The Project Gutenberg EBook of Figuras americanas, by Miguel A. Prez

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org/license


Title: Figuras americanas
       Galera de hombres illustres

Author: Miguel A. Prez

Release Date: May 2, 2015 [EBook #48857]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FIGURAS AMERICANAS ***




Produced by Carlos Coln, Adrian Mastronardi and the Online
Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
file was produced from images generously made available
by The Internet Archive/American Libraries.)









  Nota del Transcriptor:


  Se ha respetado la ortografa y la acentuacin del original.

  Errores obvios de imprenta han sido corregidos.

  Pginas en blanco han sido eliminadas.

  Letras itlicas son denotadas con _lneas_.

  Las versalitas (letras maysculas de tamao igual a las minsculas)
  han sido sustituidas por letras maysculas de tamao normal.




  FIGURAS AMERICANAS




  PARS.--TIP. GARNIER HERMANOS, 6, RUE DES SAINTS-PRES, 6.




  BIBLIOTECA SELECTA PARA LA JUVENTUD




  FIGURAS  AMERICANAS




  GALERA

  DE HOMBRES ILUSTRES

  POR

  MIGUEL A. PREZ

  [Ilustracin]


  PARS

  GARNIER HERMANOS, LIBREROS-EDITORES

  6, RUE DES SAINTS-PRES, 6

  1891




PRLOGO


El nuevo volumen con que aumentamos hoy nuestra biblioteca juvenil,
viene  llenar un hueco y tenemos la esperanza de que ser bien
recibido.

Nada ms interesante que esta _Galera de americanos ilustres_, en la
cual inclumos personajes de uno y otro sexo, no todos tan conocidos
como por sus talentos  por sus actos merecen.

Todos los jvenes americanos, y aun los europeos, conocen los hechos,
 cuando menos los nombres, de las grandes figuras histricas 
cientficas de Amrica; nadie desconoce los nombres de Wshington y
Bolvar, ninguna persona medianamente ilustrada ignora descubrimientos
 los inventos de Maury, de Edison, de Morse;  pocas gentes no habr
llegado el eco gloriossimo de nombres tan preclaros como los de Sucre
y San Martn; nosotros mismos hemos alcanzado los tiempos de Jurez y
de Lincoln, nombres no menos ilustres, que para nadie son desconocidos.
Pero existen adems,  han existido, otros muchos hombres menos
populares, apenas conocidos, tal vez enteramente ignorados, que son
acreedores al respeto,  la estimacin, algunos de ellos al cario de
la posteridad. No todos cien sus frentes con los nimbos de la gloria,
pero muchos hicieron por su patria  por la humanidad sacrificios 
esfuerzos dignos de ser imitados. Los unos combatiendo con las armas
en la mano; los otros enseando en las escuelas, y muchos divulgando
por medio de sus libros el amor al ideal  el sentimiento patrio, han
conquistado un puesto digno y envidiable entre las figuras de su tiempo.

Hubo tambin ignorantes, malvados y traidores, cuyos hechos pueden
servir de utilsima enseanza, cuyos nombres no merecen desdeoso
olvido.

El que ayuda  los enemigos de su patria, el que tiraniza 
sus conciudadanos, el que comete errores fecundos en funestas
consecuencias, podr ser justamente aborrecido, mas no ser siempre
con igual justicia condenado al menosprecio. Deber menospreciarse,
pues odindole se le honrara, al que en sus crmenes  en sus errores
haya sido bajo, rastrero, msero, cobarde; no al que en sus actos haya
tenido grandeza--pues la hay hasta en el crimen;--no al que se haya
equivocado con sana intencin  cumplida buena fe.

De todos modos, conviene presentar  las generaciones sucesivas
los nombres y los hechos ejemplares, todos los ejemplos saludables
 perniciosos que la frtil historia suministra, que si los unos
alientan, conmueven, estimulan  entusiasman los otros son todava ms
tiles, pues apartan  la juventud de las sendas peligrosas en que
zozobraron los que las siguieron.

Alternadas con los hombres, figurarn en esta _Galera_ bastantes
mujeres clebres, que no han faltado en Amrica ni antes ni despus de
la emancipacin damas que honren  su sexo y  la humanidad. Lo que
sentimos es no disponer de suficiente espacio para inclurlas  todas.

No hemos seguido un orden cronolgico por creerlo innecesario.
Alternando las figuras como lo hemos hecho, sin tener en cuenta los
tiempos ni los pases, creemos haber dado ms amena variedad al libro
que hoy ofrecemos y recomendamos  la juventud.




FIGURAS AMERICANAS




DON JUAN RUIZ DE ALARCN Y MENDOZA


Este ilustre americano floreci en la poca de la dominacin espaola.
Por eso Espaa lo cuenta como suyo, y tambin por la influencia que
su talento ejerci en la literatura castellana. El teatro de Alarcn
es digno de la patria de Caldern y Tirso de Molina. Hasta hoy no ha
producido Amrica un dramaturgo del genio y el alcance de Alarcn.

Naci este inmortal poeta en el virreinato mejicano, si bien se ignora
en qu pueblo y en qu da. Alguien ha dicho que Tasco era el pueblo
de su naturaleza; pretenden otros que vi la primera luz en la hermosa
capital de Mjico. Sea como quiera, lo seguro es que naci antes del
ao de 1590, pues consta que en 1606 recibi en Mjico el grado de
doctor.

No bien terminada su carrera, se embarc nuestro joven para Espaa,
donde estuvo empleado en el Consejo de Indias. Era ya relator de este
Consejo en 1624.

Las ridas tareas de su importante destino, el trato cortesano que
frecuent asiduamente, las murmuraciones y las crticas de los que
no podan creer en la inspiracin de un corcovado, hubieran bastado
para que otro cualquiera cortara de raz su comercio con las musas;
pero Alarcn era poeta de veras y no se desalent por ningn gnero de
burlas ni sarcasmos. As, pues, enriqueci la dramtica espaola con
multitud de piezas que, si por el nmero dan testimonio de la labor y
fecundidad del poeta, por la calidad le ponen al nivel de las grandes
figuras literarias.

Las comedias ms conocidas de Alarcn son las siguientes:

  _Los engaos de un engao._
  _La hechicera._
  _Antes que te cases mira lo que haces._
  _La culpa busca la pena y el agravio la venganza._
  _Dejar dicha por ms dicha._
  _El tejedor de Segovia._
  _Don Domingo de Blas._
  _Dar con la misma flor._
  _Ganar perdiendo._
  _Los dos locos amantes._
  _Lo que mucho vale poco cuesta._
  _No hay mal que por bien no venga._
  _Nunca mucho cost poco._
  _Por mejora._
  _Quin engaa ms  quin._
  _Quien mal anda mal acaba._
  _Quien priva aconseje bien._
  _Siempre ayuda la verdad._
  _La suerte y la industria._
  _Tambin las paredes oyen._

Por ltimo, la obra maestra y capital de Alarcn ( juicio de algunos
crticos de reconocida autoridad) que es _La verdad sospechosa_.

Uno de los ms notables bigrafos de Alarcn, poeta dramtico tambin y
literato eminente[1], escribe lo que copiamos  continuacin:

       [1] Don Juan Eugenio Hartzenbusch.

    Corneille, que tradujo en parte y en parte imit _La verdad
    sospechosa_, sola decir que dara dos de sus mejores
    composiciones por haber inventado el original, que era lo que ms
    le agradaba de cuanto haba ledo en espaol. Molire confesaba que
    _La verdad sospechosa_, imitada por Corneille, era la obra donde
    haba conocido la verdadera comedia. Voltaire principia el prlogo
    que puso al _Menteur_ de Corneille, diciendo que los franceses
    nos deben la primera comedia lo mismo que la primera tragedia que
    ilustr  Francia. Puibusque llamaba inapreciable tesoro  lo que
    hall Corneille en la obra de nuestro americano. Adolfo Federico de
    Schack,  quien debe Alemania dos volmenes de piezas del Teatro
    espaol traducidas, y despus una apreciabilsima historia de
    nuestra literatura dramtica, sostiene, despus de hacer grandes
    elogios de Alarcn, que no tiene comedia que no se distinga con
    ventaja. El autor de _Edipo_ y el de la _Oda  la beneficencia_,
    el _Curioso Parlante_ y el cantor de _Guzmn el Bueno_, han hecho
    de Alarcn grandes elogios. Los caracteres del maldiciente y el
    mentiroso, el del cortesano y benvolo Juan de Mendoza, en quien
    tal vez Alarcn se retrat  s propio, con su nombre, apellido
    y fealdad; la Ins en _El examen de maridos_; _El tejedor de
    Segovia_; los protagonistas de _Ganar amigos_; _Los favores del
    mundo_ y _El dueo de las estrellas_; algunas de sus damas, como
    la Leonor de _Mudarse por mejorarse_; alguna criada, como la Celia
    de _Las paredes oyen_; muchos criados, como el Tello de _Todo es
    ventura_, que es realmente el hroe; aquel Domingo de Blas, por
    cuyo bienhechor egosmo se podra dar toda la virtud humanitaria
    de muchos; stos y otros personajes de Alarcn tienen en sus
    comedias fisonoma propia, varia y bella; ni se parecen entre s
    ni pueden equivocarse con figuras creadas por otros autores. Feliz
    en la pintura de los caracteres cmicos para castigar en ellos el
    vicio, como en la invencin y desarrollo de los caracteres heroicos
    para hacer la virtud adorable; rpido en la accin, sobrio en los
    ornatos poticos, inferior  Lope en la ternura respecto  los
    papeles de mujer,  Moreto en viveza cmica,  Tirso en travesura,
     Caldern en grandeza y en habilidad para los efectos teatrales,
    aventaja sin excepcin  todos en la variedad y perfeccin de las
    figuras, en el tino para manejarlas, en la igualdad del estilo, en
    el esmero de la versificacin, en lo correcto del lenguaje.

Como se ve, no puede ser ms lisonjero el juicio de persona tan
autorizada como el nclito autor de _Los amantes de Teruel_.

Con ms cario si cabe y con ms sentida admiracin le juzga Roque
Barcia en su _Diccionario etimolgico_.

Muchos escritores y crticos de Mjico y de Espaa le han consagrado
artculos y libros, conviniendo todos en el mrito de su teatro.

Luis Egulaz ha escrito un drama intitulado _Alarcn_, uno de los
mejores que l ha escrito, en el cual figura como protagonista nuestro
insigne poeta mejicano.

Pudo Alarcn, sin duda, quejarse de la injusticia de sus
contemporneos; pero la posteridad le ha concedido un desagravio
completo. No fu popular en vida, pero pocos lo han sido tanto ni
por tanto tiempo cuando ya no existen. Los palaciegos que se mofaban
indignamente de sus deformidades meramente fsicas, han desaparecido
con todas sus bellezas, con todas sus gallardas, con todas sus
elegancias, no dejando ni sus nombres, y s solo el recuerdo de sus
deformidades morales. En cambio han dejado de existir y nadie ve
las jorobas del contrahecho y mal formado autor de tantas comedias
admirables, pero quedan los frutos de su ingenio, se conservan las
bellezas de su noble alma, fielmente reproducidas en los hermosos
versos que han hecho imperecedero su preclaro nombre.

Las obras de Alarcn han sido coleccionadas por Hartzenbusch para la
_Biblioteca de Autores espaoles_ de Rivadeneira, y publicadas en el
tomo XX de la misma.

El coleccionador y el editor han merecido bien de la literatura
castellana.

Slo falta una estatua que todava no tiene el autor de _La verdad
sospechosa_, que es de justicia y que se la deben los mejicanos  los
espaoles.




FRANKLIN


Fu uno de los hombres ms notables de su siglo. Era hijo de un
fabricante de velas y naci cerca de Boston en 1706.

 la edad de doce aos fu colocado como aprendiz en una imprenta de
Boston. Aprendiendo el oficio, no descuidaba el estudio; cuantos libros
 manuscritos pasaban por sus manos, los lea con la mayor avidez. Por
las noches, en las horas debidas al descanso, devoraba cuantas obras
consegua sin reparar el gnero.

Desde muy joven compuso poesas, y en 1720 colaboraba en un peridico
fundado por un hermano suyo de ms edad que l. Era el menor de seis
hermanos.

El joven Benjamn se traslad  Filadelfia en 1722. Su objeto era
fundar una imprenta, para lo cual hizo un viaje  Londres en 1723, 
fin de adquirir el material necesario.

Habiendo fracasado sus proyectos, regres de Londres  Filadelfia en
1726. En Filadelfia tuvo una existencia de las ms penosas, trabajando
como cajista, siendo tenedor de libros en alguna casa y no dejando por
eso de estudiar con ahinco las letras y las ciencias.

Pero no tard en encontrar amigos generosos que le facilitaran los
recursos precisos para adquirir una imprenta, conseguido lo cual se di
 conocer como escritor poltico. Sus artculos eran ledos con gusto
y sus negocios marchaban perfectamente. Se dedicaba al comercio de
papel, venda objetos de escritorio y no dejaba por eso de escribir. Su
popularidad y consideracin aumentaban cada da, pues todos vean en
l un modelo de ciudadano, y un hombre verdaderamente til.

Publicaba  la vez un diario y un almanaque, siendo este ltimo la
obra ms nueva, ms original y acaso la ms clebre que se public
en Amrica en su siglo. Encierra el almanaque de Franklin preciosas
lecciones de moral social y de economa domstica, mximas provechosas
y sentencias que no ha olvidado, por fortuna suya, el gran pueblo
de los Estados Unidos. Los pensamientos de Franklin, traducidos 
todos los idiomas y conocidos en todo el universo, estn tomados del
almanaque antedicho.

Algn crtico asegura que los _Proverbios del viejo Enrique  ciencia
del buen Ricardo_ (Filadelfia, 1757), es por su forma y su fondo la
obra maestra de los libros populares.

Es indudable que las obras de Franklin ejercieron poderoso influjo
en sus compatriotas y en su poca; se puede decir que l form una
generacin laboriosa y varonil, la que conquist y consolid la
independencia y la libertad de Amrica. Los enciclopedistas franceses
estn considerados como precursores de la Revolucin; Franklin fu
tambin enciclopedista y precursor, no slo de la revolucin francesa,
sino de la americana. Los derechos del hombre fueron reconocidos y
practicados en la Amrica libre antes que se escribieran en Francia.

Ocupbase Franklin preferentemente en el estudio de la fsica,
descifrando los misterios de la atmsfera. l invent el volantn
elctrico y el pararrayos, hizo estudios muy serios sobre el calrico y
resolvi problemas difciles de hidrodinmica. La fsica experimental
le debe ensayos tiles que Franklin hizo antes que nadie.

Era un hombre de ciencia, pero al mismo tiempo era hombre prctico, dos
cosas que rara vez se ven juntas. Franklin organiz en Filadelfia, en
1738, la primera compaa de seguros contra incendios.

Lo ms admirable que hay en los ensayos fsicos y en los experimentos
mecnicos de Franklin, es que los haca con aparatos imperfectos;
careca de instrumentos _ad hoc_, no tena pndulo para medir el tiempo
y se vala para esto de una vara que mova cantando como los msicos.

Comunic sus trabajos y descubrimientos sobre la electricidad  un
amigo de Londres (Cllinson), el cual amigo  su vez lo puso todo en
conocimiento de los sabios de Europa. El nombre de Franklin fu desde
entonces conocido en ambos hemisferios. No hubo informe cientfico
ni memoria acadmica donde no se le citara, ya para discutir sus
grandes descubrimientos, ya para invocar su nombre como una autoridad.
La universidad de Oxford le confera en 1762 el ttulo de doctor
en derecho. El gobierno de la metrpoli, por su parte, le nombraba
director general de correos de las colonias angloamericanas.

Las distinciones del gobierno ingls no le hicieron olvidar que haba
nacido americano; jams ech en olvido lo que deba  sus compatriotas;
por eso, cuando la Cmara de los Comunes abri una informacin
parlamentaria con motivo de las quejas que formulaban las colonias,
Franklin hizo un viaje  Londres como delegado de Pensilvania y expuso
francamente la situacin de las cosas. En 1775, habiendo expirado
su mandato, regres  Amrica. Nada haba conseguido en favor de su
querida patria, ni en obsequio de la justicia que es ante todo. Los
ingleses persistan en su poltica tirante, pretendiendo que la actitud
rebelde de los americanos dificultaban toda concesin; los americanos
hablaban ya de romper con la metrpoli separndose completamente de
la madre patria, fundndose en la obstinacin de los ingleses: era un
verdadero crculo vicioso. La culpa, entre tanto, no era de unos ni de
otros, sino del tiempo. No en balde marchan y se suceden los siglos; no
en vano progresan las sociedades; no impunemente se trata  un pueblo
viril como  colonia primitiva  sociedad naciente. En la sociedad
humana como en la naturaleza todo se modifica y se transforma; lo que
no se renueva se petrifica, lo que no adelanta retrocede, lo que no
se agita sucumbe. No hay sociedades en el quietismo, no hay entidades
en la inercia, todo marcha en el mundo, desde el universo que tiene
movimientos regulares y exactamente medidos por el cosmgrafo, hasta el
pensamiento incalculable que abraza la eternidad y abarca lo infinito.

El movimiento separatista se haba propagado en las colonias de
Amrica, y Franklin al regresar de Europa se asoci con toda su
voluntad al incontrastable movimiento. Haba visto por sus propios ojos
la estrechez de miras de los poderes britnicos, y saba perfectamente
que lo que no progresa regresa, que para su patria no haba salvacin
sin libertad y que la libertad es incompatible con toda dependencia.

Una confederacin de las colonias con la madre patria, movindose sta
y aqullas con entera libertad en la esfera de sus intereses y en el
crculo de sus funciones propias  de sus atribuciones esenciales,
habra sido una buena y digna solucin del conflicto colonial. Pero
Inglaterra no quera ceder en mengua de su autoridad  en menoscabo
de su prestigio, y por no conceder algo lo perdi todo. Las colonias
britnicas se hicieron independientes.

Franklin fu uno de los que coadyuvaron  la obra magna de la
emancipacin, figurando desde entonces como hombre pblico tanto como
sabio. En 1775 lleg  Pars como embajador de las colonias inglesas y
fu admitido en Versalles como tal embajador. La reina que comparta
con Luis XVI el tlamo real, muchos prncipes y cortesanos que como
ella haban de perecer ms tarde en la guillotina, se burlaron de
Franklin y de sus maneras, pues el ilustre sabio no conoca las reglas
de la etiqueta y mucho menos los procedimientos de la cortesana
adulacin; pero el ilustre plebeyo, el cajista americano desde la
pequeez de seres tan intiles y tan mezquinos y acab por hacerse
respetar de todos.

Su permanencia en Pars se prolong diez aos, hasta el de 1785.
Durante ellos consigui ms de lo que esperaba, acaso ms de lo que
se propona, pues no slo obtuvo recursos materiales y apoyo efectivo
para la causa de Amrica y el reconocimiento por parte de Francia de
la independencia de los Estados Unidos, sino que los mismos ingleses
trataron con l en Pars los preliminares de la paz. El 20 de enero
de 1782 firm Franklin un tratado con Inglaterra, mediante el cual la
metrpoli reconoca de hecho la independencia norte-americana.

 su vuelta  la patria recibi mil testimonios del cario y respeto de
sus conciudadanos y fu nombrado presidente del congreso de Pensilvania
reunido en Filadelfia. Era casi octogenario; con todo, ni su edad ni
sus deberes polticos le impidieron continuar trabajando en el campo de
la ciencia. La agricultura, sealadamente, le debi nuevos progresos en
los ltimos aos de su aprovechada y laboriosa vida.

Franklin muri el 17 de abril de 1790  la edad de ochenticuatro aos.
El Congreso Federal acord que los Estados Unidos llevaran luto por
la muerte del ciudadano insigne, que representaba  Pensilvania en el
Congreso y  la Amrica entera en el mundo cientfico y filosfico. El
luto oficial dur dos meses; el particular de cada ciudadano fu ms
largo todava.

La Asamblea nacional de Francia tribut su homenaje  la memoria de
Franklin, llevando tres das de luto por acuerdo unnime de aquella
ilustre Asamblea, que fu la Asamblea de la Revolucin.

El viejo Franklin mora; su obra no perecer. Fu uno de los hombres
ms ilustres de su siglo, con ser el siglo ms grande de la historia;
fu, sobre todo, un hombre bueno, ttulo ms noble, ms raro, ms
apetecible que el de grande. En las luchas de la pasin y en las
tempestades de la vida conserv siempre su ingnita bondad; su
envidiable grandeza fu la grandeza de los bienhechores.




[Ilustracin]

RIVADAVIA


Este gran ciudadano  quien tanto debe la Repblica Argentina, quiz
no merezca el pomposo ttulo de grande hombre; pero nadie le negar
otro ttulo ms envidiable y digno, cual es el de hombre til. No son
tan convenientes para las repblicas los gigantes y los genios, 
quienes ciega  deslumbra en ocasiones la propia grandeza  la estrella
afortunada, como esos otros que unen la aplicacin  la honradez, la
constancia en su labor  la energa moral, una modestia digna  las
virtudes cvicas de los buenos ciudadanos.

Bernardino Rivadavia fu incansable, activo, laborioso; no cejaba ante
las dificultades cuando acometa cualquiera empresa; no vacilaba nunca
entre su conciencia y las conveniencias fugitivas de un momento  de
una personalidad, aunque se tratara de la suya propia.

Como todos los hombres radicales, progresistas y reformadores, tuvo
por enemigos  cuantos creyeron que su programa poltico amenazaba
intereses, costumbres  aficiones sancionados por el tiempo, la
preocupacin  la rutina; pero hoy se le hace justicia por amigos y
adversarios, por federales y unitarios, por nacionales y extranjeros.
Todo el mundo reconoce que se le deben grandes beneficios y que l
abri la senda seguida ms tarde por los argentinos con rumbo al
progreso y  la perfeccin.

Nacido en el ltimo cuarto del siglo XVIII, no era ciertamente un
liberal como son en el da los de las escuelas avanzadas; pero su
liberalismo no era menos slido ni las circunstancias ms difciles lo
entibiaron ni lo desmintieron.

Fu educado por un sacerdote, el doctor Marcos Salcedo, y despus en
el colegio porteo de San Carlos. Joven todava, fu nombrado teniente
de una de las compaas de milicianos que organiz Liniers despus
del primer ataque frustrado de los ingleses  Buenos Aires. En el
segundo ataque se bati con sus _gallegos_, contribuyendo  rechazar la
invasin[2].

       [2] Uno de los cuerpos de milicias se denominaba de _Gallegos_.

Tom parte en los disturbios que precedieron  la revolucin, luchando
en favor del general Liniers que era combatido por Alzaga. Sin embargo,
su papel fu secundario hasta 1811, poca en la cual empez  tener
intervencin visible en los sucesos.

Nombrado por entonces ministro de Gobernacin, Hacienda y Guerra,
desempe conjuntamente cargos tan difciles y pudo salir airoso,
aunque combatido simultneamente por las facciones polticas y por los
no domados espaoles que abiertamente conspiraban.

En aquella poca agitada empez  demostrar el joven Rivadavia
sus dotes de estadista: fund la libertad comercial, introdujo
considerables mejoras en la administracin, prohibi la trata de negros
y al mismo tiempo deshizo ms de un complot contra la seguridad
del Estado y la paz pblica. Fu derribado, empero, en 1812 por un
movimiento que dirigi el doctor Medrano, personaje ms conocido como
poeta que como poltico.

En 1814 pas Rivadavia  Europa, donde prest servicios  la causa de
la independencia y atesor conocimientos que ms tarde le fueron de
suma utilidad.

En 1820, de vuelta en Buenos Aires, fu nombrado ministro de Gobierno y
supo granjearse las mayores simpatas. Rivadavia estableci el sistema
representativo, all donde solo exista una dictadura revolucionaria;
emprendi mejoras materiales, sin descuidar las morales que son la
base del bienestar de los pueblos; cre el registro oficial, archivo,
polica, casa de expsitos; fund escuelas, bibliotecas, premios 
los estudiantes, sociedades de beneficiencia presididas por seoras;
populariz la enseanza pblica y erigi, por ltimo, la Universidad,
decretada por el rey de Espaa en el siglo precedente sin que el
decreto hubiera tenido ejecucin.

Buenos Aires le debi tambin dos cosas tan interesantes como el
cementerio y la recova.

La Universidad de Buenos Aires, agradecida  su verdadero fundador,
concedi  Rivadavia el ttulo de doctor en uso de facultades que tena
para conferir los grados que estimara justos, sin necesidad de pruebas,
 los hombres ilustrados y eminentes[3]. Esta concesin se hizo algn
tiempo ms tarde, siendo Rivadavia presidente de la Repblica.

       [3] Artculo 13 del decreto de 21 de junio de 1827.

Antes de ocupar tan elevado puesto, hizo otro viaje  Europa con una
misin diplomtica cerca del gobierno ingls. Al regresar fu elegido
presidente (1826).

El perodo de su presidencia fu notable, como se esperaba. No
desminti el presidente las lisonjeras esperanzas que haba hecho
concebir. La instruccin progres considerablemente; se protegi y
foment la cra de ganados, que tan til y productiva es para la
Repblica Argentina; fundronse pesqueras como la de Patagones; se
busc en Europa maestros de capacidad que secundaran la benfica
iniciativa del presidente; en los campos se fabricaron iglesias y se
fundaron colonias; en fin, se hizo la independencia de Montevideo,
 pesar del Brasil. Fu un perodo fecundo el del doctor Rivadavia.
Si despus ha adelantado tanto la Repblica Argentina, poltica,
industrial y comercialmente, si ha crecido la poblacin, si han acudido
inmigrantes de todas procedencias, si se ha extendido los lmites de la
Repblica, sometiendo  los salvajes y explorando los desiertos, bien
pueden decir los argentinos como en la clebre fbula:

Gracias al que nos trajo las gallinas!

Y el que llev las gallinas fu sin duda Rivadavia, no negando con lo
que decimos la gloria que les quepa  sus continuadores.

 pesar de todo, Rivadavia fu muy combatido y se vi obligado 
renunciar el poder.

En 1829 le encontramos en Europa. En 1834, gobernando sus mayores
enemigos, tuvo el atrevimiento de volver  Buenos Aires para responder
ante los tribunales de ciertas acusaciones que le dirigan. No
quisieron juzgarle, pero se le desterr.

Despus de residir algn tiempo en Mercedes y ms tarde en el Brasil,
busc refugio en Espaa.

Al cabo de tres aos de residencia en Cdiz, falleci en 1845.

Fu Rivadavia un ciudadano virtuoso, un poltico bien intencionado y
un patriota exclarecido. Se equivoc tal vez en sus apreciaciones,
pero nadie es profeta en este mundo. Sus mismos adversarios han hecho
justicia  su rectitud de proceder, reconocen sus talentos y su
ilustracin, celebran su indomable voluntad, agradecen y aplauden sus
servicios...

Qu ms puede esperar un nombre poltico de sus conciudadanos que
imparcialidad, aplauso y reconocimiento?

Qu ms puede pedir  la posteridad, si sta le hace justicia?




[Ilustracin]

PEZ


El general venezolano Jos Antonio Pez contribuy principalsimamente
 la independencia de su patria. Ningn otro caudillo de las guerras
de Amrica fu ms afortunado, pero tampoco lo hubo ms esforzado que
l. No era un general  la moderna, sino un hroe forjado en moldes
antiguos. No conoca la ciencia ni el arte de la guerra, no haba
estudiado estrategia ni fortificacin, no entenda de castrametacin ni
de balstica ni siquiera de tctica; pero tena la pujanza de Murat, la
bravura de Diego Len, una astucia insuperable, una fuerza herclea y
una serenidad  toda prueba.

Naci en la provincia de Barinas en 1790 y dedic su infancia  los
trabajos por dems penosos de la agricultura y la ganadera. Luchando
con la corriente del rpido Apur, con los caimanes del ro y con
las fieras del monte, con el sol de los llanos y con los rigores de
la suerte, no slo templ su alma para todas las pruebas y todos los
sacrificios, sino que se hizo excelente nadador, inmejorable jinete,
gran cazador, invencible machetero.

Un hombre formado en semejante escuela no poda permanecer impasible,
como hicieron tantos, cuando son la hora de la revolucin y de la
guerra. Pez deba tomar parte por unos  por otros en la contienda
que iba  decidir de los destinos de Amrica. Fu buscado y aun
halagado por los espaoles; pero opt sin vacilar por la causa de la
independencia.

En 1810 se alist voluntario en un escuadrn patriota, distinguindose
mucho por su arrojo en la primera campaa, en la cual ascendi hasta
sargento primero.

En la segunda campaa le vemos de capitn, sorprendiendo y derrotando
una columna enemiga en el punto llamado Matas Guerrereas.

Poco despus, derrotado por los espaoles y abandonado por los suyos
que se desbandaron, fu hecho prisionero y sentenciado  morir. Puesto
en capilla para ser ejecutado, debi su indulto  la generosidad del
enemigo. Cay segunda vez prisionero, y de seguro que entonces lo
hubiera pasado mal si por su propio esfuerzo no se hubiera libertado.
Los 511 prisioneros que con l estaban, dirigidos por l, desarmaron la
fuerza encargada de su custodia y se salvaron.

Pez y los suyos se incorporaron  las fuerzas patriotas que mandaba
Garca Sena. Este jefe confi  Pez el mando de su caballera, con la
que realiz las ms inauditas y portentosas hazaas. No haba empresa
temeraria que no se le confiara ni enemigo que le detuviera. Jams
cont el nmero de sus soldados ni el de sus enemigos. Avistarlos y
embestirlos eran siempre dos cosas simultneas.

En 1814 era Pez coronel de la caballera venezolana, combatiendo con
sus 1.000 caballos en la accin de Chire  las inmediatas rdenes
del general Ricaurte. En Mata de la Miel contribuy eficazmente al
desastre de los espaoles. En las expediciones  travs de los Andes,
como en las persecuciones sufridas muchas veces hasta los llanos de
Casanare y las selvas ms remotas, era Pez el encargado siempre de las
exploraciones, de los reconocimientos, de cubrir la retaguardia  de
contener al enemigo.

En la campaa del Apur (1816) tom Pez una ofensiva enrgica y
vigorosa contra la divisin mandada por el general Latorre; la valenta
de Pez no se desminti en aquellas circunstancias, pero los resultados
fueron negativos.

Los espaoles contaban por entonces con los refuerzos de Espaa
llevados  Venezuela por el general Morillo. Eran tropas aguerridas que
en su mayor parte haban combatido contra los ejrcitos de Napolen.
Y adems tenan el auxilio poderoso de los terribles llaneros, que
combatan por Espaa  las rdenes del siniestro Boves.

Mal se ponan las cosas para los independientes. Los realistas se
haban apoderado de la isla Margarita, de La Guaira, de todos los
puertos de Costa Firme, incluso Cartagena. Entraron en Santa Fe,
hoy Bogot; Valencia capitul; fu preciso levantar el sitio de
Puerto-Cabello. Al parecer estaba dominada la revolucin.

Para otros no haba esperanza; pero Pez, tan familiarizado con los
reveses como con los triunfos, no se desalent jams ni perdi nunca la
fe.

En las ms adversas circunstancias y escuchando  todas horas los ms
siniestros y fatdicos augurios, organiz una fuerza de caballera
con los dispersos que iba recogiendo y con nuevos voluntarios. Form
tambin con desertores de las filas realistas el batalln _Pez_, que
se distingui ms tarde por su disciplina y su bravura.

Poco despus se unieron Pez y Bolvar, que recprocamente se admiraban
y se estimaban antes de conocerse. Cuando se conocieron, creci
singularmente la mutua estimacin de ambos caudillos, que haban nacido
para completarse. Era Bolvar la inspiracin, el genio, el alma de
la revolucin; Pez era el brazo que ejecutaba las inspiraciones del
Libertador, y el nico capaz de llevar  trmino los planes gigantescos
del hijo de Caracas.

Una vez reunidos ambos jefes, ansiaba fervientemente el general Bolvar
dar comienzo  sus operaciones; pero no encontraba medio de salvar un
caudaloso ro por falta de elementos adecuados. Los espaoles tenan
ocupados los pasos ms importantes  ms fciles con sus embarcaciones,
que eran lanchas artilladas y pertrechadas convenientemente. Solo Pez
hubiera sido capaz de arrollar el obstculo, y en efecto lo arroll.
Las lanchas realistas fueron atacadas y tomadas por la caballera,
cargando  su cabeza el mismo Pez que tom al abordaje catorce
embarcaciones.

En 1819 lleg  su apogeo la gloria militar de los republicanos. El
general Morillo, que haba sido inexorable con los _insurgentes_,
se decidi despus de la batalla de las Queseras del Medio 
conferenciar con los jefes de la insurreccin, ofreciendo tratarlos
como beligerantes regulares y no como rebeldes. Accedi Bolvar  los
deseos del general espaol, y la entrevista se verific en Santa Ana.
La conducta de ambos caudillos fu caballeresca. El general Morillo
confes ms tarde que en la poca de la conferencia estaba ya decidido
 regresar  Espaa, pero que no quera abandonar la Amrica sin
conocer  Bolvar y abrazarlo, puesto que juntos haban de figurar en
la historia; este deseo del general Morillo fu, sin duda, la causa
principal de aquella fecunda conferencia. En ella se acord civilizar
la guerra, humanizarla, empezando por una suspensin de hostilidades
que ambas partes beligerantes consideraban til.

Terminada la tregua se di principio  nuevas operaciones, las cuales
aseguraron la independencia del pas con la gran victoria de Bolvar en
los campos de Carabobo. El general Pez tom gloriosa parte en jornada
tan insigne.

De la intervencin del hroe en las contiendas civiles posteriores  la
independencia, no queremos decir ni una palabra. Si en esas luchas hubo
laureles y glorias para Pez, ciertamente no los haba menester para
vivir en el corazn de sus conciudadanos. Como ha dicho un compatriota
suyo, los siglos apagarn los volcanes y secarn los torrentes, pero
sern impotentes para borrar su memoria.

Al fraccionarse Colombia despus de la muerte de Bolvar, fu Pez
elegido presidente de una de las tres repblicas que se formaron: de
la de Venezuela. Dos veces desempe tan alta magistratura, lo que
no le impidi morir en tierra extranjera devorando en silencio la
ingratitud de su patria.

Uno de los errores del general Pez, justamente en el perodo ms
brillante de su vida, fu aconsejar  Bolvar que fundara el _imperio
de los Andes_ y se hiciera emperador. Afortunadamente el gran Bolvar
tuvo fe en la democracia; su patriotismo, su perspicacia y su sentido
poltico, le dictaron la respuesta  Pez que va  continuacin:

Usted no ha juzgado imparcialmente de las cosas y de los hombres. Ni
Colombia es Francia ni yo soy Napolen. No lo soy ni quiero serlo.
Tampoco pretendo imitar  Csar; menos  Iturbide. Tales ejemplos me
parecen indignos de mi gloria. El ttulo de Libertador es superior 
cuantos el orgullo humano ha recibido.

Vamos  terminar, copiando lo que dice de Pez el escritor argentino
seor Decoud en su libro _La Atlntida_:

    ...Tena el instinto sagaz, realzado ante sus compaeros por
    una fuerza prodigiosa. En la pelea, el len desesperado no se
    avalanzaba con ms furia... Sus soldados le respetaban y le teman,
    porque el insubordinado tena por castigo someterse  una lucha
    personal con su jefe, en la cual estaba seguro de ser herido; y las
    cicatrices que dejaban las armas de Pez jams se borraban...

    No tena exigencias, no pretenda vestuarios, ni armas, ni
    raciones, ni sueldos. La carne sin sal le saciaba, no le afliga
    la intemperie, no le molestaba la lluvia. Haba un ro: lo pasaba.
    Haba un pantano: lo salvaba. Haba un llano prolongado como un
    desierto: lo cruzaba silencioso al paso montono del animal... Su
    estrategia consista en la traslacin rpida de un punto  otro, su
    tctica en la sorpresa y su ataque en la impetuosidad irresistible
    de la carga. Peleaba sinceramente, por conviccin, sin vanidad.
    Slo saba que todo hombre debe morir por su patria y que  esa
    patria subyugada es menester libertarla...

En efecto, as era Pez.




MARIANO EDUARDO RIVERO


Tal es el nombre de una de las mayores celebridades cientficas de
Amrica.

He dicho de las mayores, aunque en realidad slo debiera decir de las
mejor fundadas y de las ms legtimas; pues si bien su fama ha sido
tan grande como justificada y merecida, hoy se va desvaneciendo y las
nuevas generaciones parecen olvidarla.

Naci Rivero  fines del siglo XVIII en una de las ciudades ms bellas
 importantes del Per: en Arequipa.

Su padre, coronel de milicias y persona inteligente, procur darle
toda la enseanza que entonces era posible en una ciudad del interior
del Per, lo cual quiere decir que el nio aprendi primeras letras y
un poco de latn. Pero sus disposiciones, claramente reveladas en la
primera enseanza, y el afn que tena por aprender, decidieron  su
padre  enviarle  Europa cuando contaba apenas doce aos.

Recibi, pues, la segunda enseanza en un colegio de Londres,
dedicndose  la vez al estudio de las lenguas vivas. El director del
colegio era un distinguido matemtico, el doctor Dowling, quien pronto
ech de ver la aficin de Rivero  las ciencias fsicas y matemticas,
otorgndole por consecuencia su predileccin y su cario. El joven
Rivero correspondi al afecto que se le demostraba, redoblando su
aplicacin y trabajando con celo y con provecho. As lleg  ser el
alumno ms notable del establecimiento, el discpulo ms aventajado,
encargndole su director y maestros del arreglo de un observatorio y
asocindolo despus  las observaciones y tareas que se llevaban  cabo.

Al mismo tiempo se dedicaba Rivero con perseverancia al estudio de
la qumica, asistiendo con puntualidad  los cursos que entonces
explicaban sir Humphry Davis y otros sabios ingleses.

Cinco aos estuvo nuestro joven estudiando en Inglaterra, de donde pas
 continuar sus estudios en la capital de Francia.

En Pars acuda puntualmente, como l acostumbraba,  or las lecciones
de los profesores ms ilustres, especialmente las de Gay-Lussac,
Thenard, Arago y Dulong. Comprendiendo la utilidad que podra reportar
algn da  su patria si adquira vastos conocimientos metalrgicos,
trat de ingresar en la Escuela real de minas, empresa harto difcil
entonces para un extranjero. Muchas fueron las dificultades que se le
oponan, logrando al fin vencerlas, gracias  la decidida proteccin
del embajador de Espaa.

Como ya tena considerables conocimientos qumicos, hizo con facilidad
progresos muy notables que apreci debidamente el sabio profesor
Berthier, jefe del laboratorio. Distinguile igualmente el profesor
Brochante de Villiers, que enseaba con lucimiento geologa y
mineraloga.

