The Project Gutenberg EBook of Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica, by P. Pedro Lozano This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.org Title: Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica Author: P. Pedro Lozano Release Date: April 30, 2006 [EBook #18289] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DIARIO DE UN VIAGE *** Produced by Adrian Mastronardi, Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr) DIARIO DE UN VIAGE A LA COSTA DE LA MAR MAGALLANICA EN 1745, DESDE BUENOS AIRES Hasta el Estrecho de Magallanes; FORMADO SOBRE LAS OBSERVACIONES DE LOS PP. CARDIEL Y QUIROGA, POR EL P. PEDRO LOZANO. BUENOS-AIRES. IMPRENTA DEL ESTADO, 1836. * * * * * ADVERTENCIA DEL EDITOR. El viage que en 1745 emprendieron por órden de la Corte de España los PP. Quiroga y Cardiel de la Compañía de Jesus, no tuvo mas objeto, que señalar un punto favorable al establecimiento de una poblacion. El que parecia mas indicado era la bahia de San Julian, y fué precisamente el que se reconoció menos propio para fomentarla:--tierra estéril, pobre de caza, de combustibles, y hasta de agua potable. Los mismos indios se retraian de habitarla y solo la visitaban para hacer sus provisiones de sal, que es lo único de que abunda. Estos Jesuitas notaron muchos errores en la descripcion que hizo Anson de aquellos parages, y negaron que desaguase en la bahia un gran rio, de que hacia mencion este viagero. Hasta en la latitud hallaron inexactos sus cálculos, cuya rectificacion prevaleció en los nuevos derroteros. En este viage científico desplegó un gran valor el jesuita Cardiel, y los detalles que dá el P. Lozano sobre una excursion de este animoso misionero en el interior de la bahia, forman un trozo que no es posible leer sin emocion.--"Cuando iban por la campaña sin camino, dice el redactor del viage, marchaba el Padre en medio, y los demas extendidos en ala á lo largo; y cuando por senda de indios (que la tuvieron muchas leguas) _iba el Padre el primero_, atemperando al paso de los menos fuertes, para que no les hiciesen caminar mas de lo que podian. Llevaba al pecho un crucifijo de bronce, y en la mano un báculo, grabada en él una cruz."--Estos pocos renglones son dignos de figurar en las páginas del _Genio del Cristianismo_ del Sr. de Chateaubriand. La publicacion que hacemos de este diario no es mas que una reimpresion del que dió á luz el Padre Charlevoix en su _Historia del Paraguay_, de donde lo sacó Prevost para su voluminosa _Historia de los viages_. El mérito de esta obra, y el deseo de completar en lo posible la série de los trabajos emprendidos en tiempo del régimen colonial para perfeccionar la topografia del antiguo vireynato de Buenos Aires, nos ha inducido á darle un lugar en la presente coleccion. _Buenos Aires, 26 de Enero de 1836._ PEDRO DE ANGELIS * * * * * DIARIO _De un viage á la costa de la mar magallánica, &c._ Embarcáronse por fin á 5 de Diciembre de 1745, y el lúnes 6 á las diez horas de dia, habiendo disparado la pieza de leva, se hicieron á la vela en nombre de Dios, con viento fresco, y salieron á ponerse en franquía en el amarradero, que dista tres leguas de Buenos Aires. De allí salieron martes, á las nueve y media de la mañana, y con distar Montevideo solas cincuenta leguas de Buenos Aires, no pudieron tomar su puerto hasta el lúnes 13, que á las once y media del dia dieron fondo en medio de su ensenada. Allí, entre la gente de aquel presidio, se eligieron los veinte y cinco soldados, que se habian de embarcar, á cargo del alferez D. Salvador Martin de Olmo: porque, aunque deseaba el Señor Gobernador de Buenos Aires, que fuese mayor el número de los soldados, y habia otros muchos que se ofrecian voluntariamente á esta expedicion, no fué posible aumentar el número, por no permitirlo el buque del navichuelo. El comandante de Montevideo, D. Domingo Santos Uriarte, vizcaino, egecutó cuanto estuvo de su parte para el avio de la gente y de los misioneros, con la presteza posible. Con que el dia 16 de Diciembre estuvo el navio ya pronto á salir; pero por calmar el nord-nord-este, y soplar el sud-este, no se pudieron hacer á la vela hasta el viernes 17 á las cuatro y media de la mañana, con nord-nord-este y norte. La niebla densa casi no les permitia descubrir la tierra, y no se adelgazó hasta las seis y media de la tarde, pasando sin ver la isla de Flores. Domingo 19 dieron fondo á vista de la isla de Lobos, que les quedó al nor-nord-este, á tres leguas de distancia. Tiene esta isla de largo tres cuartos de legua, y corre este-sud-este, oeste-nord-este: al este-sud-este sale un arrecife con algunas piedras que conviene evitar. Este domingo, haciendo una plática el padre Matias Strobl, se dió principio por nuestros misioneros á la novena de San Francisco Javier, escogiéndole de parecer comun, por patron del viage. Asistian todos al santo sacrificio de la misa, que se decia una todos los dias cuando el tiempo lo permitia, y en los dias festivos dos. Se rezaba de comunidad el rosario de Nuestra Señora, y en la novena se añadió leccion espiritual todos los dias y pláticas, para disponer la gente á que se confesasen y comulgasen, como lo hicieron al fin de ella todos con mucha piedad. Para desterrar la costumbre de jurar, que suele reinar entre soldados y marineros, se impuso pena, á que todos se obligaron, de quien quiera que faltase, hubiese luego de besar el suelo, diciéndole los presentes: _Viva Jesus, bese el suelo_. De esta manera, en devocion y conformidad cristiana, se prosiguió la navegacion; y hallándose el martes 21, en 35 grados, 11 minutos de latitud austral, varió la brújula al norte 17 grados. El domingo 26, en altura de 38 grados y 34 minutos, padecieron una turbonada de agua menuda, y el este-sud-este que soplaba, levantaba alguna marejada: y el lúnes siguiente 27, en altura de 38 grados y 36 minutos, sintieron extraordinario frio. Martes 28, en 39 grados, 9 minutos de latitud, y por estima, en 323 y 57 minutos de longitud, hallaron despues de medio dia, 52 brazas de fondo de arena menuda y parda: vieron algunas ballenas, y á puestas de sol observaron que la brújula tenia de variacion al nord-este 17 grados y 30 minutos. El miércoles, en dia claro y sereno, en bonanza, experimentaron mas frio del que en esta estacion hace en Europa, hallándose en 40 grados, 56 minutos de latitud, y en 322 y 17 minutos de longitud. Miércoles á 5 de Enero de este presente año de 1746, á las diez del dia descubrieron la tierra del Cabo Blanco, al sur-sud-este, y la costa de la banda del norte, que forma una grande playa á modo de ensenada, en donde pueden dar fondo los navios al abrigo de la tierra, que es alta y rasa, como la del Cabo de San Vicente, y tiene la punta un farillon ó mogote, que se parece al casco de un navio. Hay á la punta una baja en que lava el mar. En distancia de cinco leguas de dicho Cabo Blanco le marcó el padre Quiroga al sud-este, un cuarto al sur, y observó 46 grados y 48 minutos de latitud, y por consiguiente viene á estar puntualmente dicho cabo en 47 grados: lo cual conviene notar, por no equivocarlo con otra punta que está al nord-este, y tambien es tierra alta, rasa, y que forma hácia el mar una barranca llena de barreras blancas. La longitud del Cabo Blanco, segun la cuenta de la derrota, son 313 grados y 30 minutos. Observóse en todo lo que se navegó de esta costa, que el escandal se lava, y no saca señal de fondo, sino es de mucho peso. En la punta de Cabo Blanco está asido un peñon partido; y mas al sur de este peñon hay una punta de tierra baja, y luego corre la costa nord-sur del mundo, y hace una ensenada muy grande, que corre hasta la entrada del Puerto Deseado. Jueves 6 de Enero, amanecieron al sur del Cabo Blanco, á cuatro leguas de la costa, teniendo por proa la isla grande que hay antes de entrar en el Puerto Deseado, á la cual llaman algunos _Isla de los Reyes_, y nuestros navegantes le confirmaron este nombre, por haberla descubierto este dia de la Epifania. La tierra, que está en esta ensenada, entre Cabo Blanco y Puerto Deseado, es bastantemente alta, con algunas quebradas, y en ellas matorrales de árboles pequeños, como espiños y sabinas. Entraron á dicho puerto por la banda del norte de dicha isla, acercándose á la boca del puerto, que es bien conocida, por una isleta que está fuera y blanquea como nieve. A la banda del sur, cerca de la entrada, hay un mogote alto, con una peña en lo alto, que parece tronco de árbol cortado, y hace horqueta. En los dos lados de la boca hay peñas altas cortadas, de las cuales, la que está en la parte septentrional, mirada de una legua ó dos, mar adentro, parece un castillo. Esta tarde saltaron en tierra, al ponerse el sol, el Padre José Cardiel y los dos pilotos, con alguna gente de la tripulacion, y vieron que la marea comenzaba á subir á las siete de la tarde. En la orilla hallaron algunos lagunajos pequeños, cuya superficie estaba cuajada en sal, como lo grueso de un real de plata, y no se encontró mas sal en los dias siguientes. El viernes 7, comenzó á subir la marea á las 7 y 15 minutes de la mañana. A las nueve volvió á subir á tierra el Padre Cardiel con el alferez D. Salvador Martinez y 16 soldados de