The Project Gutenberg EBook of Impresiones, Poesas, by Jose Campo-Arana

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org


Title: Impresiones, Poesas

Author: Jose Campo-Arana

Release Date: July 17, 2005 [EBook #16319]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK IMPRESIONES, POESAS ***




Produced by Afra Ullah, Pilar Somoza and the Online
Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net









IMPRESIONES

POESAS
DE
JOS CAMPO-ARANA

CON UN PRLOGO
DE DON CRLOS COELLO


MADRID
LIBRERA DE M. MURILLO
CALLE DE ALCAL, NM. 18
1876




            AL EXCMO. SEOR

  D. FRANCISCO ROMERO Y ROBLEDO

  _Debo  usted lo poco que soy y atenciones que con nada
  podr pagarle: por gratitud y por cario, coloco su nombre al
  frente de este tomo de poesas._

                                   JOS CAMPO-ARANA.

  Madrid 29 de Diciembre de 1875.




PRLOGO.


I.

La aparicion de las poesas de Don Jos Campo-Arana, es una de tantas
respuestas victoriosas como la realidad ofrece diariamente  los
empeados en la triste tarea de probar al pblico que atravesamos un
perodo de paralizacion y esterilidad artstica; privando al talento
del entusiasmo y de la f, nicos estmulos que para l dejan 
nuestra desangrada patria los que ms prosaica y ventajosamente la
explotan.

No hay que negarlo; los mercaderes estn aposentados en el templo del
arte, y el pblico se hace su primer cmplice concediendo decidida
proteccion  todo lo malo y escatimndola  todo lo bueno: lo que vive
cuando todo conspira  su muerte, tendr desgracia sin duda, pero no
puede decirse con fundamento que carece de vitalidad.

El arte vive, y vive tan slo de s mismo en nuestra sociedad
indiferente, aturdida, vida siempre de sensaciones y embotada para
los sentimientos. Nada puede el arte esperar de ella: ella, por el
contrario, debe esperarlo todo de l. El arte regenerar  quien le
abandona; el arte ensear  pensar  quien los hechos no inspiran una
reflexion; el arte ensear  sentir  quien las desventuras que
directamente no le tocan, arrancan tan pocas lgrimas.

El arte alienta y crece en Espaa como una flor fragante entre
pavorosas ruinas; y esto no es menester probarlo: basta con tomarse el
sencillo trabajo de verlo.

Nuestros pintores, un despues de muertos Rosales y Fortuny, hacen el
primer papel en los talleres de Roma, en los mercados de Pars y
Lndres; y si consiguen sobreponerse  las exigencias de una moda
estpida, que tiende  empequeecer el tamao y el asunto de sus
concepciones, los nombres de Velazquez y Murillo no sern los nicos
que pronuncie la posteridad con carioso respeto.

La msica, desde que Gaztambide, Barbieri y Monasterio echaron sobre
s la difcil tarea de descubrir  nuestro filarmnico pueblo tesoros
para l ignorados, ensancha su esfera de accion en Espaa. Marqus
coloca sus inspiradas sinfonas, sin extraeza de nadie, con
aprobacion de todos, al lado de las de Mozart y Beethoven, y Arrieta y
Caballero engrandecen poco  poco la zarzuela para que, en dia no
lejano, la noble aspiracion de la pera espaola se convierta en
hermosa y firme realidad.

Aunque la escultura no hubiera producido en nuestra poca otra cosa
que la esttua, tan bien concebida como ejecutada, del torero
moribundo, que tanto nos hizo admirar y sentir en la ltima
exposicion, y los nombres de Ponzano, Suol, los Vallmitjana y tantos
otros no gozaran de reputacion europea, aquel atrevido intento,
aquella esttica innovacion, sera triunfo suficiente para la gloria
de la ms ingrata de las artes.

En cuanto  la literatura... La grandeza del cuadro impone y espanta,
pero su hermosura atrae y hace irresistible el deseo de ensanchar el
nimo con el placer de su descripcion.

En el centro, en la cumbre del lienzo, se destaca una figura amable,
sonriente, serena, que goza en vida de la estimacion y de la fama que
la muerte concede  tan pocos: es un anciano en cuya mirada brillan
juntamente el talento y la bondad con la misma fuerza, en cuya sien
los laureles son tantos como las canas venerables: es el autor de _Los
Amantes de Teruel_ y de _La Ley de raza_ y de las _Fbulas_ y de _Los
Cuentos_: es D. Juan Eugenio Hartzenbusch. La poca literaria que le
cuenta dentro de s, que le mira como su patriarca y un le ha
contemplado recientemente lanzar destellos dulces y puros como los de
un sol de primavera en su ocaso, no puede ser acusada de esterilidad;
tiene que ser respetada, si no envidiada, de cuantas le sigan en la
sucesion de los tiempos.

Al lado de D. Juan, y rodendole con cario, hay tntos, que
nombrarlos  todos, un tenindolos presentes, es empresa mayor de lo
que parece  primera vista. Ved all  D. Antonio Garca Gutirrez, al
ilustre veterano del teatro espaol,  quien los aos parecen
rejuvenecer el alma; que todava d, que todava ha de dar muchas
obras  la escena que honr con el _Trovador_ y con _Juan Lorenzo_
(drama superior al pblico que crey juzgarlo y se conden  s
mismo), para gloria suya y aliento y enseanza de la juventud, que
reza sus versos como las ancianas las oraciones de sus devocionarios.
Ved ms all  Manuel Tamayo y Baus, que no contento con la reputacion
que basta  todos los hombres, ha querido conquistar dos, y tomando el
pseudnimo de Joaqun Estbanez, ha acometido y llevado  cima con _Un
drama nuevo_ la temeraria empresa de eclipsar al autor de _Virginia_ y
_La Locura de amor_. Junto  l y cogidos de sus manos, como un
hermano afectuoso el uno, como un maestro y un padre el otro, estn
Manuel Caete y D. Aureliano Fernandez-Guerra... Manuel Caete, el
poeta inspirado y elegante, el restaurador de nuestro primitivo
teatro, el crtico  quien la fuerza, la violencia del amor  lo bello
encarnado en su espritu, le obliga hasta  ser cruel y despiadado con
lo malo; Fernandez-Guerra, el sabio infatigable, el sabio poeta, 
quien acusan de soador en sus juicios los que no comprenden que, 
veces, tiene que inventarse cosas que no sepa para estudiarlas, porque
cuanto humanamente se puede saber est ya tan bien colocado en su
cerebro como los libros en una biblioteca. Esforzad, esforzad la
turbada vista y descubrireis ms rostros conocidos y simpticos.
Rosell, el docto Rosell, cuya prosa slo puede rivalizar con sus
versos; Escosura, siempre elocuente en sus escritos, siempre chistoso
en su conversacion, siempre benvolo con la juventud de que
eternamente formar parte; Arteche, el severo, inimitable historiador
de la _Guerra de la Independencia_, el narrador ameno de la vida de
_Un soldado espaol de veinte siglos_; Valera, el naturalmente
correcto autor de _Pepita Gimenez_; Campoamor, el que hasta nombre ha
tenido que inventar para su poesa, tan singular y extraa como
avasalladora del nimo y de la atencion; Olivn, el hablista rival de
Cervantes y de Moratin, el que posee en su pluma una varita mgica que
hace brotar poticas flores sobre los problemas econmicos y sobre las
leyes agrcolas; Balart, el ingenioso crtico que vuelve sobre su
olvidada pluma para terror de los poetas chirles, para regocijo de los
que arrancan un elogio  su censura severa y sana; Canalejas, el ameno
preceptista; Selgas, el incansable rebuscador de retrucanos y
paradojas, el terrible censor de las modernas costumbres; Nuez de
Arce, el viril cantor de las angustias de la patria; Silvela, el fino
y custico Velisla; Frontaura, el ingeniossimo retratista del pueblo;
Luis Guerra, el bigrafo, el vengador del autor insigne de _La verdad
sospechosa_; Castro y Serrano, el que fu  Suez sin moverse de
Madrid, el que escribi las _Cartas trascendentales_, y _La Capitana
Coock_ y _Las Estanqueras_; Alarcon, el _Testigo de la guerra de
frica_, el viajero _De Madrid  Npoles_... Mil ms que convierten el
grupo de los escritores que tienen ya basada en slido cimiento su
reputacion, en un inmenso ocano de cabezas.

A su lado, y como huyendo avergonzados de la compaa de los dems,
nos muestran la espalda los trnsfugas de la literatura; los que van 
buscar en la poltica, ms que el nombre que su natural disposicion
les brindaba, un descrdito probable por el pronto, y,  la larga, el
anatema  el olvido.

No es insignificante el nmero de los que en otro extremo del cuadro
se impone al cansancio de nuestros ojos con la viveza y animacion de
sus figuras. Echegaray, el hombre de ciencia, el poltico, aparece en
primer trmino al frente de la alborotada multitud de los Zapata, los
Herranz, los Sanchez de Castro, Gaspar, Calvo y Revilla, Barrera,
Valcrcel, Bustillo, Balaciart, etc., etc., etc., trocando el comps
por la pluma, y trasformndose de un golpe en el autor dramtico ms
atrevido de su poca.

Vedlos  todos, entusiastas soldados del arte, escalar las speras
alturas que guian  la cumbre donde se asienta el templo de la Fama,
enardecidos por la f que rebosa en sus almas, por la hermosura de la
conquista, y no mnos que por todo eso, por las voces del ilustrado y
benvolo Navarrete, del tico Sanchez Perez, del tan discreto como
bilioso Revilla, del juicioso y noble Garca Cadena, del entusiasta
Alfonso, del concienzudo Cortzar.

Estril el perodo literario que atravesamos! Vale la pena tan
peregrina acusacion de que nos ocupemos de ella un momento ms?


II.

Hace algunos aos, ofreca la Plaza de Santa Ana un aspecto muy
distinto del que ahora presenta; y, sin duda porque el que estas
lneas escribe la contemplaba entnces con los aduladores ojos de la
adolescencia, infinitamente ms bello. Verdad es que la fachada del
teatro Espaol no ostentaba los primores del revoque moderno, que
confunde en sabrossimo consorcio los edificios pblicos y los platos
de huevos moles adornados de clara batida, donde las Gngoras lucen la
habilidad de sus manos para delicia de los fieles golosos; verdad es
que aquella tierra inculta no se habia engalanado todava con la
improvisada exuberancia de la naturaleza municipal; pero no es mnos
cierto que la Plaza de Santa Ana, sin sus tenduchos de madera en que
los gorriones morian tan rabiosos y desesperados como Werther, en que
los grillos se ensayaban para cantar zarzuela, en que los tits y las
cacatas daban con sus asquerosas miradas y con su coquetismo,
abundantes pruebas de que los vicios y flaquezas son lo que ms une al
hombre con los animales; sin todo eso, repito, la Plaza de Santa Ana
ser todo lo que se quiera... mnos la Plaza de Santa Ana. Quin,
cuando muchacho, no se ha extasiado ante aquellos destartalados
cajones? Quin, por el mdico precio de dos cuartos, no ha comprado,
al mismo tiempo que la pobre vctima, el cargo de verdugo, ejercido
con tanta inocencia como resolucion? Yo s de un nio (cuyo nombre
reservo para no ofender la modestia y resucitar los remordimientos en
quien ya es hoy un hombre muy barbudo y que peina canas); yo s de un
nio que, al cumplir los nueve aos, repas la lista de sus
_avicidios_, y, mnos sanguinario que Tenorio, sinti profundo
arrepentimiento y vivo deseo de enmendar de alguna manera sus
crmenes, y ya que no pudo decir aquello de

    Si buena vida os quit,
    buena sepultura os d...

porque los cadveres se habian extraviado por el garguero del gato de
su casa, pidi  su padre (no al padre del gato, al marido de su
madre) dinero para comprar todos los billetes de la prxima extraccion
de lotera; medio ingenioso que habia imaginado el infante para sacar
el premio gordo, comprar con l todos los pjaros de la Plaza de Santa
Ana, y en un dia y una hora darles libertad.

Dulce, encantadora edad de la infancia, en que lo feo es bonito, toda
ambicion posible, y hasta los remordimientos se presentan con forma
cmica!

En un ngulo de la plazuela, se alzaba por el ao de 1868, y debe
alzarse todava (el regente de la imprenta no me d tiempo para
averiguarlo), una casa de tres pisos y un solo balcon en cada uno,
propiedad de una maestra de nias, que tenia _amiga_ en la calle de
Belen, y que, para cierto objeto que ms adelante se dir, cay en
gracia (el cuarto, no la maestra,--esto de escribir de prisa tiene
muchos y graves inconvenientes)  unos cuantos jvenes, escritores
unos, que no escribian; estudiantes otros, que no estudiaban, y
empleado alguno, que empleaba el tiempo en no asistir  la oficina.
Aquel cuarto, tan reducido que bien hubiera podido llamarse ochavo,
constaba de un pasillo estrecho, que parecia ancho  fuerza de ser
corto, un gabinete donde bien podrian caber seis personas de pi, pero
incmodamente, y un balcon  la _plaza de los pjaros_.

Cuando los mancebos en cuestion se dirigieron  su propietaria y le
manifestaron el atrevido pensamiento de alquilarlo, la ilustrada y
nariguda maestra de nias estuvo indecisa largo tiempo: el que ellos
tardaron en reunir, escudriando y vaciando los bolsillos de todos, la
escasa cantidad  que montaba el mes adelantado y el de fianza. Sin
embargo, sus temores, que entnces ni siquiera sospecharon los
inquilinos, eran injustos y probaban que la maestra de nias saba ms
de lo estrictamente necesario para dar buena educacion  unas cuantas
seoritas. Aquella habitacion se habia alquilado para trabajar;
para,--huyendo de lloros de nios y cnticos de criadas en las
respectivas casas de los mozalvetes, y de la inspeccion ms bien
intencionada que rgida de la familia,--dedicarse  lo que formaba
todo su encanto: emborronar cuartillas y hacer artculos que se
insertaban de balde en el _Cascabel_  en el _Museo Universal_ (y
resultaban caros), componer versos indignos hasta de los peridicos de
modas, dramas destinados  ser rechazados por todas las empresas, y
otras hazaas por el estilo.

Cun dichosa tarde, aquella en que sentados en el suelo al rededor de
una silla de Vitoria, ante una humeante ponchera, se inaugur lo que
desde luego fu bautizado con el potico nombre de _El Nido_, y se
acord por unanimidad la conveniencia de amueblarlo... si la prxima
sesion habia de levantarse con pantalones completos. Uno llev las
sillas al dia siguiente (cuntas noches debi soar el sillero con
que se habia ido  Sevilla!); otro una mquina de caf; otro una
coleccion de retratos de hombres clebres; otro una pipa para fumar l
y llenar el cuarto de peste y de humo, asegurando que as lo
calentaba, y otro una estera de verano, aprovechando la circunstancia
de ser invierno,--con lo cual lograron hacerse en Diciembre la ilusion
de estar en Agosto y llegar  Junio con la estera tan rota, que con
barrer un poco qued hecho el desestero.