Terminados sus estudios en la Escuela de minas, pas  Alemania,
detenindose en Sajonia para estudiar el importante distrito
metalrgico de Freiberga y su escuela especial, muy clebre y
concurrida entonces.

Los trabajos de Rivero en distintas regiones alemanas, fueron
mencionados en los informes dirigidos en 1821  la Academia de ciencias
del Instituto de Francia por Brogniard y Vauquelin. Estos hombres de
ciencia hablaban de una sustancia descubierta en Alemania por el joven
Rivero y bautizada por l con el nombre de _humboltina_, en honor de
Humboldt.

Uno de los primeros trabajos de Rivero, despus de su viaje cientfico
 Alemania, fu una Memoria sobre la explotacin del mineral de plata
que se public mas tarde en el Per.

Rivero di  conocer en Europa el salitre de Tarapac.

Sus trabajos mineralgicos y sus anlisis en la Escuela de minas de
Pars, le valieron una distincin honrosa de los profesores de la
Escuela, de los del Jardn de Plantas y de los de la Universidad. Su
reputacin de sabio estaba hecha.

Por aquel tiempo hizo un viaje cientfico  la patria de sus
progenitores; visit en Espaa las famosas minas de azogue de Almadn y
fu de los primeros que hicieron en Espaa estudios serios de geologa.
l fu quien descubri la magnesia siliclica de Vallecas,  dos leguas
de Madrid.

 los diez aos de residencia en Europa regres Rivero al Nuevo
Mundo; pero no  su pas, donde todava mandaban los espaoles, sino
 Colombia la Grande, regida  la sazn por el general Bolvar. La
Repblica independiente, la gran Colombia gobernada por Bolvar,
comprenda en aquella poca las naciones, separadas hoy, de Nueva
Granada, Ecuador y Venezuela.

Lleg, pues,  Bogot nuestro sabio arequipeo, siendo bien recibido y
agasajado por el Libertador. Iba recomendado por el ministro Zea, que
era el representante de Colombia en Pars. Le acompaaba una comisin
de jvenes ilustres, condiscpulos en su mayor parte y amigos de
Rivero, en la que figuraban los clebres sabios Roulin y Boussingault.
Esta comisin hizo estudios de la mayor importancia bajo la direccin
de Rivero, siguiendo las huellas de Bonpland y Humboldt.

Todava se recuerdan y se citan con elogio las numerosas observaciones
meteorolgicas y astronmicas, los estudios baromtricos, geolgicos y
qumicos de los insignes viajeros. Las aguas calientes de la cordillera
de los Andes fueron analizadas por Rivero, que adems asisti 
Boussingault en sus operaciones baromtricas hechas en la Guaira.
Tambin se dedic la comisin  estudios interesantes sobre la botnica
y la zoologa, especialmente en las orillas del Meta y del Orinoco.

Deseando ver  su familia, deseo muy justo despus de catorce aos de
separacin, dej su puesto de jefe de la comisin  su colega y amigo
Boussingault, que con tanto lucimiento haba colaborado en la comn
empresa.

El viaje de Bogot  Lima fu largo y aprovechado, pues Rivero no
haba de recorrer aquellas comarcas prodigiosas y mal reconocidas,
sin explorarlas con ojo inteligente y escudriador. Subi las laderas
escabrosas de la andina cordillera, trep  los volcanes Chimborazo y
Pichincha, sigui las huellas de don Antonio Ulloa, de Humboldt, de la
Condamine, y lleg al fin  su patria adonde le haba precedido su bien
ganado renombre.

Rivero fu nombrado director general de Instruccin pblica y minas
del Per, cargo que desempe con singular acierto y utilidad general.
Fund muchas escuelas y visit los departamentos de Arequipa, Junn,
Puno, etc., detenindose en el estudio del lago Titicaca.

Public en Lima el _Memorial de ciencias naturales_, obra que todava
se consulta y en la que colabor don Nicols de Pirola. En su
coleccin se hallan las nivelaciones baromtricas de Rivero, as como
sus memorias sobre los minerales de Pasco, Puno y Lampa, sobre las
aguas sulfurosas, ferruginosas y saladas de Jura, Tingo y otras muchas
ms, sobre el Guano de Pjaros, etc.

Como tantos otros, el sabio Rivero se vi perseguido por la saa de las
facciones que en aquellos tiempos devoraban el Per. Las alternativas
de la guerra civil le hicieron emigrar, dejando de desempear unas
funciones en las que era tan til  su patria.

Refugiado en Chile, se dedic  sus tareas habituales con ms ahinco y
ms afn que nunca. La naturaleza de Chile no la haba estudiado nadie
como lo hizo l desde 1829 hasta 1831, as como en viajes que hizo
posteriormente cuando ya se encontraba de nuevo en el Per.

De vuelta en su patria en 1832, fu encargado de la direccin del Museo
de Historia natural y antigedades, establecimiento de nueva fundacin.
Tambin por entonces fu elegido diputado.

La poltica no le era familiar ni estaba en su centro en una asamblea
deliberante. As figur poco y brill menos en las tareas legislativas,
pospuestas siempre por l  los estudios cientficos y  las faenas de
la agricultura.

Sin embargo, desempe cargos administrativos de importancia, como la
prefectura del departamento de Junn, y el general Vivanco lo propuso
para ministro de Hacienda, cargo que l no acept.

Se deben  Rivero diversas publicaciones concernientes  la agricultura
y  la ganadera, as como el descubrimiento de varias minas de carbn,
cuya existencia se ignoraba por completo en el Per.

En 1851 acept Rivero el consulado general de la repblica peruana
en Blgica, donde se ocup en la publicacin de su importante libro
_Antigedades peruanas_, contando con la cooperacin del sabio Tchudi,
naturalista y fillogo de Viena.

En estos aos, que fueron los ltimos de su laboriosa vida, hizo algn
viaje al Per, coleccion sus trabajos cientficos de largos aos y
consagr su tiempo  la educacin de cuatro hijos.

Muri Rivero en Pars  fines de 1857.

Era miembro activo  correspondiente de un gran nmero de corporaciones
y sociedades cientficas, entre ellas la Sociedad filomtica y la
Sociedad de ciencias naturales de Pars; de la de anticuarios de
Dinamarca; las de geologa de Pars, Londres y Estados Unidos; las de
agricultura de Chile, Blgica y Francia. Posea varias condecoraciones,
pero tuvo el buen gusto de no usarlas.

Don Mariano Eduardo de Rivero fu uno de los americanos ms ilustres de
su siglo; pocos de entre sus contemporneos tienen tantos ni mejores
ttulos al respeto de la posteridad; es, en fin, una verdadera gloria
del Per.




SOR JUANA INS DE LA CRUZ


Esta notable mujer vi la luz en Mjico en 1614 y muri en la misma
ciudad en 1695. Durante su vida tuvo gran notoriedad; el tiempo
transcurrido desde su muerte no ha sido bastante para que su justa
celebridad se extinga ni se borre, pues se funda en su saber y su
talento del que dej gallardas muestras cultivando la literatura.

_Dcima musa_ la llamaban los mejicanos y todos los espaoles de su
tiempo; mas conocida por _la monja de Mjico_, figura con este nombre
en las crnicas y los anales del siglo XVII. Dos tercios de siglo
tuvo excitada la atencin de los que en ella admiraron sucesivamente:
primero la gentileza y gracia de su juventud, despus la inspiracin
de la verdadera poetisa, por ltimo la discrecin, la caridad y las
virtudes de una ancianidad respetable y respetada. Su consejo era
tenido en mucho, y hasta los virreyes la consultaban en los casos
arduos  dudosos.

Educada por un sacerdote que era to suyo, aprendi latn, estudi la
retrica y la filosofa, curs la teologa y fu muy cursada en las
letras humanas y divinas. Santa Teresa de vila fu en parte su modelo,
sin que esto sea decir que no tuviere originalidad. Al contrario,
su personalidad literaria es tan distinta de cualquiera otra, que
no se asemeja en la forma ni en el fondo  los mismos modelos que
imitaba. Dej sonetos de bellsima estructura y composiciones poticas
inmejorables en los diversos gneros que cultiv. Su naturalidad
inimitable, su facilidad espontnea, su lgica irrebatible, se ve y
se admira en sus versos que pueden saborearse hoy con tanto deleite
como cuando los produjo. Son de los que no envejecen, pues planteaba
y resolva problemas que no son de un pueblo ni de un siglo, sino de
todos los pases y de todas las generaciones.

En prueba de ello, vamos  copiar algunas de sus _Redondillas contra
las injusticias de los hombres al hablar de las mujeres_:

    Hombres necios que acusis
   la mujer sin razn,
  No veis que sois la ocasin
  De lo mismo que culpis?
  Si con ansia sin igual
  Solicitis su desdn,
  Por qu queris que obren bien
  Si las incitis al mal?

         *       *       *       *       *

    Qu humor puede ser ms raro
  Que el que, falto de consejo,
  Empaa l mismo el espejo
  Y siente que no est claro?

         *       *       *       *       *

    Opinin ninguna gana
  Pues la que ms se recata,
  Si no os admite es ingrata,
  Y si os admite es tirana.

         *       *       *       *       *

    Cul mayor culpa ha tenido
  En una pasin errada?
  La que cae de rogada
  O el que ruega de cado?
  O cul es ms de culpar,
  Aunque cualquiera mal haga,
  La que peca por la paga
  O el que paga por pecar?

         *       *       *       *       *

    Dejad de solicitar,
  Y despus con ms razn
  Acusaris la aficin
  De la que os fuere  rogar.

La joven poetisa tuvo la desgracia de perder su novio, muerto poco
antes de la fecha fijada para el casamiento; murieron tambin sus
padres y su to, y entonces distribuy su fortuna entre los pobres de
Mjico y se hizo monja.

En el convento de San Jernimo, donde tom el velo y profes, fu
querida y respetada por sus modestas virtudes y por su gran saber.

La fama de sus mritos y de su sabidura lleg  ser universal. Desde
la pobre india hasta el altivo virrey; desde el arzobispo de la
dicesis hasta el personaje ms desconocido, se acercaban  ella para
consultarla sobre casos graves particulares  pblicos. No obstante su
apego al estudio y  la soledad, bajaba muchas veces al locutorio  fin
de conferenciar con los que queran hablar con ella.

Dos veces fu nombrada abadesa y ambas veces renunci. Sus compaeras
la elegan por unanimidad; con todo, no admita. Su renuncia no se
fundaba en lo espinoso del cargo, pues ms lo hubiera sido para
cualquiera otra, sino en su modestia y en su sencillez.

Falleci en su convento el da 22 de enero de 1695. Sus obras se
publicaron en un tomo, con el ttulo de _Poesas de la madre Juana
Ins de la Cruz_ (Madrid, 1670); figuran tambin en la _Biblioteca de
autores espaoles_, editada por Rivadeneira, tomo XLII (Madrid, 1853).
Ugalde y Parra, en su _Origen del teatro espaol_, cita  sor Juana
como autora de comedias.

La cierto es que sobresali bastante en la poesa lrica, habiendo
cultivado todos  casi todos los gneros. Compuso magnficos sonetos,
sextillas primorosas y redondillas tan acabadas como las citadas ms
arriba; pero pec de gongorismo (fruta del tiempo) en algunas ocasiones.

Mjico, pas tan fecundo en poetas admirables, no ha producido hasta
hoy una poetisa tan notable como la clebre monja.




HMILTON


Repetiremos aqu lo que hemos dicho en el prlogo: en esta _Galera
de americanos ilustres_ no necesitamos inclur  Wshington, que
llena el universo con su nombre; ni  Bolvar, que fund la libertad
en la Amrica espaola; ni  Lincoln, redentor de los esclavos; ni 
Benito Jurez, salvador de Mjico. Esas grandes figuras son conocidas
y celebradas en Amrica y en todo el mundo y no tienen necesidad de
bigrafos, de historiadores ni de panegiristas. Lo que nos proponemos
es dar  conocer la vida de otros hombres igualmente insignes, pero
menos brillantes; figuras que la juventud americana debe conocer y
respetar, estudiando sus ejemplos y no olvidando sus nombres.

Una de esas figuras es la del ilustre Hmilton, modelo de ciudadanos,
ejemplo de patriotas y dechado de virtudes cvicas.

Alejandro Hmilton naci en 1757. Su padre era un escocs establecido
en las colonias inglesas y casado all con una antillana de origen
francs.

La colonia inglesa donde naci el que tanto haba de contribuir 
emancipar colonias, sigue sometida al yugo ingls. Porque Hmilton vino
 la vida en una de las Antillas menores, en la de Nevis, donde vivi
hasta la temprana muerte de su madre.

 los once aos de edad fu enviado el nio Hmilton  la isla
de Santa Cruz, para ser colocado como ltimo dependiente en un
establecimiento mercantil. Comparta sus speras faenas con el
estudio, distinguindose por su aplicacin y por su afn de saber.
Sus cualidades llamaron la atencin, y sus parientes le llevaron  un
colegio de Nueva York cuando tena quince aos.

Antes de su salida del colegio empez  mezclarse, como toda la
juventud de entonces, en la agitacin precursora de la independencia
americana.

El primer Congreso de la revolucin, celebrado en 1771, di ocasin
 multitud de hojas, folletos y otros escritos annimos, entre todos
los cuales llam la atencin pblica uno que las gentes atribuyeron 
Jay, que era un jefe de partido. Su autor, sin embargo, no era otro que
Hmilton, joven desconocido, poltico ignorado, pero pensador discreto
aunque slo tena diecisis aos. De gallarda manera haca sus primeras
armas como escritor pblico nuestro joven revolucionario el colegial
isleo.

En 1775 reciba la causa de la Independencia su bautismo de sangre, y
entonces fu cuando nuestro hombre, por no decir nuestro nio, organiz
una compaa de colegiales con el nombre de _Corazones de roble_.
Libertad  muerte, fu el lema que los Corazones de roble tomaron por
divisa.

De improvisado jefe de escolares ascendi  capitn efectivo en 1776.
Mandando una compaa provincial llam la atencin de generales como
Wshington y Lafayette.

Traduzcamos aqu lo que ha dicho uno de sus bigrafos:

    Habindose distinguido en la retirada de Long-Island, en Trenton
    y en Princeton, Wshington le tom como ayudante de campo con el
    grado de coronel, no tardando en ser el confidente del gran hombre
    de los Estados Unidos, de quien recibi siempre las ms afectuosas
    muestras de aprecio.

    Sirvi, pues, brillantemente en la guerra de la Independencia,
    siendo el lazo de unin entre el improvisado ejrcito del pas y el
    ejrcito francs, gracias  que posea los idiomas de ambos y la
    confianza de Lafayette y Wshington.

    Cuatro aos despus de proclamada la Independencia de los
    Estados Unidos, habiendo tenido un pequeo disgusto Wshington y
    Hmilton, este ltimo abandon las armas para abrazar la carrera
    de abogado en Nueva-York, pues aunque casado con la hija del
    general Schuyler, vease obligado  buscar nuevo modo de ganar la
    subsistencia.

    Tenemos ya al hombre en la plenitud de la vida, cambiado de
    carrera, enrgico como siempre, y siempre deseoso de ser til  su
    patria y  la libertad.  los dos aos de residir en Nueva-York y
    de adquirir gran reputacin se le mand al Congreso.

    Los Estados Unidos pasaban entonces por una situacin difcil.
    El ejrcito, durante la campaa de la Independencia, no recibi
    sus pagas; los oficiales estaban empeados; la paz no estaba an
    consolidada, y era de temer por todas estas causas una guerra civil.

    Hmilton en el Congreso defendi  sus antiguos compaeros de
    armas, y para que no se le creyera interesado, declar antes que
    renunciaba todo cuanto  l correspondiera, pidiendo que fueran
    reconocidos los derechos de los oficiales. El Congreso, estando
    exhausta de fondos la Hacienda, desoy  Hmilton, y slo cuando el
    conflicto se hubo presentado decidise  ser justo.

    Pero entonces present la cuestin otro cariz. Se reconoca la
    deuda que la nacin tena con los militares, mas no haba modo de
    satisfacerla. La Repblica estaba en vsperas de una bancarrota.
    El Congreso careca de medios y datos para resolver la situacin,
    pero en su seno contaba un Hmilton que, as como supo conquistar
    un puesto en el ejrcito y luego se improvis abogado, improvisse
    tambin hacendista. Con asombrosa facilidad domin al punto la
    cuestin, ilustrando al Congreso y proponindole consolidar
    todas los deudas, tomando  cargo de la Confederacin la deuda
    militar y las deudas de los Estados, creando la unidad financiera.
    Propuso, adems, el establecimiento de aduanas en la costas de
    Norte-Amrica, medida que se tom con carcter de provisional, pero
    que ha subsistido.

    Fu Hmilton el verdadero iniciador, con Mdison, de la clebre
    Convencin de Annapolis, que produjo tantos beneficios. Redact el
    dictamen de dicha convencin, dirigido al pueblo norte-americano,
    aconsejando que se reuniera otra Convencin en Filadelfia
    para corregir los defectos y llenar las deficiencias de la
    Confederacin. Propona que la Constitucin, despus de redactada,
    fuera sometida  discusin popular.

    La Constitucin se hizo en Filadelfia, mas no satisfaca por
    completo  sus autores. Sin embargo, todos reconocan la necesidad
    de adoptarla. Aquellos hombres tuvieron la abnegacin de sacrificar
    una parte de sus convicciones, en aras del inters comn, pero
    Hmilton descoll sobremanera. Tom  su cargo hacer aceptar
    aquella Constitucin  trece diversos Estados, que la discutieron
    trece veces, aprobndola, siendo preciso para llegar  tal
    resultado aunar intereses opuestos, acallar celos y rivalidades,
    para lo cual valise siempre de armas de buena ley.

    No haba bastante con esto, y Hmilton se uni  Mdison y  Jay,
    que representaban los distintos matices polticos, pero que estaban
    convencidos de que la Constitucin aquella significaba la salvacin
    del pas. Los tres decidieron la publicacin de una serie de
    artculos sobre la Constitucin, cuyo trabajo se considera aun hoy
    da como sus mejores comentarios, y se hallan reunidos en abultado
    volumen bajo el ttulo de _The Federalist_. Ochenta y cinco nmeros
    aparecieron de esta serie, de los cuales redact Hmilton cincuenta
    y uno, pero yendo todos firmados bajo el pseudnimo _Publius_.

    El inters que despert la publicacin de _El Federalista_ y la
    campaa de propaganda emprendida por Hmilton determinaron en favor
    de la Constitucin  todos los Estados y  todos los ciudadanos.
    _El Federalista_, no en balde calificado de Manual de la
    libertad, es una de las epopeyas ms simpticas llevadas  trmino
    en favor de una causa. Apareci el nmero 1.  introduccin el 27
    de octubre de 1787 y el ltimo  la conclusin, el 15 agosto de
    1788, redactados uno y otro por Hmilton.

    Cuando Wshington ocup la presidencia de los Estados Unidos en
    1789, llam para formar gabinete  Jfferson, jefe del partido
    democrtico, que juzgaba escasa la independencia concedida  los
    Estados, y  Hmilton, que encontraba limitadas las concesiones
    hechas al poder central, y asoci  ambos los generales Knox y Jay.

    Hmilton desempe la cartera de Hacienda, donde por falta de
    dinero y sobra de deudas resida el gran problema de la naciente
    Confederacin. En este caso el gran ciudadano pudo realizar sus
    proyectos; salv  su pas de la crtica situacin financiera,
    levantando el crdito  gran altura,  pesar de todos los
    rutinarios, y aun hoy Hmilton contina siendo el ms importante
    entre todos los ministros de Hacienda que han conocido los Estados
    Unidos.

    Pidi retirarse del gabinete en 1795, contando 38 aos, despus de
    haber fundado el sistema financiero de su pas. Un historiador dice
    al llegar  este punto: Ministro de Hacienda y liquidador de una
    enorme deuda, haba restablecido la fortuna del Norte Amrica; pero
    se haba olvidado de hacer la suya.

    Volvi al seno de su familia y  ejercer la profesin de abogado,
    cuando ya el pas no tena necesidad de sus servicios; pero en
    1796, con motivo de una discordia entre Francia y los Estados
    Unidos, originada en una torpeza del Directorio, la Confederacin
    crey necesario estar dispuesta para la guerra,  cuyo efecto el
    presidente Adams ofreci su mando  Wshington, quien declar
    que no aceptara sino  condicin de que Hmilton fuese nombrado
    inspector general, como as fu, siendo l quien organiz aquel
    ejrcito, de cuyo mando se encarg  la muerte de Wshington, pero
    no habiendo pasado  vas de hecho las enemistades de Francia con
    los Estados Unidos, Hmilton volvi  la vida privada en 1801, de
    la que no volvi  salir.

    Sin embargo continuaba interesndose por la cosa pblica, y como
    hubiera expresado el concepto de hombre peligroso que le mereca
    el vice presidente de los Estados Unidos, coronel Aaron Burr, que
    se presentaba candidato para ser gobernador del Estado de New-York,
    ste ofendido, le ret.

    Teniendo Hmilton justo criterio sobre el desafo, no hubiera
    aceptado si no temiera la prdida de toda su influencia. Recordaba
    que tena esposa, hijos y deudos; que necesitaba vivir para los
    dems, pero como estaba decidido y no tema el duelo, acept
    declarando ante sus amigos que dejara tirar dos veces  su
    adversario y que si le llegaba el turno l no tirara.

    El 11 de julio de 1804 realizse el duelo en Nueva-Jersey y
    habiendo tirado Burr el primero, hiri  Hmilton en el costado
    derecho, pasando la bala  travs de las vrtebras. l mismo
    reconoci al momento que la herida era mortal.

    El da siguiente  las dos mora despus de haberse despedido de
    su esposa  hijos; cuando se los llevaron cerr los ojos para no
    verles partir.

    Tales son los principales rasgos de la vida del gran hombre que
    tanto contribuy  la obra de la Independencia del Norte Amrica y
     la consolidacin de tal empresa.

Si la muerte innecesaria de un hombre es siempre dolorosa, cunto ms
sensible es la de un ser til, grande, bueno como Hmilton! Por no
herir  su adversario, iba dispuesto  dejarse matar. Y su adversario
no era ms que un ente repugnante, que procur despus  su pas
terrible  intiles complicaciones, como se ver en el siguiente
captulo.




AARON BURR


Este militar americano se improvis como otros muchos en la guerra de
la Independencia. Su primera profesin fu la de abogado; pero  poco
de terminar sus estudios ingres en el ejrcito revolucionario que
se formaba entonces para combatir  los ingleses. Era popular en el
ejrcito, no slo por su bravura, sino tambin por el fogoso entusiasmo
que le inspiraba la causa de la emancipacin.

Sus servicios militares, debidamente apreciados por sus jefes, le
valieron ascensos repetidos. En 1778 era ya teniente coronel; pero poco
despus abandon el servicio militar sin que se conozca la verdadera
causa. Sus bigrafos dicen que se haba quebrantado gravemente su salud
y que no poda soportar las fatigas de la guerra; pero en su tiempo se
deca otra cosa: que estaba descontento por no haber obtenido un puesto
que ambicionaba. Esta hiptesis es verosmil, pues Burr era ambicioso,
dscolo, descontentadizo  insubordinado. Creemos, pues, que algn
desaire sufrido, alguna pretensin no satisfecha  algn deseo burlado,
le impulsaron  romper su espada y abandonar las filas.

Se estableci Burr en Albany, dedicndose otra vez  ejercer la
abogaca; pero se agitaba mucho como poltico ambicioso y hombre audaz
que era, gustando ms de perorar en pblico y de gritar en los clubs
que de defender  sus clientes en los tribunales de justicia. Tal vez
por eso mismo fu nombrado senador, distinguindose en el Senado por su
actividad  inteligencia. Antes de tomar asiento en el Senado de los
Estados Unidos, fu una temporada procurador general de Nueva York.

Los dos partidos, republicano y demcrata, luchaban entonces como
ahora y se combatan con saa. Burr era uno de los jefes ms visibles
del partido republicano, y como tal figur en 1800 en la lucha
presidencial. Los dos candidatos ms favorecidos fueron Burr y
Jfferson, que obtuvieron igual nmero de votos. El empate deba ser
resuelto por el Congreso y ste design  Jfferson para presidente de
los Estados Unidos,  Burr para vicepresidente.

Siendo vicepresidente de la Repblica fu presentada su candidatura
para gobernador de Nueva York, cargo que anhelaba el ex coronel Burr,
que siempre ambicionaba alguna cosa y no tena bastante con ninguna.

Muy combatida fu la candidatura del vicepresidente para gobernador,
y uno de los que ms la combatieron fu el clebre Hmilton, poltico
severo y ciudadano virtuoso. La eleccin no fu favorable  Burr, quien
despechado por su derrota y juzgndose ofendido por uno de los escritos
de Hmilton, le mand sus testigos.

Alejandro Hmilton no pudo  no quiso negar  su adversario la
reparacin que le peda y se bati con l.

En Nueva Jersey tuvo lugar el encuentro, que fu  pistola, y all cay
mortalmente herido el valeroso Hmilton, en el mismo sitio donde su
hijo mayor haba perecido en otro lance no haca muchos meses.

La muerte de Hmilton fu desastrosa para Burr, que perdi las
simpatas de sus mismos partidarios y no fu reelegido.

Burr se despidi del Senado con un discurso elocuente; pero su
actividad no le consenta permanecer ocioso y emprendi un largo viaje
 las despobladas regiones del Oeste. Conocidos como eran su ambicin
y su carcter, el viaje de Burr di pasto abundante  la murmuracin.
Pero la verdad es que entonces fu calumniado por los que supusieron
que intentaba separar los Estados del Oeste, y por lo que llegaron 
insultarle llamndole emperador  rey del Misisip.

Lo que Burr se propona era conquistar el virreinato de Mjico,
expulsar de all  los espaoles y agregar nuevos Estados  la
Confederacin. Y puede ser que eso mismo no lo pensara seriamente,
pues dado su talento no poda desconocer que la empresa era difcil.
Creemos que sus planes de conquista eran totalmente simulados y sin
ms objeto que recobrar la popularidad que haba perdido. Porque, en
efecto, una parte del pueblo de los Estados Unidos tiene la mana del
engrandecimiento, suea constantemente en anexiones y aspira  la
posesin de todo el continente americano. Cada nuevo Estado que se crea
 que ingresa en la Federacin, supone una estrella ms en la bandera
de los Estados Unidos. Trece eran las estrellas del pabelln americano
 raz de la independencia y son ya ms de cuarenta. Los partidarios de
la conquista  de la anexin de toda Amrica dicen que su pabelln ir
aumentando el nmero de estrellitas, hasta que anexado todo el Nuevo
Mundo luzca el pabelln americano la estrella salvadora, nica, grande,
que llaman ellos estrella americana  estrella del destino. Estas
ilusiones son hijas de una interpretacin aventurada y falsa de la
llamada doctrina de Monroe.

La idea de Burr era popular en los Estados Unidos, que ya hoy poseen
una parte muy considerable de lo que fu en otro tiempo territorio
mejicano. Pero no es fcil destrur una Repblica tan valerosa como la
de Mjico; no se destruye una gloriosa nacionalidad que tiene historia
ilustre y vida propia; no ha de conquistar toda la Amrica, desde el
crculo polar al cabo de Hornos, ese coloso que con todas sus grandezas
an no ha vencido  los apaches.

Pero volvamos  Burr.

Sus manejos en la frontera de Mjico le valieron una acusacin:
la de atentar  la seguridad y los derechos de un pas amigo. Las
reclamaciones del gobierno de Espaa dieron lugar  un proceso contra
Burr, que fu reducido  prisin en 1807.

Burr se defendi  s mismo con mucha habilidad, logrando convencer al
tribunal de que no haba organizado expedicin alguna. Fu declarado
inocente, se le puso en libertad y volvi  ejercer su profesin de
abogado.

Este hombre que tanto haba figurado muri en la obscuridad en 1836.

Haba nacido en Newark en 1757.




[Ilustracin]

O'HIGGINS


Naci este chileno ilustre en el pueblo de Chilln el 26 de agosto
de 1776. Era hijo de un militar espaol de origen irlands y de una
ilustre dama de Chilln, doa Isabel Riquelme. En la poca de su
nacimiento era su padre teniente coronel; ms tarde fu capitn general
de Chile y virrey de Per.

Se comprende que el joven don Bernardo O'Higgins haba de recibir una
educacin muy esmerada, y as sucedi en efecto. Aprendi las primeras
letras en Chilln, la segunda enseanza en Santiago y en Lima, y
complet sus estudios en Europa.

Al regresar  Chile era ya partidario de la independencia, habiendo
contrado compromisos con algunos compatriotas que vivan en Cdiz
preparando el movimiento que se presenta. La juventud ilustrada de
aquel tiempo, no slo en Amrica, sino en la misma Espaa, crea
cercana la emancipacin y trabajaba por ella.

No es extrao, pues, que O'Higgins tomara parte desde que lleg en
el movimiento separatista que se haba iniciado. Como coronel de las
milicias de Laja se bati con bravura al ser atacado Chile por el
general Pareja; fu herido en la accin del Roble; reemplaz ms tarde
al general Carrera en el mando del ejrcito patriota. Sus rpidos
ascensos despertaron celos y rivalidades y le valieron la ojeriza del
general Carrera; mas ste reconoci, como todos sus compaeros de
armas, que el general O'Higgins era acreedor  todas las distinciones
que se le concedan, pues las justificaba con su valor y con su
intrepidez.

Cuando el general Osorio con 5,000 soldados marchaba sobre Santiago,
donde resida la Junta, O'Higgins se defendi en Rancagua con la
vanguardia chilena sosteniendo una lucha de treinta y seis horas y
deteniendo la marcha de los espaoles en una villa abierta. El da 1.
de octubre 1814, los defensores de Rancagua mandados por O'Higgins se
abrieron paso cargando  la bayoneta, salvando sus banderas y evitando
una rendicin que pareca inevitable.

Despus de Rancagua, dispersas y diezmadas las fuerzas de los
patriotas, emigraron muchos de stos buscando un refugio al otro lado
de los Andes. O'Higgins se refugi tambin en la vecina Repblica,
donde era considerado como jefe de la emigracin. Con tal ttulo se
asoci  la empresa del general San Martn. Los chilenos mandados por
O'Higgins formaron parte de la expedicin que pas  Chile en 1817.
Aquella marcha de un ejrcito bisoo  travs de la cordillera andina,
aquella invasin de Chile ideada por San Martn y ejecutada con xito,
constituye una de las pginas ms gloriosas de la independencia y uno
de los hechos ms admirables de la historia militar del mundo.

Los invasores de Chile batieron en Chacabuco al ejrcito espaol,
contribuyendo eficazmente  la victoria una carga briosa del general
O'Higgins.

Tomada poco despus la capital de Chile, fu elegido el general
chileno, Director supremo del Estado. San Martn se dirigi al Per,
quedando O'Higgins en Santiago. La direccin de O'Higgins dur desde
febrero de 1817 hasta enero de 1823.

La escuadra chilena fu creada en tiempo del general O'Higgins;
habiendo comprendido el Director supremo que Chile necesitaba una
escuadra poderosa, para conquistar su independencia primero, para
defenderla ms tarde, para salvaguardia de sus costas, de sus intereses
y de su pabelln en todos los sucesos y en las pocas todas de su vida,
organiz las primeras fuerzas navales que tuvo la Amrica espaola
despus de emanciparse. La escuadra chilena se cubri de gloria en las
aguas del Pacfico, haciendo sus primeras armas contra fuerzas navales
superiores y recibiendo el bautismo de sangre ante las fortalezas del
Callao, defendidas por los espaoles con poderosa y brava artillera.

Al hablar de artillera potente y de naves poderosas, las consideramos
con relacin  su tiempo. No entendemos confundir las escuadrillas de
vela ni los caones lisos que se usaban entonces, con los acorazados
que hoy existen ni con sus bocas de fuego.

Desde entonces ha progresado la marina chilena, al comps de las de
otros pases y al nivel de los ms adelantados. Sus vasos nuticos, si
no todava tan numerosos como lo exigen las necesidades de una nacin
martima, son buenos en general, bien artillados, bien tripulados
y bien gobernados siempre. Los marinos chilenos han conservado su
reputacin de inteligentes y bravos, mereciendo que su pas eleve un
monumento en honra suya. Aunque la patria chilena no debiera ms al
general O'Higgins, la creacin de la escuadra sera para l un ttulo
de gloria.

Termin el gobierno del general O'Higgins, por renuncia que
pronunci bajo la presin del pueblo; no cedi por debilidad, sino
por convencimiento. Haba pasado el tiempo de las direcciones
incondicionales y de la dictaduras indiscutibles, y el jefe del Estado
renunci su poder personal en manos de una Junta revolucionaria.

La enconada oposicin que en Santiago y otras poblaciones hacan
los patriotas al general O'Higgins durante los ltimos meses de su
mando, se diriga al director supremo, al poltico poco afortunado, al
estadista que pareca no estar  la altura de la situacin; de ningn
modo ni por un momento se le perdi el respeto debido al hroe de
Rancagua ni se olvid la consideracin que el hombre mereca por sus
servicios y por sus virtudes. No bien se desprendi del poder, cuando
fu vitoreado por las mismas turbas populares que le haban exigido su
renuncia. Contraste que honra tanto al general O'Higgins como al pueblo
que le derribaba sin ingratitud y sin rencor.

Con la cada de O'Higgins termin el perodo de gobierno militar,
abrindose nueva era para la joven Repblica. Esta ha navegado por
el derrotero de la Libertad y con rumbo al puerto de la Democracia,
con ms lentitud que otras, pero con ms firmeza. No importa marchar
despacio si se anda con paso firme, y Chile se ha desprendido ya  se
va desprendiendo poco  poco de las trabas rutinarias, de las usanzas
pueriles, de las prcticas aejas de un fanatismo rancio, de las
preocupaciones aristocrticas ms  menos peligrosas, que no han sido
sino herencias de la poca colonial, de la Espaa del absolutismo y de
la Inquisicin.

O'Higgins comprendi que su presencia en Chile, despus de haber
ejercido tanto tiempo la suprema autoridad, podra ser motivo de
disturbios si se tomaba su nombre por bandera de partido. Por eso
emigr al Per,  fin de no dar pretexto  las facciones para servirse
de su presencia en perjuicio de la concordia y de la paz.

Muri en el mes de octubre de 1842; pero sus cenizas fueron trasladadas
 Santiago de Chile, desde Lima donde reposaban, algunos aos despus
de su fallecimiento.

Ms tarde se le ha erigido por sus compatriotas un bello monumento
conmemorativo: la estatua ecuestre del hroe de Rancagua.




MDISON


En la constelacin de hombres ilustres, dignos de Plutarco, que
apareci en los Estados Unidos con motivo de la guerra de la
independencia; entre los varones ms preclaros que contribuyeron 
fundar la federacin modelo; entre las figuras que honran  Amrica y 
la especie humana, se cuenta Mdison, compatriota de Wshington, pues
naci como l en un rincn de Virginia (1751.)

Era Jacobo Mdison de constitucin tan dbil y enfermiza, que sus
padres no pudieron dedicarle como hubieran deseado  las faenas de la
agricultura. Le enviaron  un colegio muy acreditado de Nueva Jersey,
donde pronto se distingui por su aplicacin y su capacidad. En 1772 se
gradu de abogado y regres  Virginia.

En 1776 fu elegido por sus conciudadanos para formar parte de la
Convencin de Virginia, y en 1780 fu enviado al Congreso continental
siendo en l uno de los ms distinguidos diputados.

En todas las legislaturas subsiguientes figur en el partido
democrtico y pronunci discursos elocuentes. Se le debe la
Declaracin de la libertad religiosa, documento que defendi con
singular talento y le vali una inmensa popularidad. Desde aquella
fecha no hay religin oficial en los Estados Unidos, siendo all una
realidad la libertad de cultos.

El Estado de Virginia le eligi su representante en la Convencin
extraordinaria encargada de proponer una Constitucin y fundar un
gobierno nacional. Hombre de opiniones avanzadas,  Mdison se debe
en gran parte el espritu eminentemente democrtico que informa
algunos artculos de aquel Cdigo inmortal.  l se deben tambin
las detalladas reseas de las sesiones de aquella asamblea, trabajo
acabadsimo que el Congreso de la Unin compr despus de su muerte por
30,000 duros.

Promulgada la Constitucin, Mdison fu uno de sus ms decididos
defensores. Sus notables artculos de _El Federalista_, peridico
que publicaba en unin de Hmilton y de Juan Fay, y sus elocuentes
discursos en la legislatura de Virginia, contribuyeron en alto grado 
la sancin favorable que mereci de todos los Estados de Unin el pacto
fundamental de su prosperidad  independencia.

Constitudo el nuevo gobierno, Mdison tom asiento en el Congreso de
1789, donde por su facilidad en el decir, y por la fuerza de su lgica,
alcanz gran ascendiente en todas las discusiones.

En 1801, Jfferson fu elegido presidente y nombr secretario de Estado
 Mdison, cargo el ms importante de la administracin de aquella
Repblica, y que desempe por espacio de ocho aos. Durante aquel
perodo se suscitaron graves y difciles cuestiones, as interiores
como internacionales, y en ninguna de ellas dej el secretario de
Estado de presentar  las Cmaras informes notables por su claridad
y fuerza de argumentacin. Partidario decidido de la poltica de
neutralidad iniciada por Wshington, dedic todo su talento y energa
 evitar la guerra con Inglaterra, guerra que estall ms tarde muy 
su pesar, gracias  la desatentada conducta que con su antigua colonia
observaba aquella arrogante nacin martima.

Terminada la presidencia de Jfferson, que dur ocho aos, fu elegido
Mdison para sustiturle en 1809.

En circunstancias crticas se hizo cargo del poder. Inglaterra, so
pretexto del bloqueo continental establecido por su rival el emperador
Napolen, apresaba los buques americanos, embargaba sus cargamentos
y haca prisioneros  sus tripulantes  quienes consideraba por el
derecho de la fuerza como  sbditos ingleses; y las tribus indias que
poblaban las fronteras del Oeste, impulsadas por agentes britnicos,
invadan y asolaban continuamente los Estados de la Unin limtrofes 
aquellos territorios. Esto produjo una serie de notas y reclamaciones,
de las que ningn caso hizo la orgullosa dominadora de los mares.

El hecho inaudito de haber sido contestada  caonazos por una fragata
inglesa la peticin de auxilio de un buque americano durante la noche,
exasper de tal manera los nimos, que el mismo Mdison, tan enemigo de
la guerra, se vi precisado  pedir al Congreso la adopcin de medidas
de represin, y ste, el Senado y el Gobierno, votaron la guerra por
una gran mayora.