escolta, á ver si encontraban indios tierra adentro. A la misma hora entraron en la lancha armada el capitan del navio D. Joaquin de Olivares, los dos pilotos, el Padre superior Matias Strobl, el Padre Quiroga, el cabo de escuadra y algunos soldados, á registrar por agua el fin del puerto, y ver tambien si hallaban indios. Navegaron al oeste, costeando por el sur la isla de las Pinguinas, y sondando el canal hasta la isla de los Pájaros. Entraron por entre la isla y tierra firme, y registraron un caño pequeño muy abrigado que parece rio. Saltaron en tierra, y subieron á lo alto de los cerros á reconocer la tierra que es toda seca y quebrada, llena de lomas y peñasquerias de piedra del cal, sin arboleda alguna: solamente hay en los valles leña para quemar de espinos, sabinas y otros arbolitos muy pequeños, y de este jaez es toda la costa ó banda septentrional de este puerto. Desde la isla de los Pájaros, que hace abrigo á una ensenadilla muy segura, para invernar cualesquiera embarcaciones, pasaron á otra ensenada mas al oeste, en frente de la isla de los Reyes, en la misma costa septentrional: buscaron allí agua, y solamente hallaron en un valle un pozo antiguo de agua salobre, que, segun se tiene entendido, fué la única que hallaron en este puerto los holandeses. Desde aquí se volvieron al navio. El Padre Cardiel, y los que fueron por tierra, subieron á una alta sierra, en cuya cumbre encontraron un monton de piedras, que desenvueltas, hallaron huesos de hombre allí enterrados, ya casi del todo podridos, y pedazos de ollas enterradas con el cuerpo. El hombre mostraba ser de estatura ordinaria, y no tan grande, que tuviese diez ú once pies de largo, como los pinta Jacobo Lemaire. Despues de muy cansados de caminar, no hallaron huella ó rastro de hombres, ni bosque, ni leña, sino tal cual matorral; ni agua dulce, ni tierra fructífera sino peñascos, cuestas, quebradas y despeñaderos, que les dieron copiosa materia de paciencia: y si no les hubiera deparado Dios algunos pozitos de agua en las concavidades de las peñas, por haber llovido un poco el dia antes, no saben como hubieran podido volver al puerto. Desde los altos no descubrieron por muchas leguas mejores calidades de terruño que las dichas. Tampoco se encontró pasto, ni cosa á propósito para habitacion humana, ni aun brutos, ni aves; sino solamente rastro de uno ú otro guanaco, y tal cual pájaro: y la tarde de este dia pareció en la costa del sur, en frente del navio, un perro manso aullando, y haciendo extremos por venir al navio, y se discurrió seria de algun buque perdido en esta costa. Al anochecer, llegaron los de tierra al navio, y poco despues los de la lancha. El sábado 8 de Enero, salió á las nueve el Padre Cardiel, con la misma comitiva, á registrar la tierra por la parte opuesta, que es la del sur de este Puerto Deseado; y casi á la propia hora, los mismos de la lancha del dia antecedente, con bastimentos para cuatro dias, por registrar y demarcar todo este puerto. Navegaron al oeste, hasta la punta oriental de una isla, á la cual llamaron _la isla de Olivares_ por respecto al capitan de este navio: y habiendo entrado por un caño estrecho, que divide á esa isla de la tierra firme, salieron con bastante trabajo á una ensenada pequeña que hace cerca de la punta occidental, sin poder pasar adelante este dia, por haber quedado en seco la lancha, con la baja marea. Desde un peñasco, en lo mas alto de la isla, descubrió el Padre Quiroga, que la canal de este puerto corria algunas leguas al oeste sud-oeste. Tambien el mismo, y los dos pilotos, marcaron la isla de los Reyes, y la isla de las Peñas, que está en la costa septentrional. En la isla de Olivares hallaron algunas liebres y avestruces, y mármoles de varios colores. La tierra es árida, y falta de agua dulce. En la punta occidental de dicha isla hay mucho marisco: y los marineros hallaron en algunas conchas tal cual perla pequeña y basta. Domingo 9, volvió el capitan Olivares, el padre Quiroga y los demas, á registrar la costa del sur, navegando al oeste sud-oeste, y tambien la del norte, para ver si podian hallar agua. Hallaron á las diez del dia, en la costa del sur, un arroyuelo que baja de una fuente bastantemente caudalosa, que está en lo alto de la quebrada de un cerro, y dista cinco leguas del puerto. Es de agua dulce, pero algo pesada, como agua de pozo. Está en sitio acomodado para llegar cualquier lancha á cargar en plea mar en el mismo arroyuelo que baja de la fuente. Púsole por nombre _la Fuente de Ramirez_, por haber saltado en tierra á reconocerla el segundo piloto, D. Basilio Ramirez. La tierra es toda estéril, y llena de peñasqueria, ni se hallan árboles en cuanto alcanza la vista. Lúnes 10, prosiguieron navegando por la misma canal al oeste sud-oeste, hasta una isla toda llena de peñascos, que llamaron la _Isla de Roldan_, y puestos norte-sur con dicha isla, comenzaron á hallar poco fondo de cuatro brazas, de tres, de dos y de una, hasta que vieron tenia fin la canal en un cenagal de mucha lama. A la misma hora se volvieron al navio, á que abordaron á las cinco de la tarde: el Padre Cardiel y los de tierra caminaron bien todo el dia 8, y hallaron no ser la tierra tan áspera como la otra, pero sin leña, ni pastos, ni muestras de substancia. A distancia como de dos millas dieron con un manantial de agua potable, aunque algo salobre: por donde corria, habia algo de heno verde, y no lejos de allí vieron once guanacos. Tambien recogieron á bordo del navio el perro que se vió en la playa, lleno de heridas, y los dientes gastados de comer marisco. Lo que se puede decir de este Puerto Deseado es que, como puerto, se puede contar entre los mejores del mundo. Ojalá que correspondiera la tierra; pero es árida, y falta de todo lo necesario para poblacion. No hay árboles que puedan servir para madera: solamente se halla en las quebradas alguna leña menuda para hornos y para guisar la comida. No es el terruño bueno para sementeras, porque ademas de ser todo salitroso, es casi todo peña viva; ni hay mas agua dulce que las fuentes dichas. Hállase sí abundancia de barrilla, para hacer vidrio y jabon: abundancia de marmol colorado, con listas blancas, marmol negro, y alguno verde: mucha piedra de cal, y algunas peñas grandes de pedernales de escopeta, blancos y colorados, con algunos espejuelos dentro como diamantes: mucha piedra de amolar, y otra amarilla que parece vitriolo. De animales terrestres solo vieron guanacos, liebres y zorrillos. Aves algunas, pero casi todas marítimas, como patos de varias especies, chorlitos, gaviotas, &c. Hay leones marinos en gran número en los islotes dentro del puerto, y vieron manada de ellos de mas de ciento. Su figura es la misma que la de los lobos marinos, y solamente los llamaron _leones_, por ser mucho mayores que los lobos del Rio de la Plata. Hay de ellos rojos, negros y blancos, y metian tanto ruido con sus bramidos, que á distancia de un cuarto de legua engañaran á cualquiera, juzgando son vacas en rodeo. Mataron muchos los marineros por su cuero, que la carne es hedionda, y casi toda grasa sin magro. El Padre Cardiel tuvo la curiosidad de medir algunos, y eran los mayores como vacas de tres años: la figura es de los demas lobos marinos; cabeza y pescuezo como de terneros, alones por manos, y por pies dos como manoplas, con cinco feos dedos, los tres con uñas. Algunos extrangeros los han llamado becerros, y tambien leones marinos, y los pintan en sus mapas con su melena larga de leon. No es así. Tienen algo de mas pelo en el pescuezo que en lo restante del cuerpo, cuando aun ese del pescuezo no tiene el largo de un dedo. La cola es como de pescado; y de ella y de los alones de las manos se sirven para andar por tierra: bien que no pueden correr mucho, pero se encaran con cualquiera que les acomete, y alcanzan grandes fuerzas, y vieron tirarse unos á otros por alto, con ser del tamaño expresado. A la multitud de estos leones ó lobos marinos atribuyeron la escasez de pesca en este puerto: pues aunque tendieron varias veces la red los marineros, solamente pescaron un pes gallo, y algunas anchovas y calamares. La entrada de este Puerto Deseado es muy estrecha, y facil de fortificar á poca costa: puédese cerrar con cadena, así en la boca como en lo restante del canal, el cual corre este-oeste hasta la punta oriental de la isla de Roldan. El mejor sitio para ancorar las naves, que hubieran de ancorar aquí, es al oeste de la isla de Pinguinas, al abrigo de la isla de Olivares; y si hubiere una ó dos naves, se pueden meter entre la isla de los Pájaros y la tierra firme. Aunque hay en este puerto algunas ráfagas de viento fuerte, que se cuela por medio de los cerros, no incomoda las naves, ni levanta marejada. Las mareas corren con grande ímpetu á cinco ó seis millas por hora, medidas con la corredera. Observaron que en el plenilunio, la marea comienza á crecer á las siete y cuarto. Entre creciente y menguante, parece se lleva 12 y 3 cuartos de hora. Los navios que hubieren de entrar, pueden esperar al abrigo de la isla de los Reyes el viento favorable, y entrar cuando la marea esté sin fuerza, llevando en el tope algunos de los pilotos que avise para el gobierno del timon: que de esta suerte entró ahora con felicidad este navio de San Antonio. La isla de los Reyes, que tendrá de largo una legua, está al este-sueste de la boca del puerto; y así esta como todas las otras islas, escollos, &c. que hay en este puerto, anotó puntualmente el Padre Quiroga en un mapa muy exacto que ha formado. La latitud del Puerto Deseado es de 47 grados y 44 minutos. Su longitud de Tenerife 313 grados y 16 minutos: 12 grados y 44 minutos al oeste de la isla de los Lobos, desde la cual llevaba el Padre Quiroga, y los demas pilotos, la cuenta para su gobierno. El martes 11 de Enero, se levaron con el nor-oeste, y salieron con el trinquete, y velacho. A las doce y media del dia desembocaron, y metieron á bordo la lancha; y desde aquí fueron costeando la isla de los Reyes hasta las seis de la tarde, que estuvieron este-oeste con ella, y teniendo ya el viento por el sud-este, navegaron al sur sud-este. Miércoles y jueves siguiente, navegaron en busca del famoso puerto de San Julian, y vieron que desde los 48 grados y 48 minutos de latitud, hasta los 48 grados y 52 minutos, hace el mar una ensenada, y hay una islita pequeña con otro escollito al oeste, que dista de la tierra dos leguas y media. La costa en este parage corre al sud-oeste, y al sud-oeste cuarta al sur. La tierra es alta, aunque en la costa del mar hace playazo. No se descubre en toda ella arboleda, ni amenidad alguna; solamente registra la vista cordilleras y cerros escampados, y todo seco é infructífero. A las siete y media de la tarde avisaron los pilotos que habian subido á registrar la costa desde la gavia mayor, que habia por la proa señal de bajos, y echando al punto la sonda, se hallaron con quince brazas de fondo de cascajo; y calmando el viento, dieron fondo en veinte brazas, y pasaron la noche sobre una áncora. Viernes 14, se levaron á las cinco de la mañana, y navegaron al sueste para salir de los bajos, y se hallaron en solas seis brazas de agua, en un placer largo que hacen los bajos hácia el nord-este: descúbrense á poco mas de una milla de distancia, lejos de la tierra firme como dos leguas y media, y el placer sale como una legua; estan en 48 grados y 56 minutos de latitud, y la costa corre allí al sud-oeste un cuarto al sur, y al sur-sud-oeste. A las tres de la tarde, les entró una turbonada por el sud-oeste, que hubieron de aferrar las velas, viendo á la misma hora en una nube negra una manga de agua, que se levantaba á lo alto como un cerro. Corrida la costa hasta 49 grados y 15 minutos, no pudieron dar con la entrada del puerto de San Julian, por lo cual hicieron juicio que estaria en menor altura de la que le marcan las cartas; y favorecidos del viento para navegar hácia el estrecho de Magallanes, determinaron correr lo restante de la costa y dejar para la vuelta la entrada en San Julian. La brújula varió 19 grados. Sábado 15, corrieron al sud-oeste, con nord-este, y desde 49 grados y 18 minutos corre la costa al sud-oeste, que es limpia y seguida, y la tierra baja y rasa; y en toda la costa hace una barrera alta, que parece una muralla, sin verse en toda ella un árbol. A las tres de la tarde, tuvieron por el sud-oeste el cerro del rio de Santa Cruz, que es una punta de tierra alta, toda árida, con un mogote alto á la punta. A las cinco estuvieron este-oeste, con dicho cerro, en catorce brazas de fondo de cascajo, á poco mas de dos millas de la tierra. Por haber visto en algunas cartas marcada una bahia al sur del morro de Santa Inés, fueron en su demanda para dar fondo esta noche, y registrar la tierra: pero hallaron que no hay tal bahia, antes bien es toda la costa seguida, y corre al sud-oeste, y un cuarto al sur. A las nueve de la noche, el viento por el sud-oeste levantó grande marejada: corrido con la mayor y el trinquete al sud-este; poco despues se quedaron con el trinquete solo, y parando el temporal, corrieron á palo seco la vuelta del nord-este, habiendo cerrado los escotillones, y asegurado con varias trincas y llaves el navio, corriendo así toda la noche que fué muy trabajosa. Domingo 16, corrieron á palo seco hasta las dos de la tarde. En toda la noche precedente, y parte de este dia, eran tan récios los golpes del mar, que entraban por una y otra banda del navio, llenándose todo de agua. Los sacos, cajas y arcas rodaban de parte á parte, y algunos caian sobre la gente, sin poder nadie sosegar ni parados ni sentados, ni aun echados. Sobre todo, les molestaba la afliccion del estómago; y congoja de corazon con tanto golpe y desasosiego; y el segundo piloto, D. Basilio Ramirez, mientras atendia á la maniobra, se dió un golpe tal que le quedó el rostro muy mal herido. Nuestros Jesuitas, teniendo mucho que ofrecer á Dios en estos lances, como menos acostumbrados, hallaban alivio en acordarse de los peligros y naufragios que San Pablo y San Francisco Xavier, patron del viage, padecieron en la misma demanda de la conversion de los infieles, y con esto mismo procuraban consolar á toda la gente. Calmando el viento á las dos de la tarde, dió lugar á largar la mayor y el trinquete, y se hallaron en 50 grados, 11 minutos de latitud, y por la estima, en 311 grados y 3 minutos de longitud. Lúnes 17, con dia sereno tuvieron la sierra del rio de Santa Cruz al oeste, á seis leguas de distancia, y por la tarde navegaron bordeando la costa de una grande ensenada, que en forma de media luna se extiende desde el rio de Santa Cruz hasta cerca de la ensenada de San Pedro: toda ella es tierra alta y árida sin árboles. Martes 18 de Enero, acabaron de correr dicha ensenada, y á las seis de la mañana descubrieron una entrada, que creyeron fuese la boca de algun rio: yendo hácia allá, advirtieron que la dicha entrada estaba llena de bajos en que reventaban las olas, y por hallarse en solo cinco brazas de agua, dieron fondo con una ancla, y salió el primer piloto D. Diego Varela en la lancha á sondar, para poder sacar el navio á franquía: y hecha seña, se levaron, siguiendo la costa en demanda del rio de Gallegos que esperaban hallar mas al sur. Halláronse á medio dia en 51 grados y 10 minutos, y en 308 grados y 40 minutos de longitud. Miércoles 19, se levaron á las cinco y media, y navegaron siguiendo la costa hasta un cabo de barrera alta, en cuya punta sale al mar una restinga que hace bajo, y en esa se hallaron en 6 brazas. Un poco mas al sur de dicha punta descubrieron una boca grande, y dando fondo, salió el piloto Varela á registrar si era el rio de Santa Cruz, ó el rio de Gallegos, ó algun otro puerto: que volvió al anochecer, sin haber hallado entrada por la parte en que estaban ancorados; que la entrada se descubria, por la costa del sur, y era necesario montar una punta de un bajo largo, en el cual reventaba el mar. En la playa halló una ballena muerta, y vieron muchas huellas de animales, y hallaron parte del campo recien quemado, de donde concibieron esperanzas de hallar al dia siguiente algun puerto y rancherias de indios. Jueves, 20, se levaron á las cinco para acercarse á la boca del rio, en que dieron fondo en seis brazas de agua, á las diez y media. Salió á sondar el piloto Varela en lancha, por el medio y por la costa del sur; y volvió á las cinco de la tarde, con noticia de que no habia entrada para el navio, y estaba en 52 grados y 23 minutos de latitud. La marea crece allí mucho, y habiendo dado fondo en seis brazas, como dije, se hallaron poco despues en solas tres. Comenzó á crecer á las tres de la tarde. Habiendo reconocido que toda la costa, hácia el cabo de las Vírgenes, es tierra baja que corre al sur-sud-oeste; y juzgando por otra parte, que no era conforme á las reales órdenes de Su Magestad navegar aquellas como catorce leguas que faltaban al estrecho de Magallanes; así porque los derroteros de antiguos y modernos no señalan puerto, ni rio alguno en aquel espacio, como porque en la boca del Estrecho tampoco le habia, sino muchos peligros, se levaron á las cinco de la tarde en demanda del rio de Santa Cruz, que discurrieron estaria en menor altura de la que le ponen las cartas de marear, y esperaban hallar en él buen puerto. Viernes 21 á medio dia, se hallaron en 51 grados y 25 minutos. Sábado 22 á las siete de la tarde, hubo turbonadas de truenos y agua, y navegaron al norte. Domingo 23 al amanecer, se hallaron en la costa que corre al sur del puerto de Santa Cruz, y á las diez y media anclaron al este de dicho puerto, á media milla de distancia, en 9 brazas de agua, en 50 grados y 20 minutos de latitud. Salió en la lancha el piloto Varela á reconocer una entrada, que reconocieron á la banda del norte, creyendo seria la boca del rio de Santa Cruz; pues habiendo registrado toda la tierra, que media entre la tierra rasa y el rio Gallegos, no le habian hallado. Dentro de hora y media volvió al navio, por no poder romper con la corriente de la marea que bajaba. A las tres de la tarde, reconocieren que el agua habia bajado seis brazas, y que estaban expuestos á quedarse en seco, por estar la marea en su mayor fuerza, y á su lado se iban descubriendo bancos de arena y escollos por tanto al punto se levaron para ponerse en franquía; mas apenas habian largado el trinquete y velacho, cuando descubrieron un banco que les cerraba