The Project Gutenberg EBook of Novelas y teatro, by Cervantes

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org


Title: Novelas y teatro

Author: Cervantes

Release Date: February 20, 2005 [EBook #15115]

Language: Spanish

Character set encoding: ISO-8859-1

*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NOVELAS Y TEATRO ***




Produced by Juliet Sutherland, Mariano Cecowski and the Online
Distributed Proofreading Team.






              BIBLIOTECA LITERARIA DEL ESTUDIANTE
               DIRIGIDA POR RAMN MENNDEZ PIDAL
                           TOMO XXI

                      C E R V A N T E S
                       NOVELAS Y TEATRO

                     SELECCIN HECHA POR
                        JOSEFINA SELA

                    _Dibujos de F. Marco._


                      MADRID, MCMXXII

                     INSTITUTO - ESCUELA
              JUNTA PARA AMPLIACIN DE ESTUDIOS


 TIPOGRAFA DE LA "REVISTA DE ARCHIVOS", OLZAGA, I, MADRID




LA GITANILLA

Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para
ser ladrones: nacen de padres ladrones, cranse con ladrones, estudian
para ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y
molientes a todo ruedo, y la gana del hurtar y el hurtar son en ellos
como acidentes inseparables, que no se quitan sino con la muerte. Una,
pues, desta nacin, gitana vieja, que poda ser jubilada en la ciencia
de Caco, cri una muchacha en nombre de nieta suya, a quien puso
nombre Preciosa, y a quien ense todas sus gitaneras, y modos de
embelecos, y trazas de hurtar. Sali la tal Preciosa la ms nica
bailadora que se hallaba en todo el gitanismo, y la ms hermosa y
discreta que pudiera hallarse, no entre los gitanos, sino entre
cuantas hermosas y discretas pudiera pregonar la fama. Ni los soles,
ni los aires, ni todas las inclemencias del cielo, a quien ms que
otras gentes estn sujetos los gitanos, pudieron deslustrar su rostro
ni curtir las manos; y lo que es ms, que la crianza tosca en que se
criaba no descubra en ella sino ser nacida de mayores prendas que de
gitana, porque era en extremo corts y bien razonada. La abuela
conoci el tesoro que en la nieta tena, y as, determin el guila
vieja sacar a volar su aguilucho y ensearle a vivir por sus uas.

Sali Preciosa rica de villancicos, de coplas, seguidillas y
zarabandas y de otros versos, especialmente de romances, que los
cantaba con especial donaire. Porque su taimada abuela ech de ver que
tales juguetes y gracias, en los pocos aos y en la mucha hermosura de
su nieta, haban de ser felicsimos atractivos e incentivos para
acrecentar su caudal; y as, se los procur y busc por todas las vas
que pudo, y no falt poeta que se los diese.

Crise Preciosa en diversas partes de Castilla, y a los quince aos de
su edad su abuela putativa la volvi a la Corte y a su antiguo rancho,
que es adonde ordinariamente le tienen los gitanos, en los campos de
Santa Brbara, pensando en la Corte vender su mercadera, donde todo
se compra y todo se vende. Y la primera entrada que hizo Preciosa en
Madrid fu un da de Santa Ana, patrona y abogada de la villa, con una
danza en que iban ocho gitanas, cuatro ancianas y cuatro muchachas, y
un gitano, gran bailarn, que las guiaba; y aunque todas iban limpias
y bien aderezadas, el aseo de Preciosa era tal, que poco a poco fu
enamorando los ojos de cuantos la miraban. De entre el son del
tamborn y castaetas y fuga del baile sali un rumor que encareca la
belleza y donaire de la Gitanilla, y corran los muchachos a verla y
los hombres a mirarla. Pero cuando la oyeron cantar, por ser la danza
cantada, all fu ello! All s que cobr aliento la fama de la
Gitanilla, y de comn consentimiento de los diputados de la fiesta,
desde luego le sealaron el premio y joya de la mejor danza; y cuando
llegaron a hacerla en la iglesia de Santa Mara, delante de la imagen
de Santa Ana, despus de haber bailado todas, tom Preciosa unas
sonajas, al son de las cuales, dando en redondo largas y ligersimas
vueltas, cant #_un_# romance.

[Ilustracin: ...y corran los muchachos a verla y los hombres a
mirarla.]

El cantar de Preciosa fu para admirar a cuantos la escuchaban. Unos
decan: "Dios te bendiga, la muchacha!" Otros: "Lstima es que esta
mozuela sea gitana! En verdad en verdad que mereca ser hija de un
gran seor."

Acabronse las vsperas, y la fiesta de Santa Ana, y qued Preciosa
algo cansada; pero tan celebrada de hermosa, de aguda y de discreta, y
de bailadora, que a corrillos se hablaba della en toda la Corte. De
all a quince das volvi a Madrid con otras tres muchachas, con
sonajas y con un baile nuevo, todas apercebidas de romances y de
cantarcillos alegres, pero todos honestos. Nunca se apartaba della la
gitana vieja, hecha su Argos, temerosa no se la despabilasen y
traspusiesen; llambala nieta, y ella la tena por abuela. Pusironse
a bailar a la sombra en la calle de Toledo, y de los que las venan
siguiendo se hizo luego un gran corro; y en tanto que bailaban, la
vieja peda limosna a los circunstantes, y llovan en ella ochavos y
cuartos como piedras a tablado; que tambin la hermosura tiene fuerza
de despertar la caridad dormida.

Acabado el baile, dijo Preciosa:

--Si me dan cuatro cuartos, les cantar un romance yo sola, lindsimo
en extremo, que trata de cuando la Reina nuestra seora Margarita
sali a misa en Valladolid y fu a San Llorente: dgoles que es
famoso, y compuesto por un poeta de los del nmero, como capitn del
batalln.

Apenas hubo dicho esto, cuando casi todos los que en la rueda estaban
dijeron a voces:

--Cntale, Preciosa, y ves aqu mis cuatro cuartos.

Y as granizaron sobre ella cuartos, que la vieja no se daba manos a
cogerlos. Hecho, pues, su agosto, y su vendimia, repic Preciosa sus
sonajas, y al tono corrento y loquesco cant el romance.

Apenas #_lo_# acab cuando del ilustre auditorio y grave senado que la
oa, de muchas se form una voz sola, que dijo:

--Torna a cantar, Preciosica; que no faltarn cuartos como tierra!

Ms de docientas personas estaban mirando el baile y escuchando el
canto de las gitanas, y en la fuga dl acert a pasar por all uno de
los tinientes de la villa, y viendo tanta gente junta, pregunt qu
era, y fule respondido que estaban escuchando a la Gitanilla hermosa,
que cantaba. Llegse el Tiniente, que era curioso, y escuch un rato,
y por no ir contra su gravedad, no escuch el romance hasta la fin; y
habindole parecido por todo extremo bien la Gitanilla, mando a un
paje suyo dijese a la gitana vieja que al anochecer fuese a su casa
con las gitanillas; que quera que las oyese dona Clara su mujer.
Hizolo as el paje, y la vieja dijo que s iria.

Acabaron el baile y el canto y se fueron la calle adelante, y desde
una reja llamaron unos caballeros a las gitanas. Asomse Preciosa a la
reja, que era baja, y vi en una sala muy bien aderezada y muy fresca
muchos caballeros que, unos pasendose y otros jugando a diversos
juegos, se entretenan.

--Quirenme dar barato, ceores?--dijo Preciosa, que, como gitana,
hablaba ceceoso, y esto es artificio en ellas; que no naturaleza.

A la voz de Preciosa, y a su rostro, dejaron los que jugaban el juego,
y el paseo los paseantes, y los unos y los otros acudieron a la reja
por verla, que ya tenan noticia della, y dijeron:

--Entren, entren las gitanillas; que aqu les daremos barato.

--Caro sera ello--respondi Preciosa--si nos pellizcacen.

--No, a fe de caballeros--respondi uno--; bien puedes entrar, nia,
segura que nadie te tocar a la vira de tu zapato; no, por el hbito
que traigo en el pecho.

Y psose la mano sobre uno de Calatrava.

--Si t quieres entrar, Preciosa--dijo una de las tres gitanillas que
iban con ella--, entra enhorabuena; que yo no pienso entrar adonde hay
tantos hombres.

--Mira, Cristina--respondi Preciosa--: de lo que te has de guardar es
de un hombre solo y a solas, y no de tantos juntos; porque antes el
ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendidas. Advierte,
Cristinica, y est cierta de una cosa: que la mujer que se determina a
ser honrada, entre un ejrcito de soldados lo puede ser. Verdad es que
es bueno hur de las ocasiones; pero han de ser de las secretas, y no
de las pblicas.

--Entremos, Preciosa--dijo Cristina--; que t sabes ms que un sabio.

Animlas la gitana vieja, y entraron; y apenas hubo entrado Preciosa,
cuando el caballero del hbito vi _un_ papel que traa en el seno, y
llegndose a ella se le tom, y dijo Preciosa:

--Y no me le tome, seor; que es un romance que me acaban de dar
ahora, que an no le he ledo!

--Y sabes t leer, hija?--dijo uno.

--Y escribir--respondi la vieja--; que a mi nieta hela criado yo como
si fuera hija de un letrado.

Abri el caballero el papel, y vi que vena dentro dl un escudo de
oro, y dijo:

--En verdad, Preciosa, que trae esta carta el porte dentro: toma este
escudo que en el romance viene.

--Basta--dijo Preciosa---, que me ha tratado de pobre el poeta. Pues
cierto que es ms milagro darme a m un poeta un escudo que yo
recebirle: si con esta aadidura han de venir sus romances, traslade
todo el _Romancero general_, y envemelos uno a uno; que yo les
tentar el pulso, y si vinieren duros, ser yo blanda en recebillos.

Admirados quedaron los que oan a la Gitanica, as de su discrecin
como del donaire con que hablaba.

Los que jugaban le dieron barato, y aun los que no jugaban. Cogi la
hucha de la vieja treinta reales, y ms rica y ms alegre que una
Pascua de Flores, antecogi sus corderas y fuse en casa del seor
Teniente, quedando que otro da volvera con su manada a dar contento
a aquellos tan liberales seores.

Ya tena aviso la seora doa Clara, mujer del seor Teniente, como
haban de ir a su casa las gitanillas, y estbalas esperando como el
agua de Mayo ella y sus doncellas y dueas, con las de otra seora
vecina suya, que todas se juntaron para ver a Preciosa; y apenas
hubieron entrado las gitanas, cuando entre las dems resplandeci
Preciosa como la luz de una antorcha entre otras luces menores; y as,
corrieron todas a ella: unas la abrazaban, otras la miraban, stas la
bendecan, aqullas la alababan. Doa Clara deca:

--Este s que se puede decir cabello de oro! Estos s que son ojos
de esmeraldas!

La seora su vecina la desmenuzaba toda, y haca pepitoria de todos
sus miembros y coyunturas. Y llegando a alabar un pequeo hoyo que
Preciosa tena en la barba, dijo:

--Ay, qu hoyo! En este hoyo han de tropezar cuantos ojos le miraren.

Oy esto un escudero de brazo de la seora doa Clara, que all
estaba, de luenga barba y largos aos, y dijo:

--Por Dios, tan linda es la Gitanilla, que hecha de plata o de
alcorza no podra ser mejor! Sabes decir la buenaventura, nia?

--De tres o cuatro maneras--respondi Preciosa.

--Y eso ms?--dijo doa Clara---. Por vida del Tiniente, mi seor,
que me la has de decir, nia de oro, y nia de plata, y nia de
perlas, y nia de carbuncos, y nia del cielo, que es lo ms que puedo
decir.

--Dnle, dnle la palma de la mano a la nia, y con que haga la
cruz--dijo la vieja--, y vern qu de cosas les dice; que sabe ms que
un doctor de melecina.

Ech mano a la faldriquera la seora Tenienta, y hall que no tena
blanca. Pidi un cuarto a sus criadas, y ninguna le tuvo, ni la seora
vecina tampoco. Lo cual visto por Preciosa dijo:

--Todas las cruces, en cuanto cruces, son buenas; pero las de plata o
de oro son mejores; y el sealar la cruz en la palma de la mano con
moneda de cobre sepan vuesas mercedes que menoscaba la buenaventura, a
lo menos, la ma; y as, tengo aficin a hacer la cruz primera con
algn escudo de oro, o con algn real de a ocho, o, por lo menos, de a
cuatro; que soy como los sacristanes: que cuando hay buena ofrenda, se
regocijan.

--Donaire tienes, nia, por tu vida--dijo la seora vecina.

Y volvindose al escudero, le dijo:

--Vos, seor Contreras, tendris a mano algn real de a cuatro?
Ddmele; que en viniendo el doctor mi marido os le volver.

--S tengo--respondi Contreras--; pero tngole empeado en veinte y
dos maraveds, que cen anoche; dnmelos; que yo ir por l en
volandas.

--No tenemos entre todas un cuarto--dijo doa Clara---, y peds
veinte y dos maraveds? Andad, Contreras, que siempre fuistes
impertinente.

Una doncella de las presentes, viendo la esterilidad de la casa, dijo
a Preciosa:

--Nia, har algo al caso que se haga la cruz con un dedal de plata?

--Antes--respondi Preciosa--se hacen las cruces mejores del mundo con
dedales de plata, como sean muchos.

--Uno tengo yo--replic la doncella---; si ste basta, hele aqu, con
condicin que tambin se me ha de decir a m la buenaventura.

--Por un dedal tantas buenasventuras?--dijo la gitana vieja---.
Nieta, acaba presto; que se hace noche.

Tom Preciosa el dedal y la mano de la seora Teniente y dijo _#la
buenaventura; y en acabndola#_ encendi el deseo de todas las
circunstantes en querer saber la suya, y as se lo rogaron todas; pero
ella las remiti para el viernes venidero, prometindole que tendran
reales de plata para hacer las cruces. En esto, vino el seor
Tiniente, a quien contaron maravillas de la Gitanilla; l las hizo
bailar un poco, y confirm por verdaderas y bien dadas las alabanzas
que a Preciosa haban dado; y poniendo la mano en la faldriquera, hizo
seal de querer darle algo; y habindola espulgado, y sacudido, y
rascado muchas veces, al cabo sac la mano vaca, y dijo:

--Por Dios que no tengo blanca! Dadle vos, doa Clara, un real a
Preciosica; que yo os le dar despus.

[Ilustracin: ...y poniendo la mano en la faldriquera, ...]

--Bueno es eso, seor, por cierto! S, ah est el real de
manifiesto! No hemos tenido entre todas nosotras un cuarto para hacer
la seal de la cruz, y quiere que tengamos un real?

--Pues dadle alguna valoncica vuestra, o alguna cosita; que otro da
nos volver a ver Preciosa, y la regalaremos mejor.

A lo cual dijo doa Clara:

--Pues porque otra vez venga, no quiero dar nada ahora a Preciosa.

--Antes si no me dan nada--dijo Preciosa---, nunca ms volver ac.
Mas s volver, a servir a tan principales seores; pero trair
tragado que no me han de dar nada, y ahorrarme la fatiga del
esperallo. Coheche vuesa merced, seor Tiniente; coheche, y tendr
dineros, y no haga usos nuevos; que morir de hambre. Mire, seora:
por ah he odo decir (y aunque moza, entiendo que no son buenos
dichos) que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las
condenaciones de las residencias y para pretender otros cargos.

--As lo dicen y lo hacen los desalmados--replic el Teniente---; pero
el juez que da buena residencia no tendr que pagar condenacin
alguna, y el haber usado bien su oficio ser el valedor para que le
den otro.

--Habla vuesa merced muy a lo santo, seor Teniente--respondi
Preciosa---; ndese a eso y cortarmosle de los harapos para
reliquias.

--Mucho sabes, Preciosa--dijo el Tiniente---. Calla, que yo dar traza
que sus Majestades te vean, porque eres pieza de reyes.

--Querrnme para truhana--respondi Preciosa---, y yo no lo sabr ser,
y todo ir perdido. Si me quisiesen para discreta, an llevarme han;
pero en algunos palacims medran los truhanes que los discretos. Yo me
hallo bien con ser gitana y pobre, y corra la suerte por donde el
cielo quisiere.

--Ea, nia--dijo la gitana vieja--, no hables ms; que has hablado
mucho, y sabes ms de lo que yo te he enseado; no te asotiles tanto,
que te despuntars; habla de aquello que tus aos permiten, y no te
metas en altaneras; que no hay ninguna que no amenace cada.

--El diablo tienen estas gitanas en el cuerpo!--dijo a esta sazn el
Tiniente.

Despidironse las gitanas, y al irse, dijo la doncella del dedal:

--Preciosa, dime la buenaventura, o vulveme mi dedal; que no me queda
con qu hacer labor.

--Seora doncella--respondi Preciosa---, haga cuenta que se la he
dicho, y provase de otro dedal, o no haga vainillas hasta el viernes,
que yo volver y le dir ms venturas y aventuras que las que tiene un
libro de caballeras.

Furonse, y juntronse con las muchas labradoras que a la hora de las
avemaras suelen salir de Madrid para volverse a sus aldeas, y entre
otras vuelven muchas, con quien siempre se acompaaban las gitanas, y
volvan seguras. Porque la gitana vieja viva en continuo temor no le
salteasen a su Preciosa.

Sucedi, pues, que la maana de un da que volvan a Madrid a coger la
garrama con las dems gitanillas, en un valle pequeo que est obra de
quinientos pasos antes que se llegue a la villa, vieron un mancebo
gallardo y ricamente aderezado de camino. La espada y daga que traa
eran, como decirse suele, una ascua de oro; sombrero con rico cintillo
y con plumas de diversas colores adornado. Repararon las gitanas en
vindole y pusironsele a mirar muy de espacio, admiradas de que a
tales horas un tan hermoso mancebo estuviese en tal lugar, a pie y
solo. El se lleg a ellas, y hablando con la gitana mayor, le dijo:

--Por vida vuestra, amiga, que me hagis placer que vos y Preciosa me
oyis aqu aparte dos palabras, que sern de vuestro provecho.

--Como no nos desviemos mucho, ni no nos tardemos mucho, sea en buen
hora--respondi la vieja.

Y llamando a Preciosa, se desviaron de las otras obra de veinte pasos,
y as en pie, como estaban, el mancebo les dijo:

--Yo vengo de manera rendido a la discrecin y belleza de Preciosa,
que despus de haberme hecho mucha fuerza para excusar llegar a este
punto, al cabo he quedado ms rendido y ms imposibilitado de
excusallo. Yo, seoras mas (que siempre os he de dar este nombre, si
el cielo mi pretensin favorece), soy caballero, como lo puede mostrar
este hbito--y apartando el herreruelo, descubri en el pecho uno de
los ms calificados que hay en Espaa---; soy hijo de Fulano--que por
buenos respectos aqu no se declara su nombre---; estoy debajo de su
tutela y amparo; soy hijo nico, y el que espera un razonable
mayorazgo. Mi padre est aqu en la Corte pretendiendo un cargo, y ya
est consultado, y tiene casi ciertas esperanzas de salir con l. Y
con ser de la calidad y nobleza que os he referido, y de la que casi
se os debe ya de ir trasluciendo, con todo eso, quisiera ser un gran
seor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa, hacindola
mi igual y mi seora. Quiero servirla del modo que ella ms gustare:
su voluntad es la ma. Para con ella es de cera mi alma, donde podr
imprimir lo que quisiere; y para conservarlo y guardarlo no ser como
impreso en cera, sino como esculpido en marmles, cuya dureza se opone
a la duracin de los tiempos. Si creis esta verdad, no admitir
ningn desmayo mi esperanza; pero si no me creis, siempre me tendr
temeroso vuestra duda. Mi nombre es ste--y djoselo---; el de mi
padre ya os le he dicho; la casa donde vive es en tal calle, y tiene
tales y tales seas; vecinos tiene de quien podris informaros, y aun
de los que no son vecinos tambin; que no es tan escura la calidad y
el nombre de mi padre y el mo, que no le sepan en los patios de
palacio, y aun en toda la Corte. Cien escudos traigo aqu en oro para
daros en arra y seal de lo que pienso daros; porque no ha de negar la
hacienda el que da el alma.

En tanto que el caballero esto deca, le estaba mirando. Preciosa
atentamente, y sin duda que no le debieron de parecer mal ni sus
razones ni su talle; y volvindose a la vieja, le dijo:

--Perdneme, abuela, de que me tomo licencia para responder a este
seor.

--Responde lo que quisieres, nieta--respondi la vieja---; que yo s
que tienes discrecin para todo.

Y Preciosa dijo:

--Yo, seor caballero, aunque soy gitana, pobre y humildemente nacida,
tengo un cierto espiritillo fantstico ac dentro, que a grandes cosas
me lleva. A m ni me mueven promesas, ni me desmoronan ddivas, ni me
inclinan sumisiones, ni me espantan finezas y aunque de quince aos
(que, segn la cuenta de mi abuela, para este San Miguel los har),
soy ya vieja en los pensamientos y alcanzo ms de aquello que mi edad
promete, ms por mi buen natural que por la experiencia. #_El_# temor
engendra en m un recato tal, que ningunas palabras creo y de muchas
obras dudo. Si quisiredes ser mi esposo, yo lo ser vuestra: pero han
de preceder muchas condiciones y averiguaciones primero. Primero
tengo; de saber si sois el que decs; luego, hallando esta verdad,
habis de dejar la casa de vuestros padres y la habis de trocar con
nuestros ranchos, y tomando el traje de gitano, habis de cursar dos
aos en nuestras escuelas, en el cual tiempo me satisfar yo de
vuestra condicin, y vos de la ma; al cabo del cual, si vos os
contentredes de m, y yo de vos, me entregar por vuestra esposa. Y
habis de considerar que en el tiempo de este noviciado podra ser que
cobrsedes la vista, que ahora debis de tener perdida, o, por lo
menos, turbada, y visedes que os convena huir de lo que ahora segus
con tanto ahinco; y cobrando la libertad perdida, con un buen
arrepentimiento se perdona cualquier culpa. Si con estas condiciones
queris entrar a ser soldado de nuestra milicia, en vuestra mano est,
pues faltando alguna dellas, no habis de tocar un dedo de la ma.

Pasmse el mozo a las razones de Preciosa, y psose como embelesado,
mirando al suelo, dando muestras que consideraba lo que responder
deba. Viendo lo cual Preciosa, torn a decirle:

--No es ste caso de tan poco momento, que en los que aqu nos ofrece
el tiempo pueda ni deba resolverse: volveos, seor, a la villa, y
considerad de espacio lo que viredes que ms os convenga, y en este
mismo lugar me podis hablar todas las fiestas que quisiredes, al ir
o venir de Madrid.

--Satans tienes en tu pecho, muchacha--dijo a esta sazn la gitana
vieja---: mira que dices cosas, que no las dira un colegial de
Salamanca! cmo es esto? que me tienes loca, y te estoy escuchando
como a una persona espiritada, que habla latn sin saberlo.

--Calle, abuela--respondi Preciosa---, y sepa que todas las cosas que
me oye son nonada y son de burlas, para las muchas que de ms veras me
quedan en el pecho.

Todo cuanto Preciosa deca, y toda la discrecin que mostraba, era
aadir lea al fuego que arda en el pecho del caballero. Finalmente,
quedaron en que de all a ocho das se veran en aquel mismo lugar,
donde l vendra a dar cuenta del trmino en que sus negocios estaban,
y ellas habran tenido tiempo de informarse de la verdad que les haba
dicho. Sac el mozo una bolsilla de brocado, donde dijo que iban cien
escudos de oro, y diselos a la vieja; pero no quera Preciosa que los
tomaste en ninguna manera; a quien la gitana dijo:

--Calla, nia; que la mejor seal que este seor ha dado de estar
rendido es haber entregado las armas en seal de rendimiento; y el
dar, en cualquiera ocasin que sea, siempre fu indicio de generoso
pecho. Y acurdate de aquel refrn que dice: "Al cielo rogando, y con
el mazo dando." Y ms, que no quiero yo que por m pierdan las gitanas
el nombre que por luengos siglos tienen adquerido de codiciosas y
aprovechadas. Cien escudos quieres t que deseche, Preciosa, y de oro
en oro, que pueden andar cosidos en el alforza de una saya que no
valga dos reales, y tenerlos all como quien tiene un juro sobre las
yerbas de Extremadura? Y si alguno de nuestros hijos, nietos o
parientes cayere, por alguna desgracia, en manos de la justicia,
habr favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escribano,
como destos escudos, si llegan a sus bolsas? Tres veces por tres
delitos diferentes me he visito casi puesta en el asno para ser
azotada, y de la una me libr un jarro de plata, y de la otra una
sarta de perlas, y de la otra cuarenta reales de a ocho, que haba
trocado por cuartos, dando veinte reales ms por el cambio. Mira,
nia, que andamos en oficio muy peligroso y lleno de tropiezos y de
ocasiones forzosas, y no hay defensas que ms presto nos amparen y
socorran como las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar
adelante de su _plus ultra_. Por un dobln de dos caras se nos muestra
alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte,
que son arpas de nosotras las pobres gitanas, y ms precian pelarnos
y desollarnos a nosotras que a un salteador de caminos; jams, por ms
rotas y desastradas que nos vean, nos tienen por pobres; que dicen que
somos como los jubones de los gabachos de Belmonte: rotos y
grasientos, y llenos de doblones.

--Por vida suya, abuela, que no diga ms; que lleva trmino de alegar
tantas leyes en favor de quedarse con el dinero, que agote las de los
Emperadores; qudese con ellos, y buen provecho le hagan, y plega a
Dios que los entierre en sepultura donde jams tornen a ver la
claridad del sol, ni haya necesidad que la vean. A estas nuestras
compaeras ser forzoso darles algo; que ha mucho que nos esperan, y
ya deben de estar enfadadas.

[Ilustracin: Por vida suya, abuela, que no diga ms; ...]

--As vern ellas--replic la vieja--moneda dstas como veen al Turco
agora. Este buen seor ver si le ha quedado alguna moneda de plata, o
cuartos, y los repartir entre ellas, que con poco quedarn contentas.

--S traigo--dijo l galn.

Y sac de la faldriquera tres reales de a ocho, que reparti entre las
tres gitanillas, con que quedaron ms alegres y ms satisfechas que
suele quedar un autor de comedias cuando, en competencia de otro, le
suelen retular por las esquinas: "_Vctor, Vctor._"

En resolucin, concertaron la venida de all a ocho das, y que se
haba de llamar, cuando fuse gitano, Andrs Caballero, porque tambin
haba gitanos entre ellos deste apellido.

Andrs (que as le llamaremos de aqu adelante) las dej, y se entr
en Madrid, y ellas, contentsimas, hicieron lo mismo. Preciosa, algo
aficionada de la gallarda disposicin de Andrs, ya deseaba informarse
si era el que haba dicho; entr en Madrid, y como ella llevaba puesta
la mira en buscar la casa del padre de Andrs, sin querer detenerse a
bailar en ninguna parte, en poco espacio se puso en la calle do
estaba, que ella muy bien saba; y habiendo andado hasta la mitad,
alz los ojos a unos balcones de hierro dorados, que le haban dado
por seas, y vi en ellos a un caballero de hasta edad de cincuenta
aos, con un hbito de cruz colorada en los pechos, de venerable
gravedad y presencia; el cual apenas tambin hubo visto la Gitanilla
cuando dijo:

--Subid, nias; que aqu os darn limosna.

A esta voz acudieron al balcn otros tres caballeros, y entre ellos
vino el enamorado Andrs, que cuando vi a Preciosa, perdi la color y
estuvo a punto de perder los sentidos: tanto fu el sobresalto que
recibi con su vista. Subieron las gitanillas todas, sino la grande,
que se qued abajo para informarse de los criados de las verdades de
Andrs. Al entrar las gitanillas en la sala, estaba diciendo el
caballero anciano a los dems:

--Esta debe ser, sin duda, la Gitanilla hermosa que dicen que anda por
Madrid.

--Ella es--replic Andrs--, y sin duda es la ms hermosa criatura que
se ha visto.

--As lo dicen--dijo Preciosa, que lo oy todo en entrando--; pero en
verdad que se deben de engaar en la mitad del justo precio. Bonita,
bien creo que lo soy; pero tan hermosa como dicen, ni por pienso.

--Por vida de don Juanico mi hijo--dijo el anciano---, que an sois
ms hermosa de lo que dicen, linda gitana!

--Y quin es don Juanico su hijo?--pregunt Preciosa.

--Ese galn que est a vuestro lado--respondi el caballero.

--En verdad que pens--dijo Preciosa--que juraba vuesa merced por
algn nio de dos aos. Mirad qu don Juanico, y qu brinco! A mi
verdad que pudiera ya estar casado, y que, segn tiene unas rayas en
la frente, no pasarn tres aos sin que lo est, y muy a su gusto, si
es que desde aqu all no se le pierde, o se le trueca.

--Basta--dijo uno de los presentes--; que sabe la Gitanilla desrayas.

#_A lo que_# respondi Preciosa.

--Lo que veo con los ojos, con el dedo lo adivino: yo s del seor don
Juanico, sin rayas, que es algo enamoradizo, impetuoso y acelerado, y
gran prometedor de cosas que parecen imposibles; y plega a Dios que no
sea mentirosito, que sera lo peor de todo. Un viaje ha de hacer agora
muy lejos de aqu, y uno piensa el bayo, y otro el que le ensilla; el
hombre pone, y Dios dispone; quiz pensar que va a Oez, y dar en
Gamboa.

A esto respondi don Juan:

--En verdad, gitanica, que has acertado en muchas cosas de mi
condicin; pero en lo de ser mentiroso vas muy fuera de la verdad,
porque me precio de decirla en todo acontecimiento. En lo del viaje
largo has acertado, pues, sin duda, siendo Dios servido, dentro de
cuatro o cinco das me partir a Flandes, aunque t me amenazas que he
de torcer el camino, y no querra que en l me sucediese algn desmn
que lo estorbase.

--Calle, seorito--respondi Preciosa--, y encomindese a Dios; que
todo se har bien; y sepa que yo no s nada de lo que digo, y no es
maravilla que como hablo mucho y a bulto, acierte en alguna cosa, y yo
querra acertar en persuadirte a que no te partieses, sino que
sosegases el pecho, y te estuvieses con tus padres, para darles buena
vejez; porque no estoy bien con estas idas y venidas a Flandes,
principalmente los mozos de tan tierna edad como la tuya. Djate
crecer un poco, para que puedas llevar los trabajos de la guerra,
cuanto ms que harta guerra tienes en tu casa: hartos combates
amorosos te sobresaltan el pecho. Sosiega, sosiega, alborotadito, y
mira lo que haces primero que te cases, y danos una limosnita por Dios
y por quien t eres; que en verdad que creo que eres bien nacido. Y si
a esto se junta el ser verdadero, yo cantar la gala al vencimiento de
haber acertado en cuanto te he dicho.

--Otra vez te he dicho, nia--respondi el don Juan que haba de ser
Andrs Caballero--, que en todo aciertas sino en el temor que tienes
que no debo de ser muy verdadero; que en esto te engaas, sin alguna
duda; la palabra que yo doy en el campo, la cumplir en la ciudad y
adonde quiera, sin serme pedida; pues no se puede preciar de caballero
quien toca en el vicio de mentiroso. Mi padre te dar limosna por Dios
y por m; que en verdad que esta maana di cuanto tena a unas damas.

Subi, en esto, la gitana vieja, y dijo:

--Nieta, acaba; que es tarde, y hay mucho que hacer y ms que decir.

--Por vida de Preciosita--#_dijo el padre de Andrs_#--que bailis un
poco con vuestras compaeras; aqu tengo un dobln de oro de a dos
caras, que ninguna es como la vuestra, aunque son de dos reyes.

Apenas hubo odo esto la vieja cuando dijo:

--Ea, nias, haldas en cinta y dad contento a estos seores.

Tom las sonajas Preciosa, y dieron sus vueltas, hicieron y
deshicieron todos sus lazos, con tanto donaire y desenvoltura, que
tras los pies se llevaban los ojos de cuantos las miraban,
especialmente los de Andrs, que as se iban entre los pies de
Preciosa como si all tuvieran el centro de su gloria.

Despidironse las gitanas, y al irse dijo Preciosa a don Juan:

--Mire, seor: cualquiera da desta semana es prspero para partidas,
y ninguno es aciago; apresure el irse lo ms presto que pudiere; que
le aguarda una vida ancha, libre y muy gustosa, si quiere acomodarse a
ella.

--No es tan libre la del soldado, a mi parecer--respondi don Juan--,
que no tenga ms de sujecin que de libertad; pero, con todo esto,
har como viere.

--Ms veris de lo que pensis--respondi Preciosa---, y Dios os lleve
y traiga con bien, como vuestra buena presencia merece.

Con estas ltimas palabras qued contento Andrs, y las gitanas se
fueron contentsimas. Trocaron el dobln, repartironle entre todas
igualmente, aunque la vieja guardiana llevaba siempre parte y media de
lo que se juntaba, as por la mayoridad, como por ser ella el aguja
por quien se guiaban en el maremagno de sus bailes, donaires, y aun de
sus embustes.

Llegse, en fin, el da que Andrs Caballero se apareci una maana en
el primer lugar de su aparecimiento, sobre una mula de alquiler, sin
criado alguno; hall en l a Preciosa y a su abuela, de las cuales
conocido, le recibieron con mucho gusto. El les dijo que le guiasen al
rancho antes que entrase el da y con l se descubriesen las seas que
llevaba, si acaso le buscasen. Ellas, que, como advertidas, vinieron
solas, dieron la vuelta, y de all a poco rato llegaron a sus
barracas. Entr Andrs en la una, que era la mayor del rancho, y luego
acudieron a verle diez o doce gitanos, todos mozos y todos gallardos y
bien hechos, a quien ya la vieja haba dado cuenta del nuevo compaero
que les haba de venir, sin tener necesidad de encomendarles el
secreto; que ellos le guardan con sagacidad y puntualidad nunca vista.
Echaron luego ojo a la mula, y dijo uno dellos:

--Esta se podr vender el jueves en Toledo.

--Eso no--dijo Andrs--, porque no hay mula de alquiler que no sea
conocida de todos los mozos de mulas que trajinan por Espaa.


--Par Dios, seor Andrs!--dijo uno de los gitanos---, que aunque la
mula tuviera ms seales que las que han de preceder al da tremendo,
aqu la transformramos de manera que no la conociera ni el dueo que
la ha criado.

--Con todo eso--respondi Andrs--, por esta vez se ha de seguir y
tomar el parecer mo. A esta mula se ha de dar muerte, y ha de ser
enterrado donde aun los huesos no parezcan.

--Pecado grande!--dijo otro gitano--: a una inocente se ha de quitar
la vida? No diga tal el buen Andrs, sino haga una cosa: mrela bien
agora de manera que se le queden estampadas todas sus seales en la
memoria, y djenmela llevar a m; y si de aqu a dos horas la
conociere, que me lardeen como a un negro fugitivo.

--En ninguna manera consentir--dijo Andrs--que la mula no muera,
aunque ms me aseguren su transformacin: yo temo ser descubierto si a
ella no la cubre la tierra. Y si se hace por el provecho que de
venderla puede seguirse, no vengo tan desnudo a esta cofrada, que no
pueda pagar de entrada ms de lo que valen cuatro mulas.

--Pues as lo quiere el seor Andrs Caballero--dijo otro gitano--,
muera la sin culpa, y Dios sabe si me pesa, as por su mocedad, pues
an no ha cerrado (cosa no usada entre mulas de alquiler), como porque
debe ser andariega, pues no tiene costras en las ijadas, ni llagas, de
la espuela.

Dilatse su muerte hasta la noche, y en lo que quedaba de aquel da se
hicieron las ceremonias de la entrada de Andrs a ser gitano, que
fueron: desembarazaron luego un rancho de los mejores del aduar, y
adornronle de ramos y juncia; y sentndose Andrs sobre un medio
alcornoque, pusironle en las manos un martillo y unas tenazas, y al
son de dos guitarras que dos gitanos taan, le hicieron dar dos
cabriolas; luego le desnudaron un brazo, y con una cinta de seda nueva
y un garrote le dieron dos vueltas blandamente. A todo se hall
presente Preciosa, y otras muchas gitanas, viejas y mozas, que las
unas con maravilla, otras con amor, le miraban: tal era la gallarda
disposicin de Andrs, que hasta los gitanos le quedaron
aficionadsimos.

Hechas, pues, las referidas ceremonias, un gitano viejo tom por la
mano a Preciosa, y puesto delante de Andrs, dijo:

--Esta muchacha, que es la flor y la nata de toda la hermosura de las
gitanas que sabemos que viven en Espaa, te la entregamos por esposa,
porque la libre y ancha vida nuestra no est sujeta a melindres ni a
muchas ceremonias. Mrala bien, y mira si te agrada, o si vees en ella
alguna cosa que te descontente, y si la vees, escoge entre las
doncellas que aqu estn la que ms te contentare; que la que
escogieres te daremos; pero has de saber que una vez escogida, no la
has de dejar por otra. Con #_nuestras_# leyes y estatutos nos
conservamos y vivimos alegres; somos seores de los campos, de los
sembrados, de las selvas, de los montes, de las fuentes y de los ros:
los montes nos ofrecen lea de balde; los rboles, frutas; las vias,
uvas; las huertas, hortaliza; las fuentes, agua; los ros, peces, y
los vedados, caza; sombra las peas, aire fresco las quiebras, y casas
las cuevas. Para nosotros las inclemencias del cielo son oreos,
refrigerio las nieves, baos la lluvia, msicas los truenos y hachas
los relmpagos; para nosotros son los duros terreros colchones de
blandas plumas; el cuero curtido de nuestros cuerpos nos sirve de
arns impenetrable que nos defiende; a nuestra ligereza no la impiden
grillos, ni la detienen barrancos, ni la contrastan paredes; a nuestro
nimo no le tuercen cordeles, ni le menoscaban garruchas, ni le ahogan
tocas, ni le doman potros. Del s al no no hacemos diferencia cuando
nos conviene: siempre nos preciamos ms de mrtires que de confesores;
para nosotros se cran las bestias de carga en los campos y se cortan
las faldriqueras en las ciudades. No hay guila, ni ninguna otra ave
de rapia que ms presto se abalance a la presa que se le ofrece, que
nosotros nos abalanzamos a las ocasiones que algn inters nos
sealen; y, finalmente, tenemos muchas habilidades que felice fin nos
prometen; porque en la crcel cantamos, en el potro callamos, de da
trabajamos, y de noche hurtamos, o, por mejor decir, avisamos que
nadie viva descuidado de mirar dnde pone su hacienda. No nos fatiga
el temor de perder la honra, ni nos desvela la ambicin de
acrecentarla, ni sustentamos bandos, ni madrugamos a dar memoriales,
ni a acompaar magnates, ni a solicitar favores. Por dorados techos y
suntuosos palacios estimamos estas barracas y movibles ranchos; por
cuadros y pases de Flandes, los que nos da la naturaleza en esos
levantados riscos y nevadas peas, tendidos prados y espesos bosques
que a cada paso a los ojos se nos muestran. Somos astrlogos rsticos,
porque como casi siempre dormimos al cielo descubierto, a todas horas
sabemos las que son del da y las que son de la noche; vemos cmo
arrincona y barre la aurora las estrellas del cielo, y cmo ella sale
con su compaera el alba, alegrando el aire, enfriando el agua y
humedeciendo la tierra, y luego, tras ella, el sol, _dorando cumbres_
(como dijo el otro poeta) _y rizando montes_; ni tememos quedar
helados por su ausencia cuando nos hiere a soslayo con sus rayos, ni
quedar abrasados cuando con ellos particularmente nos toca; un mismo
rostro hacemos al sol que al yelo, a la esterilidad que a la
abundancia. En conclusin, somos gente que vivimos por nuestra
industria y pico, y sin entremeternos con el antiguo refrn: "Iglesia,
o mar, o casa real", tenemos lo que queremos, pues nos contentamos con
lo que tenemos. Todo esto os he dicho, generoso mancebo, por que no
ignoris la vida a que habis venido y el trato que habis de
profesar, el cual os he pintado aqu en borrn; que otras muchas e
infinitas cosas iris descubriendo en l con el tiempo, no menos
dignas de consideracin que las que habis odo.

Call en diciendo esto el elocuente y viejo gitano, y el novicio dijo
que se holgaba mucho de haber sabido tan loables estatutos, y que l
pensaba hacer profesin en aquella orden tan puesta en razn y en
polticos fundamentos, y que slo le pesaba no haber venido ms presto
en conocimiento de tan alegre vida, y que desde aquel punto renunciaba
la profesin de caballero y la vanagloria de su ilustre linaje, y lo
pona todo debajo del yugo, o, por mejor decir, debajo de las leyes
con que ellos vivan, pues con tan alta recompensa le satisfacan el
deseo de servirlos, entregndole a la divina Preciosa, por quien l
dejara coronas e imperios y slo los deseara para servirla.

A lo cual respondi Preciosa:

--Puesto que estos seores legisladores han hallado por sus leyes que
soy tuya, y que por tuya te me han entregado, yo he hallado por la ley
de mi voluntad, que es la ms fuerte de todas, que no quiero serlo si
no es con las condiciones que antes que aqu vinieses entre los dos
concertamos. Dos aos has de vivir en nuestra compaa primero que de
la ma goces, porque t no te arrepientas por ligero, ni yo quede
engaada por presurosa. Condiciones rompen leyes; las que te he puesto
sabes: si las quisieres guardar, podr ser que sea tuya y t seas mo,
y donde no, an no es muerta la mula, tus vestidos estn enteros, y de
tus dineros no te falta un ardite; la ausencia que has hecho no ha
sido an de un da; que de lo que dl falta te puedes servir y dar
lugar que consideres lo que ms te conviene. Estos seores #_no_#
pueden entregarte mi alma, que es libre y naci libre, y ha de ser
libre en tanto que yo quisiere. Si te quedas, te estimar en mucho; si
te vuelves, no te tendr en menos; porque, a mi parecer, los mpetus
amorosos corren a rienda suelta, hasta que encuentran con la razn o
con el desengao; y no querra yo que fueses t para conmigo como es
el cazador, que en alcanzando la liebre que sigue, la coge, y la deja,
por correr tras otra que le huye. Ojos hay engaados que a la primera
vista tan bien les parece el oropel como el oro; pero a poco rato bien
conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. Esta mi hermosura
que t dices que tengo, que la estimas sobre el sol y la encareces
sobre el oro, qu s yo si de cerca te parecer sombra, y tocada,
cairs en que es de alquimia? Dos aos te doy de tiempo para que
tantees y ponderes lo que ser bien que escojas o ser justo que
deseches; que la prenda que una vez comprada, nadie se puede deshacer
della sino con la muerte, bien es que haya tiempo, y mucho, para
miralla y remiralla, y ver en ella las faltas o las virtudes que
tiene.

--Tienes razn oh Preciosa!--dijo a este punto Andrs---; y as, si
quieres que asegure tus temores y menoscabe tus sospechas jurndote
que no saldr un punto de las rdenes que me pusieres, mira qu
juramento quieres que haga, o qu otra seguridad puedo darte; que a
todo me hallars dispuesto.

--No quiero juramentos, seor Andrs, ni quiero promesas; slo quiero
remitirlo todo a la experiencia deste noviciado.

--Sea ans--respondi Andrs--. Sola una cosa pido a estos seores y
compaeros mos, y es que no me fuercen a que hurte ninguna cosa, por
tiempo de un mes siquiera; porque me parece que no he de acertar a ser
ladrn si antes no preceden muchas liciones.

--Calla, hijo--dijo el gitano viejo--; que aqu te industriaremos de
manera, que salgas un guila en el oficio; y cuando le sepas, has de
gustar dl de modo, que te comas las manos tras l. Ya es cosa de
burla salir vaco por la maana y volver cargado a la noche al rancho!

--De azotes he visto yo volver a algunos desos vacos--dijo Andrs.

--No se toman truchas, etctera--replic el viejo--: todas las cosas
desta vida estn sujetas a diversos peligros, y las acciones del
ladrn, al de las galeras, azotes y horca; pero no porque corra un
navo tormenta, o se anegue, han de dejar los otros de navegar. Bueno
sera que porque la guerra come los hombres y los caballos, dejase de
haber soldados! Cuanto ms, que el que es azotado por justicia entre
nosotros, es tener un hbito en las espaldas, que le parece mejor que
si le trujese en los pechos, y de los buenos. El toque est en no
acabar acoceando el aire en la flor de nuestra juventud y a los
primeros delitos; que el mosqueo de las espaldas, ni el apalear el
agua en las galeras, no lo estimamos en un cacao. Hijo Andrs, reposad
ahora en el nido debajo de nuestras alas; que a su tiempo os sacaremos
a volar, y en parte donde no volvis sin presa, y lo dicho dicho: que
os habis de lamer los dedos tras cada hurto.

--Pues para recompensar--dijo Andrs--lo que yo poda hurtar en este
tiempo que se me da de venia, quiero repartir docientos escudos de oro
entre todos los del rancho.

Apenas hubo dicho esto cuando arremetieron a l muchos gitanos, y
levantndole en los brazos y sobre los hombros, le cantaban el
"Vctor, vctor, y el grande Andrs!", aadiendo: "Y viva, viva
Preciosa, amada prenda suya!"

Las gitanas hicieron lo mismo con Preciosa, no sin envidia de Cristina
y de otras gitanillas que se hallaron presentes; que la envidia
tambin se aloja en los aduares de los brbaros y en las chozas de
pastores como en palacios de prncipes, y esto de ver medrar al vecino
que me parece que no tiene ms mritos que yo, fatiga.

