The Project Gutenberg EBook of Novelas Cortas, by Pedro Antonio de Alarcón This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Novelas Cortas Author: Pedro Antonio de Alarcón Editor: W.F. Giese Release Date: April 4, 2005 [EBook #15532] Language: English and Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK NOVELAS CORTAS *** Produced by Stan Goodman, Miranda van de Heijning, Renald Levesque and the Online Distributed Proofreading Team. [Illustration: From a photograph] NOVELAS CORTAS BY DON PEDRO A. DE ALARCÓN MEMBER OF THE SPANISH ACADEMY EDITED WITH NOTES AND VOCABULARY BY W.F. GIESE, A.M. ASSOCIATE PROFESSOR OF ROMANCE LANGUAGES IN THE UNIVERSITY OF WISCONSIN GINN AND COMPANY BOSTON-NEW YORK-CHICAGO-LONDON ATLANTA-DALLAS-COLUMBUS-SAN FRANCISCO PREFACE The following stories from Alarcón are offered to the student of Spanish in the belief that the easy style, the interest of the narrative, and the incidental sidelights that they throw on Spanish life and history will make the book a welcome one in the earlier stages of study. The stories have been very fully annotated, and nothing that seemed to offer any real difficulty has been passed over. All proper names have been explained, with the exception of a few too well known or too insignificant to justify comment. The notes are further reënforced by an _Idiomatic Commentary_, to be studied in connection with the text. By frequent reviews and by oral drill in translating the idioms from either language to the other, with changes of person, tense, etc., wherever possible, the Commentary should enable the student to attain to a real mastery of the idioms that are here tabulated. Easy exercises for translation into Spanish are added. They are based on very short passages from the text, and are so graded and arranged as to afford a systematic review of the elements of grammar, a drill which beginners always need. The vocabulary, while registering all the words in the text, except such as are nearly or quite identical, does not aim at giving, without any labor of adaptation on the part of the student, the precise equivalent required. The stories are complete, except for a few trifling omissions dictated by class-room proprieties. Acknowledgment is gratefully made for a number of welcome suggestions due to my esteemed colleague Mr. A.R. Seymour. CONTENTS PREFACE V LA BUENAVENTURA 1 LA CORNETA DE LLAVES 14 LAS DOS GLORIAS 26 EL AFRANCESADO 33 ¡VIVA EL PAPA! 43 EL EXTRANJERO 55 EL LIBRO TALONARIO 67 MOROS Y CRISTIANOS 76 EL AÑO EN SPITZBERG 111 IDIOMATIC COMMENTARY 131 NOTES 143 EXERCISES FOR TRANSLATION INTO SPANISH 173 VOCABULARY 183 NOVELAS CORTAS LA BUENAVENTURA (p1) I No sé qué día de Agosto del año 1816 llegó a las puertas de la Capitanía general[1-1] de Granada[1-2] cierto haraposo y grotesco gitano, de sesenta años de edad, de oficio esquilador y de apellido o sobrenombre _Heredia_, caballero en flaquísimo y 05 destartalado burro mohino, cuyos arneses se reducían a una soga atada al pescuezo; y, echado que hubo[1-3] pie a tierra, dijo con la mayor frescura «_que quería ver al Capitán general_.» Excuso añadir que semejante pretensión excitó sucesivamente la resistencia del centinela, las risas de los ordenanzas 10 y las dudas y vacilaciones de los _edecanes_[1-4] antes de llegar a conocimiento del Excelentísimo Sr. D.[1-5] Eugenio Portocarrero, conde del Montijo, a la sazón Capitán general del antiguo reino de Granada.... Pero como aquel prócer era hombre de muy buen humor y tenía muchas noticias de Heredia, célebre 15 por sus chistes, por sus cambalaches y por su amor a lo ajeno..., con permiso del engañado dueño, dió orden de que dejasen pasar al gitano. Penetró éste en el despacho de Su Excelencia, dando dos pasos adelante y uno atrás, que era como andaba en las 20 circunstancias graves, y poniéndose de rodillas exclamó: --¡Viva María Santísima y viva su merced, que es el amo de toitico[1-6] el mundo! --Levántate; déjate de zalamerías, y dime qué se te ofrece ...--respondió el Conde con aparente sequedad. (p2) Heredia se puso también serio, y dijo con mucho desparpajo: --Pues, señor, vengo a que[2-1] se me den los mil reales. --¿Qué mil reales? 05 --Los ofrecidos hace días, en un bando, al que presente las señas de _Parrón_. --Pues ¡qué! ¿tú lo _conocías_? --No, señor. --Entonces.... 10 --Pero ya lo conozco. --¡Cómo! --Es muy sencillo. Lo he buscado; lo he visto; traigo las señas, y pido mi ganancia. --¿Estás seguro de que lo has visto?--exclamó el Capitán 15 general con un interés que se sobrepuso a sus dudas. El gitano se echó a reír, y respondió: --¡Es claro! Su merced dirá: este gitano es como todos, y quiere engañarme.--¡No me perdone Dios si miento!--Ayer ví a _Parrón_. 20 --Pero ¿sabes tú la importancia de lo que dices? ¿Sabes que hace tres años que se persigue[2-2] a ese monstruo, a ese bandido sanguinario, _que nadie conoce ni ha podido nunca ver_? ¿Sabes que todos los días roba, en distintos puntos de estas sierras, a algunos pasajeros; y después los asesina, pues dice 25 que los muertos no hablan, y que ése es el único medio de que nunca dé con él la Justicia? ¿Sabes, en fin, que ver a _Parrón_ es encontrarse con la muerte? El gitano se volvió a reír,[2-3] y dijo: --Y ¿no sabe su merced que lo que no puede hacer un 30 gitano no hay quien lo haga[2-4] sobre la tierra? ¿Conoce nadie[2-5] cuándo es verdad nuestra risa o nuestro llanto? ¿Tiene su merced noticia de alguna zorra que sepa tantas picardías como nosotros?--Repito, mi General, que, no sólo he visto a _Parrón_, sino que he hablado con él. (p3) --¿Dónde? --En el camino de Tózar. --Dame pruebas de ello. --Escuche su merced. Ayer mañana hizo ocho días que 05 caímos mi borrico y yo en poder de unos ladrones. Me maniataron muy bien, y me llevaron por unos barrancos endemoniados hasta dar con una plazoleta donde acampaban los bandidos. Una cruel sospecha me tenía desazonado.--«¿Será esta gente de _Parrón_? (me decía a cada instante.) ¡Entonces 10 no hay remedio, me matan[3-1]!..., pues ese maldito se ha empeñado en que ningunos ojos que vean su fisonomía vuelvan a ver cosa ninguna.» Estaba yo haciendo estas reflexiones, cuando se me presentó un hombre vestido de macareno[3-2] con mucho lujo, y dándome 15 un golpecito en el hombro y sonriéndose con suma gracia, me dijo: --Compadre, ¡yo soy _Parrón_! Oír esto y caerme de espaldas,[3-3] todo fué una misma cosa. El bandido se echó a reír. 20 Yo me levanté desencajado, me puse de rodillas, y exclamé en todos los tonos de voz que pude inventar: --¡Bendita sea tu alma, rey de los hombres!... ¿Quién no había de conocerte[3-4] por ese porte de príncipe real que Dios te ha dado? ¡Y que haya madre[3-5] que para tales hijos! 25 ¡Jesús![3-6] ¡Deja que te dé un abrazo, hijo mío! ¡Que en mal hora muera[3-6] si no tenía gana de encontrarte el gitanico para decirte la buenaventura[3-7] y darte un beso en esa mano de emperador!--¡También yo soy de los tuyos! ¿Quieres que te enseñe a cambiar burros muertos por burros vivos?--¿Quieres 30 vender como potros tus caballos viejos? ¿Quieres que le enseñe el francés a una mula? El Conde del Montijo no pudo contener la risa....--Luego preguntó: --Y ¿qué respondió _Parrón_ a todo eso? ¿Qué hizo? (p4) --Lo mismo que su merced; reírse a todo trapo.[4-1] --¿Y tú? --Yo, señorico, me reía también; pero me corrían por las patillas lagrimones como naranjas. 05 --Continúa. En seguida me alargó la mano y me dijo: --Compadre, es V. el único hombre de talento que ha caído en mi poder. Todos los demás tienen la maldita costumbre de procurar entristecerme, de llorar, de quejarse y de hacer otras 10 tonterías que me ponen de mal humor. Sólo V. me ha hecho reír: y si no fuera por esas lágrimas.... --Qué, ¡señor, si son[4-2] de alegría! --Lo creo. ¡Bien sabe el demonio que es la primera vez que me he reído desde hace seis u ocho años!--Verdad es que 15 tampoco he llorado.... --Pero despachemos.--¡Eh, muchachos! Decir _Parrón_ estas palabras y rodearme una nube de trabucos, todo fué un abrir y cerrar de ojos. --¡Jesús me ampare!--empecé a gritar. 20 --¡Deteneos! (exclamó _Parrón_.) No se trata de eso _todavía_.--Os llamo para preguntaros qué le habéis _tomado_ a este hombre.[4-3] --Un burro en pelo.[4-4] --¿Y dinero? 25 --Tres duros y siete reales. --Pues dejadnos solos. Todos se alejaron. --Ahora dime la buenaventura--exclamó el ladrón, tendiéndome la mano.[4-5] 30 Yo se la[4-6] cogí; medité un momento; conocí que estaba en el caso de hablar formalmente, y le dije con todas las veras[4-7] de mi alma: --_Parrón_, tarde que temprano,[4-8] ya me[4-9] quites la vida, ya me la dejes..., ¡morirás ahorcado! (p5) --Eso ya lo sabía yo.... (respondió el bandido con entera tranquilidad.)--Dime _cuándo_. Me puse a cavilar. Este hombre (pensé) me va a perdonar la vida; mañana 05 llego a Granada y doy el _cante_;[5-1] pasado mañana lo cogen.... Después empezará la sumaria.... --¿Dices que _cuándo?_[5-2] (le respondí en alta voz.)--Pues ¡mira! va a ser el mes que entra.[5-3] _Parrón_ se estremeció, y yo también, conociendo que el amor 10 propio de adivino me podía salir por la tapa de los sesos.[5-4] --Pues mira tú, gitano.... (contestó _Parrón_ muy lentamente.) Vas a quedarte en mi poder....--¡Si en todo el mes que entra no me ahorcan, te ahorco[5-6] yo a ti, tan cierto como ahorcaron a mi padre!--Si muero para esa fecha,[4-7] 15 quedarás libre. --¡Muchas gracias! (dije yo en mi interior.) ¡Me perdona ... después de muerto![5-8] Y me arrepentí de haber echado tan corto el plazo.[5-9] 20 Quedamos en lo dicho: fuí conducido a la cueva, donde me encerraron, y _Parrón_ montó en su yegua y tomó el tole[5-10] por aquellos breñales.... --Vamos,[5-11] ya comprendo... (exclamó el Conde del Montijo.) _Parrón_ ha muerto; tú has quedado libre, y por eso sabes sus señas.... 25 --¡Todo lo contrario, mi General! _Parrón_ vive, y aquí entra lo más negro de la presente historia. II Pasaron ocho días sin que el capitán volviese a verme. Según pude entender, no había parecido por allí desde la tarde que le hice la buenaventura; cosa que nada tenía de raro, a lo que me 30 contó[5-12] uno de mis guardianes. --Sepa V. (me dijo) que el Jefe se va al infierno[5-13] de vez en (p6) cuando, y no vuelve hasta que se le antoja.--Ello es[6-1] que nosotros no sabemos nada de lo que hace durante sus largas ausencias. A todo esto, a fuerza de ruegos, y como pago de haber dicho 05 serían ahorcados y que llevarían[6-2] una vejez muy tranquila, había yo conseguido que por las tardes me sacasen de la cueva y me atasen a un árbol, pues en mi encierro me ahogaba de calor. Pero excuso decir que nunca faltaban a mi lado un par de 10 centinelas. Una tarde, a eso de las seis, los ladrones que habían salido de _servicio_[6-3] aquel día a las órdenes del _segundo de parrón_, regresaron al campamento, llevando consigo, maniatado como pintan a nuestro Padre Jesús Nazareno, a un pobre segador de 15 cuarenta a cincuenta años, cuyas lamentaciones partían el alma. --¡Dadme mis veinte duros! (decía.) ¡Ah! ¡Si supierais con qué afanes los he ganado! ¡Todo un verano segando bajo el fuego del sol!... ¡Todo un verano lejos de mi pueblo, de mi mujer y de mis hijos![6-4]--¡Así he reunido, con mil sudores y 20 privaciones, esa suma, con que podríamos vivir este invierno!... ¡Y cuando ya voy de vuelta,[6-5] deseando abrazarlos y pagar las deudas que para comer hayan hecho aquellos infelices, ¿cómo he de perder[6-6] ese dinero, que es para mí un tesoro? --¡Piedad, señores! ¡Dadme mis veinte duros! ¡Dádmelos, por 25 los dolores de María Santísima! Una carcajada de burla contestó a las quejas del pobre padre. Yo temblaba de horror en el árbol a que estaba atado; porque los gitanos también tenemos familia. --No seas[6-7] loco.... (exclamó al fin un bandido, dirigiéndose 30 al segador.)--Haces mal en pensar en tu dinero, cuando tienes cuidados mayores en que ocuparte.... --¡Cómo!--dijo el segador, sin comprender que hubiese desgracia más grande que dejar sin pan a sus hijos. --¡Estás en poder de _Parrón_! (p7) --_Parrón_.... ¡No le conozco!... Nunca lo he oído nombrar.... ¡Vengo de muy lejos! Yo soy de Alicante,[7-1] y he estado segando en Sevilla.[7-2] --Pues, amigo mío, _Parrón_ quiere decir la _muerte_. Todo 05 el que cae en nuestro poder es preciso que muera. Así, pues, haz testamento en dos minutos y encomienda el alma en otros dos.--¡Preparen![7-3] ¡Apunten!--Tienes cuatro minutos. --Voy a aprovecharlos.... ¡Oídme, por compasión!... 10 --Habla. --Tengo seis hijos[7-4]... y una infeliz...--diré _viuda_..., pues veo que voy a morir....--Leo en vuestros ojos que sois peores que fieras.... ¡Sí, peores! Porque las fieras de una misma especie no se devoran unas a otras.--¡Ah! ¡Perdón!... 15 No sé lo que me digo.[7-5]--¡Caballeros, alguno de ustedes[7-6] será padre!... ¿No hay un padre entre vosotros? ¿Sabéis lo que son seis niños pasando un invierno sin pan? ¿Sabéis lo que es una madre que ve morir a los hijos de sus entrañas, diciendo: «Tengo hambre..., tengo frío»?--Señores, ¡yo no 20 quiero mi vida sino por ellos! ¿Qué es para mí la vida? ¡Una cadena de trabajos y privaciones!--¡Pero debo vivir para mis hijos!... ¡Hijos míos![7-7] ¡Hijos de mi alma! Y el padre se arrastraba por el suelo, y levantaba hacia los ladrones una cara.... ¡Qué cara!... ¡Se parecía a la de 25 los santos que el rey Nerón[7-8] echaba a los tigres, según dicen los padres predicadores.... Los bandidos sintieron moverse algo dentro de su pecho, pues se miraron unos a otros...; y viendo que todos estaban pensando la misma cosa, uno de ellos se atrevió a decirla.... 30 --¿Qué dijo?--preguntó el Capitán general, profundamente afectado por aquel relato. --Dijo: «Caballeros, lo que vamos a hacer no lo sabrá nunca _Parrón_....» --Nunca..., nunca...--tartamudearon los bandidos. (p8) --Márchese V., buen hombre....--exclamó entonces uno que hasta lloraba. Yo hice también señas al segador de que se fuese al instante. El infeliz se levantó lentamente. 