The Project Gutenberg eBook of El conde Lucanor

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Title: El conde Lucanor

Author: Infante of Castile Juan Manuel

Release date: July 1, 2021 [eBook #65738]

Language: Spanish

Credits: Ramón Pajares Box and the Online Distributed Proofreading Team at https://www.pgdp.net (This file was produced from images generously made available by The Internet Archive/Canadian Libraries)

*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK EL CONDE LUCANOR ***

Vocabulario

Índice

El conde Lucanor

Nota de transcripción


Cubierta del libro

p. 3

BIBLIOTECA CALLEJA

SEGUNDA SERIE


p. 5

DON JUAN MANUEL

EL CONDE

LUCANOR

PRÓLOGO Y NOTAS DE

F. J. SÁNCHEZ CANTÓN

Logotipo del editor

MCMXX

Editorial “Saturnino Calleja” S. A.

Casa Fundada el año 1876

MADRID


p. 6

PROPIEDAD

DERECHOS RESERVADOS

COPYRIGHT, 1920 BY

EDITORIAL «SATURNINO CALLEJA», S. A.

Imp. Jaime Ratés.—Madrid.


p. 7

PRÓLOGO

«Estando el año pasado en la corte de su Magestad, vino a mis manos este libro del conde Lucanor, que por ser de autor tan ilustre me aficioné a leerle, y comencé luego a hallar en él un gusto de la propriedad y antigüedad de la lengua castellana, que me obligó a comunicarlo a los ingenios curiosos y aficionados a las cosas de su nación; porque juzgaba ser cosa indigna que un Príncipe tan discreto y cortesano y de la mejor lengua de aquel tiempo, anduviese en tan pocas manos.»

Estas palabras, que Gonzalo Argote de Molina puso a la cabeza de la primera edición del Conde Lucanor en 1575, no han perdido actualidad; el «libro de los buenos consejos» es en nuestros días más famoso que leído, y no ha alcanzado la difusión de que es merecedor; ni edición crítica, ni popular y legible de él se ha impreso hasta hoy; y quien desee leerlo ha de acudir a los indigestos volúmenes de la Biblioteca de Autores Españoles, ya que las lindas impresiones de Krapfp. 8 son costosas y raras como libros de bibliófilo, y la de Knust es inasequible a la mayoría.

A dar un texto de lectura fácil y de tamaño cómodo viene esta edición, que por no estar hecha para «los hombres que saben», carece de todo aparato erudito y de todo empeño de exactitud paleográfica; acéptase en ella, como base, el texto central de Knust, que reproduce el manuscrito más completo, y se moderniza la ortografía—según uso de esta Biblioteca—siguiendo, en especial, la pauta que ha hecho legible a todos el Calila y Dimna.

Es el Conde Lucanor un «exemplario», pero el más bello que se haya escrito nunca; «comparte con el Decamerón la gloria de haber creado la prosa novelesca de Europa», con la ventaja, por parte de la obra del nieto del Rey Santo, de estar terminada ya trece años antes de la peste de Florencia (1348), ocasión de que fuesen narrados los cien inmortales cuentos de Boccaccio.

Se desarrolla la obra en forma de conversación entre un Príncipe, el Conde Lucanor, y su consejero Patronio; las características de Lucanor apenas se declaran en el libro; era señor de vasallos y de estados grandes y estaba en edad no muy moza; las dudas que en su espíritu surgen por asuntos de gobierno o del continuo trato del mundo, resuélvelas su consejero con ejemplos, de los que extrae a su fin sendas reflexiones provechosas condensadas en graciosos viesos. Esto en la primera parte, que consta de cincuenta y un ejemplos[1].p. 9 Las tres o las cuatro restantes son de interés y valor muy escasos. La segunda comienza por un razonamiento «por amor de Don Jaime Señor de Xérica», gran amigo de Don Juan Manuel, que le pidió escribiese «más oscuro»; siguen cien proverbios, en su mayor parte lugares comunes de la filosofía moral de la época, expresados a veces con raro acierto y concisión; análoga es la tercera parte (que hasta hoy se ha impreso siempre comprendida en la segunda, y que en esta edición se desglosa, siguiendo el parecer de Doña María Goyri de Menéndez Pidal). La cuarta (tercera en las anteriores impresiones), por una infantil ocurrencia de D. Juan Manuel es punto menos que ininteligible; queriendo hablar «oscuro» y «menos declarado», trueca en completo desorden las palabras, y resultan logogrifos las más vulgares moralidades; la quinta parte (antes cuarta) está constituída por unos amenos razonamientos teológicos: entre ellos figura un bello apólogo. Desde la parte segunda la conversación del Conde y Patronio casi se pierde en un continuo monólogo del consejero.

[1] En el Códice Puñonrostro figuran dos apólogos, que seguramente no son obra de D. Juan Manuel, pero están hermosamente escritos; uno de ellos, según Menéndez y Pelayo, es el cuento de «El durmiente despierto» de las Mil y una noches. El mismo Menéndez y Pelayo no cree tampoco obra de D. Juan Manuel el ejemplo cincuenta.

El lunes 12 de Junio de 1335, estando en su castillo de Salmerón, ganado a los moros, en tierra de Murcia, firma D. Juan Manuel la última hoja del librop. 10 de Patronio, comenzado quizá dos o tres años antes. Andaba el Príncipe moralista y guerrero en los cincuenta y tres de su edad al acabar su obra maestra, pues él mismo declara había nacido «en Escalona, martes cinco de Mayo, era de mil et CCC et XX años» (1282 de Cristo).

Hijo del Infante Don Manuel y de su segunda mujer Doña Beatriz de Saboya, desde su nacimiento fué Señor de Peñafiel[2] y gozó del singular privilegio de armar caballeros; a los doce años, su primo Sancho IV le manda a Murcia como Adelantado Mayor de la Frontera, y venturoso en las armas, derrota en Vera a los moros; plácele tanto al Rey esta juvenil victoria, que cuando D. Juan descansaba en el invierno en su señorío, va a visitarle, y encontrando desmantelada y pobre la fortaleza, le hace merced de dineros para que pueda reedificar el castillo, que aun hoy señorea el Duratón y el Duero.

[2] La donación de Peñafiel a D. Juan, fué en el mismo año de su nacimiento. En 1318 fundó el Convento de Dominicos donde se enterró. En 1345 reedificó parte de las fortificaciones. Para el estado actual del castillo y del convento, vid. Ortega y Rubio: Los pueblos de la provincia de Valladolid, t. II, páginas 230 y 55; y el Boletín de la Sociedad Castellana de Excursiones, t. I, 1903, páginas 61 y siguientes.

Sería interminable referir por menor la vida de Don Juan Manuel; tres veces casado, suegro de dos reyes, y a nadie fiel por largo tiempo; su política fué un perpetuo cambiar; no hubo disensión en las tristes minoridades del Rey Emplazado y de Alfonso el oncenop. 11 en que no jugase papel preponderante; su lealtad a la prudente Doña María de Molina, que tanto le encargara Sancho el Bravo en su lecho de muerte, flaqueó más de una vez; y ya se le ve al lado del revoltoso Infante Don Pedro; ya al de Don Juan el Tuerto; ya al del Infante de la Cerda; ya, en fin, se «desnatura» hasta tres veces, y en una llega a hacer alianza con el Rey moro de Granada contra su natural Señor.

No eran los tiempos sazón de leales; y los hijos de los Infantes de Castilla, como decía el Arzobispo de Santiago D. Rodrigo del Padrón, «fuera mejor si fueran mejores, et nunca fallamos que fueran muy buenos»; y D. Juan Manuel en su vida era un hombre de su época, hacía lo que todos; «recelamos—seguía diciéndole el buen Don Rodrigo—que non queredes fincar sólo, et queredes facer como los otros».

En 1335, por la amenaza de la invasión almohade, apacíguanse un tanto las luchas de Castilla, y Don Juan Manuel, reconciliado con Alfonso XI, aprovecha quizá aquel alto en su constante pelear, y recoge en el Libro de Patronio la experiencia que el tráfago de la vida inquieta había sedimentado en su espíritu, y la varia lectura que había sido su consuelo en el chocar de odios, ambiciones e intereses de que era semillero Castilla toda.

Mas pronto se rompe de nuevo la tregua, y Don Juan, solo con sus vasallos, lucha cuatro años contra el Rey; lógrase, por fin, el 10 de Junio de 1340 cumplida paz, la «más honrada que nunca se falla que lap. 12 hobiese home en España». Como varón de consejo acompaña al Rey a las gloriosas jornadas del Salado y Algeciras, y al fin de sus días aún se oye su voz autorizada en las Cortes de Alcalá, de las que salió el «Ordenamiento»[3]. Era entonces D. Juan tan poderoso, que «podía ir del regno de Navarra hasta el regno de Granada, posando cada noche en villa cercada et castillos suyos». En sus últimos tiempos placíale vivir en Peñafiel, y en los buenos días del otoño bajaría de su castillo, y rodeado de sus deudos y de discretos «fraires predicadores» de su convento, en alguna olmeda de la ribera del Duratón, contaría el anciano, despaciosamente, algún «exemplo», sazonado con avisos y moralidades «de mucha sciencia».

[3] Varón de consejo y de resolución, tal era el común sentir acerca de D. Juan Manuel; muchos años después de su muerte, cuando Don Fernando, Infante de Castilla, después Rey de Aragón, tenía puesto cerco a Antequera, habiendo dudas en los caudillos de si aventurarse o no a tomar una áspera sierra que era de moros, exclamó el Infante: «Por cierto mengua face aquí mi bisabuelo Don Juan Manuel.» Lo cuenta Argote de Molina.

La fecha de su muerte se desconoce, pero hubo de acaecer antes de Agosto de 1349, en que ya se titulaba Señor de Villena su hijo Fernando[4].

[4] Quien desee saber más noticias de la vida del nieto de San Fernando, consulte el t. III de la Historia Crítica de Amador de los Ríos, y no eche en olvido el consejo de Argote: «el lector puede ver la crónica del Rey Don Alonso XI, donde muy particular memoria del se hace». La crónica de Alonso XI en la Biblioteca de Rivadeneyra, t. LXVI. El Señor Jiménez Soler prepara hace años un estudio acerca de D. Juan Manuel.

El alma de D. Juan Manuel, los hechos de sup. 13 vida, y sobre todo sus obras, nos la muestran tal cual fué, con todos sus defectos—que eran los de su tiempo—, con todas sus excelsas cualidades, a muy pocos discernidas; cómo fué su cuerpo, lo sabemos también; en una oscura capilla de la Claustra de la Catedral de Murcia figuran su retrato y el de su hija la Reina de Castilla Doña Juana, como orantes en un retablo firmado por el pintor modenés del siglo XIV Barnabas de Mutina[5]. Don Juan Manuel, de barba y cabellos canos y luengos, viste túnica de grana, está de hinojos ante Santa Lucía; es éste quizá el primer retrato pintado que de un escritor español se conserva: sus ojos son hermosos y rasgados, fina y larga la nariz; nobles las facciones, que expresan inteligencia, energía y desengaño.

[5] Al lado opuesto, y orante también, una dama coronada, Doña Juana Manuel, hija de Don Juan, y mujer de Enrique II. Creíase en Murcia eran retratos de los Reyes Católicos; al ilustre arqueólogo señor González Simancas se debe la verdadera identificación; el retablo es una obra importantísima firmada en Génova por un pintor modenés llamado Bernabé, que firma varios cuadros de 1367 a 1376; nacido en Módena, pintó allí entre 1364 a 1380, en Génova en 1364, 70, 80 y 83 en Pisa y en el Piamonte. (Vid. Tormo, Cultura Española (1907), VII, pág. 849.) Corrado Ricci (The Burlington Magazine, «Barnaba da Modena», Noviembre de 1913) desconoce la noticia del retablo de Murcia.

Mucho escribió D. Juan Manuel—Historia, Caza, Política, Moral, Teología...—increíble parece hubiera vagar para ello quien hizo reales los versos del Romancero

Mis arreos son las armas,
mi descanso el pelear.

p. 14

El ambiente de la corte, a pesar del amor a la cultura de Alfonso X y Sancho IV, no era muy propicio al constante cultivo de las letras, y D. Juan Manuel era motejado por los grandes señores de la época, a los cuales contestaba con frase que hoy mismo pudiera repetir: «pienso que es mejor pasar el tiempo en facer libros que en jugar a los dados o facer otras cosas viles».

Tuvo Don Juan Manuel conocimiento de todo el saber de su siglo[6]; mas su inclinación le llevaba a la Historia y a las «historias»; no hubo colección de cuentos cristianos y orientales que no conociese y que en su memoria no dejase profunda huella, y tan bien se fundían en su espíritu las fábulas de lejana estirpe budista, las consejas y leyendas de Occidente y los sucedidos casi contemporáneos, que con razón dijo de él Rosenkranz: «fué el intermediario entre la novelística oriental y la de Occidente». Tan varias son las fuentes de sus cuentos, que, al decir de Menéndez y Pelayo, «parece imposible reunirlas en tan corto espacio»,p. 15 no hay en el Conde Lucanor ningún relato original; como tampoco lo hay en el Decamerón; la grande originalidad está en el estilo. Al fin de cada cuento encontrará el lector algunas notas acerca de su origen y difusión, en las que claramente se verá lo que aquí se advierte; Knust, en su edición, ilustra minuciosamente las fuentes de cada apólogo, pero acaso extrema los detalles y olvida a veces datos que creo de interés anotar.

[6] A mi docto amigo el R. P. Guillermo Vázquez, de la Orden de la Merced, debo la noticia de un maestro de D. Juan Manuel. En el fol. 88 del t. XLIII de la colección Salazar, en la Academia de la Historia, se halla copia de un epitafio del monasterio de la Trinidad, de Toledo; dos partes tiene la inscripción: latina una, en romance la segunda; casi sin sentido la primera; de ella se deduce era el muerto de estirpe «inclita portugalensis»; los renglones castellanos dicen: Finó Martín Fernández Pantoja, ayo de Don Juan, fijo del Infante Don Manuel, a cinco dias de marzo, era de M. CCC XXVII (1289). Tal vez alguno de los cuentos y consejos de Patronio son recuerdo de las lecciones de este hasta hoy desconocido maestro de la niñez de Don Juan Manuel.

La lengua de D. Juan Manuel es la misma de Alfonso el Sabio; lengua pulida y cortesana ya, en medio de su ingenuidad; está libre de todo amaneramiento retórico; fué el primer escritor de nuestra Edad Media que tuvo estilo en prosa, como fué el Arcipreste de Hita el primero que lo tuvo en verso, y se nos muestra como un estilista superior, en frase del señor Menéndez Pidal.

También hizo versos D. Juan Manuel: un libro de Cantares, que se ha perdido, y los que pone al fin de cada ejemplo en el Conde Lucanor, no muy sonoros y numerosos; pero, como advierte Doña María Goyri, «Don Juan no medía los versos, contaba las sílabas, admitiendo siempre el hiato, y únicamente se permitía apocopar algún verbo o elidir algún pronombre».

La sobriedad, el poner las cosas «en las menos palabras que puedan ser» fué su preocupación, como observa D. Ramón Menéndez Pidal.

Lo que más encanta en su estilo es la ingenuidad, nunca candorosa; siempre hay en él unos adarmes dep. 16 malicia amable, y en muchos cuentos un fondo de humorismo raras veces amargo; se ve siempre al gran señor superior a su tiempo, y para quien las cosas de este mundo no guardan secretos, que con mirada serena, un tanto escéptica, analiza las acciones de los hombres y adoctrina sin empacho de moral acerca del camino que en la vida se ha de seguir; y todo esto con una expresión limpia de groserías y complacencias de bajos gustos; con justeza anota Menéndez y Pelayo que «para no escribir en el siglo XIV como Boccacio o como el Arcipreste de Hita, se necesitaba una exquisita delicadeza de alma, una repugnancia instintiva a todo lo feo y villano, que es condición estética, a la par que ética, de espíritus valientes».

En el Conde Lucanor—dice Azorín—«todo es sencillo, limpio y claro», Don Juan Manuel «lo escribe atentamente con el gesto sereno del Erasmo retratado por Holbein». «Cuando acaba de escribir uno de sus capítulos, se levanta, da unos paseos por la estancia, contempla sus libros, echa un vistazo por la ventana al paisaje. Desde la ventana se descubre el severo y noble campo de Castilla; una serranía azulina con cimas blancas cierra el horizonte; hasta la línea azul se extiende una campiña suavemente ondulada por los oteros y recuestos.»

F. J. Sánchez Cantón.


p. 17

BIBLIOGRAFÍA

Del Conde Lucanor se conservan cinco códices, ninguno contemporáneo; el único completo es el 6376 (ant. S-34) de la Biblioteca Nacional; consta de las cuatro partes (cinco, como ha probado Doña María Goyri).

La edición princeps fué publicada por Argote de Molina en 1575 en Sevilla. Reproducciones de ella son: las de Madrid, 1642, Stuttgart, 1839, y Barcelona, 1853, con prólogo de Milá y Fontanals; en estas cuatro ediciones sólo se publicó la primera parte.

En la Biblioteca de Autores Españoles, t. LI, por Gayangos, se publicó ya el texto completo, dividido en cuatro partes. Texto que se reprodujo en dos bellos tomitos por Krapf en Vigo en 1898. Otra imprimió en 1900.

En 1900, Adolf Birch-Hirschfeld publicó las notas y texto (del S-34 con variantes) que Knust preparaba para publicar una edición crítica, que murió sin terminar; de esto dependen los defectos de que adolece la publicación, que, sin embargo, es la única hasta ahora utilizable; al fin van eruditas ilustraciones sobre el origen y descendencia de los cuentos; de ellas hemos entresacado algunas notas.

En fin, en 1902, el citado Krapf publicó en Vigo una escrupulosa edición de la primera parte—más dos interesantes cuentos que no son de D. Juan Manuel—, según un códice que fué de los Condes de Puñonrostro y pertenece hoy a la Academia Española, quizá la más antigua redacción del Conde Lucanor. Completaremos la edición con estos dos cuentos.

Últimamente, en 1914, el Sr. Tenreiro ha publicado un bello arreglo, para niños, de varios cuentos del Conde Lucanor, modernizando el estilo y aun el asunto; y Azorín ha interpretado maravillosamente los ejemplos de Don Illán, el raposo y el cuervo,p. 18 y Don Alonso Pérez de Valdés, en Lecturas españolas. (Vid. en las Páginas Escogidas de esta Biblioteca.)

Sobre la vida y obras de D. Juan Manuel véanse la biografía de Argote en su edición, los prólogos de Milá y Fontanals y Gayangos a sus impresiones, de Puibusque a su traducción al francés; Amador de los Ríos, Historia crít. de la lit. esp., t. III, páginas 204 y 55; Knust, prólogo y notas a su ed.; M. Goyri de Menéndez Pidal, Romania, XXIX, páginas 600-602, y Rev. de Archivos, t. VII, pág. 320; Bonilla, Anales de la lit., cap. I, pág. 258; Hanssen, Notas a la versificación de D. Juan Manuel; Anales de la Universidad de Chile, 1902; Bulletin Hispanique, t. IV, núm. 4.º; Menéndez y Pelayo, Orígenes de la Novela, t. I, y Menéndez Pidal, Antología de prosistas castellanos, Madrid, 1917, páginas 28-30.

Es de advertir que se conserva un autógrafo de D. Juan Manuel; es una carta al Rey, en la que se transparenta su alma noble y cauta a la vez, publicada en facsímil por el Sr. Jiménez Soler, en la Revue Hispanique, t. XIV, pág. 606.


p. 19

EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS

DEL

CONDE LUCANOR

ET DE

PATRONIO


p. 21

EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO

Este libro fizo don Johan, fijo del muy noble infante don Manuel, deseando que los homes ficiesen en este mundo tales obras, que les fuesen aprovechosas de las honras, et de las faciendas, et de sus estados; et fuesen más allegados a la carrera por que pudiesen salvar las almas. Et puso en él los enxiemplos más aprovechosos que él sopo de las cosas que acaescieron, por que los homes puedan facer esto que dicho es. Et seria maravilla, si de cualquier cosa que acaezca a cualquier homne, non fallare en este libro su semejanza que acaesció a otro.

Et porque don Johan vió et sabe, que en los libros contescen muchos yerros en los trasladar—cuidando por la una letra que es la otra, en escribiéndolo, múdase toda la razón, et por aventura confóndese—et los que despues fallan aquello escripto, ponen la culpa al que fizo el libro; et porque don Johan se receló desto, ruega a los que leyeren cualquier libro que fuere trasladado del que él compuso, o de los libros que él fizo, que si fallaren alguna palabra mal puesta, que nonp. 22 pongan la culpa a él, fasta que vean el libro mismo que don Johan fizo, que es emendado, en muchos lugares, de su letra. Et los libros que él fizo, son estos que él ha fecho fasta aqui: La Cronica abreviada, El Libro de los Sabios, El Libro de la Caballeria, El Libro del Infante, El Libro del Caballero et del Escudero, El Libro del Conde, El Libro de la Caza, El Libro de los Engeños, El Libro de los Cantares. E estos Libros estan en el monesterio de los Fraires Predicadores que él fizo en Peñafiel. Pero, desque vieren los libros que él fizo, por las menguas que en ellos fallaren, non pongan la culpa a la su entención, mas pónganla a la mengua del su entendimiento, porque se atrevió a se entremeter a fablar en tales cosas. Pero, Dios sabe, que lo fizo por entención que se aprovechasen de lo que él diría las gentes que non fuesen muy letrados, nin muy sabidores. Et por ende, fizo todos los sus libros en romance, et esto es señal cierto que los fizo para los legos et de non muy grand saber como lo él es. Et de aqui adelante, comienza el prologo del Libro de los Enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio.


p. 23

 

En el nombre de Dios: amen. Entre muchas cosas extrañas et maravillosas que Nuestro Señor Dios fizo, tovo por bien de facer una muy maravillosa; esta es, que de cuantos homes en el mundo son, non ha uno que del todo semeje a otro en la cara; ca como quier que todos los homes han estas mismas cosas en la cara, los unos que los otros, pero las caras en si mesmas non semejan las unas a las otras. Et pues en las caras que son tan pequeñas cosas ha en ellas tan grant departimiento, menos maravilla es que haya departimiento en las voluntades et en las entenciones de los homes. Et asi fallaredes, que ningun home non se semeja del todo en la voluntad nin en la entención con otro. Et facervos he algunos enxiemplos porque lo entendades mejor:

Todos los que quieren et desean servir a Dios, todos quieren una cosa, pero non lo sirven todos en una manera, que unos le sirven en una manera et otros en otra. E otrosí, todos los que sirven a los señores, todos los sirven, mas non los sirven todos en una manera. Et los que labran et crian, et trabajan, et cazan, et facen todas las otras cosas, todos las facen, mas non las entienden nin las facen todos en una manera.p. 24 Et asi, por este enxiemplo, et por otros que seríen muy luengos de decir, podedes entender, que, como quier que los homes todos sean homes, et todos hayan voluntades et entenciones, que tan poco como se semejan en las caras, tan poco se semejan en las entenciones et en las voluntades; pero todos se semejan, en tanto que, todos usan, et quieren, et aprenden mejor aquellas cosas de que se más pagan que las otras. Et por que cada homne aprende mejor aquello de que se más paga, por ende el que alguna cosa quiere mostrar a otro, débegelo mostrar en la manera que entendiese que será más pagado el que lo ha de aprender. Et porque a muchos homes las cosas sotiles non les caben en los entendimientos porque non las entienden bien, non toman placer en leer aquellos libros nin aprenden lo que es escripto en ellos. Et porque non toman placer en ello, non lo pueden aprender nin saber asi como a ellos cumpliría.

Por ende, yo Don Johan, fijo del Infante Don Manuel, Adelantado Mayor de la frontera et del regno de Murcia, fiz este libro, compuesto de las más apuestas palabras que yo pude, et entre las palabras entremetí algunos enxiemplos de que se podrían aprovechar los que los oyeren. Et esto fiz segun la manera que facen los físicos, que cuando quieren facer alguna melicina que aproveche al fígado, por razón que naturalmente el fígado se paga de las cosas dulces, mezclan con aquella melecina que quiere melecinar el fígado, azucar o miel o alguna cosa dulce; et por el pagamientop. 25 que el fígado ha de la cosa dulce, en tirándole para si, lleva con ella la melecina quel ha de aprovechar. Et eso mismo facen a cualquier miembro que haya mester alguna melecina, que siempre la dan con alguna cosa que naturalmente aquel miembro la haya de tirar a si. Et a esta semejanza, con la merced de Dios, será fecho este libro, et los que lo leyeren, si por su voluntad tomaren placer de las cosas provechosas, que y fallaren, serles ha bien, et aun los que tan bien non entendieren, non podrán escusar que en leyendo el libro, por las palabras falagueras et apuestas que en él fallarán, que non hayan a leer las cosas aprovechosas que son y mezcladas, et aunque ellos non lo deseen, aprovecharse han dellas, asi como el fígado et los otros miembros dichos se aprovechan de las melecinas que son mezcladas con las cosas de que ellos se pagan. Et Dios, que es complido et complidor de todos los buenos fechos, por la su merced et por la su piedad, quiera que los que este libro leyeren, que se aprovechen dél a servicio de Dios et para salvamiento de sus almas et aprovechamiento de sus cuerpos, asi como El sabe, que yo, Don Johan, lo digo a esa entención. Et lo que y fallaren que non es tan bien dicho, non pongan la culpa a la mi entención, mas pónganla a la mengua del mio entendimiento. Et si alguna cosa fallaren bien dicha o aprovechosa, agradéscanlo a Dios, ca El es aquel por quien todos los buenos dichos et fechos se dicen et se facen.

Et pues el prólogo es acabado, de aquí adelantep. 26 comenzará la materia del libro, en manera de un grand Señor que fablaba con un su consejero. Et dicían al Señor, Conde Lucanor, et al consejero, Patronio.


ENXEMPLO I

De lo que contesció a un Rey con un su privado.

Acaesció una vez, que el conde Lucanor estaba fablando en su poridad con Patronio, su consejero, et dijol:

—Patronio, a mi acaesció que un muy grande homne et mucho honrado, et muy poderoso, et que da a entender que es cuanto mio amigo, que me dijo pocos días ha en muy grant poridad, que por algunas cosas quel acaescieran, que era su voluntad de se partir desta tierra et non tornar a ella en ninguna manera, et que, por el amor et grant fianza que en mi había, que me quería dejar toda su tierra, lo uno vendido, et lo al encomendado. Et pues esto quiere, seméjame muy grand honra et grand aprovechamiento para mi; et vos decitme et consejadme, lo que vos paresce en este fecho.

—Señor conde Lucanor, dijo Patronio, bien entiendo que el mio consejo non vos face grant mengua, pero pues vuestra voluntad es que vos diga lo que en esto entiendo, et vos conseje sobre ello, facerlo he luego. E primeramente, vos digo, que esto quep. 27 aquel que cuidades que es vuestro amigo vos dijo, non lo fizo sinón por vos probar. Et paresce que vos conteció con él, commo conteció a un Rey con un su privado.

E el conde Lucanor le rogó, quél dijiese como fuera aquello.

—Señor, dijo Patronio, un rey era que había un privado en que fiaba mucho. Et por que non puede seer que los homes que alguna buena andanza han, que algunos otros non hayan envidia dellos; por la privanza et bien andanza que aquel su privado había, otros privados daquel rey habían dél muy grant envidia et trabajábanse del buscar mal con el rey, su señor. Et como quier que muchas razones le dijieron, nunca pudieron guisar con el rey quel ficiese ningun mal, nin aun que tomase sospecha nin dubda dél, nin de su servicio. Et de que vieron que por otra manera non pudieron acabar lo que querian, ficieron entender al rey, que aquel su privado, que se trabajaba de guisar porque él muriese, et que un fijo pequeño que el rey habia, que fincase en su poder, et de que él fuese apoderado de la tierra, que faría commo muriese el mozo e que fincaría él señor de la tierra. Et commo que fasta entonce non pudieran poner en ninguna dubda al rey contra aquel su privado, de que esto le dijieron, non lo pudo sofrir el corazón que non tomase dél recelo; ca en las cosas en que tan grant mal ha, que se non pueden cobrar si se facen, ningun homne cuerdo non debe esperar ende la prueba. Etp. 28 por ende desque el rey fué caido en esta dubda et sospecha, estaba con grant recelo, pero non se quiso mover en ninguna cosa contra aquel su privado, fasta que desto sopiese alguna verdad.

Et aquellos otros que buscaban mal a aquel su privado, dijiéronle una manera muy engañosa, en commo podría probar que era verdat aquello que ellos dicían, et enformaron bien al rey en una manera engañosa, segund adelante oiredes, como fablase con aquel su privado. Et el rey puso en su corazón de lo facer, et fízolo.

Et estando a cabo de algunos dias, el rey fablando con aquel su privado, entre otras razones muchas que fablaron comenzol un poco a dar a entender que se despagaba mucho de la vida deste mundo et quel parescia que todo era vanidad. Et entonce non le dijo más. Et despues a cabo de algunos dias fablando otra vez con aquel su privado, dandol a entender que sobre otra razón comenzaba aquella fabla, tornol a decir que cada dia se pagaba menos de la vida deste mundo et de las maneras que en él veía. Et esta razón le dijo tantos días et tantas vegadas, fasta que el privado entendió que el rey non tomaba ningún placer en las honras deste mundo, nin en las riquezas, nin en ninguna cosa de los bienes, nin de los placeres que en este mundo habíe. Et desque el rey entendió que aquel su privado era bien caido en aquella entención, dijol un día: que había pensado de dejar el mundo et irse desterrar a tierra do non fuese conoscido,p. 29 et catar algún lugar extraño et muy apartado en que ficiese penitencia de sus pecados, et que por quella manera, pensaba que le habría Dios merced et podría haber la su gracia por que ganase la gloria del paraiso.

E cuando el privado del rey esto le oyó dicir, estrañógelo mucho diciendol muchas maneras por que lo non debía facer. Et entre las otras dijol: que si esto ficiese, que faría muy grant deservicio a Dios en dejar tantas gentes como había en el su reino que tenía él bien mantenidas en paz et en justicia, et que era cierto que luego que él dende se partiese, que habría entrellos muy grant bollicio et muy grandes contiendas, de que tomaría Dios muy grant deservicio et la tierra muy grant dapno, et cuando por todo esto non lo dejase, que lo debía dejar por la reina, su mujer, et por un fijo muy pequeñuelo que dejaba, que era cierto que serían en muy gran aventura también de los cuerpos, como de las faciendas.

Et a esto respondió el rey que: ante que él pusiese en toda guisa en su voluntad de se partir de aquella tierra, pensó en la manera en como dejaría recabdo en su tierra por que su mujer et su fijo fuesen servidos et toda su tierra guardada, et que la manera era esta: que bien sabía él que el rey le había criado et le había fecho mucho bien et quel fallara siempre muy leal et, quel serviera muy bien et muy derechamente, et quel por estas razones, fiara en él más que en homne del mundo, et que tenía por bien del dejar la mujer et elp. 30 fijo en su poder, et entregarle et apoderarle en todas las fortalezas et logares del regno, porque ninguno non pudiese facer ninguna cosa que fuese deservicio de su fijo; et si el rey tornase en algún tiempo, que era cierto que fallaría muy buen recabdo en todo lo que dejase en su poder; et si por aventura muriese, que era cierto, que serviria muy bien a la reina, su mujer, et que criaria muy bien a su fijo, et quel ternía muy bien guardado el su regno fasta que fuese de tiempo que lo pudiese muy bien gobernar; et asi, por esta manera, tenia que dejaba recabdo en toda su facienda.

E cuando el privado oyó decir al rey que quería dejar en su poder el reino et el fijo, como quier que lo non dijo entender, plogol mucho en su corazón, entendiendo que pues todo fincaba en su poder, que podría obrar en ello como quisiese.

E este privado había en su casa un su cativo que era muy sabio homne et muy grant filósofo. Et todas las cosas que aquel privado del rey había de facer, et los consejos quel había de dar, todo lo facía por consejo de aquel su cativo que tenía en casa.

Et luego que el privado se partió del rey, fuese para aquel su cativo, et contol todo lo quel conteciera con el rey, dandol a entender con muy grant placer et muy grand alegría cuanto de buena ventura era, pues el rey le quería dejar todo el reino et su fijo en su poder.

E cuando el filósofo que estaba cativo oyó decir a su señor todo lo que le había pasado con el rey, et como el rey entendiera que quería él tomar en poderp. 31 a su fijo et al regno, entendió que era caido en grant yerro, e comenzolo a maltraer muy fieramente, et dijol: que fuese cierto que era en muy grant peligro del cuerpo et de toda su facienda; ca todo aquello quel rey le dijiera, non fuera porque el rey hobiese voluntad de lo facer, sinón que algunos quel querian mal, habían puesto al rey quel dijiese aquellas razones por le probar, et pues entendiera el rey quel placía, que fuese cierto que tenía el cuerpo et su facienda en muy grant peligro.

E cuando el privado del rey oyó aquellas razones, fué en muy grant cuita, ca entendió verdaderamente que todo era asi como aquel su cativo lo había dicho. Et desque aquel sabio que tenía en su casa le vió en tan grant cuita, consejol que tomase una manera como podríe escusar aquel peligro en que estaba.

Et la manera fué esta: luego, aquella noche, fuese a raer la cabeza et la barba, et cató una vestidura muy mala et toda apedazada, tal cual suelen traer estos homes que andan pidiendo las limosnas andando en sus romerías, et un bordón, et unos zapatos rotos et bien ferrados, et metió entre las costuras de aquellos pedazos de su vestidura una grant cuantía de doblas. Et ante que amaniciese fuese para la puerta del rey, et dijo a un portero que y falló, que dijiese al rey que se levantase porque se pudiese ir ante que la gente despertase, ca él allí estaba esperando, et mandol que lo dijese al rey en grant poridat. Et el portero fué muy maravillado cuandol vió venir en tal manera, et entróp. 32 al rey et díjogelo así como aquel su privado le mandara. E desto se maravilló mucho el rey, et mandó quel dejase entrar.

E desque lo vió como vinía, preguntol porqué ficiera aquello. E el privado le dijo que bien sabía como le dijiera que se quería ir desterrar, et pues él así lo quería facer, que nunca quisiese Dios que él desconosciese cuanto bien le feciera; et que así como de la honra et del bien que el rey hobiera, tomara muy grant parte; que así era muy grant razón que de la laceria et del desterramiento que el rey quería tomar, que él otrosí tomase ende su parte; et, pues el rey non se dolía de su mujer et de su fijo, et del regno et de lo que acá dejaba, que non era razón que se doliese él de lo suyo, et que iría con él, et le serviría en manera que ningún home non gelo pudiese entender, et que aún él llevaba tanto haber metido en aquella su vestidura que les abondaría asaz en toda su vida, et que, pues que a irse habían, que se fuesen ante que pudiesen ser conoscidos. E cuando el rey entendió todas aquellas cosas que aquel su privado le dicía, tovo que se lo dicía todo con lealtad, et gradesciógelo mucho, et contol toda la manera en como hobiera a seer engañado et que todo aquello le ficiera el rey por le probar. Et así, hobiera a seer aquel privado engañado por mala cobdicia, et quisol Dios guardar, et fué guardado por consejo del sabio que tenía cativo en su casa.

Et vos, Señor Conde Lucanor, ha menester que vos guardedes que non seades engañado deste que tenedesp. 33 por amigo; ca cierto sed, que esto que vos dijo, que non lo fizo sinón por probar que es lo que tiene en vos. Et conviene que en tal manera fabledes con él, que entienda que queredes toda su pro et su honra, et que non habedes cobdicia de ninguna cosa de lo suyo, ca si homne estas dos cosas non guarda a su amigo, non puede durar entre ellos el amor luengamente.

Et el conde se falló por bien aconsejado del consejo de Patronio, su consejero, et fízolo commo le consejara, et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johan, que este enjemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos en que se pone la sentencia del enjemplo. Et los viesos dicen así:

Non vos engañedes, nin creades que en donado
Face ningún homne por otro su daño de grado.

Et los otros dicen así:

Por la piedat de Dios et por buen consejo
Sale homne de coita, et cumple su deseo[7].

[7] Según Knust, relaciónase con una parábola del cap. IV del Barlaam y Josafat, famosa novela mística atribuída a San Juan Damasceno, que tiene sus orígenes en la leyenda budista del Lalita-Vistara. Acerca de la influencia de este libro en la literatura española, hay un notable estudio de F. Haam, vol. X de las Modern Language Notes, de Baltimore, páginas 22-34. Llegó a D. Juan Manuel por una versión oriental árabe seguramente, también de ella hubo de tomar el asunto central de su Libro de los Estados. A la Leyenda Áurea pasó también el Barlaam, capítulo CLXXX.


p. 34

EJEMPLO II

De lo que contesció a un homne bueno con su fijo.

Otra vez acaesció que el conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero, et dijol: como estaba en grant coidado et en grant queja de un fecho que quería facer; ca, si por aventura lo ficiese, sabía que muchas gentes le trabarían en ello, et otrosí, si non lo ficiese, que él mismo entendíe, quel podrían trabar en ello con razón. Et díjole cuál era el fecho, et rogol quel consejase lo que entendía que debía facer sobre ello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—bien sé yo que vos fallaredes muchos que vos podrían consejar mejor que yo, et a vos dió Dios muy buen entendimiento, que sé, que mi consejo vos face muy pequeña mengua, mas pues lo queredes, decirvos he lo que ende entiendo. Señor conde Lucanor—dijo Patronio—mucho me placería que parásedes mientes a un ejiemplo de una cosa que acaesció una vegada a un homne bueno con su fijo.

E el conde le rogó quel dijiese, que como fuera aquello.

Et Patronio dijo:

—Señor, así contesció, que un homne bueno había un fijo; e como quier que era mozo segund sus días,p. 35 era asaz de sotil entendimiento. Et cada que el padre alguna cosa quería facer, porque pocas son las cosas en que algún contrallo non puede acaescer, dicial el fijo: que en aquello que él quería facer, que veía él, que podría acaescer el contrario. Et por esta manera le partía de algunas cosas quel cumplían para su facienda. Et bien cred que cuanto los mozos son más sotiles de entendimiento, tanto son más aparejados para facer grandes yerros para sus faciendas; ca han entendimiento para comenzar la cosa, mas non saben la manera como se puede acabar, et por esto caen en grandes yerros, si non han quien los guarde dellos. Et asi, aquel mozo por la sotileza que había del entendimiento et quel menguaba la manera de saber facer la obra complidamente, embargaba a su padre en muchas cosas que habie de facer. Et de que el padre pasó grant tiempo esta vida con su fijo, lo uno por el daño que se le seguía de las cosas que se le embargaban de facer, et lo al, por el enojo que tomaba de aquellas cosas que su fijo le dicía, et señaladamente lo más, por castigar su fijo et darle ejiemplo como ficiese en las cosas quel acaesciesen adelante, tomó esta manera segunt aquí oiredes:

El homne bueno et su fijo eran labradores et moraban cerca de una villa. Et un día que facían y mercado dijo a su fijo: que fuesen amos allá para comprar algunas cosas que habían mester: et acordaron de llevar una bestia en que lo trajiesen: et yendo amos a mercado llevaban la bestia sin ninguna carga et ibanp. 36 amos de pié et encontraron unos homes que vinían daquella villa do ellos iban. Et de que fablaron en uno et se partieron los unos de los otros, aquellos homes que encontraron, comenzaron a departir ellos entre sí et dicían que no les parescían de buen recabdo aquel homne et su fijo, pues llevaban la bestia descargada et ir entre amos de pie. E el homne bueno, después que aquello oyó, preguntó a su fijo que quel parescía daquello que dicían. Et el fijo dijo, que decían verdat, que pues la bestia iba descargada que non era buen seso ir entre amos de pié: et entonce mandó el omne bueno a su fijo que subiese en la bestia.

Et yendo asi, por el camino fallaron otros homnes: et de que se partieron dellos, comenzaron a decir que lo errara mucho aquel homne bueno, porque iba él de pié que era viejo et cansado, et el mozo que podría sofrir laceria iba en la bestia. Preguntó entonce el omne bueno a su fijo que quel parescía de lo que aquellos dicían; et él dijol quel parescía que dicían razón. E estonce mandó a su fijo, que descendiese de la bestia et subió él en ella.

Et a poca pieza toparon con otros, et dijieron que facía muy desaguisado de dejar el mozo que era tierno et non podría sofrir laceria, ir de pié et ir el homne bueno que era usado de pararse a las lacerias, en la bestia. E estonce preguntó el homne bueno a su fijo que quel parescíe desto que estos dicían. Et el mozo dijol que segund él cuidaba, que dicían verdat. E estoncep. 37 mandó el homne bueno a su fijo que subiese en la bestia porque non fuese ninguno dellos de pié.

Et yendo así, encontraron otros homes et comenzaron a decir que aquella bestia en que iban era tan flaca que a ves podría andar bien por el camino, et pues asi era, que facian muy grant yerro en ir entramos en la bestia. Et el homne bueno preguntó a su fijo, que quel semejaba daquello que aquellos homes buenos dicían: et el mozo dijo a su padre, quel semejaba verdat aquello. E estonce el padre respondió a su fijo en esta manera:

—Fijo, bien sabes que, cuando saliemos de nuestra casa que amos veniamos de pié et traíamos la bestia sin carga ninguna: et tu dicías, que te semejaba que era bien. Et despues fallamos homes en el camino que nos dijieron que non era bien, et mandete yo sobir en la bestia et finqué de pié; et tu dijiste, que era bien. Et despues fallamos otros homes que dijieron que non era bien, et por ende descendiste tu et subí yo en la bestia, et tu dixiste que era aquello lo mejor. Et porque los otros que fallamos dijieron que non era bien, mandete subir en la bestia comigo; et tu dijiste que era mejor que non fincar tu de pié et ir yo en la bestia. Et agora estos que fallamos, dicen que facemos yerro en ir entre amos en la bestia; et tu tienes que dicen verdat. Et pues que así es, ruégote que me digas que es lo que podemos facer en que las gentes non puedan trabar; ca ya fuemos entramos de pié, et dijieron que non faciamos bien; et fuí yo de pié et tu en la bestia, et dijieronp. 38 que errábamos; et fu yo en la bestia et tu de pié, et dijieron que era yerro; et agora imos amos en la bestia, et dicen que facemos mal. Pues en ninguna guisa non puede ser que alguna destas cosas non fagamos e ya todas las ficiemos, et todas dicen que son yerros. Et esto fiz yo porque tomases ejiemplo de las cosas que te acaesciesen en tu facienda; ca cierto sey que nunca faras cosa de que todos digan bien; ca si fuere buena la cosa, los malos et aquellos a que se non sigue pro de aquella cosa, dirán mal della; et si fuera la cosa mala, los buenos que se pagan del bien non podrían decir que es bien el mal que tu feciste. Et por ende, si tu quieres facer lo mejor et más a tu pro, cata que fagas lo mejor et lo que entendieres que te cumple más, et sol que non sea mal, non dejes de lo facer por recelo del dicho de las gentes, ca cierto es que las gentes a lo demás siempre fablan en las cosas a su voluntad, et non catan lo que es más a su pro.

Et vos, señor Conde Lucanor, en esto que me decides que queredes facer et que recelades que vos trabarán las gentes en ello, et si non lo facedes que eso mismo farán, pues me mandades que vos conseje en ello, el mi consejo es este: que ante que comencedes el fecho, que cuidedes toda la pro e el dapno que se vos puede ende seguir, et que non vos fiedes en vuestro seso, et que vos guardedes que non vos engañe la voluntad, et que vos consejedes con los que entendiéredes que son de buen entendimiento, et leales et de buena poridat. Et si tal consejero non falláredes,p. 39 guardat que vos non arrebatedes a lo que hobiéredes a facer, a lo menos fasta que pase un dia et una noche, si fuere cosa que se non pierda por tiempo. Et de que estas cosas guardáredes en lo que hobiéredes de facer, et lo falláredes que es bien et vuestra pro, conséjavos yo que nunca lo dejedes de facer por recelo de lo que las gentes podrían dello decir.

E el conde tovo por buen consejo lo que Patronio le consejaba. Et fízolo así, et fallose ende bien.

Et cuando Don Johan falló este ejiemplo, mandolo escribir en este libro, et fizo estos viesos en que está abreviadamente toda la sentencia deste ejiemplo. Et los viesos dicen así:

Por dicho de las gentes, sol que non sea mal,
Al pro tenet las mientes, et non fagades al[8].

[8] De los muchos textos que Knust cita por sus relaciones con este apólogo, basta la mención del VI capítulo del libro de Gobin Les coupes ravissantes: procede de una fábula esópica. La Fontaine tiene una con el mismo asunto. En España recuerdo el bello apólogo As Opiniós del poeta gallego J. Pérez Ballesteros, publicado en su libro Foguetes. Coruña, 1888, p. 151.


EJEMPLO III

Del salto que fizo el rey Richalte de Inglaterra en la mar contra los moros.

Un día se apartó el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol así:

p. 40—Patronio, yo fío mucho en el vuestro entendimiento, et sé que lo que vos non entendiéredes o a lo que vos non pudiéredes dar consejo, que non ha ningún otro homne que lo pudiese acertar; e por ende, vos ruego que me consejedes lo mejor que vos entendierdes en lo que agora vos diré: Vos sabedes muy bien, que yo non so ya muy mancebo, et acaesciome así, que desde que fuy nascido fasta agora, que siempre me crié et visque en muy grandes guerras, a veces con cristianos et a veces con moros, et lo demás siempre lo hobe con reys, mis señores et mis vecinos. Et cuando lo hobe con cristianos, siempre me guardé que non se levantase ninguna guerra a mi culpa, pero non se podía escusar de tomar grant daño muchos que lo non merescieron. Et lo uno por esto, et por otros yerros que yo fiz contra nuestro Señor Dios, et otrosí, porque veo que por homne del mundo, nin por ninguna manera, non puedo un día solo ser seguro de la muerte, et so cierto que naturalmente segund la mi edat non puedo vevir muy luengamente, et sé que he de ir ante Dios que es tal juez de que non me puedo escusar por palabras, nin por otra manera, nin puedo ser juzgado sinón por las buenas obras o malas que hobiere fecho; et sé, que si por mi desaventura fuere fallado en cosa por que Dios con derecho haya de ser contra mí, so cierto, que en ninguna manera non pudíe escusar de ir a las penas del infierno en que sin fin habré a fincar, et cosa del mundo non me podría tener pro; et si Dios me ficiere tanta mercedp. 41 por que él falle en mi tal merescimiento, por que me deba escoger para ser compañero de los sus siervos et ganar el paraíso; sé cierto, que a este bien, et a este placer, et a esta gloria, non se puede comparar ningún otro placer del mundo. Et pues este bien et este mal tan grande non se cobra sinón por las obras, ruégovos que segund el estado que yo tengo, que cuidedes et me consejedes la manera mejor que entendiéredes que pueda facer enmienda a Dios de los yerros que contra El fiz, et pueda haber la su gracia.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—mucho me place de todas estas razones que habedes dicho, et señaladamente, porque me dijiestes que en todo esto vos consejase segund el estado que vos tenedes, ca si de otra guisa me lo dijiéredes por me probar segund la prueba que el rey fizo a su priuado, que vos conté el otro día en el ejemplo que vos dije; mas pláceme mucho porque decides que queredes facer emienda a Dios de los yerros que ficiestes, guardando vuestro estado et vuestra honra; ca ciertamente, señor conde Lucanor, si vos quisiéredes dejar vuestro estado et tomar vida de orden o de otro apartamiento, non podríades escusar que vos non acaesciesen dos cosas: la primera, que seríades muy mal judgado de todas las gentes, ca todos dirían que lo facíades con mengua de corazón et vos despagábades de vevir entre los buenos; et la otra es, que sería muy grant maravilla, si pudiésedes sofrir las asperezas de la orden, et si después la hobiésedes a dejar o vevirp. 42 en ella non la guardando como debíades, seervos hía muy grant daño paral alma et grant vergüenza et grant denuesto paral cuerpo et para la fama. Mas pues esto, bien queredes facer, placerme hía que sopiésedes lo que mostró Dios a un ermitaño muy sancto de lo que había de contecer a él et al rey Richalte de Englaterra.

E el conde Lucanor le rogó quel dijiese que como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un ermitaño era homne de muy buena vida, et facía mucho bien, et sufría grandes trabajos por ganar la gracia de Dios. Et por ende, fizol Dios tanta merced quel prometió et le aseguró que habría la gloria de paraíso: e el ermitaño gradesció esto mucho a Dios; et seyendo ya desto seguro, pidió a Dios por merced quel mostrase quien había de seer su compañero en paraíso. Et como quier que el Nuestro Señor le enviase decir algunas veces con el ángel que non facía bien en le demandar tal cosa, pero tanto se afincó en su petición, que tovo por bien Nuestro Señor Dios del responder et enviole decir con su angel que el rey Richalte de Inglaterra et él serian compañeros en paraiso.

E desta razón non plogo mucho al ermitaño, ca él conoscía muy bien al rey et sabía que era homne muy guerrero et que había muertos, et robados, et desheredados muchas gentes, et siempre le viera facer vida muy contralla de la suya et aún, que parescía muy alongado de la carrera de salvación: et por esto estaba el ermitaño de muy mal talante.

p. 43Et desque Nuestro Señor Dios lo vió asi estar, enviol decir con el su angel; que non se quejase nin se maravillase de lo quel dijiera, ca cierto fuese que más servicio ficiera a Dios et más meresciera el rey Richalte en un salto que saltara, que el ermitaño en cuantas buenas obras ficiera en su vida.

E el ermitaño se maravilló ende mucho, et preguntol como podia esto seer.

Et el angel le dijo: que sopiese que el rey de Francia, et el rey de Inglaterra et el rey de Navarra pasaron a Ultramar. Et el día que llegaron al puerto, yendo todos armados para tomar tierra, vieron en la ribera tanta muchedumbre de moros que tomaron dubda si podrían salir a tierra. E estonce el rey de Francia envió decir al rey de Inglaterra que viniese a aquella nave a do él estaba et que acordarían como habían de hacer. Et el rey de Inglaterra que estaba en su caballo cuando esto oyó, dijo al mandadero del rey de Francia, quel dijiese de su parte, que bien sabía que él había fecho a Dios muchos enojos et muchos pesares en este mundo et que siempre le pidiera merced quel trajiese a tiempo quel ficiese emienda por el su cuerpo, et que, loado a Dios, que veía el día que él deseaba mucho; ca si allí muriese, pues había fecho la emienda que pidiera ante que de su tierra se partiese, et estaba en verdadera penitencia, que era cierto quel habría Dios merced al alma, et que, si los moros fuesen vencidos, que tomaría Dios mucho servicio, et serían todos muy de buena ventura.

p. 44Et de que esta razón hobo dicha, acomendó el cuerpo et el alma a Dios et pidiol merced quel acorriese, et signose del signo de la santa cruz et mandó a los suyos quel ayudasen. Et luego dió de las espuelas al caballo et saltó en la mar contra la ribera do estaban los moros. Et como quiera que estaban cerca del puerto, non era la mar tan baja que el rey et el caballo non se metiesen todos so el agua, en guisa que non paresció dellos ninguna cosa; pero Dios, así como Señor tan piadoso et de tan grant poder, et acordándose de lo que dijo en el Evangelio; que non quiere la muerte del pecador sinón que se convierta et viva, acorrió entonce al rey de Inglaterra et librol de muerte para este mundo et diol vida perdurable para siempre et escapol de aquel peligro del agua. Et enderezó a los moros.

Et cuando los ingleses vieron facer esto a su Señor, saltaron todos en la mar en pos dél et enderezaron todos a los moros. E cuando los franceses vieron esto, tovieron que les era mengua grande, lo que ellos nunca solían sofrir, et saltaron luego todos en la mar contra los moros. Et desque los vieron venir contra sí, et vieron que non dubdaban la muerte, et que vinían contra ellos tan buenamente, non los osaron asperar et dejáronles el puerto de la mar et comenzaron a fuir. Et desque los cristianos llegaron al puerto mataron muchos de los que pudieron alcanzar et fueron muy bien andantes, et ficieron dese camino mucho servicio a Dios. Et todo esto bien vino por aquel salto que fizo el rey Richalte de Inglaterra.

p. 45Et cuando el ermitaño esto oyó, plogol ende mucho et entendió quel facía Dios muy grant merced en querer que fuese él compañón en paraíso de homne que tal servicio ficiera a Dios, et tanto ensalzamiento en la fe católica.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes servir a Dios et facerle emienda de los enojos quel habedes fecho, guisat que ante que partades de vuestra tierra, emendedes lo que habedes fecho a aquellos que entendedes que feciestes algun daño. Et faced penitencia de vuestros pecados et non paredes mientes al ufana del mundo sin pro, et que es toda vanidat nin creades a muchos que vos dirán que fagades mucho por la valía, e esta valía dicen ellos por mantener muchas gentes et non catan si han de que lo pueden complir, et non paran mientes como acabaron o cuantos fincaron de los que non cataron sinón por esta que ellos llaman grant valía o como son poblados los sus solares. Et vos, señor conde Lucanor, pues decides que queredes servir a Dios et facerle emienda de los enojos quel feciestes non querades seguir esta carrera que es de ufana et llena de vanidat. Mas, pues Dios vos pobló en tierra quel podades servir contra los moros tan bien en mar como por tierra, facet vuestro poder por que seades seguro de lo que dejades en vuestra tierra. Et esto fincando seguro, et habiendo fecho emienda a Dios de los yerros que ficiestes, por que estedes en verdadera penitencia, por que de los bienes que fecierdes hayades de todos merescimiento, et faciendop. 46 esto podedes dejar todo lo al, et estar siempre en servicio de Dios et acabar así vuestra vida. Et faciendo esto, tengo, que ésta es la mejor manera que vos podedes tomar para salvar el alma guardando vuestro estado et vuestra honra. Et debedes crer que por estar en servicio de Dios non morredes ante, nin vivredes más por estar en vuestra tierra. Et si muriéredes en servicio de Dios, viviendo en la manera que vos yo he dicho, seredes martir et muy bien aventurado, et aunque non murades por armas, la buena voluntat et las buenas obras vos farán martir, et aun los que mal quisieren decir, non podrían; ca ya todos veien que non dejades nada de lo que debedes facer de Caballería, mas que queredes seer caballero de Dios et dejades de ser caballero del diablo et de la ufana del mundo que es fallescedera. E agora, señor conde, vos he dicho el mio consejo segund me lo pidiestes, de lo que entiendo como podedes mejor salvar el alma segund el estado que tenedes. Et semejaredes a lo que fizo el rey Richalte de Inglaterra en el salto e buen fecho que fizo.