Hecho esto, comieron lautamente; repartise el dinero prometido con
equidad y justicia; renovronse las alabanzas de Andrs; subieron al
cielo la hermosura de Preciosa. Lleg la noche, acocotaron la mula, y
enterrronla de modo, que qued seguro Andrs de ser por ella
descubierto; y tambin enterraron con ella sus alhajas, como fueron
silla, y freno, y cinchas, a uso de los indios, que sepultan con ellos
sus ms ricas preseas.

De todo lo que haba visto y odo, y de los ingenios de los gitanos,
qued admirado Andrs, y con propsito de seguir y conseguir su
empresa sin entremeterse nada en sus costumbres, o, a lo menos,
excusarlo por todas las vas que pudiese, pensando exentarse de la
jurisdicin de obedecellos en las cosas injustas que le mandasen, a
costa de su dinero. Otro da les rog Andrs que mudasen de sitio y se
alejasen de Madrid, porque tema ser conocido si all estaba; ellos
dijeron que ya tenan determinado irse a los montes de Toledo, y desde
all correr y garramar toda la tierra circunvecina. Levantaron, pues,
el rancho, y dironle a Andrs una pollina en que fuese; pero l no la
quiso, sino irse a pie, sirviendo de lacayo a Preciosa, que sobre otra
iba, ella contentsima de ver cmo triunfaba de su gallardo escudero,
y l ni ms ni menos, de ver junto a s a la que haba hecho seora de
su albedro.

De all a cuatro das llegaron a una aldea dos leguas de Toledo, donde
asentaron su aduar, dando primero algunas prendas de plata al alcalde
del pueblo, en fianzas de que en l ni en todo su trmino no hurtaran
ninguna cosa. Hecho esto, todas las gitanas viejas, y algunas mozas, y
los gitanos, se esparcieron por todos los lugares, o, a lo menos,
apartados por cuatro o cinco leguas de aquel donde haban asentado su
real. Fu con ellos Andrs a tomar la primera licin de ladrn; pero
aunque le dieron muchas en aquella salida, ninguna se le asent; antes
correspondiendo a su buena sangre, con cada hurto que sus maestros
hacan se le arrancaba a l el alma, y tal vez hubo que pag de su
dinero los hurtos que sus compaeros haban hecho, conmovido de las
lgrimas de sus dueos; de lo cual los gitanos se desesperaban,
dicindole que era contravenir a sus estatutos y ordenanzas, que
prohiban la entrada a la caridad en sus pechos, la cual en
tenindola, haban de dejar de ser ladrones, cosa que no les estaba
bien en ninguna manera. Viendo, pues, esto Andrs, dijo que l quera
hurtar por s solo, sin ir en compaa de nadie; porque para hur del
peligro tena ligereza, y para acometelle no le faltaba el nimo; as,
que el premio o el castigo de lo que hurtase quera que fuese suyo.

Procuraron los gitanos disuadirle deste propsito, dicindole que le
podran suceder ocasiones donde fuese necesaria la compaa, as para
acometer como para defenderse, y que una persona sola no poda hacer
grandes presas. Pero, por ms que dijeron, Andrs quiso ser ladrn
solo y seero, con intencin de apartarse de la cuadrilla y comprar
por su dinero alguna cosa que pudiese decir que la haba hurtado, y
deste modo cargar lo que menos pudiese sobre su conciencia. Usando,
pues, desta industria, en menos de un mes trujo ms provecho a la
compaa que trujeron cuatro de los ms estirados ladrones della; de
que no poco se holgaba Preciosa, viendo a su tierno amante tan lindo y
tan despejado ladrn; pero, con todo esto, estaba temerosa de alguna
desgracia; que no quisiera ella verle en afrenta por todo el tesoro de
Venecia, obligada a tenerle aquella buena voluntad los muchos
servicios y regalos que su Andrs le haca.

Poco ms de un mes se estuvieron en los trminos de Toledo, donde
hicieron su Agosto, aunque era por el mes de Septiembre, y desde all
se entraron en Extremadura, por ser tierra rica y caliente. Pasaba
Andrs con Preciosa honestos, discretos y enamorados coloquios, y ella
poco a poco se iba enamorando de la discrecin y buen trato de su
amante, y l, del mismo modo, s pudiera crecer su amor, fuera
creciendo: tal era la honestidad, discrecin y belleza de su Preciosa.
A doquiera que llegaban, l se llevaba el precio y las apuestas de
corredor y de saltar ms que ninguno; jugaba a los bolos y a la pelota
extremadamente; tiraba la barra con mucha fuerza y singular destreza;
finalmente, en poco tiempo vol su fama por toda Extremadura, y no
haba lugar donde no se hablase de la gallarda disposicin del gitano
Andrs Caballero y de sus gracias y habilidades, y al par desta fama
corra la de la hermosura de la Gitanilla, y no haba villa, lugar ni
aldea donde no los llamasen para regocijar las fiestas votivas suyas,
o para otros particulares regocijos. Desta manera iba el aduar rico,
prspero y contento. Fueron de parecer _#los gitanos de ir a Sevilla,
pero#_ la abuela de Preciosa dijo que ella no poda ir a causa que los
aos pasados haba hecho una burla en Sevilla a un gorrero llamado
Triguillos, muy conocido en ella, al cual le haba hecho meter en una
tinaja de agua hasta el cuello, desnudo en carnes, y en la cabeza
puesta una corona de ciprs, esperando el filo de la media noche para
salir de la tinaja a cavar y sacar un gran tesoro que ella le haba
hecho creer que estaba en cierta parte de su casa. Dijo que como oy
el buen gorrero tocar a maitines, por no perder la coyuntura, se di
tanta priesa a salir de la tinaja, que di con ella y con l en el
suelo, y con el golpe y con los cascos se magull las carnes,
derramse el agua, y l qued nadando en ella, y dando voces que se
anegaba. Acudieron su mujer y sus vecinos con luces, y hallronle
haciendo efectos de nadador, soplando y arrastrando la barriga por el
suelo; y meneando brazos y piernas con mucha priesa, y diciendo a
grandes voces: "Socorro, seores, que me ahogo", tal le tena el
miedo, que verdaderamente pens que se ahogaba. Abrazronse con l,
sacronle de aquel peligro, volvi en s, cont la burla de la gitana,
y, con todo eso, cav en la parte sealada ms de un estado en hondo,
a pesar de todos cuantos le decan que era embuste mo; y si no se lo
estorbara un vecino suyo, que tocaba ya en los cimientos de su casa,
l diera con entrambas en el suelo, si le dejaran cavar todo cuanto l
quisiera. Spose este cuento por toda la ciudad, y hasta los muchachos
le sealaban con el dedo y contaban su credulidad y mi embuste.

Esto cont la gitana vieja, y esto dio por excusa para no ir a
Sevilla. Los gitanos determinaron de torcer el camino a mano
izquierda.

Dejaron, pues, a Extremadura y entrronse en la Mancha, y poco a poco
fueron caminando al reino de Murcia. En todas las aldeas y lugares que
pasaban haba desafos de pelota, de esgrima, de correr, de saltar, de
tirar la barra y de otros ejercicios de fuerza, maa y ligereza, y de
todo sala vencedor Andrs.

#_Una_# maana se levant el aduar, y se fueron a alojar en un lugar
de la jurisdicin de Murcia, tres leguas de la ciudad, donde le
sucedi a Andrs una desgracia que le puso en punto de perder la vida;
y fu que, despus de haber dado en aquel lugar algunos vasos y
prendas de plata en fianzas, como tenan de costumbre, Preciosa y su
abuela, y Cristina con otras dos gitanillas, y Andrs, se alojaron en
un mesn de un viuda rica al cual tenia una hija, de edad de diez y
siete o diez y ocho aos, algo ms desenvuelta que hermosa, y, por ms
seas, se llamaba Juana Carducha. Esta, habiendo visto bailar a las
gitanas y gitanos, la tom el diablo, y se propuso tomar por marido
#_a Andrs_# si l quisiese, aunque a todos sus parientes les pesase;
y as, busc coyuntura para decrselo y hallla en un corral, donde
Andrs haba entrado a requerir dos pollinos. Llegse a l, y con
priesa, por no ser vista, le dijo:

--Andrs--que ya saba su nombre---, yo soy doncella y rica; que mi
madre no tiene otro hijo sino a m, y este mesn es suyo, y amn
desto, tiene muchos majuelos, y otros dos pares de casas. Hasme
parecido bien: si me quieres por esposa, a ti est; respndeme presto,
y si eres discreto, qudate, y vers qu vida nos damos.

Admirado qued Andrs de la resolucin de la Carducha, y con la
presteza que ella peda le respondi:

--Seora doncella, yo estoy apalabrado para casarme, y los gitanos no
nos casamos sino con gitanas: gurdela Dios por la merced que me
quera hacer, de quien yo no soy digno.

No estuvo en dos dedos de caerse muerta la Carducha con la aceda
respuesta de Andrs, a quien replicara si no viera que entraban en el
corral otras gitanas. Salise corrida y asendereada, y de buena gana
se vengara si pudiera. Andrs, como discreto, determin de poner
tierra en medio, y desviarse de aquella ocasin que el diablo le
ofreca, y as, pidi a todos los gitanos que aquella noche se
partiesen de aquel lugar. Ellos, que siempre le obedecan, lo pusieron
luego por obra, y cobrando sus fianzas aquella tarde, se fueron.

La Carducha orden de hacer quedar a Andrs por fuerza, ya que de
grado no poda; y as, con la industria, sagacidad y secreto que su
mal intento le ense, puso entre las alhajas de Andrs, que ella
conoci por suyas, unos ricos corales y dos patenas de plata, con
otros brincos suyos, y apenas haban salido del mesn, cuando di
voces, diciendo que aquellos gitanos le llevaban robadas sus joyas; a
cuyas voces acudi la justicia y toda la gente del pueblo. Los gitanos
hicieron alto, y todos juraban que ninguna cosa llevaban hurtada y que
ellos haran patentes todos los sacos y repuestos de su aduar. Desto
se congoj mucho la gitana vieja, temiendo que en aquel escrutinio no
se manifestasen los dijes de la Preciosa y los vestidos de Andrs, que
ella con gran cuidado y recato guardaba; pero la buena de la Carducha
lo remedi con mucha brevedad todo, porque al segundo envoltorio que
miraron dijo que preguntasen cul era el de aquel gitano gran
bailador; que ella le haba visto entrar en su aposento dos veces, y
que podra ser que aqul las llevase. Entendi Andrs que por l lo
deca, y rindose, dijo:

--Seora doncella, sta es mi recmara y ste es mi pollino: si vos
hallredes en ella ni en l lo que os falta, yo os lo pagar con las
setenas, fuera de sujetarme al castigo que la ley da a los ladrones.

Acudieron luego los ministros de la justicia a desvalijar el pollino,
y a pocas vueltas dieron con el hurto; de que qued tan espantado
Andrs y tan absorto, que no pareci sino estatua, sin voz, de piedra
dura.

--No sospech yo bien?--dijo a esta sazn la Carducha--. Mirad con
qu buena cara se encubre un ladrn tan grande!

A todo callaba Andrs, suspenso e imaginativo, y no acababa de caer en
la traicin de la Carducha. En esto, se lleg a l un soldado bizarro,
sobrino del Alcalde, y sin ms ni ms alz la mano, y le di un
bofetn, tal, que le hizo volver de su embelesamiento y le hizo
acordar que no era Andrs Caballero, sino don Juan y caballero; y
arremetiendo al soldado con mucha presteza y ms clera, le arranc su
misma espada de la vaina, y se la envain en el cuerpo, dando con l
muerto en tierra.

[Ilustracin: ...le arranc su misma espada de la vaina, y se la
envain en el cuerpo, ...]

Aqu fu el gritar del pueblo; aqu el amohinarse el to Alcalde; aqu
el desmayarse Preciosa, y el turbarse Andrs de verla desmayada; aqu
el acudir todos a las armas y dar tras el homicida. Creci la
confusin, creci la grita, y por acudir Andrs al desmayo de
Preciosa, dej de acudir a su defensa; finalmente, tantos cargaron
sobre Andrs, que le prendieron y le aherrojaron con dos muy gruesas
cadenas. Bien quisiera el Alcalde ahorcarle luego, si estuviera en su
mano; pero hubo de remitirle a Murcia, por ser de su jurisdicin. No
le llevaron hasta otro da, y en el que all estuvo pas Andrs muchos
martirios y vituperios, que el indignado Alcalde, y sus ministros, y
todos los del lugar le hicieron. Prendi el Alcalde todos los ms
gitanos y gitanas que pudo, porque los ms huyeron. Finalmente, con la
sumaria del caso y con una gran cfila de gitanos, entraron el Alcalde
y sus ministros con otra mucha gente armada en Murcia, entre los
cuales iba Preciosa y el pobre Andrs, ceido de cadenas, sobre un
macho, y con esposas y piedeamigo. Sali toda Murcia a ver los presos;
que ya se tena noticia de la muerte del soldado. Pero la hermosura de
Preciosa aquel da fu tanta, que ninguno la miraba que no la
bendeca, y lleg la nueva de su belleza a los odos de la seora
Corregidora, que por curiosidad de verla hizo que el Corregidor su
marido mandase que aquella gitanica no entrase en la crcel, y todos
los dems s, y a Andrs le pusieron en un estrecho calabozo, cuya
escuridad y la falta de la luz de Preciosa le trataron de manera, que
bien pens no salir de all sino para la sepultura. Llevaron a
Preciosa con su abuela a que la Corregidora la viese, y as como la
vi dijo:

--Con razn la alaban de hermosa.

Y llegndola a s, la abraz tiernamente, y no se hartaba de mirarla,
y pregunt a su abuela que qu edad tendra aquella nia.

--Quince aos--respondi la gitana--, dos meses ms a menos.

--Esos tuviera agora la desdichada de mi Costanza. Ay, amigas, que
esta nia me ha renovado mi desventura!--dijo la Corregidora.

Tom, en esto, Preciosa las manos de la Corregidora, y besndoselas
muchas veces, se las baaba con lgrimas y le deca:

--Seora ma, el gitano que est preso no tiene culpa, porque fu
provocado: llamronle ladrn, y no lo es; dironle un bofetn en su
rostro, que es tal, que en l se descubre la bondad de su nimo. Por
Dios y por quien vos sois, seora, que le hagis guardar su justicia,
y que el seor Corregidor no se d priesa a ejecutar en l el castigo
con que las leyes le amenazan; y si algn agrado os ha dado mi
hermosura, entretenedla con entretener el preso, porque en el fin de
su vida est el de la ma. El ha de ser mi esposo, y justos y honestos
impedimentos han estorbado que an hasta ahora no nos habemos dado las
manos. Si dineros fueren menester para alcanzar perdn de la parte,
todo nuestro aduar se vender en pblica almoneda, y se dar an ms
de lo que pidieren. Seora ma, si sabis qu es amor, y algn tiempo
le tuvistes, y ahora le tenis a vuestro esposo, doleos de m, que amo
tierna y honestamente al mo.

Estando en esto, entr el Corregidor, y hallando a su mujer y a
Preciosa llorosas y encadenadas, qued suspenso, as de su llanto como
de la hermosura; pregunt la causa de aquel sentimiento, y la
respuesta que di Preciosa fu soltar las manos de la Corregidora y
asirse de los pies del Corregidor, dicindole:

--Seor, misericordia, misericordia! Si mi esposo muere, yo soy
muerta! El no tiene culpa; pero si la tiene, dseme a m la pena; y
si esto no puede ser, a lo menos, entretngase el pleito en tanto que
se procuran y buscan los medios posibles para su remedio; que podr
ser que al que no pec de malicia le enviase el cielo la salud de
gracia.

Con nueva suspensin qued el Corregidor de or las discretas razones
de la Gitanilla, y que ya, si no fuera por no dar indicios de
flaqueza, le acompaara en sus lgrimas. En tanto que esto pasaba,
estaba la gitana vieja considerando grandes, muchas y diversas cosas,
y al cabo de toda esta suspensin e imaginacin, dijo:

--Esprenme vuesas mercedes, seores mos, un poco; que yo har que
estos llantos se conviertan en risa, aunque a m me cueste la vida.

Y as, con ligero paso se sali de donde estaba, dejando a los
presentes confusos con lo que dicho haba. En tanto, pues, que ella
volva, nunca dej Preciosa las lgrimas ni los ruegos de que se
entretuviese la causa de su esposo, con intencin de avisar a su
padre, que viniese a entender en ella. Volvi la gitana con un pequeo
cofre debajo del brazo, y dijo al Corregidor que con su mujer y ella
se entrasen en un aposento; que tena grandes cosas que decirles en
secreto. El Corregidor, creyendo que algunos hurtos de los gitanos
quera descubrirle, por tenerle propicio en el pleito del preso, al
momento se retir con ella y con su mujer en su recmara, adonde la
gitana, hincndose de rodillas ante los dos, les dijo:

--Si las buenas nuevas que os quiero dar, seores, no merecieren
alcanzar en albricias el perdn de un gran pecado mo, aqu estoy para
recebir el castigo que quisiredes darme; pero antes que le confiese
quiero que me digis, seores, primero, si conocis estas joyas.

Y descubriendo un cofrecico donde venan las de Preciosa, se le puso
en las manos al Corregidor, y en abrindole, vio aquellos dijes
pueriles; pero no cay lo que podan significar. Mirlos tambin la
Corregidora, pero tampoco di en la cuenta: slo dijo:

--Estos son adornos de alguna pequea criatura.

--As es la verdad--dijo la gitana--; y de qu criatura sean lo dice
ese escrito que est en ese papel doblado.

Abrile con priesa el Corregidor, y ley que deca: "Llambase la nia
doa Costanza de Azevedo y de Meneses; su madre, doa Guiomar de
Meneses, y su padre, don Fernando de Azevedo, caballero del hbito de
Calatrava. Desparecla da de la Ascensin del Seor, a las ocho de la
maana, del ao de mil y quinientos y noventa y cinco. Traa la nia
puestos estos brincos que en este cofre estn guardados."

Apenas hubo odo la Corregidora las razones del papel, cuando
reconoci los brincos, se los puso a la boca y dndoles infinitos
besos, se cay desmayada. Acudi el Corregidor a ella, antes que a
preguntar a la gitana por su hija, y habiendo vuelto en s, dijo:

--Mujer buena, antes ngel que gitana, adonde est el dueo, digo, la
criatura cuyos eran estos dijes?

--Adnde, seora?--respondi la gitana--. En vuestra casa la tenis:
aquella gitanica que os sac las lgrimas de los ojos es su dueo, y
es sin duda alguna vuestra hija; que yo la hurt en Madrid de vuestra
casa el da y hora que ese papel dice.

Oyendo esto la turbada seora, solt los chapines, y desalada y
corriendo sali a la sala adonde haba dejado a Preciosa, y hallla
rodeada de sus doncellas y criadas, todava llorando; arremeti a
ella, y sin decirle nada, con gran priesa le desabroch el pecho y
mir si tena una seal pequea, a modo de lunar blanco, con que haba
nacido, y hallle ya grande; que con el tiempo se haba dilatado.
Luego, con la misma celeridad, la descalz, y descubri un pie de
nieve y de marfil, hecho a torno, y vio en l lo que buscaba; que era
que los dos dedos ltimos del pie derecho se trababan el uno con el
otro por medio con un poquito de carne, la cual, cuando nia, nunca se
la haban querido cortar, por no darle pesadumbre. El pecho, los
dedos, los brincos, el da sealado del hurto, la confesin de la
gitana, y el sobresalto y alegra que haban recebido sus padres
cuando la vieron, con toda verdad confirmaron en el alma de la
Corregidora ser Preciosa su hija; y as, cogindola en sus brazos, se
volvi con ella adonde el Corregidor y la gitana estaban.

Iba Preciosa confusa, que no saba a qu efeto se haban hecho con
ella aquellas diligencias, y ms vindose llevar en brazos de la
Corregidora, y que le daba de un beso hasta ciento. Lleg, en fin, con
la preciosa carga doa Guiomar a la presencia de su marido, y
trasladndola de sus brazos a los del Corregidor, le dijo:

--Recebid, seor, a vuestra hija Costanza; que sta es sin duda: no lo
dudis, seor, en ningn modo; que la seal de los dedos juntos y la
del pecho he visto, y ms, que a m me lo est diciendo el alma desde
l instante que mis ojos la vieron.

--No lo dudo--respondi el Corregidor, teniendo en sus brazos a
Preciosa--; que los mismos efetos han pasado por la ma que por la
vuestra; y ms, que tantas puntualidades juntas, cmo podan suceder,
si no fuera por milagro?

Toda la gente de casa andaba absorta, preguntando unos a otros qu
sera aquello, y todos daban bien lejos del blanco; que quin haba
de imaginar que la Gitanilla era hija de sus seores?

El Corregidor dijo a su mujer, y a su hija, y a la gitana vieja que
aquel caso estuviese secreto hasta que l le descubriese; y asimismo
dijo a la vieja que l la perdonaba el agravio que le haba hecho en
hurtarle el alma, pues la recompensa de habrsela vuelto mayores
albricias mereca, y que slo le pesaba de que sabiendo ella la
calidad de Preciosa, la hubiese desposado con un gitano, y ms con un
ladrn y homicida.

--Ay!--dijo a esto Preciosa--, seor mo, que ni es gitano ni ladrn,
puesto que es matador. Pero fulo del que le quit la honra, y no pudo
hacer menos de mostrar quin era, y matarle.

--Cmo que no es gitano, hija ma?--dijo doa Guiomar.

Entonces la gitana vieja cont brevemente la historia de Andrs
Caballero, y que era hijo de don Francisco de Crcamo, caballero del
hbito de Santiago, y que se llamaba don Juan de Crcamo, asimismo del
mismo hbito, cuyos vestidos ella tena cuando los mud en los de
gitano. Cont tambin el concierto que entre Preciosa y don Juan
estaba hecho de aguardar dos aos de aprobacin para desposarse o no;
puso en su punto la honestidad de entrambos y la agradable condicin
de don Juan. Tanto se admiraron desto como del hallazgo de su hija, y
mand l Corregidor a la gitana que fuese por los vestidos de don
Juan. Ella lo hizo ans, y volvi con otro gitano que los trujo.

En tanto que ella iba y volva, hicieron sus padres a Preciosa cien
mil preguntas, a quien respondi con tanta discrecin y gracia, que
aunque no la hubieran reconocido por hija, los enamorara.
Preguntronla si tena alguna aficin a don Juan. Respondi que no ms
de aquella que le obligaba a ser agradecida a quien se haba querido
humillar a ser gitano por ella; pero que ya no se extendera a ms l
agradecimiento de aquello que sus seores padres quisiesen.

--Calla, hija Preciosa--dijo su padre--(que este nombre de Preciosa
quiero que se te quede, en memoria de tu prdida y de tu hallazgo);
que yo, como tu padre, tomo a cargo el ponerte en estado que no
desdiga de quin eres.

Suspir oyendo esto Preciosa, y su madre, como era discreta, entendi
que suspiraba de enamorada de don Juan, dijo a su marido:

--Seor, siendo tan principal don Juan de Crcamo como lo es, y
queriendo tanto a nuestra hija, no nos estara mal drsela por esposa.

Y l respondi:

--An hoy la habemos hallado, y ya queris que la perdamos? Gocmosla
algn tiempo; que en casndola, no ser nuestra, sino de su marido.

--Razn tenis, seor--respondi ella--; pero dad orden de sacar a don
Juan, que debe de estar en algn calabozo.

--Si estar--dijo Preciosa--; que a un ladrn,
matador, y, sobre todo, gitano, no le habrn dado mejor estancia.

--Yo quiero ir a verle, como que le voy a tomar la confesin
--respondi el Corregidor---, y de nuevo os encargo, seora, que nadie
sepa esta historia hasta que yo lo quiera.

Llegse la noche, y siendo casi las diez, sacaron a Andrs de la
crcel, sin las esposas y el piedeamigo; pero no sin una gran cadena
que desde los pies todo el cuerpo le cea. Lleg deste modo, sin ser
visto de nadie, sino de los que le traan, en casa del Corregidor, y
con silencio y recento le entraron en un aposento donde estaban
solamente doa Guiomar, el Corregidor, Preciosa y otros dos criados de
casa. Pero cuando Preciosa vi a don Juan ceido y aherrojado con tan
gran cadena, descolorido el rostro y los ojos con muestra de haber
llorado, se le cubri el corazn, y se arrim al brazo de su madre,
que junto a ella estaba, la cual, abrazndola consigo, le dijo:

--Vuelve en ti nia; que todo lo que vees ha de redundar en tu gusto y
provecho.

Con todo esto, quera saber de Andrs, si la suerte encaminase sus
sucesos de manera que le hallase esposo de Preciosa, si se tendra por
dichoso, ya siendo Andrs Caballero, o ya don Juan de Crcamo.

As como oy Andrs nombrarse por su nombre, dijo:

--Pues Preciosa no ha querido contenerse en los lmites del silencio,
y ha descubierto quin soy, aunque esa buena dicha me hallara hecho
monarca del mundo, la tuviera en tanto, que pusiera trmino a mis
deseos, sin osar desear otro bien sino el del cielo.

--Pues por ese buen nimo que habis mostrado, seor don Juan de
Crcamo, a su tiempo har que Preciosa sea vuestra legtima consorte,
y agora os la doy y entrego en esperanza, por la ms rica joya de mi
casa, y de mi vida, y de mi alma; y estimadla en lo que decs, porque
en ella os doy a doa Costanza de Meneses, mi nica hija, la cual, si
os iguala en el amor, no os desdice nada en el linaje.

Atnito qued Andrs viendo el amor que le mostraban, y en breves
razones doa Guiomar cont la prdida de su hija y su hallazgo, con
las certsimas seas que la gitana vieja haba dado de su hurto; con
que acab don Juan de quedar atnito y suspenso, pero alegre sobre
todo encarecimiento: abraz a sus suegros; llamlos padres y seores
suyos; bes las manos a Preciosa, que con lgrimas le peda las suyas.

Vistise don Juan los vestidos de camino que all haba trado la
gitana; volvironse las prisiones y cadenas de hierro en libertad y
cadenas de oro; la tristeza de los gitanos presos, en alegra, pues
otro da los dieron en fiado. Recibi el to del muerto la promesa de
dos mil ducados, que le hicieron porque bajase de la querella y
perdonase a don Juan.

Dijo el Corregidor a don Juan que tena por nueva cierta que su padre
don Francisco de Crcamo estaba provedo por corregidor de aquella
ciudad, y que sera bien esperalle, para que con su beneplcito y
consentimiento se hiciesen las bodas. Don Juan dijo que no saldra de
lo que l ordenase; pero que, ante todas cosas, se haba de desposar
con Preciosa. Concedi licencia el Arzobispo para que con sola una
amonestacin se hiciese. Hizo fiestas la ciudad, por ser muy bien
quisto el Corregidor, con luminarias, toros y caas el da del
desposorio; quedse la gitana vieja en casa; que no se quiso apartar
de su nieta Preciosa.

Llegaron las nuevas a la Corte del caso y casamiento de la Gitanilla;
supo don Francisco de Crcamo ser su hijo el gitano, y ser la Preciosa
la Gitanilla que l haba visto, cuya hermosura disculp con l la
liviandad de su hijo, que ya le tena por perdido, por saber que no
haba ido a Flandes; y ms porque vi cuan bien le estaba el casarse
con hija de tan gran caballero y tan rico como era don Fernando de
Azevedo. Di priesa a su partida, por llegar presto a ver a sus hijos,
y dentro de veinte das ya estaba en Murcia, con cuya llegada se
renovaron los gustos, se hicieron las bodas, se contaron las vidas, y
los poetas de la ciudad, que hay algunos, y muy buenos, tomaron a
cargo celebrar el extrao caso, juntamente con la sin igual belleza de
la Gitanilla. Y de tal manera escribi el famoso licenciado Pozo, que
en sus versos durar la fama de la Preciosa mientras los siglos
duraren.

Olvidbaseme de decir cmo la mesonera descubri a la justicia no ser
verdad lo del hurto de Andrs el gitano, y confes su culpa, a quien
no respondi pena alguna, porque en la alegra del hallazgo de los
desposados se enterr la venganza y resucit la clemencia.




LA ILUSTRE FREGONA

En Burgos, ciudad ilustre y famosa, no ha muchos aos que en ella
vivan dos caballeros principales y ricos: el uno se llamaba don Diego
de Carriazo, y el otro, don Juan de Avendao. El don Diego tuvo un
hijo, a quien llam de su mismo nombre, y el don Juan otro, a quien
puso don Toms de Avendao. A estos dos caballeros mozos, como quien
han de ser las principales personas deste cuento, por excusar y
ahorrar letras, les llamaremos con solos los nombres de Carriazo y de
Avendao. Trece aos, o poco ms, tendra Carriazo, cuando, llevado de
una inclinacin picaresca, sin forzarle a ello algn mal tratamiento
que sus padres le hiciesen, slo por su gusto y antojo, se desgarr,
como dicen los muchachos, de casa de sus padres, y se fu por ese
mundo adelante, tan contento de la vida libre, que en la mitad de las
incomodidades y miserias que trae consigo no echaba menos la
abundancia de la casa de su padre, ni el andar a pie le cansaba, ni el
fro le ofenda, ni el calor le enfadaba: para l todos los tiempos
del ao le eran dulce y templada primavera; tan bien dorma en parvas
como en colchones; con tanto gusto se soterraba en un pajar de un
mesn como si se acostara entre dos sbanas de Holanda. Finalmente, l
sali tan bien con el asumpto de pcaro, que pudiera leer ctedra en
la facultad al famoso de Alfarache.

En tres aos que tard en parecer y volver a su casa aprendi a jugar
a la taba en Madrid, y al rentoy en las Ventillas de Toledo, y a presa
y pinta en pie en las barbacanas de Sevilla; pero con serle anejo a
este gnero de vida la miseria y estrecheza, mostraba Carriazo ser un
prncipe en sus cosas: a tiro de escopeta, en mil seales, descubra
ser bien nacido, porque era generoso y bien partido con sus camaradas.
En Carriazo vi el mundo un pcaro virtuoso, limpio, bien criado y ms
que medianamente discreto. Pas por todos los grados de pcaro, hasta
que se gradu de maestro en las almadrabas de Zahara, donde es el
_finibusterr_ de la picaresca.

El ltimo verano le dijo tan bien la suerte, que gan a los naipes
cerca de setecientos reales, con los cuales quiso vestirse, y volverse
a Burgos y a los ojos de su madre, que haban derramado por l muchas
lgrimas. Despidise de sus amigos, que los tena muchos y muy buenos;
prometiles que el verano siguiente sera con ellos, si enfermedad o
muerte no lo estorbase; dej con ellos la mitad de su alma, todos sus
deseos entreg a aquellas secas arenas, que a l le parecan ms
frescas y verdes que los campos Elseos. Y por estar ya acostumbrado
de caminar a pie, tom el camino en la mano, y sobre dos alpargates se
lleg desde Zahara hasta Valladolid, cantando "Tres nades, madre".
Estvose all quince das para reformar la color del rostro, sacndola
de mulata a flamenca, y para trastejarse, y sacarse del borrador de
pcaro y ponerse en limpio de caballero. Todo esto hizo segn y como
le dieron comodidad quinientos reales con que lleg a Valladolid, y
an dellos reserv ciento para alquilar una mula y un mozo, con que se
present a sus padres honrado y contento. Ellos le recibieron con
mucha alegra, y todos sus amigos y parientes vinieron a darles el
parabin de la buena venida del seor don Diego de Carriazo su hijo.

Entre los que vinieron a ver el recin llegado fueron don Juan de
Avendao y su hijo don Toms, con quien Carriazo, por ser ambos de una
misma edad y vecinos, trab y confirm una amistad estrechsima. Cont
Carriazo a sus padres, y a todos, mil magnficas y luengas mentiras de
cosas que le haban sucedido en los tres aos de su ausencia; pero
nunca toc, ni por pienso, en las almadrabas, puesto que en ellas
tena de contino puesta la imaginacin, especialmente cuando vio que
se llegaba el tiempo donde haba prometido a sus amigos la vuelta. Ni
le entretena la caza, en que su padre le ocupaba, ni los muchos,
honestos y gustosos convites que en aquella ciudad se usan le daban
gusto: todo pasatiempo le cansaba, y a todos los mayores que se le
ofrecan antepona el que haba recebido en las almadrabas.

Avendao su amigo, vindole muchas veces melanclico e imaginativo,
fiado en su amistad, se atrevi a preguntarle la causa, y se oblig a
remediarla, si pudiese y fuese menester, con su sangre misma. No quiso
Carriazo tenrsela encubierta, por no hacer agravio a la grande
amistad que profesaban; y as, le cont punto por punto la vida de
jbega, y cmo todas sus tristezas y pensamientos nacan del deseo que
tena de volver a ella: pintsela de modo, que Avendao, cuando le
acab de oir, antes alab que vituper su gusto. En fin, el de la
pltica fu disponer Carriazo la voluntad de Avendao de manera, que
determin de irse con l a gozar un verano de aquella felicsima vida
que le haba descrito, de lo cual qued sobremodo contento Carriazo,
por parecerle que haba ganado un testigo de abono que calificase su
baja determinacin. Trazaron ansimismo de juntar todo el dinero que
pudiesen; y el mejor modo que hallaron fu que de all a dos meses
haba de ir Avendao a Salamanca, donde por su gusto tres aos haba
estado estudiando las lenguas griega y latina, y su padre quera que
pasase adelante y estudiase la facultad que l quisiese; y que del
dinero que le diese habra para lo que deseaban.

En este tiempo propuso Carriazo a su padre que tema voluntad de irse
con Avendao a estudiar a Salamanca. Vino su padre con tanto gusto en
ello, que hablando al de Avendao, ordenaron de ponerles junios casa
en Salamanca, con todos los requisitos que peda ser hijos suyos.
Llegse el tiempo de la partida; proveyronles de dineros, y enviaron
con ellos un ayo que los gobernase, que tenia ms de hombre de bien
que de discreto. Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que
haban de hacer, y de como se haban de gobernar para salir
aprovechados en la virtud y en las ciencias, que es el fruto que todo
estudiante debe pretender sacar de sus trabajos y vigilias,
principalmente los bien nacidos. Mostrronse los hijos humildes y
obedientes; lloraron las madres; recibieron la bendicin de todos;
pusironse en camino con mulas propias y con dos criados de casa, amn
del ayo, que se haba dejado crecer la barba, por que diese autoridad
a su cargo.

En llegando a la ciudad de Valladolid dijeron al ayo que queran
estarse en aqul lugar dos das para verle, porque nunca le haban
visto, ni estado en l. Reprehendilos mucho el ayo, severa y
speramente, la estada, dicindoles que los que iban a estudiar con
tanta priesa como ellos no se haban de detener una hora a mirar
nieras.

Los mancebitos, que tenan ya hecho su agosto, y su vendimia, pues
haban ya robado cuatrocientos escudos de oro que llevaba su mayor,
dijeron que slo los dejase aquel da, en el cual queran ir a ver la
fuente de Argales, que la comenzaban a conducir a la ciudad por
grandes y espaciosos acueductos. En efecto, aunque con dolor de su
nima, les di licencia.

Los mancebos, con slo un criado y a caballo en dos muy buenas y
caseras mulas, salieron a ver la fuente de Argales, famosa por su
antigedad y sus aguas. Llegaron, y cuando crey el criado que sacaba
Avendao de las bolsas del cojn alguna cosa con que beber, vi que
sac una carta cerrada, dicindole que luego al punto volviese a la
ciudad y se la diese a su ayo, y que en dndosela les esperase en la
puerta del Campo. Obedeci el criado, tom la carta, volvi a la
ciudad, y ellos volvieron las riendas, y aquella noche durmieron en
Mojados, y de all a dos das, en Madrid, y en otros cuatro se
vendieron las mulas en pblica plaza, y hubo quien les fiase por seis
escudos de prometido, y aun quien les diese el dinero en oro por sus
cabales. Vistironse a lo payo, con capotillos de dos haldas, zahones
o zaragelles y medias de pao pardo. Ropero hubo que por la maana
les compr sus vestidos, y a la noche los haba mudado de manera, que
no los conociera #su# propia madre. Puestos, pues, a la ligera y del
modo que Avendao quiso y supo, se pusieron en camino de Toledo _ad
pedem litter_ y sin espadas; que tambin el ropero, aunque no ataa
a su menester, se las haba comprado.

Dejmoslos ir, por ahora, pues van contentos y alegres, y volvamos a
contar lo que el ayo hizo cuando abri la carta que el criado le llev
y hall que deca desta manera:

"Vuesa merced ser servido, seor Pedro Alonso, de tener paciencia y
dar la vuelta a Burgos, donde dir a nuestros padres que, habiendo
nosotros sus hijos, con madura consideracin, considerado cun ms
propias son de los caballeros las armas que las letras, habemos
determinado de trocar a Salamanca por Bruselas, y a Espaa por
Flandes. Los cuatrocientos escudos llevamos; las mulas pensamos
vender. Nuestra hidalga intencin y el largo camino es bastante
disculpa de nuestro yerro, aunque nadie le juzgar por tal, si no es
cobarde. Nuestra partida es ahora; la vuelta ser cuando Dios fuere
servido, el cual guarde a vuesa merced como puede y estos sus menores
discpulos deseamos. De la fuente de Argales, puesto ya el pie en el
estribo para caminar a Flandes.--_Carriazo y Avendao_."

Qued Pedro Alonso suspenso en leyendo la epstola, y acudi presto a
su valija, y el hallarla vaca le acab de confirmar la verdad de la
carta; y luego al punto, en la mula que le haba quedado, se parti a
Burgos a dar las nuevas a sus amos con toda presteza, porque con ella
pusiesen remedio y diesen traza de alcanzar a sus hijos; pero destas
cosas no dice nada el autor desta novela, porque as como dej puesto
a caballo a Pedro Alonso, volvi a contar de lo que les sucedi a
Avendao y a Carriazo a la entrada de Illescas, diciendo que al entrar
de la puerta de la villa encontraron dos mozos de mulas, al parecer
andaluces, en calzones de lienzo anchos, jubones acuchillados de
anjeo, sus coletos de ante, dagas de ganchos y espadas sin tiros; al
parecer, el uno vena de Sevilla y el otro iba a ella. El que iba
estaba diciendo al otro:

--Esta noche no vayas a posar donde sueles, sino en la posada del
Sevillano, porque vers en ella la ms hermosa fregona que se sabe:
Marinilla la de la venta Tejada es asco en su comparacin. Es dura
como un mrmol y zaharea como villana de Sayago, y spera como una
ortiga; pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen ao: en una
mejilla tiene el sol, y en la otra la luna; la una es hecha de rosas y
la otra de claveles, y en entrambas hay tambin azucenas y jazmines.
No te digo ms sino que la veas, y vers que no te he dicho nada,
segn lo que te pudiera decir, acerca de su hermosura.

Con esto se despidieron los dos mozos de mulas, cuya pltica y
conversacin dej mudos a los dos amigos que escuchado la haban,
especialmente a Avendao, en quien la simple relacin que el mozo de
mulas haba hecho de la hermosura de la fregona despert en l un
intenso deseo de verla.

En repetir las palabras de los mozos y en remedar y contrahacer el
modo y los ademanes con que las decan entretuvieron el camino hasta
Toledo; y luego, siendo la gua Carriazo, que ya otra vez haba estado
en aquella Ciudad, bajando por la Sangre de Cristo, dieron con la
posada del Sevillano; pero no se atrevieron a pedirla all, porque su
traje no lo peda. Era ya anochecido, y aunque Carriazo importunaba a
Avendao que fuesen a otra parte a buscar posada, no le pudo quitar de
la puerta de la del Sevillano, esperando si acaso pareca la tan
celebrada fregona. Entrabase la noche, y la fregona no sala;
desesperbase Carriazo, y Avendao se estaba quedo; el cual, por salir
con su intencin, con excusa de preguntar por unos caballeros de
Burgos que iban a la ciudad de Sevilla, se entr hasta el patio de la
posada; y apenas hubo entrado, cuando de una sala que en el patio
estaba vio salir una moza, al parecer de quince aos, poco ms o
menos, vestida como labradora, con una vela encendida en un candelero.

No puso Avendao los ojos en el vestido y traje de la moza, sino en su
rostro, que le pareca ver en l los que suelen pintar de los ngeles;
qued suspenso y atnito de su hermosura, y no acert a preguntarle
nada: tal era su suspensin y embelesamiento. La moza, viendo aquel
hombre delante de s, le dijo:

--Qu busca, hermano? Es por ventura criado de alguno de los
huspedes de casa?

--No soy criado de ninguno, sino vuestro--respondi Avendao, todo
lleno de turbacin y sobresalto.

[Ilustracin: No soy criado de ninguno, sino vuestro...]

La moza, que de aquel modo se vio responder, dijo:

--Vaya, hermano, norabuena; que las que servimos no hemos menester
criados.

Y llamando a su seor le dijo:

--Mire, seor, lo que busca este mancebo.

Sali su amo y preguntle qu buscaba. El respondi que a unos
caballeros de Burgos que iban a Sevilla, uno de los cuales era su
seor, el cual le haba enviado delante por Alcal de Henares, donde
haba de hacer un negocio que les importaba, y que junto con esto le
mand que se viniese a Toledo y de esperase en la posada del
Sevillano, donde vendra a apearse, y que pensaba que llegara aquella
noche, o otro da, a ms tardar. Tan buen color di Avendao a su
mentira, que a la cuenta del husped pas por verdad, pues le dijo:

--Qudese, amigo, en la posada; que aqu podr esperar a su seor
hasta que venga.

--Muchas mercedes, seor husped--respondi Avendao---, y mande vuesa
merced que se me d un aposento para m y un compaero que viene
conmigo, que est all fuera; que dineros traemos para pagarlo tan
bien como otro.

--En buen hora--respondi el husped.

Y volvindose a la moza, dijo:

--Costancica, di a Argello que lleve a estos galanes al aposento del
rincn, y que les eche sbanas limpias.

--S har, seor--respondi Costanza; que as se llamaba la doncella.

Y haciendo una reverencia a su amo, se les quit delante. #_Avendao_#
sali a dar cuenta a Carriazo de lo que haba visto y de lo que dejaba
negociado; el cual por mil seales conoci cmo su amigo vena herido
de la amorosa pestilencia; pero no le quiso decir nada por entonces,
hasta ver si lo mereca la causa de quien nacan las extraordinarias
alabanzas y grandes hiprboles con que la belleza de Costanza sobre
los mismos cielos levantaba.

Entraron, en fin, en la posada, y la Argello, que era una mujer de
hasta cuarenta y cinco aos, superintendente de las camas y aderezo de
los aposentos, los llev a uno que ni era de caballeros ni de criados,
sino de gente que poda hacer medio entre los dos extremos. Pidieron
de cenar; respondiles Argello que en aquella posada no daban de
comer a nadie, puesto que guisaban y aderezaban lo que los huspedes
traan de fuera comprado; pero que bodegones y casas de estado haba
cerca, donde sin escrpulo de conciencia podan ir a cenar lo que
quisiesen. Tomaron los dos el consejo de Argello, y dieron con sus
cuerpos en un bodego.

Lo poco o nada que Avendao coma admiraba mucho a Carriazo. Por
enterarse del todo de los pensamientos de su amigo, al volverse a la
posada, le dijo:

--Conviene que maana madruguemos, porque antes que entre la calor
estemos ya en Orgaz.

--No estoy en eso--respondi Avendao---; porque pienso antes que
desta ciudad me parta ver lo que dicen que hay famoso en ella, como es
el Sagrario, el artificio de Juanelo, las Vistillas de San Agustn, la
Huerta del Rey y la Vega.

--Norabuena--respondi Carriazo--: eso en dos das se podr ver.

--En verdad que lo he de tomar de espacio; que no vamos a Roma a
alcanzar alguna vacante.

--Ta, ta!--replic Carriazo---. A m me maten, amigo, si no estis
vos con ms deseo de quedaros en Toledo que de seguir nuestra
comenzada romera.

--As es la verdad--respondi Avendao.

En estas plticas llegaron a la posada, y an se le pas en otras
semejantes la mitad de la noche.

Durmi el que pudo hasta la maana, la cual venida, se levantaron los
dos, entrambos con deseo de ver a Costanza. A entrambos se los cumpli
Costanza, saliendo de la sala de su amo, tan hermosa, que a los dos
les pareci que todas cuantas alabanzas le haba dado di mozo de mulas
eran cortas y de ningn encarecimiento. Su vestido era una saya y
corpios de pao verde, con unos ribetes del mismo pao. Los corpios
eran bajos; pero la camisa, alta, plegado el cuello, con un cabezn
labrado de seda negra, puesta una gargantilla de estrellas de azabache
sobre un pedazo de una coluna de alabastro: que no era menos blanca su
garganta; ceida con un cordn de San Francisco, y de una cinta
pendiente, al lado derecho, un gran manojo de llaves. No traa
chinelas, sino zapatos de dos suelas, colorados, con unas calzas que
no se le parecan, sino cuanto por un perfil mostraban tambin ser
coloradas. Traa tranzados los cabellos con unas cintas blancas de
hiladillo; pero tan largo el tranzado, que por las espaldas le pasaba
de la cintura; el color sala de castao y tocaba en rubio; pero, al
parecer, tan limpio, tan igual y tan peinado, que ninguno, aunque
fuera de hebras de oro, se le pudiera comparar. Pendanle de las
orejas dos calabacillas de vidrio, que parecan perlas: los mismos
cabellos le servan de garbn y de tocas.

Cuando sali de la sala, se persign y santigu, y con mucha devocin
y sosiego hizo una profunda reverencia a una imagen de Nuestra Seora,
que en una de las paredes del patio estaba colgada; y alzando los
ojos, vi a los dos que mirndola estaban, y apenas los hubo visto,
cuando se retir y volvi a entrar en la sala.

