The Project Gutenberg EBook of Cuentos de la Alhambra, by Washington Irving

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Title: Cuentos de la Alhambra

Author: Washington Irving

Translator: D. L. L.

Release Date: June 7, 2016 [EBook #52262]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS DE LA ALHAMBRA ***




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NOTA DE TRANSCRIPCIN

  * En el texto las cursivas se muestran entre _subrayados_.

  * Se ha respetado la ortografa original, normalizndola a la
    grafa de mayor frecuencia.

  * Los errores obvios de imprenta han sido corregidos sin avisar.




  CUENTOS
  DE LA
  ALHAMBRA.




  Con Licencia.

  IMPR. DE J. FERRER DE ORGA.
  _Valencia_ 1833.




[Ilustracin: _L. Tellez lo d._                  _T. Blasco lo g._

_Mientras esa mano no se baje hasta tocar la llave, ningn artificio
mgico triunfar del Seor de esta colina._]




  [Ilustracin: Cuentos de la Alhambra

  Valencia
  Librera de Malln y Berard
  1833
  Teodoro Blasco lo g.]




  CUENTOS
  DE
  LA ALHAMBRA,

  DE

  Washington Irving.

  Traducidos

  POR D. L. L.

  [Ilustracin]

  PARIS,
  LIBRERA HISPANO-AMERICANA,
  CALLE DE RICHELIEU N 60.

  1833.




EL EDITOR.


_Si los_ Cuentos de la Alhambra _han alcanzado tan buena acogida
entre los ingleses y franceses, con mayor razon puede esperarse
que la logren entre nosotros; porque enlazadas estas fbulas con
las tradiciones y consejas populares del pais, es muy natural que
produzcan aquel interes que inspiran al hombre de buen corazon las
antiguallas de su patria, y la tierna memoria de los cuentos de la
niez._

_Esta consideracion nos ha impulsado  dar  luz el presente
tomito, como una muestra de la obra que con el mismo ttulo y mayor
estension acaba de escribir el clebre Washington Irving; y si el
xito nos diese motivo para juzgar que ha merecido el aprecio de los
inteligentes, quiz pensaremos en publicar otra serie, y aun acaso
todos los que restan del original._




NDICE.


                                 PG.
  _El viage._                      1

  _Gobierno de la Alhambra._      45

  _Interior de la Alhambra._      53

  _Economa domstica._           74

  _Tradiciones locales._          88

  _La casa del Gallo._            95

  _Leyenda del astrlogo rabe._  98

  _Historia del prncipe Ahmed
    Al Kamel,  el Peregrino de
    amor._                       152




El Viage.


Conducido  Espaa  impulsos de la curiosidad en la primavera de
1829, hice una escursion desde Sevilla  Granada en compaa de
un amigo, agregado entonces  la embajada rusa en Madrid. Desde
regiones muy distantes nos habia llevado el acaso al pais en que nos
hallbamos reunidos, y la conformidad de nuestros gustos nos inspir
el deseo de recorrer juntos las romnticas montaas de Andaluca.
Ojal que si estas pginas llegan  sus manos en el pais adonde las
obligaciones de su destino hayan podido conducirle, ya le hallen
engolfado en la pompa tumultuosa de las crtes, ya meditando sobre
las glorias mas efectivas de la naturaleza; le recuerden nuestra
feliz peregrinacion y la memoria de un amigo,  quien ni el tiempo ni
la distancia harn jamas olvidar su amabilidad y su mrito!

Antes de pasar adelante, no ser inoportuno presentar algunas
observaciones preliminares sobre el aspecto general de Espaa, y
el modo de viajar por aquel pais. En las provincias centrales, al
atravesar el viagero inmensos campos de trigo, ora verdes y undosos,
ya rubios como el oro, ya secos y abrasados por el sol; buscar
en vano la mano que los ha cultivado, hasta que al fin divisar,
sobre la cima de un monte escarpado, un lugar con fortificaciones
moriscas medio arruinadas,  alguna torre que sirviera de asilo 
los habitantes durante las guerras civiles,  en las invasiones de
los moros. La costumbre de reunirse para protegerse mtuamente en
los peligros, existe aun entre los labradores espaoles, merced  la
rapia de los ladrones que infestan los caminos.

La mayor parte de Espaa se halla desnuda del rico atavo de los
bosques y las selvas, y de las gracias mas risueas del cultivo;
pero sus paisages tienen un carcter de grandeza que compensa lo
que les falta bajo otros respetos: hllanse en ellos algunas de las
cualidades de sus habitantes, y de ah es que yo concibo mejor al
duro, indomable y frugal espaol despues que he visto su pais.

Los sencillos y severos rasgos de los paisages espaoles tienen una
sublimidad que no puede desconocerse. Las inmensas llanuras de las
Castillas y de la Mancha, estendindose hasta perderse de vista,
adquieren cierto interes con su estension y uniformidad, y causan una
impresion anloga  la que produce la vista del ocano. Recorriendo
aquellas soledades sin lmites visibles, suele descubrirse de cuando
en cuando un rebao apacentado por un pastor inmvil como una
esttua, con su baston herrado en la mano  guisa de lanza; una recua
de mulos que cruzan pausadamente el desierto, cual atraviesan las
carabanas de camellos los arenales de la Arabia;  bien un zagal que
camina solo con su cuchillo y carabina.

Los peligros de los caminos dan ocasion  un modo de viajar que
presenta en escala menor las carabanas del oriente: los arrieros
parten en gran nmero y bien armados  dias sealados, y los viageros
que accidentalmente se les reunen aumentan sus fuerzas.

El arriero espaol posee un caudal inagotable de canciones y
romances con que aligera sus continuas fatigas. La msica de estos
cantos populares es sobremanera sencilla, pues que se reduce 
un corto nmero de notas, y las letras por lo comun son algunos
romances antiguos sobre los moros, endechas amorosas, y con mayor
frecuencia romances en que se refieren los hechos de algun famoso
contrabandista; y sucede no pocas veces, que tanto la msica como
la letra es improvisado, y se refiere  una escena local   algun
incidente del viage. Este talento de improvisacion, tan comun en
aquel pais, parece se ha trasmitido de los rabes, y es fuerza
convenir en que aquellos cantos de tan fcil meloda producen una
sensacion sumamente deliciosa cuando se oyen en medio de los campos
salvages y solitarios que celebran, y acompaados por el argentino
sonido de las campanillas de las mulas.

No es posible imaginarse cosa mas pintoresca que el encuentro de
una recua de mulas en el trnsito de aquellos montes. Oireis ante
todo las campanillas de la delantera, cuyo sonido repetido y montono
rompe el silencio de las alturas areas, y tal vez la voz de un
arriero que llama  su deber  alguna bestia tarda  descaminada,
 que canta con toda la fuerza de sus pulmones un antiguo romance
nacional. Al cabo de rato descubrs las mulas que pasan lentamente
los desfiladeros, ya bajando una pendiente tan rpida y elevada, que
las vereis como designadas de relieve sobre el fondo azul del cielo,
ya avanzando trabajosamente al traves de los barrancos que estn 
vuestros pies.  medida que se aproximan distingus sus adornos de
color brillante, sus arreos bordados, sus plumages; y cuando ya
estn mas cerca, el trabuco, siempre cargado, que cuelga detras de
los fardos como una advertencia de los peligros del camino.

El antiguo reino de Granada, en el que bamos  entrar, es uno de
los paises mas montuosos de Espaa. Sierras vastas  cadenas de
montes desnudos de rboles y de maleza, y abigarrados de canteras de
mrmol y de granito de diversos colores, levantan sus peladas crestas
en medio de un cielo de azul oscuro; mas en su seno estn ocultos
algunos valles frtiles y frondosos, y el desierto cede el lugar al
cultivo, que fuerza  las rocas mas ridas  producir el naranjo, la
higuera y el limonero, y  engalanarse con las flores del mirto y el
rosal.

En las gargantas mas salvages de aquellos montes se encuentran
varios lugarejos murados, construidos  manera de nidos de guilas
en las cimas de los precipicios, y algunas torres derruidas,
colgadas por decirlo as sobre los picos mas elevados, recordando
los tiempos caballerescos, las guerras de moros y cristianos, y la
lucha romntica que precedi  la toma de Granada. Al transitar el
viagero por aquellas altas cordilleras, se ve  cada paso precisado
 echar pie  tierra, y conducir el caballo de la brida para subir y
bajar por algunas sendas speras y angostas, semejantes  escaleras
arruinadas. Algunas veces corre el camino  orillas de precipicios
espantosos, de que ningun parapeto os defiende; otras se sumerge
en una pendiente rpida y peligrosa que se pierde en una oscura
profundidad,  pasa por entre barrancos formados por los torrentes
del invierno, y que sirven de guarida  los malhechores. Descbrese
de cuando en cuando una cruz de funesto presagio; y este monumento
del robo y del asesinato, erigido sobre un monton de piedras  la
orilla del camino, advierte al caminante que se halla en un parage
frecuentado por los bandidos, y que quiz entonces mismo le acecha
en emboscada alguno de aquellos malvados. Muchas veces sorprendido
el caminante en el recodo de un valle sombro por un bramido ronco
y espantoso, levanta la cabeza, y en una de las frondosas quebradas
del monte descubre una manada de fieros toros andaluces destinados
 los combates del circo. Nada mas imponente que el aspecto de
aquellos brutos terribles, errantes en su terreno nativo con toda la
fuerza que les da la naturaleza: indmitos y casi estraos al hombre,
solo conocen al pastor que los guarda, y que no siempre se atreve 
aproximrseles; el mugido de estos animales, y los amenazantes ojos
con que miran hcia abajo desde sus elevadas praderas, aaden todava
espresion al aspecto salvage de la escena.

El 1 de mayo salimos mi compaero y yo de Sevilla para Granada, y
como conocamos el pais que bamos  recorrer, y lo incmodo y poco
seguro de los caminos, enviamos delante con arrieros los efectos de
mas valor, y llevbamos nicamente nuestros vestidos y el dinero
necesario para el viage, con un aumento destinado  satisfacer 
los bandoleros, caso de vernos atacados, y libertarnos as del mal
trato  que se ven espuestos los viageros muy avaros  muy pobres.
Sabamos tambien que no debe confiarse en la despensa de las posadas,
y que habamos de cruzar largos espacios inhabitados; y con este
conocimiento tomamos las precauciones convenientes para asegurar
nuestra subsistencia, y alquilamos dos caballos para nosotros, y otro
para que llevase nuestro corto equipage y  un robusto vizcaino,
que debia guiarnos en el laberinto de aquellas montaas, cuidar de
las caballeras, y en fin, servirnos en la ocasion, ya de ayuda de
cmara, ya de guarda. Habase este prevenido de un formidable trabuco
para defendernos, segun decia contra los rateros: sus fanfarronadas
sobre esta arma no tenian trmino; mas sin embargo, con descrdito
de su prudencia militar, la carabina en cuestion colgaba descargada
al arzon trasero de la silla. Como quiera, el vizcaino era un criado
fiel, celoso y jovial; tan fecundo en chistes y refranes como aquel
modelo de escuderos, el clebre Sancho, cuyo nombre le dimos:
verdadero espaol en los momentos de su mayor alegria; mas  pesar de
la familiaridad con que le tratbamos, no pas jamas los lmites de
un respetuoso decoro.

Equipados en estos trminos nos pusimos en camino, resueltos
 sacar todo el partido posible de nuestro viage; y con tales
disposiciones, cun delicioso era el pais que bamos  recorrer!
La venta mas infeliz de Espaa es mas fecunda de aventuras que un
castillo encantado, y cada comida que se efectua puede mirarse
como una especie de hazaa. Ensalcen otros enhorabuena los caminos
resguardados de parapetos, las suntuosas fondas de un pais cultivado
y civilizado hasta el punto de no ofrecer sino superficies planas;
en cuanto  m, solo la Espaa con sus agrestes montes y francas
costumbres puede saciar mi imaginacion.

Desde la primera noche disfrutamos ya uno de los placeres novelescos
del pais. Acababa de ponerse el sol cuando llegamos  una villa muy
grande, cansados por haber cruzado una llanura inmensa y desierta, y
calados de agua, en razon de la copiosa lluvia que habia caido sobre
nosotros. Apeamos en un meson, en donde se alojaba una compaa
de fusileros, ocupada entonces en persecucion de los ladrones que
infestaban la comarca; y como unos estrangeros de nuestra clase eran
un objeto de admiracion en aquel pueblo estraviado, el husped,
ayudado de dos  tres vecinos embozados en sus capas pardas,
examinaba nuestros pasaportes en un rincon de la pieza, mientras un
alguacil con su capita negra, tomaba apuntaciones  la dbil luz
de un farol. Unos pasaportes en lengua estrangera les daban mucha
grima; mas acudi  su socorro nuestro escudero Sancho, y nos di
aun mayor importancia con la pomposa elocuencia de un espaol. Al
mismo tiempo la distribucion de algunos cigarros nos gan todos los
corazones, y  poco rato ya estaba el pueblo entero en movimiento
para obsequiarnos. Visitnos el alcalde en persona, y la misma
huspeda llev con gran ceremonia  nuestro cuarto un gran sillon
de juncos para que el ilustre viagero pudiese sentarse con mayor
comodidad. Hicimos cenar con nosotros al comandante de los fusileros,
el cual nos divirti sobremanera con la animada relacion de una
campaa que habia hecho en la Amrica del Sur, y otras hazaas
amorosas y guerreras, que debian todo su interes  sus ampulosas
frases y multiplicados ademanes, y sobre todo  cierto movimiento
de los ojos, que sin duda queria decir mucho. Pretendia saber el
nombre y seas de todos los bandidos de la provincia, y se prometia
ojearlos y prenderlos uno  uno. El buen oficial se empe en que
nos habia de dar algunos hombres para nuestra escolta. Mas uno solo
bastar, aadi, porque los ladrones nos conocen, y la vista sola
de uno de mis muchachos derramar el espanto por toda la sierra.
Le agradecimos su ofrecimiento y buena voluntad, asegurndole en
el mismo tono, que con el formidable escudero Sancho no temeramos
haberlas con todos los bandoleros de Andaluca.

Mientras estbamos cenando con el amable perdonavidas, lleg 
nuestros oidos el sonido de una guitarra, acompaado de un repiqueteo
de castauelas, y poco despues un coro de bien concertadas voces
que cantaba una tonada popular. Era un obsequio del husped, que
para divertirnos habia reunido aquellos msicos aficionados y 
las hermosas de la vecindad, y cuando salimos al patio vimos una
verdadera escena de alegria espaola. Nos colocamos bajo el soportal
con los huspedes y el comandante, y pasando la guitarra de mano en
mano, vino  parar en las de un alegre zapatero, que nos pareci
el Orfeo de la tierra. Era un jven de aspecto agradable, patilla
negra, y las mangas de la camisa arremangadas hasta encima del codo.
Sus dedos recorrian el instrumento con estraordinaria ligereza y
habilidad, cantando al mismo tiempo algunas seguidillas amorosas,
acompaadas de espresivas miradas  las mozas, con las que al parecer
estaba en gran favor. En seguida bail el fandango con una graciosa
andaluza, causando gran placer  los espectadores. Pero ninguna de
las mugeres que se hallaban presentes podia compararse  la linda
Pepita, hija del husped, que aunque con mucha prisa, se habia
prendido con la mayor gracia para el baile improvisado, entrelazando
con frescas rosas las trenzas de sus hermosos cabellos: esta luci
su habilidad con un bolero que bail, acompaada de un gallardo
dragon. Habamos nosotros dispuesto que se sirviese  discrecion
vino, dulces y otras frioleras; y sin embargo de que la reunion se
componia de soldados, arrieros y paisanos de todas clases, nadie se
escedi de los lmites de una diversion honesta; y en verdad que
cualquier pintor se hubiera tenido por dichoso de poder contemplar
aquella escena. El elegante grupo de los bailadores, los soldados de
 caballo de medio uniforme, los paisanos envueltos en sus capas,
y en fin, hasta el amojamado alguacil, digno de los tiempos de D.
Quijote,  quien se vea escribir con gran diligencia  la moribunda
luz de una gran lmpara de cobre, sin cuidarse de lo que pasaba en su
derredor, todo esto formaba un conjunto verdaderamente pintoresco.

No dar aqu la historia exacta de los acontecimientos de esta
espedicion de algunos dias por montes y valles. Viajbamos como
verdaderos contrabandistas, abandonndonos al azar en todas las
cosas, y tomndolas buenas  malas segun las deparaba la suerte.
Este es el mejor modo de viajar por Espaa, mas nosotros sin
embargo habamos cuidado de llenar de buenos fiambres las alforjas
de nuestro escudero, y su gran bota de esquisito vino de Valdepeas.
Como este ltimo artculo era en verdad de mayor importancia para
nuestra campaa que la misma carabina de Sancho, conjuramos  este
que estuviese en continua vigilancia sobre esta parte preciosa de
su carga; y debo hacerle la justicia de decir que su homnimo, tan
clebre por el celo con que cuidaba de la mesa, no le escedia en nada
como proveedor inteligente. As pues,  pesar de que las alforjas
y la bota eran vigorosa y frecuentemente atacadas, no parecia sino
que tenian la milagrosa propiedad de no vaciarse jamas, porque
nuestro ingenioso escudero nunca se olvidaba de colocar en ellas
los relieves de la cena de la venta, para que sirviesen  la comida
que hacamos  campo raso al dia siguiente. Con cunta delicia
almorzbamos algunas veces  la mitad de la maana, sentados  la
sombra de un rbol,  orillas de una fuente  de un arroyo! Qu
siestas tan dulces no tomamos, sirvindonos de colchon nuestras capas
tendidas sobre la fresca yerba!

En cierta ocasion hicimos alto  medio dia en una frondosa pradera,
situada entre dos colinas cubiertas de olivos. Tendimos las capas
bajo de un pomposo lamo que daba sombra  un bullicioso arroyuelo,
y arrendados los caballos de modo que pudiesen pacer, ostent Sancho
con aire de triunfo todo el caudal de su despensa. Los sacos
contenian algunas municiones recogidas en el espacio de cuatro dias;
pero habian sido notablemente enriquecidos con los restos de la cena
que habamos tenido la noche anterior en una de las mejores posadas
de Antequera. Sacaba nuestro escudero poco  poco el heterogeneo
contenido en su zurron y yo cre que no acababa jamas. Apareci ante
todo una pierna de cabrito asada, casi tan buena como cuando nos la
habian servido; siguise un gran pedazo de bacalao seco envuelto
en un papel, los restos de un jamon, medio pollo, una porcion de
panecillos, y en fin, un sinnmero de naranjas, higos, pasas y
nueces: la bota habia sido tambien reforzada con escelente vino de
Mlaga.  cada nueva aparicion gozaba de nuestra cmica sorpresa,
dejndose caer sobre el csped con grandes carcajadas. Elogibamos
estremadamente  nuestro sencillo y amable criado, comparndole en su
aficion  llenar la panza, al clebre escudero de D. Quijote. Estaba
l muy versado en la historia de este caballero, y como la mayor
parte de las gentes de su clase, crea  pie juntillas en su realidad.

Y hace mucho tiempo que sucedi eso? me dijo un dia con semblante
interrogativo.

--S, mucho tiempo, le contest yo.

--Yo apostaria  que ha ya mas de mil aos, replic mirndome con una
espresion de duda todava mas marcada.

--No creo yo que haya mucho menos. El escudero no pregunt mas.

Mientras al compas de sus gracias esplotbamos nosotros las
provisiones que quedan descritas, se nos acerc un mendigo que casi
parecia un peregrino. Su entrecana barba y el baston en que se
apoyaba anunciaban vejez; mas su cuerpo muy poco inclinado, mostraba
aun los restos de una estatura gallarda. Llevaba un sombrero redondo
de los que usan los andaluces, una especie de zamarra de piel de
carnero, calzon de correal, botin y sandalias. Sus vestidos, aunque
ajados y cubiertos de remiendos, estaban limpios, y se lleg 
nosotros con aquella atenta gravedad que se nota en los espaoles,
aun de la nfima clase. Habia en nosotros disposicion favorable
para recibir semejante visita, y as, por un impulso espontneo de
caridad, le dimos algunas monedas, un pedazo de pan blanco y un vaso
de buen vino de Mlaga. Recibilo todo con reconocimiento; mas sin
manifestar con ninguna bajeza su gratitud. Luego que prob el vino,
le mir al trasluz, y mostrando cierta admiracion se lo bebi de un
sorbo, diciendo: Cuntos aos ha que no habia yo probado tan buen
vino! Esto es un verdadero cordial para los pobres viejos. Contempl
luego el pan, y dijo besndole: Bendito sea Dios. Dicho esto se
lo meti en el zurron, y habindole instado nosotros para que se
lo comiese en el acto: No seores, replic; el vino era preciso
beberlo  dejarlo, mas el pan debo llevarlo  mi casa y partirlo con
mi pobre familia. Sancho consult nuestros ojos, y di al pobre
abundantes fragmentos de la comida, bien que con la condicion de que
se comeria en el acto una parte.

Sentse pues  poca distancia de nosotros y comi pausadamente, con
una finura y una sobriedad, que hubieran podido honrar  un hidalgo.
Yo cre descubrir en l una especie de tranquila dignidad y atenta
cortesana, que anunciaban que habia conocido mejores dias; pero
no habia nada de esto: no tenia mas que la poltica natural  todo
espaol, y aquel aire potico que caracteriza los pensamientos y el
lenguage de este pueblo vivo  ingenioso. Nuestro peregrino habia
sido pastor por espacio de cincuenta aos, y al presente se hallaba
desacomodado y sin medios para subsistir. Cuando yo era jven,
decia, no habia cosa alguna capaz de hacerme tomar pesadumbre:
hallbame siempre sano y contento; mas ahora tengo setenta y nueve
aos, me veo precisado  mendigar el sustento, y ya empiezan 
abandonarme las fuerzas.