La vida de los habitantes del _nido_ era tan dulce como la de todos
los que esperan, como la de todos aquellos para quienes en el despacho
del teatro de la ilusion no ha aparecido an el fatdico letrero de
No hay billetes. Casi todos eran republicanos, y no eran ms, porque
no habia ms que ser; y el nico decididamente afiliado en el partido
conservador, pensaba con seriedad en la conveniencia de escribir un
drama poltico-filosfico-social probando que los casamientos de
Estado son una infamia intolerable, que un rey debe casarse por amor y
dar su mano  una fregona de palacio, si sta, con la bondad de sus
prendas y la belleza de su palmito, ha logrado inclinar el nimo de
S.M. desde las ventanas de la rgia cmara hasta los respiraderos de
las rgias cocinas.

Todos los habitantes del _nido_ eran crticos entnces (apenas habian
escrito nada que valiese algo todava), y  haberles conocido las
empresas, les hubieran prohibido la entrada en sus teatros las noches
de estreno. Siempre recordar (eternamente impreso lo tendr alguno de
aquellos jvenes... en la mejilla izquierda) el lance acontecido la
noche que por primera vez se represent cierta bufonada en el coliseo
de Jovellanos. Los carteles anunciaron el desafuero contra el arte, y
aquella alborotada juventud se posesion del centro de la galera
baja, dispuesta  vengar las injurias que, no sin razon, daban de
antemano por inferidas  su dolo. El pblico sensato se mostraba
descontento, los _alabarderos_ aplaudian ms furiosamente  medida que
perdian la esperanza de vencer en aquella jornada, y su jefe, harto ya
de oir los dicterios que contra la pieza proferia el ms procaz de los
habitantes del _nido_, encarse con l, y djole:--Cuntos aos
tiene usted, caballerito?--Quince, para servir  usted, contest el
interrogado con un aire que desmentia lo compuesto de las
palabras.--Y no le gusta  usted esta obra? torn  preguntar el
jefe de alabarderos.--N, seor, torn  contestar aqul, y aadi
acto contnuo:--Y  usted le agrada?--A m me parece una obra muy
aceptable, repuso el imprudente amigo de la empresa. Nuestro jven le
mir de alto abajo, y exclam:--Pues compadre, est usted adelantado,
para la edad que tiene! Frase que le vali un coro de carcajadas de
todos los que le rodeaban, un tremendo bofeton del militar-paisano, y
la probabilidad de pasar la noche en la prevencion con todos sus
compaeros, que salieron bizarramente  su defensa.

Justo es decir que los que en ciertas ocasiones se mostraban
implacables, eran cuando se estrenaba una obra de algun autor de
merecido crdito, los que con ms placer le palmoteaban y con ms
entusiasmo pedian su nombre.

Las ideas revolucionarias que los dominaban en poltica, los
avasallaban tambien en literatura; y para ellos lo ms exagerado era
siempre lo mejor.

De resultas de una discusion comparando el romanticismo y el
clasicismo, el busto de Molire sali desterrado del _nido_, y an me
parece leer sobre sus paredes la quintilla escrita con carbon un dia
que se recordaron las burlonas censuras de Moratin al autor de _La
vida es sueo_.

      Os indignais sin razon
    Contra ese ultraje tan ruin;
    Puede, en ninguna ocasion,
    Amenguar un MORATIN
    La gloria de un CALDERON?

Los caractres de los habitantes del _nido_, corrian parejas, por lo
distintos, con los muebles de la salita. Todos, y esto era lo nico en
que se parecian, eran aspirantes  escritor;  excepcion de dos, cuyas
obras habian sido aplaudidas por el pblico, y que sin tener en cuenta
esa circunstancia, se dignaban mirar como compaeros  los dems. Era
el ms viejo, y era y es bien jven an, uno cuyo nombre es ya
garanta para el pblico que asiste  los estrenos de sus obras, de
que va  pasar una noche feliz: tanta es la habilidad con que sabe
disponer la sencilla y natural trama de sus piezas: tanta y tan fina
es la sal con que sabe aderezarlas y servirlas al pblico, su
infatigable convidado. De mediana estatura, delgado, nervioso, su
cabeza ocupaba casi una tercera parte de su cuerpo; quebrado el color,
rayando en bilioso, un mechon de alborotados cabellos negros adornaba
su despejada frente y entonaba la dureza de lneas de aquella nariz
aguilea, de aquellas cejas desiguales que daban sombra  unos ojos en
que la impaciencia, la sutilidad y la astucia eran tres amigas que
contnuamente caminaban del brazo. No le conoces, lector? No le has
visto salir  escena estas noches? Es Miguel Ramos Carrion, el autor
de _Un sarao y una soire_, y de _La gallina ciega_, y de _Esperanza_,
y del _Cuarto desalquilado_, y de _Los doce retratos_, y de _La mam
poltica_, y de una obra que se representar en breve y acabar de
consolidar su reputacion.

Miguel quin lo diria conociendo sus obras! era desgraciado: ya no lo
es; ya su trabajo basta para sostener las cortas necesidades, la
existencia preciosa de su madre, y el recuerdo del tiempo malo slo
puede ser para mi amigo el fondo negro, que no es triste, puesto que
hace destacar la claridad del primer trmino. Miguel, luchando con
innumerables contrariedades de todo gnero, escribia artculos, haca
versos para mil objetos distintos, traducia en tres dias una pieza 
una zarzuela que solia representarse con ajeno nombre, y en vano pedia
 los sucesos un momento de tranquilidad para hacer al fin algo ms
digno de sus envidiables facultades. Sus compaeros del _nido_ se las
reconocian  coro, sostenian su f vacilante, y hoy sienten tanta
felicidad por su suerte como orgullo por no haberse equivocado en sus
pronsticos.

No puedo dejar de hablar de Ramos sin nombrar al que, unido
constantemente  l, lo completa como la postdata  la carta en que
falta algo. Me refiero  cierto estudiantillo de taquigrafa,
asturiano de profesion, de alma de nio, de corazon de hombre, nacido
para tener un amigo, y  quien todos desean tener por tal. Toribio
Granda idolatra  Miguel Ramos como la madre quiere  su hijo, y le
admira sinceramente y le grue sin cesar, y sufre ms que l, que es
cuanto se puede decir, la noche en que estrenan alguna obra,--obra que
la noche del estreno es tan de Toribio como de Miguel;--que tiene
tanta influencia sobre Ramos, que,  veces, hasta le hace trabajar.

Al _nido_ pertenecia tambien otro pjaro que despues ha tomado vuelo
por las regiones de la poltica, y sabe Dios hasta dnde llegar.
Hasta donde quiera, porque, hoy como entnces, todos sus compaeros
reconocen en l ms talento que en ninguno y mnos discrecion para
emplearlo y convertirlo en otra cosa que en un perro que muerde  su
amo. Adolfo Malats era, al formarse el _nido_, cuando l no habia an
soltado el cascaron, un muchacho rubio, largo, paliducho y ojeroso. En
su mirada lnguida se veia contnuamente prematuro cansancio: en su
frente cubierta de pelo no se adivinaba la inteligencia, pero all
estaba, y esto es lo principal; en sus labios desdeosamente plegados,
una sonrisa fria helaba de pena  sus amigos, que le miraban harto del
mundo sin conocerle, incrdulo sin creerlo l mismo, holgazan con
terrible trabajo, murmurador sin inters y perdiendo lastimosamente el
tiempo con la serenidad del que se las echa  correr con un chiquillo
y le dice:--Anda, llvame un cuarto de hora de delantera, que yo te
alcanzar ntes de cinco minutos. Adolfo Malats, la memoria ms
feliz, el juicio ms hbil para tropezar en una cosa con el defecto,
la imaginacion ms ingeniosa del mundo, uno de los hombres que tienen
ms talento para encerrar un tomo en una frase, para estarse una
semana contando cuentos que nadie sabe, era el ao de la fundacion del
_nido_ un hombre de mucho talento que no habia encontrado todava el
sentido comun. Hoy sus palabras y su conducta parecen anunciar  la
vez el hallazgo. Adolfo Malats era el aficionado  todo (pero el
aficionado inofensivo, el que _no ejerce_); nuestro consultor, el que
con un elogio, rarsimo en su boca, nos haca felices. Hombre de
condiciones buenas y malas ms diversamente mezcladas, dudo que haya
existido jams; mejor amigo de sus amigos, corazon ms noble para
gozar con la felicidad ajena, alma ms libre (y se comprende bien) de
envidia por nadie ni por nada, eso s puedo afirmar rotundamente que
jams ha existido.

Tipo bien opuesto al de Adolfo, es Andrs Ruigomez, el autor de
_Silvestre del Todo_, que no s cundo acabar una preciosa novela de
costumbres que en Francia haria su reputacion y su fortuna; que hoy,
alejado de la literatura, entregado  las nobles tareas del foro,
quiz le reserva la suerte una existencia ms desahogada y tranquila
que la de sus compaeros, si bien todos stos la mirarn siempre como
propia y creern que en su querido Andrs han mejorado de fortuna.
Andrs era el padre grave de la reunion; el padre grave por la
seriedad de su cara, por lo reposado de su voz, por la entonacion
verdaderamente forense con que ya entnces explanaba sus originales
teoras sobre arte, sobre poltica, sobre religion y sobre todo.
Andrs se las echaba de hombre de mundo, y apenas era hombre mundano;
Andrs se las echaba de hombre libre de preocupaciones, y hasta mucho
despues de aquellos venturosos dias no ha logrado verse libre de la
preocupacion de no tener ninguna; Andrs se las echaba de hombre
formal, y l era el nico que mientras hablaba conservaba la cara
sria, resalte el mejor de sus chistes. Talento slido y bien nutrido,
sagaz observador y pintor felicsimo de costumbres, Andrs Ruigomez
hubiera alcanzado en Francia, con aliento para sus primeros pasos y
recompensa para sus primeros merecimientos, una reputacion no menor
que la de Paul de Kock,  quien vence en la profundidad de las ideas y
no cede en la fuerza del chiste.

Tipo bien opuesto tambien al de Adolfo, era el de otro personaje que
no quiero bosquejar, para irme directamente  la figura principal de
mi cuadro, que tambien se cri al calorcillo del _nido_: el autor del
presente libro, mi querido amigo Campo-Arana.


III.

_Don Quijote_ le llamaban sus compaeros; y hoy, que ya es todo un
guapo mozo, no parecer imprudente confesar que el mote le estaba como
anillo al dedo. Y Campo recordaba  D. Quijote por algo ms que por lo
seco y desgarbado de su cuerpo, lo avellanado del rostro y el rumbo de
los bigotes: por lo exaltado de su imaginacion, pronta en hacerle
recibir como realidades sus sueos de cada momento, infatigable para
persuadirle  creer que est en verso nuestra existencia, contra la
opinion de un personaje de comedia del pobre Luis Egulaz. Campo se ha
pasado, y se pasa, y se pasar la vida (porque es el individuo del
_nido_ mnos sujeto  cambio), tomando por gigantes los molinos de
viento, y por castillo la venta tan justamente antiptica  Sancho
Panza.

Campo era, de todos sus compaeros, el que mnos versos haca y el ms
poeta sin duda alguna. Si el que escribe estos renglones no creyera
firmemente que el artista es echado al mundo por Dios, ni ms ni mnos
que el ave, que siempre encuentra las yerbecillas que han de
alimentarla mejor, creeria con no mnos seguridad que Campo-Arana era
un talento perdido  quien habian faltado favorables condiciones de
desarrollo. Pero quien repare un poco en la vida de los hombres
notables que honran  la humanidad, comprende desde luego que
Shakespeare, con una vida ms tranquila, con una instruccion ms
slida, quizs hubiese escrito dramas mnos gigantescos; que Moratin,
nacido en el siglo XVII, acaso no hubiera tenido un talento bastante
enrgico para salir de la oscuridad; que Hartzenbusch, mnos sabio y
despues de arrojar en _Los Amantes de Teruel_ todo lo que un hombre
solo puede inventar, acaso hubiese valido mnos, mientras la musa
inquieta y viva de Narciso Serra probablemente se habria muerto de
fastidio en la fria, aunque sana atmsfera de una biblioteca. Campo es
poeta de impresion; ha recibido impresiones, posee el don de expresar
de una manera siempre clara y  menudo elegante sus pensamientos:
Campo es lo que puede ser. No hay que indignarse con el pez porque no
ande, si sabe nadar bien, ni echar en olvido la fbula de Iriarte, que
nos presenta al ganso haciendo de todo un poco, y hacindolo todo como
quien era.

Campo no es un sabio; pero con que nadie se lo conozca en sus
escritos, con que posea la principal sabidura del hombre de letras
(la de saber bien qu es lo que no sabe, para no hablar de ello), l
tiene bastante y el lector de sobra.

Su primer maestro ha sido el mejor: la naturaleza vista  travs del
sentimiento propio. Algo ha modificado esa espontaneidad la influencia
que sobre l ha ejercido la lectura frecuente de los poetas alemanes:
influencia mnos perjudicial en Campo que en otros escritores, por ser
mnos opuesta  la ndole del talento de nuestro autor,  cuyo
espritu soador y vago ha debido sucederle con las odas y baladas del
inmortal autor del incomparable _Wallensthein_, lo que al viajante que
hallndose en tierra extranjera, oye por azar palabras del habla
nativa de labios de un natural del pas.--Poeta dramtico Campo, de no
vulgares condiciones, siempre valdr cien veces ms como poeta lrico:
as se nos presenta en su primera obra de importancia, el presente
tomo de poesas, y as debe juzgrsele. Bien ha hecho en bautizarlo
con el nombre de _Impresiones_; difcil sera encontrar otro que le
sentra mejor. Porque la poesa de Campo es eminentemente individual,
verdaderamente lrica. As como en el drama el autor no debe aparecer
nunca (mas que al final, cuando el pblico le aclame), el soneto, la
oda, la elega, son como la mscara por que hablaban los actores
griegos y latinos con la voz natural, pero aumentada para que llegase
 todos los mbitos del anchuroso coliseo. Las impresiones de
Campo-Arana, producirn impresiones en el lector. Casi cuantas
contiene el tomo estn inspiradas por un suceso real siempre, cuando
mnos en la mente del poeta; con lo cual basta para que nazcan con la
vida que slo de la mente del poeta han de recibir. Por eso unas
podrn leerse con mnos agrado que otras, pero ninguna con
indiferencia: por eso tambien nos sorprender la diversidad de su
gnero, nos extraar y hasta nos disgustar la diversidad, la
oposicion de juicios y opiniones que se observa en ellas. Este tomo es
la vida de su autor, cuyos sucesos pasan rpidamente  nuestros ojos,
como cincuenta figuras distintas se reflejan  la vez una tras otra,
en los contnuos, diversos y paralelos espejos de un caf. El autor no
nos engaa; en su introduccion nos lo dice bien claro: all hace su
programa, y ms adelante lo cumple... El lector debe darse por
satisfecho: qu ms podria pedir un pueblo  su gobierno  un
distrito  su diputado?