totalmente la salida. Dieron fondo en seis brazas, y todavia bajó algo la marea, de suerte que llegó esta por todo á bajar seis brazas y media. A media noche quisieron salir con la marea llena, pero no pudieron, por alcanzarles la menguante antes de suspender el ancla, y ser peligrosa la salida en la oscuridad de la noche. La marea comenzó á bajar á las once y media del dia. Lúnes 24, tampoco dió lugar la marea á que saliesen del peligro en que estaban, hasta las once del dia, que con marca llena y viento de tierra se levaron, y poco á poco salieron á franquía en demanda del Puerto de San Julian, dando repetidas gracias á Dios por haberlos librado de los bajos que hallaron en el rio de Santa Cruz, saliendo con la marea por encima de los peñascos, de que por todas partes estuvieron cercados. Este rio de Santa Cruz en otro tiempo fué capaz de naves gruesas: pues refiere Gonzalo Fernandez de Oviedo en su _Historia de las Indias_, que ancoraron en él las naos del comendador D. Fray Garei Jofré de Loaysa, año de 1526. Y lo mismo comenta el cronista Antonio de Herrera en su _Historia de Indias, dec. 3. lib. 9. cap. 4._, quien dice, que en dicho rio de Santa Cruz dió carena á su capitana. Y en la _decada 2. lib. 9. cap. 14_. deja escrito, que Hernando de Magallanes se estuvo detenido en este rio de Santa Cruz los meses de Setiembre y Octubre del año de 1520, haciendo mucha cantidad de pesquería. Y mas es todavía, que casi cien años despues, los hermanos Nodales, el año de 1618, en su viage al registro del estrecho de San Vicente, ó de Lemaire, estuvieron tambien, aunque de paso, en el mismo rio ó bahia, que les pareció buen puerto, como escrivieron los mismos en su relacion, y de ella lo refiere Fray Marcos de Guadalajara en la cuarta _parte de la Historia Pontifical, lib. 14 cap. 1_. Sin embargo, el dia de hoy está impedido dicho rio de Santa Cruz con unos grandes bancos de arena, que se discurre amontonó en su embocadura la corriente de las mareas que es rapidísima; tanto que hace garrar las áncoras, y con la baja marea quedan descubiertos los bancos que cierran la entrada. Tiene aquí la marea algo mas de seis horas de flujo, y otras tantas de reflujo, y este dia 24 de Enero comenzó á bajar á las doce y media del dia. Martes 25, sopló el sud-oeste y sur-sud-oeste muy récio, y levantó mucha marejada, como acontece siempre en estas costas. Miércoles 26, se murió un indio guaraní, que quiso acompañar en esta expedicion al Padre Strobl. No podian adelantar mucho el viage, porque el viento y la mar del norte abatian mucho el navio. Este dia, con ser ya por aquí el rigor del verano, hizo mucho frio, y en todos los demas experimentaron tanto como en Castilla se experimenta en el invierno. Jueves 27, se hallaron á medio dia en 49 grados, 17 minutos de latitud; y por la noche el viento oeste-sud-oeste cambió al nord-este, y causó mucha mar. Desde la altura del rio de Santa Cruz es toda la tierra llana y pelada, como la pampa de Buenos Aires, sin verse en ella cerro, ni árbol alguno; y desde 49 grados y 26 minutos hácia el norte, corren algunas cordilleras y cerros altos hasta pasar Cabo Blanco, que, como ya dige, está en 47 grados. El sábado 29, se pasó todo dando bordos hácia el este y el oeste, sin poder arribar al rio de San Julian por el viento contrario. Con nord-este fresco se hicieron mas al norte, para hallarse en positura de poder al dia siguiente reconocer dicho rio. Domingo 30, tampoco se hizo cosa, y á las ocho de la noche refrescó demasiado el viento por el nord-este, levantando grande marejada, que se aumentó por instantes, rodeando por el oeste, hasta parar en un sud-oeste furioso, que los puso en gran peligro, y obligó á capear con solo la mesana, arreadas la antena mayor y la del trinquete. Lúnes 31, corrieron con el mismo temporal que fué mas terrible que todos los pasados, hasta las diez del dia que calmó el viento, y á medio dia se hallaron en 48 grados y 47 minutos de latitud. Por la tarde, cuando lo permitia el viento, que fué poco y vario, navegaron al oeste para tomar otra vez la costa, que el temporal les habia hecho perder de vista. Por este tiempo hacian segunda novena á su Patron San Francisco Javier, y al fin de ella, y vispera y dia de la Purificacion, hubo muchas confesiones y comuniones. El dia 1 de Febrero, navegaron al oeste; mas la corriente del norte les hizo sotaventar muchas leguas al sur: pues, reconocida la tierra, á las 9 de la mañana se hallaron en 49 grados 5 minutos de latitud, y pasaron el dia dando bordos, sin poder tomar ni aun reconocer el Rio de San Julian. Ancoraron á la noche á tres leguas de la costa. Miércoles 2, navegaron con viento sur á poca distancia de la costa, que desde los 48 á los 49 grados tiene algunos escollos, á las dos y tres leguas del continente, y algunos de ellos parecen islotes, sin haber en ella ensenada, en que se pueda dar fondo al abrigo de algun temporal. Jueves 3, tampoco pudieron descubrir dicho rio, y á medio dia se hallaron en 48 grados cabales á la vista de la costa. Lo mismo les acaeció el viernes 4; y el sábado 5, se hallaron en 48 grados, 24 minutos de latitud, á seis leguas de tierra. A las 3 de la tarde estuvieron este-oeste con los escollos que pone el P. La-Feuillée en 48 grados y 17 minutos de latitud. El escollo que sale mas al mar, se parece al casco de un navio, y dista de tierra cinco leguas: en la misma latitud, á legua y media de la tierra, se ven otros cuatro ó cinco escollos que salen como una restinga de piedras, y todos velan sobre el agua. Toda la costa en esta altura es tierra árida y baja: solamente se dejan ver á trechos algunos mogotes que no se levantan mucho. Domingo 6, se hallaron demasiado apartados de la tierra en 48 grados 34 minutos, y la costa, desde esta altura á los 49 grados 17 minutos, hace la figura de dos grandes ensenadas, y corren las puntas al sud-oeste, cuarta al sur. La tierra, que media entre las alturas dichas, es por lo general alta, aunque en algunas partes hace playazo. Al ponerse el sol sintieron el ambiente muy cálido, cosa extraordinaria en estas costas: dieron fondo con un anclote al sud-oeste, un cuarto al sur de un cerro, el mas alto de esta costa, distante seis leguas. Lúnes 7, á medio dia estaban en 48 grados, 48 minutos al este-nord-este del cerro mas alto, que es uno de los últimos de la tierra alta. A las 6 de la tarde echaron la ancla á dos leguas de una bahia, que desde afuera parece una corta ensenada, que está al este del cerro alto en 15 brazas, y el fondo era barro muy pegajoso y fuerte. Martes 8, á las 5 de la mañana, salió D. Diego Varela en lancha á reconocer dicha bahia, creyendo hallar allí la entrada al rio de San Julian; pero llegando á la boca de la bahia, comenzó á bajar la marea con gran fuerza, y al mismo tiempo arreció demasiado el viento del oeste, por lo cual no pudieron arrimarse á tierra, y estuvo muy á punto de naufragar la lancha, en la cual entró de una vez cosa de una pipa de agua: por lo cual se volvieron al navio á las tres de la tarde. A la boca ó entrada de esta bahia, por la banda del norte, hallaron catorce brazas de fondo, barro algo negro y bueno para anclar: y en la banda del sur, á la entrada hay cinco, seis y siete brazas de la propia calidad en el fondo. Toda la entrada es limpia; solamente en la punta del sur hay dos farellones que velan en marea mediada; en pleamar parece que se cubren, y en bajamar queda esta punta un placer. Miércoles 9, dia de la Purificacion de Nuestra Señora, cuyo patrocinio imploraban, quiso la Madre de piedad, que, calmado el oeste fuerte á las 9 de la mañana, poco despues con un norte lento entrasen en la primera ensenada de la bahia, que conocieron luego ser la de San Julian; y favorecidos del viento, entraron hasta una legua dentro. A las dos de la tarde, tomando mucha fuerza la corriente de la marea que bajaba, les precisó á dar fondo con un anclote. En el interin que cesaba el flujo de la marea, saltaron en tierra algunos; y habiendo observado D. Diego Varela y el Padre Joseph de Quiroga, las vueltas y bajas que hacia el rio, se volvieron á bordo á las 4 de la tarde. En tierra hallaron algunos matorrales quemados poco antes. A las 6 de la tarde entraron mas adentro, hasta poner el navio defendido de todos vientos, y le amarraron con dos anclas. Habiendo dado fondo en marea alta en nueve brazas, luego se quedaron en solas tres brazas, aunque el fondo es bueno de barro blanco. Jueves 10, salió el Padre Matias Strobl y el alferez D. Salvador Martinez, con algunos soldados, á ver si hallaban indios en tierra: y los Padres Cardiel y Quiroga, y el piloto mayor Varela salieron en la lancha prevenidos de víveres á sondar la bahia hasta el rio de la Campana, que ponen algunos mapas, ó si entraba otro rio, con ánimo de no desistir de la empresa hasta averiguarlo todo. Hallaron que los navios pueden entrar hasta legua y media de la primera boca: que el mayor fondo se halla en pasando una isleta baja, que en pleamar le falta poco para cubrirse, y hay en ella algunos patos é innumerables gaviotas. Todo lo demas, que está de la banda del sur y del oeste, en marea llena, parece un golfo todo lleno de agua; pero en bajamar queda todo en seco: y