Sin embargo, todava no estaba acostumbrado  la mendiguez; hacia
poco tiempo que la necesidad le habia obligado  recurrir  tan
triste y desagradable recurso, y nos hizo una pintura muy pattica
de los combates que habia sostenido su orgullo contra la necesidad.
Volvia de Mlaga sin dinero, hacia mucho tiempo que no habia comido,
y aun tenia que atravesar una de aquellas vastas llanuras en donde
se hallan tan pocas habitaciones: muerto casi de debilidad, pidi
primeramente  la puerta de una venta: _Perdone usted por Dios,
hermano_, le contestaron. Pas adelante, dijo, con mas vergenza
aun que hambre, porque todava no se hallaba abatido el orgullo de
mi corazon. Al pasar por un rio, cuyas mrgenes estaban muy elevadas
y la corriente era profunda y rpida, estuve tentado de precipitarme
en l.  qu ha de permanecer sobre la tierra, dije interiormente,
un viejo miserable como yo? Iba ya  arrojarme; mas Dios ilumin
mi corazon y me apart de tan criminal idea. Dirigme  una casita
que se hallaba situada  cierta distancia del camino, entrme en el
patio; la puerta de la casa estaba cerrada, mas habia dos seoritas
asomadas  una de las ventanas. Las ped limosna, y--_Perdone usted
por Dios, hermano_, fue otra vez la respuesta que recib, cerrndose
al mismo tiempo la ventana. Salme casi arrastrando del patio, pronto
ya  desmayarme; y creyendo que era llegada mi hora, me dej caer
contra la puerta, me encomend de todo corazon  la Vrgen nuestra
seora, y me cubr la cabeza para morir.  pocos minutos lleg el
dueo de la casa, y vindome tendido  su puerta, se compadeci de
mis canas, me hizo entrar y me di algun alimento, con que pude
recobrarme. Ya veis, seores, que nunca debe perderse la confianza en
la proteccion de la santsima Vrgen.

El anciano se dirigi hcia Archidona, su pais natural, que
descubramos  poca distancia en la cima de un monte escarpado, y
en el camino nos hizo reparar en las ruinas de un antiguo castillo
de los moros, que habit uno de sus reyes en tiempo de las guerras
de Granada. La reina Isabel, nos dijo, le siti con un egrcito
poderoso; mas l, mirndolo desde lo alto de su fortaleza, se burlaba
de sus esfuerzos. Entonces se apareci la Vrgen  la reina, y  ella
y  sus soldados los condujo por un camino misterioso, que nadie
hasta entonces habia frecuentado ni frecuent despues. Cuando el moro
vi llegar  la reina qued pasmado, y acosando el caballo hcia el
precipicio, se arroj en l y se hizo pedazos. Aun se ven  la orilla
del peasco las seas de las herraduras, y ustedes mismos pueden
descubrir desde aqu el camino por donde la reina y el egrcito
subieron  la montaa, que se estiende  manera de una cinta  lo
largo de sus laderas; mas lo que hay en esto de milagroso es, que
aunque  cierta distancia puede conocerse, desaparece luego que se
trata de examinarle de cerca. El camino ideal que el buen pastor nos
enseaba, no era probablemente otra cosa que alguna arroyada arenosa,
que se distinguia  cierta distancia en que la perspectiva disminua
su anchura, y se confundia con el resto de la superficie cuando se
miraba mas de cerca.

Como con el vino y la buena acogida se habia restablecido el anciano,
nos refiri otra historia de un tesoro que el rey moro habia
enterrado bajo el castillo, junto  cuyos cimientos estaba situada
su casa. El cura y el boticario del pueblo, habiendo soado por tres
veces en el tesoro, hicieron una escavacion en el parage que sus
sueos les habian indicado, y el yerno de nuestro convidado oy por
la noche el ruido de los azadones. Nadie sabe lo que hallaron; pero
lo cierto es que ellos se hicieron ricos de repente y guardaron su
secreto. De modo que el viejo pastor se habia visto al umbral de la
fortuna; mas estaba decretado que l y esta no habian de morar jamas
bajo un mismo techo.

Tengo observado que las historias de tesoros enterrados por los moros
corren principalmente entre las gentes mas pobres de Espaa, como
si la naturaleza quisiese compensar con la sombra la falta de la
realidad: el hombre sediento suea arroyos y fuentes cristalinas,
el que tiene hambre banquetes opparos, y el pobre montes de oro
escondido: no hay cosa mas rica que la imaginacion de un mendigo.

La ltima escena de nuestro viage que referir, es la noche que
pasamos en la pequea ciudad de Loja, clebre plaza fronteriza
en tiempo de los moros, y en cuyas murallas se estrell el poder
de Fernando. De esta fortaleza sali el viejo Aliatar, suegro de
Boabdil, acompaado de su yerno para la desastrada espedicion, que
acab con la muerte del general y la prision del monarca. Est Loja
en una situacion pintoresca en medio de un desfiladero que sigue las
mrgenes del Genil, circuida de rocas inaccesibles, bosquecillos,
prados y jardines. Nuestra posada, que en nada desdecia del aspecto
del pueblo, la tenia una jven y linda viudita andaluza, cuya
basquia negra de seda guarnecida de franjas, dibujaba graciosamente
unas formas mrbidas y elegantes. Paso firme y ligero, ojos negros
y llenos de fuego, y su aire de presuncion y su esmerado alio,
manifestaban sobradamente que estaba acostumbrada  escitar la
admiracion.

Un hermano, que tendria en corta diferencia la misma edad, ofrecia
con ella el perfecto modelo del majo y la maja andaluces. Era
alto, robusto y bien dispuesto; color moreno claro, ojos negros y
brillantes, y patillas castaas y rizadas que se unian por bajo de
la barba. Ajustaba su cuerpo una chaquetilla de terciopelo verde,
adornada de un sinnmero de botoncillos de plata, y por cada una de
las faltriqueras asomaba la punta de un pauelo blanco; calzon de la
misma tela, con una carrera de botones que bajaba desde la cadera
 la rodilla; rodeaba su cuello un pauelo de seda color de rosa,
que pasando por una sortija, bajaba  cruzarse sobre una camisa
aplanchada con esmero. Llevaba ademas un cinto, lindos botines de
hermoso becerro leonado, que abiertos hcia la pantorrilla, dejaban
ver una media muy fina; y en fin, zapatos anteados, que hacian
campear con ventaja un pie perfecto.

Hallndose este  la puerta lleg un hombre  caballo, y en voz baja
entabl con l una conversacion que parecia muy sria. Su trage era
del mismo gusto, y casi tan elegante como el del husped: podria
tener treinta aos, era alto y fornido, y aunque ligeramente pintado
de viruelas, no dejaba de haber gracia en sus bellas facciones; su
ademan y su aire, no solo tenian soltura sino resolucion, y aun
osada. El poderoso caballo que montaba, negro como el azabache,
estaba adornado de gallardos arreos, y llevaba un par de trabucos
pendientes del arzon trasero. La figura de este hombre me hizo
acordar de los contrabandistas que habia visto en los montes de
Ronda. Conoc que tenia ntimas relaciones con el hermano de nuestra
huspeda, y tambien pens, salvo error, que era amante favorecido
de la graciosa viuda. Con efecto, toda la casa y sus habitantes
tenian cierto aspecto de contrabando: la carabina descansaba en un
rincon, junto  la guitarra. El referido caballero pas la noche en
la posada, y cant con mucha espresion diferentes romances guerreros
de las montaas. Estando nosotros cenando, llegaron dos pobres
asturianos pidiendo un pedazo de pan y un asilo para pasar aquella
noche. Habanlos asaltado los ladrones al volver de una feria, y
despues de robarles el caballo con las mercaderas que llevaba,
el dinero y una parte de sus vestidos, los habian apaleado porque
quisieron defenderse. Mi compaero, con la pronta generosidad que le
es natural, pidi cena y cama para los dos, y les di el dinero que
necesitaban para llegar  sus casas.

 medida que entraba la noche, iban presentndose en la escena nuevos
personages. Un hombre alto y gordiflon, de unos sesenta aos, vino
 tomar parte en la alegre chchara de la huspeda. Vestia el trage
ordinario del pais, con la adicion de un enorme sable que llevaba
bajo el brazo; sus anchos bigotes daban al semblante cierta gravedad,
que anunciaba una especie de insolente confianza, y al parecer le
miraban todos con mucho respeto.

Sancho nos dijo al oido que aquel personage era D. Alfonso Gutierrez,
el hroe y campeon de Loja, clebre por su fuerza prodigiosa, y
por las muchas hazaas con que se seal en tiempo de la invasion
francesa. Con efecto, su lenguage y singulares maneras me divertian
estraordinariamente; porque nuestro hombre era un verdadero andaluz,
cuya jactancia igualaba cuando menos  su bravura. Iba siempre
cargado con su sable como una nia con la mueca; tan pronto le tenia
en la mano como bajo el brazo, llambale su _santa Teresa_, y solia
decir: Cuando le saco tiembla la tierra.

Estuvimos hasta muy tarde oyendo las conversaciones de tan diversos
personages, que platicaban juntos con toda la franqueza de una posada
espaola. Oimos cantares de contrabandistas, historias de ladrones,
antiguos romances moriscos, y por fin de fiesta, nuestra bella
huspeda cant _los infiernos_,  las regiones infernales de Loja,
que son unas cavernas sombras, por donde corren y se precipitan con
espantoso estruendo rios y cascadas subterrneas. El vulgo cree que
desde tiempo de los moros, cuyos reyes tenian sus tesoros en estas
cuevas, habitan en ellas monederos falsos.

No seria difcil llenar estas pginas de incidentes de nuestra
espedicion; pero me llaman otros objetos. Viajando de este modo,
Salimos en fin de los montes para entrar en la hermosa vega de
Granada. Sentmonos  la orilla de un riachuelo sombreado de
frondosos olivos, y all hicimos nuestra ltima comida  campo raso,
teniendo  la vista la antigua capital del postrer reino musulman en
Espaa. Las altas torres de la Alhambra comunicaban  la ciudad un
interes irresistible, al paso que la Sierra-Nevada descollaba por
encima de los edificios  manera de una corona de plata. Brillaba
el dia puro y despejado, y la fresca brisa de los montes templaba
los ardores del sol. Cuando hubimos comido tendimos las capas, y
disfrutamos por ltima vez del placer de dormir sobre el csped,
halagados por el blando susurro de las abejas que vagan de flor en
flor, y el tierno arrullo de las trtolas que posan en los olivos.
Pasadas las horas del calor volvimos  emprender la marcha, y despues
de haber caminado entre vallados de aloes y bananos, y atravesado una
multitud de jardines, llegamos  la que anochecia  las puertas de
Granada.

 los ojos del viagero que se halle poseido de un sentimiento de
predileccion hcia la histrica y potica Alhambra de Granada, es
este monumento tan venerable como para los peregrinos musulmanes
la Kaaba  casa sagrada de Mahoma. Cuntas leyendas y tradiciones
verdaderas  fabulosas, cuntos cantares, cuntos romances amorosos
 heroicos, espaoles  rabes tienen por objeto este edificio
encantado! Figrese pues el lector cul seria nuestro alborozo,
cuando  poco de haber llegado  Granada, nos permiti el gobernador
de la Alhambra que habitsemos los aposentos que tenia desocupados
en aquel palacio de los reyes moros! Los siguientes rasgos son el
fruto de mis investigaciones y meditacion durante esta deliciosa
permanencia; y si pudiesen comunicar  la imaginacion del lector una
parte del misterioso interes que inspiran los sitios donde fueron
trazados, yo s que habia de lastimarse de no haber pasado un verano
conmigo en aquellos salones de la Alhambra, tan fecundos en memorias
maravillosas.




Gobierno de la Alhambra.


Es la Alhambra una fortaleza antigua,  un palacio fortificado,
desde cuya morada dominaban los reyes moros de Granada su ponderado
paraiso terrenal, y en donde estuvo la ltima silla de su imperio
en Espaa. El palacio forma solo una parte de la fortaleza, cuyas
almenadas murallas se estienden en direccion irregular en derredor
de la cresta de una elevada colina que se desprende de la cadena
de montes nevados y domina la ciudad. En tiempo de los moros podia
esta fortaleza contener en su recinto un egrcito de cuarenta mil
hombres, y no pocas veces sirvi  los soberanos de asilo contra
sus vasallos sublevados. Despues de haber pasado el reino  manos
de los cristianos, sigui la Alhambra siendo una morada real, y la
habitaron algunas veces los monarcas castellanos. Crlos V comenz 
levantar un palacio dentro de sus muros; mas los repetidos terremotos
no dejaron llevar adelante esta empresa. Los ltimos reyes que
habitaron este edificio, fueron Felipe V y su esposa la reina Isabel
de Parma, al principio del siglo diez y ocho.

Hicironse grandes preparativos para recibirlos, se repar el palacio
y los jardines, y se construyeron nuevas habitaciones, que fueron
ricamente adornadas por artistas italianos. Mas  pesar de todo,
despues de la mansion pasagera de estos prncipes, la Alhambra qued
de nuevo desierta y desolada, si bien se conservaba siempre en ella
un estado militar y guarnicion bastante numerosa. El gobernador era
nombrado directamente por el rey, y su jurisdiccion se estendia hasta
los arrabales de la ciudad, sin ninguna dependencia del capitan
general de Granada. Habitaba la parte que corresponde  la fachada
del antiguo palacio, y jamas bajaba  Granada sin algun aparato
militar. La fortaleza era en efecto una pequea ciudad, pues que
contenia muchas calles, un convento de franciscos y una iglesia
parroquial.

Pero el abandono de la crte fue un golpe fatal para la Alhambra:
sus hermosas salas fueron deteriorndose de dia en dia, quedando
muchas del todo arruinadas; destruyronse los jardines, y las fuentes
cesaron de correr. Un enjambre de vagabundos se fue apoderando poco
 poco de las partes desiertas de los edificios; los contrabandistas
se aprovechaban de la independencia de su jurisdiccion para seguir
con seguridad sus criminales operaciones; los ladrones, los pcaros
de todas clases se refugiaban en su recinto, y dirigian desde
all sus tiros sobre Granada y sus inmediaciones. Por fin, puso
el gobierno la mano, y desapareci este desrden: la plaza fue
enteramente purificada, quedando solo en ella aquellos moradores de
notoria honradez, y cuyo derecho de residencia era incontestable;
demolironse la mayor parte de las casas, y nicamente se conserv
una pequea aldea, el convento y la parroquia. Durante las ltimas
guerras de la pennsula, habiendo ocupado los franceses  Granada,
pusieron una guarnicion en la Alhambra: alojse el comandante en
el palacio, y este monumento de la grandeza y de la elegancia de
los moros, se salv entonces de una completa devastacion por efecto
de aquel gusto ilustrado que distingue  la nacion francesa. Se
repararon los techos, y lo que quedaba de las salas y las galeras
fue puesto  cubierto de la injuria del tiempo; se cultivaron los
jardines, pusironse corrientes los conductos del agua, y volvi 
saltar esta en medio de las flores: de modo que Espaa debe  sus
invasores la conservacion del mas hermoso y mas interesante de sus
monumentos histricos.

Antes de evacuar la fortaleza, volaron los franceses muchas torres
de la muralla esterior  inutilizaron las fortificaciones; y como
desde entonces no existe ya la importancia militar de esta plaza, su
guarnicion consiste nicamente en algunos invlidos, cuyo principal
servicio est reducido  guardar las torres esteriores, que suelen
servir para prision de reos de estado. El mismo gobernador ha
abandonado ya las alturas de la Alhambra y vive en el centro de
Granada, en donde le es mucho mas fcil comunicarse con el gobierno.

No puedo terminar esta breve noticia sin dar testimonio de la
exactitud y laudable celo con que el actual comandante de la Alhambra
D. Francisco de la Serna, llena los deberes de su destino, y emplea
los cortos recursos de que puede disponer en reparar las ruinas del
palacio, y retardar por medio de sabias precauciones una ruina que
por desgracia es sobrado cierta. Si hubiesen hecho otro tanto sus
predecesores, este monumento conservaria aun casi toda su belleza
primitiva, y si el gobierno ausiliase los buenos deseos de este
benemrito oficial, aquellos preciosos vestigios adornarian aun el
pais por largo tiempo, y de todos los puntos de la tierra conducirian
 l  los curiosos ilustrados.




Interior de la Alhambra.


Son tantas y tan minuciosas las descripciones que se han hecho de
la Alhambra, que sin duda bastarn algunos rasgos generales para
refrescar la memoria del lector. Voy pues  referir sucintamente la
visita que hicimos  este monumento la maana inmediata  nuestra
llegada  Granada.

Habiendo salido del meson de la Espada, en donde parbamos,
atravesamos la clebre plaza de Vivarrambla, teatro en otros tiempos
de justas y torneos, y trasformada ahora en mercado muy concurrido.
De all pasamos al Zacatin, cuya calle principal era en tiempo de los
moros un gran mercado: sus pequeas tiendas y angostos soportales
conservan aun el carcter oriental. Despues de haber cruzado la plaza
donde se halla el palacio del capitan general, subimos una calle
tortuosa y no muy ancha, cuyo nombre recuerda los dias caballerescos
de Granada;  saber, la calle de los Gomeles, as llamada de una
tribu famosa en las crnicas y en los romances, la cual conduce 
una puerta de arquitectura griega, edificada por Crlos V, que da
entrada  los dominios de la Alhambra.

Dos  tres veteranos, sentados en un banco de piedra, reemplazaban
 los zegries y abencerrages; y el canoso centinela estaba hablando
con un ganapan alto y seco, cuyo pardo y raido capote cubria apenas
el resto de unos vestidos mas miserables todava, el cual luego que
nos descubri se vino  nosotros, ofrecindose  acompaarnos y
ensearnos la fortaleza.

Yo he mirado siempre  los _Ciceroni_ con cierta repugnancia de
viagero, y el aspecto de este no me inclinaba ciertamente  hacer una
escepcion en su favor.

Sin duda, le dije, conocereis muy bien el edificio?

--Palmo por palmo, seor; como que soy hijo de la Alhambra.

No puede negarse, que los espaoles tienen un modo de espresarse muy
potico. Hijo de la Alhambra! Este ttulo hiri mi imaginacion, los
andrajos de mi interlocutor adquirieron  mis ojos cierta dignidad,
parecironme el justo emblema de la vria fortuna del sitio, y por
otra parte, cuadraban perfectamente  la progenitura de unas ruinas.

Le hice algunas preguntas, y qued convencido de que tenia un derecho
legtimo al ttulo que tomaba: su familia habitaba la fortaleza desde
el tiempo de la conquista, y l se llamaba Mateo Gimenez.

Seris tal vez, le pregunt, algun pariente del gran cardenal
Gimenez?

--Quin sabe, seor; todo podria ser.... lo que no cabe duda es que
somos la familia mas antigua de la Alhambra, cristianos viejos sin
mezcla de moro ni judo. Yo s que pertenecemos  una gran casa,
pero no me acuerdo cul: mi padre lo sabe todo, y conserva nuestro
blason colgado  la pared de su cabaa, que est en lo mas alto de la
fortaleza. Estas razones, y el primer ttulo que se habia dado el
andrajoso hidalgo me cautivaron de modo, que desde luego acept con
gusto los servicios del hijo de la Alhambra.

Entramos en un angosto y profundo barranco lleno de bosquecillos y
cubierto de verdura. Atravesbale una avenida rpida, y cortbanle
en todas direcciones varios senderos tortuosos, adornados de fuentes
y bancos de piedra.  la izquierda se elevaban por encima de nuestras
cabezas las torres de la Alhambra, y  la derecha, por la parte
opuesta del barranco, nos dominaban otras no menos altas, edificadas
sobre la pea viva: estas eran las _Torres bermejas_, llamadas as 
causa de su color. Nadie conoce su orgen, si bien se sabe que son
mucho mas antiguas que la Alhambra: algunos las suponen construidas
por los romanos, y otros las creen obra de una colonia errante de los
fenicios. Subiendo la sombra y rpida avenida, llegamos al pie de
una torre cuadrada, que es la entrada principal de la fortaleza. All
encontramos otro grupo de invlidos, uno de los cuales estaba de
centinela bajo el arco de la puerta, en tanto que los demas dormian
sobre los bancos de piedra, envueltos en sus capas. Llmase  esta
la _puerta del Juicio_, porque durante la dominacion de los moros se
reunia bajo su prtico el tribunal que juzgaba inmediatamente las
causas de poca entidad. Esta costumbre, comun  todo el oriente, se
halla consignada en muchos pasages de la Escritura.

El gran vestbulo  prtico lo forma un arco inmenso que se eleva
casi hasta la mitad de la torre. Sobre la piedra fundamental de
la bveda esterior esta esculpida una mano gigantesca, y en la
correspondiente de la parte interior se ve representada del mismo
modo una enorme llave. Los que creen tener algun conocimiento de los
smbolos mahometanos, dicen que la mano es el emblema de la doctrina,
y la llave el de la fe; aadiendo que este ltimo signo era el
distintivo constante de los estandartes musulmanes cuando subyugaron
la Andaluca. Mas el hijo legtimo de la Alhambra esplicaba la cosa
de otro modo.

Segun Mateo, que se apoyaba en la autoridad de una tradicion
trasmitida de padres  hijos desde los primeros habitantes de la
fortaleza, la mano y la llave eran figuras mgicas, y pendia de
ellas la suerte de la Alhambra. El rey moro que hizo construir este
edificio, mgico famoso, y que aun, segun la opinion de muchos,
habia vendido su alma al diablo, puso la fortaleza bajo el influjo
de un encanto, en fuerza del cual ha resistido siglos enteros 
los asaltos y terremotos que han destruido la mayor parte de los
edificios moriscos; y es fama comun que el encanto conservar toda su
virtud hasta el momento en que la mano se baje de tal modo que llegue
 tocar la llave, en cuyo acto se hundir la Alhambra, y quedarn de
manifiesto los tesoros de los reyes moros que estn enterrados bajo
sus moles.

Sin embargo de esta espantosa prediccion, nosotros pasamos sin
vacilar por bajo del arco encantado.

