The Project Gutenberg EBook of Viajes de un Colombiano en Europa I. by José María Samper This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Viajes de un Colombiano en Europa I. Volume 1 of 2 Volumes Author: José María Samper Release Date: December 11, 2004 [EBook #14329] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIAJES DE UN COLOMBIANO *** Produced by The Online Distributed Proofreading Team. This file was produced from images generously made available by the Bibliothèque nationale de France (BnF/Gallica) at http://gallica.bnf.fr. VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA. * * * * * PRIMERA SERIE. INDICE. * * * * * AL SEÑOR DON MANUEL AMUNÁTEGUI, DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA ADVERTENCIA DOS PALABRAS AL LECTOR PRIMERA PARTE. CAPITULO I.--LA PRIMERA AUSENCIA.--Adiós al suelo natal.--La ciudad de Honda.--La gran vegetación.--El puerto de «Conejo».--Una escena octurna. --El vapor «Bogotá»--Nare y «San-Pablo». CAP. II.--EL BAJO MAGDALENA.--Las riberas del gran rio.--«Puerto nacional».--La aldea de Regidor.--Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertas de «Margarita».--Mompos.--La confluencia del Cauca.--Calamar. CAP. III.--LA REGION MARÍTIMA.--El canal del «Dique».--Las ciénagas; la salida al mar.--Cartagena; su bahía; sus arrabales.--Adios á la patria.--El mar por primera vez. CAP. IV.--EL OCÉANO.--La poblacion del vapor _ames_ La bahía y la ciudad de San-Thomas.--Una noche poética.--El vapor _Paraná_.--Grupos sociales.--Escenas á bordo.--Una ceremonia fúnebre.--Temporales. --Las costas de Inglaterra. SEGUNDA PARTE. ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA. CAP. I.--SOUTHAMPTOM.--La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial. --Interior de la ciudad.--Primeras impresiones.--Un compañero mistificado.--El primer tren de ferrocarril.--De Southampton á Londres. CAP. II.--ASPECTO GENERAL DE LONDRES.--Las grandes calles.--Costumbres diversas.--Miseria y beneficencia.--Contrastes dolorosos. --Reflexiones sobre el pauperismo. CAP. III.--EL TÁMESIS EN LONDRES.--Los puentes, la navegación y las márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La Torre de Londres.--Los Docks del comercio.--El Túnel.--Greenwich; el Hospital militar,--El _Leviatan_ en obra. CAP. IV. JARDINES Y MONUMENTOS.--El Jardín Botánico.--El Zoológico. --El Coliseo.--El Museo Británico.--San Pablo. CAP. V.--CURIOSIDADES.--El Diorama.--La galería Tussaud.--El Palacio de cristal.--El Banco de Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos interesantes. CAP. VI.--DE LONDRES A PARIS.--En el wagon.--Dover.--El paso de Calais.--La entrada á Francia.--Calais.--Amiens.--Las cercanías de París. TERCERA PARTE. DE PARÍS A MADRID. CAP. I.--LA BORGOÑA Y LYON.--Los ferrocarriles.--Melun. --Fontainebleau.--Montereau.--Sens.--Jolgny.--Tonnerre.--Dijon. --Impresiones nocturnas.--Panorama de Lyon. CAP. II.--LA CIUDAD DE LYON.--Hidrografía.--Varios objetos.--El Palacio de las Artes.--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las fabricas de sederias. CAP. III.--EL VALLE DEL RóDANO.--Aspecto general.--La Provenza. --Panorama de Marsella.--Interior de la ciudad. --Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad. CAP. IV.--CATALUÑA.--Orografía de España.--El puerto de Barcelona. --Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes. --Centros manufactureros.--Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés. CAP. V.--VALENOIA Y SU VALLE.--Una aduana española.--Del Grao á Valencia.--Estructura y panorama de la ciudad.--Un juicio de aguas. --Tipos sociales y costumbres. CAP. VI.--DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES.--La «Huerta» de Valencia. --San Felipe de Játiva.--La «diligencia» española.--Almanza.--La Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de España. CUARTA PARTE. LA NUEVA CASTILLA. CAP. I.--MADRID MONUMENTAL.--Aspecto general.--Plazas, paseos y jardines.--Museos y bibliotecas.--Palacios, teatros y otros monumentos.--Las caballerizas reales. CAP. II.--MADRID POLÍTICO Y SOCIAL.--La Corte y la nobleza.--La juventud española.--Escenas matinales.--Las calles de Madrid.--El Prado.--El teatro español.--El café público en España.--Tendencias sociales. CAP. III.--ARANJUEZ.--Un paseo popular.--Mi compañero.--El valle de Aranjuez.--Un grupo de periodistas.--Una corrida de toros.--El _monte_ en ferrocarril. CAP. IV.--TOLEDO.--La Semana Santa.--Por la orilla del Tajo. --Topografía de Toledo; su origen.--La Catedral y otros monumentos religiosos.--El _Alcázar_.--Condicion social de los toledanos. CAP. V.--LA MANCHA.--Dos compañeros de viaje.--Aspecto del país. --Recuerdos de Don Quijote.--Las poblaciones manchegas.--La Sierra-Morena. QUINTA PARTE. LAS ANDALUCIAS. CAP. I.--JAEN Y GRANADA.--Panorama general.--Las colonias de Cárlos III.--Baylen.--Jaen y sus campiñas.--De Jaen á Granada.--Idea general de Granada.--Curiosidades de la ciudad. CAP. II.--GRANADA MONUMENTAL Y SOCIAL.--La Alhambra--La vega de Granada.--El Jenerallfe.--La Catedral.--La Cartuja.--El Albaicin. --Los Gitanos en Granada. CAP. III.--LAS FALDAS DE LA SIERRA-NEVADA.--Santafé.--Un comisionista en viaje.--Loja.--La Sierra-Nevada.--El valle de Málaga.--La ciudad y sus curiosidades.--Algunas impresiones. CAP. IV.--EL ESTRECHO DE GIBRALTAR.--A bordo.--El golfo de Algeciras. --Escenas de la tarde.--La ciudad de Gibraltar.--Situacion y comercio. --La fortaleza.--Delante de Tarifa. CAP. V.--LA BAHÍA DE CÁDIZ.--La isla de Leon.--Panorama de Cádiz. --Reminiscencias.--Curiosidades y costumbres.--San-Fernando.--Puerto Real.--Puerto-Santa-María.--Algo mas sobre Cádiz.--El bajo Guadalquivir. CAP. VI.--SEVILLA.--Idea general de la ciudad.--Panorama circunvecino. --El tipo sevillano.--Costumbres sevillanas. CAP. VII.--MONUMENTOS Y CURIOSIDADES DE SEVILLA.--La Catedral.--El Alcázar.--La Lonja.--El Museo de pinturas.--La Universidad.--La Casa de Pilatos.--El barrio de Triana.--La industria sevillana.--Varias observaciones. CAP. VIII.--EL GUADALQUIVIR.--El primer tren de Sevilla á Córdoba.--Un marqués comunista.--La provincia de Córdoba.--Aspecto de la capital. --su poblacion y su estadística.--La Mezquita-catedral.--Curiosidades. --De Córdoba á Baylen.--Andujar. SEXTA PARTE. DE MADRID A PARIS. CAP. I.--EL ESCORIAL.--La cuesta del Guadarrama.--Lo que vale un _Real-sitio_.--El ciego Cornelio.--San Lorenzo--La _Casa del Príncipe_.--Algunas reflexiones.--Una escena de costumbres castellanas. CAP. II.---LA VIEJA CASTILLA.--Un cura en diligencia.--Las llanuras castellanas.--Un poco de diplomacia.--La província de Valladolid. --La capital; sus monumentos, curiosidades, costumbres é industrias. CAP. III.--PALENCIA Y SANTANDER.--El canal de _Castilla_.--La provincia de Palencia y su capital.--Alar-del-Rey; las fuentes del Ebro.--El rio Besaya.--La provincia de Santander.--La ciudad y su bahía. CAP. IV.--LAS PROVINCIAS VASCONGADAS.--La ría del Nervion.--Idea de las tres provincias.--Bilbao.--Los Pirineos vascongados.--Vitoria. --Tolosa y San Sebastian.--El valle del Bidasoa. CAP. V.--EN FRANCIA.--Del Bidasoa á Bayona.--La ciudad de Bayona. --Las _Landas_.--Burdeos;--su aspecto, su comercio, sus monumentos, etc.--De Burdeos á París.--La hoya del Loira. CAP. VI.--PRESENTE Y PORVENIR DE ESPAÑA.--Diversas faces de España; --clasificacion de sus grupos sociales y geográficos.--Comparaciones; --rasgos característicos.--Consideraciones generales.--Aptitudes del pueblo español.--Defectos de su gobierno. AL SEÑOR DON MANUEL AMUNATEGUI DIRECTOR DE «EL COMERCIO» DE LIMA. * * * * * Este escrito, como la mayor parte de los que han salido de mi pluma en Europa, desde abril de 1858, debe su primera aparición á los estímulos generosos, á la ilustrada y desinteresada protección que le han dado, como propietarios y redactores de «El Comercio,» Usted y nuestro noble y malogrado amigo DON ALEJANDRO VILLOTA. Es «El Comercio» el que primero ha dado á luz las paginas incorrectas y frecuentemente improvisadas de este libro. Por lo mismo, á nadie mejor que á los perseverantes directores de ese diario--que defiende la libertad y difunde la semilla de la civilización en el suelo hispano-colombiano--les corresponde el modesto homenaje de esta obra. Acéptelo Usted, mi fino y respetable amigo, en su nombre y en el de nuestro lamentado amigo VILLOTA, como un testimonio de alta consideracion y gratitud profunda. Cada cual da de lo que tiene: hombre de corazon y escritor, lo mejor que puedo ofrecer á Usted es mi cordial afecto y el humilde fruto de algunas de mis labores. JOSÉ M. SAMPER. París, Febrero 7 de 1862. * * * * * ADVERTENCIA. La narración de mis Viajes comprenderá cuatro series, contenidas en cuatro volúmenes. La primera, que publico ahora, se refiere á la region del rio Magdalena, en los Estados Unidos de Colombia (antes «Nueva-Granada»), mi punto de partida,--á la travesía del Atlántico, una parte de Inglaterra, muchos departamentos de Francia, y sobre todo España. La segunda, que va á entrar en prensa, comprenderá la descripción de Suiza, la Alemania del Rin, Bélgica y varios departamentos de Francia. La tercera abrazará las narraciones relativas á otra parte de Francia (la del Nordeste), y á Wurtemberg, Baviera, Austria, Hungría, Bohemia, Sajonia, Prusia, Hamburgo, Hanover, Hese-Gasel y Holanda. La cuarta comprenderá la Gran Bretaña, Italia, y un estudio social comparativo de Paris y Lóndres y de la civilizacion europea. Cada volúmen irá provisto, como el presente, de un sencillo mapa indicativo de los itinerarios. Si, por algún inconveniente insuperable, no alcanzare á terminar mi publicación en París, la terminaré precisamente en Bogotá, en 1863. No debe olvidarse que el texto de este volúmen ha sido escrito y publicado en 1859-60, y que por tanto es á esa época que se refieren todas las observaciones estadísticas, y otras de carácter mas ó menos transitorio. EL AUTOR. VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA. DOS PALABRAS AL LECTOR. * * * * * No sé el grado de estimacion que puedan merecer de parte de muchos lectores las reflexiones de un viajero que, desconocido fuera de su patria, emprende su peregrinacion desde el corazon de las selvas colombianas hasta el centro de estas viejas sociedades europeas, repletas de recuerdos, grandiosos monumentos y amargos desengaños. Amante de contrastes y siempre solicitando la verdad, he dejado mi dulce patria de libertad y de esperanzas,--la tierra de las montañas colosales, de los valles espléndidos, de las cataratas, las selvas, los espumantes rios, las altas cimas coronadas de nieve, los perfumes, los ecos misteriosos, las soledades, los tesoros de luz y de armonía y la pompa inagotable de esa naturaleza que resume en su seno toda la poesía y todas las maravillas de la creación! Todo eso se queda atras: todo eso es Colombia, escondida bajo el manto de conchas y coral, de luz y de misterio que le extienden el Atlántico y el Pacífico.... ¿Y por qué dejar tan lejos todo ese mundo que se adora? Es que el demócrata de Colombia necesita nutrir su espíritu con la luz de la vieja civilización y fortalecer su corazon republicano con las severas enseñanzas de una sociedad ulcerada profundamente por la opresion y el privilegio. Es que la verdad no se adquiere completa sino por comparación, y el espíritu debe abrazar la vida de los dos continentes que trabajan de distinto modo en la obra de la civilizacion. Es preciso asistir á este torbellino que conmueve al mundo europeo, en busca de la luz, de la ciencia, del refinamiento del arte, de las maravillas de la industria, y de todo este conjunto de esfuerzos admirables que constituye la obra del progreso.--Es preciso contemplar el espectáculo de esta sociedad en recomposicion, que bulle, que se agita y se preocupa, empeñada por resolver el problema del bienestar, luchando entre las tradiciones del absolutismo y las aspiraciones hácia la libertad. El contraste es grandioso y merece un estudio bien esmerado. En Colombia, las sencillas escenas de la democracia, el misterio solemne, la soledad y el espectáculo sublime de la naturaleza en todo el esplendor de su pompa y su grandeza. En Europa, las intrigas de las aristocracias, la luz de la ciencia, la población exuberante, y el arte levantado hasta las mas prodigiosas proporciones. Si Colombia es la tierra del porvenir, de la esperanza y de la idea; Europa es el mundo de lo pasado, de los recuerdos y de los hechos. Comparar esos dos mundos, analizando el organismo y la fisonomía de la civilizacion en cada uno de ellos, tal es la tarea del viajero. Por mal que desempeñe mi parte de labor ¿no he de esperar, pues, que algunos de los lectores del Nuevo Mundo se asocien á la investigacion que uno de sus hermanos viene á hacer sobre el terreno de donde partió, con los horrores de la conquista, la civilización semi-feudal que se nos infiltró? Feliz el viajero que, animado del mas profundo sentimiento de amor hácia su familia predilecta de las regiones de Colombia, pudiera encontrar en su peregrinacion tesoros de verdad que ofrecer á sus hermanos! Asistir dia por dia, hora por hora, á este flujo y reflujo de las instituciones y de las costumbres, de la literatura, de la ciencia y de la industria, que se revela en admirables monumentos, en suntuosos museos y ricas bibliotecas, en los ferrocarriles y telégrafos, en las fábricas de enorme ó de ingeniosa produccion, en las academias y universidades, en las exposiciones y los congresos internacionales, en las imprentas y los gabinetes artísticos, en las escuelas populares, en los institutos de beneficencia y de penalidad, en la administración de la justicia bajo diferentes formas, en los puertos, los diques y canales, en los teatros de todo género, en los lugares públicos destinados al servicio de la ciencia y del buen gusto, en los Bancos, las Bolsas y las asociaciones, y en todo lo que puede representar un progreso, una tradición, una organizacion social ó un hecho característico; asistir á este movimiento, repito, es contemplar de bulto la obra de la civilizacion, es alimentar simultáneamente los sentidos y el alma. Ensayaré, pues, haciendo un esfuerzo por llenar esa tarea que será la historia de mi peregrinacion. PRIMERA PARTE. * * * * * CAPITULO I. * * * * * LA PRIMERA AUSENCIA. Adiós al suelo natal.--La ciudad de Honda.--La gran vegetacion.--El puerto de «Conejo».--Una escena nocturna.--El vapor «Bogota».--Nare y «San-Pablo». Hay verdades que se hacen adagios porque todo el mundo percibe su impresion, y una de ellas es, que el mérito de lo que se ama no se comprende sino al carecer del objeto querido. El alma tiene, como las pupilas, sus bellas ilusiones de óptica, porque ella misma es la pupila del corazon, y los objetos crecen y toman formas siempre mas interesantes á medida que se nos alejan. He aquí por qué al embarcarme el 1º de febrero de 1858, en el puerto de las _Bodegas de Honda_, á bordo de un champan que debía conducirme al vapor _Bogotá_, estacionado siete leguas mas abajo, sentí mi corazón oprimido y preocupada mi imaginación. Por primera vez iba á alejarme de mi patria por algunos años,... _talvez_ para siempre! _Honda_, con sus escombros sublimes, quebrantados sepulcros de una antigua opulencia,--sus saltadores y ruidosos rios, espumantes como cataratas,--sus altas palmeras entretejidas en flotantes pabellones,--sus siempre verdes y suntuosas arboledas que bañan en las ondas la crespa y abundante melena,--sus cerros escarpados y en anfiteatros, de eterna soledad, y sus llanuras de esmeralda cuyas altas gramíneas sacuden en el estío los recios huracanes;--_Honda_, la reina destronada, sombra de su lejano esplendor; se presentaba á mis ojos con su manto azul y sus ruinas cubiertas de parásitas, mas triste y mas hermosa que nunca. Jerusalen del poema oscuro de mi juventud, la dejaba entre sus colinas y sus bosques como un santuario de recuerdos venerables. La madre recibia el adios del hijo viajero: mi pensamiento la comprendía mejor que nunca! Dejar la tierra natal ¡este solo hecho entraña un drama entero para el corazón! Qué momento tan solemne aquel, de recogimiento para el alma del viajero, de esperanza profunda y de temor supremo! Al dejar la playa arenosa donde quiebra sus hondas el majestuoso Magdalena, creía separarme de un inmenso tesoro. Ahí quedaban: la tumba de mi padre, las tradiciones de familia, la ceniza del hogar, las dulces memorias, los caprichos y los locos amores de la juventud, los amigos, la fortuna, la libertad, el aire, el cielo, los mil rumores vagos y confusos, y todo ese adorable conjunto de impresiones y sueños, de pesares y recuerdos, de infortunios y dichas, que se llama la _Patria_!... Todo eso quedaba atras, como sepultado en un panteon cuya portada era _Honda_! ¿Y adelante?... Lo vago y desconocido,--lo infinito y maravilloso;--eso que el corazón acaricia en sus sueños de esperanza, y que la duda cubre con sus sombras cuando el viajero se dice: ¡_quién sabe_! * * * * * _Honda_ es una vieja ciudad, enteramente española por su construccion, pero de un aspecto tan caprichoso y pintoresco que llega hasta las proporciones de lo romántico. El rio Magdalena, la grande arteria del comercio de Nueva Granada, despues de haber traído por algunas leguas la direccion de S. E. á O., pierde repentinamente su mansedumbre, se estrecha entre las altas rocas de dos serranías paralelas, y torciendo directamente al norte se lanza por entre raudales pedregosos, coronado de espuma, bramando como la gran mole de una catarata, y, como fatigado de ese descenso tormentoso, va á reposarse, una legua mas abajo, lamiendo suavemente las anchas playas de la _Bodega_. Una llanura de cuatro leguas, interrumpida por algunos bosques y colinas; pintorescos y de lujosa vegetacion, viene desde la derruida ciudad de Mariquita (la tumba del conquistador Quesada), al pié de la cordillera central de los Andes, y termina sobre la orilla izquierda del Magdalena, dominando el áspero raudal que los naturales llaman _el Salto_. El primoroso rio _Gualí_, azul, saltador, espumante como un torrente, y orrilado por suntuosas arboledas, limita la llanura por el norte, y corriendo de O. á E. viene á darle su limpio tributo al Magdalena, dividiendo en dos partes la ciudad de _Honda_; en tanto que á 400 metros mas arriba una hermosa quebrada desemboca tambien, cortando la playa del puerto principal. Vista de fuera, _Honda_ parece una ciudad oriental ó morisca, ya par su caprichosa situacion y sus edificios de pesada manipostería, ya por el contraste de los colores, los techos, los blancos ó negros muros, las formas extravagantes y los balcones y azoteas, ya en fin por los penachos de los altos cocoteros, meciéndose blandamente como para abrigar con su sombra la ciudad, protegiéndola contra los rayos de un sol abrasador, que brilla en la mitad de un cielo eternamente azul y trasparente. Honda tiene una población de 5,000 almas, y es el gran puerto de escala del comercio interior de la República. Si en la época de la colonia fué la vía del comercio europeo respecto del Ecuador y el Perú, la independencia de Colombia, el tránsito por el Istmo de Panamá y un espantoso terremoto que la redujo á escombros en junio de 1805, le hicieron perder su primitiva importancia comercial. Hoy no es mas que una plaza de tránsito, que empieza á resucitar en medio de los escombros, gracias á la agricultura interior y á las grandes ventajas que le ofrece la navegacion del Magdalena. No he visto jamas una ciudad en donde estén tan bien representadas como en Honda la vida, que se ostenta en el poder de una naturaleza exuberante y espléndida, y de un comercío activo, y la muerte, que parece anidarse en la soledad de las ruinas ennegrecidas por el tiempo. Luchando la una contra la otra sin cesar, no es dudoso á quién tocará la victoria; es á la primera, protegida por la libertad y la industria, representantes del _progreso_, que es la síntesis de la vida! La ciudad de Honda es el límite ó centro de dos regiones enteramente distintas: hácia el sur y el oriente las admirables comarcas del alto Magdalena; hácia el norte las soledades infinitas, los desiertos ardientes y la monótona uniformidad del bajo Magdalena. Arriba la mas espléndida region de la Colombia meridional; un panorama infinitamente variado de llanuras y colinas, de selvas y montañas, de contrastes interminables en las formas, los colores y los recursos de la naturaleza; y toda esa sucesion de valles lacustres y de lujosas serranías, enriquecida por una poblacion activa, numerosa y bastante civilizada, y por las obras de una agricultura progresiva, que se mancomuna con el comercio, la industria pecuaria, las artes y la minería. Allí, en toda esa comarca primorosa, _ardiente paraíso_ de Nueva Granada, se ve la vida social, el desarrollo activo, la civilización. De Honda para abajo, siguiendo el curso del Magdalena, la escena cambia enteramente. El rio, como para revelar mejor el carácter salvaje de la región que le rodea, se hace mas perezoso en su marcha, y léjos de profundizar su cauce, se bifurca en multitud de brazos, se ensancha á veces como un pequeño mar interior, escondiendo sus aguas entre el follaje de las selvas seculares; levanta en su camino un enjambre de islotes pintorescos; y haciéndose mas ingrato por la abundancia de sus insectos venenosos, la ferocidad de sus terribles caimanes, la ardentía de sus playas calcinadas por un sol devorador, y la absoluta soledad de sus vueltas y revueltas, sus ciénegas y barrancos de salvaje tristeza, revela que allí no ha fundado el hombre su poder, que la humanidad no ha tenido todavía valor para entrar en lucha con esa emperatriz de los desiertos que se llama _Naturaleza!_ Tal es la región que yo debía atravesar, siguiendo la corriente del Magdalena, al darle mi adiós á la tierra natal. * * * * * El _Champan_ se apartó de la playa, los remos se agitaron al compas de los gritos salvajes de los _bogas,_ y pocos minutos despues, al torcer su curso el Magdalena por entre monstruosos peñascales, se perdieron de vista los últimos penachos de los cocoteros que indicaban el sitio de la _Bodega_. El hombre desapareció para ceder el campo exclusivamente á la vegetacion. Gigantesca siempre, variada al principio, encantaba donde quiera, presentando las mas hermosas vistas sobre los altos peñascos de la orilla, ó en los pabellones de lujosa verdura que venian á extender sus flotantes encajes de parásitas y enredaderas sobre la playa misma, á donde sale á calentarse, en lechos de arena calcinada, el temible y monstruoso _caiman_, terror de los habitadores de las ondas. Ya se ven bosques enteros de cedros seculares cubriendo con su oscura sombra las quiebras de una ladera trastornada por las conmociones de la naturaleza; ya los grupos de altísimas palmeras forman pabellones donde se columpian bandadas de papagayos primorosos; ya sobre la barranca arcillosa de rojos estratos compuestos de capas desiguales, se levanta un grupo de gigantescas _guaduas_ (_bambús_), que, entretejidas por mil delgados bejuquillos cubiertos de flores, lanzan sus plumajes flexibles sobre las ondas del rio, como abanicos abiertos por el viento, donde una hada de los bosques ha trazado sobre el fondo verde los mas caprichosos arabescos y mosaicos. Por todas partes lujo y exuberancia de vegetacion, riqueza de contrastes y variedad de formas y colores en la naturaleza; pero ausencia absoluta de poblacion y de cultivo. Si todavía se notan inflexiones en el terreno, es porque no han terminado aún las ramificaciones que las dos cordilleras principales de los Andes--oriental y central--arrojan sobre el Magdalena en diferentes direcciones. Después las serranías desaparecen, las selvas forman horizonte, y el ojo del viajero, fatigado y triste, no ve mas que el desierto interminable. A nueve ó diez kilómetros de Honda desemboca, sobre la izquierda, un pequeño y clarísimo rio, el _Guarínó_, despues de haber fecundado la mas preciosa llanura que puede imaginarse,--pampa feraz, de variadas gramíneas y cubierta de inmensos bosques de palmeras de todas clases y de gigantescos _caracolíes_, á cuya sombra se pasean en numerosas tribus los zainos y tapiros, perseguidos por el terrible jaguar, mientras que en las altas almenas de los árboles forman innumerables pájaros sus conciertos aéreos y siempre sorprendentes. * * * * * Despues de cinco horas de navegacion, el champan se atracó al costado del vapor _Bogotá_, anclado en el puerto de la bodega de _Conejo_. El paisaje, visto de léjos, no podía ser mas primoroso. Sobre la alta barranca, tapizada de grama verde y suave, en toda su extension, grupos de chozas rústicas de habitacion de bogas y pobres agricultores del desierto; en el centro el inmenso edificio de la Bodega, de techumbre pajiza y de un solo piso, y detras y en medio de las casas un bosque admirable, en cuyo fondo de un verde de diversas tintas contrastaban la hermosa melena del cocotero sobre el esbelto mástil, las palmas ensortijadas de las guaduas colosales, el redondo follaje del mango y el mamey, y la corpulenta ramazon del cedro y el caracolí, esos soberanos suntuosos de los desiertos selváticos de Colombia. Y al pié de esas ricas arboledas y de esas chozas llenas de colorido local, los grupos animados de viajeros y bogas, tan discordantes y variados, y formando un contraste tan curioso como el que hacian el vapor _Bogotá_ y los _champanes_ y las casas indígenas. De un lado el lujo de la naturaleza, indomable y grandiosa, perfumada y llena de misterio; del otro el lujo de la civilizacion, de la ciencia, y la ostentacion de la fuerza vencedora del hombre. Allá el hombre primitivo, tosco, brutal, indolente, semi-salvaje y retostado por el sol tropical, es decir el _boga_ colombiano,--con toda su insolencia, con su fanatismo estúpido, su cobarde petulancia, su indolencia increíble y su cinismo de lenguaje, hijos mas bien de la ignorancia que de la corrupcion; y mas acá el europeo, activo, inteligente, blanco y elegante, muchas veces rubio, con su mirada penetrante y poética, su lenguaje vibrante y rápido, su elevacion de espíritu, sus formas siempre distinguidas. De un lado el pesado _champan_, barca _toldada_ de palmas secas, de 20 á 50 metros de longitud y dos ó tres de anchura--especie de choza flotante,--y montado por multitud de bogas que gritan atrozmente y parecen una legion de salvajes del desierto; ó bien la miserable _ramada_ indígena, expuesta á la cólera de los vientos, las invasiones de los reptiles y las fieras, ó los chubascos de las tempestades de invierno, con un menaje tan extravagante como pobre, y abrigando familias de salvaje fisonomía, fruto del cruzamiento de dos ó tres razas diferentes, y para las cuales el cristianismo es una mezcla informe de impiedad é idolatría, la ley un embrollo incomprensible, la civilizacion una niebla espesa, y lo porvenir como lo presente y lo pasado se confunden en una igual situacion de sopor, indolencia y brutalidad! Y al pié de esas barracas que dan amparo á una vida de transicion, que se acerca mas á la barbarie todavía que al progreso, se levantaban la chimenea, el pabellon y los mástiles y costados pintorescos del vapor _Bogotá_ para protestar contra la barbarie, y probar que aún en medio de las soledades y del misterio sublime de una naturaleza imponderable por su fuerza, el hombre va á fundar su soberanía universal, haciendo triunfar en todas partes la fuerza del _espíritu_ sobre el poder de la _materia_. ¡Qué bien contrastaban en el puerto de _Conejo_ la chimenea del vapor, soltando sus bocanadas de humo espeso y arrebatado por al viento de las selvas, con el mástil delgado, altísimo y secular del cocotero, en cuya cima se columpiaba al soplo de ese mismo viento el pabellón de palmas ensortijadas y flexibles. El cocotero, sembrado desde el tiempo de la colonia, seguía vegetando; pero el vapor, hijo de la república é instrumento de la libertad, venia á envolverlo entre sus cortinas de humo, saludándole con los silbidos de la locomotiva. * * * * * La noche ofreció una escena admirable, como para aumentar los incidentes del contraste. En el vapor _Bogotá_ nos habíamos reunido personas de paises muy distintos. El capitán era un bravo Genoves, republicano, franco, sencillo y de trato cordial, y entre los pasajeros había no solo unos cuantos Granadinos, sino Ingleses, Franceses y Alemanes. La cordialidad se estableció pronto, como sucede siempre en todo viaje, y un Irlandés de 62 años, grande como una torre, alegre como un muchacho, bebedor de primer orden, como era de su deber para honrar su nacionalidad, y burlon y retozon como todos los Irlandeses (salvo los que son serios), introdujo un delicioso desórden sobre cubierta. Cantó, bailó solo, tocó violin y tambor (instrumentos que según entiendo no están ligados por una íntima fraternidad), y acabó por comunicarnos á todos su excelente humor. Pocos momentos después la vecina selva resonaba con el ardiente coro de todos los pasajeros cantando (cada cual en el tono en que podio) ya la _Marsellesa_, ese himno sublime de guerra y libertad, ya el _God save the Queen_ los Ingleses, ya las canciones mas ó menos populares de Nueva Granada, de Alemania y de Irlanda. Una hora después de esos cantos de la civilización, y cuando todos reposábamos en nuestras _hamacas_, en medio de las sombras y el silencio, un himno enteramente diferente, salvaje y de una melancolía llena de misterio, de grandeza y de ruda poesía, estalló de repente, sostenido por cincuenta voces roncas y pesadamente acompasadas, en medio de un bosque secular de la vecina playa. El asunto, la entonación, el estilo y el misterio de ese canto venían á contrastar admirablemente con las ardientes canciones que poco antes habian salido de entre los flancos del vapor _Bogotá_. Aunque el espectáculo no me era desconocido, no pude resistir á la tentacion de contemplarlo de cerca. Así, salté de mi hamaca, convidé á dos amigos y me fui á tierra, tomando la direccion que nos indicaban el canto mismo y una luz rojiza que brillaba entre las sombras espesas de la selva. La playa estaba desierta y ni un solo boga dormía sobre las toldas de los champanes amarrados á una ancla de hierro y algunos gruesos troncos. Despues de andar por un trayecto de doscientos metros, por enmedio de las arboledas, descubrimos un espectáculo en extremo interesante. Bajo el follaje de un enorme cedro, en una área limpia y arenosa, había una grande hoguera alimentada con troncos gruesos, ramas resinosas y grandes trozos de un ámbar amarillo, subalterno, que abunda mucho en aquellas selvas interminables. La llamarada era espléndida, el perfume riquísimo, y las sombras que proyectaban los arboles hadan juego con la luz de un modo admirable. Al derredor de la hoguera estaban arrodilladas en confusión como cincuenta personas,--hombres y mujeres, viejos y muchachos, habitantes del lugar y bogas,--y todos á un tiempo con una voz ronca y acompasada, pero excesivamente expresiva por su acento, cantaban un himno mortuorio!... Era el _novenario_ de un vecino que habia muerto tres dias antes, y cuyo cuerpo estaba sepultado á poca distancia de allí. La canción era un conjunto de oraciones en verso, extravagantes, compuestas por los _bogas_ y usadas siempre en todo novenario; y el estribillo, tan incomprensible en su lenguaje como enérgico en su entonación, se componía de una especie de cuarteta de versos de seis silabas. Tres hombres cantaban primero una _estrofa;_ todos respondían con el estribillo, y luego tres mujeres cantaban otra, y así sucesivamente. Confieso que en aquella escena salvaje, pero llena del encanto de la fe y la piedad, encontré mas poesía y mas religión que en los cantos del vapor _Bogotá_. La entonacion era profunda y sombría, solemne apesar de su rústica armonía, y yo encontraba en esa escena una grande impresión y una enseñanza. La poesía es sin disputa la mas sublime de las manifestaciones del alma en sus relaciones con Dios, el hombre y la naturaleza. * * * * * El 2 de febrero el vapor _Bogotá_ recogió su ancla, lanzó su silbido matinal, semejante al grito del salvaje, y sacudiendo con sus alas de hierro las turbias ondas del Magdalena, se deslizó rápidamente por entre los verdes y tupidos pabellones de las selvas, dejando marcada su brillante estela en las flotantes espumas que iluminaba el sol de la mañana. ¡Qué impresion tan profunda experimenta el corazon del patriota, soñador del progreso, cuando por primera vez se confia, como viajero, á esa segunda providencia, á ese espíritu invisible de la humanidad, trasfundido en el poder dé la mecánica, que se llama el vapor! La onda se humilla, corriendo fugitiva, ante ese conquistador que la surca sin temerla y la azota con las ruedas de su carro triunfal; el monstruo de las aguas busca sus grutas escondidas en el abismo, comprendiendo que el imperio del elemento líquido le pertenece á un sér infinitamente superior; y el huracan, ese Júpiter sin forma, de aliento destructor, que impera sobre las soledades del páramo, de la selva, del arenal y del océano, parece amansarse en presencia de ese viajero que opone á las conmociones supremas de la creacion la fuerza misteriosa de la ciencia triunfante! ¡El _Vapor_! ¡ah! qué espectáculo para un hombre de fe! Esa maravilla resumía para mí todos los progresos y la gloria del hombre, toda la divinidad de este sér que, hecho á semejanza moral de Dios, lleva en su mente los atributos inmortales del alma inteligente y pensadora, Cada rueda, cada cilindro, cada miembro de la máquina del _Bogotá_ me parecía la imagen de cada uno de los músculos y los órganos vitales del hombre, Allí estaba concretada toda la historia de la humanidad, porque esa máquina animada por el hombre era el movimiento, la fuerza, la tenacidad, el genio, la fe, la vida, el espíritu, la luz, la civilizacion, el progreso indefinido y eterno. Mi alma se sintió dominada por un recogimiento profundo. Sentado sobre el puente de proa, al lado de los timoneros, contemplé con inmenso placer el cielo trasparente y azul, las altas serranías de los Andes, las selvas, el rio y cuanto formaba el panorama; y desde el fondo de mi corazón agradecido, bendecía todas las revoluciones, los heroicos esfuerzos y la abnegación de los hombres y los pueblos que, dando su sangre á lo pasado, le han conquistado á la posteridad los progresos de la época actual y del porvenir. * * * * * Hasta el puerto de _Nare_ todo es variado y pintoresco, de _Conejo_ para abajo. La vecindad de las serranías permite las inflexiones del terreno, y tan presto se sorprende el viajero con la vista de los bosques gigantescos ó las pequeñas llanuras que terminan en el rio, como admira la lujosa vegetación intermediaria; los altos rocas de arenisca petrificada; las sombrías bocas del _Tigrito_ y otros riachuelos cuyo cauce parece una interminable gruta de verdura; las ondas azules y abundantes de los ríos _Negro_ y _La Miel_, que sostienen á una y otra margen la cinta turquí de su corriente, sin mezclarse con el Magdalena al principio; el pintoresco caserío de _Buena-Vista_, situado sobre una barranca y rodeado por la alta muralla de un bosque secular, sobre cuyo fondo oscuro se dibujan los mástiles de los cocoteros y el blanco muro de la capilla parroquial; y mil otros objetos que contribuyen á darle al paisaje variedad y encanto. Poco mas arriba de Nare la monotonía empieza, y los bosques interminables de _guarumos_, árbol de color gris claro que parece un fantasma en esqueleto, le dan á las orillas un aspecto de tristeza y esterilidad. El sol quema como una brasa, el calor, de 36 grados, es sufocante, y la desolacion de la naturaleza comienza. Nare es un distrito de miserable población y aspecto insalubre, y que, salvo dos ó tres familias, no contiene sino bogas y gente de la raza indo-africana. Sinembargo, es un punto muy importante para el comercio interior, de escala para el Estado de Antioquia, y su lindo rio cercano, de bastante caudal, es navegado por champanes y canoas hasta siete leguas arriba de su embocadura. En Nare se engrosó el número de los pasajeros con un robusto Escoces, explotador de minas, un dentista, que forzosamente resultó ser yankee, y un antioqueño que, tan luego como entró al vapor, promovió una _rifa_, y empezó sus especulaciones. Los antioqueños, descendientes en su mayor parte de una expedicion de judíos de la época de Felipe III, son los Israelitas de la Nueva Granada, en punto á negocios y viajes, aunque en materia de destapar y vaciar botellas son esencialmente Ingleses. Una legua abajo de Nare está la famosa _Angostura_, terror de los navegantes, y al salir de ella comienza la región de las islas de primorosa vegetacion, cada vez mas numerosas, porque el Magdalena, ensanchándose mucho sobre un terreno de bajo nivel y anegadizo, interminable como llanura selvática, diseminasus aguas en todas direcciones. Por lo demas, la naturaleza pierde toda su variedad;--la vegetacion, sujeta á las inundaciones, aparece esqueletada, descolorida y áspera, y las serranías se pierden de vista enteramente. Ya no queda allí sino el desierto inmenso, abrasado y sin majestad ni belleza. El 3 de febrero ¡qué de impresiones agradables, de sorpresas, y de plaga y fatigas! Primero el encuentro del hermoso Vapor _Antioquia_, que subia de Barranquilla, ligero, pintado de colores vivos, como un gran pájaro rozando apenas las ondas del Magdalena. Y allí de los gritos de alegría, los saludos ruidosos entre los pasajeros de uno y otro vapor, los silbidos galantes de las válvulas de las locomotivas, y las burlas recíprocas de los marineros, picantes y originales en extremo. El vapor _Antioquia_ llevaba un fuerte cargamento de senadores y representantes, sin duda no-_asegurados_, y por lo mismo su viaje era doblemente interesante. Despues, el hermoso rio _Carare_, desembocando á la derecha, profundo, azul, con una vegetacion fresca y espléndida, navegable por vapor, y sirviendo ya de vía de comunicacion directa entre el Magdalena y los pueblos de la antigua provincia de Vélez, es decir de parte de los Estados de Santander y Boyacá. Ese rio tiene muy bello porvenir, y no muy tarde el comercio granadino le dará toda la importancia que merece. Abajo del Carare aparece el _Opon_, rio bellísímo también, cuyas arenas cuajadas de oro sirven de lecho á una corriente mansa, profunda y cristalina. ¡Y qué de recuerdos al ver la embocadura de ese rio! Fué por allí que Gonzalo Jiménez de Quesada, conquistador del Nuevo Reino de Granada, penetró en 1536, dominando tan supremas dificultades é increibles peligros, que la historia, para ser justa, debe considerar esa expedición como la mas heróica, la mas extraordinaria que jamas conquistador alguno haya conducido y consumado. Si los territorios de Yélez y Socorro envían al Magdalena su bello contingente en las aguas de los rios Carare y Opon, ámbos navegables y riquísimos, las tierras altas de Tunja y Pamplona contribuyen con su abundante rio de _Sogamoso_ ó _Colorada_, que desemboca cerca del nuevo puerto de _Barranca-bermeja_. Allí, sumamente enriquecido el Magdalena con el caudal de tan hermosos rios, toma proporciones grandiosas que lo hacen imponente; miéntras que las preciosas islas que surgen de trecho en trecho, una de ellas muy considerable (la de _Morales_), le dan al paisaje, admirablemente iluminado, una increíble semejanza con el bajo Danubio, á juzgar por la parte que he navegado. Abajo del Sogamoso el Estado de Antioquia contribuye (ademas de los rios _La Miel_ y _Nare_) con el romántico y hermosísimo rio de la _Cimitarra_, que recuerda las eternas tempestades que reinan sobre los cerros minerales de una cordillera del mismo nombre que separa la region antioqueña de las de Simití y Majagual. Los bogas tienen mil extravagantes preocupaciones sobre ese escondido rio de lecho de oro en polvo y arboledas sombrías é impenetrables, y cuentan muchas leyendas, haciendo la señal de la cruz, sobre los buscadores del peligroso metal que, habiendo ido al interior por el curso del rio, no han vuelto á parecer mas en Mompos. Los habitantes de San-Pablo, pueblo situado á poca distancia de la confluencia del _Cimitarra_, hacen responsable al _Mohán_ ó _Huan_, divinidad terrible de las grutas y de los grandes pozos de los ríos, de las fechorías cometidas por los jaguares, las serpientes y los zainos en perjuicio de los imprudentes buscadores de oro. Sinembargo, debo declarar que el tal _Mohan_ no me parece un personaje tan absurdo como se cree, si se observa que en résumidas cuentas es el _Diablo_, pero un diablo poético, altamente romántico, y por lo mismo superior, bajo el punto de vista artístico y espiritual, al prosaico y vulgarísimo diablo en que nos manda creer la santa madre Iglesia. _San-Pablo_ (y de paso diré que de ahí para abajo casi todos los pueblos están santificados por un nombre), es un pueblecito gracioso, muy pobre y humilde, pero de un colorido local pintoresco. En primer término está la barranca rojiza que domina al Magdalena, salpicada de barracas de pescadores, de las mas extrañas formas; después el caserío, compuesto de dos calles rectas, con 40 ó 50 casitas de paja muy blanqueadas, todas separadas y á la sombra de una multitud de cocoteros, mangos y naranjos; detras de la faja gris oscura de la selva tupida, y en último término las lejanas serranías occidentales que separan al Estado de Antioquia del inmenso valle del Magdalena. El vapor se varó en frente de San-Pablo, porque el verano había disminuido mucho el caudal de las aguas, y allí tuvo nuestro amable Irlandés la ocasión de poner aprueba sus sesenta años. El ancla fue arrojada á 50 metros de distancia, y todo el mundo, por gozar de las emociones del trabajo, fué á mezclarse con los marineros para darle vuelta al torno de proa y hacer salir el buque del banco de arena que lo rodeaba. La noche nos sorprendió jadeantes, empapados en sudor, pero alegres y triunfantes después de dos horas de esfuerzos; y á poco rato el canto melancólico de todos los marineros, hiriendo el eco de las selvas, nos dió una nueva impresion. A las diez de la noche el puente del vapor tenia un aspecto singular. Cada lecho estaba cubierto con un toldo para defenderse cada cual de los terribles _zancudos_ ó mosquitos, y la apariencia general era como de un hospital de campaña, un campamento ó un cementerio flotante. El Irlandes, que después de trabajar como un Sansón habia tenido la prevision de beber como una bomba, dormía cerca de mí, y roncaba con la terrible majestad de las tormentas andinas. Entretanto, el buho solitario de la playa vecina respondía con su canto lúgubre al bramido lejano del jaguar errando entre las asperezas de la selva. * * * * * CAPITULO II. * * * * * EL BAJO MAGDALENA. Las riberas del gran rio.--«Puerto-nacional».--La aldea de Regidor. --Una danza de zambos.--La semi-barbarie de la raza africana.--Los desiertos.--Las huertos de «Margarita».--Mompos.--La confluencia del Canoa.--Calamar. El tercer dia de navegacion debia ser mas fecundo en escenas de todo género. El primer objeto curioso fué un grande escombro sobre una playa desierta: era la masa informe del vapor _Magdalena_ (el primero de la tercera época en que el rio ha sido navegado por vapores), cuyo casco yacia abandonado como inútil. Al ver ese cadáver de hierro y madera, comparado con los vapores actuales, se comprende y admira la perseverancia con que, á despecho de muchos contratiempos, el espíritu de progreso sigue su marcha, luchando con la naturaleza y acabando por vencerla siempre. Mucho mas arriba habia visto también los restos del espléndido vapor _Manzanares_, volado en 1854; y en otros puntos del rio se pueden ver los del _Honda_, el _Henry Wells_ y el _Calamar_, sacrificados tambien en los primeros ensayos. Al cabo la navegacion por vapor se ha regularizado, el rio es surcado por ocho ó diez bellos vapores, en la parte baja, y ya se acaba de establecer uno pequeño en el alto Magdalena. El progreso triunfará. Como para hacer contraste, dos horas después encontramos el lindo vapor _Patrono_, que subía con rapidez, saludándonos con alegría sus pasajeros y tripulacion. En seguida un verdadero panorama de aldeas en hilera, sobre las márgenes del rio, fue presentándose á la vista, rodeado del paisaje mas vasto y encantador, sin alteracion hasta el puerto de la bella ciudad de Mompos. La llanura era inmensa y todos sus objetos brillaban á la luz de un sol abrasador en medio del cielo mas puro y trasparente. Al occidente se destacaba la cordillera de Simití como una cinta celeste, hundiendo sus cimas entre las blancas nubes; miéntras que al oriente, á inmensa distancia, se dibujaban como aéreos palacios las cumbres de color vago y confuso de la rama de la cordillera oriental que separa á las comarcas de Ocaña del norte de Nueva Granada. Vi primero el _pueblo_ de _Badillo_, miserable como casi todos los de las orillas del bajo Magdalena; despues el caserío lamentable de _Las-Pailas_, donde el sol devora y las serpientes abundan como las hormigas; mas abajo la Bodega del vecino distrito de _Puerto-nacional_, el sitio mas ardiente de todo el Magdalena, y por último, para completar el cuadro del dia, la aldea de _Regidor_, donde nos esperaba una singular escena de costumbres nacionales y de contrastes en extremo románticos. Y en el intermedio.... ¡qué de bellezas para llamar la atención, estableciendo el colorido local! A cada paso islas tan primorosas, tan pintorescas que, salvo el calor y las plagas, hacían pensar en los archipiélagos del Mediterráneo; hileras interminables de sauces llorones, bordando las playas del rio y los suaves declives de las islas; caños oscuros, sombríos, saliendo misteriosamente de entre la selva y trayendo sus aguas sin corriente de las lagunas lejanas, donde moran la fiebre, las fieras y las serpientes venenosas y enormes á la sombra de una vegetacion exuberante y bravía; playas reverberantes, cuajadas de _caimanes_ durmiendo bajo el ala de un viento abrasado, en cuyas orillas se amontonan las garzas de lindísimos colores, ó vaga el grullon persiguiendo á los peces descuidados, y eü cuyas arenas quemadoras se dan á veces sus terribles combates el jaguar, tirano de la selva, y el monstruoso dragon de los rios colombianos. Bandadas increiblemente numerosas de papagayos de todas clases pasan atronando con su áspera gritería, que parece el eco de la voz del salvaje; y al traves de una vegetacion incomparable que constituye el fondo del inmenso cuadro, se desliza el Vapor, lanzando de tiempo en tiempo sus silbidos agudos y prolongados, cuyo eco repercuten las selvas y produce una sensacion indefinible de miedo y admiracion al mismo tiempo. En ese trayecto el rio _Lebríja,_ semejante al _Sogamoso_, desemboca en la márgen derecha, después de haber surcado una extensa region del Estado de Santander. Puede calcularse que el caudal de aguas que los cuatro principales afluentes del Norte (_Carare, Opon, Sogarnoso_ y _Lebrija_) le dan al Magdalena, equivale al que este rio recoge de todo el Estado de Cundinamarca. Así, después de recibir esos contingentes, arriba de _Puerto nacional_, el Magdalena tiene en algunos puntos hasta 800 metros de anchura, sin haberse engrosado aún con las aguas del _Cesar ó Cesar_í y el _Cauca_. En Puerto-nacional y Regidor los cuadros característicos me parecieron curiosos en sumo grado. El primero de esos lugares es el puerto por donde gira la correspondencia entre el bajo Magdalena y los Estados del Norte de la República, y es también el punto por donde los pueblos de Ocaña exportan su produccion de café, azúcar, tabaco, suelas, _taguas_ (marfil vegetal), oro, palos de tinte, anis y algunos otros artículos de consumo interior y exterior. Cuando los vapores llegan á la _Bodega_ de Puerto-nacional, á tomar la correspondencia y los cargamentos de frutos, los habitantes del pueblo, que está dentro de la selva á la márgen de un caño afluente del Magdalena, bajan en procesion, ofreciendo el cuadro mas interesante y bullicioso. Todo el mundo trae alguna fruslería que vender, á los pasajeros--conservas, frutas, cigarros, etc.,--y los chicos que vienen por curiosidad, ya que no entran en la vendimia, gritan alegremente como papagayos salvajes. ¡Qué de figuras y pormenores extravagantes en la turba semi-africana que nos invadía!--Diez ó doce mujeres, zambitas y zambazas, ó viejas requemadas, todas alegres, con alpargata suelta por calzado, un pañuelo de cuadros escandalosos atado á la cabeza en forma de gorro ó turbante, y un camison flaco y desairado, de zaraza ó muselina burda, con el gracioso arete de oro ó tumbago en la oreja, hicieron irrupcion por todas las escaleras del vapor, seguidas de veinte muchachos y mocetones, rollizos y tostados por el calor tropical. En breve se dispersaron por los salones y camarotes, movidos por la curiosidad, y fueron á sentarse en medio de las señoras y los caballeros de á bordo para entablar conversacion con una familiaridad encantadora. En todas se notaban las bellas trenzas de cabello negro y abundante, á veces crespo, el labio grueso y voluptuoso, la nariz abierta y palpitante, el ojo negro y ardiente, el color pardo oscuro, la voz agitada, estentórea, libre como el soplo del viento, la risa franca y picante, el andar provocativo, con un dejo lleno de coquetería, y el carácter sencillo, hospitalario y lleno de cordialidad. Toda esa gente me pareció formar una raza enérgica, de excelentes instintos y capaz de ser un pueblo estimable y progresista con solo darle el impulso de la educacion, la industria y las buenas instituciones. Y la turba de vendedores dispersa sobre la barranca del puerto á la sombra de algunos árboles, no era menos simpática y curiosa. Este, sentado entre una barricada de melones y sandías, parecía una figura chinesca, y atraia con sus galantes invitaciones; aquel, como un mostrador ambulante, llevaba sobre la cabeza una enorme artesa ó canasta de mimbres, donde bailaban á cada movimiento los panecillos de azúcar ocañera, las cajetillas de suculento _ariquipe_, los atados de cigarros y los olorosos panes de maiz; y el de mas acá ó mas allá se pavoneaba con una torre de _abisperos_ de papelon, de tortas de _cazabe_ y de otras muchas golosinas que son el regalo de los viajeros de menor cuantía y los navegantes. Allá un boga voluntarioso, de cuerpo espigado y ágil, le echaba chicoleos de champan á una moza de mirada un tanto pecaminosa, recibiendo en cambio un coscorron por via de agasajo. Aquí el viejo patron de bote, con ínfulas de personaje, se daba sus aires en medio de la turba, apoyado en un remo ó _canalete_, y acariciando el ancho arete pendiente de su oreja derecha; miéntras que un marinero del vapor, como perteneciente á la aristocracia de los navegantes, le dispensaba su mirada de altiva protección a algún boga plebeyo, diciéndole al pasar: _Jé! tú por aquí, Peiro?_ Al cabo el vapor lanzó su prolongado silbido; nuestro Irlandes declaró que era llegado el momento solemne de la vida, (_To drink and drínk! or not to be,--that is the question_!) Las copas se llenaron, el puerto se perdió de vista; y al esconder el sol su disco de fuego fuímos á atracar al pié de la alta barranca de la aldea de Regidor, donde á un paisaje infinitamente bello debia combinarse el cuadro de costumbres mas típico que era posible encontrar. * * * * * La aldea se compone de unas 25 ó 30 chozas miserables, diseminadas sin órden alguno sobre el plano arenoso de una vega circundada de altísimos bosques, y en toda el área del pobre caserío multitud de palmas de cocotero hacen flotar al viento sus rizados plumajes. A las ocho de la noche el ruido de los tamboriles cónicos y las flautas ó _gaitas_ peculiares á los bogas y sus familias semi-salvajes, hirió nuestros oidos anunciándonos una ardiente sesión de _currulao_. El _currulao_ es la danza típica que resume al boga y su familia, que revela toda la energía brutal del negro y el zambo de las costas setentrionales de Nueva Granada. Así, todo el mundo quiso contemplar la escena y, excepto las señoras, cuyos ojos no eran adecuados para ver esa danza extravagante, saltamos todos á tierra en direccion á la _plaza_ de la aldea. El espectáculo no podia ser mas singular. Habia un ancho espacio, perfectamente limpio, rodeado de barracas, barbacoas de secar pescado, altos cocoteros y arbustos diferentes. En el centro habia una grande hoguera alimentada con palmas secas, al rededor de la cual se agitaba la rueda de danzantes, y otra de espectadores, danzantes á su turno, mucho mas numerosa, cerraba á ocho metros de distancia el gran círculo. Allí se confundian hombres y mujeres, viejos y muchachos, y en un punto de esa segunda rueda se encontraba la tremenda _orquesta_. Difícil, muy difícil sería la descripcion de esas fisonomias toscas y uniformes, de esas figuras que parecian sombras ó fantasmas de un delirio, cuando se movian, ó troncos desnudos de un bosque devorado por las llamas, ennegrecidos y ásperos, si permanecian inmóbiles. La luz rojiza de la hoguera, extendiéndose sobre un fondo oscuro, aumentaba el romanticismo de la escena, porque el bosque vecino aparecia como una inmensa caverna, y las sombras de los danzantes, músicos y espectadores, así como las de los mástiles y las copas de los cocoteros, se proyectaban en perspectiva de un modo singular. Ocho parejas bailaban al compas del son ruidoso, monótono, incesante, de la _gaita_ (pequeña flauta de sonidos muy agudos y con solo siete agujeros) y del _tamboril_, instrumento cónico, semejante á un pan de azúcar, muy estrecho, que produce un ruido profundo como el eco de un cerro y se toca con las manos á fuerza de redobles continuos. La _carraca_ (caña de chonta, acanalada trasversalmente, y cuyo ruido se produce frotándola á compas con un pequeño hueso delgado); el _triángulo_ de fierro, que es conocido, y el _chucho ó alfandoque_ (caña cilíndrica y hueca, dentro de la cual se agitan multitud de pepas que, a los sacudones del _artista_, producen un ruido sordo y áspero como el del hervor de una cascada), se mezclaban rarísimamente al _concierto_. Esos instrumentos eran mas bien de lujo, porque el _currulao_ de _raza pura_ no reconoce sino la _gaita_, el _tamboril_ y la _curruspa_. Las ocho parejas, formadas como escuadron en columna, iban dando la vuelta á la hoguera, cogidos de una mano, hombre y mujer, sin sombrero, llevando cada cual dos velas encendidas en la otra mano, y siguiendo todos el compas con los piés, los brazos y todo el cuerpo, con movimientos de una voluptuosidad, de una lubricidad cínica cuya descripcion ni quiero ni debo hacer. Y esas gentes incansables, impasibles en sus fisonomías, indiferentes á todo, bailaban y daban vueltas y vueltas con la mecánica uniformidad de la rueda de una máquina. Era un círculo eterno, un movimiento sin variacion, como la caida del torrente, como el caliente remolino de fuego ó de arena que se fija en un punto, en medio de un bosque incendiado ó en la mitad de una playa azotada por el huracan. La incansable tenacidad de los danzantes correspondia á la de los músicos; y á pesar de emociones tan ardientes al parecer, ni un grito, ni un acento lírico, ni una sola palabra pronunciada en alto interrumpia el silencio extraño de la escena. Es tal la resistencía habitual ó el teson con que esa gente se entrega al "currulao" que algunas veces duran hasta dos horas tocando ó bailando, sin descansar un minuto. Aquella danza es una singular paradoxa: es la inmovilidad en el movimiento. El entusiasmo falta, y en vez de toda poesía, de todo arte, de toda emocion dulce, profunda, nueva, sorprendente, no se ve en toda la escena sino el instinto maquinal de la carne, el poder del hábito dominando la materia, pero jamas el corazon ni el alma de aquellos salvajes de la civilizacion. Ninguno de ellos goza bailando, porque la danza es una ocupacion necesaria como cualquiera otra. De ahí la extraña monotonía del espectáculo. Aunque ninguno se rinde, de tiempo en tiempo un hombre ó una mujer sale del circulo de espectadores, le quita las velas á uno de los danzantes, le reemplaza sin ceremonia, y el que deja el puesto va á colocarse en la gran rueda, impasible como un tronco, sin revelar cansancio, ni placer, ni pena, ni zelos, ni amor, ni emocion alguna. El cambio se hace como si al reedificar un muro se quitase una piedra para poner otra en su lugar. La vida para esas gentes no es ni un trabajo espiritual, ni una peregrinacion social, ni siquiera una cadena de deleites y dolores físicos: es simplemente una vegetacion, una manera de ser puramente mecánica. Nacido bajo un sol abrasador, en un terreno húmedo, inmenso y solitario, y contando con una naturaleza exuberante que lo da todo con profusion y de balde, y que, exagerando el desarrollo físico de los órganos, debilita sus funciones y degrada su parte moral,--el boga, descendiente de Africa, é hijo del cruzamiento de razas envilecidas por la tiranía, no tiene casi de la humanidad sino la forma exterior y las necesidades y fuerzas primitivas. Si el _indio_ puro de las alti-planicies andinas es, á pesar de su ignorancia, dulce y humilde, y la _astucia_ constituye su fuerza moral; si el _llanero_ de las pampas granadinas, criado en las soledades y en medio de los peligros, pero rodeado de un horizonte infinito, es no obstante su barbarie un sér eminentemente heróico, poético en sus instintos, galante, cantor, espiritualmente fanfarron, crédulo y generoso,--el _boga_ del bajo Magdalena no es mas que un bruto que habla un malísimo lenguaje, siempre impúdico, carnal, insolente, ladron y cobarde. La raza parda, pero cultivadora ó comerciante, que habita las vegas vecinas á Ocaña ó las ciudades de Mompos, Barraquilla, Cartagena y Santa-Marta, se ha civilizado con el trabajo social y la vida comunicativa, y será no muy tarde una poblacion vigorosa y de excelentes cualidades. Pero la familia del _boga_, que vive de pescado, en el sopor, la inercia y la corrupcion, no podrá regenerarse sino despues de muchos años de un trabajo civilizador, ejercido por la agricultura y el comercio invadiendo todas las selvas y las soledades del bajo Magdalena. La civilizacion no reinará en esas comarcas sino el dia que haya desaparecido el _currulao_, que es la horrible síntesis de la barbarie actual. * * * * * Si la idea fundamental del romanticismo literario está en la libertad de exposicion de los contrastes, que en la naturaleza física se manifiesta en las aparentes contradicciones de los cuadros que la creacion destaca en diversos puntos para constituir en su conjunto la gran síntesis de la armonía, nada mas romántico que el contraste de escenas de vegetacion y de estructura geológica que se encuentra al descender el Magdalena desde _Regidor_ hasta _Mompos_. Hasta un poco mas abajo del brazo ó canal de _Loba_ la desolacion es completa y su espectáculo aflige profundamente el corazon del viajero. A juzgar por las relaciones de los viajeros del Asia, se cree uno trasportado al fondo de sus interminables desiertos, descendiendo el Eufrates y oprimido por la majestad de una soledad asombrosa. Parece que el hombre hubiera huido de aquellos desiertos del bajo Magdalena, como de una tierra maldita, donde el sol devora, el suelo es un arenal inmenso mas ó ménos poblado de árboles medio desnudos. La brisa falta enteramente; el cuervo y la garza pescadora, esos huéspedes del desierto, aparecen solos; los caimanes, reproduciéndose increiblemente, forman como palizadas sobre las quemantes playas, y el bosque no produce sino emanaciones de muerte en lugar de perfumes. Allí no existe casi la vida, que es el movimiento reproductor del bien. El huracan reina solo, y su soplo abrasado parece contener todo el fuego de un infierno desconocido que existe entre los arenales, las rocas escarpadas, las ciénagas pestilentes y los escombros de las selvas calcinadas. Ese trayecto de desolacion es largo y abraza mas de treinta leguas, sin mas interrupciones que distraigan un momento al viajero que la vista del _Peñon,_ pueblo miserable de la antigua provincia de Mompos, situado sobre una barranca desnuda á la márgen izquierda del rio; del _Banco_, pueblecito muy pobre tambien, pero de alguna importancia comercial por sus relaciones con algunas poblaciones interiores, situado á la derecha, cerca de la confluencia del profundo y bellísimo rio _Cesar_ ó _Cesari_; y del canal de _Loba_ que, disminuyendo en mas de la mitad las aguas del Magdalena, va á engrosar las del Cauca para volver luego á su propio caudal. El _Banco_ pertenece, como todos los pueblos de la márgen derecha, al Estado del _Magdalena_, separado del de _Bolívar_ por el gran rio. El _Cesar_, tan importante en la historia de la conquista verificada por Jiménez de Quesada, es un rio de cauce profundo, perfectamente navegable, que, corriendo en sentido casi opuesto, al Magdalena, viene á traerle los tintes, las maderas y otros artículos de exportacion recogidos en las montañas que dominan á Riohacha y Santa-Marta (del lado occidental) y en las extensas selvas y llanuras de _Chiriguaná_ y _Valle-Dupar_. El dia que ese excelente rio sea navegado por vapor, como el Magdalena, se desarrollará un gran progreso industrial en esas comarcas de asombrosa fertilidad y riqueza. No hay un tinte estimable, una madera exquisita, un metal ó un producto de los trópicos que no pueda obtenerse allí para llevarlo por el Cesar y el Magdalena al consumo del mundo comercial. El canal de _Loba_, que arranca mas abajo en direccion N. O., disminuye inmensamente las aguas del cauce principal, y hace aparecer la grande isla de Mompos y Margarita, el huerto perfumado del bajo Magdalena. La navegacion se hace muy difícil para los vapores en el canal principal, y se reconoce allí la urgente necesidad de una obra de canalizacion que mejore la suerte del comercio. La naturaleza misma parece estar indicando el medio infalible aunque un poco lento, pero nada costoso, de encaminar las aguas convenientemente. Esa vegetación exuberante que se reproduce entre las aguas y el limo con tanto vigor y prontitud; las grandes crecientes periódicamente infalibles del rio, y la movilidad de sus arenas, favorecen la aplicacion del sistema de canalizacion del Danubio, perfectamente semejante al Magdalena, donde todo el trabajo se reduce á establecer faginas ó barricadas vegetales, que las aguas, los depósitos sucesivos de limo y la accion incesante del tiempo convierten en verdaderas murallas de canalizacion. En Colombia, donde todo es tan vigoroso y los recursos faltan para emprender obras costosas, debería estudiarse mas atentamente el trabajo de la naturaleza, para imitarlo en los estudios hidrográficos. La _hidráulica natural_ puede ser en Colombia la mejor canalizadora. En el sitio pintoresco de la _Ribona_ empieza un panorama de verdura incomparable que, continuándose en los caseríos ó parajes de _Doña-Juana, Sandoval, Margarita y San-Fernando,_ termina en la ciudad de Mompos y sus cercanías. El encanto de aquellos paisajes, de aquella vegetacion, de aquellos cuadros naturales y de costumbres, es imponderable. Aquello es un paraíso, es un oásis de verdura suntuosa, de perfumes y brisas deliciosas, de vida dulce y tranquila, de suprema hermosura, y de un colorido tan colombiano, tan nacional, que deja en el corazon del viajero la mas honda sensacion de placer. Figúrese el lector un huerto de tres leguas de extension, tendido como un manto de verdura sobre la márgen de un rio gigantesco, y tendrá todavía una idea muy inferior á la realidad. Ese trayecto valdría en Europa millones y millones de francos ó florines. En Colombia ... no vale nada: es un tesoro de cuya posesion nadie se apercibe, porque sus riquezas se ven por todas partes, casi sin necesidad de cultivar la tierra. Aunque en una y otra márgen del rio se observa la misma fecundidad en la tierra, el mismo lujo en la vegetacion, abundancia de ganados que bajan de las llanuras vecinas, riqueza de formas en los sauces y las altas gramíneas, etc., etc., la orilla izquierda, mas cultivada y poblada, llama de preferencia la atencion del viajero. El terreno es una angosta y larguísima vega toda cultivada y cuyo suelo casi no calienta el sol, segun es de tupido el follaje del bosque interminable que lo cubre. Todo aquello es dulcemente sombrío, y el viajero que pasa como una exhalacion en alas del vapor, se imagina ver la isla de Calipso, con su primavera eterna, ó un huerto aéreo que la mano de una hada misteriosa va mostrando tras del lente mágico, cual un cosmorama inasible y movedizo. ¡Qué bosque aquel! De trecho en trecho se suele ver una pequeña plantacion de caña de azúcar, ó un verde platanar que exhala el perfume de sus racimos cuajados de miel, cayendo sobre los vástagos desnudos como cintillos de topacio bajo una bóveda de esmeralda. Pero esas plantaciones apénas interrumpen ligeramente la selva interminable de naranjos, limoneros, mangos, árboles de mamei, de zapote, de níspero, de mil frutas deliciosas, sobre cuyas capas iguales, suntuosas, de verdes diferentes, pobladas de frutas, de sombra y de perfumes, se destacan los mástiles y los penachos de los cocoteros, como las velas y el arbolaje de una barca sobre las verdes ondas de una bahía tranquila, suavemente rizadas apénas por el soplo de las brisas de la tarde. Allí, bajo esos pabellones, la luz se amortigua, la paz reina como en un jardin, los racimos flotantes de naranjas provocan, los pájaros cantan como en una mansion de amor, y la naturaleza, idealizada, parece evaporarse en perfumes y colores como si un voluptuoso deleite la mantuviese magnetizada y feliz.... A la sombra de esas cúpulas de verdura vive una poblacion sencilla, pacífica y honrada, cuya fecundidad parece ser el resultado de la influencia que ejerce la vegetacion.