The Project Gutenberg EBook of Cuentos Clsicos del Norte, Segunda Serie, by
Washington Irving and Nathaniel Hawthorne and Edward Everett Hale

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Title: Cuentos Clsicos del Norte, Segunda Serie

Author: Washington Irving
        Nathaniel Hawthorne
        Edward Everett Hale

Translator: Carmen Torres Caldern de Pinillos

Release Date: August 3, 2014 [EBook #46496]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS CLASICOS DEL NORTE, SEGUNDA SERIE ***




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texto. (La lista de los errores corregidos sigue el texto.)








                      CUENTOS CLSICOS DEL NORTE

                             SEGUNDA SERIE

                              BIBLIOTECA
                            INTERAMERICANA

                          _Obras publicadas_

              Benjamn Hrrison: _Vida Constitucional de
                         los Estados Unidos._

             dgar Allan Poe: _Cuentos clsicos del norte:
                            Primera serie._

                Nathniel Hwthorne, Wshington rving,
              dward verett Hale: _Cuentos clsicos del
                        norte: Segunda serie._

                              _En prensa_

             Ncholas Mrray Btler: _El significado de la
                              educacin._

                           _En preparacin_

            Wlliam P. Trent: _La literatura de los Estados
                               Unidos._

           J. Rssell Smith: _El comercio y las industrias._

            Alexnder Johnston: _La historia de la poltica
                        de los Estados Unidos._

              Con el ttulo de INTERAMERICAN LIBRARY, se
   editar en ingls un nmero correspondiente de obras importantes
          americanas, traducidas del espaol o del portugus,
               para distribuirse en los Estados Unidos.




                       BIBLIOTECA INTERAMERICANA

                                  III

                      Cuentos Clsicos del Norte

                            _Segunda Serie_

                                  Por

                           Wshington rving
                          Nathniel Hwthorne
                          dward verett Hale

                          [Illustration: PRO
                                PATRIA
                                  PER
                                 ORBIS
                         CONCORDIAM, Colophon]

                             Traduccin de
                  Carmen Torres Caldern de Pinillos

                              Nueva York
                       Doubleday, Page & Company
                                 1920




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     Fundada por la Dotacin de Carnegie para la Paz Internacional
         para la difusin de ideas entre los pueblos del Nuevo
   Mundo, mediante la traduccin y publicacin de obras importantes
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                        Copyright, 1920, por la
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                     PTER H. GLDSMITH, Director
                   407 WEST 117TH STREET, NUEVA YORK




SUMARIO

WSHINGTON RVING


                                         PGINA

ESBOZO BIOGRFICO                             3

INTRODUCCIN A RIP VAN WINKLE                 6

RIP VAN WINKLE                               11

LA LEYENDA DEL VALLE ENCANTADO               45

NATHNIEL HWTHORNE

EL ANCIANO CAMPEN                           97

EL MAY-POLE DE MERRY MOUNT                  115

EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR HIDEGGER         137

LEYENDAS DE LA CASA PROVINCIAL

     I. LA MSCARADA DE HOWE                155

     II. EL RETRATO DE DWARD RNDOLPH      178

FEATHERTOP                                  199

EL ENTIERRO DE RGER MALVIN                 233

DWARD VERETT HALE

EL HOMBRE SIN PATRIA                        267




WSHINGTON RVING


Wshington rving naci en Nueva York el 3 de abril de 1783; muri en
Snnyside, su casa de campo cerca de Trrytown, Nueva York, el 28 de
noviembre de 1859. Era hijo de Wlliam rving, un ingls oriundo de las
islas de rkney. Desde muy joven comenz a trabajar y estudiar en un
despacho de abogado, pero interesbale ms escribir para el _Morning
Chronicle_, bajo el seudnimo de "Jonathan Oldstyle," que dedicarse a
los estudios serios. Habiendo decado su salud, resolvi viajar,
dirigindose a Europa en 1804, donde pas dos aos. A su regreso a los
Estados Unidos fund el _Salmagundi_ en sociedad con J. G. Pulding.
Conquist su fama literaria con la publicacin de su _History of New
York, by Diedrich Knickerbocker_ (1809). En 1810 estableci en compaa
de sus dos hermanos una casa de comercio. Desde 1815 hasta 1832 residi
en Europa, siendo nombrado agregado a la legacin de los Estados Unidos
en Madrid en 1826, y secretario de la legacin en Londres en 1829.
Permaneci casi constantemente en Snnyside desde 1832 hasta 1842, poca
en que fu nombrado ministro en Espaa, volviendo a Snnyside en 1846 y
continuando all hasta su muerte. Adems del trabajo arriba mencionado
di a luz las obras siguientes: _The Sketch Book_ (publicado por partes
en 1819 y coleccionado en 1820); _Bracebridge Hall, or the Humourists_
(1822); _Tales of a Traveler_ (1824); _Life and Voyages of Christopher
Columbus_ (1828); _Chronicle of the Conquest of Granada_ (1829);
_Voyages of the Companions of Columbus_ (1831); _The Alhambra_ (1832);
_Crayon Miscellany_ (including _Tour on the Prairies_, 1835); _Astoria_,
etc. (en colaboracin con Pierre M. rving, 1836); _Adventures of
Captain Bonneville_, etc. (1837); _Oliver Goldsmith_ (1849); _Mahomet
and His Successors_ (1850); _Wolfert's Roost_ (1855); _Life of George
Wshington_ (1855-1859).

[Illustration: WSHINGTON RVING]




ESBOZO BIOGRFICO


Wshington rving, uno de los primeros y ms populares autores
americanos, a quien Thckeray, en inspirada frase, llama "el primer
embajador que el mundo nuevo de las letras envi al antiguo," naci en
1783, en la ciudad de Nueva York. Recibi su educacin en las escuelas
pblicas, abandonando las aulas a los diecisis aos, aun cuando
continuara despus por largo tiempo la lectura sistemtica de los
mejores autores, especialmente Chucer, Spnser y Bunyan. Desde su
juventud, demostr poseer un talento natural para escribir ensayos e
historietas. Como siempre detest las matemticas, escriba a menudo las
composiciones de sus compaeros quienes, en cambio, solucionaban sus
problemas. Estudi derecho por algn tiempo; pero no sintindose
inclinado a la esclavitud de una profesin, prefiri entregarse a
vagabundas correras alrededor de la isla de Manhattan, que le
familiarizaron con el magnfico paisaje que hizo despus famoso con su
pluma. Adquiri de esta manera el conocimiento exacto de varios puntos
histricos, curiosas tradiciones y leyendas de que tan bello uso ha
hecho en su _Sketch-Book_ y en la _History of New York_. En 1804,
amenazado de pulmona, se embarc para Europa y permaneci en el
extranjero cerca de dos aos. A su regreso intent reasumir la prctica
legal, pero sin ningn resultado. En compaa de algunos compaeros
inici entonces la publicacin de una obra por entregas llamada
_Salmagundi_ la cual, bien dirigida, obtuvo xito. En 1809 public su
_Knickerbocker's History of New York_, obra nica en nuestra literatura,
perfectamente redondeada, y de stira fina y sostenida. Dirigi durante
dos aos una revista en Filadelfia a la cual contribua con artculos
incluidos despus en el _Sketch-Book_. En 1814 sirvi como ayudante del
gobernador Tompkins, y cuando termin la guerra, regres de nuevo a
Europa donde permaneci esta vez diecisiete aos. Con motivo de la
quiebra de su hermano perdi toda su fortuna y, entregado a sus propios
recursos, dedicse a la literatura para atender a su subsistencia.
Public su _Sketch-Book_ en 1819, el cual, debido a la influencia
personal de Sir Wlter Scott, se reimprimi en Londres, quedando
inmediatamente establecida la reputacin de rving como gran autor.

A continuacin public _Bracebridge Hall_, en 1822, y _Tales of a
Traveler_ en 1824. Encargado de algunas traducciones del espaol, fu a
establecerse en Madrid. A su permanencia en Espaa debemos algunas de
sus obras ms encantadoras, como la _Life of Columbus_, _Conquest of
Granada_, _The Alhambra_, _Mahomet and His Successors_ y _Spanish
Papers_. Regres a Amrica en 1832; y durante los aos subsiguientes se
publicaron _Astoria_, _Adventures of Captain Bonneville_ y _Wolfert's
Roost_. En 1842 rving fu nombrado Ministro en Espaa. Su _Life of
Goldsmith_ vi la luz pblica cuatro aos ms tarde, despus de su
vuelta a la patria. Su postrera obra, escrita con especial esmero, fu
la _Life of Washington_, en cinco volmenes.

Los ltimos aos de rving transcurrieron en "Sunnyside," su encantadora
residencia en Trrytown, a las orillas del Hudson, en el centro del
hermoso paisaje que haba inmortalizado. rving falleci el 28 de
noviembre de 1859, el mismo ao que Prscott, el historiador, y que
Maculay. Un amigo que trat mucho a nuestro autor en sus ltimos das,
le describe as: "Tena ojos color gris obscuro, hermosa nariz recta que
casi podra decirse grande; frente ancha, alta y abierta, y boca
pequea. Era de tamao mediano, cinco pies y nueve pulgadas ms o menos,
y tenda un poquillo a la obesidad. Su sonrisa era extremadamente
genial, iluminndole todo el rostro y hacindole muy atrayente; y cuando
se preparaba a decir algo jocoso, brillaba en sus ojos mucho antes de
que hubiera pronunciado una palabra."

George Wlliam Curtis, en uno de sus deliciosos ensayos, _Easy Chair_,
dice: "rving era personaje tan extico como su Dedrich Knckerbocker
en los anuncios preliminares de la _History of New York_. Hace treinta
aos poda vrsele en ciertas tardes de otoo, marchando a lo largo de
Broadway con paso gil y elstico, calzando zapatos bajos esmeradamente
atados, y ataviado con capa Talma, prenda corta semejante a la esclavina
de un abrigo. Tena cierto aire ligero, jovial y de antigua escuela, que
revelaba incontestablemente al holands y armonizaba admirablemente con
sus obras. Pareca, en realidad, escapado de alguno de sus libros; y la
afabilidad cordial y agudeza de sus discursos, al detenerse para alguna
charla pasajera, constituan uno de sus deliciosos rasgos
caractersticos. Era ya por aquel tiempo uno de nuestros ms famosos
literatos, pero jams demostraba vanidad alguna ni pretensiones
dogmticas."


INTRODUCCIN A RIP VAN WINKLE

LA HISTORIA de Rip Van Winkle se supone escrita por Dedrich
Knckerbocker, jocosa creacin de rving, y cuyo nombre se hizo familiar
al pblico como autor de _A History of New York_. Esta historia se
public en 1809, diez aos antes de que viera la luz pblica el primer
nmero de _The Sketch-Book of Geoffrey Crayon, Gent._ Este nmero, que
contena la historia de Rip Van Winkle, fu escrito por rving en
Inglaterra y enviado a Amrica para su publicacin, lo mismo que las
ediciones sucesivas. Coloc la escena en Katskill, pero describi el
sitio segn su fantasa y ajenos informes, habindolo visitado solamente
en 1833. El argumento no es nuevo: el cuento de hadas de la bella
durmiente en el bosque tiene el mismo tema, as como la historia de
Epaminondas de Creta, que floreci en la sexta o sptima centuria antes
de J. C. Se asegura que Epaminondas se qued dormido en una cueva cuando
era muchacho y despert cincuenta y siete aos despus mientras su
individuo haba continuado su desarrollo normal. Existe tambin la
leyenda de los siete durmientes de feso, mrtires cristianos
emparedados en una cueva que buscaron como refugio y donde se
conservaron maravillosamente durante dos siglos.

Entre las historias que tanto abundan en los montes Harz de Alemania, se
refiere una de Pter Klaus, un cabrero a quien se acerc cierto da un
joven que comenz a seguirle silenciosamente y le condujo a un lugar
aislado donde encontr doce caballeros que jugaban a los bolos sin
pronunciar una sola palabra. El cabrero vi una cantimplora de vino
fragante y bebindolo, qued sumergido en profundo sueo que se prolong
durante veinte aos. La historia relata los incidentes del despertar del
cabrero y los cambios que encontr en su aldea a su regreso.

Esta historia, publicada con algunas otras en 1800, di probablemente
origen a la de rving, quien hace uso casi de idntico argumento. Las
jocosas adiciones con que ha adornado su relato y la gracia de que todo
el cuento est revestido han logrado que la historia de rving suplante
en la mente popular a todas las primitivas de este gnero, llegando Rip
Van Winkle a convertirse en un personaje familiar a quien aluden
frecuentemente aun personas que jams han ledo la historia de este
festivo autor. La forma dramtica dada posteriormente a este cuento,
aunque asumiendo slo los rasgos principales, ha contribudo en gran
manera a definir la concepcin del personaje. La historia despierta un
sentimiento de curiosidad respecto de la vida futura, no muy alejado de
aquel que se considera en general como la tendencia del espritu humano
a la inmortalidad individual. El nombre de Van Winkle fu una feliz
eleccin de rving, pero no ha sido inventado por l. El impresor del
_Sketch-Book_, sin ir ms lejos, llevaba el mismo nombre. El de
Knckerbocker se encuentra tambin entre los holandeses, pero rving lo
ha hecho tpico. En _The Author's Apology_, que agreg como prefacio a
una nueva edicin de la _History of New York_, dice: "He encontrado que
este nombre es una palabra de orden para dar sello familiar a cualquiera
cosa destinada al favor del pblico, como las sociedades Knckerbocker;
las compaas de seguros Knckerbocker; los vapores Knckerbocker; los
mnibus Knckerbocker; el pan Knckerbocker; el hielo Knckerbocker;
y... hasta los neoyorquinos de origen holands tienen a gala llamarse
"genuinos Knckerbockers."




RIP VAN WINKLE

OBRA PSTUMA DE DEDRICH KNCKERBOCKER

     Por Woden (Odin), Dios de los sajones, de quien procede Wednesday
     (mircoles) que es Wodensday (da de Odin). La verdad es algo que
     siempre conservar hasta el da en que me arrastre hacia la tumba.

CRTWRIGHT.[1]




El cuento siguiente se encontr entre los papeles del difunto Dedrich
Knckerbocker, un viejo caballero de Nueva York, muy curioso respecto de
la historia holandesa de la provincia y de las costumbres de los
descendientes de sus primitivos colonos. Sus investigaciones histricas
diriganse menos a los libros que a los hombres, pues que los primeros
escaseaban lamentablemente en sus temas favoritos mientras que los
viejos vecinos y, sobre todo sus mujeres, eran riqusimos en aquellas
tradiciones y leyendas de valor inapreciable para el verdico
historiador. As, cuando le aconteca tropezar con alguna familia tpica
holandesa, agradablemente guarecida en su alquera de bajo techado, a la
sombra del frondoso sicomoro, mirbala como un pequeo volumen de letra
gtica antigua, cerrado y abrochado, y lo estudiaba y profundizaba con
el celo de la polilla.

El resultado de todas estas investigaciones fu una historia de la
provincia durante el dominio holands, publicada hace algunos aos. La
opinin anduvo dividida con respecto del valor literario de esta obra
que, a decir verdad, no vale un pice ms de lo que pudiera. Su mrito
principal estriba en su exactitud, algo discutida por cierto en la poca
de su primera aparicin, pero que ha quedado despus completamente
establecida y se admite ahora entre las colecciones histricas como
libro de indiscutible autoridad.

El viejo caballero falleci poco tiempo despus de la publicacin de
esta obra; y ahora que est muerto y enterrado no perjudicar mucho a su
memoria el declarar que pudo emplear mejor su tiempo en labores de ms
peso.[2] Era bastante hbil, sin embargo, para encaminar su rumbo como
mejor le conviniera; y aunque de vez en cuando echara un poco de tierra
a los ojos de sus prjimos y apenara el espritu de algunos de sus
amigos, a quienes profesaba sin embargo gran cario y estimacin, sus
errores y locuras se recuerdan "ms bien con pesar que con enojo," y se
comienza a sospechar que jams intent herir ni ofender a nadie. Mas
como quiera que su memoria haya sido apreciada por los crticos,
contina amada por mucha gente cuya opinin es digna de tenerse en
cuenta, como ciertos bizcocheros de oficio que han llegado hasta el
punto de imprimir su retrato en los pasteles de Ao Nuevo,[3] dndole
as ocasin de inmortalizarse casi tan apreciable como la de verse
estampado en una medalla de Wterloo o en un penique de la reina Ana.[4]


RIP VAN WINKLE

Todo aqul que haya remontado el Hudson recordar las montaas
Katskill. Son una desmembracin de la gran familia de los montes
Appalachian y se divisan al este del ro elevndose con noble majestad y
dominando toda la regin circunvecina. Todos los cambios de tiempo o de
estacin, cada una de las horas del da, se manifiestan por medio de
alguna variacin en las mgicas sombras y aspecto de aquellas montaas,
consideradas como el ms perfecto barmetro por todas las buenas mujeres
de la comarca. Cuando el tiempo est hermoso y sereno, las montaas
aparecen revestidas de prpura y azul, destacando sus lneas atrevidas
sobre el claro cielo de la tarde; pero algunas veces, aun cuando el
horizonte se encuentre despejado, se adornan en la cima con una
caperuza de vapores grises que se iluminan e irradian como una corona de
gloria a los postreros rayos del sol poniente.

Al pie de estas montaas encantadas[5] puede descubrir el viajero el
ligero humo rizado que se eleva de una aldea, cuyos tejados de ripia
resplandecen entre los rboles cuando los tintes azules de la altura se
funden en el fresco verdor del cercano panorama. Es una pequea aldea
muy antigua, fundada por algunos colonos holandeses en los primeros das
de la provincia, all por los comienzos del gobierno del buen Pter
Styvesant[6] (que en paz descanse!), y donde se sostenan contra los
estragos del tiempo algunas casas de los primitivos pobladores,
construdas de pequeos ladrillos amarillos importados de Holanda, con
ventanas de celosa y frontones triangulares rematados en gallos de
campanario.

En aquella misma aldea y en una de las aludidas casas que, a decir
verdad, estaba lastimosamente maltratada por los aos y por la
intemperie, viva hace mucho tiempo, cuando el pas era todava
provincia de la Gran Bretaa, un hombre bueno y sencillo llamado Rip Van
Winkle. Era descendiente de los Van Winkle que figuraron tan
heroicamente en los caballerescos das de Pter Styvesant y le
acompaaron durante el sitio del fuerte Christina.[7] Haba heredado
muy poco, sin embargo, del carcter marcial de sus antecesores. Hice ya
notar que era un hombre sencillo y de buen corazn; era adems vecino
atento y marido dcil, y gobernado por su mujer. A esta ltima
circunstancia se deba probablemente aquella mansedumbre de espritu que
le vali universal popularidad; porque los hombres que estn bajo la
disciplina de arpas en el hogar son los mejor preparados para mostrarse
obsequiosos y conciliadores en el exterior. Indudablemente su carcter
se doblega y vuelve maleable en el horno ardiente de las tribulaciones
domsticas; y, a decir verdad, una reprimenda de alcoba es ms eficaz
que todos los sermones del mundo para ensear las virtudes de la
paciencia y longanimidad. Una mujer pendenciera puede as, en cierto
modo, considerarse una bendicin; y a este respecto Rip Van Winkle era
tres veces bendito.

Lo cierto es que era el favorito de todas las comadres de la aldea que,
como las dems de su amable sexo, tomaban parte en todas las querellas
domsticas y nunca dejaban de censurar a la seora Van Winkle siempre
que se ocupaban de este asunto en la chismografa de sus reuniones
nocturnas. Los chicos de la aldea le aclamaban tambin alegremente
cuando se presentaba. Tomaba parte en sus diversiones, les fabricaba
juguetes, les enseaba a volar cometa y a jugar bolas, y les refera
largas historias de aparecidos, brujas, e indios salvajes. Fuera donde
quisiese, escabullndose por la aldea, rodebale una turba de pilluelos
colgndose de sus faldones, encaramndose en sus espaldas y jugndole
impunemente mil pasadas; y ni un slo perro del vecindario se habra
decidido a ladrarle.

El gran defecto de la ndole de Rip era su aversin insuperable a toda
clase de labor provechosa. No que adoleciera de falta de asiduidad o
perseverancia, pues se habra sentado a pescar sin un murmullo en una
roca hmeda y armado de una caa larga y pesada como la lanza de un
trtaro, aun cuando no picara el anzuelo un slo pez en todo el da para
alentarle en su faena. Poda llevar por largas horas una escopeta al
hombro y arrastrarse por selvas y pantanos, por colinas y caadas para
tirar a unas cuantas ardillas o palomas silvestres. Nunca rehusaba
ayudar a sus vecinos aun cuando fuera en la tarea ms penosa, y era el
primero en todas las reuniones de la comarca para desgranar las mazorcas
de maz, o construir cercos de piedra; las mujeres de la aldea le
ocupaban tambin para sus correras, o para ciertos trabajillos de poca
monta que sus poco amables maridos no queran desempear. En una
palabra, Rip estaba siempre dispuesto a atender a los negocios de
cualquiera de preferencia a los propios; pues cumplir con sus deberes
domsticos o mirar por las necesidades de su granja le era punto menos
que imposible.

Declaraba, en efecto, que resultaba intil trabajar en su propia
alquera; era el ms endiablado trozo de terreno en todo el pas;
cualquiera cosa que se emprendiera sala mal all y saldra siempre, a
pesar de sus esfuerzos. Los cercos se caan a pedazos contnuamente; su
vaca se extraviaba o se meta en las coles; la mala hierba creca de
seguro ms ligero en su finca que en cualquiera otra parte; llova
justamente cuando l tena algo que hacer a campo abierto; de manera que
si su propiedad se haba desmoronado acre por acre hasta quedar reducida
a un pequeo trozo para el sembro de maz y de papas, debase a que era
la granja de peores condiciones en toda la comarca.

Sus chicos andaban tan harapientos y selvticos como si no tuvieran
dueo. Su hijo Rip, un rapazuelo vaciado en su mismo molde, prometa
heredar con los vestidos viejos todas las disposiciones de su padre.
Veasele ordinariamente trotando como un potrillo a los talones de su
madre, ataviado con un par de polainas de desecho de su padre, que con
gran dificultad procuraba mantener en alto sujetndolas con una mano,
como llevan las seoras elegantes su cola en el mal tiempo.

Rip Van Winkle era, sin embargo, uno de aquellos felices mortales de
disposicin fcil y bobalicona que toman el mundo descuidadamente, comen
con la misma indiferencia pan blanco o pan moreno a condicin de
evitarse la menor molestia, y preferiran morirse de hambre con un
penique a trabajar por una libra. Si le hubieran dejado vivir a su
manera, nada pedira a la vida, sumdo en beatitud perfecta; pero su
mujer andaba siempre repiqueteandole los odos con su incuria, su
pereza y la ruina que atraa sobre su familia. Maana, tarde y noche
trabajaba su lengua sin cesar, y cada cosa que l deca o haca
provocaba seguramente un torrente de domstica elocuencia. Rip tena
solamente una manera de contestar a estas reprimendas que, en razn del
continuo uso, haba llegado a convertirse en hbito. Encoga los
hombros, sacuda la cabeza y levantaba los ojos al cielo sin pronunciar
una palabra. Esta mmica daba siempre lugar a una nueva andanada de
parte de su mujer; de modo que se vea constreido a reunir sus fuerzas
y tomar el portante, nico recurso que queda, en verdad, al marido
maltratado por su mujer.

El nico aliado con que contaba Rip en la familia era su perro Wolf
(lobo), tan maltratado como su amo, pues la seora Van Winkle juzgaba a
ambos compaeros de ociosidad, y aun miraba a Wolf con malos ojos
considerndole culpable de los frecuentes extravos de su dueo. La
verdad es que bajo todo punto de vista era Wolf un perro honorable, y
valeroso como el que ms para corretear en los bosques; pero qu valor
puede afrontar el continuo y siempre renovado terror de una lengua de
mujer? Apenas entraba Wolf en la casa decaa su nimo y con la cola
arrastrando por el suelo o enroscada entre las piernas deslizbase con
aire de ajusticiado mirando de reojo a la seora Van Winkle, y al menor
blandir de la dama un palo de escoba o un cucharn volaba a la puerta
con quejumbrosa precipitacin.

Las cosas iban de mal en peor para Rip Van Winkle a medida que
transcurran los aos de matrimonio. El carcter desapacible nunca se
suaviza con la edad, y una lengua afilada es el nico instrumento
cortante que se aguza ms y ms con el uso continuo. Por algn tiempo
trat de consolarse en sus escapadas fuera de la casa, frecuentando una
especie de club perpetuo de los sabios, filsofos y otros personajes
ociosos del pueblo, que celebraba sus sesiones en un banco a la puerta
de un pequeo mesn que ostentaba como muestra un rubicundo retrato de
su majestad Jorge III. Acostumbraban sentarse all a la sombra durante
los largos y soolientos das de verano, repitiendo indolentemente la
chismografa del vecindario o relatando inacabables historias sobre
cualquier friolera. Pero habra representado cualquier capital para los
estadistas escuchar las profundas discusiones que a menudo tenan lugar
cuando por casualidad algn viejo peridico tirado por cualquier
transente caa entre sus manos. Cun solemnemente atendan a su
contenido conforme iba desentrandolo el maestro de escuela, Drrick
Van Bmmel, docto y vivaracho hombrecillo que no se amedrentaba por la
palabra ms altisonante del diccionario! Y cun sabiamente deliberaban
sobre los acontecimientos pblicos algunos meses despus de realizados!

Las opiniones de esta junta se sometan completamente al criterio de
Nicholas Vdder, patriarca de la aldea y propietario del mesn, a cuya
puerta sentbase de la maana a la noche, cambiando de sitio lo
justamente indispensable para evitar el sol, y aprovechar la sombra de
un gran rbol que all junto creca; de manera que los vecinos podan
decir la hora por sus movimientos con tanta exactitud como por un
cuadrante. Verdad es que rara vez se le oa hablar, pero en cambio
fumaba su pipa constantemente. Sus admiradores (qu grande hombre
carece de ellos?) le comprendan perfectamente y saban la manera de
interpretar sus opiniones. Cuando le disgustaba algo de lo que se lea o
refera, poda observarse que fumaba con vehemencia lanzando frecuentes
y furiosas bocanadas; pero cuando estaba satisfecho arrancaba suaves y
tranquilas inhalaciones, emitiendo el humo en nubes plcidas y ligeras;
y aun algunas veces, separando la pipa de sus labios y dejando que el
humo fragante se ondulara a la extremidad de su nariz, mova gravemente
la cabeza en seal de perfecta aprobacin.

Pero aun de esta fortaleza se vi desalojado el infortunado Rip por su
agresiva mujer, quien atac repentinamente la paz de la asamblea
volviendo polvo a todos sus miembros; y ni la augusta persona de
Nicholas Vdder qued a salvo de la atrevida lengua de la terrible arpa
que le acus de alentar a su marido en sus hbitos de ociosidad.

El pobre Rip vise al fin en los umbrales de la desesperacin; siendo su
nica alternativa para escapar del trabajo de la alquera y de los
clamores de su mujer, coger su fusil e internarse entre los bosques.
Sentbase all a veces al pie de un rbol y comparta el goce de sus
alforjas con Wolf, con quien simpatizaba como compaero de miserias.
"Pobre Wolf," acostumbraba decir, "tu ama te da una vida de perros;
pero no te importe, compaero, que mientras yo viva no te faltar un
fiel amigo!" Wolf mova la cola, miraba de hito en hito al rostro de su
dueo y, si los perros pudieran sentir piedad, creera yo verdaderamente
que experimentaba en el fondo de su corazn un sentimiento recproco al
que expresaba su amo.

En un hermoso da de otoo en que llevaba a cabo una de sus largas
correras, trep Rip inconscientemente a uno de los puntos ms elevados
de las montaas Katskill. Persegua su distraccin favorita, la caza de
ardillas, y aquellas soledades haban retumbado varias veces al eco de
su fusil. Fatigado y jadeante, echse hacia la tarde a descansar en la
cima de un verde montecillo cubierto de vegetacin silvestre y que
coronaba el borde de un precipicio. A travs de un claro entre los
rboles poda dominar toda la parte baja del terreno en muchas millas de
rica arboleda. Vea a la distancia, lejos, muy lejos, el majestuoso
Hudson deslizndose en curso potente y silencioso, reflejando aqu y
all ya una nube de prpura, ya la vela de alguna barquilla remolona
adormilada entre su seno cristalino, y perdindose al fin entre las
azules montaas.

Por el otro lado hunda sus miradas en un valle profundo, salvaje,
escabroso y desolado, cuyo fondo estaba sembrado de fragmentos
amenazadores de rocas alumbradas apenas por la refraccin de los rayos
del sol poniente. Por algn tiempo repos Rip absorto en la
contemplacin de esta escena. La noche caa gradualmente; las montaas
comenzaban a tender sus grandes sombras azules sobre el valle; Rip
comprendi que reinara la obscuridad mucho antes de que pudiera
regresar a la aldea y lanz un hondo suspiro al pensamiento de afrontar
la temida presencia de la seora Van Winkle.

Cuando se preparaba a descender, oy una voz que gritaba a la distancia:
"Rip Van Winkle! Rip Van Winkle!" Mir en torno suyo, pero slo pudo
descubrir un cuervo cruzando la montaa en vuelo solitario. Crey que
hubiera sido una ilusin de su fantasa e iniciaba de nuevo el descenso,
cuando lleg hasta l idntico grito atravesando el ambiente tranquilo
de la tarde: "Rip Van Winkle! Rip Van Winkle!" al mismo tiempo que
Wolf, erizando el lomo y lanzando un ladrido concentrado, refugibase al
lado de su amo, mirando temerosamente al valle. Rip sinti que una vaga
aprensin se apoderaba de su espritu; mir ansiosamente en la misma
direccin y advirti una figura extraa que avanzaba con dificultad en
medio de las rocas, inclinndose bajo el peso de cierto bulto que
llevaba en sus espaldas. Sorprendise Rip de ver un ser humano en aquel
lugar desierto y aislado; pero juzgando que pudiera ser alguien del
vecindario necesitado de su ayuda, se apresur a brindarle su
asistencia.

Conforme se aproximaba sorprendase ms y ms ante el aspecto singular
del desconocido. Era un viejo pequeo y cuadrado, de barba gris y
cabellos speros y enmaraados. Vesta a la antigua usanza holandesa:
coleto de pao recogido a la cintura y varios pares de calzones, el de
encima muy ancho y adornado de hileras de botones a los costados y
borlas en las rodillas. Llevaba al hombro un barril que pareca lleno de
licor y haca seas a Rip para que se acercara y le ayudase a llevar su
carga. A pesar de sentirse tmido y desconfiado con respecto de su nuevo
conocido, obedeci Rip a su celo acostumbrado; y sostenindose
mutuamente treparon ambos por una estrecha garganta que pareca el lecho
desecado de algn torrente. Mientras suban, oa Rip de vez en cuando
ruidos que retumbaban en ondulaciones como truenos lejanos y que
parecan brotar de una profunda hondonada, o hendedura mejor dicho,
entre inmensas rocas hacia las cuales conduca el spero sendero que
seguan. Detvose Rip por un momento; mas prosigui luego su camino
imaginando que el rumor provendra de alguna de aquellas pasajeras
tempestades de lluvia y truenos que a menudo estallan en la altura.
Introducindose por la hendedura llegaron a una cavidad semejante a un
pequeo anfiteatro rodeado de precipicios perpendiculares, sobre cuyas
orillas tendan grandes rboles sus ramas colgantes, de manera que slo
poda vislumbrarse a trozos el cielo azul y las brillantes nubes de la
tarde. Rip y su compaero, haban marchado en silencio durante todo el
trayecto, pues aun cuando el primero se maravillaba grandemente al
conjeturar el objeto de acarrear un barril de licor en aquellas montaas
agrestes, haba algo extrao e incomprensible en el desconocido que
inspiraba temor y cortaba toda familiaridad.

Al penetrar en el anfiteatro aparecieron nuevos motivos de admiracin.
En el centro de una planicie vease un grupo de extraos personajes
jugando a los bolos. Vestan de fantstica y extica manera; algunos
llevaban casaca corta, otros coleto con gran daga al cinto, y la mayor
parte ostentaban calzas enormes de estilo semejante a las del gua. Su
aspecto era tambin peculiar: uno tena larga barba, rostro ancho y ojos
pequeitos de cerdo; la cara de otro pareca constar nicamente de nariz
y estaba coronada por un sombrero blanco pan de azcar adornado de una
pequea cola de gallo encarnada. Todos llevaban barba, de diversas
formas y colores. Haba uno que aparentaba ser el jefe. Era un viejo y
robusto gentilhombre de aspecto curtido por la intemperie; llevaba
casaca, chorrera de encaje, cinturn ancho y alfanje, sombrero de copa
alta adornado de una pluma, medias rojas y zapatos con rosetas. El
conjunto del grupo recordaba a Rip las figuras de cierto cuadro antiguo
flamenco, trado de Holanda en tiempo de la colonizacin y que se
conservaba en el saln de Dominie Van Shaick, el prroco de la aldea.

Lo que encontraba Rip ms extrao era que aun cuando indudablemente
todos aquellos personajes trataban de divertirse, conservaran tanta
gravedad en su semblante, un silencio tan misterioso, y formaran, en una
palabra, la partida de placer ms melanclica que pudiera presenciarse.
Slo interrumpa el silencio el ruido de los bolos, cuyo rodar
repercutan los ecos a travs de la montaa semejando el rumor ondulante
de los truenos.

Cuando Rip y su compaero se aproximaron, los jugadores abandonaron
sbitamente el juego y fijaron en el primero una mirada tan persistente,
tan sepulcral, con tan singular y apagado continente, que sus rodillas
se entrechocaron y el corazn le di un vuelco dentro del pecho. Su
compaero vaciaba entretanto el contenido del barril en grandes frascos,
hacindole seas de que sirviera a la compaa. Rip obedeci trmulo y
asustado; bebieron ellos el licor en profundo silencio, volviendo luego
a su juego.

Poco a poco fueron desapareciendo el terror y las aprensiones de Rip.
Aun se aventur a probar el licor cuando nadie le miraba, encontrando
que tena mucho del sabor de excelente holanda. Sediento por naturaleza,
pronto sinti la tentacin de repetir la prueba. Un trago provocaba otro
trago; e hizo al fin al frasco visitas tan reiteradas, que sus sentidos
se adormecieron, sus ojos nadaron en sus rbitas, su cabeza inclinse
gradualmente y qued sumergido en profundo sueo.

Al despertar, encontrse en la verde hondonada donde vi por primera vez
al viejo del valle. Se frot los ojos. Era una brillante y hermosa
maana. Los pajarillos gorjeaban y revoloteaban entre la fronda, el
guila formaba crculos en la altura, y se respiraba la brisa pura de
las montaas. "Seguramente," pens Rip, "no he dormido aqu toda la
noche." Rememor los sucesos antes de que el sueo le acometiera: el
hombre extrao con el barril de licor; la hondonada de la montaa; el
agreste retiro entre las rocas; la ttrica partida de bolos; el
frasco.... "Oh, ese frasco, ese condenado frasco!" pens Rip. "Qu
excusa dar a la seora Van Winkle?"

Busc su fusil al rededor; pero en vez de la limpia y bien aceitada
escopeta de caza hall una vieja arma con el can obstruido por el
polvo, el gatillo cayndose y la madera roda por la polilla. Sospech
entonces que los graves fanfarrones de la montaa le haban jugado una
pasada y, embriagndole con su licor, le haban robado la escopeta. Wolf
haba desaparecido tambin; pero era posible que se hubiera extraviado
persiguiendo alguna ardilla o alguna perdiz. Le silb y llam a gritos
por su nombre, pero en vano; los ecos repitieron su silbido y su
llamada, pero ningn perro apareci en lontananza.

Determin entonces regresar al lugar donde se haba realizado la broma
de la noche anterior y si encontraba a alguno de la partida, reclamarle
su perro y su fusil. Cuando se levant, encontrse con las
articulaciones rgidas y falto de su acostumbrada actividad. "Estos
lechos de montaa no me sientan bien," pens Rip, "y si la broma me
resulta en reumatismo, voy a tener un tiempo bendito con la seora Van
Winkle." Con bastante dificultad pudo llegar hasta el valle y encontr
la garganta por donde l y su compaero subieron la vspera; pero
observ con gran estupor que espumaba all un torrente saltando de roca
en roca y llenando el valle de parleros murmullos. Trat, sin embargo,
de ingeniarse para trepar por los costados, ensayando una fatigosa
ascensin a travs de matorrales de abedules, sasafrases y arbustos de
varias clases, ms difcil an por la trepadora vid silvestre que
lanzaba sus espirales o tijeretas de rbol a rbol tendiendo una especie
de red en el sendero.

Lleg al cabo al sitio donde las rocas de la hondonada se abran para
llevar al anfiteatro; pero no quedaba rastro de semejante abertura. Las
rocas presentaban un muro alto e impenetrable sobre el cual se despeaba
el torrente en capas de rizada espuma para caer luego en una ancha y
profunda cuenca, obscurecida por las sombras de la selva circundante.
Aqu el pobre Rip vise precisado a detenerse. Llam a su perro y lo
silb una y otra vez; pero slo obtuvo en respuesta el graznido de una
bandada de cuervos holgazanes solazndose en lo alto de un rbol seco
que se proyectaba sobre un asoleado precipicio desde el cual, seguros en
su elevacin, parecan espiar lo que pasaba abajo y mofarse de las
perplejidades del pobre hombre. Qu se poda hacer? La maana
transcurra rpidamente y Rip sentase hambriento por la falta de su
desayuno. Apenbale abandonar su perro y su fusil; temblaba a la idea de
encontrarse con su mujer; pero no poda morirse de hambre entre los
montes. Sacudi la cabeza, ech al hombro la vieja escopeta, y con el
corazn lleno de angustia y de afliccin enderez los pasos al hogar.

Conforme se acercaba a la aldea iba encontrando varias personas a
quienes no reconoca, lo cual le sorprenda un tanto pues siempre haba
credo conocer a todo el mundo en los alrededores de la comarca. Los
vestidos que llevaban eran tambin de estilo diferente al que estaba l
acostumbrado. Todos le observaban con iguales demostraciones de
sorpresa, y apenas fijaban en l sus miradas llevaban invariablemente la
mano a la barba. La repeticin unnime de este gesto indujo a Rip a
hacer el mismo movimiento sin darse cuenta; y cul no sera su estupor
al notar que su barba tena un pie de largo!

Llegaba ahora a los arrabales de la aldea. Una turba de chiquillos
extraos corra a sus talones, burlndose de l y sealando su barba
gris. Los perros ladraban tambin a su paso y no poda reconocer entre
ellos a ninguno de sus antiguos conocidos. Todo el pueblo estaba
cambiado; era ms grande y ms populoso. Haba hileras de casas que l
jams haba visto, y haban desaparecido sus habituales guaridas.
Veanse nombres extraos sobre todas las puertas, y rostros extraos en
todas las ventanas; todo era extrao, en una palabra. Sus ideas
comenzaban ya a abandonarle; principiaba a recelar que tanto l como el
mundo que le rodeaba estaban hechizados. Evidentemente ste era su
pueblo natal, el mismo que abandon la vspera. All estaban las
montaas Katskill; all a corta distancia se deslizaba el plateado
Hudson; las colinas y caadas ocupaban exactamente el mismo lugar donde
siempre estuvieran; pero Rip se hallaba tristemente perplejo. "Ese
frasco de anoche," pensaba, "ha dejado huera mi pobre cabeza!"

Con alguna dificultad encontr el camino de su propia casa, hacia la
cual se aproximaba con silencioso pavor esperando or a cada instante la
voz chillona de la seora Van Winkle. Todo estaba arruinado, el techo
cayndose a pedazos, las ventanas destrozadas y las puertas fuera de sus
goznes. Un hambriento can, algo parecido a Wolf, andaba huroneando por
all. Rip lo llam con el nombre de su perro, mas el animal gru
enseando los dientes y escap. Esto fu una herida dolorosa, en verdad.
"Aun mi perro me ha olvidado!" solloz el pobre Rip.

Penetr en la casa que, a decir verdad, mantena siempre en meticuloso
orden la seora Van Winkle. Apareca ahora vaca, ttrica y en
apariencia abandonada. Tal desolacin se sobrepuso a sus temores
conyugales, y llam en alta voz a su mujer y a sus hijos. Las desiertas
piezas resonaron un momento con sus voces y luego qued todo nuevamente
silencioso.

Apresurse a salir y se dirigi rpidamente a su antiguo refugio, el
mesn de la aldea; pero ste tambin haba desaparecido. En su lugar
vease un amplio y desvencijado edificio de madera con grandes y
destartaladas vidrieras, rotas algunas de ellas y recompuestas con
enaguas y sombreros viejos, el cual ostentaba pintado sobre la puerta
un rtulo que deca: "Hotel Unin, de Jnathan Dolittle." En vez del
gran rbol que cobijaba con su sombra al silencioso y menudo mesonero
holands de otros tiempos, alzbase ahora una larga y desnuda prtiga
con algo semejante a un gorro rojo de dormir en su extremidad superior,
y de la cual se desprenda una bandera de rayas y estrellas en singular
combinacin: cosas todas extraas e incomprensibles. Reconoci en la
muestra, sin embargo, la rubicunda faz del rey Jorge, debajo de la cual
haba saboreado pacficamente tantas pipas; pero aun la figura se haba
metamorfoseado de manera singular. La chaqueta roja habase convertido
en azul y ante; cea una espada en lugar del cetro; la cabeza estaba
provista de un sombrero de tres picos, y debajo del retrato lease en
grandes caracteres: GENERAL WASHINGTON.

Haba, como de costumbre, una multitud de gente delante de la puerta,
pero Rip no poda reconocer a nadie. Aun el espritu del pueblo pareca
cambiado. Oanse acaloradas y ruidosas discusiones en lugar de las
flemticas y soolientas plticas de otros tiempos. Buscaba en vano al
sabio Nicholas Vdder con su ancho rostro, su doble papada y su larga y
hermosa pipa, lanzando nubes de humo en vez de discursos ociosos; o al
maestro de escuela Van Bmmel, impartiendo a la concurrencia el
contenido de antiguos peridicos. En lugar de ellos, un flaco y bilioso
personaje con los bolsillos llenos de proclamas, peroraba con vehemencia
sobre los derechos de los ciudadanos, las elecciones, los miembros del
congreso, la libertad, Bnker Hill, los hroes del setenta y seis, y
otros tpicos que resultaban una perfecta jerga babilnica para el
trastornado Van Winkle.

La aparicin de Rip con su inmensa barba gris, su escopeta mohosa, su
extica vestimenta, y un ejrcito de mujeres y chiquillos pisndole los
talones, atrajo muy pronto la atencin de los polticos de taberna.
Amotinronse a su alrededor mirndole con gran curiosidad de la cabeza a
los pies. El orador se abalanz hacia l y llevndole a un costado
inquiri "de qu lado haba dado su voto." Rip qued estupefacto. Otro
pequeo y atareado personaje cogindole del brazo y alzndose de
puntillas le pregunt al odo: "Demcrata o federal?" Vease Rip
igualmente perdido para comprender esta pregunta, cuando un sabihondo,
pomposo y viejo caballero, con puntiagudo sombrero de tres picos,
abrise paso entre la muchedumbre apartndola con los codos a derecha e
izquierda, y plantndose delante de Rip Van Winkle con un brazo en
jarras y descansando el otro en su vara, con ojos penetrantes y su agudo
sombrero amenazador, pregunt con tono austero, como si quisiera ahondar
hasta el fondo de su alma, "qu motivo le traa a las elecciones con
fusil al hombro y una multitud a sus huellas, y si intentaba por acaso
provocar una insurreccin en la villa."

--Ay de m, caballero,--exclam Rip con desmayo,--yo soy un pobre
hombre tranquilo, un habitante del lugar y un vasallo leal de su
majestad, a quien Dios bendiga!--

Aqu estall una protesta general de los concurrentes.

--Un conservador! un conservador! un espa! un emigrado! golpe con
l! afuera!--Con gran dificultad pudo restablecer el orden el pomposo
caballero del sombrero de tres picos; y, asumiendo tal gravedad que
produjo diez arrugas por lo menos en su entrecejo, pregunt de nuevo al
incgnito criminal el motivo que le traa y a quin andaba buscando por
el pueblo. El pobre hombre asegur humildemente que no tena proyectos
subversivos sino que vena simplemente en busca de algunos de sus
vecinos que acostumbraban parar en la taberna.

--Bien, quines son ellos? Nombradlos.--

Rip medit un momento e inquiri luego:--Dnde est Nicholas Vdder?--

Hubo un corto silencio, hasta que un viejo replic con voz dbil y
balbuciente:

--Nicholas Vdder! Vaya! Si muri y est enterrado hace dieciocho
aos! Una lpida de madera daba razn de l en el cementerio de la
iglesia, pero se gast tambin y ya no existe.

--Dnde est Brom Dtcher?

--Oh! se fue al ejrcito al principio de la guerra; algunos dicen que
muri en la toma de Stony Point;[8] otros que se ahog en una borrasca
al pie de ntony's Nose.[9] Yo no podra decirlo; lo que s es que
nunca regres.

--Dnde est Van Bmmel, el maestro de escuela?

--Se fu tambin a la guerra, se convirti en un gran general y est
ahora en el congreso.--

El corazn de Rip desfalleca al escuchar tan tristes nuevas de su
patria y de sus amigos, y encontrarse de repente tan solo en el mundo.
Las respuestas le impresionaban tambin por el enorme lapso de tiempo
que encerraban y por los temas de que trataban y que l no poda
comprender: la guerra, el congreso, Stony Point. No tuvo valor de
preguntar por sus otros amigos, pero grit con desesperacin:

--Nadie conoce aqu a Rip Van Winkle?

--Oh, seguramente! Rip Van Winkle est all recostado contra el
rbol.--

Rip mir en la direccin indicada y pudo contemplar una exacta
reproduccin de s mismo como cuando fu a la montaa; tan holgazn como
l, al parecer, e indudablemente harapiento al mismo grado. El pobre
hombre qued del todo confundido. Dudaba de su propia identidad y si
sera l Rip Van Winkle o cualquier otra persona. En medio de su
extravo, el hombre del sombrero de tres picos le pregunt quin era y
cmo se llamaba.

--Slo Dios lo sabe!--exclam, al cabo de su entendimiento.--Yo no soy
yo mismo, soy alguna otra persona; no estoy all, no; se es alguien que
se ha metido dentro de mi piel. Yo era yo mismo anoche, pero me qued
dormido en la montaa y all me cambiaron mi escopeta y me lo han
cambiado todo. Yo mismo estoy cambiado, y no puedo decir siquiera cul
es mi nombre ni quin soy!--

A estas palabras los circunstantes comenzaron a cambiar entre s miradas
significativas, sacudiendo la cabeza, guiando los ojos y golpendose la
frente con los dedos. Corri tambin un murmullo sobre la conveniencia
de asegurar el fusil y aun al viejo personaje para evitar que hiciera
algn dao; ante cuya suposicin el sabihondo caballero del sombrero de
tres picos se retir con marcada precipitacin. En tan crtico momento,
una fresca y hermosa joven avanz entre la multitud para echar una
ojeada al hombre de la barba gris. Llevaba en sus brazos un rollizo
chiquillo que asustado con el extranjero rompi a llorar.

--Sht, Rip!--dijo la joven, calla, tontuelo; el viejo no te har ningn
dao.--

El nombre del nio, el aire de la madre, la entonacin de su voz, todo
despert en Rip Van Winkle un mundo de recuerdos.--Cmo os llamais,
buena mujer?--pregunt.

--Judith Gardenier.

--El nombre de vuestro padre?

--Ah, pobre hombre! Llambase Rip Van Winkle, pero hace veinte aos que
sali de casa con su fusil y jams regres ni hemos sabido de l desde
entonces. Su perro volvi solo a la casa; y nadie podra decir si mi
padre se mat o si los indios se lo llevaron. Yo era entonces una
chiquilla.--

Quedbale a Rip slo una pregunta por hacer y la propuso con voz
desfallecida:

--Dnde est vuestra madre?

--Oh! ella muri poco despus. Se le rompi una arteria en un arranque
de clera con un buhonero de Nueva Inglaterra.--

Aquello era una gota de alivio, a su entender. El buen hombre no pudo
contenerse por ms tiempo. Cogi a su hija y al nio entre sus brazos,
exclamando:

--Yo soy vuestro padre! El Rip Van Winkle joven de otros tiempos, y
ahora el viejo Rip Van Winkle! Nadie reconoce al pobre Rip Van
Winkle?--

Todos quedaron atnitos, hasta que una viejecilla trmula atraves la
multitud y ponindose la mano sobre las cejas le examin por debajo el
rostro por un momento, exclamando en seguida:

--Seguro que es Rip Van Winkle! El mismo, en cuerpo y alma! Bien
venido al pueblo, viejo vecino! Decidnos, dnde habis estado metido
estos largos veinte aos?--

Pronto hubo referido Rip su historia, pues que los veinte aos
transcurridos se reducan para l a una sola noche. Los vecinos le
miraban con asombro al escucharla; algunos se guiaban entre s poniendo
la lengua en sus mejillas; mientras el pomposo caballero del sombrero de
tres picos--que regres al campo de accin tan pronto como la alarma
hubo pasado--sacuda la cabeza recogiendo las extremidades de su boca;
sacudimiento dubitativo que se hizo entonces general en la asamblea.

Decidise, sin embargo, consultar al viejo Pter Vnderdonk a quien se
vea avanzar por la carretera. Era descendiente del historiador del
mismo nombre[10] que escribi una de las primeras crnicas de la
provincia. Pter era el ms antiguo de los habitantes de la aldea y muy
versado en todos los acontecimientos maravillosos y tradiciones del
vecindario. Reconoci a Rip Van Winkle inmediatamente y corrobor su
relato de la manera ms satisfactoria. Asegur a la asamblea que era un
hecho establecido por su antepasado el historiador que las montaas
Katskill haban estado pobladas siempre de seres extraos. Afirmbase
igualmente que el gran Hndrick Hudson, descubridor del ro y de la
comarca, celebraba all una especie de velada cada veinte aos con toda
la tripulacin de la _Half-Moon_; sindole dado as el recorrer los
lugares donde se realizaron sus hazaas y mantener ojo alerta sobre el
ro y la gran ciudad llamados por su nombre. Declar que su padre les
haba visto una vez vistiendo sus antiguos trajes holandeses y jugando a
los bolos en una cueva de la montaa; y que l mismo haba odo una
tarde el eco de las bolas resonando como lejanas detonaciones de
truenos.

Para abreviar, la compaa se disolvi volviendo al asunto ms
importante de la eleccin. La hija de Rip llevsele a su casa a vivir
con ella; tena una linda casita bien amueblada, y por marido a un
fornido y jovial granjero a quien recordaba Rip como uno de los
pilluelos que acostumbraban encaramarse en sus espaldas. En cuanto al
hijo y heredero de Rip--la copia de su padre que apareci reclinado
contra el rbol--estaba empleado como mozo de la granja; pero mostraba
una disposicin hereditaria para atender a cualquiera otra cosa de
preferencia a su labor.

Rip reasumi entonces sus antiguos hbitos y correras; encontr pronto
muchos de sus contemporneos, aunque bastante averiados por los estragos
del tiempo; prefiriendo entablar amistades entre la nueva generacin de
la cual a poco lleg a ser el favorito.

No teniendo ocupacin en la casa y habiendo alcanzado la edad feliz en
que el hombre puede ser holgazn impunemente, ocup de nuevo su lugar en
el banco a la puerta del mesn, donde era reverenciado como uno de los
patriarcas de la aldea y como crnica viviente de la poca "anterior a
la guerra." Transcurri algn tiempo antes de que se pusiera al
corriente de la chismografa del vecindario o llegara a comprender los
extraos acontecimientos que se haban desarrollado durante su sueo: la
guerra de la revolucin, cmo arroj el pas el yugo de la vieja
Inglaterra, y cmo era que en vez de ser vasallo de su majestad Jorge
III, se haba convertido en ciudadano libre de los Estados Unidos. En
realidad, Rip no era poltico: las transiciones de estados e imperios
hacanle muy poca mella; pero exista cierta clase de despotismo bajo el
cual haba gemido largo tiempo: el gobierno de las faldas. Felizmente
aquello haba terminado; haba escapado al yugo matrimonial y poda ir y
venir por todas partes sin temor a la tirana de la seora Van Winkle.
Cada vez que se mencionaba este nombre, sin embargo, Rip sacuda la
cabeza, encoga los hombros y levantaba los ojos al cielo, lo cual poda
tomarse tanto como expresin de resignacin a su suerte como de alegra
por su liberacin.

Acostumbraba referir su historia a todos los extranjeros que se
hospedaban en el hotel de Mr. Dolittle. Pudo notarse al principio que
la relacin difera cada vez en varios puntos, lo que se deba
indudablemente a su reciente despertar. Pero al fin se fij exactamente
en la forma que acabo de relatar, y no haba hombre, mujer o nio en
todo el vecindario que no se la supiera de memoria. Algunos afectaban
siempre dudar de su veracidad insistiendo en que Rip no haba estado en
sus cabales, y que respecto de este punto siempre desvariaba. Los viejos
holandeses, sin embargo, le daban casi unnimemente pleno crdito. Aun
hoy no pueden or las tempestades de truenos que estallan ciertas tardes
de verano en los alrededores de las montaas Katskill, sin decir que
Hndrick Hudson y su tripulacin estn jugando su partida de bolos; y es
el deseo general de los maridos del pueblo maltratados por su mujer,
cuando la vida les resulta muy pesada, obtener algunos tragos del frasco
bienhechor de Rip Van Winkle.


NOTA

Podra sospecharse que el cuento que antecede hubiera sido inspirado a
Mr. Knckerbocker por una pequea supersticin alemana acerca del
emperador Federico _der Rthbart_[11] y la montaa Kypphaser. La nota
adjunta, sin embargo, que escribi como apndice a este cuento,
demuestra que es un hecho absolutamente verdico, narrado con su
habitual fidelidad:

"La historia de Rip Van Winkle parecer increble a muchas personas;
mas, a pesar de todo, le doy entero crdito porque s que los
alrededores de nuestra viejas colonias holandesas han sido teatro de
muchos sucesos y apariciones maravillosas. Verdaderamente, he odo en
las ciudades de las riberas del Hudson historias ms inverosmiles que
la presente, las cuales estaban demasiado bien autorizadas para
permitirse alimentar la menor duda. Yo mismo he hablado varias veces
con Rip Van Winkle, quien era un hombre anciano y venerable la ltima
vez que le vi, y tan perfectamente racional y lgico, desde todo punto
de vista, que no creo que ninguna persona de conciencia rehusara dar
crdito a su historia; he visto tambin un certificado al respecto
otorgado ante el tribunal de la comarca y firmado con una cruz de la
propia mano del juez. De consiguiente la historia se encuentra fuera de
toda posibilidad de duda.