Resta ahora por decir qu es lo que le pareci a Carriazo de la
hermosura de Costanza; que de lo que le pareci a Avendao, ya est
dicho, cuando la vi la vez primera. No digo ms sino que a Carriazo
le pareci tan bien como a su compaero; pero enamorle mucho menos; y
tan menos, que quisiera no anochecer en la posada, sino partirse luego
para sus almadrabas. Acudieron los mozos de los huspedes a pedir
cebada; sali el husped de casa a drsela, maldiciendo a sus mozas,
que por ellas se le haba ido un mozo que la sola dar con muy buena
cuenta y razn, sin que le hubiese hecho menos, a su parecer, un solo
grano. Avendao, que oy esto, dijo:

--No se fatigue, seor husped: dme el libro de la cuenta; que los
das que hubiere de estar aqu, yo la tendr tan buena en dar la
cebada y paja que pidieren, que no eche menos al mozo que dice que se
le ha ido.

--En verdad que os lo agradezca, mancebo--respondi el husped---,
porque yo no puedo atender a esto; que tengo otras muchas cosas a que
acudir fuera de casa. Bajad; daros he el libro, y mirad que estos
mozos de mulas son el mismo diablo, y hacen trampantojos un celemn de
cebada con menos conciencia que si fuese de paja.

Baj al patio Avendao y entregse en el libro, y comenz a despachar
celemines como agua, y a asentarlos por tan buena orden, que el
husped, que lo estaba mirando, qued contento; y tanto, que dijo:

--Pluguiese a Dios que vuestro amo no viniese, y que a vos os diese
gana de quedaros en casa; que a fe que otro gallo os cantase. Porque
el mozo que se me fu, vino a mi casa, habr ocho meses, roto y flaco,
y ahora lleva dos pares de vestidos muy buenos, y va gordo como una
nutria. Porque quiero que sepis, hijo, que en esta casa hay muchos
provechos, amn de los salarios.

--Si yo me quedase--replic Avendao---, no reparara mucho en la
ganancia; que con cualquiera cosa me contentara a trueco de estar en
esta ciudad, que me dicen que es la mejor de Espaa.

--A lo menos--respondi el husped---, es de las mejores y ms
abundantes que hay en ella; mas otra cosa nos falta ahora, que es
buscar quien vaya por agua al ro; que tambin se me fu otro mozo que
con un asno que tengo famoso me tena rebosando las tinajas, y hecha
un lago de agua la casa; y una de las causas porque los mozos de muas
se huelgan de traer sus amos a mi posada es por la abundancia de agua
que hallan siempre en ella; porque no llevan su ganado al ro, sino
dentro de casa beben las cabalgaduras en grandes barreos.

Todo esto estaba oyendo Carriazo, el cual, viendo que ya Avendao
estaba acomodado y con oficio en casa, no quiso l quedarse a buenas
noches, y ms, que consider el gran gusto que hara a Avendao si le
segua al humor; y as, dijo al husped:

--Venga el asno, seor husped; que tambin sabr yo cinchalle y
cargalle como sabe mi compaero asentar en el libro su mercanca.

--S--dijo Avendao---, mi compaero Lope Asturiano servir de traer
agua como un prncipe, y yo le fo.

#_Enjaez_# Carriazo el asno, y subiendo en l de un brinco, se
encamin al ro, dejando a Avendao muy alegre de haber visto su
gallarda resolucin.

He aqu tenemos ya (en buena hora se cuente) a Avendao hecho mozo del
mesn, con nombre de Toms Pedro, que as dijo que se llamaba, y a
Carriazo, con el de Lope Asturiano, hecho aguador: transformaciones
dignas de anteponerse a las del narigudo poeta.

#_Al da siguiente_# caminaba nuestro buen Lope Asturiano la vuelta
del ro, por la cuesta del Carmen, puestos los pensamientos en sus
almadrabas y en la sbita mutacin de su estado. O ya fuese por esto,
o porque la suerte as lo ordenase, en un paso estrecho, al bajar de
la cuesta, encontr con un asno de un aguador, que suba cargado; y
como l descenda, y su asno era gallardo, bien dispuesto y poco
trabajado, tal encuentro di al cansado y flaco que suba, que di con
l en el suelo, y por haberse quebrado los cntaros, se derram
tambin el agua, por cuya desgracia el aguador antiguo, despechado y
lleno de clera, arremeti al aguador moderno, que an se estaba
caballero, y antes que se desenvolviese y apease le haba pegado y
asentado una docena de palos tales, que no le supieron bien al
Asturiano. Apese, en fin; pero con tan malas entraas, que arremeti
a su enemigo, y asindole con ambas manos por la garganta, di con l
en el suelo, y tal golpe di con la cabeza sobre una piedra, que se la
abri por dos partes, saliendo tanta sangre, que pens que le haba
muerto.

Otros muchos aguadores que all venan, como vieron a su compaero tan
mal parado, arremetieron a Lope y tuvironle asido fuertemente,
gritando:

--Justicia, justicia! Que este aguador ha muerto a un hombre!

Y a vuelta destas razones y gritos, le molan a mojicones y a palos.
Otros acudieron al cado, y vieron que tena hendida la cabeza y que
casi estaba expirando. Subieron las voces de boca en boca por la
cuesta arriba, y en la plaza del Carmen dieron en los odos de un
alguacil, el cual, con dos corchetes, con ms ligereza que si volara,
se puso en el lugar de la pendencia, a tiempo que ya el herido estaba
atravesado sobre su asno, y di de Lope asido, y Lope rodeado de ms de
veinte aguadores que no le dejaban rodear, antes le brumaban las
costillas de manera, que ms se pudiera temer de su vida que de la del
herido, segn menudeaban sobre l les puos y las varas aquellos
vengadores de la ajena injuria.

Lleg el alguacil, apart la gente, entreg a sus corchetes al
Asturiano, y antecogiendo a su asno, y al herido sobre el suyo, di
con ellos en la crcel, acompaado de tanta gente, y de tantos
muchachos que le seguan, que apenas poda hender por las calles. Al
rumor de la gente, sali Toms Pedro y su amo a la puerta de casa, a
ver de qu proceda tanta grita, y descubrieron a Lope entre los dos
corchetes, lleno de sangre el rostro y la boca; mir luego por su asno
el husped, y vile en poder de otro corchete que ya se les haba
juntado; pregunt la causa de aquellas prisiones; fule respondida la
verdad del suceso; pesle por su asno, temiendo que le haba #_de
perder,_# o, a lo menos, hacer ms costas por cobrarle que l vala.
Toms Pedro sigui a su compaero, sin que le dejasen llegar a
hablarle una palabra; tanta era la gente que lo impeda y el recato de
los corchetes y del alguacil que le llevaba. Finalmente, no le dej
hasta verle poner en la crcel, y en un calabozo, con dos pares de
grillos, y al herido en la enfermera, donde se hall a verle curar, y
vi que la herida era peligrosa, y mucho, y lo mismo dijo el cirujano.
El alguacil se llev a su casa los dos asnos, y ms cinco reales de a
ocho que los corchetes haban quitado a Lope.

Volvise a la posada lleno de confusin y de tristeza; hall al que ya
tena por amo con no menos pesadumbre que l traa, a quien dijo de la
manera que quedaba su compaero, y del peligro de muerte en que estaba
el herido, y del suceso de su asno. Djole ms: que a su desgracia se
le haba aadido otra de no menor fastidio, y era, que un grande amigo
de su seor le haba encontrado en el camino y le haba dicho que su
seor, por ir muy de priesa y ahorrar dos leguas de camino, desde
Madrid haba pasado por la barca de Azeca, y que aquella noche dorma
en Orgaz, y que le haba dado doce escudos que le diese, con orden de
que se fuese a Sevilla, donde le esperaba.

--Pero no puede ser as--aadi Toms---, pues no ser razn que yo
deje a mi amigo y camarada en la crcel y en tanto peligro: mi amo me
podr perdonar por ahora; cuanto ms que l es tan bueno y honrado,
que dar por bien cualquier falta que le hiciere, a trueco que no la
haga a mi camarada. Vuesa merced, seor amo, me la haga de tomar este
dinero y acudir a este negocio; y en tanto que esto se gasta, yo
escribir a mi seor lo que pasa, y s que me enviar dineros que
basten a sacarnos de cualquier peligro.

Abri los ojos de un palmo el husped, alegre de ver que en parte iba
saneando la prdida de su asno. Tom el dinero, y consol a Toms,
dicindole que l tena personas en Toledo de tal calidad, que valan
mucho con la justicia, especialmente una seora monja, parienta del
Corregidor, que le mandaba con el pie, y que una lavandera del
monasterio de la tal monja tena una hija que era grandsima amiga de
una hermana de un fraile muy familiar y conocido del confesor de la
dicha monja; la cual lavandera lavaba la ropa en casa...

--Y como sta pida a su hija, que s pedir, hable a la hermana del
fraile, que hable a su hermano, que hable al confesor, y el confesor a
la monja, y la monja guste de dar un billete (que ser cosa fcil)
para el Corregidor, donde le pida encarecidamente mire por el negocio
de Toms, sin duda alguna se podr esperar buen suceso. Y esto ha de
ser con tal que el aguador no muera, y con que no falte ungento para
untar a todos los ministros de la justicia; porque si no estn
untados, gruen ms que carretas de bueyes.

En gracia le cay a Toms los ofrecimientos del favor que su amo le
haba hecho, y los infinitos y revueltos arcaduces por donde le haba
derivado; y aunque conoci que antes lo haba dicho de socarrn que de
inocente, con todo eso, le agradeci su buen nimo y le entreg di
dinero, con promesa que no faltara mucho ms, segn l tena la
confianza en su seor, como ya le haba dicho. En resolucin, dentro
de quince das estuvo fuera de peligro el herido, y a los veinte
declar el cirujano que estaba del todo sano, y ya en este tiempo
haba dado traza Toms como le viniesen cincuenta estudos de Sevilla,
y sacndolos l de su seno, se los entreg al husped con cartas y
cdula fingida de su amo; y como al husped le iba poco en averiguar
la verdad de aquella correspondencia, coga el dinero, que, por ser en
escudos de oro, le alegraba mucho. Por seis ducados se apart de la
querella el herido; en diez, y en el asno y las costas, sentenciaron
al Asturiano. Sali de la crcel; pero no quiso volver a estar con su
compaero. #_Djole_# que lo que pensaba hacer era, ya que l estaba
determinado de seguir y pasar adelante con su propsito, comprar un
asno y usar el oficio de aguador en tanto que estuviesen en Toledo;
que con aquella cubierta no sera juzgado ni preso por vagamundo, y
que con sola una carga de agua se poda andar todo el da por la
ciudad a sus anchuras, mirando bobas.

--Antes mirars hermosas que bobas en esta ciudad, que tiene fama de
tener las ms discretas mujeres de Espaa, y que andan a una su
discrecin con su hermosura; y si no, mralo por Costancica, de cuyas
sobras de belleza puede enriquecer, no slo a las hermosas desta
ciudad, sino a las de todo el mundo.

--Paso, seor Toms--replic Lope--: vmonos poquito a poquito en esto
de las alabanzas de la seora fregona, si no quiere que, como le tengo
por loco, le tenga por hereje.

--Fregona has llamado a Costanza, hermano Lope?--respondi Toms--.
Dios te lo perdone y te traiga a verdadero conocimiento de tu yerro.

--Pues, no es fregona?--replic el Asturiano.

--Hasta ahora le tengo por ver fregar el primer plato.

--No importa--dijo Lope--no haberle visto fregar el primer plato, si
le has visto fregar el segundo, y aun el centsimo.

--Yo te digo, hermano--replic Toms--, que ella no friega, ni
entiende en otra cosa que en su labor, y en ser guarda de la plata
labrada que hay en casa, que es mucha.

--Pues cmo la llaman por toda la ciudad--dijo Lope--_la fregona
ilustre_, si es que no friega? Mas sin duda debe de ser que como
friega plata, y no loza, la dan el nombre de ilustre. Pero, dejando
esto aparte, dime, Toms: en qu estado estn tus esperanzas?

--En el de perdicin--respondi Toms--; porque en todos estos das
que has estado preso nunca la he podido hablar una palabra.

--Pues qu piensas hacer con el imposible que se te ofrece en la
conquista desta Porcia, desta Minerva y desta nueva Penlope, que en
figura de doncella, y de fregona, te enamora, te acobarda y te
desvanece?

--Haz la burla que de m quisieres, amigo Lope; que yo s que estoy
enamorado del ms hermoso rostro que pudo formar la naturaleza, y de
la ms incomparable honestidad que ahora se puede usar en el mundo.
Costanza se llama, y no Porcia, Minerva o Penlope. No es posible que,
aunque lo procuro, pueda un breve trmino contemplar, si as se puede
decir, en la bajeza de su estado, porque luego acuden a borrarme este
pensamiento su belleza, su donaire, su sosiego, su honestidad y
recogimiento, y me dan a entender que debajo de aquella rstica
corteza debe de estar encerrada y escondida alguna mina de gran valor
y de merecimiento grande. Finalmente, sea lo que se fuere, yo la
quiero bien. Y ya te he dicho, amigo, que puedes hacer tu gusto, o ya
en irte a tu romera, o ya comprar el asno y hacerte aguador, como
tienes determinado.

_#Al otro da#_ acudi Toms a dar cebada, y Lope se fu al mercado de
las bestias, que es all junto, a comprar un asno que fuese tal como
bueno.

Habiendo salido aquel da Costanza con una toca ceida por las
mejillas, y dicho a quien se lo pregunt que por qu se la haba
puesto, que tena un gran dolor de muelas, Toms, a quien sus deseos
avivaban el entendimiento, en un instante discurri lo que sera bueno
que hiciese, y dijo:

--Seora Costanza, yo le dar una oracin en escrito que a dos veces
que la rece, se le quitar como con la mano su dolor.

--Norabuena--respondi Costanza--; que yo la rezar, porque s leer.

--Ha de ser con condicin--dijo Toms--, que no la ha de mostrar a
nadie; porque la estimo en mucho, y no ser bien que por saberla
muchos se menosprecie.

--Yo le prometo--dijo Costanza--, Toms, que no la d a nadie; y
dmela luego, porque me fatiga mucho el dolor.

--Yo la trasladar de la memoria--respondi Toms--, y luego se la
dar.

Estas fueron las primeras razones que Toms dijo a Costanza y Costanza
a Toms en todo el tiempo que haba que estaba en casa, que ya pasaban
de veinticuatro das. Retirse Toms, y escribi la oracin, y tuvo
lugar de drsela a Costanza sin que nadie lo viese, y ella, con mucho
gusto y ms devocin, se entr en un aposento a solas, y abriendo el
papel, vi que deca desta manera:

"Seora de mi alma: Yo soy un caballero natural de Burgos; si alcanzo
de das a mi padre, heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta.
A la fama de vuestra hermosura, que por muchas leguas se extiende,
dej mi patria, mud vestido, y en el traje que me veis, vine a servir
a nuestro dueo; si vos lo quisiredes ser mo, por los medios que ms
a vuestra honestidad convengan, mirad qu pruebas queris que haga
para enteraros desta verdad; y enterada en ella, siendo gusto vuestro,
ser vuestro esposo y me tendr por el ms bien afortunado del mundo."

En tanto que Toms entendi que Costanza se haba ido a leer su papel,
le estuvo palpitando el corazn, temiendo y esperando, o ya la
sentencia de su muerte, o la restauracin de su vida. Sali, en esto,
Costanza, tan hermosa, aunque rebozada, que si pudiera recebir aumento
su hermosura con algn accidente se pudiera juzgar que el sobresalto
de haber visto en el papel de Toms otra cosa tan lejos de la que
pensaba haba acrecentado su belleza. Sali con el papel entre las
manos hecho menudas piezas, y dijo a Toms:

--Hermano Toms, esta tu oracin ms parece hechicera y embuste que
oracin santa, y as, yo no la quiero creer ni usar della, y por eso
la he rasgado, porque no la vea nadie que sea ms crdula que yo.
Aprende otras oraciones ms fciles, porque sta ser imposible que te
sea de provecho.

En diciendo esto, se entr con su ama, y Toms qued suspenso; pero
algo consolado, viendo que en solo el pecho de Costanza quedaba el
secreto de su deseo.

En tanto que esto sucedi en la posada, andaba el Asturiano comprando
el asno donde los vendan; y aunque hall muchos, ninguno le
satisfizo, puesto que un gitano anduvo muy solcito por encajalle uno
que ms caminaba por el azogue que le haba echado en los odos que
por ligereza suya; pero lo que contentaba con el paso desagradaba con
el cuerpo, que era muy pequeo, y no del grandor y talle que Lope
quera, que le buscaba suficiente para llevarle a l por aadidura,
ora fuesen vacos o llenos los cntaros. Llegse a l, en esto, un
mozo, y dijole al odo:

--Galn, si busca bestia cmoda para el oficio de aguador, yo tengo un
asno aqu cerca, en un prado, que no le hay mejor ni mayor en la
ciudad; y aconsjole que no compre bestia de gitanos, porque aunque
parezcan sanas y buenas, todas son falsas y llenas de dolamas; si
quiere comprar la que le conviene, vngase conmigo y calle la boca.

Creyle el Asturiano, y djole que guiase adonde estaba el asno que
tanto encareca. Furonse los dos mano a mano, como dicen, hasta que
llegaron a la Huerta del Rey, donde a la sombra de una azuda hallaron
muchos aguadores, cuyos asnos pacan en un prado que all cerca
estaba. Mostr el vendedor su asno, tal, que le hinch el ojo al
Asturiano, y de todos los que all estaban fu alabado el asno de
fuerte, de caminador y comedor sobremanera. Hicieron su concierto, y
sin otra seguridad ni informacin, siendo corredores y medianeros los
dems aguadores, di diez y seis ducados por el asno, con todos los
adherentes del oficio. Hizo la paga real en escudos de oro. Dironle
el parabin de la compra, y de la entrada en el oficio, y
certificronle que haba comprado un asno dichossimo, porque el dueo
que le dejaba, sin que se le mancase ni matase, haba ganado con l en
menos tiempo de un ao, despus de haberse sustentado a l y al asno
honradamente, dos pares de vestidos, y ms aquellos diez y seis
ducados con que pensaba volver a su tierra.

Amn de los corredores del asno, estaban otros cuatro aguadores
jugando a la primera, tendidos en el suelo, sirvindoles de bufete la
tierra y de sobremesa sus capas. Psose el Asturiano a mirarlos, y vi
que no jugaban como aguadores, sino como arcedianos, porque tena de
resto cada uno ms de cien reales en cuartos y en plata. Lleg una
mano de echar todos el resto, y si uno no diera partido a otro l
hiciera mesa gallega. Finalmente, a los dos en aquel resto se les
acab el dinero y se levantaron; viendo lo cual el vendedor del asno,
dijo que si hubiera cuarto, que l jugara, porque era enemigo de jugar
en tercio. El Asturiano dijo que l hara cuarto. Sentronse luego,
anduvo la cosa de buena manera, y queriendo jugar antes el dinero que
el tiempo, en poco rato perdi Lope seis escudos que tenia, y vindose
sin blanca, dijo que si le queran jugar el asno, que l le jugara.
Acetronle el envite, y hizo de resto un cuarto del asno, diciendo que
por cuartos quera jugarle. Dijole tan mal, que en cuatro restos
consecutivamente perdi los cuatro cuartos del asno, y ganselos el
mismo que se le haba vendido; y levantndose para volverse a
entregarse en l, dijo el Asturiano que advirtiesen que l solamente
haba jugado los cuatro cuartos del asno; pero la cola, que se la
diesen, y se le llevasen norabuena.

Causles risa a todos la demanda de la cola, y hubo letrados que
fueron de parecer que no tena razn en lo que peda, diciendo que
cuando se vende un carnero o otra res alguna, no se saca ni quita la
cola, que con uno de los cuartos traseros ha de ir forzosamente. A lo
cual replic Lope que los carneros de Berbera ordinariamente tienen
cinco cuartos, y que el quinto es de la cola, y cuando los tales
carneros se cuartean, tanto vale la cola como cualquier cuarto; y que
a lo de ir la cola junto con la res que se vende viva y no se cuartea,
que lo conceda; pero que la suya no fu vendida, sino jugada, y que
nunca su intencin fu jugar la cola, y que al punto se la volviesen
luego con todo lo a ella anejo y concerniente, que era desde la punta
del celebro, contada la osamenta del espinazo, donde ella tomaba
principio y decenda, hasta parar en los ltimos pelos della.

--Dadme vos--dijo uno--que ello sea as como decs, y que os la den
como la peds, y sentaos junto a lo que del asno queda.

--Pues as es!--replic Lope--. Venga mi cola; si no, por Dios que
no me lleven el asno si bien viniesen por l cuantos aguadores hay en
el mundo; y no piensen que por ser tantos los que aqu estn me han de
hacer superchera, porque soy yo un hombre que me sabr llegar a otro
hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas, sin que sepa de
quin, por dnde, o cmo le vino; y ms, que no quiero que me paguen
la cola rata por cantidad, sino que quiero que me la den en ser y la
corten del asno, como tengo dicho.

Al ganancioso y a los dems les pareci no ser bien llevar aquel
negocio por fuerza, porque juzgaron ser de tal bro el Asturiano, que
no consentira que se la hiciesen, y uno dellos, que pareca de ms
razn y discurso, los concert en que se echase la cola contra un
cuarto del asno a una qunola, o a dos y pasante. Fueron contentos,
gan la qunola Lope, picse el otro, ech el otro cuarto, y a otras
tres manos qued sin asno. Quiso jugar el dinero; no quera Lope; pero
tanto le porfiaron todos, que lo hubo de hacer, con que hizo el viaje
del desposado, dejndole sin un solo maraved; y fu tanta la
pesadumbre que desto recibi el perdidoso, que se arroj en el suelo y
comenz a darse de calabazadas por la tierra. Lope, como bien nacido y
como liberal y compasivo, le levant y le volvi todo el dinero que le
haba ganado, y los diez y seis ducados del asno, y aun de los que l
tena reparti con los circunstantes, cuya extraa liberalidad pasm a
todos; y si fueran los tiempos y las ocasiones del Tamorln, le
alzaran por rey de los aguadores.

Con grande acompaamiento volvi Lope a la ciudad, donde cont a Temas
lo sucedido. No qued taberna, ni bodegn, ni junta de pcaros donde
no se supiese el juego del asno, el esquite por la cola y el bro y la
liberalidad del Asturiano; pero como la mala bestia del vulgo, por la
mayor parte, es mala, maldita y maldiciente, no tom de memoria la
liberalidad, bro y buenas partes del gran Lope, sino solamente la
cola; y as, apenas hubo andado dos das por la ciudad echando agua,
cuando se vi sealar de muchos con el dedo, que decan: "Este es el
aguador de la cola." Estuvieron los muchachos atentos, supieron el
caso, y no haba asomado Lope por la entrada de cualquiera calle,
cuando por toda ella le gritaban, quin de aqu y quin de all:
"Asturiano, daca la cola! Daca la cola, Asturiano!" Lope, que se vi
asaetear de tantas lenguas y con tantas voces, di en callar, creyendo
que en su mucho silencio se anegara tanta insolencia; mas ni por esas;
pues mientras ms callaba, ms los muchachos gritaban; y as, prob a
mudar su paciencia en clera, y apendose del asno, di a palos tras
los muchachos, que fu afinar el polvorn y ponerle fuego, y fu otro
cortar las cabezas de la serpiente, pues en lugar de una que quitaba,
apaleando a algn muchacho, nacan en el mismo instante, no otras
siete, sino setecientas, que con mayor ahinco y menudeo le pedan la
cola. Finalmente, tuvo por bien de retirarse a una posada que haba
tomado fuera de la de su compaero, y de estarse en ella hasta que la
influencia de aquel mal planeta pasase, y se borrase de la memoria de
los muchachos aquella demanda mala de la cola que le pedan.

Seis das se pasaron sin que saliese de casa, si no era de noche, que
iba a ver a Toms y a preguntarle del estado en que se hallaba, el
cual le cont que _#no#_ haba podido hablar una sola palabra _#con
Costanza#_. Lope le cont a l la priesa que le daban los muchachos
pidindole la cola, porque l haba pedido la de su asno, con que hizo
el famoso esquite. Aconsejle Toms que no saliese de casa, a lo
menos, sobre el asno, y que si saliese, fuese por calles solas y
apartadas, y que cuando esto no bastase, bastara dejar el oficio,
ltimo remedio de poner fin a tan poco honesta demanda. Retirse, con
esto, a su posada Lope, con determinacin de no salir della en otros
seis das, a lo menos, con el asno.

Las once seran de la noche, cuando de improviso y sin pensarlo vieron
entrar en la posada muchas varas de justicia y, al cabo, el
Corregidor. Alborotse el husped, y aun los huspedes; porque as
como los cometas cuando se muestran siempre causan temores de
desgracias e infortunios, ni ms ni menos la justicia, cuando de
repente y de tropel se entra en una casa, sobresalta y atemoriza hasta
las conciencias no culpadas. Entrse el Corregidor en una sala, y
llam al husped de casa, el cual vino temblando a ver lo que el seor
Corregidor quera. Y as como le vi el Corregidor, le pregunt con
mucha gravedad:

--Sois vos el husped?

--S, seor--respondi l--; para lo que vuesa merced me quisiere
mandar.

Mand el Corregidor que saliesen de la sala todos los que en ella
estaban y que le dejasen solo con el husped. Hicironlo as, y
quedndose solos, dijo el Corregidor al husped:

--Dnde est una muchacha que dicen que sirve en esta casa, tan
hermosa, que por toda la ciudad la llaman la _ilustre fregona_?

--Seor--respondi el husped--, esa _fregona ilustre_ que dicen es
verdad que est en esta casa; pero ni es mi criada, ni deja de serlo.
--No entiendo lo que decs, husped, en eso de ser y no ser vuestra
criada la fregona.

--Yo he dicho bien--aadi el husped--; y si vuesa merced me da
licencia, le dir lo que hay en esto, lo cual jams he dicho a persona
alguna.

--Primero quiero ver a la fregona que saber otra cosa; llamadla ac
--dijo d Corregidor.

Asomse el husped a la puerta de la sala, y dijo:

--Oslo, seora? Haced que entre aqu Costancica.

Sin aguardar que otra vez la llamasen, tom, _#Costanza#_, una vela
encendida sobre un candelero de plata, y con ms vergenza que temor
fu donde el Corregidor estaba.

As como el Corregidor la vi, mand al husped que cerrase la puerta
de la sala; lo cual hecho, el Corregidor se levant, y tomando el
candelero que Costanza traa, llegndole la luz al rostro, la anduvo
mirando toda de arriba abajo; y como Costanza estaba con sobresalto,
habasele encendido la color del rostro, y estaba tan hermosa y tan
honesta, que al Corregidor le pareci que estaba mirando la hermosura
de un ngel en la tierra; y despus de haberla bien mirado, dijo:

--Husped, sta no es joya para estar en el bajo engaste de un mesn.
Digo, doncella, que no solamente os pueden y deben llamar _ilustre_,
sino _ilustrsima_; pero estos ttulos no haban de caer sobre el
nombre de _fregona_, sino sobre el de una duquesa.

--No es _fregona_, seor--dijo el husped--; que no sirve de otra
cosa en casa que de traer las llaves de la plata, que por la bondad de
Dios tengo alguna, con que se sirven los huspedes honrados que a esta
posada vienen.

--Con todo eso--dijo el Corregidor--, digo, husped, que ni es
decente ni conviene que esta doncella est en un mesn. Es parienta
vuestra por ventura?

--Ni es mi parienta, ni es mi criada; y si vuesa merced gustare de
saber quin es, como ella no est delante, oir vuesa merced cosas
que, juntamente con darle gusto, le admiren.

--S gustar--dijo el Corregidor--; y slgase Costancica all fuera,
y promtase de m lo que de su mismo padre pudiera prometerse; que su
mucha honestidad y hermosura obligan a que todos los que la vieren se
ofrezcan a su servicio.

No respondi palabra Costanza, sino con mucha mesura hizo una profunda
reverencia al Corregidor, y salise de la sala, y hall a su ama
desalada esperndola, para saber della qu era lo que el Corregidor la
quera. Ella le cont lo que haba pasado, y cmo su seor quedaba con
l para contalle no s qu cosas que no quera que ella las oyese.

No acab de sosegarse la huspeda, y siempre estuvo rezando hasta que
se fu el Corregidor y vi salir libre a su marido, el cual, en tanto
que estuvo con el Corregidor le dijo:

--Hoy hacen, seor, segn mi cuenta, quince aos, un mes y cuatro das
que lleg a esta posada una seora en hbito de peregrina, en una
litera, _#con una nia recin nacida#_, y acompaada de cuatro criados
de a caballo, y de dos dueas y una doncella, que en un coche venan.
Traa asimismo dos acmilas cubiertas con dos ricos reposteros, y
cargadas con una rica cama y con aderezos de cocina; finalmente, el
aparato era principal, y la peregrina representaba ser una gran
seora; y aunque en la edad mostraba ser de cuarenta o pocos ms aos,
no por eso dejaba de parecer hermosa en todo extremo. Vena enferma y
descolorida, y tan fatigada, que mand que luego le hiciesen la cama,
y en esta misma sala se la hicieron sus criados. Yo y mi mujer
preguntamos a _#stos#_ quin era la tal seora y cmo se llamaba, de
adnde vena y adnde iba, y por qu causa se vesta aquel hbito de
peregrina. A todas estas preguntas, que le hicimos no hubo alguno que
nos respondiese otra cosa sino que aquella peregrina era una seora
principal y rica de Castilla la Vieja, y que porque haba algunos
meses que estaba enferma de hidropesa, haba ofrecido de ir a Nuestra
Seora de Guadalupe en romera, por la cual promesa iba en aquel
hbito. En cuanto a decir su nombre, traan orden de no llamarla sino
la seora peregrina. Esto supimos por entonces; pero a cabo de tres
das que, por enferma, la seora peregrina se estaba en casa, una de
las dueas nos llam a m y a mi mujer de su parte; fuimos a ver lo
que quera, y a puerta cerrada y delante de sus criadas, casi con
lgrimas en los ojos, nos dijo creo que estas mismas razones: "Seores
mos, los cielos me son testigos que sin culpa ma me hallo en _#un#_
riguroso trance _#y me veo obligada, por cuestin de honra, a apartar
de mi lado a esta nia#_. Y es menester, amigos, _#busquis con todo
secreto donde llevarla a criar#_, buscando tambin mentiras que decir
a quien _#la#_ entregredes; que por ahora ser en la ciudad, y
despus quiero que se lleve a una aldea. De lo que despus se hubiere
de hacer, cuando de Guadalupe vuelva lo sabris, porque el tiempo me
habr dado lugar de que piense y escoja lo mejor que me convenga."

[Ilustracin: ...que lleg a esta posada una seora en hbito de
peregrina, ...]

Aqu di fin a su razonamiento la lastimada peregrina, y principio a
un copioso llanto, que, en parte, fu consolado por las muchas y
buenas razones que mi mujer le dijo. Finalmente, _#sta se fu#_ a
buscar donde llevar _#la nia, que era#_ la ms hermosa que mis ojos
hasta entonces haban visto, y es esta misma que vuesa merced acaba de
ver ahora.

Fu _#la madre#_ a su romera. Cuando volvi, estaba ya la nia dada a
criar por mi orden, con nombre de mi sobrina, en una aldea dos leguas
de aqu. En el bautismo se le puso por nombre Costanza; que as lo
dej ordenado su madre, la cual, contenta de lo que yo haba hecho, al
tiempo de despedirse me di una cadena de oro, que hasta agora tengo,
de la cual quit seis trozos, los cuales dijo que traera la persona
que por la nia viniese. Tambin cort un blanco pergamino a vueltas y
a ondas, a la traza y manera como cuando se enclavijan las manos y en
los dedos se escribe alguna cosa, que estando enclavijados los dedos
se pueden leer, y despus de apartadas las manos queda dividida la
razn, porque se dividen las letras, que en volviendo a enclavijar los
dedos, se juntan y corresponden de manera, que se pueden leer
continuadamente: digo que el un pergamino sirve de alma del otro, y
encajados se leern, y divididos no es posible, si no es adivinando la
mitad del pergamino; y casi toda la cadena qued en mi poder, y todo
lo tengo, esperando el contraseo hasta ahora, puesto que ella me dijo
que dentro de dos aos enviara por su hija, encargndome que la
criase, no como quien ella era, sino del modo que se suele criar una
labradora; que la perdonase el no decirme su nombre, ni quin era; que
lo guardaba para otra ocasin ms importante. En resolucin, dndome
cuatrocientos escudos de oro y abrazando a mi mujer con tiernas
lgrimas, se parti, dejndonos admirados de su discrecin, valor,
hermosura y recato. Costanza se cri en el aldea dos aos y luego la
truje conmigo, y siempre la he trado en hbito de labradora, como su
madre me lo dej mandado. Quince aos, un mes y cuatro das ha que
aguardo a quien ha de venir por ella, y la mucha tardanza me ha
consumido la esperanza de ver esta venida; y si en este ao en que
estamos no vienen, tengo determinado de prohijalla y darle toda mi
hacienda, que vale ms de seis mil ducados, Dios sea bendito.

Resta ahora, seor Corregidor, decir a vuesa merced, si es posible que
yo sepa decirlas, las bondades y las virtudes de Costancica. Ella, lo
primero y principal, es devotsima de Nuestra Seora; confiesa y
comulga cada mes; sabe escribir y leer; no hay mayor randera en
Toledo; canta a la almohadilla como unos ngeles; en ser honesta no
hay quien la iguale. Pues en lo que toca a ser hermosa, ya vuesa
merced lo ha visto.

Call el husped, y tard un gran rato el Corregidor en hablarle; tan
suspenso le tena el suceso que el husped le haba contado. En fin,
le dijo que le trujese all la cadena y el pergamino; que quera
verlo. Fu el husped por ello, y trayndoselo, vi que era as como
le haba dicho. Tuvo por discreta la seal del conocimiento y juzg
por muy rica a la seora peregrina que tal cadena haba dejado al
husped; y teniendo en pensamiento de sacar de aquella posada la
hermosa muchacha cuando hubiese concertado un monasterio donde
llevarla, por entonces se content de llevar slo el pergamino,
encargando al husped que si acaso viniesen por Costanza, le avisase y
diese noticia de quin era el que por ella vena, antes que le
mostrase la cadena, que dejaba en su poder. Con esto, se fu, tan
admirado del cuento y suceso de _la ilustre fregona_ como de su
incomparable hermosura.

Todo el tiempo que gast el husped en estar con el Corregidor y el
que ocup Costanza cuando la llamaron, estuvo Toms fuera de si,
combatida el alma de mil varios pensamientos, sin acertar jams con
ninguno de su gusto; pero cuando vio que el Corregidor se iba y que
Costanza se quedaba, respir su espritu y volvironle los pulsos, que
ya casi desamparado le tenan. No os preguntar al husped lo que el
Corregidor quera, ni el husped lo dijo a nadie sino a su mujer; con
que ella tambin volvi en si, dando gracias a Dios que de tan grande
sobresalt la haba librado.

El da siguiente, cerca de la una, entraron en la posada con cuatro
hombres de a caballo dos caballeros ancianos de venerables presencias,
habiendo primero preguntado uno de dos mozos que a pie con ellos
venan si era aquella la posada del Sevillano; y habindole respondido
que s, se entraron todos en ella. Aperonse los cuatro y fueron a
apear a los dos ancianos, seal por do se conoci que aquellos dos
eran seores de los seis. Sali Costanza con su acostumbrada gentileza
a ver los nuevos huspedes, y apenas la hubo visto uno de los dos
ancianos cuando dijo al otro:

--Yo creo, seor don Juan, que hemos hallado todo aquello que venimos
a buscar.

Toms, que acudi a dar recado a las cabalgaduras, conoci luego a dos
criados de su padre, y luego conoci a su padre y al padre de Calmazo,
que eran los dos ancianos a quien los dems respectaban; y aunque se
admir de su venida, consider que deban de ir a buscar a l y a
Carriazo a las almadrabas: que no habra faltado quien les hubiese
dicho que en ellas, y no en Flandes, los hallaran; pero no se atrevi
a dejarse conocer en aquel traje: antes, aventurndolo todo, puesta la
mano en el rostro, pas por delante dellos y fu a buscar a Costanza,
y quiso la buena suerte que la hallase sola; y apriesa y con lengua
turbada, temeroso que ella no le dara lugar para decirle nada, le
dijo:

--Costanza, uno de estos dos caballeros ancianos que aqu han llegado
ahora es mi padre, que es aquel que oyeres llamar don Juan de
Avendao: infrmate de sus criados si tiene un hijo que se llama don
Toms de Avendao, que soy yo, y de aqu podrs ir coligiendo y
averiguando que te he dicho verdad en cuanto a la calidad de mi
persona, y que te la dir en cuanto de mi parte te tengo ofrecido. Y
qudate adis; que hasta que ellos se vayan no pienso volver a esta
casa.

No le respondi nada Costanza ni l aguard a que le respondiese, sino
volvindose a salir, cubierto como haba entrado, se fu a dar cuenta
a Carriazo de cmo sus padres estaban en la posada. Di voces el
husped a Toms, que viniese a dar cebada; pero como no pareci, dila
l mismo. Uno de los dos ancianos llam aparte a una de las dos mozas
gallegas, y preguntle cmo se llamaba aquella muchacha hermosa que
haban visto, y que si era hija o parienta del husped, o huspeda de
casa. La Gallega le respondi:

--La moza se llama Costanza; ni es parienta del husped ni de la
huspeda, ni s lo que es.

El caballero, sin esperar a que le quitasen las espuelas, llam al
husped, y retirndose con l aparte en una sala, le dijo:

--Yo, seor husped, vengo a quitaros una prenda ma que ha algunos
aos que tenis en vuestro poder; para quitrosla os traigo mil
escudos de oro, y estos trozos de cadena, y este pergamino.

Y diciendo esto, sac los seis de la seal de la cadena que l tena.
Asimismo conoci el pergamino, y alegre sobremanera con el
ofrecimiento de los mil escudos, respondi:

--Seor, la prenda que queris quitar est en casa; pero no est en
da la cadena ni el pergamino con que se ha de hacer la prueba de la
verdad que yo creo que vuesa merced trata; y as, le suplico tenga
paciencia; que yo vuelvo luego.

Y al momento fu a avisar al Corregidor de lo que pasaba, y de como
estaban dos caballeros en su posada, que venan por Costanza.

Acababa de comer el Corregidor, y con el deseo que tena de ver el fin
de aquella historia, subi luego a caballo y vino a la posada del
Sevillano, llevando consigo el pergamino de la muestra. Y apenas hubo
visto a los dos caballeros, cuando, abiertos los brazos, fu a abrazar
al uno, diciendo:

--Vlame Dios! Qu buena venida es sta, seor don Juan de Avendao,
primo y seor mo?

El caballero le abraz asimismo, dicindole:

---Sin duda, seor primo, habr sido buena mi venida, pues os veo, y
con la salud que siempre os deseo. Abrazad, primo, a este caballero,
que es el seor don Diego de Carriazo, gran seor y amigo mo.

--Ya conozco al seor don Diego--respondi el Corregidor--, y le soy
muy servidor.

Y abrazndose los dos, despus de haberse recebido con grande amor y
grandes cortesas, se entraron en una sala, donde se quedaron solos
con el husped, el cual ya tena consigo la cadena, y dijo:

--Ya el seor Corregidor sabe a lo que vuesa merced viene, seor don
Diego de Carriazo: vuesa merced saque los trozos que faltan a esta
cadena, y el seor Corregidor sacar el pergamino, que est en su
poder, y hagamos la prueba que ha tantos aos que espero a que se
haga.

--Desa manera--respondi don Diego--, no habr necesidad de dar
cuenta de nuevo al seor Corregidor de nuestra venida, pues bien se
ver que ha sido a lo que vos, seor husped, habris dicho.

--Algo me ha dicho; pero mucho me qued por saber. El pergamino, hele
aqu. Sac don Diego el otro, y juntando las dos partes se hicieron
una, y a las letras del que tena el husped, que eran E T E L S  V D
D R, respondan en el otro pergamino stas: S A S A E AL ER A E A, que
todas juntas decan: STA ES LA SEAL VERDADERA. Cotejronse luego los
trozos de la cadena, y hallaron ser las seas verdaderas.

--Esto est hecho!--dijo el Corregidor--. Resta ahora saber, si es
posible, quin son los padres desta hermossima prenda.

--El padre--respondi don Diego--yo lo soy; la madre ya no vive:
basta saber que fu tan principal que pudiera yo ser su criado.

A estas razones llegaba don Diego cuando oyeron que en la puerta de la
calle decan a grandes voces:

--Dganle a Toms Pedro, el mozo de la cebada, cmo llevan a su amigo
el Asturiano preso; que acuda a la crcel, que all le espera.

A la voz de _crcel_ y de _preso_, dijo el Corregidor que entrase el
preso y el alguacil que le llevaba. Dijeron al alguacil que el
Corregidor, que estaba all, le mandaba entrar con el preso, y as lo
hubo de hacer.

Vena el Asturiano todos los dientes baados en sangre, y muy mal
parado, y muy bien asido del alguacil, y as como entr en la sala,
conoci a su padre y al de Avendao. Turbse, y por no ser conocido,
con un pao, como que se limpiaba la sangre, se cubri el rostro.
Pregunt el Corregidor que qu haba hecho aquel mozo, que tan mal
parado le llevaban. Respondi el alguacil que aquel mozo era un
aguador que le llamaban el Asturiano, a quien los muchachos por las
calles decan: "Daca la cola, Asturiano; daca la cola!", y luego en
breves palabras cont la causa porque le pedan la tal cola, de que no
riyeron poco todos. Dijo ms, que saliendo por la puente de Alcntara,
dndole los muchachos priesa con la demanda de la cola, se haba
apeado del asno, y dando tras todos, alcanz a uno, a quien dejaba
medio muerto a palos; y que querindole prender se haba resistido, y
que por eso iba tan mal parado.

[Ilustracin: "Daca la cola, Asturiano; daca la cola!"...]

Mand el Corregidor que se descubriese el rostro, y porfiando a no
querer descubrirse, lleg el alguacil y quitle el pauelo, y al punto
le conoci su padre, y dijo todo alterado:

--Hijo don Diego, cmo ests desta manera? Qu traje es ste? An
no se te han olvidado tus picardas?

Hinc las rodillas Carriazo, y fuese a poner a los pies de su padre,
que, con lgrimas en los ojos, le tuvo abrazado un buen espacio. Don
Juan de Avendao, como saba que don Diego haba venido con don Toms
su hijo, preguntle por l; a lo cual respondi que don Toms de
Avendao era el mozo que daba cebada y paja en aquella posada. Con
esto que el Asturiano dijo se acab de apoderar la admiracin en todos
los presentes, y mand el Corregidor al husped que trujese all al
mozo de la cebada.

--Yo creo que no est en casa--respondi el husped--; pero yo le
buscar.

Y as, fu a buscalle.

Pregunt don Diego a Carriazo que qu transformaciones eran aqullas,
y qu les haba movido a ser l aguador y don Toms mozo de mesn. A
lo cual respondi Carriazo que no poda satisfacer a aquellas
preguntas tan en pblico; que l respondera a solas.

Estaba Toms Pedro escondido en su aposento, para ver desde all, sin
ser visto, lo que hacan su padre y el de Carriazo. Tenale suspenso
la venida del Corregidor y el alboroto que en toda la casa andaba. No
falt quien le dijese al husped como estaba all escondido; subi por
l, y ms por fuerza que por grado, le hizo bajar; y aun no bajara si
el mismo Corregidor no saliera al patio y le llamara por su nombre,
diciendo:

--Baje vuesa merced, seor pariente; que aqu no le aguardan osos ni
leones.

Baj Toms, y con los ojos bajos y sumisin grande se hinc de
rodillas ante su padre, el cual le abraz con grandsimo contento, a
fuer del que tuvo el padre del Hijo Prdigo cuando le cobr de
perdido.

Ya, en esto, haba venido un coche del Corregidor, para volver en l,
pues la gran fiesta no permita volver a caballo. Hizo llamar a
Costanza, y tomndola de la mano, se la present a su padre, diciendo:

--Recebid, seor don Diego, esta prenda, y estimalda por la ms rica
que acertredes a desear. Y vos, hermosa doncella, besad la mano a
vuestro padre, y dad gracias a Dios, que con tan honrado suceso ha
enmendado, subido y mejorado la bajeza de vuestro estado.

Costanza, que no saba ni imaginaba lo que le haba acontecido, toda
turbada y temblando, no supo hacer otra cosa que hincarse de rodillas
ante su padre, y tomndole las manos se las comenz a besar
tiernamente, bandoselas con infinitas lgrimas que por sus
hermossimos ojos derramaba.

En tanto que esto pasaba, haba persuadido el Corregidor a su primo
don Juan que se viniesen todos con l a su casa; y aunque don Juan lo
rehusaba, fueron tantas las persuasiones del Corregidor, que lo hubo
de conceder; y as, entraron en el coche todos. Pero cuando dijo el
Corregidor a Costanza que entrase tambin en el coche, se le anubl el
corazn, y ella y la huspeda se asieron una a otra, y comenzaron a
hacer tan amargo llanto que quebraba los corazones de cuantos le
escuchaban.