05 --Pronto.... ¡Márchese V.!--repitieron todos volviéndole la espalda. El segador alargó la mano maquinalmente. --¿Te parece poco? (gritó uno.)--¡Pues no quiere su 10 dinero![8-1]--Vaya..., vaya.... ¡No nos tiente V. la paciencia! El pobre padre se alejó llorando, y a poco desapareció. Media hora había transcurrido, empleada por los ladrones en jurarse unos a otros no decir nunca a su capitán que habían perdonado la vida a un hombre, cuando de pronto apareció _Parrón_, trayendo al segador en la grupa de su yegua. 15 Los bandidos retrocedieron espantados. _Parrón_ se apeó muy despacio, descolgó su escopeta de dos cañones, y, apuntando a sus camaradas, dijo: --¡Imbéciles! ¡Infames! ¡No sé cómo[8-2] no os mato a todos!--¡Pronto! ¡Entregad a este hombre los duros que 20 le habéis robado![8-3] Los ladrones sacaron los veinte duros y se los[8-4] dieron al segador, el cual se arrojó a los pies de aquel personaje que dominaba a los bandoleros y que tan buen corazón tenía.... _Parrón_ le dijo: 25 --¡A la paz de Dios![8-5]--_Sin las indicaciones de V., nunca hubiera dado con ellos._ ¡Ya ve V. que desconfiaba de mí sin motivo!... He cumplido mi promesa.... Ahí tiene V. sus veinte duros....--Conque... ¡en marcha! El segador lo abrazó repetidas veces y se alejó lleno de júbilo. 30 Pero no habría andado[8-6] cincuenta pasos, cuando su bienhechor lo llamó de nuevo. El pobre hombre se apresuró a volver pies atrás.[8-7] --¿Qué manda V.?--le preguntó, deseando ser útil al que había devuelto la felicidad a su familia. (p9) --¿Conoce V. a _Parrón_?--le preguntó él mismo. --No lo conozco. --¡Te equivocas! (replicó el bandolero.) Yo soy _Parrón_. El segador se quedó estupefacto.[9-1] 05 _Parrón_ se echó la escopeta a la cara[9-2] y descargó los dos tiros contra el segador, que cayó redondo[9-3] al suelo. --¡Maldito seas![9-4]--fué lo único que pronunció. En medio del terror que me quitó la vista, observé que el árbol en que yo estaba atado se estremecía ligeramente y que 10 mis ligaduras se aflojaban. Una de las balas, después de herir al segador, había dado en la cuerda que me ligaba al tronco y la había roto. Yo disimulé que estaba libre, y esperé una ocasión para escaparme. 15 Entretanto decía _Parrón_ a los suyos, señalando al segador: --Ahora podéis robarlo.--Sois unos imbéciles..., ¡unos canallas![9-5] ¡Dejar a ese hombre, para que se fuera, como se fué, dando gritos por los caminos reales!... Si conforme soy yo[9-6] quien se[9-7] lo encuentra y se entera de lo que pasaba, 20 hubieran sido los _migueletes_[9-8] habría dado vuestras señas y las de nuestra guarida, como me las ha dado a mí, y estaríamos ya todos en la cárcel!--¡Ved las consecuencias de robar sin matar!--Conque basta ya de sermón y enterrad ese cadáver para que no apeste. 25 Mientras los ladrones hacían el hoyo y _Parrón_ se sentaba a merendar dándome la espalda,[9-9] me alejé poco a poco del árbol y me descolgué al barranco próximo.... Ya era de noche. Protegido por sus sombras salí a todo escape,[9-10] y, a la luz de las estrellas, divisé mi borrico, que 30 comía allí tranquilamente, atado a una encina. Montéme en él, y no he parado hasta llegar aquí.... Por consiguiente, señor, déme V. los mil reales, y yo daré las señas de _Parrón_, el cual se ha quedado con[9-11] mis tres duros y medio.... (p10) Dictó el gitano la filiación del bandido; cobró desde luego la suma ofrecida, y salió de la Capitanía general, dejando asombrados al Conde del Montijo y al sujeto, allí presente, que nos ha contado todos estos pormenores. 05 Réstanos ahora saber si acertó o no acertó _Heredia_ al decir la buenaventura a _Parrón_. III Quince días después de la escena que acabamos de referir, y a eso de las nueve de la mañana, muchísima gente ociosa presenciaba, en la calle de San Juan de Dios y parte de la de 10 San Felipe de aquella misma capital, la reunión de dos compañías de migueletes que debían salir a las nueve y media en busca de _Parrón_, cuyo paradero, así como sus señas personales y las de todos sus compañeros de fechorías, había al fin averiguado el Conde del Montijo. 15 El interés y emoción del público eran extraordinarios, y no menos la solemnidad con que los migueletes se despedían de sus familias y amigos para marchar a tan importante empresa. ¡Tal espanto había llegado a infundir _Parrón_ a todo el antiguo reino granadino! 20 --Parece que ya vamos a _formar_... (dijo un miguelete a otro[10-1]), y no veo al cabo López.... --¡Extraño es, a fe mía,[10-2] pues él llega siempre antes que nadie[10-3] cuando se trata de salir en busca de _Parrón_, a quien odia con sus cinco sentidos![10-4] 25 --Pues ¿no sabéis lo que pasa?--dijo un tercer miguelete, tomando parte en la conversación. --¡Hola! Es nuestro nuevo camarada....--¿Cómo te va en nuestro Cuerpo? --¡Perfectamente!--respondió el interrogado. 30 Era éste un hombre pálido y de porte distinguido, del cual se despegaba mucho el traje de soldado. --Conque ¿decías....--replicó el primero. (p11) --¡Ah! ¡Sí! Que el cabo López ha fallecido....--respondió el miguelete pálido. --_Manuel_.... ¿Qué dices?--¡Eso no puede ser!...--Yo mismo he visto a López esta mañana, como te veo 05 a ti.... El llamado _Manuel_[11-1] contestó fríamente: --Pues hace media hora que lo ha matado _Parrón_. --_¿Parrón?_ ¿Dónde? --¡Aquí mismo! ¡En Granada! En la Cuesta del Perro[11-2] 10 se ha encontrado el cadáver de López. Todos quedaron silenciosos y _Manuel_ empezó a silbar una canción patriótica. --¡Van once[11-3] migueletes en seis días! (exclamó un sargento.) ¡_Parrón_ se ha propuesto exterminarnos!--Pero ¿cómo 15 es que está en Granada? ¿No íbamos á buscarlo a la Sierra de Loja?[11-4] _Manuel_ dejó de silbar, y dijo con su acostumbrada indiferencia: --Una vieja que presenció el delito dice que, luego que 20 mató a López, ofreció que, si íbamos á buscarlo, tendríamos el gusto de verlo.... --¡Camarada! ¡Disfrutas de una calma asombrosa! ¡Hablas de _Parrón_ con un desprecio!... --Pues ¿qué es _Parrón_ más que un hombre?--repuso 25 _Manuel_ con altanería. --¡A la formación!--gritaron en este acto varias voces. Formaron las dos compañías, y comenzó la lista nominal.[11-5] En tal momento acertó a pasar por allí el gitano _Heredia_, el cual se paró, como todos, a ver aquella lucidísima 30 tropa. Notóse entonces que _Manuel_, el nuevo miguelete, dió un retemblido y retrocedió un poco, como para ocultarse detrás de sus compañeros.... (p12) Al propio tiempo _Heredia_ fijó en él sus ojos; y dando un grito y un salto como si le hubiese picado una víbora, arrancó a correr[12-1] hacia la calle de San Jerónimo. _Manuel_ se echó la carabina a la cara y apuntó al gitano.... Pero otro miguelete tuvo tiempo de mudar la dirección del 05 arma,[12-2] y el tiro se perdió en el aire. --¡Está loco! ¡_Manuel_ se ha vuelto _loco_! ¡Un miguelete ha perdido el juicio!--exclamaron sucesivamente los mil espectadores de aquella escena. Y oficiales, y sargentos, y paisanos rodeaban a aquel hombre, 10 que pugnaba por escapar, y al que por lo mismo sujetaban con mayor fuerza, abrumándolo a preguntas, reconvenciones y dicterios que no le arrancaron contestación alguna. Entretanto _Heredia_ había sido preso en la plaza de la Universidad por algunos transeuntes, que, viéndole correr 15 después de haber sonado aquel tiro, lo tomaron por un malhechor. --¡Llevadme a la Capitanía general! (decía el gitano.) ¡Tengo que hablar con el Conde del Montijo! --¡Qué Conde del Montijo ni qué niño muerto![12-3] (le respondieron 20 sus aprehensores.)--¡Ahí están los migueletes, y ellos verán lo que hay que hacer[12-4] con tu persona! --Pues lo mismo me da[12-5].... (respondió Heredia.)--Pero tengan Vds. cuidado de que no me mate _Parrón_.... --¿Cómo Parrón?...¿Qué dice este hombre? 25 --Venid y veréis. Así diciendo, el gitano se hizo conducir delante del jefe de los migueletes, y señalando a Manuel, dijo: --Mi Comandante, ¡ése es _Parrón_, y yo soy el gitano que dió hace quince días sus señas al Conde del Montijo! 30 --¡_Parrón_! ¡_Parrón_ está preso! ¡Un miguelete era _Parrón_!...--gritaron muchas voces. --No me cabe duda.... (decía entretanto el Comandante, leyendo las señas que le había dado el Capitán general.)--¡A fe que[12-6] hemos estado torpes!--Pero ¿a quién se le hubiera (p13) ocurrido buscar al capitán de ladrones entre los migueletes que iban a prenderlo? --¡Necio de mí![13-1] (exclamaba al mismo tiempo _Parrón_, mirando al gitano con ojos de león herido): ¡es el único hombre 05 a quien he perdonado la vida! ¡Merezco lo que me pasa! A la semana siguiente ahorcaron a _Parrón_. Cumplióse, pues, literalmente la _buenaventura_ del gitano.... Lo cual (dicho sea para concluir dignamente) no significa que debáis creer en la infalibilidad de tales vaticinios, ni menos 10 que fuera acertada regla de conducta la de _Parrón_, de matar a todos los que llegaban a conocerle....--Significa tan sólo[13-2] que los caminos de la Providencia son inescrutables[13-3] para la razón humana;--doctrina que, a mi juicio, no puede ser más ortodoxa. Guadix, 1853. LA CORNETA DE LLAVES (p14) Querer es poder. I Don Basilio, ¡toque V. la corneta, y bailaremos!--Debajo de estos árboles no hace calor.... --Sí, sí..., D. Basilio: ¡toque V. la corneta de llaves! --¡Traedle a D. Basilio la corneta en que se está enseñando 05 Joaquín! --¡Poco vale!...--¿La tocará V., D. Basilio? --¡No! --¿Cómo que no?[14-1] --¡Que no! 10 --¿Por qué? --Porque no sé. --¡Que no sabe[14-2]!...--¡Habrá hipócrita igual![14-3] --Sin duda quiere que le regalemos el oído[14-4].... --¡Vamos![14-5] ¡Ya sabemos que ha sido V. músico mayor[14-6] 15 de infantería!... --Y que nadie ha tocado la corneta de llaves como V.... --Y que lo oyeron en Palacio[14-7]..., en tiempos de Espartero[14-8].... --Y que tiene V. una pensión.... 20 --¡Vaya,[14-9] D. Basilio! ¡Apiádese V.! --Pues, señor.... ¡Es verdad! He tocado la corneta de llaves; he sido una... una _especialidad_,[14-10] como dicen ustedes ahora...; pero también es cierto que hace dos años regalé mi corneta a un pobre músico licenciado, y que desde 25 entonces no he vuelto[14-11]... ni a tararear. --¡Qué lástima! (p15) --¡Otro[15-1] Rossini! --¡Oh! ¡Pues lo que es esta tarde,[15-2] ha de tocar[15-3] usted!... --Aquí, en el campo, todo es permitido.... 05 --¡Recuerde V. que es mi día,[15-4] papá abuelo[15-5]!... --¡Viva! ¡Viva! ¡Ya está aquí la corneta! --Sí, ¡que toque! --Un vals.... --No..., ¡una polca!... 10 --¡Polca!... ¡Quita allá![15-6]--¡Un fandango! --Sí..., sí..., ¡fandango! ¡Baile nacional! --Lo siento mucho, hijos míos; pero no me es posible tocar la corneta.... --¡Usted, tan amable!... 15 --Tan complaciente.... --¡Se lo suplica a V.[15-7] su nietecito!... --Y su sobrina.... --¡Dejadme, por Dios!--He dicho que no toco. --¿Por qué? 20 --Porque no me acuerdo; y porque, además, he jurado no volver a aprender.... --¿A quién se lo ha jurado? --¡A mí mismo, a un muerto, y a tu pobre madre, hija mía! 25 Todos los semblantes se entristecieron súbitamente al escuchar estas palabras. --¡Oh!... ¡Si supierais a qué costa aprendí a tocar la corneta!...--añadió el viejo. --¡La historia! ¡La historia! (exclamaron los jóvenes.) 30 Contadnos esa historia. --En efecto.... (dijo D. Basilio.)--Es toda una historia. Escuchadla, y vosotros juzgaréis si puedo o no puedo tocar la corneta.... Y sentándose bajo un árbol rodeado de unos curiosos y (p16) afables adolescentes, contó la historia de sus lecciones de música. No de otro modo, _Mazzepa_,[16-1] el héroe de Byron, contó una noche a Carlos XII,[16-2] debajo de otro árbol, la terrible historia 05 de sus lecciones de equitación. Oigamos a D. Basilio. II Hace diez y siete años que ardía en España la guerra civil. Carlos e Isabel[16-3] se disputaban la corona, y los españoles, divididos en dos bandos, derramaban su sangre en lucha fratricida. 10 Tenía yo un amigo, llamado Ramón Gámez, teniente de cazadores de mi mismo batallón, el hombre más cabal que he conocido....--Nos habíamos educado juntos; juntos salimos del colegio; juntos peleamos mil veces, y juntos deseábamos morir por la libertad....--¡Oh! ¡Estoy por decir[16-4] 15 que él era más liberal que yo y que todo el ejército!... Pero he aquí que cierta injusticia cometida por nuestro Jefe en daño de Ramón; uno de esos abusos de autoridad que disgustan de la más honrosa carrera; una arbitrariedad, en fin, hizo desear al Teniente de cazadores abandonar las filas de sus hermanos, al amigo dejar al amigo, al liberal pasarse a la facción, 20 al subordinado matar a su Teniente Coronel....--¡Buenos humos tenía[16-5] Ramón para aguantar insultos e injusticias ni al lucero[16-6] del alba! Ni mis amenazas, ni mis ruegos, bastaron a disuadirle de su 25 propósito. ¡Era cosa resuelta! ¡Cambiaría el morrión[16-7] por la boina,[16-8] odiando como odiaba mortalmente a los facciosos! A la sazón nos hallábamos en el Principado,[16-9] a tres leguas del enemigo. Era la noche en que Ramón debía desertar, noche lluviosa 30 y fría, melancólica y triste, víspera de una batalla. A eso de las doce entró Ramón en mi alojamiento. Yo dormía. (p17) --Basilio....--murmuró a mi oído. --¿Quién es? --Soy yo.--¡Adiós! --¿Te vas ya? 05 --Sí; adiós. Y me cogió una mano. --Oye... (continuó); si mañana hay, como se cree, una batalla, y nos encontramos en ella.... --Ya lo sé: somos amigos. 10 --Bien; nos damos un abrazo, y nos batimos en seguida. --¡Yo moriré mañana regularmente,[17-1] pues pienso atropellar por todo hasta que mate al Teniente Coronel!--En cuanto a ti, Basilio, no te expongas....[17-2]--La gloria es humo. --¿Y la vida? 15 --Dices bien: hazte comandante.... (exclamó Ramón.) La paga no es humo..., sino después que uno se la ha[17-3] fumado....--¡Ay! ¡Todo eso acabó para mí! --¡Qué tristes ideas! (dije yo no sin susto.)--Mañana sobreviviremos los dos a la batalla. 20 --Pues emplacémonos para después de ella.... --¿Dónde? --En la ermita de San Nicolás, a la una de la noche.