"D. K."


POST SCRIPTUM

Las siguientes notas se han tomado de un memorndum de viaje de Mr.
Knckerbocker:

El Katsberg, o montaas Katskill, han sido siempre una regin de
leyenda. Los indios las consideraban como la mansin de los espritus
que dominaban el tiempo lanzando nubes o rayos de sol sobre el horizonte
y procurando buenas o malas estaciones de caza. Estaban dirigidos por el
espritu de una vieja india que se supona ser la madre y habitaba en el
pico ms elevado de las montaas Katskill. Corra a cargo de las
puertas da y noche para abrirlas y cerrarlas a la hora conveniente.
Colgaba las lunas nuevas en el firmamento y recortaba las viejas para
hacer estrellas. En tiempos de sequa poda obtenerse, con adecuada
propiciacin, que hilara ligeras nubes de verano, formadas de telaraas
y roco de la maana, y las enviara a flotar en el aire copo a copo
desde la cresta de la montaa, como vedijas de algodn cardado; hasta
que disueltas por el calor del sol caan en lluvia deliciosa provocando
el brote de la hierba, la madurez de los frutos y el crecimiento de las
mieses a razn de una pulgada por hora. Si, en cambio, se encontraba
disgustada, aglomeraba nubes negras como tinta, colocndose en el centro
como una araa ventruda en medio de su tela; y cuando aquellas nubes
estallaban qu de calamidades sucedanse en el valle!

Antiguamente, afirmaban las tradiciones indias, exista una especie de
Mnitou o espritu que habitaba las regiones ms salvajes de las
montaas Katskill y experimentaba un malvado placer en procurar toda
clase de males y vejaciones a los hombres rojos. Algunas veces asuma la
forma de oso, gamo o pantera para arrastrar al extraviado cazador a una
fatigosa jornada a travs de bosques intrincados y speras rocas, y
desaparecer entonces lanzando un fuerte ho! ho! dejando al despavorido
cazador al borde de un escarpado abismo o de un torrente devastador.

Aun se muestra la residencia favorita de este Mnitou. Es una roca o
risco enorme en la parte ms agreste de la montaa y se conoce con el
nombre de _Garden Rock_ (Roca florida) a causa de las frescas vides que
trepan abrazndola, y de las flores silvestres que abundan a su
alrededor. A sus pies yace un pequeo lago, asilo del solitario
alcaravn y poblado de serpientes acuticas que toman el sol en las
hojas de los nenfares que duermen en la superficie. El lugar era
tenido en gran veneracin por los indios, hasta el punto que ni el ms
atrevido cazador habra osado perseguir la pieza dentro de su recinto.
Cierto da, sin embargo, un cazador extraviado penetr en Garden Rock y
pudo observar gran nmero de calabazas colgando de las ramas
ahorquilladas de los rboles. Cogi una de ellas y trat de hurtarla;
pero en su prisa por huir la dej caer entre las rocas, de donde brot
un torrente que le arrebat y arrastr a profundos abismos en cuyo fondo
qued destrozado por completo. El torrente sigui su curso hasta el
Hudson y contina corriendo hasta el da; siendo el mismo arroyo
conocido hoy por el nombre de Kaaters-kill.




LA LEYENDA DEL VALLE ENCANTADO

ENCONTRADA ENTRE LOS PAPELES DEL DIFUNTO DEDRICH KNCKERBOCKER

      Es tierra bonancible de extraas fantasas,
    De ensueos que se ciernen sobre ojos entornados,
      Y encantados castillos en nubes fugitivas
    Que siempre se coloran en cielos estivales.
           _--Castle of Indolence._[12]


En el fondo de una de aquellas espaciosas ensenadas, que tanto abundan
en las playas orientales del Hudson, y en un gran ensanchamiento del
ro, denominado Tappan Zee[13] por los antiguos navegantes holandeses,
donde acortaban velas prudentemente, invocando la proteccin de San
Nicols para atravesarlo, yaca una pequea aldea o puerto rural que
algunos llaman Grensburgh, pero que es general y propiamente conocida
por el nombre de Tarry Town (Lugar de parada). Se dice que este nombre
le fu dado antiguamente por las buenas comadres del pueblo vecino, con
motivo de la inveterada costumbre de sus maridos de estacionarse en las
tabernas en los das de mercado. Sea de ello lo que fuere, yo no
garantizo el hecho sino simplemente lo consigno en mi deseo de ser
preciso y autntico. No muy lejos del pueblo, quiz a dos millas ms o
menos, existe un diminuto valle o ms bien un repliegue del terreno
entre altas colinas, que es uno de los sitios ms tranquilos en todo el
universo. Un pequeo arroyo lo atraviesa, deslizndose con suave
murmullo que invita al reposo; siendo el reclamo eventual de la codorniz
o el golpeteo del pjaro carpintero los nicos ruidos que turban de vez
en cuando la tranquilidad esttica de aquel paraje.

Recuerdo que mi primera hazaa en la caza de ardillas, cuando yo era
todava un mozalbete, tuvo lugar en un bosquecillo de altos nogales que
sombrean un lado del valle. Vagaba por all al medioda, hora en que la
naturaleza est particularmente tranquila, y me sobrecog al estruendo
de mi propia escopeta, prolongado y repercutido por el indignado eco,
rompiendo el sosegado silencio de los alrededores. Si alguna vez
anhelara yo un pacfico retiro donde huir del mundo y de sus
distracciones y soar en tranquila quietud todo el resto de una agitada
existencia, nada respondera mejor a tal propsito que este escondido
vallecito.[14]

A causa de la indolente tranquilidad del lugar y del carcter peculiar
de sus habitantes, que descienden de los originarios colonos
holandeses, aquella recndita caada era conocida hace mucho tiempo por
el nombre de _VALLE ENCANTADO_, y los rsticos mozos del vecindario son
conocidos en todo el pas circunvecino como los zagales del valle
encantado.

Una letrgica y soadora influencia parece pesar sobre toda la comarca y
prevalecer en su ambiente. Algunos afirman que el lugar fu hechizado en
los primeros das de la colonizacin por un ilustre doctor alemn;
otros, que un viejo jefe indio, el profeta o adivino de la tribu,
celebraba all sus conjuros antes del descubrimiento de aquella regin
por Master Hndrick Hudson.[15] Lo cierto es que el lugar contina bajo
el dominio de algn encantador que mantiene hechizada la mente de
aquellas buenas gentes, hacindolas vivir en plena fantasa. Son dadas a
toda clase de creencias maravillosas; estn sujetas a xtasis y
visiones, y continuamente ven extraas apariciones y oyen msicas y
voces por los aires. El vecindario abunda en cuentos locales, en lugares
frecuentados por espectros y en supersticiones sombras. Las estrellas
voladoras y los brillantes meteoros cruzan aquel valle ms a menudo que
cualquiera otra comarca; y el demonio de la pesadilla, con sus nueve
secuaces,[16] parece haber hecho del pas el escenario favorito de sus
cabriolas.

Sin embargo, el espritu dominante en esta hechizada regin, y que
parece ser el jefe supremo de todas las potencias del aire, es el
fantasma de un jinete sin cabeza. Algunos opinan que es el espectro de
un soldado de caballera de Hesse,[17] cuya cabeza fu arrebatada por
una bala de can en alguna batalla desconocida de la guerra de la
revolucin, y a quien pueden sorprender de vez en cuando los naturales
del pueblo galopando en la obscuridad de la noche como llevado en alas
de los vientos. Sus apariciones no se limitan al valle, sino que se
extienden a veces hasta las carreteras adyacentes y se repiten
particularmente en las cercanas de una iglesia[18] situada a corta
distancia. En efecto, algunos de los historiadores ms autnticos de la
comarca, que han recogido y asociado las versiones flotantes con
respecto a este espectro, alegan que por haber sido enterrado el cuerpo
del soldado en el cementerio de la iglesia, ronda el fantasma por las
noches el lugar de la batalla en busca de su cabeza; atribuyndose la
velocidad con que atraviesa a menudo la hondonada a la prisa que tiene
por llegar al cementerio antes del amanecer, con motivo de haberse
retardado ms de lo permitido en sus pesquisas nocturnas.

Tal es la interpretacin general de esta legendaria supersticin que ha
procurado tema para muchas historias descabelladas en aquella regin de
aparecidos; siendo conocido el espectro en todos los hogares por el
nombre de _El jinete sin cabeza_ del valle encantado.

Es digno de notarse que la propensin visionaria de que he hablado no se
limita solamente a los naturales de la comarca, sino que se la asimila
inconscientemente todo aquel que reside all por algn tiempo. Por ms
despierta que haya sido una persona antes de penetrar en la regin de
los sueos, es seguro que se apropiar en poco tiempo la influencia
encantada del ambiente, volvindose fantstica, fingiendo quimeras y
viendo aparecidos.

Menciono con todo elogio este pacfico retiro, pues que en estos
apartados rincones holandeses, escondidos ac y all en el gran estado
de Nueva York, se conservan las antiguas costumbres, poblacin y
hbitos, mientras los barre inadvertidos en otros lugares el impetuoso
torrente de inmigracin y progreso que provoca incesantes cambios en la
agitada vida de la nacin. Son como aquellas fajas de agua tranquila que
bordean algn tumultuoso arroyo, donde permanecen quietamente al ancla
burbujas y pajas mecindose con suavidad en su improvisado puerto sin
ser molestadas por el flujo de la corriente. Aun cuando han transcurrido
muchos aos desde que me desprend de las letrgicas sombras del valle
encantado, me pregunto si encontrara todava los mismos rboles y las
mismas familias vegetando en su abrigado seno.

En este recndito paraje de la naturaleza viva, en poca remota de la
historia americana, es decir har unos treinta aos, una digna criatura
llamada chabod Crane, que resida o "paraba" all, como l deca, con
el propsito de instruir a los nios del vecindario. Era natural de
Conncticut, estado que procura a la Unin exploradores tanto de las
selvas como del pensamiento, y reparte todos los aos legiones de
hombres de sus bosques fronterizos y legiones de maestros de escuela de
sus comarcas. El nombre de Crane (grulla) no estaba en desacuerdo con su
persona. Era alto y excesivamente flaco, con hombros estrechos, largos
brazos y largas piernas, manos que sobresalan una milla de sus mangas,
pies que podan servir de palas, y toda una figura colgante que pareca
mantenerse unida con dificultad. Su cabeza era pequea y chata en la
parte superior, con grandes orejas, grandes ojos verdes y vidriosos y
larga nariz agachadiza; de manera que semejaba un gallo de campanario
encaramado en su cuello de huso para indicar de qu lado iba a soplar el
viento. Al verle, en un da ventoso, dando zancadas por el flanco de
alguna colina, con sus vestidos colgantes y flotando en torno suyo, se
le habra credo el genio del hambre descendiendo sobre la tierra, o
algn espantajo hurtado de cualquier campo de trigo.

La escuela era un edificio bajo, de una sola pieza, construdo
rsticamente con tablones; las ventanas en partes tenan vidrios y en
otras, parches de hojas de cuadernos viejos. En las horas vacantes se
aseguraba de manera muy ingeniosa por medio de un mimbre retorcido en la
aldaba de la puerta, y estacas colocadas contra las persianas de las
ventanas--idea sugerida indudablemente al arquitecto por el misterio de
las trampas de anguilas[19]--de manera que, si bien los ladrones podan
penetrar con perfecta facilidad, encontraran posiblemente alguna
dificultad para salir. La escuela encontrbase aislada hasta cierto
punto, pero en agradable situacin, al pie de una frondosa colina, con
un arroyo deslizndose en las cercanas y un gran abedul sombreando una
de sus esquinas. Desde all poda escucharse, en los soolientos das de
verano, el murmullo de las voces de los alumnos semejante al zumbido de
una colmena, interrumpido de cuando en cuando por la autoritaria voz del
maestro ya en tono de amenaza o de mandato; o por acaso, el rumor
pavoroso del abedul como aguijoneando a algn holgazn negligente en la
florida senda de la ciencia. A decir verdad, chabod Crane era un hombre
de conciencia que tena siempre presente la mxima de oro: "Escatimar
los azotes es malograr al discpulo." Y seguramente con chabod Crane no
se malograban los discpulos.

No debe deducirse de aqu, sin embargo, que fuese uno de aquellos
crueles potentados de la escuela que se gozan en la afliccin de sus
vasallos; al contrario, administraba justicia ms bien con mtodo que
con severidad, aliviando la carga de los hombros del ms dbil y
ponindola sobre las espaldas del ms fuerte. Al chiquillo esmirriado
que retroceda al menor preludio de azotes, se le administraban con
indulgencia; pero los fueros de la justicia quedaban inclumes
infligiendo doble racin al robusto y obstinado rapazuelo holands, de
amplias posaderas, que se enfurruaba y ensoberbeca y se volva ms
tozudo y hosco bajo el abedul. A todo esto llamaba el maestro "cumplir
su deber para con los padres;" y jams se di el caso de que
administrara un castigo sin que le siguiera la advertencia, muy
consoladora sin duda para el adolorido mozalbete, de que "recordara
toda su vida y le quedara siempre grato por lo que ahora haca en su
obsequio."

Fuera de las horas de clase era el camarada y compaero de juegos de los
muchachos mayores; y en las tardes de los das festivos sola acompaar
a su casa a algunos de los ms pequeos, siempre que tuvieran lindas
hermanas o buenas amas de casa por madres, lo que se dejaba notar en
seguida por el regalo de las alacenas. En realidad, le convena estar en
buenos trminos con sus discpulos. La renta que produca la escuela era
pequea y habra bastado apenas para su diaria subsistencia porque era
un gran glotn y, aunque flaco, tena el poder de dilatacin de una boa;
mas para ayudar a su sostenimiento se alojaba y coma, siguiendo la
costumbre del lugar, en casa de los granjeros a cuyos hijos enseaba.
Turnbase por semanas en casa de todos ellos, dando as la vuelta al
vecindario y llevando todo lo que posea en el mundo atado en un pauelo
de algodn.

Para que este sistema no resultara demasiado oneroso para la bolsa de
sus rsticos patrones, siempre prontos a considerar pesada carga
cualquiera pensin de la escuela y a juzgar a los maestros solamente
como unos znganos, tena chabod varios modos de hacerse a la vez til
y agradable. Ayudaba a los granjeros de vez en cuando en las labores
ligeras de la alquera, tomaba parte en la preparacin del heno,
compona los cercos, abrevaba los caballos, traa a las vacas del pasto
y cortaba lea para combustible en el invierno. Despojbase asimismo de
toda la dignidad autcrata y despotismo absoluto con que reinaba en su
pequeo imperio, la escuela, y se volva admirablemente gentil e
insinuante. Atraase a las madres mimando a los chicos, particularmente
a los ms pequeos; y, semejante al len audaz que acariciaba
antiguamente al cordero con tanta magnanimidad,[20] sola sentarse con
un chico en las rodillas mientras meca con el pie la cuna de otro por
varias horas.

Adems de sus diversas habilidades, era el maestro cantor del vecindario
y cosechaba muchos brillantes chelines por ensear la salmodia a los
mozos del lugar. No era una de sus menores satisfacciones instalarse los
domingos con un grupo de cantores escogidos, en el centro de la tribuna
de la iglesia donde, a su entender, arrebataba completamente la palma al
viejo capelln. Lo cierto es que su voz resonaba sobre todas las de la
congregacin; y aun hoy se escuchan en aquella iglesia gorgoritos que se
dicen legtimos descendientes de la nariz de chabod Crane, y que pueden
orse a media milla, hasta el lado opuesto de la alberca, en las
tranquilas maanas del domingo. As, por medio de sus pequeos ardides y
de la ingeniosa manera llamada vulgarmente "echar de mangas," el digno
pedagogo haca su vida tolerable, mientras todos aquellos que no
comprenden una palabra del trabajo mental, juzgaban que se pasaba una
existencia maravillosamente envidiable.

El maestro de escuela es generalmente una figura importante entre el
crculo femenino de una comunidad rural, donde se le considera una
especie de caballero desocupado, de mucho gusto y talento muy superior a
todos los burdos zagales de la comarca, y solamente inferior al prroco
en conocimientos. Por consiguiente, su presencia causa siempre cierta
emocin en las mesas de t de las granjas, provocando a menudo la
adicin de algunos dulces y pastas y aun, en ocasiones, la exhibicin de
alguna tetera de plata. Nuestro letrado sentase tambin especialmente
feliz con las sonrisas de todas las damiselas campesinas. Con cunto
gozo discurran entre ellas los domingos en el cementerio de la iglesia,
despus del servicio religioso, cogiendo los racimos de las vides
silvestres que cubran los rboles de las cercanas, descifrando para
distraerlas los epitafios de las tumbas, o vagando con toda la compaa
por la orilla de la represa del molino adyacente, mientras los encogidos
patanes del lugar seguan tmidamente por detrs, envidiando la
superioridad de su talento y elegancia!

A consecuencia de su errante vida era tambin una gaceta ambulante que
llevaba de casa en casa todos los los de la chismografa local, por lo
que su presencia se acoga siempre con satisfaccin. Era, adems,
estimado por las mujeres a causa de su erudicin, pues haba ledo
varios libros casi hasta el final y conoca a fondo la _History of New
England Witchcraft_ (Historia de la brujera en Nueva Inglaterra), por
Cotton Mther,[21] en la que, diremos de paso, crea firme y
ardientemente.

chabod Crane posea en realidad una extraa mezcla de sagacidad
limitada y pueril credulidad. Su aficin por lo maravilloso y su
facilidad para digerirlo eran igualmente extraordinarias, habiendo
alcanzado mayores proporciones con su estada en aquella encantada
regin. Ninguna leyenda era demasiado monstruosa o inverosmil para su
capacidad de absorcin. Deleitbase a menudo, despus de cerrar la
escuela por las tardes, en tenderse en el mullido lecho de trbol que
bordeaba el pequeo arroyo que murmuraba en las cercanas, y leer los
horrendos y antiguos cuentos de Mther hasta que la obscuridad creciente
de la tarde converta los caracteres impresos en las pginas en sombras
indecisas delante de sus ojos. Entonces, continuando su camino a travs
de pantanos y medrosas arboledas hacia la alquera donde se hospedaba en
aquel momento, turbbase su excitada imaginacin con todos los ruidos de
la naturaleza en aquella hora misteriosa: el lamento de la chotacabras
desde los flancos de la colina, el grito agorero de la rana arbrea
anunciando la tempestad, el medroso alarido de la lechuza y el repentino
rumor del follaje al roce de los pjaros sorprendidos en su asilo. Las
lucirnagas, que brillaban con mayor intensidad en los sitios ms
obscuros, asustbanle tambin de vez en cuando al cruzar inopinadamente
alguna de las ms lucientes su camino; y si por casualidad cualquier
enorme escarabajo aturdido vena bambolendose en desatinado vuelo en su
direccin, el pobre camastrn estaba a punto de rendir el nima
imaginando que haba sido herido por algn maleficio. Su nico recurso
en tales ocasiones para distraer sus pensamientos o alejar los malos
espritus era entonar salmos; y las buenas gentes del valle encantado,
sentadas al ocaso a las puertas de sus casas, llenbanse a veces de
pavor escuchando su meloda nasal "brotando en largos eslabones de
dulzura,"[22] y extendindose desde la distante colina o a lo largo de
la polvorienta carretera.

Otra fuente de medroso placer consista para l en pasar las largas
noches de invierno en compaa de las mujeres que hilaban en torno del
fuego escuchando, mientras sartas de manzanas se asaban y
chisporroteaban en el hogar, sus maravillosas historias de duendes y
aparecidos, de campos y arroyos encantados, y de casas y puentes
posedos; y particularmente la leyenda del jinete sin cabeza o soldado
galopante del valle encantado, como le llamaban a veces. Deleitbalas
por su parte con las ancdotas de brujera y de pavorosos augurios y
apariciones portentosas y ruidos en los aires, que acontecan en los
antiguos tiempos de Conncticut; y llenbalas de angustia con diversas
consideraciones sobre los cometas y estrellas errantes, as como sobre
el hecho alarmante de que el mundo giraba absolutamente en redondo y que
estaban precisamente a medio camino de la voltereta.

Pero si exista algn placer en tales conversaciones mientras se
encontraban abrigados y protegidos en el rincn de la chimenea, en una
habitacin vivamente alumbrada por el resplandor de los crujientes leos
y donde ningn espectro se hubiera atrevido por cierto a asomar la faz,
este goce se pagaba caramente con los subsiguientes terrores del camino
de regreso a los respectivos hogares. Qu figuras y sombras ms
horrendas a lo largo del sendero, entre la bruma y brillo sepulcral de
una noche de nevada! Con qu anhelante mirada examinaba chabod cada
rayo tembloroso de luz brillando a travs del vasto campo desde alguna
distante ventana! Cun frecuentemente sintise atemorizado ante
cualquier arbusto cubierto de nieve que, cual fantasma revestido de una
sbana, pareca espiar su camino! Cuntas veces se estremeci de helado
pavor al sonido de sus propios pasos en la endurecida corteza de la
tierra, sin atreverse siquiera a mirar por encima del hombro por temor
de encontrarse con algn ser extraordinario marchando pesadamente a sus
talones! Y cun a menudo se sinti desfallecer del todo al rumor de
una rfaga de viento gimiendo entre los rboles, con la idea de que era
el soldado de caballera galopando en una de sus excursiones nocturnas!

No eran, sin embargo, ms que simples terrores de la noche, fantasmas de
la mente del que camina en la obscuridad; y aun cuando chabod haba
visto muchos espectros en diversas ocasiones y haba sido ms de una vez
acechado en diferentes formas por Satn[23] en sus solitarios vagares,
la luz del da pona siempre fin a estas alucinaciones; y habra
disfrutado con todo una dichosa existencia, a despecho del diablo y de
sus obras, si no se hubiera cruzado en su camino el ser que causa a los
mortales perplejidades mayores que todos los espectros, duendes y la
raza entera de los brujos reunidos; esto es: una mujer.

Entre los discpulos de msica que se reunan una vez por semana en la
noche para recibir sus lecciones de salmodia, encontrbase Katrina Van
Tssel, hija nica de un rico granjero holands. Era un delicioso
pimpollo de dieciocho aos, regordeta como una perdiz, sabrosa, suave y
de mejillas tan rosadas como uno de los melocotones de su padre; y de
fama universal, no slo por su belleza sino por sus vastas expectativas
en el porvenir. Con esto, era un poquitillo coqueta como poda deducirse
de su manera de vestir, combinacin de la moda antigua y moderna en la
forma ms apropiada para realzar sus encantos. Usaba los mismos adornos
de oro amarillo puro que su tatarabuela trajera de Saardam; el tentador
peto y una provocativa falda corta que permita admirar el ms lindo pie
y tobillo que se lucan en toda la regin circunvecina.

chabod Crane tena un corazn blando y decidido por el bello sexo; por
lo cual no debe maravillar que bocado tan exquisito encontrara gracia
ante sus ojos, sobre todo despus de haber estado de visita en la casa
paterna. El viejo Baltus Van Tssel era la encarnacin perfecta del
granjero prspero, feliz y de corazn abierto. Es verdad que rara vez
traspasaban sus ideas o sus miradas ms all de los linderos de su
granja; pero dentro de ellos todo era dicha, holgura y comodidad. Viva
satisfecho pero no orgulloso de su prosperidad; y tena ms a gala la
abundancia sencilla que el estilo rebuscado en su manera de vivir. Sus
dominios estaban situados sobre las riberas del Hudson, en uno de
aquellos verdes, abrigados y frtiles rincones en que tanto gusta anidar
a los agricultores holandeses. Un gran olmo extenda sus anchas ramas
sobre la casa, y a sus pies brotaba una fuente de agua dulce y
cristalina en un pequeo manantial formado por un barril, de donde se
escapaba centelleando entre el csped hasta reunirse al arroyuelo vecino
que murmuraba bajo los alisos y los sauces enanos. Cerca de la casa
haba una vasta troje que poda haber servido de iglesia; sus ventanas y
hendeduras parecan a punto de estallar con los tesoros de la granja;
oase resonar dentro da y noche el atareado mayal; las golondrinas y
vencejos deslizbanse gorjeando bajo los aleros; mientras hileras de
palomas, algunas con un ojo vuelto hacia arriba como para examinar el
tiempo, otras con la cabeza bajo el ala o enterrada entre el pecho,
otras hinchndose, arrullando o haciendo la rueda a sus damas, tomaban
el sol desde el tejado. Cerdos bruidos y pesados gruan en el reposo y
abundancia de sus chiqueros, de donde asomaban las narices aqu y all,
como absorbiendo el aire, manadas de cachorros. Un majestuoso escuadrn
de nevados gansos nadaba en el cercano estanque, escoltando flotillas
enteras de patos; regimientos de pavos cloqueaban por la granja,
mientras las gallinas de Guinea protestaban de tal atrevimiento con su
malhumorado y discordante grito, como gruonas amas de casa. Delante de
la puerta de la troje pavonebase el arrogante gallo, modelo de maridos,
de guerreros y gentileshombres, sacudiendo sus brillantes alas y
cantando toda la alegra y el orgullo de su corazn; escarbando a veces
la tierra con las patas y llamando despus generosamente a su siempre
hambrienta familia de mujeres y chiquillos para que saborearan el rico
bocado que haba descubierto.

Volvase agua la boca del pedagogo al contemplar las magnficas promesas
de suculenta mesa para el invierno. En su devoradora visin aparecan
los lechoncillos rellenos corriendo a su alrededor con una manzana en el
hocico; los pichones voluptuosamente acostados en apetitoso pastel y
arrebozados en su dorada corteza; los gansos nadando en su propia salsa;
y los patos agradablemente instalados por parejas en las fuentes, como
amorosos cnyuges, con una decente provisin de salsa de cebollas. En
los puercos vea sealarse las rayas del futuro y reluciente tocino, y
el jugoso y delicado jamn; no haba un solo pavo al que no adivinara
deliciosamente trufado, con la molleja bajo el ala y algunas veces con
un collar de sabrosas salchichas; y hasta los bizarros monarcas del
corral yacan tendidos sobre el lomo, como plato de entrada, con las
garras levantadas como implorando el cuartel que su caballeresco
espritu desdeara demandar en vida.

Al mismo tiempo que el extasiado chabod fantaseaba todo esto al rodar
la mirada de sus verdes ojos sobre los pinges prados, los ricos campos
de trigo, de centeno, de trigo sarraceno y maz, como sobre los rboles
cediendo al peso de los rubios frutos en las huertas que rodeaban la
propiedad de Van Tssel, su corazn suspiraba por la damisela que
heredara estos dominios, y caldebase su imaginacin a la idea de cun
fcilmente podran convertirse en plata contante que a su vez se
invertira en inmensas posesiones de terreno yermo y palacios de ripia
en el desierto. No se detena all su ardiente fantasa sino que,
realizando sus esperanzas, le presentaba a la graciosa Katrina con toda
una larga prole de chiquillos, sentada en lo alto de un carro cargado de
baratijas caseras, con potes y marmitas danzando en la parte inferior; y
l mismo vease montando a horcajadas una pacfica yegua con un potrillo
a la zaga, camino de Kentucky, Tennessee o Dios sabe qu rumbo.

Cuando entr en la casa, su corazn qued conquistado por completo. Era
una de aquellas espaciosas granjas de altos caballetes y tejados de bajo
declive, construdas al estilo transmitido por los primeros colonos
holandeses; proyectndose hacia adelante los bajos aleros hasta formar
un corredor fronterizo capaz de cerrarse por completo en el mal tiempo.
Debajo colgaban mayales, arneses, instrumentos de labranza y redes para
pescar en la ribera cercana. En todo el largo de los costados haba
bancos para el tiempo de verano; una gran rueda de hilar a uno de los
extremos y una mantequera al otro lado, mostraban los diversos usos a
que este importante prtico estaba destinado. Del corredor pas el
embelesado chabod a la sala que formaba el centro del edificio y era el
sitio habitual de residencia. All, hileras de resplandeciente vajilla,
colocada en un gran aparador, deslumbraron sus miradas. En un rincn
haba un enorme saco de lana lista para hilarse; en otro, una cantidad
de lino y lana acabada de llegar del telar; mazorcas de maz y cuerdas
de manzanas y melocotones secos pendan de los muros en atractiva
decoracin, mezclados al festival de los rojos pimientos; mientras una
puerta ligeramente entornada permita echar una ojeada al saln ms
caracterizado, donde las sillas con sus patas de garras y las mesas de
caoba obscura relucan como espejos; los morillos de la chimenea, con
sus correspondientes palas y tenazas, resplandecan bajo su cubierta
semejando cabezas de esprragos; arbustos y conchas decoraban la repisa
de la chimenea, sobre la cual veanse suspendidas hileras de huevos de
diversos colores; un gran huevo de aveztruz campeaba pendiente en el
centro de la pieza; y un gran anaquel, abierto intencionadamente,
desplegaba inmensos tesoros de plata antigua y porcelana bien conservada
de la China.

Desde el momento en que chabod repos sus miradas en aquellas escenas
deleitosas desapareci la paz de su espritu, y todo su estudio
concentrse en descubrir la manera de ganar el afecto de la sin par hija
de Van Tssel. Tropezaba, sin embargo, para esta empresa con
dificultades mayores de las que acostumbrara vencer el enjambre de
caballeros errantes de antao que slo combatan con gigantes,
encantadores, fieros dragones y otros adversarios de este jaez, fciles
de dominar; vindose obligados solamente a abrirse paso a travs de
puertas de hierros y bronce, y muros de adamanto, para llegar al
castillo encantado donde se hallaba confinada la dama de sus
pensamientos; hazaas todas que realizaban tan fcilmente como quien
abre una va hasta el fondo de un pastel de Navidad, encontrando al cabo
que la dama les otorgaba su mano como cosa convenida con anterioridad.
chabod, por el contrario, tena que ganar el corazn de una coqueta de
aldea, perdido en un laberinto de caprichos y extravagancias que
ofrecan cada vez nuevas dificultades y estorbos; y hacer frente,
adems, a una legin de adversarios de carne y hueso, los rsticos y
numerosos admiradores de Katrina, que sitiaban todos los accesos a su
corazn espindose mutuamente con irritadas miradas, pero prontos a
formar causa comn para atacar a cualquier nuevo competidor.

El ms formidable entre ellos era un jactancioso, turbulento y atronador
valentn llamado Abraham o Brom Van Brunt segn la abreviatura
holandesa, que se haba hecho el hroe de la comarca por sus hazaas de
fuerza y temeridad. Tena anchos hombros y macizas articulaciones,
cabello corto, negro y rizado, y aspecto rstico pero no desagradable,
con cierto aire mezcla de jovialidad y arrogancia. Por su figura
herclea y sus potentes miembros haba merecido el sobrenombre de Brom
Bones (Brom el huesoso), por el cual se le conoca generalmente. Tena
fama de grandes conocimientos y destreza en la equitacin, sintindose
tan firme a caballo como un trtaro. Era el primero en todas las
apuestas y peleas de gallos y, con el ascendiente que la fuerza fsica
ejerce siempre en la vida rural, haca de rbitro en todas las disputas,
decidiendo por cualquiera de las partes y dictando sus sentencias con
aire y tono que no admita rplica ni contradiccin. Estaba siempre
pronto para un lo o para una juerga; pero haba ms travesura que mala
intencin en su temperamento y, en medio de toda su rudeza exterior,
gastaba en el fondo sus arranques de broma y buen humor. Tena tres o
cuatro buenos camaradas que le tomaban como modelo y a la cabeza de los
cuales recorra la comarca mezclndose en todas las contiendas y
diversiones en muchas millas a la redonda. En el invierno llevaba
siempre como distintivo un gorro de piel con airosa borla de cola de
zorro; y cuando la gente reunida en alguna fiesta de aldea divisaba a la
distancia el conocido penacho agitndose en medio de un escuadrn de
atrevidos jinetes, saba ya que se preparaba una borrasca. Algunas veces
se oa pasar la banda a media noche delante de las granjas, en medio de
gritos y exclamaciones como una tropa de cosacos del Don; y las viejas
damas arrancadas a su sueo acostumbraban escuchar por un momento hasta
que el ruido hubiera cesado y exclamaban entonces: "Ah! Por all anda
Brom Bones y su banda!" Los vecinos le miraban con mezcla de pavor,
admiracin y simpata, y siempre que ocurra en el pueblo algn tremendo
alboroto o cualquier extravagante locura, sacudan la cabeza y
garantizaban que Brom Bones se encontraba al fondo del asunto.

Haca ya algn tiempo que este selvtico hroe haba hecho de la
deslumbradora Katrina el objeto de sus rudas galanteras, y a pesar de
que sus amorosos manejos eran algo semejantes a las gentiles caricias y
halagos de un oso, se murmuraba que la joven no desalentaba sus
esperanzas. Lo cierto es que sus avances fueron la seal de retirada
para los candidatos rivales que no se sentan inclinados a irritar a un
len en sus amores; de manera que, cuando un domingo por la noche pudo
verse su caballo atado en las caballerizas de Van Tssel, como muestra
infalible de que su amo hallbase dentro cortejando o "pretendiendo,"
como se acostumbraba decir, todos los aspirantes continuaron su camino
desesperados y fueron a iniciar nuevas lides por otros barrios.

Tal era el formidable rival con quien chabod Crane haba de luchar y,
todo bien considerado, hombres ms fornidos que l habran temido al
competidor, y los ms prudentes habran desesperado. Pero en la
naturaleza del maestro haba una mezcla feliz de maleabilidad y
perseverancia; en figura y en espritu era un mozo bien templado;
flexible, pero tenaz; doblegndose sin romperse; y aun cuando inclinaba
la cabeza a la menor presin, apenas pasado el momento difcil zas!
erguase de nuevo y llevaba la frente tan alta como de costumbre.

Habra sido ciertamente una locura combatir a campo abierto contra
semejante rival, hombre tan incapaz como el fogoso Aquiles, de sufrir la
menor oposicin a sus amores, chabod, por consiguiente, haca sus
avances de manera muy suave e insinuante. So capa de maestro de canto
haca visitas frecuentes a la alquera; sin que esto signifique, de otro
lado, que tuviese nada que temer de la oficiosa intervencin de la
familia que a menudo representa un grave escollo en la senda de los
amantes. Balt Van Tssel era un hombre bueno e indulgente; amaba a su
hija ms an que a su pipa, y a fuer de hombre razonable y excelente
padre, dejbala hacer su voluntad en todo cuanto se la antojase. Su
arreglada mujercita tena demasiado que hacer con atender a la casa y
cuidar de las aves; y adems, como observaba sabiamente, los patos y los
gansos son muy tontos y es preciso mirar por ellos, mientras que las
muchachas pueden cuidarse por s mismas. As, mientras la atareada
seora bulla por la casa o daba vueltas a la rueca en un extremo del
corredor, el honrado Balt sentbase a fumar su pipa al otro extremo,
contemplando las proezas de un pequeo guerrero de madera que, armado de
una espada en cada mano, desafiaba al viento valientemente desde el
pinculo del granero. Entretanto chabod defenda su causa con la hija
bajo el gran olmo al lado de la fuente o vagando por la granja hacia el
crepsculo, hora la ms propicia para la elocuencia amatoria.

No me precio de saber cmo se vence y es vencido el corazn de la mujer.
Para m ellas han sido siempre un enigma y un motivo de admiracin.
Algunas parecen tener solamente un punto vulnerable o puerta de acceso,
mientras otras tienen millares de avenidas y pueden capturarse de mil
modos diferentes. Es un gran triunfo de la estrategia conquistar a las
primeras, pero demanda aun mayores conocimientos en esta ciencia
conservar la posesin de las segundas, porque entonces el hombre tiene
que librar batalla en todas las puertas y ventanas para defender su
fortaleza. Aquel que vence un corazn de mil entradas tiene ciertamente
derecho a algn renombre; pero el que conserva dominio indisputable en
el corazn de una coqueta es un hroe, en verdad. Mas no era ste el
caso con el temible Brom Bones, pues desde el momento en que chabod
Crane inici sus avances, declinaron evidentemente los intereses del
primero; no se vea ya su caballo atado en la caballeriza los domingos
por la noche, y una enemistad mortal desarrollse gradualmente entre l
y el preceptor del valle encantado.

Brom, con su natural rudeza caballeresca, habra llevado de buena gana
las cosas a campo abierto y definido las pretensiones de ambos sobre la
dama en combate singular, de acuerdo con la moda de los ms concisos y
simples razonadores, los caballeros errantes de antao; pero chabod
tena demasiada conciencia de la superioridad fsica de su adversario
para arriesgarse a justar con l; haba odo jactarse a Bones de que
"doblara en dos al maestro y le encerrara en uno de los anaqueles de
la escuela;" y era demasiado prudente para darle ocasin de ponerlo en
prctica.

Haba algo extremadamente provocativo en su sistema de pacfica
obstinacin, que no dejaba a Brom otra alternativa que acudir al fondo
de bellaquera que tena siempre a su disposicin y jugar a su rival
pesadas bromas, chabod lleg a convertirse en el objeto de una
fantstica persecucin de parte de Bones y sus zafios camaradas.
Pillaban sus en otro tiempo pacficos dominios, llenaban de humo la sala
de canto obstruyendo la chimenea, invadan la escuela durante la noche a
despecho de las ataduras de mimbres y estacas de las ventanas
volvindolo todo de travs, de manera que el pobre maestro comenzaba a
creer que las brujas de todo el pas se congregaban all para celebrar
sus sbados. Pero todava lo ms insoportable era que Brom aprovechaba
toda ocasin de ponerle en ridculo delante de su dama, y tena un
canalla de perro a quien haba enseado a aullar de la manera ms
irritante y al cual presentaba como rival de chabod para ensear a
Katrina la salmodia.

En esta forma marcharon los asuntos por algn tiempo sin producir
efectos sensibles en la respectiva situacin de los poderes
beligerantes. Una hermosa tarde de otoo encontrbase chabod muy
pensativo, entronizado en el alto escabel desde donde dominaba
generalmente todos los incidentes de su pequeo reino de las letras.
Balanceaba en su mano una frula, cetro de su desptico poder; la
varilla justiciera, terror constante de los malhechores, reposaba en
tres clavos detrs del trono, mientras sobre el escritorio podan verse
diversos artculos de contrabando y armas prohibidas, como manzanas
mordidas, cerbatanas, perinolas, jaulas de moscas y legiones enteras de
exuberantes gallitos de papel, decomisados sobre la persona de aquellos
holgazanes bribonzuelos. A todas luces, haba tenido lugar haca poco
algn tremebundo acto de justicia, porque los escolares estaban
intensamente atareados con sus libros o cuchicheaban tras ellos a
hurtadillas con ojo avizor sobre el maestro; y una especie de latente
zumbido reinaba en toda la sala de clase. Bruscamente el silencio se
interrumpi con la aparicin de un negro, vestido de chaqueta y calzn
de camo, con un fragmento redondo de copa de sombrero semejando el
gorro de Mercurio, y montado en un potro esmirriado, salvaje y
cojitranco, al que manejaba con una soga a guisa de ronzal. Se present
alborotando a la puerta de la escuela y trayendo a chabod una
invitacin para una fiesta campestre o "quilting frolic"[24] que tendra
lugar aquella noche donde los Van Tssels; y despus de declamar su
mensaje con el aire de importancia y el esfuerzo por expresarse en
lenguaje fino que los negros son tan dados a desplegar en pequeas
embajadas de esta clase, salt sobre su rocinante y desapareci por la
hondonada con toda la prisa ceremoniosa que requera su misin.

Todo era ahora bullicio y aturdimiento en la poco ha tranquila sala de
clase. Los muchachos pasaron sus lecciones al escape sin detenerse en
bagatelas; los ms vivos escamotearon la mitad impunemente; los tardos
recibieron de vez en cuando alguna eficaz aplicacin en la parte
posterior para aguijonear su inteligencia y ayudarles a encontrar
cualquier palabra difcil. Arrojronse los libros a un lado sin
preocuparse de ordenarlos en los anaqueles; volteronse los tinteros,
cayeron las bancas, y la escuela qued desierta una hora antes de lo
acostumbrado, dejando escapar una legin de diablillos que chillaban y
alborotaban entre el verdor en la alegra de su temprana emancipacin.

El galante chabod dedic por lo menos media hora ms de lo ordinario a
su tocador, acepillando y puliendo su mejor y a decir verdad nico
vestido negro desteido, y arreglando sus guedejas con ayuda de un trozo
de espejo colgado en una de las paredes de la escuela. Para presentarse
ante su dama en verdadero estilo caballeresco, pidi prestado un corcel
al granjero en cuya casa se alojaba por entonces, un viejo holands
grun llamado Hans Van Rpper, y as, bizarramente montado, sali como
un caballero errante en busca de aventuras. Mas tratndose de una
historia romntica, necesito consignar aqu siquiera en somera forma el
aspecto y equipo de mi hroe y de su cabalgadura. Montaba un averiado
caballo de arado que haba dejado tras s todo en la vida menos sus
defectos. Era flaco y peludo, con pescuezo de oveja y cabeza que pareca
un martillo; sus amarillentas crines y cola estaban todas enredadas y
llenas de nudos de cadillos; uno de sus ojos haba perdido la pupila y
apareca vidrioso y espectral, mientras el otro tena reflejos
genuinamente diablicos. A juzgar por su nombre, Gunpowder (Plvora),
deba haber tenido mucho fuego y bro en sus das. Haba sido, en
efecto, la montura favorita del iracundo Van Rpper, jinete frentico,
que haba infundido probablemente al animal algo de su propio espritu,
pues viejo y maltratado como estaba, conservaba aun ms oculta malicia
que cualquier potro joven de la comarca.

chabod era figura adecuada para tal cabalgadura. Llevaba estribos
cortos que ponan sus rodillas cerca del pomo de la silla; sus codos
agudos proyectbanse hacia fuera como patas de saltamonte; sostena el
ltigo perpendicularmente como un cetro; y al trotar del caballo, el
movimiento de sus brazos figuraba un continuo aleteo. Un pequeo
sombrero de lana descansaba en la cumbre de su nariz, que as poda
llamarse la estrecha faja que haca las veces de frente; y los negros
faldones de su chaqueta flotaban sobre las ancas casi hasta la cola del
caballo. Tal era el aspecto de chabod y de su corcel cuando
transpusieron renqueando la portada de Hans Van Rpper, formando en
conjunto una aparicin tan extraordinaria como pocas veces es dado
contemplar a la clara luz del da.

Era, como he dicho, una hermosa tarde de otoo; el cielo estaba claro y
sereno y la naturaleza haca gala de la rica y dorada librea que
asociamos siempre a la idea de abundancia. Los bosques ostentaban su
soberbio amarillo obscuro, mientras algunos rboles tiernos se haban
teido con la helada de brillante colorido anaranjado, prpura y
escarlata. Hileras interminables de patos salvajes aparecan en el
horizonte; poda orse el latido de la ardilla desde los bosquecillos de
hayas y nogales y a intervalos el meditabundo silbo de la codorniz desde
el vecino campo de rastrojo.

Los pajarillos celebraban su ltimo banquete diurno. En la plenitud de
su regocijo revolvanse chirriando y triscando de rama en rama y rbol
en rbol a su capricho, entre la profusin y variedad de los
alrededores. Revoloteaba por all el honrado petirrojo con su nota alta
y quejumbrosa, caza favorita de los mozalbetes; y los mirlos gorjeadores
volando en negras nubes; el carpintero de doradas alas con su cresta
carmes, su ancha gorguera negra y esplndido plumaje; el pjaro del
cedro con sus alas de puntas rojas, su cola terminada en amarillo y su
pequea montera de plumas; y el gayo azul, ese estrepitoso currutaco,
con su chaqueta azul claro y su ropaje blanco interior, chillando y
gorjeando, cabeceando, agitndose y haciendo cortesas, y afectando
estar en buenas relaciones con todos los cantores del boscaje.

Mientras chabod segua a trote lento su camino, sus ojos, siempre
abiertos a todo sntoma de abundancia culinaria, recontaban con deleite
los tesoros del opulento otoo. Divisaba por todos lados amplia
provisin de manzanas, colgando unas de los rboles en pesada madurez,
reunidas otras en cestos y barriles para el mercado, y amontonadas las
de ms all en abundantes pilas destinadas a la prensa del lagar. Ms
lejos poda observar los hermosos campos de maz con sus doradas
mazorcas asomando entre la hojosa cubierta, sugiriendo la promesa de
bollos y pasteles; y debajo las amarillas calabazas mostraban sus
redondos vientres, preludio de las pastas ms exquisitas; y dondequiera
que atravesaba y observaba los fragantes campos de trigo sarraceno
exhalando un olor a colmena, dulces esperanzas se apoderaban de su mente
hacindole saborear de antemano las tortas bien cargadas de mantequilla
y endulzadas con miel o jarabe, preparadas por las lindas y regordetas
manecitas de Katrina Van Tssel.

Alimentando as su imaginacin con mil dulces pensamientos y
"azucaradas" fantasas, caminaba por el flanco de una hilera de colinas
que dominaban algunos de los paisajes ms bellos del majestuoso Hudson.
Gradualmente descenda el sol hundiendo su ancho disco hacia el oeste.
El dilatado seno del Tappan Zee yaca inmvil y vidrioso, y apenas una
ligera ondulacin ac y all delineaba y engrandeca la sombra azulada
de las montaas lejanas. El horizonte luca bellos tonos dorados que
paulatinamente se tornaban en ntido verde manzana y luego en el azul
profundo del cenit. Rayos oblicuos, prolongndose sobre las crestas
arboladas de las montaas que dominan algunos puntos de la ribera,
prestaban mayor intensidad al gris obscuro y purpreo de sus rocosos
flancos. Una barca mecase indolentemente a la distancia, derivando con
suavidad a impulsos de la corriente mientras su vela flotaba ociosa
contra el mstil; y, como la refraccin del cielo se reflejaba sobre el
agua quieta, la embarcacin pareca suspendida en el espacio.

Hacia la noche lleg chabod al castillo de Herr Van Tssel,
encontrndolo atestado de lo ms alto y florido de la comarca adyacente.
Viejos granjeros con el rostro enjuto y curtido de su raza, vistiendo
calzas y chaquetas de tela basta, medias azules, enormes zapatones y
magnficas hebillas de metal. Mujercitas vivarachas y ajadas, con sus
gorros plegados y ceidos, sus faldas cortas y corpios de talle largo,
enaguas de tela basta, y las tijeras y acericos y bolsillos de zaraza
colgando al exterior. Alegres doncellas, vestidas de moda casi tan
anticuada como las mams, salvo uno que otro sombrero de paja, alguna
linda cinta y a veces algn vestido blanco que revelaba sntomas de
ciertas innovaciones de la ciudad. Mozos llevando chaquetas de faldones
cuadrados, hileras de estupendos botones de metal y el pelo largo por lo
comn y dispuesto en coleta segn la moda de aquel tiempo--especialmente
si haban podido conseguir una piel de anguila, que se consideraba en
todo el pas como el tnico ms poderoso y eficaz para el cabello.

Brom Bones era, sin embargo, el hroe de la jornada, habindose
presentado a la fiesta montando su caballo favorito Daredevil
(Temerario), que posea a la par que su amo grandes bros y coraje, y al
cual nadie sino Bones habra podido dominar. Distinguase, en efecto,
por su aficin a esos animales reacios y espantadizos, acostumbrados a
toda clase de maas y que ponen al jinete en continuo riesgo de romperse
la crisma; pues sostena que un caballo tratable y bien domeado era
cabalgadura indigna de un mozo de hgados.

De buena gana me detendra a describir el mundo deleitoso que brot ante
las miradas de mi hroe al penetrar en la sala de recibo de la morada de
Van Tssel. No se trataba por cierto de los encantos del grupo de
muchachas campesinas con su ostentoso despliegue de blanco y rojo, sino
de los innumerables atractivos de una mesa de te campestre y
genuinamente holandesa en la abundante estacin del otoo. Qu
aglomeracin de fuentes de pastas de diversas clases, casi
indescriptibles, y cuyo secreto guardaban las hacendosas amas de casa
holandesas! Vease all el ilustre _doughnut_,[25] el tierno _oly
koek_,[2] y el frgil y dorado _cruller_;[26] bizcochos y bollos,
pasteles de jengibre y pastas de miel; en fin, todas las familias de
pastas y bollos. Y haba adems pasteles de manzana, de melocotn y de
calabaza, codendose con rebanadas de jamn y carne ahumada y con
deliciosas fuentes de conservas de ciruelas, melocotones, peras y
membrillos; sin hacer mencin de los pescados a la parrilla y gallinas
asadas, ni de los tazones de leche y crema, todo amontonado tan
confusamente como lo he enumerado, ni de la maternal tetera lanzando
desde el centro nubes de vapor. Dios bendiga la marca! Necesitara
aliento y tiempo de que disponer para describir como se merece este
banquete, y tengo demasiada prisa para terminar mi historia.
Afortunadamente, chabod Crane no estaba tan apurado como su
historiador, y dispens grandes honores a todas estas golosinas.

Era una bondadosa y agradecida criatura, cuyo corazn se dilataba en
proporcin al buen alimento que reciba su estmago y cuyo espritu se
abrillantaba con la comida como acontece a otros con la bebida. Tampoco
poda evitar que sus grandes ojos rodaran por todas partes mientras
coma, ni regocijarse interiormente ante la posibilidad de llegar algn
da a ser el dueo de este lujo y esplendidez casi incomparables.
Pensaba cun pronto volvera entonces la espalda a la vieja escuela,
cmo chasqueara sus dedos en las narices de Hans Van Rpper o
cualquier otro de sus tacaos patrones, y enviara a rodar al ambulante
pedagogo que se atreviera a llamarle camarada.

El viejo Baltus Van Tssel discurra entre sus invitados con rostro
dilatado por la alegra y buen humor, tan redondo y jovial como el
plenilunio de otoo. Sus hospitalarias atenciones eran breves pero
expresivas, limitndose a un apretn de manos, alguna palmada en el
hombro, una risotada y la apremiante invitacin para "embestir a las
cosas, y atenderse cada uno por s mismo."

Pronto el sonido de la msica en la sala o aposento general invitaba a
danzar. El ejecutante era un negro viejo de pelo gris, que por ms de
medio siglo haba sido la orquesta ambulante de todo el vecindario. Su
instrumento apareca tan viejo y maltratado como el dueo. La mayor
parte del tiempo rascaba el violinista slo dos o tres cuerdas
acompaando con la cabeza cada movimiento del arco; inclinndose casi
hasta el suelo y dando un golpe con el pie siempre que iba a comenzar
una nueva copla.

chabod estaba tan orgulloso de sus cualidades de danzarn como de su
poder vocal. Ni uno solo de sus miembros, ni una sola de sus fibras
quedaba en reposo; y al ver su destartalada figura toda en movimiento y
chacoloteando alrededor del cuarto, habra podido creerse que San Vito
en persona, el bendito patrn de la danza, haba descendido entre los
bailarines. Constitua la admiracin de los negros de todas edades y
tamaos que, habindose reunido de la misma granja y del vecindario,
formaban una pirmide de rostros de negrura brillante en todas las
puertas y ventanas, y miraban la escena con deleite rodando las blancas
bolas de sus ojos y mostrando en una mueca de oreja a oreja dos hileras
de marfil. Cmo era posible que el azotador de pilluelos no se sintiera
animado y satisfecho? La dama de su corazn era su pareja en el baile y
sonrea graciosamente a sus amorosos guios, en tanto que Brom Bones,
dolorosamente carcomido por el amor y por los celos, se mantena todo
meditabundo sentado en un rincn.

Cuando termin la danza, chabod se sinti atrado hacia un grupo de
personajes serios que, en compaa del viejo Van Tssel, estaban
sentados en un extremo de la plazoleta fumando y departiendo sobre los
antiguos tiempos y sacando a relucir largas historias de la guerra.

En la poca de que me ocupo, aquella comarca era uno de los lugares ms
favorecidos por la crnica y por los grandes hombres. Las tropas
inglesas y americanas haban andado muy cerca de all durante la guerra;
y haba sido por consiguiente el escenario de toda clase de merodeos,
vindose infestada de emigrados, vaqueros y otras formas de caballera
de la frontera. Haba transcurrido justamente el tiempo necesario para
permitir a cada uno urdir su historia con ribetes novelescos que la
hicieran ms interesante y, en la vaguedad de los recuerdos, erigirse en
hroe de todas las hazaas que se relataban.

Sali a luz la historia de Doffue Mrtling, cierto holands de larga
barba azul que casi lleg a apoderarse de una fragata inglesa con un
viejo can de hierro de a nueve, colocado en un parapeto de barro, slo
que el can estall a la cuarta descarga. Y haba tambin un viejo
caballero a quien no nombraremos por ser un _mynheer_[27] demasiado
poderoso para mencionarle de ligero, y el cual era maestro tan cumplido
de esgrima que en la batalla de White Plains desvi una bala de mosquete
con la punta de su sable, de manera que pudo percibir perfectamente el
silbido de la bala resbalando por la hoja y rebotando en el puo; en
prueba de lo cual estaba dispuesto a mostrar en cualquier momento el
puo un poquito abollado por el choque. Muchos otros se haban
distinguido igualmente en el campo de batalla, persuadidos todos de
haber ejercido considerable influencia para llevar la guerra a feliz
terminacin.

Pero esto no era nada en comparacin de los cuentos que siguieron sobre
espectros y apariciones. La comarca es rica en tesoros legendarios de
tal naturaleza. Las historias locales y las supersticiones medran bien
en aquellos escondidos y antiguos retiros; pero son menos apreciados por
la flotante multitud que forma la poblacin de la mayor parte de
nuestras ciudades rurales. Adems, los espectros no encuentran gran
aliciente en nuestras poblaciones porque apenas han tenido tiempo de
echar la primera siesta y revolverse en sus tumbas, cuando ya los amigos
que les sobrevivieron han abandonado el lugar; de modo que al
levantarse para sus rondas nocturnas no encuentran gente conocida a
quien visitar. sta es quiz la razn por la cual tan rara vez omos
hablar de espectros, a no ser en aquellas antiguas comunidades
holandesas.

Con todo, la causa inmediata del predominio de las historias
maravillosas en aquellos sitios era, sin duda, debida en su mayor parte
a la proximidad del valle encantado. Haba una especie de contagio en el
ambiente de esta poseda regin; respirbase una atmsfera de quimeras y
fantasas que infestaba todo el lugar. Varios habitantes del valle
encantado se encontraban presentes en la reunin de Van Tssel y, como
de costumbre, repetan sus salvajes y extraordinarias leyendas.
Relatronse muchos cuentos horrendos acerca de procesiones funerarias,
sollozos y gemidos lamentosos, vistas y odos respectivamente, cerca del
gran rbol que crece en sus inmediaciones y bajo el cual hicieron
prisionero al infortunado mayor Andr. Hablse tambin de la mujer
vestida de blanco que visitaba la obscura caada de Raven Rock donde
pereci entre la nieve, y cuyos alaridos se oan a menudo en las noches
de invierno antes de alguna tempestad. La mayor parte de estas historias
tornaba siempre, sin embargo, al espectro favorito del valle encantado,
el jinete sin cabeza, de quien se haba odo hablar varias veces
ltimamente en sus correras a travs de la comarca y que, segn decan,
maniataba su caballo por las noches entre las tumbas del cementerio de
la iglesia.

