The Project Gutenberg EBook of El Filibusterismo, by Jos Rizal

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Title: El Filibusterismo
       (Continuacin del Noli me tngere)

Author: Jos Rizal

Release Date: January 9, 2010 [EBook #30903]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

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                                J. Rizal

                           EL FILIBUSTERISMO

                   (Continuacion del Noli me tngere)

                            Novela Filipina.


                                Facilmente se puede suponer que un
                                filibustero ha hechizado en secreto
                                 la liga de los fraileros y
                                retrgrados para que, siguiendo
                                inconscientes sus inspiraciones,
                                favorezcan y fomenten aquella
                                poltica que solo ambiciona un fin:
                                estender las ideas del filibusterismo
                                por todo el pas y convencer al
                                ltimo filipino de que no existe otra
                                salvacion fuera de la separacion de
                                la Madre-Patria.

                                                Ferdinand Blumentritt.



                                 GENT,

         Boekdrukkerij F. MEYER-VAN LOO, Vlaanderenstraat, 66.

                                 1891.







                              A LA MEMORIA


            de los Presbteros, don Mariano GOMEZ (85 aos),
                       don Jos BURGOS (30 aos)
                    y don Jacinto ZAMORA (35 aos).

                EJECUTADOS EN EL PATBULO DE BAGUMBAYAN,

                       el 28 de Febrero de 1872.



La Religion, al negarse  degradaros, ha puesto en duda el crmen que
se os ha imputado; el Gobierno, al rodear vuestra causa de misterio
y sombras, hace creer en algun error, cometido en momentos fatales,
y Filipinas entera, al venerar vuestra memoria y llamaros mrtires,
no reconoce de ninguna manera vuestra culpabilidad.

En tanto, pues, no se demuestre claramente vuestra participacion
en la algarada cavitea, hayais sido  no patriotas, hayais  no
abrigado sentimientos por la justicia, sentimientos por la libertad,
tengo derecho  dedicaros mi trabajo como  vctimas del mal que
trato de combatir. Y mientras esperamos que Espaa os rehabilite un
da y no se haga solidaria de vuestra muerte, sirvan estas pginas
como tarda corona de hojas secas sobre vuestras ignoradas tumbas,
y todo aquel que sin pruebas evidentes ataque vuestra memoria, que
en vuestra sangre se manche las manos!

                                                            J. RIZAL.








I

SOBRE-CUBIERTA

                                                Sic itur ad astra.


En una maana de Diciembre, el vapor Tabo suba trabajosamente el
tortuoso curso del Pasig conduciendo numerosos pasageros hcia la
provincia de la Laguna. Era el vapor de forma pesada, casi redonda
como el tab de donde deriva su nombre, bastante sucio apesar de
sus pretensiones de blanco, magestuoso y grave  fuerza de andar con
calma. Con todo, le tenan cierto cario en la comarca, quizs por
su nombre tagalo  por llevar el caracter peculiar de las cosas del
pais, algo as como un triunfo sobre el progreso, un vapor que no era
vapor del todo, un organismo inmutable, imperfecto pero indiscutible,
que, cuando ms quera echrselas de progresista, se contentaba
soberbiamente con darse una capa de pintura.

Y si el dichoso vapor era genuinamente filipino! Con un poquito
de buena voluntad hasta se le poda tomar por la nave del Estado,
construida bajo la inspeccion de Reverendas  Ilustrsimas personas!

Baada por el sol de la maana que haca vibrar las ondas del ro y
cantar el aire en las flexibles caas que se levantan en ambas orillas,
all va su blanca silueta agitando negro penacho de humo la nave
del Estado, dicen, humea mucho tambien!... El silbato chilla  cada
momento, ronco  imponente como un tirano que quiere gobernar  gritos,
de tal modo que dentro nadie se entiende. Amenaza  cuanto encuentra;
ora parece que va  triturar los salambaw, esculidos aparatos de pesca
que en sus movimientos semejan esqueletos de gigantes saludando  una
antidiluviana tortuga; ora corre derecho ya contra los caaverales,
ya contra los anfibios comederos  krihan, que, entre gumamelas y
otras flores, parecen indecisas baistas que ya con los pis en el agua
no se resuelven aun  zambullirse;  veces, siguiendo cierto camino
sealado en el ro por troncos de caa, anda el vapor muy satisfecho,
mas, de repente un choque sacude  los viajeros y les hace perder el
equilibrio: ha dado contra un bajo de cieno que nadie sospechaba...

Y, si el parecido con la nave del Estado no es completo aun, vase
la disposicion de los pasajeros. Bajo-cubierta asoman rostros morenos
y cabezas negras, tipos de indios, chinos y mestizos, apiados entre
mercancas y bales, mientras que all arriba, sobre-cubierta y bajo
un toldo que les protege del sol, estan sentados en cmodos sillones
algunos pasajeros vestidos  la europea, frailes y empleados, fumndose
sendos puros, contemplando el paisaje, sin apercibirse al parecer de
los esfuerzos del capitan y marineros para salvar las dificultades
del ro.

El capitan era un seor de aspecto bondadoso, bastante entrado
en aos, antiguo marino que en su juventud y en naves ms veleras
se haba engolfado en ms vastos mares y ahora en su vejez tena
que desplegar mayor atencion, cuidado y vigilancia para orillar
pequeos peligros... Y eran las mismas dificultades de todos los
das, los mismos bajos de cieno, la misma mole del vapor atascada en
las mismas curvas, como una gorda seora entre apiada muchedumbre,
y por eso  cada momento tena el buen seor que parar, retroceder,
ir  media mquina enviando, ora  babor ora  estribor,  los cinco
marineros armados de largos tikines para acentuar la vuelta que el
timon ha indicado. Era como un veterano que, despues de guiar hombres
en azarosas campaas, fuese en su vejez ayo de muchacho caprichoso,
desobediente y tumbon!

Y doa Victorina, la nica seora que se sienta en el grupo europeo,
podr decir si el Tabo era tumbon desobediente y caprichoso, doa
Victorina que como siempre est nerviosa, lanza invectivas contra los
cascos, bankas, balsas de coco, indios que navegan, y aun contra las
lavanderas y baistas que la molestan con su alegra y algazara! S, el
Tabo ira muy bien si no hubiese indios en el ro, indios en el pas,
s! si no hubiese ningun indio en el mundo, sin fijarse en que los
timoneles eran indios, indios los marineros, indios los maquinistas,
indios las noventa y nueve partes de los pasajeros  india ella misma
tambien, si le raspan el blanquete y la desnudan de su presumida
bata. Aquella maana, doa Victorina estaba ms inaguantable que
nunca porque los pasageros del grupo hacan poco caso de ella, y no
le faltaba razon porque consideren ustedes: encontrarse all tres
frailes convencidos de que todo el mundo andara al reves el da en
que ellos anduviesen al derecho; un infatigable D. Custodio que duerme
tranquilo, satisfecho de sus proyectos; un fecundo escritor como Ben
Zayb (anagrama de Ibaez) que cree que en Manila se piensa porque l,
Ben Zayb, piensa; un cannigo como el P. Irene que da lustre al clero
con su faz rubicunda bien afeitada donde se levanta una hermosa nariz
juda, y su sotana de seda de garboso corte y menudos botones; y un
riqusimo joyero tal como Simoun que pasa por ser el consultor y el
inspirador de todos las actos de S. E. el Capitan General, consideren
ustedes que encontrarse estas columnas sine quibus non del pas,
all agrupaditas en agradable charla y no simpatizar con una filipina
renegada, que se tie los cabellos de rubio, vamos! que hay para
hacer perder la paciencia  una Joba, nombre que doa Victorina se
aplica siempre que las h con alguno.

Y el mal humor de la seora se aumentaba cada vez que gritando el
Capitan baborp! estriborp! sacaban rpidamente los marineros sus
largos tikines, los hincaban ya en una ya en otra orilla, impidiendo,
con el esfuerzo de sus piernas y sus hombros,  que el vapor diese
en aquella parte con su casco. Vista as la nave del Estado, dirase
que de tortuga se converta en cangrejo cada vez que un peligro
se acercaba.

--Pero, capitan, por qu sus estpidos timoneles se van por ese
lado? preguntaba muy indignada la seora.

--Porque all es muy bajo, seora, contestaba el capitan con mucha
pausa y guiando lentamente el ojo.

El capitan haba contraido esta pequea costumbre como para decir 
sus palabras que salgan: despacio, muy despacio!

--Media mquina, vaya, media mquina! protesta desdeosamente doa
Victorina; por qu no entera?

--Porque navegaramos sobre esos arrozales, seora, contesta
imperturbable el capitan sacando los labios para sealar las sementeras
y haciendo dos guios acompasados.

Esta doa Victorina era muy conocida en el pais por sus estravagancias
y caprichos. Frecuentaba mucho la sociedad y se la toleraba siempre que
se presentaba con su sobrina, la Paulita Gomez, bellsima y riqusima
muchacha, hurfana de padre y madre, y de quien doa Victorina era
una especie de tutora. En edad bastante avanzada se haba casado con
un infeliz llamado don Tiburcio de Espadaa, y en los momentos en que
la vemos, lleva ya quince aos de matrimonio, de cabellos postizos y
traje semi-europeo. Porque toda su aspiracion fu europeizarse, y desde
el infausto da de su casamiento, gracias  tentativas criminales;
ha conseguido poco  poco trasformarse de tal suerte que  la hora
presente Quatrefages y Virchow juntos no sabran clasificarla entre
las razas conocidas. Al cabo de tantos aos de matrimonio, su esposo
que la haba sufrido con resignacion de fakir sometindose  todas
sus imposiciones, tuvo un aciago da el fatal cuarto de hora, y le
administr una soberbia paliza con su muleta de cojo. La sorpresa de
la seora Joba ante semejante inconsecuencia de caracter hizo que
por de pronto no se apercibiese de los efectos inmediatos y slo,
cuando se repuso del susto y su marido se hubo escapado, se apercibi
del dolor guardando cama por algunos das con gran alegra de la
Paulita que era muy amiga de reir y burlarse de su ta. En cuanto al
marido, espantado de su impiedad que le sonaba  horrendo parricidio,
perseguido por las furias matrimoniales (los dos perritos y el loro de
la casa) diose  huir con toda la velocidad que su cojera le permita,
subi en el primer coche que encontr, pas  la primera banka que vi
en un ro, y, Ulises filipino, vaga de pueblo en pueblo, de provincia
en provincia, de isla en isla seguido y perseguido por su Calipso
con quevedos, que aburre  cuantos tienen la desgracia de viajar con
ella. Ha tenido noticia de que l se encontraba en la provincia de
la Laguna, escondido en un pueblo, y all va ella  seducirle con
sus cabellos teidos.

Los combarcanos haban tomado el partido de defenderse, sosteniendo
entre s animada conversacion, discutiendo sobre cualquier asunto. En
aquel momento por las vueltas y revueltas del ro, hablbase de su
rectificacion y naturalmente de los trabajos de las Obras del Puerto.

Ben Zayb, el escritor que tena cara de fraile, disputaba con un
joven religioso que  su vez tena cara de artillero. Ambos gritaban,
gesticulaban, levantaban los brazos, abra las manos, pateaban,
hablaban de niveles, de corrales de pesca, del ro de S. Mateo,
de cascos, de indios, etc., etc. con gran contento de los otros
que les escuchaban y manifiesto disgusto de un franciscano de edad,
extraordinariamente flaco y macilento, y de un guapo dominico que
dejaba... dejaba vagar por sus labios una sonrisa burlona.

El franciscano flaco que comprenda la sonrisa del dominico quiso
cortar la disputa interviniendo. Deban respetarle sin duda porque
con una seal de la mano cort la palabra  ambos en el momento en
que el fraile-artillero hablaba de experiencia y el escritor-fraile
de hombres de ciencia.

--Los hombres de ciencia, Ben Zayb, sabe usted lo que que son? dijo
el franciscano con voz cavernosa sin moverse casi en su asiento y
gesticulando apenas con las descarnadas manos. All tiene usted en la
provincia el puente del Capricho, construido por un hermano nuestro,
y que no se termin porque los hombres de ciencia, fundndose en sus
teoras, lo tacharon de poco slido y seguro, y mire usted! est
el puente que resiste  todas las inundaciones y terremotos!

--Eso, puales, eso precisamente, eso iba yo  decir,! exclam el
fraile-artillero pegando puetazos en los brazos de su silla de caa;
eso, el puente del Capricho y los hombres de ciencia; eso iba yo 
decir, P. Salv, puales!

Ben Zayb se qued callado, medio sonriendo, bien sea por respeto
 porque realmente no supiese qu replicar, y sin embargo, l era
la nica cabeza pensante en Filipinas!--El P. Irene aprobaba con la
cabeza frotando su larga nariz.

El P. Salv, aquel religioso flaco y descarnado, como satisfecho de
tanta sumision continu en medio del silencio.

--Pero esto no quiere decir que usted no tenga tanta razon como el
P. Camorra (que as se llamaba el fraile-artillero); el mal est en
la laguna...

--Es que no hay ninguna laguna decente en este pas! intercal doa
Victorina, verdaderamente indignada y disponindose  dar otro asalto
para entrar en la plaza.

Los sitiados se miraron con terror y, con la prontitud de un general,
el joyero Simoun acudi:

--El remedio es muy sencillo, dijo con un acento raro, mezcla de
ingls y americano del Sur; y yo verdaderamente no s cmo no se le
ha ocurrido  nadie.

Todos se volvieron prestndole la mayor atencion, incluso el
dominico. El joyero era un hombre seco, alto, nervudo, muy moreno
que vesta  la inglesa y usaba un casco de tinsin. Llamaban en l
la atencion los cabellos largos, enteramente blancos que contrastaban
con la barba negra, rala, denotando un orgen mestizo. Para evitar la
luz del sol usaba constantemente enormes anteojos azules de rejilla,
que ocultaban por completo sus ojos y parte de sus mejillas, dndole
un aspecto de ciego  enfermo de la vista. Se mantena de pi con las
piernas separadas como para guardar el equilibrio, las manos metidas
en los bolsillos de su chaqueta.

--El remedio es muy sencillo, repiti, y no costara un cuarto!

La atencion se redobl. Se deca en los crculos de Manila que aquel
hombre diriga al General y todos vean ya el remedio en vas de
ejecucion. El mismo don Custodio se volvi.

--Trazar un canal recto desde la entrada del ro  su salida, pasando
por Manila, esto es, hacer un nuevo ro canalizado y cerrar el antiguo
Pasig. Se economiza terreno, se acortan las comunicaciones, se impide
la formacion de bancos!

El proyecto dej atontados  casi todos, acostumbrados  tratamientos
paliativos.

--Es un plan yankee! observ Ben Zayb que quera agradar  Simoun.--El
joyero haba estado mucho tiempo en la Amrica del Norte.

Todos encontraban grandioso el proyecto y as lo manifestaban en sus
movimientos de cabeza. Solo don Custodio, el liberal don Custodio,
por su posicion independiente y sus altos cargos, crey deber atacar
un proyecto que no vena de l--aquello era una usurpacion!--y tosi,
se pas las manos por los bigotes y con su voz importante y como si
se encontrase en plena sesion del Ayuntamiento, dijo:

--Dispnseme el seor Simoun, mi respetable amigo, si le digo que no
soy de su opinion; costara muchsimo dinero y quizs tuvisemos que
destruir poblaciones.

--Pues se destruyen! contest framente Simoun.

--Y el dinero para pagar  los trabajadores...?

--No se pagan. Con los presos y los presidiarios...

--Ca! no hay bastante, seor Simoun!

--Pues si no hay bastante, que todos los pueblos, que los viejos, los
jvenes, los nios trabajen, en vez de los quince das obligatorios,
tres, cuatro, cinco meses para el Estado, con la obligacion ademas
de llevar cada uno su comida y sus instrumentos!

Don Custodio, espantado, volvi la cara para ver si cerca haba algun
indio que les pudiese oir. Afortunadamente los que all se encontraban
eran campesinos, y los dos timoneles parecan muy ocupados con las
curvas del ro.

--Pero, seor Simoun...

--Desengese usted, don Custodio, continu Simoun secamente; slo de
esa manera se ejecutan grandes obras con pocos medios. As se llevaron
 cabo las Pirmides, el lago Moeris y el Coliseo en Roma. Provincias
enteras venan del desierto cargando con sus cebollas para alimentarse;
viejos, jvenes y nios trabajaban acarreando piedras, labrndolas y
cargndolas sobre sus hombros, bajo la direccion del ltigo oficial;
y despues, volvan  sus pueblos los que sobrevivan,  perecan en
las arenas del desierto. Luego venan otras provincias, y luego otras,
sucedindose en la tarea durante aos; el trabajo se conclua y ahora
nosotros los admiramos, viajamos, vamos al Egipto y  Roma, enzalzamos
 los Faraones,  la familia Antonina... Desengese V.; los muertos
muertos se quedan y slo al fuerte le da la razon la posteridad.

--Pero, seor Simoun, semejantes medidas pueden provocar disturbios,
observ don Custodio, inquieto por el giro que tomaba el asunto.

--Disturbios, ja ja! Se rebel acaso el pueblo egipcio alguna vez,
se rebelaron los prisioneros judos contra el piadoso Tito? Hombre,
le crea  V. ms enterado en historia!

Est visto que aquel Simoun  era muy presumido  no tena
formas! Decir al mismo don Custodio en su cara que no saba historia,
es para sacarle  cualquiera de sus casillas! Y as fu, don Custodio
se olvid y replic:

--Es que no est usted entre egipcios ni judos!

--Y este pas se ha sublevado ms de una vez, aadi el dominico
con cierta timidez; en los tiempos en que se les obligaba  acarrear
grandes rboles para la construccion de navos, si no fuera por los
religiosos...

--Aquellos tiempos estn lejos, contest Simoun rindose ms secamente
aun de lo que acostumbraba; estas islas no volvern  sublevarse
por ms trabajos  impuestos que tengan... No me ponderaba usted
P. Salv,--aadi dirigindose al franciscano delgado,--la casa y el
hospital de Los Baos donde ahora se encuentra su Excelencia?

El P. Salv hizo un movimiento con la cabeza y mir extraando la
pregunta.

--Pues no me haba dicho usted que ambos edificios se levantaron
obligando  los pueblos  trabajar en ellos bajo el ltigo de un
lego? Probablemente el Puente del Capricho se construy de la misma
manera! Y digan ustedes, se sublevaron estos pueblos?

--Es que... se sublevaron antes, observ el dominico; y ab actu ad
posse valet illatio!.

--Nada, nada, nada! continu Simoun disponindose  bajar  la
cmara por la escotilla; lo dicho, dicho. Y usted P. Sibyla, no
diga ni latines ni tonteras. Para que estarn ustedes los frailes,
si el pueblo se puede sublevar?

Y sin hacer caso de las protestas ni de las rplicas, Simoun baj por
la pequea escalera que conduce al interior repitiendo con desprecio:
Vaya, vaya!

El P. Sibyla estaba plido; era la primera vez que  l, Vice Rector de
la Universidad, se le atribuan tonteras; don Custodio estaba verde:
en ninguna junta en que se haba encontrado haba visto adversario
semejante. Aquello era demasiado.

--Un mulato americano! exclam refunfuando.

--Indio ingls! observ en voz baja Ben Zayb.

--Americano, se lo digo  usted si lo sabr yo? contest de mal humor
don Custodio; S. E. me lo ha contado; es un joyero que l conoci
en la Habana y que segun sospecho le ha proporcionado el destino
prestndole dinero. Por eso, para pagarle le ha hecho venir  que
haga de las suyas, aumente su fortuna vendiendo brillantes... falsos,
quien sabe! Y es tan ingrato que despues de sacar los cuartos  los
indios todava quiere que... Pf!

Y termin la frase con un gesto muy significativo de la mano.

Ninguno se atreva  hacer coro  aquellas diatribas; don Custodio
poda indisponerse con S. E. si quera, pero ni Ben Zayb, ni el
P. Irene, ni el P. Salv, ni el ofendido P. Sibyla tenan confianza
en la discrecion de los dems.

--Es que ese seor, como es americano, se cree sinduda que estamos
tratando con los Pieles Rojas... Hablar de esos asuntos en un
vapor! Obligar, forzar  la gente!... Y es se el que aconsej
la espedicion  Carolinas, la campaa de Mindanaw que nos va 
arruinar infamemente... Y es l quien se ha ofrecido  intervenir
en la construccion del crucero, y digo yo qu entiende un joyero,
por rico  ilustrado que fuese, de construcciones navales?

Todo esto se lo deca en voz gutural don Custodio  su vecino Ben
Zayb gesticulando, encogindose de hombros, consultando de tiempo en
tiempo con la mirada  los dems que hacan movimientos ambiguos de
cabeza. El cannigo Irene se permita una sonrisa bastante equvoca
que medio ocultaba con la mano al acariciar su nariz.

--Le digo  usted, Ben Zayb, continuaba don Custodio sacudindole
al escritor del brazo; todo el mal aqu est en que no se consulta
 las personas que tienen larga residencia. Un proyecto con grandes
palabras y sobre todo con un gran presupuesto, con un presupuesto en
cantidades redondas, alucina y se acepta en seguida... por esto!

Don Custodio frotaba la yema del dedo pulgar contra las del ndice
y del medio.

--Algo de eso hay, algo de eso, crey deber contestar Ben Zayb que,
en su calidad de periodista, tena que estar enterado de todo.

--Mire usted, antes que las obras del Puerto, he presentado yo un
proyecto, original, sencillo, til, econmico y factible para limpiar
la barra de la Laguna y no se ha aceptado porque no daba de esto!

Y repiti el mismo gesto de los dedos, se encoji de hombros, mir
 todos como dicindoles: Ustedes han visto semejante desgracia?

--Y se puede saber en qu consista?--Y...--Hola! exclamaron unos
y otros acercndose y aprestndose  escuchar. Los proyectos de don
Custodio eran famosos como los especficos de los curanderos.

Don Custodio estuvo  punto de no decirles en que consista, resentido
por no haber encontrado partidarios cuando sus diatribas contra
Simoun. Cuando no hay peligro quereis que hable, eh? y cuando
lo hay os callais? iba  decir, pero era perder una buena ocasion,
y el proyecto, ya que no se poda realizar, al menos que se conozca
y se admire.

Despues de dos  tres bocanadas de humo, de toser y de escupir por
una comisura, pregunt  Ben Zayb dndole una palmada sobre el muslo:

--Usted ha visto patos?

--Me parece... los hemos cazado en el lago, respondi Ben Zayb
estraado.

--No, no hablo de patos silvestres, hablo de los domsticos, de los
que se cran en Pateros y en Pasig. Y sabe usted de qu se alimentan?

Ben Zayb, la nica cabeza pensante, no lo saba: l no se dedicaba
 aquella industria.

--De caracolitos, hombre, de caracolitos! contest el P. Camorra;
no se necesita ser indio para saberlo, basta tener ojos!

--Justamente, de caracolitos! repeta don Custodio gesticulando con
el dedo ndice; y usted sabe de dnde se sacan?

La cabeza pensante tampoco lo saba.

--Pues si tuviera usted mis aos de pais, sabra que los pescan en
la barra misma donde abundan mezclados con la arena.

--Y su proyecto?

--Pues  eso voy. Obligaba yo  todos los pueblos del contorno,
cercanos  la barra,  criar patos y ver V. como ellos, por s solos,
la profundizan pescando caracoles... Ni ms ni menos, ni menos ni ms.

Y don Custodio abra ambos brazos y contemplaba gozoso el estupor de
sus oyentes:  ninguno se le haba occurido tan peregrina idea.

--Me permite usted que escriba un artculo acerca de eso? pregunt
Ben Zayb; en este pas se piensa tan poco...

--Pero, don Custodio, dijo doa Victorina haciendo dengues y monadas;
si todos se dedican  criar patos van  abundar los huevos balot. Uy,
qu asco! Que se ciegue antes la barra!






II

BAJO-CUBIERTA


All abajo pasaban otras escenas.

Sentados en bancos y en pequeos taburetes de madera, entre maletas,
cajones, cestos y tampipis,  dos pasos de la mquina, al calor de
las calderas, entre vaho humano y olor pestilente de aceite, se vea
la inmensa mayora de los pasageros.

Unos contemplan silenciosos los variados paisajes de la orilla,
otros juegan  las cartas  conversan en medio del estruendo de las
palas, ruido de la mquina, silbidos de vapor que se escapa, mugidos
de agua removida, pitadas de la bocina. En un rincon, hacinados como
cadveres, dorman  trataban de dormir algunos chinos traficantes,
mareados, plidos, babeando por los entreabiertos labios, y baados en
el espeso sudor que se escapa de todos sus poros. Solamente algunos
jvenes, estudiantes en su mayor parte, fciles de reconocer por
su traje blanqusimo y su porte aliado, se atrevan  circular de
popa  proa, saltando por encima de cestos y cajas, alegres con la
perspectiva de las prximas vacaciones. Tan pronto discutan los
movimientos de la mquina tratando de recordar nociones olvidadas de
Fsica, como rondaban al rededor de la joven colegiala, de la buyera
de labios rojos y collar de sampagas, susurrndoles al oido palabras
que las hacan sonreir  cubrirse la cara con el pintado abanico.

Dos, sin embargo, en vez de ocuparse en aquellas galanteras pasageras,
discutan en la proa con un seor de edad, pero aun arrogante y bien
derecho. Ambos deban ser muy conocidos y considerados  juzgar por
ciertas deferencias que les mostraban los dems. En efecto, el de ms
edad, el que va vestido todo de negro era el estudiante de Medicina
Basilio, conocido por sus buenas curas y maravillosos tratamientos. El
otro, el ms grande y ms robusto con ser mucho ms joven, era Isagani,
uno de los poetas  cuando menos versistas que salieron aquel ao del
Ateneo, caracter original, de ordinario poco comunicativo, y bastante
taciturno. El seor que hablaba con ellos era el rico Capitan Basilio
que vena de hacer compras en Manila.

--Capitan Tiago va muy regular, s seor, deca el estudiante moviendo
la cabeza; no se somete  ningun tratamiento... Aconsejado por alguno
me enva  S. Diego so pretesto de visitar la casa, pero es para que
le deje fumar el opio con entera libertad.

El estudiante cuando deca alguno, daba  entender el P. Irene,
gran amigo y gran consejero de Capitan Tiago en sus ltimos das.

--El opio es una de las plagas de los tiempos modernos, repuso el
Capitan con un desprecio  indignacion de senador romano; los antiguos
lo conocieron, mas nunca abusaron de l. Mientras dur la aficion
 los estudios clsicos (obsrvenlo bien, jvenes) el opio solo fu
medicina,  y si no, dganme quines lo fuman ms. Los chinos, los
chinos que no saben una palabra de latin! Ah si Capitan Tiago se
hubiese dedicado  Ciceron!...

Y el disgusto ms clsico se pint en su cara de epicreo bien
afeitado. Isagani le contemplaba con atencion: aquel seor padeca
la nostalgia de la antigedad.

--Pero, volviendo  esa Academia de Castellano, continu Capitan
Basilio; les aseguro  ustedes que no la han de realizar...

--S seor,  de un da  otro esperamos  el  permiso, contesta Isagani;
el P. Irene, que usted habr visto arriba, y  quien regalamos una
pareja de castaos, nos lo ha prometido. Va  verse con el General.

--No importa! el P. Sibyla se opone!

--Que se oponga! Por eso viene para... en Los Baos, ante el General.

Y el estudiante Basilio haca una mmica con sus dos puos hacindolos
chocar uno contra el otro.

--Entendido! observ riendo Capitan Basilio. Pero aunque ustedes
consigan el permiso, de dnde sacarn fondos...?

--Los tenemos, seor; cada estudiante contribuye con un real.

--Pero y los profesores?

--Los tenemos; la mitad filipinos y la mitad peninsulares.

--Y la casa?

--Makaraig, el rico Makaraig cede una de las suyas.

Capitan Basilio tuvo que darse por vencido: aquellos jvenes tenan
todo dispuesto.

--Por lo dems, dijo encogindose de hombros, no es mala del todo, no
es mala la idea, y ya que no se puede poseer el latin, que al menos
se posea el castellano. Ah tiene usted, tocayo, una prueba de cmo
vamos para atrs. En nuestro tiempo aprendamos latin porque nuestros
libros estaban en latin; ahora ustedes lo aprenden un poco pero no
tienen libros en latin, en cambio sus libros estan en castellano
y no se ensea este idioma: tas parentum pejor avis tulit nos
nequiores! como deca Horacio.

Y dicho esto se alej magestuosamente como un emperador romano. Los
dos jvenes se sonrieron.

--Esos hombres del pasado, observ Isagani, para todo encuentran
dificultades; se les propone una cosa y en vez de ver las ventajas
solo se fijan en los inconvenientes. Quieren que todo venga liso y
redondo como una bola de billar.

--Con tu to est  su gusto, observ Basilio; hablan de sus antiguos
tiempos... Oye,  propsito qu dice tu to de Paulita?

Isagani se ruboriz.

--Me ech un sermon sobre la eleccion de esposa... Le contest que
en Manila no haba otra como ella, hermosa, bien educada, hurfana...

--Riqusima, elegante, graciosa, sin ms defectos que una ta ridcula,
aadi Basilio riendo.

Isagani se ri  su vez.

--A propsito de la ta, sabes que me ha encargado busque  su marido?

--Doa Victorina? Y t se lo habrs prometido para que te conserve
la novia?

--Naturalmente! pero es el caso que el marido se esconde
precisamente... en casa de mi to!

Ambos se echaron  reir.

--Y h aqu, continu Isagani, el por qu mi to que es un hombre
muy concienzudo, no ha querido entrar en la cmara, temeroso de
que doa Victorina le pregunte por don Tiburcio. Figrate! Doa
Victorina, cuando supo que yo era pasagero de proa, me mir con
cierto desprecio...

En aquel instante bajaba Simoun y al ver  los dos jvenes,

--Adios, don Basilio!, dijo saludando en tono protector, se va de
vacaciones? El seor es paisano de usted?

Basilio present  Isagani y dijo que no eran compoblanos, pero que
sus pueblos no distaban mucho. Isagani viva  orillas del mar en la
contra costa.

Simoun examinaba  Isagani con tanta atencion, que molestado ste se
volvi y le mir cara  cara con un cierto aire provocador.

--Y qu tal es la provincia? pregunt Simoun volvindose  Basilio.

--Cmo, no la conoce usted?

--Cmo diablos la he de conocer si no he puesto jams los pis en
ella? Me han dicho que es muy pobre y no compra alhajas.

--No compramos alhajas porque no las nececitamos, contest secamente
Isagani, picado en su orgullo de provinciano.

Una sonrisa se dibuj en los plidos labios de Simoun.

--No se ofenda usted joven, repuso, yo no tena ninguna mala intencion
pero como me haban  asegurado  que  casi todos los curatos estaban
en manos de clrigos indios, yo me dije: los frailes se mueren por un
curato y los franciscanos se contentan con los ms pobres, de modo
que cuando unos y otros los ceden  los clrigos, es que all no se
conocer jams el perfil del rey. Vaya seores, vnganse ustedes 
tomar conmigo cerveza y brindaremos por la prosperidad de su provincia!

Los jvenes dieron las gracias y se escusaron diciendo que no tomaban
cerveza.

--Hacen ustedes mal, repuso Simoun visiblemente contrariado; la
cerveza, es una cosa buena, y he oido decir esta maana al P. Camorra
que la falta de energa que se nota en este pas se debe  la mucha
agua que beben sus habitantes.

Isagani que casi era tan alto como el joyero, se irgui!

--Pues dgale usted al P. Camorra, se apresur  decir Basilio tocando
con el codo disimuladamiente  Isagani, dgale usted que si l bebiese
agua en vez de vino  de cerveza, acaso gansemos todos y no diese
mucho que hablar...

--Y dgale, aadi Isagani, sin hacer caso de los codazos de su
amigo, que el agua es muy dulce y se deja beber, pero ahoga al vino
y  la cerveza y mata al fuego; que calentada es vapor, que irritada
es ocano y que una vez destruy  la humanidad  hizo temblar al
mundo en sus cimientos!

Simoun levant la cabeza y aunque su mirada no se poda leer oculta
por sus gafas azules, en el resto de su semblante se poda ver que
estaba sorprendido.

--Bonita rplica! dijo; pero tmome que se guasee y me pregunte cundo
se convertir el agua en vapor y cundo en ocano. El P. Camorra es
algo incrdulo y muy zumbon!

--Cuando el fuego lo caliente, cuando los pequeos ros que ahora
se encuentran diseminados en sus abruptas cuencas, empujados por
la fatalidad se reunan en el abismo que los hombres van cavando,
contest Isagani.

--No, seor Simoun, aadi Basilio tomando un tono de broma. Reptale
usted ms bien estos versos del mismo amigo Isagani:


            Agua somos, decs, vosotros fuego;
            Como lo querais, sea!
            Vivamos en sosiego
            Y el incendio jams luchar nos vea!
            Sino que unidos por la ciencia sabia
            De las calderas en el seno ardiente,
            Sin cleras, sin rabia,
            Formemos el vapor, quinto elemento,
            Progreso, vida, luz y movimiento!


--Utopa, utopa! contest secamente Simoun; la mquina est por
encontrarse... en el entretanto tomo mi cerveza.

Y sin despedirse dej  los dos amigos.

--Pero qu tienes t hoy que ests batallador? pregunt Basilio.

--Nada, no lo s, pero ese hombre me da horror, miedo casi.

--Te estaba tocando con el codo; no sabes que  ese le llaman el
cardenal Moreno?

--Cardenal Moreno?

--O Eminencia Negra, como quieras.

--No te entiendo!

--Richelieu tena un consultor capuchino  quien llamaban Eminencia
Gris; pues ste lo es del General...

--De veras?

--Como que lo he oido de alguno... que siempre habla de l mal detrs,
y le adula cuando le tiene delante.

--Visita tambien  Capitan Tiago?

--Desde el primer da de su llegada, y por cierto que un cierto le
considera como rival... en la herencia... Y creo que va  verse con
el General para la cuestion de la enseanza del castellano.

En aquel momento un criado vino para decir  Isagani que su to
le llamaba.

En uno de los bancos de popa y confundido con los dems pasageros
se sentaba un clrigo contemplando el paisaje que se desplegaba
sucesivamente  su vista. Sus vecinos le hacan sitio, les hombres,
cuando pasaban cerca, se descubran y los jugadores no osaban poner
su mesa cerca de donde l estaba. Aquel sacerdote hablaba poco, no
fumaba ni adoptaba maneras arrogantes, no desdeaba mezclarse con
los dems hombres y devolva el saludo con finura y gracia como si
se sintiese muy honrado y muy reconocido. Era ya de bastante edad,
los cabellos casi todos canos, pero su salud pareca aun robusta y,
aunque sentado, tena el tronco erguido y la cabeza recta, pero sin
orgullo ni arrogancia. Diferencibase del vulgo de clrigos indios,
pocos por dems, que por aquella poca servan como coadjutores 
administraban algunos curatos provisionalmente, en cierto aplomo y
gravedad como quien tiene conciencia de la dignidad de su persona y
de lo sagrado de su cargo. Un ligero examen de su exterior, si no
ya sus cabellos blancos, manifestaba al instante que perteneca 
otra poca,  otra generacion, cuando los mejores jvenes no teman
exponer su dignidad hacindose sacerdotes, cuando los clrigos
miraban de igual  igual  los frailes cualesquiera, y cuando la
clase, aun no denigrada y envilecida, peda hombres libres y no
esclavos, inteligencias superiores y no voluntades sometidas. En su
rostro triste y serio se lea la tranquilidad del alma fortalecida
por el estudio y la meditacion y acaso puesta  prueba por ntimos
sufrimientos morales. Aquel clrigo era el P. Florentino, el to de
Isagani y su historia se reduce  muy poco.

Hijo de una riqusima y bien relacionada familia de Manila, de
gallardo continente y felices disposiciones para brillar en el mundo,
jams haba sentido vocacion sacerdotal; pero, su madre, por ciertas
promesas  votos, le oblig  entrar en el seminario despues de no
pocas luchas y violentas discusiones. Ella tena grandes amistades
con el arzobispo, era de una voluntad de hierro,  inexorable como
toda mujer devota que cree interpretar la voluntad de Dios. En vano
se opuso el joven Florentino, en vano suplic, en vano se escus
con sus amores y provoc escndalos; sacerdote tena que ser y  los
veinticinco aos sacerdote fu: el arzobispo le confiri las rdenes,
la primera misa se celebr con mucha pompa, hubo tres das de festin
y la madre muri contenta y satisfecha dejndole toda su fortuna.

Pero en aquella lucha recibi Florentino una herida de la que jams
se cur: semanas antes de su primera misa, la mujer que ms haba
amado se cas con un cualquiera, de desesperacion; aquel golpe fu
el ms rudo que sintiera jams; perdi su energa moral, la vida le
fu pesada  insoportable. Si no la virtud y el respeto  su estado,
aquel amor desgraciado le salv de los abismos en que caen los curas
regulares y seglares en Filipinas. Dedicse  sus feligreses por deber,
y por aficion,  las ciencias naturales.

Cuando acontecieron los sucesos del setenta y dos, temi el
P. Florentino que su curato por los grandes beneficios que renda
llamase la atencion sobre l, y pacfico antes que todo solicit su
retiro, viviendo desde entonces como particular en los terrenos de su
familia, situados  orillas del Pacfico. All adopt  un sobrino,
 Isagani, segun los maliciosos hijo suyo con su antigua novia cuando
enviud, hijo natural de una prima suya en Manila segun los ms serios
y enterados.

El Capitan del vapor haba visto al clrigo  instdole  que entrra
en la cmara y subiese sobre-cubierta. Para decidirle haba aadido:

--Si usted no va, los frailes creern que no quiere reunirse con ellos.

El P. Florentino no tuvo ms remedio que aceptar y mand llamar  su
sobrino para enterarle de lo que suceda y recomendarle no se acercase
 la cmara mientras estuviese all.

--Si te ve el Capitan, te va  invitar y abusaramos de su bondad.

--Cosas de mi to! pensaba Isagani; todo es para que no tenga motivos
de hablar con doa Victorina.






III

LEYENDAS

                                Ich weiss nicht was soll es bedeuten
                                    Dass ich so traurig bin!


Cuando el P. Florentino salud  la pequea sociedad ya no reinaba
el mal humor de las pasadas discusiones. Quizs influyeran en los
nimos las alegres casas del pueblo de Pasig, las copitas de Jerez
que haban tomado para prepararse  acaso la perspectiva de un buen
almuerzo; sea una cosa  otra el caso es que rean y bromeaban incluso
el franciscano flaco, aunque sin hacer mucho ruido: sus risas parecan
muecas de moribundo.

--Malos tiempos, malos tiempos! deca riendo el P. Sibyla.

--Vamos,  no diga usted eso, Vice-Rector! contestaba el cannigo
Irene empujando la silla en que aquel se sentaba; en Hong Kong hacen
ustedes negocio redondo y construyen cada finca que... vaya!

--Tate, tate! contestaba; ustedes no ven nuestros gastos, y los
inquilinos de nuestras haciendas empiezan  discutir...

--Ea, basta de quejas, puales, porque si no me pondr  llorar! grit
alegremente el P. Camorra. Nosotros no nos quejamos y no tenemos ni
haciendas, ni bancos. Y sepan que mis indios empiezan  regatear los
derechos y me andan con tarifas! Miren que citarme  m tarifas ahora,
y nada menos que del arzobispo don Basilio Sancho, puales! como si
de entonces ac no hubiesen subido los precios de los artculos. Ja,
ja, ja! Por qu un bautizo ha de ser menos que una gallina? Pero yo
me hago el sueco, cobro lo que puedo y no me quejo nunca. Nosotros
no somos codiciosos, verd usted, P. Salv?

En aquel momento apareci por la escotilla la cabeza de Simoun.

--Pero dnde se ha metido usted? le grit don Custodio que se haba
olvidado ya por completo del disgusto; se perdi usted lo ms bonito
del viaje!

--Psh! contest Simoun acabando de subir; he visto ya tantos ros
y tantos paisajes que solo me interesan los que recuerdan leyendas...

--Pues leyendas, algunas tiene el Pasig, contest el Capitan que no
le gustaba que le despreciasen el ro por donde navegaba y ganaba
su vida; tiene usted la de Malapad-na-bat, roca sagrada antes de la
llegada de los espaoles como habitacion de los espritus; despues,
destruida la supersticion y profanada la roca, convirtiose en nido de
tulisanes desde cuya cima apresaban facilmente  las pobres bankas
que tenan  la vez que luchar contra la corriente y contra los
hombres. Ms tarde, en nuestros tiempos, apesar del hombre que ha
puesto en ella la mano, menciona tal  cual historia de banka volcada
y si yo al doblarla no anduviese con mis seis sentidos, me estrellara
contra sus costados. Tiene usted otra leyenda, la de la cueva de doa
Jernima que el P. Florentino se lo podr  usted contar...

--Todo el mundo la sabe! observ el P. Sibyla desdeoso.

Pero ni Simoun, ni Ben Zayb, ni el P. Irene, ni el P. Camorra la
saban y pidieron el cuento unos por guasa y otros por verdadera
curiosidad. El clrigo, adoptando el mismo tono guason con que algunos
se lo pedan, como un aya cuenta un cuento  los nios dijo:

--Pues rase un estudiante que haba dado palabra de casamiento  una
joven de su pas, y de la que al parecer no se volvi  acordar. Ella,
fiel, le estuvo esperando aos y aos; pas su juventud, se hizo
jamona y un da tuvo noticia de que su antiguo novio era arzobispo de
Manila. Difrazse de hombre, se vino por el Cabo y se present  su
Ilustrsima reclamndole la promesa. Lo que peda era imposible y el
arzobispo mand entonces construir la cueva que ustedes habrn visto
tapiada y adornada  su entrada por encajes de enredaderas. All
vivi y muri y all fu enterrada y cuenta la tradicion que doa
Jernima era tan gruesa que para entrar tena que perfilarse. Su fama
de encantada le vino de su costumbre de arrojar al ro la vajilla
de plata de que se serva en los opparos banquetes  que acudan
muchos seores. Una red  estaba tendida debajo del agua y reciba
las piezas que as se lavaban. No hace aun veinte aos el ro pasaba
casi besando la entrada misma de la cueva, pero poco  poco se va
retirando de ella como se va olvidando su memoria entre los indios.

--Bonita leyenda! dijo Ben Zayb, voy  escribir un artculo. Es
sentimental!

Doa Victorina pensaba habitar otra cueva  iba  decirlo cuando
Simoun le quit la palabra:

--Pero qu opina usted de ello, P. Salv? pregunt al franciscano
que estaba absorto en alguna meditacion; no le parece  usted que
su Ilustrsima, en vez de darle una cueva, deba haberla puesto en
un beaterio, en santa Clara por ejemplo?

Movimiento de asombro en P. Sibyla quien vi al P. Salv estremecerse
y mirar de reojo hcia Simoun.

--Porque no es nada galante, continu Simoun con la mayor naturalidad,
dar una pea por morada  la que burlamos en sus esperanzas; no
es nada religioso esponerla as  las tentaciones, en una cueva,
 orillas de un ro; huele algo  ninfas y  driadas. Habra sido
ms galante, ms piadoso, ms romntico ms en conformidad con los
usos de este pas encerrarla en santa Clara como una nueva Heloisa,
para visitarla y confortarla de cuando en cuando. Qu dice usted?

--Yo no puedo ni debo juzgar la conducta de los arzobispos, contest
el franciscano de mala gana.

--Pero usted que es el gobernador eclesistico, el que est en lugar
de nuestro arzobispo, qu hara usted si tal caso le aconteciese?

El P. Salv se encogi de hombros, y aadi con calma:

--No vale la pena pensar en lo que no puede suceder... Pero puesto
que se habla de leyendas, no se olviden ustedes de la ms bella
por ser la ms verdadera, la del milagro de S. Nicolas, las ruinas
de cuyo templo habrn ustedes visto. Se la voy  contar al seor
Simoun que no debe saberla. Parece que antes, el ro como el lago,
estaban infestados de caimanes, tan enormes y voraces que atacaban
 las bankas y las hacan zozobrar de un coletazo. Cuentan nuestras
crnicas que un da, un chino infiel que hasta entonces no haba
querido convertirse, pasaba por delante de la iglesia, cuando de
repente el demonio se le present en forma de caiman, le volc la
banka para devorarle y llevarle al infierno. Inspirado por Dios,
el chino invoc en el momento  S. Nicols y al instante el caiman
se convirti en piedra. Los antiguos refieren que en su tiempo se
poda reconocer muy bien al monstruo en los trozos de roca que de l
quedaron; por m puedo asegurar que todava distingu claramente la
cabeza y  juzgar por ella el monstruo debi haber sido enorme.

--Maravillosa, maravillosa leyenda! exclam Ben Zayb, y se presta
para un artculo. La descripcion del monstruo, el terror del chino,
las aguas del ro, los caaverales... Y se presta para un estudio de
religiones comparadas. Porque mire usted, un chino infiel invocar
en medio del mayor peligro precisamente  un santo que solo deba
conocer de oidas y en quien no crea... Aqu no reza el refran de ms
vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Yo si me encontrase
en la China y me viese en semejante apuro, primero invocaba al santo
ms desconocido del calendario que  Confucio   Budha. Si esto es
superioridad manifiesta del catoliscismo  inconsistencia ilgica 
inconsecuente de los cerebros de raza amarilla, el estudio profundo
de la antropologa lo podr solamente dilucidar.

Y Ben Zayb haba adoptado el tono de un catedrtico y con el
ndice trazaba crculos en el aire admirndose de su imaginacion
que saba sacar de las cosas ms insignificantes tantas alusiones y
consecuencias. Y como viera  Simoun preocupado y creyese que meditaba
sobre lo que acababa de decir, le pregunt en qu estaba pensando.

--En dos cosas muy importantes, respondi Simoun, dos preguntas que
puede usted aadir  su artculo. Primera qu habr sido del diablo al
verse de repente encerrado dentro de una piedra? se escap? se qued
all? quedse aplastado? y segunda, si los animales petrificados
que he visto yo en varios museos de Europa no habrn sido vctimas
de algun santo antidiluviano?

El tono con que hablaba el joyero era tan serio, y apoyaba su frente
contra la punta del dedo ndice como en seal de gran cavilacion,
que el P. Camorra contest muy serio:

--Quin sabe, quin sabe!

--Y pues que de leyendas se trata, y entramos ahora en el lago,
repuso el P. Sibyla, el Capitan debe conocer muchas...

En aquel momento el vapor entraba en la barra y el panorama que
se estenda ante sus ojos era verdaderamente magnfico. Todos se
sintieron impresionados. Delante se estenda el hermoso lago rodeado de
verdes orillas y montaas azules como un espejo colosal con marco de
esmeraldas y zafiros para mirarse en su luna el cielo. A la derecha
se estenda la orilla baja, formando senos con graciosas curvas,
y all  lo lejos, medio borrado, el gancho del Sugay: delante y en
el fondo se levanta el Makiling magestuoso, imponente, coronado de
ligeras nubes: y  la izquierda la isla de Talim, el Susong-dalaga,
con las mrbidas ondulaciones que le han valido su nombre.

Una brisa fresca rizaba dulcemente la estensa superficie.

--A propsito, Capitan, dijo Ben Zayb volvindose; sabe usted en
qu parte del lago fu muerto un tal Guevara, Navarra,  Ibarra?

Todos miraron al Capitan menos Simoun que volvi la cabeza  otra
parte como para buscar algo en la orilla.

--Ay s! dijo doa Victorina, dnde, Capitan? habr dejado huellas
en el agua?

El buen seor gui varias veces, prueba de que estaba muy contrariado,
pero, viendo la splica en los ojos de todos, se adelant algunos
pasos  proa y escudri la orilla.

--Miren ustedes all, dijo en voz apenas perceptible despues de
asegurarse de que no haba personas estraas; segun el cabo que
organiz la persecucion, Ibarra, al verse cercado, se arroj de
la banka all cerca del Kinabutsan y, nadando y nadando entre dos
aguas, atraves toda esa distancia de ms de dos millas, saludado
por las balas cada vez que sacaba la cabeza para respirar. Ms all
fu donde perdieron su traza y un poco ms lejos, cerca de la orilla,
descubrieron algo como color de sangre... Y precisamente! hoy hace
trece aos, da por da, que esto ha sucedido.

--De manera que su cadver?... pregunt Ben Zayb.

--Se vino  reunir con el de su padre, contest el P. Sibyla; no
era tambien otro filibustero, P. Salv?

--Esos s que son entierros baratos, P. Camorra, h? dijo Ben Zayb.

--Siempre he dicho yo que son filibusteros los que no pagan entierros
pomposos, contest el aludido riendo con la mayor alegra.

--Pero qu le pasa  usted, seor Simoun? pregunt Ben Zayb viendo al
joyero, inmvil y meditabundo. Est usted mareado, usted, viajero! y
en una gota de agua como esta?

--Es que le dir  usted, contest el Capitan que haba concluido
por profesar cario  todos aquellos sitios; no llame usted  esto
gota de agua: es ms grande que cualquier lago de Suiza y que todos
los de Espaa juntos; marinos viejos he visto yo que se marearon aqu.






IV

CABESANG TALES


Los que han leido la primera parte de esta historia, se acordarn
tal vez de un viejo leador que viva all en el fondo de un bosque.

Tandang Selo vive todava y aunque sus cabellos se han vuelto todos
canos, conserva no obstante su buena salud. Ya no va  cazar ni 
cortar rboles; como ha mejorado de fortuna solo se dedica  hacer
escobas.

Su hijo Tales (abreviacion de Telesforo) primero haba trabajado
como aparcero en los terrenos de un capitalista, pero, ms tarde,
dueo ya de dos karabaos y de algunos centenares de pesos, quiso
trabajar por su cuenta ayudado de su padre, su mujer y sus tres hijos.

Talaron pues y limpiaron unos espesos bosques que se encontraban en los
confines del pueblo y que crean no pertenecan  nadie. Durante los
trabajos de roturacion y saneamiento, toda la familia, uno tras otro,
enferm de calenturas, sucumbiendo de marasmo la madre y la hija mayor,
la Luca, en la flor de la edad. Aquello que era consecuencia natural
del suelo removido, fecundo en organismos varios, lo atribuyeron  la
venganza del espritu del bosque, y se resignaron y prosiguieron sus
trabajos creyndole ya aplacado. Cuando iban  recoger los frutos de
la primera cosecha, una corporacion religiosa que tena terrenos en
el pueblo vecino, reclam la propiedad de aquellos campos, alegando
que se encontraban dentro de sus linderos, y para probarlo trat de
plantar en el mismo momento sus jalones. El administrador de los
religiosos, sin embargo, le dejaba por humanidad el usufructo de
los campos siempre que le pagase anualmente una pequea cantidad,
una bicoca veinte  treinta pesos.

Tales, pacfico como el que ms, enemigo de pleitos como muchos, y
sumiso  los frailes como pocos, por no romper un palyok contra un
kawal como l deca, (para l los frailes eran vasijas de hierro,
y l, de barro) tuvo la debilidad de ceder  semejante pretension,
pensando en que no saba el castellano y no tena con que para pagar
abogados. Por lo dems Tandang Selo le deca:

--Paciencia! ms has de gastar en un ao pleiteando que si pagas
en diez lo que exigen los Padres blancos. Hmh! Acaso te lo paguen
ellos en misas. Haz como si esos treinta pesos los hubieses perdido
en el juego,  se hubiesen caido en el agua tragndolos el caiman.

La cosecha fu buena, se vendi bien, y Tales pens en construirse
una casa de tabla en el barrio de Sagpang del pueblo de Tian, vecino
de San Diego.

Pas otro ao, vino otra cosecha buena y por ste y aquel motivo,
los frailes le subieron el cnon  cincuenta pesos que Tales pag
para no reir y porque contaba vender bien su azcar.

--Paciencia! Haz cuenta como si el caiman hubiese crecido, deca
consolndole el viejo Selo.

Aquel ao pudieron al fin realizar su ensueo: vivir en poblado,
en su casa de tabla, en el barrio de Sagpang y el padre y el abuelo
pensaron en dar alguna educacion  los dos hermanos, sobre todo  la
nia,  Juliana  Jul como la llamaban, que prometa ser agraciada y
bonita. Un muchacho amigo de la casa, Basilio, estudiaba ya entonces
en Manila y aquel joven era de tan humilde cuna como ellos.

Pero este sueo pareca destinado  no realizarse.

El primer cuidado que tuvo la sociedad al ver  la familia prosperar
poco  poco, fu nombrar cabeza de barangay al miembro que en ella ms
trabajaba; Tan, el hijo mayor solo contaba catorce aos. Se llam
pues Cabesang Tales, tuvo que mandarse hacer chaqueta, comprarse un
sombrero de fieltro y prepararse  hacer gastos. Para no reir con el
cura ni con el gobierno abonaba de su bolsillo las bajas del padron,
pagaba por los idos y los muertos, perda muchas horas en las cobranzas
y en los viajes  la cabecera.

--Paciencia! Haz cuenta como si los parientes del caiman hubiesen
acudido, deca Tandang Selo sonriendo plcidamente.

--El ao que viene te vestirs de cola  irs  Manila para estudiar
como las seoritas del pueblo! deca Cabesang Tales  su hija siempre
que la oa hablar de los progresos de Basilio.

Pero el ao que viene no vena y en su lugar haba otro aumento
de cnon; Cabesang Tales se pona serio y se rascaba la cabeza. El
puchero de barro ceda su arroz al caldero.

Cuando el cnon ascendi  doscientos pesos, Cabesang Tales no se
content con rascarse la cabeza ni suspirar: protest y murmur. El
fraile administrador djole entonces que si no los poda pagar,
otro se encargara de beneficiar aquellos terrenos. Muchos que la
codiciaban se ofrecan.

Cabesang Tales crey que el fraile se chanceaba pero el fraile
hablaba en serio y sealaba  uno de sus criados para tomar posesion
del terreno. El pobre hombre palideci, sus oidos le zumbaron, una
nube roja se interpuso delante de sus ojos y en ella vi  su mujer
y  su hija, plidas, demacradas, agonizando, vctimas de fiebres
intermitentes! Y luego vea el bosque espeso, convertido en campo,
vea arroyos de sudor regando los surcos, se vea all,  s mismo,
pobre Tales, arando en medio del sol, destrozndose los pis contra
las piedras y raices, mientras aquel lego se paseaba en su coche
y aquel que lo iba  heredar, segua como un esclavo detrs de su
seor. Ah no! mil veces no! que se hundan antes aquellos campos en
las profundidades de la tierra y que se sepulten ellos todos. Quin
era aquel estrangero para tener derecho sobre sus tierras? Haba
traido al venir de su pas un puado solo de aquel polvo? se haba
doblado uno solo de sus dedos para arrancar una sola de las raices
que los surcaban?

Exasperado ante las amenazas del fraile que pretenda hacer prevalecer
su autoridad  toda costa delante de los otros inquilinos, Cabesang
Tales se rebel, se neg  pagar un solo cuarto y teniendo siempre
delante la nube roja, dijo que solo cedera sus campos al que primero
los regase con la sangre de sus venas.

El viejo Selo, al ver el rostro de su hijo, no se atrevi  mencionar
su caiman pero intent calmarle  hablndole de vasijas de barro y
recordndole que en los pleitos el que gana se queda sin camisa.

--En polvo nos hemos de convertir, padre, y sin camisa hemos
nacido! contest.

Y se neg resueltamente  pagar ni  ceder un palmo siquiera de
sus tierras, si antes no probaban los frailes la legitimidad de sus
pretensiones con la exhibicion de un documento cualquiera. Y como
los frailes no lo tenan, hubo pleito, y Cabesang Tales lo acept
creyendo que, si no todos, algunos al menos amaban la justicia y
respetaban las leyes.

--Sirvo y he estado sirviendo muchos aos al rey con mi dinero y mis
fatigas, deca  los que le desalentaban; yo le pido ahora que me
haga justicia y tiene que hacrmela.

Y  arrastrado por una fatalidad y cual si jugase en el pleito todo
su porvenir y el de sus hijos, fu gastando sus economias en pagar
abogados, escribanos y procuradores, sin contar con los oficiales
y escribientes que explotaban su ignorancia y su situacion. Iba y
vena  la cabecera, pasaba das sin comer y y noches sin dormir,
y su conversacion era toda escritos, presentaciones, apelaciones,
etc. Vise entonces una lucha como jams se ha visto bajo el cielo de
Filipinas: la de un pobre indio, ignorante y sin amigos, fiado en su
derecho y en la bondad de su causa, combatiendo contra una poderossima
corporacion ante la cual la justicia doblaba el cuello, los jueces
dejaban caer la balanza y rendan la espada. Combata tenazmente como
la hormiga que muerde sabiendo que va  ser aplastada, como la mosca
que ve el espacio al travs de un cristal. Ah! la vasija de barro
desafiando  los calderos y rompindose en mil pedazos tena algo
de imponente: tena lo sublime de la desesperacion. Los das que le
dejaban libres los viajes, los empleaba en recorrer sus campos armado
de una escopeta, diciendo que los tulisanes merodeaban y necesitaba
defenderse para no caer en sus manos y perder el pleito. Y como si
tratase de afinar su puntera, tiraba sobre las aves y las frutas,
tiraba sobre las mariposas con tanto tino que el lego administrador ya
no se atrevi  ir  Sapgang sin acompaamiento de guardias civiles,
y el paniaguado que divis de lejos la imponente estatura de Cabesang
Tales recorriendo sus campos como un centinela sobre las murallas,
renunci lleno de miedo  arrebatarle su propiedad.

Pero los jueces de paz y los de la cabecera no se atrevan  darle la
razon, temiendo la cesanta, escarmetados en la cabeza de uno que fu
inmediatamente depuesto. Y no eran malos por cierto aquellos jueces,
eran hombres concienzudos, morales, buenos ciudadanos, excelentes
padres de familia, buenos hijos... y saban considerar la situacion
del pobre Tales mejor de lo que el mismo Tales poda. Muchos de ellos
conocan los fundamentos cientficos  histricos de la propiedad,
saban que los frailes por sus estatutos no podan tener propiedades,
pero tambien saban que venir de muy lejos, atravesar los mares con
un destino ganado  duras penas, correr  desempearlo con la mejor
intencion y perderlo porque  un indio se le antoje que la justicia
se ha de hacer en la tierra como en el cielo, vamos, que tambien es
ocurrencia! Ellos tenan sus familias y con ms necesidades seguramente
que la familia de aquel indio: el uno tena una madre que pensionar
y qu cosa hay ms sagrada que alimentar  una madre? el otro tena
hermanas todas casaderas, el de ms all numerosos hijos pequeitos
que esperan el pan como pajaritos en el nido y se moriran de seguro
el da en que su destino le faltase; y el que menos, el que menos
tena all lejos, muy lejos, una mujer que si no recibe la pension
mensual puede verse en apuros... Y todos aquellos jueces, hombres de
conciencia los ms y de la ms sana moralidad crean hacer todo lo
que podan aconsejando la transaccion, que Cabesang Tales pagase el
cnon exigido. Pero Tales como todas las conciencias sencillas, una
vez que vea lo justo,  ello iba derecho. Peda pruebas, documentos,
papeles, ttulos, y los frailes no tenan ninguno y solo se fundaban
en las complacencias pasadas.

Pero Cabesang Tales replicaba:

--Si yo todos los das doy limosna  un pobre por evitar que me
moleste quin me obligar  m despues que le siga dando si abusa
de mi bondad?

Y de all nadie le poda sacar y no haba amenazas capaces de
intimidarle. En vano el Gobernador M---- hizo un viaje expresamente
para hablarle y meterle miedo; l  todo responda:

--Podeis hacer lo que querais, seor Gobernador, yo soy un ignorante
y no tengo fuerzas. Pero he cultivado esos campos, mi mujer y mi hija
han muerto ayudndome  limpiarlos y no los he de ceder sino  aquel
que pueda hacer por ellos ms de lo que he hecho yo. Que los riegue
primero con su sangre y que entierre en ellos  su esposa y  su hija!

Resultas de esta terquedad los honrados jueces daban la razon  los
frailes y todos se le rean diciendo que con la razon no se ganan los
pleitos. Pero apelaba, cargaba su escopeta y recorra pausadamente
los linderos. En este intervalo su vida pareca un delirio. Su hijo
Tan, un mozo alto como su padre y bueno como su hermana, cay quinto;
l le dej partir en vez de comprarle un sustituto.

--Tengo que pagar abogados, deca  su hija que lloraba; si gano
el pleito ya sabr hacerle volver y si lo pierdo no tengo necesidad
de hijos.

El hijo parti y nada ms se supo sino que le raparon el pelo y que
dorma debajo de una carreta. Seis meses despues se dijo que le haban
visto embarcado para las Carolinas; otros creyeron haberle visto con
el uniforme de la Guardia civil.

--Guardia civil Tan! Susmariosep! exclamaban unos y otros juntando
las manos; Tan tan bueno y tan honrado! Requimiternam!

El abuelo estuvo muchos das sin dirigir la palabra al padre, Jul cay
enferma, pero Cabesang Tales no derram una sola lgrima; durante dos
das no sali de casa como si temiese las miradas de reproche de todo
el barrio; tema que le llamasen verdugo de su hijo. Al tercer da,
sin embargo, volvi  salir con su escopeta.

Atribuyronle propsitos asesinos y hubo bienintencionado que susurr
haberle oido amenazar con enterrar al lego en los surcos de sus campos;
el fraile entonces le cobr verdadero miedo. A consecuencia de esto,
baj un decreto del Capitan General prohibiendo  todos el uso de las
armas de fuego y mandndolas recoger. Cabesang Tales tuvo que entregar
su escopeta, pero armado de un largo bolo prosigui sus rondas.

--Qu vas  hacer con ese bolo si los tulisanes tienen armas de
fuego? le deca el viejo Selo.

--Necesito vigilar mis sembrados, responda; cada caa de azucar que
all crece es un hueso de mi esposa.

Le recogieron el bolo por encontrarlo demasiado largo. El entonces
cogi la vieja hacha de su padre y con ella al hombro prosegua sus
ttricos paseos.

Cada vez que sala de casa, Tandang Selo y Jul temblaban por su
vida. Esta se levantaba de su telar, se iba  la ventana, oraba, haca
promesas  los santos, rezaba novenas. El abuelo no saba  veces
cmo terminar el aro de una escoba y hablaba de volver al bosque. La
vida en aquella casa se haca imposible.

Al fin sucedi lo que teman. Como los terrenos estaban muy lejos
de poblado, Cabesang Tales apesar de su hacha cay en manos de los
tulisanes, que tenan revolvers y fusiles. Los tulisanes le dijeron
que, pues que tena dinero para dar  los jueces y  los abogados,
debe tenerlo tambien para los abandonados y perseguidos. Por lo cual
le exigieron quinientos pesos de rescate por medio de un campesino
asegurando que si algo le pasaba al mensajero, el prisionero lo
pagara con su vida. Daban dos das de tregua.

La noticia sumi  la pobre familia en el mayor terror y ms aun
cuando se supo que la Guardia civil iba  salir en persecucion de
los bandidos. Si llegaba  haber un encuentro, el primer sacrificado
sera el prisionero, eso lo saban todos. El viejo se qued sin
movimiento y la hija, plida y aterrada, intent varias veces hablar
y no pudo. Pero un pensamiento ms terrible, una idea ms cruel les
sac de su estupor. El campesino enviado de los tulisanes dijo que
probablemente la banda tendra que alejarse, y si tardan mucho en
entregarle el rescate, pasaran los dos das y Cabesang Tales sera
degollado.

Esto volvi locos  aquellos dos sres, ambos dbiles, ambos
impotentes. Tandang Selo se levantaba, se sentaba, bajaba las
escaleras, suba, no saba  dnde ir,  dnde acudir. Jul acuda 
sus imgenes, contaba y recontaba el dinero, y los doscientos pesos
no se aumentaban, no queran multiplicarse; de pronto se vesta,
reuna todas sus alhajas, peda consejos al abuelo, ira  ver al
gobernadorcillo, al juez, al escribiente, al teniente de la Guardia
civil. El viejo  todo deca s, y cuando ella deca no, no deca
tambien. Al fin vinieron algunas vecinas entre parientes y amigas,
unas ms pobres que otras,  cual ms sencillas y aspaventeras. La
ms lista de todas era Hermana Bal, una gran panguinguera que haba
estado en Manila para hacer ejercicios en el beaterio de la Compaa.

Jul vendera todas sus alhajas menos un relicario de brillantes
y esmeraldas que le haba regalado Basilio. Aquel relicario tena
su historia: lo haba dado una monja, la hija de Capitan Tiago, 
un lazarino; Basilio, habindole asistido  ste en su enfermedad,
lo recibi como un regalo. Ella no poda venderlo sin avisrselo antes.

Se vendieron corriendo las peinetas, los aretes y el rosario de Jul
 la vecina ms rica, y se aadieron cincuenta pesos; faltaban aun
doscientos cincuenta. Se empeara el relicario, pero Jul sacudi
la cabeza. Una vecina propuso vender la casa y Tandang Selo aprob
la idea muy contento con volver al bosque  cortar otra vez lea como
en los antiguos tiempos, pero Hma. Bal observ que aquello no poda
ser por no estar el dueo presente.

--La mujer del juez me vendi una vez su tapis por un peso,
y el marido dijo que aquella venta no serva porque no tena su
consentimiento. Ab! me sac el tapis y ella no me ha devuelto el
peso hasta ahora, pero yo no la pago en el panguingui, cuando gana,
ab! As le he podido cobrar doce cuartos, y por ella solamente voy
 jugar. Yo no puedo sufrir que no me paguen una deuda, ab!

Una vecina iba  preguntarle  Hma. Bal por qu entonces no le
pagaba un piquillo, pero la lista panguinguera lo oli, y aadi
inmediatamente:

--Sabes, Jul, lo que se puede hacer? pedir prestado doscientos
cincuenta pesos sobre la casa, pagaderos cuando el pleito se gane.

Esta fu la mejor opinion y decidieron ponerla en prctica aquel
mismo da. Hma. Bal se prest  acompaarla y ambas recorrieron
las casas de los ricos de Tian, pero nadie aceptaba la condicion;
el pleito decan estaba perdido y favorecer  un enemigo de frailes
era esponerse  sus venganzas. Al fin una vieja devota se compadeci
de su suerte prest la cantidad  condicion de que Jul se quedase
con ella  servir hasta tanto que no se pagase la deuda. Por lo dems
Jul no tena mucho que hacer; coser, rezar, acompaarla  misa,
y ayunar de cuando en cuando por ella. La joven acept con lgrimas
en los ojos, recibi el dinero prometiendo entrar al da siguiente,
da de la Pascua,  su servicio.

Cuando el abuelo supo aquella especie de venta psose  llorar como un
chiquillo. Cmo? aquella nieta suya que l no dejaba ir al sol para
que su cutis no se quemase, Jul la de los dedos finos y talones de
color de rosa, cmo? aquella joven, la ms hermosa del barrio y quizs
del pueblo, delante de cuyas ventanas muchos vanamente han pasado
la noche tocando y cantando, cmo? su nica nieta, su nica hija,
la nica alegra de sus cansados ojos, aquella que l soaba vestida
de cola, hablando el espaol y dndose aire con un abanico pintado
como las hijas de los ricos, aquella entrar  servir de criada para
que la rian y la reprendan, para echar  perder sus dedos, para que
duerma en cualquiera parte y se levante de cualquiera manera?

Y el abuelo lloraba, hablaba de ahorcarse y dejarse morir de hambre.

--Si t te vas, deca, vuelvo al bosque y no pongo los pis en
el pueblo.

Jul le calmaba diciendo que era menester que su padre volviese,
que ganaran el pleito y pronto la podran rescatar de la servidumbre.

La noche fu triste: ninguno de los dos pudo probar un bocado y el
viejo se obstin en no acostarse pasando toda la noche sentado en un
rincon, silencioso, sin decir una palabra, sin moverse siquiera. Jul
por su parte quiso dormir, pero por mucho tiempo no pudo pegar los
ojos. Algo ms tranquila ya sobre la suerte su padre, ella pensaba en
s misma y lloraba y lloraba ahogando sus sollozos para que el viejo no
los oyese. Al da siguiente sera una criada, y era precisamente cuando
Basilio tena llegar de Manila  traerla regalitos... En adelante tena
que renunciar  aquel amor; Basilio que pronto ser mdico no debe
casarse con una pobre... Y ella le vea en su imaginacion dirigirse 
la iglesia en compaa de la ms hermosa y rica muchacha del pueblo,
bien vestidos, felices y sonriendo ambos, y mientras que ella, Jul,
segua detrs de su ama, llevando novenas, buyos y la escupidera. Y
aqu la joven senta un inmenso nudo en la garganta, una presion en
el corazon y peda  la Virgen la dejase antes morir.

--Pero, al menos, deca su conciencia, l sabr que he preferido
empearme  empear el relicario que l me ha regalado.

Este pensamiento la consolaba en algo y se haca vanas
ilusiones. Quin sabe? puede suceder un milagro: encontrarse ella
doscientos cincuenta pesos debajo de la imgen de la Virgen; haba
leido tantos milagros parecidos. El sol poda no salir y no venir
el maana y ganarse entretanto el pleito. Poda volver su padre,
Basilio presentarse; ella encontrara un talego de oro en la huerta,
los tulisanes le enviaran el talego, el cura, el P. Camorra que
siempre la embromaba, poda venir con los tulisanes... sus ideas
fueron cada vez ms confusas y ms desordenadas hasta que por fin
rendida por la fatiga y el dolor se durmi soando en su infancia en
el fondo del bosque: ella se baaba en el torrente en compaa de
sus dos hermanos, haba pececillos de todos colores que se dejaban
coger como bobos y ella se impacientaba porque no encontraba gusto
en coger unos pececillos tan tontos: Basilio estaba debajo del agua,
pero Basilio sin saber ella el porqu, tena la cara de su hermano
Tan. Su nueva ama les observaba desde la arilla.






V

LA NOCHEBUENA DE UN COCHERO


Basilio lleg  San Diego en el momento en que la procesion de
la Nochebuena recorra las calles. Se haba retrasado en su camino
perdiendo muchas horas porque el cochero que haba olvidado su cdula,
fu detenido por la Guardia Civil, sacudido con algunos culatazos y
llevado despues al cuartel delante del comandante.

Ahora la carromata se detena otra vez para dejar pasar la procesion,
y el cochero apaleado se descubra reverentemente y rezaba un
padrenuestro ante la primera imgen en andas que vena y que pareca
ser un gran santo. Representaba un anciano de largusima barba,
sentado al borde de una fosa, debajo de un arbol lleno de toda clase
de pjaros disecados. Un kaln con una olla, un almirez y un kalkut
para triturar el buyo eran sus nicos muebles como para indicar que
el viejo viva al borde mismo del sepulcro y all cocinaba. Aquel era
Matusalem en la iconografa religiosa de Filipinas: su colega y quizs
contemporneo se llama en Europa Nol y era ms risueo y ms alegre.

--En tiempo de los santos, pensaba el cochero, de seguro que no haba
Guardias civiles, porque con los culatazos no se puede vivir mucho.

Despues del gran anciano, venan los tres Reyes Magos en caballitos
que se encabritaban, particularmente el del rey negro Melchor que
pareca iba  atropellar  los de sus compaeros.

--No, no deba haber guardias civiles, conclua el cochero envidiando
en su interior tan felices tiempos; porque si no ese negro que se
permite tales juegos al lado de esos dos espaoles (Gaspar y Baltasar)
ya habra ido  la carcel.

Y como observase que el negro llevaba corona y era rey como los otros
dos espaoles, pens naturalmente en el rey de los indios y suspir.

--Sabeis, seor, pregunt respetuosamente  Basilio, si el pi
derecho est suelto ya?

Basilio se hizo repetir la pregunta:

--Pi derecho de quin?

--Del rey! contest el cochero en voz baja, con mucho misterio.

--Qu rey?

--Nuestro rey, el rey de los indios...

Basilio se sonri y se encogi de hombros.

El cochero volvi  suspirar. Los indios de los campos conservan una
leyenda de que su rey, aprisionado y encadenado en la cueva de San
Mateo, vendr un da  libertarles de la opresion. Cada cien aos rompe
una de sus cadenas, y y ya tiene las manos y el pi izquierdo libres;
solo le queda el derecho. Este rey causa los terremotos y temblores
cuando forcejea  se agita, es tan fuerte que, para darle la mano,
se le alarga un hueso, que  su contacto se pulveriza. Sin poderse
explicar el por qu, los indios le llaman el rey Bernardo, acaso por
confundirle con Bernardo del Carpio.

--Cuando se suelte del pi derecho, murmur el cochero ahogando un
suspiro, le dar mis caballos, me pondr  su servicio y me dejar
matar... El nos librar de los civiles.

Y con mirada melanclica segua  los tres reyes que se alejaban.

Los muchachos venan despues en dos filas, tristes, serios como
obligados por la fuerza. Alumbraban unos con huepes, otros con
cirios y otros con faroles de papel en astas de caa, rezando 
voz en grito el rosario como si riesen con alguien. Despues vena
S. Jos en modestas andas, con su fisonoma resignada y triste y su
baston con flores de azucenas, en medio de dos guardias civiles como
si le llevasen preso: ahora comprenda el cochero la espresion de la
fisonoma del santo. Y sea porque la vista de los guardias le turbase
 no tuviera en gran respeto al santo que iba en semejante compaa,
no rez ni siquiera un requiem ternam. Detras de S. Jos venan las
nias alumbrando, cubiertas la cabeza con el pauelo anudado debajo
del menton, rezando igualmente el rosario aunque con menos ira que los
muchachos. En medio se vean algunos arrastrando conejitos de papel de
Japon, iluminados con una candelita roja, levantada la colita hecha
de papel recortado. Los chicos acudan  la procesion con aquellos
juguetes para alegrar el nacimiento del Mesas. Y los animalitos,
gordos y redondos como un huevo, parecan tan contentos que  lo
mejor daban un brinco, perdan el equilibrio, se caan y se quemaban;
el dueo acuda  apagar tanto ardor, soplaba, soplaba, estingua
las llamas  fuerza de golpes y vindolo destrozado se pona  lo
mejor  llorar. El cochero observaba con cierta tristeza que la raza
de los animalitos de papel desapareca cada ao como si tambien les
atacase la peste como  los animales vivos. El, Sinong el apaleado,
se acordaba de sus dos magnficos caballos que para preservarlos del
contagio haba hecho bendecir segun los consejos del cura gastndose
diez pesos:--ni el gobierno ni los curas haban encontrado mejor
remedio contra la epizootia--y con todo se le murieron. Sin embargo
se consolaba porque, desde las rociadas de agua bendita, los latines
del Padre y las ceremonias, los caballos echaron unos humos, se dieron
tal importancia que no se dejaban enganchar y l, como buen cristiano,
no se atreva  castigarlos por haberle dicho un Hermano tercero que
estaban benditados.

Cerraba la procesion la Virgen, vestida de Divina Pastora con un
sombrero de frondeuse de anchas alas y largas plumas, para indicar
el viaje  Jerusalem. Y  fin de que se explicase el nacimiento,
el cura haba mandado que abultasen algo ms el talle y le pusiesen
trapos y algodon debajo de las faldas, de modo que nadie pudiera poner
en duda el estado en que se encontraba. Era una bellsima imgen,
triste igualmente de espresion como todas las imgenes que hacen
los filipinos, con un aire algo avergonzado, de como la haba puesto
el P. Cura tal vez. Delante venan algunos cantores, detrs algunos
msicos y los correspondientes guardias civiles. El cura, como era
de esperar despues de lo que haba hecho, no vena: aquel ao estaba
muy disgustado por haber tenido que servirse de toda su diplomacia y
gramtica parda  fin de convencer  los vecinos  que pagasen treinta
pesos cada misa de aguinaldo en vez de los veinte que sola costar.

--Os estais volviendo filibusteros, haba dicho.

Muy preocupado deba de estar el cochero con las cosas que haba
visto en la procesion porque cuando sta acab de pasar y Basilio
le mand prosiguiera su camino, no se apercibi de que el farol de
la carromata se haba apagado. Basilio por su parte tampoco lo not,
ocupado en mirar hcia las casas, iluminadas por dentro y por fuera
con farolillos de papel de formas caprichosas y colores varios, por
estrellas rodeadas de un aro con largas colas, que agitadas por el aire
producan dulce murmullo, y peces de cola y cabeza movibles con su vaso
de aceite por dentro, suspendidos de los aleros de las ventanas con un
aire tan deliciosamente de fiesta alegre y familiar. Basilio observaba
tambien que las iluminaciones decaan, que las estrellas se eclipsaban
y aquel ao tenan menos perendengues y colgajos que el anterior,
y ste menos que el otro aun... Apenas haba msica en las calles,
los alegres ruidos de la cocina no se dejaban oir en todas las casas
y el joven lo atribuy  que haca tiempo todo iba mal, el azcar
no se venda bien, la cosecha del arroz se haba perdido, se haba
muerto ms de la mitad de los animales y las contribuciones suban y
aumentaban sin saberse cmo ni por qu, mientras que menudeaban los
atropellos de la Guardia Civil que mataba las alegras en los pueblos.

En esto precisamente estaba pensando cuando un alto! energico reson
en el aire. Pasaban delante del cuartel y uno de los guardias haba
visto el farol apagado de la carromata y aquello no poda seguir
as. Empez  llover una granizada de insultos sobre el pobre cochero
que en vano se escusaba con la duracion de las procesiones, y como
iba  ser detenido por contravencion  bandos y puesto despues en
los peridicos, el pacfico y prudente Basilio baj de la carromata
y continu su camino cargando con su maleta.

Aquel era San Diego, su pueblo, donde no tena un solo pariente...