E al conde Lucanor, plogo mucho del consejo que Patronio le dió, et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese facer como él dicía et como el conde lo tenía en corazon.

Et veyendo don Johan, que este ejemplo era bueno, mandolo poner en este libro, et fizo estos viesos en que se entiende abreviadamente todo el enjiemplo. Et estos viesos dicen así:

p. 47Qui por caballero se toviere,
Mas debe desear este salto,
Que non si en la orden se metiere,
O se encerrase tras muro alto[9].

[9] El modo de iniciarse el cuento, y lo que constituye su fondo ideal, es muy semejante al tema que Tirso de Molina desarrolló en su Condenado por desconfiado. (Vid. sobre los orígenes de esta obra capital del Teatro español, el discurso de recepción en la Real Academia Española de don Ramón Menéndez Pidal, 1902); según Menéndez y Pelayo, «Don Juan Manuel trató el tema a lo caballeresco, Tirso a lo teológico». Las raíces del cuento están en Egipto, y una de las versiones más antiguas y completas es la leyenda de S. Pafnucio, uno de los padres del yermo.

La cruzada en que sucede este hecho que cuenta Patronio fué la tercera; constó de dos expediciones, una por tierra, de Federico I Barbarroja, emperador de Alemania, en 1189; marítima otra, en 1190, mandada por Felipe Augusto de Francia y por Ricardo Corazón de León, de Inglaterra. Nárrase por extenso esta cruzada en los capítulos CXCIV y ss. del Libro IV de La gran Conquista de Ultramar (tomo XLIV de la Bb. de AA. EE.), obra seguramente muy leída por Don Juan Manuel; pero en ella no encuentro referencia del salto del Rey de Inglaterra.

El núcleo del cuento, tomado de una antigua narración, De saltu Templarii. Según Knust.


EXEMPLO IV

De lo que dijo un genovés a su alma, cuando se hobo de morir.

Un dia fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contabal su facienda en esta manera:

—Patronio, loado a Dios, yo tengo mi facienda asaz en buen estado et en paz, et he todo lo que me cumple segund mis vecinos et mis eguales, et por aventurap. 48 más. Et algunos consénjanme que comience un fecho de muy grant aventura, et yo he grant voluntat de facer aquello que me consejan; pero por la fianza que en vos he, non lo quise comenzar fasta que fablase con vusco, et vos rogase que me consejásedes lo que ficiese en ello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en este fecho lo que vos más cumple, placerme hía que sopiésedes lo que conteció a un genués.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

E Patronio le dijo:

—Señor conde Lucanor: un genués era muy rico et muy bien andante segund sus vecinos. Et aquel genués adolesció muy mal, et de que entendió que non podía escapar de la muerte, fizo llamar a sus parientes et a sus amigos; et desque todos fueron con él, envió por su mujer et por sus fijos: et asentose en un palacio muy bueno donde parescía la mar et la tierra; et fizo traer ante si todo su tesoro et todas sus joyas, et de que todo lo tovo ante si, comenzó en manera de trebejo a fablar con su alma en esta guisa:

—Alma, yo veo que tu te quieres partir de mí, et non sé por que lo faces; ca si tu quieres mujer et fijos, bien los vees aquí delante tales de que te debes tener por pagada; et si quisieres parientes et amigos ves aquí muchos et muy buenos et mucho honrados; et si quieres muy grant tesoro de oro, et de plata, et de piedras preciosas, et de joyas, et de paños, et de mercandías,p. 49 tu tienes aquí tanto dello que non te face mengua haber más; et si tu quieres naves, et galeas que te ganen et te traigan muy grant haber et muy grant honra, veslas aquí, o están en la mar que parece deste mi palacio; et si quieres muchas heredades, et huertas muy fermosas et muy delectosas, veslas do parescen destas finiestras; et si quieres caballos, et mulas, et aves, et canes para cazar et tomar placer, et joglares para te facer alegría et solaz, et muy buena posada mucho apostada de camas, et de estrados, et de todas las otras cosas que son y mester; de todas estas cosas a ti non te mengua nada, et pues tu has tanto bien et non te tienes ende por pagada nin puedes sofrir el bien que tienes, e pues con todo esto non quieres fincar et quieres buscar lo que non sabes; de aquí adelante, ve con la ira de Dios, et será muy nescio qui de ti se doliere por mal que te venga.

Et vos, señor conde Lucanor, pues, loado a Dios, estades en paz et con bien et con honra, tengo que non faredes buen recabdo en aventurar esto et comenzar lo que decides que vos consejan, ca por aventura estos vuestros consejeros vos lo dicen et por que saben que desque en tal fecho vos hobieren metido, que por fuerza habredes a facer lo que ellos quisieren et que habredes a seguir su voluntad des que fuéredes en el grant mester, así como siguen ellos la vuestra agora que estades en paz. Et por aventura cuidan que por el vuestro pleito enderezarán ellos sus faciendas, lo que se les non guisa en cuanto vos vivierdes enp. 50 asosiego, et contescervos hía lo que decía el genués a la su alma; mas, por el mi consejo, en cuanto pudierdes haber paz et asosiego a vuestra honra, et sin vuestra mengua, non vos metades en cosa que lo hayades todo a aventurar.

E al conde plogo mucho del consejo que Patronio le daba. Et fízolo asi et fallose ende bien.

Et cuando don Johan falló este exiemplo, tóvolo por bueno et non quiso facer viesos de nuevo, sinón que puso y una palabra que dicen las viejas en Castiella: Et la palabra dice así:

Quien bien se siede non se lieve[10].

[10] El mismo asunto en Bromyard «Summa Praedicatorum». Y en Gobin cap. X de los Loups raviss.

Es en este exemplo, quizá donde por primera vez aparece un genovés en la literatura española, y es de notar que ya se le representa rico, comerciante, amigo de vivir bien y materialista en exceso, caracteres con los cuales ha de figurarse a todo lo largo de la producción dramática del siglo de oro. Olvida este interesante apólogo el erudito hispanófilo E. Mele en su magistral estudio I genovesi descritti dagli spagnoli (Fanfulla della Domenica, Roma, 6 de mayo de 1915.)


ENXEMPLO V

De lo que contesció a un raposo con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol así:

—Patronio, un homme, que da a entender que esp. 51 mi amigo, me comenzó a loar mucho, dándome a entender que había en mi muchos complimientos de honra et de poder e de muchas bondades. Et de que con estas razones me falagó cuanto pudo, moviome un pleito, que en la primera vista, segund lo que yo puedo entender, que paresce que es mi pro.

Et contó el conde a Patronio cual era el pleito quel’ movía; et como quier que parescía el pleito aprovechoso, Patronio entendió el engaño que yacía ascondido so las palabras fremosas. Et por ende dijo al conde:

—Señor conde Lucanor, sabet que este homme vos quiere engañar, dándovos a entender que el vuestro poder et el vuestro estado es mayor de cuanto es la verdat. Et para que vos podades guardar deste engaño que vos quiere facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un cuervo con un raposo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, el cuervo falló una vegada un grant pedazo de queso et subió en un arbol porque pudiese comer el queso más a su guisa et sin recelo et sin embargo de ninguno. Et en cuanto el cuervo así estaba, pasó el raposo por el pié del arbol, et desque vió el queso que el cuervo tenía, comenzó a cuidar en cual manera lo podría llevar dél. Et por ende comenzó a fablar con él en esta guisa:

—Don Cuervo, muy grant tiempo ha que oí fablar de vos et de la vuestra nobleza, et de la vuestra apostura.p. 52 Et como quiera que vos mucho busqué, non fué la voluntad de Dios nin la mi ventura, que vos pudiese fallar hasta agora, et agora que vos veo, entiendo que ha mucho más bien en vos de cuanto me dicían. Et porque veades que non vos lo digo por lesonja, tan bien como vos diré las aposturas que en vos entiendo, tan bien vos diré las cosas en que las gentes tienen que non sodes tan apuesto. Todas las gentes tienen que la color de las vuestras péñolas et de los ojos et del pico, et de los pies, et de las uñas, que todo es prieto, et porque la cosa prieta non es tan apuesta como la de otro color, et vos sodes todo prieto, tienen las gentes que es mengua de vuestra apostura, et non entienden como yerran en ello mucho; ca como quier que las vuestras péñolas son prietas, tan prieta et tan lucia es aquella pretura, que torna en india commo péñolas de pavón, que es la más fremosa ave del mundo; et como quier que los vuestros ojos son prietos, cuanto para ojos, mucho son más fremosas que otros ojos ningunos, ca la propiedat del ojo non es sinón ver, et porque toda cosa prieta conorta el viso para los ojos, los prietos son los mejores, et por ende son más loados los ojos de la gancela, que son más prietos que de ninguna otra animalia. Otrosí, el vuestro pico et las vuestras manos et uñas son fuertes más que ninguna ave tamaña como vos. Otrosí, en el vuestro vuelo habedes tan grant ligereza, que vos non embarga el viento de ir contra él por recio que sea, lo que otra ave non puedep. 53 facer tan ligeramente como vos. Et bien tengo que, pues Dios todas las cosas face con razón, que non consintiría que, pues en todo sodes tan complido, que hobiese en vos mengua de non cantar mejor que ninguna otra ave. Et pues Dios me fizo tanta merced que vos veo, et sé que ha en vos más bien de cuanto nunca de vos oí, si yo pudiese oir de vos el vuestro canto, para siempre me ternía por de buena ventura.

Et, señor conde Lucanor, parat mientes, que maguer que la entención del raposo era para engañar al cuervo, que siempre las sus razones fueron con verdat. Et set cierto que los engaños et daños mortales siempre son los que se dicen con verdat engañosa.

Et des que el cuervo vió en cuantas maneras el raposo le alababa, et como le dicía verdat, creyó que asíl dicía verdat en todo lo al, et tovo que era su amigo, et non sospechó que lo facía por llevar dél el queso que tenía en el pico, et por las muchas buenas razones quel había oido, et por los falagos et ruegos quel ficiera porque cantase, abrió el pico para cantar. Et des que el pico fué abierto para cantar, cayó el queso en tierra, et tomolo el raposo et fuese con él, et así fincó engañado el cuervo del raposo, creyendo que había en sí más apostura et más complimiento de cuanto era la verdad.

Et vos, señor conde Lucanor, como quier que Dios vos fizo asaz mercet en todo, pues veedes que aquel homne vos quiere facer entender que habedes mayor poder et mayor honra e más bondades de cuantop. 54 vos sabedes que es la verdat, entendet que lo face por vos engañar, et guardat vos dél et faredes como homne de buen recabdo.

E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo, et fízolo así. Et con su consejo fué él guardado de yerro.

Et porque entendió don Johán que este exiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, en que se entiende abreviadamente la entención de todo este exiemplo. Et los viesos dicen así:

Qui te alaba con lo que non es en tí
Sabe, que quiere llevar lo que has, de tí[11].

[11] De origen oriental: está entre las fábulas de Fedro; asunto divulgadísimo. Azorín lo amplificó bellamente en Los valores literarios, pág. 150.


EXEMPLO VI

De lo que contesció a la golondrina con las otras aves cuando vió sembrar el lino.

Un dia fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijol:

—Patronio, a mi dicen que unos mis vecinos, que son más poderosos que yo, se andan ayuntando et faciendo muchas maestrías et artes en que me puedanp. 55 engañar et facer mucho dapno; et yo non lo creo, nin me recelo ende; pero, por el buen entendimiento que vos habedes, quiérovos preguntar que me digades, si entendedes que deba facer alguna cosa sobresto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que en esto fagades lo que yo entiendo que vos cumple facer, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a la golondrina con las otras aves.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, la golondrina vido que un homne sembraba lino, et entendió por el su buen entendimiento que, si aquel lino nasciese, podrían los homnes facer redes et lazos para tomar las aves. Et luego fuese para las aves et fízolas ayuntar, et díjoles en como el homne sembraba aquel lino et que fuesen ciertas que, si aquel lino nasciese, que se les seguiría ende muy grant dapno et que les consejaba que ante que el lino nasciese, que fuesen allá et que lo arrancasen; ca las cosas son ligeras de se desfacer en el comienzo et después son muy graves de se desfacer. Et las aves tovieron esto en poco et non lo quisieron facer. Et la golondrina les afincó desto muchas veces, fasta que vió que las aves non se sintían desto, nin daban por ello nada; et el lino era ya tan crescido que las aves non lo podían arrancar con las manos nin con los picos. Et desque esto vieron las aves que el lino era crescido et que non podían poner consejo al daño que se les ende seguiría, arripintiéronse ende mucho porque ante nonp. 56 habían y puesto consejo. Pero el repintimiento fué a tiempo que non podía tener ya pro.

Et ante desto, cuando la golondrina vió que non querían poner recabdo las aves en aquel daño que les vinía, fuese paral homne et metiose en su poder et ganó dél seguranza para si et para su linaje. Et despues acá viven las golondrinas en poder de los homnes et son seguras dellos. Et las otras aves que se non quisieron guardar, tómanlas cada día con redes et con lazos.

—Et vos, señor conde Lucanor, si queredes ser guardado deste dapno que decides que vos puede venir, apercibitvos et ponet y recabdo, ante que el daño vos puede acaescer, ca non es cuerdo el que vee la cosa desque es acaescida, mas es cuerdo el que por una señaleja o por un movimiento cualquier entiende el daño quel puede venir et pone y consejo porque nol acaezca.

Et al conde plogo esto mucho, et fízolo segund Patronio le consejó et fallose ende bien.

Et porque entendió don Johán, que este enxiemplo era muy bueno, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

En el comienzo debe homne partir
El daño que non le pueda venir[12].

[12] En Esopo figura ya esta fábula; ha sido aprovechado el asunto en casi todas las literaturas. Es muy bella la versión de La Fontaine, L’Hirondelle et les petits oiseaux, fábula VIII del Libro I: La golondrina no se somete al hombre, sino que, como más fuerte que los pajarillos, emigra.


p. 57

ENXEMPLO VII

De lo que contesció a una mujer quel dician doña Truhana.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

—Patronio, un homne me dijo una razón et amostrome la manera como podría seer. Et bien vos digo que tantas maneras de aprovechamiento ha en ella que, si Dios quiere que se faga así como me lo dijo, que sería mucho mi pro; ca tantas cosas son que nascen las unas de las otras, que al cabo es muy grant fecho además.

Et contó a Patronio la manera como podría seer. Et desque Patronio entendió aquellas razones, respondió al conde en esta manera:

—Señor conde Lucanor, siempre oí decir que era buen seso atenerse homne a las cosas ciertas et non a las vanas fiuzas, ca muchas veces a los que se atienen a las fiuzas, contésceles lo que contesció a doña Truhana.

Et el conde preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, una mujer fué que había nombre doña Truhana et era asaz más pobre que rica; et un dia iba al mercado et llevaba una olla de miel en la cabeza. Et yendo por el camino, comenzó a cuidar que vendería aquella olla de miel et quep. 58 compraría una partida de huevos, et de aquellos huevos nascirían gallinas et depués de aquellos dineros que valdrían compraría ovejas, et así fué comprando de las ganancias que faría, que fallose por más rica que ninguna de sus vecinas.

Et con aquella riqueza que ella cuidaba que había, asmó como casaría sus fijos et sus fijas, et como iría guardada por la calle con yernos et con nueras et commo dirían por ella como fuera de buena ventura en llegar a tan grant riqueza, seyendo tan pobre commo solía seer.

Et pensando en esto comenzó a reir con grand placer que había de la su buena andanza, et riendo dió con la mano en su frente, et entonce cayol la olla de miel en tierra et quebrose. E cuando vió la olla quebrada, comenzó a facer muy grant duelo, teniendo que había perdido todo lo que cuidaba que habría si la olla non la quebrara. Et porque puso todo su pensamiento por fiuza vana, non se fizo al cabo nada de lo que ella cuidaba.

Et vos, señor conde, si queredes que lo que vos dijieren et lo que vos cuidardes sea todo cosa cierta, cred et cuydat siempre todas cosas tales que sean aguisadas et non fiuzas dubdosas et vanas. Et si las quisierdes probar, guardatvos que non aventuredes nin pongades de lo vuestro cosa de que vos sintades por fiuza de la pro de lo que non sodes cierto.

E al conde plogo de lo que Patronio le dijo, et fízolo así et fallose ende bien.

p. 59Et porque don Johán se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos:

A las cosas ciertas vos encomendat,
Et de las fiuzas vanas vos dexat[13].

[13] El viejo cuento oriental tiene en la literatura española amplio eco: antes que en el Libro de Patronio se refiere en el Calila y Dimna (El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza, pág. 194, de la ed. Calleja), en el siglo XVIII Samaniego cambia a doña Truhana en lechera, fábula II del Libro II, siguiendo a La Fontaine (fábula X del Libro VII). Hay como un recuerdo del asunto en el donosísimo paso de Lope de Rueda Las aceitunas (Biblioteca de Rivadeneyra, tomo II en los Orígenes del Teatro español, de Moratín), espantable disputa acerca del precio a que se habían de vender las aceitunas de un olivo aún no sembrado.


ENXEMPLO VIII

De lo quel contesció a un homne que habían de alimpiar el fígado.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:

—Patronio, sabet que, como quier que Dios me fizo mucha merced en muchas cosas, que estó agora mucho afincado de mengua de dineros. Et como quiera que me es tan grave de lo facer como la muerte, tengo que habré a vender una de las heredades del mundo de que he más duelo, o facer otra cosa que me será tan grand daño como esto. E haberlo hep. 60 de facer por salir agora desta laceria et desta cuita en que estó. Et faciendo yo esto que es tan grant mio daño, vienen a mi muchos homnes que sé que lo pueden muy bien escusar, et demándanme que les dé estos dineros que cuestan tan caros. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades lo que vos paresce que debo facer en esto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, paresce a mi que vos contesce con estos homnes como contesció a un homne que era muy mal doliente.

Et el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, un homne era muy mal doliente, así, quel dijieron los físicos, que en ninguna guisa non podía guarescer si non le feciesen una abertura por el costado, et quel sacasen el fígado por ella, et que lo lavasen con unas melecinas que había mester, et quel alimpiasen de aquellas cosas porque el fígado estaba maltrecho. E estando él sufriendo este dolor et teniendo el físico el fígado en la mano, otro homne que estaba y cerca dél, comenzó de rogarle quel diese de aquel fígado para un su gato.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes facer muy grand vuestro daño por haber dineros et darlos do se deben escusar, dígovos, que lo podedes facer por vuestra voluntad, mas nunca lo faredes por el mi consejo.

Et al conde plogo de aquello que Patronio le dijo, et guardose ende dallí adelante, et fallose ende bien.

p. 61Et porque entendió don Johán, que este ejiemplo era bueno, mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen asi:

Si non sabedes que debedes dar,
A grand daño se vos podría tornar[14].

[14] Procede del Gesta Romanorum.


ENXEMPLO IX

De lo que contesció a los dos caballeros con el león.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, grant tiempo ha que yo he un enemigo de que me vino mucho mal, et eso mismo a él de mi en guisa que por las obras et las voluntades estamos muy mal en uno. Et agora acaesció así; que otro homne muy más poderoso que nos entramos, va comenzando algunas cosas de que cada uno de nos recela quel puede venir muy grand daño. Et agora aquel mio enemigo enviome decir que nos aviniésemos en uno, para nos defender daquel otro que quiere ser contra nos, ca si amos fuéremos ayuntados, es cierto que nos podremos defender, et si el uno de nos se desvaría del otro, es cierto que cualquier de nos que quiera estroir aquel de que nos recelamos, que lo puede facer ligeramente. Et de que el uno de nos fuerep. 62 estroido, cualquier de nos que fincare sería muy ligero de estroir. Et yo agora estó en muy grand duda de este fecho, ca de una parte me temo mucho que aquel mi enemigo me querría engañar et si él una vez en su poder me toviese, non sería yo bien seguro de la vida, et si grant amor pusiéremos en uno no se puede escusar de fiar yo en él et él en mi. Et esto me face estar en grant recelo. E de otra parte, entiendo que si non fuéremos amigos asi como me lo envía rogar, que nos puede venir muy grand daño por la manera que ya vos dije. Et por la grant fianza que yo he en vos et en el vuestro buen entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en este fecho.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, este fecho es muy grande et muy peligroso, et para que mejor entendades lo que vos cumple de facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció en Tunez a dos caballeros que vivían con el infante don Enrique.

Et el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, dos caballeros que vivían con el infante don Enrique en Tunez, eran entramos muy amigos et posaban siempre en una misma posada. Et estos dos caballeros non tenían más de sendos caballos, et así como los caballeros se querían muy grant bien, así los caballos se querían muy grand mal. Et los caballeros non eran tan ricos que pudiesen mantener dos posadas, et por la malquerencia de los caballos non podían posar en una posada, et por esto habían de vevir vida muy enojosa.p. 63 Et de que esto les duró un tiempo et vieron que non lo podían más sofrir, contaron su facienda a don Enrique et pediéronle por merced que echase aquellos caballos a un león que el rey de Tunez tenía.

Et don Enrique les gradesció lo que decían muy mucho e fabló con el rey de Tunez. Et fueron los caballos muy bien pechados a los caballeros. Et metiéronlos en un corral do estaba el león. E cuando los caballos se vieron en el corral, ante que el león saliese de la casa do yacía encerrado, comenzáronse a matar lo más buenamente del mundo. Et estando ellos en su pelea, abrieron la puerta de la casa en que estaba el león, et de que salió al corral et los caballos lo vieron, comenzaron a tremer muy fieramente et poco a poco fuéronse llegando el uno al otro. Et desque fueron entramos juntados en uno, estovieron así una pieza, et enderezaron entramos al león et paráronlo tal a muesos et a coces que por fuerza se hobo de encerrar en la casa donde saliera. Et fincaron los caballos sanos, que les non fizo ningún mal el león. Et despues fueron aquellos caballos tan bien avenidos en uno, que comían muy de grado en un pesebre et estaban en uno en casa muy pequeña. Et esta avenencia hobieron entre sí por el grant recelo que hobieron del león.

—Et vos, señor conde Lucanor, si entendedes que aquel vuestro enemigo ha tan grand recelo de aquel otro de que se recela, et ha tan grant mester a vos porque forzadamente haya de olvidar cuanto mal pasóp. 64 entre vos et él, et entiende que sin vos non se puede bien defender; tengo, que así como los caballos se fueron poco a poco ayuntando en uno fasta que perdieron el recelo et fueron bien seguros el uno del otro, que así debedes vos poco a poco tomar fianza et afacimiento con aquel vuestro enemigo. Et si fallardes en él siempre buena obra et leal en tal manera que seades bien cierto que en ningún tiempo por bien quel vaya, que nunca vos verná dél daño, estonce faredes bien et será vuestra pro de vos ayudar porque otro homne extraño non vos conquiera nin vos estruya, ca mucho deben los homnes facer et sofrir a sus parientes et a sus vecinos porque non sean mal traidos de los otros estraños. Pero, si vierdes que aquel vuestro enemigo es tal o de tal manera, que desque lo hobiésedes ayudado en guisa que saliese por vos de aquel peligro, que después que lo suyo fuese en salvo, que sería contra vos et non podríades dél ser seguro; si él tal fuer, fariades mal seso en le ayudar, ante tengo quel debedes estrañar cuanto pudierdes, ca pues viestes que, seyendo él en tan grand queja, non quiso olvidar el mal talante que vos había, et entendiestes que vos lo tenía guardado para cuando viese su tiempo que vos lo podría facer, bien entendedes vos que non vos deja logar para facer ninguna cosa porque salga por vos de aquel grand peliglo en que está.

E al conde plogo mucho desto que Patronio le dijo, et tovo quel daba muy buen consejo.

p. 65Et porque entendió don Johan que este exiemplo era bueno mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Guardatvos de ser conquerido del estraño
Seyendo del vuestro bien guardado de daño[15].

[15] Knust señala raras analogias entre este cuento y un hecho histórico «cuando el Rey don Alonso (X) quiso prender al Infante don Henrique». Biblioteca de Rivadeneyra, tomo LXVI, Crónica de Alfonso X, pág. 7. Es extrañísima la relación: Perseguido don Enrique por su hermano el Rey Sabio, se refugia en Túnez, sirve al Rey con valentía, tal prestigio logra entre los moros, que obligan al Rey a que lo eche del Reino; el Rey de Túnez prefiere matarlo, invítalo a una entrevista en un corral; hallándose solo don Enrique aparecen dos leones, de los que logra librarse con la espada y salir indemne.


EJEMPLO X

De lo que contesció a un homne que por pobreza et mengua de otra vianda, comía atramuces.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, bien conosco a Dios que me ha fecho muchas mercedes, más quel yo podría servir, et en todas las otras cosas entiendo que está la mi facienda asaz con bien et con honra; pero algunas vegadas me contesce de estar tan afincado de pobreza que me paresce que querría tanto la muerte como la vida. Et ruégovos que algún conorte me dedes para esto.

p. 66—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que vos conortedes, cuando tal cosa vos acaesciere, sería muy bien que sopiésedes lo que acaesció a dos homnes que fueron muy ricos.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, de estos dos homnes el uno dellos llegó a tan grand pobreza quel non fincó en el mundo cosa que pudiese comer. Et desque fizo mucho por buscar alguna cosa que comiese, non pudo haber cosa del mundo sinón una escudiella de atramices. Et acordándose de cuan rico solía ser e que agora con fambre era et con mengua había de comer los atramices que son tan amargos et de tan mal sabor, comenzó de llorar muy fieramente, pero con la grant fambre comenzó de comer de los atramices et en comiéndolos estaba llorando et echaba las cortezas de los atramices en pos de si. Et él estando en este pesar et en esta coita, sintió que estaba otro homne en pos dél et volvió la cabeza et vió un homne cabo dél, que estaba comiendo las cortezas de los atramices que él echaba en pos de si, et era aquel de que vos fablé de suso.

Et cuando aquello vió el que comía los atramices preguntó a aquel que comía las cortezas que porque facía aquello. Et él dixo que sopiese que fuera muy más rico que él, et que agora había llegado a tan grand pobreza et en tan grand fambre quel placía mucho cuando fallaba aquellas cortezas que él dejaba. Et cuando esto vió el que comía los atramices, conortose,p. 67 pues entendió que otro había más pobre que él, et que había menos razón porque lo debía seer. Et con este conorte esforzose, et ayudol Dios, et cató manera en como saliese de aquella pobreza, et salió della et fué muy bien andante.

Et vos, señor conde Lucanor, debedes saber que el mundo es tal, et aun que Nuestro Señor Dios lo tiene por bien, que ningún homne non haya complidamente todas las cosas. Mas, pues en todo lo al vos face Dios merced et estades con bien et con honra, si alguna vez vos menguaren dineros o estudierdes en afincamiento non desmayedes por ello et cred por cierto que otros más honrados et más ricos que vos, estarán afincados, et que se ternían por pagados si pudiesen dar a sus gentes et les diesen aun muy menos de cuanto vos les dades a las vuestras.

Et al conde plogo mucho desto que Patronio le dijo, et conortose et ayudose él, et ayudol Dios, et salió muy bien de aquella queja en que estaba.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por pobreza nunca desmayedes,
Pues otros más pobres que vos veedes[16].

[16] Recuérdese la décima de Calderón en La vida es sueño: «Cuentan de un sabio que un día—tan pobre y mísero estaba—que sólo se sustentaba—de unas hierbas que cogía».—Jornada I, escena II, que es una ajustada adaptación de este consejo.


p. 68

EJEMPLO XI

De lo que contesció a un Deán de Sanctiago con D. Yllán, el grand maestro de Toledo.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et contabal su facienda en esta guisa:

—Patronio, un homne vino a me rogar quel ayudase en un fecho que había mester mi ayuda, et prometiome que faría por mi todas las cosas que fuesen mi pro et mi honra. Et yo comencel a ayudar cuanto pude en aquel fecho. Et ante que el pleito fuese acabado, teniendo él que ya el su pleito era librado, acaesció una cosa en que cumplía que la ficiese por mi, et roguel que la ficiese et él púsome escusa. Et después acaesció otra cosa que pudiera facer por mi, et púsome escusa como a la otra; et esto me fizo en todo lo quel rogué quél ficiese por mi. Et aquel fecho porque él me rogó, non es aun librado, nin se librará si yo non quisiere. Et por la fiuza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—, para que vos fagades en esto lo que vos debedes, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un Deán de Sanctiago con don Yllán, el gran maestro que moraba en Toledo.

p. 69Et el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, en Sanctiago había un Deán que había muy grant talante de saber el arte de la nigromancia, et oyó decir que don Yllán de Toledo sabía ende más que ninguno que fuese en aquella sazón; et por ende vínose para Toledo para aprender de aquella sciencia. Et el día que llegó a Toledo aderezó luego a casa de don Yllán et fallolo que estaba leyendo en una cámara muy apartada; et luego que llegó a él, recibiólo muy bien et dijol que non quería quel dijiese ninguna cosa de lo porqué venía fasta que hobiese comido. Et pensó muy bien dél et fizol dar muy buenas posadas, et todo lo que hobo mester, et diol a entender quel placía mucho con su venida.

Et después que hobieron comido, apartose con él, et contol la razón porque allí viniera, et rogol muy afincadamente quel mostrase aquella sciencia e que él había muy grant talante de la aprender. Et don Yllán dijol, que él era Deán et homne de grand guisa et que podía llegar a grand estado—et los homnes que grand estado tienen, de que todo lo suyo han librado a su voluntad, olvidan mucho aína lo que otrie ha fecho por ellos—et que él, que se recelaba que, de que hobiese aprendido dél aquello que él quería saber, que non le faría tanto bien como él le prometía. Et el deán le prometió et le aseguró que de cualquier bien que él hobiese, que nunca faría sinón lo que él mandase.

p. 70Et en estas fablas estudieron desque hobieron yantado fasta que fué hora de cena. E de que su pleito fué bien asosegado entre ellos, dijo don Yllán al Deán que aquella sciencia non se podía aprender sinón en lugar mucho apartado et que luego esa noche le quería amostrar do habían de estar fasta que hobiese aprendido aquello que él quería saber. Et tomol por la mano et llevol a una cámara. Et en apartándose de la otra gente, llamó a una manceba de su casa et dijol que toviese perdices para que cenasen esa noche, mas que non las pusiesen a asar fasta que él se lo mandase.

Et desque esto hobo dicho, llamó al deán: et entraron entramos por una escalera de piedra muy bien labrada et fueron descendiendo por ella muy grand pieza, en guisa que parescía que estaban tan bajos que pasaba el río de Tajo por cima dellos: Et desque fueron en cabo del escalera, fallaron una posada muy buena, et una cámara mucho apuesta que y había, do estaban los libros et el estudio en que habían de leer. E de que se asentaron, estaban parando mientes en cuales libros habían de comenzar. Et estando ellos en esto, entraron dos homes por la puerta et diéronle una carta quel enviaba el Arzobispo, su tio, en quel facía saber que estaba muy mal doliente et quel enviaba rogar que sil quería veer vivo, que se fuese luego para él. E al Deán pesó mucho con estas nuevas; lo uno por la dolencia de su tío, et lo al porque receló que había de dejar su estudio que había comenzado.p. 71 Pero puso en su corazón de non dejar aquel estudio tan aína, et fizo sus cartas de repuesta et enviolas al Arzobispo su tío.

Et dende a tres o cuatro días, llegaron otros homes a pié que traían otras cartas al deán en quel facían saber que el Arzobispo era finado, et que estaban todos los de la eglesia en su esleccion et que fiaban por la merced de Dios que esleerían a él, et por esta razón que non se quejase de ir a la eglesia, ca mejor era para él en quel esleyesen seyendo en otra parte que non estando en la eglesia.

Et dende a cabo de siete o de ocho días, vinieron dos escuderos muy bien vestidos et muy bien aparejados, et cuando llegaron a él, besáronle la mano et mostráronle las cartas en como le habían esleido por Arzobispo. Et cuando don Yllán esto oyó, fué al electo et dijol, como gradescía mucho a Dios porque estas buenas nuevas le llegaran a su casa, et pues Dios tanto bien le ficiera quel pedía por merced que el deanadgo que fincaba vagado que lo diese a un su fijo. E el electo, dijol: quel rogaba quél quisiese consentir que aquel deanadgo, que lo hobiese un su hermano, mas que él le faría bien en la iglesia en guisa que él fuese pagado, et que le rogaba que se fuese con él para Sanctiago et que llevase con él aquel su fijo. E don Yllán dijo que lo faría.

E fuéronse para Sanctiago: e cuando y llegaron, fueron muy bien recebidos et mucho honradamente. Et desque moraron y un tiempo, un día llegaron alp. 72 Arzobispo mandaderos del Papa con sus cartas en comol daba el Obispado de Tolosa, et quel daba gracia que pudiese dar el Arzobispado a qui quisiese. E cuando don Yllán oyó esto, retrayéndol mucho afincadamente lo que con él había pasado, pidiol merced quel diese a su fijo: et el Arzobispo le rogó que consentiese que lo hobiese un su tio, hermano de su padre: et don Yllán, dijo que bien entendíe quel facía grand tuerto, pero que esto que lo consintía en tal que fuese seguro que se lo emendaría adelante. Et el Arzobispo le prometió en toda guisa que lo faría así, et rogol que fuese con él a Tolosa et que llevase su fijo.

Et desque llegaron a Tolosa, fueron muy bien recebidos de condes et cuantos homes buenos había en la tierra. E desque hobieron y morado fasta dos años, llegáronle mandaderos del Papa con sus cartas en como le facía el Papa Cardenal et quel facía gracia que diese el Obispado de Tolosa a qui quisiese. E entonce fué a él don Yllán et dijol que, pues tantas veces le había fallescido de lo que con él pusiera, que ya aquí non había logar del poner escusa ninguna que non diese alguna de aquellas dignidades a su fijo. Et el Cardenal rogol quel consentiese que hobiese aquel Obispado un su tio, hermano de su madre, que era homne bueno anciano; mas, que pues él Cardenal era, que se fuese con él para la Corte, que asaz había en que le facer bien. Et don Yllán quejose ende mucho, pero consintió en lo que el Cardenal quiso e fuese con él para la Corte.

p. 73Et desque y llegaron, fueron muy bien recebidos de los cardenales et de cuantos en la Corte eran et moraban y muy grand tiempo. Et don Yllán afincando cada día al Cardenal quel ficiese alguna gracia a su fijo et él poníal sus escusas.

Et estando así en la Corte finó el Papa: et todos los cardenales esleyeron aquel Cardenal por Papa. E estonce fué a él don Yllán et dijol que ya non podía poner escusa de non complir lo quel había prometido. E el Papa le dijo que non lo afincase tanto, que siempre habría lugar en quel ficiese merced segund fuese razón. Et don Yllán se comenzó a quejar mucho, retrayéndol cuantas cosas le prometiera et que nunca le había complido ninguna, et diciendol que aquello recelara él la primera vegada que con él fablara, et pues a aquel estado era llegado et nol cumplía lo quel prometiera que ya non le fincaba logar en que atendiese dél bien ninguno. E deste aquejamiento se quejó mucho el Papa et comenzol a maltraer diciendol: que si más le afincase quel faría echar en una carcel, que era hereje et encantador, e que bien sabía él que non había otra vida nin otro oficio en Toledo, do él moraba, sinon vivir por aquella arte de nigromancia.

Et desque don Yllán vió cuanto mal le gualardonaba el Papa lo que por él había fecho despedióse dél: et solamente nol quiso dar el Papa que comiese por el camino. E estonce don Yllán dijo al Papa que pues al non tenía de comer, que se habría de tornar a las perdicesp. 74 que mandara asar aquella noche, et llamó a la mujer et dijol que asase las perdices.

E cuando esto dijo don Yllán, fallose el Papa en Toledo, deán de Sanctiago, como lo era cuando y vino, et tan grand fué la vergüenza que hobo que non sopo quel decir. Et don Yllán dijol que fuese en buena ventura et que asaz había probado lo que tenía en él et que ternía por muy mal empleado si comiese su parte de las perdices.

Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que tanto facedes por aquel home que vos demanda ayuda et non vos da ende mejores gracias, tengo que non habedes porque trabajar nin aventurarvos mucho por llegarlo a logar que vos dé tal gualardón como el Deán dió a don Yllán.

E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et porque entendió don Johan, que era este muy buen ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Al que mucho ayudares et non te lo conosciere
Menos ayuda habrás, desque en grand honra subiere[17].

[17] Figura en el libro árabe Las cuarenta mañanas y las cuarenta noches; de la versión admirable de don Juan Manuel se derivan las comedias de Alarcón La prueba de las promesas, la de Cañizares Don Juan de Espina en Milán, un cuento del Abate Blanchel Le Doyen de Badajoz, puesto más tarde en verso por Andrieux; recuerda algo su asunto el de la comedia del Duque de Rivas El desengaño en un sueño. Infinitas son las relaciones de este tema.

La derivación más importante es la de la bella comedia de Alarcón (léase en la Biblioteca de Rivadeneyra, t. XX, páginas 433 a 55); consérvase el nombre de don Illán, el Deán compostelano truécase en el galán D. Juan, los cargos clericales son aquí titulos de Marqués de Tarifa, etc.; la ingratitud hacia el maestro mágico, la misma; es una de las más ordenadas comedias del Teatro español. D. Alberto Lista la consideraba digna de Terencio.

Azorín ha hecho una deliciosa adaptación y comentario de este apólogo en Los valores literarios, pág. 153.

La localización de la casa de don Illán en la antigua cueva de Hércules, propuesta por Knust, tal vez es inexacta; de ser más antiguas, se identificaría con las cuevas, tenidas por construcciones de Samuel Leví (siglo XIV), y después llamadas casas del Marqués de Villena, por tradición de magia—hoy la entrada por los jardines de la Casa del Greco—, parecen convenir mejor con las descritas por D. Juan Manuel como próximas al Tajo.

Estos Illanes, que quedaron en proverbios por su discreción, sabiduría y ciencia mágica, figuraron en Toledo desde comienzos del XII; descendían, al parecer, de un D. Pedro Paleologo, Conde griego, y fueron progenitores del linaje de los Duques de Alba. (Vid. Discurso de recepción del Duque de Berwick y de Alba en la Real Academia de la Historia, 18 de Mayo de 1919, pág. 17.) Amador de los Ríos explica por la agudeza de esta familia el significado de la palabra perillán.


p. 75

EJEMPLO XII

De lo que contesció a un raposo con un gallo.

El conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero, una vez en esta guisa:

—Patronio, vos sabedes que, loado sea Dios, la mi tierra es muy grande et non es toda ayuntada en uno. Et como quier que yo hé muchos lugares que son muy fuertes, he algunos que lo non son tanto, et otrosíp. 76 otros lugares que son ya cuanto apartados de la mi tierra en que yo he mayor poder. Et cuando he contienda con mios señores et con mios vecinos que han mayor poder que yo, muchos homnes que se me dan por amigos et otros que se me facen consejeros, métenme grandes miedos et grandes espantos et consejanme que en ninguna guisa non esté en aquellos lugares mios apartados, sinón que me acoja et esté en los lugares más fuertes et que son bien dentro en mi poder: et porque yo sé que vos sodes muy leal et sabedes mucho de tales cosas como estas, ruégovos que me consejedes lo que vos semeja que me cumple de facer en esto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, en los grandes fechos et muy dubdosos son muy periglosos los consejos, ca en los más de los consejos non puede homne fablar ciertamente, ca non es homne seguro a que pueden recodir las cosas, ca muchas veces veemos que cuida homne una cosa et recude despues otra, ca lo que cuida homne que es mal recude a las vegadas a bien, et lo que cuida homne que es bien recude a las vegadas a mal et por ende el que ha a dar consejo, si es homne leal et de buena entención, es en muy grant queja cuando ha de consejar, ca si el consejo que dá recude a bien non ha otras gracias sinón que dicen que fizo su debdo en dar buen consejo; et si el consejo a bien non recude, siempre finca el consejero con daño et con vergüenza. Et por ende este consejo en que hay muchas dubdas et muchos periglos placermep. 77 hía de corazón si pudiese escusar de non lo dar, mas pues queredes que vos conseje, et non lo puedo escusar, dígovos que querría muy mucho que sopiésedes cómo contesció a un gallo con un raposo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, un homne bueno había una casa en la montaña, et entre las otras cosas que criaba en su casa criaba siempre muchas gallinas et muchos gallos. Et acaesció que uno de aquellos gallos andaba un día alongado de la casa por un campo et andando él muy sin recelo, viólo el raposo et vino muy ascondidamente cuidándolo tomar. Et el gallo sintiolo et subió en un arbol que estaba ya cuanto alongado de los otros. Et cuando el raposo entendió que el gallo estaba ya en salvo, pesol mucho porque nol pudiera tomar et pensó en cual manera podría guisar quel tomase. Et entonce enderezó al arbol et comenzol a rogar et a falagar et asegurar que descendiese a andar por el campo como solía; et el gallo non lo quiso facer. Et desque el raposo entendió que por ningún falago non le podía engañar, comenzol a menazar diciendol que pues del non fiaba que él guisaría como se fallase ende mal. Et el gallo entendiendo que estaba en salvo non daba nada por sus amenazas nin por sus seguranzas.

Et des que el raposo entendió que por todas estas maneras non le podía engañar, enderezó al arbol et comenzó a roer en él con los dientes et dar en él muy grandes colpes con la cola. Et el cativo del gallo tomóp. 78 miedo sin razón, non parando mientes en como aquel miedo que el raposo le ponía non le podía empecer, et espantose de valde et quiso foir a los otros árboles en que coidaba estar más seguro, que non pudo llegar al monte, mas llegó a otro arbol. Et de que el raposo entendió que tomaba miedo sin razón, fué en pos él et así lo llevó de arbol en arbol fasta que lo sacó et lo tomó, et lo comió.

Et vos, señor conde Lucanor, ha menester que pues tan grandes fechos habedes a pasar et vos habedes de parar a ello, que nunca tomedes miedo sin razón, nin vos espantedes de valde por amenazas, nin por dichos de ningunos, nin fiedes en cosa de que vos pueda venir grant daño, nin grand periglo, et pugnad siempre en defender et en amparar los lugares más postrimeros de la vuestra tierra et non creades que tal homne como vos teniendo gentes et vianda, que por non seer el lugar muy fuerte, podriedes tomar peligro ninguno. Et si con miedo o con recelo valdío dejardes los lugares de cabo de vuestra tierra, seguro sed que así vos irán llevando de logar en logar fasta que vos saquen de todo; ca cuanto vos et los vuestros mayor miedo et mayor desmayo mostrásedes en dejando los vuestros logares, tanto más se esforzarán vuestros contrarios para vos tomar lo vuestro. Et cuanto vos et los vuestros viéredes a los vuestros contrarios más esforzados, tanto desmayaredes más, et asi irá yendo el pleito fasta que non vos finque cosa en el mundo; mas, si bien porfiáredes sobre lop. 79 primero, sodes seguro, como fuera el gallo si estudiera en el primero arbol, et aun tengo que cumpliría a todos los que tienen fortalezas, si sopiesen este ejiemplo ca non se espantarían sin razón, cuando les metiesen miedo con engaños, o con cavas, o con castiellos de madera, o con otras tales cosas que nunca las farían sinón para espantar a los cercados. Et mayor cosa vos diré porque veades que vos digo verdat. Nunca logar se puede tomar sinón subiendo por el muro con escaleras o cavando el muro: pero si el muro es alto non podrán llegar allá las escaleras. Et para cavarlo bien cred que han mester grand vagar los que lo han de cavar. Et asi todos los lugares que se toman o es con miedo o por alguna mengua que han los cercados, et lo demás es por miedo sin razón. Et ciertamente, señor conde, los tales como vos et aún los otros que non son de tan grand estado como vos ante que comencedes la cosa, la debedes catar et ir a ella con grand acuerdo, et non lo pudiendo nin debiendo escusar. Mas, desque en el pleito fuéredes, non ha mester que por cosa del mundo tomedes espanto nin miedo sin razón; siquier debédeslo facer, porque es cierto que de los que son en los periglos, que muchos más escapan de los que se defienden, que non de los que fuyen. Siquier parat mientes, que si un periello quel quiera matar un grand alano, está quedo et regaña los dientes, que muchas veces escapa, et por grant perro que sea si fuye, luego es tomado et muerto.

p. 80E al conde, plogo mucho de todo esto que Patronio le dijo, et fízolo así, et fallose dello muy bien.

Et porque don Johan tovo este por buen ejiemplo, fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non te espantes por cosa sin razón
Mas defiéndete bien como varón[18].

[18] Está la misma fábula en La Fontaine, fábula XVIII del Libro XII.


EJEMPLO XIII

De lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole:

—Patronio, algunos homes de grand guisa et otros que lo non son tanto me facen a las vegadas enojos et daños en mi facienda et en mis gentes, et cuando son ante mi, dan a entender que les pesa mucho porque lo hobieron a facer, et que lo non ficieron sinón con muy grand mester et con muy grant cuita et non lo pudiendo escusar. Et porque yo querría saber lo que debo facer cuando tales cosas me ficieren, ruégovos que me digades lo que entendedes en ello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, esto que vos decides, que a vos contesce, sobre que me demandadesp. 81 consejo, paresce mucho a lo que contesció a un homne que tomaba perdices.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, un homne paró sus redes a las perdices; et desque las perdices fueron caidas en la red, aquel que las cazaba llegó a la ret en que yacían las perdices: et, así como las iba tomando, matábalas et sacábalas de la red; et en matando las perdices, dabal viento en los ojos tan recio quel facía llorar. Et una de las perdices que estaba viva en la red comenzó a decir a las otras:

—Vet, amigas, lo que face este homne! como quiera que nos mata, sabet que ha grand duelo de nos, et por ende está llorando!

Et otra perdiz que estaba y, más sabidora que ella, et que con su sabiduría se guardara de caer en la red, respondiol así:

—Amiga, mucho gradesco a Dios porque me guardó, et ruego a Dios que guarde a mi et a todas mis amigas del que me quiere matar et facer mal, et me da a entender quel pesa del mio daño.

Et vos, señor conde Lucanor, siempre vos guardat del que vierdes que vos face enojo et da a entender quel pesa por ello porque lo face; pero si alguno vos ficier enojo, non por vos facer daño nin deshonra, et el enojo non fuere cosa que vos mucho empesca, et el homne fuer tal de que hayades tomado servicio o ayuda, et lo ficiere con queja o con mester, en tales logares, conséjovos yo que cerredes el ojo en ello,p. 82 pero en guisa que lo non faga tantas veces, dende se vos siga daño nin vergüenza; mas, si de otra manera lo ficiese contra vos, estrañadle en tal manera porque vuestra facienda et vuestra honra siempre finque guardada.

E el conde tovo por buen consejo este que Patronio le daba et fízolo así et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, mandolo poner en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Quien te mal faz mostrando grand pesar,
Guisa como te puedas dél guardar[19].

[19] Figura en el Libro de los Gatos, Rivadeneyra, tomo LI, pág. 544; dice la moraleja, de los prelados y señores que con dolor hipócrita tiranizan a sus súbditos. Origen oriental.


EJEMPLO XIV

Del miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero.

Un día fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, en su facienda, et díjole:

—Patronio, algunos homnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pudiere et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me contesca. Et ruégovos que me digades lo que vos paresce en ello.

p. 83—Señor conde—dijo Patronio—, como quier que a los grandes señores vos cumple de haber algún tesoro para muchas cosas et señaladamente porque non dejedes por mengua de haber, de facer lo que vos cumplier; pero non entendades que este tesoro debedes ayuntar en guisa que pongades tanto el talante en ayuntar grant tesoro por que dejedes de facer lo que debedes a vuestras gentes et para guarda de vuestra honra, et de vuestro estado, ca si lo ficiésedes podervos hía acaescer lo que contesció a un lombardo en Bolonia.

E el conde le preguntó cómo fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, en Bolonia había un lombardo que ayuntó muy grand tesoro et non cataba si era de buena parte o non, sinón ayuntarlo en cualquier manera que pudiese. E el lombardo adoleció de dolencia mortal, et un su amigo que había, desque lo vió en la muerte, consejol que se confesase con Sancto Domingo, que era estonce en Bolonia. Et el lombardo quísolo facer.

Et cuando fueron por Sancto Domingo, entendió Sancto Domingo que non era voluntad de Dios que aquel mal homne non sufriese la pena por el mal que había fecho, et non quiso ir allá, mas mandó a un fraire que fuese allá. E cuando los fijos del lombardo sopieron que había enviado por Sancto Domingo, pesoles ende mucho, teniendo que Sancto Domingo faría a su padre que diese lo que había por su alma, et que non fincaría nada a ellos. Et cuando el frairep. 84 vino, dijiéronle que sudaba su padre, mas cuando cumpliese, que ellos enviarían por él.

E a poco rato perdió el lombardo la fabla, et murió en guisa que non fizo nada de lo que había mester para su alma. E otro día, cuando lo llevaron a enterrar, rogaron a Sancto Domingo que predigase sobre aquel lombardo. Et Sancto Domingo fízolo. Et cuando en la predigación hobo de fablar daquel homne, dijo una palabra que dise el Evangelio, que dise así: Ubi est tesaurus tuus ibi est cor tuum. Que quier decir: Do es el tu tesoro, y es el tu corazón. Et cuando esto dijo, tornose a las gentes et díjoles:

—Amigos, porque veades que la palabra del Evangelio es verdadera, facet catar el corazón a este homne et yo vos digo que non lo fallarán en el cuerpo suyo et fallarlo han en el arca que tenía el su tesoro.

E estonce fueron catar el corazón en el cuerpo et non lo fallaron y, et falláronlo en el arca como Sancto Domingo dijo. Et estaba lleno de gusanos et olía peor que ninguna cosa por mala nin por podrida que fuese.

Et vos, señor conde Lucanor, como quier que el tesoro, como desuso es dicho, es bueno, guardad dos cosas: la una, es que el tesoro que ayuntáredes, que sea de buena parte; la otra, que non pongades tanto el corazón en el tesoro, porque non fagades ninguna cosa que vos non caiga de facer, nin dejedes nada de vuestra honra, nin de lo que debedes facer, por ayuntar grand tesoro de buenas obras, por que hayades la gracia de Dios et buena fama de las gentes.

p. 85E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et teniendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Gana el tesoro verdadero
Et guárdate del fallecedero[20].

[20] Tomado quizá del Libro de los Milagros, de San Gregorio de Tours. Oído, tal vez, por Don Juan Manuel a uno de sus fraires predicadores de Peñafiel; generalmente se cuenta sin que en él intervenga Santo Domingo, por ejemplo, en el cap. VII de los Castigos o documentos del Rey Don Sancho, Riv., LI, pág. 99, con muchas variantes.


ENJEMPLO XV

De lo que contesció a don Lorenzo Suarez sobre la cerca de Sevilla.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, a mi acaesció que hobe un rey muy poderoso por enemigo: et desque mucho duró la contienda entre nos, fallamos entramos por nuestra pro de nos avenir. Et como quiera que agora estamos por avenidos et non hayamos guerra, siempre estamos a sospecha el uno del otro. Et algunos también de los suyos como de los míos métenme muchos miedos, et dícenme que quiere buscar achaque para ser contrap. 86 mí; et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, este es muy grave consejo de dar por muchas razones; lo primero, que todo homne que vos quiera meter en contienda ha menester muy grant aparejamiento para lo facer, ca dando a entender que quiere vuestro servicio et vos desengaña, et vos apercibe, et se duele de vuestro daño, vos dirá siempre cosas para vos meter en sospecha; et por la sospecha habredes a facer tales apercibimientos que serán comienzo de contienda, et homne del mundo non podrá decir contra ellos; ca el que dijiere que non guardedes vuestro cuerpo, davos a entender que non quiere vuestra vida, et el que dijiere que non labredes, et guardedes, et bastescades vuestras fortalezas, da a entender, que non quiere guardar vuestra heredat, et el que dijiere que non hayades muchos amigos et vasallos et les dedes mucho por los haber et los guardar, da a entender, que non quiere vuestra honra, nin vuestro defendimiento: et todas estas cosas non se faciendo, seríades en grand periglo, et puédese facer en guisa que sería comienzo de roido; pero pues queredes que vos conseje lo que entiendo en esto, dígovos, que querría que sopiésedes lo que contesció a un buen caballero.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, el sancto et bienaventurado rey don Ferrando tenía cercada a Sevilla;p. 87 et entre muchos buenos que eran y con él, había y tres caballeros que tenían por los mejores tres caballeros d’armas que entonce había en el mundo: et decían al uno don Lorenzo Suarez Gallinato, et al otro don García Periz de Vargas, et del otro non me acuerdo del nombre. Et estos tres caballeros hobieron un día porfía entre sí cual era el mejor caballero d’armas. Et porque non se pudieron avenir en otra manera acordaron todos tres que se armasen muy bien, et que llegasen fasta las puertas de Sevilla, en guisa que diesen con las lanzas a la puerta.

Et otro día de mañana, armáronse todos tres et enderezaron a la villa; et los moros que estaban por el muro et por las torres, desque vieron que non eran más de tres caballeros cuidaron que vinían por mandaderos, et non salió ninguno a ellos, et los tres caballeros pasaron la cava, et la barbacana, e llegaron a la puerta de la villa, et dieron de los cuentos de las lanzas en ella; et desque hobieron fecho esto volvieron las riendas a los caballos et tornáronse para la hueste.

Et desque los moros vieron que non les dicían ninguna cosa, toviéronse por escarnidos et comenzaron a ir en pos dellos; et cuando ellos hobieron abierto la puerta de la villa, los tres caballeros que se tornaban su paso, eran ya cuanto alongados; et salieron en pos dellos más de mil et quinientos homes a caballo, et más de veinte mil a pié. Et desque los tres caballeros vieron que vinían cerca dellos, volvieron lasp. 88 riendas de los caballos contra ellos et asperáronlos. Et cuando los moros fueron cerca dellos, aquel caballero de que olvidé el nombre, enderezó a ellos et fuelos a ferir. Et don Lorenzo Suarez et don García Periz estudieron quedos; et desque los moros fueron más cerca don García Periz de Vargas fuelos ferir; et don Lorenzo Suarez estudo quedo, et nunca fué a ellos fasta que los moros le fueron ferir; et desque lo comenzaron a ferir, metiose entrellos et comenzó a facer cosas maravillosas d’armas.