La situacin aislada de esta iglesia parece haber contribudo siempre a
convertirla en el refugio predilecto de los espritus inquietos. Est
edificada en la cima de un montecillo y rodeada de soberbios olmos y
algarrobos, entre los cuales brilla modestamente con sus discretos muros
blanqueados, como resplandece la pureza cristiana entre las sombras del
claustro. Suave pendiente conduce hasta una plateada sbana de agua
bordeada por altos rboles entre los cuales pueden divisarse las azules
colinas del Hudson. Contemplando el cementerio cubierto de csped, en
que los rayos del sol parecen dormir tranquilamente, se pensara que
all al menos los muertos pueden reposar en paz. A un costado de la
iglesia se extiende un ancho barranco montuoso por donde se precipita un
torrente entre rocas destrozadas y troncos de rboles cados. Sobre la
parte ms negra y profunda del torrente, no lejos de la iglesia, haban
arrojado antiguamente un puente de madera; el sendero que all conduca
y el puente mismo estaban sombreados por rboles colgantes estrechamente
enlazados que producan ttrica sombra durante el da, la cual se
converta hacia la noche en pavorosa obscuridad. Era sta una de las
correras favoritas del jinete sin cabeza, y el lugar donde se le
encontraba con mayor frecuencia.

Se contaba que el viejo Bruwer, el hertico ms descredo en materia de
aparecidos, encontr al jinete de regreso de una de sus excursiones al
valle encantado, vindose obligado a montar a la grupa; que galoparon
por bosques y malezas, por colinas y pantanos, hasta que llegaron al
puente donde el jinete se transform sbitamente en un esqueleto, arroj
al viejo Bruwer en el torrente y desapareci con ruido de trueno entre
las copas de los rboles.

Esta historia encontr inmediatamente una competidora en la tres veces
maravillosa aventura de Brom Bones, quien afirmaba haberse burlado del
galopador soldado en sus pretensiones de jinete insigne. Segn l,
volviendo una noche del vecino pueblo de Sing Sing, fu detenido por el
nocturno caballero, quien le propuso apostar carreras por un vaso de
ponche; y que le habra ganado, pues Daredevil llevaba chico al caballo
duende en todo el valle, si no hubiera sido que al llegar al puente de
la iglesia, el fantasma di un salto repentino y desapareci en una
llamarada.

Todos aquellos cuentos relatados en el misterioso medio tono con que se
habla en la obscuridad, mientras el auditorio reciba tan slo de cuando
en cuando el rayo imprevisto del reflejo de alguna pipa, produjeron
honda impresin en la mente de chabod. Contribuy a su vez con largos
extractos de su incomparable autor Cotton Mther, aadiendo maravillosos
acontecimientos realizados en su estado natal, Conncticut, y pavorosas
apariciones presenciadas por l mismo en sus paseos nocturnos por el
valle encantado.

La fiesta terminaba gradualmente. Los viejos granjeros reunan a su
familia en sus carros, oyndose por algn tiempo el tintineo de los
cascabeles que se alejaba por las carreteras de la hondonada y por las
distantes colinas. Algunas damiselas iban sentadas en albardas a la
grupa de su galn favorito, y su risa alegre, mezclada al rumor de las
pisadas y repetida por el eco a travs de las selvas silenciosas,
resonaba ms y ms dbil hasta extinguirse gradualmente por completo,
quedando mudo y desierto el lugar poco ha lleno de ruido y de alegra.

Slo chabod haba quedado, siguiendo la costumbre de los galanes del
pas, para tener un _tte--tte_ con la heredera, plenamente convencido
de hallarse en vsperas del triunfo. No pretendo decir lo que pas en
aquella entrevista, porque lo ignoro en realidad. Temo, sin embargo, que
algo anduvo mal porque chabod sali tras corto intervalo con las orejas
cadas y el aire todo desolado. Oh, mujeres! mujeres! Era posible que
esta chica hubiese estado representando con l una de sus acostumbradas
comedias de coquetera? Alentar las esperanzas del pobre pedagogo haba
sido una simple farsa para asegurar la conquista de su rival? Slo Dios
lo sabe, no yo! Baste decir que chabod escap con el aspecto de un
salteador de gallinero ms bien que del corazn de una linda dama. Sin
mirar a la derecha ni a la izquierda para observar la opulencia agrcola
que tan a menudo haba ambicionado, fu directamente al pesebre y a
puetazos y patadas levant con gran descortesa a su corcel del cmodo
alojamiento donde dorma a pierna suelta soando con montes de maz y
avena y valles enteros de forraje y trbol.

Era precisamente la hora nocturna de las brujeras[28] aquella en que
chabod, alicado y descorazonado, segua el camino de su casa por el
flanco de las elevadas colinas que dominan Tarry Town y que con tanta
alegra recorri esa misma tarde. La hora estaba tan melanclica como
l. Lejos, all abajo, extenda el Tappan Zee la obscura e incierta
inmensidad de sus aguas, sobre las que se divisaba aqu y all el alto
mstil de un barco mecindose tranquilamente al ancla. En el mortal
silencio de la media noche poda chabod percibir el ladrido del perro
del guarda, dbil y vago, como para dar solamente idea de la distancia a
que se encontraba este fiel compaero del hombre. De vez en cuando
escuchaba tambin resonar con eco fantstico en sus odos el largo y
arrastrado canto de algn gallo incidentalmente despierto, lejos, muy
lejos, en alguna granja entre las apartadas colinas. Ninguna seal de
vida mostrbase a su alrededor, fuera del melanclico chirrido del
grillo o el grito gutural de las ranas desde el pantano vecino como si,
sintindose incmodas durante el sueo, se revolvieran sbitamente en su
lecho.

Todas las historias de duendes y espectros que haba odo al crepsculo,
acudan ahora en tropel a su memoria. La noche se pona ms y ms
obscura; las estrellas parecan hundirse ms profundamente en el
firmamento, y nubes errantes las ocultaban por momentos a sus ojos.
Jams se haba sentido tan triste y abandonado. Aproximbase, de otro
lado, al sitio donde se radicaban muchas historias de aparecidos. En
medio de la carretera elevbase un enorme tulipn que dominaba como un
gigante a todos los rboles de la vecindad y serva como una especie de
mojn. Sus ramas, tan grandes como troncos de otros rboles, afectaban
formas nudosas y fantsticas retorcindose casi hasta llegar al suelo y
elevndose de nuevo por los aires. Se le relacionaba con la trgica
historia del infortunado Andr, hecho prisionero en las cercanas, y era
universalmente conocido por el nombre de "rbol del mayor Andr." El
pueblo le miraba con cierta mezcla de respeto y supersticin, nacida en
parte de la simpata por la suerte de su malaventurado tocayo, y en
parte de los cuentos de extraas apariciones y lamentaciones dolorosas
que circulaban a su respecto.

Conforme se aproximaba chabod al temido rbol comenz a silbar,
creyendo luego que alguien haba respondido a su silbo; pero era
solamente una rfaga sutil cortando las secas ramas. Al acercarse un
poco ms, pens que vea algo blanco colgando del centro del rbol;
detvose y dej de silbar; pero mirando con ms cuidado advirti que el
rbol haba sido herido por el rayo y en cierto sitio apareca desnuda
la madera blanca. Repentinamente oy un gemido; sus dientes se
entrechocaron y sus rodillas golpearon la silla: era solamente el roce
de una gran rama contra otra, movidas por la brisa. Transpuso el rbol
con felicidad, pero nuevos peligros levantbanse contra l.

A doscientas yardas del rbol un pequeo arroyo cruzaba la carretera y
corra hacia un valle cenagoso y montuoso llamado el pantano de Wley.
Algunos speros maderos colocados uno junto a otro servan de puente
para pasar al riachuelo. Al lado opuesto del camino, donde el arroyo se
internaba en el bosque, un grupo de castaos y robles espesamente
entrelazados con vid silvestre arrojaba sombras cavernosas sobre la va.
Atravesar el puente era la prueba ms difcil. En idntico sitio fu
capturado el desventurado Andr y bajo aquellos castaos y vides se
ocultaron los inflexibles labriegos que le sorprendieron. Desde aquel
entonces se consideraba encantado el arroyo y se llenaban de terror los
muchachos de la escuela que se vean obligados a atravesar el puente
despus de anochecido.

A medida que se acercaba al arroyo, el corazn de chabod comenz a dar
pesados golpes en su pecho; invoc en su ayuda, sin embargo, toda su
energa, di a su caballo una veintena de talonazos en las costillas y
decidi valerosamente cruzar el puentecillo; pero el viejo y perverso
animal, en vez de lanzarse hacia adelante, di un bote de costado y se
arroj de travs contra la estacada. El maestro, cuyos temores
aumentaban con la demora, tir entonces las riendas del lado opuesto y
espole vigorosamente al jaco con el pie contrario. Todo fu en vano: el
caballo arranc, es verdad, pero slo para arrojarse al otro lado del
camino entre unas matas de zarzas y malezas de toda clase. chabod hizo
uso entonces del ltigo y los talones contra los flancos hambrientos del
viejo Gunpowder que se lanz de frente resoplando y bufando, pero para
detenerse justamente delante el puente, tan de sbito, que casi arroja
al jinete por las orejas. En este preciso instante el sensible odo de
chabod percibi un pesado chapoteo hacia el lado del puente. Entre la
obscura sombra de la arboleda a orillas del arroyo, vi algo inmenso,
informe y de altura desmesurada. No se mova, sino que pareca recogerse
en las tinieblas como algn monstruo gigantesco pronto a lanzarse sobre
el viajero.

El cabello del despavorido pedagogo se erizaba a impulsos del terror.
Qu poda hacer? Era demasiado tarde para volver riendas y adems, qu
probabilidades tena de escapar a un duende o aparecido, si tal era, que
podra cabalgar en alas de los vientos? Reuniendo su valor, pregunt con
voz temblorosa: "Quin sois?" No recibi respuesta. Repiti su pregunta
con voz aun ms agitada. Tampoco obtuvo contestacin. Azot de nuevo los
ijares del inflexible Gunpowder y cerrando los ojos rompi a entonar un
salmo con involuntario fervor. Precisamente en aquel momento el sombro
objeto de alarma se puso en movimiento y lanzndose de un bote plantse
en medio del camino. Aun cuando la noche era lbrega y siniestra poda
discernirse en cierto grado la figura del desconocido. Aparentaba ser un
jinete de grandes dimensiones montado en un caballo negro de aspecto
vigoroso. No haca demostracin alguna en pro ni en contra sino que se
mantena a lado de la carretera, zangolotendose ligeramente por el lado
tuerto de Gunpowder que pareca ahora libre de su terror y malas
disposiciones.

chabod, a quien no agradaba mucho el extrao y nocturno compaero,
rememorando la aventura de Brom Bones con el soldado galopante, apresur
entonces el paso con la esperanza de aventajarle; pero el extranjero
pic tambin para mantenerse al mismo nivel. chabod acort riendas
entonces y avanz al paso tratando de quedarse atrs; el otro procedi
de igual manera. Su corazn comenz a dar saltos dentro de su pecho;
trat de reanudar el canto de la salmodia; pero su lengua apergaminada
se pegaba al paladar y le era imposible emitir una sola estrofa. Haba
algo de misterioso y terrible en el extrao y pertinaz silencio de su
obstinado compaero. Pronto pudo darse cuenta de la causa y qued
horrorizado. Al ascender una elevacin del terreno que deline en
gigantesco relieve sobre el firmamento la figura de su compaero de
viaje embozado en una capa, chabod se sinti despavorido al observar
que careca de cabeza! Y su horror lleg al colmo cuando se apercibi
de que el espectro llevaba en el pomo de la silla la cabeza que deba
descansar sobre sus hombros! Su terror se convirti en desesperacin;
descarg una lluvia de puetazos y patadas sobre Gunpowder, esperando
escapar a su compaero a favor de algn salto repentino; pero el
espectro parti con igual velocidad. Lanzronse entonces ambos en
fantstica carrera; volaban las piedras y saltaban chispas a cada
rebote. Los ligeros vestidos de chabod volaban por el aire mientras
tenda su largo y seco cuerpo sobre el cuello del caballo en la rapidez
de la fuga.

Llegaron as al camino que endereza hacia el valle encantado; pero
Gunpowder, que pareca posedo del demonio, en lugar de seguir por esta
va, cambi de direccin y se lanz imprudentemente por la pendiente de
la colina hacia la izquierda. Este sendero llevaba a una arenosa
hondonada sombreada de rboles por ms de un cuarto de milla, cruzando
luego el puente famoso en las historias de aparecidos, precisamente
detrs del cual se eleva el verde montecillo donde estaba edificada la
pequea iglesia de muros blanqueados.

Hasta aqu el pnico de su cabalgadura haba dado aparente ventaja en la
cacera al jinete menos diestro; pero al llegar a la mitad del camino
del valle, aflojronse los cordones de la cincha y sinti el maestro que
la montura resbalaba bajo sus piernas. La sujet por el pomo tratando de
afirmarla, pero en vano; y tuvo apenas tiempo de salvarse de la cada
colgndose del cuello del viejo Gunpowder mientras la silla rodaba por
el suelo, pudiendo or cmo la atropellaban las pisadas de su
perseguidor. Por un momento le acometi el temor de la ira de Hans Van
Rpper por tratarse de su montura de los das de fiesta, pero no haba
tiempo de pensar en menudos terrores; el aparecido se precipitaba sobre
sus talones y, jinete inhbil como era, encontraba gran dificultad para
mantener su posicin: unas veces se escurra por un lado, otras por el
otro, cayendo algunas con tal violencia sobre el huesudo lomo del animal
que tema verdaderamente quedar partido en dos mitades.

Un claro entre los rboles reanim su valor infundindole la esperanza
de que el puente de la iglesia se hallara cercano. El reflejo vacilante
de una plateada estrella en el fondo del arroyo le hizo ver que no se
haba engaado. Pudo divisar los muros de la iglesia brillando
confusamente en lontananza entre los rboles. Recordando el sitio donde
desapareci el espectro competidor de Brom Bones: "Si logro alcanzar el
puente estoy en salvo,"[29] pens chabod. Justamente en aquel momento
oy muy cerca tras de s al negro corcel resoplando y jadeante; hasta se
figur sentir su aliento ardoroso. Otro talonazo convulsivo en las
costillas y el viejo Gunpowder se lanz sobre el puente; pas como un
torbellino sobre las tablas resonantes; lleg al lado opuesto; y
entonces chabod se atrevi a mirar hacia atrs para corroborar si, de
acuerdo con la regla, su perseguidor se haba desvanecido en una
llamarada de fuego y azufre.

En este preciso instante vi que el aparecido, levantndose sobre los
estribos, se dispona a arrojar su cabeza contra l. chabod trat de
evadir el siniestro proyectil, pero demasiado tarde. Tropez con su
crneo en tremendo estallido; di un vuelco el maestro de cabeza contra
el polvo, y Gunpowder, el negro corcel y el jinete duende pasaron como
una exhalacin.

A la maana siguiente encontraron al viejo caballo sin silla y con la
brida a los pies, pastando juiciosamente el csped a las puertas de su
amo. chabod no se present al desayuno; lleg la hora del almuerzo,
pero chabod no lleg. Los muchachos se reunieron en la escuela y
vagaron indolentemente por las mrgenes del arroyo sin que nada se
supiera del maestro. Hans Van Rpper comenzaba ya a sentir alguna
inquietud por la suerte del pobre pedagogo y por su silla de montar.
Hicironse investigaciones y tras diligente pesquisa hallronse sus
huellas. A un lado del camino que conduca a la iglesia encontraron la
montura hundida en el polvo; las seales de los cascos de dos caballos
en vertiginosa carrera al parecer, y profundamente marcadas en la
carretera, llevaban al puente, pasado el cual, en las orillas de la
parte ms ancha del arroyo, donde corre el agua negra y profunda, se
encontr el sombrero del infortunado chabod, y muy cerca de all una
calabaza rota.

Sondearon el arroyo sin llegar a descubrir el cuerpo del maestro. Hans
Van Rpper, a fuer de ejecutor testamentario, examin el paquete que
contena todos los tesoros que posea chabod en el mundo. Consistan en
dos camisas y media; dos corbatines; uno o dos pares de medias de
estambre; un viejo par de calzones cortos de pana; una navaja mohosa; un
libro de salmodia con las puntas llenas de dobleces; y un diapasn
roto. Los libros y muebles de la escuela pertenecan a la comunidad,
con excepcin de la _History of Witchcraft_, de Cotton Mther, un _New
England Almanac_, y un libro de los sueos y de la buena ventura; en el
ltimo haba una hoja de papel ministro llena de tachaduras y borrones a
consecuencia de varias tentativas infructuosas para preparar el borrador
de unos versos en honor de la heredera de Van Tssel. Los libros de
magia y el ensayo potico fueron destinados a las llamas por Hans Van
Rpper, quien desde entonces determin no enviar en adelante sus chicos
a la escuela, observando que nada bueno se saca de la lectura ni
escritura. Si el maestro tena algn dinero--y haba recibido su paga
justamente uno o dos das antes--lo llevaba todo consigo probablemente
en el momento de su desaparicin.

El misterioso acontecimiento caus mucha expectacin el domingo
siguiente en la iglesia. Grupos de mirones y comentadores se dieron cita
en el cementerio, en el puente y en el sitio en que se encontraron el
sombrero y la calabaza. Las historias de Brom Bones y toda una sarta por
el mismo estilo fueron el tema de conversacin general; y despus de
considerarlas con la debida atencin y de compararlas con los sntomas
del caso actual, los vecinos sacudieron la cabeza arribando a la
conclusin de que chabod haba sido arrebatado por el ginete sin
cabeza. Como era soltero y no tena deudores, nadie se rompi ms la
cabeza a este respecto; la escuela se mud a otro barrio de la hondonada
y otro pedagogo vino a reinar en su trono.

A decir verdad, un viejo granjero que estuvo de paso en Nueva York
algunos aos despus, y de quien se recogi el relato de la aventura del
aparecido, llev a su pueblo la inteligencia de que chabod estaba vivo
todava; que dej el valle, parte por temor del espectro y de Hans Van
Rpper, y parte por la mortificacin de haber sido desdeado
inopinadamente por la heredera; que haba transladado sus lares a otra
parte lejana del pas; haba regentado una escuela y estudiado derecho
al mismo tiempo; haba sido admitido en el foro; haba hecho poltica;
fu elector, y se le mencion en los peridicos; y por ltimo, fu
nombrado juez del tribunal de diez libras.[30] Brom Bones, que poco
despus de la desaparicin de su rival llev triunfalmente al altar a la
encantadora Katrina, pareca tambin estar demasiado al corriente de la
historia de chabod y rompa en una alegre carcajada cada vez que se
haca mencin de la calabaza; lo cual llev a algunos a sospechar que
saba ms de lo que le agradaba decir sobre este asunto.

Sin embargo, las viejas del pueblo, que son los mejores jueces en la
materia, aseguran hasta hoy que chabod fu arrebatado por medios
sobrenaturales; y sta es una de las historias favoritas del vecindario
que se relata a menudo al lado del fuego en el invierno. El puente lleg
a ser ms que nunca el objeto de supersticioso terror; y puede muy bien
haber sido sta la razn por qu se desvi el camino en los ltimos
aos, llegando a la iglesia por la orilla de la represa del molino. La
escuela, abandonada, pronto comenz a arruinarse, y se deca que estaba
habitada por el espectro del infortunado pedagogo; y los mozos de
labranza, al volver perezosamente al hogar en alguna tarde serena de
verano, imaginan a menudo escuchar su voz a la distancia entonando un
melanclico salmo en las apacibles soledades del VALLE ENCANTADO.


POST SCRIPTUM DE LA PROPIA MANO DE MR. KNCKERBOCKER

EL CUENTO que antecede est escrito casi con las mismas palabras que lo
o relatar en una reunin del Ayuntamiento de la antigua ciudad de
Manhttoes[31] en que estuvieron presentes muchos de los vecinos ms
notables e ilustres del lugar. El narrador era un viejecito agradable y
corts, de msero aspecto con sus vestidos rados y su rostro
tristemente festivo: sujeto que daba a sospechar fuertemente su
indigencia por los mismos esfuerzos que haca para ser entretenido.
Cuando termin su historia, hubo muchas risas y grandes muestras de
aprobacin, especialmente de parte de dos o tres diputados regidores que
haban dormido casi todo el tiempo. Haba, sin embargo, entre los
oyentes un viejo caballero alto y seco, de cejas prominentes, que
paseaba por todas partes su faz grave y casi severa; de vez en cuando
cruzaba los brazos inclinando la cabeza y miraba al suelo como abrumado
por el peso de alguna duda. Era uno de aquellos hombres circunspectos
que slo se arriesgan a rer en terreno firme, cuando tienen de su lado
la razn y la ley.

Cuando se apacigu el regocijo de la compaa y se restableci el
silencio, apoy un brazo en el descanso de la silla y colocando el otro
en jarras, pregunt con cierto movimiento ligero pero extremadamente
hbil de la cabeza y contraccin de las cejas, cul era la moral del
cuento y qu era lo que se intentaba probar.

El narrador que llevaba justamente un vaso de vino a sus labios como
refresco despus de la labor, detvose por un momento, mir al preguntn
con aire de infinita deferencia, y bajando suavemente el vaso hasta la
mesa observ que la historia trataba de probar con toda lgica:

"Que no hay situacin en la vida que no tenga sus ventajas y placeres a
condicin de que sepamos coger la ocasin al pelo;

"Que, en consecuencia, el que apuesta carreras con jinetes duendes
tendr verosmilmente una carrera accidentada;

"_Ergo_, que en cierto modo sirve de escaln para altos merecimientos
del estado el que a un maestro de escuela le sea denegada la mano de una
heredera holandesa."

El cauto y viejo caballero frunci las cejas en diez dobleces al
escuchar estas premisas, dolorosamente impresionado por la fuerza del
silogismo; mientras el de los vestidos rados le miraba triunfalmente
de reojo, a mi parecer. Al fin hizo observar que todo aquello estaba muy
bien, pero que, sin embargo, l juzgaba la historia un poquillo
extravagante; uno o dos puntos quedaban todava por dilucidar.

--Palabra, seor,--replic el narrador,--en cuanto a eso, yo no creo ni
siquiera la mitad.

D. K.




NATHNIEL HWTHORNE

Nathniel Hwthorne era oriundo de Slem, Massachusetts. Naci el 6 de
julio de 1804, y muri en Plmouth, New Hmpshire, el 19 de mayo de
1864. Obtuvo sus grados en el Bowdoin College, Maine, en 1825. Fu
empleado de aduana en Boston desde 1838 hasta 1841. En aquella poca se
hizo miembro de la Brook Farm Association, sociedad formada con el
objeto de llevar a cabo ciertos experimentos en agricultura y educacin;
y fij su residencia en Cncord, Massachusetts, en 1843. Fu nombrado
inspector del puerto de Slem en 1846 y permaneci all un perodo de
tres aos. Prest servicios como cnsul de los Estados Unidos en
Lverpool desde 1853 hasta 1857. Regres a la patria en 1861. Fanshawe,
su primer cuento, ahora muy difcil de conseguir, fu publicado a su
propia costa en 1826. Sus obras se publicaron en el orden siguiente:
_Twice Told Tales_ (1837; segunda serie, 1842); _Mosses from an Old
Manse_ (1846); _The Scarlet Letter_ (1850); _The House of the Seven
Gables_ (1851); _The Wonder-Book_ (1851); _The Blithedale Romance_
(1852); _Snow Image and Other Twice Told Tales_ (1852); _Life of
Franklin Pierce_ (1852); _Tanglewood Tales_ (1853); _The Marble Faun_
(1860, publicado el mismo ao en Inglaterra bajo el ttulo de
_Transformation, or the Romance of Monte Beni_); _Our Old Home_ (1863);
_Pansie_ (1864, llamada tambin _The Dolliver Romance_); _Note Books_
(1868-1872); _Septimius Felton_ (1872); _Tales of the White Hills_
(1877); _Dr. Grimshawe's Secret_ (fragmento, 1888).

[Illustration: NATHNIEL HWTHORNE]




EL ANCIANO CAMPEN


Hubo una vez un tiempo en que la Nueva Inglaterra gema bajo el peso de
injusticias ms graves que todas las que amenazara traer la revolucin.
Jaime II, el hipcrita sucesor de Carlos el Voluptuoso, haba abolido
los privilegios de todas las colonias y enviado un soldado grosero y sin
principios para arrebatarnos nuestros derechos y poner en peligro
nuestra religin. La administracin de Sir dmund Andros tena todos los
rasgos caractersticos de la tirana: un gobernador y un consejo que
reciban su poder del rey con absoluta independencia de la nacin; leyes
que se fabricaban y tributos que se imponan sin intervencin inmediata
del pueblo o de sus representantes; los derechos de los ciudadanos
violados, y los ttulos de propiedad anulados; las quejas amordazadas
por la censura de la prensa; y finalmente, el descontento sojuzgado por
una banda de tropas mercenarias que por primera vez hollaba nuestro
suelo. Durante dos aos continuaron nuestros antecesores en taciturna
sumisin, debido al amor filial que garantiz siempre su lealtad a la
madre patria, representada ya por el parlamento, ya por un protector o
por algn monarca papista. Hasta aquellos aciagos tiempos, sin embargo,
nuestro pleito homenaje haba sido nominal, pues las colonias se
gobernaban por s mismas, gozando mucho mayor libertad de la que
disfrutan ordinariamente los vasallos naturales de la Gran Bretaa.

Al fin lleg a nuestras playas el rumor de que el primer prncipe de
Orange se haba lanzado en una empresa cuyo xito sera el triunfo de
los derechos religiosos y civiles y la salvacin de la Nueva Inglaterra.
Era solamente un murmullo incierto; poda ser falso o poda tambin
fracasar la aventura; pero en ambos casos costara la cabeza al hombre
que se deca en armas contra el rey Jaime. A pesar de todo, la noticia
produjo visible efecto. La gente sonrea misteriosamente en las calles y
lanzaba atrevidas miradas a sus opresores; en tanto que se dejaba sentir
a lo lejos una sorda y contenida agitacin, como si a la ms ligera
seal estuviera pronto a levantarse todo el pueblo de su indolente
abatimiento. Advirtiendo el peligro, los gobernantes trataron de
evitarlo por medio de un imponente despliegue de fuerza, confirmando su
despotismo con medidas aun ms agresivas. Una tarde de abril de 1689,
Sir dmund Andros y sus consejeros favoritos, exaltados por el licor,
reunieron a todas las casacas rojas de la guardia del gobernador y se
presentaron en las calles de Boston. El sol estaba cerca de su ocaso
cuando comenz el desfile.

El sonido del tambor, resonando por las calles en aquellos momentos de
crisis y agitacin, pareca, ms bien que la msica marcial de los
soldados, un toque de rebato para los ciudadanos. Una multitud que
aflua por diversas avenidas se reuni en King Street, lugar destinado,
casi una centuria ms tarde, a ser el escenario de otro encuentro entre
las tropas de Inglaterra y el pueblo en lucha contra su tirana. Aun
cuando haban transcurrido ms de sesenta aos desde el arribo de los
primeros peregrinos, esta multitud formada por sus descendientes
mostraba todava los rasgos enrgicos y sombros de su carcter, ms
notables quiz en esta ruda emergencia que en ocasiones ms felices.
Notbase el rostro grave, el porte generalmente severo, la expresin
firme aunque melanclica, la bblica forma de elocucin y la confianza
en las bendiciones del cielo por la justicia de su causa, que distingua
a cualquier grupo de los primitivos puritanos cuando se vean amenazados
de algn peligro en su aislamiento. En realidad, no era tiempo an de
que se extinguiera el antiguo espritu, pues que se encontraban aquel
da en la calle muchos hombres de aquellos que adoraban en los bosques
al Dios por quien sufran el destierro, mientras no pudieron erigir un
edificio apropiado para rendirle culto. Haba tambin viejos soldados
del parlamento que sonrean espantosamente al pensamiento de que sus
antiguas armas fueran aun hbiles para descargar otro golpe a la casa de
los Estuardos. Figuraban asimismo veteranos de la guerra del rey Felipe,
de aquellos que quemaban ciudades y asesinaban jvenes y viejos con
ferocidad religiosa mientras las piadosas almas del lugar les ayudaban
con sus plegarias. Varios ministros veanse esparcidos entre la
muchedumbre, que les miraba, a diferencia de otras agrupaciones, con
tanta reverencia que pareca que sus vestiduras debieran encarnar la
santidad. Estos santos varones ejercan su influencia para tranquilizar
al pueblo, pero sin tratar de dispersarlo. Al mismo tiempo era motivo de
comentarios diversos y curiosidad general el objeto del gobernador al
turbar la paz de la ciudad en tales momentos, en que la ms ligera
conmocin poda provocar un estallido en todo el pas.

--Satans dar ahora su golpe maestro,--exclamaban algunos,--porque l
sabe que el tiempo es corto. Todos nuestros piadosos pastores sern
llevados a prisin! Habremos de verles en las hogueras de
Smthfield[32] de King Street!--

A esto, los feligreses de cada parroquia se reunan apretadamente en
torno de su ministro, que miraba tranquilamente a lo alto y asuma mayor
dignidad apostlica, como candidato dispuesto a recibir el honor ms
alto de su carrera, la corona del martirio. Esperbase verdaderamente en
aquel momento que la Nueva Inglaterra tuviera su propio John Rogers[33]
para reemplazar a este varn ilustre en el martirologio.

--El Papa ha ordenado una nueva San Bartolom!--gritaban otros.--Nos
asesinarn a todos, a los hombres y a los nios!--

Aun este rumor tena sus adherentes, aunque la clase ms prudente
juzgaba el objeto del gobernador algo menos atroz. Sabase que
Brdstreet, su predecesor bajo la antigua constitucin y compaero
venerable de los primeros colonos, se hallaba en la ciudad. Haba all
terreno para conjeturar que Sir dmund Andros intentaba producir el
terror por un despliegue de fuerza militar, y dominar a la faccin
enemiga apoderndose de su jefe.

--Firme con los antiguos privilegios, gobernador!--ruga la multitud,
apoderndose de la idea.--Buen gobernador, anciano Brdstreet!--

Cuando ms fuerte se alzaba este grito, sorprendise el pueblo a la
aparicin de la figura bien conocida del propio gobernador Brdstreet,
un patriarca de cerca de noventa aos, que se destac en lo alto de las
gradas de una puerta, y con su suavidad caracterstica exhort a la
multitud para que se sometiera a la autoridad constituda.

--Hijos mos,--concluy el venerable personaje,--no hagis nada
inconsideradamente. No gritis tan alto, sino rogad por el bienestar de
la Nueva Inglaterra y aguardad con paciencia que el Seor sea servido de
hacer algo por nosotros.--

Los acontecimientos deban decidirse pronto, de otro lado. Durante todo
este tiempo el redoble del tambor se aproximaba por Cornhill ms fuerte
y ms profundo, hasta que, repercutiendo de casa en casa, estall en la
misma calle acompaado del eco regular de la marcha de los militares.
Apareci una doble fila de soldados ocupando todo el ancho de la va,
con el mosquete al hombro y mechas encendidas, formando una lnea de
fuego en la obscuridad. Su marcha firme semejaba el progreso de una
mquina arrollando con irresistible empuje todo lo que se encontrara en
su camino. En seguida, avanzando lentamente, con un ruido confuso de
cascos en el pavimento, vena una partida de jinetes entre los que se
destacaba la figura central de Sir dmund Andros, el ms anciano de
ellos, pero erguido y de aspecto marcial. Rodebanle sus consejeros
favoritos, los enemigos ms acrrimos de la Nueva Inglaterra. A su
derecha montaba dward Rndolph, nuestro principal adversario, aquel
"mezquino demoledor," como le llama Cotton Mther, que llev a cabo la
ruina de nuestra antigua administracin, mereciendo el anatema que le
persigui obstinadamente durante su vida y ms all de la tumba. Al otro
lado iba Bllivant, lanzando burlas y escarnio a su paso. Vena atrs
Ddley, con los ojos bajos y continente temeroso, como si no se
atreviera a afrontar las miradas indignadas del pueblo que le
contemplaba a l, su nico compatriota, entre los opresores de su pas
natal. El capitn de una fragata fondeada en el puerto y dos o tres
oficiales civiles se vean tambin en el grupo. Pero la figura que
atraa ms las miradas del pblico y despertaba ms vibrantes
sentimientos, era el clrigo episcopal de King's Chapel, con sus
vestiduras sacerdotales, figurando con altanera entre los magistrados,
y encarnando admirablemente la prelaca y la persecucin, la unin de la
iglesia y el estado y todas aquellas abominaciones que haban llevado al
destierro a los puritanos. Una doble hilera de soldados cerraba la
marcha.

Toda la escena pintaba la condicin de la Nueva Inglaterra:
desprendindose como moral los efectos fatales de un gobierno que no
nace de la naturaleza de las cosas ni de la ndole del pueblo. De un
lado, la multitud religiosa, con su semblante triste y su obscura
vestimenta; y del otro, el grupo de gobernantes despticos, ostentando
ac y all algn crucifijo sobre el pecho, con el alto personaje
eclesistico al centro, magnficamente ataviados, encendidos por el
licor, orgullosos de su autoridad injusta y burlndose del murmullo
universal. Y los soldados mercenarios, aguardando solamente una palabra
para inundar las calles de sangre, representaban el nico medio por el
cual poda asegurarse la sumisin.

--Oh, Dios de los ejrcitos!--clam una voz entre la multitud,--enva
un salvador a tu pueblo!--

Esta exclamacin, lanzada en voz muy alta, pareci ser el grito del
heraldo para introducir un notable personaje. La multitud haba
retrocedido y se hallaba en aquel momento en plena confusin a la
extremidad de la calle, mientras los soldados avanzaban en una tercera
parte de su longitud. El espacio intermedio estaba vaco, mostrando la
calzada libre entre altos edificios que arrojaban sombras confusas sobre
toda la escena. De pronto, vise aparecer la figura de un anciano, que
pareca haber brotado de en medio del pueblo y avanzaba solo hacia el
centro de la calle, hasta ponerse enfrente del bando armado. Llevaba el
antiguo vestido de los puritanos: capa obscura y sombrero de alta copa
a la moda de cincuenta aos atrs, por lo menos, y gran espada al
costado; pero llevaba adems un bastn en la mano para sostener el
trmulo temblor de los aos.

Cuando estuvo a cierta distancia de la multitud volvise el anciano
lentamente, mostrando un semblante impregnado de antigua majestad, y
doblemente venerable por la blanca barba que descenda hasta su pecho.
Hizo un ademn de aliento y expectativa a la vez y, dando media vuelta,
prosigui su camino en lnea recta hacia adelante.

--Quin es este anciano patriarca?--preguntaron los jvenes a sus
padres.--

--Quin es este hermano venerable?--se preguntaron los viejos unos a
otros.--

Nadie pudo responder. Los patriarcas del pueblo, que contaban ochenta
aos y algo ms, se preocuparon cavilando sobre su extrao olvido
respecto de esta evidente personalidad, a quien probablemente haban
conocido en los das primitivos como asociado de Wnthrop y todos los
viejos consejeros, dictando leyes y elevando plegarias, y
apercibindoles contra el salvajismo. Los hombres mayores deban
recordar sin duda haberle visto cuando jvenes, con mechones tan grises
como los que ellos ostentaban ahora. Y los jvenes! Cmo se haba
borrado tan completamente en su memoria el recuerdo de este blanco
patriarca, reliquia del tiempo desvanecido, cuya venerada bendicin
haba acariciado seguramente en la infancia sus cabezas descubiertas?

--De dnde ha salido? Qu se propone? Quin puede ser este
hombre?--susurraba la admirada multitud.

Entretanto el venerable extranjero, con su bastn en la mano, prosegua
su solitaria marcha por el medio de la calzada. Cuando se encontr ms
cerca de los soldados que avanzaban y lleg claramente a sus odos el
redoble del tambor, irguise el anciano en toda su altura, envuelto en
sombra e inquebrantable dignidad, pareciendo que toda la decrepitud de
la edad caa de sus hombros. Marchaba ahora con paso marcial, llevando
el comps de la msica militar. De esta manera avanzaron, la antigua
aparicin de un lado y toda la parada de soldados y magistrados por el
otro, hasta que apenas quedaban veinte yardas de distancia en medio de
ellos; y entonces el anciano, cogiendo su vara por la mitad y
blandindola en alto como una insignia de mando, exclam:

--Deteneos!--

La mirada, el continente y la actitud de mandato; el solemne y marcial
timbre de la voz, acostumbrada tanto a dirigir las huestes en el campo
de batalla como a elevarse hasta la divinidad en fervorosa plegaria,
fueron irresistibles. A la voz del anciano y ante su brazo erguido,
call inmediatamente el redoble del tambor y la lnea entera se detuvo.
Un temblor de entusiasmo se apoder de la multitud. Aquella augusta
aparicin, en que se combinaban la santidad y el poder, tan blanca, tan
vagamente entrevista, con sus antiguas vestiduras, poda ser nicamente
algn viejo campen de la causa de la justicia, levantado de su tumba
por el redoble del tambor de los opresores. Lanzaron una triunfante y
reverente exclamacin, y aguardaron la liberacin de la Nueva
Inglaterra.

El gobernador y los caballeros de su bando, al darse cuenta de su
inesperada detencin, avanzaron rpidamente como si quisieran lanzar sus
atemorizados y palpitantes corceles contra la blanca aparicin. El
anciano, sin embargo, no retrocedi un paso; y recorriendo con mirada
austera el grupo que le rodeaba a medias, la fij al cabo severamente en
Sir dmund Andros. Podra haberse credo que el sombro anciano era el
jefe all, y que el gobernador y el consejo, con todos los soldados que
les acompaaban, representando todo el poder y la autoridad real, no
tenan ms recurso que obedecer.

--Qu hace aqu este viejo?--grit dward Rndolph
ferozmente.--Adelante, Sir dmund! Haced avanzar a los soldados y no
dejis a este viejo chocho ms alternativa que la que dais a toda la
nacin: hacerse a un lado o ser pisoteados!

--Vamos, vamos, mostremos algn respeto al buen patriarca,--dijo riendo
Bllivant.--No veis que es algn antiguo dignatario que ha estado
durmiendo estos treinta aos y no sabe nada de los cambios ocurridos?
Sin duda piensa echarnos abajo con alguna proclama en nombre del viejo
Noll![34]

--Estis loco, anciano?--pregunt Sir dmund Andros en tono rudo e
incisivo.--Cmo os atrevis a detener la marcha del gobernador del rey
Jaime?

--Habra detenido en estos momentos aun la marcha del mismo
rey,--replic el respetable personaje con severa compostura.--Me
encuentro aqu, seor gobernador, porque el grito del pueblo oprimido ha
llegado hasta mi escondida morada; e implorando ardientemente la
proteccin del Seor, me ha sido otorgado aparecer una vez ms sobre la
tierra en defensa de la causa justa de sus santos. Y qu dir de Jaime?
No existe ya este tirano en el trono de Inglaterra; y maana al medioda
su nombre ser objeto de escarnio en esta misma calle donde vos lo
hacais emblema de terror. Atrs, t que has sido gobernador, atrs!
Esta noche tu poder ha terminado; maana, la prisin! Atrs, a menos
que desees que te pronostique el cadalso!--

El pueblo se haba aproximado ms y ms, bebiendo las palabras de su
campen, que hablaba con acento singular, como alguien que no estuviera
acostumbrado a hacer uso de la palabra, excepto con los muertos de aos
atrs. Pero su voz sacudi el espritu de la multitud. Afrontaron a los
soldados, sacando a relucir algunas armas y listos a convertir en
instrumentos de muerte las mismas piedras de las calles. Sir dmund
Andros mir al anciano; recorri luego la multitud con ojos duros y
crueles, encontrando por todas partes aquella ira sombra tan difcil de
ablandar o quebrantar; y otra vez fij su mirada en la figura del
anciano, obscuramente delineada en el espacio libre, donde ni amigos ni
enemigos se haban atrevido a penetrar. Cualesquiera que fuesen sus
pensamientos, no pronunci una sola palabra que pudiera descubrirlos.
Mas, sea que estuviese dominado por la mirada del blanco adalid, sea que
adivinara el peligro en la actitud amenazadora del pueblo, lo cierto es
que retrocedi ordenando a sus soldados una retirada lenta y a la
defensiva. Antes de que se pusiera el nuevo sol, el gobernador y todos
los generales que tan orgullosamente montaban a su lado estaban
prisioneros, y tan pronto como se supo que Jaime haba abdicado,
Guillermo fu proclamado rey en toda la Nueva Inglaterra.

Mas dnde estaba el anciano Campen? Algunos dijeron que mientras se
retiraban las tropas de King Street y el pueblo se amotinaba
tumultuosamente en su seguimiento, vise a Brdstreet, el viejo
gobernador, abrazar a una figura que aparentaba ser aun de mucha ms
edad que l. Otros afirmaban muy seriamente que, en tanto que se
maravillaban del aspecto imponente del anciano, habase ste desvanecido
ante sus ojos, fundindose suavemente entre las sombras del crepsculo
hasta que qued solamente el espacio vaco. Pero todos convenan en que
la blanca figura haba desaparecido. Los hombres de aquella poca
aguardaron mucho tiempo su reaparicin, tanto a la luz del da como en
las horas del crepsculo; pero jams volvieron a verle, ni supieron
cundo se celebraron sus exequias, ni dnde se encontraba su piedra
tumularia.

Quin fu el anciano campen? Quiz podra descubrirse su nombre en
los anales de aquel tribunal que dict una sentencia, demasiado excelsa
para el tiempo, pero gloriosa en la eternidad por su leccin humillante
para los monarcas, y altamente ejemplarizados para los vasallos. He odo
decir que dondequiera que los puritanos necesitan mostrar el espritu de
sus ascendientes, aparece de nuevo el anciano. Transcurridos ochenta
aos, se present otra vez en King Street. Cinco aos despus, en la
aurora de cierta maana de abril, apareci en la pradera frente a la
capilla de los cuqueros en Lxington, donde se levanta ahora el
obelisco de granito con una lpida conmemorativa de la primera cada de
la revolucin. Y cuando nuestros padres preparaban el parapeto de Bnker
Hill, el viejo guerrero estuvo rondando toda la noche en los
alrededores. Mucho, mucho tiempo puede transcurrir antes de que se
presente otra vez! Su hora es la hora de obscuridad, de adversidad y de
peligro. Mas, si la tirana nacional nos oprimiera alguna vez o el paso
de los invasores violara nuestro suelo, volvera de nuevo el anciano
campen, porque encarna el espritu genuino de la Nueva Inglaterra; y su
aparicin simblica en la hora del peligro representar siempre la
promesa de que los hijos de la Nueva Inglaterra sabrn corresponder a su
alcurnia.




EL _MAY-POLE_ DE MERRY MOUNT[35]

     Tema admirable para una novela filosfica es la historia de los
     primeros colonos en Mount Wllarton o Merry Mount. En el ligero
     bosquejo a continuacin, los hechos consignados en las severas
     pginas de nuestros cronistas de la Nueva Inglaterra hanse cambiado
     casi espontneamente en una especie de alegora. Las mascaradas,
     mojigangas y costumbres festivas descritas en el texto, estn de
     acuerdo con los usos de aquel tiempo. Puede tomarse como autoridad
     en esta materia el _Book of English Sports and Pastimes_ de Strutt.


Hermosos das los de Merry Mount, cuando el _May-pole_ era el
estandarte de aquella alegre colonia! Los que lo erigan como triunfante
bandera hacan brotar claridad y alegra sobre las agrestes colinas de
la Nueva Inglaterra, y esparcan semillas de flores en todo el pas
circunvecino. El regocijo y la melancola se disputaban entonces el
imperio. La vspera de San Juan haba llegado, aportando a los bosques
verdor ms intenso y llevando en su regazo rosas de color ms vivido que
los tiernos pimpollos de la primavera. Pero Mayo, o su espritu gozoso,
habitaba el ao entero en Merry Mount, divirtindose en los meses de
verano, alborotando en el otoo y calentndose en torno del fuego
durante las brumas del invierno. Revoloteaba con sonrisa soadora a
travs del mundo lleno de pesares y preocupaciones hasta que vino a
establecer sus lares entre los espritus risueos de Merry Mount.

Jams se haba visto el _May-pole_ tan galanamente ataviado como en
aquella tarde vspera de San Juan. El venerado emblema era un pino que
haba conservado la flexible gracia de la juventud aunque igualaba en
altura a los monarcas ms potentes de la antigua selva. En su cima
flotaba una bandera de seda que ostentaba los colores del arco iris.
Abajo, cerca del suelo, el tronco estaba revestido de ramas de abedul y
varias otras del verde ms lleno de vida, entre las que se mezclaban
algunas de hojas argentadas, sujetas con cintas flotantes en fantsticos
nudos de veinte colores distintos, a cual ms encendidos. Flores
cultivadas y flores silvestres rean alegremente entre el verdor, tan
fresco y hmedo, que pareca haber brotado por arte de magia en este
regocijado pino. Hacia donde terminaba este verde y florido esplendor,
vease pintado el _May-pole_ con los siete brillantes colores de la
bandera que ostentaba al tope. De las ramas verdes ms bajas penda una
frondosa guirnalda de rosas, cogidas algunas en los parajes ms soleados
del bosque, y otras, de colorido aun ms rico, nacidas de las semillas
inglesas que los colonos haban cultivado. Oh, pueblo de la edad de
oro, cuya principal ocupacin era cultivar flores!

Mas qu significaba la extraa multitud que cogida de las manos vease
el torno del _May-pole_? No poda suponerse seguramente que los faunos y
ninfas de las antiguas fbulas, arrojados de sus clsicas grutas,
hubieran buscado refugio en los frescos bosques del oeste, como lo
haban hecho los dems perseguidos. stos parecan monstruos gticos,
aunque quiz de descendencia griega. En los hombros de un hermoso
mancebo erguanse la cabeza y las astas ramosas de un ciervo; otro,
humano en todo lo dems, tena un rostro horrible de lobo; un tercero,
con el tronco y las piernas de hombre, mostraba la barba y los cuernos
de un venerable macho cabro. Por all se destacaba la figura erguida de
un oso, fiera en todos sus detalles, salvo en sus piernas traseras,
cubiertas de medias de seda color de rosa. Y all otra vez, casi
portentoso, apareca un verdadero oso de las profundidades de la selva,
extendiendo sus garras delanteras prontas a estrechar manos humanas, y
tan dispuesto al parecer como los dems de la rueda a desempear su
parte en la danza. Su figura inferior levantse a medias para llegar a
la altura de sus compaeros cuando stos se detuvieron. Otros rostros
tenan la apariencia de hombres o mujeres, pero disformes y
extravagantes, con rojas narices colgando delante de las bocas que
mostraban horribles profundidades, distendindose de oreja a oreja en
una perpetua carcajada. Poda verse all al hombre primitivo, bien
conocido en la herldica, peludo como un cinocfalo y con su cinturn de
hojas verdes. A su lado se discerna una figura ms noble quiz, pero
siempre contrahecha, un cazador indio con penacho de plumas y cinturn
de conchas. Muchos personajes de esta bizarra compaa llevaban gorros
de bufones y pequeos cascabeles pendientes de su atavo, que vibraban
con sones argentinos en armona con la msica inaudita de su espritu
jovial. Algunos mancebos y doncellas ofrecan aspecto ms serio, pero
mantenan bien su puesto, sin embargo, en medio de la heterognea
multitud, por el arrobamiento exaltado que se revelaba en sus facciones.
Todos estos personajes eran los colonos de Merry Mount solazndose en la
vasta sonrisa del sol poniente alrededor de su venerado _May-pole_.

Si algn paseante extraviado en la melanclica selva hubiera odo este
regocijo y lanzado una furtiva y quiz medrosa mirada al espectculo,
habra juzgado que era el squito de Como, convertidos ya en brutos
algunos de sus personajes, otros a media transformacin entre el hombre
y la bestia, y embriagados otros en el torrente de enloquecedora alegra
que preceda al cambio. Entretanto, una banda de puritanos, que,
invisible, espiaba la escena, asimilaba la mascarada a los espritus
diablicos y corrompidos con los cuales poblaba su supersticin el negro
caos.

Dentro del crculo de monstruos se destacaban dos figuras tan areas que
hacan pensar que jams hubieran hollado piso ms slido que nubes de
prpura y doradas. La una era un mancebo de resplandecientes vestiduras,
con una banda semejando el arco iris que le cruzaba sobre el pecho. Su
mano derecha sostena un cetro dorado, emblema de alta dignidad entre
los alegres adoradores del _May-pole_; mientras oprima con la izquierda
los grciles dedos de una hermosa doncella, no menos brillantemente
ataviada que su compaero. Vvidas rosas contrastaban, en su esplendente
colorido, con los obscuros y sedosos rizos de sus cabelleras, y veanse
esparcidas a sus pies, donde quiz brotaron espontneamente. Detrs de
la luminosa pareja y tan prximo al _May-pole_ que las ramas ms bajas
sombreaban su semblante jovial, haba un sacerdote ingls adornado de
sus vestiduras cannicas, pero cubiertas de flores a la moda del
paganismo, y llevando una corona de vid natural. Por el extravo de sus
ojos movibles y la decoracin pagana de su continente pareca el
monstruo ms selvtico y el verdadero. Como de la reunin.

--Adoradores del _May-pole_!--exclam el florido
oficiante,--alegremente han resonado los bosques todo el da con vuestro
regocijo. Pero sta debe ser vuestra hora ms feliz, corazones mos. S;
aqu estn el rey y la reina de Mayo, a quienes yo, un clrigo de Oxford
y gran sacerdote de Merry Mount, voy a unir en este instante con los
santos lazos de Himeneo. Levantad vuestro espritu ligero, vosotros,
bailarines moriscos, hombres de las selvas y risueas doncellas, osos,
lobos y cornudos caballeros! Venid, entonad un coro ahora, vibrante con
el antiguo jbilo de la alegre Inglaterra, y con el entusiasmo ms
exaltado de esta fresca selva; y luego, una danza para mostrar a esta
joven pareja para qu se ha hecho la vida y cun ligeramente habrn de
atravesarla! Vosotros todos que amis el _May-pole_, prestad vuestras
voces para entonar el canto nupcial del rey y la reina de Mayo!--

Este himeneo era acontecimiento ms serio de los que tenan lugar de
ordinario en Merry Mount, donde la broma y la farsa, la travesura y la
fantasa fomentaban un continuo carnaval. El rey y la reina de Mayo, aun
cuando debieran perder su ttulo al ocaso, iban a ser real y
verdaderamente compaeros en la danza de la vida, comenzando el comps
aquella misma hermosa tarde. La guirnalda de rosas que penda de las
verdes ramas bajas del _May-pole_ haba sido trenzada para ellos y se
arrojara sobre sus cabezas unidas como smbolo de su florida unin.
As, tan luego que el sacerdote concluy, una exclamacin tumultuosa
brot del grupo de figuras monstruosas.

--Comenzad la estrofa, reverendo padre,--gritaron todos;--y jams
habrn coreado los bosques ecos tan regocijados como los que lanzaremos
al aire los adoradores del _May-pole!_--

Inmediatamente se dej or un preludio de flautas, ctaras y violas,
tocado por hbiles ministriles desde el fondo de una arboleda vecina,
con tan alegre cadencia que hasta las ramas del _May-pole_ se
estremecieron a sus sones. Pero el rey de Mayo, el del cetro dorado,
buscando los ojos de su reina, sorprendise de la mirada casi
melanclica que tropez con la suya.

--dith, mi dulce reina de Mayo,--murmur en tono de reproche,--esta
guirnalda de rosas pende acaso sobre nuestras tumbas que tan triste
apareces? Oh, dith! sta es nuestra poca de oro! No la opaques con
sombras de melancola; porque nada nos traer el futuro ms hermoso que
el recuerdo de lo que en estos momentos est pasando.

--Esto es precisamente lo que me entristece! Cmo ha venido tambin a
tu mente?--dijo dith en tono aun ms bajo que el suyo; pues era delito
de alta traicin estar triste en Merry Mount.--Por esto suspiro en medio
del festival y de la msica. Y adems, querido dgar, me parece
debatirme en un sueo, y pienso que las figuras de nuestros joviales
amigos son visiones; que su alegra es imaginaria; y que no somos
nosotros en realidad el rey y la reina de Mayo. Qu misterio es ste
que oprime mi corazn?--

Precisamente en aquel instante, como al influjo de algn conjuro, cay
una ligera lluvia de hojas de rosa ya marchitas del _May-pole_. Ay de
los pobres amantes! Tan pronto como ardieron sus corazones en la
verdadera pasin, sintieron algo vago y perecedero en sus anteriores
placeres y les acometi un medroso presentimiento de cambios
inevitables. Desde el momento en que amaron profundamente, cayeron bajo
la ley terrenal de pesar y preocupaciones, de alegras turbadas, y se
encontraron ya extraos en Merry Mount. ste era el misterio del corazn
de dith. Dejemos ahora que el sacerdote los una, y que las mscaras se
diviertan en torno del _May-pole_, hasta que el ltimo rayo del sol se
refleje en su cima, y las sombras de la selva pongan su melancola en
medio de las danzas. Veamos, entretanto, quines eran estos alegres
personajes.

