanda que el rubio y el joven
Larralde que ninguno de los dos. Quin tiene razn?

--Djese usted de bromas. Quines son?--pregunt Alicia.

--El viejo es un guerrillero espaol...

--Y los jvenes?

--El rubio es el hijo del general espaol Lacy que fu fusilado en la
isla de Mallorca por liberal. El otro es un muchacho que se llama Ochoa.

--Y qu venan a hacer aqu?

--Venan, sin duda, a invitar a este viejo coronel, suegro de mi
hermano, a alguna empresa revolucionaria.

--Y ese Ochoa, quin es?--dijo Alicia.

--No s de l ms que lo que t sabes, que es un muchacho guapo y al
parecer revolucionario, pero si te interesa tomaremos informes.

--Entonces tome usted tambin informes del rubio--dijo Fernanda.

--_Vous tes mon lion superbe et genereux_--recit Alicia con nfasis.

Esta frase de doa Sol de "Hernani" en aquel momento produjo marcada
molestia en el joven Larralde-Maulen que se acerc a las seoras y se
puso a hablar con ellas.

Poco despus, madama de Luxe se levant y se despidi de madama de
Aristy y de la seorita de Belsunce, el joven Larralde-Maulen salud
inclinndose ceremoniosamente y bes la mano a las seoras.

Madama de Aristy llam a la campanilla y pregunt si estaba la cena, la
criada que apareci en la puerta dijo que s, y las tres seoras y los
tres caballeros pasaron al comedor.

Despus de cenar charlaron un rato, las seoras se retiraron, y Miguel
y el caballero de Larresore volvieron a la chimenea al lado del fuego,
apagaron la luz y estuvieron largo tiempo hablando.




VI.

DON VALENTIN DE MALPICA


AL quedarse solos Larresore y Miguel, el anciano caballero pidi a su
sobrino le contara con detalles la historia del viejo coronel espaol
que viva en Chimista. Miguel la cont pero como no era el Mayorazgo
de Gastizar hombre a quien interesaran slo los hechos, sino que le
gustaba bucear en la psicologa de los tipos, investigar el origen de
los motivos y las caractersticas del temperamento, se hundi en un mar
de comentarios y de consideraciones filosficas.

La historia escueta que cont Miguel a su to fu la siguiente:

Don Valentn de Malpica naci en un pueblo de la Rioja.

Escapado de su casa sent plaza y comenz a servir de soldado en la
guerra de Espaa con la Repblica francesa en 1793. Estuvo en Navarra a
las rdenes de don Juan Ventura Caro y del conde de Colomera, y despus
fu trasladado a Catalua donde ascendi a sargento.

En la primavera de 1807, Malpica con el grado de teniente en el
regimiento de Asturias, sali de Espaa con la divisin del marqus de
la Romana camino de Hamburgo.

Malpica asisti con su regimiento al sitio de Stralsund que se termin
felizmente y donde fu ascendido a capitn.

Poco despus Napolen al entrar en Espaa temiendo que las tropas
espaolas del marqus de la Romana se le sublevasen al tener
conocimiento de la invasin de la pennsula Ibrica, las acanton en
las islas de Fionia, Langeland y en Jutlandia donde quedaron vigiladas
por las fuerzas de Bernardotte.

De los regimientos mandados por la Romana, los de Asturias y
Guadalajara intentaron la fuga antes que los dems, y en varios barcos
pesqueros se embarcaron, tomaron por el estrecho del Gran Belt, dieron
la vuelta a Dinamarca y desembarcaron en las islas de Holanda. Al
bajar a tierra amotinados dieron los gritos de Viva Espaa! y Muera
Napolen! Algunos oficiales franceses marcharon a contenerlos y fu
muerto un ayudante del general Fririon. Las tropas danesas rodearon a
los amotinados y les hicieron rendirse.

Malpica que estaba reunido con los oficiales de su regimiento no quiso
quedarse en la isla de Walcheren y en una lancha pesquera pas a
Inglaterra desde donde le trasladaron a la Pennsula. Destinado a la
guarnicin de Zaragoza tom parte en el segundo sitio de esta ciudad.
Luch con su amigo el coronel Renovales, y rivaliz con l en valor
y en audacia. Renovales y Malpica, ste herido gravemente, cayeron
prisioneros de los franceses. Renovales se escap y Malpica fu llevado
al castillo Viejo de Bayona. En esta ciudad estuvo recomendado a una
familia vasco-francesa, acomodada, los Doyambere y acab casndose con
la hija de la casa.

Al terminar la guerra, Malpica con su mujer entr en Espaa. Como los
militares que volvan de la emigracin, en vez de ser considerados en
su pas eran por el contrario mal mirados y tenidos por levantiscos,
Malpica, que haba heredado algn dinero, compr una finca a orillas
del Ebro y se fu a vivir all con su mujer y su hija. Pronto se cans
de la vida del campo y dijo a su mujer que iba a solicitar la entrada
en el servicio activo e ir a Amrica. La mujer quiso convencerle de que
no fuera, pero Malpica no era de los que se avienen a razones.

Malpica recomend a uno de sus amigos, a un tal Ramn Lanuza a su mujer
y a su hija, y l pas siete aos en Amrica luchando a las rdenes del
general Morillo y alcanz el grado de coronel.

En 1822 Malpica volvi a Espaa y a su finca. Le dijeron al llegar
y not tambin l que su amigo Ramn tena mucha confianza con su
mujer, cosa nada rara, pues que el amigo llevaba siete aos visitando
asiduamente la casa.

El coronel que haba trado costumbres y hbitos de factora de su vida
americana, estaba fuera de su centro en el crculo de su mujer y de sus
amistades, y para encontrarse entre los suyos iba de caza, andaba entre
los jayanes, y se enamor de una muchacha zafia hija de un labrador.

Las relaciones fueron pblicas y produjeron la indignacin de la mujer
de Malpica que reproch a su marido su conducta.

--No hay que hacer caso de lo que hablan las malas lenguas--parece que
dijo Malpica sentenciosamente a su mujer--tambin dicen de ti que ests
enredada con mi amigo Ramn y yo no lo creo.

La mujer cont esto a Lanuza quien pidi cuentas a Malpica.

Rieron los dos violentamente y Lanuza le dijo:

--Todo el mundo sabe que yo no tengo nada que ver con tu mujer. Es una
calumnia que repites de una manera innoble, en cambio todo el mundo
sabe que t tienes relaciones con esa muchacha hija de un aperador.

--Es falso tambin.

--No, no es falso--y Lanuza aadi con sorna.--Esa muchacha es la
querida de tu asistente y el dinero que t le das a ella, ella se lo
entrega a l.

--Mientes!

--Esta noche lo podremos ver si quieres. Ella ir a buscar al asistente
al cuarto prximo a la cuadra donde duerme l como todas las noches.

Se apost Malpica para ver si era verdad lo dicho por su amigo y pudo
comprobar que la cosa era cierta.

Lanuza le acompaaba.

Malpica exasperado y loco de furor dijo a su amigo que uno de los dos
sobraba.

--Nos batiremos cuando quieras--le contest Lanuza con frialdad.

Malpica entr furtivamente en su casa, tom dos pistolas, una botella
con plvora y balas y sali al campo.

--Adnde vamos?

--Vamos a la isla del ro.

En el ro haba una isla de arena que tendra treinta o cuarenta varas
de largo. Llegaron a la orilla, entraron en la barca y bajaron en la
isla. Era al amanecer.

Cargaron las pistolas y jugaron a cara y cruz la pistola que
correspondera a cada uno y quin dara la voz de mando. Le toc a
Lanuza. Se colocaron en sus puestos, en los dos extremos de la isla al
borde del ro. En este momento Malpica grit:

--Lanuza!

--Qu?

--Confieso que no tengo razn.

Lanuza contest con una carcajada irnica.

--Eres cobarde tambin? No lo crea.

--No, no soy cobarde, pero comprendo que te he ofendido sin razn. Te
dar las explicaciones que quieras.

--No hay explicaciones que valgan. Preprate! Sino disparo.

--Qu ms pretendes de m?--grit Malpica. No te confieso que no
tengo razn?

--No me basta. Quiero tu sangre. Quiero verte ah muerto.

--Ah, quieres matarme! Quieres quitarme de en medio para casarte con
mi mujer?

--T lo has dicho.

--Bien. Veremos si lo consigues. De todas maneras ten en cuenta que te
he ofrecido la paz.

--No hay paz. Ests en guardia?

--S.

--Una... dos... tres.

Una bala pas silbando por encima de la cabeza de Malpica.

Lanuza cay. Malpica se acerc de prisa al otro extremo de la isla. La
pistola estaba en el suelo al borde mismo del agua cerca de un reguero
de sangre.

Lanuza haba desaparecido. Malpica entr en la barca y fu por el ro
mirando por s apareca el cuerpo de su amigo. Sin duda haba cado
para atrs y la corriente le haba arrastrado.

Malpica volvi a la orilla, entr en su casa, mont a caballo y unos
das despus llegaba a Barcelona.

En tanto los franceses de Angulema haban entrado en Catalua. Malpica
se incorpor a las fuerzas de Mina.

Pele con gran valor durante tres meses y poco antes de la capitulacin
de Mina, cay herido de un tiro en el pecho cerca de Figueras.

Los franceses le dejaron por muerto en el campo.

De noche un merodeador fu a quitarle la ropa y al moverle, Malpica
comenz a quejarse. El ladrn iba a huir, Malpica le dijo que tena
dinero guardado y que se lo dara si le salvaba.

El merodeador le llev al hombro a una cueva y el coronel pas das
entre la vida y la muerte hasta que se cur.

Cuando ya se encontr bueno y con fuerzas para andar se dirigi a la
frontera, la atraves y entr en Francia.

En Perpin pidi informes del coronel Malpica de quien dijo era amigo
y le mostraron un boletn francs en donde se citaba su muerte.

No poda decir que era l Malpica a trueque de ser tomado por un
falsario.

Decidi cambiar de nombre y trabajar. Al principio su vida fu
miserable, tena que dedicarse a faenas humildes, pero como era duro y
fuerte no le molestaban.

Lo que s le preocupaba era encontrarse con antiguos compaeros que le
conocan.

Decidido a abandonar esta parte de Francia escribi a un hermano suyo
dicindole lo que le haba ocurrido, cmo pasaba por muerto, pidindole
una pequea suma y encargndole que no dijera a nadie que viva. El
hermano le contest envindole la cantidad, le deca cmo se haba
encontrado a Lanuza muerto en una presa y que unos suponan que se
haba suicidado y otros que haba sido vctima de un crimen.

El hermano de Malpica comunic la noticia de que el coronel viva a su
mujer y a su hija.

La mujer vendi la finca prxima al Ebro y vino a establecerse a
Bayona. La hija de Malpica, Dolores, trajo a su padre a vivir a
Ustariz...

       *       *       *       *       *

Al acabar de contar Miguel Aristy la historia del coronel, el caballero
de Larresore movi la cabeza de un lado a otro.

--Qu mentalidad!--exclam.--Qu cabeza! Ir as arrastrado por los
acontecimientos sin pararse a reflexionar... es lastimoso.

--Qu quiere usted? Los hombres que han nacido para la accin son as.
Cuando se comprende demasiado se ejecuta poco. Nosotros, usted y yo
somos razonadores. El es un impulsivo, un espaol a la antigua. El se
cree liberal y no lo es, se cree el colmo de la inteligencia y ya ve
usted lo que da de s.

--Es de una incomprensin y de una suficiencia cmicas.

--Pues se figura ser el hombre ms discreto y ms juicioso del mundo;
en cambio no se tiene por valiente, y es valiente como un len.

--Es la barbarie.

--Todo lo que le sale de la cabeza le parece maravilloso. Lo que no
comprende para l no existe, y si de una cosa comprende una parte
supone que la parte que no comprende sobra. Al hombre le gustara
recortar todas las ideas hasta que entraran bien en las casillas de su
cabeza.

--Tendra mucho que recortar.

--S; probablemente Malpica se cree infalible. Lo que ha juzgado ya no
quiere volver a juzgarlo. Si se equivoca son las cosas las que se han
equivocado, al no estar conformes con lo que l ha dicho de antemano.

--Oh! Qu estupidez!

--El se considera el definidor de todo. El prototipo de todo. Cuando
dice: El honor es lo primero despus la patria, ya no hay necesidad de
volver sobre esto.

--Lamentable, lamentable!--murmur Larresore.

--Lleva la cabeza rapada, como habr usted notado, y le parece que un
melenudo es un insulto a sus ideas. Es uno de los motivos de odio que
tiene contra su yerno, mi hermano Len.

--De verdad?

--S. Los pelos largos le irritan. El soldado no necesita esos tufos,
suele decir. No hay manera de convencerle de que un escritor o un
artista no tiene la aspiracin de ser soldado. Muchas veces a mi
cuada, su hija, le dice despticamente: El soldado debe levantarse ms
temprano. Pero yo no soy soldado, pap, le contesta ella con gracia. No
importa, replica l. En la vida todo es como el ejrcito.

--Qu vulgaridad! Qu horror!--exclamaba el caballero de
Larresore.--El soldadismo se ha metido por todas partes. Esa
Revolucin! Esa Revolucin! Qu pena! Destruir tan bellas cosas para
dejar el mundo convertido en un cuartel.




VII.

RETRATOS DE FAMILIA


LA familia de Aristy estaba formada en Ustariz por la madre y sus dos
hijos Miguel y Len. Madama Aristy tena tambin una hija casada con un
rico propietario de Bayona.

El marido de madama Aristy no haba sido conocido en Ustariz ni vivido
en Gastizar. Se deca de l que era un gascn que en tiempo del Terror
tom parte en las jornadas revolucionarias, y que despus, deportado a
Cayena, desapareci.

Madama Aristy era una seora de ms de sesenta aos, mujer enrgica,
autoritaria y desptica; crea que todo el mundo tena que pensar
como ella, y no aceptaba otras opiniones. En su casa mandaba como un
coronel.

Madama de Aristy era la severidad ms completa; pensaba que todo lo que
haca lo haca bien y que discurra con una cordura sin ejemplo.

Se crea el prototipo del buen sentido; pensaba que cuando a ella se le
haba ocurrido una cosa, el mundo entero deba aceptarla casi como un
descubrimiento cientfico.

A veces levantaba la voz cuando se discuta algo, como diciendo: No
admito la posibilidad de que nadie me contradiga.

Madama de Aristy estaba muy en desacuerdo en ideas con su hijo. Ella
era aristcrata, l un demagogo.

A pesar de esto, la seora de Aristy trataba a Miguel de potencia a
potencia, porque ste era el que diriga en Gastizar las siembras, las
podas, las dems labores campestres, y ella crea que en tales asuntos
entenda mucho.

Miguel era un caballero de cuarenta aos, soltern, escptico, que
estaba dispuesto a vivir oscuramente en Ustariz cultivando sus tierras
sin ambiciones ni cuidados. Su madre le haba querido casar con la
seorita Angelina Girodot, la hija de un notario de Bayona, una
seorita de alguna edad, rica y poco agraciada; pero Miguel dijo:

--No, no; prefiero no casarme. Estoy tan convencido de mis
imperfecciones, que no me decido a buscar una compaera.

Algunos aseguraban que estaba enamorado de Alicia Belsunce, su prima,
que poda ser hija suya; pero si lo estaba no se le notaba gran cosa.

Miguel era una buena persona; inteligente, amable, muy comprensivo;
haba pasado los cuarenta aos y llegado a un perodo en que, por
escepticismo no quera colocarse en ninguna cuestin en primera fila.

--Antes me dola un poco no ser nada--sola decir.--Ahora, no. Me
siento hermano de la glicina de Gastizar, me he enredado aqu, en estas
piedras viejas, y aqu estoy viviendo como una col.

Aquella vida del campo, inmvil, sin estmulo para la ambicin que a
muchos embrutece, a l le haba convertido en un filsofo.

Miguel se consolaba leyendo y tocando el violonchelo. Se recordaba que
una vez una seora de Bayona, que haba venido a Gastizar con su hija
con un plan matrimonial, al ver a Miguel poco admirado ante las gracias
de la nia y ms bien distrado y aburrido, haba dicho a madama de
Aristy en un momento de mal humor: Seora, su hijo de usted es un
idiota. Este recuerdo regocijaba a Miguel y le haca reir con malicia.

Miguel reconoca ingenuamente sus defectos; pero con la misma
ingenuidad aseguraba que no tena el menor deseo de corregirlos.

El caballero de Larresore reprochaba a Miguel lo poco que se cuidaba de
la sociedad.

--Te abandonas, Miguel--le deca;--ests hecho un rstico.

--Pse! Para qu preocuparse de la sociedad?--exclamaba l;--con la
gente casi siempre sale uno perdiendo. Si a fuerza de molestias y
preocupaciones llega uno a saber una cosa y la comunica a los dems, le
contestan con un lugar comn.

--La sociedad no puede estar regida por un libro de cuentas--deca
Larresore, que era un hombre que nunca haba dado nada a nadie.

--S, es cierto--contestaba Miguel sonriendo, porque tena la idea de
que su to era uno de los hombres ms egoistas del mundo;--pero no es
cosa de perder siempre.

El segundo hijo de madama Aristy, Len, estaba casado con Dolores, la
hija de Malpica. Len era pintor y se hallaba por entonces en Pars.

Su matrimonio, su profesin y su estancia en Pars se haba llevado a
cabo en contra de la voluntad de su madre.

Al ir a vivir a Bayona la mujer de Malpica y su hija, sta en aquella
poca una muchachita de catorce a quince aos, haba impulsado al
coronel su padre a que se instalase cerca de ella, y Malpica fu a
parar a la casa de un guardabosque de Ustariz conocido por el to Juan,
viejo revolucionario recomendado por Garat y que viva all olvidado.

Dolores iba siempre que poda a visitar a su padre. La mujer del
coronel Malpica saba que su marido estaba oculto en Ustariz y que su
hija le vea con frecuencia.

En uno de estos viajes Dolores conoci a Len de Aristy, joven pintor,
que se haba hecho amigo de Malpica en sus excursiones de paisajista.

Len habl varias veces a Dolores, y a poco de conocerla la hizo una
fogosa declaracin de amor.

Dolores era una mujer afectuosa, tierna, muy religiosa y de no mucha
energa, que tena siempre las lgrimas a punto.

Len, muy romntico en sus ideas era de un egoismo perfecto; no pensaba
ms que en s mismo y se preocupaba poco de la conveniencia de los
dems.

Len ri con su madre para casarse con Dolores; fueron los casados a
vivir a Chimista, y al ao Dolores tuvo un nio.

El coronel Malpica al ver a su nietecillo se sinti emocionado y se
traslad tambin a Chimista. El trabajara en la huerta para no ser
gravoso a nadie, dijo.

El matrimonio hubiera podido ser feliz; pero pronto Len se cans del
sosiego de la casita campestre y de los paisajes de los contornos, y
decidi ir a pasar temporadas a Pars. Todos los aos haca un viaje a
la capital, cada vez ms largo, y volva hurao y fosco lamentndose
de que no se le considerase, creyndose siempre postergado por las
intrigas de los dems artistas.

Dolores no saba qu hacer para contentar a su marido; el pintor era
un hombre vanidoso y de poco carcter; haba vivido dominado por la
energa de su madre, y al dirigir l su vida se encontraba perdido.