He dicho ntes, y vuelvo  afirmarme en ello, que nadie leer con
indiferencia este tomo de poesas. Todos los que han vivido la
existencia agitadsima de nuestra sociedad, donde los sentimientos se
tropiezan, se chocan, se confunden en el corazon, como la gente  la
salida de un teatro, encontrarn aqu  cada paso la expresion exacta
y concisa de sus propios sentimientos. Muchos dirn: Qu bien dice
el autor lo que tan bien he sentido yo! Y cmo no ha de apreciar el
pblico un libro que le parecer escrito por l? Este es,  mi pobre
juicio, el triunfo ms completo del poeta lrico. Despus de publicar
Becquer sus admirables _Rimas_, que han hallado eco en todas las
almas, y Nuez de Arce sus robustas inspiraciones, que ya saben de
memoria todas las personas de buen gusto, la poesa que consiste en la
pulcritud, en el _aseo_, por decirlo as, de los versos, ha muerto ya
y est enterrada para siempre. En literatura, la forma y el fondo son
lo que en la humanidad el cuerpo y el alma; el cuerpo es la hermosura,
el alma la bondad, y sta, slo sta, es inmortal. Si aqul sobrevive
en las obras del ingenio, es porque todo se vuelve _alma_ en ellas,
como en el hombre cuando traspasa el umbral terrible de la insondable
eternidad.

Ser esto querer sostener que las poesas de Campo son perfectas?
Nada ms ljos de mi nimo. Acercranse ms  la perfeccion y
estarian, tales como son ellas y la ndole del talento potico de su
autor, ms ljos de la belleza artstica. El lector encontrar en las
_Impresiones_ estilo frecuentemente incorrecto, versos flojos y
desaliados, imprudencias de asunto y de frase, falsedad y
contradiccion en los juicios; todo mezclado y compensado con bellezas
de primer rden, de esas que saltan  la vista del lector mnos
perspicaz, como ciertas mujeres hermosas, de provocativa belleza, se
nos entran por los ojos, atrayndonos con sus miradas.

Campo, que posee una facilidad,  veces lamentable, para expresar sus
pensamientos, paga  menudo una licencia potica, que pudiera haberse
excusado, con mil primores;  la manera (y perdneseme lo vulgar de la
comparacion por lo que tiene de expresiva),  la manera del nio que
promete  su madre no salir de casa en todo el domingo si le perdona
media hora de escuela para ir  baarse al rio con sus compaeros...
donde de milagro no se ahoga y de seguro se resfra.

Otra ventaja hay en los versos de Campo: rara vez deja de acudir la
inspiracion  su llamada. Para nuestro amigo, es siempre la poesa una
amante esposa que se entrega con tranquila felicidad  su marido: n
la pobre mujer que fuerza un soldadote brutal y feroz.

Campo, esto no se puede negar, canta tan  menudo lo que siente como
lo que no siente, y creo en conciencia que l mismo no lo distingue:
el poeta cantar siempre mejor lo que cree sentir que lo que siente en
realidad... Ay! Si expresramos bien lo que  veces sentimos, qu
poeta no sera gran poeta? La verdad del sentimiento no logra nunca
salir por entero del corazon: ha echado en l races: al exterior
brotan nicamente las ramas, y stas son tales que parecen rboles!
Campo escribi indudablemente la hermosa poesa que me hace la honra
de dedicarme (una de las ms defectuosamente bellas de la coleccion)
un dia que habia sostenido una discusion con un clrigo carlista,
enterdose del asesinato legal de Reus y leido algun tratado de
filosofa alemana...

Pero aqu han terminado mis observaciones sobre su libro. En
literatura, divido yo los crticos (cuntas veces me han dividido y
me dividirn ellos  m!) en dos clases. Pertenecen  la primera los
que acogen sin prevencion, con benevolencia, las primeras obras de un
jven, saben y comprenden lo difcil que es ponerse, slo ponerse, en
el camino de la perfeccion artstica, y censuran lo malo sin acritud,
ensalzan lo bueno con expansion, y hacen con el principiante en tan
difcil carrera lo que el hbil doctor con el enfermo de que se
encarga: lo animan, lo confortan, le prescriben el rgimen ms propio
para su restablecimiento, y le hacen confiar en la conquista de la
salud.

Pertenecen  la segunda clase, los crticos para quienes todo es malo,
para quienes nadie sabe nada, para quienes nadie debe escribir; que
vierten hiel sobre las primeras ilusiones de un alumno de las Musas,
que mutilan sin piedad sus composiciones, ensandose en ellas con
tanta f como alevosa, como cristiano contra moro. A stos no les
llamo yo crticos, sino verdugos de los que en tiempos de triste
recordacion atenaceaban el cuerpo, sacaban los ojos y cortaban las
orejas  los delincuentes... todo con el objeto de decidirlos  la
enmienda.

Sin ciencia ni entendimiento para lo primero, me encuentro con
demasiado buen corazon para lo segundo, y dejo el libro de mi amigo
querido  los que de una clase y de otra no faltan en nuestra
repblica literaria:  los primeros se lo abandono con alegra y
confianza;  los segundos... por fuerza se lo entrego.


IV.

Llego aqu fatigado, jadeante, como el que ha hecho una larga jornada,
con gusto, pero con precipitacion excesiva, y conozco que he dicho
muchas impertinencias, algunas verdades, y varias cosas que podria
haber reservado para mejor ocasion... Sin embargo, ya es costumbre (y
costumbre mala, de dificilsimo destierro por lo tanto) que al frente
de toda nueva publicacion vayan unas cuantas pginas escritas con el
objeto de que nadie las lea: Campo ha puesto empeo en que el prlogo
de sus versos lleve mi firma; yo he dejado hablar por cuenta propia al
corazon y  la fantasa: y comprendiendo, aunque algo tarde, que mi
prlogo podria carecer de inters, por lo mnos, una reflexion me
consuela de todas las dems. Si el prlogo no se ha de leer, ms vale
que sea mio que de una persona autorizada.

                                        CRLOS COELLO.




INTRODUCCION


MELANCOLA.

      Yo padezco, lector, frecuentemente,
    --sin que sepa la causa verdadera
    ni si es cosa del cuerpo  de la mente,--
    una tristeza amarga, que inclemente
    me domina, me rinde y desespera.

      La sangre que en mis venas comprimida
    caminaba en raudal impetoso,
    parece detenerse en su carrera,
    y sin calor, sin fuerza, empobrecida,
    se desliza con paso perezoso
    como si en m la vida se extinguiera.
    La luz no hiere con su lumbre pura
    mis ojos apagados
    donde ntes su fulgor resplandeca,
    y  travs de una niebla siempre oscura
    miro la alegre claridad del dia.

      No hay eco que hasta m llegue distinto,
    ni idea que despierte mi entusiasmo;
    no hallo placer que excite en m el instinto,
    ni dolor que me saque del marasmo.
    Dios, la gloria, el amor, la patria, el arte,
    dolos de mi ardiente desvaro,
    slo me inspiran pesaroso hasto;
    que parece domar mi sr inerte
    la calma precursora de la muerte.

      Un remedio  mi mal buscando en vano,
    ya me siento al piano
    y recorro con mano perezosa
    las teclas de marfil de uno  otro extremo,
    modulando en su marcha caprichosa
    extraas melodas
    en las que siempre va del alma parte,
    llenas de extravagantes fantasas,
    sin hilacion, sin formas y sin arte,
    brillantes una vez y otra sombras;
    canto salvaje que mi mente eleva
    sin que el arte lo cubra con su manto,
    que el viento nunca lleva
     donde yo lo envo;
    notas de una oracion  de un lamento
    que nadie escuchar quiere,
    y que van  perderse en el vaco
    ignoradas y solas,
    como el grito del nufrago que muere
    en el rumor de las revueltas olas.

      Ya el exnime cuerpo abandonando
     la extraa inaccion que le avasalla,
    los tristes ojos  la luz cerrando,
    sin que la voluntad le oponga valla,
    dejo  mi pensamiento libre vuelo;
    mas de un sueo imposible en pos se lanza,
    y vaga en loco anhelo
    de un recuerdo  un dolor   una esperanza,
    de una idea  otra idea,
    sin conseguir hallar lo que desea.
    Ya queriendo fijar mi pensamiento,
    sobre el blanco papel la mano puesta,
    expresar con palabras mi nsia intento;
    y comienzo novelas y canciones,
    y poemas, y dramas, y cien cosas
    que no pasan jams de tres renglones.
    Fragmentos que conservo en mi cartera,
    que leo con el alma estremecida,
    porque en esos fragmentos est entera
    la historia de mi vida.

      Mas todo en vano: ni en los dulces sones
    de la rica armona,
    ni en las anchas regiones
    donde mi pensamiento desvara,
    llenas de luz, de amor y de belleza,
    puedo encontrar alivio  mi tristeza.

      Si vuelvo  Dios el nimo contrito
    y piedad de mi pena le demando
    con humilde fervor y acento blando,
    el aliento maldito
    de la duda cobarde y acerada
     envenenar mis pensamientos viene,
    y en mis labios detiene
    Una oracion apenas comenzada.

      Vuelvo entnces los ojos  la tierra
    y de m se apodera horrible espanto
    al ver los sres que en su seno encierra.
    Unos con rabia atroz, otros con llanto,
    alzan al cielo punzador gemido,
    y el de unos en el de otros confundido,
    en concierto infernal, que crece y crece
    como el mar al alzarse enfurecido,
    hacen llegar sin tregua hasta mi oido
    un grito de dolor que me enloquece.

      Por fin, tras largas horas
    de ignorado martirio, el mal se aleja
    trocndose en hondsima amargura
    que ya nunca me deja.

      Entnces,  mi afan suelto la llave
    y escribo, sin pensar adquirir gloria
    ni de fama  de ttulos ansioso,
    --que esa ambicion en m fuera irrisoria.
    Escribo, como llora el desgraciado,
    como canta el alegre; porque el pecho
    es para el hondo sentimiento estrecho
    y se desborda el duelo  la alegra,
    sta con expansiva carcajada,
    aqul en una lgrima sombra.
    Escribo sin buscar otra ventura,
    sin anhelar ms precio  mis canciones
    que desahogar un poco mi amargura.

      No busques pues, lector, en m al poeta
    ni al hablista galano,
    ni al pensador severo:
    Dios me neg favor tan soberano
    y yo que fiel su voluntad venero,
     mi modesta inspiracion me allano.
    Dotes tan altas, ni fingirlas puede
    el mortal  quien l no las concede.

      Mas no por eso cesar mi canto,
    que en el concierto inmenso,
    de la tibia maana
    que la dulce y alegre primavera
    con aromas y flores engalana,
    del grillo entre las yerbas escondido
    el ingrato chirrido,
    se une al canto de amores regalado
    del _pardo ruiseor enamorado_,
    y al zumbido montono y constante
    del insecto infeliz, el tierno arrullo
    de la trtola amante
    y del arroyo el plcido murmullo;
    y de unos en la de otros confundida
    la voz, sta apacible, aqulla ingrata,
    forman, por atraccion desconocida,
    el himno poderoso de la vida
    que en los aires fermenta y se dilata.




DNDE EST?


    Oh! s: para vivir, yo necesito
        lucha, esperanza, amor.
    Los instantes de dicha y de abandono,
        ciclo de la pasion;
    la duda inquieta del desden fingido,
        tormento abrasador,
    que con lgrimas baa las pupilas
        y de ira el corazon;
    el tembloroso afan de la respuesta
        y del primer favor;
    el nervioso delirio de los celos,
        que turba la razon.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Mas dnde hallar una mujer que sepa
        comprender mi dolor?
    Dnde encontrar una mujer, esclava
        del mismo afan que yo?
    Una no habr en el mundo que me escuche,
        que sienta as el amor?
    Una no habr en el mundo, que me quiera
        mentir por compasion?




SOLO!


      Solo... Solo... Siempre solo,
    siempre solo con mis penas!
    Solo mientras dura el dia,
    solo en la noche serena,
    solo cuando pienso en Dios,
    solo al pensar en la tierra,
    solo cuando canto alegre,
    y solo con mi tristeza!...
    Solo siempre... Mas por qu,
    esa soledad eterna?
    Es ay Dios! que el alma mia
    no ha hallado su compaera,
    y siento que me hace falta
    la mitad de mi existencia;
    es que soy un pobre loco,
     la humanidad entera
    es mnos buena que yo,
    y que su maldad me aterra;
    es que el mundo me rechaza,
     que mi alma le desprecia,
    porque en l, ay! no ha podido
    encontrar su compaera.

    * * * * *

      Es que yo adoro las lgrimas
    y el mundo se rie de ellas;
    es que es mi ambicion muy grande
     que mi alma es muy pequea:
    es que siempre, combatido
    por encontradas ideas,
    flucta mi pensamiento
    por que la verdad no encuentra;
    es que no tengo la f
    del mrtir ni del poeta;
    es que todos mis dolores
    son despreciables miserias
    que no levantan el nimo
    y que las fuerzas enervan;
    es que anhelo un imposible,
    delirio de mi tristeza;
    es que me falta un apoyo
     que asir mi mano trmula;
    es ay Dios! que el alma mia
    no ha hallado su compaera.

    * * * * *

      Es que me siento vencido
    en esta lucha suprema,
    y no hallo un amante seno
    donde apoyar mi cabeza,
    y  cuyo tibio calor
    resuciten mis ideas;
    es que veo,  mi pesar,
    cerradas todas las puertas,
    y slo me ofrece asilo
    la muerte... Quizs en ella,
    al otro lado del manto
    que la eternidad nos vela,
    mi alma que triste y doliente
    su camino hace en la tierra,
    podr conseguir su anhelo:
    encontrar su compaera.




NSIA.


      Y qu de esta inquietud jams postrada,
    de esta lucha sin tregua que en m siento,
    de este loco y altivo pensamiento,
    no habr de quedar nada?--Nada!...--Nada...
      La pobre flor en el pensil tronchada,
    deja sus hojas y su aroma al viento;
    la ola al besar la playa, su lamento
    deja, y la linda concha nacarada.
      Yo tambien dejar quiero mi memoria;
    aunque agostado como dbil lirio,
    quiero esculpir mis huellas en la historia.
      Quiero que un dia el mundo con delirio
    orne mi tumba con laurel de gloria...
    Laurel de gloria,  palma de martirio.