Hace doscientos aos, quiz ms, que el mundo antiguo y sus habitantes
se fatigaron mutuamente de sus sempiternas relaciones. Los hombres
emigraron por millares hacia el oeste; unos, para trocar cuentas de
vidrio y baratijas de joyera por las pieles de los cazadores indios;
otros, para conquistar terrenos vrgenes; y otros, ms austeros, para
orar. Pero ninguno de estos motivos haba sido el aliciente para los
colonizadores de Merry Mount. Sus jefes fueron hombres que haban gozado
tanto de la vida, que cuando se presentaron los enfadosos huspedes,
Pensamiento y Sabidura, se encontraron arrollados por la turba de
pompas y vanidades a las cuales deban haber puesto en fuga. Obligaron
al errante Pensamiento y a la Sabidura pervertida a endosar una mscara
y representar la farsa de la Locura. Los hombres de quienes nos
ocupamos, habiendo perdido la fresca alegra del corazn, imaginaron una
filosofa de placer desenfrenado y vinieron a estos lugares para
realizar sus fantasas. Reunieron adeptos en aquella aturdida raza cuya
vida entera transcurre como los das festivos de los hombres graves.
Haba en su squito ministriles no del todo desconocidos en las calles
de Londres; cmicos ambulantes, cuyo teatro fueran los salones de los
gentileshombres; bufones, juglares y saltimbanquis, cuya ausencia se
dejara sentir por largo tiempo en las romeras, fiestas conmemorativas
y ferias; en una palabra, forjadores de alegra en todo sentido, que
abundaban en aquella poca, pero que comenzaron a desaparecer con el
desarrollo del puritanismo. Ligeros haban sido sus pasos sobre la
tierra y ligeramente cruzaron ellos el ocano. Muchos haban sido
arrojados por sus sufrimientos en desesperada locura de placer; otros
eran tan locamente festivos por la fuerza de su juventud, como el rey y
la reina de Mayo; mas, cualquiera que fuese la causa de su regocijo,
jvenes y viejos estaban alegres en Merry Mount. Los jvenes se crean
felices. Los de ms edad, aun cuando supieran que el regocijo es
solamente una falsa felicidad, seguan, sin embargo, obstinadamente la
engaosa sombra pues que siquiera llevaba brillante atavo. Frvolos
impenitentes durante toda su vida, no se atrevan a aventurarse en las
austeras verdades de la existencia, ni aun con la esperanza de encontrar
los goces verdaderos.

Todos los pasatiempos clsicos de la vieja Inglaterra habanse
transplantado all. El rey de _Christmas_ ostentaba su corona y el
monarca de _Misrule_ (Desconcierto) llevaba un cetro poderoso. La
vspera de San Juan cortaban varios acres de bosque para hacer hogueras
y danzaban a su lumbre toda la noche coronados de guirnaldas y arrojando
flores a las llamas. En tiempo de cosecha, aun cuando su campo fuese el
ms pequeo, hacan una imagen con las gavillas de maz, la decoraban
con guirnaldas de otoo y llevbanla en triunfo al hogar. Pero lo que
caracterizaba especialmente a los colonos de Merry Mount era su
veneracin por el _May-pole_, que ha convertido su historia en un
cuento lleno de poesa. La primavera cubra de botones y de frescos y
verdes vstagos el venerado emblema; el verano le traa rosas del ms
vivo colorido y el follaje perfecto de los bosques; el otoo le
enriqueca con su pompa roja y amarilla que converta cada hoja
silvestre del bosque en una pintada flor; y el invierno le plateaba con
su escarcha, adornndole de estalactitas hasta que resplandeca a la luz
semejando todo l un rayo helado del sol. As alternaban las estaciones
su homenaje al _May-pole_ pagndole el tributo de su ms rico esplendor.
Sus adeptos bailaban en torno del rbol por lo menos una vez al mes;
denominbanle a veces su religin o su altar; pero en toda ocasin
representaba el estandarte de Merry Mount.

Desgraciadamente, haba en el Nuevo Mundo ciertos hombres que alardeaban
de una fe ms austera que la de aquellos alegres adoradores del
_May-pole_. No muy lejos de Merry Mount haba una colonia de puritanos,
hombres los ms infelices, que recitaban sus plegarias antes del
amanecer y trabajaban luego en los bosques o en las sementeras hasta que
la noche les llamaba de nuevo a la oracin. Tenan siempre sus armas
apercibidas para atacar a los salvajes extraviados. Cuando se reunan en
cnclave, jams era para sostener el clsico regocijo ingls, sino para
escuchar sermones que se prolongaban tres horas, o proclamar premios por
cabezas de lobos o cabelleras de indios. Sus fiestas eran das de
vigilia y su distraccin principal el canto de los salmos. Desgraciado
del mozo o doncella que siquiera soara con la danza! Los hombres
eminentes hacan un signo al condestable; y ponan en el cepo a los
rprobos de pies ligeros; o de haber danza, era en derredor del poste de
los azotes, que poda llamarse el _May-pole_ de los puritanos.

Una partida de estos feroces puritanos, abrindose paso penosamente a
travs de las dificultades de la selva y revestido cada uno de una
armadura de hierro pesadsima para embarazar su marcha, llegaba a veces
hasta el risueo recinto de Merry Mount. All estaban los suaves
colonos, regocijndose en torno del _May-pole_; quiz enseando la danza
a algn oso, o tratando de comunicar su alegra a los graves indios; o
disfrazndose con las pieles de los ciervos y los lobos que haban
cazado con este objeto. A menudo la colonia entera, y los magistrados
como todos los dems, jugaba un juego semejante a la gallina ciega, en
el cual perseguan los gozosos pecadores, con los ojos vendados, a uno
de ellos sin vendar que haca de chivo y a quien deban descubrir por el
ruido de los cascabeles que llevaba en sus vestidos. Se dice que una vez
viseles escoltando hasta su tumba un cadver cubierto de flores, en
medio de msicas festivas y gran regocijo. Reira el difunto? En sus
momentos de tranquilidad cantaban baladas y recitaban historias para
edificacin de sus piadosos visitantes; o llenbanles de perplejidad con
sus juegos de prestidigitacin; o les hacan muecas desde el centro de
collarines de caballo; y cuando se fatigaban de diversin, hacan broma
de su mismo cansancio y comenzaban a apostar a los bostezos.
Presenciando todas estas enormidades, los hombres de hierro sacudan la
cabeza y fruncan las cejas de manera tan sombra que los alegres
alborotadores levantaban los ojos al cielo para observar la momentnea
nube que haba opacado el resplandor del sol que, estaba sobrentendido,
deba brillar constantemente en aquellos parajes. De otro lado,
afirmaban los puritanos que cuando elevaban un salmo en sus lugares
consagrados, el eco que devolvan las selvas semejaba muchas veces el
estribillo de un alegre coro que terminaba en una carcajada. Quin sino
el demonio y sus fieles secuaces, los habitantes de Merry Mount, haba
de molestarles? Con el tiempo levantse una enemistad, amarga y sombra
de un lado, y tan seria como poda serlo, por el otro, entre los
puritanos y los espritus ligeros que haban jurado pleito homenaje al
_May-pole_. El carcter futuro de la Nueva Inglaterra hallbase en juego
en esta insoportable querella. Si los feroces santos llegaban a
establecer su jurisdiccin sobre los joviales pecadores, su espritu
obscurecera el ambiente y convertira el pas en una tierra de rostros
nublados, de ardua labor, de sermones y salmos por toda la eternidad.
Pero si el estandarte de Merry Mount alcanzaba la primaca, brillara el
sol sobre las colinas, las flores embelleceran la floresta, y toda la
posteridad rendira homenaje al _May-pole_.

Despus de estos detalles autnticos de la historia, volvamos a las
nupcias del rey y la reina de Mayo. Ah! hemos demorado demasiado y nos
vemos obligados a ensombrecer nuestra historia repentinamente. Lanzando
una ojeada al _May-pole_, encontramos que un solitario rayo de sol se
desvanece en su cima dejando solamente un dbil matiz dorado fundindose
entre los tonos irisados de la bandera. Aun esta dudosa luz comienza a
desaparecer, abandonando el dominio entero de Merry Mount a las brumas
del atardecer, que tan instantneamente han surgido de los negros
bosques circunvecinos. Mas algunas de estas obscuras sombras asumen
figura humana.

S; con el sol poniente, ha pasado para Merry Mount su ltimo da de
regocijo. El crculo de alegres mscaras estaba roto y en desorden; el
ciervo bajaba sus astas tristemente; el lobo se volva ms dbil que un
cordero; los cascabeles de los danzantes moriscos repiqueteaban con
trmulos sones de terror. Los puritanos haban tomado una parte
caracterstica en la mascarada del _May-pole_. Sus sombras figuras
mezclbanse a las bizarras formas de sus enemigos, convirtiendo la
escena en un cuadro de actualidad semejante al despertar de la mente en
medio de las fantasas desparpajadas de un sueo. El jefe del bando
hostil erguase en el centro del crculo, mientras el squito de
monstruos se inclinaba en torno suyo semejando espritus del mal en
presencia de un mago temido. Ninguna farsa fantstica poda continuarse
en su presencia. Tan indomable se revelaba la energa de su continente,
que la figura entera, rostro cuerpo y nima, pareca forjada en hierro,
toda de una pieza con el casco y la armadura, aunque dotada de vida y
pensamiento. Era el puritano de los puritanos; era ndicott en persona!

--Detente, sacerdote de Baal!--dijo con torvo ceo y colocando su mano
irreverente en la sobrepelliz.--Te conozco, Blckstone![36] Eres el
hombre que jams pudo soportar disciplina alguna, ni siquiera la de tu
corrompida religin, y has venido aqu a predicar la iniquidad de que
diste el ejemplo con tu propia vida. Mas ahora se ver que el Seor ha
santificado estos lugares por medio de su pueblo escogido. Anatema
sobre los profanadores! Y ante todo, sobre esta abominacin cubierta de
flores, el altar de tu religin!--

Y con su cortante espada asalt ndicott el venerado _May-pole_. No
resisti el rbol por largo tiempo su poderoso brazo. Gimi con tristes
ecos; llovieron hojas y capullos sobre el cruel exaltado; y cay por
ltimo el estandarte de Merry Mount arrastrando sus verdes ramas, cintas
y flores, smbolo de placeres desvanecidos. A su cada, cuenta la
tradicin, se puso el cielo ms obscuro y enviaron los bosques sombras
ms ttricas sobre aquellos lugares.

--All,--grit ndicott, mirando su obra con aire triunfador,--all
yace el nico _May-pole_ de la Nueva Inglaterra! Tengo la firme
conviccin de que su cada decidir la suerte de los livianos e
indolentes sectarios de la alegra durante nuestros das y los de toda
nuestra posteridad. Amn, dice John ndicott!

--Amn!--core su squito.

Los adoradores del _May-pole_ lanzaron un gemido por su dolo. A esta
manifestacin, el jefe puritano dirigi una mirada a la cuadrilla de
Como, en que cada figura, representacin de la ms franca alegra
llevaba en aquel momento la expresin de hondo abatimiento y tristeza.

--Valiente capitn,--inquiri Pter Plfrey, el ms anciano de la
banda,--qu disposiciones se tomarn con respecto de los prisioneros?

--No pensaba arrepentirme jams de haber echado abajo un _May-pole_ y,
no obstante encuentro ahora en mi corazn que le plantara de nuevo para
procurar a todos estos paganos otra danza en torno de su dolo. Hubiera
servido perfectamente como poste de azotes!

--Hay bastantes pinos, sin embargo,--sugiri el lugarteniente.

--Es verdad, buen anciano,--replic el jefe.--De consiguiente, atad a la
condenada banda y procurad a cada uno de ellos una pequea racin de
cardenales como adelanto de nuestra futura justicia. Colocad luego en el
cepo a algunos de esos villanos para que descansen hasta que la
Providencia los conduzca a una de nuestras bien organizadas colonias
donde podremos encontrar acomodo para todos. Despus pensaremos en otros
castigos, como marcas de hierro candente o corte de las orejas.

--Cuntos azotes para el sacerdote?--pregunt el anciano Plfrey.

--Ninguno todava,--respondi ndicott, dirigiendo su inflexible ceo
hacia el reo.--El gran tribunal general determinar si los azotes y
larga prisin, acompaados de otras severas penas, sern expiacin
suficiente por sus culpas. Dejadle mirar dentro de s mismo! Por
violaciones de orden civil podramos sentir piedad, mas ay de aquel que
ataca nuestra religin!

--Y el oso danzante, compartir tambin los azotes de sus
compaeros?--pregunt el oficial.

--Disparad vuestras armas en su cabeza!--exclam el enrgico
puritano.--Sospecho algn maleficio en esta bestia!

--Aqu hay una resplandeciente pareja,--continu Pter Plfrey,
sealando con su arma al rey y la reina de Mayo.--Parecen ser de alto
rango entre estos malhechores. Pienso que su dignidad merece por lo
menos doble racin de azotes.--

ndicott, apoyndose sobre su espada, mir atentamente el atavo y el
continente de la desventurada pareja. Estaban plidos, temerosos y
abatidos; pero notbase en ellos cierto aire de mutuo sostn y pura
afeccin que daba y peda aliento a la vez, que demostraba que eran
marido y mujer, con la sancin de un sacerdote en su amor. En el momento
del peligro arroj el joven su dorado cetro, enlazando con su brazo a la
reina de Mayo que se reclinaba en su pecho, muy ligeramente para dejarle
sentir ningn peso, mas lo bastante para expresar que sus destinos
estaban unidos para siempre, en la fortuna o en la adversidad.
Mirronse primero uno a otro y luego enderezaron la vista a la torva faz
del capitn. As transcurra la primera hora de sus bodas, mientras los
vanos placeres de que sus compaeros eran el emblema se trocaban en las
arduas dificultades de la vida, personificadas en los sombros
puritanos. Mas nunca se haba revelado su juvenil belleza tan elevada y
tan pura como cuando su esplendor se abrillantaba con el infortunio.

--Joven,--dijo ndicott,--te encuentras en momentos difciles, tanto t
como la doncella que es tu esposa. Estad preparados; porque imagino que
tendris motivo para recordar el da de vuestras nupcias!

--Hombre inflexible!--exclam el rey de Mayo,--cmo podr conmoverte?
Si tuviera los medios, resistira hasta la muerte, pero encontrndome
impotente, me rindo a tu voluntad. Haz de m lo que quieras, pero deja
marchar ilesa a dith!

--De ningn modo,--replic el cruel fantico.--No hemos de mostrar,
ciertamente, vana cortesa hacia un sexo que requiere la ms estricta
disciplina. Qu dices, doncella? Sufrir tu dulce esposo tu parte de
penas adems de la suya propia?

--As sea la muerte, aplicadlas todas sobre mi cabeza!--exclam dith.

En verdad, como deca ndicott, encontrbanse los pobres amantes en
terrible situacin. Sus enemigos triunfaban, sus amigos estaban
prisioneros y abatidos, su hogar desolado, obscura soledad les rodeaba y
un destino riguroso encarnado en el jefe puritano, era todo lo que
tenan que esperar. Sin embargo, ni aun la noche que avanzaba pudo
disimular que el hombre de hierro se haba suavizado: sonri al dulce
espectculo del primer amor; y casi suspir por el inevitable fracaso de
sus bellas esperanzas.

--Las penas de la vida han venido muy temprano para esta joven
pareja--observ Endicott.--Veremos cmo se manejan en su desgracia
actual, antes de que les impongamos mayores sufrimientos. Si podis
encontrar en el botn vestiduras ms decentes, hacedlas poner a este rey
de Mayo y a su dama, en lugar de su brillante y vana pompa. Ocupaos de
ello, algunos de vosotros.

--Y no cortaremos el cabello al mozo?--pregunt Pter Plfrey,
dirigiendo una mirada de odio a la coleta y a los largos y sedosos
bucles del mancebo.

--Cortdselo inmediatamente, dejndole la cabeza en el verdadero estilo
calabaza,--replic el capitn.--Traedlos luego con nosotros, pero con
ms suavidad que a sus compaeros. Hay ciertas cualidades en el mancebo
que pueden hacerle valiente en la lucha, sobrio en el trabajo y piadoso
en la oracin; y otras en la doncella que la convertirn en una madre de
nuestro Israel, dando vida a hijos mejor educados de lo que ella ha
sido. No imaginis, jvenes, que los ms felices, aun en nuestra
perecedera existencia, son aquellos que la malgastan danzando en torno
de un _May-pole!_--

Y ndicott, el puritano ms austero de todos lo que fundaron los ptreos
cimientos de la Nueva Inglaterra, levant la guirnalda de rosas del
abatido _May-pole_ y la arroj con su propia mano cubierta del
guantelete sobre las cabezas reunidas del rey y la reina de Mayo. Fu un
acto simblico. Del mismo modo que la ttrica moral del universo
destruye toda alegra sistemtica, as haba sucedido con su mansin de
apasionado regocijo, desolada ahora en medio de la triste selva. Jams
volveran a habitarla. Pero, como su florida guirnalda haba sido
entretejida con las rosas ms bellas que all crecan, as el lazo que
les una representaba ahora ms puras y mejores alegras. Siguieron va
del cielo, sostenindose en el spero sendero que les toc en lote
atravesar, y jams dedicaron un sentimiento de pesar a las pompas
desvanecidas de Merry Mount.




EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR HIDEGGER


EL ANCIANO doctor Hidegger, hombre muy original, invit una vez a
cuatro amigos suyos para que se reunieran en su estudio. Eran tres
caballeros de barba blanca: el seor Mdbourne, el coronel Klligrew y
el seor Gascoigne; y una ajada seora, la viuda Wycherly. Todos ellos
eran viejos y melanclicos personajes, que haban sufrido infortunios
durante su vida, y cuya mayor desgracia consista en que no gozaban
tiempo ha del reposo de la tumba. El seor Mdbourne haba sido en el
vigor de su edad un prspero comerciante; mas perdi toda su fortuna en
especulaciones arriesgadas y era por entonces poco menos que un mendigo.
El coronel Klligrew haba malgastado sus mejores aos, su salud y su
energa en pecaminosos placeres que le produjeron multitud de
incomodidades, como la gota y otros varios tormentos de cuerpo y alma.
El seor Gascoigne era un poltico arruinado, hombre de mala fama, que
le haba perseguido hasta que el tiempo le borr de la memoria de la
presente generacin, hacindole obscuro en vez de infame. En cuanto a la
viuda Wycherly, contaba la tradicin que fu una belleza en sus das;
mas haba vivido largo tiempo en profundo aislamiento a causa de
ciertas historias escandalosas que levantaron contra ella la opinin de
la sociedad. Es digna de mencionarse la circunstancia de que los tres
viejos caballeros, el seor Mdbourne, el coronel Klligrew y el seor
Gascoigne, haban sido en otro tiempo pretendientes de la viuda
Wycherly, y estuvieron una vez a punto de cortarse el cuello por gozar
del privilegio de su amor. Y antes de proseguir, quiero tambin dejar
apuntado que se susurraba que tanto el doctor Hidegger como sus cuatro
invitados se encontraban a veces algo fuera de sus cabales; cosa no del
todo sorprendente tratndose de personas ancianas atormentadas por
actuales sufrimientos o por angustiosas remembranzas.

--Mis antiguos y queridos amigos,--dijo el doctor Hidegger, hacindoles
tomar asiento,--Deseo que me ayudis en uno de los pequeos experimentos
con que acostumbro divertirme a solas en mi estudio.--

Si hemos de dar fe a la historia, el estudio del doctor Hidegger era un
sitio de los ms curiosos: una obscura cmara, amueblada a la antigua,
festoneada de telaraas y cubierta de polvo desde tiempo inmemorial.
Apoyados contra el muro veanse varios estantes de roble, cuyos
anaqueles inferiores estaban llenos de infolios gigantescos y libros
gticos en cuarto, mientras la parte superior guardaba los pequeos
libros en duodcimo con cubierta de pergamino. Sobre el estante central
haba un busto de Hipcrates con el cual, segn fuentes autorizadas,
acostumbraba sostener consultas el doctor Hidegger en todos los casos
difciles de su profesin. En el rincn ms obscuro del aposento, haba
un armario de roble, alto y estrecho, a travs de cuya entreabierta
puerta se divisaba confusamente un esqueleto. En el espacio comprendido
entre dos estantes penda un espejo mostrando su alta y empolvada
superficie dentro de un deslustrado marco dorado. Entre muchas otras
historias maravillosas que se relataban acerca de este espejo, decase
que las almas de todos los pacientes difuntos del doctor habitaban
dentro de su vera, y se encaraban con l siempre que miraba en aquella
direccin. El lado opuesto de la cmara estaba decorado con el retrato
de cuerpo entero de una joven dama, vestida de raso, seda y brocado en
descolorida magnificencia, y con semblante tan plido como su atavo.
Haca medio siglo que el doctor Hidegger estuvo a punto de casarse con
la joven seora; mas sucedi que, afectada de ligero malestar, tom una
de las recetas de su prometido y muri en la maana de las bodas. Queda
an por mencionar la principal curiosidad del estudio: un enorme
infolio, encuadernado en cuero negro y cerrado con pesados broches de
plata. No llevaba letras en el lomo y nadie poda decir el ttulo de la
obra. Pero sabase perfectamente que era un libro de magia, y una vez
que lo cogi una camarera, simplemente con la idea de quitarle el polvo,
el esqueleto se removi en su armario, el retrato de la dama coloc un
pie sobre el pavimento y varios rostros de fantasmas asomaron en el
espejo; en tanto que la bronceada cabeza de Hipcrates frunca el ceo
y deca: "Detente!"

Tal era el estudio del doctor Hidegger. En la tarde de esto a que se
refiere nuestra historia, haba una pequea mesa redonda, negra como el
bano, en el centro de la habitacin, sosteniendo un nfora de cristal
cortado, de bella forma y delicado trabajo. Los rayos del sol penetraban
a travs de la ventana, entre los pesados festones de dos cortinas de
damasco descolorido, y caan discretamente sobre el nfora; de manera
que un suave resplandor se reflejaba en los cenicientos rostros de los
cinco viejos reunidos en torno. Tambin haba cuatro copas de champaa
sobre la mesa.

--Mis antiguos y queridos amigos,--repiti el doctor Hidegger,--puedo
confiar en vuestra cooperacin para realizar un experimento
extremadamente singular?--

Hay que advertir que el doctor Hidegger era un viejo caballero muy
original, cuyas excentricidades haban llegado a ser la base de mil
fantsticas historias. Es posible que algunas de estas invenciones,
dicho sea para vergenza ma, puedan remontarse hasta mi propia y
verdica persona; de modo que, si algunos pasajes de este cuento chocan
con la credulidad del lector, soportar gustosamente el estigma de
novelero.

Cuando los cuatro visitantes oyeron hablar al doctor de su famoso
experimento, no imaginaron maravilla mayor que la muerte de un ratn por
medio de alguna bomba neumtica, el examen de cualquier basura en el
microscopio, o alguna otra tontera por el estilo, con las que tena el
hbito de importunar a sus amigos. Mas, sin aguardar respuesta, el
doctor Hidegger atraves renqueando la habitacin y volvi con aquel
enorme infolio encuadernado en cuero negro, que la opinin general
declaraba ser un libro de magia. Desabrochando las plateadas cerraduras,
abri el volumen y sac de entre sus gticas pginas una rosa o lo que
fu alguna vez una rosa, pues que entonces las verdes hojas y ptalos de
prpura haban adquirido un tono parduzco, y la flor entera pareca a
punto de convertirse en polvo entre las manos del doctor.

--Esta rosa,--explic suspirando el doctor Hidegger,--esta misma rosa
que veis aqu marchita y casi deshecha, floreci hace cincuenta y cinco
aos. Me la dio Silvia Ward, cuyo retrato pende all; y yo pensaba
llevarla sobre el pecho el da de nuestras bodas. Cincuenta y cinco aos
la he conservado como un tesoro entre las pginas de este viejo libro.
Ahora bien; creerais posible que esta rosa de medio siglo pudiera
revivir alguna vez?

--Qu ocurrencia!--exclam la viuda Wycherly con un impertinente
movimiento de cabeza.--Podrais preguntar igualmente si un rostro
arrugado de vieja puede rejuvenecerse alguna vez!

--Mirad!--respondi el doctor Hidegger.

Descubri el nfora y ech la rosa seca en el agua que all haba. Al
principio se mantuvo la flor en la superficie, sin absorber nada de
humedad, al parecer. Pronto, sin embargo, pudo notarse un cambio
singular. Los arrugados y secos ptalos se agitaron, adquiriendo un
tinte carmes ms vivo, como si la flor despertara de algn sueo
mortal; el esbelto tallo y las ramitas de follaje tomaron tonos verdes;
y por ltimo la rosa de medio siglo atrs apareci tan lozana y fresca
como cuando Silvia Ward la obsequi a su prometido. Apenas si luca
completamente abierta; pues algunas de sus delicadas hojas encarnadas
apretbanse todava modestamente sobre su hmedo seno, donde brillaban
dos o tres gotas de roco.

--Es ciertamente una linda ilusin ptica--dijeron descuidadamente los
amigos del doctor, pues haban presenciado mayores milagros en
espectculos de prestidigitacin;--haced el favor de mostrarnos de qu
manera se realiza.

--Habis odo hablar alguna vez de la _Fuente de la
Juventud_?--pregunt el doctor Hidegger,--aqulla que fu a buscar
Ponce de Len, el aventurero espaol, har dos o tres centurias?

--Pero la encontr al fin Ponce de Len?--pregunt la viuda Wycherly.

--No,--respondi el doctor Hidegger,--porque nunca la busc en su
verdadero sitio. La Fuente de la Juventud, si estoy bien informado, se
encuentra situada en la parte meridional de la pennsula de la Florida,
no lejos del lago Macaco. Su manantial est sombreado por varias
magnolias gigantescas, que aun cuando cuentan innumerables siglos se
conservan tan frescas como violetas por la virtud de esta agua
maravillosa. Un amigo mo, conociendo mi aficin a esta clase de
estudios, me ha enviado la que veis en aquel vaso.

--Ejem!--murmur el coronel Klligrew, que no crea una palabra de la
historia del doctor;--y cul sera el efecto de este lquido en la
naturaleza humana?

--Podis juzgarlo por vos mismo, mi querido coronel--replic el doctor
Hidegger,--y vosotros todos, mis respetados amigos, sois los
bienvenidos para beber de este lquido maravilloso la cantidad necesaria
para devolveros el brillo de la juventud. Por mi parte, he tenido tantos
disgustos antes de envejecer, que no tengo prisa de volverme joven otra
vez. Con vuestro permiso, observar solamente los progresos del
experimento.--

Mientras hablaba, llenaba el doctor Hidegger las cuatro copas de
champaa con el agua de la fuente de la juventud. Pareca impregnada de
algn gas efervescente, porque continuamente ascendan pequeas burbujas
desde el fondo de los vasos y estallaban en plateado roco en la
superficie. Como el lquido difunda agradable perfume, los viejos
personajes no vacilaron en creer que poseyera propiedades cordiales y
reconfortantes y, aun cuando escpticos con respecto a su poder
rejuvenecedor, sentanse inclinados a beberlo inmediatamente. Pero el
doctor Hidegger les detuvo por un momento.

--Antes de que bebis, mis respetables y antiguos amigos,--dijo,--sera
conveniente que, con la experiencia que habis adquirido durante vuestra
vida, adoptarais algunas reglas generales de conducta al afrontar por
segunda vez los peligros de la juventud. Pensad que sera un crimen y
una vergenza si, con las ventajas especiales de que vais a disfrutar,
no fuerais modelo de virtud y de sabidura para todos los jvenes de
vuestra edad!--

Los cuatro venerables amigos del doctor slo respondieron con una dbil
y trmula carcajada; tan ridcula les pareci la idea de que, conociendo
cun prximo sigue el arrepentimiento las huellas del error, hubieran de
extraviarse nuevamente.

--Bebed entonces,--dijo el doctor inclinndose.--Me regocijo de haber
elegido con tanta discrecin los sujetos para mi experimento.--

Con temblorosas manos levantaron las copas hasta sus labios. Si el licor
posea en realidad las virtudes que le atribua el doctor Hidegger, no
poda emplearse en cuatro seres humanos que lo necesitaran ms
lastimosamente.

Pareca que nunca hubieran tenido juventud ni placeres, que hubieran
sido un producto anormal de la naturaleza, siempre las mismas criaturas
grises, decrpitas y sin savia que se encontraban en derredor de la mesa
del doctor, tan yertas de cuerpo y alma que ni siquiera sentan
entusiasmo ante la idea de rejuvenecer. Bebieron el agua y colocaron de
nuevo los vasos sobre la mesa.

Indudablemente pudo notarse al punto cierta animacin en el aspecto de
los invitados; algo as como el efecto producido por un vaso de vino
generoso, con un resplandor de claridad repentina que irradiaba en los
cuatro rostros a la par. Apareci un sonrosado de salud en sus mejillas,
reemplazando la palidez terrosa que les haca asemejarse a un cadver.
Mirronse unos a otros, imaginando que algn mgico poder principiaba a
borrar en realidad la honda y triste huella que el Tiempo haba grabado
desde muy atrs en su entrecejo. La viuda Wycherly arregl su capota,
casi sintindose mujer de nuevo.

--Dadnos un poco ms de esta agua maravillosa!--exclamaron
ansiosamente.--Hemos comenzado a rejuvenecer, pero estamos todava
demasiado viejos. Pronto, dadnos un poco ms!

--Paciencia, paciencia!--dijo el doctor Hidegger que, sentado,
observaba los efectos del experimento con filosfica frialdad.--Habis
puesto largo tiempo para haceros viejos. No dudo que os contentaris con
rejuvenecer en una hora. Sin embargo, el agua est a vuestra
disposicin!--

Llen las copas nuevamente con el licor de la juventud, del cual quedaba
lo bastante en el recipiente para volver tan jvenes como sus nietos a
la mitad de los viejos de la ciudad. Mientras estallaban an las
burbujas en el borde, los cuatro invitados del doctor se apoderaron de
los vasos y bebieron el contenido de un solo sorbo. Era ilusin acaso?
No bien acababa de pasar el lquido por su garganta cuando pareci
presentarse un cambio en toda su naturaleza. Tornronse sus ojos claros
y brillantes; una sombra obscura se extendi sobre sus plateados rizos;
y se encontraron reunidos en torno de la mesa del doctor Hidegger tres
caballeros de mediana edad y una dama salida apenas de la primera
juventud.

--Mi querida viuda, estis encantadora!--exclam el coronel Klligrew
que haba conservado la mirada fija sobre el rostro de la seora,
mientras las sombras de la edad se desvanecan como la obscuridad ante
la aurora de un nuevo da.

La hermosa viuda saba desde largo tiempo atrs que los elogios del
coronel Klligrew no siempre se basaban en la estricta verdad; as,
saltando de su asiento se abalanz al espejo, temiendo an que sus
miradas tropezaran con el feo rostro de una mujer de edad. Entretanto
los tres caballeros se comportaban de manera tal que daba lugar a creer
que el agua de la fuente de la juventud posea ciertas cualidades
espirituosas; a menos que la exaltacin de sus ideas fuera simplemente
el alegre desvanecimiento producido por la sbita desaparicin del peso
de los aos. La imaginacin del seor Gascoigne pareca encaminarse a
tpicos polticos; mas no era fcil determinar si sus elucubraciones se
referan al pasado, al presente o al futuro, pues que las mismas ideas e
idnticas frases haban estado en boga durante los ltimos cincuenta
aos. Ya enunciaba a plena voz proposiciones sobre el patriotismo, la
gloria nacional y los derechos del pueblo; ya musitaba algunos planes
atrevidos en receloso y taimado murmullo, tan cautelosamente que ni
siquiera su propia conciencia llegara a apoderarse del secreto; o
expresbase de nuevo con acento mesurado y docta entonacin de orador,
como si odos reales escucharan los bien redondeados perodos de su
arenga. El coronel Klligrew entonaba al mismo tiempo una alegre
cancin bquica, tamborileando en su vaso el comps del coro, mientras
sus ojos vagaban sobre el risueo semblante de la viuda Wycherly. Al
otro lado de la mesa el seor Mdbourne sumase en profundos clculos de
dlares y centavos, que tenan que ver particularmente con un proyecto
para proveer de hielo a las Indias Orientales o equipar un tiro de
ballenas para los tmpanos polares.

En cuanto a la viuda Wycherly, permaneca frente al espejo haciendo
monadas y cortesas a su propia imagen y saludndola como al amigo ms
amado que exista en el mundo para ella. Acerc su rostro muy junto al
espejo para observar si la pata de gallo y las importunas arrugas
marcadas largo tiempo atrs haban desaparecido verdaderamente. Examin
si la nieve de sus cabellos habase fundido por completo y si podra
echar atrs su capota con entera seguridad. Al fin, volvindose
alegremente, avanz hacia la mesa en una especie de paso de baile.

--Mi viejo y querido doctor!--exclam,--por favor, brindadme otro
vaso!

--Ciertamente, mi querida seora, ciertamente!--replic el complaciente
doctor.--Mirad! Ya tena los vasos llenos.--

En efecto, los cuatro vasos aparecan llenos hasta el borde de aquella
agua maravillosa, cuyo delicado roco, efervescente en la superficie,
semejaba el trmulo chispear de diamantes. Estaba ya tan prximo el
ocaso que la habitacin se hallaba ms sombra que nunca; pero un
resplandor suave, anlogo al de la luna, emanaba de la gran nfora,
reposndose por igual sobre los cuatro invitados y sobre la figura
venerable del mdico. Sentse ste en un silln de roble, de alto
respaldar y primorosamente tallado, con tal aire de antigua majestad que
habra podido caracterizar al Tiempo, cuyo poder jams haba sido
discutido, salvo por esta afortunada tertulia. A pesar de que beban
ansiosamente en aquel momento la tercera copa del licor de la fuente de
la juventud, sintironse casi atemorizados por la misteriosa expresin
de la fisonoma del doctor Hidegger.

Pero pronto la alegre efusin de la juventud cundi por sus venas.
Hallbanse ahora en la dichosa adolescencia. Recordaban la vejez, con su
squito miserable de preocupaciones, sufrimientos y enfermedades, tan
slo como un sueo desagradable del cual acababan de despertar
alegremente. La frescura de alma, perdida tan temprano, y sin la cual
las escenas sucesivas de la vida eran nicamente una coleccin de
cuadros descoloridos, prestaba otra vez su encanto al porvenir.
Sintironse como seres nuevos creados en un universo nuevo.

--Somos jvenes! Somos jvenes!--exclamaban en su xtasis.

La juventud, al igual que la vejez, borraba los caracteres fuertemente
marcados de la edad mediana y asimilaba mutuamente a todos aquellos
personajes. Era un grupo de muchachos alegres, casi enloquecidos con el
regocijo exuberante de sus pocos aos. El efecto ms singular de su
alegra era el impulso de mofarse de las enfermedades y la decrepitud
de que haban sido vctimas hasta haca pocos instantes. Rean locamente
de su extravagante atavo, de las chaquetas de amplios faldones y los
chalecos flotantes de los jvenes, y de la antigua capota y vestimenta
extica de la deslumbrante seora. Uno de ellos psose a cojear
alrededor del cuarto como un abuelo gotoso; otro coloc en su nariz un
par de gafas, pretendiendo descifrar las gticas pginas del libro de
magia; el tercero tom asiento en una gran silla de brazos y procuraba
imitar la venerable dignidad del doctor Hidegger. Todos alborotaban
regocijadamente, saltando en torno de la habitacin. La viuda Wycherly
(si una damisela tan fresca poda llamarse viuda) se acerc bailando
gilmente hasta la silla del doctor, con el sonrosado rostro brillando
de maliciosa alegra.

--Doctor, viejo y querido corazn mo, levantaos y danzad
conmigo!--exclam. Y entonces los cuatro jvenes rieron ms
estrepitosamente que nunca al pensar en la extravagante figura que hara
el pobre viejo doctor.

--Os ruego dispensarme,--respondi el doctor tranquilamente.--Estoy
viejo y reumtico y mi tiempo de bailar concluy muchos aos ha. Pero
cualquiera de estos jvenes ser muy feliz de tener tan linda pareja.

--Bailad conmigo, Clara!--grit el coronel Klligrew.

--No, no; yo ser su compaero!--profiri el seor Gascoigne.

--Fu su prometido hace cincuenta aos!--exclam el seor Mdbourne.

Todos se agruparon en torno de ella. Uno cogi sus dos manos con impulso
apasionado; otro pas el brazo en derredor de su talle; el tercero
hundi la mano entre los sedosos rizos que asomaban debajo de la capota
de la dama. Sonrosada, palpitante, luchando, riendo, riendo y lanzando
por turno su aliento ardoroso en la faz de cada uno de los
pretendientes, haca ella ademn de desprenderse, mas sin llegar a
librarse del triple abrazo. Nunca se haba presenciado cuadro ms vivo
de rivalidad juvenil con hermosura tan hechicera como galardn. Sin
embargo, por extraa ilusin, debida a la obscuridad de la cmara y a
los antiguos vestidos que aun llevaban los invitados, se dice que el
gran espejo reflejaba la figura de los tres ancianos, canosos y ajados
abuelos, contendiendo por la fealdad angulosa de una vieja encogida y
arrugada.

Pero eran jvenes: por lo menos sus pasiones lo demostraban. Inflamados
hasta la locura por la coquetera de la damisela viuda que no otorgaba
ni rehusaba por completo sus favores, los tres rivales comenzaron a
cruzar amenazadoras miradas. Sujetando con una mano el anhelado
galardn, echaron la otra mutuamente a sus gargantas, llenos de rencor.
Mientras luchaban aqu y all, cay la mesa, destrozndose el vaso en
mil fragmentos. La preciosa agua de la juventud corri en brillante
arroyo sobre el pavimento, humedeciendo las alas de una mariposa,
envejecida al declinar del verano y que haba venido a morir all. El
insecto vol ligeramente a travs de la habitacin y fu a colocarse en
la nevada cabeza del doctor Hidegger.

--Venid, venid, caballeros! Venid Madame Wycherly,--exclam el
doctor.--Tengo que protestar seriamente de este tumulto.--

Aquietronse y se estremecieron; porque pareca que el Tiempo gris les
llamara hacindoles retroceder de su luminosa juventud, muy lejos, hasta
el helado y obscuro valle de los aos. Miraron al doctor Hidegger,
quien tom asiento en su tallado silln, sosteniendo la rosa de medio
siglo que haba recogido entre los fragmentos del estrellado vaso. A un
movimiento de su mano, los cuatro revoltosos asumieron sus asientos a la
mayor brevedad, pues su violento ejercicio habales fatigado en extremo,
a pesar de la juventud de que crean disfrutar.

--Mi pobre rosa de Silvia!--exclam el doctor Hidegger, exponindola a
la luz de las nubes del poniente;--parece que se marchita otra vez.--

Y as era en verdad. Bajo las miradas de la reunin continu ajndose la
flor hasta que apareci tan seca y frgil como cuando el doctor la haba
arrojado en el vaso. Sacudi el anciano las pocas gotas de roco que aun
pendan de sus ptalos.

--La amo tanto ahora como en su hmeda frescura,--observ el doctor,
oprimiendo la marchita rosa contra sus labios ajados. Mientras hablaba,
la mariposa vol otra vez de su nevada cabeza y cay sobre el pavimento.

Los invitados se estremecieron de nuevo. Una frialdad extraa, que no
saban si atribuir al cuerpo o al espritu, apoderbase de ellos
gradualmente. Se miraron unos a otros e imaginaron que cada minuto que
se escapaba arrebatbales un encanto, y dejaba en su semblante surcos
ms profundos donde nada se notaba en el momento precedente. Era acaso
una ilusin? El cambio de una vida entera limitbase a tan breve
espacio, y eran ya slo cuatro ancianos sentados con su viejo amigo, el
doctor Hidegger?

--Nos volvemos viejos tan pronto, otra vez?--exclamaron dolorosamente.

As era en realidad. El agua de la juventud posea solamente virtudes
ms pasajeras que las del vino. El delirio que creaba haba
desaparecido. S! Eran viejos otra vez. Con impulso repentino, que
demostraba que era an mujer, la viuda oprimi sus flacas manos contra
su semblante, deseando que la tapa del atad cayera sobre ella, ya que
no poda volver a ser hermosa.

--S, amigos mos; sois viejos otra vez,--dijo el doctor Hidegger:--y
ay! el agua de la juventud se ha derramado toda por el suelo. Bien; no
lo lamentar; pues aun cuando la fuente brotara en los mismos umbrales
de mi puerta, mis labios no la habran de tocar; no, aunque el delirio
que produjera durase aos en vez de algunos instantes. sta es la
leccin que me habis enseado!--

Pero los cuatro amigos del doctor no aprovecharon para s la leccin.
Resolvieron organizar una peregrinacin a la Florida y beber maana,
tarde y noche de la Fuente de la Juventud.




LEYENDAS DE LA CASA PROVINCIAL


I

LA MASCARADA DE HOWE

VAGANDO por la calle de Wshington una tarde del verano pasado, atrajo
mis miradas una muestra de hotel que asomaba de un estrecho zagun
abovedado casi en frente de la antigua iglesia del Sur. La muestra
representaba la fachada de un soberbio edificio designado con el nombre
de "Antigua Casa Provincial, al cuidado de Thomas Waite." Me sent
satisfecho de recordar as el propsito, que abrigaba largo tiempo, de
visitar y recorrer la mansin de los antiguos gobernadores reales de
Massachusetts; y penetrando en el pasillo abovedado que se extenda en
medio de una hilera de tiendas de ladrillo, unos cuantos pasos me
transportaron desde el bullicioso centro del moderno Boston hasta un
patiocillo pequeo y silencioso. Un lado de este espacio estaba ocupado
por la fachada cuadrada de la casa provincial, de tres pisos, y coronada
de una cpula en cuya cima poda distinguirse un indio dorado, con su
arco tendido y una flecha en la cuerda, apuntando al gallo de la veleta
colocada en el chapitel de la Iglesia del Sur. Esta figura conservaba
la misma actitud haca setenta aos o quiz ms, desde el tiempo en que
el buen decano Drowne, un diestro escultor en maderas, la coloc por
primera vez en su larga vigilia de centinela sobre la ciudad.

La casa provincial es una construccin de ladrillo que parece haber
recibido ltimamente una capa de pintura de color claro. Una escalinata
de rojos peldaos de piedra blanda y arenosa, y ornada de una
balaustrada de hierro curiosamente cincelada, asciende desde el patio
hasta el hermoso vestbulo alrededor del cual se extiende una galera
con barandilla de hierro de idntico modelo y labor a la que se
encuentra abajo. Entre los dibujos de hierro de la galera se ven
forjadas las siguientes letras y cifras: "16 P. S. 79," que indican
probablemente la fecha en que se construy el edificio y las iniciales
del nombre de su fundador. Una ancha puerta de dos hojas me franque la
entrada al vestbulo o saln, a la derecha del cual se encuentra la
entrada al despacho de licores.

En este saln, presumo, es donde los antiguos gobernadores celebraban
sus recepciones con pompa casi regia, rodeados de los militares,
consejeros, jueces y otros oficiales de la corona, mientras todos los
leales de la provincia se reunan en honor suyo. Pero esta habitacin no
puede presumir siquiera de antigua magnificencia en sus condiciones
actuales. Los artesones de la ensambladura estn cubiertos de barniz
obscuro, adquiriendo tonos aun ms opacos por la sombra profunda que
arrojan sobre la casa provincial las construcciones de ladrillo de la
calle de Wshington que la circundan. Jams un rayo de sol ilumina esta
mansin, donde tampoco luce ya el resplandor de las antorchas de los
saraos, extinguidas desde la poca de la revolucin. El objeto ms
antiguo y decorativo que all se encuentra es una chimenea formada de
placas de porcelana azul holandesa, con figuras representando escenas de
la Escritura; y por cuanto yo me s, las damas de Pwnall o Brnard
deban ocupar all su sitio junto al fuego, mientras referan a sus
hijos la historia de cada una de las azules placas de porcelana. Una
cantina de estilo moderno, bien surtida de recipientes, botellas, cajas
de cigarros y bolsas de malla para los limones, y provista de un
receptculo de cerveza y de una fuente de soda, se extiende en toda la
longitud de uno de los costados de la habitacin. Cuando entr, un viejo
personaje chasqueaba los labios en forma tal que me hizo comprender que
los salones de la Casa Provincial contienen todava buenos licores, aun
cuando indudablemente de distintos viedos de los que acostumbraban
surtirse los antiguos gobernadores. Despus de saborear un vaso de
sangra preparado por las diestras manos de Mr. Thomas Waite, trat de
que el digno sucesor y representante de tantos personajes histricos me
guiara a travs de la mansin, tan venerada en otro tiempo.

Satisfizo mis deseos prontamente; mas, a decir verdad, tuve que poner en
juego enrgicamente mi imaginacin para encontrar algo de interesante en
una casa que, despojada de sus recuerdos histricos, tiene solamente el
aspecto de una taberna favorecida de ordinario por la clientela de los
habitantes acomodados de la ciudad, y de los gentilhombres rurales de la
antigua escuela. Las habitaciones, vastas probablemente en otro tiempo,
estn divididas en secciones que se subdividen en pequeos cuartuchos,
que ofrecen apenas el espacio necesario para el angosto lecho, silla y
mesa tocador de un solo ocupante. A pesar de todo, la gran escalera
puede calificarse sin hiprbole una ostentacin de grandeza y
magnificencia. Sube en espiral por el centro de la casa, en series de
anchos peldaos, que terminan en un vestbulo cuadrado, desde donde
contina la ascensin hasta la cpula. Una barandilla cincelada, pintada
de nuevo en los pisos inferiores, pero que va volvindose ms sucia y
desteida conforme se asciende, bordea la escalinata de arriba abajo con
lindas columnas primorosamente labradas y entrelazadas. Las botas
militares y quiz los anchos zapatones de algunos gobernadores gotosos
hollaron esta escalera cuando los habitantes de la casa suban a la
cpula, que tan vasto panorama ofreca sobre su metrpoli y sobre toda
la comarca circunvecina. La cpula es un recinto octgono con varias
ventanas y una puerta que abre sobre el techo. Desde este mismo sitio,
segn me complaca yo en imaginar, pudo Gage contemplar, a menos que
alguna de las tres montaas se lo impidiese, su desastrosa batalla de
Bnker Hill; y Howe apercibi quiz la aproximacin del ejrcito
sitiador de Wshington, aunque los edificios construdos despus en los
alrededores han ocultado casi todo el paisaje, salvo el campanario de
la Iglesia del Sur, que parece estar dentro del alcance de los brazos.
Descendiendo de la cpula, detveme en los desvanes para observar la
ponderosa armazn de roble blanco mucho ms pesada que la de los
edificios modernos y semejando un antiguo esqueleto. Los muros de
ladrillo, material importado de Holanda, y el maderaje de la casa se
conservan tan enteros como antes; pero, debido a los arruinados
pavimentos y a otras partes destruidas del interior, se piensa
aprovechar el conjunto y construir un nuevo edificio dentro del molde de
la antigua estructura y obra de albailera. Entre otros inconvenientes
de la actual construccin, mi hostelero hizo mencin de que cualquier
choque o sacudimiento poda echar abajo el polvo de las edades desde el
techo de una habitacin hasta el pavimento de la que se encontraba
debajo.

Desde la gran ventana de la fachada nos dirigimos a los balcones donde
los representantes del rey acostumbraban sin duda en otro tiempo
presentarse al pueblo leal, requiriendo los aplausos y el ondular de los
sombreros, con majestuosas venias de su magnfica persona. En aquellos
das la fachada de la casa provincial daba sobre la calle; y todo el
sitio ocupado ahora por la hilera de tiendas de ladrillo y por el patio
se encontraba entonces dividido en cuadros de csped, sombreados de
rboles y bordeados de un cerco de hierro cincelado. Ahora, el antiguo
edificio aristocrtico oculta su faz roda por el tiempo detrs de una
advenediza construccin moderna; hasta pude observar en una ventana del
fondo algunas lindas obreras cosiendo, charlando y riendo mientras
lanzaban de vez en cuando alguna indolente mirada a los balcones.
Descendiendo de all, entramos nuevamente en la cantina, donde el viejo
caballero arriba mencionado, cuyo chasquido de labios deca tan
favorablemente de los buenos licores de Mr. Waite, continuaba todava
regodendose en su silln. Aparentaba ser algn husped o visitante
ordinario de la casa, que tena cuenta abierta en la cantina, su silla
de verano cerca de la ventana abierta y su conocido rincn de invierno
al lado del fuego. Como era de aspecto sociable, me aventur a dirigirme
a l con una observacin calculada para despertar reminiscencias
histricas, si por acaso existan en su mente; y complacime mucho
descubrir que, entre recuerdos propios y tradiciones, el viejo caballero
conoca en realidad historias muy divertidas acerca de la casa
provincial. La parte ms interesante de su conversacin esboz las
lneas principales de la siguiente leyenda. Aseguraba tenerla por
referencias de un testigo ocular; pero la derivacin natural, unida al
lapso de tiempo transcurrido, debe haber dejado gran oportunidad para
diferencias en la narracin; de manera que, desesperando de obtener
verdad literal y absoluta, no he tenido escrpulo alguno en hacer los
cambios ms conducentes para delectacin y beneficio del lector.

       *       *       *       *       *

En una de las recepciones dadas en la casa provincial, durante el ltimo
perodo del sitio de Boston, tuvo lugar un incidente que jams ha
podido explicarse satisfactoriamente. Los oficiales del ejrcito ingls
y los leales habitantes de la provincia, elegidos en su mayor parte
entre los bloqueados de la ciudad, haban sido invitados a un baile de
mscaras; pues la diplomacia de Sir Wlliam Howe consista en ocultar lo
angustioso y expuesto de aquellos momentos y la condicin desesperada
del sitio, bajo la pompa desplegada en los saraos. El espectculo de
aquella noche, si ha de creerse a los miembros ms ancianos del crculo
de la corte provincial, era la fiesta ms alegre y fastuosa que se
registraba en los anales del gobierno. Los salones, brillantemente
iluminados, estaban llenos de figuras que parecan desprendidas del
obscuro lienzo de los retratos histricos, brotadas de las mgicas
pginas del romance o escapadas, por lo menos, de algn teatro de
Londres, sin tiempo para haber cambiado su atavo. Caballeros de la
conquista, cubiertos de acero; barbados estadistas de la reina Elzabeth
y damas de su corte con vestidos de altos volantes alternaban con
personajes de comedia, como algn pintarrajado Merry ndrew removiendo
su gorro y cascabeles; algn Flstaff casi tan cmico como su prototipo;
o algn Don Quijote con una rama de judas en vez de lanza y una
cobertera de olla en lugar de escudo.

Pero el mayor regocijo provena de un grupo de figuras ridculamente
vestidas de uniformes viejos, que parecan comprados en alguna feria de
andrajos militares o hurtados de algn receptculo de desechos del
ejrcito tanto ingls como francs. Ciertas prendas de aquella
vestimenta habranse llevado con toda probabilidad en el sitio de
Loisburg, mientras las chaquetas de corte ms moderno podan suponerse
desgarradas y hechas jirones por las espadas, balas y bayonetas usadas
en la poca de la victoria de Wolfe. Uno de aquellos hroes, de figura
alta y esculida, blandiendo una mohosa espada de enorme longitud,
pretenda ser nada menos que el general George Wshington; y los dems
altos oficiales del ejrcito americano, como Gates, Lee, Ptnam,
Schyler, Ward y Heath, aparecan representados por espantajos
semejantes. Una entrevista entre los guerreros rebeldes y el general en
jefe ingls, forjada en el mismo estilo burlesco, fu recibida con
inmenso aplauso, ms estrepitoso an de parte de los leales de la
colonia. Uno de los invitados, sin embargo, mantenase aparte mirando
estas bufoneras con austero desdn y frunciendo de vez en cuando el
ceo con amarga sonrisa.

Era un anciano de gran reputacin y alta clase en otro tiempo en la
provincia, y que haba sido soldado famoso en sus das. Se demostraba
cierta sorpresa de que una persona como el coronel Jliffe, cuyos
principios conservadores eran bien conocidos, aunque demasiado viejo
entonces para tomar parte activa en la lucha, hubiera permanecido en
Boston durante el sitio, y particularmente hubiera consentido en
presentarse en la morada de Sir Wlliam Howe. Pero haba venido, sin
embargo, trayendo del brazo a una hermosa joven nieta suya; y ergua
all su austera figura entre el regocijo y la bufonera, caracterizando
su tipo mejor que ningn otro en la mascarada, pues que encarnaba
admirablemente el antiguo espritu de su tierra natal. Los dems
invitados afirmaban que el torvo ceo puritano del coronel Jliffe
arrojaba sombras a su alrededor; aun cuando, a despecho de esta nefasta
influencia, la alegra rayaba cada vez ms alto, semejando (siniestra
comparacin!) el brillo falaz de una lmpara que arroja sus ltimos
destellos. Hara ms de media hora que el reloj de la Iglesia del Sur
haba dado once campanadas, cuando comenz a circular entre la sociedad
el rumor de que iba a ofrecerse un nuevo espectculo o exhibicin que
cerrara de manera digna el esplndido festival de aquella noche.

--Qu nueva y jocosa invencin trae vuecencia entre manos?--interrog
el reverendo Mther Byles, cuyos escrpulos de ministro no haban sido
suficientes para mantenerle alejado de la fiesta.--Creedme, seor, he
redo ya ms de lo que conviene a mi traje con vuestra homrica pltica
con el harapiento general de los rebeldes. Otro acceso de alegra
semejante, y me ver obligado a despojarme de mi peluca y mi banda de
clrigo.

--No tal, mi buen doctor Byles,--repuso Sir Wlliam Howe;--si el
regocijo fuera un crimen, nunca habrais alcanzado el grado de doctor en
teologa. En cuanto a la nueva bufonada, no estoy ms adelantado que vos
mismo; quiz ni siquiera al mismo grado. Vamos, doctor, confesadlo, no
habis incitado la austera imaginacin de algunos de vuestros
compatriotas para producir una escena de nuestra mascarada?

--Quiz,--hizo observar maliciosamente la nieta del coronel Jliffe,
cuyo elevado espritu sentase indignado por tantas burlas contra la
Nueva Inglaterra;--quiz si tendremos una cuadrilla de figuras
alegricas. La Victoria, con los trofeos de Lxington y Bnker Hill; la
Prosperidad, con su cuerno superabundante, para representar el actual
bienestar de nuestra buena ciudad; y la Gloria, brindando una corona
para las sienes de vuecencia.--

Sir Wlliam Howe sonri a estas palabras, a las cuales habra respondido
con su ceo ms sombro, a ser pronunciadas por labios bigotudos. Vise
libre de la necesidad de replicar por una singular interrupcin.
Escuchronse ecos de msica fuera de la casa, como si procedieran de
alguna banda militar completa, estacionada en la calle y tocando una
lenta marcha fnebre, en vez de los alegres sones requeridos por las
circunstancias. Pareca que los tambores estuvieran ensordecidos y que
las trompetas exhalaran gemidos, de manera que tales ecos apagaron
inmediatamente el regocijo del auditorio, llenando a todos de sorpresa y
a muchos de aprensin. Ocurri a varios de los circunstantes la idea de
que el cortejo de las exequias de algn elevado personaje se haba
detenido a las puertas de la casa provincial, o tambin que algn
suntuoso atad, cubierto de terciopelo y lujosamente decorado, estaba a
punto de ser sacado por el portal. Despus de escuchar por un momento,
llam Sir Wlliam Howe con spera entonacin al director de orquesta que
antes haba animado la fiesta con alegres y risueas melodas. Era
tambor mayor de un regimiento ingls.

--Dighton,--interrog el general,--qu significa esta farsa? Haced
callar inmediatamente a vuestra banda con su marcha funeraria, o palabra
que tendrn motivo suficiente para su lgubre vena! Hacedlos callar,
bribn!

