The Project Gutenberg EBook of Reina Valera New Testament of the Bible 1862 (#3 in our series of Spanish Bibles) Copyright laws are changing all over the world. Be sure to check the copyright laws for your country before downloading or redistributing this or any other Project Gutenberg eBook. This header should be the first thing seen when viewing this Project Gutenberg file. Please do not remove it. Do not change or edit the header without written permission. Please read the "legal small print," and other information about the eBook and Project Gutenberg at the bottom of this file. Included is important information about your specific rights and restrictions in how the file may be used. You can also find out about how to make a donation to Project Gutenberg, and how to get involved. **Welcome To The World of Free Plain Vanilla Electronic Texts** **eBooks Readable By Both Humans and By Computers, Since 1971** *****These eBooks Were Prepared By Thousands of Volunteers!***** Title: Reina Valera New Testament of the Bible 1862 Author: Anon. Release Date: June, 2004 [EBook #5879] [Yes, we are more than one year ahead of schedule] [This file was first posted on September 15, 2002] Edition: 10 Language: Spanish Character set encoding: Latin1 *** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK, REINA VALERA NEW TESTAMENT OF THE BIBLE 1862 *** [Empieza Aviso e Introducción] La Valera 1862 de la SPCC. Aviso: Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1862) fue bajado de la pagina de web: Antigua Versión Valera 1909 – La palabra de Dios en español. (www.valera1909.com) Este texto no tiene derechos reservados, puedes distribuirlo como quieres. Solamente pedimos que por respeto del trabajo que invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.), que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza…] y [Termina…]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet. Si tienes cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com. Introducción a la Valera 1862 de la SPCC. El siguiente texto fue escaneado de una Biblia en Español que obtuve de una colección privada en León, Guanajuato, México en 1986. Esta copia, impresa en Madrid, España en 1884 para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera (SBBE), representa la edición SBBE de la revisión de Valera hecha para la Sociedad para la Propagación de Conocimiento Cristiano (SPCC) en 1862. Esta revisión fue hecha por Lorenzo Lucena Pedrosa M.A., profesor de Lengua y Literatura Española en Queens College de Liverpool, y luego en Oxford. Esta edición de la SPCC 1862 fue publicada por la SBBE en 1884. Siendo que no tenemos ninguna otra edición de la 1862, no podemos asegurar que este texto es precisamente idéntico a la original SPCC 1862. Algunas diferencias nos hacen sospechar que la SBBE revisó ligeramente la SPCC 1862 en esta impresión de 1884. Sin embargo, reproducimos esta edición de SBBE para demostrar que la Revisión de Valera de 1862 era esencialmente idéntica a la Valera 1909 de hoy. Esto confirma que la Valera 1909 en realidad fue una revisión hecha en 1862, antes de la publicación de Vaticanus o Sinaíticus, y décadas antes de la apostasía Inglesa de Westcott y Hort. Una diferencia que sí verás en esta impresión de la 1862, hecha por SBBE en 1884, es que introduce muchas palabras itálicas que no se encuentran ni en la original 1602, ni tampoco en su descendiente, la 1909. O estas itálicas fueron añadidas por la SBBE en su revisión ligera de la revisión de 1862 de SPCC, o la revisión de 1909 quitó del texto la mayoría de las itálicas añadidas innecesariamente. Aparte de esto, muy pocos cambios se evidencian en la revisión de 1909 de este texto. En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes [...], para que se convierte fácilmente el Nuevo Testamento a muchos diferentes formatos. Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y palabras entre corchetes. En estos casos, para mantener la integridad de la reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras originalmente entre corchetes. Todas las copias impresas que hemos escaneado y duplicado contienen errores de impresión y puntuación. Algunos son obvios, pero de vez en cuando había varias posibilidades en la corrección. En tales casos determinamos la corrección según la original 1602, o la norma actual, la 1909. En todos los casos que hicimos correcciones señalamos la palabra alterada con el circunflejo (^). Además señalamos con la misma marca aquellos lugares donde parecía haber error, pero por no estar seguros, no cambiamos nada. Todos los asteriscos (*) en el texto son reproducciones de la impresión original. Significan alguna referencia en la margen, la cual reproducimos en abrazaderas {*...} al final del versículo. Guillermo Kincaid [End Notice and Introduction] El NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO QUE CONTIENE LOS ESCRITOS EVANGÉLICOS Y APOSTÓLICOS ANTIGUA VERSION DE CIPRIANO DE VALERA REVISADA Con arreglo al original griego. MADRID SE HALLA EN EL DEPÓSITO CENTRAL DE LA SOCIEDAD BÍBLICA B. Y E. Calle de Preciados, número 46. 1884 EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO SEGUN SAN MATEO. CAPITULO 1. 1 LIBRO de la generacion de Jesu-Cristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró á Isaac: é Isaac engendró á Jacob: y Jacob engendró á Júdas y á sus hermanos: 3 Y Júdas engendró de Thamar á Pháres y á Zara: y Pháres engendró á Esrom: y Esrom engendró á Aram: 4 Y Aram engendró á Aminadab: y Aminadab engendró á Naason: y Naason engendró á Salmon: 5 Y Salmon engendró de Rahab á Bóoz: y Bóoz engendró de Ruth á Obed: y Obed engendró á Jessé: 6 Y Jessé engendró al rey David: y el rey David engendró á Salomon de la [que fué mujer] de Urías: 7 Y Salomon engendró á Roboam: y Roboam engendró á Abia: y Abia engendró á Asá: 8 Y Asá engendró á Josaphat: y Josaphat engendró á Joram: y Joram engendró á Ozías: 9 Y Ozías engendró á Joatam: y Joatam engendró á Achaz: y Achaz engendró á Ezechias: 10 Y Ezechias engendró á Manasés: y Manasés engendró á Amon: y Amon engendró á Josías: 11 Y Josías engendró á Jeconías y á sus hermanos, en la trasmigracion de Babilonia: 12 Y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jeconías engendró á Salatiel: y Salatiel engendró á Zorobabel: 13 Y Zorobabel engendró á Abiud: y Abiud engendró á Eliaquim: y Eliaquim engendró á Azor: 14 Y Azor engendró á Sadoc: y Sadoc engendró á Aquim: y Aquim engendró á Eliud: 15 Y Eliud engendró á Eleázar: y Eleázar engendró á Matan: y Matan engendró á Jacob: 16 Y Jacob engendró á José, marido de María, de la cual nació Jesus, el cual es llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son] catorce generaciones: y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia, catorce generaciones: y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. 18 Y el nacimiento de Jesu-Cristo fué así: que siendo María su madre desposada con José, ántes que se juntasen, se halló haber concebido del Espíritu Santo. 19 Y José su marido, como era justo y no quisiese infamarla, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él en esto, hé aquí el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: José, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. 21 Y parirá Hijo, y llamarás su nombre JESUS, porque él salvará su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: 23 Hé aquí la vírgen concebirá, y parirá hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios. 21 Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia mandado, y recibió á su mujer. 25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito: y llamó su nombre JESUS. CAPITULO 2. 1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judéa en dias del rey Heródes, hé aquí unos magos vinieron del Oriente á Jerusalem, 2 Diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el Oriente, y venimos á adorarle. 3 Y oyendo [esto] el rey Heródes, se turbó, y toda Jerusalem con él. 4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó donde habia de nacer el Cristo. 5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judéa; porque así está escrito por el profeta: 6 Y tu Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá; porque de tí saldrá un Guiador, que apacentará á mi pueblo Israel. 7 Entónces Heródes, llamando en secreto á los magos, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella; 8 Y enviándoles á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el Niño; y despues que lo hallareis, hacédmelo saber, para que yo tambien vaya y le adore. 9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron: y hé aquí la estrella que habian visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el Niño. 10 Y vista la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. 11 Y entrando en la casa, vieron el Niño con su madre María, y postrándose lo adoraron: y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, é incienso, y mirra. 12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen á Heródes, se volvieron á su tierra por otro camino. 13 Y partidos ellos, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José diciendo: Levántate, y toma al Niño y á su madre, y huye á Egipto, y estate allá hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer, que Heródes buscara al Niño para matarlo. 14 Y él despertando, tomó al Niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto: 15 Y estuvo allá hasta la muerte de Heródes; para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo. 16 Heródes entónces, como se vió burlado de los magos, se enojó mucho: y envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que habla entendido de los magos. 17 Entónces fué cumplido lo que se habia dicho por el profeta Jeremías, que dijo: 18 Voz fué oida en Ramá, grande lamentacion, lloro, y gemido; Rachel que llora sus hijos; y no quiso ser consolada, porque perecieron. 19 Mas muerto Heródes, hé aquí el ángel del Señor aparece en sueños á José en Egipto, 20 Diciendo: Levántate, y toma al Niño, y á su madre, y vete á tierra de Israel; que muertos son los que procuraban la muerte del Niño. 21 Entónces él se levantó y tomó al Niño, y á su madre, y se vino á tierra de Israel. 22 Y oyendo que Arqueláo reinaba en Judéa en lugar de Heródes su padre, temió ir allá; mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes de Galiléa. 23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno. CAPITULO 3. 1 EN aquellos dias vino Juan el Bautista predicando en el desierto de Judéa, 2 Y diciendo: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. 3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz de uno que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, enderezad sus veredas. 4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos, y su comida era langostas, y miel silvestre. 5 Entónces salia á el Jerusalem y toda Judéa, y toda la provincia de alrededor del Jordan; 6 Y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados. 7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su bautismo, decíales: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá? 8 Haced pues frutos dignos de arrepentimiento; 9 Y no penseis decir dentro de vosotros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras. 10 Ahora, ya tambien la segur está puesta á la raiz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado y echado en el fuego. 11 Yo á la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento: mas el que viene tras mí, mas poderoso es que yo; los zapatos del cual yo no soy digno de llevar: él os bautizará en Espíritu Santo, y [en] fuego. 12 Su aventador en su mano [está,] y aventará su era; y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 13 Entónces Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de él. 14 Mas Juan lo resistia mucho, diciendo: Yo he menester ser bautizado de tí, ¿y tu vienes á mí? 15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entónces le dejó. 16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua: y hé aquí los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia, como paloma, y venia sobre el, 17 Y hé aquí una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento. CAPITULO 4. 1 Entónces Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo. 2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre. 3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se hagan pan. 4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre; mas con toda palabra que sale de la boca de Dios. 5 Entónces el diablo le pasa á la santa ciudad, y le pone sobre las almenas del templo; 6 Y le dice: Si eres Hijo de Dios échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por tí, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces con tu pié en piedra. 7 Jesus le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria, 9 Y dícele: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entónces Jesus le dice: Vete, Satanás; que escrito esta: Al Señor tu Dios adorarás, y á él solo servirás. 11 El diablo entónces le dejó: y hé aquí los ángeles llegaron, y le servian. 12 Mas oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa; 13 Y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capernaum, [ciudad] marítima, en los confines de Zabulon y de Nephtalim: 14 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: 15 La tierra de Zabulon, y la tierra de Nephtalim, camino de la mar, de la otra parte del Jordan, Galiléa de los Gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los sentados en region y sombra de muerte, luz les esclareció. 17 Desde entónces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado. 18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que es llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores: 19 Y díceles: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entónces, dejando luego las redes, le siguieron. 21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y Juan su hermano, en el barco con Zebedéo, su padre, que remendaban sus redes, y los llama. 22 Y ellos dejando luego el barco, y á su padre, le siguieron. 23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y corria su fama por toda la Siria: y le trajeron todos los que tenian mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguieron muchas gentes de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem, y de Judéa, y de la otra parte del Jordan. CAPITULO 5. 1 Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos. 2 Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolacion. 5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. 7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios. 9 Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios, 10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois, cuando os vituperaren, y [os] persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. 12 Gozáos y alegráos; porque vuestra merced [es] grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que [fueron] ántes de vosotros. 13 Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera y hollada de los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. 15 Ni se enciende una lámpara, y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero; y alumbra á todos los que [están] en casa. 16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres; para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que [está] en los cielos. 17 No penseis que he venido para abrogar la ley, ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir. 18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas. 19 De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que [la] de los escribas y de los Fariséos, no entraréis en el reino de los cielos. 21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio. 22 Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, sera culpado del juicio: y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será culpado del concejo: y cualquiera que dijere: Fátuo, sera culpado del infierno del fuego. 23 Por tanto, si trajeres tu Presente al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra tí, 24 Deja allí tu Presente delante del altar, y véte; vuelve primero en amistad con tu hermano, y entónces vén, y ofrece tu Presente. 25 Concíliate con tu adversario presto, entretanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prision. 26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante. 27 Oísteis que fué dicho: No adulterarás: 28 Mas yo os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazon. 29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácalo, y échalo de tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. 31 Tambien fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, dele carta de divorcio: 32 Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicacion, hace que ella adultere: y él que se casare con la repudiada, comete adulterio. 33 Además habeis oido que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos: 34 Mas yo os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios: 35 Ni por la tierra, porque es el estrado de sus piés; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás; porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro. 37 Mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: Porque lo [que es] mas de esto, de mal procede. 38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente: 39 Mas yo os digo: No resistais al mal: ántes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra. 40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la capa. 41 Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con el dos. 42 Al que te pidiere, dále: y al que quisiere tomar de tí emprestado, no se lo rehuses. 43 Oisteis que fué dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo: 44 Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 Para que seais hijos de vuestro Padre que [está] en los cielos; que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos. 46 Porque si amareis á los que os amen, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen tambien lo mismo los publicanos? 47 Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis demás? ¿no hacen tambien así los Gentiles? 48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que [está] en los cielos es perfecto. CAPITULO 6. 1 MIRAD que no hagais vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos: de otra manera no tendreis merced de vuestro Padre que [está] en los cielos. 2 Cuando pues haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha: 4 Para que sea tu limosna en secreto y tu Padre que ve en secreto, él te recompensará en público. 5 Y cuando oras, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su pago. 6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que [está] en secreto: y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público. 7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles; que piensan que por su parlería serán oidos. 8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que cosas teneis necesidad, ántes que vosotros le pidais. 9 Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro, que [estás] en los cielos, santificado sea tu nombre: 10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en la tierra. 11 Dános hay nuestro pan cotidiano. 12 Y perdónanos nuestras deudas, como tambien nosotros perdonamos á nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y la potencia, y la gloria, por todos los siglos. Amen. 14 Porque si perdonareis á los hombres sus ofensas, os perdonará tambien á vosotros vuestro Padre celestial. 15 Mas si no perdonareis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. 16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: porque ellos demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan: de cierto os digo, que [ya] tienen su pago. 17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro; 18 Para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que [está] en secreto: y tu Padre, que ve en secreto, te recompensará en público. 19 No os hagais tesoros en la tierra donde la polilla y el orin corrompe, y donde ladrones minan y hurtan. 20 Mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y donde ladrones no minan ni hurtan. 21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon. 22 La lámpara del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso. 23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso: así que si la lumbre que en tí hay son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas? 24 Ninguno puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro: no podeis servir á Dios y á Mammon. 25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, qué habeis de comer, ó qué habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habeis de vestir: ¿no es la vida más que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26 Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta: ¿no sois vosotros mucho mejores que ellas? 27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Reparad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan, ni hilan: 29 Mas os digo, que ni aun Salomon con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos. 30 Y si la yerba del campo que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios [la] viste así, ¿no [hará] mucho más á vosotros, [hombres] de poca fé? 31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comerémos, ó qué beberémos, ó con qué nos cubriremos? 32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: que vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas habeis menester. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia: y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os congojeis por el dia de mañana; que el dia de mañana traerá su fatiga: basta al dia su afan. CAPITULO 7. 1 NO juzgueis, para que no seais juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgais seréis juzgados; y con la medida con que medís, os volverán á medir. 3 Y ¿por qué miras la mota que [está] n el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que [está] en tu ojo? 4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la mota; y hé aquí la viga en tu ojo? 5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo: y entónces mirarás en echar la mota del ojo de tu hermano. 6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan y os despedacen. 7 Pedid, y se os dará; buscad, y hallarás; llamad, y se os abrirá. 8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama se abrirá. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? 10 ¿Y, si [le] pidiere un pez, le dará una serpiente? 11 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre, que [está] en los cielos, dará buenas cosas á los que le piden? 12 Así que, todas las cosas que quisierais que los hombres hiciesen con vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los profetas. 13 Entrad por la puerta estrecha: porque ancha [es] la puerta, y espacioso el camino;^ que lleva á perdicion; y muchos son los que entran por ella. 14 Porque estrecha [es] la puerta, y angosto el camino, que lleva á la vida; y pocos son los que la hallan. 15 Y guardáos de los falsos profetas que vienen á vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces. 16 Por sus frutos los conocereis. ¿Cógense uvas de los espinos, ó higos de los abrojos? 17 Así todo buen árbol lleva buenos frutos; mas el árbol maleado lleva malos frutos. 18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol maleado llevar frutos buenos. 19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase y échase en el fuego. 20 Así que por sus frutos los conocereis. 21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos; mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel dia: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23 Y entónces les protestaré: Nunca os conocí; apartáos de mí, obradores de maldad. 24 Cualquiera pues que me oye estas palabras, y las hace, le compararé á un hombre prudente, que edificó su casa sobre la peña: 25 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa: y no cayó; porque estaba fundada sobre la peña. 26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé á un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; 27 Y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, é hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó, y fué grande su ruina. 28 Y fué [que] como Jesus acabó estas palabras, las gentes se admiraban de su doctrina: 29 Porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. CAPITULO 8. 1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas gentes. 2 Y hé aquí un leproso vino, y le adoraba, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada. 4 Entónces Jesus le dijo: Mira no [lo] digas á nadie; mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el Presente que mandó Moisés, para testimonio á ellos. 5 Y entrando Jesus en Capernaum vino á él un centurion, rogándole, 6 Y diciendo: Señor, mi mozo yace en casa paralítico, gravemente atormentado. 7 Y Jesus le dijo: Yo iré, y le sanaré. 8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techado: mas solamente dí la palabra, y mi mozo sanará. 9 Porque tambien yo soy hombre bajo de potestad, y tengo bajo de mí soldados: y digo á éste: Vé; y va; y al otro: Ven; y viene; y á mi siervo: Haz esto; y [lo] hace. 10 Y oyendo Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado fé tanta. 11 Y os digo que vendrán muchos del Oriente, y del Occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos. 12 Mas los hijos del reino serán echados á las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes. 13 Entónces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, te sea hecho. Y su mozo fué sano en el mismo momento. 14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en cama, y con fiebre. 15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó: y ella se levantó, y les servia. 16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados; y echó [de ellos] los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos: 17 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias. 18 Y viendo Jesus muchas gentes alrededor de sí, mandó pasar á la otra parte [del lago.] 19 Y llegándose un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré donde quiera que fueres. 20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste [su] cabeza. 21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre á mi padre. 22 Y Jesus le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren á sus muertos. 23 Y entrando él en el barco, sus discípulos le siguieron. 24 Y hé aquí fué hecho en la mar un gran movimiento, que el barco se cubria de las ondas: mas él dormia. 25 Y llegándose sus discípulos le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, [que] perecemos. 26 Y él les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entónces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar, y fué grande bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun los vientos y la mar le obedecen? 28 Y como él hubo llegado en la otra ribera al país de los Guerguesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino. 29 Y hé aquí clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus Hijo de Dios? ¿has venido acá á molestarnos ántes de tiempo? 30 Y estaba léjos de ellos un hato de muchos puercos paciendo. 31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos ir á aquel hato de puercos. 32 Y les dijo: Id. Y ellos salieron, y se fueron á aquel hato de puercos: y hé aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar, y murieron en las aguas. 33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad contaron todas las cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados. 34 Y hé aquí toda la ciudad salió á encontrar á Jesus: y cuando le vieron, le rogaban que saliese de sus términos. CAPITULO 9. 1 ENTÓNCES entrando en el barco, pasó á la otra parte, y vino á su ciudad. 2 Y hé aquí le trajeron un paralítico echado en una cama: y viendo Jesus la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia hijo: tus pecados te son perdonados. 