así, habiendo navegado cosa de tres leguas hasta medio dia, y bajando á este tiempo la marea, se quedaron en seco. Luego que subió, prosiguieron hácia unas barrancas blancas, que se veian al sud-oeste; y tres cuartos de legua antes de llegar á ellas, y al parage donde en pleamar llegaba el agua, bajó otra vez la marea, y se quedaron en seco. Descalzáronse el piloto Varela y el Padre Cardiel, y por el barro y pozitos que dejó la bajamar, llegaron á la costa. Anduvieron hácia una y otra parte, y reconocieron que allí se acababa la bahia, y allí fenecía el grande y fabuloso rio de San Julian, su gran laguna y el rio de la Campana, tan mentados y decantados en los mapas, especialmente de los extrangeros; quedando harto maravillados de que con tanta confianza se cuenten tales fábulas, y se impriman sin temor de ser cogidos en la mentira. Encima de aquellas barrancas ó laderas halló el Padre Cardiel cantidad de yeso de espejuelo, en planchas anchas á manera de talco. Volviéronse descalzos á la lancha, en que durmieron hasta las dos y media de la mañana del viernes 11. En amaneciendo fueron costeando lo restante de esta bahia: á las ocho bajó la lancha, sin poder sacarla hasta las dos y media de la tarde, que creció la marea, y rodeada toda la bahia, se volvieron al navio, y en toda ella no hallaron agua dulce, ni leña, sino tal cual matorral de sabina y espino. El Padre Matias Strobl volvió diciendo, que por donde habian andado, la tierra era semejante á la del Puerto Deseado; que halló en la orilla de la bahia unos pozos con una vara de profundidad, de agua algo salobre; pero que se podia beber, hechos á mano: que se discurrió los harian los ingleses de la escuadra de Jorge Anson, el año de 1741, y que tambien halló, á distancia de media legua de la bahia, una laguna, cuya superficie estaba quajada de sal. Los marineros tendieron la red, y pescaron buen número de peces grandes, de buen gusto, semejantes al bacallao, aunque algunos dijeron era pejepalo. Sábado 12, quedándose indispuesto el Padre Quiroga en el navio, salieron los dos pilotos á marcar el sitio de las salinas, y se recogieron á bordo al anochecer, quedando en tierra dos soldados, que se apartaron demasiado. Domingo 13, reconociendo en aquel puerto tan mala disposicion para que se quedasen los Padres Strobl y Cardiel con el alferez y los soldados, y siendo igualmente árida toda esta costa hasta ahora registrada, quiso el Padre Quiroga saber el parecer de los otros dos misioneros, del capitan del navio, y del alferez que comandaba la tropa, y todos unanimes sintieron no establecer allí poblacion, por no haber en la cercania de la bahia agua dulce, ni tierras para labranza: lo que es mas por faltar madera, y aun leña para quemar, que es la cosa mas necesaria en esta tierra frigidísima: pero para mayor averiguacion se determinó que saliese el Padre Matias Strobl con el alferez y ocho soldados, por un lado, llevando víveres para tres ó cuatro dias, y anduviesen tierra adentro registrando la tierra; y asímismo el Padre José Cardiel por otro lado con diez soldados. Volvieron los dos soldados que se habian quedado en tierra la noche antecedente, y dijeron haber hallado agua dulce en una laguna, distante cuatro leguas de la bahia, y guanacos y avestruces; pero que no se veian árboles en cuanto alcanzaba la vista. Lúnes 14, salieron en la forma dicha el Padre Strobl por la parte oriental, y el Padre Cardiel por la occidental, y caminando aquel al sur, como cosa de seis leguas, encontró una laguna que bojearia una legua, toda cuajada de sal, distante del mar tres cuartos de legua, y otro tanto del fin de la bahia. Los soldados encendieron los matorrales que hallaron, y corrió el fuego dos leguas. La tierra era la misma que en el viage antecedente. La gente, que con el Padre Cardiel iban hácia el poniente, pegaron tambien fuego en la yerba de los campos, y subió el fuego hasta muy alto. Hizo noche dicho Padre Cardiel como seis leguas al poniente de la bahia, en donde hallaron agua dulce. Por la mañana del martes 15, despues de rezar, y haberse todos encomendado á Dios, prosiguieron su viage, y á distancia de una legua de la dormida, dieron con una casa, que por un lado tenia seis banderas de paño de varios colores, de media vara en cuadro, en unos palos altos, clavados en tierra, y por el otro lado cinco caballos muertos, embutidos de paja, con sus clines y cola, clavados cada uno sobre tres palos en altura competente. Entrando en la casa, hallaron dos ponchos tendidos, y cabando encontraron con tres difuntos, que todavia tenian carne y cabello. El uno parecia varon, y los otros mugeres: en el cabello de una de estas habia una plancha de laton de media cuarta de largo, y dos dedos de ancho, y en las orejas, zarcillos de lo mismo. En lo alto de la casa habia otro poncho revuelto, y atado con una faja de lana de colores, y de ella salia un palo largo como veleta, de que pendian ocho borlas largas de lana amusca. Segun estas señas, los difuntos eran de la nacion Puelche. Pasaron adelante en busca de los que habian hecho aquel entierro, creyendo dar luego con ellos, y juntamente con tierra habitable; mas, aunque caminaron otras tres leguas, no hallaron rastro y se les acabó el bastimento. Quisieron los soldados cazar patos en las lagunas que se encontraban, y como era con bala, no mataban nada. Despachó el Padre Cardiel dos soldados al navio con un papel al Padre Superior Matias Strobl, y al capitan, dándoles relacion de todo lo hallado, y pidiéndoles hasta treinta hombres con viveres y municiones para ellos, y para los que le acompañaban, que pudiesen durar hasta cuatro jornadas adelante. Este mismo dia 15 salieron en la lancha el piloto D. Diego Varela y el Padre Quiroga á sondar el canal de la entrada, y marcar todos los bancos que hay en su boca: pero por el viento recio se vieron precisados á desembarcar en una pequeña ensenada, donde echando la red los marineros, la sacaron llena de peces grandes, todos de una especie, que parecen truchas de siete á ocho libras. Hallaron en aquella parte de la costa buena leña para quemar, y en buena proporcion, para que se puedan proveer de ella los navios que entren. A la tarde volvió el Padre Matias y su comitiva, y dijeron, que en la laguna hallada, la sal tendria mas de una vara de alto, blanca como la nieve, y dura como piedra; pero que no habian hallado seña alguna de que habiten indios en esta tierra. En el miércoles 16, aunque sopló fuertemente el sud-oeste, nada incomodó al navio, por estar bien defendido, y no poder los vientos levantar marejada. Llegaron los dos soldados con la carta del Padre Cardiel, á cuya súplica condescendió el Padre Strobl, quien el jueves 17, al salir el sol, saltó en tierra con el alferez y los soldados, á juntarse con dicho Padre Cardiel, al mismo tiempo el Padre Quiroga, el capitan de navio y el primer piloto, fueron en la lancha á sondar lo que les faltaba de la bahia, y saltando en tierra, subieron á un cerro bien alto, que está al norte de la bahia. Descubrieron hácia la parte del norte una gran laguna que se extendia tres leguas al oeste, y casi otro tanto al norte, sin comunicacion alguna con el mar; pero no pudieron saber si dicha laguna era de agua dulce. El Padre Matias caminó cuatro leguas con su gente, y sabiendo que se acercaba el Padre Cardiel, le envió á decir que se llegase á donde su reverencia estaba. Hízolo el Padre Cardiel con grande trabajo, y le dijo el Padre Matias, que aquella su gente venia muy fatigada con tanta carga, y que habiendo pensado mejor en el punto, le parecía ser temeridad irse á meter entre bárbaros no conocidos, y de á caballo. Dióle muchas razones en contra, con su ánimo intrepido y valeroso el Padre Cardiel, poniendo por delante el valor y experiencia de aquella gente, los pertrechos que tenian de fusiles, pólvora y balas, la cobardia de todo indio, cuando halla resistencia, y finalmente, la causa tan de Dios que llevaban de su parte, que era la conversion de aquellos gentiles. Respondió el Padre Matias, que lo encomendaria á Dios, y responderia por la mañana; en que la resolucion fué se volviesen al navio. Obedeciendo pronto el Padre Cardiel, aunque con el sentimiento de retirarse sin descubrir los indios que imaginaba muy cercanos, pues habia ya visto un perro blanco que le ladró, y se fué retirando hasta donde creia haber de hallar los indios. La causa que tuvo entonces el Padre Matias fué llevar pocos víveres prevenidos. Sábado 19, propuso de nuevo el Padre Cardiel seria bien averiguar donde tenian su habitacion los indios, y pidió al Padre Superior Strobl, que lo consultase con el capitan del navio, con el alferez, con el sargento y con el Padre Quiroga, segun la instruccion que para semejantes casos le habia dado el Padre Provincial. Hecha la consulta, fué esta de parecer que volviese á correr el campo el Padre Cardiel con los soldados, que voluntariamente quisiesen acompañarle. A los soldados añadió el capitan del navio muchos marineros, que voluntariamente se ofrecieron, y un soldado de marina, llevando cada uno víveres para ocho dias, y buena prevencion de municiones. Domingo 20, en que fué el novilunio, habiendo observado el Padre Quiroga y los pilotos con