--Con el perdn de vuestro honor--respondi el tambor mayor, cuyo
rubicundo rostro haba perdido por completo el color,--la culpa no es
ma. Yo y mi banda estamos aqu todos reunidos; y dudo que ninguno de
nosotros pudiera tocar esa marcha de memoria. Slo la he odo una vez,
en ocasin de los funerales del difunto rey su majestad George II.

--Bien, bien!--dijo Sir Wlliam Howe, recobrando su compostura.--ste
es el preludio de alguna extravagante mascarada. Dejadlo pasar.--

Una nueva figura apareci en aquel momento; mas, entre todas las
mscaras fantsticas dispersas en los salones, ninguno pudo decir con
certeza de dnde vena. Era un hombre con traje de sarga negra de moda
antigua, y que tena la apariencia de mayordomo o criado principal de la
casa de algn noble o rico propietario rural ingls. Avanz hacia la
puerta exterior de la mansin y, abriendo por completo ambas hojas, se
hizo a un lado y mir hacia atrs en direccin de la gran escalera, como
si aguardase que alguien descendiera por all. Al mismo tiempo, la
msica de la calle ejecutaba altas y dolientes llamadas. Sir Wlliam
Howe y sus invitados dirigieron sus miradas a la escalera, donde
aparecan, en el descanso ms alto que poda distinguirse desde abajo,
varios personajes que descendan hacia la puerta. El primero era un
hombre de rostro austero, que llevaba sombrero de alta copa cubriendo un
casquete; capa obscura, y grandes botas arrugadas que suban hasta el
muslo. Traa bajo el brazo una bandera arrollada, que pareca ser la de
Inglaterra, pero singularmente desgarrada y hecha jirones; y llevaba una
espada en la mano derecha mientras sostena una Biblia con la izquierda.
La figura siguiente era de aspecto ms suave aunque lleno de dignidad, y
luca cuello alechugado sobre el cual caa la barba, toga de terciopelo
labrado y justillo y bragas de raso negro. Llevaba en la mano un rollo
de manuscritos. Muy de cerca segua a estos dos un joven de rostro y
continente que atraan la atencin, con frente profundamente pensadora y
contemplativa y tal vez cierto rayo de entusiasmo en la mirada. Su
atavo era antiguo, como el de sus predecesores, y tena una mancha de
sangre en su cuello alechugado. En el mismo grupo con los tres de que
hemos hablado venan otros cuatro personajes, todos de aspecto
majestuoso y habituado al mando, y ademanes de gente acostumbrada a las
miradas de la multitud. Los circunstantes imaginaban que estos
personajes iban a reunirse con el misterioso funeral que se haba
detenido frente a la casa provincial; sin embargo, esta suposicin
pareca desmentida por el aire de triunfo con que agitaban las manos al
atravesar el dintel y desaparecer por el portal.

--Por el nombre del diablo! qu significa esto?--murmur Sir Wlliam
Howe, dirigindose a un caballero que se encontraba a su lado;--es
acaso una procesin de los regicidas jueces de Carlos el Mrtir?

--stos,--dijo el coronel Jliffe, rompiendo el silencio casi por
primera vez aquella noche,--stos, si interpreto bien, son los
gobernadores puritanos, los jefes de la antigua y primitiva democracia
de Massachusetts. ndicott, con la bandera de la cual ha arrancado el
smbolo de sumisin, y Wnthrop y Sir Henry Vane y Ddley, Haynes,
Bllingham y Lverett.

--Por qu tena aquel joven una mancha de sangre en su
gorguera?--pregunt Miss Jliffe.

--Porque, aos despus,--respondi su abuelo,--separaba el tajo de su
tronco la cabeza ms hbil de toda Inglaterra, en aras de la causa de la
libertad.

--No desea vuecencia ordenar la guardia?--musit Lord Percy, que se
haba reunido con otros oficiales ingleses en torno del general.--Puede
haber alguna conspiracin bajo toda esta mojiganga.

--Psh! No tenemos nada que temer,--replic indolentemente Sir Wlliam
Howe.--No puede haber traicin en este asunto, sino una simple farsa, y
sta es de las ms insulsas. Y aun cuando fuera hiriente y amarga,
rernos de ella sera la mejor diplomacia. Mirad, aqu viene un poco ms
de esta gentuza.--

Otro grupo de personajes haba descendido en parte la escalera. Vena
primero un venerable patriarca de barba blanca, que tentaba
cuidadosamente su camino con una vara. Siguiendo sus huellas con premura
y extendiendo su mano cubierta del guantelete como para coger el hombro
del anciano, adelantbase una figura alta y de aspecto marcial, con
casco de acero empenachado de plumas, brillante escudo y larga espada
cinto, que resonaba contra los peldaos. El que vena en seguida era un
hombre robusto, ataviado con traje rico y de corte, pero dejando notar
al instante, sin embargo, que no era un cortesano; su marcha tena el
movimiento oscilatorio que distingue a los marinos; y habiendo tropezado
por azar en la escalera, psose iracundo sbitamente y se le oy
mascullar un juramento. Inmediatamente detrs apareca un personaje de
noble continente, con peluca rizada como la que se ve en los retratos
del tiempo de la reina Anne y en otros anteriores a aquella poca; y
ostentando una estrella bordada en la pechera de su casaca. Mientras
avanzaba hacia la puerta, saludaba a derecha e izquierda de manera muy
graciosa e insinuante; pero, a diferencia de los primeros gobernadores
puritanos, llegando al dintel, pareci agitar las manos con pesar.

--Mi buen doctor Byles, haced la parte del coro, os ruego,--dijo Sir
Wlliam Howe.--Quines son estos ilustres varones?

--Con el permiso de vuecencia,--respondi el doctor,--stos florecieron
un poco antes de mis das; pero, sin duda, nuestro amigo el coronel ha
sido ua y carne con algunos de ellos.

--Nunca vi sus rostros en vida,--dijo gravemente el coronel Jliffe; sin
embargo de que he hablado frente a frente con muchos jefes de este pas,
y espero aun congratular a otro antes de morir con la bendicin de un
anciano. Mas ahora se trata de estos personajes. Supongo que el
venerable patriarca represente a Brdstreet, el ltimo de los puritanos,
gobernador all por el ao noventa, ms o menos. El otro es Sir dmund
Andros, un tirano, como os lo dir cualquier chiquillo de escuela; y de
consiguiente, el pueblo le precipit de su alto puesto para encerrarle
en una prisin. Luego viene Sir Wlliam Phipps, pastor, tonelero,
capitn de marina y luego gobernador. Ojal muchos de sus compatriotas
se elevaran a tanta altura desde tan modesto origen! Y el ltimo que
visteis era el benigno Earl de Bllamont, que nos gobern bajo el
reinado del rey Wlliam.

--Pero qu significa todo esto?--interrog Lord Percy.

--Si fuera yo un rebelde,--dijo Miss Jliffe a media voz,--imaginara
que se ha citado a los espectros de los antiguos gobernadores para
asistir a los funerales de la autoridad real en la Nueva Inglaterra.--

Varios otros personajes aparecan en la escalera. El que vena a la
cabeza del grupo tena cierta expresin preocupada, ansiosa y casi
taimada; y, a despecho de su altanera, producida indudablemente por la
ambicin de su espritu y por el desempeo continuado de altos puestos,
no pareca incapaz de adular a los que se encontraban superiores a l.
Algunos pasos ms atrs vease un oficial de rojo y bordado uniforme, de
corte tan antiguo que perfectamente poda haberse llevado en tiempo del
duque de Mrlborough. Su nariz tena un tinte rubicundo que, unido al
trmulo parpadeo de uno de sus ojos, bastaba para sindicarle como
adorador del vino y de la alegre compaa; a pesar de lo cual se
mostraba inquieto y arrojaba frecuentes miradas en derredor, como
temeroso de algn peligro oculto. Vena en seguida un rollizo caballero,
con casaca de pao afelpado, forrada en sedoso terciopelo; mostraba
inteligencia, astucia y buen humor en su semblante y llevaba un infolio
bajo el brazo; pero su aspecto era el de un hombre vejado y atormentado
ms all de su paciencia y acosado de fatiga mortal. Baj las escaleras
precipitadamente, seguido por un majestuoso personaje ataviado con traje
de terciopelo prpura ricamente bordado; su porte habra sido imponente,
si un penoso ataque de gota no le hubiera obligado a cojear de peldao
en peldao con contorsiones del cuerpo y del semblante. Cuando el doctor
Byles pudo contemplar esta figura en la escalera, se estremeci
febrilmente; pero sigui observndole con persistencia hasta que el
gotoso caballero lleg al umbral, hizo un ademn de angustia y
desesperacin y se desvaneci entre la obscuridad exterior, desde donde
le llamaba la msica funeraria.

--Mirad! El gobernador Blcher! mi antiguo jefe, en su misma figura
y vestido!--profiri jadeante el doctor Byles.--Esto es una burla
horrible!

--Una broma enfadosa, nada ms,--dijo Sir Wlliam Howe, con aire de
indiferencia. Mas quines eran los tres que le precedan?

--El gobernador Ddley, un astuto diplomtico, pero a quien sus
artificios llevaron a prisin,--replic el coronel Jliffe.--El
gobernador Shute, antiguo coronel bajo Mrlborough, y a quien oblig el
pueblo a salir de la provincia; y el sabio gobernador Brnet, a quien
produjo su legislatura una fiebre mortal.

--Imagino que eran unos desgraciados estos gobernadores reales de
Massachusetts,--observ Miss Jliffe.--Cielos! Cmo se obscurece la
luz!

Era un hecho ciertamente que la luz de la gran lmpara que iluminaba la
escalera tornbase ahora opaca y sombra; a tal punto que varias
figuras, que bajaron rpidamente y atravesaron el prtico, ms parecan
sombras que personas de carne y hueso. Sir Wlliam Howe y sus invitados
se mantenan en la puerta de los salones contiguos observando el
progreso de este espectculo singular, con diversas emociones de ira,
desdn y terror disimulado; pero, sin embargo, con ansiosa curiosidad.
Las sombras, que parecan apresurarse ahora para unirse a la misteriosa
procesin, demostraban su identidad por las notables peculiaridades de
su atavo o por rasgos marcados de su manera de ser, ms que por la
semejanza de facciones con sus prototipos. Casi invariablemente, en
verdad, conservaban sus rostros ocultos en profunda sombra. Pero oase
murmurar al doctor Byles y a algunos otros caballeros, que haban
conocido por largo tiempo a los gobernadores sucesivos de la provincia,
los nombres de Shrley, Pwnall, de Sir Francs Brnard, y el recordado
Htchinson; confesando de aquella manera que los actores, quienesquiera
que fuesen, haban conseguido representar los rasgos caractersticos de
los verdaderos personajes en su procesin de fantasmas de gobernadores.
Al desaparecer por el portal, extendan sus brazos aquellas sombras
hacia la obscuridad de la noche con formidable expresin de dolor. Tras
de la forma que personificaba a Htchinson apareca una figura marcial
sosteniendo delante de su rostro un sombrero de tres picos que haba
retirado de su empolvada cabeza; pero las charreteras y dems insignias
de su clase eran las de un oficial general; y algo en su porte recordaba
a los presentes la figura de un personaje que haba sido recientemente
el amo de la casa provincial y de toda la comarca.

--La figura de Gage, tan exacta como en un espejo!--exclam Lord Percy,
palideciendo.

--No, por cierto!--profiri Miss Jliffe, riendo nerviosamente;--no
puede ser Gage, puesto que Sir Wlliam habra saludado en este caso a su
antiguo compaero de armas. Quiz no dejar pasar al prximo sin
desafiarle!

--Podis estar segura de ello, seorita ma,--respondi Sir Wlliam
Howe, fijando la mirada con marcada expresin en el semblante impasible
de su abuelo.--He tardado demasiado en hacer los honores a los invitados
que nos abandonan. El prximo que se retire recibir la cortesa
debida.--

Un salvaje e imponente estallido de la msica dejse escuchar en este
momento a travs de la puerta abierta. Pareca que la procesin, que
haba llenado sus filas gradualmente, estuviera a punto de proseguir, y
que aquel vibrante alarido de las sollozantes trompetas y el resonar de
los ensordecidos a tambores fuera la seal de apresurarse para algn
rezagado. Las miradas se volvieron por irresistible impulso hacia Sir
Wlliam, como si fuera l a quien convocaba la imponente msica para
asistir a los funerales de su poder desvanecido.

--Mirad! aqu viene el ltimo!--murmur Miss Jliffe, sealando con
trmulo dedo la escalera.

Presentse una figura a las miradas, conforme iba descendiendo la
escalera; aunque tan sombro estaba el lugar de donde emergi, que
algunos de los espectadores imaginaron que la misma obscuridad se haba
moldeado sbitamente en forma humana. Descendi la figura con paso
marcial e imponente; y al llegar a los peldaos inferiores, pudo verse
que era la de un hombre alto, con botas, y embozado en una capa militar
que cubra su rostro hasta reunirse con el ondulante borde de un
sombrero galoneado. Las facciones, de consiguiente, quedaban ocultas por
completo. Pero los oficiales ingleses imaginaban haber visto antes esta
capa militar y hasta reconocan el desgastado bordado del cuello, as
como la dorada vaina de una espada que asomaba entre los pliegues de la
capa, reflejando vvidos destellos luminosos. Adems de estos pequeos
detalles, haba ciertos rasgos del porte y de las maneras, que incitaron
a los maravillados contertulios a separar sus miradas de la embozada
figura para buscar a Sir Wlliam Howe, con el propsito de verificar si
no haba desaparecido de improviso de en medio de ellos. Vieron entonces
al general tirar de su espada, con el rostro lleno de ira sombra, y
avanzar hacia la figura encapada, antes de que sta hubiera podido
avanzar un solo paso.

--Descubros, villano!--grit.--No pasaris ms all!--

La figura, sin retroceder un pelo ante la espada que amenazaba su pecho,
hizo una pausa solemne y baj en seguida la capa de su rostro, pero no
lo bastante para que los espectadores alcanzaran a discernirlo. Mas
indudablemente Sir Wlliam Howe haba visto lo suficiente. La dureza de
su continente se troc en un aire de horror, mientras retroceda varios
pasos ante la aparicin, dejando caer al suelo su espada. La figura de
aspecto marcial cubri de nuevo sus facciones con la capa y prosigui su
camino; pero al llegar al umbral, y de espaldas a los espectadores, se
not que golpeaba el suelo con el pie y sacuda sus crispadas manos en
el aire. Asegurbase despus que Sir Wlliam Howe haba repetido el
mismo desesperado ademn de rabia y de pesar cuando por ltima vez, y
como el ltimo de los gobernadores reales, atraves el dintel del
prtico de la casa provincial.

--Mirad! El cortejo avanza,--dijo Miss Jliffe.

La msica mora en la calle, y sus tristes sones vinieron mezclados con
el resonar de media noche en el campanario de la antigua Iglesia del
Sur, y con el estruendo de la artillera que anunciaba que el ejrcito
sitiador de Wshington se haba atrincherado en una colina ms cercana.
Cuando el sonido retumbante del can hiri sus odos, irguise el
anciano coronel Jliffe en toda su altura y sonri austeramente al
general ingls.

--Querra vuecencia investigar algo ms acerca de este misterioso
espectculo?--pregunt.

--Cuidado con vuestra cabeza blanca! Ha estado demasiado tiempo sobre
los hombros de un traidor!--exclam ferozmente Sir Wlliam Howe, aunque
sus labios temblaban.

--Debis entonces apresuraros a cortarla,--replic tranquilamente el
coronel;--porque dentro de pocas horas todo el poder de Sir Wlliam Howe
y todo el poder de su amo sern impotentes para hacer caer uno solo de
estos cabellos grises! El imperio ingls en esta provincia, est dando
esta noche sus ltimas boqueadas; casi es ya cadver mientras hablo; y
pienso que las sombras de los antiguos gobernadores son cortejo adecuado
para el funeral!--

A estas palabras el coronel Jliffe se arreboz en la capa y cogiendo el
brazo de su nieta, abandon los salones donde se haba celebrado el
ltimo festival que gobernadores britnicos ofrecieran en la antigua
provincia de la baha de Massachusetts. Se cree que el coronel y la
joven dama posean alguna secreta inteligencia respecto del misterioso
espectculo de aquella noche. Sea como quiera, este conocimiento jams
se hizo general. Los actores de esta escena se desvanecieron en sombras
ms profundas an que aquella banda de indios salvajes que arroj a las
olas la carga de los buques de te, mereciendo as ocupar un puesto en la
historia, aunque sus nombres quedaran ignorados. Mas refiere la
supersticin, entre otras leyendas respecto de esta morada, el
maravilloso concepto de que en la noche del aniversario de la derrota
inglesa, los espectros de los antiguos gobernadores de Massachusetts se
deslizan aun a travs del prtico de la casa provincial, y que la ltima
de las sombras, embozada en una capa militar, pasa levantando al aire
sus manos crispadas e hiriendo con sus ferradas botas los anchos
peldaos de piedra con ademn febril de desesperacin, y sin que se deje
percibir en lo menor el ruido de sus pasos.

       *       *       *       *       *

Cuando dejaron de orse los verdicos acentos de la narracin del
anciano caballero, respir largamente y mir en torno de la habitacin,
tratando de arrojar con mente enrgica un tinte de romance y de grandeza
histrica sobre las realidades de la escena. Pero mi olfato perciba la
fragancia del humo del cigarro que el narrador haba emitido en grandes
nubes, visible emblema, me figuro, de la nebulosa obscuridad de su
relato. Adems, mi exuberante fantasa se distrajo con el repiqueteo de
la cuchara en un vaso de ponche de _whisky_ que Mr. Thomas Waite
preparaba para un consumidor. Tampoco contribua en mucho a la
apariencia pintoresca de los muros ensamblados, la pizarra de la
diligencia de Brokline que penda all en vez del escudo armorial de
algn gobernador de antiguo linaje. Un mayoral, sentado cerca de una de
las ventanas y leyendo un diario de a centavo, el _Times_ de Boston,
ofreca tambin un aspecto muy poco adecuado para reproducirse entre
fotografas de "tiempos de Boston," de setenta o cien aos ha. En el
hueco de la ventana haba un paquete muy bien envuelto en papel obscuro,
cuya direccin tuve la trivial curiosidad de leer: "Miss Susan Huggins,
_Province House_." Alguna linda camarera, indudablemente. En verdad, es
labor terriblemente ardua querer arrojar el encanto de la ptina de
antigedad sobre localidades con las cuales tenga algo que ver el mundo
viviente y los das que se deslizan apresuradamente sobre nuestras
cabezas. Sin embargo, al contemplar la magnificente escalera, por la
cual descendi la procesin de viejos gobernadores, y atravesar el
venerable portal en el que su fantasma me haba precedido, me llen de
gozo la conciencia de sentir un estremecimiento de pavor. Entonces,
lanzndome por el estrecho pasillo abovedado, unos cuantos pasos me
transportaron de nuevo en medio de la densa multitud de la calle de
Wshington.


II

EL RETRATO DE DWARD RNDOLPH

EL ANTIGUO y tradicional contertulio de la Casa Provincial estuvo
presente en mis recuerdos desde la mitad del verano hasta el mes de
enero. Una tarde desocupada de invierno resolv hacerle otra visita,
confiando en que le encontrara como de costumbre en el rincn ms
cmodo de la cantina, y creyendo, de otro lado, hacer obra meritoria
para mi pas al sacar del olvido cualquier otro hecho desconocido de la
historia. La noche era cruda y fra, y volvase casi borrascosa por
efecto de una rfaga de viento que soplaba a lo largo de la calle de
Wshington, haciendo que las luces de gas flotaran y vacilaran dentro de
los faroles. Apresurbame en mi camino, mientras mi fantasa se ocupaba
de comparar el aspecto presente de la calle con el que asuma
probablemente cuando los gobernadores ingleses habitaban la mansin
hacia la cual me diriga. Los edificios de ladrillo eran escasos en
aquellos tiempos, hasta que estall una sucesin de incendios
destructores, barriendo una y otra vez las casas y depsitos de madera
de uno de los barrios ms populosos de la ciudad. Las construcciones se
hacan entonces aisladas e independientes, sin encerrar como ahora su
existencia particular en hileras seguidas, con fachada de similitud
fatigante; sino ostentando cada una, por el contrario, ciertos rasgos
originales, como si el gusto individual de su propietario las hubiera
delineado, y ofreciendo un conjunto de pintoresca irregularidad: prdida
que no puede compensarse con ninguno de los atractivos de nuestra
arquitectura moderna. Este espectculo, revelndose confusamente ac y
all a las miradas, a los rayos de alguna vela de sebo, que se filtraban
bajo las pequeas hojas de las diseminadas ventanas, formaba sombro
contraste con la calle tal como apareca en aquel momento, con las luces
de gas brillando de esquina a esquina, y con sus tiendas
resplandecientes que arrojaban claridad diurna a travs de las grandes
vidrieras de cristal.

Mas volviendo hacia arriba las miradas, encontraba el mismo cielo
obscuro y nebuloso que mostraba en otros tiempos su faz ceuda a los
habitantes de la poca colonial. Las rfagas invernales tenan el mismo
silbido familiar a sus odos. La antigua Iglesia del Sur lanzaba
igualmente al espacio su viejo chapitel, que se perda en la obscuridad
entre el cielo y la tierra; y en tanto que yo pasaba, el mismo reloj que
haba advertido a tantas generaciones lo transitorio de esta existencia,
me habl tambin pausada y sonoramente de esta misma filosofa tan
olvidada. "Las siete solamente," pens. "Las leyendas de mi viejo amigo
matarn apenas el tiempo entre esta hora y la de acostarse."

Atravesando el estrecho pasillo, cruc el patio cuyo cercado recinto era
visible a merced de una linterna colocada sobre el prtico de la Casa
Provincial. Entrando en la cantina, encontr como esperaba al viejo
escudriador de tradiciones, sentado ante un magnfico fuego de
antracita, y lanzando nubes de humo de un enorme cigarro. Me reconoci
con evidente satisfaccin, debido a las raras cualidades de oyente
atento que me hacen invariablemente el favorito de las damas y
caballeros de edad, con propensiones narrativas. Acercando una silla al
lado del fuego, ped al hostelero que nos favoreciera a cada cual con un
vaso de ponche de _whisky_, que fu prontamente servido, y se nos trajo
arrojando su caliente vaho, con una raja de limn al fondo, una capa de
oporto rojo obscuro en la superficie y su correspondiente polvillo de
nuez moscada espolvoreado sobre el conjunto. Cuando levantamos nuestros
vasos al mismo tiempo, mi amigo, el de las leyendas, se present como el
seor Bela Tffany; siendo para m motivo de regocijo su extico nombre,
pues que daba a su figura y carcter cierta especie de individualidad, a
mi entender. La bebida actu como un disolvente en la memoria del viejo
caballero, que fluy innumerables cuentos y tradiciones, ancdotas de
famosos personajes ya difuntos, y rasgos de costumbres antiguas, tan
infantiles algunas como cantinela de nodrizas, y dignas otras de la
pluma de un grave historiador. Nada me hizo ms impresin que la
historia de un cuadro negro y misterioso que penda en aquellos tiempos
en una de las habitaciones de la Casa Provincial, justamente sobre la
pieza en que nos encontrbamos. La siguiente versin del hecho es tan
correcta como la que verosmilmente podra obtener el lector de
cualquiera otra fuente; aunque posee adems, en verdad, cierto tinte
novelesco que se acerca a lo maravilloso.

       *       *       *       *       *

En uno de los salones de la casa provincial conservbase desde largo
tiempo atrs un antiguo cuadro, de marco tan negro como el bano, y cuya
tela estaba tan obscura, por efecto de los aos, el humo y la humedad,
que no era posible distinguir una sola pincelada del artista. El tiempo
haba arrojado su velo impenetrable sobre aquel cuadro, dejando a la
fbula, las conjeturas y la tradicin, el trabajo de decir lo que alguna
vez reflej su lienzo. Durante la administracin sucesiva de muchos
gobernadores haba colgado, por derecho propio e indiscutible, sobre la
chimenea de la misma habitacin; y continuaba todava all cuando el
teniente gobernador Htchinson asumi el mando de la provincia, a la
separacin de Sir Francis Brnard.

El teniente gobernador hallbase una tarde sentado en su majestuoso
silln, descansando la cabeza en el tallado espaldar y mirando pensativo
la vacua obscuridad del cuadro. No era tiempo oportuno, sin embargo,
para esta inactiva contemplacin, ya que asuntos de importancia
trascendental requeran la decisin del gobernador; pues acababan de
recibirse nuevas del arribo de una flota inglesa conduciendo tres
regimientos de Hlifax para dominar la insubordinacin del pueblo, y
dicha tropa aguardaba la venia del gobernador para ocupar la fortaleza y
la torre de Castle Wlliam. Mas, en lugar de estampar su firma en la
orden oficial, permaneca sentado el teniente gobernador, examinando tan
intensamente la negra vacuidad de la tela, que su continente atrajo la
atencin de dos jvenes que le acompaaban. Uno de ellos, que vesta
uniforme militar de ante, era su pariente, Francis Lincoln, capitn
provincial de Castle Wlliam; la otra, sentada a su lado en un taburete
bajo, era Alice Vane, su sobrina predilecta.

Vesta completamente de blanco; era una plida y etrea criatura que,
aun cuando nacida en la Nueva Inglaterra, se haba educado fuera del
pas, y pareca no slo una extranjera de lejanas tierras sino un ser de
un mundo diferente. Varios aos, hasta que qued hurfana, haba
habitado con su padre la risuea Italia y adquirido all un gusto
delicado y una aficin por la escultura y la pintura, que encontraba muy
pocas satisfacciones en las moradas poco elegantes de la burguesa
colonial. Decase que las producciones de su lpiz manifestaban un
talento superior, aunque la ruda atmsfera de la Nueva Inglaterra
hubiera tal vez coartado sus impulsos, obscureciendo los brillantes
tonos de su fantasa. Observando la persistente mirada de su to clavada
en el cuadro y tratando de descubrir a travs de la bruma de los aos el
argumento desarrollado en el lienzo, su curiosidad se sinti excitada.

--Se sabe, querido to--interrog la joven,--lo que representaba este
cuadro en otro tiempo? Quiz si pudiera restaurarse, encontraramos que
es la obra maestra de algn gran artista. Por qu, si no, habra
ocupado tanto tiempo este sitio preferente?

Como no contest de pronto el to, contra su costumbre, porque siempre
se mostraba tan complaciente a los caprichos y fantasas de Alice como
si hubiera sido su propia hija bien amada, el joven capitn tom a su
cargo la respuesta.

--Este negro y viejo cuadrado de lienzo, mi bella prima,--dijo,--ha
venido heredndose en la casa provincial desde tiempo inmemorial. En
cuanto al artista, nada s decir; pero si ha de creerse la mitad de las
historias que circulan acerca de este cuadro, ninguno de los grandes
maestros italianos ha producido jams obra de arte tan maravillosa como
la que tenis delante.--

Y el capitn Lincoln comenz a relatar algunas de las extraas fbulas y
fantasas que se contaban respecto del viejo cuadro, las mismas que,
vista la imposibilidad de refutarlas con demostraciones positivas, se
haban convertido en populares artculos de fe. Una de las ms
extravagantes y, a la vez, ms acreditadas versiones, aseguraba que el
cuadro era el retrato autntico y original de Satans en persona, tomado
en una reunin de brujos y brujas, que fueron juzgados en pleno
tribunal. Afirmbase igualmente que un espritu o demonio familiar
habitaba tras de la negrura del cuadro y haba aparecido en momentos de
calamidad pblica a ms de uno de los gobernadores reales. Shrley, por
ejemplo, haba sido testigo de esta ominosa aparicin la vspera de la
vergonzosa y sangrienta derrota al pie de los muros de Ticonderoga.
Muchos domsticos de la casa provincial haban percibido una torva faz
que les observaba, en el crepsculo matutino o vespertino o en la
obscuridad de la noche, mientras avivaban el fuego que chisporroteaba
abajo en el hogar; pero, si alguno era suficientemente intrpido para
acercar una antorcha al lienzo, apareca ste tan negro e indescifrable
como siempre. El habitante ms anciano de Boston recordaba que su
padre--en cuyos das el retrato no se haba borrado an del
todo--consigui mirarlo una vez; pero nunca permiti que le interrogaran
acerca del rostro que estaba all representado. En relacin con estas
historias era curioso observar que sobre la parte superior del marco
haba algunos pedazos destrozados de seda negra, indicando que un velo
haba cubierto el retrato hasta que la ptina de los aos lo ocult por
completo a las miradas. Pero, despus de todo, la parte ms original del
asunto consista en que tantos pomposos gobernadores de Massachusetts,
hubieran permitido que el ennegrecido cuadro permaneciera en el saln de
estado de la casa provincial.

--Algunas de estas historias son terribles en realidad,--observ Alice
Vane, que se haba estremecido a veces y sonredo otras, mientras su
primo las relataba.--Casi sera mejor arrancar el negro lienzo, puesto
que la pintura original nunca ser tan formidable como aquellas que
forja la fantasa.

--Pero, sera posible--pregunt su primo,--devolver a esta obscura tela
sus prstinos colores?

--Ese arte se conoce en Italia,--dijo lice.--

El teniente gobernador haba vuelto de su abstraccin y escuchaba
sonriendo la conversacin de sus jvenes parientes. Sin embargo, su voz
tena un timbre peculiar cuando hizo la explicacin del misterio.

--Siento mucho, lice, destruir tu fe en las leyendas a que eres tan
aficionada,--observ;--pero mis investigaciones de anticuario me han
hecho conocer hace largo tiempo el tema de este cuadro, si cuadro hemos
de llamarle; el cual no es ya visible, ni lo ser jams, como jams ha
de verse de nuevo el rostro del hombre a quien representaba, enterrado
largos aos ha. Era el retrato de dward Rndolph, fundador de esta
casa, y personaje famoso en la historia de la Nueva Inglaterra.

--De aquel dward Rndolph,--exclam el capitn Lincoln,--que obtuvo la
revocacin de la primera carta constitucional de la provincia, bajo la
cual nuestros antecesores haban gozado privilegios casi democrticos?

--Era el mismo Rndolph,--respondi Htchinson, removindose inquieto en
su silla.--Fu su destino saborear la amargura del odio popular!

--Nuestros anales refieren,--continu el capitn de Castle Wlliam,--que
las maldiciones del pueblo siguieron dondequiera a ese Rndolph,
causndole dao en todos los acontecimientos posteriores de su vida, y
mostrndose an en cierta manera estos mismos efectos en las
circunstancias de su muerte. Dicen tambin que la oculta pesadumbre de
esta maldicin hizo mella igualmente en su exterior, y poda percibirse
en el semblante, horrible de mirar, de este hombre infortunado. Si esto
era verdad, y el cuadro representaba verdaderamente su aspecto, es obra
misericordiosa esta negra nube que se ha aglomerado sobre el retrato.

--Estas tradiciones son absurdas para quien, como yo, ha experimentado
el escaso fondo de verdad que existe en todas ellas,--dijo el teniente
gobernador.--Con respecto a la vida y carcter de dward Rndolph, se ha
dado implcita fe al doctor Cotton Mther, quien (debo decirlo, aunque
algo de su sangre corra por mis venas) ha llenado nuestra historia
primitiva de cuentos de viejas, tan fantsticos y extravagantes como los
de Grecia o los de Roma.

--Y sin embargo,--murmur lice Vane--no tienen acaso su moral aquellas
fbulas? Imagino que si era tan espantoso el rostro de este retrato,
habra alguna razn para que permaneciera tan largo tiempo colocado en
una habitacin de la casa provincial. Cuando los gobernadores olvidan
sus responsabilidades, sera bien que algo les recordara el horrible
peso de la maldicin de todo un pueblo.--

El teniente gobernador se estremeci y mir por un momento a su sobrina,
como si las juveniles fantasas de lice respondieran a algn
sentimiento oculto en su pecho, que toda su poltica y sus principios no
haban podido dominar completamente. Saba, es verdad, que la joven, a
despecho de su educacin extranjera, alimentaba las simpatas de raza de
cualquier muchacha de la Nueva Inglaterra.

--Silencio, necia chiquilla!--profiri al fin, ms speramente de lo
que jams se dirigiera a la gentil lice.--La censura de un rey es ms
terrible que el clamor de una salvaje y descarriada muchedumbre. Capitn
Lincoln, est decidido. Las tropas reales ocuparn la fortaleza de
Castle Wlliam. Los dos regimientos restantes se alojarn en la ciudad o
acamparn en terrenos comunales. Es tiempo ya, despus de tantos aos
turbulentos y casi de rebelin, que el gobierno de su majestad tenga un
muro de fuerza para resguardarlo.

--Confiad, seor, confiad todava un poco ms en la lealtad del
pueblo,--repuso el capitn.--No le enseis que puede estar con los
soldados ingleses en otros trminos que en los de la fraternidad ms
cordial, como cuando peleaban juntos en la guerra francesa. No
convirtis en campamento las calles de vuestra ciudad natal. Pensadlo
dos veces, antes de entregar a otras manos, que no sean las de los
verdaderos naturales de la Nueva Inglaterra, el viejo Castle Wlliam,
llave de la provincia!

--Joven, est decidido,--repiti Htchinson, levantndose de su
silla.--Un oficial estar de servicio esta noche para recibir las
instrucciones necesarias para el acuartelamiento de las tropas. Vuestra
presencia ser tambin necesaria. Hasta entonces, adis!--

A estas palabras el teniente gobernador abandon precipitadamente la
habitacin, mientras lice y su primo seguan lentamente, conversando
bajito y detenindose de vez en cuando para lanzar una ojeada al
misterioso cuadro. El capitn de Castle Wlliam pensaba que el aire y
continente de la joven poda compararse al que se atribuye a uno de
aquellos espritus fabulosos, hadas o personajes de la mitologa
antigua, que intervienen a veces en los asuntos de los mortales, mitad
por capricho, mitad por un sentimiento de simpata hacia la desgracia o
la felicidad humana. Mientras sostena el capitn la puerta abierta para
que pasara lice, hizo ella un signo con la cabeza al cuadro y sonri.

--Presntate, sombra y diablica figura!--exclam.--Tu hora ha
llegado!--

Aquella noche se hallaba el teniente gobernador Htchinson en la misma
habitacin donde tuvo lugar la escena que hemos narrado, rodeado de
varias personas a quienes reunan diversos intereses. Encontrbanse all
los consejeros municipales de Boston, sencillos patriarcas, padres del
pueblo y personificaciones admirables de los antiguos colonos puritanos,
cuya energa austera imprimi tan hondo sello al carcter de la Nueva
Inglaterra. Contrastando con ellos, vease uno o dos miembros del
consejo, ricamente ataviados con las blancas pelucas, las casacas
bordadas y otras magnificencias de aquella poca, y haciendo en cierto
modo ostentacin del ceremonial cortesano. Un mayor del ejrcito ingls,
aparentemente de guardia, esperaba las rdenes del teniente gobernador
para el desembarque de las tropas, que aun permanecan a bordo de los
transportes. El capitn de Castle Wlliam se mantena junto a la silla
de Htchinson, con los brazos cruzados y mirando con altanera al
oficial ingls que pronto iba a reemplazarle en su puesto. Sobre una
mesa colocada en el centro de la habitacin haba un candelabro de
plata, cuyas seis bujas arrojaban su resplandor sobre un papel listo
aparentemente para la firma del teniente gobernador.

Disimulada en parte entre los voluminosos pliegues de las cortinas de
una de las ventanas, poda percibirse la blanca drapera de un vestido
de mujer. Parecer extrao que lice Vane se encontrara all en tales
momentos; pero haba algo tan infantil y caprichoso en su carcter
original que siempre se apartaba de las reglas acostumbradas, que su
presencia no sorprendi a los pocos que llegaron a notarla. En aquel
momento, el presidente del municipio diriga al teniente gobernador una
larga y solemne arenga, protestando contra la introduccin de tropas
inglesas en la ciudad.

--Y si vuestro honor,--concluy este excelente aunque enojoso
anciano,--estima conveniente insistir en que espadachines y mosqueteros
mercenarios sienten sus reales en nuestros barrios tranquilos, que la
responsabilidad de esta decisin no caiga sobre nuestras cabezas!
Pensad, seor, mientras es tiempo todava, que si llega a derramarse
una sola gota de sangre, ser una mancha eterna sobre la memoria de
vuestro honor! Habis escrito, seor, con hbil pluma las hazaas de
nuestros abuelos. De consiguiente, sera muy de desear que merezcis a
vuestro turno honrosa mencin como verdadero patriota y recto
gobernador cuando vuestros hechos sean consignados en la historia.

--No soy insensible, mi buen seor, al deseo natural de ocupar un alto
puesto en los anales de mi pas,--replic Htchinson, dominando su
impaciencia hasta convertirla en cortesa;--ni conozco mtodo mejor para
alcanzar este fin que contrarrestar el pasajero espritu de malevolencia
que, con perdn vuestro, parece haber atacado a hombres aun ms ancianos
que yo. Me aconsejarais que aguarde hasta que la multitud asalte la
casa provincial, como lo hicieron con mi casa particular? Creedme,
seor, puede llegar el tiempo en que os sintis felices de buscar
refugio bajo la bandera real, que tanto disgusto os causa ahora ver
izar!

--S;--agreg el mayor ingls que aguardaba con impaciencia las rdenes
del teniente gobernador.--Los demagogos de esta provincia han evocado al
diablo y no pueden ahora deshacerse de l. Nosotros los exorcizaremos en
el nombre de Dios y en el del rey.

--Si mezclis al diablo en el asunto, cuidado con sus garras!--replic
el capitn de Castle Wlliam, molesto por la burla que se haca de sus
compatriotas.

--Con perdn vuestro, mi joven seor,--dijo el venerable consejero,--no
permitis que un espritu pernicioso inspire vuestras palabras.
Lucharemos contra el opresor con ayunos y oraciones, como hubieran hecho
nuestros antecesores. Pero tambin como ellos nos someteremos a la
suerte que a la sabia Providencia plazca enviarnos, despus de haber
agotado nuestros mayores esfuerzos para remediarla.

--Ya asoman las garras del diablo!--murmur Htchinson, que comprendi
perfectamente la naturaleza de esta puritana sumisin.--Este asunto se
resolver inmediatamente. Cuando haya un centinela en cada esquina y una
guardia de corte delante de la casa consistorial, cualquier gentilhombre
leal podr aventurarse a salir. Qu puede importarme el vocero del
populacho de esta remota provincia del reino? El rey es mi seor y la
Inglaterra es mi patria! Sostenido por la fuerza armada, sentar el pie
sobre la canalla, y la desafiar!--

Cogi una pluma y estaba a punto de estampar su firma en el papel que
yaca sobre la mesa cuando el capitn de Castle Wlliam coloc una mano
en su hombro. La libertad de aquel acto, tan contrario al ceremonioso
respeto que se consideraba entonces debido a la categora y a la
dignidad, despert sorpresa general, mucho mayor en el mismo gobernador
que en cualquier otro de los circunstantes. Al levantar la vista
encolerizado, observ que su joven pariente sealaba con el dedo el muro
opuesto. La mirada de Htchinson sigui la direccin indicada, y vio
algo que haba pasado antes inadvertido a sus ojos: una cortina de seda
negra suspendida sobre el misterioso cuadro, al que ocultaba por
completo. Su pensamiento vol inmediatamente a la escena de la tarde
precedente; y en su sorpresa y en el tumulto de emociones indefinidas
que se apoderaban de su espritu, entre las cuales adivinaba que su
sobrina tena alguna parte en tal fenmeno, llamla en alta voz:

--lice! Ven ac, lice!--

Apenas haba pronunciado estas palabras cuando lice, deslizndose de su
sitio con rapidez y cubrindose los ojos con una mano, descorri con la
otra la obscura cortina que ocultaba el retrato. Una exclamacin de
sorpresa brot de los labios de los espectadores; mientras la voz del
teniente gobernador tena un timbre de horror.

--Por el cielo!--murmur con voz baja y reconcentrada, hablando ms
bien consigo mismo que con los que le rodeaban;--si el espritu de
dward Rndolph apareciera entre nosotros desde la regin del tormento
no llevara seguramente ms visibles en su rostro los terrores del
infierno!

--Con algn fin especial,--dijo solemnemente el anciano consejero,--ha
hecho desaparecer la Providencia el velo que ocultaba tanto tiempo esta
espantosa efigie. Hasta este momento nadie haba podido ver lo que
nosotros contemplamos!--

Dentro del antiguo cuadro, que haca tan poco tiempo encerraba solamente
una tela negra y vacua, apareca ahora una figura, todava obscura es
verdad, en sus sombras y matices, pero destacndose en poderoso relieve.
Era el retrato de un caballero con barba, vistiendo rico traje antiguo
de terciopelo bordado, con ancha gorguera, y llevando un sombrero cuyo
ancho borde sombreaba su frente. Bajo esta sombra los ojos tenan un
brillo peculiar, casi de persona viviente.

Resaltaba la figura tan distintamente sobre el fondo, que haca el
efecto de una persona mirando desde el muro a los atnitos y
despavoridos espectadores. A ser posible describir con palabras la
expresin del rostro, dirase que era la de algn desgraciado,
sorprendido en algn crimen repugnante y expuesto al odio acerbo, a la
burla y al vergonzoso escarnio de una multitud que le rodease. Vease la
lucha de la altanera, vencida y subyugada por el peso opresor de la
ignominia. La tortura del alma se revelaba plenamente en el semblante.
Pareca que el retrato, oculto tras la nube de los aos, hubiera ido
adquiriendo expresin ms lgubre e intensa hasta dejarse ver de nuevo,
arrojando su fatdico augurio sobre la hora presente. Tal era, si hemos
de dar crdito a la leyenda, el retrato de dward Rndolph cuando la
maldicin popular haba impreso su nefasto sello en la personalidad del
gobernador.

--Este espantoso rostro me enloquecer!--dijo Htchinson que pareca
fascinado por aquella contemplacin.

--Tened cuidado entonces!--murmur lice.--l atropell los derechos
del pueblo. Mirad su castigo, y evitaos un crimen semejante!--

El teniente gobernador tembl por un instante; mas apelando a toda su
energa, que no era, sin embargo, uno de sus caracteres predominantes,
consigui librarse del hechizo que se desprenda del semblante de
Rndolph.

--Nia!--exclam riendo acerbamente y volvindose hacia lice,--has
hecho uso de tu talento en la pintura, de tu intrigante espritu
italiano, de tus golpes de efecto escnicos, pretendiendo ejercer alguna
influencia con artificios tan triviales sobre el consejo del gobernador
y tratndose del inters de las naciones? Mira!

--Deteneos un instante ms,--dijo el consejero, mientras Htchinson
coga de nuevo la pluma;--pues si algn mortal recibi jams una
advertencia de parte de un alma atormentada, vuestro honor es ese
hombre!

--Basta!--repuso Htchinson ferozmente.--Aun cuando aquella misma
figura insensible me gritara, "detnte!," no me conmovera.--

Y arrojando una torva mirada de desafo al retrato, que pareca expresar
en aquel momento con mayor intensidad que nunca todo el horror de su
miseria, rasgue sobre el papel, con caracteres que demostraban hallarse
empujado por la desesperacin, el nombre de Thomas Htchinson. En
seguida se estremeci, dicen, como si esta firma hubiera sido su
condenacin eterna.

--Est hecho!--dijo; y coloc una mano delante de sus ojos.

--Quiera Dios perdonar este acto!--dijo lice Vane, con voz suave y
triste, como la de un espritu bueno al huir muy lejos.

Al da siguiente circulaba entre la servidumbre de la casa un rumor
persistente que se extendi por toda la ciudad, asegurando que el negro
y misterioso retrato se haba desprendido del muro y hablado frente a
frente con el teniente gobernador Htchinson. Si tal milagro se
verific, no quedaron trazas del suceso; pues nada pudo percibirse
dentro del negro marco sino la nube impenetrable que le cubra desde el
tiempo que era posible recordar. Si verdaderamente apareci la figura,
haba hudo luego como un espritu, al romper el da, ocultndose tras
un siglo de tinieblas. Lo ms probable es que el secreto de lice para
restaurar los colores del cuadro, haba tenido solamente resultados
pasajeros. Pero todos aquellos que pudieron contemplar en ese breve
intervalo el espantoso rostro de dward Rndolph, no deseaban repeticin
del espectculo, y siempre temblaban ms tarde al recordar aquella
escena, como si hubiera sido el mismo espritu del mal quien apareci
ante sus miradas. En cuanto a Htchinson, cuando lleg su ltima hora,
all lejos, sobre el ocano, jadeante y sin respiracin, quejbase de
que se ahogaba en la sangre de los asesinatos de Boston; mientras
Francis Lincoln, el antiguo capitn de Castle Wlliam, que se encontraba
junto a su lecho de muerte, poda notar en el extravo de su mirada
cierta expresin semejante a la de dward Rndolph. Sinti acaso su
destrozado espritu, en aquella hora suprema, el tremendo peso de la
maldicin de un pueblo?

A la terminacin de esta milagrosa leyenda, pregunt a mi husped si el
cuadro se conservaba todava en la habitacin que estaba encima de
nuestras cabezas; pero Mr. Tffany me inform de que haba sido
retirado de all haca largo tiempo, y se supona que estaba disimulado
en cualquier rincn extraviado del Museo de la Nueva Inglaterra. Quiz
si algn curioso anticuario pueda dar alguna luz sobre el asunto y,
ayudado Mr. Hworth, el reparador de cuadros, llegue a producir una
prueba no del todo innecesaria con respecto a la autenticidad de los
hechos arriba relatados. Durante el curso de esta historia, se haba
preparado una tempestad, que estall con tanto estrpito y violencia
tal, en la parte alta de la casa provincial, que pareca que todos los
antiguos gobernadores y grandes hombres estuvieran alborotando arriba,
mientras el seor Bela Tffany murmuraba de ellos abajo. En el
transcurso de las generaciones, cuando mucha gente ha vivido y muerto en
una vieja casa, el silbido del viento colndose a travs de sus grietas
y el crujido de sus vigas y cabrios, semejan extraordinariamente el tono
de la voz humana, o carcajadas, o pasos pesados hollando las desiertas
habitaciones. Es como si revivieran los ecos de media centuria. Estos
mismos fantsticos sonidos repercutan y murmuraban en nuestros odos,
cuando me desped del crculo formado en torno del fuego de la casa
provincial, y bajando los peldaos del prtico, me dirig a mi morada
luchando contra una violenta tempestad de nieve.




FEATHERTOP

LEYENDA MORAL


DICKON!--grit Mam Rigby,--fuego para mi pipa!--

La vieja seora tena la pipa en la boca cuando deca estas palabras.
Las haba lanzado despus de llenarla de tabaco, sin tratar de
encenderla en el hogar donde, en realidad, no haba huellas de que se
hubiera encendido fuego aquella maana. Sin embargo, tan pronto como
hubo dado la orden, brot un rojo intenso en el hueco de la pipa y una
bocanada de humo de los labios de Mam Rigby. Nunca pude descubrir de
dnde vino el fuego, ni qu mano invisible lo hizo encenderse all.

--Bien!--dijo Mam Rigby, con una inclinacin de cabeza.--Gracias,
Dickon! Ahora hagamos el espantajo. Quedad al alcance de la voz, Dickon,
por si os necesito otra vez.--

Apenas amaneca; pero la buena mujer haba madrugado aquella maana con
el objeto de hacer un espantajo que quera colocar en su sementera de
maz. Era la ltima semana de mayo, y ni los cuervos ni los mirlos
haban descubierto an las pequeas hojas verdes y enrolladas del maz
que comenzaba justamente a brotar de la tierra. As, haba resuelto
fabricar un espantajo que pareciera vivo por todos sus lados y
terminarlo inmediatamente de pies a cabeza, de manera que comenzara
aquella misma maana sus deberes de centinela. Ahora bien; Mam Rigby
era, como todos sabemos, una de las brujas ms hbiles y poderosas de la
Nueva Inglaterra y poda hacer, en consecuencia, con muy pequeo
esfuerzo, un espantajo suficientemente horrible para aterrorizar al
mismsimo ministro de la iglesia protestante. Pero, habiendo despertado
aquella maana con disposicin de espritu extraordinariamente
placentera, suavizada todava ms por su pipa de tabaco, resolvi
producir algo fino, hermoso y esplndido, de preferencia a lo horrible y
espantoso.

"No quiero colocar un duende grosero en mi propio campo de maz y casi a
mis puertas," djose a s misma, lanzando una bocanada de humo; "podra
hacerlo si quisiera, pero estoy cansada de cosas maravillosas y esta vez
me quedar dentro de los lmites de la vida ordinaria, en obsequio a la
variacin. Adems, no hay necesidad de espantar a los chiquillos a una
milla a la redonda, aunque yo sea, como ellos dicen, _bruja de verdad_."

Qued sentado, de consiguiente, en la mente de Mam Rigby, que el
espantajo representara un caballero elegante de la poca, hasta donde
lo permitieran los materiales de que poda disponer. Quiz ser oportuno
enumerar los principales artculos que entraron en la composicin de la
figura.

El ms importante de todos indudablemente, aunque llegaba a apreciarse
muy poco, era cierto palo de escoba en que Mam Rigby haba dado muchos
nocturnos paseos areos a la media noche, y el cual serva ahora de
columna vertebral al espantajo, o de espinazo, hablando en trminos
vulgares. Uno de los brazos estaba constitudo por un mayal, intil
ahora, que acostumbraba manejar el buen Rigby antes de que su esposa le
enviara fuera de este pcaro mundo; el otro, si no me equivoco, estaba
compuesto del cabo de una escoba el travesao roto de una silla, atados
fuertemente a la altura del codo. En cuanto a las piernas, la derecha
era el mango de un azadn y la izquierda un palo cogido en la miscelnea
confusa del montn de maderas. Los pulmones, estmago y dems cosas por
el estilo eran nada menos que un saco de harina relleno de paja. Tenemos
as el esqueleto y la individualidad entera del espantajo, con excepcin
de la cabeza; la cual se supli admirablemente con una calabaza seca y
arrugada, donde abri Mam Rigby dos huecos para los ojos y una abertura
para la boca, dejando que cierta azulada prominencia hiciera en el
centro las veces de nariz. El conjunto constitua realmente un semblante
del todo respetable.

"He visto muchos rostros peores sobre hombros humanos, seguramente,"
pens Mam Rigby. "Y ms de un fino caballero tiene cabeza de calabaza,
lo mismo que mi espantajo."

Pero en este caso los vestidos deban hacer al hombre. As, la buena
anciana cogi de una percha una casaca antigua color ciruela, hecha en
Londres, y con restos de bordado en las costuras, puos, solapas de las
faltriqueras y ojales; pero lamentablemente usada y descolorida,
remendada en los codos, rasgada en los faldones y completamente rada.
En la solapa izquierda vease un agujero redondo, producido quiz por
alguna placa nobiliaria arrancada violentamente, o por el corazn
ardiente de alguno de los posesores de la prenda que la hubiera
chamuscado. Los vecinos aseguraban que esta rica vestimenta perteneca
al guardarropa del Hombre Negro, quien la conservaba en la casa de Mam
Rigby por la comodidad de vestirse all siempre que quera presentarse
de gran parada a la mesa del gobernador. Para completar el atavo haba
un amplio chaleco de terciopelo, bordado primitivamente con follaje de
dorado tan brillante como las hojas de arce en octubre, pero que se
haba apagado ya casi del todo sobre el terciopelo. Vena en seguida un
par de calzas color escarlata, llevadas alguna vez por el gobernador
francs de Loisbourg, y cuyas rodillas haban tocado los escalones
inferiores del trono de Louis el Grande. El francs regal estas calzas
a un indio curandero quien las di a la vieja bruja a cambio de un vaso
de aguardiente en una de sus danzas en la selva. Adems, sac Mam Rigby
un par de medias de seda y las calz en las piernas del espantajo donde
aparecan como una fantasa, mostrando la realidad de los palos al dejar
percibir dolorosamente la madera a travs de los agujeros. Coloc, por
ltimo, la peluca de su amado esposo en el pelado crneo de la
calabaza, y complet el conjunto con un empolvado sombrero de tres
picos adornado con las ms largas plumas de cola de gallo que se pudiera
imaginar.

Tan luego que la vieja hubo terminado, coloc esta figura en un rincn
de su cabaa, riendo al observar el amarillo rostro del espantajo con la
pequea naricilla picaresca levantada al aire. Tena un cmico aspecto
de satisfaccin de s mismo y pareca decir: "Pero, venid a admirarme!"

"Y es un hecho que sois digno de que se os admire!" murmur Mam Rigby,
llena de maravilla ante su obra. "He fabricado muchos muecos desde que
soy bruja, pero se me figura que ste es el mejor de todos. Casi es
demasiado magnfico para espantajo. Y ahora, llenar primero mi pipa con
tabaco fresco y lo llevar en seguida a la sementera de maz."

Mientras llenaba su pipa, segua mirando la anciana con cario casi
maternal al espantajo en su rincn. A decir verdad, sea casualidad o
destreza, o quiz slo hechicera, haba algo maravillosamente humano en
la ridcula figura acicalada con su harapiento esplendor, y que pareca
arrugar su amarillo semblante en una mueca de curiosa expresin entre
desdn y regocijo, como si comprendiera que representaba en s misma una
burla a la humanidad. Mientras ms la contemplaba Mam Rigby, ms
satisfecha se hallaba de su labor.

--Dickon!--grit imperiosamente--fuego otra vez para mi pipa!--

Apenas haba terminado, cuando apareci como antes una brasa enrojecida
sobre el tabaco. Mam Rigby aspir una larga bocanada y la exhal
despus hacia el rayo de luz matinal que luchaba por atravesar las
empolvadas vidrieras de la ventana de su cabaa. Gustbale saborear su
pipa con una brasa del fuego de la chimenea de donde haba sido
arrancado. Pero no puedo decir dnde estaba tal chimenea, ni quien
aportaba el fuego, salvo aquel invisible mensajero que pareca responder
al nombre de Dickon.

"Este mueco," pensaba Mam Rigby, con los ojos fijos en el espantajo,
"es trabajo demasiado artstico para dejarlo todo el verano en un campo
de maz espantando a los cuervos y a los mirlos. Es capaz de algo mejor.
Vaya que he danzado muchas veces con figuras ms ridculas, cuando
escaseaban las parejas en nuestras reuniones de hechicera en los
bosques! Qu suceder si le dejo buscarse la vida entre los dems
hombres de paja y gente vaca que andan alborotando por el mundo?"

La vieja bruja aspir tres o cuatro bocanadas de humo de su pipa y
sonri.

"Encontrar una multitud de semejantes en cada esquina!" continu.
"Bien; no intento meterme hoy en brujeras, ms all de lo que dure mi
pipa; pero soy maga y lo ser y de nada sirve querer disimularlo. Har
un hombre de mi espantajo, siquiera sea por el placer de pegar un
petardo!"