Desde all, por un camino angosto y sinuoso practicado entre las
murallas, subimos  una esplanada interior, llamada la _plaza de los
Algibes_, en razon de unos grandes depsitos de agua abiertos en
la pea, y tambien hay un pozo inmenso que da un agua sobremanera
fresca y cristalina. Estas obras prueban la esquisita voluptuosidad
de los rabes, y lo mucho que apreciaban obtener este elemento en
toda su pureza.

En frente de esta esplanada se halla el palacio de Crlos V, que
debia eclipsar segun dicen  la antigua mansion de los reyes moros.
Mas  despecho de su magnificencia y de una arquitectura que no
carece de mrito, este monumento no parece otra cosa que un intruso
orgulloso; y de ah es que mi compaero y yo pasamos por delante sin
detenernos, y nos dirigimos  la sencilla puerta por donde se penetra
en el palacio antiguo.

La transicion es casi mgica: cremonos trasportados de repente 
otros parages y  otro siglo, y que bamos  presenciar las escenas
que refiere la historia de los rabes. Nos hallamos en un gran patio
pavimentado de mrmol blanco, y decorado  sus ngulos con ligeros
perstilos moriscos. Era el patio de la Alberca  del gran Vivero, y
ocupaba su centro un estanque de ciento treinta pies de largo, lleno
de peces y circuido de rosales.

Al estremo superior de este patio se halla la torre de Comres; pero
nosotros, dirigindonos al lado opuesto, entramos por un pasadizo
cubierto en el clebre _patio de los Leones_. Ninguna parte del
edificio da una idea tan completa de su antigua magnificencia;
porque ninguna ha sufrido menos los estragos del tiempo. Vese en
el centro aquella fuente, tan famosa en la historia y en los cantos
populares; las tazas de alabastro derraman de continuo una lluvia
de lquidos diamantes, y los doce leones arrojan por las narices
torrentes de agua cristalina lo mismo que en los dias de Boabdil.
El patio se halla cubierto de flores y rodeado de ligeros arcos,
adornados de esculturas y filigranas de una labor tan delicada
como el encage, y sostenidos sobre delgadsimas columnas de mrmol
blanco. La arquitectura, lo mismo que la del resto del palacio,
tiene mas elegancia que grandeza, y est indicando un gusto blando
y delicado, y cierta disposicion  los placeres de la indolencia.
Cuando se dirige la vista  aquellos prticos areos con sus frgiles
apoyos, que parecen obra de las hadas, apenas puede concebirse
cmo el tiempo, los temblores de tierra, el abandono y la rapia de
los viageros curiosos, no menos temible que la de los guerreros, ha
perdonado una parte tan grande de este monumento: estas reflexiones
podrian casi hacer admitir la tradicion que le supone protegido por
un encanto.  un lado del patio, por una puerta ricamente adornada,
se entra  una gran pieza embaldosada de mrmol blanco, llamada
la _sala de las dos hermanas_. Una cpula abierta da paso al aire
esterior, y deja penetrar una luz templada; la parte inferior de las
paredes est incrustada de hermosos azulejos moriscos, en los cuales
se ven los escudos de armas de los reyes moros; la superior se halla
revestida de aquel hermoso estuco inventado en Damasco, compuesto de
grandes chapas vaciadas y unidas con tanto arte, que parece se hayan
esculpido en el mismo sitio los elegantes relieves y caprichosos
arabescos que en ellas se ven entrelazados con testos del alcorn
 inscripciones rabes. Los adornos de las paredes y de la cpula
estn ricamente dorados, y sus intersticios revestidos de lapislzuli
y otros colores hermosos y permanentes.  uno y otro lado de la
sala estn las alcobas destinadas  contener las otomanas  lechos
orientales. Sobre un prtico interior corre una galera que comunica
con la vivienda de las mugeres; y todava se ven all las celosas
por donde las lindas odaliscas del harem podian ver sin ser vistas
las fiestas de la sala inferior.

Es imposible contemplar aquella antigua y privilegiada mansion de los
rabes, aquel palacio donde las costumbres orientales desplegaron
todo su esplendor y elegancia, sin que se renueven en la imaginacion
las antiguas escenas que se han leido en las novelas: casi espera uno
ver la blanca mano de una princesa que hace seas desde un balcon, 
bien unos ojos negros que lanzan miradas de fuego al traves de una
celosa. El asilo de la hermosura existe aun all como si lo hubiesen
habitado ayer; mas qu se han hecho las Zoraidas y Lindaraxas?

Al lado opuesto del patio de los Leones est la _sala de los
Abencerrages_, llamada as en memoria de los valientes caballeros
de aquella ilustre familia que fueron degollados en este sitio. No
falta quien ponga en duda la verdad de esta historia en todos sus
pormenores; pero nuestro humilde guia nos ense la portezuela por
donde los hicieron entrar uno  uno, y la fuente de mrmol blanco
que existe en medio de la sala, en cuya taza cayeron sus cabezas;
hacindonos ademas observar en el pavimento ciertas manchas rogizas,
las cuales nos dijo eran los rastros de su sangre, que jamas han
podido borrarse; y persuadido de que le escuchbamos con fcil
credulidad, aadi que algunas noches se percibia en el patio de los
Leones un rumor sordo y confuso como el murmullo de una multitud, al
que se unia de cuando en cuando un crujido semejante al estrpito de
cadenas oido  cierta distancia. Es muy probable que estos ruidos
provengan de las corrientes de agua que por diferentes caeras
pasan por bajo el piso para alimentar las fuentes; mas el hijo de la
Alhambra los atribua  las almas de los abencerrages degollados, que
vagan durante la noche por el teatro de su suplicio,  imploran la
venganza divina sobre su asesino.

Del patio de los Leones volvimos atras, y cruzando de nuevo el de
la Alberca, llegamos  la torre de Comres, que lleva el nombre
del arquitecto que la construy. Es fuerte, slida, de atrevida
elevacion, y domina todo el edificio y el lado mas escarpado de
la colina, que baja rpidamente hasta la orilla del Darro. Por un
cobertizo pasamos al salon inmenso que ocupa el interior de la
torre, el cual era la sala de audiencia de los reyes de Granada, y
se llama por esta razon la _sala de los Embajadores_. Todava se
descubren en l algunos vestigios de su antigua magnificencia: las
paredes estn adornadas de ricos arabescos de estuco; y en el techo,
cimbrado de madera de cedro, que por la mucha elevacion apenas se
distingue, brillan los hermosos dorados y ricas tintas del pincel
rabe. Por tres lados del salon hay ventanas abiertas en el inmenso
espesor de las paredes, y desde sus balcones, que dan  las frondosas
mrgenes del Darro, y  las calles y conventos del Albaicin, se
descubre  lo lejos la vega.

Bien pudiera yo describir prolijamente otras piezas elegantes como
son el _Tocador de la reina_, que es un mirador abierto en lo mas
alto de una torre, adonde solia subir la sultana  respirar la brisa
refrigerante de los montes, y gozar de la vista de aquel paraiso que
rodea el palacio; el pequeo patio retirado  jardin de Lindaraxa
con su fuente de alabastro, sus rosales y sus bosquecillos de mirtos
y limoneros; y en fin, las salas y grutas de los baos, en donde la
claridad y el calor del dia quedan reducidos  una luz misteriosa y
una temperatura suave; mas no quiero detenerme en dar una relacion
circunstanciada de estos objetos, porque mi idea en este momento se
limita  introducir al lector en una mansion, que si quiere podr
recorrer conmigo durante todo el curso de esta obra, hasta irse
familiarizando con sus localidades.

Diferentes acueductos de construccion rabe conducen de las montaas
el agua que circula en abundancia por todo el palacio, llena los
baos y los estanques, salta en medio de los salones y murmura bajo
los enlosados de mrmol. Cuando ha pagado su tributo  la mansion de
los reyes y visitado sus prados y jardines, desciende en riachuelos
y fuentes innumerables por los lados de la alameda que conduce 
la ciudad, y mantiene en perpetua primavera los bosquecillos que
embellecen y dan sombra  la colina de la Alhambra.

Se necesita haber habitado en los climas ardientes del medioda para
conocer todo el precio de un retiro, en donde los vientos frescos y
suaves de los montes se unen  la frondosa verdura de los valles.

Entre tanto que la parte baja de la ciudad desfallece abrasada por
los rayos de un sol devorador, y mientras la hermosa vega se mira
agostada por un ardor sofocante, las frescas brisas de Sierra-Nevada
juguetean en las altas salas de la Alhambra, difundiendo por todo su
recinto los suaves aromas de los jardines que la rodean. Todo convida
all  aquel reposo profundo que constituye el mayor recreo en los
paises meridionales; los medio cerrados ojos distinguen por entre los
sombros balcones el risueo paisage, y se gozan en aquella vista
deleitosa, hasta que halagados por el manso ruido de los rboles y el
suave murmullo de las aguas, se quedan dulcemente dormidos.




Economa domstica.


Tiempo es ya de dar alguna idea del mtodo de vida que establec en
esta singular habitacion. El palacio de la Alhambra est al cuidado
de una buena vieja llamada D. Antonia Molina; pero mas conocida
con el nombre familiar de _la tia Antonia_. Esta procura tener en
buen estado las salas y jardines, y ensearlos  los curiosos; y
en recompensa recibe los regalos de los viageros y dispone de todo
el producto de los jardines, escepto el tributo de frutas y flores
que envia de cuando en cuando al gobernador. Esta buena muger y su
familia, compuesta de un sobrino y una sobrina, hijos de dos hermanos
suyos, habitan un ngulo del palacio. El sobrino Manuel Molina, es un
jven de carcter slido y de una gravedad verdaderamente espaola.
Despues de haber servido algun tiempo en Espaa y en Amrica, dej la
carrera militar y se puso  estudiar medicina, con la esperanza de
ser un dia mdico de la Alhambra, plaza que cuando menos vale tres
mil reales al ao. En cuanto  la sobrina es una andalucilla fresca y
rolliza, de ojos negros y gesto risueo, que aunque se llama Dolores,
desmiente con su alegre afabilidad la tristeza de este nombre. Esta
jven es la heredera declarada de todos los bienes de su tia, que
consisten en algunas bicocas de lo interior del fuerte, cuyo alquiler
produce cerca de tres mil reales. Desde los primeros dias de mi
residencia en la Alhambra, ya descubr yo que un amor discreto unia
al prudente Manuel y  su vivaracha prima, los cuales solo esperaban
para ver colmados sus votos la dispensa del Papa, precisa  causa del
parentesco, y el ttulo que debia dar al futuro el carcter de doctor.

Concert con la seora Antonia todo lo relativo  mi habitacion
y asistencia, y qued convenido que la gentil Dolores cuidaria de
mi aposento y me serviria  la mesa. Tenia ademas  mis rdenes
un muchacho alto, rojo y tartamudo llamado Pepe, que trabajaba de
ordinario en el jardin, y que me hubiera servido de criado con la
mejor voluntad,  no haberle ganado por la mano Mateo Gimenez, el
hijo de la Alhambra. Este despejado y oficioso personage, sin saber
cmo, habia conseguido no separarse de m desde nuestro primer
encuentro; se entrometia en todos mis planes, y al fin logr ser
admitido en debida forma como ayuda de cmara, _Cicerone_, guia y
escudero-historigrafo. Habame sido preciso mejorar el estado de
su guardaropa para que no afrentase al amo en el desempeo de sus
diversas funciones; y en consecuencia, bien como la serpiente deja
la piel, habia l dejado la vieja capa parda, y con no poca sorpresa
de sus camaradas, se presentaba en la fortaleza con una chaqueta y
un sombrero andaluz muy graciosos. El principal defecto de Mateo era
un celo escesivo y un deseo inquieto de ser til, con que llegaba
 hacerse importuno. Como no dejaba de conocer que casi me habia
forzado  admitirle en mi servicio, y que mis costumbres sencillas y
tranquilas hacian de su empleo un beneficio simple; daba tormento 
su ingenio para hallar medios de hacerse necesario  mi bien estar
interior. En cierto modo era yo vctima de su solicitud, porque no
podia poner el pie en el umbral del palacio para salir  dar un
paseo por la fortaleza, sin verle luego  mi lado para esplicarme
todo lo que se presentase, y si me resolvia recorrer las colinas
inmediatas, se empeaba en seguirme para servirme de guarda; bien
que yo estoy ntimamente convencido de que en caso de algun ataque,
antes hubiera apelado  la ligereza de los pies que  la fuerza de
los brazos. Con todo eso el pobre mozo era algunas veces divertido:
sencillo, siempre de buen humor, y parlanchin como un barbero de
lugar, est al corriente de todos los chismes del pueblo; pero lo
que le da mas orgullo es el tesoro de noticias locales que posee. No
existe en la fortaleza una sola torre, una puerta, una bveda de la
que no sepa una historia llena de prodigios, y creida por l como
artculo de fe. La mayor parte de estas consejas las ha heredado
de su abuelo, un sastrecillo hablantin y novelero, que habiendo
vivido cerca de cien aos, solo dej dos veces el recinto de la
fortaleza. Su tienda fue por mas de un siglo el punto de reunion de
un enjambre de venerables chuzonas, que pasaban all una parte de
la noche hablando de los tiempos antiguos, de los acontecimientos
maravillosos y de los misterios del edificio. Toda la vida, las
acciones, los pensamientos del sastrecillo historiador habian
quedado encerrados en los muros de la Alhambra: aquellos muros le
vieron nacer, crecer y envejecer; all hall su existencia, all
muri y all fue enterrado. Mas felizmente para la posteridad,
sus tradiciones no murieron con l: el autntico Mateo, cuando era
mozalvete, escuchaba embelesado las narraciones de su abuelo y de
las viejas que formaban su tertulia, y de este modo acumul en su
cabeza un tesoro de conocimientos verdaderamente preciosos sobre la
Alhambra: conocimientos que no se hallan en ningun libro, y que en
realidad son dignos de la atencion de todo viagero curioso. Tales
eran los personages que contribuan  hacer cmoda y agradable mi
vida domstica de la Alhambra; y yo creo que ninguno de los soberanos
cristianos  musulmanes que me precedieron en aquel palacio, fue
servido con mas fidelidad, ni goz de un imperio mas pacfico.

Luego que me levantaba, Pepe, el jardinero tartamudo, me traa
flores acabadas de coger, y la diestra mano de Dolores, que no dejaba
de tener cierto orgullo mugeril en la decoracion de mi cuarto, las
colocaba luego en jarros dispuestos al intento. Almorzaba y comia
segun el humor que reinaba, ya en una de las salas, ya bajo los
prticos del patio de los Leones, rodeado de flores y de fuentes;
y cuando deseaba correr la campia, mi infatigable escudero me
acompaaba  los parages mas pintorescos de los montes  valles
inmediatos, refirindome en cada uno de estos puntos alguna aventura
maravillosa de que habia sido teatro. No obstante mi aficion  la
soledad, solia interrumpir la uniformidad de la mia, pasando algunos
ratos con la familia de Doa Antonia, que se reunia de ordinario
en una antigua cmara morisca que servia de cocina y de salon.  un
estremo de la pieza estaba una chimenea groseramente construda,
cuyo humo habia tiznado las paredes, y borrado casi del todo los
arabescos; al otro habia un balcon que caa  la orilla del Darro, y
daba libre entrada  la fresca brisa de la noche. All pues hacia yo
mi frugal cena, compuesta de frutas y leche, entretenindome al mismo
tiempo con la conversacion de aquellas buenas gentes. Nunca deja de
hallarse entre los espaoles lo que ellos llaman ingenio natural; y
de ah es que cualquiera que sea su educacion y su clase, siempre su
conversacion es interesante y agradable;  lo cual debe aadirse, que
merced  cierta dignidad inherente al carcter, nunca son bajos sus
modales. La buena tia Antonia es una muger de no menos ingenio que
juicio, aunque sin ninguna especie de cultura; y la graciosa Dolores,
que en todo el discurso de su vida no habia leido cuatro volmenes,
ofrecia una reunion interesante de sencillez y agudeza, y muchas
veces me dejaba admirado con sus discretas ocurrencias. Algunas
noches el sobrino, con el conocido objeto de instruir y agradar 
su primita, nos lea una comedia de Calderon  Lope de Vega; mas
con grande mortificacion suya, la muchacha solia quedarse dormida
antes de concluirse el primer acto. De cuando en cuando recibia la
tia Antonia  sus humildes amigos y dependientes las mugeres de los
invlidos y los habitantes de la aldea, todos los cuales miraban con
el mayor respeto  la intendenta del palacio, la hacian la crte,
y la participaban las noticias de la fortaleza y las novedades que
corrian por Granada, cuando llegaban por casualidad  sus oidos.
En estos corrillos de viejas he aprendido yo muchas veces hechos
curiosos, que me han ilustrado mucho sobro las costumbres del pueblo
espaol, instruyndome en ciertas particularidades muy interesantes
de los usos locales. Que se me perdone pues la relacion de estas
sencillas diversiones, que tal vez parecer insignificante  los que
no conocen el embeleso que las daban  mis ojos los sitios en donde
pasaban. Hallbame en un suelo encantado y rodeado de recuerdos
romanticos. Salido apenas de la infancia, recorr en las riberas
del Hudson una antigua historia de las guerras de Granada, y esta
ciudad se hizo el objeto de mis dulces delirios. Desde aquel momento
mi imaginacion me habia trasportado mil veces  los salones de la
Alhambra, y al verme ahora en ellos, bastaba apenas el testimonio
de mis sentidos  persuadirme que se hubiese realizado para m un
verdadero castillo en Espaa[1]. Me hallo efectivamente, decia, en
el palacio de Boabdil? Es aquella Granada tan clebre en los fastos
de la caballera, la que distingo desde este elevado balcon? S, no
es ilusion: recorro  mi placer estos salones orientales, oigo el
murmullo de las fuentes, respiro la fragancia de las rosas, cedo  la
influencia de esta atmsfera embalsamada, y casi me persuado que me
hallo en el paraiso de Mahoma, y que la tierna y graciosa Dolores es
una de las hurs de brillantes ojos, destinadas  hacer la felicidad
de los verdaderos creyentes.

  [1] Esto alude  la frase francesa: _Faire des chteaux en
  Espagne_, que equivale  la castellana: _Hacer castillos en el
  aire_.




Tradiciones locales.


El pueblo espaol tiene una pasion oriental  los cuentos, y
sealadamente  los que refieren acontecimientos maravillosos. Es
muy comun en Espaa el ver  las gentes vulgares reunidas en un
corro  la puerta de sus cabaas,  bajo las inmensas campanas de
las chimeneas de las ventas, escuchando embelesadas las leyendas en
que se trata de las peligrosas aventuras de los viageros,  de las
refriegas de los ladrones y contrabandistas. Pero los temas favoritos
de estas historias son los tesoros escondidos por los moros: al
atravesar aquellas montaas desiertas, teatro otro tiempo de tantos
combates gloriosos, no encuentra el viagero una sola atalaya puesta
sobre un pico elevado en medio de las rocas,  dominando un lugarejo
que parece abierto  pico en la pea, sin que el mozo que le acompaa
no se quite el cigarro de la boca para referirle alguna conseja de
las monedas rabes que estn enterradas bajo sus cimientos. Ni se
halla tampoco un solo alczar en las ciudades que no tenga tambien
su historia dorada, trasmitida entre los pobres del pueblo de
generacion en generacion.

Estas tradiciones, como la mayor parte de las fbulas populares,
deben su orgen  algunos hechos verdaderos. Durante las guerras de
moros y cristianos, que afligieron por tanto tiempo el pais, los
castillos y las ciudades mudaban de dueo con gran frecuencia, y sus
habitantes cuando se vean sitiados, solian enterrar sus alhajas y
dinero en las cuevas y en los pozos, como se practica aun en las
naciones guerreras del oriente. En la poca de la espulsion de los
moros, muchos de ellos escondieron los efectos mas preciosos que
posean, con la esperanza de regresar muy pronto  su tierra natal
y recobrar su tesoro. Ello es cierto que algunas veces cavando entre
las ruinas,  en las inmediaciones de las casas  palacios moriscos,
se han hallado arcas llenas de monedas de oro y de plata, que vuelven
 ver la luz despues de haber estado enterradas por espacio de muchos
aos; y basta un corto nmero de estos hechos para dar lugar  mil
fbulas.

Estas historias se presentan con aquella reunion de gtico y
oriental, que en mi concepto caracteriza todos los usos y rasgos
esenciales de las costumbres de Espaa, sealadamente en las
provincias meridionales: el tesoro escondido est siempre protegido
por un encanto; unas veces le defiende un horrible dragon, otras le
guardan unos moros encantados, que al cabo de siglos permanecen aun
armados de punta en blanco, con la espada desnuda  inmviles como
unas esttuas, en el sitio donde fueron enterradas sus riquezas.

Es muy natural que la Alhambra, en razon de las circunstancias
particulares de su historia, preste materia mas amplia  estas
ficciones que ninguno de los otros lugares clebres en las crnicas;
y algunos vestigios encontrados de tarde en tarde entre sus ruinas,
han acreditado las maravillosas tradiciones que sobre ellos andan
esparcidas. En una ocasion se desenterr una olla llena de oro, y
el esqueleto de un gallo; y los mas inteligentes en estas materias,
opinaron que esta ave habia sida enterrada viva. En otro tiempo se
descubri una caja, y dentro de ella se hall un grande escarabajo
cubierto de inscripciones rabes, que se crey fuesen palabras
mgicas de gran virtud. En una palabra, los ingenios mas aventajados
de la poblacion andrajosa de la Alhambra, se han devanado los sesos
hasta lograr que no hubiese en esta antigua fortaleza una torre,
una sala, ni una bveda sin su correspondiente historia prodigiosa.
Creo que los captulos anteriores habrn familiarizado ya  mis
lectores con las localidades de este palacio, y as voy  engolfarme
atrevidamente en sus pasmosas leyendas, que me ha sido preciso
restaurar enteramente, reuniendo los fragmentos que me fueron
contados en diferentes pocas y por distintas personas; bien as como
un sbio anticuario suele formar un documento histrico con algunas
letras sueltas de una inscripcion medio borrada por el tiempo.