--El que no asista,[17-4] será porque haya muerto.--¿Quedamos conformes? 25 --Conformes. --Entonces.... ¡Adiós!... --Adiós. Así dijimos; y después de abrazarnos tiernamente, Ramón desapareció en las sombras nocturnas. III 30 Como esperábamos, los facciosos nos atacaron al siguiente día. La acción fué muy sangrienta, y duró desde las tres de la tarde hasta el anochecer. (p18) A cosa de las cinco, mi batallón fué rudamente acometido por una fuerza de alaveses[18-1] que mandaba Ramón.... ¡Ramón llevaba ya las insignias de Comandante y la boina blanca de carlista[18-2]!... 05 Yo mandé hacer fuego contra Ramón, y Ramón contra mí: es decir, que su gente y mi batallón lucharon cuerpo a cuerpo. Nosotros quedamos vencedores, y Ramón tuvo que huir con los muy mermados restos de sus alaveses; pero no sin que antes 10 hubiera dado muerte por sí mismo, de un pistoletazo,[18-3] al que la víspera era su Teniente Coronel; el cual en vano procuró defenderse de aquella furia.... A las seis la acción se nos volvió desfavorable, y parte de mi pobre compañía y yo fuimos cortados y obligados a rendirnos.... 15 Condujéronme, pues, prisionero a la pequeña villa de..., ocupada por los carlistas desde los comienzos de aquella campaña, y donde era de suponer[18-4] que me fusilarían inmediatamente.... La guerra era entonces sin cuartel. IV 20 Sonó la una de la noche de tan aciago día: ¡la hora de mi cita con Ramón! Yo estaba encerrado en un calabozo de la cárcel pública de dicho pueblo. Pregunté por mi amigo, y me contestaron: 25 --¡Es un valiente! Ha matado a un Teniente Coronel. Pero habrá perecido[18-5] en la última hora de la acción.... --¡Cómo! ¿Por qué lo decís? --Porque no ha vuelto del campo, ni la gente que ha estado hoy a sus órdenes da razón[18-6] de él.... 30 ¡Ah! ¡Cuánto sufrí aquella noche! Una esperanza me quedaba.... Que Ramón me estuviese (p19) aguardando en la ermita de San Nicolás, y que por este motivo no hubiese vuelto al campamento faccioso. --¡Cuál será su pena al ver que no asisto a la cita! (pensaba yo.)--¡Me creerá muerto!--¿Y, por ventura, tan lejos 05 estoy de mi última hora? ¡Los facciosos fusilan ahora siempre a los prisioneros; ni más ni menos que nosotros!... Así amaneció el día siguiente. Un Capellán entró en mi prisión. Todos mis compañeros dormían. 10 --¡La muerte!--exclamé al ver al Sacerdote. --Sí--respondió éste con dulzura. --¡Ya! --No: dentro de tres horas. Un minuto después habían despertado[19-1] mis compañeros. 15 Mil gritos, mil sollozos, mil blasfemias llenaron los ámbitos de la prisión. V Todo hombre que va a morir suele aferrarse a una idea cualquiera y no abandonarla más. Pesadilla, fiebre o locura, esto me sucedió a mí.--La idea 20 de Ramón; de Ramón vivo, de Ramón muerto, de Ramón en el cielo, de Ramón en la ermita, se apoderó de mi cerebro de tal modo, que no pensé en otra cosa durante aquellas horas de agonía. Quitáronme el uniforme de Capitán, y me pusieron una gorra 25 y un capote viejo de soldado. Así marché a la muerte con mis diez y nueve compañeros de desventura.... Sólo uno había sido indultado... ¡por la circunstancia de ser músico!--Los carlistas perdonaban entonces la vida a los 30 músicos, a causa de tener gran falta de ellos en sus batallones.... (p20) --Y ¿era V. músico, D. Basilio?--¿Se salvó V. por eso?--preguntaron todos los jóvenes a una voz.[20-1] --No, hijos míos.... (respondió el veterano.) ¡Yo no era músico! 05 Formóse el cuadro, y nos colocaron en medio de él.... Yo hacía el número once, es decir, yo moriría el undécimo.... Entonces pensé en mi mujer y en mi hija, ¡en ti y en tu madre, hija mía! 10 Empezaron los tiros.... ¡Aquellas detonaciones me enloquecían! Como tenía vendados los ojos, no veía caer a mis compañeros. Quise contar las descargas para saber, un momento antes de morir, que se acababa mi existencia en este mundo.... 15 Pero a la tercera o cuarta detonación perdí la cuenta. ¡Oh! ¡Aquellos tiros tronarán eternamente en mi corazón y en mi cerebro, como tronaban aquel día! Ya creía oírlos a mil leguas de distancia; ya los sentía reventar dentro de mi cabeza. 20 ¡Y las detonaciones seguían! --¡Ahora!--pensaba yo. Y crujía la descarga, y yo estaba vivo. --¡Esta es!...--me dije por último.[20-2] Y sentí que me cogían por los hombros, y me sacudían, y me 25 daban voces en los oídos.... Caí.... No pensé más.... Pero sentía algo como un profundo sueño.... Y soñé que había muerto fusilado. VI 30 Luego soñé que estaba tendido en una camilla, en mi prisión. No veía. Llevéme la mano a los ojos como para quitarme una venda, (p21) y me toqué los ojos abiertos, dilatados....--¿Me había quedado ciego? No....--Era que la prisión se hallaba llena de tinieblas. Oí un doble de campanas..., y temblé. 05 Era el toque de _Animas_.[21-1] --Son las nueve.... (pensé.)--Pero ¿de qué día? Una sombra más obscura que el tenebroso aire de la prisión se inclinó sobre mí. Parecía un hombre.... 10 ¿Y los demás? ¿Y los otros diez y ocho? ¡Todos habían muerto fusilados! ¿Y yo? Yo vivía, o deliraba dentro del sepulcro. Mis labios murmuraron maquinalmente un nombre, el nombre 15 de siempre,[21-2] mi pesadilla.... --¡«Ramón!» --¿Qué quieres?--me respondió la sombra que había a mi lado. Me estremecí. 20 --¡Dios mío! (exclamé.)--¿Estoy en el otro mundo? --¡No!--dijo la misma voz. --Ramón, ¿vives? --Sí. --¿Y yo? 25 --También. --¿Dónde estoy?--¿Es ésta la ermita de San Nicolás?--¿No me hallo prisionero?--¿Lo he soñado todo? --No, Basilio; no has soñado nada.--Escucha. VII Como sabrás,[21-3] ayer maté al Teniente Coronel en buena lid.... 30 --¡Estoy vengado!--Después, loco de furor, seguí matando..., y maté... hasta después de anochecido..., hasta que no había un cristino[21-4] en el campo de batalla.... (p22) Cuando salió la luna, me acordé de ti.--Entonces enderecé mis pasos a la ermita de San Nicolás con intención de esperarte. Serían las diez de la noche. La cita era a la una, y la noche 05 antes no había yo pegado los ojos....--Me dormí, pues, profundamente. Al dar la una, lancé un grito y desperté. Soñaba que habías muerto.... Miré a mi alrededor, y me encontré solo. 10 ¿Qué había sido de ti? Dieron las dos..., las tres..., las cuatro....--¡Qué noche de angustia! Tú no parecías.... ¡Sin duda habías muerto!... 15 Amaneció. Entonces dejé la ermita, y me dirigí a este pueblo en busca de los facciosos. Llegué al salir el sol.[22-1] Todos creían que yo había perecido la tarde antes.... 20 Así fué que, al verme, me abrazaron, y el General me colmó de distinciones. En seguida supe que iban a ser fusilados veintiún[22-2] prisioneros. Un presentimiento se levantó en mi alma. --¿Será Basilio uno de ellos?--me dije. 25 Corrí, pues, hacia el lugar de la ejecución. El cuadro estaba formado. Oí unos tiros.... Habían empezado a fusilar. Tendí la vista...; pero no veía.... 30 Me cegaba el dolor; me desvanecía el miedo. Al fin te distingo.... ¡Ibas a morir fusilado! Faltaban dos víctimas para llegar a ti.... ¿Qué hacer? (p23) Me volví loco; dí un grito; te cogí entre mis brazos, y, con una voz ronca, desgarradora, tremebunda, exclamé: --¡Éste no! ¡Éste no, mi General!... El General, que mandaba el cuadro, y que tanto me conocía[23-1] 05 por mi comportamiento de la víspera, me preguntó: --Pues qué, ¿es músico? Aquella palabra fué para mí lo que sería para un viejo ciego de nacimiento ver de pronto el sol en toda su refulgencia. La luz de la esperanza brilló a mis ojos tan súbitamente, que 10 los cegó. --¡Músico (exclamé); sí..., sí..., mi General! ¡Es músico! ¡Un gran músico! Tú, entretanto, yacías sin conocimiento. --¿Qué instrumento toca?--preguntó el General. 15 --El... la... el... el...; ¡si!... ¡justo!..., eso es..., ¡la corneta de llaves! --¿Hace falta un corneta[23-2] de llaves?--preguntó el General, volviéndose a la banda de música. Cinco segundos, cinco siglos, tardó la contestación. 20 --Sí, mi General; hace falta--respondió el Músico mayor. --Pues sacad a ese hombre de las filas, y que siga la ejecución al momento....--exclamó el jefe carlista. Entonces te cogí en mis brazos y te conduje a este calabozo. VIII No bien dejó de hablar Ramón, cuando me levanté y le dije, 25 con lágrimas, con risa, abrazándolo, trémulo, yo no sé cómo: --¡Te debo la vida! --¡No tanto!--respondió Ramón. --¿Cómo es eso?--exclamé. --¿Sabes tocar la corneta? 30 --No. --Pues no me debes la vida, sino que he comprometido la mía sin salvar la tuya. (p24) Quedéme frío como una piedra. --¿Y música? (preguntó Ramón.) ¿Sabes? --Poca, muy poca....--Ya recordarás la que nos enseñaron en el colegio.... 05 --¡Poco es, o, mejor dicho, nada!--¡Morirás sin remedio!... ¡Y yo también, por traidor..., por falsario!--¡Figúrate tú que dentro de quince días estará organizada la banda de música a que has de pertenecer!... --¡Quince días! 10 --¡Ni más ni menos!--Y como no tocarás la corneta.... (porque Dios no hará un milagro), nos fusilarán a los dos sin remedio. --¡Fusilarte! (exclamé.) ¡A ti! ¡Por mí! ¡Por mí, que te debo la vida!--¡Ah, no, no querrá el cielo! Dentro de 15 quince días sabré música[24-1] y tocaré la corneta de llaves. Ramón se echó a reír. IX --¿Qué más queréis que os diga, hijos míos? En quince días... ¡oh poder de la voluntad! En quince días con sus quince noches (pues no dormí ni reposé un momento 20 en medio mes), ¡asombraos!... ¡En quince días aprendí a tocar la corneta! ¡Qué días aquellos! Ramón y yo nos salíamos al campo, y pasábamos horas y horas con cierto músico que diariamente venía de un lugar 25 próximo a darme lección.... 25 _¡Escapar!_...-- Leo en vuestros ojos esta palabra....--¡Ay! Nada más imposible!--Yo era prisionero, y me vigilaban.... Y Ramón no quería escapar sin mí. Y yo no hablaba, yo no pensaba, yo no comía.... 30 Estaba loco, y mi monomanía era la música, la corneta, la endemoniada corneta de llaves.... ¡Quería aprender, y aprendí! (p25) Y, si hubiera sido mudo, habría hablado.... Y, paralítico, hubiera andado.... Y, ciego, hubiera visto. ¡Porque _quería_! 05 ¡Oh! ¡La voluntad suple por todo!--QUERER ES PODER. _Quería_: ¡he aquí la gran palabra! _Quería_..., y lo conseguí.--¡Niños, aprended esta gran verdad! Salvé, pues, mi vida y la de Ramón. 10 Pero me volví loco. Y, loco, mi locura fué el arte. En tres años no solté la corneta de la mano. _Do-re-mi-fa-sol-la-si_; he aquí mi mundo durante todo aquel tiempo. 15 Mi vida se reducía a soplar.[25-1] Ramón no me abandonaba.... Emigré a Francia, y en Francia seguí tocando la corneta. ¡La corneta era yo! ¡Yo cantaba con la corneta en la boca! Los hombres, los pueblos, las notabilidades[25-2] del arte se 20 agrupaban para oírme.... Aquello era un pasmo, una maravilla.... La corneta se doblegaba entre mis dedos; se hacía elástica, gemía, lloraba, gritaba, rugía; imitaba al ave[25-3], a la fiera, al sollozo humano....--Mi pulmón era de hierro. 25 Así viví otros dos años más. Al cabo de ellos falleció mi amigo. Mirando su cadáver, recobré la razón.... Y cuando, ya en mi juicio, cogí un día la corneta... (¡qué asombro!), me encontré con que[25-4] no sabía tocarla.... 30 ¿Me pediréis ahora que os haga són[25-5] para bailar? Madrid, 1854. LAS DOS GLORIAS (p26) Un día que el célebre pintor flamenco Pedro Pablo Rubens[26-1] andaba recorriendo los templos de Madrid acompañado de sus afamados discípulos, penetró en la iglesia de un humilde convento, cuyo nombre no designa la tradición. 05 Poco o nada encontró que admirar el ilustre artista en aquel pobre y desmantelado templo, y ya se marchaba renegando, como solía, del mal gusto de los frailes de Castilla la Nueva,[26-2] cuando reparó en cierto cuadro medio oculto en las sombras de feísima capilla;[26-3] acercóse a él, y lanzó una exclamación de asombro. Sus discípulos le rodearon al momento,[26-4] preguntándole: --¿Qué habéis encontrado, maestro? --¡Mirad!--dijo Rubens señalando, por toda contestación, al lienzo que tenía delante[26-5]. 15 Los jóvenes quedaron tan maravillados como el autor del _Descendimiento_.[26-6] Representaba aquel cuadro la _Muerte de un religioso_.-- Era éste muy joven, y de una belleza que ni la penitencia ni la agonía habían podido eclipsar, y hallábase tendido sobre los ladrillos 20 de su celda, velados ya los ojos por la muerte, con una mano extendida sobre una calavera, y estrechando con la otra, a su corazón, un crucifijo de madera y cobre. En el fondo del lienzo se veía pintado otro cuadro, que figuraba estar colgado[26-7] cerca del lecho de que se suponía haber 25 salido el religioso para morir con más humildad sobre la dura tierra. Aquel segundo cuadro representaba a una difunta, joven y hermosa, tendida en el ataúd entre fúnebres cirios y negras y suntuosas colgaduras.... (p27) Nadie hubiera podido mirar estas dos escenas, contenida la una en la otra, sin comprender que se explicaban y completaban recíprocamente. Un amor desgraciado, una esperanza muerta, un desencanto de la vida, un olvido eterno del mundo: 05 he aquí el poema misterioso que se deducía de los dos ascéticos dramas que encerraba aquel lienzo. Por lo demás, el color, el dibujo, la composición, todo revelaba un genio de primer orden. --Maestro, ¿de quién puede ser esta magnífica obra?--preguntaron 10 a Rubens sus discípulos, que ya habían alcanzado el cuadro. --En este ángulo ha habido un nombre escrito (respondió el maestro); pero hace muy pocos meses que ha sido borrado.--En cuanto a la pintura, no tiene arriba de treinta años, ni 15 menos de veinte. --Pero el autor.... --El autor, según el mérito del cuadro, pudiera ser Velazquez,[27-1] Zurbarán, Ribera, o el joven Murillo, de quien tan prendado estoy.... Pero Velazquez no siente de este modo. 20 Tampoco es Zurbarán, si atiendo al color y a la manera de ver el asunto. Menos aún debe atribuirse a Murillo ni a Ribera: aquél es más tierno, y éste es más sombrío; y, además, ese estilo no pertenece ni a la escuela del uno ni a la del otro. En resumen: yo no conozco al autor de este cuadro, y hasta juraría 25 que no he visto jamás obras suyas.