Mientras murmuraba estas palabras, Mam Rigby retir la pipa de su boca
y la arroj en la abertura que haca de tal en el rostro de calabaza
del espantajo.

--Fuma, querido mo, fuma!--dijo.--Fuma, elegante mozo! tu vida
depende de ello!--

Era indudablemente una exhortacin original, dirigindose a un paquete
de palos, paja y vestidos viejos, sin nada mejor que una arrugada
calabaza por cabeza, como sabemos bien que estaba formado el espantajo.
Sin embargo, debemos recordarlo muy especialmente, Mam Rigby era una
bruja de singular habilidad y poder; y teniendo presente este hecho, no
habr nada increble en los notables incidentes de nuestra historia. A
la verdad, la dificultad mayor quedar vencida al punto, si logramos
llegar a la creencia de que tan pronto como la vieja le orden fumar,
brot una bocanada de humo de la boca del espantajo. Fu seguramente una
bocanada muy ligera; pero a sta sigui otra y otras ms, cada una ms
decidida que las anteriores.

--Fuma, ngel mo! fuma, lindo!--sigui diciendo Mam Rigby con su
sonrisa ms graciosa.--Es hlito de vida para ti; te doy mi palabra.--

Queda fuera de duda que la pipa estaba encantada. Deba existir algn
conjuro sea en el tabaco, o en el ardiente fuego que arda
misteriosamente en su hueco, o en el humo aromtico que se exhalaba de
las encendidas hojas. Despus de varias tentativas vacilantes, la figura
arroj al fin una nube de humo que se extendi desde el obscuro rincn
hasta la faja luminosa de la ventana. All se difundi y se desvaneci
entre los tomos de polvo. Pareca haber sido un esfuerzo convulsivo,
pues que las dos o tres bocanadas siguientes fueron ms dbiles, aunque
el fuego arda todava y arrojaba sus reflejos sobre el rostro del
espantajo. La vieja bruja aplaudi golpeando sus flacas manos una contra
otra y sonri a su mueco de manera alentadora. Vea que el encanto
obraba. La faz arrugada y amarilla, que hasta entonces no haba ofrecido
aspecto vital, comenzaba a mostrar una especie de fantstica y tenue
atmsfera humana que pareca fluctuar a su alrededor, desvanecindose a
veces completamente, y hacindose otras ms perceptible siguiendo las
exhalaciones de la pipa. De igual manera asuma toda la figura una
semblanza de vida, como la que prestamos a formas mal definidas de las
nubes, engandonos a medias con las divagaciones de nuestra propia
fantasa.

Si hubiremos de ahondar profundamente en la materia, podra dudarse si,
despus de todo, hubo algn cambio en la srdida, rada, insignificante
y mal pergeada figura del espantajo; o si nicamente alguna ilusin
fantasmagrica y cierto curioso efecto de luz y sombra la coloreaba y
delineaba en forma de engaar los ojos de muchas personas. Los milagros
de la brujera adolecen siempre de artificio muy superficial; y por
ltimo, si esta explicacin no llega al fondo del proceso, no puedo
ofrecer otra mejor.

--Muy bien, lindo mancebo!--exclam de nuevo Mam Rigby.--Vamos, otra
buena y vigorosa inhalacin, y lnzala con fuerza y violentamente.
Fuma, por tu vida, te lo digo! Aspira desde el fondo de tu corazn, si
corazn tienes, y si ste tiene fondo! Bien, ahora! Aspira esta
bocanada como si gozaras en hacerlo.--

Y la bruja hizo un ademn con la cabeza al espantajo, poniendo tal
potencia magntica en su gesto que inevitablemente deba ste obedecer,
como obedece el hierro a la misteriosa atraccin del imn.

--Por qu te quedas holgazaneando en tu rincn, perezoso?--dijo Mam
Rigby.--Avanza! Tienes el mundo delante de ti!--

Palabra, que si no hubiera odo yo mismo esta relacin en el regazo de
mi abuela y no hubiera quedado completamente establecida entre las cosas
verosmiles cuando mi infantil credulidad no poda an analizar su
posibilidad, jams habra tenido el atrevimiento de referirla ahora.

Obedeciendo a la voz de Mam Rigby y alargando el brazo como para coger
su mano extendida, la figura avanz un paso, una especie de sacudimiento
o salto ms bien que paso; vacil luego y casi perdi el equilibrio.

Qu ms poda esperar la hechicera? No era nada, despus de todo;
solamente un espantajo de madera armado sobre dos estacas. Pero la
enrgica bruja se enfad, y sacudi la cabeza, y lanz la fuerza de su
voluntad tan poderosamente sobre aquella miserable combinacin de madera
podrida, paja mohosa y rada vestimenta, que se vi obligado el
espantajo a mostrarse hombre, a despecho de la realidad de las cosas.
As avanz hasta la faja luminosa. Detvose all pobre diablo de
invencin! revestido solamente de una capa ligersima de apariencia
humana, a travs de la cual era visible la rgida, desvencijada,
incongruente, vieja, harapienta, mltiple e intil combinacin de su
esencia, pronta a desplomarse en tierra en un montn de residuos, por la
conciencia de su propia indignidad para erguirse. Confesar la verdad?
En este punto de vivificacin, el espantajo me hace recordar ciertos
caracteres indefinidos y anormales, compuestos de elementos heterogneos
y empleados mil veces, a despecho de su insignificancia, por los
escritores de novelas (yo tambin como los dems) que han poblado con
ellos superabundantemente el mundo de la fantasa.

Mas la feroz bruja comenzaba ya a encolerizarse y a mostrar los rasgos
de su naturaleza diablica, que asomaba sibilante como una cabeza de
serpiente desde el fondo de su pecho, ante el comportamiento pusilnime
de la cosa que ella se haba tomado la molestia de componer.

--Fuma, miserable!--grit con ira.--Fuma, fuma, fuma, t, criatura de
paja y vacuidad! t, andrajo! t, saco de harina! t, cabeza de
calabaza! t, nada! Dnde encontrar una palabra suficientemente vil
para calificarte? Fuma, te digo, y aspira tu vida fantstica junto con
el humo; o si no, arrancar la pipa de tu boca y te arrojar al lugar de
donde ha venido aquella brasa ardiente!--

Amenazado as, el infeliz espantajo no tena ms remedio que inhalar
aquella peligrosa vida. Haciendo de necesidad virtud, aplicse
vigorosamente a la pipa, arrancando nubes de humo tan espeso que la
pequea cocina de la choza estaba envuelta por completo en los vapores
del tabaco. Un rayo de sol luchaba por atravesar esta niebla y poda
apenas reflejar vagamente la imagen de la hendida y empolvada vidriera
de la ventana sobre el muro opuesto. Entretanto Mam Rigby, con un brazo
en jarras y el otro extendido hacia la figura, se destacaba ferozmente
en medio de la obscuridad, con el mismo porte y expresin que cuando
provocaba alguna terrible pesadilla en sus vctimas y permaneca al lado
del lecho para saborear su agona. El pobre espantajo fumaba y fumaba,
trmulo y lleno de terror. Mas es preciso reconocer que sus esfuerzos
servan perfectamente para el objeto; pues a cada sucesiva exhalacin,
perda la figura visiblemente su aspecto informe y confuso y pareca
condensar su esencia. Aun la misma vestimenta participaba de este mgico
cambio, brillando con reflejos de novedad y resplandeciendo con el bello
bordado de oro que por tan largo tiempo haba estado opacado sobre el
terciopelo. Y, revelndose apenas entre el humo, un rostro amarillo
diriga hacia Mam Rigby sus ojos sin expresin.

Al fin la vieja bruja cerr el puo crispado, sacudindolo en direccin
a la figura. No estaba iracunda verdaderamente; mas proceda bajo el
principio, falso quiz pero profundo, como todos los que profesara
persona de las cualidades de Mam Rigby, de que las naturalezas dbiles
y entorpecidas, incapaces de sentir mejor inspiracin, deben
aguijonearse por medio del terror. En caso de que fracasara lo que ella
intentaba, tena el inhumano propsito de desparpajar al miserable
simulacro en sus primitivos elementos.

--Tienes el aspecto de un hombre,--dijo la bruja severamente.--Tienes
tambin, por acaso, algn eco o remedo de voz? Te ordeno hablar!--

El espantajo abri la boca, hizo algunos esfuerzos y emiti al fin un
murmullo tan entremezclado con el humoso aliento, que apenas podra
decirse si era voz en realidad o solamente una bocanada del humo del
tabaco. Algunos narradores opinan que los conjuros de Mam Rigby y la
fuerza de su voluntad haban evocado un espritu familiar dentro de la
figura y que sta era la voz que responda.

--Madre,--murmur la pobre voz ahogada,--no seis tan cruel conmigo! Yo
bien deseara hablar; pero qu puedo decir, careciendo de sesos?

--Que no puedes hablar, querido mo? que no puedes hablar, t?-exclam
Mam Rigby, suavizando con una sonrisa la dureza de su continente.--Y
qu podras decir, preguntas? Vaya, en verdad! Perteneces a la
confraternidad de los crneos vacos, y preguntas lo que habras de
decir? Dirs mil cosas, y repitindolas mil y mil veces ms, no habrs
dicho nada todava! No tengas miedo, te digo! Cuando entres en el mundo
donde me propongo lanzarte, no te faltar lo necesario para poder
hablar. Habla! Vamos! Hablars tanto como un murmurador arroyo de
molino, si t quieres. Tienes suficiente talento para eso, estoy
segura!

--A vuestras rdenes, madre,--respondi la figura.

--Eso ha estado muy bien dicho, tesoro mo, respondi Mam
Rigby.--Entonces, habla como se te ocurra y no te preocupes. Encontrars
un centenar de frases hechas y quinientas personas que las aprovechan. Y
ahora, querido mo, me he tomado tanto trabajo por ti, y eres tan
hermoso que, a fe ma, te amo ms que a cualquier otro mueco de
brujera en todo el mundo; y los he hecho de todas clases: de yeso, de
cera, de paja, de palos, de niebla nocturna, roco de la maana, espuma
del mar y humo de las chimeneas. Pero t eres el mejor de todos. As,
atiende a lo que voy a decirte.

--S, bondadosa madre,--dijo la figura;--con todo el corazn!

--Con todo el corazn!--exclam la bruja, dejando caer las manos sobre
los costados y riendo estrepitosamente.--Tienes una linda manera de
expresarte. Con todo el corazn! Y pusiste la mano sobre el lado
izquierdo de tu chaleco, como si realmente tuvieras corazn!--

De excelente humor por su fantstica invencin, Mam Rigby dijo al
espantajo que deba ir a representar su papel en el gran mundo, donde ni
un hombre entre ciento, aseguraba ella, estaba dotado de esencia ms
refinada que su propia creacin. Y para que pudiera mantener muy alta
la cabeza entre los mejores, dotle al punto de incalculables riquezas.
Consistan, parte en una mina de oro en Eldorado, y parte en diez mil
acciones en una bancarrota fraudulenta; medio milln de acres de viedos
en el polo norte; un castillo en el aire y un castillo en Espaa;
agregado a la renta que todo aquello pudiera producir. Hzole donacin
asimismo del cargamento de sal de Cdiz que llevaba cierto buque al cual
hizo naufragar la hechicera diez aos atrs en mitad del ocano por
medio de sus artes nigromnticas. Si la sal no se hubiera disuelto y
pudiera introducirse en el mercado, permitira levantar una bonita suma
entre los pescadores. Para que no careciera de dinero en efectivo, le
di un cuarto de penique de cobre, sellado en Brmingham, que era todo
lo que posea; y, adems, muchsima calderilla[37] que al aplicarse
sobre la frente, la volva ms y ms refractaria a colorearse.

--Con esta clase de moneda solamente,--dijo Mam Rigby,--puedes hacer
carrera en el mundo. Bsame, tesoro mo! He hecho por ti lo ms que me
ha sido posible.--

Adems, con el objeto de que tuviera el aventurero todas las ventajas
necesarias para un bello ingreso en la vida, la excelente anciana le di
una contrasea que le hara reconocer por cierto magistrado, miembro del
consejo, mercader, y funcionario eclesistico: cuatro dignidades que
constituan un solo hombre que se encontraba a la cabeza de la sociedad
en la metrpoli vecina. La contrasea era ni ms ni menos que una sola
palabra que Mam Rigby murmur al odo del espantajo y que ste deba
murmurar a su vez al odo de mercader.

--Gotoso y todo como es este viejo camarada, har por ti cualquiera
correra tan pronto como hayas pronunciado esta palabra en sus
odos,--dijo la vieja bruja.--Mam Rigby conoce muy bien al digno juez
Gookin, y el digno juez conoce bien a Mam Rigby!--

A estas palabras la bruja acerc su arrugada faz a la del mueco, riendo
inconteniblemente y estremecindose con deleite de pies a cabeza a la
idea de lo que iba a comunicarle.

--El digno magistrado Gookin,--murmur,--tiene por hija una donosa
doncella. Y escucha bien, mi favorito! T tienes bello continente y
bastante ingenio natural. S, bastante viveza de entendimiento! Lo
comprenders mejor cuando hayas podido apreciar el ingenio de los dems.
Ahora bien; con ese exterior e interior tuyos, eres el hombre llamado a
conquistar el corazn de una joven. No lo dudes jams! Te garantizo que
as ser. Pon solamente de tu parte bastante aplomo en el asunto,
suspira, sonre, agita tu sombrero, adelanta el pie como un maestro de
baile, coloca la mano derecha sobre el lado izquierdo de tu chaleco, y
la linda Polly Gookin ser tuya.--

Todo este tiempo la nueva criatura haba estado inhalando y exhalando la
vaporosa fragancia de su pipa y pareca ahora continuar en esta
ocupacin por propio placer y no como condicin indispensable para su
existencia. Era maravilloso observar cun extraordinariamente se
asemejaba ahora a un ser humano. Sus ojos--que a este tiempo pareca ya
tenerlos--estaban fijos en Mam Rigby, y mova o inclinaba siempre la
cabeza en el momento oportuno. Tampoco dejaban de acudir a sus labios
las palabras propias para la ocasin: "Realmente? En verdad? Dgame,
se lo ruego! Es posible? Palabra de honor! De ninguna manera! Oh!
Ah! Jem!" y muchas otras exclamaciones de rigor que implican atencin,
interrogacin, asentimiento o disentimiento de parte del oyente. Aun
despus de haberse encontrado por all y haber visto fabricar desde el
principio al espantajo, era difcil resistirse a la conviccin de que el
sujeto comprenda perfectamente el alcance de los astutos consejos que
la vieja bruja depositaba en su remedo de odo. Mientras aplicaba con
mayor entusiasmo sus labios a la pipa, su expresin se volva ms sagaz,
sus gestos y ademanes adquiran mayor vida y su voz resonaba de manera
ms inteligible. Sus vestidos lucan tambin ms y ms con ilusoria
magnificencia. La misma pipa en que arda el conjuro de toda esta obra
maestra, dej de aparecer como un pesado artefacto de tierra ennegrecida
para convertirse en un artstico objeto de espuma de mar con cabeza
pintada y boquilla de mbar.

Podra temerse, sin embargo, que dependiendo del vapor de la pipa la
vida de esta ilusin, hubiera de terminar simultneamente con la
reduccin del tabaco a cenizas. Pero la bruja haba previsto esta
dificultad.--Sostn la pipa, hermoso mo,--dijo,--mientras la lleno de
nuevo para ti.--

Era penoso ver cmo el elegante caballero comenzaba a retroceder hasta
espantajo mientras Mam Rigby sacuda las cenizas de la pipa y proceda
a llenarla otra vez con el tabaco de su caja.

--Dickon!--exclam con su voz fuerte e imperiosa,--ms fuego para esta
pipa!--

Apenas lo haba dicho, cuando la partcula de rojo intenso brillaba
dentro de la cabeza de la pipa; y el espantajo, sin aguardar las rdenes
de la bruja, aplicando el tubo a sus labios, comenzaba a arrancar cortas
y convulsivas bocanadas que pronto, sin embargo, se convirtieron en ms
iguales y regulares.

--Ahora, chiquillo de mi corazn,--dijo Mam Rigby,--suceda lo que
quiera debes adherirte a tu pipa. Tu vida reside all; y esto lo sabes
bien, aun cuando no sepas mucho ms fuera de esto. No te desprendas de
tu pipa, te digo! Fuma, aspira, lanza nubes de humo, y si alguien te
pregunta, di a la gente que es por salud, que tu mdico lo ha
recomendado as. Y cuando tu pipa est concluyndose, ve, delicia ma, a
cualquier rincn y, penetrndote primero bien de humo, exclama con
imperio: "Dickon! una nueva pipa de tabaco! Dickon! fuego para mi
pipa!" y fmala tan pronto como sea posible. De lo contrario, en lugar
de un galano caballero con casaca bordada de oro, te convertirs en un
haz de palos y vestidos destrozados, un saco de paja y una arrugada
calabaza. Ahora parte, tesoro mo, y la dicha sea contigo!

--Nada temis, madre!--dijo la figura con voz sonora, lanzando una
vigorosa bocanada.--Yo arribar, si esto es dado a un caballero y a un
hombre honrado!

--Oh, t me hars morir!--exclam la vieja bruja, en una carcajada
convulsiva.--Eso estuvo muy bien dicho. Si es dado a un caballero y a
un hombre honrado! Representas tu papel a la perfeccin. Contina siendo
un elegante caballero; y yo apostar en tu cabeza como hombre de meollo
y de substancia, provisto de talento y de lo que llaman corazn, y de
todo aquello que debe poseer un hombre, contra cualquier otro animal de
dos pies. Por ti me creo yo ahora hechicera ms hbil que antes. No te
he formado acaso? Y desafo a hacer cosa parecida a la mejor bruja de
la Nueva Inglaterra! Mira, llvate mi vara!--

La vara, que era un simple palo de roble, tom inmediatamente la
apariencia de un bastn con puo de oro.

--Esta cabeza de oro tiene tanto talento como la tuya,--dijo Mam
Rigby,--y te guiar directamente a la casa del digno magistrado Gookin.
Ve all, mi lindo, querido, precioso, tesoro mo; y cuando pregunten tu
nombre, di que te llamas Feathertop (Cabeza Emplumada). Llevas plumas en
el sombrero, y arroj todo un manojo en el hueco vaco de tu cabeza; tu
peluca es tambin del estilo llamado Feathertop. As, Feathertop ser
tu nombre!--

Saliendo de la cabaa, Feathertop march virilmente hacia la ciudad.
Mam Rigby permaneci en el dintel, profundamente complacida de ver los
rayos del sol reflejndose en su obra, como si toda aquella
magnificencia fuera real; y observando cun empeosa y amorosamente
fumaba su pipa Feathertop, y con qu elegancia marchaba, a pesar de
cierta ligera rigidez en las piernas. Le mir alejarse hasta que se
perdi de vista y envi su bendicin a su favorito cuando una revuelta
del camino le ocult completamente a sus ojos.

Cerca del medioda, cuando la calle principal de la vecina ciudad se
encontraba en el colmo del bullicio y animacin, segua la acera un
extranjero de aspecto muy distinguido. Su porte y sus vestidos estaban
llenos de nobleza. Llevaba casaca color ciruela ricamente bordada,
chaleco de suntuoso terciopelo magnficamente adornado de hojas doradas,
un esplndido par de calzas encarnadas y las ms bellas y brillantes
medias de seda. Su cabeza estaba cubierta con una peluca tan lindamente
arreglada y empolvada que habra sido un sacrilegio desordenarla con el
sombrero de encaje dorado y adornado de una pluma nevada, que el
caballero llevaba bajo el brazo. En el pecho de la casaca resplandeca
una estrella. Manejaba este personaje su bastn de puo dorado con la
gracia peculiar de los gentilhombres de aquella poca; y, para completar
su atavo, llevaba en los puos volantes de encaje de delicadeza
etrea, delatando a las claras cun ociosas y aristocrticas deban ser
las manos que ocultaban a medias.

Circunstancia digna de notarse en el continente de este brillante
personaje, era que llevaba en la mano izquierda una pipa fantstica, con
cabeza deliciosamente pintada y boquilla de mbar. Aplicbala a sus
labios cada cinco o seis pasos e inhalaba una profunda bocanada de humo
que, despus de retener un momento en sus pulmones, arrojaba en
graciosos remolinos por la boca y la nariz.

Como es fcil imaginar, en toda la calle se trataba activamente de
conocer el nombre del extranjero.

--Es, sin duda, algn gentilhombre de elevada alcurnia,--deca un vecino
de la ciudad.--Veis la estrella que lleva sobre el pecho?

--No; vaya que es poco brillante para verse!--deca otro.--S; debe ser
forzosamente un gentilhombre, como decs. Mas qu ruta imaginis que su
seora haya tomado para venir ac? No ha llegado barco del viejo mundo
desde el mes pasado; y si hubiera venido del sur por tierra, queris
decirme dnde estn sus criados y su equipaje?

--No necesita equipaje para establecer su alcurnia,--hizo observar un
tercero.--As se presentara en harapos, brillara su nobleza a travs de
los agujeros de sus codos. Jams he visto semejante dignidad de aspecto.
Tiene la antigua sangre normanda en sus venas, lo jurara.

--Mas bien le tomara por un holands o un alemn de sangre
noble,--dijo otro de los ciudadanos.--Los hombres de aquellas regiones
tienen siempre la pipa en la boca!

--As son tambin los turcos,--respondi su compaero.--Pero, a mi
juicio, este extranjero ha nacido en la corte francesa y aprendido all
la cortesana y dignidad de maneras que en ninguna parte se despliegan
como entre la nobleza de Francia. Aquel modo de andar tambin! Un
espectador vulgar lo juzgara algo rgido, lo calificara quiz de
sacudimiento o trote; pero a mis ojos tiene indecible majestad, y debe
haberlo adquirido por la observacin constante de las maneras del gran
monarca. El carcter y profesin del extranjero estn bastante
evidentes. Es algn embajador francs que ha venido a conferenciar con
nuestros gobernadores sobre la cesin del Canad.

--Verosmilmente es un espaol,--dijo otro,--y de all viene su tez
amarillenta; o ms bien es de la Habana o de algn otro puerto de los
dominios espaoles, y viene a investigar las pirateras con las cuales
se dice que contemporiza nuestro gobernador. Aquellos colonizadores del
Per y Mjico tienen la piel tan amarilla como el oro que extraen de sus
minas.

--Amarillo o no, es un hombre muy hermoso! protest una seora;--tan
alto, tan esbelto! con un semblante tan fino y distinguido, una nariz
tan bien delineada y una boca tan deliciosamente expresiva! Y Dios me
bendiga, qu estrella ms brillante! Positivamente arroja llamas!

--Lo mismo que vuestros ojos, hermosa dama,--dijo el extranjero,
haciendo una reverencia y agitando su pipa; pues pasaba justamente en
aquel instante.--Por mi honor, casi me han deslumbrado!

--Se ha odo alguna vez cumplimiento ms exquisito y original?--murmur
la dama, en xtasis de delectacin.

En medio de la admiracin general que excitaba el extranjero, slo se
escucharon dos voces discordantes. Una de ellas fu la de un
impertinente can que despus de olfatear los talones del resplandeciente
personaje, meti la cola entre las piernas y se lanz al corral de su
amo, vociferando un execrable aullido. El otro ser en desacuerdo con la
opinin pblica fu un chico que lanz un chillido con toda la fuerza de
sus pulmones, balbuceando no s qu ininteligible tontera acerca de
calabazas.

Entretanto Feathertop segua su camino por la calle. Con excepcin de
las pocas palabras corteses que dirigi a la dama y una que otra ligera
inclinacin de cabeza correspondiendo profundas reverencias de los
espectadores, pareca completamente absorbido en su pipa. No era
necesaria mayor prueba de su alcurnia e importancia que la perfecta
ecuanimidad con que se manejaba mientras la admiracin de la ciudad
creca hasta convertirse casi en clamor en torno suyo. Con una multitud
congregada tras de sus huellas, lleg el extranjero finalmente a la casa
del digno juez Gookin, atraves la reja, subi los peldaos de la
escalera central y llam a la puerta. Pudo notarse que, en el intervalo
entre su llamada y la respuesta, sacuda el extranjero las cenizas de su
pipa.

--Qu dijo con aquella voz tan imperiosa?--pregunt uno de los
espectadores.

--No s, no podra decirlo,--respondi su amigo.--Pero el sol me
deslumbra de manera extraa. Qu ajado y descolorido se ha puesto
repentinamente su seora! Dios me bendiga! Qu es lo que me pasa?

--Lo maravilloso es que su pipa, apagada hace un momento, aparece otra
vez encendida y con el fuego ms intenso que he visto en mi vida. Hay
algo misterioso en este extranjero. Qu bocanada de humo ms espesa!
Decais que estaba ajado y descolorido? Mirad! Cuando se vuelve,
brilla la estrella en su pecho como una llamarada.

--As es, en verdad,--dijo su compaero;--y deslumbrar probablemente a
la linda Polly Gookin a quien veo asomndose a la ventana de aquella
habitacin.--

Tan luego que se abri la puerta, volvise Feathertop hacia la multitud,
inclinse majestuosamente, como un gran hombre que reconociera los
homenajes en la forma ms estricta, y desapareci en la casa. Brillaba
en su semblante una especie de sonrisa misteriosa, una mueca, mejor
dicho; pero entre la muchedumbre que le contemplaba, nadie tuvo la
penetracin suficiente para descubrir su ilusoria personalidad, salvo un
chiquillo y un miserable can.

Nuestra leyenda pierde aqu algo de continuidad, y saltando sobre las
explicaciones preliminares entre Feathertop y el comerciante, pasa en
busca de la linda Polly Gookin. Era sta una damisela de suaves y
redondeadas formas, cabello rubio, ojos azules y bello rostro sonrosado,
ni demasiado ingenuo, ni demasiado perspicaz. La joven descubri por la
ventana al brillante extranjero que se encontraba a la puerta y,
preparndose para la entrevista, se acical inmediatamente con una cofia
de encajes, un collar de cuentas, su pauelo ms hermoso y su falda de
damasco de la mejor calidad. Mientras se apresuraba a bajar de su
aposento al saln, mirbase en los grandes espejos ensayando lindos
modales, ya una sonrisa, ya cierta dignidad ceremoniosa, ya una sonrisa
ms dulce que la primera, mientras besaba su mano, moviendo la cabeza y
manejando el abanico; en tanto que, dentro del espejo, una
insignificante doncellica repeta todos sus ademanes y gestos ridculos
sin lograr que Polly se avergonzara de ellos. En suma, si la linda Polly
no llegaba a producir ilusin tan completa como el ilustre Feathertop,
era culpa de su poca habilidad y no de su poca voluntad para
conseguirlo; de manera que al demostrar as su simplicidad, no era
aventurado suponer que el fantasma creado por la hechicera pudiera
conquistarla.

Apenas oy Polly el ruido de los pasos gotosos de su padre,
aproximndose a la puerta del saln acompaados del rgido resonar de
los zapatos de altos tacones de Feathertop, sentse recta como una
flecha y comenz inocentemente a entonar una cancin.

--Polly! Polly, hija ma!--grit el viejo mercader.--Ven ac,
chiquilla.--

El continente del magistrado apareca turbado e indeciso cuando abri la
puerta.

--Este gentilhombre,--continu, presentando al extranjero,--es el
caballero Feathertop, no, perdonadme, es Lord Feathertop, que me trae un
recuerdo de una antigua amiga. Cumplid vuestros deberes sociales con su
seora, nia, y honradle como su calidad merece.--

Despus de estas pocas palabras de presentacin, el magistrado abandon
el saln. Mas si en este breve instante hubiera mirado Polly a su padre
en vez de dedicarse por entero a la contemplacin del brillante
caballero, habra podido comprender que algn peligro se cerna a la
inmediacin. El viejo estaba nervioso, inquieto y muy plido. Tratando
de esbozar una sonrisa corts deformaba su rostro en una mueca
galvnica, que se convirti en ceo feroz tan pronto como Feathertop
hubo vuelto las espaldas; al mismo tiempo que amenazaba con el puo
cerrado y golpeaba el suelo con su pie gotoso; falta de cortesa que
trajo consigo su inevitable y doloroso resultado. Parece, en verdad, que
la palabra de introduccin de Mam Rigby, sea cual fuere, actuaba ms
por el temor que por la voluntad sobre el rico mercader. Siendo adems
hombre de extraordinaria sagacidad y penetracin, advirti que las
figuras pintadas en la pipa de Feathertop estaban dotadas de movimiento.
Mirando con mayor atencin, pudo convencerse de que aquellas figuras
eran una partida de diablillos debidamente provistos de cuernos y cola,
y danzando con las manos enlazadas y gestos de regocijo diablico en
toda la circunferencia de la cabeza de la pipa. Para confirmar sus
sospechas, mientras guiaba Master Gookin a su husped a travs de un
obscuro pasadizo desde su despacho particular hasta el saln, la
estrella que Feathertop llevaba al pecho arroj verdaderas llamas,
reflejando trmulos rayos sobre los muros, el techo y el pavimento.

Con tales siniestros pronsticos que se manifestaban de maneras tan
diversas, no es sorprendente que el mercader pensara que comprometa a
su hija en relaciones muy dudosas. Maldeca en el fondo de su alma la
elegancia insinuante de los modales de Feathertop cuando este atrayente
personaje se inclinaba, sonrea, posaba la mano sobre el corazn,
inhalaba una profunda bocanada de su pipa y enriqueca la atmsfera con
el aliento vaporoso de un suspiro fragante y visible. Alegremente habra
puesto en la puerta el pobre Master Gookin a su peligroso visitante;
pero haba de por medio cierto grave terror que le constrea.

Este respetable anciano, se haba dejado arrastrar algo en mal camino en
su temprana juventud, lo tememos, y quiz se vea ahora obligado a
redimirlo por el sacrificio de su hija.

La puerta del saln era en parte de cristales cubiertos por una cortina
de seda, cuyos pliegues quedaban un poquillo al sesgo. Tan vivo inters
acosaba al comerciante por presenciar lo que iba a acontecer entre la
bella Polly y el galante Feathertop que, despus de abandonar el
aposento no pudo impedirse de mirar por la abertura de la cortina.

Mas nada de milagroso le fu dado observar; nada, fuera de las bagatelas
antes enunciadas, que le confirmaron en la idea de que algn peligro
sobrenatural amenazaba a la bonita Polly. El extranjero era
indudablemente hombre de mundo, prctico, metdico y dueo de s mismo;
y, de consiguiente, el personaje preciso a quien un padre no debe
confiar sin la debida precaucin una ingenua y sencilla muchacha. El
digno magistrado que conoca la humanidad en cualquiera esfera o
condicin, no poda menos de advertir que todos los gestos y ademanes
del distinguido Feathertop respondan en absoluto a las conveniencias
del momento: nada de rudeza natural haba quedado en l; las
convenciones sociales estaban tan adaptadas y asimiladas a su naturaleza
ntima, que le transformaban en una obra de arte. Quiz si esta misma
peculiaridad era lo que le prestaba cierto aire pavoroso y
fantasmagrico. Todo lo que es consumado y perfectamente artificial en
el hombre le hace aparecer sobrenatural ante nuestros ojos, algo as
como si su individualidad bastara apenas para dibujar en el suelo una
sombra. Tratndose de Feathertop, esta impresin se confunda en un
sentimiento extravagante, fantstico y original, como si su vida y
esencia dependieran del humo rizado que se escapaba de su pipa.

Pero la linda Polly Gookin no pensaba de esta manera. La pareja paseaba
entonces a travs de la habitacin: Feathertop, con su andar
distinguido y su no menos distinguido semblante; la joven con cierta
gracia femenina natural, realzada por un toque ligero de afectacin que
no la perjudicaba y que pareca aprendido del arte perfecto de su
compaero. Mientras ms se prolongaba la entrevista ms encantada estaba
la linda Polly; hasta que, pasado un cuarto de hora, la joven comenz
positivamente a sentirse enamorada, como pudo notarlo el viejo
magistrado desde su escondite. No era necesaria magia alguna para
provocar este rpido resultado; el corazn de la pobre nia era sin duda
tan apasionado que se funda a su propio calor, reflejado en la hueca
semblanza de un amante. Nada importaba lo que Feathertop dijera: sus
palabras levantaban profundo eco y repercutan en los odos de la joven;
nada importaba lo que hiciera: sus acciones revestan siempre caracteres
heroicos ante los ojos de Polly. Y puede suponerse que en aquellos
momentos se encendan las mejillas de la joven y brillaba en sus labios
tierna sonrisa, y hmeda dulzura en sus miradas; mientras la estrella
chispeaba en el pecho de Feathertop y los pequeos demonios corran con
regocijo ms y ms frentico alrededor de la cabeza de la pipa. Oh,
linda Polly Gookin! Por qu se regocijan tan locamente aquellos
diablillos de que una necia doncella est a punto de dar su corazn a
una sombra? Es acaso una desgracia tan inusitada, un triunfo tan raro?

De pronto se detuvo Feathertop y adoptando una actitud majestuosa
pareci imponer a la joven la contemplacin de su figura y desafiarla a
que resistiera su atractivo si esto era posible. La estrella, los
bordados, las hebillas, brillaban en aquel momento con esplendor
indecible; los matices pictricos de su atavo tomaron mayor riqueza de
colorido; desprendase de toda su persona el lustre y cortesana que
traduce el encanto de modales refinados. La doncella levant los ojos y
los fijo en su compaero con expresin tmida y maravillada. Luego, como
deseosa de juzgar por s misma el valor que su sencilla belleza pudiera
tener al lado de tal esplendor, lanz una mirada al espejo de grandes
dimensiones enfrente del cual se hallaban incidentalmente. Era una
lmina de las ms claras e incapaz de lisonja. Apenas tropezaron los
ojos de Polly con las imgenes all reflejadas, lanz un agudo grito,
alejse del extranjero, le mir un momento con desordenado espanto, y se
desplom insensible sobre el pavimento. Feathertop, siguiendo la
direccin de su mirada en el espejo, contempl tambin, no el brillante
remedo que su exterior aparentaba, sino la imagen del srdido conjunto
de su composicin real, despojada de toda hechicera.

Miserable simulacro! Casi debiramos compadecerle. Levant los brazos
con expresin desesperada, ms intensa que todas sus manifestaciones
anteriores para vindicar sus pretensiones de considerarse humano; pues
quiz por primera vez desde que inici la vida mortal, tan a menudo
vaca y decepcionada, se haba forjado y aceptado plenamente la ilusin
de su propia personalidad.

Mam Rigby estaba sentada al fondo de su cocina hacia el crepsculo de
este da tan lleno de acontecimientos, y sacuda justamente las cenizas
de una pipa nueva, cuando escuch un paso precipitado a lo largo de la
carretera. No se asemejaba mucho al ruido de pasos humanos, sino que
pareca ms bien el golpeteo de leos o el chocar de huesos descarnados.

"Ah!" pens la vieja bruja, "qu pasos son stos? Qu esqueleto ha
salido fuera de su tumba?"

Una figura se precipit por la puerta de la cabaa. Era Feathertop! Su
pipa estaba todava encendida; la estrella flameaba an sobre su pecho;
los bordados brillaban todava en su atavo; y tampoco haba perdido
an, en forma apreciable, el aspecto que le haca asemejarse a los
mortales. Sin embargo, por algo indescriptible en su continente, como
sucede en todos los casos en que el desengao se ha apoderado por
completo de nosotros, la triste realidad, se discerna bajo el hbil
artificio.

--Qu cosa sali mal?--pregunt la bruja.--Olfate el hipcrita juez
ms de lo preciso y arroj a mi nio de su casa? Infame! Enviar veinte
demonios para atormentarle hasta que te ofrezca su hija de rodillas!

--No, madre,--dijo Feathertop desesperadamente;--no es eso.

--La chica desde a mi precioso?--pregunt Mam Rigby lanzando rayos
feroces de sus ojos, semejantes a dos brasas de Tphet.--Cubrir su
rostro de barros! Volver su nariz tan roja como el fuego de tu pipa!
Har caer sus dientes delanteros! Dentro de una semana no ser ya
digna de ti!

--Dejadla tranquila, madre,--respondi el pobre Feathertop;--la doncella
estaba casi vencida; y creo que un beso de sus dulces labios me habra
hecho sentirme completamente humano. Pero,--aadi tras breve pausa y
con un grito de desprecio para s mismo,--me he visto, madre! He visto
la miserable, harapienta y vaca criatura que soy! No quiero vivir
ms!--

Arrancando la pipa de su boca, la estrell con toda su fuerza contra la
chimenea, y se desplom en el mismo instante convertido en una mezcla de
paja y andrajos con algunos palos sobresaliendo del montn y una
arrugada calabaza en el centro. Los huecos de los ojos carecan ya de
luz; pero la abertura toscamente rasgada, que haba hecho las veces de
boca, pareca retorcerse an en desesperada mueca y tena aspecto casi
humano.

"Pobre chico!--exclam Mam Rigby, lamentndose ante los restos de su
desventurada creacin.--Pobre querido mo, lindo Feathertop! Hay
millares y millares de mequetrefes y charlatanes en el mundo, formados
de la misma mescolanza de desechos, andrajos y cosas intiles que
entraban en su composicin. Gozan, sin embargo, de buena fama y jams se
aprecian a s mismos en lo que valen. Por qu mi pobre mueco haba de
ser el nico en conocerse y en sufrir y perecer por ello?--

Murmurando estas palabras, haba llenado la bruja una nueva pipa de
tabaco, y sostena el tubo entre sus dedos vacilando entre colocarla en
sus propios labios o en los de Feathertop.

--Pobre Feathertop!--continu.--Podra darle fcilmente ocasin de
ensayar una nueva vida hacindole salir maana al mundo. Pero no; es
demasiado tierno, demasiado exquisitamente sensible. Tiene demasiado
corazn para manejarse con provecho en este mundo tan vaco e
indiferente. Vaya! vaya! Le haremos servir de espantajo, despus de
todo. Es un oficio inocente y til, y vendr bien a mi protegido. Si
todos sus semejantes encontraran ocupacin tan adecuada, sera un gran
bien para la humanidad. Y en cuanto a la pipa, yo la necesito ms que
l.--

Diciendo as, Mam Rigby llev el tubo a sus labios.

--Dickon!--grit con su aguda e imperiosa voz,--fuego para mi pipa!




EL ENTIERRO DE RGER MALVIN


LA EXPEDICIN proyectada el ao 1725 en defensa de las fronteras, y que
termin en la renombrada "batalla de Lvell," es uno de los pocos
incidentes de la guerra india susceptibles de la luz fantstica del
romance. Dejando a la sombra judiciaria ciertas circunstancias, la
imaginacin encuentra mucho que admirar en el herosmo de una pequea
banda que present batalla a enemigo dos veces superior, en el corazn
de su propio pas. La valenta desplegada por ambas partes estuvo de
acuerdo con las ideas civilizadas sobre el valor; y aun la caballera
andante no se avergonzara de registrar en sus anales las hazaas
individuales de uno o dos de aquellos combatientes. La batalla a que nos
referimos, aunque fatal para los beligerantes, no tuvo consecuencias
funestas para la nacin, porque derroc el podero de una tribu y
condujo a la paz que subsisti durante varios aos consecutivos. La
historia y la tradicin son minuciosas en sus crnicas sobre este
asunto; y el capitn de una partida de exploradores en la frontera
adquira renombre militar tan positivo como el del jefe que condujera
millares de hombres a la victoria. A pesar de la substitucin de nombres
ficticios por los verdaderos, ser fcil reconocer algunos de los
incidentes que se refieren en las pginas siguientes, como el mismo
relato escuchado de labios de los ancianos sobre la suerte de los pocos
combatientes que sobrevivieron en la retirada de la "batalla de Lvell."


       *       *       *       *       *

Brillaban alegremente los primeros rayos del sol sobre la copa de los
rboles a cuyo pie reposaron la noche anterior dos hombres, sus miembros
fatigados y heridos. Haban preparado su lecho de hojas secas de roble
sobre el pequeo plano que se extenda al pie de una roca situada cerca
del punto prominente de una de aquellas ondulaciones del terreno que
prestan tan variado aspecto a la comarca. La masa de granito, elevando
su bruida y lisa superficie a quince o veinte pies sobre sus cabezas,
semejaba una gigantesca piedra tumularia, en que las venas naturales
parecan formar una inscripcin en caracteres olvidados. En una
extensin de varios acres en torno de esta roca, los robles y otros
rboles de madera dura haban reemplazado a los pinos, producto
ordinario del terreno, y un joven y vigoroso renuevo de roble se ergua
inmediatamente detrs de los viajeros.

Las graves heridas del hombre ms anciano le haban privado del sueo
evidentemente; pues apenas se pos el primer rayo del sol en la copa del
rbol ms elevado, enderezse penosamente de su posicin yacente y se
sent. Las lneas profundas de su rostro y algunas hebras grises en sus
cabellos acusaban que haba pasado de la edad mediana; pero su musculoso
cuerpo habra sido capaz de resistir la fatiga como en la fuerza de la
juventud, a no ser por el efecto de sus heridas. La languidez y el
agotamiento se revelaban en sus macilentas facciones; y la mirada
desolada que arroj a las profundidades de la selva manifestaba la
ntima conviccin de que su peregrinaje haba terminado. Volvi en
seguida los ojos al compaero que estaba acostado al lado suyo. Era un
joven que apenas habra alcanzado la edad viril, y yaca, con la cabeza
sobre el brazo, entregado a un sueo intranquilo, que un estremecimiento
causado por el dolor de sus heridas pareca a cada instante a punto de
romper. Su mano derecha asa un fusil; y a juzgar por el juego violento
de sus facciones, su sueo le mostraba de nuevo la visin del conflicto
del cual era uno de los escasos sobrevivientes. Un grito, agudo y fuerte
sin duda en su soadora fantasa, lleg a sus labios en vago murmullo;
y, estremecindose a este ligero eco de su propia voz, despert
repentinamente. Su primera preocupacin al recobrar sus sentidos fu
preguntar ansiosamente por el estado de su compaero herido. ste
sacudi la cabeza.

--Rubn, hijo mo,--dijo,--esta roca tras de la cual nos encontramos
servir de piedra tumularia a un viejo cazador. Hay todava largas
millas de ttrica soledad ante nosotros; y sera lo mismo para m aun
cuando el humo de la propia chimenea de mi casa estuviera al extremo de
esta ondulacin del terreno. Las balas indias son ms mortferas de lo
que yo pensaba.

--Estis dbil por efecto de nuestra caminata de tres das,--replic el
joven,--y un poco de descanso os devolver la fuerzas. Quedad aqu
mientras busco en el bosque las hierbas y races que deben sustentarnos;
y despus de haber comido, apoyndoos en m, emprenderemos la vuelta al
hogar. No dudo de que con mi ayuda podris llegar hasta una de las
guarniciones de la frontera.

--No tengo dos das de vida, Rubn,--dijo el otro, serenamente,--y mi
cuerpo intil no debe ser ms tiempo una carga para ti, que con
dificultad puedes sostenerte a ti mismo. Tus heridas son profundas y tus
fuerzas decaen rpidamente; sin embargo, puedes salvarte an, si te
apresuras a avanzar solo. Para m no hay esperanza, y aguardar aqu la
muerte.

--Si es as, permanecer a vuestro lado y velar por vos,--dijo Rubn
con resolucin.

--No, hijo mo, no,--insisti su compaero.--Deja que se imponga la
voluntad de un moribundo; dame tu mano, que yo la estreche, y parte.
Piensas que mis ltimos momentos seran ms tranquilos con la idea de
que te condenaba a morir de muerte ms lenta? Te he amado como un padre,
Rubn; y en momentos como ste debo tener la autoridad de un padre. Te
ordeno marchar, para que yo pueda morir en paz!

--Y porque habis sido un padre para m, he de dejaros perecer y quedar
insepulto en esta soledad?--exclam el joven.--No; si vuestro fin se
aproxima en verdad, velar a vuestro lado y recibir vuestra eterna
despedida. Cavar una tumba aqu, bajo la roca, en la cual
descansaremos juntos, si la debilidad me hace desfallecer; o si el Cielo
me da fuerzas, buscar el camino de mi hogar.

--En las ciudades y en cualquiera parte donde viven los
hombres,--replic el otro,--se acostumbra enterrar a los muertos.
Ocltanlos as a la vista de los vivos; pero aqu, donde ningn ser
humano pasar quiz en cien aos, por qu no habra de descansar bajo
el cielo, cubierto nicamente por las hojas de roble cuando las hagan
caer las rfagas de otoo? Y si de monumento se trata, aqu tenemos esta
roca gris, donde mi mano moribunda esculpir el nombre de Rger Malvin,
para que los viajeros futuros sepan que reposa aqu un cazador y un
guerrero. No te retardes, por consiguiente, sino apresrate al
contrario, ya que no por ti mismo, por ella, que quedara desolada!--

Malvin pronunci con voz trmula las ltimas palabras que produjeron
visiblemente hondo efecto en su compaero. Hicironle recordar que
existen deberes menos cuestionables que el de compartir la suerte de un
hombre a quien la muerte de su camarada no iba a beneficiar. No podra
afirmarse si algn sentimiento egosta se abri paso en el corazn de
Rubn, a quien su conciencia hizo aun resistir obstinadamente las
splicas de su compaero.

--Cun terrible sera aguardar la muerte en esta soledad!--exclam el
joven.--Un hombre valiente no tiembla en el campo de batalla; y aun la
mujer puede morir valerosamente cuando los amigos rodean su lecho; pero
aqu...

--Tampoco temblar aqu, Rubn Bourne,--interrumpi Malvin.--Soy hombre
de corazn; y aunque no lo fuera, hay una fuerza superior a la que
pueden prestar todos los amigos del mundo. Eres joven y amas la vida.
Tus ltimos momentos necesitan comodidades que mi naturaleza no reclama;
y cuando me hayas depositado en tierra y te encuentres solo, y la noche
caiga sobre la selva, sentirs toda la amargura de la muerte a que ahora
podas haber escapado. Mas no dar razones egostas a tu generoso
corazn. Abandname por mi propia conveniencia, para que, despus de
haber murmurado una plegaria por tu salvacin, tenga tiempo de arreglar
mis cuentas sin sentirme perturbado por pesares terrenales.

--Y vuestra hija! Cmo me atrever a afrontar sus miradas?--exclam
Rubn.--Me interrogar sobre la suerte de su padre, cuya vida jur
defender con la ma propia! He de decirla que marchasteis tres das
conmigo desde el campo de batalla y que os abandon luego, dejndoos
perecer, solo, en el desierto? No es preferible que me acueste en la
tierra y perezca al lado vuestro, antes que regresar salvo y verme
obligado a decir esto a Dorcas?

--Dirs a mi hija,--repuso Rger Malvin,--que, a pesar de encontrarte
dolorosamente herido, dbil y fatigado, sostuviste por muchas millas mis
pasos vacilantes y te separaste de m slo a mis ruegos, porque no quise
yo que tu muerte pesara sobre mi alma. Le dirs que fuiste fiel en medio
del sufrimiento y los peligros, y que si tu sangre hubiera podido
salvarme, la habras derramado hasta la ltima gota; y dile tambin que
sers para ella algo ms querido que un padre, y que os bendigo a ambos
y que mis ojos moribundos pueden vislumbrar una va larga y placentera
que recorreris juntos.--

Mientras hablaba, habase erguido Malvin, y la energa de sus ltimas
palabras pareci llenar la selva solitaria con una visin de felicidad;
mas, al caer exhausto de nuevo sobre su lecho de hojas de roble, se
apag la luz que por un momento haba brillado en los ojos de Rubn.
Sintise loco y culpable de pensar en la dicha en momentos semejantes.
Su compaero espiaba su movible fisonoma, tratando de arrastrarle con
arte generoso a procurar su propio inters.

--Quiz me equivoco respecto al tiempo que me resta de
vida,--prosigui.--Es posible que con pronta asistencia llegara a
recobrarme de mis heridas. Los primeros fugitivos deben haber llevado ya
a la frontera las nuevas de nuestro desastroso encuentro, y
probablemente recorren el campo partidas para recoger a los que se
hallan en condiciones semejantes a las nuestras. Si tropezaras con una
de estas partidas y la guiaras a este sitio, quin puede asegurar que
no me vera otra vez sentado al fuego de mi hogar?--

Una dolorosa sonrisa vag por las facciones del moribundo al insinuar
esta infundada esperanza que, sin embargo, produjo efecto en Rubn.
Ningn motivo puramente egosta, ni siquiera la situacin desolada de
Dorcas le habra inducido jams a abandonar a su compaero en momentos
semejantes; pero sus deseos acogieron la idea de que era posible salvar
la vida de Malvin, y su entusiasta naturaleza lleg casi a posesionarse
de la remota posibilidad de encontrar ayuda humana en aquella soledad.

--Seguramente que hay razones, y razones poderosas para esperar que
nuestros amigos no se encuentran muy distantes,--dijo a media voz.--Un
cobarde huy en salvo al comienzo de la pelea y es probable que haya ido
bien de prisa. Todos los fieles de la frontera han empuado sin duda el
fusil a tales nuevas; y, a pesar de que ninguna partida se aventurara
tan adentro de los bosques, puedo encontrarla quiz despus de un da de
marcha. Aconsejadme escrupulosamente,--aadi, volvindose a Malvin,
desconfiado de su propio criterio.--Si estuvierais en mi lugar, me
abandonarais mientras tuviera vida?

--Hace veinte aos,--replic Rger Malvin, suspirando, sin embargo, al
reconocer ntimamente la disimilitud de ambos casos,--hace veinte aos
que escap con un amigo muy querido del cautiverio de los indios cerca
de Montreal. Vagamos durante muchos das entre los bosques, hasta que al
fin, desfallecidos por el hambre y el cansancio, mi amigo se desplom y
trat de persuadirme que le abandonase, porque saba que al permanecer
pereceramos ambos; y con muy poca esperanza de encontrar socorro,
amonton una almohada de hojas secas bajo su cabeza y me apresur a
partir.

--Y volvisteis a tiempo para salvarlo?--pregunt Rubn, pendiente de
las palabras de Malvin como si fueran el proftico anuncio de su propio
xito.

--S;--respondi el otro.--Llegu al campamento de una partida de
cazadores el mismo da antes del ocaso. Los gui hasta el paraje donde
mi amigo aguardaba la muerte; y ahora es un hombre sano y vigoroso que
trabaja en sus propias tierras muy lejos de la frontera, mientras que yo
estoy herido aqu pereciendo en las profundidades del desierto.--

Este ejemplo, actuando poderosamente sobre la decisin de Rubn, se
fortaleca inconscientemente con muchos otros motivos en el alma del
joven. Rger Malvin comprendi que el triunfo estaba cerca.

--Ahora ve, hijo mo, y que el cielo te proteja!--dijo.--Vuelve con
nuestros amigos tan pronto como puedas encontrarlos, a menos que las
heridas y el cansancio te hagan desfallecer; pero en este caso, enva
dos o tres, los que sea posible, en busca ma; y creme, Rubn, mi
corazn se sentir ms ligero a cada paso que te acerque al hogar.--

Mas poda quiz observarse cierto cambio en su voz y en su fisonoma
mientras hablaba as; porque era, en verdad, suerte horrible verse
abandonado para expirar en la soledad.

Rubn Bourne, convencido slo a medias de que proceda con rectitud,
alzse y se prepar para la partida. Pero antes, aunque contrariando los
deseos de Malvin, reuni un montn de las hierbas y races que haban
sido su nico alimento en los dos ltimos das. Coloc la intil
provisin al alcance del moribundo, para quien dispuso igualmente un
lecho fresco de hojas secas de roble. Subiendo entonces al pice de la
roca, que era spera y rugosa por uno de sus lados, inclin el joven
roble y at su pauelo en la rama ms alta. La precaucin no era
innecesaria para guiar a cualquiera que pudiese venir en busca de
Malvin; porque los costados de la roca, salvo el ancho y bruido frente,
quedaban ocultos a poca distancia por la densa vegetacin de la selva.
El pauelo era el vendaje de la herida del brazo de Rubn; y al atarlo
en el rbol jur, por la sangre de que estaba manchado, que regresara,
ya fuera para salvar la vida de su compaero o para depositar su cuerpo
en la tumba. Baj despus y se mantuvo con los ojos bajos, escuchando
las ltimas palabras de Malvin.

La experiencia de ste le sugera numerosos y detallados consejos
respecto al viaje del joven a travs de la intrincada selva. Habl de
ello con serena gravedad, como si enviara al joven de caza o a la guerra
mientras quedaba l en seguridad; y de ningn modo como si el rostro
humano que contemplaba en aquellos momentos fuera el ltimo que haba de
ver en su vida. Pero su firmeza se conmovi antes de concluir.

--Lleva mi bendicin a Dorcas y dile que mi ltima plegaria ser por
ella y por ti. Encarcele de mi parte no conservar amargos sentimientos
por tu abandono--aqu palpit dolorosamente el corazn de Rubn--porque
s que si tu vida hubiera pesado en favor mo, la habras sacrificado
sin vacilar. Ella se casar contigo despus de haber llorado algn
tiempo a su padre; y quiera el Cielo concederos largos y felices das,
y puedan los hijos de vuestros hijos rodear vuestro lecho de muerte! Y
vuelve, Rubn,--aadi, pues la debilidad de la muerte le venca al
fin,--cuando tus heridas estn curadas y tu cansancio haya pasado;
vuelve a esta roca solitaria, a depositar mis huesos en la tumba y a
murmurar una plegaria sobre mis restos.--

Los habitantes de la frontera prestaban atencin casi supersticiosa a
los ritos de la sepultura; lo cual se originaba quiz en las costumbres
de los indios que hacan la guerra tanto a los muertos como a los vivos;
presentndose muchos casos en que se sacrificaba la vida por el
propsito de enterrar a los que haban perecido "en las fauces del
desierto." Rubn comprenda, por consiguiente, toda la importancia de la
solemne promesa que hizo de volver y de llevar a cabo las exequias de
Malvin. Era digno de notarse que ste, al hablar a corazn abierto en
sus palabras de despedida, no trataba ya de persuadir al joven de que
quiz un rpido socorro podra salvarle. Rubn estaba ntimamente
convencido de que era la ltima vez que vea vivo el rostro de Malvin.
Su naturaleza generosa le impulsaba a quedarse a cualquier riesgo hasta
que todo hubiera terminado; pero el ansia de vivir y la esperanza de la
felicidad se haban fortalecido en su corazn, y fu incapaz de
resistir.

--Es suficiente,--dijo Rger Malvin, despus de escuchar la promesa de
Rubn.--Ve, y que Dios te gue!--

El joven oprimi su mano silenciosamente, volvise y parti. Sus dbiles
y vacilantes pasos le haban conducido muy poco trecho, sin embargo,
cuando la voz de Malvin le llam de nuevo.

--Rubn, Rubn!--dijo dbilmente; y Rubn regres, y arrodillndose
junto al moribundo.