Dolores era una mujer poco enrgica, pero buena y resignada. No
comprenda lo que le pasaba a su marido. Vea que viva con el espritu
en otra parte. Ella se consolaba jugando con sus hijos, arreglando sus
flores. Iba tambin con frecuencia a ver a su madre a Bayona, y dejaba
a sus hijos al cuidado de una vecina recin casada a quien llamaban
Fanchon.

Dolores tena amor por su padre y lo comprenda, a pesar de la
tosquedad y de la rigidez del coronel. Malpica trabajaba por ella y
la proporcionaba todas las comodidades posibles, fingiendo siempre
estar malhumorado. Para el viejo militar, las mujeres eran como nios
caprichosos que haba que vigilar y atender.

Respecto a Julia de Aristy, la hermana de Len y Miguel, casada con un
propietario rico de Bayona, intentaba convencer a sus hermanos de que
deban salir de aquel rincn de Ustariz.

Len estaba camino de hacerlo, no as su madre ni su hermano mayor.
Ambos vivan entusiasmados en Gastizar.

Esta casa la haba comprado el abuelo materno de madama de Aristy, que
era un bearns, en tiempo de la Revolucin. No se sabr de quin era
primitivamente ni se conoca su historia; nicamente le quedaba el
nombre de Gastizar que en vascuence quiere decir castillo viejo.

Madama de Aristy y sus hijos haban ido a vivir a Gastizar al finalizar
el Imperio.

El propietario anterior deba de haber sido hombre de cierta fantasa.

En un extremo de la huerta haba pretendido instalar un jardn con
plantas tropicales, tentativa que indicaba en l un entusiasmo por la
Botnica, puesto en boga por Juan Jacobo Rouseau y por Bernardino de
Saint Pierre. En medio del jardn tropical haba un chalet rstico
oculto entre rboles. Este chalet rstico, al que llamaban el chalet
de las hiedras porque se hallaba tapizado y cubierto por ellas, estaba
alquilado a dos seoras espaolas.

Madama de Aristy al ocupar la casa mand quitar las plantaciones
tropicales y dej los campos al modo del pas.

Hubiera derribado el chalet de las hiedras, pero su hijo Len lo quera
para estudio y lo respet.

Durante todo el ao madama Aristy y su hijo mayor vivan en Ustariz.
Algunas veces solan ir a Bayona, y el rigor del verano pasaban algunos
das en Biarritz. Tenan un land para sus viajes y Miguel sola usar
un tilbur que l mismo diriga.

Madama de Aristy era de estas personas que trabajan y hacen trabajar a
los dems sin descanso.

Tena a sus rdenes dos criadas, un muchacho y un hortelano.

Adems de las dos criadas haba un ama de llaves, algo pariente de
madama Aristy, que era una solterona fea, desgarbada y torpe. Se
llamaba Benedicta. La Benedicta siempre estaba distrada y haca las
cosas mal, pero si la rean las haca peor.

--Dejadle--deca Miguel,--no la riis.

Madama de Aristy no poda dejar el placer de refunfuar y de echar
largos discursos agrios a Benedicta. Las seoritas de Belsunce solan
ir acompaadas de una doncella.

Un elemento importante de Gastizar era el criado y hortelano Ichteben,
un tipo curioso; Ichteben tena muchas ocupaciones, pero ninguna
cumpla bien; posea una nariz como un pico, roja, una expresin
suspicaz; llevaba pantalones azules, blusa negra y un chaleco de Bayona
en invierno como en verano.

Ichteben haca lo que le encargaban bastante mal y adems era un poco
borracho, pero tena una fidelidad a Gastizar a toda prueba.

Madama de Aristy deca muchas veces que lo iba a despachar, pero esto
pareca tan difcil como cambiar el orden de los planetas.

Ichteben era muy malicioso, muy ladino; nicamente Miguel le inspiraba
confianza para contarle sus cuitas. Miguel le escuchaba muy serio y
despus celebraba a carcajadas su malicia.




VIII.

LOS PARIENTES Y LOS AMIGOS DE LA CASA


CASI siempre haba en Gastizar parientes de madama de Aristy que iban a
Ustariz a pasar una temporada.

De los ms constantes eran la seorita de Belsunce y su sobrina Alicia.

La seorita de Belsunce, una dama mustia que haba tenido en su
juventud amores contrariados y falta de cido en el estmago, hubiera
querido ser, como la mariscala de Luxemburgo, una autoridad en materias
de elegancia y dar el _placet_ a la gente con un oh! o con un ah!
colocado a tiempo, como di la mariscala a monsieur de Talleyrand.

La seorita de Belsunce se cansaba de la soledad de Gastizar, y muchas
veces deca a su sobrina:

--No s para qu estamos en este desierto.

Alicia tena cario por Gastizar. Era Alicia una linda muchacha, un
poco pequea de estatura, rubia, tirando a roja, con la boca chiquita,
los ojos verdosos y la nariz un poco corva. Estaba orgullosa de su
figura y de su familia.

Alicia era efusiva, cariosa, muy econmica y algo egoista. A pesar de
esto saba hermanar su egoismo con su tendencia romntica. Era de estas
vrgenes prudentes que miran a su alrededor estudiando el hombre que
les conviene.

Alicia adulaba un tanto a su ta madama Aristy, y esta seora
consideraba mucho a su sobrina. Estaban siempre de acuerdo. Se crean
las dos de distinta pasta que los dems y que lo hacan todo bien. Se
consideraban casi siempre en el fiel de la balanza.

Alicia tena un poco de desdn por su primo Miguel, a quien supona que
ella agradaba y que, sin embargo, no le haca la menor indicacin en
este sentido considerndose sin duda como viejo.

Alicia viva el invierno en Pau y hablaba el _patois_, cosa cmica para
un vasco.

--No comprendo cmo se habla el _patois_--deca Miguel a su prima.

--Por qu no?

--Es como tener dos trajes para la ciudad. Nosotros los vascos no,
tenemos el traje de pastor, de la aldea: el vascuence, y el de la
ciudad, el francs.

--Nosotros no tenemos nada de pastores--replicaba ella;--somos ms
civilizados.

--Un idioma latino. Pse! Qu cosa ms ridcula!--exclama Miguel.

--Ustedes han resuelto que hay una superioridad de los vascos sobre los
bearneses y los gascones, y ya basta.

--Ah, claro! Es una superioridad que no necesita explicacin.

--Es que han hecho ms cosas los vascos?

--No.

--Es que han tenido ms grandes hombres?

--No, tampoco. Nosotros los vascos formamos un pueblo pequeo,
misterioso, con un concepto de la vida especial. Cmo nos van a
comparar con un provenzal o con un gascn?

--Pero los provenzales y los gascones tienen ms historia, hay entre
ellos familias ms antiguas.

--Respecto a eso te dir, prima ma, lo que un vasco dijo al duque de
Guisa. Discutan los dos acerca de su respectiva nobleza, y el duque
de Guisa dijo: Sabed que los Guisas datan del siglo X, y el vasco le
contest: Nosotros los vascos no datamos.

--No comprendo, la verdad, este orgullo.

--No es orgullo. Cada cual tiene sus condiciones y desea conservarlas.
Por qu no? Yo no quiero vivir en comunidad con el vecino, aunque sea
ms fuerte o ms rico que yo. Que estas comarcas que nos rodean, que
han hablado dialectos latinos, tienen ms cultura que nosotros por el
uso de un idioma ms civilizado que el nuestro. Y eso qu importa?
Nosotros queremos vivir en nuestro pas, sin tener gran cosa que ver
con los que hablan esas jergas latinas.

--Y por qu no?

--Nosotros somos otra clase de gentes; no nos parecemos en nada a ellos.

--Ms serios?

--Claro.

--Ms constantes?

--Sin duda alguna.

--Ah est el grande hombre del pueblo, Garat, prodigio de
consecuencia...; no ha sido ms que de todos los partidos...

--Bueno; es posible que en la poltica...--deca Miguel riendo.

--Y en todo. Ustariz es un pueblo de veletas; cuntas novias ha tenido
usted, primo mo?

--Yo? De verdad... ninguna.

--No ha tenido usted bastante tiempo para enamorarse de ellas?

Alicia y Miguel solan discutir y pelear con frecuencia; ella terminaba
sus reyertas con un gesto de altivez y desdn, y l se rea.

Otro de los huspedes de Gastizar era Vctor Darracq, ex intendente
del ejrcito de Napolen y primo del marido de madama de Aristy.
Vctor Darracq haba sido de la Administracin militar durante el
Imperio y haba llegado a general de brigada. Darracq no tena espritu
militarista; en cambio era de estos hombres curiosos que all por donde
van recogen algo. No conservaba de la guerra ms que un recuerdo de
crmenes, de robos y de bestialidades.

El ex intendente haba llegado haca aos a Gastizar con el objeto de
pasar una temporada, y se haba quedado all.

El ex intendente era soltern, hombre servicial capaz de sacrificarse
por sus amigos.

Tena su centro de operaciones en la biblioteca de Gastizar.

Era de estos hombres ordenados y clasificadores, y todo lo que haba
reunido en su vida de intendente lo guardaba catalogado en sus
armarios; tena mucha aficin a los pjaros y una canariera que cuidaba
con todas las reglas del arte.

Al instalarse en Gastizar, el ex intendente vi que la biblioteca era
bastante buena. El antiguo propietario haba querido sin duda rivalizar
con Garat, sobre todo en conocimientos vascos, y desde Oihenart a
Astarloa, y desde Larramendi a Zamacola, no faltaba autor que se
ocupara del pas.

El ex intendente tena mucho cario por sus sobrinos, sobre todo por
Len el pintor.

No se explicaba la gente cmo madama de Aristy le haba aceptado
definitivamente en su casa, con la poca amistad que tena por los
parientes de su marido.

El to Vctor era un hombre moreno de aspecto un poco sombro, una
cara de esas cetrinas y atormentadas; vesta redingot abotonado hasta
arriba de aire militar y color oscuro, polainas y cuello de camisa alto
y tieso, que dibujaba sobre la mejilla atezada un tringulo de tela
blanca y almidonada que sala de la corbata.

Darracq viva en el cuarto de la torrecilla que daba a la carretera,
y sola all trabajar haciendo barcos o esferas armilares. Estaba
suscrito a varios peridicos extranjeros, y las noticias interesantes
que encontraba en ellos las recortaba y las pegaba en un libro.

El to Vctor tena como asistente a un vasco aventurero que haba
rodado por el mundo, a quien llamaba Ali.

Ali haba estado durante algunos aos alistado entre los mamelucos de
Egipto y haba sido corsario. Ali al llegar a Ustariz tena todas las
trazas de un turco; usaba unos bigotes largos, gorra roja y pantalones
bombachos.

Al querer instalarse Darracq en Gastizar madama de Aristy puso el veto
a Ali; dijo que mientras usara aquellos bigotes y aquella indumentaria
no estara en su casa.

Ali, suspirando, se afeit y se puso una blusa azul y pareci un
aldeano como otro cualquiera, ms moreno.

Ali era hombre con xito en el pueblo; cuando contaba sus aventuras en
Egipto y en Grecia tena a todos pendientes de sus labios.

Otro de los huspedes que sola pasar largas temporadas en Gastizar era
el caballero de Larresore, constante compaero de charlas de Miguel.

Larresore era soltero, de ms de sesenta aos, muy atildado y elegante;
tena las mejillas sonrosadas, las melenas largas y bien peinadas, las
patillas cortas. Vesta a la inglesa. Su traje ordinario era casaca de
color pardo claro, chaleco blanco bordado, pantaln corto de piel de
seda y polainas negras.

En el chaleco llevaba dos cadenas de reloj con algunos dijes.

Larresore viva en invierno en Bayona, y cuando llegaba el buen tiempo
iba a pasar temporadas a las casas de sus parientes y amigos.

Larresore era muy egoista, con una gran perfeccin maquiavlica en su
egoismo. Preparaba las cosas que le convenan muy de antemano con todo
detalle y daba mil rodeos para conseguir lo que se propona.

Larresore haba estado en Inglaterra durante la Revolucin.

La Revolucin vino a cogerle en un momento en que pensaba hacer un buen
matrimonio y un buen negocio. Al caballero le qued siempre el odio
por este movimiento inoportuno que vino a estropear su porvenir.

Larresore se pintaba as mismo como un realista arruinado por la
Revolucin, cosa que a juzgar por los que le conocan no era cierta,
porque, segn stos, el caballero nunca haba tenido fortuna.

Larresore cultivaba su personalidad de realista; haca valer sus
amistades y escriba cartas a los hombres ilustres del partido, y si le
contestaban exhiba sus respuestas por todo el pueblo.

Larresore en Inglaterra se haba aficionado a las costumbres inglesas,
al t y a los vinos de Espaa.

En Londres conoci al vizconde de Chateaubriand, a quien consider
como un fatuo hasta que vi que se haca clebre, y entonces hablaba
constantemente del vizconde como de un amigo ntimo a quien haba
adivinado.

El caballero de Larresore encontraba la sociedad del siglo XIX egoista
y desprovista en absoluto de sensibilidad.

Es necesario tener el espritu saturado de egoismo para reconocerlo al
momento en los dems y en sus ms pequeas partculas. Larresore lo
reconoca en seguida, lo olfateaba.

El tena la costumbre de decir cuatro o cinco frases de cajn cuando
ocurra una desgracia; crea a la gente dura y seca de espritu sin
efusiones ni poesas.

Ya no se saba ser galante con las damas; no se amaba el campo. El
caballero de Larresore no haba sido muy platnico, ni era capaz de
mirar un paisaje un momento.

Larresore se lamentaba de las transformaciones de la poca. Contaba su
vida de cuando haba ido a Pars antes de la Revolucin recomendado a
Garat.

--Qu sociedad aquella!--exclamaba.--Alegre, social, corts. Como ha
dicho mi ilustre amigo monsieur de Talleyrand, el que no ha vivido
antes de la Revolucin no sabe lo que es la dulzura de vivir.

Y contaba ancdotas de su tiempo parecidas a las de todos los tiempos,
y recitaba los madrigales enviados por l a las cmicas, que firmaba
con notas musicales La... re... sol... re.

El caballero crea que estos rasgos de ingenio no podan volver a darse.

Larresore hablaba de Garat el menor, su amigo, con mucha lstima, por
haber tenido que convivir con los tigres de la Revolucin.

--Hoy, el hombre en Francia--deca el caballero--est descontento de
s mismo y de la sociedad. He aqu a mis dos sobrinos Len y Miguel.
Len quiere ser pintor, pero no se contenta con ser un pintor como
hubiera sido un gentil hombre de mi tiempo, pintor para mostrar sus
cuadros entre sus amigos, no; quiere ser un gran pintor, y que hablen
de l los peridicos. El papel impreso... Qu cosa ms lamentable!
Respecto a Miguel, est perdiendo en absoluto sus condiciones fsicas
de caballero; se ha dejado la barba, se corta el pelo al rape.

--Es ms cmodo, to. Va uno siendo viejo.

--Viejo a los cuarenta aos! En mi tiempo no haba viejos.

--Haban encontrado ustedes la fuente de Juvencio?

--No; es que nadie se retiraba voluntariamente. Se viva para la
sociedad. Entonces haba verdadera fraternidad.

--S, entre ustedes; pero no entre ustedes y la gente pobre.

--Y ahora la hay de esa?

--No, es verdad; ahora tampoco la hay.

--Entonces reinaban las mujeres. El hombre estaba educado por ellas. Se
saba ser amable, galante. La Revolucin ha acabado con todo esto.

Madama de Aristy y las dos seoritas de Belsunce cuando le oan daban
la razn a Larresore; el ex intendente Darracq mova la cabeza como
indicando que habra que pesar el pro y el contra de la cuestin, y
Miguel se rea.

Todas las formas de vivir exclusivamente sociales hacen del hombre un
cmico que representa un papel, y Larresore era un comediante completo.
Eso s. El quera el teatro adornado y los actores caracterizados con
perfeccin.

Muchas veces en confianza deca de la vieja seorita de Belsunce: Yo
comprendo que se pinte, pero que se pinte bien.

Adems de los parientes solan ir amigos a pasar temporadas a Gastizar.

De los contertulios del pueblo, los ms asiduos eran madama Luxe con su
hija, las seoras de Darneguy, el vicario Dostabat y el organista de la
iglesia, Harismendy.

Algunos suponan que a madama de Aristy no le hubiese disgustado casar
a su hijo con madama Luxe, que era rica; otros decan que era la viuda
la que miraba con buenos ojos a Miguel, y otros que era a Miguel a
quien le gustaba la viuda.

Tambin solan ir a Gastizar con frecuencia la seora Darneguy y su
sobrina. Madama de Aristy las estimaba mucho. La seora Darneguy
viva con una pequea pensin, y era muy severa; la sobrina Carolina,
ya de cierta edad y con algunos cabellos de plata, trabajaba haciendo
bordados. Madama de Aristy las enviaba con frecuencia regalos; pollos y
frutos de la huerta.

El vicario Dostabat iba a Gastizar todas las semanas un da. Era
Dostabat un hombre alto, de vientre abultado, la cara roja, los ojos
pequeos y claros y la nariz larga. Tena de cincuenta a sesenta aos.
Era tipo de cura del antiguo rgimen; muy aficionado a las buenas
comidas y a los vinos excelentes.

Los vinos de mesa eran su especialidad; los miraba, los ola, los
cataba como un verdadero conocedor. Tambin le gustaban las cartas y
era maestro en todos los juegos. El padre Dostabat era cura de manga
ancha, y crea que la mayora eran pecadillos que Dios perdona sin
esfuerzo.

El organista de la iglesia, el abate Harismendy era un hombre de unos
cuarenta aos, moreno, los ojos negros, muy vivos. Harismendy tena
gran aficin a la msica y enseaba solfeo a los chicos del pueblo.

En Gastizar sola acompaar a Alicia al piano.

A veces haba concierto; Alicia cantaba, el joven Larralde-Maulen
tocaba el violn. Harismendy el piano y Miguel el violonchelo.

Larresore, que no era muy aficionado a la msica, intentaba siempre
monopolizar a Miguel y llevarlo al campo de sus discusiones. Los dos
rompan la frialdad y el aire ceremonioso de la tertulia de Gastizar
con sus observaciones, a veces de un atrevimiento chocante.




IX.

CHORIBIDE EL VERSTIL


AL contemplar el paisaje de Ustariz, al ver sus casitas blancas con
sus enredaderas y sus parras, el ro con sus meandros bordeados por
arboledas, se pensaba involuntariamente en la vida idlica y pastoril.

Pareca que los habitantes del pueblo deban vivir al estilo de los
hroes de Tecrito y de Virgilio; pero por debajo de esta buclica
apariencia apareca, como no poda menos, el fondo de pasiones y
deformidades de todo ncleo de poblacin humana.

Ustariz estaba dividido en pequeos grupos; unos indiferentes, otros
enemigos. Era el primer grupo el de Garat.

Garat haba hecho muchos favores en el pueblo y tena grandes amigos.
En sus ltimos aos el viejo convencional enfermo, y retirado no quera
intervenir en los asuntos de la villa, aunque la Revolucin de Julio
le dejaba en condiciones para tomar parte en la poltica. Garat estaba
cansado y tena bastante con sus recuerdos.

Otro grupo se reuna en el barrio de Eroritz en la casa de los Darralde
llamada Jaureguia. La tertulia de Gastizar no era enemiga de la de
Jaureguia aunque haba entre ellas cierta disimulada hostilidad.