La nica casa que le pareci alegre era la de Capitan Basilio. Pollos
y gallinas piaban cantos de muerte con acompaamiento de golpes secos y
menuditos como de quien pica carne sobre un tajo, y del chirrido de la
manteca que hierve en la sarten. En casa haba festin y llegaba hasta
la calle tal cual rfaga de aire impregnada de vapores suculentos,
tufillo de guisados y confituras.

En el entresuelo, Basilio vi  Sinang, tan bajita como cuando la
conocieron nuestros lectores aunque algo ms gruesa y ms redonda desde
que se ha casado. Y con gran sorpresa suya divis all en el fondo,
charlando con Cpn. Basilio, el cura y el alfrez de la Guardia civil,
nada menos que al joyero Simoun siempre con sus anteojos azules y su
aire desembarazado.

--Entendido, seor Simoun, deca Cpn. Basilio; iremos  Tian  ver
sus alhajas.

--Yo tambien ira, deca el alfrez, porque necesito una cadena de
reloj, pero tengo tantas ocupaciones... Si Capitan Basilio quisiera
encargarse...

Capitan Basilio se encargaba con mucho gusto y como quera tener
propicio al militar para que no le moleste en las personas de sus
trabajadores, no quera aceptar la cantidad que el alfrez se esforzaba
en sacar de su bolsillo.

--Es mi regalo de Pascuas!

--No lo permito, Capitan, no lo permito!

--Bueno, bueno! Ya arreglaremos cuentas despues! deca Capitan
Basilio con un gesto elegante.

Tambien el cura quera un par de pendientes de seora y encargaba al
Capitan se los comprase.

--Los quiero de mabuti. Ya arreglaremos cuentas!

--No tenga usted cuidado, Padre Cura, deca el buen hombre que tambien
quera estar en paz con la iglesia.

Un informe malo del cura poda causarle mucho perjuicio y hacerle
gastar el doble: aquellos pendientes eran regalos forzados. Simoun
entretanto ponderaba sus alhajas.

--Este hombre es atroz! pens el estudiante; en todas partes hace
negocios... Y si hemos de creer  alguno, compra de ciertos seores
en la mitad de su precio las alhajas que l mismo ha vendido para
que sean regalados... Todos hacen negocio en este pas menos nosotros!

Y se dirigi  su casa  sea  la de Cpn. Tiago, habitada por un hombre
de confianza. Este que le tena mucho respeto desde el da en que le
vi hacer operaciones quirrgicas con la misma tranquilidad como si
se tratase de gallinas, le esperaba para darle noticias. Dos de los
trabajadores estaban presos, uno iba  ser deportado... se haban
muerto varios karabaws.

--Lo de siempre, cosas viejas! replicaba mal humorado Basilio;
siempre me recibs con las mismas quejas!

El joven, sin ser tirano, como  menudo era reido por Cpn. Tiago,
le gustaba  su vez reir  los que estaban bajo su direccion. El
viejo busc una noticia nueva.

--Se nos ha muerto un aparcero, el viejo que cuida del bosque y el
cura no le ha querido enterrar como pobre, alegando que el amo es rico!

--Y de qu ha muerto?

--De vejez!

--Vaya, morirse de vejez! Si al menos hubiese  sido de alguna
enfermedad!

Basilio en su afan de hacer autopsias quera enfermedades.

--No teneis nada nuevo que contarme? Me quitais las ganas de comer
contndome las mismas cosas. Sabes algo de Sagpang?

El viejo cont entonces el secuestro de Cabesang Tales. Basilio
se qued pensativo y no dijo nada. Se le haba ido por completo
el apetito.






VI

BASILIO


Cuando las campanas empezaban  repicar para la misa de la media noche
y los que preferan un buen sueo  todas las fiestas y ceremonias
se despertaban refunfuando contra el ruido y la animacion, Basilio
baj cautelosamente de la casa, di dos  tres vueltas por algunas
calles y, convencido de que nadie le segua ni le observaba, tom por
senderos poco frecuentados el camino que conduca al antiguo bosque de
los Ibarras, adquirido por Cpn. Tiago cuando, confiscados los bienes
de estos, se vendieron.

Como aquel ao la Navidad corresponda  luna menguante, reinaba
all oscuridad completa. El repique haba cesado y solo los taidos
resonaban en medio del silencio de la noche, al travs del murmullo de
las ramas agitadas por la brisa y el acompasado clamor de las ondas
del vecino lago, como poderosa respiracion de la naturaleza sumida
en grandioso sueo.

Impresionado por el lugar y el momento caminaba cabizbajo el joven como
si tratase de ver en la oscuridad. De cuando en cuando levantaba la
cabeza para buscar las estrellas al travs de los claros que dejaban
entre s las copas de los rboles, y prosegua su camino apartando
los arbustos y rasgando las lianas que le entorpecan la marcha. A
veces desandaba lo andado, su pi se enredaba en una mata, tropezaba
contra una raiz saliente, un tronco caido. Al cabo de una media hora
lleg  un pequeo arroyo en cuya opuesta orilla se levantaba una
especie de colina, masa negra  informe que adquira en la oscuridad
proporciones de montaa. Basilio pas el arroyo saltando sobre piedras
que se destacaban negras sobre el fondo brillante del agua, subi la
colina y se encamin  un pequeo recinto encerrado por viejos y medio
desmoronados muros. Dirigise al arbol de balit que se levantaba
en el centro, enorme, misterioso, venerable, formado de raices que
suban y bajaban como otros tantos troncos entrelazados confusamente.

Detvose ante un monton de piedras, se descubri y pareci orar. All
estaba sepultada su madre, y su primera visita cada vez que iba al
pueblo era para aquella tumba ignorada, desconocida. Teniendo que
visitar  la familia de Cabesang Tales al da siguiente, aprovechaba
la noche para cumplir con aquel deber.

Sentse sobre una piedra y pareci reflexionar. Se le presentaba su
pasado como una larga cinta negra, rosada en su comienzo, sombra
despues, con manchas de sangre, despues negra, negra, gris y clara,
ms clara cada vez. La estremidad no la poda ver, oculta por una
nube que dejaba trasparentar luces y auroras...

Haca trece aos da por da, hora por hora casi que se haba muerto
all su madre en medio de la mayor miseria, en una esplndida noche en
que la luna brillaba y los cristianos en todo el mundo se entregaban al
regocijo. Herido y cojeando haba llegado all siguindola; ella, loca
y llena de terror, hua de su hijo como una sombra. All muri; vino un
desconocido que le mand formase una pira, l obedeci maquinalmente y
cuando volvi, se encontr con otro desconocido junto al cadaver del
primero. Qu maana y qu noche fueron aquellas! El desconocido le
ayud  levantar la pira donde quemaron el cadaver del hombre, cav la
fosa en que enterraron  su madre y despues de darle algunas monedas
le mand abandonase el lugar. Era la primera vez que vea  aquel
hombre: alto, los ojos rojos, los labios plidos, la nariz afilada...

Hurfano por completo, sin padres ni hermanos, abandon el pueblo cuyas
autoridades tanto miedo le infundan y se fu  Manila para servir en
casa de algun rico y estudiar  la vez como hacen muchos. Su viaje fu
una odisea de insomnios y sobresaltos en los que el hambre entraba
por poca cosa. Alimentbase de frutas en los bosques donde se sola
internar cuando de lejos descubra el uniforme de la Guardia Civil,
uniforme que le recordaba el orgen de todas sus desdichas. Una vez
en Manila, andrajoso y enfermo, fu de puerta en puerta ofreciendo
sus servicios. Un muchachito provinciano que no saba una palabra
de espaol y por encima enfermizo! Desalentado, hambriento y triste
recorra las calles llamando la atencion su miserable traje! Cuntas
veces no estuvo tentado de arrojarse  los pis de los caballos que
pasaban como relmpagos, arrastrando coches relucientes de plata y
barniz, para acabar de una vez con sus miserias! Por fortuna vi 
Cpn. Tiago pasar acompaado de la ta Isabel; l los conoca desde
San Diego y en su alegra crey haber visto en ellos casi  unos
compoblanos. Sigui al coche, lo perdi de vista, pregunt por su casa
y como era precisamente el da en que Mara Clara acababa de entrar en
el convento y Cpn. Tiago estaba muy abatido, fu admitido en calidad
de criado, sin sueldo por supuesto, permitindole en cambio estudiar,
cuando quisiera, en S. Juan de Letran.

Sucio, mal vestido y por todo calzado un par de zuecos, al cabo
de algunos meses de estar en Manila, ingres en el primer ao de
latin. Sus compaeros, al ver su traje, procuraban alejarse, y su
catedrtico, un guapo dominico, nunca le dirigi una pregunta y,
cada vez que le vea, frunca las cejas. Las nicas palabras que en
los ocho meses de clase se cruzaron entre ambos, eran el nombre propio
leido en la lista y el adsum diario con que el alumno contestaba. Con
qu amargura sala cada vez de la clase y, adivinando el mvil de la
conducta que con el se segua, qu lgrimas no se asomaban  sus ojos
y cuntas quejas estallaban y moran dentro de su corazon! Cmo haba
llorado y sollozado sobre la tumba de su madre contndole sus ocultos
dolores, humillaciones y agravios, cuando al acercarse la Navidad,
Cpn. Tiago le haba llevado consigo  San Diego! Y sin embargo
se aprenda de memoria la leccion sin dejar una coma, aunque sin
comprender mucho de ella! Mas al fin lleg  resignarse viendo que
entre los trescientos  cuatrocientos de su clase solo unos cuarenta
merecan le honra de ser preguntados porque llamaron la atencion del
catedrtico ya sea por el tipo, por alguna truhanera, por simpata
 otra causa cualquiera. Muchos por lo dems se felicitaban porque
as se evitaban el trabajo de discurrir y comprender.

--Se va  los colegios, no para saber ni estudiar, sino para ganar el
curso y si se puede saber el libro de memoria qu ms se les poda
exigir? se ganaba el ao.

Basilio pas los exmenes respondiendo  la nica pregunta que le
dirigieron, como una mquina, sin pararse ni respirar, y gano con gran
risa de los examinadores la nota de aprobado. Sus nueve compaeros--se
examinaban de diez en diez para ser ms pronto despachados,--no
tuvieron la misma suerte y fueron condenados  repetir el ao de
embrutecimiento.

Al segundo, habiendo ganado una enorme suma el gallo que cuidaba,
recibi buena propina de Cpn. Tiago y la invirti inmediatamente
en la compra de unos zapatos y de un sombrero de fieltro. Con esto
y con las ropas que le daba su amo y que l arreglaba  su talla,
su aspecto fu hacindose ms decente, ms no pas de all. En una
clase tan numerosa se necesita de mucho para llamar la atencion del
profesor, y el alumno que desde el primer ao no se haga notar por
una cualidad saliente  no se capte las simpatas de los profesores,
dificilmente se har conocer en el resto de sus das de estudiante. Sin
embargo continu, pues la constancia era su principal caracter.

Su suerte pareci cambiarse un poco cuando pas al tercer ao. Tocle
por profesor un dominico muy campechano, amigo de bromas y de hacer
reir  los alumnos, bastante comodon porque casi siempre haca explicar
la leccion  sus favoritos: verdad es tambien que se contentaba con
cualquier cosa. Basilio por esta poca ya gastaba botinas y camisas
casi siempre limpias y bien planchadas. Como su profesor le observase
que se rea poco de los chistes y viese en sus ojos, tristes y grandes,
algo como una eterna pregunta, tenale por imbcil y un da quiso
ponerle en evidencia preguntndole la leccion. Basilio la recit de
cabo  rabo, sin tropezar en una f; motejle el profesor de papagayo,
cont un cuento que hizo reir de buena gana  toda la clase, y para
aumentar ms la hilaridad y justificar legitimidad del apodo, hizle
algunas preguntas guiando  sus favoritos como dicindoles:

--Vais  ver como nos vamos  divertir.

Basilio entonces ya saba el castellano, y supo contestar con el
intento manifiesto de no hacer reir  nadie. Aquello disgust 
todos, el disparate que se esperaba no vino, nadie pudo reir y el
buen fraile jams le perdon el haber defraudado las esperanzas de
toda la clase y desmentido sus profecas. Pero quin se iba  esperar
que algo discreto pudiese salir de una cabeza tan mal peinada en que
terminaba un indio tan mal calzado, clasificado hace poco entre las
aves trepadoras? Y as como en otros centros de enseanza donde hay
verdaderos deseos de que los muchachos aprendan, tales descubrimientos
suelen alegrar  los profesores, as tambien en un colegio dirigido
por hombres convencidos en su mayor parte de que el saber es un mal,
al menos para los alumnos, el caso de Basilio tuvo mal efecto y nunca
ms se le pregunt en todo el resto del ao. Para qu si no haca
reir  nadie?

Bastante desanimado y con ganas de dejar los estudios pas al cuarto
ao de latin. Para qu aprender, por qu no dormir como los otros
y confiarlo todo al azar?

Uno de los dos profesores era muy popular, querido de todos;
pasaba por sabio, gran poeta y tener ideas muy avanzadas. Un da
que acompaaba  los colegiales  paseo, tuvo un pique con algunos
cadetes, del que result primero una escaramuza y despues un reto. El
profesor que se acordara tal vez de su brillante juventud, levant
una cruzada y prometi buenas notas  todos los que en el paseo del
domingo siguiente tomasen parte en la batalla. Animada fu la semana:
hubo encuentros parciales en que se cruzaron el baston y el sable y
en uno de ellos se distingui Basilio.

Llevado en triunfo por los estudiantes y presentado al profesor,
fu desde entonces conocido, llegando  ser su favorito. Parte por
esto y parte por su aplicacion, aquel ao se llev sobresalientes
con medallas inclusive. En vista de esto, Cpn. Tiago que, desde que
su hija se hizo monja, manifestaba cierta aversion  los frailes,
en un momento de buen humor indjole  que se trasladase al Ateneo
Municipal cuya fama estaba entonces en todo su auge.

Un mundo nuevo se abri  sus ojos, un sistema de enseanza que l no
se sospechaba en aquel colegio. Aparte de nimiedades y ciertas cosas
pueriles, le llenaba de admiracion el mtodo all seguido y de gratitud
el afan de los profesores. Sus ojos se llenaban  veces de lgrimas
pensando en los cuatro aos anteriores en que por falta de medios
no haba podido estudiar en aquel centro. Tuvo que hacer esfuerzos
inauditos para ponerse al nivel de los que haban principiado bien y
pudo decirse que en aquel solo ao aprendi los cinco de la segunda
enseanza. Hizo el bachillerato con gran contento de sus profesores
que en los exmenes se mostraron orgullosos de l ante los jueces
dominicos, all enviados para inspeccionarles. Uno de estos, como
para apagar un poco tanto entusiasmo, pregunt al examinando dnde
haba cursado los primeros aos de latin.

--En San Juan de Letran, Padre, contest Basilio.

--Ya! en latin no est mal, observ entonces medio sonriendo el
dominico.

Por aficion y por caracter escogi la Medicina; Cpn. Tiago prefera
el Derecho para tener un abogado de balde, pero no basta saber
y conocer  fondo las leyes para tener clientela en Filipinas;
es menester ganar los pleitos y para esto se necesitan amistades,
influencia en ciertas esferas, mucha gramtica parda. Cpn. Tiago se
pleg al fin acordndose de que los estudiantes de Medicina andaban
con los cadveres  vueltas; haca tiempo que buscaba un veneno en
que templar la navaja de sus gallos y el mejor que saba era la sangre
de un chino, muerto de enfermedad sifiltica.

Con igual aprovechamiento, mayor si cabe, curs el joven los aos de
la facultad y ya desde el tercero empez  curar con mucha suerte,
cosa que no solo le preparaba un brillante porvenir sino que tambien
le produca bastante para vestirse hasta con cierta elegancia y hacer
algunas economas.

Este ao era el ltimo de su carrera y dentro de dos meses ser
mdico, se retirar  su pueblo, se casar con Juliana para vivir
felices. El xito de su licenciatura no solo era seguro, sino que lo
esperaba brillante como la corona de su vida escolar. Estaba designado
para el discurso de accion de gracias en el acto de la investidura,
y ya se vea en medio del Paraninfo delante de todo el claustro,
objeto de las miradas y atencion del pblico. Todas aquellas cabezas,
eminencias de la ciencia manilense, medio hundidas en sus mucetas de
colores, todas las mujeres que all acudan por curiosidad y que aos
antes le miraban, si no con desden, con indiferencia, todos aquellos
seores cuyos coches, cuando muchacho le iban  atropellar en medio del
barro como si se tratase de un perro, entonces le escucharan atentos,
y l les iba  decir algo que no era trivial, algo que no ha resonado
nunca en aquel recinto, se iba  olvidar de s para acordarse de los
pobres estudiantes del porvenir, y hara la entrada en la sociedad
con aquel discurso...






VII

SIMOUN


En estas cosas pensaba Basilio al visitar la tumba de su
madre. Disponase  volver al pueblo, cuando crey ver una claridad
proyectada en medio de los rboles y oir una crepitacion de ramas,
ruido de pisadas, roce de hojas... La luz se extingui pero el ruido
se hizo cada vez ms distinto, y pronto vi una sombra aparecer en
medio del recinto, marchando directamente hcia donde l estaba.

Basilio de por s no era supersticioso y menos despues de haber
descuartizado tantos cadveres y asistido  tantos moribundos;
pero las antiguas leyendas sobre aquel fnebre parage, la hora,
la oscuridad, el  silbido melanclico del  viento y ciertos cuentos
oidos en su niez influyeron algo en su nimo y sinti que su corazon
lata con violencia.

La sombra se detuvo al otro lado del balit y el joven la poda ver
al travs de una hendidura que dejaban entre s dos raices que haban
adquirido con el tiempo las proporciones de dos troncos. Produjo debajo
de su traje una lmpara de poderoso lente refractor, que deposit
sobre el suelo alumbrando unas botas de montar: el resto quedaba
oculto en la oscuridad. La sombra pareci registrar sus bolsillos,
despues se encorv para adaptar la hoja de una azada al estremo de
un grueso baston: Basilio crey distinguir con gran sorpresa suya
algo de los contornos del joyero Simoun. Era el mismo en efecto.

El joyero cavaba la tierra, y de cuando en cuando la lmpara le
iluminaba el rostro: no tena los anteojos azules que tanto le
desfiguraban. Basilio se entremeci. Aquel era el mismo desconocido que
trece aos antes haba cavado all la fosa de su madre, slo que ahora
haba envejecido, sus cabellos se haban vuelto blancos y usaba bigote
y barba, pero la mirada era la misma, la misma expresion amarga, la
misma nube en la frente, los mismos brazos musculosos, algo ms secos
ahora, la misma energa iracunda. Las impresiones pasadas renacieron en
l: crey sentir el calor de la hoguera, el hambre, el desaliento de
entonces, el olor de la tierra removida... Su descubrimiento le tena
aterrado. De modo que el joyero Simoun que pasaba por indio ingls,
portugus, americano, mulato, el Cardenal Moreno, la Eminencia Negra,
el espritu malo del Capitan General como le llamaban muchos, no
era otro que el misterioso desconocido cuya aparicion y desaparicion
coincidan con la muerte del heredero de aquellos terrenos. Pero de
los dos desconocidos que se le presentaron, del muerto y del vivo
quin era el Ibarra?

Esta pregunta que l se haba dirigido varias veces siempre que se
hablaba de la muerte de Ibarra, acuda de nuevo  su mente ante aquel
hombre enigma que all vea.

El muerto tena dos heridas que debieron ser de armas de fuego segun
lo que l estudi despues y seran las resultas de la persecucion
en el lago. El muerto sera entonces el Ibarra que vendra para
morir sobre la tumba de su antepasado, y su deseo de ser quemado
se explica muy bien por su estancia en Europa donde se estila la
cremacion. Entonces quin era el otro, el vivo, este joyero Simoun,
entonces de apariencia miserable y que ahora volva cubierto de oro
y amigo de las autoridades? All haba un misterio y el estudiante,
con su sangre fra caracterstica, se prometi aclararlo, y aguard
una ocasion.

Simoun cavaba y cavaba en tanto, pero Basilio vea que el antiguo
vigor se haba amenguado: Simoun jadeaba, respiraba con dificultad
y tena que descansar  cada momento.

Basilio temiendo fuese descubierto tom una resolucion sbita, se
levant de su asiento y con la voz ms natural,

--Le puedo ayudar, seor...? pregunt saliendo de su escondite.

Simoun se enderez y di un salto como un tigre atacado infraganti,
se llev la mano al bolsillo de su americana y mir al estudiante
plido y sombro.

--Hace trece aos me ha prestado usted un gran servicio, seor,
prosigui Basilio sin inmutarse, en este mismo sitio, enterrando el
cadaver de mi madre y me considerara feliz si yo le pudiese servir.

Simoun, sin apartar los ojos del joven, sac de su bolsillo un
revlver. Oyse un chasquido como el de un arma que se amartilla.

--Por quin me toma usted? dijo retrocediendo dos pasos.

--Por una persona para m sagrada, contest Basilio algo emocionado
creyendo llegada su ltima hora: por una persona que todos, menos yo,
creen muerta y cuyas desgracias he lamentado siempre.

Imponente silencio sigui  estas palabras, silencio que para el
joven le sonaba  eternidad. Simoun no obstante, despues de larga
vacilacion, se le acerc y ponindole una mano sobre el hombro le
dijo en voz conmovida:

--Basilio, usted posee un secreto que me puede perder y ahora acaba
de sorprenderme en otro que me pone enteramente en sus manos y cuya
divulgacion puede trastornar todos mis planes. Para mi seguridad y
en bien del objeto que me propongo yo deba sellar para siempre sus
labios porque qu es la vida de un hombre ante el fin que persigo? La
ocasion me es propicia, nadie sabe que he venido, estoy armado, usted
indefenso; su muerte se atribuira  los tulisanes, sino  otra causa
ms sobrenatural... y sin embargo yo le dejar vivir y confo en
que no me ha de pesar. Usted ha trabajado, ha luchado con enrgica
constancia... y como yo, tiene usted cuentas que arreglar con la
sociedad; su hermanito fu asesinado,  su madre la han vuelto loca,
y la sociedad no ha perseguido ni al asesino ni al verdugo. Usted y
yo pertenecemos  los sedientos de justicia, y, en vez de destruirnos,
debemos ayudarnos.

Simoun se detuvo ahogando un suspiro y despues continu lentamente
con la mirada vaga.

--S, yo soy aquel que ha venido hace trece aos enfermo y miserable
para rendir el ltimo tributo  un alma grande, noble que ha querido
morir por m. Vctima de un sistema viciado he vagado por el mundo,
trabajando noche y da para amasar una fortuna y llevar  cabo
mi plan. Ahora he vuelto para destruir ese sistema, precipitar su
corrupcion, empujarle al abismo  que corre insensato, aun cuando
tuviese que emplear oleadas de lgrimas y sangre... Se ha condenado,
lo est y no quiero morir sin verle antes hecho trizas en el fondo
del precipicio!

Y Simoun estenda ambos brazos hcia la tierra como si con aquel
movimiento quisiese mantener all los restos destrozados. Su voz
haba adquirido un timbre siniestro, lgubre que haca estremecerse
al estudiante.

--Llamado por los vicios de los que las gobiernan, he vuelto  estas
islas y, bajo la capa del comerciante, he recorrido los pueblos. Con
mi oro me he abierto camino y donde quiera he visto  la codicia
bajo las formas ms execrables, ya hipcrita, ya impdica, ya cruel,
cebarse en un organismo muerto como un buitre en un cadver, y me
he preguntado por qu no fermentaba en sus  entraas la ponzoa, la
ptomaina, el veneno de las tumbas, para matar  la asquerosa ave? El
cadver se dejaba destrozar, el buitre se hartaba de carne, y como no
me era posible darle la vida para que se volviese contra su verdugo,
y como la corrupcion vena lentamente, he atizado la codicia, la he
favorecido, las injusticias y los abusos se multiplicaron; he fomentado
el crmen, los actos de crueldad, para que el pueblo se acostumbrase 
la idea de la muerte; he mantenido la zozobra para que huyendo de ella
se buscase una solucion cualquiera; he puesto trabas al comercio para
que empobrecido el pas y reducido  la miseria ya nada pudiese temer;
he instigado ambiciones para empobrecer el tesoro, y no bastndome
esto para despertar un levantamiento popular, he herido al pueblo
en su fibra ms sensible, he hecho que el buitre mismo insultase al
mismo cadver que le daba la vida y lo corrompiese... Mas, cuando
iba  conseguir que de la suprema podredumbre, de la suprema basura,
mezcla de tantos productos asquerosos fermente el veneno, cuando la
codicia exacerbada, en su atontamiento se daba prisa por apoderarse
de cuanto le vena  la mano como una vieja sorprendida por el
incendio, h aqu que vosotros surgs con gritos de espaolismo,
con cantos de confianza en el Gobierno, en lo que no ha de venir; h
aqu que una carne palpitante de calor y vida, pura, joven, lozana,
vibrante en sangre, en entusiasmo, brota de repente para ofrecerse
de nuevo como fresco alimento... Ah, la juventud siempre inexperta
y soadora, siempre corriendo trs las mariposas y las flores! Os
ligais para con vuestros esfuerzos unir vuestra patria  la Espaa
con guirnaldas de rosas cuando en realidad forjais cadenas ms
duras que el diamante! Peds igualdad de derechos, espaolizacion
de vuestras costumbres y no ves que lo que peds es la muerte, la
destruccion de vuestra nacionalidad, la aniquilacion de vuestra patria,
la consagracion de la tirana! Qu sereis en lo futuro? Pueblo sin
caracter, nacion sin libertad; todo en vosotros ser prestado hasta
los mismos defectos. Peds espaolizacion y no palideceis de vergenza
cuando os la niegan! Y aunque os la concedieran qu quereis? qu vais
 ganar? Cuando ms feliz, pas de pronunciamientos, pas de guerras
civiles, repblica de rapaces y descontentos como algunas repblicas
de la Amrica de Sur! A qu vens ahora con vuestra enseanza del
castellano, pretension que sera ridcula si no fuese de consecuencias
deplorables? Quereis aadir un idioma ms  los cuarenta y tantos
que se hablan en las islas para entenderos cada vez menos!...

--Al contrario, repuso Basilio; si  el conocimiento del castellano
nos puede unir al gobierno, en cambio puede unir tambien  todas
las islas entre s!

--Error craso! interrumpi Simoun; os dejais engaar por grandes
palabras y nunca vais al fondo de las cosas  examinar los efectos en
sus ltimas manifestaciones. El espaol nunca ser lenguaje general en
el pais, el pueblo nunca lo hablar porque para las concepciones de su
cerebro y los sentimientos de su corazon no tiene frases ese idioma:
cada pueblo tiene el suyo, como tiene su manera de sentir. Qu
vais  conseguir con el castellano, los pocos que lo habeis de
hablar? Matar vuestra originalidad, subordinar vuestros pensamientos
 otros cerebros y en vez de haceros libres haceros verdaderamente
esclavos! Nueve por diez de los que os presums de ilustrados,
sois renegados de vuestra patria. El que de entre vosotros habla
ese idioma, descuida de tal manera el suyo que ni lo escribe ni lo
entiende y cuntos he visto yo que afectan no saber de ello una sola
palabra! Por fortuna teneis un gobierno imbcil. Mientras la Rusia para
esclavizar  la Polonia le impone el ruso, mientras la Alemania prohibe
el francs en las provincias conquistadas, vuestro gobierno pugna
por conservaros el vuestro y vosotros en cambio, pueblo maravilloso
bajo un gobierno increible, vosotros os esforzais en despojaros de
vuestra nacionalidad! Uno y otro os olvidais de que mientras un pueblo
conserve su idioma, conserva la prenda de su libertad, como el hombre
su independencia mientras conserva su manera de pensar. El idioma es
el pensamiento de los pueblos. Felizmente vuestra independencia est
asegurada: las pasiones humanas velan por ella!...

Simoun se detuvo y se pas la mano por la frente. La luna se levantaba
y enviaba su debil claridad de luna menguante al travs de las
ramas. Con los cabellos blancos y las facciones duras, iluminadas de
abajo arriba por la luz de la lmpara, pareca el joyero el espritu
fatdico del bosque meditando algo siniestro. Basilio, silencioso ante
tan duros reproches, escuchaba con la cabeza baja. Simoun continu:

--Yo he visto iniciarse ese movimiento y he pasado noches enteras de
angustia porque comprenda que entre esa juventud haba inteligencias
y corazones escepcionales sacrificndose por una causa que crean
buena, cuando en realidad trabajaban contra su pas... Cuantas veces
he querido dirigirme  vosotros, desenmascararme y desengaaros, pero
en vista de la fama que disfruto, mis palabras se habran interpretado
mal y acaso habran tenido efecto contraproducente... Cuantas veces
he querido acercarme  vuestro Makaraig,  vuestro Isagani;  veces
pens en su muerte, quise destruirlos...

Detvose Simoun.

--H aqu la razon por qu le dejo  usted vivir, Basilio, y me expongo
 que por una imprudencia cualquiera me delate un da... Usted sabe
quien soy, sabe lo mucho que he debido sufrir, cree en m; usted no es
el vulgo que ve en el joyero Simoun al traficante que impulsa  las
autoridades  que cometan abusos para que los agraviados le compren
alhajas... Yo soy el Juez que quiero castigar  un sistema valindome
de sus propios crmenes, hacerle la guerra halagndole... Necesito que
usted me ayude, que use de su influencia en la juventud para combatir
esos insensatos deseos de espaolismo, de asimilacion, de igualdad
de derechos... Por ese camino se llega  lo ms  ser mala copia,
y el pueblo debe mirar ms alto! Locura es tratar de influir en la
manera de pensar de los gobernantes; tienen su plan trazado, tienen
la venda puesta, y, sobre perder el tiempo inutilmente, engaais al
pueblo con vanas esperanzas y contribus  doblar su cuello ante el
tirano. Lo que debeis hacer es aprovecharos de sus preocupaciones
para aplicarlas  vuestra utilidad. No quieren asimilaros al
pueblo espaol? Pues, enhorabuena! distinguos entonces delineando
vuestro propio caracter, tratad de fundar los cimientos de la patria
filipina... No quieren daros esperanzas? Enhorabuena! no espereis
en l, esperad en vosotros y trabajad. Os niegan la representacion
en sus Cortes? Tanto mejor! Aun cuando consigais enviar diputados
elegidos  vuestro gusto, qu vais  hacer en ellas sino ahogaros
entre tantas voces y sancionar con vuestra presencia los abusos y
faltas que despues se cometan? Mientras menos derechos reconozcan
en vosotros, ms tendreis despues para sacudir el yugo y devolverles
mal por mal. Si no quieren ensearos su idioma, cultivad el vuestro
estendedlo, conservad al pueblo su propio pensamiento, y en vez
de tener aspiraciones de provincia, tenedlas de nacion, en vez de
pensamientos subordinados, pensamientos independientes,  fin de
que ni por los derechos, ni por las costumbres, ni por el lenguaje
el espaol se considere aqu como en su casa, ni sea considerado por
el pueblo como nacional, sino siempre como invasor, como estrangero,
y tarde  temprano tendreis vuestra libertad. H aqu por qu quiero
que usted viva!

Basilio respir como si un gran peso se le hubiese quitado de encima
y respondi despues de una breve pausa:

--Seor, el honor que usted me hace confindome sus planes es demasiado
grande para que yo no le sea franco y le diga que lo que me exige est
por encima de mis fuerzas. Yo no hago poltica, y si he firmado la
peticion para la enseanza del castellano ha sido porque en ello vea
un bien para los estudios y nada ms. Mi destino es otro, mi aspiracion
se reduce  aliviar las dolencias fsicas de mis conciudadanos.

El joyero se sonri.

--Qu son las dolencias fsicas comparadas con las dolencias
morales? pregunt; qu es la muerte de un hombre ante la muerte de
una sociedad? Un da usted ser tal vez un gran mdico si le dejan
curar en paz; pero ms grande ser todava aquel que infunda nueva
vida en este pueblo anmico! Usted qu hace por el pas que le di
el ser, que le da la vida y le procura los conocimientos? No sabe
usted que es intil la vida que no se consagra  una idea grande? Es
un pedruzco perdido en el campo sin formar parte de ningun edificio.

--No, no seor, contest Basilio modestamente; yo no me cruzo
de brazos, yo trabajo como todos trabajan para levantar de las
ruinas del pasado un pueblo cuyos individuos sean solidarios y cada
uno de los cuales sienta en s mismo la conciencia y la vida de la
totalidad. Pero, por entusiasta que nuestra generacion sea comprendemos
que en la gran fbrica social debe existir la subdivision del trabajo;
he escogido mi tarea y me dedico  la ciencia.

--La ciencia no es el fin del hombre, observ Simoun.

--A ella tienden las naciones ms cultas.

--S, pero como un medio para buscar su felicidad.

--La ciencia es ms eterna, es ms humana, ms universal! replic
el joven en un trasporte de entusiasmo. Dentro de algunos siglos
cuando la humanidad est ilustrada y redimida, cuando ya no haya
razas, cuando todos los pueblos sean libres, cuando no haya tiranos
ni esclavos, colonias ni metrpolis, cuando rija una justicia y el
hombre sea ciudadano del mundo, solo quedar el culto de la ciencia,
la palabra patriotismo sonar  fanatismo, y al que alardee entonces
de virtudes patriticas le encerrarn sin duda como  un enfermo
peligroso,  un perturbador de la armona social.

Simoun se sonri tristemente.

--S, s, dijo sacudiendo la cabeza, mas, para que llegue ese estado es
menester que no haya pueblos tiranos ni pueblos esclavos, es menester
que el nombre sea  donde vaya libre, sepa respetar en el derecho de
cualquiera el de su propia individualidad, y para esto hay que verter
primero mucha sangre, se impone la lucha como necesaria... Para vencer
al antiguo fanatismo que oprima las conciencias fu menester que
muchos pereciesen en las hogueras para que, horrorizada la conciencia
social, declarase libre  la conciencia individual. Es menester
tambien que todos respondan  la pregunta que cada da les dirige la
patria cuando les tiende las manos encadenadas! El patriotismo solo
puede ser crmen en los pueblos opresores porque entonces ser la
rapia bautizada con un hermoso nombre, pero por perfecta que pueda
ser la humanidad el patriotismo ser siempre virtud en los pueblos
oprimidos porque significar en todo tiempo amor  la justicia,  la
libertad,  la dignidad misma. Nada pues de sueos quimricos, nada
de idilios mujeriles! La grandeza del hombre no est en anticiparse
 su siglo, cosa imposible por dems, sino en adivinar sus deseos,
responder  sus necesidades y guiarle  marchar adelante. Los genios
que el vulgo cree se han adelantado al suyo, solo aparecen as porque
el que los juzga los ve desde muy lejos,  toma por siglo la cola
en que marchan los rezagados!

Simoun se call. Viendo que no consegua despertar el entusiasmo
en aquella alma fra, acudi  otro argumento, y pregunt cambiando
de tono:

--Y por la memoria de su madre y de su hermano, qu hace usted? Basta
venir aqu cada ao y llorar como una mujer sobre una tumba?

Y se ri burlonamente.

El tiro di en el blanco; Basilio se inmut y avanz un paso.

--Qu quiere usted que haga? pregunt con ira. Sin medios, sin
posicion social he de obtener justicia contra sus verdugos? Sera otra
vctima y me estrellara como un pedazo de vidrio lanzado contra una
roca. Ah, hace usted mal en recordrmelo porque es tocar inutilmente
una llaga!

--Y si yo le ofrezco  usted mi apoyo?

Basilio sacudi la cabeza y se qued pensativo.

--Todas las reivindicaciones de la justicia, todas las venganzas
de la tierra no harn revivir un solo cabello de mi madre, refrescar
una sonrisa en los labios de mi hermano! Que duerman en paz... Qu
he de sacar aun cuando me vengase?

--Evitar que otros sufran lo que usted ha sufrido, que en lo futuro
haya hijos asesinados y madres forzadas  la locura. La resignacion
no siempre es virtud, es crmen cuando alienta tiranas: no hay
dspotas donde no hay esclavos. Ay! el hombre es de suyo tan
malo que siempre abusa cuando encuentra complacientes. Como usted
pensaba yo tambien y sabe cual fu mi suerte. Los que han causado
su desgracia le vigilan da y noche; sospechan que usted acecha un
momento oportuno; interpretan su afan de saber, su amor al estudio,
su tranquilidad misma por ardientes deseos de venganza... El da en
que puedan deshacerse de usted lo harn como lo hicieron conmigo y
no le dejarn crecer porque le temen y le odian!

--Odiarme  m? odiarme todava despues del mal que me han
hecho? pregunt el joven sorprendido.

Simoun solt una carcajada.

--Es natural en el hombre odiar  aquellos  quienes ha agraviado,
deca Tcito confirmando el quos lserunt et oderunt de Sneca. Cuando
usted quiera medir los agravios  los bienes que un pueblo hace 
otro, no tiene ms que ver si le odia  le ama. Y as se explica el
por qu algunos que aqu se han enriquecido desde los altos puestos
que desempearon, vueltos  la Pennsula se deshacen en injurias y en
insultos contra los que fueron sus vctimas. Proprium humani ingenii
est odisse quem lseris!

--Pero si el mundo es grande, si uno les deja gozar tranquilamente
del poder... si no pido ms que trabajar, que me dejen vivir...

--Y criar hijos pacficos para irlos despues  someter al yugo!,
continu Simoun  remedando cruelmente la voz de Basilio. Valiente
porvenir les prepara usted, y le han de agradecer una vida de
humillaciones y sufrimientos! Enhorabuena, joven! Cuando un cuerpo
est inerte, intil es galvanizarlo. Veinte aos de esclavitud
contnua, de humillacion sistemtica, de postracion constante llegan
 crear en el alma una joroba que no lo ha de enderezar el trabajo de
un da. Los sentimientos buenos  malos se heredan y se trasmiten de
padres  hijos. Vivan pues sus ideas idlicas, vivan los sueos del
esclavo que solo pide un poco de estopa con que envolver la cadena
para que suene menos y no le ulcere la piel! Usted aspira  un pequeo
hogar con alguna comodidad; una mujer y un puado de arroz: h ah el
hombre ideal en Filipinas! Bien; si se lo dan, considrese afortunado.

Basilio, acostumbrado  obedecer y  sufrir los caprichos y el mal
humor de Cpn. Tiago y subyugado por Simoun que se le apareca terrible
y siniestro destacndose de un fondo teido en lgrimas y sangre,
trataba de explicarse diciendo que no se consideraba con aptitudes
para mezclarse en la poltica, que no tena opinion alguna porque no
haba estudiado la cuestion pero que siempre estaba dispuesto  prestar
sus servicios el da en que se los exigiesen, que por el momento solo
vea una necesidad, la ilustracion del pueblo, etc., etc. Simoun le
cort la palabra con un gesto y como pronto iba  amanecer, dijo:

--Joven, no le recomiendo  usted que guarde mi secreto porque s
que la discrecion es una de sus buenas cualidades, y aunque usted
me quisiere vender, el joyero Simoun, el amigo de las autoridades
y de las corporaciones religiosas merecer siempre ms crdito que
el estudiante Basilio sospechoso ya de filibusterismo por lo mismo
que siendo indgena se seala y se distingue, y porque en la carrera
que sigue se encontrar con poderosos rivales. Con todo aunque usted
no ha respondido  mis esperanzas, el da en que cambie de opinion,
bsqueme en mi casa de la Escolta y le servir de buena voluntad.

Basilio di brevemente las gracias y se alej.

--Me habr equivocado de clave? murmur Simoun al encontrarse solo;
es que duda de m  medita tan en secreto el plan de su venganza que
teme confiarlo  la misma soledad de la noche? O ser que los aos de
servidumbre han apagado en su corazon todo sentimiento humano y solo
quedan las tendencias animales de vivir y reproducirse? En este caso
el molde estara deforme y hay que volverlo  fundir... La hecatombe
se impone pues; perezcan los ineptos y sobrevivan los ms fuertes!

Y aadi lgubremente como si se dirigiese  alguien:

--Tened paciencia, vosotros que me habeis legado un nombre y un
hogar, tened paciencia! Uno y otro los he perdido, patria, porvenir,
bienestar, vuestras mismas tumbas... pero tened paciencia! Y t,
espritu noble, alma grandiosa, corazon magnnimo que has vivido
para un solo pensamiento y has sacrificado tu vida sin contar con la
gratitud ni la admiracion de nadie, ten paciencia, ten paciencia! Los
medios de que me valgo no sern tal vez los tuyos, pero son los ms
breves... El da se acerca y cuando brille ir yo mismo  anunciroslo
 vosotros. Tened paciencia!






VIII

BUENAS PASCUAS!


Cuando Jul abri los doloridos ojos, vi que la casa estaba todava
oscura. Los gallos cantaban. Lo primero que se le ocurri fu que
quizs la Virgen haya hecho el milagro, y el sol no iba  salir 
pesar de los gallos que lo invocaban.

Levantse, se persign, rez con mucha devocion sus oraciones de la
maana y procurando hacer el menor ruido posible, sali al batalan.

No haba milagro; el sol iba  salir, la maana prometa ser magnfica,
la brisa era deliciosamente fra, las estrellas en el oriente
palidecan y los gallos cantaban  ms y mejor. Aquello era mucho
pedir; ms facil le era  la Virgen enviar los doscientos cincuenta
pesos! Qu le cuesta  ella, la Madre de Dios, drselos? Pero
debajo de la imgen solo encontr la carta de su padre pidiendo los
quinientos pesos de rescate... No haba ms remedio que partir. Viendo
que su abuelo no se mova, le crey dormido,  hizo el salabat del
desayuno. Cosa rara! ella estaba tranquila, hasta tena ganas de
reir. Qu tena pues para acongojarse tanto aquella noche? No iba
lejos, poda venir cada dos das  visitar la casa; el abuelo poda
verla y en cuanto  Basilio, l saba hace tiempo el mal giro que
tomaban los asuntos de su padre porque sola decirla  menudo:

--Cuando yo sea mdico y nos casemos, tu padre no necesitar de
sus campos.

--Qu tonta he sido en llorar tanto! se deca mientras arreglaba
su tampipi.

Y como sus dedos tropezasen con el relicario, lo llev  sus labios,
lo bes, pero se los frot inmediatamente temiendo el contagio;
aquel relicario de brillantes y esmeraldas haba venido de un
lazarino... Ah! entonces s, si ella contraa semejante enfermedad,
no se casara.

Como empezaba  clarear y viera  su abuelo sentado en un rincon,
siguiendo con los ojos todos sus movimientos cogi su tampipi de ropas,
se acerc sonriendo  besarle la mano. El viejo la bendijo sin decir
una palabra. Ella quiso bromear.

--Cuando el padre vuelva le direis que al fin me he ido al colegio:
mi ama habla espaol. Es el colegio ms barato que se puede encontrar.

Y viendo que los ojos del viejo se llenaban de lgrimas, puso sobre su
cabeza el tampipi y baj apresuradamente las escaleras. Sus chinelas
resonaban alegremente sobre las gradas de madera.

Pero cuando volvi el rostro para mirar una vez ms hcia su casa,
la casa donde se haban evaporado sus ltimos ensueos de nia y se
dibujaron sus primeras ilusiones de joven; cuando la vi triste,
solitaria, abandonada, con las ventanas  medio cerrar, vacas
y oscuras como los ojos de un muerto; cuando oy el debil ruido
de los caaverales y los vi balancearse al impulso del fresco
viento de la maana como dicindole adios, entonces su vivacidad
se disip, detvose, sus ojos se llenaron de lgrimas y dejndose
caer sentada sobre un tronco que haba caido junto al camino, llor
desconsoladamente.



Haca horas que Jul se haba ido y el sol estaba ya bastante
alto. Tandang Selo desde la ventana miraba  la gente que en traje
de fiesta se diriga al pueblo para oir la misa mayor. Casi todos
llevaban de la mano,  cargaban en brazos un nio, una nia, ataviados
como para una fiesta.

El da de la Pascua en Filipinas es, segun las personas mayores, de
fiesta para los nios; los nios acaso no sean de la misma opinion
y se puede presumir que le tienen un miedo instintivo. Con efecto:
se les despierta temprano, se les lava, se les viste y pone encima
todo lo nuevo, caro y precioso que tienen, botines de seda, enormes
sombreros, trajes de lana, de seda  de terciopelo sin dejar cuatro
 cinco escapularios pequeos que llevan el evangelio de S. Juan, y
as cargados los llevan  la misa mayor que dura casi una hora, se les
obliga  sufrir el calor y el vaho de tanta gente apiada y sudorosa,
y si no les hacen rezar el rosario tienen que estar quietos, aburrirse
 dormir. A cada movimiento  travesura que pueda ensuciar el traje,
un pellizco, una reprimenda; as es que ni rien ni estan alegres y
se lee en los redondos ojos la nostalgia por la vieja camisola de
todos los das y la protesta contra tanto bordado. Despues se les
lleva de casa en casa  visitar  los parientes para el besamanos;
all tienen que bailar, cantar y decir todas las gracias que sepan,
tengan  no humor, esten  no incmodos en sus atavos, con los
pellizcos y las reprensiones de siempre cuando hacen alguna de las
suyas. Los parientes les dan cuartos que recogen los padres y de los
que regularmente no vuelven  tener noticia. Lo nico positivo que
suelen sacar de la fiesta son las seales de los pellizcos ya dichos,
las incomodidades y  lo mejor una indigestion por un atracon de
dulces  bizcochos en casa de los buenos parientes. Pero tal es la
costumbre y los nios filipinos entran en el mundo por estas pruebas
que despues de todo resultan ser las menos tristes, las menos duras
en la vida de aquellos individuos...

Las personas de edad que viven independientes participan algo en esta
fiesta. Visitan  sus padres y tos, doblan una rodilla y desean
las buenas pascuas: su aguinaldo consiste en un dulce, una fruta,
un vaso de agua  un regalito cualquiera insignificante.

Tandang Selo vea pasar  todos sus amigos y pensaba tristemente en
que aquel ao no tena aguinaldo para nadie y que su nieta se haba
ido sin el suyo, sin desearle las felices pascuas. Era delicadeza
en Jul  puramente un olvido?

Cuando Tandang Selo quiso saludar  los parientes que venan 
visitarle trayndole sus nios, con no poca sorpresa suya encontr
que no poda articular una palabra: en vano se esforz, ningun sonido
pudo modular. Llevbase las manos  la garganta, sacuda la cabeza,
imposible! trat de reir y sus labios se agitaron convulsivamente:
un ruido opaco como el soplo de un fuelle era lo ms que pudo
producir. Mirronse las mujeres espantadas.

--Est mudo, est mudo! gritaron llenas de consternacion, armando
inmediatamente un regular alboroto.






IX

PILATOS


La noticia de aquella desgracia se supo en el pueblo; unos lo
lamentaron y otros se encogieron de hombros. Ninguno tena la culpa
y nadie lo cargaba sobre su conciencia.

El teniente de la Guardia Civil ni se inmut siquiera; tena orden de
recoger todas las armas y haba cumplido con su deber; persegua  los
tulisanes siempre que poda, y cuando secuestraron  Cabesang Tales,
l organizo inmediatamente una batida y trajo al pueblo maniatados
codo con codo  cinco  seis campesinos que le parecieron sospechosos,
y si no apareci Cabesang Tales era porque no estaba en los bolsillos
ni debajo de la piel de los presos que fueron activamente sacudidos.

El lego hacendero se encogi de hombros. l nada tena que ver:
cuestion de tulisanes! y l solo cumpla con su obligacion. Cierto
que si no se hubiese quejado, acaso no hubieran recogido las armas y
el pobre Cabesang no habra sido secuestrado, pero l, Fr. Clemente,
tena que mirar por su seguridad y aquel Tales tena una manera
de mirar que pareca escoger un buen blanco en alguna parte de su
cuerpo. La defensa es natural. Si hay tulisanes, la culpa no es de
l; su deber no es perseguirlos, eso le toca  la Guardia Civil. Si
Cabesang Tales en vez de vagar por sus terrenos se hubiese quedado en
casa, no habra caido prisionero. En fin, aquello era un castigo del
cielo contra los que se resisten  las exigencias de su corporacion.

Hermana Penchang, la vieja devota en cuya casa serva Jul, lo supo,
solt dos  tres susmariosep! se santigu y aadi:

--Muchas veces nos enva Dios esas cosas porque somos pecadores 
porque tenemos parientes pecadores  quienes debiramos haber enseado
la piedad y no lo hemos hecho.

Estos parientes pecadores queran decir Juliana; para la devota,
Jul era una gran pecadora.

--Figuraos una joven ya casadera que no sabe todava rezar! Jesus,
que escndalo! Pues no dice la indigna el Dios te salve Mara
sin pararse en es contigo, y el santa Mara sin hacer pausa
en pecadores, como toda buena cristiana que teme  Dios debe
hacer? Susmariosep! No sabe el oremus gratiam y dice mentbus por
mntibus! Cualquiera al oirla creera que est hablando de suman de
ibus. Susmariosep!

Y se haca una cruz escandalizada y daba gracias  Dios que haba
permitido fuese secuestrado el padre para que la hija salga del pecado
y aprenda las virtudes que segun los curas deben adornar  toda mujer
cristiana. Y por esto la retena en su servicio, no la dejaba volver
al barrio para cuidar de su abuelo. Jul tena que aprender  rezar,
leer los libritos que distribuyen los frailes y trabajar hasta que
pague los doscientos cincuenta pesos.

Cuando supo que Basilio se haba ido  Manila para sacar sus economas
y rescatar  Jul de la casa en donde serva, crey la buena mujer que
la joven se perda para siempre y que el diablo se le iba  presentar
bajo la forma del estudiante. Fastidioso y todo, cunta razon tena
aquel librito que le haba dado el cura! Los jvenes que van  Manila
para aprender, se pierden y pierden  los dems. Y creyendo salvar
 Jul la haca leer y releer el librito de Tandang Basio Macunat
recomendndola fuese siempre  verse con el cura en el convento,
como haca la heroina que tanto ensalzaba el fraile, su autor.

Entretanto los frailes estaban de enhorabuena: haban ganado
definitivamente el pleito y aprovecharon el cautiverio de Cabesang
Tales para entregar sus terrenos al que los haba solicitado, sin el
ms pequeo pundonor, sin la menor pizca de vergenza. Cuando volvi
el antiguo dueo y se enter de lo que haba pasado, cuando vi en
poder de otro sus terrenos, aquellos terrenos que le haban costado
las vidas de su mujer  hija; cuando hall  su padre mudo,  su hija
sirviendo como criada con ms una orden del tribunal, trasmitida por
el teniente del barrio, para desalojar la casa y abandonarla dentro
de tres das, Cabesang Tales no dijo una sola palabra, sentse al
lado de su padre y apenas habl en todo el da.






X

RIQUEZA Y MISERIA


Al da siguiente, con gran sorpresa del barrio, peda hospitalidad en
casa de Cabesang Tales el joyero Simoun, seguido de dos criados que
cargaban sendas maletas con fundas de lona. En medio de su miseria,
aquel no se olvidaba de las buenas costumbres filipinas y estaba muy
confuso al pensar que no tena nada para agasajar al estrangero. Pero
Simoun traa todo consigo, criados y provisiones, y solo deseaba
pasar el da y la noche en aquella casa por ser la ms cmoda del
barrio y por encontrarse entre San Diego y Tian, pueblos de donde
esperaba muchos compradores.

Simoun se enteraba del estado de los caminos y preguntaba  Cabesang
Tales si con su revlver tendra bastante para defenderse de los
tulisanes.

--Tienen fusiles que alcanzan mucho! observ Cabesang Tales algo
distraido.

--Este revlver no alcanza menos, contest Simoun disparando un tiro
contra una palmera de bonga que se encontraba  unos doscientos pasos.

Cabesang Tales vi caer algunas nueces, pero no dijo nada y continu
pensativo.

Poco  poco fueron llegando varias familias atraidas por la fama de
las alhajas del joyero: se saludaban desendose las buenas pascuas,
hablaban de misas, santos, malas cosechas, pero con todo iban  gastar
sus economas en piedras y baratijas que vienen de Europa. Se saba
que el joyero era amigo del Cpn. General y no estaba de ms estar en
buenas relaciones con l por lo que pueda suceder.

Cpn. Basilio vino con su seora, su hija Sinang y su yerno, dispuestos
 gastar lo menos tres mil pesos.

Hermana Penchang estaba all para comprar un anillo de brillantes que
tena prometido  la Virgen de Antipolo:  Jul la haba dejado en
casa aprendiendo de memoria un librito que le haba vendido el cura
por dos cuartos, con cuarenta das de indulgencia concedidos por el
arzobispo para todo el que lo leyere  oyere leer.

--Jesus! deca la buena devota  Capitana Tik; esa pobre muchacha
creci aqu como un hongo sembrado por el tikblang!... La he hecho
leer el librito en voz alta lo menos cincuenta veces y nada se le
queda en la memoria: tiene la cabeza como un cesto, lleno mientras
est en el agua. Todos, de oirla, hasta los perros y los gatos,
habremos ganado cuando menos veinte aos de indulgencias!

Simoun dispuso sobre la mesa las dos maletas que traa: la una era
algo ms grande que la otra.

--Ustedes no querrn alhajas de doubl ni piedras de imitacion... La
seora, dijo dirigindose  Sinang, querr brillantes...

--Eso, s seor, brillantes y brillantes antiguos, piedras antiguas,
sabe usted? contest; paga pap y  l le gustan las cosas antiguas,
las piedras antiguas.

Sinang se guaseaba tanto del mucho latin que saba su padre como del
poco y malo que conoca su marido.

--Precisamente tengo alhajas muy antiguas, contest Simoun, quitando
la funda de lona de la maleta ms pequea.

Era un cofre de acero pulimentado con muchos adornos de bronce y
cerraduras slidas y complicadas.

Tengo collares de Cleopatra, legtimos y verdaderos, hallados en las
pirmides, anillos de senadores y caballeros romanos encontrados en
las ruinas de Cartago...

--Probablemente les que Anibal envi despues de la batalla de
Cannes! aadi Cpn. Basilio muy seriamente y estremecindose de jbilo.

El buen seor, aunque haba leido mucho sobre los antiguos, por falta
de museos en Filipinas jams haba visto nada de aquellos tiempos.

--Traigo adems, costossimos pendientes de damas romanas encontrados
en la quinta de Annio Mucio Papilino en Pompeya...

Cpn. Basilio sacuda la cabeza dando  entender que estaba al corriente
y que tena prisa por ver tantas preciosas reliquias. Las mujeres
decan que tambien queran tener de Roma, como rosarios benditos
por el Papa, reliquias que perdonan los pecados sin necesidad de
confesion, etc.

Abierta la maleta y levantado el algodon en rama que la protega,
descubrise un compartimento lleno de sortijas, relicarios,
guardapelos, cruces, alfileres, etc. Los brillantes, combinados con
piedras de diferentes colores, lanzaban chispas y se agitaban entre
flores de oro de matices varios, con vetas de esmalte, con caprichosos
dibujos y raros arabescos.

Simoun levant la bandeja y descubri otra llena de fantsticas alhajas
que hubieran podido hartar la imaginacion de siete jvenes en siete
vsperas de bailes dados en su honor. Formas  cual ms caprichosas,
combinaciones de piedras y y perlas imitando insectos de azulado lomo y
litros transparentes; el zafiro, la esmeralda, el rub, la turquesa,
el brillante, se asociaban para crear liblulas, mariposas, avispas,
abejas, escarabajos, serpientes, lagartos, peces, flores, racimos,
etc.: haba peinetas en forma de diademas, gargantillas, collares
de perlas y brillantes tan hermosos que varias dalagas no pudieron
contener un nak! de admiracion y Sinang castaete con la lengua,
por lo que su madre, Cpna. Tik, la pellizc temiendo que por ello
encareciese ms sus alhajas el joyero. Cpna. Tik segua pellizcando
 su hija aun despues que se hubo casado.

--Ah tiene usted brillantes antiguos, repuso el joyero; ese anillo
perteneci  la princesa de Lamballe, y esos pendientes  una dama
de Mara Antonieta.

Eran unos hermosos solitarios de brillantes, grandes como granos de
maiz, de brillo algo azulado, llenos de una severa elegancia como si
conservasen aun el estremecimiento de los das del Terror.

--Esos dos pendientes! dijo Sinang mirando hcia su padre y
protegiendo instintivamente con la mano el brazo que tena cerca de
la madre.

--Otras ms antiguas todava, las romanas, contestaba Cpn. Basilio
guiando.

La devota Hermana Penchang pens que con aquel regalo la Virgen
de Antipolo se ablandara y le concedera su deseo ms vehemente:
hcia tiempo que le peda un milagro ruidoso en que vaya mezclado
su nombre para inmortalizarse en la tierra yendo al cielo despues,
como la Cpna. Ins de los curas, y pregunt por el precio. Pero Simoun
peda tres mil pesos. La buena mujer se santigu. Susmariosep!

Simoun descubri el tercer compartimento.

Este estaba lleno de relojes, petacas, fosforeras y relicarios
guarnecidos de brillantes y de finsimos esmaltes con miniaturas
elegantsimas.

El cuarto contena las piedras sueltas y al descubrirlo un murmullo
de admiracion reson en la sala, Sinang volvi  castaetear con la
lengua, su madre la volvi  pellizcar no sin soltar ella misma un
Sus Mara! de admiracion.

Nadie haba visto hasta entonces tanta riqueza. En aquel cajon
forrado de terciopelo azul oscuro, dividido en secciones, veanse
realizados los sueos de las Mil y una noches, los sueos de las
fantasas orientales. Brillantes, grandes hasta como garbanzos
centelleaban arrojando chispas de movilidad fascinadora como si
fuesen  liquidarse   arder consumidos en las reverberaciones
del espectro; esmeraldas del Per, de diferentes formas y tallado,
rubes de la India, rojos como gotas de sangre, zafiros de Ceylan,
azules y blancos, turquesas de Persia, perlas de nacarado oriente,
de las cuales algunas, rosadas, plomizas y negras. Los que han visto
durante la noche un gran cohete deshacerse sobre el fondo azul oscuro
del cielo en millares de lucecitas de todos colores, tan brillantes
que hacen palidecer  las eternas estrellas, pueden imaginarse el
aspecto que presentaba el compartimento.

Simoun, como para aumentar la admiracion de los presentes, remova
las piedras con sus morenos y afilados dedos gozndose en su canto
cristalino, en su resbalar luminoso como de gotas de agua que colora el
arcoiris. Los reflejos de tantas facetas, la idea de sus elevadsimos
precios fascinaban las miradas. Cabesang Tales que se haba acercado
curioso, cerr los ojos y se alej inmediatamente como para ahuyentar
un mal pensamiento. Tanta riqueza insultaba su desgracia; aquel
nombre vena all  hacer gala de su inmensa fortuna precisamente
en la vspera del da en que l, por falta de dinero, por falta de
padrinos tena que abandonar la casa que haba levantado con sus manos.

--Aqu tienen ustedes dos brillantes negros, de los ms grandes que
existen, repuso el joyero: son muy difciles de tallar por ser los
ms duros... Esta piedra algo rosada es tambien brillante, lo mismo
que esta verde que muchos toman por esmeralda. El chino Quiroga me
ha ofrecido por l seis mil pesos para regalrselo  una poderossima
seora... Y no son los verdes los ms caros sino estos azules.

Y separ tres piedras no muy grandes, pero gruesas y muy bien talladas,
con una ligera coloracion azul.

--Con ser ms pequeos que el verde, continu, cuestan el doble. Miren
ustedes este que es el ms pequeo de todos--no pesa ms de dos
quilates,--me ha costado veinte mil pesos y ya no lo doy en menos de
treinta. He tenido que hacer un viaje expresamente para comprarlo. Este
otro, encontrado en las minas de Golconda, pesa tres quilates y medio
y vale ms de setenta mil. El Virrey de la India por una carta que
recib antes de ayer me ofrece doce mil libras esterlinas.

Ante tanta riqueza, reunida en poder de aquel hombre que se espresaba
con tanta naturalidad, los circunstantes sentan cierto respeto
mezclado de terror. Sinang varias veces castaete y su madre no la
pellizc, quizs porque estuviese abismada  porque juzgase que un
joyero como Simoun no iba  tratar de ganar cinco pesos ms  menos
por una exclamacion ms  menos indiscreta. Todos miraban las piedras,
ninguno manifestaba el menor deseo de tocarlas, tenan miedo. La
curiosidad estaba embotada por la sorpresa. Cabesang Tales miraba
hcia el campo, y pensaba que con un solo brillante, quizs con el
ms pequeo, poda recobrar  su hija, conservar la casa y quizs
labrarse otro campo... Dios! que una de aquellas piedras valiese ms
que el hogar de un hombre, la seguridad de una joven, la paz de un
anciano en sus viejos das!

Y como si adivinase su pensamiento, Simoun deca dirigindose  las
familias que le rodeaban.

--Y vean, vean ustedes; con una de estas piedrecitas azules que
parecen tan inocentes  inofensivas, puras como arenillas desprendidas
de la bveda del cielo, con una como sta, regalada oportunamente,
un hombre ha podido desterrar  su enemigo,  un padre de familias,
como perturbador del pueblo... y con otra piedrecita igual  sta,
roja como la sangre del corazon, como el sentimiento de la venganza
y brillante como las lgrimas de los hurfanos, se le ha dado la
libertad, el hombre ha sido vuelto al hogar, el padre  sus hijos,
el esposo  la esposa y se ha salvado quizs  toda una familia de
un desgraciado porvenir.

Y dando golpecitos  la caja,

--Aqu tengo yo, como en las cajas de los mdicos, aada en voz alta
en mal tagalo, la vida y la muerte, el veneno y la medicina, y con este
puado puedo sumir en lgrimas  todos los habitantes de Filipinas!

Todos le miraban con terror y comprendan que tena razon. En la voz
de Simoun se notaba cierto timbre estrao y siniestros rayos parecan
pasar al travs de sus anteojos azules.

Como para hacer cesar la impresion que aquellas piedras hacan sobre
tan sencillas gentes, Simoun levant la bandeja y descubri el fondo
donde encerraba los sancta sanctorum. Estuches de piel de Rusia,
separados entre s por capas de algodon, llenaban el fondo forrado
de terciopelo gris. Todos esperaban maravillas. El marido de Sinang
confiaba ver carbunclos, piedras arrojando fuego y brillando en
medio de las tinieblas. Cpn. Basilio estaba ante las puertas de la
immortalidad; iba  ver algo positivo, algo real, la forma de lo que
tanto haba soado.

--Este es el collar de Cleopatra, dijo Simoun sacando con mucho
cuidado una caja plana en forma de media luna; es una joya que no se
puede tasar, un objeto de museo, solo para los gobiernos ricos.

Era una especie de collar formado por diferentes dijes de oro
representando idolillos entre escarabajos verdes y azules, y en
medio una cabeza de buitre, hecha de una piedra de un jaspe raro,
entre dos alas estendidas, smbolo y adorno de las reinas egipcias.

Sinang al verlo arrug la nariz  hizo una mueca de infantil desprecio,
y Cpn. Basilio con todo su amor  la antigedad no pudo contener un
ab! de desencanto.

--Es una magnfica joya muy bien conservada y cuenta casi dos mil aos.

--Psh! se apresur  decir Sinang para que su padre no cayese en
la tentacion.

--Tonta! djole ste que haba podido vencer su primer desencanto;
qu sabes t si se debe  ese collar la faz actual de toda la
sociedad? Con se habr cautivado Cleopatra  Cesar,  Marco
Antonio... se ha oido las ardientes declaraciones de amor de los
dos ms grandes guerreros de su tiempo, se oy frases en el ms
puro y elegante latin y ya quisieras tu habrtelo puesto!

--Yo? no doy tres pesos!

--Veinte se pueden dar, gonga! dijo Cpna. Tik en tono de conocedor;
el oro es bueno y fundido servir para otras alhajas.

--Este es un anillo que debi pertenecer  Sila, continu Simoun.

Era un anillo ancho, de oro macizo, con un sello.

--Con l haba firmado las sentencias de muerte durante su dictadura,
dijo Cpn. Basilio plido de emocion.

Y trat de examinarlo y decifrar el sello, pero por ms que hizo y
le di vueltas, como no entenda de paleografa, nada pudo leer.

--Qu dedo tena Sila! observ al fin; caben dos de los nuestros;
como digo, decaemos.

--Tengo aun otras muchas alhajas...

--Si son todas por el estilo, gracias! contest Sinang; prefiero
las modernas.

Cada uno escogi una alhaja, quien un anillo, quien un reloj, quien un
guardapelo. Capitana Tik compr un relicario que contena un pedazo de
la piedra sobre la cual se apoy N. S. en su tercera caida; Sinang, un
par de pendientes y Cpn. Basilio, la cadena de reloj para el alfrez,
los pendientes de seora para el cura con ms otras cosas de regalo;
las otras familias del pueblo de Tian por no quedarse menos que las
S. Diego vaciaron igualmente sus bolsillos.

Simoun compraba tambien alhajas viejas, haca cambios, y las econmicas
madres haban traido las que no les servan.

--Y usted, no tiene nada que vender? pregunt Simoun  Cabesang
Tales, vindole mirar con ojos codiciosos todas las ventas y cambios
que se hacan.

Cabesang Tales dijo que las alhajas de su hija haban sido vendidas
y las que quedaban no valan nada.

--Y el relicario de Mara Clara? pregunt Sinang.

--Es verdad! exclam el hombre, y un momento sus ojos brillaron.

--Es un relicario con brillantes y esmeraldas, dijo Sinang al joyero;
mi amiga lo usaba antes de entrar de monja.

Simoun no contest: segua ansioso con la vista  Cabesang Tales.

Despues de abrir varios cajones di con la alhaja. Contempllo Simoun
detenidamente, lo abri y lo cerr repetidas veces: era el mismo
relicario que Mara Clara llevaba en la fiesta de San Diego y que en
un movimiento de compasion haba dado  un lazarino.

--Me gusta la forma, dijo Simoun, cunto quiere usted por ella?

Cabesang Tales se rasc la cabeza perplejo, despues la oreja y mir
 las mujeres.

--Tengo un capricho por ese relicario, repiti Simoun; quiere usted
ciento... quinientos pesos? Quiere usted cambiarlo con otro? Escoja
usted lo que quiera!

Cabesang Tales estaba silencioso, y miraba embobado  Simoun como si
dudase de lo que oa.

--Quinientos pesos? murmur.

--Quinientos, repeti el joyero con voz alterada.

Cabesang Tales cogi el relicario y le di varias vueltas: sus sienes
le latan violentamente, sus manos temblaban. Si pidiese l ms? aquel
relicario les podra salvar; era excelente ocasion aquella, y no se
volvera  presentar otra.

Todas las mujeres le guiaban para que lo vendiese menos la Penchang
que temiendo rescatasen  Jul observ devotamiente:

--Yo lo guardara como reliquia... Los que vieron  Mara Clara en
el convento la hallaron tan flaca, tan flaca que dicen, apenas poda
hablar y se cree que morir como una santa... El P. Salv habla muy
bien de ella como que es su confesor. Por eso ser que Jul no ha
querido desprenderse de l prefiriendo empearse.

La observacion surti efecto.

El recuerdo de su hija detuvo  Cabesang Tales.

--Si me permits, dijo, ir al pueblo  consultarlo con mi hija:
antes de la noche estar de vuelta.

Quedronse en ello y Cabesang Tales baj inmediatamente.

Mas cuando se encontr fuera del barrio, divis  lo lejos, en un
sendero que se internaba en el bosque, al fraile hacendero, y  un
hombre que l reconoci por el que le haba tomado sus terrenos. Un
marido que ve  su mujer entrando con un hombre en una secreta alcoba,
no habra sentido ms ira, ni ms celos que Cabesang Tales viendo 
aquellos dos dirigirse  sus campos,  los campos por l trabajados
y que crea poder legar  sus hijos. Se le figur que aquellos dos
se rean, se burlaban de su impotencia; le vino  la memoria lo que
l haba dicho no los ceder sino al que los regase con su sangre
y enterrase en ellos  su mujer y  su hija...

Parse, se pas una mano por la frente y cerr los ojos; cuando
los abri, vi que el hombre se retorca riendo y el lego se coga
el vientre como para evitar que estalle de alegra y luego vi que
sealaban hcia su casa y volvan  reir.

Un ruido vibr en sus orejas, sinti al rededor de las sienes el
chasquido de un latigazo, la nube roja reapareci ante sus ojos,
volvi  ver los cadveres de su mujer  hija, y al lado el hombre
y el fraile riendo y cogindose la cintura.

Olvidse de todo, di media vuelta y sigui el sendero por donde
marchaban aquellos: era el sendero que conduca  sus terrenos.

Simoun aguard en vano que volviese aquella noche Cabesang Tales.

Al da siguiente cuando se levant, observ que la funda de cuero
de su revlver estaba vaca: abrila y dentro encontr una papel
que contena el relicario de oro con las esmeraldas y brillantes y
algunas lneas escritas en tagalo que decan:


    Perdonareis, seor, que estando en mi casa os prive de lo que
    es vuestro, mas, la necesidad me obliga, y en cambio de vuestro
    revlver os dejo el relicario que tanto deseabais. Necesito armas
    y parto  reunirme con los tulisanes.

    Os recomiendo no sigais vuestro camino, porque si caeis en nuestro
    poder, como ya no sois mi huesped, os exigiremos un considerable
    rescate.

    Telesforo Juan de Dios.


--Al fin tengo  mi hombre! murmur respirando Simoun; es algo
escrupuloso... pero tanto mejor: sabr cumplir con sus compromisos!

Y orden  su criado que por el lago se fuese  Los Baos se llevase
la maleta grande y le esperase all, porque l por tierra iba  seguir
su viaje llevndose la que contena sus famosas piedras.

La llegada de cuatro Guardias Civiles acab de ponerle de buen
humor. Venan  prender  Cabesang Tales y no encontrndole se llevaban
 Tandang Selo.

Tres asesinatos se haban cometido durante la noche. El fraile
hacendero y el nuevo inquilino de los terrenos de Cabesang Tales se
haban encontrado muertos, rota la cabeza y llena de tierra la boca,
en los linderos de los terrenos de aquel; en el pueblo, la mujer del
inquilino muerto amaneci tambien asesinada, la boca llena igualmente
de tierra y el cuello cortado, con un papel al lado donde se lea el
nombre Tales escrito en sangre como trazado por un dedo...



Tranquilizaos, pacficos vecinos de Kalamba! Ninguno de vosotros
se llama Tales, ninguno de vosotros ha cometido el crmen! Vosotros
os llamais Luis Habaa, Matas Belarmino, Nicasio Eigasani, Cayetano
de Jesus, Mateo Elejorde, Leandro Lopez, Antonino Lopez, Silvestre
Ubaldo, Manuel Hidalgo, Paciano Mercado, os llamais todo el pueblo
de Kalamba!... Habeis limpiado vuestros campos, habeis empleado
en ellos el trabajo de toda vuestra vida, economas, insomnios,
privaciones, y os han despojado de ellos, lanzado de vuestros hogares
y han prohibido  los dems os diesen hospitalidad! No se contentaron
con violar la justicia, hollaron las sagradas tradiciones de vuestro
pais... Vosotros habeis servido  Espaa y al rey, y cuando en nombre
de ellos pedisteis justicia, y se os desterr sin proceso, se os
arranc de los brazos de vuestras esposas, de los besos de vuestros
hijos... Cualquiera de vosotros ha sufrido ms que Cabesang Tales y
sin embargo ninguno, ninguno se ha hecho justicia... No hubo piedad
ni humanidad para vosotros y se os ha perseguido hasta ms all de la
tumba como  Mariano Herbosa... Llorad  reid en las islas solitarias
donde vagais ociosos, inciertos del porvenir! La Espaa, la generosa
Espaa vela sobre vosotros y tarde  temprano obtendreis justicia!






XI

LOS BAOS


Su Excelencia el Capitan General y Gobernador de las Islas Filipinas
haba estado cazando en Bosoboso. Pero como tena que ir acompaado de
una banda de msica--porque tan elevado personaje no iba  ser menos
que los imgenes de palo que llevan en procesion,--y como la aficion
al divino arte de Sta. Cecilia aun no se ha popularizado entre los
ciervos y jabales de Bosoboso, S. E. con la banda de msica y su
cortejo de frailes, militares y empleados no pudo pillar ni un solo
raton, ni una sola ave.

Las primeras autoridades de la provincia previeron futuras cesantas 
cambios de destino; los pobres gobernadorcillos y cabezas de barangay
se inquietaron y no pudieron dormir, temiendo no vaya  antojrsele al
divino cazador sustituir con sus personas la falta de sumision de los
cuadrpedos del bosque, como ya lo haba hecho aos antes un alcalde
viajando en hombros de polistas porque no haba caballos tan mansos
para responder de su persona. No falt un mal intencionado susurro de
que S. E. estaba decidido  hacer algo, porque en aquello vea los
primeros sntomas de una rebelion que convena sofocar en su cuna,
que una caza sin resultados desprestigia el nombre espaol, etc.,
y ya se echaba el ojo  un infeliz para vestirle de venado, cuando
S. E. en un acto de clemencia que Ben Zayb no saba con qu frases
encomiar, disip todas las inquietudes, declarando que le daba pena
sacrificar  su placer los animales del bosque.

A decir verdad, S. E. estaba contento y satisfecho inter se, pues
qu habra sucedido si hubiese fallado una pieza, un ciervo de
esos que no estan al tanto de las conveniencias polticas?  dnde
iba  parar el prestigio soberano? Cmo? Todo un Capitan General
de Filipinas errando una pieza, como un cazador novel? Qu diran
los indios entre los cuales hay regulares cazadores? Peligrara la
integridad de la patria...

As es como S. E., con una risa de conejo y echndoselas de cazador
descontento, orden la inmediata vuelta  Los Baos, no sin hablar
durante el viaje de sus hazaas cinegticas en tal  cual soto de
la Pennsula como quien no quiere la cosa, adoptando un tono algo
despreciativo, muy conveniente al caso, para las caceras de Filipinas,
ps! Los baos en el Dampalit (Daang pa liit), las estufas  orillas
del lago, y los tresillos en el palacio con tal  cual escursion  la
vecina cascada   la laguna de los caimanes ofrecan ms atractivos
y menos riesgos para la integridad de la patria.

All por los ltimos das de Diciembre encontrbase S. E. en la sala
jugando al tresillo, en tanto esperaba la hora del almuerzo. Vena
de tomar el bao con el consabido vaso de agua y carne tierna
de coco y estaba en la mejor disposicion posible para conceder
gracias y favores. Aumentaba su buen humor la circunstancia de
dar muchos codillos, pues el P. Irene y el P. Sibyla que con l
jugaban, desplegaban cada uno toda su inteligencia para hacerse
perder disimuladamente, con gran irritacion del P. Camorra que por
haber llegado, tan solo aquella maana no estaba al tanto de lo que
se intrigaba. El fraile-artillero como jugaba de buena f y pona
atencion, se pona colorado y se morda los labios cada vez que el
P. Sibyla se distraa  calculaba mal, pero no se atreva  decir
palabra por el respeto que el dominico le inspiraba; en cambio se
desquitaba contra el P. Irene  quien tena por bajo y zalamero y
despreciaba en medio de su rudeza. El P. Sibyla ni le miraba siquiera;
le dejaba bufar; el P. Irene, ms humilde, procuraba escusarse
acariciando la punta de su larga nariz. S. E. se diverta y se
aprovechaba,  fuer de buen tctico como se lo insinuaba el cannigo,
de las equivocaciones de sus contrarios. Ignoraba el P. Camorra que
sobre la mesita se jugaba el desenvolvimiento intelectual de los
filipinos, la enseanza del castellano, y  haberlo sabido, acaso
con alegra hubiera tomado parte en el juego.

Al traves del balcon abierto en todo su largo, entraba la brisa, fresca
y pura, y se descubra el lago cuyas aguas murmuraban dulcemente al
pi del edificio como rindiendo homenaje. A la derecha,  lo lejos,
se vea la isla de Talim, de de un puro azul; en medio del lago y en
frente casi, una islita verde, la isla de Kalamba, desierta, en forma
de medialuna,  la izquierda, la hermosa costa bordada de caaverales,
un montecillo que domina el lago, despues vastas sementeras despues
techos rojos por entre el verde oscuro de los rboles, el pueblo
de Kalamba, despues la costa se pierde  lo lejos, y en el fondo,
el cielo cierra el horizonte descendiendo sobre las aguas dando al
lago apariencias de mar y justificando la denominacion que los indios
le dan de dagat na tabang.

Hcia un estremo de la sala, sentado y delante de una mesita donde
se vean algunos papeles estaba el secretario. Su Excelencia era muy
trabajador y no le gustaba perder tiempo as es que despachaba con
l mientras serva de alcalde en el tresillo y en los momentos en
que se daban las cartas.

En el entretanto el pobre secretario bostezaba y se
desesperaba. Aquella maana trabajaba como todos los das en cambios de
destino, suspension de empleos, deportaciones, concesion de gracias,
etc. y no se tocaba todava la gran cuestion que tanta curiosidad
despertaba, la peticion de los estudiantes solicitando permiso para
la creacion de una Academia de castellano.

Pasendose de un estremo  otro y conversando animadamente aunque en
voz baja se vea  don Custodio,  un alto empleado, y  un fraile que
llevaba la cabeza baja con aire de pensativo  disgustado; llambase
el P. Fernandez. De una habitacion contigua salan ruidos de bolas
chocando unas con otras, risas, carcajadas, entre ellas la voz de
Simoun seca  incisiva: el joyero jugaba al billar con Ben Zayb.

De repente el P. Camorra se levant.

--Que juegue Cristo, puales! exclam arrojando las dos cartas que
le quedaban,  la cabeza del P. Irene; puales! la puesta estaba
segura cuando no el codillo, y lo perdemos por endose! Puales,
que juegue Cristo!

Y furioso, explicaba  todos los que estaban en la sala el caso
dirigindose especialmente  los tres paseantes como tomndoles por
jueces. Jugaba el General, l haca la contra, el P. Irene ya tena su
baza; arrastra l con el espadas y puales! el camote del P. Irene no
rinde, no rinde la mala. Que juegue Cristo! El hijo de su madre no se
haba ido all  romperse la cabeza intilmente y  perder su dinero.