El Corregidor, enternecido, mand que asimismo la huspeda entrase en
el coche, y que no se apartase de su hija, pues por tal la tena,
hasta que saliese de Toledo. As, la huspeda y todos entraron en el
coche, y fueron a casa del Corregidor, donde fueron bien recebidos de
su mujer, que era una principal seora. Comieron regalada y
sumptuosamente, y despus de comer cont Carriazo a su padre cmo por
amores de Costanza don Toms se haba puesto a servir en el mesn, y
que estaba enamorado de tal manera della, que sin que le hubiera
descubierto ser tan principal como era siendo su hija, la tomara por
mujer en el estado de fregona. Visti luego la mujer del Corregidor a
Costanza con unos vestidos de una hija que tena de la misma edad y
cuerpo de Costanza, y si pareca hermosa con los de labradora, con los
cortesanos pareca cosa del cielo: tan bien la cuadraban, que daba a
entender que desde que naci haba sido seora y usado los mejores
trajes que el uso trae consigo.

Entre el Corregidor y don Diego de Carriazo y don Juan de Avendao se
concertaron en que don Toms se casase con Costanza, dndole su padre
los treinta mil escudos que su madre le haba dejado, y el aguador don
Diego de Carriazo casase con la hija del Corregidor.

Desta manera quedaron todos contentos, alegres y satisfechos, y la
nueva de los casamientos y de la ventura de _la fregona ilustre_ se
extendi por la ciudad, y acuda infinita gente a ver a Costanza en el
nuevo hbito, en el cual tan seora se mostraba como se ha dicho.

Un mes se estuvieron en Toledo, al cabo del cual se volvieron a Burgos
don Diego de Carriazo y su mujer, su padre y Costanza, con su marido
don Toms. Qued el Sevillano rico con los mil escudos, y con muchas
joyas que Costanza dio a su seora: que siempre con este nombre
llamaba a la que la haba criado. Dio ocasin la historia de _la
fregona ilustre_ a que los poetas del dorado Tajo ejercitasen sus
plumas en solenizar y en alabar la sin par hermosura de Costanza, la
cual an vive en compaa de su buen mozo de mesn, y Carriazo ni ms
ni menos, con tres hijos, que sin tomar el estillo del padre ni
acordarse si hay almadrabas en el mundo, hoy estn todos estudiando en
Salamanca; y su padre, apenas vee algn asno de aguador, cuando se le
representa y viene a la memoria el que tuvo en Toledo, y teme que
cuando menos se cate ha de remanecer en alguna stira el "Daca la
cola, Asturiano! Asturiano, daca la cola!"




HISTORIA DE LOS TRABAJOS DE PERSILES Y SIGISMUNDA


LIBRO I

CAPITULO XXII

_Donde el capitn da cuenta de las grandes fiestas que acostumbraba a
hacer en su reino el rey Policarpo_.

--"Una de las islas que estn junto a la de Hibernia me dio el cielo
por patria: es tan grande, que toma nombre de reino, el cual no se
hereda, ni viene por sucesin de padre a hijo; sus moradores le eligen
a su beneplcito, procurando siempre que sea el ms virtuoso y mejor
hombre que en l se hallara; y sin intervenir de por medio ruegos o
negociaciones, y sin que los soliciten promesas ni ddivas, de comn
consentimiento de todos sale el rey y toma el cetro absoluto del
mando, el cual le dura mientras le dura la vida o mientras no se
empeora en ella. Y con esto, los que no son reyes procuran ser
virtuosos para serlo, y los que lo son, pugnan serlo ms para no dejar
de ser reyes; con esto se cortan las alas a la ambicin, se atierra la
codicia, y aunque la hipocresa suele andar lista, a largo andar se le
cae la mscara y queda sin el alcanzado premio; con esto los pueblos
viven quietos, campea la justicia y resplandece la misericordia,
despchanse con brevedad los memoriales de los pobres, y los que dan
los ricos, no por serlo son mejor despachados; no agobian la vara de
la justicia las ddivas ni la carne y sangre de los parentescos: todas
las negociaciones guardan sus puntos y andan en sus quicios;
finalmente, reino es donde se vive sin temor de los insolentes y donde
cada uno goza lo que es suyo.

"Esta costumbre, a mi parecer justa y santa, puso el cetro del reino
en las manos de Policarpo, varn insigne y famoso, as en las armas
como en las letras, el cual tena cuando vino a ser rey dos hijas de
extremada belleza, la mayor llamada Policarpa y la menor Sinforosa; no
tenan madre, que no les hizo falta cuando muri sino en la compaa:
que sus virtudes y agradables costumbres eran ayas de s mismas, dando
maravilloso ejemplo a todo el reino. Con estas buenas partes, as
ellas como el padre se hacan amables, se estimaban de todos. Los
reyes, por parecerles que la malencola en los vasallos suele
despertar malos pensamientos, procuran tener alegre el pueblo y
entretenido con fiestas pblicas y a veces con ordinarias comedias;
principalmente solenizaban el da que fueron asumptos al reino con
hacer que se renovasen los juegos que los gentiles llamaban Olmpicos,
en el mejor modo que podan. Sealaban premio a los corredores,
honraban a los diestros, coronaban a los tiradores y suban al cielo
de la alabanza a los que derribaban a otros en la tierra. Hacase este
espectculo junto a la marina, en una espaciosa playa, a quien
quitaban l sol infinita cantidad de ramos entretejidos que la dejaban
a la sombra; ponan en la mitad un suntuoso teatro, en el cual,
sentado el rey y la real familia, miraban los apacibles juegos.
Llegse un da dstos, y Policarpo procur aventajarse en
magnificencia y grandeza en solenizarle sobre todos cuantos hasta all
se haban hecho; y cuando ya el teatro estaba ocupado con su persona y
con los mejores del reino, y cuando ya los instrumentos blicos y los
apacibles queran dar seal que las fiestas se comenzasen, y cuando ya
cuatro corredores, mancebos giles y sueltos, tenan los pies
izquierdos delante y los derechos alzados, que no les impeda otra
cosa el soltarse a la carrera sino soltar una cuerda que les serva de
raya y de seal, que en soltndola haban de volar a un trmino
sealado, donde haban de dar fin a su carrera, digo que en este
tiempo vieron venir por la mar un barco que le blanqueaban los
costados el ser recin despalmado, y le facilitaban el romper del agua
seis remos que de cada banda traa, impelidos de doce, al parecer,
gallardos mancebos, de dilatadas espaldas y pechos y de nervudos
brazos; venan vestidos de blanco todos, sino el que guiaba el timn,
que vena de encarnado, como marinero. Lleg con furia el barco a la
orilla, y el encallar en ella y el saltar todos los que en l venan
en tierra fu una misma cosa. Mand Policarpo que no saliesen a la
carrera hasta saber qu gente era aqulla y a lo que vena, puesto que
imagin que deban de venir a hallarse en las fiestas y a probar su
gallarda en los juegos. El primero que se adelant a hablar al rey
fu el que serva de timonero, mancebo de poca edad, cuyas mejillas,
desembarazadas y limpias, mostraban ser de nieve y de grana; los
cabellos, anillos de oro; y cada una parte de las del rostro tan
perfecta, y todas juntas tan hermosas, que formaban un compuesto
admirable. Luego la hermosa presencia del mozo arrebat la vista y aun
los corazones de cuantos le miraron, y yo desde luego le qued
aficionadsimo. Lo que dijo al rey:

"--Seor, estos mis compaeros y yo, habiendo tenido noticia destos
juegos, venimos a servirte y hallarnos en ellos, y no de lejas
tierras, sino desde una nave que dejamos en la isla Scinta, que no
est lejos de aqu; y como el viento no hizo a nuestro propsito para
encaminar aqu la nave, nos aprovechamos de esta barca y de los remos
y de la fuerza de nuestros brazos. Todos somos nobles y deseosos de
ganar honra, y por la que debes hacer, como rey que eres, a los
extranjeros que a tu presencia llegan, te suplicamos nos concedas
licencia para mostrar o nuestras fuerzas o nuestros ingenios, en honra
y provecho nuestro y gusto tuyo.

"--Por cierto--respondi Policarpo--, agraciado joven, que vos peds
lo que queris con tanta gracia y cortesa, que sera cosa injusta el
negroslo. Honrad mis fiestas en lo que quisiredes; dejadme a m el
cargo de premiroslo: que, segn vuestra gallarda presencia muestra,
poca esperanza dejis a ninguno de alcanzar los primeros premios.

"Dobl la rodilla el hermoso mancebo y se inclin la cabeza en seal
de crianza y agradecimiento, y en dos brincos se puso ante la cuerda
que detena a los cuatro ligeros corredores; sus doce compaeros se
pusieron a un lado, a ser espectadores de la carrera. Son una
trompeta, soltaron la cuerda, y arrojronse al vuelo los cinco; pero
an no habran dado veinte pasos, cuando, con ms de seis se les
aventaj el recin venido, y a los treinta, ya los llevaba de ventaja
ms de quince; finalmente, se los dej a poco ms de la mitad del
camino, como si fueran estatuas inmovibles, con admiracin de todos
los circunstantes, especialmente de Sinforosa, que le segua con la
vista, as corriendo como estando quedo, porque la belleza y agilidad
del mozo era bastante para llevar tras s las voluntades, no slo de
los ojos de cuantos le miraban. Comenz luego la invidia a apoderarse
de los pechos de los que se haban de probar en los juegos, viendo con
cunta facilidad se haba llevado el extranjero el precio de la
carrera. Fu el segundo certamen el de la esgrima: tom el ganancioso
la espada negra, con la cual, a seis que le salieron, cada uno de por
s, les cerr las bocas, mosque las narices, les sell los ojos y les
santigu las cabezas, sin que a l le tocasen, como decirse suele, un
pelo de la ropa. Alz la voz el pueblo, y de comn consentimiento le
dieron el premio primero. Luego se acomodaron otros seis a la lucha,
donde con mayor gallarda dio de s muestra el mozo: descubri sus
dilatadas espaldas, sus anchos y fortsimos pechos, y los nervios y
msculos de sus fuertes brazos, con los cuales, y con destreza y maa
increble, hizo que las espaldas de los seis luchadores, a despecho y
pesar suyo, quedasen impresas en la tierra. Asi luego de una pesada
barra que estaba hincada en el suelo, porque le dijeron que era el
tirarla el cuarto certamen; sompesla, y haciendo de seas a la gente
que estaba delante para que le diesen lugar donde el tiro cupiese,
tomando la barra por la una punta, sin volver el brazo atrs, la
impeli con tanta fuerza, que, pasando los lmites de la marina, fu
menester que el mar se los diese, en el cual bien adentro qued
sepultada la barra. Esta monstruosidad, notada de sus contrarios, les
desmay los bros, y no osaron probarse en la contienda. Pusironle
luego la ballesta en las manos y algunas flechas, y mostrronle un
rbol muy alto y muy liso, al cabo del cual estaba hincada una media
lanza, y en ella, de un hilo, estaba asida una paloma, a la cual
haban de tirar no ms de un tiro los que en aquel certamen quisiesen
probarse.

"Uno, que presuma de certero, se adelant y tom la mano, creo yo,
pensando derribar la paloma antes que otro; tir, y clav su flecha
casi en el fin de la lanza, del cual golpe, azorada la paloma, se
levant en el aire; y luego, otro no menos presumido que el primero,
tir con tan gentil certera, que rompi el hilo donde estaba asida la
paloma, que suelta y libre del lazo que la detena, entreg su
libertad al viento y bati las alas con priesa. Pero el ya
acostumbrado a ganar los primeros premios dispar su flecha; y, como
si mandara lo que haba de hacer, y ella tuviera entendimiento para
obedecerle, as lo hizo, pues, dividiendo el aire con un rasgado y
tendido silbo, lleg a la paloma y le pas el corazn de parte a
parte, quitndole a un mismo punto el vuelo y la vida. Renovronse con
esto las voces de los presentes y las alabanzas del extranjero; el
cual en la carrera, en la esgrima, en la lucha, en la barra y en el
tirar de la ballesta, y entre otras muchas pruebas que no cuento, con
grandsimas ventajas se llev los primeros premios, quitando el
trabajo a sus compaeros de probarse en ellas. Cuando se acabaron los
juegos, sera el crepsculo de la noche; y cuando el rey Policarpo
quera levantarse de su asiento, con los jueces que con l estaban,
para premiar al vencedor mancebo, vi que, puesto de rodillas ante l,
le dijo:

"--Nuestra nave qued sola y desamparada; la noche cierra algo escura;
los premios que puedo esperar, que por ser de tu mano se deben estimar
en lo posible, quiero, oh gran seor!, que los dilates hasta otro
tiempo, que con ms espacio y comodidad pienso volver a servirte.

"Abrazle el rey, preguntle su nombre, y dijo que se llamaba
Periandro. Quitse en esto la bella Sinforosa una guirnalda de flores
con que adornaba su hermossima cabeza, y la puso sobre la del
gallardo mancebo, y, con honesta gracia, le dijo al ponrsela:

"--Cuando mi padre sea tan venturoso de que volvis a verle, veris
cmo no vendris a servirle sino a ser servido."


LIBRO II

CAPITULO X

_Cuenta Periandro el suceso de su viaje_.

--"El principio y prembulo de mi historia, ya que queris, seores,
que os la cuente, quiero que sea ste: que nos contemplis a mi
hermana y a m, con una anciana ama suya, embarcados en una nave cuyo
dueo, en el lugar de parecer mercader, era un gran corsario. Las
riberas de una isla barramos; quiero decir que bamos tan cerca de
ella que distintamente conocamos, no solamente los rboles, pero sus
diferencias. Mi hermana, cansada de haber andado algunos das por el
mar, dese salir a recrearse a la tierra; pidiselo al capitn, y como
sus ruegos tienen siempre fuerza de mandamiento, consinti el capitn
en el de su ruego, y en la pequea barca de la nave, con solo un
marinero, nos ech en tierra a m y a mi hermana y a Cloelia, que ste
era el nombre de su ama. Al tomar tierra vio l marinero que un
pequeo ro, por una pequea boca, entraba a dar al mar su tributo;
hacanle sombra por una y otra ribera gran cantidad de verdes y
hojosos rboles, a quien servan de cristalinos espejos sus
transparentes aguas. Rogmosle se entrase por el ro, pues la amenidad
del sitio nos convidaba. Hzolo as, y comenz a subir por el ro
arriba, y habiendo perdido de vista la nave, soltando los remos, se
detuvo y dijo: "Mirad, seores, del modo que habis de hacer este
viaje, y haced cuenta que esta pequea barca que ahora os lleva es
vuestro navo, porque no habis de volver ms al que en la mar os
queda aguardando, si ya esta seora no quiere perder la honra y vos
que decs que sois su hermano, la vida." Djome, en fin, que el
capitn del navo quera darme a m la muerte, y que atendisemos a
nuestro remedio, que l nos seguira y acompaara en todo lugar y en
todo acontecimiento. Si nos turbamos con esta nueva jzguelo el que
estuviere acostumbrado a recebirlas malas de los bienes que espera.
Agradecle el aviso y ofrecle la recompensa cuando nos visemos en
ms felice estado. "Aun bien--dijo Cloelia--, que traigo conmigo las
joyas de mi seora." Y aconsejndonos los cuatro de lo que hacer
debamos, fu parecer del marinero que nos entrsemos el ro adentro;
quiz descubriramos algn lugar que nos defendiese, si acaso los de
la nave viniesen a buscarnos. "Mas no vendrn--dijo--, porque no hay
gente en todas estas islas que no piense ser cosarios todos cuantos
surcan estas riberas, y en viendo la nave o naves luego toman las
armas para defenderse, y si no es con asaltos nocturnos y secretos,
nunca salen medrados los cosarios." Parecime bien su consejo; tom yo
el un remo y aydele a llevar el trabajo. Subimos por el ro arriba, y
habiendo andado como dos millas, lleg a nuestros odos el son de
muchos y varios instrumentos formado, y luego se nos ofreci a la
vista una selva de rboles movibles que de la una ribera a la otra
ligeramente cruzaban; llegamos ms cerca, y conocimos ser barcas
enramadas lo que parecan rboles, y que el son le formaban los
instrumentos que taan los que en ellas iban. Apenas nos hubieron
descubierto, cuando se vinieron a nosotros y rodearon nuestro barco
por todas partes. Levantse en pie mi hermana, y, echndose sus
hermosos cabellos a las espaldas, tomados por la frente con una cinta
leonada o listn que le dio su ama, hizo de s casi divina e improvisa
muestra; que, como despus supe, por tal la tuvieron todos los que en
las barcas venan, los cuales, a voces, como dijo el marinero, que las
entenda, decan: "Qu es esto? Qu deidad es sta que viene a
visitarnos y a dar el parabin al pescador Carino y a la sin par
Selviana de sus felicsimas bodas?" Luego dieron cabo a nuestra barca
y nos llevaron a desembarcar no lejos del lugar donde nos haban
encontrado.

[Ilustracin: Qu deidad es sta que viene a visitarnos?]

"Apenas pusimos los pies en la ribera, cuando un escuadrn de
pescadores, que as lo mostraban ser en su traje, nos rodearon, y uno
por uno, llenos de admiracin y reverencia, llegaron a besar las
orillas del vestido de Auristela, _mi hermana_, la cual, a pesar del
temor que la congojaba de las nuevas que la haban dado, se mostr a
aquel punto tan hermosa, que yo disculpo el error de aquellos que la
tuvieron por divina. Poco desviados de la ribera, vimos un tlamo en
gruesos troncos de sabina sustentado, cubierto de verde juncia, y
oloroso con diversas flores, que servan de alcatifas al suelo; vimos
ansimismo levantarse de unos asientos dos mujeres y dos hombres, ellas
mozas y ellos gallardos mancebos; la una, hermosa sobremanera, y la
otra, fea sobremanera; el uno, gallardo y gentil hombre, y el otro, no
tanto; y todos cuatro se pusieron de rodillas ante Auristela, y el ms
gentil hombre dijo: "Oh, t, quienquiera que seas, que no puedes ser
sino cosa del cielo! Mi hermano y yo, con el extremo a nuestras
fuerzas posible, te agradecemos esta merced que nos haces honrando
nuestras pobres y ya de hoy ms ricas bodas. Ven, seora, y si, en
lugar de los palacios de cristal que en el profundo mar dejas, como
una de sus habitadoras, hallares en nuestros ranchos las paredes de
conchas y los tejados de mimbres, o, por mejor decir, las paredes de
mimbres y los tejados de conchas, hallars, por lo menos, los deseos
de oro y las voluntades de perlas para servirte. Y hago esta
comparacin, que parece impropia, porque no hallo cosa mejor que el
oro ni ms hermosa que las perlas." Inclinse a abrazarle Auristela,
confirmando con su gravedad, cortesa y hermosura la opinin que della
tenan. El pescador menos gallardo se apart a dar orden a la dems
turba a que levantasen las voces en alabanzas de la recin venida
extranjera y que tocasen todos los instrumentos en seal del regocijo.
Las dos pescadoras, fea y hermosa, con sumisin humilde, besaron las
manos a Auristela, y ella las abraz corts y amigablemente. El
marinero, contentsimo del suceso, di cuenta a los pescadores del
navo que en el mar quedaba, dicindoles que era de cosarios, de quien
se tema que haban de venir por aquella doncella, que era una
principal seora, hija de reyes; que para mover los corazones a su
defensa le pareci ser necesario levantar este testimonio a mi
hermana. Apenas entendieron esto, cuando dejaron los instrumentos
regocijados y acudieron a los blicos, que tocaron "Arma, arma!" por
entrambas riberas.

"Lleg en esto la noche; recogmonos al mismo rancho de los
desposados, pusironse centinelas hasta la misma boca del ro,
cebronse las nasas, tendironse las redes y acomodronse los
anzuelos, todo con intencin de regalar y servir a sus nuevos
huspedes; y, por ms honrarlos, los dos recin desposados no
quisieron aquella noche pasarla con sus esposas, sino dejar los
ranchos solos a ellas, y a Auristela y a Cloelia, y que ellos, con sus
amigos, conmigo y con el marinero, se les hiciese guarda y centinela;
y aunque sobraba la claridad del cielo por la que ofreca la de la
creciente luna, y en la tierra ardan las hogueras que el nuevo
regocijo haba encendido, quisieron los desposados que censemos en el
campo los varones y dentro del rancho las mujeres. Hzose as, y fu
la cena tan abundante, que pareci que la tierra se quiso aventajar al
mar, y el mar a la tierra, en ofrecer la una sus carnes y la otra sus
pescados.

"Passe la noche; vino el da, cuya alborada fu regocijadsima,
porque con nuevos y verdes ramos parecieron adornadas las barcas de
los pescadores; sonaron los instrumentos con nuevos y alegres sones;
alzaron las voces todos, con que se aument la alegra; salieron los
desposados para irse a poner en el tlamo donde haban estado el da
de antes; vistironse Selviana y Leoncia de nuevas ropas de boda.

"Celebrse la fiesta, y luego salieron de entre las barcas del ro
cuatro despalmadas, vistosas por las diversas colores con que venan
pintadas, y los remos, que eran seis de cada banda, ni ms ni menos;
las banderetas, que venan muchas por los filaretes, ansimismo eran de
varios colores; los doce remeros de cada una venan vestidos de
blanqusimo y delgado lienzo, de aquel mismo modo que yo vine cuando
entr la vez primera en esta isla. Luego conoc que queran las barcas
correr el palio, que se mostraba puesto en el rbol de otra barca,
desviada de las cuatro como tres carreras de caballo; era el palio de
tafetn verde, listado de oro, vistoso y grande, pues alcanzaba a
besar y aun a pasearse por las aguas. El rumor de la gente y el son de
los instrumentos era tan grande, que no se dejaba entender lo que
mandaba el capitn del mar, que en otra pintada barca vena.
Apartronse las enramadas barcas a una y otra parte del ro, dejando
un espacio llano en medio, por donde las cuatro competidoras barcas
volasen, sin estorbar la vista a la infinita gente que desde el tlamo
y desde ambas riberas estaba atenta a mirarlas; y estando ya los
bogadores asidos de las manillas de los remos, descubiertos los
brazos, donde se parecan los gruesos nervios, las anchas venas y los
torcidos msculos, atendan la seal de la partida, impacientes por la
tardanza, y fogosos, bien ans como lo suele estar el generoso can de
Irlanda, cuando su dueo no le quiere soltar de la trailla a hacer la
presa que a la vista se le muestra.

"Lleg, en fin, la seal esperada, y a un mismo tiempo arrancaron
todas cuatro barcas, que no por el agua, sino por el viento pareca
que volaban. La que traa por insignia a la Buena Fortuna, cuando
estaba desmayada y casi para dejar la empresa, apret, como decirse
suele, los puos, y, deslizndose por un lado, pas delante de todas.
Cambironse los gritos de los que miraban, cuyas voces sirvieron de
aliento a sus bogadores, que, embebidos en el gusto de verse
mejorados, les pareca que, si los que quedaban atrs entonces les
llevaran la misma ventaja, no dudaran de alcanzarlos ni de ganar el
premio, como lo ganaron, ms por ventura que por ligereza. En fin: la
Buena Fortuna fu la que la tuvo buena entonces.

CAPITULO XII

--"La fiesta de mis pescadores, tan regocijada como pobre, excedi a
las de los triunfos romanos: que tal vez en la llaneza y en la
humildad suelen esconderse los regocijos ms aventajados. Pero como
las venturas humanas estn por la mayor parte pendientes de hilos
delgados, y los de la mudanza fcilmente se quiebran y desbaratan,
como se quebraron las de mis pescadores, y se retorcieron y
fortificaron mis desgracias, aquella noche la pasamos todos en una
isla pequea que en la mitad del ro se haca, convidados del verde
sitio y apacible lugar. Holgbanse los desposados, y ordenaron que en
aquella isla del ro se renovasen las fiestas y se continuasen por
tres das. La sazn del tiempo, que era la del verano, la comodidad
del sitio, el resplandor de la luna, el susurro de las fuentes, la
fruta de los rboles, el olor de las flores, cada cosa dstas de por
s, y todas juntas, convidaban a tener por acertado el parecer de que
all estuvisemos el tiempo que las fiestas durasen.

"Pero apenas nos habamos reducido a la isla, cuando, de entre un
pedazo de bosque que en ella estaba, salieron hasta cincuenta
salteadores armados a la ligera, bien como aquellos que quieren robar
y hur, todo a un mismo punto; y como los descuidados acometidos
suelen ser vencidos con su mismo descuido, casi sin ponernos en
defensa, turbados con el sobresalto, antes nos pusimos a mirar que
acometer a los ladrones, los cuales, como hambrientos lobos,
arremetieron al rebao de las simples ovejas, y se llevaron, si no en
la boca, en los brazos, a mi hermana Auristela, a Cloelia, su ama, y a
Selviana y a Leoncia, como si solamente vinieran a ofendellas, porque
se dejaron muchas otras mujeres a quien la naturaleza haba dotado de
singular hermosura. Yo, a quien el extrao caso ms colrico que
suspenso me puso, me arroj tras los salteadores, los segu con los
ojos y con las voces, afrentndolos, como si ellos fueran capaces de
sentir afrentas, solamente para irritarlos a que mis injurias les
moviesen a volver a tomar venganza de ellas: pero ellos, atentos a
salir con su intento, o no oyeron, o no quisieron vengarse, y as se
desaparecieron; y luego los desposados y yo, con algunos de los
principales pescadores, nos juntamos, como suele decirse, a consejo,
sobre qu haramos para enmendar nuestro yerro y cobrar nuestras
prendas. Uno dijo: "No es posible sino que alguna nave de salteadores
est en la mar, y en parte donde con facilidad ha echado esta gente en
tierra, quiz sabidores de nuestra junta y de nuestras fiestas. Si
esto es ans, como sin duda lo imagino, el mejor remedio es que salgan
algunos barcos de los nuestros, y les ofrezcan todo el rescate que por
la presa quisieren, sin detenerse en l, tanto ms cuanto que las
prendas de esposas, hasta las mismas vidas de sus mismos esposos
merecen en rescate." "Yo ser--dije entonces--el que har esa
diligencia: que, para conmigo, tanto vale la prenda de mi hermana como
si fuera la vida de todos los del mundo." Lo mismo dijeron Carino y
Solercio, ellos llorando en pblico, y yo muriendo en secreto.

"Cuando tomamos esta resolucin, comenzaba anochecer; pero, con todo
eso, nos entramos en un barco los desposados y yo, con seis remeros;
pero, cuando salimos al mar descubierto, haba acabado de cerrar la
noche, por cuya escuridad no vimos bajel alguno. Determinamos de
esperar el venidero da, por ver si con la claridad descubramos algn
navo, y quiso la suerte que descubrisemos dos, el uno que sala del
abrigo de la tierra, y el otro que vena a tomarla; conoc que el que
dejaba la tierra era el mismo de quien habamos salido a la isla, as
en las banderas como en las velas, que venan cruzadas con una cruz
roja; los que venan de fuera las traan verdes, y los unos y los
otros eran cosarios. Pues como yo imagin que el navo que sala de la
isla era el de los salteadores de la presa, hice poner en una lanza
una bandera blanca de seguro; vine arrimando al costado del navo,
para tratar del rescate, llevando cuidado de que no me prendiese.
Asomse el capitn al borde, y cuando quise alzar la voz para
hablarle, puedo decir que me la turb y suspendi y cort en la mitad
del camino un espantoso trueno que form el disparar de un tiro de
artillera de la nave de fuera, en seal de que desafiaba a la batalla
al navo de tierra. Al mismo punto le fu respondido con otro no menos
poderoso, y, en un instante, se comenzaron a caonear las dos naves,
como si fueran de dos conocidos y irritados enemigos. Desvise nuestro
barco de en mitad de la furia, y desde lejos estuvimos mirando la
batalla; y habiendo jugado la artillera casi una hora, se aferraron
los dos navos con una no vista furia. Los del navo de fuera, o ms
venturosos, o, por mejor decir, ms valientes, saltaron en el navo de
tierra, y en un instante desembarazaron toda la cubierta, quitando la
vida a sus enemigos, sin dejar a ninguno con ella.

"Vindose, pues, libres de sus ofensores, se dieron a saquear el navo
de las cosas ms preciosas que tena, que por ser de cosarios no era
mucho, aunque en mi estimacin eran las mejores del mundo, porque se
llevaron de las primeras a mi hermana, a Selviana, a Leoncia y a
Cloelia, con que enriquecieron su nave, parecindoles que en la
hermosura de Auristela llevaban un precioso y nunca visto rescate.
Quise llegar con mi barca a hablar con el capitn de los vencedores;
pero como mi ventura andaba siempre en los aires, uno de tierra sopl
y hizo apartar el navo. No pude llegar a l ni ofrecer imposibles por
el rescate de la presa, y as fu forzoso el volvernos, sin ninguna
esperanza de cobrar nuestra prdida; y, por no ser otra la derrota que
el navo llevaba que aquella que el viento le permita, no podimos por
entonces juzgar el camino que hara, ni seal que nos diese a entender
quines fuesen los vencedores, para juzgar siquiera, sabiendo su
patria, las esperanzas de nuestro remedio. El vol, en fin, por el mar
adelante, y nosotros, desmayados y tristes, nos entramos en el ro,
donde todos los barcos de los pescadores nos estaban esperando. No s
si os diga, seores, lo que es forzoso deciros: un cierto espritu se
entr entonces en mi pecho, que, sin mudarme el ser, me pareci que le
tena ms que de hombre, y as, levantndome en pie sobre la barca,
hice que la rodeasen todas las dems y estuviesen atentos a stas o
otras semejantes razones que les dije: "La baja fortuna jams se
enmend con la ociosidad ni con la pereza; en los nimos encogidos
nunca tuvo lugar la buena dicha; nosotros mismos nos fabricamos
nuestra ventura, y no hay alma que no sea capaz de levantarse a su
asiento; los cobardes, aunque nazcan ricos, siempre son pobres, como
los avaros mendigos. Esto os digo oh amigos mos! para moveros y
incitaros a que mejoris vuestra suerte y a que dejis el pobre ajuar
de unas redes y de unos estrechos barcos, y busquis los tesoros que
tiene en s encerrados el generoso trabajo: llamo generoso al trabajo
del que se ocupa en cosas grandes. Si suda el cavador rompiendo la
tierra, y apenas saca premio que le sustente ms que un da, sin ganar
fama alguna, por qu no tomar, en lugar de la azada, una lanza, y,
sin temor del sol ni de todas las inclemencias del cielo, procurar
ganar con el sustento fama que le engrandezca sobre los dems hombres?
La guerra, as como es madrastra de los cobardes, es madre de los
valientes, y los premios que por ella se alcanzan se pueden llamar
ultramundanos. Ea, pues, amigos, juventud valerosa, poned los ojos en
aquel navo que se lleva las caras prendas de vuestros parientes,
encerrndonos en estotro que en la ribera nos dejaron, casi, a lo que
creo, por ordenacin del cielo! Vamos tras l, y hagmonos piratas, no
codiciosos, como son los dems, sino justicieros, como lo seremos
nosotros. A todos se nos entiende el arte de la marinera; bastimentos
hallaremos en el navo, con todo lo necesario a la navegacin, porque
sus contrarios no le despojaron ms que de las mujeres; y si es grande
el agravio que hemos recebido, grandsima es la ocasin que para
vengarle se nos ofrece. Sgame, pues, el que quisiere, que yo os
suplico, y Carino y Solercio os lo ruegan, que bien s que no me han
de dejar en esta valerosa empresa."

"Apenas hube acabado de decir estas razones, cuando se oy el murmureo
por todas las barcas, procedido de que unos con otros se aconsejaban
de lo que haran, y entre todos sali una voz que dijo: "Embrcate,
generoso husped, y s nuestro capitn y nuestra gua, que todos te
seguiremos." Esta tan improvisa resolucin de todos me sirvi de
felice auspicio, y, por temer que la dilacin de poner en obra mi buen
pensamiento no les diese ocasin de madurar su discurso, me adelant
con mi barco, al cual siguieron otros casi cuarenta; llegu a
reconocer el navo: entr dentro, escudrile todo, mir lo que tena
y lo que le faltaba, y hall todo lo que me pudo pedir el deseo que
fuese necesario para el viaje. Aconsejles que ninguno volviese a
tierra, por quitar la ocasin de que el llanto de las mujeres y el de
los queridos hijos no fuese parte para dejar de poner en efeto
resolucin tan gallarda. Todos lo hicieron as, y desde all se
despidieron con la imaginacin de sus padres, hijos y mujeres. Caso
extrao, y que ha menester que la cortesa ayude a darle crdito!
Ninguno volvi a tierra, ni se acomod de ms vestidos de aquellos con
que haba entrado en el navo, en el cual, sin repartir los oficios,
todos servan de marineros y de pilotos, excepto yo, que fu nombrado
por capitn por gusto de todos. Y, encomendndome a Dios, comenc
luego a ejercer mi oficio, y lo primero que mand fu desembarazar el
navo de los muertos que haban sido en la pasada refriega, y
limpiarle de la sangre de que estaba lleno; orden que se buscasen
todas las armas, ans ofensivas como defensivas, que en l haba, y,
repartindolas entre todos, di a cada uno la que, a mi parecer, mejor
le estaba; requer los bastimentos, y, conforme a la gente, tante
para cuntos das seran bastantes, poco ms o menos. Hecho esto, y
hecha oracin al cielo, suplicndole encaminase nuestro viaje y
favoreciese nuestros tan honrados pensamientos, mand izar las velas,
que an se estaban atadas a las entenas, y que las diramos al viento,
que, como se ha dicho, soplaba de la tierra, y, tan alegres como
atrevidos, y tan atrevidos como confiados, comenzamos a navegar por la
misma derrota que nos pareci que llevaba el navo de la presa.

"Veisme aqu, seores que me estis escuchando, hecho pescador y
casamentero rico con mi querida hermana, y pobre sin ella, robado de
salteadores y subido al grado de capitn contra ellos: que las vueltas
de mi fortuna no tienen un punto donde paren ni trminos que las
encierren.

CAPITULO XVI

--"Dos meses anduvimos por el mar sin que nos sucediese cosa de
consideracin alguna, puesto que le escombramos de ms de sesenta
navos de cosarios que, por serlo verdaderos, adjudicamos sus robos a
nuestro navo y le llenamos de innumerables despojos, con que mis
compaeros iban alegres, y no les pesaba de haber trocado el oficio de
pescadores en el de piratas, porque ellos no eran ladrones sino de
ladrones, ni robaban sino lo robado.

"Sucedi, pues, que un porfiado viento nos salte una noche, que, sin
dar lugar a que amainsemos algn tanto o templsemos las velas, en
aquel trmino que las hall, las tendi y acos, de modo que, como he
dicho, ms de un mes navegamos por una misma derrota; tanto, que,
tomando mi piloto el altura del polo donde nos tom el viento, y
tanteando las leguas que hacamos por hora, y los das que habamos
navegado, hallamos ser cuatrocientas leguas, poco ms o menos. Volvi
el piloto a tomar la altura, y vi que estaba debajo del norte, en el
paraje de Noruega, y con voz grande y mayor tristeza dijo:
"Desdichados de nosotros, que si el viento no nos concede a dar la
vuelta para seguir otro camino, en ste se acabar el de nuestra vida,
porque estamos en el mar glacial, digo, en el mar helado; y si aqu
nos saltea el hielo, quedaremos empedrados en estas aguas." Apenas
hubo dicho esto, cuando sentimos que el navo tocaba por los lados y
por la quilla como en movibles peas, por donde se conoci que ya el
mar se comenzaba a helar, cuyos montes de hielo, que por dentro se
formaban, impedan el movimiento del navo. Amainamos de golpe,
porque, topando en ellos, no se abriese, y en todo aquel da y aquella
noche se congelaron las aguas tan duramente y se apretaron de modo
que, cogindonos en medio, dejaron al navo engastado en ellas, como
lo suele estar la piedra en el anillo. Casi como en un instante
comenz el hielo a entumecer los cuerpos ya entristecer nuestras
almas, y haciendo el miedo su oficio, considerando el manifiesto
peligro, no nos dimos ms das de vida que los que pudiese sustentar
el bastimento que en el navo hubiese, en el cual bastimento desde
aquel punto se puso tasa y se reparti por orden, tan miserable y
estrechamente, que desde luego comenz a matarnos la hambre. Tendimos
la vista por todas partes, y no topamos con ella en cosa que pudiese
alentar nuestra esperanza, si no fu con un bulto negro que, a nuestro
parecer, estara de nosotros seis o ocho millas; pero luego imaginamos
que deba de ser algn navo a quien la comn desgracia de hielo tena
aprisionado. Este peligro sobrepuja y se adelanta a los infinitos en
que de perder la vida me he visto, porque un miedo dilatado y un temor
no vencido fatiga ms el alma que una repentina muerte: que en el
acabar sbito se ahorran los miedos y los temores que la muerte trae
consigo, que suelen ser tan malos como la misma muerte. Esta, pues,
que nos amenazaba, tan hambrienta como larga, nos hizo tomar una
resolucin, si no desesperada, temeraria, por lo menos, y fu que
consideramos que, si los bastimentos se nos acababan, el morir de
hambre era la ms rabiosa muerte que puede caber en la imaginacin
humana; y as, determinamos de salirnos del navo y caminar por encima
del yelo, y ir a ver si en el que se pareca habra alguna cosa de que
aprovecharnos, o ya de grado, o ya por fuerza.

"Psose en obra nuestro pensamiento, y en un instante vieron las aguas
sobre s formado, con pies enjutos, un escuadrn pequeo, pero de
valentsimos soldados, y siendo yo la gua, resbalando, cayendo y
levantando, llegamos al otro navo, que lo era casi tan grande como el
nuestro. Haba gente l que, puesta sobre el borde, adevinando la
intencin de nuestra venida, a voces comenz uno a decirnos: "A qu
vens, gente desesperada? Qu buscis? Vens, por ventura, a
apresurar nuestra muerte y a morir con nosotros? Volveos a vuestro
navo, y si os faltan bastimentos, roed las jarcias y encerrad en
vuestros estmagos los embreados leos, si es posible, porque pensar
que os hemos de dar acogida ser pensamiento vano y contra los
preceptos de la caridad, que ha de comenzar de s mismo. Dos meses
dicen que suele durar este yelo que nos detiene; para quince das
tenemos sustento; si es bien que le repartamos con vosotros, a vuestra
consideracin lo dejo." A lo que yo le respond: "En los apretados
peligros toda razn se atropella; no hay respeto que valga ni buen
trmino que se guarde. Acogednos en vuestro navo de grado, y
juntaremos en l el bastimento que en el nuestro queda, y commoslo
amigablemente, antes que la precisa necesidad nos haga mover las armas
y usar de la fuerza." Esto le respond yo, creyendo no decan verdad
en la cantidad del bastimento que sealaban; pero ellos, vindose
superiores y aventajados en el puesto, no temieron nuestras amenazas
ni admitieron nuestros ruegos; antes arremetieron a las armas y se
pusieron en orden de defenderse. Los nuestros, a quien la
desesperacin, de valientes, hizo valentsimos, aadiendo a la
temeridad nuevos bros, arremetieron al navo y casi sin recebir
herida le entraron y le ganaron, y alzse una voz entre nosotros que a
todos les quitsemos la vida por ahorrar de balas y de estmagos por
donde se fuese el bastimento que en el navo hallsemos. Yo fu de
parecer contrario, y, quiz por tenerle bueno, en esto nos socorri el
cielo, como despus dir, aunque primero quiero deciros que este navo
era el de los cosarios que haban robado a mi hermana y a las dos
recin desposadas pescadoras. Apenas le hube reconocido, cuando dije a
voces: "Adnde tenis, ladrones, nuestras almas? Adnde estn las
vidas que nos robastes? Qu habis hecho de mi hermana Auristela y de
las dos, Selviana y Leoncia, partes, mitades de los corazones de mis
buenos amigos Carino y Solercio?" A lo que uno me respondi: "Esas
mujeres pescadoras que dices las vendi nuestro capitn, que ya es
muerto, a Arnaldo, prncipe de Dinamarca."

CAPITULO XVIII

--"En tanto que los mos andaban escudriando y tanteando los
bastimentos que haba en el empedrado navo, a deshora, y de
improviso, de la parte de tierra descubrimos que sobre los hielos
caminaba un escuadrn de armada gente, de ms de cuatro mil personas
formado. Dejnos ms helados que el mismo mar vista semejante,
aprestando las armas, ms por muestra de ser hombres que con
pensamiento de defenderse. Caminaban sobre slo un pie, dndose con el
derecho sobre el calcao izquierdo, con que se impelan y resbalaban
sobre el mar grandsimo trecho, y luego, volviendo a reiterar el
golpe, tornaban a resbalar otra gran pieza de camino; y desta suerte,
en un instante fueron con nosotros y nos rodearon por todas partes, y
uno de ellos, que, como despus supe, era el capitn de todos,
llegndose cerca de nuestro navo, a trecho que pudo ser odo,
asegurando la paz con un pao blanco que volteaba sobre el brazo, en
lengua polaca, con voz clara, dijo: "Cratilo, rey de Bituania y seor
destos mares, tiene por costumbre de requerirlos con gente armada, y
sacar de ellos los navos que del hielo estn detenidos, a lo menos la
gente y la mercanca que tuvieren, por cuyo beneficio se paga con
tomarla por suya. Si vosotros gustredes de acetar este partido, sin
defenderos, gozaris de las vidas y de la libertad, que no se os ha de
cautivar en ningn modo; miradlo, y si no, aparejaos a defenderos de
nuestras armas, continuo vencedoras."

"Contentme la brevedad y la resolucin del que nos hablaba.
Respondle que me dejase tomar parecer con nosotros mismos, y fu el
que mis pescadores me dieron, decir que el fin de todos los males, y
el mayor de ellos, era el acabar la vida, la cual se haba de
sustentar por todos los medios posibles, como no fuesen por los de la
infamia; y que, pues en los partidos que nos ofrecan no intervena
ninguna, y del perder la vida estbamos tan ciertos, como dudosos de
la defensa, sera bien rendirnos y dar lugar a la mala fortuna que
entonces nos persegua, pues podra ser que nos guardase para mejor
ocasin. Casi esta misma respuesta di al capitn del escuadrn, y al
punto, ms con apariencia de guerra que con muestras de paz,
arremetieron al navo, y en un instante le desvalijaron todo, y
trasladaron cuanto en l haba, hasta la misma artillera y jarcias, a
unos cueros de bueyes que sobre el hielo tendieron; lindolos por
encima, aseguraron poderlos llevar tirndolos con cuerdas, sin que se
perdiese cosa alguna. Robaron ansimismo lo que hallaron en el otro
nuestro navo, y, ponindonos a nosotros sobre otras pieles, alzando
una alegre vocera, nos tiraron y nos llevaron a tierra, que deba de
estar desde el lugar del navo como veinte millas. Parceme a m que
deba de ser cosa de ver caminar tanta gente por cima de las aguas a
pie enjuto, sin usar all el cielo alguno de sus milagros.

"En fin, aquella noche llegamos a la ribera, de la cual no salimos
hasta otro da por la maana, que la vimos coronada de infinito nmero
de gente, que a ver la presa de los helados y yertos haban venido.
Vena entre ellos, sobre un hermoso caballo, el rey Cratilo, que, por
las insignias reales con que se adornaba, conocimos ser quien era;
vena a su lado, asimismo a caballo, una hermossima mujer, armada de
unas armas blancas, a quien no podan acabar de encubrir un velo negro
con que venan cubiertas. Llevme tras s la vista, tanto su buen
parecer como la gallarda del rey Cratilo, y, mirndola con atencin,
conoc ser la hermosa Sulpicia, a quien la cortesa de mis compaeros
pocos das #_antes_# haban dado la libertad que entonces gozaba.
Acudi el rey a ver los rendidos, y, llevndome el capitn asido de la
mano, le dijo: "En este solo mancebo oh valeroso rey Cratilo! me
parece que te presento la ms rica presa que en razn de persona
humana hasta agora humanos ojos han visto." "Santos cielos!--dijo a
esta sazn la hermosa Sulpicia, arrojndose del caballo al suelo--. O
yo no tengo vista en los ojos, o es ste mi libertador, Periandro." Y
el decir esto y audarme el cuello con sus brazos, fu todo uno, cuyas
extraas y amorosas muestras obligaron tambin a Cratilo a que del
caballo se arrojase y con las mismas seales de alegra me recibiese.
Entonces la desmayada esperanza de algn buen suceso estaba lejos de
los pechos de mis pescadores; pero cobrando aliento en las muestras
alegres con que vieron recebirme, les hizo brotar por los ojos el
contento y por las bocas las gracias que dieron a Dios del no esperado
beneficio: que ya le contaban, no por beneficio, sino por singular y
conocida merced. Sulpicia dijo a Cratilo: "Este mancebo es un sujeto
donde tiene su asiento la suma cortesa y su albergue la misma
liberalidad; y aunque yo tengo hecha esta experiencia, quiero que tu
discrecin la acredite, sacando por su gallarda presencia--y en esto
bien se vee que hablaba como agradecida, y aun como engaada--en
limpio esta verdad que te digo. Este fu el que me di libertad
despus de la muerte de mi marido; ste el que no despreci mis
tesoros, sino el que no los quiso; ste fu el que, despus de
recebidas mis ddivas, me las volvi mejoradas, con el deseo de
drmelas mayores, si pudiera; ste fu, en fin, el que, acomodndose,
o, por mejor decir, haciendo acomodar a su gusto el de sus soldados,
dndome doce que me acompaasen, me tiene ahora en tu presencia." Yo,
entonces, a lo que creo, rojo el rostro con las alabanzas, o ya
aduladoras o demasiadas, que de m oa, no supe ms que hincarme de
rodillas ante Cratilo, pidindole las manos, que no me las di para
besrselas, sino para levantarme del suelo. En este entretanto, los
doce pescadores que haban venido en guarda de Sulpicia, andaban entre
la dems gente buscando a sus compaeros, abrazndose unos a otros, y,
llenos de contento y regocijo, se contaban sus buenas y malas suertes:
los del mar, exageraban su yelo, y los de la tierra, sus riquezas. "A
m--deca el uno--me ha dado Sulpicia esta cadena de oro." "A
m--deca otro--esta joya, que vale por dos de esas cadenas." "A
m--replicaba ste--me di tanto dinero." Y aqul repeta: "Ms me ha
dado a m en este solo anillo de diamantes que a todos vosotros
juntos."