particular cuidado la hora de la plena y de la bajamar, hallaron, que la bajamar fué á las cinco de la mañana, y la plenamar á las 11 del dia. Lo cual es muy necesario que sepan los que hubieren de entrar en este puerto, porque hay no menos que seis brazas perpendiculares de diferencia; de suerte que en pleamar puede entrar un navio de línea por los bancos, que en bajamar quedan descubiertos. Al amanecer este dia, despues de decir misa, saltó en tierra el Padre Cardiel con la escolta de soldados y marineros, que por todos eran 34, y tomó el camino al oeste. El órden que observaban era este. A la mañana rezaban algunas oraciones, y el acto de contriccion, y una oracion en que daban gracias á Dios por los beneficios comunes, y le ofrecian las obras y trabajos de aquel dia, especificando la hambre, sed, cansancio, peligros, &a.; y protestando, que lo hacian por su amor y por la conversion de los infieles. Despues se desayunaban, y marchaban cantando la letania de la Virgen, y despues de ella rezaba el Padre Cardiel el itinerario clerical. Cuando iban por campaña sin camino, iba el Padre en medio, y todos estendidos en ala á la larga, para buscar mejor lagunas, leña, caza, y ver humos de indios, &a.; cuando por senda de indios (que la tuvieron por muchas leguas), iba el Padre el primero, atemperado al paso de los menos fuertes, para que no les hiciesen caminar mas de lo que podian: llevaba al pecho un crucifijo de bronce, y en la mano un báculo, grabada en él una cruz. A la noche rezaban el rosario, y cantaban la _Salve_: y para el rezo de mañana y tarde, y para hacer cargar las mochilas y caminar, hacia el Padre señal con una campanilla que servia de tambor. Caminaron en esta forma cuatro jornadas, de á 6 y 7 leguas cada dia, casi siempre por un camino de indios, de un solo pié de ancho, que estaba lleno de estiercol de caballos y potrillos, ya antiguo, y por manantiales de agua muy buena. Al fin de las cuatro jornadas se desviaron de la senda á una cuesta alta, desde donde mirando con un anteojo de larga vista, descubrieron la tierra de la calidad que la demas. Anduvieron en estos cuatro dias, cosa de 25 leguas sin hallar árbol alguno, ni pasto, sino algo de heno verde en los manantiales, ni tierra de migajon para sembrar, sino toda esteril: agua sí, y en abundancia en varios manantiales, por donde iba el camino ó senda de los indios; y por donde no la habia, lagunas todas de agua dulce. No vieron humo alguno, ni se encontraron animales del campo, sino unos pocos guanacos que huian de media legua, y tal cual avestruz, de los que mataron uno, siendo esteril de caza toda la campaña y cuestas: ni aun pájaros se oyeron, sino es tal ó cual. Hubiéronse, pues, de volver harto desconsolados. La gente se portó con mucha constancia, aunque unos á pocos dias iban ya descalzos, otros con ampollas en los pies, y otros con llagas, y los mas al sexto dia estaban estropeados. El Padre Cardiel á pocos dias padeció muchos dolores en las junturas de las piernas, de manera que al quinto no podia caminar sin muletas; y no hallando otro remedio, que ponerse en ellas paños empapados en orina: con esto solo y la providencia paternal de Dios pudo proseguir. El frio de noche les molestaba mucho; y aunque con los escasos matorrales que hallaban, tenian fuego toda la noche, como no llevaban mantas, ni con que cubrirse, por un lado se calentaban y por otro se helaban sin poder dormir. Con todos estos trabajos estaba tan vigoroso el ánimo del Padre Cardiel, que si hubiera sido _sui juris_, se hubiera venido por tierra, descubriéndolo lo que hay acerca de los decantados, ó encantados Césares, y de naciones dispuestas á recibir el Evangelio, para lo cual ya se le habian ofrecido algunos de su comitiva. Porque se hacia la cuenta, que con abalorios que llevaba, podria comprar caballos de los indios, y cautivarles voluntades; pero como no esperaba conseguir licencia para practicar esta especie, trató de volverse al puerto en otras cuatro jornadas. En estos ocho dias, que se tardó el Padre Cardiel en esta expedicion, observó el Padre Quiroga con un cuadrante astronómico la latitud de esta bahia de San Julian: y segun estas observaciones, la primera entrada de la bahia está en 49 grados, y 12 minutos: el medio en 49 grados y 15 minutos. El martes 22, á las 4 de la mañana, se embarcaron en la lancha el Padre Mathias Strobl, el Padre Joseph Quiroga, el piloto D. Diego Varela y el alferez D. Salvador Martinez Olmo, y salieron á la primera ensenada de la bahia, y saltando en tierra, caminaron hácia el norte á reconocer la laguna, que habian descubierto los dias antecedentes. A los tres cuartos de legua hallaron en lo alto, entre unos cerros, otra laguna de agua dulce, que tiene de circuito una legua. Mas adelante, á dos leguas de la ensenada, donde desembarcaron este dia, hallaron la laguna grande; pero toda cubierta de sal: tiene tres leguas de largo, y mas de una de ancho. Pasaron á la otra banda por ver si hallaban algunos árboles, y no hallaron sino matorrales, que solamente tienen leña para quemar. En esta travesía de la laguna les calentó mucho el sol; y su reflexion en la sal blanca como la nieve les ofendia la vista. Hallaron siete ú ocho vicuñas, y un guanaco, y á la banda del sur de la laguna, un pozo de agua dulce. Por la banda del este de esta laguna hay una buena llanura, y luego está el mar á una legua de distancia. A las 4 de la tarde de este dia estuvieron ya á bordo. Lo que todos vinieron á concluir, reconocida esta tierra de la bahia de San Julian, y sus malas calidades, es que por allí no pueden habitar los indios por falta de leña, miel, caza, &a. sino que viven muy retirados; y discurrieron, que el sendero estrecho que siguió el Padre Cardiel cuatro jornadas es, ó de los Auracanos de Chile, ó de los Puelches y Peguenches, que vendrán tal cual vez por sal, de que carecerán en su país, á la laguna grande, ó á las otras de la cercanía de la bahia; y que este año moriria allí algun principal de ellos, para cuyas exequias matarian dos de sus mugeres y sus caballos, para que les hiciesen compañía en la otra vida, segun cree su ceguedad, y por el mismo motivo enterrarian con él todas sus alhajuelas. Maravillados sí quedaron, de que en tamaña distancia de Buenos Aires, hubiese indios de á caballo, porque se juzga que desde 150 leguas abajo, todos estan de á pié, segun nos dicen los indios serranos, y los derroteros de extrangeros. Segun parece por sus alhajuelas de laton, &a., ellos tienen comunicacion con otras naciones, que la tienen con españoles. En fin, el lúnes 28 de Febrero, se empezaron á preparar las cosas para salir de la bahia de San Julian, en donde no hallándose comodidad para hacer por lo presente algun establecimiento, hizo el Padre Superior Matias Strobl consulta, en que entraron el Capitan del navio, el alferez, el sargento, los Padres Cardiel y Quiroga, presente el escribano del navio, y todos unánimes fueron de parecer, que al presente no era conveniente se quedasen allí los Padres, pues ademas de faltar las cosas necesarias para poblacion, tampoco habia indios, en cuya conversion se empleasen. Por tanto á las 9 de la mañana comenzaron á levarse; pero habiéndose cambiado á la misma hora el viento á sud-oeste, se quedaron en el mismo sitio. A las dos de la tarde sopló con gran fuerza el sud-oeste, y aunque en esta bahia no levanta mar, hizo tanta fuerza, que el navio garró algunas brazas, y fué necesario arrear las antenas y prevenir otra ancla. Los marineros, que habian ido hoy á tierra en la lancha, hallaron en el campo un letrero con estos caracteres: I. O. HN. WOOD, que será el nombre de algun inglés ú holandés que haya estado en esta bahia. Martes á 1 de Marzo, por tener el viento por el sud-este, no pudieron salir por la mañana, y se colocó en un alto, en frente del sitio donde estuvieron ancorados, una cruz alta de madera con esta inscripcion:--_Reinando Phelipe V, año de 1746_. A las 4 de la tarde, soplando el oeste, se levaron y salieron de la bahia de San Julian, á las 5, y luego que estuvieron fuera, levantaron la lancha á bordo, y siguieron su derrota al nord-este. Con que por despedida será bien dar aquí mas completa relacion de este puerto y bahia. De ella cuentan muchas cosas los viageros extrangeros, y especialmente Jorge Anson, Comandante de la escuadra inglesa, que el año de 1741 entró á infestar el mar del sur, por el estrecho de Lemaire. Entre otras cosas ponen algunos de sus mapas impresos, que esta famosa bahia la forma un gran rio, que nace de una gran laguna, 40 ó 50 leguas tierra adentro, y que de esta laguna nace otro rio, llamado _de la Campana_, que corre hasta salir al mar del sur. Por todo esto deseaba el Real Consejo de Indias que se hiciese aquí una poblacion, y á ese fin se emprendió este viage: pero la experiencia ha desengañado, que todo lo que decian de esos rios los extrangeros es una mera y pura patraña, pues tal rio no se halla, ni señas de haberle jamas habido; que al fin es verdadero el adagio castellano, que, á luengas tierras, luengas mentiras. Todos sitúan esta bahia en 49 grados, minutos mas ó menos, y tienen razon: porque como ya dije, se ha visto ahora que está en 49 grados y 12 minutos su