--Por todas partes se ven casitas pintorescas y blanqueadas, destacándose en perspectiva detras de las bóvedas y grutas aéreas de los árboles, ó ramadas de _trapiches_, despidiendo su sabroso olor de miel; y miéntras las mujeres hilan, hacen bordados ó tejidos, ó fabrican _petaquillas_, canastos y esteras de graciosos colores, los chicos juegan y saltan en grupos caprichosos á la sombra de los árboles, sobre un suelo limpio y parejo, ó trepan como ardillas á perderse entre el follaje de los mangos y naranjos. Entre tanto, la escena es bien curiosa en el primer término del paisaje. La alta barranca que cae sobre el rio, tiene talladas de trecho en trecho multitud de escaleras que dan sobre los pequeños puertos, en forma de caracol ó perpendicularmente; y en el muro de la barranca se ven las aberturas ó bocas de muchos hornos subterráneos, ingeniosamente preparados para cocer el pan de maiz llamado _almojábana_, ó el de yuca, que tiene el nombre de _cazabe_. Y al pié brincan, agitadas por el oleaje que produce el paso del vapor, multitud de pequeñas canoas destinadas á llevar á Mompos los cargamentos de frutas y mantener la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Los grupos de la orilla no son ménos interesantes, ya por las maniobras de los bogas y sus vestidos singulares, ya por la ruidosa algazara que levantan saludando á la tripulacion del vapor que pasa rápidamente á la vista de esos pacíficos moradores de un huerto secular. * * * * * Mompos es una ciudad interesante en todos sentidos. Su amplísimo puerto contiene siempre multitud de embarcaciones indígenas, y sus albarradas, sus corpulentas ceibas, el contraste de sus construcciones dominando la playa, y sus ricas arboledas de frutales, le dan un aspecto tan pintoresco que provoca al viajero á visitar el interior. Situada la ciudad en un terreno bajo y arenoso, sin el amparo de montañas que la dominen, la brisa falta enteramente, sus arboledas se mantienen inmobles y el calor es tan sufocante (40 gr. cent.) que casi suspende la respiracion. La poblacion está dividida en dos barrios: el de arriba, llamado _Susúa_, que es todo de casas de paja, pero mantenidas con aseo y mucha gracia; y el de abajo, compuesto de dos largas calles muy bonitas, cortadas en ángulos rectos, á cordel, y totalmente formadas por fuertes edificios de mampostería. El primero es habitado por las clases trabajadoras, todas de color, de cuyo seno sale el impermeable y sufrido boga del bajo Magdalena;--gente alegre, jovial, alborotadora, libre en sus costumbres, robusta y varonil, y que apesar de sus defectos de educacion es honrada y leal, ama la patria con entusiasmo y se bate por ella con bravura, esgrimiendo el afamado sable de acero del _Real de la Cruz_, poblacion de la antigua provincia de Ocaña. Es de esa raza vigorosa y altiva que han salido tantos valientes, de los vencedores en _Tenerife_ y _Barbacoas_, en la época de la independencia, y mas tarde tan temibles combatientes en las desgraciadas contiendas civiles del Magdalena. El otro barrio es el asilo de las clases acomodadas, gentes que, pasados los momentos de contiendas, son estimables por su carácter generoso y franco y su hospitalidad para con el viajero. Mompos es la ciudad que resume por excelencia el contraste de la conquista ó la civilización española con la antigua situacion indígena. Si la parte de arriba es esencialmente nacional ó colombiana, la de abajo es, por su estructura, enteramente española. Una arquitectura pesada y de estupenda solidez, multitud de hermosas iglesias que son mediocres monumentos, calles anchas, rectas y sin pavimento, muros pintados de amarillo y rojo, puertas arqueadas, galerías de columnas prodigadas, inmensos salones, altas celosías de hierro en todas las ventanas, muebles colosales y pesados para el menaje interior, bellas arboledas de frutales en todos los patios, y mil pormenores en extremo curiosos, le dan á Mompos el aire de una ciudad hispano-morisca, que tiene el sello de la conquista ibérica. Pero Mompos no es solo una ciudad graciosa y pintoresca. Es tambien un depósito ó puerto de escala importantísimo, que hace juego con las plazas mercantiles del interior, Honda y Medellin, con la exportacion agrícola de Ocaña y Valle-Dupar, con las ferias comerciales de los pueblos del bajo Cauca y Magdalena, y con las ciudades de Cartagena, Barranquilla y Santa-Marta, por las cuales las ramificaciones del gran rio hacen girar el comercio exterior de Nueva Granada en su parte mas considerable. Los vapores hacen siempre escala en Mompos; su plaza es afamada por su produccion de licores, joyería esmerada, herramientas y vasos porosos elegantes y finos. En mi concepto, despues de Barranquilla talvez, Mompos es la poblacion de mas porvenir en el bajo Magdalena. * * * * * El 6 de febrero era el último de mi viaje á bordo del vapor _Bogotá_, el cual debia seguir su ruta hasta Barranquilla, puerto distante cinco ó seis leguas de la bahía de _Sabanilla_, y que recibe algo del movimiento comercial de Santa-Marta; miéntras que yo debia separarme en _Calamar_ y seguir en direccion á Cartagena, por camino de tierra, ó por el canal semi-artificial llamado el _Dique_. Desde que el sol empezó á iluminar el panorama del Magdalena abajo de Mompos, fue haciéndose mas notable la aglomeracion de poblaciones sobre las márgenes del rio. Así, aunque este ha perdido mucho de su majestad por la gran disminucion de sus aguas en el canal de _Loba_, las orillas interesan mas porque revelan la existencia de la sociedad, casi nula en el trayecto que media entre _Regidor_ y _Nare_. La vegetacion es siempre uniforme, el cielo igual y la llanura inmensa como un desierto de las pampas orientales; pero el viajero se consuela viendo asomar de trecho en trecho los pobres caseríos que se destacan sobre barrancas pedregosas, ya á la derecha del rio, como los pueblos de _San-Cenon_, _San-Fernando_, _Santa-Ana y Pinto_, ya á la izquierda, como á los de _Talaigua_ y _Sambrano_. En _Pinto_, que es un puerto de escala en relacion con las famosas ferias de _Magangué_, sobre el Cauca, se separaron todos los viajeros comerciantes que se encaminaban á la feria de la _Candelaria_; y media legua mas abajo nos llenó de admiracion el espectáculo de la confluencia de los dos grandes rios. El _Cauca_, engrosado enormemente con mas de la mitad de las aguas del _Magdalena_, desemboca por tres hermosísimos canales paralelos, formando un delta de espléndida majestad, y los dos gigantes parecen abrazarse, envolviendo entre sus anchos brazos tres islas de suntuosa vestidura, cuyos sauces y gramíneas semejan enormes masas de esmeralda flotando en el centro de un océano de plata, iluminando por el sol ardiente. El espectáculo es grandioso, imponente, y el Magdalena, que desde allí se encrespa al soplo de las brisas marinas, es ya un pequeño mar que muchas veces alcanza 1,500 metros de anchura, incluyendo sus muchos islotes pintorescos. Despues el viajero, que presiente el aspecto del cercano Atlántico, á juzgar por la escena infinita que se le presenta, va recogiendo nuevas impresiones. Ya se mira con gusto el puerto de la _Merced_, por donde se hace el comercio con el _Cármen_, poblacion agrícola cuyo tabaco excelente le está dando grande importancia, y cuyo caserío se distingue confusamente al pié de una lejana serranía; ya se divisa el pueblo de _Plato_, escondido á la derecha, á algunas leguas de distancia, entre una selva desolada y triste que parece haber sido retostada por el fuego de un sol vertical de imponderable torricidad; ora se pasa por el pié del árido peñon donde yace como un escombro el miserable pueblo de _Tenerife_, á la márgen derecha, cuyo nombre y sitio recuerdan el heroismo de los guerreros de la independencia; ora se saluda con profunda tristeza el caserío de _Nervití_, desolado y casi salvaje, el de _Heredia_, cuyas barracas, dominando la barranca del rio, revelan toda la miseria de sus habitantes, ó el del _Yucal_, no ménos lamentable. Entre tanto, se ven al oriente, á una inmensa distancia y casi confundidas con el color ceniciento de las nubes, las altas serranías de Valle-Dupar y la rica y brillante Sierra-Nevada que domina las costas de Santamarta; mientras que en el rio se van descubriendo, como blancas garzas que rozan las ondas encrespadas por la brisa, las velas de los botes mercantes que vienen de Barranquilla ó Calamar en direccion á Mompos, ó que descienden servidos por el remo. La brisa marina es tan fuerte allí, sinembargo de la considerable distancia de la costa, que la vela es suficiente para hacer remontar un bote considerable, y el oleaje del rio toma proporciones semejantes á las de océano tranquilo. El sol se perdió tras de las lejanísimas montanas de Antioquia que terminan cerca de la isla de Mompos, y en medio de la oscuridad arribamos al extenso y arenoso puerto de _Calamar_, á 100 metros de la bifurcacion que da orígen al canal del _Dique_. Poco despues el vapor _Bogotá_ siguió su marcha, confundiendo los silbidos de su locomotiva con los gritos de despedida, y yo me quedaba en Calamar para emprender una segunda peregrinacion de muy distinto género. * * * * * _Calamar_ es una poblacion de gran porvenir agrícola y comercial, bien importante ya por su posicion de escala, y que no carece de interes por las costumbres de sus habitantes y su estructura fisica. Distrito de muy nueva creacion, su poblacion alcanza apénas á poco mas de mil almas, las calles son muy anchas, derechas, cortadas en ángulos rectos, y las casas tienen una apariencia de comodidad y aseo que contrasta con la de los otros pueblos ribereños del Magdalena. Sus habitantes, alegres y expansivos, recorren las calles ofreciendo víveres, montados en burros de la manera mas extravagante. La montura es tan insegura que cada jinete es un equilibrista. El jinete va sentado en el centro, con las piernas cruzadas sobre la nuca del asno, y este, que no está sujeto por brida ni cabestro, es manejado hábilmente al influjo de los golpes que le regala con la mano su equilibrista caballero. El asno queda convertido así en una especie de brújula ambulante que cambia de disecacion según la inclinacion del golpe ó tocamiento que recibe. Si he de hablar con franqueza diré que los burros de _Calamar_ me parecieron mas racionales que los bogas de la aldea de _Regidor_. _Calamar_ es en cierto modo el crucero de todas las vias mas importantes para el comercio del país, puesto que sirve de escala al movimiento interior que desciende de _Honda_, _Nare_, _Puerto-nacional_, el _Cesar_, y _Magangué_ y _Mompos_; recibe el movimiento comercial de _Santa-Marta_ y _Barranquilla_, y facilita la comunicacion del Magdalena con Cartagena, ya por la via terrestre de Mahates y Turbaco, ya por la del canal del _Dique_, que desemboca directamente en la bahía de Cartagena. Desde el puerto de Honda hasta el de Calamar, en un trayecto de cerca de 130 leguas, no se encuentran, pues, sino 28 poblaciones sobre la márgen del Magdalena (contando dos ciudades) de las cuales 12 pertenecen en la ribera derecha á los Estados de Cundinamarca y Magdalena, y 13, en la ribera izquierda, corresponden á los Estados de Antioquia y Bolívar. El total de habitantes de esos pueblos, excluyendo á _Honda_, que no pertenece al bajo Magdalena, no pasa de la cifra miserable de 16,000, de los cuales mas de 7,000 pertenecen á la ciudad de Mompos. Esa inmensa region, de asombrosa fecundidad y tan felizmente dotada de fáciles comunicaciones en sus muchos rios afluentes, el Magdalena, los caños ó canales naturales y las llanuras vastísimas, es un desierto solitario, inculto, á donde el hombre casi no ha llevado su poder conquistador, y en cuyo seno existirá en una época lejana una poblacion vigorosa de muchos millones y de riqueza imponderable. Así, al cruzar esa region maravillosa, solo es permitido al viajero pronunciar una palabra: el _porvenir_. La naturaleza reina allí, teniendo por esclavo al hombre. Solo el tiempo, ese auxiliar misterioso del progreso, hará que la sociedad, cambiando de situacion, adquiera su soberanía perdurable sobre la Creacion. Entretanto, la navegacion á vapor, bien regularmente establecida en las aguas del caudaloso Magdalena; las nuevas instituciones federalistas,--que permiten hacer esfuerzos mas directos en el inmenso valle que aquel rio fecunda, para darles vida social á sus aisladas poblaciones,--y el desarrollo indefinido que allí puede tener la agricultura intertropical, mediante el ensanche del consumo en los mercados exteriores, desarrollo que comienza á iniciarse,--son elementos que hacen esperar que no muy tarde las regiones hoy desoladas que el viajero contempla con profunda tristeza, serán la tierra de una raza liberal, enérgica y valerosa, que alcanzará el bienestar con la práctica de la democracia y la actividad de la industria. * * * * * CAPITULO III. * * * * * LA REGIÓN MARÍTIMA. El canal del «Dique».--Las ciénagas; la salida al mar.--Cartagena; su bahía; sus arrabales.--Adios á la patria.--El mar por primera vez. El 7 de febrero á las doce de la mañana mi bote estaba preparado, y partí con mi familia del puerto de Calamar para descender el canal del Dique, prefiriendo esa via mas bien que la de tierra, porque si esta era mas corta, la otra tenia para mí todo el interes de una obra nacional importante para el comercio, y todo el encanto de una navegacion en extremo pintoresca. A pocos metros de distancia del puerto esté, sobre la márgen izquierda del Magdalena, la boca del canal, abierta mas bien por el empuje natural de las aguas que por el esfuerzo de los ingenieros; pero al dejar el gran rio, donde el caudal opulento de las ondas lo hace todo, lo primero que se ve en el Dique es el casco despedazado del vapor _Calamar_, el único que habia navegado allí, y los escombros de una compuerta derrumbada á causa de la debilidad del cimiento deleznable. Donde la mano del hombre ha intervenido se ve, pues, el abandono, se ve patente la inconstancia que preside á todos los esfuerzos industriales del Hispano-colombiano. Grandes sumas se han consumido en la apertura de ese canal;--bellas y legítimas esperanzas se fundaron en la obra, y sinembargo, lo que queda es un monton de ruinas y una via de navegacion embarazosa y llena de torturas para el viajero. En un trayecto de diez ó doce kilómetros el canal, con una anchura uniforme de diez á catorce metros, parece una inmensa calle trazada en perspectiva, recta en lo general y con aspecto monótono y desapacible. Las barrancas de las dos orillas, cortadas y desnudas; la vegetacion mediana y sin elegancia; el sol ardiente que sufoca y devora; la regularidad del trayecto; las plagas infinitas de insectos voladores que hacen salir la sangre envenenada por cada picadura, y la increible multitud de enormes iguanas y lagartos que se arrastran por entre los tostados matorrales de las orillas,--todo eso contribuye á entristecer al viajero durante las tres primeras horas de navegacion. Despues la escena va cambiando á cada vuelta y revuelta del canal, y los mas variados cuadros de la naturaleza se suceden para encantar maravillosamente al viajero. La proximidad de las ciénagas se manifiesta en la verdura húmeda, la riqueza de la vegetacion y la abundancia de las aves acuáticas. Cedros y otros árboles gigantescos se levantan, y de sus brazos retorcidos penden festones admirables de flores que reúnen todos los colores del arco iris. La _vara-santa_ ostenta su mástil altísimo, cuya copa azul, morada, blanca, rosada ó amarilla, segun el estado de la flor y la hoja, es el grupo mas suntuoso de guirnaldas que puede imaginarse, multiplicado prodigiosamente. Una inmensa alfombra de gramíneas rizadas cubre las orillas del canal, y sobre ese interminable feston, agitado por las brisas, se mecen las palmas elegantes de las gramíneas arbóreas, entretejidas por cortinas flotantes de parásitas y flores, que forman sobre la cabeza del viajero una bóveda sombría, poblada de perfumes desconocidos y de indefinible belleza artística. Aquello figura un arco triunfal infinito tendido sobre una calle cubierta de flores y de ricas colgaduras. De repente la bóveda se acaba y el canal se confunde en una ciénaga de majestuosa y melancólica hermosura. Allí se tropieza con los escombros de otra compuerta de manipostería, y una gran máquina para limpiar las ciénagas y canalizarlas levanta su roja chimenea por entre las altas gramíneas. El espectáculo de la ciénaga de _Sanaguare_ es admirable y solemne. ¡Qué soledad aquella! El viajero se siente como anonadado, porque se encuentra muy pequeño, impotente, en presencia de aquella naturaleza exuberante y bravía.... Terribles caimanes se pasean, asomando sus cabezas bronceadas sobre la onda cristalina encrespada por la brisa que sopla desde la lejana costa del mar Caribe; el lago es extenso y de la mas extraña forma. Por todas partes se levantan los troncos secos y blanquecinos de millares de _guayacanes_, cuya verdura ha destruido la humedad de las ondas que los rodean, y las copas, retostadas por el sol en su parte superior, sueltan por todos lados festones suntuosos de parásitas enredaderas. Cada uno de esos árboles parece un esqueleto vestido de gala,--un cadáver que, teniendo la cabeza, los brazos y las piernas desnudas, lleva en el pecho y las espaldas una túnica suntuosa de terciopelo oscuro, flotando al viento como la bandera de la muerte.... El cielo es admirablemente azul y se refleja en la onda que sirve de base á ese romántico bosque de cadáveres vegetales; y por todas partes se cruzan, en innumerable multitud, bandadas de aves acuáticas de los mas raros colores y las mas singulares formas, que levantan un concierto de salvaje armonía. El grito melancólico del _chicoalí_, hermoso pavo silvestre,--el canto recóndito del _chílacó_,--el graznido de la garza temerosa,--el aleteo del cuervo agitándose entre las altas ramas del caracolí,--el chillido del pato ó del _coclí_, la queja de la _caica_, esa cantatriz de las tristezas de la selva y del río,--el sordo y vibrante ruido del _alcatraz_ que sacude sus pesadas alas,--el grito salvaje del _mono_ (esa _mueca_ del hombre, como dice Pelletan), lanzado desde lo alto de su columpio sombrío,--el redoble del _alcaraban_, ese centinela de los desiertos,--el zumbido de la cigarra fatigada y de los millares de insectos que pueblan el aire, y mil otros ecos y ruidos que salen del fondo de la selva: hacen de aquella soledad una escena que sobrecoge el alma de respecto, que obliga al viajero á evocar todos sus recuerdos de amor y de supremo bien, y que inunda el corazon de un sentimiento inefable de veneracion divina y de poesía soñadora.... Despues, la noche vino con sus sombras, su misterio y su solemne majestad, y á todos esos ruidos de la tarde sucedió el silencio de una soledad imponente. Apénas la luz fosfórica de los _cocuyos_ y los peces señalaba el hilo blanco de las aguas del canal; la ciénaga habia quedado atras; la oscuridad era profunda; los remos, agitando las ondas inmóbiles, producian con su chasquido un eco misterioso; los corpulentos árboles de las orillas tomaban las mas extrañas formas en la sombra del follaje interior, y al encanto infinito de la tarde sucedian las amarguras de una noche de sufrimientos increibles.... Lo que el viajero puede sufrir allí, literalmente devorado por los _zancudos_, es indescriptible. Es un dolor atroz, incesante, cruel, torturador, que da la idea de la Inquisicion, del infierno, de la suprema desesperacion.... Cada minuto es un siglo de angustia, y cuando el viajero ve aparecer el sol al dia siguiente, cuyo calor hace huir á la infernal plaga, comprende que en solo una noche ha sufrido por muchos años y ha aprendido á tener resignacion. Los miserables pueblos de _Mahates_ y _San Estanislao_, situados en medio de ciénagas interminables, demoran allí en la mayor incuria y en un completo desamparo; y el canal, ensanchándose á veces en medio de anchas lagunas ó ciénagas, como las de _Sanaguare_, la _Cruz_ y _Palotal_,--ó volviendo a estrecharse como en su principio, aunque cambia de aspecto por su forma ó su vegetacion, nunca pierde su hermosura salvaje, su soledad y sus encantos. De trecho en trecho se encuentra algun bote navegando pausadamente, detenido á veces por muros de plantas acuáticas de tal manera entretejidas que exigen un trabajo vigoroso para abrir paso á las embarcaciones. Esa naturaleza invencible tiene un poder de reproduccion maravilloso; y al Contemplar la escena el viajero admira la energía de voluntad que presidió á la apertura del canal, casi obstruido en 1858. Desde el principio de la gran ciénaga de _Palotal_ el paisaje toma nuevas y admirables proporciones. Allí es un extenso lago de verdura lo que se ofrece á la vista del viajero. El agua, cubierta donde quiera por una espesa capa de gramíneas profundamente arraigadas, tiene una profundidad media de tres metros, pero rara vez aparece en la superficie. Todo el vasto lago de verdura abarca una extension de muchas millas, limitado en su circunferencia por manglares interminables y muy tupidos, de aspecto suntuoso y magnífico. Al fin la ciénaga encuentra su desagüe principal, y el viajero vuelve á esconderse en el cauce sombrío del _Dique_ ó canal, embelesado por los encantos de una naturaleza incomparable. Allí la plaga ha desaparecido enteramente, y el canal, con una anchura de 15 á 20 metros, da la idea de un paraíso que solo la imaginacion del poeta pudiera haber ideado. Las bandas de pájaros multicolores son innumerables;--le sombra deliciosa, bajo el follaje colosal y espeso de una vegetacion en que alternan el _mangle_, elegante, recto y de románticas raices hundidas entre las ondas, el corpulento _caracolí_, la flexible _guadua_ y mil plantas de las mas hermosas formas;--los conciertos que de todas partes se levantan, y los perfumes que exhala el bosque de su seno húmedo y exuberante de fuerza reproductora,--todo contrasta con la escena marítima que despues se presenta. El canal termina entre manglares para perderse en las ondas cristalinas de la bahía, sumamente prolongada hácia el interior; la brisa del Atlántico sopla con vigor; la ancha vela del bote se desplega y flota de proa á popa; el horizonte se ensancha; las aguas toman el olor, el color y la aspereza de las aguas marinas; los remos dejan de agitarse; el tiburon persigue implacable á ejércitos de peces primorosos; las colinas de la costa se ofrecen á la vista; se siente el sordo y lejano mugido del mar; el mundo de las selvas acaba, el del abismo infinito comienza; y al fin, surcando una bahía de admirable belleza, que ensancha el corazon y da la primera nocion de la majestad del Océano, el viajero ve á Cartagena, bella, melancólica, romántica, sentada entre dos bahías, como una garza nadando en el Atlántico; y el Colombiano, el Granadino, amante de la libertad y de las glorias de un pueblo heróico, no puede menos que levantar la voz y saludar á la vieja y noble ciudad, diciéndole con el arrebato de la admiración; «Salve, gloriosa Cartagena, tierra del heroismo supremo y la abnegacion, cuna de poetas y mártires, sepulcro arrullado por las ondas, escombro de la opulencia que _fué_ para no resucitar sino en un lejano porvenir!» * * * * * Cartagena es la capital del Estado federal de _Bolívar_, uno de los nueve en que recientemente se ha dividido Nueva Granada, con una poblacion de 200,000 almas y una extension aproximativa de 40,000 kilómetros cuadrados, compuesta en su mayor parte de espléndidas llanuras y selvas, surcadas por hermosos rios navegables; con un clima general de 33 grados centígrados, en los veranos, y un desarrollo muy considerable de costas marítimas entre las bocas del Magdalena y las del Atrato. Si en otro tiempo Cartagena llegó á contener mas de 20,000 habitantes su poblacion ha bajado á 7,000, diezmada desde 1811 por la guerra, las epidemias, la rivalidad de otras plazas comerciales y el lento desarrollo, interior de la agricultura. Hoy Cartagena es un inmenso escombro, cuyo espectáculo aflige profundamente al viajero; pero la hermosura romántica de la ciudad, la esplendidez de sus bahías, su admirable posición marítima, su importancia y sus facilidades para el comercio interior, el carácter de su poblacion y los nobles recuerdos que le pertenecen, hacen de esa plaza un objeto tan interesante como simpático para el observador extraño. Nada mas grandioso y variado que el panorama que se desarrolla á la vista del curioso que quiere contemplar la ciudad desde lo alto del cerro de la _Popa_ que la domina enteramente. Esta eminencia aislada es una alta colina pedregosa, rodeada de ciénagas y bahías, á una milla de la ciudad, y en cuya cima los Españoles establecieron una _fortaleza_ y un _convento_, las cosas mas características del sistema colonial que dominó en Hispano-Colombia; pero la República, que no quiere ni frailes ni cañones, ha dejado arruinar todo aquello, y hoy no queda sino un monton de escombros imponentes. Desde las plataformas de aquel edificio mixto y despedazado, el viajero contempla un espectáculo maravilloso, digno del pincel del artista y de la admiracion del poeta, como del estudio del historiador y el arqueólogo. Al norte de la ciudad, aislada por sus murallas, sus fosos, sus bahías y lagunas, se abre un estero que determina una angosta lengua de tierra, poblada de cocoteros, quintas y rústicas chozas. Al sudoeste se dilata la hermosa bahía ó entrada de _Boca-grande_, obstruida por los Españoles; después la isla de _Tierra-bomba_, flanqueada por fortalezas; mas al sur la entrada de _Boca-chica_; en fin la grande isla de _Barú_, separada del continente por el _Dique_. La inmensa y admirable bahía forma casi un círculo irregular; en su seno se ven anclados 20 ó 30 bergantines, barcas y goletas con los pabellones estranjeros y el nacional; un enjambre de lanchas se cruza en todas direcciones,--y varios fuertes, construidos sobre islotes ó ángulos salientes de la costa, ostentan entre cocoteros y parásitas, su vieja y pesada manipostería convertida casi en escombros, ó muy deteriorada, y sin baterías. Al frente, hácia el poniente, se extiende el Atlántico, brillante, agitado, mugiente, inmenso y lleno de majestad y misterio...el mar con toda su fascinación, con sus reflejos inasibles, con su movilidad eterna, y sacudiendo su lomo de escamas luminosas, como un dragon enfurecido por la resistencia de las rocas que quisiera devorar ó pulverizar. En medio del océano, las bahías, la laguna y el cerro de la Popa, vegeta Cartagena, como un náufrago que vacila entre los abismos del mar y la soledad del desierto que limita un continente. ¡Qué de recuerdos allí! ¡qué sublime pobreza! ¡gloriosa mendicidad de una reina caida que se hace respetar por lo que fué, y admirar por la majestad de su dolor! El mar golpea por todos lados sus murallas; el cielo la cobija con un manto siempre límpido y azul; y los mil penachos flotantes de sus cocoteros hacen admirable juego con las altas torres de sus venerables templos medio arruinados, tristes y ennegrecidos por el tiempo. La parte principal de la ciudad, formando una isla, ligada por un puente colgante al barrio de _Jimaní_ que toca al continente, es toda de mampostería pesada; una enorme muralla, llena de fortificaciones en otro tiempo formidables, la circuye, defendiéndola de las invasiones del mar. Imagínese el lector lo que serán ó han sido esas fortificaciones, con solo saber que ellas le hicieron consumir al gobierno español la estupenda suma de 250 millones de pesos, sin contar una gran parte de los armamentos. El viajero se pasma al considerar toda la suma de trabajo humano que debió concurrir á la creacion de aquella magnífica ciudad de calicanto eterno. La República, que quiere contar solo con los recursos de la paz, ha vendido todos los cañones, como un elemento inútil para la civilizacion; y Cartagena no es hoy sino una plaza mercantil arruinada, que espera de la industria libre su resurreccion. El barrio de _Jimaní_, compuesto de casas de paja, hermosas quintas y reductos, y que se extiende hacia el pié de la Popa, es mas pintoresco y alegre, pero ménos interesante por su estructura material. La ciudad tiene excelentes edificios públicos, y por una singular contradiccion, miéntras que todas las calles son sumamente estrechas y oscuras, las casas son como palacios, casi todas altas, alegres en su interior y con salones espaciosos y cómodos. Como la poblacion es muy inferior á la localidad, muchísimas casas están desiertas, y el abandono las ha convertido en tristísimos escombros, ¡Y qué contraste el que se nota en las mujeres de Cartagena!... Las señoritas son en general muy bellas, espirituales, expansivas y alegres, y reunen á la elegancia ó la gentileza de las formas una gracia en el decir, en la mirada y la sonrisa, verdaderamente encantadora. Al contrario, las pobres mujeres de la clase proletaria (quizas deteriorada la raza por la miseria y la inaccion), son de una fealdad dolorosa:--flacas, largas, sombrías, pálidas como espectros, lúgubres como las sombras errantes en medio de las tumbas.... ¿Cómo explicar esa contradiccion ó ese contraste? Yo podría determinar las causas, pero me contentaré con hacer una reflexion. Cartagena es una gran ruina, es una tumba inmensa, y entre las ruinas y las tumbas se encuentran siempre, lo mismo el hermoso lirio lleno de perfume y misterio, y el blanco alelí de las murallas, que el lagarto feo y descarnado vagando por entre los pedriscos y los escombros donde vegeta la hiedra.... Por lo demás, la población de Cartagena tiene las mas excelentes cualidades sociales: hospitalaria en alto grado, franca, generosa, jovial y siempre animada de un profundo sentimiento de patriotismo, que parece mantenido por el recuerdo mismo de las glorias de Cartagena. La política agita mucho á los vecinos; pero pasada la lucha transitoria, todos vuelven á una fraternidad que se revela en el trato social, en el sentimiento de caridad y en el espíritu de independencia política y de intimidad personal que los anima á todos. Cartagena tiene muchos elementos de prosperidad, y puede ser grande por la agricultura interior y por el comercio de importacion y exportacion. Pero para prepararse un porvenir digno de su posición, necesita abrir paso á los vapores entre su puerto y el rio Magdalena, restableciendo su canal casi obstruido, ó bien fundar la comunicación terrestre por medio de un ferrocarril ó una buena via carretera. El mundo colombiano, en todas sus regiones, tiene cuanta riqueza puede imaginarse: la naturaleza le ha dado la promesa del mas venturoso porvenir, en la opulencia de su territorio, y en la bravura heroica de sus hijos. Lo que ese hermoso mundo necesita es contacto con las demás sociedades, con todas las razas, con la civilización exterior en todo su desarrollo. Así puede decirse que la obra compleja de civilizar á Colombia está resumida en esta frase; comunicarla con el mundo, lanzarla en el movimiento universal. Bajo la impresion de esta idea, sentia que mi existencia iba á trasformarse al dejar el suelo de la patria, confiarme a la providencia del vapor, cruzar el inmenso piélago y descender sobre las costas de Europa, en busca de la luz, el movimiento, la vida intelectual y moral, los tesoros del arte, las maravillas de la industria y todo lo que constituye este caudal de las tradiciones y los triunfos de la humanidad que se llama la _civilizacion europea_. ¡Quién me dijera entónces que al tocar la realidad y estudiarla atentamente, muchas de mis ilusiones se disiparían; que este viejo mundo me habría de parecer muy inferior á lo que los libros me lo habian hecho soñar; y que al comparar á la pobre y atrasada pero hermosa Colombia española con la opulenta y refinada Europa, mi espíritu, mejor esclarecido, acabaría por estimar infinítamente mas al pueblo del Nuevo Mundo, á quien, á pesar de los defectos heredados, la democracia ha ennoblecido y adelantado, relativamente al tiempo, mucho mas que las instituciones aristocráticas á las sociedades europeas. El 12 de febrero dejaba yo el puerto de Cartagena para tomar el vapor inglés _Thames_, en viaje para San-Thomas. Por primera vez sentia toda la solemnidad de ese acto de suprema confianza en la Providencia que presenta al hombre lanzado sobre un barco a la inmensidad del océano.... En el continente quedaba todo mi pasado, todo ese conjunto de tesoros que se llama la _Patria_; y en la onda agitada del abismo se levantaba la sombra vaga del porvenir. Al dar el último adiós á Nueva Granada, cuyo heroísmo representaba Cartagena, llevaba en mi corazon un sentimiento de profunda gratitud y fraternidad hácia esa noble ciudad, y la esperanza se asociaba en mi espíritu á la muda contemplacion de un mar cuya grandeza me daba la idea de Dios, de lo Infinito, de la Eternidad.... * * * * * ¡Qué espectáculo tan solemne es el del océano! Delante de esa grandeza, de ese abismo que guarda en su seno la base de los continentes, de esa majestad suprema de la naturaleza, es preciso tener fe, levantarse hasta Dios, vivir con el pensamiento en la eternidad, llenarse de la idea de lo infinito, creer en la eterna armonía de la Creacion, admitir la noción sublime del progreso indefinido, admirar la supremacía del hombre sobre los elementos! Allí, en medio de ese piélago que se mueve sombrío é incansable, sobre ese lomo de cristal líquido que nos lleva de continente en continente, es preciso sentir profundamente, admirar, adorar en silencio, vivir de una divina inspiración, ser poeta, cantar, y sentir en el corazon un no sé qué de heróico, de grande, segun la inminencia aparente del peligro! A fuerza de leer y meditar algo, habia llegado á formarme, allá en el corazon de los Andes, la idea del océano; lo habia soñado con toda su soledad asombrosa, su misterio, sus efectos de luz maravillosos, sus ondas agitadas y terribles, sus calmas amenazadoras, sus trombas y tempestades, sus vagos suspiros, sus mugidos ruidosos, sus mil fenómenos de óptica, de vegetacion oculta ó viajera, de poblacion increiblemente variada entre los pliegues de sus ondas.... Y sinembargo de mis fantasías, que eran de una exactitud completa, me sentí sorprendido, sobrecogido de admiracion, lleno de miedo y de valor alternativamente, y como en un mundo distinto del de la Creacion, cuando, ya lejos de las playas rocallosas y desiertas de Cartagena, reconocí que la tierra quedaba en lo pasado, como una sombra, y que desde aquel momento mi vida y la de mis amores pertenecian á la ciencia y las borrascas disputándose el imperio de la inmensidad! Eran las cuatro de la tarde, y el vapor _Thames_, bufando como un dragon amenazado por los monstruos del abismo, surcaba las ondas con dificultad. El mar estaba agitado, y en vez de la superficie verde y cristalina de la bahía de Cartagena, no se veia al derredor sino una serie de colinas de agua negra y sin brillo, perdiéndose en el horizonte en una prolongada y fuerte ondulacion. Allí sentí una cosa que por un momento me pareció miedo. Miraba el remolino inmenso, me estremecia y me parecia que algun impulso secreto me empujaba sobre el borde del navio para precipitarme entre las espumas de la estela. ¡Era el vértigo del alma en su admiracion por lo infinito y por la fuerza suprema! Después me convencí de que no era miedo lo que me dominaba. Al contrario, mi confianza era absoluta, y la idea de la muerte no llegó á conmover mi espíritu sino bajo su aspecto heróico. Cartagena iba á desaparecer. La costa de Colombia no era ya sino una faja oscura, vaga, fantástica, y las altas torres de la vieja y heróica matrona de la independencia colombiana se destacaban apénas en el horizonte, como puntos blanquecinos ó pequeñas nubes evaporándose de momento en momento. Al fin todo perdió su forma y su color; la altura de las ondas, abultada por la óptica, cubrió la lista lejana; la perspectiva se acabó, y en vez de la tierra no ví sino la faz movible y escarpada del océano. En aquel momento mi corazon se apretó dolorosamente; un suspiro profundo me arrancó de mi contemplacion detras de los timoneros del vapor, y sentí que una lágrima ardiente me quemaba la cara.... Esa era mi despedida, mi silenciosa invocacion á la patria. Alcé los ojos al cielo, y ví que el pabellon británico flotaba sobre mi cabeza. Desde ese momento yo era _extranjero_ en todas partes, extranjero aún en la soledad del océano, porque un leño impulsado por el vapor tiene _nacionalidad_, y los pueblos no han comprendido aún que la Creacion es de todos, que Dios ha hecho de la humanidad una sola familia! Entónces mi pensamiento comenzó otro giro. La ancha y reluciente estela del vapor me hizo meditar en la historia de la ciencia y del heroismo, y evoqué con recogimiento y veneracion la memoria de Vasco de Gama, de Colon, de Balboa, de Magallanes, de Cortés, de Pizarro, de Lapérouse y de Cook, cuya fe y abnegacion han hecho avanzar el mundo en la carrera perdurable de la civilizacion! Y luego ¡qué de luchas, de sacrificios, de siglos de labor, pasando la obra del progreso de generacion en generacion, como la herencia de la humanidad entera! ¡Cuánto no ha sido necesario para que el hombre fundase su imperio sobre la Creacion, encadenando los elementos bajo su planta soberana y guiando su quilla triunfadora bajo la inspiración de la ciencia! Los Fenicios, los Cartagineses, los Griegos y los Italianos, los Portugueses y Españoles, los Ingleses y Holandeses, ¡cuánto no han tenido que hacer para que Fulton y sus predecesores y sucesores le revelasen al mundo las maravillas del vapor! ¿Qué es el hombre? Débil por su fuerza física; pequeño como un humilde átomo en presencia de las montañas y los mares; nulo delante de la incomensurable majestad del cielo y de los mundos que lo pueblan; nacido con la herencia del dolor; perecedero en su forma como todo lo que existe en el mundo físico,--el hombre ha recibido sinembargo una potencia que no tienen las montañas, el océano, las tempestades ni los astros: el ESPíRITU. Y esa sola potencia, que es el soplo de Dios, que es la fuerza suprema, que es mas que la luz y que la vida, porque es la esencia creadora, inmortal y divina, le ha bastado para descomponer y analizar y someter la luz, guiar la electricidad, esclavizar los vientos, poner á su servicio el fuego y la explosión, domar los furores del océano, escudriñar los secretos del cielo y de la tierra, producir la fuerza hasta lo infinito y suprimirla á su antojo! ¡El hombre es, pues, creador; el hombre es soberano, es superior á la naturaleza! Por qué? porque es espíritu, porque la ciencia es su rayo, el pensamiento su palanca titánica, la palabra su irresistible instrumento de conquista! Sí; el hombre es soberano porque no es esclavo de la materia, porque es inmortal como especie y pensamiento, porque su destino es el progreso indefinido, sin mas principio que Dios y sin otro fin que Dios! Oh! el hombre es muy grande; y yo no querría otra cosa para convencer á los que niegan la ley del progreso, á los que dudan de la supremacía del hombre, á los que no tienen fe ni en Dios ni en el espíritu de la humanidad,--no querría mas que hacerles dejar sus curules empolvadas, sus cátedras carcomidas por el tiempo, y traerles a la mitad del océano, donde este ser diminuto y débil como materia, este pigmeo armado de los rayos de Dios, que se llama el Hombre, se pasea tranquilo por en medio de un abismo agitado y terrible; fuerte por la posesión de una brújula, un cronómetro, un anteojo, y los resortes y las válvulas de una maquina de hierro que hace volar un barco sobre las ondas con la impunidad de la gaviota. La noche había tendido sus sombras sobre el inmenso piélago, y yo meditaba todavía, sentado cerca del timón del _Thames_. De repente un sudor frió me inundó la frente, haciéndome temblar. Quise levantarme, y sentí que la fuerza me faltaba, que la sangre se helaba en mis venas y arterias, que un horrible zumbido me hacia perder la vista, el oido y la conciencia de mi ser; en fin, que un vértigo se apoderaba de toda mi organización. Era el _mareo_, ese cólera de los mares que no perdona á ningún viajero y vence aún á los mas vigorosos temperamentos! «¡Y qué! me dije entonces: el hombre es soberano de este abismo, y sinembargo el solo movimiento, el olor y la vista de este monstruo líquido son bastantes á vencer y aniquilar completamente al soberano? ¿Es que acaso esta corteza de carne que envuelve al espíritu puede hacer pesar su debilidad miserable sobre el ser moral, hasta el punto de quitarle el pensamiento, la memoria, la voluntad y toda la energía de los instintos generosos? ¿El hombre es, pues, muy pequeño?» me pregunté desfalleciente. No! me decía el alma. Sí! me decia la carne! Entonces me acordé de Rodin, aquel terrible personaje del _Judío Errante_, que luchando con el cólera, casi en las agonías de la muerte, y sin mas poder que el de la voluntad, exclamaba: «Quiero vivir, y viviré porque lo quiero!» Yo habia hecho desde antes de embarcarme el propósito de resistir á todo trance al mareo, contando con el vigor de mi organización física: Pero al ver que esta sucumbía,--me dije con resolución: «No! no! quiero que mi alma domine con su fuerza la debilidad de mi cuerpo!» Entónces me puse á bañarme la cara con agitación casi febril, y á chupar naranjas dulces con desesperación. Me puse de pié, me agarré de las vergas laterales, de las barandas, y marché. La vista se me anublaba; caminaba á tientas en medio de los marineros, y hacia esfuerzos supremos de voluntad ... Lo que pasó por mis músculos y nervios, por mis arterias y mi cerebro, es indescriptible; fué una lucha interior tremenda, abrumadora, que me dejó casi exánime. Pero quince minutos después me paseaba libre y sereno sobre la cubierta de popa, fumando y riendo, y luego, en asocio de un amigo y compatriota, hacia saltar el corcho de una botella de champaña para beber por la patria, diciéndome interiormente: «El hombre es el rey de la tierra, porque su fuerza es el espíritu y su cetro la voluntad.» * * * * * CAPITULO IV. * * * * * EL OCÉANO. La poblacion del vapor _Thames_.--La bahia y la ciudad de San-Thomas. --Una noche poética.--El vapor _Paraná_.--Grupos sociales.--Escenas á bordo.--Una ceremonia fúnebre.--Temporales.--Las costas de Inglaterra. El 13 de febrero estaba yo desde muy temprano sobre el puente del paquebote. El calor de los camarotes era insoportable aún durante la noche, y yo queria no solo gozar de la brisa fresca de la mañana, sino asistir á ese espectáculo sublime de la salida del sol. ¡Qué magnificencia de escena! qué de tesoros de luz y de hermosura desconocidos hasta entonces por mí! El sol, como una inmensa urna de fuego, salia de entre las ondas, envuelto en una auréola de colores resplandecientes é inasibles á la vista, confundiéndose al mismo tiempo en el cielo y en el océano, de manera que las dos faces del horizonte, la de arriba y la de abajo, formaban una sola. Y el mar, que bajo la sombra del vapor era oscuro como la noche, del lado del oriente brillaba como un inmenso espejo, agitando sus escamas en un vaiven interminable que multiplicaba los efectos de luz en las cimas de las olas, y las medias tintas y las sombras fugitivas en los intersticios momentáneos abiertos al quebrarse las grandes moles cristalinas y espumantes. El contraste de aquellas maravillosas hermosuras del elemento iluminado y agitado, con la soledad de aquel desierto movedizo, era imponente. ¡Qué suprema tristeza en el fondo de tanta vida de la naturaleza! El sol, la brisa, las ondas y el cielo azul y trasparente reflejaban la vida, mientras que la muerte y la desolacion se revelaban en esa inmutabilidad, en ese silencio, en ese vaiven incansable de un abismo colmado por las aguas del globo entero! El hombre es como el océano: todo aquí se sostiene por el equilibrio entre la vida y la muerte. Despues de contemplar y admirar era preciso observar la composicion de ese pedazo de la civilizacion que se llama un Vapor. El _Thames_ era uno de los paquebotes mas antiguos de la compañía Británica, y servia perfectamente de punto de comparacion para juzgar de los progresos que en los últimos quince años ha hecho la navegacion á vapor. En lo general la estructura de los vapores ingleses destinados á navegar entre «Sud-América» y Europa, es pesada, pero de mucha solidez, y si hemos de prescindir de algunas raras excepciones, podemos con justicia establecer un parangon entre los vapores _americanos_ y los ingleses. Si en punto á solidez, seguridad y perfeccion en el servicio de maniobra son muy superiores los ingleses, los paquebotes americanos tienen la ventaja en la rapidez, la comodidad y aún la baratura. El vapor americano es al inglés lo que el hotel de lujo al café ó restaurador. El viajero se siente mucho mejor bajo la bandera estrellada que bajo el leopardo. Generalmente los capitanes de los paquebotes ingleses son muy poco galantes, y muchos de sus oficiales son ordinarios en su educacion y sus modales. Unos y otros son muy intolerantes en punto á la hipocresía religiosa de los Ingleses sobre los domingos, y se nota que todos los marinos, desde el primero hasta el último, tienen muchas supersticiones, talvez incompatibles con el hábito del peligro. En compensacion se ve en todos ellos que la moralidad es sólida, excepto en algunos contadores _(Pursers)_, que son peores que judíos, y en los cantineros, que explotan á su sabor al pasajero. Algunos _Pursers_ son tan...usureros, por no usar de otra palabra, que cobran descuento hasta por las libras esterlinas. Muchos pasajeros son escamotados en el valor de la moneda, perdiendo el 5, el 8 y hasta el 10 por ciento del valor legítimo de sus doblones, porque la necesidad los obliga á aceptar la tarifa caprichosa con que se especula á bordo. Probablemente los escamotadores llaman eso hacer sus economías. Los camarotes de los vapores ingleses carecen de comodidad, y el servicio de los domésticos es difícil y desagradable. Los pasajeros que, por su desgracia, no saben explicarse en buen inglés, tienen que hacerlo con libras esterlinas y chelines, en cuyo caso son perfectamente comprendidos. Un Inglés tiene tanta fatuidad de raza, que jamas responde, aunque conozca una lengua extraña, si no le hablan en la suya, ó si no le muestran la bolsa que es lo mismo. Los vinos, cuya venta es una brillante especulacion del capitan, son casi todos detestables, sobre todo los franceses y españoles, y el buen bebedor tiene que contentarse con el abominable brandy, la cerveza comun ó la insípida limonada gaseosa, excelente para el mareo pero nociva para los nervios. Por lo que hace á los alimentos, su invariabilidad cotidiana y su sabor son insoportables. El cocinero inglés, que en materia de papas cocidas, _roast-beef_ y _pudding_ no tiene rival (y por cierto que el mérito no es muy envidiable), es en lo demás inferior á todos los cocineros posibles de uno y otro hemisferio. Es que el Inglés sabe beber, pero no comer, y tiene el gusto en el estómago, especie de tonel, mas bien que en el paladar. A bordo del _Thames_ se habia reunido una sociedad de las mas heterogéneas. En primer lugar debo citar á nuestro Irlandes del vapor _Bogotá_, que habia bailado tan alegremente el _currulao_ con las negras lustrosas de la aldea de Regidor, á orillas del rio Magdalena. El buen viejo parecia muy contrariado por falta de confianza, y se habia vuelto taciturno. Así, la sola ocupacion del gigante de la verde _Erin_, hasta San-Thomas, se redujo á destapar botellas y devolverlas vacías, fumar, silbar con melancolía y cantar á hurtadillas algunas canciones de su tierra, un tanto cuanto coloradas para ser de país católico romano. En honor de la Irlanda debo declarar que el digno compatriota de O'Connell no bebia solo, sino que, desesperado de tener que resignarse á una sola botella cada vez que el apetito le picaba de recio (y los entreactos no eran largos), convidaba siempre á algún pasajero para que le ayudase á despachar dos ó tres botellas en vez de una. Una modista de California, que se llamaba propietaria, y se mudaba tres veces por dia, descollando por sus encajes, sus enormes dientes y sus amabilísimas muecas, se había empeñado en conquistar al Irlandes á todo trance; pero el buen viejo, que parecia entender mejor el verbo _to drink_, hecho para el paladar, que el _to love_, destinado á las honduras del corazon, le frunció las cejas de tal modo á la modista, que la infeliz, para vengarse de la altiva Irlanda, se resignó á coquetear con el jefe de ingenieros del vapor, jayan de la raza pura de _John Bull_. Entre las curiosidades de á bordo se hallaba un Costaricense con ínfulas de marques quien, sobre dar asunto para reir con su manía de decantar su _sangre noble_, interesaba mucho por su casta inocencia. El pobre moceton, apesar de sus 30 años y su sangre azul, no podia soportar que nombrasen siquiera á las mujeres, y para atormentarle, un Genoves marino que le acompañaba le espetaba á cada diez minutos una historieta de italiano y soldado, que hacia espeluznar al inocente mancebo. No faltó quien informase luego que el muy taimado de la sangre azul tenia sus viejas _marrullas_ de rezandero, que le hacian parecer pasablemente pecador. En ninguna parte es tan ridículo el tartufo como en alta mar. Pero nada tan curioso como una Francesa que venia de San-Francisco de California con su marido, victima de un mareo permanente. La desdichada no había tenido mas horas de alivio que las del tránsito por el ferrocarril de Panamá. De resto su único oficio había sido el de estar mareada, como el de su excelente consorte el de darle copas de brandy puro, remedio que algunos consideran eficaz para el «mal de mar». Es un secreto que ninguno ha podido aclarar, si era el mar ó el brandy el responsable de la situacion; pero lo que sí pudo comprobarse fué que la estimable Francesa no dejó de estar en chispa un solo dia, ni una sola noche, aunque á decir verdad, era una chispa inofensiva que nunca le inspiraba sino ternura, suspiros, lagrimas de amor y recuerdos de felicidad conyugal. Era adorable ver á la impermeable mujer, cada vez que una copa de brandy apaciguaba por un momento el mal, y que el buen marido la tranquilizaba á propósito de algún corcovo terrible del buque azotado por las olas hinchadas, era de ver cómo, mirando á su Adán con la inefable dulzura de la chispa, le decia con el acento mas patético: «_Ah, mon marí! nous nous aimons comme si nous avions seize ans!_» En seguida venian los apretones de manos, los abrazos, los besos á hurtadillas, hasta que hecha la digestión marítima de la última copa de brandy, la amorosa consorte exclamaba con voz agonizante, siempre en francés: «_Oh, mon marí! je meurs! Encore un petit verre de cette médecine_».... Y una copa mas iba á perderse en el mar interior de aquel estómago incombustible y agitado por las convulsiones de un vértigo incesante. Lo que refiero no es una invención, es la verdad, y yo mismo me aturdia al ver esas escenas singulares, incomprensibles en una mujer y sobre todo en una Francesa. Un dia, en presencia de varias señoras, la pobre viajera, como embrutecida por el mal, y acaso mas por el remedio, llegó á beberse siete vasos de brandy puro en el trascurso de tres horas!--Cuanto puedo decir es que hasta el Irlandes y algunos oficiales ingleses se escandalizaban. En general la actitud de los viajeros era fría y reservada, durante los tres primeros dias, cosa muy natural. Poco á poco la elasticidad de caractéres fué siendo muy notable, en términos que cuando avistamos la triste y desierta isla de San-Thomas ya éramos todos tan amigos que las copas de champaña, las ardientes canciones y las chistosas anécdotas se multiplicaban, porque es de ley de raza y tradición que el Ingles gana sus amistades bebiendo, el Francés cantando, y el Español contando sus _cachos_ (aventuras macarrónicas) ó refranes chistosos de su tierra. En el mar todo el mundo entra circunspecto y extraño, todos se hacen amigos, y todos se despiden luego para no volverse á ver ni recordar jamas. * * * * * El 17 á las cuatro de la tarde entrábamos á la linda bahía de San-Thomas, ya divertidos con los saltos y las evoluciones de dos ballenas que nos acompañaban á alguna distancia, ya encantados con el interesante aspecto de la bahía y el pintoresco anfiteatro de la ciudad. Las escenes de la tarde, la noche y la mañana siguiente, merecen una rápida descripcion. La isla de San-Thomas es una colina rocallosa, rodeada de agua, y nada mas. Sus altas rocas caen sobre las ondas como tajadas á pico; la tierra carece de toda vegetacion florida y fresca, y el aspecto general de la isla entera es tristísimo y desagradable.--Salvo, pues, la pequeña ciudad marítima ó comercial de San-Thomas, que contiene unos 6,000 habitantes, lo demás carece de valor absolutamente. Como la ciudad es puerto franco y el centro de la red de comunicaciones que mantienen los vapores ingleses entre Hispano-Colombia, las Antillas é Inglaterra, hay siempre en la bahía un número considerable de paquebotes, de buques mercantes y de fragatas ó corbetas de guerra, con grandes depósitos de carbon de piedra. La bahía es estrecha, pero bastante bien abrigada, y pintoresca por el contraste de las embarcaciones con todas las banderas del mundo y por el juego que hacen algunos fuertes sobre el fondo gris de las colinas, las bellas quintas de las cercanías, con elegantes azoteas y jardines, los grupos de palmeras, de naranjos y otros árboles pequeños, mantenidos con mucho esmero y fuertes gastos, porque la tierra no es bastante vegetal, y todo el conjunto gracioso de las casas de la ciudad, que tienen la forma de pequeños castillos ó de campestres residencias. Un enjambre de góndolas ó barquichuelos pintados de verde, rojo, amarillo y azul, y montados por diestros bateleros, circulaba en pintoresca confusion por en medio de los grandes vapores y los bergantines, solicitando pasajeros que quisiesen ir á tierra á tomar víveres frescos, helados deliciosos y frutas de todas clases. En breve nuestro paquebote se llenó de lavanderas, fruteras y vendedoras de fruslerías y corotos de toda especie, algunos de los cuales fabricados de paja, cerda ó pita, me parecieron objetos de arte muy curiosos. Toda esa gente metía tanto ruido á bordo con su algazara que los viajeros nos creíamos en una especie de Babel, en tanto que los marineros del _Thames_ y el _Paraná_ se ocupaban estrepitosamente en las maniobras del trasbordo, entonando canciones dé un acento singular y vibrante. Era curioso oir á todas esas vivanderas y á los bateleros hablar en inglés, español, francés y aún alemán con la soltura ménos gramatical del mundo, pero con una gracia encantadora, estropeando todas las lenguas y haciendo de ellas una especie de olla podrida tan extravagante como típica. En San-Thomas, donde se vive del tránsito y la poblacion es muy promiscua, todo el mundo se ve precisado á aprender lo mas esencial de los idiomas vivos mas generales, aunque el inglés parece tener la preferencia; y á fe que la turba políglota de aquella isla saca muchas ventajas de su dialecto matizado, en sus pequeñas especulaciones. La noche había llegado y yo me encontraba sobre la cubierta de popa del _Thames_, mi domicilio marítimo hasta el día siguiente. La escena era admirable y me hizo recordar algunas lecturas sobre las noches hechiceras de Venecia. Como la ciudad tiene la forma de un anfiteatro, descansando sobre tres colinas equidistantes, y con pequeñas calles escalonadas en graderías hácia las alturas del cerro, en tanto que la bahía le sirve de base en su extremidad occidental, se podia abarcar con la vista todo el escenario. A mis pies, formando cadena sobre un puente de trasbordo, trabajaban los marineros, entonando en coro sus canciones favoritas que producían eco en las colinas de la costa. Al frente se veían las mil luces de la ciudad, como la iluminación caprichosa de uno de esos «pesebres» ó «nacimientos» que se usan en los paises españoles,--iluminacion que tenia no sé qué de aéreo y fantástico, haciendo juego con los reflejos pálidos de un cielo estrellado en cuyo fondo profundo no se veia una sola nube. Y luego, cada uno de los cien vapores, bergantines y grandes buques de la bahía mostraba sobre lo alto de su gallardete una luz azulada que iluminaba de cuando en cuando los pliegues de algún pabellon europeo ó americano; en tanto que sobre los puentes se destacaban las sombras de los marineros, las chimeneas, los mástiles y las vergas del arbolaje, entre las cuales se cruzaban las luces errantes de las linternas de los inspectores y guardianes. De repente salió del puente gigantesco del vapor _Paraná_ una armonía profunda que hizo vibrar las brisas de la noche. Ese vapor tenia su banda de orquesta y su primera sonata me estremeció de placer, porque me trajo mil recuerdos de la patria: era el _Trovador_, esa tempestad de vigorosas armonías de Verdi, el artista de las óperas románticas, el compositor de los conciertos ruidosos y ardientes. Después siguió _Guillermo Tell_, esa onomatopía admirable, que revela en su conjunto de profundas melancolías y de arranques ruidosos y atropellados todo el sentimentalismo y el entusiasmo de Rossini, el artista del amor y de la gloria. Al fin resonó el himno nacional de los Ingleses, esa invocacion cotidiana que hace un pueblo á su reina, representante de su gloria, sus derechos y sus tradiciones, en todos los mares y en todos los rincones del globo. Si durante el concierto los marineros habian suspendido su canto melancólico, mas bien por respeto á los demás que por amor artístico, al estallar el _God save the Queen_ todos se detuvieron, suspendieron el trabajo y se pusieron á escuchar con recogimiento. El himno nacional es para los Ingleses como el _bendito_ ó el _padre nuestro_ para los Españoles: él encierra todas las plegarias, los recuerdos y el sentimiento moral del Inglés, y es con ese himno que saluda la aurora y se despide del día. La noche era admirable; la brisa traia los perfumes de los jardines de San-Thomas; las ondas de la bahía suspiraban dulcemente bajo las quillas de los altos navíos y paquebotes; el silencio iba sucediendo poco á poco a todos los rumores de la vida, y después todo fue misterio, majestad y poesía. Reclinado contra la balaustrada del _Thames_, al lado de la compañera de mi vida, contemplábamos el cielo y el océano, pensábamos en la patria y confundíamos en un íntimo abrazo todo nuestro amor, nuestros recuerdos, nuestra esperanza y nuestra fe.... Cuando el hombre se abandona al océano, su alma comprende mejor el amor, la esperanza, el valor de la patria, la poesía, lo grande, lo sublime, porque siente que la sombra de Dios vaga sobre las ondas, en el azul del cielo y en todo el misterio de la inmensidad! * * * * * El 18 de febrero recogió su ancla el gigantesco vapor _Paraná_ á cuyo bordo habíamos ido todos los pasajeros reunidos en San-Thomas por las malas particulares de Cuba, Méjico, «Centro-América,» el Pacífico, Nueva Granada y todas las Antillas. A las nueve de la mañana todo el mundo lanzó su grito de despedida, al empezar con alegría y confianza la segunda navegacion. El océano estaba tranquilo en las cercanías de San-Thomas, y no comenzó á mostrarse agitado sino á una considerable distancia, perdidas ya de vista las desnudas islas de Monserrate, Santa-Cruz y otras de menor importancia, que se destacan como altas colinas escarpadas ó como sombras confusas á uno y otro lado de la ruta que siguen los vapores. Pocas horas despues, en alta mar y á muchas millas de aquellas islas, un punto gris se mostró en el horizonte como una gaviota sacudida por las ondas; el objeto fue creciendo, manifestando sus formas, y al fin todos pudimos distinguir el velamen y el humo de la chimenea del vapor _Plata_, elegante en su construcción y rápido en su marcha, apesar del balanceo que las olas encrespadas le imprimían. Los dos paquebotes se acercaron, suspendiendo su curso y caracoleando el uno al derredor del otro, un bote del _Paraná_ se lanzó hasta el costado del _Plata_, y en breve tuvimos noticia de lo que sucedia en Europa. Lord Palmerston acababa de caer del ministerio, con toda su clientela, por consecuencia del célebre ó ruidoso acontecimiento del 14 de enero en Paris. Así, todo el mundo á bordo tuvo de qué hablar con interes, y los flemáticos Ingleses se dieron á sus cavilaciones sobre torys, whigs y radicales, con la calma que le es característica. Entre tanto un variadísimo cuadro de costumbres, perfectamente cosmopolita, se desarrollaba en los escotillones, los salones y el extenso puente del _Paraná_. Allí habia de todo, y podía con facilidad hacerse la comparacion de las razas, las costumbres y los tipos característicos de cada sociedad, distribuidos entre unos ochenta pasajeros. Yo observaba todos los grupos, atendía sucesivamente á todas las conversaciones, y me preparaba con el estudio práctico de los hombres á comprender el carácter complicado de la civilización europea. Los Hispano-colombianos, que eran no pocos, se mostraban en general sencillos y cándidos, maravillándose de todo y muy impresionables, sin reserva en la expresion de sus pensamientos; se podía notar que los hábitos de la democracia habían formado en ellos el espíritu de independencia y cierta familiaridad expansiva que contrastaba con la reserva de las razas setentrionales de Europa. El Hispano-colombiano, aunque se impresiona mucho con todo lo que ve extraño, se cree siempre en su país y no se cuida de someterse á las exigencias de las costumbres extranjeras. Y sinembargo, no hay viajeros que se trasformen mas que los hijos de Hispano-Colombia, acabando por asimilarse todo lo que encuentran mas saliente en las sociedades europeas, sobre todo en Francia. Dotados de un carácter flexible y bastante novelero, si salen de su país intolerantes, extremosos y un tanto huraños, vuelven parisienses por los cuatro costados, olvidándose, por una metamorfosis completa, de la sencillez de sus costumbres primitivas. Mientras que los hijos del Nuevo Mundo (entre los cuales, por fortuna, no se encontraba ningún _Yankee_) se manifestaban maravillados de todo, los demás grupos del _Paraná_ eran igualmente característicos. Los Alemanes, ó se manifestaban pensativos, cerca de un mueble marítimo, pasando horas enteras en fumar y mirar el cielo y el océano con profunda