Los Darraldes eran ricos, pero tenan aire de advenedizos.

Su riqueza trascenda a especulaciones recientes. Darralde, el viejo,
haba comenzado a enriquecerse en tiempo de la Revolucin. Guardaba en
su casa muebles, tapices y alfombras que haba comprado por casi nada
en Dax, Auch y Bayona a los agentes de Barere, Cavaignac y Dartigoite.

Darralde, despus de negociar durante el Imperio por toda Francia,
haba formado parte de una sociedad que compraba las grandes
propiedades de los castillos antiguos para venderlas en parcelas y
derribar las ruinas.

Esta _banda negra_, como la llamaban los arquelogos, los artistas y
los poetas, haba operado en el medioda a la par que otras hacan sus
negocios en el centro y en el norte.

Uno de los Darraldes haba casado con una seorita de la familia de
Maulen, lo que le haba hecho subir en categora social.

Otro punto de cita menos distinguido que las casas de los Aristy y de
los Darralde era el Bazar de Pars, tienda que tenan dos hermanas, las
seoritas de La Bastide con su abuela. Estas dos hermanas, Delfina y
Martina, daban mucho que hablar al pueblo por sus amores.

--Las seoritas de La Bastide no llevan una vida honorable--deca
madama de Aristy de una manera dogmtica.

La abuela, por lo que aseguraban algunos viejos haba sido igual.
Despus de dar varios escndalos en el pueblo, march a Bayona y
luego a Auch en la poca del Terror, donde fu una de las favoritas
de Dartigoite, este dictador que predicaba la inmoralidad por las
calles y terminaba sus discursos ponindose desnudo ante el pblico. Se
aseguraba que se le haba visto a la abuela del Bazar de Pars, en su
juventud, vestida de Diosa Razn, y algunos la llamaban as en broma.

La Diosa Razn del Bazar de Pars tena una cara del siglo XVIII,
una cara de enciclopedista, la frente despejada, la nariz respingona
y corta que sostena unas antiparras, los ojos claros. Un seor del
pueblo afirmaba que la hubiera tomado por el mismo Diderot.

Las dos seoritas del Bazar, Martina y Delfina eran unas mujeres
guapas. La mayor, Martina, era alta, de ojos negros hermosos, de aire
arrogante y un poco desdeoso. La pequea era morena, plida, de una
palidez mate con los ojos lnguidos y tristes, y muchos lunares y
muchos rizos.

Martina, por lo que se deca, tena como amante al ingeniero de montes;
la Delfina, que siempre caa ms bajo, estaba enredada con un perdido
que trabajaba en un molino a quien llamaban Marcos el gascn, pero no
le guardaba fidelidad ninguna y tena citas con algunos muchachos que
entraban de noche en su casa por la huerta.

Estas dos muchachas, Martina y Delfina, atendan la tienda y llevaban
las cuentas; la una siempre altiva y orgullosa, la otra como una plida
flor de lujuria viviendo en una somnolencia ertica.

Antigua rival de la Diosa Razn era una vieja a quien llamaban la
Estfana y que tena otra tiendecita. La Estfana era una vieja
sonrosada y sin dientes, con los ojos claros y vivos, que murmuraba de
todo el mundo. Sola estar detrs del mostrador, envuelta en un chal
y ganaba explotando la aficin de las viejas borrachas del pueblo al
aguardiente, pues a cambio de la copita les tomaba huevos y maz a muy
bajo precio.

La Estfana sala poco de casa y cuando sala se pona un traje negro
muy elegante, de tafetn, que por la humedad ola como las telas de los
paraguas.

En casa de la Estfana jugaban a las cartas tres o cuatro viejas y
rean y se insultaban cuando perdan algunos suses.

Tras de la reunin del Bazar de Pars y de la tienda de la Estfana
venan ya las tabernas y reuniones de la gente campesina.

Haba un seor que frecuentaba todas las tertulias del pueblo las altas
y las bajas. Este seor era monsieur Choribide a quien llamaban en
Ustariz el Muscadin.

Choribide era un viejecito flaco, canoso, con unos ojillos claros, una
cara afilada, alegre y burlona. Choribide haba vivido durante mucho
tiempo entre la canalla de Pars; tena el acento del pueblo bajo
parisiense cuando hablaba francs, y cuando hablaba vascuence pareca
un campesino vasco.

Ya el uso de un idioma u otro le daba una personalidad distinta.
Si hablaba el francs era el hombre de la gran ciudad depravado y
corrompido, en cambio si se expresaba en vasco era el campesino de una
malicia inocente.

Choribide, viejo currutaco, vesta como en su juventud. Llevaba casaca
oscura, medias de seda blancas, grandes botas, pantaln de pao de
color de canela, chaleco a lo Robespierre y corbata de muchas vueltas.
Usaba en los das de gala peluca que tiraba a roja, sombrero de copa y
varios dijes en el chaleco.

El nombre de Choribide, en vasco camino de pjaros, se haba prestado
entre los vascfilos a algunas disquisiciones y a algunos chistes.

Garat haba dicho que el apellido verdadero no era Choribide con b,
sino Chorivide con v, palabra hbrida de chori, en vascuence pjaro,
y de _vide_ en francs vaco, lo que valdra tanto como pjaro vaco,
pero si Choribide tena algo de pjaro no tena nada de vaco.

Choribide y Garat solan soltarse pullas. Una vez un amigo comn dijo a
Garat:

--Este Choribide es un granuja. Vendera su alma por dos pesetas.

--Claro que s--contest Garat--y saldra ganando.

La historia de Choribide el Muscadin era una historia curiosa.

Haba salido de un casero de Ustariz a estudiar para cura en el
seminario de Larresore, pero en el camino se le haba pesado y no
atrevindose a volverse a su casa se fu a Bayona. All entr en una
tienda de dependiente, y como el oficio no le gustaba tom el camino y
se march a Pars a pie.

Choribide que tena mucha aficin al teatro hizo amistades entre
cmicos y cmicas y vivi medio de agente y medio de criado.

Durante algn tiempo fu el parsito del tenor Garat, de este trovador
del Directorio y rey de los Muscadines.

Choribide lo haba hecho todo. Haba comenzado su carrera histrinica
tomando parte en las representaciones patriticas de la poca del
Terror y haba figurado como comparsa en la _Sansculotide_ haciendo de
ciego.

Choribide haba vagado por Pars durante los tumultos y las matanzas
terroristas.

Al iniciarse la reaccin de Thermidor se haba convertido en Muscadin,
en elegante enemigo de los revolucionarios violentos y astrosos. De
esta poca le vena el apodo.

Despus fu especialista de muchos oficios innobles, hizo el agiotaje
de los asignados, sirvi de gancho en las casas de juego, y durante
algn tiempo fu agente de la polica diplomtica organizada por el
ministro Tondu-Lebrun. En las malas pocas estuvo asociado con una
banda de monederos falsos.

No ocultaba que parte de su vida haba vivido haciendo delaciones que
las cobr bien.

Choribide estaba acostumbrado a la caza del poltico y a la caza del
incauto.

La intriga era uno de sus elementos. Para l no haba moral, ni
derecho, ni nada, slo haba necesidades que engendraban combinaciones
en que se sala ganando o perdiendo. La moral no contaba en sus
clculos.

Ya machucho Choribide lleg a Ustariz con un pequeo retiro a cobrar
una herencia. All conoci a una solterona muy religiosa, sobrina del
antiguo prroco y duea de una finca que se llamaba Archa-baita, y se
cas con ella.

El ex terrorista iba todos los domingos a la iglesia con su mujer.

--Es usted religioso?--le preguntaron alguna vez.

--No--replic l--pero hay que contentar al pueblo. Hago como
su excelencia el duque de Otranto en otro tiempo el ciudadano
Fouch--aada.--Yo le he visto a Fouch cuando se inaugur el busto de
Lepelletier Saint-Fargeau hablar de que haba que destruir las cruces
y signos religiosos y poner en los cementerios un letrero que dijese:
la Muerte es el sueo eterno. Aos despus pasamos por sus tierras unos
cuantos cmicos en coche y vimos a un seor que se descubra con gran
respeto al pasar delante de unas cruces. Quin es? preguntamos. Es Su
Excelencia el duque de Otranto.

Choribide era un cnico.

--Dicen que mi mujer ha sido durante quince aos la querida de su to
el prroco--sola decir con indiferencia--es posible, pero no es nada
clerical.

Choribide tena entusiasmo por su versatilidad.

--El pobre Garat y yo--deca frotndose las manos--hemos estado en
todos los partidos. No podemos echarnos nada en cara. Hemos salido un
poco prostitutas.

Aada tambin medio en serio, medio en broma que senta ser viejo y
vivir en una aldea, pues le hubiera gustado probar el sansimonismo.

Choribide tena influencia y consegua cosas que otros con ms
representacin no podan conseguir. A cambio de estos favores aceptaba
lo que le dieran.

--Yo dir como Caillot--deca una vez en la tertulia del Bazar de Pars.

Como nadie saba all quin era Caillot, la gente se encogi de hombros
hasta que uno pregunt: Y qu deca Caillot?

--Pues Caillot--explic l--era un cmico excelente y muy viejo en mi
tiempo a quien yo no vi representar. Caillot viva en Saint Germain y
era muy amigo de Juan Jacobo Rousseau. Un da Juan Jacobo vi a Caillot
con un cuchillo de caza admirable y le dijo que le chocaba que se
permitiera gastos tan excesivos.--No, no lo he comprado yo--contest
Caillot--me lo ha regalado Su Excelencia, el prncipe de Conti.--Es
que usted acepta los regalos de los prncipes?--pregunt Rousseau.--Y
yo que le tena a usted por un filsofo!--Lo soy, dijo Caillot.
Usted es un filsofo que rehusa y yo soy un filsofo que acepta.
Yo--terminaba Choribide--soy como Caillot un filsofo que acepta.

Choribide era inagotable contando ancdotas.

El caballero de Larresore que algunas veces lo encontraba en el Bazar
de las seoritas de La Bastide hubiera querido despreciarlo, pero la
verdad era que le admiraba e iba muchas veces a oirle.

Choribide contaba la vida de Pars durante el Terror, la gente
marchando por las calles con la mirada baja espindose con el rabillo
del ojo, y por las noches las familias que se encerraban en las casas
temiendo las visitas domiciliarias.

Choribide explicaba cmo funcionaban los garitos del Palais Royal, cmo
se jugaba, quines eran los puntos ms fuertes y quines las cortesanas
ms clebres de aquellos lugares. Un da llegaba y deca:

--Hoy hace cuarenta aos estaba yo en el teatro en Pars, viendo
representar una comedia _Los acontecimientos imprevistos_. En aquella
noche estuvo a punto de ser presa madama Dugazon por decir unos versos
entusiastas mirando al palco en donde estaba Mara Antonieta. A
la crcel! A la crcel! gritbamos los jacobinos. La cmica no se
intimid, se acerc ms al palco de la reina y recit con mayor energa
los mismos versos. A la crcel! A la crcel! seguamos gritando
nosotros mientras otra parte del pblico aplauda con entusiasmo.

A este viejo currutaco le gustaba contar horrores vistos por l en
la Revolucin y haca temblar a sus oyentes hablndoles del suplicio
de los reyes, de los girondinos y de los dantonianos que haba
presenciado. Sobre todo en los detalles era donde el viejo Choribide
estaba extraordinario; cuando hablaba, por ejemplo, del negro Delorme,
uno de los exterminadores de los presos en las matanzas de Septiembre,
llegaba a lo trgico, Choribide describa a este negrazo medio desnudo,
con el cuerpo manchado de sangre, degollando hombres y mujeres entre
risas y carcajadas.

Despus pintaba el contraste del negro velludo teniendo en brazos el
cuerpo decapitado de la princesa de Lamballe, al que pasaba un trapo
hmedo para quitarle la sangre, mientras la cabeza de la infortunada
princesa estaba en una taberna prxima y un peluquero le rizaba el
pelo. Qu blanca es!--deca la gente al ver el cuerpo de la princesa.
Y esta idea de la blancura de la vctima exasperaba a la plebe, y un
brbaro arranc al cadver el corazn y otro el sexo y las entraas.

--Y era una mujer hermosa?--le preguntaron dos o tres a Choribide
cuando cont esta escena.

--No, tena ms de cuarenta aos y el vientre arrugado.

--Y cmo aceptaban ustedes esto?--deca Larresore.

--Y qu bamos a hacer mi querido caballero? Ibamos a decir que
ramos moderados cuando al peluquero Basset se le guillotin por haber
hecho pelucas de aristcratas? Haba que ser rojo para vivir; si no
estaba uno perdido. No haba ms remedio. Fu moda ser filsofo,
fumos filsofos, luego republicanos, fumos republicanos, despus
terroristas, luego thermidorianos, despus bonapartistas, hemos sido
realistas y ultramontanos; ahora aparecemos como liberales. Garat y
yo lo hemos sido todo. Nos acusaran de verstiles, qu tontera! De
veletas. Por lo menos no dirn que somos veletas enmohecidas ni roosas.

Y Choribide se frotaba las manos riendo.

Le gustaba a este viejo contar casos de apostasa y de cambios de
opinin. Le gustaba tambin explicar las intrigas de su tiempo y
descubrir las causas bajas y ridculas que haban dado origen a
acontecimientos que se tenan por grandes.

El cnico y extrao personaje era hombre de gran instinto social;
entraba en todas las casas de Ustariz y entre ellas en Gastizar. Cmo
le aceptaba madama de Aristy? Era difcil comprenderlo.

Choribide visitaba a lo mejor y a lo peor del pueblo; sola estar en
la cabecera de la cama de Garat haciendo compaa al viejo poltico y
en el saln de madama de Aristy; otras veces convidaba en la Veleta de
Ustariz a un veterano de la Revolucin que estaba en el asilo, a quien
los chicos llamaban Cuc el rojo y cantaban los dos la _Carmaola_,
el _a_, _ira_ y otras canciones desvergonzadas y terribles, algunas
dedicadas a la _Sainte guillotinette_.

Choribide de tres en tres aos iba a Pars, sola visitar a sus amigos
realistas y a los republicanos que an vivan. Visitaba tambin a los
cmicos y cmicas viejas en sus guardillas y se enteraba de todo y
hasta se enterneca, al parecer, aunque para l todo no era ms que un
dato y un motivo de conversacin.

Desde las jornadas de Julio, Choribide tena en su casa un teniente de
infantera de la Guardia real que haba sido licenciado y era sobrino
de su mujer.

El teniente Rontignon era un tipo de militar de caf, punto fuerte para
jugar al billar y al domin. Choribide se haba propuesto casarle con
alguna rica y haba echado el ojo a madama Luxe, pero Rontignon adems
de haragn era hombre tmido y no se atreva a dirigirse a una seorona
tan elegante y tan distinguida.




X.

UN SOLITARIO


ADEMS de Garat, de Choribide y de Cuc el rojo, haba otro
representante de la Revolucin en un guarda del bosque de Ustariz que
viva completamente aislado en una cabaa rodeada de robles. Llamaban a
este solitario el to Juan.

El to Juan era hombre de unos sesenta aos, todava fuerte, calvo, con
la cara inteligente y llena de arrugas y los ojos brillantes. Sola
vrsele rara vez en el pueblo; iba vestido con una casaca de color
castaa, con cuello de terciopelo, medias de lana blancas y zapatones.

Los que le conocan aseguraban que el to Juan tena un entusiasmo
fantico por la Revolucin, un entusiasmo que hua del anlisis y que
prefera en los hombres el odio a sus ideas que la aceptacin de ellas
a medias.

Al parecer, el to Juan era de esos hombres que quieren cuadricular la
vida y someterla a una norma lgica y fiera.

El to Juan tena el espritu del fantico que se da lo mismo en las
ideas religiosas que en las humanitarias. El no poda aceptar lo
irregular, lo laxo, no poda comprender que las sociedades necesitan un
margen de benevolencia y de inmoralidad que es muchas veces el refugio
de la libertad y del buen sentido.

Durante la Restauracin la polica vigil varias veces al to Juan. Se
aseguraba que haba sido uno de los ms feroces jacobinos de Burdeos
y que haba estado en Cayena con Collot d'Herbois y Billaud Varennes,
pues habl una vez del ex cmico Collot que beba el ron como si fuera
agua, y del ex congregacionista Billaud que mataba su aburrimiento en
la deportacin domesticando loros.

Acogido a un indulto y vuelto a Francia el to Juan haba sido
protegido por Basterreche en Bayona, pero deseando vivir en el campo y
en la soledad se dirigi a Garat y por influencia de ste le hicieron
guardabosque.

Se deca que Garat le puso como condicin para estar en Ustariz el que
no se hablara de l.

El guardabosque lo prometi y cumpli su promesa. No tena amistad ni
relaciones con nadie, y si alguna vez le excitaban a discutir lo rehua.

El mismo cuidado del to Juan de no ser advertido hizo en ciertas
pocas de la Restauracin el que la polica le siguiera los pasos y el
pueblo se fijara en l.

Se deca que Ali, el asistente de Vctor Darracq iba con frecuencia a
visitarle a su cabaa del bosque y que el solitario se comunicaba con
Garat. Se deca tambin que algunas veces se haban encontrado de noche
a un jinete que se apeaba cerca de Gastizar y que este jinete era el
guardabosque.




XI.

LOS LOCOS DEL PUEBLO


PARA completar el cuadro de Ustariz, en 1830 habra que hablar de los
locos y de los excntricos del pueblo, que abundaban all como en todos
los pueblos vascos.

Uno de ellos, el ms curioso era Muchico.

Muchico tena los ojos brillantes, unas largas barbas y llevaba blusa
negra. A pesar de su aspecto siniestro de su mirada fija no tena nada
de agresivo. Los chicos se burlaban de l y le gritaban y le tiraban
piedras. El les amenazaba con el puo y tena que esconderse en los
portales. A Muchico le entusiasmaban los caballos y los coches, y le
asustaban los perros. El viento sur le intranquilizaba y le pona
exaltado y de mal humor. Cuando la veleta de Gastizar miraba hacia
Espaa era mala seal para Muchico. Este andaba ms excitado y nervioso
que de ordinario.

Otro medio loco que apareca en el pueblo con frecuencia era el hermano
Ventura.

El hermano Ventura era un viejo mstico recogido por los jesutas de
Bayona, que le pasaban una pequea pensin. El hermano Ventura era
chiquito, vivo, de ms de setenta aos. Tena un ojo con una nube,
la boca torcida, las barbas blancas, el crneo calvo y la frente
deprimida. Vesta un gaban largo y un sombrero de copa. Despus de las
jornadas de Julio el hermano Ventura se presentaba ms derrotado que en
los aos anteriores.

El hermano Ventura echaba largos discursos llenos de fuego, cuando
pronunciaba la palabra Dios se quitaba el sombrero y a veces se
arrodillaba.

En sus discursos hablaba de los castigos del infierno con tal ardor que
asustaba a las mujeres y les quitaba el dinero para misas.

Algunos decan que el hermano Ventura era slo un pillastre, pero haba
en l mucho de perturbado.

Otro de los tipos del pueblo era Cuc el rojo, o Cuc gorro rojo como
le llamaban los chicos.

Cuc el rojo era un soldado de la Repblica, gascn de nacimiento que
haba ido a parar de viejo a un asilo de Ustariz.