"A todas estas plticas puso silencio un gran rumor que se levant
entre la gente, causado del que hacia un poderossimo caballo brbaro,
a quien dos valientes lacayos traan del freno, sin poderse averiguar
con l. Era de color morcillo, pintado todo de moscas blancas, que
sobremanera le hacan hermoso; vena en pelo, porque no consenta
ensillarse del mismo rey; pero no le guardaba este respeto despus de
puesto encima, no siendo bastantes a detenerle mil montes de embarazos
que ante l se pusieran, de lo que el rey estaba tan pesaroso, que
diera una ciudad a quien sus malos siniestros le quitara. Todo esto me
cont el rey breve y sucintamente.

CAPITULO XX

--"La grandeza, la ferocidad y la hermosura del caballo que os he
descrito tenan tan enamorado a Cratilo, y tan deseoso de verle manso,
como a m de mostrar que deseaba servirle, parecindome que el cielo
me presentaba ocasin para hacerme agradable a los ojos de quien por
seor tena, y a poder acreditar con algo las alabanzas que la hermosa
Sulpicia de m al rey haba dicho. Y as, no tan maduro como
presuroso, fu donde estaba el caballo, y sub en l sin poner el pie
en el estribo, pues no le tena, y arremet con l, sin que el freno
fuese parte para detenerle, y llegu a la punta de una pea que sobre
la mar penda, y, apretndole de nuevo las piernas, con tan mal grado
suyo como gusto mo, le hice volar por el aire y dar con entrambos en
la profundidad del mar; y en la mitad del vuelo me acord que, pues el
mar estaba helado, me haba de hacer pedazos con el golpe, y tuve mi
muerte y la suya por cierta. Pero no fu as, porque el cielo, que
para otras cosas que l sabe me debe de tener guardado, hizo que las
piernas y brazos del poderoso caballo resistiesen el golpe, sin
recebir yo otro dao que haberme sacudido de s el caballo y echado a
rodar, resbalando por gran espacio. Ninguno hubo en la ribera que no
pensase y creyese que yo quedaba muerto; pero cuando me vieron
levantar en pie, aunque tuvieron el suceso a milagro, juzgaron a
locura mi atrevimiento.

[Ilustracin: Le hice volar por el aire y dar con entrambos en la
profundidad del mar.]

"Volv a la ribera con el caballo, volv asimismo a subir en l, y,
por los mismos pasos que primero, le incit a saltar segunda vez; pero
no fu posible, porque, puesto en la punta de la levantada pea, hizo
tanta fuerza por no arrojarse, que puso las ancas en el suelo y rompi
las riendas, quedndose clavado en la tierra. Cubrise luego de un
sudor de pies a cabeza, tan lleno de miedo, que le volvi de len en
cordero y de animal indomable en generoso caballo, de manera que los
muchachos se atrevieron a manosearle, y los caballerizos del rey,
enjaezndole, subieron en l y le corrieron con seguridad, y l mostr
su ligereza y su bondad, hasta entonces jams vista; de lo que el rey
qued contentsimo y Sulpicia alegre, por ver que mis obras haban
respondido a sus palabras.

"Tres meses estuvo en su rigor el yelo, y stos se tardaron en acabar
un navo que el rey tena comenzado para correr en convenible tiempo
aquellos mares, limpindolos de cosarios, enriquecindose con sus
robos. En este entretanto, le hice algunos servicios en la caza, donde
me mostr sagaz y experimentado, y gran sufridor de trabajos; porque
en ningn ejercicio corresponde as al de la guerra como el de la
caza, a quien es anejo el cansancio, la sed y la hambre, y aun a veces
la muerte. La liberalidad de la hermosa Sulpicia se mostr conmigo y
con los mos extremada, y la cortesa de Cratilo le corri parejas.
Los doce pescadores que trujo consigo Sulpicia estaban ya ricos, y los
que conmigo se perdieron, estaban ganados. Acabse el navo; mand el
rey aderezarle y pertrecharle de todas las cosas necesarias
largamente, y luego me hizo capitn dl, a toda mi voluntad, sin
obligarme a que hiciese cosa ms de aquella que fuese de mi gusto. Y
despus de haberle besado las manos por tan gran beneficio, le dije
que me diese licencia de ir a buscar a mi hermana Auristela, de quien
tena noticia que estaba en poder del rey de Dinamarca. Cratilo me la
di para todo aquello que quisiese hacer, dicindome que a ms le
tena obligado mi buen trmino, hablando como rey, a quien es anejo
tanto el hacer mercedes como la afabilidad y, si se puede decir, la
buena crianza. Esta tuvo Sulpicia en todo extremo, acompandola con
la liberalidad, con la cual, ricos y contentos, yo y los mos nos
embarcamos, sin que quedase ninguno.

"La primer derrota que tomamos fu a Dinamarca, donde cre hallar a mi
hermana, y lo que hall fueron nuevas de que, de la ribera del mar, a
ella y a otras doncellas las haban robado cosarios. Renovronse mis
trabajos, y comenzaron de nuevo mis lstimas, a quien acompaaron las
de Carino y Solercio, los cuales creyeron que en la desgracia de mi
hermana y en su prisin se deba de comprehender la de sus esposas.

"Barrimos todos los mares, rodeamos todas o las ms islas destos
contornos, preguntando siempre por nuevas de mi hermana, parecindome
a m, con paz sea dicho de todas las hermosas del mundo, que la luz de
su rostro no poda estar encubierta por ser escuro el lugar donde
estuviese, y que la suma discrecin suya haba de ser el hilo que la
sacase de cualquier laberinto. Prendimos cosarios, soltamos
prisioneros; restitumos haciendas a sus dueos, alzmonos con las mal
ganadas de otros, y con esto, colmando nuestro navo de mil diferentes
bienes de fortuna, quisieron los mos volver a sus redes y a sus casas
y a los brazos de sus hijos, imaginando Carino y Solercio ser posible
hallar a sus esposas en su tierra, ya que en las ajenas no las
hallaban. Antes desto llegamos a aquella isla, que, a lo que creo, se
llama Scinta, donde supimos las fiestas de Policarpo, y a todos nos
vino voluntad de hallarnos en ellas. No pudo llegar nuestra nave, por
ser el viento contrario, y as, en traje de marineros bogadores, nos
entramos en aquel barco luengo, como ya queda dicho. All gan los
premios, all fu coronado por vencedor de todas las contiendas, y de
all tom ocasin Sinforosa de desear saber quin yo era, como se vi
por las diligencias que para ello hizo. Vuelto al navo, y resueltos
los mos de dejarme, les rogu que me dejasen el barco, como en premio
de los trabajos que con ellos haba pasado. Dejronmele, y aun me
dejaran el navo, si yo le quisiera, dicindome que, si me dejaban
solo, no era otra la ocasin, sino porque les pareca ser slo mi
deseo, y tan imposible de alcanzarle, como lo haba mostrado la
experiencia en las diligencias que habamos hecho para conseguirle.

"En resolucin: con seis pescadores que quisieron seguirme, llevados
del premio que les di y del que les ofrec, abrazando a mis amigos, me
embarqu, y puse la proa en _#una#_ isla brbara, de cuyos moradores
saba ya la costumbre y la falsa profeca que los tena engaados, la
cual no os refiero porque s que la sabis. Di al travs en aquella
isla; fu preso y llevado donde estaban los vivos enterrados:
sacronme otro da para ser sacrificado; sucedi la tormenta del mar;
desbaratronse los leos que servan de barcas; sal al mar ancho en
un pedazo dellas, con cadenas que me rodeaban el cuello y esposas que
me ataban las manos; ca en las misericordiosas del prncipe Arnaldo,
que est presente, por cuya orden entr en la isla para ser espa que
investigase si estaba en ella mi hermana, no sabiendo que yo fuese
hermano de Auristela, la cual otro da vino en traje de varn a ser
sacrificada. Conocla, dolime su dolor, previne su muerte con decir
que era hembra, como ya lo haba dicho Cloelia, su ama, que la
acompaaba; y el modo cmo all las dos vinieron, ella lo dir cuando
quisiere. Lo que en la isla nos sucedi, ya lo sabis, y con esto y
con lo que a mi hermana le queda por decir, quedaris satisfechos de
casi todo aquello que acertare a pediros el deseo en la certeza de
nuestros sucesos."


LIBRO III

CAPITULO X

_#En#_ un lugar, no muy pequeo ni muy grande, de cuyo nombre no me
acuerdo, y en mitad de la plaza dl, _#haba#_ mucha gente junta,
todos atentos mirando y escuchando a dos mancebos que, en traje de
recin rescatados de cautivos, estaban declarando las figuras de un
pintado lienzo que tenan tendido en el suelo; pareca que se haban
descargado de dos pesadas cadenas que tenan junto a s, insignias y
relatoras de su pesada desventura; y uno dellos, que deba de ser de
hasta veinticuatro aos, con voz clara y en todo extremo experta
lengua, crujiendo de cuando en cuando un corbacho, o, por mejor decir,
azote que en la mano tena, le sacuda de manera que penetraba los
odos y pona los estallidos en el cielo, bien as como hace el
cochero, que, castigando o amenazando sus caballos, hace resonar su
ltigo por los aires.

Entre los que la larga pltica escuchaban, estaban los dos alcaldes
del pueblo, ambos ancianos, pero no tanto el uno como el otro. Por
donde comenz su arenga el libre cautivo, fu diciendo:

--Esta, seores, que aqu veis pintada, es la ciudad de Argel, gomia y
tarasca de todas las riberas del mar Mediterrneo, puerto universal de
cosarios, y amparo y refugio de ladrones, que, deste pequeuelo puerto
que aqu va pintado, salen con sus bajeles a inquietar el mundo, pues
se atreven a pasar el plus ultra de las colunas de Hrcules, y a
acometer y robar las apartadas islas, que, por estar rodeadas del
inmenso mar Ocano, pensaban estar seguras, a lo menos de los bajeles
turquescos. Este bajel que aqu veis reducido a pequeo, porque lo
pide as la pintura, es una galeota de ventids bancos, cuyo dueo y
capitn es el turco que en la cruja va en pie, con un brazo en la
mano, que cort a aquel cristiano que all veis, para que le sirva de
rebenque y azote a los dems cristianos que van amarrados a sus
bancos, temeroso no le alcancen estas cuatro galeras que aqu veis,
que le van entrando y dando caza. Aquel cautivo primero del primer
banco, cuyo rostro le disfigura la sangre que se le ha pegado de los
golpes del brazo muerto, soy yo, que serva de espalder en esta
galeota; y el otro que est junto a m es ste mi compaero, no tan
sangriento, porque fu menos apaleado. Escuchad, seores, y estad
atentos: quiz la aprehensin deste lastimero cuento os llevar a los
odos las amenazadoras y vituperosas voces que ha dado este perro de
Dragut, que as se llamaba el arrez de la galeota, cosario tan famoso
como cruel, y tan cruel como Falaris o Busiris, tiranos de Sicilia; a
lo menos, a m me suena agora el _rospeni_, el _manahora_ y el
_denimaniyoc_, que, con coraje endiablado, va diciendo que todas stas
son palabras y razones turquescas, encaminadas a la deshonra y
vituperio de los cautivos cristianos: llmanlos de judos, hombres de
poco valor, de fee negra y de pensamientos viles, y, para mayor horror
y espanto, con los brazos muertos azotan los cuerpos vivos.

Parece ser que uno de los dos alcaldes haba estado cautivo en Argel
mucho tiempo, el cual, con baja voz, dijo a su compaero:

--Este cautivo, hasta agora, parece que va diciendo verdad, y que en
lo general no es cautivo falso; pero yo le examinar en lo particular,
y veremos cmo da la cuerda; porque quiero que sepis que yo iba
dentro desta galeota, y no me acuerdo de haberle conocido por espalder
de ella, si no fu a un Alonso Moclin, natural de Vlez-Mlaga.

Y volvindose al cautivo, le dijo:

--Decidme, amigo, cyas eran las galeras que os daban caza, y si
conseguistes por ella la libertad deseada.

--Las galeras--respondi el cautivo--eran de don Sancho de Leyva; la
libertad no la conseguimos, porque no nos alcanzaron; tuvmosla
despus, porque nos alzamos con una galeota que desde Sargel iba a
Argel cargada de trigo; venimos a Orn con ella, y desde all a
Mlaga, de donde mi compaero y yo nos pusimos en camino de Italia,
con intencin de servir a su majestad, que Dios guarde, en el
ejercicio de la guerra.

--Decidme, amigos--replic el alcalde--: cautivastes juntos?
Llevaron os a Argel del primer boleo, o a otra parte de Berbera?

--No cautivamos juntos--respondi el otro cautivo--, porque yo cautiv
junto a Alicante, en un navo de lanas que pasaba a Gnova; mi
compaero en los Percheles de Mlaga, adonde era pescador. Conocmonos
en Tetun, dentro de una mazmorra; hemos sido amigos, y corrido una
misma fortuna mucho tiempo; y, para diez o doce cuartos que apenas nos
han ofrecido de limosna sobre el lienzo, mucho nos aprieta el seor
alcalde.

--No mucho, seor galn--replic el alcalde--, que an no estn dadas
todas las vueltas de la mancuerda; esccheme y dgame: Cuntas
puertas tiene Argel, y cuntas fuentes, y cuntos pozos de agua dulce?

--La pregunta es boba!--respondi el primer cautivo--; tantas puertas
tiene como tiene casas, y tantas fuentes, que yo no las s, y tantos
pozos que no los he visto, y los trabajos que yo en l he pasado me
han quitado la memoria de m mismo; y si el seor alcalde quiere ir
contra la caridad cristiana, recogeremos los cuartos y alzaremos la
tienda, y a Dios aho, que tan buen pan hacen aqu como en Francia.

Entonces el alcalde llam a un hombre de los que estaban en el corro,
que al parecer serva de pregonero en el lugar, y tal vez de verdugo
cuando se ofreca, y dijle:

--Gil Berrueco, id a la plaza, y traedme aqu luego los primeros dos
asnos que topredes; que, por vida del rey nuestro seor, que han de
pasear las calles en ellos estos dos seores cautivos, que con tanta
libertad quieren usurpar la limosna de los verdaderos pobres,
contndonos mentiras y embelecos, estando sanos como una manzana y con
ms fuerzas para tomar una azada en la mano, que no un corbacho para
dar estallidos en seco. Yo he estado en Argel cinco aos esclavo, y s
que no me dais seas dl en ninguna cosa de cuantas habis dicho.

--Cuerpo del mundo!--respondi el cautivo--. Es posible que ha de
querer el seor alcalde que seamos ricos de memoria, siendo tan pobres
de dineros, y que, por una niera que no importa tres ardites, quiera
quitar la honra a dos tan insignes estudiantes como nosotros, y
juntamente quitar a su majestad dos valientes soldados, que bamos a
esas Italias y a esos Flandes a romper, a destrozar, a herir y a matar
los enemigos de la santa fe catlica que topramos? Porque, si va a
decir verdad, que en fin es hija de Dios, quiero que sepa el seor
alcalde que nosotros no somos cautivos, sino estudiantes de Salamanca,
y, en la mitad y en lo mejor de nuestros estudios, nos vino gana de
ver mundo y de saber a qu saba la vida de la guerra, como sabamos
el gusto de la vida de la paz. Para facilitar y poner en obra este
deseo, acertaron a pasar por all unos cautivos, que tambin lo deban
de ser falsos como nosotros agora; les compramos este lienzo y nos
informamos de algunas cosas de las de Argel, que nos pareci ser
bastantes y necesarias para acreditar nuestro embeleco; vendimos
nuestros libros y nuestras alhajas a menosprecio, y, cargados con esta
mercadera, hemos llegado hasta aqu; pensamos pasar adelante, si es
que el seor alcalde no manda otra cosa.

--Lo que pienso hacer es--replic el alcalde--daros cada cien azotes,
y, en lugar de la pica que vais a arrastrar en Flandes, poneros un
remo en las manos que le cimbris en el agua en las galeras, con quien
quiz haris ms servicio a su majestad que con la pica.

--Querrse--replic el mozo hablador--mostrar agora el seor alcalde
ser un legislador de Atenas, y que la riguridad de su oficio llegue a
los odos de los seores del Consejo, donde, acreditndole con ellos,
le tengan por severo y justiciero, y le cometan negocios de
importancia, donde muestre su severidad y su justicia? Pues sepa el
seor alcalde que _summum jus, summa injuria_.

--Mirad cmo hablis, hermano--replic el segundo alcalde--, que aqu
no hay justicia con lujuria: que todos los alcaldes deste lugar han
sido, son y sern limpios y castos como el pelo de la masa; y hablad
menos, que os ser sano.

Volvi en esto el pregonero, y dijo:

--Seor alcalde, yo no he topado en la plaza asnos ningunos, sino a
los dos regidores Berrueco y Crespo, que andan en ella pasendose.

--Por asnos os envi yo, majadero, que no por regidores; pero volved y
traeldos ac, por s o por no, que quiero que se hallen presentes al
pronunciar desta sentencia, que ha de ser, sin embargo, y no ha de
quedar por falta de asnos; que, gracias sean dadas al cielo, hartos
hay en este lugar,

--No le tendr vuesa merced, seor alcalde, en el cielo--replic el
mozo--si pasa adelante con esa reguridad. Por quien Dios es, que vuesa
merced considere que no hemos robado tanto que podemos dar a censo ni
fundar ningn mayorazgo; apenas granjeamos el msero sustento con
nuestra industria, que no deja de ser trabajosa, como lo es la de los
oficiales y jornaleros. Mis padres no nos ensearon oficio alguno, y
as, nos es forzoso que remitamos a la industria lo que habamos de
remitir a las manos si tuviramos oficio. Castguense los que
cohechan, los escaladores de casas, los salteadores de caminos, los
testigos falsos por dineros, los mal entretenidos en la repblica, los
ociosos y baldos en ella, que no sirven de otra cosa que de
acrecentar el nmero de los perdidos, y dejen a los mseros que van su
camino derecho a servir a su majestad con la fuerza de sus brazos y
con la agudeza de sus ingenios, porque no hay mejores soldados que los
que se trasplantan de la tierra de los estudios en los campos de la
guerra; ninguno sali de estudiante para soldado que no lo fuese por
extremo, porque cuando se avienen y se juntan las fuerzas con el
ingenio, y el ingenio con las fuerzas, hacen un compuesto milagroso,
con quien Marte se alegra, la paz se sustenta y la repblica se
engrandece.

Admirados estaban todos los circunstantes, as de las razones del
mozo, como de la velocidad con que hablaba, el cual, prosiguiendo,
dijo:

--Esplguenos el seor alcalde, mrenos y remrenos, y haga escrutinio
de las costuras de nuestros vestidos, y si en todo nuestro poder
hallare seis reales, no slo nos mande dar ciento, sino seis cuentos
de azotes. Veamos, pues, si la adquisicin de tan pequea cantidad de
inters merece ser castigada con afrentas y martirizada con galeras; y
as, otra vez digo que el seor alcalde se remire en esto, no se
arroje y precipite apasionadamente a hacer lo que, despus de hecho,
quiz le causara pesadumbre. Los jueces discretos castigan, pero no
toman venganza de los delitos; los prudentes y los piadosos mezclan la
equidad con la justicia, y, entre el rigor y la clemencia, dan luz de
su buen entendimiento.

--Por Dios--dijo el segundo alcalde--, que este mancebo ha hablado
bien, aunque ha hablado mucho, y que, no solamente no tengo de
consentir que los azoten, sino que los tengo de llevar a mi casa y
ayudarles para su camino, con condicin que le lleven derecho, sin
andar surcando la tierra de una en otras partes, porque, si as lo
hiciesen, ms pareceran viciosos que necesitados.

Ya el primer alcalde, manso y piadoso, blando y compasivo, dijo:

--No quiero que vayan a vuestra casa, sino a la ma, donde les quiero
dar una licin de las cosas de Argel, tal, que de aqu adelante
ninguno les coja en mal latn en cuanto a su fingida historia.

Los cautivos se lo agradecieron, y los circunstantes alabaron su
honrada determinacin.

CAPITULO XI

Llegse el da, y tomaron los peregrinos el #_camino_# de Valencia;
los cuales, otro da, al salir de la aurora, que por los balcones de
Oriente se asomaba, barriendo el cielo de las estrellas y aderezando
el camino por donde el sol haba de hacer su acostumbrada carrera,
Bartolom, que as creo se llamaba el guiador del bagaje, viendo salir
el sol tan alegre y regocijado, bordando las nubes de los cielos con
diversas colores, de manera que no se poda ofrecer otra cosa ms
alegre y ms hermosa a la vista, y con rstica discrecin dijo:

---Verdad debi de decir el predicador que predicaba los das pasados
en nuestro pueblo cuando dijo que los cielos y la tierra anunciaban y
declaraban las grandezas del Seor. Pardiez que, si yo no conociera a
Dios por lo que me han enseado mis padres y los sacerdotes y ancianos
de mi lugar, le viniera a rastrear y conocer viendo la inmensa
grandeza destos cielos, que me dicen que son muchos, o, a lo menos,
que llegan a once, y por la grandeza deste sol que nos alumbra, que,
con no parecer mayor que una rodela, es muchas veces mayor que toda la
tierra, y ms que, con ser tan grande, afirman que es tan ligero que
camina en venticuatro horas ms de trecientas mil leguas. La verdad
que sea, yo no creo nada desto; pero dcenlo tantos hombres de bien,
que, aunque hago fuerza al entendimiento, lo creo. Pero de lo que ms
me admiro es que debajo de nosotros hay otras gentes, a quien llaman
antpodas, sobre cuyas cabezas, los que andamos ac arriba, traemos
puestos los pies, cosa que me parece imposible; que, para tan gran
carga como la nuestra, fuera menester que tuvieran ellos las cabezas
de bronce.

Rise Periandro de la rstica astrologa del mozo, y djole:

--Buscar querra razones acomodadas oh Bartolom! para darte a
entender el error en que ests y la verdadera postura del mundo, para
lo cual era menester tomar muy de atrs sus principios; pero
acomodndome con tu ingenio, habr de coartar el mo y decirte sola
una cosa: y es que quiero que entiendas por verdad infalible que la
tierra es centro del cielo; llamo centro un punto indivisible a quien
todas las lneas de su circunferencia van a parar; tampoco me parece
que has de entender esto; y as, dejando estos trminos, quiero que te
contentes con saber que toda la tierra tiene por alto el cielo, y en
cualquier parte della donde los hombres estn han de estar cubiertos
con el cielo; as que, como a nosotros el cielo que ves nos cubre,
asimismo cubre a los antpodas que dicen, sin estorbo alguno, y como,
naturalmente, lo orden la Naturaleza, mayordoma del verdadero Dios,
criador del cielo y de la tierra.

No se descontent el mozo de or las razones de Periandro, que tambin
dieron gusto a Auristela, a la condesa y a su hermano. Con estas y
otras cosas iba enseando y entreteniendo el camino Periandro.

De all a algunos das, lleg nuestro hermoso escuadrn a un lugar de
moriscos, que estaba puesto como una legua de la marina, en el reino
de Valencia. Hallaron en l, no mesn en que albergarse, sino todas
las casas del lugar con agradable hospicio los convidaban; viendo lo
cual, Antonio dijo:

--Yo no s quin dice mal desta gente, que todos me parecen unos
santos.

--Con palmas--dijo Periandro--recibieron al Seor en Jerusaln los
mismos que de all a pocos das le pusieron en una cruz. Agora bien: a
Dios y a la ventura, como decirse suele, acetemos el convite que nos
hace este buen viejo, que con su casa nos convida.

Y era as verdad, que un anciano morisco, casi por fuerza, asindolos
por las esclavinas, los meti en casa, y dio muestras de agasajarlos
no morisca, sino cristianamente. Sali a servirlos una hija suya,
vestida en traje morisco, y en l tan hermosa, que las ms gallardas
cristianas tuvieran a ventura el parecera: que en las gracias que
Naturaleza reparte, tambin suele favorecer a las brbaras de Citia,
como a las ciudadanas de Toledo. Esta, pues, hermosa y mora, en lengua
aljamiada, asiendo a Costanza y a Auristela de las manos, se encerr
con ellas en una sala baja, y, estando solas, sin soltarles las manos,
recatadamente mir a todas partes, temerosa de ser escuchada, y,
despus que hubo asegurado el miedo que mostraba, les dijo:

--Ay, seoras, y cmo habis venido como mansas y simples ovejas al
matadero! Veis este viejo, que con vergenza digo que es mi padre,
visle tan agasajador vuestro? Pues sabed que no pretende otra cosa
sino ser vuestro verdugo. Esta noche se han de llevar en peso, si as
se puede decir, diez y seis bajeles de cosarios berberiscos, a toda la
gente de este lugar, con todas sus haciendas, sin dejar en l cosa que
les mueva a volver a buscarla. Piensan estos desventurados que en
Berbera est el gusto de sus cuerpos y la salvacin de sus almas, sin
advertir que, de muchos pueblos que all se han pasado casi enteros,
ninguno hay que d otras nuevas sino de arrepentimiento, el cual les
viene juntamente con las quejas de su dao. Los moros de Berbera
pregonan glorias de aquella tierra, al sabor de las cuales corren los
moriscos de sta, y dan en los lazos de su desventura. Si queris
estorbar la vuestra y conservar la libertad en que vuestros padres os
engendraron, salid luego de esta casa y acogedos a la iglesia, que en
ella hallaris quien os ampare, que es el cura, que slo l y el
escribano son en este lugar cristianos viejos. Hallaris tambin all
al jadraque Jarife, que es un to mo, moro slo en el nombre, y en
las obras cristiano. Contaldes lo que pasa, y decid que os lo dijo
Rafala, que con esto seris credos y amparados; y no lo echis en
burla, si no queris que las veras os desengaen a vuestra costa: que
no hay mayor engao que venir el desengao tarde.

El susto, las acciones con que Rafala esto deca, se asent en las
almas de Auristela y de Constanza, de manera que fu creda, y no le
respondieron otra cosa que fuese ms que agradecimientos. Llamaron
luego a Periandro y a Antonio, y, contndoles lo que pasaba, sin tomar
ocasin aparente, se salieron de la casa con todo lo que tenan.
Bartolom, que quisiera ms descansar que mudar de posada, pesle de
la mudanza; pero, en efeto, obedeci a sus seores. Llegaron a la
iglesia, donde fueron bien recebidos del cura y del jadraque, a quien
contaron lo que Rafala les haba dicho. El cura dijo:

--Muchos das ha, seores, que nos dan sobresalto con la venida de
esos bajeles de Berbera; y aunque es costumbre suya hacer estas
entradas, la tardanza de sta me tena ya algo descuidado. Entrad,
hijos, que buena torre tenemos, y buenas y ferradas puertas la
iglesia, que, si no es muy de propsito, no pueden ser derribadas ni
abrasadas.

--Ay--dijo a esta sazn el jadraque--, si han de ver mis ojos, antes
que se cierren, libre esta tierra destas espinas y malezas que la
oprimen! Ay, cundo llegar el tiempo que tiene profetizado un abuelo
mo, famoso en la astrologa, donde se ver Espaa de todas partes
entera y maciza en la religin cristiana, que ella sola es el rincn
del mundo donde est recogida y venerada la verdadera verdad de
Cristo! Morisco soy, seores, y ojal que negarlo pudiera; pero no por
esto dejo de ser cristiano: que las divinas gracias las da Dios a
quien l es servido, el cual tiene por costumbre, como vosotros mejor
sabis, de hacer salir su sol sobre los buenos y los malos, y llover
sobre los justos y los injustos. Digo, pues, que este mi abuelo dej
dicho que, cerca de estos tiempos, reinara en Espaa un rey de la
Casa de Austria, en cuyo nimo cabra la dificultosa resolucin de
desterrar los moriscos de ella, bien as como el que arroja de su seno
la serpiente que le est royendo las entraas, o bien as como quien
aparta la neguilla del trigo, o escarda o arranca la mala yerba de los
sembrados. Ven ya, oh venturoso mozo, y rey prudente!, y pon en
ejecucin el gallardo decreto de este destierro, sin que se te oponga
el temor que ha de quedar esta tierra desierta y sin gente, y el de
que no ser bien la que en efeto est en ella bautizada; que, aunque
stos sean temores de consideracin, el efeto de tan grande obra los
har vanos, mostrando la experiencia, dentro de poco tiempo, que, con
los nuevos cristianos viejos que esta tierra se poblare, se volver a
fertilizar y a poner en mucho mejor punto que agora tiene. Tendrn sus
seores, si no tantos y tan humildes vasallos, sern los que tuvieren
catlicos, con cuyo amparo estarn estos caminos seguros, y la paz
podr llevar en las manos las riquezas, sin que los salteadores se las
lleven.

Esto dicho, cerraron bien las puertas, fortalecironlas con los bancos
de los asientos, subironse a la torre, alzaron una escalera levadiza,
llevse el cura consigo el Santsimo Sacramento en su relicario,
proveyronse de piedras, armaron dos escopetas, dej el bagaje mondo y
desnudo a la puerta de la iglesia Bartolom el mozo, y encerrse con
sus amos; y todos, con ojo alerta y manos listas, y con nimos
determinados, estuvieron esperando el asalto, de quien avisados
estaban por la hija del morisco. Pas la media noche, que la midi por
las estrellas el cura; tenda los ojos por todo el mar que desde all
se pareca, y no haba nube que con la luz de la luna se pareciese,
que no pensase sino que fuesen los bajeles turquescos; y, aguijando a
las campanas, comenz a repicallas tan apriesa y tan recio, que todos
aquellos valles y todas aquellas riberas retumbaban, a cuyo son los
atajadores de aquellas marinas se juntaron y las corrieron todas; pero
no aprovech su diligencia para que los bajeles no llegasen a la
ribera y echasen la gente en tierra. La del lugar, que los esperaba,
cargados con sus ms ricos y mejores alhajas, adonde fueron recebidos
de los turcos con grande grita y algazara, al son de muchas dulzainas
y de otros instrumentos, que, puesto que eran blicos, eran
regocijados, pegaron fuego al lugar, y asimismo a las puertas de la
iglesia, no para esperar a entrarla, sino por hacer el mal que
pudiesen; dejaron a Bartolom a pie, porque le dejarretaron el bagaje;
derribaron una cruz de piedra que estaba a la salida del pueblo,
llamando a grandes voces el nombre de Mahoma; se entregaron a los
turcos, ladrones pacficos y deshonestos pblicos. Desde la lengua del
agua, como dicen, comenzaron a sentir la pobreza que les amenazaba su
mudanza, y la deshonra en que ponan a sus mujeres y a sus hijos.
Muchas veces, y quiz algunas no en vano, dispararon Antonio y
Periandro las escopetas; muchas piedras arroj Bartolom, y todas a la
parte donde haba dejado el bagaje, y muchas flechas el jadraque; pero
muchas ms lgrimas echaron Auristela y Constanza, pidiendo a Dios,
que presente tenan, que de tan manifiesto peligro los librase, y
ansimismo que no ofendiese el fuego a su templo, el cual no ardi, no
por milagro, sino porque las puertas eran de hierro, y porque fu poco
el fuego que se les aplic. Poco faltaba para llegar el da, cuando
los bajeles, cargados con la presa, se hicieron al mar, alzando
regocijados liles, y tocando infinitos atabales y dulzainas, y en
esto vieron venir dos personas corriendo hacia la iglesia, la una de
la parte de la marina, y la otra de la de tierra, que, llegando cerca,
conoci el jadraque que la una era su sobrina Rafala, que, con una
cruz de caa en las manos, vena diciendo a voces:

--Cristiana, cristiana y libre, y libre por la gracia y misericordia
de Dios!

La otra conocieron ser el escribano, que acaso aquella noche estaba
fuera del lugar, y, al son del arma de las campanas, vena a ver el
suceso, que llor, no por la prdida de sus hijos y de su mujer, que
all no los tena, sino por la de su casa, que hall robada y
abrasada. Dejaron entrar el da y que los bajeles se alargasen, y que
los atajadores tuviesen lugar de asegurar la costa, y entonces bajaron
de la torre y abrieron la iglesia, donde entr Rafala, baado con
alegres lgrimas el rostro, y acrecentando con su sobresalto su
hermosura, hizo oracin a las imgenes y luego se abraz con su to,
besando primero las manos al cura. El escribano, ni ador ni bes las
manos a nadie, porque le tena ocupada el alma el sentimiento de la
prdida de su hacienda. Pas el sobresalto, volvieron los espritus de
los retrados a su lugar, y el jadraque, cobrando aliento nuevo,
volviendo a pensar en la profeca de su abuelo, casi como lleno de
celestial espritu, dijo:

--Ea, mancebo generoso; ea, rey invencible; atropella, rompe,
desbarata todo gnero de inconvenientes, y djanos a Espaa tersa,
limpia y desembarazada desta mi malla casta, que tanto la asombra y
menoscaba! Ea, consejero tan prudente como ilustre, nuevo Atlante del
peso de esta monarqua, ayuda y facilita con tus consejos a esta
necesaria transmigracin; llnense estos mares de tus galeras,
cargadas del intil peso de la generacin agarena; vayan arrojadas a
las contrarias riberas las zarzas, las malezas y las otras yerbas que
estorban el crecimiento de la fertilidad y abundancia cristiana! Que
si los pocos hebreos que pasaron a Egipto multiplicaron tanto, que en
su salida se contaron ms de seiscientas mil familias, qu se podr
temer de stos, que son ms y viven ms holgadamente? No los esquilman
las religiones, no los entresacan las Indias, no los quintan las
guerras; todos se casan, todos, o los ms, engendran, de do se sigue y
se infiere que su multiplicacin y aumento ha de ser innumerable. Ea,
pues, vuelvo a decir; vayan, vayan, seor, y deja la taza de tu reino
resplandeciente como el sol y hermosa como el cielo!

Dos das estuvieron en aquel lugar los peregrinos, volviendo a
enterarse en lo que les faltaba, y Bartolom se acomod de bagaje, los
peregrinos agradecieron al cura su buen acogimiento y alabaron los
buenos pensamientos del jadraque, y, abrazando a Rafala, se
despidieron de todos y siguieron su camino.

[Ilustracin:--Berganza, amigo, dejemos esta noche el Hospital en
guarda de la confianza...]




NOVELA Y COLOQUIO

QUE PASO ENTRE CIPION Y BERGANZA, PERROS DEL HOSPITAL DE LA
RESURRECCIN, QUE EST EN LA CIUDAD DE VALLADOLID, FUERA DE LA PUERTA
DEL CAMPO, A QUIEN COMNMENTE LLAMAN LOS PERROS DE MAHUDES

CIPIN.--Berganza, amigo, dejemos esta noche el Hospital en guarda de
la confianza y retirmonos a esta soledad y entre esas esteras, donde
podremos gozar sin ser sentidos desta no vista merced que el cielo en
un mismo punto a los dos nos ha hecho.

BERGANZA.--Cipin hermano, yote hablar, y s que te hablo, y no puedo
creerlo, por parecerme que el hablar nosotros pasa de los trminos de
naturaleza.

CIPIN.--As es la verdad, Berganza, y viene a ser mayor este milagro
en que no solamente hablamos, sino en que hablamos con discurso, como
si furamos capaces de razn, estando tan sin ella, que la diferencia
que hay del animal bruto al hombre, es ser el hombre animal racional,
y el bruto, irracional.

BERGANZA.--Todo lo que dices, Cipin, entiendo, y el decirlo t y
entenderlo yo me causa nueva admiracin y nueva maravilla. Bien es
verdad que en el discurso de mi vida diversas y muchas veces he odo
decir grandes prerrogativas nuestras; tanto, que parece que algunos
han querido sentir que tenemos un natural distinto, tan vivo y tan
agudo en muchas cosas, que da indicios y seales de faltar poco para
mostrar que tenemos un no s qu de entendimiento, capaz de discurso.

CIPIN.--Lo que yo he odo alabar y encarecer es nuestra mucha
memoria, el agradecimiento y gran fidelidad nuestra; tanto, que nos
suelen pintar por smbolo de la amistad.

BERGANZA.--Bien s que ha habido perros tan agradecidos, que se han
arrojado con los cuerpos difuntos de sus amos en la misma sepultura.
Otros han estado sobre las sepulturas donde estaban enterrados sus
seores, sin apartarse dellas, sin comer, hasta que se les acababa la
vida. S tambin que despus del elefante, el perro tiene el primer
lugar de parecer que tiene entendimiento; luego, el caballo, y el
ltimo, la jimia.

CIPIN.--Ans es; pero bien confesars que ni has visto ni odo decir
jams que haya hablado ningn elefante, perro, caballo o mona; por
donde me doy a entender que este nuestro hablar tan de improviso cae
debajo del nmero de aquellas cosas que llaman portentos. Pero sea lo
que fuere, nosotros hablamos, sea portento o no; que lo que el cielo
tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabidura humana que
lo pueda prevenir; no sabemos cunto durar esta nuestra ventura,
sepamos aprovecharnos della, y hablemos toda esta noche, sin dar lugar
al sueo que nos impida este gusto, de m por largos tiempos deseado.

BERGANZA.--Y aun de m, que desde que tuve fuerzas para roer un hueso,
tuve deseo de hablar, para decir cosas que depositaba en la memoria, y
all, de antiguas y muchas, o se enmohecan o se me olvidaban. Empero
ahora, que tan sin pensado me veo enriquecido deste divino don de la
habla, pienso gozarle y aprovecharme dl lo ms que pudiere, dndome
priesa a decir todo aquello que se me acordare, aunque sea atropellada
y confusamente, porque no s cundo me volvern a pedir este bien, que
por prestado tengo.

CIPIN.--Sea sta la manera, Berganza amigo: que esta noche me cuentes
tu vida y los trances por donde has venido al punto en que ahora te
hallas, y si maana en la noche estuviremos con habla, yo te contair
la ma; porque mejor ser gastar el tiempo en contar las propias que
en procurar saber las ajenas vidas.

BERGANZA.--Siempre, Cipin, te he tenido por discreto y por amigo, y
ahora ms que nunca, pues como amigo quieres decirme tus sucesos y
saber los mos, y como discreto has repartido el tiempo, donde podamos
manifestallos.

CIPIN.--Habla hasta que amanezca, o hasta que seamos sentidos; que yo
te escuchar de muy buena gana, sin impedirte sino cuando viere ser
necesario.

BERGANZA.--Parceme que la primera vez que vi el sol fu en Sevilla, y
en su matadero, que est fuera de la Puerta de la Carne; por donde
imaginara (si no fuera por lo que despus te dir) que mis padres
debieron de ser alanos de aquellos que cran los ministros de aquella
confusin, a quien llaman jiferos. El primero que conoc por amo fu
uno llamado Nicols el Romo, mozo robusto, doblado y colrico, como lo
son todos aquellos que ejercitan la jifera: este tal Nicols me
enseaba a m y a otros cachorros a que, en compaa de alanos viejos
arremetisemos a los toros y les hicisemos presa de las orejas. Con
mucha facilidad sal un guila en esto. #_Un da_# puse pies en
polvorosa, y tomando el camino en las manos y en los pies, por detrs
de San Bernardo, me fu por aquellos campos de Dios, adonde la fortuna
quisiese llevarme. Aquella noche dorm al cielo abierto, y otro da me
depar la suerte un hato o rebao de ovejas y carneros. As como le
vi, cre que haba hallado en l el centro de mi reposo, parecindome
ser propio y natural oficio de los perros guardar ganado, que es obra
donde se encierra una virtud grande, como es amparar y defender de los
poderosos y soberbios los humildes y los que poco pueden. Apenas me
hubo visto uno de tres pastores que el ganado guardaban cuando
diciendo: "To, to!" me llam, y yo, que otra cosa no deseaba, me
llegu a l, bajando da cabeza y meneando la cola. Trjome la mano por
el lomo, abrime la boca, escupime en ella, mirme las presas,
conoci mi edad, y dijo a otros pastores que yo tena todas las
seales de ser perro de casta. Lleg a este instante el seor del
ganado sobre una yegua rucia a la jineta, con lanza y adarga, que ms
pareca atajador de la costa que seor de ganado. Pregunt al pastor:
"Qu perro es ste, que tiene seales de ser bueno?" "Bien lo puede
vuesa merced creer--respondi el pastor--, que yo le he cotejado bien,
y no hay seal en l que no muestre y prometa que ha de ser un gran
perro. Agora se lleg aqu, y no s cyo sea, aunque s que no es de
los rebaos de la redonda." "Pues as es--respondi el seor--, ponle
luego el collar de Leoncillo, el perro que se muri, y denle la racin
que a los dems, y acarciale porque tome cario al hato y se quede en
l." En diciendo esto se fu, y el pastor me puso luego al cuello unas
carlancas llenas de puntas de acero, habindome dado primero en un
dornajo gran cantidad de sopas en leche. Y asimismo me puso nombre y
me llam _Barcino_. Vime harto y contento con el segundo amo y con el
nuevo oficio; mostrme solcito y diligente en la guarda del rebao,
sin apartarme dl sino las siestas, que me iba a pasarlas, o ya a la
sombra de algn rbol, o de algn ribazo o pea, o a la de alguna
mata, a la margen de algn arroyo de los muchos que por all corran.
Y estas horas de mi sosiego no las pasaba ociosas, porque en ellas
ocupaba la memoria en acordarme de muchas cosas, especialmente en la
vida que haba tenido en el Matadero. Pero habrlas de callar, porque
no me tengis por largo y por murmurador.

CIPIN.--Por haber odo decir que dijo un gran poeta de los antiguos
que era difcil cosa el no escribir stiras, consentir que murmures
un poco de luz, y no de sangre; quiero decir que seales, y no hieras
ni des mate a ninguno en cosa sealada; que no es buena la
murmuracin, aunque haga rer a muchos, si mata a uno; y si puedes
agradar sin ella, te tendr por muy discreto.

BERGANZA.--Yo tomar tu consejo, y esperar con gran deseo que llegue
el tiempo en que me cuentes tus sucesos; que de quien tan bien sabe
conocer y enmendar los defetos que tengo en contar los mos, bien se
puede esperar que contar los suyos de manera que enseen y deleiten a
un mismo punto. Digo, pues, que yo me hallaba bien con el oficio de
guardar ganado, por parecerme que coma el pan de mi sudor y trabajo,
y que la ociosidad, raz y madre de todos los vicios, no tena que ver
conmigo, a causa que si los das holgaba, las noches no dorma,
dndonos asaltos a menudo y tocndonos a arma los lobos; y apenas me
haban dicho los pastores: "Al lobo, Barcino!", cuando acuda,
primero que los otros perros, a la parte que me sealaban que estaba
el lobo; corra los valles, escudriaba los montes, desentraaba las
selvas, saltaba barrancos, cruzaba caminos, y a la maana volva al
hato, sin haber hallado lobo ni rastro dl, anhelando, cansado, hecho
pedazos y los pies abiertos de los garranchos, y hallaba en el hato, o
ya una oveja muerta, o un carnero degollado y medio comido del lobo.
Desesperbame de ver de cun poco serva mi mucho cuidado y
diligencia. Vena el seor del ganado; salan los pastores a recebirle
con las pieles de la res muerta; culpaba a los pastores par
negligentes, y mandaba castigar a los perros por perezosos; llovan
sobre nosotros palos, y sobre ellos reprehensiones; y as, vindome un
da castigado sin culpa, y que mi cuidado, ligereza y braveza no eran
de provecho para coger el lobo, determin de mudar estilo, no
desvindome a buscarle, como tena de costumbre, lejos del rebao,
sino estarme junto a l; que pues el lobo all vena all sera ms
cierta la presa. Cada semana nos tocaban a rebato, y en una escursima
noche tuve yo vista para ver los lobos, de quien era imposible que el
ganado se guardase. Agcheme detrs de una mata, pasaron los perros,
mis compaeros, adelante, y desde all ote, y vi que dos pastores
asieron de un carnero de los mejores del aprisco y le mataron, de
manera que verdaderamente pareci a la maana que haba sido su
verdugo d lobo. Pasmme, qued suspenso cuando vi que los pastores
eran los lobos, y que despedazaban el ganado los mismos que le haban
de guardar. Al punto hacan saber a su amo la presa del lobo, dbanle
el pellejo y parte de la carne, y comanse ellos lo ms y lo mejor.
Volva a reirles el seor, y volva tambin el castigo de los perros.
No haba lobos; menguaba el rebao; quisiera yo descubrillo; hallbame
mudo; todo lo cual me traa lleno de admiracin y de congoja. "Vlame
Dios!--deca entre m--. Quin podr remediar esta maldad? Quin
ser poderoso a dar a entender que la defensa ofende, que las
centinelas duermen, que la confianza roba y el que os guarda os mata?"

CIPIN.--Y decas muy bien, Berganza; porque no hay mayor ni ms sotil
ladrn que el domstico, y as, mueren muchos ms de los confiados que
de los recatados; pero el dao est en que es imposible que puedan
pasar bien las gentes en el mundo si no se fa y se confa. Mas
qudese aqu esto, que no quiero que parezcamos predicadores. Pasa
adelante.