3 Y hé aquí algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema. 4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros corazones? 5 Porque, ¿Qué es más fácil, decir: los pecados te son perdonados: O decir: Levántate, y anda? 6 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice entónces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y vete á tu casa. 7 Entónces él se levantó, y se fué á su casa. 8 Y las gentes viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que habia dado tal potestad á los hombres. 9 Y pasando Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco de los públicos tributos el cual se llamaba Mateo; y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesus y sus discípulos. 11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por que come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores, 12 Y oyéndolo Jesus les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 13 Andad pues, y aprended qué cosa es, Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento. 14 Entónces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15 Y Jesus les dijo: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el Esposo está con ellos? mas vendrán dias, cuando el Esposo será quitado de ellos, y entónces ayunarán. 16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. 17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino nuevo en cueros nuevos, y lo uno y lo otro se conserva juntamente. 18 Hablando él estas cosas á ellos, hé aquí vino un principal, y le adoraba, diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos. 20 Y hé aquí una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia, llegándose por detrás, tocó la franja de su vestido: 21 Porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré salva. 22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha salvado. Y la mujer fué salva desde aquella hora. 23 Y llegado Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la gente que hacia bullicio, 24 Díceles: Apartáos, que la muchacha no es muerta, mas duerme. Y se burlaban de él. 25 Y como la gente fué echada fuera, entró, y tomóla de la mano, y se levantó la muchacha. 26 Y salió esta fama por toda aquella tierra. 27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. 28 Y llegado á la casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. 29 Entónces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos. Y Jesus les encargó rigurosamente, diciendo: Mirad [que] nadie [lo] sepa. 31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. 32 Y saliendo ellos, hé aquí le trajeron un hombre mudo endemoniado. 33 Y echado fuera el demonio, el mudo hablo: y las gentes se maravillaron diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israel. 34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. 35 Y rodeaba Jesus por todas las ciudades y aldéas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el Evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y todo achaque en el pueblo. 36 Y viendo las gentes, tuvo compasion de ellas; porque estaban derramadas y esparcidas, como ovejas que no tienen pastor. 37 Entónces dice á sus discípulos: A la verdad la mies [es] mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros para su mies. CAPITULO 10. 1 Entónces llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad y toda dolencia. 2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: el primero, Simon, que es dicho Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su hermano: 3 Felipe, y Bartolomé; Tomás, y Mateo el publicano: Jacobo [hijo] de Alféo, y Lebéo, por sobrenombre Tadéo: 4 Simon el Cananita, y Júdas Iscariote, que tambien le entregó. 5 Estos doce envió Jesús, á los cuales dió mandamiento diciendo: Por el camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis: 6 Mas id ántes á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibísteis, dad de gracia. 9 No apresteis oro, ni plata, ni cobre, en vuestras bolsas; 10 Ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon; porque el obrero digno es de su alimento. 11 Mas en cualquier ciudad, ó aldéa donde entrareis, investigad quién sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais. 12 Y entrando en la casa, saludadla. 13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros. 14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa, ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés. 15 De cierto os digo, [que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los de Sodoma, y de los de Gomorra en el dia del juicio, que á aquella ciudad. 16 Hé aquí, yo os envío como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán. 18 Y aun á príncipes y á reyes seréis llevados por causa de mí, por testimonio á ellos y á los Gentiles. 19 Mas cuando os entregaren, no os apureis por como ó qué hablaréis: porque en aquella hora os será dado qué habeis de hablar. 20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. 21 Y el hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo: y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta el fin, éste sera salvo. 23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, [que] no acabaréis de andar todas las ciudades de Israel, que no venga el Hijo del hombre. 24 El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor. 25 Bástale al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su casa?^ 26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz: y lo que oís al oido, predicadlo desde los terrados. 28 Y no temais á los que matan el cuerpo, mas al alma no pueden matar: temed ántes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. 29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo ni uno de ellos cae á tierra sin vuestro Padre. 30 Pues aun vuestros cabellos están todos contados. 31 Así que no temais: más valeis vosotros que muchos pajarillos. 32 Cualquiera pues que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo tambien delante de mi Padre, que [está] en los cielos. 33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien delante de mi Padre, que [está] en los cielos. 34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino espada. 35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. 36 Y los enemigos del hombre, los de su casa. 37 El que ama padre ó madre mas que á mí, no es digno de mí: y el que ama hijo ó hija más que á mí, no es digno de mí. 38 Y el que no toma su cruz, y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que hallare su vida, la perderá: y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. 40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió. 41 El que recibe profeta en nombre de profeta, merced de profeta recibirá: y el que recibe justo en nombre de justo, merced de justo recibirá. 42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un vaso de [agua] fria solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su recompensa. CAPITULO 11. 1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á enseñar y á predicar en las ciudades de ellos. 2 Y oyendo Juan en la prision los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, 3 Diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro? 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, y haced saber á Juan las cosas que oís y veis. 5 Los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos son limpiados, y los sordos oyen; los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciado el Evangelio. 6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las gentes: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿una caña que es meneada del viento? 8 Mas ¿qué salísteis á ver? ¿un hombre cubierto de delicados vestido? Hé aquí, los que traen [vestidos] delicados, en las casas de los reyes están. 9 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿un profeta? tambien os digo, y más que profeta. 10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí yo envio mi mensajero delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí. 11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. 12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora, al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes le arrebatan. 13 Porque todos los profetas y la ley hasta Juan profetizaron. 14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir. 15 El que tiene oidos para oir, oiga. 16 Mas ¿á quién compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros, 17 Y dicen: Os tañimos flauta, y no bailásteis; os endechamos, y no lamentásteis. 18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y dicen: Hé aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es justificada por sus hijos. 20 Entónces comenzó á reconvenir á las ciudades en las cuales habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian arrepentido, [diciendo:] 21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tiro y en Sidon fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo se hubieran arrepentido en saco y en ceniza. 22 Por tanto os digo, [que] á Tiro y á Sidon será más tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á vosotras. 23 Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás abajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy. 24 Por tanto os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será más tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á tí. 25 En aquel tiempo, respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las hayas revelado á los niños. 26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos. 27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el Hijo [lo] quisiere revelar. 28 Venid á mí todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí; que soy manso y humilde de corazon; y hallaréis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. CAPITULO 12. 1 EN aquel tiempo iba Jesus por los sembrados en Sábado; y sus discípulos tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer. 2 Y viéndo[lo] los Fariséos le dijeron: Hé aquí tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en Sábado. 3 Y él les dijo: ¿No habeis leido qué hizo David, teniendo él hambre y los que con él estaban? 4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que no le era lícito comer, ni á los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes? 5 O ¿no habeis leido en la ley, que los Sábados en el templo los sacerdotes profanan el Sábado, y son sin culpa? 6 Pues os digo que [uno] mayor que el templo está aquí. 7 Mas si supieseis que es: Misericordia quiero, y no sacrificio; no condenariais á los inocentes: 8 Porque Señor es del Sábado el Hijo del hombre. 9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos. 10 Y hé aquí habia [allí] uno que tenia una mano seca: y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en Sábado? por acusarle. 11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en Sábado, no le eche mano, y [la] levante? 12 Pues ¿cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que lícito es en los Sábados hacer bien. 13 Entonces dijo á aquel hombre: Extiende tu mano. Y él [la] extendió, y [le] fué restituida sana como la otra. 14 Y salidos los Fariséos, consultaron contra él para destruirle. 15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí: y le siguieron muchas gentes, y sanaba á todos. 16 Y él les encargaba eficazmente que no le descubriesen: 17 Para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo: 18 Hé aquí mi Siervo, al cual he escogido; mi Amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio. 19 No contenderá, ni voceará: ni nadie oirá en las calles su voz. 20 La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio. 21 Y en su nombre esperarán los Gentiles. 22 Entónces fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo: y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo hablaba y veia. 23 Y todas las gentes estaban atónitas, y decian: ¿Es este aquel Hijo de David? 24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios. 25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad, ó casa, dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27 Y si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos por quién [los] echan? por tanto ellos serán vuestros jueces. 28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entónces saqueará su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, derrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada á los hombres, 32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. 33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol corrompido, y su fruto dañado: porque por el fruto es conocido el árbol. 34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazon habla la boca. 35 El hombre bueno del buen tesoro del corazon saca buenas cosas: y el hombre malo del mal tesoro saca malas cosas. 36 Mas yo os digo, que toda palabra ociosa, que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el dia del juicio. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado. 38 Entónces respondieron algunos de los escribas y de los Fariséos, diciendo: Maestro deseamos ver de tí señal. 39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda señal; mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. 40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y tres noches. 41 Los hombres de Nínive se levantarán en el juicio con esta generacion, y la condenarán: porque ellos se arrepintieron á la predicacion de Jonás; y hé aquí mas que Jonás en este lugar. 42 La reina del Austro se levantará en el juicio con esta generacion, y la condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar. 43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no [lo] halla. 44 Entónces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí: y cuando viene, [la] halla desocupada, barrida, y adornada. 45 Entónces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados moran allí; y son peores las cosas últimas del tal hombre que las primeras: así tambien acontecerá á esta generacion mala. 46 Y estando él aun hablando á las gentes, hé aquí su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querian hablar. 47 Y le dijo uno: Hé aquí tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar. 48 Y respondiendo él al que le decia [esto,] dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre que [está] en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre. CAPITULO 13. 1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de casa, se sentó junto á la mar. 2 Y se allegaron á el muchas gentes; y entrándose él en el barco, se sentó, y toda la gente estaba á la ribera. 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí el que sembraba, salió á sembrar. 4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino; y vinieron las aves, y la comieron. 5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego, porque no tenia profundidad de tierra. 6 Mas en saliendo el sol, se quemó; y secóse, porque no tenia raiz. 7 Y parte cayó en espinas; y las espinas crecieron, y la ahogaron. 8 Y parte cayo en buena tierra, y dió fruto, cual á ciento, cual á sesenta, y cual á treinta. 9 Quien tiene oidos para oir, oiga. 10 Entónces, llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por que les hablas por parábolas? 11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido. 12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido oiréis, y no entenderéis; y viendo veréis, y no miraréis. 15 Porque el corazon de este pueblo esta engrosado, y de los oidos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: para que no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane. 16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oidos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron. 18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra. 19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la,] viene el malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon: este es el que fué sembrado junto al camino. 20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo; 21 Mas no tiene raiz en sí, ántes es temporal: que venida la afliccion ó la persecucion por la palabra, luego se ofende. 22 Y el que fué sembrado en espinas este es el que oye la palabra; pero el afan de este siglo, y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y hácese infructuosa. 23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta. 24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su campo. 25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el trigo, y se fué. 26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entónces apareció tambien la zizaña. 27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? ¿de dónde pues tiene zizaña? 28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres pues que vayamos y la cojamos? 29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizana, no arranqueis tambien con ella el trigo. 30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en manojos para quemarla; mas recoged el trigo en mi alfolí. 31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su campo: 32 El cual á la verdad es el más pequeño de todas las simientes; mas cuando ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas, y se hace árbol, que vienen las aves del cielo y hacen nidos en sus ramas. 33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo quedó leudo. 34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las gentes; y sin parábolas no les hablaba: 35 Para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca; rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo. 36 Entónces, despedidas las gentes, Jesus se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña del campo. 37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre; 38 Y el campo es el mundo; y la buena simiente son los hijos del reino, y la zizaña son los hijos del malo: 39 Y el enemigo que la sembró, es el diablo; y la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles. 40 De manera que como es cogida la zizaña, y quemada al fuego, así será en el fin de este siglo. 41 Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, 42 Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 43 Entónces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre: el que tiene oidos para oir, oiga. 44 Ademas, el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en el campo, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de ello va, y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo. 45 Tambien el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas; 46 Que hallando una preciosa perla fué, y vendió todo lo que tenia, y la compró. 47 Asimismo el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar, coge de todas suertes [de peces:] 48 La cual estando llena, la sacaron á la orilla; y sentados, cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera. 49 Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos, 50 Y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 51 Y Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos le responden: Sí, Señor. 52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos, es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. 53 Y aconteció [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí. 54 Y venido á su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban atónitos, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y [estas] maravillas? 55 ¿No es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus hermanos, Jacobo, y José, y Simon, y Judas? 56 ¿Y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿De dónde pues tiene este todas estas cosas? 57 Y se escandalizaban en él. Mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. 58 Y no hizo allí muchas maravillas, á causa de la incredulidad de ellos. CAPITULO 14. 1 EN aquel tiempo Heródes el tetrarca oyó la fama de Jesus, 2 Y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él. 3 Porque Heródes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano. 4 porque Juan le decia: No te es lícito tenerla. 5 Y queria matarle, mas temia al pueblo; porque le tenian como á profeta. 6 Mas celebrándose el dia del nacimiento de Heródes, la hija de Herodías danzó en medio y agradó á Heródes. 7 Y prometió él con juramento de darle todo lo que pidiese. 8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 9 Entónces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese. 10 Y enviando degolló á Juan en la cárcel. 11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la muchacha; y ella [la] presentó á su madre. 12 Entónces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo, y lo enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesus. 13 Y oyéndo[lo] Jesus, se apartó de allí en un barco á un lugar desierto apartado: y cuando las gentes [lo] oyeron, le siguieron á pié de las ciudades. 14 Y saliendo Jesus, vió un gran gentío, y tuvo compasion de ellos, y sanó los que de ellos habia enfermos. 15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: despide las gentes, para que se vayan por las aldéas, y compren para sí de comer. 16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer. 17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 18 Y el les dijo: Traédmelos acá. 19 Y mandando á las gentes recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partió y dió los panes á los discípulos, y los discípulos á las gentes. 20 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. 21 Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin las mujeres y los niños. 22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el barco, é ir delante de él á la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las gentes. 23 Y despedidas las gentes, subió al monte, apartado, á orar: y como fué la tarde del dia, estaba allí solo. 24 Y ya el barco estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas; porque el viento era contrario. 25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: [Alguna] fantasma es. Y dieron voces de miedo. 27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Confiad: yo soy; no tengais miedo. 28 Entónces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tu eres, manda que yo vaya á tí sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del barco, andaba sobre las aguas para ir á Jesus. 30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame. 31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de poca fé, ¿por qué dudaste? 32 Y como ellos entraron en el barco, sosegóse el viento. 33 Entónces los que [estaban] en el barco vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. 34 Y llegando á la otra parte, vinieron á la tierra de Genezaret. 35 Y como le conocieron los hombres de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra alrededor, y trajeron á él todos los enfermos: 36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, quedaron sanos. CAPITULO 15. Entónces llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem, diciendo: 2 ¿Por que tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el mandamiento de Dios por vuestra tradicion? 4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre: y, El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte. 5 Mas vosotros decís: Cualquiera que dirá al padre ó á la madre: [Es ya] ofrenda mia [á Dios] todo aquello con que pudiera valerte, 6 No deberá honrar á su padre ó á su madre [con socorro.] Así habeis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion. 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: 8 Este pueblo de labios me honra; mas su corazon lejos está de mí. 9 Mas en vano me honran, enseñando doctrinas [y] mandamientos de hombres. 10 Y llamando á sí las gentes, les dijo: Oid, y entended. 11 No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12 Entónces llegándose sus discípulos le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos oyendo esta palabra se ofendieron? 13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada. 14 Dejadlos: son ciegos guias de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. 16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento? 17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? 18 Mas lo que sale de la boca del corazon sale, y esto contamina al hombre 19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, blasfemias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. 21 Y saliendo Jesus de allí, se fué á las partes de Tiro y de Sidon. 22 Y hé aquí una mujer Chananéa, que habia salido de aquellos términos, clamaba diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija es malamente atormentada del demonio. 23 Mas él no le respondió palabra. Entónces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despáchala, pues da voces tras nosotros. 24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entónces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. 26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor: mas los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 28 Entónces respondiendo Jesus dijo: Oh mujer, grande [es] tu fé: sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora. 29 Y partido Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo al monte, se sentó allí. 30 Y llegaron á él muchas gentes, que tenian consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus, y los sanó: 31 De manera que se maravillaban las gentes, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, y ver los ciegos: y glorificaron al Dios de Israel. 32 Y Jesus llamando á sus discípulos, dijo: Tengo lastima de la gente, que ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen qué comer: y enviarlos ayunos no quiero; porque no desmayen en el camino. 33 Entónces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran compañía? 34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. 35 Y mandó á las gentes que se recostasen sobre la tierra. 36 Y tomando los siete panes y los peces, haciendo gracias, partió, y dió á sus discípulos, y los discípulos á la gente. 37 Y comieron todos, y se hartaron: y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. 38 Y eran los que habian comido cuatro mil hombres, sin las mujeres y los niños. 39 Entónces despedidas las gentes, subió en el barco, y vino á los términos de Magdalá. CAPITULO 16. 1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, para tentar[le,] le pedian que les mostrase señal del cielo. 2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decís: Sereno; porque el cielo tiene arreboles: 3 Y á la mañana: Hoy tempestad; porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podeis? 4 La generacion mala y adulterina demanda señal, mas señal no le será dada sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué. 5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado de tomar pan. 6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de los Saducéos. 7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: [Esto dice] porque no tomamos pan. 8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué pensais dentro de vosotros, [hombres] de poca fe, que no tomasteis pan? 9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil [hombres,] y cuántos cestos alzásteis? 10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomásteis? 11 ¿Cómo [es que] no entendeis que no por el pan os dije, que os guardaseis de la levadura de los Fariséos y de los Saducéos? 12 Entónces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos y de los Saducéos. 13 Y viniendo Jesus á las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? 14 Y ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, Jeremías, ó alguno de los profetas. 15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decís que soy? 16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de Jonás: porque no te [lo] reveló carne ni sangre; mas mi Padre que [está] en los cielos. 18 Mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. 19 Y á tí daré las llaves del reino de los cielos: y todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos: y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos. 20 Entónces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el Cristo. 