Cuc haba tomado en los aos que llevaba recogido, las costumbres y
las frases de las monjas que cuidaban a los asilados, pero en ciertos
das que le dejaban libre y beba de ms, sacaba un gorro frigio sucio
y lleno de agujeros y comenzaba a perorar en las tabernas.

--Ciudadanos--gritaba con la cara inyectada.--La patria est en
peligro. Los aristcratas de Coblentza nos amenazan. Los espas de
Pitt y de Coburgo nos acechan. A las armas! A las armas!--y coga el
bastn y se pona como un soldado en guardia.

Despus cantaba con voz ronca el Ca, ira y bailaba la Carmagnola.

A los realistas del pueblo, que eran casi todas las personas pudientes,
no les molestaba esto del todo, porque vean en ello una prueba de la
plebeyez y de la grosera de las tendencias revolucionarias.

Para ellos la Repblica con sus glorias no poda servir ms que para
hacer vociferar a hombres, como Cuc el rojo en las tabernas o en los
caminos.

Algunas veces Choribide haba puesto frente a frente al hermano Ventura
y a Cuc el rojo.

Cuc el rojo deca su repertorio, y el hermano Ventura vociferaba como
si estuviera en un bosque:

--Vete a confesar desdichado!--le deca--Ests en pecado mortal! El
diablo est detrs de ti, ahora mismo dictndote estas palabras, el
diablo que est lleno de ciencia y de razones. S... s... no hables.
Vete a confesar ahora mismo desdichado.

Choribide se rea a carcajadas. El hermano Ventura quiso llevar un da
a Cuc el rojo y a Muchico a la iglesia, pero al acercarse a la puerta
los dos se le escaparon.

Una loca del pueblo, que andaba por los alrededores y no entraba en las
calles, era Grashi Erua.

Grashi Erua era alta, delgada, rubia, envejecida, con la cara llena
de arrugas. Vesta con andrajos de todos colores y como los chicos la
tiraban piedras no quera ir al pueblo.

Muchas veces se la vea en medio del bosque con el pelo suelto y una
corona de flores silvestres, tambin se le haba visto al lado de un
arroyo que formaba un remanso, sentada con un manojo de harapos y
cantando como si tuviera un nio en brazos.

Se deca que Grashi Erua era la hija de una seorita extranjera que
la abandon. La haban dejado de nia en un casero y desde entonces
los dueos del casero eran ricos. Por lo que se contaba, estas gentes
del casero haban despojado a la loca en vista de que su madre no
apareca; y no la haban puesto a trabajar porque era indmita y
salvaje.




LIBRO SEGUNDO

LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830




I.

DOS AMIGOS


IGNACIO Iturri, liberal emigrado en Francia desde los sucesos de 1823,
era hijo de un comerciante de buena posicin de Pamplona. Se haba
visto Iturri al llegar a Bayona sin medios de fortuna, y como estaba
medio enamorado de una muchacha, que serva de cocinera en una casa
rica de la plaza Grammont, se cas con ella y puso una posada en la
calle de los Vascos, a donde fu atrayendo a todos sus paisanos que
iban a Bayona por algn negocio.

La posada de Iturri ocupaba toda una casa de piedra y ladrillo rojo,
con entramado de vigas negras y el tejado de pin. Esta casa tena dos
pisos, y en el principal en el balcn muy saliente colgaba una muestra
con un letrero en francs y otro en castellano.

La posada de Iturri era limpia y decente, los cuartos grandes con el
suelo encerado y las ventanas de guillotina, los muebles modernos;
adems de esto, tena el atractivo de ser uno de los sitios en donde se
guisaba mejor en Bayona, pueblo en donde se guisa bien en todas partes.

Un inconveniente tena la posada de Iturri y era el olor a bacalao que
sala de los almacenes de la calle de los Vascos. A tal perfume haba
que acostumbrarse quieras que no; habitundose a ello la posada de
Iturri poda considerarse casi como un lugar de delicias.

Iturri era hombre de unos cincuenta aos, fuerte, rechoncho, de
ojos negros, de cara redonda y rasurada de tono azul y expresin
melanclica. Hablaba con mucha calma y circunspeccin. Cualquiera
le hubiera tomado por un cura o por un exclaustrado, sin embargo, a
pesar de su aire clerical, de su cara dulce y de sus manos blancas y
regordetas era hombre de arrestos.

Su mujer Graciosa, era una vasca de aire de grulla, de nariz afilada
y mejillas sonrosadas, que trabajaba, hablaba y rea todo al mismo
tiempo sin parar.

Iturri el posadero que no tena hijos, acept en su casa a un sobrino
suyo ex seminarista escapado de Pamplona, llamado Manuel Ochoa.

Manuel Ochoa era un muchacho hijo de unos labradores del valle de
Ulzama. Considerndolo como chico listo sus padres le haban puesto a
estudiar para cura. Al principio Ochoa march bien en el Seminario,
pero luego comenz a averiguarse que cortejaba a las mozas, despus se
supo que se manifestaba liberal y al ltimo que haba asistido a una
reunin de militares masones. Ochoa buscado por la polica se meti en
Francia y fu a acogerse a la fonda de su to. Iturri le trat bien, y
como tena grandes conocimientos entre los emigrados le present a Don
Sebastin Miano que estaba por entonces trabajando en varias obras y
que publicaba desde 1825 la Gaceta de Bayona.

La mujer que viva con el abate Miano, y de la que tena varios hijos,
era algo pariente de Ochoa as que ste fu protegido por el abate.

Ochoa era muchacho violento, capaz de trabajar con entusiasmo. En los
ratos de ocio se dedicaba a jugar a la pelota, lo que era para l como
un sucedneo de la accin.

Pronto le disgust a Ochoa la colaboracin con Don Sebastin Miano.

Entre los liberales emigrados se deca que la redaccin de la Gaceta de
Bayona que estaba en la calle del Pont Neuf bajo los arcos, en casa de
Barandiaran, era un punto de espionaje de Calomarde.

Manuel Ochoa ri varias veces con Miano. Ochoa era de estos hombres
tempestuosos, que saltan al menor roce, que arrastran a la gente y
tienen siempre entusiastas por su valor y su energa.

Una seora de Bayona, casada con un propietario rico, se enamor de
Ochoa y el seminarista tuvo un momento de xito y de orgullo. Esta
seora que no tena mucho miedo ni a la opinin ni a su marido, fu
varias veces a cenar con el estudiante a un gabinete reservado de la
fonda del Comercio.

Iturri el fondista, que tema el escndalo, fu a ver a Miano y a
contarle lo que pasaba, y entre los dos decidieron mandar a Ochoa
con un pretexto a Pars. Ochoa copiara documentos en la Biblioteca
Nacional para el abate.

En aquella poca, Ochoa hubiera preferido quedar en Bayona, pero como
no encontraba la menor apariencia de pretexto que oponer tuvo que
marcharse.

Ochoa fu a Pars, conoci a algunos emigrados espaoles y tom parte
en la sublevacin de Julio.

Cuando Legua y Chacn, comisionados por los liberales de Londres,
llegaron a Pars, Ochoa se uni a ellos en sus visitas y diligencias.
Luego al ir presentndose los emigrados se hizo definitivamente de su
grupo.

Conoci a Mina, a Chapalangarra, a Juregui. Como no tena ya carrera
ni oficio pens que lo mejor sera unir su suerte a la de aquellos
hombres. Ms culto que estos militares, pudiendo hermanar las letras
y las armas, pens le sera fcil conseguir un xito con poco que le
ayudara la suerte.

En Pars trab amistad con Eusebio de Lacy, con quien vivi durante
algn tiempo.

Eusebio de Lacy era un joven de ojos azules, pelo rubio y aspecto poco
fuerte, aunque tranquilo y noble.

Eusebio haba nacido en Holanda, en la isla de Walcheren, adonde su
madre haba seguido a Luis de Lacy, que entonces era capitn en la
legin irlandesa que mandaba Arturo O'Connor y que estaba al servicio
de Napolen.

Eusebio pas su infancia en Quimper, pueblo de su madre, que de soltera
se llam la seorita de Guermeur.

Durante la guerra de la Independencia y mientras su padre don Luis se
bata contra los franceses, Eusebio estuvo en un colegio; terminada la
guerra, Lacy, que haba sido teniente general del ejrcito de Galicia y
de Catalua, fu destitudo por Fernando VII, que tena esta manera de
pagar a los que se sacrificaban por su persona mientras l adulaba de
una manera baja a Napolen.

Destitudo el general Lacy fu a vivir a Vinaroz y desde all
escribi a su mujer para que viniera con su hijo a reunirse con l,
pero la francesa tena resentimientos con su marido y no quiso ir
a su encuentro. Entonces se cruzaron entre los dos cartas agrias y
recriminaciones violentas.

El general Lacy era de estos tipos extraos que aparecen en las
naciones en pocas de turbulencia. Su padre era de origen irlands; su
madre, francesa; l, andaluz de San Roque. Su destino haba sido tan
contradictorio y su carcter tan arrebatado, que muchas veces llegaron
a considerarle como loco.

Durante la juventud de Lacy luch al lado de los franceses, ms tarde
pele contra ellos.

El da 2 de Mayo estuvo a punto de ser muerto por su uniforme de
francs. Lacy era hombre exaltado, atrevido, y perteneca a la
masonera. Muerto Porlier, todas las esperanzas del partido liberal
estaban puestas en l.

Lacy, con Milans del Bosch, en combinacin con La Bisbal y algunos
otros, prepar de una manera aturdida el pronunciamiento que le perdi.
Dejando Vinaroz se present en Caldetas con el pretexto de tomar las
aguas y con el fin de ponerse al frente de la sublevacin. Al fracasar
sta, el capitn general de Catalua, don Francisco Javier Castaos,
que estaba en el secreto de la conspiracin y que haba dado el permiso
a Lacy para trasladarse de Valencia a Catalua, sabiendo a lo que iba,
mand en persecucin suya al brigadier Llauder, a Llauder que era masn
y haba estado protegido por Lacy.

Tanto Castaos como Llauder eran hombres de pocos escrpulos, capaces
de unirse a Lacy si venca y de fusilarlo si fracasaba.

Llauder sali en busca de los sublevados camino de Matar. Milans
del Bosch alcanz la frontera; Lacy, no se sabe por qu, en vez de
apresurarse a huir, para lo que tena tiempo sobrado, se detuvo y cay
preso.

Una Comisin militar le juzg y le conden a muerte; el Gobierno y
Castaos, que en este asunto represent un papel muy ambiguo, ordenaron
que Lacy fuera trasladado a Mallorca; hicieron creer al pueblo que
era con el objeto de encerrarlo solamente y al llegar al castillo de
Bellver lo fusilaron.

Al triunfar el movimiento liberal de 1820, los amigos de Lacy, entre
ellos Milans de Bosch, escribieron a la viuda para que enviara a su
hijo a educarse a Espaa; un ayudante fu a buscar a Eusebio a Quimper
y lo acompa a Barcelona.

Poco despus el muchacho asisti en Palma de Mallorca a la exhumacin
del cadver de su padre enterrado en la iglesia de Santo Domingo, que
fu transportado con gran pompa a Barcelona.

Las Cortes, para honrar su memoria nombraron a Eusebio primer granadero
del Ejrcito espaol.

Eusebio sigui en el colegio de Barcelona, siendo un motivo de orgullo
para todos, y estuvo viviendo una temporada en Madrid. Los amigos y
camaradas de su padre le hablaban de l con entusiasmo; le contaban sus
proezas y sus rasgos de energa y de valor.

Eusebio lleg a tener por su padre una adoracin ciega, que le llev a
ver con disgusto el comportamiento de su madre.

Al acabar su existencia de tres aos el Gobierno constitucional,
Eusebio volvi a Quimper y vivi soando con Espaa y con los liberales
amigos de su padre, hombres todos que le parecan de un romanticismo
exaltado, de una generosidad extraordinaria.

Crea que en Espaa todos los hombres eran valientes como el Cid y
todas las mujeres seres poticos e ideales; en cambio, tena una
profunda antipata por los parientes y amigos de su madre, que queran
hacerle comerciante y francs.

A los veinte aos Eusebio fu a Pars y poco despus a Londres. All
se hizo amigo del hijo de Milans del Bosch, conoci a los emigrados
espaoles y fu a las tertulias elegantes, en donde se distingua por
su belleza Teresa Mancha, la hija del coronel don Epifanio.

Lacy llevaba en Londres una vida muy distinta a la de los dems
emigrados; paseaba, lea, escriba un diario. Eusebio era un joven
de espritu claro y sereno; quera ver las cosas sin apasionamiento,
empresa difcil, intentando al mismo tiempo conservar el entusiasmo.

Estaba enamorado de las cosas grandes y nobles, y hubiera querido que
stas se hicieran sin trabajo, slo con abnegacin y sacrificio.

La Revolucin de Julio, sorprendi a Lacy en Londres. Como la mayora
de los liberales, al saber su resultado march a Pars, donde conoci a
Ochoa, de quien se hizo gran amigo.

Al enterarse los dos del proyecto de intervencin por la frontera de
los constitucionales se trasladaron a Bayona, y como Lacy no tena
mucho dinero, fu a vivir con Ochoa a la fonda de Iturri de la calle de
los Vascos.

Mientras llegaba el momento de batirse, Lacy viva con mucho mtodo;
tena las horas del da distribudas y segua sus costumbres formadas
en el colegio.

En cambio Ochoa se exhiba ante el pblico, tena el prestigio de
ser un hroe de la Revolucin, haba presenciado la muerte de dos
bayoneses en las calles de Pars, a los cuales se levant despus un
monumento cerca de la Catedral; conoca el francs casi tan bien como
el castellano y hablaba elocuentemente emborrachndose con su oratoria
y con los licores con que le obsequiaban los entusiastas del nuevo
rgimen.




II.

ESTAMPA DE BAYONA EN 1830


BAYONA, como siempre que ha habido trastornos en la pennsula, estaba
en 1830 llena de espaoles. Era en esta poca la ciudad del Adour, un
pueblo variado, pintoresco y un tanto indefinido. Los franceses del
Norte lo consideraban como una ciudad de aspecto espaol, para los
espaoles del medioda tena un carcter completamente francs, para
los vascos era un pueblo poco vasco y para los gascones poco gascn.
Las cuatro lenguas, el francs, el espaol, el vasco y el patois se
oan por las calles de la ciudad constantemente.

Bayona tena, como ahora, tres barrios separados por sus dos ros; la
Gran Bayona, la Pequea Bayona y Saint Esprit.

Este ltimo barrio era entonces, no solamente un pueblo separado de
Bayona, sino que hasta 1827 formaba parte de otro departamento.

Los tres barrios tenan sus fortificaciones; la Gran Bayona el castillo
Antiguo, la Pequea Bayona el castillo Nuevo y Saint Esprit la
Ciudadela.

La grande y la pequea Bayona, separadas por el ro Nive, estaban
encerradas por la misma muralla abierta en cuatro puertas, de las
cuales la ms monumental era la puerta de Francia, con sus baluartes,
sus fosos y su puente levadizo.

El barrio de Saint Esprit era un pueblo pobre habitado por judos.

Uniendo Bayona con ese barrio haba por entonces un puente de barcas,
que ondulaba, se balanceaba y cruga cuando el mar agitaba las aguas de
la ra o cuando el Adour y el Nive venan hinchados por las lluvias.
Este puente tena dos andenes para los coches, uno de ida y otro de
vuelta, y otro central para los peatones.

El puente sobre el Adour era la galera de todos los tipos de la vida
bayonesa, la calle ms concurrida de la ciudad.

Los aguadores iban a llenar sus cubas a una fuente de Saint Esprit que
se consideraba la mejor de los contornos; filas de judos de perfil
aguileo y de voces graves o agrias cruzaban el puente para correr sus
gneros; muchachas jvenes artesanas vascas y gasconas pasaban riendo;
alguna dama con miriaque y crinolina iba a hacer compras, algn _lion_
luca su frac y sus melenas, y algn refugiado espaol marchaba sombro
embozado en la capa y con el cigarrillo entre los dedos.

Por las tardes con el buen tiempo los bayoneses paseaban en la plaza
de Armas mientras tocaba la banda militar, los jvenes tenientes
arrastraban su sable con indolencia y las nodrizas hacan bailar a los
nios en sus brazos.

Cuando llova se paseaba en las Arcadas.

Al llegar el verano la gente sala al campo, iba hacia el mar, visitaba
el lago de Mouriscot y la Chambre d'Amour, y miraba a lo lejos las
crestas agudas del monte Larrun, en el cielo radiante.




III.

LAS AMISTADES DE LACY


VARIAS visitas de amigos suyos y de algunos de su padre tuvo Lacy en
su estancia en Bayona. La que ms le extra fu la de un antiguo
condiscpulo suyo en un colegio de Rennes, que se llamaba Jorge Tilly.

Tilly lleg con una seora inglesa y un abate y fueron los tres a
hospedarse a la fonda de San Esteban.

Tilly fu a visitar a Lacy y estuvieron los dos charlando largo rato.
Tilly hablaba muy mal el castellano.

Lacy se manifest en el curso de la conversacin como lo que era, un
liberal entusiasta; en cambio Tilly estuvo muy reservado; para l las
teoras no tenan importancia, sino los hechos; l crea que se poda
encontrar una posicin en que se elogiara a Felipe II y a Robespierre.

--Dado el papel que un tipo se haya propuesto ver cmo la cumple.--Esta
era la cuestin segn Tilly.

--Yo cmo voy a medir con la misma medida al que quiere ser fraile y
al que quiere ser un Don Juan?

Como Eusebio Lacy siempre haba tenido a Tilly por un extravagante no
quiso discutir con l. Le pregunt por sus proyectos.

Tilly dijo que pensaba ir a Espaa, en viaje de exploracin. Desde all
le comunicara a Lacy noticias de cmo iba aquello. Tilly era un joven
alto, rubio, de aire cansado, con la cara un poco flcida, el labio
inferior belfo, los ojos claros; tena un tipo de prncipe degenerado
de la Casa de Austria.

Lacy recordaba a Tilly de su poca de colegial, como un chico algo
mstico que quera ser fraile. Tilly se mostraba siempre muy misterioso
y no le gustaba hablar de s mismo y menos de su familia.

--Aqu te tienen por aristcrata--le deca Lacy en el colegio.

--S--contestaba l--; dicen que nosotros descendemos de los Tilly
de Normanda que tenan un castillo cerca de Caen; pero los Tilly se
han dividido en tantas ramas, que la mayora de los que llevan este
apellido no tienen entre s parentesco. Hoy hay Tillys ricos y pobres.
Yo soy de los pobres y he nacido en Jersey donde vive mi familia. Mi
padre era espaol y yo lo soy tambin, por lo tanto.

Tilly, a quien Lacy haca diez aos que no vea, se le revel en
Bayona como un muchacho cnico y atrevido, cansado de todo y con un
gran desprecio por los hombres. Pretenda ir a Espaa a hacerse una
posicin, y como crea que la tendencia liberal haba de triunfar ms
pronto o ms tarde, quera ponerse de acuerdo con los liberales.

Lacy qued un poco asombrado de la audacia y del cinismo con que su
condiscpulo se explicaba, y prometi relacionarle con los emigrados.

Consult con Milans del Bosch, con Ochoa y otros amigos, y se tomaron
informes de Tilly.