Et cuando los del real vieron aquellos caballeros entre los moros, fuéronles acorrer. Et como quier que ellos estaban en muy grand priesa et ellos fueron feridos, fué la merced de Dios que non murió ninguno dellos. Et la pelea fué tan grande entre los cristianos et los moros, que hobo de llegar y el rey don Ferrando: et fueron los cristianos ese día muy bien andantes. Et desque el rey se fué para su tienda, mandolos prender diciendo que merescían muerte, pues que se aventuraran a facer tan grant locura, lo uno en meter la hueste en rebato sin mandado del rey, et lo al, en facer perder tan buenos tres caballeros. Et desque los grandes homnes de la hueste pidieron merced al rey por ellos, mandolos soltar.

Et desque el rey sopo que por la contienda que entrellos hobiera fueron a facer aquel fecho, mandó llamar cuantos buenos homnes eran con él, para judgar cual dellos lo ficiera mejor. Et desque fueron ayuntados, hobo entrellos grand contienda, ca los unos dicíanp. 89 que fisiera mayor esfuerzo el que primero los fuera ferir, et los otros que el segundo, e los otros que el tercero. Et cada uno desía tantas buenas razones que parescía que desía razón derecha: et en verdad tan bueno era el fecho en sí, que cualquier podría haber muchas buenas razones para lo alabar; pero, a la fin del pleito el acuerdo fué este: que, si los moros que vinían a ellos fueran tantos que se pudiesen vencer por esfuerzo o por bondad que en aquellos caballeros hobiese, que el primero que los fuese a ferir, era el mejor caballero, pues comenzaba cosa que se podía acabar; mas, pues los moros eran tantos que por ninguna guisa non los podrían vencer, que el que iba a ellos non lo facía por vencerlos, mas la vergüenza le facía que non fuyese; et pues non había de foir, la queja del corazón, porque non podía sofrir el miedo, le fizo que les fuese ferir. Et el segundo que les fué ferir et esperó más que el primero, tovieron por mejor, porque pudo sofrir más el miedo. Mas, don Lorenzo Suarez que sufrió todo el miedo et que esperó fasta que los moros le ferieron, aquel judgaron que fuera mejor caballero.

Et vos, señor conde Lucanor, pues veedes que estos son miedos et espantos, et es contienda que aunque la comencedes non la podedes acabar, cuanto más sufriéredes estos miedos et estos espantos tanto seredes más esforzado, et demás, faredes mejor seso; ca pues vos tenedes recabdo en lo vuestro et non vos pueden facer cosa arrebatadamente de que grandp. 90 daño vos venga, conséjovos yo que non vos fuerce la queja del corazón. Et pues grand colpe non podedes recebir, esperat ante que vos fieran, et por aventura veredes, que estos miedos et espantos que vos ponen, que no son con verdat, sinón lo que estos vos dicen que lo facen porque cumple a ellos, ca non han bien sinón en el mal. Et bien cred, que estos tales tambien de vuestra parte como de la otra, que non querrían grand guerra nin grand paz, ca non son para se parar a la guerra, nin querrían paz complida; mas, lo que ellos querrían, sería un alborozo con que pudiesen ellos tomar et facer mal en la tierra et tener a vos et a la vuestra parte en premia para llevar de vos lo que habedes et non habedes, et non haber recelo que los castigáredes por cosa que fagan: et por ende, aunque alguna cosa fagan contra vos pues non vos pueden mucho empecer en sofrir que se mueva del otro la culpa, venirvos ha ende mucho bien: lo uno, que habredes a Dios por vos, que es una ayuda que cumple mucho para tales cosas; et lo al, que todas las gentes ternán que facedes derecho en lo que ficierdes. Et por aventura, que si non vos movierdes a facer lo que non debedes, non se movrá el otro contra vos, et habredes paz et faredes servicio a Dios, et pro de los buenos, et non faredes vuestro daño por facer placer a los que querrían guarescer faciendo mal et se sintirían poco del daño que vos viniese por esta razón.

E al conde plogo deste consejo que Patronio le daba, et fízolo así, et fallose ende bien.

p. 91Et porque don Johán tovo este ejiemplo, que era muy bueno, mandolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por queja non vos agan ferir,
Ca siempre vence quien sabe sofrir[21].

[21] Mención de este hecho en la Crónica del santo Rey Don Fernando, cap. LX. Fernán Pérez de Guzmán afirma que el caballero de quien don Juan Manuel no recordaba el nombre, era Payo de Correa, Adelantado de Cazorla, y Lope García de Salazar cree fué Alonso Tello, criado de Rey. (Cf. Puibusque.)


EJEMPLO XVI

De la repuesta que dió el Conde Ferrant Gonsales a Nuño Laynes, su pariente.

El conde Lucanor fablaba un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, bien entendedes que non so yo ya muy mancebo, et sabedes que pasé muchos trabajos fasta aquí. Et bien vos digo, que querría de aquí adelante folgar, et cazar, et escusar los trabajos et afanes; et porque sé que siempre me consejastes lo mejor, ruégovos que me consejedes lo que vierdes que me cae más de facer.

—Señor conde—dijo Patronio—, como quier que vos decides bien et razón, pero placerme hía que sopiésedes lo que dijo una vez el conde Ferrant Gonsales a Nuño Laynes.

p. 92E el conde Lucanor le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, el conde Ferrant Gonsales era en Burgos et había pasados muchos trabajos por defender su tierra. Et una vez que estaba ya como más en asosiego et en paz, díjole Nuño Laynes: que sería bien que dallí adelante, que non se metiese en tantos roidos et que folgase él, et que dejase folgar a sus gentes.

Et el conde respondiol que a homne del mundo non plazdría más que a él folgar et estar vicioso si pudiese; más, que bien sabía, que había grand guerra con los moros et con los leoneses et con los navarros, et si quisiesen mucho folgar, que los sus contrarios que luego serían contra ellos: et si quisiesen andar a caza con buenas aves por Arlanzón arriba et ayuso et en buenas mulas gordas, et dejar de defender la tierra, que bien lo podrían facer, mas que les contescería como decía el vierbo antiguo: «Murió el hombre et murió el su nombre»: mas, si quisiéremos olvidar los vicios et facer mucho por nos defender et llevar nuestra honra adelante, dirán por nos depués que muriésemos: «Murió el homne, mas non murió el su nombre». Et pues viciosos et lazdrados, todos habemos a morir, non me semeja que sería bueno si por vicio nin por la folgura dejáremos de facer en guisa que después que nos muriéremos, que nunca muera la buena fama de los nuestros fechos.

Et vos, señor conde, pues sabedes que habedes ap. 93 morir, por el mi consejo nunca por vicio nin por folgura dejaredes de facer tales cosas, porque, aun desque vos murierdes, siempre viva la fama de los vuestros fechos.

E al conde plogo mucho desto que Patronio le consejó, et fízolo así, et fallose dello muy bien.

Et porque don Johán, tovo este ejiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Si por vicio et por folgura la buena fama perdemos,
La vida muy poco dura; denostados quedaremos[22].

[22] Se refiere de modo muy semejante en la Crónica General, 3.ª parte, cap. XVIII, y con muy semejantes palabras en el Poema de Fernán González, por ejemplo, estrofa 347 (ed. Riv. LVII, pág. 400), «El vicioso e el lacerado amor han de morir...»


EJEMPLO XVII

De lo que contesció a un homne que había muy grant fambre, quel convidaron otros muy flojamente a comer.

Otra vez, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:

—Patronio, un homne vino a mí et díjome que faría por mí una cosa que me cumplía a mí mucho: et como quier que me lo dijo, entendí en él que me lo decía tan flojamente quel plazdríe mucho si yo escusase de tomar dél aquella ayuda. Et yo de una partep. 94 entiendo que me cumpliría mucho de facer aquello que me él ruega, et de otra parte, he muy grand embargo de tomar de aquel ayuda, pues veo que me lo dice tan flojamente. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades lo que vos paresce que debo facer en esta razón.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque vos fagades en esto lo que me semeja que es vuestra pro, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un homne con otro quel convidó a comer.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un homne bueno era que había seido muy rico et era llegado a muy grand pobreza, et fasíasele muy grand vergüenza de demandar nin envergoñarse a ninguno por lo que había de comer; et por esta razón, sufría muchas veces muy grand fambre et muy grand laseria. Et un día, yendo él muy cuitado, porque non podía haber ninguna cosa que comiese, pasó por una casa de un su conosciente que estaba comiendo: et cuando le vió pasar por la puerta preguntol muy flojamente si quería comer; et él, por el grant mester que había, comenzó a lavar las manos et dijol:

—En buena te, don Fulano, pues tanto me conjuraste et me afincastes que comiese convusco, non me paresce que faría aguisado en contradecir tanto vuestra voluntad nin facervos quebrantar vuestra jura.

Et asentóse a comer, et perdió aquella fambre et aquella queja en que estaba. En dende adelante, acorriolp. 95 Dios, et diol manera como salió de aquella laceria tan grande.

Et vos, señor conde Lucanor, pues entendedes que aquello que aquel homne vos ruega es grand vuestra pro, dalde a entender que lo facedes por complir su ruego, et non paredes mientes a cuanto flojamente vos lo él ruega et non esperedes a que vos afinque más por ello, sinón por aventura non vos fablará en ello más, et servos hía más vergüenza si vos lo hobiésedes a rogar lo que él ruega a vos.

E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo así, et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

En lo que tu pro pudieres fallar,
Nunca te fagas mucho por rogar[23].

[23] No aduce Knust dato alguno acerca del origen de este práctico consejo, dictado por la experiencia a don Juan Manuel.


EJEMPLO XVIII

De lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés cuando se le quebró la pierna.

Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día, et díjole así:

—Patronio, vos sabedes que yo he contienda conp. 96 un mi vecino que es homne muy poderoso et muy honrado; et habemos entramos postura de ir a una villa, et cualquier de nos que allá vaya primero, cobraría la villa, et perderla ha el otro; et vos sabedes cómo tengo ya toda mi gente ayuntada; et bien fío por la merced de Dios, que si yo fuese, que fincaría ende con grand honra et con grand pro. Et agora estó embargado, que lo non puedo facer por esta ocasión que me contesció, que non estó bien sano: et como quier que me es grand pérdida en lo de la villa, bien vos digo, que me tengo por más ocasionado por la mengua que tomo et por la honra que a él ende viene, que aun por la pérdida. Et por la fianza que yo en vos he, ruégovos que me digades lo que entendierdes que en esto se puede facer.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, como quier que vos facedes razón de vos quejar, para que en tales cosas como estas ficiésedes lo mejor siempre, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a don Pero Melendez de Valdés.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, don Pero Melendez de Valdés era un caballero mucho honrado del reino de León, et había por costumbre que cada quel acaescíe algun embargo, siempre dicía: «Bendicho sea Dios, ca pues él lo face, esto es lo mejor.»

Et este don Pero Melendez, era consejero et muy privado del rey de León: et otros sus contrarios, por grand envidia quel hobieron, asacáronle muy grandp. 97 falsedat et buscáronle tanto mal con el rey, que acordó de lo mandar matar.

Et seyendo don Pero Melendez en su casa, llegol mandado del rey que enviaba por él. Et los que le habían a matar estábanle esperando a media legua de aquella su casa. Et queriendo cabalgar don Pero Melendez para se ir para el rey, cayó de una escalera et quebrol la pierna. Et cuando sus gentes que habían a ir con él, vieron esta ocasión que le acaesciera, pesoles ende mucho, et comenzáronle a maltraer diciendol:

—Ea, don Pero Melendez, vos que decides siempre, que lo que Dios face, esto es lo mejor, tenedvos agora este bien que Dios vos ha fecho.

Et él díjoles que ciertos fuesen que, como quier que ellos tomaban grand pesar desta ocasión quel conteciera, que ellos verían que pues Dios lo ficiera, que aquello era lo mejor. Et por cosa que ficieron nunca desta entención le pudieron sacar.

Et los quel estaban esperando por le matar por mandado del rey, desque vieron que non venía, et sopieron lo quel había acaescido, tornáronse paral rey et contáronle la razón porque non pudieran complir su mandado.

Et don Pero Melendez estovo grand tiempo que non pudo cabalgar: et en cuanto él así estaba maltrecho, sopo el rey que aquello que habían asacado a don Pero Melendez, que fuera muy grant falsedat, et prendió a aquellos que se lo habían dicho. Et fuép. 98 ver a don Pero Melendez, et contol la falsedat que dél le dijieron, et como le mandara él matar, et pidiol perdón por el yerro que contra él hobiera de facer et fízole mucho bien et mucha honra por le facer emienda. Et mandó luego facer muy grand justicia antél daquellos que aquella falsedat le asacaron.

Et así libró Dios a don Pero Melendez, porque era sin culpa et fué verdadera la palabra que él siempre solía decir «que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor».

Et vos, señor conde Lucanor, por este embargo que vos agora vino non vos quejedes, et tenet por cierto en vuestro corazón, que todo lo que Dios face, que aquello es lo mejor; et si lo así pensáredes, él vos lo sacará todo a bien; pero debedes entender, que las cosas que acaescen son en dos maneras: la una es, que viene a homne algún embargo en que se puede poner algún consejo; la otra es, que viene algún embargo en que se non puede poner ningún consejo. Et en los embargos en que se puede poner algún consejo, debe facer homne cuanto pudiere por lo poner, y et non lo debe dejar por atender, que por voluntad de Dios o por aventura se enderezará, ca esto sería tentar a Dios; mas, pues el homne ha entendimiento et razón, todas las cosas que facer pudiere por poner consejo en las cosas quel acaescieren débelo facer; mas en las cosas en que se non puede poner y ningún consejo, aquellas debe homne tener, que pues se facen por voluntad de Dios, que aquello es lo mejor. Etp. 99 pues esto que vos acaesció es de las cosas que vienen por voluntad de Dios, et en que se non puede poner consejo, poned en vuestro talante que, pues Dios lo face, que es lo mejor; et Dios lo guisará que se faga así como lo vos tenedes en corazón.

E el conde tovo que Patronio le decía la verdat et le daba buen consejo, et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán, tovo este por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Non te quejes por lo que Dios ficiere,
Ca por tu bien sería cuando El quisiere[24].

[24] Desconocido para Knust el origen de esta narración, anota el proverbio que el hecho de don Pero Melendez confirma: «Quebreme el pie quizá por bien.»


EJEMPLO XIX

De lo que contesció a los cuervos con los buhos.

Fablaba un día el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole así:

—Patronio, yo he contienda con un homne muy poderoso: et aquel mio enemigo había en su casa un su pariente et su criado, et homne a quien había fechop. 100 mucho bien. Et un día por cosas que acaescieron entre ellos, aquel mío enemigo fízole mucho mal et muchas deshonras, e aquel homne con quien había tantos debdos veyendo el mal que había recebido e queriendo catar manera como se vengase, vínose para mi, et yo tengo que es muy grand mi pro, ca este me puede desengañar et apercebir en como pueda más lijeramente facer daño a aquel mio enemigo. Pero, por la grand fianza que yo he en vos et en el vuestro entendimiento, ruégovos que me consejedes lo que faga en este fecho.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, lo primero vos digo que este homne non vino a vos sinón por vos engañar: et para que sepades la manera del su engaño, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los buhos et a los cuervos.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, los cuervos et los buhos, habían entre si grand contienda, pero los cuervos eran en mayor queja. Et los buhos, porque es su costumbre de andar de noche, et de día estar escondidos en cuevas muy malas de fallar, vinían de noche a los árboles do los cuervos albergaban et mataban muchos dellos, et facíanles mucho mal. Et pasando los cuervos tanto daño, un cuervo que había entre ellos muy sabidor, que se dolía mucho del mal que habían recebido de los buhos, sus enemigos, fabló con los cuervos sus parientes, et cató esta manera para se poder vengar.

p. 101Et la manera fué esta: que los cuervos le mesaron todo salvo ende un poco de las alas con que volaba muy mal et muy poco. Et desque fué así maltrecho, fuese para los buhos et contoles el mal et el daño que los cuervos le ficieran, señaladamente porque les dicía que non quisiesen seer contra ellos; mas, pues tan mal lo habían fecho contra él, que si ellos quisiesen, que él los mostraría muchas maneras como se podrían vengar de los cuervos et facerles mucho daño.

Et cuando los buhos esto oyeron, plógoles mucho, et tovieron que por este cuervo que era con ellos era todo su fecho enderezado, et comenzaron a facer mucho bien al cuervo et fiar en él todas sus faciendas et poridades.

E entre los otros buhos, había y uno que era muy viejo et había pasado por muchas cosas, et desque vió este fecho del cuervo, entendió el engaño con que el cuervo andaba, et fuese paral mayoral de los buhos et dijol: quél fuese cierto que aquel cuervo non viniera a ellos sinón para su daño et por saber sus faciendas, et que lo echasen de su compaña. Mas este buho non fué creido de los otros buhos: et desque vió que lo non querían creer, partiose dellos et fué buscar tierra do los cuervos non lo pudiesen fallar.

Et los otros buhos pensaron bien del cuervo. Et desque las péñolas le fueron egualadas, dijo a los buhos que, pues podía volar, que iría saber do estabanp. 102 los cuervos et que vernía desírselo porque pudiesen ayuntarse et ir a los estroir todos. E a los buhos plogo mucho desto.

Et desque el cuervo fué con los otros cuervos, ayuntáronse muchos dellos, et sabiendo toda la facienda de los buhos fueron a ellos de día cuando ellos non vuelan et estaban segurados et sin recelo, et mataron et destruyeron dellos tantos por que fincaron vencedores los cuervos de toda su guerra.

Et todo este mal vino a los buhos, porque fiaron en el cuervo que naturalmente era su enemigo.

Et vos, señor conde Lucanor, pues sabedes que este homne que a vos vino es muy adebdado con aquel vuestro enemigo et naturalmente él et todo su linaje son vuestros enemigos, conséjovos yo que en ninguna manera non lo trayades en vuestra compaña, ca cierto sed que non vino a vos, sinón por vos engañar et por vos facer algún daño. Pero si él vos quisiere servir seyendo alongado de vos, de guisa que vos non pueda empescer, nin saber nada de vuestra facienda, et de fecho ficiere tanto mal et tales mancellamientos a aquel vuestro enemigo con quien él ha algunos debdos, que veades vos que non le finca logar para se poder nunca avenir con él, estonce podredes vos fiar en él, pero siempre fiat en él tanto de que vos non pueda venir daño.

E el conde tovo esto por buen consejo, et fízolo asi et fallose dello muy bien.

Et porque don Johán entendió que este ejiemplop. 103 era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Al que tu enemigo suel seer
Nunca quieras en él mucho creer[25].

[25] Está este cuento en el Pantchatantra y en el Calila, pág. 154, muy amplificado. Ve en él Knust alusión a sucesos del tiempo, de los que fué actor D. Juan Manuel.


EJEMPLO XX

De lo que contesció a un Rey con un homne quel dijo que faría alquimia.

Un día, fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, un homne vino a mi et díjome que me faría cobrar muy grand pro et grand honra, et para esto que había mester que catase alguna cosa de lo mío con que se comenzase aquel fecho, ca desque fuese acabado por un dinero habría diez. Et por el buen entendimiento que Dios en vos puso, ruégovos que me digades lo que vierdes que me cumple de facer en ello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que fagades en esto lo que fuere más vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un rey con un homne quel dicía que sabía facer alquimia.

p. 104E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un homne era muy grand golfín et había muy grand sabor de enrequescer et de salir de aquella mala vida que pasaba. Et aquel homne sopo que un rey que non era de muy buen recabdo se trabajaba de facer alquimia.

Et aquel golfín tomó cient doblas et limolas et de aquellas limaduras fizo con otras cosas que puso con ellas cient pellas, et cada una de aquellas pellas pesaba una dobla, et demás las otras cosas que él mezcló con las limaduras de las doblas. Et fuese para una villa do era el rey, et vistiose de paños muy asosegados et llevó aquellas pellas et vendiolas a un especiero. Et el especiero preguntó que para que eran aquellas pellas, et el golfín dijol que para muchas cosas, et señaladamente, que sin aquella cosa, que se non podía facer el alquimia, et vendiol todas las cien pellas por cuantía de dos o tres doblas. Et el especiero preguntol como habían nombre aquellas pellas, et el golfín dijol que habían nombre tarbardíe.

Et aquel golfín moró algún tiempo en aquella villa en manera de homne muy asosegado et fué diciendo a unos et a otros en manera de poridat que sabía facer alquimia.

Et estas nuevas llegaron al rey: et el rey envió por él, et preguntol si sabía facer alquimia. Et el golfín, como quier quel fizo muestra que se quería encobrir et que lo non sabía, al cabo diol a entender que lo sabía, pero dijo al rey: quel consejaba que deste fechop. 105 non fiase de homne del mundo nin aventurase mucho de su haber, pero si quisiese que probaría antél un poco et quel amostraría lo que ende sabía. Et esto le gradesció el rey mucho et paresciol que segund estas palabras, que non podía haber y ningún engaño. E estonce fizo traer las cosas que quiso, et eran cosas que se podían fallar, et entre las otras mandó traer una pella de tabardíe. Et todas las cosas que mandó traer non costaban más de dos o tres dineros. Et desque las trajieron et las fundieron antel rey salió peso de una dobla de oro fino. Et desque el rey vió de cosa que costaba dos o tres dineros, salía una dobla, fué muy alegre et tóvose por el más bien andante caballero del mundo, et dijo al golfín que esto facía, que cuidaba el rey que era muy buen homne et que fisiese más.

Et el golfín respondiol como si non sopiese nada de aquello:

—Señor, cuanto yo desto sabía, todo vos lo he mostrado, et de allí adelante vos lo faredes tan bien como yo; pero, conviene que sepades una cosa, que qualquier destas cosas que mengüe non se podría facer esto oro.

Et desque esto hobo dicho despediose del rey et fuese para su casa.

E el rey probó sin aquel maestro de facer él oro, et dobló la recepta, et salió peso de dos doblas de oro. E otra vez dobló la recepta, et salió peso de cuatro doblas; et así como fué cresciendo la recepta, así salióp. 106 peso de doblas. E desque el rey vió que él podía facer cuanto oro quisiese, mandó traer tanto daquellas cosas para que pudiese facer mil doblas. Et fallaron todas las otras cosas, mas non fallaron el tabardíe: e desque el rey vió que pues menguaba el tabardíe, que se non podía facer el oro, envió por aquel que se lo mostrara facer, et dijol que non podía facer el oro como solía. Et él preguntol si tenía todas las cosas que él le diera por escripto. Et el rey dijol que sí, mas quel menguaba el tabardíe.

E estonce le dijo el golfín: que por cualquier cosa que menguase que non se podía facer el oro, et así lo había él dicho el primero día.

E estonce preguntó el rey si sabía él do había este tabardíe; e el golfín le dijo que sí.

E entonce le mandó el rey que, pues él sabía do era, que fuese él por ello et trojiese tanto porque pudiese facer tanto cuanto oro quisiese.

E el golfín le dijo que como quier que esto podría facer otro tan bien o mejor que él, si el rey lo fallase por su servicio que iría por ello que en su tierra fallaría ende asaz: e estonce contó al rey lo que podría costar la compra e la despensa, et montó muy grand haber.

Et desque el golfín lo tovo en su poder, fuese su carrera et nunca tornó al rey. Et así fincó el rey engañado por su mal recabdo. Et desque vió que tardaba más de cuanto debía, envió el rey a su casa por saber si sabían dél algunas nuevas. Et non fallaron en su casa cosa del mundo, sinón un arca cerrada: et desquep. 107 la abrieron, fallaron y un escripto que dicía así:

«Bien creed que non ha en el mundo tabardíe; más, sabet que vos he engañado, et cuando yo vos dicía que vos faría rico, debiérades decir que lo ficiese primero a mi et que me creeríedes.»

E a cabo de algunos días, unos homnes estaban riendo et trebejando et escribían todos los homnes que ellos conoscían, cada uno de cual manera era, et dicían: los ardidos son fulano et fulano, et los ricos fulano et fulano, et los cuerdos fulano et fulano, et así de todas las otras cosas buenas o contrarias.

Et cuando hobieron a escribir los homnes de mal recabdo escribieron y el rey. Et cuando el rey lo sopo, envió por ellos et aseguroles que les non faría ningún mal por ello, et díjoles que porquel escribieron por homne de mal recabdo. Et ellos dijiéronle: que por razón que diera tan grand haber a homne estraño et de quien non tenía ningun recabdo.

Et el rey les dijo que habían errado, et que si viniese aquel que había levado el haber que non fincaría él por homne de mal recabdo. Et ellos le dijieron que ellos non perdían nada de su cuenta, ca si el otro viniese, que sacarían al rey del escripto et que pornían a él.

Et vos, señor conde Lucanor, si queredes que non vos tengan por homne de mal recabdo, non aventuredes por cosa que non sea cierta, tanto de lo vuestro que vos arrepintades, si lo perdierdes por fiuza de haber grand pro seyendo en dubda.

p. 108E al conde plogo deste consejo, et fízolo así et fallose dello bien.

Et veyendo don Johán que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non aventures mucho la tu riqueza,
Por consejo del que ha grand pobreza[26].

[26] Era antes en los críticos idea corriente que en este ejemplo había querido D. Juan Manuel satirizar las aficiones de alquimista de su tío el Rey Sabio; negada con buenas razones la atribución a Alfonso X del Libro del Tesoro, caen los más firmes asideros de esta suposición.


EJEMPLO XXI

De lo que contesció a un rey mozo con un muy grant filósofo a qui lo encomendara su padre.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, así acaesció que yo había un pariente a qui amaba mucho, et aquel mi pariente finó et dejó un fijo muy pequeñuelo, et este mozo criélo yo. Et por el grand debdo et grand amor que había a su padre: et otrosí, por la grand ayuda que yo atiendo dél desque sea en tiempo para me la facer, criélo muy bien e sabe Dios quel amo como si fuese mi fijo. Et como quier quel mozo ha buen entendimiento et fío por Dios que será muy buen homne, pero porque lap. 109 mocedat engaña muchas veces a los mozos et non les deja facer todo lo que más les cumplía, placerme hía, si la mocedat non engañase tanto a este mozo. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podría yo guisar que este mozo ficiese lo que le fuese más aprovechoso para el cuerpo et para la su facienda.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que vos fisiésedes en fasienda deste mozo lo que al mío cuidar sería mejor, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo con un rey mozo, su criado.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un rey había un fijo et diolo a criar a un filósofo en que fiaba mucho: et cuando el rey finó, fincó el rey su fijo mozo pequeño. E criolo aquel filósofo hasta que pasó por XV años. Mas, luego que entró en la mancebía, comenzó a despreciar el consejo daquel que lo criara et allegose a otros consejeros de los mancebos et de los que non habían tan grand debdo con él porque mucho ficiesen por lo guardar de daño. Et trayendo su facienda en esta guisa, ante de poco tiempo llegó su fecho a logar que también las maneras et costumbres del su cuerpo como la su facienda era todo muy empeorado. Et fablaban todas las gentes muy mal de como perdía aquel rey mozo el cuerpo et la facienda. E yendo aquel pleito tan a mal, el filósofo que criara el rey se sentía et pesábale ende mucho, non sabíap. 110 que facer, ca ya muchas veces probara de lo castigar con ruego et con falago et aun maltrayéndolo, et nunca pudo facer y nada, ca la mocedat lo estorbaba todo. Et desque el filósofo vió que por otra manera non podía dar consejo en aquel fecho, pensó esta manera que agora oiredes.

El filósofo comenzó poco a poco a decir en casa del rey que él era el mayor agorero del mundo. Et tantos homnes oyeron esto que lo hobo de saber el rey mozo; et desque lo sopo, preguntó el rey al filósofo, si era verdat que sabía catar agüero tan bien como lo dicían. Et el filósofo, comoquier quel dió a entender que lo quería negar, pero al cabo dijol que era verdat, mas que era mester que homne del mundo non lo sopiese. Et como los mozos son quejosos para saber et para facer todas las cosas, el rey que era mozo quejábase mucho por veer como cataba los agüeros el filósofo: et cuanto el filósofo más lo alongaba, tanto había el rey mozo mayor queja de lo saber, et tanto afincó al filósofo que puso con él de ir un día de grand mañana con él a los catar en manera que non lo sopiese ninguno.

Et madurgaron mucho; et el filósofo enderezó por un valle en que había pieza de aldeas yermas: et desque pasaron por muchas vieron una corneja que estaba dando voces en un arbol. Et el rey mostrola al filósofo, et el fizo contenente que la entendía.

Et otra corneja comenzó a dar voces en otro arbol, et amas las cornejas estudieron así dando voces ap. 111 veces la una et a veces la otra. Et desque el filósofo escuchó esto una pieza, comenzó a llorar muy fieramente et rompió sus paños, et facía el mayor duelo del mundo.

E cuando el rey mozo esto vió, fué muy espantado et preguntó al filósofo: que porque facía aquello. Et el filósofo diol a entender que se lo quería negar. Et desque lo afincó mucho dijol: que más quería seer muerto que vivo, ca non tan solamente los homnes, mas, que aun las aves, entendían ya como por su mal recabdo era perdida toda su tierra et su facienda et su cuerpo despreciado. Et el rey mozo preguntol cómo era aquello.

Et él dijol: que aquellas dos cornejas, habían puesto de casar el fijo de la una con la fija de la otra; et que aquella corneja que comenzara a fablar primero, que decía a la otra, que pues tanto había que era puesto aquel casamiento, que era bien que los casasen. Et la otra corneja dijol, que verdat era que fuera puesto, mas que agora ella era más rica que la otra, et que loado a Dios, que después que este rey regnara, que eran yermas todas las aldeas de aquel valle, et que fallaba ella en las casas yermas muchas culuebras et lagartos, et sapos et otras tales cosas que se crían en los lugares yermos, porque había muy mejor de comer que solía, et por ende que non era estonce el casamiento egual. Et cuando la otra corneja esto oyó, comenzó a reir et respondiol: que dicía poco seso si por esta razón quería alongar el casamiento,p. 112 que sol que Dios diese vida a este rey, que muy aina sería ella más rica que ella, ca muy aina sería yermo aquel otro valle do ella moraba en que había diez tantas aldeas que en el suyo, et que por esto non había porque alongar el casamiento et por esto otorgaron amas las cornejas de ayuntar luego el casamiento.

E cuando el rey mozo esto oyó, pesol ende mucho, et comenzó a cuidar como era su mengua en yermar así lo suyo. Et desque el filósofo vió el pesar et el cuidar que el rey mozo tomaba, et que había sabor de cuidar en su facienda, diol muchos buenos consejos en guisa que en poco tiempo fué su facienda toda enderezada, tan bien de su cuerpo, como de su regno.

Et vos, señor conde, pues criades este mozo, et querríades que se enderezase su facienda, catad alguna manera que por ejiemplos o por palabras maestradas et falagueras le fagades entender su facienda, mas por cosa del mundo non derrangedes con él castigandol nin maltrayendol cuidandol enderezar; ca la manera de los más de los mozos es tal, que luego aborrecen al que los castiga, et mayormente si es homne de grand guisa, ca liévanlo a manera de menosprecio, non entendiendo cuanto lo yerran; ca non ha tan buen amigo en el mundo como el que castiga el mozo porque non faga su daño, mas ellos non lo toman así, sinón por la peor manera. Et por aventura caería tal desamor entre vos e él, que ternía daño a entramos para adelante.

p. 113E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán se pagó mucho deste ejiemplo fízolo poner en este libro, et fizo estos viesos, que dicen así:

Non castigues al mozo maltrayendo,
Mas dile comol vaya placiendo[27].

[27] Esto de interpretar el lenguaje de las aves para corrección del desgobierno procede del Pantchatantra, según Knust. En Gil Blas de Santillana, lib. VIII, cap. VI, cuenta Gil Blas al Duque de Lerma una fábula análoga, en la que hablan cuervos; dice la leyó en «Pilpai o en otro autor fabulista».


EJEMPLO XXII

De lo que contesció al león et al toro.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dijole así:

—Patronio, yo he un amigo muy poderoso et muy honrado, et comoquier que fasta aquí nunca fallé en él sinón buenas obras, agora dícenme que me non ama tan derechamente como solía, et aunque anda buscando maneras porque sea contra mí. Et yo estó agora en grandes dos cuidados: el uno es, porque me he recelo, que si él entiende que yo tomo dél esta sospecha et que me vo guardando dél, que él otrosí, que fará eso mismo, et que así irá cresciendo la sospechap. 114 et el desamor poco a poco fasta que nos hayamos a desavenir. Et por la grant fianza que yo en vos he ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple de facer en esto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que desto vos podades guardar, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al león et al toro.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, el león et el toro eran mucho amigos, et porque ellos son dos animalias muy fuertes et muy recias, apoderábanse et enseñoreaban todas las otras animalias, ca el león con el ayuda del toro apremiaba todas las animalias que comen carne; et el toro con el ayuda del león apremiaba todas las animalias que pacen la hierba. Et desque todas las animalias entendieron que el león et el toro les apremiaban por el ayuda que se facían el uno al otro, et vieron que por esto les vinía grand premia et grant daño, fablaron todas entre sí qué manera podrían catar para salir desta premia.

Et entendieron; que si ficiesen desavenir al león et al toro, que serían ellos fuera de la premia de que los traían apremiados el león et el toro. Et porque el raposo et el carnero eran más allegados a la privanza del león et del toro que las otras animalias, que trabajasen cuanto pudiesen para meter desavenencia entre ellos. E el raposo e el carnero dijieron que se trabajarían cuanto pudiesen por facer esto que las animalias querían.

p. 115Et el raposo que era consejero del león, dijo al oso, que es el más esforzado et más fuerte de todas las bestias que comen carne en pos el león, quel dijiese, que se recelaba que el toro andaba catando manera para le traer cuanto daño pudiese, et que dias habíe que ge lo habían dicho esto, et como quier que por aventura esto non era verdat, pero que parase mientes en ello.

Et eso mismo dijo el carnero, que era consejero del toro, al caballo que es el más fuerte animal que ha en esta tierra de las bestias que pacen hierba.

E el oso et el caballo, cada uno de ellos dijo esta razón al león et al toro. Et como quier que el león et el toro non creyeron esto del todo, aun tomaron alguna sospecha que aquellos que eran los más honrados del su linaje et de su compaña, que ge lo dician por meter mal entrellos, pero con todo eso cayeron en alguna sospecha. Et cada uno dellos fablaron con el raposo et con el carnero, sus privados.

Et ellos dijiéronles: que como quier que por aventura el oso et el caballo les dicían esto por alguna maestría engañosa, que con todo eso, que era bien que fuesen parando mientes en los dichos et en las obras que farían dallí adelante el león et el toro, et segund que viesen, que así podrían facer.

Et ya con esto cayó mayor sospecha entre el león et el toro. Et desque las animalias entendieron que el león et el toro tomaran sospecha el uno del otro, comenzáronles a dar a entender más descubiertamentep. 116 que cada uno dellos se recelaba del otro, et que esto non podría ser sinón por las malas voluntades que tenían escondidas en los corazones.

Et el raposo et el carnero, como falsos consejeros catando su pro et olvidando la lealtad que habían de tener a sus señores en logar de los desengañar, engañáronlos, et tanto ficieron, fasta que el amor que solía seer entre el león et el toro tornó en muy grand desamor; et desque las animalias esto vieron, comenzaron a esforzar a aquellos sus mayorales fasta que los ficieron comenzar la contienda, et dando a entender cada uno dellos a su mayoral quel guardaba, guardábanse los unos a los otros et facían tornar todo el daño sobre el león et sobre el toro.

E el fin del pleito vino a esto; que como quier que el león fizo más daño et más mal al toro et abajó mucho el su poder et la su honra, pero siempre el león fincó tan desapoderado dallí adelante que nunca pudo enseñorar las otras bestias nin apoderarse dellas como solía, tambien de las de su linaje como de las otras. Et así porque el león et el toro non entendieron que por el amor et por el ayuda que el uno tomaba del otro, eran ellos honrados e apoderados de todas las otras animalias, et non guardaron el amor aprovechoso que habían entre sí, et non se sopieron guardar de los malos consejos que les dieron para salir de su premia et apremiar a ellos, fincaron el león et el toro tan mal de aquel pleito, que así como ellos eran ante apoderados de todos, ansi fueron despues todos apoderados dellos.

p. 117Et vos, señor conde Lucanor, guardatvos que estos que en esta sospecha vos ponen contra aquel vuestro amigo, que vos lo non fagan por vos traer a aquello que trojieron las animalias al león et al toro. Et por ende, conséjovos yo, que si aquel vuestro amigo es homne leal et fallastes en él siempre buenas obras et leales et fiades en él como homne debe fiar del buen fijo o del buen hermano, que non creades cosa que vos digan contra él, ante vos consejo, quel digades lo que vos dijieren dél, et él luego vos dirá otrosí lo que dijieren a él de vos. Et faced grant escarmiento en los que esta falsedat cuidaren ordir porque nunca otros se atrevan a lo comenzar otra vegada. Pero si el amigo non fuere desta manera que es dicha, et fuere de los amigos que se aman por el tiempo, o por la ventura, o por el mester, a tal amigo como este, siempre guardat que nunca digades nin fagades cosa por que él pueda entender que de vos se mueve mala sospecha nin mala obra contra él, et dat pasada a algunos de sus yerros; ca por ninguna manera non puede seer que tan grant daño vos venga a deshora de que ante vos veades alguna señal cierta, como sería el daño que vos verníe si vos desaveniésedes por tal engaño et maestría como desuso es dicho; pero, al tal amigo, siempre le dat a entender en buena manera que, así como cumple a vos la su ayuda, que así cumple a él la vuestra; et lo uno faciendol buenas obras et mostrandol buen talante et non tomando sospecha dél sin razón, nin creyendo dicho de malos homnes et dandop. 118 alguna pasada a sus yerros; et lo al, mostrandol que así cumple a vos la su ayuda que así cumple a él la vuestra. Por estas maneras durará el amor entre vos, et seredes guardados de non caer en el yerro en que cayeron el león et el toro.

E al conde plogo mucho deste consejo, que Patronio le dió, et fízolo et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johán, que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Por falso dicho de homne mintroso
Non pierdas amigo aprovechoso[28].

[28] Figura ya en el Pantchatantra y en el Hitopadeza, o provechosa enseñanza. (Vid. su edición en la Biblioteca Clásica, traducción de J. Alemany.)


EJEMPLO XXIII

De lo que facen las formigas para se mantener.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, loado a Dios, yo so asaz rico, et algunos conséjanme que, pues lo puedo facer que non tome otro cuidado, sinón tomar placer et comer, et beber, et folgar, que asaz he para mi vida, et aunque deje a mios fijos bien heredados. Et por el buen entendimientop. 119 que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, como quier que el folgar et tomar placer es bueno, para que vos fagades en esto lo que es más aprovechoso, placerme hía que sopiésedes lo que fase la formiga para mantenimiento de su vida.

Et el conde le preguntó cómo era aquello: et Patronio le dijo:

—Señor conde Lucanor, ya vos veedes cuanto pequeña cosa es la formiga, et segund razón non debía haber muy grand apercibimiento, pero fallaredes que cada año al tiempo que los homnes cogen el pan, salen ellas de sus formigueros et van a las eras et traen cuanto pan pueden para su mantenimiento et métenlo en sus casas. Et a la primera agua que viene, sácanlo fuera; et las gentes dicen que lo sacan a enjugar, et non saben lo que dicen, ca non es asi la verdat, ca bien sabedes vos que, cuando las formigas sacan la primera vez el pan fuera de sus formigueros, que estonce es la primera agua et comienza el invierno, et pues si ellas cada que lloviese, hobiesen de sacar el pan para lo enjugar, luenga labor ternían, et demás que non podrían haber sol para lo enjugar, ca en el invierno non face tantas vegadas sol que lo pudiesen enjugar.

Mas la verdat porque ellas lo sacan la primera vez que llueve, es esta: ellas meten cuanto pan pueden haber en sus casas una vez, et non catan por al, sinónp. 120 por traer cuanto pueden. Et desque lo tienen ya en salvo, cuidan que tienen ya recabdo para su vida ese año. Et cuando viene la lluvia et se moja el pan comienza de nacer: et ellas veen que si el pan nace en los formigueros, que en logar de se gobernar dello, que su pan mismo las mataría, et serían ellas ocasión de su daño. Et entonce sácanlo fuera et comen aquel corazón que ha en cada grano de que sale la semiente et dejan todo el grano entero. Et después por lluvia que faga non puede nacer, et gobiérnanse dél todo el año.

Et aun fallaredes, que maguer que tengan cuanto pan les cumple, que cada que buen tiempo face, non dejan de acarrear cualesquier herbízuelas que fallan. E esto facen recelando que les non cumplirá aquello que tienen, et mientra han tiempo non quieren estar de valde nin perder el tiempo que Dios les da, pues se pueden aprovechar dél.

Et vos, señor conde, pues la formiga que es tan mesquina cosa, ha tal entendimiento et face tanto por se mantener, bien debedes cuidar que non es buena razón para ningún homne et mayormente para los que han de mantener grand estado et gobernar a muchos, en querer siempre comer de lo ganado; ca cierto sed, que por grant haber que sea donde sacan cada día et non ponen y nada, que non puede durar mucho, et demás paresce muy grant amortiguamiento et grand mengua de corazón. Mas el mío consejo es este: que si queredes comer et folgar, que lo fagades siemprep. 121 manteniendo vuestro estado et guardando vuestra honra, et catando, et habiendo cuidado como habredes de que lo cumplades, ca si mucho hobierdes et bueno quisierdes seer, asaz habredes logares en que lo despendades a vuestra honra.

E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió, et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán, se pagó deste ejiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Non comas siempre lo que has ganado,
Vive tal vida que mueras honrado[29].

[29] Moralidad sacada de la vida de las hormigas, tal como la cuenta Plinio Historia natural, libro XI, cap. 30.


EJEMPLO XXIV

De lo que contesció a un rey que quería probar a tres sus fijos.

Un día fablaba el conde Lucanor, con Patronio, su consejero, et díjole así:

—Patronio, en la mi casa se crían muchos mozos de los homnes de grand guisa et de los que non lo son tanto, et veo en ellos muchas maneras et muy estrañas. Et por el grand entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades cuanto vos entendedesp. 122 en qué manera puedo yo conoscer cual mozo recudirá a seer mejor homne.

—Señor conde—dijo Patronio—, esto que me vos decides es muy fuerte cosa de voslo decir ciertamente, ca non se puede saber ciertamente ninguna cosa de lo que es de venir, et por ende non se puede saber et esta cosa que me vos preguntades es por venir ciertamente; mas lo que desto se puede saber, es por señales que parescen en los mozos también de dentro como de fuera; et las que parescen de fuera, son las figuras de la cara, et el donaire, et la color, et el talle del cuerpo, et de los miembros, ca por estas cosas paresce la señal de la complisión de los miembros principales que son el corazón, et el meollo, et el fígado; e como quier que estas son señales non se puede saber lo cierto; ca pocas veces se acuerdan todas las señales a una cosa, ca si las unas señales muestran lo uno, muestran las otras el contrario; pero a lo más, segund son estas señales, asi recuden las obras.

Et las más ciertas señales, son las de la cara, et señaladamente las de los ojos, et otrosí el donaire, ca muy pocas veces fallescen estas. Et non tengades que el donaire se dice por seer homne fermoso en la cara, nin feo, ca muchos homnes son pintados et fermosos, et non han donaire de homne, et otros parescen feos, que han buen donario para seer homnes apuestos.

Et el talle del cuerpo et de los miembros, muestra señal de la complisión et paresce si debe seer valiente o lijero; et las tales cosas muestra el talle del cuerpop. 123 et de los miembros, non muestra ciertamente cuales deben seer las obras, et con todo esto estas son señales, et pues digo señales, digo cosa non cierta, ca la señal siempre es cosa que paresce por ella lo que debe seer, mas non es cosa forzada que sea asi en toda guisa. Et estas son las señales de fuera que siempre son muy dudosas para conoscer lo que vos me preguntades. Mas para conoscer los mozos por las señales de dentro que son ya cuanto más ciertas, placerme hía que sopiésedes como probó una vez un rey moro a tres fijos que había, por saber cual dellos sería mejor homne.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un rey moro había tres fijos: et porque el padre puede facer que regne cual fijo de los suyos él quisiere, después que el rey llegó a la vejez, los homnes buenos de su tierra pidiéronle por merced que les señalase cual daquellos sus fijos quería que regnase en pos él. Et el rey díjoles que dende a un mes gelo diría.

Et cuando vino a ocho o a dies días, una tarde dijo al fijo mayor, que otro día de grand mañana quería cabalgar et que fuese con él. E otro día, vino el infante mayor al rey, pero non tan mañana como el rey, su padre, dijiera. Et desque llegó, dijol el rey, que se quería vestir et quel ficiese traer los paños. E el infante dijo al camarero que trojiese los paños, e el camarero preguntó, que cuales paños quería. E el infante tornó al rey et preguntó, que cuales paños quería.p. 124 E el rey díjole que el aljuba, et él tornó al camarero et díjole que el aljuba quería el rey. Et el camarero le preguntó que cual almexía quería, et el infante tornó al rey a gelo preguntar. Et asi fizo por cada vestidura que siempre iba et vinía por cada pregunta fasta que el rey tovo todos los paños. Et vino el camarero, et lo vistió et lo calzó.

Et desque fué vestido et calzado, mandó el rey al infante que ficiese traer el caballo, et él dijo al que guardaba los caballos del rey quel trojiese el caballo, et el que los guardaba, díjole: que cual caballo traería: et el infante tornó con esto al rey, et así fizo por la siella, et por el freno, et por la espada, et por las espuelas; et por todo lo que había mester para cabalgar, por cada cosa fué preguntar al rey.

E desque todo fué guisado, dijo el rey al infante: que non podía cabalgar, et que fuese él andar por la villa et que parase mientes a las cosas que vería porque lo sopiese retraer al rey.

E el infante cabalgó, et fueron con él todos los honrados homnes del rey et del regno, et iban y muchas trompas et atabales et otros estrumentos. E el infante andido una pieza por la villa, et desque tornó al rey, preguntol quel parescía de lo que viera. Et el infante díjole: que bien le parescía sinón quel facían muy grant roido aquellos estrumentos.

Et a cabo de otros días mandó el rey al fijo mediano que veniese a él otro día de mañana: et el infante fízolo así. Et el rey fizo todas las pruebas que ficierap. 125 al infante mayor, su hermano, et el infante fízolo, et dijo bien como el hermano mayor.

Et a cabo de otros días, mandó al infante menor, su fijo, que fuese con él de grand mañana. Et el infante madurgó ante que el rey despertase, et esperó fasta que despertó el rey: et luego que fuese despierto entró el infante et homillósele con la reverencia que debía. Et el rey mandol que ficiese traer de vestir. Et el infante preguntol que paños quería, et en una vez le preguntó por todo lo que había de vestir et de calzar, et fué por ello et trájogelo todo. Et non quiso que otro camarero lo vestiese nin lo calzase sinón él, dando a entender que se ternía por de buena ventura si el rey, su padre, tomase placer o servicio de lo que él pudiese facer, et pues su padre era, que razón et aguisado era de le facer cuantos servicios et homildades pudiese.

Et desque el rey fué vestido et calzado, mandó al infante quel ficiese traer el caballo. Et el preguntole cual caballo quería, et con cual siella, et con cual freno, et con cual espada, et por todas las cosas que eran menester paral cabalgar, et quien quería que cabalgase con él, et así por todo cuanto cumplía. Et desque todo lo fizo, non preguntó por ello más de una vez, et trájolo et aguisolo como el rey lo había mandado.

Et desque todo fué fecho, dijo el rey, que non quería cabalgar, mas que cabalgase él et quel contase lo que viese. Et el infante cabalgó et fueron con él todosp. 126 como ficieron con los otros sus hermanos; mas él ni ninguno de sus hermanos, nin homne del mundo, non sabíe nada de la razón porque el rey facía esto.

Et desque el infante cabalgó, mandó quel mostrasen toda la villa de dentro, et las calles et do tenía el rey sus tesoros, et cuantas podían seer las mezquitas, et toda la nobleza do la villa de dentro et las gentes que y moraban. Et despues salió fuera et mandó que saliesen allá todos los homnes de armas, de caballo et de pie, et mandoles que trebejasen et le mostrasen todos los juegos de armas et de trebejos, et vió los muros, et las torres, et las fortalezas de la villa. Et desque lo hobo visto, tornose paral rey, su padre.

Et cuando tornó era ya muy tarde. Et el rey le preguntó de las cosas que había visto. Et el infante le dijo: que si a él non pesase, que él diría lo quel parescía de lo que había visto. Et el le mandó so pena de la su bendición, quel dijiese lo quel parescía. Et el infante le dijo: que como quier que él era muy buen rey, quel parescía que non era tan bueno como debía, ca si lo fuese, pues había tan buena gente et tanta, et tan grand poder et tan grand haber, que si por él non fincase, que todo el mundo debía ser suyo.

E al rey plogo mucho deste denuesto que el infante le dijo.

Et cuando vino el plazo a que había de dar repuesta a los de la tierra, díjoles que aquel fijo les daba por rey.

Et esto fizo por las señales que vió en los otros etp. 127 las que vió en este. Et como quier que más quisiera cualquier de los otros para rey, non tovo por aguisado de lo facer por lo que vió en los unos et en el otro.

Et vos, señor conde, si queredes saber cual mozo será mejor, parat mientes a estas tales cosas, et así podredes entender algo et por aventura lo más de lo que ha de ser a los mozos.

E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo.

Et porque don Johán tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos, que dicen así:

Por obras et maneras podrás conoscer
A los mozos cuales deben lo más seer.

EJEMPLO XXV

De lo que contesció al conde de Provencia, cómo fué librado de la prisión por el consejo que le dio Saladín.

El conde Lucanor fablaba una vez con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, un mío vasallo, me dijo el otro día que quería casar una su parienta, et que así como él era tenudo de me consejar lo mejor que él pudiese, que me pidía por merced quel consejase en esto lo que entendía que era más su pro, et díjome todos los casamientosp. 128 quel traían. Et porque este es homne que yo querría que lo acertase muy bien, et yo sé que vos sabedes mucho de tales cosas, ruégovos que me digades lo que entendedes en esto porquel yo pueda dar tal consejo que se falle él bien dello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, para que podades bien consejar a todo homne que haya de casar su parienta, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció al conde de Provencia con Saladín que era soldán de Babilonia.

E el conde Lucanor le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, un conde hobo en Provencia que fué muy buen homne et deseaba mucho facer en guisa porquel hobiese Dios merced al alma et ganase la gloria del Paraiso, faciendo tales obras que fuesen a grand su honra et del su estado. Et para que esto pudiese complir, tomó muy grant gente consigo, et muy bien aguisada, et fuese para la Tierra Sancta de Ultramar, poniendo en su corazón que, por que quier que le pudiese acaescer, que siempre sería homne de buena ventura, pues le vinía estando él derechamente en servicio de Dios. Et porque los juicios de Dios son muy maravillosos et muy ascondidos, et Nuestro Señor, tiene por bien de tentar muchas veces a los sus amigos, pero si aquella temptación saben sofrir, siempre Nuestro Señor guisa que torne el pleito a honra et a pro de aquel a quien tienta; et por esta razón tovo Nuestro Señorp. 129 por bien de temptar al conde de Provencia et consentió que fuese preso en poder del Soldán.

Et como quier que estaba preso, sabiendo Saladín la su grant bondat del conde, facíale mucho bien et mucha honra, et todos los grandes fechos que había de facer, todos los facía por su consejo. Et tan bien le consejaba el conde et tanto fiaba dél el Soldán que, como quier que estaba preso, que tan grand logar et tan grand poder había, et tanto facían por él en toda la tierra de Saladin, como farían en la suya misma.

E cuando el conde se partió de su tierra, dejó una fija muy pequeñuela. Et el conde estudo tan grand tiempo en la prisión que era ya su fija en tiempo para casar: et la condesa su mujer et sus parientes enviaron decir al conde, cuantos fijos de reis et otros grandes homnes la demandaban por casamiento.

Et un día cuando Saladin vino a fablar con el conde, desque hobieron acordado aquello porque Saladín alli viniera, fabló con él el conde en esta manera:

—Señor, vos me facedes a mi tanta merced et tanta honra et fiades tanto de mi que me ternía por muy buena ventura si vos lo podiese servir. Et pues vos señor, tenedes por bien que vos conseje yo en todas las cosas que vos acaescen, atreviéndome a la vuestra merced et fiando del vuestro entendimiento, pidovos por merced que consejedes en una cosa que me acaesció.

E el Soldán gradescio esto mucho al conde, et dijol quel consejaría muy de grado, et aún quel ayudaríap. 130 muy de buena mente en quequiera quel cumpliese.

E entonce le dijo el conde de los casamientos quel movían para aquella su fija et pidiol por merced quel consejase con quien la casaría.

Et Saladin respondió así:

—Conde, yo sé que tal es el vuestro entendimiento, que en pocas palabras que vos homne diga entendredes todo el fecho. Et por ende vos quiero consejar en este pleito segund lo que yo entiendo. Yo non conosco todos estos que demandan vuestra fija, qué linaje o qué poder han, o cuáles son en los sus cuerpos o cuánta vecindat han con vusco, o qué mejoría han los unos de los otros, et por ende non vos puedo en esto consejar ciertamente; mas, el mio consejo es este: que casedes vuestra fija con homne.

E el conde ge lo tovo en merced et entendió muy bien lo que aquello quería decir. Et envió el conde decir a la condesa su mujer, et a sus parientes el consejo que el Soldán le diera, et que sopiesen de cuantos homnes fijosdalgo había en todas sus comarcas, de que maneras et de que costumbres, et cuales eran en los sus cuerpos, et que non catasen por su riqueza nin por su poder, mas, quel enviasen por escripto decir qué tales eran en si los fijos de los reyes et de los grandes señores que la demandaban et que tales eran los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas.