21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercero dia. 22 Y Pedro, tomándole aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca. 23 Entónces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí, Satanás; me eres escándalo; porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo que [es] de los hombres. 24 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? O, ¿qué recompensa dará el hombre por su alma? 27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entónces pagará á cada uno conforme á sus obras. 28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo del hombre viniendo en su reino. CAPITULO 17. 1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y á Juan su hermano, y los lleva aparte á un monte alto. 2 Y se transfiguró delante de ellos: y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz. 3 Y hé aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres pabellones; para tí uno, y para Moisés otro, y otro para Elías. 5 Y estando aun él hablando, hé aquí una nube de luz [que] los cubrió: y hé aquí una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tomo contentamiento; á el oid. 6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. 7 Entónces, Jesus llegando, les tocó, y dijo: Levantáos, y no temais. 8 Y alzando ellos sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus. 9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos. 10 Entónces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué dicen pues los escribas, que es menester que Elías venga primero? 11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad, Elías vendrá primero; y restituirá todas las cosas. 12 Mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron; ántes hicieron en él todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos. 13 Los discípulos entónces entendieron, que les habló de Juan Bautista. 14 Y como ellos llegaron al gentío vino á él un hombre hincándosele de rodillas; 15 Y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo; que es lunático, y padece malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua. 16 Y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar. 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta cuando tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traedmele acá. 18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él, y el mozo fué sano desde aquella hora. 19 Entónces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera? 20 Y Jesus les dijo: Por vuestra incredulidad: porque de cierto os digo, que si tuviereis fé, como un grano de mostaza, diréis á este monte: Pásate de aquí allá: y se pasará; y nada os será imposible. 21 Mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno. 22 Y estando ellos en Galiléa, Jesus les dijo: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres: 23 Y le matarán, mas al tercer dia resucitará. Y ellos se entristecieron en gran manera. 24 Y como llegaron á Capernaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 El dice: Sí. Y entrado él en casa Jesus le habló ántes, diciendo: ¿Qué te parece, Simon? Los reyes de la tierra ¿de quién cobran los tributos, ó el censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños? 26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego los hijos son francos. 27 Mas porque no los escandalicemos vé á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómalo, y abierta su boca hallarás un estatero: tómalo, y dáselo por mí, y por tí. CAPITULO 18. 1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos, 3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviereis, y fuereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que cualquiera que se humillare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe. 6 Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno y que se le anegase en el profundo de la mar. 7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo! 8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco en la vida, que teniendo dos manos ó dos piés ser echado en el fuego eterno. 9 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácalo y écha[lo] de tí: mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno del fuego. 10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque os digo, que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre, que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del hombre ha venido para salvar lo que se habia perdido. 12 ¿Qué os parece? Si tuviese algun hombre cien ovejas, y se descarriase una de ellas, ¿no iria por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se hubiera descarriado? 13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que más se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que [está] en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 15 Por tanto si tu hermano pecare contra tí, ve, y redargúyele entre tí y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano. 16 Mas si no [te] oyere, toma aun contigo uno ó dos para que en boca de dos ó de tres testigos consta toda palabra. 17 Y si no oyere á ellos, dí[lo] á la iglesia: y si no oyere á la iglesia, ténle por un étnico, y un publicano. 18 De cierto os digo [que] todo lo que ligareis en la tierra, será ligado en el cielo: y todo lo^ que desatareis en la tierra, sera desatado en el cielo. 19 Otra vez os digo, que si dos de vosotros se convinieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que [está] en los cielos. 20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, allí estoy en medio de ellos. 21 Entónces Pedro, llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? 22 Jesus le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. 23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debia diez mil talentos. 25 Mas á este no pudiendo pagar, mandó su señor venderle, y á su mujer é hijos, con todo lo que tenia, y que se [le] pagase. 26 Entónces aquel siervo postrado, le adoraba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 27 El señor, movido á misericordia de aquel siervo, le soltó, y le perdonó la deuda. 28 Y saliendo aquel siervo, halló uno de sus consiervos, que le debia cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que debes. 29 Entónces su consiervo, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. 30 Mas él no quiso; sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. 31 Y viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho; y viniendo declararon á su señor todo lo que habia pasado. 32 Entónces llamándole su señor, le dice: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. 33 ¿No te convenia tambien á tí tener misericordia de tu consiervo, como tambien yo tuve misericordia de tí? 34 Entónces su señor enojado le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debia. 35 Así tambien hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonareis de vuestros corazones cada uno á su hermano sus ofensas. CAPITULO 19. 1 Y ACONTECIÓ que acabando Jesus estas palabras, se pasó de Galiléa, y vino á los términos de Judéa, pasado el Jordan. 2 Y le siguieron muchas gentes, y los sanó allí. 3 Entónces se llegaron á él los Fariséos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar á su mujer por cualquiera causa? 4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habeis leido que el que [los] hizo al principio, macho y hembra los hizo, 5 Y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se unirá á su mujer, y serán dos en una carne? 6 Así que no son ya mas dos sino una carne: por tanto lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre. 7 Dícenle: ¿Por qué pues Moisés mando dar carta de divorcio, y repudiarla, 8 Díceles: Por la dureza de vuestro corazon Moisés os permitió repudiar á vuestras mujeres; mas al principio no fué así. 9 Y yo os digo, que cualquiera que repudiare á su mujer, si no fuere por causa de fornicacion, y se casare con otra, adultera: y el que se casare con la repudiada, adultera. 10 Dícenle sus discípulos: Si así es la condicion del hombre con [su] mujer, no conviene casarse. 11 Entónces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino [aquellos] á quienes es dado. 12 Porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos: el que pueda ser capaz de eso, séalo. 13 Entónces le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase: y los discípulos les riñeron. 14 Y Jesus dijo: Dejad á los niños, y no les impidais de venir á mí: porque de los tales es el reino de los cielos. 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí. 16 Y hé aquí uno llegándose le dijo: Maestro bueno, ¿que bien haré, para tener la vida eterna? 17 Y él le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno [es] bueno sino uno, [es á saber,] Dios: y si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18 Dícele: ¿Cuáles? Y Jesus dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: 19 Honra á tu padre y á [tu] madre: y, Amarás á tu projimo como á tí mismo. 20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi juventud: ¿qué más me falta? 21 Dícele Jesus: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dá[lo] á los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste; porque tenia muchas posesiones. 23 Entónces Jesus dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que un rico difícilmente entrará en el reino de los cielos. 24 Mas os digo, que más liviano trabajo es pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. 25 Mas sus discípulos, oyendo [estas cosas,] se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo? 26 Y mirándo[los] Jesus, les dijo: Para con los hombres imposible es esto; mas para con Dios, todo es posible. 27 Entónces respondiendo Pedro, le dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendrémos? 28 Y Jesus les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habeis seguido, en la regeneracion, cuando se sentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros tambien os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar á las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y heredará la vida eterna. 30 Mas muchos primeros serán postreros; y postreros, primeros. CAPITULO 20. 1 PORQUE el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á ajustar obreros para su viña. 2 Y habiéndose concertado con los obreros en un denario al dia, los envió á su viña. 3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos; 4 Y les dijo: Id tambien vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. 5 Salió otra vez cerca de las horas sexta y nona, é hizo lo mismo. 6 Y saliendo cerca de la hora undécima, halló otros que estaban ociosos y díceles: ¿Por qué estais aquí todo el dia ociosos? 7 Dícenle: Porque nadie nos ha ajustado. Díceles: Id tambien vosotros á la viña, y recibiréis lo que fuere justo. 8 Y cuando fué la tarde del dia, el señor de la viña dijo á su mayordomo: Llama los obreros, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9 Y viniendo los que [habian ido] cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. 10 Y viniendo tambien los primeros, pensaron que habian de recibir más; pero tambien ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y tomándo[lo], murmuraban contra el padre de la familia, 12 Diciendo: Estos postreros solo han trabajado una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga y el calor del dia. 13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio: ¿no te concertaste conmigo por un denario? 14 Toma lo que es tuyo, y véte: mas quiero dar á este postrero como á tí. 15 ¿No me es lícito á mí hacer lo que quiero con lo mio? ó ¿es malo tu ojo, porque yo soy bueno? 16 Así los primeros serán postreros, y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. 17 Y subiendo Jesus á Jerusalem, tornó sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18 Hé aquí subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte; 19 Y le entregarán á los Gentiles, para que [le] escarnezcan, y azoten, y crucifiquen: mas al tercero dia resucitará. 20 Entónces se llegó á él la madre de los hijos de Zebedéo, con sus hijos, adorándo[le], y pidiéndole algo. 21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Dí que se sienten estos dos hijos mios, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino. 22 Entónces Jesus respondiendo, dijo: No sabeis lo que pedís: ¿podeis beber el vaso que yo he de beber; y ser bautizados del mismo bautismo de que yo soy bautizado? Ellos le dicen: Podemos. 23 Y él les dice: A la verdad mi vaso bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados, mas el sentaros á mi mano derecha, y á mi izquierda, no es mio dar[lo,] sino á aquellos para quienes está aparejado de mi Padre. 24 Y como los diez oyeron [esto,] se enojaron de los dos hermanos. 25 Entónces Jesus llamándolos, dijo: Sabeis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. 26 Mas entre vosotros no será así: sino el que quisiere entre vosotros hacerse grande, será vuestro servidor; 27 Y el que quisiere entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo: 28 Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. 29 Entónces saliendo ellos de Jericó, le seguia gran compañía. 30 Y hé aquí dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesus pasaba, clamaron diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 31 Y la gente les reñia, para que callasen; mas ellos clamaban mas, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 32 Y parándose Jesus, los llama, y dijo: ¿Qué quereis que haga por vosotros? 33 Ellos le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entónces Jesus, teniendo misericordia [de ellos,] les tocó los ojos, y luego sus ojos recibieron la vista: y le siguieron. CAPITULO 21. 1 Y COMO se acercaron á Jerusalem, y vinieron á Bethfage, al monte de las Olivas, entónces Jesus envió dos discípulos, 2 Diciéndoles: Id á la aldéa que está delante de vosotros, y luego hallaréis una asna atada, y un pollino con ella; desatad[la,] y traédme[los.] 3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester. Y luego los dejará. 4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: 5 Decid á la hija de Sion: Hé aquí tu Rey viene á tí manso, y sentado sobre una asna, y [sobre] un pollino hijo de animal de yugo. 6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesus les mando. 7 Y trajeron la asna, y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos; y se sentó sobre ellos. 8 Y la compañía, [que era] muy numerosa, tendia sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendian por el camino. 9 Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: Hosanna al Hijo de David; bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas. 10 Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es este? 11 Y las gentes decian: Este es Jesus el profeta, de Nazaret de Galiléa. 12 Y entró Jesus en el templo de Dios, echó fuera todos los que vendian y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendian palomas; 13 Y les dice: Escrito esta: Mi casa, casa de oracion será llamada; mas vosotros cueva de ladrones la habeis hecho. 14 Entónces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó. 15 Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacia, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! se indignaron, 16 Y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesus les dice: Sí ¿nunca leisteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza? 17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Bethania; y posó allí. 18 Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre. 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca más para siempre nazca de tí fruto. Y luego se seco la higuera. 20 Y viendo [esto] los discípulos, maravillados decian: ¡Cómo se secó luego la higuera! 21 Y respondiendo Jesus, les dijo: De cierto os digo, que si tuviereis fé, y no dudareis, no solo haréis esto de la higuera, mas si á este monte dijereis: Quítate, y échate en la mar; será hecho. 22 Y todo lo que pidiereis en oracion, creyendo, [lo] recibiréis. 23 Y como vino al templo, llegaron á él, cuando estaba enseñando, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? y ¿quién te dió esta autoridad? 24 Y respondiendo Jesus, les dijo: Yo tambien os preguntaré una palabra, la cual si me dijereis, tambien yo os diré con qué autoridad hago esto. 25 El bautismo de Juan ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entónces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creísteis? 26 Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo; porque todos tienen á Juan por profeta. 27 Y respondiendo á Jesus dijeron: No sabemos. Y él tambien les dijo: Ni yo os digo con que autoridad hago esto. 28 Mas ¿qué os parece? Un hombre tenia dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, ve hoy á trabajar en mi viña. 29 Y respondiendo él, dijo: No quiero, Mas despues arrepentido, fué. 30 Y llegando al otro, [le] dijo de la misma manera: y respondiendo él, dijo: Yo señor, [voy.] Y no fué. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesus: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras os van delante al reino de Dios; 32 Porque vino á vosotros Juan en camino de justicia, y no le creisteis; y los publicanos y las rameras le creyeron: y vosotros viendo [esto,] no os arrepentísteis despues para creerle. 33 Oid otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y cavó en ella un lagar; y edificó una torre, y la dió á renta á labradores, y se partió léjos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, mas que los primeros, é hicieron con ellos de la misma manera. 37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo. 38 Mas los labradores, viendo al hijo dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y tomemos su heredad. 39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores? 41 Dícenle: A los malos destruirá miserablemente, y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos. 42 Díceles Jesus: ¿Nunca leisteis en las escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga los frutos de él. 41 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. 46 Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo; porque le tenian por profeta. CAPITULO 22. 1 Y RESPONDIENDO Jesus, les volvió á hablar en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo: 3 Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas; mas no quisieron venir. 4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: Hé aquí, mi comida he aparejado; mis toros, y animales engordados [son] muertos, y todo [está] prevenido: venid á las bodas. 5 Mas ellos no se cuidaron, y se fueron; uno á su labranza, y otro á sus negocios; 6 Y otros, tomando sus siervos, [los] afrentaron, y [los] mataron. 7 Y el rey, oyendo [esto,] se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó á aquellos homicidas, y puso fuego á su ciudad. 8 Entónces dice á sus siervos: las bodas á la verdad están aparejadas; mas los que eran llamados no eran dignos. 9 Id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos hallareis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron á todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Mas él cerró la boca. 13 Entónces el rey dijo á los que servian: Atado de piés y de manos tomadle y echadle en las tinieblas de afuera; ahí será el lloro, y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 15 Entónces idos los Fariséos, consultaron como le tomarian en [alguna] palabra. 16 Y envian á él los discípulos de ellos con los Herodianos, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y [que] enseñas con verdad el camino de Dios, y [que] no te curas de nadie, por que no tienes acepcion de persona de hombres. 17 Dínos pues, ¿qué te parece? ¿es lícito dar tributo á César, ó no? 18 Mas Jesus, entendida la malicia de ellos, [les] dice: ¿Por qué me tentais, hipócritas? 19 Mostradme la moneda del tributo. Y ellos le presentaron un denario. 20 Entónces les dice: ¿Cuya [es] esta figura, y lo que está encima escrito? 21 Dícenle: De César. Y díceles: Pagad, pues, á César lo [que es] de César, y á Dios lo [que es] de Dios. 22 Y oyendo [esto] se maravillaron, y dejándole se fueron. 23 Aquel dia llegaron á él los Saducéos, que dicen no haber resurreccion, y le preguntaron, 24 Diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y despertará simiente á su hermano. 25 Fueron pues entre nosotros siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generacion, dejó su mujer á su hermano. 26 De la misma manera tambien el segundo, y el tercero, hasta los siete. 27 Y despues de todos murió tambien la mujer. 28 En la resurreccion, pues, ¿de cuál de los siete sera ella mujer? porque todos la tuvieron. 29 Entónces, respondiendo Jesus, les dijo: Errais, ignorando las escrituras, y la potencia de Dios. 30 Porque en la resurreccion, ni los hombres tomarán mujeres, ni las mujeres maridos; mas son como los ángeles de Dios en el cielo. 31 Y de la resurreccion de los muertos, ¿no habeis leido lo que os es dicho por Dios, que dice: 32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. 33 Y oyendo [esto] las gentes, estaban atónitas de su doctrina. 34 Entónces los Fariséos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saducéos, se juntaron á una; 35 Y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo: 36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande en la ley? 37 Y Jesus le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de toda tu mente. 38 Este es el primero y el grande mandamiento. 39 Y el segundo [es] semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas. 41 Y estando juntos los Fariséos, Jesus les preguntó, 42 Diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿de quién es Hijo? Dícenle: De David. 43 El les dice: ¿Pues cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, entretanto que pongo tus enemigos por estrado de tus piés? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo? 46 Y nadie le podia responder palabra; ni osó alguno desde aquel dia preguntarle más. CAPITULO 23. 1 ENTÓNCES habló Jesus á las gentes, y á sus discípulos, 2 Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariséos; 3 Así que todo lo que os dijeren que guardais, guardad[lo] y haced[lo;] mas no hagais conforme á sus obras: porque dicen y no hacen. 4 Porque atan cargas pesadas, y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover. 5 Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres: porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6 Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas; 7 Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres: Rabí, Rabí. 8 Mas vosotros, no querais ser llamados Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. 9 Y vuestro padre no llameis [á nadie] en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual [está] en los cielos. 10 Ni seais llamados maestros: porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12 Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado. 13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque cerrais el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entrais, ni á los que están entrando dejais entrar 14 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos hipócritas! porque comeis las casas de las viudas, y por pretexto haceis larga oracion: por esto llevaréis más grave juicio. 15 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque rodeais la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le haceis hijo del infierno doble más que vosotros. 16 ¡Ay de vosotros, guias ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo, es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es. 17 Insensatos, y ciegos; porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo, que santifica al oro? 18 Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el Presente que [está] sobre él, deudor es. 19 Necios y ciegos: porque, ¿cuál es mayor, el Presente, ó el altar, que santifica al Presente? 20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que [está] sobre él. 21 Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquel que habita en él. 22 Y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquel que está sentado sobre él. 23 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque diezmais la menta, y el eneldo, y el comino, y dejásteis lo que es lo más grave de la ley, [es á saber,] el juicio, y la misericordia, y la fé: esto era menester hacer, y no dejar lo otro. 24 Guias ciegos, que colais el mosquito, mas tragais el camello. 25 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque limpiais lo [que está] de fuera del vaso, y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia. 26 Fariséo ciego, limpia primero lo [que está] dentro del vaso y del plato, para que tambien lo [que está] fuera se haga limpio. 27 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados; que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad. 28 Así tambien vosotros, de fuera, á la verdad, os mostrais justos á los hombres, mas de dentro, llenos estais de hipocresía é iniquidad. 29 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque edificais los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los justos; 30 Y decís: Si fuéramos en los dias de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas: 31 Así que testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas. 32 Vosotros tambien henchid la medida de vuestros padres. 33 Serpientes, generacion de víboras ¿cómo evitaréis el juicio del infierno? 34 Por tanto hé aquí, yo envio á vosotros profetas, y sabios, y escribas; y de ellos [á unos] mataréis y crucificaréis, y [á otros] de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad: 35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachías, al cual matásteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generacion. 37 Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á tí; ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisisteis. 38 Hé aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque os digo, que desde ahora no me veréis, hasta que digais: Bendito el que viene en el nombre del Señor. CAPITULO 24. 1 Y SALIDO Jesus, íbase del templo: y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. 2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto, de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra, que no sea destruida. 3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á él [sus] discípulos aparte, diciendo: Dínos, cuándo serán estas cosas, y qué señal [habrá] de tu venida, y del fin del mundo? 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo y á muchos engañaran. 6 Y oiréis guerras, y rumores de guerras: mirad [que] no os turbeis; porque es menester que todo [esto] acontezca; mas aun no es el fin. 7 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino: y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. 8 Y todas estas cosas, principio de dolores. 9 Entónces os entregarán para ser afligidos, y os matarán: y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre. 10 Y muchos entónces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán á muchos. 12 Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. 13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14 Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio á todos los Gentiles; y entónces vendrá el fin. 15 Por tanto cuando viereis la abominacion del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, (el que lee, entienda.) 16 Entónces los que [están] en Judéa, huyan á los montes; 17 Y el que sobre el terrado, no descienda á tomar algo de su casa; 18 Y el que en el campo, no vuelva atrás á tomar sus vestidos. 19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias! 20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en Sábado. 21 Porque habrá entónces grande afliccion, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. 22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna carne seria salva: mas por causa de los escogidos, aquellos dias serán acortados. 23 Entónces si alguno os dijere: Hé aquí [está] el Cristo, ó allí; no creais. 