SPLICA.


      Ay Dios! No quereis decirme
    dnde la podr encontrar?
    Largos dias h, su huella
    busco con ardiente afan...
    Yo quiero verla un instante...
    Un instante nada ms.
    Yo ahogar en mi pecho el grito
    de inmensa felicidad
    que al volverla  ver de nuevo
    el amor me arrancar.
    Yo la dejar camino
    vindola, triste, pasar
    sin pedirle una sonrisa
    que calme mi ardiente afan.
    Yo me esconder en la sombra
    cual medroso criminal...
    No buscar su mirada...
    Su voz no me arrastrar...
    La ver como un delirio
    irrealizable y fugaz...
    Mas... quiero verla un instante,
    un instante nada ms.
    --Por Dios, no quereis decirme
    dnde la podr encontrar?




DIOS.


      Lucha tenaz; mi espritu se aterra,
    y en vano busca el insoluble arcano
    tras de el que en pos, el pensamiento humano,
    rie consigo mismo cruda guerra.
      Dios! Un tiempo tirano de la tierra!
    Terrible agitador del Occeano
    que sumerge azotndola inhumano
    la pobre nave que en su seno encierra!
      Mas n; los elementos obedecen
    slo una ley, y ante ella, cual el suelo,
    los infinitos mundos se estremecen.
      Minti quien en tu sr forj su anhelo...
    --Mas... por qu mis pestaas se humedecen
    al levantar los ojos hcia el cielo?




SOMBRA EN LA LUZ.


I.

      A mi ruego tenaz por fin rendida,
    ella, oculta en la sombra, me esperaba,
    y yo, de orgullo y gozo el alma henchida,
    buscndola, en la sombra caminaba.

      Slo la tibia luz de las estrellas
    mis pasos alumbraba:
    su plido fulgor me parecia
    an ms alegre que la luz del dia.


II.

      Al dejarla, sus tintas de oro y grana
    esparcia en el cielo la maana,
    y cuando el sol se alz en el horizonte,
    pensando en la victoria
    que al dulce amor debia,
    yo no s qu sentia
    que en medio del recuerdo de mi gloria
    triste la luz del sol me parecia.




 CRLOS COELLO.


NOSCE TE IPSUM.

      Rey de la creacion, hombre! Despierta.
    Sl del letargo en que sumido vives,
    abre una vez  la verdad tus ojos,
    si  resistir su luz tu vista acierta.
      Despierta contemplando los despojos
    de tu pobre grandeza,
    mezquino sueo de tu sr soberbio.
      Despierta con presteza,
    baja del trono de oropel y harapos
    que rico solio en tu locura crees.
    Suelta el cetro de caa con que riges
    el engaoso mundo que posees,
    y sombras vanas con afan diriges.
      Deja caer la mscara arrogante
    con que encubres tu bajo pensamiento
    de bien y de grandeza vergonzante.
      Hipcrita insensato,
    que de soberbia en insondable abismo,
    en tu loco arrebato
    te mientes la grandeza un  t mismo.

    * * * * *

      Ah! no es ciego extravo
    la fuerza poderosa que arrebata
    la templada razon, y se apodera
    del pensamiento mio.
      N; no es la duda ni la envidia artera,
    no es la fiera afliccion de la amargura,
    ni el dbil grito del herido esclavo.
      La envidia mata, si la duda altera,
    la amargura tan slo el llanto funde,
    la cobarda besa al que la azota.
      Yo vivo y pienso, y, al error atento,
    del tirano el poder no me confunde
    ni doblego  su antojo el pensamiento;
    pues s que ante la voz conmovedora
    de la santa verdad, en su flaqueza
    caern, sobre su asiento mal seguros,
    como de Jeric los anchos muros,
    sus sueos, su poder y su grandeza.
      Y esa verdad sus alas me ha prestado,
     su cielo de luz me ha conducido,
    y ora desesperado,
    ora preocupado  divertido,
    al ver el hombre desde all he llorado,
    y volviendo  mirarle, me he reido.

    * * * * *

      Envidia  egoismo; ese es el hombre
    por ms que luche en disfrazar su anhelo
    con un hermoso nombre.
      Llama amor al deseo disoluto
     que rinden tributo,
    sin la inmunda torpeza  que l se entrega,
    el ave, el pez, el bruto,
    la misma flor inmvil que despliega
    su cliz  la brisa y al roco.
      Llama ambicion  la locura ciega
    que tenaz le persigue hasta en sus sueos
    sin que olvido  reposo se demande,
    no por ser l ms grande,
    sino por ver  los dems pequeos.
      Llama equidad  la run codicia,
    llama heroismo al crmen ms sangriento,
    saber  la malicia,
    redencion al tormento,
    y  la venganza brbara, justicia.
      Ciencia al enmaraado laberinto
    en que su limitada inteligencia
    se pierde errante sin hallar salida;
    alma  su ciego instinto,
    al vil temor prudencia,
    f al fanatismo ciego,
    ley al hierro homicida,
    y  la inaccion estpida, sosiego.
      Caridad  la ddiva avarienta,
    migaja de su mesa suntosa,
    que presta, haciendo cuenta
    de recobrar crecida
    de la mano potente y dadivosa
    de un Dios que se ha forjado en otra vida.
      Y se cree un sr grande porque siente
    afectos que orgulloso diviniza,
    cuando acaso los miente.
      Amor de patria! dice, imaginando
    que es privilegio la atraccion sagrada
    que hace al ave viajera
    amar  la enramada
    donde elev su voz por vez primera,
    donde pas el esto,
    donde vuelve  anidar la primavera.
    Razon! exclama con acento grave,
    y un blanquean al sol en la llanura
    las osamentas de cien mil soldados
    que asesin su brbara locura;
    el paso de la fiera muchedumbre
    un destroza la mis de la campia,
    y cadveres mil ensangrentados
    alimentan las aves de rapia.
      Arte!... Tal vez tan slo ese deseo
    es en l verdadero y grande y puro...
    Tal vez... Mas, ese mismo sentimiento,
    no es acaso el altivo desvaro
    de hallar de Dios el ignorado asiento,
    adivinar su imgen escondida,
    sorprender su existencia en un momento,
    y robarle el secreto de la vida?




LA VUELTA.


      --Cuando tras tanto penar
    llegas, cubierto de gloria,
     gozar de la victoria
    al amor de nuestro hogar,
    dime: Qu negro pesar
    turba, hermano, tu alegra?
    Qu negra melancola
    te entristece  nuestro lado?
    --Ay, Julin! Que me ha olvidado
    la mujer que yo quera!

      --Hijo, y por eso abatido
    al dolor te rindes ciego?
    Perdiste el valor y el fuego
    con la sangre que has perdido?
    Lloras?... Mas dime, qu ha sido
    del valor que yo sentia
    cuando tus cartas lea
    ansioso y entusiasmado?
    --Ay, padre! Es que me ha olvidado
    la mujer que yo quera!

      --Hijo: tu dolor me mata,
    ven y reposa en mi seno,
    de amor para t est lleno,
    en l tu llanto desata,
    Qu te importa si una ingrata
    de sus brazos te desva?
    Toda es tuya el alma mia,
    reposa en m confiado.
    --Ay, madre! Que me ha olvidado
    la mujer que yo quera!




REBELDA!


      No, ya no quiero consolar al triste,
    ni con mis manos enjugar su llanto:
    ya mi alma, endurecida, se resiste
    hasta del bien al goce sacrosanto.
      Ya el dolor me arrebata y desespera,
    sin que consuelo  la paciencia pida:
    ya aborrezco el dolor... el dolor, que era
    la ilusion ms hermosa de mi vida!
      Espritu rebelde,  Dios me atrevo,
    y de su f rompiendo ya los lazos,
    como reproche, ante sus ojos llevo
    de mi alma destrozada los pedazos.
      Si al escuchar mi queja en la agona,
    de la lucha feroz al fin rendido,
    me echa en cara mi osada rebelda,
    yo le podr decir: T lo has querido.
      T me marcaste de la vida el paso,
    t un cuerpo dbil para mi alma diste:
    si era para el licor frgil el vaso,
    por qu no lo cambiaste  lo rompiste?
      Dnde est tu justicia, que no acudes
    un remedio  aplicar  los dolores
    del que siente la f de las virtudes
    y el grmen del amor de los amores?
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      Ah, no sabeis vosotros, desdichados,
    que acaso os riendo mis gemidos,
    los momentos de angustias ignorados
    que guardan estas letras escondidos!
      Con los aos de vida que se aleja,
    una ilusion tras otra desparece,
    y hasta el rastro de fuego que en m deja
    tambien ao tras ao palidece.
      Una sola, no ms, conservo entera,
    refugio fiel donde mi f se escuda,
    y esa ilusion bendita, la postrera,
    hoy viene  arrebatrmela la duda.
      Dios! Dnde est? Mis ojos le veian
    en un tiempo feliz, yo no s donde;
    pero siempre encontrarle ellos sabian...
    Hoy no le encuentro ya! Dnde se esconde?




A...


      Suave el dorado virginal cabello,
    puros y azules los rasgados ojos,
    blanca la tez, enrojecido el labio,
            lnguido el talle.

      Cuntas bellezas por mi mal nacidas!
    Cuntos tesoros, para m vedados!
    Tiemblo, mujer, al recordarte ausente,
            tiemblo y suspiro.

      Sabes que slo gozo cuando sueo
    (cuando en m la existencia se interrumpe!)
    al dar mi mente  los recuerdos vida,
            sr  tu imgen!

      Sabes amar, sin esperar siquiera
    triste placer! que tu pasion conozcan?
    Sabes llorar... pero llorar de celos?
            Ay! no lo sabes.

      Sigue, sigue inocente tu camino,
    piensa una vez, y compadece al triste;
    ruede una vez por tu sereno rostro
            lgrima ardiente.

      Y cuando al seno de la madre tierra
    vuelva tu cuerpo, en mrmol convertido,
    unjan tu frente de olorosas flores
            suaves aromas.

      Tiemble al contacto de la forma pura
    dndole abrigo, la feliz arena,
    muera yo lugo, y del sepulcro frio
            repose al lado.




EL ANOCHECER.


      La tarde muere; la sombra
    se extiende por todas partes,
    y con el dia concluyen
    los gorjeos de las aves.
      Slo alguna que tarda
    cruza tristemente el aire,
     buscar all en la aldea
    nido donde refugiarse,
    exhala un dbil gemido
    triste, dulce, inexplicable;
    tal vez un adios al dia
    que no volver  alumbrarle,
    tal vez murmullo de pena
    al verse sola y errante.
    Y pasa cual leve bruma
    que en s misma se deshace,
    y entre la sombra se pierde
    desvanecida su imgen.
      Calla la naturaleza
    que, tambien del dia madre,
    enmudece en la agona
    de la moribunda tarde.
    Y el religioso silencio
    del triste y supremo instante,
    deja inmviles y mudas
     las hojas de los rboles,
    que, embebecidas, esperan
    que la noche les ampare,
     vuelva  lucir el dia
    para volver  besarse.
      Llegan en alas del viento
    melanclicos cantares,
    y el eco de la campana
    que  un tiempo en la aldea taen...
    Y es que los hombres tambien
    al ver el dia alejarse,
    sienten la misma tristeza
    que los campos y las aves,
    y cantan  rezan...--Ay!
    quin pudiera acompaarles,
    y cantar con los dichosos
    y orar con los miserables!




 UNA LGRIMA.


      Rueda, baando mi mejilla helada,
    lgrima temblorosa y vacilante;
    pra al tocar mis labios un instante,
    y refresca su piel seca y quebrada.
      Contigo va de la mujer amada
    el ltimo recuerdo delirante;
    contigo va de mi ambicion gigante
    la ilusion ntes muerta que soada.
      Mas no sigas... Detente... Si supieras
    que al sentir en mis labios tu frescura,
    me d vida el dolor, te detuvieras...
      Tnta es la hiel que en t mi labio apura,
    que tornndose dulce el mar, pudieras
    t sola devolverle su amargura.




NUBE DE VERANO.


      Iba cayendo el dia,
    y ella y l, caminito de la fuente
    que entre los olmos murmurar se oia,
    marchaban vivamente;
    ella lloraba y l palidecia.
      Y con ira creciente
    los dos se denostaban,
    y aleve el uno al otro se llamaban,
    apurando el atroz vocabulario
    que tiene el amoroso diccionario
    para tales combates, precursores
    de ms estrecha paz cuanto mayores.
      Ella, con las mejillas cual la grana
    y cortada la voz por cien suspiros,
    llorosa le decia
    llena de rabia insana:
    --No te he querido nunca, no te quiero!--
    Y l tambien,  porfa,
    --Tampoco yo te quiero--le decia.
      Y al cabo, tantas cosas se dijeron,
    un odio tan eterno se juraron,
    que uno y otro su paso detuvieron
    y sin decirse adios, se separaron.

    * * * * *

      Tambien moria el sol al otro dia,
    y ella y l, caminito de la fuente
    que entre los olmos murmurar se oia,
    iban pausadamente;
    ella lloraba y l se sonreia.
      l, con nsia creciente,
    --Me quieres, vida mia?--le decia;
    y ella, alzando la frente,
    donde el santo pudor resplandecia,
    le miraba  los ojos fijamente,
    y mil veces--Te quiero!--repetia.




EFECTO DE PTICA.


      Porque no te veia,
    una vez maldiciendo, otra llorando,
    la vista dirigia
     la arboleda umbra,
    slo de ruiseores habitada,
    que, la intensa pradera atravesando,
    termina en el umbral de tu morada.
      Ya se iban apagando
    del ciclo azul los tornasoles rojos...
    Yo, el rostro contrayendo
    de rabia y de dolor, cerr los ojos
    y... ya nunca te aguardo maldiciendo.




EL GUILA.


      Alza su vuelo el guila altanera
    ruda cruzando pueblos y naciones,
    y hace con sus despojos y pendones
    arco triunfal  su triunfal carrera.
      Tiembla aterrada y muda Europa entera
    por su acerada garra hecha girones
    desde las frias, rticas regiones,
    hasta la Italia donde el sol impera.
      Quiere herir al Leon envanecida,
    mas, de su roja crin tendiendo el pelo,
    su zarpa clava en ella y cae vencida.
      Duda, vacila alzndose del suelo
    al sentirse en Bailn de muerte herida,
    y abate en Waterlo su incierto vuelo.




DESEO.