Et la condesa et los parientes del conde se maravillaron desto mucho, pero ficieron lo quel conde lesp. 131 envió mandar, et posieron por escrito todas las maneras et costumbres buenas et contrarias que habían todos los que demandaban la fija del conde et todas las otras condiciones que eran en ellos. Et otrosí, escribieron cuales eran en si los otros homnes fijosdalgo que eran en las comarcas, et enviáronlo todo contar al conde.

Et desque el conde vió este escrito, mostrolo al Soldán: et desque Saladin lo vió, como quier que todos eran muy buenos, falló en todos los fijos de los reyes et de los grandes señores, en cada uno algunas tachas en seer mal acostumbrados en comer o en beber, o en seer sañudos, o apartadizos, o de mal recebimiento a las gentes et pagarse de malas compañas, o embargados de su palabra, o alguna otra tacha de muchas que los homnes pueden haber. Et falló que un fijo de un rico homne que non era de muy grand poder, que segund lo que parescía dél en aquel escripto, que era el mejor homne et el más complido, et más sin ninguna mala tacha de que él nunca oyera fablar. Et desque esto oyó el Soldán consejó al conde que casase su fija con aquel homne, ca entendió, que, comoquier que aquellos otros eran más honrados et más fijosdalgo, que mejor casamiento era aquel et mejor casaba el conde su fija con aquel que con ninguno de los otros en que hobiese una mala tacha, cuanto más si hobiese muchas, et tovo, que más de preciar era él homne por las sus obras que non por su riqueza, nin por nobleza de su linaje.

p. 132E el conde envió mandar a la condesa et a sus parientes que casasen su fija con aquel que Saladin le mandara. Et como quier que se maravillaron mucho ende, enviaron por aquel fijo de aquel rico homne et dijiéronle lo quel conde les envió mandar. Et el respondió: que bien entendía que el conde era más fijodalgo, et más rico, et más honrado que él, pero que si él tan grand poder hobiese que bien tenía que toda mujer sería bien casada con él, et que esto que fablaban con él, si lo dicían por non lo facer, que tenía que le facían muy grand tuerto et quel querían perder de balde. Et ellos dijieron, que lo querian facer en toda guisa, et contáronle la razón en como el Soldán consejara al conde, quel diese su fija ante que a ninguno de los fijos de los reyes nin de los otros grandes señores, señaladamente porquel escogiera por homne. E desque él esto oyó entendió que fablaban verdaderamente en el casamiento et tovo que, pues Saladín lo escogiera por homne, et le ficiera allegar a tan grand honra, que non sería él homne, si non ficiese en este fecho lo que pertenescía.

E dijo luego a la condesa et a los parientes del conde, que si ellos querían que creyese él que ge lo dicían verdaderamente, quel apoderasen luego de todo el condado et de todas las rentas, pero non los dijo ninguna cosa de lo que él habia pensado de facer. E a ellos plugo de lo que él les dicía et apoderáronle luego de todo. E él tomó muy grand haber, et en grant poridat armó pieza de galeas et tovo muy grand haberp. 133 guardado. Et desque esto fué fecho mandó guisar sus bodas para un día señalado.

Et desque las bodas fueron fechas muy ricas et muy honradas, en la noche, cuando se hobo de ir para su casa do estava su mujer, ante que se echasen en la cama, llamó a la condesa et a sus parientes et díjoles en grant poridat, que bien sabien que el conde le escogiera entre otros muy mejores que él, et que lo ficiera porque el Soldán le consejara, que casase su fija con homne, et pues el Soldán et el conde tanta honra le ficieran e lo escogieran por homne, que tenía él que non era homne, si non ficiese en esto lo que pertenescía; et que se quería ir et que les dejaba aquella doncella con qui él había de casar, et el condado, que él fiaba por Dios, que él le enderecería por que entendiesen las gentes que facía fecho de homne.

Et luego que esto hobo dicho cabalgó et fuese en buena ventura. Et enderezó al regno de Armenia, et moró y tanto tiempo fasta que sopo muy bien el lenguaje en todas las maneras de la tierra. Et sopo como Saladín era muy cazador.

Et él tomó muchas buenas aves, et muchos buenos canes et fuese para Saladín, et partió aquellas sus galeas et puso una en cada puerto, et mandoles que nunca se partiesen dende fasta quél gelo mandase.

Et desque él llegó al Soldán, fué muy bien recebido, pero non le besó la mano nin le fizo ninguna reverencia de las que homne debe facer a su señor. Et Saladín mandol dar todo lo que hobo mester, et él gradesciógelop. 134 mucho, mas non quiso tomar dél ninguna cosa et díjole que non viniera tomar nada dél; mas, por cuanto bien oyera decir dél, que si él por bien toviese, que queria vevir algun tiempo en la su casa por aprender alguna cosa de cuanto bien había en él et en las sus gentes; et por que sabía que el Soldán era muy cazador que le traía muchas aves et muy buenas, et muchos canes, et si la su merced fuese que tomase ende lo que quisiese, et con lo quel fincaria a él, que mandaría con él a caza, et le faría cuanto servicio pudiese en aquello et en al. E esto le gradescio mucho Saladín, et tomó lo que tovo por bien de lo que él traía, mas por ninguna guisa nunca pudo guisar que el otro tomase dél ninguna cosa, nin le dijiese ninguna cosa de su facienda, nin hobiese entrellos cosa porque él tomase ninguna carga de Saladín porque fuese tenido de lo guardar. Et así andido en su casa un grand tiempo.

Et como Dios acarrea cuando su voluntad es las cosas que El quiere, guisó que alcanzaron los falcones a unas gruas. Et fueron matar la una de las gruas a un puerto de la mar do estaba la una de las galeas que el yerno del conde y pusiera. Et el Soldán que iba en muy buen caballo et él en otro alongáronse tanto de las gentes que ninguno dellos non vió por do iban. Et cuando Saladín llegó do los falcones estaban con la grua, descendió mucho aina por los acorrer. Et el yerno del conde que vinía con él de quel vió en tierra llamó a los de la galea.

Et el Soldán que non paraba mientes sinón porp. 135 cebar sus falcones, cuando vió la gente de la galea en derredor de sí, fué muy espantado. E el yerno del conde metió mano a la espada et dió a entender quel quería ferir con ella. Et cuando Saladín esto vió, comenzose a quejar mucho diciendo, que esto era muy grand traición. Et el yerno del conde le dijo: que non lo mandase Dios, que bien sabía él que nunca le tomara por señor, nin quisiera tomar nada de lo suyo, nin tomar dél ningún encargo porque hobiese razón de lo guardar, mas que sopiese, que Saladín había fecho todo aquello.

Et desque esto hobo dicho, tomolo et metiolo en la galea, et de que lo tovo dentro, contol como él era el yerno del conde, et que era aquel que él escogiera, entre otros mejores que él por homne et pues él por homne lo escogiera que bien entendía que non fuera él homne si esto non ficiera; et quel pidía por merced, quel diese su suegro por que entendiese que él consejo que él le diera, que era bueno et verdadero, et que se fallaba bien dél.

E cuando Saladín esto oyó, gradesció mucho a Dios, et plogol más porque acertó en el su consejo, que sil hobiera acaescido otra pro o otra honra por grande que fuese. Et dijo al yerno del conde que ge lo daría muy de buena mente.

Et el yerno del conde fió en el Soldán, et sacolo de la galea et fuese con él. Et mandó a los de la galea que se alongasen del puerto tanto que non los pudiesen veer ningunos que y llegasen.

p. 136Et el Soldán et el yerno del conde cebaron muy bien sus falcones. Et cuando las gentes y llegaron, fallaron a Saladín mucho alegre. Et nunca dijo a homne del mundo nada de cuanto le había contescido.

Et desque llegaron a la villa, fué luego descender a la casa do estaba el conde preso et levó consigo al yerno del conde. Et desque vió al conde, comenzol a decir con muy grand alegría:

—Conde, mucho gradesco a Dios por la merced que me fizo en acertar tan bien como acerté en el consejo que vos dí en el casamiento de vuestra fija. Evad aquí vuestro yerno que vos ha sacado de prisión.

E entonce le contó todo lo que su yerno había fecho, e la lealtad et el grand esfuerzo que ficiera en lo prender et en fiar luego en él.

Et el Soldán et el conde et cuantos esto sopieron, loaron mucho el entendimiento et el esfuerzo et la lealdad del yerno del conde, et gradescieron mucho a Dios porque quiso guisar de lo traer a tan buen acabamiento.

E entonce dió el Soldán muchos dones et muy ricos al conde et a su yerno; et por el enojo que el conde tomara en la prisión diol dobladas todas las rentas que el conde pudiera levar de su tierra en cuanto estudo en la prisión et enviol muy rico et muy bien andante para su tierra.

Et todo este bien vino al conde por el buen consejo que el Soldán le dió, que casase su fija con homne.

Et vos señor conde Lucanor, pues habedes a consejarp. 137 aquel vuestro vasallo en razón del casamiento de aquella su parienta, consejalde; que la principal cosa que cate en el casamiento, que sea aquel con quien la hobiere de casar buen homne en sí; ca si esto non fuere, por honra, nin por riqueza, nin por fidalguía que haya, nunca puede ser bien casada. Et debedes saber, que el homne con bondad acrecenta la honra, et alza su linaje, et acrecenta las riquezas. Et por seer muy fidalgo e muy rico, si bueno non fuere, todo sería mucho aina perdido. Et desto, vos podría dar muchas fazañas de muchos homnes de grand guisa que les dejaron sus padres muy ricos et mucho honrados et pues, non fueron tan buenos como debían, fué en ellos perdido el linaje et la riqueza, et otros de grand guisa et de pequeña que por la grant bondad que hovieron en si, acrescentaron mucho en sus honras et en sus faciendas en guisa que fueron muy más loados et más preciados por lo que ellos ficieron et por lo que ganaron, que aun por todo su linaje. E asi entendet que todo el pro et todo el daño nasce et viene de cual el homne es en si, de cualquier estado que sea. Et por ende la primera cosa que se debe catar en el casamiento es, cuales maneras, et cuales costumbres, et cual entendimiento, et cuales obras ha en si el homne o la mujer que ha de casar, et esto seyendo primero catado, dende en adelante, cuanto el linaje es más alto, et la riqueza mayor, et la apostura más complida et la vecindat más acerca et más aprovechosa, tanto es el casamiento mejor.

p. 138E al conde plogo mucho destas razones que Patronio le dijo, et tovo que era verdat todo así como él le decía.

Et veyendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Qui homne es, faz todos los provechos:
Qui non lo es, mengua todos los fechos[30].

[30] Este apólogo fué dramatizado por Lope y después por Calderón en La pobreza estimada. Knust no anota cosa alguna de este cuento.


EJEMPLO XXVI

De lo que contesció al arbol de la Mentira.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero et díjole así:

—Patronio, sabet que estó en muy grand queja et en grand roido con unos homes que me non aman mucho: et estos homes son tan revoltosos et tan mintrosos que nunca otra cosa facen, sinón mentir a mi et a todos los otros con quien han de facer o de librar alguna cosa. Et las mentiras que dicen, sábenlas tan bien apostar et aprovéchanse tanto dellas, que me traen a muy grand daño, et ellos apodéranse mucho et han las gentes muy fieramente contra mi; et aun creed que, si yo quisiese obrar por aquella manera,p. 139 que por aventura lo sabría facer tan bien como ellos, mas porque yo sé que la mentira es de mala manera, nunca me pagué della. Et agora, por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes que manera tome con estos homnes.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo mejor et más a vuestra pro, placerme hia mucho que sopiésedes lo que contesció a la Verdat e a la Mentira.

E el conde le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—la Mentira et la Verdat ficieron su compañía en uno, et de que hobieron estado así un tiempo, la Mentira que es acuciosa, dijo a la Verdat, que sería bien que pusiesen un arbol de que hobiesen fructa et pudiesen estar a la su sombra cuando ficiese calentura. Et la Verdat, como es cosa llana et de buen talante, dijo quel placía.

Et de que el arbol fué puesto et comenzó a nacer, dijo la Mentira a la Verdat que tomase cada una dellas su parte de aquel arbol. Et a la Verdat plogol con esto. Et la Mentira dandol a entender con razones coloradas et apuestas que la raiz del arbol es la cosa que da la vida et la mantenencia al arbol, et que es mejor cosa et más aprovechosa, consejó la Mentira a la Verdat que tomase las raices del arbol que están so tierra et ella que se aventuraría a tomar aquellas ramiellas que habían de salir et estan sobre tierra, comoquier que era muy grand peligro porque estaba a ventura de tajarlo o follarlo los homnes o roerlo las bestias op. 140 tajarlo las aves con las manos et con los picos o secarle la grant calentura o quemarle el grant hielo, et que de todos estos periglos non había a sufrir ningunos la raiz.

Et cuando la Verdat oyó todas estas razones, porque non hay en ella muchas maestrías et es cosa de grant fianza et de grand creencia, fiose en la Mentira su compañera, et creó que era verdat lo quel dicía et tovo que la Mentira le consejaba que tomase muy buena parte, et tomó la raiz del arbol et fué con aquella parte muy pagada. Et cuando la Mentira esto hobo acabado, fué mucho alegre por el engaño que había fecho a su compañera diciendol mentiras fermosas et apostadas.

E la Verdat metiose so tierra para vevir do estaban las raíces, que eran la su parte, et la mentira fincó sobre tierra do viven los homnes et andan las gentes et todas las otras cosas. Et como es ella muy falaguera en poco tiempo fueron todos muy pagados della. Et el su arbol comenzó a crecer et a echar muy grandes ramos et muy anchas fojas que facían muy fermosa sombra et parescieron en él muy apuestas flores de muy fermosas colores et muy pagaderas a parescencia.

Et desque las gentes vieron aquel arbol tan fermoso, ayuntávanse muy de buena mente a estar cabo dél, et pagábanse mucho de la su sombra et de las sus flores tan bien coloradas, et estaban y siempre las más de las gentes, et aún los que se fallaban por los otros logares dicían los unos a los otros que, si querían estarp. 141 viciosos et alegres, que fuesen estar a la sombra del arbol de la Mentira.

Et cuando las gentes eran ayuntadas so aquel arbol, como la Mentira es muy falaguera et de grand sabiduría, facía muchos placeres a las gentes et amostrábales de su sabiduría: et las gentes pagábanse de aprender de aquella su arte mucho. Et por esta manera tiró a sí todas las más gentes del mundo, ca mostraba a los unos mentiras senciellas, et a los otros más sotiles mentiras dobladas, et a otros muy más sabios mentiras trebles.

Et debedes saber que la mentira senciella es cuando un homne dice a otro: «don Fulano, yo faré tal cosa por vos» et él miente de aquello quel dice. Et la mentira doble, es cuando face juras et homenajes et rehenes et da otros por si que fagan todos aquellos pleitos, et en faciendo estos seguramientos, ha él ya pensado et sabe manera como todo esto tornará en mentira et en engaño. Mas, la mentira treble que es mortalmente engañosa, es la quel miente et le engaña diciendol verdat.

Et desta sabiduría tal, había tanta en la Mentira et sabíala tan bien mostrar a los que se pagaban de estar a la sombra del su arbol, que les facía acabar por aquella sabiduría lo más de las cosas que ellos querían, et non fallaban ningún homne que aquella arte non sopiese, que ellos non le trojiesen a facer toda su voluntad, lo uno por la fermosura del arbol et lo al con la gran arte que de la Mentira aprendían. E deseabanp. 142 mucho las gentes estar a aquella sombra et aprender lo que la Mentira les amostraba.

E la Mentira estaba mucho honrada, et muy preciada et mucho acompañada de las gentes et el que menos se llegaba a ella et menos sabía de la su arte, menos le preciaban todos et aún él mismo se preciaba menos.

Et estando la Mentira tan bien andante, la lazdrada et despreciada de la Verdat estaba ascondida so tierra, et homne del mundo non sabía della parte, nin se pagaba della, nin la quería buscar. Et ella veyendo que non le había fincado cosa en que se pudiese mantener sinón aquellas raices del arbol que eran su parte, la cual le consejara tomar la Mentira con mengua de otra vianda, hóbose a tornar a roer et a tajar et a gobernarse de las raices del arbol de la Mentira. Et como quier que el arbol tenía muy buenas ramas et muy anchas fojas que facían muy grand sombra et muchas flores de muy apuestas colores ante que pudiesen levar fructo, fueron tajadas todas sus raices, ca las hobo a comer la Verdat, pues non había al de que se gobernar.

Et desque las raices del arbol de la Mentira fueron todas tajadas et estando la Mentira a la sombra del su arbol con todas las gentes que aprendían de la su arte, vino un viento et dió en el arbol, et porque las sus raices eran todas tajadas fué muy ligero de derribar et cayó sobre la Mentira et quebrantola de muy mala manera, et todos los que estaban aprendiendo de lap. 143 su arte fueron todos muertos et muy mal feridos, et fincaron muy mal andantes.

Et por el lugar do estaba el tronco del arbol salió la Verdat que estaba escondida, et cuando fué sobre la tierra, falló que la Mentira et todos los que a ella se allegaron eran muy mal andantes et se fallaron muy mal de cuanto aprendieron et usaron del arte que aprendieron de la Mentira.

Et vos, señor conde Lucanor, parat mientes que la mentira ha muy grandes ramos, et las sus flores que son los sus dichos et los sus pensamientos et los sus falagos son muy placenteros, et páganse mucho dellos las gentes, pero todo es sombra et nunca llega a buen fructo. E por ende si aquellos vuestros contrarios usan de las sabidurías et de los engaños de la mentira, guardatvos dellos cuanto pudierdes et non querades seer su compaño en aquella arte nin hayades envidia de la su buena andanza que han por usar del arte de la mentira, ca cierto seed que poco les durará, et non pueden haber buena fin, et cuando cuidaren seer más bien andantes estonce les fallecerá así como fallesció el arbol de la Mentira a los que cuydaban estar muy bien andantes a su sombra; mas, aunque la verdat sea menospreciada abrazatvos bien con ella et preciadla mucho, ca cierto seed que por ella seredes bien andante et habredes buen acabamiento et ganaredes la gracia de Dios porque vos dé en este mundo bien et mucha honra paral cuerpo et salvamiento paral alma en el otro.

p. 144E al conde plogo mucho deste consejo que Patronio le dió et fízolo así et fallose ende bien.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Seguid verdat por la mentira foir,
ca su mal cresce quien usa de mentir.

EJEMPLO XXVII

De lo que contesció a un Emperador et a don Alvarhañez Minaya con sus mujeres.

Fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, un día et díjole así:

—Patronio, dos hermanos que yo he son casados entramos et viven cada uno dellos muy desvariadamente el uno del otro, ca el uno ama tanto aquella dueña con qui es casado, que avés podemos guisar con él que se parta un día del lugar onde ella es, et non faz cosa del mundo sinón lo que ella quiere et si ante non gelo pregunta. Et el otro, en ninguna guisa non podemos con él que un día la quiera veer de los ojos, nin entrar en casa do ella sea. Et porque yo he grand pesar desto, ruégovos que me digades alguna manera por que podamos y poner consejo.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—segund esto que vos decides, entramos vuestros hermanosp. 145 andan muy errados en sus faciendas; ca el uno, nin el otro non debían mostrar tan grand amor nin tan grand desamor como muestran a aquellas dueñas con qui ellos son casados; mas, comoquier que ellos yerran, por aventura es por las maneras que han aquellas sus mujeres: et por ende querría que sopiésedes lo que contesció al Emperador Fradrique et a don Alvarfañez Minaya con sus mujeres.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—, porque estos ejiemplos son dos et non vos los podría entramos decir en uno, contarvoshe primero lo que contesció al Emperador Fradrique, et después contarvoshe lo que contesció a don Alvarhanez.

—Señor conde, el Emperador Fradrique, casó con una doncella de muy alta sangre segund le pertenescía; mas de tanto, non le acaesció bien, que non sopo ante que casase con aquella las maneras que había.

Et después que fueron casados, comoquier que ella era muy buena dueña et muy guardada en el su cuerpo, comenzó a seer la más brava, et la más fuerte, et la más revesada cosa del mundo; así que, si el Emperador quería comer, ella dicía que quería ayunar, et si el Emperador quería dormir, queriese ella levantar, et si el Emperador querie bien a alguno, luego ella lo desamaba. ¿Que vos diré más? Todas las cosas del mundo en que el Emperador tomaba placer, en todas daba ella a entender que tomaba pesar, et de todo lo que el Emperador facía, de todo facía ella el contrario siempre.

p. 146Et desque el Emperador sufrió esto un tiempo, et vió que por ninguna guisa non la podía sacar desta entención por cosa que él nin otros le dijiesen, nin por ruegos, nin por amenazas, nin por buen talante, nin por malo quel mostrase, et vió que el pesar et la vida enojosa que había de sofrir quel era tan grand daño para la su facienda et para las sus gentes que non podía y poner consejo; et de que esto vió, fuese paral Papa et contol la su facienda, también de la vida que pasaba, como del grand daño que vinía a él et a toda la tierra por las maneras que había la Emperadriz; et quisiera muy de grado, si podría seer, que los partiese el Papa. Mas, vió que segund la ley de los cristianos non se podían partir, et otrosí que en ninguna manera non podían vevir en uno por las malas maneras que la Emperadriz había, et sabía el Papa que esto era así.

Et desque otro cobro no podieron fallar, dijo el Papa al Emperador: que este fecho, que lo acomendaba él al entendimiento et a la sotileza del Emperador, ca él non podía dar penitencia ante que el pecado fuese fecho.

Et el Emperador partiose del Papa et fuese para su casa, et trabajó por cuantas maneras pudo, por falagos, et por amenazas, et por consejos, et por desengaños, et por cuantas maneras él et todos los que con él vivian pudieron asmar para la sacar de aquella mala entención, mas todo esto non tovo y pro, que cuanto más le dicían que se partiese de aquella manera, tanto más facía ella cada día todo lo revesado.

p. 147Et de que el Emperador vió que por ninguna guisa esto non se podía enderezar, dijol un día: que él quería ir a la caza de los ciervos et que llevaría una partida de aquella hierba que ponen en las saetas con que matan los ciervos, et que dejaria lo al para otra vegada, cuando quisiese ir a caza, et que se guardase que por cosa del mundo non pusiere de aquella hierba en sarna, nin en postiella, nin en lugar donde saliese sangre; ca aquella hierba era tan fuerte que non había en el mundo cosa viva que non matase. Et tomó de otro ungüento muy bueno et muy aprovechoso para cualquier llaga et el Emperador untose con él antella en algunos lugares que non estaban sanos. Et ella et cuantos y estaban vieron que guarescia luego con ello. Et díjole que, si le fuese mester, que de aquel pusiese en cualquier llaga que hobiese. Et esto le dijo ante pieza de homes et de mujeres. Et de que esto hobo dicho, tomó aquella hierba que había menester para matar los ciervos et fuese a su caza así como había dicho.

Et luego que el Emperador fué ido, comenzó ella a ensañarse et a embravecer et comenzó a decir:

—¡Veed el falso del Emperador, lo que me fué decir! Porque él sabe que la sarna que yo he, non es de tal manera como la suya, díjome que me untase con aquel ungüento que se él untó, por que sabe que non podría guarescer con él, mas de aquel otro ungüento bueno con que él sabe que guarescería, dijo, que non tomase dél en guisa ninguna; mas por le facer pesarp. 148 yo me untaré con él et cuando él viniere fallarme ha sana. Et so cierto que en ninguna cosa non le podría facer mayor pesar, et por esto lo faré.

E los caballeros et las dueñas que con ella estaban, trabaron mucho con ella que lo non ficiese, et comenzáronle a pedir merced muy fieramente llorando que se guardase de lo facer, ca cierta fuese, si lo ficiese, que luego sería muerta.

Et por todo esto non lo quiso dejar: Et tomó la hierba et untó con ella las llagas. Et a poco rato comenzol a tomar la rabia de la muerte, et ella repintiérase si pudiera, mas ya non era tiempo en que se pudiese facer. Et murió por la manera que había porfiosa et a su daño.

Mas, a don Alvarhanez contesció al contrario desto, et porque lo sepades todo como fué, contarvos he como acaesció:

Don Alvarhanez era muy buen homne et muy honrado et pobló a Yxcar et moraba y. Et, el conde don Pero Ansurez pobló a Cuellar et moraba en ella. Et el conde don Pero Ansurez había tres fijas.

Et un día estando sin sospecha ninguna entró don Alvarhanez por la puerta: et al conde don Pero Ansurez plogo mucho con él. Et desque hobieron comido preguntol, que porque vinía tan sin sospecha. Et don Alvarhanez dijol: que vinía por demandar una de sus fijas para con que casase, mas que quería que gelas mostrase todas tres et quel dejase fablar conp. 149 cada una dellas et despues que escogeria cual quisiese. Et el conde veyendo quel facía Dios mucho bien en ello, dijo: quel placía mucho de facer cuanto don Alvarhanez le dicía.

Et don Alvarhanez apartose con la fija mayor et dijol que: si a ella ploguiese, que quería casar con ella, pero ante que fablase más en el pleito, quel quería contar algo de su facienda, e que sopiese lo primero que él non era muy mancebo et que por las muchas heridas que hobiera en las lides en que se acertara, quel enflaqueciera tanto la cabeza que por poco vino que bibiese, quel facie perder luego el entendimiento; et de que estaba fuera de su seso que se asañaba tan fuerte que non cataba lo que dicía; et que a las vegadas firía a los homes en tal guisa que se repentía mucho después que tomaba a su entendimiento; et aun, cuando se echaba a dormir, desque yacía en la cama, que facía y muchas cosas, que non empecería nin migaja si más limpias fuesen. Et destas cosas le dijo tantas que toda mujer quel entendimiento non hobiese muy maduro, se podría tener dél por non muy bien casada.

Et de que esto lo hobo dicho, respondiol la fija del conde: que este casamiento non estaba en ella sinón en su padre et en su madre.

Et con tanto, partiose de don Alvarhanez et fuese para su padre.

Et de que el padre et la madre le preguntaron qué era su voluntad de facer; e porque ella non fué dep. 150 muy buen entendimiento como lo era mester, dijo a su padre et a su madre: que tales cosas le dijiera don Alvarhanez que ante quería seer muerta que casar con él.

Et el conde non le quiso decir esto a don Alvarhanez, mas dijol que su fija, que non había entonce voluntad de casar.

E fabló don Alvarhanez con la fija mediana: et pasaron entre él et ella las rasones bien así como con el hermana mayor.

Et despues fabló con el hermana menor et dijol todas aquellas cosas que dijiera a las otras sus hermanas.

Et ella respondiol: que gradescía mucho a Dios que don Alvarhanez quería casar con ella, et en lo quel dicía quel facía mal el vino, que si por aventura le cumpliese por alguna cosa de estar apartado de las gentes por aquello quel dicía o por al, que ella lo encubriría mejor que ninguna otra persona del mundo; et a lo que dicía que él era viejo, que cuanto por esto non partiría ella el casamiento, que cumplíale a ella del casamiento el bien et la honra que había de ser casada con don Alvarhanez; et de lo que dicía que era muy sañudo et que firía a las gentes, que cuanto por esto, non facía fuerza, ca nunca ella le faría porque la firiese, et si lo ficiese que lo sabría muy bien sofrir.

Et a todas las cosas que don Alvarhanez le dijo, a todas le sopo tan bien responder que don Alvarhanez fué muy pagado, et gradesció mucho a Dios porque fallara mujer de tan buen entendimiento.

p. 151Et dijo al conde don Pero Ansurez que con aquella quería casar: e al conde plogo mucho ende. Et ficieron ende sus bodas luego. E fuese con su mujer luego en buena ventura. E esta dueña había nombre doña Vascuñana.

Et despues que don Alvarhanez llevó a su mujer a su casa, fué ella tan buena dueña et tan cuerda que don Alvarhanez se tovo por bien casado della et tenía por razón que se ficiese todo lo que ella queríe.

Et esto facía él por dos razones: la primera, porque fizo Dios a ella tanto bien, que tanto amaba a don Alvarhanez et tanto presciaba el su entendimiento, que todo lo que don Alvarhanez dicía et facía, que todo tenía ella verdaderamente que era lo mejor; et placíale mucho de cuanto dicía et de cuanto facía, et nunca en toda su vida contralló cosa que entendiese que a él placía. Et non entendades que facía esto por le lisonjar, nin por le falagar, mas facíalo porque verdaderamente creía et era su entención que todo lo que don Alvarhanez quería, et dicía, et facía, que en ninguna guisa non podría ser yerro, nin lo podría otro ninguno mejorar. Et lo uno por esto, que era el mayor bien que podría seer, et lo al porque ella era de tan buen entendimiento et de tan buenas obras que siempre acertaba en lo mejor; et por estas cosas amábala et preciábala tanto don Alvarhanez que tenía por razón de facer todo lo que ella querie, ca siempre ella quería et le consejaba lo que era su pro et su honra. Et nunca tovo mientes por talante, nin por voluntad,p. 152 que hobiese de ninguna cosa, que ficiese don Alvarhanez sinón lo que a él más le pertenescía, et que era más su honra et su pro.

Et acaesció, que una vez seyendo don Alvarhanez en su casa, que vino a él un su sobrino que vivía en casa del rey, et plogol mucho a don Alvarhanez con él. Et desque hobo morado con don Alvarhanez algunos días, dijol un día: que era muy buen homne et muy complido et que non podía poner en él ninguna tacha sinón una. Et don Alvarhanez preguntol, que cual era. Et el sobrino dijol que non fallaba tacha quel poner sinón que facía mucho por su mujer et la apoderaba mucho en toda su facienda. Et don Alvarhanez respondiol: que a esto, que dende a pocos días, le daría ende la respuesta.

Et ante que don Alvarhanez viese a doña Vascuñana, cabalgó e fuese a otro lugar et andudo allá algunos días et llevó allá aquel su sobrino consigo. Et despues envió por doña Vascuñana, et guisó así don Alvarhanez que se encontraron en el camino, pero que non fablaron ningunas razones entre si, nin hobo tiempo que lo quisiesen facer.

Et don Alvarhanez fuese adelante et iba con él su sobrino. Et doña Vascuñana vinía en pos dellos. Et desque hobieron andado así una pieza, don Alvarhanez et su sobrino fallaron una grand pieza de vacas. Et don Alvarhanez comenzó a decir:

—¿Viestes, sobrino, que fermosas yeguas ha en nuestra tierra?

p. 153E cuando su sobrino esto oyó, maravillose ende mucho, et cuidó que gelo dicía por trebejo, et dijol que cómo dicía tal cosa, que non eran sinón vacas.

Et don Alvarhanez se comenzó mucho de maravillar et decíale: que recelaba que había perdido el seso, ca bien veíe que aquellas, yeguas eran.

Et desque el sobrino vió que don Alvarhanez porfiaba tanto sobre esto, et que lo dicía a todo su seso, fincó mucho espantado et cuidó que don Alvarhanez había perdido el entendimiento.

Et don Alvarhanez estido tanto adrede en aquella porfía, fasta que asomó doña Vascuñana que vinía por el camino. Et de que don Alvarhanez la vió, dijo a su sobrino:

—Ea, don sobrino, he aqui doña Vascuñana que nos partirá nuestra contienda.

Al sobrino plogo desto mucho: et desque doña Vascuñana llegó dijol su cuñado:

—Señora, don Alvarhanez et yo estamos en contienda, ca él dice por estas vacas, que son yeguas; et yo digo, que son vacas; et tanto habemos porfiado que él me tiene por loco, et yo tengo que él non está bien en su seso. Et vos, señora, departidnos agora esta contienda.

Et cuando doña Vascuñana esto vió, como quier que ella tenía que aquellas eran vacas, pero pues su cuñado le dijo que dicía don Alvarhanez que eran yeguas, tovo verdaderamente ella con todo su entendimiento que ellos erraban, que las non conoscían,p. 154 mas que don Alvarhanez non erraría en ninguna manera en las conoscer, et pues dicía que eran yeguas, que en toda guisa del mundo que yeguas eran et non vacas.

Et comenzó a decir al cuñado et a cuantos y estaban:

—Por Dios, cuñado, pésame mucho desto que decides, et sabe Dios, que quisiera que con mayor seso et con mayor pro vos viniésedes agora de casa del rey do tanto habedes morado; ca bien veedes vos que muy grand mengua de entendimiento et de vista es tener que las yeguas, son vacas.

Et comenzol a mostrar tan bien por las colores, como por las faciones, como por otras cosas muchas, que eran yeguas, et non vacas, et que era verdat lo que don Alvarhanez dicía, e que en ninguna manera el entendimiento et la palabra de don Alvarhanez que nunca podría errar. Et tanto le afirmó esto, que ya el cuñado et todos los otros comenzaron a dubdar que ellos erraban, et que don Alvarhanez dicía verdat, que las que ellos tenían por vacas, que eran yeguas. Et de que esto fué fecho, fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et fallaron una grand pieza de yeguas.

Et don Alvarhanez, dijo a su sobrino:

—¡Aha, sobrino! Estas son las vacas, que non las que nos dicíades ante, que dicía yo que eran yeguas.

E cuando el sobrino esto oyó dijo a su tío:

—Por Dios, don Alvarhanez, si vos verdat decides el diablo me trajo a mi a esta tierra; ca ciertamente, sip. 155 estas son vacas perdido he yo el entendimiento, ca en toda guisa del mundo estas son yeguas et non vacas.

E don Alvarhanez comenzó a porfiar muy fieramente que eran vacas. Et tanto duró esta porfía fasta que llegó doña Vascuñana. Et desque ella llegó et le contaron lo que dicía don Alvarhanez et dicía su sobrino; maguer a ella parescía que el sobrino dicía verdat, non pudo creer por ninguna guisa que don Alvarhanez pudiese errar, nin que pudiese seer verdat al sinón lo que él dicía. Et comenzó a catar razones para probar que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et tantas razones et tan buenas dijo, que su cuñado et todos los otros, tuvieron que el su entendimiento et la su vista erraba; mas lo que don Alvarhanez dicía, que era verdat. Et aquesto fincó así.

Et fuéronse don Alvarhanez et su sobrino adelante et andudieron tanto, fasta que llegaron a un río en que había pieza de molinos. Et dando del agua a las bestias en el río, comenzó a decir don Alvarhanez que aquel río, que corría contra la parte onde nascía, et aquellos molinos, que del otra parte les vinía el agua.

Et el sobrino de don Alvarhanez se tovo por perdido cuando esto le oyó; ca tovo, que así como errara en el conoscimiento de las vacas et de las yeguas, que así erraba agora en cuidar que aquel río vinía al revés de como dicía don Alvarhanez. Pero porfiaron tanto sobresto fasta que doña Vascuñana llegó.

Et desquel dijieron esta porfía en que estaba don Alvarhanez et su sobrino, pero aun que a ella parescíap. 156 que el sobrino dicía verdat, non creó al su entendimiento et tovo que era verdat lo que don Alvarhanez dicía. Et por tantas maneras sopo ayudar a la su razón, que su cuñado et cuantos lo oyeron, creyeron todos que aquella era la verdat.

Et daquel día acá, fincó por fazaña, que si el marido dice que corre el río contra arriba, que la buena mujer lo debe creer et debe decir que es verdat.

Et desque el sobrino de don Alvarhanez vió que por todas estas razones que doña Vascuñana dicía, se probaba que era verdat lo que dicía don Alvarhanez, et que erraba él en no conoscer las cosas así como eran, tóvose por muy maltrecho, cuidando que había perdido el entendimiento.

Et de que andudieron así una grand pieza por el camino, et don Alvarhanez vió que su sobrino iba muy triste et en grant cuidado, díjole así:

—Sobrino, agora vos he dado la respuesta a lo que en el otro día me dijiestes que me daban las gentes por grand tacha porque tanto facía por doña Vascuñana, mi mujer; ca bien creed, que todo esto que vos et yo habemos pasado hoy, todo lo fice porque entendiésedes quien es ella, et que lo que yo por ella fago, que lo fago con razón; ca bien creed, que entendía yo, que las primeras vacas que nos fallamos et que dicía yo que eran yeguas, que vacas eran así como vos dicíades. Et desque doña Vascuñana llegó et vos oyó que yo dicía que eran yeguas, bien cierto so, que entendía que vos diciádes verdat: mas, porque fiaba ellap. 157 tanto en el mío entendimiento, que tien que por cosa del mundo non podría errar, tovo que vos et ella errábades en non lo conoscer como era. Et por ende dijo tantas razones et tan buenas, que fizo entender a vos et a cuantos allí estaban, que lo que yo dicía era verdat; et eso mismo fizo despues en lo de las yeguas et del río. Et bien vos digo en verdat que del día que comigo casó, que nunca un día le vi facer nin decir cosa en que yo pudiese entender que quería nin tomaba placer, sinón en aquello que yo quis; nin le vi tomar enojo de ninguna cosa que yo ficiese. Et siempre tiene verdaderamente en su talante, que cualquier cosa que yo faga, que aquello es lo mejor; et lo que ella ha de facer de suyo o le yo acomiendo que faga, sábelo muy bien facer, et siempre lo face guardando toda mi honra et mi pro et queriendo que entiendan las gentes que yo so el señor, et que la mi voluntad et la mi honra se cumpla; et non quiere para si otra pro, nin otra fama de todo el fecho, sinón que sepan que es mi pro, et tome yo placer en ello. Et tengo que, si un moro de allende el mar esto ficiese, quel debía yo mucho amar et presciar et facer mucho por él su consejo, et demás seyendo yo casado con ella et seyendo ella tal et de tal linaje de que me tengo por muy bien casado. Et agora, sobrino, vos he dado respuesta a la tacha que el otro día me dijiestes que había.

E cuando el sobrino de don Alvarhanez oyó estas razones, plogol ende mucho, et entendió, que pues doña Vascuñana tal era et había tal entendimiento etp. 158 tal entención, que facía muy grand derecho don Alvarhanez de la amar et fiar en ella et facer por ella cuanto facía et aun muy más, si más ficiese.

Et asi fueron muy contrarios, la mujer del Emperador et la mujer de don Alvarhanez.

Et señor conde Lucanor, si vuestros hermanos son tan desvariados, que el uno face todo cuanto su mujer quiere et el otro todo lo contrario, por aventura; esto es, que sus mujeres facen tal vida con ellos como facía la Emperatriz et doña Vascuñana. Et si ellas tales son, non debedes maravillaros nin poner culpa a vuestros hermanos; mas si ellas non son tan buenas nin tan revesadas como estas dos de que vos he fablado, sin dubda, vuestros hermanos non podrían seer sin grand culpa; ca como quier que aquel vuestro hermano que face mucho por su mujer, face bien, entendet, que este bien, que se debe facer con razón et non más; ca si el homne por haber grand amor a su mujer quiere estar con ella tanto porque deje de ir a los lugares o a los fechos en que puede facer su pro et su honra, face muy grand yerro; nin si por le facer placer nin complir su talante deja nada de lo que pertenesce a su estado, nin a su honra, face muy desaguisado; mas guardando estas cosas, todo buen talante et toda fianza que el marido pueda mostrar a su mujer, todo le es facedero et todo lo debe facer et le pertenece muy bien que lo faga. Et otrosí, debe mucho guardar que por lo que a él mucho non cumple, nin le face grand mengua, que non le faga pesar nin enojo e señaladamente en ningunap. 159 cosa en que haya pecado, ca desto vienen muchos daños: lo uno el pecado e la maldad que homne fase, et lo al, que por faserle enmienda o faserle plaser porque pierda aquel enojo habrá de faser cosas que tornaran en daño de la facienda e de la fama. Pero el que por su fuerte ventura tal mujer toviere como la del Emperador, pues que al principio non sopo o non quiso poner en ello consejo, non hay al sinón pasar por su ventura como Dios gelo quisiere endereszar; pero sabed, que para lo uno et para lo al cumple mucho que al primero día que el homne casare dé a entender a su mujer que él es el señor, e le faga entender la vida que han de pasar en uno.

E vos, señor conde, al mi cuidar parando mientes en estas tales cosas, podredes bien aconsejar a vuestros hermanos en cual manera han de pasar con sus mujeres.

E al conde plogo mucho destas cosas que Patronio le dijo, et tovo que le desía verdat e muy buen seso.

Et porque entendió don Johán que estos dos enjemplos, que eran muy buenos, mandolos escrebir en este libro e fizo estos versos que disen ansí:

En el comienzo debe el homne mostrar
A su mujer, cómo tiene de pasar[31].

[31] Sobre Alvarfañez Minaya puede verse lo que dice Menéndez y Pelayo, Tratado de los Romances viejos; Antología de líricos castellanos, tomo XII, en que se habla de un cantar de gesta perdido que cantaba las hazañas de este compañero del Cid. Acerca del conde Pero Ansurez (el Peranzulas de nuestro folk-lore), la bibliografía abunda.

En el desarrollo de esta deliciosa historieta se presenta un elemento análogo, en ciertos respectos, al argumento de The Taming of the Shrew, de Shakespeare.


p. 160

EJEMPLO XXVIII

De lo que acontesció en Granada a don Lorenzo Suarez Gallinato.

El conde Lucanor fablaba un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, un homne vino a mi por guarecer comigo, e como quier que yo sé que es buen homne, pero algunos dísenme que ha fechas algunas cosas desaguisadas. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes lo que faga en esta razón.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que yo cuido que vos más cumple, plaserme hía que sopiésedes lo que acaesció a don Lorenzo Suarez Gallinato.

Et el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—don Lorenzo Suarez Gallinato vivía con el rey de Granada; et vivió con él allá en su reino grant tiempo.

Et despues que plogo a Dios que vino a la merced del Rey don Fernando, preguntole el rey un día que, pues él tanto deservicio había fecho a Dios con los moros ayudándolos contra los cristianos, si cuidaba que le habría Dios merced porque non perdiese el alma.

E don Lorenzo Suares le respondió: que nunca fisiera cosa porque cuidaba que le habría Dios merced sinón que matara una ves un clérigo de misa.

p. 161

E esto tovo el Rey don Fernando por mucho extraño. E el rey le preguntó: cómo podía ser esto.

E él le respondió: que viviendo él con el rey de Granada, que aquel rey que fiaba mucho dél, e que era guarda mayor del su cuerpo. E yendo un día con el rey cabalgando por la villa, oyó ruido de homnes que daban voces, e porque él era guarda del rey dió de las espuelas al caballo e llegó a donde fasían el ruido e falló un clérigo que estaba revestido.

E debedes saber que este mal clérigo fuera cristiano e tornárase moro:

E acaesció un día, que por facer placer a los moros, díjoles: que si ellos quisiesen, que él les daría aquel Dios en que los cristianos creían, e fiaban, e tenían por Dios. E los moros le rogaron que gelo diese. E entonces el clérigo traidor e malo, fizo facer unas vestimentas, e mandó facer un altar, e dijo la misa, e consagró una hostia. E desque fué consagrada diola a los moros. E andábanla arrastrando por el lodo e faciendo della muchos escarnios.

E cuando don Lorenzo Suares esto vido, comoquier que él vivía con los moros, membrándose como él era cristiano e creyendo verdaderamente que aquel era el cuerpo de Dios e pues que Jesu-Cristo muriera por redemir los pecadores que sería él de muy buena ventura si muriese por le vengar et por le sacar de aquella deshonra, que aquella falsa gente le facía. E desque esto hobo pensado, con el grant dolor e pesar que hobo, enderezó contra el traidor clérigo renegadop. 162 que aquella tan grant traición ficiera e cortole la cabeza.

E descendió del caballo e fincó los hinojos en tierra e adoró el cuerpo de Dios que los moros traían por el lodo arrastrando. E luego que fincó los hinojos, la hostia que estaba dél alongada, dió un salto del lodo e saltó en la falda de don Lorenzo Suares Gallinato.

E cuando los moros esto vieron, hobieron ende muy grant pesar, e metieron mano a las espadas; et con espadas, et con palos, e con piedras vinieron todos contra don Lorenzo Suarez para lo matar. E él metió mano a su espada con que descabezara el mal clérigo, e comenzose a defender.

E cuando el rey moro oyó esto ruido, e vió que querían matar a don Lorenzo Suarez, mandó que ninguno non le ficiese ningunt mal, e preguntó por que cosa fuera aquello. E los moros que estaban con grant queja e braveza, dijeron al rey cómo pasara aquel fecho.

E el rey se quejó e le pesó mucho desto, e preguntó muy sañudamente a don Lorenzo Suares, que porqué ficiera aquello sin su mandado. E don Lorenzo Suarez le dijo: que bien sabía que él, que non era de su ley, e que era cristiano; e que, maguer que él esto conoscía, que sabía bien que fiaba dél el su cuerpo pensando que era leal e que por miedo de la muerte non dejaría de lo guardar, e pues si él por tan leal le tenía, que cuidaba que faría esto por él que era moro, que parase mientes, si él leal era, qué debía facer, pues que era cristiano, por guardar el cuerpo de Dios que esp. 163 rey de los reyes e señor de los señores, e que si por esto lo mandase matar, que nunca él vería mejor día.

E cuando el rey lo oyó, plógole mucho de lo que don Lorenzo Suares ficiera, e amole e preciole mucho más de aquella hora en adelante.

Et vos, señor conde Lucanor, si sabedes que aquel homne que con vusco quiere guarecer es buen homne en si e podedes dél bién fiar, cuanto por lo que vos dicen que fizo algunas cosas sin razón, non lo debedes por eso partir de vuestra compañía; ca por aventura aquello que los homnes cuidan que fué sin razón non lo vieron nin fué ansí, como cuidó el rey don Fernando de lo de don Lorenzo Suarez Gallinato que ficiera desaguisado en matar un clérigo fasta que supo la razón dello. E asi podemos decir que don Lorenzo Suares fizo el mejor fecho del mundo. Mas si vos sopiésedes que lo que él fizo es tan mal fecho, faredes bien de lo non querer en vuestra compañía.

E al conde plogo mucho de lo que Patronio le dijo e fízolo ansí et fallose ende bien.

E entendió don Juan que este enjemplo, que era muy bueno e fízolo escribir en este libro e fizo estos viesos que dicen así:

Muchas cosas parescen sin razón,
Et qui las sabe, en si buenas son[32].

[32] Falta de este apólogo una hoja en el códice S-34; algún escrupuloso no quiso se conservase memoria del sacrílego clérigo de Granada muerto por don Lorenzo Suárez Gallinato. (Vid. Revista Española de Ambos Mundos, 1854, t. II, pág. 402, por P. Gayangos.)


p. 164

EJEMPLO XXIX

De lo que contesció a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio su consejero et díjole así:

—Patronio, un mio pariente vive en una tierra do non ha tanto poder que pueda estrañar cuantas escatimas le facen, et los que han poder en la tierra querrían muy de grado que ficiese él alguna cosa por que hobiesen achaque para seer contra él. Et aquel mio pariente tiene que le es muy grave cosa de sofrir aquellas terrerías quel facen, et querría aventurarlo todo ante que sofrir tanto pesar de cada día. Et porque yo querie que él acertase en lo mejor, ruégovos que me digades en que manera le conseje por que pase lo mejor que pudiere en aquella tierra.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio, para que vos le podades consejar en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció una vez a un raposo que se fizo muerto.

El conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un raposo entró una noche en un corral do había gallinas; et andando en ruido con las gallinas, cuando él cuidó que se podría ir, era ya de día et las gentes andaban ya todos por las calles. E desque él vió que non se podía asconder,p. 165 salió escondidamente a la calle, et tendiose así como si fuese muerto.

E cuando las gentes lo vieron, cuidaron que era muerto, et non cató ninguno por él.

E a cabo de una pieza pasó por y un homne, e dijo: que los cabellos de la fruente del raposo, que eran buenos para poner en la fruente de los mozos pequeños por que non les aojen. Et trasquiló con unas tijeras los cabellos de la fruente del raposo.

E después vino otro, et dijo eso mismo de los cabellos del lomo; e otro, de las hijadas. Et tantos dijeron esto fasta que lo trasquilaron todo. Et por todo, nunca se movió el raposo porque entendía que aquellos cabellos non le facían daño en los perder.

E después vino otro et dijo: que la uña del pulgar del raposo era buena para guarescer de los panarizos; et sacógela. Et el raposo non se movió.

E después vino otro que dijo: que el diente del raposo era bueno para el dolor de los dientes; et sacógelo. Et el raposo non se movió.

E después a cabo de otra pieza, vino otro que dijo: que el corazón del raposo era bueno paral dolor del corazón, et metió mano a un cochiello para sacarle el corazón. Et el raposo vió quel querían sacar el corazón et que si gelo sacasen, non era cosa que se pudiese cobrar, et que la vida era perdida, et tovo que era mejor de se aventurar a quequier quel pudiese venir que sofrir cosa porque se perdiese todo. Et aventurose et puñó en guarescer et escapó muy bien.

p. 166Et vos, señor conde, consejad a aquel vuestro pariente que si Dios le echó en tierra do non pueda estrañar lo quel facen como él querría o como le cumpliría; que en cuanto las cosas quel ficiere, fueren atales que se puedan sofrir sin grand daño et sin grand mengua, que dé a entender que se non siente dello et que les dé pasada; ca en cuanto dá homne a entender que se non tiene por maltrecho de lo que contra él han fecho, non está tan envergonzado, mas desque da a entender que se tiene por maltrecho de lo que ha recebido, si dende adelante non face todo lo que debe por non fincar menguado, non está tan bien como ante. Et por ende a las cosas pasaderas, pues non se puede estrañar como deben, es mejor de les dar pasada, mas, si llegare el fecho a alguna cosa que sea gran daño o gran mengua, estonce se aventure e non lo sufra, ca mejor es la pérdida o la muerte, defendiendo homne su derecho e su honra et su estado, que vevir pasando en estas cosas mal e deshonradamente.

El conde tovo esto por buen consejo.

Et don Johan, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Sufre las cosas en cuanto debieres,
Estraña las otras en cuanto pudieres[33].

[33] El ejemplo del raposo que se hizo el muerto lo cuenta el Arcipreste de Hita: Exiemplo de la raposa que come las gallinas en la aldea.

Hizo de él una bella adaptación glosada Azorín, en Los valores literarios, pág. 159: La raposa mortecina.


p. 167

EJEMPLO XXX

De lo que contesció al Rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía su mujer.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera.

—Patronio, a mi contesce con un homne así: que muchas veces me ruega et me pide quel ayude et le dé algo de lo mio. Et comoquier que cuando fago aquello que él me ruega, da a entender que me lo gradesce, luego que otra vez me pide alguna cosa, si lo non fago así como él quiere, luego se ensaña et da a entender que me lo non gradesce et que ha olvidado todo lo que fiz por él. Et por el buen entendimiento que habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con este homne.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—a mi paresce que vos contesce con este homne segund contesció al rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía, su mujer.

El conde preguntó como fuera aquello.

—Señor conde, dijo Patronio—el rey Abenabet era casado con Ramaiquía et amábala más que cosa del mundo. Et ella era muy buena mujer et los moros han della muchos buenos ejiemplos; pero había una manera que non era muy buena, esto era que a las veces tomara algunos antojos a su voluntad.

Et acaesció, que un día, estando en Córdoba en elp. 168 mes de febrero cayó una nieve. Et cuando Ramaiquía la vió, comenzó a llorar. Et preguntole el rey por que lloraba. Et ella dijol: que porque nunca le dejaba en tierra que viese nieve.

Et el rey por le facer placer, fizo poner almendrales por toda la sierra de Córdoba; porque pues Córdoba es tierra caliente et non nieva y cada año, que en febrero paresciesen los almendrales floridos, que semejan nieve, por le facer perder el deseo de la nieve.

E otra vez estando Ramayquía en una cámara sobre el río, vió una mujer descalza volviendo lodo cerca el río para facer adobes: et cuando Ramayquía lo vió, comenzó a llorar; et el rey preguntol, por qué lloraba. Et ella dijol: porque nunca podía estar a su guisa, siquier faciendo lo que facía aquella mujer.

E entonce, por le facer placer, mandó el rey fenchir de agua rosada aquella grand albuhera de Córdoba en logar de agua, et en lugar de lodo fízola fenchir de azucar, et de canela, et de espie, et clavos, et musgo, et ambra, et algalina, et de todas buenas especies, et buenos olores que pudían seer: et en lugar de paja fizo poner cañas de azucar. Et desque destas cosas fué llena el albuhera de tal lodo cual entendedes que podría seer, dijo el rey a Ramayquía que se descalzase et que follase aquel lodo et que ficiese adobes dél cuantos quisiese.

E otro día, por otra cosa que se le antojó, comenzó a llorar. Et el rey preguntol por que lo facía.

Et ella dijol: que cómo non lloraría, que nunca ficiera el rey cosa por le facer placer. Et el rey veyendop. 169 que, pues tanto había fecho por le facer placer et complir su talante, que ya non sabía que pudiese facer más, dijol una palabra que se dice en el algarabía desta guisa «Vâ la mahar el-tin» que quiere decir: «et non el día del lodo» como diciendo que pues las otras cosas olvidaba, que non debía olvidar el lodo que ficiera por le facer placer.

Et vos señor conde, si veedes que por cosa que por aquel homne fagades, que si non le facedes todo lo al que vos dice, que luego olvida e desgradesce todo lo que por él habedes fecho, conséjovos que non fagades por él, tanto que se vos torne en grand daño de vuestra facienda. Et a vos otrosí conséjovos que, si alguno ficiese por vos alguna cosa que vos cumpla et después non ficiere todo lo que vos querríades, que por eso nunca le desconozcades el bien que vos vino de lo que por vos fizo. E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose ende bien.

Et teniendo don Johán este por buen ejiemplo, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Qui te desconosce tu bien fecho,
Non dejes por él tu grand provecho[34].

[34] El Abenabet de Sevilla no es otro que el rey poeta Motamid, y Romaiquía, aquella muchacha que una mañana en el Guadalquivir respondió en verso una improvisación suya; pertenecía Motamid a la dinastía de los Beni-Abbad; de aquí el nombre que le da D. Juan Manuel. Relátase la poética anécdota en Abbad, t. II, pág. 153; Dozy, en su Historia de los musulmanes españoles, t. IV, páginas 169 y 55 (edición castellana, Sevilla, 1877).

Contado también por Azorín, Los valores literarios, pág. 147.


p. 170

EJEMPLO XXXI

Del juicio que dió un cardenal entre los clérigos de París et los fraires menores.