Si el lector encontrase en mis relaciones alguna cosa increible,
tenga la bondad de considerar que el sitio en que me hallo no
puede gobernarse por las leyes de la probabilidad que rigen en las
escenas de la vida comun. El suelo que piso est encantado, y los
acontecimientos mas tribiales reciben en l un aspecto sobrenatural y
maravilloso.




La Casa del Gallo.


En la cumbre de la alta colina del Albaicin, que es el barrio mas
elevado de Granada, se ven los restos de un castillo levantado poco
despues de la conquista de Espaa por los rabes. Al presente est
trasformado en una fbrica, y ha caido en tal olvido, que  pesar
del ausilio que me prestaba el sapientsimo Mateo, me cost gran
trabajo el descubrirle. Este edificio conserva aun el nombre con que
fue conocido por espacio de algunos siglos; esto es, el de _casa
del Gallo de viento_. Se llam as por tener en la parte superior
una figura de bronce que giraba  modo de veleta  todos vientos, y
representaba un guerrero  caballo, armado de lanza y adarga, con dos
versos rabes, que dicen as traducidos al castellano:

    Dice el sbio Aben-Habuz
    Que as se defiende el andaluz.

Este Aben-Habuz, segun las crnicas rabes, fue uno de los capitanes
de Tarik, quien le nombr alcaide de Granada; y es probable que
hiciese erigir dicha efigie guerrera, para recordar  los habitantes
musulmanes del pais, que hallndose como se hallaban rodeados de
enemigos, su seguridad exigia que estuviesen  toda hora prontos 
combatir.

Sin embargo, las tradiciones populares esplican de otro modo lo que
concierne  Aben-Habuz y su palacio, y nos ensean que el guerrero de
bronce fue en su orgen un talisman que tenia oculta una gran virtud;
mas que con el tiempo ha perdido su poder mgico, quedando reducido 
una simple veleta.

Estas tradiciones son las que me he propuesto dejar consignadas en el
captulo siguiente.




Leyenda del Astrlogo rabe.


En cierto tiempo, hace muchos siglos, reinaba en Granada un rey
moro llamado Aben-Habuz, el cual era un conquistador retirado de
los negocios; esto es, un hombre que despues de haber llevado en su
juventud una vida de hostilidades y rapias continuas, cuando se vi
viejo y dbil, ya no dese otra cosa sino vivir en paz con todo el
mundo, poner  cubierto sus laureles, y gozar tranquilamente de los
estados que habia usurpado  sus vecinos.

Sucedi sin embargo, que este monarca tan razonable y pacfico, tuvo
que medir sus fuerzas con algunos rivales jvenes, que hallndose
con todo el fuego de su pasion  la gloria y  los combates, estaban
decididos  pedirle cuentas de lo que habia usurpado  sus padres.
Algunos puntos distantes de su territorio, que en los dias de su
mocedad no se atrevian  rebullirse bajo su mano de hierro, trataron
tambien de alborotarse ahora que aspiraba al descanso, llegando
 amenazar  la capital. De modo que el desventurado Aben-Habuz,
atacado en lo interior y en lo esterior, vivia en continuo sobresalto
en medio de las montaas que rodean  Granada, sin saber por qu
parte romperian las hostilidades.

En vano levant atalayas en los montes, en vano hizo guardar todos
los pasos por tropas estacionarias, que tenian rden de anunciar la
proximidad de los enemigos con fuegos por la noche y ahumadas durante
el dia: las habia con enemigos mas activos y vigilantes que l, y que
 pesar de todas sus precauciones hallaban siempre medios de penetrar
en sus tierras por algun desfiladero, talaban el pais y se llevaban
consigo muchos prisioneros. Se vi nunca un conquistador retirado
y pacfico mas atormentado que el pobre Aben-Habuz? Hallbase en tan
triste situacion, abrumbanle las tribulaciones que por todas partes
le rodeaban, cuando se present en su crte un mdico rabe. Bajbale
hasta la cintura una barba blanca y poblada, y todo su aspecto
anunciaba una estrema vejez; mas no por esto habia dejado de hacer
el viage  Egipto,  pie y sin mas ayuda que el apoyo de un baston
en el que estaban grabados algunos geroglficos. Habale precedido
su celebridad: llambase Ibrahim Eben Abou Agib, creasele nacido
en tiempo de Mahoma, y se decia que su padre Abou Agib habia sido
el ltimo compaero de este profeta. El Eben Abou Agib de que ahora
hablamos, habiendo seguido en su juventud el egrcito victorioso de
Amrou en Egipto, fij su residencia en este pais, en donde permaneci
muchos aos con el objeto de estudiar las ciencias abstractas, y
particularmente la mgia con aquellos sacerdotes. Decase ademas que
posea el secreto de prolongar la vida, y que por su medio habia
cumplido ya mas de dos siglos: la lstima era que habia descubierto
el secreto siendo ya muy viejo, y solo habia podido perpetuar sus
rugas y sus canas.

Este famoso anciano fue honrosamente acogido por el rey, que como
la mayor parte de los monarcas viejos, empezaba ya  manifestar una
aficion decidida  los mdicos y  los astrlogos. Quiso hospedar 
este en su palacio; mas el sbio moro prefiri para su habitacion
una caverna de la colina que dominaba  Granada, que fue precisamente
la misma en donde mas adelante se edific la Alhambra. La hizo
ensanchar, convirtindola en una vasta sala, y practic en el techo
una abertura circular, que comunicando con el esterior, facilitaba
el que pudiesen verse las estrellas al lleno del dia, bien as como
se ven desde el fondo de un pozo. Las paredes de la sala estaban
cubiertas de geroglficos egipcios, signos cabalsticos, y figuras
de las estrellas y constelaciones, y ademas toda la caverna estaba
llena de instrumentos que fabricaron bajo la direccion del sbio los
artistas mas inteligentes de Granada; mas estos instrumentos tenian
cualidades ocultas que solo Ibrahim conocia.

En poco tiempo logr este ser el consejero ntimo del rey, el cual
no hacia nada sin consultarle. Cierto dia, hallndose Aben-Habuz con
su confidente, se lamentaba lleno de dolor de la injusticia de sus
vecinos, y de la continua vigilancia que tenia precision de observar
para estorvar sus invasiones. Cuando hubo acabado de lastimarse,
le mir el astrlogo en silencio por algunos momentos, y tras esto
le dirigi en corta diferencia estas palabras: Sabe,  rey, que
cuando yo estuve en Egipto v una gran maravilla, que era obra de
una princesa pagana de los tiempos antiguos. Sobre una montaa que
domina una ciudad considerable, situada  la orilla del Nilo, se vea
la figura de un carnero de bronce, y encima de este estaba un gallo
del mismo metal; todo ello giraba sobre un quicio, y cuantas veces
se vea el pais amenazado de alguna invasion, se volvia el carnero
hcia la parte por donde venia el enemigo, y cantaba el gallo; lo
cual advertia  los habitantes de la ciudad del peligro en que se
hallaban, indicndoles al mismo tiempo el punto hcia donde debian
dirigir su defensa.

--Gran Dios! esclam el pacfico Aben-Habuz, qu tesoro seria para
m un carnero semejante, que sin cesar tuviese la vista fija en
las montaas que me rodean, y un gallo queme advirtiese en caso de
peligro! Allah Akbar! Cunto mas tranquilo dormiria yo si velasen
tales centinelas en lo alto de mi palacio!

El astrlogo dej pasar los primeros trasportes del rey, y continu
as:

Despues que el victorioso Amrou (tngale Allah en descanso!) hubo
acabado la conquista de Egipto, me qued yo entre los antiguos
sacerdotes de este pais, con los cuales estudi los ritos y
ceremonias de su idolatra, procurando principalmente penetrar los
conocimientos ocultos que les han dado tanta celebridad. Estando un
dia en conversacion con un sacerdote anciano, sentados ambos  la
orilla del Nilo, me seal con el dedo las enormes pirmides que
se levantaban como unos montes en medio del desierto, y me dijo al
mismo tiempo estas palabras: Todo lo que yo puedo ensearte no es
nada en comparacion de los conocimientos que esas masas gigantescas
encierran. En el centro de la pirmide del medio se halla una cmara
sepulcral y en donde reposa la momia del gran sacerdote que ayud
 edificar ese enorme edificio, y con l est enterrado tambien un
libro maravilloso, que contiene todos los secretos del arte mgica.
Este libro lo posey Adan antes de su caida, y pas de padres  hijos
hasta el sbio rey Salomon,  quien fue de gran provecho para la
construccion del templo de Jerusalen; mas el modo cmo lleg despues
al arquitecto de las pirmides, aquel que nada ignora podr solo
decirlo.

Luego que o estas palabras del sacerdote egipcio ardi mi corazon
en deseos de poseer el libro; y como podia disponer de una parte
del egrcito victorioso, agregu  ella cierto nmero de egipcios,
y con su ausilio acomet la empresa de penetrar en la slida masa
de la pirmide. Despues de largos trabajos logr descubrir uno de
los trnsitos secretos del edificio; le segu, y arrastrndome al
traves de un laberinto lbrego y espantoso, me introduje en la cmara
sepulcral del centro, en donde reposaba hacia muchos siglos la momia
del gran sacerdote. Rasgu sus vestiduras esteriores, y desatando
las vendas que ceian el cadver, hall al fin el precioso volmen.
Cogle con mano trmula, y sal presuroso de la pirmide, dejando 
la momia del gran sacerdote esperando el ltimo dia en el silencio y
la oscuridad de su sepulcro.

--Hijo de Abou Agib! esclam Aben-Habuz, eres ciertamente un gran
viagero, y has visto cosas maravillosas; mas qu tengo yo que ver
con el secreto de la pirmide, ni con el libro de la ciencia del
sbio Salomon?

--Vas  saberlo,  rey. Con el estudio constante de este libro me
he instruido en todos los secretos de la mgia, y puedo mandar 
los genios que me ayuden en la egecucion de mis planes. Conozco el
misterio del talisman de Bursa, y puedo construir otro semejante y
darle todava mas fuerza.

-- sbio hijo de Abou Agib! dijo Aben Habuz enagenado de alegria;
semejante talisman vale mas que las centinelas que tengo en la
frontera y las atalayas de los montes. Dame luego esa feliz
salvaguardia, y toma todas las riquezas de mi tesoro.

El astrlogo puso luego manos  la obra para satisfacer los deseos
del viejo monarca. Al efecto hizo construir una altsima torre en lo
mas elevado del palacio, frente la colina del Albaicin; y es fama que
las piedras que sirvieron para su construccion fueron sacadas de una
de las pirmides de Egipto. La parte superior de la torre la ocupaba
una sala de figura circular, con ventanas que caan  todos los
puntos del horizonte; delante de cada una de estas ventanas habia una
mesa, y sobre ella,  manera de un juego de ajedrez, estaba colocado
un pequeo egrcito, compuesto de infantera y caballera con su rey
 la cabeza, labrado todo en madera. Junto  cada mesa se vea ademas
una lanza del tamao de un punzon, en la cual estaban grabados
ciertos caracteres caldeos. La rotunda estaba siempre cerrada con una
puerta de bronce y una reja de acero, cuya llave guardaba el rey. En
lo mas alto de la torre habia sobre un quicio una figura de bronce,
que representaba un guerrero moro con una adarga en la una mano y una
lanza en la otra: tenia la cara vuelta hcia la parte de la ciudad,
en actitud de velar sobre ella; mas en el momento en que se acercaba
algun enemigo, se volvia hcia el punto amenazado, enristrando al
mismo tiempo la lanza.

Concluido que estuvo el talisman, impaciente Aben-Habuz de
esperimentar su eficacia, deseaba una invasion tanto como antes la
habia temido. No tardaron  cumplirse sus deseos: acababa de amanecer
una maana, cuando el centinela de la torre avis al rey que el
guerrero de bronce estaba vuelto hcia la parte de Elvira, y su lanza
apuntaba en lnea recta al paso de Lope.

Corre pues, dijo el rey, que los atambores y trompetas toquen
inmediatamente al arma, y acuda  la defensa toda Granada.

-- rey, dijo el astrlogo, deja descansar  tus guerreros, que no
es necesaria la fuerza para librarte de los enemigos. Manda que se
retiren tus criados, y subamos solos  la pieza secreta de la torre.

El anciano Aben-Habuz subi la escalera de la torre, apoyado en el
brazo de Ibrahim Eben Abou Agib, que aun era mas viejo, y abriendo
la puerta de bronce se entraron ambos en la rotunda, en donde
encontraron abierta la ventana que miraba al paso de Lope. Por
este lado, dijo el astrlogo, viene el peligro; acrcate,  rey, y
contempla las maravillas de la mesa.

Llegse Aben-Habuz al tablero en donde estaban colocadas las
figuritas de madera, y advirti con gran sorpresa que todas estaban
en movimiento. Los caballos caracoleaban y batian el suelo con los
pies, los guerreros blandian las lanzas, y oase como en miniatura
el sonido de las trompetas y atambores, el crugido de las armas y el
relincho de los corceles; mas todo esto no producia sino un ruido muy
dbil, semejante al zumbido de una abeja.

Ves aqu,  gran rey, dijo el astrlogo, la prueba de que tus
enemigos estn en campaa y deben venir por el paso de Lope.
Quieres introducir la confusion en sus filas por medio de un terror
pnico, y forzarlos  que se retiren sin efusion de sangre? no tienes
mas que herir esas figuras con el asta de la lanza mgica; mas si por
el contrario quieres sangre, tcalas con la punta.

El semblante del pacfico Aben-Habuz se cubri por un momento de
un colorido crdeno, y el movimiento de su cana y poblada barba
descubria el trasporte que agitaba todos los msculos de su rostro:
tom con mano trmula la lanza y se acerc  la mesa. Hijo de Abou
Agib, dijo, creo que se verter una poca sangre.

Dichas estas palabras hiri con la punta de la lanza algunas de
aquellas figuras mgicas, y toc las otras con el cuento. Los
primeros guerreros cayeron al momento muertos sobre el tablero, y
los demas revolvindose unos contra otros, trabaron confundidos un
combate, cuyos resultados eran en corta diferencia iguales para unos
y otros.

No cost poco trabajo al astrlogo el contener la mano del monarca
mas pacfico, para impedirle que esterminase hasta el ltimo de sus
enemigos; mas al fin consigui hacerle bajar de la torre para enviar
espias  los montes por el paso de Lope.

Regresados estos, refirieron al rey que un egrcito cristiano,
cruzando la sierra, habia llegado casi hasta las puertas de Granada;
mas que de repente, suscitndose entre ellos una quimera, habian
vuelto sus armas unos contra otros, y despues de un combate muy
encarnizado, se habian retirado  sus fronteras.

El buen Aben-Habuz no cabia en s de contento al ver tan
cumplidamente acreditada la eficacia de su talisman. Ya en fin,
decia, voy  pasar una vida tranquila, pues que tengo en mis manos
la suerte de mis enemigos. Sbio hijo de Abou Agib, qu recompensa
podr ofrecerte por tan sealado beneficio?

--Las necesidades de un anciano y un filsofo son muy simples y
reducidas: proporcionadme,  rey, los medios para convertir mi
caverna en un retiro habitable, nada mas deseo.

--He aqu la modestia del verdadero sbio, esclam Aben-Habuz
interiormente, muy satisfecho de lo moderado de la peticion; y
llamando  su tesorero, le mand que entregase  Ibrahim todas las
sumas que le pidiese, ora para acabar de construir su retiro, ora
para amueblarle.

El astrlogo hizo abrir en la pea muchas piezas que formaron
una habitacion contigua  su salon mgico; luego las amuebl con
ricos canapes y soberbias camas, y cubri las paredes de hermosas
colgaduras de damasco. Soy viejo, decia; mis huesos no pueden ya
descansar sobre un lecho de piedra; estas paredes son hmedas y es
preciso vestirlas.

Dispuso tambien se construyesen unos baos, provistos de toda especie
de perfumes y aceites aromticos. Porque los baos, decia, son
necesarios para combatir la estenuacion de la edad, y restituir la
morbidez y la frescura  un cuerpo fatigado por el estudio.

Hizo colgar en todo el edificio una multitud prodigiosa de lmparas
de plata y cristal, en las cuales ardia un aceite odorfero, cuya
receta habia encontrado en los sepulcros egipcios, el cual tenia la
propiedad de arder sin consumirse, y despedia un apacible resplandor.
La luz del sol, decia el astrlogo, es demasiado viva y fuerte para
los cansados ojos de un pobre viejo; la de la lmpara es la que
conviene para los estudios de un filsofo.

Entre tanto el tesorero de Aben-Habuz iba ya regaando al entregar
las sumas, que cada dia se le pedian para acabar el retiro, hasta
que al fin dirigi sus quejas al rey.

Est empeada mi palabra real, dijo Aben-Habuz encogindose de
hombros, y no hay sino prestar paciencia. Ese viejo quiere imitar
en su retiro filosfico lo que vi en lo interior de las pirmides
y en los vastos edificios de Egipto; mas todas las cosas tienen un
trmino, y el mueblage de la caverna tendr sin duda el suyo.

No se engaaba el rey; por fin se concluy el retiro, y qued formado
un palacio subterrneo de inaudita magnificencia.

Ya estoy contento, dijo Ibrahim Eben Abou Agib al tesorero; ahora
voy  encerrarme en mi celda y  consagrar todo mi tiempo al estudio.
Nada deseo ya sino una friolera; una pequea distraccion para llenar
los intervalos de mis tareas abstractas.

-- sbio Ibrahim, pide lo que quieras, que tengo rden de proveerte
de todo lo que necesites en tu soledad.

--Pues entonces, dijo el filsofo, no me desagradaria el tener
conmigo algunas bailarinas.

--Bailarinas! esclam sorprendido el tesorero.

--S, bailarinas, repiti gravemente el sbio; pero con pocas habr
bastante, porque yo soy un viejo y un filsofo: mis costumbres son
muy sencillas y s contentarme con poco; solo os encargo que sean
jvenes y graciosas, porque la vista de la juventud y la hermosura
alegra y reanima la vejez.

Mientras el filsofo Ibrahim Eben Abou Agib pasaba sbiamente su
vida del modo que se ha dicho en su solitario retiro, el pacfico
Aben-Habuz hacia gloriosas campaas en efigie en la rotunda de su
torre.  la verdad para un rey de sus aos y de su humor era una
cosa muy cmoda y agradable aquel talisman, por cuyo medio, al
mismo tiempo que se divertia  sus solas, podia derrotar poderosos
egrcitos, ni mas ni menos que si fueran enjambres de moscas.

Goz por algun tiempo de este placer, y aun algunas veces solia
insultar  sus enemigos, sin mas objeto que el de inducirlos  que le
atacasen; mas habindolos hecho prudentes sus repetidas desgracias,
ninguno de ellos se atrevi ya  invadir el territorio de Aben-Habuz.
Por espacio de muchos meses permaneci la figura de bronce bajo el
pie de paz con su lanza perpendicular, y el buen rey empezaba ya 
echar menos la acostumbrada diversion, y  fastidiarse en gran manera
de su montona tranquilidad.

Al fin lleg un dia en que el guerrero mgico gir sbitamente
sobre su ege, y puso la lanza en ristre con direccion  los montes
de Cdiz. Inmediatamente subi Aben-Habuz  la torre; pero qued
sorprendido al no ver ningun movimiento en el tablero que estaba
colocado en la direccion indicada por el talisman: ni uno solo de los
pequeos guerreros se movia. Inquieto el rey con esta novedad, envi
 los montes una compaa de caballos, con rden de reconocerlos y
darle cuenta de lo que descubriesen. Tres dias estuvieron ausentes
los soldados, y cuando volvieron al cabo de este tiempo, dijeron 
su seor:

Hemos recorrido todos los desfiladeros de los montes, y no hemos
descubierto picas ni capacetes: lo nico que hemos hallado en nuestra
espedicion es una jven cristiana de peregrina hermosura, que estaba
durmiendo junto  una fuente, y nos la hemos traido cautiva.

--Una jven de peregrina hermosura! esclam Aben-Habuz, brillando en
sus ojos la alegria; que la traigan luego  mi presencia.

Llevaron con efecto ante el viejo rey  la hermosa doncella, en cuyo
trage se vea todo el lujo que distinguia  los godos espaoles en
la poca de la invasion de los sarracenos. Las negras trenzas de sus
cabellos estaban entretejidas con rastras de finsimas perlas; los
diamantes que brillaban en su frente rivalizaban con la hermosura de
sus ojos, y de la cadena de oro que pendia de su cuello colgaba hasta
el lado izquierdo una lira de plata.

El fuego que lanzaban sus negros y brillantes ojos cay  manera de
rayo sobre el corazon de Aben-Habuz, que  pesar de su vejez, todava
era combustible, y estaba contemplando con xtasis el esvelto y
gracioso talle de la jven.

 la mas hermosa de las mugeres! esclam; quin eres? cmo te
llamas?

--Soy hija de uno de los prncipes godos,  quienes obedecia hace
poco este pais. Los egrcitos de mi padre han quedado destruidos como
por encanto en esas montaas: l ha sido desterrado de su suelo
natal, y su triste hija se halla ahora cautiva.

--Guarda,  rey! dijo en voz baja Ibrahim, esa jven podria muy
bien ser una de aquellas magas del norte, que toman las formas mas
seductoras para coger en sus lazos  los imprudentes que se fian
de ellas. Yo creo leer la hechicera en sus ojos y en todos sus
movimientos; no lo dudes, este es el enemigo que sealaba el talisman.

--Hijo de Abou Agib, contest el rey, t eres un gran filsofo, y 
mas  mas un gran mgico, yo lo concedo; pero no sabes una palabra
de lo que concierne  las mugeres. Sobre este punto no cedo en
conocimientos  nadie del mundo, incluso el mismo Salomon  pesar
del prodigioso nmero de sus mugeres y concubinas. En cuanto  esta
jven, yo no veo en sus ojos nada de espantoso, y toda su persona
agrada singularmente  los mios.