No estaban los Estados Unidos en situacin muy favorable para tal
empresa; su ejrcito y su marina eran reducidsimos, y su tesoro estaba
casi exhausto. No obstante, Mdison comunic la mayor actividad  todos
los departamentos militares, y logr poner en pie de defensa el vasto
territorio de aquella Repblica, gracias  la actividad de su ministro
 secretario de guerra, general Monroe,  quien dedicaremos un captulo.

Dos aos duraron las hostilidades por mar y tierra sin resultado
decisivo por una y otra parte, hasta que el almirante ingls Cockburn,
que haba ya amenazado atacar  Wshington, despus de haber sembrado
la devastacin y la ruina en varios puntos, se present de improviso
delante de la ciudad amenazada, derrot las tropas americanas que
acampaban en sus inmediaciones y entr triunfante en ella, acompaado
del incendio y del ms rapaz saqueo. El Capitolio, la biblioteca del
Congreso, la Casa Blanca, las oficinas del Estado, y un sinnmero
de edificios particulares fueron reducidos  cenizas, y grandes, y
valiosos obras de arte fueron completamente destruidas. Las prdidas
que sufri la ciudad se elevaron  algunos millones de pesos.

La indignacin que produjo este acontecimiento inflam de tal manera
el amor patrio de los americanos, que acudieron presurosos  atajar en
su marcha triunfal al audaz invasor. Las milicias populares alcanzaron
algunos muy sealados triunfos, y Mdison los aprovech para lograr de
Inglaterra el ms ventajoso tratado de paz, que se firm en la ciudad
de Gante el 24 de diciembre de 1814.

Despus de la guerra, la administracin de Mdison continu tranquila,
sosegada y prspera. El presidente dedic todo su empeo  restaar las
heridas de la patria y reparar los desastres causados por la guerra.
Reelegido presidente, se retir  la vida privada en 1817 sin terminar
el tiempo legal de su magistratura.

Se estableci en su hacienda de Virginia y en ella muri en 1836,  la
edad de 85 aos.

En los ltimos aos de su vida fu rector de la Universidad de
Virginia, y tom parte en las deliberaciones para reformar la
Constitucin del mismo Estado.

La memoria de Mdison es muy respetada en los Estados Unidos.




HEREDIA


En Santiago de Cuba y en 1803 naci el ms grande, el ms inspirado y
uno de los mas clebres poetas de la Amrica latina. Los ha habido ms
fecundos, los hubo tambin ms fciles, ms correctos y ms originales;
pero ninguno le ha aventajado ni le aventaja hoy en espontneo
lirismo, en natural grandiosidad ni en sentida inspiracin. Sobresale
especialmente en el gnero descriptivo, que tan fcil parece y es en
realidad el ms difcil de todos. Nos referimos  Jos Mara de Heredia.

 la temprana edad de diez aos, tanta precocidad apenas se concibe!
escribi unos ensayos poticos, de los que nada decimos por cuenta
propia, pues no los hemos ledo; pero en un _Estudio sobre la
literatura hispano-americana_, publicado en 1854 por don Antonio
Cnovas del Castillo en la _Revista Espaola de Ambos Mundos_, descubre
el citado crtico en el infantil autor el poder de su entendimiento,
maravillosamente formado para edad tan temprana, inclinado al
filosofismo tanto como  la poesa.

Nuestro poeta conspir por la independencia de su patria, vindose
obligado  emigrar de su adorada Cuba y  refugiarse en los Estados
Unidos. All escribi sus ms primorosos versos. Ms tarde pas 
Mjico donde pidi y obtuvo la nacionalidad. En Mjico se cas, fu
nombrado Senador y luego magistrado de la Suprema Corte de Justicia.

La primera edicin de sus obras apareci en Toluca en 1825, la segunda
en Mjico, la tercera en Barcelona (Espaa). Despus se han hecho
otras muchas en Barcelona, Madrid, Pars, Nueva York, etc., como
tambin numerosos juicios crticos en diversidad de lenguas.

El clebre Villemain[4], hablando del poeta Jos Mara de Heredia y de
sus poesas, escribe lo siguiente:

       [4] _Essais sur le gnie de Pindare et sur la posie lyrique
       dans ses rapports avec l'lvation morale et religieuse des
       peuples_, par M. Villemain, membre de l'Institut.--1859.

    El nio que deba ilustrar el nombre de Heredia, era endeble y
    enfermizo; pero el vigor y la energa de su alma se imponen  su
    cuerpo. Estudiando las lenguas griega y latina, y los filsofos
    franceses, Homero y Raynal, bien pronto se siente poeta. Conducido
     Caracas, donde su padre fu nombrado presidente de la Audiencia
    Real, respirando el aire de la primera repblica proclamada en
    Venezuela, no suea ms que volar al combate y empuar la trompa
    de Tirteo. Con esta esperanza vuelve  Cuba en 1824, y trata
    intilmente de conjurar  sus compatriotas: y perseguido por el
    Gobierno espaol, se ve precisado  marchar  la Amrica del Norte,
    donde encuentra triunfante toda la libertad que haba soado.

Hasta aqu Heredia no haba hablado en sus cantos ms que de los
sufrimientos morales de su vida sin gloria y sin amor. Visita la
catarata del Nigara y entonces muestra todo el poder de su genio y
exclama:

    Templad mi lira, ddmela, que siento
  En mi alma estremecida y agitada
  Arder la inspiracin. Oh! Cunto tiempo
  En tinieblas pas, sin que mi frente
  Brillase con su luz!... Nigara undoso,
  Tu sublime terror slo podra
  Tornarme el don divino, que ensaada
  Me rob del dolor la mano impa.

    Torrente prodigioso, calma, acalla,
  Tu trueno aterrador: disipa un tanto
  Las tinieblas que en torno te circundan,
  Djame contemplar tu faz serena
  Y de entusiasmo ardiente mi alma llena.
  Yo digno soy de contemplarte: siempre
  Lo comn y mezquino desdeando,
  Ansi por lo terrfico y sublime.
  Al estallar el huracn furioso,
  Al retumbar sobre mi frente el rayo
  Palpitando goc: vi el Oceano.
  Azotado por austro proceloso
  Combatir mi bajel, y ante mis plantas
  Vrtice hirviente abrir, y am el peligro,
  Y sus iras am; mas su fiereza
  En mi alma no produjo
  La profunda impresin de tu grandeza.

    Sereno corres, majestuoso, y luego
  En spero peasco quebrantado,
  Te abalanzas violento, arrebatado,
  Como el destino irresistible y ciego.
  Qu voz humana describir podra
  De la sirte rugiente
  La aterradora faz? El alma ma
  En vagos pensamientos se confunde,
  Al mirar esa frvida corriente,
  Que en vano quiere la turbada vista
  En su vuelo seguir al borde oscuro
  Del precipicio altsimo; mil olas
  Cual pensamiento rpidas pasando,
  Chocan y se enfurecen,
  Y otras mil y otras mil ya las alcanzan,
  Y entre espuma y fragor desaparecen.

    Ved! llegan, saltan! El abismo horrendo
  Devora los torrentes despeados;
  Crzanse en l mil iris, y asordados
  Vuelven los bosques el fragor tremendo.
  Al golpe violentsimo en las peas
  Rmpese el agua; vaporosa nube
  Llena el abismo en torbellino, sube,
  Gira en torno y al ter
  Luminosa pirmide levanta,
  Y por sobre los montes que la cercan
  Al solitario cazador espanta.
  Mas qu en ti busca mi anhelante vista
  Con intil afn? Por qu no miro
  Al rededor de tu caverna inmensa
  Las palmas, ay! las palmas deliciosas,
  Que en las llanuras de mi ardiente patria
  Nacen del sol  la sonrisa y crecen,
  Y al soplo de las brisas del Ocano
  Bajo un cielo pursimo se mecen?
  Este recuerdo  mi pesar me viene...
  Nada, oh Nigara! falta  tu destino
  Ni otra corona que el agreste pino
   tu terrible majestad conviene.
  La palma y mirto y delicadas rosas,
  Muelle placer inspiran y ocio blando
  En frvolo jardn;  t la suerte
  Guard ms digno objeto, ms sublime.
  El alma libre, generosa y fuerte,
  Viene, le ve, se asombra
  Y al mezquino deleite menosprecia
  Y aun se siente elevar cuando te nombra.

    Omnipotente Dios! En otros climas
  Vi monstruos execrables
  Blasfemando tu nombre sacrosanto
  Sembrar error y fanatismo impo,
  Los campos inundar en sangre y llanto,
  De hermanos encender la infanda guerra
  Y desolar frenticos la tierra.
  Vilos, y el pecho se inflam  su vista
  En grave indignacin. Por otra parte
  Vi mentidos filsofos que osaban
  Escrutar tus misterios, ultrajarte,
  Y de impiedad al lamentable abismo
   los miseros hombres arrastraban.
  Por eso siempre te busc mi mente
  En la sublime soledad; ahora
  Entera se abre  ti; tu mano siente
  En esta inmensidad que me circunda,
  Y tu profunda voz hiere mi seno
  De este raudal en el eterno trueno.
  Asombroso torrente!
  Cmo tu vista el nimo enajena
  Y de terror y admiracin me llena!
  Do tu origen est? Quin fertiliza
  Por tantos siglos tu inexhausta fuente?
  Qu poderosa mano
  Hace que al recibirte
  No rebose en la tierra el Oceano?

    Abri el Seor su mano omnipotente;
  Cubri tu faz de nubes agitadas,
  Di su voz  tus aguas despeadas,
  Y orn con su arco tu terrible frente.
  Ciego, profundo, infatigable corres,
  Como el torrente oscuro de los siglos
  En insondable eternidad!... Del hombre
  Huyen as las ilusiones gratas,
  Los florecientes das,
  Y despierta al dolor... Ay! agostada
  Yace mi juventud, mi faz marchita,
  Y  la profunda pena que me agita
  Ruge mi frente de dolor nublada.
  Nunca tanto sent como este da
  Mi soledad y msero abandono
  Y lamentable desamor... Podra
  En edad borrascosa
  Sin amar ser feliz? Oh! si una hermosa
  Mi cario fijase,
  Y de este abismo al borde turbulento
  Mi vago pensamiento
  Y ardiente admiracin acompaase!
  Cmo gozara vindola cubrirse
  De leve palidez y ser ms bella
  En su dulce terror, y sonrerse
  Al sostenerla en mis amantes brazos!...
  Delirios de virtud! Ay! desterrado
  Sin patria, sin amores,
  Slo miro ante m llanto y dolores!

    Nigara poderoso!
  Adis! adis! dentro de pocos aos
  Ya devorado habr la tumba fra
   tu dbil cantor, Duren mis versos
  Cual tu gloria inmortal! Pueda piadoso
  Al contemplar tu faz algn viajero,
  Dar un suspiro  la memoria ma!
  Y al sepultarse Febo en Occidente
  Feliz yo vuele do el Seor me llama,
  Y al escuchar los ecos de mi fama
  Alce en las nubes la radiosa frente!

Un crtico espaol, D. Emilio Martn, escribe:

    Cierto es que en esta poesa no hay, como dice Villemain, la
    belleza severa del gran lrico de la antigedad. En presencia del
    Etna y en la descripcin de los fenmenos del mar de Sicilia,
    Pndaro, no se acuerda de s, no mezcla  los terrores de la
    naturaleza su personalidad ni se queja de su vida sin amor y sin
    gloria. Heredia, por el contrario, ve la catarata, se asombra, la
    mide con las fuerzas de su espritu, y, creyndose digno de ella,
    canta su belleza, describe su grandor, encuentra semejanza entre el
    torrente que se desborda y los siglos que se atropellan; lamenta
    su juventud y se acuerda de su patria; llora su triste abandono y
    piensa en Dios, fuente de todo lo bello. Qu ms puede pedrsele
     un poeta? Nosotros hallamos en esta composicin de Heredia una
    discreta distribucin de partes y una lgica de sentimientos que
    nos encanta. La naturaleza, su juventud, la patria, la inmortalidad
    y Dios. He aqu su pensamiento.

Copiemos ahora un fragmento de su poesa _La Tempestad_:

    Huracn, huracn, venir te siento
  Y en tu soplo abrasado
  Respiro entusiasmado.
  Del Seor de los aires el aliento...
  Al toro no miris? El suelo escarban
  De insoportable ardor sus pies heridos;
  La armada frente al cielo levantando,
  Y en la hinchada nariz fuego aspirando
  Llama la tempestad con sus bramidos!...
  Los pajarillos callan y se esconden
  Al acercarse el huracn bramando,
  Y en los lejanos bosques retumbando
  Le oyen los bosques y  su voz responden.
  Llega ya, no le veis? Cul desenvuelve
  Su manto aterrador y majestuoso...
  Gigante de los aires te saludo!...
  En fiera confusin el viento agita
  Las orlas de su parda vestidura...
  Ved!... en el horizonte
  Los brazos rapidsimos enarca,
  Y con ellos abarca
  Cuanto alcanzo  mirar de monte  monte!
  Oscuridad universal! Su soplo
  Levanta en torbellino
  El polvo de los campos agitado;
  En las nubes retumba despeado
  El carro del Seor y de sus ruedas
  Brota el rayo veloz, se precipita,
  Hiere y aterra el delincuente suelo
  Y su lvida luz inunda el cielo...

    Sublime tempestad! Cmo en tu seno,
  De tu solemne inspiracin henchido
  Al mundo vil y miserable olvido
  Y alzo la frente de delicias lleno!
  Do est el alma cobarde
  Que teme tu rigor?...

 los diez y siete aos de edad, estando en Choluca, escribi una
composicin descriptiva que bien puede contarse entre las mejores.

    Oh, cun bella es la tierra que habitaban
  Los aztecas valientes!...

                         Sus campos
  Cubren  par de las doradas mieses
  Las caas deliciosas. El naranjo
  Y la pia y el pltano sonante,
  Hijos del suelo equinoccial se mezclan
   la frondosa vid, al pino agreste,
  Y de Minerva al rbol majestuoso.

         *       *       *       *       *

    Era la tarde. La ligera brisa
  Sus alas en silencio ya plegaba,
  Y entre la hierba y rboles dorma,
  Mientras el ancho sol su disco hunda
  Detrs de Iztacihual. La nieve eterna
  Cual disuelta en mar de oro, semejaba
  Temblar en torno de l un arco inmenso
  Que del empreo en el cenit finaba...

En su epstola  _Emilia_, pensando en la libertad de Cuba, escribe:

    Pluguiera al cielo, desdichada Cuba,
  Que tu suelo tan slo produjera
  Hierro y soldados... La codicia ibera
  No tentramos, no... patria adorada!
  De tus bosques el aura embalsamada
  Es al valor y  la virtud funesta.

En su aspiracin de independencia, no vea que en su poca era Cuba una
isla an despoblada. Por eso escribe:

    Que no en vano entre Cuba y Espaa
  Tiende inmenso sus olas el mar.

Hizo Heredia bastantes traducciones, algunas muy notables. He aqu un
fragmento de la del canto  Napolen, de Delavigne:

    Vanamente en las lides ya te fuera
  La Espaa generosa
  De gloria y de peligros compaera,
  Esclava la anhelaste...
  Mas no, sus sacerdotes, sus guerreros
   la lid mutuamente se excitaron
  Supersticiosos, fieros,
  Los pueblos al clamor se levantaron...
  Los hijos nobles de Pelayo fuerte.

Heredia muri en Toluca el 7 de mayo de 1839. En su sepulcro se lee
esta inscripcin:

    Su cuerpo envuelve del sepulcro el velo:
  Pero le hacen la ciencia, la poesa,
  Y la pura virtud que en su alma arda
  Inmortal en la tierra y en el cielo.




[Ilustracin]

ARTIGAS


La crtica histrica no ha dicho an su ltima palabra acerca de este
hombre, que ha tenido y tiene tantos detractores como panegiristas.
Sea como quiera, nadie le puede negar que es una de las figuras ms
notables y curiosas de la Amrica meridional.

Jos Artigas naci en Montevideo  mediados del siglo XVIII. En
su juventud prest servicios  las autoridades coloniales, que lo
dedicaron  la persecucin de vagos y malhechores. De esa manera
adquiri un gran conocimiento del terreno, circunstancia que le fu muy
til en su agitada vida. La topografa del Uruguay le era tan familiar,
que ni las cuchillas, ni los valles, ni los ros, ni las selvas tenan
secreto alguno para l.

En su obscura posicin y al servicio de los espaoles le sorprendi
el movimiento de 1810; se adhiri sin vacilar y reconoci el gobierno
constitudo en Buenos Aires. Su alma, empero, abrigaba una doble
aspiracin: quera la independencia de Amrica, una Amrica libre de
todo extranjero yugo, pero anhelaba igualmente la autonoma de la
patria uruguaya. Artigas deseaba que se reconociera la personalidad
poltica de la Banda Oriental, como entonces se deca, la cual no
haba de ser una provincia dependiente de Buenos Aires, sino un Estado
aparte. Sostena la conveniencia de una Federacin, pero si sta no se
estableca optaba en absoluto por la independencia.

Figur Artigas en el primer asedio de Montevideo (1811), durante el
cual se le acus de dscolo, ambicioso y turbulento por sus continuas
querellas y reyertas con sus compaeros de armas. El gobierno
constitudo en Buenos Aires cerraba pacientemente los ojos  las
arbitrariedades del caudillo, pues la situacin de aqul era asaz
delicada y la influencia de Artigas demasiada til para prescindir de
ella. La revolucin no estaba en el caso todava de enajenarse fuerzas
ni siquiera voluntades.

Montevideo capitul el 20 de junio de 1810 y Artigas fu ascendido 
general. Proclamado por sus secuaces patriarca de la Federacin,
exigi y obtuvo de Posadas la evacuacin inmediata por los vencedores
de lo que l llamaba la patria Oriental.

Retirronse los argentinos, quedndose l con sus patriotas. Pero si
l haba sido elevado de simple guerrillero  general, sus fuerzas
no haban pasado de guerrillas  tropas regulares con organizacin
y disciplina. Seguan, pues, siendo unas partidas irregulares y
cometiendo desmanes que les enajenaban muchas simpatas. Y no se
convirtieron en temibles hordas, por la autoridad que en ellas ejerca
el jefe que las mandaba. La influencia de Artigas en su gente cada vez
era mayor.

Uno de los bigrafos de tan discutido personaje, escribe:

     principios de 1815, derrot Artigas  una divisin en el
    Guayabo (cerros de Asurungu), quedando dueo de la posicin y
    rbitro del pas. Las atrocidades cometidas entonces por sus
    corifeos estremecen  la humanidad; todava se recuerdan con
    horror los nombres de Blasito, Gai, Otorques y alguno ms. Baste
    decir que el terror subi  tal punto con el espectculo de las
    vctimas _enchalecadas_  desolladas vivas, que creci la hierba
    en las ventanas de la capital; familias enteras vivan aisladas,
    incomunicadas en sus habitaciones, sin abrir de miedo las puertas
    ni las ventanas.

    Con todo, Jos Artigas continuaba siendo el dolo de las
    multitudes y su prestigio era cada da mayor. La plebe le aclamaba,
    la muchedumbre le aplauda; solamente desde lejos se atrevan
    algunos  censurar sus actos. Jams se ha visto en Montevideo una
    popularidad tan grande como la suya.

    Sin embargo, siendo ya intolerables sus desafueros, el cabildo
    de Buenos Aires le declar fuera de la ley; pero la proclama del
    cabildo que contena tal declaracin fu quemada  los dos meses
    por mano del verdugo, al mismo tiempo que se declaraba  Artigas
    patriota benemrito.

    Ensoberbecido el gaucho oriental con las caricias de la mudable
    fortuna, crey que l era rbitro del destino y que poda oprimir
    el suelo patrio como los lomos de su caballo de guerra; pero la
    fortuna es tornadiza, por no desmentir su sexo, y pronto volvi la
    espalda al que haba sido su amado ms favorecido.

    Habiendo atacado Artigas, de improviso,  la divisin portuguesa
    que estaba de observacin en la frontera del Brasil, di motivo 
    una invasin formidable que acab en breve tiempo con la influencia
    y fuerza del caudillo. Artigas fu derrotado en 1817, aprendiendo
    entonces cun poco duraderas son las simpatas, cun poco firmes
    las devociones, cun mseras las adhesiones de los que rinden culto
    al hombre y no  la idea, al xito y no al hombre.

    Derrotado Artigas y desconocido en la hora del infortunio por
    sus mismos partidarios, por sus propias criaturas, por sus
    ms fervientes colaboradores, abandon para siempre el suelo
    ensangrentado por sus caprichos, refugindose en el Paraguay.

    El doctor Francia, aquel sombro tirano que es otro enigma de
    la Historia, saba de sobra con quin tena que habrselas.
    Desconfiando de Artigas, no le neg un refugio en la tierra
    paraguaya, pero puso condiciones  la hospitalidad que se le
    conceda: le seal por residencia un lugar remoto, Cumquat, donde
    Artigas estuvo confinado y sin poder salir de la demarcacin.

    En Cumquat vivi ms de veinticinco aos, dedicado exclusivamente
     la labranza  ignorando por completo lo que suceda en su
    patria, pues slo de tarde en tarde llegaban hasta l los apagados
    ecos, los rumores vagos de las luchas y de los sucesos que se
    desarrollaban del ancho Plata en una y otra orilla.

    Muerto Francia, el dictador Lpez (padre) que le sucedi en el
    gobierno y en el despotismo, permiti que Artigas se acercara  la
    Asuncin; en efecto, en 1845 viva  una legua de la capital, en
    la _chacra_ de Ibira. All feneci en 1850,  los noventa aos de
    edad y treintitrs de ostracismo, olvidado ya de todo el mundo y en
    la mayor pobreza.

Debemos aadir que algunos aos ms tarde se trat en Motevideo de
rehabilitar la memoria del clebre caudillo; el gobierno mismo le
decret honores pstumos, declarando que Artigas haba merecido bien de
la patria y que tena derecho  que su fama fuese entregado  la piedad
de la Historia. Con tal motivo se han dado  luz en Buenos Aires,
en Gualeguaich y en Montevideo mismo, numerosos libros, folletos,
opsculos y hojas destinados  denigrar la memoria del singular
Artigas. Los autores han demostrado sin duda notables dotes de crticos
y de literatos, mucha erudicin, horror al crimen... Pero no han
destrudo la creciente popularidad que acompaa  la memoria del hroe.

En el Uruguay no se olvidar el nombre de Artigas.

Cuando un hombre rudo  ignorante, que cometi faltas graves, que
persisti en sus errores, que tuvo debilidades y lleg hasta tolerar
el crimen, deja un nombre popular y muchos admiradores, es que
indudablemente prest grandes y sealados servicios. La posteridad
pronunciar su juicio definitivo acerca de tal hombre, que se
halla todava demasiado cerca de nosotros para permitirnos la fra
imparcialidad. Las crueldades y los asesinatos merecen agria censura;
mas los servicios pueden ser tan grandes que la figura descuelle y
sobreviva cuando se desvanezcan en la sombra de los siglos todas las
impurezas de la realidad.

Un pueblo tan grande, civilizado y culto como el pueblo francs, parece
haber perdonado  Thiers sus carniceras humanas porque cree que con
ellas fund la Repblica y asegur la paz. Las vctimas de Artigas y de
sus hordas, aumentadas con las de Rivas y todos los tiranos de Amrica,
no sumarn la horrible cifra de 40,000 personas sacrificadas en Francia
la _semana terrible_.

Dejamos, pues,  la posteridad la sentencia definitiva, el juicio final
sobre Artigas y su tiempo.




FREIRE


Esta figura chilena bien merecera ms extensin de la que aqu podemos
consagrarle. Soldado, corsario, hombre poltico, es uno de los hroes
de la independencia y uno de los caudillos del partido liberal que ms
han figurado en las contiendas de Chile.

Naci en Santiago en los ltimos aos del siglo XVIII, pas la niez
en Concepcin y tom las armas en clase de cadete en 1811. En la
pica lucha de Rancagua era capitn de los dragones chilenos. Despus
de aquel desastre, en el cual pudieron decir los combatientes de la
libertad como Francisco I en los campos de Pava, que todo lo haban
perdido menos el honor, emigr  la Argentina como la mayora de sus
camaradas. Pero su ardimiento no le permita esperar con calma la
llegada de mejores tiempos. Si otros compaeros suyos permanecieron
emigrados desde 1814 hasta 1817, l no tuvo paciencia para aguardar
tranquilo  que San Martn organizara su clebre expedicin. Mientras
llegaba la hora de disputar  los realistas el dominio de la tierra,
crey que poda con ms fortuna disputarles la posesin del mar. Al
efecto se alist como simple corsario  las rdenes de un marino tan
acreditado como Brown, y ste le confiri el mando de las fuerzas de
desembarco que llevaba en sus expediciones. Esta campaa martima fu
gloriosa para Freire, que supo ganar laureles en algunos desembarcos.

En 1816, cuando supo que San Martn organizaba en Cuyo la expedicin
destinada  libertar  Chile, se present al general argentino
pidindole un fusil para combatir como soldado. San Martn, que conoca
por su fama al oficial chileno, le confi la misin de penetrar en su
pas por la cordillera de Talca, empresa que realiz con tanta fortuna
como valenta. Con cien hombres tom posesin de Talca derrotando al
destacamento que la guarneca.

Las fuerzas expedicionarias que salvando la cordillera andina cayeron
como un torrente sobre los chilenos valles, venciendo  los espaoles
en Chacabuco y Maip, tuvieron en el esforzado Freire uno de los ms
activos auxiliares. No solo distrajo la atencin de los realistas por
la parte de Talca, sino que ms tarde bati completamente al feroz
guerrillero Benavides  las puertas de Concepcin. Esta victoria le
vali una inmensa popularidad y la subida al poder cuando cay para
siempre el general O'Higgins, de quien era adversario.

Los espaoles, entre tanto, si vencidos en el continente, mantenan
enhiesto su pabelln en Chilo. Freire los atac en sus ltimos
baluartes, dando trmino  la obra de la independencia con una victoria
ms. En toda Amrica se mostraron los espaoles dignos de su raza:
vencidos, abandonados por la metrpoli, sin esperanza de socorro
alguno, lucharon con los vestigios de sus hambrientos ejrcitos hasta
quemar el ltimo cartucho. Las guarniciones de Veracruz, del Callao y
de Chilo dejaron bien puesto el glorioso nombre de su patria, legando
 sus descendientes en las nuevas naciones republicanas y libres, el
ejemplo de su abnegacin al sacrificarse en aras del deber.

El valeroso Freire tom parte muy activa en las guerras civiles que
siguieron  la emancipacin. Esta parte de su vida nos dara tema
fecundo y materia abundante para completar este captulo. Pero ms que
escribir por nuestra cuenta y riesgo, nos conviene extractar lo que
dice un compatriota suyo:

    Ramn Freire, despus de servir  la patria con decisin y
    esfuerzo contra sus enemigos, la perturb grandemente en su
    constitucin y desarrollo. Se mezcl en las revueltas polticas
    que agitaron  Chile despus de la independencia; el ejrcito que
    acaudillaba fu vencido en Lircay por las fuerzas que mandaba el
    caudillo conservador, general Prieto.  la derrota sigui la
    proscripcin del jefe liberal, que vivi emigrado en el Per hasta
    1842.

    Su estancia en Lima le vali el ser acusado en Chile de prestarse
    torpemente  servir de instrumento  los polticos peruanos. Esta
    acusacin tena su origen en la circunstancia de haber encabezado
    alguna expedicin de aventureros chilenos, sin ms objeto que
    disputar el poder  los que lo detentaban. Fueron vanos todos sus
    esfuerzos; el partido liberal, haciendo justicia  sus rectas
    intenciones, le otorg sus mayores simpatas, mas no secund sus
    planes.

Gobernaba en Chile un hombre como Portales, que tena condiciones
de verdadero estadista y era la gran figura del partido conservador
chileno. Los esfuerzos de los conspiradores se estrellaron en la
decisin, la entereza, la previsin de aquel hombre de Estado, que
al fin muri asesinado cobarde y villanamente, pero sin que Freire
tuviese parte ninguna en la conjuracin que le arrebat la vida.
En esta parte se hizo completa justicia el caudillo emigrado, que
trabajaba ciertamente contra la paz pblica y ambicionaba el poder, no
para s propio sino para su partido, pero no se mezcl nunca en planes
homicidas ni en conjuraciones tenebrosas.

Portales, vctima sacrificada  las disensiones intestinas, puso los
cimientos de la prosperidad, los slidos fundamentos del bienestar
nacional, con su honradez y economa en la gestin financiera. Se
esmer adems en respetar las leyes; se le tuvo por autoritario,
solamente por su afn de tener  raya  los conspiradores y por su
celo en mantener constante el orden pblico. Su nico error fu no
aceptar el sistema federativo defendido por Infante, que era de fijo
tan conservador como l, pero tena un conocimiento ms exacto de
la ciencia poltica, de los peligros de la centralizacin y de la
conveniencia de imitar  los Estados Unidos ms bien que al Paraguay, 
los hombres de Wshington y no  los jacobinos.

Hemos citado  Portales, por la influencia que tuvo en la vida del
general Freire. ste no pudo hacer nada ni logr la realizacin de sus
intentos, porque se meda con un adversario polticamente superior.

Freire vivi tranquilamente en el seno de su patria desde 1842 hasta
su fallecimiento, ocurrido en diciembre de 1851.

Muri de sesenta y cuatro aos.

Algn tiempo despus se abri una suscripcin para elevarle una
estatua; la suscripcin se llev  cabo con resultado lisonjero, y la
figura en bronce del denodado Freire figura hace tiempo en un paseo de
Santiago.




[Ilustracin]

BELLO


He aqu el nombre de un publicista eminente. La Amrica espaola no ha
producido hasta hoy ninguno que le aventaje. Su fama es tan merecida
que nadie la discute ni la niega.

Andrs Bello naci en la ciudad de Caracas en 1780; se educ en un
convento de frailes mercenarios, donde se daba una enseanza incompleta
 mal distribuida; no curs ninguna carrera con regularidad ni la
termin completamente. Es curiosa la circunstancia de que no obtuviera
nunca el ttulo de abogado un jurisperito como Bello, autor del notable
Cdigo civil de Chile.

La situacin casi precaria de la familia Bello, oblig  ste 
interrumpir sus estudios regulares para desempear un destino muy
modesto. Bello no lo obtuvo por favor, sino por concurso. El capitn
general de Venezuela dispuso que todos y cada uno de los aspirantes
redactasen una memoria sobre cierto asunto concreto y determinado; la
de Bello fu la mejor de todas y el empleo disputado le fu justamente
concedido.

Los antepasados de Bello procedan de las islas Canarias, y nuestro
joven posea las cualidades que suelen distinguir  los isleos:
asiduidad constante en el trabajo, incansable celo en su labor y
energa moral superior  todos los desfallecimientos. No hered las
fuerzas fsicas de los canarios, pero s la fuerza de voluntad y la
constancia. Por eso trabaj toda su vida, como los de su raza, no en
las rudas faenas de la mar  de la agricultura, que son las habituales
de los insulares en Amrica, sino en las propias de su entendimiento y
de su constitucin. Tan dbil era sta, que Alejandro Humboldt aconsej
 su familia, interesndose por la salud del joven, que no le dejaran
estudiar con aplicacin tan desmedida.

Estudi, no obstante, con ahinco, estudi siempre, y bien puede
asegurarse que consagr su vida entera al estudio.

En su juventud, sin desatender sus labores de empleado, aprendi las
lenguas vivas sin maestro alguno y sin otra base que el latn aprendido
en el convento, aprendi la lgica del lenguaje, aprendi slo cuanto
por entonces constitua la ciencia filolgica, ciencia que estaba en su
infancia y que l supo cultivar con aprovechamiento.

Por necesidades de su empleo, tanto quiz como por aficin, hizo un
estudio prolijo de la administracin hispano colonial y de las leyes
de Indias. Al mismo tiempo devoraba las publicaciones filosficas
y las novedades literarias de su tiempo, sindole familiares todas
las obras de los enciclopedistas. Y con todo, le quedaba tiempo y lo
utilizaba con general provecho dando lecciones de gramtica, retrica
y filosofa. De los jvenes que fueron sus discpulos hubo algunos que
despus brillaron en su patria y viven en la historia, entre ellos
Simn Bolvar.

Adems era poeta; y como no se daba instante de reposo ni momento de
vagar, compona versos magnficos para solaz ajeno y placer propio;
sus versos eran ledos con general aplauso en todas las tertulias
caraqueas. Sus poesas de aquella poca no se imprimieron jams y se
han perdido muchas.

Al empezar la guerra de la independencia, su espritu estaba entero
con sus compatriotas; pero el insigne Bello no era hombre de lucha y
no tom en la guerra parte activa. Le ataban adems lazos de familia
y de agradecimiento, que originaron calumnias groseras  infundadas.
El tiempo y las pruebas materiales han desvanecido las calumnias; la
memoria de Bello es la de un patriota puro y convencido; pero aquellas
acusaciones injuriosas debieron mortificar hondamente el alma del
patriota, cuando le obligaron  abandonar su pas.

Bello emigr de Venezuela, establecindose en Chile; pero antes
viaj por otros varios pases de Amrica y de Europa. En Londres
cultiv la amistad de los sabios ms sobresalientes, registr los
archivos, consult las bibliotecas y aprendi mucho. All estudi
la lengua griega, que le era indispensable, dada la especialidad de
sus estudios; aprendi el limosn, que le haba de ser tan til en
sus investigaciones literarias sobre la Edad media; perfeccion sus
conocimientos de la lengua patria, del portugus, del francs, del
italiano y sobre todo, del ingls, lengua que hablaba y escriba con
rara perfeccin.

Desde 1829 hasta su muerte, ocurrida en 1865, vivi nuestro Bello en la
capital de Chile donde fu querido y venerado. All escribi  revis
sus obras ms importantes, ejerciendo una influencia que dura todava
en la poltica, las letras y la enseanza. Fu senador, fu rector
perpetuo de la Universidad y uni su nombre al _Cdigo chileno_.

Las obras de Bello son tan numerosas  importantes, que su simple
resea exigira un volumen.

La literatura castellana le debe ricos tesoros, tan apreciados
en Espaa por los eruditos como en Amrica por todos los hombres
estudiosos. Los trabajos de Bello sobre el poema del _Cid_, sobre
la gramtica espaola, sobre la ortologa y mtrica de la lengua
castellana, son verdaderos monumentos del habla de Castilla. Con
justicia fu nombrado Bello miembro honorario de la Academia Espaola.

Escribi el gran publicista sobre derecho internacional, hizo
traducciones directas de los poetas clsicos y dej manuscrita en
lengua inglesa una obra referente  la crnica fabulosa de Turpin, obra
que no podemos juzgar.

La literatura amena le debe tambin las poesas ms perfectas y ms
acabadas; sus himnos patriticos, su poema descriptivo de la zona
trrida, su traduccin del _Orlando_, son otros tantos modelos.

Como prueba de su correctsima versificacin, vamos  dar algunas
muestras.


FRAGMENTOS DE LA ORACIN POR TODOS


I

    Ve  rezar, hija ma. Ya es la hora
  De la conciencia y del pensar profundo.
  Ces el trabajo afanador, y al mundo
  La sombra va  colgar su pabelln.

    Sacude el polvo el rbol del camino
  Al soplo de la noche; y en el suelto
  Manto de la sutil neblina envuelto
  Se ve temblar el viejo torren.

    Mira! su ruedo de cambiante ncar
  El occidente ms y ms angosta
  Y enciende sobre el cerro de la costa
  El astro de la tarde su fanal.

    Para la pobre cena aderezado
  Brilla el albergue rstico, y la tarda
  Vuelta del labrador la esposa aguarda
  Con su tierna familia en el umbral.

    Brota del seno de la azul esfera
  Uno tras otro flgido diamante;
  Y ya apenas de un carro vacilante
  Se oye  distancia el desigual rumor.

    Todo se hunde en la sombra: el monte, el valle.
  Y la iglesia, y la choza, y la alquera;
  Y  los destellos ltimos del da
  Se orienta en el desierto el viajador.

    Naturaleza toda gime; el viento
  En la arboleda, el pjaro en el nido,
  Y la oveja en su trmulo balido,
  Y el arroyuelo en su correr fugaz.

    El da es para el mal y los afanes:
  He aqu la noche plcida y serena!
  El hombre tras la cuita y la faena
  Quiere descanso y oracin y paz.

    Son en la torre la seal: los nios
  Conversan con espritus alados;
  Y los ojos al cielo levantados,
  Invocan de rodillas al Seor.

    Las manos juntas, y los pies desnudos,
  Fe en el pecho, alegra en el semblante,
  Con una misma voz,  un mismo instante,
  Al padre Universal piden amor.

    Y luego dormirn; y en leda tropa
  Sobre su cama volarn ensueos,
  Ensueos de oro, difanos, risueos,
  Visiones que imitar no os el pincel.

    Y ya sobre la tersa frente posan,
  Ya beben el aliento  las bermejas
  Bocas, como lo chupa las abejas
   la fresca azucena y al clavel.

    Como para dormirse, bajo el ala
  Esconde su cabeza la avecilla,
  Ya la niez en su oracin sencilla
  Adormece su mente virginal.

    Oh dulce devocin, que reza y re!
  De natural piedad primer aviso!
  Fragancia de la flor del paraso!
  Preludio del concierto celestial!


II

    Ve  rezar, hija. Y ante todo
  Ruega  Dios por tu madre; por aquella
  Que te di el ser, y la mitad ms bella
  De su existencia ha vinculado en l.

    Que en su seno hosped tu joven alma,
  De una llama celeste desprendida;
  Y haciendo dos porciones de la vida,
  Tom el acbar y te di la miel.

    Ruega despus por m. Ms que tu madre
  Lo necesito yo... Sencilla, buena,
  Modesta como t, sufre la pena,
  Y devora en silencio su dolor.

     muchos compasin,  nadie envidia,
  La vi tener en mi fortuna escasa:
  Como sobre el cristal la sombra, pasa
  Sobre su alma el ejemplo corruptor.

    No le son conocidos... ni lo sean
   t jams!... los frvolos azares
  De la vana fortuna, los pesares
  Ceudos que anticipan la vejez;

    De oculto oprobio el torcedor, la espina
  Que punza  la conciencia delincuente,
  La honda fiebre del alma, que la frente
  Tie con enfermiza palidez.

    Mas yo la vida por mi mal conozco,
  Conozco al mundo, y s su alevosa;
  Y tal vez de mi boca oirs un da
  Lo que valen las dichas que nos da.

    Y sabrs lo que guarda  los que rifan
  Riquezas y poder, la urna aleatoria,
  Y que tal vez la senda que  la gloria
  Guiar parece,  la miseria va.

    Viviendo, su pureza empaa el alma,
  Y cada instante alguna culpa nueva
  Arrastra en la corriente que la lleva
  Con rpido descenso al atad.

    La tentacin seduce; el juicio engaa;
  En los zarzales del camino deja
  Alguna cosa cada cual: la oveja
  Su blanca lana, el hombre su virtud.