BERGANZA.--Paso adelante, y digo que determin dejar aquel oficio,
aunque pareca tan bueno, y escoger otro, donde por hacerle bien, ya
que no fuese remunerado, no fuese castigado. Volvme a Sevilla, que es
amparo de pobres y refugio de desechados; que en su grandeza no slo
caben los pequeos, pero no se echan de ver los grandes. Arrimme a la
puerta de una gran casa de un mercader, hice mis acostumbradas
diligencias, y a pocos lances me qued en ella. Recibironme para
tenerme atado detrs de la puerta de da, y suelto de noche; serva
con gran cuidado y diligencia; ladraba a los forasteros y grua a los
que no eran muy conocidos; no dorma de noche, visitando los corrales,
subiendo a los terrados, hecho universal centinela de la ma y de las
cosas ajenas. Agradse tanto mi amo de mi buen servicio, que mand que
me tratasen bien y me diesen racin de pan y los huesos que se
levantasen o arrojasen de su mesa, con las sobras de la cocina, a lo
que yo me mostraba agradecido, dando infinitos saltos cuando vea a mi
amo, especialmente cuando vena de fuera; que eran tantas las muestras
de regocijo que daba, y tantos los saltos, que mi amo orden que me
desatasen y me dejasen andar suelto de da y de noche. Como me vi
suelto, corr a l, rodele todo, sin osar llegarte con las manos,
acordndome de la fbula de Isopo, cuando aquel asno tan asno, que
quiso hacer a su seor las mismas caricias que le haca una perrilla
regalada suya, que le granjearon ser molido a palos. Parecime que en
esta fbula se nos dio a entender que las gracias y donaires de
algunos no estn bien en otros. Este mercader, pues, tena dos hijos,
el uno de doce y el otro de hasta catorce aos, los cuales estudiaban
gramtica en el estudio de la Compaa de Jess; iban con autoridad,
con ayo y con pajes que les llevaban los libros y aquel que llaman
_vademecum_. El verlos ir con tanto aparato, en sillas si haca sol,
en coche si llova, me hizo considerar y reparar en la mucha llaneza
con que su padre iba a la Lonja a negociar sus negocios, porque no
llevaba otro criado que un negro, y algunas veces se desmandaba a ir
en un machuelo aun no bien aderezado.

CIPIN.--Hais de saber, Berganza, que es costumbre y condicin de los
mercaderes de Sevilla, y aun de las otras ciudades, mostrar su
autoridad y riqueza, no en sus personas, sino en las de sus hijos;
porque los mercaderes son mayores en su sombra que en s mismos. Y
como ellos por maravilla atienden a otra cosa que a sus tratos y
contratos, trtanse modestamente; y como la ambicin y la riqueza
muere por manifestarse, revienta por sus hijos, y as los tratan y
autorizan como si fuesen hijos de algn prncipe; y algunos hay que
les procuran ttulos, y ponerles en el pecho la marca que tanto
distingue la gente principal de la plebeya.

BERGANZA.--Ambicin es, pero ambicin generosa, la de aquel que
pretende mejorar su estado sin perjuicio de tercero.

CIPIN.--Pocas o ninguna vez se cumple con la ambicin que no sea con
dao de tercero.

BERGANZA.--Ya hemos dicho que no hemos de murmurar.

CIPIN.--S, que yo no murmuro de nadie.

BERGANZA.--Ahora acabo de confirmar por verdad lo que muchas veces he
odo decir. Acaba un maldiciente murmurador de echar a perder diez
linajes y de caluniar veinte buenos, y si alguno le reprehende por lo
que ha dicho, responde que l no ha dicho nada; y que si ha dicho
algo, no lo ha dicho por tanto; y que si pensara que alguno se haba
de agraviar, no lo dijera.

CIPIN.--As es verdad, y yo confieso mi yerro, y quiero que me le
perdones, pues te he perdonado tantos; echemos pelillos a la mar, como
dicen los muchachos, y no murmuremos de aqu adelante; y sigue tu
cuento, que le dejaste en la autoridad con que los hijos del mercader
tu amo iban al estudio de la Compaa de Jess.

BERGANZA.--Digo que los hijos de mi amo se dejaron un da un
cartapacio en el patio, donde yo a la sazn estaba; as del
_vademecum_ y fume tras ellos, con intencin de no soltalle hasta el
estudio. Sucedime todo como lo deseaba: que mis amos, que me vieron
venir con el _vademecum_ en la boca, asido sotilmente de las cintas,
mandaron a un paje me le quitase; mas yo no lo consent, ni le solt
hasta que entr en el aula con l, cosa que caus risa a todos los
estudiantes. Llegume al mayor de mis amos, y, a mi parecer, con mucha
crianza, se le puse en las manos, y quedme sentado en cuclillas a la
puerta del aula, mirando de hito en hito al maestro que en la ctedra
lea. No s qu tiene la virtud, que, con alcanzrseme a m tan poco,
o nada, della, luego recib gusto de ver el amor, el trmino, la
solicitud y la industria con que aquellos benditos padres y maestros
enseaban a aquellos nios, enderezando las tiernas varas de su
juventud, porque no torciesen ni tomasen mal siniestro en el camino de
la virtud, que juntamente con las letras les mostraban. Consideraba
cmo los rean con suavidad, los castigaban con misericordia, los
animaban con ejemplos, los incitaban con premios y los sobrellevaban
con cordura, y, finalmente, cmo les pintaban la fealdad y horror de
los vicios, y les dibujaban la hermosura de las virtudes, para que,
aborrecidos ellos y amadas ellas, consiguiesen el fin para que fueron
criados. Mis amos gustaron de que les llevase siempre el _vademecum_,
lo que hice de muy buena voluntad; con lo cual tena una vida de rey,
y aun mejor, porque era descansada, a causa que los estudiantes dieron
en burlarse conmigo, y domestiqume con ellos de tal manera, que me
metan la mano en la boca y los ms chiquillos suban sobre m;
arrojaban los bonetes o sombreros, y yo se los volva a la mano
limpiamente y con muestras de grande regocijo. Dieron en darme de
comer cuanto ellos podan, y gustaban de ver que cuando me daban
nueces o avellanas, las parta como mona, dejando las cscaras y
comiendo lo tierno. Tal hubo que, por hacer prueba de mi habilidad, me
trujo en un pauelo gran cantidad de ensalada, la cual com como si
fuera persona. Era tiempo de invierno, cuando campean en Sevilla los
molletes y mantequillas, de quien era tan bien servido, que ms de dos
_Antonios_ se empearon o vendieron para que yo almorzase, Finalmente,
yo pasaba una vida de estudiante sin hambre y sin sarna, que es lo que
ms se puede encarecer para decir que era buena. Desta gloria y desta
quietud me vino a quitar una seora que, a mi parecer, llaman por ah
razn de estado, que cuando con ella se cumple se ha de descumplir con
otras razones muchas. Es el caso que a aquellos seores maestros les
pareci que la media hora que hay de licin a licin la ocupaban los
estudiantes, no en repasar las liciones, sino en holgarse conmigo; y
as, ordenaron a mis amos que no me llevasen ms al estudio;
obedecieron, volvironme a casa y a la antigua guarda de la puerta, y,
sin acordarse seor el viejo de la merced que me haban hecho de que
de da y de noche anduviese suelto, volv a entregar el cuello a la
cadena y el cuerpo a una esterilla que detrs de la puerta me
pusieron. Ay, amigo Cipin, si supieses cun dura cosa es de sufrir
el pasar de un estado felice a un desdichado! Mira: cuando las
miserias y desdichas tienen larga la corriente y son continuas, o se
acaban presto con la muerte, o la continuacin dellas hace un hbito y
costumbre en padecellas, que suele en su mayor rigor servir de alivio;
mas cuando de la suerte desdichada y calamitosa, sin pensarlo y de
improviso, se sale a gozar de otra suerte prspera, venturosa y
alegre, y de all a poco se vuelve a padecer la suerte primera, y a
los primeros trabajos y desdichas, es un dolor tan riguroso, que si no
acaba la vida es por atormentarla ms viviendo. Digo, en fin, que
volv a mi racin perruna, y a los huesos que una negra de casa me
arrojaba, y aun stos me dezmaban dos gatos romanos; que, como sueltos
y ligeros, rales fcil quitarme lo que no caa debajo del distrito
que alcanzaba mi cadena. Cipin hermano, as el Cielo te conceda el
bien que deseas, que, sin que te enfades, me dejes ahora filosofar un
poco; porque si dejase de decir las cosas que en este instante me han
venido a la memoria de aquellas que entonces me ocurrieron, me parece
que no sera mi historia cabal ni de fruto alguno.

CIPIN.--Advierte, Berganza, no sea tentacin del demonio esa gana de
filosofar que dices te ha venido; porque no tiene la murmuracin mejor
velo para paliar y encubrir su maldad disoluta que darse a entender el
murmurador que todo cuanto dice son sentencias de filsofos, y que el
decir mal es reprehensin, y el descubrir los defetos ajenos, buen
celo. Y no hay vida de ningn murmurante que, si la consideras y
escudrias, no la halles llena de vicios y de insolencias. Y debajo de
saber esto, filosofea ahora cuanto quisieres.

BERGANZA.--Seguro puedes estar, Cipin, de que ms murmure, porque as
lo tengo prosupuesto. Es, pues, el caso, que como me estaba todo el
da ocioso, y la ociosidad sea madre de los pensamientos, di en
repasar por la memoria algunos latines que me quedaron en ella de
muchos que o cuando fu con mis amos al estudio, con que, a mi
parecer, me hall algo ms mejorado de entendimiento, y determin,
como si hablar supiera, aprovecharme dellos en las ocasiones que se me
ofreciesen; pero en manera diferente de la que se suelen aprovechar
algunos ignorantes. Hay algunos romancistas que en las conversaciones
disparan de cuando en cuando con algn latn breve y compendioso,
dando a entender a los que no lo entienden que son grandes latinos, y
apenas saben declinar un nombre ni conjugar un verbo.

CIPIN.--Por menor dao tengo se que el que hacen los que
verdaderamente saben latn, de los cuales hay algunos tan imprudentes,
que hablando con un zapatero o con un sastre arrojan latines como
agua.

BERGANZA.--Deso podemos inferir que tanto peca el que dice latines
delante de quien los ignora como el que los dice ignorndolos.

CIPIN.--Para saber callar en romance y hablar en latn, discrecin es
menester, hermano Berganza.

BERGANZA.--As es, porque tambin se puede decir una necedad en latn
como en romance.

CIPIN.--Dejemos esto, y comienza a decir tus filosofas.

BERGANZA.--Ya las he dicho: stas son que acabo de decir.

CIPIN.--Cules?

BERGANZA.--Estas de los latines y romances, que yo comenc y t
acabaste.

CIPIN.--Al murmurar llamas filosofar? As va ello! Canoniza,
canoniza, Berganza, a la maldita plaga de la murmuracin, y dale el
nombre que quisieres; que ella dar a nosotros el de cnicos, que
quiere decir perros murmuradores; y por tu vida que calles ya y sigas
tu historia.

BERGANZA.--Cmo la tengo de seguir si callo?

CIPIN.--Quiero decir que la sigas de golpe, sin que la hagas que
parezca pulpo, segn la vas aadiendo colas.

BERGANZA.--Habla con propiedad; que no se llaman colas las del pulpo.
Y digo que, no contenta mi fortuna de haberme quitado de mis estudios
y de la vida que en ellos pasaba, tan regocijada y compuesta, y
haberme puesto atraillado tras de una puerta, y de haber trocado la
liberalidad de los estudiantes en la mezquinidad de la negra, orden
de sobresaltarme en lo que ya por quietud y descanso tena. Mira,
Cipin, ten por cierto y averiguado, como yo lo tengo, que al
desdichado las desdichas le buscan y le hallan, aunque se esconda en
los ltimos rincones de la tierra. Dgolo porque la negra de casa, una
vez, me trujo una esponja frita con manteca; conoc #_su_# maldad; vi
que era peor que comer zarazas, porque a quien la come se le hincha el
estmago y no sale dl sin llevarse tras s la vida; y acord de poner
tierra en medio. Hallme un da suelto, y sin decir a Dios a ninguno
de casa, me puse en la calle; por un agujero de la muralla sal al
campo, y antes que amaneciese me puse en Mairena, que es un lugar que
est cuatro leguas de Sevilla. Quiso mi buena suerte que hall all
una compaa de soldados, que, segn o decir, se iban a embarcar a
Cartagena. Estaban en ella cuatro rufianes, y el atambor era uno que
haba sido corchete, y gran chocarrero, como lo suelen ser los ms
atambores. Determin de acomodarme con l, si l quisiese, y seguir
aquella jornada, aunque me llevase a Italia o a Flandes; porque me
parece a m, y aun a ti te debe parecer lo mismo, que puesto que dice
el refrn: "Quien necio es en su villa, necio es en Castilla", el
andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres
discretos.

CIPIN.--Es eso tan verdad, que me acuerdo haber odo decir a un amo
que tuve de bonsimo ingenio, que al famoso griego llamado Ulises le
dieron renombre de prudente por slo haber andado muchas tierras y
comunicado con diversas gentes y varias naciones; y as, alabo la
intencin que tuviste de irte donde te llevasen.

BERGANZA.--Es, pues, el caso que el atambor, por tener con qu mostrar
ms sus chacorreras, comenz a ensearme a bailar al son del atambor
y a hacer otras moneras, tan ajenas de poder aprenderlas otro perro
que no fuera yo, como las oirs cuando te las diga. En menos de quince
das, con mi buen ingenio y con la diligencia que puso el que haba
escogido por patrn, supe saltar por el Rey de Francia y no saltar por
la mala tabernera; enseme a hacer corvetas como caballo napolitano,
y a andar a la redonda como mula de atahona, con otras cosas que, si
yo no tuviera cuenta en no adelantarme a mostrarlas, pusiera en duda
si era algn demonio en figura de perro el que las haca. Psome
nombre del _perro sabio_ y no habamos llegado al alojamiento cuando,
tocando su atambor, andaba por todo el lugar pregonando que todas las
personas que quisiesen venir a ver las maravillosas gracias y
habilidades del perro sabio, en tal casa, o en tal hospital, las
mostraban, a ocho, o a cuatro maraveds, segn era el pueblo, grande o
chico. Con estos encarecimientos no quedaba persona en todo el lugar
que no me fuese a ver, y ninguno haba que no saliese admirado y
contento de haberme visto. Triunfaba mi amo con la mucha ganancia; y
viendo cun bien saba imitar el corcel napolitano, hzome unas
cubiertas de guadamac y una silla pequea, que me acomod en las
espaldas, y sobre ella puso una figura liviana de un hombre, con una
lancilla de correr sortija, y enseme a correr derechamente a una
sortija que entre dos palos pona; y el da que haba de correrla
pregonaba que aquel da corra sortija el perro sabio, y haca otras
nuevas y nunca vistas galanteras, las cuales de mi santiscario, como
dicen, las haca, por no sacar mentiroso a mi amo. Llegamos, pues, por
nuestras jornadas contadas a Montilla, villa del famoso y gran
cristiano Marqus de Priego, seor de la casa de Aguilar y de
Montilla. Alojaron a mi amo, porque l lo procur, en un hospital,
ech luego el ordinario bando, y como ya la fama se haba adelantado a
llevar las nuevas de las habilidades y gracias del perro sabio, en
menos de una hora se llen el patio de gente. Alegrse mi amo viendo
que la cosecha iba de guilla, y mostrse aquel da chacorrero en
demasa. Lo primero en que comenzaba la fiesta era en los saltos que
yo daba por un aro de cedazo, que pareca de cuba; conjurbame por las
ordinarias preguntas, y cuando l bajaba una varilla de membrillo que
en la mano tena, era seal del salto; y cuando la tena alta, de que
me estuviese quedo. El primer conjuro deste da--memorable entre todos
los de mi vida--fu decirme: "Ea, Gaviln amigo, salta por la pompa y
aparato de doa Pimpinela de Plafagonia. No te cuadra el conjuro,
hijo Gaviln? Pues salta por el bachiller Pasillas, que se firma
licenciado sin tener grado alguno. Oh, perezoso ests! Por qu no
saltas? Pero ya entiendo y alcanzo tus marrulleras: ahora salta por
el licor de Esquivias, famoso al par del de Ciudad Real, San Martn y
Ribadavia." Baj la varilla y salt yo, y not sus malicias y malas
entraas. Volvise luego al pueblo, y en voz alta dijo: "No piense
vuesa merced, senado valeroso, que es cosa de burla lo que este perro
sabe; veinte y cuatro piezas He tengo enseadas, que por la menor
dellas volara un gaviln; quiero decir que por ver la menor se pueden
caminar treinta leguas. Sabe bailar la zarabanda y chacona mejor que
su inventora misma; bbese una azumbre de vino sin dejar gota; entona
un _sol fa mi re_ tan bien como un sacristn; todas estas cosas, y
otras muchas que me quedan por decir, las irn viendo vuesas mercedes
en los das que estuviere aqu la compaa; y por ahora d otro salto
nuestro sabio, y luego entraremos en lo grueso. Con esto suspendi el
auditorio que haba llamado senado, y les encendi el deseo de no
dejar de ver todo lo que yo saba. Volvise a m mi amo, y dijo:
"Volved, hijo Gaviln, y con gentil agilidad y destreza deshaced los
saltos que habis hecho; pero ha de ser a devocin de la famosa
hechicera que dicen que hubo en este lugar." Apenas hubo dicho esto,
cuando alz la voz la hospitalera, que era una vieja, al parecer, de
ms de sesenta aos, diciendo: "Bellaco, charlatn, embaidor, aqu no
hay hechicera alguna! Si lo decs por la Camacha, ya ella pag su
pecado, y est donde Dios se sabe; si lo decs por m, chacorrero, ni
yo soy ni he sido hechicera en mi vida; y si he tenido fama de haberlo
sido, merced a los testigos falsos, y a la ley del encaje, y al juez
arrojadizo y mal informado, ya sabe todo di mundo la vida que hago, en
penitencia, no de los hechizos que no hice, sino de otros muchos
pecados, otros que, como pecadora, he cometido. As que, socarrn
tamborilero, salid del hospital; si no, por vida de mi santiguada que
os haga salir ms que de paso." Y con esto comenz a dar tantos gritos
y a decir tantas y tan atropelladas injurias a mi amo que #_le_# puso
en confusin y sobresalto; finalmente, no dej que pasase adelante la
fiesta en ningn modo. No le pes a mi amo del alboroto, porque se
qued con los dineros, y aplaz para otro da y en otro hospital lo
que en aqul haba faltado. Fuse la gente maldiciendo a la vieja,
aadiendo al nombre de hechicera el de bruja. Con todo esto, nos
quedamos en el hospital aquella noche; y encontrndome la vieja en el
corral solo, me dijo: "Eres t, hijo Montiel? Eres t, por ventura,
hijo?" Alc la cabeza y mirla muy de espacio; lo cual, visto por
ella, con lgrimas en los ojos se vino a m, y me ech los brazos al
cuello. Esto que ahora te quiero contar te lo haba de haber dicho al
principio de mi cuento, y as excusramos la admiracin que nos caus
el vernos con habla. Porque has de saber que la vieja me dijo: "Hijo
Montiel, vente tras m, y sabrs mi aposento, y procura que esta noche
nos veamos a solas en l, que yo dejar abierta la puerta; y sabe que
tengo muchas cosas que decirte de tu vida y para tu provecho." Baj yo
la cabeza en seal de obedecerla, por lo cual ella se acab de enterar
en que yo era el perro Montiel que buscaba, segn despus me lo dijo.
Qued atnito y confuso, esperando la noche, por ver en lo que paraba
aquel misterio o prodigio de haberme hablado la vieja; y como haba
odo llamarla de hechicera, esperaba de su vista y habla grandes
cosas. Llegse, en fin, el punto de verme con ella en su aposento, que
era escuro, estrecho y bajo, y solamente claro con la dbil luz de un
candil de barro que en l estaba; atizle la vieja y sentse sobre una
arquilla, y llegme junto a s, y, sin hablar palabra, me volvi a
abrazar. Lo primero que me dijo fu:

"Bien esperaba yo en el Cielo que antes que estos mis ojos se cerrasen
con el ltimo sueo te haba de ver, hijo mo, y ya que te he visto,
venga la muerte y llveme desta cansada vida. Has de saber, hijo, que
en esta villa vivi la ms famosa hechicera que hubo en el mundo, a
quien llamaron _la Camacha de Montilla_; tuvo fama que converta los
hombres en animales, lo que yo nunca he podido alcanzar cmo se haga.
Sea lo que fuere, lo que me pesa es que yo ni tu madre, que fuimos
discpulas de la buena Camacha, nunca llegamos a saber tanto como
ella.

"Tu madre, hijo, se llam _la Montiela_, que despus de la Camacha fu
famosa; yo me llamo _la Caizares_, si ya no tan sabia como las dos, a
lo menos de tan buenos deseos como cualquiera dellas. Tu madre no
muri de enfermedad alguna, sino de dolor de que supo que la Camacha,
su maestra, de envidia que la tuvo porque se le iba subiendo a las
barbas en saber tanto como ella, o por otra pendenzuela de celos, que
nunca pude averiguar, _#un da, convirti a sus tres hijos en
perros#_. La Camacha se fu y se llev los cachorros; yo me qued con
tu madre, la cual no poda creer lo que le haba sucedido. Llegse el
fin de la Camacha, y estando en la ltima hora de su vida llam a tu
madre y le dijo que no tuviese pena: que ellos volveran a su ser
cuando menos lo pensasen. Tomlo tu madre de memoria, y yo lo fij en
la ma para si sucediese tiempo de poderlo decir a alguno de vosotros;
y para poder conoceros, a todos los perros que veo de tu color los
llamo con el nombre de tu madre, no por pensar que los perros han de
saber el nombre, sino por ver si respondan a ser llamados tan
diferentemente como se llaman los otros perros. Y esta tarde, como te
vi hacer tantas cosas, y que te llaman _el perro sabio_, y, tambin,
como alzaste la cabeza a mirarme cuando te llam en el corral, he
credo que t eres hijo de la Montiela, a quien con grandsimo gusto
doy noticia de tus sucesos. Lo que has de hacer, hijo, es encomendarte
a Dios all en tu corazn, y espera que stas, que no quiero llamarlas
profecas, sino adivinanzas, han de suceder presto y prsperamente;
que, pues la buena de la Camacha las dijo, sucedern, sin duda alguna,
y t y tu hermano, si es vivo, os veris como deseis.

"De lo que a m me pesa es que estoy tan cerca de mi acabamiento que
no tendr lugar de verlo."

Finalmente, me dijo que aquella noche pensaba untarse para ir a uno de
sus usados convites, y que cuando all estuviese, pensaba preguntar a
su dueo algo de lo que estaba por sucederme.

Levantse y tomando el candil se entr en otro aposentillo ms
estrecho; segula, combatido de mil varios pensamientos y admirado de
lo que haba odo y de lo que esperaba ver. Colg la Caizares el
candil de la pared, y con mucha priesa, sacando de un rincn una olla
vidriada, meti en ella la mano, y murmurando entre dientes, se unt
desde los pies a la cabeza, que tena sin toca. Antes que se acabase
de untar me dijo que, ora se quedase su cuerpo en aquel aposento sin
sentido; ora desapareciese dl, que no me espantase, ni dejase de
aguardar all hasta la maana, porque sabra las nuevas de lo que me
quedaba por pasar hasta ser hombre. Djele bajando la cabeza que s
hara, y con esto acab su untura, y se tendi en el suelo como
muerta. Llegu mi boca a la suya, y vi que no respiraba poco ni mucho.

Quise morderla, por ver si volva en s, y no hall parte en toda ella
que el asco no me lo estorbase; pero, con todo esto, la as de un
carcao y la saqu arrastrando al patio; mas ni por esto di muestras
de tener sentido. All, con mirar al cielo y verme en parte ancha, se
me quit el temor; a lo menos se templ de manera que tuve nimo de
esperar a ver en lo que paraba la ida y vuelta de aquella mala hembra
y lo que me contaba de mis sucesos. Se pas la noche y se vino d da,
que nos hall a los dos en mitad del patio, ella no vuelta en s, y a
m junto a ella, en cuclillas, atento, mirando su espantosa y fea
catadura. Acudi la gente del hospital, y viendo aquel retablo, unos
decan: "Ya la bendita Caizares es muerta; mirad cun desfigurada y
flaca la tena la penitencia"; otros, ms considerados, la tomaron el
pulso, y vieron que le tena, y que no era muerta, por do se dieron a
entender que estaba en xtasis y arrobada, de puro buena. Otros hubo
que dijeron: "Esta vieja, sin duda, debe de ser bruja, y debe de estar
untada; que entre los que la conocemos, ms fama tiene de bruja que de
santa." Curiosos hubo que se llegaron a hincarle alfileres por las
carnes, desde la punta hasta la cabeza; ni por eso recordaba la
dormilona, ni volvi en s hasta las siete del da; y como se sinti
acribada de los alfileres y mordida de los carcaares, y magullada del
arrastramiento fuera de su aposento, y a vista de tantos ojos que la
estaban mirando, crey, y crey la verdad, que yo haba sido el autor
de su deshonra; y as, arremeti a m, y echndome ambas manos a la
garganta, procuraba ahogarme, diciendo: "Oh, bellaco, desagradecido,
ignorante y malicioso! Y es este el pago que merecen las buenas obras
que a tu madre hice y de las que te pensaba hacer a ti?" Yo, que me vi
en peligro de perder la vida entre las uas de aquella fiera arpa,
sacudme, y asindola la zamarre y arrastr por todo el patio; y ella
daba voces, que la librasen de los dientes de aquel maligno espritu.

Con estas razones de la mala vieja creyeron los ms que yo deba de
ser algn demonio de los que tienen ojeriza continua con los buenos
cristianos, y unos acudieron a echarme agua bendita, otros no osaban
llegar a quitarme, otros daban voces que me conjurasen; la vieja
grua; yo apretaba los dientes; creca la confusin, y mi amo, que ya
haba llegado al ruido, se desesperaba, oyendo decir que yo era
demonio. Otros, que no saban de exorcismos, acudieron a tres o cuatro
garrotes, con los cuales comenzaron a santiguarme los lomos; escocime
la burla, solt la vieja, y en tres saltos me puse en la calle y en
pocos ms sal de la villa, perseguido de una infinidad de muchachos,
que iban a grandes voces diciendo: "Aprtense, que rabia el perro
sabio!" Otros decan: "No rabia, sino que es demonio en figura de
perro!" Con este molimiento, a campana herida sal del pueblo,
siguindome muchos que indubitablemente creyeron que era demonio, as
por las cosas que me haban visto hacer como por las palabras que la
vieja dijo cuando despert de su maldito sueo. Dime tanta priesa a
huir y a quitarme delante de sus ojos, que creyeron que me haba
desaparecido como demonio; en seis horas anduve doce leguas, y llegu
a un rancho de gitanos, que estaba en un campo junto a Granada; all
me repar un poco, porque algunos de los gitanos me conocieron por el
perro sabio, y con no pequeo gozo me acogieron y escondieron en una
cueva, porque no me hallasen si fuese buscado, con intencin, a lo que
despus entend, de ganar conmigo, como lo haca el atambor mi amo.
Veinte das estuve con ellos.

CIPIN.--Antes, Berganza, que pases adelante, es bien que reparemos en
lo que te dijo la bruja, y averigemos si puede ser verdad la grande
mentira a quien das crdito. Mira, Berganza, grandsimo disparate
sera creer que la Camacha mudase los hombres en bestias; todas estas
cosas y las semejantes son embelecos, mentiras o apariencias del
demonio; y si a nosotros nos parece ahora que tenemos algn
entendimiento y razn, pues hablamos siendo verdaderamente perros, o
estando en su figura, ya hemos dicho que ste es caso portentoso y
jams visto, y que aunque le tocamos con las manos no le habernos de
dar crdito, hasta tanto que el suceso dl nos muestre lo que conviene
que creamos. Quireslo ver ms claro? La Camacha fu burladora falsa,
y la Caizares embustera, y la Montiela tonta, maliciosa y bellaca,
con perdn sea dicho, si acaso es nuestra madre, de entrambos o tuya;
que yo no la quiero tener por madre.

BERGANZA.--Digo que tienes razn, Cipin hermano, y que eres ms
discreto de lo que pensaba; y vengo a pensar y creer que todo lo que
hasta aqu hemos pasado, y lo que estamos pasando, es sueo, y que
somos perros; pero no por esto dejemos de gozar deste bien de la habla
que tenemos y de la excelencia tan grande de tener discurso humano
todo el tiempo que pudiremos.

CIPIN.--De buena gana te escucho, por obligarte a que me escuches
cuando te cuente, si el cielo fuere servido, los sucesos de mi vida.

BERGANZA.--Al cabo de veinte das los #_gitanos_# me quisieron llevar
a Murcia. No me pareci bien el viaje que llevaban, y as, determin
soltarme, como lo hice, y salindome de Granada di en una huerta de un
morisco, que me acogi de buena voluntad, y yo qued con mejor,
parecindome que no me querra para ms de para guardarle la huerta,
oficio, a mi cuenta, de menos trabajo que el de guardar ganado; y como
no haba all altercar sobre tanto ms cuanto al salario, fu cosa
fcil hallar el morisco criado a quien mandar y yo amo a quien servir.
Estuve con l ms de un mes, no por el gusto de la vida que tena,
sino por el que me daba saber la de mi amo, y por ella la de todos
cuantos moriscos viven en Espaa. Oh, cuntas y cules cosas te
pudiera decir, Cipin amigo, desta morisca canalla, si no temiera no
poderlas dar fin en dos semanas! Como mi amo era mezquino, como lo son
todos los de su casta, sustentbame con pan de mijo y con algunas
sobras de zahinas, comn sustento suyo; pero esta miseria me ayud a
llevar el Cielo por un modo tan extrao como el que ahora oirs. Cada
maana, juntamente con el alba, amaneca sentado al pie de un granado,
de muchos que en la huerta haba, un mancebo, al parecer estudiante,
vestido de bayeta, no tan negra ni tan peluda, que no pareciese parda
y tundida. Ocupbase en escribir en un cartapacio, y de cuando en
cuando se daba palmadas en la frente y se morda las uas, estando
mirando al cielo; y otras veces se pona tan imaginativo que no mova
pie ni mano, ni aun las pestaas: tal era su embelesamiento. Una vez
me llegu junto a l sin que me echase de ver; ole murmurar entre
dientes, y al cabo de un buen espacio di una gran voz, diciendo:
"Vive el Seor que es la mejor octava que he hecho en todos los das
de mi vida!" Y escribiendo apriesa en su cartapacio, daba muestras de
gran contento; todo lo cual me dio a entender que el desdichado era
poeta. Hcele mis acostumbradas caricias, por asegurarle de mi
mansedumbre; cheme a sus pies, y l, con esta seguridad, prosigui en
sus pensamientos y torn a rascarse la cabeza y a sus arrobos, y a
volver a escribir lo que haba pensado. Despus de haber escrito
algunas coplas de #_una_# comedia, con mucho sosiego y espacio sac de
la faldriquera algunos mendrugos de pan y obra de veinte pasas, que, a
mi parecer, entiendo que se las cont, y aun estoy en duda si eran
tantas, porque juntamente con ellas hacan bulto ciertas migajas de
pan que las acompaaban. Sopl y apart las migajas, y una a una se
comi las pasas y los palillos, porque no le vi arrojar ninguno,
ayudndolas con los mendrugos, que, morados con la borra de la
faldriquera, parecan mohosos, y eran tan duros de condicin, que
aunque l procur enternecerlos pasendolos por la boca una y muchas
veces, no fu posible moverlos de su terquedad; todo lo cual redund
en mi provecho, porque me los arroj, diciendo: "To, to! Toma, que
buen provecho te hagan." "Mirad--dije entre m--qu nctar o
ambrosa me da este poeta, de los que ellos dicen que se mantienen los
dioses y su Apolo all en el cielo!" En fin, por la mayor parte,
grande es la miseria de los poetas; pero mayor era mi necesidad, pues
me oblig a comer lo que l desechaba. En tanto que dur la
composicin de su comedia, no dej de venir a la huerta, ni a m me
faltaron mendrugos, porque los reparta conmigo con mucha liberalidad,
y luego nos bamos a la noria, donde, yo de bruces y l con un
canjiln satisfacamos la sed como unos monarcas. Pero falt el poeta,
y sobr en m la hambre, tanto, que determin dejar al morisco y
entrarme en la ciudad a buscar ventura, que la halla el que se muda.
Al entrar de la ciudad vi que sala del famoso monasterio de San
Jernimo, mi poeta, que, como me vio, se vino a m con los brazos
abiertos, y yo me fu a l con nuevas muestras de regocijo por haberle
hallado. Luego al instante comenz a desembaular pedazos de pan, ms
tiernos que los que sola llevar a la huerta, y a entregarlos a mis
dientes sin repasarlos por los suyos, merced que con nuevo gusto
satisfizo mi hambre. Los tiernos mendrugos y el haber visto salir a mi
poeta del monasterio dicho me pusieron en sospecha de que tena las
musas vergonzantes, como otros muchos las tienen. Encaminse a la
ciudad, y yo le segu, con determinacin de tenerle por amo, si l
quisiese, imaginando que de las sobras de su castillo se poda
mantener mi real. De lance en lance #_vine a parar en casa de un autor
de comedas_# y con una compaa llegu a esta ciudad de Valladolid,
donde en un entrems me dieron una herida que me lleg casi al fin de
la vida; no pude vengarme, por estar enfrenado entonces, y despus, a
sangre fra, no quise; que la venganza pensada arguye crueldad y mal
nimo. Cansme aquel ejercicio, no por ser trabajo, sino porque vea
en l cosas que juntamente pedan enmienda y castigo; y como a m
estaba ms el sentillo que el remediallo, acord de no verlo, y as,
me acog a sagrado, como hacen aquellos que dejan los vicios cuando no
pueden ejercitallos, aunque ms vale tarde que nunca. Digo, pues, que
vindote una noche llevar la linterna con el buen cristiano Mahudes,
te consider contento y justa y santamente ocupado; y lleno de buena
envidia quise seguir tus pasos, y con esta loable intencin me puse
delante de Mahudes, que luego me eligi para tu compaero y me trujo a
este hospital. Ves cuan larga ha sido mi pltica? Ves mis muchos y
diversos sucesos? Consideras mis caminos y mis amos tantos? Pues todo
lo que has odo es nada, comparado a lo que te pudiera contar.

CIPIN.--Y con esto pongamos fin a esta pltica; que la luz que entra
por estos resquicios muestra que es muy entrado el da, y esta noche
que viene, si no nos ha dejado este grande beneficio de la habla, ser
la ma, para contarte mi vida.

BERGANZA.--Sea ans, y mira que acudas a este mismo puesto.




EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS

(_Salen_ CHANFALLA _y la_ CHERINOS.)

CHANFALLA.--No se te pasen de la memoria, Chirinos, mis
advertimientos, principalmente los que te he dado para este nuevo
embuste.

CHIRINOS.--Chanfalla ilustre, lo que en m fuere, tenlo como de molde;
que tanta memoria tengo como entendimiento, a quien se junta una
voluntad de acertar a satisfacerte que excede a las dems potencias.

CHANFALLA.--Chirinos, poco a poco estamos ya en el pueblo, y estos que
aqu vienen deben de ser, como lo son sin duda, el Gobernador y los
Alcaldes. Salgmosles al encuentro, y date un filo a la lengua en la
piedra de la adulacin; pero no despuntes de aguda.

(_Salen el_ GOBERNADOR _y_ BENITO REPOLLO, _alcalde_;JUAN _#Tostado#,
regidor, y_ PEDRO CAPACHO, _escribano_.)

Beso a vuesas mercedes las manos. Quin de vuesas mercedes es el
Gobernador de este pueblo?

GOBERNADOR.--Yo soy el Gobernador; qu es lo que queris, buen
hombre?

CHANFALLA.--A tener yo dos onzas de entendimiento, hubiera echado de
ver que esa peripattica y anchurosa presencia no poda ser de otro
que del dignsimo Gobernador de este honrado pueblo.

GOBERNADOR.--Y bien, qu es lo que queris, hombre honrado?

CHIRINOS.--Honrados das viva vuesa merced que as nos honra; en fin,
la encina da bellotas, el pero, peras; la parra, uvas, y el honrado,
honra, sin poder hacer otra cosa.

BENITO.--Sentencia _ciceronianca_, sin quitar ni poner un punto.

CAPACHO.--_Ciceroniana_ quiso decir el seor alcalde Benito Repollo.

BENITO.--Siempre quiero decir lo que es mejor, sino que las ms veces
no acierto; en fin, buen hombre, qu queris?

CHANFALLA.--Yo, seores mos, soy Montiel, el que trae el Retablo de
las Maravillas; hanme enviado a llamar de la corte los seores
cofrades de los hospitales, porque no hay autor de comedias en ella, y
perecen los hospitales; y con mi ida se remediar todo.

GOBERNADOR.--Y qu quiere decir Retablo de las Maravillas?

CHANFALLA.--Por las maravillosas cosas que en l se ensean y
muestran, viene a ser llamado Retablo de las Maravillas; el cual
fabric y compuso el sabio Tontonelo debajo de tales paralelos,
rumbos, astros y estrellas; con tales puntos, caracteres y
observaciones, que ninguno puede ver las cosas que en l se muestran,
que tenga alguna raza de confeso, o sea _#hijo de padres ladrones#_; y
el que fuere contagiado destas dos tan usadas enfermedades, despdase
de ver las cosas jams vistas ni odas de mi Retablo.

BENITO.--Ahora echo de ver que cada da se ven en el mundo cosas
nuevas. Y qu! se llamaba Tontonelo el sabio que el Retablo compuso?

CHERINOS.--Tontonelo se llamaba, nacido en la ciudad de Tontonela;
hombre de quien hay fama que le llegaba la barba a la cintura.

BENITO.--Por la mayor parte, los hombres de grandes barbas son
sabihondos.

GOBERNADOR.--Seor regidor Juan _#Tostado#_, yo determino, debajo de
su buen parecer, que esta noche se despose la seora Teresa
_#Tostada#_, su hija, de quien yo soy padrino, y en regocijo de la
fiesta, quiero que el seor Montiel muestre en vuestra casa su
Retablo.

JUAN.--Eso tengo yo por servir al seor Gobernador, con cuyo parecer
me convengo, entablo y arrimo, aunque haya otra cosa en contrario.

CHIRINOS.--La cosa que hay en contrario es, que si no se nos paga
primero nuestro trabajo, as vern las figuras como por el cerro de
Ubeda. Y vuesas mercedes, seores Justicias, tienen conciencia y alma
en esos cuerpos? Bueno sera que entrase esta noche todo el pueblo en
casa del seor Juan _#Tostado#_, o como es su gracia, y viese lo
contenido en el tal retablo, y maana, cuando quisisemos mostralle al
pueblo, no hubiese nima que le viese: no, seores, no, seores; _ante
omnia_ nos han de pagar lo que fuere justo.

BENITO.--Seora autora, aqu no os ha de pagar ninguna Antona, ni
ningn Antoo; el seor regidor Juan _#Tostado#_ os pagar ms que
honradamente, y si no el Concejo. Bien conocis el lugar por cierto!
Aqu, hermana, no aguardamos a que ninguna Antona pague por nosotros.

CAPACHO.--Pecador de m, seor Benito Repollo, y qu lejos da del
blanco! No dice la seora autora que pague ninguna Antona, sino que le
paguen adelantado, y ante todas cosas, que eso quiere decir _ante
omnia_.

BENITO.--Mirad, escribano Pedro Capacho; haced vos que me hablen a
derechas, que yo entender a pie llano; vos, que sois ledo y
escribido, podis entender esas algarabas de allende, que yo, no.

JUAN.--Ahora bien, contentarse ha el seor autor con que yo le d
adelantados media docena de ducados? Y ms, que se tendr cuidado que
no entre gente del pueblo esta noche en mi casa.

CHANFALLA.--Soy contento; porque yo me fo de la diligencia de vuesa
merced y de su buen trmino.

JUAN.--Pues vngase conmigo, recibir el dinero y ver mi casa y la
comodidad que hay en ella para mostrar ese Retablo.

CHANFALLA.--Vamos, y no se les pase de las mientes las calidades que
han de tener los que se atrevieren a mirar el maravilloso Retablo.

BENITO.--A mi cargo queda eso, y sle decir que por mi parte puedo ir
seguro a juicio, pues tengo el padre alcalde; cuatro dedos de enjundia
de cristiano viejo rancioso tengo sobre los cuatro costados de mi
linaje: miren si ver el tal Retablo.

CAPACHO.--Todos le pensarnos ver, seor Benito Repollo.

JUAN.--No nacimos ac en las malvas, seor Pedro Capacho.

GOBERNADOR.--Todo ser menester, segn voy viendo, seores Alcalde,
Regidor y Escribano.

JUAN.--Vamos, autor, y manos a la obra; que Juan _#Tostado#_ me llamo,
hijo de Antn _#Tostado#_ y de Juana Macha; y no digo ms en abono, y
seguro que podr ponerme cara a cara y a pie quedo delante del
referido Retablo.

CHERINOS.--Dios lo haga.

(_Entranse_ JUAN _#Tostado# y_ CHANFALLA.)

GOBERNADOR.--Seora autora, qu poetas se usan ahora en la Corte, de
fama y rumbo, especialmente de los llamados cmicos?; porque yo tengo
mis puntas y collar de poeta, y pcome de la farndula y cartula.
Veinte y dos comedias tengo, todas nuevas, que se ven las unas a las
otras; y estoy aguardando coyuntura para ir a la Corte y enriquecer
con ellas media docena de autores.

CHERINOS.--A lo que vuesa merced, seor Gobernador, me pregunta de los
poetas, no le sabr responder; porque hay tantos, que quitan el sol; y
todos piensan que son famosos. Los poetas cmicos son los ordinarios y
que siempre se usan, y as no hay para qu nombrallos. Pero dgame
vuesa merced, por su vida: cmo es su buena gracia? Cmo se llama?

GOBERNADOR.--A m, seora autora, me llaman el Licenciado Gomecillos.

CHERINOS.--Vlame Dios! Y que vuesa merced es el seor Licenciado
Gomecillos, el que compuso aquellas coplas tan famosas de _Lucifer
estaba malo, y tmale mal de fuera_?

GOBERNADOR.--Malas lenguas hubo que me quisieron ahijar esas coplas, y
as fueron mas como del Gran Turco. Las que yo compuse, y no lo
quiero negar, fueron aquellas que trataron del diluvio de Sevilla; que
puesto que los poetas son ladrones unos de otros, nunca me preci de
hurtar nada a nadie: con mis versos me ayude Dios, y hurte el que
quisiere.

(_Vuelve_ CHANFALLA.)

CHANFALLA.--Seores, vuesas mercedes vengan, que todo est a punto, y
no falta ms que comenzar.

CHIRINOS.--Est ya el dinero _in Corbona_?

CHANFALLA.--Y aun entre las telas del corazn.

CHIRINOS.--Pues doyte por aviso, Chanfalla, que el Gobernador es
poeta.

CHANFALLA.--Poeta? Cuerpo del mundo! Pues dale por engaado, porque
todos los de humor semejante son hechos a la macacona, gente
descuidada, crdula y no nada maliciosa.

BENITO.--Vamos, autor, que me saltan los pies por ver esas maravillas.

(_Entranse todos_.)

(_Salen_ JUANA _#Tostada# y_ TERESA REPOLLA, _labradoras; la una como
desposada, que es la #Tostada#_.)

TOSTADA.--Aqu te puedes sentar, Teresa Repolla amiga, que tendremos
el Retablo enfrente; y pues sabes las condiciones que han de tener los
miradores del Retablo, no te descuides, que sera una gran desgracia.

TERESA.--Ya sabes, Juana _#Tostada#_, que soy tu prima, y no digo ms.
Tan cierto tuviera yo el cielo como tengo cierto ver todo aquello que
el Retablo mostrare. Por el siglo de mi madre, que me sacase los
mismos ojos de mi cara, si alguna desgracia me aconteciese bonita soy
yo para eso.

JUANA _#Tostada#_.--Sosigate, prima, que toda la gente viene.

(_Entran el_ GOBERNADOR, BENITO REPOLLO, JUAN _#Tostado#_, PEDRO
CAPACHO, _el autor y la autora y otra gente del pueblo, y un sobrino
de Benito que ha de ser aquel gentilhombre que baila_.)

CHANFALLA.--Sintense todos; el Retablo ha de estar detrs de este
repostero, y la autora tambin.

GOBERNADOR.--El seor Montiel comience su obra.

BENITO.--Poca balumba trae este autor para tan gran Retablo.

JUAN.--Todo debe de ser de maravillas.

CHANFALLA.--Atencin, seores, que comienzo:--Oh t, quienquiera que
fuiste, que fabricaste este Retablo con tan maravilloso artificio, que
alcanz renombre _de las Maravillas_! Por la virtud que en l se
encierra, te conjuro, apremio y mando que luego incontinente muestres
a estos seores algunas de las tus maravillosas maravillas, para que
se regocijen y tomen placer, sin escndalo alguno. Ea, que ya veo que
has otorgado mi peticin, pues por aquella parte asoma la figura del
valentsimo Sansn, abrazado con las colunas del templo, para
derriballe por el suelo y tomar venganza de sus enemigos. Tente,
valeroso caballero, tente, por la gracia de Dios Padre; no hagas tal
desaguisado, porque no cojas debajo y hagas tortilla tanto y tan noble
gente como aqu se ha juntado!

BENITO.--Vngase, cuerpo de tal, conmigo! Bueno sera que, en lugar
de habernos venido a holgar, quedsemos aqu hechos plasta. Tngase,
seor Sancho, pesia a mis males, que se lo ruegan buenos!

CAPACHO.--Veisle vos, _#Tostado#_?

JUAN.--Pues no le haba de ver? Tengo yo los ojos en el colodrillo?

CAPACHO [#_aparte_#].--Milagroso caso es ste: as veo yo a Sansn
ahora como el Gran Turco. Pues en verdad que me tengo por legtimo y
cristiano viejo.