--Voy más lejos: creo que el pintor desconocido, y acaso ya muerto, que ha legado al mundo tal maravilla,[27-2] no perteneció a ninguna escuela, ni ha pintado más cuadro que éste, ni hubiera podido pintar otro que se le acercara en mérito.... Ésta es una obra de pura inspiración, 30 un asunto _propio_,[27-3] un reflejo del alma, un pedazo de la vida.... Pero.... ¡Qué idea!--¿Queréis saber quién ha pintado ese cuadro?--¡Pues lo ha pintado ese mismo muerto que veis en él! --¡Eh! Maestro.... ¡Vos[27-4] os burláis! (p28) --No: yo me entiendo.... --Pero ¿cómo concebís que un difunto haya podido pintar su agonía? --¡Concibiendo que un vivo pueda adivinar o representar su 05 muerte!--Además, vosotros sabéis que profesar _de veras_[28-1] en ciertas Órdenes religiosas es morir. --¡Ah! ¿Creéis vos?... --Creo que aquella mujer que está de cuerpo presente[28-2] en el fondo del cuadro era el alma[28-3] y la vida de este fraile que 10 agoniza contra el suelo; creo que, cuando ella murió, él se creyó también muerto, y murió efectivamente para el mundo; creo, en fin, que esta obra, más que el último instante de su héroe o de su autor (que indudablemente son una misma persona), representa la profesión de un joven desengañado de alegrías 15 terrenales.... --¿De modo que puede vivir todavía?... --¡Sí, señor, que puede[28-4] vivir! Y como la cosa tiene fecha, tal vez su espíritu se habrá serenado[28-5] y hasta regocijado, y el desconocido artista sea ahora un viejo muy gordo y muy 20 alegre....--Por todo lo cual ¡hay que buscarlo! Y, sobre todo, necesitamos averiguar si llegó a pintar más obras....--Seguidme. Y así diciendo, Rubens se dirigió a un fraile que rezaba en otra capilla y le preguntó con su desenfado habitual: 25 --¿Queréis decirle al Padre Prior que deseo hablarle de parte del Rey? El fraile, que era hombre de alguna edad, se levantó trabajosamente, y respondió con voz humilde y quebrantada: --¿Qué me queréis?--Yo soy el Prior. 30 --Perdonad, padre mío, que interrumpa vuestras oraciones (replicó Rubens). ¿Pudierais decirme quién es el autor de este cuadro? --¿De ese cuadro? (exclamó el religioso.) ¿Qué pensaría V. de mí si le contestase que no me acuerdo? (p29) --¿Cómo? ¿Lo sabíais, y habéis podido olvidarlo? --Sí, hijo mío, lo he olvidado completamente. --Pues, padre... (dijo Rubens en són de burla[29-1] procaz), ¡tenéis muy mala memoria! 05 El Prior volvió a arrodillarse sin hacerle caso. --¡Vengo en nombre del Rey!--gritó el soberbio y mimado flamenco. --¿Qué más queréis, hermano mío?--murmuró el fraile, levantando lentamente la cabeza. 10 --¡Compraros[29-2] este cuadro! --Ese cuadro no se vende. --Pues bien: decidme dónde encontraré a su autor....--Su Majestad deseará conocerlo, y yo necesito abrazarlo, felicitarlo..., demostrarle mi admiración y mi cariño.... 15 --Todo eso es también irrealizable....--Su autor no está ya en el mundo. --¡Ha muerto!--exclamó Rubens con desesperación. --¡El maestro decía bien! (pronunció uno de los jóvenes.) Ese cuadro está pintado por un difunto.... 20 --¡Ha muerto!... (repitió Rubens.) ¡Y nadie lo ha conocido! ¡Y se ha olvidado su nombre!--¡Su nombre, que debió ser inmortal![29-3] ¡Su nombre, que hubiera eclipsado el mío!--Sí; _el mío_..., padre.... (añadió el artista con noble orgullo.) ¡Porque habéis de saber[29-4] que yo soy Pedro Pablo 25 Rubens! A este nombre, glorioso en todo el universo, y que ningún hombre consagrado a Dios desconocía ya, por ir unido[29-5] a cien cuadros místicos, verdaderas maravillas del arte, el rostro pálido del Prior se enrojeció súbitamente, y sus abatidos ojos se clavaron 30 en el semblante del extranjero con tanta veneración como sorpresa. --¡Ah! ¡Me conocíais! (exclamó Rubens con infantil satisfacción.) ¡Me alegro en el alma! ¡Así seréis menos fraile conmigo!--Conque... ¡vamos![29-6] ¿Me vendéis el cuadro? (p30) --¡Pedís un imposible!--respondió el Prior. --Pues bien: ¿sabéis de alguna otra obra de ese malogrado genio? ¿No podréis recordar su nombre? ¿Queréis decirme cuándo murió? 05 --Me habéis comprendido mal.... (replicó el fraile.)--Os he dicho que el autor de esa pintura no pertenece al mundo; pero esto no significa precisamente que haya muerto.... --¡Oh! ¡Vive! ¡vive! (exclamaron todos los pintores.) ¡Haced que lo conozcamos! 10 --¿Para qué? ¡El infeliz ha renunciado a todo lo de la tierra! ¡Nada tiene que ver con los hombres!... ¡nada!...--Os suplico, por tanto, que lo dejéis morir en paz. --¡Oh! (dijo Rubens con exaltación.) ¡Eso no puede ser, padre mío! Cuando Dios enciende en un alma[30-1] el fuego sagrado 15 del genio, no es para que esa alma se consuma en la soledad, sino para que cumpla su misión sublime de iluminar el alma de los demás hombres. ¡Nombradme el monasterio en que se oculta el grande artista,[30-2] y yo iré a buscarlo y lo devolveré al siglo[30-3]!--¡Oh! ¡Cuánta gloria le espera! 20 --Pero... ¿y si la rehusa?--preguntó el Prior tímidamente. --Si la rehusa acudiré al Papa, con cuya amistad me honro, y el Papa lo convencerá mejor que yo. --¡El Papa!--exclamó el Prior. 25 --¡Sí, padre; el Papa!--repitió Rubens. --¡Ved por lo que[30-4] no os diría el nombre de ese pintor aunque lo recordase! ¡Ved por lo que no os diré a qué convento se ha refugiado! --Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo! 30 (respondió Rubens exasperado.)--Yo me encargo de que así suceda. --¡Oh! ¡No lo haréis! (exclamó el fraile.)--¡Haríais muy mal, señor Rubens!--Llevaos[30-5] el cuadro si queréis; pero dejad tranquilo al que descansa.--¡Os hablo en nombre de Dios!-- (p31) ¡Sí! Yo he conocido, yo he amado, yo he consolado, yo he redimido, yo he salvado de entre las olas de las pasiones y las desdichas, náufrago y agonizante, a ese grande hombre, como vos decis, a ese infortunado y ciego mortal, como yo le llamo; 05 olvidado[31-1] ayer de Dios y de sí mismo, hoy cercano a la suprema felicidad!...--¡La gloria!...--¿Conocéis alguna mayor que aquélla a que él aspira? ¿Con qué derecho queréis resucitar en su alma los fuegos fatuos de las vanidades de la tierra, cuando arde en su corazón la pira inextinguible de la caridad? 10 --¿Creéis que ese hombre, antes de dejar el mundo, antes de renunciar a las riquezas, a la fama, al poder, a la juventud, al amor, a todo lo que desvanece a las criaturas, no habrá sostenido ruda batalla con su corazón? ¿No adivináis los desengaños y amarguras que lo llevarían[31-2] al conocimiento de la mentira de 15 las cosas humanas?--Y ¿queréis volverlo a la pelea cuando ya ha triunfado? --Pero ¡eso es renunciar a la inmortalidad!--gritó Rubens. --¡Eso es aspirar a ella! --Y ¿con qué derecho os interponéis vos entre ese hombre 20 y el mundo?--¡Dejad que le hable, y él decidirá! --Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!--Respetadlo..., para bien de vuestra alma. 25 Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha y se alejó a lo largo del templo.[31-3] --Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer. --¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la 30 anterior conversación había estado mirando alternativamente al lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro? --¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!--exclamaron todos. --Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía (p32) razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo retrato y obra de un religioso vivo.--Ahora bien: ¡Dios me confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior! Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente, 05 veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer. --¡_Él era_..., sí!... (balbuceó el artista.)--¡Oh!... Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!--¡Dejémoslo 10 morir en paz! Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2] Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella 15 humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor. Pero el cuadro no estaba ya en su sitio. En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad, 20 que salmodiaba el Oficio de difuntos.... Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre Prior.--¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)--¡Ahora 25 es cuando más se parece a su obra! Madrid, 1858. EL AFRANCESADO (p33) I En la pequeña villa del _Padrón_, sita en territorio gallego,[33-1] y allá por el año[33-2] del 1808, vendía sapos y culebras y agua llovediza,[33-3] a fuer de legítimo boticario, un tal GARCÍA[33-4] DE PAREDES, misántropo solterón, descendiente acaso, y sin acaso, 05 [33-5] de aquel varón[33-6] ilustre que mataba un toro de una [puñada.] Era una fría y triste noche de otoño. El cielo estaba encapotado por densas nubes, y la total carencia de alumbrado terrestre dejaba a las tinieblas campar por su respeto[33-7] en todas las calles y plazas de la población. 10 A eso de las diez de aquella pavorosa noche, que las lúgubres circunstancias de la patria hacían mucho más siniestra, desembocó en la plaza que hoy se llamará[33-8] _de la Constitución_ un silencioso grupo de sombras, aun más negras que la obscuridad de cielo y tierra, las cuales avanzaron hacia la botica de García de 15 Paredes, cerrada completamente desde _las Ánimas_,[33-9] o sea desde las ocho y media en punto. --¿Qué hacemos?[33-10]--dijo una de las sombras en correctísimo gallego. --Nadie nos ha visto....--observó otra. 20 --¡Derribar la puerta!--propuso una mujer. --¡Y matarlos!--murmuraron hasta quince voces. --¡Yo me encargo del boticario!--exclamó un chico. --¡De ése nos encargamos todos! --¡Por judío![33-11] 25 --¡Por _afrancesado_! --Dicen que hoy cenan con él más de veinte franceses.... --¡Ya lo creo! ¡Como saben que ahí están seguros, han acudido en montón! (p34) --¡Ah! Si fuera en mi casa! ¡Tres alojados llevo echados[34-1] al pozo! --¡Mi mujer degolló ayer a uno!... --¡Y yo... (dijo un fraile con voz de figle) he asfixiado a 05 dos capitanes, dejando carbón encendido en _su celda_, que antes era mía![34-2] --¡Y ese infame boticario los protege! --¡Qué expresivo estuvo ayer en paseo con esos viles excomulgados! 10 --¡Quién lo había de esperar[34-3] de García de Paredes! ¡No hace un mes que era el más valiente, el más patriota, el más realista del pueblo! --¡Toma! ¡Como que[34-4] vendía en la botica retratos del príncipe Fernando![34-5] 15 --¡Y ahora los vende de Napoleón! --Antes nos excitaba a la defensa contra los invasores.... --Y desde que vinieron al Padrón se pasó a ellos.... --¡Y esta noche da de cenar a todos los jefes! --¡Oíd qué algazara traen![34-6] ¡Pues no gritan _¡viva el 20 Emperador!_ --Paciencia.... (murmuró el fraile.) Todavía es muy temprano. --Dejémosles emborracharse.... (expuso una vieja.) Después entramos[34-7]... ¡y ni uno ha de quedar vivo! 25 --¡Pido que se haga cuartos[34-8] al boticario! --¡Se le hará ochavos,[34-9] si queréis! Un _afrancesado_ es más odioso que un francés. El francés atropella a un pueblo extraño: el afrancesado vende y deshonra a su patria. El francés comete un asesinato: el afrancesado ¡un parricidio! II 30 Mientras ocurría la anterior escena en la puerta de la botica, _García de Paredes_ y sus convidados corrían la francachela[34-10] más alegre y desaforada que os podáis figurar. (p35) Veinte eran, en efecto, los franceses que el boticario tenía a la mesa, todos ellos jefes y oficiales. _García de Paredes_ contaría[35-1] cuarenta y cinco años; era alto y seco y más amarillo que una momia; dijérase[35-2] que su 05 piel estaba muerta hacía mucho tiempo; llegábale la frente a la nuca, gracias a una calva limpia y reluciente, cuyo brillo tenía algo de fosfórico; sus ojos, negros y apagados, hundidos en las descarnadas cuencas, se parecían a esas lagunas encerradas entre montañas, que sólo ofrecen obscuridad, vértigos y muerte 10 al que las mira; lagunas que nada reflejan; que rugen sordamente alguna vez,[35-3] pero sin alterarse; que devoran todo lo que cae en su superficie; que nada devuelven; que nadie ha podido sondear; que no se alimentan de ningún río, y cuyo fondo busca la imaginación en los mares antípodas. 15 La cena era abundante, el vino bueno, la conversación alegre y animada. Los franceses reían, juraban, blasfemaban, cantaban, fumaban, comían y bebían a un mismo tiempo. Quién[35-4] había contado los amores secretos de Napoleón; 20 quién la noche del 2 de Mayo[35-5] en Madrid; cuál[35-6] la batalla de las Pirámides;[35-7] cuál otro la ejecución de Luis XVI.[35-8] _García de Paredes_ bebía, reía y charlaba como los demás, o quizás más que ninguno;[35-9] y tan elocuente había estado en favor de la causa imperial, que los soldados del César[35-10] lo habían 25 abrazado, lo habían vitoreado, le habían improvisado himnos. --¡Señores! (había dicho el boticario): la guerra que os hacemos los españoles es tan necia como inmotivada. Vosotros, hijos de la Revolución, venís a sacar a España[35-11] de su tradicional abatimiento, a despreocuparla, a disipar las tinieblas 30 religiosas, a mejorar sus anticuadas costumbres, a enseñarnos esas utilísimas e inconcusas «verdades de que no hay Dios, de que no hay otra vida, de que la penitencia, el ayuno, la castidad y demás virtudes católicas son quijotescas[35-12] locuras, impropias de un pueblo civilizado, y de que Napoleón es el verdadero Mesías, el(p36) redentor de los pueblos, el amigo de la especie humana....» ¡Señores! ¡Viva el Emperador cuanto yo deseo que viva! --¡Bravo, vítor!--exclamaron los hombres del 2 de Mayo. El boticario inclinó la frente con indecible angustia. 05 Pronto volvió a alzarla, tan firme y tan sereno como antes. Bebióse un vaso de vino, y continuó: --Un abuelo mío, un _García de Paredes_, un bárbaro, un Sansón,[36-1] un Hércules, un Milón de Crotona,[36-2] mató doscientos franceses en un día.... Creo que fué en Italia. ¡Ya veis que 10 no era tan _afrancesado_ como yo! ¡Adiestróse en las lides contra los moros del reino de Granada; armóle caballero el mismo Rey Católico,[36-3] y montó más de una vez la guardia en el Quirinal,[36-4] siendo Papa _nuestro tío_ Alejandro Borja! [36-5] ¡Eh, eh! ¡No me hacíais tan linajudo!