Tilly se haba convertido en un muchacho crapuloso, jugador, de una
moral incomprensible para Lacy. Al parecer tena xito con las mujeres,
a las que no trataba bien. Su cara plida, fra e impasible, su aire
elegante y de aburrimiento le hacan un verdadero _lion_.

Tilly tena unas tarjetas en donde se llamaba vizconde, en otras
caballero y en otras se anunciaba como viajante de comercio.

A pesar de que quera demostrarlo no tena seguridad en sus ideas, y
muchas veces caa en unas preguntas candorosas y absurdas.

--T no crees en las cartas?--le pregunt una vez a Lacy.

--No, hombre, no; eso es una tontera.

Tilly tena tambin unos proyectos tan poco lgicos, de una
ingeniosidad tan pueril, que dejaban estupefacto a su amigo.

Tilly, en el tiempo que estuvo en Bayona anduvo en tratos con los
judos de Saint Esprit, a quienes vendi algunas joyas para jugar o
para vivir.

La seora que le protega y a quien llamaba su prima en pblico, era
una seora inglesa de unos cuarenta aos, que se haca llamar Lady
Russell. Tilly se la present a Lacy. A Eusebio le pareci que esta
dama, por debajo de su mscara indiferente y sonriente, tena un gran
entusiasmo amoroso por Tilly y al mismo tiempo una profunda desolacin.

A Tilly le acompaaba un abate que pareca ejercer el cargo de capelln
de Lady Russell, pues esta dama era catlica. El abate era un hombre
de un aspecto selvtico y al mismo tiempo inteligente; tena el pelo
rojo, la frente tempestuosa, las facciones toscas, groseras, de hombre
de campo; el color encendido y los ojos claros y brillantes.

Tilly y el abate, en los das que estuvieron en Bayona, dejaron un
rastro de desrdenes y de crpula.

Los dos en compaa de un aventurero francs que se las echaba de muy
liberal y se llamaba Husson de Jour frecuentaban todos los lugares de
perdicin. Husson se daba por revolucionario y carbonario, que haba
peleado con Mina en Espaa en 1823 en compaa de Armando Carrel, y
era un tipo de hombre jactancioso y fanfarrn, de grandes bigotes y de
grandes actitudes.

Al prepararse a marchar a Espaa, Tilly se present a Lacy. Este, al
verle plido y desencajado, le dijo:

--Para qu haces esa vida de perdido?

--Pse! No s, la verdad, porque ya me empieza a aburrir.

--Entonces no lo comprendo.

--Yo tampoco. Que quieres? No hay hombre que no sea un enigma para los
dems y para s mismo. Unicamente los que tienen una tradicin muy
fija, como los judos, saben lo que son y lo que quieren.

--T no tienes la tradicin de ser un perdido.

--No; soy un perdido, como dices t, por abandono y algo por
curiosidad. En mi familia ha habido de todo: ricos, pobres,
revolucionarios, realistas. En m se han debido mezclar estas diversas
tendencias, y me han hecho un tipo mixto y contradictorio.

--Pero en ti est escoger una lnea y seguirla.

--Pienso hacerlo ms tarde. Ahora me voy a Espaa. Desde all te
enviar algunas cartas con clave y cifra, que te las darn aqu
descifradas.

--Bueno.

Tilly se despidi de Lacy y al da siguiente dej Bayona.




IV.

LOS GRUPOS HOSTILES


EN una ciudad pequea como Bayona, que no pasaba de los quince a diez y
seis mil habitantes, todo el mundo se conoca, y ms, como era natural,
la colonia espaola y los que estaban relacionados con ella.

Al establecerse Lacy en Bayona e intimar con sus compatriotas, vi con
tristeza que no haba entre ellos ms que odios, rivalidades y desunin.

Ya durante su estancia en Londres not las rencillas de los emigrados;
pero, naturalmente, en una ciudad inmensa las divisiones no se notaban
tanto como en un pueblo pequeo, en donde la gente se vea a cada paso.

En Londres, los constitucionales espaoles haban formado grupos que
tan pronto crecan como se achicaban, casi siempre por un motivo
personal.

El primer grupo moderado y aristocrtico estaba dirigido por hombres
de cierta cultura, como Argelles, Alava, etc. Este grupo se
caracterizaba por ser eminentemente civil, y haba rechazado, cuando se
lo propusieron, las ofertas de militares como Morillo, Ballesteros y
O'Donnell.

El segundo grupo era de los ministas o partidarios de Mina. Los
enemigos les llamaban despectivamente los mineros. Este grupo, el
ms extenso y el ms fuerte, contaba con elemento civil y militar,
pero predominaban en l los militares. Estaban en l casi todos los
oficiales de mrito refugiados en Inglaterra, Blgica y Amrica,
excepto los que tenan algn motivo de queja, fundado o no, contra el
caudillo navarro. El Gobierno ingls trataba a este grupo con gran
consideracin, y segn se deca le proporcionaba fondos para pagar sus
agentes.

En Espaa casi todos los liberales esperaban, ms que de ningn otro
jefe, de Mina. Era el que tena ms partidarios incondicionales.
Este entusiasmo ciego por Mina pareca odioso a sus rivales. Mina,
segn stos, quera ser un dolo, un santn a quien se le obedeciera
ciegamente.

Torrijos, San Miguel, Valds y otros haban roto con l por este
motivo, porque no queran obedecer con pasividad. Es posible que por
dentro hubiera en ellos un fondo de rivalidad prximo a la envidia.

Mina quera dirigir l, sin dar parte a nadie de lo que haca, y
afirmaba que gracias a su prudencia y a sus precauciones los espas del
Gobierno espaol no podan averiguar sus manejos.

Mina, mientras estaba en Inglaterra fechaba sus cartas en Plymouth y
viva cerca de Londres en una casa de campo.

El general llevaba sus asuntos con una gran cautela; para cada empresa
que se le presentaba buscaba el hombre a propsito. Se haba servido
varias veces de Sanz de Mendiondo, otras del teniente coronel Baiges,
un gallardo ex guardia de Corps, que tena fama de conquistador y
de fatuo, y otras de su secretario Aldaz. Algunas cuestiones muy
reservadas las llevaba dictando a su mujer, y otras ms secretas an
las segua l mismo, sin comunicrselas a nadie.

El zorro navarro ocultaba muy bien sus maniobras y consideraba el
secreto necesario e imprescindible.

El segundo partido militar, colocado enfrente del de Mina, lo
capitaneaba Torrijos y tena como lugarteniente al coronel don
Francisco Valds. Estos no sentan gran entusiasmo por la Constitucin
de Cdiz, como los ministas y deseaban algo ms radical. Mndez Vigo y
sus partidarios pensaban en la Repblica.

Otra faccin liberal era la de los masones, a cuya cabeza estaba don
Evaristo San Miguel, que no ocultaba su aversin por Mina.

Mina nunca haba sido un masn entusiasta: todas las mascaradas
simblicas de esta secta le producan cierta repulsin y se haba
afiliado, como Torrijos, al carbonarismo ms activo, ms eficaz que la
masonera, y al mismo tiempo, por entonces, ms internacional.

Mina, adems, haba puesto el veto a mucha gente; segn sus enemigos,
por celos, segn sus amigos, por su natural prudencia.

El partido de los masones tena relaciones continuas con las logias de
la pennsula y empleaba para ello a los capitanes de buques mercantes y
a los comisionistas.

Otro ltimo grupo era el de los ex comuneros. Estos tenan como
prestigio civil a Flores Estrada y como militares a Milans de Bosch y a
Lpez Pinto.

Los ex comuneros no podan ver a los masones, ni stos a los ex
comuneros; pero ambos grupos tenan como lazo comn el odio a Mina.
Milans el viejo lo detestaba. Haba tenido el desencanto de salir de
la isla de Jersey, donde estaba confinado, para avistarse con algunos
capitalistas ingleses liberales, pidindoles dinero para una expedicin
contra la frontera espaola, y los capitalistas haban dicho que
nicamente si Mina diriga la expedicin prestaran dinero.

El grupo ex comunero sinti el desdn de esta negativa, y el grotesco
y envidioso Romero Alpuente escribi un folleto contra el caudillo
navarro.

Adems de estos ncleos formados en Londres haba los liberales que no
queran formar grupo alguno y se consideraban independientes; tales
eran Mndez Vigo, Chapalangarra, Bertrand de Lys, el padre Asensio
Nebot y otros varios.

Cada grupo de los constitudos deseaba el fracaso del grupo rival;
cada hombre que se senta importante haca lo posible para aplastar al
compaero y para erigirse l; tenan todos ellos, unos para otros, esa
terrible ferocidad de los ambiciosos, para los cuales no hay amistad ni
comunidad de ideas.

A veces se manifestaban, sobre todo en las cartas, un afecto entusiasta
y efusivo que no pasaba de figura retrica.

Entre gente ambiciosa como aqulla, la amistad desinteresada era casi
imposible...

El hombre de accin es el que cree que obra casi exclusivamente por sus
propias inspiraciones, el que afirma ms su albedrio, el que escoge
lo que debe hacer y no debe hacer, y, sin embargo, es el que est ms
sujeto a la ley de la fatalidad, el que marcha ms arrastrado por la
fuerza de los acontecimientos.




V.

LAS ESTELAS SENTIMENTALES


MUCHOS de aquellos hombres sin haber repensado teora alguna poltica
o social, tenan no slo la certidumbre de su realidad, sino el
dogmatismo, el fanatismo y hasta la sed de martirio. Quin podr
afirmar con ms fuerza una cosa que el que no la comprende?

Estos hombres se dejaban llevar por la corriente sentimental del
momento y eran capaces de hacer por ella el sacrificio de su vida.

En nuestro tiempo, ms que en ningn otro, despus de la Reforma y de
la Revolucin se da el caso de los pueblos y de los individuos que
viven con un sentimentalismo distinto y a veces antagnico a sus ideas.

Las generaciones han ido moldeando nuestros instintos, lo consciente
y lo inconsciente, les han dado una forma, un sentido; pero en este
conglomerado de nuestra personalidad, la inteligencia se ha separado de
sus viejos compaeros y ha comenzado a marchar sola.

As, nuestra poca ha dado, ms que ninguna otra, santos sin ideas
religiosas, ateos msticos, mujeres honradas con alma de cortesanas, y
cortesanas con aspiraciones de monja.

Ante esta disociacin de su personalidad, el hombre, que antes que nada
quiere creer y poner un pie firme sobre la tierra, mira a su alrededor
y cuando encuentra una ruta la va siguiendo.

Sus antepasados no escogan, se dejaban llevar; los hombres actuales
escogen, de ah su desgracia.

Unos escogen ciega y brutalmente--la mejor manera de escoger--, otros
miran y remiran a derecha e izquierda, quieren pesar el pro y el contra
los ilusos!

Y cuando se deciden van como los dems a ciegas y siguen la estela que
dejaron las grandes corrientes sentimentales pasadas.

En todas las esferas de la actividad humana, en la religin y en
la poltica, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
sentimentales durante largas pocas histricas.

Cuntos espritus religiosos, cuya vida ha sido una serie de esfuerzos
heroicos para creer en el dogma que no creyeron, han marchado de
desilusin en desilusin sugestionados por esa mgica estela! Cuntos
grandes revolucionarios marcharon adelante con un ademn gallardo
enardeciendo a las masas, llevando el convencimiento ntimo de que
dentro de sus ideas no haba nada!

Cuntos millones de soldados muertos saban nicamente que su patria
era la que llevaba la bandera roja, la blanca o la azul, la que tena
este himno y nada ms! Y, sin embargo, han ido arrastrados por la
corriente sentimental y han hecho ante el caos ciego el sacrificio de
la vida.

En todas las esferas de la actividad humana, en la religin y en
la poltica, en la literatura y en el arte quedan estas estelas
sentimentales. Todos los grandes hechos de la historia, todas las
grandes corrientes han pasado por la inteligencia y por la sensibilidad
de los pueblos dejando una estela.

Ahora, al notar esa estela que queda en el mar de las ideas; que
es la nuestra, la que hemos escogido, quisiramos avanzar por ella
rpidamente y llegar a su ms puro origen. Ya es tarde, el barco ha
pasado para siempre y ya no volveremos a divisar sus velas.

Los astrnomos nos han hablado de que la distancia de algunos astros
es tan grande, que su luz tarda en llegar a la tierra cincuenta,
sesenta, ochenta aos. As puede muy bien suceder que una estrella haya
desaparecido o se haya desplazado, y sin embargo nosotros la sigamos
viendo en el cielo de las noches esplndidas.

Qu triste, qu melanclico resulta pensar que una de esas estrellas
que parece que nos gua y nos contempla puede no existir ya y sin
embargo, estarla viendo!

As en la vida moral y en la vida sentimental cabe sospechar el
carcter mtico de las ideas y de los dioses, y seguir en la corriente
que produjeron ellos cuando todava eran dioses e ideas.




VI.

LOS PREPARATIVOS


ESTABA el partido liberal dividido en grupos en la emigracin cuando
llegaron los sucesos de Julio de Pars, con el destronamiento de Carlos
X, y toda la grey constitucional se conmovi y fu llamada a Francia
por intermedio de los agentes de la masonera y el carbonarismo.

El gabinete de Fernando VII public contra el Gobierno de Julio un
manifiesto injurioso suscrito por Calomarde.

No pudiendo contestar a Calomarde, que en punto a la legitimidad tena
razn, el ministro de Luis Felipe, decidi asustar a Fernando VII
ayudando a los liberales espaoles.

El auxilio del Gobierno francs permiti a los constitucionales ir y
venir por Francia y acercarse libremente a la frontera.

El primer punto de cita de los emigrados se estableci en Pars.
All fueron acudiendo todos ellos desde Londres, desde Bruselas y de
Suiza. Torrijos y algunos de sus partidarios, que tenan preparada una
expedicin por Gibraltar, quedaron en Londres dispuestos a embarcarse
para la Pennsula.

Legua y Chacn, enviados por Mina antes de las Jornadas de Julio,
haban cruzado el Canal de la Mancha en un falucho. Avanzaron los dos
hasta la frontera espaola, pero fueron presos y llevados con escolta
de gendarmes hasta Calais.

Al triunfar la Revolucin los dejaron libres, Legua sin recursos fu a
Pars y presenci los acontecimientos de Julio.

En Agosto comenzaron a pasar el Canal de la Mancha los emigrados. El
11 bajaron en Calais, Bertrand de Lys, Mendizbal, Olegario Cueto, el
brigadier Palarea y Juan Llupius. Pocos das despus el coronel Valds
desembarc en el Havre.

En Pars se reunieron Valds, Legua, Aldaz el secretario de Mina,
Mendizbal y Chapalangarra. Haban pasado de Inglaterra a Francia
con la idea de ejercer una accin comn y no haba manera de que se
pusieran de acuerdo.

Legua, Aldaz y Chapalangarra, los tres navarros estuvieron a punto
de reir y de pegarse. Chapalangarra se haba separado de Mina, Legua
haba hecho lo mismo y ambos crean tener motivos de queja contra el
general. Legua se crea olvidado y estaba ofendido. Aldaz defenda a
su jefe viniera o no a cuento.

La reunin de los liberales en Pars no demostr ms que sus
divisiones. Se decidi formar una junta en Inglaterra, otra en Francia
y para secundar los trabajos de esta ltima, los radicales franceses
constituyeron una segunda junta con el nombre de Comit Espaol.

Se abri una suscripcin y las listas engrosaron rpidamente. Los
banqueros Ardouin, Calvo y Bertrand de Lys aseguraron que pronto
tendran dinero. La Junta de Francia formada por espaoles y dirigida
por Mendizbal escribi a Mina y le pregunt si poda contar con l.

Mina contest que s, y desde este momento la Junta se traslad a
Bayona.

Con los primeros fondos del emprstito comenzaron a comprarse armas y
empez el alistamiento de los emigrados.

El Comit Espaol de Pars, formado por franceses, busc el apoyo del
Gobierno de Luis Felipe y del mismo rey.

Luis Viardot, uno de los miembros de aquel Comit, fu a visitar a
Guizot y Guizot le dijo:

--Decid a los que os envan que Francia ha cometido en Espaa un crimen
poltico en 1823 y que le debe una reparacin y que esta reparacin se
llevar a cabo.

Dupont, Marchais y Lowe-Weimar, del mismo Comit, fueron a ver a Luis
Felipe. Luis Felipe dijo que Fernando VII era el mayor bribn que haba
existido. El rey de los franceses indic que la tentativa contra el
Gobierno de Fernando le pareca muy bien y di dinero de su bolsillo.

Algunos amigos de la familia de Orleans aconsejaron que se ayudara a
destronar a Fernando VII y en ese caso se ofreciera la corona de Espaa
al duque de Nemours, hijo de Luis Felipe, a quien se casara con la
reina doa Mara de la Gloria de Portugal, con lo cual se reuniran en
su cabeza las coronas de los dos reinos peninsulares.

El rey de los franceses comprenda muy bien que estas combinaciones
no se hacen cuando se quieren y vi en el asunto de los emigrados
espaoles nicamente una manera de imponerse al Gobierno de Calomarde
para que le reconociera como rey de Francia.

Con la proteccin de Luis Felipe y del Gobierno, los espaoles creyeron
que el triunfo estaba asegurado. Todos los das grupos de treinta, de
cuarenta, de cincuenta hombres iban hacia la frontera. Hojas de ruta
autorizadas por el prefecto de polica favorecan los viajes. Haba
depsitos de armas con el consentimiento expreso de Montalivet y de
Guizot.

La imperial de las diligencias de Burdeos a Bayona estaban siempre
retenidas por los agentes espaoles para los emigrados. Estos suban a
sus asientos y hablaban, rean y a veces gritaban:

--Viva Espaa! Viva la libertad!

--Pronuncian _Biba_--deca algn francs con asombro.

Y el seor culto y erudito recordaba la frase de Escaligero sobre los
espaoles que parece de algn gran aficionado al vino: Felices populi
quibus vivere est bibere.




VII.

UNA CARTA DE TILLY


ESTABA Lacy olvidado de Tilly cuando de la fonda de San Esteban donde
viva la inglesa Lady Russell le enviaron una carta de Lacy con
anotaciones y entre parntesis puestos despus con otra letra. Era la
carta de una ingeniosidad un tanto pueril como muchas de las cosas
pensadas por Tilly. Estaba redactada en estos trminos:

  "Querido Lacy: Te escribo como te promet para darte noticias de
  lo que pasa en la corte celestial. Mis informes son malos para
  vosotros. Ah no lo creern, pero yo veo que en esta comedia el
  Matemtico (_Luis Felipe_) se entiende con Calgula (_Fernando
  VII_) que se ha asustado con los preparativos de los ilusos
  (_los liberales_). Era lo que buscaba la gente del Palacio Real
  de Babilonia (_Pars_). El Gobierno babilnico (_el Gobierno
  francs_) va a prohibir de un momento a otro la salida de los
  ilusos (_liberales_) de sus puntos de acantonamiento, impedir las
  reuniones y decomisar los instrumentos de trabajo (_las armas_).
  Los agentes del Matemtico (_Luis Felipe_) hacen creer a los ilusos
  (_liberales_) que estas medidas son para cubrir el expediente, pero
  no hay nada de eso.

  Calgula y su Caballo (_Fernando VII y Calomarde_) al saber por sus
  hurones (_espas_) que se estaban organizando grandes mascaradas
  (_juntas de insurreccin_) en Babilonia y en Nnive (_en Pars y
  en Londres_) reunieron el Consejo de familia (_Consejo de Estado_)
  para deliberar con los familiares (_los ministros_).