CHIRINOS.--Gurdate, hombre, que sale el mesmo toro que mat al
ganapn en Salamanca! chate, hombre; chate, hombre; Dios te libre!
Dios te libre!

[Ilustracin: chense todos, chense todos! ...]

CHANFALLA.--chense todos, chense todos! Hchoho! hchoho!
hchoho!

(_Echanse todos y albortanse_.)

BENITO.--El diablo lleva en el cuerpo el torillo; sus partes tiene de
hosco y de bragado; si no me tiendo, me lleva de vuelo.

JUAN.--Seor autor, haga, si puede, que no salgan figuras que nos
alboroten, y no lo digo por m, sino por estas mochachas que no les ha
quedado gota de sangre en el cuerpo de la ferocidad del toro.

#_Tostada_#.--Y cmo, padre! No pienso volver en m en tres das; ya
me vi en sus cuernos, que los tiene agudos como una lesna.

JUAN.--No fueras t mi hija y no lo vieras.

GOBERNADOR [#_aparte_#].--Basta que todos ven lo que yo no veo; pero
al fin habr de decir que lo veo, por la negra honrilla.

CHIRINOS.--Esa manada de ratones que all va, deciende por lnea recta
de aquellos que se criaron en el arca de No; dellos son blancos,
dellos albarazados, dellos jaspeados, y dellos azules, y finalmente,
todos son ratones.

#_Tostada_#.--Jess! Ay de m! Tnganme que me arrojar por aquella
ventana! Ratones? Desdichada! Amiga, apritate las faldas y mira no
te muerdan; y monta que son pocos! Por el siglo de mi abuela, que
pasan de milenta.

REPOLLA.--Yo s soy la desdichada, porque se me entran sin reparo
ninguno; un ratn morenico me tiene asida de una rodilla. Socorro
venga del cielo, pues en la tierra me falta!

CHANFALLA.---Esta agua, que con tanta priesa se deja descolgar de las
nubes, es de la fuente que da origen y principio al ro Jordn; toda
mujer a quien tocare en d rostro se le volver como de plata bruida,
y a los hombres se les volvern las barbas como de oro.

#_Tostada_#.--Oyes, amiga? Descubre el rostro, pues ves lo que te
importa. Oh, qu licor tan sabroso! Cbrase, padre, no se moje.

JUAN.--Todos nos cubrimos, hija.

BENITO.--Por las espaldas me ha calado el agua hasta la canal maestra.

CAPACHO [#_aparte_#].--Yo estoy ms seco que un esparto.

GOBERNADOR [#_aparte_#].--Qu diablos puede ser esto, que an no me
ha tocado una gota, donde todos se ahogan? #_Si empiezo a pensar mal de
la honradez de mis padres._#

CAPACHO.--Fresca es el agua del santo ro Jordn; y aunque me cubr lo
que pude todava me alcanz un poco en los bigotes, y apostar que los
tengo rubios como un oro.

BENITO.--Y aun peor cincuenta veces.

CHERINOS.--All van hasta dos docenas de leones rampantes y de osos
colmeneros; todo viviente se guarde; que, aunque fantsticos, no
dejarn de dar alguna pesadumbre, y aun de hacer las fuerzas de
Hrcules, con espadas desenvainadas.

JUAN.--Ea, seor autor, cuerpo de nos! Y agora nos quiere llenar la
casa de osos y de leones?

BENITO.--Mirad qu ruiseores y calandrias nos enva Tontonelo, sino
leones y dragones! Seor autor, y salgan figuras ms apacibles, o aqu
nos contentamos con las vistas, y Dios le gue, y no pare ms en el
pueblo un momento.

#_Tostada_#.--Seor Benito Repollo, deje salir ese oso y leones,
siquiera por nosotras, y recebiremos mucho contento.

JUAN.--Pues, hija, de antes te espantabas de los ratones, y agora
pides osos y leones?

#_Tostada_#.--Todo lo nuevo aplace, seor padre.

CHIRINOS.--Esa doncella que agora se muestra tan galana y tan
compuesta, es la llamada Herodas, cuyo baile alcanz en premio la
cabeza del Precursor de la vida; si hay quien la ayude a bailar vern
maravillas.

BENITO.--Esta s cuerpo del mundo! que es figura hermosa, apacible y
reluciente. Sobrino Repollo, t que sabes de achaque de castaetas,
aydala y ser la fiesta de cuatro capas.

SOBRINO.--Que me place, to Benito Repollo.

(_Tocan la_ Zarabanda.)

CAPACHO.--Toma mi abuelo, si es antiguo el baile de la Zarabanda y de
la Chacona!

BENITO.--Ea, sobrino! ... #_Pero diga, seor autor, si esa Herodas_#
es juda, cmo vee estas maravillas?

CHANFALLA.--Todas las reglas tienen excepcin, seor Alcalde.

(_Suena una trompeta o corneta dentro del teatro, y entra un furrier
de compaas._)

FURRIER.--Quin es aqu el seor Gobernador?

GOBERNADOR.--Yo soy: qu manda vuesa merced?

FURRIER.--Que luego, al punto, mande hacer alojamiento para treinta
hombres de armas, que llegarn aqu dentro de media hora, y aun antes,
que ya suena la trompeta. Y adis.

(#_Vase_#.)

BENITO.--Yo apostar que los enva el sabio Tontonelo.

CHANFALLA.--No hay tal; que esta es una compaa de caballos, que
estaba alojada dos leguas de aqu.

BENITO.--Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y s que vos y l sois
unos grandsimos bellacos; y mir que os mando que mandis a Tontonelo
no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le har
dar docientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros.

CHANFALLA.--Digo, seor alcalde, que no los enva Tontonelo.

BENITO.--Digo que los enva Tontonelo, como ha enviado las otras
sabandijas que yo he visto.

CAPACHO.--Todos las habernos visto, seor Benito Repollo.

BENITO.--No digo yo que no, seor Pedro Capacho.

_(Vuelve el furrier.)_

FURRIER.--Ea, est ya hecho el alojamiento?, que ya estn los
caballos en el pueblo.

BENITO.--Qu, todava ha salido con la suya Tontonelo? Pues yo os
voto a tal, autor de humos y de embelecos, que me lo habis de pagar.

CHANFALLA.--Sanme testigos que me amenaza el alcalde.

CHIRINOS.--Sanme testigos que dice el Alcalde que lo que manda S.M.
lo manda el sabio Tontonelo.

BENITO.--Atontoneleada te vean mis ojos, plega a Dios todopoderoso.

GOBERNADOR.--Yo para m tengo que verdaderamente estos hombres de
armas no deben de ser de burlas.

FURRIER.--De burlas haban de ser, seor Gobernador? Est en su
seso?

JUAN.--Bien pudieran ser atontonelados; como esas cosas habemos visto
aqu. Por vida del autor, que haga salir otra vez a la doncella
Herodas, por que vea este seor lo que nunca ha visto; quiz con esto
le cohecharemos para que se vaya presto del lugar.

CHANFALLA.--Eso en buen hora, y veisla aqu a de vuelve, y hace de
seas a su bailador a que de nuevo la ayude.

SOBRINO.--Por m no quedar, por cierto.

BENITO.--Eso s, sobrino, cnsala, cnsala; vueltas y ms vueltas;
vive Dios, que es un azogue la muchacha! Al hoyo, al hoyo! A ello,
a ello!

FURRIER.--Est loca esta gente? Qu diablos de doncella es sta y
qu baile y qu Tontonelo?

CAPACHO.--Luego no vee la doncella herodiana el seor furrier?

FURRIER.--Qu diablos de doncella tengo de ver?

CAPACHO.--Basta: de _ex illis_ es.

GOBERNADOR.--De _ex illis_ es, de _ex illis_ es.

JUAN.--De ellos es, de ellos, el seor furrier; de ellos es.

FURRIER.--Por Dios vivo, que si echo mano a la espada, que los haga
salir por las ventanas, que no por la puerta.

CAPACHO.--Basta, de _ex illis_ es.

BENITO.--Basta; de ellos es, pues no vee nada.

FURRIER.--Canalla! Si otra vez me dicen que soy de ellos no les
dejar hueso sano.

BENITO.--Nunca los confesos ni _ladrones_ fueron valientes; y por eso
no podemos dejar de decir: de ellos es, de ellos es.

FURRIER.--Cuerpo de Dios con los villanos! Esperad.

_(Mete mano a la espada y acuchllase con todos, y la Cherinos
descuelga la manta y dice:)_

El diablo ha sido la trompeta y la venida de los hombres de armas; ms
parece que los llamaron con campanilla.

CHANFALLA.--El suceso ha sido extraordinario; la virtud del Retablo se
queda en su punto, y maana lo podemos mostrar al pueblo; y nosotros
mismos podemos cantar el triunfo de esta batalla diciendo: Vivan
Chirinos y Chanfalla!




EL CERCO DE NUMANCIA

FIGURAS SIGUIENTES:

CIPIN, romano.
IUGURTA, romano.
_Gayo_ MARIO, romano.
QUINTO FABIO, romano.
CUATRO SOLDADOS ROMANOS.
DOS NUMANTINOS, EMBAJADORES.
TEGENES, numantino.
CARAVINO, numantino.
CUATRO GOBERNADORES NUMANTINOS.
MARANDRO, numantino.
DOS SACERDOTES NUMANTINOS.
UN HOMBRE NUMANTINO.
_Un Demonio_.
CUATRO MUJERES DE NUMANCIA.
LIRA, doncella.
DOS CIUDADANOS NUMANTINOS.
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN HIJO SUYO.
_Otro hijo de aqulla._
UNA MUJER DE NUMANCIA.
UN SOLDADO NUMANTINO.
GUERRA.
ENFERMEDAD.
HAMBRE.
VARIATO, muchacho, que es el
  que se arroja de la torre.
UN NUMANTINO.
ERMILIO, soldado romano.


JORNADA PRIMERA

Entra CIPIN, y IUGURTA y MARIO y un alarde de soldados armados a lo
antiguo, sin arcabuces, y CIPIN se sube sobre una pea que estar
all, y dice:

CIP.     En el fiero ademn, en los _#lozanos#_
       Marciales aderezos y vistosos,
       Bien os conozco, amigos, por romanos:
       Romanos, digo, fuertes y animosos;
       Mas en las blancas y delicadas manos,
       Y en las teces de rostros tan lustrosos,
       All en Bretaa parecis criados,
       Y de padres flamencos engendrados.
         El general discuido vuestro, amigos,
       El no mirar por lo que tanto os toca,
       Levanta los cados enemigos,
       Que vuestro esfuerzo y opinin apoca.
       Desta ciudad los muros son testigos,
       Que aun hoy est cual bien fu_#n#_dada roca,
       De vuestras perezosas fuerzas vanas,
       Que slo el nombre tienen de romanas.
         Parceos, hijos, que es gentil hazaa
       Que tiemble del romano nombre el mundo,
       Y que vosotros solos en Espaa
       Le aniquilis y echis en el profundo?
       Qu flojedad es sta tan extraa?
       Qu flojedad? Si yo mal no me fundo,
       Es flojedad nacida de pereza,
       Enemiga mortal de fortaleza.
         Pensis que slo _#atierra#_ la muralla
       El almete y la acerada punta,
       Y que slo atropella la batalla
       La multitud de gentes y armas junta?
       Si esfuerzo de cordura no seala
       Que todo lo previene y lo barrunta,
       Poco aprovechan muchos escuadrones,
       Y menos infinitas municiones.
         Si a militar concierto se reduce
       Cualque pequeo ejrcito que sea,
       Veris que como sol claro reluce,
       Y alcanza las victorias que desea;
       Pero si a flojedad l se conduce,
       Aunque abreviado el mundo en l se vea,
       En un momento quedar deshecho
       Por ms reglada mano y fuerte pecho.
         Avergonzaos, varones esforzados,
       Porque, a nuestro pesar, con arrogancia,
       Tan pocos espaoles, y encerrados,
       Defiendan este nido de Numancia.
       Decisis aos son, y ms, pasados,
       Que mantienen la guerra y la ganancia
       De haber vencido con feroces manos
       Millares de millares de romanos.
         No me huela el soldado otros olores
       Que el olor de la pez y de resina,
       Ni por golosidad de los sabores
       Traiga siempre aparato de cocina:
       Que el que usa en la guerra estos primores,
       Muy mal podr sufrir la cota fina;
       No quiero otro primor ni otra fragancia,
       En tanto que espaol viva en Numancia.
         En blandas camas, entre juego y vino,
       Hllase mal el trabajoso Marte;
       Otro aparejo busca, otro camino;
       Otros brazos levantan su estandarte;
       Cada cual se fabrica su destino;
       No tiene all fortuna alguna parte;
       La pereza fortuna baja cra;
       La diligencia, imperio y monarqua.
         Estoy con todo esto tan seguro
       De que al fin mostraris que sois romanos,
       Que tengo en nada el defendido muro
       Destos rebeldes brbaros hispanos,
       Y as, os prometo por mi diestra y juro
       Que, si igualis al nimo las manos,
       Que las mas se alarguen en pagaros,
       Y mi lengua tambin en alabaros.

Mranse los soldados unos a otros, y hacen seas a uno dellos, que se
llama GAYO MARIO, que responda por todos, y dice:

GAYO.    Si con atentos ojos has mirado,
       Inclito general, en los semblantes
       Que a tus breves razones han mostrado
       Los que tienes agora circunstantes,
       Cul habrs visto sin color, turbado,
       Y cul con ella, indicios bien bastantes
       De que _el_ temor y la vergenza _a_ una
       Nos aflige, molesta e importuna:
         Vergenza, de mirar ser reducidos
       A trmino tan bajo por su culpa,
       Que viendo ser por ti reprehendidos,
       No saben a esa falta hacer disculpa;
       Temor, de tantos yerros cometidos;
       Y la torpe pereza que los culpa
       Los tiene de tal modo, que se holgaran
       Antes morir que en esto se hallaran.
         Pero el lugar y tiempo que los queda
       Para mostrar alguna recompensa,
       Es causa que con menos fuerza puedan
       Fatigarte el rigor de tal ofensa.
       De hoy ms, con presta voluntad y leda,
       El ms mnimo dstos #_cuida_# y piensa
       De ofrecer sin revs a tu servicio
       La hacienda, vida, honra en sacrificio.
         Admite, pues, de sus intentos sanos
       Al justo ofrecimiento, seor mo,
       Y considera al fin que son romanos,
       En quien nunca falt del todo bro.
       Vosotros levantad las diestras manos,
       En seal que aprobis el voto mo.
S.1.   Todo lo que habis dicho confirmamos.
S.2. Y lo juramos todos.
TODOS.                   S juramos.
CIP.     Pues, arrimado a tal ofrecimiento,
       Crece ya desde hoy mi confianza,
       Creciendo en vuestros pechos ardimiento,
       Y del viejo vivir nuestra mudanza.
       Vuestras promesas no se lleve el viento;
       Hacerlas verdaderas con la lanza;
       Que las mas saldrn tan verdaderas,
       Cuanto fuere el valor de vuestras veras.
S.1.   Dos numantinos con seguro vienen
       A darte, Cipin, una embajada.
CIP.   Por qu no llegan ya? En qu se detienen?
SOL.   Esperan que licencia les sea dada.
CIP.   Si son embajadores, ya la tienen.
SOL.   Embajadores son.
CIP.                   Daldes entrada.

Entran dos numantinos, embajadores.

N.1.    Si nos das, gran seor, grata licencia,
       Decirte he la embajada que traemos;
       Do estamos, #_o_# ante sola tu presencia,
       Todo a lo que venimos te diremos.
CIP.   Decid; que adonde quiera doy audiencia.
N.1.  Pues con ese seguro que tenemos,
       De tu real grandeza concedido,
       Dar principio a lo que soy venido.
         Numancia, de quien yo soy ciudadano,
       Inclito general, a ti me enva,
       Como al ms fuerte capitn romano
       Que ha cubierto la noche y visto el da,
       A pedirte, seor, la amiga mano,
       En seal de que cesa la porfa
       Tan trabada y cruel de tantos aos,
       Que ha causado sus propios y tus daos.
         Dice que nunca de la ley y fueros
       Del Senado romano se apartara,
       Si el #in#sufrible mando y desafueros
       De un cnsul y otro no le fatigara.
       Ellos con duros estatutos fieros,
       Y con su extraa condicin avara,
       Pusieron tan gran yugo a nuestros cuellos,
       Que forzados salimos del y dellos,
         Y, en todo el largo tiempo que ha durado
       Entrambas partes la contienda, es cierto
       Que ningn general hemos hallado
       Con quien poder tratar algn concierto.
       Empero agora, que ha querido el hado
       Reducir nuestra nave a tan buen puerto,
       Las velas de la gavia recogemos,
       Y a cualquiera partido nos ponemos.
         No imagines que temor nos lleva
       A pedirte las paces con instancia,
       Pues la larga experiencia ha dado prueba
       Del poder valeroso de Numancia.
       Tu virtud y valor es quien nos ceba,
       Y nos declara, que ser ganancia
       Mayor que cuantas desear podemos
       Si por seor y amigo te tenemos.
         A esto ha sido la venida nuestra.
       Respndenos, seor, lo que te place.
CIP.   Tarde de arrepentidos dais la muestra!
       Poco vuestra amistad me satisface.
       De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
       Que quiero ver lo que la ma hace;
       Quiz que ha puesto en ella la ventura
       La gloria nuestra y vuestra sepoltura.
         A desvergenza de tan largos aos,
       Es poca recompensa pedir paces.
       Seguid la guerra y renovad los daos.
       Salgan de nuevo las valientes haces.
N.1.  La falsa confianza mil engaos
       Consigo trae; advierte lo que haces,
       Seor, que esa arrogancia que nos muestras,
       Remunera el valor en nuestras diestras;
         Y pues niegas la paz que con buen celo
       Te ha sido por nosotros demandada,
       De hoy ms la causa nuestra con el cielo
       Quedar por mejor calificada,
       Y antes que pises de Numancia el suelo,
       Probars d se extiende la indignada
       Fuerza de aquel que, sindote enemigo,
       Quiere ser tu vasallo y fiel amigo.
CIP.     Tenis ms que decir?
N.                             No: mas tenemos
       Que hacer, pues t, seor, ans lo quieres,
       Sin querer la amistad que te ofrecemos,
       Correspondiendo mal de ser quien eres.
       Pero entonces vers lo que podremos
       Cuando nos muestres t lo que pudieres;
       Que es una cosa razonar de paces,
       Y otra romper por las armadas haces.
CIP.     Verdad decs; y ans, para mostraros
       Si s tratar en paz y hablar en guerra,
       No os quiero por amigos aceptaros,
       Ni lo ser jams de vuestra tierra.
       Y con esto podis luego tornaros.
N.     Que en es_to_ tu querer, seor, se encierra?
CIP.   Ya te he dicho que s.
N.2.                      Pues, sus!, al hecho;
       Que guerra ama el numantino pecho.


JORNADA SEGUNDA

Salen TEGENES y CARAVINO, con otros _tres_ numantinos, gobernadores
de Numancia, y sintanse.

TEG.    Parceme, varones esforzados,
       Que en nuestros da__os con rigor influyen
       Los tristes signos y contrarios hados,
       Pues nuestra fuerza humana desminuyen.
       Tinennos los romanos encerrados,
       Y con cobardes manos nos destruyen.
       Ni con matar muriendo no hay vengarnos,
       Ni podemos sin alas escaparnos.
         Mir si imaginis algn remedio
       Para salir de tanta desventura,
       Porque este largo y trabajoso asedio
       Slo promete presta sepoltura.
       El ancho foso nos estorba el medio
       De probar con las armas la ventura,
       Aunque a veces valientes, fuertes brazos,
       Rompen mil _contrapuestos_ embarazos.
CAR.     A Jpiter pluguiera soberano
       Que nuestra juventud sola se viera
       Con todo el cruel ejrcito romano
       Adonde el brazo rodear pudiera,
       Que all al valor de la espaola mano
       La misma muerte poco estorbo hiciera
       Para dejar de abrir franco camino
       A la salud del pueblo numantino!
         Mas pues en tales trminos nos vemos,
       Que estamos como damas encerrados,
       Hagamos todo cuanto hacer podemos
       Para mostrar los nimos osados:
       A nuestros enemigos convidemos
       A singular batalla; que, cansados
       Deste cerco tan largo, ser podra
       Quisiesen acabarle por tal va.
         Y cuando este remedio no suceda
       A la justa medida del deseo,
       Otro camino de intentar nos queda,
       Aunque ms trabajoso a lo que creo:
       Este foso y muralla que nos #veda#
       El paso al enemigo que all veo,
       En un tropel de noche le rompamos,
       Y por ayuda a los amigos vamos.
N.1.    O sea por el foso, o por la muerte,
       De abrir tenemos paso a nuestra vida;
       Que es dolor insufrible el de la muerte,
       Si llega cuando ms vive la vida.
       Remedio a las miserias es la #m#uerte,
       Si se acrecientan ellas con la vida,
       Y suele tanto ms ser excelente
       Cuando se muere ms honradamente.
N.2.    Esta #in#sufrible hambre macilenta,
       Que tanto nos persigue y nos rodea,
       Hace que en vuestro parecer consienta,
       Puesto que temerario y duro sea;
       Muriendo, excusaremos tanta afrenta;
       Y quien morir de hambre no desea,
       Arrjese conmigo al foso, y haga
       Camino su remedio con la daga.
N.3.    Primero que vengis al trance duro
       Desta resolucin que habis tomado,
       Parceme ser bien que desde el muro
       Nuestro fiero enemigo sea #avisado#,
       Dicindole que d campo seguro
       A un numantino y a otro su soldado,
       Y que la muerte de uno sea sentencia
       Que acabe nuestra antigua diferencia.
         Son los romanos tan soberbia gente,
       Que luego aceptarn este partido;
       Y si lo aceptan, #creo# firmemente
       Que nuestro #amargo# dao ha #f#enecido,
       Pues est #un# numantino aqu presente,
       Cuyo valor me tiene persuadido
       Que l solo contra tres de los romanos
       Quitar la victoria de las manos.
         Para morir, jams le falta tiempo
       Al que quiere morir desesperado.
       Siempre seremos a sazn y a tiempo
       Para mostrar muriendo el pecho osado;
       Mas, porque no se pase en balde el tiempo,
       Mira si os cuadra lo que he demandado,
       Y, si no os parece, dad un modo
       Que mejor venga y que convenga a todo.
TEG.    Yo desde aqu me ofrezco, si os parece
       Que puede de mi esfuerzo algo fiarse,
       De salir a esta duda que se ofrece,
       Si por ventura viene a efectuarse.
CAR.   Ms honra tu valor claro merece;
       Bien pueden de tu esfuerzo confiarse
       Ms difciles cosas, y aun mayores,
       Por ser el que es mejor de los mejores.
         #_Y pues t ocupas el lugar primero_#
       De la honra y valor con causa justa,
       Yo, que en todo me cuento por postrero,
       Quiero ser el h#_e_#raldo de esta justa.
N.1.  Pues yo con todo el pueblo me prefiero
       Hacer de lo que Jpiter ms gusta,
       Que son los sacrificios y oblaciones,
       Si van con enmendados corazones.
N.2.    Vmo#_no_#s, y con presta diligencia
       Hagamos cuanto aqu propuesto habernos.
       Antes que la pestfera dolencia
       De la hambre nos ponga en los extremos.
       Si tiene el cielo dada la sentencia
       De que en este rigor fiero acabemos,
       Revquela, si acaso lo merece
       La presta enmienda que Numancia ofrece.

Vanse.

Salen dos numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y han de traer
asido de los cuernos en medio un carnero grande, coronado de oliva y
otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla, y otro
con un jarro de agua, y otros dos con dos jarros de vino, y otro con
otra fuente de plata con un poco de incienso, y otros con fuego y
lea, y otro que ponga una mesa con un tapete donde se ponga todo lo
que hubiere en la comedia, en hbitos de numantinos; y luego los
sacerdotes, dejando el uno el carnero de la mano, diga, y han de
entrar TEGENES y muchos numantinos.

S.1.    Seales ciertas de dolores ciertos
       Se me han presentado en el camino,
       Y los canos cabellos tengo yertos.
S.2.    Si acaso yo no soy mal adivino,
       Nunca con bien saldremos de esta impresa.
       Ay, desdichado pueblo numantino!
S.1.    Hagamos nuestro oficio con la priesa
       Que nos incitan los ageros tristes.
       Poned, amigos, hacia aqu esa mesa.
S.2.    El vino, incienso y agua que trujistes
       Poneldo encima, y apartaos afuera,
       Y arrepentos de cuanto mal hicistes;
       Que la _#oblacin#_ mejor y la primera
       Que se ha de ofrecer al alto cielo
       Es el alma limpia y voluntad sincera.
S.1.    El fuego no le hagis vos en el suelo,
       Que aqu viene brasero para ello,
       Que as lo pide el religioso celo.
S.2.    Lavaos las manos y limpiaos el cuello.
       Dad ac el agua: el fuego no se enciende?
N.     No hay quien pueda, seor#_es_#, encendello.
S.2.    Oh Jpiter! Qu es esto que pretende
       De hacer en nuestro dao el hado esquivo?
       Cmo el fuego en la tea no se enciende?
N.       Ya p#_a_#rece, seor, que est algo vivo.
S.2.  Qutate afuera. Oh flaca llama escura,
       Que dolor en mirarte tal recibo!
         No miras cmo el humo se apresura
       A caminar al lado de Poniente,
       Y la amarilla llama, mal segura,
         Sus puntas encamina hacia el Oriente?
       Desdichada seal, seal notoria
       Que nuestro mal y dao est patente!
S.1.    Aunque lleven romanos la victoria
       De nuestra muerte, en humo ha de tornarse
       Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.
S.2.    Pues debe con el vino ruciarse
       El sacro fuego, dad ac ese vino,
       Y el incienso tambin que ha de quemarse.

Roca el fuego con el vino a la redonda, y luego pone el incienso en
el fuego, y dice:

         Al bien del triste pueblo numantino
       Endereza, oh gran Jpiter!, la fuerza
       Propici#_a_#, del contrario amargo sino.
         Ans como este ardiente fuego fuerza
       A que en humo se vaya el sacro incienso,
       As se haga al enemigo fuerza
         Para que en humo, eterno padre inmenso,
       Todo su bien, toda su gloria vaya,
       Ans como t puedes y yo pienso;
         Tengan los cielos su poder a raya,
       Ans como esta vctima tenemos,
       Y, lo que ella ha de haber, l tambin haya.
S.1.    Mal responde el agero; mal podremos
       Ofrecer esperanza al pueblo triste,
       _#Para salir del mal que poseemos#_.

Hcese ruido debajo del tablado con un barril lleno de piedras, y
disprese un cohete volador.

S.2.    No oyes un ruido, amigo? Di, no viste
       El rayo ardiente que pas volando?
       Presa#_g_#io verdadero de esto fuiste.
S.1.    Turbado estoy; de miedo estoy temblando.
       Oh qu seales!, a lo que yo veo,
       Qu amargo fin est#_n_# pronosticando!
         No ves un escuadrn airado y feo?
       Vees unas guilas feas que pelean
       Con otras aves en marcial rodeo?
S.2.    Slo su esfuerzo y su rigor emplean
       En encerrar las aves en un cabo,
       Y con astucia y arte las rodean.
S.1.    Tal sea#_l vit_#upero y no la alabo,
       Aguilas imperiales vencedoras?
       T vers de Numancia presto el cabo!
S.2.    Aguilas, de gran mal anunciadoras,
       Partos, que ya el agero vuestro entiendo,
       Ya e#_n_# efecto contadas son las horas.
S.1.    Con todo, el sacrificio hacer pretendo
       De esta inocente vctima, guardada
       Para pagar el dios del gesto horrendo.
S.2.    Oh gran Pl#_u_#tn, #_a_# quien por s#_u_#erte dada
       _#Le fu la habitacin#_ del reino oscuro
       Y el mando en la infernal _#triste#_ morada!
         Atapa la profunda escura boca
       Por do salen las tres fieras hermanas
       A hacernos el dao que nos toca,
         Y sian de daarnos tan livianas
       Sus intenciones, que las lleve el viento,
       Como se lleva el pelo de estas lanas.

Quita algunos pelos del carnero y chalos al aire.

S.1.   Y ans como te bao y ensangriento
       Este cuchillo #_en_# esta sangre pura,
       Con alma limpia y limpio pensamiento,
         Ans la tierra de Numancia dura
       Se bae con la sangre de romanos,
       Y aun los sirva tambin de sepoltura.

Sale por el hueco del tablado un DEMONIO hasta el medio cuerpo, y ha
de arrebatar el carnero y volverse a disparar el fuego y todos los
sacrificios.

S.2.   Mas quin me ha arrebatado de las manos
       La vctima? Qu es esto, dioses santos?
       Qu prodigios son estos tan insanos?
         No #_os_# han entern#_eci_#do ya los llantos
       Deste pueblo lloroso y afligido,
       Ni la arpada voz de aquestos cantos;
         Antes creo que se han endurecido,
       Cual pueden inferir en las seales
       Tan fieras como aqu han acontecido.
         Nuestros vivos remedios son mortales;
       Toda nuestra pereza es diligencia,
       #_Y los bienes ajenos, nuestros males._#
NUM.     En fin, dado han los cielos la sentencia
       De nuestro fin amargo y miserable.
       No nos quiere valer ya su clemencia;
         Lloremos, pues es fin tan lamentable,
       Nuestra desdicha; que la edad postrera
       Dl y de nuestras fuerzas siempre hable.


JORNADA TERCERA

Salen CIPIN, IUGURTA, y MARIO, romanos.

CIP.     En forma estoy contento en mirar cmo
       Corresponde a mi gusto la ventura,
       Y esta libre nacin soberbia domo
       Sin fuerzas, solamente con cordura.
       En viendo la ocasin, luego la tomo,
       Porque s cunto corre y se apresura,
       Y si se pasa; en cosas de la guerra,
       El crdito consume y vida atierra.
         Juzgaba de sa el loco desvaro
       Tener los enemigos encerrados,
       Y que era mengua del romano bro
       No vencellos con modos ms usados.
       Bien s que lo habrn dicho; mas yo fo
       Que, los que fueren plcticos soldados
       Dirn que es de tener en mayor cuenta
       La victoria que menos ensangrienta.
         Qu gloria puede haber ms levantada,
       En las cosas de guerra que aqu digo,
       Que, sin quitar de su lugar la espada,
       Vencer y sujetar al enemigo?
       Que, cuando la victoria es granjeada
       Con la sangre vertida del amigo,
       El gusto mengua que causar pudiera
       La que sin sangre tal ganada fuera.

Tocan una trompeta del muro de Numancia.

IUG.     Oye, seor, que de Numancia suena
       El son de una trompeta, y me aseguro
       Que decirte, algo desde all se ordena,
       Pues el salir ac lo estorba el muro.
       Caravino se ha puesto en una almena,
       Y una seal ha hecho de seguro:
       Llegumonos ms cerca.
CIP.                         Ea, lleguemos.
       No ms: que desde aqu lo entenderemos.

Pnese CARAVINO en la muralla, con una bandera o lanza en la mano, y
dice:

CAR.     Romanos!; Ah, romanos! Puede acaso
       Ser de vosotros esta voz oda?
MAR.   Puesto que ms abajas, y hables paso,
       De cualquier tu razn ser entendida.
CAR.   Decid al general que alargue el paso
       Al foso, porque viene dirigida
       a l una embajada.
CIP.                     Dila presto,
       que #_yo_# soy Cipin.
CAR.                     Escucha el resto.
       Dice Numancia, general prudente,
       Que consideres bien que ha muchos aos
       Que entre la nuestra y tu romana gente
       Duran los males de la guerra extraos,
       Y que, por evitar que no se aumente
       La dura pestilencia destos daos,
       Quiere, si t quisieres, acaballa
       Con una breve y singular batalla.
         Un soldado se ofrece de los nuestros
       A combatir cerrado en estacada
       Con cualquiera esforzado de los vuestros,
       Para acabar contienda tan trabada;
       Y al que los hados fueren tan siniestros,
       Que all le deje#_n_# sin la vida amada,
       Si fuere d nuestro, darmoste la tierra;
       Si el tuyo fuere, acbese la guerra:
         Y por seguridad deste concierto,
       daremos a tu gusto las rehenes.
       Bien s que en l vendrs, porque ests cierto
       De los soldados que a tu cargo tienes,
       Y sabes que el menor, a campo abierto,
       Har sudar el pecho, rostro y sienes
       Al ms aventajado de Numancia;
       Ans que est segura tu ganancia.
       Porque a la ejecucin se venga luego,
         Respndeme, seor, si ests en ello.
CIP.   Donaire es lo que dices, risa y juego,
       Y loco el que piensa de hacello.
       Usad el medio del humilde ruego,
       Si queris que se escape vuestro cuello
       De probar el rigor y filos diestros
       Del romano cuchillo y brazos nuestros.
         La _fiera_ que en la jaula est encerrada
       Por su selvatoquez y fuerza dura,
       Si puede all con mano ser domada,
       Y con el tiempo y medios de cordura,
       Quien la dejase libre y desatada
       Dara grandes muestras de locura.
       Bestias sois, y, por tales, encerradas
       Os tengo donde habis de ser domadas.
         Ma ser Numancia a pesar vuestro,
       Sin que me cueste un mnimo soldado,
       Y el que tenis vosotros por ms diestro,
       Rompa por ese foso trincheado;
       Y si en esto os parece que yo muestro
       Un poco mi valor acobardado,
       El viento lleve _agora_ esta vergenza,
       Y vulvala la fama cuando venza.

Vanse CIPIN y los suyos, y dice CARAVINO.

CAR.     No escuchas ms, cobarde? Ya te ascondes?
       Enfdate la igual justa batalla?
       Mal con tu nombrada correspondes;
       Mal podrs de este modo sustentalla;
       En fin, como cobarde me respondes.
       Cobardes sois, romanos, vil canalla,
       Con vuestra muchedumbre confiados,
       Y no en los diestros brazos levantados.
         En _formado_ escuadrn, o manga suelta
       En la campaa rasa, do no pueda
       Estorbar la mortal fiera revuelta
       El ancho foso y muro que la veda,
       Ser bien que, sin dar el pie la vuelta?
       Y sin tener jams la espada queda,
       _Ese_ ejrcito mucho bravo vuestro
       Se viera con el poco flaco nuestro;
         Mas, como siempre estis acostumbrados
       A vencer con ventajas y con maas,
       Estos conciertos, en valor fundados,
       No los admiten bien vuestras maraas;
       _Liebres en pieles fieras disfrazados,
       Load y engrandeced vuestras hazaas_,
       Que espero en el gran Jpiter dejaros
       Sujetos a Numancia y a sus fueros.

Vase, y torna a salir fuera con TEGENES, y CARAVINO, y MARANDRO, y
otros.

TEG.    En trminos nos tiene nuestra suerte,
       Dulces amigos, que sera ventura
       De acabar nuestros daos con la muerte;
         El desafo no ha importado un cero;
       De intentar qu me queda? No lo siento,
       Uno es aceptar el fin postrero.
         Esta noche se muestre el ardimiento
       Del numantino acelerado pecho,
       Y pngase por obra nuestro intento.
         El enemigo muro sea deshecho;
       Salgamos a morir a la campaa,
       Y no como cobardes en estrecho.
         Bien s que slo sirve esta hazaa
       De que a nuestro morir se mude el modo,
       Que con ella la muerte se acompaa.
CAR.     Con este parecer yo me acomodo;
       Morir quiero rompiendo el fuerte muro,
       Y deshacello por mi mano todo;
         Mas tienen una cosa mal siguro:
       Que, si nuestras mujeres saben esto,
       De que no haremos nada os aseguro.
         Cuando otra vez tuvimos presupuesto
       De hurnos y dejallas, cada uno
       Fiado en su caballo y vuelo presto,
         Ellas, que el trato a ellas importuno
       Supieron, al momento nos robaron
       Los frenos, sin dejarnos slo uno.
         Entonces el hur nos estorbaron,
       Y ans lo harn agora fcilmente,
       Si las lgrimas muestran que mostraron.
MAR.     Nuestro disinio a todas es patente,
       Todas lo saben ya, y no queda alguna
       Que no se queje dello amargamente,
         Y dicen que, en la buena o ruin fortuna,
       Quieren en vida o muerte acompaaros,
       Aunque su compaa os sea importuna.

Entran cuatro mujeres de Numancia, cada una con un nio en brazos y
otros de las manos, y LIRA, doncella.

         Veislas aqu do vienen a rogaros
       No las dejis en tantos embarazos;
       Aunque seis de acero han de ablandaros;
         Los tiernos hijos vuestros en los brazos
       Las tristes traen: no veis con qu seales
       De amor les dan los ltimos abrazos?
M.1.     Qu pensis, varones claros?
       Revolvis an todava
       En la triste fantasa
       De dejarnos y ausentaros?
         Y a los libres hijos vuestros
       Queris esclavos dejallos?
       No ser mejor _ahogallos_
       Con los propios brazos vuestros?
         No apresuris el camino
       Al morir, porque su estambre
       Cuidado tiene la hambre
       De cercenarla contino.
M.3.     Hijos de estas tristes madres,
       Qu es esto? Cmo no hablis
       Y con lgrimas rogis
       Que no os dejen vuestros padres?
         Baste que la hambre insana
       Os acaben con dolor,
       Sin esperar el rigor
       De la aspereza romana.
         Decildes que os engendraron
       Libres, y libres nacistes,
       Y que vuestras madres tristes
       Tambin libres os criaron.
         Decildes que, pues la suerte
       Nuestra va tan decada,
       Que, como os dieron la vida,
       Ans mismo os den la muerte;
         Oh muros de esta ciudad!
       Si podis hablar, decid,
       Y mil veces repetid:
       "Numantinos, libertad
         Los templos, las casas vuestras
       Levantadas en concordia!
       Hoy piden misericordia
       Hijos y mujeres vuestras.
         Ablandad, caros varones,
       Esos pechos diamantinos,
       Y mostrad, cual numantinos,
       Amorosos corazones;
         Que no por romper el muro
       Se remedia un mal tamao;
       Antes en ello est el dao
       Ms propincuo y ms seguro."
LIRA.    Tambin las tristes doncellas
       Ponen en vuestra defensa
       El remedio de su ofensa
       Y el alivio a sus querellas.
         Desesperacin notoria
       Es sta que hacer queris,
       Adonde slo hallaris
       Breve muerte y larga gloria.
         Mas ya que salga mejor
       Que yo pienso esta hazaa,
       Qu ciudad hay en Espaa
       Que quiera daros favor?
         Mi pobre ingenio os advierte
       Que si hacis esta salida,
       Al enemigo dais vida
       Y a toda Numancia muerte.
         De vuestro acuerdo gentil
       Los romanos burlarn;
       Pero, decidme: qu harn
       Tres mil con ochenta mil?
         Aunque tuviesen abiertos
       Los muros y su defensa,
       Serades con ofensa
       Mal vengados y bien muertos.
         Mejor es que la ventura
       O el dao que el cielo ordena,
       O nos salve o nos condena
       D la vida o sepoltura.
TEG.    Limpiad los ojos hmidos del llanto,
       Mujeres tiernas, y ten entendido
       Que vuestra angustia la sentimos tanto,
       Que responde al amor nuestro subido.
       Ora crezca el dolor, ora el quebranto
       Sea por nuestro bien disminudo,
       Jams en muerte o vida os dejaremos;
       Antes en muerte y vida os serviremos.
         Pensbamos salir al foso, ciertos
       Antes de all morir que de escaparnos,
       Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
       Si muriendo pudiramos vengarnos;
       Mas, pues nuestros disinios descubiertos
       Han sido, y es _locura_ aventurarnos,
       Amados y hijos y mujeres nuestras,
       Nuestras vidas sern de hoy ms las vuestras.
         Slo se ha de mirar que el enemigo
       No alcance de nosotros triunfo o gloria;
       Antes ha de servir l de testigo
       Que aprueben y determinen la historia;
       Y si todos vens en lo que digo,
       Mil siglos durar nuestra memoria,
       Y es que no quede cosa aqu en Numancia
       De do el contrario pueda hacer ganancia.
         En medio de la plaza se haga un fuego,
       En cuya ardiente llama licenciosa
       Nuestras riquezas todas se echen luego,
       Desde la pobre a la ms rica cosa;
       Y esto podris tener a dulce juego,
       Cuando os declare la intencin honrosa
       Que se ha de efectuar despus que sea
       Abrasada cualquier rica presea.
         Y para entretener por algn hora
       La hambre que ya roe nuestros huesos,
       Haris descuartizar luego a la hora
       Esos tristes romanos que estn presos.
       Y sin del chico al grande hacer mejora,
       Reprtase entre todos, que con esos
       Ser nuestra comida celebrada
       Por Espaa, cruel, necesitada.
CAR.     Amigos, qu os parece? Estis en esto?
       Digo que a m me tiene satisfecho,
       Y que a la ejecucin se venga presto
       De un tan extrao y tan honroso hecho.
TEG.  Pues yo de mi intencin os dir el resto:
       Despus que sea lo que digo hecho,
       Vamos a ser ministros todos luego
       De encender el ardiente y rico fuego.
M.1.    Nosotras desde aqu ya comenzamos
       A dar con voluntad nuestros arreos,
       Y a las vuestras las vidas entregamos
       Como se han entregado los deseos.
LIRA.  Pues caminemos presto; vamos, vamos,
       Y abrsense en un punto los trofeos
       Que pudieran hacer ricas las manos,
       Y aun hartar la codicia de romanos.

Vanse todos, y salen dos NUMANTINOS.

N.1.    Derrama, dulce hermano, por los ojos
       El alma en llanto amargo convertida!
       Venga la muerte y lleve los despojos
       De nuestra miserable y triste vida!
N.2.  Bien poco durarn estos enojos;
       Que ya la muerte viene apercebida
       Para llevar en presto y breve vuelo
       A cuantos pisan de Numancia el suelo.
         En la plaza mayor ya levantada
       Queda un ardiente y cudiciosa hoguera,
       Que de nuestras riquezas menistrada,
       Sus llamas suben a la cuarta esfera.
       All, con triste priesa acelerada
       Y con mortal y tmida carrera,
       Acuden todos, como santa ofrenda,
       A sustentar las llamas con su hacienda.
         All la perla del rosado #_Oriente_#,
       Y el oro en mil vasijas fabricado,
       Y el diamante y rub ms excelente,
       Y la estimada prpura y brocado,
       En medio del rigor fogoso ardiente
       De la encendida llama se ha arrojado:
       Despojos que pudieran los romanos
       Hinchir los senos y ocupar las manos.

Aqu salen con cargas de ropa por una parte y ntranse, por otra.

       #_Vuelve al triste espectculo la vista_#;
       Vers con cunta priesa y cunta gana
       Toda Numancia en numerosa vista
       Aguija a sustentar la llama insana;
       Y no con verde leo o seca arista,
       No con materia al consumir liviana,
       Sino con sus haciendas mal gozadas,
       Pues se guardaron para ser quemadas.
N.1.    Si con esto acabara nuestro dao,
       Pudiramos llevallo con paciencia;
       Mas, ay!, que se ha de dar, si no me engao,
       De que muramos todos cruel sentencia.
       Primero que el rigor brbaro extrao
       Muestre #_en_# nuestras gargantas su inclemencia,
       Verdugos de nosotros nuestras manos
       Sern, y no los prfidos romanos!
         Han ordenado que no quede alguna
       Mujer, nio ni viejo con la vida,
       Pues al fin la cruel hambre importuna
       Con ms fiero rigor es su homicida.

Sale una mujer con una criatura en los brazos y otra de la mano, y
ropa para echar en el fuego.

MADR.    Oh duro vivir molesto!
       Terrible y triste agona!
HIJO.  Madre, por ventura, habra
       Quien nos diese pan por esto?
MADR.    Pan, hijo? Ni aun otra cosa
       Que semeje de comer!
HIJO.  Pues tengo de fenecer
       De dura hambre rabiosa?
         Con poco pan que me deis,
       Madre, no os pedir ms!
MADR.  Hijo, qu pena me das!
HIJO.  Por qu, madre, no queris?
MADR.    S quiero; mas qu har,
       Que no s donde buscallo?
HIJO.  Bien podris, madre, comprallo;
       Si no, yo lo comprar.
         Mas, por quitarme de afn,
       Si alguno conmigo topa,
       Le dar toda esta ropa
       Por un pedazo de pan.
MADR.    Qu mamas, triste criatura?
       No sientes que, a mi despecho,
       Sacas ya del flaco pecho,
       Por leche, la sangre pura?
         Lleva la carne a pedazos,
       Y procura de hartarte,
       Que no pueden ya llevarte
       Mis flacos, cansados brazos.
         Hijos, mi dulce alegra,
       Con qu os podr sustentar,
       Si apenas tengo qu os dar
       De la propia sangre ma?
         Oh hambre terrible y fuerte,
       Cmo me acabas la vida!
         Oh guerra, slo venida
       Para causarme la muerte!
HIJO.    Madre ma, que me fino!
       Aguijemos. A d vamos,
       Que parece que alargamos
       La hambre con el camino?
MADR.    Hijo, cerca est la plaza
       Adonde echaremos luego
       En mitad del vivo fuego
       El _peso_ que te embaraza.


JORNADA CUARTA

Tocan al arma con gran priesa, y a este rumor sale CIPIN, y IUGURTA,
y MARIO, alborotados.

CIP.     Qu es esto, capitanes? Quin nos toca
       Al arma en tal sazn? Es, por ventura,
       Alguna gente desmandada y loca
       Que viene a demandar su sepoltura?
       Mas no sea algn motn el que provoca
       Tocar al arma en recia coyuntura:
       Que tan seguro estoy del enemigo,
       Que tengo ms temor al que es amigo.