melancolía, como abstraídos del mundo por algun ensueño; ó se reunian en grupos exclusivos para conversar en voz baja y pasearse interminablemente del uno al otro extremo de la cubierta. Entre tanto, los Franceses cantaban ó silbaban, hacían todo el ruido posible, mezclándose en los corrillos con una jovialidad especial y burlona; ó en los ratos de fastidio se entregaban á la lectura voluptuosa de novelas y relaciones de viajes, prefiriendo sobre todo las obras de Balzac. El Frances es el hombre del mundo que mas lee, sin contar con que es el que mas canta y rie. Todo lo que es artístico le encanta, y si adora el equívoco (_calembour_), es precisamente porque en él la malicia del pensamiento se formula con arte. Ademas el Francés es el rey de los viajeros. Si el Inglés no tiene rival en su furor de viajar, el Francés le aventaja en el arte de viajar. El Francés sabe acomodarse á todas las circunstancias y sacar partido de todo, porque es tolerante por excelencia, tiene un profundo espíritu de igualdad que le domina, y su buen humor, expansivo y elástico, le da donde quiera el primer puesto y la ventaja de dominar la situación. Los Ingleses, por de contado, hacian un gran contraste. El Inglés, orgulloso por naturaleza, frio en su porte, material en sus gustos, intolerante en extremo, reservado por cálculo, y prosaico y positivo en sus aspiraciones, ó se muestra reservado con toda sociedad que le es extraña, ó les impone á los demás su voluntad, en cuyo caso suele llegar á la jovialidad. Bebe y fuma tranquilo, jamas hace ruido (si es John Bull de raza pura), y si se acerca á los demás es para dar una opinión absoluta ó una orden. El orgullo es la fuente de todas sus virtudes, como de todos, sus defectos. Es tenaz, leal y valeroso por orgullo, como es intolerante en religión y preocupaciones de raza y dinastía, pródigo, obsequioso, apostador, reservado, bebedor y todo lo demás por orgullo. La música, el baile y el canto le disgustan, como todas las artes, y si llega a dar millones de pesos ó de libras por un cuadro, no es por el mérito do la pintura, sino por la vanidad de hacer un fuerte gasto y tener lo que otros codician. Sinembargo, como individuo el Inglés vale mucho mas que el Frances, y me atengo siempre mas á la palabra seca del orgulloso pero leal británico, que a la fraseologia elegante pero vana del Frances. El Inglés como amigo, es útil; el Frances no es mas que muy agradable; porque el uno es positivista y el otro artístico. Los Italianos del _Paraná_ eran pocos, pero eran suficientes para hacerme contraer simpatías hácia su raza. En general, el Italiano es chistoso, amigo de historietas ó anécdotas, entusiasta por lo bello y por la libertad. Él ama las bellas artes, pero no precisamente por el arte, ó la composicion ingeniosa, sino por la belleza que reproducen ó crean aquellas. Tosco muchas veces en sus modales, por la mala educacion que el despotismo y la supersticion les han dado á los pueblos de Italia en los cinco últimos siglos, el Italiano es con todo muy simpático desde el primer momento. Desinteresado y generoso, jovial, vehemente, su idea fija es la libertad y la unidad de Italia, y su fe no se extingue jamas. Un Italiano escéptico es un fenómeno, porque la esperanza es la sola fuerza de su vida. Y como consecuencia de esa fe que le es característica, su resignacion es admirable para soportar la expatriacion y todos los contratiempos. Por último me llamó mucho la atencion entre los pasajeros un grupo de siete ú ocho españoles de distintas provincias que me divertían mucho. Había entre ellos un gallego de excelente índole y chistosas ocurrencias que á todos agradaba, y no faltaban andaluces, madrileños, un catalán, un mayorquino y algunos habaneros. Si hubiera de juzgar de todos los Españoles según las cualidades de los compañeros de viaje, mala sería mi opinión, aún prescindiendo de un viejo abogado, prefecto de una provincia de Puerto-Rico, personaje típico de la España de Felipe II, no de la España revolucionaria de hoy, que creia en brujas y hechicerías, milagros, apariciones y misterios de la piedra filosofal, y hablaba de S.M.C. con un recogimiento edificante y ortodoxo. Los demás revelaban en todos sus rasgos la estirpe española. Unidos y leales entre sí, hacian causa comun en todo y para todo. Sobrios en lo general, no les faltaba un momento el cigarrillo ó el cigarro, y se hacían notar donde quiera por su ardiente algazara. El juego, bajo todas las formas posibles, era su sola ocupación; jamas leían con fundamento; y cuando la música de prima noche se hacia oír en los escotillones digerian la comida bailando rabiosamente la _jota_ ó la _cachucha_, ó cantando en coro estrepitoso el himno de _Riego_. Fanfarrones y pendencieros, sus disputas momentáneas iban siempre sazonadas de interjecciones coloradas, y acababan por burlas ó anécdotas picantes. Cada una de sus frases tenia por adorno indispensable _aquella_ palabra española tan expresiva, de sentido vago, y que no puede copiarse en ningún escrito sin escandalizar. Esa interjección es tan nacional para el Español, que equivale á la mas inocente como a la mas desvergonzada de las otras lenguas; y el Español la suelta con sencillez delante de todo el mundo, aún de las señoras muchas veces, sin pensar que pueda ser grosera. Casi todos los Españoles del _Paraná_ eran liberales y progresistas, lo que me probaba que las inclinaciones hacia la libertad se han desarrollado mucho en la Península, despues de la independencia colombiana. Por otra parte, no hay un pueblo tan nacional como el español. Para él España es lo mejor que hay en el mundo, en cualquier sentido y al oir á un Español decantar los primores de su pais, se siente uno tentado á creer que es una tierra encantada de las _mil y una noches_, ó a reírse en las barbas de los buenos peninsulares, en cuyo caso la pendencia es segura. Durante algunos dias el océano se habia calmado, y su admirable inmovilidad carecía de interés. El mar no es verdaderamente hermoso, cuando está manso, sino en su contraste maravilloso con la tierra. Lejos de las costas, en alta mar, la escena es monótona cuando la tempestad no agita los ondas y produce sus fenómenos sublimes. Así, todo el interés de la navegación estaba en las escenas de á bordo, casi siempre grotescas. Habia no sé qué de carnavalesco entre esos grupos heterogéneos, en cuyo fondo se destacaban verdaderas caricaturas; y la chismografía, que en la navegación es muy activa y fecunda, por la forzada ociosidad de todos los pasajeros, daba alimento á las mas ingeniosas invenciones y curiosas anécdotas. Inútil es decir que nuestra modista francesa aclimatada en California, habia encontrado un campo mas extenso para sus coqueterías, y que la fingida rivalidad de algunos tunantes de buen humor la ponía en los mas cómicos apuros. Ya era un Italiano el que la galanteaba, haciéndole concebir con mucha habilidad esperanzas de matrimonio, para ir luego á contar lo ocurrido á todo el mundo, y reír á su sabor;--ya un joven Inglés, que de casualidad era burlón, hacia obsequiosas indicaciones, en nombre de la alianza anglo-francesa; ya un Francés zalamero y galante reclamaba la preferencia por derecho de nacionalidad. Pero al fin la modista comprendió la burla, y renunciando á los artificios de la coquetería se resignó a pasar las horas leyendo novelas sentimentales, que la hacían llorará veces con enternecimiento, y comiendo almendras, nueces y avellanas, de que hacia una fuerte provisión todos los días en el comedor. Aquella mujer comía tanto, tanto...que solo puedo comparar su glotonería á la sed de brandy de su compatriota mareada. Otro tipo femenino bien curioso era el de una Inglesa de la sangre caliente, fenomenal, que no se daba por notificada de sus sesenta inviernos. Habia naufragado recientemente en las Antillas, y referia el episodio terrible con una frescura singular. Charlaba como una lora, siempre buscando la compañía de los hombres; brincaba todas las tardes como una bailarína de ópera, haciéndose invitar por los mas jóvenes y gallardos á bailar polkas, varsovianas y cuadrillas; y tenia tal furor por el juego que se resentía con todos los que no le aceptábamos sus convites. Jugaba durante todo el dia y hasta media noche, ora _whist_, ora _veintiuna_, y á veces hasta _monte_ con los Españoles, sin prescindir por eso del _ajedrez_, las _damas_ y demas juegos inocentes. Aquella vieja de espejuelos, bailando como loca y jugando como un Yankee, parecía haber apostado con el tiempo á no dejarse vencer.... Entre los compatriotas de esa alegre Megera se distinguian por sus extravagancias un ministro presbiteriano y otro anglicano en ciernes. El primero, largo de dos metros y medio, seco y cadavérico y lleno de manías, andaba siempre con una Biblia en hebreo, dando consejos, hablando solo, haciendo extrañas gesticulaciones, y retozando con los niños de algunas señoras. Era un excelente médico, buen cristiano y humanitario en extremo. Su idea fija era la abolicion de la esclavitud, y se veía que el extravío de la razón, que no era sino mediano é inofensivo, había dejado intacta toda la pureza de un nobilísimo corazón. Reprobaba mucho el juego interesado, bailaba con los hombres con sumo entusiasmo, era en extremo sobrio, extravagante en su vestido y sus movimientos, y en sus buenos ratos leía los salmos con unción y aprobaba mucho diversiones tales como el baile y el canto. El ministro anglicano en ciernes, que había hecho en Jamaica sus estudios teológicos, era un gran calavera de excelente carácter, generoso, expansivo y servicial. ¡Pero qué de truhanerías! Bailaba, bebía, jugaba, gritaba, cantaba y se divertía ruidosamente de todos los modos posibles, mas bien como un estudiante parisiense ó alemán de vida pecaminosa, que como un candidato para la Iglesia. Un dia le pregunté si tenia vocación para el sacerdocio, y por qué se manifestaba tan profano, y me dijo: «La profesión que voy á tomar es como cualquiera otra, y la he escogido por complacer á mi madre nomas. Pero como al tomar las órdenes tendré que ser circunspecto, me divierto ahora por aprovechar los últimos días que me restan de la vida alegre de mi juventud.» Talvez no le faltaba razón al excelente joven. El hombre tiene su época de calavera, y siempre le cuesta algún trabajo resolverse á dejarla. ¿Hay un sér mas feliz en el mundo que un estudiante? Muchos otros tipos muy curiosos pudiera bosquejar, completando la galería del _Paraná_, pero el lector se fastidiaría. Un vapor es una Babilonia ambulante, en cuyo interior se puede estudiar el mundo mejor que en ninguna parte. Todas las virtudes y debilidades se reúnen allí, y los caractéres de todas las razas se ponen en relieve y contraste con singular energía. Es el mundo en miniatura, con su egoísmo, sus comedias y caricaturas, sus preocupaciones, sus engaños y dudas, sus buenas y sus malas cosas; así, en ninguna parte se puede conocer mas á fondo el corazón humano que allí, sobre un leño flotando entre peligros, donde el alma se presente desnuda. El 25 por la mañana un triste espectáculo interrumpió las cómicas escenas de los pasajeros. El médico del vapor, caballero muy estimable, habia muerto en lanoche anterior, de fiebre amarilla, enfermedad contraída en San-Thomas, donde la muerte hace todos los años abundante cosecha de viajeros. Toda la tripulación estaba reunida en el escotillón, miéntras la mayor parte de los pasajeros dormían. La ceremonia era solemne y profundamente aflictiva. Sobre el puente de entrada, al pié de una de las enormes ruedas del vapor, estaba el cadáver en su ataúd, cubierto con la bandera británica enlutada, y desde allí hasta el interior se prolongaban dos filas dobles de oficiales y marineros, escuchando con recogimiento los salmos y las oraciones severas del oficio de difuntos. La idea de la inmortalidad, de la eternidad, de lo infinito, parecía revelarse con mas elocuencia y energía en ese cielo sin horizonte, en esa superficie movible, inmensa, incansable, cuyas ondas remedan el flujo y reflujo de la humanidad entre la vida y la muerte, y la existencia de un espíritu universal que todo lo agita y no perece nunca.... ¡Y qué leccion! Los marineros lloraban en silencio, con una emoción tan honda que compadecía. Era extraño ver correr las lágrimas por esas caras encallecidas y percudidas por el sol, el viento y la lluvia, arrugadas por el tiempo, las fatigas y los peligros, y cuya expresión ordinaria era la indiferencia. Es que la comunidad del trabajo, de la ausencia constante de la patria, del peligro y de la contemplación de lo infinito, establece entre los marinos una fraternidad heroica que resiste á todas las pruebas y sobrevive aún á la muerte. Despues de las tristes ceremonias religiosas y de distincion, el ataud fué arrojado á las ondas con una enorme bala de cañón que lo precipitó al abismo.... ¡Magnífica tumba para el hombre es el océano! Solo ese abismo, que recibe todo el tributo de la tierra, y sobre el cual se revela con mas esplendor la omnipotencia de Dios y la grandeza del hombre, es digno de recibir los despojos de la criatura inmortal cuyo espíritu jamas perece! El 26 de febrero el mar empezó á agitarse con vehemencia, cambiando el aspecto uniforme de la escena. Enormes bancos de plantas marítimas, que parecían sábanas flotantes de diversos colores, venian del lado de Terranova, haciendo su larga peregrinacion hacia las regiones del sudeste, violentamente azotados por las olas. El mar parecia un monstruoso leon, sacudiendo su crespa melena, ó un gigantesco pez revolcándose sobre el abismo para hacer brillar al sol sus escamas como montes, ó mostrar sus hondas arrugas momentáneamente oscurecidas. Después, el día 28, estuvimos en plena tempestad. El huracan zumbaba sacudiendo las chimeneas y todo el arbolaje; la lluvia oscurecía el cielo; las olas venían como derrumbes á bañar todo el puente de cubierta; y el enorme buque, soltando fatigado sus negras bocanadas de humo, saltaba entre las concavidades de las ondas como un toro enfurecido por los golpes que en todas direcciones recibe. Tres noches de peligros, noches solemnes y sombrías, tuvieron á todos los pasajeros en ansiedad, aunque al venir el dia los espíritus se tranquilizaban y el buen humor volvía. La noche multiplica siempre la gravedad de las impresiones, y es el sol con sus eternas alegrías el que hace palpitar el corazon de esperanza y placer. El 7 de marzo todos los pasajeros saludámos con alegría, desde temprano, la faja oscura que indicaba la cercanía del cabo Lizard, en la costa de Inglaterra, que determina con la punta francesa de Brest la ancha embocadura occidental del canal de la Mancha. Por una singular casualidad, el canal estaba tranquilo como un lago, y sus aguas verdes y trasparentes reflejaban un cielo magnífico. Centenares de bergantines y goletas, de botes carboneros y de barcas pescadoras se cruzaban en todos sentidos, ya mostrando el rico velámen, y el pabellon frances, inglés ú holandes, ya la roja y única vela del barco pescador ó puramente costanero, rápido como una gaviota que roza apénas la superficie de las ondas. Puertos pintorescos; bellísimas bahías en cuyo fondo se veian las poblaciones, entre otras Falmouth, Plymouth, Dartmouth y Sidmouth; multitud de fanales brillando á la luz de un sol que no parecia de invierno; colinas ondulantes, surcadas por el arado para recibir luego la simiente, ó campos cubiertos de una vegetacion amarillenta ó gris; depósitos lejanos de nieve detenidos sobre las rocas ó en los pliegues del terreno; y picos y peñascos románticos de formas admirables, destacándose sobre las olas en los pequeños golfos de la costa y formando semicírculos de trecho en trecho: todo eso, contrastando con la multitud de casas campestres levantadas sobre las colinas y los planos inclinados, entre arboledas disecadas y ennegrecidas por el invierno, que parecian esqueletos aéreos, tenia un encanto indefinible, preparando mi imaginación para el espectáculo enteramente nuevo de la civilización europea. Recordaba las selvas y los desiertos de mi patria, donde la naturaleza reina sola en todo su esplendor; donde faltan el cultivo, el arte, la prevision y los monumentos que atestiguan un colosal progreso y la actividad de la vida industrial; y la comparación me afligia profundamente. Saludé con entusiasmo á este viejo mundo que se me ofrecía como un inmenso libro de estudio y observación; y cuando puse el pié sobre los muelles y diques de Southampton comprendí que una nueva existencia empezaba para mi corazon, ansioso de impresiones, y mi espíritu, anhelante de luz, de ciencia y de progreso. * * * * * SEGUNDA PARTE. ALGO DE INGLATERRA Y FRANCIA. * * * * * CAPITULO I. * * * * * SOUTHAMPTON. La ciudad y su puerto.--Movimiento comercial.--Interior de la ciudad.--Primeras impresiones.--Un compañero mistificado.--El primer tren de ferrocarril.--De Southampton á Londres. _Southampton_ es una ciudad interesante y pintoresca bajo todos aspectos y que tiene la bella cualidad de predisponer el espíritu del viajero en favor de Inglaterra, á la cual sirve de vanguardia comercial en el centro del canal de la Mancha. Un bonito rio de diminutas proporciones desemboca en el arrabal de la ciudad, confundiéndose con la angosta y hermosísima bahía que le sirve de asiento hácia el Sur, y que la primorosa isla de Wight interrumpe en la embocadura, formando dos canales marítimos entre las costas de Portsmouth y Lymington. La bahía, penetrando en la tierra vigorosamente, se ensancha en el, interior en una especie de círculo oblongo, y por todos lados la costa es el término de colinas notablemente bellas, pobladas de quintas, palacios, bosques artísticos de pinos y encinas, jardines espléndidos, sementeras de cereales y huertas de frutas y legumbres. Todo ese conjunto es tan pintoresco, que aún en medio de los rigores del invierno conserva su gracia y seduccion. En el fondo de ese horizonte de primores artisticos y trabajos de cultivo refinado, de toda esa decoracion de palacios y casas campestres elegantes, dormían las ondas cristalinas y azules de la bahía, contrastando con la multitud de conos caprichosos, brillantes á la luz del sol, de espesa nieve aglomerada al pié de los árboles y los enrejados, los setos y los grupos artísticos de invernáculos y alamedas enanas. Y en el centro de ese interesante anfiteatro de ondas azules, rocas, colinas, palacios y pequeños pinales, se destacaban las chimeneas y los mástiles de multitud de grandes y pequeños vapores, gigantescos navíos, bergantines y barcas, y se cruzaban caracoleando, impulsadas por el remo, centenares de lanchas ó faluchos pintados de colores, como mariposas volando sobre la tersa superficie de un lago. Southampton es el centro y punto de partida de muchas grandes líneas de paquebotes que giran entre Inglaterra y las Antillas, Francia, el Norte de Europa, España, Portugal, todo el Mediterráneo, el Brasil, el Africa y la India. Esta circunstancia es la que ha contribuido mas poderosamente á darle mucha importancia comercial á Soulhampton y crear allí un movimiento poderoso en la telegrafía, los ferrocarriles, las comisiones de cambio, las industrias marítimas, las construcciones navales, los correos y las grandes importaciones de metales preciosos, tintes finos y otros artículos de produccion trasatlántica. La bahía carece en el puerto de esas famosas construcciones de mampostería que se llaman _docks_ ó diques (tan útiles y necesarias en Lóndres, Liverpool y otros puertos comerciales), obras que allí son reemplazadas con muelles de mampostería y de madera, de grandes proporciones, avanzados á una distancia considerable. Así, á pesar del excelente fondeadero del puerto, la accion de la marea es siempre indispensable para la entrada de los grandes vapores y los buques de vela. La aduana de Southampton tiene un movimiento extraordinario, y á pesar do la rigidez con que se hacen los registros y se cobran los derechos pude observar dos cosas muy notables: 1ª que en Inglaterra el viajero es tratado con decencia y respeto por los empleados fiscales, pues allí no hay esas inquisiciones sobre la persona, que insultan 1ª delicadeza del hombre de honor y el recato de una señora; 2ª que el viajero que quiere evitarse prolijos registros en su equipaje, no necesita mas que decir franca y lealmente lo que lleva en sus baules, en cuyo caso el registro se limita á los objetos denunciados por el propietario. En Inglaterra se tiene un gran respeto por la palabra del hombre, y la sinceridad es siempre el camino mejor. Una señora es muy considerada por los funcionarios públicos. Por lo demas, si alguna dificultad se presenta, los chelines lo arreglan todo en último resultado, pues en este punto Inglaterra se parece á todo el mundo. Lo que allá es cuestión de pesos, de reis ó dollars, por acá es asunto de chelines, francos, thalers ó florines: los nombres varían, pero el dinero tiene en todas partes la misma elocuencia para todos los pueblos. Después de salir de los vastos salones de la Aduana, el viajero se ve asaltado por los cocheros y carreteros, especie de mendigos sobre cuatro ruedas, que se disputan los chelines del _gentleman_ novicio. Cuando la gavilla da el asalto lo mas prudente es no escoger el victimario, sino entregarse á discreción del primero que llega, so pena de ser estrangulado con equipaje y todo. La primera parte de la ciudad pertenece propiamente al puerto, la aduana, la estación del ferrocarril y del telégrafo y todo lo relativo al servicio de comunicaciones. Allí es donde tiene el marino su soberanía, campea gallardamente el remero, atruena el carretero, y se pavonea, trasformado, el _steward_ (sirviente de paquebote) que pocas horas antes servia al pasajero la hirviente taza de _punch_. El cuadro de costumbres es animado y vigoroso, porque todas las gentes que se cruzan por las cercanías de la aduana son los obreros del sol y del agua, endurecidos por las fatigas de un trabajo penoso. Ya tropieza el viajero con el marino de pequeña estatura, rollizo y mofletudo, con su chaqueta de paño negro, abierta, el ancho cuello de la camisa de franela, el sombrerito redondo y charolado, puesto al desgaire sobre una oreja, la corbata negra y flotante y los monumentales botines llenos de clavos, sonando como herraduras de caballos. Ya pasa el carretero como un derrumbe, atrepellando á todo el mundo, enorme, tosco, insolente y oliendo á cerveza como un tonel, trasportando castillos ambulantes de equipajes y trastos, con una fuerza y agilidad que parecen prestadas al caballo normando y á la locomotiva. Ora nos codea el _steward_, sonriéndonos con malicia porque nos muestra suspendida del brazo la _Calipso_ a quien ha consignado todos los chelines escamotados en la navegacion, y porque en vez de la humilde servilleta, esa blanca y prosáica librea del comedor flotante, ostenta una levita azul de botones amarillos ó blancos, la cachucha del doméstico marino y el estrecho corbatín del _dandy_. En fin, el guarda de la aduana, con sus aires de persona importante ó cancerbero del puerto, arroja sobre el recien venido una mirada escrutadora ó de proteccion, como para hacer comprender que tiene en sus manos las llaves de las puertas. La segunda parte de la ciudad, separada del puerto, aparece luego pintoresca, alegre y agradable por la elegancia de sus casas, fondas y palacios, la hermosura de sus alamedas, el aseo exquisito de sus anchas calles macadamizadas, la gracia de sus jardines, el humo de sus altas chimeneas, sus azoteas de techos cubiertos de nieve, sus ricos é innumerables almacenes, las románticas torres de estilo gótico de sus templos, y el movimiento incesante de paseantes, de vendedoras de fruslerías, de hermosas damas y _loretas,_ de coches, de carretas, de barateros, de muchachos gritando, y de cuanto puede hacer la animacion de una ciudad comercial. Southampton es una ciudad renovada, y de esto dependen en mucha parte sus bellezas materiales y el carácter de su poblacion. Esta es de cuarenta á cincuenta mil habitantes, que el movimiento exterior aumenta accidentalmente mas ó menos. La ciudad tiene un teatro, que regularmente está cerrado;--y carece de periodismo, pues solo cuenta una hoja hebdomadaria. Su verdadero periodismo está en Lóndres, á causa del movimiento activo de la telegrafía y los ferrocarriles; y por lo que hace á teatro los Ingleses no le tienen mucha aficion. El Francés ama el teatro, el café y el periódico;--el Inglés las carreras de caballos, la Bolsa y el almacen. Y en una ciudad tan esencialmente comercial como Southampton, donde se cruzan dia por día millares y millares de viajeros sucediéndose con rapidez, los espectáculos carecen naturalmente de importancia. Allí el silbido incesante de la locomotiva, al partir ó al llegar, en la amplia estacion que centraliza muchos ferrocarriles en actividad prodigiosa; los numerosos partes telegráficos haciendo vibrar los alambres eléctricos á todas horas; las especulaciones consiguientes á los negocios trasatlánticos, y el movimiento aturdidor de grandes carretas de mercancías cruzándose en todas direcciones, le hacen comprender al viajero que en Inglaterra no hay casi tiempo para vivir, ni mucho menos para divertirse. En este país del comercio, de la especulación, de la vida práctica, de los espíritus serios, reflexivos, glacialmente calculadoras, el tiempo es el capital mas valioso, y para sacarle interes ó hacerlo producir todo el mundo anda como en ferrocarril, no obstante la frialdad de los caractéres. Cada palabra sale medida, tasada por los labios, por economía; cada hombre es una locomotiva, un tren expreso; cada accion es un cálculo; el ser humano es el número hecho carne y hueso,--la aritmética pensando ú obrando. En Inglaterra se vive tan apriesa, que la nación entera es un circo de corridas de caballos ó un inmenso _railway_. Allí no hay tiempo para sentir el corazon, porque el bolsillo es todo. Ser Inglés negociante no es una _manera de ser moral_; es apenas una operacion de aritmética, formulada por una cabeza, un par de brazos, otro de piernas, etc. Southampton es una bella ciudad. Carece de monumentos, porque es casi nueva, pero tiene varias iglesias de estilo gótico normando algo curiosas. Su verdadera edilidad se reduce á puentes secos muy sólidos, muchas líneas de ferrocarriles, grandes y espléndidas fondas, hermosísimas quintas en los alrededores, algunos edificios públicos muy bien mantenidos, y un sistema generalmente elegante en las construcciones de las casas. Las calles son en lo general muy espaciosas, muchas de ellas cortadas en ángulos rectos, y casi todas con el suelo macadamizado. No faltan bellos paseos, grandes plazas muy bien mantenidas y abundantes mercados. El barrio opulento, donde tiene sus grandes y lujosos almacenes el comercio, es el del lado occidental, comprendiendo principalmente las calles magníficas de _High_ y _Oxford_, en cuyas innumerables tiendas se encuentra reunido cuanto la civilizacion de Europa y el comercio del mundo pueden producir. En el centro están los talleres ó fábricas y las habitaciones de la clase media; al sur, cerca de la grande estacion del ferrocarril y el telégrafo, y de la aduana, se encuentran los famosos _hoteles_ para los viajeros; y en el barrio oriental viven los obreros, se cruzan las vivanderas y hormiguean los campesinos, terminando la ciudad hácia el norte y el éste por una serie de quintas, huertas de hortalizas y jardines que tienen el aspecto mas pintoresco aún en los dias helados de invierno rigoroso. Recorriendo rápidamente los barrios de la ciudad pude penetrar en varias iglesias y recorrer sus cementerios adyacentes. Al entrar en un templo anglicano, vacío, oscuro, sin adornos de ninguna clase, sin imágenes ni ficciones, se siente (la primera vez) una vivísima impresion. Allí toda poesía falta: aquel no es el reino de los sentidos, sino el de la razon. Se comprende que el templo del protestante no es lugar de fiesta mundanal ó de espectáculo, sino de recogimiento solemne; que Dios no es allí el actor de formas humanas impíamente rebajado á figurar en un teatro lleno de colores, colgaduras y cuadros de pintura, sino un poder invisible y supremo, adorado con infinito respeto, y tan grande, tan inefablemente bello, que no puede ser representado, porque no hay en el mundo nada que se le parezca, excepto el alma del hombre, partícula misteriosa de un poder inescrutable. Jamas he creído en eso que se llama sofísticamente _el destino de las razas_; sino que, para mí, son las instituciones, no la sangre (ni los climas en tanto grado) las que forman el carácter moral de los pueblos. Pude confirmar esta opinion al visitar, por la primera vez de mi vida, en Southampton, una iglesia protestante. Ningun pueblo fué mas feroz hasta la edad media, que el de Inglaterra; ninguno mas turbulento y antipático para la civilizacion. Y sinembargo, hoy es frio, reflexivo, civil, pacífico, humano, moral y eminentemente progresista. ¿Quién ha operado este prodigio?--El protantestismo y las libertades públicas aseguradas en las dos revoluciones del siglo XVII.--Si ellas le han dado al pueblo la vida civil y la moralidad con la conciencia del derecho, el protestantismo ha fundado en Inglaterra el reinado de la razon, del libre exámen, de la veneracion profunda, sin los atavíos de la supersticion y de la idolatría moderna. No hay en Inglaterra objeto tan respetable como las tumbas; un cementerio es allí positivamente el templo de la muerte, que goza de absoluta inviolabilidad. El extranjero quo ignora esto, se admira mucho, al recorrer á Southampton ú otra ciudad inglesa, de ver los cementerios al lado de las iglesias, separados de la calle solo por una verja con entradas libres, y ostentando sus sencillos y severos monumentos entre yedras y pequeños cipreses, sin que esto desagrade en manera alguna. Muchos de esos monumentos, con inscripciones ordinariamente en latin (esa lengua de los muertos,--hombres, siglos ó imperios) se reducen á piedras talladas, colocadas de pié como linderos. No dudo que este sistema de panteones al aire libre, dentro de las ciudades, sea pernicioso para la salud; y en Inglaterra se trabaja ya por suprimirlos. Pero hay para mí no sé qué de filosófico, de solemnemente epigramático en esa union de la vida y la muerte. La multitud, al desfilar por la calle delante de un panteon, comprende cada dia que la tumba es el fin de las miserables pasiones de una vida que la virtud no engrandece, y fortifica su conciencia para la peregrinacion mundanal con el pensamiento de ese _algo_ misterioso que se adivina detras de la losa. Pasemos de la muerte á la vida. Inglaterra es el país de las mujeres hermosas, admirablemente hermosas, pero no bellas,--es decir, estatuas de nácar primorosamente modeladas, con cabellos de oro, crespos y abundantes, ojos azules ó castaños, morbidez de formas, piel rosada y purísima, brazos encantadores, y todo un conjunto de Venus _corporal_, salvo eso si los piés, que pertenecen al género fosil ó antediluviano, porque son mastodónticos. Pero esas mujeres de tan completa hermosura, carecen, en general, de esa vida en la mirada, ese fuego en la sonrisa, esa poética expresión reveladora del alma y del sentimiento, que constituyen la _belleza_. No hay que confundir jamas la bonita, la graciosa, la linda, la hermosa y la bella en una vulgar y común denominación, porque cada una de ellas es un tipo especial que corresponde á condiciones diferentes. Pero si Inglaterra es el país de las hermosas, y Lóndres encierra centenares de miles de esas hadas engañosas (verdaderos sofismas, puesto que lo moral no corresponde con la seducción física),--las ciudades como Southampton y Liverpool son los puestos avanzados de ese admirable ejército de caras admirables. Como allí se reúnen tantos extranjeros, ricos americanos, gallardos españoles y elegantes franceses, pasando del uno al otro mundo, el diablo (por sí ó por no le echaré la culpa)--el diablo que no se duerme y es muy previsor y hospitalario, ha tenido el talento de inspirar á muchas de sus mas hermosas parroquianas un loco entusiasmo por las brisas marítimas de Southampton. Infeliz del extranjero que no tenga fuerza para resistir á la seduccion de esas sirenas peligrosas, y crea en los tesoros del amor de puerto de mar! Conozco la historia auténtica de un excelente Hispano-colombiano, solteron sencillo, que acostumbrado a ver las caras aceitunadas de su parroquia de indígenas, se vino á _desaburrirse_ en Europa. Al llegar nomas á Southampton, el buen descendiente de Colombia, que nunca las había tenido tan gordas, se encontró lelo. Empezó por enamorarse de todas las hembras que veia, porque todas le parecían señoritas de rango, supuesto que usaban gorras de terciopelo, trajes de seda y elegante calzado, atavíos que en Hispano-Colombia corresponden solo á las damas de buena sociedad. Pero luego luego fué reparando que sus _señoritas_ vendían frutas ó baratijas, ó llevaban distintivos de domesticidad, y perdió sus primeras ilusiones, en asocio de unas cuantas manotadas de libras esterlinas representantes de las viejas onzas desempaquetadas. Con todo, la fascinacion seguía, y nuestro solteron parecia confinado á Southampton, mirando en derredor cómo aturdido y con los ojos claros y sin vista. Un dia _vió_ pasar una hermosa sirena en un lujoso coche, y luego descender sobre el enlosado de la calle. Se cruzaron, y la Inglesa que adivinó bajo el _paltó_ del Colombiano la existencia de una mina de oro, le arrojó una de esas miradas que tumban de redondo como las bolas del gaucho de Buenos-Aires, y le magnetizó. Lo demás siguió como todas las historias de amor. Ello es que á vuelta dé dos meses nuestro solterón del Nuevo Mundo se apercibió, en un momento lúcido, de que apenas le quedaban unas 150 libras por todo fondo, sin relaciones ningunas que le sacasen del apuro. Preciso le fué resignarse. Hizo su paquete, se le huyó á la sirena y se embarcó para Colombia, con el placer de haber conocido a Europa.... Él tenia la persuacion de que después de Southampton el mundo se acababa de este lado del Atlántico. Bienaventurado! En Southampton fuí testigo de un episodio graciosísimo, cuyo resúmen daré apénas. En el hotel en que permanecí en esa ciudad con mi familia, durante cuatro días, había una señorita sumamente linda, llamada Fanny, y estaba hospedado un joven compañero mío de navegacion. La ley de la atraccion produjo sus efectos y mi compañero (le llamaré H) se enamoró perdidamente de Miss Fanny. Esta no fué insensible, y concedió algunas coqueterías inocentes, propias de los diez y seis años. H no pensó mas en seguir á Lóndres ó París, y cada momento hacia ingeniosas evoluciones para lograr instantes de conversacion a solas con la _chica_, como él, á fuer de Español, la llamaba, un dia entraba yo á la casa, ví á Miss Fanny en un balcon y me detuve á saludarla y habrarle algunos momentos en muy macarrónico inglés. Subí, y al pasar por un corredor dí con H, que salia de una sala común frotándose las manos y muy alegre. --¿Qué tenemos? le dije. --Que la chica Fanny acaba de darme el beso mas suculento del mundo! --Diantre! le repuse, si yo acabo de verla en el balcon.... --Es imposible, porque yo salgo de hablar solo con ella en el salon opuesto. No quise adelantar la discusion por prudencia, pero quedé persuadido de que la afirmacion de H no era mas que una _chapetonada_, mentira de amante jactancioso. Al siguiente dia un lance muy cómico nos aclaró el misterio. Miss Fanny tenia una hermana gemela, tan perfectamente igual en todo, que ni mi esposa con la penetración de una mujer había podido distinguirlas. Como el joven Español no sabia una jota (ó una _h_) de inglés, su lenguaje había sido el de las sonrisas y señas, las flores y regalos de fruslerías elegantes, etc., etc., y había podido sostener, sin saberlo él y sin que lo comprendieran Fanny y Caroline, un sistema do amorcejos por partida doble; no sin admirarse algunas veces de la rapidez con que Fanny entraba por una puerta y salía poco después por la contraría, fenómeno de bilocuidad que se comprendía al saber que había en la casa dos Fannys ó una Fanny por duplicado. Debo hacerle á mi Español la justicia de advertir que al punto de comprender el juego en que una rara casualidad le habla mantenido, se fué á tomar su billete para el tren de Lóndres, resuelto á evitar unos amores por _duplicata_ que podian tener mal fin despues de un principio tan risible. Aconsejo á los lectores muy respetuosamente que eviten en todo caso los amores de fonda, tan peligrosos como las amistades de corrillo, El 12 de marzo tomé el tren expreso que partía para Londres á las once y media de la mañana. ¡Qué impresion tan vigorosa la que experimenté al sentirme por primera vez arrastrado, con la rapidez del huracan, por ese animal de hierro, animado por el espíritu del hombre y silbando como una enorme serpiente enfurecida, que se llama _locomotiva!_ El alma se siente fascinada por ese poder que la hace delirar, soñar con la vista de regiones misteriosas cubiertas por la niebla luminosa de la ciencia, y asistir á la maravillosa generacion infinita del progreso. Los bosques, las quintas, los castillos aristocráticos, las chozas rústicas, las colinas, las llanuras, los riachuelos, las sementeras, los ganados y las poblaciones, pasan por delante del viajero como visiones fantásticas ó cuadros de leyendas fabulosas;--y la ilusion es tan poderosa algunas veces, segun la hermosura del paisaje, instantáneamente descubierto y perdido, que se llega hasta dudar de sí mismo y palparse para convencerse de que aquello no es un sueño, sino una gigantesca y sublime realidad de los prodigios de la civilizacion. Es en presencia de esos espectáculos que se aprende á: estimar el mérito del hombre, á respetar la ciencia, adorar á Dios como el gérmen supremo del espíritu soberano que agita á la humanidad, y tener fe en el progreso como el destino interminable de la Creacion! La línea férrea de Southampton á Lóndres gira por en medio de un interminable paisaje de los mas bellos colores, de una riqueza vigorosa en todos los pormenores como en el conjunto, en donde se confunden, formando un juego encantador, las obras de la industria con los encantos de una naturaleza apacible y de contornos suaves. Sinembargo, la rapidez del tren no permite apreciar bien los objetos, salvo en las numerosas estaciones cerca de las ciudades y las villas que demoran sobre el trayecto. En Inglaterra hay una absoluta libertad industrial que permite el establecimiento de trenes, ferrocarriles y telégrafos sin sujecion casi á reglamentos de la autoridad, y por eso cada compañía se esfuerza por rivalizar á las demás. De aquí proviene la rapidez muy notable de las locomotivas inglesas, que hacen 35 á 40 millas por hora, miéntras que en Francia no vencen sino unas 30. Los Ingleses estiman en mucho el tiempo y no evitan nada por economizarlo. Tambien es de notarse la gran multiplicacion de alambres en los telégrafos que están adjuntos á las líneas de ferrocarriles, circunstancia que se presta á una mayor precision y un servicio mas extenso de la telegrafía en Inglaterra. El hecho que resalta mas á la vista del viajero al atravesar las campiñas inglesas es, aparte del órden admirable en los establecimientos agrícolas, el tino con que se aprovecha todo el terreno sin desperdiciar una partícula. Así, al lado del parque aristocrático destinado solo á los placeres campestres, se ve la magnífica huerta de preciosas legumbres y árboles frutales, admirablemente bien conservada y tan limpia como el pavimento de un salon; y el jardin mismo, que parece no ser sino un objeto de recreo, da sus productos á merced de un cuidado singular. Mientras que la estéril colina arenosa ó de terreno calizo es aprovechada con bosques artificiales de pinos y otros árboles alpestres, en extension muy considerable y con gran provecho por la renta que procuran, al mismo tiempo que hermosean primorosamente todas las eminencias,--las llanuras están pobladas de ganados lustrosos y robustos, de razas cuidadosamente educadas y mejoradas; los cuadros de plantaciones ostentan su variada vegetacion, ó el arado vigoroso del agricultor inglés (siempre movido por caballos enormes) abre los surcos fecundantes que preparan la simiente. Por todas partes se cruzan las acequias, en una red inteligentemente preparada, para la irrigacion de los campos; el obrero trabaja con laboriosa asiduidad aún en medio de los depósitos de nieve que salpican de trecho en trecho los setos de las llanuras y blanquean bajo la sombra oscura de los pinos y abetos; innumerables quintas y casas campestres de construccion pintoresca y caprichosa, se destacan en todos sentidos de entre los grupos de pinos enanos y los jardines y huertos; los puentes, los caminos vecinales, los pequeños diques de irrigacion, las fábricas y los rediles se multiplican hasta lo infinito, dándole al inmenso cuadro los mas graciosos contornos; y de tiempo en tiempo se alcanza á ver el grupo encantador de las casas de alguna pequeña ciudad, dominada por las altas torres de las iglesias, católicas y protestantes, miéntras que atras oscurece la perspectiva el ancho lomo de alguna colina cubierta de negros pinos repartidos en interminables callejuelas sombrías, ó brilla á la luz momentánea del sol algun pequeño rio de graciosa configuracion. Al recorrer los campos de Inglaterra se comprende el misterio de la grandeza universal que favorece á esa nacion, porque se ve que aquel pueblo, que vive como en el puente de un inmenso navío flotando entre dos mares, ha comprendido que su aislamiento físico le impone la necesidad de desarrollar simultáneamente todos los intereses. En presencia de la riqueza británica no se sabe qué decir de su carácter,--si es agrícola, industrial ó comercial,--porque lo es todo, y en alto grado en todo. La agricultura inglesa no tiene rival en Europa, por su irrigacion, su régimen de cultivo, la educacion de las crias, sus instrumentos de labor, sus excelentes abonos, la fecundidad del suelo, la paciente laboriosidad de los obreros y otras circunstancias. Pero si al recorrer los campos se cree que Inglaterra es principalmente agrícola,--despues se la juzga fabricante al visitar las inmensas, poderosas é innumerables fábricas de sus catorce ciudades manufactureras, así como al conocer á Lóndres, Liverpool, Bristol, Southampton y otros muchos puertos de mar y de rio se inclina el viajero á reconocer que el carácter comercial es el predominante. Al cabo es preciso persuadirse de que Inglaterra es todo en primera línea, excepto espiritual y artística, pues sus géneros de trabajo son los que los especuladores llaman _positivos_, como, si todo lo que es útil en el mundo no produjese riqueza. Las mas importantes ciudades del tránsito, entre Southampton y Lóndres, son las de Winchester y Bishopstoke. La primera es de gran celebridad histórica y bien considerable por su poblacion y su sociedad literata; es el asiento de un arzobispado de primer órden, y á parte del mérito de muchos de sus edificios antiguos tiene una famosa catedral de arquitectura gótica que es uno de los mas notables monumentos de Inglaterra y aún de toda la Europa. El exterior es imponente y majestuoso por su tamaño y por el carácter secular y admirable de su arquitectura,--y el interior tiene mil primores de arte y reliquias históricas (no obstante que es catedral protestante) que son consideradas como de mucho valor. Bishopstoke es mucho mas reducida en todos sentidos, y es una ciudad prosáica y sin particularidad alguna en lo material, pero tiene su especialidad para la agricultura y el comercio que la hace notable. Es un gran mercado de quesos, tan valioso, que de allí parten para todo el país y el extranjero valores muy considerables en ese artículo que es al mismo tiempo fruto pecuario y fabril. La igualdad del terreno, que es perfectamente plano para el viajero, y la multitud de puentes secos, _tunels_ y bosques de pinos en todo el trayecto, no permiten registrar de lejos el inmenso panorama de Lóndres. El viajero presiente que va á llegar, porque ve que los jardines, los parques, los caminos y las quintas se multiplican de un modo prodigioso, y siente muy cerca, casi de minuto en minuto, los silbidos de las locomotivas que arrastran los trenes de otras líneas cercanas de ferrocarriles dirigidas a la colosal metrópoli. Al fin se alcanza á ver una larga fila de colinas, á la derecha, poblada de arrabales de Lóndres y de castillos y quintas; luego se descubre á la izquierda la primorosa planicie ó valle del Támesis que se extiende hacia Richemond, y se ve serpentear el opulento rio por entre alamedas y edificios, á algunas millas de distancia; en seguida se atraviesan los arrabales de la ciudad, y cuando ménos se piensa está uno en el corazon de la metrópoli monstruo, bajo la techumbre monumental de hierro y vidrio que cubre el embarcadero del ferrocarril en la estacion de _Bishops Road_. Hay no sé qué de fantástico, algo que hace recordar las románticas visiones ó las extravagantes maniobras del «Diablo Cojuelo» de Lesage, al pasar en alas de un wagon por encima de una ciudad, como una gigantesca bruja saltando de torre en torre, de chimenea en chimenea y de cuadra en cuadra. El ferrocarril está construido sobre un piso artificial muy elevado que forma un inmenso puente sobre la ciudad, á fin de poder penetrar hasta el centro, sin interrumpir el tránsito de las calles; así es que, al pasar el viajero, ve debajo, en la profundidad, las casas apiñadas en interminables filas, y las gentes hormigueando por las calles como enanos ó liliputienses. Todo contribuye, pues, á producir una ilusion completa de viaje aéreo y extravagante, una profunda impresion que, por su novedad, persiste grabada en el espíritu por muchos dias. La idea de Lóndres no se puede adquirir al llegar, por falta de un punto de vista que ofrezca el panorama completo. Para saber lo que es Lóndres--ese mar de casas, de humeantes chimeneas, de torres y fábricas, de parques y jardines, de coches, carros y almacenes, de moles gigantescas salpicadas de niebla, por cuyo centro se desliza el Támesis, cubierto de navíos y botes como un largo arrecife de millares y millares de rocas multiformes;--para comprender la grandeza de ese mar artificial, repito, es preciso subir á las cúpulas de San Pablo ó del «Coliseo» y hundir la mirada, pasmado de admiracion, entre Dios y el hombre, el cielo y la tierra, el horizonte y la pequeñez del balcon que sirve de mirador. Entónces se comprende que, desde que se ha penetrado á esa Babilonia, la personalidad ha desaparecido ante una grandeza que aturde, que abruma, que pulveriza sin misericordia! Lóndres es una inmensidad compuesta de ceros, es la paradoxa de millones de _nadas_, de séres nulos ante el conjunto, formando la suprema grandeza! Lóndres, bajo ese aspecto, es la verdadera imágen de la civilizacion, del progreso, de la humanidad en su obra secular. La partícula parece insignificante y lo es aisladamente; pero la armonía y la cohesion providencial de todas las partículas producen la fuerza de la Creacion y de la humanidad y el admirable fenómeno de la civilizacion. Desde el momento en que el viajero extraño desciende del wagon del ferrocarril, su persona es libre, enteramente libre, pero su bolsillo, su fortuna portátil queda á discrecion de una legion tan extensa, tan complicada y hábil de «filibusteros desarmados», que toda defensa es imposible. Disputado por un enjambre de cocheros y carreteros que se apoderan de todo el equipaje por sí y ante sí para llevarlo á su destino, y pelotean al pasiente-propietario como una jauría de perros al derredor de un ciervo humilde y aturdido,--el recien llegado se resigna á abdicar su voluntad y entregarse al que tiene mas fuerza para estrujarle y pulmones para ofrecerle á gritos sus servicios. El cochero y el carretero son los reyes de las calles de Lóndres, como el mendigo y el salteador entre las ruinas de Roma, Ademas, aquellos dos personajes clásicos de Inglaterra son los «Carones» de esa laguna Estigia de Lóndres: ellos se apoderan del extranjero, le despojan de una parte del capital de viaje y le consignan al infierno del «hotel» para que la obra se complete. Francamente, no he conocido ladrones iguales á los cocheros de Lóndres (salvo los dueños de «hotel», á quienes no quiero defraudar en su honorable reputacion); y lo peor de todo es, que aquellos salteadores de «chelines» despluman á la víctima con una insolencia sin igual. El hotel es en Lóndres la forma conspicua del sofisma, pues está preparado segun todas las reglas de la fascinacion para recibir dinero sin ofrecer en cambio casi otra cosa que apariencias ó ilusiones. Edificios inmensos y sombríos, que son como una ciudad bajo un mismo techo; escaleras de mármol, suntuosas en apariencia; colgaduras, lámparas, espejos, alfombras, camas monumentales; muebles brillantes y todo lo que puede fascinar y excitar la vanidad,--he ahí lo que constituye un hotel inglés, servido por criados que parecen miembros de Parlamento. Todo aquello es suntuoso y promete un excelente servicio para el viajero que llega fatigado y hambriento. Pero luego viene la realidad á establecer una triste compensacion. Comidas pobres y vulgares servidas con una calma capaz de hacer perder el apetito, completando la digestion entre plato y plato; un café detestablemente preparado; sopas inmundas (cuyo secreto vine á descubrir por medio de un sirviente) que salen de una caldera general en donde arrojan las sobras de los platos servidos á otros en el «restaurador» del hotel; dificultades y dilaciones para todo; criados que el huésped tiene que pagar de varios modos, y por remate de cuento y mil contrariedades una «cuenta» escandalosa, de proporciones judáicas, llevada hasta el abuso mas grosero de la superioridad del empresario: hé ahí lo que son los hoteles de Lóndres. En resumidas cuentas, lo que el viajero paga no es lo que se _come_ ó le _sirven_, sino lo que ve, es decir, los espejos, los mármoles, las alfombras, las lujosas casacas de los lacayos y todo el tren de ostentacion; sin que haya modo de evitarlo, porque todos los hoteles que no son inmundos son así, Allí no hay eleccion posible (si no se apela al _boarding house_, en caso de larga residencia) entre el hotel-palacio, que saquea y arruina sin provecho para el viajero, ó el hotel-figon, indigno y repugnante por su desaseo y su vulgaridad. En Inglaterra todo es extremoso, en general: allí la riqueza colosal vive al lado de la miseria suprema;--lo admirable alterna con lo inmundo. Pero en materia de hoteles, como de cafés, almacenes, etc., el Inglés hace conocer que le falta absolutamente la nocion del arte y casi del todo la del gusto delicado. Allí todo es vigoroso, segun la idea materialista que se tiene de lo útil, y se piensa mas en la especulacion y el lujo suntuoso y muy fascinador ú ostensible, que en el arreglo agradable de las cosas que consulta al mismo tiempo la economía, la delicadeza de gustos y la comodidad. Ese es el genio del pueblo inglés, y sería inútil rebelarse contra los resultados que de él se derivan. * * * * * CAPITULO II. * * * * * ASPECTO GENERAL DE LONDRES. Las grandes calles.--Costumbres diversas,--Miseria y beneficencia. --Contrastes dolorosos.--Reflexiones sobre el pauperismo. Mi residencia en Lóndres fué tan corta que á decir verdad, no alcancé á ver sino los rasgos generales de su fisonomía. Lóndres es tan colosal, tan complicada en su estructura material, que para recorrerla en todas direcciones y escudriñar sus secretos se necesita un estudio permanente de algunos años. Y sinembargo, qué extraño fenómeno se encuentra en el carácter de esa inmensa metrópoli! Si para averiguar toda la estadística de Lóndres es indispensable una larga observacion, para comprender su estructura general bastan quince dias bien empleados. París tiene apenas la mitad de la grandeza positiva de Lóndres, y sinembargo, para estimar en todo su valor la capital francesa se requiere mas tiempo que para conocer á Lóndres perfectamente. ¿Por qué?--La razón es obvia: Londres no es absolutamente otra cosa que la metrópoli de la industria y del comercio del mundo,--es decir, el reflejo colosal de una de las grandes faces de la civilizacion; mientras que París es la metrópoli de la civilizacion en todas sus manifestaciones;--es una fisonomía compleja y de mil colores. En Londres todo se reduce al movimiento de la riqueza material, con raras excepciones. En París no solo se ve la riqueza en acción,--sino que tambien se encuentran reunidos todos los tesoros del arte, de la ciencia y de cuanto hay de espiritual y delicado en el refinamiento de la humanidad. Si la gran capital británica tiene espléndidos jardines y museos, famosos templos, palacios y puentes, parques magníficos, bancos opulentos y multitud de monumentos dignos de atención (generalmente nuevos), los lugares donde esa sociedad debe ser estudiada preferentemente para comprender su condición moral, social y económica, son: la _prensa_, las _calles_ y el _Támesis_. Es allí donde Londres se revela con toda su evidencia, al través de su ruido ensordecedor, á los ojos del viajero que observa y medita sin preocupacion. Si los monumentos públicos acreditan la fuerza y el orgullo del pueblo inglés, las calles de Lóndres y las orillas del Támesis revelan conjuntamente las debilidades y los vicios profundos como las cualidades de esa sociedad, y la prensa su vida política y económica. Pero para adquirir la idea completa, no basta recorrer las grandes arterias de Lóndres donde está acumulada su vitalidad: al contrario Lóndres tiene dos caras, la una que aterra y acongoja, y otra que deslumbra. Es preciso verlas ámbas casi simultáneamente, y compararlas sin prevencion, para comprender los contrastes asombrosos del conjunto. Quien saliese de Lóndres después de haber estudiado una sola de las faces del coloso,--verdadera esfinge de la humanidad,--llevaría las ideas mas erróneas, creyendo, según la parte de fisonomía que hubiese visto, que Lóndres es todo opulencia maravillosa, todo progreso y bienestar,--ó bien todo miseria, inmundicia y degradacion suprema.... Examinemos, pues, á Lóndres, empezando por sus calles. No debe olvidarse que Lóndres se ha formado por la reunion paulatina de muchas pequeñas ciudades circunvecinas, ó distritos, á la antigua _City del Tamésis_, privilegiada y poderosa, que ocupa casi el centro de la inmensa poblacion actual. Así, aunque la ciudad es una sola en su apariencia, se observa una profunda diferencia entre el centro y los arrabales. En estos reina principalmente la actividad de la fabricacion, mientras que en el interior está la del comercio;--de manera que en aquella parte están aglomerados centenares de miles de obreros, las calles son mas ámplias, las casas mas diseminadas y ménos altas, y se nota por punto general cierto grado de bienestar modesto que está tan léjos de la opulencia y el bullicio como de las miserias de los barrios centrales. Allí se levantan por millares las altísimas chimeneas de las fábricas, el elegante coche aparece rara vez, los carros repletos de mercancías se cruzan en inmensa multitud, la mendicidad es ménos visible, y el trabajo activo se manifiesta donde quiera, sin el espectáculo del lujo y de los suntuosos palacios y almacenes brillantes. Pasando de esos arrabales al centro de la ciudad hay un terreno de transición generalmente apacible y hermoso, que se compone de barrios aristocráticos y elegantes, establecidos al derredor de parques de una magnificencia agradable, particularmente hácia el oeste de la ciudad. Allí, en las cercanías de los parques del _Regente, San James, Green-Park, Hyde Park_ y otros varios, están los ricos palacios, las elegantes quintas de suntuosas fachadas, las bellas casas de tres ó cuatro pisos nomas, que habitan las gentes acomodadas, los palacios de recreo y de residencia real, y en fin toda la parte de la ciudad destinada exclusivamente al _comfort_, donde en vez de fábricas y almacenes no hay sino paseos, mansiones mas ó menos aristocráticas, calles anchas, limpias y tranquilas, plazas en cuyo centro se mantienen dentro de verjas de hierro bellísimos jardines, y todo lo que puede revelar el buen gusto y la comodidad. Si las fábricas y las clases trabajadoras sedentarias ocupan los arrabales, y la sociedad elegante está agrupada al derredor ó en las cercanías de los parques, así como en algunas grandes calles del centro, tales como la de _Piccadilly_ y otras vecinas, el gran foco de los negocios y la actividad comercial se encuentran en los barrios centrales. Es recorriendo á _Oxford_ (la calle) _Regent_, el _Strand_ y las calles mas animadas de la _City_, como _Ludgate, Cornhill, Cheapside, etc._, que se puede admirar ese flujo y reflujo de gentes, de coches, de mercancías y de cuanto puede causar ruido; ese hormigueo de mendigos asquerosos frotando sus harapos con las capas suntuosas de las damas elegantes; ese inmenso conjunto de almacenes y tiendas de variedad y riqueza increibles; ese ruido sempiterno y complejo de mil ecos que proceden de las voces mas heterogéneas; ese conjunto grotesco de ventas de víveres, de órganos de Berbería, de artistas callejeros y extravagantes, de saltimbancos brutales y adiestrados en la explotacion de los necios, de pilluelos ladrones espiando toda ocasion de hacer su negocio; ese ir y venir de cocheros insolentes, verdadera canalla entre todos los bribones del mundo; ese espectáculo de oro y mugre, de grandeza y oprobio, de orgullo y prostitucion, de hambre y egoismo, de lujo y aniquilamiento social.... Lóndres tiene dos grandes aristocracias, á cual mas curiosa, que reinan en todos sus barrios: la nobleza, orgullosa en extremo, pero que, no obstante su orgullo, fundado en el nacimiento y la riqueza, tiene cierta elevacion de ideas debida á la instruccion y á la ingerencia activa en los negocios públicos; y la aristocracia monetaria, familia de banqueros y especuladores de bolsa, de comerciantes, fabricantes y usureros que, salidos de la nada, á fuerza de especulaciones laboriosas, cuando llegan á la opulencia suelen olvidar su origen, renegar la santidad del trabajo que les dió fortuna, y sentados sobre pilas de oro como sobre tronos invulnerables, miran con desprecio á veces á la multitud como un enjambre de viles insectos! Esta segunda aristocracia, la mas noble por su origen--el trabajo,--pero la mas odiosa en parte, por su conducta,--el egoismo y el orgullo,--es la que tiene la soberanía en el centro de Lóndres. ¡Y qué contraste el que hacen las carrozas doradas de esos banqueros millonarios y esos nobles opulentos, con los harapos hediondos y ridículos de millares y millares de mendigos! Los unos salen á ostentar su grandeza, y brillan á la luz del sol ó de las innumerables centellas de gas que iluminan las calles, persuadidos de que la turba los admira como semidioses. Su orgullo les hace mirar como animales á sus semejantes que rodean la carroza, hambrientos, agotados de fatiga, degradados por todos los vicios y luego pisoteados en las grandes calles por los caballos que tiran la envidiada carroza. ¡Engaño miserable del orgullo! Esa turba macilenta y enhambrecida ve pasar á los poderosos con un sentimiento de odio profundo que los contrastes envenenan. Cada uno de esos pobres párias de la sociedad se dice con despecho sombrío: «Muchos de estos hombres tienen cien, doscientas, quinientas ó mas libras esterlinas de renta _por dia_, ó cuando ménos veinte,--miéntras que yo apénas puedo conseguir, cuando mejor me va, tres, cuatro ó seis peníques para mantenerme con inmundicias.... Lo que uno de esos señores gasta en uno solo de sus magníficos caballos sería bastante para asegurar la subsistencia de toda mi familia.... Los perros de ese lord son mas respetables y felices que yo; y la querida de ese banquero gasta en sus guantes cada semana mucho mas de lo que mi esposa, que es honrada, gana con sus fatigas de un año entero....» ¡Quién sabe cuántas maldiciones acompañan los suspiros del miserable indigente que así piensa, en tanto que el noble lord medita en el proyecto de una cacería ó en la seduccion de una jóven, ó el banquero egoista va calculando las ventajas de su juego de bolsa! La noche es el momento mas propicio para recibir el golpe de vista de las calles de Lóndres en su parte mas concurrida. La luz del sol es casi siempre triste y opaca, y solo al reflejo de la iluminacion deliciosa que produce el gas se destacan las figuras con toda su energía y se ven en toda su verdad los contrastes de luz, de sombra y claro-oscuro. Es entónces que _Oxford_ y _Regent street_, el _Strand_, y todas las grandes arterias del movimiento tienen su espléndida fisonomía que pasma. Téngase presente que Lóndres cuenta casi tres millones de habitantes,--que la afluencia de viajeros de todos los puntos del globo es inmensa,--que durante la noche toda la poblacion indigente y la obrera sale á buscar en las calles limosna ó distraccion,--que la circulacion de coches es de 13,000 por hora, por término medio, sin contar los millares de ómnibus y carros, cuyo conjunto asciende en la ciudad á la enorme cifra de 80,000 vehículos de ruedas,--y por último, que la noche favorece las transacciones de todo género y las escenas de galantería á que da lugar la prostitucion,--y se comprenderá toda la complicacion del cuadro inmenso que se ofrece á la vista. Los almacenes y las tiendas, espléndidamente iluminados por el gas en el interior y el exterior, ostentan la infinita variedad de los valores que contienen, en términos que las muestras nomas, expuestas en las fachadas y entre vidrieras luminosas, representan capitales ó fortunas considerables. El oro, la plata, el cobre, el acero y todos los metales bajo mil formas, brillan donde quiera en moles tentadoras para la multitud,--miéntras que los diamantes, todas las piedras preciosas conocidas y los cristales de imitacion, incrustados en una joyería de inagotable variedad, multiplican los reflejos de la iluminacion, dándoles á las calles no sé qué aspecto de fantasmagoría hechicera ó prodigiosa como los cuentos de las _Mil y una noches_. Todo lo que la industria puede producir, lo que el arte y el refinamiento son capaces de labrar para alimentar la pasion del lujo, y cuanto es posible desear para satisfacer todas las necesidades y todos los caprichos, se ve allí detras de los cristales, realzado por la reproduccion de la luz y por el bullicio de un mundo que fermenta sin cesar, mirando, comprando, codiciando, vendiendo, agitándose en todas direcciones. El viajero que no está habituado á esas escenas, que viene de las soledades del Nuevo Mundo y trae nociones y recuerdos enteramente exóticos en esa Babilonia del comercio, cree asistir á una representacion fantástica, vivir soñando ó contemplar, al traves de los lentes de un cosmorama, una coleccion extravagante de dibujos chinescos ó de figuras producidas por el delirio de un artista invisible y febricitante. Dichoso el que, trayendo formado su corazon y preparado su espíritu á todas las sorpresas y al estudio atento de todos los prodigios y fenómenos de la civilizacion, tiene la fuerza de resistir, sin dejarse deslumbrar, á esa fascinacion que todo lo desconocido y lo grande ejercen sobro las almas impresionables y sencillas! En ninguna parte es mas extremoso el lujo que en Lóndres, ni se exageran con mas extravagancia las modas y toda clase de invenciones. Allí falta en general la verdadera elegancia,--la que consiste en la sencillez y el gusto delicado,--y hasta en el modo de insinuarse las gentes de la clase media y de las masas hay un fondo de grosería y de insolencia, no sé qué de tosco y áspero que repele y produce disgusto. Allí faltan ese pulimento y esa gracia que cautivan, y que son siempre el resultado de la educacion social y de los espectáculos que le inspiran á la multitud el gusto por el arte y la espontaneidad seductora en las maneras. Como en Lóndres todo es frio y