      Eras t: mi deseo adivinaba
    tus rojos labios, tu mirar de fuego,
    de tu amor las histricas caricias,
    el ardiente perfume de tus besos.
      Eras t, que surgias en mi mente
    envuelta entre la niebla de mis sueos,
    radiante y bella, cual la luna surge
    del horizonte entre el celaje denso.
      Eras t, realidad de una quimera,
    demonio tentador, terrible y bello,
    que vena  encrespar con la tormenta
    de mi existencia el mar triste y sereno.
      Al eco de tu voz, como las olas
    se elevan hostigadas por el viento,
    despertando del tmido letargo,
    se elevaron en mi alma cien recuerdos.
      Sent la vida en mis hinchadas venas
    cual lava ardiente discurrir de nuevo,
    y esperanzas, y dichas, y temores
    germinar en mi oscuro pensamiento;
    aspir de la dulce primavera
    uras y aromas en el triste invierno;
    la existencia encontr fcil y hermosa
    y de morir me abandon el anhelo;
    me sent renacer cuando ya estaba
    para el amor y la esperanza muerto,
    bajo la enorme losa de la tumba
    que levant para mi amor primero.
      El fantasma dorado de la gloria,
    el de fortuna deshechado empeo,
    ante mis ojos, por su brillo atnitos,
    plcidos otra vez aparecieron.
      Tmido como el nio adolescente,
    te persigo doquier; y hallarte espero,
    cual el que suea dichas y dormido
     s mismo se guarda el dulce sueo,
    temiendo, al despertar, todo el encanto
    de su delirio contemplar deshecho.
    Quin eres? Quin  m te ha conducido?
    Acaso el nsia de carnal deseo?
    Ay de m! No lo s, que un no te he hablado;
    un si mientes ignoro... y ya lo temo.
      No es el instinto el que hcia t me arrastra,
    ms noble es la pasion con que yo sueo;
    pero qu importa si una impura llama
     pesar tuyo te calcina el pecho?
    Yo tengo para t raudal sin fondo
    de casto amor y nobles pensamientos,
    y al enlazar mis manos con las tuyas,
    al oprimir tus labios con mis besos,
    el perfume de amor que mi alma llena,
    trocar el vil calor en santo fuego.
      Bebers ese amor en mis miradas,
    lo absorbers al respirar mi aliento,
    te lo trasmitir cuando mi mano
    acaricie amorosa tu cabello.
    Te envolver en su atmsfera divina,
    como en nube de aromas y de incienso,
    despertar tu corazon dormido,
    te volver al amor y al sentimiento.
    T acaso pagars con la sonrisa
    mi amor sin mancha, aspiracion del cielo;
    yo llorar, mi bien, y tntas lgrimas
    ablandarn tu loco menosprecio.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Y al fin me olvidars! Llegar un dia,
    en que acaso con odio nos veremos...
    El deseo en tu sr se habr extinguido!
    Este amor que me inspiras habr muerto!




POR QU?


      Por qu? Yo te he cubierto con mis besos;
    el prpado save, el fresco labio,
    la blanca frente y el nevado pecho,
    tu garganta, tus rizos y tus manos...
    Todo, de amor en el delirio ardiente,
    mis dedos con afan lo acariciaron!
      Y t, rendida al ruego, y al instinto
    que en el hombre engendr quien le ha creado,
    beso por beso, loca me volviste,
    buscando, al esconderte entre mis brazos,
    oprimindome  un tiempo con los tuyos,
    tu cabeza en mi pecho sepultando,
    camino de llegar hasta mi alma
    para buscar en ella tu retrato,
     el fuego de la llama abrasadora
    del amor y el placer crmenes santos!
      Y fundidos en uno nuestros sres,
    sin idea del tiempo ni el espacio,
    sin que tanto placer y dicha tanta
    pagra ningun hombre con su llanto,
    secreto como el gnesis del mundo,
    grande, amada mujer, como el espacio,
    creamos un momento de ventura
    de nuestra vida en el trascurso amargo.
    Momento que era un mundo... cun distinto
    del mundo miserable que habitamos!
      Todo era amor y dicha, saturada
    con la miel regalada de tus labios.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Y tal felicidad era un delito!
    Tanta dicha, mujer, crmen nefando!
    Por qu? Yo no lo s; pero es un crmen...
    Por tal el mundo entero lo ha juzgado...
    Qu importa? Yo desprecio su sentencia,
    y en tus caricias y en tu amor soando,
    slo s que me arrastras en pos tuyo,
    slo s que eres bella y que te amo.




EN EL LBUM DE ELISA.


    Nacida bajo el sol de Andaluca,
        bella, jven, discreta...
    Dios mio! Cuntas cosas te diria
        si fuese yo poeta!

    * * * * *

    Y un sin serlo, mirndome en tus ojos,
        de inspiracion venero,
     Byron y Petrarca diera enojos...
        si estuviera soltero.

    * * * * *

    Mas qu quieres, Elisa, que te diga,
        si, aunque de mente inquieta,
    no soy, por mi desgracia, hermosa amiga,
        soltero ni poeta?




DEBILIDAD.


    Me senta morir, y quise verla,
        darle mi maldicion;
    y... vino... y v sus ojos, y... le dije...
        Que te bendiga Dios!




AYER.


        La amo! yo me decia
    loco, embriagado en su recuerdo hermoso,
        y la amo! repetia.
    Dnde se fu el ensueo venturoso
        que en su amor me forj?
    Fu no ms vago sueo mentiroso;
        hoy me digo: la am!




 UNA ROCA.


      A travs de los siglos que han pasado,
    inmvil en tu asiento;
    baada por el mar desenfrenado
    que ruje turbulento
     seca por el viento
    que azota tu semblante descarnado,
    miras llegar tranquila
    la ola hirviente que rugiendo avanza,
    se recoge al llegar, duda, vacila
    y contra t con mpetu se lanza.
      Choca, gime, se rompe, y agitada
    te envuelve con furor en densa bruma,
    y murmurando, vuelve al mar cansada
    dejando su impotencia en t marcada,
    dolor y rabia, lgrimas y espuma.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      Y estars siempre as, muda y sombra,
    recostada en la arena?
      Es imposible. N; llegar un dia,
    que acaso en el reloj del tiempo suena,
    en que la fuerte mano
    del hombre llegue en t  posarse ardiente,
    y entnces,  su impulso soberano,
    una existencia en t quizs aliente.
      Entnces, ya con vida,
    tal vez tu masa para el mundo sea
    muro de una prision aborrecida,
    humilde signo de potente idea.
      Tal vez tendrs un nombre;
    tal vez, deshecha en trizas,
    sers esttua que eternice un hombre,
    pobre losa que guarde sus cenizas.




EL LTIMO AMOR.


      Lloras, mirando deshecho
    el encanto embriagador,
    que, de la vida al calor,
    engendr en tu tierno pecho
    el primer sueo de amor?

      Lloras, por siempre perdida
    tu esperanza ms querida,
    y la dicha y la ilusion
    ardiente de la pasion,
    aureola de la vida?

      Entornas tus negros ojos,
    que oscuro crculo abraza,
    y contraes tus labios rojos,
    llenos de penas y enojos,
    de dolor y de amenaza!

      --Que ese amor era el primero!
    --Que no hay otro verdadero!
    Triste error, yo te lo digo;
    escucha mi acento amigo,
    que yo consolarte quiero.

      T amars; mil y mil veces
    libars hasta las heces
    de amor la inmensa ventura;
    ese llanto, esa amargura
    l te pagar con creces.

      Sabes cul es el amor,
    profundo, arrebatador,
    por el que ese olvidars;
    pensamiento roedor
    que no se olvida jams?

      El ltimo; amor nacido
    con el doliente gemido
    de la juventud cercana
    que se aleja, y que maana
    por siempre se habr perdido.

      Ciega y ardiente ambicion
    que nada apaga en el mundo,
    que arranca del corazon
    la suprema convulsion
    postrera del moribundo.

      Y sabes, de esos amores,
    cul d tormentos mayores;
    Cul, si la esperanza muere
    en quien realizarla quiere,
    causa ms vivos dolores?

      Cul llena nuestra memoria
    sin consuelo que le cuadre?
    Cul es de la vida historia?...
    Para los hombres, la gloria;
    para la mujer, ser madre.




 LA SEORA

DOA TEODORA LAMADRID

DESPUES DE ADMIRARLA

EN LA REPRESENTACION

DEL DRAMA

LA LOCURA DE AMOR.


      Necio fuera, seora, en tal momento,
    rebuscando un concepto pretencioso
    digno de honrar sujeto tan glorioso,
    esforzar el indcil pensamiento.
      Permitid que, de tal martirio exento,
    vuele desatinado y caprichoso
    para expresar cun grande, cun hermoso
    es el placer que al escucharos siento.
      El nimo os persigue embebecido,
    altrase el aliento acompasado
    y el corazon redobla su latido;
      una lgrima ensancha el pecho ahogado,
    surge, tiembla en el prpado encendido
    y cae... Al alma se la habeis robado!




ILUSION.


      Columpiarse veala en mis sueos
    al blando soplo de la dulce brisa,
    y llegaba su voz hasta mi oido
          clara y distinta.
      Veala en las nubes de la tarde
    dibujarse cual vaga fantasa,
    aspiraba su aliento en los aromas
          que el viento me traia.
      Sentia su contacto ljos de ella,
    y al sentirlo, mi sr se estremecia,
    y cerraba los ojos para verla
          ms clara y ms distinta.
      Conversaba con ella, en inefable
    dulce coloquio, como en otros dias;
    mirbala llorar de amor, y loco
          sus lgrimas bebia.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      Creia verla, entrndome en su alma,
    pura como mi amor, pura y bendita;
    creia que me amaba y que era buena...
          Y era mentira!




REALIDAD.


      Triste, marchita y harapienta y sola,
          ocultando su faz
    con extrao rubor, casi  mi lado
          hoy la he visto pasar.
      Al mirarla, mi sangre ha detenido
          su curso natural;
    he sentido la angustia de la muerte...
          No he podida llorar.
      Ella pobre, marchita, sola y triste!
          Oh! Cunto sufrir!
    Ella, que ayer en rgias bacanales
          consumia su afan!
      El vicio y la impureza la han manchado
          arrugando su faz...
    Dios mio! Al verla as, cmo no puedo
          un dejarla de amar?




RESIGNACION.


      Cmplase mi destino; yo no quiero
    luchar ya ms contra la adversa suerte;
    el negro porvenir tranquilo espero,
    puestas mis esperanzas en la muerte.
      Siento que ya mis fuerzas agotadas,
    que mi mente, serena en otros dias,
    las unas por mis penas enervadas,
    la otra presa de horribles fantasas,
    ya nada oponen al terrible embate
    de ignota maldicion, que me persigue.
    Ya no espero vencer en el combate:
    qu fuerza habr que  combatir me obligue?
      Si es que merezco tal rigor, lo acato;
    quede vengado el crmen cometido:
    si es injusto placer de un Dios ingrato,
    goce en mi mal; ni compasion le pido.
      Yo volver mis ojos anublados
    por un dolor mayor que mi arrogancia,
    no  los cielos sin nubes y azulados
    donde un Dios me mostraron en la infancia;
    yo de mi alma llevar el desvo
    viendo  los hombres de pesares llenos,
    y buscar, para consuelo mio,
    remedio no  mi mal,  los ajenos.
      Mi adios he dado sollozando y triste
    del amor  los goces inefables;
    ya la mujer que idolatr no existe
    sino en mis pensamientos implacables.
    Ellos me la retratan bella y pura
    como la flor al despuntar la aurora...
    --Sarcasmo horrendo! Brbara impostura!
    Dnde estar la pobre pecadora?
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      Gloria, poder, serena paz del alma,
    tambien con su pureza habeis huido,
    y del mrtir y el hroe la palma
    por siempre con vosotras he perdido.
      Ya ni gloria, ni amor, ni bien espero;
    y  tanto de mi suerte el odio alcanza,
     tanto llega su castigo fiero...
    que me deja vivir sin esperanza!
      Tal vez pens la mano misteriosa
    que as  un suplicio eterno me condena,
    que al ver perdida mi ilusion hermosa,
    al verme entre las sombras de la pena,
    en justo desagravio del martirio
    que en un infierno convirti mi vida,
    ciego, iracundo, presa del delirio
    fuese  buscar el arma del suicida...
      Ah! nunca; suya fu la atroz sentencia
    que, dcil al capricho de mi suerte,
    me libr, sin pedirlo  la existencia,
    y ella no ms ordenar mi muerte.
    Ella har que este sr su afan soporte
    cercana viendo la entreabierta tumba,
    ni tan valiente que su vida corte,
    ni tan cobarde que al dolor sucumba.
      Como en la oscuridad busca el que ciega
    alivio de su brbara fortuna,
    yo buscar la paz que se me niega
    de mi propio dolor en la amargura.
      Ver pasar en juvenil cortejo
    tantos dichosos que envidiar debiera,
    y hallar en su alegra algun reflejo
    del tiempo en que tambien dichoso era...
      Envidiarlos?... Por qu? Yo me divierto
    ahogando en sus murmullos mi agona...
    Si aunque ellos la perdieran, s de cierto
    que para m su dicha no sera!




SE VAN!


      Se van! Qu triste me quedo!
    Apenas vencerme puedo,
    que, oprimido el corazon,
    infunde al alma afliccion
    con los fantasmas del miedo.

      Se van! A mi pobre nido
    silencioso y escondido,
    no podr prestar amor
    el dulce y tibio calor
    de su aliento bendecido.

      Va  faltarle la armona
    de sus gritos de alegra,
    de su voz, timbre de plata
    que la inocencia retrata
    y que inunda el alma ma.

      Te has roto, dulce cadena!
    Ay! En la noche serena
    le faltar  mi contento
    el murmullo de su aliento
    que arrulla y duerme mi pena.

      Se van! Cual la golondrina
    que el frio invierno adivina,
    y guiando sus hijuelos
    breve y fugaz, por los cielos
    buscando la luz camina...

      Mas lugo vuelve ligera
    cruzando la azul esfera,
    de amor su sr todo henchido,
     buscar el mismo nido
    al volver la primavera.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

      S; cuando de gozo henchido
    oiga el canto bendecido
    de vuestra voz hechicera,
    ser tambien primavera
    para nuestro pobre nido.




 LA MUERTE.