--Si creer el nene, aada muy colorado, que los gano de bbilis
bbilis. Tras de que mis indios ya empiezan  regatear!...

Y gruendo y sin hacer caso de las disculpas del P. Irene que trataba
de esplicarse frotndose la trompa para ocultar su fina sonrisa,
se fu al cuarto de billar.

--P. Fernandez, quiere usted sentarse? pregunt el P. Sibyla.

--Soy muy mal tresillista! contesta el fraile haciendo una mueca.

--Entonces que venga Simoun, dijo el General; eh, Simoun, eh,
mister! Quiere usted echar una partida?

--Qu se dispone acerca de las armas de salon? pregunt el secretario
aprovechando la pausa.

Simoun asom la cabeza.

--Quiere usted ocupar el puesto del P. Camorra, seor Simbad? pregunt
el P. Irene; usted pondr brillantes en lugar de fichas.

--No tengo ningun inconveniente, contest Simoun acercndose y
sacudiendo la tiza que manchaba sus manos; y ustedes, qu ponen?

--Qu vamos  poner? contest el P. Sibyla. El General pondr lo
que guste, pero nosotros, religiosos, sacerdotes...

--Bah! interrumpi Simoun con irona; usted y el P. Irene pagarn
con actos de caridad, oraciones, virtudes, eh?

--Sabe usted que las virtudes que uno pueda tener, arguy gravemente
el P. Sibyla, no son como los brillantes que pueden pasar de mano
en mano, venderse y revenderse... residen en el ser, son accidentes
inherentes en el sujeto...

--Me contento entonces con que ustedes me paguen de boquilla, replic
alegremente Simoun; usted, P. Sibyla, en vez de darme cinco tantos
me dir, por ejemplo: renuncio por cinco das  la pobreza,  la
humildad,  la obediencia... usted; P. Irene: renuncio  la castidad,
 la largueza, etc. Ya ven que es poca cosa y yo doy mis brillantes!

--Qu hombre ms singular es este Simoun, qu ocurrencias tiene! dijo
el P. Irene riendo.

--Y ste continuo Simoun tocando familiarmente en el hombro  Su
Excelencia, ste me pagar cinco tantos, un vale por cinco das de
carcel; un solo, cinco meses; un codillo, orden de deportacion en
blanco;  una bola... digamos una ejecucion espedita por la Guardia
Civil mientras se le conduce  mi hombre de un pueblo  otro, etc.

El envite era raro. Los tres paseantes se acercaron.

--Pero, seor Simoun, pregunt el alto empleado, qu saca usted
con ganar virtudes de boquilla, y vidas y destierros y ejecuciones
espeditas?

--Pues mucho! Estoy cansado de oir hablar de virtudes y quisiera
tenerlas todas, todas las que hay en el mundo encerradas en un saco
para arrojarlas al mar, aun cuando tuviera que servirme de todos mis
brillantes como de lastre...

--Vaya un capricho! exclam el P. Irene riendo; y de los destierros
y ejecuciones espeditas?

--Pues, para limpiar el pais y destruir toda semilla mala...

--Vamos! todava est usted furioso con los tulisanes y cuidado que
bien podan haberle exigido un rescate mayor  quedarse con todas
sus alhajas. Hombre, no sea usted ingrato!

Simoun contaba que haba sido atajado por una banda de tulisanes
quienes, despues de agasajarle por un da le dejaron seguir el viaje
sin exigirle ms rescate que sus dos magnficos revlvers Smith
y las dos cajas de cartuchos que consigo llevaba. Aada que los
tulisanes le haban encargado muchas memorias para su Excelencia,
el Capitan General.

Y por esto y como contase Simoun que los tulisanes estaban muy bien
provistos de escopetas, fusiles y revlvers, y que contra semejantes
individuos un hombre solo por bien armado que estuviese no se poda
defender, S. E. para evitar en lo futuro que los tulisanes adquieran
armas, iba  dictar un nuevo decreto concerniente  las pistolas
de salon.

--Al contrario, al contrario! protestaba Simoun; si para m los
tulisanes son los hombres ms honrados del pas; son los nicos que
ganan su arroz debidamente... Creen ustedes que si hubiera caido en
manos... vamos! de usted por ejemplo, me habra dejado escapar sin
quitarme la mitad de mis alhajas, cuando menos?

Don Custodio iba  protestar: aquel Simoun era verdaderamente un
grosero mulato americano que abusaba de su amistad con el Capitan
General para insultar al P. Irene. Verdad es tambien que el P. Irene
tampoco le habra soltado por tan poca cosa.

--Si el mal no est, prosigui Simoun, en que haya tulisanes en los
montes y en el despoblado; el mal est en los tulisanes de los pueblos
y de las ciudades...

--Como usted, aadi riendo el cannigo.

--S, como yo, como nosotros, seamos francos, aqu no nos oye ningun
indio, continu el joyero; el mal est en que todos no seamos tulisanes
declarados; cuando tal suceda y vayamos  habitar en los bosques,
ese da se ha salvado el pas, ese da nace una nueva sociedad que
se arreglar ella sola... y S. E. podr entonces jugar tranquilamente
al tresillo sin necesidad de que le distraiga el secretario...

El secretario bostezaba en aquel momento estendiendo ambos brazos por
encima de la cabeza y estirando en lo posible las piernas cruzadas
por debajo de la mesita.

Al verle todos se rieron. Su Excelencia quiso cortar el giro de la
conversacion y soltando las cartas que haba estado peinando dijo
entre serio y risueo:

--Vaya, vaya! basta de bromas y juegos; trabajemos, trabajemos de
firme que aun tenemos media hora antes del almuerzo. Hay muchos
asuntos que despachar?

Todos prestaron atencion. Aquel da se iba  dar la batalla sobre la
cuestion de la enseanza del castellano por la que estaban all desde
hace das el P. Sibyla y el P. Irene. Se saba que el primero, como
Vice Rector, estaba opuesto al proyecto y que el segundo lo apoyaba
y sus gestiones lo estaban  su vez por la seora condesa.

--Qu hay, qu hay? preguntaba S. E. impaciente.

--La juehion je lah jamah je jalon, repiti el secretario ahogando
un bostezo.

--Quedan prohibidas!

--Perdone, mi General, dijo el alto empleado gravemente: V. E. me
permitir que le haga observar que el uso de las armas de salon est
permitido en todos los paises del mundo...

El General se encogi de hombros.

--Nosotros no imitamos  ninguna nacion del mundo, observ secamente.

Entre S. E. y el alto empleado haba siempre divergencia de opinion
y basta que el ltimo haga una observacion cualquiera para que el
primero se mantenga en sus trece.

El alto empleado tante otro camino.

--Las armas de salon solo pueden daar  los ratones y gallinas,
dijo; van  decir que...

--Que somos gallinas? continu el General encogindose de hombros;
y  m, qu? Pruebas he dado yo de no serlo.

--Pero hay una cosa, observ el secretario; hace cuatro meses,
cuando se prohibi el uso de las armas, se les ha asegurado  los
importadores estrangeros que las de salon seran permitidas.

Su Excelencia frunci las cejas.

--Pero la cosa tiene arreglo, dijo Simoun.

--Cmo?

--Sencillamente. Las armas de salon tienen casi todas seis milimetros
de calibre, al menos las que existen en el mercado. Se autoriza la
venta solo para todos los que no tengan esos seis milimetros!

Todos celebraron la ocurrencia de Simoun, menos el alto empleado
que murmur al oido del P. Fernandez que aquello no era serio ni se
llama gobernar.

--El maestro de Tian, continu el secretario hojeando unos papeles,
solicita se le d mejor local para...

--Qu ms local si tiene un camarin para l solo? interrumpi el
P. Camorra que haba acudido olvidndose ya del tresillo.

--Dice que est destechado, repuso el secretario, y que habiendo
comprado de su bolsillo mapas y cuadros, no puede esponerlos  la
intemperie...

--Pero yo nada tengo que ver con eso, murmur S. E.; que se dirija
al Director de Administracion, al Gobernador de la provincia  al
Nuncio...

--Lo que le dir  usted, dijo el P. Camorra, es que ese maestrillo
es un filibusterillo descontento: figrense ustedes que el hereje
propala que lo mismo se pudren los que se entierran con pompa que
los que sin ella! Algun da le voy  dar de cachetes!

Y el P. Camorra cerraba sus puos.

--Y  decir verdad, observ el P. Sibyla como dirigindose nada ms
que al P. Irene; el que quiere ensear, ensea en todas partes, al
aire libre: Scrates enseaba en las plazas pblicas, Platon en los
jardines de Academo, y Cristo en las montaas y lagos.

--Tengo varias quejas contra ese maestrillo, dijo S. E. cambiando
una mirada con Simoun; creo que lo mejor ser suspenderle.

--Suspendido! repiti el secretario.

Diole pena al alto empleado la suerte de aquel infeliz que peda
ausilio y se encontr con la cesanta y quiso hacer algo por l.

--Lo cierto es, insinu con cierta timidez, que la enseanza no est
del todo bien atendida...

--He decretado ya numerosas sumas para la compra de materiales, dijo
con altivez su Excelencia como si quisiese significar: He hecho ms
de lo que deba!

--Pero como faltan locales  propsito, los materiales que que se
compren se echarn  perder...

--No todo se puede hacer de una vez, interrumpi secamente S. E.;
los maestros de aqu hacen mal en pedir edificios cuando los de la
Pennsula se mueren de hambre. Mucha presuncion es querer estar
mejor que en la misma Madre Patria!

--Filibusterismo...

--Ante todo la Patria! ante todo somos espaoles! aadi Ben Zayb
con los ojos brillantes de patriotismo y ponindose algo colorado
cuando vi que se qued solo.

--En adelante, termin el General, todos los que se quejen sern
suspendidos.

--Si mi proyecto fuese aceptado, se aventur  decir don Custodio
como hablando consigo mismo.

--Relativo  los edificios de las escuelas?

--Es sencillo, prctico y econmico como todos mis proyectos, nacidos
de una larga esperiencia y del conocimiento del pais. Los pueblos
tendran escuelas sin que le costasen un cuarto al gobierno.

--Enterado, repuso con sorna el secretario; obligando  los pueblos
 que los construyan  su costa.

Todos se echaron  reir.

--No seor, no seor, grit don Custodio picado y ponindose
colorado: los edificios estn levantados y solo esperan que se los
utilice. Higinicos, inmejorables, espaciosos...

Los frailes se miraron con cierta inquietud. Propondra don Custodio
que se convirtiesen en escuelas las iglesias y los conventos  casas
parroquiales?

--Vemoslo! dijo el General frunciendo el ceo.

--Pues, mi General, es muy sencillo, repuso don Custodio estirndose y
sacando la voz hueca de ceremonia; las escuelas solo estan abiertas
en los das de trabajo, y las galleras en los de fiesta... Pues
convirtanse en escuelas las galleras, al menos durante la semana.

--Hombre, hombre, hombre!

--Ya pareci aquello!

--Pero qu cosas tiene usted, don Custodio!

--Vaya un proyecto que tiene gracia!

--Este les pone  todos la pata!

--Pero, seores, gritaba don Custodio al oir tantas exclamaciones;
seamos prcticos, qu local hay ms  propsito que las galleras? Son
grandes, estan bien construidas, y maldito para lo que sirven durante
la semana. Hasta desde un punto de vista moral, mi proyecto es muy
aceptable: servira como una especie de purificacion y expiacion
semanal del templo del juego, digmoslo as.

--Pero es que  veces hay juego de gallos durante la semana, observ
el P. Camorra, y no es justo que pagando los contratistas de las
galleras al gobierno...

--Vaya! por esos das se cierra la escuela!

--Hombre, hombre! dijo el Cpn. General escandalizado; tal horror
no suceder mientras yo gobierne! Que se cierren las escuelas porque
se juega! Hombre, hombre, hombre! primero presento la dimision!

Y S. E. estaba verdaderamente escandalizado.

--Pero, mi General, vale ms que se cierren por algunos das que no
por meses.

--Eso sera inmoral! aadi el P. Irene ms indignado todava que
su Excelencia.

--Ms inmoral es que los vicios tengan buenos edificios y las
letras ninguno... Seamos prcticos, seores, y no nos dejemos
llevar de sentimentalismos. En poltica no hay cosa peor como el
sentimentalismo. Mientras por respetos humanos prohibimos el cultivo
del opio en nuestras colonias, toleramos que en ellas se fume,
resulta que no combatimos el vicio pero nos empobrecemos...

--Pero observe usted que eso le produce al gobierno sin trabajo
ninguno, ms de cuatrocientos cincuenta mil pesos, repuso el P. Irene
que se haca ms y ms gubernamental...

--Basta, basta, seores! dijo S. E. cortando la discusion: yo tengo
mis proyectos sobre el particular y dedico mi particular atencion al
ramo de instruccion pblica. Hay algo ms?

El secretario mir con cierta inquietud al P. Sibyla y al P. Irene. Lo
gordo iba  salir. Ambos se prepararon.

--La solicitud de los estudiantes pidiendo autorizacion para abrir
una Academia de Castellano, contest el secretario.

Un movimiento general se not entre los que estaban en la sala y
despues de mirarse unos  otros fijaron sus ojos en el General para
leer lo que dispondra. Haca seis meses que la solicitud estaba all
aguardando un dictamen, y se haba convertido en una especie de casus
belli en ciertas esferas. Su Excelencia tena los ojos bajos como
para impedir que se leyesen sus pensamientos.

El silencio se haca embarazoso y comprendilo el General.

--Qu opina usted? pregunt al alto empleado.

--Qu he de opinar, mi General! contest el preguntado encogindose de
hombros y sonriendo amargamente; qu he de opinar sino que la peticion
es justa, justsima y que me parece estrao se hayan empleado seis
meses en pensar en ella!

--Es que se atraviesan de por medio consideraciones, repuso el
P. Sibyla friamente y medio cerrando los ojos.

Volvi  encogerse de hombros el alto empleado como quien no comprende
qu consideraciones podan ser aquellas.

--Aparte de lo intempestivo del propsito, prosigui el dominico,
aparte de lo que tiene de atentatorio  nuestras prerrogativas...

El P. Sibyla no se atrevi  continuar y mir  Simoun.

--La solicitud tiene un caracter algo sospechoso, concluy ste
cambiando una mirada con el dominico.

Este pestae dos veces. El P. Irene que los vi comprendi que su
causa estaba ya casi perdida: Simoun iba contra ella.

--Es una rebelion pacfica, una revolucion en papel sellado, aadi
el P. Sibyla.

--Revolucion, rebelion? pregunt el alto empleado mirando  unos y
 otros como si nada comprendiese.

--La encabezan unos jvenes tachados de demasiado reformistas y
avanzados por no decir otra cosa, aadi el secretario mirando
al dominico. Hay entre ellos un tal Isagani, cabeza poco
sentada... sobrino de un cura clrigo...

--Es un discpulo mo, repuso el P. Fernandez, y estoy muy contento
de l...

--Puales, tambien es contentarse! exclam el P. Camorra; en el
vapor por poco nos pegamos de cachetes: porque es bastante insolente,
le d un empujon y me contest con otro!

--Hay ademas un tal Macaragui  Macarai...

--Macarai, repuso el P. Irene terciando  su vez; un chico muy amable
y simptico.

Y murmur al oido del General:

--De se le he hablado  usted, es muy rico... la seora condesa se
lo recomienda eficazmiente.

--Ah!

--Un estudiante de Medicina, un tal Basilio...

--De ese Basilio no digo nada, repuso el P. Irene levantando las manos
y abrindolas como para decir dminus vobiscum; ese para m es agua
mansa. Nunca he llegado  saber lo que quiere ni lo que piensa. Qu
lstima que el P. Salv no est delante para darnos algunos de sus
antecedentes! Creo haber oido decir que cuando nio tuvo peras que
partir con la Guardia Civil... su  padre fu muerto en no recuerdo
qu motin...

Simoun se sonri lentamente, sin ruido, enseando sus dientes blancos
y bien alineados...

--Aj! aj! deca S. E. moviendo la cabeza: con que esas
tenemos? Apunte usted ese nombre!

--Pero, mi General, dijo el alto empleado viendo que la cosa tomaba
mal giro; hasta ahora nada de positivo se sabe contra esos jvenes;
su peticion es muy justa, y no tenemos ningun derecho para negrsela
fundndonos solo en meras conjeturas. Mi opinion es que el gobierno,
dando una prueba de su confianza en el pueblo y en la estabilidad de
su base, acuerde lo que se le pide; y libre  l despues de retirar
el permiso cuando vea que se abusa de su bondad. Motivos ni escusas
no han de faltar, podemos vigilarles... Para qu disgustar  unos
jvenes que despues pueden resentirse, cuando lo que piden est
mandado por reales decretos?

El P. Irene, don Custodio y el P. Fernandez asentan con la cabeza.

--Pero los indios no deben saber castellano, sabe usted? grit
el P. Camorra; no deben saber porque luego se meten  discutir con
nosotros, y los indios no deben discutir sino obedecer y pagar... no
deben meterse  interpretar lo que dicen las leyes ni los libros,
son tan sutiles y picapleitos! Tan pronto como saben el castellano
se hacen enemigos de Dios y de Espaa... lea usted si no el tandang
Basio Macunat; ese s que es un libro! Tiene verdades como esto!

Y enseaba sus redondos puos.

El P. Sibyla se pas la mano por la corona en seal de impaciencia.

--Una palabra! dijo adoptando el tono ms conciliador en medio de su
irritacion; aqu no se trata solamente de la enseanza del castellano,
aqu hay una lucha sorda entre los estudiantes y la Universidad de
Sto Toms; si los estudiantes se salen con la suya, nuestro prestigio
queda por los suelos, dirn que nos han vencido y exultarn y adios
fuerza moral, adios todo! Roto el primer dique quin contiene 
esa juventud? Con nuestra caida no haremos ms que anunciar la de
ustedes! Despues de nosotros el gobierno.

--Puales, eso no! grit el P. Camorra; veremos antes quien tiene
ms puos!

Entonces habl el P. Fernandez que durante la discusion solo se haba
contentado con sonreir. Todos se pusieron atentos porque saban que
era una buena cabeza.

--No me quiera usted mal, P. Sibyla, si difiero de su manera de
ver el asunto, pero es raro destino el mo de estar casi siempre
en contradiccion con mis hermanos. Digo pues que no debemos ser
tan pesimistas. La enseanza del castellano se puede conceder,
sin peligro ninguno y para que no aparezca como una derrota de la
Universidad, debamos los dominicos hacer un esfuerzo y ser los
primeros en celebrarla: all est la poltica. Para qu vamos 
estar en contnua tirantez con el pueblo, si despues de todo somos
los pocos y ellos los ms, si nosotros necesitamos de ellos y no
ellos de nosotros?--Espere usted, P. Camorra, espere usted!--Pase
que por ahora el pueblo sea debil y no tenga tantos conocimientos, yo
tambien lo creo as, pero no ser maana, ni pasado. Maana  pasado
sern los ms fuertes, sabrn lo que les convendr y no lo podemos
impedir, como no se puede impedir que los nios, llegados  cierta
edad, se enteren de muchas cosas... Digo pues, por qu no aprovechamos
este estado de ignorancia para cambiar por completo de poltica, para
fundarla sobre una base slida, imperecedera, la justicia por ejemplo
en vez de la base ignorancia? Porque no hay como ser justos, esto se
lo he dicho siempre  mis hermanos y no me quieren creer. El indio,
como todo pueblo joven, es idlatra de la justicia; pide el castigo
cuando ha faltado, as como le exaspera cuando no lo ha merecido. Es
justo lo que desean? pues  concederlo, dmosles todas las escuelas
que quieran, ya se cansarn: la juventud es holgazana y lo que la pone
en actividad es nuestra oposicion. Nuestro lazo prestigio, P. Sibyla,
est ya muy gastado, preparemos otro, el lazo gratitud por ejemplo. No
seamos tontos, hagamos lo que los cucos jesuitas...

--Oh, oh, P. Fernandez!

No, no; todo lo poda tolerar el P. Sibyla menos proponerle  los
jesuitas por modelo. Tembloroso y plido se deshizo en amargas
recriminaciones.

--Primero franciscano... cualquier cosa antes que jesuita! dijo
fuera de s.

--Oh, oh!

--Eh, eh! Padre P--!!

Vino una discusion en que todos, olvidndose del Capitan General,
intervinieron; hablaban  la vez, gritaban, no se entendan, se
contradecan; Ben Zayb las tena con el P. Camorra y se enseaban los
puos, el uno hablaba de gansos y el otro de chupa-tintas, el P. Sibyla
hablaba del Captulo y el P. Fernandez, de la Summa de Sto. Toms,
etc. hasta que entr el cura de Los Baos  anunciar que el almuerzo
estaba servido.

Su Excelencia se levant y as se cort la discusion.

--Ea, seores! dijo; hoy hemos trabajado como negros y eso que
estamos de vacaciones! Alguien dijo que los asuntos graves deben
tratarse en los postres. Yo soy en absoluto de esa opinion.

--Podemos indigestarnos, observ el secretario aludiendo al calor de
la discusion.

--Entonces lo dejaremos para maana.

Todos se levantaron.

--Mi General, murmur el alto empleado; la hija de ese Cabesang
Tales ha vuelto solicitando la libertad de su abuelo enfermo, preso
en lugar del padre...

Su Excelencia le mir disgustado y se pas la mano por la ancha frente.

--Carambas! que no le han de dejar  uno almorzar en paz!

--Es el tercer da que viene; es una pobre muchacha...

--Ah, demonios! exclam el P. Camorra; yo me deca: algo tengo que
decir al General, para eso he venido... para apoyar la peticion de
esa muchacha!

El General se rasc detrs de la oreja.

--Vaya! dijo; que el secretario ponga un volante al teniente de la
Guardia Civil, para que le suelten! No dirn que no somos clementes
ni misericordiosos!

Y mir  Ben Zayb. El periodista pestae.






XII

PLACIDO PENITENTE


De mala gana y con los ojos casi llorosos iba Plcido Penitente por
la Escolta para dirigirse  la Universidad de Santo Toms.

Haca una semana apenas que haba llegado de su pueblo y ya haba
escrito dos veces  su madre reiterando sus deseos de dejar los
estudios para retirarse y trabajar. Su madre le haba contestado que
tuviese paciencia, que cuando menos deba graduarse de bachiller en
artes, pues era triste abandonar los libros despues de cuatro aos
de gastos y sacrificios por parte de uno y otro.

De dnde le vena  Penitente el desamor al estudio, cuando era uno
de los ms aplicados en el famoso colegio que el P. Valerio diriga en
Tanawan? Penitente pasaba all por ser uno de los mejores latinistas y
sutiles argumentadores, que saban enredar  desenredar las cuestiones
ms sencillas  abstrusas; los de su pueblo le tenan por el ms
listo, y su cura, influido por aquella fama, ya le daba el grado de
filibustero, prueba segura de que no era tonto ni incapaz. Sus amigos
no se explicaban aquellas ganas de retirarse y dejar los estudios;
no tena novias, no era jugador, apenas conoca el hunkan y se
aventuraba en un revesino, no crea en los consejos de los frailes,
se burlaba del tandang Basio, tena dinero de sobra, trajes elegantes,
y sin embargo iba de mala gana  clase y miraba con asco los libros.

En el Puente de Espaa, puente que solo de Espaa tiene el nombre
pues hasta sus hierros vinieron del Extrangero, encontrse con
la larga procesion de jvenes que se dirigan  Intramuros para
sus respectivos colegios. Unos iban vestidos  la europea, andaban
de prisa, cargando libros y cuadernos, preocupados, pensando en su
leccion y en sus composiciones; estos eran los alumnos del Ateneo. Los
letranistas se distinguan por ir casi todos vestidos  la filipina,
ms numerosos y menos cargados de libros. Los de la Universidad
visten con ms esmero y pulcritud, andan despacio y, en vez de libros,
suelen llevar un baston. La juventud estudiosa de Filipinas no es muy
bulliciosa ni bullanguera; va como preocupada; al verla cualquiera
dira que delante de sus ojos no luce ninguna esperanza, ningun risueo
porvenir. Aunque de espacio en espacio alegran la procesion las notas
simpticas y ricas en colores de las educandas de la Escuela Municipal
con la cinta sobre el hombro y los libros en la mano, seguidas de sus
criadas, sin embargo apenas resuena una risa, apenas se oye una broma;
nada de canciones, nada de salidas graciosas;  lo ms bromas pesadas,
peleas entre los pequeos. Los grandes casi siempre van serios y bien
compuestos como los estudiantes alemanes.

Plcido segua el paseo de Magallanes para entrar por la brecha--antes
puerta--de Sto. Domingo, cuando de repente recibi una palmada sobre
el hombro que le hizo volverse inmediatamente de mal humor.

--Ol, Penitente, ol, Penitente!

Era el condiscipulo Juanito Pelaez, el barbero  favorito de los
profesores, pillo y malo como l solo, de mirada picaresca y sonrisa
de truhan. Hijo de un mestizo espaol,--rico comerciante en uno de los
arrabales que cifraba todas sus alegras y esperanzas en el talento
del joven,--prometa mucho por sus picardas y, gracias  su costumbre
de jugar malas pasadas  todos, escondindose despues detrs de sus
compaeros, tena una particular joroba que se aumentaba cada vez
que haca una de las suyas y se rea.

--Cmo te has divertido, Penitente? preguntaba dndole palmadas
fuertes sobre el hombro.

--As, as, contest Plcido, algo cargado, y t?

--Pues, divinamente! Figrate que el cura de Tian me invita 
pasar las vacaciones en su pueblo, me voy... chico! le conoces
al P. Camorra? Pues es un cura liberal, muy campechano, franco,
muy franco, de esos por el estilo del P. Paco... Y como haba chicas
muy guapas, dbamos cada jarana, l con su guitarra y sus peteneras
y yo con mi violin... Te digo, chico, que nos divertimos en grande;
no hay casa que no hayamos subido!

Y murmur al oido de Plcido algunas palabras echndose  reir
despues. Y como Plcido manifestra cierta estraeza, aadi:

--Te lo puedo jurar! No tienen ms remedio, porque con un espediente
gubernativo se deshace del padre, marido  hermano y santas
pascuas! Sin embargo nos hemos encontrado con una tonta, novia creo yo
de Basilio, sabes? Mira que tonto es ese Basilio! Tener una novia
que no sabe una palabra de espaol, ni tiene dinero y que ha sido
criada! Arisca como ella sola pero bonita: el P. Camorra la emprendi
una noche de bastonazos con dos bagontaos que la daban serenata y
yo no s como no los mat. Pero con todo, sigue tan arisca como
siempre! Pero tendr que pasar por ello como todas, como todas!

Juanito Pelaez se rea con la boca llena como si aquello le supiese
 gloria. Plcido le mir con disgusto.

--Oye y qu explic ayer el catedrtico? pregunt cambiando de
conversacion.

--Ayer no hubo clase.

--Oj! Y antes de ayer?

--Hombre, jueves!

--Es verdad qu bruto soy! Sabes, Plcido, que me voy volviendo
bruto? Y el mircoles?

--El mircoles? Aguarda... el mircoles llovizn.

--Magnfico! y el martes, chico?

--El martes era la fiesta del Catedrtico y fuimos  festejarle con
una orquesta, un ramillete de flores y algunos regalos...

--Ah, carambas! exclam Juanito, que lo he olvidado qu bruto
soy! Oye, y pregunt por m?

Penitente se encogi de hombros.

--No lo s, pero le entregaron la lista de los festejantes.

--Carambas!... oye, y el lunes qu hubo?

--Como era el primer da de clase, ley la lista y seal la leccion:
sobre los espejos. Mira! desde aqu hasta all, de memoria, al pi
de la letra... se salta todo este trozo y se da esto!

Y le indicaba con el dedo en la Fsica de Ramos los puntos que se
tenan que aprender, cuando de repente salt el libro por los aires,
merced  una palmada que le aplic Juanito de abajo arriba.

--Hombre, djate de lecciones, vamos  hacer da pichido!

Da pichido llaman los estudiantes de Manila al que encontrndose
entre dos de fiesta, resulta suprimido, como estrujado por voluntad
de los estudiantes.

--Sabes tu que verdaderamente eres un bruto? replic furioso Plcido
recogiendo su libro y sus papeles.

--Vamos  hacer da pichido! repeta Juanito.

Plcido no quera: por dos menos no cierran una clase de ms de ciento
cincuenta. Se acordaba de las fatigas y economas de su madre que le
sustentaba en Manila privndose ella de todo.

En aquel momento entraban por la brecha de Sto. Domingo.

--Ahora me acuerdo, exclama Juanito al ver la plazoleta delante del
antiguo edificio de la aduana; sabes que estoy encargado para recoger
la contribucion?

--Qu contribucion?

--La del monumento!

--Qu monumento?

--Toma! el del P. Baltasar no lo sabas?

--Y quin es ese P. Baltasar?

--Sopla! pues un dominico! Por eso acuden los Padres  los
estudiantes. Anda, larga tres  cuatro pesos para que vean que somos
esplndidos! Que no se diga jams que para levantar una esttua han
tenido que acudir  sus propios bolsillos. Vamos, Placidete, que no
es dinero perdido!

Y acompa estas palabras con un guio significativo.

Plcido record el caso de un estudiante que ganaba cursos regalando
canarios, y di tres pesos.

--Mira, sabes? escribir claro tu nombre para que el profesor lo lea,
ves? Plcido Penitente, tres  pesos. Ah! escucha! Dentro de quince
das es la fiesta del profesor de Historia Natural... Sabes que es
muy barbian, que no pone nunca faltas ni pregunta la leccion. Chico,
hay que ser agradecidos!

--Es verdad!

--Pues no te parece que debemos festejarle? La orquesta no ha de
ser menos que la que le llevasteis al catedrtico de Fsica.

--Es verdad!

--Qu te parece si ponemos la contribucion  dos pesos? Anda,
Placiding, empieza tu por dar, as te quedas en la cabeza de la lista.

Y como viese que Plcido daba sin vacilar los dos pesos pedidos,
aadi.

--Oye, pon cuatro, que ya despues te devolver los dos; es para que
sirvan de gallo.

--Pues si me los has de devolver, para qu drtelos? basta con que
pongas cuatro.

--Ah! es verdad qu bruto soy! sabes que me voy volviendo
bruto? Pero dmelos de todos modos, para ensearlos.

Plcido, para no desmentir al cura que le bautiz, di lo que le
pedan.

Llegaron  la Universidad.

A la entrada y  lo largo de las aceras que  uno y otro lado de la
misma se estendan, estacionaban los estudiantes esperando que bajen
los profesores. Alumnos del ao preparatorio de Derecho, del quinto
de Segunda Enseanza, del preparatorio de Medicina formaban animados
grupos: estos ltimos eran fciles de distinguir por su traje y por
cierto aire que no se observa en los otros: vienen en su mayora del
Ateneo Municipal y entre ellos vemos al poeta Isagani esplicando 
un compaero la teora de la refraccion de la luz. En un grupo se
discuta, se disputaba, se citaban frases del profesor, testos del
libro, principios escolsticos; en otro gesticulaban con los libros
agitndolos en el aire, se demostraba con el baston trazando figuras
sobre el suelo; ms all, entretenidos en observar  las devotas que
van  la vecina iglesia, los estudiantes hacen alegres comentarios. Una
vieja, apoyada en una joven, cojea devotamente; la joven camina
con los ojos bajos, tmida y avergonzada de pasar delante de tantos
observadores; la vieja levanta la falda color de caf, de las Hermanas
de Sta. Rita, para ensear unos pis gorditos y unas medias blancas,
rie  su compaera y lanza miradas furiosas  los curiosos.

--Saragates! grue, no les mires, baja los ojos!

Todo llama la atencion, todo ocasiona bromas y comentarios.

Ora es una magnfica victoria que se para junto  la puerta para
depositar  una familia devota; van  visitar  la Virgen del Rosario
en su da favorito; los ojos de los curiosos se afilan para espiar la
forma y el tamao de los pis de las seoritas al saltar del coche;
ora es un estudiante que sale de la puerta con la devocion aun en
el rostro: ha pasado por el templo para rogar  la Virgen le hiciese
comprensible la leccion, para ver si est la novia, cambiar algunas
miradas con ella  irse  clase con el recuerdo de sus amantes ojos.

Mas en los grupos se nota cierto movimiento, cierta espectacion, 
Isagani se interrumpe y palidece. Un coche se ha detenido junto  la
puerta: la pareja de caballos blancos es bien conocida. Es el coche de
la Paulita Gomez y ella ha saltado ya en tierra, ligera como un ave,
sin dar tiempo  que los pcaros le vieran el pi. Con un gracioso
movimiento del cuerpo y un pase de la mano se arregla los pliegues de
la saya, y con una mirada rpida y como descuidada ha visto  Isagani,
ha saludado y ha sonreido. Doa Victorina baja  su vez, mira al travs
de sus quevedos, v  Juanito Pelaez, sonrie y le saluda afablemente.

Isagani, rojo de emocion, contesta con un tmido saludo; Juanito se
dobla profundamente, se quita el sombrero y hace el mismo gesto que
el clebre cmico y caricato Panza cuando recibe un aplauso.

--Mecchis! qu chica! exclama uno disponindose  partir; decid
al catedrtico que estoy gravemente enfermo.

Y Tadeo, que as se llamaba el enfermo, entr en la iglesia para
seguir  la joven.

Tadeo va todos los das  la Universidad para preguntar si hay
clase y cada vez se extraa ms y ms de que la haya: tiene cierta
idea de una cuacha latente y eterna y la espera venir de un da 
otro. Y todas las maanas, despues de proponer en vano que hagan
novillos, se marcha pretestando grandes ocupaciones, compromisos,
enfermedades, precisamente en el momento mismo en que sus compaeros
entran en la clase. Pero, por no se sabe qu arte de birlibirloque,
Tadeo aprueba cursos, es querido de los profesores y tiene delante
un hermoso porvenir.

Entretanto un movimiento se inicia y los grupos empiezan  moverse;
el catedratico de Fsica y Quimica ha bajado  clase. Los alumnos,
como burlados en sus esperanzas, se dirigieron al interior del edificio
dejando escapar exclamaciones de descontento. Plcido Penitente sigue
 la multitud.

--Penitente, Penitente! le llam uno con cierto misterio firma esto!

--Y qu es eso?

--No importa, frmalo!

A Plcido le pareci que le tiraban de las orejas; tena presente en
la memoria la historia de un cabeza de barangay de su pueblo, que por
haber firmado un documento que no conoca, estuvo preso meses y meses
y por poco fu deportado. Un to suyo, para grabarle la leccion en
la memoria, le haba dado un fuerte tiron de orejas. Y siempre que
oa hablar de firmas se reproduca en los cartilagos de sus orejas
la sensacion recibida.

--Chico, dispensa, pero no firmo nada sin enterarme antes.

--Que tonto eres! si lo firman dos carabineros celestiales, qu
tienes que temer?

El nombre de carabineros celestiales infunda confianza. Era una
sagrada compaa, creada para ayudar  Dios en la guerra con el
espritu del mal, y para impedir la introduccion del contrabando
hertico en el mercado de la Nueva Sion.

Plcido iba ya  firmar para acabar porque tena prisa: sus compaeros
rezaban ya el O Thoma, pero le pareci que su to le coga de la oreja,
y dijo:

--Despues de clase! quiero leerlo antes.

--Es muy largo, entiendes? se trata de dirigir una contrapeticion,
mejor dicho, una protesta. Entiendes? Makaraig y algunos han
solicitado que se abra una academia de castellano, lo cual es una
verdadera tontera...

--Bien, bien! chico, luego ser, que ya estan empezando, dijo Plcido
tratando de escaparse.

--Pero si vuestro profesor no lee la lista!

--S, s, que la lee  veces. Despues, despues! Ademas... yo no
quiero ir en contra de Makaraig.

--Pero si no es ir en contra, es solamente...

Plcido ya no oa, ya estaba lejos y andaba de prisa dirigindose
 su clase. Oy diferentes adsum! adsum! carambas, se lea la
lista!... apret los pasos y lleg precisamente  la puerta cuando
estaban en la letra Q.

--Tinaman ng...! murmur mordindose los labios.

Vacil sobre si entrar  no: la raya ya estaba puesta y no se la iban 
borrar. A la clase no se va para aprender sino para no tener la raya;
la clase se reduca  hacer decir la leccion de memoria, leer el
libro y, cuando ms,  una que otra preguntita abstracta, profunda,
capciosa, enigmtica; es verdad que no falta el sermoncito--el de
siempre!--sobre la humildad, la sumision, el respeto  los religiosos y
l, Plcido, era humilde, sumiso y respetuoso. Iba  marcharse ya pero
se acord de que los exmenes se acercaban y su profesor no le haba
preguntado todava ni pareca haberse fijado en l: buena ocasion
era aquella para llamar la atencion y ser conocido! Ser conocido es
tener el ao ganado, pues, si no cuesta nada suspender  uno que no
se conoce, se necesita tener duro el corazon para no impresionarse
ante la vista de un joven que con su presencia reprocha diariamente
la prdida de un ao de su vida.

Plcido entr pues y no sobre la punta de los pis como sola hacer,
sino metiendo ruido con sus tacones. Y demasiado consigui su
intento! El catedrtico le mir, frunci las cejas y agit la cabeza
como diciendo:

--Insolentillo, ya me las pagars!






XIII

LA CLASE DE FISICA


La clase era un gran espacio rectangular con grandes ventanas
enrejadas que daban paso abundante al aire y  la luz. A lo largo de
los muros se vean tres anchas gradas de piedra cubiertas de madera,
llenas de alumnos colocados en orden alfabtico. Hcia el estremo
opuesto  la entrada, debajo de una estampa de Sto. Toms de Aquino,
se levantaba la ctedra del profesor, elevada, con dos escaleritas 
ambos costados. Esceptuando un hermoso tablero con marco de narra sin
usar casi, pues en l continuaba aun escrito el viva! que apareci
desde el primer da, no se vea all ningun mueble til  intil. La
paredes, pintadas de blanco y protegidas en parte por azulejos para
evitar roces, estaban enteramente desnudas: ni un trazado, ni un
grabado, ni un esquema siquiera de un instrumento de Fsica! Los
alumnos no tenan necesidad de ms, nadie echaba de menos la enseanza
prctica de una ciencia eminentemente experimental; por aos y aos se
ha enseado as y Filipinas no se ha trastornado, al contrario contina
como siempre. Alguna que otra vez bajaba del cielo un instrumentillo
que se enseaba de lejos  la clase, como el Santsimo  los fieles
prosternados, mrame y no me toques. De poca en poca, cuando
vena algun profesor complaciente, se sealaba un da del ao para
visitar el misterioso Gabinete y admirar desde fuera los enigmticos
aparatos, colocados dentro de los armarios; nadie se poda quejar;
aquel da se vea mucho laton, mucho cristal, muchos tubos, discos,
ruedas, campanas, etc.; y la feria no pasaba de all, ni Filipinas
se trastornaba. Por lo dems, los alumnos estan convencidos de que
aquellos instrumentos no se han comprado para ellos; buenos tontos
seran los frailes! El Gabinete se ha hecho para enserselo  los
estrangeros y  los grandes empleados que venan de la Pennsula,
para que al verlo muevan la cabeza con satisfaccion mientras que el
que les gua sonre como diciendo:

--Eh? ustedes se han creido que se iban  encontrar con unos monjes
atrasados? Pues estamos  la altura del siglo; tenemos un gabinete!

Y los estrangeros y los grandes empleados, obsequiados galantemente,
escriban despues en sus viajes  memorias que La Real y Pontificia
Universidad de Sto. Toms de Manila,  cargo de la ilustrada orden
dominicana, posee un magnfico Gabinete de Fsica para la instruccion
de la juventud... Cursan anualmente esta asignatura unos doscientos
cincuenta alumnos, y sea por apata, indolencia, poca capacidad del
indio  otra causa cualquiera etnolgica  suprasensible... hasta ahora
no ha despuntado un Lavoisier, un Secchi ni un Tyndall, siquiera en
miniatura, de la raza malayo-filipina!!!!

Sin embargo, para ser exactos, diremos que en este Gabinete tienen
sus clases los treinta  cuarenta alumnos de ampliacion y por cierto
bajo la direccion de un catedrtico que cumple bastante con su deber,
pero, procediendo la mayor parte de estos del Ateneo de los jesuitas
donde la ciencia se ensea prcticamente en el gabinete mismo, su
utilidad no resulta grande como lo sera si se aprovechasen de l
los doscientos cincuenta que pagan su matrcula, compran su libro,
estudian y emplean un ao para despues no saber nada. Resulta de ello,
que esceptuando algun raro capista  sirviente que tuvo  su cargo los
museos durante aos y aos, jams se supo de ninguno que haya sacado
provecho de las lecciones de memoria con tanto trabajo aprendidas.

Pero volvamos  nuestra clase.

El catedrtico era un dominico joven, que haba desempeado con
mucho rigor y excelente nombre algunas ctedras en el Colegio de
S. Juan de Letran. Tena fama de ser tan gran dialctico como profundo
filsofo y era uno de los de ms porvenir en su partido. Los viejos le
consideraban, y le envidiaban los jvenes, porque entre ellos tambien
existen partidos. Era aquel el tercer ao de su profesorado y aunque
era el primero en que explicaba Fsica y Qumica, pasaba ya por ser un
sabio no solo entre los complacientes estudiantes sino tambien entre
los otros nmadas profesores. El P. Millon, no perteneca al vulgo de
los que cada ao cambian de ctedra para tener ciertos conocimientos
cientficos, alumnos entre otros alumnos sin ms diferencia que la
de cursar una sola asignatura, preguntar en vez de ser preguntados,
entender mejor el castellano y no examinarse al fin del curso. El
P. Millon profundizaba la ciencia, conoca la Fsica de Aristteles
y la del P. Amat; lea atentamente el Ramos y de cuando en cuando
echaba un vistazo al Ganot. Con todo, sacuda muchas veces la cabeza
con aire de duda, sonrea y murmuraba: transeat. En cuanto  Qumica,
se le atribuan poco vulgares conocimientos desde que, fundndose
en un dicho de Sto. Toms de que el agua era una mezcla, prob
palmariamente que el Anglico Doctor se haba con mucho anticipado 
los Berzelius, Gay Lussac, Bunsen y otros materialistas ms  menos
presumidos. No obstante, apesar de haber sido profesor de Geografa,
todava conservaba ciertas dudas acerca de la redondez de la tierra
y se sonrea con malicia al hablar de los movimientos de rotacion y
revolucion en torno del sol, recitando:


                    El mentir de las estrellas
                    Es un cmodo mentir...


Se sonrea con malicia ante ciertas teoras fsicas y tena por
visionario cuando no por loco al jesuita Secchi imputndole el trazar
triangulaciones sobre la hostia como efecto de sus manas astronmicas,
por cuya causa, deca, le prohibieron decir misa; muchos notaron
tambien en l cierta inquina contra la ciencia que explicaba, pero
tales lunares son pequeeces, preocupaciones de escuela y religion
y se explican facilmente no solo porque las ciencias fsicas sean
eminentemente prcticas, de pura observacion y deduccion mientras
su fuerte estaba en las filosficas, puramente especulativas, de
abstraccion  induccion, sino tambien porque  fuer de buen dominico,
amante de las glorias de su orden, no poda sentir cario por una
ciencia en que ninguno de sus hermanos haba sobresalido--era l
el primero en no creer en la Qumica de Sto. Toms!--y en que tantas
glorias haban conquistado rdenes enemigas, digamos sus rivales.

Este era el profesor que aquella maana, leida la lista, mandaba decir
la leccion de memoria, al pi de la letra,  muchos de los alumnos. Los
fongrafos funcionaban, unos bien otros mal, otros tartamudeaban,
se apuntaban. El que la deca sin falta se ganaba una raya buena,
y una mala el que cometa ms de tres equivocaciones.

Un chico gordo, con cara de sueo y cabellos tiesos y duros como
barbas de un cepillo, bostezaba hasta dislocarse la mandbula y se
desperezaba estendiendo los brazos, lo mismo como si estuviese en su
cama. Vile el catedrtico y quiso asustarle.

--Oy! t, dormilon, ab! cosa? Perezoso tambien, seguro tu no sabe
la leccion, ja?

El P. Millon no solo tuteaba  todos los estudiantes como buen fraile,
sino les hablaba ademas en lengua de tienda, prctica que aprendi
del catedrtico de Cnones. Si el Reverendo quera con ello rebajar
 los alumnos   los sagrados decretos de los concilios es cuestion
no resuelta todava apesar de lo mucho que sobre ello se ha discutido.

La interpelacion, en vez de indignar  la clase, hzole gracia y muchos
se rieron: era una cosa de todos los das. Sin embargo el dormilon
no se ri; levantse de un salto, se restreg los ojos, y como si
una mquina de vapor hiciese girar el fongrafo, empez  recitar:

--Se da el nombre de espejo  toda superficie pulimentada, destinada
 producir por la reflexion de la luz las imgenes de los objetos
situados delante de dicha superficie por las sustancias que forman
estas superficies se dividen en espejos metlicos y espejos de
cristal...

--Pra, pra, pra! interrumpi el catedrtico; Jesus, qu
matraca!... Estamos en que los espejos se dividen en metlicos y
de cristal, ja? Y si yo te presentase una madera, el kamagon por
ejemplo, bien pulimentada y barnizada,  un pedazo de marmol negro
bien bruido, una capa de azabache que reflejase las imgenes de los
objetos colocados delante, como clasificaras t esos espejos?

El preguntado, ya porque no supiese qu responder  no entendiese la
pregunta, intent salir del paso demostrando que saba la leccion y
continu como un torrente:

--Los primeros son formados por el laton  por una aleacion de
diferentes metales y los segundos son formados por una lmina de
cristal cuyas dos superficies estan muy bien pulimentadas y una de
ellas tiene adherida una amalgama de estao.

--Tun, tun, tun! no es eso; te digo dominus vobiscum y me contestas
requiescat in pace!

Y el buen catedrtico repiti la pregunta en lengua de tienda
insertando cosas y abs  cada momento.

El pobre joven no sala de apuros: dudaba si incluir el kamagon entre
los metales, el marmol entre los cristales y el azabache dejarlo como
neutro, hasta que su vecino Juanito Pelaez le apunt disimuladamente:

--El espejo de kamagon entre los espejos de madera!...

El incauto lo repite y media clase se desternilla de risa.

--Buen kamagon ests t! le dice el catedrtico riendo  su
pesar. Vamos  ver  qu llamaras t espejo:  la superficie per se,
in quantum est superficies  al cuerpo que forma esta superficie
 sea la materia sobre que descansa esta superficie, la materia
prima, modificada por el accidente superficie, porque, claro est,
siendo la superficie accidente  los cuerpos no puede existir sin
substancia. Vamos  ver qu dices?

Yo? Nada! iba  contestar el infeliz que ya no saba de qu se
trataba aturdido por tantas superficies y tantos accidentes que le
martilleaban cruelmente el oido, pero un instinto de pudor le detuvo y,
lleno de augustia y empezando  sudar, psose  repetir entre dientes:

--Se da el nombre de espejo  toda superficie pulimentada...

--Ergo, per te, el espejo es la superficie, pesc el catedrtico. Pues
bien, resulveme esta dificultad. Si la superficie es el espejo,
indiferente debe ser  la esencia del espejo cuanto detrs de esta
superficie se pueda encontrar, puesto que lo que est detrs no
afecta  la esencia de lo que est delante, id est, de la superficie,
qu super faciem est, quia vocatur superficies facies ea qu supra
videtur; concedes  no lo concedes?

Los cabellos del pobre joven aun se pusieron ms tiesos como animados
de una fuerza ascensional.

--Concedes  no concedes?

--Cualquier cosa, lo que usted quiera, Padre, pensaba l, pero no
se atreva  decirlo de temor se riesen. Aquello se llamaba apuro y
jams las haba visto tan gordas. Tena cierta vaga idea de que  los
frailes no se les poda conceder la cosa ms inocente sin que de ella
sacasen todas las concecuencias y provechos imaginables, dganlo si no
sus haciendas y sus curatos. As que su angel bueno le sugera negase
cualquier cosa con toda la energa de su alma y la rebelda de sus
cabellos, y estaba ya para soltar un soberbio nego! y porque quien
niega todo no se compromete  nada, le haba dicho cierto oficial de
un juzgado; mas, la mala costumbre de no escuchar la voz de la propia
conciencia, de tener poca f en la gente de curia y buscar ausilio
en los otros cuando se basta uno solo, le perdieron. Los compaeros
hacan seas de que lo concediese, sobre todo Juanito Pelaez, y
dejndose llevar de su mal sino, solt un concedo, Padre con voz
tan desfallecida como si dijese: In manus tuas commendo spiritum meum.

--Concedo antecedentem, repiti el catedrtico sonriendo
maliciosamente; ergo, puedo raspar el azogue de un espejo de cristal,
sustituirlo por un pedazo de bibinka y siempre tendremos el espejo,
ja? Qu tendremos?

El joven mir  sus inspiradores y vindolos atnitos y sin saber qu
decir, se dibuj en su cara el ms amargo reproche. Deus meus, Deus
meus, quare dereliquiste me, decan los atribulados ojos mientras
que sus labios murmuraban: linintikan! En vano tosa, estiraba la
pechera de su camisa, se apoyaba sobre un pi, luego sobre otro,
no encontraba solucion.

--Vamos, qu tenemos? repeta el catedrtico gozndose en el efecto
de su argumento.

--La bibinka! soplaba Juanito Pelaez, la bibinka!

--Cllate, bobo! grit al fin desesperado el joven que quera salir
del apuro trasformndolo en querella.

--A ver, Juanito, si me resuelves la cuestion! pregunt entonces el
catedrtico  Pelaez.

Pelaez, que era uno de sus favoritos, se levant lentamente no sin
dar antes un codazo  Plcido Penitente, que era el que le segua
por orden de lista. El codazo quera decir:

--Atencion y apntame!

--Nego consecuentiam, Padre! contest resueltamente.

--Hola, pues probo consecuentiam! Per te, la superficie pulimentada
constituye la esencia del espejo...

--Nego suppositum! interrumpi Juanito al sentir que Plcido le
tiraba de la americana.

--Cmo? Per te...

--Nego!

--Ergo tu opinas que lo que est detrs influye sobre lo que est
delante?

--Nego! grit con ms ardor todava, sintiendo otro tiron de su
americana.

Juanito  mejor Plcido que era el que le apuntaba, empleaba sin
sospechar la tctica china: no admitir al ms inocente estranjero
para no ser invadido.

--En qu quedamos pues? pregunt el catedrtico algo desconcertado y
mirando con inquietud al intransigente alumno; influye  no influye
la sustancia que est detrs, sobre la superficie?

Ante esta pregunta precisa, categrica, especie de ultimatum, Juanito
no saba qu responder y su americana no le sugera nada. En vano
haca seas con la mano  Plcido; Plcido estaba indeciso. Juanito
aprovechse de un momento en que el catedrtico miraba  un estudiante
que se quitaba disimuladamente las botinas que le venan muy apretadas,
y di un fuerte pisoton  Plcido, diciendo:

--Splame, anda, splame!

--Distingo... Aray! qu bruto eres! grit sin querer Plcido
mirndole con ojos iracundos, mientras se llevaba la mano  sus
botinas de charol.

El catedrtico oy el grito, les vi y adivin de qu se trataba.

--Oy, tu! espritu sastre, le interpel; yo no te pregunto  t,
pero ya que te precias de salvar  los dems,  ver, slvate  t
mismo, salva te ipsum, y resulveme la dificultad.

Juanito se sent muy contento y en prueba de agradecimiento sacle
la lengua  su apuntador. Este entre tanto, rojo de vergenza, se
levant y murmur ininteligibles escusas.

Considerle por un momento el P. Millon como quien saborea con la vista
un plato. Qu bueno deba ser humillar y poner en ridculo  aquel
mozo coqueton, siempre bien vestidito, la cabeza erguida y la mirada
serena! Era una obra de caridad, as es que el caritativo catedrtico
se dedic  ella con toda conciencia repitiendo lentamente la pregunta:

--El libro dice, que los espejos metlicos estn formados por el laton
 por una aleacion de diferentes metales, es cierto  no es cierto?

--Lo dice el libro, Padre...

--Liber dixit ergo ita est; no vas  pretender saber ms que el
libro... Aade despues que los espejos de cristal estan formados por
una lmina de cristal cuyas dos superficies estan muy pulimentadas,
teniendo en una de ellas adherida una amalgama de estao, nota
bene! una amalgama de estao. Es esto cierto?

--Si lo dice el libro, Padre...

--El estao es un metal?

--Parece que s, Padre; lo dice el libro...

--Lo es, lo es, y la palabra amalgama quiere decir que va unida al
mercurio que tambien es otro metal. Ergo un espejo de cristal es
un espejo de metal; ergo los trminos de la division se confunden,
ergo la clasificacion es viciosa, ergo... Cmo te explicas t,
espritu-sastre?

Y marcaba los ergos y los tues con una fruicion indecible y guiaba
el ojo como diciendo: ests frito!

--Es que... es decir que... balbuceaba Plcido.

--Es decir que no has comprendido la leccion, espritu mezquino que
no te entiendes y soplas al vecino!

La clase no se indign, al contrario, muchos encontraron el consonante
gracioso y se rieron. Plcido se mordi los labios.

--Cmo te llamas t? preguntle el catedrtico.

Plcido contest secamente.

--Aja! Plcido Penitente, pues ms pareces Plcido Soplon 
Soplado. Pero te voy  imponer penitencia por tus sopladuras.

Y feliz con el juego de palabras, le mand dijese la leccion. El
joven, en el estado de nimo en que se encontraba, cometi ms de tras
faltas. El catedrtico entonces, moviendo la cabeza de arriba abajo,
abri lentamente la lista y con toda pausa la fu recorriendo mientras
repeta el nombre en voz baja.

--Palencia... Palomo... Panganiban... Pedraza... Pelado... Pelaez...
Penitente, aj! Plcido Penitente, quince faltas voluntarias de
asistencia...

Plcido se irgui;

--Quince faltas, Padre?

--Quince faltas voluntarias de asistencia, continuaba el catedrtico;
con que no te falta ms que una para ser borrado.

--Quince faltas, quince faltas? repeta Plcido aturdido; no he
faltado ms que cuatro veces y con hoy, cinco, si acaso!

--Jsito, jsito, seola! contest el catedrtico examinando al
joven por encima de sus gafas de oro. Confiesas que has faltado cinco
veces y, sabe Dios, si no has faltado ms! Atqui como leo la lista
muy raramente, y cada vez que le cojo  uno le pongo cinco rayitas,
ergo, cuntas son cinco por cinco? A que te has olvidado de la
tabla de multiplicar! Cinco por cinco?

--Veinticinco...

--Jsito, jsito! De manera que todava te tragas diez, porque no
te he pillado ms que tres veces... Uy! si te pillo en todas... Y
cuntas son tres por cinco?

--Quince...

--Quince, parejo camaron con cangrejo! concluy el catedrtico
cerrando la lista; si te descuidas una ms, sulung! apuera de la
fuerta! Ah! y ahora una faltita de leccion diaria.

Y abri de nuevo la lista, y busc el nombre y puso la rayita.

--Vaya! una rayita! deca; como no tienes aun ninguna!

--Pero, Padre, exclamaba Plcido contenindose; si V. R. me pone la
falta de leccion, V. R. me debe borrar las de asistencia que me ha
puesto por este da!

La Reverencia no respondi; consign primero lentamente la falta, la
contempl ladeando la cabeza--la rayita deba ser artstica,--dobl
la lista y despues con toda sorna pregunt;

--Ab! y por qu, ol?

--Porque no se concibe, Padre, que uno pueda faltar  clase y al mismo
tiempo decir la leccion en ella... V. R. dice que, estar y no estar...

--Nac! metapsico pa, prematuro no ms! Con que no se concibe,
ja? Sed patet experienti y contra experentiam negantem, fusilibus
est argendum, entiendes? Y no concibes t, cabeza de filsofo,
que se pueda faltar  clase y no saber la leccion al mismo tiempo? Es
que la no-asistencia implica necesariamente la ciencia? Qu me dices,
filosofastro?

Este ltimo mote fu la gota de agua que hizo desbordar la
vasija. Plcido que entre sus amigos tena fama de filsofo, perdi la
paciencia, arroj el libro, se levant y se encar con el catedrtico:

--Bastante; Padre, bastante! V. R. me puede poner las faltas que
quiera, pero no tiene derecho  insultarme. Qudese V. R. con su clase,
que yo no aguanto ms.

Y sin ms despedida, sali.

La clase estaba aterrada: semejante acto de dignidad no se vea
casi nunca: quin se iba  figurar que Plcido Penitente...? El
catedrtico, sorprendido, se mordi los labios y le vi alejarse
moviendo la cabeza algo amenazador. Con voz temblorosa empez entonces
el sermon sobre el mismo tema de siempre, aunque con ms energa y
ms elocuencia pronunciado. Versaba sobre el naciente orgullo, la
innata ingratitud, la presuncion, el poco respeto  los superiores,
la soberbia que el espritu de las tinieblas infunda en los jvenes,
la poca educacion, la falta de cortesana, etc., etc. De all pas
 echar pullas y sarcasmos sobre la pretension que tenan algunos
sopladillos de ensear  sus maestros levantando una academia para
la enseanza del castellano.

--Ja, ja! deca; esos que antes de ayer apenas saban decir s,
Padre, no, Padre, quieren ahora saber ms que los que han encanecido
enseando? El que quiere aprender, aprende, con academias  sin
ellas! Seguramente se, se que acaba de salir es uno de los del
proyecto! Bueno est el castellano con semejantes partidarios! De
dnde habeis de sacar el tiempo para frecuentar la academia si apenas
teneis lo bastante para cumplir con los deberes de la clase? Nosotros
quisiramos que sepais todos el espaol y que lo pronuncieis bien
para que no nos rompais los tmpanos con vuestros giros y vuestras
ps, pero primero la obligacion y despues la devocion; cumplid antes
con vuestros estudios y aprended despues el castellano y meteos 
escribidores si os da la gana...

Y as sigui hablando y hablando hasta que toc la campana y se termin
la clase, y los doscientos treinta y cuatro alumnos, despues de rezar,
salieron tan ignorantes como cuando entraron, pero respirando como si
se hubiesen quitado un inmenso peso de encima. Cada joven haba perdido
una hora ms en su vida, y con ella una parte de su dignidad y de la
consideracion  s mismo y en cambio ganaba terreno el desaliento,
el desamor al estudio y el resentimiento en los corazones. Despues
de esto pedirles ciencia, dignidad, gratitud!

De nobis, post hoec, tristis sententia fertur!

Y como los doscientos treinta y cuatro, pasaron sus horas de clase los
miles y miles de alumnos que les precedieron, y, si las cosas no se
arreglan, pasarn todava los que han de venir y se embrutecern, y la
dignidad herida y el entusiasmo de la juventud viciado se convertirn
en odio y en pereza, como las olas que, volvindose fangosas en cierta
parte de la playa, se suceden unas  otras dejando cada vez mayor
sedimento de basura. Empero, Aquel que v desde la eternidad las
consecuencias de un acto desenvolverse como un hilo en el trascurso
de los siglos, Aquel que pesa el valor de un segundo y ha impuesto
para sus criaturas como primera ley el progreso y la perfeccion,
Aquel, si es justo, pedir estrecha cuenta  quien debiere rendirla,
de los millones de inteligencias oscurecidas y cegadas, de la dignidad
humana rebajada en millones de criaturas y del incontable nmero de
tiempo perdido y trabajo malogrado! Y si las doctrinas del Evangelio
tienen su fondo de verdad, tendrn tambien que responder los millones
y millones que no supieron guardar la luz de su inteligencia y la
dignidad de su espritu, como el seor pide cuenta al siervo de los
talentos que se dej cobardemente robar!






XIV

UNA CASA DE ESTUDIANTES


Era digna de visitarse la casa donde viva Makaraig.

Grande, espaciosa, con dos pisos entresuelos provistos de elegantes
rejas, pareca un colegio en las primeras horas de la maana y un
pandemonium de las diez en adelante. Durante las horas de recreacion
de los pupilos, desde que se entra en el espacioso zaguan hasta
que se llega al piso principal, bullen la risa, la algazara, y
el movimiento. Jvenes en traje ligero de casa juegan  la sipa,
hacen ejercicios gimnsticos valindose de trapecios improvisados:
en las escaleras se sostiene un asalto entre ocho  nueve, armados
de bastones, picas, ganchos y lazos, pero asaltantes y asaltados
no se hacen dao por lo general; los golpes paran de rebote sobre
la espalda del chino tendero que en la escalera vende comistrajos
 indigestos pasteles. Multitud de nios le rodean, le tiran de la
coleta ya deshecha y desarreglada, le arrebatan un pastel, le regatean
el precio y le hacen mil diabluras. El chino grita, jura y perjura en
todos los idiomas que chapurrea, incluso en el suyo, lloriquea, rie,
suplica, pone buena cara cuando la mala de nada le sirve y vice-versa.

--Ah, malo esi--Vo cosiesia--No quilistiano--Uste
limoo--Salamaje!--tusu tusu! etc.

Piff, paff! no importa! Vuelve la cara sonriente; si solo sobre sus
espaldas recibe los bastonazos contina impertrrito su comercio,
contentndose con gritar:--No jugalo, eh? no jugalo! pero si
los recibe sobre el bilaw que contiene sus pastas, entonces, jura
no volver, arroja por la boca todas las imprecaciones y maldiciones
imaginables; los muchachos redoblan para hacerle rabiar ms y cuando
ven ya la fraseologa agotada, y estan satisfechos de tanta jopia y
pepita de sanda salada, entonces le pagan religiosamente y el chino
se marcha contento, riendo, guiando y recibe como caricias los ligeros
bastonazos que los estudiantes le propinan  guisa de despedida.

--Huaya, homia!!

Conciertos de piano y violin, de guitarra y acordeon, alternan con
el chocar repetido de bastones de las lecciones de esgrima. En torno
de una ancha y larga mesa los alumnos del Ateneo escriben, hacen sus
composiciones, resuelven sus problemas al lado de otros que escriben 
sus novias en rosados papeles calados, llenos de dibujos; uno compone
un melodrama al lado del que aprende la flauta y los consonantes
nacen silbados desde un principio. Ms all, los mayores, estudiantes
de facultad que lucen calcetines de seda y zapatillas bordadas,
se entretienen en hacer rabiar  los pequeuelos tirndoles de las
orejas, ya rojas de tanto recibir papirotazos; dos  tres sujetan 
un pequeito que grita, llora y defiende  puntapis los cordones de
su calzoncillo: cuestion de ponerle como cuando naci... pataleando y
llorando. En un cuarto, al rededor de una mesa velador cuatro juegan
al revesino entre risas y bromas con gran impaciencia de uno que hace
de estudiar la leccion pero que en realidad espera que le llegue el
el turno para jugar  su vez. Otro viene con grandes aspavientos,
muy escandalizado y se acerca  la mesa.

--Qu viciosos sois! dice; tan de maana y ya al juego! A ver,
 ver! Tonto! arrastra con el tres de espadas!

Y cierra su libro y se pone tambien  jugar.

Se oyen gritos, resuenan golpes. Dos se han peleado en el vecino
cuarto: un estudiante cojo muy picon y un infeliz recien llegado de
provincias. Este que apenas principia  estudiar, da con un tratado
de filosofa y lee en voz alta, inocentemente y acentundolo mal el
principio cartesiano:

--Cogito, ergo sum!

El cojo se da por insultado, los otros intervienen poniendo paz pero
en realidad metiendo cizaa y acaban por pegarse.

En el comedor un joven con una lata de sardinas, una botella de vino
y las provisiones que acaba de traer de su pueblo, hace heroicos
esfuerzos para que sus amigos participen de su tente-en-pi, mientras
que los amigos oponen  su vez otra heroica resistencia. Otros se
baan en la azotea y con el agua del pozo se dedican  ejercicios de
bomberos, traban combate  calderadas de agua con gran contento de
los espectadores.

Pero el ruido y la algazara cesan paulatinamente  medida que
llegan caracterizados estudiantes, convocados por Makaraig para
darles cuenta de la marcha de la Academia de castellano. Isagani fu
saludado cordialmente lo mismo que el peninsular Sandoval, que vino de
empleado  Manila y conclua sus estudios, completamente identificado
con las aspiraciones de los estudiantes filipinos. Las barreras que
la poltica establece entre las razas, desaparecen en las aulas como
derretidas al calor de la ciencia y de la juventud.

A falta de Ateneos y centros cientficos, literarios  polticos,
Sandoval aprovecha todas las reuniones para desarrollar sus grandes
dotes oratorias, pronunciando discursos discutiendo sobre cualquier
tema y arrancando aplausos de sus amigos y oyentes. En aquellos
momentos el tema de la conversacion era la enseanza del castellano.

Como Makaraig no haba llegado aun las conjeturas estaban  la orden
del da.

--Qu habr pasado?--Qu ha dispuesto el General?--

--Ha negado el permiso?--Triunf el P. Irene?--Triunf el P. Sibyla?

Estas eran las preguntas que se dirigan unos  otros, preguntas
cuyas respuestas solo poda dar Makaraig.

Entre los jvenes reunidos los haba optimistas como Isagani y
Sandoval que vean la cosa hecha y hablaban de plcemes y alabanzas
del gobierno para el patriotismo de los estudiantes, optimismos que
le hacan  Juanito Pelaez reclamar para s gran parte de la gloria
en la creacion de la sociedad. A todo esto responda el pesimista
Pecson,--un gordinflon con risa amplia de calavera,--hablando de
estraas influencias, de si el Obispo A., el Padre B., el Provincial
C. fueron  no consultados y de si aconsejaron  no que metiese en
la carcel  todos los de la asociacion, noticia que pona inquieto
 Juanito Pelaez quien entonces tartamudeaba:

--Carambas, no me metan ustedes...

Sandoval,  fuer de peninsular y liberal, se pona furioso:

--Pero, p--! deca; eso es tener mala opinion de S. E.! Ya s que
es muy frailuno, pero en cuestion semejante no se deja influir de
los frailes! Me querr usted decir, Pecson, en qu se funda para
creer que el General no tiene propio criterio?

--No digo eso, Sandoval, contestaba Pecson sonriendo hasta ensear su
muela de juicio; el General para m tiene propio criterio, esto es,
el criterio de todos los que estn al alcance de su mano... Eso
est claro!

--Dale bola!  Pero cteme usted un hecho, cteme un hecho! gritaba
Sandoval; seamos enemigos de las discusiones huecas, de las frases
vacas y vayamos al terreno de los hechos, aada gesticulando
elegantemente. Hechos, seores, hechos, lo dems es preocupacion que
no quiero llamar filibustera.

Pecson se rie como un bendito y le interrumpe.

--Ya est el filibusterismo! Pero es que no se puede discutir sin
acudir  acusaciones?

Sandoval protesta, y pide hechos componiendo un pequeo discurso.

--Pues hace poco hubo aqu un pleito entre unos particulares y ciertos
frailes, y el General interino lo fall, haciendo que lo sentenciase
el Provincial de la orden litigante, contest Pecson.

Y se ech otra vez  reir como si se tratase de una cosa
inocente. Citaba nombres, fechas y prometa traer documentos que
prueban la manera como se administr justicia.

--Pero en qu  podr fundarse, dgame usted, en qu podrn fundarse
para no permitir lo que salta  los ojos como altamente til y
necesario? pregunt Sandoval.

Pecson se encogi de hombros.

--En que peligra la integridad de la patria... repuso en el tono de
un curial que lee un alegato.

--Esa s que es gorda! Qu tiene que ver la integridad de la patria
con las leyes de la sintaxis?

--Doctores tiene la Santa Madre Iglesia... Qu s yo? acaso se tema
que comprendamos las leyes y las podamos obedecer... Qu ser de
Filipinas el da en que nos comprendamos los unos  los otros?

A Sandoval no le gustaba el giro dialogado y guason de la
conversacion. Por aquel camino no poda asomar ningun discurso que
valga la pena.

--No tome usted  guasa las cosas, exclam; se trata de cosas muy
serias.

--Lbreme Dios de guasearme cuando hay frailes de por medio!

--Pero, y en qu pueden basarse...?

--En que teniendo que ser nocturnas las horas de clase, continu
Pecson con el mismo tono como si se tratase de frmulas conocidas y
sabidas, se puede invocar como inconveniente la inmoralidad como con
la escuela de Malolos...

--Otra! Pues y no se cobijan acaso bajo el manto oscuro de la noche
las clases de la Academia de Dibujo, y los novenarios y procesiones?...

--Atenta  la dignidad de la Universidad, continu el gordo sin hacer
caso de la observacion.

--Que atente! la Universidad tiene que plegarse  las necesidades de
los estudiantes. Y  ser eso cierto qu es Universidad entonces? Es
una institucion para que no se aprenda? Se han reunido acaso unos
cuantos hombres apellidando ciencia  instruccion para impedir que
se instruyan los otros?

--Es que las iniciativas que vienen de abajo se llaman descontento...

--Y proyectos las que vienen de arriba, insinu otro: ah est la
Escuela de Artes y Oficios!

--Poco  poco, seores, dijo Sandoval; yo no soy frailero, conocidas
son mis ideas liberales, pero al Csar lo que es del Csar! De esa
escuela de Artes y Oficios, de la que soy el defensor ms entusiasta
y cuya realizacion habr de saludar como la primera aurora para
estas bienaventuradas islas, de esa Escuela de Artes y Oficios se
han encargado los frailes...

--O el perro del hortelano que es lo mismo, aadi Pecson
interrumpiendo otra vez el discurso.

--Vamos p--! dijo Sandoval furioso por la interrupcion y perdiendo
el hilo de su periodo; mientras no sepamos nada malo, no seamos
pesimistas, no seamos injustos sospechando de la libertad 
independencia del gobierno...

 hizo en hermosas frases la apologa del gobierno y de sus buenos
propsitos, tema que Pecson no se atrevi  interrumpir.

--El gobierno espaol, deca entre otras frases, os ha dado todo, no
os ha negado nada! Tuvimos en Espaa el absolutismo, y absolutismo
tuvsteis, los frailes cubrieron nuestro suelo con sus conventos
y conventos ocupan la tercera parte de Manila; en Espaa rige el
garrote, y el garrote aqu es la ltima pena; somos catlicos y os
hicimos catlicos; fuimos escolsticos y el escolasticismo brilla en
vuestras aulas, en fin, seores, lloramos cuando llorais, sufrimos
cuando sufrs, tenemos los mismos altares, el mismo tribunal, los
mismos castigos, y justo ser que os demos tambien nuestros mismos
derechos y nuestras mismas alegras.

Y como nadie le interrumpa se fu entusiasmando y entusiasmando
hasta que pas  hablar del porvenir de Filipinas.

--Como digo, seores, la aurora no est lejos; Espaa abre el oriente
para su querida Filipinas, y los tiempos van cambiando y me consta se
hace ms de lo que nos figuramos. A ese gobierno que segun ustedes
vacila y no tiene voluntad, bueno es que le alentemos con nuestra
confianza, que le hagamos ver que esperamos en l; recordmosle con
nuestra conducta (cuando se olvida lo que no creo pueda suceder),
que tenemos f en sus buenos deseos y que no debe guiarse por otra
norma que la de la justicia y el bien de todos sus gobernados. No,
seores, continu adoptando un tono ms y ms declamatorio, no
debemos ni siquiera admitir en esta materia la posibilidad de una
consulta con otras entidades ms  menos opuestas, pues la sola idea
implicara la tolerancia del hecho; vuestra conducta hasta ahora
ha sido franca, leal, sin vacilaciones, sin recelos; os dirigs 
l sencilla y directamente, las consideraciones que espusisteis no
pueden ser ms atendibles; vuestro fin es aligerar la tarea de los
profesores en los primeros aos y facilitar el estudio  centenares
de estudiantes que llenan las aulas y de los que no puede cuidarse
un solo profesor. Si hasta ahora el espediente no ha sido resuelto
ha sido porque, como me consta  m, hay mucho material acumulado;
pero auguro que la campaa est ganada, que la cita de Makaraig es
para anunciarnos la victoria, y maana veremos premiados nuestros
esfuerzos con el aplauso y agradecimiento del pais y quien sabe
seores si el gobierno no os propone  vosotros para alguna buena
condecoracion como merecedores que sois de la patria!

Resonaron entusiastas aplausos; todos crean ya en el triunfo y muchos
en la condecoracion.

--Que conste, seores, dijo Juanito, que yo fu uno de los primeros
iniciadores!

El pesimista Pecson no estaba entusiasmado.

--Como no tengamos la condecoracion en los tobillos! dijo.

Pero afortunadamente para Pelaez la observacion no se oy en medio
de los aplausos. Cuando se calmaron algun tanto, Pecson repuso:

--Bueno, bueno, muy bueno, pero una suposicion... y si apesar de
todo eso, el General consulta, consulta y consulta y despues nos
niega la autorizacion?

La suposicion cay como agua fra.

Todos miraron  Sandoval; este se hall entrecortado.

--Entonces, murmur titubeando.

--Entonces?

--Entonces, exclam Sandoval todava excitado por los aplausos y en un
arranque de entusiasmo, puesto que en escritos  impresos blasona de
querer vuestra instruccion, y la impide y la niega cuando al terreno
de los hechos se le cita, entonces, seores, vuestros esfuerzos
no habrn sido en vano, habreis conseguido lo que nadie ha podido,
que se arranque la mscara y os arroje el guante!

--Bravo, bravo! gritaron entusiasmados algunos.

--Bien por Sandoval! Bravo por el guante! aadieron otros.

--Que nos arroje el guante! repiti Pecson desdeoso, y despues?

Sandoval se qued parado en medio de su triunfo, pero con la vivacidad
propia de su raza y su sangre de orador se repuso al instante.

--Despues? pregunt; despues, si ninguno de los filipinos se atreve
 contestar al reto, entonces yo, Sandoval, en nombre de Espaa
recojo el guante porque tal poltica sera un mentis  las buenas
intenciones que ella ha abrigado siempre en favor de sus provincias,
y porque quien de tal manera prostituye el cargo que se le confa
y abusa de sus omnmodas facultades no merece la proteccion de la
patria ni el amparo de ningun ciudadano espaol!

El entusiasmo de los oyentes ray en delirio. Isagani abraz 
Sandoval, los otros le imitaron; se hablaba de patria, de union,
de fraternidad, de fidelidad; los filipinos decan que si no hubiese
ms que Sandovales en Espaa, todos seran Sandovales en Filipinas;
Sandoval tena los ojos brillantes y se poda creer que si en aquel
momento le hubiesen arrojado un guante cualquiera, habra montado
sobre cualquier caballo para hacerse matar por Filipinas. Solo el
agua fra repuso:

--Bien, est muy bien, Sandoval; yo tambien podra decir lo mismo
si fuese peninsular, pero, no sindolo, si dijese la mitad de lo que
usted, usted mismo me tomara por filibustero.

Sandoval empezaba un discurso lleno de protestas cuando fu
interrumpido.

--Albricias! amigos, albricias! Victoria! grit en aquel momento
un joven entrando y abrazando  todos.

--Albricias, amigos! Viva la lengua castellana!

Una salva de aplausos recibi la noticia; todos se abrazaban, todos
tenan los ojos brillantes de lgrimas. Pecson era el nico que
conservaba su sonrisa de escptico.

El que vena  traer tan buena nueva era Makaraig, el joven que
encabezaba el movimiento.

Este estudiante ocupaba en aquella casa, para s solo, dos habitaciones
lujosamente amuebladas, tena criado y cochero para cuidarle su
araa y sus caballos. Era de gallardo continente, maneras finas,
elegante, y riqusimo. Aunque estudiaba Derecho solo para tener
un ttulo acadmico, gozaba no obstante fama de aplicado y como
dialctico  la manera escolstica no tena nada que envidiar  los
ms furibundos ergotistas del claustro Universitario. No estaba sin
embargo muy atrasado respecto  ideas y adelantos modernos; su fortuna
le proporcionaba todos los libros y revistas que la previa censura
no consegua detener. Con estas cualidades, con su fama de valiente,
sus encuentros afortunados en sus aos ms juveniles y su galantera
fina y delicada, no era estrao que ejerciese tanto influjo sobre sus
compaeros, y fuera elegido para dar cima  tan difcil empresa como
lo era la enseanza del castellano.

Pasadas las primeras manifestaciones del entusiasmo que en la juventud
siempre toma formas algo ms exageradas por lo mismo que ella todo
lo v hermoso, quisieron enterarse de cmo haban ido las cosas.

--Esta maana me v con el P. Irene, dijo Makaraig con cierto misterio.

--Viva el P. Irene! grit un estudiante entusiasta.

--El P. Irene, prosigui Makaraig, me ha enterado de todo lo que ha
pasado en Los Baos. Parece que estuvieron discutiendo lo menos una
semana, l sosteniendo y defendiendo nuestra causa contra todos,
contra el P. Sibyla, el P. Hernandez, el P. Salv, el General, el
segundo Cabo, el joyero Simoun...

--El joyero Simoun! interrumpi otro, pero qu tiene que ver ese
judo con las cosas de nuestro pas? Y nosotros que le enriquecemos
comprando...

--Cllate! le dijo otro, impaciente y ansioso de saber como pudo
vencer el P. Irene  tan terribles enemigos.

--Hasta haba grandes empleados que estaban en contra de nuestro
proyecto, el Director de Administracion, el Gobernador Civil, el
chino Quiroga...

--El chino Quiroga!! El alcahuete de los...

--Cllate, hombre!

--Al fin, prosigui Makaraig, iban  encarpetar el espediente y dejarlo
dormir por meses y meses cuando el P. Irene se acord de la Comision
Superior de Instruccion Primaria y propuso, puesto que se trataba de
la enseanza de la lengua castellana, que el espediente pasara por
aquel cuerpo para que dictaminasen sobre l...