severo, cuando no sucio, en los edificios públicos, el pueblo no ha podido hacerse fino ni simpático. Y como la libertad individual no está unida á la igualdad social, sino que el orgullo de las aristocracias ha establecido una valla profunda entre las clases, todo el mundo, altivo con su personalidad é insociable, se cree con derecho de ser brusco y ordinario en su porte, sin cuidarse del efecto que produce su modo de insinuarse. Allí se considera tiempo perdido el segundo que se gasta en saludar ó pronunciar una frase cortés y agradable. El interes domina en todo y cada palabra tiene su precio. Recuerdo à propósito de esto un incidente que me impresionó mucho. Una noche, paseándome por _Regent Street_, tropecé con una mujer hermosísima y lujosamente vestida, que me miró al pasar, como por casualidad. Despues de dar dos ó tres pasos dejó caer un pañuelo de olan, y yo con mis preocupaciones colombianas de consideracion hácia las señoras, tomándola por tal, levanté el pañuelo y quitándome el sombrero para saludarla con respeto, le presenté su perfumado batista. La contestacion fué darme un apreton en la mano, muy significativo, y engarzar su brazo del mio sin decir una palabra. Lleno de admiracion, la miré con estrañeza, apartándome, para hacerle comprender que sin duda se habia equivocado; pero sin desplegar los labios volvió á darme un apreton capaz de magullarme el brazo, Entónces comprendí que estaba al lado de una indigna _loreta_ y le volví la espalda con desprecio. Mas tarde supe que esas bellas y lujosas cortesanas, que se cruzan á millares por las calles de Lóndres, se valian siempre de artificios como el del pañuelo para sus impudentes provocaciones. Todas esas mujeres son como estatuas, á juzgar por su exterior. Hermosas admirablemente, frias y calculadoras, sin gracia ninguna en su actitud, recargadas de seda, volantes y cadenas (fruto de su degradacion), y siempre con el ojo atento á adivinar al extranjero que pasa por delante para atraerle con demostraciones descaradas, esas mujeres son la ignominia mayor de Lóndres, mil veces mas despreciables que el ratero ó el mendigo borracho á quien pisan al pasar. Feliz el viajero que, sabiendo estimar su propia dignidad y toda la santidad y el espiritualismo del amor, desdeña á esas mujeres,--mercancías que se venden públicamente al mejor postor, sin pensar en el hospital que las aguarda para el tiempo de la miseria, la fealdad y el remordimiento! Uno de los rasgos característicos de Inglaterra es la tendencia hácia la ostentacion aristocrática, que se manifiesta en todas las clases, y sobre todo ¡quien lo creyera! en los mendigos y las gentes mas miserables. En Inglaterra, y particularmente en Lóndres, el indigente carece de la _conciencia_ de su posicion. Si hay un estado que exija mayor dignidad ó estimacion de sí mismo para soportarlo, es el de la pobreza. El indigente debe llevar en su exterior _la lógica de su indigencia_, que es su dignidad. Pero eso no sucede en Lóndres, la tierra clásica de la _librea_ y la ostentacion. El mendigo se viste como el lord, con la casaca del conde ó baronet, del banquero ó del ministro, con la diferencia de que los vestidos de estos son brillantes, limpios y magníficos, miéntras que sobre los miembros del obrero enhambrecido ó del indigente que pide limosna están asquerosos y hechos hilachas. He visto innumerables fruteras en las calles con gorras y chales de las señoras aristocráticas;--los limpiabotas cubiertos de oropeles y bordados, y los salta-caños y _chimny-sweepers_ (frotadores de chimeneas) ataviados con casacas y sombreros que en su primera época de servicio activo cubrieron á millonarios y lores del Parlamento. ¿Por qué esos disfraces innobles y ridículos que hacen de la escena pública un carnaval? El espíritu aristocrático y la vanidad los explican. El lacayo hereda los ricos vestidos del amo, ya usados;--el mercader de trapos se los compra al lacayo cuando están viejos;--el remendon y el limpia-botas los toman del ropavejero, ya remendados, y al fin, cuando los harapos galonados empiezan á deshacerse de viejos é inmundos, llegan hasta donde el mendigo ó el salta-caños, en cambio de algunos peniques. ¡Tal es la sucesion de las clases sociales en Lóndres! Ellas descienden de lo mas alto hasta lo mas bajo, sin que en todas las gradas de la escala falten el orgullo, la vanidad y el espíritu de ostentacion é imitacion. Es increible hasta dónde llega la fecunda inventiva de los vagamundos, los caballeros de industria, grandes y pequeños, y los perezosos é indigentes, para crearse pequeñas manipulaciones y oficios de explotacion de los ociosos, en infinita variedad. Podrian escribirse volúmenes enteros solo para explicar las mas conocidas de esas _pequeñas industrias_ que ocupan á los que quieren vivir en la vagancia, degradándose en las calles con ejercicios que son el deshonor de la sociedad, porque presentan al sér racional como inferior al bruto. Entre esas industrias hay una que tiene verdadera utilidad, pero que provoca la risa por su original extravagancia: la del _hombre-aviso_. Como Inglaterra es el país de los anuncios y los rótulos en supremo grado, no se considera bastante hacerlos circular en los diarios y en los cartulones de las esquinas, y así como hay _individuos-escobas_ y de peor condicion aun, hay _hombres-avisos_. El hombre-aviso es de dos especies: parlante ó _berreante_, y de _bulto_; el primero no tiene mas oficio que andar por las calles dando gritos atroces, que parecen graznidos de un ganso, cuando no berridos de un ternero, haciendo saber al público un suceso industrial cualquiera, con la direccion del empresario ó interesado en el asunto. El segundo es un aviso mudo: el pobre diablo va metido entre un enorme farol de papel ó de género blanco, iluminado durante la noche, en cuyas cuatro faces está escrito en letras monumentales el anuncio de alguna empresa, artículo en venta ó cualquier otro objeto; y la obligacion del portador ó esquina ambulante es vagamundear por todo Lóndres, en absoluto silencio, mostrando su armazon elocuente, y soliendo á veces, por via de figura oratoria, estrellar su farol contra las narices de algun pasante distraido. El _hombre-aviso_ gana por dia tres, cuatro ó seis peniques, cuando mejor le va! Si en general los saltimbancos innumerables de las calles no inspiran sino desprecio por su desvergüenza en escamotar, y si los mil y mil vagamundos de órgano berberisco llevan su impertinencia hasta hacer desesperar, hay entre las muchas clases de artistas y pobres ambulantes una que suele inspirar simpatías al viajero:--es la de los músicos. Verdad es que muchas veces el músico de callejuela ó de plaza no es mas que un perezoso y un vulgar rascador de violin ó de arpa, sin gracia ni atractivo alguno; pero de tiempo en tiempo se da con bandas de verdaderos artistas nómades que encantan y merecen aplausos y favor. En una de mis nocturnas excursiones en Lóndres me hallé cerca de siete ú ocho músicos italianos que daban un concierto público en una esquina de la gran calle del _Regente_. La tropa tenia mucha popularidad, porque se componia de proscritos Italianos de Milan, Venecia, Roma y Nápoles, hombres de familias honradas, y que careciendo de recursos para subsistir habian organizado una compañía filarmónica para no ser gravosos á nadie y vivir honradamente. Como en Italia todo el mundo sabe algo de música, y el pueblo entero es artista, fácilmente se forma con Italianos proscritos una banda escogida. Creo que jamas la música me habia impresionado tanto como aquella noche. Los ocho artistas tocaban por nota deliciosamente, sobresaliendo en el violin y la flauta, y pude saborear las admirables cavatinas y particiones de _Norma, il Trovatore, la Traviata_ y el _Himno de Italia_. Aquellas armonías,--los recuerdos de Colombia que me hacian evocar,--esas caras varoniles, de barba negra y crespa, llenas de la melancolía del proscrito y de la del artista,--el efecto de la iluminacion sobre el inmenso grupo de espectadores, y sobre todo, la profunda emocion con que el concierto me hacia pensar en la desventurada y noble Italia, cuyos hijos sufrían la esclavitud, el calabozo ó la proscripcion, sin perder nunca la esperanza de la libertad y la independencia: todo eso contribuyó á dejar en mi alma un sentimiento de indefinible pesar que no he olvidado nunca. Después de poner mi óbolo humilde en él gorro de uno de los artistas proscritos, me alejé acongojado, sintiendo que llevaba en mi oido como el eco vago de los últimos aires del himno italiano, y orgulloso de haber nacido en el seno de la democracia para poder ofrecer desde el fondo de mi corazon un voto de fraternidad á los hermanos oprimidos. Cuando volvía pensativo, en la dirección de _Hyde Park_, pasando por entre los grupos animados de la opulenta calle de _Oxford_, me decía con tristeza: «¿De qué sirve toda esta grandeza deslumbradora, si ella es el testimonio de un malestar profundo consistente en las mas crueles y dolorosas desigualdades? ¿Es esta la civilización? ¿Es este el progreso, ó es mas bien la decadencia? ¿Esta sociedad no está en peligro inminente de una descomposición completa? ¿Este coloso que se llama Inglaterra no está minado por su base?» No encontrando fácil solucion á tales problemas, y comparando á Lóndres con los pobres pueblos de Colombia me dije luego: «Nó! la civilizacion no es el refinamiento del bien y del mal, no es la exuberancia de prodigios, de invencíones y descubrimientos! La civilizacion es _justicia_, es el acuerdo de la sociedad con la naturaleza, es la armonía de los hechos humanos con el derecho eterno y divino, es la equidad en la distribucion del bien--herencia divina--no del mal, que es un accidente del error! Ese heróico y hospitalario pueblo de Colombia no es una sociedad bárbara, como la califican los afortunados en Europa, puesto que allá ninguno se muere de hambre, la igualdad avanza dia por dia, el corazon es generoso, la nocion de la justicia es mas general, y el desgraciado no necesita para buscar la subsistencia de entregarse á oficios infamantes que degradan el alma, envenenan el corazon y hacen descender la humanidad hasta el nivel del bruto!...» * * * * * Solo á los genios privilegiados es dado adquirir la nocion de la verdad por intuicion; el comun de los hombres no conoce otra via que la de la comparacion. Como en las cosas humanas casi todas las verdades son relativas, porque lo absoluto en la tierra excluye la idea del progreso indefinido, nada puede conducir el espíritu hácia la luz tanto como la observacion de los contrastes. Lóndres, esa mole colosal de grandeza y podredumbre, de oro y de hierro, como de lodo y amarguras, es por excelencia la metrópoli del romanticismo social. Allí el drama se confunde con la comedia, como el millonario se codea con el mendigo, el dandy superficial y afeminado con el bandido de larga experiencia en los misterios del crímen, y la elegante y bellísima lady de esmerada cultura y candorosa pureza con la meretriz infame que vive del inmundo comercio de la lujuria. Pero el tiempo y el desórden en las construcciones de la gran ciudad han confundido los escenarios del drama, de tal manera que el observador no necesita de largas peregrinaciones al traves de los barrios desiertos para descender al abismo de miseria y degradacion que se esconde bajo el oropel y la ostentosa opulencia de una industria exuberante pero viciosa en su organismo. El cuadro se ofrece allí con una pasmosa energía, presentando á la sociedad de Lóndres como uno de esos suntuosos palacios, entre cuyos bajos relieves, mármoles, cornisas doradas y preciosos mosaicos se complace la brutalidad de los ociosos en trazar caricaturas y mamarrachos con carbon, ó pegotear inmundicias de todo género. No tuve en 1868 tiempo para estudiar detenidamente las condiciones de la sociedad inglesa, ni aún de Lóndres siquiera, y si pretendiese pasar por conocedor, cien libros me servirían para ostentar el barniz del viajero erudito. Pero mi propósito es describir mis propias impresiones, no las ajenas, y por tanto mis pequeños cuadros solo pueden abarcar algunos pormenores. Mas tarde debía adquirir, en un viaje completo por la Gran Bretaña, las nociones que me faltaban. Entretanto, pintaré lo que _he visto_, rápidamente es cierto, pero guiado por el deseo de encontrar la verdad. Lóndres tiene aglomeradas sus principales miserias en el inmenso barrio de _Southwark_ comprendido entre la parte fronteriza de los _Docks de Lóndres y Vauxháll Gardens_, con el Támesis de por medio que lo separa de los cuarteles de _Westminsfer_, el _Strand_ y la _City_,--y ademas en el corazon de los barrios mas activos y opulentos de la vieja ciudad. En el primero de esos territorios de la miseria viven amontonados, enhambrecidos y generalmente miserables, mas de novecientos mil individuos. Allí se encuentran fábricas valiosas y en número muy considerable, tienen su término tres grandes líneas de ferrocarriles, hay cinco ó seis pequeños parques ó jardines públicos, vastas arterias de comunicacion y un gran movimiento que ensordece,--no obstante que, en lo general, esa es la peor de las inmensas porciones de poblacion que constituyen á Lóndres. ¡Pero qué de tristes compensaciones de lo que en ese barrio interminable revela algun bienestar! Es allí donde viven los ociosos amontonados como brutos, harapientos, semi-proscritos como gitanos, lívidos como el hambre que los devora, y hormigueando en las callejuelas, los sucios y ennegrecidos patios y las cloacas, como semilleros de gusanos. Es allí donde vagan ciento ó doscientos mil obreros sin trabajo, levantando su triste clamoreo por do quiera, ostentando sus harapos, pidiendo limosna á todo el mundo, aplacando el pesar con la embriaguez, y ofreciendo en sus riñas, sus escenas de pugilato y sus mil actos de brutalidad salvaje el espectáculo de la cólera, la degradacion y la miseria á que la falta de trabajo, la absoluta ignorancia y los vicios de la ociosidad los han conducido. Pero el cuadro es muy extenso. Como una enorme serpiente que enrosca sus anillos y se intercala por entre las hendeduras de un viejo tronco roido, dejándose ver de trecho en trecho, pero asida á todas las sinuosidades, la miseria oprime á Lóndres y la estrecha en todas direcciones, asoma en todos los barrios y parece asfixiar con su aliento y su presion horrible á la parte de la sociedad que vive en la abundancia ó en la loca indolencia del lujo sibarita. Varias veces, al recorrer las brillantes calles de _Oxford_ y el _Regente_, las bellas plazas cubiertas de jardines (_squares_) ó las calles enlosadas, ámplias y repletas de gente en actividad incesante, donde se ostentan los tesoros del _Strand_ y de la _City_,--tesoros de arte, de elegancia, de industria colosal y maravillosamente avanzada;--al recorrer esas calles, repito, pensaba con tristeza que á dos pasos de allí está una raza proscrita del bien y de la vida,--raza de mendigos y bandidos, de prostitutas y muchachos hambrientos, de criaturas condenadas á la mas espantosa degeneracion, que se revuelcan en el fango físico y moral, como un sarcasmo animado que desmiente la civilizacion sofística de los barrios vecinos. Los barrios que sirven de asilo ó de foco principal á esa raza degradada son los de _Saint Giles, Spitalfields, Bethnal-Green_ y _White-Chapel_; pero no todos tienen el mismo destino ni una situacion análoga. Si _San-Gil_ ocupa el centro mismo de Lóndres y es principalmente el barrio de la indigencia, la inmundicia y la suprema desnudez,--_Bethnal-Green_ y _Spitalfields_ son los asientos del vicio en todas sus formas y con toda la hediondez de la crápula infame,--en tanto que _White-Chapel_, que recoge sus reclutas en las filas de la miseria, es la espantosa madriguera del crímen. El ser que en _San-Gil_ es mendigo hambriento y lastimoso, en _Bethnal-Green_ es jugador, concupiscente y ebrio, y en _White-Chapel_ se convierte en bandido. No pude tener ni el tiempo ni las facilidades necesarias para visitar con _provecho_ los barrios de _Bethnal-Green, White-Chapel y Spitalfields_, muy excéntricos y complicados pero vecinos de las extremidades lejanas de la _City_. Hube, pues, de limitarme á _San-Gil_, á donde es fácil penetrar por cualquiera de las grandes calles del centro aristocrático. Y con todo, mis visitas, que no pasaron de dos, fueron diurnas, escogiendo algunas de las callejuelas mas horribles, como la de _Church-Lane_, tan á la vista de todo el mundo que desemboca nada ménos que en la espléndida calle de _Oxford_ y el _Strand_. El barrio de _San-Gil_ está enclavado, como un cangro ulcerado y fétido, entre las magníficas vias públicas de _Picadilly_, la plaza de _Trafalgar_, el _Strand_ y las calles de _Regent, Oxford_ y _Holborn_. Una red inescrutable de callejuelas oscuras y estrechísimas, de patios húmedos ó infectos, de calles tapadas ó laberintos sin salida, de cuevas y guaridas horribles, con alguna que otra plazuela que horripila por su mugre,--tal es la estructura exterior ú ostensible del barrio de la muerte que se llama _San-Gil_! Dicen que aquello es aún mas espantoso durante la noche que en el dia; y lo creo así, porque aún á la luz nebulosa de las doce de la mañana sentí, al recorrer una parte de ese laberinto, una impresion de angustia, de dolor y espanto que jamas habia experimentado. Los cabellos se me erizaban, la carne me temblaba, sentia la sangre helada y la respiracion difícil, y algo como un sudor frio, como un vértigo de horror, me hizo, despues de dos horas de exámen la primera vez, decirle al amigo bondadoso que me guiaba: «¡Salgamos, salgamos de aquí, porque en esta cloaca se siente la tentacion de blasfemar, se pierde la esperanza, la vida se esconde bajo el fango y se adquiere una idea de la degradacion humana que abruma y trastorna la razón....» Muchas de aquellas callejuelas se hallaban, aún á medio dia, en una oscuridad casi completa, producida por la estrechez de las casas y la elevacion de los muros; y muchos de los patios, los vericuetos y las encrucijadas de aquel cementerio de cadáveres ambulantes, tenian el frio, la fetidez y todo el aspecto de una fosa de cien cuerpos removida por los cerdos.... Donde quiera la oscuridad, cien agujeros sombríos, la humedad glacial, el fango pútrido, los muros negros y medrosos, los depósitos de inmundicias, los harapos enmohecidos por la mugre flotando delante de las troneras irregulares habilitadas con el carácter de puertas y ventanas.... Y al pié de cada uno de esos edificios cubiertos de ollín y de lama húmeda, una tumba subterránea! Allí no hay mas que tumbas, porque no hay mas objetos que abrigar que enjambres de esqueletos disecados por el hambre, la impiedad y la prostitucion!... Como los edificios tienen cuatro, cinco ó siete pisos exteriores y las aceras distan entre sí dos, tres ó cuatro metros, cada callejuela tiene el aspecto de un abismo ó de una grieta enorme producida por algun terremoto en los estratos rocallosos de una montaña caliza. Los pisos ostensibles ó visibles se componen de una multitud de cuartos ó alcobas de lamentable desnudez, sin aire, luz ni fuego, amontonados en desórden, y á donde los miserables inquilinos trepan por andamios medrosos que no merecen el nombre de escaleras. Y sinembargo, como todo en el mundo tiene sus gradaciones, esas habitaciones, que son las de _la aristocracia de la miseria_, parecen paraísos en comparacion de las cloacas subterráneas que constituyen la base de cada uno de esos palacios de la lujuria en harapos y del hambre y la intemperancia! --¿Tiene U. valor para entrar?--me dijo mi amigo _cicerone_, mostrándome un agujero practicado al pié del muro exterior de una casa mohosa. --¿Entrar á dónde?--le contesté. --Pues...al infierno! me repuso con profunda emocion.--Sí; aquí _vive_ una parte de la especie humana, de la Europa _civilizada_,--en el corazon de Lóndres, como el enjambre de gusanos que vive en el centro de una hermosa fruta. Vea Ud.; asómese por ese hueco, y dígame despues si su Nuevo Mundo no vale mucho mas que esta podredumbre dorada.... En efecto, tuve valor para acercarme y ver.... Una estrecha escalera de piedra bruta descendia de la abertura ó _puerta_, practicada al pié del muro, al fondo de una cueva ó sótano húmedo y pestilente, sin mas luz que la muy confusa que entraba de la calle por entre los barrotes de una reja de hierro. El piso de esa cloaca era de tierra apénas apretada y estaba casi todo cubierto de montones de paja sucia y empapada por la humedad. Ningun mueble se veia en el centro, y solo en dos rincones se destacaban las sombras de algunas esteras de tamo en forma de colchones enrollados. Entre uno de los montones de paja se movia un pequeño objeto revolcándose sobre algunos harapos: un grito agudo me hizo ver que era un niño. Muy cerca estaba sobre otro monton de tamo una vieja tullida que pocos momentos despues se arrastró sobre las manos y las rodillas para recoger la limosna que mi compañero le arrojó desde la escalera. En otro rincon roncaba un hombre, con ese estertor característico del sueño brutal de la embriaguez, tirado como un tronco negro, y á su lado se rascaba un perro que empezó á gruñir con desconfianza al vernos aparecer sobre la cima de la escalera. Cuando saqué la cabeza al aire ménos infecto de la callejuela, sentí como si me hubiesen sometido á la accion mortal de una máquina neumática.... --Oh! esto es espantoso! exclamé al respirar. No es posible que criatura humana viva allí.... --Y sinembargo, me dijo mi compañero, U. no ha visto sino la muestra. La cueva está vacía porque sus habitantes andan ahora por las calles opulentas buscando la subsistencia con la mendicidad, el hurto ratero, los mas viles _oficios_, los tratos de la prostitucion, ó los desperdicios, huesos y cortezas que recogen en las orillas de los caños ó en las puertas de los mercados y las tiendas de víveres. Cuando llegan las ocho de la noche, se ve un largo cordon de miserables que vuelven lentamente por sus oscuras callejuelas á buscar el rincon de sus cloacas. Hombres y mujeres, ancianos y niños, adultos que pasan de la pubertad á la vejez del cuerpo y del alma con una precocidad increible, por la accion de los vicios y de las privaciones,--todos van entrando, descendiendo esa escalera y aglomerándose como los insectos sobre una charca pútrida, para pasar allí la noche, confundidos, revueltos, medio ebrios, medio idiotas, extenuados de fatiga y hambrientos,--odiándose á veces mútuamente,--sin conciencia de su ser,--ni nocion de Dios, ni amor á la humanidad, ni resignacion, ni remordimiento, ni aspiraciones, ni esperanza.... --Hebetados por la miseria (continuó diciendo mi guia), estos seres no distinguen lo pasado de lo presente ni del porvenir, y como el bruto, solo comprenden que existen porque tienen hambre ó sed, cansancio ó frio, paja dura ó sueño.... El dolor no tiene para ellos ninguna significacion moral; su espíritu ha muerto asfixiado por la inmundicia que rodea la materia! Y apesar del hambre y del dolor físico, esos séres que se amontonan allí sobre esa paja enmohecida por la humedad, buscan frecuentemente los deleites asquerosos de la concupiscencia! Ahí los sexos se confunden, y entre las 30 ó 40 personas que yacen en el fondo de la cloaca sombría, suceden cosas que solo el ojo impasible de Dios puede mirar sin estremecimiento, y que no tienen nombre en el vocabulario de la civilización.... --Pero esas gentes que viven en los pisos altos ¿cómo pueden habitar tan espantosa madriguera?--le dije á mi interlocutor. --Ellas viven donde les conviene, me respondió,--solo que, siendo menos miserables, pueden pagar alojamiento en las piezas altas, sin que por eso sea su degradacion muy inferior á la de los mendigos de los subterráneos. En esas piezas altas tienen sus puntos de reunion los caballeros de industria subalternos; ahí duermen los limpiabotas y los saltimbancos de menor cuantía, las fruteras de calle, los vendedores de baratijas, los músicos de callejuela, y multitud de vagos de diversas clases que no son literalmente mendigos; ahí esconden sus andrajos los rateros de alguna importancia y los pillos que especulan con las intrigas de los seductores; ahí descansan de su larga fatiga del dia, despues de doce ó diez y seis horas de trabajo, millares de esos pobres obreros ambulantes de pequeño salario, así como los repartidores de diarios y sus semejantes; y por último, ahí tienen su hogar envilecido las innumerables prostitutas y meretrices que hormiguean por las calles de Londres, pero que, por su fealdad, su edad ú otras circunstancias, no pertenecen sino á la _plebe de las infames_. --Toda esta inmensa y heterogénea turba se levanta por la mañana, entumecida y macilenta, y al sentir el ruido cercano de los coches que circulan por las calles opulentas, recuerda que es en medio de su bullicio donde puede encontrar las limosnas y los desperdicios de la sociedad, ó la fácil explotación del orgullo, de los vicios ó la credulidad de los que se tienen por dichosos. Entonces, la chusma entera se cierne sobre Londres como una nube de cuervos, y el barrio de _San-Gil_ queda desierto durante todo el dia.... Habíamos recorrido tres callejuelas y algunos patios y laberintos, y mi compañero, temeroso de que nos extraviásemos sin encontrar salida, me dijo: --Salgamos de este país maldito. Lo que U. ha visto es suficiente, porque todo es igual, cuando no peor. Cuando salimos á la plaza de Trafalgar, nos parecía que en realidad resucitábamos, ó que salíamos si no de un sepulcro, del infierno de una pesadilla estranguladora. * * * * * ¿Podía Inglaterra permanecer indiferente á ese profundo malestar, cuando la gangrena se manifestaba principalmente en el corazon de sus mas grandes ciudades manufactureras y comerciales? No! Inglaterra es el pais del egoísmo y del orgullo, pero esos mismos sentimientos que la deslustran le dieron la conciencia del peligro y la fuerza de aplicarse á conjurarlo. Ese mal crónico y profundo de la miseria y del vicio, fruto de la ignorancia de las masas, de la desigualdad de las condiciones sociales y de las leyes de privilegio, se palpaba y se palpa aún con suma intensidad, no solo en Londres, sino en Liverpool, Birmingham, Leeds, Manchester, Glasgow y otros de los grandes centros de población y movimiento industrial. El cangro abarcaba con sus fibras y raices todas las entrañas de la sociedad.... Se creyó posible disolverlo con emolientes y todo el mundo se puso á la obra de la _beneficencia_ y la _instrucción._ Noble error, en cuanto á la primera parte de la obra. La miseria, el vicio que ella engendra, y el crimen que se deriva del vicio, no son mas que efectos de una causa orgánica. Si la instrucción _prepara_ á la virtud, es impotente por sí sola para producirla: ella necesita por auxiliares la _libertad_, la _justicia y_ el _trabajo_. La beneficencia no es mas que un bálsamo: alivia ó cálmalos dolores, pero deja subsistir el mal. He ahí lo que ha sucedido en Inglaterra. El grito de desesperacion y agonía lanzado por la muchedumbre extenuada, corrompida ó culpable, despertó á los ricos ó afortunados de Inglaterra en 1847, y ese pueblo, que en todas sus manifestaciones es grande y fuerte, pero siempre fiel á las tradiciones y antipático á las reformas _radicales_, levantó donde quiera templos magníficos á la beneficencia bajo todas las formas anodinas, derramando el oro á montones para conservar su opulencia misma. La ruda Inglaterra sintió el peligro inminente de una profunda conmoción social, y tuvo vergüenza de su deshonor, publicado por todos los viajeros que estudiaban á fondo la organización tradicional de la _poderosa Albion_. Hoy gasta Inglaterra mas de 35 milliones de pesos anualmente en solo las atenciones _visibles_ de la beneficencia pública. Una suma tan enorme, y sinembargo tan insuficiente ¿qué es lo que revela? Si prueba la increíble riqueza de las clases acomodadas, revela aún mas la enormidad de la indigencia en que viven las otras clases,--es decir, la espantosa desigualdad con que, por la influencia secular de instituciones viciosas, se ha podido _repartir_ el bienestar. Despues de haber sondado el abismo de putrefaccion que se llama _Saint-Giles_ y de haber escuchado las relaciones mas lamentables acerca de _White-Chapel_ y los demás antros de la miseria en Londres, quise conocer lo que los afortunados hacen para conjurar el cataclismo que los amenaza. El contraste de los edificios es curioso. Se ven los grandes hospitales al lado de los grandes bancos; los hospicios repletos de gentes socorridas cerca de los almacenes repletos de mercancías, y las escuelas primarias y de artes y oficios á pocos pasos de las colosales fábricas. Todo eso establece el conjunto romántico de la vida y la muerte, de la opulencia y la desventura, de la especulacion y la caridad. Tal parece como si los capitalistas quisieran decir al observador: «Esas casas de asilo que se tocan con nuestros bancos son las válvulas de seguridad para nuestros tesoros; nuestros gastos de beneficencia figuran en nuestros libros como _gastos de conservacion;_--y cada guardián ó enfermero de esos hospicios y hospitales, cada preceptor de una de esas _escuelas de harapientos (Raghed--Schools)_ es un obrero que trabaja indirectamente en servicio de nuestras especulaciones.» Tal es el carácter de la beneficencia en Londres. Allí se gastan sumas enormes en hospicios, casas de asilo, hospitales y escuelas gratuitas de enseñanza elemental y de artes y oficios,--y estos establecimientos, en general, le hacen honor á Inglaterra. Pero todo eso es impotente: el mal sigue y el número de los indigentes aumenta sin cesar, no obstante el oro que se gasta para oponerle una barrera. Habladles á esos poderosos propietarios de tierras, á los altivos gobernantes, y á cuantos tienen en sus manos la fortuna y la fuerza,--habladles de una reforma decisiva que cambie la organizacion social para abrir campo á la regeneracion de las masas indigentes, ó de un sistema de emigracion gratuita bien dirigido para enviar á los demás puntos del globo los brazos que la industria necesita con urgencia,--y os responderán negativamente. Rechazarán la emigración por _orgullo nacional_, considerándola como humillante para el pueblo inglés,--y resistirán la reforma radical por _egoísmo_ personal y _orgullo_ de casta ó dé posicion social, como un trastorno de las leyes naturales, como el advenimiento de una igualdad absurda y disolvente. Así, por conclusion de este capítulo, diré que he deducido de mis rápidas observaciones en Londres una conviccion desoladora: como el mal de la miseria es profundo, radical, inmenso, el remedio debe ser lo mismo; y como el remedio actual, por grande y ostentoso que sea en sus formas, es ineficaz en sustancia, la Inglaterra no tiene mas que tres caminos posibles para salir de la situacion presente: ó una reforma social completa y sin restriccion; ó la organizacion oficial de la emigracion gratúita, descargándose de millones de individuos sobrantes en su suelo, en beneficio de la poblacion del Nuevo Mundo (donde el trabajo los rehabilitaría); ó una revolucion terrible que aniquilaría por muchos años la opulencia de la Gran Bretaña. * * * * * CAPITULO III. * * * * * EL TAMESIS EN LONDRES. Los puentes, la navegacion y las márgenes del gran rio.--Las Casas del Parlamento.--Westminster.--La Torre de Lóndres.--Los Docks del comercio.--El Túnel,--Greenwioh; el Hospital militar--El _Leviatan_ en obra. Si la Inglaterra ostenta en todas sus grandes ciudades comerciales y manufactureras la espontaneidad, la grandeza y todas las condiciones de un pueblo positivista, vigoroso y libre, en ninguna parte se revela ella mejor que en los objetos acumulados sobre las orillas y las ondas del Támesis. Sus parques y jardines admirables demuestran su universalidad de relaciones y su lujo de ostentacion, así como el Museo Británico es el testimonio del poder que alcanza la infatigable investigacion del viajero. La catedral gigantesca de San Pablo no es un monumento de la arquitectura sino del orgullo de un gran pueblo. El Palacio de Cristal es la prueba de su poder de apropiacion cosmopolita; y la Abadía de Westminster, la Torre de Lóndres y el Palacio del Parlamento, que dominan el Támesis, son mas bien los testimonios de la soberbia aristocrática. Por último, la Bolsa, el Banco nacional y los monumentos de las plazas de Lóndres revelan todo lo que hay de opulencia y de gloria, de culto á la riqueza y al patriotismo en ésa nacion maravillosa. Todo eso es magnífico, y á cada uno de esos monumentos consagraré algunas pinceladas. Pero, lo repito, donde la Inglaterra, por medio de su metrópoli, revela mejor sus verdaderas condiciones como pueblo comercial, marítimo y manufacturero, en proporciones colosales, es en el Támesis. Sus _diques_ estupendos (_docks_), con vastísimos almacenes de _depósito_; sus _puentes_ admirables tendidos en diversas formas sobre el opulento rio; su maravilla del _Tunnel_ (lujosa inutilidad que admira); sus millares de _vapores_, de navíos mercantes y de guerra, y de botes costaneros ó pescadores, que cubren literalmente la superficie del rio; sus grandes _fábricas,_ cuyas altísimas chimeneas ciernen sus nubes de negro humo y de vapor entre las nieblas que vagan sobre las ondas; su espléndido _Hospital_ militar de Greenwich, sin igual en el mundo; su monstruo marino de hierro llamado _Leviatan_, y sus innumerables _astilleros_ de construccion naval y hermosos _muelles_ sobre una y otra márgen,--todo eso le da al Támesis un aspecto de universalidad, de grandeza y de vida que aturde al viajero y le obliga á respetar la fuerza de ese gran pueblo que, sentado sobre un lecho de carbon de piedra y separado del mundo entero por los mares, ha llevado á todas las regiones su bandera, su opulencia y su audacia, y ha hecho de su capital la metrópoli económica de la humanidad, la Babilonia inescrutable de la civilizacion industrial. Recorramos rápidamente las grandezas del Támesis. La ciudad de Lóndres cuenta sobre el Támesis apenas once puentes, desde las alturas de Chelsea hasta las cercanías de los _Diques_, donde se ostenta el puente monumental llamado _London bridge_. Cualquiera pensaría que esas once vías fijas de comunicacion entre las dos grandes porciones de la ciudad son insuficientes para la enorme poblacion sedentaria y el inmenso cúmulo de viajeros que se cruzan en Lóndres en todas direcciones; y en efecto, aquellos puentes, sobre todo el de _London_ que es libre; están siempre tan colmados de gentes y vehículos de trasporte, que las comunicaciones se hacen muchas veces casi imposibles. Pero la libertad del Támesis es una necesidad imperiosa que se opone á la multiplicacion de los puentes, porque es en ese rio fabulosamente agitado y rico, donde Lóndres tiene su vida ó su corazon. Por otra parte, las facilidades que ofrece la navegacion por medio de los vapores y faluchos, compensan aquel inconveniente, manteniendo á lo largo y al traves del rio una cuádruple corriente de pasajeros que hormiguean por millares y millares por enmedio de los puentes ó bajo sus colosales arcos. De los once puentes de Lóndres cuatro me llamaron principalmente la atencion por su novedad: el _London bridge_, que liga la City con el inmenso barrio de Barmondsey, del sur;--el de _Southwark_, situado un poco mas arriba;--el de _Waterloo_, que da sobre el Strand;--y el de _Hungerford_, inmediatamente superior. El de _Vauxhall_, cuyo servicio data de 1816, es un sólido y hermoso puente, pero no llama particularmente la atencion, así como el de _Westminster_. Esas obras son tan poderosas por su extension y el cúmulo de trabajo que ha entrado en ellas, que los cuatro puentes nomas de _London, Waterloo, Southwark y Vauxhall_ han costado 20 millones de pesos. El primero es de una estructura monumental, de un atrevimiento admirable, y ofrece una vista espléndida sobre el Támesis y gran parte de la ciudad. Fué reconstruido en 1831, tiene 782 piés ingleses de longitud y unos 80 de anchura; es todo de granito, compuesto de tres enormes arcos casi horizontales de un mérito arquitectónico insuperable. El de _Southwark_ fué terminado en 1819; es todo de hierro y su masa gigantesca está dividida también en tres arcos de los cuales el del centro mide un espacio de 240 piés. El de _Waterloo_ se compone de nueve arcos, cada uno de 120 piés de diámetro, es todo de piedra, data de 1817, y costó un millon de libras esterlinas. Ese puente es un verdadero monumento de arquitectura moderna, tiene una hermosura pintoresca, y es en su género uno de los mejores de Europa. Por último, el puente de _Hungerford_ es colgante ó suspendido sobre dos estribos, uno de los cuales sirve de embarcadero muy ingenioso, descendiendo á la mitad del Támesis por grandes graderías, y tiene un aspecto tan elegante como singular. Como en Inglaterra el gobierno jamas es empresario de vias de comunicacion ó cosas semejantes, el paso de los puentes no es gratúito, excepto en el de _London_. El espectáculo que ofrece el Támesis, bajo el aspecto de la navegacion, es incomparable: aquello no solo impone, admira y entusiasma, sino que aturde. Como ese rio es la vida de Lóndres y aún del comercio del mundo, sus ondas no están aprisionadas sino por las dos altísimas hileras de edificios, de manera que no hay muelles de mampostería para la carga y descarga de las mercancías. El rio es libre para todo el mundo y los cargamentos descienden sobre los botes desde las puertas y ventanas de los almacenes que dominan el Támesis en incalculable número. En cuanto á los pasajeros, ellos entran y salen de los vapores y los botes ó faluchos, ya llegando hasta la orilla misma, cuando la marea lo permite, ya pasando por una serie de viejas barcas formando puente y que terminan en muelles de madera establecidos hácia el centro del rio. El Támesis de por sí es un rio de muy mediano caudal, sobre todo á los ojos del viajero que acaba de surcar en el Nuevo Mundo rios colosales profusamente encadenados. En Lóndres el Támesis tiene la anchura média de 250 metros, que disminuye bastante hácia Chelsea y aumenta hasta 400 abajo del Tunnel. La profundidad média es de 2 metros, que disminuye mucho cuando las mareas se retiran, y llega hasta 7 y medio bajo el puente de _Lóndres_ en la mas alta marea. Así, la navegacion de los vapores y grandes buques está sujeta, en lo general, al flujo y reflujo del mar del Norte, que recibe las ondas del Támesis. Cuando la marea sube, se ve un interminable cordon de navíos marítimos de todas las naciones, remontando el rio á remolque de pequeños vapores hasta llegar á los _Diques de Lóndres_, esos almacenes colosales de madera y piedra que guardan en su seno los tesoros del mundo comercial. Entónces el espectáculo hace comprender el secreto de la grandeza británica y del progreso de todos los pueblos,--la _libertad_, que hace aglomerar sobre un solo rio millares y millares de navíos y vapores, entre cuyos arbolajes y ennegrecidas chimeneas flotan al viento del libre cambio las banderas cosmopolitas que distinguen sobre los mares á todos los pueblos de la humanidad. Con cuánto placer ví agitarse sobre un solo bergantin la bandera tricolor de mi querida pero pobre patria!... Yo la saludé con respeto y amor, entonando en el fondo de mi corazon un himno de gratitud á los fundadores de la independencia de mi pais! Era una sola, entre mil banderas distintas, pero una sola me bastaba.... Es incalculable, sin ocurrir á una laboriosa estadística, el número de botes y faluchos de todas clases que pueblan y surcan en un incesante hormigueo las ondas del Támesis. Que el lector que nunca ha viajado imagine un lago en cuya superficie entera se cierne una inmensa falange de aves acuátiles de todos colores y dimensiones para nadar en la mas pintoresca confusion, y, prescindiendo del efecto que hacen los arbolajes, las velas y las humeantes chimeneas de los vapores, se tendrá una idea aproximativa del aspecto general del Támesis. Si Lóndres tiene en su laberinto de calles un enjambre de millares de ómnibus para el servicio de la multitud, y de pequeños coches de alquiler, en el Támesis tiene tambien un servicio permanente de buques, que llamaré _vapores-ómnibus_, y una nube de góndolas ó faluchos para la travesía, que equivalen á millares de puentes flotantes. De trecho en trecho hay muelles avanzados de madera que sirven de estaciones, y á cada diez minutos llega de subida ó de bajada un vapor, largo, delgado y ligero como una anguila, que lanza de su seno una multitud de pasajeros, recoge otra, hace silbar su locomotiva y se escapa caracoleando con maravillosa destreza por entre los estrechos intersticios que dejan los botes y navíos que tapizan las ondas, Las comunicaciones son tan excesivamente baratas y la regularidad de los viajes á lo largo del río, hasta abajo de Greenwich, es tan completa, que un paseo por el Támesis reune todas las condiciones deseables por el pasajero negociante ó el viajero curioso. En esas rápidas peregrinaciones todo interesa, hasta el menor objeto;--todo llama la atencion, y el paseante va admirando, en una sucesion de sorpresas é impresiones diferentes, cuanto contiene el Támesis de pintoresco ú magnífico, de opulento ú singular desde la una hasta la otra extremidad de Lóndres. Fué así como pude ver, al pasar y apénas exteriormente, muchos suntuosos ó interesantes monumentos, ya que me faltaba tiempo para un estudio minucioso de Lóndres, en mi primera visita. Comenzando la peregrinación desde el pié del puente de _Battersea_, arriba de Chelsea, para terminarla por una visita á Greenwich, hé aquí lo que mas me llamó la atencion. A la izquierda vi sobre la orilla destacarse los árboles del pequeño parque en cuyo fondo se ostenta el famoso hospital de _Chelsea_, edificio gigantesco y que, por su interior y la manera como está servido, pasa con justicia por ser uno de los primeros hospitales del mundo. Bajo el punto de vista del aseo, la comodidad, la extension y el órden, no hay en Europa hospitales que puedan rivalizar con los de Inglaterra. Tal parece como si esa nacion, ostentosa en todo, hubiese querido alojar lujosamente aún á los inválidos y miserables acogidos á la caridad pública. Un poco abajo del enorme puente de Vauxhall está la penitenciaria de _Millbank_ (_Mill_, molino,--_bank_, casa), testimonio grandioso de ese espíritu de progreso que anima hoy á Inglaterra en favor de los sistemas y actos humanitarios. La Gran Bretaña, la Suiza, Bélgica y Baden son los únicos Estados de Europa que han sabido emprender la aplicacion á su suelo del régimen penitenciario de la Union Americana, á fin de llegar á la abolicion completa de la pena de muerte (esa grande infamia de las sociedades feudales que deshonra la civilizacion, insultando á Dios y la naturaleza humana), y de sostituir á la penalidad salvaje del dolor físico y de la degradacion, la influencia de la soledad moderada que enseña, del arrepentimiento que purifica al extraviado, y del trabajo que fortifica su organizacion y rehabilita su alma y su nombre ante la sociedad y ante Dios. La penitenciaria de _Millbank_ debe quizas su nombre á la forma singular del edificio, pues tiene la figura de una rueda horizontal de molino _(mill)_, compuesto de un cuerpo central y sexágono que sirve de eje y seis cuerpos separados entre sí tocando con el centro, de manera que el todo se parece á una estrella ó una rueda de seis aspas. Segun se me informó, la penitenciaria produce los mas benéficos resultados, reposando en el principio de la combinacion del aislamiento con el trabajo en comun. Casi tocando con el antiguo puente de _Westminster_ se ostenta el famoso edificio moderno que sirve de recinto al Parlamento británico, y detras se destacan las dos enormes torres de la Abadía de Westminster, el panteon consagrado a los glorias nacionales y el mas grandioso y bello monumento de la Gran Bretaña, tanto por su arquitectura como por su riqueza interior y su importancia histórica. El Palacio del Parlamento, que es muy nuevo y ha reemplazado al que se incendió en 1834, tiene una grandeza de formas que corresponde á la de la influencia que ejercen sobre la política del mundo la elocuencia y las leyes de los 900 representantes de la corona, la nobleza y el pueblo de la Gran Bretaña que se reúnen allí.--La fachada es monumental, inmensa y de proporciones góticas, que constituyen una de esas estupendas pero desgraciadas imitaciones que la extravagante ó ecléctica arquitectura moderna hace de las románticas é incomparables creaciones del arte popular de la edad media. Aquella es una obra que asombra por su magnificencia, pero que carece de la misteriosa majestad de la poesía artística. El interior vale mucho mas que el exterior, pues el Palacio que sirve de Areópago á la nacion inglesa, no solo es inmenso y complicado, sino que tiene notables riquezas de valor artístico y lujo de decoraciones. Ese palacio es digno del pueblo inglés, aunque en mi opinion sus legisladores debian haber sido mas modestos en tanto que hubiese en el seno del país miserias que curar y prevenir. El lujo de las naciones es tan culpable como el de los individuos, cuando contrasta con algun testimonio de ignorancia ó miseria. En el límite del opulento barrio del Strand está situado, sobre el muelle contiguo al magnífico puente de Waterloo, el famoso palacio de Somerset, cuya construccion fué emprendida por el fastuoso cuanto desgraciado duque del mismo nombre, ministro de Eduardo VI, que despues de haber gobernado altivamente á Inglaterra fué depuesto en 1549 y decapitado en 1552. El palacio, que tiene tambien por su actual aplicacion el nombre de «Colegio del Rey», tiene una extensa y hermosa fachada de arquitectura complicada y mixta, y se destaca de entre las aguas del Támesis con el doble aspecto de un palacio real suntuosísimo y una fortaleza desarmada y elegante. Casi inmediatamente despues del _London Bridge_, domina el rio con sus altos muros de sencilla arquitectura el enorme edificio de la Aduana (_Custom-House_), que es el _palacio real_ del algodon, los frutos de la India y todo lo que producen las cinco partes del mundo. Este edificio no es en manera alguna un monumento, pues su arquitectura no ha consultado el _arte_, sino la solidez, la comodidad y el orden, como conviene á un establecimiento de esa clase. Pero su interior es en extremo interesante, por el órden admirable que reina en la distribucion de las localidades, según su aplicacion á todas las necesidades de una aduana. En seguida de _Custom-House_, se alcanzan á ver, empinadas por encima de sucios edificios y almacenes de desordenada construccion, las complicadas torres, almenas y pequeñas fortalezas que constituyen aglomeradas lo que se llama la _Torre de Lóndres_, que es uno de los monumentos mas históricos de Inglaterra. De todo el conjunto de antiguos edificios que lleva ese nombre comun y absurdo, el mas notable es el que tiene la especial denominacion de la _Torre-Blanca_ (_the White-Tower_) Este solo compartimiento tiene una circunferencia de 3,156 piés. El monumento entero fue fundado en 1066 por Guillermo el Conquistador para la defensa de Lóndres, compuesto de una gran torre central y trece pequeñas que la rodeaban, de las cuales algunas no existen. La Torre de Lóndres ha sido el teatro de los mas terribles dramas políticos, mucho peores aún que los de la _Bastilla_ de París. Es en esa gran tumba de piedra donde han terminado su carrera de prosperidades, de glorias ó de crímenes muchos príncipes, gobernantes y poderosos. Alcázar sombrío de la historia de un gran pueblo, esa torro es un recuerdo permanente que después de ocho siglos de peripecias sangrientas hace comprender, con la pasmosa elocuencia del granito histórico y ennegrecido por el tiempo, cuan horrible es á veces la justicia de los reyes, y cuan vanas son siempre las promesas de la ambicion y la fortuna. Hoy la Torre de Londres no es una fortaleza, sino apenas un museo de guerra,--es decir, el museo de la muerte;--ó sea una lápida de la tumba de ocho siglos de violencias, de crímenes y de gloriosas revoluciones tambien. Una dé las torres se llama la _sangrienta_: fué en su recinto donde tuvo lugar el horrible asesinato de los hijos de Eduardo IV, en 1488. En otra de esas torres, la llamada de _Wakefield_, fue asesinado otro rey--Enrique VI. Nada ha sido mas común en la historia de Inglaterra que las ejecuciones de reyes y reinas, por obra de los de la misma familia. No sé por qué hacen los reyes tanto escándalo cuando ven que los pueblos, imitándolos, se hacen los ejecutores. El oficio de verdugo ha comenzado por ser aristocrático, y al fin, los pueblos lo han repudiado dejándolo á los dictadores, los reyes, los inquisidores y los togados, como cosa que les pertenece en propiedad. Casi pensaba omitir en esta relación algunos pormenores relativos al primero de los monumentos que dominan el Támesis,--la Abadía de Westminster,--no obstante su importancia, porque me he propuesto no describir sino lo que haya _visto_. No tuve tiempo para recorrer todo el interior de aquella catedral de las glorias británicas, que es el reverso de la Torre de Lóndres. El aspecto exterior es de una magnificencia imponderable, consideradas la fachada y las torres, pues el cuerpo del edificio es muy sencillo. La iglesia data del principio del siglo XI, y es en ella donde tiene lugar la coronación de los monarcas de la Gran Bretaña. Como he dicho ántes, Westminster es el _Panteon_ de las grandes figuras de Inglaterra, en la ciencia, la literatura, la oratoria, el gobierno, la guerra, la marina, la poesía, las bellas artes y todo lo que puede abrir el camino á la inmortalidad. Con todo, Westminster ha dado asilo a notabilidades de muy dudosa ortografía, muchas de las cuales han _pagado_ mas bien que _merecido_ el pasaporte para descansar en algunas de las gloriosas tumbas de la venerable catedral de los muertos y de los reyes, poblada de estatuas, bustos y obras soberbias de escultura. Una de las mas notables de esas obras es la gran tumba de Eduardo IV, cuajada de esculturas magníficas, y que tiene una forma singular por las torres circulares que la encuadran. Son muy interesantes tambien las tumbas de Eduardo el confesor, rey anglo-sajon,--de Enrique III y Enrique V,--de la desgraciada cuanto terca María Stuart, y de Isabel, su sobrina, su rival y verdugo,--de Jacobo I de Inglaterra,--Cárlos II, hijo de un monarca decapitado por sentencia de su pueblo,--y de Jorje II, que engrandeció á su patria con el apoyo de los talentos de Walpole y el primer Pitt. El cuerpo principal ostenta en sus naves laterales los monumentos consagrados á los hombres de genio. Allí, en el lado del norte están las tumbas de Pitt, Burke, Sheridan, Fox, Canning (ese gran protector de la independencia de las Repúblicas Colombianas), de Robert Peel, el afortunado ejecutor de la gloriosa reforma comercial que ha hecho la fuerza y opulencia de la Gran Bretaña, y en fin, de todos los hombres de estado mas eminentes. En una de las capillas, cerca de las tumbas reales, están las de Buckingham (raza de favoritos y ministros, algunos mártires de su ambicion), y de Monk, ese Judas militar de la democracia británica. En el lado meridional de la misma Iglesia están los sepulcros y bustos de los escritores, poetas y artistas, desde el admirable Shakspeare hasta los mas recientes. Son notables por su significacion los monumentos de los famosos actores dramáticos Garrick y Kemble, soberanos de la escena. ¡Cuán grato es encontrar bajo un mismo panteon, al lado de las tumbas de los _soberanos_ de la tierra y de los hombres de estado y generales victoriosos, las de los poetas y artistas, humildes hijos de la nada, pero levantados por su genio y por la conciencia de los pueblos a ser los monarcas de la luz, del sentimiento y de la gloria, y vivir eternamente en la memoria de la humanidad! El pueblo inglés, aunque preocupado por las tradiciones aristocráticas, sabe ser justo, y eleva á sus hijos inspirados al alcázar de los reyes, para probarle al mundo que al fin el pueblo es el verdadero rey, porque es en su seno que reside la potencia del genio. Los _Docks_, lo repito, son la creacion característica de Lóndres, el monumento típico de la grandeza comercial de los Ingleses. Estudiar los museos, los palacios, las bibliotecas y los parques de Lóndres es detenerse ante las manifestaciones soberbias del lujo de la civilizacion, mas aristocrática en la Gran Bretaña que en ningun otro pais. Pero contemplar sus _Docks_, principalmente los de Lóndres y Liverpool, es asistir al movimiento de las arterias de ese pueblo mercantil y cosmopolita por excelencia. Allí se ve, por decirlo así, palpitar el corazon de Inglaterra,--revelarse toda la energía, toda la fuerza de su vitalidad, Desde la vecindad ó el pié mismo de la Torre de Lóndres hasta muy abajo de la vuelta de Greenwioh, es decir, hasta el fin de la isla artificial llamada «Isla de los Perros,» las dos márgenes del Támesis están casi literalmente cubiertas de _Docks_, complicados en inmenso laberinto, y astilleros ó grandes canteras de construcciones navales, Primero se encuentran los de _Santa Catarina_ contiguos á la Torre de Lóndres; poco mas abajo siguen los llamados particularmente _London Docks_, de una magnificencia admirable; descendiendo algunas millas aun, en el vértice de la «Isla de los Perros,» se encuentran los enormes diques «de las Indias Orientales.» El resto de la isla se puede decir que es un solo dique dividido en innumerables compartimientos ó cavidades. Ademas, en la vasta porcion de Lóndres que se extiende al frente de la City, del lado sur del Támesis, hay en la especie de península de Rotherhithe una multitud de grandes diques de no menor importancia que los de la banda setentrional. Es á esos depósitos universales á donde llegan las mercancías de todo el mundo en los navíos que remontan el Támesis, y á donde afluyen los productos de las fábricas y minas inglesas para ser embarcados á bordo de esos mismos navíos y enviados á todos los puertos marítimos del globo. Así, cerca de cada grupo de _Docks_, hay una grande estacion de ferrocarriles, y por lo mismo la comunicacion marítima y fluvial está íntimamente ligada á la terrestre, consultándose ante todo la economía y la rapidez de las operaciones comerciales. No me fué posible examinar de cerca otros _Docks_ que los de _Santa-Catarina_ y _Lóndres_, ni tenia precision de visitar los demas, puesto que aquellos son los mas completos, aunque los de _las Indias Orientales_ son los mas considerables. El _Dock_ tiene por base la márgen del Támesis, cuyas aguas lo alimentan constantemente y le facilitan la entrada y la salida de los buques en los momentos en que las mareas suben. El _Dock_ se compone de una inmensa alberca de mampostería, muy profunda y dividida mas ó ménos regularmente en compartimientos que se comunican ó incomunican, segun que se abren ó cierran, por medio de máquinas, las enormes compuertas de hierro y madera. Estas funcionan estableciendo entre dique y dique el nivel de las aguas interiores estancadas, con el de las exteriores del Támesis, y un ancho canal de mampostería, que mide la cala de los navíos, les da entrada ó salida con la mayor facilidad y en pocos minutos. El laberinto de albercas ó diques penetra al corazon de la ciudad por en médio de vastos muelles planos y altísimos edificios, y de este modo se produce el extraño fenómeno de una ciudad flotante compuesta de navíos de todos tamaños metida literalmente en el seno de la ciudad de piedra y ladrillo que se llama Lóndres. Los buques entran allí con tres objetos, pagando un moderadísimo derecho: 1º descargar sus valores en los vastísimos almacenes de depósito; 2º carenarse y ponerse á cubierto de todo accidente que pueda sobrevenirles en la mitad del Támesis, evitando embarazar la navegacion; y 3º buscar en los mismos depósitos (_stocks_) la carga de retorno que necesitan. De todo eso resulta que los _Docks_ están siempre colmados por centenares y aún millares de navíos de todo porte cuyo conjunto ofrece el espectáculo mas admirable. Una infinita red de cascos, arbolajes en interminable bosque, banderas de todas las naciones, etc., etc., se extiende por todo el laberinto de diques, cuyo aspecto es al mismo tiempo sombrío y pintoresco en alto grado. Al derredor, sobre los muelles, se destacan las alas de inmensos almacenes, provistos de sótanos ó subterráneos para los vinos y otros muchos artículos, y es allí donde se depositan todos los valores que el comercio de Lóndres hace girar por medio del Támesis. ¡Y qué movimiento el que reina en aquel escenario de la industria! Aquí, los grupos de marineros se destacan sobre los altos puentes ó las vergas de sus navíos, llamando la atencion por sus vestidos, dialectos y tipos diferentes, que corresponden á todas las regiones; y en medio de esos grupos circulan millares y millares de obreros, unos trabajando en la carga y descarga y la conduccion de los efectos, y otros ocupados en obras de carpintería ó en la carena de los buques. Allá se agitan los negociantes y corredores en mil especulaciones de simple crédito, ó de compra-venta, cuando no en el exámen de las mercancías; y todo es actividad, trabajo, movimiento incesante en aquella Babilonia de gentes, buques y mercancías. El _Dock_ no es solo un establecimiento comercial y creado para el servicio de la navegacion: es tambien un elemento poderosísimo de crédito. Desde el instante en que la mercancía entra al _depósito_ en el _Dock_, queda avaluada por peritos, asegurada y bajo la responsabilidad de los empresarios del mismo _Dock_. El propietario de la mercancía recibe un documento (_warrant_) que acredita su propiedad, con expresion de la cantidad, calidad, valor, etc., y debe pagar un derecho de depósito. Con ese documento puede ir á cualquier banco, si no quiere ó no puede vender la mercancía, y obtener, obligándola en garantía, todos los fondos equivalentes que necesita para sus especulaciones; sin perjuicio de poderla enagenar luego á mejor precio, quedando la deuda á cargo del comprador. Es incalculable el bien que semejante institucion hace al comercio y la industria, multiplicando los capitales y las transacciones por medio del crédito. Los _Docks_ «de las Indias Orientales» son enormes. Es allí donde se acumula esa famosa _escuadra pacífica_, si se me permite la expresion, compuesta de millares de navíos de grandes dimensiones, que alimentan el comercio entre Inglaterra y las regiones del Indostan y la China que han sido explotadas hasta ahora por la compañía de las Indias. Contemplando aún de léjos el bosque colosal de mástiles de aquellos buques nomas, puede tenerse una idea de la opulencia de esa compañía y de la magnitud de sus especulaciones. * * * * * Al frente de los _Docks de Lóndres_ está el famoso puente subterráneo llamado el _Tunnel_, obra audaz y grandiosa de un ingeniero frances, Brunel, que fué construido con el objeto de establecer la comunicacion entre las dos márgenes del rio. Como los barrios fronterizos son muy activos, contando centenares de miles de obreros, y no era posible echar un puente sobre el Támesis sin impedir la navegacion á los grandes buques, se ocurrió al puente subterráneo. Desgraciadamente ha sido inútil para la comunicacion, por causas locales, y despues de tan prodigiosos esfuerzos y de gastar en la obra 3,070,000 libras esterlinas, ha quedado reducida al carácter de _curiosidad_ ó monumento de la audacia del genio y de la grandeza industrial de Inglaterra. El _Tunnel_ es una cavidad practicada bajo las aguas del Támesis, separada apénas por una capa de tierra de 15 piés de espesor. La bóveda se compone de dos galerías paralelas, de muchísimas arcadas, con una longitud de 1,300 piés, y se desciende á las extremidades perpendicularmente, del nivel de las calles de Lóndres, por medio de enormes escaleras de caracol. Una de las galerías ha sido destinada á tiendas de curiosidades, mercerías, cosmoramas, etc., que producen el mas curioso contraste con la sombría majestad de la bóveda iluminada por el gas. Aquello es curioso y admira mucho, pero el viajero que visita semejante monumento no puede explicarse cómo un pueblo tan práctico y previsor como el inglés pudo acoger la idea de una empresa tan absurda bajo el aspecto industrial como fabulosa bajo el de la ciencia y la tenacidad. * * * * * A unos diez kilómetros del puente de _Lóndres_, sobre la márgen del Támesis, se encuentra la pequeña pero muy visitada y graciosa ciudad de Greenwich, interesante por diversos motivos. Desde la terraza del muelle y los edificios vecinos se goza de una vista admirable, pues no solo se alcanza á ver una inmensa porcion del Este de Lóndres y se domina el curso del Támesis en algunas millas, sino que se admira al frente la selva de mástiles que se destaca de todos los _Docks_ en la Isla de los Perros. Greenwich cuenta unas 8,800 casas de habitacion con cerca de 30,500 almas: y como tiene un magnífico parque dependiente del antiguo palacio real y varias curiosidades, contando con un ferrocarril hácia Lóndres, que pasa todo por debajo de arcadas, y el servicio permanente de los vapores, los habitantes de la metrópoli han hecho de esa pequeña ciudad uno de sus paseos favoritos, así como de Windsor y Richemond. El parque de Greenwich es el _Saint-Cloud_ de los vecinos de Lóndres. En el fondo de ese hermoso parque se levanta el famoso observatorio astronómico, cuya cúpula tiene unos 250 piés de elevacion sobre el nivel del Támesis. El edificio contiene una riquísima coleccion de instrumentos y trabajos de astronomía y marina, y aunque los Ingleses se sirven con frecuencia del meridiano establecido sobre la catedral de San Pablo, el de Greenwich no ha perdido nunca su importancia científica. Ese monumento, que ha servido al mundo entero, fué fundado por Cárlos II y terminado en 1675. El vasto edificio principal del famoso Hospital de inválidos de la marina, fué en su principio un palacio de residencia real creado por Enrique VI.