entrada, y el medio, en donde pueden surgir los navios, en 49 grados y 15 minutos. Su longitud respectiva, contada de la isla de los Lobos, son 15 grados y 20 minutos; y la longitud universal, contada del pico Teibez de Tenerife, son 311 grados, y 40 minutos. No solamento no entra en esta bahia rio alguno grande que se pueda navegar muchas leguas arriba, como en sus diarios y cartas escriben sin fundamento algunos estrangeros, pero ni aun un pequeño arroyuelo pudieron hallar nuestros españoles. La entrada de este puerto es dificil de conocer al que no lleva mas señal que la altura, porque desde fuera solamente se ve la primera ensenada, casi toda llena de bajíos; pero será muy fácil de conocer dicha entrada, gobernándose por las señas siguientes. Casi al oeste de la boca del puerto está un cerro muy alto, el cual yendo del nord-este, se vé de muy léjos, por ser el mas alto que se vé en esta costa, y de léjos parece como isla; y acercándose algo mas, se ven las puntas de otros tres cerros, que tambien parecen islas, hasta que de mas cerca se vé que son tierra firme. Pues el que fuese en demanda del puerto de San Julian desde la isla de los Reyes, se apartará de la tierra, porque es la costa peligrosa, y llena de bajos; y en llegando á los 49 grados, llevará la vista al sobredicho cerro mas alto, y navegará acercándose á la tierra este-oeste con él, y entonces verá la primera ensenada, que tiene á la banda del norte unas barreras blancas; y toda tierra que está á la banda del sur hasta el rio de Santa Cruz, es baja, y tambien parece que hace una barrera blanca, como una muralla. La entrada del puerto es bien dificil, y no pueden entrar navios en marea baja, pues queda solamente un canal estrecho con dos brazas y media, ó tres brazas de fondo, el cual corre al sud-oeste hasta una punta, en la cual hay algunas peñas, y desde allí corre mas al sur por cerca de la costa, que se deja al oeste. En pleamar pueden entrar navios de cualquiera porte, porque, como ya se dijo, la marea sube y baja seis brazas perpendiculares, y hace muy diferente la apariencia de la entrada y del puerto, como se vé en dos planos que hizo el Padre Quiroga. No obstante, siempre será necesario que el navio, que no llevare piloto práctico de este puerto, dé fondo afuera, y envíe la lancha á reconocer la entrada: porque, como he dicho, es dificil, y siempre será bueno entrar cuando la marea vaya perdiendo la fuerza, para poder ancorar en bastante fondo, antes que baje la marea. Los navios grandes pueden entrar hasta ponerse detras de las islas, en donde en bajamar se hallan 13 y 14 brazas. El fondo es bueno, de barro negro, mezclado con arenilla muy fina. Los vientos aquí, aunque soplan con fuerza, no levantan marejada, por estar todo el puerto cubierto con la tierra. Hay dentro dos islas, que valen en pleamar, y en ellas muchas gaviotas. A media marea se van descubriendo otros islotes; y finalmente en bajamar se queda en seco, por la parte del sur, un recinto que en pleamar parecia una gran bahia. Este puerto por el estio no tiene aguada para los navios; pues algunas lagunas manantiales, que se hallan al oeste del puerto, distan tres ó cuatro leguas, y otra laguna mas próxima, que está al nor-oeste de la entrada, dista una legua del mar, y es bien dificil de hallar entre dos cerros cerca de lo alto. En tiempo de invierno es factible que bajen algunos arroyos del agua que destilarán las nieves. Toda la tierra es salitrosa y esteril, solamente se hallan algunos matorrales al oeste de la entrada, que pueden servir para leña para los navios: no hay pasto para los ganados, sino es tierra adentro, que se halla algun poco en las cañadas, donde hay manantiales, ni se halla un solo árbol que pueda servir para madera. Puédese fácilmente fortificar el puerto, construyendo una bateria en la punta de piedras, que está al sud-oeste de la primera entrada en la costa del norte, porque aquí se estrecha la entrada, y pasa el canal á tiro de fusil de dicha punta: ni podrán los navios batir la fortaleza construida en este sitio, porque en bajando la marea, se quedarian encallados, pues toda la ensenada, fuera de la punta, se queda en bajamar con poca agua, y aun en el canal estrecho apenas llega á tres brazas. Piedra no falta, y casi toda parece ser de ostriones convertidos en piedra, de la cual se puede hacer buena cal. Tambien al sur del puerto se halla en los cerros espejuelos para hacer yeso. Hay en este puerto abundancia de pescado, semejante al bacallao: hay aves marítimas, como gaviotas, pájaroniño, patos, &a., y en tierra se hallan avestruces, guanacos, vicuñas, quirquinchos y zorrillos. El temple es seco, y en invierno no hace mucho frio. Hay cuatro ó cinco lagunas de sal; pero la mas cercana dista de la mar casi una legua.--Al cabo pues de 21 dias de diligencias, para averiguar todo lo dicho, salieron nuestros navegantes de esta bahia de San Julian á 1 de Marzo viniendo en demanda del rio de los Camarones, siempre cerca de la costa. Vinieron sin ver cosa especial, hasta que el jueves 10 de Marzo se les levantó mucho mar en la altura de una ensenada, que hay al sur del cabo da las Matas, en 45 grados de latitud. En frente de dicho cabo hay dos islas, la mayor á una legua del continente, y la menor, que es muy baja, dista de la tierra 4 leguas, y están una con otra sud-este nor-oeste. Hay otras cuatro islas; la una grande á la punta del sur, y tres pequeñas dentro de la bahia del mismo cabo, al cual no conviene el nombre de las Matas, pues la tierra es toda árida y sin tener matas algunas. Las aguas corren aquí con mucha fuerza al sur y al norte, siguiendo el órden de las mareas, y la tierra del cabo es medianamente alta, con algunos mogotes. Entre dos puntas de este cabo de Matas hay una ensenada, en que entraron el viernes 11 para registrarla; dando fondo en medio de ella en 30 brazas arena negra, á legua y media ó dos leguas de la tierra. A medio dia saltaron en tierra el Padre Quiroga, el piloto mayor, y el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y reconocieron, que en lo interior de esta ensenada que forman las puntas de este cabo, hay una buena bahia, con mucho fondo hasta cerca de tierra; de suerte que á tiro de fúsil se hallan 7 ú 8 brazas de fondo de arenilla y cascajo en marea baja. Llámaronla _bahia de San Gregorio_, y está abrigada de todos vientos, á excepcion de los nord-este; este, que aquí no suelen ser malignos. Subieron los tres á los mas altos cerros, para descubrir desde allí á la banda del norte la bahia de los Camarones; y habiéndola descubierto con una que hay en ella, registraron así mismo otra caleta á la banda del sur del cabo; y notado todo, se volvieron á la lancha, á las 6 de la tarde, bien cansados de haber andado tres leguas sin haber hallado agua, ni leña, ni otra cosa alguna que piedras, que la hacen inhabitable aun de los brutos. Sábado 12, dieron fondo al anochecer dentro de la bahia de los Camarones en 25 brazas de fondo, arena menuda, á legua y media de tierra. Es esta bahia muy grande, por lo cual en el medio es muy desabrigada; mas en la banda del sur, cerca de tierra, pueden las naves abrigarse de los vientos sud-oeste, sur, sud-este, aunque en tal caso estarán expuestas á los nortes, y nord-estes, de los cuales se pudieran defender en la banda del norte, quedando expuestas á los demas vientos. En medio de la bahia hay una isla, que tendra una legua de largo, y en la punta de éste hace una restinga de bajos é islotes: dista del continente casi una legua, y está toda cubierta de aves y de lobos marinos, que andan por la bahia en gran número. Pusiéronla por nombre la _Isla de San Joseph_. Observado el sol en medio de esta bahia, se halló estar en la altura de 44 grados y 32 minutos de latitud, y en 313 grados, y 36 minutos de longitud. Saltaron en tierra el domingo 13, á las 8 de la mañana, el Padre Matias Strobl, el alferez D. Salvador Martin del Olmo, y seis soldados, á registrar el terreno, y ver si habia indios en esta costa. Volvieron al anochecer, sin mas noticia que haber hallado toda la tierra llena de peñascos y espinas, en cuatro leguas que caminaron, y de las espinas traian los soldados lastimadas las piernas, por ser muy agudas. Encontraron uno que parecia rio, por cuyas orillas subieron, y á cosa de una legua ya no habia mas que señales de que por allí corria hasta aquella entrada del mar algun arroyo de agua en tiempo de lluvias, ó al derretirse las nieves, aunque entonces estaba totalmente seco, por lo cual se reconoce ser fabuloso el rio que en esta bahia pintan algunos en sus cartas, ni se halla agua dulce, ni leña, ni árbol alguno. No hallaron rastro alguno de indios, ni es posible que habiten en esta costa, en donde todo es seco y árido, sin que se pueda hallar gota de agua. Habia en la bahia muchos camarones, que no se habian hallado en otra parte, sino allí y en la bahia de San Julian. Al anochecer, el lúnes 14, salieron con nord-este de la bahia de los Camarones, en demanda del rio del Sauce. El martes 15 se pusieron nord-sur con el cabo de Santa Elena, que está á la banda del norte de la bahia de los Camarones, en 44 grados y 30 minutos de latitud: la tierra de él es por la mayor parte baja, solamente