-- rey, replic el astrlogo, escchame: yo te he procurado con mi
talisman un sinnmero de victorias, sin haber tenido jamas la menor
parte en los despojos de los vencidos. Concdeme pues esta cautiva
para que amenice con su lira mi soledad; que si es en efecto maga, yo
tengo conmigo contrahechizos que harn ilusorias sus artes.

--Aun necesitas otra muger? contest ya amostazado Aben-Habuz, no
te bastan las bailarinas para amenizar como dices tu soledad?

--S, tengo bailarinas; pero no tengo cantoras, y me convendra un
poco de msica para descansar y reanimar mi espritu cuando se halla
fatigado por el estudio.

--Basta ya de peticiones para el retiro, dijo el rey encolerizado;
esta doncella est destinada  consolar mi vejez en el harem.

Nuevas pretensiones y nuevos argumentos de parte del astrlogo, solo
sirvieron para provocar una negativa mas decisiva de la del monarca;
con lo que se separaron llenos uno y otro de despecho. El sbio se
encerr en su soledad para digerir all el desaire; mas antes de
retirarse, volvi  decir al rey que no se fiase de la peligrosa
cautiva. Pero qu viejo enamorado di jamas oidos  semejantes
consejos? Aben-Habuz solt las riendas  la pasion que le dominaba,
y puso todo su estudio en hacerse amable  los ojos de la bella
cristiana.  la verdad no podia agradarla por su juventud; mas era
rico, y los amantes viejos son de ordinario muy generosos. El Zacatin
de Granada fue despojado de sus mas preciosas mercaderas: las ricas
telas de seda, los diamantes, los perfumes, cuanto ofrecian de mas
raro y costoso el frica y el Asia era prodigado  la princesa.
Inventbanse para divertirla toda suerte de espectculos y de
fiestas: torneos, conciertos, bailes, corridas de toros; Granada en
fin se habia convertido en la mansion de los placeres. La princesa
goda lo miraba todo como persona acostumbrada  la magnificencia,
y recibia los obsequios y los presentes del rey como unos tributos
debidos  su rango,  mas bien  su belleza: que el orgullo de la
hermosura es aun mayor que el de la nobleza. Sentia un placer secreto
en empear al fascinado monarca en unos gastos que agotaban su
tesoro, mirando su estravagante profusion como una cosa muy sencilla;
mas  pesar de sus atenciones y generosidad, el venerable amante no
podia envanecerse de haber hecho la menor impresion en el corazon
de la cautiva; porque si bien es cierto que no le recibia jamas con
semblante adusto, no lo es menos que nunca le concedia una sonrisa.
Apenas empezaba  hablarle de su amor, hacia ella resonar las cuerdas
de su lira, y este sonido tenia tal encanto, que luego que llegaba 
los oidos de Aben-Habuz, caa el pobre viejo en un sueo profundo,
del que salia luego fresco, alegre y momentneamente libre de su
pasion. El efecto de esta msica no podia ser peor para el xito de
su galantera; mas como en estos instantes de adormecimiento, estaban
sus sentidos embelesados con sueos agradables, sigui soando de
este modo al lado de su hermosa, al mismo tiempo que toda Granada se
mofaba de su infatuacion, y murmuraba sin rebozo al verle prodigar
sus tesoros  cambio de canciones.

Entre tanto amenazaba  Aben-Habuz un peligro, sobre el que no podia
darle ningun aviso su talisman. Estall una insurreccion en la
capital, y el populacho armado cerc el palacio, pidiendo  gritos
su cabeza y la de la cristiana. Encendise en el corazon del rey una
chispa de su antiguo valor; sali  la cabeza de unos cuantos de sus
guardias, puso en fuga  los rebeldes, y el alboroto qued sofocado
en su orgen.

Restablecida la tranquilidad, se fue  ver al astrlogo, que devorado
por el despecho, estaba encerrado en su retiro, y alimentaba contra
el rey el mas amargo resentimiento.

Llegse  l Aben-Habuz, y le dijo con semblante franco y amistoso:
Sbio hijo de Abou Agib, razon tenias cuando me anunciaste que la
hermosa cautiva atraeria sobre m muchos peligros; mas ya que eres
tan profundo en la ciencia de anunciar los males, dime ahora qu es
lo que debo hacer para evitarlos.

--Separar de tu lado  la infiel que los causa.

--Antes perder el reino! dijo con resolucion Aben-Habuz.

--Te arriesgas  perder uno y otro, replic el astrlogo.

--No seas tan spero y desconfiado,  el mas profundo de los
filsofos! Condulete de la doble desgracia de un monarca y un
amante, y busca algun medio de libertarme de los peligros que me
amenazan. Nada me importan ya el poder ni la grandeza, solo suspiro
por la tranquilidad. No me seria dado hallar algun asilo, en donde
lejos del mundo, de sus pompas y de su bullicio, consagrase el resto
de mis dias al reposo y al amor?

El astrlogo le mir por algunos momentos frunciendo las pobladas
cejas.

Y qu me darias, le dijo en fin, si te procurase un retiro
semejante?

--T mismo sealarias la recompensa, y si estaba en mi mano
concedrtela, te aseguro sobre mi palabra que podias mirarla como
tuya.

--Has oido hablar,  rey, del jardin de Hirm, uno de los prodigios
de la Arabia Feliz?

--S, el Alcorn habla de ese jardin en el captulo titulado la
_Aurora del dia_. Ademas he oido referir muchas cosas maravillosas
 los peregrinos de la Meca; pero siempre cre que eran cuentos de
viageros.

--No desprecies,  rey, las relaciones de los viageros, replic con
semblante grave el astrlogo; porque en ellas se encierran raros
conocimientos, trasportados de un estremo  otro de la tierra. En
cuanto al palacio y jardin de Hirm, en general es cierto lo que
refieren.... yo he visto uno y otro por mis propios ojos.... Escucha
bien lo que voy  referirte, porque mi aventura tiene relaciones muy
ntimas con el objeto de tu pretension.

En mis primeros aos, cuando yo no era mas que un simple rabe del
desierto, guardaba los camellos de mi padre. Atravesando un dia el
desierto de Eden se descarri uno de ellos, y yo le busqu en vano
por espacio de muchos dias: estenuado en fin de fatiga  la hora en
que se halla el sol en el meridiano, me qued dormido bajo una palma,
al lado de un pozo que estaba casi seco. Al despertarme me encontr
 la puerta de una ciudad, y habiendo entrado en ella v unas calles
hermosas, plazas y mercados espaciosos; mas todo estaba silencioso
como la tumba: la ciudad parecia inhabitada. Anduve, errando por
todas partes, hasta que descubr un palacio situado en medio de
un jardin adornado de fuentes, estanques, bosquecillos llenos de
flores y rboles frondosos cargados de frutos. Sin embargo, ningun
viviente se mostraba aun en aquel lugar de delicias. Espantado de
tanta soledad, sal apresuradamente del palacio y de la ciudad, y
habindome alejado algunos pasos, me volv para contemplarla; pero ya
no v nada, sino el desierto que se estendia hasta perderse de vista.

Poco despues encontr  un viejo drvis muy versado en los
secretos y tradiciones del pais,  quien refer mi aventura. Lo
que has visto, me dijo, es el clebre jardin de Hirm, una de las
maravillas del desierto, el cual aparece de cuando en cuando  los
viageros estraviados como t, los divierte con la vista de sus
torres, jardines y rboles cargados de frutos, y se desvanece al
momento, dejando en su lugar una inmensa y rida soledad. En los
tiempos antiguos, cuando este pais estaba habitado por los Additas,
el rey Sheddah, hijo de Ad, biznieto de No, fund en l una ciudad
magnfica, y cuando estuvo concluida y vi su grandeza y hermosura,
enchido de orgullo su corazon, resolvi levantar un palacio y unos
jardines que igualasen  lo que refiere el Alcorn de las bellezas
del paraiso. Pero su presuncion atrajo sobre l la maldicion del
cielo: l y todo su pueblo desaparecieron de la tierra, y su
opulenta ciudad, su palacio y sus jardines fueron puestos bajo la
influencia de un encanto que los separa de la vista de los hombres,
fuera de ciertos momentos en que aparece para perpetuar la memoria de
su pecado.

Esta historia y las maravillas que habia visto no se borraron
jamas de mi imaginacion, y cuando estuve mas adelante en Egipto,
dueo ya del libro del sbio Salomon, resolv visitar de nuevo el
jardin de Hirm. Le hall en efecto con el ausilio de mi libro, tom
posesion de l, pas muchos dias en aquella imitacion del paraiso, y
obedientes  mi poder mgico los genios que le guardan, me revelaron
los encantos por cuya fuerza habia sido construido, y los que le
hacian invisible.

Yo pues,  rey, puedo construirte un palacio semejante en la montaa
que domina la ciudad; conozco todos los secretos mgicos y poseo el
libro del sbio Salomon: nada es inaccesible  mi poder.

-- hijo de Abou Agib!  el mas sbio de todos los hombres! dijo
Aben-Habuz ardiendo en deseos, t eres un gran viagero, t has visto
y aprendido cosas maravillosas! Dbate yo un paraiso semejante, y
pide en recompensa cuanto quieras, que yo te lo concedo, aunque sea
la mitad de mi reino.

--Ah! replic el astrlogo, ya sabes que yo no soy mas que un
anciano, un pobre filsofo bien fcil de contentar; no te pido otra
cosa sino la primera cabalgadura que pase por la puerta del palacio
mgico, con la carga que lleve.

Acept gustoso el monarca esta modesta condicion y el astrlogo puso
manos  la obra. Ante todo, en la cumbre de la colina que dominaba
inmediatamente su retiro subterrneo, hizo erigir una gran portada,
que pasaba por el centro de una torre fortsima. Sobre la piedra
fundamental del arco esterior que formaba el prtico, esculpi el
mismo mgico una mano gigantesca, y en la del arco interior, encima
de las puertas, represent una gran llave; cuyas figuras eran
poderosos talismanes, sobre los cuales pronunci ciertas palabras en
lengua desconocida.

Concluida esta puerta, permaneci por espacio de dos dias encerrado
en su cmara mgica, y el tercero se subi  la colina, y se estuvo
en la cumbre hasta alta noche. Baj  esta hora, y presentndose 
Aben-Habuz: En fin,  rey, le dijo, ya est terminada mi obra: en
la cumbre de ese monte he erigido el palacio mas delicioso que pudo
inventar jamas el ingenio humano; all est reunido todo lo que puede
contribuir  la felicidad de la vida; salones magnficos, jardines
sombros y floridos, fuentes cristalinas, baos perfumados: en una
palabra, la colina se ha trasformado en un paraiso; y  la manera que
el palacio de Hirm, se halla tambien este protegido por un encanto
de gran poder, que le hace invisible  todos los que no poseen el
secreto de su talisman.

--Basta, dijo lleno de jbilo Aben-Habuz: maana al despuntar la
aurora subiremos  la colina, y tomaremos posesion de esa morada de
ventura. Aquella noche durmi poco el monarca, y apenas los primeros
rayos del sol comenzaban  dorar los picos de Sierra-Nevada, mont
en su caballo, y seguido de una corta y escogida comitiva, subi la
colina por un camino angosto y escarpado. Al lado de Aben-Habuz iba
la princesa, montada en un palafren blanco; su trage estaba sembrado
de diamantes, y del hermoso cuello colgaba segun costumbre la lira de
plata. El astrlogo, que nunca montaba  caballo, caminaba  pie al
otro lado del rey, apoyado sobre su baston geroglfico.

Hacase todo ojos Aben-Habuz, esperando ver en lo alto las torres del
palacio con sus jardines y bosquecillos; mas nada podia descubrir.
Ved ah, dijo el astrlogo, en lo que consiste la seguridad y el
misterio de este lugar: nada puede distinguirse hasta que se ha
pasado la puerta encantada.

Luego que llegaron delante de la puerta, detenindose el astrlogo,
ense al rey la mano y la llave misteriosas grabadas sobre el arco.
Las figuras que veis, dijo, son los talismanes que guardan la
entrada de este paraiso: entre tanto esa mano no se baje hasta tocar
la llave, ningun poder humano, ningun artificio mgico podr triunfar
del seor de esta colina.

Mientras Aben-Habuz contemplaba embelesado, y en un silencio de
admiracion y pasmo los misteriosos talismanes, el palafren de la
princesa, que seguia caminando, se entr por el prtico hasta el
centro de la torre.

He aqu, dijo el astrlogo, la recompensa que me habeis prometido;
la primera cabalgadura que entre por estas puertas mgicas, con la
carga que lleve.

Sonrise Aben-Habuz, creyendo que era un chiste del viejo; mas cuando
conoci que hablaba con seriedad, temblaron de indignacion las canas
de su barba.

Hijo de Abou Agib, dijo con airado semblante, qu significa este
engao? Bien sabes t lo que yo cre prometer: la primera cabalgadura
que entrase por la puerta con la carga que llevase. Ve pues, toma la
mula mas poderosa de mis caballerizas, crgala de los objetos mas
preciosos que se hallen en mi tesoro, tuya es; mas no levantes tus
pensamientos hasta la que forma, las delicias de mi corazon.

--Y qu se me da  m de tu oro ni de tus riquezas? dijo con aire de
desprecio el astrlogo. No poseo yo el libro del sbio Salomon? No
tengo  mi disposicion todos los tesoros de la tierra? La princesa me
pertenece de derecho: tu palabra real est empeada, yo la reclamo
como alhaja mia.

 todo esto, desde lo alto de su palafren les dirigia la princesa
mirandas altivas, y se sonrea desdeosamente al contemplar 
aquellos dos vestiglos disputndose la posesion de su juventud y
belleza.

Despues de un largo debate, dominando la rabia del monarca sobre su
prudencia, esclam: Hijo vil del desierto! t puedes ser sbio en
mas de una ciencia; pero reconoce en m  tu seor, y no lleves la
temeridad hasta el punto de burlarte de tu rey.

--T mi seor! replic el astrlogo, t mi rey! El soberano de
una ratonera daria leyes al que posee el libro de Salomon! Adios,
Aben-Habuz, reina en tu pequeo reino, y gzate en tu paraiso de los
locos; que yo voy  reirme  tus espensas en mi retiro filosfico.

Dichas estas palabras, cogi de la brida el palafren de la princesa,
hiri la tierra con el baston y se hundi con la hermosa dama al
traves del centro de la torre. Tras esto se cerr la tierra sobre sus
cabezas, sin dejar el menor rastro de la abertura por donde habian
desaparecido.

Qued Aben-Habuz tan asombrado, que por algunos momentos no acert
 articular una palabra. Vuelto al fin de su sorpresa, dispuso
que mil obreros hiciesen una escavacion profunda en el sitio por
donde se habia hundido el astrlogo: trabajaron con teson, pero
todos sus esfuerzos fueron vanos: en algunos puntos saltaban los
picos rechazados por la pea, y la tierra llenaba en otros el hoyo
practicado, casi tan pronto como lo habian hecho. Aben-Habuz busc en
la falda de la montaa la boca de la caverna que conducia al palacio
subterrneo del prfido mago; pero no fue posible descubrirla, pues
en el lugar donde estaba la entrada de la cueva, no se vea ya otra
cosa que la roca firme y unida.

Entre tanto, con la desaparicion de Ibrahim Eben Abou Agib perdieron
la eficacia sus talismanes: el guerrero de bronce qued inmvil,
vuelto el semblante hcia la colina, y con la lanza apuntada al sitio
por donde se habia hundido el astrlogo, como si quisiera indicar que
se ocultaba all el mayor enemigo de Aben-Habuz.

Algunas veces se oan en aquel sitio los sonidos de un instrumento,
y los acentos de una voz de muger, que apenas se distinguian, y al
parecer salian de las entraas de la tierra. Cierto dia refiri un
labrador al rey que la noche anterior habia notado en la pea una
hendedura, y habindose introducido por ella habia distinguido  gran
profundidad un salon subterrneo, en el cual, recostado el astrlogo
sobre un magnfico sof, dormitaba dando cabezadas al sonido de la
lira de la princesa, que segun los efectos egercia un poder mgico
sobre sus sentidos.

Busc Aben-Habuz esta hendedura; mas no le fue posible encontrarla,
porque sin duda habia vuelto  cerrarse. Tambien reiter las
tentativas de la escavacion; mas fueron tan infructuosas como las
primeras: y es que ningun poder humano podia superar al encanto de
la mano y la llave. En cuanto  la cumbre del monte, donde debian
haberse construido el palacio y los jardines ofrecidos, ora fuese que
dicho elseo permaneciese invisible por efecto del encanto, ora que
no hubiese existido jamas, y solo fuera una fbula del astrlogo;
lo cierto es que all no se vea otra cosa que una soledad rida;
y escabrosa. Las gentes adoptaron piadosamente la ltima opinion, y
unos llamaban  aquel sitio la _Locura del rey_, y otros el _Paraiso
de los locos_.

Para poner el colmo  las desgracias de Aben-Habuz, los vecinos, 
quienes habia desafiado, insultado y deshecho  su placer cuando
posea el talisman, habiendo llegado  conocer que ya no se
hallaba protegido por la mgia, invadieron por todos los puntos su
territorio, de modo que el resto de la vida del mas pacfico de los
monarcas fue una serie de guerras y disturbios.

En fin, Aben-Habuz muri, y hace algunos siglos que est enterrado;
y sobre la colina venturosa se edific mas adelante la Alhambra,
que realiza en cierto modo las fbulas del jardin de Hirm. El
prtico encantado, que se conserva aun entero, protegido sin duda
por la mano y llave misteriosas, forma la puerta llamada _del
Juicio_ y la entrada principal de la fortaleza; y es opinion comun
que el astrlogo permanece todava bajo este prtico en el salon
subterrneo, dormitando en su sof al son de la lira de la princesa.

Los invlidos que dan la guardia de dicha puerta, suelen oir estos
sonidos en las noches de verano, y cediendo entonces  su virtud
soporfica, se quedan tranquilamente dormidos en sus puestos. Todo
lo cual, segun las leyendas, debe perpetuarse de edad en edad: la
princesa, dicen, permanecer cautiva del astrlogo, y el astrlogo
sometido  la mgia somnfera de la princesa hasta el dia del juicio;
 menos que la mano, empuando la llave fatal, deshaga antes el
encanto de la montaa.




Historia del prncipe Ahmed Al Kamel,  el peregrino de amor.


Antiguamente habia en Granada un rey, que solo tenia un hijo, llamado
Ahmed,  quien los cortesanos,  causa de los signos indubitables
de superioridad que notaron en l desde su tierna infancia, le
dieron el sobrenombre de Al Kamel, que quiere decir El Perfecto.
Las predicciones de los astrlogos se conformaban bastante con esta
lisonja, pues habian leido en los astros que el prncipe seria el
mas perfecto y dichoso de los soberanos. Una sola nube amenazaba su
destino, y aun en esta se distinguia cierto color purpreo que la
hermoseaba: habale dotado naturaleza de una propension irresistible
al amor, y esta pasion le habia de hacer correr grandes riesgos. Con
todo, si se conseguia libertarle de sus ataques hasta la edad madura,
se desvanecerian estos peligros, y su vida ofreceria una serie no
interrumpida de prosperidades.

Confiado el rey en los consejos de los astrlogos, adopt la sbia
resolucion de hacer educar al prncipe en un retiro absoluto, en
donde no pudiese ver un rostro femenil, ni llegase  sus oidos el
solo nombre de amor. Can esta mira hizo construir en la colina que
domina la Alhambra un palacio suntuoso, y le rode de deliciosos
jardines, cercados de murallas altsimas, que son los mismos que
conocemos al presente con el nombre de _Generalife_.

En este retiro fue encerrado el jven Ahmed Al Kamel, bajo la tutela
de Eben Bonabben, filsofo rabe de saber profundo; pero de carcter
severo  insensible. Habia este pasado la mayor parte de su vida
en Egipto, ocupado en el estudio de los geroglficos, y en hacer
investigaciones cientficas en los sepulcros y en las pirmides; y
de ah es que  sus ojos tenia mucho mas atractivo una momia egipcia,
que la belleza viviente mas seductora. Confise pues  tan digno
preceptor la educacion del prncipe, previnindole le instruyese
en toda clase de conocimientos, escepto uno solo: debia ignorar
completamente todo lo relativo al amor.

Emplead, le dijo el rey, cuantas precauciones creais necesarias
para conseguir este objeto; y tened presente,  Eben Bonabben, que
si mi hijo llega  adquirir la menor noticia de este objeto vedado,
pagareis con la cabeza esta trasgresion  mis rdenes.

Una sonrisa forzada conmovi el descarnado rostro del sbio Bonabben
al oir esta amenaza. Tan seguro podeis estar vos de vuestro hijo
como yo de mi cabeza. Creeis que un hombre como yo habia de ir  dar
al prncipe lecciones de amor?

Bajo la vigilante custodia del filsofo fue creciendo el prncipe,
prisionero en aquellos jardines y palacio. Servanle esclavos
negros y mudos, de figura horrible, que  no tenian ninguna noticia
del amor,  carecian de palabras para comunicarlas. Eben Bonabben
trabajaba con teson en formar el entendimiento de su alumno,
enriquecindole con toda suerte de conocimientos, y sealadamente con
las ciencias abstractas de los egipcios; mas el prncipe hacia muy
pocos progresos en estas ltimas, y su Mentor se convenci muy pronto
de que no se hallaba en l ninguna aptitud para la metafsica.
Sin embargo, tenia une docilidad estraordinaria en un prncipe, y
estaba siempre pronto  seguir las opiniones de los demas, dejndose
guiar por el ltimo que le aconsejaba: tanto que resistiendo con no
pequeo esfuerzo los ataques del sueo, escuchaba con una paciencia
verdaderamente egemplar los doctos y perdurables discursos de
Bonabben, que dejaron en su espritu una idea ligera de casi todas
las ciencias. De este modo lleg felizmente Ahmed  los veinte aos
de su edad; mas aunque podia pasar por un prodigio de saber, ignoraba
absolutamente lo que era amor.