      Temes, acaso, que al sentir tu mano,
    tiemble asombrado el nimo cobarde,
    y se estremezca el alma recelosa?
    Te engaas. Temor vano!
      Crees que te hablo en arrogante alarde,
    que la mente medrosa
    desmiente con terror? Piensas acaso,
    que sabiendo que Dios nicamente
    puede cortar de la existencia el hilo,
    me rio de tu saa? O que sintiendo
    robusto el cuerpo, el nimo tranquilo,
    desprecio tu impotencia?
    O que  grave dolencia
    rendido, busco en t el alivio ansiado?
      Mas... ah! Tal vez sospechas
    que abatido, sin f, desesperado,
    sin calor en el alma, y ya deshechas
    mis ilusiones de ventura y gloria,
    busca en t el alma herida que padece
    la sola realidad que el mundo ofrece.
      Te engaas: ni en mi pecho tiembla el miedo,
    ni confiado en Dios te reto osado;
    y si el cuerpo abatido,
    por males y dolores combatido,
    la dulce paz de tu retiro anhela,
    el alma n, que con distinta suerte,
    busca el cuerpo reposo, el alma vida,
    y reposo no ms hay en la muerte.
      La fraldad con que el sepulcro hiela
    no puede codiciarla quien ansioso
    busca luz y calor, lucha y victoria.
      Si el corazon medroso
    teme hallar la verdad, porque al hallarla
    tal vez encuentre el mal, necio sera
    si en t buscara alivios y consuelo,
    pues harto s por desventura mia,
    que t hieres la paz y la alegra
    y eres sorda  la voz del hondo duelo.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      No: te busco y te temo.
    Te busco, como busca el peregrino
    un lecho hospitalario
    donde reposa un dia
    para seguir al otro su camino.
      Te busco, porque eres
    el ms all que loca el alma ansa
    cuando, al morir el dia,
    miro ocultarse el sol detrs del monte,
     cmo se confunden
    el mar y el cielo all en el horizonte.
      Te temo porque ignoro lo que ocultas,
    mi mente no lo alcanza,
    y temo al encontrarme entre tus brazos,
    rotos por t los mundanales lazos,
    perder en ellos mi ltima esperanza.
      Temo que con mi cuerpo dolorido
    muera tambien mi idea;
    temo que el alma sea un sr fingido,
    que slo polvo, como el cuerpo, sea.




RECUERDOS.


      Suelto el cabello en desatados rizos,
    que en caprichosas ondas
    sobre tu espalda mrbida se tienden,
    velando y no cubriendo sus hechizos;
    entornados los ojos, que se encienden
    absorbiendo el placer con sus miradas,
    tus hermosas mejillas sonrosadas
    por el calor intenso
    de la pasion ardiente;
    entreabierto el labio sonriente,
    y en lnguido abandono reclinada,
    altiva recordando
    con la mente inflamada,
    los pasados momentos de ventura,
    la idea de otros mil acariciando
    que guarda para t lo venidero...
      Qu hermosa ests as! Qu feliz eres!
    Cuntos tesoros guardas codiciosa!
    Qu ignorados placeres
    promete tu mirada cariosa!
    Oh! pero... escucha y d: ya no te acuerdas
    de aquella nia hermosa  inocente,
    encanto de mi loca fantasa?
    Acaso no recuerdas
    su tibia y pura frente?...
    Toca la tuya... No es aquella?... Abrasa,
    y no es ya trasparente como aquella?...
    Mas qu importa si es bella?
    Sigue escuchando, sigue!...
    No recuerdas sus ojos apagados,
    grandes, suaves, serenos...
    --No me mires...--Los tuyos, entornados,
    de brillo y pasion llenos,
    son ms hermosos... pero ya han perdido
    la tranquila mirada que lucia
    en la nia inocente que am un dia.
    Has dado ya al olvido
    aquellos labios rojos y brillantes,
    frescos y hmedos siempre,
    como la rosa que moj el roco?...
    Por qu tocas los tuyos, amor mio?
    Estn secos? Qu importa?... Queman tnto?...
    No te aflijas por eso.
    Es el calor de la pasion ardiente,
    que les d nuevo encanto...
    Qu! no recuerdas que me has dado un beso?
    Mas deja que te cuente
    cunta locura me forj de nio;
    deja que haga volver  mi memoria
    el delirio sin fin de aquel cario.
    Deja que te retrate
    mis ensueos de gloria,
    deja que su recuerdo me arrebate.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Mira: tanto llegu  quererla un dia,
    tan loco y ciego estaba,
    que donde quiera que su pi ponia,
    su dulce huella con afan besaba.
    Absorba el aroma de su aliento;
    sueo constante de mis sueos era;
    su hermosa imgen en mi sr vivia,
    y al sentir su contacto,
    de temor y placer me estremecia.
    Y guardo en mi memoria mil cantares
    que yo la oa,  que escuch con ella;
    recuerdo con anhelo los lugares
    donde la v una vez; y hasta las flores
    que su mano cuidaba, me han dejado
    recuerdo de su aroma y sus colores.
    Todo me la recuerda: el mar, la tarde,
    la luna con su luz vaga y dudosa;
    la primavera tibia y perfumada;
    la brisa juguetona y misteriosa;
    la noche oscura, el abrasado esto;
    el murmullo fugaz de la enramada;
    hasta de Dios la idea poderosa,
    funde con ella el pensamiento mio.
    Oh! por qu ha de pasar as la vida?
    Cunto, amor mio, diera,
    porque aquel tiempo y mi niez volviera!
    Yo imaginaba... loco desvaro!
    que acaso un tiempo fuera tan dichoso
    que junto  m la viera
    unida en santo lazo, y me forjaba
    verla en mi hogar, partiendo mi destino,
    que mi nombre sus labios bendecian,
    que hija mia mi madre la llamaba,
    y que madre mis hijos la decian...
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Lloras? Tu corazon he destrozado...
    --Si t supieras lo que yo he llorado!...




YA NO!


      Ya pasaron los dias,
    ya pasaron las horas de ventura
    en que al mirarme, amante sonreias
    con infantil ternura.
      Ya ha borrado la mano del olvido
    mi nombre de tu mente,
    ya no busca tu oido
    el tierno halago de mi voz ardiente.
      Ya no piensas en m! Ya cuando al cielo
    vuelves los claros ojos,
    pides calma  tu duelo,
    no paciencia  mi queja y mis enojos.
      Ya cuando pinta el ter la maana
    con brillantes albores,
    no corres presurosa  la ventana,
    porque yo no la adorno con mis flores.
      Ya al esquivar el celo con presteza
    de importuno testigo,
    no vuelves la cabeza
     ver si yo te sigo.
      De otros sitios respiras el ambiente
    que yo no he respirado...
    Ya no temes jams entre la gente
    que pase yo  tu lado.
      Los goces que so en mis desvaros
    puede decirme otro hombre que son suyos...
    T tienes hijos ay! y no son mios!...
    --Yo los tengo tambien, y no son tuyos!




IMPOSIBLE!


      Nigame el sueo su apacible olvido,
    y el solo pensamiento de mi mente,
    el eco solo que mi oido siente,
    es de tu dulce nombre eco querido.
      Si al fin de la velada, ya rendido,
    busco el descanso, mi cerebro ardiente
    forja sueos de dicha sonriente,
    y siempre va tu nombre  ellos unido.
      Mas cmo en l no pensar despierto?
    Cmo sin l soar cuando dormito,
    vido el pecho  la ilusion abierto?
      Cmo no recordar su eco bendito,
    que hace santo mi loco desacierto,
    si aqu, en mi corazon, lo llevo escrito?




 MI BUEN AMIGO

ANDRS RUIGOMEZ.


LA GUITARRA.

      Cunto sueo de gloria!
    Cunta esperanza
    despiertan en mi mente los acordes
    de la guitarra!

    * * * * *

      La luna se esparcia
    sobre la playa,
    el mar, dormido, con su blando arrullo
    la acariciaba,
    y ljos, de la brisa
    vagando en alas,
    se escuchaban los sones misteriosos
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Yo, trmulas las manos,
    trmula el alma,
    llevando entre mis brazos  la hermosa
    mujer amada,
    iba siguiendo el ritmo
    de alegre danza
    que modulaban las cadencias dulces
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Y tras de muchos aos,
    muchos, de amarla,
    por la primera vez  sus oidos
    mi voz llegaba;
    mi voz, que, balbuciente
    y entrecortada,
    se confundia con las notas trmulas
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Y pasaron los aos
    cual todo pasa,
    y aquel amor inmenso que escondido
    llevo en el alma,
    parece que despierta
    con nueva llama
    cuando escucho las vagas armonas
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Y la voz engaosa
    de aquella ingrata,
    y el murmullo del mar, que se dormia
    sobre la playa,
    y la emocion inmensa
    que me agitaba,
    todo me lo recuerdan los acordes
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Oh! Si acaso algun dia,
    ciego de rabia,
    hcia el crmen  el mal, con torpe paso
    llevo mi planta,
    haz t, Seor, que escuche
    para pararla
    uno de esos acordes misteriosos
    _de la guitarra_.

    * * * * *

      Y t, mujer, que hoy ciega
    tu virtud manchas,
    t, que fuiste adorada cual ninguna
    por pura y cndida,
    dime: No te sonrojas,
    no sientes nada
    al escuchar las vagas armonas
    _de la guitarra_?




JUNTO  LA CUNA.


    _Cmo duerme! Chist!... Silencio!
    no se despierte mi nio._

    * * * * *

      Qu hermoso est! Se sonre
    con un gesto tan tranquilo...
    Revueltos sobre la frente
    de su cabello los rizos,
    descubierta la garganta,
    cuyo ctis cristalino
    dibujan de azul las venas
    y hacen mover los latidos,
    su blanca manita oculta
    por el redondo carrillo...
    todo en l es inocencia,
    parece un ngel bendito.
    Ganas me dan de besarle...
    Si estuviera bien dormido...
    Despertar?... Por un beso...
    Qu placer! Dulce amor mio!
    _Ay! se mueve!... Chist!... Silencio!
    no se despierte mi nio._

    * * * * *

      Ya se soseg, ya vuelve
     sus labios bendecidos
    la sonrisa; ya respira
    como hace poco, tranquilo.
    Ay! no respiraba as
    cuando estuvo tan malito.
    Qu plido estaba entnces!
    Flaco, los ojos hundidos,
    y una mirada tan triste!
    Aun me dan escalofrios
    de pensar en aquel tiempo.
    Oh! Cunto sufr, Dios mio!
    Lugo, aquel llanto tan dbil
    que parecia un gemido...
    Si volviera  estar as...
    Si se muriera... Qu he dicho!
    Hijo de mi corazon!
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    No te enfades, hijo mio.
    Es claro, le beso tanto!
    Y l, que estaba tan tranquilo!
    _Ya reposa!... Chist!... Silencio!
    no se despierte mi nio._

    * * * * *

      Bah! voy  dejarle solo
    para que duerma... Angel mio!
    Se queja?... S... N; es que suea.
    Ay qu gesto tan bonito!
    Mas qu es eso? Se despierta?
    N; pero qu es ese ruido?
    Agita sus labios rojos...
    Ser verdad lo que he oido?...
    Otra vez... Ah! s; mam,
    mam, no hay duda, eso ha dicho.
    Me llama!... Bendito seas!
    Una y cien veces bendito!
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Mas ay, Dios! va  despertarse...
    Que he de hacer siempre lo mismo!
    _Vaya; no guardeis silencio:
    ya se ha despertado el nio._




EN EL LBUM DE MERCEDES.


ESTAMOS CONFORMES?

      Cuentan profundos doctores
    que hubo otros tiempos mejores
    --yo no s cundo sera--
    en que el hombre en paz vivia
    sin penas y sin dolores.

      Yo, Mercedes, imagino
    que esto es cuento y nada ms,
    pues del mundo en el camino,
    de ese tiempo peregrino
    ninguna huella vers.

      Mas, cuando me lo dijeron,
    pensando en los que vivieron
    aquella edad de ventura,
    exclam con amargura:
    Qu desventurados fueron!

      Te ries? La risa ten,
    hasta que oigas los informes
    que mis ideas te den;
    vers, si lo piensas bien,
    que al cabo estamos conformes.

    * * * * *

      Primavera es la ventura,
    triste invierno es el dolor
    sin brisas y sin ventura;
    pero en medio de ese horror,
    tiene tambien su hermosura.

      Que si aquella tiene flores
    y calor, vida y amores
    y crepsculos serenos
    de santo misterio llenos
    y aromas, luz y colores,

      ste, con distinta suerte,
    tiene el hielo caprichoso,
    el silencio de lo inerte,
    el misterio del reposo,
    la majestad de la muerte.

      Pero si el sol su semblante,
    rasgando la niebla oscura,
    muestra en el cenit radiante,
    su luz parece ms pura,
    su calor ms penetrante.

      As, cuando el alma ahogada,
    en s misma retirada,
    gime, presa del dolor,
    la dicha mnos ansiada
    parece mucho mayor.

      Dolor! Palma bendecida,
    del martirio prenda cierta,
    sola verdad conocida,
    sin t el alma no despierta
    y es imposible la vida.

      Sin t no hay inspiracion,
    y agostado el corazon
    en nada descubre encanto;
    sin t no existiera el llanto,
    blsamo de la afliccion.

      El placer de ms vala,
    al llegar  poseerlo,
    cual humo se deshara:
    porque qu valor tendria
    sin el temor de perderlo?

      Slo por mi desconsuelo
    vuelvo los ojos al cielo;
    slo del dolor en ps,
    el alma eleva su vuelo
    hasta la idea de Dios.

      El que le maldice, yerra;
    fuera insensato matarlo;
    en su desconsuelo encierra
    el mayor bien de la tierra,
    que es el poder consolarlo.

      Y cuando acaba el amor
    y la mente envejecida
    pierde frescura y calor,
    qu fin tendria la vida
    si no quedara el dolor?

    * * * * *

      T, Mercedes, que has sufrido
    y has llorado y has sentido,
    despues de oir mis informes,
    piensa en lo que me has oido
    y dime: estamos conformes?




 MI ANTIGUO AMIGO

ADOLFO MALATS.


LA CONCIENCIA.

PROBLEMA.


I.