--Pues este DIEGO GARCÍA DE 15 PAREDES, este ascendiente mío..., que ha tenido un descendiente boticario, tomó a Cosenza y Manfredonia; entró por asalto en Cerinola, y peleó como bueno[36-6] en la batalla de Pavía![36-7] ¡Allí _hicimos_ prisionero a un rey de Francia, cuya espada ha estado en Madrid cerca de tres siglos, hasta que nos la robó 20 hace tres meses ese hijo de un posadero que viene a vuestra cabeza, y a quien llaman Murat![36-8] Aquí hizo otra pausa el boticario. Algunos franceses demostraron querer contestarle; pero él, levantándose, e imponiendo a todos silencio con su actitud, empuñó convulsivamente un 25 vaso, y exclamó con voz atronadora: --¡Brindo, señores, porque maldito sea mi abuelo, que era un animal, y porque se halle ahora mismo en los profundos infiernos!--¡Vivan los franceses de Francisco I[36-9] y de Napoleón Bonaparte! 30 --¡Vivan!...--respondieron los invasores, dándose por satisfechos. Y todos apuraron su vaso. Oyóse en esto[36-10] rumor en la calle, o, mejor dicho, a la puerta de la botica. (p37) --¿Habéis oído?--preguntaron los franceses. _García de Paredes_ se sonrió. --¡Vendrán[37-1] a matarme!--dijo. --¿Quién? 05 --Los vecinos[37-2] del Padrón. --¿Por qué? --¡Por _afrancesado_!--Hace algunas noches que rondan mi casa....--Pero ¿qué nos importa?--Continuemos nuestra fiesta. 10 --Sí... ¡continuemos! exclamaron los convidados. ¡Estamos aquí para defenderos! Y chocando ya botellas contra botellas, que no[37-3] vasos contra vasos. --¡Viva Napoleón! ¡Muera Fernando![37-4] ¡Muera Galicia![37-5] 15 --gritaron a una voz. _García de Paredes_ esperó a que[37-6] se acallase el brindis, y murmuró con acento lúgubre: --¡Celedonio! El mancebo[37-7] de la botica asomó por una puertecilla su cabeza 20 pálida y demudada, sin atreverse a penetrar en aquella caverna. --Celedonio, trae papel y tintero--dijo tranquilamente el boticario. El mancebo volvió con recado de escribir.[37-8] --¡Siéntate! (continuó su amo.)--Ahora, escribe las cantidades 25 que yo te vaya diciendo. Divídelas en dos columnas. Encima de la columna de la derecha, pon: _Deuda_,[37-9] y encima de la otra: _Crédito_. --Señor... (balbuceó el mancebo.)--En la puerta hay una especie de motín.... Gritan _¡muera el boticario!_... 30 Y ¡quieren entrar! --¡Cállate y déjalos!--Escribe lo que te he dicho. Los franceses se rieron de admiración al ver al farmacéutico ocupado en ajustar cuentas cuando le rodeaban la muerte y la ruina. (p38) Celedonio alzó la cabeza y enristró la pluma, esperando cantidades que anotar. --¡Vamos a ver, señores! (dijo entonces _García de Paredes_, dirigiéndose a sus comensales.)--Se trata de resumir nuestra 05 fiesta en un solo brindis. Empecemos por orden de colocación. --Vos,[38-1] Capitán, decidme: ¿cuántos españoles habréis matado[38-2] desde que pasasteis los Pirineos?[38-3] --¡Bravo! ¡Magnífica idea!--exclamaron los franceses. --Yo.... (dijo el interrogado, trepándose en la silla y 10 retorciéndose el bigote con petulancia.) Yo... habré matado... personalmente... con mi espada... ¡poned unos diez o doce! --¡Once a la derecha![38-4]--gritó el boticario, dirigiéndose al mancebo. 15 El mancebo repitió, después de escribir: --_Deuda_... once. --¡Corriente! (prosiguió el anfitrión.)--¿Y vos?...--Con vos hablo, señor Julio.... --Yo... seis. 20 --¿Y vos, mi Comandante? --Yo... veinte. --Yo... ocho. --Yo catorce. --Yo... ninguno. 25 --¡Yo no sé!...; he tirado a ciegas....--respondía cada cual, según le llegaba su turno. Y el mancebo seguía anotando cantidades a la derecha. --¡Veamos ahora, Capitán! (continuó _García de Paredes_.)--Volvamos a empezar[38-5] por vos. ¿Cuántos españoles esperáis 30 matar en el resto de la guerra, suponiendo que dure todavía... tres años? --¡Eh!... (respondió el Capitán.)--¿Quién calcula[38-6] eso? --Calculadlo...; os lo suplico.... --Poned otros once. (p39) --Once a la izquierda....--dictó _García de Paredes_. Y Celedonio repitió: --_Crédito_, once. --¿Y vos?--interrogó el farmacéutico por el mismo orden[39-1] 05 seguido anteriormente. --Yo... quince. --Yo... veinte. --Yo... ciento. --Yo... mil--respondían los franceses. 10 --¡Ponlos todos a _diez_, Celedonio!... (murmuró irónicamente el boticario.)--Ahora, suma por separado[39-2] las dos columnas. El pobre joven, que había anotado las cantidades con sudores de muerte, vióse obligado a hacer el resumen con los dedos, 15 como las viejas. Tal era su terror. Al cabo de un rato de horrible silencio, exclamó, dirigiéndose a su amo: --_Deuda_..., 285.--_Crédito_..., 200. --Es decir... (añadió _García de Paredes_), ¡doscientos 20 ochenta y cinco _muertos_, y doscientos _sentenciados_! ¡Total, cuatrocientas ochenta y cinco _víctimas_!!! Y pronunció estas palabras con voz tan honda y sepulcral, que los franceses se miraron alarmados. En tanto, el boticario ajustaba una nueva cuenta. 25 --¡Somos unos héroes!--exclamó al terminarla.--Nos hemos bebido[39-3] setenta botellas, o sean[39-4] ciento cinco libras y media de vino, que, repartidas entre veintiuno, pues todos hemos bebido con igual bizarría, dan cinco libras de líquido por cabeza.--¡Repito que somos unos héroes! 30 Crujieron en esto las tablas de la puerta de la botica, y el mancebo balbuceó tambaleándose: --¡Ya entran!... --¿Qué hora es?--preguntó el boticario con suma tranquilidad. (p40) --Las once. Pero ¿no oye usted que entran? --¡Déjalos! _Ya es hora_.[40-1] --¡Hora!... ¿de qué?--murmuraron los franceses, procurando levantarse. 05 Pero estaban tan _ebrios_, que no podían moverse de sus sillas. --¡Que entren![40-2] ¡Que entren!... (exclamaban, sin embargo, con voz vinosa, sacando los sables con mucha dificultad y sin conseguir ponerse de pie.) ¡Que entren esos canallas! ¡Nosotros los recibiremos! 10 En esto,[40-3] sonaba ya abajo, en la botica, el estrépito de los botes y redomas que los vecinos[40-4] del Padrón hacían pedazos, y oíase resonar en la escalera este grito unánime y terrible: --¡Muera el _afrancesado_! III Levantóse _García de Paredes_, como impulsado por un resorte, 15 al oír semejante clamor dentro de su casa, y apoyóse en la mesa para no caer de nuevo sobre la silla. Tendió en torno suyo una mirada de inexplicable regocijo, dejó ver en sus labios la inmortal sonrisa del triunfador, y así, transfigurado y hermoso, con el doble temblor de la muerte y del entusiasmo, pronunció 20 las siguientes palabras, entrecortadas y solemnes como las campanadas del toque de agonía:[40-5] --¡Franceses!... Si cualquiera de vosotros, o todos juntos, hallarais ocasión propicia de vengar la muerte de doscientos ochenta y cinco compatriotas y de salvar la vida a otros doscientos 25 más; si sacrificando vuestra existencia pudieseis desenojar la indignada sombra de vuestros antepasados, castigar a los verdugos de doscientos ochenta y cinco héroes, y librar de la muerte a doscientos compañeros, a doscientos hermanos, aumentando así las huestes del ejército patrio con doscientos 30 campeones de la independencia nacional, ¿repararíais ni[40-6] un momento en vuestra miserable vida? ¿Dudaríais ni un punto (p41) en abrazaros, como Sansón,[41-1] a la columna del templo, y morir, a precio de matar a los enemigos de Dios? --¿Qué dice?--se preguntaron los franceses. --Señor..., ¡los asesinos están en la antesala!--exclamó 05 Celedonio. --¡Que entren!... (gritó _García de Paredes_.)--Ábreles la puerta de la sala.... ¿Qué vengan todos... a ver cómo muere el descendiente de un soldado de Pavía![41-2] Los franceses, aterrados, estúpidos, clavados en sus sillas por 10 insoportable letargo, creyendo que la muerte de que hablaba el español iba a entrar en aquel aposento en pos de los amotinados, hacían penosos esfuerzos por levantar los sables, que yacían sobre la mesa; pero ni siquiera conseguían que sus flojos dedos asiesen las empuñaduras: parecía que los hierros[41-3] estaban 15 adheridos[41-4] a la tabla por insuperable fuerza de atracción. En esto inundaron la estancia más de cincuenta hombres y mujeres, armados con palos, puñales y pistolas, dando tremendos alaridos y lanzando fuego por los ojos. --¡Mueran todos!--exclamaron algunas mujeres, lanzándose 20 las primeras. --¡Deteneos!--gritó _García de Paredes_ con tal voz, con tal actitud, con tal fisonomía, que, unido este grito a la inmovilidad y silencio de los veinte franceses, impuso frío terror a la muchedumbre, la cual no se esperaba[41-5] aquel tranquilo y 25 lúgubre recibimiento. --No tenéis para qué[41-6] blandir los puñales.... (continuó el boticario con voz desfallecida.)--He hecho más que todos vosotros por la independencia de la Patria.... ¡Me he fingido _afrancesado_!... Y ¡ya veis!... los veinte Jefes y Oficiales 30 invasores... ¡los veinte!--no los toquéis[41-7]...--¡están envenenados!... Un grito simultáneo de terror y admiración salió del pecho de los españoles. Dieron éstos un paso más hacia los convidados, y hallaron que la mayor parte estaban ya muertos, con la (p42) cabeza caída hacia adelante, los brazos extendidos sobre la mesa, y la mano crispada en la empuñadura de los sables. Los demás agonizaban silenciosamente. --¡Viva _García de Paredes_!--exclamaron entonces los españoles, 05 rodeando al héroe moribundo. --Celedonio.... (murmuró el farmacéutico.)--El _opio_ se ha concluido.... Manda por opio a la Coruña[42-1].... Y cayó de rodillas. Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el 10 boticario estaba también envenenado. Vierais[42-2] entonces un cuadro tan sublime como espantoso.--Varias mujeres, sentadas en el suelo, sostenían en sus faldas y en sus brazos al expirante patriota, siendo las primeras en colmarlo de caricias y bendiciones, como antes fueron las primeras en 15 pedir su muerte.--Los hombres habían cogido todas las luces de la mesa, y alumbraban arrodillados aquel grupo de patriotismo y caridad....--Quedaban, finalmente, en la sombra veinte muertos o moribundos, de los cuales algunos iban desplomándose contra el suelo con pavorosa pesantez. 20 Y a cada suspiro de muerte que se oía, a cada francés que venía a tierra, una sonrisa gloriosa iluminaba la faz de _García de Paredes_, el cual de allí a poco devolvió su espíritu al cielo, bendecido por un Ministro del Señor y llorado de sus hermanos en la Patria. Madrid, 1856. ¡VIVA EL PAPA! (p43) I El tierno episodio que voy a referir es rigurosamente histórico, como los anteriores y como los siguientes; pero no ya sólo por la materia, sino también por la forma.--Vivo está quien lo cuenta, como suele decirse..., y entiéndase que quien le 05 cuenta no soy yo; es un Capitán retirado que dejó el servicio en 1814. Hoy no soy escritor; soy mero amanuense: no os pido, pues, admiración ni indulgencia, sino que me creáis a puño cerrado.[43-1] Para invención, el asunto es de poca monta; y luego pertenece 10 a un género en que yo no me tomaría el trabajo de inventar nada.... Presumo de liberal,[43-2] y un pobre Capitán retirado me ha conmovido profundamente contándome los sinsabores... políticos de un Papa muy absolutista.... 15 Mi objeto es conmoveros hoy a vosotros con su misma relación, a fin de que el número de los derrotados cohoneste mi derrota. Habla mi Capitán. II Uno de los más calurosos días del mes de Julio de 1809, y 20 ¡cuidado que[43-3] aquel dichoso año hizo calor! a eso de las diez de la mañana, entrábamos en Montelimart, villa o ciudad del Delfinado,[43-4] que lo que sea no lo sé,[43-5] ni lo he (p44) sabidonunca, y maldita la falta[44-1] que me hacía saber que existía tal Francia en el mundo.... --¡Ah! ¿Conque era en Francia?... --Pues ¡hombre![44-2] ¡Me gusta! ¿Dónde está el Delfinado 05 sino en Francia?--Y no crean ustedes que ahí, en la frontera..., sino muy tierra adentro,[44-3] más cerca del Piamonte[44-4] que de España.... --¡Siga V...., Capitán! Los niños... que aprendan[44-5] en la escuela....--Y tú, ¡a ver si[44-6] te callas, Eduardito! 10 --Pues como digo, entrábamos en Montelimart, ahogados de calor y polvo, y rendidos[44-7] de caminar a pie durante tres semanas, veintisiete[44-8] oficiales españoles que habíamos caído prisioneros en Gerona[44-9].... Mas no creáis[44-10] que en la capitulación de la plaza, sino en una salida que hicimos pocos días 15 antes, a fin de estorbar unas obras en el campamento francés.... Pero esto no hace al caso. Ello es[44-11] que nos atraparon y nos llevaron a Perpiñán,[44-12] desde donde nos destinaron a Dijon [44-13].... Y ahí tienen Vds. el por qué[44-14] de lo que voy a [referir.] Pues, señor, como uno se acostumbra a todo, y el Emperador 20 nos pasaba[44-15] _diez reales_ diarios durante el viaje--que íbamos haciendo a jornadas militares de tres o cuatro leguas,--y nadie nos custodiaba, porque cada uno de nosotros había respondido con su cabeza de que no desertarían los demás, y veintisiete españoles juntos no se han aburrido nunca, sucedía que, sin embargo 25 del[44-16] calor, de la fatiga y de no saber ni una palabra de francés, pasábamos muchos ratos divertidos,[44-17] sobre todo desde las once de la mañana hasta las siete de la tarde, horas que permanecíamos en las poblaciones del tránsito; pues las jornadas las hacíamos de noche con la fresca.... A ver, Antonio, 30 enciéndeme esta pipa. Montelimart....--¡Bonito pueblo!...--El café está en una calle cerca de la Plaza, y en él entramos a refrescarnos, es decir, a evitar el sol... (pues los bolsillos no se prestaban a gollerías), en tanto que[44-18] tres de nuestros compañeros (p45) iban a ver al Prefecto[45-1] para que nos diese las boletas de alojamiento,[45-2] que en Francia se llaman _mandat_.... No sé si el café estará todavía como entonces estaba. ¡Han pasado cuarenta y cuatro años! Recuerdo que a la izquierda[45-3] 05 de la puerta había una ventana de reja,[45-4] con cristales, y delante una mesa a la cual nos sentamos algunos de los oficiales, entre ellos C...., que ha sido diputado a Cortes[45-5] por Almería [45-6] y murió el año pasado....