Otro día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, un mio amigo et yo querríamos facer una cosa que es pro et honra de amos: et yo podría facer aquella cosa et no me atrevo a la facer fasta que él llegue. Et por el buen entendimiento que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—para que fagades en esto, lo que me paresce más a vuestra pro, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a los de la eglesia catedral et a los fraires menores de París.

El conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—los de la eglesia dician que, pues ellos eran cabeza de la eglesia que ellos debian tañer primero a las horas; et los fraires dicían que ellos habían de estudiar et de levantarse a matines et a las horas en guisa que non perdiesen su estudio, et demás eran exentos et que non habían por que esperar a ninguno.

Et sobresto, fué muy grande la contienda et costó muy grand haber a los abogados en el pleito a entramas las partes.

p. 171E a cabo de muy grant tiempo, un Papa que vino acomendó este fecho a un Cardenal et mandó que lo librase de una guisa o de otra.

E el Cardenal fizo traer ante si el proceso, et era tan grande que todo homne se espantaría solamente de la vista. Et desque el Cardenal tovo todos los escriptos ante si, púsoles plazo para que viniesen otro día a oir sentencia.

Et cuando fueron antél, fizo quemar todos los procesos et díjoles así:

—Amigos, este pleito ha mucho durado, et habedes todos tomado grand costa et grand daño, et yo non vos quiero traer en pleito, mas dovos por sentencia: que el que ante despertare, ante tanga.

Et vos señor conde, si el pleito es provechoso para vos amos et vos lo podedes facer, conséjovos yo que lo fagades et non le dedes vagar, ca muchas veces se pierden las cosas que se podrian acabar por les dar vagar et después cuando homne querría, o se pueden facer o non.

E el conde se tovo desto por bien aconsejado et fizolo así et fallose en ello muy bien.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si muy grand tu pro puedes facer,
Nol des vagar que se pueda perder[35].

[35] No anota Knust referencia alguna de esta graciosa anécdota.


p. 172

EJEMPLO XXXII

De lo que contesció a un Rey con los burladores que ficieron el paño.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et dicíale:

—Patronio, un homne vino a mi et díjome un muy grand fecho et dame a entender que sería muy grand mi pro, pero díceme que lo non sepa homne del mundo por mucho que yo en él fie, et tanto me encaresce que guarde esta poridat fasta que dice que, si a homne del mundo lo digo, que toda mi facienda et aun la mi vida es en grand periglo. Et porque yo sé, que homne non vos podría decir cosa que vos non entendades, si se dice por bien o por algún engaño, ruégovos que que me digades lo que vos paresce en esto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio para que vos entendades, al mío cuidar, lo que vos más cumple de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un Rey con tres homnes burladores que vinieron a él.

El conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—tres homnes burladores vinieron a un rey et dijiéronle que eran muy buenos maestros de facer paños, et señaladamente que facían un paño que todo homne que fuese fijo dep. 173 aquel padre que todos dicían que vería el paño, mas el que non fuese fijo de aquel padre que él tenía et que las gentes dicían, que non podría ver el paño.

E al Rey plogo desto mucho, teniendo que por aquel paño podría saber cuales homnes de su regno eran fijos de aquellos que debían seer sus padres o cuales non, et que por esta manera podría acrescentar mucho lo suyo; ca los moros non heredan cosa de su padre sin non son verdaderamente sus fijos. Et para esto mandoles dar un Palacio en que ficiesen aquel paño.

Et ellos dijiéronle, que porque viese que non lo querían engañar, que los mandase encerrar en aquel Palacio fasta que el paño fuese fecho. E desto plogo mucho al Rey. Et desque hobieron tomado para facer el paño mucho oro, et plata, et seda, et muy grand haber, para que lo ficiesen, entraron en aquel Palacio et encerráronlos y.

Et ellos pusieron sus talleres et daban a entender que todo el día tejían en el paño. E a cabo de algunos días fué el uno dellos decir al Rey que el paño era comenzado et que era la más fermosa cosa del mundo; et dijol a que figuras et a que labores lo comenzaban de facer et que, si fuese la su mercet, que lo fuese ver et que non entrase con él homne del mundo. E desto plogo al Rey mucho.

Et el Rey queriendo probar aquello ante en otro, envió un su camarero que lo viese, pero non le apercivió quel desengañase.

p. 174Et desque el camarero vió los maestros et lo que dicían, non se atrevió a decir que non lo viera. E cuando tornó al Rey, dijo, que viera el paño. Et después envió otro et dijol eso mismo. Et desque todos los que el Rey envió, le dijieron que vieran el paño fué el rey a lo ver.

Et cuando entró en el Palacio vió a los maestros que estaban tejiendo et dicían: «Esto es tal labor, et esto es tal historia, et esto es tal figura, et esto es tal color.» Et concertaban todos en una cosa et ellos non tejían ninguna cosa. E cuando el Rey vió que ellos non tejían et dicían de que manera era el paño, et él que non lo veía et que lo habían visto los otros, tóvose por muerto, ca tovo que porque non era fijo del rey que él tenía por su padre que por eso non podía ver el paño, et receló que si dijiese que lo non veía que perdería el regno. Et por ende comenzó a loar mucho el paño et aprendió muy bien la manera como dicían aquellos maestros que el paño era fecho.

Et desque fué en su casa con las gentes comenzó a decir maravillas de cuanto bueno et cuanto maravilloso era aquel paño, et dicia las figuras et las cosas que había en el paño, pero et estaba con muy mala sospecha.

Ea cabo de dos o tres días, mandó a su alguacil que fuese veer aquel paño. Et el Rey contol las maravillas et estrañezas que viera en aquel paño. E el alguacil fué allá.

Et desque entró et vió los maestros que tejían etp. 175 dicían las figuras et las cosas que había en el paño et oyó al Rey como lo había visto, et que él non lo veía, tovo que porque no era fijo daquel padre que él cuidaba, que por esto non lo veía, et tovo que, si gelo sopiesen que perdería toda su honra. Et por ende comenzó a loar el paño tanto como el Rey o más.

Et desque tornó al Rey et le dijo que viera el paño et que era la más noble et la más apuesta cosa del mundo, tóvose el rey aun más por mal andante pensando que, pues el alguacil viera el paño et él non lo viera, que ya non había dubda que él non era fijo del Rey que él cuidaba. Et por ende, comenzó más de loar et de afirmar más la bondat et la nobleza del paño et de los maestros que tal cosa sabían facer.

Et otro día, envió el Rey otro su privado et conteciól como al Rey et a los otros. ¿Que vos diré más? Desta guisa et por este recelo fueron engañados el Rey et cuantos fueron en su tierra, ca ninguno non osaba decir que non veíe el paño.

Et asi pasó este pleito fasta que vino una grand fiesta. Et dijieron todos al Rey que vistiese aquellos paños para la fiesta.

Et los maestros trajiéronlos envueltos en muy buenas sábanas, et dieron a entender que desvolvían el paño et preguntaron al Rey que quería que tajasen de aquel paño. Et el Rey dijo cuales vestiduras quería. Et ellos daban a entender que tajaban et que medían el talle que habían de haber las vestiduras, et después que las coserían.

p. 176E cuando vino el día de la fiesta vinieron los maestros al Rey, con sus paños tajados et cosidos et ficieronle entender quel vistian et quel allanaban los paños. Et asi lo ficieron fasta que et Rey tovo que era vestido, ca el non se atrevía a decir que él non veía el paño.

Et desque fué vestido tan bien como habedes oido cabalgó para andar por la villa, mas de tanto le avino bien que era verano.

Et desque las gentes lo vieron así venir et sabían que el que non veía aquel paño que non era fijo de aquel padre que cuidaba, cuidaba cada uno que los otros lo veían et él non lo veía, que si lo dijiese sería perdido et deshonrado. Et por esto fincó aquella poridat guardada, que non se atrevíe ninguno a lo descubrir fasta que un negro que guardaba el caballo de Rey et que non había que pudiese perder llegó al Rey et dijol:

—Señor, a mí non me empece que me tengades por fijo de aquel padre que yo digo, nin de otro, et por ende dígovos: que yo so ciego, o vos desnudo ides.

E el Rey le comenzó a maltraer diciendo que, porque non era fijo de aquel padre que él cuidaba, que por eso non veía los sus paños.

E desque el negro esto dijo, otro que lo oyó, dijo eso mismo, et así lo fueron diciendo fasta que el Rey et todos los otros perdieron el recelo de conoscer la verdat et entendieron el engaño que los burladores habían fecho. E cuando los fueron buscar non los fallaron,p. 177 ca se fueran con lo que habían llevado del Rey por el engaño que habedes oido.

Et vos señor conde Lucanor, pues aquel homne vos dice que non sepa ninguno de los en que vos fiades nada de lo que él vos dice, cierto seed, que vos cuida engañar, ca bien debedes entender que non ha él razón de querer más vuestra pro, que non ha con vusco tanto debdo como todos los que con vusco viven que han muchos debdos et bien fechos de vos porque deben querer vuestra pro et vuestro servicio.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.

Et veyendo don Johan, que este era buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Quien te conseja encobrir de tus amigos,
Sabe, que más te quiere engañar que dos figos[36].

[36] Cervantes, en El retablo de las maravillas, recordó este ejemplo de Patronio, según indica Menéndez y Pelayo. Es asunto además de un cuento de Andersen. El tema no es oriental.


p. 178

EJEMPLO XXXIII

De lo que contesció a un falcón sacre del Infante don Manuel con una águila et una garza.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio su consejero en esta manera:

—Patronio, a mi contesció de haber muchas veces contiendas con muchos homes et después que la contienda es pasada, algunos conséjanme que huelgue et esté en paz, et algunos conséjanme que comience guerra et contienda con los moros. Et por que yo sé que ninguno otro non me podría consejar mejor que vos, por ende vos ruego que me consejedes lo que faga en estas cosas.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos en esto acertedes en lo mejor, sería bien que sopiésedes lo que contesció a los muy buenos falcones garceros, et señaladamente lo que contesció a un falcón sacre que era del infante don Manuel.

El conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—el infante don Manuel andaba un día de caza cerca de Escalona, et lanzó un falcón sacre a una garza, et montando el falcón con la garza vino al falcón una águila. E el falcón, con miedo del águila dejó la garza et comenzó a foir: et el águila desque vió que non podía tomar el falcón fuese.p. 179 Et desque el falcón vió ida el águila tornó a la garza et comenzó a andar muy bien con ella por la matar.

Et andando el falcón con la garza, tornó otra vez el águila al falcón, et el falcón comenzó a foir como el otra vez; et el águila fuese, et tornó el falcón a la garza: et esto fué asi bien tres o cuatro veces que cada que el águila se iba, luego el falcón tornaba a la garza; et cada que el falcón tornaba a la garza, luego vinía el águila por le matar.

E desque el falcón vió que el águila non le quería dejar matar la garza, dejola et montó sobre el águila et vino a ella tantas veces feriéndola fasta que la fizo desterrar daquella tierra. Et desque la hobo desterrado tornó a la garza, et andando con ella muy alto vino el águila otra vez por lo matar. E desque el falcón vió que non le valía cosa que feciese, subió otra vez sobre el águila et dejose venir a ella et diol tan grand colpe quel quebrantó el ala. Et desque él la vió caer, el ala quebrantada, tornó el falcón a la garza et matola. Et esto fizo, porque tenía que la su caza non la debía dejar, luego que se fuese desembargado de aquella águila que gelo embargaba.

Et vos señor conde Lucanor, pues sabedes que la vuestra caza et la vuestra honra et todo vuestro bien paral cuerpo et paral alma es que fagades servicio a Dios, et sabedes que en cosa del mundo, segund el vuestro estado que vos tenedes, non le podedes tanto servir como en haber guerra con los moros para ensalzar la sancta et verdadera fe católica, conséjovos yop. 180 que luego que podades seer seguro de las otras partes, que hayades guerra con los moros. Et en esto faredes muchos bienes; lo primero faredes servicio de Dios; e lo al, faredes vuestra honra et viv[i]redes en vuestro oficio et vuestro mester et non estaredes comiendo el pan de valde que es una cosa que non paresce bien a ningund grand señor; ca los señores cuando estades sin ningund mester, non preciades las gentes tanto como debedes, nin facedes por ellos todo lo que debríades facer, et echádevos a otras cosas que serían a las veces muy bien de las escusar. Et pues a los señores vos es bueno et aprovechoso haber algund mester, cierto es que de los mesteres non podedes haber ninguno tan bueno et tan honrado et tan a pro del alma et del cuerpo, e tan sin daño como la guerra de los moros. Et si quier, parat mientes al enjiemplo tercero que vos dije en este libro, del salto que fizo el Rey Ricalte de Inglaterra, et cuanto ganó por él; et pensat en vuestro corazón que habedes a morir et que habedes fecho en vuestra vida muchos pesares a Dios, et que Dios es derechurero et de grand justicia que non podedes salir sin pena de los males que habedes fecho; pero veed si sodes de buena ventura en fallar carrera para que vos en un punto podades haber perdón de todos vuestros pecados, ca si en la guerra de los moros morierdes estando en verdadera penitencia sodes martir et muy bienaventurado, e aunque por armas non murades, las buenas obras et la buena entención vos salvará.

p. 181E el conde tovo este por buen enjiemplo et puso en su corazón de lo facer, et rogó a Dios que gelo guisase como él sabe que lo él desea.

Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si Dios te guisare de haber seguranza,
Puña de ganar la complida bien andanza[37].

[37] Cuenta aquí Don Juan Manuel un sucedido de su casa, pues no se ignora que el Infante Don Manuel, hijo de San Fernando, era su padre.


EJEMPLO XXXIV

De lo que contesció a un ciego que adestraba a otro.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, un mio pariente e amigo de que yo fio mucho et so cierto que me ama verdaderamente, me conseja que vaya a un logar de que me recelo yo mucho. Et él dice que me non haya recelo, que ante tomaría él la muerte que yo tome ningund daño. Et agora ruégovos que me consejedes en esto.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para este consejo mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un ciego con otro.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un homne moraba en una villa, et perdió la vista de los ojos et fué ciego.p. 182 Et estando así ciego et pobre, vino a él otro ciego que moraba en aquella villa, et díjole: que fuesen amos a otra villa cerca daquella et que pidirian por Dios et que habrían de que se mantener et gobernar.

Et aquel ciego le dijo: que él sabía aquel camino de aquella villa, que había y pozos et barrancos et muy fuertes pasadas; et que se recelaba mucho daquella ida.

Et el otro ciego le dijo que non hobiese recelo, ca él se iría con él et le pornía en salvo. Et tanto le aseguró et tantas proes le mostró en la ida, que el ciego creyó al otro ciego: Et fuéronse.

Et desque llegaron a los lugares fuertes et peligrosos cayó el ciego que guiaba al otro, et non dejó por eso de caer el ciego que recelaba el camino.

Et vos señor conde, si recelo habedes con razón et el fecho es peligroso, non vos metades en peligro por lo que vuestro pariente et amigo vos dice que ante morrá que vos tomedes daño; ca muy poco vos aprovecharía a vos que él muriese et vos tomásedes daño et muriésedes.

El conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Nunca te metas do puedes haber mal andanza,
Aunque el tu amigo te faga seguranza[38].

[38] Derívase de la parábola evangélica (San Lucas, cap. VI, vers. 39): está en todas las literaturas. Pintó este ejemplo Brueghel el Viejo.


p. 183

EJEMPLO XXXV

De lo que contesció a un mancebo que casó con una mujer muy fuerte et muy brava.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con su consejero Patronio, et díjole:

—Patronio, un mio criado me dijo quel tratan casamiento con una mujer muy rica et aun que es más honrrada que él, et que es el casamiento muy bueno para él sinón por un embargo que y ha, et el embargo es este: díjome quel dijeran, que aquella mujer, que era la más fuerte et más brava cosa del mundo. Et agora ruégovos que me consejedes si le mandaré que case con aquella mujer, pues sabe de cual manera es o sil mandaré que lo non faga.

—Señor conde—dijo Patronio—si él fuer tal como fue un fijo de un homne bueno que era moro, consejalde que case con ella, mas si non fuere tal, non gelo consejedes.

E el conde le rogó quel dijiese como fuera aquello.

Patronio le dijo que en una villa había un homne bueno que había un fijo el mejor mancebo que podía ser, mas non era tan rico que pudiese complir tantos fechos et tan grandes como el su corazón le daba a entender que debía complir. Et por esto era él en grand cuidado, ca había la buena voluntad et non había el poder.

p. 184E en aquella villa misma, había otro homne muy más honrrado et más rico que su padre, et había una fija e non más, et era muy contraria de aquel mancebo, ca cuanto aquel mancebo había de buenas maneras, tanto las había aquella fija del homne bueno malas et revesadas: et por ende homne del mundo non quería casar con aquel diablo.

E aquel tan buen mancebo, vino un día a su padre et díjole: que bien sabía que él non era tan rico que pudiese darle con que él pudiese vevir a su honra, et que, pues le convenía a facer vida menguada et lazdrada o irse daquella tierra, que, si él por bien toviese, quel parescía mejor seso de catar algun casamiento con que pudiese haber alguna pasada. Et el padre le dijo quel placía ende mucho si pudiese fallar para él casamiento quel cumpliese.

E entonce le dijo el fijo que, si él quisiese, que podría guisar que aquel homne bueno que había aquella fija, que gela diese para él. E cuando el padre esto oyó, fué muy maravillado et dijol: que cómo cuidaba en tal cosa, que non había homne que la conosciese que por pobre que fuese quisiese casar con ella. E el fijo le dijo; quel pidía por merced quel guisase aquel casamiento. Et tanto lo afincó que, como quier que el padre lo tovo por extraño, que gelo otorgó.

Et él fuese luego para aquel homne bueno, et amos eran mucho amigos, et dijol todo lo que pasaba con su fijo et rogol que, pues su fijo se atrevía a casar con su fija, quel ploguiese et que gela diese para él. E cuandop. 185 el homne bueno esto oyó decir a aquel su amigo díjole:

—Por Dios, amigo, si yo tal cosa ficiese seervos hía muy falso amigo, ca vos habedes muy buen fijo, et ternía que facía muy grant maldad si yo consintiese su mal nin su muerte; et so cierto que, si con mi fija casase, que o sería muerto o le valdría más la muerte que la vida: et non entendades que vos digo esto por non complir vuestro talante, ca si la quisierdes, a mi mucho me place de la dar a vuestro fijo o quienquier que me la saque de casa.

Et aquel su amigo le dijo: quel gradescía mucho cuanto le dicía, et que, pues su fijo quería aquel casamiento, quel rogaba quel ploguiese.

E el casamiento se fizo, et llevaron la novia a casa de su marido. Et los moros han por costumbre que adoban de cenar a los novios et pónenles la mesa et déjanlos en su casa fasta otro día.

Et ficiéronlo aquellos así: pero, estaban los padres et las madres et los parientes del novio et de la novia con gran recelo, cuidando que otro día fallarían el novio muerto o muy maltrecho.

E luego que ellos fincaron solos en casa, asentáronse a la mesa, et ante que ella hubiese a decir cosa, cató el novio en derredor de la mesa, et vió un perro et dijol ya cuanto bravamente:

—¡Perro, danos agua a las manos!

E el perro non lo fizo. Et él comenzose a ensañar et dijol más bravamente que les diese agua a las manos.p. 186 Et el perro non lo fizo. Et desque vió que lo non facía, levantose muy sañudo de la mesa et metió mano a la espada et enderezó al perro. E cuando el perro lo vió venir contra sí comenzó a foir et él en pos él, saltando amos por la ropa et, por la mesa, et por el fuego, et tanto andido en pos dél fasta que lo alcanzó, et cortole la cabeza et las piernas, et los brazos et fízolo todo pedazos et ensangrentó toda la casa et toda la mesa et la ropa.

Et así muy sañudo et todo ensangrentado tornose a sentar a la mesa et cató enderredor, et vió un gato et dijol quel diese agua a las manos: et porque non lo fizo díjole:

—¿Cómo don falso traidor, non vistes lo que fiz al perro porque non quiso facer lo quel mandé yo? Prometo que, si poco nin más conmigo porfías, que esto mismo faré a ti que al perro.

El gato non lo fizo, ca tampoco es su costumbre de dar agua a manos, como del perro. Et porque non lo fizo, levantose et tomol por las piernas et dió con él a la pared et fizo dél más de cien pedazos et mostrandol muy mayor saña que contra el perro.

Et así bravo et sañudo et faciendo muy malos contenentes tornose a la mesa et cató a todas partes: e la mujer quel vió esto facer, tovo que estaba loco o fuera de seso et non dicía nada.

Et desque hobo catado a cada parte, vió un su caballo que estaba en casa, et él non había más de aquel et dijol muy bravamente que les diese agua a las manos:p. 187 e el caballo non lo fizo: e desque vió que non lo fizo dijol:

—¿Cómo, don caballo, cuidades que porque non he otro caballo, que por eso vos dejaré si non ficierdes lo que yo vos mandare? Desa vos guardat, que si por vuestra mala ventura, non ficierdes lo que yo vos mandare, yo juro a Dios, que tan mala muerte vos dé como a los otros: et non ha cosa viva en el mundo que non faga lo que yo mandare, que eso mismo non le faga.

E el caballo estudo quedo. Et desque vió que non facía su mandado, fué a él et cortol la cabeza con la mayor saña que podía mostrar e despedazolo todo.

E cuando la mujer vió que mataba el caballo non habiendo otro et que dicía que esto faría a quiquier que su mandado non cumpliese, tovo que esto ya non se facía por juego, et hobo tan grand miedo que non sabía si era muerta o viva.

Et él así bravo et sañudo et ensangrentado tornose a la mesa, jurando que si mil caballos et homnes et mujeres hobiese en casa quel saliesen de mandado, que todos serían muertos. E asentose et cató a cada parte teniendo la espada sangrienta en el regazo: et desque cató a una parte et a otra et non vió cosa viva, volvió los ojos contra su mujer muy bravamente et dijol con grand saña teniendo la espada en la mano:

—Levantavos et datme agua a las manos.

E la mujer que non esperaba otra cosa sinón quep. 188 la despedazaría toda, levantose muy apriesa et diol agua a las manos. Et dijola él:

—¡Ah! ¡cómo gradesco a Dios, por que ficiestes lo que vos mandé, ca de otra guisa, por el pesar que estos locos me ficieron eso mesmo hobiera fecho a vos que a ellos!

E después mandol quel diese de comer: et ella fízolo.

Et cada quel dicía alguna cosa, tan bravamente gelo dicía et con tal son, que ella cuidaba que la cabeza era ida del polvo.

E así pasó el fecho entrellos aquella noche, que nunca ella fabló, mas facía lo quel mandaba. E acostáronse a dormir, e desque hobieron dormido una pieza dijol él:

—Con esta saña que hobe esta noche non pude bien dormir. Catad que non me despierte cras ninguno e tenedme bien adobado de comer.

E cuando fué gran mañana los padres et las madres et los parientes llegaron a la puerta, et porque non fablaba ninguno, cuidaron que el novio estaba muerto o ferido. Et desque vieron por entre las puertas a la novia et non al novio cuidáronlo más.

E cuando ella los vió a la puerta llegó muy paso et con grand miedo et comenzoles a decir:

—Locos traidores ¿qué facedes? ¿cómo osades llegar a la puerta nin fablar? ¡callad! sinón todos, tambien vos como yo, todos somos muertos.

E cuando todo esto oyeron, fueron mucho maravillados et desque sopieron como pasaron en uno,p. 189 presciaron mucho el mancebo porque así sopiera facer lo quel cumplia et castigar tan bien su casa.

Et daquel día adelante, fué aquella su mujer muy bien mandada et hobieron muy buena vida.

Et dende a pocos dias su suegro quiso facer asi como ficiera su yerno, et por aquella manera mató un gallo: et díjole su mujer:

—A la fe, don fulano, tarde vos acordastes, ca ya non vos valdría nada si matásedes cient caballos, que ante lo hobiérades a comenzar, ca ya bien nos conoscemos.

Et vos señor conde, si aquel vuestro criado quiere casar con tal mujer, si fuere él tal como aquel mancebo consejalde que case seguramente, ca él sabrá como ha de pasar en su casa, mas si non fuere tal que entienda lo que debe facer et lo quel cumple dejadle que pase por su ventura. Et aun consejo a vos, que con todos los homnes que hobierdes a facer, que siempre les dedes a entender en cual manera han de pasar con vusco.

E el conde tovo este por buen consejo, et fízolo así et fallose dello bien.

Et porque don Johan lo tovo por buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Si al comienzo non muestras qui eres,
Nunca podrás despues cuando quisieres[39].

[39] El mismo asunto, dramatizado por Shakespeare en su deliciosa comedia Taming of the Shrew, varias veces traducida al castellano, y recientemente, con gran fortuna, por D. Gregorio Martínez Sierra, con el título Domando la tarasca. Titúlase otra versión castellana menos fiel y de menor valor literario, La fierecilla domada.

También en la literatura francesa arraigó el asunto. Puibusque cita una comedia titulada La jeune femme colère.


p. 190

EJEMPLO XXXVI

De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, estando muy sañudo por una cosa quel dijieron, que tenía él que era muy grand su deshonra, et díjole que quería facer sobrello tan grand cosa et tan grand movimiento que para siempre fincase por fazaña.

Et cuando Patronio lo vió así sañudo tan arrebatamente díjole:

—Señor conde, mucho querría que sopiésedes lo que contesció a un mercadero que fué un día comprar sesos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—, en una villa moraba un grand maestro que non había otro oficio nin otro mester sinón vender sesos. Et aquel mercadero de que ya vos fablé, por esto que oyó un día fue veer aquel maestro que vendía sesos et dijol quel vendiese uno daquellos sesos. Et el maestro dijol que de cuale prescio lo quería, ca segund quisiese el seso, que asi había dep. 191 dar el prescio por él. Et díjole el mercadero que quería seso de un maravedí. Et el maestro tomó el maravedí et dijol:

—Amigo, cuando alguno vos convidare, si non sopiérades los manjares que hobiérades a comer, fartadvos bien del primero que vos trojieren.

E el mercadero le dijo que non le había dicho muy grand seso. Et el maestro le dijo que non le diera prescio por que le debiese dar grand seso. E el mercadero le dijo quel diese seso que valiese una dobla, et diógela.

E el maestro le dijo: que, cuando fuese muy sañudo et quisiese facer alguna cosa arrebatadamente, que se non quejase nin se arrebatase fasta que sopiese toda la verdat.

E el mercadero tovo que aprendiendo tales fabliellas podría perder cuantas doblas traía et non quiso comprar más sesos, pero tovo este seso en el corazón.

Et acaesció que el mercadero fué sobre mar a una tierra muy lueñe, et cuando se fué, dejó a su mujer en cinta. E el mercadero moró andando en su mercadería tanto tiempo fasta que el fijo, que nasciera de que fincara su mujer en cinta, había más de veinte años. Et la madre por que non había otro fijo et tenía que su marido non era vivo, conhortabase con aquel fijo et amábalo como a fijo, et por el grand amor que había a su padre llamábalo marido. Et comía siempre con ella et durmía con ella como cuando había un año o dos, et así pasaba su vida como muy buena mujer et con muy grand cuita porque non sabía nuevas de su marido.

p. 192Et acaesció que el mercadero libró todo su mercadería et tornó muy bien andante. Et el día que llegó al puerto de aquella villa do moraba, non dijo nada a ninguno e fuese desconocidamente para su casa et escondiose en un lugar encubierto por veer lo que se facía en su casa.

E cuando fué contra la tarde llegó el fijo de la buena mujer, et la madre preguntol:

—¿Di, marido, onde vienes?

E el mercadero que oyó a su mujer llamar marido a aquel mancebo pesol mucho, ca bien tenía que era homne con quien facía mal o a lo mejor que era casada con él, et tovo más que facía maldat que non que fuese casada porque el homne era tan mozo: et quisiéralos matar luego, pero acordándose del seso que costara una dobla non se arrebató.

Et desque llegó la tarde asentáronse a comer. E desque el mercadero los vió así estar, fué aun más movido por los matar, pero por el seso que comprara non se arrebató.

Mas, cuando vino la noche et los vió echar en la cama, fízosele muy grave de sofrir et enderezó a ellos por los matar. Et yendo así muy sañudo, acordándose del seso que comprara, estido quedo.

Et ante que matasen la candela comenzó la madre a decir al fijo llorando muy fuerte.

—¡Ay, marido et fijo! ¡Señor! dijiéronme que agora llegara una nave al puerto et dicían que vinía daquella tierra do fué vuestro padre, e por amor de Dios idp. 193 allá cras de grand mañana, et por ventura querrá Dios que sabredes algunas nuevas dél.

E cuando el mercadero aquello oyó et se acordó como dejara en cinta a su mujer entendió que aquel era su fijo. Et si hobo grand placer non vos maravilledes. Et otrosí, gradesció mucho a Dios porque le quiso guardar que los non mató como lo quisiera facer donde fincara muy mal andante por tal ocasión et tovo por bien empleada la dobla que dió por aquel seso, de que se guardó et que se non arrebató por saña.

Et vos, señor conde, como quier que cuidades que vos es mengua de sufrir esto que decides, esto sería verdat de que fuésedes cierto de la cosa, mas fasta que ende seades cierto, conséjovos yo que por saña nin por rebato que vos non rebatedes a facer ninguna cosa, ca pues esto non es cosa que se pierda por tiempo en vos sofrir fasta que sepades toda la verdat, non perdedes nada, et del rebatamiento podervos híades muy aina repentir.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.

Et teniéndolo don Johan por buen enjiemplo, fizol escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si con rebato grant cosa ficieres,
Ten que es derecho si te arrepentieres[40].

[40] Knust escribe acerca de este cuento una larguísima disquisición, analizando procedencia y ramificaciones de cada uno de los elementos que lo integran.


p. 194

EJEMPLO XXXVII

De la respuesta que dió el conde Ferrant Gonsales a sus gentes después que hobo vencido la batalla de Facinas.

Una vegada vinia el conde de una hueste muy cansado et muy lazdrado et muy pobre, et ante que hubiese folgar nin descansar, llegol mandado muy presurado de otro fecho que se movía de nuevo: et los más de su gente consejáronle que folgase algún tiempo et después que faría lo que se le guisase. Et el conde preguntó a Patronio lo que faría en aquel fecho. Et Patronio díjole:

—Señor, por que vos escojades en esto lo mejor mucho querría que sopiésedes la respuesta que dió una vez el conde Ferrant Gonsales a sus vasallos.

E el conde preguntó a Patronio como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—cuando el conde Ferrant Gonsales venció al Rey Almanzor en Facinas, murieron y muchos de los suyos: et él et todos los más que fincaron vivos fueron muy mal feridos: et ante que hubiasen guarescer sopo quel entraba el rey de Navarra por la tierra, et mandó a los suyos que enderezasen a lidiar con los navarros.

Et todos los suyos dijiéronle que tenían muy cansados los caballos et aun los cuerpos, et aunque por esto non lo dejase que lo debía dejar porque él et todosp. 195 los suyos estaban muy mal feridos, et que esperase fasta que fuesen guaridos él et ellos.

E cuando el conde vió que todos querían partir de aquel camino, sintiendose más de la honra que del cuerpo, díjoles:

—Amigos, por las feridas non lo dejemos, ca estas feridas nuevas que agora nos darán, nos farán que olvidemos las que nos dieron en la otra batalla.

E desque los suyos vieron que se non dolía del su cuerpo por defender su tierra et su honra fueron con él. Et venció la lid et fué muy bien andante.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes facer lo que debierdes cuanto viéredes que cumple para defendimiento de lo vuestro, et de los vuestros, et de vuestra honra, nunca vos sintades por laceria nin por trabajo, nin por peligro et facet en guisa que el peligro et la laceria nueva vos faga olvidar lo pasado.

E el conde tovo este por buen consejo et fizolo así et fallose dello muy bien.

Et entendiendo don Johan que este era muy buen ejemplo, fizolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Aquesto tenet cierto, que es verdat probada,
Que honra et grand vicio non han una morada[41].

[41] Está más por extenso contado en La crónica del noble caballero al conde Fernán González, cap. VII, Burgos, 1516 (Knust).


p. 196

EJEMPLO XXXVIII

De lo que contesció a un homne que iba cargado de piedras preciosas et se afogó en el rio.

Un día dijo el conde a Patronio, que había muy grand voluntad de estar en una tierra porquel habían de dar y una partida de dineros, et cuidaba facer y mucho de su pro, pero que había muy grand recelo que, si allí se detoviese quel podría venir muy grand periglo del cuerpo, et quel rogaba quel consejase que faría en ello.

—Señor conde—dijo Patronio—para que vos fagades en esto al mio cuidar lo que vos más cumple, sería muy bien que sopiésedes lo que contesció a un homne que llevaba una cosa muy presciada en el cuello et pasaba un rio.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un homne levaba muy grand pieza de piedras preciosas a cuestas, et tantas eran que se le facían muy pesadas de levar: et acaesció que hobo de pasar un grand rio; et como él levaba grand carga, zafondaba más que si aquella carga non levase: et cuando fué en hondo del río comenzó a zafondar mucho.

Et un homne que estaba a la orilla del rio comenzol a dar voces et decir que, si non echase aquellap. 197 carga, que sería muerto. Et el mesquino loco non entendió que, si muriese en el rio, que perdería el cuerpo et la carga que levaba, et si la echase que, aunque perdiese la carga que non perdería el cuerpo. Et por la grand cobdicia de lo que valían las piedras preciosas que levaba, non las quiso echar et murió en el rio et perdió el cuerpo et perdió la carga que levaba.

Et vos, señor conde Lucanor, comoquier que de los dineros et de lo al que podríedes facer vuestra pro sería bien que lo ficiésedes, conséjovos yo que si peligro de vuestro cuerpo fallades en la fincada, que non finquedes y por cobdicia de dineros nin de su semejante. Et aun vos consejo que nunca aventuredes el vuestro cuerpo si non fuere por cosa que sea vuestra honra o vos sería mengua si lo non ficiésedes, ca el que poco se prescia et por cobdicia o por devaneo aventura su cuerpo, bien creed que non tiene mientes de facer mucho con el su cuerpo, ca el que mucho prescia el su cuerpo ha menester que faga en guisa por que lo precien mucho las gentes, et non es el homne preciado por preciarse él mucho, mas es muy preciado por que faga tales obras quel precien mucho las gentes. Et si él tal fuere, cierto seed que preciará mucho el su cuerpo et non lo aventurará por cobdicia nin por cosa en que non haya grand honra, mas en lo que se deberíe aventurar, seguro sed que non ha homne en el mundo que tan aína nin tan de buena mente aventure su cuerpo, como el que vale mucho et se precia mucho.

p. 198E el conde tovo este por buen ejemplo, et fízolo así et fallose dello muy bien.

Et por que don Johan entendió que este era muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Quien por grand cobdicia de haber se aventura,
Será maravilla que el bien muchol dura.

EJEMPLO XXXIX

De lo que contesció a un homne con la golondrina et con el pardal.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, yo non puedo escusar en ninguna guisa de haber contienda con uno de dos vecinos que yo he, et contesce así que el más mio vecino non es tan poderoso, et el que es más poderoso non es tanto mio vecino. Et agora ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—para que sepades para esto lo que vos más cumple, sería bien que sopiésedes lo que contesció a un homne con un pardal et con una golondrina.

E el conde le preguntó que como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un homne era flaco et tomaba grand enojo con el roido de las voces dep. 199 las aves et rogó a un su amigo quel diese algún consejo, que non podía dormir por el roido quel facian los pardales et las golondrinas.

Et aquel su amigo le dijo: que de todos modos non le podía desembargar, mas que él sabía un escanto con que lo desembargaría del uno dello: o del pardal, o de la golondrina.

Et aquel que estaba flaco respondiol que comoquier que la golondrina da mayores voces, pero porque la golondrina va et viene et el pardal mora siempre en casa que antes se querría parar al roido de la golondrina maguer que es mayor porque va et viene, que al del pardal que está siempre en casa.

Et vos señor conde, comoquier que aquel que mora más lejos es más poderoso, conséjovos yo que hayades ante contienda con aquel que vos está más acerca aunque non sea tan poderoso.

E el conde tovo esto por buen consejo et fízolo así et fallose ende bien.

Et porque don Johán se pagó deste enjiemplo, fizolo poner en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Si en toda guisa contienda hobieres de haber,
Toma la más lejos, aunque haya más poder.

p. 200

EJEMPLO XL

De las razones por que perdió el alma un Siniscal de Carcasona.

Fablaba otra vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:

—Patronio, porque yo sé que la muerte non se puede escusar querría facer en guisa que después de mi muerte, que dejase alguna cosa señalada, que fincase por mi alma et que fincase para siempre, porque todos sopiesen que yo feciera aquella obra. Et ruégovos que me consejedes en que manera lo podría facer mejor.

—Señor conde—dijo Patronio—comoquier que el bien facer en cualquier guisa o por cualquier entención que se faga siempre el bien facer es bien, pero para que vos sopiésedes como se debe facer lo que homne face por su alma et a cual entención, placerme hía mucho que sopiésedes lo que contesció a un Senescal de Carcaxona.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un Senescal de Carcasona adolesció. Et desque entendió que non podía escapar, envió por el prior de los fraires predicadores, et por el guardián de los fraires menores et ordenó con ellos facienda de su alma. Et mandó que luego que él fuese muerto que ellos cumpliesen todo aquello que él mandaba.

Et ellos ficiéronlo así. Et él había mandado muchop. 201 por su alma. Et porque fué tan bien complido et tan aina, estaban los fraires muy pagados et en buena entención et buena esperanza de la su salvación.

E acaesció que dende a pocos días que fué una mujer demoniada en la villa, et dicía muchas cosas maravillosas, porque el diablo, que fablaba en ella, sabía todas las cosas fechas et aun las dichas.

E cuando los fraires en que dejara el Senescal fecho de su alma, sopieron las cosas que aquella mujer dicía, tovieron que era bien de irla ver por preguntarle si sabía alguna cosa del alma de Senescal.

Et ficiéronlo así. Et luego que entraron por la casa do estaba la mujer demoniada, ante que ellos le preguntasen ninguna cosa: díjoles ella que bien sabía porque vinían, et que sopiesen que aquella alma por que ellos querían preguntar, que muy poco había que se partiera della et la dejara en el Infierno.

E cuando los fraires esto oyeron, dijiéronle que mentía, ca cierto era, que él fuera muy bien confesado et recibiera los sacramentos de Sancta Eglesia, et pues la fe de los cristianos era verdadera, que non podía seer que fuese verdat lo que ella dicía.

Et ella dijoles: que sin dubda la fe et la ley de los cristianos toda era verdadera, et si él muriera et ficiera lo que debe facer el que es verdadero cristiano, que salva fuera la su alma; mas él non lo fizo como verdadero nin bueno cristiano, ca como quier que mucho mandó facer por su alma, non lo fizo como debía nin hobo buena entención, ca él mandó complirp. 202 aquello después que fuese muerto, et su entención era que si muriese que lo cumpliesen, mas si visquiese, que non ficiese nada dello, et mandolo complir después que muriese cuando non lo podía tener nin levar consigo, et otrosí dejábalo porque fincase dél fama para siempre de lo que ficiera porque hobiese fama de las gentes et del mundo. Et por ende como quier que él fizo buena obra non lo fizo bien, ca Dios non gualardona solamente las buenas obras, mas gualardona las que se facen bien. Et este bien facer es en la entención, et porque la entención del Senescal non fué buena, ca fué cuando non debía seer fecha, por ende non hobo della buen gualardón.

Et vos señor conde, pues me pedides consejo, digovos, que al mio grado, que el bien que quisiéredes facer, que lo faredes en vuestra vida: et para que hayades dello buen gualardón, conviene, que lo primero, que desfagades los tuertos que habedes fecho, ca poco valdría robar el carnero et dar los pies por amor de Dios. Et a vos poco vos valdría tener mucho robado et furtado a tuerto et facer limosnas de lo ajeno. Et más, para que la limosna sea buena conviene que haya en ella estas cinco cosas: la una que se faga de lo que un homne hobiere de buena parte; et la otra, que la faga estando en verdadera penitencia et la otra que sea tanta que sienta homne alguna mengua por lo que da, et que sea cosa de que se duela homne; e la otra, que la faga en su vida, e la otra que la faga homne simplemente por Dios et non por vanagloria ninp. 203 ufana del mundo. Et, señor, faciéndose estas cinco cosas, serian todas las buenas obras et limosnas bien complidas, et habría homne de todas muy grand gualardón, pero vos nin otro ninguno que tan complidamente non las pudiese facer, non debe por eso dejar de facer buenas obras, teniendo que pues non las face en las cinco maneras que son dichas que non le tiene pro de las facer, ca esta sería muy mala razón et sería como desesperamiento, ca cierto es que en cualquier manera que homne faga bien, que siempre es bien, ca las buenas obras prestan al homne a salir de pecado et venir a penitencia et a la salud del cuerpo, et a que sea rico et honrado, et que haya buena fama de las gentes et para todos los bienes temporales. Et asi todo bien que homne faga a cualquier entención siempre es bueno, mas sería muy mejor para salvamiento et aprovechamiento del alma guardando las cinco cosas dichas.

E el conde tovo que era verdat lo que Patronio le dicía et puso en su corazón de lo facer asi et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese facer en la manera que Patronio le dicía.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Faz bien et a buena entención en toda vida
Si quieres ganar la gloria complida[42].

[42] Relaciona Knust este cuento con el refrán catellano viejo: El abad de Bamba, lo que no puede comer lo da por su alma.


p. 204

EJEMPLO XLI

De lo que contesció a un rey de Córdoba quel dicían Alhaquen.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, vos sabedes que yo so muy gran cazador et he fecho muchas cazas nuevas que nunca fizo otro homne. Et aun he fecho et añadido en las pihuelas et en los capiellos algunas cosas muy aprovechosas que nunca fueron fechas. Et agora los que quieren decir mal de mi fablan en manera de escarnio et cuando loan al Cid Roy Diaz o al conde Ferrant Gonzales de cuantas lides vencieron o al sancto et bienaventurado Rey don Fernando de cuantas buenas conquistas fizo, loan a mi diciendo que fiz muy buen fecho porque añadí aquello en los capiellos et en las pihuelas. Et porque yo entiendo que este alabamiento más se me torna en denuesto que en alabamiento, ruégovos que me consejedes en que manera faré porque me non escarnezcan por la buena obra que fiz.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos sepades lo que vos más cumpliría de facer en esto, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un moro que fué Rey de Córdoba.

Et el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—en Córdoba hobo un Rey que había nombre Alhaquen. E como quierp. 205 que mantenía bien su regno, non se trabajaba de facer otra cosa honrada nin de grand fama de las que suelen et deben facer los buenos reys, ca non tan solamente son los reys tenidos de guardar sus regnos, mas los que buenos quieren seer, conviene que tales obras fagan porque con derecho acrecienten su regno et fagan en guisa que en su vida sean muy loados de las gentes, et despues de su muerte finquen buenas fazañas de las buenas obras que ellos hobieren fechas. Et este Rey non se trabajaba desto sinón de comer et folgar et estar en su casa vicioso.

Et acaesció que estando un día folgando, que tañían antél un estrumento de que se pagaban mucho los moros que han nombre albogón. Et el rey paró mientes et entendió que non facía tan buen son como era menester, et tomó el albogón et añadió en él un forado en la parte de yuso en derecho de los otros forados, et dende adelante face el albogón muy mejor son que fasta entonces facía.

Et como quier que aquello era bien fecho para en aquella cosa, porque non era tan grand fecho como convinía de facer a Rey, las gentes en manera de escarnio, comenzaron aquel fecho a loar et dician cuando loaban a alguno: «Vá hede ziat Alhaquim», que quiere decir: «Este es el añadimiento del Rey Alhaquen».

Et esta palabra fué sonada tanto por la tierra fasta que le hobo de oir el rey, et preguntó porque decían las gentes esta palabra. Et como quier que ge lo quisieranp. 206 encobrir, tanto los afincó que ge lo hobieron a decir.

Et desque él esto oyó, tomó ende grant pesar, pero como era muy buen Rey, non quiso facer mal en los que dicían esta palabra, mas puso en su corazón de facer otro añadimiento de que por fuerza hobiesen las gentes a loar el su fecho.

E entonce porque la mezquita de Córdoba non era acabada, añadió en ella aquel Rey toda la labor que y menguaba et acabola.

E esta es la mayor et más complida et más noble mezquita que los moros habían en España et, loado a Dios, es agora eglesia et llamánla Sancta María de Córdoba, et ofreciola el Sancto Rey don Fernando a Sancta María, cuando ganó a Córdoba de los moros.

Et desque aquel rey hobo acabada la mezquita et fecho aquel tan buen añadimiento dijo que: pues fasta entonce lo loaban escarniciéndole del añadimiento que ficiera en el albogón, que tenía que de allí adelante lo habían a loar con razón del añadimiento que ficiera a la mezquita de Córdoba.

Et fué depués muy loado. Et el loamiento que fasta entonce le facían escarniciéndolo fincó depués por loor; et hoy en día dicen los moros cuando quieren loar algun buen fecho: «este es el añadimiento de Alhaquen».

Et vos señor conde, si tomades pesar o cuidades que vos loan por vos escarnecer del añadimiento que ficiestes en los capiellos et en las pihuelas et en lasp. 207 otras cosas de caza que vos ficiestes, guisad de facer algunos fechos grandes et buenos et nobles cuales pertenescen de facer a los grandes homnes. Et por fuerza las gentes habrán de loar los vuestros buenos fechos así como loan agora por escarnio el añadimiento que ficiestes en las cosas de la caza.

Et el conde touo este por buen consejo, et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et porque don Johan entendió que este era buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Si algún bien ficieres que muy grande non fuere,
Faz grandes si pudieres que el bien nunca muere[43].

[43] Es esta anécdota un hecho de la vida del califa Hakem el-Mostemcir, comúnmente llamado Al-Háhem II. Exacto es lo que D. Juan Manuel observa de lo poco amigo que era este califa de hacer grandes cosas; pero no lo es tanto atribuirlo a que no hacía más que «comer y folgar et estar en su casa vicioso». Reunió una estupenda biblioteca, era un lector infatigable y llegó a saberse de memoria millares de volúmenes, según cuentan. Lo del albogón o alboguén, creo que sólo por D. Juan Manuel se sabe. El aumento de la Mezquita de Córdoba fué ideal suyo desde los primeros años: añadiose once naves; mandó a Oriente por artistas musivarios que cubrieran de oro y colores la cúpula maravillosa del mihrab; hízose la obra hacia los años de Cristo de 965. Murió Al-Hahem II el 1.º de Octubre de 976. Cf. Histoire de l’Afrique et de l’Espagne intitulée Al-Bayano’l-Mogrib; trad. de Fagnan; Alger, 1904; t. II páginas 384 a 418.

«Albogón, instrumento de música, como flauta grande»; definición del Diccionario de Autoridades, que trae únicamente este pasaje.


p. 208

EJEMPLO XLII

De lo que contesció a una falsa beguina.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta guisa.

—Patronio yo et otras muchas gentes estabamos fablando et preguntábamos que cual era la manera que un homne malo podría haber para facer a las otras gentes cosa porque más mal les veniese. Et los unos dicían que por ser homne reboltoso, et los otros dicían que por seer homne muy peleador, et los otros dicían, que por seer muy mal fechor en la tierra, et los otros dicían que la cosa porque el homne malo podría facer más mal a todas las otras gentes que era por seer de mala lengua et asacador. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades de cual mal destos podría venir más mal a todas las gentes.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos sepades esto, mucho querría que sopiésedes lo que contesció al diablo con una mujer destas que se facen beguinas.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—en una villa había un muy buen mancebo et era casado con una mujer et facían buena vida en uno, así que nunca entre ellos había desavenencia.

p. 209Et porque el diablo se despagó siempre de las buenas cosas, hobo desto muy grand pesar et maguer que andido muy grand tiempo por meter mal entre ellos, nunca lo pudo guisar.

Et un día viniendo el diablo de aquel logar do facían vida aquel homne et aquella mujer, muy triste por que non podía poner y ningún mal, topó con una beguina. Et desque se conoscieron preguntol por que venía triste. Et él dijole que vinía de aquella villa do facían vida aquel homne et aquella mujer et que había muy grand tiempo que andaba por poner mal entrellos et que nunca pudiera, et desque lo sopiera su mayoral quel dijiera que: pues tan grand tiempo había que andaba en aquello et pues non lo facía, que sopiese que era perdido con él, et que por esta razón vinía triste.

Et ella dijol que se maravillaba, pues tanto sabía, cómo non lo podía facer, mas que si ficiese lo que ella quería, que ella le pornía recabdo en esto.

Et el diablo le dijo, que faría lo que ella quisiese en tal guisa que guisase como pusiese mal entre aquel homne et aquella mujer.

Et de que el diablo et aquella beguina fueron a esto avenidos, fuese la beguina para aquel logar do vivian aquel homne et aquella mujer, et tanto fizo de día en día, fasta que se fizo conoscer con aquella mujer de aquel mancebo et fizol entender que era criada de su madre et por este debdo que había con ella, que era muy tenuda de la servir et que la serviría cuanto pudiese.

p. 210Et la buena mujer fiando en esto tóvola en su casa et fiaba della toda su facienda, et eso mismo facía su marido.

Et desque ella hobo morado muy grand tiempo en su casa et era privada de entramos, vino un día muy triste et dijo a la mujer que fiaba en ella:

—Fija, mucho me pesa desto que agora oí, que vuestro marido que se paga más de otra mujer que non de vos, et ruégovos quel fagades mucha honra et mucho placer porque él non se pague más de otra mujer que de vos, ca desto vos podría venir más mal que de otra cosa ninguna.

E cuando la buena mujer esto oyó, comoquier que non lo creía, tovo desto muy grand pesar et entristeció muy fieramente. Et desque la mala beguina la vió estar triste, fuese para el logar por do su marido había de venir. Et desque se encontró con él dijol quel pesaba mucho de lo que facía en tener tan buena mujer como tenía et amar más a otra que non a ella et que esto, que ella lo sabía ya, et que tomara grand pesar et quel dijiera que, pues él esto facía, faciendol ella tanto servicio, que cataría otro que la amase a ella tanto como él o más, e que por Dios, que guardase que esto non lo sopiese su mujer, sinón que sería muerta.

E cuando el marido esto oyó, comoquier que lo non creyó, tomó ende grand pesar et fincó muy triste.

Et desque la falsa beguina le dejó así, fuese adelante a su muger et dijol amostrando muy gran pesar:

—Fija, non sé que desaventura es esta, que vuestrop. 211 marido es muy despagado de vos: et porque entendades que es verdad esto que yo vos digo, agora veredes como viene muy triste et muy sañudo, lo que él non solía facer.

Et desque la dejó con este cuidado, fuese para su marido et dijol eso mismo. Et desque el marido llegó a su casa et falló a su mujer triste, et de los placeres que solian en uno haber que non había ninguno, estaba cada uno con muy grand cuidado.

Et de que el marido fué a otra parte, dijo la mala beguina a la buena mujer: que si ella quisiese, que buscaría algun home muy sabidor quel ficiese alguna cosa con que su marido perdiese aquel mal talante que había contra ella.

Et la muger queriendo haber muy buena vida con su marido, dijol, quel placía et que gelo gradescería mucho.

Et a cabo de algunos días tornó a ella et dijol que había fallado un homne muy sabidor et quel dijiera: que si hobiese unos pocos de cabellos de la barba de su marido de los que están en la garganta, que faría con ellos una maestría que perdiese el marido toda la saña que había della, et que vivirían en buena vida como solían o por aventura mejor, et que a la hora que viniese, que guisase que se echase a dormir en su regazo. Et diole una navaja con que cortase los cabellos.

Et la buena mujer, por el grand amor que había a su marido, pesándole mucho de la estrañeza quep. 212 entrellos había caido et cudiciando más que cosa del mundo tornar a la buena vida que en uno solian haber, dijol: quel placía et que lo faría así. Et tomó la navaja que la mala beguina trajo para lo facer.

Et la beguina falsa tornó al marido, et dijole: que había muy grand duelo de la su muerte, et por ende que gelo non podía encobrir, que sopiese que su mujer le quería matar et irse con su amigo, et por que entendiese quel dicía verdat, que su mujer et aquel su amigo habían acordado que lo matasen en esta manera: que luego que viniese, que guisaría que él que se adormiese en su regazo della, et desque fuese adormido, quel degollase con una navaja que tenía paral degollar.

Et cuando el marido esto oyó, fué mucho espantado, et como quier que ante estaba con mal cuidado por las falsas palabras que la mala beguina le había dicho, por esto que agora dijo fué muy cuitado et puso en su corazón de se guardar et de lo probar, et fuese para su casa.

Et luego que su mujer lo vió, recibiolo mejor que los otros días de ante, et dijol que siempre andaba trabajando et non quería folgar nin descansar, mas que se echase allí cerca della et que pusiese la cabeza en su regazo et ella quel espulgaría.

Et cuando el marido esto oyó, tovo por cierto lo quel dijiera la falsa beguina et por probar lo que su muger faría echose a dormir en su regazo et comenzó de dar a entender que durmía. Et de que su mugerp. 213 tovo que era adormido bien, sacó la navaja para le cortar los cabellos, segund la falsa beguina lo había dicho. E cuando el marido le vió la navaja en la mano cerca de la su garganta, teniendo que era verdat lo que la falsa beguina le dijiera, sacol la navaja de las manos et degollola con ella.

Et al roido que se fizo cuando la degollaba, recudieron el padre et los hermanos de la mujer. Et cuando vieron que la mujer era degollada et que nunca fasta aquel día oyeron al su marido nin a otro homne ninguna cosa mala en ella, por el grand pesar que hobieron, enderezaron todos al marido et matáronlo.

Et a este roido recudieron los parientes del marido et mataron a aquellos que mataron a su pariente. Et en tal guisa se revolvió el pleito, que se mataron aquel día la mayor parte de cuantos eran en aquella villa.