      Juana, pobre mujer envilecida,
    que arrastrando su espritu en el cieno,
    pas la triste vida
    vendiendo por amor letal veneno;
    cabeza hermosa, donde de seguro
    no brot nunca pensamiento puro,
    y que ignorando el bien que poseia,
    vendia, por un poco de dinero,
    en pblico mercado,
    el placer ms inmundo, si es vendido,
    el mayor y ms dulce, si es ganado;
    prxima al duro instante
    de la triste agona,
     un padre confesor agonizante
    con anhelosa voz as decia:
    --Padre: yo de mis culpas me arrepiento
    y pido  Dios perdon de mi impureza;
    miradme bien al rostro, que no miento.
    Y levantando la cabeza en tanto,
    fijaba sobre el fraile macilento
    una mirada de ansiedad y espanto;
    y al ver que nada el fraile le decia,
    con ansiedad creciente proseguia:
    --l sabe bien, y me lo tendr en cuenta,
    que del vicio en la senda siempre impura,
    un cuando de placeres avarienta,
    tan slo me ha tocado la amargura.
    Qu es el mayor tormento, comparado
    al pesaroso hasto del pecado?
    Y vertiendo de lgrimas un rio,
    seguia con acento sofocado:
    --Ay! He sufrido tnto, padre mio!
      Alzndose convulsa, en vano abria
    sus ojos, ya sin brillo,
    y olvidndolo todo, descubria
    el pecho descarnado y amarillo
    que hinchaba el estertor de la agona.
    --Acaso Dios me seal en la cuna
    (sigui con voz oscura y misteriosa)
    la senda de mi vida vergonzosa;
    me neg la virtud y la fortuna,
    y en cambio me hizo hermosa.
    Tal vez de mi impureza el desvaro
    habr sido castigo de otros sres...
    Ms de una vez, detrs de su desvo,
    not... podreis creerlo, padre mio?
    Not que me envidiaban las mujeres!...
    Quizs mis muchos yerros han servido
     Dios, para mostrarles de otra suerte
    lo espantoso del vicio en que he caido;
    y mis faltas quizs ha permitido
    para dar el ejemplo de mi muerte.
      Y as diciendo, la infeliz gemia
    entre la duda y la esperanza ansiosa
    al ver que nada el fraile le decia;
    y en aquella mujer, un tiempo hermosa,
    con su horrible piedad, desvaneca
    de la muerte la calma silenciosa
    la horrible agitacion de la agona.


II.

      En tanto que as Juana se acababa,
    cerca de all, sobre otro pobre lecho
    de aquel santo hospital, que cobijaba
    la pobreza y el mal bajo su techo,
    tambien un hombre viejo agonizaba,
    y en una cruz muy tosca, de madera,
    como si algun secreto le dijera,
    los turbios ojos con afan fijaba.
      Aquel santo varon, de alma tan pura
    como la blanca nieve de sus canas,
    que al cabo de una vida de amargura,
    consumida en virtudes sobrehumanas,
    iba  llevar de Dios  la presencia
    cual la de un nio pura su conciencia,
    piensa profundamente
    que es esa dicha demasiado grande
    para poder lograrla fcilmente;
    y an cuando su alma cndida le abona,
    y aunque la llama de la f le escuda,
    siente que la esperanza le abandona
    nublada por las sombras de la duda.
      Y por esa, fijando su mirada
    en aquella cruz tosca de madera
    enfrente de l en la pared colgada,
    mientras la muerte su semblante altera
    as piensa en su mente, casi helada:
    --Yo no hice  nadie mal; nunca en mi vida
    en m venci al deber pasion alguna,
    y al bien y  la virtud con nsia ardiente
    mis fuerzas consagr desde la cuna.
    La oracion y el ayuno, rudamente
     la carne rebelde han amansado,
    y ha sido de mi vida en el pasado
    mi orgullo la humildad, mi lecho el suelo,
    mi amor el bien y mi ambicion el cielo.
    Mas por cuidar del alma, he descuidado
    el cuerpo  mi custodia confiado,
    y devuelvo  la tierra sus despojos,
    por rudas penitencias macerado,
    blandas las carnes y los nervios flojos.
    Yo, del caudal de fuerzas en m unidas
    para crecer al riego del trabajo,
    sin pensar que mi vida era cien vidas,
    que nada cre Dios que intil sea,
    enamorado loco de una idea
    he dejado los grmenes secarse
    sin cumplir su mision, comun  todo,
    de crecer, dar el fruto, y trasformarse...
    Justo ser el castigo, aunque severo...
    Tu mandato, Seor, olvid impo!
    En vano de mi afan el logro espero!
    Culpable soy... Perdon! Perdon, Dios mio!
      Y al elevar sus ojos  la altura,
    una lgrima, mundo de amargura,
    cae de sus ojos  sus labios yertos;
    suspira, un nombre y un adios murmura,
    y queda con los ojos entreabiertos.


III.

      Qu cosa tan extraa es la conciencia!
    Juana, la mujer loca
    que, con dura y tenaz impenitencia,
    vivi de la impureza en los horrores,
    sus inmundos errores
    como descargo de su culpa invoca...
    Y al mismo tiempo, el justo
    que consagr  su Dios el pensamiento,
    con alma temerosa y juicio adusto
    hace de la virtud remordimiento!




AMOR Y RESPETO.


    Te v nia: tus labios sonreian
      con infantil placer,
    tu blanca frente, inmaculada y pura,
      sonreia tambien;
    en tus ojos brillaba la inocencia
      santa de la niez,
    y te segu tenaz con la mirada,
      tu mirada busqu,
    porque el rostro de un ngel de los cielos
      en t creia ver.

    * * * * *

    Te v mujer: tus ojos entornados
      con dulce languidez,
    en su cristal ardiente, retrataban
      tus sueos de placer;
    cien ofrendas de amor los hombres todos
      postraban  tus pis,
    y te segu tenaz con la mirada,
      tu mirada busqu,
    y largos dias en delirio ardiente
      tu imgen record.

    * * * * *

    Te v madre: tus plidas mejillas,
      sonrosadas ayer,
    en ignoradas horas de amargura
      marchit el padecer;
    acaso sus colores te robaba
      quien te debia el sr,
    acaso el ciego amor te consumia
      que t pusiste en l.
    Yo te amaba, y al verte, silencioso
      de nuevo te ador,
    y, temiendo que el paso detuvieras...
      humilde me apart.




A UN AMBICIOSO.


      No te envidio el poder ni la grandeza,
    ni el nombre que  grabar vas en la historia,
    ni el ardiente placer de la victoria,
    ni el laurel con que cies tu cabeza;
      no te envidio el placer, ni la riqueza,
    ni las horas de triunfos y de gloria,
    que eternas deben ser en tu memoria
    si han de aliviar tus horas de tristeza.
      Ciega se ceba en m la desventura,
    soy pobre, y slo espero ya en la muerte,
    mas arrostro sereno la amargura;
      pues contra ella una cosa me hace fuerte
    que vale ms que toda tu ventura:
    un alma resignada con su suerte.




AL PRNCIPE DE NUESTROS CRTICOS,

 MI RESPETABLE AMIGO

EL SEOR DON MANUEL CAETE.


MEDITACION.

      Hundo en el polvo la soberbia frente
    que, cual reto orgulloso,
    erguida un dia, levant  la altura;
    pra asombrado el corazon valiente
    su latido anheloso,
    y la vista que ayer al sol miraba,
    hoy se clava en la tierra
    temerosa y sombra.
    Y qu poder me aterra?
    Qu causa hubo tan fuerte que ha vencido
    el salvaje valor del alma mia?
    Una idea no ms; una palabra
    que el viento ha hecho llegar hasta mi oido
    ignorando el pesar que me produce.
    Dios! Idea infinita,
    imposible verdad, tonante dueo
    de cuanto en el vaco
    cruza, bulle y se agita
    arrastrado en contnuo movimiento!
    Dios! La fuerza que crea
    cuanto concibe el hondo pensamiento;
    la mano que aniquila indiferente
    para crear de nuevo... Oscura idea!

    * * * * *

    Yo creia en un Dios cuando era nio;
    con santa uncion su nombre pronunciaba
    durmindome con l entre los labios;
    l era quien me daba
    tranquilo sueo y plcidas visiones,
    l tambien quien mis cortas soledades
    guardaba de terror y apariciones.
    Padre amante, curaba cuidadoso
    los males que en mi seno se escondian,
    y guardaba piadoso
    la vida de mis padres,
    que conmigo su nombre bendecian.

    * * * * *

      Despues, con mis ideas trasformado,
    tambien en l cre. Yo le veia
    entre las vagas nubes que colora
    el sol que presta su matiz dorado
     la primer sonrisa de la aurora;
    la armona solemne,
    grave, dulce y pausada,
    que encanta los sentidos
    en la tarde serena
    de luz, de aromas y de cantos llena,
    era su voz; el rayo su mirada;
    el ronco trueno, el ruido de su carro
    que cruzaba el Empreo;
    su suspiro la brisa;
    su espejo el ancho mar; su manto el cielo,
    y el sol esplendoroso su sonrisa.

    * * * * *

      Y en una y otra edad le comprendia,
    sentia su presencia en el ambiente
    que el pecho respiraba...
    Ah! tambien hoy le siente
    mi sr al agitarse entre la duda,
    pero en las sombras del temor se escuda
    y en vano busco su mirada ardiente;
    porque mi entendimiento limitado
    recorre con afan de una  otra idea
    el campo estrecho que le di el destino,
    y nunca llega al lmite anhelado
    sin caer en grosero desatino.
    Vano afan! Pensamiento equivocado.
    Cmo medir con la ligera copa
    que el labio apura en solo un movimiento
    la inmensidad del mar?... Y solicito
    medir con el pigmeo pensamiento
    la idea sin igual del infinito!...




A MI HIJA MARA.


LA PLEGARIA POR TODOS.

(Traduccion de Vctor Hugo.)


FRAGMENTO.

          _Ora pro nobis._

      V  rezar, hija mia. Mira: la noche llega,
    un planeta dorado all su luz desplega,
    la bruma de los valles se extiende por doquier;
    apenas por la sombra cruza algun peregrino,
    todo busca reposo; del rbol del camino
    el viento de la tarde hace el polvo caer.

      El crepsculo, abriendo la noche por Oriente,
    hace brillar los astros con claridad creciente,
    descolora el ocaso su franja de carmin;
    sobre el agua, el reflejo de los astros se mece,
    surcos, senderos, bosques, todo se desvanece,
    el pasajero inquieto duda por dnde ir.

      El dia es para el dolo, el mal y la fatiga.
    Recemos. V la noche. La noche, dulce amiga!
    De la torre en las grietas el viento gemidor,
    las aguas, los rebaos con su voz agitada,
    todo sufre y se queja; la natura cansada
    necesita reposo, rezo, silencio, amor.

      Es la hora en que los nios hablan con otros sres,
    y mientras que corremos tras extraos placeres,
    ellos murmuran todos una plegaria igual;
    y con las manos juntas, de rodillas postrados,
    piden, hcia los cielos los brazos levantados,
    gracia para nosotros al Padre Universal.

      Y dormirn  poco; entnces, en la sombra,
    sueos de oro, en alegre tropel que el alma asombra,
    que nacen con los ruidos del dia al espirar,
    de ljos atraidos por sus labios de grana,
    cual vuelan las abejas sobre la flor lozana,
    de su lecho en los pliegues se vendrn  posar.

      Oh sueo de la cuna! Plegaria de la infancia!
    Voz que siempre acaricia del mal en la ignorancia,
    religion que se esparce y sonrie al surgir,
    preludio del concierto que en la noche se exhala!...
    Como el pjaro esconde su pico bajo el ala,
    en la oracion el nio mece su alma al dormir.


II.

      V  rezar, hija mia! Primero por aquella
    que meci tantas veces tu cuna blanca y bella,
    por la que, t en el cielo, fu  buscarte hasta l;
    y te puso en el mundo, y madre cariosa,
    por t haciendo dos partes de la vida azarosa,
    tom siempre el acbar y te dej la miel.

      Ruega por m en seguida. A m me hace ms falta.
    Ella, como t, un lleva la frente pura y alta,
    tiene el alma serena y el corazon sin hiel;
    piadosa para todos, ignora qu es la envidia
    y sufre resignada el mal y la perfidia
    sin pensar en quien lo hace y sin quejarse de l.

      Cogiendo slo flores, nunca su mano hermosa
    ha tocado del vicio la copa contagiosa,
    ningun lazo la arranca al amor y al hogar;
    en su clemencia olvida pasados extravos...
    ignora qu son esos pensamientos impos
    que pasan por el alma cual sombras por el mar.

      Ella ignora--que siempre lo ignores, hija mia,--
    las miserias del mundo con que el alma se enfria:
    placeres, vanidades, vergonzoso dolor,
    pasiones, locos sueos de mentida ventura,
    recuerdos misteriosos de tdio y de amargura
    que hacen subir al rostro la llama del rubor.

      Yo s ms de la vida, y yo podr decirte,
    cuando crezcas, y tenga, por tu mal, que instruirte,
    que perseguir el arte, la gloria y el poder
    son locura y mentira; que al tocar la victoria
    se encuentra la vergenza en lugar de la gloria,
    y que el hombre en la lucha suele el alma perder.

      Viviendo, el alma duda, y aunque en todo se siente
    el fin supremo claro, visible y trasparente,
    se envejece del vicio en negra esclavitud;
    el hombre olvida el grmen de su orgen divino,
    que  todos roban algo las zarzas del camino,
    su vellon  la oveja y al hombre su virtud.

      V, pues, y por m reza; y reza solamente
    diciendo  Dios: T eres nuestro Padre clemente!
    Piedad! T eres el bueno! T eres el inmortal!
    Deja ir la palabra donde el alma la enva.
    No te inquietes por ella, todo sigue su va;
    no pienses el camino que ella puede tomar.

      Todo tiene aqu bajo marcado el derrotero:
    el rio, hasta el mar hondo sigue el curso ligero,
    la abeja laboriosa va de la flor en pos;
    que tiene su destino todo vuelo que zumba:
    el guila  los cielos, el vampiro  la tumba,
    la golondrina al nido y la oracion  Dios.

      Cuando por m hasta el cielo su voz vuela ligera,
    soy como el pobre esclavo sentado en la ladera,
    que al borde del camino deja el fardo cruel.
    Me siento descansado, que la carga espantosa
    de penas y de errores que agobia mi alma ansiosa,
    tu rezo bendecido hace volar con l.

      V  rogar por tu padre. Pide  Dios me conceda
    sueo tranquilo y dulce con que reposar pueda,
    que la f torne viva mi espritu  inflamar.
    Borra todas mis culpas con tu aliento inocente,
    y que  su beso quede mi corazon doliente
    puro como la piedra del ara del altar.




AL INSIGNE AUNQUE POCO CONOCIDO POETA

DON JOS ANTONIO PAZ.


LTIMO ASILO.

      Dime, negra tristeza,
    no me quieres dejar? Qu desvaro!
    Cmo apartarte intento
    del pensamiento mio,
    si contigo naci mi pensamiento?
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
      Oh! Qu amarga es la vida!
    Luchar! Siempre luchar, y nunca llega
    el dia embriagador de la victoria.
    Lucha desconocida,
    lucha de muerte, desigual y ciega
    en que el pobre habitante de este suelo,
    hroe predestinado  la derrota,
    cuando su fuerza en el combate agota,
    pide favor al cielo contra el cielo.
    Vida! Horrible quimera!
    Placer! Dnde encontrarle,
    si en medio del placer no se le espera?
    El descanso es ansiado
    tan slo cuando el cuerpo est cansado;
    agua ansa el sediento;
    tener hambre es forzoso,
    para que sea ansiado el alimento;
    sentirse dbil para ansiar la ayuda;
    ciego para anhelar el sol hermoso...
    y para tener f, sentir la duda.
    Placer!... Mentido ensueo,
    rayo que presta luz slo un instante
    y deja en pos de s terrible huella;
    que con tenaz empeo,
    sigue al amor el pesaroso hasto,
    la srdida avaricia  la riqueza,
     la amistad el desengao frio,
    la ambicion al poder, y la tristeza
     la expansiva risa del contento.
    Mas n; mi pensamiento
    juzga por el presente
    y se deja llevar de la amargura...
    Recordar el pasado, que en mi mente
    dej tntos recuerdos de ventura.