    Ve, hija ma,  rezar por m, y al cielo
  Pocas palabras dirigir te baste;
  Piedad, Seor, al hombre que criaste;
  Eres Grandeza; eres Bondad; perdn!

    Y Dios te oir; que cual del ara santa
  Sube el humo  la cpula eminente,
  Sube del pecho cndido, inocente,
  Al trono del Eterno la oracin.

    Todo tiende  su fin:  la luz pura
  Del sol la planta; el cervatillo atado,
   la libre montaa; el desterrado,
  Al caro suelo que le vi nacer.

    Y la abejilla en el frondoso valle,
  De los nuevos tomillos al aroma;
  Y la oracin en alas de paloma
   la morada del Supremo Ser.

    Cuando por mi se eleva  Dios tu ruego,
  Soy como el fatigado peregrino,
  Que su carga  la orilla del camino
  Deposita y se sienta  respirar.

    Porque de tu plegaria el dulce canto
  Alivia el peso  mi existencia amarga
  Y quita de mis hombros esta carga,
  Que me agobia, de culpa y de pesar.

    Ruega por m, y alcnzame que vea
  En esta noche de pavor, el vuelo
  De un ngel compasivo, que del cielo
  Traiga  mis ojos la perdida luz.

    Y pura finalmente, como el mrmol
  Que se lava en el templo cada da,
  Arda en sagrado fuego el alma ma,
  Como arde el incensario ante la Cruz.


III

    Ruega, hija, por tus hermanos,
  Los que contigo crecieron
  Y un mismo seno exprimieron,
  Y un mismo techo abrig.

    Ni por los que te amen solo
  El favor del cielo implores:
  Por justos y pecadores
  Cristo en la Cruz expir.

    Ruega por el orgulloso
  Que ufano se pavonea,
  Y en su dorada librea
  Funda insensata altivez.

    Y por el mendigo humilde
  Que sufre el ceo mezquino
  De los que beban el vino
  Porque les dejen la hez.

    Por el que de torpes vicios
  Sumido en profundo cieno,
  Hace aullar el canto obsceno
  De nocturno bacanal.

    Y por la velada virgen
  Que en su solitario lecho,
  Con la mano hiriendo el pecho,
  Reza el himno sepulcral.

    Por el hombre sin entraas,
  En cuyo pecho no vibra
  Una simptica fibra
  Al pesar y  la afliccin,

    Que no da sustento al hambre,
  Ni  la desnudez vestido,
  Ni da la mano al cado,
  Ni da  la injuria perdn.

    Por el que en mirar se goza
  Su pual de sangre rojo,
  Buscando el rico despojo
  O la venganza cruel.

    Y por el que en vil libelo
  Destroza una fama pura,
  Y en la leve mordedura
  Escupe asquerosa hiel.

    Por el que surca animoso
  La mar, de peligros llena;
  Por el que arrastra cadena,
  Y por su duro seor.

    Por la razn que leyendo
  En el gran libro, vigila;
  Por la razn que vacila;
  Por la que abraza el error.

    Acurdate, en fin, de todos
  Los que penan y trabajan;
  Y de todos los que viajan
  Por esta vida mortal.

    Acurdate an del malvado
  Que  Dios blasfemando irrita.
  La oracin es infinita:
  Nada agota su caudal.


IV

    Hija! reza tambin por los que cubre
  La soporosa piedra de la tumba,
  Profunda sima adonde se derrumba
  La turba de los hombres mil  mil:

    Abismo en que se mezcla polvo  polvo,
  Y pueblo  pueblo; cual se ve  la hoja
  De que al aoso bosque abril despoja
  Mezclar la suya otro y otro abril.

    Arrodilla, arrodllate en la tierra
  Donde segada en flor yace mi Lola,
  Coronada de anglica aureola;
  Do helado duerme cuanto fu mortal;

    Donde cautivas almas piden preces
  Que las restauren  su ser primero,
  Y purguen las reliquias del grosero
  Vaso, que las contuvo, terrenal.

    Hija! cuando t duermes, te sonres,
  Y cien apariciones peregrinas,
  Sacuden retozando tus cortinas;
  Travieso enjambre, alegre, volador.

    Y otra vez  la luz abres los ojos,
  Al mismo tiempo que la aurora hermosa
  Abre tambin sus prpados de rosa,
  Y da  la tierra el deseado albor.

    Pero esas pobres almas!... si supieras
  Qu sueo duermen!... su almohada es fra:
  Duro su lecho; anglica armona
  No regocija nunca su prisin.

    No es reposo el sopor que las abruma;
  Para su noche no hay albor temprano;
  Y la conciencia, velador gusano,
  Les roe inexorable el corazn.

    Una plegaria, un solo acento tuyo,
  Harn que gocen pasajero alivio,
  Y que de luz celeste un rayo tibio,
  Logre  su obscura estancia penetrar;

    Que el atormentador remordimiento
  Una tregua  sus vctimas conceda,
  Y del aire, y el agua, y la arboleda,
  Oigan el apacible susurrar.


FRAGMENTO DE LA ZONA TRRIDA

    T das la caa hermosa
  De do la miel se acendra,
  Por quien desdea el mundo los panales:
  T en urnas de coral cuajas la almendra
  Que en la espumante jcara rebosa;
  Bulle carmn viviente en sus nopales
  Que afrenta fuera al mrice de Tiro;
  Y de su ail la tinta generosa
  mula es de la lumbre del zafiro.
  El vino es tuyo que la herida agave
  Para los hijos vierte
  Del Anhuac feliz; y la hoja es tuya
  Que cuando de suave
  Humo en espiras vagorosas huya
  Solazar el fastidio al ocio inerte.
  Tu vistes de jazmines
  El arbusto sabeo
  Y el perfume le das que en los festines
  La fiebre insana templar  Lieo.
  Para tus hijos la procera palma
  Su vano feudo cra,
  Y la pia sazona su ambrosa:
  Su blanco pan la yuca,
  Sus rubias pomas la patata educa,
  Y el algodn despliega el aura leve
  Las rosas de oro y el velln de nieve.

El entierro del gran poeta, del eminente fillogo, del distinguido
hombre pblico, fu una solemnidad que dej memoria en la capital de
Chile. El pueblo entero acompa  su tumba los restos del anciano
venerable. Bello cerr sus ojos  la luz  la edad de 85 aos.




MONROE


En el firmamento americano brillan astros de todas magnitudes.
Wshington y Bolvar son imperecederos, eternamente visibles como
soles que no se apagan, como luminares sin noche y sin eclipse. Otros
despiden fulgores menos intensos, ya que no menos puros. No deslumbran,
no ciegan, pero guan al caminante por las obscuras sendas de la
Historia. Por lo mismo que son menos gloriosos y no tan refulgentes,
puede juzgrseles con imparcialidad y sin pasin. Las manchas del sol
no se distinguen; pero se veran, si por acaso existieran, las de esos
astros sin luz deslumbradora.

Una de las estrellas de primera magnitud en el cielo americano,
es Jacobo Monroe, soldado entusiasta de la independencia, notable
estadista, virtuoso ciudadano, que figura y aun descuella entre los
insignes presidentes de los Estados Unidos.

Naci el 2 de abril de 1759 en el condado de Westmoreland (Virginia).
Sus padres le destinaban al foro y, en efecto, principi  cursar la
carrera de derecho; pero  los 16 aos abandon sus estudios para
alistarse en el ejrcito de Wshington y concurrir  la defensa de
la ciudad de Nueva York, amenazada por un ejrcito ingls. Corri el
joven soldado las vicisitudes todas de la guerra. En la accin de
Trenton fu herido de gravedad. Monroe se mostr toda su vida orgulloso
de la extensa y honda cicatriz que sealaba su frente, verdadera
condecoracin que daba testimonio de sus riesgos, de sus campaas y de
sus servicios. Esas son las nicas y gloriosas condecoraciones que se
usan en Amrica, donde no se adornan los pechos valerosos con dijes
femeniles y con relumbrones cortesanos de los que se prodigan en Europa.

El joven militar que haca su aprendizaje de tan ruda manera, sin que
se amenguara su entusiasmo patrio, ascendi  capitn en recompensa de
su gloriosa herida.

En 1777 fu nombrado ayudante del general Sterling:  sus rdenes se
distingui en los campos de batalla. El mismo Wshington premi su
comportamiento con su promocin  coronel.

Terminada la guerra acab su carrera de abogado y se estableci en
Virginia.

Afiliado al partido demcrata, fu varias veces elegido representante
del pueblo.

De 1790  1794 fu senador por Virginia, sentndose constantemente en
los escaos de la oposicin.

Jorge Wshington, para dar una prueba de deferencia al partido
demcrata y estrechar las relaciones de los Estados Unidos con la
Repblica francesa, nombr  Monroe ministro representante en Pars.
Mucho contribuyeron el tacto y las ideas de Monroe  la buena armona
de ambas repblicas; mas su entusiasmo y simpata por la Francia, en
lucha entonces con Inglaterra, no se avena muy bien con la poltica de
neutralidad que sostena Wshington, y vise ste precisado  llamarle
en 1796. El partido democrtico se resinti grandemente de esa medida
de la presidencia, y el mismo Monroe manifest tambin su disgusto
en un notable folleto en el que, sin combatir  Wshington,  quien
tena en gran consideracin y estima, justificaba su misin cerca del
gobierno francs.

En 1799 fu nombrado gobernador del Estado de Virginia, funciones
que desempe  satisfaccin de todos hasta que el presidente
Jfferson, que sucedi  Wshington, le mand en calidad de embajador
extraordinario  Francia  fin de concertar la cesin de Nueva-Orlens,
propsito que realiz: pasando despus  Inglaterra en calidad de
representante de la Unin y de all  Espaa,  fin de negociar la
cesin de otros Estados  la gran repblica.

En 1811 fu nombrado de nuevo gobernador de Virginia y al poco tiempo
el presidente Mdison le llev  la secretara de Estado.

Por aquel tiempo estall la guerra con Inglaterra, y Monroe, que
despus de la toma de Wshington y de otros reveses que experimentaron
las armas americanas, fu nombrado ministro de la Guerra, di pruebas
inequvocas de una notable energa y un carcter entero y valeroso.
 pesar de hallarse exhausto el tesoro, casi perdido el crdito, y
con la oposicin que  la guerra hacan los adictos  la poltica
pacfica que iniciara el primer presidente, el ministro de la Guerra,
que continuaba ejerciendo la secretara de Estado, prepar la defensa,
cre ejrcitos, infundi al soldado americano la decisin y el valor de
que careca, improvis medios y recursos empeando hasta sus propios
bienes, y en una palabra, Monroe, que era el alma de aquella lucha,
obtuvo la victoria. La gran derrota que experimentaron los ingleses
que amenazaban la ciudad de Nueva-Orlens determin la paz, que lo fu
honrossima y ventajosa para los Estados-Unidos (1815).

 tan gran altura se elev la reputacin de Monroe, y tal fu la
popularidad que alcanzara con su ejemplar conducta, que el partido
democrtico le design por unanimidad en las elecciones de 1816
candidato  la presidencia de la Unin; eleccin que sancionaron con
sus votos favorables todos los dems electores. Jacobo Monroe fu
nombrado por unanimidad quinto presidente de los Estados-Unidos.

El da 4 de marzo de 1817, en el Capitolio de Wshington, ante los
jueces del Supremo Tribunal de Justicia, los ministros extranjeros y
otros altos dignatarios, el nuevo presidente prometa velar por los
intereses y prosperidad de su patria, y fidelidad  sus republicanas
leyes. Notabilsimo fu su discurso inaugural, en el que haca votos
por el bienestar y progreso del pueblo americano.

Durante su primera administracin, y fiel  su lema de _Amrica para
los americanos_, trabaj con ahinco para la adquisicin de la Florida,
que perteneca al gobierno espaol, del que logr la cesin. As, pues,
 Monroe como ministro de Estado primero, y despus como presidente,
deben los Estados Unidos las dos adquisiciones ms importantes del Sur,
la Luisiana y las Floridas (1803 y 1820).

Dbense tambin  Monroe la fijacin muy ventajosa para la Repblica,
de los lmites del Canad y un tratado con Inglaterra por el que se
permita  los ciudadanos norte-americanos compartir con los ingleses
las pesqueras de Terranova, que hasta entonces haban monopolizado
stos ltimos.

En 1818 expidi un decreto por el que se pensionaba  los oficiales
y soldados de la revolucin de la independencia y  las viudas y
hurfanos de los mismos, decreto que contribuy grandemente  la
popularidad de Monroe.

Fu reelegido presidente, desempeando con acierto tan alta
magistratura hasta 1825. Despus se retir  Virginia, donde ejerci
las modestas funciones de juez de paz y ms tarde las de rector de la
Universidad de su Estado. Cosas de los Estados Unidos! exclaman los
europeos.

S, cosas que slo se ven en las verdaderas democracias, en los pueblos
grandes, en las naciones libres, en las instituciones federales.

El gran Monroe muri rodeado de sus hijos, en Nueva York, el 4 de julio
(da de la fiesta nacional) del ao 1831. Sus restos fueron trasladados
 Richmond en 1859.

El hecho culminante de la vida de Monroe fu el haber derrotado 
los ingleses que invadieron la Repblica en 1812 con el propsito de
reconquistarla. Incendiaron los invasores el capitolio de la capital;
pero tuvieron que reembarcarse vencidos.




BELGRANO


Este apellido figura entre los ms conocidos y respetables de Amrica,
no ciertamente  la altura de los San Martn y los Bolvar, nunca al
nivel de los Wshington, los Hmilton, los Jurez  los Bello, pero de
todos modos  elevacin bastante para ser visto de todos y servir de
ejemplo  la posteridad.

El prcer argentino don Manuel Belgrano, general de la Revolucin, vino
al mundo en Buenos Aires hacia el ao 1770. Pas casi nio  Espaa,
cursando jurisprudencia en Valladolid y gradundose en Madrid. Era,
pues, doctor en derecho cuando volvi  su patria; pero sus estudios
favoritos eran los concernientes  la economa poltica y  lo que hoy
llamaramos ciencia social.

En 1806, hallndose Espaa en guerra con Inglaterra, fu invadido el
ro de la Plata por una escuadra inglesa, que atac  Buenos Aires. Las
tropas inglesas de desembarco se posesionaron de la capital, pero no
pudieron sostenerse ante la resistencia valerosa de las escasas tropas
y de las milicias populares. Por dos veces fu vencida Inglaterra en
Buenos Aires, siendo los hroes de la resistencia el coronel Linirs y
el alcalde de la ciudad Martn Alzaga. Belgrano tom parte, como simple
capitn de las milicias urbanas en 1806, como sargento mayor del cuerpo
de Patricios en 1807.

Son la hora de la Independencia en 1810, y constitudo un gobierno en
Buenos Aires, fu llamado al poder el insigne Belgrano con otros varios
patriotas argentinos.

Los espaoles no opusieron en la regin del Plata, por falta de
recursos, la tenaz resistencia que hicieron en Mjico, Venezuela y
el Per. No fu la lucha tan larga ni tan sangrienta; pero de todas
maneras fu necesario reir algunas batallas con los elementos
espaoles, muchas con los descontentos, varias con las provincias que
queran su propia independencia al mismo tiempo que la de Buenos Aires.
Las divergencias y las discrepancias, las notas y los matices eran
tantos como pueblos, casi tantas como hombres. Cada ciudadano conceba
una forma de gobierno, prefera una solucin  pona su confianza en
una persona diferente. Las dificultades eran grandes, tal vez mayores
que en los pases donde los espaoles combatan con tesn y con
bravura, pues su sola presencia constitua una amenaza y aunaba los
esfuerzos y las aspiraciones de los independientes.

El Paraguay se negaba  someterse al gobierno constitudo en Buenos
Aires, y Belgrano, con 700 hombres, recibi la misin de someterlo. Una
campaa heroica, pero desgraciada, terminada por un armisticio, oblig
 retroceder al general Belgrano con su titulado ejrcito.

Belgrano perdi las batallas de Paraguar, Tacuar y alguna otra,
sin que padeciera su prestigio de soldado: haba luchado con fuerzas
inferiores, en la proporcin de 1  16, no cediendo la victoria sino 
la superioridad numrica del enemigo.

Pero si mantena su buen nombre de soldado y su acreditada fama de
valiente, en cambio careca de esa reputacin de inteligencia militar
sin la cual no hay caudillo prestigioso. La pericia de un general se
demuestra lo mismo en los reveses que en las victorias; mas los pueblos
no la ven jams sino en la gloria del triunfo.

En la campaa de 1812 fu Belgrano mucho ms feliz, pues gan la accin
de Tucumn, como tambin la de Salta en 1813. Estas victorias, que
restablecieron su prestigio, aseguraron el xito de la revolucin. La
Asamblea, y en nombre suyo el gobierno, premi  Belgrano con un sable
de honor que contena la inscripcin siguiente:


                  LA ASAMBLEA CONSTITUYENTE

                AL BENEMRITO GENERAL BELGRANO


La guarnicin del sable era de oro.

Adems se le regalaron sobre 40,000 pesos en fincas del Estado.

El cabildo de la capital le remiti un bastn de mando y un par de
magnficas pistolas.

Belgrano acept los obsequios con que se le honraba, excepto el de las
fincas. Sobre ste dijo en una respetuosa comunicacin:

    Nada hay ms despreciable para el hombre de bien, para el patriota
    verdadero que goza de la confianza de sus conciudadanos, que las
    riquezas. stas son el escollo de la virtud, y adjudicadas en
    premio, no slo son capaces de excitar la avaricia en los dems,
    sino que parecen dirigidas  lisonjear una pasin abominable en
    el agraciado. He credo digno de mi honor y de los deseos que me
    inflaman por la prosperidad de mi patria, el destinar esa suma de
    40,000 pesos  la dotacin de cuatro escuelas en las ciudades de
    Tarija, Jujuy, Santiago y Tucumn.

En octubre de 1813 fu batido Belgrano en las altillanuras de Bolivia,
teniendo que retirarse  Jujuy. Despus de entregar sus fuerzas al
general San Martn, regres  Buenos Aires.

Enviado  Europa en comisin, torn  su patria en 1815. Entonces
fu nombrado por segunda vez general del ejrcito que operaba en el
Per[5]. Cuatro aos se mantuvo lidiando en las cordilleras, y contrajo
all la enfermedad que poco despus le arrebat la vida. En aquella
guerra de fatigas y de privaciones sin gloria ni lucimiento, acredit
sus dotes militares, sus virtudes y su patriotismo. Es necesario
conocer la guerra de montaas y lo escabroso que es el que fu teatro
de sus operaciones, para apreciar todo el mrito de su abnegacin y sus
servicios.

       [5] Alto Per, hoy Bolivia.

Lleg moribundo  Buenos Aires en el mes de marzo de 1820, falleciendo
en el inmediato mes de junio.

Sus funerales se celebraron con inusitada pompa. Su memoria se conserva
con veneracin en todos los pechos argentinos. Cerca de Buenos Aires se
ha fundado un pueblo con su nombre. Por ltimo, su ciudad natal le ha
dedicado una estatua ecuestre con estas cuatro inscripciones:

                       MANUEL BELGRANO

          _Naci en Buenos Aires el 3 de junio de 1770_

            AL INICIADOR DE LA REVOLUCIN DE 1810

     _Campaa del Paraguay, 1811.--Victoria de Tucumn, 1812_

                BELGRANO LA PATRIA AGRADECIDA

                     _Victoria de Salta 1813_

        _Fund las primeras escuelas en cuatro provincias_

                     _Campaa del Alto Per_

                       GENERAL BELGRANO

         _Muri en Buenos Aires el 20 de junio de 1820._




BILBAO


Como todos los hombres apasionados y entusiastas, Francisco Bilbao tuvo
en su tiempo y en su patria ms detractores que amigos. Los unos le
reprochaban la temeridad de sus empresas, los otros la osada de sus
concepciones; quin le consideraba un sectario exclusivista, quin un
terrible demagogo. Ha sido necesario que la muerte le oculte  los ojos
de los vivos, para que stos hagan completa justicia  su talento y 
sus intenciones.

Hemos dicho que tuvo corto nmero de amigos, lo cual no quiere decir
que no fuese popular; contaba en absoluto con las masas. Hemos
querido decir que no le daban apoyo ni le hacan justicia los hombres
ilustrados, los que guan y encauzan la opinin, los escritores y los
periodistas, pues stos en general vean con malos ojos sus ideas
revolucionarias y sus planes polticos. Sin embargo, sus planes eran
prcticos. Lo que pareca demaggico  muchos hombres pblicos, se
ha realizado en parte; lo que se juzgaba peligroso en las naciones
de Amrica, lo consideraran insuficiente, reaccionario  tmido en
Europa,  la fecha en que escribimos, no los nihilistas y socialistas
revolucionarios, sino los simples liberales belgas, ingleses, franceses
 espaoles.

He aqu un extracto de su biografa:

    Francisco Bilbao naci en Santiago de Chile en 1823 y muri en
    Buenos Aires en 1865. Su vida fu una constante peregrinacin;
    perseguido casi siempre, calumniado  menudo, desdeado  veces,
    no hall casi nunca justicia ni reposo ni consigui morir en el
    seno de su patria.

     la edad de veinte aos hizo pblica su profesin de fe; el
    librepensamiento, que l defenda, contaba entonces muy pocos
    partidarios, y Bilbao fu sometido  un proceso, lo que le oblig 
    emigrar. Cinco aos pas en Europa, no como suelen hacerlo tantos
    jvenes americanos que slo se dedican  gozar de los placeres que
    ofrecen las corrompidas ciudades del antiguo mundo, sino estudiando
    con verdadero afn, con ansia de saber, con infatigable aplicacin.
    Tuvo por maestros  Lamennais, Edgard Quinet y Michelet, de quienes
    conserv toda la vida recuerdo carioso. De tales maestros no poda
    salir un mal discpulo, sobre todo cuando aqullos sembraban en
    campo tan abonado para su semilla.

    Las revoluciones de febrero y junio de 1848, que presenci
    en Pars, le ensearon prcticamente dos cosas: primera, la
    imposibilidad de perpetuar errores  injusticias en pueblos que
    tienen el sentimiento de su dignidad; segunda, la manera de
    combatir  los tiranos y  las oligarquas, valindose del plomo,
    del hierro, de las barricadas y del corazn.

    Aprendi ms en aquel ao fecundo y que tantas huellas ha dejado
    en la poltica europea: la solidaridad de los pueblos, esto es,
    la unidad de la democracia para la cual no hay distancias ni
    fronteras, pues la revolucin de febrero tuvo un eco en todas las
    naciones, repercuti en los pueblos que parecan menos aptos para
    la Repblica, produjo barricadas y sangrientas luchas en la heroica
    Miln, en la vetusta Roma, en Espaa, en Alemania, en Irlanda.
    El ao de 1848 fu la aurora de la redencin, fu el programa
    que haba de realizarse en la segunda mitad del siglo XIX. En la
    brecha de Roma, heroicamente defendida por Garibaldi, fu aclamado
    el librepensamiento; en las calles de Miln, atestadas de caones
    austriacos y de soldados tudescos, vitore Mazzini la independencia
    de Italia; en Hungra y en Alemania se luch con denuedo por la
    libertad; en las calles de Sevilla y por dos veces en las de
    Madrid, cayeron cien patriotas al grito de viva la Repblica!

    Francisco Bilbao aprendi ms todava en las dos revoluciones
    parisienses de 1848: que los vencedores son siempre unos hroes y
    unos santos; los vencidos unos miserables cobardes y traidores. Los
    mismos que en febrero derribaron  Luis Felipe, rey constitucional
    de Francia, y se proclamaron  s mismos salvadores de la patria,
    ametrallaron despiadadamente  los obreros que en junio intentaron
    conquistar, con una bravura digna de mejor xito, el sufragio
    universal y los derechos del hombre. S, los derechos del hombre.
    Estaban escritos desde 1789; pero la burguesa francesa los
    interpretaba con un criterio mezquino. El hombre tiene derecho 
    vivir,  trabajar y  saber; los obreros de Pars reclamaban con
    razn un aumento de salario, una organizacin del trabajo nacional
    que no hiciera depender el suyo de la voluntad de los patrones, y
    una amplitud racional en la enseanza pblica, en la instruccin de
    sus hijos,  quienes debe la sociedad una educacin extensa, laica
    y gratuita. La dignidad por medio de la libertad, el pan por medio
    del trabajo, la instruccin por el Estado, eso era todo lo que
    pedan los revolucionarios parisienses, y eso fu lo que Francisco
    Bilbao quera para la plebe. Quera, principalmente, como base de
    sus futuras conquistas, la libertad de conciencia y la proscripcin
    del fanatismo.

    Bilbao torn  su patria en 1849 y pronto se hizo el dolo de las
    masas. Fund la Sociedad de la Igualdad, en cuyo seno educaba 
    _los rotos_, y  muchos que no eran rotos, imbuyndoles ideas de
    igualdad y de fraternidad. Aquella sociedad lleg  contar seis mil
    socios.

    La revolucin del 20 de abril de 1851 tuvo por jefe  Bilbao, que
    con su gente se bati seis horas. Fu vencido, y tuvo que emigrar
    una segunda vez; segunda y ltima, pues no volvi  su patria.

    Refugiado en el Per, continu con ahinco su propaganda en la
    prensa, combatiendo sobre todo la corrupcin poltica. Su campaa
    periodstica le vali en breve ser desterrado del Per. Entonces
    fu al Ecuador, pero no tard en volver  Lima, donde combati en
    las calles el da 5 de abril de 1854. Derribado el gobierno que le
    haba desterrado por su campaa contra la corrupcin, emprendi
    nueva campaa contra el ultramontanismo. Nuevas persecuciones,
    crcel, destierro, fueron las consecuencias inmediatas para el
    viril escritor. Pas entonces  Francia donde estuvo poco tiempo,
    regresando  Amrica para vivir al lado de sus padres. Hallbanse
    establecidos stos en la ciudad de Buenos-Aires, muy agitada 
    la sazn, y Bilbao no pudo permanecer indiferente, ni mantenerse
    alejado de la lucha, ni considerarse extrao en las cuestiones de
    inters humano y universal que exaltaban los nimos de toda la
    Repblica Argentina. Escribi de nuevo contra el clericalismo, huy
    de Buenos-Aires para evitar saudas persecuciones y anduvo errante
    algn tiempo  la espectativa de algn cambio.

    Apaciguadas un tanto las pasiones polticas, entr nuevamente en
    Buenos-Aires, donde vivi consagrado al estudio de complicados
    problemas sociolgicos. Dej algunos escritos, en los que aparece
    tan intransigente en sus ideas como lo fu en sus costumbres.
    Radical exaltado y convencido librepensador, no fu sin embargo
    materialista ni ateo.

    Muchas veces la calumnia, queriendo hallarle su flaco, le llam
    dscolo, insensato y ambicioso; nunca sus ms enconados detractores
    se atrevieron  negarle acrisolada honradez y pureza de costumbres.
    Se puede decir que fu el iniciador del racionalismo en las
    antiguas colonias espaolas, educadas por la inquisicin y el
    jesuitismo.

    La figura de Bilbao parecer ms grande  medida que transcurra el
    tiempo.

    Muri cuando todava estaba en condiciones de ser til  la
    humanidad; tena 42 aos.




MUOZ GAMERO


Este chileno ilustre, hoy casi olvidado por sus mismos compatriotas,
merece figurar en este galera como uno de los hombres que honran 
su raza. Era oficial de la marina chilena desde 1836, y prest buenos
servicios en las campaas navales que sostuvo Chile por entonces. En
1838, desempeaba ya el mando interino de la corbeta _Janequeo_.

No hemos podido averiguar la fecha en que naci ni el lugar preciso
de su nacimiento; solo sabemos con referencia  personas que le
conocieron y nos merecen crdito absoluto, que Benjamn Gamero--as se
le llamaba--era todava muy joven hacia el ao 1840; pero estudioso,
formal y de gallarda presencia, distinguindose por su aficin al
estudio de las lenguas vivas.

En 1842 fu ascendido Gamero  teniente de primera clase, y en el mismo
ao se le comision por su gobierno para navegar y practicar estudios
en la marina britnica. Embarc primero en la corbeta de guerra
_Carysfort_, como oficial agregado, y luego se le confi el mando de
la goleta _Victoria_, distincin que los ingleses no suelen otorgar 
oficiales extranjeros.

Al cabo de dos aos se incorpor  la marina chilena, mereciendo que el
oficial ingls comandante de la _Carysfort_ lo recomendara con encomio
certificando que el teniente Benjamn Muoz Gamero, por su celo y su
pericia nutica, se hallaba  la altura de los oficiales ingleses ms
acreditados.

En 1844 obtuvo el mando del _Magallanes_, desempendolo con acierto.
En 1845 ascendi  capitn de corbeta, pasando  mandar la _Janequeo_
que ya haba mandado anteriormente por interinidad.

Pero estas alternativas, las vicisitudes de su carrera en los primeros
aos, los servicios comunes y corrientes que prest en la naciente
armada de su pas, no mereceran ni recordacin si l no se hubiera
distinguido en otros servicios ms distinguidos y en comisiones
extraordinarias, que desempe con singular pericia hasta su trgica
muerte.

El gobierno de Chile, que conoca las sobresalientes condiciones
y la capacidad del capitn Gamero, le comision para explorar con
algunos auxiliares la regin austral de la Repblica. En efecto,
reconoci prolijamente los ros y lagos de aquella importantsima
regin, entonces mal conocida, especialmente el Llanquihue y el
Coyuhu. Estos trabajos hidrogrficos eran de una dificultad inmensa
por la falta de recursos, pues aquellas comarcas estaban enteramente
desiertas y necesitaban los exploradores abrirse paso  machete,
llevarlo todo consigo, trazar sendas practicables talando  chapeando
ellos mismos, sin hablar de las innumerables privaciones y sus
naturales consecuencias. De todos modos, la ciencia debe mucho 
aquellos exploradores capitaneados por Gamero, que llenaron su misin
venciendo todas las dificultades. _El Diario_ de la expedicin contiene
interesantes noticias y preciosos datos geogrficos, topogrficos,
fsicos y geolgicos.

Ascendido Gamero  capitn de fragata en 1850, fu nombrado gobernador
de la colonia de Magallanes. No bien hubo tomado posesin de su
destino, se dedic al estudio de la lengua indgena y empez  formar
un diccionario patagnico.

Desgraciadamente no pudo conclurlo, pues al frente de la colonia le
sorprendi el desenlace de su laboriosa y til existencia.

El 21 de noviembre de 1851 fu reducido  prisin por las fuerzas
que estaban  sus rdenes, las cuales se sublevaron incitadas por
el teniente de artillera Cambiaso que se puso al frente de la
sublevacin. El gobernador Gamero fu bien tratado al principio; pero
habindose escapado con el capelln Acua, tuvieron ambos que soportar
mil riesgos y privaciones. Arrastrados por un temporal  una isla de
la Tierra del Fuego, tuvieron que batirse con los insulares; hasta que
que vindose hostilizados por un gran nmero de salvajes fueguinos, se
vieron obligados  tornar al continente. Desembarcaron en una pequea
caleta que se llama Agua Fresca, donde no tardaron en ser descubiertos
por los emisarios, agentes y espas del traidor Cambiaso. Tardaron
muchos das en ser cogidos, porque se internaron en los montes; pero
algunos hombres armados que desde Punta-Arenas haban salido en su
persecucin, lograron darles alcance y capturarlos sin resistencia
cuando haca una semana que los infelices prfugos no se alimentaban
ms que con mariscos y hierbas. Aquella misma noche fueron pasados por
las armas Gamero y el padre Acua; sus cadveres fueron quemados.--El
asesino Cambiaso fu fusilado  su vez, en Valparaso, en 1852.

_El Diccionario nutico_, obra de Gamero, es una prueba de la
aplicacin de este benemrito y malogrado marino, mrtir del deber.




GERTRUDIS GMEZ DE AVELLANEDA


Esta inolvidable poetisa naci en la isla de Cuba en 1816. Puerto
Prncipe, su ciudad natal, que ha tenido fama y la tiene todava y
es probable que no la pierda nunca, por el corazn y la hermosura de
sus incomparables y bellsimas mujeres, las habr sin duda producido
ms guapas, ms varoniles, ms patriotas  tanto como Gertrudis, pero
ninguna tan grande ni tan clebre.

No solo descuella la camageyana Tula entre todas las mujeres de Cuba
y de su siglo, sino entre todas las que en todo tiempo han cultivado
con xito la literatura castellana. Es el ms brillante ingenio que su
sexo ha producido. No sin razn deca don Manuel Bretn de los Herreros
oyendo la lectura de sus poesas: Es mucho hombre esta mujer!... Y don
Juan Nicasio Gallego escriba  su vez estas palabras: Nadie le puede
negar la primaca entre cuantas personas de su sexo han pulsado la lira
castellana, as en ste como en los pasados siglos.

El epitafio que escribi don Nicomedes Pastor Daz para la tumba de
la Avellaneda, no es menos elocuente que los juicios anteriores: Fu
uno de los ms ilustres poetas de su nacin y de su siglo; fu la ms
grande entre las poetisas de todos los tiempos.

Muri la Avellaneda en Espaa  principios de 1873.

Desde muy joven haba venido  Espaa, donde supo conquistarse un
puesto prominente en la fecunda y rica repblica de las letras
espaolas. Casada varias veces, volvi ms de una vez  su patria
que se enorgulleca con hija tan ilustre. Sus ltimos versos fueron
escritos en Crdenas.

Sus poesas lricas hubieran bastado para crearle un envidiable
renombre: sus novelas no son menos notables; sus producciones
dramticas la elevaron  una inmensa altura.

Los dramas de Gertrudis ms aplaudidos en Espaa, fueron _Alfonso
Munio_, _Baltasar_ y _La hija de las Flores_. Uno de ellos, _Baltasar_,
ha sido transformado en pera por el maestro Villate, compatriota de la
poetisa. La pera tambin fu celebrada al estrenarse en Madrid.

Pero veamos  la poetisa retratada por s propia:

    Haba cumplido diez y ocho aos--dice la Avellaneda en sus
    memorias--y excepto leer y escribir, y representar tragedias, nada
    saba. Todos los desvelos de mi madre por hacerme progresar en la
    msica y el dibujo, no haban podido llevarme ms lejos que  tocar
    de memoria algn vals,  cantar algunas arias de Rossini, con ms
    expresin que arte, y  pintar mal algunas flores. Mi maestro de
    aritmtica me haba declarado incapaz de conocer los nmeros; mi
    profesor de gramtica me deca que era imposible hacerme comprender
    una sola regla; en fin, cuantos se haban encargado de mi educacin
    parecan convencidos de mi ineptitud para todo; y, sin embargo,
    yo escriba y hablaba con ms correccin de la que es comn en mi
    pas, y, no obstante mi natural desidia para aprender, tena sed
    ardiente de saber y lea mucho y pensaba mucho.

Y pensando, y leyendo, se transform la poetisa cubana, que llegada
 Madrid en un perodo de animacin y renacimiento literario, logr
lo que  muy pocos les es dado conseguir: una reputacin unnime de
poetisa inspirada y de escritora correcta. Su desidia y su pereza, no
eran ms que aparentes; eran manifestaciones de un espritu inquieto
y soador que no poda sujetarse al estudio metdico de materias
ridas, que prefera los vuelos de su imaginacin y los goces de una
fantasa potente y creadora. Quin sabe los dramas, las tragedias,
las imgenes, las elegas que bulleron en la cabeza de Tula, cuando se
mostraba tan rebelde  la gramtica! He aqu dos de sus sonetos:

    Perla del mar! Estrella de Occidente!
  Hermosa Cuba! Tu brillante cielo
  La noche cubre con su opaco velo
  Como cubre el dolor mi triste frente.

    Voy  partir!... La chusma diligente,
  Para arrancarme del nativo suelo,
  Las velas iza, y pronta  su desvelo
  La brisa acude de su zona ardiente.

    Adis, patria feliz, edn querido!
  Do quier que el hado en su furor me lleve
  Tu dulce nombre halagar mi odo!

    Adis!... Ya cruge la turgente vela...
  El ancla se alza... el buque, estremecido,
  Las olas corta y silenciosa vuela!

         *       *       *       *       *

    En vano ansiosa tu amistad procura
  Adivinar el mal que me atormenta;
  En vano amigo, conmovido intenta
  Revelarlo mi voz  tu ternura.

    Puede explicarse el ansia, la locura,
  Con que el amor sus fuegos alimenta...
  Puede el dolor, la saa ms violenta
  Exhalar por el labio su amargura.

    Mas de decir mi malestar profundo,
  No halla mi voz, mi pensamiento medio,
  Y al indagar su origen me confundo;

    Pero es un mal terrible, sin remedio,
  Que hace odiosa la vida, odioso el mundo,
  Que seca el corazn... En fin, es tedio!




[Ilustracin]

HIDALGO


El clebre cura de Dolores (Mjico) naci en el Estado de Guanajuato en
1753, dedicndose desde muy joven  la carrera eclesistica.

El 16 de septiembre de 1810 inici Hidalgo la lucha que haba de
destrur el sistema virreinal, lucha que dur 14 aos, no viendo su fin
casi ninguno de los iniciadores.

Con 300 indios desarmados empez Hidalgo la guerra contra los
dominadores; guerra sangrienta y larga, tan sangrienta y larga como
heroica, en la cual slo tomaron parte en los primeros tiempos algunos
sacerdotes, masas de indios y pobres desheredados. Los mejicanos
ricos, ilustrados  influyentes, salvo muy contadas excepciones,
permanecieron impasibles  defendieron la causa de los tiranos que era
la causa de sus privilegios.

Cuando al fin se decidieron por la revolucin, su peso inclin la
balanza del lado de la Independencia; si se hubieran decidido antes,
no se hubiera vertido tanta sangre, no se hubieran levantado tantos
patbulos, no contara tantos horrores la historia mejicana.

Por eso los mejicanos, haciendo justicia  los verdaderos fundadores
de su gloriosa nacionalidad, conservan el culto de Hidalgo, Morelos
y Matamoros, festejan el 16 de septiembre, se enorgullecen con las
glorias de los que combatieron en la que pudiramos llamar poca
heroica de la Independencia mejicana, sin acordarse apenas de los que
consumaron la obra con sus arrojos tardos, en poca de victorias
fciles, de triunfos lisonjeros y de evoluciones tiles.