--Ya veis que esto es cosa que puede preguntarse.[45-7] 10 --Pues ¿no dice V. que ha muerto? --¡Hombre! Supongo que C.... se lo habrá contado [45-8] a su familia--respondió el Capitán, escarbando la pipa con la uña. --¡Tiene V. razón, Capitán!--Siga V....; el que no lo 15 crea, que [45-9] lo busque. --¡Bien hablado, hijo mío!--Pues, como íbamos diciendo, sentados estábamos a la mesa del café, cuando vimos correr mucha gente por la calle, y oímos una gritería espantosa.... Pero como la gritería era en francés, no la entendimos. 20 --_Le Pape![45-10] Le Pape! Le Pape!_...--decían los muchachos y las mujeres, levantando las manos al cielo, en tanto que todos los balcones se abrían y llenaban de gente, y los mozos del café y algunos gabachos que jugaban al billar se lanzaban a la calle con un palmo de boca abierta,[45-11] como si oyeran 25 decir que el sol se había parado. --¡Pues parado está, papá abuelo![45-12] --¡Cállese V. cuando hablan los mayores! ¡A ver[45-13]... el deslenguado! --No haga V. caso, Capitán.... ¡Estos niños de 30 ahora!... --Toma[45-14].... ¡Y si está parado[45-15]!...--murmuró el muchacho entre dientes. --_Le Pape! Le Pape!_ ¿Qué significa esto?--nos preguntamos todos los oficiales. (p46) Y cogiendo a uno de los mozos del café, le dimos a entender nuestra curiosidad. El mozo tomó dos llaves; trazó con las manos una especie de morrión sobre su cabeza; se sentó en una silla, y dijo: 05 --_Le Pontife!_[46-1] --¡Ah!... (dijo C....--que era el más avisado de nosotros.--¡Por eso fué luego diputado a Cortes!)--_¡El Pontífice! ¡El Papa!_ --_Oui, monsieur. Le Pape! Pie sept._[46-2] 10 --¡Pío VII[46-3]!... ¡El Papa!... (exclamamos nosotros, sin atrevernos a creer lo que oíamos.) ¿Qué hace el Papa en Francia? Pues ¿no está el Papa en Roma? ¿Viajan los Papas? ¿El Papa en Montelimart? No extrañéis nuestro asombro, hijos míos.... En aquel 15 entonces[46-4] todas las cosas tenían más prestigio que hoy.--No se viajaba tan fácilmente, ni se publicaban tantos periódicos.--Yo creo que en toda España no había más que uno, tamaño como un recibo de contribución.[46-5]--El Papa era para nosotros un sér[46-6] sobrenatural..., no un hombre de carne y hueso....--¡En 20 toda la tierra no había más que un Papa!... Y en aquel tiempo era la tierra mucho más grande que hoy.... ¡La tierra era el mundo..., y un mundo lleno de misterios, de regiones desconocidas, de continentes ignorados!--Además, aun sonaban en nuestros oídos aquellas palabras de nuestra 25 madre y de nuestros maestros: «El Papa es el Vicario de Jesucristo; su representante en la tierra; una autoridad infalible, y lo que desatare o atare aquí, remanecerá atado o desatado en el cielo....» Creo haberme explicado.--Creo que habréis comprendido 30 todo el respeto, toda la veneración, todo el susto que experimentaríamos aquellos pobres españoles del siglo pasado, al oír decir que el Sumo Pontífice estaba en un villorrio de Francia y que íbamos a verle! Efectivamente: no bien salimos del café, percibimos allá, (p47) en la Plaza (que como os he dicho estaba cerca), una empolvada silla de posta, parada delante de una casa de vulgar apariencia y custodiada por dos gendarmes de caballería, cuyos desnudos sables brillaban que era un contento[47-1].... 05 Más de quinientas personas había alrededor del carruaje, que examinaban con viva curiosidad, sin que se opusiesen a ello los gendarmes, quienes, en cambio,[47-2] no permitían al público acercarse a la puerta de aquella casa, donde se había apeado Pío VII mientras mudaban el tiro de caballos.... 10 --Y ¿qué casa era aquélla, abuelito? ¿La del Alcalde? --No, hijo mío.--Era el Parador de diligencias. A nosotros, como a militares que éramos, nos tuvieron un poco más de consideración los gendarmes, y nos permitieron arrimarnos a la puerta.... Pero no así pasar el umbral. 15 De cualquier modo, pudimos ver perfectamente el siguiente grupo, que ocupaba uno de los ángulos de aquel portal u oficina. Dos ancianos..., ¿qué digo? dos viejos decrépitos, cubiertos de sudor y de polvo, rendidos de fatiga, ahogados de 20 calor, respirando apenas, bebían agua en un vaso de vidrio, que el uno pasó al otro después de mediarlo. Estaban sentados en sillas viejas de enea. Sus trajes talares, blanco el uno, y el otro de color de púrpura, hallábanse tan sucios y ajados por resultas de aquella larga caminata, que más parecían humildes 25 ropones de peregrinos, que ostentosos hábitos de príncipes de la Iglesia.... Ningún distintivo podía revelarnos cuál era Pío VII (pues nada entendíamos nosotros de trajes cardenalicios ni pontificales), pero todos dijimos a un tiempo: 30 --¡Es el más alto! ¡El de las blancas vestiduras! Y ¿sabéis por qué lo dijimos? Porque su compañero lloraba y él no; porque su tranquilidad revelaba que él era mártir; porque su humildad denotaba que él era el Rey. En cuanto a su figura, me parece estarla viendo todavía. (p48) Imaginaos un hombre de más de setenta años, enjuto de carnes, de elevada talla y algo encorvado por la edad. Su rostro, surcado de pocas pero muy hondas arrugas, revelaba la más austera energía, dulcificada por unos labios bondadosos que 05 parecían manar persuasión y consuelo. Su grave nariz, sus ojos de paz, marchitos por los años, y algunos cabellos tan blancos como la nieve, infundían juntamente reverencia y confianza. Sólo contemplando la cara de mi buen padre y la de algunos santos de mi devoción, había yo experimentado hasta 10 entonces una emoción por aquel estilo. El sacerdote que acompañaba a Su Santidad era también muy viejo, y en su semblante, contraído por el dolor y la indignación, se descubría al hombre de pensamientos profundos y de acción rápida y decidida. Más parecía un general que un apóstol. 15 Pero ¿era cierto lo que veíamos? ¿El Pontífice preso, caminando en el rigor del estío, con todo el ardor del sol, entre dos groseros gendarmes, sin más comitiva que un sacerdote, sin otro hospedaje que el portal de una casa de postas, sin otra almohada que una silla de madera? 20 En tan extraordinario caso, en tan descomunal atropello, en tan terrible drama, sólo podía mediar un hombre más extraordinario, más descomunal, más terrible que cuanto veíamos[48-1]....--El nombre de NAPOLEÓN circuló por nuestros labios. ¡Napoleón nos tenía también a nosotros en el interior de 25 Francia! ¡Napoleón había revuelto el Oriente,[48-2] encendido en guerra nuestra patria, derribado todos los tronos de Europa!--¡Él debía de ser quien arrancaba al Papa de la Silla de San Pedro[48-3] y lo paseaba así por el Imperio francés, como el pueblo judío paseó al Redentor por las calles de la ciudad deicida! 30 Pero ¿cuál era la suerte del beatísimo prisionero? ¿Qué había ocurrido en Roma? ¿Había una nueva religión en el Mediodía de Europa? ¿Era papa Napoleón? Nada sabíamos..., y, si he de deciros[48-4] la verdad, por lo que a mí hace,[48-5] todavía no he tenido tiempo de averiguarlo.... (p49) --Yo se lo diré a V., por vía de paréntesis, en muy pocas palabras, Capitán.--Esto completará la historia de V., y dará toda su importancia a ese peregrino relato. III El día 17 de Mayo de ese mismo año de 1809 dió Napoleón 05 un decreto, por el que[49-1] reunió al Imperio francés los Estados pontificios, declarando a Roma[49-2] _ciudad imperial libre_. El pueblo romano no se atrevió a protestar contra esta medida; pero el Papa la resistió pasivamente desde su palacio del Quirinal,[49-3] donde aun contaba con algunas autoridades y su 10 guardia de suizos. Sucedió entonces que unos pescadores del Tiber cogieron un esturión y quisieron regalárselo al Sucesor de San Pedro. Los franceses aprovecharon esta ocasión para dar el último paso contra la autoridad de Pío VII; gritaron: _¡al arma!_; 15 el cañón de Sant-Angelo[49-4] pregonó la extinción del gobierno temporal de los Papas, y la bandera tricolor[49-5] ondeó sobre el Vaticano. El Secretario de Estado, cardenal Pacca (que sin duda era el sacerdote que V. encontró con Pío VII), corrió al lado de 20 Su Santidad; y, al verse los dos ancianos, exclamaron: _Consummatum est!_[49-6] En efecto: mientras el Papa lanzaba su última excomunión contra los invasores, éstos penetraban en el Quirinal, derribando las puertas a hachazos.[49-7] 25 En la Sala de las Santificaciones[49-8] encontraron a cuarenta suizos, resto del poder del ex Rey de Roma,[49-9] quienes los dejaron pasar adelante por haber recibido orden de no oponer resistencia alguna. El general Radet, jefe de los demoledores, encontró al Papa 30 en la Sala de las Audiencias ordinarias, rodeado de los cardenales Pacca y Despuig y de algunos empleados de Secretaría. (p50) Pío VII vestía roquete y muceta;[50-1] había dejado su lecho para recibir al enemigo, y daba muestras de una tranquilidad asombrosa. Era media noche. Radet, profundamente conmovido, no 05 se atreve a hablar. Al fin intima al Sumo Pontífice que renuncie al gobierno temporal de los Estados romanos.[50-2] El Papa contesta que no le es posible hacerlo, porque no son suyos, sino de la Iglesia, cuyo administrador lo hizo la voluntad del Cielo.... Y el general Radet le replica mostrándole la orden 10 de llevarlo prisionero a Francia. Al amanecer del siguiente día salía Pío VII de su palacio entre esbirros y gendarmes, saltando sobre los escombros de las puertas, sin más comitiva que el cardenal Pacca, ni más restos de su grandeza mundanal que un _papetto_, moneda 15 equivalente a cuatro reales de vellón,[50-3] que llevaba en el bolsillo. En las afueras de la puerta del Popolo[50-4] lo esperaba una silla de posta, a la cual le hicieron subir, y después de esto cerraron las portezuelas con una llave, que Radet entregó a un gendarme 20 de caballería. Las persianas del lado derecho, en que se sentó el Papa, estaban clavadas, a fin de que no pudiese ser visto.... IV --¡En esa silla lo encontré yo!...--¿Ven ustedes cómo no miento? 25 --Hace V. bien en interrumpirme, Capitán; porque yo he terminado, y el resto queremos oírlo de labios de V.... --Pues voy allá,[50-5] señores míos. Íbamos diciendo que Pío VII y el cardenal Pacca (¡mucho me alegro de haber llegado a saber su nombre!) estaban sentados 30 en el portal de la casa de postas; que el pueblo se había agrupado en la calle; que los gendarmes le impedían el paso, (p51) y que nosotros los españoles conseguimos acercarnos tanto a la puerta, que veíamos perfectamente a los dos augustos sacerdotes. Pío VII fijó casualmente la vista en nosotros, y sin duda 05 conoció, por nuestros raros y destrozados uniformes, que también éramos extranjeros y cautivos de Napoleón.... Ello fué[51-1] que, después de decir algunas palabras al Cardenal, clavó en nosotros una larga y expresiva mirada. 10 En esto sonó allí cerca un fandango, divinamente tocado y cantado por los tres compañeros nuestros, que volvían ya con las boletas para alojarnos.... Creo haberos dicho que habíamos comprado dos guitarras antes de abandonar a Cataluña;[51-2] y si se me ha olvidado[51-3] decíroslo, os lo digo ahora. 15 Al oír aquel toque y la copla que le siguió, el Papa levantó otra vez la cabeza, y nos miró con mayor interés y ternura. El italiano, el músico, había reconocido el canto. ¡Ya sabía que éramos españoles! Ser español, significaba en aquel tiempo mucho más que 20 ahora. Significaba ser vencedor del Capitán del siglo; ser soldado de Bailén y Zaragoza;[51-4] ser defensor de la historia, de la tradición, de la fe antigua; mantenedor de la independencia de las naciones; paladín[51-5] de Cristo; cruzado[51-6] de la libertad.--En esto último nos engañábamos.... Pero ¡cómo ha 25 de ser!--¿Quién había de adivinar entonces, al defender a D. Fernando VII[51-7] contra los franceses, que él mismo los llamaría al cabo de catorce años y los traería a España en contra nuestra,[51-8] como sucedió en 1823?...--En fin; no quiero hablar..., ¡pues hay cosas que todavía me encienden la sangre! 30 El caso fué, volviendo a mi relato, que el rostro del Papa se cubrió de santo rubor al considerar nuestra desventura y recordar el heroísmo de que España estaba dando muestras al mundo..., y que el más puro entusiasmo chispeó en sus amantísimos ojos....--¡Parecía que aquellos ojos nos besaban! (p52) Nosotros, por nuestra parte, comprendiendo toda la predilección que nos demostraba en aquel momento el Sumo Pontífice, procurábamos expresarle con la mirada, con el gesto, con la actitud, nuestra veneración y piedad, así como el dolor y la 05 indignación que sentíamos al verlo preso y ultrajado por sus malos hijos....--Casi instintivamente nos quitamos los morriones (cosa que chocó mucho a los franceses, los cuales seguían con sus gorros[52-1] encasquetados), y nos llevamos la mano derecha al corazón como quien hace[52-2] protestación de su fe. 10 El Papa levantó los ojos al cielo y se puso a rezar.--¡Sabía que una bendición de su mano podía atraer sobre nosotros la cólera del pueblo impío que nos rodeaba, como nosotros sabíamos que un grito de _¡viva el Papa!_ podía empeorar la situación del beatísimo prisionero!