Et todo esto vino por las falsas palabras que sopo decir aquella falsa beguina. Pero, porque Dios nunca quiere que el que mal fecho face, que finque sin pena nin aun que el mal fecho sea encubierto, guisó que fuese sabido que todo aquel mal viniera por aquella falsa beguina e ficieron della muchas malas justicias, et diéronle muy mala muerte et muy cruel.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes saber cual es el peor homne del mundo et de que más mal puede venir a las gentes, sabet que es el que se muestra por buen cristiano et por homne bueno et leal et la su entención es falsa, et anda asacando falsedades etp. 214 mentiras por meter mal entre las gentes. Et conséjovos yo que siempre vos guardedes de los que vierdes que se facen gatos religiosos, que los más dellos siempre andan con mal et con engaño, et para que los podades conoscer, tomad el consejo del Evangelio que dice: «A fructibus eorum cognoscetis eos» que quiere decir: «que por las sus obras los cognosceredes», ca cierto sed que non ha homne en el mundo que muy luengamente pueda encubrir las obras que tiene en la voluntad ca bien las puede encubrir algún tiempo, mas non luengamente.

Et el conde tovo que era verdad esto que Patronio le dijo et puso en su corazón de lo facer así e rogó a Dios quel guardase a él e a todos sus amigos de tal homne.

Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era muy bueno, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Para mientes a las obras et non a la semejanza,
Si cobdiciares ser guardado de haber mala andanza[44].

[44] En la edición de Argote y en el códice de Puñonrostro no se encuentra la palabra beguina, que después de todo es un galicismo: A esta infame mujer, mil veces peor que Celestina, según comparación de Azorín, le dan el bello nombre de «pelegrina». Figura en ejemplarios para sermones y hay de este cuento recuerdo en gran número de obras.


p. 215

EJEMPLO XLIII

De lo que contesció al Bien et al Mal, et al cuerdo con el loco.

El conde Lucanor fablaba con Patronio, su consejero en esta manera:

—Patronio, a mi contesce que he dos vecinos, el uno es homne a que yo amo mucho, et ha muchos buenos debdos entre mi et él porquel debo amar; et non sé que pecado o que ocasión es que muchas veces me face algunos yerros et algunas escatimas de que tomo muy grand enojo: et el otro non es homne con quien haya grandes debdos, nin grand amor, nin hay entre nos grand razón porquel deba mucho amar; et este, otrosí a las veces fáceme algunas cosas de que yo non me pago. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me consejedes en que manera pase con aquellos dos homnes.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—esto que vos decides, non es una cosa, ante son dos, et muy revesadas la una de la otra. Et para que vos podades en esto obrar como vos cumple, placeme hía que sopiésedes dos cosas que acaescieron; la una, lo que contesció al Bien et al Mal; et la otra, lo que contesció a un homne bueno con un loco.

E el conde le preguntó como fuera aquello:

—Señor conde—dijo Patronio—porque estas son dos cosas non vos las podría decir en uno: decirvos hep. 216 primero de lo que contesció al Bien et al Mal, et decirvos he después, lo que contesció al homne bueno con el loco.

Señor conde, el Bien et el Mal acordaron de facer su compañía en uno. Et el Mal que es más acucioso et siempre anda con revuelta et non puede folgar sinón revolver algún engaño et algún mal, dijo al Bien: que sería buen recabdo que hobiesen algún ganado con que se pudiesen mantener. Et al Bien plogó desto. Et acordaron de haber ovejas.

Et luego que las ovejas fueron paridas, dijo el Mal al Bien que escogiese en el esquilmo daquellas ovejas. Et el Bien como es bueno et mesurado non quiso escoger, et el Bien dijo al Mal que escogiese él. Et el Mal porque es malo et derranchado, plogol ende, et dijo; que tomase el Bien los corderuelos así como nascían, et él, que tomaría la leche et la lana de las ovejas. Et el Bien dió a entender que se pagaba desta partición.

Et el Mal, dijo; que era bien que hobiesen puercos: et al Bien plogo desto. Et desque parieron dijo el Mal: que, pues el Bien tomara los fijos de las ovejas et él la leche et la lana, que tomase agora la leche et la lana de las puercas, et que tomaría él los fijos. Et el Bien tomó aquella parte.

Et después dijo el Mal: que pusiesen alguna hortaliza: et pusieron nabos. Et desque nacieron, dijo el Mal al Bien: que non sabía que cosa era lo que non veía, mas, porque el Bien viese lo que tomaba que tomase las fojas de los nabos que parescían et estabanp. 217 sobre tierra, et que tomaría él lo que estaba so tierra; et el Bien tomó aquella parte.

E después, pusieron coles: et desque nascieron, dijo el Mal que, pues el Bien tomara la otra vez de los nabos lo que estaba sobre tierra, que tomase agora de las coles lo que estaba so tierra: et el Bien tomó aquella parte.

E despues dijo el Mal al Bien; que sería buen recabdo que hobiesen una mujer que los serviese. Et al Bien plogo desto. Et desque la hobieron, dijo el Mal que tomase el Bien de la cinta contra la cabeza, et que él tomaría de la cinta contra los pies: et el Bien tomó aquella parte. Et así fué que la parte del Bien facía lo que cumplía en casa, et la parte del Mal era casada con él et había de dormir con su marido.

E la mujer fue en cinta et encaesció de un fijo. Et desque nasció, quiso la madre dar al fijo de mamar; et cuando el Bien esto vió, dijo que non lo ficiese, ca la leche de la su parte era, et que non lo consintiría en ninguna manera. E cuando el Mal vino alegre por veer el su fijo quel nasciera, falló que estaba llorando, et preguntó a su madre que por qué lloraba. E la madre le dijo que porque non mamaba. Et dijol el Mal quel diese a mamar. Et la mujer le dijo que el Bien gelo defendiera diciendo que la leche era de su parte.

E cuando el Mal esto oyó, fué al Bien et dijol riendo et burlando que ficiese dar la leche a su fijo. Et el Bien dijo que la leche era de su parte et que non lo faría. E cuando el Mal esto oyó comenzol de afincarp. 218 ende. Et desque el Bien vió la priesa en que estaba el Mal dijol:

—Amigo, non cuides que yo tampoco sabía que non entendía cuales partes escogistes vos siempre et cuales diestes a mi; pero nunca vos demandé yo nada de las vuestras partes, et pasé muy lazdramente con las partes que me vos dábades, e vos nunca vos doliestes nin hobiestes mensura contra mi, e pues si agora Dios vos trajo a lugar que habedes mester algo de lo mío, non vos maravilledes si vos lo non quiero dar, et acordatvos de lo que me feciestes et sofrid esto por lo al.

E cuando el Mal entendió que el Bien dicía verdat et que su fijo sería muerto por esta manera, fué muy mal cuitado et comenzó a rogar et pedir merced al Bien que por amor de Dios hobiese piedat da quella criatura, et que non parase mientes a las sus maldades, et que dallí adelante siempre faría cuanto mandase.

E desque el Bien esto vió, tovo quel ficiera Dios mucho bien en traerlo a lugar que viese el Mal que non podía guarescer sinón por la bondat del Bien, et tovo que esto le era muy grand enmienda et dijo al Mal, que, si quería que consintiese que diese la mujer leche a su fijo, que tomase el mozo a cuestas et andudiese por la villa pregonando en guisa que lo oyesen todos, et que dijiese:

—«Amigos, sabet que con bien vence el Bien al Mal»: et faciendo esto que consintiría quel diese la leche. E desto plogo mucho al Mal, et tovo que habíap. 219 de muy buen mercado la vida de su fijo, et el Bien tovo que había muy buena enmienda. Et fízose así. Et sopieron todos, que siempre el Bien vence con bien.

Mas al homne bueno contesció de otra guisa con el loco et fué así:

Un homne bono había un baño, et el loco vinía al baño cuando las gentes se bañaban et dábales tantos golpes con los cubos, et con piedras, et con palos, et con cuanto fallaba, que ya homne del mundo non osaba ir al baño de aquel homne bueno. Et perdió su renta.

Et cuando el homne bueno vió que aquel loco le facía perder la renta del baño, madrugó un día et metiose en el baño ante que el loco viniese. Et desnuyose et tomó un cubo de agua bien caliente, et una grand maza de madero. Et cuando el loco que solía venir al baño para ferir los que se bañasen llegó, enderezó al baño como solía. Et cuando el homne bueno que estaba atendiendo desnuyo le vió entrar, dejose ir a él muy bravo et muy sañudo, et diol con el cubo del agua caliente por cima de la cabeza, et metió mano a la maza et diol tantos et tales colpes con ella por la cabeza et por el cuerpo, que el loco cuidó ser muerto, et cuidó que aquel homne bueno, que era loco. Et salió dando muy grandes voces et topó con un homne et preguntol cómo vinía así dando voces et quejándose tanto: et el loco dijo:

p. 220—Amigo, guardatvos, que sabet que otro loco ha en el baño.

—Et vos señor conde Lucanor, con estos vuestros vecinos pasat así: con el que habedes tales debdos que en toda guisa creed que siempre seades amigos, facedle siempre buenas obras, et aunque vos faga algunos enojos, datle posada et acorredle siempre al su mester, pero siempre lo faced dandol a entender que lo facedes por los debdos et por el amor quel habedes, mas non por vencimiento: mas al otro con quien non habedes tales debdos en ninguna guisa non le sufrades cosa del mundo, mas dadle bien a entender que por quequier que vos faga todo se aventurará sobrello; ca bien cred que los malos amigos, que más guardan el amor por barata et por recelo, que por otra buena voluntad.

E el conde tovo este por muy buen consejo et fízolo así, et fallose ende muy bien.

Et porque don Johan tovo estos por buenos enjiemplos, fizolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Siempre el Bien vence con bien al Mal,
Sofrir al homne malo poco val.

p. 221

EJEMPLO XLIV

De lo que contesció a don Pero Núñez el Leal et a don Roy Gomez Zavallos et a don Gutier Roiz de Blaquiello con el conde don Rodrigo el Franco.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:

—Patronio, a mi acaesció de haber muy grandes guerras en tal guisa que estaba la mi facienda en muy grand peligro. Et cuando yo estaba en el mayor mester, algunos de aquellos que yo crié et a quien ficiera mucho bien, dejáronme et aun señaláronse mucho a me facer mucho deservicio. Et tales cosas ficieron ante mi aquellos que bien vos digo, que me ficieron haber muy peor esperanza de las gentes de cuanto había, ante que aquellos que así errasen contra mi. Et por el buen seso que Dios vos dió, ruégovos que me consejedes lo que vos paresce que debo facer en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—si los que así erraron contra vos fueran tales como fueron don Pedro Nuñez de Fuente Almexir et don Roy Gonsáles de Zavallos et don Gutier Roiz de Blaquiello et sopieran lo que les contesció, non ficieran lo que ficieron.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—el conde don Rodrigo el Franco fué casado con una dueña fija de don Gil García de Zagra et fué muy buena dueña, et elp. 222 conde, su marido, asacol falso testimonio. Et ella quejándose desto, fizo su oración a Dios que si ella era culpada que Dios mostrase su miraglo en ella; et si el marido le asacara falso testimonio, que lo mostrase en él.

E luego que la oración fué acabada por el miraglo de Dios, engafeció el conde su marido, et ella partiose dél. Et luego que fueron partidos envió el Rey de Navarra sus mandaderos a la dueña, et casó con ella, et fué reina de Navarra.

E el conde seyendo gafo, et veyendo que non podía guarescer, fuese para la Tierra Sancta en romería para morir allá. Et como quier que él era muy honrado et había muchos buenos vasallos, non fueron con él sinón estos tres caballeros dichos, et moraron allá tanto tiempo que les cumplió lo que levaron de su tierra et hobieron de venir a tan gran pobreza, que non habían cosa que dar al conde, su señor, para comer; et por la grand mengua alquilábanse cada día los dos en la plaza et el uno fincaba con el conde et de lo que ganaban de su alquile gobernaban a su señor et a si mismos. Et cada noche bañaban al conde et alimpiábanle las llagas de aquella gafedat.

Et acaesció, que en lavándole una noche los pies et las piernas, que por aventura hobieron mester de escopir et escupieron. E cuando el conde vió que todos escupieron cuidando que todos lo facían por asco que dél tomaban, comenzó a llorar et a quejarse del grant pesar et quebranto que daquello hobiera.

p. 223Et porque el conde entendiese que non habían asco de la su dolencia, tomaron con las manos daquella agua que estaba llena de podre et de aquellas pustuellas que salían de las llagas de la gafedat que el conde había, et bebieron della muy grand pieza. Et pasando con el conde su señor tal vida, fincaron con él fasta que el conde murió.

Et porque ellos tovieron que les sería mengua de tornar a Castilla sin su señor, vivo o muerto, non quisieron venir sin él. Et como quier que les dicían quel ficiesen cocer e que levasen los sus huesos, dijieron ellos que tampoco consintirian que ninguno pusiese la mano en su señor seyendo muerto como si fuese vivo. Et non consintieron quel cociesen, mas enterráronlo et esperaron tanto tiempo fasta que fué toda la carne desfecha. Et metieron los huesos en una arquita, et traíenlos a veces a cuestas.

Et así vinían pidiendo las raciones e trayendo a su señor a cuestas, pero traían testimonio de todo esto que les había contescido. Et viniendo ellos tan pobres, pero tan bien andantes, llegaron a tierra de Tolosa et entrando por una villa toparon con muy grand gente que levaban a quemar una dueña muy honrada porque la acusaba un hermano de su marido. Et dicían que si algún caballero non la salvase, que cumpliesen en ella aquella justicia, et non fallaban caballero que la salvase.

E cuando don Pero Nuñez el Leal et de buena ventura, entendió que por mengua de caballero facíanp. 224 aquella justicia de aquella dueña, dijo a sus compañeros: que si él sopiese que la dueña era sin culpa, que él la salvaría.

Et fuese luego para la dueña et preguntol la verdat de aquel fecho. Et ella dijol, que ciertamente ella nunca ficiera aquel yerro de que la acusaban, mas, que fuera su talante de lo facer.

Et como quier que don Pero Núñez entendió que, pues ella de su talante quisiera facer lo que non debía, que non podía seer que algun mal non le contesciese a él que la quería salvar, pero pues lo había comenzado et sabía que non ficiera todo el yerro de que la acusaban, dijo, que él la salvaría.

Et como quier que los acusadores lo cuidaron desechar diciendo que non era caballero, desque mostró el testimonio que traía non lo pudieron desechar. Et los parientes de la dueña diéronle caballo et armas, et ante que entrase en el campo dijo a sus parientes que con la merced de Dios, que él fincaría con honra et salvaría la dueña, mas que non podía seer que a él non le viniese alguna ocasión por lo que la dueña quisiera facer.

Et desque entraron en el campo, ayudó Dios a don Pero Nuñez, et venció la lid et salvó la dueña, pero perdió y don Pero Nuñez el ojo, et así se cumplió todo lo que don Pero Nuñez dijiera ante que entrase en el campo.

E la dueña et los parientes dieron tanto haber a don Pero Nuñez con que pudieron traer los huesos delp. 225 conde su señor, ya cuanto más sin laceria que ante.

E cuando las nuevas llegaron al Rey de Castilla de como aquellos bien andantes caballeros vinían et traían los huesos del conde, su señor, et como vinían tan bien andantes plógole mucho ende et gradesció mucho a Dios porque eran del su regno homnes que tal cosa ficieran. Et envioles mandar que viniesen de pié así mal vestidos como vinían. E el día que hobieron de entrar en el su regno de Castilla, saliolos a recibir el rey de pié bien cinco leguas ante que llegasen al su regno, et fízoles tanto bien que hoy en día son heredados los que vienen de sus linajes de lo que el Rey les dió.

Et el Rey, et todos cuantos eran con él, por facer honra al conde et señaladamente por la facer a los caballeros, fueron con los huesos del conde fasta Osma do lo enterraron. Et desque fué enterrado fuéronse los caballeros para sus casas.

Et el día que Roy Gonzalez llegó a su casa cuando se asentó a la mesa con su mujer, desque la buena dueña vió la vianda ante sí, alzó las manos contra Dios et dijo:

—¡Señor!, ¡bendito seas tu que me dejaste veer este día, ca tu sabes que despues que don Roy Gonzalez se partió desta tierra, que esta es la primera carne que yo comí, et el primero vino que yo bebí!

A don Roy Gonzalez pesó por esto, et preguntol porqué lo ficiera. Et ella dijol que bien sabía él que, cuando se fuera con el conde, quel dijiera que él nuncap. 226 tornaría sin el conde et ella que visquiese como buena dueña, que nunca le menguaría pan et agua en su casa, et pues él esto le dijiera, que non era razón quel saliese ella de mandado et por esto nunca comiera nin bebiera sinón pan et agua.

E otrosí, desque don Pero Nuñez llegó a su casa, desque fincaron él et su mujer et sus parientes sin otra compaña, la buena dueña et sus parientes con el grand placer que habían, comenzaron a reir. Et cuidando don Pero Nuñez que facían escarnio dél porque perdiera el ojo, cubrió el manto por la cabeza et echose muy triste en la cama. Et cuando la buena dueña lo vió así ser triste hobo ende muy grand pesar et tanto le afincó fasta quel hobo a decir que se sintía mucho porquel facían escarnio por el ojo que perdiera.

E cuando la buena dueña esto oyó, diose con una aguja en el su ojo, et quebrolo, et dijo a don Pero Nuñez, que aquello ficiera ella porque si alguna vez riese, que nunca él cuidase que reía por le facer escarnio.

Et así fizo Dios bien en todos aquellos buenos caballeros por el bien que ficieron.

Et tengo que, si los que tan bien non lo acertaron en vuestro servicio, fueron tales como estos, et sopieran cuanto bien les vino por esto que ficieron, non lo erraran como erraron; pero vos, señor conde, por vos facer algun yerro algunos que lo non debían facer nunca vos por eso dejedes de facer bien, ca los que vos yerran, más yerran a si mismos que a vos. Et paradp. 227 mientes que, si algunos vos erraron, que muchos otros vos servieron; et más vos cumplió el servicio que aquellos vos ficieron, que vos empeció, nin vos tovo mengua los que vos erraron. Et non creades que de todos los que vos facedes bien, que de todos tomaredes servicio, mas un tal acaescimiento vos podrá acaescer: que uno vos fará tal servicio que ternedes por bien empleado cuanto bien facedes a los otros.

E el conde tovo este por buen consejo et por verdadero.

Et entendiendo don Johan que este ejiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Maguer que algunos te hayan errado,
Nunca dejes de facer aguisado[45].

[45] Acerca de los sucesos narrados en esta singular relación escribe el puntual historiador Don Luis de Salazar y Castro en su Casa de Lara t.º III pág. 257, rectificando nombres y genealogías.


EJEMPLO XLV

De lo que contesció a un homne que se fizo amigo et vasallo del Diablo.

Fablaba una vez el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

—Patronio, un homne me dice que sabe muchasp. 228 maneras también de agüeros como de otras cosas, en como podré saber las cosas que son por venir et como podré facer muchas arterías con que podré aprovechar mucho mi facienda, pero en aquellas cosas tengo que non se puede escusar de haber y pecado. Et por la fianza que de vos he, ruégovos que me consejedes lo que faga en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—para que vos fagades en esto lo que vos más cumple, placerme hía que sepades lo que contesció a un homne con el Diablo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—un homne fuera muy rico et llegó a tan grand pobreza que non había cosa de que se mantener. Et porque non ha en el mundo tan grand desventura como seer muy mal andante el que suele seer bien andante, por ende aquel homne que fuera muy bien andante e era llegado a tan gran mengua, se sintía dello mucho. Et un día, iba en su cabo, solo, por un monte muy triste et cuidando muy fieramente, et yendo así tan coitado encontrose con el Diablo.

Et como el Diablo sabe todas las cosas pasadas, sabía el coidado en que vinía aquel homne, et preguntol porque vinía tan triste. Et el homne díjole: que para qué gelo diría, ca él non le podría dar consejo en la tristeza que él había.

Et el Diablo díjole; que, si él quisiese facer lo que él le diría, que él le daría cobro paral cuidado que había et porque entendiese que lo podía facer, quelp. 229 diría en lo que vinía cuidando et la razón porque estaba tan triste. E estonce le contó toda su facienda et la razón de su tristeza como aquel que la sabía muy bien. Et díjol que, si quisiese facer lo que él le diría, que él le sacaria de toda laceria et lo faría más rico que nunca fuera él nin homne de su linaje, ca el era el Diablo et había poder de lo facer.

E cuando el homne oyó decir que era el Diablo tomó ende muy grand recelo, pero por la grant cuita et grant mengua en que estaba, dijo al Diablo que si él le diese manera como pudiese seer rico, que faría cuanto él quisiese.

Et bien cred que el Diablo siempre cata tiempo para engañar a los homnes; e cuando vee que están en alguna queja, o de mengua, o de miedo, o de querer complir su talante, estonce libra él con ellos todo lo que quiere, et así cató manera para engañar a aquel homne en el tiempo que estaba en aquella coita.

E estonce ficieron sus posturas en uno, et el homne fué su vasallo. E desque las avenencias fueron fechas, dijo el Diablo al homne; que dallí adelante, que fuese a furtar, ca nunca fallaría puerta nin casa, por bien cerrada que fuese, que él non gela abriese luego, et si por aventura en alguna priesa se viese o fuese preso, que luego que lo llamase et le dijiese: «Acorredme, don Martín», que luego fuese con él et lo libraría de aquel periglo en que estudiese.

E las posturas fechas entre ellos, partiéronse.

Et el homne enderezó a casa de un mercadero dep. 230 noche oscura; ca los que mal quieren facer siempre aborrecen la lumbre: et luego que llegó a la puerta el diablo abriógela, et eso mismo fizo a las arcas en guisa que luego hobo ende muy grant haber.

E otro día fizo otro furto muy grande, et despues otro, fasta que fué tan rico que se non acordaba de la pobreza que había pasado. Et el mal andante non se teniendo por pagado de como era fuera de laceria, comenzó a furtar aún más; et tanto lo usó, fasta que fué preso.

Et luego que lo prendieron llamó a don Martín que lo acorriese; et don Martín llegó muy aprisa et librolo de la prisión. Et desque el homne vió que don Martín le fuera tan verdadero, comenzó a furtar como de cabo, et fizo muchos furtos en guisa que fué más rico et fuera de laceria.

Et usando a furtar, fué otra vez preso, et llamó a don Martín, mas don Martín non vino tan aina como él quisiera, et los alcaldes del lugar do fuera el furto comenzaron a facer pesquisa sobre aquel furto. E estando así el pleito llegó don Martín: et el homne díjol:

—¡Ah, don Martín! ¡Que grand miedo me pusiestes! ¿Porqué tanto tardábades?

Et don Martín le dijo: que estaba en otras grandes priesas et que por eso tardaba: et sacole luego de la prisión.

Et el homne se tornó a furtar et sobre muchos furtos fué preso, et fecha la pesquisa dieron sentencia contra él. Et la sentencia dada, llegó don Martín et sacolo.

p. 231Et él tornó a furtar porque veía que siempre le acorría don Martín. E otra vez fué preso, et llamó a don Martín, et non vino, et tardó tanto fasta que fué judgado a muerte, et seyendo judgado llegó don Martín et tomó alzada para casa del Rey et librolo de la prisión, et fué quito.

E después tornó a furtar et fué preso, et llamó a don Martín et non vino fasta que judgaron quel enforcasen. Et seyendo al pié de la forca llegó don Martín; et el homne le dijo:

—¡Ah don Martín, sabet que esto non era juego, que bien vos digo que grand miedo he pasado!

Et don Martín le dijo: que él le traía quinientos maravedís en una limosnera et que los diese al alcalde et que luego sería libre, e el homne fizolo ansí. E el alcalde había mandado ya que lo enforcasen, et non fallaron soga para lo enforcar. E en cuanto buscaban la soga, llamó el homne al alcalde et diole la limosnera con los dineros. E cuando el alcalde cuidó quel daba los quinientos maravedís dijo a las gentes que y estaban:

—Amigos, ¡quien vió nunca que menguase soga para enforcar homne! Ciertamente este homne non es culpado, et Dios non quiere que muera et por eso nos mengua la soga; mas tengámoslo fasta cras, et veremos más en este fecho; ca si culpado es y se finca para complir cras la justicia.

Et esto facía el alcalde por lo librar por los quinientos maravedis que cuidaba quel había dado: Etp. 232 habiendo esto así acordado, apartose el alcalde et abrió la limosnera et cuidando fallar los quinientos maravedís non falló los dineros; mas falló una soga en la limosnera. Et luego que esto vió mandol enforcar.

Et poniéndolo en la forca vino don Martín et el homne le dijo que le acorriese. Et don Martín le dijo: que siempre él acorría a todos sus amigos fasta que los llegaba a tal lugar.

Et así perdió aquel homne el cuerpo et el alma creyendo al Diablo et fiando dél. Et cierto sed que nunca homne dél creyó nin fió que non llegase a haber mala postremería; sinón, parad mientes a todos los agoreros, o sorteros, o adevinos, o otros que facen cercos o encantamientos et destas cosas cualesquier, et veredes, que siempre hobieron malos acabamientos. Et si non me credes, acordat vos de Alvar Nuñez et de Garcilaso que fueron los homnes del mundo que más fiaron en agüeros et en estas tales cosas, e veredes cual acabamiento hobieron.

Et vos señor conde Lucanor, si bien queredes facer vuestra facienda paral cuerpo et paral alma, fiat derechamente en Dios et ponet en él toda vuestra esperanza et vos ayudatvos cuanto pudierdes et Dios ayudarvos ha. Et non creades nin fiédes en agüeros, nin en otro devanes, ca cierto sed, que de los pecados del mundo con que a Dios más pesa et que homne mayor tuerto et mayor desconosimiento face a Dios, es en catar agüeros et estas tales cosas.

p. 233E el conde tovo este por buen consejo et fízolo et fallose muy bien dello.

Et porque don Johán, tovo este por buen ejiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

El que en Dios non pone su esperanza,
Morrá mala muerte, habrá mala andanza[46].

[46] En el Arcipreste de Hita, «el ladrón que fizo carta al Diablo de su ánima»; imposible resumir en pocas palabras la historia de este cuento, basada en el vulgar pacto diabólico; recuérdese en la literatura española el Mágico prodigioso, de Calderón, y en la universal el Fausto, bien entendido que no se señalan por imitaciones de D. Juan Manuel—la distancia en los asuntos es inmensa—sino por dar idea de la universalidad e infinita variedad del tema.

Nótese la mención de su rival Garcilaso; en la Crónica también se señala este su «catar mucho en agüeros»: lo mataron en el monasterio de Francisco de Soria, oyendo misa cuando se dirigía contra las tierras de D. Juan Manuel.


EJEMPLO XLVI

De lo que contesció a un filósofo que por ocasión entró en una calle do moraban malas mujeres.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, vos sabedes que una de las cosas del mundo por que homne más debe trabajar es por haber buena fama et por se guardar que ninguno non le pueda trabar en ella. Et porque yo sé que en estop. 234 nin en al, ninguno non me podría consejar mejor que vos, ruégovos que me consejedes en cual manera podré mejor encrescentar et levar adelante et guardar la mi fama.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—mucho me place desto que decides, et para que vos mejor lo podades facer, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un muy grand filósofo et mucho anciano.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un muy grand filósofo moraba en una villa del reino de Marruecos. Et aquel filósofo había una enfermedad que cuandol era mester de se desembargar de las cosas sobejanas que fincaban de la vianda que había recebido, non lo podía facer sinón con muy grant dolor et con muy grant pena, et tardaba muy grand tiempo ante que pudiese seer desembargado.

Et por esta enfermedat que tenía mandábanle los físicos que cada quel tomase talante de se desembargar de aquellas cosas sobejanas, que lo probase luego, et non lo tardase; porque cuanto aquella materia más se quemase, más se desecaríe et más enduresceríe, en guisa, quel sería grand pena et grand daño para la salud del cuerpo. Et porque esto le mandaban los físicos facíelo et fallábase ende bien.

E acaesció, que un día yendo por una calle de aquella villa do moraba et do tenie muchos discípulos que aprendían dél, quel tomó talante de se desembargar como es dicho. Et por facer lo que los físicos le consejabanp. 235 et era su pro, entró en una calleja para facer aquello que non pudíe escusar.

Et atal fué su ventura, que en aquella calleja do él entró, que moraban y las mujeres que publicamente viven en las villas faciendo daño de sus almas et deshonra de sus cuerpos. Et desto non sabía nada el filósofo que tales mujeres moraban en aquel lugar. Et por la manera de la enfermedat que él había, et por el grant tiempo que se detuvo en aquel lugar et por las semejanzas que en él parescieron cuando salió de aquel lugar do aquellas mujeres moraban, comoquier que él non sabía que tal compañía allí moraba, con todo eso cuando ende salió, todas las gentes cuidaron que entrara en aquel logar por otro fecho que era muy desvariado de la vida que él solía et debía facer. Et porque paresce muy peor et fablan muy más et muy peor las gentes dello cuando algún homne de grand guisa face alguna cosa quel non pertenesce et le está peor por pequeña que sea, que a otro que saben las gentes que es acostumbrado de non se guardar de facer muchas cosas peores, por ende, fué muy fablado et muy tenido a mal, porque aquel filósofo tan honrado et tan anciano entraba en aquel lugar quel era tan dañoso paral alma, et paral cuerpo, et para la fama.

Et cuando fué en su casa, vinieron a él sus discípulos et con muy grand dolor de sus corazones et con grand pesar, comenzaron a decir: qué desventura o qué pecado fuera aquel por que en tal manera confondiera a sí mismo et a ellos, et perdiera toda su famap. 236 que fasta entonces guardara mejor que homne del mundo.

Et cuando el filósofo esto oyó, fue tanto espantado et preguntoles que porque dicían esto o que mal era este que él ficiera o cuando o en que lugar. E ellos le dijieron: que porqué fablaba así en ello, que ya por su desaventura dél et dellos, que non había homne en la villa que non fablase de lo que él ficiera cuando entrara en aquel lugar do aquellas tales mujeres moraban.

E cuando el filósofo esto oyó, hobo muy grand pesar, pero díjoles: que les rogaba que se non quejasen mucho desto, et que dende a ocho días les daría ende repuesta.

Et metiose luego en su estudio, et compuso un librete pequeño et muy bueno et muy aprovechoso. Et entre muchas cosas buenas que en él se contienen, fabla y de la buena ventura et de la desaventura et, como, en manera de departimiento que departe con sus discípulos dice así:

—Fijos, en la buena ventura et en la desaventura contesce así: a las vegadas es fallada et buscada, et algunas vegadas es fallada et non buscada. La fallada et buscada es cuando algund homne face bien, et por aquel buen fecho que face, le viene alguna buena ventura; et eso mismo cuando por algún fecho malo que face le viene alguna mala ventura; esto tal, es ventura, buena o mala, fallada et buscada, que él busca et faz porque venga aquel bien o aquel mal.

Otrosí, fallada et non buscada, es cuando un homnep. 237 non faciendo nada por ello le viene alguna pro o algún bien: así como, si homne fuese por algún lugar et fallase muy grand haber o otra cosa muy aprovechosa porque él non hobiese nada fecho; et eso mismo, cuando un homne non faciendo nada por ello le viene algún mal o algún daño, así como, si homne fuese por una calle et lanzase otro una piedra a un pájaro et descalabrase a él en la cabeza: esta es desaventura fallada et non buscada, ca él nunca fizo nin buscó cosa porque le debiese venir aquella desaventura. Et fijos, debedes saber, que en la buena ventura e desaventura fallada et buscada hay menester dos cosas: la una que se ayude homne faciendo bien para haber bien o faciendo mal para haber mal, et la otra que le gualardone Dios segund las obras buenas et malas que el homne hobiere fecho. Otrosí, en la buena ventura o mala, fablada et non buscada ay menester otras dos cosas: la una, que se guarde homne cuanto pudiere de non facer mal nin meterse en sospechas nin en semejanza porque él deba venir a alguna desaventura nin mala fama; la otra, es pedir merced e rogar a Dios que, pues él se guarda cuanto puede porque nol venga desaventura nin mala fama, quel guarde que non le venga ninguna desaventura como vino a mi el otro día que entré en una calleja por facer lo que non podía escusar para la salud del mi cuerpo et que era sin pecado et sin ninguna mala fama et por mi desaventura moraban y tales compañas, porqué maguer yo era sin culpa, finqué mal enfamado.

p. 238Et vos, señor conde Lucanor, si queredes acrescentar et levar adelante vuestra buena fama, conviene que fagades tres cosas: la primera que fagades muy buenas obras a placer de Dios et esto guardado, después en lo que pudierdes a placer de las gentes et guardando vuestra honra et vuestro estado et que non cuidedes que por buena fama que hayades, que la non perderedes si dejardes de facer buenas obras et ficierdes las contrarias, ca muchos homnes ficieron bien un tiempo et porque después non lo levaron adelante, perdieron el bien que habían fecho et fincaron con mala fama postrimera; la otra es, que roguedes a Dios que vos enderece que fagades tales cosas porque la vuestra acresciente et vaya siempre adelante et que vos guarde de facer nin de decir cosa porque la perdades: la tercera cosa es, que por fecho nin, por dicho, nin por semejanza, nunca fagades cosa por que las gentes puedan tomar sospecha, porque la vuestra fama vos sea guardada como debe, ca muchas veces face homne buenas obras et por algunas malas semejanzas que face, las gentes toman tal sospecha que empeece poco menos paral mundo et paral dicho de las gentes como si ficiese la mala obra. Et debedes saber que en las cosas que tañen a la fama, que tanto aprovecha o empece lo que las gentes tienen et dicen como lo que es verdat en si; mas cuanto para Dios et para el alma, non aprovecha nin empece, sinón las obras que el homne face et a cual entención son fechas.

p. 239Et el conde tovo este por buen ejiemplo et rogó a Dios quel dejase facer tales obras cuales entendía que cumplen para salvamiento de su alma et para guarda de su fama et de su honra et de su estado.

Et porque don Johan, tovo este por muy buen enjiemplo, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Faz siempre bien et guárdate de sospecha,
Et siempre será la tu fama derecha.

EJEMPLO XLVII

De lo que contesció a un moro con una su hermana que daba a entender que era muy medrosa.

Un día fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero en esta guisa:

—Patronio, sabet que yo he un hermano que es mayor que yo, et somos fijos de un padre et de una madre, et porque es mayor que yo, tengo que lo he de tener en logar de padre et seerle a mandado. Et él ha fama que es muy buen cristiano et muy cuerdo, pero guisolo Dios así; que yo so más rico et más poderoso que él, et comoquier que él non lo da a entender, so cierto que ha ende envidia, et cada que yo he mester su ayuda et que faga por mi alguna cosa, dame a entender que lo deja de facer porque sería pecado et estráñamelo tanto fasta que lo parte por estap. 240 manera. Et algunas veces que ha mester mi ayuda dame a entender que aunque todo el mundo se perdiese que non debo dejar de aventurar el cuerpo et cuanto he porque se faga lo que a él cumple. Et porque yo paso con él en esta guisa, ruégovos que me consejedes lo que viéredes que debo en esto facer et lo que más me cumple.

—Señor conde—dijo Patronio—a mi paresce que la manera que este vuestro hermano trae con vusco, semeja mucho a lo que dijo un moro a una su hermana.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un moro había una hermana que era tan regalada que de quequier que veíe o la facién, que de todo daba a entender que tomaba recelo et se espantaba. Et tanto había esta manera, que, cuando bebía del agua en unas tarrazuelas con que la suelen beber los moros, que suena el agua cuando beben, cuando aquella mora oyó aquel sueno que facía el agua en aquella tarrazuela, daba a entender que tan grant miedo había daquel sueno que se quería amortecer.

Et aquel su hermano era muy buen mancebo, mas era muy pobre et porque la grant pobreza faz a homne facer lo que non querría, non podía escusar aquel mancebo de buscar la vida muy vergonzosamente. Et facíalo así, que cada que moría algún homne iba de noche et tomábale la mortaja et lo que enterraban con él, et desto mantenía a si et a su hermana et a su compaña. E su hermana sabía esto.

p. 241Et acaesció que murió un homne muy rico, et enterraron con él muy ricos paños et otras cosas que valían mucho. E cuando la hermana esto sopo, dijo a su hermano que ella quería ir con él aquella noche para traer aquello con que aquel homne habían enterrado.

E desque la noche vino, fueron el mancebo et su hermana a la fuesa del muerto, et abriéronla, et cuando le cuidaron tirar aquellos paños muy preciados que tenía vestidos non pudieron sinón rompiendo los paños et crebando las cervices del muerto.

E cuando la hermana vió que si non quebrantasen el pescuezo del muerto, que habrían de romper los paños et que perderían mucho de lo que valían, fué tomar con las manos muy sin duelo, et sin piedat la cabeza del muerto et desconjuntolo todo, et sacó los paños que tenía vestidos, et tomaron cuanto y estaba, et fuéronse con ello.

Et luego, otro día, cuando se asentaron a comer, desque comenzaron a beber, cuando la tarrazuela comenzó a sonar dió a entender que se quería amortecer de miedo de aquel sueno que facía la tarrazuela. E cuando el hermano aquello vió, et se acordó cuanto sin miedo et sin duelo desconjuntara la cabeza del muerto, dijol en algaravía:

—Aha yâ uchti, tafza min bakki, vala tafza min fatr onkí.

Et esto quiere decir: «Aha, hermana despantádesvos del sueno de la tarrazuela que face boc, boc, et non vos espantades del desconjuntamiento del pescuezo.»

p. 242Et este proverbio es agora muy retraido entre los moros.

Et vos señor conde Lucanor, si aquel vuestro hermano mayor veedes que en lo que a vos cumple se escusa por la manera que habedes dicha, dando a entender que tiene por grand pecado lo que vos querríades que ficiese por vos, non seyendo tanto como él dice, et tiene que es guisado, et dice que fagades vos lo que a él cumple aunque sea mayor pecado et muy grand vuestro daño; entendet, que es de la manera de la mora que se espantaba del sueno de la tarrazuela et non se espantaba de desconjuntar la cabeza del muerto. Et pues él quiere que fagades vos por él lo que él face a vos: desilde buenas palabras, et mostradle muy buen talante et en lo que vos non empeesciere, faced por él todo lo que cumpliere, mas en lo que fuer vuestro daño partitlo siempre con la más apuesta manera que pudiéredes et en cabo por una guisa o por otra guardatvos de facer vuestro daño.

E el conde tovo este por buen consejo et fízolo así et fallose ende muy bien.

Et teniendo don Johán este ejiemplo por bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Porque non quiere lo que te cumple facer,
Et tu non quieras lo tuyo por él perder[47].

[47] Según Gayangos (Rivadeneyra, t. LI, pág. XXI), «está conocidamente tomado de un libro arábigo, o cuando menos Don Juan lo oyó de boca de algún moro granadino.» Puibusque anota una versión francesa en los Fabliaux et Contes; París, 1866.


p. 243

EJEMPLO XLVIII

De lo que contesció a uno que probaba sus amigos.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, en esta manera:

—Patronio, segunt el mío cuidar yo he muchos amigos que me dan a entender que por miedo de perder los cuerpos nin lo que han, que non dejarían de facer lo que me cumpliese, e que por cosa del mundo que pudiese acaescer non se partirían de mi. Et por el buen entendimiento que vos habedes, ruégovos que me digades en que manera podré saber si estos mis amigos farían por mi tanto como dicen.

—Señor conde Lucanor, dijo Patronio—los buenos amigos son la mejor cosa del mundo, et bién cred que cuando viene grand mester et la grand queja que falla homne muy menos de cuantos cuyda, et otrosí quando el mester non es grande es grave de probar cual sería amigo verdadero cuando la priesa veniese; pero para que vos podades saber cual es el amigo verdadero, placerme hía que sopiésedes lo que contesció a un homne bueno con un su fijo que dicía que había muchos amigos.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—un homne bueno había un fijo et entre las otras cosas quel mandabap. 244 et le consejaba, dicial siempre que punase en haber muchos amigos et buenos. E el fijo fízolo así, et comenzó a acompañarse et a partir de lo que había con muchos homnes por tal de los haber por amigos. Et todos aquellos dicían que eran sus amigos et que farían por él todo cuantol cumpliese, et que aventurarían por él los cuerpos et cuanto en el mundo hobiesen cuandol fuese mester.

E un día, estando aquel mancebo con su padre, preguntol si había fecho lo quel mandara, et si había ganado muchos amigos. E el fijo díjole que si, que había muchos amigos, mas que señaladamente entre todos los otros había fasta diez de que era cierto que por miedo de muerte nin por ningun recelo, que nunca lo erraríen por queja, nin por mengua, nin por ocasión quel acaesciese.

E cuando el padre esto oyó, dijol: que se maravillaba ende mucho porque en tan poco tiempo pudiera haber tantos amigos et tales, ca él que era mucho anciano, nunca en toda su vida pudiera haber más de un amigo et medio.

E el fijo comenzó a porfiar diciendo que era verdat lo que él dicía de sus amigos. E desque el padre vió que tanto porfiaba el fijo, díjole que los probase en esta guisa:

Que matase un puerco et que lo metiese en un saco et que se fuese a casa de cada uno daquellos sus amigos et que les dijiese que aquel era un homne que él había muerto et, que era cierto, si aquello fuese sabidop. 245 que non había en el mundo cosa quel pudiese escapar de la muerte a él et a cuantos sopiesen que sabían daquel fecho; et que les rogase, que pues sus amigos eran, quel encubriesen aquel homne et, si menester le fuese, que se pasasen con él a lo defender.

E el mancebo fízolo e fué probar sus amigos según su padre le mandara. Et desque llegó a casa de sus amigos et les dijo aquel fecho perigloso quel acaesciera, todos le dijieron, que en otras cosas le ayudaríen; mas que en esto, porque podrían perder los cuerpos et lo que habían, que non se atreverían a lo ayudar et que, por amor de Dios, que guardase que non sopiese ninguno que había ido a sus casas. Pero destos amigos algunos le dijieron que non se atrevían a facerle otra ayuda, mas que irían rogar por él: et otros le dijieron que cuando lo levasen a la muerte, que non le desampararían fasta que hobiesen complido en él la justicia, et quel farían honra al su enterramiento.

E desque el mancebo hobo probado así todos sus amigos et non falló cobro en ninguno, tornose para su padre et díjol todo lo quel acaesciera. E cuando el padre así lo vió venir, díjol, que bien podía ver ya que más saben los que mucho han visto et probado, que los que nunca pasaron por las cosas. E estonce le dijo que él non había más de un amigo et medio et que los fuese probar.

E el mancebo fué probar al que su padre tenía por medio amigo: et llegó a su casa de noche e levaba el puerco muerto a cuestas, et llamó a la puerta daquelp. 246 medio amigo de su padre et contol aquella desaventura quel había contescido et lo que fallara en todos sus amigos, et rogol que por el amor que había con su padre que le acorriese en aquella cuita.

E cuando el medio amigo de su padre aquello vió, díjol: que con él non había amor nin afacimiento porque se debiese tanto aventurar, mas que por el amor que había con su padre, que gelo encubriría.

E entonce tomó el saco con el puerco a cuestas, cuidando que era homne, et levolo a una su huerta et enterrolo en un surco de coles; et puso las coles en el surco así como antes estaban et envió el mancebo a buena ventura.

Et desque fué con su padre, contol todo lo quel contesciera con aquel su medio amigo. E el padre le mandó que otro día cuando estudiesen en consejo, que sobre cualquier razón que departiesen que comenzase a porfiar con aquel su medio amigo, et sobre la porfia quel diese una puñada en el rostro, la mayor que pudiese.

E el mancebo fizo lo quel mandó su padre et cuando gela dió, catol el homne bueno et díjol:

—A buena fe, fijo, mal feciste, mas dígote que por esto nin por otro mayor tuerto, non descubriré las coles del huerto.

Et desque el mancebo esto contó a su padre mandol que fuese probar aquel que era su amigo cumplido. Et el fijo fízolo.

Et desque llegó a casa del amigo de su padre et lep. 247 contó todo lo que le había contescido, díjole el homne bueno, amigo de su padre, que él le guardaría de muerte et de daño.

E acaesció por aventura, que en aquel tiempo habían muerto un homne en aquella villa, et non podían saber quien lo matara. Et porque algunos vieron que aquel mancebo había ido con aquel saco a cuestas muchas veces de noche, tovieron que él lo había muerto.

E ¿qué vos iré alongando? El mancebo fué judgado que lo matasen. Et el amigo de su padre había fecho cuanto pudiera por lo escapar. E desque vió que en ninguna manera non lo pudiera librar de muerte, dijo a los alcaldes que non quería levar pecado de aquel mancebo, que sopiesen que aquel mancebo non matara el homne, mas que lo matara un su fijo solo que el había. Et fizo al fijo que lo cognosciese; et el fijo otorgolo. Et matáronlo. Et escapó de la muerte el fijo del homne bueno que era amigo de su padre.

E agora, señor conde Lucanor, vos he contado cómo se prueban los amigos, et tengo que este ejiemplo es bueno para saber hombre en este mundo cuales son los amigos, et que los debe probar ante que se meta en grant periglo por su fiuza, et que sepa a cuanto se pararen por él sil fuese mester, ca cierto seed, que algunos son buenos amigos, mas muchos, et por aventura los más, son buenos amigos de la ventura que así como la ventura corre así son ellos amigos. E otrosí, este ejiemplo se puede entender spiritualmentep. 248 en esta manera: todos los homnes en este mundo tienen que han amigos, et cuando viene la muerte, hanlos de probar en aquella queja, et van a los seglares et dícenlos que asaz han que facer en si, e van a los religiosos et dícenlos que rogarán a Dios por ellos, e van a la mujer et a los fijos et dícenles que irán con ellos fasta la fuesa et que les farán honra a su enterramiento, et así prueban a todos aquellos que ellos cuidaban que eran sus amigos. Et desque non fallan en ellos ningún cobro para escapar de la muerte, así como tornó el fijo del buen homne,—despues que non falló cobro en ninguno daquellos que cuidaba que eran sus amigos,—a su padre, tórnanse a Dios que es su padre, et Dios díceles que prueben a los sanctos que son medios amigos. Et ellos fácenlo. Et tan grand es la bondat de los sanctos et sobre todos de sancta María, que non dejan de rogar a Dios por los pecadores: et sancta María muéstrale cómo fué su madre et cuanto trabajo tomó en lo tener et en lo criar, et los sanctos muéstranle las lacerias et las penas et los tormentos et las pasiones que recebieron por él, et todo esto facen por encobrir los yerros de los pecadores. Et aunque hayan recebido muchos enojos dellos, non lo descubren, así como non descubrió el medio amigo la puñada quel dió el fijo de su amigo. Et desque el pecador vee spiritualmente que por todas estas cosas non puede escapar de la muerte del alma, tórnase a Dios así como tornó el fijo al padre después que non falló quien lop. 249 pudiese escapar de la muerte. Et nuestro señor Dios así como padre et amigo verdadero, acordándose del amor que ha al homne que es su criatura fizo como el buen amigo, ca envió al su fijo Jesu-Cristo que moriese, non habiendo ninguna culpa et seyendo sin pecado, por desfacer las culpas et los pecados que los homnes merescían. Et Jesu-Cristo como buen fijo, fué obediente a su padre et seyendo verdadero Dios et verdadero homne quiso recebir et recebió muerte et redimió a los pecadores por la su sangre.

E agora, señor conde, parat mientes cuales destos amigos son mejores et más verdaderos, o por cuales debía homne facer más por los ganar por amigos.

E al conde plogo mucho con todas estas razones, et tovo que eran buenas.

Et entendiendo don Johán, que este enjiemplo era muy bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Nunca homne podría tan buen amigo fallar,
Como Dios, que lo quiso por su sangre comprar[48].

[48] Fué la amistad sentimiento que siempre preocupó a D. Juan Manuel, dedicó a ella un delicioso tratado: «De las maneras del Amor» donde dice a su hijo «dígovos que fasta aquí, maguer que he pasado cincuenta años, avés podré decir que fallé de tales amigos mas de uno, et non lo quiero nombrar por non me perder con los otros». Abundan las fuentes de este cuento.


p. 250

EJEMPLO XLIX

De lo que contesció al que echaron en la isla desnuyo cuandol tomaron el señorío que tenía.

Otra vez fablaba el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díjole:

—Patronio, muchos me dicen que, pues yo so tan honrado et tan poderoso, que faga cuanto pudiere por haber grand riqueza et grant poder et grant honra, ca esto, es lo que me más cumple et más me pertenesce. Et porque yo sé que siempre me consejades lo mejor et que lo faredes así daqui adelante, ruégovos que me consejedes lo que vierdes que más me cumple en esto.

—Señor conde—dijo Patronio—este consejo que me vos demandades es grave de dar por dos razones: lo primero, que en este consejo que me vos demandades, habré a decir contra vuestro talante; et lo otro, porque es muy grave de decir contra el consejo que es dado a pro del señor. Et porque en este consejo ha estas dos cosas, esme muy grave de decir contra él, pero, porque todo consejero, si leal es, non debe catar sinón para dar el mejor consejo et non catar su pro, nin su daño, nin si le place al señor, nin si le pesa, sinón decirle lo mejor que homne viere; por ende, yo no dejaré de vos decir en este consejo lo que entiendo que es más vuestra pro et vos cumple más. Et por ende, vos digo, que los que esto vos dicen quep. 251 en parte vos consejan bien, pero non es el consejo complido nin bueno para vos; mas para seer del todo complido et bueno, sería muy bien et placerme hía mucho que sopiésedes lo que acaesció a un homne quel ficieron señor de una grand tierra.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor,—dijo Patronio—en una tierra habían por costumbre que cada año facían un señor. Et en cuanto duraba aquel año facían todas las cosas que él mandaba. Et luego que el año era acabado, tomábanle cuanto había et desnudábanle et echábanle en una isla solo, que non fincaba con él homne del mundo.

Et acaesció que hobo una vez aquel señorio un homne que fué de mejor entendimiento et más apercebido que los que lo fueron ante. Et porque sabía que desque el año pasase, quel habían de facer lo que a los otros, ante que se acabase el año del su señorio, mandó en grand poridat facer en aquella isla, do sabía que lo habían de echar, una morada muy buena et muy complida en que puso todas las cosas que eran mester para toda su vida. Et fizo la morada en lugar tan encubierto que nunca gelo pudieron entender los de aquella tierra quel dieron aquel señorío.

Et dejó algunos amigos en aquella tierra así adebdados et castigados que, si por aventura algunas cosas hobiese mester de las que él non se acordara de enviar adelante, que gelas enviasen ellos en guisa quel non menguase ninguna cosa.

p. 252E cuando el año fué complido et los de la tierra le tomaron el señorío et le echaron desnudo en la isla así como a los otros ficieron que fueron ante que él; por que él fuera apercebido et había fecho tal morada en que podía vevir muy vicioso et muy a placer de sí, fuese para ella, et viscó en ella muy bien andante.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes seer bien consejado, parad mientes que en este tiempo que habedes de vevir en este mundo, pues sodes cierto quel habedes a dejar et que vos habedes a partir desnudo dél et non habedes a levar del mundo, sinón las obras que ficierdes, guisat que las fagades tales, porque, cuando deste mundo salierdes, que tengades fecha tal morada en el otro, que cuando vos echaren deste mundo desnudo, que fallades buena morada para toda vuestra vida. Et sabet que la vida del alma non se cuenta por años, mas dura para siempre sin fin; ca el alma es cosa spiritual et non se puede corromper, ante dura et finca para siempre. Et sabet que las obras buenas o malas que el homne en este mundo face, todas las tiene Dios guardadas para dar dellas gualardón en el otro mundo segund sus merecimientos. Et por todas estas razones, conséjovos yo, que fagades tales obras en este mundo por que cuando dél hobierdes de salir, falledes buena posada en aquel do habedes a durar para siempre, et que por los estados et honras deste mundo que son vanas et fallecederas, que non querades perder aquello que es cierto que ha de durar para siempre sin fin. Et estasp. 253 buenas obras facetlas sin ufana et sin vanagloria que aunque las vuestras buenas obras sean sabidas, siempre serán encubiertas, pues non las facedes por ufana, nin por vanagloria. E otrosí, dejat acá tales amigos que lo que vos non pudierdes complir en vuestra vida, que lo cumplan ellos a pro de la vuestra alma. Pero seyendo estas cosas guardadas, todo lo que pudierdes facer por levar vuestra honra et vuestro estado adelante, tengo que lo debedes facer, et es bien que lo fagades.

E el conde tovo este por buen enjiemplo et por buen consejo et rogó a Dios quel guisase que lo pudiese así facer como Patronio dicía.

Et entendiendo don Johan que este enjiemplo era bueno, fízolo escribir en este libro, et fizo estos viesos que dicen así:

Por este mundo fallecedero,
Non pierdas el que es duradero.

EJEMPLO L

De lo que contesció a Saladin con una dueña mujer de un su vasallo.

Fablaba el conde Lucanor un día con Patronio, su consejero, en esta guisa:

—Patronio, bien sé yo ciertamente que vos habedes tal entendimiento que homne de los que son agora en esta tierra non podría dar tan buen recabdo ap. 254 ninguna cosa quel preguntasen como vos. Et por ende, vos ruego, que me digades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si. Et esto vos pregunto porque bien entiendo, que muchas cosas ha mester el homne para saber acertar en lo mejor et facerlo, ca por entender homne la cosa et non obrar della bien, non tengo que mejora mucho en su facienda. Et porque las cosas son tantas, querría saber a lo menos una porque siempre me acordase della para la guardar.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—vos por vuestra merced me loades mucho et señaladamente decides que yo he muy grant entendimiento. Et señor conde, yo recelo que vos engañades en esto. Et bien cred, que non ha cosa en el mundo en que homne tanto nin tan de lijero se engañe como enconoscer los homnes cuales son en si et cual entendimiento han. Et estas son dos cosas: la una, cual es el homne en si: e la otra, qué entendimiento ha. Et para saber cual es en si, hase de mostrar en las obras que face a Dios e al mundo, ca muchos parescen que facen buenas obras, et non son buenas que todo el su bien es para este mundo. Et creet que esta bondat, que les costará muy cara, ca por este bien que dura un día, sufrirán mucho mal sin fin. Et otros facen buenas obras para servicio de Dios et non cuidan en lo del mundo, et como quier que estos escogen la mejor parte et la que nunca les será tirada nin la perderán; pero los unos nin los otros non guardan entreamas las carreras que son lo de Dios et del mundo.

p. 255Et para las guardar amas, ha mester muy buenas obras et muy grant entendimiento, que tan grave cosa es de facer esto como meter la mano en el fuego et non sentir la su calentura; pero, ayudándole Dios, et ayudándose el homne todo se puede facer; ca ya fueron muchos buenos reis et otros homnes sanctos, pues estos buenos fueron a Dios et al mundo. Et otrosí, para saber cual ha buen entendimiento ha mester muchas cosas, ca muchos dicen muy buenas palabras et grandes sesos et non facen sus faciendas tan bien como les cumple; e otros traen muy bien sus faciendas et non saben o non quieren o non pueden decir tres palabras a derechas; e otros fablan muy bien et facen muy bien sus faciendas, mas son de malas entenciones, et como quier que obran bien para si, obran malas obras para las gentes. Et destos tales, dice la Scriptura, que son tales como el loco que tiene la espada en la mano, e como el mal príncipe que ha grant poder.