--Cárlos II lo reconstruyó mucho mas tarde, y al fin Guillermo III lo convirtió en Hospital de la marina británica, en 1705. El palacio tiene la majestad del tamaño y de la sencillez, pero es de una arquitectura pasada y fría, sin ningun mérito artístico notable en su exterior. Todo el Hospital se compone de varios grandes cuerpos enteramente separados por anchas calles, y reinan en todo su conjunto y sus detalles el órden mas admirable, el aseo, la comodidad y la dignidad. Habia unos 3,000 inválidos cuando visité el establecimiento, y se me informó que ademas de esos, que son internos, muchos millares de externos recibian pensiones y servicios del Hospital. Visité detenidamente la capilla, el museo, el refectorio, las cocinas y despensas y tres de los dormitorios en los dos grandes edificios principales, y en todos esos sitios recogí las mas gratas impresiones. La capilla, espaciosa, seria y sencilla como todos los templos de los protestantes, no contiene cuadro ni adorno alguno. Como allí no se reunen los hombres sino para leer la Biblia, orar y ensalzar á Dios, sin confundirlo con el hombre bajo forma alguna, ni rodearle de ídolos rivales, la ausencia de imágenes y _santos_ y de todo lujo ú adornos, es absoluta. Nada me parece tan digno de la religion como esa soberanía exclusiva acordada en el templo á la idea de Dios y al Evangelio,--tan distante de la impiedad que esteriliza el alma, como de la idolatría miserable que la degrada, haciéndola caer en un paganismo contrahecho, que no tiene siquiera la poesía y la espontaneidad del paganismo griego y romano. El Museo de los inválidos es en cierto modo la hoja de servicios de la marina británica,--orgullo y gloria de los viejos marinos llenos de cicatrices. Cada cual en el mundo tiene su punto de vista especial; así, no es extraño que, miéntras un inválido erudito me explicaba con todo el entusiasmo posible lo mismo que cada día explica á todos los viajeros curiosos, considerando como semi-dioses á los personajes mas históricos, yo maldecia interiormente el genio destructor de esos gloriosos filibusteros á quienes las naciones llaman almirantes cuando les dan el encargo de ir á ensangrentar los mares con sus atroces combates, no contentos los gobiernos con ensangrentar la tierra. Digan lo que quieran los señores marinos, para mí no será nunca Nelson otra cosa que un heróico y sublime devastador del Océano, como Drake un gran pirata, y Napoleon el Atila de la Europa, matador de la libertad. Aunque los Ingleses no se pican mucho de fuertes en las bellas artes ni de selectos en sus colecciones de cuadros en los museos públicos, el museo del Hospital contiene algunas cosas buenas. No faltan allí frescos de mérito real, y algunos cuadros (entre los muchos de combates navales históricos para Inglaterra, ó de retratos de famosos marinos) de indisputable valor artístico. De resto, el salon contiene muchas reliquias, modelos de navíos, armas, instrumentos náuticos y todo lo que, interesando á la marina de guerra, se refiere á los hechos históricos mas notables. El refectorio, las cocinas y las despensas del Hospital admiran por el órden con que todas las operaciones están arregladas para consultar la higiene, comodidad y economía del establecimiento. Las cocinas sobre todo, servidas apénas por unos pocos brazos perfectamente, brillan por el esmalte de sus hornillas y su menaje, con limpieza incomparable. El vapor y las máquinas lo hacen todo, y allí se confeccionan las comidas como se hacen en una fábrica cualesquiera manufacturas. Todo es regular como lo exige la accion mecánica del hierro agitado por el vapor, y todo conduce allí á hacer bendecir los progresos de una ciencia que atiende con maternal solicitud á todas las necesidades del hombre. Si los inválidos tienen en Greenwich una admirable vista, paseos hermosos, su templo, su museo, refectorio y todo su menaje comun inmejorable, no es ménos cómoda y feliz la situacion particular de cada uno en los extensos dormitorios ó alojamientos. Puede decirse que cada cual tiene su casa propia, así como tienen sus buenos vestidos confortables y característicos. Los dormitorios son anchas y extensas galerías situadas en pisos altos, con mucha luz, aire puro y libre, y una soberbia vista desde las ventanas. A cada lado de la galería hay una fila de alcobas independientes, cada una con su puerta sobre el centro del salon, y habitada exclusivamente por un inválido, con todo su menaje particular. Algunos trabajan espontáneamente en fabricar curiosidades de mano que venden á los visitantes de la ciudad; pero todos gozan de las ventajas de la comunidad y del aislamiento al mismo tiempo, y son tan dichosos cuanto su situacion física se lo permite. Ellos, como ancianos é inútiles, viven de recuerdos, y si alguna vez interrumpen su apacible calma es entusiasmados por sus propias narraciones de combates navales. No es de extrañarse que la Inglaterra sea poderosa en los mares, puesto que, ya que lanza á sus hijos á morir ó vivir como proscritos en las soledades del Océano, les ofrece asilo para la vejez, cuando cansados de matar y llenos de cicatrices ó mutilados horriblemente, necesitan reposar la frente azotada durante muchos años por los huracanes y las trombas marinas. Muy cerca del muelle de Greenwich estaba anclado el enorme coloso marítimo llamado _Leviatan_, la mas soberbia y la mas errada ostentacion del orgullo inglés, como soberano de los mares. Habia olvidado proveerme de un billete de entrada, y por eso no pude ver el monstruo sino exteriormente, todavía en construccion en el interior, y por lo mismo muy incompleto. Muchas descripciones del _Leviatan_ han circulado en la prensa del mundo, y no las repetiré aquí, tanto mas cuanto que no quiero hablar sino de lo que veo. La impresion que me produjo aquel gigante fué la del asombro, y la admiracion hácia el poder de asociacion y de industria de los Ingleses, capaces de emprenderlo todo y de realizar todo lo que emprenden. El _Leviatan_, no siendo mas que un buque mercante ó de trasporte, es tan gigantesco que costó mas de cinco millones de pesos. Baste decir, como término de comparacion, que al lado del _Leviatan_ se veía como un pigmeo un enorme navío de tres puentes, de primer órden, anclado allí constantemente y que sirve de hospital para los marinos extranjeros. Al pasar por el pié del gigante de hierro (que respira por siete enormes chimeneas) yendo á bordo de uno de los vapores ordinarios del Támesis, veia las gentes que estaban sobre el último puente del _Leviatan_ como se ven sobre la alta eminencia de una catedral los campaneros repicando. Uno de esos vapores del Támesis pasa por junto al _Leviatan_ como una inquieta hormiga por el pié de un elefante inmoble y adormecido. Tal es la proporcion. Sinembargo, temo que ese navío se reduzca á ser en los mares lo que el _Tunnel_ en la tierra: un monumento de fuerza y perseverancia, tal vez inútil por su excesiva grandeza, aunque siempre glorioso. * * * * * CAPITULO IV. * * * * * JARDINES Y MONUMENTOS. El Jardín Botánico;--el Zoológico.--El Coliseo,--El Museo Británico.--San-Pablo. Si Lóndres tiene poquísimos monumentos antiguos ó modernos que merezcan la atencion por los tesoros de su arquitectura, cuenta algunos establecimientos que son verdaderas maravillas de la civilizacion moderna. Entre estos ocupan un lugar eminente los jardines científicos. Lóndres, el país de la niebla y la tristeza, es sinembargo la ciudad clásica de los espléndidos jardines artificiales. En ellos se revelan no solo el gusto y la sencillez encantadora que imita la naturaleza, sino tambien la opulencia y la universalidad de relaciones de Inglaterra. Es proverbial la habilidad de los Holandeses en horticultura. Es en medio de sus lagunas marítimas que ha nacido el gusto por los estudios y refinamientos de ese arte encantador, y es la Holanda, sin disputa, la que ha hecho adelantar mas ese género de agricultura. Francia, Inglaterra, Bélgica y Rusia, han sido las mas felices imitadoras; y sinembargo, los jardines zoológico-botánicos de Amsterdan y Amberes son mas recientes que el de Paris, sin cederle por eso en mérito. Si Paris y las dos ciudades belga y holandesa que he citado, y Berlin y San Petersburgo, han avanzado tanto en sus museos de historía natural y botánica, Inglaterra puede gloriarse de no tener rivales todavía por sus jardines de Londres, que son tan perfectos cuanto el estado de la ciencia y de los viajes y el arte lo permiten. Los jardines privados de Londres en las casas aristocráticas son numerosísimos y espléndidos. Y fuera de Lóndres, en Richemond, Windsor y otros lugares pintorescos tienen una magnificencia afamada. No hablaré sino de los que conocí personalmente,--el _Zoológico y_ el _Botánico,_ que ocupan el parque vastísimo del _Regente_ en el Oeste de Lóndres. A primera vista, al penetrar en esos inmensos museos _vivientes_ de historia natural y de botánica, se comprende que aquella es la obra del espíritu industrial, fruto de la libre iniciativa y de la expansión que es propia de los pueblos que gozan de instituciones liberales. Como la autoridad no figura como empresaria en ningún establecimiento de carácter Industrial, ó aunque sea complejo, el órden, la economía ilustrada, la grandeza y la perfeccion se ostentan en cada objeto que el viajero contempla. El interés individual hace maravillas donde quiera, y sus obras en Inglaterra contrastan con la incuria y el desarreglo de las análogas que en otros paises dependen exclusivamente de la autoridad. En esa misión de iniciativa ó de poder de la opinión todo es grande, todo refleja la fuerza de un pueblo colosal, perseverante y puntilloso. Penetremos en los jardines científicos de Londres y hallaremos un espectáculo digno dé admiración. En la época en que los visité el invierno apénas concluia; la vegetación al aire libre estaba muerta, y faltaban por lo mismo todos los encantos del bosque y el jardín; que dependen de la naturaleza. Pero en compensacion, el arte maravilloso, la abundancia de objetos en el escenario y los mil grupos de pequeños arbustos melancólicos de hojas persistentes, ó de plantas acuáticas, hacían un juego muy interesante. El parque del _Regente_ tiene como unos 80 acres de superficie, y está surcado en toda su extension por un ancho y hermoso lago y canales de navegacion é irrigacion, cuyas aguas alimentan las fuentes, los estanques, los arroyos y todos los receptáculos que las conservan para los animales y la vegetacion. Dividido en tres partes, la una es propiamente un pequeño y hermoso parque sombreado por árboles seculares y magníficos; las otras dos contienen separadamente el jardín _Zoológico_ y el _Botánico_. En el segundo se encuentra, durante la primavera, la mas variada y completa coleccion de plantas raras, representantes de la vegetacion del mundo entero. Allí nada hay de ménos ni de mas; todo lo que es vulgar está desechado, y en vez de la inútil profusion de árboles ó plantas de un solo género, cada familia, cada especie y cada género están representados por las mas hermosas muestras, en corto número y con un órden perfecto de clasificacion. El visitante puede hacer un verdadero estudio de la botánica cosmopolita, siguiendo paso á paso los grupos científicamente preparados al aire libre ó en invernáculos,--dentro de las aguas de los estanques pintorescos de agua dulce ó marina,--ó sobre los emparrados, enrejados y techos que les dan protección á las lianas, enredaderas parásitas y plantas trepadoras de todo género. La falta de abundante vegetación exterior, que era efecto de las nieves del invierno, me hizo buscar de preferencia los invernáculos de cristal. Esos palacios de Flora, construidos por el hombre para dar abrigo y calor á la naturaleza, son verdaderamente espléndidos. Allí cada planta, la palmera colosal, como la humilde violeta japonesa, vive lujosamente, con toda la frescura, la belleza, el brillo, el perfume y los tesoros que les dan el sol, las brisas y el rocío en los climas ardientes ó templados á que pertenecen. La arquitectura grandiosa de los invernáculos, y las condiciones que cada uno tiene, según el grupo de plantas que abriga, para darles el grado de luz, calor, libertad, humedad y tierra especial que necesitan, favorecen maravillosamente el crecimiento, la nutrición fecunda, la reproducción y la conservación de todas las especies interesantes. Bajo las bóvedas tibias y perfumadas de los invernáculos, el visitante asiste á un espectáculo encantador de magnificencia y contrastes. Yo recorria allí todas las regiones de la tierra, en cuanto á su vegetacion, con solo trasladarme sucesivamente de un invernáculo á otro. Admiraba la flora europea de todas las latitudes, educada en cierto modo por la civilizacion, embellecida con el arte, en cuanto este puede embellecer la naturaleza. Adivinaba los desiertos de África, retostados por un sol ardiente que mantiene la, vegetacion como febricitante en su lecho de arena calcinada,--y asistia á las escenas suntuosas de las selvas y montañas asiáticas, donde todo es exuberante y voluptuoso, por el tamaño, los colores, los perfumes, las formas y el crecimiento de las plantas, como de los animales; donde todo maravilla y aturde,--dando la idea de un mundo semi-bárbaro, inmenso, cuya grandeza provoca la codicia de los pueblos gastados y empobrecidos por el tiempo en Occidente. Pero nada llenaba tanto mi espíritu y mi corazon como la vista de los grupos de plantas colombianas. Allí se alza la palmera cerosa do los Andes, que vive azotada por los huracanes de los páramos, como la que mora en los valles ardientes y produce el marfil vegetal ú otras materias. Lo mismo el arbusto crespo, oscuro y melancólico de las alturas pobladas por los líquenes, que el árbol aromático y gentil de las faldas y planicies intermedias, ó la liana estupenda y la planta enana de hoja monstruosa, que crecen en la humedad y la espesura sombría de las selvas, en las márgenes ardientes de los grandes rios. Yo creia vivir en Colombia, respirar su aire vigoroso, contemplar su cielo espléndido, calentarme con su fuego, ó levantarme sobre sus cordilleras empinadas, devorar sus frutas deliciosas y embriagarme con los perfumes de ese mundo de luz, de fuerza y majestad natural que habia dejado del otro lado del Océano. En presencia de esos portentos de la ciencia, del arte y del comercio y los viajes, y agitado por tan profundas impresiones, sentí duplicarse mi fe en el progreso infinito y fortalecerse mi creencia en la mancomunidad de todos los pueblos en la obra inmensa de la civilizacion. ¿Para qué ese lujo de plantas de todo el globo en prodigiosa variedad? ¿Qué significa esa asamblea universal de verdura, de perfumes, de colores, de formas singulares, de familias de la vegetacion de todas las regiones? ¿Es solo en servicio de la ciencia y la industria que el viajero naturalista recoge del uno al otro polo los matices vivientes del manto con que la naturaleza cubre el seno de la tierra? No! Cada familia y cada especie, cada grupo de la Flora representa allí la unidad, la armonía, la vida progresiva y la fecundidad de la creacion, concurriendo al servicio de la humanidad, segun el destino que el clima le da á cada uno de los objetos que la inteligencia humana puede aprovechar. Esa centralizacion ó reunion de todas las plantas, sublime asamblea cosmopolita, es la imagen de la unidad en la civilizacion, de la gran mancomunidad de derechos, mision é intereses que liga á todas las razas, las naciones y las generaciones que figuran en el movimiento de la humanidad. Los pueblos son como las plantas: miradas aisladamente, los rasgos característicos asoman, los contrastes son vigorosos, el antagonismo aparente es sensible; pero consideradas en los invernáculos, en un grandioso conjunto que las reune sin confundirlas, aparece patentemente la suprema armonía que las enlaza á todas y les da la perfeccion de la hermosura y la grandeza. El jardin _Zoológico_ tiene el triple ínteres del arte en la distribucion, la hermosura vegetal y el movimiento animal que revela la vida de las innumerables familias sometidas al poder ó al servicio del hombre. La concurrencia de visitantes es siempre muy considerable, y los grupos movibles y variados a que ella da lugar aumentan el ínteres de la escena. No pretendo hacer una descripcion completa de aquellos jardines, cosa imposible para el que apenas ha podido recorrerlos durante algunas horas. Así, solo indicaré algo de lo que fijó mas mi atencion. La coleccion en todo su conjunto es inmensa y de una maravillosa variedad, conteniendo solo dos ó tres individuos de cada especie y género para no complicar el estudio que puede hacerse de todas las familias. El órden reina en todas partes, consultando simultáneamente las exigencias de la nomenclatura científica y los hábitos y condiciones de las especies. Aquí se halla el visitante en presencia de los animales feroces, debidamente clasificados; mas allá admira los grandes rumiantes de primer órden; acá una familia, allí otra por grupos homogéneos, y en circos, chozas, jaulas y alojamientos especiales; de manera que, con el auxilio de los rótulos claros y precisos y del severo arreglo que preside á todo, se puede seguir un curso de zoología en todos sus ramos, superficial, es cierto, cuando no se tienen los conocimientos necesarios, pero bastante para darle á un observador que no conoce la ciencia una idea general de las formas, la manera de alimentacion, crecimiento, reproduccion, etc., de cada animal, y de las costumbres, necesidades y destino que, segun su clima, su talla, configuracion, piel y demas circunstancias, les ha asignado la previsora y admirable naturaleza á todas sus criaturas susceptibles de movimiento espontáneo. No hay duda que la admirable coleccion de fieras, de mamíferos de todas clases, ofensivos ó inofensivos, de rumiantes, monos, etc., etc., es maravillosa, y que el visitante goza mucho admirando las corpulentas girafas de ojo melancólico; los elefantes, hipopótamos y rinocerontes monstruosos; el enorme tigre de Bengala, de fisonomía traidora; el grande oso blanco del norte en eterna agitacion; el leon de Numidia, de mirada indiferente y sombría; el triste orang-utang, caricatura de hombre degradado, que parece afligirse de su inferioridad y su mudez; el curioso bizonte; el corpulento búfalo crinado; la linda y esquiva zebra, y tantos otros animales en extremo interesantes y curiosos. Todos esos grupos llaman la atencion por su ferocidad, ó su inteligencia, ó su corpulencia, ó Sus particularidades. Pero lo mas acabado y bello en el jardin Zoológico, ó al menos lo que mas interesó mi curiosidad, fué la inmensa variedad ornitológica,--el pequeño palacio de los peces y animales marinos y la coleccion de los reptiles. Es talvez en esas grandes familias, hijas del viento, de las aguas y de las grietas sombrías, donde mejor se revela todo lo que la ciencia y los viajes han podido avanzar, y todo el poder de domesticacion que el hombre es capaz de ejercer sobre el reino animal entero. Al pasar por delante de las vastas pajareras al aire libre, que son los palacios enrejados de innumerables lindísimas aves, un torrente de las mas variadas armonías se difunde en el viento, formando el concierto mas encantador. Allí todo es movimiento, alegría, canto inagotable, como si los millones de voces de la creacion tuvieran sus ecos en el seno de las lucientes jaulas. Los mas bellos y distintos colores, las mas inesperadas combinaciones de formas y matices en increible asociacion, atraen las miradas del visitante, haciéndole tener por momentos la ilusion de que un artista caprichoso en extremo es el que ha pintado esos millares de alas, cabezas, picos y colas donde el oro, la esmeralda, el rubí, el lápiz-lázuli y cien tintas primorosas alternan y se combinan para hacer brillar el plumaje del inquieto pájaro. En el gran salon de bóveda de cristal y temperatura cálida, que cubre á los pájaros parlantes y silbadores mas ruidosos, la armonía se pierde en el confuso eco del inmenso ruido que hace la gran familia de los papagayos multicoloros. Algo como la locura de una orgía ó el estrépito de un claustro de colegiales aturde en ese santuario alegre de los gayos turpiales, mirlos; toches, pericos, loros, guacamayos y demas análogos, que forman con sus plumajes pintorescos una interminable y movible sucesion de arcos iris, de sombras y luz, y tienen una gran sonata de mil flautas y flajolés en desacuerdo. Aquello hace reír, divierte, aturde y enloquece, como un remedo de la algarabía humana en un mercado público, Sobre grandes grupos de rocas (cerca de los estanques donde nadan los anfibios mamíferos ó los ánades innumerables, entre preciosas plantas) alzan las cabezas, admirados unos, escrutadores otros, indiferentes aquellos ó desconfiados los mas, los buitres, los condores gigantescos de los Andes, las águilas de los Alpes y todas las demas aves de presa. Al ver á esas soberanas del viento reducidas á la esclavitud, me parecia asistir al espectáculo del orgullo humano sometido y vejado. El águila parece haber depuesto la altivez de sus dias de libertad, y su ojo se fija en el cíelo y en los perfiles de las rocas artificiales; con la codicia del que condenado á ver de cerca un tesoro no puede alcanzarlo jamas. Confieso que sentí despecho y tristeza al contemplar el palacio de los cuadrumanos. ¿Qué cosa es un mono sino un remedo, una caricatura de este mono sublimo que se llama el hombre? Todo el espíritu de imitacion y ostentacion, la vanidad, la inquietud, la curiosidad insaciable y otras _cualidades_ parecidas que tiene el hombre, son el distintivo del mono;--prescindiendo de ciertas tentaciones traviesas y malignas en que los monos no nos llevan mucha ventaja a los animales parlantes de espíritu inmortal. A veces pienso que Dios, al crear en el mono nuestra caricatura, haciendo eternamente muecas, ha querido ofrecernos el espejo del ridículo á que conducen las vanidades de la vida. Y bajo este aspecto, no hay duda que el mono es un preceptor muy importante; solo que, como sucede siempre, los discípulos no hacemos caso de la leccion y nos burlamos del maestro en caricatura. La galería de los reptiles no es ménos abundante y curiosa que las mencionadas; y lo que mas llama la atencion allí es el estado de mansedumbre á que llegan entre sus lechos de arena y celosías de alambres y cristal esos terribles envenenadores del desierto, condenados á arrastrarse, por el pecado original de la serpiente corruptora de Eva y su compañero. Muy resentida debe de haber quedado la familia de la corruptora, puesto que sus interesantes miembros no desperdician la oportunidad de hincarle el colmillo á cualquier descendiente de la crédula Eva, que no sea domesticador de profesion. ¡Qué profesión! Lo mismo valdría vivir domesticando un fraile mejicano, un guerrillero de ley ó un recaudador de peajes. Y sinembargo.... ¡lo que es el hombre!... las serpientes se aplacan, y aquellos no se domestican nunca! Es cosa averiguada que la serpiente es inofensiva durante una larga parte de cado año, en que reposa y duerme, y que su agresion requiere casi siempre alguna provocacion, y obedece á intermitencias producidas por el frio, el calor, el hambre ó el estado sexual. Y esos fenómenos, que la ciencia explica por el análisis del organismo animal, se patentizan fácilmente en las galerías zoológicas. Allí el observador puede leer en la mirada del reptil, sobre todo del enorme boa, las gradaciones de la irritabilidad. Hay algo en el ojo, el aliento y los movimientos espirales de ese monstruo, que atrae, fascina y magnetiza, como la tentacion del pecado, y que al mismo tiempo cede á la influencia magnética del hombre. He visto en las serpientes del jardin de Lóndres contrastes muy curiosos de expresion (segun las personas que las miraban de cerca), y que me han hecho pensar mucho en los fenómenos del magnetismo animal y la electricidad, explicándome ciertas singularidades que algunos suponen fabulosas, pero que son perfectamente exactas. El olor y algunas otras cosas influyen mucho respecto de los reptiles. Así, notaba con admiracion que las culebras cambiaban de actitud, agitándose ó adormeciéndose, mirando con mansedumbre, con desconfianza ó con ira, alejándose ó acercándose, escondiéndose ó descubriéndose mas ó menos, según la diferente impresion que les producía la presencia ó la mirada, el olor, la voz ó la fisonomía de los concurrentes. Tal vez un dia la ciencia demostrará que no es la inteligencia ó un _instinto espontáneo_ lo que induce al animal á ejecutar bajo la atmósfera del hombre ó en cualquiera situacion estos ó los otros actos, que hacen vacilar al filósofo entre hipótesis mas ó ménos aventuradas; sino que solo la accion de un fluido magnético ó eléctrico, comun á todos los objetos de la creación (aunque con diversas inflexiones de intensidad, residencia y modo de obrar), produce las analogías y los fenómenos que hacen creer en la comunidad de _inteligencia_. Y el día que la ciencia física demuestre eso, si no es un delirio, la psicología habrá avanzado inmensamente, iluminando el camino de la humanidad, donde reinan todavía las tinieblas de la hipótesis. El palacio de cristal destinado á los peces y animales marinos de pequeña talla, y principalmente á los moluscos, es pequeño pero primoroso. Allí cada grupo se encuentra en una urna trasparente, viviendo en su elemento y entre las rocas, las arenas y la vegetacion del fondo del mar. Los corales y otros animales arborescentes, los moluscos mas bellos, y todo lo que hay de caprichoso, admirable y diminuto en ese mundo de vidas misteriosas que se agita bajo las ondas, aparece allí en miniatura y de bulto, á la vista del visitante, para revelarle muchas de las maravillas del océano. Todo eso tiene una infinita poesía, un encanto indefinible, que patentiza el sistema de las compensaciones creado por la naturaleza, y la suprema prevision con que cada órgano de respiracion, de movimiento ó de nutricion ha sido arreglado para corresponder á las necesidades propias de la region ó el elemento en que vive el animal. Al dejar el espléndido jardin Zoológico de Lóndres (para cuya descripcion completa serían necesarios muchos volúmenes) me hacia una reflexion sobre la mancomunidad de la industria y la ciencia física, y de estas y la moral, ó mejor dicho, de todos los hechos que representan el progreso humano. A primera vista ese magnífico jardin ó paraíso mixto de Lóndres no es mas que un establecimiento científico, un estímulo para las excursiones del naturalista, y un elemento de especulacion, y de recreo. Pero observando atentamente se encuentra que aquello es ademas una escuela práctica de moral y una enseñanza filosófica para los pueblos. ¿Por qué?--fácil es demostrarlo con tres reflexiones que vienen naturalmente al espíritu. La multitud que visita esos lugares incesantemente, adquiere un hábito de sociabilidad con los animales que le suaviza muy notablemente las costumbres y pasiones. Lo que el hombre no comprende, respecto á sus deberes sociales, acostumbrado á estar siempre en relacion casi exclusiva con su especie misma, lo aprende al observar la sociabilidad de los animales entre sí y respeto del hombre, que es su señor y generalmente su estúpido tirano. Todo el mundo se acerca y rivaliza en agasajos con los brutos domesticados, y cada cual tiene _su preferido_, á quien obsequia en cada visita con golosinas que el pobre animal recibe con gratitud y cariño. Si en general el elefante, las girafas, los camellos, las zebras y otros brutos igualmente curiosos reciben los homenajes de la mayor parte de la turba, no faltan _amadores_ ó aficionados que tienen su oso, ó su tigre, ó su boa _predilecto_. Una verdadera emulacion caritativa se establece allí, y una visible correspondencia de amor entre el hombre y el animal. ¡Cuántos habrá que no teniendo en el mundo ningun vínculo de ternura, sino pesares y desengaños, van al jardin Zoológico á cultivar una dulce amistad con este ó el otro animal, segun las analogías de inclinaciones! Lo que mas se observa allí es que los ancianos, las mujeres y los niños son los mas afectuosos y caritativos con los animales; cosa natural si se considera la benevolencia y sociabilidad que distingue á los dos extremos de la vida, y á la mujer, que es su lazo de union. Por otra parte, los concurrentes se habitúan á ver que todos los animales, aún los mas feroces, son tratados con dulzura por los empleados del establecimiento, mostrándose infinitamente mas accesibles y dóciles á la benevolencia que al rigor. De ese espectáculo se deriva toda una enseñanza filosófica que es y debe ser la base de toda legislacion penal. Si la fiera misma cede á los medios suaves ¿podrá sostenerse como aplicable al hombre el sistema draconiano,--el régimen de la violencia, del dolor, de la venganza, de la severidad excesiva y de las penas _preventivas_? No sin razon la posteridad ha considerado á Montesquieu y Buffon como apóstoles de una misma causa humanitaria;--el uno analizando el _espíritu de las leyes_ de los hombres, y el otro investigando y revelando las leyes y las propiedades de la sociabilidad del _animal_. Creo que donde quiera que un jardín Zoológico figure como ornamento de una sociedad y testimonio de las conquistas del hombre sobre la naturaleza, la moralidad recibirá un gran servicio, y la enseñanza de la beneficencia y la dulzura tendrá fecundos resultados. * * * * * Al frente del parque del _Regente_, sobre la misma calle ó avenida, se encuentra un curioso edificio,--el _Colosseum_,--que en otro tiempo era muy concurrido y ha perdido casi toda su importancia. El cuerpo principal es una inmensa y altísima rotunda doble, de construccion muy particular, que figura como una pirámide en el centro de un globo.--La parte baja y central contiene un bazar de curiosidades para vender á los visitantes, donde hay conciertos permanentes, cosmoramas y otras diversiones instructivas. La pirámide ó el cuerpo que cubre el centro tiene una estupenda elevacion, y el visitante sube á la cima por escaleras de caracol que hacen pensar en los Titanes escalando el cielo, ó por medio de una maquinaria ingeniosa que levanta suavemente docenas de curiosos, produciendo la misma sensacion de uno de esos sueños de encantamientos en que algun poder misterioso nos lleva á las regiones aéreas. A una altura muy considerable se detiene el visitante, sobre un balcon circular, para asistir á un admirable espectáculo de arte y perspectiva. La ciudad entera de Lóndres, tal como se la ve desde la cima exterior del _Colosseum_, está pintada con todos los perfiles y colores de su fisonomía y todos los cuadros que revelan su movimiento diario, sobre la concavidad de la enorme rotunda, cubierta por un techo de cristal, que rodea y abarca al cuerpo ó edificio central donde está colocado el observador. Así, recorriendo todo el balcon circular del centro, se van registrando sucesivamente todas las partes unidas que componen en un solo cuadro circular todo el inmenso panorama de Lóndres. La perspectiva es tal, que la ilusion es completa. Me creia conducido por Asmodeo en alas del viento para ir registrando el escenario entero, sin los inconvenientes de la niebla que cubre casi continuamente á Lóndres. Aquella obra colosal de pintura, quo consumió muchos años de fatigas de un artista aristocrático, aunque ha sido despues superada por trabajos mas perfectos y de otro órden, merece siempre admiracion. Subiendo un poco mas en el edificio central, la bóveda se cierra, y afuera, sobre un balcon circular al aire libre, el espectador registra el original del cuadro interior, es decir el inmenso Lóndres, en cuyas calles hormiguean millones de hombres que parecen insectos y millares de millares de vehículos; en cuyo rio se cruzan los vapores, los navíos, los botes y las góndolas en asombrosa multitud; y de cuyos centenares de miles de chimeneas se desprenden las negras columnas de humo ó las blancas espirales de vapor que componen el manto lúgubre ó sudario que ha de envolver algunos momentos despues á la metrópoli gigantesca del comercio y la navegacion, de la industria y el movimiento, de la suprema opulencia y de la suprema degradacion y miseria.... La contemplacion de esa capital, desde tan alto observatorio, causa un vértigo semejante al que producen el movimiento y la faz del océano; y el observador que busca hechos y enseñanzas útiles no puede ménos que hacerse las mas contradictorias reflexiones acerca del modo como el bienestar se encuentra, no diré _repartido_, sino _clasificado_ entre las grandes capas de la sociedad.... Lóndres es la ciudad-escuela por excelencia, porque abriga en su hirviente seno todos los elementos de la lucha terrible empeñada entre la civilizacion y la barbarie, es decir: la justicia y la iniquidad, el goce fecundo y la miseria. El _Colosseum_ contiene otras muchas curiosidades que, en general, son muy inferiores á las de otros establecimientos mas nuevos. Su verdadera maravilla es la Gruta artificial de estalactitas, imitando la de Fingal, si no recuerdo mal. Es una admirable caverna construida con cristalizaciones y rocas porosas, larga y estrecha, iluminada de un modo fantástico que produce efectos singulares de luz y sombra, llena de infiltraciones que hacen caer las gotas de agua por entre millares de cornisas truncadas, columnas retorcidas, pedestales rotos, grietas luminosas ú oscuras, alquitraves, molduras, relieves y todos esos primores de arquitectura caprichosa que el artista invisible produce en las cavernas, las cataratas, los torrentes, etc., sin mas buril que la gota de agua cristalina, la paja ó el chorro estrepitoso, cuyo eterno curso ó golpe taladra, hiende, labra y modula todas las rocas;--imágen pintoresca del pensamiento humano obrando sobre la inmensa roca del error. * * * * * El Museo Británico es, sin disputa, un grandioso monumento que refleja la gloria, el poder y el cosmopolitismo de la Gran Bretaña;--y, prescindiendo de su carencia de buenos cuadros de pintura y frescos, cosa general en casi todos los establecimientos _públicos_ de Lóndres, puede decirse que no tiene rival en el mundo, bajo muchos aspectos. Si el edificio es espléndido, y el órden, la comodidad, la claridad y la clasificacion exacta reinan en todas partes, tanto en el Museo mismo como en la magnífica biblioteca anexa,--no brilla ménos el interior por la abundancia y maravillosa universalidad de las colecciones, y la perfeccion de los métodos de direccion y conservacion. No me detendré en descripciones inútiles sobre la gran masa ó el conjunto, porque todo el mundo sabe lo que es un museo, y los libros de _guias_ ofrecen al viajero cuantos detalles necesita. Solo citaré especialmente lo que, en mi concepto y segun las impresiones recibidas, constituye el gran mérito del Museo Británico, dándole ventaja sobre los mas afamados de Europa. Las colecciones de fósiles de toda clase, de restos de monumentos orientales, africanos, etc. (_antigüedades_), y de focas y toda clase de animales marinos de talla superior, me parecieron lo mas raro en ese santuario de curiosidades, magnífico en todas sus partes. En efecto, los salones que contienen los fósiles de todas clases son de una riqueza imponderable, ofreciendo entre otros objetos los colosales esqueletos de _dinoterios, megaterios, mastodontes, iguanodones_ y otros monstruos de la época antediluviana, en tan perfecta organizacion y conservacion, que el visitante encuentra en esas osamentas seculares la clave de la historia geológica, animal y vegetal del globo, y del progreso incesante que se ha verificado en la trasformacion y el pulimento de la materia, como base del progreso lógico é indefinido de la civilizacion. ¡Por cuántos cataclismos y fenómenos mecánicos y de electricidad, magnetismo y calor ha tenido que pasar la creacion (salida de las manos de Dios perfecta por sus _fuerzas_, pero perfectible en sus _formas_ como un elemento de actividad interminable), para llegar al estado actual, que apénas es un punto en la escala infinita del desarrollo de las fuerzas _creadas_ y _modificadoras_! Noble ciencia esa que se llama _historia natural_, que nos revela con la energía de los _hechos_, y no de las suposiciones metafísicas, la infinita prevision del mecánico invisible del universo en perpetua accion! El salon de los mamíferos anfibios es admirable. Aquellos monstruos del Océano inspiran horror, por sus formas y su aspecto, y sinembargo, algunos, como las focas, ejercen, aún así disecados, no sé qué misteriosa atraccion que parece ser la simpatía de las homogeneidades. Hay algo en las formas, la fisonomía y la mirada de la foca, que ofrece la imagen brusca ó brutal de la mujer, y que hace por momentos sospechar la inteligencia escondida en el cráneo de ese animal, extraordinario por sus costumbres; noble por su tendencia á la fraternidad y su valor en la defensa de su familia. Francamente, yo desearía que muchos pueblos egoistas ó que viven despedazándose entre sí, aprendiesen un poco, en la escuela marítima de las _focas_, á estimarse, defenderse y vivir en la fraternidad íntima de la causa comun. Las mas notables maravillas del Museo Británico están en los salones _Egipcios_, los de _Nínive, Cartago, Menfis_, la _India, Herculano, Pompeya_, etc. Allí está reunido todo lo que la civilizacion moderna ha podido recoger de mas admirable y mas curioso y característico entre los resto de la civilizacion antigua, convertida por el tiempo en escombros y cenizas. Allí la arquitectura, la escultura y otras artes semejantes reflejan vivamente (como en todo tiempo y pais) las creencias religiosas, las costumbres, las instituciones y el estado mas ó ménos primitivo y tosco, mas ó ménos refinado, del desarrollo social. El mundo moral se muestra allí en su infancia exuberante, y sin pulimento como el mundo físico. La esfinge colosal, el centauro, el buey sagrado, el animal-hombre, el monstruo humano bajo todas las formas extravagantes y brutales, cuajados de ralieves toscos, de jeroglíficos sintéticos, de signos incorrectos--están revelando una época en que todo fué gigantesco y monstruoso como el _iguanodon_ ó el _megaterio_; en que todo vivia con exceso, sin los perfiles y el pulimento que el trabajo secular de la creacion ha traido lentamente para perfeccionar las cosas. Así, léjos de asombrarme la pretendida grandeza de la antigüedad egipcia ó de otras regiones, no veo en sus obras sino la demostracion de la exuberancia titánica de la barbarie, y la _debilidad_, que el curso de los siglos ha ido modificando con la sustitucion de la _inteligencia_ á la _fuerza_,--del arte espiritualizado, al simple remedo material de las cosas,--de la fisonomia delineada y pura, á la masa enorme, fria y sin expresion. ¡Cuán grande y noble aparece la humanidad, contemplando sucesivamente, en diferentes salones del Museo, la imágen de sí misma que ella ha ido dejando trazada, siglo por siglo, en innumerables monumentos, como el testimonio elocuente de sus progresos, de su destino, de su inmortalidad, de su inteligencia y de los prodigios de su fuerza y su libertad! * * * * * Si _Westminster-Abbey_ y _London-Tower_ son los monumentos de la historia, _London Bridge_ y el _Tunnel_ los de la industria, y el _British-Museum_ y el _Zoological y Botanical-Gardens_ los de la ciencia, la catedral de _San Pablo_ es para los Ingleses el monumento de su grandeza, su religion y su orgullo, así como el _Cristal-Palace_ lo es de su cosmopolitismo y su progreso artístico. _San Pablo_, construida en mucha parte segun el modelo de la catedral de San Pedro de Roma, ocupa casi toda la superficie de una plaza en la _City_, dejando apénas á los cuatro lados espacio para la circulacion. Si el monumento no fuese tan imponente por su grandeza pasaría desapercibido, pues los Ingleses han tenido el mal gusto de encuadrarlo en el barrio mas complicado, irregular y agitado que tiene Lóndres, encerrándolo miserablemente en medio de negras chimeneas, fardos y almacenes. Excepto el caso de hacer una ascension en algun alto monumento cercano, es imposible ver á San Pablo en perspectiva. Hay que tomarla á quema-ropa, como quien se pone á mirar el cielo hácia el zenit. La gran catedral de los anglicanos costó cerca de siete millones de pesos; fué construida por el famoso arquitecto Wren, en 1675, habiéndose invertido en la obra treinta y cinco años de labor. A pesar del matiz negro y sombrío que le da el humo del carbon de piedra, el edificio interesa mucho en su exterior, tanto por la belleza de su gran pórtico griego, como por el juego que hacen en un grandioso grupo sus altas y estupendas columnas, la cima triangular de la fachada, las dos hermosas torres laterales y la cúpula suntuosa que domina el centro del monumento. Sinembargo, confieso que San Pablo no me impresionó mucho por su exterior. La arquitectura del Renacimiento, así como la que imita los antiguos templos griegos, me parece demasiado clásica y fria por el exceso de compostura y simetría y la carencia de audacia. Y todavía es mucho peor esta arquitectura contemporánea, ecléctica y trivial, que parece hija del compas y la escuadra mas que de la inspiracion; que combina todos los órdenes sin respeto por la poesía del arte y las especialidades de cada estilo, haciendo del arquitecto un albañil pulido en vez de un poeta que traza sus cuadros en la piedra. Prefiero la majestad de conjunto, la audacia de ángulos, ogivas, rosetones y flechas, y el capricho romanesco y la espontaneidad fabulosa ó excéntrica, que distinguen á la arquitectura gótica, toda inspiracion y vida. Si el arte moderno no ha de hacer otra cosa que _copiar_, preferiría las imitaciones góticas, como expresion del sentimiento cristiano. El interior de San Pablo sorprende mas que el exterior. Es allí donde puede apreciarse mejor la grandiosidad de la cúpula, las enormes proporciones y el estilo austero del edificio. Afuera anuncia algo del paganismo y del Partenon griego; pero al entrar, el visitante ve muy bien que ese es un templo de protestantes, libre de las serviles é impías señales de la supersticion y la idolatría. Es la catedral de un _pueblo_ para adorar á _Dios_, no el santuario de un paganismo evangelizado. Como Dios es la suprema fuerza y el supremo espíritu, ningun objeto lo representa allí, puesto que el hombre no puede concebir la forma de su Creador. Todo es sencillo, severo y solemne, sin ostentacion ni espectáculos. Algunas tumbas gloriosas, como la de Nelson (todavía el mundo cree en la gloria de los grandes matadores), y las del mismo arquitecto Wren y de artistas eminentes en pintura, como Lawrence y Reynolds; algunos objetos históricos de primer órden para el orgullo de todo pueblo, como las banderas tomadas por los Ingleses, á sus enemigos,--hé ahí todo lo que adorna, con varias estatuas profanas, la catedral británica. No carece de interes esa evocacion de las batallas homicidas en un templo ofrecido al Dios de paz, de caridad y amor. ¡Mezcla de religion y de impiedad! Ese es el mundo: adoracion á Dios y guerra al hombre.... San Pablo tiene como unos 150 metros, de longitud interior, de oriente á poniente, y algo mas de 80 de anchura, de sur á norte, con una circunferencia total exterior de mas de 680 metros, y la altura máxima de 121. Si un templo tan enorme tuviese una plaza en derredor proporcionada á su tamaño, el aspecto sería admirablemente magnífico. Pero los Ingleses son legos en eso de buen gusto, y no perderían en obsequio de la hermosura y majestad de un monumento el espacio que puede servir para los almacenes y las cervecerías. * * * * * CAPITULO V. * * * * * CURIOSIDADES. El Diorama.--La galería Tussaud.--El Palacio de cristal.--El Banco de Inglaterra.--La Bolsa.--Diversos objetos interesantes. Entre los monumentos y varias curiosidades que visité durante mi corta permanencia en Lóndres, no olvidaré dos de un género histórico y artístico que merecen atencion, aunque de carácter muy secundario; tales son: el _Diorama_ y la _Galería_ de madama Tussaud. El Diorama, establecido en el centro de la plaza de Leicester, es un edificio circular, cubierto con una cúpula de cristal, y muy semejante al cuerpo central del _Colosseum_, aunque mucho ménos grande. Comprende una exposicion de objetos algo curiosos de etnografía, y es al mismo tiempo diorama, panorama y cosmorama.--Allí se dicta todos los dias una leccion de geografía muy útil para los que necesitan nociones elementales. Lo que en el _Colosseum_ presenta el panorama de Lóndres, en el Diorama ofrece en una concavidad circular la imágen en relieve del globo terrestre, con la demarcacion exacta de los mares, los continentes y las islas. El trabajo es ingenioso y muy interesante como elemental. En la parte baja del edificio se encuentran los mas curiosos grupos de indios, negros, chinos, europeos, etc., con sus vestidos, armas y mil especialidades, que ofrecen el cuadro de la fisonomía de casi todas las razas de la tierra, y una multitud de nociones históricas para instruccion del vulgo ó de las gentes de mediocre educacion. No faltan allí muchas muestras de objetos algo raros en todas las bellas artes, la mecánica, la navegacion, etc., que atraen justamente las miradas del visitante curioso. Aquel establecimiento me pareció no solo un bonito museo, sino un bello instituto democrático destinado á enseñar á las clases pobres, con suma facilidad y baratura, los elementos de la geografía, ciencia tan útil y simpática de por sí, como fecunda en mil resultados para la industria, el comercio, las letras y la política. Sería una gran fortuna que ese instituto-pasatiempo fuese imitado en las principales ciudades de las repúblicas colombianas. * * * * * La _Galería_ histórica y artística de madama Tussaud, tan afamada en el mundo, continúa con toda su popularidad en Lóndres, gracias á la perseverancia de los herederos de la artista original que la fundó. Es una encantadora curiosidad que ningun extranjero debe dejar de visitar y que, léjos de perder su interes, lo aumenta á medida que el tiempo aleja mas á los personajes puestos en escena. Lo describiré rápidamente para que se vea todo el partido que de alli puede sacar el viajero observador. La descripcion de la localidad es inútil; los salones son como cualesquiera otros, y su distribucion depende solo de la clasificacion de los objetos históricos. Una iluminacion magnífica, un concierto permanente y cierto lujo artístico de decoracion, que hace juego con enormes espejos para aumentar la ilusion,--tales son los accesorios que realzan el mérito de la galería, dividida en cuatro partes. Desgraciadamente las divisiones no están arregladas á épocas históricas, rigorosamente, lo que da lugar á algunos anacronismos. Toda la galería, salvo algunos objetos históricos y mecanismos famosos, se compone de estatuas, de formas perfectamente naturales, ó de bustos ó cabezas, todas fabricadas con cera blanca, imitando con admirable perfeccion las fisonomías, las actitudes, la expresion y cuanto ha sido característico en cada uno de los muchos personajes representados allí. La perfeccion artística de los bustos y las figuras es tal, que el visitante se siente a veces tentado á saludar respetuosamente á esos personajes de cera ó entablar conversacion con ellos. Por ejemplo, al pasar de un salon a otro, está sentado bajo el umbral un pobre viejo que lee con atencion, sin mirar á nadie; y como es imposible dejar de pisarle y estrujarlo al pasar, porque el hueco es muy estrecho, el buen viejo alza la cabeza y mira con extrañeza al visitante descortes. Este no puede ménos (y á mí me sucedió) que presentarle excusas y pedirle perdon. El viejo lector no responde, vuelve á agachar la cabeza y continúa su lectura. Después viene uno á saber que su hombre es de cera, y que su movimiento muscular es debido á un mecanismo. Los vestidos, todos conformes a la época y los usos de cada personaje, aumentan la ilusion poderosamente. Aquellas figuras parecen agitadas por una corriente oculta de electricidad nerviosa; sus miradas son vivas y elocuentes; sus sonrisas expresivas, su actitud imita enteramente la vitalidad. Tal parece como si el pensamiento calentase aquellos cerebros de cera y animase sus gestos; y el visitante se impresiona de tal modo, que por momentos cree que la voz va á salir de los labios casi convulsos de aquellos _séres_ artísticos, que tienen el calor, el aliento, la luz y la fascinapion de la vida física y moral. En la galería, tan presto se ven los personajes en grupos homogéneos como aislados á ciertas distancias. Entre la multitud de personajes aislados, ora históricos, ora contemporáneos, se distinguen principalmente, por su interés ó por el mérito artístico de las figuras:--_Guttemberg_, meditando en su invento;--_Shakspeare,_ sombrío y burlon al mismo tiempo;--_Pedro el Grande_, en su traje de carpintero en Holanda;--_Newton_, ideando su admirable sistema del mundo físico;--_Voltaire_, con su fisonomia de zorra, su sonrisa irónica y su mirada de apóstol;--_Rousseau,_ pensativo y dulce como la idea de redencion que le dominó;--_Walter Scott_, con su actitud tranquila, como la poesía risueña que inspiró su gran genio;--_Byron_, sombrío y lanzando de su ojo de fuego algo como la luz del rayo ó como las revelaciones de un poema terrible. De otro lado se ven figuras de una personalidad especial: aquí _Nana-Sahib_ en gran pompa y fumando en su pipa llena de pedrerías, sentado á estilo oriental; allí _O'Connell_, en la actitud del orador; mas acá _Abd-el-Kader_, con su sable de árabe defendiendo la independencia de su pueblo; allá _Manín_ ú otro de los mártires de la libertad que han personificado una causa. Los grupos son aún mas interesantes por el juego y contraste de las fisonomías y actitudes, y por los hechos históricos que ellos personifican. En una parte los _Girondinos_, condenados á muerte,--_Carlota Corday_ matando á _Marat_, ó un grupo de _Bobespierre, Danton_ y otros jacobinos;--en otro sitio, _Milton_ rodeado de sus hijas, dictándoles su admirable «Paraíso perdido;» en el centro de un salon, _Napoleon_ con todos los _soberanos_ y principales ministros de su época imperial; en el de otra sala los monarcas; presididos por _Victoria_ y el emperador _Napoleon Bonaparte_. En un rincon figuran: _Isabel_ la católica, _Fernando_, su marido, y el inmortal _Colomb_; en otro sitio, _Lutero_ enseñando su doctrina, ó _Calvino_ demostrando la justicia del libre exámen. Los tres primeros salones están literalmente colmados de figuras históricas y de contemporáneos, pertenecientes á todos los géneros de celebridad. La ciencia y la poesía, la navegacion y la filosofía, las bellas artes como la elocuencia y la política, la guerra como la religion, las grandes virtudes como los grandes crímenes y las heroicas expiaciones,--todo está representado allí, para dar una idea general de las evoluciones de la humanidad en su carrera de progreso y luz. Todas las grandes glorias están reunidas en congreso para manifestar la unidad del espíritu humano en sus infinitas manifestaciones, y poner en evidencia el cosmopolitismo histórico de la civilizacion y el contraste perdurable entre el poder y la libertad, la inteligencia y la fuerza. Pero si la Galería Tussaud es en lo principal una bella escuela de historia, escultura y aún fisiología,--al mismo tiempo que un museo de curiosidades,--el último de sus salones, el salón horrible (_The chamber of horrors_) es de un interes extremo y un carácter sombrío que impresiona profundamente. ¡Cuántas enseñanzas no encuentra en esa espantosa cámara del crimen y de la expiacion el espíritu del observador atento, que busca las revelaciones de la ciencia física como el elemento mas sólido de las doctrinas de la ciencia social! El _salon de los horrores_ pudiera llamarse la escuela práctica de frenología, pues tal es su verdadera significacion. La célebre _máquina infernal_, ideada para aniquilar á Napoleon (ese gran político incorregible); el hacha que decapitó á _María Stuardo_; la que ejecutó á _Cárlos I_; la guillotina que degolló á _Luis XVI_, como á los Girondinos, á los Jacobinos y á Carlota Corday, y todos los instrumentos empleados para perpetrar los mas célebres asesinatos, se encuentran allí perfectamente imitados. La coleccion de cabezas dé los mas famosos bandidos ó criminales es tan variada como perfecta, por la exactitud de imitacion, que revela el gesto, la mirada, el pensamiento, los instintos y los sentimientos de cada individuo;--reproduciendo con absoluta fidelidad todas las protuberancias, los perfiles y las especialidades de cada cabeza y cada faz humana que ha figurado en los fastos del crimen. Por último, en una extremidad de la sala, oscura y medrosa como las escenas sangrientas, está el cadalso revolucionario (levantado por un pueblo febricitante y acosado por mil enemigos implacables) sobre cuyas tablas yacia el tronco de Luis XVI, cerca del noble sacerdote que le acompañó en la hora solemne; mientras que el verdugo (representante de la tiranía) se ostentaba, como una irrision de su destino contraproducente, mostrando á la multitud delirante la cabeza ensangrentada del rey condenado á expiar sus crueles debilidades y los crímenes y vicios de sus predecesores en la obra secular de la opresion.... ¿Qué es lo que se aprende en esa galería de la muerte y la iniquidad? ¡Oh! se aprende mucho!... Desde luego, al evocar los recuerdos históricos, se comprende toda la inutilidad de la _fuerza_, del derramamiento de _sangre_, como medio político, social ó personal. El mismo instrumento de muerte sirve para el monarca ó el tirano que lo inventó, como para el súbdito oprimido; para el mártir generoso, como para el malvado. La cuchilla, el hacha ó el _garrote_, establecen entre los mas opuestos extremos la atroz igualdad de la violencia cobarde y sanguinaria.... El instrumento creado por el republicano _Guillotin_ (como un _bien relativo_) devoró á los republicanos mismos.... La matanza, bajo cualquiera forma, tiene su lógica terrible en la expiacion. El hacha destruye una ó muchas cabezas; jamas una idea, un principio ó un interés social. Así como el individuo se prepara un castigo en el momento de perpetrar un crimen,--los gobiernos y los pueblos labran sus futuras expiaciones con la misma hacha de que se sirven para _asesinar en nombre de la ley_.... ¿De qué sirven la violencia y la venganza, si no destruyen el mal cuando pesan sobre tal ó cual _cabeza?_ De nada. El hacha británica que degolló á _María Stuardo_ y _Cárlos I_, no destruyó ni el fanatismo católico representado por la una, ni el espíritu de opresion encarnado en el otro. Ahí está la historia probando la inutilidad de esas violencias _regias ó populares_. La cuchilla que decapitó á la _legitimidad _ en la persona de Luis XVI, no decapitó la _tiranía_ en Francia, puesto que, bajo diversos nombres y formas y á la sombra de otros gobiernos, algun poder opresor, con ó sin el auxilio de la legitimidad anticuada, ha pesado sobre el pueblo frances. El estudio frenológico á que se presta la _Cámara de los horrores_ es muy interesante como auxiliar de la fecunda ciencia de la legislacion penal. Al ver todas esas fisonomías repugnantes, no puede uno menos que sentir la conmocion nerviosa que acompaña al miedo y al espanto. ¡Qué coleccion de cráneos! Yo iba observándolos, y los clasificaba (sin conocer sus biografías, ni sus nombres siquiera) como asesinos, ladrones, lujuriosos atroces, traidores, etc.; y luego, al ver el catálogo de noticias biográficas, encontraba la confirmacion de mis suposiciones instintivas. La forma de la cara, la estructura de la frente, el ojo, la nariz, la boca, las grandes líneas, los angulas huesosos, las protuberancias, el color mismo de la piel y aún la naturaleza del pelo, contienen mil revelaciones del carácter del hombre. La nulidad ó depresión de los órganos centrales que corresponden á los _sentimientos_; la exageracion asombrosa de los que revelan los _instintos_, en la parte posterior del cráneo; y las extrañas formas y sombríos perfiles de la faz y la frente, signos de la manera como obra la inteligencia en el bandido,--todo eso impresiona hondamente al observador de aquella horrible galería. Me preguntaba si la ciencia de la frenología no es la ciencia de la desesperacion, de la fatalidad, puesto que ella comprueba la infalible relacion de cada órgano con un poder de inteligencia, un instinto y un sentimiento. «Pero no,--me decia al reflexionar un poco: esa noble ciencia de la mecánica del cerebro, al revelar las _leyes permanentes_ que rigen al hombre, no le condena á aceptar un fatalismo cruel. Al contrario, ella enseña el juego, la íntima relacion, el equilibrio y las compensaciones de los órganos, y demuestra que la _educacion_, modificando, deprimiendo ó acrecentando su desarrollo, puede infaliblemente corregir los defectos naturales de ese misterio de la organización, que tiene tan infinitas combinaciones.» Y una vez que esta doctrina adquiere la fuerza de la experimentacion, naturalmente se pregunta uno: ¿por qué han creido los gobiernos que el _rigor_, la penalidad _terrible_ es el remedio seguro para corregir el crimen? ¡Lamentable error, fruto de la barbarie de las sociedades! Si el hombre es educable y perfectible, ¿por qué descuartizarle, en vez de mejorar su condicion, purificarle, y destruir el mayor número posible de los alicientes que estimulan al crimen? Bendigo la fisiología y la frenología,--nobles y audaces ciencias que, revelando los misterios de la estructura del ser humano, están preparando al mundo para vivir en la era de la justicia, la prevision filosófica y la piedad,--renunciando á esas escenas de sangre, de terror y venganza, que constituyen la historia del hombre en su tránsito laborioso de la barbarie á la civilizacion! * * * * * A diez y siete millas de Lóndres, cerca del pueblo de Sydenham, se encuentra el nuevo _Palacio de cristal_, en el centro de una área de 300 acres, y dominando sobre una colina todo el pintoresco paisaje que se extiende hácia el Támesis, ya en la direccion de Lóndres, ya en la de Greenwich, así como en opuestos sentidos. Un ferrocarril especial ha sido destinado al servicio, y el tránsito desde la estacion de _London-Brídge_ hasta el palacio mismo se hace con suma comodidad en poco menos de media hora. El panorama que se extiende á la salida de Lóndres, hácia el sud-este, es por lo ménos tan interesante como el del sud-oeste, por la via de Southampton. Por todas partes, durante los primeros minutos, aparece Lóndres como una inmensa fábrica-factoría, bajo el tren en que el viajero ve pasar los objetos con la rapidez del rayo. Las líneas de ferrocarriles se cruzan, enlazan y complican en todas direcciones; los trenes se multiplican, conduciendo viajeros á millares y en incesante movimiento; los cambios de perspectiva son infinitos, ofreciendo los mas variados cuadros. Se siente una especie de vértigo al ver aparecer repentinamente y esconderse al instante entre nubes de niebla y humo, ó detras de algunas colinas cubiertas de quíntas, pequeñas villas en una serie que parece interminable. En breve Lóndres y sus arrabales y pueblos circunvecinos se pierden de vista en la base, miéntras que sus altas torres y elevadísimas chimeneas humeantes se muestran como suspendidas en el aire sobre un vasto cimiento de niebla. Las innumerables fábricas han quedado atrás, y al movimiento de las gentes y la monotonía melancólica y prosáica de los edificios urbanos suceden el capricho, la variedad, la alegría risueña y la frescura de todo lo que constituye la campiña en Inglaterra, hermosa aún ántes de que el verdor de la primavera haya hecho olvidar todas las tristezas del invierno. Ya se ve como una fantasmagoría la mole romántica de un castillo aristocrático; ya la alegre fachada de una quinta primorosa encuadrada entre jardines, pequeños bosques é invernáculos; ora el campo cultivado con admirable esmero, surcado por canales de irrigacion mas ó ménos considerables ó de pequeña navegacion; ora el prado en que saltan y relinchan los bellos potros ingleses, ó balan en tropel las blanquísimas y corpulentas ovejas; tan presto un _tunnel_ elegante en sus formas y cuyas tinieblas hacen extraño contraste con la escena anterior; y luego, al salir de la caverna artificíal, un vasto parque poblado de pinos y otros árboles de vegetacion permanente, cuyos negros follajes sacudidos por la brisa los hacen parecer de léjos fantasmas que bailan entrelazados sobre vastos salones tapizados de nieve y bajo una inmensa cúpula de niebla. Al ver en perspectiva el Palacio de cristal, se le tomaría por un palacio chinesco ó un templo de hadas en medio de escombros antediluvianos y mil primores de la Flora moderna, como un punto de alianza entre el mundo primitivo y el contemporáneo. Lagos artificiales; planos inclinados cubiertos de verde musgo y finísima grama; colinas pobladas de bosquecillos caprichosos; miradores y pabellones de cristal de mil colores, alzándose entre limpios jardines; altos plumajes dé agua arrojados por cien bocas de bronce, de los estanques circulares, en juego encantador; y allá en los lagos, ó al pié de las colinas, enormes _iguanadones_ y otros animales antediluvianos, audazmente imitados en metal ó piedra;--he ahí el vasto y caprichoso conjunto que sirve como de cuadro de relieves al enorme y luminoso palacio que se destaca en la cima de la gran colina, como una mansion encantada, aérea, trasparente y multicolora, construida durante la noche por una legion de hadas, al rayo de la luna, y repleta de perfumes y tesoros, para brillar luego á la luz del sol, cuando la niebla se disipa, con todo el esplendor de una suntuosa maravilla. No ensayaré hacer una descripcion, ni rápida siquiera, de ese admirable monumento de la grandeza británica y del progreso cosmopolita de la civilizacion moderna. Para adquirir una idea completa del _Palacio de Cristal_, es preciso estudiarlo muy atenta y minuciosamente por lo ménos durante dos semanas sin cesar. Y como mi propósito es solo el de manifestar mis _impresiones_, toda reflexion crítica sería un plagio ó una pedantesca mentira, no habiendo pasado sino unas seis horas en _mirar_ apenas lo mas interesante y bello del maravilloso monumento. Mas tarde, á virtud de una residencia detenida en Inglaterra, podré describrir pasablemente lo que ahora solo me es dado mencionar. El exterior del palacio tiene un conjunto de grandeza, originalidad, capricho artístico y noble majestad al mismo tiempo, que fascina, haciendo pensar en la civilizacion asiática. Podría pensarse que el palacio, por sus formas, sus pormenores, sus colores, su arquitectura singular y las inmensas graderías que les sirven de base á sus fachadas complejas, representa la alianza del Oriente, voluptuoso y colosal, con el Occidente, refinado y artístico; ó bien, que está destinado á revelar en su exterior el cosmopolitismo de luz, artes, industria y riqueza, de historia y magnificencias, contenido en la prodigiosa combinación de objetos del interior. El solo _palacio_ de cristal, asentado sobre una bella colina, ocupa, sin contar sus graderías exteriores, que son inmensas y de un efecto majestuoso, una área por lo ménos de 80,000 metros cuadrados. El edificio, aunque unido, presenta el aspecto exterior de tres palacios, por sus fachadas colosales. Todo reposa sobre columnas gigantescas de hierro, y la cubierta en todos sentidos es de cristales unidos por una inmensa armazón de metal. Aunque las torres, las cúpulas y los minaretes tienen grande elevacion, la de la masa del monumento, sobre su piso bajo, es poco mas ó ménos de 40 metros. Se compone el edificio de tres pisos de tablas, inclusive el de nivel del suelo, donde se encuentra, una considerable multitud de máquinas y muestras de todo género, que fueron presentadas en la Exposicion de Lóndres de 1851, y que la Compañía empresaria del palacio compró para establecer en su recinto un verdadero museo industrial, artístico y científico. El exámen de los objetos aglomerados en los vastísimos salones del piso bajo exigiría un estudio detenido, durante algunas semanas. Bajo la direccion de un hombre inteligente, el visitante puede adquirir un gran caudal de variadísimos conocimientos, con solo hacerse explicar la procedencia de cada máquina ó aparato, su objeto, la clave de su construccion y su manera de funcionar. Al subir la grande escalera que conduce al primer piso, la impresion que se experimenta tiene al mismo tiempo mucho de profundo y vago: profundo, porque uno se siente embelesado, lleno de una especie de asombro delicioso, de admiracion infinita hácia tantas maravillas; y vago, porque no se sabe qué admirar mas, si los tesoros inagotables de la naturaleza, ó los prodigios realizados por el hombre, como sabio, ingeniero, artista, viajero, arqueólogo, historiador, etc. Hay allí un cuadro tan complicado y vasto, tan encantador y sorprendente que el visitante no sabe por dónde comenzar ni á qué objetos dar la preferencia. Repito que no pretendo _describir_, porque no alcancé ni á medio-_mirar_ la mitad siquiera de los tesoros de arte y curiosidades que en el _Palacio de cristal_ se encuentran. Si el palacio solo es una maravilla de arquitectura, de mecánica y de _originalidad_ ecléctica, cada uno de los objetos del interior es maravilloso en su género tambien. La atmósfera que allí se respira está cargada de perfumes, porque el interior del palacio es como un inmenso jardin aéreo, donde alternan en admirable contraste los arbustos, las flores, las palmas, las lianas, los helechos, los árboles frutales y cuanto hay de mas bello ú curioso en la flora del mundo. El Asia, la América, todas las regiones del globo, tienen allí sus mas primorosos representantes en el arte, la vegetacion, etc., y cada visitante puede estar seguro de encontrar un rincon de su patria, con la misma temperatura, las mismas aguas y cuanto puede producirle una ilusion completa. Al subir al primer piso nomas se tropieza con un contraste que impresiona mucho: se ve á un lado el estupendo esqueleto de un árbol de la América del Norte,--y al otro una galería de estatuas y bustos de mármol, y cabezas aisladas que son las imágenes de los mas eminentes pensadores y artistas contemporáneos, principalmente franceses. El árbol a que aludo, cuya sola corteza está armada verticalmente, con todas las proporciones que tenia el tronco en su selva del Nuevo Mundo, es el representante de esa fuerza exuberante, salvaje y asombrosa que distingue á la naturaleza americana. El tronco tiene todo el aspecto de una torre sin molduras, y es tan enorme que de él solo saldría el casco entero de un bergantin. Mas de doscientas personas caben en la concavidad del tronco, desde su base hasta la cima. Así es la América en todas sus producciones. La galería de estatuas, bustos y cabezas es encantadora. Tal parece como si la Europa inteligente, la Francia sobre todo, palpitase allí en esas fisonomías de yeso, que despiden con sus reflejos de la luz que les viene de la techumbre trasparente, no sé qué del rayo luminoso y del calor que agita los cerebros inspirados de Lamartine y Víctor Hugo, de Guizot y Luis Blanc, de Quinet y Michelet, de Jorge Sand y Alejandro Cumas, y de tantos otros pensadores ó escritores eminentes. Muchos de aquellos bustos son evocaciones históricas, porque son las imágenes de Voltaire y Rousseau, de Mirebeau y Danton, de Vergniaud y Chénier, de Chateaubriand, Byron, Walter Scott, Lamennais, Eugenio Sue, Balzac y muchos otros genios que pertenecen á la historia de la política, la filosofía ó la literatura. Por lo que hace á salones artísticos, el Palacio de cristal contiene admirables cosas. No solo conserva una inmensa porcion de curiosidades que lo hacen rivalizar con los mejores museos de Europa, en lo relativo á antigüedades y artes plásticas, sino que tiene en los muros y artesonados de sus salones, como en los pavimentos, la imitación prodigiosamente fiel de los mas preciosos modelos del arte egipcio, griego, índigo, romano, morisco, gótico y del Renacimiento, que se han conocido hasta ahora. La perfeccion imitativa es tal que la ilusion es completa. Ya recorre el visitante un salon egipcio que le hace evocar las sombras de los Tolomeos ó de Cleopatra, con sus relieves toscos, sus momias mitológicas, sus extrañas combinaciones de colores, su arte brutal y misterioso al mismo tiempo, pero expresivo, y sus interminables jeroglíficos. Ya penetra en una sala griega, sensual, poblada de recuerdos heróicos, revelando el arte por excelencia, que toma todas sus inspiraciones de la naturaleza, pero que, á fuerza de ser imitativo y plástico, carecia de ese espiritualismo, celeste ó sombrío, poético siempre, que nació con la idea cristiana. Ora, saliendo de los templos artísticos ó salones griegos y romanos, opulentos de tradiciones é historia, se recorren vastas cámaras que pertenecen al estilo gótico, profundamente inspirado, espontáneo, sombrío como una leyenda religiosa, caprichoso como los movimientos de la sociedad en recomposicion, fantástico, solemne en muchos de sus rasgos, revelador y caballeresco. Ora cruza el visitante esas salas-mosáicos, encantadoras, que pertenecen al afeminado pero poético estilo oriental ó morisco, con sus techumbres cuajadas de filigranas, sus mil colores pintorescos, sus caprichos de inspiración, su regularidad de ejecucion, su voluptuoso refinamiento de combinaciones. Aquí está la «sala de los Abencerrajes;» allí la de «las Sultanas»; aún lado.