24 Porque se levantaran falsos Cristos, y falsos profetas, y darán señales grandes y prodigios; de tal manera que engañarán, si [es] posible, aun á los escogidos. 25 Hé aquí os [lo] he dicho ántes. 26 Así que si os dijeren: Hé aquí en el desierto está; no salgais: Hé aquí en las cámaras; no creais. 27 Porque como el relámpago que sale del Oriente, y se muestra hasta el Occidente, así será tambien la venida del Hijo del hombre. 28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán las águilas. 29 Y luego despues de la afliccion de aquellos dias, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su lumbre, y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos serán conmovidas. 30 Y entónces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo; y entónces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria. 31 Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, de un cabo del cielo hasta el otro. 32 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabeis que el verano [está] cerca. 33 Así tambien vosotros, cuando viereis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas. 34 De cierto os digo, [que] no pasará esta generacion, que todas estas cosas no acontezcan. 35 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 36 Empero del dia y hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo. 37 Mas como los dias de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38 Porque como en los dias ántes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el dia que Noé entro en el arca, 39 Y no conocieron hasta que vino el diluvio, y llevó á todos, así será tambien la venida del Hijo del hombre. 40 Entónces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado: 41 Dos mujeres moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada. 42 Velad pues; porque no sabeis á que hora ha de venir vuestro Señor. 43 Esto empero sabed que si el padre de la familia supiese á cual vela el ladron habia de venir, velaria, y no dejaria minar su casa. 44 Por tanto tambien vosotros estad apercibidos; porque el Hijo del hombre ha de venir á la hora que no pensais. 45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual puso su Señor sobre su familia, para que les dé alimento á tiempo? 46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare haciendo así. 47 De cierto os digo, que sobre todos sus bienes le pondrá. 48 Y si aquel siervo malo dijere en su corazon: Mi Señor se tarda en venir; 49 Y comenzare á herir [sus] consiervos, y aun á comer y á beber con los borrachos; 50 Vendrá el Señor de aquel siervo, en el dia que no espera, y á la hora que no sabe, 51 Y le cortará por medio, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes. CAPITULO 25. 1 ENTÓNCES el reino de los cielos sera semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo. 2 Y las cinco de ellas eran prudentes y las cinco fátuas. 3 Las que [eran] fátuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite: 4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, [juntamente] con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron. 6 Y á la media noche fué oido un clamor: Hé aquí, el esposo viene, salid á recibirle. 7 Entónces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas. 8 Y las fátuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id ántes á los que venden, y comprad para vosotras. 10 Y mientras^ que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas, y se cerró la puerta. 11 Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos. 12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco. 13 Velad pues, porque no sabeis el dia ni la hora, en que el Hijo del hombre ha de venir. 14 Porque el reino de los cielos [es] como un hombre que partiéndose léjos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. 15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno; á cada uno conforme á su facultad, y luego se partió lejos. 16 Y el que habia recibido cinco talentos se fué, y granjeo con ellos, é hizo otros cinco talentos. 17 Asimismo el que [habia recibido] dos ganó tambien él otros dos. 18 Mas el que habia recibido uno, fué, y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. 20 Y llegando el que habla recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; hé aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 22 Y llegando tambien el que habia recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; hé aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 24 Y llegando tambien el que habia recibido un talento, dijo: Señor, yo te conocia que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste: 25 Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: hé aquí tienes lo que [es] tuyo. 26 Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabias que siego donde no sembré, y [que] recojo donde no esparcí: 27 Por tanto te convenia dar mi dinero á los banqueros; y viniendo yo, hubiera recibido lo que [es] mio con usura. 28 Quitadle pues el talento, y dad[lo] al que tiene diez talentos. 29 Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más: y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 31 Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entónces se sentará sobre el trono de su gloria. 32 Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos: 33 Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda. 34 Entónces el Rey dirá á los que [estarán] á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundacion del mundo. 35 Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis; 36 Desnudo, y me cubristeis; enfermo y me visitasteis: estuve en la cárcel, y vinisteis á mí. 37 Entónces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y [te] sustentamos? ¿ó sediento, y [te] dimos de beber? 38 ¿Y cuándo te vimos huésped, y [te] recogimos? ¿ó desnudo, y [te] cubrimos? 39 ¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á tí? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, [que] en cuanto [lo] hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí [lo] hicisteis. 41 Entónces dirá tambien á los que [estarán] á la izquierda: Apartáos de mí malditos, al fuego eterno preparado para el diablo, y para sus ángeles. 42 Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; 43 Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubrísteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitásteis. 44 Entónces ellos tambien le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos? 45 Entónces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no [lo] hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí [lo] hicisteis. 46 E irán estos al tormento eterno; y los justos á la vida eterna. CAPITULO 26. 1 Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesus todas estas palabras, dijo á sus discípulos: 2 Sabeis que dentro de dos dias se hace la Pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado. 3 Entónces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás. 4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesus, y matar[le.] 5 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo. 6 Y estando Jesus en Bethania, en casa de Simon el leproso, 7 Vino á él una mujer, teniendo un vaso de alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él estando sentado á la mesa: 8 Lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por que se pierde esto? 9 Porque esto se podia vender por gran precio, y darse á los pobres. 10 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Por qué dais pena á esta mujer, pues ha hecho conmigo buena obra. 11 Porque siempre tendréis pobres con vosotros; mas á mí no siempre me tendréis. 12 Porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha hecho. 13 De cierto os digo, [que] donde quiera que este Evangelio fuere predicado en todo el mundo, tambien será dicho para memoria de ella lo que esta ha hecho. 14 Entónces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes, 15 Y les dijo: ¿Que me quereis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le señalaron treinta [piezas] de plata. 16 Y desde entónces buscaba oportunidad para entregarle. 17 Y el primer dia [de la fiesta] de los [panes] sin levadura, vinieron los discípulos á Jesus, diciéndole: ¿Dónde quieres que aderecemos para tí para comer la Pascua? 18 Y el dijo: Id á la ciudad á cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo esta cerca; en tu casa haré la Pascua con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesus les mandó, y aderezaron la Pascua. 20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con los doce. 21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar. 22 Y entristecidos ellos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor? 23 Entónces el respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ese me ha de entregar. 24 A la verdad el Hijo del hombre va como está escrito de él; mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido. 25 Entónces respondiendo Júdas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Dícele: Tú [lo] has dicho. 26 Y comiendo ellos, tomó Jesus el pan, y bendijo, y [lo] partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo. 27 Y tomando el vaso, y hechas gracias se les dió, diciendo: Bebed de él todos; 28 Porque esto es mi sangre del Nuevo Pacto, la cual es derramada por muchos para remision de los pecados. 29 Y os digo, que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel dia, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 30 Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas. 31 Entónces Jesus les dice: Todos vosotros seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al Pastor, y las ovejas de la manada serán dispersas. 32 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa. 33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en tí, yo nunca seré escandalizado. 34 Jesus le dice: De cierto te digo que esta noche, ántes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. 36 Entónces llegó Jesus con ellos á la aldéa, que se llama Getsemaní, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, hasta que vaya allí, y ore. 37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, comenzó á entristecerse, y á angustiarse en gran manera. 38 Entónces Jesus les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedáos aquí, y velad conmigo. 39 Y yéndose un poco más adelante se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mio, si es posible pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú. 40 Y vino á sus discípulos y los halló durmiendo; y dijo á Pedro: ¿Así, no habeis podido velar conmigo una hora? 41 Velad, y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [está] presto, mas la carne enferma. 42 Otra vez fué, segunda vez, y oró diciendo: Padre mio, si no puede este vaso pasar de mí sin que yo lo beba, hágase tu voluntad. 43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban agravados. 44 Y dejándolos, fuese de nuevo, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45 Entónces vino á sus discípulos, y díceles: Dormid ya, y descansad; hé aquí ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores. 46 Levantáos, vamos: hé aquí ha llegado el que me ha entregado. 47 Y hablando aun él, hé aquí Júdas, uno de los doce, vino, y con él mucha gente con espadas y con palos, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les habia dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedle. 49 Y luego que llegó á Jesus, dijo: Salve, Maestro. Y le besó, 50 Y Jesus le dijo: Amigo, ¿á que vienes? Entónces llegaron, y echaron mano á Jesus, y le prendieron. 51 Y hé aquí uno de los que [estaban] con Jesus, extendiendo la mano, sacó su espada, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó la oreja. 52 Entónces Jesus le dice: Vuelve tu espada á su lugar; porque todos los que tomaren espada, á espada perecerán. 53 ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daria mas de doce legiones de ángeles, 54 ¿Cómo pues se cumplirian las escrituras, [de] que así conviene que sea hecho? 55 En aquella hora dijo Jesus á las gentes: Como á ladron habeis salido con espadas y con palos á prenderme: cada dia me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las escrituras de los profetas. Entónces todos los discípulos huyeron dejándole. 57 Y ellos, prendido Jesus, le llevaron á Caifás pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos. 58 Mas Pedro le seguia de léjos hasta el patio del pontífice; y entrado dentro, estábase sentado con los criados para ver el fin. 59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el consejo, buscaban [algun] falso testimonio contra Jesus para entregarle á la muerte: 60 Y no [lo] hallaron, aunque muchos testigos falsos se llegaban: mas á la postre vinieron dos testigos falsos, 61 Que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y en tres dias reedificarlo. 62 Y levantándose el pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? ¿qué testifican estos contra tí? 63 Mas Jesus callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios. 64 Jesus le dice: Tú [lo] has dicho: y aun os digo, que desde ahora habeis de ver al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia de Dios, y que viene en las nubes del cielo. 65 Entónces el pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? Hé aquí ahora habeis oido su blasfemia. 66 ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: Culpado es de muerte. 67 Entónces le escupieron en el rostro, y le dieron de bofetadas; y otros le herian con mojicones, 68 Diciendo: Profetízanos tú, Cristo quién es el que te ha herido. 69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio: y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesus el Galileo estabas. 70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71 Y saliendo él á la puerta le vió otra, y dijo á los que [estaban] allí: Tambien este estaba con Jesus Nazareno. 72 Y negó otra vez con juramento: No conozco al hombre. 73 Y un poco despues llegaron los que estaban [por allí,] y dijeron á Pedro: Verdaderamente tambien tú eres de ellos; porque aun tu habla te hace manifiesto. 74 Entónces comenzó á hacer imprecaciones, y á jurar, [diciendo:] No conozco al hombre. Y el gallo cantó luego. 75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesus, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente. CAPITULO 27. 1 Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesus, para entregarle á muerte. 2 Y le llevaron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente. 3 Entónces Júdas, el que le habia entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta [piezas] de plata á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos, 4 Diciendo: Yo he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué [se nos da] á nosotros? viéras[lo] tú. 5 Y arrojando [las piezas] de plata en el templo, partióse; y fué, y se ahorcó. 6 Y los príncipes de los sacerdotes tomando [las piezas] de plata, dijeron. No es lícito echarlas en el tesoro de los dones, porque es precio de sangre. 7 Mas habido consejo, compraron con ellas el campo del alfarero, por sepultura para los extranjeros: 8 Por lo cual fué llamado aquel campo, Campo de sangre, hasta el dia de hoy. 9 Entónces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta [piezas] de plata precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel; 10 Y las dieron para [comprar] el campo del alfarero, como me ordenó el Señor. 11 Y Jesus estuvo delante del presidente; y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y Jesus le dijo: Tu [lo] dices. 12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entónces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí? 14 Y no le respondió ni una palabra; de tal manera que el presidente se maravillaba mucho. 15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso, cual quisiesen. 16 Y tenian entónces un preso famoso, que se llamaba Barrabás. 17 Y juntos ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál quereis que os suelte? ¿á Barrabás, ó á Jesus, que se dice el Cristo? 18 Porque sabia que por envidia le habian entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él. 20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al pueblo que pidiese á Barrabás, y á Jesus matase. 21 Y respondiendo el presidente les dijo: ¿Cuál de los dos quereis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesus que se dice el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado. 23 Y el presidente [les] dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban más diciendo: Sea crucificado. 24 Y viendo Pilato que nada adelantaba, ántes se hacia más alboroto, tomando agua se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: veréis[lo] vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entónces les soltó á Barrabás: y habiendo azotado á Jesus, le entregó para ser crucificado. 27 Entónces los soldados del presidente llevaron á Jesus al pretorio, y juntaron á él toda la cuadrilla; 28 Y desnudándole, le echaron encima un manto de grana: 29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; é hincando la rodilla delante de él, le burlaban, diciendo: Salve, Rey de los Judíos. 30 Y escupiendo en él tomaron la caña, y le herian en la cabeza. 31 Y despues que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificar[le.] 32 Y saliendo hallaron á un Cirenéo, que se llamaba Simon: á este cargaron para que llevase su cruz. 33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, El lugar de la Calavera, 34 Le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando no quiso beber[lo.] 35 Y despues que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36 Y sentados, le guardaban allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entónces crucificaron con él dos ladrones; uno á la derecha, y otro á la izquierda. 39 Y los que pasaban, le decian injurias, meneando sus cabezas, 40 Y diciendo: Tú el que derribas el templo [de Dios,] y en tres dias [lo] reedificas, sálvate á tí mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41 De esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariséos, y los ancianos, decian: 42 A otros salvó, á sí mismo no puede salvar: si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él. 43 Confió en Dios; líbrele ahora si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo tambien le zaherian los ladrones que estaban crucificados con él. 45 Y desde la hora de sexta fueron tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 46 Y cerca de la hora de nona, Jesus exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachthani? Esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? 47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndo[lo,] decian: A Elías llama este. 48 Y luego, corriendo uno de ellos, tomo una esponja, y [la] hinchió de vinagre, y poniéndo[la] en una caña, dábale de beber. 49 Y los otros decian: Deja, veamos si viene Elías á librarle. 50 Mas Jesus habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu. 51 Y hé aquí el velo del templo se rompió en dos, de alto á bajo; y la tierra tembló, y las piedras se hendieron; 52 Y abriéronse los sepulcros: y muchos cuerpos de santos, que habian dormido, se levantaron, 53 Y salidos de los sepulcros despues de su resurreccion, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos. 54 Y el centurion y los que estaban con él guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que habian sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este. 55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habian seguido de Galiléa á Jesus, sirviéndole; 56 Entre las cuales estaban María Magdalena, y María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedéo. 57 Y como fué la tarde del dia, vino un hombre rico de Arimatéa, llamado José, el cual tambien habia sido discípulo de Jesus. 58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus: entónces Pilato mando que se [le] diese el cuerpo. 59 Y tomando José el cuerpo, le envolvió en una sábana limpia, 60 Y lo puso en su sepulcro nuevo, que habia labrado en la peña: y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. 62 Y el siguiente dia, que es despues de la preparacion, se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos á Pilato, 63 Diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun: Despues de tres dias resucitaré. 64 Manda, pues, que se asegure el sepulcro hasta el dia tercero; porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos. Y será el postrer error peor que el primero. 65 Y Pilato les dijo: Teneis una guardia; id, asegurad[le] como sabeis. 66 Y yendo ellos, aseguraron el sepulcro, sellando la piedra, con la guardia. CAPITULO 28. 1 Y LA víspera de Sábado, que amanece para el primer dia de la semana, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro. 2 Y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, habia revuelto la piedra [del sepulcro,] y estaba sentado sobre ella. 3 Y su aspecto era como un relámpago. y su vestido blanco como la nieve. 4 Y de miedo de él los guardas se asombraron, y fueron vueltos como muertos. 5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temais vosotras; porque yo sé que buscais á Jesus, que fué crucificado. 6 No está aquí, porque ha resucitado como dijo: venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor. 7 E id presto, decid á sus discípulos que ha resucitado de los muertos: y hé aquí va delante de vosotros á Galiléa; allí le veréis; hé aquí os [lo] he dicho. 8 Entónces ellas saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y mientras iban á dar las nuevas á sus discípulos, 9 Hé aquí Jesus les sale al encuentro diciendo: Salve. Y ellas se llegaron, y abrazaron sus piés, y le adoraron. 10 Entónces Jesus les dice: No temais; id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galiléa, y allá me verán. 11 Y yendo ellas, hé aquí unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian acontecido. 12 Y juntados con los ancianos, y habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados, 13 Diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros. 14 Y si esto fuere oido del presidente nosotros le persuadirémos, y os harémos seguros. 15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy. 16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte donde Jesus les habia ordenado. 17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban. 18 Y llegando Jesus, les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto id, y doctrinad á todos los Gentiles, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: 20 Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí yo estoy con vosotros todos los dias hasta el fin del mundo. Amen. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO SEGUN SAN MARCOS. CAPITULO 1. 1 PRINCIPIO del Evangelio de JesuCristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en Isaías el profeta: Hé aquí yo envio á mi mensajero delante de tu faz, que apareje tu camino delante de tí. 3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas. 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo del arrepentimiento para remision de pecados. 5 Y salia á él toda la provincia de Judéa, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados por él en el rio del Jordan, confesando sus pecados. 6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y con un cinto de cuero alrededor de sus lomos; y comia langostas y miel silvestre. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es más poderoso que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la corréa de sus zapatos. 8 Yo á la verdad os he bautizado con agua; mas él os bautizará con Espíritu Santo. 9 Y aconteció en aquellos dias, [que] Jesus vino de Nazaret de Galiléa, y fué bautizado por Juan en el Jordan. 10 Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu, como paloma, que descendia sobre él. 11 Y hubo [una] voz de los cielos, [que decía]: Tú eres mi Hijo amado; en tí tomo contentamiento. 12 Y luego el Espíritu le impele al desierto. 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta dias; y era tentado de Satanás; y estaba con las fieras; y los ángeles le servian. 14 Mas despues que Juan fué encarcelado, Jesus vino á Galiléa predicando el Evangelio del reino de Dios, 15 Y diciendo: El tiempo es cumplido, y el reino de Dios está cerca: arrepentíos, y creed al Evangelio. 16 Y pasando junto á la mar de Galiléa, vió á Simon, y á Andres su hermano, que echaban la red en la mar; porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesus: Venid en pos de mí, y haré que seais pescadores de hombres. 18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron. 19 Y pasando de allí un poco más adelante, vió á Jacobo, [hijo] de Zebedéo, y á Juan su hermano, tambien ellos en el navío, que aderezaban las redes. 20 Y luego los llamó: y dejando á su padre Zebedéo en el barco con los jornaleros, fueron en pos de él. 21 Y entraron en Capernaum; y luego los Sábados entrando en la sinagoga, enseñaba. 22 Y se admiraban de su doctrina: porque los enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas. 23 Y habia en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dió voces, 24 Diciendo: ¡Ah! ¿Qué tienes con nosotros, Jesus Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. 25 Y Jesus le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. 26 Y el espíritu inmundo, haciéndole pedazos, y clamando á gran voz, salió de él. 27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirian entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen? 28 Y vino luego su fama por toda la provincia alrededor de Galiléa. 29 Y luego saliendo de la sinagoga, vinieron á casa de Simon y de Andrés, con Jacobo y Juan. 30 Y la suegra de Simon estaba acostada con calentura; y le hablaron luego de ella. 31 Entonces llegando [él], la tomó de su mano y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servia. 32 Y cuando fué la tarde, luego que el sol se puso, traian á él todos los que tenian mal, y endemoniados. 33 Y toda la ciudad se juntó á la puerta. 34 Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades, y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocian. 35 Y levantándose muy de mañana aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba. 36 Y le siguió Simon y los que estaban con él; 37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan. 38 Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique tambien allí; porque para esto he venido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galiléa, y echaba fuera los demonios. 40 Y un leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla le dice: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesus teniendo misericordia de él, extendió su mano y le tocó, y le dice: Quiero; se limpio. 42 Y así que hubo él hablado, la lepra se fué luego de aquel, y fué limpio. 43 Entonces le apercibió, y despidióle luego, 44 Y le dice: Mira no digas á nadie nada; sino vé, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó, para testimonio á ellos. 45 Mas él salido, comenzó á publicar[lo] mucho, y á divulgar el hecho, de manera que ya Jesus no podia entrar manifiestamente en la ciudad, sino que estaba fuera en los lugares desiertos; y venian á él de todas partes. CAPITULO 2. 1 Y ENTRÓ otra vez en Capernaum despues de [algunos] dias; y se oyó que estaba en casa. 2 Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabian ni aun á la puerta; y les predicaba la palabra. 3 Entónces vinieron á él [unos] trayendo un paralítico, que era traido por cuatro. 4 Y como no podian llegar á él á causa del gentío, descubrieron el techo [de] donde estaba, y hacienda abertura, bajaron el lecho en que yacia el paralítico. 5 Y viendo Jesus la fé de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7 Decian: ¿Por qué habla este así? blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8 Y conociendo luego Jesus en su espíritu que pensaban así dentro de si mismos, les dijo: ¿Por qué pensais estas cosas en vuestros corazones? 