Mas, para que vos et todos los homnes podades cognoscer cual es bueno a Dios, et al mundo, et cual es de buen entendimiento, et cual es de buena palabra, et cual es de buena entención, e para lo escoger verdaderamente conviene que non judguedes a ninguno sinón por las obras que ficiere luengamente, et non poco tiempo, et por como viéredes que mejora o que peora su facienda, ca en estas dos cosas se paresce todo lo que desuso es dicho.

Et todas estas razones vos dije agora, porque vos loades mucho a mi et al mio entendimiento, et sop. 256 cierto que, desque a todas estas cosas catásedes, que me non loaredes tanto. Et a lo que me preguntastes que vos dijiese cual era la mejor cosa que homne podía haber en si, para saber desto la verdat, quería mucho que sopiésedes lo que contesció a Saladín con una muy buena dueña, mujer de un caballero su vasallo.

E el conde le preguntó como fuera aquello.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—Saladín era soldán de Babilonia et traía consigo siempre muy grant gente; et un día porque todos non podían posar con él, fué posar a casa de un caballero.

Et cuando el caballero vió a su señor que era tan honrado en su casa, fízole cuanto servicio et cuanto placer pudo, et él et su mujer et sus fijos et sus fijas servíanle cuanto podían. Et el Diablo que siempre se trabaja por que faga el homne lo más desaguisado puso en el talante de Saladín que olvidase todo lo que debía guardar et que amase aquella dueña non como debía.

Et el amor fué tan grande, quel hobo de traer a consejarse con un su mal consejero, en qué manera podría complir lo que él quería. Et debedes saber que todos debían rogar a Dios que guardase a su señor de querer facer mal fecho, ca si el señor lo quiere, cierto seed que nunca menguará quien gelo conseje et quien le ayude a lo complir.

Et así contesció a Saladín, que luego falló quien le consejó como pudiese complir aquello que quería. Et aquel mal consejero, consejol, que enviase por su marido et quel ficiese mucho bien et quel diese muyp. 257 grant gente de que fuese mayoral; et a cabo de algunos días quel enviase a alguna tierra lueñe en su servicio, et en cuanto el caballero estudiese allá, que podría él complir toda su voluntad.

E esto plogo a Saladín, et fízolo así. E desque el caballero fué ido en su servicio, cuidando que iba muy bien andante et muy amigo de su señor, fuese Saladín para su casa. E desque la buena dueña sopo que Saladín vinía, porque tanta merced había fecho a su marido, recibiolo muy bien et fízole mucho servicio et cuanto placer pudo ella et toda su compaña. E desque la mesa fué alzada et Saladín entró en su cámara, envió por la dueña. Et ella teniendo que enviaba por al fué a él. Et Saladín le dijo, que la amaba mucho. Et luego que ella esto oyó, entendiolo muy bien, pero dió a entender que non entendía aquella razón et dijol quel diese Dios buena vida et que gelo gradescía; ca bien sabíe Dios, que ella mucho deseaba la su vida, et que siempre rogaría a Dios por él como lo debía facer por que era su señor et, señaladamente, por cuanta merced facía a su marido et a ella.

E Saladín le dijo: que sin todas aquellas razones, la amaba más que a mujer del mundo. Et ella teniagelo en merced non dando a entender que entendía otra razón. ¿Que vos iré más alongando? Saladín le hobo a decir cómo la amaba. E como la buena dueña aquello oyó, como era muy buena et de muy buen entendimiento, respondió así a Saladín:

—Señor, como quier que yo so asaz mujer de pequeñap. 258 guisa, pero bien sé que el amor non es en poder del homne, ante es el homne en poder del amor. Et bien sé yo que, si vos tan grand amor me habedes como decides, que podría ser verdad esto que me vos decides, pero asi como esto sé bien, así sé otra cosa: que cuando los homnes, et señaladamente los señores, vos pagades de alguna mujer, dades a entender que faredes cuanto ella quisiere: Et desque ella finca mal andante et escarnida preciádesla poco como es derecho e finca del todo mal. Et yo, Señor, recelo que me contescerá así a mí.

E Saladín se lo comenzó a desfacer prometiéndole quél faría cuanto ella quisiese porque fincase muy bien andante. E desque Saladín esto le dijo, respondiol la buena dueña que, si él le prometiese complir lo que ella pidría ante que ficiese fuerza nin escarnio, que ella le prometía que, luego que gelo hobiese complido, faría ella todo lo que él mandase.

E Saladín le dijo, que recelaba quel pidiría que non le fablase más en aquel fecho. Et ella dijol que non le demandaría eso nin cosa que él muy bien non pudiese facer. E Saladín gelo prometió. E la buena dueña le besó la mano et el pié et díjole, que lo que dél quería, era quel dijiese cual era la mejor cosa que homne podía haber en si et que era madre et cabeza de todas las bondades.

E cuando Saladín esto oyó, comenzó muy fuertemente a cuidar, et non pudo fallar qué respondiese a la buena dueña. Et por que él había prometido quep. 259 non le faría fuerza nin escarnio fasta quel cumpliese lo que había prometido, díjole que quería acordar sobresto. Et ella díjole, que prometía que en cualquier tiempo que desto le diese recado, que ella cumpliría todo lo que él mandase.

E así fincó pleito puesto entrellos. Et Saladín fuese para sus gentes, et, como por otra razón, preguntó a todos sus sabios por esto. Et unos dician que la mejor cosa que homne podía haber era ser homne de buena alma. Et otros dicían que era verdat para el otro mundo, mas que por ser solamente de buena alma, que non sería muy bueno para este mundo. E otros dicían que lo mejor era seer homne muy leal. E otros dicían que, como quier que seer leal es muy buena cosa, que podría seer leal et ser muy cobarde, o muy escaso, o muy torpe, o mal acostumbrado et así que al había mester aunque fuese muy leal. Et desta guisa fablaban en todas las cosas et non podían acertar en lo que Saladín preguntaba.

E desque Saladín non falló qui le diese recabdo a su pregunta en toda su tierra, trajo consigo dos jubglares e esto fizo por que mejor pudiese con estos andar por el mundo. Et desconocidamente pasó la mar, et fué a la corte del Papa, do se ayuntan todos los cristianos. Et preguntando por aquella razón nunca falló quien le diese recabdo. E dende, fué a casa del Rey de Francia et a todos los reyes et nunca falló recabdo. Et en esto moró tanto tiempo que era ya repentido de lo que había comenzado.

p. 260Et ya por la dueña non ficiera tanto, mas, porque él era tan buen homne, tenía quel era mengua si dejase de saber aquello que había comenzado; ca sin dubda el grant homne grant mengua face si deja lo que una vez comienza, solamente que el fecho non sea malo o pecado, mas, si por miedo o por trabajo lo deja, non se podría de mengua escusar. Et por ende Saladín non quería dejar de saber aquello porque saliera de su tierra.

Et acaesció, que un día andando por su camino con sus jubglares, toparon con un escudero que venía de correr monte et había muerto un ciervo. Et el escudero casara poco tiempo había, et había un padre muy viejo que fuera el mejor caballero que hobiera en toda aquella tierra. Et por la grant vejez non veía et non podía salir de su casa, pero había el entendimiento tan bueno et tan complido que non le menguaba ninguna cosa por la vejez. E el escudero que venía de su caza muy alegre preguntó [a] aquellos homnes que dónde vinían, et qué homnes eran. E ellos dijieron que eran joglares.

E cuando él esto oyó, plogol ende mucho, et díjoles quél vinía muy alegre de su caza et para complir el alegría que pues eran ellos muy buenos joglares, que fuesen con él esa noche. Et ellos le dijieron que iban a muy grant priesa, que muy grant tiempo había que se partieran de su tierra por saber una cosa et que non pudieron fallar della recabdo et que se querian tornar et que por eso non podían ir con él esa noche.

p. 261E el escudero les preguntó tanto, fasta quel hobieron a decir qué cosa era aquello que querían saber. E cuando el escudero esto oyó, díjoles, que si su padre non les diese consejo a esto, que non gelo daría homne del mundo, et contoles que homne era su padre.

E cuando Saladín, a que el escudero tenía por joglar oyó esto, plogol ende mucho. Et fuéronse con él.

Et desque llegaron a casa de su padre, el escudero le contó como vinía mucho alegre porque cazara muy bien et aun que había mayor alegría porque traía consigo aquellos juglares: Et dijo a su padre lo que andaban preguntando, et pidiol por merced que les dijiese lo que desto entendía él, ca él les había dicho que, pues non fallaban quien les diese desto recabdo, que si su padre non gelo diese, que non fallarían homne que les diese recabdo.

E cuando el caballero anciano esto oyó, entendió que aquel que esta pregunta facía, que non era juglar; et dijo a su fijo que, después que hobiesen comido, que él les daría recabdo a esto que preguntaban.

E el escudero dijo esto a Saladín, que él tenia por joglar, de que fué Saladín mucho alegre, et alongábasele ya mucho porque había de atender fasta que hobiese comido.

E desque los manteles fueron levantados et los juglares hobieron fecho su mester, díjoles el caballero anciano quel dijiera su fijo que ellos andaban faciendo una pregunta et que non fallaban homne que lesp. 262 diese recabdo et quel dijiesen qué pregunta era aquella, et él que les diría lo que entendía.

E entonces Saladín que andaba por joglar, dijol que la pregunta era esta:—que cual era la mejor cosa que homne podía haber en sí, et que era madre et cabeza de todas las bondades.

E cuando el caballero anciano oyó esta razón entendiola muy bien; et otrosí, conosció en la palabra que aquel era Saladín, ca él visquiera muy grant tiempo con él en su casa et recibiera dél mucho bien, et mucha merced: et díjole:

—Amigo, la primera cosa que vos respondo, dígovos: que cierto so que fasta el día de hoy, que nunca tales juglares entraron en mi casa. Et sabet que, si yo derecho ficiere, que vos debo cognoscer por cuanto bien de vos tomé, pero desto non vos diré agora nada fasta que fable con vusco en poridat porque non sepa ninguno nada de vuestra facienda. Pero, cuanto a la pregunta que facedes vos digo: que la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades—dígovos—que esta es la vergüenza; ca por vergüenza sufre homne la muerte que es la más grave cosa que puede ser, et por vergüenza deja homne de facer todas las cosas que non le parescen bien por grand voluntat que haya de las facer. Et así, en la vergüenza han comienzo et cabo todas las bondades, et la desvergüenza es partimiento de todos los malos fechos.

Et cuando Saladín esta razón oyó, entendió verdaderamentep. 263 que era así como el caballero le dicía. Et pues entendió que había fallado recabdo de la pregunta que facía, hobo ende muy grant placer et despidiose del caballero et del escudero cuyos huéspedes habían sido. Mas ante que se partiesen de su casa, fabló con él el caballero anciano, et le dijo como lo conoscía e que era Saladín, et contol cuanto bien dél había recibido. Et él et su fijo ficiéronle cuanto servicio pudieron, pero en guisa que non fuese descubierto.

E desque estas cosas fueron pasadas, enderezó Saladín para irse para su tierra cuanto más aina pudo. Et desque llegó a su tierra hobieron las gentes con él muy grant placer et ficieron muy grant alegría por la su venida.

Et después que aquellas alegrías fueron pasadas, fuese Saladín para casa de aquella buena dueña quel ficiera aquella pregunta. Et desque ella sopo que Saladín venía a su casa, recibiol muy bien, et fizol cuanto servicio pudo.

Et después que Saladín hobo comido et entró en su cámara envió por la buena dueña. Et ella vino a él. Et Saladín le dijo: cuánto había trabajado por fallar respuesta cierta de la pregunta quel ficiera et que la había fallado, et pues le podía dar repuesta complida así comol había prometido, que ella otrosí cumpliese lo quel prometiera. Et ella le dijo quel pidía por merced, quel guardase lo quel había prometido et quel dijiese la repuesta a la pregunta quel había fecho, et que si fuese tal que él mismo entendiese quep. 264 la repuesta era complida, que ella muy de grado compliría todo lo quel había prometido.

E estonces le dijo Saladín, quel placía desto que ella le dicía, et dijol que la repuesta de la pregunta que ella ficiera, que era esta; que ella le preguntaba:—cual era la mejor cosa que homne podía haber en si et que era madre et cabeza de todas las bondades: que esta es, la vergüenza.

E cuando la buena dueña esta respuesta oyó, fué muy alegre et dijol:

—Señor, agora conosco que decides verdat, et que me habedes complido cuanto me prometistes. Et pídovos por merced que me digades así como rey debe decir verdad: si cuidades que ha en el mundo mejor homne que vos.

Et Saladín le dijo, que, como quier que se le facía vergüenza de lo decir, pero pues le había a decir verdat como rey, quel dicía que más cuidaba que era él mejor que los otros, que non que había otro mejor que él.

E cuando la buena dueña esto oyó, dejose caer en tierra ante los sus piés et dijol así llorando muy fieramente:

—Señor, vos habedes aquí dicho, muy grandes dos verdades: la una, que sodes vos el mejor homne del mundo; la otra, que la vergüenza es la mejor cosa que el homne puede haber en si. Et señor, pues vos esto conoscedes, et sodes el mejor homne del mundo, pídovos por merced que querades haber en vos la mejorp. 265 cosa del mundo, que es la vergüenza et que hayados vergüenza de lo que me decides.

Et cuando Saladín todas estas buenas razones oyó et entendió cómo aquella buena dueña con la su bondat et con el su buen entendimiento sopiera aguisar que fuese él guardado de tan grand yerro, gradesciolo mucho a Dios. Et comoquier que la él amaba ante de otro amor, amola muy más dallí adelante de amor leal et verdadero, cual debe haber el buen señor et leal a todas sus gentes. Et señaladamente por la su bondat della, envió por su marido et fízoles tanta honra et tanta mercet por que ellos et todos los que dellos vinieron fueron muy bien andantes entre todos sus vecinos.

Et todo este bien acaesció por la bondat daquella buena dueña, et porque ella guisó que fuese sabido que la vergüenza es la mejor cosa que homne puede haber en sí, et que es madre et cabeza de todas las bondades.

Et pues vos, señor conde Lucanor, me preguntades cual es la mejor cosa que homne puede haber en si, dígovos que es la vergüenza; ca la vergüenza face a homne ser esforzado, et franco, et leal, et de buenas costumbres, et de buenas maneras, et facer todos los bienes que face, ca bien creed que todas estas cosas face homne más con vergüenza que con talante que hay de lo facer; et otrosí, por vergüenza deja homne de facer todas las cosas desaguisadas que da la voluntad al homne de facer. Et por ende, cuán buena cosap. 266 es haber el homne vergüenza de facer lo que non debe et dejar de facer lo que debe, tan mala et tan dañosa et tan fea cosa es el que pierde la vergüenza. Et debedes saber que yerra muy fieramente el que face algunt fecho vergonzoso et cuida que, pues que lo face encubiertamente, que non debe haber ende vergüenza. Et cierto sed, que non ha cosa, por encubierta que sea, que tarde o aina non sea sabida. Et aunque luego que la cosa vergonzosa se faga, non haya ende vergüenza, debríe homne cuidar que vergüenza sería cuando fuere sabido. Et aunque desto non tomase vergüenza, débela tomar de si mismo que entiende el pleito vergonzoso que face. Et cuando en todo esto non cuidase, debe entender cuánto sin ventura es, pues sabe que, si un mozo viese lo que él face, que lo dejaría por su vergüenza, et non lo dejar nin haber vergüenza nin miedo de Dios que lo vee et lo sabe todo, et es cierto quel dará por ello la pena que meresciere.

E agora, señor conde Lucanor, vos he respondido a esta pregunta que me feciestes et con esta repuesta vos he respondido a cincuenta preguntas que me habedes fecho. Et habedes estado en ella tanto tiempo, que so cierto que son ende enojadas muchas de vuestras compañas, et señaladamente se enojan ende los que non han muy mal talante de oir nin de aprender las cosas que se pueden mucho aprovechar. Et contésceles como a las bestias que van cargadas de oro que sienten el peso que lievan a cuestas et non se aprovechanp. 267 de la pro que ha en ello. Et ellos sienten el enojo de lo que oyen et non se aprovechan de las cosas buenas et aprovechosas que oyen. Et por ende vos digo, que lo uno por esto, et lo al por el trabajo que he tomado en las otras repuestas que vos di, que vos non quiero más responder a otras preguntas que vos fagades, que en este enjiemplo et en otro que se sigue adelante deste vos quiero facer fin a este libro.

E el conde tovo este por muy buen enjiemplo. Et cuanto de lo que Patronio dijo que non quería quel ficiese más preguntas dijo que esto fincase en como se pudiese facer.

Et porque don Johan tovo este enjiemplo por muy bueno, fízolo escribir en este libro et fizo estos viesos que dicen asi:

La vergüenza todos los males parte,
Por vergüenza face homne bien sin arte[49].

[49] Ya en el libro del Caballero et del Escudero había enunciado don Juan Manuel el principio que «la madre et cabeza de todas las bondades es la vergüenza».


EJEMPLO LI

[=Lo que contesció a un Rey cristiano que era muy poderoso et muy soberbio=]

Otra vez fablaba el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, e díjole asi:

p. 268—Patronio muchos homnes me dicen que una de las cosas por que el homne se puede ganar con Dios es por seer homildoso, otros me dicen que los homildosos son menospreciados de las otras gentes e que son tenidos por homnes de poco esfuerzo et de pequeño corazón, et que el grand señor, quel cumple et le aprovecha ser sobervio. Et porque yo sé que ningun homne non entiende mejor que vos lo que debe facer el grand señor, ruégovos que me consejedes cual destas dos cosas me es mejor o que yo debo más facer.

—Señor Conde Lucanor—dijo Patronio—para que vos entendades qué es en esto lo mejor et vos más cumple de facer, mucho me placería que sopiésedes lo que conteció a un rey christiano que era muy poderoso et muy soberbioso.

El conde le rogó quel dijiese cómo fuera aquello.

—Señor conde—dijo Patronio—en una tierra de que me non acuerdo el nombre, había un rey muy mancebo et muy rico et muy poderoso et era muy soberbio a grand maravilla, et a tanto llegó la su soberbia que una vez oyendo aquel cántico de Sancta María que dice: «Magnificat anima mea dominum» oyó en él un vieso que dice: «Deposuit potentes de sede et exaltavit humiles» que quiere decir: «Nuestro Señor Dios tiró et abajó los poderosos soberbios del su poderío et ensalzó los homildosos». Cuando esto oyó, pesol mucho et mandó por todo su regno que rayasen este vieso de los libros, et que pusiesen en aquel lugar: «Et exaltavit potentes in sede et humilis posuitp. 269 in terra» que quiere decir: «Dios ensalzó las sillas de los soberbios poderosos et derribó los homildosos.»

E esto pesó mucho a Dios, et fué muy contrario de lo que dijo Sancta María en este cántico mismo; ca desque vió que era madre del fijo de Dios que ella concibió et parió, seyendo et fincando siempre virgen et sin ningun corrompimiento, et veyendo que era señora de los cielos et de la tierra dijo de si misma alabando la humildat sobre todas las virtudes: «Quia respexit humilitatem ancillae suae, ecce enim ex hoc benedictam me dicent omnes generationes» que quiere decir: «Porque cató el mi Señor Dios la homildat de mi que so su sierva, por esta razón me llamarán todas las gentes bien aventurada.» Et asi fué, que nunca ante nin después, pudo seer ninguna mujer bien aventurada, ca por las bondades, et señaladamente por la su gran homildat meresció seer madre de Dios et reina de los cielos et de la tierra et seer Señora puesta sobre todos los choros de los ángeles.

Mas al rey soberbioso conteció muy contrario desto: ca un dia hobo talante de ir al baño et fué allá muy orgullosamente con su compaña. Et porque entró en el baño hóbose a desnuyar et dejó todos su paños fuera del baño. Et estando él bañándose envió nuestro señor Dios un ángel al baño, el cual por la virtud et por la voluntad de Dios tomó la semejanza del Rey et salió del baño et vistiose los paños del rey et fuéronse todos con él paral Alcazar. Et dejó a la puerta del baño unos pañizuelos muy viles et muy rotosp. 270 como destos pobrezuelos que piden a las puertas.

El rey que fincaba en el baño non sabiendo desto ninguna cosa, cuando entendió que era tiempo para salir del baño, llamó a aquellos camareros et aquellos que estaban con él. Et por mucho que los llamó, non respondió ninguno dellos que eran idos todos, cuidando que iban con el rey. Desque vió que non le respondió ninguno tomol tan grand saña que fué muy grand maravilla, et comenzó a jurar que los faría matar a todos de muy crueles muertes. Et teniéndose por muy escarnido salió del baño desnuyo cuidando que fallaría algunos de sus homnes quel diesen de vestir. Et desque llegó do él cuidó fallar alguno de los suyos, non falló ninguno; comenzó a catar del un cabo et del otro del baño, et non falló a homne del mundo a qui decir una palabra.

Et andando así muy coitado, et non sabiendo que se facer, vió aquellos pañizuelos viles et rotos que estaban a un rincón et pensó de los vestir et que iría encubiertamente a su casa et que se vengaría muy cruelmente de todos los que tan grand escarnio le habían fecho. Et vistiose los paños et fuese muy encubiertamente al Alcazar, et cuando y llegó, vió estar a la puerta uno de los sus porteros que conoscía muy bien que era su portero, et uno de los que fueron con él al baño, et llamol muy paso et díjol quel abriese la puerta et le metiese en su casa muy encubiertamente porque non entendiese ninguno que tan envergonzadamente vinía.

p. 271El portero tenía muy buena espada al cuello et muy buena maza en la mano et preguntol: qué homne era que tales palabras dicía. Et el rey le dijo:

—¡Ah traidor! ¿Non te cumple el escarnio que me feciste tu et los otros en me dejar solo en el baño et venir tan envergonzado como vengo? ¿Non eres tu fulano, et non me conosces como yo so el rey, vuestro señor, que dejastes en el baño? Abreme la puerta ante que venga alguno que me pueda conoscer, et sinón, seguro sei que yo te faré morir mala muerte et muy cruel.

Et el portero le dijo:

—Homne loco, mesquino, ¿que estás diciendo? Ve a buena ventura et non digas más estas locuras, sinón, yo te castigaré bien como a loco, ca el rey pieza ha que vino del baño, et viniemos todos con él, et ha comido et es echado a dormir, et guárdate que non fagas aquí roido por quel despiertes.

Cuando el rey esto oyó, cuidando que gelo dicía faciendol escarnio, comenzó a rabiar de saña et de malenconía et arremetiose a él cuidandol tomar por los cabellos. Et de que el portero esto vió, non le quiso ferir con la maza, mas diol muy grand colpe con el mango en guisa quel fizo salir sangre por muchos lugares. De que el rey se sintió ferido et vió que el portero tenía buena espada et buena maza et que él non tenía ninguna cosa con quel pudiese facer mal, nin aún para se defender, cuidando que el portero era enloquecido, et que si más le dijiese, quel mataría porp. 272 aventura, pensó de ir a casa del su mayordomo et de encobrirse y fasta que fuese guarido, et después que tomaría venganza de todos aquellos traidores que tan grand escarnio le habían traido.

Et desque llegó a casa de su mayordomo, si mal le contesciera en su casa con el portero, muy peor le acaesció en casa de su mayordomo.

Et dende, fuese lo más encubiertamente que pudo para casa de la reina, su mujer, teniendo ciertamente que todo este mal quel vinía porque aquellas gentes non le conoscían; et tenía sin duda, que cuando todo el mundo le desconociese, que non lo desconocería la reina, su mujer. Et desque llegó ante ella et le dijo cuanto mal le habian fecho et como él era el rey, la reina recelando que si el rey que ella cuidaba que estaba en casa sopiese que ella oíe tal cosa quel pesaría ende, mandol dar muchas palancadas, diciendol quel echasen de casa aquel loco quel dicía aquellas locuras.

El Rey desaventurado, de que se vió tan mal andante, non sopo qué facer et fuese echar en un hospital muy mal ferido et muy quebrantado, et estudo allí muchos días. Et cuando lo aquejaba la fambre iba demandando por las puertas et dicianle las gentes, et facianle escarnio, que cómo andaba tan lazdrado siendo rey de aquella tierra. Et tantos homnes le dijieron esto et tantas veces et en tantos logares, que ya él mismo cuidaba que era loco et que con locura pensaba que era rey de aquella tierra. Et desta guisa andudo muy grand tiempo, teniendo todos los quel conoscíanp. 273 que era loco de una locura que contesció a muchos; que cuidan por si mismos que son otra cosa o que son en otro estado.

Et estando aquel homne en tan mal estado, la bondat et la piedat de Dios que siempre quiere la pro de los pecadores et los acarrea a la manera como se pueden salvar, si por grand culpa non fuere, obraron en tal guisa, que el cativo del rey que por su soberbia era caido en tan grant perdimiento et a tan grand abajamiento, comenzó a cuidar que este mal quel viniera, que fuera por su pecado et por la grant soberbia que en él había, et, señaladamente, tovo que era por el vieso que mandara del cántico de Sancta María que de suso es dicho, que mudara con grant soberbia et por grant locura. Et desque esto fué entendiendo comenzó a haber atan grant dolor et tan grant repentimiento en su corazón, que homne del mundo non lo podría decir por la boca; et era en tal guisa que mayor dolor et mayor pesar había de los yerros que ficiera contra Nuestro Señor que del regno que había perdido, et vió cuanto mal andante el su cuerpo estaba, et por ende, nunca al facía sinón llorar et matarse et pedir merced a Nuestro Señor Dios quel perdonase sus pecados, que solamente nunca se acordó nin puso en su talante de pedir merced a Nuestro Señor Dios quel tornase en su regno nin en su honra; ca todo esto preciaba él en nada, et non cobdiciaba otra cosa sinón haber perdón de sus pecados et poder salvar el alma.

Et bien creed, señor conde, que cuantos facen romeríasp. 274 et ayunos et limosnas et oraciones o otros bienes cualesquier por que Dios les dé o los guarde o los acresciente en la salud de los cuerpos o en la honra o en los bienes temporales, yo non digo que facen mal, mas digo, que si todas estas cosas ficiesen por haber perdón de todos sus pecados o por haber la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones sin hipocrisía et sin infinta, que seríe muy mejor, et sin dubda habríen perdón de sus pecados et habríen la gracia de Dios la cual se gana por buenas obras et buenas entenciones; ca la cosa que Dios más quiere del pecador es el corazón quebrantado et homillado et la entención buena et derecha.

Et por ende, luego que por la merced de Dios el rey se arrepintió de su pecado et Dios vió el su grand repentimiento et la su buena entención, perdonol luego. Et porque la voluntad de Dios es tamaña que non se puede medir, non tan solamente perdonó todos sus pecados al rey tan pecador, mas ante le tornó su regno et su honra más complidamente que nunca lo hobiera, et fízolo por esta manera:

El angel que estaba en logar de aquel rey et tenía la su figura llamó un su portero et díjol:

—Dícenme que anda aquí un homne loco que dice que fué rey de aquesta tierra, et dice otras muchas buenas locuras; que te vala Dios ¿qué omne es o qué cosas dice?

Et acaesció así por aventura que el portero era aquel que firiera al rey el día que se desnudó cuando salióp. 275 del baño. Et pues el angel, quel cuidaba ser el rey, gelo preguntaba todo lo quel contesciera con aquel loco, et contol como andaban las gentes riendo et trebejando con él, oyendo las locuras que dicíe. Et desque esto dijo el portero al rey, mandol que fuese llamar et gelo trojiese. Et desque el rey que andaba por loco vino ante el angel que estaba en lugar de rey apartose con él et díjol:

—Amigo, a mi dicen: que vos que decides que sodes rey desta tierra, et que la perdiestes, non sé por cual mala ventura et por qué ocasión. Ruégovos por la fe que debedes a Dios que me digades todo como cuidades que es, et que non me encubrades ninguna cosa, et yo vos prometo a buena fe que nunca desto vos venga daño.

Cuando el coitado del rey que andaba por loco et tan mal andante oyó decir aquellas cosas a aquel que cuidaba que era rey, non sopo que responder, ca de una parte hobo miedo que gelo preguntaba por lo sosacar, et si le dijiese que era rey quel mataría et le faría más mal andante de cuanto era, et por ende comenzó a llorar muy fieramente et díjole como homne que estaba muy coitado:

—Señor, yo non sé lo que vos responder a esto que me decides, pero porque entiendo que me sería ya tan buena la muerte como la vida,—et sabe Dios que non tengo mientes por cosa de bien nin de honra en este mundo,—non vos quiero encobrir ninguna cosa de como lo cuido en mi corazón. Dígovos, señor, que yop. 276 veo que so loco, et todas las gentes me tienen por tal, et tales obras me facen que yo por tal manera ando grand tiempo ha en esta tierra. Et como quier que alguno errase, non podría seer si yo loco non fuese, que todas las gentes, buenos et malos, grandes et pequeños, et de grand entendimiento et de pequeño, todos me toviesen por loco; pero, como quier que yo esto veo et entiendo que es asi, ciertamente la mi entención et la mi creencia es, que yo fuí rey desta tierra et que perdí el regno et la gracia de Dios con grand derecho por mis pecados, et, señaladamente, por la grand soberbia et grand orgullo que en mi había.

Et entonce contó con muy grand cuita et con muchas lágrimas todo quel contesciera, tan bien del vieso que ficiera mudar, como los otros pecados. Et pues el angel, que Dios enviara tomar la su figura et estaba por rey, entendió que se dolía más de los yerros en que cayera que del regno et de la honra que había perdido, díjol por mandado de Dios:

—Amigo, dígovos que decides en todo muy grand verdat, que vos fuestes rey desta tierra. Et Nuestro Señor Dios tiróvoslo por estas razones mismas que vos decides, et envió a mi que so su angel que tomase vuestra figura et estudiese en vuestro lugar. Et porque la piadat de Dios es tan complida, et non quiere del pecador sinón que se arrepienta verdaderamente, este prodigio verdaderamente amostró dos cosas para seer el repentimiento verdadero: la una es, que se arrepienta para nunca tornar a aquel pecado;p. 277 et la otra, que sea el repentimiento sin infinta. Et porque el Nuestro Señor Dios entendió que el vuestro repentimiento es tal, havos perdonado et mandó a mi que vos tornase en vuestra figura et vos dejase vuestro regno. Et ruégovos, et conséjovos yo que entre todos los pecados vos guardedes del pecado de la soberbia, ca sabet que de los pecados en que segund natura los homes caen que es el que Dios más aborrece, ca es verdaderamente contra Dios et contra el su poder, et siempre es muy aparejado para facer perder el alma. Seed cierto que nunca fué tierra, nin linaje, nin estado, nin persona en que este pecado regnase, que non fuese desfecho o muy mal derribado.

Cuando el rey que andaba por loco oyó decir estas palabras al angel, dejose caer ante él llorando muy fieramente et creyó todo lo quel dicía et adorol por reverencia de Dios cuyo angel mensajero era, et pidiol merced que se non partiese ende fasta que todas las gentes se ayuntasen porque publicase este tan grant miraglo que Nuestro Señor Dios ficiera. Et el angel fízolo así. Et desque todos fueron ayuntados, el rey predicó et contó todo el pleito como pasara. Et el angel, por voluntad de Dios, paresció a todos manifiestamente et contóles eso mismo.

Entonce el rey fizo cuantas enmiendas pudo a Nuestro Señor Dios; et entre las otras cosas, mandó que por remembranza desto, que en todo su regno para siempre fuese escripto aquel vieso que él revesara con letras de oro. Et oí decir que hoy en día así se guardap. 278 en aquel regno. Et esto acabado fuese el angel para Nuestro Señor Dios quel enviara, et fincó el rey con sus gentes muy alegres et muy bien andantes. Et dallí adelante fué el rey muy bueno para servicio de Dios et pro del pueblo et fizo muchos buenos fechos por que hobo buena fama en este mundo et meresció la gloria del paraiso, la cual él nos quiera dar por la su merced.

Et vos señor conde Lucanor, si queredes haber la gracia de Dios et buena fama del mundo facet buenas obras, et entre todas las cosas del mundo vos guardat de soberbia et set homildoso sin beguenería et sin hipocresía; pero la humildat, sea siempre guardando vuestro estado en guisa que seades homildoso, mas non homillado. Et los poderosos soberbios nunca fallan en vos humildat con mengua, nin con vencimiento, mas todos los que se vos homillasen fallen en vos siempre homildat de vida, et de buenas obras complida.

Al conde plogo mucho con este consejo, et rogó a Dios quel enderezase por quel pudiese todo esto cumplir et guardar.

Et porque don Johan se pagó mucho además deste enjiemplo, fízolo poner en este libro et fizo estos viesos que dicen así:

Los derechos homildosos Dios mucho los ensalza,
A los que son soberbios fiérelos peor que maza[50].

[50] Según Menéndez Pelayo, este cuento no es de D. Juan Manuel; es innegable su importancia, sin embargo; procede del Gesta romanorum esta leyenda del Emperador soberbio; dió argumento al Auto del Emperador Juvencio, de nuestro teatro primitivo, y a la comedia de D. Rodrigo de Herrera Del cielo viene el buen Rey.


p. 279

SEGUNDA PARTE DEL LIBRO
DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO

Razonamiento que face don Juan por amor de don Jaime, Señor de Xérica.

Después que yo, don Johan fijo del muy noble Infante don Manuel, Adelantado mayor de la frontera et del regno de Murcia, hobe acabado este libro del conde Lucanor et de Patronio que fabla de enjiemplos, et de la manera que habedes oido, segund paresce por el libro et por el prólogo fizlo en la manera que entendí más ligero de entender. Et esto fiz, porque yo non so muy letrado, et queriendo que non dejasen de se aprovechar dél los que non fuesen muy letrados, así como yo, por mengua de lo seer, fiz las razones et enjiemplos que en el libro se contienen asaz llanas et declaradas.

Et porque don Jaime, Señor de Xérica, que es uno de los homnes del mundo que yo más amo et por ventura non amo a otro tanto como a él, me dijo que quería que los mis libros fablasen más oscuro, et me rogó que si algund libro feciese, que non fuese tan declarado. Et so cierto que esto me dijo porque es tan sotil et tan de buen entendimiento que tiene por mengua de sabiduría fablar en las cosas muy llana et declaradamente.

p. 280Et lo que yo fiz fasta agora, fizlo por las razones que desuso he dicho, et agora que yo so tenudo de complir en esto et en al cuanto yo pudiese su voluntad, fablaré en este libro en las cosas que yo entiendo que los homnes se pueden aprovechar para salvamiento de las almas, et aprovechamiento de sus cuerpos, et mantenimiento de sus honras, et de sus estados. Et como quier que estas cosas non son muy sotiles en sí, así como si yo fablase de la sciencia de theología, o metafísica, o filosofía natural, o aun moral, o otras sciencias muy sotiles, tengo que me cae más et es más aprovechoso segund el mío estado fablar desta materia que de otra arte o sciencia. Et porque estas cosas de que yo cuido fablar non son en si muy sotiles, diré yo con la merced de Dios, lo que dijiere por palabras tales que los que fueren de tan buen entendimiento como don Jaime, que las entiendan muy bien et los que non las entendieren non ponga la culpa a mi, ca yo non lo quería facer sinón como fiz los otros libros, mas pónganla a don Jaime que me lo fizo así facer, et a ellos porque lo non pueden o non quieren entender.

Et pues el prólogo es acabado en que se entiende la razón por que este libro cuido componer en esta guisa, daquí adelante comenzaré la materia del libro; et Dios por la su merced et piedat quiera que sea a su servicio et a pro de los que lo leyeren o oyeren et guarde a mi de decir cosa de que sea reprehendido. Et bien cuido que el que leyere este libro et los otros que yo fiz, que pocas cosas puedan acaescer para lasp. 281 vidas et las faciendas de los homes, que non fallen algo en ellos, ca yo non quis poner en este libro nada de lo que es puesto en los otros, mas, qui de todos ficiere un libro, fallarlo ha y más complido.

Et la manera del libro es que Patronio fabla con el Conde Lucanor segund adelante veredes.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—yo vos fablé fasta agora lo más declaradamente que yo pude, et porque sé que lo queredes, fablarvos he daquí adelante esa misma materia, mas non por esa manera, que en el otro libro ante deste.

Et pues el otro es acabado, este libro comienza así:

—En las cosas que ha muchas sentencias non se puede dar regla general—

—El más complido de los homes es el que cognosce la verdat et la guarda—

—De mal seso es el que deja et pierde lo que dura et non ha precio, por lo que non puede haber término a la su poca durada—

—Non es de buen seso el que cuida entender por su entendimiento, lo que es sobre todo entendimiento—

—De mal seso es, el que cuida que contescerá a él lo que non contesció a otri; de peor seso es si esto cuida por que non se guarde—

—¡Oh Dios, señor criador et complido! ¡cómo me maravillo por que pusiestes vuestra semejanza en homne nescio!, ca cuando fabla yerra, cuando calla muestrap. 282 su mengua, cuando es rico es orgulloso, cuando es pobre non le precian nada, si obra non fará obra de recabdo, si está de vagar pierde lo que ha, es soberbio sobre el que ha poder, et véncese por el que más puede, es lijero de forzar et malo de rogar, convídase de grado, convida mal et tarde, demanda quier et con porfía, da tarde et amidos et con facerio, non se vergüenza por sus yerros, et aborrece quil castiga, el su falago es enojoso, la su saña es con denuesto. Es sospechoso et de mala poridat, espántase sin razón, toma esfuerzo et non debe, do cuida facer placer face pesar, es flaco en los bienes et recio en los males, non se castiga por cosa quel digan contra su voluntad. En grave día nasció quien oyó el su castigo, si lo acompañan non lo gradesce et fácelos lazdrar, nunca concierta en dicho nin en fecho nin yerra en lo quel non cumple, lo quél dice non se entiende, nin entiende lo quel dicen, siempre anda desavenido de su compaña, non se mesura en sus placeres, nin cata su mantenencia, non quiere perdonar et quiere quel perdonen, es escarnidor e él es el escarnido, querría engañar si lo sopiese facer, de todo lo que se pagaría tiene que es lo mejor aunque lo non sea, querría folgar et que lazdrasen los otros. ¿Qué diré más? En los fechos et en los dichos, en todo yerra, en lo demás, en su vista paresce que es nescio, et muchos son nescios que non lo parescen, mas el que lo paresce nunca yerra de lo seer—

—Todas las cosas han fin et duran poco et se mantienenp. 283 con grand trabajo et se dejan con grand dolor et non finca otra cosa para siempre, sinón lo que se face solamente por amor de Dios—

—Non es cuerdo el que solamente sabe ganar el haber, mas eslo el que se sabe servir et honrar él dél como debe—

—Non es de buen seso el que se tiene por pagado de dar o decir buenos sesos, mas eslo el que los dice et los face—

—En las cosas de poca fuerza cumplen las apuestas palabras, en las cosas de grand fuerza cumplen los apuestos et aprovechosos fechos—

—Más val al homne andar desnuyo que cubierto de malas obras—

—Quién ha fijo de malas maneras et desvergonzado et non recibidor de buen castigo, mucho le sería mejor nunca haber fijo—

—Mejor sería andar solo que mal acompañado—

—Más valdría seer homne soltero, que casar con mujer porfiosa—

—Non se ayunta el haber de torticería, et si se ayunta non dura—

—Non es de creer en facienda ajena, el que en la suya pone mal recabdo—

—Unas cosas pueden seer a cerca et otras a lueñe, pues débese homne atener a lo cierto—

—Por rebato et por pereza yerra homne muchas cosas, pues de grand seso es el que se sabe guardar de amas—

p. 284—Sabio es el que sabe sofrir et guardar su estado en el tiempo que es turbio—

—En grant cuita et periglo vive qui recela que sus consejeros querrían más su pro que la suya—

—Quien siembra sin tiempo non se maraville de non seer buena la cogida—

—Todas las cosas parescen bien et son buenas, et parescen mal et son malas, et parescen bien et son malas, et parescen malas et son buenas—

—En mejor esperanza está el que va por la carrera derecha et non falla lo que demanda, que el que va por la tuerta et se le face lo que quiere—

—Más val alongarse homne del Señor torticiero que seer mucho su privado—

—Quien desengaña con verdadero amor, ama; quien lesonja, aborrece—

—El que más sigue la voluntat que la razón, trae el alma et el cuerpo en grand periglo—

—Usar más de razón el deleite de la carne, mata el alma et destruye la fama et enflaquece el cuerpo et mengua el seso et las buenas maneras—

—Todas las cosas yacen so la mesura; et la manera es el peso—

—Quien non ha amigos sinón por lo que les da, poco le durarán—

—Aborrecida cosa es qui quiere estar solo, e más quien quiere estar con malas compañas—

—El que quiere señorear los suyos por premia et non por buenas obras, los corazones de los suyos demandanp. 285 quien los señoree. Como quier que contesce, grave cosa es seer desemejante a su linaje—

—Cual homne es, con tales se acompaña—

—Más vale seso, que ventura, que riqueza, nin linaje—

—Cuidan que el seso et el esfuerzo que son desemejantes, et ellos son una cosa—

—Mejor es perder faciendo derecho, que ganar por facer tuerto, ca el derecho ayuda al derecho—

—Non debe homne fiar en la ventura, ca múdanse los tiempos et cámbianse las venturas—

—Por riqueza, nin pobreza, nin buena andanza, nin contraria, non debe homne partirse del amor de Dios—

—Más daño recibe homne del estorbador, que provecho del quel ayuda—

—Non es sabio quien se puede desembargar de su enemigo et lo aluenga—

—Qui a si mismo non endereza, non podría enderezar a otri—

—El señor muy falaguero es despreciado; el bravo aborrecido, el cuerdo guárdalo con la regla—

—Quien por poco aprovechamiento aventura grand cosa, non es de muy buen seso—

—¡Cómo es aventurado qui sabe sofrir los espantos et non se queja para facer su daño!—

—Si puede homne decir o facer su pro, fágalo, et sinón, guárdese de decir o facer su daño—

—Homildat con razón es alabada—

p. 286—Cuanto es mayor el subimiento, tanto es peor la caida—

—Paresce la bondat del señor en cuales obras face e cuales leyes pone—

—Por dejar el señor al pueblo lo que debe haber dellos, les tomará lo que non debe—

—Qui non face buenas obras a los que las han mester, non le ayudarán cuando los hobier mester—

—Más vale sofrir fambre que tragar bocado dañoso—

—De los viles se sirve homne por premia, e de los buenos e honrados con amor et buenas obras—

—Hay verdat buena, hay verdat mala—

—Tanto empece a vegadas la mala palabra como la mala obra—

—Non se escusa de ser menguado qui por otri face su mengua—

—Qui ama más de cuanto debe, por amor será desamado—

—La mayor desconoscencia es quien non conosce a si, pues ¿cómo conoscerá a otri?—

—El que es sabio, sabe ganar perdiendo, et sabe perder ganando—

—El que sabe cuida que non sabe, el que non sabe cuida que sabe—

—La escalera del gualardón es el pensamiento, et los escalones son las obras—

—Quien non cata los fines fará los comienzos errados—

p. 287—Qui quiere acabar lo que desea, desee lo que puede acabar—

—Cuando se non puede facer lo que homne quiere, quiera lo que se pueda facer—

—El cuerdo sufre al loco, et non sufre el loco al cuerdo, ante le faz premia—

—El rey rey, reina; el rey non rey, non reina, mas es reinado—

—Muchos nombran a Dios et fablan en él, et pocos andan por las sus carreras—

—Espantosa cosa es enseñar el mudo, guiar el ciego, saltar el contrecho, más lo es, decir buenas palabras et facer malas obras—

—El que usa parar lazos en que cayan los homnes, páralos a otri et él caerá en ellos—

—Despreciado debe seer el castigamiento del que non vive vida alabada—

—¡Cuántos nombran la verdat et non andan por sus carreras!—

—Venturado et de buen seso es el que fizo caer a su contrario en el foyo que ficiera para que en él cayese—

—Quien quiere que su casa esté firme, guarde los cimientos et los pilares et el techo—

—Usar la verdat, seer fiel, et non fablar en lo que non aprovecha, faz llegar a homne a grand estado—

—El mejor pedazo que ha en el homne es el corazón, e ese mismo es el peor—

—Qui non enseña et castiga sus fijos ante del tiempop. 288 de la desobediencia, para siempre ha dellos pecado—

—La mejor cosa que puede homne escoger para este mundo es la paz sin mengua et sin vergüenza—

—Del fablar viene mucho bien; ¡del fablar viene mucho mal!—

—Del callar viene mucho bien; ¡del callar viene mune mucho mal!—

—El seso et la mesura et la razón departen et judgan las cosas—

—¡Cómo sería cuerdo qui sabe que ha de andar grand camino et pasar fuerte puerto si aliviase la carga et amuchiguase la vianda!—

—Cuando el rey es de buen seso et de buen consejo et sabio sin malicia, es bien del pueblo; et el contrario—

—Qui por cobdicia de haber deja los non fíeles en desobediencia de Dios, non es tuerto de seer su despagado—

—Al que Dios da vencimiento de su enemigo, guárdese de lo porque fué vencido—

—Si el fecho faz grand fecho et buen fecho et bien fecho non es grand fecho. El fecho es fecho quando el fecho face el fecho, es grand fecho et bien fecho, si el non fecho face grand fecho et bien fecho—

—Por naturales et batalla campal se destruyen et se conquieren los grandes regnos—

—Guiamiento de la nave, vencimiento de lid, melecinamiento de enfermo, sembramiento de cualquierp. 289 semiente, ayuntamiento de novios, non se pueden facer sin seso de homne et voluntat et gracia especial de Dios—

—Non será homne alabado de complida fialdat, fasta que todos sus enemigos fien dél sus cuerpos et sus fechos; pues cate homne por cuál es tenido si sus enemigos non osan fiar dél—

—Qui escoge morada en tierra do non es el señor derechurero, et fiel, et apremiador, et físico, e sabidor, et complimiento de agua mete a si et a su compaña en grand aventura—

—Todo homne es bueno, mas non para todas las cosas—

—Dios guarde a homne de facer fecho malo, ca por lo encobrir habrá de facer otros muchos malos fechos—

—Qui face jurar al que vee que quiere mentir, ha parte en el pecado—

—El que face buenas obras a los buenos et a los malos, recibe bien de los buenos et es guardado de los malos—

—Por homillarse al rey, et obedecer a los príncipes, et honrar a los mayores, et facer bien a los menores, et consejarse con los leales, será homne seguro et non arrepentirá—

—Qui escarnece de la lisión o mal que viene por obra de Dios, non es seguro de acaescer a él—

—Non debe homne alongar el bien, pues lo piensa porque non le estorbe la voluntat—

p. 290

—Feo es ayunar con la boca sola et pecar con todo el cuerpo—

—Ante se deben escoger los amigos, que homne mucho fíe nin se aventure por ellos—

—Del que te alaba más de cuanto es verdad, non te asegures de te denostar más de cuanto es verdat—


p. 291

TERCERA PARTE DEL LIBRO
DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO

Excusación de Patronio al Conde Lucanor.[51]

[51] Por primera vez se hace aquí separación de las partes segunda y tercera, siguiendo la indicación exactísima de D.ª María Goyri en la Romania, t. XXIX, 1896, pág. 601; hasta ahora se consideró siempre dividido el Conde Lucanor en cuatro partes.

Señor conde Lucanor—dijo Patronio—después que el otro libro fué acabado, porque entendí que lo queríades vos, comencé a fablar en este libro más abreviado et más oscuro que en el otro. Et como quier que en esto que vos he dicho en este libro hay menos palabras que en el otro, sabet que non es menos el aprovechamiento et el entendimiento deste que del otro, ante es muy mayor para quien lo estudiare et lo entendiere; ca en el otro hay tantos enjiemplos que tengo que debedes tener por asaz, paréceme que faríades mesura si me dejásedes folgar daqui adelante.

—Patronio, dijo el conde Lucanor, vos sabedes que naturalmente de tres cosas nunca los homes se pueden tener por pagados et siempre querrían más dellas: la una es saber, la otra es honra et preciamiento, la otra es abastamiento para en su vida. Et porquep. 292 el saber es tan buena cosa, tengo que non me debedes culpar por querer ende haber yo la mayor parte que pudiere, et porque sé que de ninguno non lo puedo mejor saber que de vos, creed que en cuanto viva, nunca dejaré de vos afincar que me amostredes lo más que yo pudiere aprender de lo que vos sabedes.

—Señor Conde Lucanor—dijo Patronio—pues veo que tan buena razón et tan buena entención vos mueve a esto, dígovos que tengo por razón de trabajar aún más, et decirvos he lo que entendiere de lo que aun fasta aquí non vos dije, que aquel que lo ha de oir es tan boto que lo non puede entender sin lo oir muchas veces e paresce que ha sabor de fenchir el libro non sabiendo qué poner en él. Et lo que daquí adelante vos he a decir, comienza así:

—Lo caro es caro, cuesta caro, guárdase caro, acábalo caro: lo rehez es rehez, cuesta rehez, acábalo rehez, gánase rehez: lo caro es rehez, lo rehez es caro—

—Grant maravilla será si bien se falla, el que fía su fecho et face mucho bien al que erró et se partió sin grand razón del con qui había mayor debdo—

—Non debe homne creer que non se atreva a él por esfuerzo de otri, el que se atreve a otri por esfuerzo dél—

—El que quiere empecer a otri, non debe cuidar que el otrie non empecerá a él—

—Por seso se mantiene el seso—

—El seso dá seso al que non ha seso—

—Sin seso non se guarda el seso—

p. 293—Tal es Dios et los sus fechos, que señal es que poco lo conoscen los que mucho fablan en él—

—De buen seso es el que non puede facer al otro su amigo, de non lo facer su enemigo—

—Qui cuida aprender de los homnes todo lo que saben, yerra; qui aprende lo aprovechoso, acierta—

—El consejo si es grand consejo es buen consejo: faz buen consejo, da buen consejo; parase al consejo qui de mal consejo faz buen consejo: el mal consejo de buen consejo faz mal consejo—

—A grand consejo ha mester grand consejo—

—Grand bien es del qui ha et quiere et cree buen consejo—

—El mayor dolor faz olvidar al que non es tan grande—

—Qui ha de fablar de muchas cosas ayuntadas, es como el que desvuelve grand oviello que ha muchos cabos—

—Todas las cosas nacen pequeñas et crecen, el pesar nasce grand et cada día mengua—

—Por honra, recibe honra qui faz honra—

—La honra debe se facer honra, guardándola—

—El cuerdo, de la víbora faz triaca; et el de mal seso, de las gallinas faz vegambre—

—Qui se desapodera non es seguro de tornar a su poder cuando quisiere—

—Non es de buen seso qui mengua su honra por acrescer la ajena—

—Qui faz bien por recebir bien non faz bien, porquep. 294 el bien es carrera del complido bien e debe facer el bien—

—Aquello es bien que se faz bien—

—Por facer bien se ha el complido bien—

—Usar malas viandas et malas mujeres es carrera de traer el cuerpo et la facienda et la fama en peligro—

—Qui se duele mucho de la cosa perdida que se non puede cobrar, et desmaya por la ocasión de que non puede foir, non face buen seso—

—Muy caro cuesta recebir don del escaso, cuanto más pedir al avariento—

—La razón es razón de razón—

—Por razón es el homne cosa de razón—

—La razón da razón—

—La razón faz al homne ser homne, asi por razón es el homne menos; pues el homne sin razón non es homne, mas es de las cosas en que non ha razón—

—El sofrido sufre cuanto debe et después cóbrase con bien et con placer—

—Razón es de vevir mal a los que son dobles de corazón et sueltos para complir los desaguisados deseos—

—Los que non creen verdaderamente en Dios, razón es que non sean por él defendidos—

—Si el homne es homne, cuanto es más homne es mejor homne—

—Si el grand homne es bien homne, es buen homne et grand homne; cuanto el grand homne es menos homne es peor homne; non es grand homne sinón elp. 295 buen homne; si el grand homne non es buen homne, nin es grand homne nin buen homne, mejor le sería nunca ser homne—

—Largueza en mengua, abstinencia en abondamiento, castidat en mancebía, homildat en grand honra, facen al homne martir sin esparcimiento de sangre—

—Qui demanda las cosas más altas que si, et escodriña las más fuertes, non face buen recabdo—

—Razón es que reciba home de sus fijos lo que su padre recibió dél—

—Lo mucho es para mucho; mucho sabi, qui en lo mucho faz mucho; face mucho por lo mucho; lo poco déjalo por lo mucho—Por mengua non pierde—

—Lo poco endereza lo mucho—

—Siempre ten el corazón en lo mucho—

—Quanto es el homne mayor si es verdadero e homildoso, tanto fallará más gracia ante Dios—

—Lo que Dios quiso esconder non es aprovechoso de lo veer home con sus ojos—

—Por la bendición del padre se mantienen las cosas de los fijos; por la maldición de la madre se derriban los cimientos de raíz—

—Si el poder es grand poder, el grand poder ha grand saber—

—Con grand saber et grand querer, teniendo que de Dios es todo el poder, et de su gracia haber poder, debe crecer su grand poder—

—Qui quier honrar a sí et a su estado guise quep. 296 sean seguros dél los buenos e que se recelen dél los malos—

—La dubda et la pregunta facen llegar al homne a la verdat—

—Non debe homne aborrecer todos los homes por alguna tacha, ca non puede seer ninguno guardado de todas las tachas—

—El yerro es yerro, del yerro nasce yerro, del pequeño yerro nasce grande yerro, por un yerro viene otro yerro, si bien viene del yerro siempre torna en yerro, nunca del yerro puede venir sinón yerro—

—Qui contiende con el que se paga del derecho et de la verdat et lo usa, non es de buen seso—

—Los caballeros et el haber, son ligeros de nombrar et de perder et graves de ayuntar et más de mantener—

—El cuerdo tiene los contrarios et el su poder por más de cuanto es, et los ayudadores et el su poder por menos de cuanto es—

—Fuerza non fuerza a fuerza; fuerza se desfaz con fuerza, a veces mejor sin fuerza; non se dice bien, fuerza a veces presta la fuerza; do se puede escusar non es de probar fuerza—

—Cuerdo es quien se guía por lo que contesció a los que pasaron—

—Como cresce el estado así cresce el pensamiento; si mengua el estado cresce el cuidado—

—Con dolor non guaresce la grand dolencia, mas con melecina sabrosa—

p. 297—Amor cresce amor; si amor es buen amor es amor; amor más de amor non es amor; amor de grand amor faz desamor—

—Ha cuidados que ensanchan, et cuidados que encogen—

—Mientre se puede facer, mejor es la manera que la fuerza—

—Los leales dicen lo que es, los arteros lo que quieren—

—Vida buena, vida es; vida buena vida da—

—Qui non ha vida non da vida; qui es vida da vida—

—Non es vida la mala vida—

—Vida sin vida, non es vida—

—Qui non puede haber vida, cate que haya complida vida—


p. 298

CUARTA PARTE DEL LIBRO
DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO

Razonamiento de Patronio al Conde Lucanor.