--¡Mostrábanse tan orgullosos 15 los franceses que nos rodeaban al ver aquel supremo triunfo de la Revolución sobre la autoridad!... ¡Creían tan grande a la Francia en aquel momento! En esto se abrió paso por entre la muchedumbre, y apareció en el cuadro que habían despejado los gendarmes, una mujer 20 del pueblo, mucho más anciana que el Pontífice: una viejecita centenaria, pulcra y pobremente[52-3] vestida, coronada de cabellos como la nieve, trémula por la edad y el entusiasmo, encorvada, llorosa, suplicante, llevando en las manos un azafate de mimbres secos lleno de melocotones, cuyos matices rojos y dorados se 25 veían debajo de las verdes hojas con que estaban cubiertos.... Los gendarmes quisieron detenerla.... Pero ella los miró con tanta mansedumbre; era tan inofensiva su actitud; era su presente tan tierno y cariñoso; inspiraba su edad tanto respeto; había tal verdad en aquel acto de devoción; significaba tanto, 30 en fin, aquel siglo pasado, fiel a sus creencias, que venía a saludar al Vicario de Jesucristo en medio de su calle de Amargura, [52-4] que los soldados de la Revolución y del Imperio comprendieron o sintieron que aquel anacronismo, aquella caridad de otra época, aquel corazón inerme y pacífico que había sobrevivido (p53) casualmente a la guillotina, en nada aminoraba ni deslucía los triunfos del conquistador de Europa, y dejaron a la pobre mujer del pueblo entrar en aquel afortunado portal, que ya nos había traído a la memoria otro portal, no menos afortunado, donde 05 unos sencillos pastores hicieron también ofrendas al Hijo de Dios vivo.... Comenzó entonces una interesante escena entre la cristiana y el Pontífice. Púsose ella de rodillas, y, sin articular palabra, presentó el 10 azafate de frutos al augusto prisionero. Pío VII enjugó con sus manos beatísimas las lágrimas que inundaban el rostro de la viejecita; y cuando ésta se inclinaba para besar el pie del Santo Padre,[53-1] él colocó una mano sobre aquellas canas humilladas, y levantó la otra al cielo con la 15 inspirada actitud de un profeta. --¡VIVA EL PAPA!--exclamamos entonces nosotros en nuestro idioma español, sin poder contenernos.... Y penetramos en el portal resueltos a todo. 20 Pío VII se pone de pie al oír aquel grito, y, tendiendo hacia nosotros las manos, nos detiene, cual si su majestuosa actitud nos hubiese aniquilado.... Caemos, pues, de rodillas, y el Padre Santo nos bendice una, otra y tercera vez. Al propio tiempo álzase en la puerta y en toda la Plaza como un huracán de gritos, y nosotros volvemos la cabeza horrorizados, 25 creyendo que los franceses amenazan al Sumo Pontífice....--¡Lo de menos[53-2] era que nos amenazasen a nosotros!--¡Decididos estábamos a morir! Pero ¡cuál fué nuestro asombro al ver que los gendarmes, los hombres del pueblo, las mujeres, los niños..., ¡todo 30 Montelimart! estaba arrodillado, con la frente descubierta, con las lágrimas en los ojos, exclamando: --_Vive le Pape!_[53-3] Entonces se rompió la consigna: el pueblo invadió el portal y pidió su bendición al Pontífice. (p54) Éste cogió una hoja verde de las que cubrían el azafate de melocotones que seguía ofreciéndole la anciana, y la llevó a sus labios y la besó. La multitud, por su parte, se apoderó de los frutos como de 05 reliquias; todos abrazaron a la pobre mujer del pueblo; el Papa, trémulo de emoción, atravesó por entre la muchedumbre, nos bendijo otra vez al paso, y penetró en la silla de posta; y los gendarmes, avergonzados de lo que acababa de pasar, dieron la orden[54-1] de partir. 10 En cuanto a nosotros, durante todo aquel día no fuimos en Francia prisioneros de guerra, sino huéspedes de paz. Conque... he dicho. V --¡Aun queda algo que decir!...--(exclamó el mismo que contó poco antes lo acontecido en Roma.) ¡Óiganme 15 Vds. a mí un momento! En 1814, cinco años después de la escena referida por el Capitán, la fuerza de la opinión de toda Francia obligó a Napoleón Bonaparte a poner en libertad a Pío VII. Volvió, pues, el Sumo Pontífice a recorrer el mismo camino 20 en que le habían encontrado los prisioneros españoles, y he aquí cómo describe Chateaubriand[54-2] la despedida que hizo Francia al sucesor de San Pedro: «Pío VII caminaba en medio de los cánticos y de las lágrimas, del repique de las campanas y de los gritos de _¡Viva el Papa! 25 ¡Viva el Jefe de la Iglesia!_... En las ciudades sólo quedaban los que no podían marchar, y los peregrinos pasaban la noche en los campos, en espera de la llegada del anciano sacerdote. TAL ES, SOBRE LA FUERZA DEL HACHA[54-3] Y DEL CETRO, LA SUPERIORIDAD DEL PODER DEL DÉBIL SOSTENIDO POR LA 30 RELIGIÓN Y LA DESGRACIA.» 30 Guadix, 1857. EL EXTRANJERO (p55) I «_No consiste la fuerza en echar por tierra[55-1] al enemigo, sino en domar la propia cólera,_»--dice una máxima oriental. «_No abuses de la victoria,_»--añade un libro de nuestra religión. 05 «_Al culpado que cayere debajo de tu jurisdicción, considérale hombre miserable, sujeto a las condiciones de la depravada naturaleza nuestra; y en todo cuanto estuviere de tu parte, sin hacer agravio a la contraria, muéstratele piadoso y clemente, porque, aunque los atributos de Dios son todos iguales, más 10 resplandece y campea, a nuestro ver, el de la misericordia, que el de la justicia,_» aconsejó, en fin, D. Quijote a Sancho Panza.[55-2] Para dar realce a todas estas elevadísimas doctrinas, y cediendo también a un espíritu de equidad, nosotros, que nos complacemos frecuentemente en referir y celebrar los actos 15 heroicos de los españoles durante la _Guerra de la Independencia_, [55-3] y en condenar y maldecir la perfidia y crueldad de los invasores, vamos a narrar hoy un hecho que, sin entibiar en el corazón el amor a la patria, fortifica otro sentimiento no menos sublime y profundamente cristiano:--el amor a nuestro prójimo; 20 --sentimiento que, si por congénita desventura de la humana especie, ha de transigir[55-4] con la dura ley de la guerra, puede y debe resplandecer cuando el enemigo está humillado. El hecho fué el siguiente, según que[55-5] me lo han contado personas dignas de entera fe, que intervinieron en él muy de 25 cerca[55-6] y que todavía andan por el mundo.--Oíd sus palabras textuales. (p56) II --Buenos días, abuelo[56-1]...--dije yo. --Dios guarde a V., señorito...--dijo él. --¡Muy solo va V. por estos caminos!... --Sí, señor. Vengo de las minas de Linares,[56-2] donde he estado 05 trabajando algunos meses, y voy a Gádor[56-3] a ver a mi familia. --¿Usted irá[56-4]...? --Voy a Almería[56-5]..., y me he adelantado un poco a la galera[56-6] porque me gusta disfrutar de estas hermosas mañanas de Abril.--Pero, si no me engaño, usted rezaba cuando yo 10 llegue....--Puede V. continuar.--Yo seguiré leyendo entretanto, supuesto que el escaso andar de esa infame galera le permite a uno estudiar en mitad de los caminos.... --¡Vamos! Ese libro es alguna historia....--Y ¿quién le ha dicho a V. que yo rezaba? 15 --¡Toma! ¡yo, que le he visto a V. quitarse el sombrero[56-7] y santiguarse! --Pues ¡qué demonio! hombre.... (¿Por qué he de negarlo?)[56-8] Rezando iba....--¡Cada uno tiene sus cuentas con Dios! 20 --Es mucha verdad. --¿Piensa V. andar largo?[56-9] --¿Yo?--Hasta la venta.... --En este caso, eche V. por esa vereda[56-10] y cortaremos camino. 25 --Con mucho gusto. Esa cañada me parece deliciosa.--Bajemos a ella. Y, siguiendo al viejo, cerré el libro, dejé el camino y descendí a un pintoresco barranco. Las verdes tintas y diafanidad del lejano horizonte, así como 30 la inclinación de las montañas, indicaban ya la proximidad del Mediterráneo. (p57) Anduvimos en silencio algunos minutos, hasta que el minero se paró de pronto. --¡Cabales!--exclamó. Y volvió a quitarse el sombrero y a santiguarse. 05 Estábamos bajo unas higueras cubiertas ya de hojas, y a la orilla de un hermoso torrente. --¡A ver,[57-1] abuelito!... (dije, sentándome sobre la hierba.) Cuénteme V. lo que ha pasado aquí. --¡Cómo!¿Usted sabe....--replicó él, estremeciéndose. 10 --Yo no sé más... (añadí con suma calma), sino que aquí ha muerto un hombre...; ¡y de mala muerte, por más señas![57-2] --¡No se equivoca V., señorito, no se equivoca usted!--Pero ¿quién le ha dicho...? 15 --Me lo dicen sus oraciones de V. --¡Es mucha verdad! Por eso rezaba. Miré tenazmente la fisonomía del minero, y comprendí que había sido siempre hombre honrado.--Casi lloraba, y su rezo era tranquilo y dulce. 20 --Siéntese V.[57-3] aquí, amigo mío....--le dije, alargándole un cigarro de papel.[57-4] --Pues verá V., señorito....--Vaya,[57-5] ¡muchas gracias! --¡Delgadillo[57-6] es!... --Reúna V. dos, y resultará uno bastante grueso--añadí, 25 dándole otro cigarro. --¡Dios se lo pague a V.!--Pues, señor... (dijo el viejo, sentándose a mi lado): hace cuarenta y cinco años que una mañana muy parecida a ésta, pasaba yo casi a esta hora por este mismo sitio.... 30 --¡Cuarenta y cinco años!--medité yo. Y la melancolía del tiempo cayó sobre mi alma.--¿Dónde estaban las flores de aquellas cuarenta y cinco primaveras?--¡Sobre la frente del anciano blanqueaba la nieve de setenta inviernos! (p58) Viendo él que yo no decía nada, echó unas yescas,[58-1] encendió el cigarro y continuó de este modo: --¡Flojillo es![58-2]--Pues, señor, el día que le digo a usted, venía yo de Gérgal[58-3] con una carga de barrilla, y al llegar al 05 punto en que hemos dejado el camino para tomar esta vereda, me encontré con dos soldados españoles que llevaban prisionero a un polaco.[58-4]--En aquel entonces era cuando estaban aquí los primeros franceses, no los del año 23,[58-5] sino los otros.... --¡Ya comprendo! Usted habla de la guerra de la 10 Independencia. --¡Hombre! ¡Pues entonces no había V. nacido! --¡Yo lo creo! --¡Ah, sí! Estará apuntado[58-6] en ese libro que venía V. leyendo. --Pero ¡ca! ¡Lo mejor de estas guerras no lo rezan[58-7] 15 los libros! ¡Ahí ponen lo que más acomoda..., y la gente se lo cree a puño cerrado![58-8]--¡Ya se ve! ¡Es necesario tener tres duros y medio[58-9] de vida, como yo los tendré en el mes de San Juan,[58-10] para saber más de cuatro cosas!--En fin, el polaco aquel[58-11] servía a las órdenes de Napoleón...--del bribonazo 20 [58-12] que murió ya....--Porque ahora dice el señor Cura que hay otro[58-13]...--Pero yo creo que ése no vendrá por estas tierras....--¿Qué le parece a V., señorito? --¿Qué quiere V. que yo le diga? --¡Es verdad! Su merced no habrá estudiado todavía de 25 estas cosas....--¡Oh! El señor Cura, que es un sujeto muy instruido, sabe cuándo se acabarán los mamelucos de Oriente[58-14] y vendrán a Gádor[58-15] los rusos y moscovitas[58-16] a quitar la Constitución[58-17]....--Pero ¡entonces ya me habré yo muerto!... --Conque vuelvo a la historia de mi polaco. 30 El pobre hombre se había quedado enfermo en Fiñana,[58-18] mientras que sus compañeros fugitivos se replegaban hacia Almería.--Tenía calenturas, según supe[58-19] más tarde....--Una vieja lo cuidaba por caridad, sin reparar que era un enemigo.... (¡Muchos años de gloria llevará[58-20] ya la viejecita por (p59) aquellam buena acción!); y, a pesar de que aquello la comprometía, guardábalo escondido en su cueva, cerca de la Alcazaba[59-1].... Allí fué donde, la noche antes, dos soldados españoles, que iban a reunirse á su batallón, y que por casualidad entraron a 05 encender un cigarro en el candil[59-2] de aquella solitaria vivienda, descubrieron al pobre polaco, el cual, echado en un rincón, profería palabras de su idioma en el delirio de la [calentura.] --¡Presentémoslo a nuestro jefe! (se dijeron los españoles). Este bribón será fusilado mañana, y nosotros alcanzaremos 10 un empleo. Iwa, que así se llamaba el polaco, según luego me contó la viejecita, llevaba[59-3] ya seis meses de tercianas, y estaba muy débil, muy delgado, casi hético. La buena mujer lloró y suplicó, protestando que el extranjero 15 no podía ponerse en camino sin caer muerto a la media hora[59-4].... Pero sólo consiguió ser apaleada por su falta de «_patriotismo_». --¡Todavía no se me ha olvidado[59-5] esta palabra, que antes no había oído pronunciar nunca! 20 En cuanto al[59-6] polaco, figúrese V. cómo miraría[59-7] aquel lance. --Estaba postrado por la fiebre, y algunas palabras sueltas que salían de sus labios, medio polacas, medio españolas, hacían reír a los dos militares. --¡Cállate, _didon_,[59-8] perro, gabacho![59-9]--le decían. 25 Y, a fuerza de golpes, lo sacaron del lecho. Para no cansar a V., señorito: en aquella disposición, medio desnudo, hambriento..., bamboleándose, muriéndose..., ¡anduvo el infeliz cinco leguas!... ¡Cinco leguas, señor!...--¿Sabe V. los pasos que tienen 30 cinco leguas?--Pues es desde Fiñana hasta aquí....--¡Y a pie!... ¡descalzo!... ¡Piénselo V.!... ¡Un hombre fino, un joven hermoso y blanco como una mujer, un enfermo, después de seis meses de tercianas!... ¡y con la terciana en aquel momento mismo!... (p60) --¿Cómo pudo resistir? --¡Ah! ¡No resistió!... --Pero ¿cómo anduvo cinco leguas? --¡Toma! ¡A fuerza de bayonetazos!... 05 --Prosiga V., abuelo.... Prosiga V. --Yo venía por este barranco, como tengo de costumbre,[60-1] para ahorrarme terreno, y ellos iban por allá arriba, por el camino. Detúveme, pues, aquí mismo, a fin de observar el remate de aquel horror, mientras fingía picar un cigarro[60-2] negro de los 10 de entonces.... Iwa jadeaba como un perro próximo a rabiar.... Venía con la cabeza descubierta, amarillo como un desenterrado, con dos rosetas encarnadas en lo alto de las mejillas y con los ojos llameantes, pero caídos...: ¡hecho,[60-3] en fin, un Cristo en la 15 calle de la Amargura[60-4]!... --_¡Mí querer morir!_[60-5] _¡Matar a mi, por Dios!_--balbuceaba el extranjero con las manos cruzadas. Los españoles se reían de aquellos disparates, y le llamaban _franchute_,[60-6] _didon_ y otras cosas. 20 Dobláronse al fin las piernas de Iwa, y cayó redondo[60-7] al suelo. Yo respiré, porque creí que el pobre había dado su alma a Dios. Pero un pinchazo que recibió en un hombro le hizo erguirse 25 de nuevo. Entonces se acercó a este barranco para precipitarse y morir.... Al impedirlo los soldados, pues no les acomodaba que muriera su prisionero, me vieron aquí con mi mulo, que, como 30 he dicho, estaba cargado de barrilla. --¡Eh, camarada! (me dijeron, apuntándome con los fusiles.)--¡Suba V ese mulo![60-8] Yo obedecí sin rechistar, creyendo hacer un favor al extranjero. (p61) --¿Dónde va V.?[61-1]--me preguntaron cuando hube subido. --Voy a Almería.... (les respondí). ¡Y eso que ustedes están haciendo es una inhumanidad! --¡Fuera sermones!--gritó uno de los verdugos. 05 --¡Un arriero _afrancesado_!--dijo el otro. --¡Charla mucho..., y verás lo que te sucede! La culata de un fusil cayó sobre mi pecho.... ¡Era la primera vez que me pegaba un hombre, fuera de mi padre! 10 --_¡No irritar, no incomodar!