--Levntame y djame reclinado contra la roca,--fu su ltima
peticin.--Mi semblante se dirigir as hacia mi hogar, y podr
divisarte un instante ms cuando desaparezcas bajo los rboles.--

Habiendo satisfecho Rubn el deseo de cambiar de postura al moribundo,
comenz otra vez su solitaria peregrinacin. Avanzaba al principio ms
rpidamente de lo que corresponda sus fuerzas porque una especie de
remordimiento, que atormenta a veces al hombre en sus actos ms
justificados, le incitaba a ocultarse cuanto antes a los ojos de Malvin;
mas, despus de avanzar bastante lejos sobre las crujientes hojas,
retrocedi agazapndose, empujado por una ardiente y dolorosa
curiosidad, y oculto por las races medio enterradas de un rbol cado,
mir ansiosamente al hombre abandonado. El sol matinal estaba claro y
los rboles y arbustos inhalaban el suave ambiente de mayo; pero haba,
sin embargo, cierta melancola en el aspecto de la naturaleza, como si
simpatizara con los dolores y sufrimientos de la muerte. Las manos de
Rger Malvin se elevaban unidas en ferviente plegaria, de la cual pudo
percibir Rubn en medio de la tranquilidad de la selva algunas palabras
que penetraron en su corazn torturndole con sufrimiento intolerable.
Eran acentos interrumpidos que imploraban por la felicidad del joven y
de Dorcas; y al escucharlos, su conciencia o algn sentimiento anlogo,
luch fuertemente para persuadirle a volver y reposar de nuevo junto a
la roca. Sinti todo el horror del destino del noble y generoso ser a
quien haba abandonado en tal extremidad. La muerte llegara lentamente
como un fantasma, avanzando poco a poco hasta l a travs de la selva, y
mostrando de rbol en rbol, cada vez ms cerca, su faz horrenda e
implacable. Mas el destino de Rubn le impulsaba probablemente a no
retardarse un da ms; y quin le reprochara haberse retrado de
sacrificio tan intil? Cuando lanzaba en derredor la postrera mirada, la
brisa hizo ondear la pequea bandera en la copa del roble, recordando a
Rubn su juramento.

       *       *       *       *       *

Muchas circunstancias contribuyeron a retardar al viajero herido en su
marcha a la frontera. El segundo da las nubes, densamente apretadas
sobre el horizonte, descartaron la posibilidad de regular su camino por
la posicin del sol; y el joven ignoraba si los esfuerzos de su
naturaleza casi exhausta le llevaban ms cerca o ms lejos del fin
apetecido. Provean escasamente a su subsistencia las bayas y otros
productos naturales del bosque. Rebaos de ciervos pasaban, es verdad,
muy cerca de su lado y las perdices se levantaban ante su paso; pero
haba consumido sus municiones en la batalla y no poda siquiera
intentar la caza. Sus heridas, inflamadas por el constante esfuerzo de
que dependa su sola esperanza de vida, disminuan sus fuerzas y muchas
veces perturbaban su razn. Pero, aun en medio de su desvaro, el joven
corazn de Rubn se aferraba fuertemente a la existencia; hasta que,
incapaz absolutamente de movimiento, desfalleci al fin bajo un rbol,
vindose obligado a esperar all la muerte.

En tal situacin fue descubierto por una partida despachada en socorro
de los sobrevivientes, a las primeras nuevas de la batalla. Llevronle a
la colonia ms cercana, que result por azar su propia residencia.

Dorcas, con la sencillez de los tiempos primitivos, velaba al lado del
lecho de su amante herido prodigndole aquellos cuidados que son
privilegio exclusivo del corazn y las manos de la mujer. Durante varios
das los recuerdos de Rubn vagaron pesadamente entre los peligros y
obstculos que haba tenido que vencer, y el joven fu incapaz de dar
respuesta definida a las preguntas con que muchas personas se
apresuraban a fatigarle. No haban circulado an detalles autnticos del
combate; ni era dado tampoco a las madres, esposas e hijos saber si los
seres amados de su corazn estaban cautivos o yacan entre las cadenas
inquebrantables de la muerte. Dorcas guardaba en silencio sus temores
hasta que una tarde, despertando Rubn de un sueo intranquilo, pareci
reconocerla ms claramente que las veces anteriores. Observ que el
joven haba reconquistado por completo sus sentidos y no pudo dominar
ms largo tiempo su ansiedad filial.

--Y mi padre, Rubn?--comenz; mas el cambio de la fisonoma de su
amante la oblig a detenerse.

El joven se estremeci como a impulsos de agudo dolor y la sangre subi
violentamente a sus descoloridas y flacas mejillas. Su primer impulso
fue ocultar el rostro; pero, con desesperado esfuerzo se enderez y
habl con vehemencia defendindose contra una imaginaria acusacin.

--Tu padre qued mal herido en la batalla, Dorcas; y me prohibi
embarazarme con el peso de su compaa, permitindome solamente
acompaarlo hasta la orilla del lago para que pudiera saciar su sed y
morir en paz. Pero yo no quera abandonar al anciano en tal situacin;
y, aunque herido yo mismo, le sostuve prestndole la mitad de mis
fuerzas, y le llev conmigo. Durante tres das vagamos juntos, y tu
padre resisti mucho ms de lo que yo esperaba; pero al despertar del
cuarto da, le encontr desfallecido y exhausto; no poda proseguir; la
vida se le escapaba; y...

--Muri!--exclam Dorcas dbilmente.

Rubn sinti cun imposible era confesar que su egosta amor a la vida
le haba obligado a partir antes que la suerte del padre de la joven se
hubiera decidido. No habl; solamente inclin la cabeza, y se desplom,
desfallecido y avergonzado, ocultando, el rostro entre las almohadas.
Dorcas solloz al ver confirmados sus temores; pero como se haba
anticipado este golpe largo tiempo, pudo rehacerse mejor contra su
violencia.

--Abriste una fosa para mi padre en el desierto?--fu la pregunta que
expres inmediatamente su piedad filial.

--Mis brazos estaban dbiles; pero hice lo que pude,--replic el joven
en voz baja.--Elvase una magnfica piedra tumularia sobre su cabeza y,
pluguiera al cielo que me sea dado reposar tan tranquilamente como
l!--

Observando Dorcas el extravo de sus ltimas palabras, no inquiri ms
en aquella ocasin; pero su corazn se tranquiliz a la idea de que
Rger Malvin no haba carecido de los ritos funerarios que era posible
procurar. La historia del valor y la fidelidad de Rubn no perdi nada
de su fuerza cuando Dorcas la refiri a sus amigos; y el pobre joven, al
dejar con vacilante paso su cuarto de enfermo para respirar la brisa
soleada, hubo de sufrir la miserable y humillante tortura del inmerecido
elogio general. Todos reconocan que era digno de solicitar la mano de
la hermosa doncella a cuyo padre haba sido fiel "hasta la muerte;" y
como mi cuento no es de amor, baste decir que pasados algunos meses
Rubn lleg a ser el esposo de Dorcas Malvin. Durante la ceremonia
nupcial el rostro de la desposada brillaba con reflejos sonrosados; pero
el semblante del esposo estaba plido.

Atormentaba ahora el corazn de Rubn Bourne un sentimiento
incomunicable; algo que deba ocultar cuidadosamente a la persona que
ms amaba y en quien ms confiaba en el mundo. Deploraba amarga y
profundamente la cobarda moral que haba retenido sus palabras cuando
estuvo a punto de confesar la verdad a Dorcas; pero el orgullo, el temor
de perder su cario, la obsesin del desprecio general, impidironle
rectificar la falsedad. Comprenda que no era acreedor a censura alguna
por haberse separado de Rger Malvin. Su presencia, el sacrificio
gratuito de su vida, habra agregado solamente una nueva angustia a los
ltimos momentos del moribundo; pero al disimular este hecho
justificable, le haba prestado la apariencia misteriosa de una falta;
de manera que Rubn, a quien su razn deca haber procedido
honradamente, experimentaba, sin embargo, en alto grado los terrores
mentales que constituyen la expiacin de todo aquel que ha perpetrado un
crimen oculto. Por efecto de cierta asociacin de ideas llegaba hasta
considerarse a veces casi un asesino. Durante muchos aos, tambin, le
asaltaba de repente una idea que no poda arrojar por completo de su
mente aun cuando comprenda toda su insensatez y extravagancia. Tena la
obsesin torturadora de que su suegro permaneca an sentado al pie de
la roca, sobre las marchitas hojas, vivo y aguardando el socorro que
haba implorado. Estas alucinaciones mentales, aparecan y desaparecan
sin que, a pesar de todo, jams las hubiera tomado Rubn por realidades;
pero cuando su nimo estaba tranquilo y despejado, sentase consciente
de haber faltado a una promesa solemne, y de que un cuerpo insepulto
clamaba por l desde el desierto. Mas, a consecuencia de su
prevaricacin, vease en la imposibilidad de obedecer a la llamada. Era
demasiado tarde para invocar la asistencia de los amigos de Rger Malvin
para llevar a cabo el entierro diferido por tanto tiempo; y el
supersticioso temor a que eran dados ms que nadie los colonos
extranjeros, retraa a Rubn de aventurarse solo en esta empresa. No
saba siquiera hacia qu lado de la inmensa selva deba buscar la
bruida roca con sus fantsticos caracteres, a cuya base yaca el
insepulto cadver: sus recuerdos de todo el viaje eran muy indistintos,
y la ltima parte no haba dejado impresin alguna en su memoria.
Senta, sin embargo, un impulso constante, una voz perceptible slo a
sus odos, que le ordenaba volver y redimir su promesa; y tena la
conviccin extraordinaria de que, al tratar de efectuarlo, llegara
directamente hasta los restos de Malvin. Mas ao tras ao segua
desobedeciendo esta intimacin desoda aunque sentida. Este nico y
secreto pensamiento lleg a convertirse en una cadena que liaba su
espritu y roa su corazn como una serpiente, transformndole poco a
poco en un hombre irritable, melanclico y abatido.

En el transcurso de algunos aos de matrimonio, se presentaron notables
cambios en la prosperidad de Rubn y Dorcas. Toda la riqueza del primero
haba consistido en su corazn sano y sus brazos robustos, mientras
Dorcas, nica heredera de su padre, hizo dueo a su esposo de una granja
cultivada de antiguo, ms extensa y mejor provista que la mayor parte de
los establecimientos de la frontera. Rubn Bourne era, sin embargo, un
propietario descuidado: en tanto que las tierras de los otros
fructificaban anualmente cada vez ms, las suyas se arruinaban en igual
proporcin. El desaliento por la agricultura haba disminudo con la
terminacin de la guerra india, durante la cual vironse los hombres
obligados a manejar con una mano el arado y el mosquete con la otra,
juzgndose afortunados si los salvajes no destruan el producto de su
arriesgada labor, ya en las sementeras o en los graneros. Pero Rubn no
aprovech de las nuevas condiciones del pas; ni tuvieron xito sus
escasos intervalos de aplicacin industriosa a sus negocios. La
irritabilidad por la cual haba llegado a distinguirse era otra de las
causas de su decreciente prosperidad, ocasionndole continuos disgustos
en sus inevitables relaciones con los colonos vecinos. El resultado de
todo esto fueron juicios innumerables; porque el pueblo de la Nueva
Inglaterra, en los primeros tiempos y en medio de las salvajes
condiciones del pas, adoptaba siempre que le era posible el mtodo
legal para zanjar sus diferencias. En una palabra, la gente no
simpatizaba con Rubn Bourne; y, completamente arruinado algunos aos
despus de su matrimonio, restbale un slo recurso para luchar contra
la mala suerte que vena persiguindole: abrirse paso entre los rincones
ms escondidos de la selva y procurarse la subsistencia en algn paraje
virgen del desierto.

Rubn y Dorcas tenan un hijo de su matrimonio, llegado ya a la edad de
quince aos, hermoso adolescente que prometa gloriosa virilidad.
Estaba especialmente dotado para las salvajes proezas de la vida de la
frontera, en las cuales empezaba ya a sobresalir. Tena el pie ligero,
la puntera exacta, rpida comprensin y corazn animoso y jovial; de
manera que todos los que prevean la repeticin de la guerra india,
hablaban de Cyrus Bourne como de un jefe futuro para la colonia. Rubn
amaba al mancebo con profundo y reconcentrado ardor, como si todo lo que
haba de bueno y feliz en su naturaleza se hubiera transmitido a su hijo
con la fuerza de su afeccin. Aun Dorcas, amante y amada, le era mucho
menos cara que el joven; porque los secretos pensamientos y emociones
solitarias de Rubn habanle vuelto egosta poco a poco, y slo era
capaz de amar profundamente aquello que representaba, o que l
imaginaba, un reflejo o renovamiento de su propia naturaleza. Se
reconoca en Cyrus, como haba sido en sus lejanos das; y pareca a
veces compartir el espritu del mancebo y revivir a una vida nueva y
feliz. Rubn parti acompaado de su hijo a la expedicin emprendida con
el objeto de elegir el trozo de terreno que deberan cultivar, y
derribar y quemar los rboles; labor necesariamente preliminar al
transporte de sus enseres domsticos. Transcurrieron as dos meses del
otoo; pasados los cuales Rubn Bourne y el joven cazador regresaron a
pasar el ltimo invierno en las colonias.

       *       *       *       *       *

A principios del mes de mayo la pequea familia, cortando los vnculos
de afecto que la encadenaban a los objetos inanimados, se despidi de
los pocos que an se apellidaban sus amigos a despecho de la ruina de su
fortuna. La tristeza de la partida mitigbase en diversas formas en cada
uno de los peregrinos. Rubn, hombre caprichoso y misntropo a causa de
su desdicha, parti con su severa fisonoma habitual y con los ojos
bajos, sintiendo poca pesadumbre y desdeando reconocerla. Dorcas,
sollozando fuertemente por el desgarramiento de los lazos con que su
naturaleza sencilla y afectuosa se haba unido al lugar, sentase de
otro lado confortada a la idea de que los seres queridos de su corazn
marchaban con ella y que estaran reunidos dondequiera que se
dirigiesen. Y el mancebo, a la vez que enjugaba una lgrima en sus ojos,
pensaba en el placer de las aventuras que le brindaba la selva jams
hollada.

Oh! quin no ha deseado, en el entusiasmo de un ensueo a ojos
abiertos, vagar en la inmensidad de un desierto estival, sintiendo en el
brazo el peso ligero de una criatura dulce y bella? Los jvenes no
encontraran ms barrera a su paso libre y triunfante que el bullente
ocano o las montaas coronadas de nieve; el hombre tranquilo elegira
su hogar all donde la naturaleza ha provisto doble riqueza, en el valle
de algn transparente arroyuelo; y cuando la edad provecta le alcanzara
all, tras largos aos de esta pura existencia, encontrarale convertido
en el padre de una raza, en el patriarca de un pueblo, en el fundador de
lo que estaba llamado a ser una nacin. Y cuando la muerte llegara hasta
l, como el dulce sueo que invocamos tras un da de felicidad, sus
numerosos descendientes lloraran sobre sus venerados restos. Envuelto
por la tradicin en misteriosos atributos, sera semejante a un dios
para las generaciones venideras; y su posteridad ms remota le mirara
en un pedestal, dominando el valle milenario en el esplendor de su
gloria.

La intrincada y sombra selva a travs de la cual vagaban los personajes
de mi cuento era completamente diferente de la tierra fantstica del
soador. Posesionbase de su existencia la naturaleza, a pesar de todo;
y las aflictivas preocupaciones tradas del mundo exterior eran lo nico
que se opona ahora a su felicidad. Una robusta y peluda caballera, que
conduca todas sus riquezas, no protestaba por el pequeo peso de Dorcas
que se le agregaba a veces; ya que generalmente el vigor de su raza la
sostena al lado de su marido durante la ltima parte de la jornada
diaria. Rubn y su hijo, con el mosquete al hombro y el hacha colgada a
la espalda, conservaban su paso infatigable, espiando con ojos de
cazador las piezas que servan para su sustento. Cuando el hambre se
dejaba sentir, detenanse y preparaban su alimento en el bosque, en el
margen de algn inmaculado arroyo que protestaba con dulce murmullo,
como una doncella al primer beso de amor, cuando se arrodillaban para
beber rozndolo con sus labios sedientos. Dorman en una choza fabricada
de ramas y despertaban al brotar la aurora, frescos para emprender las
tareas del nuevo da. Dorcas y el mancebo viajaban alegremente, y aun
el espritu de Rubn brillaba a intervalos con muestras exteriores de
placer; pero interiormente le agobiaba un pesar fro, tan fro que lo
comparaba a las masas de nieve acumuladas en las profundidades de los
valles y en las hondonadas de los riachuelos, mientras arriba se
ostentan las hojas de verde brillante.

Cyrus Bourne tena suficiente conocimiento de la selva para advertir que
su padre no segua el mismo rumbo que tomaron en su expedicin del
pasado otoo. Diriganse ahora ms hacia el norte, abandonando la
direccin de las colonias y penetrando en una regin de que bestias y
hombres salvajes eran los nicos posesores. El joven hizo alusin
algunas veces a esta materia, y Rubn le escuchaba atentamente, llegando
a cambiar una o dos veces la direccin de su marcha siguiendo los
consejos de su hijo; mas apenas lo haba hecho, pareca encontrarse
intranquilo. Lanzaba hacia adelante miradas rpidas y escudriadoras,
buscando aparentemente enemigos ocultos detrs de los troncos de los
rboles; y no encontrando nada peligroso por aquel lado, tornbalas
atrs como si temiera ser perseguido. Observando Cyrus que su padre
volva gradualmente a su primera direccin, no trat ya de intervenir:
no permitindole su naturaleza aventurera lamentar la mayor extensin y
misterio de su ruta, aunque senta involuntariamente oprimrsele el
corazn.

En la tarde del quinto da, hicieron alto y armaron su sencillo
campamento una hora antes del ocaso. El aspecto del pas en las ltimas
millas apareca diverso a causa de las ondulaciones del terreno que
semejaban las olas enormes de algn mar petrificado; en una de cuyas
depresiones, paraje romntico y agreste, levant la familia su tienda y
encendi su hogar. Haba algo que estremeca y emocionaba a la par en el
espectculo de aquellos tres seres, unidos por los fuertes lazos del
amor y aislados de toda otra criatura humana. Los obscuros y ttricos
pinos se inclinaban sobre ellos y cuando el viento barra sus altas
ramas, un rumor misericordioso escuchbase en el bosque; o quiz se
lamentaban aquellos viejos rboles, temiendo que los hombres intentaran
al fin destrozar sus races con el hacha? Rubn y su hijo se propusieron
marchar en busca de caza, de la cual no tenan provisin aquel da,
mientras Dorcas preparaba la cena. El mancebo, despus de prometer que
no se alejara mucho del campamento, parti con paso tan ligero y
elstico como el ciervo que se propona derribar; mientras su padre,
sintiendo pasajera felicidad al mirarle, pensaba enderezar sus pasos en
direccin opuesta. Dorcas, entretanto, sentse cerca del fuego de secas
ramas, sobre un tronco de rbol cado haca largos aos, enmohecido
ahora y cubierto de musgo. Su ocupacin, alternada con una mirada
incidental al puchero que comenzaba a hervir sobre el fuego, era la
lectura del almanaque de Massachusetts del ao en curso que, con
excepcin de una vieja Biblia en gtico, constitua toda la riqueza
literaria de la familia. Nadie presta mayor atencin a la divisin
arbitrara del tiempo que aqullos que se encuentran excludos de toda
sociedad; y as Dorcas hizo notar como dato de importancia que era el
doce de mayo. Su marido se estremeci.

--El doce de mayo! Debera recordarlo bien!--murmur, mientras un
torrente de pensamientos ocasionaba cierta confusin momentnea en su
mente.--Dnde estoy? Dnde me encuentro vagando? En dnde le he
dejado?--

Dorcas, demasiado acostumbrada a las maneras inciertas de su marido para
notar especialmente esta nueva peculiaridad, dej el almanaque a un lado
y se dirigi a l con aquel tono melanclico que los corazones tiernos
dedican a los pesares largo tiempo enfriados y desvanecidos.

--Por estos das, en este mismo mes, hace dieciocho aos, mi pobre padre
abandon este mundo por otro mejor. Tuvo un brazo carioso para sostener
su cabeza y una tierna voz para alentarle en sus ltimos momentos,
Rubn; y el pensamiento de los afectuosos cuidados que le prodigaste me
ha consolado muchas veces desde aquel tiempo. Oh! La muerte sera
horrible para un hombre solitario en un lugar tan abandonado como ste!

--Ruega al Cielo, Dorcas,--dijo Rubn con voz interrumpida,--ruega al
Cielo que ninguno de nosotros muera solitario y quede insepulto en esta
triste soledad!--Y se apresur a alejarse, dejndola cuidar del fuego
bajo los ttricos pinos.

La rapidez de la marcha de Rubn Bourne disminuy poco a poco conforme
se haca menos sensible el dolor que las inocentes palabras de Dorcas le
haban producido. Mil extraas reflexiones se apoderaron, sin embargo,
de su mente; y, avanzando ms bien con paso de somnmbulo que de
cazador, no poda atribuirse a precaucin alguna de su parte que su
tortuosa marcha no le arrastrara muy lejos del campamento. Sus pasos se
encaminaban maquinalmente casi en crculo; y no observ siquiera que se
encontraba en el margen de un trozo de terreno cubierto de espesa
arboleda, entre la cual no haba ya pinos. En vez de stos, veanse aqu
robles y otras clases de rboles de madera dura; y en torno de sus
races brotaba densa y apretada maleza dejando, sin embargo, espacios
vacos y cubiertos de gruesas capas de hojas secas. Cada vez que el roce
de las ramas o el crujido de los troncos produca algn rumor, como si
la selva despertara de un sueo, Rubn levantaba instintivamente el
mosquete que reposaba en su brazo y lanzaba una mirada rpida y
escrutadora por todos lados; mas, convencido por su ligera observacin
de que ninguna pieza se aproximaba, entregbase de nuevo a sus
pensamientos. Meditaba sobre la extraa influencia que le haba
arrastrado tan lejos en las profundidades del desierto y fuera de su
rumbo premeditado. Incapaz de penetrar hasta los secretos repliegues de
su alma, donde el motivo yaca oculto, crey que una voz sobrenatural le
haba hecho adelantar y que una potencia sobrenatural haba impedido su
regreso. Confiaba en que la Providencia le procurara la ocasin de
expiar su pecado; esperaba encontrar los huesos tan largo tiempo
insepultos; y que, una vez depositados bajo tierra, la paz arrojara
sus resplandores sobre el sepulcro de su corazn. Distrjole de estas
ideas un rumor en el bosque a corta distancia del sitio a que haba
llegado. Observando el movimiento de algn objeto detrs de la espesa
cortina de maleza, hizo fuego con el instinto del cazador y la seguridad
del buen tirador. Un suave quejido, que deca de su certeza, y con el
cual aun los animales pueden expresar su agona mortal, pas inadvertido
para Rubn Bourne. Qu recuerdos se atropellaban en su mente?

La espesura en cuya direccin haba hecho fuego creca cerca de la cima
de una ondulacin del terreno, apretndose en torno de la base de una
roca que por la forma y pulido de uno de sus lados, no estaba lejos de
asemejarse a una gigantesca piedra tumularia. Como reflejada en un
espejo se reproduca la imagen de esta roca en la memoria de Rubn:
reconoca hasta las venas que parecan formar una inscripcin en
olvidados caracteres. Todo continuaba igual, excepto una densa maleza
que envolva la parte baja de la roca, y habra ocultado a Rger Malvin
en caso que permaneciera todava sentado en aquel sitio. En este momento
las miradas de Rubn advirtieron otro cambio que el tiempo haba
efectuado desde que se encontr por ltima vez en el mismo lugar que
ahora ocupaba, detrs de las races enterradas del rbol cado. El rbol
joven en cuya copa haba atado el sangriento smbolo de su juramento,
haba crecido y, desarrolldose hasta convertirse en un gran roble,
lejos todava de su madurez, pero abundantemente provisto de umbrosas
ramas. Pero haba en este rbol una particularidad que hizo temblar a
Rubn. El centro y las ramas inferiores mostraban vida exuberante, y el
exceso de vegetacin cubra el tronco casi hasta la tierra; pero alguna
circunstancia haba esterilizado la parte superior del roble, y su rama
ms alta apareca marchita, sin savia y tristemente muerta. Rubn
recordaba cmo haba flotado la pequea bandera al tope de aquella rama
cuando estaba verde y fresca, dieciocho aos atrs. Qu crimen pues la
haba marchitado?

       *       *       *       *       *

Despus de la partida de ambos cazadores, Dorcas continu sus
preparativos para la cena. Su mesa silvestre era el gran tronco de un
rbol cado y cubierto de musgo, en cuya parte ms ancha haba extendido
un mantel blanco como la nieve y dispuesto toda la vajilla de brillante
metal que les restaba de lo que haba sido su orgullo en la colonia. Era
algo extrao encontrar aquel rincn de lujo domstico en el seno
desolado de la naturaleza. El sol lanzaba todava sus resplandores sobre
las ramas altas de los rboles que crecan en terreno elevado; pero las
sombras de la tarde obscurecan ya la hondonada donde haban acampado, y
el fuego comenzaba a enrojecerse reflejndose en los negros troncos de
los pinos o revoloteando sobre la densa y obscura masa de follaje que
circundaba aquel paraje. Dorcas no estaba triste; porque senta que era
preferible viajar en el desierto con los amados de su corazn, que
vivir aislada en medio de una multitud que no se interesara por ella.
Mientras se ocupaba en arreglar asientos de trozos de madera cubiertos
de hojas para Rubn y su hijo, flotaba su voz en la selva sombra
siguiendo el ritmo de una cancin aprendida en la juventud. La ruda
meloda, produccin de un bardo que no conquist la gloria, describa
una noche de invierno en una cabaa de la frontera, cuando la familia,
asegurada contra las irrupciones de los salvajes por las avalanchas de
nieve, se regocijaba al fuego de su hogar. Toda la cancin posea el
indecible hechizo peculiar de la idea original; pero cuatro lneas,
insistentemente repetidas, brillaban entre el conjunto como el fuego de
los corazones cuya alegra celebraban. En ellas, con la magia de unas
cuantas palabras, haba destilado el poeta la verdadera esencia del amor
de la familia y de la felicidad domstica, y eran un cuadro y un poema a
la par. Mientras Dorcas cantaba, los muros de su casa abandonada
parecan rodearla; no vea ya los ttricos pinos, ni escuchaba el rumor
del viento que enviaba, sin embargo, su fuerte hlito a travs de las
ramas con cada verso, a morir all lejos en hondo lamento cargado de los
ecos de la cancin. Sobrecogise al ruido de un disparo en las cercanas
del campamento; y, sea a causa del repentino estallido o de su soledad
al lado del fuego, comenz a temblar violentamente. Mas en seguida ri
con todo el orgullo de su corazn maternal.

--Mi bello cazador! Mi hijo ha derribado algn ciervo!--exclam,
recordando que Cyrus haba partido a cazar en la direccin hacia donde
reson el tiro.

Aguard un espacio razonable de tiempo creyendo escuchar sobre las
crujientes hojas el paso ligero de su hijo que volva a referir sus
proezas. Pero el joven no apareci inmediatamente; y entonces ella lanz
su alegre voz a encontrarle entre los rboles.

--Cyrus! Cyrus!--

Aun se retardaba su aparicin; y Dorcas decidi ir personalmente a su
encuentro, ya que el disparo haba sido muy cerca al parecer. Quiz si
su ayuda era tambin necesaria para traer al campamento el venado que se
lisonjeaba haber derribado su hijo. Se adelant, de consiguiente,
enderezando sus pasos en la direccin del ya lejano disparo, y cantando
mientras avanzaba para que el mancebo pudiera advertir su llegada y
correr a su encuentro. Tras cada tronco de rbol y cada sitio que poda
servir de escondite crea descubrir el semblante de su hijo riendo con
la malicia jovial que nace de la afeccin. El sol estaba ya muy bajo en
el horizonte y la luz que atravesaba los rboles era suficientemente
indecisa para crear muchas ilusiones en su bien preparada fantasa.
Varias veces crey vagamente ver su rostro mirndola entre las hojas; y
una vez imagin que la haca seas desde la base de una escarpada roca.
Mirando este objeto con ms atencin, encontr que no era ms que el
tronco de un roble cubierto hasta el suelo de pequeas ramas, una de las
cuales, ms saliente que las otras, movase a impulsos de la brisa.
Rodeando la base de la roca, se encontr sbitamente junto a su marido
que haba llegado por otra direccin. Inclinando el can de su fusil
cuya culata descansaba en las hojas marchitas, Rubn pareca absorto en
la contemplacin de cierto objeto que yaca a sus pies.

--Qu es eso, Rubn? Derribaste al ciervo y te quedaste dormido sobre
l?--exclam Dorcas, riendo alegremente al observar a la ligera la
posicin y aspecto de su marido.

l no se movi, ni volvi los ojos hacia ella; y cierto horror fro y
siniestro, indefinible en su origen y en su objeto, comenz a apoderarse
de la sangre de Dorcas. Adverta ahora que el rostro de su marido tena
palidez mortal y que sus facciones estaban rgidas, como si fueran
incapaces de asumir otra expresin que la de la horrible desesperacin
que las petrificaba. No di el ms ligero signo de haber notado su
presencia.

--Por el amor del cielo, hblame, Rubn!--exclam Dorcas, y el eco
extrao de su propia voz la aterroriz ms an que el silencio de
muerte.

Su marido se estremeci, la mir en el rostro, condjola al frente de la
roca y seal con el dedo.

Oh! All yaca el mancebo, dormido, pero sin sueos, sobre las hojas
cadas de la selva! Descansaba la mejilla sobre el brazo; sus suaves
rizos caan echados hacia atrs sobre su frente; sus miembros estaban
ligeramente laxos. Algn sbito desfallecimiento haba acometido al
joven cazador? Despertarale la voz de su madre? Dorcas saba bien que
aquello era la muerte!

--Esta inmensa roca es la piedra tumularia de tu familia ms cercana,
Dorcas,--dijo su marido.--Tus lgrimas regarn a la vez la tumba de tu
padre y la de tu hijo.--

Ella no le oy. Con un alarido salvaje, que pareci brotar de lo ms
hondo de su alma dolorida, se desplom insensible junto al cuerpo de su
amado hijo. En el mismo instante la rama marchita en la copa del roble
se deshizo en el ambiente tranquilo y cay en ligeros y suaves
fragmentos sobre la roca, sobre las hojas, sobre Rubn, sobre su mujer y
su hijo y sobre los huesos de Rger Malvin. Entonces se conmovi el
corazn de Rubn y brotaron lgrimas de sus ojos como el agua de una
roca. El hombre abatido por la desgracia redimi la solemne promesa del
mancebo herido. Su crimen quedaba expiado; la maldicin se apartaba de
su lado; y despus de haber vertido sangre ms querida a su corazn que
la suya propia, subi a los cielos por primera vez en largos aos una
plegaria de labios de Rubn Bourne.




DWARD VERETT HALE


dward verett Hale naci en Boston, Massachusetts, el 3 de abril de
1822; muri en la misma ciudad el 10 de junio de 1909. Proceda de una
familia distinguida de patriotas y hombres importantes en
intelectualidad y en moral. Se educ en la Boston Latn School y en
Harvard University, gradundose en la universidad a la temprana edad de
diecisiete aos. Comenz su carrera enseando latn por corto tiempo,
dedicndose luego al estudio de la teologa, y ms tarde fue ministro
unitario, ejerciendo el ministerio de pastor en varias iglesias
principales de Wrcester y Boston, Massachusetts. Desde 1903 hasta 1909,
poca de su fallecimiento, fu capelln del senado nacional. Fu
abolicionista ardiente, caudillo en varios movimientos de reforma,
famoso conferenciante, anticuario, naturalista, socilogo y filntropo.
Colaboraba en muchos diarios y revistas y escribi sobre temas muy
diversos. Entre sus obras pueden mencionarse: _History of Kansas and
Nebraska_ (1854); _Ninety Days' Worth of Europe_ (1861); _A Man without
a Country_ (1861); _Puritan Politics in England and New England_ (1869);
_The Ingham Papers_ (1870); _Ten Times One Is Ten_ (1870); _His Level
Best_ (1872); _Philip Nolan's Friends_ (1876); _A New England Boyhood_
(1892); _How to Live_ (1902); _Memories of a Hundred Years_ (1902); _We,
the People_ (1903); _Foundation of the Republic_ (1907); y muchos
volmenes de sermones, libros para nios, etc.

[Illustration: DWARD VERETT HALE]




EL HOMBRE SIN PATRIA


SUPONGO que pocos lectores del _New York Herald_ del 13 de agosto de
1863 observaran por casualidad en una humilde esquina, entre las
defunciones, el anuncio siguiente:

     NOLAN: Fallecido el 11 de mayo, a bordo de la corbeta _Levant_ de
     los Estados Unidos. Lat., 2 11 S. Long., 131 O., PHLIP NOLAN.

Por mi parte lo advert, debido a la circunstancia de encontrarme
desamparado en la antigua casa de la misin en Mckinac, aguardando un
vaporcito del lago Superior que nunca se decida a llegar; y devoraba,
por consiguiente, cuanta lectura poda acaparar, hasta las defunciones y
matrimonios anunciados en el _Herald_. Tengo buena memoria para nombres
y personas, y el lector echar de ver conforme avance que tena razones
suficientes para recordar a Phlip Nolan. Muchas personas, en cambio, se
habran interesado en este anuncio, si el oficial del _Levant_ que lo
redact, hubiralo hecho en esta forma: "Falleci, mayo 11, _El hombre
sin patria_". Pues bajo el nombre de "El hombre sin patria" haba sido
generalmente conocido este pobre Phlip Nolan por todos los oficiales de
marina que le tenan bajo custodia haca cosa de cincuenta aos y, a la
verdad, por todos los marineros de la armada. Hasta podra decir que
muchos de los hombres que acostumbraban beber con l un vaso de vino una
vez a la quincena durante viajes de tres aos, nunca supieron que su
nombre era Nolan, y ni siquiera si el infeliz tena nombre alguno.

No hay ningn mal en referir la historia de este ser infortunado. Hasta
hoy ha habido razn para guardar secreto absoluto, aun cuando termin la
administracin de Mdison en 1817; secreto de honor entre los oficiales
de la armada que tenan sucesivamente bajo custodia a Nolan. Y dice muy
alto ciertamente del _esprit de corps_ de la profesin y del honor
personal de sus miembros que la historia de este hombre haya sido
totalmente desconocida a la prensa y, segn creo, a toda la nacin. Por
ciertas investigaciones hechas en los archivos navales, cuando fu
agregado al despacho de los astilleros, me inclino a pensar que los
informes oficiales a su respecto se quemaron cuando el incendio de los
edificios pblicos en Wshington. Uno de los Tcker, o quiz uno de los
Watson, estuvo a cargo de Nolan a la terminacin de la guerra; y cuando,
al regresar del viaje, present su informe en Wshington a uno de los
Crwninshield, que se encontraba entonces en el departamento de marina,
descubri que en las oficinas de estado se ignoraba por completo tal
historia. No sabra decir si era desconocida en realidad o si la
poltica adoptada consista en un "_Non mi ricordo._" Pero lo que s es
que, desde 1817 y quiz antes, ningn oficial de marina ha mencionado a
Nolan en sus informes de viaje.

Como dije antes, no existe ahora la necesidad de misterio. Y ya que ha
muerto la desgraciada criatura, parceme interesante referir un poquillo
de su historia, siquiera sea para ensear a los jvenes americanos del
da lo que significa ser _un hombre sin patria_.

Phlip Nolan era un joven oficial de los ms distinguidos en la "Legin
del Oeste," como se llamaba entonces la divisin de nuestro ejrcito
originaria del oeste. Cuando Aarn Burr realiz su primera y arrojada
expedicin a Nueva rleans en 1805,[38] encontr en el fuerte de Mssac
o en algn otro punto de la ribera, como cosa dispuesta por el diablo, a
aquel alegre, intrpido y brillante joven, en, alguna cena, imagino.
Burr le observ, convers con l, pase con l, llevle uno o dos das a
navegar en su barco y le fascin, en una palabra. Al ao siguiente la
vida de cuartel era demasiado inspida para el pobre Nolan. Hizo uso del
permiso de escribirle que le haba concedido el gran hombre. El pobre
mozo escribi una tras otra largas, floridas y pomposas cartas, y volvi
a escribir, y envi las copias, sin que jams viniera una lnea de
respuesta del fastuoso impostor. Los dems jvenes de la guarnicin se
burlaban de l porque, en su afeccin mal recompensada por un poltico,
haba sacrificado en escribirle el tiempo que ellos dedicaban al
_monongahela_,[39] al _sledge_ y al _high-low-jack_.[40] El
_bourbon_,[39] el _euchre_ y el _poker_,[40] eran aun desconocidos. Pero
un da Nolan tuvo su desquite. Aquella vez descendi Burr el ro, no
como abogado en busca de lugar adecuado para establecer sus reales, sino
como conquistador disfrazado. Haba derrotado a no s cuntos
procuradores, haba asistido a no s cuntos banquetes pblicos; su
nombre haba salido en letras de molde en no s cuntas revistas
semanales; y se rumoraba que tena un ejrcito a sus espaldas y un
imperio delante de l. El da de su llegada fu un gran da para el
pobre Nolan. No hara una hora que se encontraba Burr en el fuerte
cuando ya haba enviado a buscarle. Aquella noche pidi a Nolan que le
acompaara en su esquife para mostrarle un caaveral o un rbol de
algodn, segn deca; en realidad, para seducirle; y cuando arriaron la
vela, Nolan estaba ya alistado en cuerpo y alma. Desde entonces, aun
cuando l todava lo ignoraba, se convirti en _un hombre sin patria_.

Lo que Burr proyectaba lo s tanto como vos, querido lector. No nos
interesa, de otro lado. Solamente, cuando estall la gran catstrofe, y
Jfferson y los partidarios de la casa de Virginia[41] de aquel entonces
se propusieron enrodar a todos los Clrence posibles de la Casa de
York[42] con motivo del juicio de alta traicin en Rchmond, algunos de
los acalorados de segundo orden en aquel distante valle del Misisip,
ms alejado entonces de nosotros de lo que hoy se encuentra la sonda de
Pget, introdujeron la novedad en su escenario provincial; y para
disipar la monotona del verano en el fuerte de Adams, se dieron como
espectculo una serie de juicios militares de los oficiales. Varios
coroneles y mayores fueron enjuiciados, y para completar la lista entr
tambin Nolan contra quien existan indicios ms que suficientes, Dios
lo sabe: que estaba aburrido del servicio, que haba querido
abandonarlo, que habra obedecido gustoso la orden de marchar a
cualquier lado con todo el que quisiera seguirle, siempre que la orden
apareciera firmada: "Por mandato de Su Excelencia, A. Burr." La corte
marcial prosegua sus tareas. Pero los pjaros gordos volaban, a lo que
yo me s. La culpabilidad de Nolan qued suficientemente establecida,
como deca; sin embargo, ni vos lector ni yo hubiramos sabido nunca de
l, si no fuera porque al preguntarle el presidente del tribunal,
momentos antes de terminar si deseaba decir algo para probar su lealtad
constante a los Estados Unidos, en un frenes de rabia grit:

"Al diablo los Estados Unidos! No quisiera or hablar jams de los
Estados Unidos!"

Supongo que Nolan no imagin hasta qu punto iban a herir sus palabras
al viejo coronel Morgan que presida la corte marcial. La mitad, por lo
menos, de los oficiales presentes haba servido bajo la revolucin,
arriesgando la vida, por no decir el cuello, en obsequio a los ideales
que l zahera tan desdeosamente en su locura. Phlip Nolan, por su
parte, haba crecido en el oeste[43] de aquellos das, en medio de la
"conspiracin espaola," y la "conspiracin de rleans," y todo lo
dems. Habase educado en una colonia cuya mejor sociedad estaba formada
por uno que otro oficial espaol o algn mercader francs de rleans. Su
educacin, tal como era en la actualidad, se haba perfeccionado en sus
expediciones industriales a Veracruz, y creo que me dijo alguna vez que
su padre tom a un ingls como ayo suyo durante un invierno en la
colonia. Haba pasado la mitad de su juventud con un hermano mayor
persiguiendo caballos salvajes en Tejas; en una palabra, los "Estados
Unidos" apenas pasaban de una idea vaga para l. Sin embargo, haba
vivido a costa de los "Estados Unidos," todo el tiempo que estaba en el
ejrcito. Haba jurado, por su fe de cristiano, ser leal a los "Estados
Unidos." Los "Estados Unidos" le haban dado el uniforme que vesta y
la espada que llevaba al costado. Nada, mi pobre Nolan; solamente porque
los "Estados Unidos" os haban aceptado entre los primeros como uno de
sus leales hombres de honor, aquel "A. Burr" se preocupaba de vos un
pelo ms que de los hombres de su chata que izaban la vela de la
embarcacin.

No excuso a Nolan; explico simplemente al lector por qu enviaba al
diablo a su patria y deseaba no volver a or hablar de ella jams.

Slo volvi a or el nombre de su patria una vez despus de aquellas
palabras. Desde aquel instante, el 23 de septiembre de 1807, hasta el
da en que muri, 11 de mayo de 1863, jams oy nombrar de nuevo a los
Estados Unidos. Durante este largo medio siglo fu un hombre sin patria.

El viejo Morgan, como he dicho, sintise terriblemente ofendido. Si
Nolan hubiera comparado a George Wshington con Bnedict rnold, o
gritado "Dios guarde al rey George!" no habra quedado Morgan ms
dolorosamente impresionado. Translad la corte marcial a sus
habitaciones particulares, y volvi al cabo de quince minutos con el
rostro ms blanco que un sudario, para decir:

"Prisionero, escuchad la sentencia del tribunal! El tribunal decide,
sujeto a la aprobacin del presidente, que jams volvis a or el nombre
de los Estados Unidos."

Nolan solt una carcajada. Pero nadie le imit. El tono del viejo Morgan
haba sido demasiado solemne, y todo el cuarto qued en silencio mortal
durante un minuto. Aun Nolan perdi su fanfarronera pasado un momento.
Entonces Morgan aadi:--"Seor mariscal, llevad al prisionero a rleans
en un buque de guerra y entregadlo all al jefe naval."

El preboste di sus rdenes, y sacaron al prisionero de la sala del
tribunal.

"Seor preboste," continu el viejo Morgan, "cuidad de que nadie
mencione los Estados Unidos en presencia del prisionero. Seor preboste,
ofreced mis respetos al teniente Mtchel en rleans, y pedidle que nadie
nombre a los Estados Unidos mientras el prisionero se encuentre a bordo
del buque. Recibiris rdenes escritas del oficial de servicio esta
noche. La corte se suspende sin da determinado."

Siempre he credo que el coronel Morgan llev a Wshington los
procedimientos de la corte marcial, explicando a Jfferson lo que haba
pasado. Lo cierto es que el presidente aprob la resolucin; es decir, a
creerse a las personas que aseguran haber visto su firma. Antes de que
el _Nautilus_ diera la vuelta de Nueva rleans por la costa
septentrional del Atlntico llevando a su bordo al prisionero, la
sentencia quedaba aprobada y l era un hombre sin patria.

El plan adoptado fu ms o menos el mismo que se sigui siempre. Quiz
naci de la necesidad de enviarle por agua desde el fuerte de Adams y de
rleans. Se solicit del secretario de marina,--probablemente el primer
Crwninshield, aun cuando no estoy seguro de la persona,--que pusiera a
Nolan a bordo de algn buque del gobierno aparejado para larga
travesa, ordenando que se le confinara de tal suerte que jams volviese
a or hablar de su patria ni a volverla a ver. Pocas travesas largas se
realizaban en aquel tiempo, y la marina no gozaba de gran favor; de
manera que, siendo casi todo tradicin en esta historia, como ya lo he
explicado, no podra decir con certidumbre cul fu su primer viaje.
Pero el capitn a quien fu entregado Nolan--probablemente Tngey o
Shaw, aunque tambin pudo ser alguno de los jvenes de aquel tiempo que,
como yo, son viejos en la actualidad--el capitn, deca, regul la forma
y las precauciones necesarias para el caso, las mismas que, de acuerdo
con aquel programa, se llevaron a cabo hasta la muerte del prisionero.

Treinta aos despus, cuando era yo oficial segundo del _Intrepid_, vi
el pliego original que contena las instrucciones. Siempre he lamentado
no haber sacado entonces copia exacta de este papel. Deca, sin embargo,
ms o menos lo siguiente:

_Wshington_ (y la fecha,
que debe haber sido a
fines del 1807).

     SEOR: El teniente Neale os entregar la persona de Phlip Nolan,
     ex teniente en el ejrcito de los Estados Unidos.

     En el transcurso de su juicio por la corte marcial, manifest dicha
     persona, acompaado de un voto, el deseo de _no volver a or hablar
     jams de los Estados Unidos_.

     La sentencia del tribunal fu que este deseo quedara satisfecho.

     Por ahora ha confiado el presidente la ejecucin de la sentencia a
     este departamento.

     Tomaris al prisionero a bordo de vuestro buque, y le guardaris
     con toda clase de precauciones para impedir su fuga.

     Le procuraris alojamiento, mesa y vestidos en relacin con el
     grado de oficial que haba alcanzado en el ejrcito, como si fuera
     a bordo un pasajero por asuntos del gobierno.

     Los caballeros pueden hacer a bordo cualquier arreglo que juzguen
     conveniente con respecto a su sociedad. No debe exponrsele a
     ninguna falta de cortesa, ni es necesario recordarle que se
     encuentra prisionero.

     Pero bajo ningn concepto oir hablar de su patria ni leer la
     menor noticia concerniente a los Estados Unidos; y recomendaris
     especialmente a los oficiales a vuestras rdenes que, en las
     diversas concesiones que dicha persona pueda obtener, cuiden de que
     se mantenga esta regla que envuelve su expiacin.

     La intencin del gobierno es que jams vuelva a ver el pas de que
     ha renegado. Antes de la terminacin de vuestro viaje, recibiris
     rdenes acerca de la forma en que esto debe verificarse.

Respetuosamente,
_Por el Departamento de Marina_,
W. SUTHARD.



Si hubiera conservado yo en la memoria esta orden completa, no habra
solucin de continuidad al principio de mi historia. Por lo que respecta
al capitn Shaw, siempre que fuera l, pas la orden a su sucesor en el
puesto, y ste, a su vez, al que le sigui; y supongo que el capitn del
_Levant_ la conserva hasta hoy como documento para probar su derecho de
conservar a aquel hombre bajo su indulgente custodia.

La regla adoptada a bordo del buque en el cual conoc al "hombre sin
patria" era la misma que se haba observado desde el principio, segn
creo. En ninguna mesa agradaba tenerle de continuo, porque su presencia
cortaba toda conversacin sobre la patria o el regreso futuro, sobre
poltica y literatura, paz o guerra; suprimiendo, en fin, ms de la
mitad de los temas que agrada tratar a los hombres durante una
navegacin. Pero se crey siempre demasiado duro que le estuviera vedado
reunirse siquiera alguna vez con nosotros ms all de un simple saludo;
y adoptamos, por ltimo, cierto sistema definido. No se le permita
conversar con los tripulantes a menos que hubiese algn oficial de por
medio. Con los oficiales no exista restriccin, naturalmente, hasta
donde l y los otros quisieran extenderlo. Pero l se volva ms y ms
tmido, aunque tena sus favoritos: yo era uno de ellos. Entonces el
capitn le invit a su mesa todos los lunes, y cada mesa le tom un da
por turno. Segn las proporciones del barco, cada uno le tena a su mesa
con mayor o menor frecuencia. Tomaba el almuerzo en su camarote--siempre
tena su camarote particular--donde haba un centinela o alguien de
guardia para vigilar la puerta. Y todo lo dems que coma o beba, lo
tomaba solo. En ciertas ocasiones, cuando los marinos o la tripulacin
tenan algn da de fiesta, se les permita invitar a "_Plain Buttons_"
(Botones llanos), como le llamaban. Entonces enviaban a Nolan con algn
oficial, y mientras se encontraba con ellos, tenan los hombres
prohibicin de hablar de la patria. Tengo para m que el espectculo de
su castigo era moralizador. Llambanle "Plain Buttons," porque aun
cuando l prefera vestir el uniforme regular del ejrcito, no se le
permita usar los botones que llevaban las iniciales o la insignia del
pas que haba desconocido.

Recuerdo que poco tiempo despus de haberme agregado a la marina, me
encontraba una vez en tierra con algunos de los oficiales ms antiguos
de nuestro buque, y los del _Brandywine_ con quienes nos reunimos en
Alejandra. Tenamos licencia para hacer una excursin al Cairo y a las
Pirmides. Mientras nos zangolotebamos a lomo de burro en aquella
direccin, algunos de estos caballeros (los jvenes les llambamos
"Dons" entonces, pero la frase cambi hace largo tiempo) comenzaron a
hablar de Nolan, y uno de ellos manifest el sistema que se segua con
respecto a sus libros y a sus lecturas. Como casi nunca se le permita
desembarcar aunque el buque estuviera fondeado en el puerto largos
meses, el tiempo se le haca pesado con frecuencia, y cualquiera estaba
autorizado para prestarle libros siempre que no fueran publicados en
Amrica, ni hicieran mencin de este pas. Esta clase de libros era muy
comn en aquel tiempo, en que la gente del otro hemisferio se preocupaba
de los Estados Unidos tanto como nosotros del Paraguay. Reciba as,
pronto o tarde, todos los peridicos extranjeros que llegaban al buque;
solamente que alguien los revisaba primero y recortaba cualquier aviso o
captulo en que se aludiera por incidencia a la Amrica del Norte. Esto
resultaba un poco cruel a veces, cuando lo escrito detrs de lo cortado
era tan inocente como el Hesiodo. En la mitad de alguna relacin sobre
las batallas napolenicas, por ejemplo, o de cierto discurso de Cnning,
encontraba de repente el pobre Nolan un gran vaco porque a la vuelta de
la pgina vena el aviso de algn paquebote para Nueva York, o cualquier
trozo insignificante del mensaje del presidente. Aqulla fu la primera
vez, digo, que llegaba a mi conocimiento algo de este sistema, con el
cual tanto y tanto tuve que hacer despus. Lo recuerdo, porque apenas se
hizo alusin a las lecturas, el pobre Phillips, que era de la partida,
nos refiri algo acontecido a Nolan en su primer viaje al cabo de Buena
Esperanza; siendo esto todo lo que alcanc a saber de tal viaje. Haban
tocado en el cabo, y despus de cumplir los deberes de cortesa con el
almirantazgo y la marina ingleses, se preparaban a partir para una larga
travesa en el ocano ndico. En previsin del pesado viaje, Phillips
consigui que un oficial le prestara una coleccin de libros ingleses,
lo cual entonces como en nuestros tiempos significaba una suerte
inesperada. Entre ellos, como si el diablo lo hubiese preparado,
contbase _The Lay of the Last Minstrel_ (El canto del ltimo trovador),
poema del cual ms o menos todos haban odo hablar, pero que ninguno
conoca a fondo. Creo que no hara mucho que se haba publicado. Bien;
nadie pens que hubiera riesgo de encontrar all nada nacional, aunque
Phillips juraba que el viejo Shaw haba arrancado la _Tempestad_ de
Shkespeare antes de drsela a Nolan porque deca, "las islas de Bermuda
deben ser nuestras y, por Jpiter, algn da lo sern." As, permitise
a Nolan que se reuniera a la compaa cierta tarde en que un grupo
fumaba y lea en voz alta en el puente. Ahora no se hace esto a menudo,
pero cuando yo era joven matbamos as el tiempo con mucha frecuencia.
Bien; sucedi que lleg el turno a Nolan de leer para los dems; y lea
muy bien, por lo que me s. Ninguno de los presentes conoca una palabra
del poema; solamente que trataba de magia y caballera, y que pasaba
haca diez mil aos. El pobre Nolan ley de seguido el canto quinto,
detvose un minuto, bebi un trago, y comenz de nuevo, sin la menor
idea de lo que vena a continuacin:

    All vive un hombre tan desgraciado, que nunca a s mismo pudo decir,

Parece imposible que ninguno de nosotros hubiera odo antes aquel poema;
pero as era, y el pobre Nolan prosigui, inconsciente o mecnicamente:

    sta es mi patria, mi pas natal!

Entonces todos advirtieron que algo doloroso se acercaba; mas Nolan,
esperando pasar pronto, supongo, empalideci un poco, pero sigui
adelante:

    "Cuyo corazn jams ardi dentro del pecho,
     tras largos aos en ajenas tierras,
     al enderezar sus pasos al hogar?...
     Si all vive ese hombre, id, miradle bien...."

En este momento todos deseaban en sus adentros que hubiera forma de
saltar dos pginas del poema; pero Nolan no tuvo presencia de nimo para
esto; tartamude un poco, volvise color de escarlata y balbuce:

    Para l no entona el ministril sus trovas;
      a pesar de sus ttulos, su nombre famoso,
    riquezas sin nmero, cuanto el deseo puede forjar,
      aquel infeliz, dentro de s concentrado....

Y aqu se ahog el desgraciado; no pudo continuar; y levantndose
precipitadamente, arroj el libro al mar, desapareci en su camarote, "y
por Jpiter!" deca Phillips, "no le vimos ms por espacio de dos
meses. Y yo tuve que inventar una triste historia para explicar al
cirujano ingls por qu me era imposible devolverle su Wlter Scott."

Esta ancdota revela ms o menos el tiempo en que la fanfarronera de
Nolan se haba venido abajo. Al principio, decan, era altanero,
consideraba una farsa su prisin, afectaba gozar con el viaje, y as en
lo dems; pero, dice Phillips, que cuando volvi a salir de su camarote
no era ya el mismo hombre. Jams ley en voz alta otra vez, a menos que
fuera la Biblia o algo de Shkespeare o cualquiera otra cosa de que
estuviese muy seguro. Pero no fu esto solamente. Jams volvi a mostrar
con los jvenes el compaerismo de otros tiempos. Siempre era tmido
despus cuando yo le conoc, hablaba rara vez y slo para contestar,
excepto con unos pocos amigos. Entusiasmbase en contadas
ocasiones--recuerdo haberle odo expresarse con bella elocuencia en los
ltimos aos de su vida, sobre tema inspirado en uno de los sermones de
Flchier--pero generalmente tena el aspecto fatigado y nervioso de un
hombre herido en el corazn.