Señor Conde Lucanor—dijo Patronio—porque entendí que era vuestra voluntad, et por el afincamiento que me ficiestes, et porque entendí que vos movíades por buena entención, trabajé de vos decir algunas cosas más de las que vos había dicho en los enjiemplos que vos dije en la primera parte deste libro en que ha cincuenta enjiemplos que son muy llanos et muy declarados, et pues en la segunda parte ha cient proverbios et algunos fueron ya cuanto oscuros et los más asaz declarados en esta tercera parte puse cincuenta proverbios, et son más oscuros que los primeros cincuenta enjiemplos, nin los cient proverbios. Et así con los ejiemplos et con los proverbios hevos puesto en este libro CC entre proverbios et ejiemplos, et más: ca en los L ejiemplos primeros encontrando el ejiemplo fallaredes en muchos lugares algunos proverbios tan buenos et tan provechosos como en las otras partes deste libro en que son todos proverbios. Et bien vos digo, que cualquier homne que todos estosp. 299 proverbios et enjiemplos sopiese, et los guardase et se aprovechase dellos, quel cumplirían asaz para salvar el alma et guardar su facienda et su fama et su honra et su estado. Et pues tengo que en lo que vos he puesto en este libro ha tanto que cumple para estas cosas, tengo, que si aguisado quisiéredes catar, que me debedes ya dejar folgar.

—Patronio—dijo el conde—ya vos he dicho que por tan buena cosa tengo el saber, et tanto querría dél haber lo más que pudiese, que por ninguna guisa nunca he de partir mano de facer todo mio poder por saber ende lo que más yo pudiere. Et porque yo sé que non podría fallar otro de quien más pueda saber que de vos, dígovos, que en toda mi vida nunca dejaré de vos preguntar et afincar por saber de vos lo que más yo pudiere.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—pues así es et así lo queredes, yo decirvos he algo segund lo entendiere de lo que fasta aquí non vos dije, mas pues veo que lo que vos he dicho se vos face muy ligero de entender, daquí adelante decirvos he algunas más oscuras que fasta aquí et algunas asaz llanas. Et si más me afincásedes, habervos he a fablar en tal manera que vos converná de aguzar el entendimiento para las entender.

—Patronio—dijo el conde—bien entiendo que esto me decides con saña et con enojo por el afincamiento que vos fago; pero como quier que segund el mio flaco saber querría más que me hablásedes claro quep. 300 oscuro; pero tanto tengo, que me cumple lo que vos decides, que querría ante que me fablásedes cuanto oscuro vos quisierdes, que non dejar de me mostrar algo de cuanto vos sabedes.

—Señor conde Lucanor—dijo Patronio—pues así lo queredes daquí adelante parad bien mientes a lo que vos diré.

—En el presente muchas cosas grandes son un tiempo grandes et non parescen et homne nada en el pasado las tiene—[52]

[52] Dicho queda en los preliminares que D. Juan Manuel adoptó el infantil expediente de hablar escuro, trocando el orden de las palabras, a veces en términos inverosímiles. Dona María Goyri interpretó acertadamente alguna frase; en las notas siguientes se ensaya la ordenación de las restantes ininteligibles.

—Todos los homnes se engañan en sus fijos en su apostura, et en sus bondades, et en su canto—Do mengua seso es muy grande por los ajenos grandes tener los yerros pequeños por los suyos—[53]

[53] Interprétese: «Muy grande mengua de seso es tener los ajenos yerros por grandes [et los] suyos por pequeños.»

—Del grand afacimiento nasce menosprecio—En el medrosas debe señor idas primero et las apresuradas ser sin el que saliere lugar, empero fata grand periglo que sea[54]—Non debe homne fablar ante otro muy sueltamente fasta que entienda qué comparación ha entre el su saber et el del otro—El mal por quep. 301 toviere lo otro en que vee guardar en el que se non debe querer caya—[55]

[54] Tal vez querrá decir: «Empero, el Señor debe ser [el] primero que saliere en las medrosas e apresuradas idas, fasta que sea el lugar sin grand peligro.»

[55] Pudiera ordenarse: «El que vee el mal que otro toviere lo debe querer guardar por que en [él] non se caya.»

—Non se debe homne tener por sabio nin encobrir su saber más de razón—Non la salut siente nin el su bien, el siente su contrario—[56]

[56] «El non siente la salud nin el su bien; siente [los de] su contrario.»

—Non face buen seso el señor que se quiere servir o se paga del homne que es malicioso, nin mintroso—Con más mansedumbre sabios soberbia, con que cosas falago con bravesa los acaba—[57]

[57] «Los sabios acaba[n] las cosas con más mansedumbre [et] falago, que con braveza [et] soberbia.»

—De buen seso es qui se guarda de se desavenir con aquel sobre qui ha poder, cuanto más con el que lo ha mayor que él—Aponen que todo homne debe alongar de si el sabio, ca los face con el mal los malos homnes—[58]

[58] No doy con el verdadero sentido; quizá sea: «El sabio debe alongar de si los homnes, ca los malos aponen que todo homne face mal con él.»

—Quien toma contienda con el que más puede, métese en grand periglo, qui la toma con su egual métese en aventura, qui la toma con el que menos puede, métese en menosprecio; pues lo mejor es qui puede haber paz a su pro et a su honra—

—El que se guía por su seso non es alabado, et el que non fía mucho de su seso descubre su poridat al que es flaco—

p. 302—Más aprovechoso es a muchos homnes haber algún recelo que muy grand paz sin ninguna contienda—Grand bien es al señor que non haya el corazon esforzado et si hobiere de seer de todo corazón fuerte, cumplel cuerpo asaz lo esforzado—El más complido et alabado para consejero es el que guarda bien la poridat et es de muertas cobdicias et de vivo entendimiento—Más tiempos aprovecha paral continuado deleite, que a la facienda pensamiento e alegría—Por fuertes ánimos, por mengua de haber, por usar mucho mujeres, et vino, et malos placeres, por ser torticiero et cruel, por haber muchos contrarios et pocos amigos se pierden los señorios e la vida—Errar para perdonar de ligero da atrevimiento a los homnes—El placer face sin saber las viandas que lo non son: el pesar face sabrosas las viandas—Grand venganza para menester luengo tiempo para encobrir la madureza seso es[59]—Asi es locura si el de muy grand seso se quiere mostrar por non lo seer, como es de poco seso si el cuerdo se muestra cuerdo algunas veces—Por fuerte voluntat que sea contender con su enemigo luengo tiempo más fuerte cosa es con su homne[60]—Dicen por mal uso complir mester por su talante verdat de cuanto menos por fablar lo de los homnes es o por más saber[61]—De buen seso es qui non quierep. 303 facer grand obra, non teniendo aparejado lo que ha mester para la acabar[62]—Más fechos debe homne acomendar a un homne de a cuantos non puede poner recabdo—Luengos tiempos ha homne obrado dallí adelante que creer en cual manera obrar deben asi—

[59] «Grand madureza [de] seso es mester para encobrir luengo tiempo la venganza.»

[60] «Por fuerte que sea contender luengo tiempo con su enemigo, más fuerte cosa es [contender] homne con su voluntad.»

[61] No encuentro explicación a este párrafo, como no quiera decir: «Es mal uso de verdat cuanto los homnes dicen, por complir su talante, por lo mester, por fablar de más, o por menos saber».

[62] Es acertada interpretación de D.ª María Goyri; el códice dice: «De buen seso es qui non quiere facer para grand obra lo que la ha, non teniendo acabar mester aparejado».


p. 304

QUINTA PARTE DEL LIBRO
DEL CONDE LUCANOR ET DE PATRONIO

Señor Conde Lucanor—dijo Patronio—ya desuso vos dije muchas veces que tantos enjiemplos et proverbios, dellos muy declarados, et dellos ya cuanto más oscuros, vos había puesto en este libro que tenía que vos cumplían asaz, et por el afincamiento que me feciestes hobe de poner en este postrimero treinta proverbios algunos tan oscuramente que será maravilla si bien los pudierdes entender si yo o alguno de aquellos a qui los yo mostré non vos los declararen, pero seet bien cierto, que aquellos que parescen más oscuros o más sin razón que desque los entendiéredes, que fallaredes que non son menos aprovechosos que cualesquier de los otros que son ligeros de entender. Et pues tantas cosas son escriptas en este libro sotiles, et oscuras, et abreviadas, por talante que don Johan hobo de complir talante de don Jaime, dígovos, que non quiero fablar ya en este libro de enjiemplos, nin de proverbios, mas, fablaré un poco en otra cosa que es muy más aprovechosa.

Vos, señor conde, sabedes que cuanto las cosas espirituales son mejores et más nobles que las corporales, señaladamente porque las espirituales son duraderasp. 305 et las corporales se han de corromper, tanto es mejor cosa et más noble el alma que el cuerpo, ca el cuerpo es cosa corrumptible et el alma cosa duradera; pues si el alma es más noble et mejor cosa que el cuerpo, et la cosa mejor debe ser más preciada et más guardada, por esta manera, non puede ninguno negar que el alma non debe seer más preciada et más guardada que el cuerpo—

Et para seer las almas guardadas ha mester muchas cosas, et entender, que en decir guardar las almas, non quiere al decir, sinón facer tales obras por que se salven las almas; ca por decir guardar las almas, non se entiende que las meten en un castillo, nin en un arca en que estén guardadas, mas quiere decir, que por facer homne malas obras van las almas al Infierno. Pues para las guardar que non cayan al infierno, conviene que se guarde las malas obras que son carrera para ir al infierno, et guardándose destas malas obras se guarde del infierno.

Pero, debedes saber, que para ganar la gloria del Paraiso, que ha guardarse homne de malas obras, que mester es de facer buenas obras, et estas buenas obras para guardar las almas et guisar que vayan a Paraiso ha mester y cuatro cosas: la primera, que haya homne fee et viva en ley de salvación; la segunda, que desque es en tiempo para lo entender, que crea toda su ley et todos sus articlos et que non dubde en ninguna cosa dellos; la tercera, que faga buenas obras et a buena entención por que gane el Paraiso: la cuarta,p. 306 que se guarde facer malas obras por que sea guardada la su alma de ir al Infierno—

A la primera, que haya homne fee et viva en ley de salvación: a esta vos digo, que segund verdad la ley de salvación es la sancta fe católica segund la tiene et la cree la sancta Madre Eclesia de Roma. Et bien creed, que en aquella manera que lo tiene la vejezuela que está filando a su puerta al Sol, que asi es verdaderamente; ca ella cree que Dios es Padre et fijo et Spiritu Sancto, que son tres personas et un Dios; et cree que Jesu-Cristo es verdadero Dios et verdadero homne; et que fué fijo de Dios et que fué engendrado por el Spiritu Sancto en el vientre de la bien aventurada Virgo Sancta María; et que nasció della Dios et homne verdadero, et que fincó ella virgen cuando concibió, et virgen seyendo preñada, et virgen después que pario; et que Jesu-Cristo se crió et cresció como otro mozo; et después, que predicó, et que fué preso, et tormentado, et después puesto en la cruz, et que tomó y muerte por redemir los pecadores, et que descendió a los infiernos, et que sacó ende los Padres Sanctos que sabían que había de venir et esperaban la su venida, et que resucitó al tercer día; et aparesció a muchos, et que subió a los cielos en cuerpo et en alma, et que envió a los apóstoles el Spiritu Sancto que los confirmó et los fizo saber las Escripturas et los lenguajes, et los envió por el mundo a predigar en su Sancto Evangelio. Et cree, que El ordenó los sacramentos de Sancta Iglesia et que lo son verdaderamente así como El ordenó,p. 307 et que ha de venir a nos judgar, et nos dará lo que cada uno meresció, et que resucitaremos, et que en cuerpo et en alma habremos después gloria o pena segund nuestros merescimientos. Et ciertamente cualquier vejezuela cree esto, et eso mismo cree cualquier cristiano.

Et, señor Conde Lucanor, bien cred por cierto que todas estas cosas bien así como los cristianos las creen, que bien así son, mas los cristianos que non son muy sabios, nin muy letrados, créenlas simplemente como las cree la Sancta Madre Eglesia et en esta fe et en esta creencia se salvan; mas, si lo quisiéredes saber cómo es et cómo puede ser et cómo debia seer, fallarlo hedes más declarado que por dicho et por seso de homne se puede decir et entender en el libro que don Johán fizo a que llaman De los Estados, et tracta de cómo se prueba por razón, que ningun cristiano nin pagano, nin hereje, nin judío, nin moro, nin homne del mundo, non pueda decir con razón que el mundo non sea criatura de Dios, et que, de necesidat, conviene que sea Dios facedor, et criador, et obrador de todos, et en todas cosas: et que ninguna non obra en El. Et otrosí, tracta cómo puede ser et cómo et por cuales razones puede seer et debe seer que Jesu Cristo fuese et es verdadero Dios et verdadero homne; et cómo puede ser que los sacramentos de Sancta Eclesia hayan aquella virtud que Sancta Eglesia dice et cree. Et otrosí, tracta de cómo se prueba por razón que el homne es compuesto de alma et de cuerpo, etp. 308 que las almas ante de la resurrección habrán gloria o pena por las obras buenas o malas que hobieron fechas seyendo ayuntadas con los cuerpos, segund sus merescimientos, et despues de la resurrección que la haberán ayuntadamente el alma et el cuerpo; et que asi como ayuntadamente ficieron el bien o el mal, que así ayuntadamente hayan el gualardón o la pena.

Et, señor conde Lucanor, en esto que vos he dicho que fallaredes en aquel libro, vos digo asaz de las dos cosas primeras que convienen para salvamiento de las almas, que son: la primera, que haya homne et viva en ley de salvación; et la segunda, que crea toda su ley et todos sus articlos et que non dubde en ninguno dellos. Et porque las otras dos, que son: cómo puede homne et debe facer buenas obras para salvar el alma et guardarse de facer las malas por escusar las penas del infierno, comoquier que en aquel mismo libro tracta desto asaz complidamente, pero, porque esto es tan mester de saber et complir tanto, et porque por aventura algunos leerán este libro et non leerán el otro, quiero yo aqui fablar desto; pero, so cierto, que non podría decir complidamente todo lo que para esto sería mester; pero, diré ende segund el mío poco saber lo que Dios me enderece a decir, et quiera El por la su piedat que diga lo que fuere su servicio et provechamiento de los que lo leyeren et lo oyeren.

Pero ante que fable en estas dos maneras—cómo se puede et debe homne guardar de facer malas obras, para escusar las penas del Infierno, et facer las buenasp. 309 para ganar la gloria del Paraiso—diré un poco cómo es et cómo puede seer que los Sacramentos sean verdaderamente asi como lo tiene la Sancta Eglesia de Roma. Et esto diré aquí, porque non fabla en ello tan declaradamente, el dicho libro, que don Johan fizo.

Et fablaré primero en el sacramento del cuerpo de Dios; que es el sacramento de la hostia, que se consagra en el altar; et comienzo en este, porque es el más grave de lo creer que todos los sacramentos: et probándose este por buena et por derecha razón todos los otros se prueban. Et con la merced de Dios, desque este hobiere probado, yo probaré tanto de los otros con buena razón, que todo homne aunque non sea cristiano, et haya en si razón et buen entendimiento, entendrá que se prueba con razón—que para los cristianos non cumple de catar razon, ca tenudos son de lo creer pues es verdat et lo cree Sancta Eglesia et como quier que esto les cumple asaz, pero non les empesce saber estas razones, que ya desuso en aquel libro se prueba por razón, que forzadamente habemos a saber et creer que Dios es criador et facedor de todas las cosas et ninguna non obra en El.

Et otrosí, es probado que Dios crió el homne et que non fué criado solamente por su naturaleza, mas que lo crió Dios de su propia voluntat; et otrosí que lo crió compuesto de alma et de cuerpo que es cosa corporal et cosa espiritual, et que es compuesto de cosa duradera et cosa que se ha de corromper, si estas son el alma et el cuerpo, et que para estas haber amasp. 310 gloria o pena, convinía que Dios fuese Dios et homne; et todo esto se muestra muy complidamente en aquel libro que dicho es.

Et pues es probado que Jesu-Cristo fué et es verdaderamente Dios, et Dios es todo poder complido, non puede ninguno negar que el sacramento que El ordenó que lo non sea, et que non haya aquella virtud que El en el sacramento puso: pero que si alguno dijiere que esto tañe en fe et que él non quiere haber fe sinón en cuanto se mostrare por razón, digo yo, que demás de muchas razones que los Sanctos et los Doctores de sancta eglesia ponen, que digo yo esta razón:

Cierto es que Nuestro Señor Jesu-Cristo verdadero Dios et verdadero homne, seyendo el jueves de la cena a la mesa con sus Apóstoles, sabiendo que otro día debia seer fecho sacrificio del su cuerpo, et sabiendo que los homnes non podian seer salvos del poder del Diablo,—en cuyo poder eran caidos por el pecado del primer homne, nin podian seer redemidos sinón por el sacrificio que del se había de facer—, quiso por la su grant bondat sofrir tan grant pena como sufrió en la su pasion, et por aquel sacrificio que fué fecho del su cuerpo, fueron redemidos todos los sanctos que eran en el Limbo, ca nunca ellos pudieran ir al Paraiso sinón por el sacrificio que se fizo del cuerpo de Jesu-Cristo; et asín tienen los Sanctos et los Doctores de Sancta Eglesia, et es verdat, que tan grande es el bien et la gloria del Paraiso que nunca lo podría homne haber, nin alcanzar, sinón por la pasión de Jesu-Cristo,p. 311 e por los merescimientos de Sancta María et de los otros Sanctos. Et por aquella sancta et aprovechosa pasión fueron salvos et redemidos todos los que fasta entonce eran en el Limbo et serán redemidos todos los que murieren et acabaren derechamente en la sancta fe católica. Et porque Jesu-Cristo segund homne había de morir, et non podía fincar en el mundo et El era el verdadero cuerpo por que los homnes habían a seer salvos, quísonos dejar el su cuerpo verdadero asi complido como lo El era en que se salvasen todos los derechos et verdaderos cristianos; et por esta razón, tomó el pan et bendíjolo et partiolo et diolo a sus disciplos et dijo: «Tomat et comet, ca este es el mio cuerpo» et después tomó el caliz et dió gracias a Dios et dijo: «Bebet todos este, ca esta es la mi sangre»: et allí ordenó el sacramento del su cuerpo. Et debedes saber, que la razón porque dicen que tomó el pan et bendíjolo et partiolo es esta: cada que Jesu-Cristo bendicía el pan luego el pan era partido tan egual como si lo partiese con el más agudo cochiello que pudiese seer. Et por esto dice el Evangelio, quel conoscieron los apóstoles después que resucitó en el partir del pan—, ca por partir el pan en otra manera que como todos lo parten, non había la Sancta Escriptura por que facer mención del partir del pan, mas fácelo porque Jesu-Cristo partia siempre el pan mostrando como lo podia hacer tan maravillosamente.

Et otrosí, dejó este sancto sacramento porque fincase en su remembranza. Et pues asi se prueba quep. 312 Jesu-Cristo es verdadero Dios et asi como Dios pudo facer todas las cosas, et es cierto que fizo et ordenó este sacramento, non puede decir ninguno con razón que non lo debía ordenar así como lo fizo; et que non ha complidamente aquella virtud que Jesú, verdadero Dios, en él puso.

Et el baptismo, otrosí, todo homne que buen entendimiento haya, por razón debe entender que este sacramento se debió facer et era muy grand mester, ca bien entendedes vos que como quier que el casamiento sea fecho por mandado de Dios et sea uno de los sacramentos; pero, porque en la manera de la engendración non se puede escusar algun deleite, por ventura non tan ordenado como sería mester, por ende todos los que nascieron et nascerán por engendramiento de homne et de mujer nunca fué nin será ninguno escusado de no nascer en el pecado deste deleite. Et a este pecado llamó la escritura pecado original, que quiere decir segund nuestro lenguaje, pecado del nascimiento; et porque ningund homne que esté en pecado non puede ir a paraiso, por ende, fué la merced de Dios de dar manera como se alimpiase este pecado; et para lo alimpiar ordenó nuestro Señor Dios en la primera ley la circuncisión; et como quier que en cuanto duró aquella ley cumplían aquel sacramento, porque entendades que todo lo que en aquella ley fué ordenado, que todo fué por figura de esta sancta ley que agora habemos, debédeslo entender señaladamente en este sacramento del baptismo, ca entonce circuncidabanp. 313 los homnes et ya en esto paresce que esa figura que de otra guisa habia de seer, ca vos entendedes que el sacramento complido egualmente se debe facer pues el circuncidar non se puede facer sinón a los varones; pues si non se puede ninguno salvar del pecado original sinón por la circuncisión, cierto es que las mujeres que non pueden este sacramento haber, non pueden seer alimpiadas del pecado original. Et asi, entendet que la circuncisión, que fué figura del alimpiamiento que se había de ordenar en la sancta fe católica que nuestro señor Jesu-Cristo ordenó así como Dios. Et cuando El ordenó este sancto sacramento quísolo ordenar habiendo recebido en sí el sacramento de la circuncisión, et dijo que non viniera él por menguar, nin por desfacer la ley, sinón por la complir, et cumplió la primera ley en la circuncisión, et la segunda, que él ordenó, recibiendo el baptismo de otri, como lo recebió de Sant Johan Baptista.

Et porque entendades que el sacramento que él ordenó del baptismo es derechamente ordenado para alimpiar el pecado original, parad en ello bien mientes et entenderedes cuanto con razón es ordenado:

Ya desuso es dicho que en la manera del engendramiento non se puede escusar algun deleite, contra este deleite, do conviene de haber alguna cosa non muy limpia, es puesto uno de los elementos que es el más limpio, et señaladamente para alimpiar, ca las más de las cosas non limpias, todas se alimpian con el agua; otrosí en bapteando la criatura dicen: «Yo tep. 314 bateo en el nombre del Padre, et del Fijo et del Spiritu Sancto» et métenlo en el agua. Pues veet si es este sacramento fecho con razón, ca en diciendo «yo te bateo en el nombre del Padre del Fijo et del Spiritu Sancto» y mismo dice et nombra toda la Trinidat et muestra el poder del Padre et el saber del Fijo et la bondat del Spiritu Sancto; et dice que por estas tres cosas, que son Dios et en Dios, sea alimpiada aquella criatura de aquel pecado original en que nasció; et la palabra llega al agua que es elemento et facese sacramento. Et este ordenamiento deste sancto sacramento que Jesu-Cristo ordenó es egual et complido, ca tan bien lo pueden recebir, et lo reciben, las mujeres como los homnes. Et así pues este sancto sacramento es tan mester, et fué ordenado tan con razón, et lo ordenó Jesu-Cristo, que lo podía ordenar así como verdadero Dios, non puede con razón decir homne del mundo que este sancto sacramento non sea tal et tan complido como lo tiene la madre sancta eglesia de Roma.

Et cuanto de los otros cinco sacramentos que son: penitencia, confirmación, casamiento, orden, postrimera unción bien vos diría tantas et tan buenas razones en cada uno dellos que vos entendríades que eran asaz; mas déjolo por dos cosas: la una, por non alongar mucho el libro; et lo al, porque sé que vos et quien quier que esto oya, entendrá que tan con razón se prueba lo al como esto.

Et pues esta razon es acabada asi como la yo pudep. 315 acabar, tórnase a fablar de las dos maneras en como se puede homne et debe guardar de facer malas obras para se guardar de ir a las penas del infierno, et podrá facer et fará buenas obras para la gloria del Paraiso.

Señor Conde Lucanor, segund desuso es dicho, sería muy grave cosa de se poner por escripto todas las cosas que homne debía facer para se guardar de ir a las penas del infierno et para ganar la gloria del Paraiso, pero, quien lo quisiese decir abreviadamente podría decir que para esto non ha mester al sinón facer bien et non facer mal. Et esto sería verdat, mas porque esto sería como algunos dicen grant verdad et poco seso, por ende, conviene que—pues me atreví a tan grand atrevimiento de fablar en fechos que cuido que me non pertenescía segund la mengua del mio saber—que declare más como se pueden facer estas dos cosas; por ende, digo asi: que las obras que homne ha de facer para que haya por ellas la gloria del paraiso, lo primero, conviene que las faga estando en estado de salvación. Et debedes saber, que el estado de salvación es cuando el homne está en verdadera penitencia, ca todos los bienes que el homne face non estando en verdadera penitencia, non gana homne por ellas la gloria del paraiso, et razón et derecho es, ca el Paraiso que es veer a Dios et es la mayor gloria que seer puede, non es razón et derecho que la gane homne estando en pecado mortal, mas lo que homne gana por ellas es que aquellas buenas obras lo traenp. 316 más aina a verdadera penitencia et esto es muy grand bien. Otrosí, le ayudan a los bienes deste mundo para haber salud et honra et riqueza et las otras bienandanzas del mundo. Et estando en este bienaventurado estado, las obras que homne ha de facer para haber la gloria del Paraiso, son así como limosna, et ayuno, et oración, et romería, et todas obras de misericordia, pero todas estas buenas obras para que homne por ellas haya la gloria del Paraiso ha mester que se fagan en tres maneras: lo primero que faga homne buena obra, lo segundo que la faga bien, lo tercero que la faga por escogimiento. Et, señor Conde Lucanor, como quier que esto se puede asaz bien entender, pero por que sea más ligero aun, decirvos lo he más declarado.

Facer homne buena obra es toda cosa que homne face por Dios, mas es mester que se faga bien, et esto es, que se faga a buena entención, non por vanagloria, nin por hipocresía, nin por otra entención, sinón solamente por servicio de Dios: otrosí que lo faga por escogimiento, esto es, que cuando hobiere de facer alguna obra, que escoja en su talante, si es aquella buena obra o non, et desque viere que es buena obra, que escoja aquella porque es buena et deje la otra que él entiende et escoge que es mala. Et faciendo homne estas buenas obras, et en esta manera, fará las obras que homne debe facer para haber la gloria de Paraiso; mas por facer homne buena obra si la faz por vanagloria o por hipocresía o por haber la fama del mundo,p. 317 maguer que faz buena obra, non la faz bien nin la faz por escogimiento, ca el su entendimiento bien escoge que non es aquello lo mejor nin la derecha et verdadera entención. Et a este tal contescerá lo que contesció al senescal de Carcasona, que maguer a su muerte fizo muchas buenas obras, porque non las fizo a buena nin a derecha entención, non le prestaron para ir a Paraiso et fuese para el Infierno. Et si quisiéredes saber cómo fué esto deste senescal fallarlo hedes en este libro en el capítulo XL.

Otrosí, para se guardar homne de las obras que homne puede facer para ir al Infierno, ha mester de se guardar y de tres cosas: lo primero que non faga homne mala obra, lo segundo que la non faga mal, lo tercero que la non faga por escogimiento; ca non puede homne facer cosa que de todo en todo sea mal sinón faciéndose asi: que sea mala obra, et que se faga mal, et que se faga escogiendo en su entendimiento homne que es mala, et entendiendo que es tal facerla a sabiendas, ca non seyendo y estas tres cosas, non sería la obra del todo mala; ca puesto que la obra fuese en si mala, si non fuese mal fecha, non faciéndola escogiendo que era mala, non seríe del todo mala; ca bien así como non sería la obra buena por seer buena en sí, si non fuese bien fecha et por escogimiento, bien asi, aunque la obra fuese en sí mala, mala non lo sería del todo si non fuese mal fecha et por escogimiento. Et asi como vos digo por enjiemplo de senescal de Carcasona que fizo buena obra, pero porque lap. 318 non fizo bien non meresció haber nin hobo por ello gualardón, asi vos daré otro enjemplo de un caballero que fué ocasionado et mató a su señor et a su padre; como quier que fizo mala obra, porque la non fizo mal nin por escogimiento, non fizo mal nin meresció haber por ello pena, nin la hobo. Et porque en este libro non está escripto este enjiemplo, contarvos lo he aquí, et non escribo aquí el enjiemplo del Senescal porque está escripto, como desuso es dicho:

—Asi acaesció: que un caballero había un fijo que era asaz buen escudero. Et porque aquél señor con quien su padre vivía, non se guisó de facer contra el escudero en guisa porque pudiese fincar con él, hobo el escudero entre tanto de catar otro señor con quien visquiese. Et por las bondades que en el escudero había et por cuanto bien le servió, ante de poco tiempo fizol caballero. Et llegó a muy buen estado. Et porque las maneras et los fechos del mundo duran poco en un estado, acaesció así: que hobo desavenencia entre aquellos dos señores con quien vivía el padre et el fijo, et fué en guisa que hobieron de lidiar en uno.

Et el padre et el fijo cada uno dellos estaba con su señor, et como las aventuras acaescen en las lides, acaesció así, que el caballero, padre del otro topó en lit con aquel señor con quien el su señor lidiaba et con quien vivía su fijo, et por servir a su señor, et porque entendió que si aquel fuese muerto o preso que su señor sería muy bien andante et mucho honradop. 319 fué trabar dél tan recio que cayeron entramos en tierra. Et estando sobre él por prenderle o por matarle su fijo que andaba guardando a su señor et serviendol cuanto podía, desque vió a su señor en tierra, conosció que aquel quel tenía era su padre.

Si hobo ende grand pesar, non lo debedes poner en dubda, pero doliéndose del mal de su señor comenzó a dar muy grandes voces a su padre et a decirle, llamandol por su nombre: que dejase a su señor, ca como quier que él era su fijo que era otrosí vasallo de aquel señor que él tenía de aquella guisa, que si non lo dejase, que fuese cierto quel mataría.

Et el padre porque non lo oyó, o non lo guisó facer, non lo dejó. Et desquel fijo vió a su señor en tal periglo et que su padre non lo quería dejar, membrándose de la lealtad que había de facer, olvidó et echó tras las cuestas el debdo et la naturaleza de su padre, et entendió que si descendiese del caballo, que con la priesa de los caballos que y estaban que por aventura ante que él pudiese acorrer, que su señor que sería muerto: et llegó así de caballo como estaba, todavía dando voces a su padre que dejase a su señor, et nombrando a su padre et a si mismo. Et desque vió que en ninguna guisa non le quería dejar, tan grand fué la cuita, et el pesar, et la saña que hobo, que como vió que estaba su señor, que dió tan grand ferida a su padre por las espaldas que pasó todas las armaduras et todo el cuerpo. Et aun tan grand fué aquel desaventurado golpe que pasó a su señor el cuerpo et las armásp. 320 así como a su padre, et murieron entramos de aquel golpe.

Otrosí, otro caballero de parte de aquel señor que era muerto, ante que sopiese de la muerte de su señor, había muerto el señor de la otra parte. Et así fué aquella lit de todas partes mala et ocasionada.

Et desque la lit fué pasada et el caballero sopo la desaventura quel acaesciera por matar en aquella ocasión a su señor et a su padre, enderezó a casa de todos los reyes et grandes señores que había en aquellas comarcas et trahendo las manos atadas et una soga a la garganta, dicía a los reyes et señores que iba: que si ningún homne merescía muerte de traidor por matar su señor et su padre, que la merescía él; et que les pidía él por merced que cumpliesen en él lo que fallasen quél merescía, pero si alguno dijiera que los matara por talante de facer traición, que él se salvaría ende como ellos fallasen que lo debía facer.

Et desque los reyes et los señores sopieron cómo acaesciera el fecho, todos tovieron que comoquier que él fuera muy mal ocasionado, que non ficiera cosa porque meresciera haber ninguna pena, ante le preciaron mucho et le fecieron mucho bien por la grand lealtad que ficiera en ferir a su padre por escapar a su señor. Et todo esto fué porque, comoquier que él fizo mala obra, non la fizo mal, nin por escogimiento de facer mal.

Et asi, señor Conde Lucanor, debedes entender porp. 321 estos enjiemplos la razón porque las obras para que el homne vaya a Paraiso es mester que sean buenas, et bien fechas, et por escogimiento. Et las por quel homne ha de ir al Infierno conviene que sean malas, et mal fechas, et por escogimiento; et esto que dice que sean bien fechas, o mal, et por escogimiento es en la entención; ca si quier dijo el poeta: «Quicquid agant hómines Intencio judicat omnes», que quiere decir: quequier que los homnes fagan todos serán juzgados por la entención a que lo ficieren.

Agora, señor conde Lucanor, vos he dicho las maneras porque yo entiendo que el homne puede guisar que vaya a la gloria del Paraiso et sea guardado de ir a las penas del Infierno. Et aún porque entendades cuanto engañado es el homne en fiar del mundo, nin tomar lozanía, nin soberbia, nin poner grand esperanza en su honra, nin en su linaje, nin en su riqueza, nin en su mancebía, nin en ninguna buena andanza que en el mundo pueda haber, fablarvos he un poco en dos cosas porque entendades que todo homne que buen entendimiento hobiese debía facer esto que yo digo.

La primera, qué cosa es el homne en si: et quien en esto cuidare entendrá que non se debe el homne mucho presciar: la otra, qué cosa es el mundo et cómo pasan los homnes en él, et qué gualardón les da de lo que por él facen; quien de esto cuidare si de buen entendimiento fuere, entendrá que non debría facer por él cosa porque perdiese el otro que dura sin fin.

p. 322La primera, qué cosa es el homne en sí; ciertamente esto tengo que sería muy grave de decir todo, pero, con la merced de Dios, decirvos he yo tanto que cumpla asaz para que entendades lo que yo vos quiero dar a entender.

Bien cred, señor conde, que entre todas las animalias que Dios crió en el mundo, nin aun de las corporales, non crió ninguna tan complida, nin tan menguada como el homne. Et el complimiento que Dios en él puso non es por al sinón porquel dió entendimiento, et razón, et libre albedrío, porque quiso que fuese compuesto de alma et de cuerpo; mas, desta razón non vos fablaré más, que es ya puesto en otros logares asaz complidamente en otros libros que don Johan fizo; mas, fablarvos he en las menguas et vilezas que el homne ha en si, en cosas, tanto como otras animalias; et en cosas, más que otra animalia ninguna.

Sin dubda, la primera vileza que el homne ha en si, es la manera de que se engendra, también de parte del padre como de parte de la madre, et otrosí la manera cómo se engendra. Et porque este libro es fecho en romance—que lo podrían leer muchas personas tambien homnes como mujeres que tomarían vergüenza en leerlo, et aún non ternian por muy guardado de torpedat al que lo mandó escribir,—por ende non fablaré en ello tan declaradamente como podría, pero el que lo leyere, si muy menguado non fuere de entendimiento, asaz entendrá lo que a esto cumple.

Otrosí, después que es engendrado en el vientre dep. 323 su madre non es el su gobierno sinón de cosas tan sobejanas que naturalmente non pueden fincar en el cuerpo de la mujer sinón en cuanto está preñada. Et esto, quiso Dios que naturalmente hobiesen las mujeres aquellos humores sobejanos en los cuerpos, de que se gobernasen las criaturas: otrosí, el logar en que están, es tan cercado de malas humidades et corrompidas, que sinón por una teliella muy delgada que crió Dios que está entre el cuerpo de la criatura et aquellas humidades, que non podría vevir en ninguna manera.

Otrosí, conviene que sufra muchos trabajos et muchas cuitas en cuanto está en el vientre de su madre. Otrosí, porque a cabo de los siete meses es todo el homne complido et non le cumple el gobierno de aquellos humores sobejanos de que se gobernaba en cuanto non había mester tanto dél, por la mengua que siente del gobierno, quéjase; et si es tan recio que pueda quebrantar aquellas telas de que está cercado, non finca más en el vientre de su madre. Et estos tales son los que nascen a siete meses et pueden tan bien vevir como si nasciesen a nueve meses, pero si entonce non pueden quebrantar aquellas telas de que está cercado, finca cansado et como doliente del grant trabajo que levó, et finca todo el ochavo mes flaco et menguado de gobierno. Et si en aquel ochavo mes nasce, en ninguna guisa non puede vevir. Mas, de que entra en el noveno mes, porque ha estado un mes complido es ya descansado et cobrado en su fuerza,p. 324 et [en] cualquier tiempo que nasca en el noveno mes cuanto por las razones dichas non debe morir; pero cuanto más tomare del noveno mes, tanto es más sano et más seguro de su vida; et aun dicen que puede tomar del deceno mes fasta diez días, et los que a este tiempo llegan son muy más recios et más sanos, como quier que sean más periglosos para sus madres. Et asi bien podedes entender, que por cualquier destas maneras, por fuerza ha de sufrir muchas lacerias et muchos enojos et muchos periglos.

Otrosí, el periglo et la cuita que pasa en su nascimiento, en esto non he porque fablar, ca non ha homne que non sepa que es muy grande a maravilla. Otrosí, como quier que cuando la criatura nasce non ha entendimiento porque lo sepa ese facer por si mismo, pero Nuestro Señor Dios quiso que naturalmente todas las criaturas fagan tres cosas: la una es llorar: la otra es que tremen: la otra es que tienen las manos cerradas. Por el llorar se entiende, que vienen a morada en que ha de vevir siempre con pesar et con dolor et que lo ha de dejar aún con mayor pesar et con mayor dolor. Por el tremer se entiende, que viene a morada muy espantosa, en que siempre ha de vivir con grandes espantos et con grandes recelos, de que es cierto que ha de salir aún con mayor espanto. Por el cerrar de las manos se entiende, que viene a morada en que ha de vivir siempre cobdiciando más de lo que puede haber, et que nunca puede en ella haber ningund complimiento acabado.

p. 325Otrosí, luego que el homne es nascido, ha por fuerza de sofrir muchos enojos et mucha laceria, ca aquellos paños con que los han de cobrir por los guardar del frío, et de la calentura, et del aire a comparación del cuero del su cuerpo, non ha paño, nin cosa que a él llegue por blanda que sea, que non le paresca tan áspero como si fuese todo de espinas. Otrosí, porque ellos non han entendimiento, nin los sus miembros non son en estado, nin han complisión porque puedan facer sus obras como deben, non pueden decir nin aun dar a entender lo que sienten. Et los que los guardan et los crian, cuidan que lloran por una cosa, et por aventura ellos lloran por otra, et todo esto les es muy grant enojo et muy grant queja. Otrosí, de que comienzan a querer fablar, pasan muy fuerte vida, ca non pueden decir nada de cuanto quieren nin les dejan complir ninguna cosa de su voluntad, asi que en todas las cosas han de pasar a fuerza de si et contra su talante.

Otrosí de que van entendiendo, porque el su entendimiento non es aun complido, cobdician et quieren siempre lo que les non aprovecha, o por aventura que les es dañoso. Et los que los tienen en poder non gelo consienten, et fácenles facer lo contrario de lo que ellos querían, porque de los enojos non hay ninguno mayor que el de la voluntad; por ende pasan ellos muy grand enojo et grand pesar.

Otrosí, de que son homes, et en su entendimiento complido, lo uno por las enfermedades, lo al por ocasionesp. 326 et por pesares et por daños que les vienen, pasan siempre grandes recelos et grandes enojos. Et ponga cada uno la mano en su corazón, si verdat quisiere decir, bien fallará, que nunca pasó día que non hobiese más enojos et pesares que placeres.

Otrosí, de que va entrando la vejedat, ya esto non es de decir, ca también del su cuerpo mismo como de todas las cosas que vee de todas toma enojo, et por aventura todos los quel veen toman enojo dél. Et cuanto más dura la vejez tanto más dura et cresce esto, et en cabo de todo viene la muerte que se non puede escusar, et ella lo face partir de si mismo et de todas las cosas que bien quiere, con grand pesar et con grand quebranto.

Et desto non se puede ninguno escusar et nunca se puede fallar buen tiempo para la muerte; ca si muere el homne mozo, o mancebo, o viejo, en cualquier tiempo le es la muerte muy cruel et muy fuerte para si mismo et para los quel quieren bien. Et si muere pobre o lazdrado, de amigos et de contrarios es despreciado; et si muere rico et honrado, toman sus amigos grand quebranto, et sus contrarios grand placer, que es tan mal como el quebranto de sus amigos. Et demás al rico contesce como dijo el poeta: «Dives divitias» etc. que quiere decir: «Que el rico ayunta las riquezas con grand trabajo, et poséelas con grand temor, et déjalas con grand dolor.»

Et asi podedes entender, que por todas estas razones, todo homne de buen entendimiento que bien parasep. 327 mientes en todas sus condiciones debía entender que non son tales de que se debiese mucho presciar.

Demas desto, segund es dicho desuso, el homne es más menguado que ninguna otra animalia, ca el homne no ha ninguna cosa de suyo con que pueda vevir, et las animalias todas son vestidas o de cueros, o de cabellos, o de conchas, o de péñolas, con que se pueden defender del frío et de la calentura et de los contrarios, mas el homne desto non ha ninguna cosa, nin podría vevir si de cosas ajenas non fuese cubierto et vestido.

Otrosí, todas las animalias ellas se gobiernan que non han mester que ninguno gelo apareje, mas los homnes non se pueden gobernar sin ayuda de otri, nin pueden saber cómo pueden vevir si otri non gelo muestra. Et aun en la vida que facen, non saben en ella guardar tan complidamente como las animalias lo que les cumple para pro et para salut de sus cuerpos.

Et asi, señor Conde Lucanor, pues veedes manifiestamente que el homne ha en sí todas estas menguas, parad mientes si face muy desaguisado en tomar en si soberbia, nin lozanía desaguisada.

La otra: que fabla del mundo, se parte en tres partes: la primera, qué cosa es el mundo; la segunda cómo pasan los homnes en él; la tercera qué gualardón les da de lo que por él facen.

—Ciertamente, señor conde, quien quisiese fablar en estas tres maneras complidamente, habría manera asaz para facer un libro, mas porque he tanto fabladop. 328 tomo recelo que vos et los que este libro leyeren me ternedes por muy fablador o tomaredes dello enojo, por ende non vos fablaré sinón lo menos que yo pudiere en esto, et facervos he fin a este libro, et ruégovos que non me afinquedes más, ca en ninguna manera non vos respondería más a ello, nin vos diría otra razón más de las que vos he dicho. Et lo que agora vos quiero decir es esto: que la primera de las tres cosas; qué cosa es el mundo: ciertamente esto seríe grand cosa de decir, mas yo decirvos he lo que entiendo lo más brevemente que pudiere.

Este nombre del mundo, tómase de movimiento et de mudamiento, porque el mundo siempre se mueve et siempre se muda, et nunca está en un estado, nin él, nin las cosas que están en él son, et por esto ha este nombre. Et todas las cosas que son criadas son mundo, mas él es criatura de Dios et El lo crió cuando El tovo por bien et durará cuanto El toviere por bien. Et Dios solo es el que sabe cuando se ha de acabar et qué será despues que se acabare.

La segunda, cómo pasan en él los homnes, otrosí sin dubda sería muy grave de se decir complidamente. Et los homnes todos pasan en el mundo en tres maneras: la una es, que algunos ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, como en riquezas, et en honras, et en deleites, et en complir sus voluntades en cualquier manera que pueden non catando al sinón a esto, asi que dicen que en este mundo pasasen ellos bien, ca del otro nuncap. 329 vieron ninguno que les dijiese cómo pasaban los que allá eran. La otra manera es, que otros pasan en el mundo cobdiciando facer tales obras por que hobiesen la gloria del Paraiso, pero non pueden partirse del todo de facer lo que les cumple para guardar sus faciendas et sus estados, et facen por ello cuanto pueden et, otrosí, guardan sus almas cuanto pueden. La tercera manera es, que otros pasan en este mundo teniendose en él por estraños et entendiendo que la principal razón para que el homne fué criado, es para salvar el alma et pues nascen en el mundo para esto, que non deben facer al, sinón aquellas cosas por que mejor et más seguramente pueden salvar las almas.

La primera manera, de los que ponen todo su talante et su entendimiento en las cosas del mundo, ciertamente son estos tan engeñados [engañados] et facen en ello tan sin razón et tan grand su daño et tan grand poco seso; que non ha homne en el mundo que complidamente lo pudiese decir; ca vos sabedes que non ha homne del mundo que diese por una cosa que valiese diez marcos ciento, que todos non toviesen que era asaz de mal recabdo; pues el que da el alma que es tan noble criatura de Dios, al Diablo que es enemigo de Dios, et dal el alma por un placer o por una honra que por aventura non le durará dos días—et por mucho quel dure en comparación de la pena del Infierno en que siempre ha de durar non es tanto como un día,—demás, que aun en este mundo aquel placer o aquella honra o aquel deleite por que todo esto quierep. 330 perder, es cierto quel durará muy poco, ca non ha deleite por grande que sea, que de que es pasado, que non tome enojo dél, nin ha placer por grande que sea que mucho pueda durar et que se non haya a partir tarde o aina con grand pesar; nin honra por grande que sea, que non cueste muy cara si homne quisiere parar mientes a los cuidados et trabajos et enojos que homne ha de sofrir por la acrescentar et por la mantener. Et cate cada uno et acuérdese lo quel contesció en cada una destas cosas; si quisiere decir verdat, fallará que todo es asi como yo digo.

Otrosí, los que pasan en el mundo cobdiciando facer porque salven las almas, pero non se pueden partir de guardar sus honras et sus estados: estos tales pueden errar et pueden acertar en lo mejor; ca si guardaren todas estas cosas que ellos quieren guardar, guardando todo lo que cumple para salvamiento de las almas aciertan en lo mejor et puédenlo muy bien facer; ca cierto es, que muchos reis et grandes homnes et otros de muchos estados guardaron sus honras et mantenieron sus estados et faciéndolo todo, supieron obrar en guisa que salvaron las almas et aun fueron sanctos, et tales como estos non pudo engañar el mundo, nin les hobo a dar el gualardón que el mundo suele dar a los que non ponen su esperanza en al sinón en él, et estos guardan las dos vidas que dicen activa et contemplativa.

Otrosí, los que pasan en este mundo teniéndose en él por estraños et no ponen su talante en al sinón enp. 331 las cosas por que mejor puedan salvar las almas, sin dubda estas escogen la mejor carrera, et digo et atrévome a decir que cierto estos escogen la mejor carrera porque desta vida se dice en el Evangelio: que María escogió la mejor parte porque la cual nuncal sería tirada. Et si todas las gentes pudiesen mantener esta carrera, sin dubda esta sería la más segura et la más aprovechosa para aquellos que lo guardasen; mas, porque si todos lo ficiesen sería desfacimiento del mundo, et Nuestro Señor non quiere del todo que el mundo sea de los homnes desamparado, por ende non se puede escusar que muchos homnes non pasan en el mundo por estas tres maneras dichas.

Mas, Dios por la su merced quiera que pasemos non por la segunda o por la tercera destas tres maneras, et que vos guarde de pasar por la primera; ca cierto es que nunca homne por ella quiso pasar que non hobiese mal acabamiento. Et dígovos que desde los reis fasta los homes de menores estados, que nunca vi homne que por esta manera quisiese pasar que non hobiese mal acabamiento paral su cuerpo et que non fuese en sospecha de ir la su alma a mal logar. Et siempre el Diablo que trabaja cuanto puede en guisar que los homnes dejen la carrera de Dios por las cosas del mundo, guisa de les dar tal gualardón—como cuenta en este libro el capítulo tal—que dió el Diablo a don Martín que era mucho su amigo.

Agora, señor Conde Lucanor, demás de los enjiemplos et proverbios que son en este libro vos he dichop. 332 asaz a mi cuidar para poder guardar el alma, et aun el cuerpo, et la honra, et la facienda, et el estado, et, loado sea Dios, segund el mio flaco entendimiento tengo que vos he complido et acabado todo lo que vos dije.

Et asi pues, en esto fago fin a este libro: et acabolo don Johan en Salmerón, lunes XII dias de junio, Era de mil et CCC et LXX et tres años.

FIN

NOTA FINAL

En la edición de Knust figuran, además: 1.º, un apólogo breve sobre los verdaderos amigos; 2.º, otro largo que se titula Capítulo LIII: «De la imaginación que puede sacar a homne de entendimiento, e non se puede tornar de ligero sinon como aqui dise»; y 3.º, Capítulo LIV: «De como la honra deste mundo no es sinon como sueño que pasa», del que no se conserva el final. No se conocen estos dos últimos más que por el códice del Conde de Puñonrostro, y su mismo editor D. Eugenio Krapf (Vigo, 1902) no los consideró obras seguras de D. Juan Manuel.


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VOCABULARIO


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ÍNDICE

    Págs.
Prólogo 7
Bibliografía 17
EL LIBRO DE LOS ENXIEMPLOS 19
Prólogo 23
Primera Parte.—Exemplos:  
I.— De lo que contesció a un Rey con un su privado 26
II.— De lo que contesció a un homne bueno con su fijo 34
III.— Del salto que fizo el rey Richalte de Englaterra en la mar contra los moros 39
IV.— De lo que dijo un genovés a su alma cuando se hobo de morir 47
V.— De lo que contesció a un raposo con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico 50
VI.— De lo que contesció a la golondrina con las otras aves cuando vió sembrar el lino 54
VII.— De lo que contesció a una mujer quel dicían doña Truhana 57
VIII.— De lo que contesció a un homne que habían de alimpiar el fígado 59
IX.— De lo que contesció a los dos caballeros con el león 61
X.— De lo que contesció a un homne que por pobreza et mengua de otra vianda, comía atramuces 65
XI.— De lo que contesció a un Deán de Sanctiago con D. Yllán, el grand maestro de Toledo 68
XII.— De lo que contesció a un raposo con un gallo 75
p. 336XIII.— De lo que contesció a un homne que tomaba perdices 80
XIV.— Del miraglo que fizo Sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero 82
XV.— De lo que contesció a don Lorenzo Suarez sobre la cerca de Sevilla 85
XVI.— De la repuesta que dió el conde Ferrant Gonzales a Nuño Laynes su pariente 91
XVII.— De lo que contesció a un homne que había muy grant fambre, quel convidaron otros muy flojamente a comer 93
XVIII.— De lo que contesció a don Pedro Melendez de Valdés cuando se le quebró la pierna 95
XIX.— De lo que contesció a los cuervos con los buhos 99
XX.— De lo que contesció a un Rey con un homne quel dijo que faría alquimia 103
XXI.— De lo que contesció a un rey mozo con un muy grant filósofo a qui lo encomendara su padre 108
XXII.— De lo que contesció al león et al toro 113
XXIII.— De lo que facen las formigas para se mantener 118
XXIV.— De lo que contesció a un rey que quería probar a tres sus fijos 121
XXV.— De lo que contesció al conde de Provencia, cómo fue librado de la prisión por el consejo que le dió Saladín 127
XXVI.— De lo que contesció al arbol de la Mentira 138
XXVII.— De lo que contesció a un Emperador et a don Alvarhañez Minaya con sus mujeres 144
XXVIII.— De lo que contesció en Granada a don Lorenzo Suarez Gallinato 160
XXIX.— De lo que contesció a un raposo que se echó en la calle et se fizo muerto 164
p. 337XXX.— De lo que contesció al Rey Abenabet de Sevilla con Ramaiquía su mujer 167
XXXI.— Del juicio que dió un cardenal entre los clérigos de París et los fraires menores 170
XXXII.— De lo que contesció a un rey con los burladores que ficieron el paño 172
XXXIII.— De lo que contesció a un falcón sacre del infante don Manuel con una águila et una garza 178
XXXIV.— De lo que contesció a un ciego que adestraba a otro 181
XXXV.— De lo que contesció a un mancebo que casó con una mujer muy fuerte et muy brava 183
XXXVI.— De lo que contesció a un mercadero cuando falló su mujer et su fijo durmiendo en uno 190
XXXVII.— De la respuesta que dió el conde Ferrant Gonsales a sus gentes despues que hobo vencido la batalla de Facinas 194
XXXVIII.— De lo que contesció a un homne que iba cargado de piedras preciosas et se afogó en el rio 196
XXXIX.— De lo que contesció a un homne con la golondrina et con el pardal 198
XL.— De las razones por que perdió el alma un Siniscal de Carcasona 200
XLI.— De lo que contesció a un rey de Córdoba quel dicían Alhaquen 204
XLII.— De lo que contesció a una falsa beguina 208
XLIII.— De lo que contesció al Bien et al Mal, et al cuerdo con el loco 215
XLIV.— De lo que contesció a don Pero Núñez el Leal et a don Roy Gomez Zavallos et a don Gutier Roiz de Blaquiello con el conde don Rodrigo el Franco 221
p. 338XLV.— De lo que contesció a un homne que se fizo amigo et vasallo del Diablo 227
XLVI.— De lo que contesció a un filósofo que por ocasión entró en una calle do moraban malas mujeres 233
XLVII.— De lo que contesció a un moro con una su hermana que daba a entender que era muy medrosa 239
XLVIII.— De lo que contesció a uno que probaba sus amigos 243
XLIX.— De lo que contesció al que echaron en la isla desnuyo cuandol tomaron el señorío que tenía 250
L.— De lo que contesció a Saladín con una dueña mujer de un su vasallo 253
LI.— Lo que contesció a un Rey cristiano que era muy poderoso et muy soberbio 267
Segunda Parte. 279
Tercera Parte. 291
Cuarta Parte. 298
Quinta Parte. 304
Vocabulario. 333