  Hubo grandes disentimientos en la opinin de los consejeros.

  Un partido aconsej reunir el Agora de Esparta (_las Cortes
  de Espaa_) publicar una amnista y dar una carta biagrica
  (_constitucin de dos Cmaras_) para neutralizar la accin de los
  ilusos (_liberales_), el otro quera la represin a todo trance
  aumentando el efectivo de los mamelucos (_voluntarios realistas_) y
  dejando Esparta (_Espaa_) como hace siete aos.

  El Caballo de Calgula (_Calomarde_) tiene hurones (_espas_)
  entre los ilusos (_liberales_) y sabe da por da lo que ocurre
  entre ellos.

  De estos hurones (_espas_) uno es el comandante don Antonio Oro.
  No es oro todo lo que reluce. Los otros son el francs que andaba
  conmigo, Husson de Jour, que no s si seguir an en Villa-aburrida
  (_Bayona_) y un espaol, don Manuel Ruiz, que ha recorrido con
  fines de lince (_de polica_) la frontera babilnico-espartana
  (_franco-espaola_).

  El Caballo de Calgula (_Calomarde_) tiene hormigas leones
  (_agentes procuradores_) en el campo iluso (_liberal_).

  Los tres bajs de la frontera babilnico-espartana (_los capitanes
  generales de la frontera_) han remitido rdenes de vigilarla
  estrechamente.

  Los jefes de los perros de presa (_los tercios_) y los mamelucos
  (_voluntarios realistas_) quedarn a las rdenes de los bajs
  (_capitanes generales_).

  Va a publicarse un Irad (_Real decreto_) poniendo en vigor otro de
  1825 contra los ilusos (_liberales_) cogidos con los instrumentos
  entre los dedos (_las armas en la mano_) y contra los que les
  presten socorro, un asilo, o tenga con ellos correspondencia.

  La pena de empalamiento (_muerte_) alcanzar por la menor cosa,
  la sospecha de complicidad bastar para gozar de la hospitalidad
  econmica (_ir a presidio_).

  Al mismo tiempo que el Caballo (_Calomarde_) toma estas medidas,
  hace reclamaciones enrgicas al Matemtico (_Luis Felipe_), a quien
  no quiere reconocer, amenazndole con represalias y con formar
  cuerpos de camellos babilnicos (_realistas franceses_) que ataquen
  a Babel (_Francia_) por el medioda.

  El baj general de la Marca (_el capitn general de Catalua_) y el
  de Vardulia (_Guipzcoa_), los dos babilnicos (_franceses_) y los
  dos elefantinos (_absolutistas_) trabajan en el reclutamiento de
  los emigrados babilnicos (_franceses_).

  Estas medidas segn se dice han hecho mella en el Gobierno
  babilnico (_francs_) que os empezar a poner trabas dentro de
  poco.

  El acuerdo debe estar hecho. Esparta (_Espaa_) reconocer al
  Matemtico (_Luis Felipe_) y no favorecer a los elefantinos
  babilnicos (_absolutistas franceses_) y Babel (_Francia_)
  dificultar en cambio los trabajos de los ilusos espartanos
  (_liberales espaoles_).

                                                       Tu amigo
                                                          EL ESQUELETO"

Eusebio Lacy qued asombrado al leer esta carta que tena entre
ingeniosidades infantiles datos que parecan ciertos. La copi,
poniendo los verdaderos nombres y fu a lersela a sus amigos entre
ellos a Valds y a Milans del Bosch.

Las noticias de la carta alarmaron a los liberales. Se busc al
comandante Oro para pedirle explicaciones, pero Oro haba desaparecido.
Husson de Jour haba salido tambin de Bayona.

Los de Valds dijeron que respecto de Oro no les chocaba nada que fuese
traidor, porque era amigo de Mina. Los ministas, en cambio, dijeron que
haca tiempo que Oro no se trataba con su jefe.




VIII.

LOS JEFES


CON motivo de la carta de Tilly y de sus denuncias, Lacy habl con
los principales jefes de la emigracin largamente y tuvo ocasin de
conocerlos.

Los encontr muy distintos de lo que l supona.

Eran todos ellos gente de una ambicin fuerte y exaltada, poco
inteligentes, nada razonadores, fanticos, arbitrarios y devorados por
la ambicin del mando; tenan en general la actitud orgullosa de los
virreyes de Amrica.

La mayora eran hombres de poca lectura y de menos reflexin, aceptaban
la ideologa liberal porque era la del momento y la del posible xito,
quizs no la sentan fuertemente ni les importaba gran cosa el fondo
humano encerrado en ella. En su vida eran austeros; no haba entre
ellos epicreos, ni comilones, ni borrachos, su mayor vicio era el
juego. No tenan tampoco efusiones, ni recuerdos sentimentales, ni
recitaban versos, ni cantaban canciones patriticas.

Haba entre esta gente pocas amistades sinceras, porque cada uno lo
quera todo para s, de ah las rivalidades, los odios, la envidia y la
eterna suspicacia.

Tenan todos ellos con la fraseologa de la Revolucin el instinto del
soldado espaol del siglo XVI. En ellos lo nuevo con relacin a los
militares espaoles antiguos era el anhelo de pasar a la historia, de
quedar erguidos ante la posteridad. En los antiguos soldados, el summun
era el mandar y el enriquecerse, en stos el ideal era el mandar y el
pasar a la Historia, pero como buenos espaoles no queran pasar a la
Historia por un trabajo largo y persistente, sino por un golpe de mano,
por una aventura de suerte en que se ganase la gloria o se perdiera la
vida. El ejemplo de la fortuna de Napolen, el teniente de artillera
transformado en Emperador haba trastornado el juicio a los militares
de la poca.

Con la esperanza del momento de fortuna estaban todos llenos de ansia;
la presencia del rival que se encontraba en la misma actitud les
molestaba.

Eran casi todos ellos gente orgullosa, individualista, que en vez de
ir arrastrados por el pueblo tenan que suponer que ste les buscaba,
lo que no pasaba de ser una ilusin. Eran conspiradores ms que
revolucionarios muchos de gustos aristocrticos. Se hubieran reunido
mejor con Catilina que con Danton. No vean posible en Espaa ms que
el pronunciamiento y cada uno quera hacer el papel de Riego en 1820
aunque tuvieran que sufrir el de Riego en 1823.

Como casi toda la gente que toma parte en movimientos revolucionarios,
procedan de distintos campos, venan de los cuatro puntos cardinales.
En una poca en que se viajaba poco, el que ms y el que menos haba
estado en Francia, en Inglaterra, en Alemania, en Amrica, en Africa y
en Oceana.

Las mujeres de estos militares no intervenan jams en las cuestiones
polticas; en general la casa de cada uno estaba cerrada para los
amigos de la calle y del caf.

Las amistades no eran muy profundas. El exceso de personalismo les
haca con facilidad hostiles unos para otros. Suponan quizs que
haba una cantidad de gloria comn y que si uno coga mucha a los
dems les deba quedar poca o nada.

No haba posibilidad entre ellos de dilogos, sino de una serie de
monlogos, cada cual recitaba el suyo con un aire desafiador, con la
mano puesta en el puo de la espada y no quera oir ni enterarse de lo
que los otros decan. De aqu que la Revolucin espaola tuviera tan
poco seso. Era una Revolucin de Don Juanes y de Don Juanes sin xito.

Al irlos tratando a cada uno de ellos, Lacy qued un poco asombrado
y desencantado. Qu esperan estos hombres?--se pregunt l--. Qu
quieren?

La mayora eran soldados de la guerra de la Independencia y soaban
con triunfos de espada y aventuras. Algunos haban absorbido las ideas
liberales de Francia y de Inglaterra que no les haban modificado los
instintos ancestrales, en general aceptaban como un dogma el valor del
papel impreso.

Para ellos lo escrito con letras de molde tena siempre una virtualidad
misteriosa y estaban dispuestos a escribir en los peridicos protestas,
contra-protestas, rectificaciones y vindicaciones.

Ninguno se manifestaba verdaderamente liberal capaz de benevolencia,
de transigencia, todos eran militaristas y ordenancistas.

El mismo Espoz y Mina, valiente como un len y prudente como un zorro
en sus empresas polticas, hombre que saba disimular la violencia
de su carcter con frases ambiguas, era, tratndose de cuestiones
personales, de un arrebato impulsivo; a la menor ofensa arda su alma
con una clera desesperada y furiosa.

Gaspar de Juregui, el Pastor, otro de los jefes, era un guipuzcoano
que una el valor con la astucia. Zumalacrregui, segundo de su
partida en la guerra de la Independencia, le haba enseado a leer y
a escribir. Juregui consciente de su ignorancia no haba pretendido
salir de ella y su conformidad de campesino con su incultura le haba
dejado siempre en un segundo plano.

Chapalangarra era un solitario, un mstico que tena la fiebre de la
fama y del martirio; San Miguel un retrico, un escritor mediocre y
difuso.

Respecto a Lpez Campillo y a Legua, los dos valientes guerrilleros,
no tenan condiciones para ser primeras figuras.

Los nicos hombres que podan ponerse frente a Mina, por su influencia
entre los dems, eran don Manuel Gurrea y don Francisco Valds.

Mndez Vigo, que pretenda ser jefe, no arrastraba a nadie y era un
motivo de discordia por su radicalismo inoportuno.

Don Pedro Mndez Vigo estaba acusado de haber mandado dar muerte a los
prisioneros realistas de la Corua en 1823, hacindolos naufragar por
un procedimiento a lo Carrier. Mndez Vigo era de ideas audaces y de
muchas pretensiones. No serva ni para mandar ni para obedecer.

Gurrea, el otro rival de Mina, no le haba declarado la guerra y
esperaba el momento. No as don Francisco Valds. El coronel Valds
haba roto las hostilidades con Mina y lo trataba como a un enemigo.

Valds pretenda haber tenido la prioridad en la idea de la expedicin
a la frontera despus de la Revolucin de Julio y consideraba la
intervencin de Mina como una usurpacin.

Valds era hombre altivo, soberbio, con una exaltacin personal grande,
ambicioso, poco inteligente y lleno de desconfianza.

Valds era castellano, de Mstoles. En su juventud haba estado en
Dinamarca con el marqus de la Romana, haba hecho la guerra de la
Independencia y la campaa de 1823 y dirigido el golpe de mano de
Tarifa de 1824.

La hostilidad de Valds contra Mina y de Mina contra Valds, proceda
de una porcin de causas y principalmente de los respectivos
caracteres. Como militar de carrera, Valds era poco amigo de los
guerrilleros, como hombre que se haba distinguido en el Medioda
nada afecto a la gente del Norte. A Mina le pasaba lo contrario, era
guerrillero y nordista.

En los dos caudillos exista un fondo de patriotismo y un deseo de
mando. La comunidad sola de estos sentimientos y el afn subsiguiente
de defender y realzar su figura histrica en Mina y de buscar el medio
de destacarla en Valds deba hacerlos enemigos y ponerlos frente a
frente.

Tanto el uno como el otro eran valientes, atrevidos y ambiciosos, pero
Mina tena el valor lleno de audacia y de prudencia; en cambio Valds
era ms rectilneo y de menos recursos. Mina saba a las veces ser
soldado y diplomtico, Valds no saba ms que ser soldado y soldado
de filas. Mina tena un conocimiento innato de la psicologa de los
hombres, sobre todo de los suyos, saba por lo tanto arrastrar y
convencer, Valds no saba ni lo uno ni lo otro.

Adems de estos motivos hondos y personales existan otros polticos e
ideolgicos para el divorcio de ambos jefes.

Mina tena el entusiasmo por la Constitucin de Cdiz y por los hombres
de aquella poca, era anglmano, partidario de guardar las formas y
consideraba necesario que hubiera en Espaa una clase directora. Le
quedaba tambin respeto por Fernando que al fin y al cabo era el Rey y
no quera oir hablar ni en broma de la Repblica.

Valds crea que el liberalismo de Cdiz haba pasado ya, que era
necesario sustituirlo por otro ms activo; tena admiracin por la
Francia revolucionaria, era militarista y demagogo, odiaba a Fernando
VII y crea que deba prepararse la posibilidad de la Repblica. Valds
haba llegado tarde a la lucha. Se encontraba entre soldados que
representaban ms que l y quera ponerse a su altura.

Los dos jefes, speros y orgullosos, no podan venir a un acuerdo.
Valds vea en Mina un caudillo a la antigua que mandaba despticamente
como un pater familias romano, le molestaba tambin verle en la
prctica regionalista, siempre con sus navarros y sus vascos.

Valds era castellano y por lo tanto ms universal, menos regionalista.
Le indignaba y le sorprenda la suerte de Mina y el xito que ste
haba conseguido en Inglaterra. Valds era un radical, todos los
radicales se unan a l encontrando tibio a Mina. Algunos de los
antiguos ministas como Fermn Legua se haban pasado a su bando.

El caso de Chapalangarra y su enemistad contra Mina era de otra clase.
Chapalangarra discurra y senta como Mina, pero crea vivamente que
tena motivos serios personales de odio contra el general.

Al lado de los militares y oscurecidos ante ellos estaban los paisanos
adictos a la Revolucin. Sin tribuna donde perorar y en el extranjero
no tenan prestigio alguno.

Eran en su mayora literatos, jurisconsultos, oradores, no bastante
fuertes para ser conocidos fuera de Espaa. Entre ellos haba algunos
hombres de mrito como Flores Estrada y algunos polticos de talento
como Mendizbal, pero la mayora era gente slo brillante, incapaz de
una obra profunda e incapaz tambin de dominar y de arrastrar a los
hombres.




IX.

GESTIONES DE LACY


UNOS das despus de recibir la carta de Tilly y de leerla a los amigos
y jefes, iba Lacy enviado por la Junta de Francia a Camb a ver a
Chapalangarra.

Se quera que Chapalangarra se aviniera a razones y no intentara hacer
un movimiento solo y sin contar con los dems jefes. Se haba escogido
a Lacy para esta comisin por su juventud y por el prestigio de su
apellido entre los liberales.

Lacy sali de la posada de Iturri y fu a la parada de la diligencia La
Bayonesa que sala para San Juan Pie de Puerto y pasaba por Ustariz y
Camb.

--El interior est lleno--le dijo el empleado--la berlina dem. Tiene
usted un puesto en la imperial.

--Bueno.

Lacy subi en la imperial de la diligencia en donde iban una mujer
gruesa, un campesino y dos emigrados espaoles. La baca estaba llena de
fardos, de bultos y de cestas.

Pas el coche por la puerta de Mousserolles, y comenz a marchar por la
carretera.

El tiempo era de otoo, con un sol claro y brillante.

El mayoral de La Bayonesa iba magnfico de seguridad y de petulancia.
Era corpulento, rojo, de patillas grises.

Manejaba sus cuatro caballos con una seguridad y un aplomo dignos del
mismo Nern. Vesta irreprochablemente gran redingot gris, corbata roja
y guantes amarillos.

--Eh, Lajeunesse!--le decan. Se llamaba as.--A ver esa caja, esa
sombrerera. Y Lajeunesse coga los paquetes de la baca, los lanzaba a
los mozos, agarraba los que le enviaban al aire, silbaba, hablaba a
sus caballos, cruzaba las aldeas por callejuelas estrechas, torciendo
rpidamente, siempre grave y solemne hasta detenerse en la posta. All
hablaba, beba y deca: Eh, seores, arriba y se lanzaba de nuevo a la
carretera a correr al comps del estrpito de las campanillas.

Cuando Lacy, despus de contemplar el campo, mir a sus compaeros
de viaje de la imperial vi que uno de ellos era un seor grueso que
acababa de conocer das antes y llegaba de Bruselas. Se llamaba don
Juan Olavarra. El otro espaol Eusebio Lacy saba que era emigrado,
pero no lo conoca de nombre.

Olavarra entabl conversacin con Lacy y se manifest muy pesimista
acerca de la empresa liberal.

--Para m no cabe duda--dijo--que hay un acuerdo entre el Gobierno
francs y el espaol. Por eso nuestra situacin empeora.

--Yo no lo veo as--dijo Lacy.

--Pues no cabe duda. Luego nuestros recursos van mal. El emprstito
negociado por las casas Ardouin y Calvo que haba comenzado tan
brillantemente se agota. Los reclutamientos, los envos de armas y de
municiones se dificultan y son detenidos por la polica francesa, las
hojas de ruta y los pasaportes que se haban acordado a los refugiados
espaoles y a los voluntarios extranjeros se han suprimido. Muchos al
verse as abandonados por unos y vigilados por el Gobierno comienzan a
maldecir de Francia y a volverse a sus casas.

--Yo no veo que esto vaya tan mal--dijo Lacy.

--No le quepa a usted duda. Va muy mal--replic Olavarra--la unin que
produjo entre los emigrados el entusiasmo y la esperanza se ha roto.
Esto toma ya mal aspecto, el aspecto de la descomposicin.

Despus de exponer las mil dudas que le sugera la expedicin liberal,
el seor Olavarra habl de sus proyectos. Era el buen seor un
arbitrista; quera transformar el comercio, la economa, la raza
y hasta la geografa de Espaa. Para todas sus utopas tena un
precedente.

--No crea usted que esto es un absurdo. Esto se ha intentado en
Escocia, en el Canad, en Blgica y en Australia, y lo han preconizado
hombres tan ilustres como tal, cual (y aqu citaba ocho o diez nombres
extranjeros).

El espaol desconocido que al principio de la conversacin iba muy
fosco, miraba despus sonriendo al arbitrista.

Al llegar la diligencia a una venta del camino de Villefranque, el
seor Olavarra y el campesino francs bajaron a tierra.

El coche ech a andar y quedaron en la imperial el emigrado desconocido
y Lacy.

--Conserve usted el entusiasmo con gente as--exclam el emigrado y
solt despus un par de ternos.

--Es usted de los nuestros?--le pregunt Lacy.

--Yo soy Fermn Legua.

--Ah! Le conozco a usted de nombre. Yo soy Lacy.

Se dieron la mano.

--Va usted a Camb?--pregunt Lacy.

--No; voy a San Juan Pie de Puerto, a ver a Juregui y a Fermn
Sarasa que estn all. A la vuelta me detendr en Camb a hablar con
Chapalangarra.

--Tiene usted buenas impresiones, seor Legua?

--Buenas, s. Hay que seguir adelante. De otra manera no se puede hacer
nada. Lo malo es la vacilacin. Hay que elegir un plan, y a l con los
ojos cerrados.

Esto lo dijo Legua asocindolo con toda clase de ternos y de
interjecciones.

--Usted no es ahora amigo de Mina, don Fermn?

--No. Me ha abandonado de mala manera. A pesar de eso, yo le
tengo cario al general; pero es demasiado absolutista. Que rie
con Chapalangarra o con Valds? Pues ya no se puede hablar de
Chapalangarra o de Valds. Son unos necios, soberbios y ridculos. No
tanto. Todos tenemos un poco de culpa en lo que pasa.

--Mina debe ser muy exclusivista...

--S, mucho; pero aqu lo malo no es que sea exclusivista, sino que no
se decide. Hay unos que dicen que basta acercarse a la frontera para
que todos los espaoles de nuestras ideas se levanten; otros dicen
que no, que es necesario tener apoyo en la pennsula. De stos es
Mina. Pero si lo crea as, para qu ha aceptado el proyecto de la
expedicin si no le gustaba? Valds, Gurrea, Chapalangarra, Juregui y
yo con ellos, tomamos en Pars la iniciativa esta. Si no le gustaba a
Mina, para qu tom parte en ella? Poda habernos dejado a nosotros la
responsabilidad y la direccin.