9 ¿Qué es más fácil: Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; ó decirle: Levántate, y toma tu lecho y anda? 10 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados: (dice al paralítico) 11 á tí digo: Levántate, y toma tu lecho, y véte á tu casa. 12 Entonces [él] se levantó luego, y tomando su lecho, se salió delante de todos; de manera que todos se asombraron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto. 13 Y volvió á salir á la mar, y toda la gente venia á él, y los enseñaba. 14 Y pasando vió á Leví, [hijo] de Alféo, sentado al banco de los públicos tributes, y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15 Y aconteció que estando Jesus á la mesa, en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban tambien á la mesa juntamente con Jesus y con sus discípulos: porque habia muchos, y le habian seguido. 16 Y los escribas y los Fariséos, viéndole comer con los publicanos, y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto que él come y bebe con los publicanos y con los pecadores? 17 Y oyéndo[lo] Jesus les dice: los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal. No he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores. 18 Y los discípulos de Juan, y de los Fariséos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y [los] de los Fariséos ayunan, y tus discípulos no ayunan? 19 Y Jesus les dice: ¿Pueden ayunar los que están de bodas, cuando el Esposo está con ellos? Entre tanto que tienen consigo al Esposo no pueden ayunar. 20 Mas vendrán dias, cuando el Esposo les será quitado, y entónces en aquellos dias ayunarán. 21 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y la rotura se hace peor. 22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden: mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. 23 Y aconteció que pasando él por los sembrados en Sábado, sus discípulos andando, comenzaron á arrancar espigas. 24 Entónces los Fariséos le dijeron: Hé aquí, ¿por qué hacen [tus discípulos] en Sábado lo que no es lícito? 25 Y él les dijo: ¿Nunca leísteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que con él [estaban]? 26 ¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathar sumo pontífice, y comió los panes de la proposicion, de los cuales no es lícito comer sino á los sacerdotes, y aun dió á los que con él estaban? 27 Tambien les dijo: El Sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del Sábado. 28 Así que el Hijo del hombre es Señor aun del Sábado. CAPITULO 3. 1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y habia allí un hombre que tenia una mano seca: 2 Y le acechaban si en Sábado lo sanaria, para acusarle. 3 Entonces dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate en medio. 4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en Sábados, ó hacer mal? ¿Salvar la vida, ó quitarla? Mas ellos callaban. 5 Y mirándolos alrededor con enojo condoleciéndose de la ceguedad de su corazon, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituida sana. 6 Entónces saliendo los Fariséos tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle. 7 Mas Jesus se apartó á la mar con sus discípulos: y le siguió gran multitud de Galiléa, y de Judéa, 8 Y de Jerusalem, y de Iduméa, y de la otra parte del Jordan: y los que [moraban] alrededor de Tiro y de Sidon, grande multitud, oyendo cuan grandes cosas hacia, vinieron á él. 9 Y dijo á sus discípulos que le estuviese siempre apercibida la barquilla, por causa del gentío, para que no le oprimiesen. 10 Porque habia sanado á muchos; de manera que caian sobre él cuantos tenian plagas por tocarle. 11 Y los espíritus inmundos, al verle, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. 12 Mas él les reñia mucho que no le manifestasen. 13 Y subió al monte, y llamó á sí á los que él quiso; y vinieron á él. 14 Y estableció doce para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar. 15 Y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios: 16 á Simon, al cual puso por nombre Pedro; 17 Y á Jacobo [hijo] de Zebedéo, y á Juan hermano de Jacobo; y les apellidó Boanerges, que es, Hijos del trueno: 18 Y á Andrés, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Mateo, y á Tomás, y á Jacobo [hijo] de Alféo, y á Tadéo, y á Simon el Cananéo, 19 Y á Judas Iscariote, el que le entregó: y vinieron á casa. 20 Y agolpóse de nuevo la gente; de modo que ellos ni aun podian comer pan. 21 Y como [lo] oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decian: Está fuera de sí. 22 Y los escribas que habian venido de Jerusalem, decian que tenia á Beelzebub: y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y habiéndoles llamado, les decia en parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás? 24 Y si [algun] reino contra sí mismo fuera dividido, no puede permanecer el tal reino. 25 Y si [alguna] casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa. 26 Y si Satanás se levantare contra si mismo, y fuere dividido, no puede permanecer; ántes tiene fin. 27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si ántes no atare al valiente, y entónces saqueará su casa. 28 De cierto os digo [que] todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren; 29 Mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdon, mas está expuesto á eterno juicio. 30 Porque decian: Tiene espíritu inmundo. 31 Vienen despues sus hermanos y su madre, y estando fuera, enviaron á él llamándole. 32 Y la gente estaba sentada alrededor de él, y le dijeron: Hé aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera. 33 Y él les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? 34 Y mirando á los que estaban sentados alrededor de él, dijo: Hé aquí mi madre y mis hermanos. 35 Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, este es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. CAPITULO 4. 1 Y OTRA vez comenzó á enseñar junto á la mar, y se juntó á él mucha gente; tanto que entrándose él en un barco, se sentó en la mar: y toda la gente estaba en tierra junto á la mar. 2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decia en su doctrina: 3 Oid: Hé aquí, el sembrador salió á sembrar. 4 Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. 5 Y otra parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y luego salió, porque no tenia la tierra profunda. 6 Mas salido el sol, se quemó; y por cuanto no tenia raiz, se secó. 7 Y otra parte cayó en espinas; y subieron las espinas, y la ahogaron, y no dió fruto. 8 Y otra parte cayó en buena tierra, y dió fruto, que subió y creció: y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento. 9 Entónces les dijo: El que tiene oidos para oir, oiga. 10 Y cuando estuvo solo, le preguntaron los que estaban cerca de él con los doce [sobre] la parábola. 11 Y les dijo: á vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios; mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas: 12 Para que viendo, vean y no echen de ver; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. 13 Y les dijo: ¿No sabeis esta parábola? ¿Cómo pues entenderéis todas las parábolas? 14 El que siembra [es el que] siembra la palabra. 15 Y estos son los de junto al camino; en los que la palabra es sembrada, mas despues que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones. 16 Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oido la palabra, luego la toman con gozo: 17 Mas no tienen raiz en sí, ántes son temporales que en levantandose la tribulacion, ó la persecucion por causa de la palabra, luego se escandalizan. 18 Y estos son los que son sembrados entre espinas; los que oyen la palabra, 19 Mas los cuidados de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando, ahogan la palabra, y se hace infructuosa. 20 Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra, y [la] reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, y otro á ciento. 21 Tambien les dijo: ¿Tráese la antorcha para ser puesta debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No [es] para ser puesta en el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto que no haya de descubrirse. 23 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 24 Les dijo tambien: Mirad lo que oís: Con la medida que medis, os medirán otros; y será añadido á vosotros los que oís. 25 Porque al que tiene, le será dado; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 26 Decia más: Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra; 27 Y duerme, y se levanta de noche y de dia: y la simiente brota y crece como él no sabe. 28 Porque de suyo fructifica la tierra, primero yerba, luego espiga; despues grano lleno en la espiga. 29 Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada. 30 Y decia: ¿A qué harémos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararémos? 31 [Es] como el grano de la mostaza, que, cuando se siembra en tierra, es el más pequeño de todas las simientes que hay en la tierra; 32 Mas despues de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres; y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo de su sombra. 33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podian oir. 34 Y sin parábola no les hablaba; mas á sus discípulos en particular declaraba todo. 35 Y les dijo aquel dia cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte. 36 Y despachando la multitud, le tomaron, como estaba en el barco, y habia tambien con él otros barquitos. 37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las alas en el barco, de tal manera que ya se henchia. 38 Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos? 39 Y levantándose increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza. 40 Y á ellos dijo: ¿Por qué estais así amedrentados? ¿Cómo no teneis fé? 41 Y temieron con gran temor, y decian el uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y la mar le obedecen? CAPITULO 5. 1 Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos. 2 Y salido él del barco, luego le salió al encuentro de los sepulcros un hombre con un espíritu inmundo, 3 Que tenia domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podia alguien atar. 4 Porque muchas veces habia sido atado con grillos y cadenas; mas las cadenas habian sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados: y nadie le podia domar. 5 Y siempre de dia y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras. 6 Y como vió á Jesus de léjos, corrió, y le adoró. 7 Y clamando á gran voz dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesus, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes. 8 Porque le decia: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo; Legion me llamo; porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia. 11 Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo: 12 Y le rogaron todos [aquellos] demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos. 13 Y luego Jesus se lo permitió: y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil, y en la mar se ahogaron. 14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que habia acontecido. 15 Y vienen á Jesus, y ven al que habia sido atormentado del demonio, y que habia tenido la legion, sentado y vestido, y en su juicio cabal, y tuvieron miedo. 16 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia acontecido al que habia tenido el demonio, y [lo] de los puercos. 17 Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos. 18 Y entrando él en el barco, le rogaba el que habia sido fatigado del demonio, para estar con él. 19 Mas Jesus no lo permitió, sino le dijo: Véte á tu casa á los tuyos, y cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [cómo] ha tenido misericordia de tí. 20 Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesus habia hecho con él: y todos se maravillaban. 21 Y pasando otra vez Jesus en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar. 22 Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus piés, 23 Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrá las manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá. 24 Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban. 25 Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacia, 26 Y habia sufrido mucho de muchos médicos, y habia gastado todo lo que tenia, y nada habia aprovechado, ántes le iba peor, 27 Como oyó [hablar] de Jesus, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. 28 Porque decia: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva. 29 Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Y luego Jesus conociendo en si mismo la virtud que habia salido de él, volviendose á la compañía dijo: ¿Quién ha tocado á mis vestidos? 31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Y él miraba alrededor para ver á la que habia hecho esto. 33 Entónces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí habia sido hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y él le dijo: Hija, tu fé te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote. 35 Hablando aun él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas más al Maestro? 36 Mas luego Jesus oyendo esta razon que se decia, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente. 37 Y no permitió que alguno viniese tras de él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemian mucho. 39 Y entrando les dice: ¿Por qué alborotais, y llorais? La muchacha no es muerta, mas duerme. 40 Y hacian burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba. 41 Y tomando la mano de la muchacha le dice: Talitha cumi, que es, si lo interpretares: Muchacha, á tí digo, levántate. 42 Y luego la muchacha se levantó, y andaba, porque tenia doce años; y se espantaron de grande espanto: 43 Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer. CAPITULO 6. 1 Y SALIÓ de allí, y vino á su tierra, y le siguieron sus discípulos. 2 Y llegado el Sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y tales maravillas que por sus manos son echas? 3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de José, y de Júdas, y de Simon? ¿No están tambien aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él. 4 Mas Jesus les decia: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla; solamente sanó [unos] pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos. 6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos: y rodeaba las aldéas de alrededor enseñando. 7 Y llamó á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos: y les dió potestad sobre los espíritus inmundos. 8 Y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente [un] báculo; no alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa. 9 Mas que calzasen sandalias, y no vistiesen dos túnicas. 10 Y les decia: Donde quiera que entreis en una casa, posad en ella hasta que salgais de allí. 11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros piés en testimonio á ellos. De cierto os digo que más tolerable será de los de Sodoma y Gomorra el dia del juicio, que el de aquella ciudad. 12 Y saliendo predicaban, que los hombres se arrepintiesen. 13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con aceite á muchos enfermos, y sanaban. 14 Y oyó el rey Heródes [la fama de Jesus], porque su nombre se habia hecho notorio, y dijo: Juan el que bautizaba, ha resucitado de los muertos; y por tanto virtudes obran en él. 15 Otros decian: Elías es. Y otros decian: Profeta es, ó alguno de los profetas. 16 Y oyéndo[lo] Heródes dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. 17 Porque el mismo Heródes habia enviado y prendido á Juan, y le habia aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; pues la habia tomado por mujer. 18 Porque Juan decia á Heródes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19 Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podia: 20 Porque Heródes temia á Juan, sabiendo que era varon justo y santo, y le tenia respeto: y oyéndole hacia muchas cosas; y le oia de buena gana. 21 Y venido un dia oportuno, en que Heródes, en la fiesta de su nacimiento, daba una cena á sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galiléa, 22 Y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Heródes, y á los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. 23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré, hasta la mitad de mi reino. 24 Y saliendo ella dijo á su madre, ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista. 25 Entónces [ella] entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me des en un plato la cabeza de Juan Bautista. 26 Y el rey se entristeció mucho; [mas] á causa del juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no quiso desecharla. 27 Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traida su cabeza. 28 El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre. 29 Y oyéndo[lo] sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. 30 Y los apóstoles se juntaron con Jesus, y le contaron todo lo que habian hecho, y lo que habian enseñado. 31 Y [él] les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco; porque eran muchos los que iban y venian, que ni aun tenian lugar de comer. 32 Y se fueron en un barco al lugar desierto aparte. 33 Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos á pié de las ciudades, y llegaron ántes que ellos, y se juntaron á él. 34 Y saliendo Jesus, vió [una] grande multitud, y tuvo compasion de ellos, porque eran como ovejas que no tenian pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas. 35 Y como ya fuese el dia muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el dia es ya muy entrado; 36 Envíalos para que vayan á los cortijos y aldéas de alrededor, y compren para sí pan; porque no tienen qué comer. 37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros. Y le dijeron: ¿[Qué], vamos y compremos pan por doscientos denarios, y démosles de comer? 38 Y él les dice: ¿Cuántos panes teneis? Id, y vedlo. Y sabiendolo, dijeron: Cinco, y dos panes: 39 Y les mandó que hiciesen recostar á todos por partidas sobre la yerba verde. 40 Y se recostaron por partidas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41 Y tomados los cinco panes y los dos peces, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos para que [los] pusiesen delante. Y repartió á todos los dos peces. 42 Y comieron todos, y se hartaron. 43 Y alzaron de los pedazos doce cofines llenos, y de los peces. 44 Y los que comieron eran cinco mil hombres. 45 Y luego dió priesa á sus discípulos á subir en el barco, é ir delante de él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedia la multitud. 46 Y despues que los hubo despedido, se fué al monte á orar. 47 Y como fué la tarde, el barco estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. 48 Y los vió fatigados bogando, porque el viento les era contrario: y cerca de la cuarta vigilia de la noche vino á ellos andando sobre la mar, y queria precederlos. 49 Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces: 50 Porque todos le veian, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Alentáos; yo soy, no temais. 51 Y subió á ellos en el barco, y calmó el viento: y [ellos] en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban. 52 Porque aun no habian considerado lo de los panes; por cuanto estaban ofuscados sus corazones. 53 Y cuando estuvieron de la otra parte, vinieron á tierra de Genezaret, y tomaron puerto. 54 Y saliendo ellos del barco, luego le conocieron; 55 Y recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, adonde oian que estaba. 56 Y donde quiera que entraba, en aldéas, ó ciudades, ó heredades, ponian en las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido; y todos los que le tocaban quedaban sanos. CAPITULO 7. 1 Y SE juntaron á él Fariséos, y algunos de los escribas que habian venido de Jerusalem: 2 los cuales, viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, no lavadas, [los] condenaban. 3 (Porque los Fariséos y todos los Judíos, teniendo la tradicion de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen. 4 Y [volviendo] de la plaza, si no se lavaren, no comen. Y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como las lavaduras de los vasos [de beber], y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5 Y le preguntaron los Fariséos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradicion de los ancianos, sino que comen pan con manos comunes? 6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazon léjos está de mí. 7 Y en vano me honran, enseñando [como] doctrinas, mandamientos de hombres. 8 Porque dejando el mandamiento de Dios, teneis la tradicion de los hombres; las lavaduras de los jarros, y de los vasos [de beber]: y haceis otras muchas cosas semejantes [á estas]. 9 Les decia tambien: Bien invalidais el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradicion. 10 Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre: y, El que maldijere al padre ó á la madre, morirá de muerte. 11 Y vosotros decis: [Basta] si dijere un hombre al padre ó á la madre: [Es] Corban (quiere decir, don [mio á Dios]) todo aquello con que pudiera valerte. 12 Y no le dejais hacer más por su padre, ó por su madre; 13 Invalidando la palabra de Dios con vuestra tradicion que dísteis; y muchas cosas haceis semejantes á estas. 14 Y llamando á toda la multitud, les dijo: Oidme todos, y entended: 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar; mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 17 Y [apartado] de la multitud habiendo entrado en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola. 18 Y díjoles: ¿Tambien vosotros estais así sin entendimiento? ¿No entendeis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar? 19 Porque no entra en su corazon, sino en el vientre; y sale [el hombre] á la secreta, purgando todas las viandas. 20 Mas decia: que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre. 21 Porque de dentro, del corazon de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el ojo maligno, las injurias, la soberbia, la insensatez. 23 Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. 24 Y levantándose de allí, se fué á los términos de Tiro y de Sidon; y entrando en casa, quiso que nadie [lo] supiese; mas no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenia un espíritu inmundo, luego que oyó de él, vino, y se echo á sus piés. 26 Y la mujer era Griega, Sirofenisa de nacion, y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Mas Jesus le dijo: Deja primero hartarse los hijos; porque no es bien tomar el pan de los hijos y echarlo á los perrillos. 28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor, pero aun los perillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos. 29 Entónces le dice: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija. 30 Y como fué á su casa, halló que el demonio habia salido, y la hija echada sobre la cama. 31 Y volviendo á salir de los términos de Tiro, vino por Sidon á la mar de Galiléa, por mitad de los términos de Decápolis. 32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. 33 Y tomándole aparte de la gente metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua; 34 Y mirando al cielo gimió, y le dijo: Ephphatha: que es [decir]: Sé abierto. 35 Y luego fueron abiertos sus oidos y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen á nadie; pero cuanto más les mandaba tanto más y más [lo] divulgaban. 37 Y en gran manera se maravillaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar. CAPITULO 8. 1 EN aquellos dias, como hubo gran gentío, y no tenian que comer, Jesus llamó sus discípulos, y les dijo: 2 Tengo compasion de la multitud porque ya hace tres dias que están conmigo, y no tienen qué comer: 3 Y si los enviare en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino; porque algunos de ellos han venido de lejos. 4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto? 5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete. 6 Entónces mandó á la multitud que se recostase en tierra; y tomando los siete panes, habiendo dado gracias, partió, y dió á sus discípulos que [los] pusiesen delante: y [los] pusieron delante á la multitud. 7 Tenian tambien unos pocos pececillos; y los bendijo, y mandó que tambien los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habian sobrado, siete espuertas. 9 Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió. 10 Y luego entrando en el barco con sus discípulos, vino á las partes de Dalmanuta. 11 Y vinieron los Fariséos, y comenzaron á altercar con él pidiendole señal del cielo, tentándole. 12 Y gimiendo en su espíritu dice: ¿Por qué pide señal esta generacion? De cierto os digo que no se dará señal á esta generacion. 13 Y dejándoles volvió á entrar en el barco, y se fué de la otra parte. 14 Y se habían olvidado de tomar pan, y no tenian sino un pan consigo en el barco. 15 Y les mandó diciendo: Mirad, guardáos de la levadura de los Fariséos, y de la levadura de Heródes. 16 Y altercaban los unos con los otros diciendo: Pan no tenemos. 17 Y como Jesus lo entendió, les dice: ¿Qué altercais, porque no teneis pan? ¿No considerais ni entendeis? Aun teneis endurecido vuestro corazon? 18 ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oidos no oís? ¿Y no os acordais? 19 Cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzásteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aun no entendeis? 22 Y vino á Bethsaida; y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. 23 Entonces tomando la mano del ciego le saco fuera de la aldéa, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó si veia algo. 24 Y él mirando, dijo: Veo los hombres, pues veo que andan, como árboles. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué restablecido, y vió de léjos y claramente á todos. 26 Y enviólo á su casa, diciendo: No entres en la aldéa, ni [lo] digas á nadie en la aldéa. 27 Y salió Jesus y sus discípulos por las aldéas de Cesaréa de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros, Elías; y otros, Alguno de los profetas. 29 Entonces él les dice: Y vosotros ¿Quién decis que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. 30 Y les apercibió que no hablasen de él á ninguno. 31 Y comenzó á enseñarles, que convenia que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar despues de tres dias. 32 Y claramente decia esta palabra. Entonces Pedro le tomó y le comenzó á reprender. 33 Y él, volviéndose y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás; porque no sabes las cosas que [son] de Dios, sino las que [son] de los hombres. 34 Y llamando á la gente con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir en pos de mí, niéguese á si mismo, y tome su cruz, y sígame. 35 Porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del Evangelio, la salvará. 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierde su alma? 37 ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? 38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generacion adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará tambien de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. CAPITULO 9. 1 TAMBIEN les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia. 2 Y seis dias despues tomó Jesus á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto, y fué transfigurado delante de ellos. 3 Y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, como la nieve, tanto que ningun lavador en la tierra los puede hacer tan blancos. 4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesus. 5 Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesus: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres pabellones: para tí uno, y para Moisés otro, y para Elías otro. 6 Porque no sabia lo que hablaba; que estaban espantados. 7 Y vino una nube que les hizo sombra, y una voz de la nube que decia: Este es mi Hijo amado; á él oid. 8 Y luego, como miraron, no vieron más á nadie consigo, sino á Jesus solo. 9 Descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habian visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos. 10 Y [ellos] retuvieron la palabra en sí altercando qué seria aquello: Resucitar de los muertos. 11 Y le preguntaron diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es necesario que Elías venga ántes? 