se ven algunos mogotes que sobresalen algo, y al que viniere de lejos parecerán islas. El miércoles 16, por la noche, refrescó el viento demasiado, y causó grande marejada. El jueves 17, á las 8 de la noche, les sobrevino de repente un huracan de viento sud-oeste muy récio, que cogiéndoles con las cuatro principales largas, los puso en manifesto peligro de desarbolar, y mas habiéndoles tornado por la lua; pero al fin pudieron aferrar las tres, excepto la del trinquete, con la cual corrieron á popa, haciendo camino al sud-oeste. El viernes 18, se hallaron á medio dia en 42 grados y 33 minutos, hácia donde se pone comunmente el rio del Sauce; pero los vientos contrarios no les permitieron arribar á él. Y viendo que el agua escaseaba, pues no se pudo meter mas por la pequeñez del navio, que el tiempo era ya de invierno por allí; que este rio estaba muy cercano á Buenos Aires; y muy lejos del estrecho de Magallanes, en cuyas cercanías era el órden de poblar, que segun relaciones de algunos españoles, que desde Buenos Aires han llegado á dicho rio, y de los indios que pueblan sus márgenes tierra adentro, y van algunas veces hácia el mar, es de malas calidades hácia su boca, prosiguieron adelante sin entrar en él, y en 41 grados encontraron las corrientes del mar. El sábado 26 de Marzo, á las 10 de la mañana, se reconoció estar sentido el palo mayor en la parte superior, y se le echó un refuerzo. Halláronse, al observar el sol, en 35 grados y 36 minutos; y habiéndose hallado el lúnes 28 en 35 grados y 43 minutos, los hicieron retroceder las corrientes, pues el martes 29 se hallaron en 36 grados y 23 minutos. Jueves 31, á las 5-1/2 de la mañana, se hallaron por fin al norte del cabo de Santa Maria, cuatro leguas de tierra. Viernes 1 de Abril, estuvieron á medio dia en 34 grados y 48 minutos, al este, un cuarto al nord-este del cabo de Santa Maria, á tres leguas de distancia. A la una y media descubrieron el Pan de Azucar al oeste, y á las 5-1/2 á su barlovento, una embarcacion que navegaba al Rio de la Plata, y su vista los obligó á preparar la artilleria y las armas. Sábado 2, á las 6 de la mañana, en frente de Maldonado, descubrieron á sotavento la embarcacion del dia antecedente aterrada, y se reconoció llevaba vela latina, y á medio dia echaron un gallardete español en el palo mayor, para llamar la embarcacion, que conocieron ser tartana. A las 2 de la tarde, teniéndola mas cerca, echaron vela española, asegurándola con un tiro de cañon sin bala; por lo cual á poco rato se acercó dicha tartana, que venia á cargo de D. Joseph Marin, de nacion francés, quien dijo haber salido de Cadiz por Enero, con pliegos de Su Magestad para el Gobernador de Buenos Aires, y que por no traer práctico del rio, seguiria la derrota de este navio, como lo egecutó: y el lúnes 4 de Abril, á las cinco de la tarde, dieron fondo á tres leguas de Buenos Aires, y á las 5-1/2 entraron los tres Jesuitas en la lancha con el capitan del navio, y el de la tartana, y á las 7-1/2 llegaron á dar cuenta de su arribo al Gobernador de Buenos Aires, D. Joseph de Andonaegui, quien cuatro meses antes los habia despachado, de órden de nuestro Rey (que Dios guarde), á esta demarcacion de la costa hasta el estrecho de Magallanes. Lo que en general se puede decir es, que dicha costa del Océano, que se extiende desde el Rio de la Plata hasta la extremidad del continente de esta América meridional ó austral, y se llama comunmente _Costa de los Patagones_, está situada entre los 36 grados y 40 minutos, y los 52 grados y 20 minutos de latitud austral. Corre desde el Cabo de San Antonio hasta la bahia de San Jorge al sud-oeste: desde esta bahia hasta el Cabo Blanco corre nor-oeste; desde Cabo Blanco hasta la isla de los Reyes, norte-sur; y desde la isla de los Reyes hasta el rio Gallegos corre al sur-sud-oeste, formando varias ensenadas: y ultimamente desde aquí al Cabo de las Vírgenes corre al sud-este. Toda la costa hasta los cuarenta y tres grados, es tierra baja, y dicen que cerca de tierra se halla poco fondo. Desde los 44 grados, navegando hácia el sur, es casi toda la tierra de la costa bien alta, hasta la bahia de San Julian, y en 44, 45 y 46 grados de latitud se halla mucho fondo cerca de tierra: y así por esta altura, navegando de noche, no hay que fiarse de la senda, pues se hallan 40 brazas á una legua de la tierra, y el mismo fondo se halla muchas leguas la mar afuera. Desde San Julian al puerto de Santa-Cruz es la tierra rasa, y hace barrera alta en la orilla del mar: hállase en todo el intermedio buen fondo. De Santa-Cruz al rio Gallegos vuelve á ser la tierra moderadamente alta, y luego hasta el cabo de las Vírgenes es la costa baja. En el Cabo de Matas es peligrosa la navegacion de noche en la cercania de la tierra, á causa de las islas, que salen mucho al mar, y la de mas afuera es la mas baja. Tambien es poco segura la costa desde la isla de los Reyes hasta San Julian, por lo cual conviene en esta altura navegar á buena distancia de tierra. Los vientos que corren en estos mares, en el verano y estio, son nortes, nord-oestes, oestes y sud-oestes. Los estes y sud-estes, que serian los mas nocivos, no reinan en este tiempo. De los sobredichos, los sud-oestes levantan mucha mar, y son casi ciertos en las conjunciones, oposiciones y cuartos de luna. Las mareas incomodan mucho la navegacion por la costa: en algunas partes sube y baja seis brazas perpendiculars, causando este flujo y reflujo mucha diversidad de corrientes, que unas veces corren á lo largo de la costa, y unas al norte y otras al sur, y tal vez encontrándose unas con otras, corren hácia el este y el sud este. Los puertos son muy pocos: solamente en el Puerto Deseado, en San Julian y en la bahia de San Gregorio se halla abrigo para los navios. En el Puerto Deseado hay una fuente, de la cual en caso de necesidad pueden hacer aguada los navios. Todo lo restante de la costa está seco y árido, que no se vé un árbol, ni hay donde se pueda hacer leña gruesa: de algunos matorrales se puede hacer algun poco en la bahia de San Julian, en donde se hallará tambien mucha pesca y abundancia de sal. En tiempo de verano se siente algo de frio; pero en el invierno no puede menos de ser excesivo, á causa de las muchas nieves que caen en las cordilleras. Estas no fecundan la tierra, antes la dejan tan seca y esteril que parece incapaz de producir fruto alguno. Toda la costa parece que está desierta, ni hay indios en parte alguna cerca del mar, desde el Cabo de San Antonio al Cabo de las Vírgenes: porque siendo la tierra de la costa salitrosa é infructífera, no tienen de que mantenerse; y si en alguna parte los hubiera, hubieran estos navegantes visto algunos fuegos, ó humaderas en las partes donde surgieron y saltaron en tierra. Por tanto parece que los indios viven muy tierra adentro hácia la falda de la Cordillera de Chile. Hánse descubierto con este viage y registro varias falsedades que tienen los derroteros de algunos viageros extrangeros, porque en cuanto á los rios que ellos señalan, se ha visto ahora que son imaginarios, y que á lo mas solo debe de correr agua por ellos en tiempo de lluvias y nieves: con que queda claro, que desde el rio del Sauce, que es el que otros llaman _el Desaguadero_, no hay ningun otro rio hasta el estrecho de Magallanes. Los extrangeros no parece que fueron de propósito á registrar costas, como estos nuestros españoles, y así dijeron aquellos lo que desde lejos les pareció. Pudiera ser que á los españoles se les hubiera ocultado alguno, aunque han puesto sumo cuidado, porque es cosa dificil verlo todo desde el navio, entre peñascos, quebradas y bancos; pero parece han hecho cuanta diligencia cabe, y que en los parages donde pararon, saltaron á tierra, é hicieron registro, no hay duda que han hallado fabulosos los rios que otros señalaban, y varias otras cosas que por sus diarios nos habian hecho creer los dichos extrangeros. Tal parece lo que dicen, que se encontraron en las cuestas altas del Puerto Deseado sepulcros de gigantes, cuyos huesos eran de once pies de largo: porque los huesos de los cadáveres que ahora se encontraron, eran de estatura ordinaria. Añaden dichos diarios extrangeros, que en una ensenada del Puerto Deseado, que señalan en sus mapas, hay mucha pesca. Nuestros españoles se pusieron allí á pescar y no hallaron cosa alguna. Cuentan tambien los diarios extrangeros, que en San Julian hay megillones, ú ostiones de once palmos de diámetro; y despues de registrar tanto nuestros españoles, no han hallado mas que lo dicho en la descripcion, puesta arriba, de la bahia de San Julian. * * * * * End of the Project Gutenberg EBook of Diario de un viage a la costa de la mar Magallanica, by P. Pedro Lozano *** END OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK DIARIO DE UN VIAGE *** ***** This file should be named 18289-8.txt or 18289-8.zip ***** This and all associated files of various formats will be found in: http://www.gutenberg.org/1/8/2/8/18289/ Produced by Adrian Mastronardi, Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr) Updated editions will replace the previous one--the old editions will be renamed. 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