--Pero si esa comision ya no funciona hace tiempo, observ Pecson.

--Eso precisamente le contestaron al P. Irene, continu Makaraig, y l
replic que era buena ocasion aquella para que reviva, y aprovechndose
de la presencia de D. Custodio, uno de los vocales, propuso que en
el acto se nombrase una comision, y vista y conocida la actividad de
D. Custodio se le nombr ponente y ahora est el espediente en sus
manos. D. Custodio prometi despacharlo en todo este mes.

--Viva don Custodio!

--Y si don Custodio dictamina en contra? pregunt el pesimista Pecson.

Con eso no contaban, embriagados con la idea de que el asunto no se
archivaba. Todos miraron  Makaraig para saber qu se resolva.

--La misma objecion se la he hecho al P. Irene, pero con su  risa
picaresca me  dijo: Hemos ganado mucho, hemos conseguido que el asunto
se encamine hcia una solucion, el enemigo se ve obligado  aceptar
la batalla...  si podemos influir en el nimo de don Custodio para
que, siguiendo sus tendencias liberales, informe favorablemente,
todo est ganado; el General se muestra en absoluto neutral.

Makaraig se detuvo.

--Y cmo influir? pregunt un impaciente.

--El P. Irene me indic dos medios...

--El chino Quiroga! dijo uno.

--Ca! Valiente caso hace de Quiroga...

--Un buen regalo!

--Menos, se pica de incorruptible.

--Ah ya, ya lo s! esclam Pecson riendo; Pepay la bailarina.

--Ah, s! Pepay la bailarina! dijeron algunos.

Esta Pepay era una rozagante moza que pasaba por ser muy amiga de
don Custodio:  ella acudan los contratistas, los empleados y los
intrigantes cuando algo queran conseguir del clebre concejal. Juanito
Pelaez que tambien era amigo de la bailarina se ofreca  arreglar
el asunto, pero Isagani sacudi la cabeza y dijo que era bastante
haberse servido del P. Irene y que sera demasiado valerse de la
Pepay en asunto semejante.

--Veamos el otro medio!

--El otro es acudir  su abogado consultor, al seor Pasta, el orculo
ante quien se inclina don Custodio.

--Prefiero eso, dijo Isagani; el seor Pasta es filipino, y fu
condiscpulo de mi to. Pero cmo interesarle?

--All est el quid, repuso Makaraig mirando atentamente  Isagani;
el seor Pasta tiene una bailarina, digo... una bordadora...

Isagani volvi  sacudir la cabeza.

--No sea usted tan puritano, djole Juanito Pelaez; el fin salva
los medios! Yo conozco  la bordadora, la Matea, que tiene un taller
donde trabajan muchas chicas...

--No, seores, interrumpi Isagani; acudamos antes  los medios
honestos... Ir yo  presentarme en casa del seor Pasta y si nada
consigo, entonces ustedes hacen lo quieran con las bailarinas y
las bordadoras.

Tuvieron que acceder  la proposicion y quedaron en que Isagani
hablara aquel mismo da al seor Pasta y  la tarde dara cuenta en
la Universidad  sus compaeros del resultado de la entrevista.






XV

EL SEOR PASTA


Isagani se present en casa del abogado, una de las inteligencias ms
privilegiadas de Manila que los frailes consultaban en sus grandes
apuros. Algo tuvo que esperar el joven por haber muchos clientes,
pero al fin lleg su turno y pas al estudio  bufete como se llama
generalmente en Filipinas.

Recibile el abogado con una ligera tosecilla mirndole furtivamente
 los pis; no se levant ni se cuid de hacerle sentar y sigui
escribiendo. Isagani tuvo ocasion de observarle y estudiarle bien. El
abogado haba envejecido mucho, estaba canoso, y la calvicie se
estenda casi por toda la parte superior de la cabeza. Era de fisonoma
agria y adusta.

En el estudio todo estaba en silencio; solo se oan los cuchicheos de
los escribientes  pasantes que trabajaban en el aposento contiguo:
sus plumas chillaban como si riesen con el papel.

Al fin concluy el abogado con lo que estaba escribiendo, solt la
pluma, levant la cabeza y al reconocer al joven, su fisonoma se
ilumin y le di la mano afectuosamente.

--Adios, joven! pero sintese usted, dispense... no saba que era
usted. Y su to?

Isagani se anim y crey que su asunto ira bien. Contle brevemente
lo que pasaba estudiando bien el efecto que hacan sus palabras. El
seor Pasta escuch impasible al principio y, aunque estaba enterado
de las gestiones de los estudiantes, se haca el ignorante como para
demostrar que nada tena que ver con aquellas chiquilladas, pero cuando
sospech lo que de l se quera y oy que se trataba de Vice Rector,
frailes, Capitan General, proyecto, etc. su cara se oscureci poco
 poco y acab por exclamar:

--Este es el pas de los proyectos! Pero contine, contine usted.

Isagani no se desamin; habl de la solucion que se iba  dar y
concluy espresando la confianza de la juventud en que l, el seor
Pasta, intercedera en su favor en el caso de que don Custodio le
consultase, como era de esperar. Isagani no se atrevi  decir que
aconsejara en vista de la mueca que haca el abogado.

Pero el seor Pasta ya tena tomada su resolucion y era no mezclarse
para nada en aquel asunto ni consultante ni consultado. l estaba
al tanto de lo que haba pasado en Los Baos, saba que existan
dos partidos y que no era el P. Irene el nico campeon del lado de
los estudiantes, ni fu quien propuso el pase del espediente  la
Comision de Instruccion primaria sino todo lo contrario. El P. Irene,
el P. Fernandez, la condesa, un comerciante que prevea la venta de
materiales para la nueva Academia y el alto empleado que estuvo citando
reales decretos sobre reales decretos iban  triunfar, cuando el
P. Sibyla, queriendo ganar tiempo record la Comision Superior. Todas
estas cosas las tena el gran abogado presentes en su memoria as es
que cuando acab de hablar Isagani, se propuso marearle con evasivas,
embrollar el asunto, llevar la conversacion  otro terreno.

--S! dijo sacando los labios y rascndose la calva; no hay otro que
me gane en amor al pais y en aspiraciones progresistas, pero... no
puedo comprometerme... no s si usted est al tanto de mi posicion,
una posicion muy delicada... tengo muchos intereses... tengo que obrar
dentro de los lmites de una estricta prudencia... es un compromiso...

El abogado quera aturdir al joven bajo un lujo de palabras y empez
 hablar de leyes, de decretos y tanto habl que en vez de enredar
al joven, casi se enred  s mismo en un laberinto de citaciones.

--De ninguna manera queremos ponerle en compromiso, repuso Isagani
con mucha calma; lbrenos Dios de molestar en lo ms mnimo  las
personas cuya vida es tan til al resto de los filipinos! Pero por
poco versado que est yo en las leyes, reales decretos, provisiones
y disposiciones que rigen en nuestro pais, no creo que pueda haber
mal ninguno en secundar las altas miras del gobierno, en procurar su
buena interpretacion; perseguimos el mismo fin y solo divergemos en
los medios.

El abogado se sonri; el joven se dejaba llevar  otro terreno y all
le iba l  embrollar, ya estaba embrollado.

--Precisamente ah est el quid como se dice vulgarmente; claro est
que es laudable ayudar al gobierno cuando se le ayuda con sumision,
siguiendo sus disposiciones, el recto espritu de las leyes en
consonancia con las rectas creencias de los gobernantes y no estando
en contradicion con el primitivo y general modo de pensar de las
personas que tienen  su cargo el bienestar comun de los individuos que
constituyen una sociedad. Y por eso es criminal, es punible, porque es
ofensivo al alto principio de autoridad, tentar una accion contraria
 su iniciativa aun suponiendo que fuese mejor que la gubernamental,
porque semejante hecho podra lastimar el prestigio que es la primera
base sobre que descansan todos los edificios coloniales.

Y el viejo abogado, seguro de que aquella tirada haba por lo menos
vuelto loco  Isagani, se arrellan en su sillon muy serio aunque
rindose por dentro.

Isagani, sin embargo, repuso:

--Yo crea que los gobiernos buscaran bases ms slidas cuanto ms
amenazados... La base del prestigio para los gobiernos coloniales es
la ms debil, porque no reside en ellos sino en la buena voluntad
de los gobernados mientras quieran reconocerlo... La base justicia
 razon me pareca ms duradera.

El abogado levant la cabeza; cmo? aquel joven se atreva 
replicarle y  discutir con l, l, el seor Pasta? No estaba
todava aturdido con sus grandes palabras?

--Joven, hay que dejar esas consideraciones  un lado pues son
peligrosas, interrumpi el abogado haciendo un gesto. Lo que yo le
digo  usted es que hay que dejar obrar al gobierno.

--Los gobiernos se han hecho para el bien de los pueblos, y para
cumplir con su fin debidamente tienen que seguir las indicaciones de
los cuidadanos que son los que mejor conocen sus necesidades.

--Los que forman el gobierno son tambien ciudadanos y de los ms
ilustrados.

--Pero, como hombres, son falibles, y no deben desoir otras opiniones.

--Hay que confiar en ellos; ellos todo lo han de dar.

--Hay un refran puramente espaol que dice, el que no llora no mama. Lo
que no se pide, no se da.

--Al contrario! contest el abogado riendo sarcsticamente; con el
gobierno sucede precisamente todo lo contrario...

Mas se detuvo de repente como si hubiese dicho demasiado, y quiso
subsanar la imprudencia:

--El gobierno nos ha dado cosas que no se lo hemos pedido, ni se lo
podamos pedir... porque pedir... pedir supone que falta en algo y por
consiquiente no cumple con su deber... insinuarle un medio, tratar de
dirigirle, no ya combatirle, es suponerle capaz de equivocarse y ya
se lo he dicho  usted, semejantes suposiciones son atentatorias 
la existencia de gobiernos coloniales... El vulgo ignora esto y los
jvenes que obran  la ligera no saben, no comprenden, no quieren
comprender lo contraproducente que es pedir... lo subversivo que hay
en esa idea...

--Usted dispense, interrumpi Isagani ofendido de los argumentos que
con l usaba el jurista; cuando por los medios legales un pueblo pide
algo  un gobierno, es porque le supone bueno y dispuesto  concederle
un bien, y este acto, en vez de irritarle, le debiera halagar: se
pide  la madre, nunca  la madrastra. El gobierno, en mi inexperta
opinion, no es un ser omnisciente que puede ver y prever todo y aun
cuando lo fuese, no podra ofenderse, porque ah tiene usted  la
misma iglesia que no hace ms que pedir y pedir al Dios que todo lo ve
y conoce, y usted mismo pide y exige muchas cosas en los tribunales
de ese mismo gobierno, y ni Dios ni los tribunales hasta ahora se
dieron por ofendidos. Est en la conciencia de todos que el gobierno,
como institucion humana que es, necesita del concurso de los dems,
necesita que le hagan ver y sentir la realidad de las cosas. Usted
mismo no est convencido de la verdad de su objecion; usted mismo
sabe que es tirano y dspota el gobierno que, para hacer alarde de
fuerza  independencia, todo lo niega por miedo  por desconfianza
y que solo los pueblos tiranizados y esclavizados son los que tienen
el deber de no pedir nada jams. Un pueblo que deteste  su gobierno
no debe exigirle ms sino que abandone el poder.

El viejo abogado haca muecas sacudiendo  un lado y otro la cabeza
en seal de descontento y pasndose la mano por la calva; despues en
tono de protectora compasion dijo:

--Hm! malas doctrinas son esas, malas teoras, hm! Como se conoce
que es usted joven y no tiene esperiencia de la vida. Vea usted lo que
les est pasando  los chicos inespertos que en Madrid piden tantas
reformas: estn tachados todos de filibusterismo, muchos no se atreven
 volver, y sin embargo que piden? Cosas santas, viejas  inocentes de
puro sabidas... Pero hay cosas que no se las puedo explicar, son muy
delicadas... vamos... le confieso que existen otras razones que las
dichas que impulsan  un gobierno sensato  negarse sistemticamente
 los deseos de un pueblo... no... puede suceder sin embargo que
nos encontremos con gefes tan ftuos y ridculos... pero siempre
hay otras razones... aunque lo que se pida sea lo ms justo... los
gobiernos son de distintas condiciones...

Y el viejo vacilaba, miraba fijamente  Isagani, y despues tomando
una resolucion, hizo con la mano un gesto como alejando una idea.

--Adivino lo que usted quiere decir, continu Isagani sonriendo
tristemente; usted quiere decir que un gobierno colonial, por lo
mismo que est constituido de un modo imperfecto y porque se funda
en premisas...

--No, no, no es eso, no! interrumpi vivamente el viejo haciendo de
buscar algo entre sus papeles; no, quera decir... pero dnde estn
mis anteojos?

--Ah los tiene usted, dijo Isagani.

El seor Pasta se puso los anteojos, hizo de leer algunos papeles y
viendo que el joven esperaba, tartamude:

--Yo quera decir una cosa... quera decir, pero ya se me
pas... usted, con su vivacidad me interrumpi... es cosa de poca
monta... Si supiera usted como tengo la cabeza, tengo tanto que hacer!

Isagani comprendi que le despeda.

--De manera, dijo levantndose, que nosotros...

--Ah!... ustedes harn bien en dejar el asunto en manos del gobierno;
l lo resolver  su gusto... Usted dice que el Vice Rector est
opuesto  la enseanza del castellano. Quizs lo estuviera, no
en el fondo sino en la forma. Dicen que el Rector que va  venir
trae un proyecto-reforma de la enseanza... esprense un poco,
den tiempo al tiempo, estudien que los exmenes se acercan y qu
carambas! usted que ya habla bien el castellano y se espresa con
facilidad,  qu se mete en los? qu inters tiene usted en que
se ensee especialmente? De seguro que el P. Florentino opinar como
yo! Dle usted muchas memorias...

--Mi to, contest Isagani, me ha recomendado siempre que piense
en los dems tanto como en m... no he venido por m, he venido en
nombre de los que estn en peores condiciones...

--Qu diantre! que hagan lo que usted ha hecho, que se quemen las
cejas estudiando y se queden calvos como yo me he quedado ponindome
prrafos enteros en la memoria... Y yo creo que si usted habla el
espaol es porque lo habr aprendido; usted no es de Manila ni es
hijo de padres espaoles! Pues que aprendan lo que usted y hagan lo
que yo... Yo he sido criado de todos los frailes, les he preparado el
chocolate y mientras con la derecha lo remova en el batidor, con la
izquierda sostena la gramtica, aprenda y, gracias  Dios, que no
he necesitado de ms maestros ni de ms academias ni de permisos del
gobierno... Crame usted; el que quiera aprender, aprende y llega
 saber!

--Pero cuntos hay de entre los que quieren saber llegan  ser lo
que usted? Uno entre diez mil y aun!

--Psch! y para qu ms? contest el viejo encogindose
de hombros. Abogados los hay de sobra, muchos se meten 
escribientes. Mdicos? se insultan, se calumnian y se matan
por disputarse un enfermo... Brazos, seor, brazos son los  que
necesitamos para la agricultura!

Isagani comprendi que perda tiempo, pero quiso replicar.

--Indudablemente, contest; hay muchos mdicos y abogados, mas
no dir que nos sobran pues tenemos pueblos que carecen de ellos,
pero si abundan en cantidad quizs nos faltan en calidad. Y, puesto
que no se puede impedir que la juventud estudie y aqu no se nos
presentan otras carreras por qu dejar que malogren su tiempo y sus
esfuerzos? Y si lo defectuoso de la enseanza no impide el que muchos
se hagan abogados  mdicos, si los hemos de tener al fin, por qu no
tenerlos buenos? Y con todo, aun cuando solo se quiera hacer del pas
un pas de agricultores, un pas de braceros, y condenar en l todo
trabajo intelectual, no veo mal ninguno en ilustrar  estos mismos
agricultores y braceros, en darles por lo menos una educacion que les
permita despues perfeccionarse y perfeccionar sus trabajos, ponindoles
en estado de comprender muchas cosas que al presente desconocen.

--Bah, bah, bah! exclam el abogado trazando con la mano crculos
en el aire como para ahuyentar las ideas evocadas; para ser buen
cosechero no se necesitan tantas retricas. Sueos, ilusiones,
ideologa! Ea! quiere usted seguir un consejo?

Y se levant y ponindole afectuosamente la mano sobre el hombro,
continu:

--Le voy  dar uno y muy bueno porque veo que es usted listo y el
consejo no ser perdido. Usted va  estudiar Medicina? Pues limtese 
aprender cmo se ponen los emplastos y se aplican las sanguijuelas y no
trate jams de mejorar  empeorar la suerte de sus semejantes. Cuando
se reciba de licenciado, csese con una muchacha rica y devota, trate
de curar y cobrar bien; huya de toda cosa que tenga relacion con el
estado general del pas, oiga misa, confisese y comulgue cuando lo
hagan los dems, y ver usted como despues me lo agradecer y yo lo
ver si aun vivo. Acurdese siempre de que la caridad bien entendida
empieza por s mismo; el hombre no debe buscar en la tierra ms que
la mayor suma de felicidad propia como dice Bentham; si se mete usted
en quijotismos ni tendr carrer, ni se casar, ni ser nada. Todos
le abandonarn y sern sus mismos paisanos los primeros que se reirn
de su inocencia. Crame usted, usted se acordar de m y me dar la
razon cuando tenga canas como yo, canas como estas!

Y el viejo abogado se coga sus pocos cabellos blancos sonriendo
tristemente y agitando la cabeza.

--Cuando tenga canas como esas, seor, contest Isagani con igual
tristeza, y vuelva la vista hcia mi pasado y vea que solo he trabajado
para m, sin haber hecho lo que buenamente poda y deba por el
pas que me ha dado todo, por los ciudadanos que me ayudan  vivir,
entonces, seor, cada cana me ser una espina y en vez de gloriarme
de ellas, me he de avergonzar!

Y dicho esto, salud profundamente y sali.

El abogado se qued inmvil en su sitio, con la mirada atnita. Oy
los pasos que se alejaban poco  poco y volvi  sentarse murmurando:

--Pobre joven! Tambien parecidos pensamientos cruzaron por mi mente
un da! Qu ms quisieran todos que poder decir: he hecho esto por
mi patria, he consagrado mi vida al bien de los dems...? Corona
de laurel, empapada en acbar, hojas secas que cubren espinas y
gusanos! Esa no es la vida, eso no da de comer, ni procura honores;
los laureles apenas sirven para una salsa... ni dan tranquilidad... ni
hacen ganar pleitos, al contrario! Cada pas tiene su moral como
su clima y sus enfermedades; diferentes del clima y enfermedades de
otros paises!

Y despues aadi:

--Pobre joven!... Si todos pensasen y obrasen como l, no digo que
no... Pobre joven! Pobre Florentino!






XVI

LAS TRIBULACIONES DE UN CHINO


La noche de aquel mismo sbado, el chino Quiroga que aspiraba 
crear un consulado para su nacion, daba una cena en los altos de
su gran bazar situado en la calle de la Escolta. Su fiesta estaba
muy concurrida: frailes, empleados, militares, comerciantes, todos
sus parroquianos, socios  padrinos, se encontraban all; su tienda
abasteca  los curas y conventos de todo lo necesario, admita los
vales de todos los empleados, tena servidores fieles, complacientes
y activos. Los mismos frailes no se desdeaban de pasar horas enteras
en su tienda, ya  la vista del pblico, ya en los aposentos del
interior en agradable sociedad...

Aquella noche, pues, la sala presentaba un aspecto curioso. Frailes
y empleados la llenaban, sentados en sillas de Viena y banquitos
de madera oscura y asiento de marmol, venidos de Canton, delante
de mesitas cuadradas, jugando al tresillo  conversando entre s,
 la luz brillante de las lmparas doradas   la mortecina de
los faroles chinescos vistosamente adornados con largas borlas de
seda. En las paredes se confundan en lamentable mezcolanza paisajes
tranquilos y azulados, pintados en Canton y en Hong Kong, con los
cromos chillones de odaliscas, mujeres semidesnudas, litografas de
Cristos femeniles, la muerte del justo y la del pecador, hechas por
casas judas de Alemania para venderse en los pases catlicos. No
faltaban all las estampas chinescas en papel rojo representando
 un hombre sentado, de aspecto venerable y pacfica y sonriente
fisonoma, detrs del cual se levanta su servidor, feo, horroroso,
diablico, amenazador, armado de una lanza con ancha hoja cortante;
los indios, unos lo llaman Mahoma, y otros Santiago, no sabemos por
qu; los chinos tampoco dan una clara esplicacion de esta popular
dualidad. Detonaciones de botellas de champagne, chocar de copas,
risas, humo de cigarro y cierto olor particular  casa de chino,
mezcla de pebete, opio y frutas conservadas, completaban el conjunto.

Vestido como un mandarin, con gorra de borla azul, se paseaba el chino
Quiroga de un aposento  otro, tieso y derecho no sin lanzar ac y all
miradas vigilantes como para asegurarse de que nadie se apoderaba
de nada. Y apesar de esta natural desconfianza, cambiaba sendos
apretones de manos, saludaba  unos con una sonrisa fina y humilde,
 otros con aire protector, y  algunos con cierta sorna como diciendo;

--Ya s! usted no viene por m sino por mi cena.

Y el chino Quiroga tena razon! Aquel seor gordo que ahora le
alaba y le habla de la conveniencia de un consulado chino en Manila
dando  entender que para ese cargo no poda haber otro que Quiroga,
es el seor Gonzalez que se firma Pitil cuando en las columnas de
los peridicos ataca la inmigracion china. Aquel otro ya avanzado
en edad que examina de cerca los objetos, las lmparas, los cuadros,
etc. y hace muecas y exclamaciones de desprecio, es D. Timoteo Pelaez,
padre de Juanito, comerciante que clama contra la competencia del
chino que arruina su comercio. Y el otro, el de ms all, aquel seor
moreno, delgado, de mirada viva y plida sonrisa, es el clebre autor
de la cuestion de los pesos mejicanos que tanto disgusto di  un
protegido del chino Quiroga; aquel empleado tiene en Manila fama de
listo! El de ms all, aquel de mirada fosca y bigotes descuidados,
es el empleado que pasa por ser el ms digno porque tiene el valor
de hablar mal contra el negocio de los billetes de lotera, llevado 
cabo entre Quiroga y una alta dama de la sociedad manilense. En efecto,
si no la mitad, las dos terceras partes de los billetes van  China
y los pocos que en Manila se quedan se venden con una prima de medio
real fuerte. El digno seor tiene la conviccion de que algun da le
ha de tocar el premio gordo y se enfurece al encontrarse delante de
semejantes trapicheos.

La cena entretanto tocaba  su fin. Del comedor llegaban hasta la sala
trozos de brindis, risas, interrupciones, carcajadas... El nombre de
Quiroga se oa varias veces repetido, mezclado con las palabras de
consul, igualdad, derechos...

El anfitrion que no coma platos europeos se haba contentado con
beber de cuando en cuando una copa con sus convidados, prometiendo
cenar con los que no se haban sentado en la primera mesa.

Simoun haba venido ya cenado y hablaba en la sala con algunos
comerciantes que se quejaban del estado de los negocios: todo iba mal,
se paralizaba el comercio, los cambios con Europa estaban  un precio
exhorbitante; pedan al joyero luces  le insinuaban algunas ideas
con la esperanza de que se las comunicase al Capitan General. A cada
remedio que proponan, Simoun responda con una sonrisa sarcstica
y brutal: Ca! tontera! hasta que exasperado uno le pregunt por
su opinion.

--Mi opinion? pregunt; estudien ustedes por qu otras naciones
prosperan y hagan lo mismo que ellas.

--Y por qu prosperan, seor Simoun?

Simoun se encogi de hombros y no contest.

--Las obras del puerto que tanto gravan el comercio y el puerto que
no se termina! suspir don Timoteo Pelaez, una tela de Guadalupe,
como dice mi hijo, se teje y se desteje... los impuestos...

--Y usted se queja! exclamaba otro. Y ahora que acaba de decretar
el General el derribo de las casas de materiales ligeros! Y usted
que tiene una partida de hierro galvanizado!

--S, responda don Timoteo; pero lo que me ha costado ese decreto! Y
luego, el derribo no se hace hasta dentro de un mes, hasta que venga
la cuaresma; pueden venir otras partidas... yo hubiera querido que
se derribasen al instante, pero... Y adems, qu me van  comprar
los dueos de esas casas si son todos unos ms pobres que otros?

--Siempre podr usted comprarlas casitas por una bicoca...

--Y hacer despues que se retire el decreto y revenderlas  un precio
doble... H ah un negocio!

Simoun se sonri con su sonrisa fra, y viendo adelantarse al chino
Quiroga dej  los quejicosos comerciantes para saludar al futuro
consul. Este, apenas le vi, perdi su espresion satisfecha, sac
una cara parecida  la de los comerciantes y medio se dobl.

El chino Quiroga respetaba mucho al joyero no solo por saberle muy
rico sino tambien por las susurradas inteligencias que le atribuan
con el Capitan General. Decase que Simoun favoreca las ambiciones del
chino, era partidario del consulado, y un cierto peridico chinfobo le
aluda al travs de muchas perfrasis, indirectas y puntos supensivos,
en la clebre polmica con otro peridico partidario de la gente
de coleta. Personas prudentsimas aadan entre guios y palabras
entrecortadas que la Eminencia Negra aconsejaba al General se valiese
de los chinos para deprimir la tenaz dignidad de los naturales.

--Para tener sumiso  un pueblo, haba dicho, no hay como humillarlo
y rebajarlo  sus propios ojos.

Pronto se haba presentado una ocasion.

Los gremios de los mestizos y de los naturales andaban siempre
vigilndose el uno al otro y empleaban su espritu belicoso y
su actividad en recelos y desconfianzas. Un da, en la misa, el
gobernadorcillo de los naturales que se sentaba en el banco derecho y
era estremadamente flaco, tuvo la ocurrencia de poner una pierna sobre
otra, adoptando una posicion nonchalant para aparentar ms muslos y
lucir sus hermosas botinas; el del gremio de mestizos que se sentaba
en el banco opuesto, como tena juanetes y no poda cruzar las piernas
por ser muy grueso y panzudo, adopt la postura de separar mucho las
piernas para sacar su abdmen encerrado en un chaleco sin pliegues,
adornado con una hermosa cadena de oro y brillantes. Los dos partidos
se comprendieron y empez la batalla: en la misa siguiente todos los
mestizos, hasta los ms flacos, tenan panza y separaban mucho las
piernas como si estuviesen  caballo: todos los naturales ponan una
pierna sobre otra aun los ms gordos y hubo cabeza de barangay que di
una voltereta. Los chinos que los vieron, adoptaron tambien su postura:
se sentaron como en sus tiendas, una pierna encogida y levantada y
otra colgando y agitndose. Hubo protestas, escritos, espedientes,
etc; los cuadrilleros se armaron prestos  encender una guerra civil,
los curas estaban contentsimos, los espaoles se divertan y ganaban
dinero  costa de todos, hasta que el General resolvi el conflicto
ordenando que se sentasen como los chinos por ser los que ms pagaban,
aunque no eran los ms catlicos. Y aqu el apuro de los mestizos y
naturales que por tener pantalones estrechos no podan imitar  los
chinos. Y para que la intencion de humillarles fuese ms manifiesta,
la medida se llev  cabo con pompa y aparato, rodeando  la iglesia un
cuerpo de caballera, mientras dentro todos sudaban. La causa llego 
las Crtes, pero se repiti que los chinos como pagaban podan imponer
su ley aun en las ceremonias religiosas, aun cuando despues apostaten y
se burlen del cristianismo. Los naturales y los mestizos se dieron por
satisfechos y aprendieron  no perder su tiempo en semejantes futesas.

Quiroga con su media lengua y sonrisa la ms humilde agasajaba 
Simoun: su voz era acariciadora, sus genuflexiones repetidas, pero
el joyero le cort la palabra preguntndole bruscamente:

--Gustaron los brazaletes?

A esta pregunta toda la animacion de Quiroga se deshizo como un
sueo; la voz de acariciadora se trasform en plaidera, se dobl
ms y juntando ambas manos y elevndolas  la altura de su rostro,
forma de la salutacion china, gimi:

--Uuh, sio Simoun! mia pelilo, mia luinalo!

--Cmo, chino Quiroga, perdido y arruinado? y tantas botellas de
champagne y tantos convidados!

Quiroga cerr los ojos  hizo una mueca. Jss! El acontecimento
de aquella tarde, la aventura de los brazaletes, le haba
arruinado. Simoun se sonri: cuando un comerciante chino se queja
es porque todo le va bien; cuando aparenta que todo va  las mil
maravillas es porque prev una quiebra  se va  escapar para su pas.

--Suya no sabe mia pelilo, mia luinalo? Ah, sio Simoun, mia hapay!

Y el chino, para hacer ms comprensible su situacion, ilustraba la
palabra hapay haciendo ademan de caerse desplomado.

Simoun tena ganas de rersele, pero se contuvo y dijo que nada saba,
nada, absolutamente nada.

Quiroga llevle  un aposento cuya puerta cerr con cuidado y le
explic la causa de su desventura.

Los tres brazaletes de brillantes que haba pedido  Simoun para
enserselos  su seora, no eran para sta, pobre india encerrada
en un cuarto como una china, eran para una bella y encantadora dama,
amiga de un gran seor, y cuya influencia le era necesaria para
cierto negocio en que poda ganar en limpio unos seis mil pesos. Y
como el chino no entenda de gustos femeniles y quera ser galante,
pidi los tres mejores brazaletes que el joyero tena, que costaban
de tres  cuatro mil pesos cada uno. El chino, afectando candidez,
con su sonrisa la ms acariciadora dijo  la dama que escogiese el que
ms le gustase, pero la dama, ms cndida y ms acariciadora todava,
declar que todos los tres le gustaban y se qued con ellos.

Simoun solt una carcajada.

--Ah, siola! mia pelilo, mia luinalo! gritaba el chino dndose
ligeras bofetadas con sus finas manos.

El joyero continuaba riendo.

--Huu! malo genti, sigulo no siola bilalelo! continuaba el chino
agitando descontento la cabeza. Cosa? No tiene biligensa, ms
que mia chino mia siempele genti. Ah, sigulo no siola bilalelo;
sigalela tiene ms biligensa!

--Le han cogido  usted, le han cogido  usted, exclamaba Simoun
dndole golpecitos en el vientre.

--Y tolo mundo pile pilestalo y no pagalo, cosa ese?--y contaba
con sus dedos armados de largas uas,--impelealo, opisi, tinienti,
sulalo, ah, sio Simoun, mia pelilo, mia hapay!

--Vamos, menos quejas, deca Simoun; yo le he salvado de muchos
oficiales que le pedan dinero... Yo les he prestado para que no le
molesten  usted y saba que no me podan pagar...

--Pelo, sio Simoun, suya pilesta opisia, mia pilesta muj, siola,
malinelo, tolo mundo...

--Ya, ya las cobrar usted!

--Ma cobalalo? Ah, sigulo suya no sabe! Cuando pelilo ne juego
nunca pagalo! Mueno suya tiene consu, puele obilig, ma no tiene...

Simoun estaba pensativo.

--Oiga, chino Quiroga, dijo algo distraido: me encargo de cobrar lo
que le deben los oficiales y marineros, dme usted sus recibos.

Quiroga volvi  gimotear: no le daban nunca recibos.

--Cuando vengan  pedirle dinero, envemelos siempre  m; yo le
quiero  usted salvar.

Quiroga di las gracias muy agradecido, pero pronto volvi  sus
lamentaciones, hablaba de los brazaletes y repeta:

--Sigalela tiene ms biligensa!

--Carambas, deca Simoun mirando de reojo al chino como para
estudiarle; precisamente necesitaba dinero y crea que usted me poda
pagar. Pero todo tiene su arreglo, no quiero que usted quiebre por
tan poca cosa. Vamos, un servicio y le reduzco  siete los nueve mil
pesos que me debe. Usted hace entrar por la aduana todo lo que quiere,
cajones de lmparas, hierros, vagilla, cobre, pesos mejicanos; usted
suministra armas  los conventos?

El chino afirmaba con la cabeza; pero l tena que sobornar  muchos.

--Ma dale tolo  los Pales!

--Pues mire, aadi Simoun en voz baja: necesito que usted me haga
entrar algunas cajas de fusiles que han llegado esta noche... quiero
que los guarde en sus almacenes; en mi casa no caben todos.

Quiroga se alarm.

--No se alarme usted, no corre usted ningun riesgo: esos fusiles se
han de esconder poco  poco en ciertas casas, y luego se opera una
requisa y se envan  muchos  la carcel... usted y yo podremos ganar
bastante procurando  los detenidos la libertad. Me entiende usted?

Quiroga vacilaba; l tena miedo  las armas. En su mesa tena un
revolver descargado que nunca tocaba sino volviendo la cabeza y
cerrando los ojos.

--Si usted no puede, acudir  otro, pero entonces necesito mis nueve
mil pesos para untar las manos y cerrar los ojos.

--Mueno, mueno! dijo al fin Quiroga; pelo pone pileso mucha
genti? manda liquisa, ja?

Cuando Quiroga y Simoun volvieron  la sala encontraron en ella  los
que venan de cenar, discutiendo animadamente: el champagne haba
soltado las lenguas y excitaba las masas cerebrales. Hablaban con
cierta libertad.

En un grupo donde estaban muchos empleados, algunas seoras y
D. Custodio se hablaba de una comision enviada  la India para hacer
ciertos estudios sobre los calzados de los soldados.

--Y quines la forman? preguntaba una seora mayor.

--Un coronel, dos oficiales y el sobrino de S. E.

--Cuatro? pregunt un empleado: vaya una comision! y si se dividen
las opiniones? Son competentes al menos?

--Eso preguntaba yo, aadi otro: deca que deba ir un civil, uno
que no tenga preocupaciones militares... un zapatero por ejemplo...

--Eso es, repuso un importador de zapatos; pero como no es cosa de
enviar  un indio ni  un macanista y el nico zapatero peninsular
ha pedido tales dietas...

--Pero y para qu habrn de estudiar el calzado? pregunt una seora
mayor; no ser para los artilleros peninsulares! Los indios pueden
seguir descalzos, como en sus pueblos.

--Justamente y la caja economizara ms! aadi otra seora viuda
que no estaba contenta de su pension.

--Pero, observen ustedes, repuso otro de los presentes, amigo de los
oficiales de la comision. Es verdad que muchos indios van descalzos en
sus pueblos, pero no todos, y no es lo mismo marchar  voluntad que
estando en el servicio: no se puede escoger la hora, ni el canino,
ni se descansa cuando se quiere. Mire usted, seora, que con el sol
que hace  medioda, est la tierra que cuece un pan. Y ande usted
por arenales, por donde hay piedras, sol por arriba y fuego por abajo,
y balas por delante...

--Cuestion de acostumbrarse!

--Como el burro que se acostumbr  no comer! En la presente campaa,
la mayor parte de nuestras bajas son ocasionadas por heridas en las
plantas de los pis... Digo lo del burro, seora, lo del burro!

--Pero, hijo, replica la seora, considere usted tanto dinero
perdido en suelas. Hay para pensionar  muchos hurfanos y viudas
para sostener el prestigio. Y no se sonra usted, no hablo de m que
tengo mi pension aunque poca, muy poca para los servicios que prest
mi marido, pero hablo de otras que arrastran una existencia infeliz:
no es justo que despues de tanta instancia para venir y despues de
atravesar el mar, concluyan aqu por morirse de hambre... Lo que
usted dice de los soldados ser cierto, pero es el caso que cuento
con ms de tres aos de pas y no he visto  ninguno cojeando.

--En eso opino como la seora, dijo su vecina, para qu darles
zapatos si han nacido sin ellos?

--Y para qu camisa?

--Y para qu pantalones?

--Figrese usted lo que ganariamos con un ejrcito en cueros! concluy
el que defenda  los soldados.

En otro grupo la discusion era ms acalorada. Ben Zayb hablaba y
peroraba, el P. Camorra como siempre le interrumpa  cada instante. El
periodista-fraile, apesar de todo su respeto  la gente de cogulla,
se las tena siempre con el P. Camorra  quien consideraba como
un semi-fraile muy simple; as se daba aire de ser independiente
y deshaca las acusaciones de los que le llamaban Fray Ibaez. Al
P. Camorra le gustaba su adversario: era el nico que tomaba en serio
lo que el llamaba sus razonamientos.

Se trataba de magnetismo, espiritismo, magia, etc. y las palabras
volaban por el aire como los cuchillos y las bolas de los juglares:
ellos los arrojaban y ellos los recogan.

Aquel ao llamaba mucho la atencion en la feria de Kiap una cabeza,
mal llamaba esfinge, espuesta por Mr. Leeds, un americano. Grandes
anuncios cubran las paredes de las casas, misteriosos y fnebres,
que excitaban la curiosidad. Ni Ben Zayb, ni el P. Camorra, ni el
P. Irene, ni el P. Salv la haban visto aun; solo Juanito Pelaez
estuvo  verla una noche y contaba en el grupo su admiracion.

Ben Zayb,  fuer de periodista, quera buscar una explicacion natural;
el P. Camorra hablaba del diablo; el P. Irene sonrea, el P. Salv
se mantena grave.

--Pero, Padre, si el diablo ya no viene; nos bastamos para
condenarnos...

--De otro modo no se puede explicar...

--Si la ciencia...

--Dale con la ciencia! puales!

--Pero, esccheme usted, voy  demostrrselo. Todo es cuestion de
ptica. Yo no he visto todava la cabeza ni s como la presentan. El
seor--sealando  Juanito Pelaez--nos dice que no se parece 
las cabezas parlantes que se ensean de ordinario--sea! Pero el
principio es el mismo; todo es cuestion de ptica; espere usted, se
pone un espejo as, un espejo detrs, la imgen se refleja... digo,
es puramente un problema de Fsica.

Y descolgaba de los muros varios espejos, los combinaba, los inclinaba
y como no le resultaba el efecto, conclua:

--Como digo, ni ms ni menos que una question de ptica.

--Pero que espejos quiere usted, si Juanito nos dice que la cabeza
est dentro de una caja que se coloca sobre una mesa... Yo veo en
ello el espiritismo porque los espiritistas siempre se valen de
mesas y creo que el P. Salv, como gobernador eclesistico que es,
deba prohibir el espectculo.

El P. Salv estaba silencioso; no deca ni s ni no.

--Para saber si dentro hay diablos  espejos, repuso Simoun, lo
mejor es que ustedes vayan  ver la famosa esfinge!

La proposicion pareci buena y fu aceptada, pero el P. Salv y
don Custodio manifestaban cierta repugnancia. Ellos  una feria,
codearse con el pblico y ver esfinges y cabezas parlantes! Qu
diran los indios? Los podan tomar por hombres, dotados de las mismas
pasiones y flaquezas que los otros. Entonces Ben Zayb, con su ingenio
de periodista, prometi que suplicara  Mr. Leeds no dejase entrar
al pblico mientras estuviesen dentro: bastante honor le haran con
la visita para que no se prestase, y todava no les ha de cobrar la
entrada. Y para cohonestar esta pretension deca Ben Zayb:

--Porque, figrense ustedes! si descubro la trampa del espejo delante
del pblico de los indios! Le quitara el pan al pobre americano!

Ben Zayb era un hombre muy concienzudo.

Bajaron unos doce, entre ellos nuestros conocidos don Custodio, el
P. Salv, el P. Camorra, el P. Irene, Ben Zayb y Juanito Pelaez. Sus
coches les dejaron  la entrada de la plaza de Kiap.






XVII

LA FERIA DE KIAPO


La noche era hermosa y la plaza ofreca un aspecto
animadsimo. Aprovechando la frescura de la brisa y la esplndida
luna de Enero, la gente llenaba la feria para ver, ser vista
y distraerse. Las msicas de los cosmoramas y las luces de los
faroles comunicaban la animacion y la alegra  todos. Largas
filas de tiendas, brillantes de oropel y colorines, desplegaban 
la vista racimos de pelotas, de mscaras ensartadas por los ojos,
juguetes de hoja de lata, trenes, carritos, caballitos mecnicos,
coches, vapores con sus diminutas calderas, vagillas de porcelana
liliputienses, belencitos de pino, muecas estrangeras y del pas,
rubias y risueas aquellas, serias y pensativas estas como pequeitas
seoras al lado de nias gigantescas. El batir de los tamborcitos,
el estrpito de las trompetillas de hoja de lata, la msica nasal
de los acordeones y los organillos se mezclaban en concierto de
carnaval, y en medio de todo, la muchedumbre iba y vena empujndose,
tropezndose, con la cara vuelta hcia las tiendas de modo que los
choques eran frecuentes y no poco cmicos. Los coches tenan que
contener la carrera de los caballos, el tab! tab! de los cocheros
resonaba  cada momento; se cruzaban empleados, militares, frailes,
estudiantes, chinos, jovencitas con sus mams  tas, saludndose,
guindose, interpelndose ms  menos alegremente.

El P. Camorra estaba en su quinto cielo viendo tantas muchachas
bonitas; se paraba, volva la cabeza, le daba un empujon  Ben
Zayb, castaeteaba con la lengua, juraba y deca: Y esa, y esa,
chupa-tintas? y de aquella, qu me dices? En su contento se pona
 tutear  su amigo y adversario. El P. Salv le miraba de cuando en
cuando, pero buen caso haca l del P. Salv; al contrario, haca de
tropezar las muchachas para rozarse con ellas, les guiaba y pona
ojos picarescos.

--Puales! Cundo ser cura de Kiap? se preguntaba.

De repente Ben Zayb suelta un juramento, salta y se lleva una
mano al brazo; el P. Camorra en el colmo de su entusiasmo le haba
pellizcado. Vena una deslumbrante seorita que atraa la admiracion
de toda la plaza; el P. Camorra, no cabiendo en s de gozo, tom el
brazo de Ben Zayb por el de la joven.

Era la Paulita Gomez, la elegante entre las elegantes que acompaaba
Isagani; detrs segua doa Victorina. La joven estaba resplandeciente
de hermosura: todos se paraban, los cuellos se torcan, se suspendan
las conversaciones, la seguan los ojos y doa Victorina reciba
respetuosos saludos.

Paulita Gomez luca riqusima camisa y pauelo de pia bordados,
diferentes de los que se haba puesto aquella maana para ir 
Sto. Domingo. El tejido vaporoso de la pia haca de su linda cabeza
una cabeza ideal, y los indios que la vean, la comparaban  la
luna rodeada de blancas y ligeras nubes. Una saya de seda color de
rosa, recogida en ricos y graciosos pliegues por la diminuta mano,
daba magestad  su erguido busto cuyos movimientos favorecidos por
el ondulante cuello delataban todos los triunfos de la vanidad y de
la coquetera satisfecha. Isagani pareca disgustado: le molestaban
tantos ojos, tantos curiosos que se fijaban en la hermosura de su
amada: las miradas le parecan robos, las sonrisas de la joven le
saban  infidelidades.

Juanito, al divisarla, acentu su joroba y salud: Paulita le contest
negligentemente, D. Victorina le llam. Juanito era su favorito,
y ella le prefera  Isagani.

--Qu moza, qu moza! murmuraba el P. Camorra arrebatado.

--Vamos, Padre, pellzquese el vientre y djenos en paz! deca mal
humorado Ben Zayb.

--Qu moza, qu moza! repeta; y tiene por novio  mi estudiante,
el de los empujones!

--Fortuna tiene que no sea de mi pueblo! aadi despues volviendo
varias veces la cabeza para seguirla con la mirada. Tentado estuvo
de dejar  sus compaeros y seguir  la joven. Ben Zayb  duras penas
pudo disuadirle.

Paulita segua andando y se vea su hermoso perfil, su pequea cabeza
graciosamente peinada moverse con natural coquetera.

Nuestros paseantes continuaron su camino no sin suspiros de parte
del fraile-artillero, y llegaron  una tienda rodeada de curiosos,
que facilmente les cedieron sus puestos.

Era una tienda de figuritas de madera, hechas en el pas,
que representaban en todos los tamaos y formas, tipos, razas y
profesiones del Archipilago, indios, espaoles, chinos, mestizos,
frailes, clrigos, empleados, gobernadorcillos, estudiantes, militares,
etc. Sea que los artistas tuviesen ms aficion  los sacerdotes, los
pliegues de cuyos hbitos les conviniesen ms para sus fines estticos,
 que los frailes, desempeando tanto papel en la sociedad filipina
preocupasen ms la mente del escultor, sea una cosa  otra, el caso
es que abundaban sus figuritas, muy bien hechas, muy concluidas,
representndoles en los ms sublimes instantes de la vida, al revs de
lo que se hace en Europa donde se les pinta durmiendo sobre toneles de
vino, jugando  las cartas, vaciando copas, refocilndose  pasando la
mano por la fresca cara de una muchachota. No: los frailes de Filipinas
eran otros: elegantes, pulcros, bien vestidos, el cerquillo bien
cortado, las facciones regulares y serenas, la mirada contemplativa,
espresion de santo, algo de rosa en las mejillas, baston de palasan en
la mano y zapatitos de charol en los pis, que dan ganas de adorarlos
y ponerlos bajo campanas de cristal. En vez de los smbolos de la
gula  incontenencia de sus hermanos en Europa, los de Manila tenan
el libro, el crucifijo, la palma del martirio; en vez de besar  las
simples campesinas, los de Manila daban de besar gravemente la mano
 nios y  hombres ya maduros, doblados y casi arrodillados: en
vez de la despensa repleta y del comedor, sus escenarios de Europa,
en Manila tenan el oratorio, la mesa de estudio; en vez del fraile
mendicante que va de puerta en puerta con su burro y su saco pidiendo
limosna, el fraile de Filipinas derramaba  manos llenas el oro entre
los pobres indios...

--Miren ustedes, aqu est el P. Camorra! dijo Ben Zayb  quien le
duraba todava el efecto del champagne.

Y sealaba el retrato de un fraile delgado, con aire meditabundo,
sentado junto  una mesa, la cabeza apoyada sobre la palma de la mano
y escribiendo al parecer un sermon. Una lmpara haba para iluminarle.

Lo contrario del parecido hizo reir  muchos.

El P. Camorra que ya se haba olvidado de Paulita, not la intencion
y pregunt  su vez:

--Y  quin se parece esta otra figura, Ben Zayb?

Y se ech  reir con su risa de paleto.

Era una vieja tuerta, desgreada, sentada sobre el suelo como los
dolos indios, planchando ropas. El instrumento estaba muy bien
imitado: era de cobre, las brasas estaban hechas con oropel y los
torbellinos de humo con sendos copos de algodon sucio, retorcido.

--Eh, Ben Zayb, no es tonto el que lo ide? preguntaba riendo el
P. Camorra.

--Pues, no le veo la punta! dijo el periodista.

--Pero, puales! no v usted el ttulo, la prensa filipina? Ese
instrumento con que plancha la vieja, aqu se llama prensa!

Todos se echaron  reir y el mismo Ben Zayb se ri de buena gana.

Dos soldados de la Guardia Civil que tenan por letrero, civiles,
estaban colocados detrs de un hombre, maniatado con fuertes cuerdas
y la cara tapada con el sombrero: se titulaba el Pais del Abak y
pareca que le iban  afusilar.

A muchos de nuestros visitantes no les gustaba la exposicion. Hablaban
de reglas del arte, buscaban proporciones, el uno deca que tal
figura no tena siete cabezas, que  la cara le faltaba una nariz, no
tena ms que tres, lo que pona algo pensativo al P. Camorra que no
comprenda cmo una figura, para estar bien, deba tener cuatro narices
y siete cabezas; otro deca que si eran musculosos, si los indios
no lo podan ser; si aquello era escultura  puramente carpintera,
etc. cada cual meti su cucharada de crtica, y el P. Camorra, por no
ser menos que nadie, se aventur  pedir lo menos treinta piernas para
cada mueco. Por qu, si los otros pedan narices, no iba l  pedir
muslos? Y all mismo estuvieron discutiendo sobre si el indio tena 
no disposiciones para la escultura, si convena fomentar dicha arte
y se inici una general disputa que cort D. Custodio diciendo que
los indios tenan disposicion pero deban dedicarse esclusivamente
 hacer santos.

--Cualquiera dira, repuso Ben Zayb que estaba de ocurrencias aquella
noche, que ese chino es Quiroga, pero observndole bien se parece al
P. Irene.

--Y qu me dicen ustedes de ese indio-ingls? se parece  Simoun!

Resonaron nuevas carcajadas. El P. Irene se frot la nariz.

--Es verdad!--Es verdad!--Si es el mismo!

--Pero dnde est Simoun? que lo compre Simoun!

Simoun haba desaparecido, nadie le haba visto.

--Puales! dijo el P. Camorra; que tacao es el americano! Teme
que le hagamos pagar la entrada de todos en el gabinete de Mr. Leeds.

--Qui! contest Ben Zayb; lo que teme es que le comprometan. Habr
presentido la guasa que le espera  su amigo Mr. Leeds y se
desentiende.

Y sin comprar el ms pequeo monigote prosiguieron su camino para
ver la famosa esfinge.

Ben Zayb se ofreca  tratar la cuestion; el americano no podra
desairar  un periodista que puede vengarse en un artculo
desacreditador.

--Van ustedes  ver como todo es cuestion de espejos, deca, porque
miren ustedes...

Y se intern de nuevo en una larga explicacion, y como no tena delante
ningun espejo que pueda comprometer su teora, insert todos los
disparates posibles que acab por no saber l mismo lo que se deca.

--Enfin, ya vern ustedes como todo es cuestion de ptica.






XVIII

SUPERCHERIAS


Mr. Leeds, un verdadero yankee, vestido todo de negro, les recibi
con mucha deferencia. Hablaba bien el castellano por haber estado
muchos aos en la Amrica del Sur. No opuso ninguna dificultad  la
pretension de nuestros visitadores, dijo que podan examinar todo,
todo, antes y despues de la representacion; durante ella les suplicaba
se estuviesen tranquilos. Ben Zayb se sonrea y saboreaba el disgusto
que preparaba al americano.

La sala, tapizada toda de negro, estaba alumbrada por lmparas
antiguas, alimentadas con espritu de vino. Una barrera cubierta de
terciopelo negro la divida en dos partes casi iguales, una, llena de
sillas para los espectadores, y otra, ocupada por un entarimado con
una alfombra  cuadros. Sobre este entarimado, en la parte media, se
elevaba una mesa cubierta por un rico pao negro, lleno de calaveras
y otras figuras cabalsticas. La mise en scne resultaba lgubre, 
impresion  los alegres visitadores. Las bromas cesaron, se hablaba
en voz baja y por ms que algunos se queran mostrar despreocupados,
en los labios no cuajaba la risa. Todos sentan como si entrasen en
una casa donde hay un muerto. Un olor  incienso y  cera aumentaban
esta ilusion. D. Custodio y el P. Salv se consultaron en voz baja
sobre si sera  no conveniente prohibir semejantes espectculos.

Ben Zayb, para animar  los impresionables y poner en aprieto 
Mr. Leeds, le dijo en tono familiar:

--Eh, mister, puesto que no hay ms que nosotros y no somos indios
que se dejan pescar, permite usted que les haga ver la trampa? Ya
sabemos que es cuestion de ptica pura, pero como el P. Camorra no
quiere convencerse...

Y se dispuso  saltar la barrera sin pasar por la debida puerta,
mientras el P. Camorra se deshaca en protestas temiendo que Ben Zayb
tuviese razon.

--Y cmo no, seor? contest el americano; pero no me rompa nada,
estamos?

El periodista estaba ya sobre el entarimado.

--Permite usted? deca.

Y sin aguardar el permiso, temiendo que Mr. Leeds no se lo concediese,
levant el pao y busc los espejos que esperaba deba haber entre
los pis. Ben Zayb solt una media palabrota, retrocedi, volvi 
introducir ambas manos debajo de la mesa agitndolas: se encontraba
con el vaco. La mesa tena tres pis delgados de hierro que se
hundan en el suelo.

El periodista mir  todas partes como buscando algo.

--Dnde estn los espejos? pregunt el P. Camorra.

Ben Zayb miraba y miraba, palpaba la mesa, levantaba el pao, y se
llevaba de cuando en cuando la mano  la frente como para recordar
algo.

--Se le ha perdido algo? pregunt Mr. Leeds.

--Los espejos, mister, dnde estn los espejos?

--Los de usted no s donde estarn, los mos los tengo en la
Fonda... quiere usted mirarse? Est usted algo descompuesto y plido.

Muchos, apesar de la impresion, al ver la calma guasona del americano
se rieron y Ben Zayb muy corrido volvi  su asiento, murmurando:

--No puede ser; vern ustedes como no lo hace sin espejos; tendr
luego que cambiar de mesa...

Mr. Leeds volvi  colocar el pao sobre la mesa y dirigindose 
los ilustres curiosos les pregunt:

--Estn ustedes satisfechos? podemos empezar?

--Anda, que tiene flema! dijo la seora viuda.

--Pues tomen asiento las seoras y seores y piensen en lo que
quieran preguntar.

Mr. Leeds desapareci por una puerta y al cabo de algunos segundos
volvi con una caja de madera oscura, carcomida, con algunas
inscripciones representadas por aves, mamferos, flores, cabezas
humanas, etc.

--Seoras y seores, dijo Mr. Leeds con cierta gravedad: visitando una
vez la gran pirmide de Khufu, faraon de la cuarta dinasta, d con un
sarcfago de granito rojo, en un aposento olvidado. Mi gozo fu grande
creyendo encontrarme con una momia de la familia real, mas, cual no
sera mi desencanto cuando, abierto el sarcfago despues de infinitos
trabajos, no encontr ms que esta caja que ustedes pueden examinar.

Y pase la caja  los que estaban en primera fila. El P. Camorra ech
el cuerpo hcia atrs como si tuviese asco, el P. Salv la mir de
cerca como si le atrajesen las cosas sepulcrales; el P. Irene sonrea
con  la sonrisa del inteligente; D. Custodio afectaba gravedad y
desden, y Ben Zayb buscaba su espejo; all deba estar, pues de
espejos se trataba.

--Como huele  cadaver! dijo una seora; puff!

Y se abanic furiosamente.

--Huele  cuarenta siglos! observ uno con nfasis.

Ben Zayb se olvid del espejo para ver quien haba dicho aquella
frase. Era un militar que haba leido la historia de Napoleon. Ben
Zayb le tuvo envidia y para soltar otra frase que molestase en algo
al P. Camorra, dijo:

--Huele  Iglesia!

--Esta caja, seoras y seores, continu el americano, contena un
puado de cenizas y un pedazo de papiro, donde haba algunas palabras
escritas. Vanlo ustedes, pero les suplico no respiren con fuerza
porque si parte de la ceniza se pierde, mi esfinge aparecer mutilada.

La farsa, dicha con tanta seriedad y conviccion, se impona poco
 poco, de tal suerte que cuando la caja pas, ninguno se atrevi
 respirar. El P. Camorra que tantas veces haba descrito en el
plpito de Tian las torturas y sufrimientos del infierno mientras
se rea para sus adentros de las miradas aterradas de las pecadoras,
se tap la nariz; y el P. Salv, el mismo P. Salv que haba hecho en
el da de difuntos una fantasmagora de las almas del Purgatorio, con
fuegos y figuras iluminadas al transparente, con lmparas de alcohol,
trozos de oropel, en el altar mayor de la iglesia de un arrabal para
conseguir misas y limosnas, el flaco y silencioso P. Salv contuvo
su inspiracion y mir con recelo aquel puado de cenizas.

--Memento, homo, quia pulvis es! murmur el P. Irene sonriendo.

--P--! solt Ben Zayb.

El tena preparada la misma reflexion y el cannigo se la quitaba de
la boca.

--No sabiendo qu hacer, prosigui Mr. Leeds cerrando cuidadosamente
la caja, examin el papiro y v dos palabras de sentido para m
desconocido. Las decifr, y trat de pronunciarlas en voz alta, y
apenas articul la primera cuando sent que la caja se deslizaba de
mis manos como arrebatada por un peso enorme y rodaba por el suelo
de donde en vano lo intent remover. Mi sorpresa se convirti en
espanto, cuando, abierta, me encontr dentro con una cabeza humana
que me miraba con estraordinaria fijeza. Aterrado y no sabiendo
que hacer ante semejante prodigio, quedme atnito por un momento
temblando como un azogado... Me repuse... Creyendo que aquello era
vana ilusion trat de distraerme prosiguiendo la lectura de la segunda
palabra. Apenas la pronuncio, la caja se cierra, la cabeza desaparece
y en su lugar encuentro otra vez el puado de cenizas. Sin sospecharlo
haba descubierto las dos palabras ms poderosas en la naturaleza,
las palabras de la creacion y de la destruccion, la de la vida y la
de la muerte!

Detvose algunos momentos como para ver el efecto de su cuento. Despues
con paso grave y mesurado, se acerc  la mesa colocando sobre ella
la misteriosa caja.

--Mister, el pao! dijo Ben Zayb incorregible.

--Y cmo no? contest Mr. Leeds muy complaciente.

Y levantando con la mano derecha la caja, recogi con la izquierda
el pao descubriendo completamente la mesa, sostenida sobre sus tres
pis. Volvi  colocar la caja encima, en el centro, y con mucha
gravedad se acerc al pblico.

--Aqu le quiero ver! deca Ben Zayb  su vecino; ver usted como
se sale con alguna escusa.

La atencion ms grande se lea en los rostros de todos; el silencio
reinaba. Se oan distintamente el ruido y la algazara de la calle,
pero estaban todos tan emocionados que un trozo de dilogo que lleg
hasta ellos, no les caus ningun efecto.

--Porque ba no di pod niss entr? preguntaba una voz de mujer.

--Ab, ora, porque 'tall el man prailes y l man empleau, contest
un hombre; 'ta jas solo para ils el cabesa de espinge.

--Curioso tambien el man prailes! dijo la voz de mujer
alejndose; no quiere pa que di sab nisos cuando ilos ta sali
ingaau! Cosa! querida ba de praile el cabesa?

En medio de un profundo silencio, y con voz emocionada prosigui
el americano:

--Seoras y seores: con una palabra voy ahora  reanimar el puado
de cenizas y ustedes hablarn con un ser que conoce lo pasado, lo
presente, y mucho del porvenir!

Y el mgico lanz lentamente un grito, primero plaidero, luego
enrgico, mezcla de sonidos agudos como imprecaciones, y de notas
roncas como amenazas que pusieron de punta los cabellos de Ben Zayb.

--Deremof! dijo el americano.

Las cortinas en torno del salon se agitaron, las lmparas amenazaron
apagarse, la mesa crugi. Un gemido debil contest desde el interior
de la caja. Todos se miraron plidos  inquietos: una seora llena de
terror y sintiendo un lquido caliente dentro de su traje, se cogi
al P. Salv.

La caja entonces se abri por s sola y  los ojos del pblico se
present una cabeza de un aspecto cadavrico, rodeada de una larga y
abundante cabellera negra. La cabeza abri lentamente los ojos y los
pase por todo el auditorio. Eran de un fulgor vivsimo aumentado tal
vez por sus ojeras, y como abyssus abyssum invocat, aquellos ojos
se fijaron en los profundos y cncavos del P. Salv que los tena
desmesuradamente abiertos como si viesen algun espectro. El P. Salv
se puso  temblar.

--Esfinge, dijo Mr. Leeds, dile al auditorio quien eres!

Rein un profundo silencio. Un viento fro recorri la sala  hizo
vacilar las azuladas llamas de las lmparas sepulcrales. Los ms
incrdulos se estremecieron.

--Yo soy Imuthis, contest la cabeza con voz sepulcral pero
estraamente amenazadora; nac en tiempo de Amasis y fu muerto
durante la dominacion de los  Persas, mientras Cambyses volva de su
desastrosa espedicion al interior de la Lybia. Vena de completar
mi educacion despues de largos viajes por Grecia, Asiria y Persia
y me retiraba  mi patria para vivir en ella hasta que Thot me
llamase delante de su terrible tribunal. Mas por desgracia ma,
al pasar por Babilonia descubr un terrible secreto, el secreto del
falso Smerdis que usurpaba el poder, el temerario mago Gaumata que
gobernaba merced  una impostura. Temiendo le descubriese  Cambyses,
determin mi perdicion valindose de los sacerdotes egipcios. En mi
patria entonces gobernaban estos; dueos de las dos terceras partes
de las tierras, monopolizadores de  la ciencia, suman al pueblo en la
ignorancia y en la tirana, lo embrutecan y lo hacan apto para pasar
sin repugnancia de una  otra dominacion. Los invasores se valan de
ellos y conociendo su utilidad los protegan y enriquecan, y algunos
no solo dependieron de su voluntad sino que se redujeron  ser sus
meros instrumentos. Los sacerdotes egipcios prestronse  ejecutar las
rdenes de Gaumata con tanto ms gusto cuanto que me teman y porque
no revelase al pueblo sus imposturas. Valironse para sus fines de
las pasiones de un joven sacerdote de Abydos que pasaba por santo!...

Silencio angustioso sigui  estas palabras. Aquella cabeza hablaba
de intrigas  imposturas sacerdotales y aunque se referan  otra
poca y otras creencias, molestaban con todo  los frailes all
presentes, acaso porque vieran en el fondo alguna analoga con la
actual situacion. El P. Salv, presa de temblor convulsivo, agitaba
los labios y segua con ojos desencajados la mirada de la cabeza como
si le fascinase. Gotas de sudor empezaban  brotar de su descarnada
frente, pero ninguno lo notaba, vivamente distraidos y emocionados
como estaban.

--Y cmo fu la trama que contra t urdieron los sacerdotes de tu
pas? pregunt Mr. Leeds.

La cabeza lanz un gemido doloroso como salido del fondo del corazon
y los espectadores vieron sus ojos, aquellos ojos de fuego, nublarse
y llenarse de lgrimas. Estremecironse muchos y sintieron sus pelos
erizarse. No, aquello no era ficcion, no era charlatanera; la cabeza
era una vctima y lo que contaba era su propia historia.

--Ay! dijo agitndose con desconsuelo; yo amaba  una joven, hija
de un sacerdote, pura como la luz, como el loto cuando se acaba de
abrir! El joven sacerdote de Abydos la codiciaba tambien, y urdi
un motin valindose de mi nombre y merced  unos papiros mos que
sonsac  mi amada. El motin estall en el momento en que Cambyses
volva furioso de los desastres de su desgraciada campaa. Fu
acusado de rebelde, preso, y habindome escapado, en la persecucion
fu muerto en el lago Moeris... Yo v desde la eternidad triunfar 
la impostura, veo al sacerdote de Abydos perseguir noche y da  la
virgen refugiada en un templo de Isis en la isla de Philoe... yo le
veo perseguirla y acosarla hasta en los subterrneos, volverla loca
de terror y de sufrimiento, como un gigantesco murcilago  una blanca
paloma... Ah! sacerdote, sacerdote de Abydos! vuelvo  la vida para
revelar tus infamias, y despues de tantos aos de silencio te llamo
asesino, sacrlego, calumniador!!

Una carcajada seca, sepulcral sigui  estas palabras mientras una
voz ahogada responda:

--No! piedad...!

Era el P. Salv que rendido por el terror estenda ambas manos y se
dejaba caer.

--Qu tiene V. R. P. Salv? Se siente mal? pregunt el P. Irene,

--Es el calor de la sala...

--Es el olor  muerto que aqu se respira...

--Asesino, calumniador, sacrlego! repeta la cabeza; te acuso,
asesino, asesino, asesino!

Y resonaba otra vez la carcajada seca, sepulcral y amenazadora como
si absorta la cabeza en la contemplacion de sus agravios no viese
el tumulto que reinaba en la sala. El P. Salv se haba desmayado
por completo.

--Piedad! vive todava!... repiti el P. Salv y perdi
conocimento. Estaba plido como un muerto. Otras seoras creyeron
deber desmayarse tambien y as lo hicieron.

--Delira... P. Salv!

--Ya le deca que no comiese la sopa de nido de golondrina! deca
el P. Irene; eso le ha hecho mal.

--Si no ha comido nada! contestaba D. Custodio temblando; como la
cabeza le ha estado mirando fijamente le ha magnetizado...

Aqu fu el barrullo; la sala pareca un hospital, un campo de
batalla. El P. Salv pareca muerto y las seoras viendo que no
acudan  ellas tomaron el partido de volver en s.

Entre tanto la cabeza se haba reducido  polvo y Mr. Leeds colocaba
otra vez el pao negro sobre la mesa y saludaba  su auditorio.

--Es menester que el espectculo se prohiba, deca D. Custodio al
salir; es altamente impo  inmoral!

--Sobre todo, porque no se sirve de espejos! aadi Ben Zayb.

Mas, antes de dejar la sala quiso asegurarse por ltima vez, salt la
barrera, se acerc  la mesa y levant el pao: nada, siempre nada. [1]

Al da siguiente escriba un artculo en que hablaba de ciencias
ocultas, del espiritismo, etc.; inmediatamente vino una orden del
gobernador eclesistico suspendiendo las funciones, pero ya Mr Leeds
haba desaparecido llevndose  Hong Kong su secreto.






XIX

LA MECHA


Plcido Penitente sali de clase con el corazon rebosando hiel y con
sombras lgrimas en la mirada. l era muy digno de su nombre cuando
no se le sacaba de sus casillas, pero una vez que se irritaba, era
un verdadero torrente, una fiera que solo se poda detener muriendo 
matando. Tantas afrentas, tantos alfilerazos que da por da, haban
hecho estremecerse su corazon depositndose en l para dormir con
el sueo de vboras aletargadas, se levantaban ahora y se agitaban
rugiendo de ira. Los silbidos resonaban en sus oidos con las frases
burlonas del catedrtico, las frases en lengua de tienda, y le pareca
oir latigazos y carcajadas. Mil proyectos de venganza surgan en su
cerebro atropellndose unos  otros y desapareciendo inmediatamente
como imgenes de un sueo. Su amor propio con la tenacidad de un
desesperado le gritaba que deba obrar.

--Plcido Penitente, deca la voz, demuestra  toda esa juventud
que tienes dignidad, que eres hijo de una provincia valerosa y
caballeresca donde el insulto se lava con sangre. Eres batangueo,
Plcido Penitente! Vngate, Plcido Penitente!

Y el joven ruga y rechinaban sus dientes y tropezaba con todo el mundo
en la calle, en el puente de Espaa, como si buscase querella. En
este ltimo punto vi un coche donde iba el Vice Rector P. Sibyla,
acompaado de D. Custodio, y dironle grandes ganas de coger al
religioso y arrojarlo al agua.

Sigui por la Escolta y estuvo tentado de empezar  cachetes con
dos agustinos que sentados  la puerta del bazar de Quiroga rean
y bromeaban con otros frailes que deban estar en el fondo de la
tienda ocupados en alguna tertulia; se oan sus alegres voces y
sonoras carcajadas. Algo ms lejos dos cadetes cerraban la acera
charlando con un dependiente de un almacen en mangas de camisa:
Plcido Penitente se dirigi  ellos para abrirse paso, y los cadetes
que vieron la sombra intencion del joven y estaban de buen humor,
se apartaron prudentemente. Plcido estaba en aquellos momentos bajo
el influjo del hamok que dicen los malayistas.

Plcido,  medida que se acercaba  su casa,--la casa de un platero en
donde viva como pupilo,--procuraba coordinar sus ideas y maduraba un
plan. Retirarse  su pueblo y vengarse para demostrar  los frailes que
no se insulta impunemente  un joven ni se puede burlar de l. Pensaba
escribir inmediatamente una carta  su madre,  Cabesang Andang,
para enterarla de lo que haba pasado y decirle que las aulas se le
cerraban para siempre, que si bien exista el Ateneo de los jesuitas
para cursar aquel ao, era muy probable que no le concediesen los
dominicos el traslado y que aun cuando lo consiguiera, en el curso
siguiente tendra que volver  la Universidad.

--Dicen que no sabemos vengarnos! deca; que el rayo estalle y
lo veremos!

Pero Plcido no contaba con lo que le esperaba en casa del platero.

Cabesang Andang acababa de llegar de Batangas y vena  hacer compras,
visitar  su hijo y traerle dinero, tapa de venado y pauelos de seda.

Pasados los primeros saludos, la pobre mujer que desde un principio
haba notado la sombra mirada de su hijo, no pudo ms contenerse
y empez con sus preguntas. A las primeras explicaciones, Cabesang
Andang las tom por aagaza, se sonri y estuvo apaciguando  su
hijo, recordndole los sacrificios, las privaciones, etc., y habl
del hijo de Capitana Simona que, por haber entrado en el Seminario,
se daba en el pueblo aires de obispo: Capitana Simona se consideraba
ya como Madre de Dios, claro, su hijo va  ser otro Jesucristo!

--Si el hijo se hace sacerdote, deca Cabesang Andang, la madre no
nos ha de pagar lo que nos debe... quin la cobra entonces?

Pero al ver que Plcido hablaba en serio y ley en sus ojos la
tempestad que ruga en su interior, comprendi que por desgracia
lo que contaba era la pura verdad. Quedse por algunos momentos sin
poder hablar y despues se deshizo en lamentaciones.

--Ay! deca; y yo que he prometido  tu padre cuidarte, educarte
y hacer de t un abogado! Me privaba de todo para que pudieses
estudiar! En vez de ir al panguingui donde se juega  medio peso,
solo me iba al de  medio real, sufriendo el mal olor y las cartas
sucias! Mira mis camisas zurcidas! En vez de comprar otras nuevas,
gasto el dinero en misas y regalos  San Sebastian, aunque no creo
mucho en su virtud porque el cura las dice de prisa y corriendo y el
santo es enteramente nuevo, y todava no sabe hacer milagros, y no
est hecho de batikulin sino de laniti... Ay! Qu va  decirme tu
padre cuando me muera y le vea?

Y la pobre mujer se lamentaba y lloraba; Plcido se pona ms sombro
y de su pecho se escapaban ahogados suspiros.

--Qu saco con ser abogado? responda.

--Qu va  ser de t? continuaba la madre juntando las manos:
te van  llamar pilibistiero y sers ahorcado! Yo ya te deca que
tuvieses paciencia, que seas humilde! No te digo que beses la mano
 los curas, s que tienes el olfato delicado como tu padre que no
poda comer el queso de Europa... pero tenemos que sufrir, callarnos,
decir  todo s... Qu vamos  hacer? Los frailes tienen todo; si
ellos no quieren, ninguno saldr abogado ni mdico... Ten paciencia,
hijo mo, ten paciencia!

--Si la he tenido mucha, madre; por meses y meses he sufrido!

Cabesang Andang segua sus lamentaciones. Ella no le peda que se
declarase partidario de los frailes, ella tampoco lo era; bastante
saba que por uno bueno hay diez malos que sacan el dinero de los
pobres y envan al destierro  los ricos. Pero uno debe callarse,
sufrir y aguantar; no hay ms remedio. Y citaba tal y tal seor que
por mostrarse paciencioso y humilde, aunque en el fondo de su corazon
odiaba  sus amos, de criado que era de frailes lleg  ser promotor
fiscal; y tal fulano que ahora es rico y puede cometer atrocidades
seguro de tener padrinos que le amparen contra la ley, era no ms que
un pobre sacristan, humilde y obediente que se cas con una muchacha
bonita y de cuyo hijo fu padrino el cura...

Cabesang Andang continuaba con su letana de filipinos humildes y
pacienciosos como ella deca  iba  citar otros que por no serlo
se vean desterrados y perseguidos, cuando Plcido, con un pretesto
insignificante, dej la casa y se puso  vagar por las calles.

Recorri Sibakong, Tondo, San Nicolas, Santo Cristo, distraido y de
mal humor, sin hacer caso del sol ni de la hora y solamente cuando
sinti hambre y se apercibi que no tena dinero por haberlo dado todo
 fiestas y contribuciones, retirse  su casa. Esperaba no encontrar
 su madre por tener esta la costumbre, siempre que se iba  Manila,
de ir  esa hora  una vecina casa donde se juega panguingui. Pero
Cabesang Andang le aguardaba para comunicarle su proyecto: ella se
valdra del procurador de los agustinos para hacer entrar  su hijo
en gracia de los dominicos. Plcido le cort la palabra con un gesto.

--Primero me arrojo al mar, dijo: primero me hago tulisan que volver
 la Universidad.

Y como su madre empezase con su sermon sobre la paciencia y la
humildad, Plcido sin haber comido nada volvi  salir y se dirigi
 los muelles donde fondean los vapores.

La vista de un vapor que levaba anclas para Hong Kong le inspir una
idea: irse  Hong Kong, escaparse, hacerse rico all para hacer la
guerra  los frailes. La idea de Hong Kong despert en su mente un
recuerdo, una historia de frontales, ciriales y candelabros de plata
pura que la piedad de los fieles haba regalado  cierta iglesia;
los frailes, contaba un platero, haban mandado hacer en Hong Kong
otros frontales, ciriales y candelabros enteramente iguales, pero de
plata Ruolz, con que sustituyeron los verdaderos que mandaron acuar
y convertir en pesos mejicanos. Esta era la historia que l haba
oido y aunque no pasaba de cuento  murmuracion, su resentimiento lo
pintaba con caracter de verdad y le recordaba otros rasgos ms por el
estilo. El deseo de vivir libre y ciertos planes  medio bosquejar le
hicieron decidirse por la idea de ir  Hong Kong. Si all llevaban
las corporaciones todo su dinero, el comercio debe ir bien y podr
enriquecerse.

--Quiero ser libre, vivir libre!...

Sorprendile la noche vagando por San Fernando y no dando con ningun
marinero amigo decidi retirarse. Y como la noche era hermosa y la
luna brillaba en el cielo transformando la miserable ciudad en un
fantstico reino de las hadas, fuse  la feria. All estuvo yendo
y viniendo, recorriendo tiendas sin fijarse en los objetos, con el
pensamiento en Hong Kong para vivir libre, enriquecerse...

Iba ya  abandonar la feria cuando crey distinguir al joyero Simoun
despidindose de un estrangero y hablando ambos en ingls. Para
Plcido, todo idioma hablado en Filipinas por los europeos, que no
sea espaol, tiene que ser ingls: adems pesc nuestro joven la
palabra Hong Kong.

Si el joyero Simoun pudiese recomendarle  aquel estrangero que debe
partir para Hong Kong!

Plcido se detuvo. Conoca al joyero por haber estado en su pueblo
vendiendo alhajas. Le haba acompaado en un viaje y por cierto que
Simoun se haba mostrado muy amable con l contndole la vida que se
lleva en las Universidades de los paises libres: qu diferencia!

Plcido le sigui al joyero.

--Seor Simoun, seor Simoun! dijo.

El joyero en aquel momento se dispona  subir en un coche. As que
conoci  Plcido, se detuvo.

--Quisiera pedirle un favor..., decirle dos palabras! dijo.

Simoun hizo un gesto de impaciencia que Plcido en su turbacion no
observ. En pocas palabras cont el joven lo que le haba pasado
manifestando su deseo de irse  Hong Kong.

--Para qu? pregunt Simoun mirando  Plcido fijamente al travs
de sus anteojos azules.

Plcido no contest. Entonces Simoun levant la cabeza, sonrise con
su sonrisa silenciosa y fra y dijo  Plcido:

--Est bien! vngase usted conmigo. A la calzada del Iris! dijo
al cochero.

Simoun permaneci silencioso durante todo el trayecto como si estuviese
absorto en una meditacion muy importante. Plcido, esperando que le
hablase, no deca una sola palabra y se distraa mirando hcia los
muchos paseantes que aprovechaban la claridad de la luna. Jvenes,
parejas de novios, enamorados, seguidos detrs de cuidadosas madres
 tas; grupos de estudiantes en traje blanco que la luna haca
ms blanco todava; soldados medio borrachos, en coche, seis  la
vez, yendo de visita en algun templo de nipa dedicado  Citres;
nios que juegan al tubigan, chinos vendedores de caadulce, etc.,
llenaban el camino y adquiran  la luz resplandeciente de la luna
formas fantsticas y contornos ideales. En una casa tocaba la orquesta
valses y se vean algunas parejas bailar  la luz de los quinqus y
lmparas... qu mezquino espectculo le pareci comparado con el que
se ofreca en las calles! Y pensando en Hong Kong se pregunt si las
noches de luna en aquella isla seran tan poticas, tan dulcemente
melanclicas como las de Filipinas y una profunda tristeza se apoder
de su corazon.

Simoun mand parar el coche y ambos bajaron. En aquel momento pasaron 
su lado Isagani y Paulita Gomez murmurndose dulces palabras; detrs
vena doa Victorina con Juanito Pelaez que hablaba en voz alta,
gesticulaba mucho y se quedaba ms jorobado. Pelaez distraido no vi
 su excondiscpulo.

--Ese s que es feliz! murmur Plcido suspirando y mirando hcia
el grupo que se converta en vaporosas siluetas donde se distinguan
muy bien los brazos de Juanito que suban y bajaban como aspas de
un molino.

--Solo sirve para eso! murmuraba  su vez Simoun; buena est la
juventud!

A quin aludan Plcido y Simoun?

Este hizo una sea al joven, dejaron la calzada y se internaron en un
laberinto de senderos y pasadizos que formaban entre s varias casas;
tan pronto saltaban sobre piedras para evitar pequeas charcas, como se
bajaban para pasar un cerco mal hecho y peor conservado. Estrabase
Plcido de ver al rico joyero andar por semejantes sitios como si
estuviese muy familiarizado con ellos. Llegaron al fin  una especie
de solar grande donde haba una miserable casita aislada, rodeada de
platanares y palmeras de bonga. Algunos armazones de caa y pedazos
de tubos de idem hicieron sospechar  Plcido que se encontraban en
casa de algun castillero  pirotcnico.

Simoun toc  la ventana. Un hombre se asom.

--Ah! seor...

Y  baj inmediatamente.

--Est la plvora? pregunt Simoun.

--En sacos; espero los cartuchos.

--Y las bombas?

--Dispuestas.