«el patio de los Leones»; al otro «el retrete de Boabdil»; en fin, todos los primores de la Alhambra y los recuerdos de Granada y de la gentil dominacion morisca. Por último, llaman la atencion dos preciosos salones que imitan la arquitectura interior del _Renacimiento_,--regular, simétrica, demasiado imitativa, delicada y culta pero sin espontaneidad;--llena de perfiles, de relieves mitológicos, pero exenta de atrevimiento, de verdadera inspiracion, de vida. El tránsito de uno á otro de esos salones primorosamente esculpidos y pintados, de tan magistral imitacion, es inolvidable: la impresion que deja es profunda,--porque es una mezcla de admiracion y tristeza respecto de lo pasado; de santa y silenciosa veneracion tributada al genio de la humanidad misma, y de esperanza suprema en el progreso y el bien del porvenir, que se funda en la idea de la indefinida renovación de las fuerzas vitales de la especie humana. Allí, en esa serie de galerías admirables (que reproducen el arte cosmopolita, desde la India y la China hasta la Bretaña, y desde el Egipto hasta la patria de los Aztecas ó los Incas)--el visitante cree asistir á una justa literaria mantenida por todos los estilos ideados por el genio de los pueblos; ve pasar en tropel todos los siglos con su cortejo de creaciones propias y mitologías; y quisiera descifrar en los relieves y las inscripciones, en los mosaicos y arabescos, en los inescrutables jeroglíficos y las trasformaciones plásticas, el misterio de la civilización que, conducida por el tiempo, va propagándose ó reproduciéndose como el movimiento del Océano, de onda en onda y de reflejo en reflejo, sin acabar nunca, porque entraña la idea de lo infinito, de lo divino y supremo, de Dios invisible y Creador! Si muchos de los salones están en el palacio consagrados al culto del arte y de la historia, hay otros, espaciosos como jardines, verdaderos bosques en miniatura, que reproducen los caprichos de esa suntuosa y perfumada arquitectura de la naturaleza, que se llama vegetación. ¡Qué de primores aglomerados allí! Tan presto se cruza un jardín europeo, literalmente cuajado de tesoros de jardinería refinada, donde la rosa y la camelia alternan con mil otras flores educadas con el arte mas minucioso y delicado; como se pasa por en medio de un vasto huerto colombiano, bajo las anchas hojas del plátano, de la caña de azúcar y de las palmas de _chontas, hacumas_ y cocoteros, y rosándose con las cepas de pinas olorosas, las lianas flexibles y aéreas, las parásitas mas bellas, los helechos arborescentes mas elegantes, y muchas plantas de hermosura en extremo caprichosa, que crecen á una temperatura artificial propia y al derredor de anchos estanques de lecho musgoso, donde se agitan los peces de la zona tórrida entre las yerbas acuáticas entretejidas caprichosamente. Pero hay sobre todo un salón vastísimo, imitando la naturaleza de la India, que produce la mas viva ilusión. Arroyos, fuentes, pequeñas cascadas, peñascos sombríos y musgosos, todo está preparado allí con cuidadosa imitacion, poblado el escenario de las plantas especiales y mas interesantes. En el fondo reposan la enorme serpiente enroscada al pié del peñasco, en medio de la hojarasca; el terrible león dormido á la entrada de su gruta sombría; la pantera lamiendo tranquilamente á sus cachorros, con la voluptuosidad del calor de aquel clima de fuego, a la sombra del árbol indostánico. Y a un lado, al través de un bosquecillo de pequeñas palmas, se deslizan cautelosamente seis ú ocho indios armados de sus lanzas, sus cuerdas y sus mazas y dardos, en persecución de un tigre negro, cuyos ojos chispean y en cuyas garras y contracciones musculares se ven las crispaturas del miedo y de la rabia feroz que dominan á ese gran bandido del desierto, cuando se ve atacado y se dispone á destrozar para defenderse. Los grupos son muy naturales, y tanto que por momentos siente uno el terror de la realidad, creyendo oir entre el tupido bosque el grito salvaje del indio cazador ó el rugido de la fiera acosada. Las actitudes de los indios, su casi completa desnudez, sus miradas astutas, sus rostros mates y cobrizos, sus armas primitivas, todo en fin revela ó finge en esas estatuas de cera, la vida, la pasión, la energía de su modo de ser y de su peligrosa situación del momento. La India está allí, con su grandeza que asombra, con sus cosas terribles, sus estranguladores, sus mitologías que espantan, sus miserias sociales, su exuberancia física que abruma al espectador nacido en Occidente.... Para hacer mas vivo el contraste, la música de un gran concierto resonó de repente bajo la inmensa bóveda de cristal. Era sábado, dia en que los visitantes pertenecen á la buena sociedad, porque se da en el palacio un gran concierto y la entrada cuesta el doble de los demás dias de la semana. La concurrencia era muy numerosa, y el vastísimo salón de los conciertos particulares estaba colmado. Salí de la India para pasar á Europa, trocando las escenas salvajes por las arias y overturas de la civilización refinada; y á fe que no gané gran cosa con el cambio. La música inglesa, á juzgar por aquel concierto ruidoso, no es muy delicada ni noble. Había en los acordes del salón no sé qué de vulgar y prosaico, de áspero y poco espiritual, que me desagradaba en extremo, no obstante mi ignorancia del arte musical. El canto era todavía peor. Una señorita _Luisa_, que estaba muy en boga como cantatriz indígena en aquellos días, hizo el gasto principal, en algunos solos, dúos y tercetos, que el público la estimuló á repetir. La ejecución era correcta, como una factura inglesa; la voz pura y deliciosa por el timbre espontáneo; pero le faltaba el calor de la inspiración, el entusiasmo, la vida. Así es la sociedad inglesa en punto á bellas artes; muy correcta, pero fria, sin expansion ni fuego. Hay no sé qué de parsimonioso en la cantatriz ó el artista inglés, en lo general, que hace pensar, al través de la armonía, en las letras de cambio, los navios mercantes de las Indias Orientales y las fábricas de madapolanes. El pueblo británico es una sociedad de fuerza y grandeza sociales, que no se amalgaman bien con las delicadezas del arte y las inspiraciones fantásticas de la poesía. El público del palacio el dia en que lo visité, era en general muy escogido; y sinembargo, sus mas ruidosos aplausos fueron para un coro vulgarísimo pero extravagante (en inglés, se entiende), que tenia todas las apariencias de los gritos atroces--_hip-hap-hurrah_!--con que los Ingleses alborotan todas sus diversiones y sus banquetes. La Inglaterra es un pueblo positivo, honrado y calculador, pero de muy mal gusto y de costumbres demasiado prosaicas. Cuando salí del _Palacio de cristal_, por necesidad, porque la noche se acercaba, me parecía que una fuerza secreta me retenía, fascinándome y debilitando mi voluntad. Después de penetrar á ese templo colosal del arte, de la historia y de las maravillas diversas de la civilizacion universal, no quisiera uno salir jamas. Se desea seguir viviendo allí con las sombras y los recuerdos de todas las generaciones, y entregar el corazon y el alma á la voluptuosidad de los contrastes y de una admiracion sin limites. Diez minutos despues de alejarme de aquel monumento que es el orgullo del poder industrial de Inglaterra y el mas noble testimonio de su cosmopolitismo civilizador,--arrastrado en el fondo de un vagón por ese huracán de hierro que se llama _locomotiva_, sentía esa sensación vaga que nos queda siempre en la memoria después de un sueño magnífico. Me parecía ser el juguete de una ilusión,--de un encantamiento sin nombre ni semejanza, en cuyas sombras, luminosas vagaba la espléndida imagen de Colombia; pero luego, al sacudir el mágico estupor me decía: No! esto es todo verdad;--es la realidad del progreso; es la fotografía admirable de este ser múltiple, imperecedero, divino, conducido por la mano de Dios en su peregrinación al través de los siglos, que tiene por nombre HUMANIDAD, y que va elaborando dia por dia, momento por momento, sobre la faz entera del globo, esa inmensa obra de luz, fuerza, vida y bienestar que nos protege á todos y se llama la CIVILIZACION!... * * * * * Aparte de lo que llevo rápidamente indicado, Londres tiene muchos, muchísimos objetos dignos de estudio atento, porque son del mayor interés para la ciencia, la industria, el comercio y la vida social. Sus centenares de _imprentas_ y otros establecimientos destinados á la publicidad del pensamiento, merecen mucha atención, por su grandeza, la enormidad de su producción y los brillantes progresos á que han llegado el mecanismo y el arte tipográfico. Baste decir que hay imprentas, como la del _Times_, que dan ocupación permanente á millares de escritores, compositores, correctores y empleados de todo género, y cuyas prensas colosales, que tienen las proporciones de un edificio, producen por dia mas hojas impresas que las prensas reunidas de toda Colombia. La estructura material del _Banco de Londres_, su administracion, su riqueza prodigiosa y su manera de funcionar, son objetos que por sí solos provocan la atencion y la curiosidad del viajero deseoso de comprender y apreciar las condiciones económicas de la Gran Bretaña. Aturde el pensar nomas en el valor de las transacciones de cada dia que se verifican en el Banco de Londres, sin contar centenares de bancos particulares que gozan de un inmenso crédito y guardan en sus cajas y subterráneos mas dinero del que hay repartido en todo el mundo. Es de esos Bancos que sale la savia que vivifica todas las empresas industriales del globo; y es en los gabinetes de esos banqueros millonarios, como Rothschild, donde se combinan las mas colosales especulaciones de canales, telégrafos, ferrocarriles, minas, etc., para todos los continentes,--ó se resuelven las grandes cuestiones de la política internacional, á virtud de los empréstitos y otras combinaciones. La _Bolsa_, edificio monumental, como el del Banco de Inglaterra, no es ménos interesante, ya por su organizacion, ya por el papel complicadísimo que hace en todas las operaciones económicas y los grandes sucesos políticos. La _Bolsa_ de Londres es el termómetro infalible del crédito, de todos los gobiernos y de los grandes bancos del mundo, del movimiento general de la política, de las fluctuaciones de los cambios y del valor de la moneda, así como de la popularidad de las empresas mas notables. Inmenso santuario del crédito, la Bolsa es al mismo tiempo la necrópolis de mil fortunas derrumbadas y consumidas allí, y la cuna de mil otras que se levantan de improviso sobre las ruinas de los imprudentes, los engañados ó los que cuentan demasiado con los caprichos de la suerte. Vorágine para unos,--onda benéfica para otros, la Bolsa--océano del crédito y la especulación--tiene la pérfida movilidad del mar, guardando en su seno inescrutable la vida como la muerte. Dios libre á los pueblos colombianos de esa institución, á pesar de los grandes servicios que puede prestar! Los pueblos republicanos no necesitan para medir su prosperidad y su crédito de otro termómetro que el de la libertad y la opinión. Los _vapores_, la _Aduana_, la _Casa de correos_, las _estaciones_ de ferrocarriles y telégrafos, los institutos voluntarios y populares de _beneficencia_, las sesiones del _Parlamento_, y muchos otros objetos de carácter público, exigen en Londres un estudio detenido y muy concienzudo;--así como sus grandes _fábricas_, que son el verdadero símbolo de la prosperidad de Inglaterra como país productor y comerciante. Pero ¿cómo investigar todo eso?--Estudiar tales objetos es conocer la Gran Bretaña, y para alcanzar semejante resultado se necesita de años de minuciosa observacion, recorriendo el país en todas direcciones. En tanto que no haya tenido esa fortuna debo confesar mi ignorancia, puesto que apenas he mirado, al pasar, una parte de la fisonomía exterior complicadísima de aquella gran sociedad. Esto mismo me dispensa de hacer reflexiones generales que resuman el resultado de mis impresiones. No solo pasaría con justicia por un pedante insigne, sino que me expondría á ver contradichas todas mis apreciaciones, que tendrían mucho riesgo de ser equivocadas, faltándome el conocimiento del conjunto como de los pormenores. He dicho hasta ahora cómo he sido _impresionado_ por lo poquísimo que he visto _personalmente_ en Inglaterra. La observacion me dará mas tarde algún derecho para juzgar á esa sociedad que me ha parecido tan grandiosamente contradictoria en el primer momento. Londres tiene también, como curiosidades artísticas, algunas plazas públicas muy notables, no por lo que son en sí mismas, sino por los bellos monumentos que contienen en su centro. De este género son: la espléndida plaza de _Trafalgar_, que contiene la estatua monumental de Nelson, cuya elevacion es de 276 piés, las de Jorge IV, sir Charles James Napier, etc.; la plaza de la Bolsa, donde se levanta la magnífica estatua ecuestre de Wellington; la de _Cheapside_, en cuyo centro está la figura severa y varonil de Robert Peel, el gran reformador inglés; _Hyde-Park_, donde se ven la estatua de Aquiles y otra de Wellington;--y otros cuantos _squares_ que ostentan estatuas consagradas á hombres mas ó menos históricos. En general esos monumentos son muy severos y sencillos, pero las estatuas ecuestres ó pedestres son de mal gusto y ejecucion artística imperfecta. La contemplacion de esos monumentos de la gloria de los grandes ciudadanos y de la gratitud ó admiracion del pueblo, me causaba profundo placer, porque en Inglaterra esas demostraciones no son obra de los gobernantes, sino de la espontaneidad de la opinion pública, que discierne el premio con independencia. Un pueblo que sabe honrar la memoria de sus grandes ciudadanos, eternizándola en el bronce ó el mármol, en las plazas publicas, á la vista de todo el mundo, no puede ser jamas esclavo. Su culto consagrado á la figura inmóvil del patricio, mantiene el fuego del patriotismo, el orgullo nacional legítimo, y el estímulo que impele á buscar la grandeza y la gloria en los actos sublimes de abnegacion, desinteres ó heroismo. Y el día de un conflicto popular, la multitud sabe que su punto de reunion es al pié de la estatua venerada, porque ella le recuerda al ciudadano lo que valen el derecho, la libertad y el honor del individuo y de la patria. Sin embargo del grandísimo interes que encierra Lóndres, esa capital-nacion, millonaria en todos sentidos, no se siente una impresion penosa al dejarla, Cuando uno llega á los últimos suburbios de la inmensa metrópoli (viniendo de Colombia), experimenta una sensacion inexplicable, en la cual hay como una mezcla de miedo y curiosidad, de ilusion fantástica ó fascinadora y duda, Uno se prepara á no encontrar donde quiera sino grandeza y maravillas. Al salir de Lóndres con direccion á Paris (de cuyas condiciones se tiene por prevencion una idea muy simpática) el viajero no siente ni alegría ni tristeza, sino laxitud, cansancio ó cierta indiferencia. Lleno de desengaños, lleva la impresion del contraste social que se revela en la suprema opulencia y los mas admirables progresos de la civilizacion, al lado de supremos infortunios, horribles desigualdades, y espectáculos de miseria y degradacion increibles y jamas conocidas en el Nuevo Mundo. Así, al dejar á Lóndres se siente no sé qué alivio, porque se ha librado uno de aquel hormigueo de gentes que desvanece, de aquel inmenso ruido que aturde, y de la fascinacion opresora de tanta grandeza (en lo bueno como en lo malo), que le arrebata al espíritu su libertad de acción y su personalidad. --El 23 de marzo, á las ocho de la noche, esperaba yo en la vastísima estacion de _London-Bridge_ el momento en que debía partir el tren expreso por el ferrocarril de Dover. Las gentes de la Aduana hacían su oficio, pesando los equipajes, sellándolos, etc., de manera que, desentendiéndome de mi equipaje, pude ir hasta París libre de registros é incomodidades fiscales. Al cabo se oyó el silbido prolongado de la locomotiva;--tomamos nuestros asientos en los mullidos vagones, y partimos como el huracán bajo las sombras interrumpidas de las bóvedas del embarcadero y de los _túneles_ del camino ya léjos de la ciudad, la cual parecía un colosal fantasma, de formas extravagantes é indefinibles. * * * * * CAPITULO VI. * * * * * DE LONDRES A PARÍS. En el wagon.--Dover.--El paso de Calais.--La entrada á Francia.--Calais.--Amiens.--Las ceroanias de Paris. Toda descripcion me seria imposible si pretendiese dar una idea muy somera al menos del paisaje interesante que se extiende a los dos lados del ferrocarril, desde Lóndres hasta Dover. La rapidez de la marcha y la noche me impedian mirar siquiera los objetos exteriores. La luna brillaba con esa triste palidez que le dan á su lumbre las nieblas heladas del mes de marzo; y si de trecho en trecho reverberaba un parque, un pequeño canal, ó los muros blanquecinos de un puente;--ó se destacaban á uno y otro lado las sombras majestuosas de las arboledas, los castillos rurales ó los edificios de algunas poblaciones ó pequeñas ciudades,--la variable escena tenia un aspecto fantástico, mas propio para impresionar al poeta que para ofrecerle nociones provechosas al viajero. En el interior del coche (wagon) en que iba yo con mi familia, habia un interes de otro género, curioso en realidad, como lo es todo cuadro de costumbres. Los ocho asientos del mullido coche se completaban con un Inglés y una pareja francesa. El Inglés, especie de tonel de dimensiones colosales, roncaba y silbaba como la locomotiva, entregado al mas profundo sueño. Parecia que el movimiento del tren, lejos de incomodarle para dormir, le diese con su andar rápido y vibrante una especie de dulce vaiven. Con todo, de cuando en cuando se despertaba sobresaltado, como si algún resorte le hiciese saltar; y dos veces le oimos pronunciar dormido, las palabras _a thousand pounds!_ (mil libras) con un tono de alegría muy notable. Acaso el buen _John Bull_ soñaba con alguna especulacion ventajosa. Un Inglés hace negocios hasta dormido. La pareja francesa era uno de esos matrimonios _bourgeois_ que son el término medio entre la vulgaridad y el buen sentido. Como yo hablaba en español con mi familia, ó algunas veces en mal inglés, los dos Franceses creian poder charlar francamente en su propia lengua sin temor de ser comprendidos. La señora, Francesa bastante bella (cosa rara en una Francesa), mostraba los mas vivos deseos de volver á Paris por gozar de los placeres de la moda, que parecían su sola preocupación; en tanto que el marido solo pensaba en futuras especulaciones, profundamente penetrado del espíritu yankee. Por sus disputas extravagantes y grotescas comprendí que venían del interior de los Estados Unidos, donde habían pasado algunos años y hecho fortuna. El contraste que hacían los dos tipos me interesaba, porque en cierto modo me daba la clave del carácter francés en ambos sexos. El Francés, sumamente elástico por temperamento, aunque conserva en todas parles su espíritu burlón y mucho de su jovialidad superficial y sus rasgos distintivos, se acomoda fácilmente á todas las situaciones. Saliendo de su patria con instintos generosos, se metaliza en los Estados Unidos, si la fortuna le protege, y vuelve Yankee por todos cuatro costados. Un Francés se hace Turco ó Chino, si es necesario, adquiriendo todas las condiciones de la raza ó la sociedad adoptiva, con rara facilidad. La Francesa, muy al contrario, conserva su personalidad en todas partes. Ella es siempre coqueta (en la acepción inofensiva de la palabra), y lejos de adquirir la altivez de la Inglesa, la austeridad algo gazmoña de la Española, la modestia apacible de la Alemana, ó la petulancia pretensiosa de la mujer de Norte-América,--se mantiene fiel á ese conjunto de ligereza y galantería, de independencia y seducción, de indiferencia aparente y futilidad constante, que constituye el tipo un tanto contradictorio de la Francesa. Por eso, no olvida jamas su preocupación dominante de buscar el placer, tributar culto á la moda, seducir por la gracia, y brillar donde quiera por los atractivos de un espiritualismo _de forma_ (si se me permite la paradoxa) aliado á ese materialismo de las futilezas que tanto provoca á las mujeres en general. El digno Inglés roncaba aún con toda la energía de un opulento abdómen, y nuestros dos Franceses disputaban todavía con calor sobre sus proyectos de vida parisiense, cuando el tren se detuvo en el embarcadero de _Dover_. Todo el mundo corrió hacia el puerto, en solicitud del vapor-correo que debia conducirnos á Calais, al través del canal de la Mancha. Eran las once y media, y la luna iluminaba melancólicamente la magnífica escena del pequeño puerto de Dover, en cuyo fondo se destaca, como un inmenso puente de mampostería y madera lanzado hacia las ondas, el muelle que facilita el embarque sobre los vapores. Dover (el puerto _Dubris_ de los Romanos) es una ciudad relativamente nueva, pequeña pero muy bonita, perteneciente al condado de Kent; tiene una población de unos 16,500 habitantes, cuya vida es casi exclusivamente marítima, por sus ocupaciones, y está situada á 43 kilómetros de Calais, y 113 de Londres, siendo su costa la que mas se aproxima á la de Francia. Ademas es una plaza militar, con una extensa ciudadela que data del principio de este siglo; allí mismo tuvieron los Romanos una estación, y mucho mas tarde los Normandos una fortaleza, que fue sorprendida por los republicanos en la época de Cárlos I. Aparte de la Aduana, que es un buen edificio, y de sus cómodos docks ó canteras para construcciones navales, Dover es interesante por la belleza de sus calles rectas y anchas, sus casas elegantes y su gran establecimiento de trabajo para los pobres, donde se fabrican en gran cantidad velas y cables y otros objetos análogos para la marina mercante. Como el paso de Calais es tan estrecho, y su servicio de vapores y correos tan bien mantenido, el puerto de Dover es quizas el mas frecuentado para las comunicaciones anglo-francesas. Dover es muy notable también por su telégrafo submarino, que lo comunica con Calais, y que fue el primer cable telegráfico establecido en Europa. * * * * * Al separarse del muelle el vapor-paquete que me conducía á Francia, sentí una triple sensación profunda, que me mantuvo por mas de una hora sobre el puente, preocupado y en silenciosa contemplacion. Por una singular fortuna, el canal de la Mancha estaba tranquilo y luminoso como un lago terrestre, reposando bajo la luz apacible de la luna. La escena tenia un aspecto de dulce majestad que provocaba á soñar y entregarse á las memorias queridas. Detrás, al norte, en el fondo del pequeño puerto, se destacaban las sombras gigantescas, abultadas por la optica del mar, de la aduana, los muelles, la estación del ferrocarril y otros edificios del puerto, quedando mas lejos, medio confusas entre los vapores de la noche, las moles de la parte interior de la ciudad. Y á uno y otro lado se extendía la costa británica, como una cinta mortuoria vastísima, de crespón blanco sobre fondo negro, tendida sobre el regazo del mar, cuyas ondas sollozaban de un modo casi imperceptible. La limpia estela del vapor brillaba con un resplandor mate y fosfórico; el cielo tenia una serenidad admirable, cuya hermosura hacia olvidar el frío glacial de la brisa,--y á lo lejos, en todas direcciones, se veian efectos de luz y sombra deliciosos, producidos por la suave ondulacion del mar. Pero si ese espectáculo impresionaba mi corazón soñador y atraía mi curiosidad de viajero, encontraste de los paises entre cuyas costas navegaba, me produjo, como observador, una profunda preocupacion. Al norte quedaba Inglaterra; al sur iba á descubrir en breve, la costa de Francia. De un lado tenia un pueblo libre, una tierra de independencia y de individualidad, país clásico de los viajes cosmopolitas, de las empresas universales, de la publicidad, del comercio, de la maquinaria y la marina. Del otro Francia, tierra de gloriosos recuerdos, pero algo versátil; infinitamente simpática, apesar de sus graves defectos;--país clásico de la ciencia y el arte, de la literatura y las heroicas hazañas,--de la omnipotencia _social_ que suprime al individuo. En Inglaterra dejaba la libertad sin la igualdad. En Francia iba á encontrar la igualdad sin la libertad.... Me apartaba de la costa británica sin pesar pero con respeto. La Inglaterra es un país que no inspira simpatías, por muchos motivos, pero que conquista siempre la estimación, ó por lo menos el respeto. El viajero siente muy bien, al alejarse, que aquella noble isla es el santuario y la esperanza de la libertad del antiguo mundo, y el puesto avanzado de la humanidad en la via del progreso. Al acercarse uno á la Francia, cuando es republicano de Colombia, fácilmente comprende que, si su espíritu va á encontrar su verdadera patria (porque Francia es el país del pensamiento iniciador y de la actividad literaria), su corazón va á vivir, en cierto modo, en el silencio,--porque la Francia de hoy, modificada en lo moral y político, es un país donde el espíritu subyuga al sentimiento, donde no existe el ciudadano, y el _individuo_ ha abdicado su personalidad en las aras de la _comunidad social_. Cien minutos después de salir de la bahía de Dover, entraba el vapor en la estrecha y difícil rada de Calais, inabordable para los grandes buques. El puerto es tan malo y embarazoso, que solo al favor de un inmenso muelle, prolongado muy al exterior de los diques, pueden atracar los vapores para descargar. Después de una larga travesía sobre el muelle, que se hace á pié ó en coche, el viajero penetra á los estrechos salones de la Aduana, pasando sucesivamente, de antesala en antesala, bajo la inspección minuciosa de los guardas, empleados de aduana y agentes de policía. Un momento distraído por la curiosidad de observar la estructura del edificio (en que la aduana está en combinacion con la estacion del ferrocarril), habia olvidado a la policía francesa, con esa tranquilidad del que nada tiene que temer y está habituado á viajar libremente en Colombia. De repente, una voz imperiosa me dijo:--«Vuestro pasaporte!» Desperté, y disimulando mi indignacion me dije por primera vez: «Ah! estamos en Francia; comencemos á ser sumisos.»--Presentamos los pasaportes, dimos nuestros nombres y pronombres, firmando para que comparasen los caracteres; y despues de sufrir durante cinco minutos las miradas escrutadoras de los cancerberos, la misma voz imperiosa nos dijo:--«Pasad!» Pasamos bajo el umbral de la _puerta crítica_, y entramos al imperio frances. Para entrar á Francia no era bastante pisar el territorio frances: se necesitaba ser timbrado, registrado y filiado, ó pasar bajo las horcas caudinas de la aduana y la policía. La Francia, como nacion, no es un _pueblo_: es una aduana y un puesto de guardia. Al dar el primer paso, por entre filas de guardas y soldados, se comprende que se ha penetrado en una region donde reinan la _burocracia_ y la policía. Y sin embargo, sería injusto (relativamente) si me quejara. Si el extranjero que llegaba solo era sometido á rigurosa inquisicion (sobre todo si tenia nombre italiano), el padre de familia, que no inspiraba desconfianzas iguales, era (en 1858) mucho mejor tratado por los _dragones_ del fisco y de la policía. Con todo, sería mucha candidez la del viajero que se fiase de esas apariencias. Las cosas están arregladas de tal manera en Francia, que ningun acto del individuo, aún el mas inocente, escapa á la vigilancia de la policía. En 1858 el cónsul en Lóndres, por ejemplo, no extendía el _visa_, sino despues de un examen minucioso que se le hacia al viajero, sin saberlo este, por un empleado de la policía secreta que lo observaba en silencio, y tomaba nota de la filiacion del individuo. Esa filiacion iba á Francia inmediatamente, y servia en la aduana para verificarla identidad; sin que uno se apercibiese de nada. Despues, al llegar á París, era preciso sufrir un huevo examen escrutador, tomar un coche que la policía conocia, hacer registrar el pasaporte, etc., etc.; y si se cambia de hotel ó habitacion, la policía tiene el informe al instante por medio de los porteros y los criados que son sus agentes secretos, por interes ó por miedo. Calais es una ciudad antigua, de mucha celebridad histórica, bastante bien edificada en su conjunto, pero muy fea y de calles estrechas y tortuosas. Su poblacion no pasa de unos 14,000 habitantes, y no cuenta de notable entre sus monumentos sino la iglesia comunal, construida durante la dominacion inglesa (de 1347 á 1558), y que pertenece al orden gótico; el Hotel de Ville (casa municipal) y un magnífico faro que fue establecido en 1848. La ciudad es notable por sus fabricas de gasas muy bellas de algodon, que son muy activas, su modesta biblioteca y su escuela de hidrografía. El puerto es interesante por su aduana, sus baños de mar, sus numerosos vapores-paquetes, su telégrafo submarino, sus extensas pesquerías y sus nuevos muelles artificiales. Calais, es célebre en la historia militar de Francia por el famoso sitio de trece meses sostenido por el heróico Eustache de Saint-Pierre; que hubo de capitular con las tropas de Eduardo III de Inglaterra en 1347; y por haber sido la base de la dominacion ejercida por los Ingleses sobre una parte de Francia hasta las épocas de Juana de Arc y del duque de Guise. Calais es una especie de ciudad militar, apesár de su comercio y sus pesquerías, porque tiene muy considerables fortalezas, que datan desde la edad media, cuyo fundador fué Felipe de Francia, llamado conde de Boloña. En el trayecto de Calais á París las ciudades mas notables son Lila, Doual, Arras y Amiens. Las tres primeras, que reservo para otra narracion, estaban invisibles cuando tocamos en ellas. Algo nos detuvimos en Amiens, ciudad histórica por mas de un motivo, y tan antigua que remonta a los tiempos anteriores á la conquista romana. Los Romanos la llamaban _Samarobriva_, y ella fué la capital de la Francia merovingiana, residencia de los primeros reyes francos en la Galia. Amiens tiene algunos monumentos interesantes, sobre todo su hermosa catedral, que fue construida en el siglo XII, y es reputada como uno de los mas bellos monumentos de la arquitectura gótica que posee Francia. Por su tamaño y poblacion (50,000 habitantes), Amiens es una ciudad de tercer orden en Francia; pero por su carácter de capital de departamento y obispado, sus institutos de enseñanza pública y su activa fabricacion, figura entre las ciudades de segundo orden. Amiens es plaza fuerte respetable, y aparte del papel muy notable que ha hecho en la historia de Francia, es célebre (como se recordará) por el famoso tratado de paz celebrado allí en 1802 entre Francia, Inglaterra, España y la República batava ú Holanda. Tiene también la celebridad histórica de haber sido la patria de Pedro el Ermitaño, predicador de las Cruzadas. La ciudad tiene en su recinto muchos colegios importantes, de todas clases, una hermosa biblioteca de 50,000 volúmenes y un regular jardín botánico. Posee en el interior y los arrabales muchas fábricas, haciendo una activa producción de gasas y terciopelos de seda y algodón, paños negros de _satín_, telas finas de lana y otros tejidos de mérito. Fabrica también sustancias químicas, tafiletes, cuerdas, etc., y tiene numerosas tintorerías. Cuenta unas ocho ó nueve imprentas, y es el asiento legal de un consistorio protestante que pertenece a la comunión calvinista. Los alrededores de Amiens son muy bellos por la extensión de los cultivos, las fábricas que se destacan donde quiera en las praderas, las casas de campo pintorescas y variadas, y el vasto panorama que se extiende en todas direcciones casi sin interrupción de inflexiones en el terreno. Si en las cercanías de Amiens el paisaje es muy interesante por la proximidad del rio dela _Somme_ (que corta el departamento) y cerca del cual pasa el ferrocarril del _Norte_,--cuando el viajero va acercándose á París pasando por Clermont, entre Beauvais y Compiégne, la campiña toma proporciones mas interesantes. Al sud-este desciende el rio _Marne_, que se une al Sena cerca de París, desprendiéndose de las aguas de aquel un estrecho canal artificial; mientras que al lado del ferrocarríl corre del nord-este el rio _Oise_, ya engrosado con el _Aisne_ en Compiegne, angosto y miserable por su volumen (para el viajero colombiano acostumbrado A ver rios enormes), pero muy útil para la navegación interior secundaria y para la irrigacion. El ferrocarril pasa por encima del Oise, y esté rio sigue su curso hacia el occidente para irse á confundir con el Sena abajo de París. El espacio que media entre el Oise y el Marne es vastísimo, y como las colinas son muy raras la llanura forma una especie de horizonte de praderas, campos de cultivo, parques y pequeños bosques, poblaciones rurales, canteras y molinos dispersos en todas direcciones de aspecto muy interesante. Hácia las cercanías del Oise y de París se ven extensas canteras de piedra de sillería, caliza en apariencia, pero en su mayor parte de una greda arenosa que se presta mucho á facilitar las inmensas construcciones actuales de París. La mayor cantidad de aquellas piedras sale de las canteras en enormes trozos ó moles que, cuadradas en bruto, van á París por medio de canales, ó en carros gigantescos tirados por tres, cuatro ó seis de esos caballos normandos que parecen tener la constitución de la roca, á juzgar por su tamaño, su musculación y su fuerza. * * * * * Los alderredores de Paris son bellísimos, en general, haciendo en ellos un raro contraste los fuertes militares y la enorme muralla de circunvalacion que encierra á Paris, con los mil objetos pintorescos de la campiña y los grupos desiguales de las poblaciones vecinas. El tren pasa cortando la hermosa llanura de Saint-Denis, dejando al occidente la pequeña ciudad del mismo nombre (cuyas torres y chimeneas dominan el horizonte), y penetra luego en la gran metrópoli francesa, al norte, después da cruzar el distrito de la _Chapelle_, enclavado entre las fortificaciones, hácia Saint-Denis, y la _barrera_ de Paris, como lo está una multitud da pequeñas ciudades ó distritos que son como la continuación ó el inmenso suburbio circular de la capital[1]. La ciudad tiene á su derredor no solo la muralla (con su foso profundo) al nivel del campo exterior, cubierta de bosquecillos de pinos, sino también unos catorce ó diez y seis fuertes de defensa, entre los cuales figura en primer lugar la antigua y famosa fortaleza de _Vincennes_, la Bastilla exterior de París, de lúgubre memoria para Francia. Todas esas fortificaciones, á excepcion de Vincennes, fueron establecidas, como es bien sabido, por orden de Luis Felipe, obedeciendo á la doble preocupación de defender á Paris de una nueva invasión como la de 1815, y de dar trabajo á los obreros. Despues de haber gastado una enorme suma de millones, ese rey sin previsión no hizo mas que causar un grave daño á Paris y sus alderredores, y al porvenir de la libertad. En efecto, las fortificaciones, sin ser de provecho positivo bajo el punto de vista militar para la _defensa_, de Paris, no solo han encerrado la ciudad, embarazando el ensanche de sus suburbios, sino que, en realidad, pueden servir apénas de instrumento para la opresión. Aquellos catorce fuertes son otras tantas ciudadelas que servirán de punto de apoyo a toda tiranía militar, puesto que, cuajadas de soldados, cernirán á Paris en cualquier tiempo en que su poblacion haga algún movimiento en el sentido liberal. Así, los obreros de Paris al trabajar en esas vastas fortificaciones, no hicieron otra cosa que asegurar la clausura de la ciudad, poniéndola bajo el poder de una presión militar. Tal es siempre el resultado de las fortificaciones. La libertad y la justicia son los mejores baluartes de defensa para un pueblo civilizado; mientras que las _ciudadelas_ son en todo caso los cerrojos que encierran, dominan y esclavizan á las _ciudades_. Los Ingleses, muy al contrario de sus rivales de Francia, han tenido el buen juicio de comprender que las fortalezas no deben estar al lado de las fábricas, las academias y los monumentos de la civilizacion,--porque hay un poder que defiende mejor que todos los cañones el santuario de una ciudad ilustre y los tesoros del arte, de la industria y del comercio; ese poder es el de los _intereses_ sociales apoyados en la libertad. Lóndres no tiene mas fortalezas que sus puentes, sus vapores, sus ferrocarriles, sus fábricas y monumentos de toda especie. La civilizacion es la mejor garantía de esa inmensa metrópoli de la opulencia. Pero Francia es un país militar por excelencia, y no es extraño que París, la capital del mundo del _espíritu_, esté rodeada de los instrumentos de la _fuerza_. * * * * * TERCERA PARTE. DE PARÍS A MADRID. * * * * * CAPITULO I. * * * * * LA BORGOÑA Y LYON. Los ferrocarriles.--Melun.--Fontainebleau.--Montereau.--Sens. Joigny.--Tonnerre.--Dijon.--Impresiones nocturnas,--Panorama de Lyon. Si se quisiera tener una idea comparativa y completa de la revolucion social que han producido en Europa los ferrocarriles, nada tan adecuado para formarse una profunda conviccion como un viaje de París á Madrid, por la via de Lyon, Marsella y Alicante,--ó un paseó por en medio de las ásperas montañas de la Suiza, á orillas de sus lagos encantadores. ¿Quién hubiera pensado ahora veinte años que la Suiza, que es una colosal montaña dividida por profundos y pequeños valles lacustres, sería surcada en breve por las locomotivas? Y mas aún: ¿quién hubiera pensado que en 1858, desdeñando los mares y los Pirineos, pudiera pasar un viajero de París á Madrid en setenta y dos horas, con mil comodidades y venciendo tan multiplicados obstáculos? Y con todo, los ferrocarriles accortarán aún la distancia. Dentro de dos años las dos grandes vias de Valladolid y Zaragoza, como dos enormes brazos oprimiendo los Pirineos de un lado y otro, ligarán á Madrid con Burdeos, por el occidente, y con Perpignan por el oriente, y entonces las capitales de Francia y España estarán solo á treinta y seis horas de distancia (puesto que ella se mide por el tiempo) y los Pirineos no figurarán sino como un monumento de granito y nieve levantado por la naturaleza para ser un día el mas grandioso, el eterno testimonio de los prodigios de la obra infinita de la civilizacion, en que Dios trabaja como supremo inspirador y artífice, y el hombre se le asocia como un obrero infatigable que recibe su salario en libertad, bienestar y progreso. Estas reflexiones me hacia el 24 de marzo de 1859, precisamente al año de haber llegado á Paris, al partir del inmenso embarcadero del ferrocarril de Lyon, dando un adios á la metrópoli del mundo intelectual, donde quedaba la mitad de mi vida y el tesoro supremo de mi amor. Sentíame casi fatigado ya con la vida artificial que se lleva en Paris, donde todo es el resultado de una especie de convención tácita de la sociedad,--donde la moda reina como soberana absoluta, y el corazon no encuentra su espontaneidad ni se siente á sí mismo sino cuando se encierra en el santuario de la familia, huyendo del bullicio fascinador de un mundo que se agita en interminable torbellino. Iba á visitar á España, la vieja y heróica patria de los fundadores de la mía,--la patria de mis abuelos, de mi lengua y de todo lo que nutrió mi espíritu en los alegres días dé la primera juventud. Un tiempo magnífico, da prematura primavera, convidaba á buscar deleite en la aspiración del aire libre y en esa contemplación inquieta, fantástica en cierto modo, de las campiñas y las pequeñas poblaciones, á que nos conduce la ubiquidad de la locomotiva, haciéndonos pasar con la rapidez del huracan por entre castillos y colinas, bosques y ciudades, y cuanto constituye el poco accidentado pero admirable panorama de la Francia central ó meridional, pues en todas direcciones la opulencia de cultura produce los mismos resultados. La poesía falta, porque donde quiera el arado ha civilizado la tierra hasta el refinamiento; pero si el poeta tiene pocas impresiones que recoger en la carrera, el viajero hallará en todas partes la revelación de un progreso relativamente consolador. El fuerte de Charenton quedó atras, y los últimos suburbios de Paris se perdían detras de las ligeras inflexiones del terreno, mientras que al oriente se desarrollaba la vasta campiña, despojada de encantos naturales pero rica en pormenores de civilización y cultivo. Al volver un recodo del ferrocarril se descubre un escenario en extremo pintoresco. El Sena, todavía poco importante, porque no ha recibido aun las aguas del _Marne_, que le aumentan su caudal en las cercanías de Paris, hace allí un arco, dividiendo la pequeña y graciosa ciudad de Melun, reclinada sobre la falda de una colina, cuyos bordes salpican pequeños bosques de pinos y encinas. Nada se alcanza á ver entre los edificios de Melun que llame la atención como objeto de arte; pero la población no solo es risueña como todas las que demoran á orillas de un limpio y murmurante rio, sino que tiene interés bajo el aspecto comercial. Es por allí que descienden á Paris las pesadas barcas de remo, ó tiradas por caballos, repletas de pipas de vino de Borgoña, de trigos y leñas, maderas de construcción y carbon, procedentes de las vastas florestas que en esas llanuras se conservan con el mayor esmero. De allí en adelante, hácia el sud-este, el horizonte se abre y extiende, sin que lo interrumpan mas que colinas verdes ó amarillentas, aisladas y distantes, siempre redondas y casi todas de formacion caliza ó de arenisca, cuya elevacion varia entre 80 y 200 metros al parecer. Por todas partes se ven hermosas quintas de sencilla y pintoresca arquitectura, rodeadas de sauces y pinos persistentes, ó de álamos empinados y flexibles; donde quiera praderas simétricamente deslindadas, y entables pequeños de cultivos diversos (viñas, trigos ó legumbres) que revelan por su esmerada condicion y sus multiplicados lindes esa maravillosa division de la propiedad territorial tan benéfica para Francia, debida á la gran revolucion que desamortizó los bienes inactivos ó estancados y fundó la igualdad hereditaria. El tren corta la comarca ondulosa de Fontainebleau, y no permite distinguir ni la ciudad cercana ni el palacio famoso, teatro de los amores y las fiestas voluptuosas de la corte de Luis XIV, como de la abdicacion ó caida primera del orgulloso Napoleon. Apénas, al pasar por entre bosques de encinas y abetos, se ve á un lado la famosa floresta que constituye la especialidad de Fontainebleau, rica en preciosas y aromáticas maderas de ebanistería y construccion, y de una suntuosa hermosura, verde y brillante en la primavera y el estío,--variada y melancólica en el otoño. Al dejar atras la vastísima floresta se descubren las altas colinas de Montereau, campo de la heróica batalla ganada inútilmente por uno de los mariscales de Napoleon en vísperas de la abdicación de Fontainebleau. Al pié demora la ciudad de Montereau, poblacion algo considerable y de bellísima situacion en la confluencia del _Yonne_ con el Sena, ya engrosado algo por la union de las aguas del _Aube_. El juego de las colinas con la llanura, los dos rios y la ciudad le dan al paisaje un encantador aspecto de frescura y alegría. Montereau es un punto de escala importante en el comercio interior, tiene algunas manufacturas apreciables y es sobre todo un centro agrícola notable; pero la ciudad carece de interes por su estructura, pues las cuatro ó cinco torres que se destacan sobre el fondo pálido de las colinas son de una arquitectura vulgar. El ferrocarril sigue costeando la orilla izquierda del Yona (Yonne), rio apacible, lento y silencioso, de bajas márgenes y claras ondas como todos los rios de Francia, que corren por llanuras casi totalmente niveladas. En Joigny, pequeña y pintoresca villa, y punto de escala en la navegacion, se verifica la confluencia del riachuelo _Armanzon_, con el Yona, que corre paralelo á un canal, como elementos uno y otro de vasta irrigación y de comunicaciones algo lentas pero seguras y baratas. Entre Montereau y Joigny el viajero tiene una bien agradable sorpresa pasando por delante de la ciudad de _Sens_, que demora á la márgen izquierda del Yona, teniendo á su espalda un bello grupo de colinas. Sens, ciudad de mas de 25,000 habitantes, muy comerciante, agrícola y manufacturera, ostenta en su plaza principal un bellísimo templo en cuya fachada de un gusto delicioso se reposa con placer la mirada, puesto que puede hallar un contraste del arte grandioso con la prosáica agricultura. El monumento, á juzgar de léjos por la magnífica fachada y la torre, pertenece al género gótico de la segunda parte de la edad media, en que el arco pleno y la grande ogiva hacen juego con los grupos de columnas acanaladas y los relieves pacientemente caprichosos. El curioso observa cómo el sentimiento de lo pintoresco, el instinto comercial y la previsión higiénica han determinado la formacion uniforme de todas las poblaciones del trayecto. Rarísima es la villa ó ciudad, grande ó pequeña, que no reposa sobre la margen de un rio, al pié ó en la falda de una ó mas colinas que la defienden de los vientos helados y violentos del este. Esta homogeneidad de situacion les hace tener mucha semejanza en su aspecto general á las poblaciones que demoran entre Paris y Lyon. Por otra parte, la industria y la naturaleza del suelo guardan tambien una completa homogeneidad en toda esa vasta llanura cubierta de viñedos, que se llama la Borgoña, y que, teniendo por centro á Dijon, se extiende desde Joigny hasta cerca de Lyon. A veces se descubren á lo léjos grupos de altas chimeneas que revelan un pequeño centro de fabricacion; ya se costea un canal ó un rio donde se arrastran lentamente las barcas que alimentan el comercio de artículos de consumo inmediato; ya las colinas desaparecen del todo, el suelo pierde hasta el mas ligero accidente que lo haga pintoresco, y la inmensa llanura, al parecer desolada, se pierde en un horizonte sin límites donde la vista vaga buscando inútilmente algun objeto en qué reposarse. A veces tambien ese horizonte se estrecha un poco, de un lado á otro, según el agrupamiento de las colinas, y se ven en sus suaves faldas (protegidas contra los huracanes que suelen llegar desde las montañas del Jura ó de los Vosgas) graciosas poblaciones cimentadas en anfiteatro, en cuyo fondo se destaca algun viejo castillo de la feudalidad, y que ofrecen un conjunto lleno de gracia y capricho; salpicadas de grupos de pinos y otros árboles, y coronadas de cintas de pequeñas florestas cuya sombra parda hace contraste con el azul pálido y las blancas nubes de un magnífico cielo. La Borgoña es en realidad un inmenso viñedo, pues si sus redondas colinas interrumpen de trecho en trecho la llanura, donde quiera se ven las mismas hileras de cepas que la primavera cubrirá de verdura y el verano de generoso licor. Con frecuencia se destacan al volver un recodo pequeños caseríos miserables, compuestos de chozas negras, deprimidas y desmanteladas, que revelan muy poco bienestar y demasiada incuria. La mayor parte de esas casuchas raquíticas son de adobes ó piedras brutas mal unidas, cubiertas de paja ó de tejas destrozadas, que las lluvias y el viento han agujereado por todas partes. El campesino de esa comarca tiene una fisonomía poco inteligente y viva, y su pobre vestido de tela azul de algodon, indica que la falta de abrigo aflige en los inviernos á la poblacion rural. El asno, de muy miserable dimension, reemplaza allí al caballo (animal _urbano_ por excelencia en Francia, que, sea dicho de paso, es tratado allí á palos, como casi todos los _ciudadanos_ de vida y obediencia pasiva). Y no solo se hace del humilde y resignado burro un agente de labor agrícola, sino que se le honra con el tiro de las tartanas y ligeras carretas rústicas, ó cabalgándole con descuidada confianza. Tonnerre es una ciudad bastante considerable (aunque de quinto órden en Francia) por algunas manufacturas, por su gran comercio de vinos y por ser un centro de produccion de ese articulo. Está situada á la margen izquierda del Armanzon, riachuelo de donde parte el canal de Borgoña que liga al Saona con el Sena, permitiendo así el maravilloso paso de una barca al través de toda la Francia, desde la boca del Sena en el canal de la Mancha hasta la del Ródano en el Mediterráneo. Tonnerre carece de todo interes en materia de monumentos, y despues de perderla de vista, el terreno toma proporciones que lo hacen parecer triste y desolado. Al pasar por el trayecto de Montbard á Vitteaux el ferrocarril lleva su curso por en medio de ásperas colinas agrupadas como enormes peñascos, algunas perforadas por _túneles_ mas ó menos profundos, cavados en rocas graníticas, de cuarzo esquistoso ó de cristalizaciones siliceosas sumamente duras, sin ninguna estratificación visible, y aglomeradas en masas perpendiculares. No hay en todo el trayecto hasta Dijon ningunas otras colinas de esa formacion, aunque á lo léjos se divisan algunas altas rocas de granito azuloso, que brillan á la luz del sol como lápidas monumentales. Dijon es una grande y bella, ciudad de cerca de 60,000 habitantes que merece sumo interes tanto como capital histórica, asiento que fué de los antiguos y poderosos duques de Borgoña, como por sus monumentos de arquitectura superior, sus institutos literarios, científicos y de beneficencia, y su movimiento fabril, agrícola y comercial. La ciudad reposa en una llanura abierta por tres lados, teniendo del uno el _Ouche_, pequeñísimo rio, y del otro un grupo de bellas colinas. Ademas de su vastísimo comercio de vinos, muy baratos (puesto que son los de mayor consumo popular), y algunos bien estimables, tiene varias manufacturas dignas de aprecio. Sus fábricas son muy numerosas, y con especialidad es afamada por las de sombreros de lana y felpas que representan fuertes valores. Desde la estacion del ferrocarril se alcanzan á ver las flechas y empinadas torres de muchos monumentos importantes. Los mas bellos son (en cuanto puede juzgarse desde léjos por la estructura de las torres y fachadas): 1º la magnifica iglesia de _Notre Dame_, que data de los siglos XIII y XIV, y ostenta con exquisita pureza toda la majestad y las maravillas del arte cristiano; es una obra maestra y sus atrevidas columnatas superiores son de suma belleza, reposando sobre un pórtico suntuoso de tres grandes ogivas cuajadas de grupos y relieves góticos: 2º la iglesia de _San Miguel_, que fué construida en los siglos XV y XVI, y manifiesta en su arquitectura mixta ó de transicion (muy hermosa pero sin la severidad de la edad media) el paso que hacia el arte del romanticismo gótico a la elegancia afeminada del Renacimiento: 3º la catedral de _San Benigno_, tambien de transicion, pero mucho mas antigua, pues corresponde á la época en que la arquitectura pasaba de la sencilla majestad del arte romano á la paciente excentricidad y las angulosidades y relieves del arte gótico, cuyas obras son verdaderas leyendas religiosas escritas en piedra por los pueblos artístas. Dijon es el vértice del ángulo formado por el ferrocarril de Paris á Lyon, pues la linea, despues de haber seguido la direccion sud-este, tuerce al sur para costear primero el Saona y luego el Ródano, á lo largo de valles pintorescos. Pasa el tren por delante de poblaciones importantes como Beaune, Chalons, Mâcon y Villefranche, centros de produccion agrícola todas. Los vinos de Beaune y de Mâcon son muy estimados, el primero por su mérito, y el segundo por la gran cuantía de produccion variada, que lo adapta á un extenso consumo entre todas las clases sociales. La noche cubria con sus sombras la inmensa llanura, y no pude tener siquiera una idea general del aspecto del país entre Dijon y Lyon. Solo diré que al pasar por Mâcon, preocupado con un recuerdo grato, me sentí como poseido de cierta veneracion hácia esa comarca interesante. Mâcon es la patria del glorioso Lamartine,--ese patriarca de la poesía en el siglo XIX; y no podia ménos que gozar aspirando las brisas del país inmortalizado por la juventud, la lira sublime, la gloria y hasta los infortunios del Tasso frances. Allí nació y comenzó á soñar, cantar y crecer el divino poeta, y él ha conservado su hogar con una amante veneracion, haciendo de _Milly_ el santuario de las mas puras armonías y de las mas nobles meditaciones. El tren rodaba entre las sombras con la rapidez del viento, lanzando la locomotiva de cuando en cuando sus silbidos agudos que no despertaban eco en la llanura; y yo, mientras que los demas viajeros dormían á mi lado, fumaba con deleite, dejando vagar mi espíritu en un torbellino de recuerdos de amor y de cavilaciones sobre el porvenir del hombre, al mismo tiempo que, hundiendo la mirada en la sombra interminable que cubría la campiña, buscaba en su seno alguna luz fugitiva ó alguna otra sombra mas pronunciada y vigorosa producida por un edificio destacado aqui ó allá cerca del camino. De repente pasaba rozándose casi un tren en sentido contrario que, como un dragon enfurecido, lanzaba su aliento de fuego y de vapor para desaparecer al mismo instante. Nada mas fantástico que uno de esos cruzamientos de trenes, sobre todo bajo la bóveda sombría de un _túnel_, donde el silbido de la locomotiva parece un grito de muerte ó de agonía suprema. Es muy trivial la opinion de que los ferrocarriles han suprimido la poesía de los viajes dándoles un carácter en extremo prosaico. En efecto, si en una estacion, cerca de alguna bella ciudad ó de un rico paisaje, se compara el espiritualismo poético de un monumento cercano, con las pilas de carbon de piedra y los prosaicos vagones, la desventaja es para ese instrumento poderoso de locomocion, que ha hecho del viaje una carrera, un tropel de huracanes y de impresiones que apenas comienzan a nacer cuando ya se disipan como una pesadilla. El ferrocarril, nivelando el terreno y acortando inmensamente las distancias y el tiempo, ha suprimido la _peregrinación_ y el viajero es una especie de Asmodeo que no alcanza á contemplar lo que se le presenta al lado del rápido vagon. Y sinembargo, creo que los ferrocarriles, suprimiendo en gran parte la _poesía de la materia_, han creado una nueva poesía, mucho mas vigorosa y fecunda, poesía mixta que pudiera llamarse la _poesía del espíritu_. Encuentro en la locomotiva que silba y da resoplidos como el viento, y devora el espacio como el rayo, un espiritualismo singular, prosaico si se quiere en sus resultados aparentes, pero infinitamente grandioso en su _forma_ sensible y en sus lejanas ó trascendentales consecuencias. El siglo XIX, que en apariencia es el de la industria ó la especulacion, me parece en realidad el mas poético, por sus creaciones fantásticas y fecundas al mismo tiempo, como el ferrocarril, el telégrafo y tantas otras maravillas. ¿Cuál es la preocupacion, la tendencia dominante en el pensamiento del poeta?--un triple ideal que, teniendo por objetos cardinales á Dios ó el infinito, el Hombre ó el sentimiento, y el Espíritu como soberano del mundo, lo resume todo en la noción de lo _bello_, lo _bueno_, y lo _justo_. ¿Y á qué resultados pueden conducir las maravillas de la ciencia y la industria? En mi concepto el ferrocarril, como instrumento de comunicacion activa, de baratura y de fecundidad universal, es un elemento de luz, de religion, de paz, de bienestar, de igualdad en la vida, de fraternidad entre los hombres y los pueblos, y de predominio del pensamiento ó la idea sobre la fuerza física. Esa máquina de hierro que, animada por el espíritu del hombre, devora las distancias, reduciendo los días á minutos y haciendo los minutos dias, me parece una inteligencia en accion. Las ruedas, las válvulas, los frenos, los resortes, la caldera y toda la maquinaria de la locomotiva son la imagen de la musculacion y de los órganos del hombre; y el fuego que produce el vapor y el movimiento maravilloso, es una hoguera encendida con una chispa del fuego divino del progreso, que arde constantemente en el cerebro y el corazon de la criatura humana. El ferrocarril ha espiritualizado y cristianizado el mundo, como el navío-vapor, el telégrafo y el diario, porque ha fundado la ubiquidad del sér, la fraternidad ó mancomunidad de los intereses, y la omnipotencia del espíritu sobre la materia. Si Lyon, la segunda capital de Francia, es en extremo interesante bajo el punto de vista industrial, agrícola y comercial, no lo es ménos por su topografía y su valor artístico, moral y arqueológico. Allí encuentra el viajero la vida confortable de Paris y al mismo tiempo cierta espontaneidad provincial con las bellezas típicas del medio día; y el que busca objetos de observación y estudio halla un vasto campo donde recoger agradables impresiones é instructivas nociones. Acaso no hay en Francia una ciudad que revele mejor que Lyon el paso sucesivo de las razas y las dominaciones que en esa nacion han figurado, y el contraste vigoroso de los escombros ó monumentos de la vieja civilizacion con las maravillas de la época presente. La situación de Lyon es admirablemente feliz para el comercio interior y exterior, y su variada topografía la apropia para lo útil igualmente que para lo pintoresco. Dos pequeñas montañas ó colinas y dos magníficos rios le sirven de base, determinando su estructura y su fisonomía. Las colinas son las de _Fourières_ y la _Croix-Rousse_; los ríos el _Ródano_ y el _Saona_. Al norte se alza la colina redonda de _Groix-Rousse_, que es el remate de una cadena de colinas rocallosas; al occidente domina el horizonte otro cordon de colinas cuyo centro es la de Fourvières (asiento que fué de la ciudad romana anterior á Neron); y al oriente y el sur se extiende una vasta y magnífica llanura de admirable panorama. El Ródano desciende del nordeste, por el lado oriental y el pié del cordon rocalloso que termina en Croix-Rousse. El Saona, que nace en las llanuras de Epinal, y viene del norte, engrosado con las aguas del _Doubs_, procedente de las montañas del Jura, y que se le une en Verdun,--desciende por entre las colinas de Fourvières y Vaise; corta en dos porciones la ciudad de Lyon en la parte occidental, y va á reunirse al extremo meridional con el Ródano. Aunque la antigua Lyon no se componía sino de las construcciones establecidas en anfiteatro y desordenadamente en las faldas de Fourvières y Croix-Rousse y sobre las márgenes del Saona, la nueva Lyon se compone de elementos diversos adquiridos por aglomeraciones sucesivas. La ciudad ha ido extendiéndose en todas direcciones hasta tocar con los distritos vecinos de las colinas, abarcar toda la angosta lengua de tierra que desde Croix-Rousse se prolonga al sur hasta la confluencia de loe rios, y confundírse al fin con los distritos importantes y muy nuevos de la _Guillotière_ y _Broleaux_, tendidos en la llanura á la márgen oriental del Ródano. A virtud de ese ensanche progresivo, Lyon tiene en su totalidad una población de 390,000 habitantes fijos, dividida en tres partes desiguales y variadas por el Ródano y el Saona. Antes de buscar los pormenores de interés en Lyon quise darme cuenta del conjunto, subiendo á las colinas para tomar el golpe de vista; y puedo asegurar que, en su género, no he hallado jamas en Europa ni Colombia un cuadro tan magnífico y soberbio como el que allí se ostenta á los ojos del viajero. Trépase á la címa de Fourvières por entre las horribles y sucias callejuelas del viejo Lyon, llegando al anfiteatro pintoresco del jardín de Fourvières por una serie de escaleras interminables que pasan de algunos centenares y hacen de la ascension una verdadera empresa. Atravesando en calles espirales el jardín, y un puente de madera echado sobre altas rocas, se llega al observatorio astronómico y la iglesia de Nuestra Señora de Fourvières, cuyo alto campanario es el mirador mas precioso que conseguirse puede. Al encontrarme en ese campanario, cerca del cual pasa el ferrocarril por un famoso túnel, me sentí pasmado de admiracion. El panorama es inmenso y de una variedad encantadora. Al oriente veía la vasta llanura, cortada por algunas bajas colinas que dan asiento á una multitud de poblaciones, entre ellas _Grenoble_ (al sud-este), y que, surcada por el alto Ródano, es la base de un extenso cultivo, principalmente de moreras, trigos y viñas. Al norte registraba el valle del Saona y las ricas llanuras de la Borgoña, en dirección á Mâcon. Al occidente llanuras y colinas también hacia la ciudad fabricante de _Saint-Étienne,_ de fabuloso progreso; y al sur contemplaba con encanto el valle del majestuoso Ródano, de imperceptible descenso, extendiéndose por _Vienne, Válence_ y _Avignon_ hácia el Mediterráneo. Por todas partes campos cultivados primorosamente, ciudades y pueblos, casas; campestres, anchurosos caminos carreteros, numerosísimas barcas en los rios, viejos castillos feudales sobre las cimas escarpadas de los cerros; y todo cubierto por un cielo magnífico, muy de extrañar en el mes de marzo aun. Pero nada me producía tan profunda sensacion como el contraste del espectáculo lejano con el que tenia á los piés. Al oriente cerraban los Alpes el horizonte con su corona inmensa de blanquísimas nubes, levantándose desde la llanura en escalones sucesivos y en perspectiva, para terminar como titanes de nieve con sus cabezas brillantes hundidas en el éter, distinguiéndose entre ellas, muy lejana, la mole grandiosa del _Monte-Blanco_, ese rey de los Alpes que tiene por cortesanos á todos los reyes y los viajeros de Europa. Aquella cadena de montañas, unas azulosas, otras brillantes por sus nieves, tenian uña majestad arrobadora que yo, con mi corazón de Colombiano, comprendía perfectamente y contemplaba con amor. Pero al pié veía la vasta ciudad, cuya cabeza es una inmensa roca y cuyas arterias son los dos hermosos rios, atravesados por quince ó diez y seis puentes, que son como las venas ligadoras. Aquí, casi bajo mis plantas, la ciudad romana y gótica, triste, sucia, sombría, en laberinto inexplicable, pero llena de misterio, de tradiciones y monumentos típicos. Al frente, sobre la izquierda del Ródano, hacia la llanura, la _Guillotière y Broteaux_, barrios anchurosos, cortados en ángulos rectos por calles de una regularidad matemática, con grandes muelles y vastos cuarteles, prolongándose hacia la campiña en un arco de fortalezas y casas de campo. Y por último, en medio de los dos rios, la parte aristocrática y opulenta de Lyon, irregular, fea y repugnante al pié de _Croix-Rouese,_ pero luego elegante, suntuosa, rejuvenecida y llena de animación hacia abajo, hasta su límite en la confluencia de los rios, al sur de la espléndida estacion del ferrocarril, que pudiera llamarse el Palacio de las locomotivas. Al mirar hacia arriba, al este, creía contemplar á Colombia, con sus cordilleras prodigiosas y su salvaje grandeza, no obstante que los Alpes me parecían apenas un remedo humilde de los gigantescos Andes. Pero mirando hácia abajo, hallaba á Europa, con sus tradiciones romanas y góticas, sus prodigios de arte, su animación industrial y comercial, sus grandes progresos de locomocion, y sus lamentables contrastes de opulencia y miseria. La contemplacion de aquel panorama desconocido me hizo meditar durante largas horas, y creo que nunca olvidaré las impresiones allí recogidas. * * * * * CAPITULO II. * * * * * LA CIUDAD DE LYON. Hidrografía.