12 Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, viniendo ántes, restituirá todas las cosas: y como está escrito del Hijo del hombre, [conviene] que padezca mucho, y sea tenido en nada, 13 Empero os digo que Elías [ya] vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él. 14 Y como vino á los discípulos, vió grande compañía alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos. 15 Y luego toda la gente, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le saludaron. 16 Y preguntóles: ¿Qué disputais con ellos? 17 Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje á tí mi hijo, que tiene un espíritu mudo, 18 El cual donde quiera que le toma le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando: y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generacion infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? Traédmele. 20 Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu lo desgarraba; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21 Y [Jesus] pregunto á su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: 22 Y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle; mas, Si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. 23 Y Jesus le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible. 24 Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo; ayuda mi incredulidad. 26 Y como Jesus vió que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él. 26 Entonces [el espíritu] clamando, y desgarrándole mucho, salió; y [él] quedó como muerto, de modo que muchos decian: Está muerto. 27 Mas Jesus tomándole de la mano, enderezólo, y se levantó. 28 Y como él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oracion y ayuno. 30 Y habiendo salido de allí, caminaron por Galiléa; y no queria que nadie lo supiese. 31 Porque enseñaba á sus discípulos, y les decia: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán; mas muerto [él], resucitará al tercer dia. 32 Pero ellos no entendian [esta] palabra, y tenian miedo de preguntarle. 33 Y llegó á Capernaum; y así que estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron; porque los unos con los otros habian disputado en el camino quién [había de ser] el mayor. 35 Entónces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomando un niño, púsolo en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice: 37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe: y el que á mí recibe, no recibe á mí, mas al que me envió. 38 Y respondióle Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue: y se lo prohibimos, porque no nos sigue. 39 Y Jesus dijo: No se lo prohibais; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda decir mal de mí. 40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41 Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa. 42 Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar. 43 Y si tu mano te escandalizare, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir á la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado; 44 Donde su gusano no muere, y el fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pie te fuere ocasion de caer, córtale: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos piés ser echado en la Gehenna, al fuego que no puede ser apagado; 46 Donde el gusano de ellos no muere y el fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácale: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado á la Gehenna; 48 Donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. 49 Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50 Buena es la sal: mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobareis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros. CAPITULO 10. 1 Y PARTIÉNDOSE de allí, vino á los términos de Judéa, y tras el Jordan: y volvió el pueblo á juntarse á él; y de nuevo los enseñaba como solia. 2 Y llegándose los Fariséos, le preguntaron, para tentarle, si era lícito al marido repudiar á su mujer. 3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4 Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar. 5 Y respondiendo Jesus, les dijo: Por la dureza de vuestro corazon os escribió este mandamiento: 6 Pero al principio de la creacion, macho y hembra los hizo Dios. 7 Por esto dejará el hombre á su padre y á la madre, y se juntará á su mujer, 8 Y los que [eran] dos serán hechos una carne: así que no son más dos, sino una carne. 9 Pues lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre. 10 Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo. 11 Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella. 12 Y si la mujer repudiare á su marido, y se casare con otro, comete adulterio. 13 Y le presentaban niños para que los tocase; y los discípulos reñian á los que los presentaban. 14 Y viéndolo Jesus se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbeis; porque de los tales es el reino de Dios. 15 De cierto os digo que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecia. 17 Y saliendo él para ir su camino, vino uno corriendo, é hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 18 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? Ninguno [hay] bueno, sino [solo] uno, Dios. 19 Los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas falso testimonio: No defraudes: Honra á tu padre y á tu madre. 20 El entónces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. 21 Entónces Jesus mirándole, amólo, y díjole: Una cosa te falta; ve, vende todo lo que tienes, y dá á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo: y ven, sígueme tomando tu cruz. 22 Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenia muchas posesiones. 23 Entónces Jesus mirando alrededor, dice á sus discípulos: ¡Cuán dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Y los discípulos se espantaron de sus palabras; mas Jesus respondiendo les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar en el reino de Dios los que confian en las riquezas, 25 Más fácil es pasar un camello por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. 26 Y ellos se espantaban más, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse? 27 Entónces Jesus mirándolos, dice: Para los hombres, [es] imposible; mas para Dios, no: porque todas cosas son posibles para Dios. 28 Entónces Pedro comenzó á decirle: Hé aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 29 Y respondiendo Jesus, dijo: De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del Evangelio, 30 Que no reciba cien tantos, ahora en este tiempo, casas, y hermanos, y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros. 32 Y estaban en el camino subiendo á Jerusalem; y Jesus iba delante de ellos, Y se espantaban y le seguian con miedo: entónces volviendo á tomar á los doce [aparte], les comenzó á decir las cosas que le habian de acontecer: 33 Hé aquí subimos á Jerusalem; y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte, y le entregarán á los Gentiles: 34 Y le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer dia resucitará. 35 Entónces Jacobo y Juan, hijos de Zebedéo, se llegaron á él, diciendo: Maestro, queriamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36 Y él les dijo: ¿Qué quereis que os haga? 37 Y ellos le dijeron: Dános que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra. 38 Entónces Jesus les dijo: No sabeis lo que pedis. ¿Podeis beber del vaso que yo bebo, ó ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? 39 Y ellos le dijeron: Podemos: y Jesus les dijo: á la verdad del vaso que yo bebo, bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados: 40 Mas que os senteis á mi diestra, y á mi siniestra, no es mio darlo, sino á los que está aparejado. 41 Y como [lo] oyeron los diez, comenzaron á enojarse de Jacobo y de Juan. 42 Mas Jesus llamándoles, les dice: Sabeis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas; y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad. 43 Mas no será así entre vosotros; ántes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor: 44 Y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos. 46 Entónces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó, y sus discípulos, y una gran compañía, Bartiméo el ciego, hijo de Timéo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesus el Nazareno, comenzó á dar voces, y decir: Jesus, hijo de David, ten misericordia de mí. 48 Y muchos le reñian, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí. 49 Entonces Jesus parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza; levantate, [que] te llama. 50 El entónces echando su capa, se levantó, y vino á Jesus. 51 Y respondiendo Jesus le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista. 52 Y Jesus le dijo: Vé; tu fé te ha salvado. Y luego cobró la vista y seguia á Jesus en el camino. CAPITULO 11. 1 Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethfagé, y de Bethania al monte de las Olivas, envia á dos de sus discípulos, 2 Y les dice: Id al lugar que [está] delante de vosotros, y luego entrados en él, hallareís un pollino atado, sobre el cual ningun hombre ha subido; desatadle, y traedle. 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué haceis eso? Decid que el Señor lo ha menester; y luego le enviará acá. 4 Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta fuera, entre dos caminos, y le desataron. 5 Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué haceis desatando el pollino? 6 Ellos entónces les dijeron como Jesus habia mandado: y los dejaron. 7 Y trajeron el pollino á Jesus, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él. 8 Y muchos tendian sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y [las] tendian por el camino. 9 Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor. 10 Bendito el reino de nuestro padre David, que viene en el nombre del Señor: ¡Hosanna en las alturas! 11 Y entró Jesus en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse á Bethania con los doce. 12 Y el dia siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre. 13 Y viendo de léjos una higuera, que tenia hojas, se acercó, si quizás hallaria en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos. 14 Entónces Jesus respondiendo, dijo á la higuera: Nunca más coma nadie fruto de tí para siempre. Y [esto] oyeron sus discípulos. 15 Vienen pues á Jerusalem; y entrando Jesus en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendian y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendian palomas: 16 Y no consentia que alguien llevase vaso por el templo. 17 Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oracion será llamada por todas las gentes? mas vosotros la habeis hecho cueva de ladrones. 18 Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le matarian; porque le tenian miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina. 19 Mas como fué tarde, Jesus salió de la ciudad. 20 Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se habia secado desde las raices. 21 Entónces Pedro acordándose, le dice: Maestro, hé aquí la higuera que maldijiste, se ha secado. 22 Y respondiendo Jesus les dice: Tened fé de Dios. 23 Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere á este monte: Quítate, y échate en la mar; y no dudare en su corazon, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. 24 Por tanto os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que [lo] recibiréis y os vendrá. 25 Y cuando estuviereis orando, perdonad, si teneis algo contra alguno; para que vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdone tambien á vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdonara vuestras ofensas. 27 Y volvieron á Jerusalem: y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes y los escribas, y los ancianos, 28 Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? 29 Y Jesus, respondiendo entónces, les dice: Os preguntaré tambien yo una palabra: y respondedme, y os diré con que facultad hago estas cosas. 30 El bautismo de Juan ¿era del cielo ó de los hombres? Respondedme. 31 Entónces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo, dirá: ¿Por qué pues no le creisteis? 32 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta. 33 Y respondiendo, dicen á Jesus: No sabemos. Entónces respondiendo Jesus, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas. CAPITULO 12. 1 Y COMENZÓ á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y cavó un lagar, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, y se partió léjos. 2 Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la viña: 3 Mas ellos, tomándole, le hirieron y le enviaron vacío. 4 Y volvió á enviarles otro siervo, mas [ellos] apedreándole, le hirieron en la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado. 5 Y volvió á enviar otro, y á aquel mataron; y á otros muchos, hiriendo á unos y matando á otros. 6 Teniendo pues aun un hijo suyo amado, enviólo tambien á ellos el postrero, diciendo: Tendrán en reverencia á mi hijo. 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y la heredad será nuestra. 8 Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habeis leido: La piedra que desecharon los que edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina; 11 Por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 12 Y procuraban prenderle; porque entendian que decia á ellos aquella parábola: mas temian la multitud, y dejándole se fueron. 13 Y envian á él algunos de los Fariséos y de los Herodianos, para que le sorprendiesen en [alguna] palabra. 14 Y viniendo ellos, le dicen: Maestro sabemos que eres hombre de verdad, y [que] no te cuidas de nadie; porque no mires a la apariencia de hombres, ántes con verdad enseñas el camino de Dios. ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? ¿Darémos, ó no darémos? 15 Entónces él, como entendia la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais? Traedme la moneda para que la vea. 16 Y ellos se la trajeron: y les dice: ¿Cuya es esta imágen y esta inscripcion? Y ellos le dijeron: De César. 17 Y respondiendo Jesus les dijo: Dad lo que [es] de César á César; y lo que es de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello. 18 Entonces vienen á él los Saducéos, que dicen que no hay resurreccion, y le preguntaron diciendo: 19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y levante linaje á su hermano. 20 Fueron, [pues], siete hermanos; y el primero tomó mujer, y muriendo, no dejó simiente. 21 Y la tomó el segundo, y murió: y ni aquel tampoco deja simiente: y el tercero, de la misma manera. 22 Y la tomaron los siete; y tampoco dejaron simiente: á la postre murió tambien la mujer. 23 En la resurreccion, pues, cuando resucitaren, ¿de cuál de ellos será mujer? porque los siete la tuvieron por mujer. 24 Entonces respondiendo Jesus, les dice: ¿No errais por eso, porque no sabeis las escrituras, ni la potencia de Dios? 25 Porque cuando resucitarán de los muertos, ni se casarán, ni serán dados en casamiento, mas son como los ángeles que [están] en los cielos. 26 Y de que los muertos hayan de resucitar, ¿no habeis leido en el libro de Moisés, como le habló Dios en la zarza, diciendo: Yo [soy] el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? 27 No es Dios de muertos, mas Dios de vivos: así que vosotros mucho errais. 28 Y llegándose uno de los escribas que los habia oido disputar, y sabia que les habia respondido bien, le preguntó: ¿Cuál es el primer mandamiento de todos? 29 Y Jesus le respondió: El primer mandamiento de todos [es]: Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es: 30 Amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de toda tu mente, y de todas tus fuerzas; este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo como á tí mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. 32 Entonces el escriba le dijo: Bien Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él: 33 Y que amarle de todo corazon, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas; y amar al prójimo como á sí mismo, más es que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesus entónces viendo que habia respondido sabiamente, le dice: No estas lejos del reino de Dios. Y ya ninguno osaba preguntarle. 35 Y respondiendo Jesus decia, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es Hijo de David? 36 Porque el mismo David dijo por Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés. 37 Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde pues es su Hijo? Y los [que eran] del comun del pueblo le oian de buena gana. 38 Y les decia en su doctrina: Guardáos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, 39 Y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas; 40 Que devoran las casas de las viudas, y por pretexto hacen largas oraciones. Estos recibirán mayor juicio. 41 Y estando sentado Jesus delante del arca de la ofrenda, miraba como el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42 Y como vino una viuda pobre, echó dos blancas, que son un maravedí. 43 Entonces llamando á sus discípulos les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca: 44 Porque todos han echado de lo que les sobra; mas esta de su pobreza echó todo lo que tenia, todo su alimento. CAPITULO 13. 1 Y SALIENDO del templo, le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2 Y Jesus respondiendo le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. 3 Y sentándose en el monte de los Olivos delante del templo, le preguntaron aparte Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andrés: 4 Dinos: ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal [habrá] cuando todas estas cosas han de cumplirse? 5 Y Jesus respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad que nadie os engañe; 6 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy [el Cristo;] y engañarán á muchos. 7 Mas cuando oyereis guerras, y rumores de guerras, no os turbeis; porque conviene hacerse [así,] mas aun no [será] el fin. 8 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares; y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores [serán] estos. 9 Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en los concilios, y en sinagogas seréis azotados; y delante de presidentes y de reyes seréis llamados por causa de mí en testimonio á ellos. 10 Y á todas las gentes conviene que el Evangelio sea predicado ántes. 11 Y cuando os trajeren para entregaros, no premediteis qué habeis de decir, ni [lo] penseis: mas lo que os fuere dada en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu Santo. 12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13 Y seréis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14 Empero cuando viereis la abominacion de asolamiento, que fué dicha por el profeta Daniel, que estará donde no debe, (el que lee, entienda), entónces los que estén en Judéa huyan á los montes: 15 Y el que esté sobre el terrado, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa: 16 Y el que estuviere en el campo, no vuelva atrás á tomar su capa. 17 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos dias! 18 Orad pues que no acontezca vuestra huida en invierno. 19 Porque aquellos dias serán [de] afliccion, cual nunca fué desde el principio de la creacion que crió Dios, hasta este tiempo, ni será. 20 Y si el Señor no hubiese abreviado aquellos dias, ninguna carne se salvaria; mas por causa de los escogidos que él escogió, abrevió aquellos dias. 21 Y entónces si alguno os dijere: Hé aquí, aquí está el Cristo; ó hé aquí, allí [está], no [le] creais; 22 Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer aun á los escogidos. 23 Mas vosotros mirad: os lo he dicho ántes todo. 24 Empero en aquellos dias, despues de aquella afliccion, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor: 25 Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que [están] en los cielos serán conmovidas. 26 Y entónces verán al Hijo del hombre que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria. 27 Y entónces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. 28 De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se enternece, y brota hojas, conoceis que el verano está cerca. 29 Así tambien vosotros cuando viereis hacerse estas cosas, conoced que está cerca, á las puertas. 30 De cierto os digo que no pasará esta generacion, que todas estas cosas no sean hechas. 31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 32 Empero de aquel dia y de la hora, nadie sabe, ni aun los angeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre. 33 Mirad, velad y orad; porque no sabeis cuando será el tiempo. 34 Como el hombre, que partiéndose léjos, deja su casa, y dió facultad á sus siervos, y á cada uno su obra, y al portero mandó que velase. 35 Velad pues, porque no sabeis cuando el señor de la casa vendrá; si á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana; 36 Porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. 37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos [las] digo: Velad. CAPITULO 14. 1 Y DOS dias despues era la Pascua, y [los dias] de los panes sin levadura; y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le prenderian por engaño, y le matarian. 2 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo. 3 Y estando él en Bethania en casa de Simon el leproso, y sentado á la mesa vino una mujer teniendo un [vaso de] alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio, y quebrando el alabastro, derramóselo sobre su cabeza. 4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? 5 Porque podia esto ser vendido por más de trescientos denarios, y darse á los pobres. Y refunfuñaban contra ella. 6 Mas Jesus dijo: Dejadla: ¿por qué la fatigais? buena obra me ha hecho. 7 Que siempre tendréis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis, les podréis hacer bien; mas á mí no siempre me tendréis. 8 Esta ha hecho lo que podia: porque se ha anticipado á ungir mi cuerpo para la sepultura. 9 De cierto os digo que donde quiera que fuere predicado este Evangelio en todo el mundo, tambien esto que ha hecho esta, será dicho para memoria de ella. 10 Entónces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los sacerdotes, para entregarselo. 11 Y ellos oyéndo[lo] se holgaron, y prometieron que le darian dineros. Y buscaba oportunidad como le entregaria. 12 Y el primer dia [de la fiesta] de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la Pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vayamos á disponer para que comas la Pascua? 13 Y envia dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle: 14 Y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la Pascua con mis discípulos? 15 Y él os mostrará un gran cenáculo ya preparado: aderezad para nosotros allí. 16 Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les habia dicho; y aderezaron la Pascua. 17 Y llegada la tarde, fué con los doce. 18 Y como se sentaron á la mesa, y comiesen, dice Jesus: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. 19 Entónces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí: ¿[Seré] yo? Y el otro: ¿[Seré] yo? 20 Y él respondiendo les dijo: [Es] uno de los doce que moja conmigo en el plato. 21 A la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito: mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! Bueno le fuera á aquel hombre, si nunca hubiera nacido. 22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesus pan, y bendiciendo, partió, y les dió, y dijo: Tomad, esto es mi cuerpo. 23 Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, les dió: y bebieron de él todos. 24 Y les dice: Esto es mi sangre del Nuevo Pacto, que por muchos es derramada. 25 De cierto os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta aquel dia, cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios. 26 Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de los Olivos. 27 Jesus entónces les dice: Todos seréis escandalizados en mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas. 28 Mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa. 29 Entónces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo. 30 Y le dice Jesus: De cierto te digo que tú, hoy, en esta noche, ántes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. 31 Mas él con mayor porfía decia: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. Tambien todos decian lo mismo. 32 Y vienen al lugar que se llama Getsemaní, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, entretanto que yo oro. 33 Y toma consigo á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y á angustiarse; 34 Y les dice: Está muy triste mi alma hasta la muerte: esperad aquí, y velad. 35 Y yéndose un poco adelante se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora: 36 Y decia: Abba, Padre, todas las cosas son á tí posibles; traspasa de mí este vaso: empero no lo que yo quiero sino lo que tú. 37 Y vino, y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simon, duermes? ¿No has podido velar una hora? 38 Velad y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [es] presto, mas la carne enferma. 39 Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras. 40 Y vuelto, los halló otra vez durmiendo, porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabian que responderle. 41 Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya y descansad: basta, la hora es venida; hé aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores. 42 Levantáos, vamos: hé aquí el que me entrega está cerca. 43 Y luego, aun hablando él, vino Júdas, que era uno de los doce, y con él una compañía con espadas y palos de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos. 44 Y el que le entregaba les habia dado señal comun diciendo: Al que yo besare, aquel es; prendedle, y llevadle con seguridad. 45 Y como vino, se acercó luego á él y le dice: Maestro, Maestro. Y le besó. 46 Entónces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. 47 Y uno de los que estaban allí sacando la espada, hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja. 48 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Como á ladron habeis salido con espadas y con palos á tomarme? 49 Cada dia estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis: pero, [es así] para que se cumplan las escrituras. 50 Entónces dejándole todos [sus discípulos], huyeron. 51 Empero un mancebillo le seguia cubierto de una sabana sobre [el cuerpo] desnudo: y los mancebos le prendieron. 52 Mas él, dejando la sabana, se huyó de ellos desnudo. 53 Y trajeron á Jesus al sumo sacerdote: y se juntaron á él todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas. 54 Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo sacerdote: y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego. 55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban [algun] testimonio contra Jesus, para entregarle á la muerte; mas no [le] hallaban. 56 Porque muchos decian falso testimonio contra él; mas sus testimonios no concertaban. 57 Entónces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58 Nosotros le hemos oido decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de mano, y en tres dias edificaré otro hecho sin mano. 59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. 60 Entónces el sumo sacerdote, levantándose en medio, preguntó á Jesus diciendo: ¿No respondes algo? ¿Qué atestiguan estos contra tí? 61 Mas él callaba, y nada respondia. El sumo sacerdote le volvió á preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? 62 Y Jesus le dijo: Yo soy: y veréis al Hijo del hombre sentado á la diestra de la potencia [de Dios,] y viniendo en las nubes del cielo. 63 Entónces el sumo sacerdote rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué más tenemos necesidad de testigos? 64 Oido habeis la blasfemia: ¿Qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte. 65 Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herian de bofetadas. 66 Y estando Pedro abajo, en el atrio, vino una de las criadas del sumo sacerdote; 67 Y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesus el Nazareno estabas. 