Por este tiempo se cambiaron las costumbres del prncipe: abandon
de todo punto los estudios, y pasaba los dias vagando por los
jardines,  sentado  la orilla de una fuente, abismado en profundas
cavilaciones. Habanle enseado algunos principios de msica, y
empleaba una parte del dia en cultivar este arte, manifestando al
mismo tiempo una aficion naciente  la poesa. Estos caprichos
sobresaltaron al sbio Eben Bonabben, el cual trat de desvanecerlos
por medio de un curso de lgebra; mas el prncipe tenia horror  todo
lo que era clculo: No puedo soportar el estudio del lgebra, dijo;
necesito alguna cosa que hable  mi corazon.

--Medrados estamos! dijo para s el sbio preceptor, meneando la
despoblada cabeza. Adios filosofa! el prncipe ha descubierto que
hay corazon. Desde entonces dobl la vigilancia con que celaba
todos los pasos y acciones de su alumno, y no tard en conocer
que su propension natural  la terneza se habia ya desarrollado, y
solo necesitaba un objeto para acabar de manifestarse. Veasele con
frecuencia discurriendo sin direccion por los jardines embebecido en
una especie de enagenamiento, cuya causa ignoraba l mismo: algunas
veces parecia hallarse sumergido en una ilusion deliciosa; otras
tomaba un laud, y pulsndole con blandura, le hacia producir los
sonidos mas tiernos, tras lo cual solia arrojarle con despecho lejos
de s, suspirando y prorumpiendo en esclamaciones apasionadas.

Esta disposicion al amor la manifestaba hasta con los objetos
inanimados: tenia algunas flores favoritas,  las que prodigaba
las atenciones mas asiduas; tom cario  muchos rboles, y uno
en particular le inspir la mas viva pasion por su graciosa forma
y delicado ramage, que se inclinaba al suelo blandamente. Esculpia
su nombre en la corteza, adornaba sus ramas con guirnaldas, y
acompandose con el laud, cantaba coplas en su alabanza.

El sbio Eben Bonabben entr en graves temores al observar en su
alumno estos sntomas de escitacion: veale al umbral de la ciencia
vedada, el menor indicio bastaba ya para descubrirle el secreto
fatal. Temblando pues por la seguridad del prncipe y por su propia
cabeza, se apresur  alejarle de las seducciones del jardin, y con
este objeto le confin en la torre mas alta del Generalife. Contenia
esta magnficas habitaciones, desde donde descubria la vista un
horizonte inmenso; pero su elevacion la separaba de aquella atmsfera
embalsamada, de aquellos bosquecillos risueos, tan peligrosos para
el sobrado sensible Ahmed.

Mas era necesario conciliar al prncipe con esta medida violenta,
y procurarle alguna distraccion que le hiciese mas llevadera su
soledad. Habia ya apurado todos los estudios amenos, y no podia
hablrsele de lgebra ni de nada que se le pareciese; mas por fortuna
Eben Bonabben se acord de que en otro tiempo habia aprendido en
Egipto la lengua de los pjaros, la cual le ensera un rabino judo,
que la habia heredado directamente del sbio Salomon. Al solo nombre
de esta ciencia brillaron de alegria los ojos del prncipe, el cual
se aplic  su estudio con tal teson, que en poco tiempo se hall tan
versado en ella como su mismo maestro.

La torre del Generalife dej desde entonces de ser una soledad para
Ahmed, pues este tenia  toda hora con quien hablar. Su primer
conocimiento de vecindad fue el de un gavilan, que tenia su guarida
en una hendidura de las almenas, desde cuya elevacion se lanzaba
sobre la presa que  lo lejos descubria. Mas el prncipe hall poco
agradable la amistad de este pjaro: verdadero pirata del aire,
su conversacion se componia nicamente de fanfarronadas sobre sus
rapias, su valor y sus hazaas.

Mas adelante se relacion Ahmed con un buho de aspecto grave y
presumido, cabeza voluminosa y ojos redondos y espantados. Este
pasaba todo el dia dormitando en un agujero de la muralla, de donde
no salia hasta la noche: picbase de sbio; de cuando en cuando
dejaba escapar algunas voces campanudas sobre la astrologa; hablaba
de la luna, y daba  entender que no era del todo estrao  las
ciencias ocultas; mas estaba furiosamente apasionado  la metafsica,
y sus disertaciones eran aun mas intolerables que las del sbio Eben
Bonabben.

Algunas veces tambien solia el prncipe comunicar con un murcilago,
que pasaba el dia pegado  la pared en un rincon oscuro de la bveda,
y solo salia al anochecer para dar algunos paseos, por decirlo as,
con chinelas y gorro de dormir. Esta ave no tenia tampoco sino ideas
superficiales de todo, se mofaba de las cosas que ignoraba,  de que
solo habia adquirido conocimientos imperfectos, y no hallaba placer
en nada.

Completaba la plumfera sociedad una golondrina, con quien el
prncipe trab al principio estrechas relaciones: era una habladora
eterna, pero muy picotera y quisquillosa; y como nunca paraba en un
punto, se hacia imposible tener con ella una conversacion seguida.

Tales eran los nicos compaeros con quienes podia el prncipe
egercitar la nueva ciencia, que habia adquirido; porque la torre
estaba demasiado elevada para que pudiesen frecuentarla otras aves.
Cansse pronto de sus nuevos conocimientos, cuya conversacion, poco
interesante para su espritu, no decia nada  su corazon, y poco 
poco volvi  caer en su primera melancola. Pas el invierno, y
volvi la primavera con su squito de flores y verdura, y su dulce
y balsmico aliento; lleg el tiempo dichoso en que las aves vuelan
de dos en dos  labrar sus nidos en la enramada. De repente, cual si
correspondieran  una seal convenida, se levant de las florestas
del Generalife un concierto de dulce meloda, y lleg hasta los oidos
del prncipe en la elevada soledad de su torre. Todas las voces
cantaban el mismo tema: _Amor_, _amor_, _amor_: esto era lo que se
oa proferir en todos los tonos. Escuchaba el prncipe en silencio
perplejo y sobresaltado: Qu ser este amor, discurria, que
parece ocupar al mundo entero, al paso que  m me es absolutamente
desconocido? Quiso tomar algunas noticias por medio de su amigo el
gavilan; mas este bribon le respondi con tono de burla: Dirigos 
las pacficas y vulgares aves de la tierra, destinadas  servirnos
de pasto  nosotros los prncipes del aire; ellas podrn satisfacer
vuestras preguntas: por lo que  m hace, no conozco mas oficio que
la guerra, ni otras delicias que los combates; en una palabra, soy un
guerrero  ignoro de todo punto lo que es amor.

El prncipe se apart de l disgustado, y se fue  buscar al buho que
estaba escondido en su retiro. Este, decia, es un pjaro sensato y
reflexivo, que sin duda podr darme las noticias que necesito. Con
efecto, suplic al buho que le dijese qu venia  ser el amor que
cantaban en aquel momento todas las aves de las florestas inmediatas
 la torre.

 esta pregunta se manifest el buho sorprendido  incomodado.
Mis noches, contest con cierto aire de dignidad ofendida, estn
consagradas  las investigaciones cientficas, y mis dias  rumiar
en mi retiro todas las especies que he recogido en mis viages. Por
lo que hace  esas aves vocingleras de que me hablais, jamas me
he cuidado de escucharlas; porque las desprecio  ellas y  los
objetos de sus necias canciones. Yo no canto, loado sea Allah; soy un
filsofo  ignoro de todo punto lo que es amor.

Oida esta respuesta, se traslad el prncipe al rincon, en donde su
amigo el murcilago estaba colgado de las patas, y despertndole,
le dirigi la misma pregunta. El murcilago, frunciendo el hocico,
puso un gesto el mas ceudo y emperrado, y le respondi regaando.
 qu vens ahora  interrumpir de este modo mi sueo de la maana
para hacerme una pregunta necia? Yo no salgo sino al anochecer
cuando se hallan durmiendo todas las demas aves, y nunca me mezclo
en sus negocios.  Dios gracias, no pertenezco  las aves ni 
los cuadrpedos; he descubierto los vicios de unos y otros, y los
aborrezco  todos igualmente. En una palabra, soy misantropo  ignoro
de todo punto lo que es amor.

En ltimo recurso acudi el prncipe  la golondrina, y la detuvo 
la que pasaba en uno de sus crculos por lo mas elevado de la torre.

La golondrina, segun su costumbre, andaba muy atrafagada, y apenas
se detuvo el tiempo preciso para contestar: Os aseguro sobre mi
palabra, le dijo, que como tengo que acudir  tantas cosas de interes
general, no me he detenido jamas  pensar en el objeto de que me
hablais. Todos los dias tengo cien visitas que hacer, y otros tantos
negocios importantes que examinar, los cuales no me dejan tiempo para
ocuparme en los frvolos objetos de las canciones que se oyen en
derredor de los nidos. En una palabra, soy cosmopolita  ignoro de
todo punto lo que es amor.

Qued Ahmed en la misma duda, y su curiosidad se aument todava
con la dificultad de satisfacerla. Hallndose un dia discurriendo
sobre este objeto misterioso, entr en la torre su anciano preceptor,
y vindole el prncipe corri luego  su encuentro, y le dijo con
el mayor interes:  sbio Eben Bonabben! t me has revelado una
gran parte de la sabidura de la tierra; mas hay una cosa que ignoro
absolutamente, y en la que tengo vivos deseos de instruirme.

--Dirjame mi prncipe las cuestiones que quiera, y toda la
inteligencia de su siervo est  sus rdenes.

--Dime pues,  el mas profundo de los filsofos, cul es la
naturaleza de esa cosa que se llama amor?

El sbio Eben Bonabben qued tan asombrado como si hubiese caido un
rayo  sus pies; tembl, perdi el color, y le pareci que la cabeza
le bamboleaba ya sobre los hombros.

Y quin ha podido sugerir  mi prncipe semejante pregunta? En
dnde ha aprendido esa palabra vana?

El prncipe, llevando  su preceptor  la ventana: Escucha, le
dijo, Eben Bonabben. Escuch el sbio, y oy el dulce canto de un
ruiseor, que escondido en un bosquecillo que estaba al pie de la
torre, dirigia tiernas querellas  su amada: de todos los rosales, de
todas las ramas floridas salian trinos melodiosos, que espresaban el
mismo pensamiento: _Amor_, _amor_, _amor_, era el tema de todos los
cantos.

Allah akbar! Dios es grande! esclam el sbio Bonabben; quin
ser osado  ocultar al hombre este secreto, cuando las mismas aves
del aire conspiran  revelrselo?

Entonces volvindose  Ahmed:  prncipe mio! le dijo juntando
las manos, cierra los oidos  esos cantos peligrosos; huye de tan
nocivo conocimiento. Sabe que la mitad de los males que afligen 
la humanidad no reconocen otra causa que ese funesto amor: l es
el que fomenta la discordia y el rencor entre los hermanos y los
amigos; l enciende la guerra, l escita  la traicion. Los cuidados,
la tristeza, los dias inquietos, las noches sin sueo; he aqu sus
efectos. Marchita la flor, destruye la alegria de la juventud, y
lleva consigo los males y los pesares de una vejez prematura.
Consrvete Allah,  prncipe mio, en la feliz y total ignorancia de
esa cosa que se llama amor.

Dichas estas palabras se sali el sbio Bonabben, dejando al prncipe
en una perplejidad mas profunda aun que la que le mortificaba antes
de hablarle. En vano procuraba separar de su imaginacion este objeto
que absorvia todas sus ideas:  pesar suyo le ocupaba continuamente,
y su espritu se fatigaba y se perdia en vanas congeturas.
Seguramente, decia prestando oidos  las dulces canciones de
las aves, estos acentos no tienen nada de tristes, y antes bien,
parece que solo espresan placer y ternura. Si el amor causa tantas
desgracias y enemistades, en qu consiste que estas aves no estn
todas gimiendo en la soledad,  bien despedazndose unas  otras, en
vez de revolotear alegremente por las selvas, y juguetear bulliciosas
entre las flores?

Cierta maana, tendido blandamente en su lecho, discurria entre s
sobre este misterio inesplicable. Abierta la ventana, penetraba por
ella el fresco vientecillo, que despues de empaparse en el suave
aroma de los azahares que florecen  la orilla del Darro, subia
 recrear los sentidos del prncipe; oase  lo lejos la voz del
ruiseor que repetia su tema acostumbrado, y cuando el prncipe le
escuchaba suspirando, oy cerca de s el ruido de las alas de un ave.
Perseguido por el gavilan un hermoso palomo, se entr en su aposento
y cay palpitando en el suelo; y el gavilan, vindose privado de la
presa, dirigi el vuelo hcia los montes.

Levant el prncipe al pobre palomo que estaba medio muerto, le
bes y le abrig en su seno. Luego que lo hubo tranquilizado con
sus caricias, le puso en una jaula de oro, y le present con sus
propias manos trigo del mas puro y agua cristalina. El ave sin
embargo se negaba  tomar alimento, y permanecia con la cabeza caida,
lamentndose con tono lastimero.

De qu te afliges? decia Ahmed, no tienes todo lo que puede desear
tu corazon?

--Ah! no, replic el palomo; por ventura no estoy separado de mi
amada compaera, y precisamente en la poca feliz de la primavera,
en la estacion hermosa de los amores?

--De los amores! replic Ahmed, ah! yo te lo suplico, ave graciosa,
podrias decirme lo que es amor?

--Ay prncipe mio! Demasiado! El amor hace el tormento de uno,
la felicidad de dos, y se convierte en una fuente de enemistades y
desgracias si llegan  ser tres. Es un encanto poderoso que atrae
mtuamente  dos sres, y los une con la mas dulce simpata; los hace
dichosos si estn unidos; pero muy dignos de lstima cuando se hallan
separados. Mas acaso no existe ningun sr con quien os haya unido un
afecto tierno?

--S, yo amo  mi anciano preceptor Eben Bonabben mas que  ningun
otro sr conocido; pero sin embargo suele parecerme fastidioso, y
algunas veces me creo mas feliz en su ausencia que en su compaa.

--No trato yo de esa clase de afecto: hablo del amor, del gran
misterio y principio de la vida, de la felicidad inefable de la
juventud y delicia tranquila de la edad madura. Mira en torno de
t, prncipe mio, y vers como todo respira amor en esta deliciosa
estacion: de cuantas criaturas existen, no hay una que no tenga su
compaera; el mas pequeo pajarillo canta para agradar  su amada;
el insecto, que apenas se distingue sobre la yerba, busca tambien 
su querida, y esas mariposas que suben volando hasta por encima de
la torre, y vagan jugueteando por el aire, son felices por su mtua
ternura. Ah prncipe mio! ser posible que hayas perdido los dias
mas preciosos de tu juventud sin conocer el amor? Ningun sr de
sexo diferente, ninguna hermosa princesa, ninguna jven agraciada ha
cautivado tu corazon, y hecho nacer en tu seno una dulce inquietud,
un conjunto agradable de penas y deseos?

--Ya empiezo  comprenderte, dijo el prncipe suspirando; mas de una
vez he esperimentado una inquietud semejante  la que me dices sin
adivinar la causa. Mas reducido  esta espantosa soledad, dnde
podr hallar un objeto tal como t le pintas?

La conversacion continu aun por algun tiempo sobre el mismo objeto,
y la primera leccion que recibi el prncipe fue completa.

Ay! esclam despues, si el amor es una felicidad tan grande, y
tanta pena causa la ausencia del objeto amado, no permita Allah que
yo turbe la alegria de dos amantes!

Dicho esto abri la jaula, sac el palomo y le dej sobre la ventana.
Ve, dijo, ave dichosa, goza con la amada de tu corazon los hermosos
dias de la juventud y la deliciosa estacion de la primavera. Con qu
razon habia yo de retenerte en este triste encierro, adonde jamas
podr penetrar el amor?

Bati el ave las alas en seal de contento, form un crculo en el
aire, y vol como una flecha hcia los floridos bosquecillos del
Darro.

Siguila Ahmed con los ojos hasta perderla de vista, y qued
sumergido en la mas profunda tristeza. El canto de las aves que tanto
le complacia pocos momentos antes, redoblaba ahora sus penas Amor,
amor, amor! Ah pobre jven! Entonces conoci el significado de este
tema tan repetido.

La primera vez que vi al sbio Bonabben despues de esta
conversacion, le dirigi una mirada de resentimiento. Por qu me
has dejado en tan crasa ignorancia? le dijo encolerizado. Por qu
me ha de ser desconocido el gran misterio, el principio de la vida
que est al alcance del mas humilde insecto? La naturaleza entera
se entrega en este momento  los mas dulces placeres; todas las
criaturas se gozan con una compaera, y ve ah precisamente ese
amor que yo queria conocer. Por qu he de ser yo el nico que se
halle privado de sus delicias? Por qu he de haber pasado los dias
mas floridos de mi juventud, sin conocer la felicidad que puede
proporcionar?

El sbio Bonabben conoci sobradamente que ya era intil toda
reserva, puesto que el prncipe habia adquirido la ciencia prohibida.
Le revel pues las predicciones de los astrlogos; y le enter de las
precauciones que se habian tomado en su educacion para conjurar la
tempestad que le amenazaba.

Ahora, prncipe mio, aadi, teneis mi vida en vuestras manos. Si
el rey vuestro padre llega  entender que bajo mi vigilancia habeis
aprendido lo que es amor, perezco sin remedio; porque respond con mi
cabeza de vuestra completa ignorancia en esta materia.

Era el prncipe mas razonable de lo que pudiera esperarse de un
jven de su edad, y as escuch las reflexiones de su preceptor con
tanta mayor deferencia, cuanto que nada le hablaba contra ellas. Por
otra parte Ahmed profesaba un verdadero afecto al sbio Bonabben,
y como solo conocia la terica del amor, consinti fcilmente en
encerrar en su seno todas las noticias que sobre este objeto acababa
de adquirir, antes que poner en peligro la cabeza del filsofo.

Su discrecion empero tuvo que sufrir muy pronto una prueba mas
fuerte. Algunos dias despues, hallndose engolfado en tristes
imaginaciones junto  las almenas de la torre, apareci en los aires
el palomo  quien habia restituido la libertad, y abatiendo el vuelo,
se le puso sobre el hombro con singular familiaridad.

Cogile el prncipe, y estrechndole contra su corazon: Ave
dichosa, esclam, que puedes volar con la rapidez de la luz de la
maana de un estremo  otro de la tierra! Qu pais has visitado
despues que no nos hemos visto?

--Vengo,  prncipe, de una region muy distante; y en recompensa de
la libertad que os debo, os traigo las mas alegres nuevas. En mi
remontado vuelo puedo cernerme sobre una altura prodigiosa, y dominar
una estension inmensa de pais. Cierto dia pues descubr bajo de m un
jardin delicioso, lleno de toda suerte de frutas y flores: un lmpido
arroyuelo corria serpenteando por entre las flores, que esmaltaban
una frondosa pradera; y en el centro del jardin se levantaba un
magnfico palacio. Posme sobre un rbol para descansar, y junto al
arroyuelo que pasaba baando el tronco, descubr una princesa en
todo el brillo de la primera juventud, rodeada de doncellas de su
misma edad, que la adornaban con guirnaldas de flores tan frescas
como ella, pero no con mucho tan hermosas. Tantos hechizos sin
embargo florecian en aquella soledad ocultos  los ojos de todos;
porque el jardin se hallaba cercado de murallas altsimas, y nadie
podia penetrar en l.  la vista de una tierna jven tan llena de
atractivos,  quien su separacion del mundo ha conservado toda la
inocencia de la edad infantil, he discurrido que esta era la que el
cielo tenia destinada para inspirar amor  mi querido Ahmed.

Esta descripcion se grab con caracteres de fuego en el corazon
sobrado sensible de Ahmed. La vaga ternura que comprimia en su seno
hacia tanto tiempo, hallaba en fin un objeto en que fijarse, y la
pasion que concibi por la princesa, se enunci desde su nacimiento
con la mayor violencia. Escribi una carta, en la que con las frases
mas apasionadas espresaba el ardiente amor y tierno cario que ya
profesaba  la bella desconocida; lastimndose del cautiverio que
le impedia arrojarse  sus pies.  este amoroso billete aadi
algunas estancias, en las que la verdad de los afectos iba unida 
la delicadeza de las palabras; porque ademas de que el prncipe era
naturalmente poeta, en este momento le inspiraba el amor. La carta
iba dirigida _ la bella desconocida: del prncipe cautivo Ahmed_. Y
despues de haberla perfumado con almizcle y esencia de rosas, se la
entreg al palomo.

Parte, dijo,  el mas fiel de los mensageros, salva los montes y los
valles, y no te detengas en ninguna floresta, hasta haber entregado
esta carta  la seora de mi corazon.

Remontse el palomo hasta una altura prodigiosa, y en seguida dirigi
el vuelo en lnea recta. Siguile el prncipe largo rato con la
vista, ya no le distinguia sino como un punto casi imperceptible, y
al fin se ocult enteramente detras de una montaa.

Contaba Ahmed con impaciencia los dias que se siguieron  la partida
de su mensagero, y cada maana se prometia verle antes de la noche;
mas esperaba en vano. Ya comenzaba  acusarle de ingratitud, cuando 
la caida de una hermosa tarde, vi al fiel palomo que lleg volando
 su habitacion y cay muerto  sus pies. La flecha cruel de algun
desapiadado cazador habia atravesado su pecho, y la pobre avecilla
emple toda la fuerza y vida que le quedaban en llegar al trmino de
su viage y dejar cumplida su mision.

Inclinse el prncipe lloroso sobre el cuerpo inanimado de aquel
mrtir de la fidelidad, cuando not al rededor de su cuello una
cadena de perlas, de la que pendia un retrato que estaba oculto bajo
el ala, y representaba sobre esmalte una hermosa princesa en la flor
de su edad. Esta era sin duda la bella desconocida del jardin; mas
quin era? En dnde estaba? Habria recibido la carta y le enviaba
en cambio aquel retrato, como prenda de correspondencia?