--Es que le escribieron, le instaron...

--Ya lo s; pero poda no haber aceptado.

--Hubieran dicho que era una cobarda.

--S, es verdad. En fin, veremos a ver qu sale de esto.

Al llegar a Camb, Lacy se despidi de Legua y baj de la imperial.

Chapalangarra viva en una posada del barrio bajo de Camb. El bajo
Camb era entonces una pequea aldea escondida entre rboles, al pie de
una colina poblada de robles; sus casas, antiguas y negras, estaban en
parte ocultas por emparrados verdes.

Lacy pregunt por la posada que le haban indicado y entr en ella. Era
un fonducho solitario, con un comedor en la parte baja y una taberna.

En el comedor de este fonducho paseaba Chapalangarra de arriba a abajo,
mirando al suelo, con las manos en la espalda.

En un rincn de la mesa jugaban a las cartas cuatro muchachos, y un
joven melenudo, el poeta Espronceda, lea sentado en un sof.

Al presentarse Lacy, Chapalangarra le invit a salir para hablar
libremente. Tena miedo de los espas y no confiaba gran cosa en los
jvenes que le acompaaban.

Chapalangarra era hombre serio, fuerte, grave, de unos cincuenta aos;
un tipo oscuro, ceudo y sombro. Tena la piel ennegrecida por el sol,
los ojos grandes, negros; iba afeitado, con tufos sobre las orejas.
Se le hubiera podido tomar por un cura. Hablaba a trompicones y era
desaliado en el vestir.

Durante ms de una hora fu Chapalangarra hablando, accionando,
quejndose de la frialdad y de la falta de entusiasmo de la gente...

La tarde de otoo estaba tan esplndida, el campo tan lleno de aromas,
de colores, de pjaros, que Lacy miraba a veces al guerrillero
preguntndose si no dejara un momento sus resquemores para echar una
mirada a las maravillas de la Naturaleza; pero Chapalangarra no vea
ms que su mundo interior de violencias y de pasiones.

Era el coronel de Pablo, apodado Chapalangarra, de la Ribera de
Navarra, de Lodosa, tierra spera, fea y caliente.

Haba peleado en la guerra de la Independencia a las rdenes de Mina;
despus, en los aos de 1820 al 1823, concluy su campaa defendiendo
como gobernador militar, la ciudad de Alicante hasta lo ltimo.

En la poca de su emigracin en Londres, de Pablo se present a Mina,
y en la primera entrevista ri con l. Chapalangarra quera ir a
Espaa inmediatamente a levantar partidas liberales para restablecer la
Constitucin.

Mina intent convencerle de que era imposible, de que faltaba dinero
y medios de todas clases. Chapalangarra se indign y acus a Mina de
tibio y de indiferente.

Ya para aquella poca Torrijos haba formado su partido radical
entre los emigrados, en contra del de Mina que era ms conservador.
Chapalangarra fu invitado por los amigos de Torrijos a entrar en l;
pero no quiso y se decidi a vivir solo, separado de todo el mundo, sin
amigos ni partidarios.

Chapalangarra tena la preocupacin de Mina y hablaba constantemente de
l.

Por entonces, en un peridico ingls, sali un artculo en el que se
acusaba a Chapalangarra de actos de tirana y de rapia cometidos en el
ao 1823 cuando gobernaba Alicante.

Chapalangarra denunci ante los tribunales al autor del artculo, y
ste, temeroso de ser condenado, propuso retractarse en el peridico y
darle al guerrillero una cantidad como indemnizacin.

Acept Chapalangarra el trato, cogi el dinero e inmediatamente fu a
casa de Mina.

--Ya hay dinero para la Revolucin--le dijo, y le entreg todo lo que
le haban dado.

Mina acept la cantidad por no defraudar las esperanzas de su paisano;
pero ste al ver que pasaban los das y no le avisaban sinti redoblar
su furor contra el caudillo, a quien acusaba de egoismo, de frialdad y
de falta de entusiasmo.

Chapalangarra entonces pens formar rancho aparte con Gaspar de
Juregui (el Pastor) y que ste rompiera con Mina; pero Juregui crea
en la estrella de Mina y no quera abandonarle por ningn motivo.

Era muy monorrima la reconvencin de Chapalangarra contra los polticos
para un hombre como Lacy, que crea que en el mundo haba algo ms
que guerras y revoluciones. Lacy se cans pronto de las quejas del
guerrillero y pretext tener prisa.

Volvieron los dos a Camb, y al llegar cerca del puente Lacy vi que un
seor le saludaba. Era Miguel Aristy que iba a montar en un tilbur.

--Quiere usted venir a Ustariz?--le dijo.

--Muchas gracias, seor Aristy.

--Si no ha trado usted coche, tiene usted que esperar hasta maana.

--No le estorbar a usted?

--No, no; de ninguna manera. Contentsimo en tener compaa.

Lacy se despidi de Chapalangarra y mont en el cochecito de Aristy.

--Me han dado dos horas de poltica aburridsimas--exclam Lacy.--Tena
ganas de mirar el campo. Qu tarde ms esplndida!

--Mal poltico--exclam Miguel Aristy dando una palmada a Lacy.--Un
poltico que quiere mirar los montes y las flores! No ser usted un
Richelieu, ni un Pitt.

--Pse. No me importa.

Y Miguel Aristy y Eusebio Lacy dejaron el bajo Camb, y al trotecillo
del caballo fueron bordeando el ro hasta llegar a Ustariz.




LIBRO TERCERO

LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS




I.

VELADA EN GASTIZAR


VA usted a quedarse en Ustariz?--pregunt Miguel.

--S, ir a la Veleta.

--No, no; si se queda usted en Ustariz, tiene usted que parar en mi
casa.

--No me gusta molestar.

--Molestar! Ya se conoce que no vive usted en el campo! Si viviera
usted aqu, ni en broma dira usted eso.

--Por qu?

--Una persona nueva, cualquiera, en uno de estos pueblos vascos, tan
quietos, tan inmviles, es un acontecimiento; y cuando no se trata de
un cualquiera, sino de un joven distinguido como usted, es un motivo de
conversacin para un par de semanas.

--Creo que exagera usted.

--No. Ciertamente que no. Qudese usted esta noche.

--Bueno; me quedar.

Al parar delante de Gastizar y bajar del tilbur pasaron dos seoras, a
quienes saludaron Aristy y Lacy.

--Son dos damas espaolas--dijo Lacy.

--S. Las conoce usted?--pregunt Aristy con viveza.

--No. El otro da, cuando vinimos aqu a ver al coronel Malpica, las
encontramos en la posada, que se haban refugiado por la lluvia, y el
posadero nos dijo quines eran.

--Ah!

Miguel Aristy dej el coche y el caballo al cuidado de Ichteben, a
quien pregunt:

--Dnde estn las seoras?

--Ah, en el prado.

--Bueno. Entonces vamos por aqu, amigo Lacy. T desengancha el coche.

--No--replic Ichteben.

--No? Pues qu hay?

--Est la mujer de tu hermano, y la tengo que llevar a Chimista.

--Bien. Est bien.

Miguel y Lacy cruzaron la huerta y subieron a un prado en cuesta con
un manzanal. En lo ms alto haba un bosquecillo de robles y a su
sombra estaban madama Aristy, madama Luxe y su hija Fernanda, las dos
seoritas de Belsunce y Dolores Malpica, con los chicos.

Dos mozos, con la cabeza cubierta por grandes sombreros de paja,
estaban segando hierba con la guadaa.

Miguel present a Lacy, que fu muy bien acogido por las damas. Madama
Aristy le trat con gran amabilidad, y Alicia Belsunce y Fernanda Luxe
quisieron averiguar poco despus si el muchacho presentado a ellas
estaba enamorado o no.

Lacy tena deseos de hablar con la hija de Malpica, y le pregunt por
el coronel. Ella le contest que le inquietaba su llegada; tema que
viniera a llevarle a su padre.

Miguel, que se haba tendido en la hierba, dijo:

--Oiga usted, Lacy; si quiere usted le traern aqu algo para beber:
vino, sidra o leche.

--Tomar un vaso de leche.

--La quiere usted cocida o recin ordeada?--pregunt madama Aristy.

--Es igual.

Madama Aristy llam a uno de los mozos que cortaba la hierba, que
vino al poco tiempo con dos vacas, una de ellas seguida de un ternero
recental que corra dando saltos y enroscando la cola.

Alicia Belsunce se levant y orde a la vaca en una jarra de madera
que dej en la hierba.

--Oh, Buclicas de Tecrito! Gergicas de Virgilio! pastorales de
Longus! Bergeries de Racan!--exclam Miguel--. Alicia, al mirarte me
figuro a Mara Antonieta en el Petit Trianon. El mejor da querrn
cortarnos a nosotros la cabeza, y lo ms triste es que tendrn razn.

--Qu tonteras!--dijo madama de Aristy haciendo un gesto de
impaciencia.--Parece mentira que mi hijo diga estas tonteras.

--Y eso que tiene tanto talento--exclam Fernanda.

--Gracias, hija ma!--exclam Miguel.

--El talento de Miguel es como los fantasmas, no se presenta ms que a
los que los temen--dijo Alicia.

--Alicia se nos va a convertir en la seorita La Rochefoucault.

Alicia hizo un gesto de desdn. Bebieron leche Lacy y Fernanda Luxe.
Miguel dijo que prefera fumar una pipa. Efectivamente, la encendi;
de pronto, sealando el torren de Gastizar, dijo:

--Nuestra veleta est terrible estos das; se agita con nerviosidad.
Sabe usted, Lacy que tenemos una veleta misteriosa?

--S; ya he odo hablar de ella.

--Ha llegado su fama hasta Espaa?

--No, todava no.

--Pero usted cree que llegar?

--Es posible.

--La verdad es que ese viejo dragn tiene actitudes cmicas. Luego,
como est desnivelado, eso le hace ms gracioso.

--Meter mucho ruido al girar.

--S, bastante.

--Van ustedes a llegar a tenerle miedo.

--S, s, es muy posible.

Dolores, la hija de Malpica, tena que marcharse con sus chicos y se
despidi de todos. Los dems decidieron volver a casa y fueron despacio
hacia Gastizar.

Gastizar en el interior estaba restaurado en tiempo del Imperio. Casi
todas las habitaciones se hallaban tapizadas con papeles con figuras
pseudoclsicas. Los muebles eran de caoba, y se vean en las paredes
cuadros medianos de la escuela de David y de Gerard.

Algunas habitaciones, como el saln, las haba arreglado Miguel Aristy,
ms severamente, al gusto antiguo, con muebles de su madre y cuadros
oscuros de la escuela de Claudio Lorena. El zagun amplio de la casa,
enlosado de piedra, tena unas estatuas toscas que deban de haber
salido de alguna iglesia o convento desmantelado en 1793.

Adems de los campos tena Gastizar una huerta muy grande y un jardn.
Cruzando esta huerta, desde la parte de atrs de la casa iba hacia el
ro, una calle de perales en arco que terminaba en un cenador con una
mesa y unos bancos rsticos. De esta plazoleta del cenador se bajaba al
Nive, a cuya orilla haba un rbol donde sola estar atado un bote.

La seora de Aristy no quera ir al cenador, porque encontraba que era
sitio hmedo y malsano. Miguel, en cambio, sola pasar muchas horas en
aquel rincn y pescaba barbos y anguilas.

Despus de pasear por la huerta fueron al saln, en donde Alicia toc
el piano. Haban llegado el caballero de Larresore, el padre Dostabat y
el joven Darralde Maulen, a quienes present Miguel a Lacy.

Madama Luxe y su hija, Larresore y el padre Dostabat se quedaron a
cenar y fueron en la mesa diez personas.

Se habl largo rato, y despus de las diez se retiraron madama Luxe y
su hija con Darralde Maulen y el padre Dostabat.

--Usted se acuesta temprano, Lacy?--pregunt Miguel.

--No; porque me suelo dormir tarde.

--Entonces qudese usted. Charlaremos al lado del fuego.

Quedaron, cerca de la chimenea, Miguel, Lacy, Darracq y el caballero de
Larresore.

Hicieron Miguel y el caballero varias preguntas acerca del propsito de
los emigrados espaoles, y en el curso de la conversacin hablaron de
las dos seoras del chalet de las Hiedras, a quien haba visto Lacy por
primera vez en la posada de la Veleta.

--Yo tengo mis dudas acerca de estas damas--dijo Miguel--. Sera
desagradable que tuviramos aqu dos intrigantes.

--Qu ttulo llevan esas damas?--pregunt Lacy.

--La ta se hace llamar condesa de Vejer.

--Y de dnde es?

--Del mismo Vejer, que debe ser un pueblo de la provincia de Cdiz.

--Yo preguntar en Bayona a algn gaditano--dijo Lacy.--Y qu vida
hacen?

--Las dos son muy devotas; van todos los das a misa con un aire muy
compungido. En su casa tienen muchas imgenes religiosas; pero nada de
esto me convence. Hay en ellas algo sospechoso. Son unas espaolas que
no hablan nunca espaol. Luego, un criado de aqu de casa dice que un
da las oy discutir a ta y sobrina insultndose con palabrotas. Es un
poco extrao.

--S, muy raro es. Y ustedes no las conocan de antes?

--No.

--Estuvisteis bastante torpes en aceptarlas en la casa--indic
Larresore.

--Yo no estaba aqu--dijo Miguel--cuando mi madre les alquil el chalet
de las Hiedras. Si yo estoy, no les alquilo. Parece que traan una
recomendacin de Bayona. Al principio, mi madre pareca contenta; luego
estuvo diciendo que las iba a echar, que deban ser dos intrigantes, y
despus de repente ha cambiado y no quiere oir hablar de despedirlas.
Yo estoy convencido de que es mala gente. La vieja, la que se hace
llamar condesa, tiene todo el aire de una cortesana, aduladora, con
gran tendencia a la tercera; la joven es de mala ndole.

--Y usted no ha preguntado a nadie quines son?--dijo Lacy.

--S; he preguntado a los amigos de Bayona, pero no las conocen.
Algunos han odo hablar de ellas como de unas seoras espaolas, y nada
ms.

--Tienen acento espaol?

--Ninguno. Pero eso no significa nada; usted tampoco tiene acento
espaol.

--Es que yo me he educado en Bretaa, lo que no es corriente en un
espaol. Y tienen relaciones esas seoras?

--Aqu tienen las relaciones que han hecho por mediacin de mi madre.
Mi madre tiene fama de severa; las ha aceptado a las dos, y todos los
conocidos las han aceptado tambin.

--Y qu vida hacen?

--Muy recogida. La condesa viene aqu algunas veces, y se muestra muy
ceremoniosa y muy aduladora con mi madre. Su sobrina Simona dicen que
es viuda; no s. Conmigo comenz a coquetear descaradamente, y supongo
que ha tenido que ver algo con mi hermano.

--Y por qu viven en Francia?

--No s. Esto me parece poco explicado; ellas dan a entender que por
cuestiones polticas.

--Son liberales?

--No; por su conversacin parecen lo contrario. No hay un partido en
Espaa que se llama apostlico?

--S.

--Pues dan a entender que son de ese partido.

--Es posible. Y suele venir alguien a verlas?

--Muy poca gente. Ahora, desde hace un mes o cosa as, viene con
frecuencia un seor del pueblo, un tal Choribide, un cnico. Estn
tramando algo, no s qu.

--Y ellas no salen de casa?

--Hasta hace poco, casi nada. Ahora, la sobrina va con frecuencia
al Bazar de Pars, de dos muchachas del pueblo de una fama un tanto
equvoca.

--Y viajan?

--Antes iban muy a menudo a Bayona y tenan mucha correspondencia;
ahora van mucho menos.

--Y desde cundo han dejado de ir?

--Desde Agosto.

--Es decir, desde la Revolucin de Julio--dijo Lacy.

--Tiene usted razn. No me haba fijado en esa coincidencia.

--El seor de Lacy hara un gran juez--dijo el caballero de Larresore.

--No, no--replic Lacy--; como siempre ando entre polticos, tengo la
costumbre de relacionarlo todo con la poltica, y esas seoras dan la
impresin de que tienen algo que ver con la poltica.

--Cierto!--exclam Miguel.--Es una idea que la llevaba dentro, pero
de una manera oscura. Ahora me parece indudable. Cuando vaya usted a
Bayona, pregunte usted a algn espaol por ellas. A ver si las conocen.

--Lo har, no tenga usted cuidado.

Despus de la larga charla ya cerca de la una, se levant Lacy y Miguel
de Aristy le acompa hasta su cuarto.

--No se preocupe usted de la hora del coche. Si no lo coge usted, yo le
llevar en el tilbur.

--No, no; preferira que me llamaran para la hora de la diligencia.

--Bueno, se le llamar. Adis, querido Lacy--le dijo Miguel
estrechndole la mano.

--Adis.

Lacy se levant por la maana y sali a la carretera. El sol de un
da de otoo comenzaba a dorar la tierra, cantaban los pjaros en las
ramas, murmuraba el ro en su cauce. La sierra de la serrera mecnica
comenzaba a rezongar como un moscardn; el herrero martilleaba en
el yunque; algunas mujeres pasaban en sus carruchos, y la panadera
reparta el pan en las casas.

Lacy contempl con simpata este comienzo de la vida de la aldea. Al
llegar la diligencia subi a ella, que march al trote de sus cuatro
caballos camino de Bayona.

Al da siguiente, al llegar Lacy a su fonda, por indicacin del patrn,
se dirigi a un italiano, empleado en la subprefectura, amigo de
Iturri. A las primeras palabras el italiano sonri maliciosamente.

--Por qu se sonre usted?--pregunt Lacy.

--Esas dos mujeres que viven en Ustariz han sido hasta ahora de la
Polica--contest el italiano.

--De verdad?

--Y tan de verdad.

--Pero hay mujeres policas?

--Ya lo ve usted. No slo hay misterios en los folletines y en los
melodramas.

--Y stas estn reconocidas?

--S; estn fichadas y se tienen que presentar todos los meses aqu. Se
las conoce por la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona.

--Y desde cundo han dejado de ser de la Polica?

--Desde la Revolucin de Julio.

--Y ahora qu hacen?

--Ahora creo que trabajan para el Gobierno espaol.

Lacy inmediatamente escribi a Miguel Aristy lo que le haban dicho, y
cont a sus amigos de la Junta lo que ocurra en Ustariz.




II.

LA POLICA


VARIAS veces haba corrido por Ustariz la noticia de que la condesa de
Vejer y su sobrina eran dos espas.

De dnde pudo nacer el rumor, no se saba; pero no caba duda de que
haba algn dato, algn indicio ms o menos claro para tal suposicin.

Ya desde haca tiempo se hablaba de mujeres que practicaban el
espionaje en beneficio de los partidos.

La Polica de la Restauracin fu la que comenz a emplear a las
mujeres en sus maquinaciones y sus intrigas. El Gobierno de Carlos X
vea peligros en todas partes.

Por un fenmeno extrao, la Polica de Francia se haba reclutado
siempre entre los trnsfugas de los partidos vencidos. As, el Poder
tena en la Polica su defensor y su enemigo.