68 Mas el negó diciendo: No [le] conozco, ni sé lo que dices. Y se salió fuera á la entrada; y cantó el gallo. 69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí: Este es de ellos. 70 Mas él negó otra vez. Y poco despues, los que estaban allí dijeron otra vez á Pedro: Verdaderamente tú eres de ellos; porque eres Galiléo, y tu habla es semejante. 71 Y él comenzó á maldecirse, y á jurar: No conozco á este hombre de quien hablais. 72 Y el gallo cantó la segunda vez: y Pedro se acordó de las palabras que Jesus le habia dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces: y pensando [en esto], lloraba. CAPITULO 15. 1 LUEGO por la mañana, habiendo tenido consejo los príncipes de los sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, llevaron á Jesus atado, y [le] entregaron á Pilato. 2 Y Pilato le preguntó: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú [lo] dices. 3 Y los príncipes de los sacerdotes le acusaban mucho. 4 Y le pregunto otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? Mira de cuántas cosas te acusan. 5 Mas Jesus ni aun con eso respondió, de modo que Pilato se maravillaba. 6 Empero en el dia de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y habia uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de motin, que habian hecho muerte en una revuelta. 8 Y viniendo la multitud, comenzó á pedir [hiciese] como siempre les habia hecho. 9 Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Quereis que os suelte al Rey de los Judíos, 10 Porque conocia que por envidia le habian entregado los príncipes de los sacerdotes. 11 Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase ántes á Barrabás. 12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues quereis que haga del que llamais Rey de los Judíos? 13 Y ellos volvieron á dar voces: Crucificale. 14 Mas Pilato les decia: ¿Pues qué mal ha hecho? Y ellos daban más voces: Crucificale. 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó á Jesus, despues de azotarle, para que fuese crucificado. 16 Entónces los soldados le llevaron dentro á la sala, es á saber, al pretorio y convocan toda la cohorte. 17 Y le visten de púrpura; y poniéndole una corona tejida de espinas, 18 Comenzaron luego a saludarle: Salve, rey de los Judíos. 19 Y le herian en la cabeza con una caña, y escupian en él, y le adoraban hincadas las rodillas. 20 Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la [ropa de] púrpura y le vistieron sus propios vestidos, y le sacaron para crucificarle. 21 Y cargaron á uno que pasaba, (Simon Cirenéo, padre de Alejandro y de Rufo, que venia del campo) para que llevase su cruz. 22 Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado, quiere decir: Lugar de la Calavera. 23 Y le dieron á beber vino mezclado con mirra: mas él no lo tomó. 24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos echando suertes sobre ellos, que llevaria cada uno. 25 Y era la hora de las tres cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era; EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Y crucificaron con él dos ladrones uno á su derecha, y otro á su izquierda. 28 Y se cumplió la escritura que dice: Y con los inicuos fué contado. 29 Y los que pasaban, le denostaban meneando sus cabezas, y diciendo: Ah, tú que derribas el templo de Dios, y en tres dias lo edificas, 30 Sálvate á tí mismo, y desciende de la cruz. 31 Y de esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo decian unos á otros, con los escribas á otros salvó, á sí mismo no se puede salvar. 32 El Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos. Tambien los que estaban crucificados con él le denostaban. 33 Y cuando vino la hora de sexta fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de none. 34 Y á la hora de nona exclamó Jesus á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lamma sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? 35 Y oyéndole unos de los que estaban [allí,] decian: Hé aquí, llama á Elías. 36 Y corrió uno, y empapando una esponja en vinagre, y poniéndola en una caña, le dió á beber, diciendo: Dejad veamos si vendrá Elías á quitarle. 37 Mas Jesus, dando una grande voz, espiró. 38 Entónces el velo del templo se rasgó en dos de alto á bajo. 39 Y el centurion, que estaba delante de él, viendo que habia espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. 40 Y tambien estaban [algunas] mujeres mirando de léjos; entre las cuales estaban* María Magdalena, y María la madre de Jacobo el menor, y de Josés, y Salomé; 41 Las cuales, estando aun él en Galiléa, le habian seguido, y le servian; y otras muchas que juntamente con él habian subido á Jerusalem. 42 Y cuando fué la tarde, porque era la preparacion, es decir, la víspera del Sábado, 43 José de Arimatéa, senador noble, que tambien esperaba el reino de Dios, vino y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus. 44 Y Pilato se maravilló que ya fuese muerto; y haciendo venir al centurion, preguntóle si era ya muerto. 45 Y enterado del centurion, dió el cuerpo á José: 46 El cual compró una sábana, y quitándole, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña; y revolvió una piedra á la puerta del sepulcro. 47 Y María Magdalena, y María [madre] de Josés, miraban donde era puesto. CAPITULO 16. 1 Y COMO pasó el Sábado, María Magdalena, y María [madre] de Jacobo, y Salome, compraron [drogas] aromáticas, para venir á ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer [dia] de la semana, vienen al sepulcro, [ya] salido el sol. 3 Y decian entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro? 4 Y como miraron, ven la piedra revuelta; que era muy grande. 5 Y entrados en el sepulcro, vieron un mancebo sentado al lado derecho, cubierto de una ropa larga blanca: y se espantaron. 6 Mas él les dice: No os asusteis: buscais á Jesus Nazareno, el que fué crucificado: resucitado ha; no está aquí: hé aquí el lugar en donde le pusieron. 7 Mas id, decid á sus discípulos, y á Pedro, que él va ántes que vosotros á Galiléa: allí le veréis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo del sepulcro: porque las habia tomado temblor y espanto; ni decian nada á nadie, porque tenian miedo. 9 Mas como Jesus resucito por la mañana, el primer [dia] de la semana, apareció primeramente á María Magdalena de la cual habia echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber á los que habian estado con él, [que estaban] tristes y llorando. 11 Y ellos como oyeron que vivia, y que habia sido visto de ella, no [lo] creyeron. 12 Mas despues apareció en otra forma á dos de ellos que iban caminando, yendo al campo. 13 Y ellos fueron y lo hicieron saber á los otros; y ni aun á ellos creyeron. 14 Finalmente se apareció á los once mismos, estando sentados á la mesa, y censuróles su incredulidad, y dureza de corazon, que no hubiesen creido á los que le habian visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el Evangelio á toda criatura. 16 El que creyere, y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17 Y estas* señales seguirán á los que creyeren: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18 Quitarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 19 Y el Señor, despues que les habló fué recibido arriba en el cielo, y sentóse á la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguian. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO SEGUN SAN LUCAS. CAPITULO 1. 1 HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 Como nos [lo] enseñaron los que desde el principio [lo] vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra; 3 Me ha parecido tambien [á mí,] despues de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírte[las] por órden, oh muy buen Teófilo. 4 Para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado. 5 HUBO en los dias de Heródes rey de Judéa, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aaron, llamada Elisabet. 6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprension en todos los mandamientos y estatutos del Señor. 7 Y no tenian hijo: porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en dias. 8 Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez, 9 Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner incienso, entrando en el templo del Señor. 10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso. 11 Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pié á la derecha del altar del incienso. 12 Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él. 13 Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oracion ha sido oida; y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan. 14 Y tendrás gozo y alegria, y muchos se gozarán de su nacimiento. 15 Porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el seno de su madre. 16 Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos. 17 Porque él ira delante de él con el espíritu y virtud de Elías para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido. 18 Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en dias. 19 Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas. 20 Y hé aquí estarás mudo, y no podrás hablar, hasta el dia que esto sea hecho; por cuanto no creiste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo. 21 Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo. 22 Y saliendo, no les podia hablar; y entendieron que habia visto vision en el templo: y él les hablaba por señas, y quedo mudo. 23 Y fué, que cumplidos los dias de su oficio, se vino á su casa. 21 Y despues de aquellos dias concibió su mujer Elisabet, y se encubrió por cinco meses, diciendo: 25 Porque el Señor me ha hecho así en los dias en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres. 26 Y al sexto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios á [una] ciudad de Galiléa llamada Nazaret, 27 A una vírgen desposada con un varon que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la vírgen [era] María. 28 Y entrando el ángel adonde estaba, dijo ¡Salve, muy favorecida! el Señor [es] contigo: bendita tú entre las mujeres. 29 Mas ella cuando le vió, se turbó de sus palabras, y pensaba qué salutacion fuese esta. 30 Entónces el ángel le dijo: María no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios. 31 Y hé aquí que concebirás en tu seno, y parirás un hijo, y llamarás su nombre JESUS. 32 Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y le dará el Señor Dios el trono de David su padre. 33 Y reinará en la casa de Jacob por siempre; y de su reino no habrá fin. 34 Entónces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varon. 35 Y respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y la virtud del Altísimo te hará sombra: por lo cual tambien lo Santo que nacerá, será llamado Hijo de Dios. 36 Y hé aquí, Elisabet tu parienta, tambien ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: 37 Porque ninguna cosa es imposible para Dios. 38 Entónces María dijo: Hé aquí la criada del Señor; hágase á mí conforme á tu palabra. Y el ángel partió de ella. 39 En aquellos dias levantándose María, fué á la montaña con priesa, á una ciudad de Judá, 40 Y entró en casa de Zacarías, y saludó á Elisabet. 41 Y aconteció, que como oyó Elisabet la salutacion de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fué llena de Espíritu Santo, 42 Y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tu entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre. 43 ¿Y de donde esto á mí, que la madre de mi Señor venga á mí? 44 Porque hé aquí, que como llegó la voz de tu salutacion á mis oidos, la criatura saltó de alegria en mi vientre. 45 Y bienaventurada la que creyó porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas [de parte] del Señor. 46 Entónces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 41 Y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado á la bajeza de su criada: porque hé aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso: y santo [es] su nombre. 50 Y su misericordia de generacion á generacion á los que le temen. 51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazon. 52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes. 53 A los hambrientos hinchió de bienes; y á los ricos envió vacíos. 54 Recibió á Israel su siervo, acordándose de la misericordia. 55 Como habló á nuestros padres, á Abraham y a su simiente para siempre. 56 Y se quedó María con ella como tres meses: despues se volvió á su casa. 57 Y á Elisabet se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo. 58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios habia hecho con ella grande misericordia, y se alegraron con ella. 59 Y aconteció, que al octavo dia vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban del nombre de su padre, Zacarías. 60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado. 61 Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llama de este nombre. 62 Y hablaron por señas á su padre como le queria llamar. 63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64 Y luego fué abierta su boca, y su lengua, y habló bendiciendo á Dios. 65 Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos; y en todas las montañas de Judéa fueron divulgadas todas estas cosas. 66 Y todos los que [las] oian, [las] conservaban en su corazon, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor estaba con él. 67 Y Zacarías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 68 Bendito el Señor Dios de Israel que ha visitado y hecho redencion á su pueblo. 69 Y nos alzó un cuerno de salvacion en la casa de David su siervo, 70 Como habló por boca de sus santos profetas, que fueron desde el principio: 71 Salvacion de nuestros enemigos, y de mano de todos los que nos aborrecieron; 72 Para hacer misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo pacto; 73 Del juramento que juró á Abraham nuestro padre, que nos habia de dar, 74 Que sin temor librados de nuestros enemigos, le serviríamos 75 En santidad y justicia delante de él, todos los dias nuestros. 76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado: porque irás ante la faz del Señor, para aparejar sus caminos, 77 Dando conocimiento de salud á su pueblo, para remision de sus pecados, 78 Por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el Oriente, 79 Para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, para encaminar nuestros piés por camino de paz. 80 Y el niño crecia, y se fortalecia en espíritu; y estuvo en los desiertos hasta el dia que se mostró á Israel. CAPITULO 2. 1 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. 2 Este empadronamiento primero fué hecho, siendo Cirenio gobernador de la Siria. 3 E iban todos para ser empadronados, cada uno á su ciudad. 4 Y subió José de Galiléa, de la ciudad de Nazaret, á Judéa, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David, 5 Para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba en cinta. 6 Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los dias en que ella habia de parir. 7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió en pañales, y acostóle en un pesebre; porque no habia lugar para ellos en el meson. 8 Y habia pastores en la misma tierra, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su ganado. 9 Y hé aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la claridad de Dios los cerco de resplandor; y tuvieron gran temor. 10 Mas el ángel les dijo: No temais, porque hé aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: 11 Que os ha nacido hoy en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. 12 Y esto os [será por] señal: hallaréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre. 13 Y repentinamente fué con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decian: 14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres. 15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos, pues, hasta Bethlehem, y veamos esto que ha sucedido, [y] que el Señor nos ha manifestado. 16 Y vinieron apriesa, y hallaron á María, y á José, y al Niño acostado en el pesebre. 17 Y viéndo[le] hicieron notorio lo que les habia sido dicho del Niño. 18 Y todos los que oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decian. 19 Mas María guardaba todas estas cosas confiriéndo[las] en su corazon. 20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habian oido y visto, como les habia sido dicho. 21 Y pasados los ocho dias para circuncidar al Niño, llamaron su nombre Jesus, el cual [le] fué puesto por el ángel ántes que él fuese concebido en el vientre. 22 Y como se cumplieron los dias de la purificacion de ella, conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentar[le] al Señor; 23 (Como está escrito en la ley del Señor: Todo varon que abriere la matriz, será llamado santo al Señor:) 24 Y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor, un por de tórtolas, ó dos palominos. 25 Y hé aquí, habia un hombre en Jerusalem, llamado Simeon, y este hombre, justo y pio, esperaba la consolacion de Israel; y el Espíritu Santo era sobre él. 26 Y habia recibido respuesta del Espíritu Santo, que no veria la muerte ántes que viese al Cristo del Señor. 27 Y vino por Espíritu al templo. Y cuando metieron al Niño Jesus sus padres en el templo para hacer por él conforme á la costumbre de la ley, 28 Entónces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo: 29 Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz: 30 Porque han visto mis ojos tu Salvacion, 31 La cual has aparejado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel. 33 Y José y su madre estaban maravillados de las cosas que se decian de él. 34 Y los bendijo Simeon, y dijo á su madre María: Hé aquí que este es puesto para caida y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal á la que será contradicho: 35 Y una espada traspasará tu alma de tí misma, para que sean manifestados los pensamientos de muchos corazones. 36 Estaba tambien [allí] Ana, profetisa hija de Fanuel, de la tribu de Aser; la cual habia venido en grande edad, y habia vivido con su marido siete años desde su virginidad: 37 Y [era] viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, sirviendo de noche y de dia con ayunos y oraciones. 38 Y esta sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor y hablaba de él á todos los que esperaban la redencion en Jerusalem. 39 Mas como cumplieron todas las cosas segun la ley del Señor, se volvieron á Galiléa, á su ciudad de Nazaret. 40 Y el Niño crecia, y fortalecíase, y se henchia de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. 41 E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta de la Pascua. 42 Y cuando fué de doce años, subieron ellos á Jerusalem conforme á la costumbre del dia de la fiesta. 43 Y acabados los dias, volviendo ellos se quedó el Niño Jesus en Jerusalem sin saberlo José y su madre. 44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de un dia, y le buscaban entre los parientes y entre los conocidos. 45 Mas como no le hallasen, volvieron á Jerusalem buscándole. 46 Y aconteció, que tres dias despues le hallaron en el templo sentado en medio de los doctores, oyéndoles y preguntándoles. 47 Y todos los que le oian, se pasmaban de su entendimiento y de sus respuestas. 48 Y cuando le vieron, se maravillaron; y díjole su madre: Hijo ¿por qué nos has hecho así? Hé aquí tu padre y yo te hemos buscado con dolor. 49 Entónces [él] les dice: ¿Que hay? ¿Por qué me buscabais? ¿No sabiais que en los negocios de mi Padre me conviene estar? 50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazon. 52 Y Jesus crecia en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres. CAPITULO 3. 1 Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judéa Poncio Pilato, y Heródes tetrarca de Galiléa, y su hermano Felipe tetrarca de Ituréa y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia, 2 Siendo sumos sacerdotes Anás y Caifás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. 3 Y él vino por toda la tierra alrededor del Jordan, predicando el bautismo de arrepentimiento para la remision de pecados; 4 Como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas. 5 Todo valle se henchirá, y bajaráse todo monte y collado; y los [caminos] torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; 6 Y verá toda carne la salvacion de Dios. 7 Y decia á las gentes que salian para ser bautizados de él: Oh generacion de víboras, ¿quién os enseñó á huir de la ira que vendrá? 8 Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento, y no comenceis á decir en vosotros mismos: Tenemos á Abraham por padre: porque os digo que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham. 9 Y ya tambien el hacha está puesta á la raiz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego. 10 Y las gentes le preguntaban, diciendo: ¿Pues qué haremos? 11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. 12 Y vinieron tambien publicanos para ser bautizados, y le dijeron: ¿Maestro, qué harémos? 13 Y él les dijo: No exijais mas de lo que os está ordenado. 14 Y le preguntaron tambien los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué harémos? Y les dice: No hagais extorsion á nadie, ni calumnieis; y contentáos con vuestras pagas. 15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, 16 Respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua; mas viene quien es más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la corréa de sus zapatos: el os bautizará en Espíritu Santo y fuego; 17 Cuyo bieldo [está] en su mano, y limpiará su era y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará. 18 Y amonestando, otras muchas cosas tambien anunciaba al pueblo. 19 Entónces Heródes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que habia hecho Heródes, 20 Añadió tambien esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel: 21 Y aconteció que, como todo él pueblo se bautizaba, tambien Jesus fuese bautizado; y orando, el cielo se abrió, 22 Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decia: Tú eres mi Hijo amado, en tí me he complacido. 23 Y el mismo Jesus comenzaba á ser como de treinta años hijo de José, como se creia, que fué hijo de Elí, 24 Que fué de Matat, que fué de Leví, que fué de Melqui, que fué de Janne, que fué de José, 25 Que fué de Matatías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Eslai, que fué de Naggai, 26 Que fué de Maat, que fué de Matatías, que fué de Semei, que fue de José, que fué de Júdas, 27 Que fué de Joana, que fué de Resa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel, que fué de Neri, 28 Que fué de Melqui, que fué de Addi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er, 29 Que fué de Josue, que fué de Elieser, que fué de Jorim, que fué de Matat, que fué de Leví, 30 Que fué de Simeon, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonan, que fué de Eliaquim, 31 Que fué de Meléas, que fué de Menan, que fué de Matata, que fué de Nathan, que fué de David, 32 Que fué de Jessé, que fab de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmon, que fué de Naason, 33 Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Pháres, que fué de Judá, 34 Que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Tara, que fué de Nacor, 35 Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Falec, que fué de Heber, que fué de Sala, 36 Que fué de Cainan, que fué de Arfaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech, 37 Que fué de Matusalá, que fué de Enoc, que fué de Jared, que fué de Malaleel, que fué de Cainan, 38 Que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios. CAPITULO 4. 1 Y JESUS, lleno de Espíritu Santo, volvió del Jordan, y fué llevado por el Espíritu al desierto, 2 Por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos dias: los cuales pasados tuvo hambre. 3 Entónces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí á esta piedra que se haga pan. 4 Y Jesus respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. 5 Y le llevó el diablo á un alto monte y le mostró en un momento de tiempo todos los reinos de la tierra; 6 Y le dijo el diablo: A tí te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos: porque á mí es entregada, y á quien quiero la doy. 7 Pues si tú adorares delante de mí, serán todos tuyos. 8 Y respondiendo Jesus, le dijo: Véte de mí, Satanás, porque escrito está: A tu Señor Dios adorarás, y á él solo servirás. 9 Y le llevó á Jerusalem, y púsole sobre las almenas del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo. 10 Porque escrito está; Que á sus ángeles mandará de tí, que te guarden; 11 Y en las manos te llevarán, porque no dañes tu pié en piedra. 12 Y respondiendo Jesus, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13 Y acabada toda tentacion, el diablo se fué de él por [algun] tiempo. 14 Y Jesus volvió en virtud del Espíritu á Galiléa, y salió la fama de él por toda la tierra de alrededor. 15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. 16 Y vino á Nazaret, donde habla sido criado y entró, conforme á su costumbre, el dia del Sábado en la sinagoga, y se levantó á leer. 17 Y fuéle dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor [es] sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres; me ha enviado para sanar los quebrantados de corazon: para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para poner en libertad á los quebrantados; 19 Para predicar el año agradable del Señor. 20 Y rollando el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en el. 21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oidos. 22 Y todos le daban testimonio, y estaban maravillados de las palabras de gracia que salian de su boca, y decian: ¿No es este el hijo de José? 23 Y les dijo: Sin duda me diréis este refrán: Médico, cúrate á tí mismo, de tantas cosas que hemos oido haber sido hechas en Capernaum, haz tambien aquí en tu tierra. 24 Y dijo: De cierto os digo que ningun profeta es acepto en su tierra. 25 Mas en verdad os digo, [que] muchas viudas habia en Israel en los dias de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo una grande hambre en toda la tierra; 26 Pero á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidon, á una mujer viuda. 27 Y muchos leprosos habia en Israel en tiempo del profeta Eliséo; mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naaman el Siro. 28 Entónces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas; 29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. 30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué. 31 Y descendió á Capernaum, ciudad de Galiléa y [allí] los enseñaba en los Sábados. 32 Y se maravillaban de su doctrina, porque su palabra era con potestad. 33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz, 34 Diciendo: Déjanos. ¿Qué tenemos contigo, Jesus Nazareno? ¿Has venido á destruirnos? Yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. 35 Y Jesus le increpó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entónces el demonio, derribándole en medio, salió de él, y no le hizo daño alguno. 36 Y hubo espanto en todos, y hablaban unos á otros diciendo: ¿Qué palabra es esta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen? 37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. 38 Y levantándose Jesus de la sinagoga, entró en casa de Simon; y la suegra de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. 39 E inclinándose hacia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó: y ella levantándose luego, les servia. 40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas enfermedades, los traian á él: y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Hijo de Dios: mas riñéndoles no les dejaba hablar; porque sabian que él era el Cristo. 42 Y siendo ya de dia salió, y se fué á un lugar desierto: y las gentes le buscaban, y vinieron hasta él; y le detenian para que no se apartase de ellos. 43 Mas él les dijo: Que tambien á otras ciudades es necesario que anuncie el Evangelio del reino de Dios; porque para esto soy enviado. 44 Y predicaba en las sinagogas de Galiléa. CAPITULO 5. 