Miguel Hidalgo y Costilla, que as se llamaba el hroe, tuvo que
refrenar excesos y desrdenes de gentes allegadizas, necesitando
ordenarlas y disciplinarlas al mismo tiempo que haca su propio
aprendizaje de la guerra. Combatir contra un poder constitudo,
tradicional y fuerte, aprender lo que ignoraba, instrur al mismo
tiempo  los suyos, es una triple tarea llena de dificultades que
excusan los desaciertos, las faltas militares, los errores polticos
del cura de Dolores. No por fanatismo personal, sino por acomodarse
al fanatismo ajeno, levant por ensea revolucionaria la imagen de la
Virgen. La devocin de los indios  la virgen de Guadalupe, hbilmente
explotada por Hidalgo, le di un gran contingente de soldados y el
apoyo de la raza indgena. Hasta un regimiento colonial formado como
todos por soldados indios (el de la Reina, si mal no recordamos) se
uni  las fuerzas de Hidalgo en los primeros tiempos.

El 28 de septiembre, doce das despus de haberse iniciado la
revolucin, se titulaba el cura teniente general y mandaba un
ejrcito de 56,000 hombres, con el cual tom posesin de Guanajuato
pasando  cuchillo  toda la guarnicin y al intendente Riao (que se
hizo fuerte en la Alhndiga y se defendi como era su deber.)

Hidalgo se vali del fanatismo de los naturales como medio de
arrastrarlos al combate por la independencia. Los espaoles se
sirvieron de las mismas armas para combatirlo, creyendo desautorizarlo
con excomuniones de la Iglesia. Por eso fu Hidalgo excomulgado como
hereje, sacrlego y perjuro, excomuniones que haban de hacerle poca
impresin  l mismo, pues siendo cura estaba en el secreto de su
inutilidad, pero podan determinar deserciones en su ejrcito. Supo
contenerlas con habilidad, y no slo conserv sus fuerzas, sino que
las aument, dotndolas de buena artillera de la fundicin por l
establecida en Guanajuato.

Entr en Valladolid el 10 de octubre de 1810 y fu nombrado
generalsimo con facultades para legislar y tratamiento de Alteza
serensima.

Poco despus, en Monte de las Cruces, derrot las fuerzas de Torcuato
Trujillo, quedndole abierto el camino de la capital. En pocas jornadas
hubiera podido llegar triunfante  Mjico, pero no se atrevi; y
contramarchando con rumbo hacia Quertaro, se encontr con el famoso
Calleja que le derrot poco menos que sin combatir. Hidalgo, sin
embargo, tena en aquel encuentro unos 40,000 hombres y 12 piezas de
artillera. Pero sus soldados eran todava bisoos y sus oficiales
inexpertos, como improvisados y sin instruccin, lo cual explica de
sobra su inferioridad.

Despus de esta derrota se retir  Valladolid, donde reorganiz sus
huestes lo mejor que pudo. Se traslad en noviembre con 7,000 hombres,
casi todos de caballera,  Guadalajara, ciudad que haba cado en
poder de la revolucin. All se constituy un gobierno presidido
por Hidalgo, cometindose muchas crueldades con los espaoles y
degollndose con ensaamiento  personas inocentes y aun inofensivas.
Los mismos historiadores mejicanos juzgan con dureza los actos de
Hidalgo, de alguno de sus tenientes y de muchos de sus hombres. Las
guerras justas no deben ser inhumanas; los jefes de un ejrcito deben
reprimir los instintos sanguinarios que pueda haber en la tropa; los
crmenes de Guadalajara, como los ejecutados antes en Valladolid, son
tanto ms sensibles por que eran innecesarios. Allende, compaero
de Hidalgo, se opuso con su influencia  la perpetracin de tales
crmenes: todo fu intil.

Grandes tiranas, duras represiones y sangrientas represalias
hicieron los espaoles en la guerra de la independencia; en toda
Amrica sacrificaron vctimas, atropellaron inocentes y cometieron
crmenes dignos de la reprobacin, de la execracin universal. Pero
es fuerza convenir en que el cura Hidalgo les marc tan mala senda.
Las represalias no se justifican nunca, pero se explican  veces por
la dura necesidad de la defensa propia. Los primeros crmenes de la
guerra americana son imputables, desgraciadamente, al cura de Dolores.
La posteridad le agradece el herosmo de que di pruebas iniciando en
Mjico la revolucin; le perdona sus faltas, en gracia del sacrificio
de su existencia que hizo en aras de la independencia mejicana; pero
no le considera  la altura de los grandes hroes, valientes al mismo
tiempo que humanos, como Bolvar, San Martn, Wshington, Sucre,
Allende y tantos otros.

El 17 de enero de 1811 fueron batidos Hidalgo, Allende y Abasolo con
80,000 infantes, 20,000 jinetes y 96 bocas de fuego, por 5,000 hombres
de tropas regulares que acaudillaba Calleja. El combate fu reido;
pero al fin tuvo que ceder el nmero ante la disciplina y buena
direccin de las fuerzas virreinales. Hidalgo dej en poder del enemigo
crecido nmero de prisioneros, toda su artillera y las banderas con la
imagen de la virgen milagrosa.

Buscando refugio en los Estados Unidos, fu Hidalgo detenido antes de
llegar  la frontera. Se le fusil el 1. de agosto de 1811.

El historiador de Mjico, mejicano l mismo, don Lucas Alamn, trata
con harta dureza al cura Hidalgo. Sus errores, ciertamente, fueron
numerosos y perjudiciales para la causa que con ardor defenda; pero
no es justo acusarle de hombre sin plan, sin principios, sin ideas,
como hace el mencionado historiador, pues demostr lo contrario en
circunstancias adversas.

En cuanto  los errores, los pag con su vida y muri con el valor de
los hroes.

Cubra sus faltas el piadoso manto del olvido; pero viva su nombre en la
memoria de los americanos.




MORELOS


Jos Morelos y Pavn naci en Valladolid (Mjico) en 1765. En la misma
ciudad, pero algn tiempo ms tarde, naci Agustn Iturbide. Ambos
vallisoletanos sirvieron  la causa de la Independencia; pero el uno,
Morelos, fu vencido y ejecutado; el otro, Iturbide, se hizo proclamar
emperador, lo cual no le eximi de morir igualmente fusilado como
mueren en Mjico los emperadores. Morelos se bati por la Independencia
mejicana desde que empez la guerra, tropezando con las dificultades
consiguientes y con las fuerzas de los espaoles. Iturbide, oficial
del ejrcito real, combati primero contra sus paisanos y se adhiri
despus al movimiento cuando su triunfo pareca indudable. El mrito,
pues, de ambos caudillos no tiene los mismos grados; por eso los
mejicanos, que ms tarde fusilaron  Iturbide, hubieran resucitado 
Morelos si hubieren tenido medios para hacer ese milagro. La gratitud
nacional pone  Morelos mucho ms alto que  Iturbide. La ciudad en que
nacieron ambos ha cambiado su nombre castellano de Valladolid por el
actual de Morelia, sin que el honor que de este modo se ha concedido
 Morelos se le haya ocurrido  nadie otorgrselo  Iturbide. Los
pueblos se equivocan pocas veces; y aunque los hombres suelen ser
injustos cuando se trata de juzgar sucesos  personajes contemporneos,
el juicio de la posteridad repara casi siempre los errores y las
injusticias. Pasadas las pasiones del momento, los intereses que
ofuscan y las impresiones personales, queda la historia imparcial,
la crtica serena, la razn fra que juzga sin pasin. Por eso los
mejicanos enaltecen la memoria del patriota Morelos, y casi olvidan
al brillante militar que solo sirvi  la patria en la medida de sus
conveniencias y de sus ambiciones.

Hijo Morelos de un artesano humilde y hurfano desde la infancia,
debi  la proteccin de un pariente la entrada en un colegio regido
por Hidalgo, otro futuro mrtir de la Independencia. Se distingui
en sus estudios y sigui la carrera eclesistica no sin lucimiento.
No bien hubo recibido las rdenes sagradas, desempe varios curatos
sucesivamente.

Sublevado contra el rey el clebre cura Hidalgo,  quien Morelos tanto
conoca, presentsele ste pidindole un puesto en la revolucin.
Hidalgo le improvis coronel encargndole que extendiera y propagara
el movimiento separatista por la regin del sur. La primera campaa
de Morelos fu tan brillante como afortunada, consiguiendo ms de una
vez sorprender al enemigo con su tropa irregular de indios y con sus
escasos elementos. En 1810 y 1811, las victorias debidas  su audacia
le proporcionaron  Morelos muchos recursos de que careca: caones,
fusiles, armas blancas. El 16 de agosto del ltimo ao citado entr
vencedor en Tixtla.

 principios de 1812 fu destinado el general Calleja  la persecucin
del esforzado Morelos, que se encontraba  la sazn en Cuautla.
Morelos pudo retirarse  tiempo, evitando un encuentro con fuerzas
superiores; no lo hizo, prefiriendo resistir en las posiciones que
ocupaba. Calleja atac resueltamente, preparando el asalto con los
fuegos de su artillera. Cuando juzg bastante quebrantadas las tropas
de Morelos, di la seal del asalto. La embestida fu tan cruenta como
intil, perdiendo los realistas 400 hombres sin lograr su objeto. Las
siguientes acometidas fueron tan infructuosas como la primera, siendo
necesario formalizar un verdadero sitio. Dos meses dur la resistencia
de Cuautla, que afirm la fama de Morelos as como la gloria de sus
indios.  principios de mayo evacu Morelos con su gente la plaza que
defenda; poco despus entraba en Oajaca  viva fuerza, tomaba el
castillo de Acapulco y desconcertaba  los oficiales espaoles con su
movilidad que era el secreto de su fuerza.

El 13 de septiembre de 1813 instal Morelos en Chilpacingo el primer
Congreso mejicano, Congreso que declar la Independencia de Mjico
adoptando la forma de Repblica.

Un acto poltico tan importante daba prestigio y fuerzas  la
revolucin; mas era necesario que el Congreso ya constitudo se
trasladara  una poblacin ms importante y que su ejrcito no
se limitara  correras estriles  excntricas, sino que tomara
vigorosamente la ofensiva.

Para ello contaba el cura Morelos con un ejrcito de 20,000 hombres,
aguerridos ya, con 47 caones y con bastante dinero. Su estrella, sin
embargo, se eclips cuando ms deslumbraba con su brillo.

Marchando con el grueso de sus fuerzas sobre Valladolid, encontr en
su camino  las tropas de Iturbide que lo derrotaron. No obstante la
inferioridad numrica de la columna espaola, desbandronse los indios
de Morelos haciendo intiles todos los rasgos de herosmo del caudillo
y de sus oficiales.

Pero el gran Morelos no se amilan; los desastres no desalentaban su
alma fuerte. Recogi cuantos dispersos pudo, y desoyendo los consejos
de Matamoros, Bravo, Galiana y otros oficiales insurgentes, present
batalla  los realistas en la hacienda de Puruarn con solos 3,000
hombres y 20 piezas que le quedaban de su artillera. Destrozado
nuevamente por Llano  Iturbide, quedaron deshechas las mejores tropas
revolucionarias. All qued prisionero el bravo Matamoros, uno de
los hroes ms brillantes de la guerra de la Independencia, que fu
fusilado en Valladolid.

Morelos mismo cay poco despus en poder de sus perseguidores. Un
mejicano de Tepecuacuilco, llamado Carranque (segn otros Carranco) le
entreg  los espaoles.

Los bigrafos de Morelos cuentan un episodio que es sin duda trivial,
pero que pinta el carcter del caudillo. Estando prisionero el hroe de
Cuautla fu  verle un coronel espaol, el cual le pregunt:

--Si fuera usted el vencedor y yo el prisionero, qu hara usted
conmigo, seor cura?

--Fusilarle, contest Morelos sin titubear.

El cura Morelos fu pasado por las armas, previa la degradacin, el 22
de diciembre de 1815. Pero vive en la historia y en todos los corazones
mejicanos.




[Ilustracin]

ITURBIDE


En 1783 naci en Valladolid, hoy Morelia, un nio que fu bautizado
con el nombre de Agustn. Los padres de la tierna criatura se hubieran
horrorizado si hubiesen ledo su horscopo. Naci con mala estrella;
presidi su destino la negra fatalidad. El que pudo ser libertador de
un pueblo, fundador de una Repblica, hijo predilecto de su patria,
slo tiene en la historia dos pginas tristes y apenas vive en la
memoria del pueblo. Sus actos ms notorios, los hechos culminantes de
su vida, no responden en manera alguna  la conciencia nacional, no se
ajustan al noble ideal americano, estn fuera de la realidad histrica
de Mjico.

Agustn Iturbide naci predestinado  las dos ms afrentosas desdichas:
 ser emperador y  morir  manos de los suyos;  convertirse en tirano
de sus compatriotas y  que stos le arrancaran violentamente la vida.
Cuando l se decidi, demasiado tarde para su prestigio, por la causa
de la Independencia, sta se convirti rpidamente en hecho consumado.
Su concurso no pudo ser ms eficaz y sus partidarios le llamaron
el Libertador. Pero el pueblo, que penetra con sagaz instinto en
las intenciones de los hombres pblicos, descifr el pensamiento de
Iturbide y no crey nunca en su sinceridad.

Las desconfianzas del pueblo se vieron confirmadas. Iturbide se mova
por impulsos de inters, no por mviles patriticos ni liberales.

Haremos, sin embargo, una breve resea de su vida y un conciso relato
de su muerte, para que sirvan de enseanza al mundo y de escarmiento 
caudillos ambiciosos.

Ingres Iturbide en el ejrcito de la colonia  del virreinato
mejicano, como subteniente, cuando slo contaba quince aos. Fu
favorecido en su carrera por la proteccin de sus deudos y de sus
amigos, y ya era teniente del ejrcito espaol cuando el cura Hidalgo
di el grito de Independencia.

En la accin de las Cruces recibi el bautismo militar, el bautismo de
sangre, pues all se bati por la primera vez entrando en fuego con las
tropas de Trujillo. Se port bizarramente, mereciendo plcemes de sus
compaeros los jefes y oficiales espaoles. Su comportamiento le vali
el ascenso  capitn.

Desde entonces no ces de batirse por el rey, obteniendo grados y
condecoraciones en los campos de batalla. Al poco tiempo fu nombrado
coronel, pasando previamente por todos los grados inferiores. Sus
mismos compaeros aplaudan los ascensos que se le otorgaban,
reconociendo que los mereca por su serenidad en los combates y por la
tenacidad con que persegua  sus compatriotas _insurgentes_. Solamente
el obispo Abad y Queipo censuraba los ascensos y los elogios que se
prodigaban  Iturbide, anunciando que sera traidor.

Las ejecuciones sucesivas de Hidalgo, Morelos, Matamoros, Mina y
otros muchos, no consiguieron domar la insurreccin. Por todas
partes brotaban guerrilleros, y la lucha continuaba entre mejicanos y
espaoles sin que le pusieran trmino los fusilamientos, los cadalsos,
las victorias de Calleja ni las de Iturbide. ste fu quien captur al
indmito republicano Albino Garca, que no le daba tratamiento ni al
mismo Hidalgo, porque l no reconoca ms alteza que la de los cerros.

As lleg el ao de 1820. Se supo en Mjico la revolucin de Espaa
contra el malvado, prfido, ingrato Fernando VII, ese monstruo de
tirana, de corrupcin y de perversidad. Riego, al frente de sus tropas
(que deban embarcarse para Amrica) di el grito de libertad y acab
por el momento con el absolutismo. Ciertos mejicanos, sometidos hasta
entonces al poder absoluto de los reyes, empezaron  considerar que
el triunfo de Riego y de la libertad en la Pennsula era una amenaza
para sus ttulos, propiedades, fueros, pragmticas y preeminencias.
Teman que los gobiernos liberales, entrando por la va de las
reformas, acabaran con sus privilegios y con otras injusticias. Para
_conservar_, decan, los _derechos_ de la religin, de la aristocracia
y de las leyes, es necesario romper con el liberalismo.

Y en efecto, conspiraron por la Independencia los mismos que haban
aplaudido las ejecuciones y persecuciones contra los independientes.
Sedujeron  Iturbide hacindole entrever una corona. Acordaron
separarse de la metrpoli, constituyendo aparte una monarqua absoluta,
catlica y militar. En lo que no se hallaban todos de acuerdo era en la
persona del monarca, pues unos pensaban seriamente en Iturbide y otros
queran que fuese un prncipe de sangre real. Pensaron algunos hasta en
Fernando VII para hacerlo emperador.

Iturbide no dud; sus ideas realistas y su ambicin personal le
inclinaron  ceder  las sugestiones de sus deudos y de sus amigos,
ofreciendo hacer l mismo la revolucin. Pero antes consideraba preciso
acabar con los republicanos, con _los insurgentes_, como l los llamaba
todava.

El caudillo ms importante que continuaba en pie sosteniendo en el sur
la bandera de la revolucin, era sin duda Guerrero. Iturbide consigui
que el virrey le confiara las fuerzas necesarias para combatirlo,
prometindose acabar con l y sublevarse  su vez en ocasin oportuna.
Sus bastardas miras no pudieron realizarse enteramente  su gusto, pues
Guerrero no se dej batir con tanta facilidad.

Entonces Iturbide prefiri entenderse con el caudillo revolucionario,
proponindole tres bases para un acuerdo: unin, religin,
independencia.

Guerrero acept las bases, y con gran desprendimiento se puso  las
rdenes de Iturbide. ste proclam pblicamente el famoso _plan
de Iguala_  de las tres garantas, que era el programa de los
conservadores.

El 24 de febrero de 1821 comunic Iturbide desde Iguala su famoso
plan, no solamente  sus amigos, sino  todos los jefes militares y
al virrey. Contaba Iturbide con unos 6,000 soldados y se le agregaron
otros muchos. No pocos de sus compaeros de armas secundaron el
pronunciamiento. La campaa de Iturbide no fu otra cosa que un
paseo militar: guarniciones enteras se rendan sin un mal simulacro
de defensa y apenas si se bati con denuedo algn destacamento poco
numeroso.

Al frente de 16,000 hombres hizo Iturbide su entrada en la capital de
Mjico el 27 de septiembre de 1821.

Los espaoles no conservaban ms que el castillo de San Juan de Ula,
situado en un islote del puerto de Veracruz, donde se resistieron con
tenacidad. Era el ltimo baluarte de su dominacin!

Iturbide permiti que un motn militar le hiciera emperador; el
sargento Po Marcha le puso una corona, que debi causarle una
impresin penosa como el fro de la muerte. Acept el manto imperial,
que haba de ser su mortaja, y celebr con salvas su propia coronacin.
Todo esto pasaba en la fatdica fecha del 18 de mayo de 1822.

El emperador incorpor la Repblica de Guatemala  su imperio no
reconocido, enviando all un ejrcito mandado por Filisola. Cre
cuatro capitanas generales, fund la orden de Guadalupe y reparti
condecoraciones militares y civiles  los individuos de uno y otro sexo
de su Corte imperial.

En desacuerdo bien pronto con el Congreso nacional, lo disolvi.
El usurpador de la soberana marchaba directamente al absolutismo
degradante. Pero el 8. regimiento de infantera de lnea que tena
por coronel  Santa Ana (el mismo que fu ms tarde, presidente de
la Repblica), se sublev contra el imperio, que no pasaba de ser
una mascarada, una caricatura de las ridculas cortes asiticas y
europeas. Guerrero tambin se sublev en el sur en compaa de Bravo.
La insurreccin se propag por todos los mbitos de Mjico; Iturbide
se vi obligado  renunciar la corona; el Congreso declar que tal
renuncia no era necesaria, pues su eleccin era nula. En efecto, el mal
aconsejado Iturbide no haba sido ms que emperador _de hecho_, vulgar
usurpador.

Fu desterrado Iturbide, sealndosele un sueldo anual de 25,000 pesos
con la expresa condicin de residir en Italia.

Pero despus de una corta permanencia regres de Europa, desembarcando
en Soto la Marina con algunos compaeros. Un sargento mejicano
le reconoci; fu preso inmediatamente, juzgado por el Congreso
constitudo en tribunal y fusilado en Padilla  fines del mes de julio
de 1824.

Muri con tranquilidad, despus de arengar  los soldados que haban de
hacerle fuego y de repartirles algunas onzas de oro.




[Ilustracin]

ENRIQUETA STOWE


La clebre novelista americana Enriqueta Beecher de Stowe naci en
Litchfield (Connecticut) el da 15 de junio del ao 1814. Era hija del
doctor Beecher, pastor presbiteriano de Boston. Su padre la quera
dedicar  institutriz y le di al efecto una slida instruccin.  la
edad de quince aos sucedi  su hermana Catalina en la direccin de
una escuela; despus regent otra escuela en Cincinatti.

Se cas Enriqueta con el doctor Calvino Stowe, uno de los telogos ms
notables del protestantismo, de quien haba sido discpula aprovechada.

El doctor Stowe fu profesor del seminario de Cincinatti desde 1832
hasta 1850, fecha en la cual se vi perseguido por abolicionista y se
refugi en el Estado del Maine. Su mujer le acompa.

Poco despus desempeaba el marido una ctedra de literatura bblica,
mientras ella se ocupaba en escribir novelas.

Su fama literaria fu creciendo por grados y con lentitud; primero
estuvo circunscrita  la localidad donde viva y al crculo de sus
relaciones; despus se extendi por los Estados Unidos; ms tarde lleg
 Inglaterra, donde la novelista se hizo eminentemente popular. Todo el
mundo lea las obras de Enriqueta.

Sin mencionar sus artculos, cuentos y ensayos de la juventud,
escribi Enriqueta una serie de estudios que se publicaron en _The
National Era_, notable peridico abolicionista que se daba  luz
en Wshington. Esos mismos estudios son los que llamaron tanto la
atencin y cimentaron el renombre de la novelista, cuando aparecieron
coleccionados en dos volmenes con el ttulo de _La choza de Thom_
(Boston, 1852).

El libro adquiri las proporciones de un acontecimiento.  su
indisputable mrito literario reuna un inters de actualidad, pues
la lucha terica entre esclavistas y abolicionistas se hallaba en
toda su fuerza. Las polmicas sostenidas con singular pasin por las
partes contendientes, no eran sino el preludio de la lucha armada. Por
consiguiente, _La choza de Thom_ era una buena accin  ms de ser un
buen libro. La escritora intervena con las armas de su entendimiento
y su sensibilidad en favor de los esclavos negros. Serva juntamente,
quiz no sospechando ella misma el alcance de su obra, en favor de las
letras, en honra de la patria americana y en obsequio de la humanidad
escarnecida.

El libro circul con profusin, no solamente en los Estados Unidos,
sino en el mundo entero; fu traducido  casi todas las lenguas y en
todas partes se hicieron numerosas ediciones. Los ingleses arrebataban
la obra de los estantes de las libreras, no quedando un ingls
medianamente ilustrado ni una inglesa pasablemente instruda que no la
comprara y la leyera.

Fu un xito delirante.

Slo en un ao se imprimieron 300,000 ejemplares nada ms que en los
Estados Unidos.

Pasado el entusiasmo de los primeros das empezaron  circular en
Amrica las crticas de la obra, algunas muy acerbas. No faltaba
ciertamente motivo en qu fundarlas, pues el libro de Enriqueta no
careca de defectos y de imperfecciones; pero no fu la crtica
literaria, sino la saa esclavista quien se ceb en la escritora
despiadadamente. Ella no haba pensado ni pretendido nunca hacer un
monumento literario ni soaba en un xito tan extraordinario como tuvo,
pues haba escrito con el corazn, en lenguaje tal vez desaliado,
tratando de conmover y despertando la indignacin y la ira de los
brbaros negreros y de los odiosos esclavistas que  toda costa queran
sostener en una democracia la gangrena de la esclavitud.

Se intent procesar  la noble novelista en nombre de las leyes,
puesto que las leyes autorizaban la existencia de esclavos en la
gran Repblica. Sin embargo, no se llev adelante la persecucin.
Los tribunales hubieran absuelto  la que denunciaba tantos abusos y
crmenes cometidos  la sombra de leyes inhumanos.

Poco despus se public en los Estados Unidos un comentario de la
obra de Enriqueta, con el ttulo de _Clave de la choza de Thom_. Esta
produccin demostraba plenamente que el libro no era parto de una
sensibilidad exagerada ni de una imaginacin enardecida, sino copia
fidelsima de la negra realidad.

En 1853 hizo Enriqueta un viaje con su marido, recibiendo en Inglaterra
una acogida entusiasta y cariosa. Al volver  Amrica public sus
_Memorias felices de tierras extranjeras_, libro en que cuenta sus
impresiones de viaje.

Posteriormente escribi algn otro libro continuando su campaa
contra la esclavitud, como _Dred_ (ltima produccin de la celebrada
novelista) que vi la luz en Boston y Londres en 1856. _Dred_ es una
stira contra la esclavitud, impregnada de cristianismo filantrpico,
de caridad evanglica, de comunicativa sensibilidad como _La Choza de
Thom_.

La influencia ejercida en Amrica por _La Choza de Thom_ es indudable.
Su libro hizo llorar  una generacin; excit el celo de los
abolicionistas, despert la dormida caridad de los indiferentes y
estremeci  los tiranos de la raza oprimida. Los hroes que doce aos
ms tarde rompieron en cien batallas las cadenas de la esclavitud,
recordaran en el fragor del combate las lgrimas que haban escaldado
sus mejillas al leer _La Choza de Thom_. Qu americano exista que
no hubiera ledo, y leyndolas, llorado, las desventuras del negro
maltratado y perseguido?

Enriqueta Stowe deja un envidiable nombre literario y una memoria digna
de respeto.

Su obra capital ser leda siempre con verdadera emocin, y har
ruborizar  los descendientes de los esclavistas, no hasta la cuarta,
sino hasta las ltimas generaciones.

La raza de color debe una estatua  Enriqueta; y con estatua  sin
ella, le debe una inmensa gratitud.




CASTILLA


El general peruano Ramn Castilla naci en la provincia de Tarapac por
los aos 1796  1797. En su juventud perteneci al ejrcito espaol en
clase de oficial, como otros jvenes americanos que adquirieron en las
filas realistas los conocimientos militares que luego aprovecharon en
servicio de la Independencia.

Los ejrcitos de Espaa en sus colonias de Amrica se nutran
generalmente de reclutas indios, sobre todo en pocas normales;
haba tambin soldados espaoles, pero stos en escasa minora. Los
oficiales eran de raza espaola, tanto criollos como peninsulares,
unos y otros sirvieron lealmente  Espaa, subsistiendo aun hoy
en la pennsula jefes retirados, generales distinguidos y hombres
pblicos, nacidos en el Per  en Mjico, en Nueva Granada  en el
Plata, en Chile  Venezuela, en Guatemala  las Antillas. Muchos de
ellos han desaparecido, en Espaa, ocupando los ms altos puestos en
la gobernacin y en la milicia, en las letras y en la Iglesia. No es
posible que los citemos  todos ni eso responde  nuestros objeto;
slo diremos que los generales don Manuel de la Concha (marqus del
Duero), don Jos de la Concha (marqus de la Habana), don Antonio Ros
de Olano (marqus de Guadeljel), don Luis y don Fernando Fernndez de
Crdova (marqueses de Mendigorra), don Juan Zavala (marqus de Sierra
Bullones), don Juan de la Pezuela (conde de Cheste), el clebre general
Narciso Lpez ajusticiado en Cuba, el almirante Topete, el cardenal
Moreno, el poeta Ventura de la Vega y otros mil, haban nacido en las
colonias de Amrica. Todos estos personajes eran nios cuando empez la
guerra de la Independencia americana; pero otros americanos que haban
nacido en el siglo precedente, que se batieron por Espaa y que en
Espaa han muerto, ocuparon tambin brillantes posiciones en la madre
patria, distinguindose con especialidad en las letras, las armas  la
poltica desde 1824 hasta que el tiempo los ha ido acabando poco  poco.

Pero hemos dicho que algunos, entre ellos el general Castilla, optaron
en la hora crtica por la causa americana. Su amor  la Patria y  la
libertad fu ms poderoso que sus compromisos con la metrpoli, que
su afecto  la tradicin, que su fidelidad  un rey malvado y perjuro
como Fernando VII. El rey, que era entonces el smbolo de la unidad
nacional, fu traidor  lo que l mismo personificaba; los hombres
dignos estaban relevados para con l de todo compromiso. Los militares
que, siendo americanos, se decidieron sin vacilaciones por la causa de
la Independencia, fueron sin duda los ms cuerdos y los ms patriotas.

Castilla era capitn cuando abraz la causa de la Independencia,  la
que le arrastraban de consumo el sentimiento patrio, los principios
liberales y su dignidad de hombre. Pudiendo ser ciudadano cmo haba
de ser vasallo?

El 9 de diciembre de 1824,  las rdenes de Sucre, tom parte en la
gloriosa batalla de Ayacucho que puso fin  la dominacin de Espaa
en el Per y en Amrica. En el ejrcito peruano ascendi luego 
mayor, comandante y coronel, figurando activamente en la poltica de
su pas desde 1831. En la guerra civil de 1834 ascendi  general de
brigada. Despus de las batallas de Yanacocha y Socabaya, perdidas por
l en 1835, emigr  la Repblica chilena. En 1839 se encontr en la
batalla de Junga como general de divisin de las tropas de Gamarra,
contribuyendo mucho  la victoria.

El general Castilla fu ministro de Hacienda. Ms tarde, en 1845, fu
elegido presidente del Per. En tan elevado puesto mereci bien de
su patria y de la humanidad, aboliendo la esclavitud de los negros.
Devolver su libertad  30,000 esclavos: he aqu el timbre de gloria
del general Castilla. Hizo ms: suprimi el injustsimo tributo que
dos millones de indios pagaban todava  los que, en plena repblica,
seguan siendo sus seores.

Castilla supo mantener el orden, aument la marina peruana dotndola
de vapores y organiz la Hacienda fundando el crdito nacional, que
antes de su mando no exista. Suprimi la pena capital por delitos
polticos, y aunque subsisti para crmenes comunes, jams quiso firmar
una sentencia de muerte.

En la poca de su mando se mejoraron las costumbres pblicas, pues, l
daba ejemplo de respeto  las leyes, de sinceridad electoral y de amor
 todas las libertades.

Firm tratados con otras repblicas de Amrica, extendi la influencia
del Per en el exterior, impuls los progresos industriales en el
interior y mejor la organizacin del ejrcito peruano.

Los primeros ferrocarriles peruanos se deben  la iniciativa
inteligente del general Castilla, que para construrlos se asoci  un
capitalista chileno muy acaudalado y muy amigo suyo[6].

       [6] Don Pedro Gonzlez de Candamo.

En 1858 fu elegido nuevamente para la magistratura suprema del Estado,
habiendo sido presidente de la Repblica por espacio de catorce aos en
el transcurso de su larga y provechosa vida poltica, una de las ms
gloriosas del Per.

En 1867,  la edad de 70 aos cumplidos, se puso al frente de una
rebelin. El acto ha sido juzgado con dureza.  nosotros slo nos toca
decir que lo pag muy caro, pues le cost la vida: sucumbi en el campo
de batalla.




LAMAR


El general Jos Lamar naci en Guayaquil en 1778. Era, pues,
ecuatoriano; mas en aquel tiempo el Ecuador no exista como
nacionalidad particular, sino como parte integrante del Per.

En su niez fu Lamar  Madrid en compaa de su pariente el doctor
Cortzar, que haba de ser ms adelante oidor en la audiencia de Bogot
y regente de Quito.

En Espaa ingres Lamar en el ejrcito desde su primera juventud,
habiendo ido con su regimiento al Roselln con motivo de la guerra
declarada por todas las monarquas de Europa  la primera Repblica
francesa.

Los ejrcitos de la Repblica se cubrieron de gloria en todas las
fronteras y las ensancharon con sus triunfos; pero en el Roselln
encontraron un adversario digno de medirse con los caudillos
revolucionarios, en el ilustre general Ricards, gaditano clebre y
militar instrudo con quien aprendi Lamar el arte de la guerra.

Al terminar la campaa del Roselln, era Lamar capitn del regimiento
de Saboya que aun existe en Espaa.

Tom parte despus el joven ecuatoriano en la guerra de la
independencia sostenida por los espaoles contra los ejrcitos
imperiales de Napolen I, habindose encontrado en el memorable sitio
de la inmortal Zaragoza, donde fu herido de mucha gravedad.

Restablecido ms tarde y ascendido  coronel, sirvi  las rdenes
del general Blake en la campaa poco feliz que sostuvo ste en la
regin valenciana. Lamar se distingui mandando una columna de 4,000
combatientes; pero comprendido en la capitulacin del 9 enero de 1812,
tuvo que rendirse al general Suchet y fu llevado prisionero  Francia.

Destinado al depsito de prisioneros establecido en Dijn, se neg 
empear su palabra de permanecer en la ciudad, lo que oblig  los
franceses  encerrarle en un castillo. Un realista francs, enemigo
de Bonaparte y de la Revolucin, le proporcion los medios de fugarse
y pudo Lamar al cabo de algn tiempo ganar la frontera suiza. Despus
atraves toda Italia, embarcndose en Npoles con rumbo  la pennsula
en un barco ingls de guerra.

Desembarc Lamar en la ciudad de Cdiz cuando ya los franceses haban
evacuado el territorio espaol. Se dirigi  Madrid, donde Fernando VII
recompens sus servicios ascendindole al generalato y destinndole
 Lima, como l solicitaba. Lamar llego  Lima con el propsito de
conciliar las tendencias separatistas de los americanos y los llamados
derechos de la metrpoli. Amaba la libertad, la independencia, el
derecho y la justicia; pero senta gran respeto  Espaa y no quera
una ruptura completa; sus aspiraciones eran ya irrealizables, pues dada
la situacin de las cosas, el estado de los nimos y la sangre vertida
por unos y por otros, aflojar los lazos entre Espaa y Amrica era lo
mismo que acelerar el momento de la emancipacin. Lo que pretenda
Lamar hubiera sido bueno, poltico, oportuno, sesenta aos antes; en
1815 era imposible y absurdo.

As lo comprendi por fin el ilustre ecuatoriano, decidindose con
resolucin por la libertad de Amrica. El soldado de la independencia
espaola, tambin lo fu de la independencia peruana. Tard mucho en
decidirse, pero su concurso fu precioso.

El Per independiente quiso premiar los servicios de Lamar, que bien
lo merecan; al efecto le hizo donacin de una riqusima hacienda, que
haba sido embargada  un espaol; pero Lamar slo acept el donativo
para devolver la hacienda al dueo despojado. Era ste adversario suyo,
enemigo de la Independencia, persona poco estimada en el pas; pero
Lamar tena un corazn generoso y di muestras de un desprendimiento
digno de alabanza.

Lamar se mezcl posteriormente en sucesos polticos de los que agitaron
el Per, vindose obligado  emigrar y emigrando para no volver. Muri
en San Jos de Costa-Rica en 1830.

Pero los despojos del gran mariscal Lamar no podan perderse lejos del
Per. En 1834 autoriz la Convencin nacional al Poder ejecutivo para
trasladarlos con decoro desde la Amrica central al cementerio de Lima,
y se oper la traslacin en 1845, siendo jefe del Estado peruano el
benemrito general Castilla.




[Ilustracin]

SUCRE


Declaramos sinceramente que hemos vacilado antes de resolvernos 
inclur  Sucre en esta galera.

Figuran en ella las celebridades americanas de segundo orden, los
personajes clebres cuya nombrada no siempre sale de los lmites de
una nacin, los que pueden ser olvidados y aun desconocidos.

Pero quin no conoce al hroe legendario de Ayacucho?

Si hemos omitido los grandes hombres como Wshington, Bolvar, San
Martn, Lincoln y Jurez, personajes histricos de fama imperecedera,
no debiramos hacerlo mismo con el gran mariscal Sucre?

Todas las figuras que hemos bosquejado son justamente clebres; pero no
todas en el mismo grado. La celebridad de un Hmilton, que es grande en
los Estados Unidos, se desvanece y pierde antes de llegar al Ecuador;
la de Lamar, que es grande en el Ecuador, Bolivia y el Per, apenas
alcanza  Mjico; la de Bilbao, tan considerable en Chile y aun en la
Argentina, quiz no llegue  Colombia, Honduras y Guatemala. Pero
dnde no resplandece con destellos vvidos la gloria inmortal de Sucre?
Dnde est el americano que desconozca al hroe? Cundo habr una
generacin tan ingrata que le olvide?

Por eso hemos vacilado antes de resolvernos  dedicarle un captulo,
decidindonos al fin una consideracin: la de que nunca sern bastantes
los aplausos que se le tributen ni las maldiciones que se lancen contra
sus cobardes asesinos.

Sucre naci en Cuman (Venezuela) en 1793. Se alist en 1810 en las
filas patriotas y se bati  las rdenes del general Miranda. Vencido
ste por los espaoles, combati al lado de Nario. En 1813 era Sucre
teniente coronel y peleaba  las rdenes del inmortal Bolvar.

Los futuros vencedores de Ayacucho y de Junn se estimaron desde el
punto que se conocieron. Tal vez adivinaron que haban de vivir juntos
en la historia, como inseparables colaboradores en la obra magna de la
independencia. La amistad de los hroes no se quebrant jams.

Los hechos de armas de Sucre, sus esfuerzos por organizar los mejores
ejrcitos que Amrica tuvo entonces (y nunca los ha tenido despus
superiores ni aun iguales), sus privaciones, peligros, contratiempos
en una guerra feroz de catorce aos, todos los sacrificios; todos los
reveses, todos los triunfos que logr en sucesivas campaas, son hechos
que pueden ser detallados por sus bigrafos, pero no caben en este
ligero apunte. Slo diremos que sus victorias como sus derrotas, sus
acciones de guerra como sus planes de organizacin y de campaa, sus
servicios militares y sus mritos cvicos, todo ello aparece oscurecido
y en segundo trmino ante el resplandor que despiden las esplndidas
victorias de Pichincha y Ayacucho, en las cuales se cubri el general
Sucre de inmarcesibles coronas de laurel.

En Pichincha mostr Sucre todo el valor de su genio militar. En
Ayacucho puso feliz remate  la dominacin de Espaa en el Nuevo Mundo.
La primera de estas dos batallas fu decisiva por lo que influy en la
suerte de la guerra. La segunda tiene una importancia histrica por
nadie desconocida.

Desde el punto de vista militar, Pichincha vale ms  tanto como
Ayacucho; pero considerada desde el punto de vista poltico 
histrico, la de Ayacucho es la victoria ms trascendental del siglo
XIX.

De todas maneras, los militares europeos ( la verdad no muchos) que
se dedican  estudiar las guerras americanas, de lo que se asombran
no es de las batallas y de las victorias que han inmortalizado  los
caudillos de Amrica, sino de sus marchas increbles, de aquellas
penosas  inverosmiles jornadas por cordilleras abruptas, desiertos
sin caminos, sabanas sin recursos y selvas seculares. Bolvar, Sucre y
San Martn, con ms motivo que Napolen el Grande, pudieron felicitarse
y enorgullecerse de tener soldados que pasaban ros sin puentes,
marchaban sin zapatos, vivaqueaban sin raciones y sin aguardiente,
combatan con los elementos y con los enemigos. Los generales de la
independencia americana hicieron ms en los Andes y en las pampas de la
Amrica del Sur, y con ms xito, que Anbal en los Alpes  Napolen en
las estepas rusas, llanuras heladas que fueron la tumba de su ejrcito.