Sale QUINTO FABIO con el espada desnuda, y dice:

QUIN.    Sosiega el pecho, general prudente,
       Que ya de esta arma la ocacin se sabe,
       Puesto que ha sido a costa de tu gente,
       De aquel en quien ms bro o fuerza cabe.
       Dos numantinos con soberbia frente,
       _#Cuyo valor ser razn se alabe#_,
       Saltando el ancho foso y la muralla,
       Han movido a tu campo cruel batalla.
         A las primeras guardas envistieron,
       Y en medio de mil lanzas se arrojaron,
       Y con tal furia y rabia arremetieron,
       Que libre paso al campo les dejaron.
       Las tiendas de Fabricio acometieron,
       Y all su fuerza y _su_ valor mostraron
       De modo, que en un punto seis soldados
       Fueron de agudas puntas traspasados.
         Con presta diligencia discurriendo
       Iban de tienda en tienda, hasta que hallaron
       Un poco de bizcocho, el cual cogieron;
       El paso, y no el furor, atrs tornaron.
       El uno de ellos se escap huyendo;
       Al otro mil espadas le acabaron,
       Por donde infiero que la hambre ha sido
       Quien les di atrevimiento tan subido.
CIP.     Si, estando deshambridos y encerrados,
       Muestran tan demasiado atrevimiento,
       Qu hicieran siendo libres y enterados
       En sus fuerzas primeras y ardimiento?
       Indmitos! Al fin seris domados,
       Porque contra el furor vuestro violento
       Se tiene de poner la industria nuestra,
       Que de domar soberbios es maestra!

Vanse todos.

Sale una mujer, armada con una lanza en la mano y un escudo, que
significa la GUERRA, y trae consigo la ENFERMEDAD y la HAMBRE: la
ENFERMEDAD arrimada a una muleta y rodeada de paos la cabeza, con una
mscara amarilla; y la HAMBRE saldr con un desnudillo de muerte, y
encima, una ropa de bocac amarilla y una mscara descolorida.

GUERR.   Hambre, Enfermedad, ejecutores
       De mis terribles mandos y severos,
       De vidas y salud consumidores,
       Con quien no vale ruego, mando o fieros,
       Pues ya de mi intencin sois sabidores,
       No hay para qu de nuevo encareceros
       De cunto gusto me ser y contento
       Que luego, luego, hagis mi mandamiento.
         La fuerza incontrastable de los hados,
       Cuyos efectos nunca salen vanos,
       Me fuerzan que de m sean ayudados
       Estos sagaces mlites romanos.
       Ellos sern un tiempo levantados,
       Y abatidos tambin estos hispanos;
       Pero tiempo vendr en que yo me mude,
       Y dae al alto y al pequeo ayude;
         Que yo, que soy la poderosa Guerra,
       De tantas madres desterrada en vano,
       Aunque quien me maldice a veces yerra,
       Pues no sabe el valor de esta mi mano,
       S bien que en todo el orbe de la tierra,
       Ser llevada del valor hispano
       En la dulce ocasin que estn reinando
       Un Carlos, y un Filipo, y un Fernando.
ENF.     Si ya la Hambre, nuestra amiga _querida_.
       No hubiera tomado con instancia
       A su cargo de ser fiera homicida
       De todos cuantos viven en Numancia,
       Fuera de m _tu_ voluntad cumplida,
       De modo que se viera la ganancia
       Fcil y rica que _el_ romano hubiera,
       Harto mejor de aquello que se espera.
         Mas ella, en cuanto su _poder alcanza_,
       Ya tiene tal el pueblo numantino,
       Que de esperar alguna buena andanza,
       Le ha tomado las sendas y el camino;
       Mas del furor la rigurosa lanza,
       La influencia del contrario sino,
       Le trata con tan spera violencia,
       Que no es menester hambre ni dolencia.
         El Furor y la Rabia, tus secuaces,
       Han tomado en su pecho tal asiento,
       Que, cual si fuese de romanas haces,
       Cada cual de esa sangre est sediento.
       Muertos, incendios, iras son sus paces;
       En el morir han puesto su contento,
       Y, por quitar el triunfo a los romanos,
       Ellos mesmos se matan con sus manos.
HAMBR.   Volved los ojos, y veris ardiendo
       De la ciudad los encumbrados techos.
       Escuchad los suspiros que saliendo
       Van de mil tristes, lastimados pechos.
       Od la voz y lamentable estruendo
       De bellas damas a quien, ya deshechos
       Los tiernos miembros de ceniza y fuego,
       No valen padre, amigo, amor ni ruego.
         Cual salen las ovejas descuidadas,
       Siendo del fiero lobo acometidas,
       _Andar aqu y all descarriadas_,
       Con temor de perder las simples vidas,
       Tal nios y mujeres desdichadas,
       Viendo ya las espadas homicidas,
       Andan de calle en calle, oh hado insano!,
       Su cierta muerte dilatando en vano.
       No hay plaza, no hay rincn, no hay calle o casa
       Que de sangre y de muertos no est llena;
       El hierro mata, el duro fuego abrasa,
       Y el rigor ferocsimo condena.
       Presto veris que por el suelo tasa
       Hasta la ms subida y alta almena,
       Y las casas y templos ms preciados
       En polvo y en cenizas son tornados.
         Venid; veris que _en_ los amados cuellos
       De tiernos hijos y mujer querida,
       Teogenes afila agora y prueba en ellos
       De su espada cruel corte homicida,
       Y cmo ya, despus de muertos ellos,
       Estima en poco la cansada vida,
       Buscando de morir un modo extrao,
       Que caus en el suyo ms de un dao.
GUERR.   Vamos, pues, y ninguno se descuide
       De ejecutar por eso aqu su fuerza,
       Y a lo que digo slo atienda y cuide,
       Sin que de mi intencin un punto tuerza.

Vanse, y sale TEGENES con dos espadas desnudas y ensangrentadas las
manos.

TEG.    Sangre de mis entraas derramada,
       Pues sois aquella de los hijos mos;
       Mano, contra _ti_ mesma acelerada,
       Llena de honrosos y crueles bros;
       Fortuna, en dao mo conjurada;
       Cielos, de justa piedad vacos:
       Ofrecedme en tan dura, amarga suerte,
       Alguna honrosa, aunque cercana muerte.
         Valientes numantinos, haced cuenta
       Que yo soy algn prfido romano,
       Y vengad en mi pecho vuestra afrenta,
       Ensangrentando en l espada y mano.
       Una de estas espadas os presenta
       Mi airada furia y mi dolor insano;
       Que, muriendo en batalla, no se siente
       Tanto el rigor del ltimo accidente.

Vase, y sale CIPIN, y IUGURTA, y QUINTO FABIO, y MARIO, y ERMILIO y
otros soldados romanos.

CIP.     Si no me engaa el pensamiento mo,
       O salen mentirosas las seales
       _Que_ habis visto _en_ Numancia, del estruendo
       Y lamentable son, y ardiente llama,
       Sin duda alguna _que_ recelo y temo
       Que el brbaro furor del enemigo
       Contra su propio pecho no se vuelva.
       _Ya no parece gente en la muralla_,
       Ni suenan las usadas centinelas;
       Todo est en calma y en silencio puesto,
       Como si en paz tranquila y sosegada
       Estuviesen los fieros numantinos.
MAR.   Presto podrs salir de aquesa duda,
       Porque, si t lo quieres, yo me ofrezco
       De subir sobre el muro, aunque me ponga
       Al riguroso trance que se ofrece,
       Slo por ver aquello que en Numancia
       Hacen nuestros soberbios enemigos.
CIP.   Arrima, pues, _oh_ Mario!, alguna escala
       A la muralla, y haz lo que prometes.
MAR.   Id por la escala luego, y vos, Ermilio,
       Haced que mi rodela se me traiga,
       Y la celada blanca de las plumas;
       Que a fe que tengo de perder la vida
       O sacar de esta duda al campo todo.
ERM.   Ves aqu la rodela y la celada;
       La escala vesla all: la trajo Limpio.
MAR.   Encomindame a Jpiter inmenso,
       Que yo voy a cumplir lo prometido.
IUG.   Alza ms la rodela, Mario,
       Encoge el cuerpo, y encubre la cabeza.
         Animo, que ya llegas a lo alto!
       Qu ves?
MAR.            !Oh santos dioses! _Y_ qu es esto?
IUG.   De qu te admiras?
MAR.                      De mirar de sangre
       Un rojo lago, y de ver mil cuerpos
       Tendidos por las calles de Numancia,
       De mil agudas puntas traspasados.
CIP.   Qu? No hay ninguno vivo?
MAR.                             Ni por pienso!
       A lo menos, ninguno se me ofrece
       En todo cuanto alcanzo con la vista.
CIP.   Salta, pues, dentro, y mira por tu vida.

Salta MARIO en la ciudad. _Sguele Iugurta y al poco rato_ torna a
salir _el primero_ por la muralla, y dice:

MAR.   En balde, ilustre general prudente,
       Han sido nuestras fuerzas ocupadas.
       En balde te has mostrado diligente,
         Pues en humo y en viento son tornadas
       Las ciertas esperanzas de victoria,
       De tu industria contino aseguradas.
       En lamentable fin la triste historia
       De la ciudad invicta de Numancia
       Merece ser eterna en la memoria;
         Sacado han de su prdida ganancia;
       Quitdote han el triunfo de las manos,
       Muriendo con magnnima constancia;
         Nuestros disinios han salido vanos,
       Pues ha podido ms su honroso intento
       Que toda la potencia de romanos.
         El fatigado pueblo en fin violento
       Acaba la miseria de su vida,
       Dando triste remate al largo cuento.
         Numancia est en un lago convertida,
       De roja sangre y de mil cuerpos llena,
       De quien fu su rigor propio homicida.
         De la pesada y sin igual cadena
       Dura de esclavitud se han escapado
       Con presta audacia, de temor ajena.
         En medio de la plaza levantado
       Est un ardiente fuego temeroso,
       De sus cuerpos y haciendas sustentado.
         Al tiempo llegu a verlo, que el furioso
       Teogenes, valiente numantino,
       De fenecer su vida deseoso,
         Maldiciendo su corto amargo sino,
       En medio se arrojaba de la llama,
       Lleno de temerario desatino,
         Y al arrojarse dijo: "Clara fama,
       Ocupa aqu tus lenguas y tus ojos
       En esta hazaa, que a contar te llama.
         Venid, romanos, ya por los despojos
       Desta ciudad, en polvo y humo vueltos,
       Y sus flores y frutos en abrojos!"
         De all, con pies y pensamientos sueltos,
       Gran parte de la tierra he rodeado,
       Por las calles y pasos ms revueltos,
         Y un solo numantino no he hallado
       Que poderte traer vivo siquiera,
       Para que fueras dl bien informado
         Por qu ocasin, de qu suerte o manera
       Acometieron tan grave desvaro,
       Apresurando la mortal carrera.
CIP.     Estaba, por ventura, el pecho mo
       De brbara arrogancia y muertes lleno,
       Y de piedad justsima vaco?
         Es de mi condicin, por dicha, ajeno
       Usar benignidad con el rendido,
       Como conviene al vencedor que es bueno?
         #_Mal_#, por cierto, tenan conocido
       El valor en Numancia de mi pecho,
       Para vencer y perdonar nacido!
QUIN.    Iugurta te har ms satisfecho,
       Seor, de aquello que saber deseas,
       Que vesle vuelve lleno de despecho.

Asmase IUGURTA a la muralla.

IUG.     Prudente general, en vano empleas
       Ms aqu tu valor. Vuelve a otra parte
       La industria singular de que te arreas.
         No hay en Numancia cosa en que ocuparte.
       Todos son muertos, y slo uno #_creo_#
       Que queda vivo para el trunfo darte,
         All en aquella torre, segn veo.
       Yo vi denantes un muchacho; estaba
       Turbado en vista y de gentil arreo.
CIP.     Si eso fuese verdad, eso bastaba
       Para trunfar en Roma de Numancia,
       Que es lo que ms agora deseaba.
         Llegumonos all, y haced instancia
       Como el muchacho venga aquestas manos
       Vivo, que es lo que agora es de importancia.

Dice VARIATO, muchacho, desde la torre:

VAR.     Dnde vens, o qu buscis, romanos?
       Si en Numancia queris entrar por fuerte,
       Harislo sin contraste, a pasos llanos;
         Pero mi lengua desde aqu os advierte
       Que yo las llaves mal guardadas tengo
       Desta ciudad, de quien trunf la muerte.
CIP.     Por sas, joven, deseoso vengo,
       Y ms de que t hagas insperiencia,
       Si en este pecho piedad sostengo.
VAR.     Tarde, cruel, ofreces tu clemencia,
       Pues no hay con quien usarla: que yo quiero
       Pasar por el rigor de la sentencia
         Que con suceso amargo y lastimero
       De nuestros padres y patria tan querida
       Caus el ltimo fin terrible y fiero!
QUIN.    _#Dime#_: tienes, por suerte, aborrecida,
       Ciego de un temerario desvaro,
       Tu floreciente edad y tierna vida?
CIP.     Tiempla, pequeo joven, templa el bro;
       Sujeta el valor tuyo, que es pequeo,
       Al mayor de mi honroso podero;
         Que desde aqu te doy la fee y empeo
       Mi palabra, que solo de ti seas
       T mismo el propio, el conocido dueo;
         _#Y#_ que de ricas joyas y preseas
       Vivas lo que vivieres abastado,
       Como yo podr darte y t deseas,
       Si a m te entregas y te das de grado.
VAR.     Todo el furor de cuantos ya son muertos
       En este pueblo y en polvo reducido,
       Todo _#el huir#_ los pactos y conciertos,
       Ni el dar a sujecin jams odo,
       Sus iras, sus rancores descubiertos,
       Est en mi pecho solamente unido.
       Yo hered de Numancia todo el bro;
       Ved, si pensis vencerme, es desvaro.
         Patria querida, pueblo desdichado,
       No temas, ni imagines que admire
       De lo que debo ser de ti engendrado,
       Ni que promesa o miedo me retire,
       Ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
       Ora vencerme todo el mundo aspire;
       Que imposible ser que yo _#no#_ haga
       A tu valor la merecida paga.
         Que si a esconderme aqu me trujo el miedo
       De la cercana y espantosa muerte,
       Ella me sacar con ms denuedo,
       Con el deseo de seguir tu suerte;
       De vil temor pasado, como puedo,
       Ser la enmienda agora osada y fuerte,
       Y el temor de mi edad tierna, inocente
       Pagar con morir osadamente.
         Yo os aseguro, oh fuertes ciudadanos!,
       Que no falte por m la intencin vuestra
       _#De que no triunfen prfidos romanos#_,
       Si ya no fuere de ceniza nuestra.
       Saldrn conmigo sus intentos vanos,
       _#Ora#_ levanten contra m su diestra,
       O me aseguren con promesa incierta
       A vida y a regalos ancha puerta.
         Tened, romanos, sosegad el bro,
       Y no os cansis _#en#_ asaltar el muro;
       Con que fuera mayor el podero
       Vuestro, de no vencerme estad seguro.
       Pero mustrese ya el intento mo,
       Y si ha sido el amor perfecto y puro
       Que yo tuve a mi patria tan querida,
       Asegrelo luego esta cada.

Arrjase el muchacho de la torre, y dice CIPIN:

CIP.     Oh! Nunca vi tan memorable hazaa!
       Nio de anciano y valeroso pecho,
       Que, no slo a Numancia, mas a Espaa
       Has adquirido gloria en este hecho!
       Con tal vida y virtud heroica, extraa,
       Queda muerto y perdido mi derecho.
       T con esta cada levantaste
       Tu fama, y mis victorias derribaste.
         Que fuera viva y en su ser Numancia,
       Slo porque vivieras me holgara;
       T solo me has llevado la ganancia
       Desta larga contienda, ilustre y rara;
       Lleva, pues, nio, lleva la ganancia
       Y la gloria que el cielo te prepara,
       Por haber, derribndote, vencido
       Al que, subiendo, queda ms cado.




PEDRO DE URDEMALAS


JORNADA PRIMERA

Salen MARTN CRESPO, alcalde, _#recin elegido; su mozo Pedro de
Urdemalas#_ y SANCHO MACHO y DIEGO TARUGO, regidores.

TAR.     Plcenos, Martn Crespo, del suceso;
       Desechisla por otra de brocado,
       Sin que jams un voto os salga avieso.
ALC.     Diego Tarugo, lo que me ha costado
       Aquesta vara, slo Dios lo sabe,
       Y mi vino y capones y ganado.
         El que no te conoce, ese te alabe,
       deseo de mandar.
SANCH.                 Yo aqueso digo;
       Que s que en l todo cuidado cabe.
         Vala yo en poder de mi enemigo,
       Vara que es por presentes adquirida.
ALC.   Pues ahora la tiene un vuestro amigo.
SANCH.   De vos, Crespo, ser tan bien regida,
       Que no la doble ddiva ni ruego.
ALC.   No, juro a m, mientras tuviere vida.
         Cuando mujer me informe, estar ciego;
       Al ruego del hidalgo, sordo y mudo;
       Que a la severidad todo me entrego.
TAR.     Ya veo en vuestro tiempo, y no lo dudo,
       Sentencias de Salmn, el rey discreto,
       Que el nio dividi con hierro agudo.
ALC.     Al menos de mi parte, yo prometo
       De arrimarme a la ley en cuanto pueda,
       Sin alterar un mnimo decreto.
SANCH.   Como yo lo deseo, as suceda,
       Y adis.
ALC.           Fortuna os tenga, Sancho Macho,
       En la empinada cumbre de su rueda.
TAR.     Sin que el temor o amor os ponga empacho,
       Juzgad, Crespo, terrible y brevemente,
       Que la tardanza en toda cosa tacho;
       Y adis quedad.
ALC.                  En fin, sois buen pariente.

Entranse SANCHO MACHO y DIEGO TARUGO.

         Pedro, que escuchando ests,
       Cmo de mi buen suceso
       El parabin no me das?
       Ya soy alcalde y confieso
       Que lo ser por dems,
         Si t no me das favor,
       Y muestras algn primor
       Con que juzgue rectamente;
       Que te tengo por prudente,
       Ms que a un cura y a un doctor.
PEDR.    Es aqueso tan verdad,
       Cual lo dir la experiencia,
       Porque con facilidad
       Luego os mostrar una ciencia,
       Que os d nombre y calidad.
         Llegaraos Licurgo apenas,
       Y la celebrada Atenas
       Callar sus doctas leyes:
       Envidiaros han los reyes
       Y las escuelas ms buenas.
         Yo os meter en la capilla
       Dos docenas de sentencias
       Que al mundo den maravilla,
       Todas con sus diferencias
       Civiles o de rencilla;
         Y la que primero a mano
       Os viniere, est bien llano
       Que no ha de haber ms que ver.
ALC.   Desde hoy ms, Pedro, has de ser,
       No mi mozo, mas mi hermano.
         Ven, y mostrarsme el modo
       Como yo ponga en efeto
       Lo que has dicho, en parte, o todo.
PEDR.  Pues ms cosas te prometo.
ALC.   A cualquiera me acomodo.

Entranse el ALCALDE y PEDRO.

Salen otra vez SANCHO MACHO y TARUGO.

SANCH.   Mirad, Tarugo, bien siento,
       Que aunque el parabin le distes
       A Crespo de su contento,
       Otro paramal tuvistes
       Guardado en el pensamiento;
         Porque, en efeto, es mancilla
       Que se rija aquesta villa
       Por la persona ms necia
       Que hay desde Flandes a Grecia,
       Y desde Egipto a Castilla.
TAR.     Hoy mostrar la experiencia,
       Buen regidor Sancho Macho,
       Adnde llega la ciencia
       De Crespo, a quien yo no tacho
       Hasta la primera audiencia;
         Y pues agora ha de ser,
       Soy, Macho, de parecer,
       Que le oigamos.
SANCH.                Sea as,
       Aunque tengo para m
       Que un simple en l se ha de ver.

Entran LAGARTIJA y HORNACHUELOS, labradores.

HORN.    De quin, seores, sabremos
       Si el alcalde en casa est?
TAR.   Aqu los dos le atendemos.
LAG.   Seal es que aqu saldr.
SANCH. Tan cierta, que ya le vemos.

Salen el ALCALDE y REDONDO, escribano, y PEDRO.

ALC.     Oh valientes regidores!
RED.   Sintense vuesas mercedes.
ALC.   Sin ceremonia, seores.
TAR.   En corts exceder puedes
       A los corteses mayores.
ALC.     Sintese aqu el escribano,
       Y a mi izquierda y diestra mano
       Los regidores estn;
       Y t, Pedro, estars bien
       A mis espaldas.
PEDR.                 Es llano.
       Aqu en tu capilla estn
       Las sentencias suficientes
       A cuantos pleitos vendrn,
       Aunque nunca pares mientes
       A la relacin que harn.
         Y si alguna no estuviere,
       A tu asesor te refiere;
       Que yo lo ser de modo
       Que te saque bien de todo,
       Y sea lo que se fuere.
RED.     Quieren algo, seores?
LAG.                            S querramos.
RED.   Pues digan, que aqu est el seor alcalde,
       Que les har justicia rectamente.
ALC.   Perdnemelo Dios lo que ahora digo,
       Y no me sea tomado por soberbia:
       Tan tiestamente pienso hacer justicia,
       Como si fuese un sonador romano.
RED.   _Senador_, Martn Crespo.
ALC.                          All va todo.
       Digan su pleito apriesa y brevemente;
       Que apenas me le habrn dicho, en mi nima,
       Cuando les d sentencia rota y justa.
RED.   _Recta_, seor alcalde.
ALC.                        All va todo.
HORN.  Prestme Lagartija tres reales;
       Volvle dos; la deuda queda en uno,
       Y l dice que le debo cuatro justos:
       Este es el pleito, brevedad, y dije.
       Es aquesto verdad, buen Lagartija?
LAG.   Verdad; pero yo hallo por mi cuenta,
       O que yo soy un asno, o que Hornachuelos
       Me queda a deber cuatro.
ALC.                           Bravo caso!
LAG.   No hay ms en nuestro pleito, y me rezumo
       En lo que sentenciare el seor Crespo.
RED.   Rezumo por _resumo_: all va todo.
ALC.   Qu decs vos a esto, Hornachuelos?
HORN.  No hay que decir: yo en todo me arremeto
       Al seor Martn Crespo.
RED.                         _Me remito_,
       Pese a mi abuelo.
ALC.                    Dejadle que arremeta;
       Qu se os da a vos, Redondo?
RED.                                A m nonada.
ALC.   Pedro, scame, amigo, una sentencia
       Desa capilla, la que est ms cerca.
RED.   Antes de ver el pleito hay ya sentencia?
ALC.   Ah se podr ver quin es Callejas.
PEDR.  Lase esta sentencia, y punto en boca.
RED.   "En el pleito que tratan N. y F..."
PEDR.  Zutano con Fulano significan
       La N. con la F. entre dos puntos.
RED.   As es verdad, y digo, "que en el pleito
       Que trata este Fulano con Zutano,
       Que debo condenar, fallo y condeno
       Al dicho puerco de Zutano a muerte,
       Porque fu matador de la criatura
       Del ya dicho Fulano". Yo no atino
       Qu disparate es ste deste puerco,
       Y de tantos Fulanos y Zutanos;
       Ni s cmo es posible que esto cuadre
       Ni esquine con el pleito de estos hombres.
ALC.   Redondo est en lo cierto: Pedro amigo,
       Mete la mano y saca otra sentencia;
       Podra ser que fuese de provecho.
PEDR.  Yo, que soy asesor vuestro, me atrevo
       De dar sentencia luego cual convenga.
LAG.   Por m, mas que la d un jumento nuevo.
SANCH. Digo que el asesor es extremado.
HORN.  Sentencia, norabuena.
ALC.                        Pedro, vaya,
       Que en tu magn mi honra deposito.
PEDR.  Deposite primero Hornachuelos,
       Para m el asesor, doce reales.
HORN.  Pues sola la mitad importa el pleito.
PEDR.  As es verdad; que Lagartija el bueno
       Tres reales de a dos os di prestados,
       Y destos le volvistes dos sencillos,
       Y por aquesta cuenta debis cuatro,
       Y no, cual decs vos, no ms de uno.
LAG.   Ello es ans, sin que le falte cosa.
HORN.  No lo puedo negar, vencido quedo,
       Y pagar los doce con los cuatro.
RED.   Ensciome en Catn y en Justiniano,
       Oh Pedro de Urde, montas famoso,
       Que as lo muestra el nombre y el ingenio!
HORN.  Yo voy por el dinero, y voy corrido.
LAG.   Yo me contento con haber vencido.

Entranse LAGARTIJA y HORNACHUELOS.

Salen CLEMENTE y CLEMENCIA, _#hija de Martn Crespo#_, como pastor y
pastora, embozados.

CLEM.  Permtase que hablemos embozados
       Ante tan justiciero ayuntamiento.
ALC.   Mas que hablis en un costal atados,
       Porque a or, y no a ver, aqu me siento.
CLEM.  Los siglos, que renombre de dorados
       Les di la antigedad, con justo intento,
       Ya se ven en los nuestros, pues que vemos
       En ellos de justicia los extremos.
       Vemos un Crespo alcalde.
ALC.                           Dios os guarde.
       Dejad aquesas lonjas a una parte.
RED.   _Lisonjas_ decir quiso.
ALC.                        Y porque es tarde,
       De vuestro intento en breve nos dad parte.
CLEM.  Con verdadera lengua, cierto alarde
       Hace de lo que quiero, parte a parte.
ALC.   Decid; que ni soy sordo, ni lo he sido.
CLEM.  Desde mis tiernos aos,
       De mi fatal estrella conducido.
       Sin las nubes de engaos,
       El sol, que en este velo est escondido,
       Mir para adoralle,
       Porque esto hizo el que lleg a miralle.
         Sus rayos se imprimieron
       En lo mejor del alma, de tal modo,
       Que en s la convirtieron.
       Todo soy fuego, yo soy fuego todo,
       Y con todo, me hielo,
       Si el sol me falta, que me eclipsa un velo.
         Grata correspondencia
       Tuvo mi justo y mi cabal deseo;
       Que amor me di licencia
       A hacer de mi alma rico empleo.
       En fin, esta pastora,
       As como la adoro, ella me adora.
         A hurto de su padre,
       Que es de su libertad duro tirano,
       Que ella no tiene madre,
       De esposa me entreg la fe y la mano
       Y agora, temerosa
       Del padre, no confiesa ser mi esposa.
         Teme que el padre rico
       Se afrente de mi humilde mediana,
       Porque hace el pellico
       Al monje en esta edad de tirana.
       El me sobra en riqueza,
       Pero no en la que da naturaleza.
         Como l, yo soy tan bueno:
       Tan rico no; y a su riqueza igualo
       Con estar siempre ajeno
       De todo vicio perezoso y malo,
       Y entre buenos es fuero
       Que valga la virtud ms que el dinero.
         Pido que ante ti vuelva
       A confirmar el s de ser mi esposa,
       Y en serlo se resuelva,
       Sin estar de su padre temerosa,
       Pues que no aparta el hombre
       A los que Dios junt en su gracia y nombre.
ALC.     Qu respondis a esto,
       Sol, que entre nubes se cubri a deshora?
CLEM.  Su proceder honesto
       La tendr muda, por mi mal, agora;
       Pero seales puede
       Hacer, con que su intento claro quede.
ALC.     Sois su esposa, doncella?
PEDR.  La cabeza baj; seal bien clara
       Que no lo niega ella.
SANCH. Pues en qu, Martn Crespo, se repara?
ALC.   En que de mi capilla
       Se saque la sentencia, y en olla.
         Pedro, scala al punto.
PEDR.  Yo s que sta saldr pintiparada,
       Porque, a lo que barrunto,
       Siempre fu la verdad acreditada
       Por atajo o rodeo,
       Y esta sentencia lo dir que leo.

Saca un papel de la capilla, y lele Pedro.

       "Yo, Martn Crespo, alcalde, determino
       Que sea la pollina del pollino."
RED.     Vaso de suertes es vuestra capilla:
       Y sta que ha sido agora pronunciada,
       Aunque es para entre bestias, maravilla,
       Y aun da muestras de ser cosa pensada.
CLEM.    El alma en Dios, y en tierra la rodilla,
       La vuestra besar, como a extremada
       Coluna que sustenta el edificio
       Donde moran las ciencias y el juicio.
ALC.     Puesto que redundara esta sentencia,
       Hijo, en haberos dado el alma ma,
       Porque no es otra cosa mi Clemencia,
       Me fuera de gran gusto y alegra;
       Y algrenos agora la presencia
       Vuestra, que est en razn y en cortesa,
       Pues ya lo desledo y sentenciado
       Ser sin duda alguna ejecutado.
CLEM.    Pues con ese seguro, padre mo,
       El velo quito y a tus pies me postro.
       Mal haces en usar deste desvo,
       Pues soy tu hija y no espantable monstro;
       T has dado la sentencia a tu albedro,
       Y si es injusta, es bien que te d en rostro;
       Pero si justa es, haz que se apruebe,
       Con que a debida ejecucin se lleve.
ALC.     Lo que escrib, escrib: bien dices, hija;
       Y as, a Clemente admito por mi hijo,
       Y el mundo deste proceder colija,
       Que ms por ley que por pasin me rijo.
SANCH.   No hay alma aqu que no se regocija
       De vuestro no pensado regocijo.
TAR.   Ni lengua que a Martn Crespo no alabe
       Por hombre ingeniossimo y que sabe.




INDICE
                                                           PGS.

        LA GITANILLA                                          5

        LA ILUSTRE FREGONA                                   65

        HISTORIA DE LOS TRABAJOS DE PERSILES Y SIGISMUNDA   119

        NOVELA Y COLOQUIO QUE PAS ENTRE CIPIN Y BERGANZA  181

        EL RETABLO DE LAS MARAVILLAS                        213

        EL CERCO DE NUMANCIA                                231

        PEDRO DE URDEMALAS                                  275





End of the Project Gutenberg EBook of Novelas y teatro, by Cervantes

*** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NOVELAS Y TEATRO ***

***** This file should be named 15115-8.txt or 15115-8.zip *****
This and all associated files of various formats will be found in:
        https://www.gutenberg.org/1/5/1/1/15115/

Produced by Juliet Sutherland, Mariano Cecowski and the Online
Distributed Proofreading Team.


Updated editions will replace the previous one--the old editions
will be renamed.

Creating the works from public domain print editions means that no
one owns a United States copyright in these works, so the Foundation
(and you!) can copy and distribute it in the United States without
permission and without paying copyright royalties.  Special rules,
set forth in the General Terms of Use part of this license, apply to
copying and distributing Project Gutenberg-tm electronic works to
protect the PROJECT GUTENBERG-tm concept and trademark.  Project
Gutenberg is a registered trademark, and may not be used if you
charge for the eBooks, unless you receive specific permission.  If you
do not charge anything for copies of this eBook, complying with the
rules is very easy.  You may use this eBook for nearly any purpose
such as creation of derivative works, reports, performances and
research.  They may be modified and printed and given away--you may do
practically ANYTHING with public domain eBooks.  Redistribution is
subject to the trademark license, especially commercial
redistribution.



*** START: FULL LICENSE ***

THE FULL PROJECT GUTENBERG LICENSE
PLEASE READ THIS BEFORE YOU DISTRIBUTE OR USE THIS WORK

To protect the Project Gutenberg-tm mission of promoting the free
distribution of electronic works, by using or distributing this work
(or any other work associated in any way with the phrase "Project
Gutenberg"), you agree to comply with all the terms of the Full Project
Gutenberg-tm License (available with this file or online at
https://gutenberg.org/license).


Section 1.  General Terms of Use and Redistributing Project Gutenberg-tm
electronic works

1.A.  By reading or using any part of this Project Gutenberg-tm
electronic work, you indicate that you have read, understand, agree to
and accept all the terms of this license and intellectual property
(trademark/copyright) agreement.  If you do not agree to abide by all
the terms of this agreement, you must cease using and return or destroy
all copies of Project Gutenberg-tm electronic works in your possession.
If you paid a fee for obtaining a copy of or access to a Project
Gutenberg-tm electronic work and you do not agree to be bound by the
terms of this agreement, you may obtain a refund from the person or
entity to whom you paid the fee as set forth in paragraph 1.E.8.

1.B.  "Project Gutenberg" is a registered trademark.  It may only be
used on or associated in any way with an electronic work by people who
agree to be bound by the terms of this agreement.  There are a few
things that you can do with most Project Gutenberg-tm electronic works
even without complying with the full terms of this agreement.  See
paragraph 1.C below.  There are a lot of things you can do with Project
Gutenberg-tm electronic works if you follow the terms of this agreement
and help preserve free future access to Project Gutenberg-tm electronic
works.  See paragraph 1.E below.

1.C.  The Project Gutenberg Literary Archive Foundation ("the Foundation"
or PGLAF), owns a compilation copyright in the collection of Project
Gutenberg-tm electronic works.  Nearly all the individual works in the
collection are in the public domain in the United States.  If an
individual work is in the public domain in the United States and you are
located in the United States, we do not claim a right to prevent you from
copying, distributing, performing, displaying or creating derivative
works based on the work as long as all references to Project Gutenberg
are removed.  Of course, we hope that you will support the Project
Gutenberg-tm mission of promoting free access to electronic works by
freely sharing Project Gutenberg-tm works in compliance with the terms of
this agreement for keeping the Project Gutenberg-tm name associated with
the work.  You can easily comply with the terms of this agreement by
keeping this work in the same format with its attached full Project
Gutenberg-tm License when you share it without charge with others.

1.D.  The copyright laws of the place where you are located also govern
what you can do with this work.  Copyright laws in most countries are in
a constant state of change.  If you are outside the United States, check
the laws of your country in addition to the terms of this agreement
before downloading, copying, displaying, performing, distributing or
creating derivative works based on this work or any other Project
Gutenberg-tm work.  The Foundation makes no representations concerning
the copyright status of any work in any country outside the United
States.

1.E.  Unless you have removed all references to Project Gutenberg:

1.E.1.  The following sentence, with active links to, or other immediate
access to, the full Project Gutenberg-tm License must appear prominently
whenever any copy of a Project Gutenberg-tm work (any work on which the
phrase "Project Gutenberg" appears, or with which the phrase "Project
Gutenberg" is associated) is accessed, displayed, performed, viewed,
copied or distributed:

This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with
almost no restrictions whatsoever.  You may copy it, give it away or
re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included
with this eBook or online at www.gutenberg.org

1.E.2.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is derived
from the public domain (does not contain a notice indicating that it is
posted with permission of the copyright holder), the work can be copied
and distributed to anyone in the United States without paying any fees
or charges.  If you are redistributing or providing access to a work
with the phrase "Project Gutenberg" associated with or appearing on the
work, you must comply either with the requirements of paragraphs 1.E.1
through 1.E.7 or obtain permission for the use of the work and the
Project Gutenberg-tm trademark as set forth in paragraphs 1.E.8 or
1.E.9.

1.E.3.  If an individual Project Gutenberg-tm electronic work is posted
with the permission of the copyright holder, your use and distribution
must comply with both paragraphs 1.E.1 through 1.E.7 and any additional
terms imposed by the copyright holder.  Additional terms will be linked
to the Project Gutenberg-tm License for all works posted with the
permission of the copyright holder found at the beginning of this work.

1.E.4.  Do not unlink or detach or remove the full Project Gutenberg-tm
License terms from this work, or any files containing a part of this
work or any other work associated with Project Gutenberg-tm.

1.E.5.  Do not copy, display, perform, distribute or redistribute this
electronic work, or any part of this electronic work, without
prominently displaying the sentence set forth in paragraph 1.E.1 with
active links or immediate access to the full terms of the Project
Gutenberg-tm License.

1.E.6.  You may convert to and distribute this work in any binary,
compressed, marked up, nonproprietary or proprietary form, including any
word processing or hypertext form.  However, if you provide access to or
distribute copies of a Project Gutenberg-tm work in a format other than
"Plain Vanilla ASCII" or other format used in the official version
posted on the official Project Gutenberg-tm web site (www.gutenberg.org),
you must, at no additional cost, fee or expense to the user, provide a
copy, a means of exporting a copy, or a means of obtaining a copy upon
request, of the work in its original "Plain Vanilla ASCII" or other
form.  Any alternate format must include the full Project Gutenberg-tm
License as specified in paragraph 1.E.1.

1.E.7.  Do not charge a fee for access to, viewing, displaying,
performing, copying or distributing any Project Gutenberg-tm works
unless you comply with paragraph 1.E.8 or 1.E.9.

1.E.8.  You may charge a reasonable fee for copies of or providing
access to or distributing Project Gutenberg-tm electronic works provided
that

- You pay a royalty fee of 20% of the gross profits you derive from
     the use of Project Gutenberg-tm works calculated using the method
     you already use to calculate your applicable taxes.  The fee is
     owed to the owner of the Project Gutenberg-tm trademark, but he
     has agreed to donate royalties under this paragraph to the
     Project Gutenberg Literary Archive Foundation.  Royalty payments
     must be paid within 60 days following each date on which you
     prepare (or are legally required to prepare) your periodic tax
     returns.  Royalty payments should be clearly marked as such and
     sent to the Project Gutenberg Literary Archive Foundation at the
     address specified in Section 4, "Information about donations to
     the Project Gutenberg Literary Archive Foundation."

- You provide a full refund of any money paid by a user who notifies
     you in writing (or by e-mail) within 30 days of receipt that s/he
     does not agree to the terms of the full Project Gutenberg-tm
     License.  You must require such a user to return or
     destroy all copies of the works possessed in a physical medium
     and discontinue all use of and all access to other copies of
     Project Gutenberg-tm works.

- You provide, in accordance with paragraph 1.F.3, a full refund of any
     money paid for a work or a replacement copy, if a defect in the
     electronic work is discovered and reported to you within 90 days
     of receipt of the work.

- You comply with all other terms of this agreement for free
     distribution of Project Gutenberg-tm works.

1.E.9.  If you wish to charge a fee or distribute a Project Gutenberg-tm
electronic work or group of works on different terms than are set
forth in this agreement, you must obtain permission in writing from
both the Project Gutenberg Literary Archive Foundation and Michael
Hart, the owner of the Project Gutenberg-tm trademark.  Contact the
Foundation as set forth in Section 3 below.

1.F.

1.F.1.  Project Gutenberg volunteers and employees expend considerable
effort to identify, do copyright research on, transcribe and proofread
public domain works in creating the Project Gutenberg-tm
collection.  Despite these efforts, Project Gutenberg-tm electronic
works, and the medium on which they may be stored, may contain
"Defects," such as, but not limited to, incomplete, inaccurate or
corrupt data, transcription errors, a copyright or other intellectual
property infringement, a defective or damaged disk or other medium, a
computer virus, or computer codes that damage or cannot be read by
your equipment.

1.F.2.  LIMITED WARRANTY, DISCLAIMER OF DAMAGES - Except for the "Right
of Replacement or Refund" described in paragraph 1.F.3, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation, the owner of the Project
Gutenberg-tm trademark, and any other party distributing a Project
Gutenberg-tm electronic work under this agreement, disclaim all
liability to you for damages, costs and expenses, including legal
fees.  YOU AGREE THAT YOU HAVE NO REMEDIES FOR NEGLIGENCE, STRICT
LIABILITY, BREACH OF WARRANTY OR BREACH OF CONTRACT EXCEPT THOSE
PROVIDED IN PARAGRAPH F3.  YOU AGREE THAT THE FOUNDATION, THE
TRADEMARK OWNER, AND ANY DISTRIBUTOR UNDER THIS AGREEMENT WILL NOT BE
LIABLE TO YOU FOR ACTUAL, DIRECT, INDIRECT, CONSEQUENTIAL, PUNITIVE OR
INCIDENTAL DAMAGES EVEN IF YOU GIVE NOTICE OF THE POSSIBILITY OF SUCH
DAMAGE.

1.F.3.  LIMITED RIGHT OF REPLACEMENT OR REFUND - If you discover a
defect in this electronic work within 90 days of receiving it, you can
receive a refund of the money (if any) you paid for it by sending a
written explanation to the person you received the work from.  If you
received the work on a physical medium, you must return the medium with
your written explanation.  The person or entity that provided you with
the defective work may elect to provide a replacement copy in lieu of a
refund.  If you received the work electronically, the person or entity
providing it to you may choose to give you a second opportunity to
receive the work electronically in lieu of a refund.  If the second copy
is also defective, you may demand a refund in writing without further
opportunities to fix the problem.

1.F.4.  Except for the limited right of replacement or refund set forth
in paragraph 1.F.3, this work is provided to you 'AS-IS' WITH NO OTHER
WARRANTIES OF ANY KIND, EXPRESS OR IMPLIED, INCLUDING BUT NOT LIMITED TO
WARRANTIES OF MERCHANTIBILITY OR FITNESS FOR ANY PURPOSE.

1.F.5.  Some states do not allow disclaimers of certain implied
warranties or the exclusion or limitation of certain types of damages.
If any disclaimer or limitation set forth in this agreement violates the
law of the state applicable to this agreement, the agreement shall be
interpreted to make the maximum disclaimer or limitation permitted by
the applicable state law.  The invalidity or unenforceability of any
provision of this agreement shall not void the remaining provisions.

1.F.6.  INDEMNITY - You agree to indemnify and hold the Foundation, the
trademark owner, any agent or employee of the Foundation, anyone
providing copies of Project Gutenberg-tm electronic works in accordance
with this agreement, and any volunteers associated with the production,
promotion and distribution of Project Gutenberg-tm electronic works,
harmless from all liability, costs and expenses, including legal fees,
that arise directly or indirectly from any of the following which you do
or cause to occur: (a) distribution of this or any Project Gutenberg-tm
work, (b) alteration, modification, or additions or deletions to any
Project Gutenberg-tm work, and (c) any Defect you cause.


Section  2.  Information about the Mission of Project Gutenberg-tm

Project Gutenberg-tm is synonymous with the free distribution of
electronic works in formats readable by the widest variety of computers
including obsolete, old, middle-aged and new computers.  It exists
because of the efforts of hundreds of volunteers and donations from
people in all walks of life.

Volunteers and financial support to provide volunteers with the
assistance they need, is critical to reaching Project Gutenberg-tm's
goals and ensuring that the Project Gutenberg-tm collection will
remain freely available for generations to come.  In 2001, the Project
Gutenberg Literary Archive Foundation was created to provide a secure
and permanent future for Project Gutenberg-tm and future generations.
To learn more about the Project Gutenberg Literary Archive Foundation
and how your efforts and donations can help, see Sections 3 and 4
and the Foundation web page at https://www.pglaf.org.


Section 3.  Information about the Project Gutenberg Literary Archive
Foundation

The Project Gutenberg Literary Archive Foundation is a non profit
501(c)(3) educational corporation organized under the laws of the
state of Mississippi and granted tax exempt status by the Internal
Revenue Service.  The Foundation's EIN or federal tax identification
number is 64-6221541.  Its 501(c)(3) letter is posted at
https://pglaf.org/fundraising.  Contributions to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation are tax deductible to the full extent
permitted by U.S. federal laws and your state's laws.

The Foundation's principal office is located at 4557 Melan Dr. S.
Fairbanks, AK, 99712., but its volunteers and employees are scattered
throughout numerous locations.  Its business office is located at
809 North 1500 West, Salt Lake City, UT 84116, (801) 596-1887, email
business@pglaf.org.  Email contact links and up to date contact
information can be found at the Foundation's web site and official
page at https://pglaf.org

For additional contact information:
     Dr. Gregory B. Newby
     Chief Executive and Director
     gbnewby@pglaf.org


Section 4.  Information about Donations to the Project Gutenberg
Literary Archive Foundation

Project Gutenberg-tm depends upon and cannot survive without wide
spread public support and donations to carry out its mission of
increasing the number of public domain and licensed works that can be
freely distributed in machine readable form accessible by the widest
array of equipment including outdated equipment.  Many small donations
($1 to $5,000) are particularly important to maintaining tax exempt
status with the IRS.

The Foundation is committed to complying with the laws regulating
charities and charitable donations in all 50 states of the United
States.  Compliance requirements are not uniform and it takes a
considerable effort, much paperwork and many fees to meet and keep up
with these requirements.  We do not solicit donations in locations
where we have not received written confirmation of compliance.  To
SEND DONATIONS or determine the status of compliance for any
particular state visit https://pglaf.org

While we cannot and do not solicit contributions from states where we
have not met the solicitation requirements, we know of no prohibition
against accepting unsolicited donations from donors in such states who
approach us with offers to donate.

International donations are gratefully accepted, but we cannot make
any statements concerning tax treatment of donations received from
outside the United States.  U.S. laws alone swamp our small staff.

Please check the Project Gutenberg Web pages for current donation
methods and addresses.  Donations are accepted in a number of other
ways including including checks, online payments and credit card
donations.  To donate, please visit: https://pglaf.org/donate


Section 5.  General Information About Project Gutenberg-tm electronic
works.

Professor Michael S. Hart was the originator of the Project Gutenberg-tm
concept of a library of electronic works that could be freely shared
with anyone.  For thirty years, he produced and distributed Project
Gutenberg-tm eBooks with only a loose network of volunteer support.


Project Gutenberg-tm eBooks are often created from several printed
editions, all of which are confirmed as Public Domain in the U.S.
unless a copyright notice is included.  Thus, we do not necessarily
keep eBooks in compliance with any particular paper edition.


Most people start at our Web site which has the main PG search facility:

     https://www.gutenberg.org

This Web site includes information about Project Gutenberg-tm,
including how to make donations to the Project Gutenberg Literary
Archive Foundation, how to help produce our new eBooks, and how to
subscribe to our email newsletter to hear about new eBooks.