    * * * * *

      Niez, amor, ensueos encantados,
    que murieron cual flores con el dia,
    vanos fantasmas de placer mentido,
    dejando sus recuerdos amargados
    por el dolor de haberlos ya perdido.
    Y la razon, en tanto, aprisionada,
    luchando con la fiebre abrasadora
    de la ardiente ilusion, pugnaba en vano
    por disipar la nube embriagadora,
    cuya letal atmsfera aspiraba
    mi pulmon impaciente,
    y en l toda mi sangre envenenaba
    adormeciendo al corazon valiente...
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Dnde hallar la verdad?... Tal vez oculta
    la tiene el porvenir... Y qu me ofrece?
    Confusa mezcla de placer y espanto,
    que al sondear el alma se estremece!
    Promesa y amenaza,
    placer que oculta el llanto,
    duda cruel, que el alma despedaza.
    . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
    Sentir el frgil cuerpo deshacerse
    al peso de la edad agobiadora,
    y caminar con paso vacilante,
    mstios los ojos y el cabello cano;
    y, buscando un apoyo,  cada instante
    triste tender la temblorosa mano!
    Y cuando destruido y fatigoso
    el cuerpo vuelva hcia la madre tierra,
    vido de reposo,
    qu quedar de m? Tras de la tumba,
    no habr ya nada ms? Oh! s: tras ella
    est la eternidad, dulce consuelo,
    que al grito del dolor mis labios sella.
    Oh muerte! Cunto tardas! Yo te anhelo,
    y te espero temblando de alegra.
    No ms dolor, ms quejas ni ms duelo.
    Quin como yo? La eternidad es mia!




 MI QUERIDSIMO AMIGO

EL FCIL  INGENIOSO AUTOR CMICO

DON MIGUEL RAMOS CARRION.


OTOO.

      Horas de duda, aborrecidas horas,
    apartaos de m, que ya no os temo
    sino en recuerdo, como  mal pasado.
    Fiebres abrasadoras
    que tntas, tntas veces me han postrado,
    en vano el eco mi memoria hiere,
    del angustioso grito
    que hacais resonar dentro del pecho
    despedazando el corazon marchito.

      Ha muerto tu poder, pobre demente;
    ya no podrs crear; tu alma gastada
    slo el instinto  la avaricia siente:
    no te conmueve nada;
    ni la sonrisa de la vrgen bella,
    ni del amor la asoladora llama,
    ni el mar, ni el cielo, ni la f, ni el mundo,
    nada deja en t huella,
    y duermes con el sueo ms profundo.

      As hacas llegar hasta mi oido
    la voz del desaliento envenenado,
    eco perptuo en la conciencia mia;
    y yo triste, temblando, dolorido,
    escuchaba ese grito desgarrado,
    que el alma en mil pedazos me partia.
      Yo recordaba el tiempo venturoso
    en que todo en mi sr hallaba un eco,
    que avaro el corazon guardaba ansioso.
    Y al mirarlo ya ljos, engaado,
    la vida de mi mente desechaba,
    y recostando la arrugada frente
    en mi mano convulsa, que abrasaba,
    maldecia el presente
    y, cobarde, lloraba...

    Como si el rbol que de hermosas flores
    la Primavera plcida engalana,
    las conservra en el ardiente Esto!
      El sol marchita y borra sus colores
    dando al tiempo tributo,
    y tras la flor galana
    hincha su piel el sazonado fruto.

      Pas la juventud, y, al tiempo que ella,
    sus puras emociones,
    flores que ya perdieron su perfume;
    santas  inexplicables emociones
    que, como la tristeza
    que mi vida consume,
    ni explicar puede el labio su grandeza,
    ni comprender su encanto el pensamiento.

      Pas la juventud; lleg el momento
    en que el suspiro ardiente
    del jven entusiasta,
    eterna aspiracion  un imposible,
    se trueque en viril canto
    en que lo hermoso de la forma sea,
    no la belleza plstica insensible:
    cuerpo que encierre el alma de una idea!

      Y es porque cada edad tiene marcada
    una mision distinta y la huye en vano:
    el jven suea, el hombre fuerte piensa,
    y recuerda el anciano.
      Verdad que en la mitad de nuestra vida
    la ilusion vagarosa ya se aleja
    entre las sombras del ayer perdida;
    verdad que ya mi mente no refleja
    la plcida frescura
    de los aos felices; mas acaso,
    al ocultarse el astro luminoso
    de mi pasada juventud cercana
    en el sombro ocaso
    donde un despide claridad liviana,
    muri el fuego sagrado,
    la actividad eterna y sobrehumana
    que Dios me di al nacer? No hay en la tierra
    nada capaz de enaltecer mi canto?

      La patria amada, la nefanda guerra,
    la dulce libertad, la ciencia ignota,
    de Dios el pensamiento sacrosanto,
    del despotismo incuo la derrota,
    la virtud, el valor, la santa idea
    de ley y de justicia,
    el arte, hijo de Dios, son mnos grandes
    que los sueos que el jven acaricia?

      Horas de duda, aborrecidas horas,
    apartaos de m, que ya no os temo
    sino en recuerdo, como  mal pasado.
      Ya s que el rbol que de hermosas flores
    la Primavera plcida engalana,
    no las conserva en el ardiente Esto;
    que el sol marchita y borra sus colores,
    dando al tiempo tributo,
    y, tras la flor lozana,
    germina y crece el sazonado fruto.




MS!


      Seor, yo que de bienes en la cuna
    pude largos tesoros merecerte,
    tal vez para que as fuera ms fuerte
    el golpe de perder tanta fortuna;
      no te pido, con splica importuna,
    ni paz del alma, ni tranquila muerte,
    ni que el rigor endulces de mi suerte,
    ni de este pobre mundo dicha alguna.
      Slo te pido, ahogando mis lamentos,
    por la misma crueldad con que condenas
    un dbil sr  brbaros tormentos,
      que en m arrojes dolor  manos llenas,
    porque nunca me falten pensamientos
    para cantar tus obras y mis penas.




EN EL ABANICO

DE

MI HIJA MARA.


      Hija, qu te diria
    que fuera de mi amor vivo traslado?...
    Dos palabras no ms; oye: hija ma!
    --Es poco?... Al escribirlas he llorado.




 MI MADRE.


      Madre! Cun dulce entre mis labios suenas,
    oh nombre idolatrado!
    Cuntos recuerdos en mi mente agitas!
    Torcedor y consuelo de mis penas,
    de santa idolatra enajenado,
    he querido mil veces escribirte,
    y mil veces las letras he borrado.
      Porque es tal el respeto y el cario,
    la adoracion inmensa que en m siento,
    que, aunque el cielo me di el dolor por vida
    y s lo que es sufrir desde muy nio,
    volveria contento
     empezar esta lucha maldecida,
    si, al ligarme  la tierra nuevos lazos,
    me arrullara tu acento
    al dormirme tranquilo entre tus brazos.

    * * * * *

      Todos aman la gloria;
    unos por necio orgullo, otros soando,
    en la mujer que adoran con locura;
    yo n: si la victoria
    llego  alcanzar un dia de ventura,
    por t ser, que para t la quiero.
    Quin como t podria merecerla?
    Acaso no he bebido
    en tu seno pursimo la esencia
    de f, de amor, de bien y sentimiento
    que nutre mi existencia
    y eleva con su savia el pensamiento?
    Acaso no me han dado
    dolor bastante que mi canto inspire,
    tus lgrimas benditas?
    --Cuntas por culpa mia has derramado!...
    Ah! Dios las tendr escritas...

    * * * * *

    Madre! Quiero estampar aqu tu nombre,
    una, y otra, y cien veces, madre mia!
    Cuando nio, encantada en tu cario,
    t me enseaste  pronunciarle; hoy, hombre,
    el hombre adora lo que hablaba el nio.
      El hombre graba en su angustiada mente
    con santos signos la mejor palabra,
    y canta en tus recuerdos inspirado,
    volviendo tristemente
    sobre el tiempo dichoso y ya pasado,
    en que tu amor tan slo, su amor era;
    amor dulce, sereno, inmaculado
    como el rayo del sol en primavera.
    Y canta y llora; s, madre querida,
    lloro entregado  sin igual tristeza,
    que el cuerpo y el espritu, abatidos,
    no pueden desechar; que con la vida
    no ha de acabar aunque con ella empieza;
    pues una voz callada y misteriosa
    resuena en mis oidos,
    y me dice que el alma no reposa.
    Lloro, insensato, y creo
    que este llanto terrible y encendido,
    msero y solo bien que ya poseo,
    puede pagar el que por m has vertido!
    As piensa el avaro
    poder pagar con un puado de oro
    la dicha de este mundo:
    avaro soy y el llanto es mi tesoro.
    En l mi dicha fundo,
    que cuando con el alma acongojada,
    pobre, impotente, sin amor ni gloria,
    busco ansioso la nada,
    para ahogar mi memoria,
    que altivos sueos del ayer me acuerda
    y el terrible presente me recuerda,
    nada puede calmar esta agona
    como el amargo llanto
    donde encuentra mi sr vida y encanto.

    * * * * *

      Madre, sobre mi edad pasar el tiempo,
    vendrn en pos un dia y otro dia,
    y  calmar mi dolor vendr la muerte;
    y, acaso, madre mia,
    cuando pesada y fria
    caiga la tierra sobre el cuerpo inerte,
    ni un sr querido por mi vida llore,
    ni una oracion por m, perdon implore.
    Acaso ay Dios! profanen mi memoria
    al ver que no les dejo por herencia
    ms que mis sueos de mentida gloria
    y el terrible luchar de la existencia...
    Oh! t que crees y que en Dios confias,
    t que sabes rezar, madre adorada,
    dime, por Dios, una oracion; aprenda
    yo de tus labios, como en otros dias,
    una plegaria que la f apagada
    haga en m renacer... Pero es en vano.
    Ya torna al pecho la perdida calma.
    Tambien yo s rezar... Sabes qu rezo?
    Tu nombre nada ms, madre del alma!




AL DISTINGUIDO CRTICO

MI MUY QUERIDO AMIGO

DON EDUARDO DE CORTZAR.


MSICA CELESTIAL.

      Me han contado de un hombre que viva
    contento nicamente cuando oa,
    ya fuese  una voz sola,  ms,  un coro,
     instrumento sonoro,
    cualquiera meloda;
    daba por una nota el mundo entero...
    Y perdi la aficion desde aquel dia
    en que oy  una mujer decir: Te quiero.




AL EXCMO. SEOR

DON FRANCISCO BARCA.


ES VERDAD?

      Yo s, slo de oidas,
    que hay un monton de libros y de escuelas,
    cuanto ms semejantes ms reidas,
    en que hombres que respeta todo el mundo,
    de claras luces y saber profundo,
    uno en forma, otro en sr, otro en esencia,
    todos de Dios discuten la existencia.
      No me lo s explicar, aunque lo creo.
    Que de Dios pueda un hombre haber dudado!
    Yo, si me siento triste  angustiado,
    corro al balcon en alas del deseo,
    miro al cielo estrellado...
    y, no s cmo es, pero le veo.




AL ILUSTRE AUTOR

DE LAS

DOLORAS Y LOS PEQUEOS POEMAS

AL EMINENTE POETA

DON RAMN DE CAMPOAMOR.


COSS FAN TUTTI!

      l era un infeliz. Aun conservaba
    todos los sueos de la edad primera...
    hasta f en el amor; y as, la amaba
    como un demente: con el alma entera.
      Ella, docta en las luchas de la vida
    --cosas que slo una mujer entiende
    cuando del vicio  los horrores llega,--
    saba que halla paga ms subida
    una prudente infamia que se vende,
    que una loca inocencia que se entrega.
      Pero l,--que no crey ni por asomo
    que, oculto bajo un rostro de ngel puro,
    hubiera un sr de cieno,--
    cuando en su amor vivia ms seguro,
    la hall con no s quin, yo no s cmo,
    y haciendo no s qu, que no era bueno.
      Y cuentan,--yo no s si ser cierto,--
    que, herido por el duro desengao,
    le vieron discurrir hosco y hurao
    buscando siempre el sitio ms desierto,
    y siempre solo, un ao y otro ao;
    y hasta dicen que ha muerto.

    * * * * *

      Me es infiel la memoria
    y no puedo decir precisamente
    quin me cont la historia.
    Slo recuerdo--y con dolor lo digo
    pues s que era un amigo,--
    que el que la referia,
    --que puedo asegurar era hombre honrado,
     al mnos todo el mundo lo decia,--
    comentando el dolor del engaado,
    me lo mostr en la calle, y se reia.




AYER, HOY Y MAANA.


A MI ESPOSA.

      Ayer, con amor creciente,
    amor que slo se siente
    de la vida en los albores,
    se uni con lazo de flores
    tu alma pura  mi alma ardiente.

    * * * * *

      Hoy, con ms tranquilo amor,
    dando treguas al dolor,
    unidos en tu regazo,
    nuestros hijos son el lazo
    que al cario d vigor...

    * * * * *

      Que maana, yo lo anhelo,
    busquen tambien de esta guerra
    juntos reposo y consuelo
    nuestros cuerpos en la tierra,
    nuestras almas en el cielo.




FIN.





End of Project Gutenberg's Impresiones, Poesas, by Jose Campo-Arana

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK IMPRESIONES, POESAS ***

***** This file should be named 16319-8.txt or 16319-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        https://www.gutenberg.org/1/6/3/1/16319/

Produced by Afra Ullah, Pilar Somoza and the Online
Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net


Updated editions will replace the previous one--the old editions
will be renamed.

Creating the works from public domain print editions means that no
one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
(and you!) can copy and distribute it in the United States without
permission and without paying copyright royalties.  Special rules,
set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark.  Project
Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
charge for the eBooks, unless you receive specific permission.  If you
do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
rules is very easy.  You may use this eBook for nearly any purpose
such as creation of derivative works, reports, performances and
research.  They may be modified and printed and given away--you may do
practically ANYTHING with public domain eBooks.  Redistribution is
subject to the trademark license, especially commercial
redistribution.



*** START: FULL LICENSE ***

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
Gutenberg-tm License (available with this file or online at
https://gutenberg.org/license).


Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
https://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at https://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit https://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: https://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     https://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