El 24 de diciembre de 1824, en los campos de Ayacucho, se rindi
 Sucre el general La Serna, ltimo virrey del Per, quedando
prisioneros con el virrey los generales Canterac, Valds, Carratal,
Monet y Villalobos, gran nmero de jefes y oficiales y ms de 2,000
soldados. Estos ltimos, casi todos indios, ingresaron en el ejrcito
libertador; los generales, jefes y oficiales, as los peruanos como
los peninsulares, despus de estar algn tiempo en diferentes pontones
fueron enviados  la Pennsula con todo el respeto y consideracin
debido  la desgracia.

El general Rodil con un puado de hombres se sostuvo todava algn
tiempo en la plaza del Callao, no con esperanza de xito ni con
ilusiones imposibles, sino por el honor de las armas y el lustre de la
bandera.

El Alto Per, que  Sucre deba su libertad, se constituy en Repblica
adoptando el nombre de Bolivia que todava conserva. Sucre fu
elegido presidente.

En 1828 renunci tan alto puesto, que solamente le haba producido
sinsabores, y regres  su patria.

En ella no fu tampoco feliz: el hroe de Ayacucho, el gran mariscal,
el hombre que haba cosechado ms puros y legtimos laureles, muri
villanamente asesinado en la provincia de Pasto el da 4 de junio de
1830.

Que caiga la maldicin de la historia sobre los aleves mercenarios que
atentaron  su preciosa vida, pero ms duramente sobre los infames 
quienes servan de vergonzoso instrumento!

La memoria de Sucre no puede perecer: es doblemente sagrada para los
hijos de Amrica, pues fu mrtir despus de haber sido hroe; fu
bueno despus de haber sido grande; fu generoso con los vencidos,
justo con los redimidos y magnnimo con los rebeldes.

    Gloria  Sucre!




WALKER


Este americano clebre de nuestros das forma un contraste violento con
el anterior. Sucre, que le precede en nuestra galera, fu un defensor
de la justicia, un soldado de la libertad, un hroe de la patria.
Walker no es otra cosa que un osado aventurero sin ms ideal que la
codicia. Para l no haba gloria si no haba utilidades, prefiriendo
en todo caso la rapia  los laureles. Si vamos  bosquejar su figura,
no es para tributarle aplausos que no merece ni para honrar su memoria
que es bien poco ejemplar, sino para marcarlo con afrentoso estigma por
perturbador de pueblos y victimario de hombres.

Las glorias militares, los nombres de los guerreros, las batallas
histricas y trascendentales deslumbran  los pueblos y resplandecen en
las pginas de la universal historia; pero es con la condicin de ser
glorias legtimas, de ser nombres honrados, de ser batallas libradas
por causas dignas y justas.

Las guerras promovidas por el inters  la ambicin de reyes  de
pueblos, no son legtimas nunca; las que tienen por fundamento la
ruindad  la audacia de un caudillo, no pueden ser gloriosas; no
hay ms guerras gloriosas que las guerras justas, y nicamente son
justas las que sostienen los pueblos en defensa de su libertad, de su
independencia y de su honor.

Las guerras de conquista pueden ser en algn caso gloriosas, no por las
hazaas de los conquistadores, sino por los beneficios que produzcan
 la civilizacin, al progreso y  la humanidad. En muchas ocasiones
son los conquistados los ms favorecidos. La humanidad tiene derecho 
poseer el mundo,  estirpar la barbarie donde exista y  destrur las
barreras que oponga la ignorancia  la fraternidad.

Pero Walker no intent abrir ninguna puerta al comercio, ni destrur
valladares que se opusieran  la civilizacin, ni romper cadenas de
esclavos que no existan, ni librar  Centro-Amrica de tiranos y
dspotas odiosos. No fu ms que un atrevido y audaz filibustero, con
ideales mezquinos si es que los suyos merecen el nombre de ideales.

Guillermo Walker naci en los Estados Unidos (Tennessee) en 1824. Se
educ en Alemania, donde no se distingui por sus talentos aunque s
por sus puos. Cuentan que descalabr  muchos estudiantes alemanes.
Su carcter inquieto le impuls  viajar, sin que los aos le hicieran
menos turbulento ni modificaran su genio dscolo y emprendedor.

Intent conquistar el departamento mejicano de Sonora, mas fu vencido
por los mejicanos.

Despus alist 10,000 filibusteros, con los cuales fingi que se
propona conquistar la Isla de Cuba; pero el nublado cay en el
continente, en la Amrica Central. Nicaragua fu la vctima de la
osada de Walker, pues desembarc en las costas de esa pacfica
Repblica en 1855.

Walker y su gente cometieron sin pudor todo gnero de tropelas,
sembrando el terror y la desolacin en campos y ciudades. Hombres sin
fe y sin vergenza, no respetaban las leyes ni las costumbres ni la
religin de Nicaragua. Cmo haban de respetar la conciencia de los
habitantes si ellos no la tenan?

La empresa filibustera de Walker no fu nica, pues habindole salido
bien la de 1855, organiz una segunda aprovechando la ocasin de una
ruptura entre Nicaragua y Costa Rica. Intervino entonces el gobierno
de los Estados Unidos, siendo Walker detenido en Punta Arenas por el
comodoro norte americano _Paulding_. Conducido  su patria en calidad
de preso, fu puesto en libertad por el gobierno y aun agasajado por
sus amigos y sus admiradores. No dndose por vencido ni cejando en su
empresa, organiz una tercera expedicin para su soada y quimrica
conquista.

Desembarc en Trujillo el 6 de agosto de 1860, y emprendi una campaa
que fu la ms penosa de las suyas, demostrando en las adversidades y
los riesgos un temple digno de ms justa causa.

Arrostr toda suerte de penalidades, fu herido en una pierna y en la
cara en uno de los encuentros, se vi perseguido como una fiera por
selvas, desiertos y pantanos, y al fin se rindi al general hondureo
don Mariano lvarez, que le hizo fusilar  principios de septiembre.

As termin su vida el filibustero Walker.

Este hombre sin creencias se haba convertido antes al catolicismo,
creyendo que de este modo le sera ms fcil obtener la eleccin de
presidente en una repblica centroamericana.




FRANCIA


El clebre dictador del Paraguay Jos Gaspar de Francia es uno de los
tipos ms notables que ha presentado Amrica. Su figura es una de
las ms siniestras; pero bajo cierto aspecto ha sido poco estudiada.
No somos los llamados  hacer ese estudio histrico-crtico que se
echa de menos sobre el doctor Francia, pues semejante tarea nos hara
rebasar los lmites que aqu nos hemos trazado. Slo diremos que,
sean cualesquiera los juicios que en adelante se emitan acerca de tan
singularsimo hombre, ste no se rehabilitar ni dejar de tener una
pgina sombra en la historia americana.

Como dice un escritor, la figura sangrienta de este personaje aparece
ennegrecida por hechos de crueldad semejantes  los de Tiberio. Su
dictadura slo acab con su vida, pues gobern hasta su muerte la
Repblica del Paraguay en la que fu un verdadero monarca, un rey
absoluto, indiscutible, punto menos que sagrado. Educado el pueblo
paraguayo por misioneros jesutas, se hallaba en tal situacin de
inferioridad y atraso que la dictadura poda ser necesaria  raz de la
independencia; pero una dictadura moderada, benevolente, civilizadora,
ejercida con ilustracin y con templanza, no con sanguinario despotismo
como el que hizo de Francia un esbirro y un inquisidor, un tirano y un
verdugo.

Qu beneficios produjo su larga y terrible dictadura?

La de convertir al Paraguay en un silencioso cementerio y en un borrn
para la Amrica libre.  la muerte de Francia, la Repblica no haba
dado un paso por la va del progreso; y el valiente pueblo paraguayo,
desangrado, fanatizado, anmico, envilecido, ni tena conciencia de su
ser ni aspiraciones  mejor destino, careca de fuerza y de influencia,
no posea, ms bienestar que el del _orden_... el orden y la paz de
los sepulcros!

Francia recibi la vida en Yaguarn, pueblo de indios, en 1756. Su
padre serva de mayordomo en una hacienda. Sus abuelos haban sido un
paulista y una criolla de Asuncin. Desde nio estuvo en un colegio
dirigido por sacerdotes, donde aprendi latn y teologa, doblez 
hipocresa, vicios y oraciones. Sali del colegio  la edad de veinte
aos ansiando los placeres de la juventud y engolfndose en los goces
de la sensualidad. Sus desrdenes obligaron  su padre  hacerle
salir del Paraguay, envindole  Crdoba donde estuvo encerrado en un
convento.

Era doctor en teologa cuando volvi  su patria, donde entr de
catedrtico en el Seminario; no tard en ser despedido, tal vez por su
conducta que era de mal ejemplo, tal vez por sus ideas antipapistas.
Francia no reconoca ms autoridad ni ms papado que el papado y la
dictadura vislumbrados por l para s mismo en sus noches de insomnio,
en sus delirios de telogo y en sus ambiciones desmedidas.

Aborreci  su padre y al gnero humano todo entero.  su padre le neg
un abrazo cuando estaba en la agona.  los hombres los odiaba; slo
amaba  las mujeres como instrumentos pasivos de sus goces, no con el
sentimiento puro del amor humano, reflejo del divino. Era un misntropo
de la peor especie.

La revolucin americana despert en su pecho, no los sentimientos de
un corazn patriota ni los ideales de un pensamiento libre, sino vagas
aspiraciones de poder absoluto, de un poder sin trabas, sin cortapisas
y sin leyes ni responsabilidades, poder con el cual pudiera satisfacer
sus odios y saciar sus innobles apetitos.

El Paraguay se declar independiente; el poder cay en manos de tres
hombres, de los cuales era Francia el ms inteligente  ms astuto. No
tard en deshacerse de sus colegas y colaboradores, estableciendo su
dictadura personal. Como era consiguiente, no falt quien se quejara,
no faltaron murmuradores y hasta circularon graciosas caricaturas;
mas no se repitieron ni las caricaturas, ni las murmuraciones, ni
las quejas. Los que proferan stas y los autores de aqullas fueron
ahorcados inmediatamente sin formacin de sumaria, sin defensa, sin
contemplaciones.

Este sistema subsisti mientras hubo  quien ahorcar. Todo hombre
que pensaba, que discurra, que conservaba un asomo de esa dignidad
incompatible con el despotismo de una dictadura teolgica y salvaje,
emigr del Paraguay para no ser ejecutado en la horca.

La Iglesia catlica no poda ver con buenos ojos el poder absoluto
de un hombre que anulaba la histrica influencia de los clrigos en
el Paraguay. All donde poco antes el cura lo era todo, ya nadie era
nada: el doctor Francia no consenta rivales ni competidores. l era
el seor, el amo, el dictador; l era rey y papa. Nada tena que
envidiarle al autcrata de Rusia ni  los sultanes de Oriente.

Por eso la Iglesia conspir contra el despotismo del doctor Francia;
pero ste se declar patrono de la Iglesia, oblig  los curas 
casarse y disolvi el cabildo.

Sacerdotes y seglares, hombres y mujeres, nios y ancianos, pagaron
con la prisin y el tormento el descuido de no haberse detenido para
saludar al dictador cuando ste se presentaba en pblico.

En 1819 hizo fusilar  Yegros y  cuarenta ms, slo por la denuncia
de un clrigo que dijo haber sabido por medio de la confesin que
aquellos patriotas conspiraban. Las crceles se llenaron de sospechosos
y  todos se les aplic el tormento. Las vctimas reciban doscientos
azotes diarios, en presencia del doctor, hasta que confesaban  moran.
Montiel muri sin hablar; Caballero se suicid; los ms soportaron el
suplicio por espacio de 18 meses.

En 1821 fueron fusilados 68 infelices. La ejecucin se hizo al pie de
un naranjo secular, frente al palacio de Francia, que presenci el
exterminio de tantos inocentes sin conmoverse ni inmutarse.

Segn dice Machain en sus _Cartas sobre el Paraguay_, el dictador
Francia fusil doce espaoles por delaciones falsas,  por no tener
recursos para pagar las contribuciones arbitrarias que se les
imponan. Los extranjeros no podan testar, pues el Estado se declar
su heredero.  los espaoles, adems, se les inhabilit para servir de
testigos, para ser padrinos en los casamientos y para comerciar. Se les
prohibi tambin que montaran  caballo.

Al principio obligaba el dictador  todos los habitantes  pararse
y descubrirse cuando pasaba l; pero ms tarde orden que cuando l
sala de su palacio estuvieran las calles enteramente desiertas.
Los transentes eran obligados  retroceder y acuchillados si no se
escondan pronto.

El sabio francs Bonpland, amigo de Arago y compaero de Humboldt, que
pretendi hacer estudios en el Chaco, estuvo preso ocho aos por el
singular delito de analizar plantas y clasificarlas. El doctor Francia
no transiga con la ciencia.

Francia no se cas nunca; desterr al cura que cas  su hermano;
fusil  un hombre  su propio cuado! por haberse casado con una
hermana suya. Tal era su aversin al matrimonio!

Segn l, solamente los eclesisticos deban tomar esposa.

Por delitos supuestos  contravenciones insignificantes, hubo personas
y familias que estuvieron presas 17 aos y ms.

Francia no tena ms sociedad que la de su barbero, la de su mdico
y la de un negrito que le serva de bufn, de espa y no sabemos si
de alguna cosa ms. Por cierto que el tal negrito, llamado Pilar,
fu fusilado por haber cometido una equivocacin. Tambin acompaaba
siempre al dictador su perro, que se beba la sangre derramada al pie
de los patbulos.  Sultn, que as se llamaba el perro, no le falt
sangre que beber mientras vivi su amo.

Es imposible saber el nmero de vctimas sacrificadas por el dictador.
Unas veces mandaba fusilar  su escribiente por haber hecho un gesto
involuntario; otras veces, acordndose de un preso  quien tena
con grillos haca veinticinco aos, le mandaba sacar para darle
cuatro tiros. Estos repugnantes crmenes se repetan con frecuencia,
particularmente cuando reinaba el nordeste cargado de humedad, que
exasperaba la neurosis del dspota inverosmil.

El terror de los paraguayos no tena lmites, ni precedente en la
historia universal. Los vecinos de la Asuncin, al despertar por las
maanas (si es que dorman por las noches) se asombraban al encontrarse
vivos. Y esto dur muy cerca de treinta aos!

El doctor Francia muri el 20 de septiembre de 1840,  la edad de 84
aos. _Su muerte fu sentida_, escribe el seor Decoud en su libro _La
Atlntida_; sentimiento que prueba la gratitud de los supervivientes,
convencidos como deban de estar en su degradacin de que eran deudores
de la vida al que hubiera podido arrancrselas  todos con un solo
gesto y sin ninguna responsabilidad.

Los funerales del dictador fueron pomposos; el pueblo asisti en masa,
llorando como si hubiera perdido un bienhechor; muchas personas dudaban
que hubiera muerto, esperando  lo menos que resucitara. No haba sido
un verdadero Dios?

El sacerdote encargado de su panegrico tuvo la avilantez de decir
estas palabras:

    No poda suceder nada ms triste que lo que nos rene en este
    templo. Desde los primeros das de su enfermedad, entr el pueblo
    en grandsimos temores, vindose amenazado de la prdida de tan
    grande bien. Por fin, el clamor de la campana que anunciaba
    la fatal noticia, pareci una voz articulada, pues las gentes
    corrieron  la casa de gobierno, y el llanto universal...

                *       *       *       *       *

    Estoy en la firme inteligencia de que, si las prisiones hubieran
    sido suficientes para la seguridad del Estado, no hubiera tomado el
    partido de pasar por las armas  tantos y tantos reos...

                *       *       *       *       *

    Julio Csar y Octavio Augusto no fueron ms dignos de la memoria
    de los romanos que nuestro Dictador de la de los paraguayos... etc.

El doctor Francia ha dejado una memoria aborrecible; sus crmenes son
odiosos, y las maldiciones de sus vctimas no son bastante castigo
 su perversidad: necesario es que reciba la maldicin eterna de la
historia, figurando en la picota sangrienta por los siglos de los
siglos.




LOS DOS LPEZ


Si no hubiera existido el doctor Francia, los dos Lpez que fueron
ms tarde presidentes del Paraguay figuraran en la historia como
dos tiranos. Sin embargo,  los habitantes del pas debi parecerles
benigna  ilustrada la dictadura de estos hombres, si la compararon con
la del monstruo que les haba precedido.

Carlos Antonio Lpez haba nacido en 1801 y era joven todava cuando
ascendi al poder. Impuls las mejoras materiales, como caminos,
puertos, edificios escolares, etc., no descuidando tampoco la creacin
de un ejrcito y la de una escuadrilla nacional. Construy varias
obras de defensa, como si previera la invasin, aunque el Paraguay es
casi inaccesible. Contribuy al desenvolvimiento de la ganadera en
particular, de la agricultura en general, y del comercio. Continu la
poltica del doctor Francia en sus relaciones con los extranjeros,
aunque sin sus crmenes odiosos, y fu reelegido presidente mientras
dur su vida. Era, pues, un dictador vitalicio, y aun debi de creer
que sus poderes polticos y administrativos eran hereditarios como los
de los reyes, pues transmiti la presidencia  jefatura del Estado 
su hijo Francisco Solano Lpez en un testamento original, mstico,
absurdo, por medio del cual fundaba al parecer la dinasta de los Lpez.

No obstante lo que hemos dicho, el presidente Lpez celebr algn
tratado de comercio con las naciones extranjeras, aunque no con muchas.
Como doctor, comprenda la conveniencia de hacer entrar al pas en
relaciones con los otros pueblos; como paraguayo, influido an por las
mximas perniciosas del doctor Francia, tema el contacto disolvente
de otros pueblos ms adelantados, y ms adelantados eran los pueblos
vecinos.

El doctor en cnones y en jurisprudencia Carlos Antonio Lpez,
dictador del Paraguay, dej de existir en 1862, sucedindole en su
alta magistratura su hijo Francisco, hombre que ha dejado memoria
imperecedera.

Francisco Solano Lpez haba nacido en la Asuncin en 1827. Se haba
educado en Pars, de donde regres muy joven an al Paraguay. Al lado
de su padre tom parte desde luego en los negocios pblicos y tuvo que
hacer un viaje  Europa (1853) para ratificar los tratados de comercio
coucludos por el Paraguay con Inglaterra, Francia y Cerdea.

 su vuelta al Paraguay le nombr su padre ministro de Guerra y Marina.

En 1862 muri su padre, nombrndole heredero de su alta magistratura.
Entonces fu proclamado presidente por la mayora del Congreso, que as
ratific la extravagancia del presidente difunto.

Sus relaciones con los gobiernos vecinos fueron desde el principio algo
tirantes, dando por resultado en 1865 una declaracin de guerra al
Paraguay que firmaron colectivamente el Brasil, la Repblica Argentina
y la del Uruguay. Estas naciones manifestaban que no hacan la guerra
al pueblo paraguayo, sino al tirano Lpez.

Sin embargo, el ejrcito y el pueblo se identificaron con el dictador
y sostuvieron la guerra con singular bravura. Los combates fluviales
y terrestres, generalmente mortferos, pusieron muy alta la fama de
herosmo de los paraguayos. Ni sus lanchas caoneras retrocedan una
braza ante los acorazados brasileos, ni sus batallones cedan el campo
 fuerzas superiores mientras tenan cartuchos. Victorias y derrotas
fueron igualmente honrosas para los hroes paraguayos. Quiz no se haya
visto desde los tiempos homricos una lucha ms porfiada y tenaz. Lpez
estuvo  la altura de las circunstancias, batindose en todas partes
y todos los das y siempre con un arrojo verdaderamente inconcebible.
Jur morir por la patria y supo cumplir su juramento: perdi la vida en
uno de los ltimos combates (1870).

El pueblo se mostr digno de aquella heroica epopeya. El Paraguay en
masa lidi con herosmo. Hombres y nios, ancianos y mujeres tomaron
parte en la lucha. En sus postrimeras haba coroneles de 20 aos y
capitanes de 15 y aun soldados indios de 70, que se dejaban matar antes
que entregarse prisioneros, diciendo estas palabras que todos tenan
siempre en los labios y las cumplan:

    Un paraguayo no se rinde.

Frase que pudiera ser el lema del escudo paraguayo, una vez que est
justificada por hechos repetidos y notorios.

Al fin triunfaron los ejrcitos de la triple alianza, pero fu despus
de una de las guerras ms porfiadas y rudas de la historia. El Paraguay
qued vencido, cuando ya no tena soldados ni hombres tiles; su
poblacin se redujo  una quinta parte de la que exista antes de la
guerra, esto es,  300,000 personas entre mujeres, nios, viejos 
invlidos.

La ruina, por otra parte, fu completa. Cara pag el pas su adhesin 
los dspotas y su incalificable sumisin al poder personal de Francia y
de los Lpez.

El ltimo de stos, sin embargo, ser citado siempre como acabado
modelo de tesn y de energa. Fu un tirano sin duda, pero tambin un
hombre. Su personalidad tiene rasgos y perfiles propios que la harn
sobresalir en la historia americana. Si se pierde  veces la memoria
de un gobernante sabio y justo, solo por no haber sido grande, no se
pierde jams la de un carcter, sea cualquiera su obra, quiz porque no
abundan los grandes caracteres.

Con la muerte de Lpez y las influencias extranjeras entr por fin la
Repblica en el rgimen constitucional, marchando con lentitud, pero
con paso firme, por la senda del progreso.




CALDAS


El sabio colombiano Francisco Jos de Caldas naci en 1770 en Popayn,
capital hoy del Estado del Cauca, uno de los de Colombia. Fu botnico,
fsico, gegrafo y astrnomo. Le distinguan con su amistad los sabios
europeos y escribi un prefacio para la _Geografa de las plantas_ del
barn de Humboldt.

Entre las obras de Caldas, bien conocidas y apreciadas por los amigos
de la ciencia, figura la Memoria publicada en 1807 con el ttulo de
_Estado de la geografa del virreinato de Santa Fe de Bogot, con
relacin  la economa y al Comercio_, trabajo que supone dotes nada
comunes de aplicacin, de saber, de constancia y de carcter. Mucho
tesn y excesiva laboriosidad necesit poseer el que termin con xito
aquel trabajo difcil, que todava se consulta con provecho.

Caldas fund y dirigi el _Semanario de Nueva Granada_, peridico tan
original como acaso no lo haya sido ninguna publicacin redactada en
nuestra lengua.

Escribi una obra titulada _Fotografa del Ecuador_, que se ha perdido
para siempre. La temprana muerte del autor y la desaparicin del
manuscrito, son dos desgracias que nunca habrn llorado bastante los
amigos de la ciencia.

El malogrado Caldas muri fusilado en Bogot el 29 de octubre de 1816.
Cuando le notificaron la sentencia, pidi un plazo que necesitaba para
rectificar  comprobar ciertos importantes clculos cientficos. El
plazo se le neg, y fu ejecutada aquella sentencia inicua.

Hablando de Caldas, dice un escritor contemparneo suyo: Sabio como
Arqumedes, justo como Arstides, abnegado como Focin, severo como
Platn cuando soaba en su utopa, nos ha dejado su ejemplo como
leccin, su sangre como ofrenda en el altar de la patria, su muerte
como _inri_, si no para Espaa, para los tenientes  quien la metrpoli
tuvo el desacierto de confiar su honra.

Muri cuando tena 46 aos, cuando era todava una esperanza al mismo
tiempo que una realidad.

Otro americano ha escrito sobre Caldas lo que copiamos  continuacin:

    ... La poca ms dichosa de la vida de Caldas fueron los aos
    en que goz de la plena y pacfica posesin del Observatorio de
    Bogot. Digno sacerdote de la divinidad tutelar de aquel santuario
    elegante, consagrado fervorosamente  su culto, pasaba all la
    mayor parte del da con sus libros, con sus instrumentos,  con la
    pluma en la mano, en las diversas tareas cientficas  que se haba
    dedicado: pasaba all tambin parte de la noche si el estado del
    cielo era favorable para las observaciones astronmicas; y all
    le amaneca, tras de pocos ratos de inquieto sueo en su catre de
    camino, cuando as lo demandaba la circunstancia grave de algn
    notable fenmeno celeste. Un pariente inmediato y dos  tres amigos
    ntimos, incapaces de abusar de su confianza, y algn jovencito que
    reciba de l lecciones de matemticas, eran las nicas personas 
    quienes franqueaba sin disgusto la entrada de aquella su habitual
    residencia, en que el espritu de orden todo lo regulaba y el menor
    acto de perturbacin era un crimen...

Y un hombre as fu fusilado por perturbador?

Los perturbadores de la paz pblica son los tiranos. Con sus tiranas
hacen imposible todo bienestar. Los que hicieron de un obrero de
la ciencia un mrtir de la Revolucin, los que saciaron su saa
sacrificando al sabio ilustre que sin duda era inocente, los que no
perdonaron ni el saber ni la virtud, slo consiguieron precipitar su
ruina, deshonrarse ante el mundo y ser condenados  su vez  oprobio
eterno por el tribunal inapelable y justo de la Historia.




CRDOBA


El general colombiano Jos Mara de Crdoba, uno de los hroes ms
simpticos de la guerra de la Independencia, naci el ltimo ao del
siglo XVIII, esto es, en 1800. Desde nio se alist en las fuerzas
de la patria, como oficial de una expedicin organizada en Hait. La
batalla de Boyac le vali los galones de teniente coronel; contaba
entonces 19 aos. Operando con sus tropas independientemente, es decir,
lejos del mando y de la vigilancia de Bolvar, llev  cabo repetidos
hechos de bravura que le conquistaron buen renombre y merecida
popularidad. Los laureles parecen ms brillantes en frentes juveniles,
y no haba colombiano partidario de la independencia que no se
complaciera enalteciendo  Crdoba, refiriendo sus hazaas y ponderando
sus mritos.

Despus de las gloriosas campaas de Colombia que despertaron la
admiracin y el entusiasmo pblicos, fu destinado Crdoba  la
expedicin del Ecuador. Militando  las rdenes de Sucre, en 1821 y
1822, fu el primero que plant la bandera colombiana en la plaza de
Quito, hazaa que le vali el ascenso  general de brigada.

Bolvar le encomend poco despus la direccin de la campaa de Pasto,
donde cosech nuevos laureles poniendo el ltimo sello  su reputacin
de soldado valeroso y general perito.

No es necesario, ni siquiera posible, hacer la biografa detallada
ni insertar ntegra la hoja de servicios del bravo militar que nos
ocupa. Slo diremos que se bati constantemente, desde edad temprana,
hasta el triunfo definitivo de las armas de Colombia. En la batalla de
Ayacucho mandaba una divisin, cuando an no tena 25 aos. Se puede
asegurar que la divisin de Crdoba, apoyada por la caballera, decidi
el xito de la histrica batalla. Aquel da pronunci el valiente y
entusiasta Crdoba una frase que es clebre en Amrica: al recibir del
general Sucre la orden de atacar, se volvi  sus columnas y di estas
voces de mando:

    Batallones... de frente... armas  discrecin...; _paso de
    vencedores!_

Los soldados prorrumpieron en entusiastas vivas  su general, tomando
las posiciones  la bayoneta.

Cuando entr Bolvar en el Cuzco y esta ciudad le regal una preciosa
corona de oro y pedrera, Bolvar contest que la aceptaba para el
general Crdoba... Y en efecto, se la entreg al hroe de Ayacucho... Y
ste  su vez la destin  su ciudad natal, una ciudad de Colombia que
se llama Ro Negro, situada  orillas de un ro del mismo nombre que va
 desaguar al Magdelena.

Terminada la guerra del Per volvi Crdoba  su patria, no figurando
en la poltica hasta 1828. En esta fecha le nombr Bolvar general de
un ejrcito destinado  reprimir la revolucin de Popayn. Crdoba
acept el encargo, pero Bolvar cambi de parecer y le relev del
mando, cediendo  malvolas insinuaciones. Resentido Crdoba por el
desaire, cometi el error de justificar con su conducta la desconfianza
del Libertador. En efecto, se uni  los sublevados; pero fu batido
en un encuentro, cay prisionero de los bolivaristas y pereci
miserablemente asesinado por un ingls llamado Ruperto Hand. Triste fin
de una existencia gloriosa.

Lstima grande que la poltica de pandillaje, el pesimismo, el
despecho, lanzaran por peligrosas vas al hombre que era ya una gloria
legtima de Amrica antes de cumplir sus 30 aos.




MORAZN


En las cinco repblicas centro americanas se conserva fresca la
memoria de este hombre pblico, de este mrtir de la Federacin, de
esta simptica figura de la Amrica central. Pocos lucharon tanto como
l por la unin federal de Centro Amrica, esa idea salvadora que
ha de convertir  las naciones centro americanas en una esplndida
Federacin. Guatemala, Salvador, Honduras, Costa Rica y Nicaragua,
tienen poca importancia cada una de por s; carecen de influencia
en los destinos del mundo; pesan poco en el equilibrio americano.
Pero unidas las cinco repblicas bajo una sola bandera, enlazadas
polticamente por un pacto federal, sumadas sus fuerzas que todas
juntas son considerables, resultara la ms bella de la federaciones
amrico-latinas.

Los Estados Unidos Centroamericanos distaran de tener la poblacin de
Mjico; pero la tendran mayor que Colombia  Venezuela, casi igual 
la que cuenta hoy la Repblica Argentina. De los pueblos unitarios,
ninguno igualara  la Unin de Centro Amrica. sta poseera
(adems de sus grandes riquezas naturales, de su ventajosa posicin
entre dos mares y tocando al Istmo, de sus recursos verdaderamente
inagotables) todos los beneficios del sistema federal, que es la ltima
palabra en la ciencia poltica moderna. Repblica federal es miel
sobre hojuelas, como dijo Emilio Castelar en sus buenos tiempos de
propagandista.

No han faltado tentativas, como la de Barrios, para restablecer la
unin de Centro Amrica; pero han sido infructuosas, porque han tenido
carcter de imposicin y violencia; la federacin de varios pueblos
no debe hacerse con la espada, sino con la razn. Es indispensable
que no haya supremacas, que cada pueblo mantenga su autonoma y su
personalidad, que cada cual conserve la gerencia ntegra de los asuntos
propios, determinndose por la ley suprema las atribuciones de la
Federacin.

Morazn personifica la idea federal en Centro Amrica, la aspiracin
ms querida de los patriotas centroamericanos, la unin que jams se
hubiera roto  que ya se hubiera restablecido, sin las suspicacias
mezquinas, los celos infundados, las rivalidades pueriles que
desgarraron la patria.

Naci Morazn en 1799; como hondureo y como liberal, vea con malos
ojos la hegemona de Guatemala; quera la unin verdadera de pueblos
autnomos y libres, no la absorcin ni el dominio ni la confusin; no
la preponderancia de un Estado en detrimento y menascabo de otros.

Ejerci una influencia decisiva y goz de popularidad, especialmente
en Honduras; se distingui por sus dotes militares en las infaustas
guerras civiles de Centro Amrica, habiendo sido uno de los generales
que supieron mostrar su bizarra en todas las ocasiones; fu gobernante
justo, aunque no siempre acertado. Pero con todo, se vi precisado 
hur del suelo movedizo de su patria, ms agitado entonces por las
convulsiones de la poltica y por las sacudidas de la guerra, que por
los huracanes y los terremotos de aquella tierra volcnica.

Emigr  la Amrica del Sur, de donde volvi con escasos elementos
ansioso de restaurar las leyes desconocidas y la unin de la patria
centro americana; mas no habiendo sido secundado, fracas la empresa
del caudillo.

Morazn fu fusilado en San Jos de Costa Rica el da 15 de septiembre
de 1842; tena 43 aos.




ROSAS


El tirano de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas naci en la capital de
la nacin argentina, en 1793. Descenda de una familia espaola rica
en pretensiones,  la cual perteneci tambin el capitn general y
presidente de Chile Ortiz de Rosas, conde de Poblaciones. Esta familia
existe an en Espaa.

El abuelo del tirano Rosas muri en la Pampa, en una expedicin
contra los indios. Casi todos sus parientes fueron partidarios de los
espaoles y regresaron  Espaa cuando se emanciparon las colonias de
Amrica. El futuro dspota fu el nico de los Rosas que se qued en el
Plata.

Dedicado desde nio  las faenas del campo, adquiri la brusquedad de
maneras que suele distinguir  los rurales. Sus hbitos eran duros y
sus instintos salvajes, como formados en las haciendas rsticas del
interior y en una lucha constante con los indios. Puede decirse que en
su juventud no cultiv ms trato que el de los gauchos ni fu amigo
sino de los caballos.

 su trabajo,  su constancia y  su economa, debi la adquisicin de
una modesta fortuna. Esta fortuna, sus antecedentes de familia y su
carcter enrgico, le valieron la confianza de los gobiernos argentinos
empezando por el de Rivadavia. Obtuvo por eso el mando de las milicias
rurales, y en tiempo del coronel Dorrego se le nombr comandante
general de las pampas argentinas.

Escaso de instruccin, no es probable que fuera un federal convencido;
pero estaba agradecido  Dorrego, que era jefe del partido federal, y
supo demostrarle su agradecimiento.

Cuando Dorrego fu vencido por la insurreccin militar del 1. de
diciembre de 1827 y fusilado por el general Lavalle, que era el campen
unitario, Rosas protest en el acto ponindose  la cabeza de sus
milicias y proclamando la restauracin de las leyes, la autoridad
legtima y la rehabilitacin de la memoria de Dorrego.

Sostuvo la guerra contra el general Lavalle hasta que le derroc,
siendo entonces elegido gobernador de Buenos Aires. Rosas gobern tres
aos la provincia, y despus que fu sustitudo conserv el mando
general de las milicias del campo, destinadas  operar contra los
indios   defender las haciendas de sus incursiones.

Entre tanto prosegua la lucha de los federales con los unitarios y
continuaban tambin los motines, asonadas y revoluciones. La provincia
de Buenos Aires, entregada  la anarqua, volvi  confiar su gobierno
al general Rosas.

ste crey que la anarqua se refrenaba con el despotismo, se hizo
investir con los poderes de una dictadura y lleg  ser un verdadero
tirano. Cada vez que expiraban sus poderes resignaba el mando; pero
siempre lo reelegan para supremo jefe y dictador. Cuentan las crnicas
que si algn representante, creyendo de buena fe en la renuncia de
Rosas, daba su voto para gobernante  otro que no fuera l, amaneca
 la maana siguiente asesinado. Diez y siete aos seguidos dur la
farsa de sus reelecciones, desde 1835. Esa poca es la ms triste
en la agitada historia de Buenos Aires, pues Rosas y los suyos no
perdonaban medio de perseguir  los unitarios, siendo incalculable el
nmero de los que fueron ahorcados, fusilados  pasados  cuchillo por
los sicarios viles del tirano. Su misma casa era un centro de odiosa
tirana, donde no haba ms voluntad que la suya y donde se castigaba
rigurosamente la ms mnima infraccin.

Las personas decentes, los hombres dignos, los patriotas desinteresados
tuvieron que emigrar  Montevideo, al Brasil,  Europa,  Chile, al
Per, y dichosos los que lo lograron! Los mismos federales no podan
soportar el espectculo de un pueblo fanatizado por el dictador y
gritando continuamente:

    Viva el restaurador de las leyes don Juan Manuel de Rosas!...
    Mueran los inmundos unitarios!

Lo peor no era el grito casi oficial de _muera_, sino que la muerte
 mano airada, con ventaja, con alevosa, con ensaamiento y con
impunidad, segua de cerca  las voces y  las amenazas.

Una revolucin, triunfante en Monte Caceros, derrib por fin  Rosas
en el mes de febrero de 1852. El dictador tuvo que refugiarse  bordo
de un barco ingls, que le condujo  Southampton. La constitucional
Inglaterra, que tanto haba clamando contra la vituperable y antisocial
poltica del dspota platense, no le neg el albergue que ha ofrecido
siempre generosa  los vencidos que se acogen  su hospitalidad.

Rosas no se movi de Southampton hasta su muerte, ocurrida en estos
ltimos aos. Jams conspir por recobrar el poder ni escribi una
palabra en su defensa; pero no le han faltado leales y desinteresados
defensores.




CARO


En 1817 vino al mundo en Ocaa (Estado de Santander) el notable poeta
Jos Eusebio Caro, uno de los ms ilustres hijos de Colombia.

Se distingui desde su juventud como periodista laborioso, como
escritor correcto, como poeta inspirado.

Fu poltico serio y funcionario digno, amigo consecuente y rgido
patriota. Sus mismos adversarios le han hecho cabal justicia.

La vicisitudes que sufri Colombia le obligaron  emigrar, morando
algn tiempo en Nueva York. La ausencia de su familia le atormentaba
mucho en su destierro, la nostalgia le consuma, el afn de ver su
cielo estrellado de Colombia amargaba sus noches y acibaraba sus
das. En 1853 salud por fin las playas colombianas; pero sucumbi al
desembarcar en Santa Marta,  pocos das despus, vctima de una fiebre
perniciosa.

Como filsofo no pas de ser una mediana; refut doctrinas que no
haba comprendido ni apenas estudiado, y mostr mejor deseo que
sagacidad de juicio al tratar cuestiones sociolgicas. Pero como poeta
ocupa buen lugar en el notable Parnaso colombiano, dejando gallardas
muestras de su ingenio potico y de su talento literario. En 1873
se public en Bogot un volumen de versos con el ttulo de _Obras
escogidas de Jos Eusebio Caro_, libro que tuvo simptica aceptacin.

Para que se juzgue del mrito potico de Caro insertamos  continuacin
una de sus poesas.


EL BAUTISMO

 MI SEGUNDO HIJO RECIN NACIDO


I

    Ven, y en las vivas fuentes del bautismo
  Recibe, oh nio, de cristiano el nombre;
  Nombre de amor, de ciencia, de herosmo,
  Que hace en la tierra un semidis del hombre.

    Los hombres que esas aguas recibieron
  Con su espritu y brazo subyugaron
  La inmensa mar que audaces recorrieron,
  Los mundos que tras ella adivinaron.

    Potentes ms que el genitor de Palas,
  Al rayo sealaron su camino;
  Y  los vientos alzndose sin alas,
  Siguieron sin temblar su torbellino.

    Ellos al Leviatn entre cadenas
  Sacan de los abismos con su mano,
  Y pisan con sus plantas las arenas
  Del fondo de coral del Oceano.

    Cristianos son los que esas formas bellas
  Con que el Criador engalan  Natura,
  Obligan  vaciar sus blandas huellas
  En instantnea ntida pintura.

    De un hilo con la curva retorcida
  Los cabos juntan de un inerte leo...
  Y el secreto perturban de la vida,
  Y agitan al cadver en su sueo!