--Muy bien, maestro... Esta misma noche parte usted y habla con el
teniente y el cabo...  inmediatamente prosigue usted su camino;
en Lamayan encontrar un hombre en una banka; dir usted Cabesa
y el contestar Tales. Es menester que est aqu maana. No hay
tiempo que perder!

Y le di algunas monedas de oro.

--Cmo, seor? pregunt el hombre en muy buen espaol; hay algo
nuevo?

--S, se har dentro de la semana que viene.

--La semana que viene! repiti el desconocido retrocediendo: los
arrabales no estn preparados; esperan que el General retire el
decreto... yo crea que se dejaba para la entrada de la cuaresma!

Simoun movi la cabeza.

--No tendremos necesidad de los arrabales, dijo: con la gente
de Cabesang Tales, los excarabineros y un regimiento tenemos
bastante. Ms tarde, acaso Mara Clara ya est muerta! Parta usted
en seguida!

El hombre desapareci.

Plcido haba asistido  esta corta entrevista y haba oido todo;
cuando crey comprender algo se le erizaron los cabellos y mir 
Simoun con ojos espantados. Simoun se sonrea.

--Le estraa  usted, dijo con su sonrisa fra, que ese indio tan
mal vestido hable bien el espaol? Era un maestro de escuela que se
empe en ensear el espaol  los nios y no par hasta que perdi su
destino y fu deportado por perturbador del orden pblico y por haber
sido amigo del desgraciado Ibarra. Le he sacado de la deportacion
donde se dedicaba  podar cocoteros y le he hecho pirotcnico.

Volvieron  la calzada y  pi se dirigieron hcia Trozo. Delante
de una casita de tabla, de aspecto alegre y aseado, haba un espaol
apoyado en una muleta, tomando la luz de la luna. Simoun se dirigi
 l; el espaol al verle procur levantarse ahogando un quejido.

--Estse usted preparado! le dijo Simoun.

--Siempre lo estoy!

--Para la semana que viene!

--Ya?

--Al primer caonazo!

Y se alej seguido de Plcido que empezaba  preguntarse si no soaba.

--Le sorprende  usted, preguntle Simoun, ver  un espaol tan
joven y tan maltratado por las enfermedades? Dos aos hace era tan
robusto como usted, pero sus enemigos consiguieron enviarle  Balbak
para trabajar en una compaa disciplinaria y all le tiene usted con
un reumatismo y un paludismo que le lleva  la tumba. El infeliz se
haba casado con una hermossima mujer...

Y como un coche vaco pasase, Simoun lo par y con Plcido se hizo
conducir  su casa de la calle de la Escolta. En aquel momento daban
los relojes de las iglesias las diez y media.

Dos horas despues, Plcido dejaba la casa del joyero, y grave y
meditabundo segua por la Escolta, ya casi desierta apesar de los cafs
que aun continuaban bastante animados. Alguno que otro coche pasaba
rpido produciendo un ruido infernal sobre el gastado adoquinado.

Simoun desde un aposento de su casa que da al Pasig, diriga la vista
hcia la ciudad murada, que se divisaba al travs de las ventanas
abiertas, con sus techos de hierro galvanizado que la luna haca
brillar y sus torres que se dibujaban tristes, pesadas, melanclicas,
en medio de la serena atmsfera de la noche. Simoun se haba quitado
las gafas azules, sus cabellos blancos como un marco de plata rodeaban
su enrgico semblante bronzeado, alumbrado vagamente por una lmpara,
cuya luz amenazaba apagarse por falta de petrleo. Simoun, preocupado
al parecer por un pensamiento, no se aperciba de que poco  poco la
lmpara agonizaba y vena la oscuridad.

--Dentro de algunos das, murmur, cuando por sus cuatro costados
arda esa ciudad maldita, albergue de la nulidad presumida y de
la impa esplotacion del ignorante y del desgraciado; cuando el
tumulto estalle en los arrabales y lance por las calles aterradas
mis turbas vengadoras, engendradas por la rapacidad y los errores,
entonces abrir los muros de tu prision, te arrancar de las garras
del fanatismo, y blanca paloma, sers el Fnix que renacer de las
candentes cenizas...! Una revolucion urdida por los hombres en la
oscuridad me ha arrancado de tu lado; otra revolucion me traer 
tus brazos, me resuscitar y esa luna, antes que llegue al apogeo de
su esplendor, iluminar las Filipinas, limpias de su repugnante basura!

Simoun se call de repente como entrecortado. Una voz preguntaba
en el interior de su conciencia si l, Simoun, no era parte
tambien de la basura de la maldita ciudad, acaso el fermento ms
deletreo. Y como los muertos que han de resuscitar al son de la
trompeta fatdica, mil fantasmas sangrientos, sombras desesperadas
de hombres asesinados, mujeres deshonradas, padres arrancados  sus
familias, vicios estimulados y fomentados, virtudes escarnecidas, se
levantaban ahora al eco de la misteriosa pregunta. Por primera vez en
su carrera criminal desde que en la Habana, por medio del vicio y del
soborno, quiso fabricarse un instrumento para ejecutar sus planes,
un hombre sin f, sin patriotismo y sin conciencia, por primera vez
en aquella vida se rebelaba algo dentro de s y protestaba contra sus
acciones. Simoun cerr los ojos, y se estuvo algun tiempo inmvil;
despues se pas la mano por la frente, se neg  mirar en su conciencia
y tuvo miedo. No, no quiso analizarse, le faltaba valor para volver
la vista hcia su pasado... Faltarle el valor precisamente cuando
el momento de obrar se acerca, faltarle la conviccion, la f en s
mismo! Y como los fantasmas de los infelices en cuya suerte haba l
influido, continuaban flotando delante de sus ojos como si saliesen de
la brillante superficie del ro  invadiesen el aposento gritndole
y tendindole las manos; como los reproches y los lamentos parecan
que llenaban el aire oyndose amenazas y acentos de venganza, apart
su vista de la ventana y acaso por primera vez empez  temblar.

--No, yo debo estar enfermo, yo no debo sentirme bien, murmur;
muchos son los que me odian, los que me atribuyen su desgracia, pero...

Y sintiendo que su frente arda, levantse y se acerc  la ventana
para aspirar la fresca brisa de la noche. A sus pis arrastraba el
Pasig su corriente de plata, en cuya superficie brillaban perezosas
las espumas, giraban, avanzaban y retrocedan siguiendo el curso de
los pequeos torbellinos. La ciudad se levantaba  la otra orilla
y sus negros muros aparecan fatdicos, misteriosos, perdiendo su
mezquindad  la luz de la luna que todo lo idealiza y embellece. Pero
Simoun volvi  estremecerse; le pareci ver delante de s el rostro
severo de su padre, muerto en la carcel pero muerto por hacer el bien,
y el rostro de otro hombre ms severo todava, de un hombre que haba
dado su vida por l porque crea que iba  procurar la regeneracion
de su pas.

--No, no puedo retroceder, exclam enjugando el sudor de su frente; la
obra est adelantada y su xito me va  justificar... Si me hubiese
portado como vosotros, habra sucumbido... Nada de idealismos,
nada de falaces teoras! Fuego y acero al cancer, castigo al vicio,
y rmpase despues si es malo el instrumento! No, yo he meditado bien,
pero ahora tengo fiebre... mi razon vacila... es natural... si he hecho
el mal es con el fin de hacer el bien y el fin salva los medios... Lo
que har es no esponerme...

Y con el cerebro trastornado acostse y trat de conciliar el sueo.

Plcido,  la maana siguiente, escuch sumiso y con la sonrisa en los
labios el sermon de su madre. Cuando sta le habl de sus proyectos
de interesar al procurador de los agustinos, no protest, ni se opuso,
antes al contrario, se ofreci l mismo  hacerlo para evitar molestias
 su madre  quien suplicaba se volviese cuanto antes  la provincia,
si pudiese ser, aquel mismo da. Cabesang Andang le pregunt por qu.

--Porque... porque si el procurador llega  saber que est usted aqu
no lo har sin que antes usted le envi un regalo y algunas misas.






XX

EL PONENTE


Cierto era lo que haba dicho el P. Irene: la cuestion de la
Academia de castellano, tanto tiempo ha presentada, se encaminaba
 una solucion. Don Custodio, el activo don Custodio, el ms activo
de todos los ponentes del mundo segun Ben Zayb, se ocupaba de ella y
pasaba los das leyendo el espediente y se dorma sin haber podido
decidir nada: se levantaba al siguiente, haca lo mismo, volva
 dormirse y as sucesivamente. Cunto trabajaba el pobre seor,
el ms activo de todos los ponentes del mundo! Quera salir del paso
dando gusto  todos,  los frailes, al alto empleado,  la condesa,
al P. Irene y  sus principios liberales. Haba consultado con el seor
Pasta y el seor Pasta le dej tonto y mareado despues de aconsejarle
un millon de cosas contradictorias  imposibles; consult con Pepay
la bailarina, y Pepay la bailarina que no saba de qu se trataba,
hizo una pirueta, le pidi veinticinco pesos para enterrar  una ta
suya que acababa de morir de repente por quinta vez,  por la quinta
ta que se le mora segun ms latas explicaciones, no sin exigir que
hiciese nombrar  un primo suyo que saba leer, escribir y tocar el
violin, auxiliar de fomento, cosas todas que estaban muy lejos para
inspirarle  D. Custodio una idea salvadora.

Dos das despues de los acontecimientos de la feria de Kiap, estaba
don Custodio trabajando como siempre, estudiando el espediente sin
encontrar la dichosa solucion. Pero mientras bosteza, tose, fuma y
piensa en las piruetas y en las piernas de Pepay, vamos  decir algo
sobre este elevado personaje para que se comprenda la razon por qu
el P. Sibyla le propuso para terminar tan espinoso asunto y por qu
le aceptaron los del otro partido.

D. Custodio de Salazar y Sanchez de Monteredondo (a) Buena Tinta,
perteneca  esa clase de la sociedad manilense que no da un paso
sin que los peridicos le cuelguen por delante y por detrs mil
apelativos llamndole infatigable, distinguido, celoso, activo,
profundo, inteligente, conocedor, acaudalado, etc., etc., como si
temiesen se confundiese con otro del mismo nombre y apellidos, haragan
 ignorante. Por lo dems, mal ninguno resultaba de ello y la previa
censura no se inquietaba. El Buena Tinta le vena de sus amistades con
Ben Zayb, cuando ste, en las dos ruidossimas polmicas que sostuvo
durante meses y semanas en las columnas de los peridicos sobre si
deba usarse sombrero hongo, de copa  salakot, y sobre si el plural
de caracter deba ser carcteres y no caractres, para robustecer sus
razones siempre se sala con cnstanos de buena tinta, lo sabemos
de buena tinta, etc., sabindose despues, porque en Manila se sabe
todo, que esta buena tinta no era otro que D. Custodio de Salazar y
Sanchez de Monteredondo.

Haba llegado  Manila muy joven, con un buen empleo que le permiti
casarse con una bella mestiza perteneciente  una de las familias ms
acaudaladas de la ciudad. Como tena talento natural, atrevimiento
y mucho aplomo, supo utilizar bien la sociedad en que se encontraba
y con el dinero de su esposa se dedic  negocios,  contratas con
el Gobierno y el Ayuntamiento, por lo que le hicieron concejal,
despues alcalde, vocal de la Sociedad Econmica de Amigos del Pais,
consejero de Administracion, presidente de la Junta Administrativa
de Obras Pas, vocal de la Junta de la Misericordia, consiliario
del Banco Espaol Filipino, etc., etc., etc. Y no se crea que estos
etcteras se parecen  los que se ponen de ordinario despues de una
larga enumeracion de ttulos: D. Custodio, con no haber visto nunca un
tratado de Higiene, lleg  ser hasta vice presidente de la Junta de
Sanidad de Manila, verdad es tambien que de los ocho que la componen
solo uno tena que ser mdico y este uno no poda ser l. Asimismo fu
vocal de la Junta Central de vacuna, compuesta de tres mdicos y siete
profanos entre estos el arzobispo y tres provinciales: fu hermano
de cofradas y archicofradas y como hemos visto, vocal ponente de
la Comision Superior de Instruccion Primaria que no suele funcionar,
razones todas ms que suficientes para que los peridicos le rodeen
de adjetivos as cuando viaja como cuando estornuda.

Apesar de tantos cargos, D. Custodio no era de los que se dorman en
las sesiones contentndose, como los diputados tmidos y perezosos,
con votar con la mayora. Al reves de muchos reyes de Europa que
llevan el ttulo de rey de Jerusalem, D. Custodio haca valer su
dignidad y sacaba de ella todo el jugo que poda, frunca mucho
las cejas, ahuecaba la voz, tosa las palabras y muchas veces
haca el gasto de toda la sesion contando un cuento, presentando
un proyecto  combatiendo  un colega que se le haba puesto entre
ceja y ceja. Apesar de no pasar de los cuarenta, hablaba entonces
de obrar con tiento, de dejar que se maduren las brevas, y aada
por lo bajo, melones!--de pensar mucho y andar con pis de plomo,
de la necesidad de conocer el pais, porque las condiciones del indio,
porque el prestigio del nombre espaol, porque primero eran espaoles,
porque la religion, etc., etc. Todava se acuerdan en Manila de un
discurso suyo cuando por primera vez se propuso el alumbrado de
petrleo para sustituir el antiguo de aceite de coco: en aquella
inovacion, lejos de ver la muerte de la industria del aceite, solo
columbr los intereses de cierto concejal--porque D. Custodio ve
largo--y opsose con todos los ecos de su cavidad bucal, encontrando
el proyecto demasiado prematuro y vaticinando grandes cataclismos
sociales. No menos clebre fu su oposicion  una serenata sentimental
que algunos queran dar  cierto gobernador en la vspera de su marcha:
D. Custodio que estaba algo resentido por no recordamos qu desaires,
supo insinuar la especie de si el astro veniente era enemigo mortal
del saliente, con lo que atemorizados los de la serenata, desistieron.

Un da, aconsejronle volver  Espaa para curarse de una enfermedad
del hgado, y los peridicos hablaron de l como de un Anteo que
necesitaba poner el pi en la Madre Patria para recobrar nuevas
fuerzas; mas el Anteo manileo se encontr en medio de la Corte,
tamaito  insignificante. All l no era nadie y echaba de menos sus
queridos adjetivos. No alternaba con las primeras fortunas, su carencia
de instruccion no le daba mucha importancia en los centros cientficos
y academias, y por su atraso y su poltica de convento, sala alelado
de los crculos, disgustado, contrariado, no sacando nada en claro
sino que all se pegan sablazos y se juega fuerte. Echaba de menos los
sumisos criados de Manila que le sufran todas las impertinencias,
y entonces le parecan preferibles; como el invierno le pusiese
entre un brasero y una pulmona, suspiraba por el invierno de Manila
en que le bastaba una sencilla bufanda; en el verano le faltaba la
silla perezoza y el bat para abanicarle, en suma, en Madrid era l
uno de tantos y, apesar de sus brillantes, le tomaron una vez por un
paleto que no sabe andar, y otra por un indiano, se burlaron de sus
aprensiones y le tomaron el pelo descaradamente unos sablacistas por
l desairados. Disgustado de los conservadores que no hacan gran caso
de sus consejos, como de los gorristas que le chupaban los bolsillos,
declarse del partido liberal volvindose antes del ao  Filipinas,
si no curado del hgado, trastornado por completo en sus ideas.

Los once meses de vida de Corte, pasados entre polticos de caf,
cesantes casi todos; los varios discursos pescados aqu y all, tal 
cual artculo de oposicion y toda aquella vida poltica que se absorbe
en la atmsfera, desde la peluquera entre el tijeretazo y tijeretazo
del Fgaro que espone su programa hasta los banquetes donde se diluyen
en periodos armoniosos y frases de efecto los distintos matices
de credos polticos, las divergencias, disidencias, descontentos,
etc., todo aquello,  medida que se alejaba de Europa renaca con
potente svia dentro de s como semilla sembrada, impedida de crecer
por espeso follaje, y de tal manera que, cuando fonde en Manila,
se creyo que la iba  regenerar y en efecto tena los ms santos
propsitos y los ms puros ideales.

A los primeros meses de su llegada, todo era hablar de la Corte, de
sus buenos amigos, de ministro Tal, ex-ministro Cual, disputado C,
escritor B; no haba suceso poltico, escndalo cortesano del que
no estuviese enterado en sus mnimos detalles, ni hombre pblico de
cuya vida privada no conociese los secretos, ni poda suceder nada
que no hubiese previsto ni dictarse una reforma sobre la que no le
hubiesen pedido anticipadamente su parecer y todo esto sazonado de
ataques  los conservadores, con verdadera indignacion, de apologas
del partido liberal, de un cuentecillo aqu, una frase all de un
grande hombre, intercalando como quien no quiere ofrecimientos y
empleos que rehus por no deber nada  los conservadores. Tal era su
ardor en aquellos primeros das que varios de los contertulios en el
almacen de comestibles que visitaba de vez en cuando, se afiliaron al
partido liberal y liberales se llamaron D. Eulogio Badana, sargento
retirado de carabineros, el honrado Armenda piloto y furibundo
carlista, D. Eusebio Picote, vista de aduanas y D. Bonifacio Tacon,
zapatero y talabartero.

Sin embargo, los entusiasmos, faltos de aliciente y de lucha, fueron
apagndose poco  poco. El no lea los peridicos que le llegaban
de Espaa, porque venan por paquetes y su vista le haca bostezar;
las ideas que haba pescado, usadas todas, necesitaban refuerzo y no
estaban all sus oradores: y aunque en los casinos de Manila se juega
bastante y se dan bastantes sablazos como en los crculos de la Corte,
no se permita en aquellos sin embargo ningun discurso para alimentar
los ideales polticos. Pero D. Custodio no era perezoso, haca algo ms
que querer, obraba, y previendo que iba  dejar sus huesos en Filipinas
y juzgando que aquel pais era su propia esfera, dedicle sus cuidados
y crey liberalizarlo imaginando una serie de reformas y proyectos
 cual ms peregrinos. El fu quien habiendo oido en Madrid hablar
del pavimento de madera de las calles de Paris, entonces no adoptado
todava en Espaa, propuso su aplicacion en Manila, estendiendo por
las calles tablas, clavadas al modo como se ven en las casas; l
fu quien lamentando los accidentes de los vehculos de dos ruedas,
para prevenirlos discurri que les pusieran lo menos tres; l fu
tambien quien, mientras actuaba de Vice Presidente de la Junta de
Sanidad, le di por fumigarlo todo, hasta los telegramas que venan
de los puntos infestados; l fu tambien quien, compadeciendo por una
parte  los presidiarios que trabajaban en medio del sol y queriendo
por otra ahorrar al gobierno de gastar en el equipo de los mismos,
propuso vestirlos con un simple taparrabo y hacerlos trabajar, en vez
de da, de noche. Se estraaba, se pona furioso de que sus proyectos
encontrasen impugnadores, pero se consolaba con pensar que el hombre
que vale enemigos tiene, y se vengaba atacando y desechando cuantos
proyectos buenos  malos presentaban los dems.

Como se picaba de liberal, al preguntarle qu pensaba de los indios
sola responder, como quien hace un gran favor, que eran aptos para
trabajos mecnicos y artes imitativas (l quera decir msica,
pintura y escultura), y aada su vieja coletilla de que para
conocerlos hay que contar muchos, muchos aos de pais. Sin embargo
si oa que alguno sobresala en algo que no sea trabajo mecnico 
arte imitativa, en qumica, medicina  filosofa por ejemplo, deca:
Psh! promeeete... no es tonto! y estaba l seguro de que mucho de
sangre espaola deba correr por las venas del tal indio, y si no lo
poda encontrar apesar de toda su buena voluntad, buscaba entonces un
orgen japons: empezaba  la sazon la moda de atribuir  japoneses y
 rabes, cuanto de bueno los filipinos podan tener. Para D. Custodio
el kundiman, el balitaw, el kumingtang eran msicas rabes como el
alfabeto de los antiguos filipinos y de ello estaba seguro aunque no
conoca ni el rabe ni haba visto aquel alfabeto.

--Arabe y del ms puro rabe! deca  Ben Zayb en tono que no admita
rplica; cuando ms, chino.

Y aada con un guio significativo:

--Nada puede ser, nada debe ser original de los indios, entiende
usted? Yo les quiero mucho, pero nada se les debe alabar pues cobran
nimos y se hacen unos desgraciados.

Otras veces deca:

--Yo amo con delirio  los indios, me he constituido en su padre y
defensor, pero es menester que cada cosa est en su lugar. Unos han
nacido para mandar y otros para servir; claro est que esta verdad no
se puede decir en voz alta, pero se la practica sin muchas palabras. Y
mire usted, el juego consiste en pequeeces. Cuando usted quiera
sujetar al pueblo, convnzale de que est sujeto; el primer da se va 
reir, el segundo va  protestar; el tercero dudar y el cuarto estar
convencido. Para tener al filipino docil, hay que repetirle da por
da de que lo es y convencerle de que es incapaz. De qu le servira
por lo dems creer en otra cosa si se hace desgraciado? Crame usted,
es un acto de caridad mantener cada ser en la posicion en que est;
all est el orden, la armona. En eso consiste la ciencia de gobernar.

Don Custodio refirindose  su poltica ya no se contentaba con la
palabra arte. Y al decir gobernar estenda la mano bajndola  la
altura de un hombre de rodillas, encorvado.

En cuanto  ideas religiosas precibase de ser catlico, muy catlico,
ah! la catlica Espaa, la tierra de Mara Santsima... un liberal
puede y debe ser catlico donde los retrgrados se las echan de
dioses  santos cuando menos, as como un mulato pasa por blanco
en la Cafrera. Con todo, coma carne durante la Cuaresma menos el
Viernes santo, no se confesaba jams, no crea en milagros ni en la
infalibilidad del Papa y cuando oa misa, se iba  la de diez  
la ms corta, la misa de tropa. Aunque en Madrid haba hablado mal
de las rdenes religiosas para no desentonar del medio en que viva,
considerndolas como anacronismos, echando pestes contra la Inquisicion
y contando tal  cual cuento verde  chusco donde bailaban los hbitos
, mejor, frailes sin hbitos, sin embargo al hablar de Filipinas
que deben regirse por leyes especiales, tosa, lanzaba una mirada de
inteligencia, volva  estender la mano  la altura misteriosa,

--Los frailes son necesarios, son un mal necesario, deca.

Y se enfureca cuando algun indio se atreva  dudar de los milagros
 no crea en el Papa. Todos los tormentos de la Inquisicion eran
pocos para castigar semejante osada.

Si le objetaban que dominar  vivir  costa de la ignorancia tiene
otro nombre algo mal sonante y lo castigan las leyes cuando el culpable
es uno solo, l se sala citando otras colonias.

--Nosotros, deca con su voz de ceremonia, podemos hablar muy alto! No
somos como los ingleses y holandeses que para mantener en la sumision
 los pueblos se sirven del ltigo... disponemos de otros medios ms
suaves, ms seguros; el saludable influjo de los frailes es superior
al ltigo ingls...

Esta frase suya hizo fortuna y por mucho tiempo Ben Zayb la estuvo
parafraseando y con l toda Manila, la Manila pensadora la celebraba;
la frase lleg hasta la Corte, se cit en el Parlamento como de un
liberal de larga residencia, etc., etc., etc., y los frailes, honrados
con la comparacion y viendo afianzado su prestigio, le enviaron arrobas
de chocolate, regalo que devolvi el incorruptible don Custodio, cuya
virtud inmediatamente Ben Zayb compar con la de Epaminondas. Y sin
embargo, el Epaminondas moderno se serva del bejuco en sus momentos
de clera, y lo aconsejaba!

Por aquellos das, los conventos, temerosos de que diese un dictamen
favorable  la peticion de los estudiantes, repetan sus regalos y la
tarde en que le vemos, estaba ms apurado que nunca, pues su fama de
activo se comprometa. Haca ms de quince das que tena en su poder
el espediente y aquella maana el alto empleado, despues de alabar su
celo, le haba preguntado por su dictmen. Don Custodio respondi con
misteriosa gravedad dando  entender que ya lo tena terminado: el alto
empleado se sonri, y aquella sonrisa ahora le molestaba y persegua.

Como decamos, bostezaba y bostezaba. En uno de esos movimientos,
en el momento en que abra los ojos y cerraba la boca, se fij en
la larga fila de cartapacios rojos, colocados rdenadamente en el
magnfico estante de kamagon: al dorso de cada uno se lea en grandes
letras: PROYECTOS.

Olvidse por un momento de sus apuros y de las piruetas de Pepay,
para considerar que todo lo que se contena en aquellas gradas haba
salido de su fecunda cabeza en momentos de inspiracion! Cuntas ideas
originales, cuntos pensamientos sublimes, cuantos medios salvadores
de la miseria filipina! La inmortalidad y la gratitud del pas las
tena l seguras!

Como un viejo pisaverde que descubre mohoso paquete de epstolas
amatorias, levantse don Custodio y se acerc al estante. El primer
cartapacio, grueso, hinchado, pletrico, llevaba por ttulo PROYECTOS
en proyecto.

--No! murmur; hay cosas excelentes, pero se necesitara un ao
para releerlos.

El segundo, bastante voluminoso tambien, se titulaba PROYECTOS en
estudio.--No, tampoco!

Luego venan los PROYECTOS en maduracion... PROYECTOS
presentados... PROYECTOS rechazados... PROYECTOS aprobados...
PROYECTOS suspendidos... Estos ltimos cartapacios contenan poca
cosa, pero el ltimo menos todava, el de los PROYECTOS en ejecucion.

Don Custodio arrug la nariz, qu tendr? Ya se haba olvidado de
lo que poda haber dentro. Una hoja de papel amarillento asomaba por
entre las dos cubiertas, como si el cartapacio le sacase la lengua.

Saclo del armario y lo abri: era el famoso proyecto de la Escuela
de Artes y Oficios.

--Qu diantre! exclam; pero si se han encargado de ella los Padres
Agustinos...

De repente se di una palmada en la frente, arque las cejas, una
espresion de triunfo se pint en su semblante.

--Si tengo la solucion, c--! exclam lanzando una palabrota que no
era el eureka pero que principia por donde este termina; mi dictamen
est hecho.

Y repitiendo cinco  seis veces su peculiar eureka que azotaba el
aire como alegres latigazos, radiante de jbilo se dirigi  su mesa
y empez  emborronar cuartillas.






XXI

TIPOS MANILENSES


Aquella noche haba gran funcion en el Teatro de Variedades.

La compaa de opereta francesa de Mr. Jouy daba su primera
funcion, Les Cloches de Corneville,  iba  exhibir  los ojos del
pblico su selecta troupe cuya fama venan hace das pregonando los
peridicos. Decase que entre las actrices las haba de hermossima
voz, pero de figura ms hermosa todava y si se ha de dar crdito
 murmuraciones, su amabilidad estaba por encima aun de la voz y
la figura.

A las siete y media de la noche ya no haba billetes ni para el mismo
P. Salv moribundo, y los de la entrada general formaban largusima
cola. En la taquilla hubo alborotos, peleas, se habl de filibusterismo
y de razas, pero no por eso se consiguieron billetes. A las ocho menos
cuarto se ofrecan precios fabulosos por un asiento de anfiteatro. El
aspecto del edificio profusamente iluminado, con plantas y flores
en todas las puertas, volva locos  los que llegaban tarde, que se
deshacan en exclamaciones y manotadas. Una numerosa muchedumbre herva
en los alrededores mirando envidiosa  los que entraban,  los que
llegaban temprano temerosos de perder sus asientos: risas, murmullos,
espectacion saludaban  los recien venidos, que desconsolados, se
reunan con los curiosos y, ya que no podan entrar, se contentaban
con ver  los que entraban.

Haba sin embargo uno que pareca estrao  tanto afan,  tanta
curiosidad. Era un hombre alto, delgado, que andaba lentamente
arrastrando una pierna rgida. Vesta una miserable americana color
de caf y un pantalon  cuadros, sucio, que modelaba sus miembros
huesudos y delgados. Un sombrero hongo, artstico  fuerza de estar
roto, le cubra la enorme cabeza dejando escapar unos cabellos de
un gris sucio, casi rubio, largos, ensortijados en sus estremos como
melenas de poeta. Lo ms notable en aquel hombre no era ni su traje,
ni su cara europea sin barba ni bigote, sino el color rojo subido de
ella, color que le ha valido el apodo de Camaroncocido bajo el cual se
le conoca. Era un tipo raro: perteneciente  una distinguida familia,
viva como un vagabundo, un mendigo; de raza espaola, se burlaba del
prestigio que azotaba indiferente con sus harapos; pasaba por ser una
especie de reprter y  la verdad sus ojos grises tanto saltones,
tanto fros y meditabundos, aparecan all donde aconteca algo
publicable. Su manera de vivir era un misterio para muchos, nadie saba
donde coma ni donde dorma: acaso tuviera un tonel en alguna parte.

Camaroncocido no tena en aquel momento la espresion dura  indiferente
de costumbre: algo como una alegre compasion se reflejaba en su
mirada. Un hombrecillo, un vejete diminuto le abord alegremente.

--Amigoo! dijo con voz ronca, quebrada como de rana, enseando unos
cuantos pesos mejicanos.

Camaroncocido vi los pesos, y se encogi de hombros. A l qu
le importaban?

El vejete era su digno contraste. Pequeito, muy pequeito, cubierta
la cabeza con un sombrero de copa trasformado en colosal gusano de
pelo, se perda en una levita ancha, muy ancha y demasiado larga,
para encontrarse al fin de unos pantalones demasiado cortos que no
pasaban de las pantorillas. Su cuerpo pareca el abuelo y las piernas
los nietos, mientras que por sus zapatos tena aire de navegar en
seco--eran unos enormes zapatos de marinero que protestaban del
gusano de pelo de su cabeza con la energa de un convento al lado de
una Exposicion Universal! Si Camaroncocido era rojo, l era moreno;
aquel siendo de raza espaola no gastaba un pelo en la cara, l,
indio, tena perilla y bigotes blancos, largos y ralos. Su mirada
era viva. Llambanle To Quico y, como su amigo, viva igualmente de
la publicidad: pregonaba las funciones y pegaba los carteles de los
teatros. Era quizs el nico filipino que poda impunemente ir  pi
con chistera y levita as como su amigo era el primer espaol que se
rea del prestigio de la raza.

--El francs me ha gratificado muy bien, deca sonriendo y enseando
sus pintorescas encas que parecan una calle despues de un incendio;
he tenido buena mano en pegar los carteles!

Camaroncocido volvi  encogerse de hombros.

--Quico, repuso en voz cavernosa, si te dan seis pesos por tu trabajo,
cunto darn  los frailes?

To Quico con su vivacidad natural levant la cabeza.

--A los frailes?

--Porque has de saber, continu Camaroncocido, que toda esta entrada
se la han procurado los conventos!

En efecto, los frailes,  su cabeza el P. Salv y algunos seglares
capitaneados por don Custodio se haban opuesto  semejantes
representaciones. El P. Camorra que no poda asistir encandilaba los
ojos y se le haca agua la boca, pero disputaba con Ben Zayb que se
defenda dbilmente pensando en los billetes gratis que le enviara
la empresa. Don Custodio le hablaba de moralidad, de religion, buenas
costumbres, etc.

--Pero, balbuceaba el escritor, si nuestros sainetes con sus juegos
de palabras y frases de doble sentido...

--Pero al menos estn en castellano! le interrumpa gritando el
virtuoso concejal, encendido en santa ira; obscenidades en francs,
hombre, Ben Zayb, por Dios, en francs!!! Eso, jams!

Y deca el jams! con la energa de un triple Guzman  quien le
amenazasen con matarle una pulga si no renda veinte Tarifas. El
P. Irene naturalmente opinaba como don Custodio y execraba las operetas
francesas. Pfui! El haba estado en Paris, pero ni siquiera pis la
acera de un teatro, Dios le libre!

Pero la opereta francesa contaba tambien con numerosos partidarios. Los
oficiales del ejrcito y de la armada, entre ellos los ayudantes
del General, los empleados y muchos grandes seores estaban
ansiosos de saborear las delicadezas de la lengua francesa en
boca de legtimas parisiennes; unanse  ellos los que viajaron
por las M. M. y chapurrearon un poco de francs durante el viaje,
los que visitaron Paris y todos aquellos que queran echrselas de
ilustrados. Dividise pues la sociedad de Manila en dos bandos, en
operetistas y antioperetistas que se vieron secundados por seoras de
edad, esposas celosas y cuidadosas del amor de sus maridos, y por las
que tenan novio, mientras las libres y las hermosas se declaraban
furibundas operetistas. Cruzronse volantes y ms volantes, hubo
idas y venidas, dimes y diretes, juntas, cabildeos, discusiones, se
habl hasta de insurreccion de los indios, de la indolencia, de razas
inferiores y superiores, de prestigio y otras patraas y despues de
mucha chismografa y mucha murmuracion, el permiso se concedi y el
P. Salv public una pastoral que nadie ley sino el corrector de la
imprenta. Djose que si el General ri con la condesa, si sta pasaba
su vida en las quintas de placer, si S. E. estaba aburrido, si el
consul francs, si hubo regalos, etc., etc., y danzaron muchos nombres,
el del chino Quiroga, el de Simoun y hasta los de muchas actrices.

Gracias  este escandaloso preliminar, la impaciencia de la gente
se haba excitado y desde la vspera, que fu cuando llegaron los
artistas, solo se hablaba de ir  la primera funcion. Desde que
aparecieron los carteles rojos anunciando Les Cloches de Corneville,
los vencedores se aprestaron  celebrar la victoria. En algunas
oficinas, en vez de pasar el tiempo leyendo peridicos y charlando,
se devoraba el argumento, se lean novelitas francesas y muchos se
iban al escusado y fingan una disentera para consultar  ocultis el
diccionario de bolsillo. No por esto los espedientes se despachaban,
al contrario, hacan volver  todos para el da siguiente, pero el
pblico no poda enfadarse: se encontraba con unos empleados muy
corteses, muy afables, que les reciban y les despedan con grandes
saludos  la francesa: los empleados se ensayaban, sacudan el polvo 
su francs y se lanzaban mtuamente oui monesiour, s'il bous plat, y
pardon!  cada paso que era una felicidad verlos y oirlos. Pero, donde
la animacion y el apuro llegaban  su colmo, era en las redacciones
de los peridicos; Ben Zayb, sealado como crtico y traductor del
argumento, temblaba como una pobre mujer acusada de brujera; vea
 sus enemigos cazndole los gazapos y echndole en cara sus pocos
conocimientos de francs. Cuando la Opera italiana,  poco ms tuvo un
desafo por haber traducido mal el nombre de un tenor; cierto envidioso
public inmediatamente un artculo tratndole de ignorante,  l, la
primera cabeza pensante de Filipinas! Lo que le cost defenderse! lo
menos tuvo que escribir diez y siete artculos y consultar quince
diccionarios. Y con este saludable recuerdo el pobre Ben Zayb andaba
con manos de plomo, no decimos pis, por no imitar al P. Camorra que
tena la avilantez de reprocharle que escriba con ellos.

--Ves, Quico? deca Camaroncocido; la mitad de la gente viene por
haber dicho los frailes que no vengan, es una especie de manifestacion;
y la otra mitad, porque se dicen: los frailes lo prohiben? pues
debe ser instructivo. Creme, Quico, tus programas eran buenos,
pero mejor es aun el Pastoral y cuenta que no lo ha leido nadie!

--Amigoo, crees tuu, pregunt inquieto To Quico, que por la
competencia del P. Salv en adelanteee se supriman mis funcioneees?

--Puede ser, Quico, puede ser, contest el otro mirando hcia el cielo;
el dinero empieza  escasear...

To Quico murmur algunas palabras y frases incoherentes; si los
frailes se meten  anunciadores de teatro se metera l  fraile. Y
despues de despedirse de su amigoo se alej tosiendo y haciendo
sonar sus pesos.

Camaroncocido, con su indiferencia de siempre, continu vagando ac
y all con la pierna  cuestas y la mirada soolienta. Llamaron su
atencion la llegada de fisonomas estraas, venidas de diferentes
puntos y que se hacan seas con un guio, una tos. Era la primera
vez que vea en tales ocasiones semejantes individuos, l que conoca
todas las facciones de la ciudad y todas sus fisonomas. Hombres
de cara oscura, espaldas dobladas, aire inquieto y poco seguro, y
mal disfrazados como si se pusiesen por primera vez la americana. En
vez de colocarse en primera fila para ver  sus anchas, se ocultaban
entre sombras como evitando ser vistos.

--Polica secreta  ladrones? se pregunt Camaroncocido 
inmediatamente se encogi de hombros; y  m qu me importa?

El farol de un coche que vena alumbr al pasar un grupo de cuatro
 cinco de estos individuos hablando con uno que pareca militar.

--Polica secreta! ser un nuevo cuerpo! murmur.

E hizo su gesto de indiferencia. Pero luego observ que el militar,
despues de comunicar con dos  tres grupos ms, se dirigi 
un coche y pareci hablar animadamente con una persona en el
interior. Camaroncocido di algunos pasos y sin sorprenderse crey
reconocer al joyero Simoun, mientras sus finos oidos perciban este
corto dilogo:

--La seal es un disparo!

--S, seor.

--No tengais cuidado; es el General quien lo manda; pero cuidado con
decirlo. Si segus mis instrucciones, ascendereis.

--S, seor.

--Con que estad dispuestos!

La voz call y segundos despues el coche se puso en
movimiento. Camaroncocido, apesar de toda su indiferencia, no pudo
menos de murmurar:

--Algo se trama... atencion  los bolsillos!

Y sintiendo que los suyos estaban vacos, volvi  encogerse de
hombros. A l qu le importaba que el cielo se venga abajo?

Y sigui haciendo su ronda. Al pasar delante de dos personas que
hablaban, pesc lo que una de ellas que tena en el cuello rosarios
y escapularios, deca en tagalo:

--Los frailes pueden ms que el General, no seas simple; ste se va y
ellos se quedan. Con tal de que lo hagamos bien nos haremos ricos. La
seal es un disparo!

--Aprieta, aprieta! murmur Camaroncocido sacudiendo los dedos; all
el General, y aqu el P. Salv... Pobre pas!... Pero y  m qu?

Y encogindose de hombros y escupiendo al mismo tiempo, dos gestos
que en l eran los signos de la mayor indiferencia, prosigui sus
observaciones...

Entretanto los coches venan en vertiginosa carrera, paraban de firme
junto  la puerta depositando  la alta sociedad. Las seoras, aunque
apenas haca fresco, lucan magnficos chales, paolones de seda y
hasta abrigos de entretiempo; los caballeros, los que iban de frac
y corbata blanca usaban gabanes, otros los llevaban sobre el brazo
luciendo los ricos forros de seda.

En el grupo de los curiosos, Tadeo, el que se enferma en el momento
que baja el catedrtico, acompaa  su compoblano, el novato que vimos
sufrir las consecuencias del mal leido principio de Descartes. El
novato es muy curioso y pregunton y Tadeo se aprovecha de su ingenuidad
 inexperiencia para contarle las ms estupendas mentiras. Cada
espaol que le saluda, sea empleadillo  dependiente de almacen, lo
endosa  su compaero por gefe de negociado, marqus, conde, etc.;
en cambio si pasaba de largo, psh! es un bago, un oficial quinto,
un cualquiera! Y cuando faltaban los pedestres para mantener la
admiracion del novato, abusaba de los coches flamantes que desfilaban;
Tadeo saludaba graciosamente, haca un signo amistoso con la mano,
soltaba un adios! familiar.

--Quin es?

--Bah! contesta negligentemente; el Gobernador Civil... el Segundo
Cabo... el magistrado tal... la seora de... amigos mos!

El novato le admira, le escucha embobado y se cuida muy bien de
ponerse  la izquierda. Tadeo, amigo de magistrados y gobernadores!!

Y Tadeo le nombra todas las personas que llegan y, cuando no las
conoce, inventa apellidos, historias y da curiosos detalles.

--Ves? aquel seor alto, de patillas negras, algo bizco, vestido de
negro, es el magistrado A, amigo ntimo de la seora del coronel B;
un da,  no ser por m, se pegan los dos... adios! Mira, all llega
precisamente el coronel, si se pegarn?

El novato suspende la respiracion, pero el coronel y el magistrado se
estrechan afectuosamente la mano; el militar, un solteron, pregunta
por la salud de la familia, etc.

--Ah! gracias  Dios! respira Tadeo; soy yo quien les ha hecho
amigos.

--Si les pidiera usted que nos hagan entrar? pregunta con cierta
timidez el novato.

--Ca, hombre! Yo no pido nunca favores! dice magestuosamente Tadeo;
los hago, pero desinteresadamente.

El novato se muerde los labios, se queda ms pequeo y pone una
respetuosa distancia entre l y su compoblano.

Tadeo contina:

--Ese es el msico H... ese, el abogado J que pronunci como suyo un
discurso impreso en todos los libros y los oyentes le felicitaron y le
admiraron... El mdico K, ese que baja de un hansomcab, especialista
en enfermedades de nios, por eso le llaman Herodes... Ese es el
banquero L que solo sabe hablar de sus riquezas y almorranas... el
poeta M que siempre trata de estrellas y del ms all... All va la
hermosa seora de N que el Padre Q suele encontrar cuando visita al
marido ausente... el comerciante judo P que se vino con mil pesos
y ahora es millonario... Aquel de larga barba es el mdico R que se
ha hecho rico creando enfermos mejor que sanando...

--Creando enfermos?

--S, hombre, en el reconocimiento de los quintos... atencion! Ese
respetable seor que va elegantemente vestido, no es mdico pero es un
homepata sui generis: profesa en todo el similia similibus... El joven
capitan de caballera que con l va, es su discpulo predilecto... Ese
con traje claro que tiene el sombrero ladeado, es el empleado S cuya
mxima es no ser nunca corts y se le llevan los diablos cuando ve
un sombrero puesto sobre la cabeza de otro; dicen que lo hace para
arruinar  los sombrereros alemanes... Ese que llega con su familia
es el riqusimo comerciante C que tiene ms de cien mil pesos de
renta... pero qu me dirs si te cuento que me debe todava cuatro
pesos cinco reales y doce cuartos? Pero quin cobra  un ricacho
como se?

--Le debe  usted ese seor?

--Claro! un da le saqu de un gran apuro, era un viernes  las
siete y media de la maana, todava me acuerdo, yo no haba almorzado
aun... Esa seora que va seguida de una vieja es la clebre Pepay la
bailarina... ahora ya no baila desde que un seor muy catlico y muy
amigo mo... se lo ha prohibido... All est el calavera Z, de seguro
que va tras la Pepay para hacerla bailar otra vez. Es un buen chico,
muy amigo mo; no tiene ms defectos que uno: es mestizo chino y se
llama  s mismo espaol peninsular. Sst! Mira  Ben Zayb, ese con
cara de fraile, que lleva un lapiz en la mano y un rollo de papeles,
es el gran escritor Ben Zayb, muy amigo mo; tiene un talento!...

--Diga usted, y ese hombrecillo con patillas blancas...

--Ese es el que ha hecho de sus hijas, esas tres pequeitas, auxiliares
de Fomento para que cobren en la nmina... Es un seor muy listo, pero
muy listo! comete una tontera y la atribuye...  los otros, se compra
camisas y las paga la Caja. Es listo, muy listo, pero muy listo!...

Tadeo se interrumpe.

--Y ese seor que tiene aire feroz y mira  todo el mundo por encima
de sus hombros? pregunta el novato sealando  un hombre que mueve
la cabeza con altanera.

Pero Tadeo no responde, alarga el cuello para ver  la Paulita Gomez
que vena en compaa de una amiga, de doa Victorina y de Juanito
Pelaez. Este les haba regalado un palco y estaba ms jorobado
que nunca.

Llegan coches y ms coches, llegan los artistas que entran por otra
puerta seguidos de amigos y admiradores.

Paulita ya ha entrado y contina Tadeo:

--Esas son las sobrinas del rico Capitan D, esas que vienen en el
land; ves qu hermosas y sanas son? Pues dentro de algunos aos
estarn muertas  locas... Capitan D se opone  que se casen,
y la locura del to se manifiesta en las sobrinas... Esa es la
seorita E, la riqusima heredera que se disputan el mundo y los
conventos... Calla!  ese le conozco! el P. Irene, disfrazado,
con bigotes postizos! Le conozco en su nariz! Y l que tanto
se opona!...

El novato mira escandalizado y v desaparecer una bien cortada levita
detrs de un grupo de seoras.

--Las tres Parcas! continu Tadeo viendo llegar  tres seoritas
secas, huesudas, ojerosas, de ancha boca y cursimente vestidas. Se
llaman...

--Atropos?... balbucea el novato que quera hacer ver que tambien
saba algo, al menos la mitologa...

--No, hombre, se llaman las seoritas de Balcon, criticonas,
solteronas, pelonas... Profesan odio  todo,  hombres  mujeres,
 nios... Pero, mira como al lado del mal Dios pone el remedio,
solo que  veces llega tarde. Detrs de las Parcas, espanto de la
ciudad, vienen esos tres, el orgullo de sus amigos, entre los cuales
yo me cuento. Ese joven delgado, de ojos saltones, algo encorvado,
que gesticula con viveza porque no ha encontrado billetes, es el
qumico S, autor de muchos estudios y trabajos cientficos, premiados
algunos y notables todos; los espaoles dicen de l que promete,
promete... El que le apacigua con su risa volteriana es el poeta T,
chico de talento, muy amigo mo, y por lo mismo que es de talento
ha arrojado la pluma. El otro que les propone entrar con los actores
por la otra puerta, es el joven mdico U, que ha hecho muchas buenas
curas; de l dicen tambien que promete... no est tan jorobado como
Pelaez pero es ms listo y ms pillo todava. Yo creo que  la misma
Muerte le cuenta bolas y la marea.

--Y ese seor moreno con bigotes como cerdas?

--Ah! es el comerciante F que todo lo falsifica hasta su f de
bautismo; quiere  toda costa ser mestizo espaol y hace heroicos
esfuerzos por olvidarse de su idioma.

--Pero, sus hijas son muy blancas...

--S, razon por la cual el arroz ha subido de precio y eso que no
comen ms que pan!

El novato no comprende la relacion del precio del arroz con la blancura
de aquellas muchachas.

--All est el novio, ese joven delgado, moreno, de andar lento que
las sigue y que saluda con aire protector  los tres amigos que se
ren de l... es un mrtir de sus ideas, de su consecuencia.

El novato se sinti lleno de admiracion y respeto hcia el joven.

--Tiene aire de tonto, pero lo es, continu Tadeo; naci en San Pedro
Makati y se priva de muchas cosas; no se baa casi nunca ni prueba el
cerdo porque, segun l, los espaoles no lo comen y por la misma razon
no toma arroz, pats ni bagoon, aunque se muera de hambre y se le haga
agua la boca... Todo lo que venga de Europa, podrido  en conserva,
le sabe  cielo y hace un mes Basilio le salv de una feroz gastritis:
se haba comido un tarro de mostaza para probar que es europeo!

En aquel momento la orquesta empez  tocar un vals.

--Ves ese seor? ese enclenque que va volviendo la cabeza buscando
saludos? Es el clebre gobernador de Pangasinan, un buen hombre
que pierde el apetito cuando algun indio deja de saludarle... A
poco ms se muere si no suelta el bando de los saludos  que debe su
celebridad. Pobre seor! hace tres das que ha venido de la provincia
y cunto ha enflaquecido! oh! h aqu al grande hombre, al insigne,
abre tus ojos!

--Quin? Ese de las cejas fruncidas?

--S, ese es don Custodio, el liberal don Custodio, tiene las cejas
fruncidas porque medita algun proyecto importante... si se llevran
 cabo las ideas que tiene en la cabeza, otra cosa sera! Ah! aqu
viene Makaraig, tu compaero de casa!

En efecto vena Makaraig con Pecson, Sandoval,  Isagani. Tadeo al
verlos se adelant y les salud.

--No viene usted? preguntle Makaraig.

--No hemos encontrado billetes...

--A propsito, tenemos un palco, repuso Makaraig; Basilio no puede
venir... vengan ustedes con nosotros.

Tadeo no se hizo repetir la invitacion. El novato, temiendo molestar,
con la timidez propia de todo indio provinciano, se escus y no hubo
medio de hacerle entrar.






XXII

LA FUNCION


El aspecto que ofreca el teatro era animadsimo; estaba lleno de bote
en bote, y en la entrada general, en los pasillos se vea mucha gente
de pi, pugnando por sacar la cabeza  meter un ojo entre un cuello
y una oreja. Los palcos descubiertos, llenos en su mayor parte de
seoras, parecan canastillas de flores, cuyos ptalos agitra una leve
brisa (hablo de los abanicos), y en donde zumban insectos mil. Solo
que como hay flores de delicado y fuerte perfume, flores que matan y
flores que consuelan, en las canastillas de nuestro teatro tambien
se aspiran perfumes parecidos, se oyen dilogos, conversaciones,
frases que pican  corroen. Solo tres  cuatro de los palcos estaban
aun vacos apesar de lo avanzado de la hora; para las ocho y media
se haba anunciado la funcion, eran ya las nueve menos cuarto, y el
telon no se levantaba porque S. E. no haba llegado todava. Los de
la entrada general, impacientes  incmodos en sus asientos, armaban
un alboroto pataleando y golpeando el suelo con sus bastones.

--Bum-bum-bum! qu se abra el telon! bum-bum-bum!

Los artilleros no eran los menos alborotadores. Los mulos de Marte,
como los llama Ben Zayb, no se contentaban con esta msica; creyndose
tal vez en una plaza de toros, saludaban  las seoras que pasaban
delante de ellos con frases que por eufemismo se llaman en Madrid
flores cuando  veces se parecen  humeante basura. Sin hacer caso
de las miradas furibundas de los maridos, pregonan en alta voz los
sentimientos y deseos que en ellos despiertan tantas hermosuras...

En las butacas-- donde parece que temen bajar las seoras tan no
se ve  ninguna--reina un murmullo de voces, de risas reprimidas,
entre nubes de humo... Discuten el mrito de las artistas, hablan de
escndalos, si S. E. ha reido con los frailes, si la presencia del
General en semejante espectculo es una provocacion  sencillamente
una curiosidad; otros no piensan en estas cosas, sino en cautivar las
miradas de las seoras adoptando posturas ms  menos interesantes,
ms  menos estatuarias, haciendo jugar los anillos de brillantes,
sobre todo cuando se creen observados por insistentes gemelos; otros
dirigen respetuosos saludos  tal seora  seorita bajando la cabeza
con mucha gravedad, mientras le susurran al vecino:

--Qu ridcula es! qu cargante!

La dama contesta con la ms graciosa de sus sonrisas y un movimiento
encantador de cabeza y murmura  la amiga que asiente, entre dos
indolentes abanicazos:

--Qu pretencioso! Chica, est loco enamorado.

Entre tanto los golpes menudean: bum-bum-bum! toc-toc-toc! ya
no quedan ms que dos palcos vacos y el de S. E. que se distingue
por sus cortinas rojas de terciopelo. La orquesta toca otro vals,
el pblico protesta; afortunadamente se presenta un hroe caritativo
que distrae la atencion y redime al empresario; es un seor que ha
ocupado una butaca y se niega  cederla  su dueo, el filsofo don
Primitivo. Viendo que sus argumentos no le convencan, don Primitivo
acude al acomodador.--No me da la gana! le responde el hroe fumando
tranquilamente su cigarrillo. El acomodador acude al director.--No
me da la gana! repite y se arrellana en la butaca. El director sale,
mientras los artilleros de las galeras empiezan  cantar en coro:

--A que no! A que s! A que no! A que s!

Nuestro actor que ya ha llamado la atencion de todos cree, que ceder
sera rebajarse y se agarra  la butaca mientras repite su contestacion
 la pareja de la Veterana que fu  llamar el director. Los guardias,
teniendo en consideracion la categora del rebelde, van  buscar al
cabo, mientras casi toda la sala se deshace en aplausos, celebrando
la entereza del seor que contina sentado como un senador romano.

Resuenan silbidos, el seor que tiene firmeza de caracter vuelve la
cabeza airado creyendo que le silban; se oye galopar de caballos,
se nota movimiento; cualquiera dira que ha estallado una revolucion
 cuando menos un motin; no, la orquesta suspende el vals y toca la
marcha real; es S. E. el Capitan General y Gobernador de las Islas
el que llega: todas las miradas le buscan, le siguen, le pierden
y aparece al fin en su palco y, despues de mirar  todas partes y
hacer felices  algunos con un omnipotente saludo, se sienta como
si fuera un hombre sobre el sillon que le espera. Los artilleros se
callan entonces y la orquesta ataca la introduccion.

Nuestros estudiantes ocupan un palco frente  frente del de Pepay
la bailarina. Este palco era un regalo de Makaraig que ya se haba
puesto en inteligencia con ella para tener  don Custodio propicio. La
Pepay haba escrito aquella misma tarde una carta al clebre ponente
esperando una contestacion y dndole una cita en el teatro. Por esta
razon don Custodio, apesar de la ruda oposicion que haba desplegado
contra la opereta francesa, se iba al teatro, lo cual le vali finas
pullas de parte de don Manuel, su antiguo adversario en las sesiones
del Ayuntamiento.

--Vengo para juzgar la opereta! haba replicado con el tono de un
Caton satisfecho de su conciencia.

Makaraig pues, cambaba miradas de inteligencia con la Pepay, quien le
daba  entender que algo tena que decirle; y como la bailarina tena
cara alegre, todos auguraban que el xito estaba asegurado. Sandoval,
que acababa de llegar de unas visitas que haba hecho en otros palcos,
asegur que el dictamen haba sido favorable y que aquella tarde misma
lo haba examinado la comision superior y lo haba aprobado. Todo pues
era jbilo, Pecson mismo se olvidaba de sus pesimismos viendo  la
Pepay ensear sonriendo una cartita; Sandoval y Makaraig se felicitaban
mtuamente, solo Isagani permaneca algo fro y apenas se sonrea.

Qu le haba pasado al joven?

Isagani, al entrar en el teatro, vi  Paulita en un palco y 
Juanito Pelaez conversando con ella. Psose plido y crey que se
equivocaba. Pero no, era ella misma, ella que le saludaba con una
graciosa sonrisa mientras sus hermosos ojos parecan pedirle perdon y
prometerle explicaciones. En efecto, haban convenido en que Isagani
ira primero al teatro para ver si en el espectculo no haba nada
inconveniente para una joven, y ahora la encontraba l, y nada menos
que en compaa de su rival. Lo que pas por el alma de Isagani era
indescriptible: ira, celos, humillacion, resentimiento rugieron en su
interior; hubo un momento en que dese que el teatro se desplomase;
tuvo ganas violentas de reir  carcajadas, de insultar  su amada,
provocar  su rival, armar un escndalo, pero se content con sentarse
lentamente y no dirigirla jams la mirada. Oa los hermosos proyectos
que hacan Makaraig y Sandoval y le sonaban  ecos lejanos; las frases
del vals le parecan tristes y lgubres, todo aquel pblico, ftuo
 imbecil, y varias veces tuvo que hacer esfuerzos para contener las
lgrimas. De la cuestion del caballero que no quera dejar la butaca,
de la llegada del Capitan General se apercibi apenas; miraba hcia el
telon de boca que representaba una especie de galera entre suntuoso
cortinaje rojo, con vista  un jardin en medio del cual se levanta un
surtidor. Cun triste se le antojaba la galera y qu melanclico el
paisaje! Mil reminiscencias vagas surgan en su memoria como lejanos
ecos de msica oida durante la noche, como aires de una cancion de
la infancia, murmullo de bosques solitarios, riachuelos sombros,
noches de luna  los bordes del mar que se estenda inmenso delante de
sus ojos... Y el enamorado joven que se consideraba muy desgraciado,
se puso  mirar al techo para que las lgrimas no cayesen de sus ojos.

Una salva de aplausos le sac de su meditacion.

El telon acababa de levantarse y el alegre coro de campesinos de
Corneville se presentaba  sus ojos, vestidos con sus gorros de
algodon y pesados zuecos de madera en los pis. Ellas, unas seis 
siete muchachas, bien pintadas de carmin en los labios y mejillas,
con grandes circulos negros en torno de los ojos para aumentar
su brillo, enseaban blancos brazos, dedos llenos de brillantes
y piernas redondas y bien torneadas. Y mientras cantaban la frase
normanda allez, marchez! allez, marchez! sonrean  sus respectivos
adoradores de las butacas con tanta desfachatez que don Custodio,
despues de mirar al palco de la Pepay como para asegurarse de que
no haca lo mismo con otro admirador, consign en la cartera esta
indecencia y para estar ms seguro, baj un poco la cabeza para ver
si las actrices no enseaban hasta las rodillas.

--Oh, estas francesas! murmur mientras su imaginacion se perda
en consideraciones de un grado ms elevado y haca comparaciones
y proyectos.


            Quoi v'l tous les cancans d'la s'maine!...


canta Gertrude, una soberbia moza que mira picarescamente de reojo
al Capitan General.

--Cancan tenemos! exclam Tadeo, el primer premio de francs en
su clase, y que pudo pescar esta palabra. Makaraig, van  bailar
el cancan!

Y se frot alegremente las manos.

Tadeo, desde que se levant el telon, no haca caso de la msica;
solo buscaba lo escandaloso, lo indecente, lo inmoral en los gestos y
en los trajes, y con su poco de francs aguzaba el oido para pillar
las obscenidades que tanto haban pregonado los censores severos de
su patria.

Sandoval que se las daba de saber francs, se haba convertido en una
especie de intrprete para sus amigos. Saba tanto como Tadeo pero
se ayudaba del argumento publicado por los peridicos y lo dems se
lo supla su fantasa.

--S, dijo, van  bailar el cancan y ella lo va  dirigir.

Makaraig y Pecson se pusieron atentos sonrindose de antemano. Isagani
mir  otra parte, avergonzado de que Paulita asistiese  semejante
espectculo y pensaba que deba desafiarle  Juanito Pelaez al da
siguiente.

Pero nuestros jvenes esperaron en vano. Vino la Serpolette, una
deliciosa muchacha con su gorro de algodon igualmente, provocadora
y belicosa;


                Hein! qui parle de Serpolette?


pregunta  las chismosas, con los brazos en jarras y aire
batallador. Un caballero aplaudi y despues siguieron todos los de
las butacas. Serpolette, sin dejar su actitud de buena moza, mir
al que primero la aplaudi y le pag con una sonrisa enseando unos
diminutos dientes que parecan collarcito de perlas en un estuche
de terciopelo rojo. Tadeo sigui la mirada y vi  un caballero,
con unos bigotes postizos y una nariz muy larga.

--Voto al chpiro! dijo, Irenillo!

--S, contest Sandoval, le he visto dentro hablando con las actrices.

En efecto, el P. Irene que era un melmano de primer orden y conoca
muy bien el francs, fu enviado por el P. Salv al teatro como una
especie de polica secreta religiosa, as al menos lo deca l  las
personas que le reconocan. Y como buen crtico que no se contenta
con ver las piezas de lejos, quiso examinar de cerca  las artistas,
confundise en el grupo de los admiradores y elegantes, se introdujo en
el vestuario donde se cuchicheaba y se hablaba un francs de necesidad,
un francs de tienda, idioma que es muy comprensible para la vendedora
cuando el parroquiano parece dispuesto  pagar bien.

La Serpolette estaba rodeada de dos gallardos oficiales, de un marino
y un abogado, cuando le divis rondando y metiendo en todas partes
y rendijas la punta de su larga nariz como si sondease con ella los
misterios de la escena.

La Serpolette suspendi su charla, frunci las cejas, las levant,
abri los labios y con la vivacidad de una parisienne dej  sus
admiradores y se lanz como un torpedo contra nuestro crtico.

--Tiens, tiens, Toutou! mon lapin! exclam cogindole del brazo al
P. Irene y sacudindole alegremente mientras haca vibrar el aire de
notas argentinas.

--Chut, chut! dijo el P. Irene procurando esconderse.

--Mais, comment! toi ici, grosse bte! Et moi qui t'croyais...

--'Fais pas d'tapage, Lily! il faut m'respecter! 'suis ici l'Pape!

A duras penas pudo el P. Irene hacerla entrar en razon. La alegre
Lily estaba enchante de encontrar en Manila  un antiguo amigo que
le recordaba las coulisses del teatro de la Grande Opra. Y as fu
como el P. Irene, cumpliendo  la vez con sus deberes de amistad y de
crtico, iniciaba un aplauso para animarla: la Serpolette lo mereca.

Entre tanto nuestros jvenes esperaban el cancan, Pecson se volva
todo ojos; todo menos cancan haba. Hubo un momento en que si no
llega gente de curia, se iban  pegar las mujeres, y arrancarse los
moos, azuzadas por los pcaros paisanos que esperaban, como nuestros
estudiantes, ver algo ms que un cancan.


                Scit, scit, scit, scit, scit, scit,
                Disputez-vous, battez-vous,
                Scit, scit, scit, scit, scit, scit
                Nous allons compter les coups.


La msica ces, se fueron los hombres, volvieron poco  poco las
mujeres y empez entre ellas un dilogo del que nada comprendieron
nuestros amigos. Estaban hablando mal de una ausente.

--Parecen los macanistas de la pansitera! observ Pecson en voz baja.

--Y el cancan? pregunt Makaraig.

--Estn discutiendo el sitio ms  propsito para bailarlo! repuso
gravemente Sandoval.

--Parecen los macanistas de la pansitera! repiti Pecson disgustado.

Una seora, acompaada de su marido, entraba en aquel momento y
ocupaba uno de los dos palcos vacos. Tena el aire de una reina y
miraba con desden  toda la sala como si dijese: He llegado ms
tarde que todas vosotras, monton de cursis y provincianas, he llegado
ms tarde que vosotras! En efecto personas hay que van  los teatros
como los burros en una carrera: gana el que llega el ltimo. Hombres
muy sensatos conocemos que primero suban al patbulo que entraban
en el teatro antes del primer acto. Pero el gozo de la dama fu de
corta duracion; haba visto el otro palco que continuaba vaco;
frunci las cejas, y se puso  reir  su cara mitad armando tal
escndalo que muchos se impacientaron.

--Sst! sst!

--Los estpidos! como si entendieran el francs! dijo la dama
mirando con soberano desprecio  todas partes y fijndose en el palco
de Juanito de donde crey oir partir un imprudente sst.

Juanito en efecto era culpable; desde el principio se las echaba de
entender todo y se daba aires, sonriendo, riendo y aplaudiendo 
tiempo como si nada de lo que decan se le escapase. Y eso que no
se guiaba de la mmica de los artistas porque miraba apenas hcia
la escena. El truhan deca muy intencionadamente  Paulita, que,
habiendo mujeres muchsimo ms hermosas, no quera cansarse mirando
 lo lejos... Paulita se ruboreca, se cubra la cara con el abanico
y miraba de hurtadillas haca donde estaba Isagani, que sin reirse
ni aplaudir presenciaba distraido el espectculo.

Paulita sinti despecho y celos; se enamorara Isagani de aquellas
provocadoras actrices? Este pensamiento la puso de mal humor y apenas
oy las alabanzas que doa Victorina prodigaba  su favorito.

Juanito desempeaba bien su papel:  veces mova la cabeza en seal
de disgusto y entonces se oan toses, murmullos en algunas partes; 
veces sonrea, aprobaba y un segundo despues resonaban aplausos. Doa
Victorina estaba encantada y hasta concibi vagos deseos de casarse con
el joven el da que don Tiburcio se muriera. Juanito saba francs
y de Espadaa no! Y empez  hacerle zalameras! Pero Juanito no
se aperciba del cambio de tctica, atento como estaba en observar 
un comerciante catalan que estaba junto al consul suizo: Juanito que
los haba visto hablando en francs, se inspiraba en sus fisonomas
y daba soberanamente el pego.

Vinieron escenas sobre escenas, personajes sobre personajes, cmicos
y ridculos como el bailli y Grenicheux, nobles y simpticos como el
marqus y Germaine; el pblico se ri mucho del bofeton de Gaspard,
destinado para el cobarde Grenicheux y recibido por el grave bailli,
de la peluca de ste que vuela por los aires, del desorden y alboroto
cuando cae el telon.

--Y el cancan? pregunta Tadeo.

Pero el telon se levanta inmediatamente y la escena representa el
mercado de criados, con tres postes cubiertos de banderolas y llevando
los anuncios de servantes, cochers y domestiques. Juanito aprovecha
la ocasion y, en voz bastante alta para que le oiga Paulita y est
convencida de su saber, se dirige  doa Victorina.

--Servantes significa sirvientes, domestiques domsticos...

--Y en qu se diferencian los servantes de los domestiques? pregunta
Paulita.

Juanito no se queda corto.

--Domestiques, los que estn domesticados: no ha observado usted
como algunos tenan aire de salvajes? Esos son los servantes.

--Es verdad! aade doa Victorina; algunos tenan muy malas
maneras... y yo que crea que en Europa todos eran finos y... pero,
como pasa en Francia... ya lo veo!

--Sst, sst!

Pero el apuro de Juanito cuando, llegada la hora del mercado y abierta
la barrera, los criados que se alquilaban se colocaban al lado de los
respectivos anuncios que sealaban su clase. Los criados, unos diez 
doce tipos rudos, vestidos de librea y llevando una ramita en la mano,
se situaban debajo del anuncio domestiques.

--Esos son los domsticos! dice Juanito.

--A la verdad que tienen aire de recien domesticados, observa doa
Victorina; vamos  ver  los medio salvajes!

Despues, la docena de muchachas,  su cabeza la alegre y viva
Serpolette, ataviadas con sus mejores trajes, llevando cada una un
gran ramillete de flores  la cintura, risueas, sonrientes, frescas,
apetitosas, se colocan con gran desesperacion de Juanito junto al
poste de las servantes.

--Cmo? pregunt cndidamente Paulita; son esas las salvajes que
usted dice?

--No, contesta Juanito imperturbable; se han equivocado... se han
cambiado... Esos que vienen detrs.

--Esos que vienen con un ltigo?

Juanito hace seas de que s, con la cabeza, muy inquieto y apurado.

--De modo que esas mozas son los cochers?

A Juanito le ataca un golpe de tos tan violenta que provoca la
impaciencia de algunos espectadores.

--Fuera ese! fuera el tsico! grita una voz.

Tsico? Llamarle tsico delante de la Paulita? Juanito quiere ver
al deslenguado y hacerle tragar la tsis. Y viendo que las mujeres
se interponan, se envalenton ms y le crecieron los nimos. Por
fortuna era don Custodio el que haba hecho el diagnstico y temiendo
llamar la atencion se haca el desentendido escribiendo al parecer
la crtica de la pieza.

--Si no fuera porque voy con ustedes! dice Juanito haciendo girar los
ojos como los de ciertos muecos que mueve el pndulo da un reloj. Y
para ser ms parecido, sacaba de tiempo en tiempo la lengua.

Aquella noche se conquist  los ojos de doa Victorina la fama de
valiente y pundonoroso y ella decidi dentro de su trax casarse con
l tan pronto se muera don Tiburcio.

Paulita se pona ms triste cada vez, pensando en como unas muchachas
que se llaman cochers podan ocupar la atencion de Isagani. Cochers
le recordaba ciertas denominaciones que las colegialas usan entre s
para explicar una especie de afectos.

Al fin termina el primer acto y el marqus se lleva como criadas 
Serpolette y  Germaine, el tipo de la belleza tmida de la troupe
y por cochero al estpido Grenicheux. Una salva de aplausos los hace
reaparacer cogidos de la mano los que hace cinco segundos se perseguan
y se iban  pegar, saludando aqu y all al galante pblico manileo
y cambiando ellas miradas inteligentes con varios espectadores.

Mientras reina el pasagero tumulto, causado por los que se atropellan
para ir al vestuario y felicitar  las actrices, por los que van 
saludar  las seoras en los palcos, algunos emiten su juicio sobre
la pieza y los artistas.

--Indudablemente, la Serpolette es la que ms vale, dice uno dndose
aires de inteligente.

--Prefiero la Germaine, es una rubia ideal.

--Si no tiene voz!

--Y qu me hago con la voz?

--Pues, como formas, la alta!

--Psh! dice Ben Zayb, ninguna vale un comino, ninguna es artista.

Ben Zayb es el crtico de El Grito de la Integridad y su aire
desdeoso le da mucha importancia  los ojos de los que se contentan
con tan poco.

--Ni la Serpolette tiene voz, ni la Germaine tiene gracia, ni eso
es msica ni es arte ni es nada! termina con marcado desden.

Para echrselas de gran crtico no hay como mostrarse descontento de
todo. La empresa no haba mandado ms que dos asientos  la Redaccion.

En los palcos se preguntaba quin sera el dueo del palco vaco. Aquel
ganaba en chic  todos pues llegara el ltimo.

Sin saberse de dnde vino la especie, djose que era de Simoun. El
rumor se confirm. Nadie haba visto al joyero en las butacas, ni en
el vestuario, ni en ninguna parte.

--Y sin embargo le he visto esta tarde con Mr. Jouy! dijo uno.

--Y ha regalado un collar  una de las actrices...

--A cual de ellas? preguntan algunas curiosas.

--A la mejor de todas, la que segua con la vista su Excelencia!

Miradas de inteligencia, guios exclamaciones de duda, de afirmacion,
frases entrecortadas.

--Se las est echando de Monte-Cristo! observ una que se preciaba
de literata.

--O de proveedor de la Real Casa! aadi su adorador, celoso ya
de Simoun.

En el palco de nuestros estudiantes se haban quedado Pecson, Sandoval
 Isagani. Tadeo se haba ido para distraer  don Custodio dndole
conversacion y hablndole de sus proyectos favoritos mientras Makaraig
se entrevistaba con la Pepay.

--Nada, como le deca  usted, amigo Isagani, peroraba Sandoval
haciendo grandes gestos y sacando una voz armoniosa para que
las vecinas del palco, las hijas del rico que deba  Tadeo, le
oyesen; nada, la lengua francesa no tiene la rica sonoridad ni la
varia y elegante cadencia del idioma castellano. Yo no concibo,
yo no me imagino, yo no puedo formarme una idea de los oradores
franceses y dudo que los haya habido jams y los pueda haber en
el verdadero sentido de la palabra, en el estricto sentido del
concepto oradores. Porque no confundamos la palabra orador con la
palabra hablador  charlatan. Habladores  charlatanes los puede
haber en todos los paises, en todas las regiones del mundo habitado,
en medio de los fros y secos ingleses as como entre los vivos 
impresionables franceses...

Y segua una hermossima revista de los pueblos con sus poticos
caracteres y eptetos ms sonoros. Isagani asenta con la cabeza
mientras pensaba en Paulita  quien haba sorprendido mirndole,
una mirada que hablaba y quera decir muchas cosas. Isagani quera
decifrar lo que espresaban aquellos ojos; estos s que eran elocuentes
y nada charlatanes!

--Y usted que es poeta, esclavo de la rima y del metro, hijo de las
Musas, continuaba Sandoval haciendo un elegantsimo gesto con la mano
como si saludase en el horizonte  las nueve hermanas, comprende
usted, puede usted figurarse cmo con un idioma tan ingrato y poco
cadencioso como es el francs se puedan formar poetas de la talla
gigantesca de nuestros Garcilasos, nuestros Herreras, nuestros
Esproncedas y Calderones?

--Sin embargo, observa Pecson, Victor Hugo...

--Victor Hugo, amigo Pecson, Victor Hugo si es poeta es porque lo debe
 Espaa... porque es cosa averiguada, es cosa fuera de toda duda,
cosa admitida aun por los mismos franceses que tanta envidia tienen
de Espaa, que si Victor Hugo tiene genio, si es poeta, es porque su
niez la ha pasado en Madrid, all ha bebido las primeras impresiones,
all se ha formado su cerebro, all se ha coloreado su imaginacion,
su corazon se ha modelado y han nacido las ms bellas concepciones
de su mente. Y despues de todo quin es Victor Hugo? Es comparable
acaso con nuestros modernos...?

Pero la llegada de Makaraig con aire abatido y una sonrisa amarga
en los labios cort la peroracion del orador. Makaraig tena en las
manos un papel que entreg  Sandoval sin decir una palabra.

Sandoval ley:


    Pichona: Tu carta ha llegado tarde; he presentado ya mi dictamen
    y ha sido aprobado. Sin embargo, como si hubiese adivinado
    tu pensamiento, he resuelto el asunto segun el deseo de tus
    protegidos.

    Me ir al teatro y te esperar  la salida.


                                Tu tierno palomillo,

                                            Custodining.


--Qu bueno es el hombre! exclam Tadeo enternecido.

--Y  bien? dijo Sandoval, no veo nada malo, todo lo contrario!

--S, contest Makaraig con su sonrisa amarga; resuelto
favorablemente! Acabo de verme con el P. Irene!

--Y qu dice el P. Irene? pregunt Pecson.

--Lo mismo que don Custodio, y el pillo todava se atrevi 
felicitarme! La comision que ha hecho suyo el dictamen del ponente,
aprueba el pensamiento y felicita  los estudiantes por su patriotismo
y deseo de aprender...

--Entonces?

--Solo que, considerando nuestras ocupaciones, y  fin, dice, de que
no se malogre la idea, entiende que debe encargarse de la direccion
y ejecucion del pensamiento una de las corporaciones religiosas,
en el caso de que los dominicos no quieran incorporar la academia
 la Universidad!

Exclamaciones de desengao saludaron estas palabras: Isagani se
levant, pero no dijo nada.

--Y para que se vea que participamos en la direccion de la academia,
continu Makaraig, se nos comete la cobranza de las contribuciones
y cuotas, con la obligacion de entregarlas despues al tesorero que
designar la corporacion encargada, el cual tesorero nos librar
recibos...

--Cabezas de barangay entonces! observ Tadeo.

--Sandoval, dijo Pecson, all est el guante,  recogerlo!

--Puf! ese no es ningun guante, pero por el olor parece un calcetin.

--Y lo ms gracioso, continu Makaraig, es que el P. Irene nos
recomienda celebremos el hecho con un banquete  una serenata con
antorchas, una manifestacion de los estudiantes en masa dando gracias
 todas las personas que en el asunto han intervenido!

--S, despues del palo, que cantemos y demos gracias! Super flumina
Babylonis sedimus!

--S, un banquete como el de los presos! dijo Tadeo.

--Un banquete en que estemos todos de luto y pronunciemos discursos
fnebres, aadi Sandoval.

--Una serenata con la Marsellesa y marchas fnebres, propuso Isagani.

--No, seores, dijo Pecson con su risa de calavera: para celebrar el
hecho no hay como un banquete en una pansitera servido por chinos
sin camisa, pero sin camisa!

La idea por lo sarcstica y grotesca fu aceptada; Sandoval fu el
primero en aplaudirla; haca tiempo quera ver el interior de esos
establecimientos que de noche parecen tan alegres y animados.

Y precisamente en el momento en que la orquesta tocaba para empezar
el segundo acto, nuestros jvenes se levantaron abandonando el teatro
con escndalo de toda la sala.






XXIII

UN CADAVER


Simoun en efecto no haba ido al teatro.

Desde las siete de la noche haba salido de casa, agitado y sombro;
sus criados le vieron entrar dos veces acompaado de diferentes
individuos;  las ocho Makaraig le encontr rondando por la calle del
Hospital, cerca del convento de Sta. Clara,  la sazon que doblaban
las campanas de la iglesia;  las nueve Camaroncocido le vi otra vez
en los alrededores del teatro hablando con uno que pareca estudiante,
franquear la puerta y volver  salir y desaparecer en las sombras de
los rboles.

--Y  mi qu? volvi  decir Camaroncocido; qu saco con prevenir
al pueblo?

Basilio, como deca Makaraig, tampoco haba asistido  la funcion. El
pobre estudiante, desde que volvi de San Diego para rescatar de la
servidumbre  Jul, su prometida, haba vuelto  sus libros, pasando
el tiempo en el hospital, estudiando  cuidando  Capitan Tiago,
cuya enfermedad trataba de combatir.

El enfermo se haba vuelto de un caracter insoportable; en sus
malos ratos, cuando se senta abatido por falta de dosis de opio que
Basilio procuraba moderar, le acusaba, le maltrataba, le injuriaba;
Basilio sufra resignado con la conciencia de que haca el bien 
quien tanto deba, y solo en ltimo estremo ceda; satisfecha la
pasion, el monstruo del vicio, Capitan Tiago se pona de buen humor,
se enterneca, le llamaba su hijo, lloriqueaba recordando los servicios
del joven, lo bien que administraba sus fincas y hablaba de hacerle
su heredero; Basilio sonrea amargamente y pensaba que en esta vida
la complacencia con el vicio se premia mejor que el cumplimiento del
deber. No pocas veces se le ocurri dar curso libre  la enfermedad y
conducir  su bienhechor  la tumba por un sendero de flores  imgenes
risueas, mejor que alargar su vida por un camino de privaciones.

--Tonto de m! se deca muchas veces; el vulgo es necio y pues
lo paga...

Pero sacuda la cabeza pensando en Jul, en el estenso porvenir que
tena delante: contaba con vivir sin manchar su conciencia. Segua
el tratamiento prescrito y vigilaba.

Con todo, el enfermo iba cada da, con ligeras intermitencias,
peor. Basilio que se haba propuesto reducir paulatinamente la
dosis  al menos no dejarle abusar fumando ms de lo acostumbrado,
le encontraba, al volver del hospital  de alguna visita, durmiendo
el pesado sueo del opio, babeando y plido como un cadver. El joven
no se poda explicar de dnde le poda venir la droga; los nicos
que frecuentaban la casa eran Simoun y el P. Irene, aquel vena raras
veces, y ste no cesaba de recomendarle fuese severo  inexorable en
el rgimen y no hiciese caso de los arrebatos del enfermo, pues lo
principal era salvarle.

--Cumpla usted con su deber, joven, le deca, cumpla usted con
su deber.