--Varios objetos,--El Palacio de las Artes,--Un contraste curioso.--Varios monumentos.--Las fábricas de sederías. Lyon mantiene sus comunicaciones que le dan extraordinaria animacion, por medio de unos quince puentes, la mayor parte muy sólidos, pero de los cuales son los mejores dos de mampostería en el Saona y uno de madera en el Ródano. Algunos son colgantes, y casi todos están sometidos á pontazgo por ser de empresas particulares. En la parte central de la ciudad las calles son en lo general rectas y espaciosas, sobre todo las nuevas, entre las cuales se distingue la espléndida calle _Imperial_, reputada como una de las mas hermosas de Europa. A lo largo de ámbos ríos hay muelles espaciosos, donde atracan centenares de barcas y botes, y muchos vapores planos, de construcción especial para la navegacion del Ródano y del Saona. La ciudad cuenta muchas plazas y plazuelas (hasta cincuenta y dos), entre las cuales son muy notables por su belleza y elegancia: la de _Bellecour_ ó _Luis el Grande_, espaciosísima y de mucho gusto, con la estatua ecuestre de ese rey, en bronce, y bellos jardines y glorietas; la de _Napoleon_, con la estatua de este, tambien de bronce y ecuestre, y muchos árboles, que se confunden con las vastas avenidas que tocan á la estacion del ferrocarril llamada de _Perrache_; la plaza _Imperial_, que es una especie de _square_, muy bonita, y la de _Terreaux_, en la cual se encuentran el Palacio municipal y el famoso Palacio de las _Artes_ ó de San Pedro. La plaza de _Tholozan_, á la orilla derecha del Ródano, no es notable sino por la hermosa estatua de bronce del mariscal Suchet, duque de Albufera, que hizo la guerra en España en 1808 y los años siguientes. La historia de Lyon es muy interesante, ya por su antigüedad, ya por el gran papel que ha hecho desde la conquista de los Romanos. La ciudad antigua, que ellos llamaron _Lugdunum_, estuvo toda sobre la colina y faldas de Fourvières, é incendiada que fué tocóle á Neron mandarla reedificar, extendiéndola sobre ámbos rios. Hoy tiene doscientas sesenta calles, y cuatro larguísimas calzadas ó avenidas que siguen las márgenes de los rios; contando quince fortificaciones considerables al derredor. Algunas de sus mas antiguas iglesias están en ruina, y hoy las restauran, al mismo tiempo que se concluyen ó prosiguen vastísimas construcciones que rejuvenecen la ciudad. Al frente de los muelles ó atracaderos de manipostería se encuentran muchos edificios de granito y piedra, que son verdaderos monumentos y llaman justamente la atencion del viajero. Entre esos son de mucho mérito, por su majestad y su importancia, así como por su solidez, el _Palacio de Justicia_, sobre la margen derecha del Saona, y sobre la derecha del Ródano los inmensos edificios, ennegrecidos por el tiempo y de grandiosas fachadas, donde se mantienen el Hospital y el Hospicio, que recogen á muchos centenares de huérfanos y enfermos, sirviendo también de bazares en el piso bajo, donde hay innumerables tiendas y almacenes de todas clases. Tambien demoran sobre las mismas avenidas de los muelles otros edificios públicos interesantes, pero desnudos de todo valor artístico,--tales como el de la Universidad y Biblioteca (que es de gran mérito y cuenta unos cien mil volúmenes); el Hospital militar, la fábrica de tabacos y las carnicerías, sobre el Ródano; y del lado del Saona, la Aduana, el teatro de Celestinos, los arsenales, etc. Lyon no tiene sino dos teatros que merezcan atención: el Gran Teatro, donde ejecutan óperas solamente, y hace juego con la fachada secundaria del palacio municipal; y el de los Celestinos, para comedias y dramas, construido con regulares proporciones en un local de un antiguo convento. Solo el primero puede figurar como monumento, aunque subalterno, pues está aislado y muestra pretensiones artisticas, no obstante que su arquitectura es pesada y grosera. El interior es muy espacioso, pero carece de lujo y elegancia, si se le compara con los mas bellos de otras ciudades europeas. La ciudad cuenta ya con un hermoso mercado de estilo moderno, es decir de cimientos y zócalos de piedra y paredes y naves de hierro y cristal. Están acabando también la Bolsa, palacio espléndido, de mucho gusto y que será un verdadero monumento para las artes y la especulacion. El Palacio municipal es un bello y elegante edificio, de una arquitectura sencilla que pertenece á la época del primer imperio, careciendo de carácter determinado, pero risueña y sin pretensiones plagiarias. En lo demas, las construcciones modernas corresponden en todo al estilo de las de Paris, con la especialidad de tender siempre á la sencillez característica del siglo actual. Si en lo material Lyon es una especie de copia de Paris, en lo moral tiene algo que se aproxima á la caricatura. Se echa de ver en las costumbres la pretension de imitar en todo las de Paris; pero como el tipo meridional opone allí sus condiciones especiales, resulta una especie de lucha moral que destruye todo colorido local, sin permitir poroso la asimilacion. De aquí proviene que muchos usos son exagerados, y que con frecuencia se tropieza en las calles con fisonomías y grupos que tienen sus buenas puntas de extravagancia. La poblacion lionesa es muy liberal y aún republicana, revelando en su estilo general cierto carácter benévolo que estimula agradablemente al viajero. Y por una de esas excentricidades aparentes de los pueblos, que no carecen jamas de explicacion, aquella ciudad, que es un emporio de riqueza y que vive en las faenas de un gran movimiento industrial y comercial, revela una inclinacion decidida por las bellas artes, cultiva ese gusto con esmero y entusiasmo, y posee monumentos de todo género que pueden enorgullecerla por mas de un motivo. Son afamadas las orquestas de Lyon, se busca el teatro con placer, se trabajan bellísimas obras de escultura, y Lyon conserva con justa vanidad sus ricos museos y monumentos y sus escuelas de pintura, escultura, arquitectura y música, y ha sido y continúa siendo la cuna de muchos artistas de gran mérito. El primer monumento que el viajero visita en Lyon es el Palacio de las Artes en el cual se encuentran los museos de antigüedades, de pintura, de escultura, de historia natural y de geología y mineralogía, así como el salon provisorio de la Bolsa. El vasto edificio tiene tal suma de curiosidades preciosas, desde sus claustros hasta sus altas galerías y sus terrazas, que requiere un estudio de muchos dias. Que el lector me perdone, pues apenas me es dado ofrecerle una idea muy sucinta de las impresiones recogidas en solo unas ocho horas de observacion muy rápida. Si el exterior del Palacio carece de mérito, en el interior el interes comienza desde que se entra en el extenso patio claustrado, que domina una terraza en circunferencia, con balaustradas de piedra, como todo el edificio, y una serie de grandes grupos y altos relieves representando multitud de pasajes históricos, al aire libre y la intemperie. La mayor parte son excelentes, a pesar de muchas mutilaciones en los pormenores; pero algunos grupos son de tanto mérito por la energía de expresion y la delicadeza y audacia del cincel y el buril, que deleitan y fascinan, maravillándose uno de hallar tan finas esculturas en la piedra bruta. Los cuatro claustros bajos contienen una abundantísima coleccion arqueológica exclusivamente lionesa, en la cual alternan los mas curiosos objetos, unos (poquísimos) de la época anterior á la conquista de las Galias por César, y la mayor parte correspondientes á las épocas romana, byzantina y gótica. Vasos etruscos, de imitacion tosca, estatuas, bustos y grupos curiosísimos, planchas enormes de piedra bruta ó trozos de mármol, con relieves preciosos, revelando toda una civilizacion,--y sepulcros, lápidas y columnas truncadas, cuajadas de inscripciones que se conservan con maravillosa regularidad, y esbozos byzantinos en piedra que tienen el aire de caricaturas de una sociedad que el polvo de los siglos arropara,--todo eso, colocado con inteligencia contra los muros del claustro, constituye no solo una escuela popular para los sentidos, sino la imágen sombría pero elocuente de las generaciones pasadas. Aquella es una verdadera coleccion de escombros de civilizacion y de enseñanzas del tiempo, desde la gran lápida en que Rómulo y Remo reciben el alimento fabuloso de la inmortal loba, hasta las últimas labores que la arquitectura gótica (espontánea, paciente y popular por excelencia) dejó profusamente deseminadas donde quiera. El salon de antigüedades artísticas no es ménos curioso, aunque comparativamente es pobre y subalterno. Contiene colecciones preciosas de monedas, medallas, pequeños vasos y placas y armas de metal, marfil, madera, etc., la mayor parte de mucho gusto por sus incrustaciones y relieves, entre los cuales hay grupos de increible perfeccion, que admiran al que ha podido creer, alucinado por la fascinacion de la industria moderna, que la antigüedad, bajo el punto de vista artístico, no ha producido maravillas superiores y aún inimitables cuyo genio y secreto se han perdido para la civilizacion. No es sobresaliente la coleccion de obras modernas de artistas lioneses, que compone el modesto museo de escultura ó estatuaria. Aunque hay allí algunas estatuas en mármol y yeso de mérito indisputable, y algunos bustos de bronce superiores, la coleccion es algo pobre. Hay, sinembargo, allí una estatua de Pandora, en mármol purísimo, tan bella y delicada, que vale por todo un museo; así como llama la atencion, al píe de una escalera, la colosal estatua de Minerva, en yeso, obra de un escultor contemporáneo, que puede figurar con honor en el mas espléndido jardin de Europa. Despues de la sala de escultura ó estatuaria se encuentra en el vasto palacio de las Artes el interesante salon de pinturas que contiene la galería especial de los pintores lioneses. En general se observa en el estilo de esos artistas bastante vigor de colorido, y una marcada predileccion por el paisaje y la historia. Aunque la coleccion no es muy abundante ni sobresaliente, merece bien fijar la atencion. Llamaron la mia particularmente los cuadros de Claudio Bonnefond, artista de alto mérito, no solo por la maestría del pincel, sino por el profundo conocimiento que revela tener de los efectos de luz y de la perspectiva. Recuerdo haber gozado mucho con la contemplacion de un cuadro pequeño que representa el refectorio de un monasterio en perspectiva, precioso por sus golpes de luz y su energía de claro oscuro. Con todo, no considero que los artistas lioneses tengan razon para aspirar á constituir una escuela, si se ha de juzgar por el Museo. Otra galería mucho mas vasta y magnífica contiene los cuadros del Museo comun, y en realidad hay obras allí de un mérito sobresaliente, tales como la muerte de Abel, por Orsel, y una Judit mostrando la cabeza de Holofernes, trabajo superior por su atrevimiento de formas y vigor de expresion y de pintura. Pero la mayor parte de aquellos cuadros son copias modernas, y aunque la galería es casi toda histórica, y contiene varios cuadros superiores, no es en realidad sorprendente, ni deja impresion como las obras maestras. Échase de ver que Lyon ha querido ser á todo trance un gran centro artístico, sin haber pasado de cierta mediocridad distinguida (permítaseme la expresion), porque el ruido de las máquinas y de los carros no permite allí un gran desarrollo espiritual como conviene á las bellas artes. Mucho mas estimables son en su género las demas galerías, puramente científicas, que contienen los Museos de Historia natural, de Mineralogia y de Geología. El primero, que no es muy considerable, aunque merece mucho aprecio en una capital de segundo órden, está muy bien conservado y es un conjunto escogido de las especies mas raras y notables en las diversas familias del reino animal. Aquel es un verdadero museo de provincia, si se le compara con los de Lóndres, Paris, Berlin y otras grandes capitales, pero es completo y esmerado y hace honor á la opulenta metrópoli del Ródano, como á la Francia, Pero es todavía mas interesante la galeria mineralógica, ya por la belleza de sus muestras (aunque algunas algo desordenadas) en punto á cristalizaciones y aglomeraciones metálicas y metalóideas; ya por la riqueza y abundancia de los mármoles y piedras finas. Llegan á centenares las lápidas que contiene el Museo de mármoles de todos colores y tipos, de muchos puntos de Europa, como España, Italia, Suiza y Bélgica, y muy especialmente de las ricas canteras de Francia. Son admirables algunos mármoles negros, amarillos, y veteados, producto de los Pirineos, de las montañas del Jura, de los Alpes, los Vosgas, etc.; y al ver tan hermosas y variadas muestras se extraña que, comparativamente, no se dé á los mármoles en Francia toda la aplicacion de que son susceptibles. * * * * * La inspeccion del Palacio de las Artes, por rápida que sea, produce en el extranjero visitante una impression importante, á saber, que la sociedad de Lyon tiene evidentemente gusto _por_ las bellas artes, pero no verdadero gusto artístico ó _en_ las artes, puesto que, en lo general, sus obras públicas adolecen de mediocridad, y sus costumbres no están en armonía con esa distincion exquisita que es el sello característico del arte. Tan cierto es esto, como que los Lioneses no se distinguen sino en esa especie de juguete artístico, que llamaré arte de capricho ó de la moda, ajeno á toda inspiracion, y que se manifiesta en los preciosos dibujos de las sederías que salen de las ochocientas pequeñas fábricas de Lyon. Allí donde el espíritu industrial se alía con el arte, se ve el refinamiento, el trabajo delicado y gracioso, porque Lyon, á pesar de sus pretensiones literarias y artísticas, no es por excelencia sino una gran ciudad manufacturera y comercial. En mi concepto, el arte verdadero, es decir el que se inspira de las grandes cosas y hace grandes revelaciones, no puede nacer y vivir hoy en las ciudades opulentas, entre el bullicio de la especulacion, las miserias y vanidades de lo que llaman el _mundo_ y las farsas de la moda caprichosa. Si la mímica ó el arte dramático, la caricatura, el vals fugitivo y el palacio pintoresco pueden aparecer en las grandes metrópolis de la industria, la política y la moda, no así el poema sublime, el cuadro severo de pintura, la obra magistral y divina de arquitectura y escultura, ó las solemnes y graves armonías de Mozart ó Bellini. * * * * * En punto á monumentos, Lyon posee algunos bastante antiguos y de mérito, que llaman justamente la atencion del viajero. De estos citaré: la Catedral, la iglesia de San Pedro y la antiquísima abadía de Áinay (_casa de Dios_ en catalan); y entre los monumentos públicos de otro órden mencionaré el Hotel-Dieu ó Casa de beneficencia, y el Palacio de justicia. Olvidaba hacer notar una circunstancia curiosa que observé en el Palacio de las Artas y me impresionó profundamente. La Bolsa de Lyon estaba provisionalmente establecida en la parte baja del palacio, en un vasto y oscuro salon que fué en otro tiempo una capilla. Cuando bajaba de contemplar los mil objetos de arte que encierran los diferentes museos, oí una espantosa gritería que, como una gran bacanal subterránea, ensordecia con sus ecos repetidos por la bóveda sombría. La curiosidad me hizo acercarme, y solo al hallarme en medio de la indescriptible escena pude creer que allí estaba la Bolsa de un país civilizado. Todavía se conservan en los muros de la vieja capilla los grupos de piedra en grueso relieve, que representan los mas notables sucesos de la historia de Cristo. Al pié de María estaba un corrillo de noticieros de bolsa propalando mil mentiras sobre la cuestión de Italia, y enfrente de un Cristo de grandes dimensiones debatian los agiotistas y jugadores de bolsa sus tratos sobre el _tres por ciento_, el _cuatro y medio_, las _primas_, las acciones de _ferrocarriles_, etc. Habia en el centro del salon una doble barrera, y en tanto que al lado exterior se agitaba el enjambre de embusteros, jugadores y especuladores, haciendo propuestas, difundiendo noticias contradictorias y remolineando en un hormigueo interminable,--dentro del gran círculo estaban los agiotistas de primer órden, sosteniendo con admirable aplomo una telegrafía mímica que representaba el juego monetario, y en el círculo mas reducido se agitaban los agentes de cambio ó corredores, haciendo las muecas mas extrañas los unos, los otros gritando como energúmenos para anunciar cada propuesta ó pedido de fondos y cada _puja_, y otro en fin, impasible como el sacerdote del culto monetario, alzaba el brazo de tiempo en tiempo para marcar en un tablero el movimiento de alza y baja, en cifras convencionales que son como la teología del dinero. ¡Singular contraste, perfectamente característico del siglo actual! El templo consagrado ántes á la oracion, convertido en casa de juego legal y al culto del becerro de oro; la estatua sublime de Cristo arriba, y abajo la figura codiciosa del agente de cambio; la especulacion, prosáica y desenfrenada, en el fondo de un palacio cuajado de estatuas y tumbas de la antigüedad, de cuadros superiores, de mil tesoros recogidos por la mano paciente y desinteresada del sabio y del artista! Aquel espectáculo es mas elocuente que muchos volúmenes para caracterizar el movimiento del siglo XIX. * * * * * La catedral de Lyon, situada en el fondo de la parte vieja ú occidental de la ciudad, en medio de feas y tortuosas callejuelas, es un hermoso monumento que tendría mayor importancia si estuviese rodeado de mejores calles y edificios. Es una enorme masa de piedra pura, larga y angosta, y corresponde al estilo gótico de la segunda época, en que figura la combinacion de la grande ogiva y el arco pleno. Si no me equivoco, data del siglo XII al XIII. La fachada no tiene particularidad alguna, ni la forma de sus torres, sus relieves, sus bastiones arqueados y todo lo demas que constituye el exterior, como remate de las capillas, obras todas que no corresponden al mérito del trabajo interior. Aparte de los dos órdenes de capillas laterales, el cuerpo de la catedral tiene cuatro naves, tres de fondo y una trasversal para formar la gran cruz característica de las catedrales góticas. Toda la mole de piedra, vasta y atrevida, que compone la bóveda, reposa sobre diez y seis grandes columnas, cada una compuesta de nueve de espesor desigual, lanzadas con vigor á dar con el altísimo artesonado de mampostería, desnudo y sombrío. La nave central es de un grande atrevimiento, y hay en todo el edificio ese carácter severo de oscuridad y sencillez solemnes que distinguia sobre todo á la arquitectura gótica de Francia. La ausencia de todo lujo, de todos los dorados y adornos extraños al arte mismo, se manifiesta allí, revelándose en la mole colosal de pura piedra y madera (sin mármoles ni baldosas suntuosas) ese sentimiento austeramente religioso que dominó en sus grandes creaciones á los pueblos artistas de la edad media. Por lo demas, los cuadros religiosos pintados en los vidrios de colores de las altas ogivas, son de muchísimo mérito, y tanto que pueden rivalizar con los de Nuestra Señora de Paris. El coro tiene primorosas esculturas y bajos relieves muy bellos en encina y nogal; pero es difícil apreciarlos por la oscuridad del templo, siempre sombrío y solitario. La iglesia de San Pedro, que es tambien de estilo gótico, puro y de la misma época ó quizas anterior, situada en el centro de Lyon, es todavía de un tipo mas vigoroso por su desnudez, su tristeza y sus proporciones de conjunto. La fachada, que es bella, acaba de ser restaurada (como lo serán otros templos antiguos), y una de las torres tiene gran riqueza de esculturas ó preciosos labrados. Larga y angosta, consta de tres naves tambien, cortadas hácia la testera, y su mérito consiste en el atrevimiento de la nave principal, de los arcos plenos y de las grandes ogivas. De resto, sus mosáicos en vidrio carecen de mérito, y el conjunto del edificio muestra una desolacion y una pobreza que entristecen. Aquel templo parece una inmensa tumba de piedra, desnuda, negra, sombría como un castillo feudal. La pequeña iglesia de Ainay, antigua abadía, llama la atencion de todos los viajeros, no por el mérito que tenga como obra de arquitectura, sino porque es una curiosidad histórica muy particular. Algunos pretenden que fué construida en el siglo III, pero lo mas cierto es que data del V, habiendo sido restaurada en el IX bajo el papa Pascual. Es una construccion baja y reducida, de estilo byzantino puro, y por lo mismo de una sencillez que hace gran contraste con las recargadas labores de los templos de la edad media. La iglesia de Ainay es la mas antigua de Lyon y la única que allí se conserva de los tiempos merovingianos. Consta de tres naves, y es casi tan ancha como larga; tiene bellos mosáicos en vidrio y grandes baldosas que contienen su historia en antiguos caractéres ó jeroglíficos; y es notable tambien por sus cuatro enormes columnas de granito, de una sola pieza, dos de las cuales, de un azul delicioso, salieron de un trozo estupendo hallado en las cercanías de Lyon formando una columna romana. He mencionado ántes el Hotel Dieu, que domina el muelle ó parapeto del Ródano, como un hermoso monumento, digno de admiracion por su grandeza y majestad. Citaré á próposito el palacio de Justicia, porque ámbos pertenecen al estilo suntuoso del Renacimiento, en que el arte se muestra subyugado por las reglas y la simetría académica se ostenta en lugar de la inspiracion, El palacio, situado sobre una plaza á la márgen derecha del Saona y dándole el frente, tiene una espléndida fachada monumental reposando sobre un inmenso peristilo, que empieza en enormes graderías y remata en veinticuatro grandiosas columnas de órden dórico, de piedra pura, que sostienen la masa exterior. El cuerpo principal del palacio es un vasto y rico salon donde se celebran las sesiones públicas del tribunal de _Assises_, y tienen su despacho todos los tribunales de Lyon. Una gran rotunda con frescos y bellos relieves cubre el salon principal, sostenida por ocho gruesas columnas de granito, y los mármoles y jaspes están prodigados en el pavimento y los muros para dar á ese «templo de la justicia» una majestad imponente. * * * * * Ademas de los monumentos y objetos públicos que he mencionado, posee Lyon muchos otros institutos de distinto órden, que merecen mas ó ménos la atencion. Tales son: la casa de Moneda, la gran fábrica de cigarros, el depósito de sales y el jardin de plantas nuevo, imitacion en pequeño del bosque de Boloña,--entre los de carácter material; entre los religiosos, una sinagoga y algunos templos calvinistas en ejercicio; y entre los que se refieren á la enseñanza, la beneficencia y la tipografía, un hospicio de sordo-mudos, varios hospitales selectos, una biblioteca escogida con 110,000 volúmenes, una academia y escuela de bellas artes, muchos colegios notables para todos los ramos del saber, escuela de artes y oficios, observatorio astronómico, un montepío, cerca de treinta imprentas, con doce ó catorce periódicos permanentes, y otra multitud de establecimientos que hacen de Lyon una ciudad casi de primer orden. Como Lyon es el gran centro de la produccion y fabricacion de sedas, y hace tan considerable papel en el comercio frances y aún del mundo, se encuentran allí consulados de casi todas las naciones, y el movimiento de la especulacion es enorme y general por la naturaleza de sus cambios. El viajero que ignora ciertos pormenores de la industria, llega á Lyon con el propósito de ir á maravillarse considerando las grandes fabricas de donde salen las ricas sederías, y que hacen trabajar á 80,000 obreros de uno y otro sexo. ¡Pero cuánta es la sorpresa al ver que semejantes fábricas no existen, y que tan enorme produccion salida de Lyon no es el fruto sino de operaciones de detall, de pequeñísimas empresas y de esfuerzos aislados y pacientes, en que el gusto y la inteligencia del obrero hacen mucho mas que la mecánica! En efecto, el sistema de la fabricacion de sederías consiste en una especie de trabajo á _destajo_ mas bien que en esa organizacion del trabajo en grande escala que las fábricas han establecido en los centros manufactureros. La seda es cosechada en las llanuras del Ródano, el Saona, etc., por pequeños propietarios independientes, recogida despues y preparada para los tejidos por grandes especuladores y en fábricas considerables, y luego distribuida por los empresarios de tejidos, á los tejedores. En Lyon se cuentan como ochocientas pequeñas fábricas, y aunque la mayor parte de sus propietarios tienen el fondo que les procura los telares y aparatos, algunos reciben avances ó préstamos para los gastos de instalacion. Cada una de esas pequeñas fábricas tiene cinco, diez, veinte, treinta ó algunos mas obreros (aunque son raras las de muchos), y el director, que es una especie de obrero-maestro, recibe de este ó el otro empresario, á virtud de un convenio libre, las sedas preparadas, los diseños ó modelos para los dibujos, labrados y demas obras que debe contener una pieza de sedería, y todas las instrucciones necesarias. El tejedor ejecuta su trabajo con el mayor esmero, sirviéndose del telar y los utensilios necesarios, pero haciéndolo todo á mano, pues ninguna máquina podría ejecutar los admirables caprichos de la moda, los bordados, los dibujos y matices finísimos que las sederías requieren cuando no son estampadas. De ahí proceden la exquisita superioridad y belleza y el alto precio y limitada cantidad de las sederías de Lyon, las mejores del mundo en su género. Pero de esa organizacion libre, espontánea y especialísima del trabajo, resultan al mismo tiempo muy importantes consecuencias económicas y morales que me llamaron la atencion. Desde luego, el primer resultado es la independencia del obrero, el cual, no siendo esclavo de la fábrica, no está sujeto á recibir la ley del capitalista. La competencia sostenida entre ochocientas fábricas pequeñas y muchos empresarios que contratan con ellas, evita los vicios que resultarían de la aglomeracion de produccion en pocas fábricas de grandes proporciones; conjura los efectos generales de las quiebras y crísis; da por base al trabajo la libertad, y establece de un modo regular el valor del producto. Vése al mismo tiempo que el obrero trabaja con mas interes y estímulo, que economiza la materia prima, aprovecha mas tiempo, trabajando en su domicilio, tiene ménos ocasiones de vicio y por tanto mas moralidad, se siente con la conciencia de su personalidad independiente, y está á cubierto, en lo general, de esas funestas colisiones que tienen lugar á menudo en las grandes fábricas donde trabajan centenares ó millares de obreros Por desgracia, no todas las producciones se prestan á esa feliz organizacion, pues en casi todas las demas las máquinas desempeñan admirablemente la labor del hombre, ó los trabajos son esencialmente colectivos. * * * * * CAPITULO III. * * * * * EL VALLE DEL RODANO. Aspecto general.--La Provenza--Panorama de Marsella--Interior de la ciudad.--Industria y comercio.--Grupos sociales.--Mendicidad. El extenso valle del Ródano, encerrado entre los Alpes ó sus ramificaciones y la cadena de áridas montañas de las Cevenas, es una region en extremo interesante y hermosa. El Ródano, ya caudaloso, pero siempre lento en su marcha, y desbordando con frecuencia sobre la llanura, sigue la direccion norte-sur de las montañas Cevenas, casi siempre por el pié de sus rocas ó colinas escarpadas y desnudas, fecundando una inmensa llanura que se extiende por la Provenza y parte del Languedoc hasta el Mediterráneo. El ferrocarril de Lyon á Marsella sigue la misma direccion del rio hasta Tarascon, y allí se aparta en direccion al este, para ir á buscar la opulenta Tyro del comercio frances en el mediodía. Ese giro de la via férrea hace que el viajero tenga un grande interes durante todo el trayecto, porque el paisaje es de una magnificencia encantadora. A la izquierda ó el oriente corren de norte á sur los Alpes formando tres líneas superpuestas: una en que se destacan entre las nubes los empinados picos cubiertos de nieve; otra inferior, azul, vaga y casi nebulosa, de montañas gigantescas pero sin puntos culminantes, y otra, en fin, mas baja y perceptible, compuesta de complicados cerros y colinas que van descendiendo en anfiteatro hasta encontrar su asiento en las llanuras del Delfinado y la Provenza, en uno de cuyos centros demora la ciudad de Grenoble. Al occidente, dominando el cauce arenoso del Ródano, que se esconde á veces entre pequeños bosques de sauces silvestres y álamos blancos de empinadas copas, corre la serranía del Ardeche, triste y estéril, compuesta de una serie de cerros quemados y rocallosos, de trecho en trecho cortados por algunas abras. Allí falta toda vegetacion, porque los vientos de los Alpes asolan el terreno, y apénas se ven, de distancia en distancia, ya algunas ruinas gigantescas de castillos feudales dominando las mas altas eminencias y como inclinadas sobre los abismos, ya algunas pequeñas poblaciones trepadas á la falda de los cerros como para recibir proteccion de esos castillos, y semejando desde léjos cada una un vasto nido de águilas adherido á los picos de las rocas. En medio de esas dos formaciones orográficas de tan distinto aspecto, demora el opulento valle, cruzado por pequeños afluentes del Ródano, entre ellos el Durance, que le trae las aguas de la poética Provenza. Donde quiera reina el mas esmerado cultivo haciendo del valle una especie de huerto interminable. Ya son las innumerables plantaciones de moreras enanas, que brindan su alimento al gusano fabricante de la seda, y hacen un bello contraste por su verde oscuro y vigoroso, ordenadas en calles que se cruzan en todas direcciones, con el verde claro y vivísimo de los almendros ó el casi amarillo de los viñedos intermediarios que comienzan á abrir sus primeras hojas. Despues, á medida que uno se aleja de Lyon, va viendo disminuir el número de moreras, progresivamente reemplazadas en la bella Provenza por los olivares de ceniciento color, cuya tinta gris, melancólica en extremo, se destaca como un inmenso y moviente sudario sobre la verde alfombra de los trigos sembrados en medio de las anchas calles de olivos. Desde Lyon hasta Marsella el ferrocarril pasa tocando en muchas ciudades y poblaciones importantes, algunas de ellas ricas en monumentos antiguos, romanos y feudales, y en recuerdos y tradiciones de mucha significacion para la historia. Pasa primero el tren por un considerable túnel por debajo de la ciudad de Vienne, situada á la orilla izquierda del Ródano, sobre un lecho de rocas de silex y granito, al parecer, y al pié de colinas donde vegetan las viñas escalonadas en anfiteatro; y luego se cruza la llanura que tiene por centro á Valence, ciudad algo considerable, y que se prolonga luego sin interrupcion, por Montelimart, Orange, Avignon, Tarascon y Rognac, hasta dar con el Mediterráneo en las cercanías de Marsella. Donde quiera se encuentran allí tesoros de arquitectura, escultura y pintura, que le recuerdan al viajero todo lo que la civilizacion romana, y despues la de la edad media hacinaron en los campos de la Galia meridional para dejar magníficas huellas de su paso. A poca distancia de la via cerca de Tarascon, subsiste aún en Saint-Esprit un famosísimo puente monumental echado por los Romanos sobre el Ródano, que despierta la admiracion hácia las obras admirables de esa raza de titanes, y que ninguno ha logrado imitar con perfeccion de grandeza y duracion. Al pasar por la Provenza se siente uno conmovido por un mundo de recuerdos que hacen soñar con los heróicos tiempos de los trovadores provenzales, esos inspirados y galantes fundadores de la lengua francesa y propagadores, de la poesía, la música, el canto, el sentimiento caballeresco y religioso y el espiritualismo de la idea cristiana. Delante de Avignon, en cuyo centro se ostentan aún magníficas ruinas, como las del famoso palacio del Papa, que fué su residencia durante el cisma, no puede uno ménos que recordar á Vaucluse, idear la figura poética de la ingrata pero púdica Laura, y murmurar alguno de los dulces é inmortales sonetos de Petrarca, el rey de los cantores del amor. Se comprende bien aquella admirable pasion sentimental y heróica, al pensar en el carácter de los siglos XII y XIII, y al contemplar la encantadora comarca de la Provenza, que entónces debió ser mucho mas bella y fecunda en inspiracion. No ménos interesante es Tarascon, donde se ven ruínas de monumentos importantes, testimonios de un antiguo esplendor. Pero desde allí hasta Marsella la via pierde su interes artístico, porque el cordon de ciudades monumentales se aparta hácia el Sur cruzando el Languedoc, país semi-frances, semi-romano y español. Es allí donde se encuentran sucesivamente las interesantes ciudades de Arles, Nîmes y Montpellier, esta notabilísima como centro literario y científico, no desprovista de bellezas de arte, y las otras dos como verdaderos santuarios que guardan dentro de sus muros los prodigios del arte plástico y de arquitectura y pintura que la civilizacion atesoró en su marcha sucesiva en el mediodía de Francia. La llanura pierde al fin su dilatado horizonte en Rognac, las colinas y los cerros se complican, anunciando la proximidad de la opulenta Marsella, y el Mediterráneo, penetrando por un pequeño golfo en medio de las redondas montañas de la costa, sorprende al viajero, ofreciéndole en las ricas salinas de Berre, Rognac y Martigues un hermoso lago circular, tranquilo y cristalino, cuyas ondas llegan hasta el pié de los olivos. La senda se estrecha, las graciosas quintas y casas de campo se multiplican á uno y otro lado, rodeadas de jardines y huertos, de olivos y viñedos, todo de una frescura encantadora; el movimiento comercial se hace sentir; las grandes fábricas é ingenios se destacan lanzando de sus altas chimeneas columnas de humo negro que van á desvanecerse en las rocas de las empinadas montañas, y al fin Marsella, la reina del Mediterráneo, se presenta á los ojos del viajero, irregular, agitada como una inmensa colonia de actividad cosmopolita. * * * * * Si la romántica y gentil Venecia, bañada en todos sus flancos por las ondas murmurantes del mar, ha sido llamada con razon la _reina del Adriático_, Marsella, elevada por la actividad del comercio moderno á una importancia colosal, merece con mayor justicia quizás el nombre pomposo de _emperatriz del Mediterráneo_. Su admirable situacion, su fabuloso progreso, su mérito fabril, sus inmensas relaciones comerciales, el fuerte guarismo de su poblacion, su grandeza material, su tipo social característico, su pasado y su porvenir, todo concurre á hacer en extremo interesante el estudio de la opulenta Marsella, la perla de la Francia meridional, la antigua colonia de los Focios, capital de la extinguida República marsellesa, que César no pudo vencer y conquistar, y que inmortalizó su nombre en la revolucion francesa con su legion de héroes y el himno admirable que electrizara á la Europa entera en las grandes luchas de la libertad contra el absolutismo. Marsella, la _Massilia_ de los Romanos, a quien Tácito llamaba «la Aténas de las Galias» (con muy poca razon acaso, bajo el punto de vista literario), está situada á 813 kilómetros de Paris sobre la costa oriental del agitado golfo semicircular de Lyon, cerca de la embocadura del pequeño rio Huveaunne y á algunas leguas al Este de las bocas del Ródano. Su bahía es pequeña, pero profunda y capaz de contener grandes flotas, y abrigada en todas direcciones por una red de colinas y montañas desnudas que se elevan al oriente en anfiteatro pintoresco. Como el Mediterráneo carece casi de flujo y reflujo, la bahía, dominada por rocas estupendas, fortalezas y montañas, está siempre llena, poblada de centenares y aún millares de embarcaciones, que producen no solo un movimiento comercial inmenso, sino tambien un espectáculo grandioso y del mayor interes. Las colinas, que arrancan desde la orilla del mar, se van elevando unas sobre otras, escalonadas y desnudas, calcinadas por el sol y pedregosas, hasta alcanzar una altura de mil metros que permite dominar todo el espléndido panorama. En una de las montañas vecinas se encuentra, dominando la ciudad, el antiguo fuerte de Nuestra Señora de la Guardia, al lado del cual está la capilla del mismo nombre, cuya vírgen goza de la mas alta veneracion de parte de los marinos. Frecuentemente, antes de emprender un largo viaje marítimo, los marinos suben en peregrinacion á la capilla para hacer ofrendas á la virgen milagrosa y pedirle proteccion. Otras veces un voto, hecho en los momentos solemnes del peligro, en las soledades del Océano, es lo que va á cumplir sobre la árida montaña ese sér indiferente a todo, connaturalizado con la tempestad, que se llama un marino. ¡Admirable poder el de la fe! Es bajo su impulso y por ella que el hombre es susceptible de hacer los mas prodigiosos esfuerzos y los mas sublimes sacrificios. Si la fe obra de distinta manera sobre el espíritu y el corazon, no por eso deja de ser el talisman universal. Para unos se llama gloria ó _amor_, para otros ambicion ó interes de fortuna; para muchos es un misterio indefinible, un misticismo poderoso y sencillo al mismo tiempo, que se traduce en la adoracion de una imagen divinizada por el sentimiento. Pero en todo caso, la fe, con la esperanza, con alguna ilusion para alimentar sus ensueños ó sus recuerdos en los desiertos del Océano! Dichoso el que cree y espera algo, aunque su creencia y su esperanza se hagan ver bajo las formas de la supersticion! La altura de Nuestra Señora de la Guardia es el sitio mas encantador que puede escogerse para tener una idea completa del soberbio paisaje complejo cuyo centro es Marsella. Desde allí se contempla un panorama inmenso, en varias direcciones. Al pié, al occidente, demora la ciudad, donde hormiguea una poblacion activa y numerosa, de cuyas plazas y mas grandes calles y avenidas se destacan grupos corpulentos de magníficos _plátanos_ orientales, tilos, castaños y otros árboles de gran talla y tupido follaje, rodeando numerosas fuentes de mármol ó de piedra. Vese distintamente establecida por el puerto y la espléndida calle _Canebière_ la division de la ciudad en dos partes de tipo diferente: la antigua y la moderna. La antigua Marsella, al norte del magnífico puerto, se distingue por sus calles estrechas, irregulares, divididas en pequeñísimas porciones, sucias en extremo, con casas ennegrecidas y horribles y con una poblacion que cruzan en incesante movimiento grupos de marinos, numerosas turbas de obreros y carreteros, lavanderas con trajes extravagantes, mujeres perdidas, mil mendigos y todas las clases inferiores de la opulenta Marsella. Esta parte de la ciudad forma lo que se llama el barrio de la _Joliette_, y está limitado por los nuevos puertos y magníficos muelles y almacenes creados para los vapores, y la vasta área del antiguo Lazareto destruido y de algunas colinas arrasadas donde se ha trazado el plan de una novísima Marsella que contendrá 150,000 habitantes en bellísimas calles. Despues se toca con el cementerio y la estacion del ferrocarril, al sur, y en seguida se extienden en direccion al valle del Ródano los admirables campos poblados de fábricas diversas, quintas bellísimas, huertos, jardines y plantaciones de olivos, almendros, viñedos, moreras, trigales y hortalizas variadas. La nueva Marsella, vasta, regular y magnífica, se extiende hácia el sur, hasta tocar con las encantadoras alamedas del _Prado_, orilladas por preciosas quíntas-palacios á estilo de las _villas_ italianas, donde el mármol y las flores revelan todas las gracias del arte; y luego, hácia el oriente, hasta trepar sobre las colinas escalonadas y terminar al pié de la que sirve de asiento al bellísimo jardin botánico-zoológico de aclimatacion, que es uno de los tesoros de Marsella. En esa segunda parte de la ciudad las plazas son graciosas, las calles anchas y rectas y las casas muy elevadas: las magníficas arboledas hacen un juego pintoresco con las severas torres de las iglesias y las estatuas y fuentes que decoran las mejores plazas ó plazuelas. Es allí donde está aglomerada la parte culta de la ciudad, y donde se ven los opulentos almacenes, las bellas tiendas de joyería y modas, los grandes hoteles, los suntuosos cafés, las damas elegantes, las ricas berlinas y todo el conjunto gracioso y variadísimo de una gran ciudad meridional, francesa y mercantil. Despues de la ciudad que reposa sobre muelles vastísimos de mampostería, se completa el cuadro con la escena marítima. Vese la hermosa rada limitada al occidente por un cordon circular de montañas desnudas y rocallosas; al oriente el puerto antiguo de la ciudad, cuajado literalmente de embarcaciones de todos tamaños (trescientas por lo ménos de larga navegacion) que forman un inmenso bosque de mástiles, vergas y banderas, entre cuyas grandes moles cruzan centenares de lanchas ó faluchas con sus cortinajes ó toldos de colores vivos coronados de banderolas. Mas al norte ostentan sus cien chimeneas los vapores que pueblan el nuevo puerto de los _Docks_ (Diques), cercado de almacenes de depósito en su vastísima circunferencia. El solo puerto antiguo, con su canal accesorio que rodea dos manzanas de la ciudad, tiene en sus muelles de piedra una extension total de 2,575 metros. Los nuevos muelles no tendrán menos de 4,000 en su circunferencia. Dos fuertes muy considerables, _San Juan_ y _San Nicolás_, cierran y defienden la entrada del puerto antiguo, que es el de los botes y buques de vela. Por último, extendiendo la vista, se ve la rada redondeándose para estrecharse á la salida y confundir sus ondas con las del Mediterráneo. Varios otros fuertes dominan ese punto, que es la verdadera llave de Marsella, siendo el mas notable el afamado castillo de _If_, que tiene su asiento sobre una enorme roca azotada por las violentas olas por todos lados. Aquel fuerte ha servido de prision de estado á muchos hombres notables en la historia, y es allí donde Florentino y Dumas han puesto en escena al singular abate _Faria_ en la admirable novela del _Conde de Monte-Cristo_. Como se ve, la escena que se contempla desde la altura de Nuestra Señora de la Guardia es una de las mas soberbias que puede ofrecer una costa marítima. Al pié la rada y la ciudad, llenas de vida, de luz, de movimiento, caprichos y contrastes; al sur los castillos y la mar, inmensa, silenciosa, sombría, solitaria; y al nor-oeste las montañas vecinas, las campiñas pintorescas, y á lo léjos las llanuras del Ródano limitadas por los montes del Ardeche y Cevenas. Inmenso paisaje para encantar al viajero curioso que busca emociones donde quiera; pero mas inmenso aún para el poeta y el estadista que pueden hallar al mismo tiempo materia de interesantes estudios sociales, y para remontarse hasta lo infinito en una contemplacion profunda y soñadora.... Bajemos de la montaña para echar una rápida ojeada sobre el interior de Marsella. Esta antiquísima ciudad, fundada por los Focios 609 años ántes de Jesucristo, afortunada rival de Tyro, de Corinto y de Cartago, ha ido siempre en prosperidad, á pesar de los grandes desastres que la han puesto á prueba en varias épocas. Su poblacion aumenta hoy de un modo prodigioso, puesto que en 1841 contaba apánas 160,000 habitantes, y hoy tiene el enorme guarismo de 360,000. Este hecho no ha podido verificarse sino á virtud de estupendos trabajos de mina y nivelación que, extendiendo mucho el área, han permitido emprender nuevas construcciones en inmensa escala. Si hoy es Marsella la primer ciudad marítima de Francia y la tercera en poblacion, todo hace creer que ántes de veinte años quizas tendrá 600,000 almas y figurará como la quinta ó sexta ciudad de Europa. La gran prosperidad de Marsella, proveniente de su activa produccion y de sus relaciones universales de comercio, que la hacen la puerta de Francia en el Mediterráneo, ha crecido á virtud del establecimiento de los Franceses en Argelia, sirviendo poderosamente de lazo de union entre la metrópoli y la Francia africana. Pero todavía tiene un porvenir mas grandioso, que le están preparando en Asia y en Colombia y Oceanía los canales de Suez y Nicaragua en via de ejecucion. El dia que esas grandes vias de comunicacion estén abiertas al comercio del mundo, Marsella centralizará en sus puertos y almacenes la mayor suma del enorme movimiento cosmopolita que se producirá. El Oriente será en cierto modo trasladado á las costas del Mediterráneo, y Marsella será un opulento santuario donde se confundirán por el cambio Europa y Asia, Africa y Colombia, como en una colonia de la humanidad. Marsella es interesante bajo todos aspectos: si su comercio es vastísimo para dar salida á los productos del suelo frances y de una parte de la Suiza, y entrada á los valores que proceden del Asia, de todo el Mediterráneo y de Africa, América y Colombia,--el importe de su fabricacion es muy considerable; sus construcciones navales son muy valiosas; los frutos de su agricultura son de no poco precio; y en su seno agitado da cabida tambien á los monumentos que atestiguan el progreso espiritual de la civilizacion. Verdad es que Marsella no tiene valor ninguno artístico ni brilla mucho en el campo de la literatura ó de las ciencias. Mas no por eso carece de bellos institutos de instruccion y de gusto intelectual, entre los cuales se distinguen: el pequeño y reciente pero ya encantador jardin de aclimatacion; la Biblioteca, que cuenta 60,000 volúmenes y 1,300 manuscritos interesantes; el Museo de pinturas, de antigüedades y de historia natural; tres ó cuatro teatros siempre en actividad; academias científicas; ocho ó diez periódicos permanentes, muchas tipografías y varias escuelas de mérito, entre las cuales es muy superior la de náutica. Marsella tiene ademas un gran Banco y Bolsa, varios hospitales bien servidos, y numerosos establecimientos de crédito. Abunda en espléndidos cafés de mucho lujo y elegancia, aunque en lo general frecuentados por gentes de mala sociedad, y en ricos y espaciosos hoteles que nada tienen que envidiar á los mejores de las grandes capitales. El edificio de la Bolsa y el del _Hôtel de Ville_, que están casi terminados, serán hermosos monumentos. Los paseos públicos son muy bellos, sobre todo el del _Prado_ y el que domina el mar por el lado meridional; y hay en el centro de la ciudad hermosas plazas sombreadas, muy adecuadas á un país donde la tierra parece calcinada por el sol. Como centro industrial ó fabril, Marsella merece mucho interes, aun prescindiendo de su valiosa produccion en buques, cordajes, velámenes y todo lo que se refiere á la marina. Posee en sus cercanías abundantes salinas, y tiene una gran fábrica de cigarros por cuenta del Estado. Sus principales fábricas de particulares, de enorme produccion permanente, son: de jabones, pomadas, aguas de olores, bujías y muchos otros productos químicos, en grandísima escala; de destilacion de aceites de todas clases y licores finos y aguardientes, y de preparacion de pastas y frutos alimenticos, por valores muy considerables; cinco refinerías de azúcar, que producen cada una 58,000 kilógramos diarios sin satisfacer á los pedidos; extensas fábricas de instrumentos de cirujía, óptica, etc., y de máquinas de ingenios, destilacion de aceites y licores y trabajos domésticos y de agricultura; fábricas de papel continuo y á mano, de todas clases, y grandes tenerías que producen excelentes tafiletes y toda especie de cueros curtidos. Como se ve, Marsella tiene una vasta y muy interesante produccion propia. A ella se agrega su exportacion de los vinos finos de la comarca de Tolon y de los ordinarios de Languedoc, como tambien de aceites indígenas y frutas conservadas, sin contar las grandes exportaciones procedentes del interior de Francia. El vastísimo comercio de Marsella, alimentado por el mundo entero, abraza todos los artículos que la industria exterior puede producir; pero hay algunos que merecen mencion especial, porque constituyen por su naturaleza y su enorme valor total la base principal del tráfico alimentado por tantos millares de fragatas, bergantines, barcas y vapores que de todos los puntos del globo van á ofrecer su carga sobre los muelles de Marsella. Esta ciudad recibe especialmente: de Rusia trigos y cáñamo; de España vinos generosos, y aceite para purificarlo; de todas las costas de Turquía, Egipto y el resto de Africa, granos oleaginosos, esencias, especería y cereales; de Colombia y las colonias francesas y asiáticas, azúcar, maderas de tinte y ebanistería, pieles de todo género, café, cacao, caucho, plantas medicinales y aromáticas, tintes finos y minerales. Marsella es, pues, apesar de las instituciones fiscales de Francia, ántes hostiles al comercio extranjero, uno de los mas grandes y seguros mercados con que puede contar en Europa el Nuevo Mundo, en cuanto á exportaciones; y es al mismo tiempo un centro importantísimo para proveerse de ciertos artículos europeos que tienen gran consumo en Colombia. Si del examen puramente económico se pasa al estudio de la fisonomía social de Marsella, no se la encontrará ménos interesante, ó por lo ménos curiosa. Allí parece haber una Francia distinta de la del interior, ó algo que no pertenece á Francia. Las montañas estériles y tristes; la reverberacion de un mar que se agita bajo el soplo de los vientos quemadores del Africa; el esplendor del cielo, azul y trasparente; la naturaleza semi-oriental de la vegetacion; el tipo vigoroso de las fisonomías algo retostadas; el lenguaje, el acento, las ideas populares, las costumbres y los usos,--todo establece allí una distincion profunda, haciendo del Marselles una especie de Fenicio ó de Italiano, un sér que mira hácia el Oriente y el Africa; voluptuoso, altivo, independiente y que mira con antipatía lo que viene de las comarcas setentrionales. Al observar las fisionomías marsellesas, el viajero no puede ménos que advertir que en las arterias de este pueblo hay mucha sangre africana. Si bien es cierto que todos los Marselleses entienden y hablan pasablemente el frances, solo la parte superior de la sociedad lo habla bien y con frecuencia. En general el lenguaje es allí un _patuá_ de sonidos vigorosos, áspero, y en extremo acentuado, muy expansivo y libre, y en muchas palabras duro hasta lastimar los tímpanos. Algunas de sus frases, entre las pocas que pude entender, me parecieron de una energía enteramente oriental y de una singular sencillez. El pueblo marselles es muy altivo y orgulloso; se cree superior á todo el mundo, haciendo mucho alarde de los primores de Marsella, y tiene un desprecio profundo por los Parisienses y aún por los de Lyon: no ha mucho los llamaba todavía _bárbaros_. Y cosa rara en ese país del sol, del mar, de las montañas y del magnífico cielo!--ese pueblo no manifiesta, como era de esperar, el sentimiento artístico. Así, viste con extravagancia, combinando los colores mas chillones; no cultiva la música, ni la poesía, ni la danza, ni el canto en el grado que debiera, segun el clima, el paisaje y las costumbres marítimas; se acomoda al desaseo con increible indiferencia, y el hogar doméstico y la construccion de las casas manifiestan que carece de gusto por lo bello, elegante y gracioso. Es curioso ver en los puertos y las plazas y callejuelas de la antigua Marsella, la poblacion que se agita bajo los rayos de un sol ardiente, huyendo casi siempre de la sombra. Ora llaman la atencion los variadísimos tipos de marineros, cuya fisonomía curtida, áspera y angulosa manifiesta la influencia de las brisas y las fatigas del mar; ora tropieza con el negociante cosmopolita ó comisionista, tipo flotante que revela en sus rasgos el hábito de acomodarse á todo y el instinto de la especulacion, y en su lenguaje, su porte y su marcha la indiferencia por todo lo que significa un goce social, el desprecio por las fórmulas, el abandono personal y la priesa de hacer las cosas en el menor tiempo posible. Ya se da con el _turista_ ó viajero elegante (casi siempre inglés), pulcro y acicalado, que se pasea negligentemente, observando con nimia escrupulosidad hasta los menores detalles; ya con el rico ciudadano marselles, término medio entre el parisiense y el comisionista, que pasea las aceras de las calles y plazas, con las manos en los bolsillos, fumando un suculento habano, en busca de noticias ó de especulaciones en grande. Y luego, tan presto se da con el obrero sucio y fatigado, sudando y riendo, alegre, alborotador y pendenciero, que tira de una carreta ó dirige las mulas de un carro de mercancías, como se encuentra un enjambre de _grisetas_ advenedizas, corredoras de aventuras que vienen del interior á buscar el rico botin de la corrupcion en los grandes puertos; ó se tropieza con grupos de vivanderas que hacen una infernal algazara, mujeres flacas, morenas, de ojos ardientes, de cara angulosa y líneas fuertemente pronunciadas; vestidas con enaguas ó trajes de colores vivos, pañolones rojos ó amarillos, un pañuelo atado á la cabeza, en forma de turbante ó suelto por detras, medias de algodon y alpargatas ó viejos zapatos de cuero tosco, y llevando cada una un enorme cesto de frutas ó legumbres, ó una carreta de mano, para ofrecer el artículo con gritos incesantes y chillidos agudos que penetran el cerebro. En Marsella, como en Lyon, es ya muy notable la multitud de mendigos y el hábito de mendigar importunando, que caracteriza en Europa á todas las poblaciones meridionales. Mucho se habla de los mendigos que pueblan las calles y los caminos en Italia y España, pero los viajeros ingleses y franceses se olvidan de la mendicidad en Inglaterra y Francia. En ninguna parte he visto mendigos tan horribles y repelentes como en Inglaterra; pero es justo hacer una distincion: en Inglaterra el mendigo pide sin hablar, extendiendo la mano, y guarda silencio y se retira cuando no le dan. En el norte de Francia, y en Paris sobre todo, el mendigo es una especie de artista harapiento: pide su limosna con organito, clarinete, flauta ó acordion, y el que pasa le da si quiere, sin necesidad de plegaria. Pero en el sur de Francia, como en Italia y España, se pide la limosna peor que con _escopeta_; es una operacion en cuatro actos, á cual mas terribles: embestida brusca, horrible clamoreo, sitio rigoroso y persecucion hasta hacer sucumbir al pasajero. Aconsejo al que viaje por el sur de Europa que lleve siempre los bolsillos llenos de monedas de cobre, y al ver que le ataca la temible falange, que arroje al suelo una puñada y eche á correr, sin parar hasta la primera casa donde sea posible poner puerta de por medio. El 29 de marzo pasaba yo por delante de los tres fuertes de la _Cuarentena_, que dominan la entrada de la rada, á bordo del vapor _Madrid_, con direccion á Barcelona, como punto de partida en mi peregrinacion por la península española. El mar estaba agitadísimo, y al surcar las encrespadas y menudas ondas del Mediterráneo, veia con indefinible encanto el admirable panorama de Marsella, iluminado por un sol magnífico y encuadrado entre un cerco de montañas de una aspereza melancólica, pero de un efecto superior sobre el fondo azul del cielo. Poco á poco las formas desaparecieron, todo se convirtió en una inmensa sombra vaga y lejana, y al fin perdí de vista la estrecha faja de la costa marsellesa. La Francia quedaba atras: iba á comenzar, al dia siguiente, la hermosa tierra española, el país de mis antepasados que visitaba por primera vez. ¡Cuántos tesoros no debia encontrar como elementos complejos de contemplacion deliciosa, de gratos recuerdos y de observacion y estudio! * * * * * CAPITULO IV. * * * * * CATALUÑA. Orografía de España.--El puerto da Barcelona.--Condiciones sociales de Cataluña.--Rasgos notables.--Los Catalanes.--Centros manufactureros. --Barcelona.--Tarragona y Reus.