Cuando efectuaba su viaje de regreso el capitn Shaw, siempre que fuera
Shaw, como he supuesto, abord con sorpresa general a una de las islas
Windward o Antillas menores, permaneciendo all casi una semana. Los
marineros decan que los oficiales estaban hartos de carne salada y
queran probar sopa de tortuga antes de regresar a la patria. Mas
despus de algunos das lleg el _Warren_ al mismo fondeadero; cambiaron
seales; enviaron cartas y documentos a Phillips y a todos aquellos
hombres que estaban de retorno al hogar, y dijeron que el _Warren_
zarpaba para el extranjero, quizs hasta el Mediterrneo, y que tomaba a
bordo al pobre Nolan y sus petates para la segunda travesa. l
empalideci profundamente cuando recibi la orden de alistarse para el
transbordo. Saba bastante de astronoma para comprender que hasta aquel
momento seguan rumbo a "la patria." Esto era prueba evidente de algo en
que no haba pensado, de que quiz nunca regresara a su pas, ni
siquiera para estar en prisin. Y fu ste el primero de los veinte o
ms transbordos, que le llevaron a habitar pronto o tarde, ms de la
mitad de nuestros mejores buques; mantenindole durante su vida entera a
cien millas de distancia ms o menos de la patria de la cual manifest
una vez el deseo de no volver a or hablar.

Quiz s fu durante esta segunda travesa--pues que ello aconteci en
el Mediterrneo--cuando tuvo ocasin de bailar con Mrs. Graff, famosa
belleza del sur en aquella poca. Haban estado fondeados largo tiempo
en la baha de Npoles donde los oficiales intimaron mucho con la marina
inglesa que les ofreci grandes fiestas; por lo cual pensaron nuestros
hombres corresponder las atenciones dando un suntuoso baile a bordo del
buque. Cmo pudo realizarse esto a bordo del _Warren_, no sabra
decirlo. Tal vez no era el _Warren_, o tal vez las damas de aquel tiempo
no necesitaban tanto espacio como las de hoy. Precisaba a los oficiales
disponer con algn fin del camarote de Nolan, y les disgustaba pedrselo
sin invitarle para el baile; de manera que el capitn autoriz la
invitacin, siempre que ellos aceptaran la responsabilidad de evitar que
conversara con personas inconvenientes "que pudieran darle noticias."
As, el baile se verific, siendo la fiesta ms hermosa de la temporada,
me atrevo a decir; pues jams he sabido que no lo fueran los saraos de
la gente de guerra. Entre las damas contbase la familia del cnsul de
los Estados Unidos, una o dos viajeras que se haban aventurado hasta
all y un lindo grupo de seoritas y seoras inglesas, quiz si hasta la
misma Lady Hmilton.

Bien; diferentes oficiales se turnaban conversando amistosamente con
Nolan en forma de evitar que otra persona le hablase. La fiesta
transcurra alegremente; y despus de las primeras horas los mismos
camaradas que montaban la guardia honoraria con Nolan dejaron de temer
que ocurriera ningn contratiempo. Solamente cuando una dama inglesa,
quiz Lady Hmilton como dije antes, pidi "las danzas americanas de
figuras," sucedi algo muy original. Todos bailaban contradanzas en
aquella poca. La banda negra, muy entusiasta, convino en lo que seran
"las danzas americanas de figuras," y se abri con _Virginia Reel_,
continuando con _Money-Musk_, al cual deba seguir _The Old Thirteen_
segn el orden cronolgico. Mas, precisamente en el momento en que Dick,
el director de orquesta, golpeaba la batuta para que comenzaran los
violines, y se inclinaba hacia adelante para decir con todo el
ceremonial negro: "_The Old Thirteen_, seoras y caballeros!" como
haba dicho, "_Virginny Reel_, si gustis!" y "_Money-Musk_, si
gustis!" el asistente del capitn le toc en el hombro, y murmur algo
en su odo que le impidi anunciar el nombre de la danza; se inclin
simplemente, comenz el aire, y todos le siguieron; enseando los
oficiales las figuras a las jvenes inglesas sin decirlas por qu la
danza no tena nombre.

Mas no era sta la historia que iba yo a referir. En tanto que se
deslizaba la fiesta, Nolan y los camaradas haban recobrado su aplomo,
como digo, a tal punto que pareci enteramente natural que, inclinndose
ante la arrogante Mrs. Graff, dijera el primero:

--Espero que no me habris olvidado, Miss Rtledge. Puedo aspirar al
honor de teneros por pareja?--

Hizo esto tan impensadamente que Shbrick, que estaba a su lado, no pudo
impedrselo. Ella ri y dijo:

--Ya no puedo llamarme Miss Rtledge, Mr. Nolan; pero bailar con vos lo
mismo que si lo fuera;--e hizo una sea con la cabeza a Shbrick como
diciendo que le confiara a Nolan, a quien condujo al lugar donde se
formaba la cuadrilla.

Nolan pens que al fin le llegaba su vez. Haba conocido a la dama en
Filadelfia y se haba encontrado con ella en otras partes, y pens que
era una enviada de Dios. No es fcil conversar en contradanzas como se
hace en el cotilln y aun en los intervalos del vals; pero all haba
oportunidad para la voz y los sonidos lo mismo que para las miradas y
los sonrojos. Comenz hablando de sus viajes y de Europa y el Vesubio y
los franceses; y luego, cuando terminaron la figura, y tenan bastante
tiempo de conversar mientras los dems desempeaban su turno, dijo l
con intrepidez, aunque algo plido, afirmaba ella cuando me refiri la
ancdota aos despus:

--Y qu habis sabido de la patria, Mrs. Graff?--

Entonces la arrogante criatura le mir con ojos penetrantes. Jpiter!
Qu mirada ms penetrante debi lanzarle!

--La patria?? Mr. Nolan!!! Yo crea que erais vos el hombre que no
deseaba volver jams a or hablar de su patria--y subi inmediatamente
al puente en busca de su marido, dejando al pobre Nolan solo, como
estaba de ordinario. Nunca volvi l a bailar.

No podra referir una historia ordenada de su vida: nadie sera capaz de
hacerlo ahora; y a la verdad, tampoco trato yo de hacerlo. sta es la
tradicin que he arreglado, porque es lo que creo entre las fbulas que
han circulado acerca de este hombre durante cuarenta aos. Las mentiras
que se cuentan de l son innumerables. La gente acostumbraba decir que
era el "hombre de la mscara de hierro;" y el pobre George Pons fu a la
tumba con el convencimiento de que era el autor de "Junius," castigado
por su famoso libelo contra Thomas Jfferson. Pons no era muy fuerte en
materia de historia.

Ancdota ms feliz que todas las que he referido, es la que se refiere a
la guerra. Esto sucedi poco despus. He odo contar la historia en tres
o cuatro formas diferentes, y quiz haya pasado ms de una vez. Pero no
sabra decir en cul de los buques tuvo lugar. Sin embargo, en uno de
los grandes duelos de fragata con los ingleses, en los cuales recibi
realmente el bautismo de fuego nuestra armada, aconteci que un
proyectil redondo del enemigo cogi de lleno una de nuestras bateras,
llevndose al oficial y a casi todos los hombres de artillera. Podis
decir cuanto queris acerca del valor; pero seguramente no era
espectculo muy agradable aqul. Mientras los hombres que estaban
solamente heridos trataban de levantarse, y los sanos ayudaban a los
asistentes del cirujano a retirar los cuerpos, apareci Nolan en mangas
de camisa, con la baqueta de un fusil en la mano; y, como si hubiera
sido el oficial de mando, expres con autoridad quines deban ir al
sollado con los heridos y quines deban permanecer con l;
completamente tranquilo y con aquel aire de seguridad que hace sentir a
los dems que todo marcha perfectamente. Carg en seguida el can con
sus propias manos, apunt y di la orden de fuego. Permaneci all,
capitn de aquella batera, levantando el espritu de sus hombres hasta
la destruccin del enemigo; sentado en la curea mientras el can se
enfriaba, aunque estaba expuesto en todo instante; explicando la manera
ms sencilla de preparar las descargas pesadas; haciendo que los
inexpertos rieran de sus propias chambonadas; y cuando el can estaba
fro, cargndolo de nuevo y disparando con rapidez dos veces mayor que
cualquiera otra batera del buque. El capitn rondaba para alentar a sus
hombres, y Nolan, tocando su sombrero, dijo:

--Estoy aqu ensendoles cmo hacemos esto en la artillera, seor.--

Y en esta parte de la historia concuerdan todas las leyendas; que el
comodoro dijo:

--Ya lo veo y os lo agradezco, seor; y nunca olvidar este da, seor,
ni vos tampoco lo olvidaris.--

Y despus que todo hubo pasado y que recibi la espada del ingls, en
medio del fausto y ceremonia del alczar, el comodoro exclam:

--Dnde est Mr. Nolan? Decid al seor Nolan que venga ac.--

Y cuando vino Nolan, dijo el capitn:

--Mr. Nolan, todos tenemos mucho que agradeceros hoy; hoy sois uno de
los nuestros; seris nombrado en el parte oficial de la batalla.--

Y entonces el anciano, descindose su propia espada de ceremonia, la
di a Nolan e hizo que ste la ciera. El hombre que me lo cont fu
testigo ocular de la escena. Nolan lloraba como un nio y tena, en
verdad, razn de hacerlo. No haba ceido espada desde aquel infernal
da en el fuerte de Adams. Pero despus, en ocasiones de ceremonial,
llevaba siempre aquella antigua espada francesa, primorosamente
cincelada, del viejo comodoro.

El capitn le mencion en el parte oficial. Siempre se ha dicho que
pidi entonces la gracia de Nolan. Escribi una carta particular al
secretario de guerra; pero nada result. Como he dicho antes, suceda
esto cuando comenzaba a ignorarse en Wshington todo el asunto y cuando
la prisin de Nolan continuaba simplemente porque nadie haba capaz de
ordenar que se suspendiera sin nuevas rdenes del gobierno. He odo
decir que estuvo con Prter cuando tom posesin de las islas de
Nukahiwa. No este Prter, comprendis, sino el viejo Prter, su padre,
ssex Prter; quiero decir, el viejo ssex, no el ssex de nuestros
das. Como oficial de artillera que haba servido en el oeste, Nolan
saba ms que todos ellos de fortificaciones, troneras, revellines,
empalizadas y todo lo dems; y trabaj con la mejor voluntad para fijar
convenientemente la batera. He pensado siempre que fu una lstima que
Prter no le dejara el mando en unin de Gamble. Esto habra arreglado
el asunto con respecto a su castigo. Habramos conservado las islas y
tendramos ahora un puerto en el ocano Pacfico. Y cuando nuestros
amigos los franceses pretendieron esta pequea baha, habran encontrado
que se hallaba ya ocupada de antemano. Pero Mdison y sus partidarios
los virginianos descartaron por completo esta posibilidad.

Todo esto suceda hace cincuenta aos. Si Nolan tena treinta entonces,
debi contar cerca de ochenta a su fallecimiento. Pareca un hombre de
sesenta cuando solamente contaba cuarenta. Pero despus de aquella poca
me parece que no cambi una lnea su fisonoma. Segn imagino yo su
vida, por lo que he sabido, debe haber recorrido todos los mares sin
desembarcar casi nunca. Debe haber conocido mejor que nadie a todos los
jefes de nuestro servicio naval. Me dijo una vez, con grave sonrisa, que
ningn hombre llevaba vida tan metdica como la suya.--Sabris que la
gente me llama el "hombre de la mscara de hierro," y no ignoris cun
ocupado viva este personaje.--Acostumbraba decir que no aconsejara a
nadie leer continuamente, como no es posible dedicarse de continuo a
ninguna ocupacin; pero que l lea precisamente cinco horas
diarias.--"Luego," aada,--pongo al da mis anotaciones, escribiendo a
determinadas horas los comentarios sobre mis lecturas e incluyendo en
ellas mi coleccin de recortes.--Esta coleccin era muy interesante a
la verdad. Tena seis u ocho libros sobre temas diferentes. Uno de
historia, otro de ciencias naturales y otro que l llamaba
"Miscelneas." Mas no eran simplemente colecciones de recortes de
peridicos. Haba adems ejemplares de plantas y gramneas, conchas
cerradas y trozos cincelados de huesos y madera que l mismo haba
enseado a labrar a los marineros y que figuraban hermosamente como
ilustraciones en su coleccin. Dibujaba admirablemente. Tena algunos
cuadros sumamente divertidos y otros de lo ms patticos que he visto en
mi vida. Quisiera saber quin conserva las colecciones de Nolan.

Bien; acostumbraba decir que sus lecturas y apuntes constituan
su profesin, y les dedicaba cinco y dos horas diarias,
respectivamente.--Luego,--prosegua,--todo hombre necesita alguna
distraccin tanto como una profesin. La historia natural es mi
distraccin.--Esto le tomaba dos horas ms todos los das. Los marineros
acostumbraban traerle pjaros y peces; pero en las largas travesas
tena que conformarse con ciempis, cucarachas y otros menudos
ejemplares de este estilo. Era el nico naturalista que he conocido que
hubiera observado algo de las costumbres de la mosca casera y del
mosquito. Todos os dirn si son lepidpteros o estrepsteros; pero en
cuanto a la manera de librarse de ellos o a la forma en que estos bichos
escapan cuando se les golpea, vamos! Linneus saba tanto acerca de esto
como el idiota John Foy. Estas nueve horas formaban la "ocupacin"
diaria y regular de Nolan. El resto del tiempo conversaba o paseaba.
Hasta que envejeci, suba a cubierta con frecuencia. Hacia siempre
bastante ejercicio, y nunca supe que hubiera estado enfermo. Si alguna
otra persona experimentaba algn malestar en el buque, convertase en el
enfermero ms atento y afectuoso y saba ms que muchos cirujanos. As,
siempre que alguien estaba enfermo o mora a bordo, o siempre que el
capitn requiriese sus servicios en estos casos, Nolan estaba dispuesto
a recitar las oraciones. He dicho que lea admirablemente.

Mis relaciones con Phlip Nolan comenzaron seis u ocho aos despus de
la guerra con Inglaterra, en ocasin de mi primer viaje cuando fu
nombrado guardia marina. Eran los primeros tiempos del tratado sobre el
mercado de esclavos, cuando la casa reinante que era an la casa de
Virginia,[44] experimentaba cierto sentimentalismo provocado por los
horrores del trfico de esclavos, e hizo algo entonces en favor de su
supresin. Nos encontrbamos por este motivo al sur del Atlntico.[45]
Por el tiempo en que yo me agregu al buque, crea que Nolan era una
especie de clrigo secular, un clrigo de levita azul. Nunca pregunt
nada acerca de l. Todo en el barco me resultaba extrao. Yo saba que
era de novatos el preguntar y se me figura que pens que deba haber un
"Plain Buttons" en todas las naves. Le tenamos a comer en nuestra mesa
una vez por semana, y se nos recomendaba que aquel da no hablramos una
sola palabra acerca de la patria. Pero si nos hubieran dicho que no
debamos hablar del planeta Marte o del Deuteronomio, tampoco habra
preguntado la causa. Tan desprovistas de razn como sta haba muchas
otras cosas, a mi entender. Llegu a comprender algo por primera vez
acerca del _hombre sin patria_ en cierta ocasin en que dimos caza a una
srdida goleta que llevaba esclavos a bordo. Enviaron un oficial al
abordaje, y pasados algunos minutos, regres el bote pidiendo que se
enviara a alguien que hablara portugus. Mirbamos todos desde la
barandilla cuando lleg el mensaje, y cada uno deseaba poder adivinarlo,
cuando pregunt el capitn si alguno de nosotros saba hablar portugus.
Pero ninguno de los oficiales conoca este idioma; y en momentos en que
el capitn trataba de averiguar si alguien de la tripulacin era capaz
de hacerlo, se adelant Nolan y dijo que, si el capitn lo deseaba,
poda servir de intrprete puesto que conoca el portugus. El capitn
le di las gracias, hizo preparar otro bote para l, y all tuve la
suerte de acompaarle. Cuando abordamos la goleta, se present a nuestra
vista una escena que rara vez es posible contemplar y que, por otra
parte, nunca se experimentara tampoco el deseo de hacerlo. La suciedad
y la confusin ms espantosas reinaban sobre cubierta. No haba muchos
negros; mas con el objeto de que comprendieran que se hallaban libres,
habales hecho quitar Vaughan los grillos y esposas que llevaban, los
cuales en obsequio a la ocasin se colocaron a los bribones que
componan la tripulacin de la goleta. Los negros, libres ahora en su
mayor parte, hormigueaban en el sucio puente, amontonndose en torno de
Vaughan, a quien se dirigan en todos los dialectos imaginables, y en el
_patois_ de cada dialecto, desde las modulaciones zules hasta el
dialecto de _Beled-el-jerid_.

Cuando llegamos al puente, Vaughan miraba desde lo alto de un gran
barril donde se haba encaramado en su desesperacin, y exclamaba:--Por
el amor de Dios! Hay alguien que pueda hacer entender algo a estos
infelices? La gente les ha dado ron, pero eso no los ha aquietado. He
aporreado dos veces a ese grandulln, pero tampoco ha servido de nada.
Luego, les habl en choctaw; pero que me cuelguen si entendieron esto
mejor que el ingls!--

Nolan dijo que poda hablar portugus, y entonces hicieron salir de las
filas a dos hermosos africanos de la tribu de Kroo, que segn se haba
puesto en limpio anteriormente, trabajaron alguna vez con colonos
portugueses en la costa de Fernando Po.

--Explicadles que estn libres,--dijo Vaughan;--y que estos bribones
sern ahorcados tan pronto como tengamos cuerda suficiente para todos
ellos.--

Nolan "dijo esto en espaol;" es decir, lo explic en portugus
inteligible para los negros de Kroo, quienes a su vez lo transmitieron a
los dems negros en idioma que todos fueran capaces de comprender. Hubo
entonces un grito salvaje de delectacin, un apretar los puos y saltar
y danzar y besar los pies de Nolan; y un precipitarse general hacia el
barril en adoracin espontnea a Vaughan, el _deus ex machina_ de la
ocasin.

--Decidles,--continu Vaughan, muy complacido,--que los llevar a todos
al Cabo de Palmas.--

Esto no hizo ya tan buen efecto. El Cabo de Palmas estaba realmente tan
alejado de su patria como Nueva rleans o Ro de Janeiro, lo cual
significaba que quedaran all eternamente separados de su hogar. Y como
comprenderis, los intrpretes dijeron inmediatamente,--Ah, Palmas
no!--y comenzaron a proponer multitud de expedientes diversos con la
mayor volubilidad. Vaughan pareca decepcionado por el resultado de su
magnanimidad, y pregunt seriamente a Nolan lo que decan. Gotas de
sudor perlaban en la plida frente del pobre Nolan cuando hizo callar a
los hombres y repiti:

--Dicen que a Palmas no. Dicen que se les lleve a su patria, a su propia
tierra, a su propia casa; que se les lleve adonde estn sus propios
chiquillos y sus propias mujeres. Dice uno que tiene padre y madre
ancianos que morirn si no le ven. Y este otro dice que dej a todos
enfermos en su casa, y que remaba con direccin a Fernando para rogar al
mdico blanco que les socorriese, cuando estos demonios le cogieron en
la baha justamente enfrente de su hogar, y que desde entonces no ha
vuelto a ver a nadie de su familia. Y este otro dice,--se atragant
Nolan,--que no ha sabido una sola palabra de su tierra durante seis
meses que ha pasado encerrado en una barraca infernal.--

Vaughan deca despus que se senta envejecer mientras Nolan bregaba
para dar la traduccin. Yo mismo, que no comprenda todo el alcance de
aquello, poda observar que hasta los elementos parecan fundirse a
algn ardiente calor, y que alguien sufra los resultados. Hasta los
negros dejaron de aullar al ver la agona de Nolan y la agona de
Vaughan, casi tan intensa por simpata. Tan pronto como ste pudo
encontrar palabras exclam:

--Decidles que s, que s, que s! Decidles que irn a las montaas de
la luna, si lo desean. Si yo oriento el rumbo a travs del gran
desierto blanco, ellos volvern a su hogar!--

Y despus de algn esfuerzo, Nolan lo repiti. Entonces se lanzaron
todos a besarle otra vez, y queran que frotara su nariz contra las
suyas.

Pero Nolan no pudo soportar ms tiempo; y, logrando que Vaughan le diera
autorizacin para regresar, me arrastr hacia el bote. Cuando estuvimos
instalados a popa y los hombres comenzaron a remar, me dijo:

--Joven, que esto os ensee lo que es estar sin familia, sin hogar y
sin patria! Y si alguna vez os sents tentado a decir una palabra o a
hacer algo que pueda levantar una barrera entre vos y vuestra familia,
vuestro hogar y vuestra patria, pedid a Dios la gracia de que en aquel
mismo instante os lleve a su propia casa, el cielo! Unos estrechamente
a vuestra familia, joven; olvidaos a vos mismo cuando laboris para
ella. Pensad en vuestro hogar, joven; escribid, enviad mensajes, hablad
de los vuestros. Conservad vuestro hogar ms cerca de vuestro corazn
mientras ms lejos os encontris; y apresuraos a volver en cuanto estis
libre, como lo hacen ahora estos infelices esclavos. Y con respecto a
vuestra patria, joven,--y las palabras se ahogaban en su garganta,--y
por esta bandera,--y sealaba a la del barco,--nunca tengis otro anhelo
que servirla como ella lo exige, aunque el servicio os procure mil
infiernos. Cualquiera cosa que os suceda, quienquiera que os lisonjee o
que os seduzca, nunca miris otra bandera, nunca pasis una noche sin
rogar a Dios que bendiga este emblema. Recordad, joven, que detrs de
todos aquellos hombres con quienes tratis, detrs de los oficiales y
del gobierno, y aun del pueblo, existe la Patria misma, vuestra patria,
y que le pertenecis como pertenecis a vuestra madre! Defendedla
siempre, joven, como defenderais a vuestra madre, si estos demonios se
hubieran hoy apoderado de ella!--

Yo estaba mortalmente aterrorizado por su calma cargada de pasin; mas,
casi sin darme cuenta, protest por lo ms sagrado que as lo hara y
que jams haba pensado en hacer lo contrario. Apenas pareca orme;
pero as era, sin embargo, porque casi en un murmullo profiri:--Oh!
si alguien me hubiera hablado as cuando tena vuestra edad!--

Creo que esta confidencia a medias, de la cual jams abus, siendo sta
la primera vez que hago referencia a ella, fu lo que nos hizo despus
tan buenos amigos. l se manifestaba siempre muy bondadoso para conmigo.
Sentbase a menudo a mi lado, y aun se levantaba muchas veces por la
noche para pasear conmigo en el puente cuando me tocaba la guardia. Me
ense muchsimo de matemticas, y a l debo mi aficin por esta
ciencia. Prestbame libros y me ayudaba a comprenderlos. Jams aludi
otra vez directamente a su historia; pero durante treinta aos supe por
diversos oficiales todo lo que voy refiriendo. Cuando terminada nuestra
travesa, nos separamos en el puerto de Santo Toms, estaba yo ms
triste de lo que podra expresar. Tuve el placer de encontrarle otra vez
en 1830; y ms tarde, cuando cre tener alguna influencia en Wshington,
remov cielo y tierra para obtener su gracia. Pero, fuera de su prisin,
se haba convertido en una especie de fantasma. Pretendan que no
exista tal individuo, que jams haba existido. Probablemente dirn lo
mismo ahora en el departamento de marina! Quiz si lo ignoran en
realidad. No sera el primer asunto del servicio que parece ignorar el
departamento del ramo!

Se cuenta que Nolan encontr una vez a Burr en uno de nuestros buques,
cuando una partida de norteamericanos vino a bordo en el Mediterrneo.
Pero creo que esto es falso; o ms bien una fbula _ben trovata_ acerca
del tremebundo golpe que asest a Burr preguntndole si le agradaba
mucho encontrarse "sin patria." A juzgar por la vida de Burr, nada de
esto puede haber sucedido, por supuesto; y lo menciono nicamente como
ilustracin de las innumerables historias que circulan cuando existe un
pequeo misterio en el fondo.

As vi cumplido su deseo el infeliz Nolan. Slo considero suerte ms
horrible que la suya, la de aquellos hombres que tienen un da para
abandonar su patria por el destierro en castigo de haber intentado su
ruina, y pueden comprobar al mismo tiempo la prosperidad que alcanza
despus de verse depurada de ellos y de sus iniquidades. El deseo del
pobre Nolan, como todos aprendimos a llamarle, no porque su expiacin
fuera demasiado grande sino porque su arrepentimiento era tan visible,
fu sin duda el mismo de los Bragg y Beuregard, que faltaron a su
juramento de soldados hace dos aos, y el de los Maury y Barrn, que
faltaron al suyo de marinos. No s si ellos se habrn arrepentido a
menudo. S que hicieron todo lo posible para destruir la patria; para
convertir en tomos y arrojar a los vientos todos los honores, vnculos,
recuerdos y esperanzas que constituyen la patria. S tambin que
mientras vegetan por todo el resto de su vida en sitios miserables, como
Boulogne y Licester Square, dedicados a vituperarse mutuamente hasta la
muerte, su expiacin tendr la misma punzante agona que la de Nolan,
agregada al tormento de que todo aquel que les conozca podr verles
despreciados y execrados. Habrn satisfecho su deseo, lo mismo que
Nolan!

En cuanto a ste, infeliz! se arrepinti de su locura y se someti
valerosamente a la suerte que haba invocado. Nunca agrav
intencionalmente la dificultad o delicadeza de la misin de quienes le
tenan bajo custodia. Sucedieron algunos incidentes; mas nunca fueron
provocados por su culpa. El teniente Truxton me refera que cuando la
anexin de Tejas hubo acalorada discusin entre los oficiales acerca de
la conveniencia de arrancar este estado de la hermosa coleccin de mapas
que tena Nolan; del mapa universal y del mapa de Mjico, conforme
arrancaron el de los Estados Unidos cuando compraron un atlas para l.
Pero se decidi, con bastante buen criterio, que hacerlo as sera
revelarle virtualmente lo que haba sucedido, o como deca Harry Cole,
hacerle pensar que el viejo Burr haba llegado a triunfar al fin. As,
no fu culpa de Nolan que tuviera lugar un gran contratiempo en mi
propia mesa, cuando me encontr por pocos meses al mando de la corbeta
_George Washington_ en un viaje a la Amrica del Sur. Estbamos anclados
en la baha de La Plata, y algunos de los oficiales que desembarcaron y
volvan justamente a bordo nos entretenan con la relacin de sus
malaventuras montando los caballos bravios de Buenos Aires. Nolan estaba
a la mesa con nosotros, y de humor inusitadamente jovial y comunicativo.
La historia de cierta cada hzole recordar una de sus aventuras cuando
era todava adolescente y coga caballos salvajes en Tejas con su
hermano Stephen. Refiri la ancdota con muchsima gracia, tanto que l
mismo rompi el silencio de un instante que sigue generalmente a las
historias interesantes, preguntando sin darse cuenta:

--Decidme qu ha sido de Tejas? Despus que Mjico proclam su
independencia, crea yo que Tejas le seguira muy pronto. Es
verdaderamente una de las regiones ms hermosas de la tierra; es la
Italia de este continente. Pero no he sabido una palabra de Tejas
durante casi veinte aos.--

Haba en la mesa dos oficiales de Tejas. La razon por la cual ignoraba
Nolan todo lo que se relacionaba con esa zona era que se haban cortado
lastimosamente de sus peridicos todas las noticias desde que Austin
inici la colonizacin; de manera que aun cuando lea de Honduras y de
Tamaulipas, y hasta ltimamente de California, aquella virgen provincia
que tanto haba recorrido, y donde haba muerto su hermano segn creo,
no exista ya para Nolan. Waters y Williams, los dos tejanos, mirronse
ferozmente tratando de no rer; dward Morris pareca absorto en la
contemplacin del tercer eslabn de la cadena de la lmpara del capitn.
Watrous tuvo una convulsin de estornudos. Nolan comprendi que algo
haba en el aire, no saba qu. Y yo, como dueo de la fiesta, me vi
obligado a decir:

--Tejas est fuera del mapa, Mr. Nolan. Habis visto la curiosa
relacin de la bienvenida a Sir Thomas Roe, por el capitn Back?--

Despus de este viaje no volv a ver a Nolan. Escribale por lo menos
dos veces al ao porque en aquella travesa intimamos muchsimo; pero
l jams me contest. Los compaeros me contaron que _envejeci_ muy
rpidamente en los ltimos quince aos, para lo que haba motivo, en
verdad; pero que siempre era el mismo suave, estoico y silencioso
sufridor, soportando lo mejor posible la pena impuesta por su propio
deseo; menos sociable quiz con la gente nueva a quien no conoca, pero
ms ansioso que nunca al parecer, de hacerse util, de ayudar y ensear a
los jvenes que sentan por l una especie de adoracin. Y ahora parece
que ha muerto este querido y viejo compaero. Ha encontrado al fin una
patria y un hogar!

Despus de haber escrito estas lneas, y mientras dudaba si las hara
publicar como enseanza a los jvenes Nolan y Vallndigham y Ftnall de
nuestros das, recib una carta de Dnforth, a bordo del _Levant_, con
la relacin de las ltimas horas de Nolan. Esto ha venido a desvanecer
todos mis escrpulos con respecto a la publicacin de su historia.

Para comprender las primeras palabras de esta carta, debe recordar el
lector profano que desde 1817 era sumamente delicada la posicin de los
oficiales que conservaban a Nolan bajo su custodia. El gobierno no haba
renovado las instrucciones de 1807 a su respecto. Qu deban hacer en
esta situacin? Dejaranle marchar? Y qu responderan en caso de que
el departamento de marina les pidiera cuentas por haber violado las
rdenes de 1807? Seguiran guardndole? Qu sucedera, si alguna vez
llegaba la liberacin de Nolan, y entablaba l juicio criminal por falsa
prisin o secuestro contra todos los que le haban tenido prisionero?
Yo hice presente e insist con Sothard sobre todas estas
circunstancias, y tengo mis razones de creer que los dems oficiales
procedieron de igual manera. Pero el secretario contestaba siempre, como
sucede en Wshington con bastante frecuencia, que no haba rdenes
especiales que dar y que debamos resolver segn nuestro propio
criterio. Lo que significaba, "Si tenis suerte, seris sostenido; si
fracasis, seris abandonado." Bien; como dice Dnforth, todo ha pasado
ahora, aun cuando no s si me expongo a ser perseguido criminalmente por
las revelaciones que vengo haciendo.

He aqu la carta:

_Levant_, 2 2 S. a 131 O.

QUERIDO FRED:

     Estoy tratando de reunir mi valor para deciros que todo ha
     terminado para nuestro viejo y querido Nolan. Durante esta travesa
     he estado con l ms que nunca y he podido comprender ampliamente
     la forma en que acostumbrabais expresaros acerca de este viejo
     camarada. Pude advertir que no andaba muy fuerte en los ltimos
     tiempos, pero no tena la menor idea de que su fin estuviese tan
     cercano. El mdico le atenda con gran esmero, y ayer por la maana
     vino a decirme que Nolan no se senta muy bien y que no haba
     podido dejar su camarote; algo que yo no recordaba haber sucedido
     jams. Permiti que le visitara el doctor mientras l permaneca
     acostado--primera vez que el mdico haba entrado en su camarote--y
     manifest deseos de verme. Oh, amigo mo! Recordis las historias
     misteriosas que inventaban los marineros a propsito de su
     camarote, en los lejanos das del _Intrepid_? Bien; acud, y all
     yaca el pobre hombre en su lecho, sonriendo plcidamente al darme
     la mano, pero con aspecto muy dbil. No pude evitarme de lanzar
     una mirada en torno, la cual me mostr el pequeo santuario que se
     haba formado en el hueco que habitaba. Las estrellas y las rayas
     lucan rodeando un retrato de Wshington, y haba pintado un guila
     majestuosa, arrojando rayos por el pico y sujetando con las garras
     el globo que sus alas cubran. El querido y antiguo compaero
     sorprendi mi ojeada y dijo con triste sonrisa: "Como veis, aqu
     tengo patria!" Y seal entonces a los pies de su lecho, donde yo
     no haba dirigido antes la mirada, un gran mapa de los Estados
     Unidos, dibujado de memoria, y que haba colocado en aquel sitio
     para mirarlo mientras yaca acostado. Veanse all en grandes
     letras nombres originales y anticuados: _Indiana Territory_,
     _Mississippi Territory_ y _Louisiana Territory_, como supongo que
     aprenderan la geografa nuestros padres; pero el viejo camarada
     haba agregado tambin Tejas, llevando la frontera occidental hasta
     el Pacfico; slo que en estas costas no haba nada definido.

     "Oh, Dnforth! S que me muero. No volver a ver mi patria!" dijo.
     "Espero que querris decirme algo ahora? Aguardad, aguardad! No
     pronunciis una palabra hasta que yo haya dicho lo que estoy seguro
     que sabis: que no hay en este buque, que no hay en los Estados
     Unidos Dios los guarde! hombre ms leal que yo. No puede haber
     hombre que ame tanto como yo nuestro pabelln, que ore por l como
     yo lo hago, o invoque para l porvenir tan brillante como yo!
     Cuenta ahora treinta y cuatro estrellas, Dnforth. Doy gracias a
     Dios por ello, aunque ignoro sus nombres. Jams se ha arrancado
     ninguna de sus estrellas; doy gracias a Dios por ello! De all
     deduzco que ningn Burr ha triunfado. Oh, Dnforth,
     Dnforth!--suspir--qu espantosa pesadilla parece la idea juvenil
     de gloria personal o de soberana independiente, cuando uno la
     recuerda tras vida semejante a la ma! Pero decidme algo, que yo
     sepa todo, Dnforth, antes de morir!"

     ngham, os juro que me sent un monstruo por no haberle dicho todo
     desde antes. Hubiera o no peligro en hacerlo, fuera o no
     delicadeza, quin era yo, para haber tiranizado todo este tiempo
     a aquel querido y santo anciano que haba expiado largos aos, en
     toda la fuerza de su virilidad, la locura de traicin de un
     adolescente!

     "Mr. Nolan," exclam, "os dir todo lo que deseis saber mas, por
     dnde he de comenzar?"

     Oh, la bienaventurada sonrisa que ilumin su plido semblante!
     Estrech mi mano y dijo: "Dios os bendiga! Decidme sus nombres,"
     aadi, sealando las estrellas del pabelln. "La ltima que
     conozco es Oho. Mi padre viva en Kentucky. Pero he adivinado
     Mchigan, Indiana y Misisip; all estaba el fuerte de Adams. Esto
     suma veinte. Cules son las otras catorce? Espero que no habris
     quitado ninguna de las antiguas?"

     Bueno, no era mal examen ste; y yo le dije los nombres en el mejor
     orden que me fu posible, y l me pidi que bajara su hermoso mapa
     y que las dibujara al lpiz lo mejor que pudiese. Estaba loco de
     alegra a propsito de Tejas y me dijo que all haba muerto su
     hermano. Tena marcada una cruz dorada en el sitio en que supona
     encontrarse su tumba; y haba conjeturado que Tejas perteneca a la
     Unin. Luego se extasi al ver California y regon; esto, deca, lo
     haba sospechado en parte porque jams se le permiti desembarcar
     en dichas playas, aun cuando los buques se dirigan all a menudo.
     Y los marineros--agregaba riendo--traan muchas otras cosas adems
     de peletera. Luego retrocedi cun lejos, Dios mo! para
     averiguar de la _Chesapeake_[46] y lo que sucedi a Barron por
     rendirse al _Leopard_; y si Burr haba hecho alguna nueva
     tentativa--rechinando los dientes con el nico impulso de ira que
     demostr. Pero pronto lo hubo dominado, y exclam: "Dios me
     perdone, como estoy cierto de haberle perdonado!" Luego me pregunt
     acerca de la antigua guerra, y refirindome la verdadera historia
     de sus proezas con el can el da en que tomamos el _Java_,
     inquiri por el querido viejo David Prter, como le llamaba. Y
     despus, tranquilizndose algo y demostrando sentir gran
     felicidad, me escuch referir en una hora la historia de cincuenta
     aos.

     Cunto deseaba yo que hubiera otro que supiera ms! Pero hice lo
     mejor que pude. Habl de la guerra inglesa. Le cont de Fulton y de
     los comienzos de la navegacin a vapor. Le habl del viejo Scott y
     de Jackson; le dije todo lo que saba acerca de Misisip, Nueva
     rleans, Tejas y su tierra natal, el antiguo Kentucky. Y pensad, me
     pregunt quin estaba al mando de la Legin del Oeste. Djele que
     era un bizarro oficial llamado Grant que, segn las ltimas
     noticias, iba a establecer su cuartel general en Vcksburg.
     Entonces, "dnde est Vcksburg?" dijo. Se lo dibuj en el mapa;
     est a cien millas ms o menos de su viejo fuerte de Adams; y creo
     que el fuerte de Adams ser una ruina en la actualidad.
     "Probablemente est situado en la antigua colonia de Vick," dijo,
     "vaya, qu cambio!"

     Os aseguro, ngham, que era tarea bien difcil condensar la
     historia de medio siglo en aquella conversacin con un enfermo. No
     s todo lo que le dije acerca de la inmigracin y la manera de
     realizarla; de vapores, ferrocarriles y telgrafos; de inventos,
     libros y literatura; del colegio militar de West Point y de la
     escuela naval de Annpolis; todo esto con las interrupciones ms
     originales que podis imaginar. Figuraos a Rbinson Crusoe
     haciendo las preguntas acumuladas en cincuenta y seis aos!

     Recuerdo que pregunt de improviso quin era presidente ahora; y
     cuando se lo dije, inquiri si el Viejo Abe era hijo del general
     Benjamn Lincoln. Deca que cuando era aun muy joven haba conocido
     al viejo general Lincoln en cierta negociacin llevada a cabo con
     los indios. Djele que no, que el Viejo Abe era de Kentucky, como
     l; pero no pude decirle a qu familia perteneca; haba salido de
     esfera baja. "Bravo!" grit Nolan. "Me alegro. Meditando y
     rumiando todo esto, he llegado a la conclusin de que nuestro mayor
     peligro consista en la sucesin regular al mando, de nuestras
     primeras familias." Entonces habl de mi visita a Wshington. Le
     cont cmo haba conocido al diputado por regon, Hrding; le
     habl de la Smithsonian Institution[47] y las expediciones
     exploradoras; le cont del Capitolio y de las estatuas del frontn
     y de la Libertad de Crwford en la cpula; y del Wshington de
     Grenough. ngham, djele cuanto pude recordar que demostrara la
     grandeza y la prosperidad del pas; pero no me fu posible forzar
     mis labios para decirle una palabra acerca de la infernal
     sublevacin!

     Y l beba mis palabras y gozaba con ellas hasta un extremo
     indecible. Iba quedando poco a poco ms silencioso, pero no se me
     ocurri que estuviera fatigado o desfalleciente. Le alcanc un vaso
     de agua en que apenas humedeci sus labios, y me dijo que
     permaneciera a su lado. Entonces me pidi que le trajera el libro
     presbiteriano de _Oraciones generales_ que estaba cerca, y me
     anunci con una sonrisa que se abrira por s solo en el sitio
     deseado, como efectivamente sucedi. Haba una doble marca roja en
     el extremo inferior de la pgina; yo me arrodill y le, mientras
     l repeta conmigo: _Por nosotros y por nuestra patria, te damos
     gracias, Dios misericordioso porque, a pesar de nuestras repetidas
     transgresiones a tu santa ley, has continuado dispensndonos tu
     bondad maravillosa_--y as hasta terminar la accin de gracias.
     Entonces volvi las pginas hasta el final del mismo libro, y ley
     palabras ms familiares a mis odos:--_Desde el fondo del corazn
     te suplicamos, Seor, sostener con tu gracia y bendecir a tu siervo
     el presidente de los Estados Unidos, a todas las dems
     autoridades_,... y el resto de la oracin episcopal.

     "Dnforth," dijo, "he repetido estas oraciones maana y noche hace
     cincuenta y cinco aos." Y luego, expres el deseo de dormir.
     Hzome inclinar sobre l, y me bes; entonces dijo: "Abrid mi
     Biblia, Dnforth, cuando haya muerto." Sal.

     No tena idea de que aquello fuera el fin. Imagin que estaba
     fatigado y quera dormir. Saba que era feliz, y quise dejarle
     solo.

     Pero una hora ms tarde, entrando suavemente el doctor, encontr
     que Nolan haba entregado su alma en una sonrisa. Oprima algo
     contra sus labios. Era la banda de la Orden de Cincinnati, de su
     padre.

     Abriendo su Biblia, encontramos una tira de papel en una pgina
     donde haba subrayado el texto:

     _Desean patria, una patria celestial; all donde Dios no se
     avergence de llamarse su Dios: porque l ha preparado una ciudad
     para ellos._

     En la tira de papel haba escrito:

     _Sepultadme en el mar; ha sido mi hogar, y le amo. Pero querr
     alguien colocar una piedra a mi memoria en el fuerte de Adams o en
     rleans, para que mi desgracia no sea mayor de la que estaba
     condenado a sobrellevar? Decid all:_

                            _En memoria de_
                             PHLIP NOLAN
             _Teniente del Ejrcito de los Estados Unidos
          Am su patria ms que ninguno; pero ninguno como l
                      fu indigno de su patria._




FOOTNOTES:

 [1] Wlliam Crtwright, 1611-1643, fu amigo y discpulo de Ben Jonson.

 [2] La _History of New York_ ofendi a muchos neoyorquinos a causa
 del uso atrevido de algunos nombres tenidos hasta entonces en
 veneracin como tronco de antiguas familias, y por su stira burlesca
 del carcter holands. Entre los crticos se contaba un entusiasta
 amigo de rving, Gulian C. Verplanck, quien declar terminantemente
 en un discurso pronunciado ante la Sociedad Histrica de Nueva York:
 "Lastima ver que un talento admirable por su exquisita percepcin de
 lo bello y por su rpida apreciacin del ridculo, derroche su rica
 fantasa en un tema ingrato, y su stira exuberante en una vulgar
 caricatura." rving tom la crtica por el buen lado y, como lea las
 palabras de Verplanck justamente al terminar su historia de Rip Van
 Winkle, di la jocosa nueva en su introduccin.

 [3] Pastel oblongo de semillas aromticas que se hace todava en Nueva
 York para el Ao Nuevo, y es de origen holands.

 [4] Exista una tradicin popular que aseguraba que slo se haban
 acuado tres peniques en el reinado de la reina Ana; que dos de
 ellos se conservaban bajo la custodia pblica; y que nadie saba
 donde se hallaba el tercero, pero que la persona bastante feliz para
 encontrarlo podra obtener por l un precio enorme. Diremos de paso
 que hubo ocho monedas de penique en el reinado de la reina Ana y que
 los numismticos no consideran de gran valor estos ejemplares.

 [5] Hbil toque para preparar el espritu del lector a recibir el
 cuento.

 [6] Styvesant fu gobernador de los Nuevos Pases Bajos desde 1647
 hasta 1664. Desempea papel muy importante en la _Knickerbocker's
 History of New York_, como sucedi en la vida real. Hasta muy
 recientemente se mostraba en el Bwery un peral que se deca haber
 sido plantado por l.

 [7] Los Van Winkle figuran en el ilustre catlogo de hroes que
 acompaaron a Pter Styvesant al fuerte Christina y estaban

    "Llenos de ardor y coles."

 Vase la _History of New York_, libro VI, captulo VIII.

 [8] Sobre el Hudson. Esta fortaleza es famosa por el atrevido asalto
 del "loco" Anthony Wayne, el 15 de julio de 1779.

 [9] Algunas millas arriba de Stony Point se encuentra el promontorio
 de nthony's Nose (La nariz de Antonio). Si hemos de dar crdito a
 Dedrich Knckerbocker, este promontorio fu llamado as en memoria
 de Anthony Van Crlear, trompeta de Styvesant. "Debe saberse que
 la nariz de nthony el trompeta era de tamao muy desarrollado,
 elevndose atrevidamente en su rostro como una montaa de Golconda....
 Ahora, sucedi que cierta brillante maana muy temprano, habiendo
 lavado cuidadosamente su voluminoso semblante el buen Anthony, estaba
 inclinado sobre el entrepao de la galera contemplndose en las
 claras ondas. En este preciso momento el ilustre sol, rompiendo en
 todo su esplendor detrs de un alto risco de las montaas, lanz uno
 de sus rayos ms fulgentes sobre la bruida nariz del trompeta; y la
 refraccin de este rayo cayendo directamente al fondo del agua como
 ardiente proyectil fu a matar a un enorme cocodrilo que se solazaba
 cerca del buque.... Cuando este prodigioso milagro lleg a odos
 de Pter Styvesant, le caus... extraordinaria maravilla; y como
 monumento a tal suceso, di el nombre de nthony's Nose a un macizo
 promontorio de las cercanas que ha continuado llamandose as desde
 aquellos tiempos."--_History of New York_, libro VI. captulo IV.

 [10] Adrin Vnderdonk.

 [11] Se deca que Federico I de Alemania, 1121-1190, llamado _der
 Rthbart_ (Barbarroja o Rufus), no haba muerto sino que estaba sumido
 en profundo sueo del cual despertar tan pronto como Alemania le
 necesite. Igual leyenda refieren los daneses con respecto de su Hlger.

 [12] Poema exquisito de James Thomson, poeta ingls que floreci
 de 1700 a 1748. Describe all un hermoso palacio con arboledas y
 prados y campos floridos, donde todo tenda a la molicie y al lujo
 de sus habitantes que se alimentaban de lotos. Parece haber tomado
 el argumento del Tasso, poeta italiano del siglo diecisis, y la
 inspiracin de Spnser, poeta ingls de la misma centuria y autor de
 "_The Faerie Queene_".

 [13] El "Mediterrneo" del ro, como rving se complaca en llamarlo:
 cuenta diez millas de longitud por cuatro de anchura aproximadamente.

 [14] Posteriormente compr rving la pequea casita que se deca
 haber sido la morada de los Van Tssel; la ensanch y mejor, dndole
 el nombre de "Sunnyside." All transcurrieron sus ltimos aos,
 cumplindose as el deseo manifestado por el autor.

 [15] Conocido ms generalmente como Henry Hudson. Era un navegante
 ingls emigrado que, buscando un pasaje al noroeste para la India,
 descubri el ro y la baha que llevan su nombre, el primero en 1609,
 y la segunda en 1610. En 1611 se amotin su tripulacin, obligndole a
 entrar con otros ocho hombres en un pequeo bote y abandonando a todos
 a su suerte. Jams se volvi a saber de ellos.

 [16] "He met the night-mare and her ninefold."--_King Lear_.

 [17] Soldados mercenarios empleados por el gobierno britnico en la
 guerra de la revolucin.

 [18] Se dice que aun se conserva esta pequea iglesia holandesa,
 construda en 1699.

 [19] Trampa con abertura en forma de embudo, que favorece la entrada,
 pero dificulta la salida de la caza.

 [20] Alusin a un grabado y versos chabacanos de un texto antiguo de
 primera enseanza.

 [21] Cotton Mther era un clrigo de Nueva Inglaterra, estudiante
 aprovechado y escritor fecundo, habiendo llegado a cerca de
 cuatrocientos sus trabajos publicados. Como la mayora de la
 gente en aquella poca, crea en la existencia de los brujos, y
 pensaba realizar obra meritoria para el servicio de Dios procurando
 exterminarlos. Falleci en 1728.

 [22] _L'Allegro_, de Milton.

 [23] Alusin a la antigua y extendida creencia de que los espectros,
 duendes y brujos eran solamente los obedientes vasallos y emisarios
 del genio de las tinieblas.

 [24] Alegre reunin de los vecinos y amigos para hacer colchas de
 dibujos caprichosos con los retazos de diversas formas y colores
 trados a la fiesta por todos los concurrentes.--_La Redaccin_.

 "Ahora se han establecido _quilting-bees_, _husking-bees_ y otras
 reuniones campestres para desempear determinada labor, en las cuales
 bajo la influencia inspiradora del violn la tarea se aligera con la
 alegra, terminando generalmente en baile." _History of New York_, por
 rving.

 [25] Buuelo.--_La Redaccin_.

 [26] Pasta dulces de amasijo.--_La Redaccin_.

 [27] Ttulo ordinario entre los holandeses que corresponde a seor en
 espaol; de consiguiente, un holands.--_La Redaccin_.

 [28]

      "T'is now the very witching time of night
      When churchyards yawn."--_Hmlet_.
    ("Es precisamente la hora nocturna de las brujeras
    En que los cementerios de las iglesias se abren.")


 [29] Exista la supersticiosa creencia de que los brujos no podan
 atravesar un arroyo.

 [30] Tribunal autorizado a fallar en los juicios en que el dinero en
 cuestin no exceda de la suma de diez libras.

 [31] La ciudad de Nueva York, como se la nombra en la _History of New
 York_, por _Dedrich Knckerbocker_ (rving).

 [32] Sitio notable en Londres en tiempo de la reina Mara por ser
 el lugar donde levantaban la pira para quemar a los herticos.--_La
 Redaccin_.

 [33] Clrigo protestante ingls. Despus de la exaltacin de la
 reina Mara al trono predic contra los dogmas del catolicismo en
 Paul's Cross; siendo arrestado, juzgado y quemado como hereje.--_La
 Redaccin_.

 [34] Apodo dado comnmente a liver Crmwell--_La Redaccin_.

 [35] Dejamos en ingls el nombre de _May-Pole_ (rbol de Mayo) porque
 al traducirlo, en la relacin llena de poesa a que sirve de tema,
 creeramos despojarlo de su clsico sello de leyenda.--_La Redaccin_.

 [36] Si el gobernador ndicott no hubiera hablado con tal seguridad,
 juzgaramos que aqu exista error. Aun cuando el reverendo Mr.
 Blckstone era un excntrico, nunca se le conoci como hombre inmoral.
 Ms bien nos permitimos dudar de su identidad con el sacerdote de
 Merry Mount.

 [37] Juego de palabras intraducible. _Brass_, con referencia a moneda,
 significa calderilla, numerario de cobre o bronce; y en otro sentido,
 descaro, desvergenza.--_La Redaccin_.

 [38] Burr naci en 1756 y muri en 1836. Se distingui al servicio
 de la revolucin, llegando a ser senador por Nueva York, y luego
 vicepresidente de los Estados Unidos de 1801 a 1805. En 1804 mat en
 duelo a Alexnder Hmilton, lo cual le atrajo el odio general de la
 nacin. Parece que su traicin data de aquel tiempo. En 1805 form
 el plan de conquistar Tejas y quiz Mjico, creando una repblica
 de la cual sera presidente, fijando la capital en Nueva rleans.
 Con el apoyo de Blennerhsset, compr una vasta extensin de terreno
 en las riberas del Wshita que deba servir de punto de partida
 a la expedicin. Mas, por abandono de varias personas de quienes
 dependa Burr para los recursos, el plan fracas, y el conspirador
 fu arrestado en Misisip el 14 de enero de 1807. Fu juzgado como
 traidor en mayo del mismo ao; pero despus de uno de los juicios ms
 famosos en la historia fu declarado al fin inocente en septiembre.
 Esta sentencia fu debida, sin embargo, a falta de pruebas materiales
 de su culpabilidad. Ni entonces, ni nunca, se puso jams en duda la
 deslealtad de Burr. Despus de este juicio, su vida estuvo llena
 de fracasos, decepciones y desgracias. Su proyectada traicin ha
 formado el tema de muchas historias y novelas, y representa uno de los
 incidentes ms dramticos de la historia americana.

 [39] Una especie de _whisky_.--_La Redaccin_.

 [40] Juegos de naipes.--_La Redaccin_.

 [41] El presidente Jfferson era de aquel estado, y sus partidarios
 constituan lo que el autor, adoptando la fraseologa de Shkespeare,
 llama la "Casa de Virginia."

 [42] La "casa de York" se refiere al partido federal.

 [43] En la Amrica del Norte existe una supuesta linea divisoria de
 los estados segn su posicin geogrfica, y se alude frecuentemente
 al oeste, este, norte o sur para indicar los estados comprendidos en
 aquella zona.--_La Redaccin_.

 [44] Se refiere a que Wshington, Jfferson, Mdison y Monroe,
 cuatro de los primeros cinco presidentes de los Estados Unidos, eran
 originarios de Virginia.

 [45] Los buques de los Estados Unidos vigilaban constantemente para
 evitar el trfico de esclavos.

 [46] En junio de 1807, oponindose la fragata _Chesapeake_ de los
 EE. UU. al "derecho de registro," fu atacada por el buque ingls
 _Leopard_. James Barron, comodoro del buque americano, se vi obligado
 a rendirse; siendo juzgado por este hecho bajo el cargo de negligencia
 en sus deberes y, encontrndosele culpable, fu suspendido del
 servicio, sin sueldo, durante cinco aos.

 [47] La Smithsonian Institution se estableci en Wshington en
 1846. Es debida a la iniciativa y legado de James Smithson "para
 difundir los conocimientos entre los hombres" y funciona bajo lo
 direccin del gobierno, dedicndose especialmente a investigaciones
 cientficas.--_La Redaccin_.

       *       *       *       *       *

La lista de los errores corregidos por el transcriptor:

Jams se volv => Jams se volvi {pg 47 n.}

nocturna de las brujerias=> nocturna de las brujeras {pg 84 n.}

La ciudad de Neuva York=> La ciudad de Nueva York {pg 94 n.}

al servicio de a revolucin=> al servicio de la revolucin {pg 269 n.}

fu arrestado en Misisip el 14 de enero de 1907=> fu arrestado en
Misisip el 14 de enero de 1807 {pg 269 n.}

frenta=> frente {pg 5}

Wensday (mircoles)=> Wednesday (mircoles) {pg 11}

Todo aquel]que haya=> Todo aqul]que haya {pg 13}

todo la comarca=> toda la comarca {pg 17}

del soldado en el cementario=> del soldado en el cementerio {pg 48}

las mesas de te=> las mesas de t {pg 54}

discurra entre ellas=> discurran entre ellas {pg 54}

poda oirse=> poda orse {pg 72}

visperas del triunfo=> vsperas del triunfo {pg 83}

se divisiba aqu y all=> se divisaba aqu y all {pg 84}

no hagais nada=> no hagis nada {pg 103}

en que se cambinaban la santidad=> en que se combinaban la santidad {pg
107}

El coronel Kllegrew=> El coronel Klligrew {pg 146}

un patiecillo pequeo=> un patiocillo pequeo {pg 155}

de una balustrada de hierro=> de una balaustrada de hierro {pg 156}

de antigedads obre=> de antigedad sobre {pg 177}

la guerra india suceptibles=> la guerra india susceptibles {pg 233}

se proposieron enrodar=> se propusieron enrodar {pg 271}

Quiz si fu durante esta segunda travesa=> Quiz s fu durante esta
segunda travesa {pg 283}

l permaneca acosado=> l permaneca acostado {pg 302}







End of the Project Gutenberg EBook of Cuentos Clsicos del Norte, Segunda
Serie, by Washington Irving and Nathaniel Hawthorne and Edward Everett Hale

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK CUENTOS CLASICOS DEL NORTE, SEGUNDA SERIE ***

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