Y le haca un sermoncito sobre este tema, con tanta conviccion y
entusiasmo que Basilio llegaba  sentir simpatas por el predicador. El
P. Irene prometa ademas procurarle un buen destino, una buena
provincia, y hasta le hizo entrever la posibilidad de hacerle nombrar
catedrtico. Basilio, sin dejarse llevar de las ilusiones, haca de
creer y cumpla con lo que le deca la conciencia.

En aquella noche, mientras representaban Les Cloches de Corneville,
Basilio estudiaba delante de una vieja mesa,  la luz de una lmpara
de aceite, cuya pantalla de cristal opaco suma en media claridad su
melanclico semblante. Una vieja calavera, algunos huesos humanos,
y unos cuantos volmenes cuidadosamente ordenados se vean cubriendo
la mesa, donde haba ademas una palangana de agua con una esponja. Un
olor  opio que se escapaba del vecino aposento, haca pesada la
atmsfera y le daba sueo, pero el joven se resista mojndose de
tiempo en tiempo las sienes y los ojos, dispuesto  no dormir hasta
concluir con el volumen. Era un tomo de la Medicina Legal y Toxicologa
del Dr. Mata, obra que le haban prestado y deba devolver al dueo
cuanto antes. El catedrtico no quera esplicar menos que por aquel
autor y Basilio no tena dinero bastante para comprarse la obra,
pues, con el pretesto de que estaba prohibida por la censura de
Manila y haba que sobornar  muchos empleados para introducirla,
los libreros pedan elevados precios. Tan absorto estaba el joven en
sus estudios que ni siquiera se haba ocupado de unos folletos que
le enviaron de fuera, sin saber de donde, folletos que se ocupaban
de Filipinas, entre los cuales figuraban los que ms llamaban la
atencion en aquella poca por la manera dura  insultante con que
trataban  los hijos del pas. Basilio no tena tiempo suficiente
para abrirlos, acaso le detuviera tambien el pensamiento de que no
es nada agradable recibir un insulto  una provocacion y no tener
medios de defenderse  contestar. La censura, en efecto, permita
los insultos  los filipinos pero les prohiba  estos la rplica.

En medio del silencio que reinaba en la casa, turbado solo por alguno
que otro debil ronquido que parta del vecino aposento, Basilio oy
pasos ligeros en las escaleras, pasos que cruzaron despues la caida
dirigindose  donde l estaba. Levant la cabeza, vi abrirse la
puerta y con gran sorpresa suya, aparecer la figura sombra del
joyero Simoun.

Desde la escena de San Diego Simoun no haba vuelto  ver ni al joven
ni  Capitan Tiago.

--Cmo est el enfermo? pregunt echando una rpida ojeada por el
cuarto y fijndose en los folletos que mencionamos cuyas hojas aun
no estaban cortadas.

--Los latidos del corazon, imperceptibles... pulso muy
debil... apetito, perdido por completo, repuso Basilio con sonrisa
triste y en voz baja; suda profusamente  la madrugada...

Y viendo que Simoun, por la direccion de la cara, se fijaba en los
dichos folletos y temiendo volviese  reanudar el asunto de que
hablaron en el bosque, continu:

--El organismo est saturado de veneno; de un da  otro puede morir
como herido del rayo... la causa ms pequea, un nada, una excitacion
le puede matar...

--Como Filipinas! observ lgubremente Simoun.

Basilio no pudo reprimir un gesto y, decidido  no resuscitar el
asunto, prosigui como si nada hubiese oido:

--Lo que ms le debilita son las pesadillas, sus terrores...

--Como el gobierno! volvi  observar Simoun.

--Hace unas noches se despert sin luz y crey que se haba vuelto
ciego; estuvo alborotando, lamentndose  insultndome, diciendo que
le haba sacado los ojos... Cuando entr con una luz me tom por el
P. Irene y me llam su salvador...

--Como el gobierno, exactamente!

--Anoche, prosigui Basilio hacindose el sordo, se levant pidiendo
su gallo, su gallo muerto hace tres aos, y tuve que presentarle
una gallina, y entonces me colm de bendiciones y me prometi muchos
miles...

En aquel momento en un reloj dieron tas diez y media.

Simoun se estremeci  interrumpi con un gesto al joven.

--Basilio, dijo en voz baja, esccheme usted atentamente, que los
momentos son preciosos. Veo que usted no ha abierto los libros que
le he enviado; usted no se interesa por su pais...

El joven quiso protestar.

--Es intil! continu Simoun secamente. Dentro de una hora la
revolucion va  estallar  una seal ma, y maana no habr estudios,
no habr Universidad, no habr ms que combates y matanzas. Yo lo tengo
todo dispuesto y mi xito est asegurado. Cuando nosotros triunfemos,
todos aquellos que pudiendo servirnos no lo han hecho, sern tratados
como enemigos. Basilio, vengo  proponerle su muerte  su porvenir!

--Mi muerte  mi porvenir! repiti como si no comprendiese nada.

--Con el gobierno  con nosotros, repuso Simoun; con sus opresores
 con su pais. Decdase usted que el tiempo urge! Vengo  salvarle
en vista de los recuerdos que nos ligan!

--Con los opresores  con mi pas! repeta en voz baja.

El joven estaba atontado; miraba al joyero con ojos donde se pintaba
el terror, sinti que sus estremidades se enfriaban y mil confusas
ideas cruzaban por su mente; vea las calles ensangrentadas, oa el
tiroteo, se encontraba entre muertos y heridos y singular fuerza
de la aficion! se vea  s mismo con su blusa de operador cortando
piernas y estrayendo balas.

--Tengo en mis manos la voluntad del gobierno, continu Simoun; he
empeado y gastado sus pocas fuerzas y recursos en tontas espediciones,
deslumbrndole con las ganancias que poda sisar; sus cabezas estn
ahora en el teatro tranquilas y distraidas pensando en una noche de
placeres, pero ninguna volver  reposar sobre la almohada... Tengo
regimientos y hombres  mi disposicion,  unos les he hecho creer que
la revolucion la ordena el General,  otros que la hacen los frailes;
 algunos les he comprado con promesas, con empleos, con dinero;
muchos, muchsimos obran por venganza, porque estn oprimidos y porque
se ven en el caso de morir  matar... Cabesang Tales est abajo y
me ha acompaado hasta aqu! Vuelvo  repetirle, viene usted con
nosotros  prefiere esponerse  los resentimientos de los mos? En
los momentos graves, declararse neutro es esponerse  las iras de
ambos partidos enemigos.

Basilio se pas varias veces la mano por la cara como si quisiese
dispertarse de una pesadilla; sinti que su frente estaba fra.

--Decdase usted! repiti Simoun.

--Y qu... tendra yo que hacer? pregunt con voz ahogada, quebrada,
debil.

--Una cosa muy sencilla, repuso Simoun cuyo semblante se ilumin
con un rayo de esperanza: como tengo que dirigir el movimiento, no
puedo distraerme en ninguna accion. Necesito que, mientras toda la
atencion de la ciudad est en diferentes puntos, usted  la cabeza
de un peloton fuerze las puertas del convento de Santa Clara y saque
de all  una persona que usted, fuera de m y de Capitan Tiago,
solo puede reconocer... Usted no corre peligro alguno.

--Mara Clara! exclam el joven.

--S, Mara Clara! repiti Simoun y por primera vez su acento tomaba
notas tristes y humanas; la quiero salvar, por salvarla he querido
vivir, he vuelto... hago la revolucion porque solo una revolucion
podr abrirme las puertas de los conventos!

--Ay! dijo Basilio, juntando las manos; llega usted tarde, demasiado
tarde!

--Y por qu? pregunt Simoun frunciendo las cejas.

--Mara Clara se ha muerto!

Simoun se levant de un salto y se abalanz al joven.

--Se ha muerto? pregunt con acento terrible.

--Esta tarde,  las seis; ahora debe estar...

--No es verdad! rugi Simoun plido y desencajado, no es
verdad! Mara Clara vive, Mara Clara tiene que vivir! Es un pretesto
cobarde... no se ha muerto, y esta noche la he de libertar  maana
muere usted!

Basilio se encogi de hombros.

--Haca das que se puso mala y yo iba al convento para tener
noticias. Mire usted, aqu esta la carta del P Salv que trajo el
P. Irene. Capitan Tiago estuvo llorando toda la noche, besando y
pidiendo perdon al retrato de su hija hasta que concluy por fumarse
una enorme cantidad de opio... Esta tarde han tocado sus agonas.

--Ah! esclam Simoun, y cogindose la cabeza con ambas manos se
qued inmovil.

Se acordaba de haber oido en efecto el toque de agonas mientras
rondaba en los alrededores del convento.

--Muerta! murmur en voz tan baja como si hablase una sombra,
muerta! muerta sin haberla visto, muerta sin saber que viva por ella,
muerta sufriendo...

Y sintiendo que una tempestad horrible, una tempestad de torbellinos
y truenos sin gota de lluvia, sollozos sin lgrimas, gritos sin
palabras, ruga en su pecho  iba  desbordarse como lava candente
largo tiempo comprimida, sali precipitadamente del cuarto. Basilio
le oy bajar las escaleras con paso desigual, atropellado; oy un
grito ahogado, grito que pareca anunciar la llegada de la muerte,
profundo, supremo, lgubre, tanto que el joven se levant de su silla,
plido y tembloroso, pero oy los pasos que se perdan y la puerta
de la calle que se cerraba con estrpito.

--Pobre seor! murmur, y sus ojos se llenaron de lgrimas.

Y sin acordarse de estudiar, con la mirada vaga en el espacio estuvo
pensando en la suerte de aquellos dos sres, el uno joven, rico,
ilustrado, libre, dueo de sus destinos, con un brillante porvenir
en lontananza, y ella, hermosa como un ensueo, pura, llena de f
y de inocencia, mecida entre amores y sonrisas, destinada  una
existencia feliz,  ser adorada en familia y respetada en el mundo,
y sin embargo, de aquellos dos sres llenos de amor, de ilusiones y
esperanzas, por un destino fatal l vagaba por el mundo arrastrado
sin cesar por un torbellino de sangre y lgrimas, sembrando el mal
en vez de hacer el bien, abatiendo la virtud, y fomentando el vicio,
mientras ella se mora en las sombras misteriosas del claustro,
donde buscra paz y acaso encontrra sufrimientos, donde entraba
pura y sin mancha y espiraba como una ajada flor!...

Duerme en paz, hija infeliz de mi desventurada patria! Sepulta en la
tumba los encantos de tu juventud, marchita en su vigor! Cuando un
pueblo no puede brindar  sus vrgenes un hogar tranquilo, al amparo
de la libertad sagrada; cuando el hombre solo puede legar sonrojos 
la viuda, lgrimas  la madre y esclavitud  los hijos, haceis bien
vosotras en condenaros  perptua castidad, ahogando en vuestro seno
el grmen de la futura generacion maldita! Ah, bien hayas t que no
te has de estremecer en tu tumba oyendo el grito de los que agonizan
en sombras, de los que se sienten con alas y estn encadenados, de los
que se ahogan por falta de libertad! V, v con los sueos del poeta
 la region del infinito, sombra de mujer vislumbrada en un rayo de
luna, murmurada por las flexibles ramas de los caaverales... Feliz
la que muere llorada, la que deja en el corazon del que la ama una
pura vision, un santo recuerdo, no manchado por mezquinas pasiones
que fermentan con los aos! V, nosotros te recordaremos! En el
aire puro de nuestra patria, bajo su cielo azul, sobre las ondas
del lago que aprisionan montanas de zafiro y orillas de esmeralda;
en sus cristalinos arroyos que sombrean las caas, bordan las flores
y animan las liblulas y mariposas con su vuelo incierto y caprichoso
como si jugasen con el aire; en el silencio de nuestros bosques, en
el canto de nuestros arroyos, en la lluvia de brillantes de nuestras
cascadas,  la luz resplandeciente de nuestra luna, en los suspiros de
la brisa de la noche, en todo en fin que evoque la imgen de lo amado,
te hemos de ver eternamente como te hemos soado, bella, hermosa,
sonriente como la esperanza, pura como la luz, y sin embargo, triste
y melanclica contemplando nuestras miserias!






XXIV

SUEOS

                                                Amor, qu astro eres?


Al da siguiente, un jueves, horas antes de ocultarse el sol,
encaminbase Isagani por el hermoso paseo de Mara Cristina en
direccion al Malecon, para acudir  la cita que aquella maana Paulita
le haba dado. El joven no dudaba que iban  hablar de lo acontecido
en la noche anterior, y como estaba decidido  pedirla esplicaciones
y saba lo orgullosa y altiva que era, prevea un rompimiento. Ante
esta eventualidad trajo consigo las dos nicas cartitas de la Paulita,
dos pedacitos de papel, donde apenas haba algunas lneas escritas
 prisa, con varios borrones y regular ortografa, cosas que no
impedan las conservra el enamorado joven con ms amor aun que si
fuesen autgrafos de la misma Safo  de la musa Polimnia.

Esta decision de sacrificar el amor en aras de la dignidad, la
conciencia de sufrir cumpliendo con el deber no impedan que una
profunda melancola se apoderase de Isagani y le hiciese pensar
en los hermosos das y noches ms hermosas todava, en que se
murmuraban dulces necedades al traves de las rejas floridas del
entresuelo, necedades que para el joven tenan tal caracter de
seriedad  importancia que le parecan las nicas dignas de merecer
la atencion del ms elevado entendimiento humano. Isagani pensaba
en los paseos en las noches de luna, en la feria, en las madrugadas
de Diciembre despues de la misa de gallo, en el agua bendita que la
sola ofrecer y ella se lo agradeca con mirada llena de un poema de
amor, estremecindose ambos al ponerse en contacto los dedos. Sonoros
suspiros como pequeos cohetes salan de su pecho y se le ocurran
todos los versos, todas las frases de los poetas y escritores sobre
la inconstancia de la mujer. Maldeca en su interior la creacion de
los teatros, la opereta francesa, prometa vengarse de Pelaez  la
primera oportunidad. Todo cuanto le rodeaba se le apareca bajo los ms
tristes y negros colores; la baha, desierta y solitaria, pareca ms
solitaria todava por los pocos vapores que en ella fondeaban; el sol
iba  morir detrs de Mariveles, sin poesa y sin encantos, sin las
nubes caprichosas y ricas en colores de las tardes bienaventuradas;
el monumento de Anda, de mal gusto, mezquino y recargado, sin estilo,
sin grandeza: pareca un sorbete   lo ms un pastel; los seores
que se paseaban por el Malecon, apesar de tener un aire satisfecho
y contento, le parecan huraos, altivos y vanos; traviesos y mal
educados, los chicos que jugaban en la playa haciendo saltar sobre
las ondas las piedras planas de la ribera,  buscando en la arena
moluscos y crustceos que cogen por coger y los matan sin sacar
de ellos provecho, en fin hasta las eternas obras del puerto  que
haba dedicado ms de tres odas, le parecan absurdas, ridculas,
juego de chiquillos.

--El puerto, ah! el puerto de Manila, bastardo que, desde que se
concibe, hace llorar  todos de humillacion y vergenza! si al menos
despues de tantas lgrimas no saliese el feto hecho un inmundo aborto!

Salud distraidamente  dos jesuitas, sus antiguos profesores;
apenas se fij en un tandem que conduca un americano y excitaba
las envidias de algunos elegantes que guiaban sus calesas; cerca
del monumento de Anda oy que Ben Zayb hablaba con otro de Simoun,
que en la noche anterior se haba puesto sbitamente enfermo; Simoun
se negaba  recibir  nadie,  los mismos ayudantes del General.

--Ya! exclam Isagani con risa amarga; para se las atenciones
porque es rico... vuelven los soldados de las espediciones, enfermos
y heridos, y  ellos nadie los visita!

Y pensando en estas expediciones, en la suerte de los pobres soldados
y en la resistencia que oponan los insulares al yugo estrangero,
pens que, muerte por muerte, si la de los soldados era sublime porque
cumplan con su deber, la muerte de los insulares era gloriosa porque
defendan su hogar.

--Estrao destino, el de algunos pueblos! dijo. Porque un viajero
arriba  sus playas, pierden su libertad y pasan  ser sbditos y
esclavos, no solo del viajero, no solo de los herederos de ste,
sino aun de todos sus compatriotas, y no por una generacion sino
para siempre! Estraa concepcion de la justicia! Tal situacion da
amplio derecho para esterminar  todo forastero como al ms feroz
mnstruo que puede arrojar el mar!

Y pensaba que aquellos insulares, contra los cuales su patria
estaba en guerra, despues de todo no tenan ms crmen que el de
su debilidad. Los viajeros abordaron tambien  las playas de otros
pueblos, pero por hallarlos fuertes, no trataron de su singular
pretension. Dbiles y todo le pareca hermoso el espectculo que daban,
y los nombres de los enemigos, que los peridicos no se descuidaban
de llamar cobardes y traidores, le parecan gloriosos, sucumban con
gloria al pi de las ruinas de sus imperfectas fortificaciones, con
ms gloria aun que los antiguos hroes troyanos; aquellos insulares
no haban robado ninguna Helena filipina. Y con su entusiasmo de
poeta, pensaba en los jvenes de aquellas islas que podan cubrirse
de gloria  los ojos de sus mujeres, y como enamorado en desesperacion
les envidiaba porque podan hallar un brillante suicidio. Y exclamaba:

--Ah! quisiera morir, reducirme  la nada, dejar  mi patria un
nombre glorioso, morir por su causa, defendindola de la invasion
estrangera y que el sol despues alumbre mi cadver como centinela
inmvil en las rocas del mar!

Y el conflicto con los alemanes se le vena  la memoria, y casi
senta que se hubiese allanado; l hubiera muerto con gusto por el
pabellon espaol-filipino antes de someterse al estrangero:

--Porque despues de todo, pensaba, con Espaa nos unen slidos lazos,
el pasado, la historia, la religion, el idioma...

El idioma, s, el idioma! Una sonrisa sarcstica se dibuj en sus
labios; aquella noche tenan ellos el banquete en la pansitera para
celebrar la muerte de la Academia de Castellano.

--Ay! suspir; como los liberales en Espaa sean cual los tenemos
aqu, dentro de poco la Madre Patria podr contar el nmero de
sus fieles!

La noche descenda poco  poco y con ella aumentbase la melancola
en el corazon del joven, que perda casi la esperanza de ver 
Paulita. Los paseantes abandonaban poco  poco el Malecon para irse 
la Luneta, cuya msica dejaba oir pedazos de melodas traidas hasta
all por la fresca brisa de la tarde; los marineros de un barco de
guerra, anclado en el ro, ejecutaban las maniobras de antes de la
noche, trepando por las cuerdas ligeros como araas; las embarcaciones
encendan poco  poco sus fanales dando seales de vida y la playa


            Do el viento riza las calladas olas
            Que con blando murmullo en la ribera
            Se deslizan veloces por s solas...


que dice Alaejos, exhalaba  lo lejos tnues vapores que la luz
de la luna, ahora en todo su lleno, converta poco  poco en gasa
trasparente y misteriosa...

Un ruido lejano se percibe, ruido que se acerca ms y ms; Isagani
vuelve la cabeza y su corazon comienza  latir violentamente;
un coche viene tirado por caballos blancos, los caballos blancos
que distinguira entre cien mil. En el coche vienen Paulita, doa
Victorina y la amiga de la noche anterior.

Antes que pudiese dar un paso el joven, Paulita ha saltado ya en
tierra con su agilidad de slfide y sonre  Isagani con sonrisa llena
de conciliacion; Isagani sonre  su vez y le parece que todas las
nubes, todas las negras ideas que antes le asediaban, se disipaban
como humo; luces tena el cielo, cantos el aire, y flores cubran
las yerbas del camino. Desgraciadamente, doa Victorina estaba all,
doa Victorina que coga para s al joven para pedirle noticias de
don Tiburcio. Isagani se haba encargado de descubrir su escondite
valindose de los estudiantes que conoca.

--Ninguno me ha sabido dar razon hasta ahora, responda y deca la
verdad, porque don Tiburcio estaba escondido precisamente en casa
del mismo to del joven, el P. Florentino.

--Hgale usted saber, deca doa Victorina furiosa, que me valdr de
la Guardia Civil; vivo  muerto quiero saber donde est... Porque
tener que esperar diez aos para poderse una casar!

Isagani la mir espantado; doa Victorina pensaba en casarse. Quin
sera el infeliz?

--Qu le parece  usted Juanito Pelaez? pregunt ella de repente.

--Juanito?...

Isagani no saba que contestar; dbanle ganas de decir todo lo malo que
saba de Pelaez, pero la delicadeza triunf en su corazon y habl bien
de su rival por lo mismo que lo era. Doa Victorina, toda contenta y
entusiasmada, se deshizo entonces en ponderar los mritos de Pelaez,
 iba ya  hacer de Isagani confidente de sus nuevos amores, cuando
la amiga de Paulita vino corriendo  decir que el abanico de esta
se haba caido entre las piedras que haba en la playa, junto al
Malecon. Estratagema  casualidad, es el caso que este percance di
motivo  que la amiga se quedase con la vieja  Isagani se entendiese
con Paulita. Por lo dems, doa Victorina se alegraba, y por quedarse
con Juanito, favoreca ella los amores de Isagani.

Paulita tena su tctica; al darle las gracias se hizo la ofendida,
la resentida, y delicadamente di  entender que se estraaba de
encontrarle all cuando todo el mundo estaba en la Luneta, hasta las
actrices francesas...

--Me haba dado usted cita, cmo poda yo menos...?

--Sin embargo, anoche ni siquiera se apercibi usted de que estaba
en el teatro; todo el tiempo le estuve observando y no apartaba usted
sus ojos de aquellas cochers...

Se cambiaron los papeles; Isagani que vena para pedir explicaciones,
las tuvo que dar y se consider muy feliz cuando Paulita le dijo que
le perdonaba. En cuanto  la presencia de sta en el teatro, todava
era de agradecrsela; ella, forzada por la ta, solo se haba decidido
con la esperanza de verle durante la funcion. Bien se burlaba ella
de Juanito Pelaez!

--Mi ta es quien est enamorada! dijo riendo alegremente.

Rironse ambos, el casamiento de Pelaez con doa Victorina les puso
locos de contento y lo vieron ya como realizado; pero Isagani se
acord de que don Tiburcio viva y confi  su amada el secreto,
despues de hacerla prometer que no lo dira  nadie. Paulita prometi
pero con la reserva mental de contrselo  su amiga.

Esto llev la conversacion al pueblo de Isagani, rodeado de bosques
y situado  orillas del mar que ruge al pi de las elevadas rocas.

La mirada de Isagani se iluminaba al hablar de aquel oscuro rincon;
el fuego del orgullo encenda sus mejillas, vibraba su voz, su
imaginacion de poeta se caldeaba, las palabras le venan ardientes,
llenas de entusiasmo como si hablase al amor de su amor y no pudo
menos de exclamar:

--Oh! en la soledad de mis montaas me siento libre, libre como
el aire, como la luz que se lanza sin frenos por el espacio! Mil
ciudades, mil palacios diera yo por el rincon de Filipinas, donde
lejos de los hombres me siento con verdadera libertad! All, con la
naturaleza cara  cara, delante del misterio y del infinito, el bosque
y el mar, pienso, hablo y obro como un hombre que no reconoce tiranos!

Paulita, ante tanto entusiasmo por el pueblo natal, entusiasmo que no
comprenda, ella que estaba acostumbrada  oir hablar mal de su pas
y hacer de vez en cuando coro, manifest ciertos celos hacindose
como siempre la resentida.

Pero Isagani la tranquiliz muy pronto.

--S, dijo, yo le amaba sobre todas las cosas antes de
conocerte! Gustbame vagar en la espesura, dormir  la sombra de
los rboles, sentarme sobre la cima de una roca para abarcar con
la mirada el Pacfico que revuelve delante de m sus azules olas,
trayndome el eco de los cantos aprendidos en las playas de la
Amrica libre... Antes de conocerte, aquel mar era para m mi mundo,
mi encanto, mi amor, mis ilusiones. Cuando duerme en calma y el sol
brilla en la altura, me deleitaba mirando al abismo,  cincuenta
metros  mis pis, buscando monstruos en los bosques de madrporas
y corales que se columbran al travs del lmpido azul, las enormes
serpientes que, al decir de los campesinos, dejan los bosques para
vivir en el mar y adquirir formas espantosas... Por las tardes que
es cuando, dicen, aparecen las sirenas, las espiaba yo entre una
y otra ola, con tanto afan que una vez cre distinguirlas en medio
de la espuma, ocupadas en sus divinos juegos; o distintamente sus
cantos, cantos de libertad, y percib los sonidos de sus argentinas
arpas. Antes pasaba horas y horas mirando trasformarse las nubes,
contemplando un arbol solitario en el llano, una roca, sin poder darme
razon del por qu, sin poder definir el vago sentimiento que en m
despertaban. Mi to me sola predicar largos sermones y temiendo me
volviese hipocondraco hablaba de llevarme  casa de un mdico. Pero
te v, te am, y en estas vacaciones, parecame que algo me faltaba
all, el bosque estaba oscuro, triste el ro que corre en la espesura,
montono el mar, desierto el horizonte... Ah! si fueses una sola vez,
si tus plantas hollasen aquellos senderos, si agitases con la punta
de tus dedos las aguas del arroyo, si mirases al mar, te sentases
en la roca  hicieses vibrar el aire con tus melodiosos cantos,
mi bosque se trasformara en Eden, las ondas del arroyo cantaran,
brotara la luz de las oscuras hojas, se convertiran en brillantes
las gotas de roco y en perlas las espumas del mar!

Pero Paulita haba oido decir que para ir al pueblo de Isagani
era necesario pasar por montaas donde abundaban pequeas
sanguijuelas, y  este solo pensamiento, la cobarde se estremeca
convulsivamente. Comodona y mimada, dijo que solo viajara en coche
 en ferro carril.

Isagani, que haba olvidado todos sus pesimismos y solo vea en todas
partes rosas sin espinas, responda:

--Dentro de muy poco, todas las islas van  estar cruzadas de redes
de hierro,


            Por donde rpidas
            Y voladoras
            Locomotoras
            Corriendo irn


como dijo uno; entonces los rincones ms hermosos del archipilago
estarn abiertos  todos...

--Entonces, pero cundo? Cuando sea una vieja...

--Bah! no sabes lo que podemos hacer dentro de algunos aos,
contest Isagani; no sabes la energa y el entusiasmo que en el
pais se despiertan despues de un letargo de siglos... Espaa nos
atiende; nuestros jvenes en Madrid trabajan noche y da y dedican
 la patria toda su inteligencia, todos sus instantes, todos sus
esfuerzos; voces generosas se unen all  las nuestras, polticos
que comprenden que no hay mejor lazo que la comunidad de intereses
y sentimientos; se nos hace justicia y todo augura para todos un
brillante porvenir!... Verdad es que acabamos de sufrir un pequeo
desastre, nosotros los estudiantes, pero la victoria va triunfando
en toda la lnea... est en todas las conciencias! La traidora
derrota que sufrimos atestigua las ltimas hoqueadas, las ltimas
convulsiones del moribundo! Maana seremos ciudadanos de Filipinas,
cuyo destino ser hermoso porque estar en amantes manos; oh, s! el
porvenir es nuestro, lo veo de rosa, veo el movimiento agitar la vida
en estas regiones largo tiempo muertas, aletargadas... Veo surgir
pueblos  lo largo de los caminos de hierro, y por donde quiera
fbricas, edificios como aquel de Mandaloyon!... Oigo el vapor silbar,
el traqueteo de los trenes, el estruendo de las mquinas... miro
subir el humo, su potente respiracion, y aspiro el olor de aceite,
el sudor de los monstruos ocupados en incesante faena... Ese puerto,
de gestacion laboriosa, ese ro donde parece agoniza el comercio,
los veremos llenos de mstiles y nos darn una idea del invierno en
los bosques de Europa... Este aire puro y estas piedras tan limpias
se llenarn de carbon, de cajas y barriles, productos de la industria
humana, pero, no importa! iremos en rpido movimiento, en coches
cmodos,  buscar en el interior otros aires, otros panoramas en otras
playas, ms frescas temperaturas en las faldas de los montes... Los
acorazados de nuestra marina guardarn las costas; el espaol y el
filipino rivalizarn en celo para rechazar toda invasion extrangera,
para defender vuestros hogares y dejaros  vosotras reir y gozar
en paz, amadas y respetadas. Libres del sistema de explotacion, sin
despechos ni desconfianzas; el pueblo trabajar porque entonces el
trabajo dejar de ser infamante, dejar de ser servil, como imposicion
al esclavo; entonces el espaol no agriar su caracter con ridculas
pretensiones despticas y, franca la mirada, robusto el corazon,
nos daremos la mano, y el comercio, la industria, la agricultura,
las ciencias se desenvolvern al amparo de la libertad y de leyes
sabias y equitativas como en la prspera Inglaterra...

Paulita sonrea con aire de duda y sacuda la cabeza.

--Sueos, sueos! suspir; he oido decir que teneis muchos
enemigos... Ta Torina dice que este pais ser siempre esclavo.

--Porque tu ta es una tonta, porque no puede vivir sin esclavos, y
cuando no los tiene, los suea en el porvenir, y si no son posibles,
los forja en su imaginacion. Cierto que tenemos enemigos, que habr
lucha, pero venceremos. El viejo sistema podr convertir las ruinas
de su castillo en informes barricadas, nosotros se las tomaremos al
canto de libertad,  la luz de vuestros ojos, al aplauso de vuestras
adoradas manos! Por lo dems, no te inquietes; la lucha ser pacifica;
basta que vosotras nos lanceis al estudio, desperteis en nosotros
nobles, elevados pensamientos y nos alenteis  la constancia, al
heroismo con el premio de vuestra ternura!

Paulita conservaba su risa enigmtica y pareca pensativa; miraba
hcia el ro dndose en las mejillas ligeros golpecitos con el abanico.

--Y si nada consegus? pregunt distraida.

La pregunta le hizo dao  Isagani; fij los ojos en los de su amada,
cogile suavemente una mano y repuso:

--Escucha: si nada conseguimos...

Y se detuvo vacilando.

--Escucha, Paulita, continu; sabes cuanto te amo y cuanto te adoro,
sabes que me siento otro cuando me envuelve tu mirada, cuando sorprendo
en ella una centella de amor... sin embargo, si nada conseguimos,
soara en otra mirada tuya y morira dichoso porque un rayo de orgullo
pudiese brillar en tus ojos y dijeses un da al mundo sealando mi
cadver: mi amor ha muerto luchando por los derechos de mi patria!

--A casa, nia, que vas  coger un resfriado! chill en aquel momento
doa Victorina.

La voz les trajo  la realidad. Era la hora de volver, y por amabilidad
invitaron  Isagani  subir en el coche, invitacion que el joven no se
hizo repetir. Como el coche era de Paulita, naturalmente ocuparon el
testero doa Victorina y la amiga, y en el banquito los dos enamorados.

Ir en el mismo coche, tenerla al lado, aspirar su perfume, rozar la
seda de su traje, verla pensativa, con los brazos cruzados, baada
por la luna de Filipinas que presta  las cosas ms vulgares idealidad
y encantos, era un sueo que Isagani no se esperaba! Qu miserables
eran los que se retiraban  pi, solos, y tenan que apartarse para
dejar paso al rpido coche! De todo aquel trayecto,  lo largo de la
playa, por el paseo de la Sabana, el puente de Espaa, Isagani no ha
visto ms que un suave perfil peinado graciosamente, terminado por un
flexible cuello que se perda entre las gasas de la pia. Un brillante
le guiaba desde el lbulo de la diminuta oreja, como una estrella
entre plateadas nubes. Isagani ha oido ecos lejanos preguntndole
por don Tiburcio de Espadaa, el nombre de Juanito Pelaez, pero le
sonaban  campanadas que se oyen de lejos, voces confusas percibidas
durante el sueo.

Fu necesario advertirle que haban llegado  la plaza de Santa Cruz.






XXV

RISAS--LLANTOS


La sala de la Pansitera Macanista de buen gusto ofreca en aquella
noche un aspecto estraordinario.

Catorce jvenes, de las principales islas del Archipilago, desde el
indio puro (si es que los hay puros) al espaol peninsular, se reunan
para celebrar el banquete que el P. Irene aconsejaba, en vista de
la resolucion dada al asunto de la enseanza del castellano. Haban
alquilado para s todas las mesas, mandando aumentar las luces y
pegar en la pared, junto  los paisajes y kakmonos chinescos, este
estrao versculo:


    Gloria  Custodio por sus listuras y pansit an la tierra  los
    chicos de buena voluntad!


En un pas donde todo lo grotesco se cubre con capa de seriedad,
donde muchos se elevan  fuerza de humo y aire calentado; en un pais
donde lo profundamente serio y sincero daa al salir del corazon y
puede ocasionar disturbios, probablemente aquella era la mejor manera
de celebrar la ocurrencia del insigne don Custodio. Los burlados
contestaban  la sorna con una carcajada, al pastel gubernamental
respondan con un plato de pansit, y todava!

Se rea, se chanceaba, pero era visible que en la alegra haba
esfuerzo; las risas vibraban de cierto temblor nervioso, de los ojos
saltaban rpidas chispas y en ms de uno se vi una lgrima brillar. Y
sin embargo, aquellos jvenes eran crueles, eran injustos! No era
la primera vez que se resolvan as los ms hermosos pensamientos,
que se defraudaban las esperanzas con grandes palabras y pequeas
acciones: antes de don Custodio, hubo otros muchos, muchsimos!

En medio de la sala y bajo los faroles rojos, se vean cuatro mesas
redondas, dispuestas simtricamente formando un cuadrado; servan de
asiento banquillos de madera igualmente redondos. En el centro de cada
mesa, segun el uso del establecimiento, se presentaban cuatro platitos
de colores con cuatro pasteles cada uno, y cuatro tazas de t con sus
correspondientes cubiertas, todas de porcelana roja; delante de cada
banquillo se vean una botella y dos copas de luciente cristal.

Sandoval,  fuer de curioso, miraba, escudriaba todo, probaba las
pastas, examinaba los cuadros, lea la lista de los precios. Los dems
hablaban del tema del da, de las actrices de la opereta francesa y la
enfermedad misteriosa de Simoun  quien, segun unos, haban encontrado
herido en la calle, segun otros, haba intentado suicidarse: como era
natural se perdan en conjeturas. Tadeo daba su version particular,
segun l, tomada de buena fuente. Simoun haba sido atacado por
un desconocido en la antigua plaza del Vivac; los motivos eran la
venganza, y en prueba de ello el mismo Simoun se negaba  dar la ms
mnima explicacion. De all pasaron  hablar de venganzas misteriosas,
y naturalmente de hazaas frailunas contando cada uno las proezas de
los respectivos curas de sus pueblos.

Una cuarteta, en grandes letras negras, coronaba el friso de la sala
y deca:


            De esta fonda el cabecilla
            Al pblico advierte
            Que nada dejen absolutamente
            Sobre alguna mesa  silla.


--Vaya una advertencia! exclam Sandoval; si habr confianza en la
cuadrilla, eh? Y qu versos! Don Tiburcio convertido en redondilla,
dos pis, uno ms largo que otro entre dos muletas! Si los ve Isagani,
los regala  su futura ta!

--Aqu est Isagani! contest una voz desde las escaleras.

Y el dichoso joven apareci radiante de alegra, seguido de dos
descamisados chinos que llevaban en enormes bandejas fuentes que
esparcan apetitoso olor. Alegres esclamaciones los saludaron.

Faltaba Juanito Pelaez, mas habiendo pasado ya la hora, sentronse
 la mesa alegremente. Juanito siempre iba  ser informal.

--Si en su lugar hubisemos invitado  Basilio, dijo Tadeo, nos
divertiramos ms. Le emborrachariamos para sacarle algunos secretos.

--Qu, el prudente Basilio posee secretos?

--Vaya! contest Tadeo, y de los ms importantes! Hay ciertos enigmas
de los cuales l solo conoce la llave... el muchacho desaparecido,
la monja...

--Seores, el pansit lang-lang es la sopa por excelencia! gritaba
Makaraig; como usted ver, Sandoval, se compone de setas, langostinos
 camarones, pasta de huevos, sotanjun, trozos de gallina y qu s
yo ms. Como primicias, ofrezcamos los huesos  don Custodio;  ver
que proyecte algo sobre ellos!

Una alegre carcajada recibi esta arenga.

--Si lo llega  saber...

--Se viene corriendo! aadi Sandoval; la sopa es excelente, cmo
se llama?

--Pansit lang-lang, esto es, pansit chino para diferenciarlo del otro
que es propio del pas.

--Bah! es nombre difcil de retener. En honor  don Custodio le
bautizo proyecto de sopa!

El nombre nuevo qued aceptado.

--Seores, dijo Makaraig que era el que haba dispuesto el men;
aun tenemos tres platos! Lumpi de chino hecho de carne de cerdo...

--Que se ofrece al P. Irene!

--Sopla! El P. Irene no come cerdo si no se quita la nariz, observ
en voz baja un joven de Iloilo  su vecino.

--Se quitar la nariz!

--Abajo la nariz del P. Irene! gritaron todos en coro.

--Respeto, seores, ms respeto! reclam Pecson con cmica gravedad.

--El tercer plato es una torta de cangrejos...

--Que se dedica  los frailes, aadi el de Visayas.

--Por lo cangrejos, termin Sandoval.

--Justo, y se llamar torta de frailes!

Todos repitieron en coro: torta de frailes!

--Protesto en nombre de uno! dijo Isagani.

--Y yo, en nombre de los cangrejos! aadi Tadeo.

--Respeto, seores, ms respeto! volvi  gritar Pecson con la
boca llena.

--El cuarto es el pansit guisado que se dedica... al gobierno y
al pais!

Todos se volvieron hcia Makaraig.

--Hasta hace poco, seores, continu, el pansit se crea chino o
japons, pero es el caso que no conocindose ni en la China ni en
el Japon, parece ser filipino, y sin embargo los que lo guisan y
benefician son los chinos: idem de idem de idem lo que les pasa al
gobierno y  Filipinas: parecen chinos pero si lo son  no lo son,
doctores tiene la Santa Madre... Todos comen y gustan de l y sin
embargo hacen melindres y ascos; lo mismo le pasa al pais, lo mismo
al gobierno. Todos viven  su costa, todos participan de la fiesta
y despues no hay pas ms malo que Filipinas, no hay gobierno ms
desorganizado. Dediquemos pues el pansit al pais y al gobierno!

--Dedicado! dijeron en coro.

--Protesto! exclam Isagani...

--Respeto  los menores, respeto  las vctimas! grit en voz hueca
Pecson levantando en el aire un hueso de gallina.

--Dediquemos el pansit al chino Quiroga, uno de los cuatro poderes
del mundo filipino! propuso Isagani.

--No,  la Eminencia Negra!

--Silencio! exclam uno con misterio; en la plaza hay grupos que
nos contemplan y las paredes oyen.

En efecto, grupos de curiosos estacionaban delante de las ventanas,
mientras que la algazara y la risa en los establecimientos contiguos
haban cesado por completo, como si prestasen atencion  lo que pasaba
en el banquete. El silencio tena algo de estraordinario.

--Tadeo, pronuncia tu discurso! le dijo en voz baja Makaraig.

Se haba convenido que Sandoval, como el que ms cualidades de orador
tena, resumira los brindis.

Tadeo, perezoso como siempre, nada haba preparado y se vea en un
apuro. Mientras aspiraba un largo sotanjun, pensaba en cmo salir
del paso, hasta que record un discurso aprendido en la clase y se
dispuso  plagiarlo y adulterarlo.

--Queridos hermanos en proyecto! comenz gesticulando con los dos
palitos de comer que usan los chinos.

--Animal! suelta el spit que me has despeinado! dijo un vecino.

--Llamado por vuestra eleccion  llenar el vaco que ha dejado en...

--Plagiario! le interrumpi Sandoval; ese discurso es del presidente
de nuestro Liceo!

--Llamado por vuestra eleccion,--continu Tadeo imperturbable,--
llenar el vaco que ha dejado en mi... mente (y se seal el abdmen)
un varon ilustre por su doctrina cristiana y por sus ocurrencias y
proyectos merecedor de tener un poquito ms de memoria, qu podr
deciros quien como yo tiene mucha hambre porque no ha almorzado?

--Toma un cuello, chicoo! djole el vecino presentndole un cuello
de gallina.

--Hay un plato, seores, tesoro de un pueblo que es hoy fbula
y ludibrio de la tierra, en donde han ido  meter su hambrienta
cucharada los ms grandes tragones de las regiones occidentales del
globo...--sealando con sus palitos  Sandoval en lucha con una
recalcitrante ala de gallina.

--Y orientales! replic el aludido trazando un crculo con la cuchara
para comprender  todos los comensales.

--No valen interrupciones!

--Pido la palabra!

--Pido pats! aadi Isagani.

--Que venga el lumpi!

Todos pidieron el lumpi y Tadeo se sent muy contento de haber salido
del paso.

El plato consagrado al P. Irene no pareci famoso y Sandoval lo
manifest as cruelmente:

--Brillante de grasa por fuera y puerco por dentro! Que venga el
tercer plato, la torta de frailes!

La torta no estaba hecha todava; se oa el chirrido de la manteca
en la sarten. El intermedio lo aprovecharon para beber y pidieron
que Pecson hablase.

Pecson se persign seriamente, se levant conteniendo  duras penas su
risa de bobo,  imitando  cierto predicador agustino famoso entonces,
principi  murmurar como si recitase la tsis de un sermon.

Si tripa plena laudat Deum, tripa famelica laudabit fratres; si tripa
llena alaba  Dios, tripa hambrienta alabar  los frailes. Palabras
que dijo el seor Custodio por boca de Ben Zayb, peridico El Grito
de la Integridad, artculo segundo, tontera ciento cincuenta y siete.

Queridos hermanos en Jesucristo!

El mal sopla su impuro aliento sobre las verdes costas de la
Frailandia, vulgo Archipilago filipino! No brilla un da sin
que resuene un ataque, sin que se escuche un sarcasmo contra las
reverendas, venerandas y predicandas corporaciones, indefensas
y faltas de todo apoyo. Permitidme, hermanos, que un momento me
haga caballero andante para salir en defensa del desvalido, de las
santas corporaciones que nos educaron, confirmando una vez ms la
idea complementaria del adagio, tripa llena alaba  Dios, cual es,
tripa hambrienta alabar  los frailes.

--Bravo, bravo!

--Oye, dijo Isagani seriamente; te advierto que tratndose de frailes,
respeto  uno.

Sandoval que ya estaba alegre se puso  cantar:


        Un fraile, dos frailes, tres frailes en el coooro
        Hacen el mismo efecto que un solo tooooro!


--Escuchad, hermanos; volved la vista hcia los hermosos das de
vuestra infancia; tratad de examinar el presente y preguntaos el
porvenir. Qu teneis? Frailes, frailes y frailes! Un fraile os
bautiza, confirma, visita en la escuela con amoroso afan; un fraile
escucha vuestros primeros secretos, es el primero en haceros comer 
un Dios, en iniciaros en la senda de la vida; frailes son vuestros
primeros y ltimos maestros, fraile es el que abre el corazon de
vuestras novias, disponindolas  vuestros suspiros, un fraile os
casa, os hace viajar por diferentes islas proporcionndoos cambios
de clima y distracciones; l os asiste en vuestra agona y aunque
subais al cadalso, all est el fraile para acompaaros con sus rezos
y lgrimas y podeis estar tranquilos que no os ha de abandonar,
hasta veros bien muertos y ahorcados. Mas su caridad no termina
all; muertos ya procurar enterraros con toda pompa, luchar para
que vuestro cadver pase por la iglesia, reciba los sufragios y
solo descansar satisfecho cuando os pueda entregar en manos del
Criador purificados aqu en la tierra, gracias  temporales castigos,
torturas y humillaciones. Conocedores de la doctrina de Cristo que
cierra el cielo  los ricos, ellos, nuevos redentores, verdaderos
ministros del Salvador, inventan todas las astucias para aligeraros
de vuestros pecados, vulgo cuap, y los trasportan lejos, muy lejos,
all donde los condenados chinos y protestantes viven, y dejan esta
atmsfera lmpida, pura, saneada, de tal modo que aunque quisiramos
despues, no pudisemos encontrar un real para nuestra condenacion!

Si pues su existencia es necesaria  nuestra felicidad, si do
quiera que llevemos la nariz nos hemos de encontrar con la fina mano,
hambrienta de besos, que aplana cada da ms el maltrecho apndice
que en el rostro ostentamos por qu no mimarlos y engordarlos y
por qu pedir su antipoltica expulsion? Considerad un momento el
inmenso vaco que en nuestra sociedad dejara su ausencia! Obreros
incansables, mejoran y multiplican las razas; desunidos como
estamos merced  celos y susceptibilidades, los frailes nos unen
en una suerte comun, en un apretado haz, tan apretado que muchos no
pueden mover los codos! Quitad al fraile, seores, y vereis cmo el
edificio filipino tambalear, falto de robustos hombros y velludas
piernas, la vida filipina se volver montona sin la nota alegre del
fraile jugueton y zandunguero, sin los libritos y sermones que hacen
desternillar de risa, sin el gracioso contraste de grandes pretensiones
en insignificantes crneos, sin la representacion viva, cuotidiana, de
los cuentos de Boccacio y Lafontaine! Sin las correas y escapularios,
qu quereis que en adelante hagan nuestras mujeres sino economizar ese
dinero y volverse acaso avaras y codiciosas? Sin las misas, novenarios
y procesiones, dnde encontrareis panguinguis para entretener sus
ocios? tendrn que reducirse  las faenas de la casa y en vez de
leer divertidos cuentos de milagros, tendremos que procurarles las
obras que no existen! Quitad al fraile, y se desvanecer el heroismo,
sern del dominio del vulgo las virtudes polticas; quitadle y el
indio dejar de existir; el fraile es el Padre, el indio el Verbo;
aquel el artista, ste la estatua, porque todo lo que somos, lo que
pensamos y lo que hacemos, al fraile se lo debemos,  su paciencia,
 sus trabajos,  su constancia de tres siglos para modificar la
forma que nos di Naturaleza! Y Filipinas sin fraile y sin indio,
qu le pasar al pobre gobierno en manos con los chinos?

--Comer torta de cangrejos! contest Isagani  quien le aburra el
discurso de Pecson.

--Y es lo que debemos hacer! Basta de discursos!

Como no apareca el chino que deba traer el plato, levantse uno de
los estudiantes y se fu al fondo, hcia el balcon que daba al ro;
mas se volvi inmediatamente haciendo seas misteriosas.

--Nos espan; he visto al favorito del P. Sibyla!

--S? exclam Isagani levantndose.

--Es intil; al verme se ha ido.

Y acercndose  la ventana, mir hcia la plaza. Despues hizo seas
 sus compaeros para que se acercasen. Vieron salir por la puerta
de la pansitera un joven que miraba  todas partes y entraba con un
desconocido en un coche que esperaba junto  la acera. Era el coche
de Simoun.

--Ah! exclam Makaraig; el esclavo del Vice Rector servido por el
Amo del General!






XXVI

PASQUINADAS


Muy de maana levantse Basilio para ir al Hospital. Tena su plan
trazado, visitar  sus enfermos, ir despues  la Universidad para
enterarse algo de su licenciatura, y verse despues con Makaraig para
los gastos que esta le ocasionara. Haba empleado gran parte de sus
economas en rescatar  Jul y procurarle una cabaa donde vivir
con el abuelo, y no se atrevia  acudir  Capitan Tiago, temiendo
no interpretase el paso como un adelanto de la herencia que siempre
le prometa.

Distraido con estas ideas, no se fij en los grupos de estudiantes que
tan de maana volvan de la ciudad como si se hubiesen cerrado las
aulas; menos aun pudo notar el aire preocupado que tenan algunos,
las conversaciones en voz baja, la seas misteriosas que entre s
cambiaban. As es que cuando, al llegar  San Juan de Dios, sus amigos
le preguntaron acerca de una conspiracion, Basilio peg un salto
acordndose de la que tramaba Simoun, abortada por el misterioso
accidente del joyero. Lleno de temor y con voz alterada pregunt
tratando de hacerse del ignorante:

--Ah! la conspiracion?

--Se ha descubierto! repuso otro, y parece que hay muchos complicados.

Basilio procur dominarse.

--Muchos complicados? repiti tratando de leer algo en las miradas
de los dems; y quines...?

--Estudiantes, la mar de estudiantes!

Basilio no crey prudente preguntar ms temiendo venderse,
y pretestando la visita de sus enfermos, se alej del grupo. Un
catedrtico de clnica le sali al paso y ponindole misteriosamente
la mano sobre el hombro--el catedrtico era su amigo--le pregunt en
voz baja:

--Estuvo usted en la cena de anoche?

Basilio, en el estado de nimo en que se encontraba, crey oir
anteanoche. Anteanoche fu la conferencia con Simoun. Quiso explicarse.

--Le dir  usted, balbuce, como Capitan Tiago estaba malo y ademas
tena que concluir con el Mata...

--Hizo usted bien en no ir, dijo el profesor; pero usted forma parte
de la asociacion de estudiantes?

--Doy mi cuota...

--Pues entonces, un consejo: retrese ahora mismo y destruya cuantos
papeles tenga que le puedan comprometer.

Basilio se encogi de hombros. Papeles no tena ninguno, tena apuntes
clnicos, nada ms.

--Es que el seor Simoun...?

--Simoun nada tiene que ver en el asunto, gracias  Dios! aadi el
mdico; ha sido oportunamente herido por mano misteriosa y est en
cama. No, aqu andan otras manos, pero no menos terribles.

Basilio respir. Simoun era el nico que le poda comprometer. Sin
embargo pens en Cabesang Tales.

--Hay tulisanes...?

--Nada, hombre, nada ms que estudiantes.

Basilio recobr su serenidad.

--Qu ha pasado, pues? se atrevi  preguntar.

--Se han encontrado pasquines subversivos, no lo saba usted?

--Dnde?

--C--! en la Universidad.

--Nada ms que eso?

--P--! qu ms quiere usted? pregunt el catedrtico casi furioso;
los pasquines se atribuyen  los estudiantes asociados, pero,
silencio!

Vena el catedrtico de Patologa, un seor que tena ms cara de
sacristan que de mdico. Nombrado por la poderossima voluntad del
Vice Rector sin exigirle ms mritos ni ms ttulos que la adhesion
incondicional  la corporacion, pasaba por ser un espa y un soplon
 los ojos de los otros catedrticos de la Facultad.

El primer catedrtico le devolvi el saludo friamente y guiando 
Basilio, le dijo en voz alta:

--Ya s que Cpn. Tiago huele  cadver; los cuervos y los buitres le
han visitado.

Y entr en la sala de los profesores.

Algo ms tranquilo, Basilio se aventur  averiguar ms
promenores. Todo lo que pudo saber era que se encontraron pasquines
en las puertas de la Universidad, pasquines que el Vice Rector mand
arrancar para enviarlos al Gobierno Civil. Decan que estaban llenos
de amenazas, degello, invasion y otras bravatas.

Sobre este hecho hacan los estudiantes sus comentarios. Las noticias
venan del conserje, ste las tena de un criado de Sto. Toms, quien
 su vez las supo de un capista. Pronosticaban futuros suspensos,
prisiones, etc. y se designaban los que iban  ser vctimas,
naturalmente los de la Asociacion.

Basilio record entonces las palabras de Simoun: El da en que puedan
deshacerse de usted... Usted no terminar su carrera...

--Si sabr algo? se pregunt; veremos quien puede ms.

Y recobrando su sangre fra, para saber  qu atenerse y  la vez para
gestionar su licenciatura, Basilio se encamin  la Universidad. Tom
por la calle de Legazpi, sigui la del Beaterio y al llegar al ngulo
que forma sta con la calle de la Solana, observ que efectivamente
algo importante deba haber ocurrido.

En vez de los grupos alegres y bulliciosos de antes, en las aceras
se vean parejas de la Guardia Veterana haciendo circular  los
estudiantes, que salan de la Universidad silenciosos unos, taciturnos,
irritados otros, estacionaban  cierta distancia  se volvan  sus
casas. El primero con quien se encontr fu Sandoval. En vano le
llam Basilio; pareca que se haba vuelto sordo.

--Efectos del temor en los jugos gastro-intestinales! pens Basilio.

Despues se encontr con Tadeo que tena cara de Pascuas. Al fin la
cuacha eterna pareca realizarse.

--Qu hay, Tadeo?

--Que no tendremos clase, lo menos por una semana,
chico! sublime! magnfico!

Y se frotaba las manos de contento.

--Pero qu ha pasado?

--Nos van  meter presos  los de la Asociacion!

--Y ests alegre?

--No hay clase, no hay clase! y se alej no cabiendo en s de alegra.

Vi venir  Juanito Pelaez plido y receloso; aquella vez su joroba
alcanzaba el mximum, tanta prisa se daba en huir. Haba sido de uno
de los ms activos promovedores de la asociacion mientras las cosas
se presentaban bien.

--Eh, Pelaez, qu ha pasado?

--Nada, no s nada! Yo nada tengo que ver, contestaba nerviosamente;
yo les estuve diciendo: esas son quijoteras... Verdad, t, que lo
he dicho?

Basilio no saba si lo haba dicho  no, pero por complacerle contest:

--S, hombre! pero qu sucede?

--Verdad que s? Mira, t eres testigo: yo siempre he sido
opuesto... t eres testigo, mira, no te olvides!

--S, hombre, s, pero qu pasa?

--Oye, t eres testigo! Yo no me he metido jams con los de
la asociacion, sino para aconsejarles!... no vayas  negarlo
despues! Ten cuidado, sabes?

--No, no lo negar, pero qu ha pasado, hombre de Dios?

Juanito ya estaba lejos; haba visto que se acercaba un guardia y
temi que le prendiera.

Basilio se dirigi entonces  la Universidad para ver si acaso la
secretara estaba abierta y para recoger noticias. La secretara estaba
cerrada, y en el edificio haba extraordinario movimiento. Suban
y bajaban las escaleras frailes, militares, particulares, antiguos
abogados y mdicos, acaso para ofrecer sus servicios  la causa
que peligraba.

Divis de lejos  su amigo Isagani que, plido y emocionado, radiante
de belleza juvenil, arengaba  unos cuantos condiscpulos levantando
la voz como si le importase poco el ser oido de todo el mundo.

--Parece mentira, seores, parece mentira que un acontecimiento tan
insignificante nos ponga en desbandada y huyamos como gorriones porque
se agita el espantajo! Es la primera vez acaso que los jvenes entran
en la crcel por la causa de la libertad? Dnde estn los muertos,
dnde los afusilados? Por qu apostatar ahora?

--Pero quin ser el tonto que ha escrito semejantes
pasquines? preguntaba uno indignado.

--Qu nos importa? contestaba Isagani; nosotros no tenemos por
qu averiguarlo, que lo averigen ellos! Antes de saber cmo estn
redactados, nosotros no tenemos necesidad de hacer alardes de adhesion
en los momentos como ste. All donde hay peligro, all debemos
acudir porque all est el honor! Si lo que dicen los pasquines est
en armona con nuestra dignidad y nuestros sentimientos, quien quiera
que los haya escrito, ha obrado bien, debemos darle las gracias y
apresurarnos  unir  la suya nuestras firmas! Si son indignos de
nosotros, nuestra conducta y nuestra conciencia protestan por s
solas y nos defienden de toda acusacion...

Basilio al oir semejante lenguaje, aunque quera mucho  Isagani, di
media vuelta y sali. Tena que ir  casa de Makaraig para hablarle
del prstamo.

Cerca de la casa del rico estudiante, not cuchicheos y seas
misteriosas entre los vecinos. El joven, no sabiendo de que se trataba,
continu tranquilamente su camino y entr en el portal. Dos guardias
de la Veterana se le adelantaron preguntndole qu quera. Basilio
comprendi que haba obrado de ligero, pero ya no poda retroceder.

--Vengo  ver  mi amigo Makaraig, contest tranquilamente.

Los guardias se miraron.

--Esprese usted aqu, djole uno; espere usted  que baje el cabo.

Basilio se mordi los labios, y las palabras de Simoun resonaron
otra vez en sus oidos... Habrn venido  prender  Makaraig? pens,
pero no se atrevi  preguntarlo.

No esper mucho tiempo; en aquel momento bajaba Makaraig hablando
alegremente con el cabo, precedidos ambos de un alguacil.

--Cmo? usted tambien, Basilio? pregunt.

--Vena  verle...

--Noble conducta! dijo Makaraig riendo; en los tiempos de calma,
usted nos evita...

El cabo pregunt  Basilio por su nombre, y hoje una lista.

--Estudiante de Medicina, calle de Anloague? pregunt el cabo.

Basilio se mordi los labios.

--Usted nos ahorra un viaje, aadi el cabo, ponindole la mano sobre
el hombro; dse usted preso!

--Cmo, yo tambien?

Makaraig solt una carcajada.

--No se apure usted, amigo; vamos en coche, y as le contar la cena
de anoche.

Y con un gesto muy gracioso, como si estuviese en su casa, invit al
ausiliante y al cabo  que subiesen en el coche que les esperaba en
la puerta.

--Al Gobierno Civil! dijo al cochero.

Basilio que ya se haba recobrado, contaba  Makaraig el objeto de su
visita. El rico estudiante no le dej terminar y le estrech la mano.

--Cuente usted conmigo, cuente usted conmigo y  la fiesta de nuestra
investidura convidaremos  estos seores, dijo sealando al cabo y
al alguacil.






XXVII

EL FRAILE Y EL FILIPINO

                                                Vox populi, vox Dei.


Hemos dejado  Isagani arengando  sus amigos. En medio de su
entusiasmo, se le acerc un capista para decirle que el P. Fernandez,
uno de los catedrticos de ampliacion, le quera hablar.

Isagani se inmut. El P. Fernandez era para l persona respetabilsima:
era el uno que l esceptuaba siempre cuando de atacar  los frailes
se trataba.

--Y qu quiere el P. Fernandez? pregunt.

El capista se encogi de hombros; Isagani de mala gana le sigui.

El P. Fernandez, aquel fraile que vimos en Los Baos, esperaba
en su celda grave y triste, fruncidas las cejas como si estuviese
meditando. Levantse al ver entrar  Isagani, le salud dndole la
mano, y cerr la puerta; despues se puso  pasear de un estremo 
otro de su aposento. Isagani de pi esperaba  que le hablase.

--Seor Isagani, dijo al fin en voz algo emocionada; desde la ventana
le he oido  usted perorar porque, como tsico que soy, tengo buenos
oidos, y he querido hablar con usted. A m me han gustado siempre los
jvenes que se espresan claramente y tienen su manera propia de pensar
y obrar, no me importa que sus ideas difieran de las mas. Ustedes,
por lo que he oido, han tenido anoche una cena, no se escuse usted...

--Es que yo no me escuso! interrumpi Isagani.

--Mejor que mejor, eso prueba que usted acepta la consecuencia de sus
actos. Por lo dems, hara usted mal en retractarse, yo no le censuro,
no hago caso de lo que anoche se haya dicho all, yo no le recrimino,
porque despues de todo, usted es libre de decir de los dominicos lo
que le parezca, usted no es discpulo nuestro;  solo este ao hemos
tenido el gusto de tenerle y probablemente no le tendremos ya ms. No
vaya usted  creer que yo voy  invocar cuestiones de gratitud, no;
no voy  perder mi tiempo en tontas vulgaridades. Le he hecho llamar
 usted, porque he creido que es uno de los pocos estudiantes que
obran por conviccion y como  m me gustan los hombres convencidos,
me dije, con el seor Isagani me voy  explicar.

El P. Fernandez hizo una pausa y continu sus paseos con la cabeza
baja, mirando al suelo.

--Usted puede sentarse si gusta, continu; yo tengo la costumbre de
hablar andando porque as se me vienen mejor las ideas.

Isagani sigui de pi, con la cabeza alta, esperando que el catedrtico
abordase el asunto.

--Hace ms de ocho aos que soy catedrtico, continu el P. Fernandez
pasendose, y he conocido y tratado  ms de dos mil y quinientos
jvenes; les he enseado, los he procurado educar, les he inculcado
principios de justicia, de dignidad y sin embargo, en estos tiempos
en que tanto se murmura de nosotros, no he visto  ninguno que haya
tenido la audacia de sostener sus acusaciones cuando se ha encontrado
delante de un fraile... ni siquiera en voz alta delante de cierta
multitud... Jvenes hay que detrs nos calumnian y delante nos besan
la mano y con vil sonrisa mendigan nuestras miradas! Puf! Qu quiere
usted que hagamos nosotros con semejantes criaturas?

--La culpa no es toda de ellos, Padre, contest Isagani; la culpa est
en los que les han enseado  ser hipcritas, en los que tiranizan
el pensamiento libre, la palabra libre. Aqu todo pensamiento
independiente, toda palabra que no sea un eco de la voluntad del
poderoso, se califica de filibusterismo y usted sabe muy bien lo que
esto significa. Loco el que por darse gusto de decir en voz alta lo
que piensa, se aventure  sufrir persecuciones!

--Qu persecuciones ha tenido usted que sufrir? pregunt el
P. Fernandez levantando la cabeza; no le he dejado  usted espresarse
libremente en mi clase? Y sin embargo, usted es una escepcion que,
 ser cierto lo que dice, yo deba corregir, para universalizar en
lo posible la regla, para evitar que cunda el mal ejemplo!

Isagani se sonri.

--Le doy  usted las gracias y no discutir si soy  no una escepcion;
aceptar su calificativo para que usted acepte el mo: usted tambien
es una escepcion; y como aqu no vamos  hablar de escepciones, ni
abogar por nuestras personas, al menos pienso por m, le suplico 
mi catedrtico d otro giro al asunto.

El P. Fernandez, apesar de sus principios liberales, levant la cabeza
y mir lleno de sorpresa  Isagani. Era aquel joven ms independiente
aun de lo que l se crea; aunque le llamaba catedrtico, en el fondo
le trataba de igual  igual, puesto que se permita insinuaciones. Como
buen diplomtico, el P. Fernandez no solo acept el hecho, sino que
l mismo lo plante.

--Enhorabuena! dijo; pero no vea usted en m  su catedrtico;
yo soy un fraile y usted un estudiante filipino, nada ms, nada
menos! y ahora le pregunto  usted qu quieren de nosotros los
estudiantes filipinos?

La pregunta llegaba de sorpresa; Isagani no estaba preparado. Era una
estocada que se desliza de repente mientras hacen el muro, como dicen
en la esgrima. Isagani as sorprendido, respondi por una violenta
parada como un aprendiz que se defiende:

--Que ustedes cumplan con su deber! dijo.

Fr. Fernandez se enderez: la respuesta le son  caonazo.

--Que cumplamos con nuestro deber! repiti irguindose; pues no
cumplimos con nuestro deber? qu deberes nos asignan ustedes?

--Los mismos que ustedes librrimamente se han impuesto al entrar
en su orden y los que despues, una vez en ella, se han querido
imponer! Pero, como estudiante filipino, no me creo llamado  examinar
su conducta en relacion con sus estatutos, con el catolicismo, con el
gobierno, el pueblo filipino y la humanidad en general: cuestiones son
esas que ustedes tienen que resolver con sus fundadores, con el Papa,
el gobierno, el pueblo en  masa  con Dios; como estudiante filipino,
me limitar  sus deberes respecto  nosotros. Los frailes, en general,
al ser los inspectores locales de la enseanza en provincias, y los
dominicos, en particular, al monopolizar en sus manos los estudios
todos de la juventud filipina, han contraido el compromiso, ante los
ocho millones de habitantes, ante Espaa y ante la humanidad, de la
que nosotros formamos parte, de mejorar cada vez la semilla joven,
moral y fsicamente, para guiarla  su felicidad, crear un pueblo
honrado, prspero, inteligente, virtuoso, noble y leal. Y ahora
pregunto yo  mi vez, han cumplido los frailes con su compromiso?

--Estamos cumpliendo...

--Ah! P. Fernandez, interrumpi Isagani; usted con la mano sobre
su corazon puede decir que est cumpliendo, pero con la mano sobre
el corazon de la orden, sobre el corazon de todas las rdenes, no
lo puede decir sin engaarse! Ah, P. Fernandez! cuando me encuentro
ante una persona que estimo y respeto, prefiero ser el acusado  ser
el acusador, prefiero defenderme  ofender. Pero, ya que hemos entrado
en explicaciones, vamos hasta el fin! Cmo cumplen con su deber los
que en los pueblos inspeccionan la enseanza? Impidindola! Y los que
aqu han monopolizado los estudios, los que quieren modelar la mente
de la juventud, con exclusion de otros cualesquiera, cmo cumplen
con su mision? Escatimando en lo posible los conocimientos, apagando
todo ardor y entusiasmo, rebajando toda dignidad, nico resorte
del alma,  inculcando en nosotros viejas ideas, rancias nociones,
falsos principios incompatibles con la vida del progreso! Ah! si,
cuando se trata de alimentar  presos, de proveer  la manutencion
de criminales, el gobierno propone una subasta para hallar al postor
que ofrezca las mejores condiciones de alimentacion, al que menos les
ha de dejar perecer de hambre, cuando se trata de nutrir moralmente
 todo un pueblo, nutrir  la juventud,  la parte ms sana,  la
que despues ha de ser el pais y el todo, el gobierno no solo no
propone ninguna subasta, sino que vincula el poder en aquel cuerpo
que precisamente hace alardes de no querer la instruccion, de no
querer ningun adelanto. Qu diramos nosotros si el abastecedor de
crceles, despues de haberse apoderado por intrigas de la contrata,
dejase luego languidecer  sus presos en la anemia, dndoles todo lo
rancio y pasado, y se escusase despues diciendo que no conviene que
los presos tengan buena salud, porque la buena salud trae alegres
pensamientos, porque la alegra mejora al hombre, y el hombre no
debe mejorar porque le conviene al abastecedor que haya muchos
criminales? Qu diramos si despues el gobierno y el abastecedor
se coaligasen porque de los diez  doce cuartos que percibe por cada
criminal el uno, recibe cinco el otro?

El P. Fernandez se morda los labios.

--Esas son muy duras acusaciones, dijo, y usted traspasa los lmites
de nuestra convencion.

--No, Padre; sigo tratando de la cuestion estudiantil. Los frailes,
y no digo ustedes, porque  usted no le confundo en la masa general,
los frailes de todas las rdenes se han convertido en nuestros
abastecedores intelectuales y dicen y proclaman, sin pudor ninguno,
que no conviene que nos ilustremos porque vamos un da  declararnos
libres! Esto es no querer que el preso se nutra para que no se mejore
y salga de la carcel. La libertad es al hombre lo que la instruccion
 la inteligencia, y el no querer los frailes que la tengamos es el
orgen de nuestros descontentos!

--La instruccion no se da ms que al que se la merece! contest
secamente el P. Fernandez; drsela  hombres sin caracter y sin
moralidad es prostituirla.

--Y por qu hay hombres sin caracter y sin moralidad?

El dominico se encogi de hombros.

--Defectos que se maman con la leche, que se respiran en el seno de
las familias... que s yo?

--Ah no, P. Fernandez! exclam impetuosamente el joven; usted no
ha querido profundizar el tema, usted no ha querido mirar al abismo
por temor de encontrarse all con la sombra de sus hermanos. Lo que
somos, ustedes lo han hecho. Al pueblo que se tiraniza, se le obliga
 ser hipcrita;  aquel  quien se le niega la verdad, se le da la
mentira; el que se hace tirano, engendra esclavos. No hay moralidad,
dice usted, sea! aunque las estadsticas podran desmentirle porque
aqu no se cometen crmenes como los de muchos pueblos, cegados por
sus humos de moralizadores. Pero, y sin querer ahora analizar qu es
lo que constituye el caracter y por cuanto entra en la moralidad la
educacion recibida, convengo con usted en que somos defectuosos. Quin
tiene la culpa de ello? O ustedes que hace tres siglos y medio tienen
en sus manos nuestra educacion  nosotros que nos plegamos  todo? si
despues de tres siglos y medio, el escultor no ha podido sacar ms
que una caricatura, bien torpe debe ser.

--O bien mala la masa de que se sirve.

--Ms torpe entonces aun, porque, sabiendo que es mala, no renuncia 
la masa y contina perdiendo tiempo... y no solo es torpe, defrauda y
roba, porque conociendo lo intil de su obra, la contina para percibir
el salario... y no solo es torpe y ladron, es infame, porque se opone
 que todo otro escultor ensaye su habilidad y vea si puede producir
algo que valga la pena! Celos funestos de la incapacidad!

La rplica era viva y el P. Fernandez se sinti cogido. Mir  Isagani
y le pareci gigantesco, invencible, imponente, y por primera vez en
su vida crey ser vencido por un estudiante filipino. Se arrepinti
de haber provocado la polmica, pero era tarde. En su aprieto y
encontrndose delante de tan temible adversario, busc un buen escudo
y ech mano del gobierno.

--Ustedes nos achacan  nosotros todas las faltas porque no ven ms que
nosotros que estamos cerca, dijo en acento menos arrogante; es natural,
no me estraa! el pueblo odia al soldado  al alguacil que le prende
y no al juez que dict la prision. Ustedes y nosotros estamos todos
danzando al comps de una msica: si por la misma levantan el pi
al mismo tiempo que nosotros, no nos culpen de ello; es la msica
quien dirige nuestros movimientos. Creen ustedes que los frailes
no tenemos conciencia y no queremos el bien? Creen ustedes que no
pensamos en vosotros, que no pensamos en nuestro deber, y que solo
comemos para vivir y vivimos para reinar? Ojal as fuera! Pero,
como vosotros, seguimos el comps; nos encontramos entre la espada
y la pared:  ustedes nos echan  nos echa el gobierno. El gobierno
manda, y quien manda, manda, y cartuchera al caon!

--De eso se puede inferir, observ Isagani con amarga sonrisa, que
el gobierno quiere nuestra desmoralizacion?

--Oh, no, yo no he querido decir eso! Lo que he querido decir es
que hay creencias, hay teoras y leyes que, dictadas con la mejor
intencion, producen las ms deplorables consecuencias. Me explicar
mejor citndole un ejemplo. Para conjurar un pequeo mal, se dictan
numerosas leyes que causan mayores males todava: corruptissima in
republica plurim leges, dijo Tcito. Para evitar un caso de fraude,
se dictan un millon y medio de disposiciones preventivas  insultantes,
que producen el efecto inmediato de despertar en el pblico las ganas
de de eludir y burlar tales prevenciones: para hacer criminal  un
pueblo no hay ms que dudar de su virtud. Dctese una ley, no ya aqu,
sino en Espaa y ver usted como se estudia el medio de trampearla,
y es que los legisladores han olvidado el hecho de que cuanto ms
se esconde un objeto ms se le desea ver. Por qu la picarda y la
listura se consideran grandes cualidades en el pueblo espaol cuando no
hay otro como l tan noble, tan altivo y tan hidalgo? Porque nuestros
legisladores, con la mejor intencion, han dudado de su nobleza, herido
su altivez y desafiado su hidalgua! Quiere usted abrir en Espaa
un camino en medio de rocas? Pues ponga all un cartel imperioso
prohibiendo el paso, y el pueblo, protestando contra la imposicion,
dejar la carretera para trepar el peasco. El da que en Espaa un
legislador prohiba la virtud  imponga el vicio, al siguiente todos
sern virtuosos!

El dominico hizo una pausa, y despues continu:

--Pero, usted dir que nos apartamos de la cuestion; vuelvo 
ella... Lo que puedo decir para convencerle, es que los vicios de que
ustedes adolecen, no se nos deben achacar ni  nosotros ni al gobierno;
estn en la imperfecta organizacion de nuestra sociedad, qui multum
probat, nihil probat, que se pierde por exceso de precaucion, falta
en lo necesario y sobra en lo superfluo.

--Si usted confiesa esos defectos en su sociedad, repuso Isagani,
por qu entonces meterse  arreglar sociedades agenas en vez de
ocuparse antes de s misma?

--Vamos alejndonos de nuestra cuestion, joven; la teora de los
hechos consumados debe aceptarse...

--Sea! la acepto porque es un hecho y sigo preguntando: por qu,
si su organizacion social es defectuosa, no la cambian  al menos
escuchan la voz de los que salen perjudicados?

--Todava estamos lejos: hablbamos de lo que quieren los estudiantes
de los frailes...

--Desde el instante en que los frailes se esconden detrs del gobierno,
los estudiantes tienen que dirigirse  ste.

La observacion era justa; por all no haba escapatoria.

--Yo no soy el gobierno y no puedo responder de sus actos. Qu
quieren los estudiantes que hagamos por ellos dentro de los lmites
en que estamos encerrados?

--No oponerse  la emancipacion de la enseanza, sino favorecerla.

El dominico sacudi la cabeza.

--Sin decir mi propia opinion, eso es pedirnos el suicidio, dijo.

--Al contrario, es pedirles paso para no atropellarlos y aplastarlos.

--Hm! dijo el P. Fernandez parndose y quedndose pensativo. Empiezen
ustedes por pedir algo que no cueste tanto, algo que cada uno de
nosotros pueda conceder sin menoscabo de su dignidad y privilegios,
porque si podemos entendernos y vivir en paz,  qu los odios,
 qu las desconfianzas?

--Descendemos entonces  detalles...

--S, porque si tocamos  los cimientos, echaremos abajo el edificio.

--Vayamos pues  los detalles, dejemos la esfera de los principios,
repuso Isagani sonriendo; y sin decir tambien mi propia opinion--y aqu
acentu el joven la frase--los estudiantes cesaran en su actitud y
se suavizaran ciertas asperezas si los profesores supiesen tratarlos
mejor de lo que hasta ahora han hecho... Esto est en sus manos.

--Qu? pregunt el dominico; tienen los alumnos alguna queja de
mi conducta?

--Padre, nos hemos convenido desde un principio en no hablar ni de
usted ni de m. Hablamos en general: los estudiantes, tras de no sacar
gran provecho de los aos pasados en las clases, suelen muchos dejar
all girones de su dignidad, si no toda.

El P. Fernandez se mordi los labios.

--Nadie les obliga  estudiar; los campos no estn cultivados,
observ secamente.

--S, que algo les obliga  estudiar, replic en el mismo tono Isagani
mirando cara  cara al dominico. Aparte del deber de cada uno de
buscar su perfeccion, hay el deseo inato en el hombre de cultivar
su inteligencia, deseo aqu ms poderoso cuanto ms reprimido; y
el que da su oro y su vida al Estado, tiene derecho  exigirle que
le d la luz para ganar mejor su oro y conservar mejor su vida. S,
Padre; hay algo que les obliga, y ese algo es el mismo gobierno, son
ustedes mismos que se burlan sin compasion del indio no instruido y
le niegan sus derechos, fundndose en que es ignorante. Ustedes le
desnudan y luego se burlan de sus vergenzas!

El P. Fernandez no contest; sigui pasendose pero febrilmente,
como muy excitado.

--Usted dice que los campos no estn cultivados! continu Isagani en
otro tono, despues de una breve pausa; no entremos ahora  analizar el
por qu, porque nos iramos lejos; pero, usted, P. Fernandez, usted,
profesor, usted, hombre de ciencia, usted quiere un pueblo de braceros,
de labradores! Es para usted el labrador el estado perfecto  que
puede llegar el hombre en su evolucion? O es que quiere usted la
ciencia para s y el trabajo para los dems?

--No, yo quiero la ciencia para el que se la merezca, para el que la
sepa guardar, contest; cuando los estudiantes den pruebas de amarla;
cuando se vean jvenes convencidos, jvenes que sepan defender su
dignidad y hacerla respetar, habr ciencia, habr entonces profesores
considerados! Si hay profesores que abusan es porque hay alumnos
que condescienden!

--Cuando haya profesores, habr estudiantes!

--Empiezen ustedes por trasformarse, que son los que tienen necesidad
de cambio, y nosotros seguiremos.

--S, dijo Isagani con risa amarga; que empecemos porque por nuestro
lado est la dificultad! Bien sabe usted lo que le espera al alumno
que se pone delante de un profesor: usted mismo, con todo su amor  la
justicia, con todos sus buenos sentimientos, ha estado contenindose
 duras penas cuando yo le deca amargas verdades, usted mismo,
P. Fernandez! Qu bienes ha sacado el que entre nosotros quiso
sembrar otras ideas? Y qu males han llovido sobre usted porque
quiso ser bueno y cumplir con su deber?

--Seor Isagani, dijo el dominico, tendindole la mano; aunque parezca
que de esta conversacion nada prctico resulta, sin embargo algo se ha
ganado; hablar  mis hermanos de lo que usted me ha dicho y espero
que algo se podr hacer. Solo temo que no crean en su existencia
de usted...

--Lo mismo me temo, repuso Isagani, estrechando la mano del dominico;
me temo que mis amigos no crean en su existencia de usted, tal como
hoy se me ha presentado.

Y el joven, dando por terminada la entrevista, se despidi.

El P. Fernandez le abri la puerta, le sigui con los ojos hasta
que le vi desaparecer al doblar el corredor. Estuvo oyendo mucho
tiempo el ruido de sus pasos, despues entr en su celda y esper que
apareciera en la calle. Vile, en efecto, oy que deca  un compaero
que le preguntaba  donde iba:

--Al Gobierno Civil! Voy  ver los pasquines y  reunirme con
los otros!

El compaero, asustado, se qued mirndole como quien mira  uno que
se suicida y se alej corriendo.

--Pobre joven! murmur el P. Fernandez, sintiendo que sus ojos se
humedecan; te envidio  los jesuitas que te han educado!

El P. Fernandez se equivocaba de medio en medio; los jesuitas renegaban
de Isagani y cuando  la tarde supieron que haba sido preso, dijeron
que les comprometa.

--Ese joven se pierde y nos va  hacer dao! Que se sepa que de
aqu no ha aprendido esas ideas!

Los jesuitas no mentan, no: esas ideas solo las da Dios por medio
de la Naturaleza.