Todo esto quedaba desgraciadamente envuelto en la duda y en la
oscuridad con la lastimera muerte del palomo.

Contemplaba el prncipe la miniatura, y arrasbanse de lgrimas sus
ojos. Estrechbala contra su corazon y contra sus labios, pasaba
horas enteras mirndola sumergido en una tierna agona. Bella
imgen, decia, ah! no eres mas que una imgen; empero tus ojos
cristalinos se fijan en m con ternura; tus labios de rosa parece se
abren para consolar mi pena.... Vanos delirios! Esos hermosos ojos,
esa boca adorable, tal vez habrn hablado un lenguage tan dulce  un
rival mas feliz. Pero en dnde podria yo hallar el original de esta
copia divina? Quin sabe cuntos reinos y montes nos separan, ni qu
acontecimientos podrn impedir nuestra union? Acaso en este momento
la colma de atenciones y obsequios una turba de admiradores, y yo
triste, prisionero en mi torre, paso mis amargos dias adorando una
sombra.

El prncipe tom de repente una resolucion estraordinaria. Huir,
dijo, de este palacio,  mas bien de esta prision odiosa, y peregrino
de amor, buscar por todo el mundo  la desconocida princesa que
reina en mi corazon.

Era intil pensar en huir durante el dia; mas la guarda del palacio
estaba bastante descuidada por la noche, en razon de que no se tema
ninguna tentativa de este gnero de parte del prncipe, que siempre
habia llevado con paciencia su cautiverio. Con todo eso Ahmed no
sabia cmo conducirse para efectuar una fuga nocturna por un pais
que le era absolutamente desconocido; pero discurriendo que el
buho, como acostumbrado  pasearse durante la noche, debia conocer
todos los caminos escusados de las inmediaciones, pas  su retiro
para consultarle. Puso el buho un semblante grave, y dndose grande
importancia, contest en estos trminos al prncipe Ahmed: Habeis de
saber,  prncipe, que nosotros los buhos pertenecemos  una familia
muy antigua y numerosa, que aunque algo decaida tiene todava mucho
poder. En todos los puntos de Espaa poseemos castillos y palacios; y
puedo aseguraros con verdad que me seria imposible hallar una torre,
una ciudadela, un edificio cualquiera, tanto en las ciudades como
en los campos, en donde no est seguro de encontrar un hermano, un
tio  un primo. Ademas, haciendo mi vuelta de visitas de parentela,
he cruzado el pais en todas direcciones, y conozco los sitios mas
ocultos. Lleno el prncipe de jbilo al encontrar al buho tan
profundamente versado en la topografa le confi el secreto de su
amor y su proyecto de fuga, y le suplic tuviese  bien servirle de
guia y consejero.

Cmo! respondi el buho algo picado, he nacido yo acaso para
mezclarme en intrigas de amor? Yo que tengo consagrado todo mi
tiempo  la meditacion y  la luna?

--Sosegaos, augusto buho, repuso el prncipe, y dignaos de salir por
un instante de vuestras meditaciones y de la luna para ausiliar mi
fuga, y yo os conceder en cambio todo lo que acerteis  pedirme.

--Yo poseo todo lo que deseo, replic el buho: algunos ratones bastan
para la provision de mi frugal mesa, y este agujero es harto capaz
para poder meditar. Qu mas necesita un filsofo?

--Considera sin embargo, sapientsimo buho, que entre tanto que t
meditas y miras  la luna en tu retiro, tus talentos son perdidos
para el mundo. Yo ser un dia soberano, y podr colocarte en algun
puesto honroso, y darte alguna dignidad en donde brille y sea til tu
profunda sabidura.

La filosofa del buho le hacia muy superior  las necesidades de la
vida; mas no le habia libertado enteramente de la ambicion. Rindise
pues  las ofertas del prncipe, y consinti en servirle de guia y
Mentor en su peregrinacion.

Los proyectos de un amante se egecutan con mucha prontitud. Ante
todo reuni el prncipe sus diamantes y demas alhajas, y las
ocult entre sus vestidos como caudal para el viage; y la noche
siguiente, sirvindole de escalera una de sus fajas, y siguiendo las
indicaciones del buho, salt de la torre por un balcon de la muralla
esterior, y antes de amanecer ya se hallaban en medio de los montes
l y su esperimentado guia.

All consult con su Mentor sobre la ruta que deberian tomar.

Yo creo, dijo el buho, que seria acertado ir  Sevilla; porque
habeis de saber que hace muchos aos hice yo una visita  mi tio,
un buho de ilustre abolengo, que habitaba en uno de los ngulos
arruinados del alczar: con esta ocasion hice muchas escursiones
nocturnas por aquella ciudad, y habindome llamado La atencion
cierta luz que brillaba en una torre abandonada, dirig una noche
el vuelo  las almenas, y v que aquella luz era la lmpara de un
mgico rabe,  quien descubr tambien en su escondrijo rodeado de
los libros de su ciencia, y que tenia sobre el hombro un cuervo muy
viejo que habia traido consigo de Egipto. Trab estrechas relaciones
con dicho cuervo, y aprend de l la mayor parte de los conocimientos
que poseo. Despues de aquella poca muri el mgico; mas el cuervo
habita aun la torre, porque estos pjaros son admirables por su
longevidad. Yo pues,  prncipe, os aconsejaria que buscaseis  este
cuervo; porque ademas de que es adivino y algo hechicero, profesa
tambien la mgia negra, en la que son muy celebrados los cuervos, y
sealadamente los de Egipto.

Admirado el prncipe de este consejo, se dirigi  Sevilla; mas por
consideracion  su compaero, caminaba nicamente durante la noche, y
pasaba el dia en alguna gruta oscura,  en una torre arruinada; pues
el buho conocia todas estas guaridas secretas, y su aficion  las
ruinas era igual  la de un anticuario.

Llegaron en fin  Sevilla una maana antes de salir el sol, y el
buho, que detestaba la luz del dia y el trfago de una ciudad tan
populosa, se qued fuera de los muros, y puso su cuartel en el hueco
de un rbol.

Entr el prncipe en la ciudad, y no tard  hallar la torre mgica,
que descollaba por encima de las casas, no de otra manera que una
palma sobre los matorrales del desierto. Dicha torre era la misma que
existe hoy, y es conocida con el nombre de _la Giralda_. Una escalera
trabajosa condujo al prncipe hasta la estancia mas elevada, en donde
hall efectivamente al cuervo cabalstico. Era este un pjaro viejo,
de cabeza cana y plumage ralo, semblante ceudo, y una nube en el
ojo izquierdo que le daba una mirada de espectro. Sostenido sobre una
pata tenia la cabeza inclinada, y con el ojo que le quedaba estaba
examinando un diagrama que se vea trazado en el suelo.

Llegse  l el prncipe con todo el respeto que su alta reputacion
y venerable aspecto debian naturalmente inspirarle: Perdonadme, le
dijo, respetable y sapientsimo cuervo, si me atrevo  distraeros
por un instante de los estudios con que teneis admirado al mundo
entero. Veis en vuestra presencia  un amante que desea vivamente le
indiqueis los medios de que podr valerse para lograr el objeto de su
amor.

--En otros trminos, contest el cuervo con una mirada
significativa, queris que os diga la buena ventura? Enhorabuena,
enseadme la mano, y dejadme descifrar las lneas misteriosas de
vuestro destino.

--Perdonad, replic el prncipe: yo no vengo aqu con objeto de
conocer los decretos del destino que Allah ha querido ocultar  los
ojos de los mortales; soy un peregrino de amor, y solo pido un hilo
que pueda dirigirme por entre el laberinto del mundo hcia el objeto
de mi peregrinacion.

--Y os podrn faltar objetos de esta especie en la enamorada
Andaluca? dijo el viejo cuervo dirigiendo al prncipe con semblante
maligno el nico ojo que tenia, sobre todo en la alegre y deliciosa
Sevilla, donde mil bellezas de ojos negros bailan de continuo la
zambra  la fresca sombra de los floridos bosques de naranjos.

Sonrojse el prncipe, y se escandaliz sobremanera al oir palabras
tan libres en boca de un pjaro viejo, que estaba ya con un pie en
la sepultura. Creedme, le dijo con gravedad, mi objeto no es tan
frvolo  innoble como parece lo suponeis. Las bellezas de ojos
negros que bailan en los bosques de naranjos del Guadalquivir, no
tienen atractivo alguno para m: busco una beldad desconocida; pero
inocente y pura, el original de este retrato; y vuelvo  suplicarte,
muy poderoso cuervo, que si  tan lo alcanza tu ciencia, me digas en
dnde podr hallarla.

La seriedad del prncipe desagrad al cuervo estantigua, el cual
contest con secatura: Todo lo que pertenece  la juventud y  la
belleza me es estrao: la vejez, la decrepitud es lo nico que tiene
atractivo para m. Soy el heraldo del destino; desde lo alto de las
chimeneas anuncio con mis graznidos los pronsticos de la muerte,
y me agrada cernerme sobre el tejado del enfermo moribundo. Id
pues, y buscad en otra parte quien os d mas seas de vuestra bella
desconocida.

--Y en dnde buscarla sino entre los hijos de la sabidura? Nac
para reinar, y los astros que precedieron  mi nacimiento, me
precisan  acometer una empresa misteriosa, de la que depende tal vez
el destino de muchos imperios.

Cuando el cuervo oy hablar de imperios y destinos en que estaban
interesadas las estrellas, cambi de tono, escuch con oido atento
la historia del prncipe, y cuando la hubo terminado, le dirigi
con afabilidad estas palabras: No puedo daros por m mismo ninguna
noticia; porque como ya os he dicho, frecuento muy poco los jardines
y los retretes de las damas; pero dirigos  Crdoba, y buscad la
palma del grande Abderramen, que se halla en el patio principal de
la mezquita. Al pie de este rbol hallareis un gran viagero que ha
visitado todos los paises y todas las crtes: favorecido en todas
partes por las reinas y las princesas, esta relacionado con todos los
magnates del reino, y yo no dudo que podr daros noticias del objeto
de vuestras diligencias.

--Mil millones de gracias por tan precioso consejo, dijo el
prncipe: adios, venerable brujo.

--Adios, peregrino de amor, respondi el cuervo con tono seco, y se
puso  calcular de nuevo sobre su diagrama.

Sali el prncipe de Sevilla, y se fue  buscar  su compaero el
buho, que dormitaba todava dentro de su rbol; despertle, y tomaron
ambos el camino de Crdoba, atravesando los bosques de naranjos y
limoneros, que refrescan con su sombra las deliciosas mrgenes del
Guadalquivir. Llegados  las puertas de la ciudad, el buho levant
el vuelo, y se meti en una grieta de la muralla, y el prncipe se
dirigi al momento  buscar la palma que plantra en los antiguos
tiempos el grande Abderramen. Estaba en el patio de la mezquita,
descollando por encima de los mas altos naranjos y cipreses; algunos
drvises y faquires, formaban diversos grupos sentados bajo los
prticos; y muchos devotos hacian sus abluciones en la fuente antes
de entrar en la mezquita.

Al pie del rbol habia un numeroso concurso de gentes de todas
clases, que segun parecia, estaban escuchando  una persona que
hablaba con estraordinaria volubilidad. Este es sin duda, dijo para
s el prncipe, el gran viagero que me dar noticias de mi princesa.
Mezclse entre la multitud, y qued sobremanera sorprendido al
ver que el orador, en derredor del cual se reunia tan distinguido
auditorio, era un papagayo de hermoso plumage verde, gesto remilgado
y copete erguido, que tenia todas las trazas de un pjaro sumamente
pagado de s mismo.

En qu consiste, dijo el prncipe  uno de los oyentes, que tantas
personas de razon se estn divirtiendo con la parladuria de un pjaro
de esta especie?

--Vos no sabeis de quin hablais, replic el otro: este papagayo
desciende del famoso loro de Persia, tan clebre por sus talentos en
la adivinacion: tiene toda la ciencia del oriente en el pico de la
lengua, y cita versos como agua. En todos los paises que ha recorrido
le han mirado como un milagro de erudicion; con las mugeres, sobre
todo, se ha adquirido un partido prodigioso; porque el bello sexo ha
hecho siempre mucho caso de los papagayos que citan versos.

--Muy bien, dijo el prncipe, conozco que me habia equivocado, y
en verdad que me holgaria de tener un rato de conversacion con tan
distinguido viagero.

Con efecto solicit y obtuvo una entrevista privada, y empez 
esponer el objeto de su peregrinacion; mas apenas habia pronunciado
algunas palabras, cuando solt el loro una gran carcajada, y continu
riendo hasta llorar. Perdonad, dije, mi loca alegria; pero el solo
nombre de amor me hace descoyuntar de risa. Mortificado el prncipe
de tan intempestiva jovialidad, le replic con tono grave: Por
ventura no es el amor el gran misterio de la naturaleza, el principio
secreto de la vida, el vnculo universal de la simpata?

--Patarata! Pura patarata! Decidme os ruego, en dnde habeis
aprendido esa gerigonza sentimental? Creedme, ya no es moda el amor,
ni siquiera se habla ya de l entre las gentes de talento, ni en la
buena sociedad.

Suspir el prncipe, acordndose del lenguage tan diferente de su
amigo el palomo. Mas este papagayo, discurria, ha pasado su vida
en las crtes; blasona de elegante, y afecta ser un personage:
seguramente no sabr nada de amor; y como no queria provocar nuevas
chufletas sobre el afecto que llenaba su corazon, se encamin
directamente al objeto de su visita.

Dignaos decirme,  incomparable papagayo; vos, para quien han estado
abiertos los asilos mas reconditos de la belleza, habeis tal vez
encontrado en el discurso de vuestros viages el original de este
retrato?

Tom el papagayo el retrato entre las garras, volvi  uno y otro
lado la cabeza para observarle con ambos ojos, y esclam en fin: Ve
aqu, por vida mia, una liada cara; s, cierto, una cara lindsima.
Mas como yo he visto en mis viages tantas mugeres hermosas, me seria
muy difcil.... pero no.... aguardad.... s.... ahora me acuerdo de
estas facciones.... no, no me engao: esta es la princesa Aldegunda:
es posible que haya yo podido desconocer  una de mis mayores amigas?

--La princesa Aldegunda! repiti el prncipe; y en dnde la
hallaremos?

--Cachaza, seor mio, cachaza; que mas fcil es hallarla que
obtenerla. Esta princesa es la hija nica del rey cristiano de
Toledo, la cual, merced  ciertas predicciones de esos bellacos de
astrlogos, debe vivir separada del mundo hasta cumplir los diez y
siete aos. Y yo creo que os ha de ser imposible el verla, porque
ningun mortal puede llegarse al palacio en donde su padre la tiene
encerrada. Yo he sido admitido  su presencia para divertirla, y os
juro  fe de papagayo de mundo, que conozco mas de una princesa menos
amable que ella.

--Hablemos en confianza, querido papagayo, dijo el prncipe: yo
soy heredero de un reino; veo que sois un pjaro de talento y que
conoceis el mundo; ayudadme pues  ganar el corazon de la princesa,
y os prometo un puesto distinguido en mi crte.

--Lo acepto de todo corazon, dijo el papagayo; pero cuidado, que ha
de ser un bocado sin hueso, porque nosotros los sbios tenemos horror
al trabajo.

Convinironse muy pronto en las condiciones, y saliendo
inmediatamente de Crdoba llam el prncipe al buho, le present al
nuevo compaero de viage como un sbio concolega, y todos juntos
tomaron la vuelta de Toledo. Caminaban con mucha mas lentitud de
la que el impaciente Ahmed hubiera deseado; mas el papagayo, como
acostumbrado  la vida de caballero, era poco amigo de madrugar; y
el buho por otra parte queria echarse  dormir  la mitad de la
jornada, y hacia perder mucho tiempo con sus largas siestas. Ademas
su mana de anticuario, era un nuevo motivo de retardo; porque se
empeaba en detenerse en todas las ruinas  fin de esplorarlas, y
posea un caudal de largas historias de todos los monumentos antiguos
del pais, que no dejaba de referir  poca ocasion que se presentase.
Tenia el prncipe creido que este pjaro y el papagayo, como personas
instruidas que uno y otro eran, habian de avenirse muy bien; pero se
enga completamente, porque lejos de observar semejante armona,
casi siempre se estaban picoteando. El uno era un filsofo, y el
otro un _elegante_: el papagayo citaba versos, hacia observaciones
crticas sobre algunas obras recientes, y abundaba en pequeas
advertencias sobre algunos puntos poco importantes de erudicion. El
buho por su parte consideraba todo esto como cosa muy frvola, y
decia abiertamente que solo estimaba la metafsica. Entonces se ponia
el papagayo  cantar, y lanzaba epigramas y pullas picantes sobre la
gravedad de su camarada, acompandolas de una risa de satisfaccion
sobremanera insultante. Miraba el buho estos procedimientos como
otros tantos ultrages insoportables que se hacian  su autoridad;
se engallaba, esponjaba el plumage con semblante desazonado, y
permanecia silencioso todo el resto de la jornada.

El prncipe apenas notaba la poca conformidad que existia entre
sus dos amigos; porque ocupado enteramente en las ilusiones de su
fantasa y en la contemplacion del retrato de la hermosa princesa,
no vea nada de lo que pasaba en su derredor. De este modo pasaron
nuestros viageros la rida y salvage Sierra-Morena, y las agostadas
llanuras de la Mancha y Castilla, siguiendo siempre las orillas
del Tajo, que en su tortuoso curso baa la mitad de la Espaa y de
Portugal. Llegados en fin  una ciudad fortificada con torres y muros
almenados, y edificada sobre una roca, que circundan con grande
estrpito las aguas de aquel rio:

Veis ah, dijo el buho, la antigua y clebre ciudad de Toledo, tan
famosa por sus antigedades. Mirad esas cpulas venerables, esas
torres que aunque degradadas ya por el tiempo, tienen impresa la
grandeza de los recuerdos histricos; esas torres en fin, en donde
vivieron y meditaron tantos de mis antepasados.

--Bah! dijo el papagayo interrumpiendo sin piedad al buho en medio
de sus trasportes de anticuario, y qu nos importan  nosotros todos
esos vejestorios de torres arruinadas, ni las antiguas historias
de vuestros abuelos? Otra cosa hay aqu que interesa mucho mas
directamente  nuestro objeto. Ved ah el asilo de la juventud y la
belleza: ya en fin,  prncipe, teneis delante de vuestros ojos la
morada de la princesa que hace tanto tiempo buscais.

Dirigi el prncipe la vista hcia el punto que indicaba el
papagayo, y en el centro de una deliciosa pradera, situada  la
orilla del Tajo, descubri un suntuoso palacio que se levantaba
por entre la frondosa arboleda de un amensimo jardin: tal era el
sitio que habia descrito el palomo como retiro del original del
retrato. Contemplbale el prncipe con el corazon agitado de varios
sentimientos. Quiz en este momento, decia, estar la hermosa
princesa solazndose con sus doncellas  la sombra de esos frondosos
bosquecillos,  tal vez recorrer con paso ligero los elevados
terraplenes, si no es que se halla reposando en lo interior de la
magnfica morada. Al examinar con atencion el edificio, observ
Ahmed, no sin disgusto, que las tapias del jardin eran de una
elevacion que imposibilitaba absolutamente el acceso; fuera de que
estaban guardadas por centinelas bien armados.

Volvise pues al papagayo, y le dijo:  el mas perfecto de los
pjaros, pues que la naturaleza te ha dotado con el dn de la
palabra, ve al jardin, busca al dolo de mi corazon, y dile que el
prncipe Ahmed, peregrino de amor guiado por las estrellas, viene en
su busca, y acaba de llegar  la florida ribera del Tajo.

Lleno de vanidad el papagayo al verse honrado con semejante embajada,
vol al jardin, se remont por encima de sus altos muros, y
cernindose por algunos instantes sobre los cspedes y bosquecillos,
fue  posarse  la ventana de un pabellon, desde donde descubri  la
princesa medio recostada sobre un sof, fijos los ojos en un papel,
y baadas de hermosas lgrimas sus cndidas megillas.

Despues de haber concertado con el pico todas las plumas de sus alas,
recompuesto su verde trage y rizdose el copete, de un vuelo se puso
con aire risueo al lado de la tierna doncella, y con el tono mas
dulce que le fue posible tomar le dirigi estas palabras: Enjuga
tus lgrimas,  la mas hechicera de las princesas, que vengo  traer
consuelo  tu corazon.

Asustse la princesa al oir una voz tan cerca de ella; mas no viendo
sino un pjaro verde que la saludaba batiendo las alas: Ay! dijo,
qu consuelo puedes t darme no siendo mas que un papagayo?

Algo picado el loro con esta contestacion, respondi con cierta
secatura:  mas de una bella consol yo en mi tiempo; pero dejemos
esto. Ahora vengo como embajador de un prncipe real. Sabe, 
princesa, que Ahmed Al Kamel, prncipe de Granada, acaba de llegar en
busca tuya, y se halla en este momento en la florida ribera del Tajo.

 estas palabras brillaron los ojos de la princesa con mas fuego que
los diamantes de su corona.

 el mas amable de los papagayos, dijo, benditas sean las nuevas
que me traes! La duda en que me hallaba acerca de la constancia del
prncipe me tenia ya  la orilla del sepulcro. Vuelve al prncipe,
y asegrale que todas las palabras de su carta estn grabadas en mi
corazon, y que sus versos han sido el alimento de mi alma. Pero
dile tambien que debe disponerse  probarme su amor con la fuerza
de las armas; porque maana mismo, en celebridad del decimosptimo
aniversario de mi nacimiento, celebrar mi padre un torneo: justarn
en l muchos prncipes, y mi mano ser el premio del vencedor.