--Un tipo inglés. Las cuatro cadenas de montañas paralelas que cortan el interior del territorio español, de oriente á poniente, formando cuatro grandes hoyas bien determinadas, no son en realidad otra cosa que una sucesion de ramificaciones, admirablemente ligadas entre si por curbas trasversales, que se desprenden de la grandiosa cordillera de los Pirineos. Un cordon de cerros desnudos pero sin escarpes bruscos, se desprende en _Reinosa_ de las montañas de Santander (los Pirineos), y tomando una direccion casi opuesta (al sud-este) separa á la _Vieja Castilla_ del país _Vascongado_ y la _Navarra_; se eleva en las cercanías de Sigüenza, despues de formar una cuenca ó semicírculo, y se abre allí en dos ramificaciones. La una, mas colosal y rocallosa, sigue su curso hácia Portugal, y se llama la sierra de _Guadarrama_, baluarte que separa las dos Castillas. La otra, suave y casi imperceptible al principio, sigue al este, forma otra curba, que separa al _Aragon_ de la _Nueva Castilla_, se reorganiza en la sierra de _Albarracin_, y volviéndose otra vez hácia el occidente, repite su dislocacion en el vértice de la provincia de _Cuenca_, y continúa reproduciéndose en cadenas de montañas. En ese vértice, el sistema orográfico español, copiándose á sí mismo, lanza una alta cadena al occidente, paralela á la de Guadarrama, determinando al norte la alti-planicie inmensa de la Nueva Castilla (con el nombre de _Montes de Toledo_) y al sur la hoya compuesta por la _Mancha_ y la _Estremadura_. La otra serranía, formando á su turno otro arco, siempre convergente hácia el poniente, y reproduciéndose en un círculo y dos ramales, determina al este la formacion curiosa de Cuenca, con el valle marítimo de _Valencia_, y vuelve á bifurcarse en las cercanías de _Alcaraz_. De allí parte una serranía paralela á las anteriores, con el nombre de _Sierra Morena_, separando las planicies manchegas y estremeñas, de la _Andalucía_; en tanto que la serranía reproductora se dirige al sur, como si buscase al Africa, para determinar al fin, con otro cambio brusco de direccion, la famosa _Sierra Nevada_, que corta de oriente á poniente la Andalucía, creando una tremenda muralla entre su parte llana y la costa del Mediterráneo, despues de haber separado en su línea trasversal á la misma Andalucía del reino antiguo de _Murcia_. Así, puede con razon decirse que los Pirineos, comenzando hácia la costa del golfo de Lyon, y reproduciéndose en una serie admirable de bifurcaciones, no terminan en realidad sino en la sierra de _Ronda_, entre Cádiz y Marbella, despues de haber surcado toda la península y determinado un vastísimo sistema de valles escalonados y centenares de rios y riachuelos. En medio de los Pirineos propiamente dichos y las serranías de reproduccion, hasta la sierra de Albarracin, se extiende un inmenso valle, regado por el Ebro y 150 afluentes, que tiene por vértice á la provincia vascongada de _Alava_, al poniente, y por base la costa del Mediterráneo, en una extension de 37 miriámetros, desde la frontera de Francia hasta tocar con el antiguo reino de Valencia. La parte superior de ese magnífico valle corresponde al país vasco y la Navarra; la parte media al antiguo reino de Aragon, y la baja ó costanera (aunque tocando á las montañas) es la que se llama _Cataluña._ Tal era el país por donde yo comenzaba mi excursion en España,--la libre y activa Cataluña,--al saludar las costas de Barcelona, el 30 de marzo de 1859, desde el puente del vapor «Madrid». Un magnífico sol de primavera, que preludiaba los alegres esplendores del mes de abril, poblaba de encantadores reflejos las ondas del Mediterráneo que sacudian sus blancas escamas contra los peñascos y las playas de la costa, suavemente ondulosa. La faja de la tierra se extendia claramente á la vista, con un cerco de barcos pescadores desplegando al viento sus sencillas velas; y en la orilla se destacaban sucesivamente, como nidos de gaviotas, las alegres poblaciones vecinas á Barcelona, contando desde Badalona y Masnou hasta la activa Mataró y Arenys de Mar. Al llegar casi al puerto de Barcelona sentí prolongarse en los aires un silbido agudo que me llenó de placer. Era el aliento de una locomotiva, en uno de los ferrocarriles catalanes. La tierra enviaba como el mar su grito civilizador, saludando la locomotiva de la estacion á la que llegaba dominando las ondas. Aquel era un excelente augurio que revelaba este hecho: Cataluña es un país de actividad y civilizacion. Si Barcelona es una plaza fuerte ó ciudad fortificada, este carácter, ya casi puramente histórico, desaparece ante las condiciones económicas que le dan su tipo especial. Plaza esencialmente fabril y comercial, es no solo el gran centro económico del vasto valle del Ebro, sino la primera ciudad mercantil de España y una de las mas importantes del Mediterráneo. Barcelona es la Marsella de España. Al llegar al puerto, que es topográficamente malo, se comprende todo lo que ha influido la actividad industrial de los Catalanes para darle una importancia á que la naturaleza no lo llamaba. En lo general España no ha sido inteligente en la eleccion de sus puertos del Mediterráneo, puesto que en vez de aprovechar sus bahías y mejores ensenadas ó pequeños golfos, ha situado sus mejores plazas mercantiles, con raras excepciones, en puntos donde las flotas mercantes ó de guerra no pueden encontrar el abrigo suficiente. Así, en Barcelona y Tarragona, en el Grao de Valencia y en Málaga, es el poder de la hidráulica el que ha logrado ofrecer algunas ventajas á la navegacion y el comercio, creando verdaderos puertos artificiales. El viajero que llega preocupado con noticias falsas respecto de España, suponiendo que toda ella es un país uniforme en su civilizacion, encuentra un magnífico desengaño al llegar a Barcelona, ciudad que tiene la fisonomía de una colonia fundada por Fenicios y conservada por Ingleses y Franceses. Todo tiene allí el tipo de lo extranjero, del cosmopolitismo y de la vida independiente de la influencia puramente española. El puerto, resultado de grandes pero incompletos trabajos hidráulicos, que avanzan hácia el mar por un lado, es una bolsa irregular, de unos 1,500 metros de desarrollo. Al entrar, se ve á la derecha la nueva y simétrica poblacion de _Barceloneta_, especie de ciudadela mercantil, que tiene en avanzada el muelle de descarga, el faro y la primera estacion de ese cuartel de fiscalizacion egoista que se llama _Aduana_. En el fondo y hácia la izquierda están: la puerta principal, que da sobre la hermosa «plaza de Palacio,» la Aduana, el palacio de las Bellas Artes y la Bolsa; y luego se destaca la colosal muralla hácia el sur, sirviendo de base á un vasto parapeto, dominado par una larga fila de casas espléndidas, elevadas, pintorescas, que tienen el aire de palacios de la clase media. Despues, la curba se prolonga como queriendo cerrar el puerto, y su costa está dominada por una alta colina que sirve de asiento al fuerte de _Monjuí_, centinela puesto allí por el genio de la guerra y de la desconfianza, como uña amenaza secular para el comercio, que es el genio de la paz y la prosperidad. Cataluña es un país que no puede ser descrito sino con grandes rasgos, porque es un país de carácter cosmopolita, donde los pormenores desaparecen ante el interes del conjunto. Si al penetrar con el lector en las demas provincias españolas me detendré mucho en pormenores, porque ellos son todo en la region goda, andaluza y vascongada,--al indicar mis impresiones recogidas en Cataluña tengo que reducirme á la fisonomía general del pais, que revela todas las condiciones. Cataluña, comprendida entre los Pirineos, el Aragon, la provincia de Castellon y el Mediterráneo, ocupa una décima quinta parte del territorio español y tiene una poblacion total de 1,700,000 almas, es decir, la novena parte de la poblacion española en Europa. Esa desproporcion nomas indica el mayor grado de actividad de Cataluña, por una mas fuerte condensacion de habitantes, lo que determina un mayor cultivo de la tierra y mas industria, comercio y cultura social. La sola ciudad de Barcelona tiene 190,000, si no 200,000 habitantes, y se cuentan en Cataluña otras ciudades bien considerables, como Reus, Tarragona y Lérida, y algunas que no bajan de 14,000 almas; pero en lo general la poblacion catalana está repartida en los campos y una multitud de pequeños centros fabriles muy interesantes. La propiedad territorial, por otra parte, está muy repartida; la navegacion absorbe la actividad de una fuerte parte de la poblacion, naturalmente independiente; y siendo tan esencialmente fabricante el pais, sus masas de obreros en las poblaciones son de mucha consideracion. Todos estos hechos son de la mayor importancia para poder apreciar las condiciones sociales de Cataluña. La naturaleza, como en todas partes, ha determinado todos los fenómenos característicos del país catalan. Un territorio fértil, de clima muy sano y en su mayor parte llano, se extiende allí, surcado por un rio bastante considerable (el Ebro) y otros muchos no navegables pero excelentes para la irrigacion de los campos y la propulsion de las fábricas. En todas direcciones, ménos al oriente, ese rico país se encuentra rodeado por montañas que lo incomunican mas ó ménos con el resto de España (excepto Aragon) y con Francia. La naturaleza, pues, invitaba á los Catalanes á buscar la costa marítima para ponerse en relacion con el mundo. Teniendo á la mano los puertos, los Catalanes hallaban la mas vasta via para su expansion social ó sus cambios. Su rico suelo los ha hecho agricultores; sus montañas, como barreras de defensa, los han hecho indomables y altivos; la igualdad del terreno les ha permitido las mas fáciles comunicaciones, y la extensa línea de costa con numerosos puertos los ha convidado á la fabricacion y la actividad del comercio. Al mismo tiempo, esa posicion geográfica les preparaba sus condiciones etnológicas. Teniendo por vecina á Francia, en frente á Italia y á su disposicion todo el Mediterráneo, sus costas han estado abiertas á todas las invasiones. Primero les dieron una forma los Fenicios, despues los Cartagineses. Mas tarde los Romanos les imprimieron su sello, dominando en Cataluña mas que en ninguna otra comarca de la Iberia. Por último, las invasiones sucesivas de Galos y Francos, y la dominacion que en diversas épocas han ejercido allí, despues de los Godos, los Sarracenos, los Franceses, los Aragoneses, los Napolitanos y aún los Ingleses, han trastornado de tal manera el tipo primitivo, que al cabo Cataluña, como el reflejo de las mas diversas razas, ha quedado en una situacion peculiar de fusion y de poligenésis. Tal es su tipo esencial, que se revela en las costumbres, la lengua, la raza, la industria y aún las instituciones locales. Donde quiera, en Cataluña, la raza tiene en su tipo, su lengua y sus hábitos las cualidades y los defectos de toda sociedad mezclada, pronunciándose con rara energía. La mujer tiene allí formas varoniles, careciendo en lo general de esa suavidad, esa morbidez y gentileza que acompañan donde quiera, en mayor ó menor grado, al sér femenino. Las hermosuras que allí se encuentran son altivas y de una expresion rígida y resuelta. El hombre tiene por lo comun la tez morena, el ojo vivo y penetrante, las facciones angulosas, las líneas fuertemente marcadas, el cabello negro, laso y abundante, la voz ruidosa y libre. Las organizaciones tienen el sello de la fuerza y del trabajo: robustas y vigorosas, pero sin elegancia ni pulimento. Es que en aquella sociedad la conciencia de lo _útil_ ha predominado sobre las nociones del espiritualismo y del arte. La lengua, como la raza y la historia, es un compuesto. Y digo la _lengua_, porque el catalan no es un dialecto, sino un idioma completo, que tiene su gramática propia y su literatura. Al escuchar atentamente una conversacion animada en catalan, se cree asistir á un diálogo de hombres de todas las naciones. Tan presto se percibe la dulcísima palabra italiana, como la voz francesa, fuertemente acentuada y convertida en un sonido áspero; ya se siente el eco lleno y sonoro de la palabra española, ampulosa por su abundancia de vocales, como la acentuacion aguda y el esfuerzo gutural de la _j_ que distinguen á la poética lengua de los árabes. Así, el catalan es simultáneamente fenicio, italiano, godo, árabe y frances; pero en su tipo predominan los elementos italiano y frances. Y en efecto, el Catalan, cosmopolita y negociante por excelencia, tiene en alto grado la ardentía impresionable del Italiano, así como la chispa burlona y el espíritu especulador del Frances. Los rasgos mas característicos del Catalan, que tiene bellísimas cualidades, son: la franqueza sin petulancia, la independencia, la severidad en el cumplimiento de un compromiso, y el sentimiento íntimo de la igualdad y la personalidad. Si un Catalan os necesita, llega al círculo en que os hallais, se mezcla sin ceremonia, os dice lo que le interesa, y se retira sin hacerle cumplidos á nadie. Y no por eso es grosero ó descortes, pues cuando no se trata de negocios se muestra cordial, expansivo y locuaz. Si vais á su casa, le hallareis hospitalario, generoso y fino, con tal que lo merezcais. Con excepcion de los asuntos que exigen absolutamente escritura para su validez, el Catalan hace sus negocios de palabra, y un asentimiento cualquiera vale mas que el mejor documento. Varias veces ví en la Bolsa hacerse muy fuertes transacciones, sin la intervencion de agentes de cambio y sin buscar testigos esprofeso. Un dia que recorria yo, como observador, el vasto salon de la Bolsa de Barcelona, en el palacio de las Artes, me detuve delante de dos fuertes especuladores que hablaban así: --¿Tiene U. renta del tres? --Tengo unos treinta mil duros.--¿A cómo? --Al precio cotizado ayer. --¿Rebajaría U. diez céntimos? --Si no es á plazo sí, --¿Podría U. conseguirme diez mil duros mas? --Sí. --¿Otros cinco mil? --Sí. --_Dicho._ Los dos negociantes, sin mas conversacion, se separaron, despues de apretarse la mano. Al dia siguiente supe, porque el asunto me habia interesado mucho, que el negociante interrogado habia ido, á las diez de la mañana, á casa del otro á entregarle cuarenta y cinco mil duros en renta del _tres_, y recibir el dinero en billetes de banco. El vendedor habia perdido mil duros para poder conseguir los quince mil prometidos de mas que no tenia en caja. Sin eso, habría quedado deshonrado y perdido ante el comercio de Barcelona. La sola palabra _dicho_, pronunciada despues de una conversacion clara, cierra un contrato y lo hace obligatorio. Si un negociante que acaba de hacer un cobro se apercibe ántes de las veinticuatro horas de que ha recibido algo de menos, por equivocacion, va donde el pagador, reclama, y sin mas prueba que su palabra (si es hombre conocido), recibe el déficit. Como todo se puede verificar luego, no se piensa jamas que un negociante conocido pueda faltar á la verdad ni cometer un fraude. Un pueblo donde la palabra tiene tan alto valor, es evidentemente un pueblo honrado y activo. * * * * * El aislamiento relativo en que los Catalanes habian vivido respecto de los Españoles, ha creado allí un pueblo distinto del ibero en todas sus condiciones y especialísimo. Cataluña no se parece sino á Cataluña. El espíritu de independencia, desarrollado por los hábitos marítimos y comerciales, ha hecho calificar á los Catalanes de revoltosos é ingobernables, y especialmente á su poblacion montañesa de _terrible_. Eso es un error. Los verdaderos intratables son los que han querido oprimir á los Catalanes y privarles de sus libertades tradicionales, su lengua, sus costumbres y prosperidad. El montañes de Cataluña, el valeroso habitante de _Puigcerdá_, no es el hombre feroz que se supone. Si se le deja en paz es excelente, laborioso y muy accesible; pero si se le ataca, es implacable en la guerra y no da tregua hasta que país queda libre de enemigos. El guerrillero catalan fué el mas tremendo enemigo de Napoleon, y será en todo tiempo una garantía para la independencia española. Tan cierto es que los Catalanes son opuestos á la guerra y tienen un profundo espíritu de progreso, que siempre han solicitado la demolicion de las fortificaciones, á fin de poder ensanchar sus ciudades, confiando su defensa á los intereses mas bien que á los cañones de las gruesas murallas. Apénas acaba de autorizarse la demolicion de una parte de esas fortificaciones, y ya las ciudades de Barcelona y Tarragona crecen y se mejoran y regeneran como por encanto. Dentro de pocos años Barcelona será una vasta y hermosa capital de 350,000 habitantes. No hay en el pueblo catalan un sentimiento mas hondamente arraigado que el de la igualdad y la personalidad. Esto procede del amor al trabajo y el respeto que allí se tiene por la industria. La muestra de su tienda ó su taller es un verdadero blason para el artesano ó el tratante. El hombre mas noble en Cataluña, es el que trabaja con mas teson, inteligencia y probidad. Allí no hay mas aristocracia que la del trabajo; y como todos trabajan, todos se tienen por iguales y se tratan con una sencillez que permite la fusion de todas las clases sociales. Si el Catalan es esencialmente independiente y liberal, el artesano es mas. Un pobre tendero se cree soberano en su tienda, como el banquero en su escritorio y el batelero en su lancha. De ahí viene cierta dignidad altiva sin grosería, cierta conciencia de su personalidad, que impulsa al Catalan á todos los géneros de trabajo imaginables y puros, pero que le hace absolutamente incapaz de degradarse en ocupaciones innobles, como la del rufian ó el trapacero. Allí todo el mundo está ocupado en producir algo. Si el batelero es por lo comun áspero y soez, como en todas partes, el artesano es atento y el campesino afectuoso. Al llegar á Barcelona se siente una penosísima impresion, causada por los muchos mendigos que rodean y atormentan al extranjero. La mendicidad me pareció muy extraña en una ciudad tan activa y opulenta. En breve supe que allí hay excelentes institutos de caridad para recoger á los mendigos, cuidarles y darles trabajo. Pero esos mendigos no son de Barcelona: vienen desde lejanas poblaciones del interior á explotar á los extranjeros; pero huyen y se esconden cada vez que se les quiere recoger, para reaparecer luego en bandas errantes. Los mendigos son en España el rastro viviente que han dejado los conventos y las instituciones viciosas. Los Catalanes tienen dos cualidades muy fecundas para la industria y el progreso moral: un alto espíritu de asociacion, y el puntillo de la imitacion de todo lo bueno, para no quedarse atras. Todas las grandes cosas, como las mas pasajeras, se hacen en Cataluña á virtud de la asociacion. Las empresas de navegacion, de alumbrado y de diligencias, los ferrocarriles, los bancos, las grandes fábricas, los institutos numerosos de crédito, los teatros, los casinos, los cafés y hasta los bailes y fiestas, proceden de asociaciones voluntarias, sin ninguna ingerencia ni garantía de la autoridad. De ese espíritu de sociabilidad resultan muy buenos efectos. Todo el mundo se interesa en las empresas, todo anda bien y apriesa, nada decae, y los monumentos de recreo, como los teatros, casinos, etc., están siempre en auje, aunque muchas veces sin producir utilidades. Como todos son accionistas en los teatros, todos concurren, y Barcelona tiene siempre excelentes artistas. Los pueblos catalanes son los primeros de España que han establecido el alumbrado de gas, ferrocarriles, compañías de crédito y aseguros, irrigaciones inteligentes y cuantas cosas distinguen la civilizacion avanzada de Inglaterra y Francia. Todo progreso tiene inmediata acogida entre los Catalanes; y, lo que es mas notable aun, sus progresos ó sus obras son el resultado de sus propios esfuerzos y recursos. Sus ferrocarriles (que son ya numerosos) son _catalanas_ casi en la absoluta acepcion de la palabra. En Cataluña hasta los pueblos de tres mil habitantes tienen su alumbrado de gas, y el vapor ruge en todas partes como el motor de los grandes trabajos de fabricacion. Aparte de sus carreteras excelentes, sus ferrocarriles, sus muchas líneas de diligencias y sus centenares de buques de vela, los Catalanes tienen un buen servicio de vapores para la navegacion internacional y costanera. Por eso sus puertos están siempre llenos de buques que alimentan poderosamente la actividad del pais. El país catalan es sumamente agrícola, haciendo fuertes exportaciones en vinos, aceites, frutas y otros muchos artículos. Es tambien comercial por excelencia. Pero lo que le imprime su sello mas característico es la industria fabril, que asemeja la Cataluña á una comarca inglesa. No hay género de fabricacion que allí no tenga acogida, siendo los mas importantes los tejidos de algodon, lana, seda y lino en grande escala, y la fabricacion de papel de lino. Prescindiendo de las importantes ciudades de Tarragona y Reus, de que luego hablaré, y de las de Lérida y Gerona, que no tienen carácter industrial, las poblaciones mas importantes de Cataluña son fabricantes por excelencia. Despues de Barcelona, cuya produccion es muy fuerte y en cuyo seno se centraliza todo el movimiento, merecen especial mencion las siguientes: _Mataró_, puerto de mar, con una extensa fabricacion variada y 17,000 almas. _Manresa_, con 15,300. _Sabadell_, con 14,000 y una fabricacion muy fuerte y avanzada. _Vich_, con 14,000, importante tambien como centro agrícola. _Badalona_, puerto vecino de Barcelona, con 10,500 almas. _San Andres de Palomar_, con 10,000 habitantes. _Tarrasa_, con 9,000, famosa por sus paños superiores. _Clot_, con 7,000 almas. _Arenys de Mar_, con 5,000, notable tambien por sus tres excelentes astilleros. Cataluña, por la naturaleza de sus producciones, tiene activas relaciones con todos los mercados del mundo. Aunque comienza á explotar activamente sus turberas y minas de carbon, recibe de Inglaterra una enorme suma de valores en hulla, para alimentar sus fábricas, ferrocarriles y vapores. Los aceites catalanes van á ser purificados en Francia, ó al consumo general del mundo, como sus populares y baratos vinos. Sus tejidos abastecen no solo al pais, sino á algunos pueblos del Nuevo Mundo, á donde va tambien su papel florete tan estimado por los abogados y notarios y los gobiernos que adoran el papel sellado. El Nuevo Mundo le envia á Cataluña sus algodones; Italia, Valencia y otros paises sus sedas, cáñamos, etc. El Catalan, aunque ama su pais, es esencialmente viajero. No hay un país civilizado, en ámbos continentes, donde no se vea la tienda del laborioso Catalan, repleta de los mas variados artículos españoles. El habitante de Cataluña considera su país como una nacion. Jamas dice: _soy Español_, sino: _soy Catalan_. Si las clases mejor educadas de la sociedad hablan bien el español, cuando les es preciso, la multitud lo conoce mal, y en muchos pueblos lo ignora absolutamente y habla solo el catalan, idioma que abunda en consonantes fuertes y sobre todo en sonidos agudos. Tal es Cataluña, segun he podido comprenderla con un rapidísimo estudio. Si mis impresiones son equivocadas, al ménos tienen la cualidad de ser sinceras. * * * * * La interesante y bella Barcelona está dividida en sus dos partes, antigua y moderna, por su espléndida calle de la _Rambla_ (que es tambien un paseo), donde se encuentran los dos grandes teatros, algunos suntuosos casinos, los mejores hoteles y cafés y los despachos de muchas diligencias diarias. Al norte está la ciudad antigua, aunque muy embellecida y renovada; al sur la nueva, con su hermoso paseo del _Prado_. En los términos de la ciudad están: de un lado, cerca de Barceloneta, la magnífica _plaza de Toros_ (monumento indispensable en toda ciudad española), y entre ella y la ciudad dos de las estaciones de ferrocarriles. Del otro lado, al poniente, hácia la llanura, parten los otros dos ferrocarriles. Barcelona, pues, está ligada á los pueblos interiores y de la costa por cuatro ferrocarriles, y no muy tarde habrá terminado los que conducen á Madrid, por Lérida y Zaragoza, á Valencia ó el sur, por Tarragona, y á Francia, por Gerona. Barcelona es interesante bajo todos aspectos, porque ha querido conciliar la actividad económica con los goces refinados de la civilizacion. Hablaré primero de los monumentos que visité rápidamente, y luego de los rasgos de costumbres que pude percibir. Barcelona es una ciudad antiquísima, en cuyos monumentos han dejado sus huellas, mas ó ménos marcadas, las dominaciones diferentes. Sobre todo, el arte romano y el gótico levantaron memorias de piedra que el tiempo ha respetado. En general las casas tienen una planta sólida, elegante y levantada, y hoy se hacen innumerables construcciones muy bellas, en las cuales predomina siempre el estilo frances, realzado por lo pintoresco de los verdes ó azules balconcillos del gusto español moderno. Entre los monumentos profanos se distinguen, por su forma ó por la importancia de lo que contienen: el Palacio de las Artes, hermoso edificio de estilo del Renacimiento, que es al mismo tiempo Museo y Bolsa; el famoso archivo _Real_, de la corona de Aragon, el mas precioso de Europa en su género; la Biblioteca principal, muy considerable y bien mantenida (aparte de otras tres y varios archivos); la Aduana, edificio de grandes y bellas proporciones; y los teatros _Principal_ y del _Liceo_ (hay otros subalternos), que son de los mejores en España. El del Liceo es considerado como el mas grande de Europa, y es de una sencillez elegante, pudiendo contener hasta 4,800 personas; pero su enormidad misma y algunos defectos de acústica lo hacen inadecuado para todo lo que no es ópera ruidosa. Barcelona tiene ademas hermosos paseos, algunos jardines públicos, un colegio-hospicio de sordo-mudos, y una multitud de establecimientos de enseñanza y beneficencia, de muy variados objetos, que le hacen alto honor á la capital de Cataluña. Como edificio histórico y curioso, es de citarse el antiguo palacio de los reyes de Aragon. Merecen particular atencion, entre los muchos monumentos religiosos (que no tienen gran mérito artístico), la catedral y las iglesias de San Jaime y San Miguel. La catedral, de estilo gótico del siglo XII, aunque carece de atrevimiento en sus tres naves, tiene una majestad imponente por su interior de sombría severidad. Al hallarse en medio de sus veinticuatro enormes columnas y delante de su coro de severas y ricas esculturas de madera, que se destaca en la sombra de los altos muros tristes y desnudos, se cree uno como encerrado en una catacumba con las osamentas de la edad media. Si el hermoso claustro, descubierto á la intemperie, llama con justicia la atencion, lo mas interesante del monumento son sus torres colosales asombrosamente suspendidas como en el aire sobre el arco gigantesco de la testera del templo. Esa construccion caprichosa en apariencia, pero que tiene su filosofía religiosa, es la mas atrevida que he encontrado en toda la arquitectura gótica de España. La pequeña iglesia ó capilla de _San Miguel_ no es curiosa sino por su antigüedad y su tipo especial. Es una _cripta_ romana, profunda en el centro, sombría como un refugio de proscritos y que está revelando la infancia del arte cristiano. Al penetrar allí no puede uno ménos que evocar todos los recuerdos de los mártires del cristianismo naciente. Hay allí algo que guarda las tradiciones de la abnegacion y del heroismo resignado del creyente. Para tener una idea de las costumbres catalanas, basta echarse á pasear, con el ojo alerta y el humor alegre, por la calle mercantil de _Fernando sétimo,_ ó la ancha alameda de la _Rambla_, orillada por hoteles y cafés. Una inmensa multitud circula por allí, sea matando el tiempo, sea buscando los negocios ó algo que si es _negocio_ no está esento de ser pecaminoso. Las Francesas pululan, ligeras y provocadoras, arrastrando las anchas colas de sus trajes, y distinguiéndose perfectamente de las Catalanas y Españolas. Mientras que la Francesa aventurera hace conocer su artificio y esconde bajo la gorra su cabeza de cabellos pobres, la Española ostenta con garbo su rica mantilla, bate con maestría singular el inolvidable abanico, marcha con gracia y donaire pero sin esforzarse en la coqueteria, y arrebata con su tez suavemente morena, sus grandes y negros ojos, su rica dentadura y su ampulosa cabellera recogida en un elegante peinado ó en hermosas trenzas. Ella desdeña la prudente gorra, teniendo su soberbia cabeza, y la cubre apénas con un pañuelo (si es de noche) atado por debajo de la garganta no mas, ó con un chal de lana ó algodon de colores graciosos, envuelto con mucha originalidad. Si os fijais en los hombres, les vereis divagar (envueltos en la inevitable capa española, algunas veces ricamente adornada) en grupos mas ó menos bulliciosos ó siquiera por parejas, aspirando el humeante cigarrillo, con la mirada abierta, listos á la chanzoneta, la voz robusta y el andar ligero. En el teatro les vereis aplaudir con entusiasmo, aunque no siempre con criterio; en el baile, cordiales y contentos; en la mesa expansivos; en el carnaval hechos locos y muy espirituales en sus sátiras y disfraces. Donde mas se revela el espíritu de asociacion del Catalan es en el casino ó el café. El catalan no se resigna jamas al aislamiento. Por eso los cafés de Barcelona son la imágen de Babel. Centenares de hombres y señoras se amontonan alli, en grupos animadísimos, formando una alegre algazara que apaga casi los ecos del piano. En España hay la costumbre de establecer un piano en cada gran café para amenizar el pasatiempo; y todo el que va a uno de esos lugares, donde la democracia absoluta no degenera en desórdenes, pasa cuatro ó cinco horas en tertulia sin dejar refrescar el asiento. El pueblo español, en su mejor sociedad, se congrega en la iglesia, la plaza de toros y el café. Barcelona es residencia ordinaria de doce ó catorce cónsules extranjeros, y ofrece amplias facilidades al viajero. Temiendo entregarme desde muy temprano al martirio de las diligencias, tomé pasaje en el vapor «Cataluña,» que iba para Hamburgo, y me dirigí á la provincia de Tarragona. Sin haber tenido _amigos_ en Barcelona, confieso que me alejé de su animado puerto con algun pesar. Aquel es un país libre, de poblacion inteligente, activa y honrada, que me habia impresionado muy agradablemente. * * * * * El Mediterráneo estaba tranquilo como un lago, y su silencio absoluto no era interrumpido sino por el estridor de la maquinaria del vapor, y los resoplidos que de tiempo en tiempo lanzaba ese dragon de hierro y de vientre inflamado que se llama _locomotiva_. La luna iluminaba las ondas deliciosamente, produciendo admirables reflejos en la limpia estela del vapor. Pero la tierra estaba velada por las nieblas de la costa, y no fué posible verla sino en el momento de entrar al siguiente dia en el puerto de Tarragona. Centenares de presidiarios trabajaban allí en terminar el puerto con una gran muralla edificada entre las ondas. Al mismo tiempo entraba un bote guarda-costa tripulado por diez y seis conscritos de las _quintas_ de marina. Así, la casualidad me presentaba en contraste dos clases de presidiarios: los unos, condenados por la justicia social, como _criminales_; los otros, condenados por la _suerte_ á servir en la marina, por el solo hecho de ser _Españoles_, ¡Qué sarcasmo legal! Puesto que el mundo tiene presidios todavía, pasemos adelante, Una pintoresca llanura con suaves ondulaciones, primorosamente cultivada, sembrada de pequeñas y alegres poblaciones, y de una melancolía deliciosa, se extiende por el espacio de 30 kilómetros entre la costa del Mediterráneo y un cordon de bajos y redondos cerros que arrancan desde Teruel para seguir paralelos al mar hácia el norte de Cataluña. Tarragona, situada en una eminencia de la costa á 760 piés sobre el nivel del mar, y Reus, que reposa en la llanura, son las principales ciudades de esa provincia catalana. El orígen de Tarragona es antiquísimo, y tanto que remonta á la dominación fenicia. Segun la tradicion, el inolvidable Poncio Pilato nació allí (así como el emperador Trajano), y fué gobernador ó procónsul de la ciudad en tiempos en que ella tenia la friolera de millon y medio de habitantes. Hoy no cuenta sino 22,000, pero va en rápida resurreccion, á virtud del ferrocarril que la enlaza á Reus y de la demolicion de una gran parte de sus fortificaciones. Si el guarismo de la antigua poblacion es exagerado, al menos las vastas ruinas que la rodean y los monumentos romanos que se conservan hasta una legua de distancia, revelan que la antigua ciudad, establecida sobre las márgenes del rio Francolí, é incendiada en distintas épocas, fué muy considerable y de grande importancia. La pobre ciudad de hoy ha vegetado por siglos encerrada en su cárcel de piedra (sus fortificaciones), esa tortura secular que el genio de la guerra ha impuesto á los pueblos fronterizos. Por mucho tiempo Tarragona, trepada en su colina y divorciada del puerto por las murallas que la estrangulaban, no ha sido sino un apacible nido de canónigos, gorjeando en su catedral gótica, en medio de inscripciones, lápidas y escombros. Tarragona, en efecto, es un cementerio de las razas y civilizaciones diferentes y sucesivas. Por cada calle que se recorre, el pié tropieza con algo que parece ser un pedazo del cadáver colosal de Roma. Donde quiera se ve alguna inscripcion romana, byzantina ó gótica, grabada en alguna lápida que un albañil iliterato ajustó de lado ó á la inversa en el muro remendado de alguna casa de menguado aspecto. Entre las baldosas de las calles, en los portales, las escaleras, los patios y los corredores de las casas, se ven en increible abundancia ó losas de leyenda confusa, ó bustos deteriorados y truncos, ó columnas dislocadas y de formas diversas. Aquella ciudad es en gran parte una ruina formada con escombros antiquísimos, que el tiempo habia dispersado en la falda y al pié de la colina. A una legua de distancia se ven todavía dos monumentos incompletos y en ruina: la _Torre de los Escipiones_, de carácter sepulcral, conservando apénas una elevacion de 30 piés, y el llamado _puente de las Ferreras_, admirable acueducto que ligaba dos altas colinas para conducir las aguas potables á Tarragona. Todo el terreno circunvecino está cuajado de escombros, y cada vez que el arado pasa por allí arranca de entre la tierra algun músculo marmóreo de esa civilizacion romana inhumada por los siglos allí. La mencion de esas ruinas me hace recordar una anécdota de viaje. No resisto á la tentacion de contarla, porque ella manifiesta uno de los rasgos característicos del pueblo inglés, tan prosáico y excéntrico al mismo tiempo. Pocas horas antes de embarcarme en Marsella, llegó al hotel donde yo estaba un caballero inglés muy serióte, de porte distinguido y con toda la filiacion de un _turista_ ó aficionado á viajes. Sentóse á la mesa, y habiendo oido decir que un vapor iba á partir para Barcelona, desapareció pocos momentos despues. Cuando fuí á bordo, al instalarme en un camarote, encontré al parsimonioso insular establecido en la tarima superior, tocándome la de abajo. Quise saludarle, á fuer de compañero de habitacion, pero no se dignó mirarme sino con la esquina de un ojo. El insular, como todos sus compatriotas que viajan, tenia vieja amistad con el mar, y el puente del vapor le gustaba de preferencia. Yo, entretanto, leia ó dormia en el camarote, una vez que se perdió de vista la costa de Marsella. Al dia siguiente oí desde mi alcoba, en el hotel de las «Cuatro naciones», en Barcelona, que en la pieza contigua silbaba alguno el himno británico _God save the queen_. Era el Inglés consabido, instalado á quema ropa, Al sentarme á la mesa, segun mi número, el Inglés quedó á mi derecha, mano á mano; pero no me miró tampoco. Durante muchos dias yo rabiaba por entablar conversacion, olvidando que si yo era expansivo á fuer de Colombiano-español, mi vecino era de la raza taciturna y ceremoniosa de _John Bull_. Todo lo que pude arrancarle, al cabo de cinco dias, fué un _thank you, sir,_ sordamente pronunciado, por haberle acercado un plato de naranjas. Un dia desapareció mi insular. Confieso que me hizo falta ese compañero mudo, que me picaba la curiosidad por su reserva. Por la noche subí á bordo del vapor «Cataluña». Al irme á acostar, hallé en la tarima superior de mi camarote un bulto con barbas rojas y cabellera crespa y rubia, que roncaba con la franqueza de un ciudadano libre. ¡Era mi Inglés!... Pero aquello era ya un progreso: el hombre renunciaba á su silencio absoluto, puesto que roncaba. Al dia siguiente, cuando me vió salir de debajo de su tarima, el insular se sonrió, mirándome con una mezcla de recelo y curiosidad. Sin duda hacia la observacion de que si él era mi sombra de viaje yo era también la suya. Le saludé, y apénas hizo el sacrificio de inclinar la cabeza. Despues nos tuvimos que sentar juntos á la mesa á fuer de vecinos. Cuando el vapor hizo escala en Tarragona, por veinticuatro horas, para tomar carga, salté á tierra y fuí á recorrer la ciudad y los alderredores. Tres horas despues, cuando contemplaba las ruinas de que he hablado, ví al pié de un árbol un hombre que tenia en la mano una cartera de dibujo.... Era mi Inglés, que tomaba el diseño de unas ruinas confundidas con un grupo de árboles, cerca del rio Francolí. Volví á bordo y me puse á escribir unos versos para mi esposa. Despues llegó el insular, se instaló en el extremo opuesto del salon y se puso á escribir tambien, interrumpiendo de tiempo en tiempo su tarea para meditar. Tentóme la curiosidad y pasé por detras para ver lo que hacia. Eran líneas cortas é iguales, comenzadas con mayúsculas: _John Bull_ rimaba también.... Tantas coincidencias me desesperaban: aquel hombro mudo era, pues, mi sombra, y esto que el silencio no entra en mis hábitos de vida. En el Grao de Valencia, al dia siguiente, el Inglés desembarcó en una lancha y yo en otra. Entónces respiré como un hombre que despierta y se libra de una pesadilla. «Heme aquí emancipado!» me dije, y tomé el camino de Valencia. Poco despues almorzaba yo en un vasto salon del hotel ó fonda del _Cid_, uno de los muchos que hay en Valencia. De pronto volví la vista hácia un extremo del salon: el Inglés, el interminable Inglés estaba allí, en otro rincon, almorzando!... Me vió, me hizo un saludo, como diciendo: "¡Diantre! U. por aquí otra vez!"--y ámbos soltamos una ruidosa carcajada que causó extrañeza á los que no estaban en el secreto. Tales fueron _mis relaciones_ con aquel honorable insular, inseparable compañero. En Valencia le perdí definitivamente de vista; y sinembargo, ahora que escribo estas líneas, en Paris, temo que de repente asome la cabeza por la ventana de mi gabinete para decirme, por un exceso de cordialidad y confianza: «_Good morning, sir._» Yo habría podido viajar durante veinte años junto con mi Inglés, y es seguro que, en tanto que no le hubiese sido _presentado_, jamas hubiera entrado en conversacion conmigo, no obstante que, como pude observarlo, nos teníamos recíproca simpatía. Volvamos á Tarragona, y perdone el lector la digresion. La catedral de Tarragona, una de las mas antiguas de España, es gótica y corresponde al estilo del siglo X. Aunque no carece de mérito, no llama mucho la atencion sino por una curiosidad de arte que es única en España: es una inmensa alfombra gobelina, de una sola pieza, que cubre todo el pavimento del templo, en los grandes dias. Ese magnífico tapiz contiene toda la historia sagrada, en cuadros admirablemente bordados de trecho en trecho. Los demas monumentos de la ciudad son insignificantes. Como he dicho, Tarragona estaba divorciada de su puerto. Pero apénas se ha permitido la demolicion de las fortificaciones ruinosas que se interponian, y la ciudad se ha regenerado como por encanto. Sus dos partes están ya unidas por hermosas calles, y todo anuncia allí la resurreccion y el progreso. La opulenta llanura que termina en Tarragona, entrecortada por suaves y bellas colinas, produce grandes valores en vinos, aceite, olivas, algarrobas, cáñamo, etc., que salen por los puertos de Tarragona y Salou. Tengo entendido que los habitantes de la ciudad se glorían mas de producir mucho vino y aceite, que del honor que le cupo á Tarragona de ser en tiempos mas ortodoxos el asiento de mas de cien concilios. Un excelente ferrocarril de 13 kilómetros de trayecto, construido por una compañía francesa, y acaso el mas lujoso de España, liga á Tarragona con Reus, pasando por el pueblo de Vilaseca. Tomé el tren, aprovechando la facilidad, y en veinte minutos llegué á Reus, encantado con la contemplacion de aquella hermosa campiña. Por todos lados veia asomar á la vuelta de alguna colina, ó desaparecer de pronto como una vista de cosmorama, alguno de esos pueblos, graciosos por su conjunto campestre y sus permenores, que salpican la campaña. Constaty, Marricart, Moster, Salos, La-Selva, Castellvertt y los demas pueblos de esa comarca, hacen un contraste primoroso, por sus casas pintorescas y sus campanarios, con la melancólica hermosura de esos campos cubiertos de olivos y algarrobos, cuyo color gris y pálida verdura dominan en las sinuosidades del terreno, ocultando las alegres cepas de viñedos. Reus, aunque centro agrícola, es una ciudad esencialmente fabril. Su poblacion no baja de 32,000 almas, y su actividad industrial es muy notable. Aunque en su conjunto no es una bonita ciudad, tiene muchas casas elegantes y nuevas, un bello teatro, y entre sus pocos monumentos la iglesia gótica de San Pedro, digna de atencion. Reus tiene todo el tipo de una ciudad catalana, por sus progresos en la vida social, sus muchas fábricas servidas por el vapor, y sus comodidades. Los tejidos de algodon y seda, la peletería y la fabricacion de pipas, así como las cosechas de trigo, aceite y vinos, constituyen su principal riqueza. Las chimeneas del vapor "Cataluña" lanzaban sus remolinos de humo que la brisa de la tarde dispersaba. Volví á bordo y seguí el rumbo hácia el puerto de Valencia. Despues de visitar la Cataluña, iba á penetrar en la España morisca, de tipo enteramente distinto. España no es un pueblo: es un conjunto de pueblos ó restos de naciones aglomeradas. * * * * * CAPITULO V. * * * * * VALENCIA Y SU VALLE. Una aduana española.--Del Grao á Valencia.--Estructura y panorama de la ciudad.--Un juicio de aguas.--Tipos sociales y costumbres. Al acercarse el vapor al seno del vasto golfo de Valencia, pude ver destacarse á lo léjos, confusa pero pintoresca en su llanura, la ciudad de Castellon de la Plana, situada á corta distancia de la costa. Casi oculto el caserío entre la vegetacion de las cercanías, no se distingue sino como una sombra vaga; pero se reconoce dónde está situado. Despues se penetra al seno del golfo, en el puerto del Grao; detestable de suyo, pero artificialmente mejorado en lo posible. Llegó el momento de tocar con la aduana y los carabineros, esos cuervos marinos del comercio. Honrado por inclinacion y educacion y extraño á todo contrabando, me irritaba en el primer momento, á cada nuevo registro, como si por mi sola figura pudiera estar exento de inquisiciones aduaneras. Los compañeros me decian: «Haga U. como nosotros y no le incomodarán con el registro.» Y las _pesetas_ se deslizaban de las manos de los viajeros á las de los guardas y carabineros, con presteza y disimulo, dando por resultado infalible el paso de los baúles y maletas sin registro. Detesto con toda mi alma las aduanas; pero detesto mucho mas la corrupcion. Así, incapaz de incitar á ninguno á que faltase al cumplimiento de su deber, me resigné á dejarme registrar mis efectos tres veces entre el Grao y Valencia (¡6 kilómetros!). Los guardas me miraban con curiosidad, vacilando en abrir, como si pensaran en decirme: «No sea U. tonto; suelte unas pesetas al descuido, y adelante.» España es el país de los trabajos y las formalidades inútiles, con el solo objeto de darle ocupacion á la autoridad y de hacer reglamentos que no se cumplen. De ahí resulta que España es el país clásico del contrabando. El sueldo eventual que los viajeros le pagan á cada guarda es siempre superior al que le da el gobierno. Por tanto, el guarda es el mejor y mas seguro agente del contrabando. Como la autoridad, con sus trabas inútiles, está en lucha permanente con el individuo, todo el mundo tiene la conviccion de que es justo burlarse de la ley. Y como el guarda sería un mártir si cumpliese todo su deber, se limita á las apariencias, y tiene interes en dejarse corromper. No he visto un país donde haya, comparativamente, tantos empleados como en España. Allí, al contrario de un trivial axioma de administracion, se profesa el principio de tener «muchos empleados, y mal pagados.» La empleomanía es una enfermedad endémica; pero la corrupcion oficial que la acompaña es un cáncer. Así se explican la corrupcion general de los partidos y el desgobierno en que vive el país de mas reglamentos y de mas empleados. Es que el _gobierno_ no es la obra de los gobernantes, sino de las instituciones y los pueblos. Mas adelante tendré ocasion de hacer ciertas observaciones importantes de este género, pues Madrid, Málaga, Cádiz y Santander me suministraron la ocasion, como Valencia. El pequeño trayecto del Grao (poblacion puramente marítima, de 2,800 almas y de regular movimiento) á la ciudad de Valencia, reina de la suntuosa _Huerta_, se atraviesa de dos modos: ó en _tartana_, por la vía carretera, gastando tres cuartos de hora; ó en ferrocarril, en seis ú ocho minutos. Preferí la primera via, por gozar de los encantos del paisaje, porque ver una comarca en ferrocarril es como tomarse un manjar á grandes bocados: ni se le toma el sabor, ni se mastica y digiere. El camino del Grao á Valencia es una espléndida calle, cuyo pavimento es la arena, cuyo cuadro es una primorosa campiña, y cuyos edificios son cuatro inmensas hileras do álamos y chopos gigantescos; de pompa secular, que enlazando sus ramas de un lado á otra forman una bóveda moviente de 5 á 6 kilómetros. A los lados se destacan graciosas casas campestres en gran número, cubiertas de paja, pulcramente blanqueadas y rodeadas de jardines y huertos perfumados. Detras agitan sus copas de un verde oscuro las moreras, salpican el campo los simétricos viñedos, ú ondean como lagos de verdura los entables de trigos, dominados á veces por las flotantes espigas y las rubias cabelleras de las cañas de maiz. Aquel paisaje es de suyo primoroso; pero cuando se le ve viniendo uno de surcar las soledades del mar, su encanto es indefinible. El corazon late y respira como si sintiese una resurreccion. Es que en el mar el corazon enmudece y el espíritu trabaja solo; miéntras que en la tierra el sentimiento recupera su imperio. No hay una ciudad que revele tanto como Valencia la lucha de siete siglos en que estuvieron tenazmente empeñadas dos razas y dos civilizaciones abiertamente opuestas. Todo indica allí la imposibilidad anterior de la fusion, y la existencia de una sociedad engendrada entre sangre y odios por el árabe conquistador en el seno de la goda vencida, y luego trastornada por la reaccion de los conquistados sobre los conquistadores. La raza, la lengua, la arquitectura, las costumbres y la industria, son una _mezcla_, no un _amalgama_ de formas heterogéneas, conservando cada cosa su tipo característico. La vieja España y la Arabia moruna viven allí conjuntamente, codeándose, entrechocándose, y rara vez armonizando en realidad. Tal parece como si la guerra de los moros no hubiera terminado en Granada, sino que continúa en Valencia. Veamos el conjunto de Valencia y su valle, y despues diremos algo sobre los pormenores. La renombrada Valencia, perla conquistada por el Cid campeador, cuya Huerta fué llamada por el historiador Mariana _los Campos Eliseos_, está dividida por el rio Turia (reducido en el verano á _cauce_), y tiene á su derredor muchos arrabales, así como vastas pero ya inútiles fortificaciones. La poblacion interior alcanza á 66,000 habitantes, pero la total es de mas de 106,000. Aparte de su importante y muy valiosa produccion agrícola, de que luego hablaré, y de algunos trabajos de arte, se distingue por su fabricacion de sederías y sus tejidos de lana muy graciosos, tales como las moriscas _mantas_ de colores, que reemplazan la capa ó hacen el papel de la _ruana_, ó _poncho_ ó _sarape_ de Colombia. Valencia tiene numerosos y regulares institutos de instruccion y beneficencia, que la hacen interesante, y cuenta muchos monumentos en cuyo interior hay verdaderas preciosidades artísticas. Notablemente se distinguen en esto la Catedral y la iglesia de los _Desamparados_ únicos templos que pude visitar. Para tener una idea exacta de Valencia, ciudad de la mas extraña fisonomía, es necesario subir hasta la altísima plataforma de la octógona torre de la catedral, edificio, singular, independiente del templo y que arranca desde el exterior del muro de la fachada, sobre la plazuela misma. El templo es sin duda interesante en su interior, por algunos detalles artísticos muy bellos, y sobre todo por su asombrosa profusion de mármoles que cubren los muros. Pero el conjunto carece de gusto. Es un templo remendado, construido en el sitio de la gran mezquita, con una mezcla informe de obras góticas en la forma general y complementos del Renacimiento, como la cúpula; donde se ven las ogívas góticas mano á mano con las molduras y los dorados de orden _compuesto_, clamando á Dios unas y otros contra los incongruentes arquitectos. El templo es ademas muy sombrío, de modo que sus adornos interiores pierden por falta de luz gran parte de su valor. Súbese á la plataforma de la pesada torre por 206 grades de piedra en espiral, y al hallarse en la altura se experimenta de repente una sensacion indefinible. La hermosura del paisaje que de allí se contempla sobrepuja á toda ponderacion, y el que por primera vez (como me sucedia) ve una ciudad como esa, tan esencialmente morisca en sus formas, encuentra poderosamente excitada su curiosidad de viajero. El espectáculo era simultáneamente grandioso, poético y repugnante. Al tender la vista sobre la ciudad, en derredor, veia el país morisco; y abarcando todo el horizonte, la magnificencia del suelo español y las huellas de una lucha secular de civilizaciones distintas. En el centro de la ciudad lo _pasado_, la historia; al derredor la época moderna. En efecto, la parte central es la morisca. Calles tortuosas, estrechísimas y en laberinto inescrutable, sucias y con detestable pavimento; casas de una irregularidad absoluta, monstruosas, negras, desmanteladas muchas, semejando verdaderos palomares, agrupadas á la ventura y como encaramadas unas sobre otras. Y todo ese conjunto informe, semejante á un inmenso monton de peñascos despedazados, dominado por algunas cúpulas moriscas, por una infinidad de azoteas y miradores irregulares, enclavados sobre hileras de ventanillas y troneras y de lienzos de muros dentellados. Al derredor de lo que fué la Valencia moruna está la Valencia española y los arrabales. Allí hay mas órden en las calles; las construcciones son de arquitectura vulgar y pesada, y se ven pulular por docenas las torres de los viejos conventos de frailes y monjas. Por último, cierran el cuadro de la ciudad las alegres casas campestres, las quintas elegantes, las grandes fábricas y la estacion del ferrocarril, es decir, las señales de la civilizacion moderna, que significa igualmente actividad y comodidad. Al extender la mirada ¡qué paisaje tan vasto y admirable se registra! Al occidente el cordon de cerros ó montañas desnudas de árboles, que determinan el valle marítimo de Valencia, cerrando el horizonte á distancia de seis ó siete leguas. Al oriente el Mediterráneo, azul blanquecino, tranquilo, surcado por los buques, veleros y reflejando magníficamente los resplandores de un sol casi africano. Encima un cielo purísimo y soberbio de luz y de belleza; y en el fondo del cuadro, hácia todos los lados de Valencia, la llanura mas primorosa del mundo--la opulenta y renombrada Huerta--de donde se exhalan los ricos perfumes del azahar, el jazmin y la rosa, de entre bosques interminables de naranjos ó limoneros que proyectan su oscuro follaje sobre campos de espigas, de simétricas moreras y viñedos, como sobre entables de caña dulce y plantaciones de algodon. Para completar lo pintoresco del paisaje, las innumerables y graciosas casitas campestres, las infinitas acequias de irrigacion (que son las joyas de la Huerta) y los muchos pueblos dispersos en la vasta llanura en situaciones pintorescas, le dan á la escena el tipo de un país eminentemente agrícola y poético. Parece imposible hallar nada tan interesante como la campiña de Valencia. Habia pasado tres horas en esa muda contemplacion. Al descender de la torre me aguardaba, por una singular fortuna, un espectáculo social que en cierto modo completaba el físico. La plazuela de la catedral, que es muy pequeña, estaba casi llena de gente. Pregunté la razon de aquella pacífica aglomeracion de hombres que tenian el aire de campesinos, y me dijeron que acababa de tener lugar un _juicio de aguas_. La frase me picó mas la curiosidad y seguí preguntando. Hé aquí la explicacion que obtuve: Los agricultores valencianos gozan de un fuero especial que les fué concedido por uno de sus reyes católicos despues de la derrota ó expulsión de los moros. Ese fuero consiste en el juicio de arbitramento respecto de los litigios que se suscitan entre los agricultores por las aguas ó acequias de irrigacion. En una comarca tan esencialmente agrícola, el agua es el principal tesoro, y ella está distribuida con admirable precision en los campos, mediante una vasta red de canales y compuertas que hacen ir de los rios a todas las campiñas y plantaciones la cantidad de agua necesaria. El gran beneficio del fuero consiste en haber librado á los agricultores de las garras de los abogados y curiales y de la absurda institucion del _papel sellado_. Cada dos años se reunen los agricultores de la Huerta y eligen los jueces-árbitros de su tribunal, ancianos sencillos, de experiencia en el oficio del cultivador y venerables por su honradez y su buen sentido. Cuando se suscita una disputa entre dos ó mas agricultores por alguna acequia, sea en cuanto á su paso, su extension ó la cantidad de agua, sea en cuanto á la oportunidad del regadío, la cuestion viene al conocimiento de uno de esos árbitros (que muchas veces no saben ni leer) y las partes son convocadas para ir al juicio en cierto dia, llevando sus pruebas testimoniales. El juez, si acaso no conoce (por rareza) el terreno especial de la cuestion, va y lo examina concienzudamente. El dia del juicio, el tribunal se instala bajo el pórtico de la catedral, al aire libre, como en campo raso. Cada parte relata el asunto y defiende su causa como puede, sin mas abogados que su buen sentido y su justicia. Los testigos son oidos, y el rústico tribunal, apoyándose en los hechos que conoce por sí mismo y las circunstancias probadas, pronuncia un fallo que es irrevocable, que todo el mundo respeta y obedece religiosamente y que jamas se escribe. La expresion de esa justicia sumaria y amigable no tiene mas archivo que la tradicion, porque allí no se falla sobre _dominio_ ó propiedad sino sobre servidumbres y usos de simple irrigacion. ¡Jamas pueblo alguno de los tiempos modernos tuvo institucion mas sencillamente sublime! Ella es á la vez una idea democrática, una elocuente condenacion de las manías reglamentarias de los gobiernos, y una prueba de que la mejor base de la justicia humana está en el buen sentido de los hombres libres guiado por la simple nocion del interes comun. Los abogados y curiales detestan los _juicios de aguas_, y tienen razon, segun su oficio. Pero los agricultores los veneran con mucho mayor razon, y no permitirán jamas que les arrebaten ese _fuero_. ¡Es cosa bien triste que todavía se llame _fuero_ ó _privilegio_ una institucion que no es sino la forma mas profundamente filosófica de la justicia social! Una reflexion me ocurrió, al observar el alegre grupo de agricultores que ya se disolvia, despues de un juicio que solo habia durado una hora. ¿Por qué ha subsistido esta institucion en Valencia, miéntras que el absolutismo ha destruido casi todos los fueros mas importantes en el resto de España, excepto en las provincias vascongadas? Recordé la reciente lectura que habia hecho de un libro sobre las costumbres de los árabes, y tuve la explicacion del fenómeno. Es que aquella poblacion valenciana, eminentemente morisca, ha encontrado una armonía perfecta entre el arbitramento de los _juicios de aguas_ y las costumbres arábigas. Allí donde falta el antagonismo, las instituciones se perpetúan respetadas religiosamente. El juez de la Huerta, ese rústico _tío_ (como los llaman en España), ¿no es la verdadera continuacion del _Kady_ árabe, que oye y falla patriarcalmente? No hay de estable y fecundo en las sociedades, sobre todo en materia de instituciones, sino lo que está en armonía con la naturaleza humana, esencialmente razonable. En punto á justicia, siempre me atendré mas al juicio del hombre rústico, de conciencia honrada y sencilla, que á la elocuencia literaria de diez Cicerones. * * * * * Valencia es el país clásico de las mujeres hermosas,--tanto que allí es casi difícil encontrar una fea. En las mas espléndidas calles de Paris, Lyon y Marsella, y de Barcelona y Madrid me han mostrado soberbias Valencianas, desgraciadamente..._desgraciadas_. Pero aquellas mujeres, que fascinan todas con su hermosura, no seducen el corazon jamas, no embelesan el alma. Al contrario, hay en esa hermosura no sé qué de áspero y repelente que causa miedo, que hace adivinar las pasiones terribles y la navaja oculta bajo la falda de colores vivos; que hace pensar en la vengativa Italiana, lo mismo que en la mujer africana que cruza los desiertos arenales al rayo del sol sobre la silla de su galante jinete, ó que incita á las voluptuosidades del amor oriental bajo la tienda de la carabana. La Valenciana domina con su ardiente mirada, pero intimida ó amenaza. Su abundante y sedosa cabellera, recogida en trenzas ó en un moño, y cubierta con un pañuelo de listas, atado en derredor de la cabeza en forma de turbante; sus ojos grandes, negros, ardientes y de mirada profunda, que hieren como la hoja del cuchillo árabe; su aire garboso y audaz; su fisonomía mas que redonda, casi ovalada, cortada por líneas sumamente rígidas; la energía de su voz; lo pintoresco de su estrecho vestido, compuesto de telas fuertes de colores brillantes, bajo las cuales palpita un seno incendiado y se dibujan las formas de una organizacion vigorosa; todo eso hace de la Valenciana (considerada la masa mas numerosa) un tipo especial, que impone la atencion, y que resiste á todas las influencias fusionistas de la civilizacion moderna. El hombre de educación gusta mucho allí de las intrigas políticas, y tiene al mismo tiempo, por una aparente contradiccion, muy pronunciado el sentimiento artístico. El noble, el individuo de la clase mas alta, es absolutista por excelencia. No tuve tiempo para averiguar la causa; pero establezco el hecho. Valencia es en España la verdadera fortaleza de las opiniones absolutistas. El _pueblo_--lo que en Europa llaman simplemente así, y que en las democracias llamamos el _pueblo pobre_, porque todos somos pueblo,--se deja guiar fácilmente por los absolutistas, miéntras que la idea democrática no se abriga sino en la clase media. Donde quiera he observado, personalmente ó por lecturas, que los pueblos mas ásperos y brutales en sus costumbres son los mas favorables al absolutismo. El pueblo de Paris, esencialmente culto, ha sido siempre el salvador ó por lo menos el defensor de la libertad en Francia. Los bandidos y pillos de Roma y los _lazzaroni_ de Nápoles, magistrales en el manejo del puñal, han sido los mejores apoyos del despotismo en la Italia meridional. Los salteadores de Grecia hacian la guerra á la noble causa que tuvo por mártir al sublime Byron. Hay en las clases inferiores (en educacion) de Valencia, una distincion que establecer. El agricultor es un rudo tipo, pero es honrado y pacífico. El obrero, el habitante de los arrabales y el ganapan de las calles y del puerto, al contrario, son ásperos en todo, de mala índole, de instintos pendencieros y brutales. Despues de las seis de la tarde es muy imprudente aventurarse á recorrer solo los alderredores de Valencia; y no porque estén plagados de ladrones y asesinos, como han dicho, exagerando mucho, algunos viajeros, sino porque es muy fácil tener una pendencia con un truhan de navaja lista y humor muy _despuntado_, que termine por un drama sangriento, ó cuando ménos por un chaparron de garrotazos. Sobre todo, si alguna hija de Eva anda en el asunto, el galante forastero puede contar con un mal dia. Con las Valencianas de cierta clase se cumplen á la letra las palabras de Cervantes: «hay cosas que es mejor no meneallas,» y mujeres bonitas _que es mejor no tocallas_. El Valenciano de los arrabales tiene una fisonomía que parece el amalgama del árabe guerrero con el Napolitano. Si en lo moral se distingue por las fuertes pasiones, el sentimiento artístico, el humor pendenciero, y el gusto por la algazara, el baile frenético, la guitarra, la cancion bélico-amorosa y las alegres libaciones, en sus hábitos exteriores tiene todo lo pintoresco de los pueblos apasionados. Donde quiera le vereis ó con el sombrero calañes, que es la tradicion del turbante, ó con un pañuelo de colores vivos atado á la cabeza por detras cayendo sobre la nuca. Y luego el calzon estrecho hasta la rodilla, con polainas hasta los piés, y siempre calzado con la sencilla _alpargata_ nacional; el cuerpo medio cubierto por la _manta_, especie de capa corta ó _ruana_ doblada, con listas de colores vivísimos y menudas borlas; y debajo, asomando como un traidor que medio se oculta, el afilado cuchillo ó navaja de resorte, de larga y aterradora cuchilla, con muelle dentellado y cabo corvo y lleno de adornos mas ó menos artísticos. Organizacion enérgica, el Valenciano lo hace todo con brio. En el puerto trabaja como si fuese de hierro; en el taller es listo; dirigiendo la tartana brincadora, la carreta pesada ó el arado, se hace entender por el animal de tiro con fuertes gritos y terribles ejercicios de látigo y púa, y en el baile, la plaza de toros, los amores, las pendencias de arrabal y las guerras civiles, todos sus actos tienen el sello de la resolucin y la violencia de sentimientos. Valencia es una ciudad muy digna de ser estudiada, por su curiosa fisonomía, pero donde no se puede vivir con placer una vez que se han recogido las impresiones mas notables. Si sus campos arrebatan, sus calles dan horror, sus hermosas mujeres intimidan y sus gentes de arrabal asustan. Esa sociedad necesita para suavizarse del impulso poderoso del cosmopolitismo moderno. Los ferrocarriles, las fábricas, el trato activo con el extranjero y las instituciones liberales y humanitarias que supriman toda violencia legal y todo espectáculo de sangre, harán de Valencia un verdadero paraíso, extinguiendo todo lo que hay en las costumbres de áspero y brutal, y aprovechando todos los dones de una naturaleza admirable, que ha sido tan pródiga con la raza como con el cielo y la tierra. * * * * * CAPITULO VI. * * * * * DIEZ Y OCHO HORAS DE CONTRASTES. La "Huerta" de Valencia.--San Felipe de Játiva.--La diligencia española.--Almanza.--La Mancha y el valle del Tajo.--Un personaje de España. Una serie de curiosísimos contrastes me esperaba en el trayecto que debia recorrer desda Valencia hasta Madrid. El opulento valle se extiende, largo y angosto, al norte y sur de Valencia, limitado al poniente por las montañas que determinan la curiosa formacion de la alti-planicie de Cuenca. Hácia las alturas del _Bonete_ se desprende de la serranía circular un ramal de cerros que cierra por el sur el valle de Valencia y va á morir sobre la costa de Alicante entre Jijona y Denia. El ferrocarril de Valencia surca el valle hácia el sur, cortará la serranía por el abra ó "puerto" de Almanza, y se ligará en la villa de este nombre con el ferrocarril que enlaza á Madrid con Alicante. El tránsito por la via férrea desde Valencia hasta adelante de Alcudia, donde terminaba la seccion en servicio, tiene no sé qué de fabuloso, que hace recordar los cuentos de las _Mil y una noches_. Una campiña admirable, perfumada por las riquísimas esencias del azahar y el jazmin, se extiende allí encuadrada entre cerros desnudos y rocallosos, como una inmensa esmeralda engastada en acero occidado. Por todas partes el cultivo mas perfecto, los angostos canales de irrigacion, los bosques de naranjos y limoneros cargados conjuntamente de flores y amarillas frutas en asombrosa profusion. Es de esa Huerta fabulosa que van á todas las ciudades de Europa las deliciosas naranjas de finísima corteza. Parece una tonta exageracion; pero yo alcanzaba casi á tocar los racimos de naranjas, alargando el brazo desde el wagon del tren en que iba con la velocidad del rayo. Imagínese lo que será esa _Huerta de Valencia_, cuando el ferrocarril gira en gran parte de su trayecto por entre una calle literalmente formada por bosques de naranjos y moreras, donde se crian simultáneamente la almibarada fruta y el laborioso gusano de seda. La parte meridional del valle, hasta el _puerto_ de Almanza, excluyendo á Valencia, contiene en solo la linea del ferrocarril una poblacion de 55,000 almas, robusta y laboriosa en alto grado, concentrada en once villas y distritos. Algunos de esos pueblos tienen una situacion pintoresca y graciosa, haciendo descollar sus campanarios como los centinelas de la llanura. Causa un verdadero placer, mezclado de curiosidad, la rápida inspeccion, en las estaciones del ferrocarril, de aquellos grupos de labriegos encantados al oir el prolongado silbido de la locomotiva, que les ha sorprendido en sus hábitos moriscos y su ignorancia peninsular. Sus pardas ó amarillentas mantas, sostenidas como capas; sus sombreros de anchurosas alas, cuando no de estilo calañes; sus pantalones cortos ciñendo la rodilla; sus polainas ó calcetas de piel, y sus carcajadas francas y ruidosas que les dan un aire de placer y satisfaccion, fijan la atencion del viajero dejándole una impresion muy agradable. De todas las pequeñas poblaciones del valle solo merecen especial mencion, por su masa ó por su historia, las villas de _Alcira_ (que tiene 14,000 almas), _Carcagente_ (bonita y rica poblacion, con 8,200) y _San Felipe de Játiva_, que cuenta 15,800, y es bastante célebre en la historia de España. Alcira como un jardín flotante, ostenta sus tres torres entre dos brazos del rio Júcar, sobre el cual existe todavía el puente romano por donde pasaban los ejércitos de César. Es famosa en la historia la resistencia tenaz que le opusieron á Cárlos V los comuneros alciranos, que les costó la pérdida de sus fueros. Cerca de _Játiva_ el valle se estrecha notablemente entre los cerros escarpados que por todos lados lo dominan, y sobre cuyas eminencias se destacan, como nidos colosales suspendidos de las rocas, los escombros de algunos castillos feudales, testimonios que el tiempo ha querido respetar en parte para recordarle al viajero la impotencia de las civilizaciones fundadas en la fuerza y el aislamiento egoísta. La pobre _Játiva_, de heróica memoria, cuna del _Españoleto_ y teatro secular de tantos combates, no es hoy sino una momia de plaza fuerte, con su castillo derrumbado y sus reductos en escombros. Parece la imágen de una de esas mujeres altivas que, despues de haber brillado hermosas y lozanas, dejan enmohecer sus joyas y no presentan sino caras arrugadas, ojos enjutos, bocas sin dientes y cabezas calvas.... El aspecto lamentable de esa ciudad _pretérita_ hace un extraño contraste con aquella admirable campiña, llena de verdura, de galas y perfumes. Dichoso contraste que está mostrándole al labriego que si las glorias militares pueden engrandecer por un momento, se pierden luego en el olvido, en tanto que el poder adquirido con la industria se reproduce y perpetúa. En Játiva tuerce su curso el ferrocarril, dirigiéndose rectamente al sur hácia Almanza, por el fondo del estrechísimo valle, verdadera bifurcacion del de Valencia. Allí, el terreno, careciendo de solidez y de humedad y aproximándose á las montañas rocallosas, pierde esa fertilidad de la gran llanura, y en vez de alimentar naranjos, moreras y trigos, se cubre de viñas dispersas sobre las colinas ó de olivos que entristecen la campiña con su tinta gris. Así, instantáneamente se pasa de la vegetación risueña á la melancólica, y de la tersa llanura á los planos inclinados y á las sinuosidades profundas. La noche se acercaba cuando descendí en Alcudia del tren del ferrocarril. Despues de aquellos contrastes puramente materiales iba á conocer otros de carácter social muy interesantes. Allí hube de tomar por primera vez esa _máquina infernal_ que se llama _diligencia_ y que caracteriza vigorosamente á uno de los tipos mas curiosos,--tipo que se divide en tres entidades homogéneas pero diversas: el _mayoral_, el _delantero_ y el _zagal_. Francamente, creo que Santo Domingo de Guzman, Felipe II y el amable Torquemada no entendian el oficio. Si