XXVIII

TATAKUT


Ben Zayb tuvo inspiracion de profeta al sostener das pasados en su
peridico que la instruccion era funesta, funestsima para las Islas
Filipinas: ahora en vista de los acontecimientos de aquel viernes de
las pasquinadas, cacareaba el escritor y cantaba su triunfo, dejando
tamaito y confuso  su adversario Horatius, que se haba atrevido
 ridiculizarle en la seccion de Pirotecnia de la manera siguiente:


    De nuestro colega El Grito:

    La instruccion es funesta, funestsima para las Islas Filipinas!

    Entendido.

    Hace tiempo que El Grito cree representar al pueblo filipino;
    ergo... como dira Fray Ibaez, si supiese latin.

    Pero Fray Ibaez se vuelve musulman cuando escribe, y sabemos
    como tratan los musulmanes  la instruccion.

    Testiga, como deca un real predicador, la biblioteca de
    Alejandra!


Ahora tena l razon, l, Ben Zayb! Si es el nico que piensa en
Filipinas, el nico que prev los acontecimientos!

En efecto, la noticia de haberse encontrado pasquines subversivos en
las puertas de la Universidad, no solo quit el apetito  muchos y
trastorn la digestion  otros, sino que tambien puso intranquilos 
los flemticos chinos, que no se atrevieron  sentarse en sus tiendas
con una pierna recogida como de costumbre, por temor de que les faltase
tiempo de estenderla para echarse  correr. A las once de la maana,
aunque el sol continuaba su curso y su Excelencia, el Capitan General,
no apareca al frente de sus cohortes victoriosas, sin embargo el
desasosiego haba aumentado: los frailes que solan frecuentar el
bazar de Quiroga, no aparecan y este sntoma presagiaba terribles
cataclismos. Si el sol hubiese amanecido cuadrado y los Cristos,
vestidos de pantalones, Quiroga no se habra alarmado tanto: habra
tomado al sol por un liamp y  las sagradas imgenes por jugadores
de chapdiqu que se quedan sin camisa; pero, no venir los frailes
cuando precisamente acaban de llegarle novedades!

Por encargo de un provincial amigo suyo, Quiroga prohibi la
entrada en sus casas de liamp y chapdiqu  todo indio que no
fuese de antiguo conocido; el futuro consul de los chinos tema se
apoderasen de las cantidades que all los miserables perdan. Despues
de disponer su bazar de manera que se pudiese cerrar rpidamente en
un momento apurado, se hizo acompaar de un guardia veterano para el
corto camino que separaba su casa de la de Simoun. Quiroga encontraba
aquella ocasion la ms propicia para emplear los fusiles y cartuchos
que tena en su almacen, de la manera como el joyero haba indicado:
era de esperar que en los das sucesivos se operasen requisas y
entonces cuntos presos, cuanta gente acoquinada no dara todas
sus economas! Era el juego de los antiguos carabineros de deslizar
debajo de las casas tabacos y hojas de contrabando, simular despues una
requisa y obligar al infeliz propietario  sobornos  multas! Solo
que el arte se perfeccionaba y, desestancado el tabaco, se recurra
ahora  las armas prohibidas!

Pero Simoun no quera ver  nadie  hizo decir al chino Quiroga
que dejase las cosas como estaban, con lo que ste se fu  ver 
don Custodio para preguntarle si deba  no armar su bazar, pero don
Custodio tampoco reciba: estaba  la sazon estudiando un proyecto de
defensa en el caso de verse sitiado. Acordse de Ben Zayb para pedirle
noticias, mas, al encontrarle armado hasta los dientes y sirvindose
de dos revlvers cargados como de pesa-papeles, Quiroga se despidi
lo ms pronto que pudo y se meti en su casa, acostndose so pretesto
de que se senta mal.

A las cuatro de la tarde ya no se hablaba de simples pasquinadas. Se
susurraban rumores de inteligencias entre los estudiantes y los
remontados de San Mateo; se aseguraba que en una pansitera juraron
sorprender la cindad; se habl de barcos alemanes, fuera de la baha,
para secundar el movimiento, de un grupo de jvenes que, so capa de
protesta y espaolismo, se iban  Malakaang para ponerse  las rdenes
del General, y que fueron presos por descubrirse que iban armados. La
Providencia haba salvado  su Excelencia, impidiendole recibir 
aquellos precoces criminales, por estar  la sazon conferenciando
con los Provinciales, el Vice Rector y el P. Irene, comisionado por
el P. Salv. Mucho de verdad haba en estos rumores si hemos de creer
al P. Irene, que  la tarde se fu  visitar  Cpn. Tiago. Segun l,
ciertas personas haban aconsejado  S. E. aprovechase la ocasion
para inspirar el terror y dar para siempre una buena leccion  los
filibusterillos.

--Unos cuantos afusilados, haba dicho uno, unas dos docenas de
reformistas, enviados al destierro inmediatamente y en medio del
silencio de la noche, apagaran para siempre los humos de los
descontentos!

--No, replicaba otro que tena buen corazon; basta con que las tropas
recorran las calles, el batallon de caballera por ejemplo, con el
sable desenvainado; basta arrastrar algunos caones... basta eso! El
pueblo es muy tmido y todos entrarn en sus casas.

--No, no, insinuaba otro; esta es la ocasion de deshacerse del enemigo;
no basta que entren en sus casas, hay que hacerlos salir, como los
malos humores, por medio de sinapismos. Si no se deciden  armar
motines, hay que excitarlos por medio de agentes provocadores... Yo
soy de opinion que las tropas esten sobre las armas y se aparente
abandono  indiferencia, para que se envalentonen y  cualquier
disturbio, all encima, y energa!

--El fin justifica los medios, deca otro; nuestro fin es nuestra santa
Religion y la integridad de la Patria. Declrese el estado de sitio,
y al ms pequeo disturbio, coger  todos los ricos  ilustrados
y... limpiar el pas!

--Si no llego  tiempo para aconsejar la moderacion, aada el
P. Irene, dirigindose  Capitan Tiago, de seguro que la sangre corra
ahora por las calles. Yo pensaba en usted, capitan... El partido de
los violentos no pudo conseguir mucho del General, y echaban de menos
 Simoun... Ah! si Simoun no llega  enfermarse...

Con la prision de Basilio y la requisa que se hizo despues entre
sus libros y papeles, Capitan Tiago se haba puesto ya bastante
malo. Ahora vena el P. Irene  aumentar su terror con historias
espeluznantes. Apoderse del infeliz un miedo indecible que se
manifest primero por ligero temblor, que se fu acentuando rpidamente
hasta no dejarle hablar. Con los ojos abiertos, la frente sudorosa, se
cogi del brazo del P. Irene, trat de incorporarse, pero no pudo y,
lanzando dos ronquidos, cay pesadamente sobre la almohada. Capitan
Tiago tena los ojos abiertos y babeaba: estaba muerto. Aterrado el
P. Irene huy y, como el cadver se le haba agarrado, en su huida
lo arrastr fuera de la cama, dejndolo en medio del aposento.

A la noche el terror lleg  su mximum. Haban tenido lugar varios
hechos que hacan creer  los timoratos en los agentes provocadores.

Con ocasion de un bautismo, arrojronse algunos cuartos  los chicos y
naturalmente hubo cierto tumulto en la puerta de la iglesia. Acert
entonces pasar por all un bravo militar que, algo preocupado,
tom el barullo por filibusterada, y arremetiendo sable en mano
 los chicos, entra en el templo, y si no se enreda en la cortina
suspendida del coro, no iba  dejar dentro ttere con cabeza. Verlo
esto los timoratos y echarse  correr propalando que la revolucion
haba comenzado, fu cosa de un segundo. Cerrronse atropelladamente
las pocas tiendas que quedaban abiertas, chinos hubo que se dejaron
fuera piezas de tela, y no pocas mujeres perdieron sus chinelas al
correr por las calles. Afortunadamente no hubo ms que un herido y
unos cuantos contusos, entre ellos el mismo militar al caerse luchando
con la cortina, que ola  capa del filibusterismo. Tal proeza le di
tanto renombre y un renombre tan puro que ojal todas las famas se
conquistasen de anloga manera! las madres lloraran menos y estara
ms poblada la tierra!

En un arrabal sorprendieron los vecinos  dos individuos que enterraban
armas debajo de una casa de tabla. Alborotse el barrio; los habitantes
quisieron perseguir  los desconocidos para matarlos y entregarlos 
las autoridades, pero un vecino les calm dicindoles que bastaba con
presentar al tribunal el cuerpo del delito. Eran por lo dems viejas
escopetas que de seguro habran herido al primero que hubiese querido
servirse de ellas.

--Bueno! deca un valenton; si quieren que nos alzemos, adelante!

Pero el valenton fu sacudido  golpes y  puetazos, pellizcado por
las mujeres como si fuese el propietario de las escopetas.

En la Hermita la cosa ya fu ms grave si bien meti menos ruido y eso
que hubo tiros. Cierto empleado precavido que se haba armado hasta
los dientes, vi, al anochecer, un bulto cerca de su casa, lo tom
sin ms ni ms por estudiante y le solt dos tiros de revlver. El
bulto result despues ser un guardia veterano y le enterraron y,
pax Christi! Mutis!

En Dulumbayan resonaron tambien varios tiros, de los que resultaron
muertos un pobre viejo sordo, que no haba oido el quien vive del
centinela, y un cerdo que lo oy y no contest Espaa. Al viejo no
le enterraron facilmente pues no tena con que pagar las exequias,
y al cerdo se lo comieron.

En Manila, en una dulcera que haba cerca de la Universidad,
muy frecuentada por estudiantes, se comentaban las prisiones de
esta manera:

--Ya cog ba con Tadeo? preguntaba la duea.

--Ab, ora, contestaba un estudiante que viva en Paran, pusilau ya!

--Pusilau! Nak! no pa ta pag conmigo su deuda!

--Ay! no jabl vos puelte, ora, bak pa di qued vos cmplice. Ya
quem yo ga el libro que ya dale prestau conmigo! Bak pa di riquis
y di encontr! and vos listo, ora!

--Ta qued dice preso Isagani?

--Loco-loco tambien aquel Isagani, deca el estudiante indignado;
no sana di cog con ele, ta and pa present! O, bueno ga, que top
rayo con ele! Siguro pusilau!

La seora se encogi de hombros.

--Conmigo no ta deb nada! Y cosa di jas Paulita?

--No di falt novio, ora. Siguro di llor un poco, luego di cas
con un espaol!

La noche fu de las ms tristes. En las casas se rezaba el rosario
y piadosas mujeres dedicaban sendos padrenuestros y requiems  las
almas de parientes y amigos. A las ocho de la noche apenas se vea un
transeunte: solo de tiempo en tiempo se oa el galopar de un caballo
cuyos flancos golpea escandalosamente un sable, despues pitadas de
guardias, coches que pasan  todo escape como perseguidos por turbas
filibusteras.

Sin embargo no en todas partes reinaba el terror.

En la platera donde se hospedaba Plcido Penitente, se comentaban
tambien los acontecimientos y se discutan con cierta libertad.

--Yo no creo en los pasquines! deca un obrero delgaducho y seco 
fuerza de manejar el soplete; para m es obra del P. Salv!

--Ejem, ejem! tosi el maestro platero, hombre muy prudente que,
temiendo pasar por cobarde, no se atreva  cortar la conversacion. El
buen hombre se contentaba con toser, guiaba  su oficial y miraba
hcia la calle, como para decirle:--Pueden espiarnos!

--Por lo de la opereta! continu el obrero.

--Oh! exclam uno que tena cara de simple; ya lo deca yo! Por
eso...

--Hm! repuso un escribiente en tono de compasion; lo de los pasquines
es cierto, Chichoy, pero te dar su explicacion!

Y aadi en voz misteriosa:

--Es una jugada del chino Quiroga!

--Ejem, ejem! volvi  toser el maestro pasando el sap del buyo de
un carrillo  otro.

--Creme, Chichoy, del chino Quiroga! Lo he oido en la oficina!

--Nak, seguro pues! exclam el simple, creyndolo ya de antemano.

--Quiroga, continu el escribiente, tiene cien mil pesos en plata
mejicana en la baha. Cmo hacerlos entrar? Pues sencillamente;
inventa los pasquines, aprovechndose de la cuestion de los
estudiantes, y mientras todo el mundo est alborotado, pum! unta
 los empleados y pasan las cajas!

--Justo, justo! exclam el crdulo pegando un puetazo sobre la
mesa. Justo! Por eso pal el chino Quiroga... por eso!

Y tiene que callarse no sabiendo qu decir del chino Quiroga.

--Y nosotros pagaremos los platos rotos...? preguntaba Chichoy
indignado.

--Ejem, ejem, ejjjem! tosi el platero oyendo acercarse pasos en
la calle.

En efecto los pasos se acercaban, y en la platera todos se callaron.

--San Pascual Bailon es un gran santo, dijo hipcritamente en voz
alta el platero, guiando  los otros; san Pascual Bailon...

En aquel momento asom la cara Plcido Penitente, acompaado del
pirotcnico que vimos recibiendo las rdenes de Simoun. Todos rodearon
 los recien llegados preguntando por novedades.

--No he podido hablar con los presos, respondi Plcido; hay unos
treinta!

--Estaos alerta! aadi el pirotcnico, cambiando una mirada
de inteligencia con Plcido; dicen que esta noche va  haber un
degello...

--Ja? Rayo! exclam Chichoy, buscando con los ojos un arma y no
viendo ninguna, cogi su soplete.

El maestro se sent; le temblaban las piernas. El crdulo ya se vea
degollado y lloraba de antemano por la suerte de su familia.

--Ca! dijo el escribiente; degello no va  haber! El consejero
del-- hizo una sea misteriosa--est por fortuna enfermo.

--Simoun!

--Ejem, ejem, ejjjem!

Plcido y el pirotcnico se cambiaron otra mirada.

--Si no llega  estar enfermo ese...

--Se simula una revolucion! aadi negligentemente el pirotcnico,
encendiendo un cigarillo por encima del tubo del quinqu; y qu
haramos entonces?

--Pues hacerla ya de vras, porque, ya que nos van  degollar...

La tos violenta que se apoder del platero impidi que se oyese la
continuacion de la frase. Deba Chichoy decir cosas terribles porque
haca gestos asesinos con su soplete y pona cara de tragico japons.

--Digan ustedes que se finge enfermo porque tiene miedo de salir! Como
le vea...

Al maestro le atac otra violentsima tos y acab por suplicar 
todos se retirasen.

--Sin embargo, prepararse, prepararse, deca el pirotcnico. Si
quieren forzarnos  matar   morir...

Otra tos le volvi  atacar al infeliz patron y los obreros 
oficiales se retiraron  sus casas, llevndose martillos, sierras y
otros instrumentos ms  menos cortantes, ms  menos contundentes,
disponindose  vender caras sus vidas. Plcido y el pirotcnico
volvieron  salir.

--Prudencia, prudencia! recomendaba el maestro con voz lacrimosa.

--Ust ya no ms cuidado con mi viuda y mis hurfanos! suplicaba el
crdulo con voz ms lacrimosa todava.

El infeliz ya se vea acribillado de balas y enterrado.

Aquella noche los guardias de las puertas de la ciudad fueron
sustituidos por artilleros peninsulares y al da siguiente,  los
primeros rayos del sol, Ben Zayb que se aventur  dar un paseo
matinal para ver el estado de las murallas, encontr en el glacis,
cerca de la Luneta, el cadver de una jovencita india, medio desnuda y
abandonada. Ben Zayb se horroriz y despues de tocarla con su baston,
y mirar hcia la direccion de las puertas, continu su camino, pensando
componer sobre el hecho un cuentecito sentimental. Ninguna alusion,
sin embargo, apareci en los peridicos de los das sucesivos, los
cuales se ocuparon de caidas y resbalones, ocasionados por cscaras
de pltanos, y, como falto de noticias, el mismo Ben Zayb tuvo que
comentar largamente cierto ciclon que en Amrica destruy pueblos y
caus la muerte  ms de dos mil personas. Entre otras lindezas deca:


    El sentimiento de la caridad MAS LATENTE EN LOS PUEBLOS CATLICOS
    QUE EN OTRO ALGUNO y el recuerdo de Aquel que  impulsos de la
    misma se sacrific por la humanidad, nos mueve (sic)  compasion
    por las desgracias de nuestros semejantes y  hacer votos por
    que en este pas, tan castigado por los ciclones, no se produzcan
    escenas tan desoladoras como las que han debido presenciar los
    habitantes de los Estados Unidos!


Horatius no perdon la ocasion y, sin hablar tampoco ni de los muertos,
ni de la pobre india asesinada, ni de los atropellos, le contest en
su Pirotecnia:


    Despues de tanta caridad y tanta humanidad, Fray Ibaez, digo
    Ben Zayb, se reduce  pedir para Filipinas.

    Pero se comprende.

    Porque no es catlico y el sentimiento de la caridad es ms
    latente, etc., etc., etc.






XXIX

ULTIMAS PALABRAS SOBRE CAPITAN TIAGO

                                               Talis vita finis ita.


Capitan Tiago tuvo buen fin, esto es, un entierro como pocos. Es
cierto que el cura de la parroquia haba hecho observar al P. Irene
que Cpn. Tiago se haba muerto sin confesion, pero el buen sacerdote,
sonriendo burlonamente, se frot la punta de su nariz y respondi:

--Vamos  m con esas! si hubiramos de negar las exequias  todos los
que se mueren sin confesion, nos olvidaramos del De profundis. Esos
rigores, como usted sabe bien, se conservan cuando el impenitente
es tambien insolvente, pero con Cpn. Tiago!... Vaya! si chinos
infieles ha enterrado usted y con misa de requiem!

Cpn. Tiago haba nombrado albacea y ejecutor testamentario al P. Irene,
y legaba sus bienes parte  Sta. Clara, parte al Papa, al Arzobispo, 
las Corporaciones religiosas, dejando veinte pesos para las matrculas
de los estudiantes pobres. Esta ltima clusula se dict  propuesta
del P. Irene,  fuer de protector de la juventud estudiosa. Cpn. Tiago
haba anulado un legado de veinticinco pesos que dejaba  Basilio,
en vista de la ingrata conducta observada por el joven en los ltimos
das, pero el P. Irene lo restableca y anunciaba que lo tomaba sobre
su bolsillo y su conciencia.

En la casa del muerto,  donde haban acudido al da siguiente antiguos
conocidos y amigos, se comentaba mucho un milagro. Decase que en el
momento mismo en que agonizaba, el alma de Capitan Tiago se haba
aparecido  las monjas, rodeada de brillante luz. Dios la salvaba,
gracias  las numerosas misas que haba mandado decir y  los piadosos
legados. El rumor se comentaba, se dibujaba, adquira detalles y
ninguno lo pona en duda. Se describa el traje de Cpn. Tiago, por
supuesto, el frac, la mejilla levantada por el sap del buyo, sin
olvidar la pipa para fumar opio ni el gallo sasabugin. El sacristan
mayor que se encontraba en el grupo, afirmaba gravemente con la cabeza,
y pensaba que, muerto l, se aparecera con su tasa de taj blanco
porque, sin aquel desayuno refrescante, no se comprenda la felicidad
ni en el cielo ni en la tierra. Sobre este tema y por no poder hablar
de los acontecimientos del da anterior y por haber all tahures,
se emitan pareceres muy peregrinos, se hacan conjecturas sobre
si Capitan Tiago invitara  no  San Pedro para una soltada, si se
cruzaran apuestas, si los gallos seran inmortales, si invulnerables,
y en este caso, quin sera el sentenciador, quin ganara, etc.,
discusiones muy al gusto de los que fundan ciencias, teoras, sistemas
basados en un testo que reputan infalible, revelado  dogmtico. Se
citaban, adems, pasages de novenas, libros de milagros, dichos de
curas, descripciones del cielo y otras zarandajas. Don Primitivo,
el filsofo, estaba en sus glorias citando opiniones de telogos.

--Porque ninguno puede perder, deca con mucha autoridad; perder
ocasiona disgusto y en el cielo no puede haber disgustos.

--Pero alguno tiene que ganar, replicaba el tahur Aristorenas; en
ganar est la gracia!

--Pues ganan ambos, sencillamente!

Eso de ganar ambos no lo poda admitir Martin Aristorenas, l que ha
pasado su vida en la gallera y siempre ha visto que un gallo perda y
otro ganaba;  lo ms puede haber tablas. En vano habl don Primitivo
en latin, Martin Aristorenas sacuda la cabeza, y eso que el latin de
don Primitivo era facil de entenderse; hablaba de an gallus talisainus,
acuto tari armatus, an gallus beati Petri bulikus sasabungus sit,
etc., hasta que se decii  emplear el argumento de que se valen
muchos para hacer callar y convencer:

--Te vas  condenar, amigo Martin, vas  caer en una herega! Cave
ne cadas! Ya no voy  jugar contigo al monte! Ya no haremos
vacas! Niegas la omnipotencia de Dios, peccatum mortale! Niegas
la evidencia de la Santsima Trinidad: tres son uno y uno son
tres! Cuidadito! Niegas indirectamente que dos naturalezas,
dos entendimientos y dos voluntades puedan tener una sola
memoria! Cuidado! Quicumque non crederit, anathema sit!

Martin Aristorenas se encogi plido y tembleoroso, y el chino Quiroga
que haba escuchado con mucha atencion el razonamiento, con mucha
deferencia ofreci al filsofo un magnfico cigarro y le pregunt
con su voz acariciadora:

--Sigulo, puele contalata aliendo galela con Kilisto, ja? Cuando
mia muele, mia contalatista, ja?

En otros corros se hablaba ms del muerto; al menos se discuta el
traje que le iban  poner. Capitan Tinong propona el hbito de un
franciscano; precisamente tena l uno, viejo, raido y remendado,
preciosa pieza que, segun el fraile que se lo di de limosna en
cambio de treinta y seis pesos, preservaba al cadver de las llamas
del infierno y cont en su apoyo varias ancdotas piadosas sacadas de
los libros que distribuyen los curas. Capitan Tinong, aunque tena en
much aquella reliquia, estaba dispuesto  cedrsela  su ntimo amigo,
 quien no haba podido visitar durante su enfermedad. Pero un sastre
objet con mucha razon que, pues que las monjas le vieron  Capitan
Tiago subiendo al cielo de frac, de frac tenan que vestirle aqu
en la tierra y no haba necesidad de preservativos ni impermeables;
se va de frac cuando se va  un baile,  una fiesta, y no otra cosa
le debe esperar en las alturas... y miren! casualmente tiene l uno
hecho, que lo puede ceder por treinta y dos pesos, cuatro ms barato
que el hbito del franciscano, porque con Capitan Tiago no quiere l
ganar nada: fu su parroquiano en vida y ahora ser su patron en el
cielo! Pero el P. Irene, albacea y ejucutor testamentario, rechaz
una y otra proposicion y mand vistiesen al cadver con cualquiera de
sus antiguos trajes, diciendo con santa uncion que Dios no se fijaba
en vestiduras.

Las exequias fueron, pues, de primersima clase. Hubo responsos en
casa, en la calle, oficiaron tres frailes como si uno no pudiese bastar
con tanta alma, se hicieron todos los ritos y ceremonias posibles, y es
fama que se improvisaron otras, habiendo extras como en los beneficios
de los teatrillos. Aquello fu una delicia: se quem mucho incienso,
se cant mucho en latin, se gast mucha agua bendita--el P. Irene
en obsequio de su amigo cant con voz de falsete el Dies ir, desde
el coro--y los vecinos cogieron verdadero dolor de cabeza con tanto
doblar  muerto.

Doa Patrocinio, la antigua rival de Cpn. Tiago en religiosera,
dese de todas vras morirse al da siguiente para encargar exequias
aun ms soberanas. La piadosa vieja no poda sufrir que aquel, que
ella tena ya para siempre vencido, al morir, resuscitase con tanta
pompa. S, deseaba morirse y le pareca escuchar las esclamaciones
de la gente que presenciar sus responsos:

--Esto, s, que es entierro! esto, s, que es saber morir, doa
Patrocinio!






XXX

JUL


La muerte de Capitan Tiago y la prision de Basilio se supieron pronto
en la provincia, y para honra de los sencillos habitantes de San
Diego diremos que se sinti ms la ltima y solo de ella se habl
casi. Y como era de esperar, la noticia fu adoptando diferentes
formas, se dieron detalles tristes, pavorosos, se explic lo que
no se comprenda, se suplieron las lagunas con conjeturas, estas
pasaron por hechos acontecidos y el fantasma as engendrado aterr
 sus mismos progenitores.

En el pueblo de Tian se deca que, cuando menos, cuando menos,
el joven iba  ser deportado y muy probablemente asesinado durante
el viaje. Los timoratos y pesimistas no se contentaban con esto y
hablaban de horcas y consejos de guerra; Enero era un mes fatal, en
Enero fu lo de Cavite y aquellos, con ser curas, fueron ahorcados;
con que un pobre Basilio sin amparo ni amistades...

--Yo ya le deca! suspiraba el Juez de Paz, como si alguna vez
hubiese dado un consejo  Basilio; yo ya le deca...

--Era de prever! aada hermana Penchang: entraba en la iglesia y
cuando vea algo sucia el agua bendita, no se santiguaba! Hablaba
de animalitos y enfermedades, ab, castigo de Dios! Merecido lo
tiene! Como si el agua bendita pudiese trasmitir enfermedades! Todo
lo contrario, ab!

Y contaba cmo se haba curado de una indigestion mojndose el ombligo
con el agua bendita al mismo tiempo que rezaba el Sanctus Deus, y
recomendaba el remedio  los presentes cuando padezcan disenteras
 ventosidades  reine la peste, solo que entonces deben rezar
en espaol:


            Santo Dios
            Santo fuerte
            Santo inmortal
            Lbranos seor de la peste
            Y de todo mal.


--El remedio es infalible, pero hay que llevar el agua bendita  la
parte dolorida  enferma, deca.

Pero muchos hombres no crean en estas cosas ni atribuan la prision
de Basilio  castigo de Dios. Tampoco crean en insurrecciones
ni en pasquines, conocido el caracter ultrapacfico y prudente del
estudiante, y prefirieron atribuirla  venganzas de frailes, por haber
sacado de la servidumbre  Jul, hija de tulisan, enemigo mortal de
cierta poderosa corporacion. Y como tenan bastante mala idea de la
moralidad de la misma corporacion y se recordaban mezquinas venganzas,
la conjetura se crey la ms probable y justificada.

--Qu bien hice en echarla de mi casa! deca hermana Penchang;
no quiero tener disgustos con los frailes, as que la apur  que
buscase dinero.

La verdad era que senta la libertad de Jul: Jul rezaba y ayunaba
por ella y si se hubiera quedado ms tiempo habra hecho tambien
penitencia. Por qu, si los curas rezan por nosotros y Cristo
muere por nuestros pecados, Jul no iba  hacer lo mismo por hermana
Penchang?

Cuando las noticias llegaron  la cabaa donde vivan la pobre
Jul y su abuelo, la joven tuvo necesidad de que se lo repitieran
dos veces. Mir  hermana Bal que era quien se lo deca, como sin
comprenderla, sin poder coordinar las ideas; le zumbaron los oidos,
sinti opresion en el corazon y tuvo como un vago presentimiento de que
aquel suceso iba  influir desastrosamente en su porvenir. Sin embargo,
quiso agarrarse  un rayo de esperanza, sonri, crey que hermana Bal
le daba una broma, bastante pesada, pero se la perdonaba de antemano
si le deca que lo era; pero hermana Bal hizo una cruz con el pulgar
y el ndice y la bes, en prueba de que deca la verdad. Entonces la
risa abandon para siempre los labios de la joven, psose plida,
espantosamente plida, sinti que la abandonaban las fuerzas y,
por primera vez en su vida, perdi el conocimiento desmayndose.

Cuando  fuerza de golpes, pellizcos, rociadas de agua, cruces y
aplicaciones de palmas benditas volvi la joven en s y dise cuenta
de su estado, las lgrimas brotaron silenciosas de sus ojos, gota 
gota, sin sollozos, sin lamentos, sin quejas! Ella pensaba en Basilio
que no tena ms protectores que Capitan Tiago, y que, muerto ste,
se quedaba por completo sin amparo y sin libertad. En Filipinas es
cosa sabida que para todo se necesitan padrinos, desde que uno se
bautiza hasta que se muere, para obtener justicia, sacar un pasaporte 
esplotar una industria cualquiera. Y como se deca que aquella prision
obedeca  venganzas por causa de ella y de su padre, la tristeza de
la joven, rayaba en desesperacion. Ahora le tocaba  ella libertarle,
como l lo haba hecho sacndola de la servidumbre, y una voz interior
le sugera la idea y presentaba  su imaginacion un horrible medio.

--El P. Camorra, el cura! deca la voz.

Jul se morda los labios y quedaba sumida en sombra meditacion.

A raiz del crmen de su padre, haban preso al abuelo esperando que por
aquel medio aparecera el hijo. El nico que le pudo dar la libertad
fu el P. Camorra, y el P. Camorra se haba mostrado mal satisfecho
con palabras de gratitud y con su franqueza ordinaria haba pedido
sacrificios... Desde entonces Jul evitaba encontrarse con l, pero el
cura le haca besar la mano, la coga de la nariz, de las mejillas,
le daba bromas con guios y riendo, riendo la pellizcaba. Jul fu
la causa de la paliza, que el buen cura administr  unos jvenes que
recorran el barrio, dando serenata  las muchachas. Los maliciosos,
al verla pasar seria y cabizbaja, decan de manera que ella oyese:

--Si quisiese, Cabesang Tales sera indultado!

La joven llegaba  su casa sombra y los ojos estraviados.

Jul se haba cambiado mucho; haba perdido su alegra, nadie la vea
sonreir, hablaba apenas y hasta al parecer tena miedo de verse la
cara. Un da la vieron en el pueblo con una gran mancha de carbon en
la frente, ella que sola ir bien arregladita y compuesta. Una vez
pregunt  hermana Bal si los que se suicidaban se iban al infierno.

--De seguro! contest la mujer y le pint el sitio como si en l
hubiera estado.

Con la prision de Basilio, los sencillos y agradecidos parientes
propusieron hacer toda clase de sacrificios para salvar al joven;
pero como entre todos no reunan treinta pesos, hermana Bal, como
siempre, tuvo la mejor idea.

--Lo que debemos hacer es pedir un consejo al escribiente, dijo.

Para aquellas pobres gentes, el escribiente del tribunal era el
orculo de Delfos para los antiguos griegos.

--Dndole un real y un tabaco, aadi, te dice todas las leyes que se
te hincha la cabeza oyndole. Si tienes un peso, te salva aunque ests
al pi de la horca. Cuando  mi vecino Simon le metieron en la carcel
y le dieron de palos, por no poder declarar en un robo que se cometi
cerca de su casa, ab! por dos reales y medio y una rosca de ajos,
le sac el escribiente. Y yo le v  Simon que apenas poda andar y
tuvo que guardar cama lo menos un mes. Ay! se le pudri el trasero,
ab! y muri de resultas!

El consejo de hermana Bal fu admitido y la misma se encarg de
hablar con el escribiente; Jul le di cuatro reales y aadi pedazos
de tapa de venado que el abuelo haba cazado. Tandang Selo se dedicaba
de nuevo  la caza.

Pero el escribiente nada poda: el preso estaba en Manila y hasta
all no llegaba su poder.

--Si al menos estuviera en la cabecera, todava!... dijo haciendo
alarde de su poder.

El escribiente saba muy bien que su poder no pasaba de los lmites
de Tian, pero le convena conservar su prestigio y quedarse con la
tapa de venado.

--Pero, os puedo dar un sabio consejo y es que vayais con Jul,
al Juez de Paz. Es menester que vaya Jul.

El Juez de Paz era un hombre muy brusco, pero viendo  Jul acaso se
portase menos groseramente: aqu estaba la sabidura del consejo.

Con mucha gravedad oy el seor Juez  hermana Bal, que era quien
tomaba la palabra, no sin mirar de cuando en cuando  la joven que
tena los ojos bajos y estaba muy avergonzada. La gente dira de
ella que se interesaba mucho por Basilio, la gente no se acordaba
de su deuda de gratitud y de que aquella prision, segun se deca,
era por causa de ella.

Despues de eructar tres  cuatro veces, porque el seor Juez tiene
esta fea costumbre, dijo que la nica persona que poda salvar 
Basilio era el P. Camorra, en el caso de que lo quisiese--y miraba
con mucha intencion  la joven.--El la aconsejaba tratase de hablar
con el cura en persona.

--Ya sabeis la influencia que tiene; ha sacado  vuestro abuelo de
la crcel... Basta un informe suyo para desterrar  un recien nacido
 salvar de la muerte  un ahorcado.

Jul no deca nada, pero hermana Bal encontraba el consejo como si
lo hubiese leido en una novena: estaba dispuesta  acompaarla al
convento. Precisamente iba  tomar de limosna un escapulario mediante
el cambio de cuatro reales fuertes.

Pero Jul sacuda la cabeza y no quera ir al convento. Hermana Bal
que crea adivinar el motivo--el P. Camorra se llamaba Si cabayo por
otro nombre y era muy travieso--la tranquilizaba:

--Nada tienes que temer! si voy contigo! deca; no has leido en el
librito de Tandang Basio dado por el cura, que las jvenes deben ir al
convento, aun sin saberlo sus mayores, para contar lo que pasa en la
casa? Ab! Aquel libro est impreso con permiso del Arzobispo, ab!

Jul, impaciente y deseando cortar la conversacion, suplic  la devota
que fuese si gustaba, pero el seor Juez observ eructando que las
splicas de una cara joven mueven ms que las de una vieja, que el
cielo derramaba su roco sobre las flores frescas en ms abundancia
que sobre las secas. La metfora resultaba hermosamente malvada.

Jul no contest y ambas mujeres bajaron. En la calle, la joven se
neg tenazmente  ir al convento y se retiraron  su barrio. Hermana
Bal que se senta ofendida de la falta de confianza yendo con ella,
se vengaba endilgndola un largo sermon.

La verdad era que la joven no poda dar aquel paso sin condenarse  s
misma, sin que la condenen los hombres, sin que la condene Dios! Le
haban hecho oir varias veces, con razon  sin ella, que si haca
aquel sacrificio, indultaran  su padre, y sin embargo ella se haba
negado, apesar de los gritos de su conciencia recordndola su deber
filial. Y ahora deba hacerlo por Basilio, por su novio? Sera caer
al son de las burlas y carcajadas de toda la creacion, Basilio mismo la
despreciara; no, jams! Primero se ahorcara  saltara en cualquier
precipicio. De todos modos estaba ya condenada por ser mala hija.

La pobre Jul tuvo aun que sufrir todas las recriminaciones de sus
parientes que, no sabiendo nada de lo que haba podido pasar entre
ella y el P. Camorra, se burlaban de sus temores. Acaso el P. Camorra
se iba  fijar en una campesina habiendo tantas en el pueblo? Y las
buenas mujeres citaban nombres de solteras ricas y bonitas, ms 
menos desgraciadas. Y entretanto si le afusilan  D. Basilio?

Jul se tapaba los oidos, miraba  todas partes como buscando una voz
que hablase por ella, miraba  su abuelo; pero el abuelo estaba mudo
y tena la vista fija en su pica de cazador.

Aquella noche durmi apenas. Ensueos y pesadillas, ya fnebres
ya sangrientos, danzaban delante de su vista, y se despertaba 
cada momento nadando en fro sudor. Crea oir tiros, crea ver 
su padre, su padre que tanto haba hecho por ella, luchando en los
bosques, cazado como un animal porque haba vacilado en salvarle. Y la
figura del padre se transformaba y reconoca  Basilio, agonizando y
dirigindola miradas de reproche. La desgraciada se levantaba, oraba,
lloraba, invocaba  su madre,  la muerte, y hubo un momento en que,
rendida por el terror,  no haber sido de noche habra corrido derecha
al convento, suceda lo que suceda.

El da lleg y los tristes presentimientos, los terrores de las
sombras se disiparon en parte. La luz le trajo esperanzas. Mas,
las noticias de la tarde fueron terribles; se habl de afusilados
y la noche para la joven fu espantosa. En su desesperacion decidi
entregarse tan pronto como brillase el da y matarse despues: todo,
menos pasar semejantes torturas!

Pero la aurora trajo nuevas esperanzas y la joven no quiso bajar de
casa, ni irse  la iglesia. Tema ceder.

Y as pasaron algunos das: orando y maldiciendo, invocando  Dios
y deseando la muerte. El da era una tregua, Jul confiaba en algun
milagro; las noticias que venan de Manila, si bien llegaban abultadas,
decan que de los presos algunos haban conseguido su libertad gracias
 padrinos y  influencias... Alguno tena que salir sacrificado,
quin sera? Jul se entremeca y se retiraba  su casa mordindose
las uas de los dedos. Y as vena la noche en que los temores,
adquiriendo doble proporcion, parecan convertirse en realidades. Jul
tema el sueo, tema dormirse, pues su sueo era una continuada
pesadilla. Miradas de reproche traspasaban sus prpados tan pronto
como los cerraba, quejas y lamentos barrenaban sus oidos. Vea 
su padre vagando, hambriento, sin tregua ni reposo; vea  Basilio
agonizando en el camino, herido de dos balazos, como haba visto el
cadver de aquel vecino, que fu muerto mientras le conduca la Guardia
Civil. Y ella vea las ligaduras que haban penetrado la carne, vea
la sangre saliendo por la boca y oa que Basilio le deca:--Slvame,
slvame! t sola me puedes salvar! Resonaba despues una carcajada,
volva los ojos y vea  su padre, que la miraba con ojos llenos
de reproche. Y Jul se despertaba, se incorporaba sobre su petate,
se pasaba las manos por la frente para recoger su cabellera: fro
sudor, como el sudor de la muerte, la humedeca!

--Madre, madre! sollozaba.

Y entre tanto los que disponan tan alegremente de los destinos de
los pueblos, el que mandaba los asesinatos legales, el que violaba la
justicia y haca uso del derecho para sostener  la fuerza, dorman
en paz.

Al fin, lleg un viajero de Manila y cont como haban sido
puestos en libertad todos los presos todos menos Basilio que no
tena protector. En Manila se deca, aadi el viajero, que el joven
sera desterrado  Carolinas, habindole hecho firmar de antemano una
peticion en que se haca constar que as voluntariamente lo peda. El
viajero haba visto el vapor que le iba  conducir.

Aquella noticia acab con las vacilaciones de la joven cuya mente,
por lo dems, estaba ya bastante trabajada merced  tantas noches en
vela y  sus horribles ensueos. Plida y con los ojos estraviados,
busc  hermana Bal y, en voz que daba miedo, le dijo que estaba
dispuesta y la preguntaba si la quera acompaar.

Hermana Bal se alegr y procur tranquilizarla, pero Jul no escuchaba
y pareca que solo tena prisa por llegar al convento. Ella se haba
arreglado, se haba puesto sus mejores trajes y hasta pareca que
estaba muy animada. Hablaba mucho aunque algo incoherente.

Echaron  andar. Jul iba delante y se impacientaba porque su compaera
se quedaba detrs. Pero  medida que se acercaban al pueblo, la energa
nerviosa la abandonaba poco  poco, se volva silenciosa, perda su
decision, acortaba el paso, y despues se quedaba detrs. Hermana Bal
tena que animarla.

--Que vamos  llegar tarde! deca.

Jul segua plida, con los ojos bajos, sin atreverse 
levantarlos. Crea que todo el mundo la miraba y la sealaban con el
dedo. Un nombre infame silbaba en sus oidos pero se haca la sorda y
continuaba su camino. No obstante, cuando vi el convento, se detuvo
y empez  temblar.

--Volvamos al barrio, volvamos! suplic deteniendo  su compaera.

Hermana Bal tuvo que cogerla del brazo y medio arrastrarla,
tranquilizndola y hablndola de libros de frailes. Ella no la iba 
abandonar, nada tena que temer; el P. Camorra tena otras cosas en
la cabeza; Jul no era ms que una pobre campesina...

Pero al llegar  la puerta del convento  casa parroquial, Jul se
neg tenazmente  subir y se cogi  la pared.

--No, no! suplicaba llena de terror; oh,  no, no, tened piedad!...

--Pero que tonta...

Hermana Bal la empujaba dulcemente; Jul resista, plida, con las
facciones desencajadas. Su mirada deca que vea delante de s 
la muerte.

--Bien, volvamos si no quieres! exclam al fin despechada la buena
mujer que no crea en ningun peligro real. El P. Camorra, apesar de
toda su fama, no se atrevera delante de ella.

--Que le lleven al destierro al pobre don Basilio, que le afusilen
en el camino diciendo que ha querido escaparse! aadi; cuando ya
est muerto entonces vendrn los arrepentimientos. Por m, yo no le
debo ningun favor. De m no se podr quejar!

Aquello fu el golpe decisivo. Ante este reproche, con ira, con
desesperacion, como quien se suicida, Jul cerr los ojos para no ver
el abismo en que se iba  lanzar y entr resuelta en el convento. Un
suspiro que ms pareca estertor se escap de sus labios. Hermana
Bal la sigui hacindole advertencias...

A la noche se comentaban en voz baja y con mucho misterio varios
acontecimientos que tuvieron lugar aquella tarde.

Una joven haba saltado por la ventana del convento, cayendo sobre
unas piedras y matndose. Casi al mismo tiempo, otra mujer sala
por la puerta y recorra las calles gritando y chillando como una
loca. Los prudentes vecinos no se atrevan  pronunciar los nombres y
muchas madres pellizcaron  sus hijas por dejar escapar palabras que
podan comprometer. Despues, pero mucho despues, al caer la tarde, un
anciano vino de un barrio y estuvo llamando  la puerta del convento,
cerrada y guardada por sacristanes. El viejo llamaba con los puos,
con la cabeza, lanzando gritos ahogados, inarticulados como los de un
mudo, hasta que fu echado  palos y  empujones. Entonces se dirigi
 casa del gobernadorcillo, pero le dijeron que el gobernadorcillo
no estaba, que estaba en el convento; se fu al Juez de Paz, pero el
Juez de Paz tampoco estaba, haba sido llamado al convento; se fu al
teniente mayor, tampoco estaba en el convento; se dirigi al cuartel,
el teniente de la Guardia Civil estaba en el convento... El viejo
entonces se volvi  su barrio llorando como un nio: sus ahullidos
se oan en medio de la noche; los hombres se mordan los labios,
las mujeres juntaban las manos, y los perros entraban en sus casas,
medrosos, con la cola entre piernas!

--Ah, Dios, ah Dios! deca una pobre mujer, demacrada  fuerza
de ayunar; delante de t no hay rico, no hay pobre, no hay blanco,
no hay negro... t nos hars justicia!

--S, le contestaba el marido; con tal que ese Dios que predican no sea
pura invencion, un engao! Ellos son los primeros en no creer en l!

A las ocho de la noche, se deca que ms de siete frailes, venidos
de los pueblos comarcanos, se encontraban en el convento celebrando
una junta. Al da siguiente, Tandang Selo desapareca para siempre
del barrio llevndose su pica de cazador.






XXXI

EL ALTO EMPLEADO

                        L'Espagne et sa vertu, l'Espagne et sa grandeur
                        Tout s'en va!

                                                          (Victor Hugo).


Los peridicos de Manila estaban tan ocupados por la resea de un
asesinato clebre cometido en Europa, por los panegricos y bombos 
varios predicadores de la capital, por el xito cada vez ms ruidoso
de la opereta francesa, que apenas podan dedicar alguno que otro
artculo  las fechoras que cometa en provincias una banda de
tulisanes capitaneada por un gefe terrible y feroz que se llamaba
Matanglwin. Slo, cuando el asaltado era un convento  un espaol,
entonces aparecan largos artculos dando pavorosos detalles y
pidiendo el estado de sitio, enrgicas medidas, etc., etc. As es
que tampoco pudieron ocuparse de lo ocurrido en el pueblo de Tian,
ni hubo una alusion ni un rumor. En crculos privados se susurraba
algo, pero todo tan confuso, tan incierto, tan poco consistente que
ni siquiera se supo el nombre de la vctima, y los que ms inters
manifestaron, lo olvidaron pronto, creyendo en alguna componenda con
la familia  parientes ofendidos. Lo nico que se supo de cierto fu
que el P. Camorra tuvo que dejar el pueblo para trasladarse  otro
 estar algun tiempo en el convento de Manila.

--Pobre P. Camorra! exclamaba Ben Zayb echndoselas de generoso;
era tan alegre, tena tan buen corazon!

Era cierto que los estudiantes haban recobrado su libertad gracias
 las instancias de sus parientes, que no perdonaron gastos, regalos
ni sacrificio alguno. El primero que se vi libre fu, como era de
esperar, Makaraig y el ltimo, Isagani, porque el P. Florentino no
lleg  Manila sino una semana despues de los acontecimientos. Tantos
actos de clemencia le valieron al General el epteto de clemente y
misericordioso, que Ben Zayb se apresur  aadir  la larga lista
de sus adjetivos.

El nico que no obtuvo la libertad fu el pobre Basilio, acusado ademas
de tener en su poder libros prohibidos. No sabemos si se referiran
al tratado de Medicina Legal y Toxicologa del Dr. Mata,   los
varios folletos que se le encontraron sobre asuntos de Filipinas
  ambas cosas juntas; es el caso que se dijo tambien que venda
clandestinamente obras prohibidas y sobre el infeliz cay todo el
rigor de la romana de la justicia.

Contaban que  su Excelencia le haban dicho:

--Es menester que haya alguno para que quede en salvo el prestigio de
la autoridad y no se diga que hemos metido mucho ruido para nada. La
autoridad ante todo. Es menester que se quede alguno!

--Queda uno solo, uno que, segun el P. Irene, fu criado de
Cpn. Tiago... No hay quien le reclama...

--Criado y estudiante? pregunt S. E.; pues entonces se, que se
quede se!

--Me permitir V. E., observ el alto empleado que se hallaba presente,
por casualidad; pero me han dicho que ese chico es estudiante de
Medicina, sus profesores hablan bien de l... si contina preso pierde
un ao, y como este ao termina...

La intervencion del alto empleado en favor de Basilio, en vez de
hacerle bien, le perjudic. Haca tiempo que entre el empleado y
S. E. haba cierta tirantez, ciertos disgustos, aumentados por dimes
y diretes. S. E. se sonri nerviosamente y contest:

--S? pues razon de ms para que contine preso; un ao ms de
carrera, en vez de hacerle dao, le har bien,  l y  todos
los que despues caigan en sus manos. Por mucha prctica no es
uno mal mdico. Razon de ms para que se quede! Y luego dirn
los reformistas filibusterillos que nosotros no nos cuidamos del
pas! aadi S. E. riendo sarcsticamente.

El alto empleado comprendi su falta y tom  pecho la causa de
Basilio.

--Pero es que ese joven me parece el ms inocente de todos, repuso
con cierta timidez.

--Se le han ocupado libros, contest el secretario.

--S, obras de Medicina y folletos escritos por peninsulares... aun
sin cortar las hojas... y qu quiere eso decir? Ademas, ese joven
no ha estado en el banquete de la pansitera, ni se ha metido en
nada... Como dije, es el ms inocente...

--Mejor que mejor! exclam alegremente S. E.; as el castigo resulta
ms saludable y ejemplar como que infunde ms terror! Gobernar es
obrar as, seor mo; hay que sacrificar muchas veces el bien de
uno por el bien de muchos... Pero yo hago ms: del bien de uno,
saco el bien de todos, salvo el principio de autoridad que peligra,
el prestigio se respeta y se mantiene. Con este acto mo corrijo
errores de propios y estraos!

Hizo un esfuerzo para contenerse el alto empleado, y desendindose
de las alusiones, quiso apelar  otro medio.

--Pero V. E. no teme... la responsabilidad?

--Qu he de temer? interrumpi el General impaciente; no dispongo yo
de poderes discrecionales? no puedo hacer lo que me d la gana para el
mejor gobierno de estas islas? Qu tengo que temer? Puede acaso un
criado acusarme ante los tribunales y pedirme responsabilidad? Ca! Y
aunque dispusiera de medios, tendra antes que pasar por el Ministerio,
y el Ministro...

Hzo un gesto con la mano y se ech  reir.

--El Ministro que me nombr, sabe el diablo donde est, y se tendr
por honrado con poderme saludar cuando vuelva! El actual,  ese me le
paso... y tambien se lo llevar pateta... El que le sustituya se ver
tan apurado con su nuevo cargo y no se podr ocupar de bagatelas. Yo,
seor mo, no tengo ms que mi conciencia, obro segun mi conciencia,
mi conciencia est satisfecha, y me importan un comino los juicios
de fulano  zutano. Mi conciencia, seor mo, mi conciencia!

--S, mi General, pero el pais...

--Tu tu tu tu! El pais, qu tengo yo que ver con el pais? He
contraido por ventura compromisos con l? Le debo yo mi cargo? Fu
l quien me ha elegido?

Hubo un momento de pausa. El alto empleado tena la cabeza
baja. Despues, como si tomase una decision, la levant, mir al General
fijamente y, plido y algo tembloroso, dijo con energa reprimida:

--No importa, mi General, nada importa eso! V. E. no ha sido elegido
por el pueblo filipino sino por Espaa, razon de ms para que
V. E. trate bien  los filipinos para que no puedan reprochar nada 
Espaa! Razon de ms, mi General! V. E. al venir aqu ha prometido
gobernar con justicia, buscar el bien...

--Y no lo estoy haciendo? pregunt exasperado S. E. dando un paso;
no le he dicho  usted que saco del bien de uno el bien de todos? Me
va usted ahora  dar lecciones? Si usted no comprende mis actos qu
culpa tengo yo? Le fuerzo acaso  que participe de mi responsabilidad?

--Sin duda que no! replic el alto empleado irguindose con
altanera; V. E. no me fuerza, V. E. no me puede forzar  m,
 m  que participe de su responsabilidad! La ma la entiendo de
otra manera, y porque la tengo, voy  hablar pues me he callado por
mucho tiempo. Oh, no haga V. E. esos gestos porque el que aqu haya
yo venido con este  aquel cargo no quiere decir que abdique de mis
derechos y me reduzca al papel de esclavo, sin voz ni dignidad! Yo no
quiero que Espaa pierda este hermoso imperio, esos ocho millones de
sbditos sumisos y pacientes que viven de desengaos y esperanzas;
pero tampoco quiero manchar mis manos en su esplotacion inhumana,
no quiero que se diga jams que, destruida la trata, Espaa la ha
continuado en grande cubrindola con su pabellon y perfeccionndola
bajo un lujo de aparatosas instituciones. No, Espaa para ser grande
no tiene necesidad de ser tirana; Espaa se basta  s misma, Espaa
era ms grande cuando solo tena su territorio, arrancado de las
garras del moro! Yo tambien soy espaol, pero antes que espaol
soy hombre y antes que Espaa y sobre Espaa est su honra, estan
los altos principios de moralidad, los eternos principios de la
inmutable justicia! Ah, usted se asombra de que piense as, porque
usted no tiene idea de la grandeza del nombre espaol, no la tiene
usted, no; usted lo identifica con las personas, con los intereses;
para usted el espaol puede ser pirata, puede ser asesino, hipcrita,
falso, todo, con tal de conservar lo que tiene; para m, el espaol
debe perderlo todo, imperio, podero, riquezas, todo, todo antes
que el honor! Ah, seor mo! Nosotros protestamos cuando leemos que
la fuerza se antepone al derecho, y aplaudimos cuando en la prctica
la vemos hipcrita no solo torcerlo sino ponerlo  su servicio para
imponerse... Por lo mismo que amo  Espaa, hablo aqu y desafo el
fruncimiento de sus cejas! Yo no quiero que en las edades venideras
sea acusada de madrastra de naciones, vampiro de pueblos, tirana
de pequeas islas, porque sera horrible escarnio  los nobles
propsitos de nuestros antiguos reyes! Cmo cumplimos con su sagrado
testamento? Prometieron  estas islas amparo y rectitud y jugamos con
las vidas y libertades de sus habitantes; prometieron civilizacion
y se la escatimamos, temiendo que aspiren  ms noble existencia;
les prometieron luz, y les cegamos los ojos para que no vean nuestra
bacanal; prometieron ensearles virtudes y fomentamos sus vicios y,
en vez de la paz, de la riqueza y la justicia, reina la zozobra, el
comercio muere y el escepticismo cunde en las masas. Pongmonos en
lugar de los filipinos y preguntmonos qu haramos en su caso! Ay! en
su silencio de usted leo su derecho de sublevarse, y si las cosas
no se mejoran se sublevarn un da y  f que la justicia estar
de su parte y con ella las simpatas de todos los hombres honrados,
de todos los patriotas del mundo! Cuando  un pueblo se le niega la
luz, el hogar, la libertad, la justicia, bienes sin los cuales no es
posible la vida y por lo mismo constituyen el patrimonio del hombre,
ese pueblo tiene derecho para tratar al que as le despoja como al
ladron que nos ataja en el camino: no valen distingos, no valen
escepciones, no hay ms que un hecho, una propiedad, un atentado
y todo hombre honrado que no vaya de parte del agredido, se hace
cmplice y mancha su conciencia. S, yo no soy militar, y los aos
van apagando el poco fuego de mi sangre, pero as como me dejara
hacer pedazos por defender la integridad de Espaa contra un invasor
etrangero  contra las veleidades injustificadas de sus provincias,
as tambien le aseguro  usted que me pondra del lado de los filipinos
oprimidos, porque antes prefiero sucumbir por los derechos hollados
de la humanidad que triunfar con los intereses egoistas de una nacion
aun cuando esta nacion se llamase como se llama Espaa!...

--Sabe usted cundo sale el correo? pregunt friamente S. E. cuando
el alto empleado hubo acabado de hablar.

El alto empleado le mir fijamente, despues baj la cabeza y en
silencio dej el palacio.

En el jardin encontr su coche que le esperaba.

--Cuando un  da os declareis independientes, dijo algo ensimismado al
lacayo indio que le abra la portezuela, acordaos de que en Espaa
no han faltado corazones que han latido por vosotros y han luchado
por vuestros derechos!

--Dnde, seor? contest el lacayo que no le haba comprendido y
preguntaba  donde tenan que ir.

Dos horas despues, el alto empleado presentaba su dimision y anunciaba
su vuelta  Espaa por el prximo correo.






XXXII

EFECTOS DE LOS PASQUINES


A raiz de los acontecimientos narrados, muchas madres llamaron  sus
hijos para que inmediatamente dejasen los estudios y se dedicasen 
la holganza   la agricultura.

Cuando llegaron los exmenes, abundaron los suspensos y raro fu el
que aprob el curso, habiendo pertenecido  la famosa asociacion de la
que nadie se volvi  ocupar. Pecson, Tadeo y Juanito Pelaez fueron
igualmente suspendidos; el primero recibi las calabazas con su risa
de bobo y prometi entrar de oficial en un juzgado cualquiera; Tadeo,
con la cuacha eterna al fin, se pag una iluminacion encendiendo una
hoguera con sus libros; los dems tampoco salieron bien librados y al
fin tuvieron que dejar sus estudios, con gran contento de las madres
que siempre se  imaginan  sus hijos ahorcados si llegan  enterarse
de lo que dicen los libros. Solo Juanito Pelaez soport mal el golpe,
teniendo que dejar para siempre las aulas por el almacen de su padre,
que en adelante le asociaba  su comercio: el truhan encontraba la
tienda menos divertida, pero sus amigos, al cabo de algun tiempo,
le vieron otra vez con la redonda joroba, lo cual era sntoma de
que renaca su buen humor. El rico Makaraig, ante la hecatombe,
se guard muy bien de esponerse y, habiendo conseguido pasaporte
 fuerza de dinero, se embarc corriendo para Europa: decase que
S. E. el Capitan General, en su deseo de hacer el bien por el bien
y cuidadoso de la comodidad de los filipinos, dificultaba la marcha
 todo aquel que no probase antes materialmente que puede gastar
y vivir con holgura en medio de las ciudades europeas. De nuestros
conocidos, los que salieron mejor librados fueron Isagani y Sandoval:
el primero aprob la asignatura que cursaba bajo el P. Fernandez y
fu suspendido en las otras, y el segundo pudo marear al tribunal 
fuerza de discursos. Basilio fu el nico que ni aprob asignaturas,
ni fu suspendido, ni se march  Europa: continu en la carcel de
Bilibid, sometido cada tres das  interrogatorios, los mismos casi del
principio, sin ms novedad que la del cambio de jueces instructores,
pues pareca que delante de tanta culpabilidad todos sucumban 
huan horrorizados.

Y mientras dorman y se arrastraban los espedientes, mientras los
papeles sellados menudeaban como cataplasmas de mdico ignorante
por el cuerpo de un hipocondraco, Basilio se enteraba en todos sus
detalles de cuanto haba ocurrido en Tian, de la muerte de Jul
y la desaparicion de Tandang Selo. Sinong, el apaleado cochero que
le haba conducido  San Diego, se encontraba entonces en Manila,
le visitaba y le pona al corriente de todo.

Entretanto Simoun haba recobrado su salud, al menos as lo dijeron
los peridicos. Ben Zayb di gracias al Omnipotente que vela por
tan preciosa vida y ha manifestado la esperanza de que el Altsimo
har que un da se descubra al criminal, cuyo delito permanece
impune gracias  la caridad de la vctima, que observa demasiado
las palabras del Gran Mrtir: Padre, perdnalos que no saben lo que
hacen! Estas y otras cosas ms deca Ben Zayb en impreso, mientras
que de boca indagaba si era cierto el rumor de que el opulento joyero
iba  dar una gran fiesta, un banquete como jams se ha visto otro,
parte como celebrando su curacion, parte como una despedida al pas en
donde haba aumentado su fortuna. Se susurraba, es cierto, que Simoun,
debiendo marcharse con el Capitan General cuyo mando expiraba el Mayo,
haca todos los esfuerzos para conseguir en Madrid una prrroga y
aconsejaba  S. E. enprendiese una campaa para tener motivos de
quedarse, pero se deca tambien que Su Excelencia, por primera vez,
desoa los consejos de su favorito, tomando como cuestion de honor no
retener ni por un solo da de ms el poder que le haban concedido,
rumor que haca creer que la anunciada fiesta iba  tener lugar
dentro de muy poco. Simoun, por lo dems, permaneca impenetrable;
se haba vuelto menos comunicativo aun, se dejaba ver poco, y sonrea
misteriosamente cuando le hablaban de la anunciada fiesta.

--Vamos, seor Simbad, le haba dicho una vez Ben Zayb; deslmbrenos
usted con algo yankee! Ea, que algo le debe  este pas.

--Sin duda alguna! responda con su seca sonrisa.

--Echar usted la casa por la ventana, eh?

--Es posible, solo que como no tengo casa...

--Haber comprado la de Capitan Tiago que consigui por nada el
seor Pelaez!

Simoun se haba callado y desde entonces le vieron  menudo en
el almacen de don Timoteo Pelaez, con quien se dijo que se haba
asociado. Semanas despues, por el mes de Abril, corra la voz de que
Juanito Pelaez, el hijo de don Timoteo, se iba  casar con Paulita
Gomez, la joven, codiciada por nacionales y estrangeros.

--Hay hombres afortunados! decan otros comerciantes envidiosos;
comprar una casa por nada, vender bien su partida de zinc, asociarse
con un Simoun y casar  su hijo con una rica heredera, diga usted
que son golleras que no las tienen todos los hombres honrados!

--Si supieran ustedes de dnde le viene al seor Pelaez esa gollera!

Y con el tono de voz se indicaba  s mismo.

--Y tambien les aseguro que habr fiesta y en grande, aada con
misterio.

Era cierto, en efecto, que Paulita se casaba con Juanito Pelaez. Sus
amores con Isagani se haban desvanecido como todos los primeros
amores, basados en la poesa, en el sentimiento. Los sucesos de
la pasquinada y la prision haban despojado al joven de todos sus
atractivos. A quin se le ocurre buscar el peligro, desear participar
de la suerte de sus compaeros, presentarse, cuando todo el mundo se
esconda y rechazaba toda complicidad? Era un quijotismo, una locura,
que ninguna persona sensata en Manila se lo poda perdonar y tena
mucha razon Juanito en ponerle en ridculo, representndole en el
momento en que se iba al Gobierno Civil. Naturalmente, la brillante
Paulita ya no poda amar  un joven que tan erradamente comprenda la
sociedad y que todos condenaban. Ella empez  reflexionar. Juanito
era listo, hbil, alegre, pillo, hijo de un rico comerciante de Manila
y mestizo espaol por aadidura,  si se ha de creer  don Timoteo,
espaol de pura sangre; en cambio, Isagani era un indio provinciano
que soaba en sus bosques llenos de sanguijuelas, de familia dudosa,
con un to clrigo que quizs ser enemigo del lujo y de bailes, 
que ella era muy aficionada. Una hermosa maana cay pues en la cuenta
de que haba sido una solemne tonta en preferirle  su rival y desde
entonces se not el aumento de la joroba de Pelaez. La ley descubierta
por Darwin la cumpla Paulita inconsciente pero rigurosamente: la
hembra se entrega al macho ms habil, al que sabe adaptarse al medio
en que se vive, y para vivir en Manila no haba otro como Pelaez,
que desde pequeo saba al dedillo la gramtica parda.

La cuaresma pas con su semana santa, con su cortejo de procesiones y
ceremonias, sin ms novedad que un misterioso motin de los artilleros,
cuya causa jams se lleg  divulgar. Se derribaron las casas de
materiales ligeros, mediante el concurso de un cuerpo de caballera
para cargar sobre los dueos en el caso de que se sublevasen: hubo
muchos llantos y muchas lamentaciones pero la cosa no pas de all. Los
curiosos, entre ellos Simoun, fueron  ver  los que se quedaban sin
hogar, pasendose indiferentes y se dijeron que en adelante podan
dormir tranquilos.

A fines de Abril, olvidados ya todos los temores, Manila solo se
ocupaba de un acontecimiento. Era la fiesta que don Timoteo Pelaez
iba  dar en las bodas de su hijo, de quien el General, gracioso
y condescendiente, se prestaba  ser el padrino. Decase que Simoun
haba arreglado el asunto. El casamiento se celebrara dos das antes
de la marcha de su Excelencia; sta honrara la casa y hara un regalo
al novio. Susurrbase que el joyero derramara cascadas de brillantes,
arrojara  puados perlas, en obsequio al hijo de su asociado y que,
no pudiendo dar ninguna fiesta en su casa por no tener una propia y
por ser solteron, aprovechara la ocasion para sorprender al pueblo
filipino con una sentida despedida. Toda Manila se preparaba para ser
invitada; nunca la inquietud se apoder con ms vigor de los nimos
como ante el pensamiento de no ser de los convidados. Se disputaban la
buena amistad de Simoun, y muchos maridos, obligados por sus esposas,
compraron barras de hierro y piezas de zinc para hacerse amigos de
don Timoteo Pelaez.






XXXIII

LA LTIMA RAZON


Al fin lleg el da.

Simoun, desde la maana, no haba salido de su casa, ocupado en
poner en orden sus armas y sus alhajas. Su fabulosa riqueza estaba
ya encerrada en la gran maleta de acero con funda de lona. Quedaban
pocos estuches que contenan brazaletes, alfileres, sin duda regalos
que esperaba hacer. Iba  partir al fin con el Capitan General, que
de ninguna manera quiso prolongar su mando, temeroso del qu dirn
de las gentes. Los maliciosos insinuaban que Simoun no se arriesgaba
 quedarse solo, que, perdido su apoyo, no quera esponerse  las
venganzas de tantos explotados y desgraciados, con tanto ms motivo
cuanto que el General que iba  venir, pasaba por ser un modelo de
rectitud y acaso, acaso le haga devolver cuanto haba ganado. Los
indios supersticiosos, en cambio, crean que Simoun era el diablo
que no quera separarse de su presa. Los pesimistas hacan un guio
malicioso y decan:

--Talado el campo, se va  otra parte la langosta.

Solo algunos, muy pocos, sonrean y callaban.

A la tarde, Simoun haba dado orden  su criado para que si se
presentaba un joven que se llamaba Basilio, le hiciese entrar
en seguida. Despues encerrse en su aposento y pareci sumido en
profundas reflexiones. Desde su enfermedad, el rostro del joyero se
haba vuelto ms duro y ms sombro, se haba profundizado mucho la
arruga entre ceja y ceja. Pareca algo encorvado; la cabeza ya no se
mantena erguida, se doblaba. Estaba tan absorto en su meditacion que
no oy llamar  la puerta. Los golpes tuvieron que repetirse. Simoun
se estremeci:

--Adelante! dijo.

Era Basilio, pero, quantum mutatus! Si el cambio operado en
Simoun durante los dos meses era grande, en el joven estudiante
era espantoso. Sus mejillas estaban socavadas, desaliado el traje,
despeinado. Haba desaparecido la dulce melancola de sus ojos; en
ellos brillaba una llama oscura; dirase que haba muerto y su cadaver
resuscitaba horrorizado de lo que haba visto en la eternidad. Si
no el crmen, su siniestra sombra se estenda por toda su figura. El
mismo Simoun se espant y sinti compasion por el desgraciado.

Basilio, sin saludar, avanz lentamente y en voz que hizo estremecerse
al joyero, dijo:

--Seor Simoun, he sido mal hijo y mal hermano; he olvidado
el asesinato del uno y las torturas de la otra y Dios me ha
castigado! Ahora no me queda ms que una voluntad para devolver mal
por mal, crmen por crmen, violencia por violencia!

Simoun le escuchaba silencioso.

--Hace cuatro meses, continu Basilio, me hablaba usted de
sus proyectos; he rehusado tomar parte, y he hecho mal; usted
ha tenido razon. Hace tres meses y medio la revolucion estaba 
punto de estallar, tampoco he querido tomar parte y el movimiento
ha fracasado. En pago de mi conducta he sido preso y solo debo mi
libertad  las instancias de usted. Usted ha tenido razon y ahora
vengo  decirle: arme mi brazo y que la revolucion estalle! Estoy
dispuesto  servirle con todos los desgraciados!

La nube que oscureca la frente de Simoun se disip de repente, un
rayo de triunfo brill en sus ojos, y cual si hubiese encontrado lo
que buscaba, exclam:

--Tengo razon, s, tengo razon! el derecho me asiste, la justicia est
de mi parte, porque mi causa es la de los desgraciados... Gracias,
joven, gracias! Usted viene  disipar mis dudas,  combatir mis
vacilaciones...

Simoun se haba levantado y su semblante estaba radiante: el ardor
que le animaba cuando, cuatro meses antes, esplicaba  Basilio sus
proyectos en el bosque de sus antepasados, reapareca en su fisonoma
como un rojo crepsculo despues de un nublado da.

--S, continu; el movimiento ha fracasado y me han desertado muchos
porque me vieron abatido vacilar en el supremo instante: conservaba
algo en mi corazon, no era dueo de todos mis sentimientos y amaba
todava!... Ahora todo est muerto en m, y ya no hay cadver sagrado
cuyo sueo tenga que respetar! Ya no habr vacilaciones; usted mismo,
joven ideal, paloma sin hiel, comprende la necesidad, se viene 
m y me excita  la accion! Algo tarde abre usted sus ojos! Entre
usted y yo hubiramos combinado y ejecutado planes maravillosos: yo
arriba, en las altas esferas, esparciendo la muerte entre perfumes
y oro, embruteciendo  los viciosos y corrompiendo  paralizando 
los pocos buenos, y usted abajo, en el pueblo, entre los jvenes,
evocando la vida entre sangre y lgrimas! Nuestra obra, en vez de
ser sangrienta y brbara, habra sido piadosa, perfecta, artstica
y de seguro que el xito habra coronado nuestros esfuerzos! Pero
ninguna inteligencia me ha querido secundar; miedo  afeminamiento he
encontrado en las clases ilustradas, egoismo en las ricas, candidez
en la juventud, y solo en las montaas, en los destierros, en la
clase miserable he encontrado  mis hombres! Pero no importa! si
no podemos sacar una acabada estatua, pulida en todos sus detalles,
del bloc grosero que desbastaremos se encargarn los que han de venir!

Y cogiendo del brazo  Basilio que le escuchaba sin comprenderle en
todo, le condujo al laboratorio donde encerraba sus productos qumicos.

Sobre una mesa se encontraba una gran caja de chagrin oscuro, parecida
 las que contienen las vajillas de plata que se regalan entre s los
ricos y los soberanos. Simoun la abri y descubri, sobre fondo de raso
rojo, una lmpara de forma muy original. El recipiente lo figuraba una
granada, grande como la cabeza de un hombre, algo rajada, dejando ver
los granos del interior, figurados por enormes cornalinas. La corteza
era de oro oxidado  imitaba perfectamente hasta las rugosidades de
la fruta.

Simoun la sac con mucho cuidado, y retirando el mechero, descubri
el interior del depsito: el casco era de acero, grueso como dos
centmetros y poda contener algo ms de un litro. Basilio le
interrogaba con la mirada: nada comprenda.

Sin entrar en explicaciones, Simoun sac cuidadosamente de un armario
un frasco y ense al joven la frmula escrita encima.

--Nitro-glicerina! murmur Basilio, retrocediendo y retirando
instintivamente las manos. Nitro-glicerina! Dinamita!

Y creyendo comprender, se le erizaron los cabellos.

--S, nitro-glicerina! repiti lentamente Simoun con su sonrisa
fra y contemplando con delicia el frasco de cristal; es algo ms
que nitro-glicerina! Son lgrimas concentradas, odios comprimidos,
injusticias y agravios! Es la suprema razon del debil, fuerza contra
fuerza, violencia contra violencia... Hace un momento vacilaba
yo, pero usted ha venido y me ha convencido! Esta noche volarn
pulverizados los tiranos ms peligrosos, los tiranos irresponsables,
los que se ocultan detrs de Dios y del Estado, y cuyos abusos
permanecen impunes porque nadie los puede fiscalizar! Esta noche
oir Filipinas el estallido, que convertir en escombros el informe
monumento cuya podredumbre he apresurado!

Basilio estaba atontado: sus labios se movan sin producir sonido,
senta que se le paralizaba la lengua, se le secaba el paladar. Por
primera vez vea el poderoso lquido, de que tanto haba oido
hablar, como destilado en sombras por hombres sombros, en guerra
abierta contra la sociedad. Ahora lo tena delante, trasparente y
algo amarillento, vertindose con infinito cuidado en el seno de la
artstica granada. Simoun se le apareca como el genio de las Mil y una
noches que sale del seno del mar: adquira proporciones gigantescas,
tocaba el cielo con la cabeza, haca estallar la casa y sacuda toda
la ciudad con un movimiento de sus espaldas. La granada tomaba las
proporciones de una colosal esfera, y la rajadura, una risa infernal,
por donde se escapaban brasas y llamas. Por primera vez Basilio se
dejaba llevar del espanto y perda su sangre fra por completo.

Simoun, entretanto, atornillaba slidamente un curioso y complicado
aparato, pona el tubo de cristal, la bomba, y coronaba el todo con
una elegantsima pantalla. Despues se alej  cierta distancia para
contemplar el efecto, inclinando la cabeza ya  un lado ya  otro
para mejor juzgar de su aspecto y magnificencia.

Y viendo que Basilio le miraba con ojos interrogadores  la vez que
recelosos, repuso:

--Esta noche habr una fiesta y esa lmpara se colocar en medio de
un pequeo kiosko-comedor que he mandado hacer al efecto. La lmpara
dar una luz brillante que bastar ella sola para iluminarlo todo,
mas, al cabo de veinte minutos la luz se oscurecer, y entonces, cuando
quieran subir la mecha, detonar una cpsula de fulminato de mercurio,
la granada estallar y con ella el comedor, en cuyo techo y en cuyo
suelo he escondido sacos de plvora para que nadie se pueda salvar...

Hubo  un momento de  silencio: Simoun contemplaba su aparato y Basilio
apenas respiraba.

--De manera que mi concurso es intil, observ el joven.

--No, usted tiene otra mision que cumplir, contest Simoun pensativo;
 las nueve la mquina habr estallado y la detonacion se habr oido en
las comarcas prximas, en los montes, en las cavernas. El movimiento
que yo haba combinado con los artilleros ha fracasado por falta de
direccion y simultaneidad. Esta vez no ser as. Al oirse el estallido,
los miserables, los oprimidos, los que vagan perseguidos por la fuerza
saldrn armados y se reunirn con Cabesang Tales en Santa Mesa para
caer sobre la ciudad; en cambio, los militares  quienes he hecho creer
que el General simula un alzamiento para tener motivos de permanecer,
saldrn de sus cuarteles dispuestos  disparar sobre cualesquiera
que designare. El pueblo entretanto, alebrestado, y creyendo llegada
la hora de su degello, se levantar dispuesto  morir, y como no
tiene armas ni est organizado, usted con algunos otros se pondr 
su cabeza y los dirigir  los almacenes del chino Quiroga en donde
guardo mis fusiles. Cabesang Tales y yo nos reuniremos en la ciudad
y nos apoderaremos de ella, y usted en los arrabales ocupar los
puentes, se har fuerte, estar dispuesto  venir en nuestra ayuda
y pasar  cuchillo no solo  la contrarevolucion, sino  todos los
varones que se nieguen  seguir con las armas!

--A todos? balbuce Basilio con voz sorda.

--A todos! repiti con voz siniestra Simoun,  todos, indios,
mestizos, chinos, espaoles,  todos los que se encuentren sin valor,
sin energa... Es menester renovar la raza! Padres cobardes solo
engendrarn hijos esclavos y no vale la pena destruir para volver 
edificar con podridos materiales! Qu? se estremece usted? Tiembla,
teme sembrar la muerte? Qu es la muerte? Qu significa una hecatombe
de veinte mil desgraciados? Veinte mil miserias menos, y millones de
miserables salvados en su orgen! No vacila el ms tmido gobernante
en dictar una ley que ha de producir la miseria y la lenta agona de
miles y miles de sbditos, prsperos, trabajadores, felices tal vez,
para satisfacer un capricho, una ocurrencia, el orgullo, y usted se
estremece porque en una noche han de terminar para siempre las torturas
morales de muchos ilotas, porque un pueblo paralitico y viciado ha de
morir para dar paso  otro nuevo, joven, activo, lleno de energa? Qu
es la muerte? La nada  un sueo! Sern sus pesadillas comparables
 la realidad de torturas de toda una miserable generacion? Importa
destruir lo malo, matar al dragon para baar en su sangre al pueblo
nuevo y hacerle robusto  invulnerable! Qu otra cosa es la inexorable
ley de la naturaleza, ley de lucha en que el dbil tiene que sucumbir
para que no se perpete la viciada especie y la creacion camine al
retroceso? Fuera, pues, femeniles preocupaciones! Cmplanse las leyes
eternas, ayudmoslas y pues que la tierra es tanto ms fecunda cuanto
ms se abona con sangre, y los tronos ms seguros cuanto ms cimentados
en crmenes y cadveres, no haya vacilacion, no haya duda! Qu es
el dolor de la muerte? La sensacion de un momento, acaso confuso,
acaso agradable como el trnsito de la vigilia al sueo... Qu se
destruye? Un mal, el sufrimiento, yerbas raquticas para plantar en
su lugar otras lozanas! Llamar usted  eso destruir? Yo lo llamara
crear, producir, sustentar, vivificar...

Tan sangrientos sofismas, dichos con conviccion y frialdad, anonadaban
al joven, cuya inteligencia debilitada por ms de tres meses de
carcel y cegada por la pasion de la venganza, no estaba en disposicion
para analizar el fondo moral de las cosas. En vez de replicar que el
hombre ms malo  pusilnime siempre es algo ms que la planta, porque
tiene un alma y una inteligencia que, por viciadas  embrutecidas que
pudiesen estar, se pueden redimir; en vez de contestar que el hombre
no tiene derecho de disponer de la vida de nadie en provecho de nadie,
y que el derecho  la vida reside en cada individuo como el derecho
 la libertad y  la luz; en vez de replicar que si es abuso en los
gobiernos castigar en el reo las faltas  crmenes, en que ellos le han
precipitado por incuria  torpeza, cuanto ms lo sera en un hombre,
por grande y por desgraciado que fuere, castigar en el pobre pueblo
las faltas de sus gobiernos y antepasados, en vez de decir que Dios
solo puede tentar tales medios, que Dios puede destruir porque puede
crear, Dios que tiene en su mano la recompensa, la eternidad y el
porvenir para justificar sus actos y el hombre nunca! en vez de estos
raciocinios, Basilio solo opuso una vulgar observacion:

--Qu dir el mundo,  la vista de tanta carnicera?

--El mundo aplaudir como siempre, dando la razon al ms fuerte,
al ms violento! contest con su sonrisa cruel Simoun. Europa ha
aplaudido cuando las naciones del occidente sacrificaron en Amrica
millones de indios y no por cierto para fundar naciones mucho ms
morales ni ms pacficas; all est el Norte con su libertad egoista,
su ley de Lynch, sus engaos polticos; all est el Sur con sus
repblicas intranquilas, sus revoluciones brbaras, guerras civiles,
pronunciamientos, como en su madre Espaa! Europa ha aplaudido
cuando la poderosa Portugal despoj  las islas Molucas, aplaude
cuando Inglaterra destruye en el Pacfico las razas primitivas para
implantar la de sus emigrados. Europa aplaudir como se aplaude al
fin de un drama, al fin de una tragedia: el vulgo se fija poco en el
fondo, solo mira el efecto! Hgase bien el crmen y ser admirado y
tendr ms partidarios que los actos virtuosos, llevados  cabo con
modestia y timidez.

--Perfectamente, repuso el joven; qu me importa al fin y al cabo que
aplaudan  censuren, cuando ese mundo no se cuida de los oprimidos,
de los pobres y de las dbiles mujeres? Qu consideraciones he de
guardar con la sociedad cuando ella no ha guardado ninguna conmigo?

--As me gusta, dijo triunfante el tentador.

Y sacando de un cajon un revlver, se lo entreg diciendo:

--A las diez espreme frente  la iglesia de S. Sebastian para recibir
mis ltimas instrucciones. Ah! A las nueve debe usted encontrarse
lejos, muy lejos de la calle Anloague!