    Y t tambin, tambin eras cristiano,
  T que dijiste contemplando el cielo:
  Ya mis ojos no alcanzan, pobre anciano;
  Yo rasgar del firmamento el velo.

    Y en el aire elevando dos cristales,
  Vuelta  Venus la faz, puesto de hinojos,
  Los ojos que te hiciste fueron tales
  Que envidiaron las guilas tus ojos.

    Y era cristiano aquel que meditando
  En el retiro de modesta estanza,
  Sin afn, sin error, pes jugando
  Los planetas y el sol en su balanza.


II

    Oh prenda de mi amor, dulce hijo mo
  Cuando en edad y para el bien crecieres
  (Y en el gran Padre Universal confo
  Vivirs para el bien lo que vivieres:)

    Serio entonces quiz, meditabundo,
  De ardor de ciencia y juventud llevado,
  Quieras curioso visitando el mundo
  Juzgar lo que los hombres han fundado.

    Conocers entonces por ti mismo,
  Vern tus ojos, palparn tus manos,
  Lo que puede el milagro del bautismo
  En los que el nombre llevan de cristianos.

    S! do naciones prsperas hallares
  Sujetas slo  moderadas leyes
  Que formaron senados populares
  Y que obligan  sbditos y reyes:

    Do al hombre vieres respetar al hombre
  Y  la mujer como su igual tratada,
  Modesta y libre, sin que al pueblo asombre
  Viva fiel sin vivir esclavizada:

    Do vieres generosos misioneros,
  Sin temor de peligros ni de ultrajes,
  Abandonar la patria placenteros
  Para llevar la luz  los salvajes:

    Do vislumbrares pdicas doncellas
  De oscuro hospicio entre las sombras vagas,
  Curando activas con sus manos bellas
  De los leprosos las hediondas llagas:

    Do puedas admirar instituciones
  Que abrigan al invlido, al desnudo,
  Que amansan al demente sin prisiones,
  Que hacen al ciego ver, y hablar al mundo:

    Do vieres protegido al inocente,
  Castigado al perverso con cario,
  Respetado el anciano inteligente,
  Asegurado el porvenir del nio:

    All do hallares libertad y ciencia,
  Misericordia, caridad, justicia,
  Dominando del pueblo la conciencia,
  De la industria calmando la codicia:

    All do respetndose  si mismo
  Vieres al hombre amar  sus hermanos
  Podrs clamar: Honor al Cristianismo,
  Que stos no pueden ser sino cristianos!




[Ilustracin]

COOPER


Este eminente novelista americano tuvo su cuna en Burlington (Nueva
Jersey), donde naci el 15 de septiembre de 1789. Era hijo de un
colono, y sirvi en la marina de guerra de la gran Repblica durante
cinco aos (de 1805  1810).

 la permanencia de Cooper en la marina militar de los Estados-Unidos,
as como  su espritu de observacin, debe la literatura universal un
gran nmero de verdaderas joyas.

La mar, la navegacin, los episodios de viaje, los misterios y las
costumbres de abordo, el tecnicismo naval y el pintoresco lenguaje de
los marineros, son otros tantos inagotables recursos para el novelista,
arsenal fecundo para artistas y poetas.

Pero, en general, los literatos suelen entender muy poco de cosas
de marina; y los marinos escritores no siempre son aptos para la
literatura. De donde resulta que las novelas martimas, y las
descripciones que al mar   los barcos se refieren, adolecen de una
deficiencia lamentable.

Es muy difcil emplear con propiedad los trminos especiales de cada
profesin, no habindose amamantado en ella. Y cuando faltan la
propiedad, la precisin, la exactitud y el colorido que cada cosa
requiere, resulta mediana la obra mejor concebida. No es lo mismo
sentir la belleza de un cuadro  de un episodio que producirlo con
inteligencia. Hay poetas piadosos que incurren en heregas y aun
en blasfemias cuando creen hacer un canto religioso; hay repetidos
ejemplos en todos los tribunales de justicia, de abogados que han dicho
con elocuencia desatinos y monstruosidades en ciertos casos difciles
de medicina legal, y en otros muchos; los publicistas ms eminentes,
al tratar de milicia, escriben en paisano; y en materia nutica sucede
tres cuartos de lo mismo.

Son excepcionales, pues, los autores de novelas martimas que han
sabido hacerlas. Eugenio Sue en Francia, Fenimore Cooper en Amrica,
son quiz los dos que han cultivado el gnero con ms gusto, acierto y
propiedad.

Pero el maestro en la novela martima, durante el fecundo siglo XIX, ha
sido sin disputa el clebre escritor americano.

Esto no quiere decir que cultivara solo el gnero martimo, pues
tambin alcanz fama, por cierto merecida, en la descripcin de usos y
costumbres de su patria.

Muchas de las obras de Fenimore Cooper han sido traducidas al francs,
al espaol y  otras lenguas. En Inglaterra han sido tan populares, y
ms que en los Estados-Unidos.

Entre las obras ms estimadas de Cooper figuran las siguientes:

  _The Two admirals._
  _The Crater._
  _The Pilot._
  _Lionel Lincoln._
  _Last of the Mohicans._
  _The Prairie._
  _The Spy._
  _The Pioneers._
  _Wing and Wing._
  _Mercedes of Castile._
  _The Bravo._
  _Red Rover._
  _The Sea Lions._
  _Jack Tier._
  _Stories of the Sea._
  _Homeward Bound._
  Etc., etc., etc.

Como se ve por los ttulos de las obras celebradas, muchas de ellas son
martimas. Precisamente es el gnero en que sobresali.

No estuvo jams  tanta altura en las que escribi inspirndose en
las antiguas crnicas de Europa, tales como _El bravo_, _Mercedes de
Castilla_, _El verdugo de Berna_, _El Campamento de los paganos_ y
otras.

En el gnero descriptivo, con relacin  Amrica, estuvo casi  la
altura de Wlter Scott describiendo costumbres y paisajes escoceses.

Las ms conocidas de las obras de Cooper son: _El corsario rojo_, _Dos
almirantes_, _El Espa_, _Los puritanos de Amrica_ y _El ltimo de los
mohicanos_, todas  casi todas citadas ms arriba.

Fenimore Cooper escribi la mayora de sus obras en la casa paterna,
despus de haber dejado el servicio militar. Pero adems viaj por
el antiguo mundo desde 1826  1832, habiendo sido cnsul de los
Estados-Unidos en Lyn desde 1826  1829.

Muri Cooper el 14 de septiembre de 1851.




[Ilustracin]

LONGFELOW


Este gran poeta norte-americano vi la luz de la vida en 1807; su
pueblo era Portland. Fu catedrtico en la universidad americana de
Cambridge, en la cual sustituy  un hombre tan eminente como Ticknor.
Comparta con su predecesor la aficin  las letras castellanas,
conoca muy bien el espaol y tradujo las coplas de Jorge Manrique.

La musa de Longfelow era religiosa, mstica, creyente; pero aun as
tuvo acentos verdaderamente humanos, conceptos dignos de recordacin,
notas que vivirn mientras haya poetas en el mundo.

En la Amrica latina, lo mismo que en Espaa, son bastante conocidas
las obras del poeta. Sus versos y su prosa han tenido traductores
ms  menos felices, entre los cuales figuran Andrade, Mitre, Morla
Vicua, Surez Capalleja, Baquero Almansa, Llorente, Arana, Izaguirre,
Gutirrez (Don Miguel) y muchos otros que nos sera difcil recordar.

Longfelow cultiv distintos gneros; no brill en la dramtica, pero es
digno de plcemes en la novela. Sin embargo, sus grandes y duraderos
triunfos los debe  la poesa lrica, en la cual dej verdaderas joyas
literarias.

He aqu los ttulos de sus principales obras:

  _Ultramar  Peregrinacin allende el Ocano_ (1835), recuerdo de
      sus viajes por Francia, Italia y Espaa.
  _Hyperion_ (1839).
  _Voces de la noche_ (1840).
  _Baladas y poemas_ (1841).
  _El estudiante espaol_, drama (1842).
  _Poema sobre la esclavitud_ (1843).
  _Poetas de Europa_ (1845).
  _La torre de Brujas_ (1847).
  _Evangelina_ y _Kavanagh_, dos novelas (1848).
  _La orilla del mar y el amor de la lumbre_ (1850).
  _La leyenda dorada_, drama fantstico (1851).

Public adems varios dramas histricos de escaso mrito, verti
al ingls con soltura las _Coplas_ de Jorge Manrique ya citadas,
y asimismo tradujo la _Campana_ de Schiller, el _Caballero Negro_
de Uhland, el _Purgatorio_ del Dante, muchas baladas escandinavas,
diversas odas de Muller, etc., etc.

Viaj por diferentes pases, particularmente por Espaa, Italia,
Escocia y las mrgenes del Rhin. Prefera las comarcas ms poticas,
las ms romnticas, las ms fecundas en leyendas, cantares y
tradiciones.

Muri en 1883, siendo sentida su muerte lo mismo en Europa que en los
Estados Unidos, en el Norte como en el Sur de Amrica.

Para dar una muestra de su genio lrico, vamos  reproducir algunos
fragmentos de varias traducciones de sus poesas.

    No me digas en versos melanclicos
  Sueo intil no ms es nuestra vida,
  Porque el alma dormita casi muerta
  Y las cosas del mundo son mentira.
  No: la vida es real; las almas sienten,
  No es oscura prisin la tumba fra:
  El t eres polvo y volvers al polvo,
  Palabras son que el alma no fatigan.

         *       *       *       *       *

                          En este
  Rudo vivac, batalla de la vida,
  No imites  la oveja que cobarde
  Arrastran  la atroz carnicera;
  S un hroe en el combate, y no confes
  En el maana que placeres brinda;
  Deja  los muertos enterrar sus muertos
  Y en el presente lucha, l es la vida,
  Siempre el valor en tu esforzado pecho
  Y siempre Dios sobre tu frente altiva.

         *       *       *       *       *

    El da est muriendo,
  La noche descendiendo,
  Helado est el pantano,
  Helado el ro tambin.
  Tras de la nube parda
  El sol sus rayos darda;
  Las casas de la aldea
  Rojas brillar se ven.
  De nuevo otra nevada
  La oculta palizada,
  La senda en la llanura
  Dej de sealar;
  Y en tanto por el prado
  Cual sombra temerosa,
  Deslzase pausado
  Cortejo funeral.
  Dobla la esquila, y siento
  Que cada pensamiento
  Dentro de m responde
  Al sordo triste son:
  Sombra tras sombra gira,
  Mi corazn suspira,
  Taendo ntimamente
  Cual fnebre esquiln.

         *       *       *       *       *

  El arsenal! Del suelo  la techumbre
        Elvanse las armas
  Con un rgano inmenso presentando
        Horrible semejanza.
  Ahora ninguna antfona resuena
        En sus tubos que callan;
  Mas, qu salvaje y lgubre armona
        Brotar de sus cajas
  Luego que el ngel de la muerte toque
        En sus claves extraas!

  Qu lamentos! Qu horrible miserere
        Mezclado  sus sonatas!
  Or creo ese coro inmensurable
        de agona y de ansias,
  Cruel gemido que cruza las edades
        Y hasta la nuestra alcanza!

  Bajo del casco y el arns resuena
        El martillo sajn,
  Y por los bosques cmbricos escucho
        Del normando la voz;
  Y aun ms estrepitoso, destacndose
        Del inmenso clamor,
  De lejanos desiertos en el fondo
        Al trtaro feroz.

  Con siniestro badajo, desde lo alto
        De torre palacial,
  Escucho la campana florentina
        Al combate llamar,
  Y veo  los aztecas sacerdotes
        En sagrado portal
  Sus tambores de pieles de serpientes
        Sanguinarios tocar.

         *       *       *       *       *

  Oigo mugir los bronces, de sus quicios
        Las puertas estallar;
  El fuego del fusil, de los aceros
        El rpido _chis-chas_
  Al cruzarse enconados, y sobre esta
        Armona infernal
  El trueno de la ronca artillera
        Escucho retumbar.

  Y con esa oh mortal! estrepitosa
        Maldita confusin
  De la madre natura ahogas la dulce
        Y benvola voz!
  Y con esos malditos instrumentos
        De destemplado son,
  Impo turbas el concierto plcido
        Del divino cantor!

         *       *       *       *       *

                             (_En el Arsenal de Wolwich_).

       *       *       *       *       *


    Todos nuestros libros,
  Luchas y embelesos,
  Qu son do se escuchan
  Infantiles juegos?
  Donde suenan, nios,
  Vuestros dulces juegos
  Todas las baladas
  Son vanos lamentos.
  Vivientes poemas
  Sois de dicha llenos:
  Lo dems es triste,
  Desolado, muerto!

         *       *       *       *       *

    Y es la infinita sed que abrasa el alma,
  Es el inmenso afn que nada calma
  Y corre en pos del ignorado bien;
  Es la ambicin humana no vencida
  Que aun pugna por coger la prohibida
  Manzana del Edn.

         *       *       *       *       *

    La muerte!... Y qu es la muerte?
  Una palabra hueca.
  Un trnsito es tan slo
  Lo que esa voz expresa.
  Qu es ms que un pobre barrio,
  Nuestra vida terrena,
  De la ciudad elsea
  De quien la tumba es puerta?

         *       *       *       *       *


Para terminar, copiaremos la bellsima composicin que se titula
_Exclsior_ y que, segn la expresin de un crtico asturiano, es el
acento de un dios cado que se acuerda de los cielos.

    Negra desciende la noche
  Y entre nieblas y entre hielos
  Pobre aldea de los Alpes
  Cruza gallardo mancebo.
  Enarbola una bandera;
  La bandera dice: _Exclsior!_

    Arde en su plida frente
  La llama del pensamiento;
  Brillan sus tristes miradas
  Como el filo del acero,
  Y en lengua desconocida
  Dicen sus labios: _Exclsior!_

    All, en moradas felices
  Ve luz, y el alegre fuego
  Del hogar, chisporroteando;
  Y arriba... los ventisqueros.
  Pero adelanta, y su lengua
  Sigue murmurando: _Exclsior!_

    Detn tu marcha, insensato--
  Grtale temblando un viejo--
  Amenaza la tormenta
  Y es escabroso el sendero.
  El mozo sin escucharle
  Aun va murmurando: _Exclsior!_

    Tente--le dice una hermosa--
  La sien reclina en mi seno;
  Y deja caer una lgrima
  De sus ojos hechiceros.
  Mas el doncel sin mirarla
  Avanza y repite: _Exclsior!_

    Gurdate bien de las ramas
  Que tronch el rayo, al abeto;
  Gurdate--dice el anciano--
  De los aludes siniestros,
  Mas ya en la cima lejana
  Oye resonar: _Exclsior!_

    Al rayar la tarda aurora,
  Cuando en pausado concierto
   Dios elevan sus preces
  Los monjes del monasterio,
  Suena una voz desgarrada
  que  lo lejos grita: _Exclsior!_

    Corre el fiel can presuroso,
  Y en tumba de nieve envuelto
  Halla al audaz caminante
  Que con sus crispados dedos
  Tiene la bandera asida;
  La bandera aun dice: _Exclsior!_

    Helado, inmvil, sin vida,
  Pero siempre noble y bello,
  Yace el animoso joven;
  Y del alto firmamento
  Desciende una voz divina
  _Exclsior!_ clamando _Exclsior!_




ZARAGOZA


Este nombre, que es el de una ciudad aragonesa heroica entre las
heroicas, lo ha llevado dignamente un soldado mejicano. El general
Ignacio Zaragoza, de origen indio por parte de su madre, fu el primer
vencedor de los franceses en la poca de su apogeo militar. Lo que
despus hicieron el feld-mariscal Moltke, el emperador Guillermo, el
prncipe Federico Carlos y el entonces heredero de la corona de Prusia,
lo hizo ocho aos antes el invicto Zaragoza. Los hroes de Argel, los
triunfadores de Crimea, los vencedores de Solferino, tuvieron que ceder
la victoria en las cercanas de Puebla  escassimas  inexpertas
tropas mejicanas.

El imperio francs era considerado entonces invencible. Napolen III
casi era el rbitro de Europa. La poderosa Inglaterra solicitaba su
alianza y todas las potencias, si no lo respetaban, lo teman.

Pero sucedi lo que ha sucedido siempre  las naciones que han dominado
en el mundo por el prestigio de sus armas y de sus victorias. Las
naciones militares ven declinar su influencia  la primera derrota.

Cuando los turcos eran el azote de la cristiandad y extendan por
toda Europa sus ejrcitos incontrastables, nadie crea que su poder
haba de ser arrollado como lo fu en Lepanto por los venecianos y
los espaoles, como lo fu ms tarde en Viena y Buda por los polacos,
los hngaros y los suecos. De aquellas derrotas data la decadencia de
Turqua, agonizante hoy, sin influencia en el mundo, sin esperanza de
regeneracin.

Cuando los espaoles eran el terror del mundo entero, dominando en
media Europa, haciendo aceptar su influjo en la otra media; cuando
amenazaban  Inglaterra con sus naves,  Francia con sus ejrcitos,
 Roma con sus lanzas y con sus caballos; cuando se imponan en los
Pases Bajos con sus bayonetas, con sus caones en el Mediterrneo y
en todos los mares conocidos, quin haba de pensar que estaba cerca
la ruina de un imperio tan grande, tan colosal, tan poderoso y temido?
Pues bast la derrota de Rocroy para iniciar una rpida, incesante
decadencia.

En Rocroy empez la verdadera preponderancia militar de Francia,
aumentada luego por las gloriosas guerras de la Revolucin y por las
brillantes victorias del imperio. Mas tambin para Francia hubo un
Lepanto, un Viena y un Rocroy, no en Waterloo como se ha dicho, no en
Sedn como suponen algunos, sino en los campos de Puebla, primera etapa
del imperio militar francs en la sangrienta carrera de sus inmensos
desastres.

Cuando se escriba la historia del siglo XIX, habr que concederles
al general Zaragoza y  sus soldados indios una influencia grande y
decisiva en los destinos de Europa. Sin Puebla no hubiese habido Sedn.

Pero si la influencia de la gran victoria mejicana se ha sentido en
el antiguo mundo, cunto mayor no habr sido en el mundo americano!
El triunfo de Zaragoza ha librado  los prncipes de soar en coronas
que son imposibles en Amrica, ha evitado para siempre las veleidades
realistas  imperialistas de caudillos ambiciosos y de aventureros
insensatos, ha curado  los traidores de toda ilusin liberticida.
El mundo todo sabe ya cmo defienden su independencia y su honor los
pueblos americanos y cmo se bate Mjico por la libertad y la Repblica.

Zaragoza era un general modesto, que no daba importancia  su victoria.
Haba cumplido con su deber y supona que por ello no haba contrado
ningn mrito especial. En su abnegacin patritica, virtudes cvicas y
severidad republicana, encontraba tan sencillo ganar una batalla como
perderla. El parte oficial que di de la batalla, parece ms bien el
parte de un revs que el de una grande y trascendental victoria. Dijo
que haba sido atacado, que sus soldados se haban portado bien, que el
enemigo se haba retirado  tal hora, en tal direccin, dejando tantos
 cuantos muertos y algunos prisioneros, y que l haba perdido tantos
hombres. Nada de hiprboles ni de metforas, nada de imgenes blicas
ni de consideraciones rimbombantes, nada acerca de s mismo ni nada
injurioso para sus adversarios, en quienes slo vea soldados como l
que se batan por su patria y por el honor de sus banderas. No siempre
imitan al vencedor de Puebla los caudillos victoriosos.

El general Zaragoza haba nacido en Tejas (baha del Espritu Santo)
en 1829. Hijo de militar abraz la carrera de su padre cuando ya era
hombre. Su hoja de servicios no contiene hecho alguno extraordinario
hasta la invasin francesa. Nombrado general en jefe del ejrcito
republicano, defendi las cumbres de Acultzingo, ms para aguerrir 
sus reclutas y acostumbrarlos al fuego que para disputar seriamente el
paso al ejrcito enemigo.

El 5 de mayo de 1862 gan la batalla de Puebla, forzando  los
franceses  emprender su retirada con direccin  la costa.

Una enfermedad traidora cort la vida del hroe, que falleci pocos
meses despus de inmortalizarse como soldado, como general y como buen
patriota.

Su nombre se inscribi con letras de oro en el saln de sesiones del
Congreso mejicano; se le declar benemrito de la patria en grado
heroico; se le di su nombre  la ciudad de Puebla, que antes era
_Puebla de los ngeles_ y hoy se enorgullece con el ttulo de PUEBLA DE
ZARAGOZA.

La memoria de este general es con justicia respetada en todos los
mbitos de Amrica.




CANDELARIA PREZ


Forzoso es confesarlo.

Aunque parece increble, han sobresalido ms mujeres en las armas
que en las letras. Sin duda son bastante ms numerosas las que han
cultivado las letras y las ciencias que las dedicadas al penoso
ejercicio de las armas; pero stas han sobresalido ms que aqullas.

No tenemos noticia de escritoras que hayan sido nombradas acadmicas;
pero s de muchas damas que han ganado y lucido una charretera 
dos. Sin hablar de las legendarias amazonas, de las heronas de la
antigedad, ni de las combatientes de la Edad Media; sin acordarnos
de Judit, vencedora de Holofernes, de Juana de Arc, defensora de
su patria, ni de las valerosas guerreras araucanas que sucumbieron
luchando por la independencia, tenemos ejemplos en pocas ms prximas
de mujeres esforzadas y realmente varoniles.

Mara Pita defendiendo La Corua que atacaban los ingleses, Agustina
de Aragn convertida en artillera de las bateras de Zaragoza, Mariana
Pineda subiendo al patbulo en Granada, son otros tantos ejemplos de lo
que decimos.

Y en la joven Amrica no podan faltar ejemplos de mujeres heroicas,
dotadas de vocacin  instinto militar. Si en Espaa hubo una Agustina
de Aragn que termin su vida de _capitn retirado_, en Amrica hubo
una _monja alfrez_ no menos famosa.

Y _sargento chileno_ fu tambin la herona americana objeto de estas
lneas.

Candelaria Prez sirvi  su patria, Chile, con singular abnegacin,
denodado esfuerzo, pasmosa valenta. Sensible fu que lo hiciera en
la lucha sostenida por la nacin chilena con un pas, ms que vecino,
hermano; pero ella no fu culpable de vivir en aquel tiempo. Lo mismo
hubiera hecho en otras circunstancias con cualesquiera enemigos.

Copiemos aqu lo que dice un bigrafo de Candelaria Prez:

    Candelaria, de apellido Prez, ms conocida por Candelaria
    Contreras, naci en Santiago de Chile en 1812. Era hija de un
    artesano y careca de instruccin. Dedicada desde muy joven al
    servicio domstico, pas al Per acompaando en clase de criada
     una familia chilena, en 1832. Poco despus dej el servicio
    domstico, establecindose por cuenta propia en el Callao
    donde tena un caf conocido por el nombre de Fonda Chilena,
    al que concurran los marineros chilenos y otros de diversas
    nacionalidades.

    En aquel tiempo declar Chile la guerra al Per y Bolivia,
    destinando una escuadrilla  bloquear el puerto del Callao.
    Las autoridades peruanas prohibieron toda comunicacin con la
    escuadrilla chilena que mandaba el contralmirante Simpson; pero
    Candelaria encontr medio de burlar con ingenio las disposiciones
    de las autoridades. No contentndose con una especie de telgrafo
    ptico por medio de banderolas y de servilletas, se disfrazaba
     menudo vistindose de hombre y se embarcaba en algn bote
    extranjero que diariamente la llevaba  conferenciar con los
    oficiales de la escuadrilla. Todos los das la esperaba algn
    bote chileno,  cuya banda pasaba el que llevaba  la herona,
    bastndole un minuto para informar  los marinos chilenos de lo
    que pasaba en el Callao y en Lima, as como de las noticias que se
    reciban del interior.

    Como era natural que sucediera, al fin se descubri todo el manejo
    de la activa Candelaria. Se dice que la delat una criada suya; lo
    cierto es que, reducida  prisin, fu encerrada en unas bvedas
    en las que sufri toda clase de miserias y penalidades. Pero todo
    lo sufra la valiente Candelaria con el entusiasmo que alienta 
    los patriotas. Resignada  los padecimientos,  las privaciones y
    al martirio, slo senta que su prisin la haba inutilizado para
    servir  la patria chilena.

    Candelaria Prez fu puesta en libertad por el general chileno
    vencedor en Guias. No bien sali nuestra herona de su horrible
    prisin de Casamatas, se incorpor al ejrcito chileno sitiador de
    la plaza del Callao; conociendo  palmos el terreno prest grandes
    servicios  los sitiadores, servicios que fueron bien apreciados y
    recompensados dignamente. Adems serva de cantinera, condimentaba
    los ranchos, cuidaba de los heridos, ocupaciones mltiples que no
    la impedan batirse como un soldado. No hubo encuentro, escaramuza
    ni lance en que no tomara parte activa con un valor y un coraje
     toda prueba. Los veteranos celebraban de noche en el vivac
    las hazaas _del cabo Candelaria_, pues ellos mismos la haban
    ascendido  cabo juzgndola acreedora y considerndola superior 
    los simples soldados,  los soldados rasos entre quienes combata.

    El ascenso que le fu otorgado por la opinin pblica, por los
    soldados chilenos, tard poco tiempo en ser reconocido y sancionado
    por los jefes. Candelaria recibi su nombramiento de cabo, se puso
    en la manga sus galones y los bautiz en un nuevo combate en el que
    gan con general aplauso el empleo de sargento.

    Cuando el ejrcito chileno volvi vencedor  Chile, Candelaria
    hizo su entrada en Santiago con su uniforme de reglamento y su
    fusil sobre el hombro con una marcialidad que llam la atencin
    y despert el entusiasmo del pueblo. No hubo ms coronas para el
    general en jefe que para Candelaria. Fu delirante la ovacin que
    se le hizo; ovacin merecida segn el testimonio de sus compaeros
    de armas.

    El gobierno la ascendi  alfrez de infantera, con una pensin
    que ha cobrado hasta su muerte ocurrida hace muy pocos aos.

Tales fueron los rasgos ms salientes de la vida de esta militar.




[Ilustracin]

GRANT


El presidente Grant naci en el Ohio por el mes de abril de 1822,  la
edad de 17 aos entr en la Academia de West-Point, la famosa escuela
militar que ha dado siempre tan buenos oficiales al ejrcito de los
Estados Unidos. En la escuela no se distingui por sus talentos, pero
s mostr su inmensa perseverancia. Estudiaba con aplicacin, y cuando
tropezaba con un problema difcil, no dejaba el libro ni la pluma
hasta encontrar la solucin del problema. Exactamente como haca ms
tarde al asediar una plaza  posicin enemiga: no levantaba el asedio,
no retroceda, hasta hacerse dueo de la posicin. Sitiaba una vez
una plaza defendida por los confederados; stos le hicieron saber que
tenan municiones, vveres, toda clase de recursos para quince meses,
y l contest que tendra paciencia para esperar treinta aos. Era un
hombre tenaz, seguro de s mismo y dotado de una gran firmeza.

En 1844 sali de la Academia, siendo destinado como teniente segundo
al 4. regimiento de infantera. Tom parte en la campaa de Mjico
(1846), donde obtuvo el empleo de capitn sobre el campo de batalla.

Terminada aquella guerra fu destinado con su compaa  un
destacamento situado por el gobierno en las soledades del Oregn; all
se cans de la vida militar, pidiendo su retiro en 1854.

Dedicado completamente  la vida civil, desempe destinos particulares
y modestsimos empleos en diferentes Estados de la Unin.

Pero lleg la hora aciaga de la guerra civil; entonces Grant se acord
de sus conocimientos militares, abandon su empleo y se aprest 
defender la causa de la Ley, de la Patria y de la Humanidad. Elegido
coronel de un regimiento de voluntarios, sali con l  campaa y
sostuvo con el enemigo muchos encuentros victoriosos. Empez por
foguear su gente en escaramuzas insignificantes, haciendo conocer  los
oficiales inferiores las ventajas que proporciona el conocimiento del
terreno y el medio de estudiarlo. Muchos de sus subalternos llegaron
 distinguirse y obtuvieron mandos importantes cuando la guerra se
formaliz.

Entre tanto el ejrcito federal era batido repetidas veces por los
confederados. stos defendan dos malas causas: la del separatismo
y la de la esclavitud. Pero tenan soldados entusiastas y mejores
oficiales. Casi todos los precedentes de West-Point eran hijos de los
Estados del Sur (pues en los del Norte hay menos aficin  la carrera
de las armas), y se unieron  sus compatriotas organizando magnficos
ejrcitos.

La situacin era grave, crtica, poco menos que desesperada cuando el
gobierno se fij en las condiciones que posea el bravo coronel Ulises
Grant, no slo por sus mritos profesionales sino por el ascendiente
y la popularidad que haba adquirido. Entonces le nombr general en
jefe del ejrcito, y l llev  cabo la pacificacin con lentitud,
pero sin retrocesos, con una calma olmpica, pero sin vacilaciones.
Lejos de ser un genio militar, fu slo un militar de buen sentido;
nada de concepciones atrevidas ni de empresas temerarias, pero s mucho
clculo, mucha perseverancia y un valor  toda prueba.

Sus hechos militares son tan numerosos que no caben en este breve
apunte; de victoria en victoria lleg  la capitulacin del inteligente
Lee en Appomatox,  la rendicin de Richmond y  la paz.

La primera eleccin presidencial design  Grant para la presidencia.
Ms tarde fu reelegido. En el doble perodo de su mando se redujo
en muchsimos millones la enorme deuda de los Estados Unidos, deuda
contrada para los inmensos gastos de la guerra.

Terminada su misin hizo un viaje de recreo alrededor del mundo,
recibiendo muchas demostraciones de admiracin y simpata en los pases
que visit, especialmente en Europa y en Australia.

 su vuelta  los Estados Unidos fu vctima de un desastre financiero
que le dej arruinado. Pero pobre y enfermo supo crear una fortuna para
su esposa y sus hijos, escribiendo sus Memorias. Las _Memorias del
general Grant_, publicadas al otro da de su muerte, se han vendido en
Amrica y en Inglaterra en cantidad suficiente para hacer la fortuna de
los herederos despus de haber hecho la del editor.

Ulises Grant muri de un cncer en 1883.

Sus funerales han sido los ms suntuosos de que hay memoria en los
Estados Unidos. La nacin entera se ha asociado al duelo de la
familia y  las manifestaciones oficiales. Sus antiguos adversarios
le dedicaron coronas, como los combatientes de su mismo bando. La
raza de color estuvo representada en el entierro, dando testimonio de
su gratitud al que rompi con su vencedora espada las cadenas de la
esclavitud.

Ulises Grant es algo ms que una gloria americana: es una gloria
universal. Su nombre unido al de Lincoln sobrevivir  los tiempos, y
 travs de mil generaciones llegar  las remotas edades.

Sirva su nombre de ejemplo, as  los militares como  los paisanos.
Grant fu soldado leal, servidor fiel de la Democracia y de la
Constitucin, prefiriendo el ttulo de ciudadano al de dictador
 protector  rey. Cuando el presidente Lincoln fu villanamente
asesinado y estaba perturbada la Repblica, Grant dispona de un
formidable ejrcito, de un prestigio sin igual, de una ocasin propicia
para satisfacer sus ambiciones si las hubiera tenido. No tuvo ms
que la ambicin legtima y honrada de entregar su espada vencedora
 la nacin de quien la haba recibido, la de disolver su ejrcito
reducindolo  sus proporciones de pocas normales y la de confundirse
como todos sus soldados en el seno de la Democracia consagrada  las
fecundas labores de la paz, de la libertad y del progreso. Desempe
las primeras funciones de Estado, en obediencia  la voluntad del
Pueblo y en cumplimiento de la Constitucin; pero no so siquiera en
imponerse  la voluntad de la Nacin, como lo hubiera hecho cualquier
caudillo vulgar.

El invicto Grant es el ms perfecto tipo del soldado de la Democracia.
Es el soldado pacificador.




ARTURO PRAT


En las razas decadentes, en los pueblos sensuales y en las almas viles,
slo hay aplausos para el xito, slo hay vtores para el vencedor,
slo se ambiciona el triunfo y slo se admira la riqueza.

Pero la nacin chilena se ha mostrado digna, en honra propia, de su
glorioso y preferido hroe: de Arturo Prat.

Era la vspera un obscuro, un desconocido oficial de la marina chilena;
al da siguiente de su heroico sacrificio haba conquistado lugar, y
predilecto, en el corazn de sus paisanos y un puesto envidiable en los
anales de Chile.

No solamente sus agradecidos compatriotas, sino todos los marinos de
todas las naciones europeas y americanas, todos los hombres que admiran
la intrepidez, aplauden la bravura y sienten en sus pechos el fuego del
entusiasmo, colocan  Arturo Prat en el altar de los hroes.

Perpetan su memoria monumentos  inscripciones que le ha dedicado su
patria agradecida; lleva su nombre una magnfica nave de combate; no
hay familia chilena qu no tenga su retrato, cubierto de laureles y
coronas, en lugar preferente del hogar.

Porque los chilenos rinden culto  sus hroes y no olvidan nunca las
glorias de su patria. Que es la manera de fortalecer la patria y dar
vida  nuevos hroes.

Pocas palabras diremos del ilustre varn  quien dedicamos estas
lneas. Muri demasiado joven, y su historia es breve: slo tiene una
pgina.

Pero esa pgina nica de la historia del insigne Prat no se perder
jams en la sombra del olvido; ser tan duradera como Chile, como el
Ocano, como la Humanidad. Mientras haya hombres de corazn y artistas
de sentimiento, y sociedades que no se prostituyan en el culto del
becerro de oro, no faltarn patriotas que lo imiten ni poetas que lo
canten ni admiradores de una raza que en ambos mundos engendra tales
hombres.

No queremos hablar de la guerra entre Chile y el Per; est fresca
todava la sangre derramada, es demasiado reciente, fu sobrado
desastrosa. Pero s hablaremos del combate naval, tan glorioso para
Chile, donde Prat conquist con la muerte la inmortalidad.

Fu el 21 de Mayo de 1879. La escuadra chilena bloqueaba el puerto de
Iquique, sin que la peruana se opusiera. Mas lleg un da en que las
fuerzas del bloqueo se vieron reducidas  dos viejos barcos de madera,
la corbeta _Esmeralda_ y la goleta _Covadonga_; aprovechando la ocasin
los marinos peruanos, se presentaron repentinamente con el potente
acorazado _Huscar_ y la bien artillada fragata _Independencia_.

El capitn Prat, que mandaba la _Esmeralda_, hubiera podido retirarse
con honor dada la inferioridad de los dos barcos chilenos; pero siendo
de ms andar los dos barcos enemigos, comprendi que con la retirada no
se evitaba la lucha porque el enemigo le hubiera dado alcance.

Obligado, pues,  combatir, consider preferible hacerlo en aquellas
aguas. As presenciaran desde la costa el herosmo chileno.

 los primeros disparos de can que hizo el _Huscar_ sobre la
_Esmeralda_, contest la tripulacin chilena con un entusiasta viva
Chile! El capitn Prat, sereno sobre el puente, areng ms de una vez
 los suyos; su dbil artillera contest  la poderosa del _Huscar_,
aunque sus proyectiles no hacan ms que lamer la resistente coraza
del poderoso enemigo. En tanto los chilenos eran destrozados por los
caones disparados sobre ellos  tiro de pistola, como tambin por la
fusilera que los hostilizaba desde tierra.

Destrozada la _Esmeralda_ y diezmada su tripulacin, el comandante
del _Huscar_ asombrado al ver tanto herosmo grit  Prat desde su
torre: Capitn, rndase; ha hecho usted ms de lo que exige el honor;
queremos salvar la vida de esos valientes.

El valeroso Prat respondi inmediatamente: Los chilenos no se rinden.

La _Esmeralda_, acribillada, enrojecida de sangre y llena de averas,
apenas se sostena sobre el agua. El contralmirante don Miguel Grau,
perdida toda esperanza de que Prat se rindiera, quiso acabar de una vez
echando  pique la vieja nave chilena con el espoln del _Huscar_.

Al chocar ambos buques, salt Prat desde el suyo al puente del peruano,
siguindole un bizarro marinero. All perecieron ambos lidiando como
leones.

Da el monitor un segundo espolonazo, y al choque lo abordan (tan
heroicamente como antes lo hizo Prat) el teniente Serrano y algunos
marineros. Todos sucumbieron peleando sobre el buque enemigo. Fu un
abordaje heroico.

Al mismo tiempo se hunda la vieja _Esmeralda_ en los hondos abismos
del Ocano, llevndose consigo los cuerpos mutilados de muchos
combatientes, el respeto de sus enemigos y la admiracin de todo el
mundo.

Ya estaba anegado el buque y la plvora mojada, cuando el teniente
Riquelme dispar el ltimo caonazo de aquel memorable da. ltimo
saludo  su bandera, ltimo adis  la patria, coreado por las voces
de los marineros que ya sumergidos en las olas alzaban sus cabezas
gritando en su ltimo aliento: viva Chile!

La bandera fu lo ltimo que desapareci de la _Esmeralda_.

Algunos marinos de la _Esmeralda_ que sobrevivieron al combate, fueron
recogidos por el _Huscar_ antes que fueran tragados por las olas;
pero muchos de aquellos tripulantes se ahogaron sin que los vencedores
lograran socorrerlos.

El caballeresco vencedor, contralmirante Grau, se mostr digno de su
victoria honrando  los vencidos.

Don Miguel Grau y don Arturo Prat eran dos hroes de la misma talla y
dignos uno de otro. El azar del nacimiento les di distintas patrias,
pero no desiguales sentimientos. Animbalos el mismo espritu,
pertenecan  la misma raza, combatieron el uno contra el otro en las
aguas del Pacfico, y en el Pacfico tuvieron ambos gloriosa sepultura.




[Ilustracin]

MIGUEL GRAU


 este noble marino peruano, vencedor en Iquique del chileno, le cupo
la suerte de ser vencido  su vez cuando le toc luchar contra fuerzas
superiores.

Con su monitor, el _Huscar_, haba logrado echar  pique la
_Esmeralda_, viejo barco de madera; haba sostenido otros combates
ms  menos ventajosos con otros barcos chilenos; haba esquivado con
notable pericia, secundando las rdenes de su gobierno, todo combate de
xito dudoso. Y, en suma, haba prestado servicios eminentes al Per,
su patria.

Pero lleg un da, el 8 de octubre de 1879, en que se vi forzado 
combatir contra fuerzas bastante superiores y naves ms potentes.

Copiamos de un historiador chileno[7]:

       [7] Barros Arana, _Historia de la Guerra del Pacfico_.

    ... La lucha se iba  empear entre dos naves revestidas por una
    espeza coraza de fierro.