_--exclamó el polaco, asiéndose a mis pies; pues había caído de nuevo en tierra. --¡Descarga la barrilla!--me dijeron los soldados. --¿Para qué? --Para montar en el mulo a este judío.[61-2] 15 --Eso es otra cosa.... Lo haré con mucho gusto. Dije, y me puse a descargar. --_No..., no..., no...._ (exclamó Iwa.) _¡Tú dejar que me maten!_ --¡Yo no quiero que te maten, desgraciado!--exclamé, 20 estrechando las ardientes manos del joven. --_¡Pero mí sí querer! ¡Matar tú a mí, por Dios_!... --¿Quieres que yo te mate? --_¡Sí..., sí..., hombre bueno! ¡Sufrir mucho!_ Mis ojos se llenaron de lágrimas. 25 Volvíme a los soldados, y les dije con tono de voz que hubiera conmovido a una piedra: --¡Españoles, compatriotas, hermanos! Otro[61-3] español, que ama tanto como el que más[61-4] a nuestra patria, es quien os [suplica.] --¡Dejadme solo con este hombre! 30 --¡No digo que es _afrancesado_!--exclamó uno de ellos. --¡Arriero del diablo! (dijo el otro): ¡cuidado con lo que me dices![61-5] ¡Mira que te rompo la crisma![61-6] --¡Militar de los demonios! (contesté con la misma fuerza.) Yo no temo a la muerte.[61-7]--¡Sois dos infames sin corazón! (p62) ¡Sois dos hombres fuertes y armados, contra un moribundo inerme!... ¡Sois unos cobardes!--Dadme uno de esos fusiles, y pelearé con vosotros hasta mataros o morir...; pero dejad a este pobre enfermo, que no puede defenderse.--¡Ay! 05 (continué, viendo que uno de aquellos tigres se ruborizaba): si, como yo, tuvieseis hijos; si pensarais que tal vez mañana se verán en la tierra de este infeliz, en la misma situación que él, solos, moribundos, lejos de sus padres; si reflexionarais en[62-1] que este polaco no sabe siquiera lo que hace en España; en que 10 será un quinto[62-2] robado a su familia para servir a la ambición de un Rey..., ¡qué diablo![62-3] vosotros le perdonaríais....--¡Si; porque vosotros sois hombres antes que españoles, y este polaco es un hombre, un hermano vuestro!--¿Qué ganará España con la muerte de un tercianario? ¡Batíos[62-4] hasta morir con 15 todos los granaderos de Napoleón; pero que sea[62-5] en el campo de batalla! Y perdonad al débil; ¡sed generosos con el vencido; sed cristianos, no seáis[62-6] verdugos! --¡Basta de letanías![62-7]--dijo el que siempre había llevado la iniciativa de la crueldad, el que hacía andar a Iwa a fuerza 20 de bayonetazos, el que quería comprar un empleo al precio de su cadáver. --Compañero, ¿qué hacemos?[62-8]--preguntó el otro, medio conmovido con mis palabras. --¡Es muy sencillo! (repuso el primero.) ¡Mira! 25 Y sin darme tiempo, no digo de evitar, sino de prever sus movimientos, descerrajó un tiro sobre el corazón del polaco. Iwa me miró con ternura, no sé si antes o después de morir. Aquella mirada me prometió el cielo, donde acaso estaba ya el mártir. 30 En seguida los soldados me dieron una paliza con las baquetas de los fusiles. El que había matado al extranjero, le cortó una oreja, que guardó en el bolsillo. ¡Era la credencial del empleo que deseaba! (p63) Después desnudó a Iwa, y le robó... hasta cierto medallón (con un retrato de mujer o de santa) que llevaba al cuello. Entonces se alejaron hacia Almería. Yo enterré a Iwa en este barranco..., ahí..., donde 05 está V. sentado..., y me volví a Gérgal, porque conocí que estaba malo.[63-1] Y, con efecto, aquel lance me costó una terrible enfermedad, que me puso a las puertas de la muerte. --Y ¿no volvió V. a ver a aquellos soldados? ¿No sabe V. 10 cómo se llamaban?0 --No, señor; pero, por las señas que me dió más tarde la viejecita que cuidó al polaco, supe[63-2] que uno de los dos españoles tenía el apodo de _Risas_, y que aquél era justamente el que había matado y robado al pobre extranjero. 15 En esto nos alcanzó la galera: el viejo y yo subimos al camino; nos apretamos la mano, y nos despedimos muy contentos el uno del otro.--¡Habíamos llorado juntos! III Tres noches después tomábamos café varios amigos en el precioso casino de Almería. 20 Cerca de nosotros, y alrededor de otra mesa, se hallaban dos viejos, militares retirados, Comandante el uno y Coronel el otro, según dijo alguno que los conocía. A pesar nuestro, oíamos su conversación, pues hablaban tan alto como suelen los que han mandado mucho. 25 De pronto hirió mis oídos y llamó mi atención esta frase del Coronel: --El pobre _Risas_.... --_¡Risas!_--exclamé para mí. Y me puse a escuchar de intento. 30 --El pobre _Risas_... (decía el Coronel) fué hecho prisionero por los franceses cuando tomaron a Málaga, y, de depósito (p64) en depósito, fué a parar nada menos que a Suecia,[64-1] donde yo estaba también cautivo, como todos los que no pudimos escaparnos con el Marqués de la Romana.[64-2]--Allí lo conocí, porque intimó con Juan, mi asistente de toda la vida, o de toda mi 05 carrera; y cuando Napoleón tuvo la crueldad de llevar a Rusia, formando parte de su Grande Ejército, a todos los españoles que estábamos prisioneros en su poder, tomé de ordenanza a _Risas_.[64-3] Entonces me enteré de que tenía un miedo cerval[64-4] a los polacos, o un terror supersticioso a Polonia,[64-5] pues no 10 hacía más que preguntarnos a Juan y a mi «si tendríamos que pasar por aquella tierra para ir a Rusia,» estremeciéndose a la idea de que tal[64-6] llegase a acontecer.--Indudablemente, a aquel hombre, cuya cabeza no estaba muy firme por lo mucho que había abusado de las bebidas espirituosas,[64-7] pero que en lo 15 demás era un buen soldado y un mediano cocinero, le había ocurrido algo grave con algún polaco, ora[64-8] en la guerra de España,[64-9] ora en su larga peregrinación por otras naciones. --Llegados a Varsovia,[64-10] donde nos detuvimos algunos días, _Risas_ se puso gravemente enfermo, de fiebre cerebral, por resultas 20 del terror pánico que le había acometido desde que entramos en tierra polonesa; y yo, que le tenía ya cierto cariño, no quise dejarlo allí solo cuando recibimos la orden de marcha, sino que conseguí de mis Jefes que Juan se quedase en Varsovia cuidándolo, sin perjuicio de que,[64-11] resuelta aquella crisis de un modo 25 o de otro, saliese luego en mi busca con algún convoy de equipajes y víveres, de los muchos que seguirían a la nube de gente en que mi regimiento figuraba a vanguardia.--¡Cuál fué, pues, mi sorpresa cuando, el mismo día que nos pusimos en camino, y a las pocas horas de haber echado a andar,[64-12] se 30 me presentó mi antiguo asistente lleno de terror, y me dijo lo que acababa de suceder con el pobre _Risas_!--¡Dígole a V. que el caso es de lo más singular[64-13] y estupendo que haya ocurrido nunca!--Óigame, y verá si hay motivo para que yo no haya olvidado esta historia en cuarenta y dos años.--Juan (p65) había buscado un buen alojamiento para cuidar a _Risas_, en casa de cierta labradora viuda, con tres hijas casaderas, que desde que llegamos a Varsovia los españoles no había dejado de preguntarnos a varios, por medio de intérpretes franceses, 05 si sabíamos algo de un hijo suyo llamado _Iwa_, que vino a la guerra de España en 1808, y de quien hacía tres años no tenía noticia alguna, cosa que no pasaba a las demás familias que se hallaban en idéntico caso.--Como Juan era tan zalamero, halló modo de consolar y esperanzar a aquella triste madre, y 10 de aquí[65-1] el que, en recompensa, ella se brindara[65-2] a cuidar a _Risas_ al verlo caer en su presencia atacado de una fiebre cerebral...--Llegados a casa de la buena mujer, y cuando ésta ayudaba a desnudar al enfermo, Juan la vió palidecer de pronto 15 y apoderarse convulsivamente de cierto medallón de plata, con una efigie o retrato en miniatura, que _Risas_ llevaba siempre al pecho, bajo la ropa, a modo de talismán o conjuro contra los polacos, por creer[65-3] que representaba a una Virgen o Santa de aquel país.--_¡Iwa! ¡Iwa!_--gritó después la viuda de un 20 modo horrible, sacudiendo al enfermo, que nada entendía, aletargado como estaba por la fiebre.--En esto acudieron las hijas; y, enteradas del caso, cogieron el medallón, lo pusieron al lado del rostro de su madre, llamando por medio de señas la atención de Juan para que viese, como vió, que la tal efigie[65-4] 25 no era más que el retrato de aquella mujer, y, encarándose entonces con él, visto que su compatriota no podía responderles, comenzaron a interrogarle mil cosas con palabras ininteligibles, bien que con gestos y ademanes que revelaban claramente la más siniestra furia.--Juan se encogió de hombros, dando a entender por señas que él no sabía nada de la procedencia de 30 aquel retrato, ni conocía a _Risas_ más que de muy poco tiempo....--Elnoble semblante de mi honradísimo asistente debió de probar[65-5] a aquellas cuatro leonas encolerizadas que el pobre no era culpable....--¡Además, él no llevaba el medallón!--Pero el otro... ¡al otro, al pobre _Risas_, lo mataron a (p66) golpes y lo hicieron pedazos con las uñas!--Es cuanto sé[66-1] con relación a este drama, pues nunca he podido averiguar por qué tenía _Risas_ aquel retrato. --Permítame V. que se lo cuente yo....--dije sin poder 05 contenerme. Y acercándome a la mesa del Coronel y del Comandante, después de ser presentado a ellos por mis amigos, les referí a todos la espantosa narración del minero. Luego que concluí, el Comandante, hombre de más de 10 setenta años, exclamó con la fe sencilla de un militar antiguo, con el arranque de un buen español y con toda la autoridad de sus canas: --¡Vive Dios, señores, que[66-2] en todo eso hay algo más que una casualidad! Almería, 1854. EL LIBRO TALONARIO (p67) HISTORIETA RURAL I La acción comienza en Rota.--Rota es la menor de aquellas encantadoras poblaciones hermanas que forman el amplio semicírculo de la bahia de Cádiz;[67-2] pero, con ser la menor,[67-3] no ha faltado quien ponga los ojos en ella.--El Duque de Osuna, a 05 título de Duque de Arcos,[67-4] la ostenta entre las perlas de su corona hace muchísimo tiempo, y tiene allí su correspondiente castillo señorial, que yo pudiera describir piedra por piedra.... Mas no se trata aquí de castillos, ni de duques, sino de los célebres campos que rodean a Rota y de un humildísimo hortelano, 10 a quien llamaremos _el tío Buscabeatas_,[67-5] aunque no era éste su verdadero nombre, según parece. Los campos de Rota (particularmente las huertas) son tan productivos que, además de tributarle al Duque de Osuna muchos miles de fanegas de grano y de abastecer de vino a 15 toda la población (poco amante del agua potable y malísimamente dotada de ella), surten de frutas y legumbres a Cádiz, y muchas veces a Huelva,[67-6] y en ocasiones a la misma Sevilla,[67-7] sobre todo en los ramos de tomates y calabazas, cuya excelente calidad, suma abundancia y consiguiente baratura exceden 20 a toda ponderación;--por lo que[67-8] en _Andalucía la Baja_[67-9] se da a los roteños[67-10] el dictado de _calabaceros_ y de _tomateros_, [67-11] que ellos aceptan con noble orgullo. Y, a la verdad, motivo tienen para enorgullecerse de semejantes motes; pues es el caso que aquella tierra de Rota que 25 tanto produce (me refiero a la de las huertas); aquella tierra (p68) que da para el consumo y para la exportación; aquella tierra que rinde tres o cuatro cosechas al año, ni es tal tierra,[68-1] ni Cristo que lo fundó,[68-2] sino arena pura y limpia, expelida sin cesar por el turbulento Océano, arrebatada por los furiosos 05 vientos del Oeste y esparcida sobre toda la comarca roteña, como las lluvias de ceniza que caen en las inmediaciones del Vesubio.[68-3] Pero la ingratitud de la Naturaleza está allí más que compensada por la constante laboriosidad del hombre.--Yo no conozco, ni creo que haya en el mundo, labrador que trabaje 10 tanto como el roteño.--Ni[68-4] un leve hilo de agua dulce fluye por aquellos melancólicos campos.... ¿Qué importa? ¡El _calabacero_ los ha acribillado materialmente de pozos, de donde saca, ora[68-5] a pulso, ora por medio de norias, el precioso humor que sirve de sangre a los vegetales!--La arena carece de 15 fecundos principios, del asimilable _humus_[68-6].... ¿Qué importa? ¡El _tomatero_ pasa la mitad de su vida buscando y allegando sustancias que puedan servir de abono, y convirtiendo en estiércol hasta las algas del mar!--Ya poseedor de ambos preciosos elementos, el hijo de Rota va estercolando 20 pacientemente, no su heredad entera (pues le faltarla abono para tanto), sino redondeles de terreno del vuelo de un plato chico,[68-7] y en cada uno de estos redondeles estercolados siembra un grano de simiente de tomate o una pepita de calabaza, que riega luego a mano con un jarro muy diminuto, como quien da 25 de beber a un niño. Desde entonces hasta la recolección cuida diariamente una por una las plantas que nacen en aquellos redondeles, tratándolas con un mimo y un esmero sólo comparables a la solicitud con que las solteronas cuidan sus macetas. Un día le añade a tal mata[68-8] 30 un puñadillo de estiércol; otro le echa una chorreadita de agua; ora las limpia a todas de orugas y demás insectos dañinos; ora cura a las enfermas, entablilla a las fracturadas, y pone parapetos de caña y hojas secas a las que no pueden resistir los rayos del sol o están demasiado expuestas a los (p69) vientos del mar; ora, en fin, cuenta los tallos, las hojas, las flores o los frutos de las más adelantadas y precoces, y les habla, las acaricia, las besa, las bendice y hasta les pone expresivos nombres para distinguirlas e individualizarlas en su 05 imaginación.--Sin exagerar: es ya un proverbio (y yo lo he oído repetir muchas veces en Rota) que el hortelano de aquel país _toca por lo menos cuarenta veces con su propia mano a cada mata de tomates que nace en su huerta_.--Y así se explica que los hortelanos viejos de aquella localidad lleguen a quedarse 10 encorvados, hasta tal punto que casi se dan[69-1] con las rodillas en la barba[69-2].... ¡Es la postura en que han pasado toda su noble y meritoria vida! II Pues bien: _el tío Buscabeatas_ pertenecía al gremio de estos 15 hortelanos. Ya principiaba a encorvars