Levant el papagayo el vuelo, se remont sobre los rboles del
jardin, y salvando el recinto del palacio, lleg en un momento adonde
estaba Ahmed. No es posible describir el jbilo de este: habia
hallado el original de la imgen que hacia tanto tiempo adoraba, y
le habia hallado fiel y sensible. Los mortales favorecidos que han
logrado como l la dicha de ver cumplidos sus dulces delirios y
trocarse la sombra en realidad, son los nicos que pueden formarse
una idea de su delicioso enagenamiento. Con todo no dejaba este
de hallarse mezclado con alguna inquietud: aquel torneo, aquellos
caballeros que se disponian  disputarle la posesion del objeto
amado, no le permitian entregarse enteramente  la alegria. El clarin
guerrero llenaba ya con su marcial sonido las frondosas riberas del
Tajo, y por do quiera se encontraban paladines que acudian  las
fiestas de Toledo, seguidos de numerosas y brillantes comitivas.

La misma estrella que precediera al destino de Ahmed habia influido
en el de la princesa, la cual para precaverse de los males que el
amor podia ocasionarle, debia permanecer encerrada en el solitario
palacio hasta haber cumplido diez y siete aos. Sin embargo, como su
mismo retiro habia acrecentado la fama de sus gracias, se disputaban
su mano muchos prncipes; y el rey de Toledo su padre, monarca
sealado por su prudencia, para no atraerse enemigos si se inclinaba
 uno  otro de los pretendientes, confi la eleccion de un yerno
 la suerte de las armas. Entre los que aspiraban al prez de la
victoria habia muchos clebres ya por su fuerza y bravura; al paso
que el desventurado Ahmed se vea desprovisto de armas, y sin ninguna
idea de los egercicios de la caballera Qu situacion tan triste la
suya!

Cunta es mi desgracia, decia, en haber sido educado en el retiro
y bajo la direccion de un filsofo! De qu sirven el lgebra ni la
filosofa para los negocios de amor? Ah Eben Bonabben! Por qu te
olvidaste de instruirme en el manejo de las armas?

En esto rompi el silencio el buho, y como buen musulman que era,
empez su discurso por una invocacion piadosa.

Allah akbar! Dios es grande! Las cosas mas recnditas estn en sus
manos. l solo gobierna el destino de los prncipes! Sabe,  Ahmed,
que toda esta comarca est llena de misterios, conocidos nicamente
de un corto nmero de eruditos, que se han dedicado como yo  las
ciencias ocultas. En uno de los montes vecinos se halla una caverna
profunda; en el centro de esta caverna hay una mesa de hierro, sobre
esta mesa estn unas armas encantadas, y junto  ellas se ve un
hermoso caballo, igualmente encantado, todo lo cual ha permanecido
oculto por espacio de muchos siglos.

Qued el prncipe sobrecogido de admiracion; y el buho abriendo y
guiando alternativamente sus grandes y redondos ojos, y enhestando
los cuernos, continu as:

Hace muchos aos vine yo acompaando  mi padre en un viage que hizo
por este pais para visitar sus posesiones; y como fijamos nuestra
habitacion en la caverna de que os hablo, tuve proporcion de conocer
los misterios que encierra. Segun una tradicion de nuestra familia,
que me refiri mi abuelo siendo yo muy nio, dichas armas pertenecian
 un mgico moro, el cual habindose refugiado en la caverna cuando
los cristianos tomaron  Toledo, muri en ella, y dej su caballo
y armadura bajo el influjo de un encanto, que no permitia pudiesen
servir  otro que un musulman; y aun  este solo desde el amanecer
hasta el medio dia. Pero cualquiera que haga uso de ellas en este
intervalo, est seguro de triunfar de todos sus enemigos.

--Basta! esclam el prncipe, busquemos al momento esa caverna.

Guiado por su sbio Mentor hall Ahmed la caverna, que era una
de aquellas guaridas salvages que se encuentran en medio de los
escarpados montes de Toledo; y  la verdad, solo el ojo de un
anticuario  de un buho pudiera descubrir la entrada. Una lmpara
sepulcral, en donde ardia sin consumirse un aceite odorfero, baaba
de plida luz aquel misterioso retiro. Sobre una mesa, colocada en el
centro de la gruta, yacia la armadura encantada, y  su lado se vea
el corcel rabe enjaezado como para el combate, pero inmoble como
una esttua. Las armas estaban tan tersas y brillantes como cuando
salieron de las manos del artfice; el caballo fresco y lozano como
si acabase de pacer en el campo; y en el momento en que Ahmed le di
una palmada en el cuello, empez  herir la tierra con la mano, y
di un relincho de alegria que estremeci toda la caverna. Provisto
de armas y caballo, ya no sinti el prncipe otro afecto que la
impaciencia de entrar en liza con sus rivales.

Lleg en fin el dia fatal. El palenque para el torneo se dispuso
en la vega  llanura que se estiende al pie de las murallas de
Toledo; y  su rededor se levantaron anfiteatros y galeras para
los espectadores, cubrindolos de ricas tapiceras y toldos
de seda que los defendian de los rayos del sol. Ocupaban las
galeras todas las hermosas del contorno; y veanse al pie de
ellas mil bizarros caballeros, que se paseaban por el circo con
gentil continente, cubiertos de ricas armas y capacetes, en donde
flotaban vistosos penachos de plumas. Pero todas las bellezas
quedaron eclipsadas cuando apareci en el pabellon real la princesa
Aldegunda, mostrndose por primera vez  los ojos de una multitud de
admiradores: en todas las gradas, en todos los pabellones, en todo
el campo se levant al momento un murmullo de placer y sorpresa; y
los prncipes, que solo aspiraban  su mano atraidos por la nombrada
de su belleza, sintieron que se redoblaba estraordinariamente su
ansia de combatir.

Mas la princesa se mostraba inquieta, y ora plida, ora con el color
encendido, tendia la vista por la multitud, y sus miradas indicaban
temor y disgusto. Ya los clarines iban  dar la seal para el primer
combate, cuando anunci un heraldo la llegada de un caballero
estrangero, y entr en la liza el prncipe Ahmed. Llevaba sobre el
turbante un almete de acero, guarnecido de piedras preciosas; la
coraza era dorada; la cimitarra y el pual, fabricados en Fez,
centelleaban rebutidos de diamantes; embrazaba un escudo redondo, y
llevaba la lanza encantada. El caparazon del caballo rabe estaba
ricamente bordado y colgaba hasta el suelo, y el fogoso bruto hacia
graciosas corbetas, arrojaba humo por las narices, y daba alegres
relinchos al verse de nuevo en un campo de batalla. El noble ademan
y gallardo talle del prncipe Ahmed cautivaron la atencion general;
y cuando fue anunciado bajo el nombre del _Peregrino de amor_, todas
las damas de las galeras esperimentaron una agitacion estraordinaria.

Entre tanto, al presentarse Ahmed para entrar en la liza, le
fue cerrada la barrera; porque para ser admitido al combate era
indispensable ser prncipe. Declar su nombre y su rango; pero fue
mucho peor, porque siendo mahometano no podia tomar parte en un
torneo, cuyo premio era la mano de una princesa cristiana.

Roderonle con ademan altivo y amenazador los prncipes sus
competidores; y uno de ellos, notable por sus insolentes maneras
y talla herclea, quiso poner en ridculo el tierno renombre de
peregrino de amor. Ofendido el prncipe desafi lleno de furia  su
rival: volvieron las riendas, tomaron campo y corrieron impetuosos
 encontrarse; mas al primer bote de la lanza mgica, el indiscreto
bufon,  pesar de su enorme estatura y fuerza prodigiosa, salt de
la silla. Hubiera querido Ahmed detenerse aqu, mas las habia con un
caballo endemoniado y con unas armas encantadas, que nada era capaz
de contener una vez puestas en accion. El corcel se lanz sobre el
grupo mas cerrado, y la lanza se llevaba por delante todo lo que
encontraba. El amable y pacfico prncipe, hendiendo con violencia
por entre la asombrada multitud, y cubriendo la arena de caballeros
vencidos, sin distincion de clases, de valor  de destreza, se
lastimaba l mismo de sus involuntarias hazaas. Pateaba el rey de
corage, y al ver tan mal parados  sus vasallos y  sus huspedes,
mand  los guardias que se apoderasen del que as se atrevia 
ultrajarle; mas los guardias quedaban fuera de combate luego que se
acercaban al prncipe. Mesbase el rey su larga barba, y tomando
el escudo y la lanza, salt l mismo  la arena para imponer al
estrangero con la magestad real. Mas en aquel momento llegaba el
sol al meridiano: el encanto recobraba su influjo, y el caballo
rabe se lanz en la llanura, salt la barrera, se arroj en el
Tajo, rompi nadando sus espumosas olas, y llev al prncipe sin
aliento y desesperado  la caverna mgica. Sobrado feliz Ahmed al
apearse sano y salvo del diablico bridon, volvi  dejar las armas
y se someti  los nuevos decretos del destino. Sentado en la gruta
reflexionaba sobre las desgracias que aquel caballo y aquellas armas
le habian atraido. Cmo habia de atreverse  presentarse en Toledo
despues de haber llenado de vergenza  sus caballeros de un modo
tan ignominioso? Qu dirian, sealadamente la princesa, de una
conducta tan insultante y grosera? Lleno de ansiedad envi  caza de
noticias  sus dos confidentes alados. El papagayo corri todas las
encrucijadas y plazas pblicas de Toledo, y volvi muy pronto con
abundante provision de chismes. Toda la ciudad estaba consternada:
 la princesa se la habian llevado sin sentido del pabellon; el
torneo se habia concluido con el mayor desrden; todos hablaban de la
repentina aparicion, de las prodigiosas hazaas, y de la desaparicion
todava mas prodigiosa del caballero musulman: quin decia que era
sin duda algun moro mgico; quin opinaba que no podia ser otro
sino un demonio en figura humana; al paso que muchos, recordando
las tradiciones de los guerreros que permanecian encantados en
las cavernas de los montes, suponian que podia ser alguno de ellos
que hubiese hecho esta irupcion desde el centro de su guarida. Por
lo demas todos convenian en que un simple mortal no hubiera podido
egecutar aquellos hechos estraordinarios, ni arrancar tan fcilmente
de las sillas  la flor de los caballeros cristianos.

Luego que cerr la noche sali tambien el buho  dar su vuelta, y
 favor de la oscuridad corri todo el pueblo, posndose en los
tejados y en las chimeneas. Dirigi en fin el vuelo al palacio real,
construido en la cumbre del monte de Toledo, recorri los terraplenes
y las almenas; y husmeando por todos los rincones, y aplicando sus
espantados ojos  todas las ventanas en donde distinguia luz; hizo
tambien desmayar de miedo  dos  tres doncellas de la princesa, y
continu sus investigaciones hasta el amanecer,  cuya hora se fue 
buscar al prncipe, y le particip todo lo que habia descubierto en
su espedicion.

Volando, le dijo, por delante de una de las torres mas elevadas
del palacio, descubr desde una ventana  la hermosa princesa, que
tendida en su lecho y rodeada de mdicos y de mugeres, no queria
tomar nada de lo que la daban para aliviarla. Cuando se salieron, v
que sacaba de su seno una carta, la lea la besaba y prorrumpia en
amargos lamentos, de que yo, como filsofo, no hice ningun caso.

El tierno corazon de Ahmed qued oprimido bajo el peso de tan
tristes noticias: T tenias razon, esclamaba, sbio Eben Bonabben;
la tristeza, los cuidados, dias de tribulacion y noches de vigilia
son el patrimonio de los amantes: Allah preserve  la princesa del
funesto influjo de este amor, que tanto dese conocer en mi delirio!

Las nuevas noticias que el prncipe recibi de Toledo confirmaron
la relacion del buho: toda la ciudad estaba consternada; habian
encerrado  la princesa en la torre mas alta del palacio, y
guardbanse con la mayor vigilancia todas las avenidas. Entre tanto
se habia apoderado de ella una melancola profunda, cuya causa no
podia nadie penetrar: negbase  tomar alimento, y cerraba los oidos
 todo consuelo. En vano habian ensayado los mdicos mas hbiles
todos los recursos del arte, en trminos que al fin lleg  creerse
que estaba bajo el dominio de algun sortilegio. En situacion tan
lastimera mand el rey publicar por todo el reino, que cualquiera que
lograse curar  la princesa, recibiria en premio la joya mas rica de
su tesoro.

Cuando oy el buho esta noticia desde un rincon de la caverna en
donde estaba dormitando, volvi alternativamente sus grandes ojos 
uno y otro lado, y tomando un aspecto mas misterioso que nunca:

Allah akbar! dijo, dichoso el que pueda efectuar esta curacion, si
sabe nicamente cul de las joyas de la corona debe elegir.

--Y qu idea es la vuestra,  venerable buho? pregunt el prncipe.

--Estadme atento,  prncipe, y vereis el trmino adonde se dirige lo
que acabo de deciros. Nosotros los buhos formamos, como ya sabeis,
un cuerpo sbio, dedicado principalmente  investigaciones oscuras
y polvorientas: pues ahora bien: en mi ltima escursion nocturna 
las torres y chapiteles de Toledo, descubr una academia de buhos
anticuarios, que celebra sus sesiones en la gran torre, donde se
halla depositado el tesoro real. Reunidos all aquellos sbios,
disertan largamente acerca de las formas, inscripciones y objetos
de las antiguas alhajas, y vasos de oro y plata que se hallan
amontonados en aquella pieza; sobre los usos de los diferentes
pueblos y edades; pero lo que principalmente los ocupa, son ciertas
antiguallas y talismanes que se conservan all desde el tiempo del
rey godo D. Rodrigo. Entre estos ltimos objetos existe un cofre
de madera de sndalo, precintado con barras de hierro  la manera
oriental, y cubierto de caracteres misteriosos, conocidos nicamente
por algunas personas doctas. Este cofre y su inscripcion han sido
el objeto de muchas sesiones de la academia, y ocasionado grandes
debates entre sus miembros; y en el momento de mi visita, puesto 
una esquina del cofre un buho muy viejo que acababa de llegar de
Egipto, estaba leyendo las palabras escritas sobre la cubierta; y
atenindose  su sentido, prob que el cofre contenia la alfombra de
seda que cubria el trono del sbio Salomon: cuya alhaja debieron de
traer  Toledo los judos que se refugiaron aqu cuando la prdida de
Jerusalen.

Luego que termin el buho su erudito discurso, qued el prncipe como
sumergido en profundas meditaciones; y al cabo de breves momentos
dijo dirigindose  sus compaeros:

Mas de una vez he oido hablar al sbio Eben Bonabben de las
propiedades de ese talisman, que habiendo desaparecido en la
destruccion de Jerusalen, se crea ya perdido para el gnero humano.
Su existencia es sin duda un misterio para los cristianos de Toledo;
y si yo pudiese apoderarme de ese cofre, era cierta mi felicidad.

Desde el dia siguiente troc el prncipe sus ricas vestiduras por
el humilde trage de un rabe del desierto, se pint el rostro y
las manos de color cobrizo, y qued tal que nadie hubiera conocido
en l al gallardo caballero que causra tanta admiracion y espanto
en el torneo. Con un palo en la mano, una canasta al lado y una
flauta campestre se dirigi  Toledo, y presentndose  las puertas
de palacio, se anunci como un aspirante  la recompensa prometida
por la curacion de la princesa. Los guardias querian arrojarle
ignominiosamente. Cmo! decian, un beduino miserable podria hacer
lo que han intentado en vano los primeros sbios? Mas el rey, oido
el alboroto y preguntada la causa, mand que le presentasen aquel
hombre.

Poderoso rey, dijo Ahmed, teneis en vuestra presencia  un rabe
beduino, que ha pasado la mayor parte de su vida en las soledades del
desierto. Notorio es que estas se hallan infestadas de toda suerte
de demonios y espritus malignos, que nos atormentan  los pobres
pastores, cuando apacentamos nuestros ganados lejos de los pueblos;
se entran en los cuerpos de las reses, y algunas veces comunican
fiereza hasta al paciente camello. Para deshacer estos sortilegios,
no empleamos otros medios que la msica; y ciertas tonadas que se han
trasmitido de generacion en generacion, ora cantadas, ora tocadas con
el caramillo, tienen la virtud de ahuyentar aquellos malos espritus.
Yo pues pertenezco por dicha  una familia eminentemente dotada de
esta virtud maravillosa contra los hechizos y sortilegios; la poseo
en toda su plenitud; y si el estado lastimoso en que parece se halla
vuestra hija es ocasionado por alguna influencia maligna de este
gnero, me obligo desde luego  libertarla, y respondo de su salud
con mi cabeza.

Era el rey un hombre de muy buen juicio; conocia los secretos de los
rabes de que el beduino acababa de hablarle, y habindole inspirado
la mayor confianza la franqueza con que este pastor se esplicaba,
le condujo al gabinete de la princesa, cuyas ventanas daban  una
especie de galera, desde donde se descubria toda la ciudad de Toledo
con las campias circunvecinas.

Sentse el prncipe en una silla que se habia colocado en la
galera, y toc algunas tonadas rabes que habia aprendido de sus
criados en el Generalife. La princesa permaneci insensible, y los
mdicos que se hallaban all meneaban la cabeza y se sonrean con
semblante de incredulidad y menosprecio. En fin, el prncipe dej
el caramillo, y se puso  cantar los versos que envi  la princesa
declarndola su amor.

La hermosa doncella reconoci al momento las estancias, apoderse
de su corazon una alegria repentina, levant la cabeza, escuch;
arrasronse de lgrimas sus ojos, palpitaba su seno, y tisele de
prpura el semblante. Bien hubiera pedido que hiciesen entrar al
msico; pero el tmido pudor de una vrgen no la dejaba hablar.
Comprendi el rey su deseo, y mand al momento que entrase el
cantor. Vironse los dos amantes y fueron discretos, pues se
contentaron con dirigirse mtuamente algunas tiernas miradas que
decian mucho mas que largos discursos. Nunca se vi triunfo mas
completo: las rosas aparecieron de nuevo en las megillas de la
encantadora Aldegunda; sus labios recobraron su frescura, sus ojos su
brillo seductor.

Mirbanse atnitos los mdicos, y el rey consideraba al beduino con
una admiracion mezclada de respeto. Jven prodigioso, esclam,
quiero que seas mi primer mdico, y jamas tomar otros remedios que
tu dulce meloda. Por ahora recibe la recompensa que te es debida;
elige la joya mas preciosa de mi tesoro.

-- rey, contest Ahmed, el oro, la plata ni las piedras preciosas
tienen  mis ojos muy poco valor; mas t posees una reliquia, un
cofre de madera de sndalo que encierra una alfombra de seda. Dame
pues ese cofre y nada mas deseo.

Todos los circunstantes quedaron sorprendidos de lo moderado de la
eleccion; y mas aun, cuando traido el cofre, fue sacada la alfombra:
la materia era seda, el color un verde muy hermoso, y estaba cubierta
de caracteres hebreos y caldeos. Los mdicos de la crte se miraban
encogindose de hombros, y sonrindose de la simplicidad de su nuevo
compaero, que se contentaba con tan mdicos honorarios.

Esta alfombra, dijo el prncipe, cubri en otro tiempo el trono de
Salomon, el mas sbio de los monarcas: digna es de ser colocada 
los pies de la belleza.

Dicho esto despleg la alfombra y la tendi en la galera, debajo de
un lecho que habian colocado all para la princesa, y sentndose 
los pies de esta:

Quin podr oponerse, continu,  los decretos del destino?
Cumplironse las predicciones de los astrlogos! Sabe,  rey, que tu
hija y yo nos ambamos en secreto hacia largo tiempo: ya tienes en tu
presencia al Peregrino de amor.

No bien habia pronunciado estas palabras, cuando se levant la
alfombra en el aire, llevndose al prncipe y  la princesa. El rey
y los mdicos se quedaron pasmados, y siguieron con la vista  los
fugitivos, hasta que ya no se distinguian sino como un punto negro
que resaltaba sobre el fondo blanco de una nube, y que al fin se
perdi en el azul del cielo.

Indignado el rey, hizo llamar inmediatamente  su tesorero. Cmo,
le dijo, has permitido que un infiel tomase posesion de tan precioso
talisman?

--Ah seor! respondi el tesorero, aqu no conocamos sus virtudes,
ni el sentido de los caracteres inscritos sobre el cofre que le
guardaba. Si es en efecto la alfombra del rey Salomon, no cabe duda
que se halla dotada del poder mgico de trasportar  su posesor por
los aires adonde le plazca ir.

Reuni el rey un poderoso egrcito y se dirigi  Granada, adonde
lleg despues de una marcha larga y penosa. Luego que di vista 
la ciudad sent sus reales en la vega, y envi un heraldo  reclamar
 su hija. El rey de Granada sali en persona  saludar al monarca
toledano, que reconoci en l al msico beduino. Ahmed acababa de
subir al trono por muerte de su padre, y la bella Aldegunda era su
sultana.

El rey cristiano consinti en el enlace de su hija con Ahmed, cuando
se le prometi que la princesa quedaria en libertad para conservar su
religion; porque de otro modo estaba resuelto  oponerse con todo su
poder. En vez de batallas sangrientas hubo fiestas y regocijos; el
anciano rey regres luego  Toledo, y los jvenes esposos continuaron
reinando en la Alhambra con no menos sabidura que felicidad.

Para completar mi historia no puedo dispensarme de aadir que el
buho y el papagayo habian seguido al prncipe  cortas jornadas: el
primero solo viajaba por la noche, alojndose durante el dia en las
diferentes posesiones hereditarias de su familia; el ltimo figuraba
en las reuniones mas brillantes de las ciudades que se hallaban en el
trnsito. Ahmed recompens generosamente los servicios que uno y otro
le habian hecho durante su peregrinacion, pues nombr primer ministro
al buho, y maestro de ceremonias al papagayo. Con lo cual parece
intil aadir que jamas hubo reino mejor administrado; ni crte mas
escrupulosa en la observancia de las reglas de la etiqueta.


FIN.






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     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

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     and discontinue all use of and all access to other copies of
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1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


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editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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