    El _Huscar_ rompi sus fuegos en retirada  las nueve y cuarto de
    la maana. El _Cochrane_ (acorazado chileno) sigui avanzando, y
    slo cuando hubo acortado considerablemente la distancia hizo sus
    primeros disparos sobre la nave enemiga. Jams fueron ms certeros
    los disparos de la artillera. Los caonazos del _Cochrane_
    destrozaron la torre blindada del _Huscar_, destrozando tambin al
    comandante Grau. Dos oficiales que tomaron el mando sucesivamente,
    cayeron uno en pos de otro en el puesto de honor.

    La derrota del monitor peruano pareca inevitable. Sin embargo,
    el combate se sostuvo con toda energa cerca de una hora ms con
    nutrido fuego de can y de las ametralladoras que el _Huscar_
    tena en sus cofas...

    Mientras tanto la fragata _Blanco Encalada_ (chilena), forzando su
    mquina, se acercaba al sitio del combate, rompa sus fuegos sobre
    el monitor peruano y segua avanzando como para espolonearlo. Se
    estrechaba la lucha ms y ms, y la espesa humareda de los caones,
    de las ametralladoras y de los rifles ocultaba  cada instante la
    verdadera posicin de cada nave. El comandante Latorre (chileno),
    por medio de un movimiento bien ejecutado, coloc al fin al
    _Huscar_ entre dos fuegos obligndole  rendirse.

El _Huscar_ se rindi cuando ya no exista el benemrito Grau;
cuando ya haban muerto los dos bravos marinos que le sustituyeron en
el mando; cuando se contaban 61 muertos abordo y era casi imposible
toda resistencia. De los 200 hombres que componan la tripulacin del
monitor peruano, slo 140 quedaron en poder del enemigo (y heridos
muchos de ellos).

Tal fu el sangriento combate de Angamos, donde los chilenos tomaron su
revancha del de Iquique.

El comandante Riberos (chileno), en su parte oficial de la captura del
_Huscar_, se expresaba as:

    La muerte del contralmirante peruano don Miguel Grau ha sido muy
    sentida en esta escuadra, cuyos jefes y oficiales hacan amplia
    justicia al patriotismo y al valor de aquel notable marino.

No todos en Chile han sido tan justicieros con el benemrito patriota
peruano. Tampoco en el Per han hecho todos justicia  don Arturo Prat.
Es que la pasin obscurece el raciocinio. Pero estamos bien seguros de
que ha de llegar un da en que todos tributen los aplausos ms sinceros
al adversario vencido, que los combatientes se degradan deprimiendo al
enemigo, vencido  vencedor.

Por nuestra parte, no haremos comparaciones entre el combate de Angamos
y el de Iquique, ni entre el comandante Grau y el joven capitn Prat.
El valor del ltimo es sin duda ms pico; el del primero es ms sereno
y ms solemne. Los dos combates son igualmente gloriosos para las dos
marinas chilena y peruana.

La memoria de Grau es imperecedera. En el Per caus la noticia de su
muerte, y la de la prdida del _Huscar_, una emocin profunda. Y el
tiempo no ha desvanecido la impresin. Todava en 1890 se escribe en
Lima con lgrimas como  raz de aquel infausto suceso.




APNDICE

FIGURAS EMINENTES

WSHINGTON--BOLVAR--SAN MARTN--JUREZ--LINCOLN.


Hemos dicho que, en esta galera, no considerbamos ni necesario ni
til dar cabida  las figuras ms eminentes y gloriosas de la historia
americana. De todos modos, algo hemos de decir de los personajes
cuyos nombres van al frente de estas lneas. Lo que no haremos es
biografiarlos como  otros, con detalles archiconocidos. Tratndose de
figuras que tienen tanto relieve, poco importa consignar  no la fecha
el da, el lugar del nacimiento, con otros datos de menor cuanta.
Sus altos hechos dejan en la sombra los detalles que en otras figuras
tienen importancia manifiesta. Pero diremos, siquiera  grandes rasgos,
lo que constituye la gloria y es el fundamento de la fama de tan
insignes varones.


I

JORGE WSHINGTON es el tipo ms acabado y ms perfecto del republicano
y del patriota.

Como ninguno de sus contemporneos, l personifica la independencia de
las colonias.

Sin l, se hubiera hecho lo mismo la independencia de los Estados de la
Amrica inglesa, que no hay hombres necesarios.

Pero sin duda hubiera sido difcil encontrar otro caudillo tan
pundonoroso, tan leal y tan desinteresado.

Por amor  la patria y  la independencia, rompi con tradiciones de
familia, se sobrepuso  preocupaciones de raza, olvid hbitos de
educacin y de carrera, todo lo sacrific al servicio de su patria.

Fu militar afortunado, pero sumiso  las leyes de la naciente
repblica; fu poltico sagaz, pero sin ambiciones; fu patriota
benemrito, y slo crey haber cumplido con los deberes que la patria
le impona.

Tuvo otra eminente cualidad: sus discursos en el Parlamento fueron
siempre desapasionados y lacnicos; jams pronunci una arenga que
durara diez minutos.

Para apreciar el mrito de su laconismo, hijo de su espritu prctico y
de su modestia, es conveniente recordar que las democracias pecan por
los extremos contrarios, es decir, por la multitud de oradores y de
charlatanes, por las dimensiones de los discursos polticos y por los
derroches de mal empleada elocuencia.

Hablaba Wshington  la razn, no  las pasiones; su escudo era la
verdad; su fuerza el buen sentido. No hizo jams inmoderado uso de
hiprboles ni de metforas; no las necesit para hacerse aplaudir ni
para hacerse admirar; no le fueron necesarias las imgenes de relumbrn
ni los artificios de una pueril retrica, para fundar una Repblica
inmortal, potente, rica y gloriosa, que ha llegado  ser el modelo de
las naciones libres.

Se ha comparado  Wshington con Napolen; los que lo han hecho
injurian al caudillo americano.

Entre ambos hroes no hay comparacin posible.

Napolen era un genio militar, al servicio de sus personales ambiciones.

Wshington, soldado ms modesto, peleaba por la patria y por la
libertad.

Se le ha comparado con Bolvar.

Tampoco es justa la comparacin.

Bolvar luch ms, porque tuvo enemigos ms tenaces y dificultades ms
tremendas.

Pero Wshington fu ms liberal, ms consecuente y ms modesto.

Bolvar lidiaba como un len; era un torrente en la montaa, un huracn
en las llanuras.

Wshington descollaba por la perseverancia y la firmeza; resista como
un roble el torrente de las contrariedades, como un baluarte el huracn
de la guerra.

Bolvar es el soldado de la Revolucin.

Wshington es el patriarca de la Libertad, de la Federacin, de la
Repblica y de la Independencia.

Naci Jorge Wshington en un lugar de Virginia en 1732, de una familia
inglesa que se hallaba en el pas desde mediados del siglo XVII.

Aunque de padres ricos y de origen noble, adquiri desde la juventud
los hbitos de formalidad y de trabajo que le distinguan. Se hizo
cazador por aficin y placer, agrimensor para tener una ocupacin ms
til.

En 1851 fu elegido comandante de la milicia local, y poco despus tom
parte en la guerra contra los franceses, en la que se distingui.

En esta campaa, y  las rdenes de oficiales ingleses muy acreditados
por su valor y pericia, hizo Wshington el aprendizaje de la guerra.

Firmada la paz entre Inglaterra y Francia, tom parte el futuro
caudillo de la independencia en la agitacin que se manifestaba contra
la metrpoli. Ya en la asamblea de Virginia se declar contrario  las
pretensiones del gobierno ingls, como lo hizo ms tarde en el Congreso
de Filadelfia, adonde fu como representante de Virginia en 1774.

Todos los americanos deseaban las reformas, pero estaban divididos en
cuanto al procedimiento que se haba de emplear para lograrlas; unos
queran emplear la persuasin para obtenerlas de la corona britnica;
otros decan que el nico recurso era la fuerza. Wshington fu de
estos ltimos.

Rotas las hostilidades, el Congreso por unanimidad eligi  Wshington
para mandar las tropas (1775).

Desde entonces empez  figurar en primer trmino, como general
inteligente y soldado valeroso.

Ni los mayores reveses doblegaban su esforzado espritu, luchando  la
vez contra los ejrcitos britnicos, la penuria del Tesoro y la falta
de recursos.

 fuerza de perseverancia tom la ciudad de Boston en 1776, victoria
que permiti al Congreso proclamar la independencia el 4 de julio de
aquel ao.

Los ingleses, mandados por Howe, se apoderaron de Long-Island despus
de un recio combate, y Wshington hubo de abandonar Nueva York, para
proseguir la guerra con un ejrcito de 5  6,000 hombres en las
mrgenes del Delaware.

Tomando despus y repentinamente la ofensiva, cuando nadie lo esperaba
de un ejrcito desmoralizado por las derrotas y mermado por las
deserciones, levant el espritu de las tropas y del pueblo con sus
brillantes victorias de Trenton y Princeton.

La insurreccin de las colonias inglesas produjo mucho entusiasmo en
Europa, sobre todo en Francia, donde ya se agitaba el espritu de la
Revolucin. Acudieron al teatro de la lucha numerosos voluntarios,
entre ellos el joven marqus de Lafayette que pele por la libertad de
Amrica y se hizo amigo de Wshington.

Por entonces, 1777, se gan la batalla de Saratoga en la que Wshington
no tom parte; pero  sus acertadas maniobras se debi el xito de la
batalla.

El rey de Francia se declar abiertamente en favor de los Estados
Unidos, y envi algunas, aunque escasas tropas, que pelearan por la
independencia. En aquella escuela se formaron algunos oficiales de los
que dieron ms tarde tanta gloria  la Repblica francesa, cuando tuvo
sta que combatir contra todos los ejrcitos de Europa.

Wshington, sereno en los combates, sufrido en las privaciones y buen
patriota siempre, di adems repetidas pruebas de severidad cuando se
trataba de mantener la disciplina en sus tropas.  los desertores,
 los insubordinados y  los espas, los fusilaba  los mandaba
ahorcar sin debilidades ni contemplaciones. Y slo as pudo salvar la
disciplina del ejrcito; as fund la patria.

No obstante su saludable rigor, no obstante las intrigas que contra l
fraguaban sus mulos y envidiosos, era el dolo de los soldados y la
admiracin del mundo. Por eso es ms grande, por eso es ms singular
su abnegacin renunciando  aprovecharse de su popularidad y de sus
triunfos, y deponiendo su espada y sus laureles en el altar de la
patria.

La capitulacin de Yorktown, el 19 de octubre de 1781, fu el hecho
decisivo de la guerra. All qued prisionero el ejrcito ingls mandado
por Cornwallis. Continuaron algn tiempo las hostilidades, pero
Inglaterra estaba ya vencida.

En 1783 qued firmada la paz.

Wshington hubiera podido hacerse aclamar emperador  rey  dictador,
como se lo proponan muchos de sus oficiales. Desech la propuesta con
indignacin, desde las crticas de unos y los halagos de otros, y se
retir  su casa de Mount-Vernon para vivir con honra como ciudadano de
un gran pueblo.

Pero este pueblo, que le deba su existencia como nacin independiente
y libre, le sac de su retiro en 1788 para elevarle  la presidencia
de la Repblica. Reelegido presidente en 1793, desempe lealmente
la primera magistratura del Estado hasta 1797. Se quiso entonces
reelegirle por otros cuatro aos; pero l se neg resueltamente, dando
as un buen ejemplo, que en las democracias no debe haber reelecciones.

En 1798 se di  Wshington el ttulo honorfico de _generalsimo de
los ejrcitos americanos_, ttulo que deba conservar mientras viviera.
Mas vivi poco, pues muri el 14 de diciembre de 1799.

El Congreso decidi que todos los ciudadanos de los Estados Unidos
vistieran luto durante un mes, y que se erigiera un monumento al gran
caudillo en la ciudad Federal, que tom el nombre de _Wshington_.

Su memoria vive en el corazn de todo patriota americano, y es venerada
por todos los federales de todos los continentes.


II

BOLVAR es el tipo del caudillo revolucionario.

No del revolucionario levantisco, ciego instrumento de la demagogia,
sino del que se siente subyugado  atrado por un hermoso ideal y no
pierde jams la fe en el triunfo.

Para Bolvar no existan obstculos; si los encontraba los venca; y
le enamoraban ms si parecan insuperables, porque as era mayor el
esfuerzo.

Bolvar era soldado y poeta; no poeta como el que escribe silbas para
que sean silbadas  sonetos para leerlos l solo, sino poeta de veras
en sus pensamientos, en sus hechos y en su sensibilidad.

Genio soador, haba soado en la independencia y en sus luchas desde
la primera infancia. No le impulsaban mviles mezquinos, odios,
despechos ni ambiciones: slo tena la ambicin de gloria; slo
anhelaba morir por la libertad y la independencia de su patria.

Don Simn Bolvar y Ponte, de familia espaola, naci en Caracas en
1783 y muri en 1830. En el breve espacio de su corta vida realiz
maravillosas empresas, dejando un nombre inmortal, un rastro de gloria
envidiable  imperecedera. El nombre de Bolvar llegar  las remotas
edades, pues est escrito en la Historia con letras de granito; su
memoria no ser olvidada mientras existan los Andes, el Amazonas y los
dos Ocanos que baan los extensos litorales de la Amrica del Sur.

Lo que hay de grande, de extraordinario, de pico en la obra de
Bolvar, lo siente cualquier patriota; pero slo puede comprenderlo
el que sea verdadero militar. Improvisar ejrcitos, disciplinarlos,
instruirlos, aun en medio de inmensas dificultades, no es cosa
extraordinaria ni nueva; batir  tropas regulares, bien mandadas por
excelentes jefes, numerosas y aguerridas, tampoco es una empresa
excepcional. Pero Bolvar hizo todo eso y mucho ms que eso: conservar
la disciplina despus de la derrota, vencer decisivamente despus de
ser vencido, utilizar todos los elementos propios y aprovechar con
acierto las aptitudes especiales de sus soldados y de sus tenientes;
por ltimo, inflamar de entusiasmo los corazones, electrizar  sus
soldados y conquistar el afecto de sus propios enemigos.

Segn la primera de las mximas de Napolen, los mayores obstculos
que se oponen  la marcha de un ejrcito son los grandes ros, las
cadenas de montaas y los desiertos. Pues bien, Bolvar hizo marchas
de _mil leguas_  travs de regiones sin caminos, salvando cordilleras,
atravesando desiertos, y sin detenerse ante esos ros verdaderamente
grandes que en Europa no existen, ni Napolen haba visto, ni nadie
cruz nunca sin los medios necesarios.

 tal punto es admirable y gigantesca la obra realizada por Bolvar en
sus gloriosas campaas, que las batallas ganadas son pequeos episodios
comparadas con las victorias que logr su genio sobre la naturaleza y
el destino.

Y lo decimos con plena conciencia, posedos de admiracin y
maravillados de su esfuerzo, pues sus marchas y sus retiradas, sus
movimientos y recursos, no se conciben sin una audacia, una fortaleza
y un genio sobrehumanos. Los infinitos encuentros, acciones de
guerra, escaramuzas, combates y batallas en que tom parte activa
 dirigi personalmente, quedan como obscurecidos ante la empresa
casi inconcebible de su movilidad, atravesando ros sin barcos y
sin puentes, desiertos sin raciones, montaas sin caminos y bosques
impenetrables. Y sin embargo, sus victorias sobre el enemigo fueron
tan gloriosas como las de Boyac, La Guaira, Pichincha, Junn y tantas
otras.

Bolvar cont con el concurso de oficiales tan valientes como Sucre,
Pez y muchos otros; cont con soldados tan infatigables como sus
llaneros; cont, sobre todo, con la simpata y el apoyo de los pueblos
que su espada redima. Pero el factor ms importante de la redencin de
Amrica fu el genio de Bolvar.

De las repblicas existentes hoy en la Amrica del Sur, no diremos
que todas le deban la libertad; pero s que lleg  todas el influjo
de su genio, que sus victorias las alentaron  todas y las decidieron
 luchar. De todos modos, le son acreedoras de su independencia cinco
de aquellas repblicas: Venezuela, Colombia, Ecuador, Per, Bolivia. La
ltima lleva su nombre; el Per le debe su gloriosa fecha de Junn; de
las tres primeras form Bolvar una gran Repblica, la gran Colombia,
desmembrada despus por rivalidades intestinas.

Como guerrero fu Bolvar mucho ms afortunado, ms osado, ms
intrpido que Wshington; como fundador de nacionalidades no fu tan
feliz. Apenas vencidos los dominadores seculares, qued Bolvar 
merced de las pasiones de sus compatriotas redimidos, y aun de las
suyas propias. No supo ser un ciudadano modesto como el caudillo
norte-americano,  tal vez no tuvo fe bastante en el porvenir de su
obra. Lo cierto es que muri desengaado, perdidas sus ilusiones y
desalentado por lo porvenir. Pero le han calumniado los que suponen que
tuvo aspiraciones bastardas pretendiendo ceirse una corona.

El hombre que haba cosechado tan legtimos laureles, el vencedor de
Junn, el hroe legendario de Pichincha, que haba combatido contra
los tiranos sobre las laderas de los volcanes andinos, y en pantanos
insalubres, y en la nieve de las cumbres nunca holladas por el pie
del hombre, es imposible que soara en titularse rey ni en hacer la
desdicha y la vergenza de sus conciudadanos.

stos le han hecho justicia, dndole el ttulo honroso y gloriossimo
con que figura en la Historia: _Libertador de Amrica_. Pudo ganar
un ttulo ms hermoso? Qu corona ms envidiable ni ms digna que la
otorgada  su genio por la posteridad?

Bolvar fu digno de su raza por lo heroico; fu digno de su patria
por la ofrenda de sus sacrificios. Tcale ahora  su raza enaltecer
al hroe, como le toca  su patria hacerse cada vez ms digna de la
independencia y de la libertad, venerando el nombre del caudillo que
las conquist en larga y cruenta lucha, y olvidando sus yerros si acaso
los cometi.


III

SAN MARTN es una de las figuras ms respetables de Amrica.

Hemos dicho que Wshington es un patriarca, un verdadero tipo de
ciudadano y patriota; dejamos dicho tambin que el gran Bolvar es
un caudillo revolucionario; digamos ahora que San Martn es el tipo
militar de la Revolucin, no del caudillo osado y genial y un tanto
aventurero  lo Bolvar, sino del soldado regular, que ha hecho el
aprendizaje de la profesin y conoce la milicia por reglas aprendidas y
por la propia experiencia.

Don Juan San Martn naci en 1780, creemos que en Buenos-Aires. Ingres
muy joven todava en el ejrcito espaol, y tom parte en la guerra
que sostuvo Espaa contra las ejrcitos de Napolen. Entre los hechos
de armas en que tom parte activa como oficial subalterno, figura la
batalla de Bailn ganada por los espaoles el 19 de julio de 1808.
En tan brillante escuela se form el futuro general de las tropas
argentinas.

Ya lo hemos dicho en otra parte: San Martn es una de las grandes
figuras de la independencia americana; si no cien su frente, como
la de Bolvar, los resplandores del genio, tampoco tena soberbia ni
ambicin. Era un patriota modesto, un hroe desinteresado y un capitn
ilustre.

Realizada la independencia argentina, concibi San Martn el proyecto
le libertar  Chile de la dominacin espaola. Para este fin organiz
un ejrcito, con el cual venci las dificultades que los Andes le
oponan, mayores ciertamente que los opuestos por los abruptos Alpes 
Anbal y  Napolen.

Grandes cosas hicieron en la Amrica del Sur los generales de la
independencia; muchas proezas realizaron tambin los soldados
espaoles; pero desde el punto de vista militar, nada hicieron los
partidarios de la metrpoli ni los defensores de la independencia que
supere ni an iguale  lo hecho por San Martn.

 continuacin copiamos lo que escribe acerca de su marcha un oficial
espaol[8].

       [8] Don Juan Chacn, _Guerras irregulares_, tomo II, pg. 191 y
       siguientes.

El general San Martn fu encargado por el gobierno de Buenos Aires
del mando de los territorios que confinaban con Chile. Nuestro ejrcito
(el espaol) tom posiciones en la cordillera de los Andes para impedir
que el general enemigo entrara en Chile; pero adoptando un sistema
peligroso para la causa que se defenda, nuestras fuerzas se dividieron
en ocho grupos que se escalonaron desde Concepcin hasta Aconcagua,
es decir, ocupando una lnea tan extensa que resultaba dbil en todos
sus puntos. San Martn con escasos recursos y con un ejrcito de
4,000 hombres, compuesto en parte de desertores del ejrcito espaol
y de emigrados chilenos, no se atrevi  presentar batalla y acudi
 los movimientos,  las combinaciones estratgicas, para engaar
nuestra atencin y penetrar en Chile. Trat secretamente con los
indios puelches, que simpatizaban con nuestra causa, para obtener de
ellos el libre paso por su pas, con la idea de que dichos indios
pusieran en conocimiento de los espaoles su pretensin, lo que sucedi
efectivamente; al mismo tiempo hizo saber  las tropas establecidas
en Mendoza, que intentaba marchar directamente  Santiago por el
desfiladero de los Patos, el ms inaccesible de toda la cordillera,
pensando con razn que los espaoles consideraran la noticia falsa y
propalada nicamente para atraer  dicho punto la mayor parte de las
fuerzas.

    Despus de esta preparacin diplomtica, por decirlo as, dirigi
    un destacamento de sus tropas sobre Coquimbo, otro sobre Talca, y
    otros dos encargados de hacer demostraciones sobre Turic y sobre
    Santiago, por el desfiladero de Uspallata, marchando l con el
    grueso de su fuerza por el desfiladero de los Patos, que en razn
    de sus dificultades naturales supona guardado muy dbilmente. Y
    as sucedi: su pequeo ejrcito franque las altsimas montaas
    sin la menor resistencia, pues si bien sostuvo terribles luchas
    con la naturaleza y hubo necesidad de emplear gran energa y
    hacer cuantiosos sacrificios para transportar la artillera y los
    bagajes, lleg San Martn al cabo  los valles frtiles de Chile
    dejndose en el desfiladero 4,980 mulos y 3,400 caballos.

    Los patriotas facilitaron recursos al tan destrozado como exiguo
    ejrcito, y ste cay sobre Santiago. Intil es decir que nuestro
    ejrcito no pudo ya contener el torrente impetuoso de la opinin,
    apoyada por tropas que mandaba un general inteligente, activo y
    victorioso.

San Martn derrot  los espaoles en Chacabuco y Maipo, siendo el
verdadero libertador de Chile.

Mas no se content con su campaa chilena, pues corri la costa del
Pacfico hasta Guayaquil, donde tuvo una conferencia con Bolvar.

En Lima, donde ejerci la dictadura con la honradez y templanza que
suele echarse de menos en los dictadores, obtuvo el ttulo de Protector
despus de proclamar solemnemente la independencia del Per.

Haba realizado grandes cosas con escasos elementos, y bien hubiera
podido tener ambiciones personales; mas no las tuvo. Emigr
definitivamente  Europa, renunciando para siempre  la vida poltica,
y muri en Francia en 1852.

Desde 1880 reposan sus cenizas en la catedral de Buenos Aires.


IV

La historia de Mjico es abundante en nclitos varones; pero el que
ms descuella, el que ms ha de crecer con las edades elevndose cada
vez  ms encumbrada altura es JUREZ, ya que fu tal vez el nico
en su generacin que no dud un instante del porvenir de Mjico.
Inquebrantable en su fe, venci y deshizo la coalicin europea con su
noble y patritica constancia.

Naci don Benito Jurez en las cercanas de Oajaca en 1809, siendo hijo
de padres indios de humilde posicin.

Protegido en su niez por un fraile franciscano, pudo seguir la carrera
de Derecho.

No tom parte en la poltica hasta 1856, fecha en que fu elegido
gobernador de Oajaca.

Desde entonces figur bastante en las contiendas civiles, pero no con
la notoriedad y el lucimiento que le reservaba el porvenir.

En 1861 fu elegido por sus conciudadanos presidente de la Repblica.

Las luchas de los partidos y la penuria del Erario, dando ocasin 
reclamaciones repetidas de varias potencias extranjeras, motivaron una
intervencin armada de Espaa, Francia  Inglaterra.

Comprendiendo Jurez el peligro que corran la libertad y la patria si
permita la permanencia de los intervencionistas; conociendo adems
la justicia de algunas de las reclamaciones, firm el convenio de
la Soledad comprometindose al total pago de las reclamaciones por
perjuicios inferidos  los extranjeros.

El general Prim se di por satisfecho; y slo aguardaba rdenes de su
gobierno para retirarse con sus tropas espaolas, cuando supo que los
franceses exigan adems garantas de orden poltico para lo venidero.

Y qu garantas!

Pensaban nada menos que destrur la Repblica, establecer el imperio 
imponer  Mjico un emperador austriaco.

Entonces Prim se reembarc bajo su responsabilidad, haciendo otro
tanto los ingleses, y denunciando al mundo la doblez y la perfidia de
Napolen III.

Los gabinetes de Madrid y Londres aprobaron despus la conducta de los
generales.

Los franceses, una vez solos, rompieron el tratado de la Soledad y
manifestaron su propsito de derrocar la Repblica.

Tan preconcebido era su plan, que ya tenan dispuesto el prncipe
extranjero que haba de ser elevado el trono de Motezuma: era
Maximiliano de Austria, hermano segundo del emperador Francisco Jos.

El nuevo imperio haba de establecerse bajo la inmediata proteccin de
Francia.

Mjico se encontraba  la sazn con su tesoro exhausto, con los
enemigos en su suelo y con la desconfianza en los espritus.

Hijos espreos de la patria se unan  los franceses invasores, no
vacilando en sacrificar la independencia con tal de destrur las
reformas democrticas y las instituciones liberales.

Tal era la postracin del pas, que slo poda salvarlo una poltica
enrgica, una poltica heroica.

Jurez no se sinti desalentado ante una situacin tan angustiosa.

Elevndose  la altura de unas circunstancias tan excepcionales y tan
crticas, hizo un llamamiento  los Estados que acudieron con fuerzas y
recursos.

Los franceses, para impedir que los mejicanos organizaron su
improvisado ejrcito, se internaron con las escasas fuerzas de que
disponan.

El 5 de mayo de 1862 fueron batidos por los mejicanos en las llanuras
de Puebla, vindose obligados  retirarse con grandes prdidas 
Veracruz.

All esperaron refuerzos, y cuando los recibieron en suficiente nmero
marcharon otra vez al interior, ocupando Puebla un ao despus de su
primera derrota.

Desde entonces la resistencia se hizo difcil. Jurez, no obstante,
al frente del gobierno nacional, disput el terreno palmo  palmo
al emperador intruso,  los traidores que le secundaban y  los
mercenarios extranjeros.

Hubo momentos en que la causa de Mjico se crey perdida. Las tropas de
Jurez, mermadas por la desercin y por la muerte, no se apartaban ya
de la frontera norte americana. Pero el nclito Jurez no abandonaba
la bandera que le haba confiado la nacin, y todos los patriotas de
Amrica y del mundo tenan fijos en l los ojos y la esperanza.

Aquel hombre esforzado, sin tropas, sin dinero, sin auxilios de ninguna
clase, continu siendo el alma de la resistencia.

Intil es relatar las peripecias militares y polticas de una campaa
tan larga y tan gloriosa; pero s diremos que  la perseverancia de
don Benito Jurez se debi principalsimamente la victoria final y
decisiva.

El emperador Maximiliano fu fusilado en Quertaro en 1867, quedando
entonces restablecida de hecho la Repblica.

Jurez fu confirmado en la presidencia, no pudiendo llevar  trmino
todas las grandes reformas que meditaba, porque muri en 1872 con gran
sentimiento del pas.

Ocupa Jurez un lugar eminente en la historia de la Humanidad.
Patriota ilustre, posey acrisolada honradez, talento superior y
verdadero carcter. Si no fu un genio poltico, tuvo en cambio dotes
apreciables, sin las cuales el genio le habra servido de poco. Su
tesn es legendario; su fe sin lmites salv la independencia de Mjico
en los trances ms crticos, en la hora ms terrible de su movida
historia.

Se le llama con justicia _Libertador de Mjico_.

El mejor elogio que puede hacerse de este patricio ilustre, es decir
que habiendo gobernado mucho tiempo muri pobre.

Y ya que hemos anatematizado  los traidores que pelearon al servicio
de los extranjeros, no terminaremos sin tributar un aplauso  todos los
valientes que combatieron por Mjico y secundaron en su noble empresa 
don Benito Jurez.


V

Quin no conoce y venera el nombre de ABRAHAM LINCOLN? Quin no sabe
que este hombre justo, que este poltico sagaz y consecuente, acab con
la esclavitud que deshonraba  los Estados Unidos?

Parece mentira que en la ms libre de las naciones y en la segunda
mitad del siglo XIX, vivieran en la esclavitud cuatro millones de
personas.

Lincoln rompi sus cadenas.

Hombre ejemplar en su vida y en su muerte, salv la Unin americana que
atraves durante su presidencia la crisis ms tremenda de su historia.

Lincoln redimi  toda una raza de la ms humillante servidumbre, y
muri asesinado como suelen morir los redentores.

Haba nacido el 12 de febrero de 1809 en una cabaa miserable del
Estado de Kentucky. Sus padres, de oficio carboneros  leadores,
pertenecan  la religin  secta de los cukeros.

Como su padre, el joven Abraham fu leador.

El futuro presidente, el hombre que haba nacido para la inmortalidad,
manej el hacha hasta los 21 aos sin descuidar por eso la instruccin.
Desde nio haba aprendido  leer.

Despus de haber pasado la primera juventud en Kentucky y en Indiana,
 la muerte de sus padres se estableci en las riberas del Misisip,
donde se consagr al cultivo de la tierra.

Ms tarde se hizo molinero.

El molino, puesto bajo su direccin, no le perteneca; era propiedad de
un comerciante de Salem.

En aquella gerencia industrial y comercial demostr Lincoln su honradez
y buenas cualidades, ganando la confianza de sus convecinos.

Sus virtudes, su laboriosidad y la parte activa que tom (siendo
capitn de voluntarios), en una compaa contra los indios que mandaba
el _Halcn negro_, le valieron figurar en la Asamblea del Estado.
Casi la totalidad de los vecinos de Nueva Salem apoyaron y votaron su
candidatura.

Tena Lincoln por entonces 25 aos, y se dedic al estudio de las
lenguas y de las matemticas.

Como Wshington, se hizo agrimensor.

En 1834 empez  cursar la carrera de Derecho, recibiendo en 1837 el
ttulo de abogado.

En 1840 form parte de la Cmara del Illinois, retirndose poco despus
de la poltica para vivir consagrado al ejercicio de su profesin.

Como abogado, mereci fama de ntegro, activo  inteligente.

En 1845 torn  la poltica militante, emprendiendo una activa
propaganda en favor de la candidatura antiesclavista de Clay para la
presidencia de la Unin.

Clay fu vencido en la eleccin presidencial; pero Lincoln sigui su
propaganda antiesclavista, llegando  ser considerado por todos como
uno de los primeros adalides de la abolicin.

La convencin del distrito de Springfield (Illinois) le nombr por
unanimidad para el Congreso Federal, donde tom asiento como diputado
en 1847.

En el congreso combati con energa la declaracin de guerra  Mjico,
sosteniendo que los americanos jams deben pelear por una cuestin de
lmites.

Fu tambin el defensor de cuantas peticiones llegaban al Congreso en
pro de la abolicin de la esclavitud.

Sus esfuerzos eran vanos, que no haba llegado la hora de la justicia.
El crimen horrendo de la esclavitud lo soportaban pacientes los amigos
de la libertad, por miedo de causar una ruptura entre los Estados
esclavistas y los antiesclavistas.  Lincoln, y  todos los que con l
queran la abolicin inmediata, se les tena por hombres peligrosos.

En 1858 sostuvo Lincoln una campaa memorable, de esas que tanto
enaltecen  los pueblos libres. El esclavista Douglas, aspirante 
la senadura, recorri diferentes Estados de la Unin defendiendo
la esclavitud; y entonces Lincoln se impuso la tarea de seguir por
todas partes al orador esclavista, levantando su voz donde quiera que
Douglas se atreva  levantarla. En todos los _meetings_ en que hablaba
Douglas, tambin hablaba Lincoln. El pblico de los Estados Unidos se
interesaba extraordinariamente en la singular campaa, leyndose en
todas partes los discursos de ambos oradores. Lincoln se acredit de
polemista hbil.

En 1860, la Convencin nacional de Chicago propuso  Lincoln para la
presidencia. Y el da 6 de noviembre, los electores de los Estados por
considerable mayora eligen al humilde leador, al batelero, al hombre
honrado, para presidente de los Estados Unidos.

Los nimos exaltados de los esclavistas no pudieron contenerse ms.
Sin provocacin de ningn gnero, proclamaron la segregacin. La
Carolina del Sur retir sus representantes del Senado y del Congreso,
declarando que se separaba de la Unin. Siguieron su ejemplo Georgia,
Alabama, Florida, Luisiana, etc. El gobierno federal se limit 
censurar la conducta de la Carolina (donde se haban cometido excesos
y usurpaciones), y la Carolina contest atacando el fuerte Sumpter
guarnecido solamente por 70 hombres mandados por el mayor Anderson, que
se rindieron despus de una resistencia heroica.

Una asamblea esclavista reunida en Mongomery votaba el 8 de febrero de
1861 la Constitucin de los Estados confederados del Sur; Jfferson
Davis fu elegido presidente.

No es nuestro nimo relatar aqu las peripecias de la titnica lucha.
Slo diremos que los siglos no han presenciado ninguna semejante.
Batallas interminables, combates navales que eran espanto del mundo,
victorias inverosmiles, desastres estupendos, inventos maravillosos, y
todo grande, todo colosal.

Pero Lincoln haba jurado en pleno Capitolio cumplir con su deber, el
cual consista en proteger y defender y mantener la Constitucin de los
Estados Unidos.

Y cumpli con su deber.

Al principio de la guerra, la suerte fu contraria  los Estados de
Norte. Pero Lincoln hizo milagros, la federacin hizo prodigios, la
Constitucin fu mantenida y vencidos los rebeldes.

Ms de dos millones de ciudadanos combatieron en defensa de la
Constitucin; por su parte los separatistas armaron cerca de un milln
de hombres. Federales y confederados se batieron con denuedo por
espacio de cuatro aos seguidos.

En las filas federales se alistaron muchos negros, de los que se dijo
que ennegrecan con sus rostros las filas del ejrcito. Hoy blanquean
sus huesos los campos de batalla.

En 1864--en plena guerra--hubo eleccin presidencial. Lincoln fu
reelegido con una mayora de 400,000 votos.

El 30 enero de 1865, la Cmara de Wshington declar abolida la
esclavitud por 119 votos contra 56.

Entre tanto la guerra continuaba, pero ya nadie dudaba del xito.

El general Lee, despus de haber hecho intiles prodigios de valor, se
rindi al general Grant el 9 de abril de 1865.

Poco antes entraba Lincoln en Richmond, capital de los rebeldes, entre
las aclamaciones del ejrcito victorioso, de los negros libertos y de
todos los amigos de la libertad.

El da 14 del mismo mes y ao fu asesinado Lincoln de un pistoletazo
en la cabeza, hallndose en un palco del teatro Ford.

Juan Wilkes Booth se llamaba el asesino.

Hicironse  Lincoln suntuosos funerales, y su cadver fu conducido 
Sprinfield cubierto de coronas y de flores. Centenares de negros, rotas
ya sus cadenas, le acompaaron dndole guardia de honor.

Digna apoteosis del grandioso drama!




NDICE


                                                     Pginas

  PRLOGO

  Don Juan Ruiz de Alarcn y Mendoza (Mejicano)            1

  Franklin (Norteamericano)                                5

  Rivadavia (Argentino)                                   10

  Pez (Venezolano)                                       14

  Mariano Eduardo Rivero (Peruano)                        19

  Sor Juana Ins de la Cruz (Mejicana)                    24

  Hmilton (Norteamericano)                               27

  Aaron Burr (Norteamericano)                             33

  O'Higgins (Chileno)                                     36

  Mdison (Norteamericano)                                40

  Heredia (Cubano)                                        44

  Artigas (Oriental)                                      52

  Freire (Chileno)                                        57

  Bello (Venezolano)                                      61

  Monroe (Norteamericano)                                 71

  Belgrano (Argentino)                                    75

  Bilbao (Chileno)                                        79

  Muoz Gamero (Chileno)                                  83

  Gertrudis Gmez de Avellaneda (Cubana)                  86

  Hidalgo (Mejicano)                                      89

  Morelos (Mejicano)                                      93

  Iturbide (Mejicano)                                     96

  Enriqueta Stowe (Norteamericana)                       101

  Castilla (Peruano)                                     105

  Lamar (Ecuatoriano)                                    108

  Sucre (Venezolano)                                     111

  Walker (Norteamericano)                                115

  Francia (Paraguayo)                                    118

  Los dos Lpez (Paraguayos)                             123

  Caldas (Colombiano)                                    126

  Crdoba (Colombiano)                                   128

  Morazn (Hondureo)                                    130

  Rosas (Argentino)                                      132

  Caro (Colombiano)                                      135

  Jaime Fenimore Cooper (Norteamericano)                 139

  Longfelow (Norteamericano)                             142

  Zaragoza (Mejicano)                                    149

  Candelaria Prez (Chilena)                             152

  Ulises Grant (Norteamericano)                          155

  Arturo Prat (Chileno)                                  159

  Miguel Grau (Peruano)                                  162

  APNDICE                                               165

  Wshington                                             165

  Bolvar                                                169

  San Martn                                             171

  Jurez                                                 174

  Lincoln                                                176





End of the Project Gutenberg EBook of Figuras americanas, by Miguel A. Prez

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK FIGURAS AMERICANAS ***

***** This file should be named 48857-8.txt or 48857-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        http://www.gutenberg.org/4/8/8/5/48857/

Produced by Carlos Coln, Adrian Mastronardi and the Online
Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This
file was produced from images generously made available
by The Internet Archive/American Libraries.)


Updated editions will replace the previous one--the old editions
will be renamed.

Creating the works from public domain print editions means that no
one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
(and you!) can copy and distribute it in the United States without
permission and without paying copyright royalties.  Special rules,
set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark.  Project
Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
charge for the eBooks, unless you receive specific permission.  If you
do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
rules is very easy.  You may use this eBook for nearly any purpose
such as creation of derivative works, reports, performances and
research.  They may be modified and printed and given away--you may do
practically ANYTHING with public domain eBooks.  Redistribution is
subject to the trademark license, especially commercial
redistribution.



*** START: FULL LICENSE ***

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
Gutenberg-tm License (available with this file or online at
http://gutenberg.org/license).


Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org/license

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH 1.F.3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTABILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     http://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