Basilio examin el arma, la carg y guard en el bolsillo interior
de su americana. Se despidi con un seco:--Hasta luego!






XXXIV

LAS BODAS


Una vez en la calle, Basilio pens en qu poda ocuparse hasta que
llegase la fatal hora; no eran ms que las siete. Era la poca de las
vacaciones y todos los estudiantes estaban en sus pueblos. Isagani
era el nico que no quiso retirarse, pero haba desaparecido desde
aquella maana y no se saba su paradero. Esto le haban dicho 
Basilio, cuando al salir de la carcel fu  visitar  su amigo para
pedirle hospitalidad. Basilio no saba  donde ir, no tena dinero,
no tena nada fuera del revlver. El recuerdo de la lmpara ocupaba su
imaginacion; dentro de dos horas tendra lugar la gran catstrofe y,
al pensar en ello, le pareca que los hombres que desfilaban delante
de sus ojos pasaban sin cabeza: tuvo un sentimiento de feroz alegra
al decirse que, hambriento y todo, aquella noche iba l  ser temible,
que de pobre estudiante y criado, acaso el sol le viera terrible y
siniestro, de pi sobre pirmide de cadveres, dictando leyes  todos
aquellos que pasaban delante en sus magnficos coches. Rise como
un condenado, y palp la culata del revlver: las cajas de cartuchos
estaban en sus bolsillos.

Se le ocurri una pregunta dnde principiara el drama? En su
aturdimiento, no se le haba ocurrido preguntarlo  Simoun, pero
Simoun le haba dicho que se alejase de la calle de Anloague.

Entonces tuvo una sospecha; aquella tarde, al salir de la crcel se
haba dirigido  la antigua casa de Cpn. Tiago para buscar sus pocos
efectos, y la haba encontrado trasformada y preparada para una fiesta;
eran las bodas de Juanito Pelaez! Simoun hablaba de fiesta.

En esto vi pasar delante de s una larga fila de coches, llenos de
seores y seoras conversando con animacion; crey distinguir dentro
grandes ramilletes de flores, pero no par atencion en ello. Los coches
se dirigan hcia la calle del Rosario y, por encontrarse con los
que bajaban del puente de Espaa, tenan que detenerse  menudo  ir
lentamente. En uno vi  Juanito Pelaez al lado de una mujer, vestida
de blanco con un velo transparente: en ella reconoci  Paulita Gmez.

--La Paulita! exclam sorprendido.

Y viendo que en efecto era ella, en traje de novia, con Juanito Pelaez,
como si viniesen de la iglesia,

--Pobre Isagani! murmur qu se habr hecho de l?

Pens unos instantes en su amigo, alma grande, generosa, y mentalmente
se pregunt si no sera bueno comunicarle el proyecto, pero mentalmente
se contest tambien que Isagani nunca querra tomar parte en semejante
carnicera... A Isagani no le haban hecho lo que  l.

Despues pens en que sin la prision, l sera novio  marido en
aquellas horas, licenciado en Medicina, viviendo y curando en un rincon
de su provincia. La sombra de Jul, destrozada en su caida, cruz
por su imaginacion; llamas oscuras de odio encendieron sus pupilas,
y de nuevo acarici la culata del revlver sintiendo no llegase ya la
terrible hora. En esto vi que Simoun sali de la puerta de su casa con
la caja de la lmpara, cuidadosamente envuelta, entr en un coche que
sigui la fila de los que acompaaban  los novios. Basilio, para no
perder de vista  Simoun, quiso fijarse en el cochero, y con asombro
reconoci en l al desgraciado que le haba conducido  San Diego,
 Sinong el apaleado de la Guardia Civil, al mismo que le enteraba
en la carcel de cuanto haba sucedido en Tian.

Conjeturando que la calle Anloague iba  ser el teatro, all se dirigi
el joven, apresurando el paso y adelantndose  los coches. En efecto,
se dirigan todos  la antigua casa de Cpn. Tiago: all se reunan en
busca de un baile para danzar por el aire! Basilio se ri al ver las
parejas de la Guardia Veterana que hacan el servicio. Por su nmero
se poda adivinar la importancia de la fiesta y de los invitados. La
casa rebosaba de gente, derramaba torrentes de luz por sus ventanas;
el zaguan estaba alfombrado y lleno de flores; all arriba, acaso en su
antiguo y solitario aposento, tocaba ahora la orquesta aires alegres,
que no apagaban del todo el confuso tumulto de risas, interpelaciones
y carcajadas.

D. Timoteo Pelaez llegaba al pinculo de la fortuna, y la realidad
sobrejujaba sus ensueos. Casaba, al fin,  su hijo con la riqusima
heredera de los Gomez, y gracias al dinero que Simoun le haba
prestado, haba alhajado regiamente aquella gran casa, comprada en la
mitad de su valor, daba en ella una esplndida fiesta, y las primeras
divinidades de Olimpo manileo iban  ser sus huspedes, para dorarle
con la luz de su prestigio. Ocurransele desde aquella maana, con la
persistencia de una cantata en boga, unas vagas frases que haba leido
en sus comuniones: Ya es llegada la hora dichosa! Ya se acerca el
momento feliz! Pronto se cumplirn en t las admirables palabras de
Simoun: Vivo yo, mas no yo sino que el Capitan General vive en m,
etc. El Capitan General, padrino de su hijo! No asista en verdad
al casamiento; don Custodio le representaba, pero vendra  cenar,
y traera un regalo de boda, una lmpara que ni la de Aladin...--entre
bastidores--Simoun daba la lmpara. Timoteo, qu quieres ms?

La trasformacion que haba sufrido la casa de Cpn. Tiago era
considerable; se haba empapelado de nuevo ricamente; el humo y el
olor del opio desaparecieron por completo. La inmensa sala, ensanchada
aun por los colosales espejos que multiplicaban al infinito las luces
de las araas, estaba toda alfombrada: alfombra tenan los salones
de Europa, y aunque el piso era brillantsimo y de anchas tablas,
alfombra deba tener tambien el suyo pues no faltaba ms! La rica
sillera de Cpn. Tiago haba desaparecido, en su lugar se vea otra,
estilo Luis XV; grandes cortinas de terciopelo rojo, bordadas de oro,
con las iniciales de los novios y sujetas por guirnaldas de azahar
artificiales, pendan de los portiers y barran el suelo con sus
anchos flecos, de oro igualmente. En los ngulos se vean enormes
vasos de Japon, alternando con otros de Svres, de un azul oscuro
pursimo, colocados sobre pedestales cuadrados de madera tallada. Lo
nico que no estaba bien eran los cromos chillones con que don
Timoteo haba sustituido los antiguos grabados y las litografas
de santos de Cpn. Tiago. Simoun no le pudo disuadir; el comerciante
no quera cuadros al leo, no vaya alguno  atribuirlos  artistas
filipinos... l, sostener  artistas filipinos, nunca! en ello
le iba la paz y acaso la vida, y l saba como hay que bogar en
Filipinas! Verdad es que haba oido hablar de pintores estrangeros
como Rafael, Murillo, Velazquez, pero no saba cmo dirigirse  ellos,
y luego puede que salgan algo sediciosos... Con cromos no se arriesgaba
nada, los filipinos no los hacan, le salan ms baratos, el efecto
pareca el mismo, si no mejor, los colores ms brillantes y muy fina
la ejecucion! Vaya si don Timoteo saba como arreglarse en Filipinas!

La gran caida, adornada toda de flores, se haba convertido en comedor:
una gran mesa en medio para treinta personas, y al rededor, pegadas 
las paredes, otras pequeitas para dos y tres. Ramilletes de flores,
pirmides de frutas entre cintas y luces, cubran los centros. El
cubierto del novio estaba sealado por un ramo de rosas, el de la
novia por otro de azahar y azucenas. Ante tanto lujo y tanta flor se
imagina uno que ninfas de ropaje ligero y amorcillos con alas irisadas
iban  servir nctar y ambrosa  huspedes areos, al son de liras
y eolias arpas.

Sin embargo, la mesa para los grandes dioses no estaba all, estaba
servida all en medio de la ancha azotea, en un elegantsimo kiosko,
construido espresamente para el acto. Una celosa de madera dorada,
por donde trepan olorosas enredaderas, ocultaba el interior  los ojos
del vulgo sin impedir la libre circulacion del aire, para mantener la
frescura necesaria en aquella estacion. Un elevado entarimado levantaba
la mesa sobre el nivel de las otras en que iban  comer los simples
mortales, y una bveda, decorada por los mejores artistas, protegera
los augustos crneos de las miradas envidiosas de las estrellas.

All no haba ms que siete cubiertos; la vagilla era de plata
maciza, mantel y servilletas de finsimo lino, vinos, los ms caros
y esquisitos. Don Timoteo busc lo ms raro y costoso y no habra
vacilado ante un crmen si le hubiesen dicho que el Capitan General
gustaba de comer carne humana.






XXXV

LA FIESTA

                                            Danzar sobre un volcan.


A la siete de la noche fueron llegando los convidados: primero,
las divinidades menores, pequeos empleados, gefes de negociado,
comerciantes, etc, con los saludos ms ceremoniosos y los aires ms
graves, al principio, como si fueran recien aprendidos: tanta luz,
tanta cortina y tanto cristal imponan algo. Despues se familiarizaban
y se daban disimulados puetazos, palmaditas en el vientre y
algunos hasta se administraron familiares pescozones. Algunos,
es verdad, adoptaban cierta actitud desdeosa para hacer ver que
estaban acostumbrados  cosas mejores, vaya, si lo estaban! Diosa
hubo que bostez encontrando todo cursi y diciendo que tena gazuza;
otra que ri con su dios, haciendo un gesto con el brazo para darle
una manotada. Don Timoteo saludaba por aqu, por all; enviaba una
sonrisita, haca un movimiento de cintura, un retroceso, media vuelta,
vuelta entera, etc., tanto que otra diosa no pudo menos de decir 
su vecina, al amparo del abanico:

--Chica, que filadelfio est el to!  Mia que paese un fantoche!

Despues, llegaron los novios, acompaados de doa Victorina y toda la
comitiva. Felicitaciones, apretones de manos, palmaditas protectoras
al novio, miradas insistentes, lascivas, anatmicas para la novia, por
parte de ellos; por parte de ellas, anlisis del traje, del aderezo,
clculo del vigor, de la salud, etc.

--Psquis y Cupido presentndose en el Olimpo! pens Ben Zayb y se
grab la comparacion en la mente para soltarla en mejor ocasion.

El novio tena en efecto la fisonoma truhanesca del dios del amor,
y con un poco de buena voluntad se poda tomar por aljaba la joroba
en su mximum, que la severidad del frac no llegaba  ocultar.

Don Timoteo empezaba  sentir dolores de cintura, los callos de sus
pis se irritaban poco  poco, su cuello se cansaba y faltaba aun
el Cpn. General! Los grandes dioses, entre ellos el P. Irene y el
P. Salv, haban llegado ya, es verdad, pero aun faltaba el trueno
gordo. Estaba inquieto, nervioso; su corazon lata violentamente,
tena ganas de desahogar una necesidad, pero haba primero que saludar,
sonreir, y despues iba y no poda, se sentaba, se levantaba, no oa
lo que le decan, no deca lo que se le ocurra. Y mientras tanto,
un dios aficionado le haca observaciones sobre sus cromos, se los
criticaba asegurndole que manchaban las paredes.

--Manchaban las paredes! repeta don Timoteo sonriendo con ganas de
araarle; pero si estn hechos en Europa y son los ms caros que me
he podido procurar en Manila! Manchaban las paredes!

Y don Timoteo se juraba cobrar al da siguiente todos los vales que
del crtico tena en su almacen.

Se oyeron pitadas, galopar de caballos, al fin!

--El General!--El Capitan General!

Plido de emocion, se levant don Timoteo disimulando el dolor de
sus callos, y acompaado de su hijo y de algunos dioses mayores,
baj  recibir al Magnum Jovem. Se le fu el dolor de cintura ante
las dudas que en el momento le asaltaron: deba modelar una sonrisa
 afectar gravedad? deba alargar la mano  esperar  que el General
le ofrezca la suya? Carambas! cmo no se le haba ocurrido nada
del asunto para consultar con su gran amigo Simoun? Para ocultar su
emocion pregunt en voz baja, muy quebrada  su hijo:

--Has preparado algun discurso?

--Ya no se estilan discursos, pap, y con ste menos!

Lleg Jpiter en compaa de Juno, convertida en un castillo de
fuegos artificiales: brillantes en el tocado, brillantes al cuello,
en los brazos, en los hombros, en todas partes! Luca un magnfico
traje de seda, con larga cola, bordada de flores de realce.

S. E. tom realmente posesion de la casa, como se lo suplic
balbuceando don Timoteo. La orquesta toc la marcha real, y la divina
pareja subi majestuosamente la alfombrada escalera.

La gravedad de S. E. no era afectada; acaso por primera vez, desde
que lleg  las Islas, se senta triste; algo de melancola velaba
sus pensamientos. Aquel era el ltimo triunfo de sus tres aos de
soberano, y dentro de dos das, para siempre iba descender de tan
elevada altura. Qu dejaba detrs de s? S. E. no volva la cabeza
y prefera mirar hcia delante, hcia el porvenir! Se llevaba una
fortuna consigo, grandes cantidades depositadas en los Bancos de
Europa le esperaban, tena hoteles, pero haba lastimado  muchos,
tena muchos enemigos en la Corte, el alto empleado le esperaba
all! Otros generales se enriquecieron como l rpidamente, y ahora
estaban arruinados. Por qu no se quedaba ms tiempo como se lo
aconsejaba Simoun? No, la delicadeza ante todo. Los saludos, ademas,
no eran ya profundos como antes; notaba miradas insistentes, y hasta
displicencia; y l contestaba con afabilidad y hasta ensayaba sonrisas.

--Se conoce que el sol est en su ocaso! observ el P. Irene al oido
de Ben Zayb; muchos le miran ya frente  frente!

Carambas con el cura! precisamente iba l  decir eso.

--Chica, murmur al oido de su vecina la que llam fantoche  don
Timoteo, has visto qu falda?

--Uy! las cortinas del Palacio!

--Calla! y es verdad! Pues se llevan todo. Vers como se hace un
abrigo con las alfombras!

--Eso no prueba ms sino que tiene ingenio y gusto! observ el
marido, reprendiendo  su esposa con una mirada; las mujeres deben
ser econmicas!

Todava le dola al pobre dios la cuenta de la modista.

--Hijo! dame cortinas de  doce pesos la vara y vers si me pongo
estos trapos! replic picada la diosa; Jesus! hablars cuando tengas
tan esplndidos predecesores!

Entretanto Basilio, delante de la casa, confundido entre la turba
de curiosos, contaba las personas que bajaban de los coches. Cuando
vi tanta gente alegre, confiada; cuando vi al novio y  la novia,
seguida de su cortejo de jovencitas inocentes y candorosas, y pens
que iban  encontrar all una muerte horrible, tuvo lstima y sinti
que se amortiguaba su odio.

Tuvo deseos de salvar  tantos inocentes, pens escribir y dar parte 
la justicia; pero un coche vino y bajaron el P. Salv y el P. Irene,
ambos muy contentos, y como nube pasagera, se desvanecieron sus
buenos propsitos.

--Qu me importa? se dijo que paguen los justos con los pecadores!

Y luego aadi para tranquilizar sus escrpulos:

--Yo no soy delator, yo no debo abusar de la confianza que en m ha
depositado. Yo le debo  l ms que  todos sos; l cav la tumba de
mi madre; esos la mataron! Qu tengo que ver con ellos? Hice todo
lo posible para ser bueno, til; he procurado olvidar y perdonar;
sufr toda imposicion y solo peda me dejasen en paz! Yo no estorbaba
 nadie... Qu han hecho de m? Que vuelen sus miembros destrozados
por el aire! Bastante hemos sufrido!

Despues vi bajar  Simoun llevando en brazos la terrible lmpara,
le vi atravesar el zaguan lentamente, con la cabeza baja y como
reflexionando. Basilio sinti que su corazon lata debilmente,
que sus pis y manos se enfriaban y que la negra silueta del joyero
adquira contornos fantsticos, circundados de llamas. All se detena
Simoun al pi de la escalera y como dudando; Basilio no respiraba. La
vacilacion dur poco: Simoun levant la cabeza, subi resueltamente
las escaleras y desapareci.

Parecile entonces al estudiante que la casa iba  estallar de un
momento  otro y que paredes, lmparas, convidados, tejado, ventanas,
orquesta, volaban lanzados por los aires como un puado de brasas
en medio de una detonacion infernal; mir en torno suyo y crey ver
cadveres en lugar de curiosos; los vea mutilados, le pareci que
el aire se llenaba de llamas, pero la serenidad de su juicio triunf
de aquella alucinacion pasagera que el hambre favoreca y se dijo:

--Mientras no baje, no hay peligro. Aun no ha llegado el Capitan
General!

Y procur aparecer sereno dominando el temblor convulsivo de sus
piernas, y trat de distraerse pensando en otras cosas. Alguien se
burlaba de l en su interior y le deca:

--Si tiemblas ahora, antes de los momentos supremos, cmo te portars
cuando veas correr sangre, arder las casas y silbar las balas?

Lleg S. E., pero el joven no se fij en l: observaba la cara de
Simoun que era uno de los que haban bajado para recibirle, y ley
en la implacable fisonoma la sentencia de muerte de todos aquellos
hombres, y entonces nuevo terror se apoder de l. Tuvo fro, se
apoy contra el muro de la casa y, fijos los ojos en las ventanas
y atentos los oidos, quiso adivinar lo que poda pasar. Vi en la
sala la multitud rodeando  Simoun, y contemplando la lmpara; oy
varias felicitaciones, exclamaciones de admiracion; las palabras
comedor, estreno se repitieron varias veces; vi al General
sonreirse y conjetur que se estrenara aquella misma noche segun la
prevision del joyero y, por cierto, en la mesa donde iba  cenar Su
Excelencia. Simoun desapareci, seguido de una multitud de admiradores.

En aquel momento supremo su buen corazon triunf, olvid sus odios,
olvidse de Jul, quiso salvar  los inocentes y decidido, suceda
lo que suceda, atraves la calle y quiso entrar. Pero Basilio haba
olvidado que iba miserablemente vestido; el portero le detuvo,
le interpel groseramente, y al ver su insistencia, le amenaz con
llamar  una pareja de la Veterana.

En aquel momento bajaba Simoun ligeramente plido. El portero dej
 Basilio para saludar al joyero como si pasase un santo. Basilio
comprendi en la espresion de la cara que dejaba para siempre la casa
fatal y que la lmpara ya estaba encendida. Alea jacta est. Presa
del instinto de conservacion, pens entonces en salvarse. Poda
ocurrrsele  cualquiera por curiosidad mover el aparato, sacar la
mecha y entonces, estallara y todo sera sepultado. Todava oy 
Simoun que deca al cochero:

--Escolta, pica!

Azorado y temiendo oir de un momento  otro la terrible esplosion,
Basilio se di toda la prisa que poda para alejarse del maldito sitio:
sus piernas le parecan que no tenan la agilidad necesaria, sus
pis resbalaban contra la acera como si anduviesen y no se moviesen,
la gente que encontraba le cerraba el camino y antes de dar veinte
pasos crea que haban pasado lo menos cinco minutos. A cierta
distancia tropez con un joven que de pi, con la cabeza levantada,
miraba fijamente hcia la casa. Basilio reconoci  Isagani.

--Qu haces aqu? preguntle. Ven!

Isagani le mir vagamente, se sonri con tristeza y volvi  mirar
hcia los balcones abiertos, al travs de los cuales se vea la
vaporosa silueta de la novia, cogida del brazo del novio, alejndose
lnguidamente.

--Ven, Isagani! Alejmonos de esa casa, ven! deca en voz ronca
Basilio cogindole del brazo.

Isagani le apartaba dulcemente y segua mirando con la misma dolorosa
sonrisa en los labios!

--Por Dios, alejmonos!

--Por qu alejarme? Maana ya no ser ella!

Haba tanto dolor en aquellas palabras que Basilio se olvid por un
segundo de su terror.

--Quieres morir? pregunt.

Isagani se encogi de hombros y sigui mirando.

Basilio trat de arrastrarle de nuevo.

--Isagani, Isagani, yeme, no perdamos tiempo! Esa casa est
minada, va  saltar de un momento  otro, por una imprudencia, una
curiosidad... Isagani, todo perecer bajo sus ruinas!

--Bajo sus ruinas? repiti Isagani como tratando de comprender sin
dejar de mirar  la ventana.

--S, bajo sus ruinas, s, Isagani! por Dios, ven! te lo explicar
despues, ven! otro que ha sido ms desgraciado que t y que yo,
los ha condenado... Ves esa luz blanca, clara, como luz elctrica,
que parte de la azotea? Es la luz de la muerte! Una lmpara cargada
de dinamita, en un comedor minado... estallar y ni una rata se
escapar con vida, ven!

--No! contest Isagani moviendo tristemente la cabeza; quiero quedarme
aqu, quiero verla por ltima vez... maana ya ser otra cosa!

--Cmplase el destino! exclam entonces Basilio alejndose  toda
prisa.

Isagani vi que su amigo se alejaba con la precipitacion que denotaba
un verdadero terror y sigui mirando hcia la fascinadora ventana,
como el caballero de Toggenburg esperando que se asome la amada,
de que nos habla Schiller. En aquel momento la sala estaba desierta;
todos se haban ido  los comedores. A Isagani se le ocurri que los
terrores de Basilio podan ser fundados. Record su cara aterrada,
l que en todo conservaba su sangre fra y empez  reflexionar. Una
idea apareci clara  su imaginacion: la casa iba  volar y Paulita
estaba all, Paulita iba  morir de una muerte espantosa...

Ante esta idea todo lo olvid: celos, sufrimientos, torturas morales;
el generoso joven solo se acord de su amor. Sin pensar en s, sin
detenerse, dirigise  la casa y gracias  su traje elegante y  su
aire decidido, pudo franquear facilmente la puerta.

Mientras estas cortas escenas pasaban en la calle, en el comedor de
los dioses mayores, circulaba de mano en mano un pedazo de pergamino
donde se lean escritas en tinta roja estas fatdicas palabras:


    Mane Thecel Phares.
    Juan Crisstomo Ibarra


--Juan Crisstomo Ibarra? quin es se? pregunt S. E. pasando el
papel al vecino.

--Vaya una broma de mal gusto! repuso don Custodio: firmar el papel
con el nombre de un filibusterillo, muerto hace ms de diez aos!

--Filibusterillo!!

--Es una broma sediciosa!

--Habiendo seoras...

El P. Irene buscaba al bromista y vi al P. Salv, que estaba sentado
 la derecha de la condesa, ponerse plido como su servilleta mientras
con los ojos desencajados contemplaba las misteriosas palabras. La
escena de la esfinge se le present en la memoria!

--Qu hay, P. Salv? pregunt; est usted reconociendo la firma de
su amigo?

El P. Salv no contest; hizo ademan de hablar y sin apercibirse de
lo que haca, se pas por la frente la servilleta.

--Qu le pasa  V. R.?

--Es su misma escritura! contest en voz baja, apenas inteligible;
es la misma escritura de Ibarra!

Y recostndose contra el respaldo de su silla, dej caer los brazos
como si le faltasen las fuerzas.

La inquietud convirtise en terror; se miraron unos  otros sin
decirse una sola palabra. S. E. quiso levantarse, pero temiendo lo
atribuyeran  miedo, se domin y mir en torno suyo. No haba soldados:
los criados que servan le eran desconocidos.

--Sigamos comiendo, seores, repuso, y no demos importancia 
una broma!

Pero su voz, en vez de tranquilizar, aument la inquietud; la voz
temblaba.

--Supongo que ese Mane thecel phares, no querr decir que seremos
asesinados esta noche? dijo don Custodio.

Todos se quedaron inmviles.

--Pero pueden envenenarnos...

Soltaron los cubiertos.

La luz en tanto principi  oscurecerse poco  poco.

--La lmpara se apaga, observ el General inquieto; quiere usted
subir la mecha, P. Irene?

En aquel momento, con la rapidez del rayo, entr una figura derribando
una silla y atropellando un criado y, en medio de la sorpresa general,
se apoder de la lmpara, corri  la azotea y la arroj al ro. Todo
pas en un segundo: el comedor se qued  oscuras.

La lmpara ya haba caido en el agua cuando los criados pudieron
gritar:--Ladron, ladron! precipitndose tambien  la azotea.

--Un revlver! grit uno; pronto un revlver! Al ladron!

Pero la sombra, ms gil aun, ya haba montado sobre la balaustrada
de ladrillo y antes que pudiesen traer una luz se precipitaba al ro,
dejando oir un ruido quebrado al caer en el agua.






XXXVI

APUROS DE BEN ZAYB


Inmediatamente que se enter del acontecimiento cuando trajeron luces y
vi las poco correctas posturas de los dioses sorprendidos, Ben Zayb,
lleno de indignacion y ya con la aprobacion del fiscal de imprenta,
fu corriendo  su casa--un entresuelo en donde viva en repblica
con otros--para escribir el artculo ms sublime que jams se haya
leido bajo el cielo de Filipinas: el Capitan General se marchara
desconsolado si antes no se enteraba de sus ditirambos y esto,
Ben Zayb que tena buen corazon, no lo poda permitir. Hizo pues el
sacrificio de la cena y del baile y no se durmi aquella noche.

Sonoras exclamaciones de espanto, de indignacion, fingir que el
mundo se haba venido abajo y las estrellas, las eternas estrellas,
chocaban unas con otras! Despues una introduccion misteriosa,
llena de alusiones, reticencias..., luego el relato del hecho y la
peroracion final. Multiplic los giros, agot los eufemismos para
describir la caida de espaldas y el tardo bautismo de salsa que
recibi S. E. sobre la olmpica frente; elogi la agilidad con que
recobr la posicion vertical, poniendo la cabeza donde antes estaban
las piernas y viceversa; enton un himno  la Providencia por haber
velado solcita por tan sagrados huesos y el prrafo result tan
delicado, que S. E. apareca como un hroe y caa ms alto, como
dijo Victor Hugo. Estuvo escribiendo, borrando, aadiendo y limando
para que, sin faltar  la verdad--este era su especial mrito de
periodista--resultase todo pico, grande para los siete dioses,
cobarde y bajo para el desconocido ladron, que se haba ajusticiado 
s mismo, espantado y convencido en el mismo instante de la enormidad
de su crmen. Interpret el acto del P. Irene de meterse debajo de
la mesa, por arranque de valor innato, que el hbito de un Dios de
paz y mansedumbre, llevado toda la vida, no haba podido amortiguar;
el P. Irene quera lanzarse sobre el criminal y tomando la lnea
recta pas por el submesneo. De paso habl de tneles submarinos,
mencion un proyecto de don Custodio, record la ilustracion y los
largos viajes del sacerdote. El desmayo del P. Salv era el dolor
excesivo que se apoder del virtuoso franciscano, viendo el poco fruto
que sacaban los indios de sus piadosos sermones; la inmovilidad y el
espanto de los otros comensales, entre ellos el de la condesa que
sostuvo (se agarr) al P. Salv, eran serenidad y sangre fra de
hroes, avezados al peligro en medio del cumplimiento de sus deberes,
al lado de quienes los senadores romanos, sorprendidos por los galos
invasores, eran nerviosas muchachuelas que se asustan ante cucarachas
pintadas. Despues y para formar contraste, la pintura del ladron:
miedo, locura, azoramiento, torva mirada, facciones desencajadas y
fuerza de la superioridad moral de la raza! su respeto religioso
al ver all congregados  tan augustos personajes! Y vena entonces
de perilla una larga imprecacion, una arenga, una declamacion contra
la perversion de las buenas costumbres, de ah la necesidad de erigir
un tribunal militar permanente, la declaracion del estado de sitio
dentro del estado de sitio ya declarado, una legislacion especial,
represiva, enrgica, porque es de todo punto necesario, es de
imperiosa urgencia hacer ver  los malvados y criminales que si el
corazon es generoso y paternal para los sumisos y obedientes  la ley,
la mano es fuerte, firme, inexorable, severa y dura para los que contra
toda razon faltan  ella  insultan las sagradas instituciones de la
patria! S, seores, esto lo exige no solo el bien de estas islas,
no solo el bien de la humanidad entera, sino tambien el nombre de
Espaa, la honra del nombre espaol, el prestigio del pueblo ibero,
porque ante todas las cosas espaoles somos y la bandera de Espaa,
etc., etc., etc.

Y terminaba el artculo con esta despedida:

Vaya tranquilo el bravo guerrero, que con mano esperta rigi los
destinos de este pas en pocas tan calamitosas! Vaya tranquilo 
respirar las balsmicas brisas del Manzanares! Nosotros aqu nos
quedaremos como fieles centinelas para venerar su memoria, admirar
sus sabias disposiciones, y vengar el infame atentado contra su
esplndido regalo, que hemos de encontrar aun cuando tengamos que
secar los mares! Tan preciosa reliquia ser para este pais eterno
monumento de su esplendor, sangre fra y bravura!

As terminaba algo confuso el artculo y antes que amaneciese, lo envi
 la redaccion ya con la previa autorizacion del censor. Y se durmi
como Napoleon despues de haber dispuesto el plan de la batalla de Jena.

Le despertaron al amanecer con las cuartillas devueltas y una nota del
director, diciendo que S. E. haba prohibido severa y terminantemente
se hablase del asunto y encargado se desmintiese cuantos comentarios
y versiones corrieran, dndolos todos por cuentos, exageraciones
y consejas.

Para Ben Zayb aquello era matarle  un hijo tan guapo y tan valiente,
nacido y criado con tanto dolor y fatiga y dnde encajar ahora
la soberbia catilinaria, la exhibicion esplndida de aprestos
blico-justicieros? Y pensar que dentro de un mes  dos iba l 
dejar Filipinas, y el artculo no tendra salida en Espaa, porque
cmo decir aquello contra los criminales de Madrid si all imperan
otras ideas, se buscan circunstancias atenuantes, se pesan los hechos,
hay jurados, etc., etc.? Artculos como los suyos eran, como ciertos
aguardientes envenenados que se fabrican en Europa, buenos para
vendidos entre los negros, good for negroes, con la diferencia de que
si los negros no los beben no se destruyen, mientras que los artculos
de Ben Zayb, lanlos  no los filipinos, producan sus efectos.

--Si al menos se cometiese otro crmen maana  pasado! deca.

Y ante el pensamiento de aquel hijo muerto antes de impreso, capullos
helados, y sintiendo que sus ojos se humedecan, se visti para ver al
director. El director se encogi de hombros: S. E. lo haba prohibido,
porque si se llegaba  divulgar que siete dioses mayores se dejaron
robar y sorprender por un cualquiera mientras blandan tenedores y
cuchillos, peligraba la integridad de la Patria! Y as encargaba no
se buscase ni la lmpara ni al ladron y recomendaba  sus sucesores no
se arriesgasen  comer en ninguna casa particular, sin estar rodeados
de alabarderos y guardias. Y como los que aquella noche supieron algo
de los acontecimientos en casa de don Timoteo eran en su mayor parte
empleados y militares, no era difcil desmentir el hecho en pblico:
se trataba de la integridad de la patria. Ante este nombre, Ben Zayb
baj la cabeza lleno de heroismo, pensando en Abraham, Guzman el Bueno
, cuando menos, en Brutus y otros antiguos hroes de la historia.

Tanto sacrificio no poda quedar sin recompensa. El dios de los
periodistas estaba satisfecho de Abraham-Ben Zayb.

Casi al mismo tiempo vino el angel gacetillero trayendo el cordero bajo
la forma de un asalto, cometido en una quinta  orillas del Pasig,
en donde ciertos frailes pasaban la poca del calor. Aquella era la
ocasion y Abraham-Ben Zayb alab  su dios!

--Los bandidos sacaron ms de dos mil pesos, dejaron mal herido  un
religioso y  dos criados... El cura se defendi como pudo detrs de
una silla, que qued rota en sus manos...

--Espere, espere! deca Ben Zayb tomando notas; cuarenta o
cincuenta tulisanes traidoramente... revlvers, bolos, escopetas,
pistolas... leon esgrimiendo, silla... astillas... herido
brbaramente... diez mil pesos...

Y entusiasmado y no contento con los detalles, se traslad l mismo
al sitio de la ocurrencia, componiendo en el camino la descripcion
homrica del combate. Una arenguita en boca del gefe? Una frase de
desprecio en boca del religioso? Todas las metforas y comparaciones,
aplicadas  S. E., al P. Irene y al P. Salv, vendran de molde para
el religioso herido, y la descripcion del ladron para cada uno de los
malhechores. En la imprecacion poda estenderse ms, poda hablar de
religion, de la f, de la caridad, del toque de las campanas, de lo
que los indios deben  los frailes, enternecerse y diluirse en frases y
lirismos castelarinos. Las seoritas de la capital le leeran y diran:

--Ben Zayb, bravo como un leon y tierno como un cordero!

Cuando lleg al sitio de la ocurrencia, con gran sorpresa suya
encontr que el herido no era otro que el P. Camorra, castigado por
su provincial  espiar en la quinta de placer,  orillas del Pasig,
sus travesuras de Tian. Tena una pequea herida en la mano, una
contusion en la cabeza al caerse de espaldas; los ladrones eran tres
 iban armados de bolos; la cantidad robada, cincuenta pesos.

--No puede ser! deca Ben Zayb; cllese usted... no sabe lo que
se dice!

--Que no lo he de saber, puales!

--No sea usted tonto!... los ladrones deban ser ms...

--Hombre! el chupa-tintas ste...

Tuvieron un buen altercado. Lo principal para Ben Zayb era no soltar
el artculo, dar proporciones al hecho para que resulte la peroracion.

Cort la discusion un susurro. Los ladrones cogidos haban hecho
declaraciones importantes. Uno de los tulisanes de Matanglwin
(Cabesang Tales) les haba dado cita para reunirse con su banda
en Santa Mesa, para saquear los conventos y las casas de los
ricos... Les guiara un espaol, alto, moreno, de cabellos blancos,
que deca obraba por orden del General, de quien era muy amigo; se
les haba asegurado adems que la artillera y varios regimientos se
les reuniran, por lo que no deban tener miedo ninguno. Los tulisanes
seran indultados, y la tercera parte del botin les correspondera. La
seal debiendo ser un caonazo, y habindolo esperado en vano, los
tulisanes creyndose burlados,unos se retiraron, otros volvieron 
sus montaas prometiendo vengarse del espaol, que por segunda vez
haba faltado  su palabra. Ellos entonces, los ladrones cogidos,
quisieron hacer algo por su cuenta y atacaron la quinta que hallaron
ms  mano, prometiendo dar religiosamente las dos terceras partes
del botin al espaol de cabellos blancos si acaso las reclamaba.

Coincidiendo las seas con las de Simoun, la declaracion fu recibida
como un absurdo y al ladron le aplicaron toda serie de torturas,
la mquina elctrica inclusive, por aquella impa blasfemia. Mas, la
noticia de la desaparicion del joyero habiendo llamado la atencion
de toda la Escolta, y habindose encontrado sacos de plvora y
grande cantidad de cartuchos en su casa, la declaracion tuvo visos
de verdad y empez el misterio  rodear poco  poco el asunto,
envolvindose en nebulosidades, se habl cuchicheando, tosiendo,
con miradas recelosas, puntos suspensivos, y muchas frases huecas de
ocasion. Los que fueron iniciados no acababan de salir de su asombro,
sacaban caras largas, palidecan y poco falt para que muchos perdieran
la razon al descubrirse ciertas cosas que haban pasado desapercibidas.

--De buena nos hemos librado! Quin iba  decir...?

A la tarde, Ben Zayb, con los bolsillos llenos de revlvers y
cartuchos, fu  visitar  don Custodio, que encontr trabajando de
firme en un proyecto contra alhajeros americanos. Murmur al oido
del periodista, en voz quedsima y entre las dos palmas de la mano,
palabras misteriosas.

--De vras? pregunt Ben Zayb llevndose las manos  los bolsillos,
mientras palideca visiblemente.

--Y donde le encuentren...

Termin la frase con una mmica espresiva. Levant ambos brazos  la
altura de la cara, el derecho ms encogido que el izquierdo, vueltas
las palmas de la mano hcia el suelo, cerr un ojo y haciendo dos
movimientos de avance,

--Psst, psst! silb.

--Y los brillantes? pregunt Ben Zayb.

--Si se le encuentran...

 hizo otra mmica con los dedos de la mano derecha, hacindolos
girar de delante atrs y de fuera adentro, en movimiento de abanico
que se cierra, de algo que se recoge, de aspas que giran barriendo
imaginarios objetos para s, con hbil escamoteo. Ben Zayb respondi
por otra mmica, abriendo mucho los ojos, arqueando las cejas y
sorbiendo vidamente el aire, como si el aire alimenticio ya se
hubiese descubierto.

--Jhs!!!






XXXVII

EL MISTERIO

                                                       Todo se sabe.


No obstante, apesar de tantas precauciones, los rumores llegaron
hasta el pblico, si bien bastante alterados y mutilados. Eran el
tema de los comentarios de la noche siguiente en casa de la rica
familia de Orenda, comerciante en alhajas en el industrioso arrabal
de Santa Cruz. Los numerosos amigos de la casa solo se ocupaban de
ello. No se jugaba al tres-siete, ni se tocaba el piano, y la pequea
Tinay, la menor de todas las seoritas, se aburra sola jugando  la
chongka, sin poderse explicar el inters que despiertan los asaltos,
las conspiraciones, los sacos de plvora, habiendo tantos hermosos
sigayes en las siete casetas que parece le guian  una y le sonrien
con sus boquitas entreabiertas para que los suba en la casa madre 
in: Isagani que, cuando vena, jugaba con ella y se dejaba engaar
lindamente, no acuda  sus llamamientos, Isagani escuchaba sombro
y silencioso lo que el platero Chichoy contaba. Momoy, el novio de
la Sensia, la mayor de las de Orenda, hermosa y viva joven aunque
algo burlona, haba dejado la ventana donde sola pasar las noches
en coloquio amoroso. Esto contrariaba mucho al loro cuya jaula
penda del alero, loro favorito de la casa por tener la habilidad de
saludar por las maanas  todo el mundo con maravillosas frases de
amor. Capitana Loleng, la activa  inteligente capitana Loleng tena
su libro de cuentas abierto pero sin leerlo ni escribir nada en l;
no fijaba la atencion en los platos, llenos de perlas sueltas, ni en
los brillantes; aquella vez se olvidaba y era toda oidos. Su mismo
marido, el gran Capitan Toringoy, trasformacion del nombre Domingo,
el ms feliz del arrabal, sin ms ocupaciones que la de vestirse bien,
comer, pasearse y charlar mientras toda su familia trabaja y se afana,
no se iba  la tertulia, escuchando entre medroso y emocionado las
horripilantes noticias del delgaducho Chichoy.

Y no haba para menos. Chichoy haba ido  entregar unos trabajos
para don Timoteo Pelaez, un par de pendientes para la recien casada,
 la sazon en que demolan el kiosko que en la noche anterior haba
servido de comedor  las primeras autoridades. Aqu Chichoy se pona
plido y sus cabellos se erizaban.

--Nak! deca; sacos de plvora, sacos de plvora debajo del suelo,
en el techo, debajo de la mesa, dentro de los asientos, en todas
partes! Fortuna que ninguno de los trabajadores fumaba!

--Y quin ha puesto esos sacos de plvora? preguntaba Capitana Loleng,
que era valiente y no palideca como el enamorado Momoy.

Momoy haba asistido  la boda y se comprende su pstuma emocion. Momoy
haba estado cerca del kiosko.

--Es lo que nadie poda explicarse, contest Chichoy; quin tena
inters en turbar la fiesta? No poda haber ms que uno, deca el
clebre abogado seor Pasta que estaba de visita,  un enemigo de
don Timoteo  un rival de Juanito...

Las seoritas de Orenda se volvieron instintivamente hcia Isagani:
Isagani se sonri en silencio.

--Escndase usted! le dijo Capitana Loleng; pueden
calumniarle... escndase usted!

Isagani volvi  sonreirse y no contest nada.

--Don Timoteo, prosigui Chichoy, no saba  quien atribuir el hecho;
l mismo haba dirigido los trabajos, l y su amigo Simoun, y nadie
ms. La casa se alborot, vino el teniente de la Veterana, y despues
de encargar  todos el secreto, me despidieron. Pero...

--Pero... pero... balbuceaba Momoy temblando.

--Nak! dijo la Sensia mirando  su novio y temblando tambien al
recuerdo de que haba estado en la fiesta; este seorito... si llegaba
 estallar...

Y miraba  su novio con ojos iracundos y admiraba su valor.

--Si llegaba  estallar...

--No quedaba nadie vivo en toda la calle de Anloague! aadi Capitan
Toringoy afectando valor  indiferencia  los ojos de su familia.

--Yo me retiraba consternado, prosigui Chichoy, pensando en que si
solamente una chispa, un cigarrillo, se hubiese caido  se hubiese
derramado una lmpara,  la hora presente no tendriamos ni General,
ni Arzobispo, ni nada, ni empleados siquiera! Todos los que estaban
anoche en la fiesta, pulverizados!

--Vrgen Santsima! Este seorito...

--Susmariosep! exclam Capitana Loleng; todos nuestros deudores
estaban all; susmariosep! Y all cerca tenemos una finca! Quin
podr ser?...

--Ahora lo sabrn ustedes, aadi Chichoy en voz baja, pero es
menester que guarden el secreto. Esta tarde me encontr con un amigo,
escribiente en una oficina, y hablando del asunto, me ha dado la clave:
lo ha sabido por unos empleados... Quin creen ustedes que ha puesto
los sacos de plvora?

Muchos se encogieron de hombros; solo Capitan Toringoy mir de soslayo
 Isagani.

--Los frailes?

--El chino Quiroga?

--Algun estudiante?

--Makaraig?

Capitan Toringoy tosa y miraba  Isagani.

Chichoy sacudi la cabeza sonriendo.

--El joyero Simoun!

--Simoun!!!

Un silencio, producido por el asombro, sucedi  estas
palabras. Simoun, el espritu negro del Capitan General, el riqusimo
comerciante en cuya casa iban para  comprar piedras sueltas, Simoun
que reciba  las seoritas de Orenda con mucha finura y les deca
finos cumplidos! Por lo mismo que la version pareca absurda, fu
creida. Credo quia absurdum, deca S. Agustin.

--Pero Simoun, no estaba anoche en la fiesta? pregunt Sensia.

--S, dijo Momoy, pero ahora me acuerdo! Dej la casa en el momento
en que bamos  cenar. Se march para sacar su regalo de bodas.

--Pero no era amigo del General? no era socio de don Timoteo?

--S, se hizo socio para dar el golpe y matar  todos los espaoles.

--Ya! dijo Sensia; ahora lo veo!

--Cual?

--Ustedes no queran creer  ta Tentay. Simoun es el diablo que tiene
compradas las almas de todos los espaoles... ta Tentay lo deca!

Capitana Loleng se santigu, mir inquieta hcia las piedras temiendo
verlas convertidas en brasas; capitan Toringoy se quit el anillo
que haba venido de Simoun.

--Simoun ha desaparecido sin dejar huellas, aadi Chichoy; La Guardia
Civil le busca.

--S! dijo Sensia; que busquen al demonio!

Y se santigu. Ahora se explicaban muchas cosas, la riqueza fabulosa
de Simoun, el olor particular de su casa, olor  azufre. Binday, otra
de las seoritas de Orenda, cndida y adorable muchacha, se acordaba
de haber visto llamas azules en la casa del joyero una tarde en que,
en compaa de la madre, haban ido  comprar piedras.

Isagani escuchaba atento, sin decir una palabra.

--Por eso, anoche...! balbuce Momoy.

--Anoche? repiti Sensia entre curiosa y celosa.

Momoy no se decida, pero la cara que le puso Sensia le quit el miedo.

--Anoche, mientras cenbamos, hubo un alboroto; la luz se apag en
el comedor del General. Dicen que un desconocido rob lmpara que
haba regalado Simoun.

--Un ladron? Uno de la Mano Negra?

Isagani se levant y se puso  pasear.

--Y no le cogieron?

--Salt al ro; nadie ha podido verle. Unos dicen que era espaol,
otros que chino, otros, indio...

--Se cree que con esa lmpara, repuso Chichoy, se iba  encender toda
la casa, la plvora...

Momoy volvi  estremecerse, pero habiendo visto que Sensia se haba
apercibido de su miedo, quiso arreglarlo.

--Qu lstima! exclam haciendo un esfuerzo; qu mal ha hecho el
ladron! Hubieran muerto todos...

Sensia le mir espantada; las mujeres se persignaron: Capitan Toringoy
que tena miedo  la politica, hizo ademan de alejarse. Momoy acudi
 Isagani.

--Siempre es malo apoderarse de lo que no es suyo, contest Isagani
con enigmtica sonrisa; si ese ladron hubiese sabido de qu se trataba
y hubiese podido reflexionar, de seguro que no lo habra hecho!

Y aadi despues de una pausa:

--Por nada del mundo quisiera estar en su lugar!

Y as siguieron comentando y haciendo conjeturas.

Una hora despues, Isagani se despeda de la familia para retirarse
para siempre al lado de su to.






XXXVIII

FATALIDAD


Matanglwin era el terror de Luzon. Su banda tan pronto apareca en una
provincia donde menos se la esperaba como haca irrupcion en otra que
se preparaba  resistirle. Quemaba un trapiche en Batangas, devastaba
los sembrados; al da siguiente asesina al juez de Paz de Tian, al
otro sorprender un pueblo en Cavite y se apoderar de las armas del
tribunal. Las provincias del centro, desde Tayabas hasta Pangasinan,
sufran de sus depredaciones y su nombre sangriento llegaba hasta
Albay, en el sur, y en el norte, hasta Kagayan. Desarmados los pueblos
por la desconfianza de un gobierno dbil, caan en sus manos como
fciles presas;  su aproximacion, los agricultores abandonaban sus
campos, los ganados se diezmaban y un rastro de sangre y fuego marcaba
su paso. Matanglwin se burlaba de todas las medidas severas que se
dictaban contra los tulisanes: de ellas solo sufran los habitantes
de los barrios, que cautivaba  maltrataba si se le resistan,
 si pactaban con l eran azotados  desterrados por el gobierno,
si es que al destierro llegaban y no sufran en el camino un mortal
accidente. Gracias  esta terrible alternativa, muchos campesinos se
decidan  alistarse bajo su mando.

Merced  este rgimen de terror, el comercio de los pueblos agonizante
ya, mora por completo. El rico no se atreva  viajar, y el pobre
tema ser preso por la Guardia Civil quien, obligada  perseguir
 los tulisanes, coga muchas veces al primero que encontraba y le
someta  torturas indecibles. En su impotencia, el gobierno haca
alardes de vigor en las personas que le parecan sospechosas, para
que,  fuerza de crueldad, los pueblos no conociesen su flaco, el
miedo que dictaba tales medidas.

Un cordon de estos infelices sospechosos, seis  siete, atados codo con
codo y maniatados como racimo de carne humana, marchaba una siesta por
un camino que costeaba un monte, conducido por diez  doce guardias,
armados de fusiles. Haca un calor estraordinario. Las bayonetas
brillaban al sol, el caon de los fusiles se calentaba y las hojas
de salvia, puestas en los capacetes, apenas bastaban para amortiguar
los efectos del mortfero sol de Mayo.

Privados del uso de sus brazos y pegados unos  otros para economizar
cuerda, los presos marchaban casi todos descubiertos y descalzos: el
que mejor, tena un pauelo atado en torno de la cabeza. Jadeantes,
miserables, cubiertos de polvo que en lodo converta el sudor,
sentan derretirse sus cerebros, flotar luces en el espacio, manchas
rojas en el aire. La estenuacion y el desaliento estaban pintados en
el semblante, la desesperacion, la ira, algo indefinible, mirada de
moribundo que maldice, de hombre que reniega de la vida, de s mismo,
que blasfema contra Dios... Los ms resistentes bajaban la cabeza,
frotaban la cara contra las sucias espaldas del que va delante
para enjugarse el sudor que les cegaba; muchos cojeaban. Si alguno,
al caerse, entorpeca la marcha, oase un insulto y un soldado vena
blandiendo una rama, arrancada de un arbol, y le obligaba  levantarse,
pegando  diestro y  siniestro. El cordon corra entonces arrastrando
al caido que se revolcaba en el polvo y ahullaba pidiendo la muerte:
por casualidad consegua levantarse, ponerse de pi, y entonces
segua su camino llorando como un nio y maldiciendo la hora en que
le concibieron.

El racimo humano se detena  veces mientras sus conductores beban,
y despues prosegua su camino con la boca seca, el cerebro oscuro y
el corazon lleno de maldiciones. La sed era lo de menos para aquellos
desgraciados.

--Adelante, hijos de p--! gritaba el soldado, vigorizado de nuevo,
lanzando el insulto comun en la clase baja de los filipinos.

Y silbaba la rama y caa sobre una espalda cualquiera, la ms prxima,
 veces sobre un rostro, dejando una marca primero blanca, roja
despues, y ms tarde sucia gracias al polvo del camino.

--Adelante, cobardes! gritaba  veces en espaol ahuecando mucho
la voz.

--Cobardes! repetan los ecos del monte.

Y los cobardes apresuraban su marcha bajo el cielo de hierro caldeado,
por un camino que quema, hostigados por la nudosa rama que se desmenuza
sobre la acardenalada piel. El fro de la Siberia sera quizs ms
clemente que el sol de Mayo en Filipinas!

Sin embargo, entre los soldados haba uno que miraba con malos ojos
tantas crueldades intiles: marchaba silencioso, las cejas fruncidas
como digustado. Al fin, viendo que el guardia, no satisfecho con la
rama, daba de puntapis  los presos que se caan, no se pudo contener
y le grit impaciente:

--Oye, Mautang, djalos andar en paz!

Mautang se volvi sorprendido.

--Y  t qu te importa, Carolino? pregunt.

--A m nada, pero me dan pena! contest el Carolino; son hombres
como nosotros!

--Como se v que eres nuevo en el oficio! repuso Mautang riendo
compasivo; cmo tratbais, pues,  los presos en la guerra?

--Con ms consideracion, seguramente! respondi el Carolino.

Mautang se qued un momento silencioso y despues como encontrando su
rplica, repuso tranquilamente:

--Ah! es que aquellos son enemigos y embisten, mientras que
stos... stos son paisanos nuestros!

Y acercndose dijo al oido del Carolino:

--Qu simple eres! Se les trata as para que ensayen de rebelarse
 escaparse y entonces... pung!

El Carolino no contest.

Uno de los presos suplic que le dejasen descansar porque tena que
hacer una necesidad.

--El lugar es peligroso! contest el cabo, mirando inquieto al monte;
slung!

--Slung! repiti Mautang.

Y silb la vara. El preso se retorci y le mir con ojos de reproche:

--Eres ms cruel que el mismo espaol! dijo el preso.

Mautang le replic con otros golpes. Casi al mismo tiempo silb una
bala, seguida de una detonacion: Mautang solt el fusil, lanz un
juramento y llevndose ambas manos al pecho cay girando sobre s
mismo. El preso le vi revolcndose en el polvo y arrojando sangre
por la boca.

--Alto! grit el cabo ponindose sbitamente plido.

Los soldados se pararon y miraron en torno. Una ligera rfaga de
humo sala de unos matorrales en la altura. Silb otra bala, oyse
otra detonacion y el cabo herido en el muslo se dobl lanzando
blasfemias. La columna estaba atacada por hombres que se escondan
entre las peas de la altura.

El cabo, sombro de ira, seal hcia el racimo de presos y dijo:

--Fuego!

Los presos cayeron de rodillas, llenos de consternacion. Como no podan
levantar las manos, pedan gracia besando el polvo  adelantando
la cabeza: quien hablaba de sus hijos, quien de su madre que se
quedaba sin amparo; el uno prometa dinero, el otro invocaba  Dios,
pero ya los caones se haban bajado y una horrorosa descarga los
hizo enmudecer.

Entonces empezaron los tiroteos contra los que estaban en la altura,
que se coron poco  poco de humo. A juzgar por ste y por la lentitud
de los tiros, los enemigos invisibles no deban contar ms que con tres
fusiles. Los guardias en tanto avanzaban y disparaban, se escondan
detrs de los troncos de los rboles, se acostaban y procuraban ganar
la altura. Saltaban pedazos de rocas, se desgajaban ramas de rboles,
se levantaban pedazos de tierra. El primer guardia que intent trepar,
cay rodando herido por una bala en el hombro.

El enemigo invisible tena la ventaja de la posicion; los valientes
guardias que no saban huir, estaban  punto de cejar, pues se
detenan y no queran avanzar. Aquella lucha contra lo invisible
les aterraba. No vean ms que humo y rocas: ninguna voz humana,
ninguna sombra: dirase que luchaban contra la montaa.

--Vamos, Carolino! Dnde est esa puntera, p--! grit el cabo.

En aquel momento un hombre apareci sobre una roca haciendo gestos
con el fusil.

--Fuego  se! grit el cabo lanzando una sucia blasfemia.

Tres guardias obedecieron pero el hombre sigui de pi; hablaba 
gritos pero no se le entenda.

El Carolino se detuvo, creyendo reconocer  alguien en aquella silueta
que baaba la luz del sol. Pero el cabo le amenazaba con ensartarle si
no disparaba. El Carolino apunt y se oy una detonacion. El hombre
de la roca gir sobre s mismo y desapareci lanzando un grito que
dej aturdido al Carolino.

Un movimiento se produjo en la espesura como si los que la ocupaban
se dispersasen en todas direcciones. Los soldados entonces empezaron
 avanzar, libres de toda resistencia. Otro hombre apareci sobre
una pea blandiendo una lanza; los soldados dispararon, y el hombre
se dobl poco  poco, se agarr  una rama; otro disparo, y cay de
bruces sobre la roca.

Los guardias treparon gilmente, calando la bayoneta, dispuestos 
un combate cuerpo  cuerpo; el Carolino era el nico que marchaba
perezoso, con la mirada estraviada, sombra, pensando en el grito
del hombre al caer derribado por su bala. El primero que lleg  la
altura se encontr con un viejo moribundo, tendido sobre la roca;
metile la bayoneta en el cuerpo, pero el viejo no pestae: tena la
mirada fija en el Carolino, una mirada indefinible y con la huesuda
mano le sealaba algo detrs de las rocas.

Los soldados se volvieron y vieron al Carolino espantosamente plido,
la boca abierta y con la mirada en que flotaba el ltimo destello
de la razon. El Carolino, que no era otro que Tan, el hijo de
Cabesang Tales, que volva de Carolinas, reconoca en el moribundo
 su abuelo,  Tandang Selo, que, como no le poda hablar, le deca
por los agonizantes ojos todo un poema de dolor. Y cadaver ya, segua
aun sealando algo detrs de las rocas...






XXXIX


En su solitario retiro,  orillas del mar, cuya movible superficie
se descubra al travs de las abiertas ventanas estendindose  lo
lejos hasta confundirse con el horizonte, el P. Florentino distraa
su soledad tocando en su armonium aires graves y melanclicos,
 que servan de acompaamiento el sonoro clamoreo de las olas y
el murmullo de las ramas del vecino bosque. Notas largas, llenas,
plaideras como las de una plegaria sin dejar de ser varoniles, se
escapaban del viejo instrumento; el P. Florentino que era un acabado
msico, improvisaba y como se encontraba solo, daba rienda suelta 
las tristezas de su corazon.

En efecto, el anciano estaba muy triste. Su buen amigo, don Tiburcio
de Espadaa, acababa de dejarle huyendo de la persecucion de su
mujer. Aquella maana haba recibido una cartita de un teniente de
la Guardia Civil que deca:


    Mi querido Capellan: Acabo de recibir del comandante un telegrama
    que dice: espaol escondido casa Padre Florentino cojera remitira
    vivo muerto. Como el telegrama es bastante espresivo, prevngale
    al amigo para que no est all cuando le vaya  prender  las
    ocho de la noche.

                                    Suyo afmo.

                                            Perez.


Queme la carta.

--E... e... esta Victorina, esta Victorina! haba tartamudeado don
Tiburcio; e... e... es capaz de hacerme afusilar.

El P. Florentino no le pudo detener: en vano le hizo observar que
la palabra cojera querr decir coger; que el espaol escondido no
debe ser don Tiburcio sino el joyero Simoun, que hace dos das haba
llegado, herido y como fugitivo, pidiendo hospitalidad. Don Tiburcio no
se dej convencer; cojera era su propia cojera, sus seas personales;
eran intrigas de Victorina que le quera tener  toda costa vivo 
muerto, como desde Manila haba escrito Isagani. Y el pobre Ulises
dej la casa del sacerdote para esconderse en la cabaa de un leador.

Ninguna duda abrigaba el P. Florentino de que el espaol buscado
era el joyero Simoun. Haba llegado misteriosamente, cargando
l mismo con su maleta, sangrando, sombro y muy abatido. Con la
libre y afectuosa hospitalidad filipina, acogile el clrigo sin
permitirse indiscreciones, y como los acontecimientos de Manila no
haban llegado aun  sus oidos, no se esplicaba claramente aquella
situacion. La nica conjetura que se le ocurra era que, habindose
ya marchado el General, el amigo y protector del joyero, probablemente
los enemigos de ste, los atropellados, los lastimados, se levantaban
ahora clamando venganza, y el General interino le perseguira para
hacerle soltar las riquezas que haba acumulado. De ah la huida! Pero
y sus heridas de dnde provenan? Haba intentado suicidarse? eran
efecto de venganzas personales? eran sencillamente causadas por una
imprudencia, como pretenda Simoun? Las haba recibido huyendo de
la fuerza que le persegua?

Esta ltima conjetura era la que se le presentaba con ms visos
de probabilidad. Contribuan  robustecerla el telegrama hace poco
recibido y la voluntad decidida que haba manifestado Simoun desde
un principio de no ser tratado por el mdico de la cabecera. El
joyero solo aceptaba los cuidados de don Tiburcio y aun con marcada
desconfianza. En este caso, se preguntaba el P. Florentino, qu
conducta deba l observar cuando la Guardia Civil le viniese  prender
 Simoun? El estado del enfermo no permita el movimiento y menos un
largo viaje... Pero el telegrama deca vivo  muerto...

El P. Florentino dej de tocar y se acerc  la ventana para contemplar
el mar. La desierta superficie, sin un barco, sin una vela, nada le
sugera. El islote que se distingue  lo lejos, solitario, solo le
hablaba de su soledad y haca ms solitario el espacio. El infinito
es  veces desesperadamente mudo.

Trataba el anciano de analizar la sonrisa triste  irnica con que
Simoun recibi la noticia de que iba  ser preso. Qu significaba
aquella sonrisa? Y la otra sonrisa, ms triste y ms irnica todava,
cuando supo que solo vendran  las ocho de la noche? Qu significaba
aquel misterio? Por qu se negaba Simoun  esconderse?

Se le vena  la memoria la clebre oracion de San Juan Crisstomo
defendiendo al eunuco Eutropio: Nunca fu como ahora oportuno decir:
Vanidad de vanidades y todo vanidad!

--S, aquel Simoun tan rico, tan poderoso, tan temido una semana
antes, ahora, ms desgraciado que Eutropio, buscaba asilo, y no en
los altares de una iglesia, sino en la miserable casa de un pobre
clrigo indio, perdida en el bosque, en la orilla solitaria del
mar! Vanidad de vanidades y todo vanidad! Y aquel hombre, dentro
de breves horas, va  ser preso, arrancado del lecho donde yace, sin
respeto  su estado, sin consideracion  sus heridas, vivo  muerto le
reclamaban sus enemigos! Cmo salvarle? Dnde encontrar los acentos
conmovedores del obispo de Constantinopla? Qu autoridad tenan sus
pobres palabras, las palabras de un clrigo indio, cuya humillacion
aquel mismo Simoun en sus das de gloria pareca aplaudir y alentar?

El P. Florentino no se acordaba ya de la indiferente acogida que dos
meses antes le haba hecho el joyero, cuando quiso interesarle en
favor de Isagani, preso por su exaltation imprudente; se olvidada de
la actividad que Simoun haba desplegado para precipitar las bodas de
Paulita, bodas que haban sumido  Isagani en una feroz misantropa,
que pona inquieto al to: el P. Florentino lo olvidaba todo y solo
se acordaba del estado del enfermo, de sus deberes de husped, y se
devanaba los sesos. Deba esconderlo para evitar la accion de la
justicia? Pero si el mismo interesado no se apuraba: sonrea...

En esto pensaba el buen anciano cuando un criado vino  advertirle
que el enfermo le deseaba hablar. Pas  la estancia inmediata, un
limpio y bien ventilado aposento, con el pavimento hecho de anchas
tablas brillantes y pulidas, ameublado sencillamente con grandes
y pesados sillones, de forma antigua, sin barniz ni dibujos. Haba
en un estremo una gran cama de kamagon con sus cuatro columnas para
sostener la corona del mosquitero y, al lado, una mesa cubierta de
botellas, hilas y vendajes. Un reclinatorio  los pis de un Cristo
y una pequea biblioteca hacan sospechar que era el aposento del
sacerdote, cedido  su husped, segun la costumbre filipina de ceder
al forastero la mejor mesa, el mejor cuarto y la mejor cama de la
casa. Al ver las ventanas abiertas en todo su largo para dejar entrada
libre al aire sano del mar y los ecos de su eterno lamento, nadie en
Filipinas dira que all se encontraba un paciente, pues es costumbre
de cerrar todas las ventanas y las ms pequeas rendijas tan pronto
como alguno se acatarra  coge un dolor de cabeza insignificante.

El P. Florentino mir hcia la cama y con gran espanto suyo vi
que la fisonoma del enfermo haba perdido su espresion tranquila 
irnica. Un dolor oculto pareca fruncir sus cejas, en la mirada se
lea la ansiedad y sus labios se contraan en una sonrisa de dolor.

--Sufre usted, seor Simoun? pregunt solcito el sacerdote
acercndose.

--Algo, pero dentro de poco, dejar de sufrir! contest agitando
la cabeza.

El P. Florentino junt las manos aterrado, creyendo comprender una
terrible verdad.

--Qu ha hecho usted, Dios mo? Qu ha tomado usted? y tendi la
mano hcia las botellas.

--Es intil! no hay remedio ninguno! contest con dolorosa sonrisa;
qu quera usted que hiciese? antes que den las ocho... Vivo 
muerto... muerto s, pero vivo no!

--Dios mo, Dios mo! Qu ha hecho usted?

--Clmese usted! le interrumpi el enfermo con un gesto; lo hecho
hecho est. No debo caer vivo en manos de nadie... pueden arrancarme el
secreto. No se apure, no pierda la cabeza, es intil... Esccheme! va
 venir la noche y no hay tiempo que perder... necesito decirle mi
secreto, necesito confiarle mi ltima voluntad... necesito que usted
vea mi vida... En el momento supremo quiero aligerarme de un peso,
quiero esplicarme una duda... Usted que tanto cree en Dios... quiero
que me diga si hay un Dios!

--Pero un antdoto, seor Simoun... tengo apomorfina... tengo ter,
cloroformo...

Y el sacerdote trataba de buscar un frasco hasta que Simoun,
impaciente, grit:

--Es intil... es intil! No pierda usted tiempo! Me ir con
mi secreto!

El clrigo, aturdido, se dej caer sobre el reclinatorio, or  los
pis del Cristo ocultando la cara en las manos y despues se levant
serio y grave como si hubiese recibido de su Dios toda la energa,
toda la dignidad, toda la autoridad del Juez de las conciencias. Acerc
un sillon  la cabecera del enfermo, y se dispuso  escuchar.

A las primeras palabras que le murmur Simoun, cuando le dijo su
verdadero nombre, el anciano sacerdote se ech para atrs y le mir
con terror. El enfermo se sonri amargamente. Cogido de sorpresa, el
hombre no fu dueo de s mismo, pero pronto se domin y cubrindose
la cara con el pauelo, volvi  inclinarse y  prestar atencion.

Simoun cont su dolorosa historia, cmo, trece aos antes, de vuelta
de Europa, lleno de esperanzas y risueas ilusiones, vena para casarse
con una joven que amaba, dispuesto  hacer el bien y  perdonar  todos
los que le han hecho mal, con tal que le dejasen vivir en paz. No fu
as. Mano misteriosa le arroj en el torbellino de un motin urdido por
sus enemigos; nombre, fortuna, amor, porvenir, libertad, todo lo perdi
y solo se escap de la muerte gracias al heroismo de un amigo. Entonces
jur vengarse. Con las riquezas de su familia, enterradas en un bosque,
escapse, se fu al estrangero y se dedic al comercio. Tom parte en
la guerra de Cuba, ayudando ya  un partido ya  otro, pero ganando
siempre. All conoci al General, entonces comandante, cuya voluntad
se capt primero por medio de adelantos de dinero y hacindose su
amigo despues gracias  crmenes cuyo secreto el joyero posea. l,
 fuerza de dinero le consigui el destino y una vez en Filipinas se
sirvi de l como de ciego instrumento y le impuls  cometer toda
clase de injusticias valindose de su inextinguible sed del oro.

La confesion fu larga y pesada, pero durante ella el confesor
no volvi  dar ningun signo de espanto y pocas veces interrumpi
al enfermo. Era ya de noche cuando el P. Florentino, enjugndose
el sudor de rostro, se irgui y se puso  meditar. Reinaba en la
habitacion oscuridad misteriosa, que los rayos de la luna, entrando
por la ventana, llenaba de luces vagas y reflejos vaporosos.

En medio del silencio, la voz del sacerdote reson triste, pausada,
pero consoladora:

--Dios le perdonar  usted, seor... Simoun, dijo; sabe que somos
falibles, ha visto lo que usted ha sufrido, y al permitir que usted
halle el castigo de sus culpas recibiendo la muerte de mano de los
mismos que ha instigado, podemos ver Su infinita misericordia! l
ha hecho abortar uno  uno sus planes, los mejor concebidos, primero
con la muerte de Mara Clara, despues por una imprevision, y despues
misteriosamente... acatemos Su voluntad y dmosle gracias!

--Segun usted, contest dbilmente el enfermo, su voluntad sera que
estas islas...

--Continuasen en el estado en que gimen? concluy el clrigo viendo
que el otro se detena. No lo s, seor; no leo en el pensamiento
del Inescrutable! S que no ha abandonado  los pueblos que en los
momentos supremos se confiaron  l y Le hicieron Juez de su opresion;
s que Su brazo no ha faltado nunca cuando, pisoteada la justicia y
agotado todo recurso, el oprimido coge la espada y lucha por su hogar,
por su mujer, por sus hijos, por sus inalienables derechos que, como
dice el poeta aleman, brillan inquebrantables  inclumes all en la
altura como las mismas eternas estrellas! No, Dios que es la justicia,
no puede abandonar Su causa, la causa de la libertad sin la cual no
hay justicia posible!

--Por qu entonces me ha negado su apoyo? pregunt la voz del enfermo,
llena de amarga queja.

--Porque usted ha escogido un medio que l no poda aprobar! respondi
el sacerdote con voz severa: la gloria de salvar  un pais no la ha
de tener el que ha contribuido  causar su ruina! Usted ha creido que
lo que el crmen y la iniquidad han manchado y deformado, otro crmen
y otra iniquidad podan purificar y redimir! Error! El odio no crea
ms que monstruos, el crmen, criminales; slo el amor lleva  cabo
obras maravillosas, solo la virtud puede salvar! No; si nuestro pas
ha de ser alguna vez libre, no lo ser por el vicio y el crmen, no
lo ser corrompiendo  sus hijos, engaando  unos, comprando  otros,
no; redencion supone virtud, virtud, sacrificio y sacrificio, amor!

--Bien! acepto su explicacion contest el enfermo despues de una
pausa; me he equivocado, pero, porque me he equivocado, ese Dios
ha de negar la libertad  un pueblo y ha de salvar  otros mucho
ms criminales que yo? qu es mi error al lado del crmen de los
gobernantes? Por qu ese Dios ha de tener ms en cuenta mi iniquidad
que los clamores de tantos inocentes? Por qu no me ha herido y
despues hecho triunfar al pueblo? Por qu dejar sufrir  tantos
dignos y justos y complacerse inmvil en sus torturas?

--Los justos y los dignos deben sufrir para que sus ideas se conozcan
y se estiendan! Hay que sacudir  romper los vasos para derramar su
perfume, hay que herir la piedra para que salte la luz! Hay algo
providencial en las persecuciones de los tiranos, seor Simoun!

--Lo saba, murmur el enfermo, y por eso excitaba la tirana...

--S, amigo mo, pero se derramaban ms lquidos corrompidos que
otra cosa! Usted fomentaba la podredumbre social sin sembrar una
idea. De esa fermentacion de vicios solo poda surgir el hasto y si
naciese algo de la noche  la maana, sera  lo ms un hongo, porque
espontneamente solo hongos pueden nacer de la basura. Cierto que los
vicios de un gobierno le son fatales, le causan la muerte, pero matan
tambien  la sociedad en cuyo seno se desarrollan. A gobierno inmoral
corresponde un pueblo desmoralizado,  administracion sin conciencia,
ciudadanos rapaces y serviles en poblado, bandidos y ladrones en
las montaas! Tal amo, tal esclavo. Tal gobierno, tal pas.

Rein una corta pausa.

--Entonces qu hacer? pregunt la voz del enfermo.

--Sufrir y trabajar!

--Sufrir... trabajar...! repiti el enfermo con amargura;
ah! facil es decirlo cuando no se sufre... cuando el trabajo se
premia!... Si vuestro Dios exige al hombre tanto sacrificio, al
hombre que apenas puede contar con el presente y duda del maana;
si hubiese usted visto lo que yo, miserables, desgraciados sufriendo
indecibles torturas por crmenes que no han cometido, asesinatos
para tapar agenas faltas  incapacidades, pobres padres de familia,
arrancados de su hogar para trabajar intilmente en carreteras que
se descomponen cada maana y que parece solo se entretienen para
hundir  las familias en la miseria... ah! sufrir... trabajar... es
la voluntad de Dios! Convenza usted  esos de que su asesinato
es su salvacion, de que su trabajo es la prosperidad de su
hogar! Sufrir... trabajar... Qu Dios es se?

--Un Dios justsimo, seor Simoun, contest al sacerdote; un Dios
que castiga nuestra falta de f, nuestros vicios, el poco aprecio
que hacemos de la dignidad, de las virtudes cvicas... Toleramos
y nos hacemos cmplices del vicio,  veces lo aplaudimos, justo es,
justsimo que suframos sus consecuencias y las sufran tambien nuestros
hijos. Es el Dios de libertad, seor Simoun, que nos obliga  amarla
haciendo que nos sea pesado el yugo; un Dios de misericordia, de
equidad, que al par que nos castiga nos mejora, y solo concede el
bienestar al que se lo ha merecido por sus esfuerzos: la escuela
del sufrimiento templa, la arena del combate vigoriza las almas. Yo
no quiero decir que nuestra libertad se conquiste  filo de espada,
la espada entra por muy poco ya en los destinos modernos, pero, s,
la hemos de conquistar merecindola, elevando la razon y la dignidad
del individuo, amando lo justo, lo bueno, lo grande hasta morir
por l, y cuando un pueblo llega  esa altura, Dios suministra el
arma, y caen los dolos, caen los tiranos como castillo de naipes,
y brilla la libertad con la primera aurora! Nuestro mal lo debemos
 nosotros mismos, no echemos la culpa  nadie. Si Espaa nos viese
menos complacientes con la tirana, y ms dispuestos  luchar y sufrir
por nuestros derechos, Espaa sera la primera en darnos la libertad,
porque cuando el fruto de la concepcion llega  su madurez desgraciada
la madre que lo quiera ahogar! En tanto, mientras el pueblo filipino
no tenga suficiente energa para proclamar, alta la frente y desnudo
el pecho, su derecho  la vida social y garantirlo con su sacrificio,
con su sangre misma; mientras veamos  nuestros paisanos, en la vida
privada sentir vergenzas dentro de s, oir rugiendo la voz de la
conciencia que se rebela y protesta, y en la vida pblica callarse,
hacer coro al que abusa para burlarse del abusado; mientras los veamos
encerrarse en su egoismo y alabar con forzada sonrisa los actos ms
incuos, mendigando con los ojos una parte del botin,  qu darles
libertad? Con Espaa y sin Espaa seran siempre los mismos, y acaso,
acaso peores! A qu la independencia si los esclavos de hoy sern
los tiranos de maana? Y lo sern sin duda porque ama la tirana
quien se somete  ella! Seor Simoun, mientras nuestro pueblo no
est prepardo, mientras vaya  la lucha engaado  empujado, sin
clara conciencia de lo que ha de hacer, fracasarn las ms sabias
tentativas y ms vale que fracasen, porque  qu entregar al novio
la esposa si no la ama bastante, si no est dispuesto  morir por ella?

El P. Florentino sinti que el enfermo le coga la mano y se
la estrechaba; call entonces esperando que hablase, pero solo
sinti dos apretones ms oy un suspiro y largo silencio rein en
la estancia. Solo el mar, cuyas olas se haban encrespado con la
brisa de la noche como si despertasen del calor del da, enviaba
sus roncos bramidos, su canto inmortal al estrellarse contra las
enhiestas rocas. La luna, ya sin la rivalidad del sol, triunfaba
tranquila en el cielo, y los rboles del bosque inclinndose unos 
otros, se confiaban sus seculares leyendas en misteriosos murmullos,
que trasportaba en sus alas el viento.

Viendo que el enfermo nada deca, el P. Florentino como absorto en
un pensamiento, murmur:

--Dnde est la juventud que ha de consagrar sus rosadas horas,
sus ilusiones y entusiasmo al bien de su patria? Dnde est la que
ha de verter generosa su sangre para lavar tantas vergenzas, tantos
crmenes, tanta abominacion? Pura y sin mancha ha de ser la vctima
para que el holocausto sea aceptable!... Dnde estais, jvenes, que
habeis de encarnar en vosotros el vigor de la vida que ha huido de
nuestras venas, la pureza de las ideas que se ha manchado en nuestros
cerebros y el fuego del entusiasmo que se ha apagado en nuestros
corazones?... os esperamos, o jvenes, venid que os esperamos!

Y como sintiese sus ojos humedecerse, apart su mano de la del enfermo,
se levant y se acerc  la ventana para contemplar la vasta superficie
del mar. Sacronle de su meditacion unos golpecitos discretos dados
en la puerta. Era el criado que preguntaba si deba encender la luz.

Cuando el sacerdote se acerc al enfermo y le vi,  la luz de la
lmpara, inmvil, los ojos cerrados, la mano que haba estrechado
la suya, abierta y estendida al borde de la cama, crey un momento
que dorma: pero observando que no respiraba, tocle suavemente y
entonces se apercibi de que estaba muerto: comenzaba  enfriarse.

Arrodillse entonces y or.

Cuando se levant y contempl el cadver, en cuyo semblante se lea
la tristeza ms profunda, el pesar de toda una vida intil que se
llevaba ms all de la muerte, el anciano se estremeci y murmur:

--Dios tenga piedad de los que le han torcido el camino!

Y mientras los criados, llamados por l, se arrodillaban y rezaban por
el muerto, curiosos y distraidos mirando hcia la cama y repitiendo
requiems y ms requiems, el P. Florentino sac de un armario la clebre
maleta de acero que contena la fabulosa fortuna de Simoun. Vacil
unos instantes, mas, pronto, tomando una determinacion, descendi
con ella las escaleras, se fu  la roca donde Isagani sola sentarse
para escudriar el fondo del mar.

El P. Florentino mir  sus pis. All abajo se vean las oscuras
olas del Pacfico batir las concavidades de la roca, produciendo
sonoros truenos, al mismo tiempo que heridas por un rayo de luna,
olas y espumas brillaban como chispas de fuego, como puados de
brillantes que arrojase al aire algun genio del abismo. Mir en
derredor suyo. Estaba solo. La solitaria costa se perda  lo lejos
en vaga neblina, que la luna desvaneca hasta confundirla con el
horizonte. El bosque murmuraba voces ininteligibles. El anciano
entonces, con el esfuerzo de sus hercleos brazos, lanz la maleta
al espacio arrojndolo al mar. Gir varias veces sobre s misma, y
descendi rpidamente trazando una pequea curva, reflejando sobre
su pulimentada superficie algunos plidos rayos. El anciano vi
saltar gotas, oy un ruido quebrado y el abismo se cerr tragndose el
tesoro. Esper algunos instantes para ver si el abismo devolvera algo,
pero la ola volvi  cerrarse tan misteriosa como antes, sin aumentar
en un pliegue ms su rizada superficie, como si en la inmensidad del
mar solo hubiese caido un pequeo pedruzco.

--Que la naturaleza te guarde en los profundos abismos, entre los
corales y perlas de sus eternos mares! dijo entonces el clrigo
estendiendo solemnemente la mano. Cuando para un fin santo y
sublime los hombres te necesiten, Dios sabr sacarte del seno de las
olas... Mientras tanto, all no hars el mal, no torcers el derecho,
no fomentars avaricias!...



                      FIN DE EL FILIBUSTERISMO.






NOTA


[1] Sin embargo Ben Zayb no estaba muy errado. Los tres pis de la mesa
tienen ranuras por donde se deslizan los espejos, ocultos debajo del
entarimado y disimulados por los cuadros de la alfombra. Al colocar
la caja sobre la mesa se comprime un resorte y suben suavemente los
espejos; se quita despues el pao teniendo cuidado de levantarlo en
vez de dejarlo deslizar, y entonces se tiene la mesa ordinaria de las
cabezas parlantes. La mesa comunica con el fondo de la caja. Terminado
el espectculo, el prestigiditador cubre otra vez la mesa, aprieta
otro resorte y descienden los espejos.






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both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
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Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

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effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
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opportunities to fix the problem.

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in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
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law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
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with this agreement, and any volunteers associated with the production,
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that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, are critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at http://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
http://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at http://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit http://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including checks, online payments and credit card donations.
To donate, please visit: http://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart is the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


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