En plena Revolucin, gran parte de los jefes de la Polica de Pars
eran monrquicos. Sometidos en el perodo del Terror trabajaron con los
thermidorianos en dominar la Revolucin. Durante el Imperio la Polica
francesa estaba formada por ex revolucionarios y dirigida por Fouch,
que se impuso a Napolen como luego se impuso a Luis XVIII amenazndole
con su ejrcito de agentes ex terroristas y ex bonapartistas.

En el Imperio, todas las autoridades civiles y militares eran
policacas. El ministro Fouch di el tono a la poltica imperial;
Napolen tena una polica particular, Fouch otra; al mismo tiempo el
prefecto Dubois contaba con sus agentes especiales y Talleyrand con los
suyos.

Las delaciones eran constantes. Al hundirse el Imperio el mundo
policaco sobrevivi a la ruina y se pas al servicio de los
triunfadores. Los gobiernos de la Restauracin comprendieron que debajo
de las cenizas quedaba an fuego revolucionario, y para descubrirlo los
hombres de la polica inventaron algo ms perfecto y canallesco que los
delatores del Imperio: los agentes provocadores.

Los agentes provocadores no se contentaban con traficar con las
confidencias sorprendidas a las gentes de buena fe, o con las calumnias
lanzadas contra los hombres proscritos por sus ideas liberales; los
agentes provocadores urdan ellos mismos conspiraciones, excitaban a
los locos, a los ilusos y los empujaban al cadalso o la prisin. Era
llevar a la prctica la mxima jesutica de que el fin justifica los
medios. As se hicieron la conspiracin de Belfort y las algaradas de
las calles de Saint Denis y de Saint Martn de Pars en 1827, en donde
la tropa dispar contra la gente pacfica.

La Polica del Gobierno reaccionario de Pars se corresponda con la de
Madrid, la de Roma, la de Npoles y la de Viena.

Durante la Restauracin, el partido clerical sirvi con su espionaje al
Gobierno.

Las iglesias, los conventos, las Asociaciones jesuticas eran agencias
de noticias y de informes, que iban de ac para all y terminaban en
Roma.

Al acentuarse la poltica clerical con el Gobierno de Luis XVIII,
sucedi al conde de Angls como prefecto de Polica Mr. Guy Delavau,
magistrado, hombre poltico que despus fu del Consejo de Estado y
que desapareci en la vida privada a raiz de la Revolucin de Julio.

Con la direccin de Delavau, la Polica dirigida por gentes de
chanchullo como Freret, Vidocq y otros jefes, algunos salidos de
presidio, comenz el espionaje en las familias y en los talleres.

Todo se haca a fuerza de intrigas y de espas. Mucha gente se vengaba
denunciando a la Polica a su amo, a quien odiaba, a un enemigo, o a un
rival por amor.

Cualquier procedimiento era bueno. En 1821 la Polica quiso saber el
paradero del general Bertn. Se intent corromper hijos, parientes,
amigos. En vista de que no se obtenan resultados se ech mano de otro
recurso. Se averigu que la hermana del ayudante del general tena una
criada algo ligera de cascos, y se pidi un agente de polica joven y
guapo y de buen aspecto, para que intentara tener relaciones ntimas
con la criada y arrancarla a ella las noticias que se deseaban.

En esta poca de Mr. Delavau, la _fille_ Carolina y la _fille_ Simona,
que se hacan llamar en Ustariz la condesa de Vejer y su sobrina,
haban comenzado a practicar el espionaje. Era un momento en que las
mujeres intervenan activamente en la Polica.

Al mismo tiempo que al Gobierno francs las dos mujeres servan a los
apostlicos de Espaa, con quienes tenan relaciones.

Al estallar la Revolucin de Julio, los confidentes y espas del
anterior Gobierno haban quedado la mayora destitudos y vigilados.

La Carolina y la Simona, metidas en su rincn de Ustariz, sabiendo que
les convena no mostrarse en pblico, hicieron durante algn tiempo una
vida muy retirada en su chalet de las Hiedras.




III.

CAROLINA Y SIMONA


MIGUEL Aristy, que haba sabido por la carta de Lacy qu clase de
mujeres eran las dos a quienes tena su madre alquilado el chalet de
las Hiedras, quiso cerciorarse y enterarse con mayores detalles y fu a
Bayona. Se present en la fonda de Iturri a ver a Lacy, y ste le llev
al italiano empleado en la subprefectura.

El italiano no conoca en detalles la vida de las dos damas que vivan
en Ustariz; nicamente saba lo que haba dicho ya, e indic que el
jefe de la Polica de Bayona podra dar una informacin ms completa.

El jefe de la Polica de Bayona, el seor Fouquier, haba llegado a la
ciudad despus de la Revolucin de Julio y no estaba enterado de los
hechos anteriores a la poca de su cargo.

El seor Fouquier le di a Miguel un buen consejo.

--Vea usted a Masson--le dijo--que ha sido el jefe anterior a m.
Masson le cobrar a usted la consulta, pero le dar datos.

El seor Masson viva en una casita de campo a orillas del Adour,
cultivando su huerta y sus frutales. Miguel Aristy lo encontr con una
blusa azul larga y un sombrero de paja, podando frutales. Miguel Aristy
le explic un caso fingido, le dijo que un amigo suyo estaba enamorado
de una tal Simona que viva en Ustariz con una seora llamada Carolina,
y que l desconfiando de ellas haba tomado informes y que los informes
eran malos.

El seor Masson era un hombre de una cara reluciente y carnosa, de
color cetrino, los ojos chiquitos y brillantes, el pelo rizado y la
cara picada de viruelas. Haba sido militar durante el Imperio y un
explotador de su cargo de polica en tiempo de la Restauracin.

Masson escuch las explicaciones de Aristy, y comenz a reir con una
risa sarcstica.

--De manera que la Carolina y la Simona hacen tan bien su papel de
grandes damas que se las tiene por condesas autnticas? Ja... ja...
ja... Y hay un hidalguillo de Ustariz enamorado de una de ellas?...
Ja... ja... ja... Es delicioso. S son buenas cmicas.

--De modo que son unas aventureras?--pregunt Miguel.

--Aventureras?... Dos prostitutas... Voy a ver sus fichas.

Masson cogi un legajo y lo desat.

--Vamos a ver la Carolina--dijo--y ley luego: Carolina Michu, ha
nacido en Pars, de familia obrera. Se cas en 1805 con un oficinista
que era alcohlico completo. Cansada de su casa se march de ella
con un amigo del marido. Despus tuvo varios amantes, militares y
empleados, y ya vieja se enred con uno de la polica y se fu a
Madrid. All se relacion con la antigua querida del ministro Macanaz
que venda empleos. Se dedic a negocios ilcitos de toda clase e
intrig a favor del general Bessieres. A consecuencia de esto fu
expulsada de Espaa y vino a Bayona empleada en la polica francesa y a
sueldo de Calomarde para espiar a los liberales espaoles. La Carolina
Michu se hace pasar por la condesa de Vejer, dice que su marido el
conde, muri de oidor en el Per. Carolina en Bayona es muy religiosa,
va a todas las fiestas de iglesia y tiene una reunin a la que suelen
ir el abate Miano y otros tipos igualmente sospechosos.

--Buena pieza!--exclam Aristy.

--S, recomendable para la direccin de un colegio de seoritas. Vamos
a ver la otra. Aqu est: Simona Busquet ha nacido en Perpin. Hija
de padre desconocido. A los diez y siete aos tuvo un amante de buena
posicin y qued embarazada. Simona se present a los padres del amante
dndose de vctima, e hizo que le entregaran dinero para la educacin
del nio, y se fu a Pars. Aqu dej el nio en la Maternidad y
vivi hoy con uno y maana con otro. Es mujer spera, sensual y de
mal carcter. Sus amantes le cansan en seguida, y ella cansa a sus
amantes con su genio violento. Un viejo, rico comerciante de Burdeos,
le instal en una casa de los alrededores de la ciudad, pero ella harta
de esta vida sac dinero al viejo con amenazas y se fu a Madrid,
donde conoci a la Carolina. Ha tenido relaciones ntimas con el seor
Regato, que es ahora agente del Rey de Espaa para hacer jugadas de
Bolsa.

Estos eran los antecedentes de aquellas dos mujeres que tenan fama en
Ustariz de aristcratas y de piadosas.

Miguel Aristy pag la consulta al seor Masson y se fu pensando que su
madre se hara cruces al saber la clase de gente que eran las damas del
chalet de las Hiedras.

Madama Aristy oy la relacin que le cont su hijo con marcado disgusto.

--Qu habr que hacer?--pregunt ella.

--Tendremos que echarlas--dijo Miguel.

--S, pero es un escndalo y no conviene. Si la gente se entera! Habr
que buscar una ocasin.

Miguel not que su madre se hallaba muy preocupada con este asunto.

Una maana que estaba Miguel pescando vi que Ichteben iba con una
carta al Chalet de las Hiedras y que volva al cabo de media hora a
Gastizar con otra carta en la mano.

Al entrar en el portal Aristy vi dos o tres pedacitos de papel rotos,
sin duda de la carta de las damas del Chalet. Los cogi por curiosidad.
En un trozo pona: No se atrever usted a echarnos... en el otro: la
mujer de un regicida...

--Qu novela habrn inventado estas mujeres!--pens Miguel.

Pasaron unos das. Las damas del Chalet de las Hiedras no parecan
dispuestas a marcharse.

--No se van esas mujeres?--pregunt Miguel a su madre.

--Me han pedido un plazo y habr que esperar.




IV.

CHORIBIDE EN ACCIN


UNA maana poco antes de la hora de comer, el seor Gastn Choribide se
present en el Chalet de las Hiedras. Llam a la campanilla y al salir
la criada le dijo:

--Seorita, quisiera saludar a la seora condesa de Vejer. Haga usted
el favor de decirle que el caballero Gastn de Choribide pregunta por
ella.

La criada indic a Choribide que subiese una escalera y le hizo pasar a
un saloncito. Choribide aprovech el momento para arreglarse la corbata
y echarse una mirada en el espejo y permaneci inmvil apoyado en el
bastn y con el sombrero de copa en la mano en una actitud estudiada.

Al cabo de unos minutos se abri la puerta y apareci la condesa de
Vejer.

--Seora--dijo Choribide juntando los pies para hacer la
reverencia--perdone usted que sin tener el honor de conocerla tenga el
atrevimiento de presentarme en su casa.

--Caballero--replic la dama con aire altivo--usted dir lo que le trae
por aqu.

--Voy en seguida.

La condesa de Vejer era una mujer alta, pintada, voluminosa, de ojos
grandes y sombreados. Vesta de negro, con cierto aire de dama de
teatro, llevaba los dedos llenos de sortijas y el pelo empolvado de
blanco.

--Es un poco largo lo que tengo que decir--dijo Choribide.

--Est bien. Le escucho a usted.

--Usted me perdonar que me siente--y Choribide levant los faldones de
la casaca y se sent en un silln que tena los brazos terminados en
dos cabezas de pato doradas.

La condesa se sent en un canap.

--Seora--dijo Choribide con el sombrero de copa en las rodillas--lo
que tengo que decirle a usted es bastante reservado y no quisiera que
nos interrumpieran.

--Cuntos prembulos, caballero--exclam la dama impacientada.

--Son necesarios, indispensables. Yo soy un hombre que no me ha gustado
nunca mortificar a nadie. Mi viejo amigo Garat suele decir de m:
Quizs se pueda acusar a Choribide de tener una moral oscura y todava
indita, pero nadie podr dudar de su sensibilidad. Pues bien, seora
condesa, para facilitar mis explicaciones le contar a grandes rasgos
mi vida.

--Es necesario, caballero?

--Es necesario hasta cierto punto. Yo, seora, de joven he sido una
bala perdida. No he sido de esos hombres fros, de esos moluscos sin
sangre y sin nervios que pueden vivir en un rincn. Yo necesitaba
dinero, necesitaba mujeres, un poco de lujo y de comodidad, y
tomaba todo esto de donde poda; comprender usted que no con los
procedimientos de los caballeros de la Tabla Redonda sino con los
procedimientos de otros caballeros. As que he sido jugador de ventaja,
he estado asociado con gentes que hacan asignados falsos y he sido de
la polica. Es lo ms sucio que he sido en toda mi carrera. Comprende
usted seora condesa de Vejer por qu tiene algn inters que cuente mi
vida?

--No, no lo comprendo--dijo con inquietud madama Carolina.

Choribide hizo un gesto de resignacin irnico, dej el sombrero y el
bastn en un velador y cruz una pierna sobre otra con abandono.

--Ya que no lo comprende usted fcilmente, voy a contarle la historia
de una tal Carolina y de una tal Simona segn aparecen en los registros
de la polica.

--Y usted pretende?...

--Yo no pretendo nada. Es la polica que pretende que la tal Carolina
se hace pasar en Ustariz por la condesa de Vejer. Ahora seora--y
Choribide se levant con aire de joven y tom su sombrero y su
bastn--le voy a plantear la siguiente disyuntiva: Conoce usted a la
tal Carolina? Espere usted. No me conteste usted todava. Si me dice
usted: S la conozco, habr entre nosotros paz y ser usted para m la
condesa de Vejer. Si me dice usted no, habr entre nosotros guerra y yo
me retirar al momento.

La Carolina azorada por completo vacil en decidirse.

--La conoce usted s o no?--pregunt de nuevo Choribide con un acento
sarcstico y duro.

--S la conozco--murmur ella humildemente.

--Est bien, seora condesa. Tiene usted desde ahora en m un servidor
incondicional, un asociado. Conozco el pas mejor que ustedes. S al
dedillo la historia de las gentes. Mis conocimientos los pongo a la
disposicin de usted.

--Y qu pretende usted en cambio?

--Yo soy como he tenido el honor de decirle antes, seora condesa, un
hombre de vida borrascosa. Al llegar aqu me cas con una mujer de
algn capital. Dicen que haba sido la querida de su to el vicario. No
s, es cosa que no me preocupa. Mi mujer tiene un sobrino, el teniente
Rontignon que es ex oficial de la Guardia Real. Rontignon es un hombre
sin energa, un hombre de caf, tonto y tmido a pesar de su jactancia;
a m en su estado actual me estorba y he pensado en casarlo con madama
Luxe.

--Madama Luxe es una mujer riqusima--observ Carolina.

--S, es verdad. Mi sobrino no es rico, pero es joven, guapo, y lleva
uniforme. Yo he pensado que usted que tiene buenas relaciones con el
Gobierno espaol, podra conseguir para mi sobrino a cambio de los
servicios que yo le prestar, una condecoracin, una gran cruz que en
un realista como l vendr muy bien.

--S, s, se conseguir. Escribir a mi amigo el seor de Calomarde
y no tendr inconveniente en otorgarle una gran cruz. Y a usted,
Choribide, no le gustara tener una condecoracin?

--No, a m no--dijo Choribide con una claridad irnica en sus ojillos
grises--parecera lgico que yo que he sido un pillo sintiera la
necesidad de tener algn prestigio social, pero no; soy un pillo
filsofo.

--Qu bromista!

--No, no es broma, condesa. Lo que digo es el Evangelio.

--Y con la cruz cree usted que su sobrino Rontignon convencer a
madama Luxe?

--Ya veremos.

--Hum qu s yo!

--La gran cruz es el adorno. Lo esencial es que Rontignon es joven,
guapo y estpido. Qu ms puede pedir una mujer?

--Qu opinin tiene usted de nuestro sexo!--dijo madama Carolina
tomando un aire tierno y sentimental.

Choribide sonri.

--No es una opinin. Es una conviccin--dijo.

--Tan mal le han tratado las mujeres?

--Ha habido de todo--contest el pillo filsofo.

--Y sus datos, Choribide?

--Cuando los necesite usted. Usted me manda una nota o un aviso de que
venga, lo que usted prefiera. Para algunas investigaciones quizs se
necesite algn dinero.

--Lo hay. El seor de Calomarde me ha escrito que gastemos el dinero
necesario sin miedo. El asunto es de transcendencia y es indispensable
que de cualquier modo la expedicin liberal tenga un fracaso ruidoso.

--Lo tendr.

--Muy bien. Ahora le voy a presentar a mi sobrina.

La condesa sali del saln seguida de Choribide, baj hasta un cenador
del huerto donde Simona estaba leyendo.

--Simona--dijo madama Carolina--el seor Choribide; un amigo y un
aliado.

Choribide hizo la reverencia echando un pie hacia atrs a la moda
antigua, una reverencia digna de un pisaverde del Palais Royal del
tiempo de madama Tallien, y despus de unas cuantas galanteras se
despidi de las dos aventureras besndoles la mano.

Mientras cruzaba la huerta de la casa sus labios finos sonrean y en
sus ojos haba una claridad alegre y burlona.

Al llegar a la puerta del jardn, Choribide ech una mirada a la
torrecilla de Gastizar. El viento andaba revuelto, el viejo dragn
cambiaba de rumbo a cada paso y rechinaba agriamente. Aquel malvado
basilisco, aquella furia super-terrestre estaba en un momento de
inquietud. Sin duda, tena que anunciar catstrofes y calamidades sin
cuento.

  _La Caleta, Noviembre, 1917._


                     FIN DE LA VELETA DE GASTIZAR




NDICE


                                                Pginas.

    PRLOGO                                            9


  LIBRO PRIMERO

  LA FAMILIA DE ARISTY

       I. Los viajeros                                17

      II. La posada de la Veleta                      25

     III. Ustariz y su grande hombre                  39

      IV. Gastizar y Chimista                         49

       V. La tertulia de Gastizar                     63

      VI. Don Valentn de Malpica                     75

     VII. Retratos de familia                         87

    VIII. Los parientes y los amigos de la casa       97

      IX. Choribide el verstil                      111

       X. Un solitario                               127

      XI. Los locos del pueblo                       131


  LIBRO SEGUNDO

  LOS EMIGRADOS DE BAYONA EN 1830

       I. Dos amigos                                 139

      II. Estampa de Bayona en 1830                  149

     III. Las amistades de Lacy                      153

      IV. Los grupos hostiles                        159

       V. Las estelas sentimentales                  165

      VI. Los preparativos                           169

     VII. Una carta de Tilly                         175

    VIII. Los jefes                                  181

      IX. Gestiones de Lacy                          191


  LIBRO TERCERO

  LAS DAMAS DEL CHALET DE LAS HIEDRAS

       I. Velada en Gastizar                         205

      II. La polica                                 219

     III. Carolina y Simona                          225

      IV. Choribide en accin                        231




      *      *      *      *      *      *




Nota del Transcriptor:

Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

Pginas en blanco han sido eliminadas.



***END OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIN: #8
LA VELETA DE GASTIZAR***


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Volunteers and financial support to provide volunteers with the
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Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
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Archive Foundation and how your efforts and donations can help, see
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Section 3. Information about the Project Gutenberg Literary 
Archive Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service. The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541. Contributions to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation are tax deductible to the full extent permitted by
U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is in Fairbanks, Alaska, with the
mailing address: PO Box 750175, Fairbanks, AK 99775, but its
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locations. Its business office is located at 809 North 1500 West, Salt
Lake City, UT 84116, (801) 596-1887. Email contact links and up to
date contact information can be found at the Foundation's web site and
official page at www.gutenberg.org/contact

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    Dr. Gregory B. Newby
    Chief Executive and Director
    gbnewby@pglaf.org

Section 4. Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
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array of equipment including outdated equipment. Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States. Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
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