1 Y ACONTECIÓ, que estando el junto al lago de Genezaret, las gentes se agolpaban sobre él para oir la palabra de Dios. 2 Y vió dos barcos que estaban cerca de la orilla del lago: y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. 3 Y entrando en uno de estos barcos, el cual era de Simon, le rogó que le desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el barco á las gentes. 4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Tira á alta mar, y echad vuestras redes para pescar. 5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompia. 7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro barco, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos barcos, de tal manera que se anegaban. 8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la presa de los peces que habian tomado: 10 Y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas; desde ahora pescarás hombres. 11 Y como llegaron á tierra los barcos, dejándolo todo, le siguieron. 12 Y aconteció que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro, le rogó diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 13 Entónces extendiendo la mano le toco, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego la lepra se fué de él; 14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie. Mas ve, ([díjole]) muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para [que sirva de] testimonio á ellos. 15 Empero tanto más se extendia su fama: y se juntaban muchas gentes á oir y ser sanadas de sus enfermedades. 16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba. 17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y los Fariséos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldéas de Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem: y la virtud del Señor estaba [allí] para sanarlos. 18 Y hé aquí unos hombres, que traian sobre un lecho un hombre, que estaba paralítico: y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él. 19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con el lecho en medio, delante de Jesus. 20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21 Entónces los escribas y los Fariséos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 22 Jesus entónces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo ¿Qué pensais en vuestros corazones? 23 ¿Qué es más fácil, decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir: Levantate, y anda? 24 Pues para que sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): A tí digo: Levántate, toma tu lecho, y véte á tu casa. 25 Y luego, levantándose en presencia de ellos, y tomando aquel en que estaba echado, se fué á su casa, glorificando á Dios. 26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Que hemos visto maravillas hoy. 27 Y despues de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco de los públicos tributos, y le dijo: Sígueme. 28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. 29 E hizo Leví gran banquete en su casa; y habia mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por que comeis y bebeis con los publicanos y pecadores? 31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no necesitan médico sino los que están enfermos. 32 No he venido á llamar justos, sino pecadores á arrepentimiento. 33 Entónces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos comen y beben? 34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que están de bodas ayunen, entretanto que el Esposo está con ellos? 35 Empero vendrán dias cuando el Esposo les sera quitado; entónces ayunarán en aquellos dias. 36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo, de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. 37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos; de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. 38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserva. 39 Y ninguno que bebiere del añejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El añejo es mejor. CAPITULO 6. 1 Y ACONTECIÓ que pasando el por los sembrados en un Sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, estregándo[las] con las manos. 2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito hacer en los Sábados? 3 Y respondiendo Jesus les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido qué hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban? 4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y comió y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes? 5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del Sábado. 6 Y aconteció tambien en otro Sábado, que él entró en la sinagoga y enseñaba; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca. 7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en Sábado, por hallar de qué le acusasen. 8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pié. 9 Entónces Jesus les dice: Os preguntaré [una cosa:] ¿Es lícito en Sábados hacer bien, ó hacer mal? ¿salvar la vida, ó quitarla? 10 Y mirándolos á todos alrededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fué restaurada. 11 Y ellos se llenaron de rabia, y hablaban los unos á los otros qué harian á Jesus. 12 Y aconteció en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios. 13 Y como fué de dia, llamo á sus discípulos, y escogió doce de ellos, los cuales tambien llamó apóstoles: 14 A Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano; Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Mateo y Tomás, y Jacobo [hijo] de Alféo, y Simon el que se llama Celador; 16 Júdas hermano de Jacobo, y Júdas Iscariote, que tambien fué el traidor. 17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano, y la compañía de sus discípulos, y una grande multitud de pueblo de toda Judéa y de Jerusalem, y de la costa de Tiro y de Sidon, que habian venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18 Y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y estaban curados. 19 Y toda la gente procuraba tocarle; porque salia de él virtud, y sanaba á todos. 20 Y alzando él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados [vosotros] los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. 21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre; porque seréis saciados. Bienaventurados los que ahora llorais; porque reiréis. 22 Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os apartaren de sí, y os denostaren, y desecharen vuestro nombre como malo por el Hijo del hombre. 23 Gozáos en aquel dia, y alegráos; porque hé aquí vuestro galardon [es] grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas. 24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque teneis vuestro consuelo. 25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. 26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacian sus padres á los falsos profetas. 27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos; haced bien á los que os aborrecen. 28 Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. 29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra: y al que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. 30 Y á cualquiera que te pidiere, dá: y al que tomare lo que [es] tuyo, no vuelvas á pedir. 31 Y como quereis que os hagan los hombres, así hacedles tambien vosotros. 32 Porque si amais á los que os aman; ¿qué gracias tendréis? porque tambien los pecadores aman á los que los aman. 33 Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿que gracias tendréis? porque tambien los pecadores hacen lo mismo. 31 Y si prestareis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y prestad no esperando de ello nada: y será vuestro galardon grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos. 36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso. 37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. 38 Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando, darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir. 39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es sobre su maestro; mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto. 41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que [está] en tu propio ojo no consideras? 42 ¿O cómo puedes decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita, echa primero fuera de tu ojo la viga, y entónces verás bien para sacar la paja que [está] en el ojo de tu hermano. 43 Porque no es buen árbol el que da malos frutos; ni árbol malo el que da buen fruto. 44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas. 46 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien: y el mal hombre del mal tesoro de su corazon saca mal; porque de la abundancia del corazon habla su boca. 46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo? 47 Todo aquel que viene á mí, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os enseñaré á quien es semejante: 48 Semejante es al hombre que edifica una casa, el cual cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre la peña: y cuando vino una avenida, el rio dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear; porque estaba fundada sobre la peña. 49 Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó: y fué grande la ruina de aquella casa. CAPITULO 7. 1 Y COMO acabó todas sus palabras oyéndole el pueblo, entró en Capernaum. 2 Y el siervo de un centurion, al cual tenia él en estima, estaba enfermo y á punto de morir 3 Y como oyó [hablar] de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese, y librase á su siervo. 4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto; 5 Que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga. 6 Y Jesus fué con ellos; mas como ya no estuviesen lejos de su casa envió el centurion amigos á él diciéndole: Señor, no te incomodes, que no soy digno que entres debajo de mi tejado: 7 Por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí; mas dí la palabra, y mi criado será sano. 8 Porque tambien yo soy hombre puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á este: Ve; y va: y al otro: Ven; y viene: y á mi siervo: Haz esto; y [lo] hace. 9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él; y vuelto, dijo á las gentes que le seguian: Os digo [que] ni aun en Israel he hallado tanta fé. 10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo que habia estado enfermo. 11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda: y habia con ella grande compañía de la ciudad. 13 Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores. 14 Y acercándose, tocó el féretro; y los que [le] llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á tí digo, levántate. 15 Entónces se incorporó él que habia muerto, y comenzó á hablar; y diólo á su madre. 16 Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros, y que Dios ha visitado á su pueblo. 17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de alrededor. 18 Y sus discípulos dieron á Juan las nuevas de todas estas cosas: y llama Juan á dos de sus discípulos. 19 Y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro? 20 Y como los hombres vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperarémos á otro, 21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista. 22 Y respondiendo Jesus les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habeis visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el Evangelio. 23 Y bienaventurado es él que no fuere escandalizado en mí. 24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las gentes: ¿Que salisteis á ver al desierto? ¿Una caña que es agitada del viento? 25 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿Un hombre cubierto de vestidos delicados? Hé aquí que los que están en vestido precioso, y viven en delicias, en los palacios de los reyes están. 26 Mas ¿qué salisteis á ver? ¿Un profeta? Tambien os digo, y aun más que profeta. 27 Este es de quien está escrito: Hé aquí envio mi mensajero delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de tí. 28 Porque os digo que entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el más pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 29 Y todo el pueblo oyéndole, y los publicanos, justificaron á Dios bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los Fariséos, y los sabios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él. 31 Y dice el Señor: ¿A quién pues compararé los hombres de esta generacion, y á qué son semejantes? 32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailásteis; os endechamos, y no llorásteis. 33 Porque vino Juan el Bautista, que ni comia pan, ni bebia vino; y decís: Demonio tiene. 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe; y decís: Hé aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. 36 Y le rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrando en casa del Fariséo, sentóse á la mesa. 37 Y hé aquí una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro de ungüento; 38 Y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza: y besaba sus piés, y [los] ungia con el ungüento. 39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia convidado, habló entre sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le toca, que es pecadora. 40 Entónces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte. Y él dice: Dí, Maestro. 41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el otro cincuenta. 42 Y no teniendo ellos de qué pagar, perdonó [la deuda] á ambos. Dí, pues ¿cuál de estos le amará más? 43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis piés; mas esta ha regado mis piés con lágrimas, y los ha limpiado con los cabellos. 45 No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar mis piés. 46 No ungiste mi cabeza con óleo; mas esta ha ungido con ungüento mis piés. 47 Por lo cual te digo [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama. 48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron a decir entre si: ¿Quién es este que tambien perdona pecados? 50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz. CAPITULO 8. 1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldéas predicando, y anunciando el Evangelio del reino de Dios: y los doce con él, 2 Y algunas mujeres que habian sido curadas [por él] de malos espíritus, y de enfermedades; María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete demonios, 3 Y Juana, mujer de Chuza, procurador de Heródes, y Susana, y otras muchas que le servian de sus haciendas. 4 Y como se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola: 5 Uno que sembraba, salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fué hollada; y las aves del cielo la comieron. 6 Y otra [parte] cayó sobre la piedra; y nacida, se secó, porque no tenia humedad. 7 Y otra [parte] cayó entre las espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. 8 Y otra [parte] cayó en buena tierra, y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento por uno. Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir, oiga. 9 Y sus discípulos le preguntaron diciendo, qué era esta parábola. 10 Y él dijo: A vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios: mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 11 Es pues esta la parábola: La simiente es la palabra de Dios. 12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen, y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no crean y se salven. 13 Y los de sobre la piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra con gozo, mas estos no tienen raices: que á tiempo crecen, y en el tiempo de la tentacion se apartan, 14 Y la que cayó entre las espinas, estos son los que oyeron; mas yéndose, son ahogados [luego] de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. 15 Mas la que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia. 16 Ninguno que enciende la antorcha la cubre con [alguna] vasija, ó la pone debajo de la cama; mas la pone en un candelero, para que los que entran, vean la luz. 17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz. 18 Mirad pues como oís; porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener le será quitado. 19 Y vinieron á él su madre y hermanos; y no podian llegar á él por causa de la multitud. 20 Y le fué dado aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera que quieren verte. 21 El entónces respondiendo les dijo: mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la ejecutan. 22 Y aconteció un dia, [que] él entro en un barco con sus discípulos, y les dijo: Pasemos á la otra parte del lago. Y partieron. 23 Pero mientras ellos navegaban, él se durmió. Y sobrevino una tempestad de viento en el lago; y henchian [de agua,] y peligraban. 24 Y llegándose á él le despertaron, diciendo: Maestro, Maestro, que perecemos. Y despertado él, increpó al viento y á la tempestad del agua; y cesaron y fué hecha bonanza. 25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y atemorizados se maravillaban diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen? 26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa. 27 Y saliendo él á tierra, le vino al encuentro de la ciudad un hombre que tenia demonios [ya] de mucho tiempo y no vestia vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros. 28 El cual como vió á Jesus, exclamó y se postró delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus, Hijo del Dios Altísimo? Ruégote que no me atormentes. 29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque [ya] de mucho tiempo le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos, mas rompiendo las prisiones, era agitado del demonio por los desiertos.) 30 Y le preguntó Jesus diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion. Porque muchos demonios habian entrado en él. 31 Y le rogaban que no les mandase ir al abismo. 32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte: y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. 33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos; y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el lago, y ahogóse. 34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades. 35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus: y hallaron sentado al hombre, de quien habian salido los demonios, vestido, y en su juicio, á los piés de Jesus: y tuvieron miedo. 36 Y les contaron los que [lo] habian visto como habia sido salvado aquel endemoniado. 37 Entónces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos alrededor le rogaron que se fuese de ellos; porque tenian gran temor. Y él subiendo en el barco, volvióse. 38 Y aquel hombre, de quien habian salido los demonios, le rogó para estar con él; mas Jesus le despidió, diciendo: 39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuán grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, publicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho con él. 40 Y aconteció que volviendo Jesus recibióle la gente; porque todos le esperaban. 41 Y hé aquí un varon llamado Jairo, y que era príncipe de la sinagoga, vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa: 42 Porque tenia una hija única, como de doce años, y ella se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía. 43 Y una mujer que tenia flujo de sangre hacia ya doce años, la cual habia gastado en médicos toda su hacienda, y por ninguno habia podido ser curada, 44 Llegándose por las espaldas, tocó el borde de su vestido: y luego se estancó el flujo de su sangre. 45 Entónces Jesus dijo: ¿Quien [es] él que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro, y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿Quién [es] él que me ha tocado? 46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien; porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. 47 Entónces, como la mujer vió que no se habia ocultado, vino temblando y postrándose delante de él, declaróle delante de todo el pueblo la causa por qué le habia tocado, y como luego habia sido sana. 48 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: vé en paz. 49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta; no des trabajo al Maestro. 50 Y oyéndo[lo] Jesus, le respondió: No temas: cree solamente, y será salva. 51 Y entrado en casa, no dejo entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza. 52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él^ dijo: No lloreis; no es muerta, sino que duerme. 53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta. 54 Mas él, tomándola de la mano, clamó, diciendo: Muchacha, levántate. 55 Entónces su espíritu volvió, y se levantó luego: y él mandó que le diesen de comer. 56 Y sus padres estaban atónitos; á los cuales él mando, que á nadie dijesen lo que habia sido hecho. CAPITULO 9. 1 Y JUNTANDO sus doce discípulos les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades 2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos. 3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni báculos, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengais dos vestidos cada uno. 4 Y en cualquiera casa que entrareis quedad allí y de allí salid. 5 Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos. 6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldéas, anunciando el Evangelio, y sanando por todas partes. 7 Y oyó Heródes el tetrarca todas las cosas que hacia; y estaba en duda, porque decian algunos: Juan ha resucitado de los muertos, 8 Y otros: Elías ha aparecido: y otros: Algun profeta de los antiguos ha resucitado. 9 Y dijo Heródes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. 10 Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida. 11 Y como [lo] entendieron las gentes, le siguieron: y el las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenian necesidad de cura. 12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide las gentes, para que yendo á las aldéas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto. 13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados; si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía. 14 Y eran como cinco mil hombres. Entónces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos de cincuenta en cincuenta. 15 Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos. 16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo; y partió y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes. 17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos. 18 Y aconteció, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos: y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy? 19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entónces respondiendo Simon Pedro, dijo: El Cristo de Dios. 21 Mas él conminándoles, mandó que á nadie dijesen esto, 22 Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer dia. 23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame. 24 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, este la salvará. 25 Porque ¿qué aprovecha al hombre si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí? 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. 27 Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. 28 Y aconteció como ocho dias despues de estas palabras, que tomó á Pedro, y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar. 29 Y entretanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente. 30 Y hé aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías, 31 Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de cumplir en Jerusalem. 32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él. 33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones; uno para tí, y uno para Moisés, y uno para Elías: no sabiendo lo que se decia. 34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió y tuvieron temor, entrando ellos en la nube. 35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado; á él oid. 36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian visto. 37 Y aconteció al dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía salió al encuentro. 38 Y hé aquí que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo, que es el único que tengo. 39 Y hé aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apénas se aparta de él, quebrantándole. 40 Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá. 42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se le volvió á su padre. 43 Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos: 44 Poned vosotros en vuestros oidos estas palabras: porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. 45 Mas ellos no entendian esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen: y temian preguntarle de esta palabra. 46 Entónces entraron en disputa, cuál de ellos seria el mayor. 47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí, 48 Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande. 49 Entónces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no [te] sigue con nosotros. 50 Jesus le dijo: No se lo prohibais, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 51 Y aconteció [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido arriba, el afirmó su rostro para ir á Jerusalem. 52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle. 53 Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem. 54 Y viendo [esto] sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías? 55 Entónces volviéndose él, les reprendió diciendo: Vosotros no sabeis de que espíritu sois; 56 Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldéa. 57 Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres. 58 Y le dijo Jesus: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza, 59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre. 60 Y Jesus le dijo: Deja á los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé, y anuncia el reino de Dios. 61 Entónces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesus le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios. CAPITULO 10. 1 Y DESPUES de estas cosas, designó el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos, delante de sí, á toda ciudad y lugar á donde él habia de venir. 2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos: por tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies. 3 Andad, hé aquí yo os envio como á corderos en medio de lobos. 4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni calzado; y á nadie saludeis en el camino. 5 En cualquier casa donde entrareis primeramente decid: Paz [sea] á esta casa. 6 Y si hubiere allí algun hijo de paz vuestra paz reposará sobre él: y si no, se volverá á vosotros. 7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren; porque el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa. 8 Y en cualquier ciudad donde entrareis? y os recibieren, comed lo que os pusieren delante; 9 Y sanad los enfermos que en ella hubiere; y decidles: Se ha llegado á vosotros el reino de Dios. 10 Mas en cualquier ciudad donde entrareis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid: 11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad á nuestros piés, sacudimos en vosotros: esto empero sabed, que el reino de los cielos se ha llegado á vosotros. 12 Y os digo que los de Sodoma tendrán más remision aquel dia, que aquella ciudad. 13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tiro y en Sidon hubieran sido hechas las maravillas que se han hecho en vosotras, ya dias ha que, sentados en cilicio y ceniza, se habrian arrepentido. 14 Por tanto Tiro y Sidon tendrán más remision que vosotras en el juicio. 15 Y tú, Capernaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los infiernos serás abajada. 16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió. 17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo. 19 Hé aquí os doy potestad de hollar sobre las serpientes y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará. 20 Mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujetan; ántes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. 21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas á los sabios entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó. 22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre: y nadie sabe quién sea el Hijo, sino el Padre; ni quién sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo lo quisiere revelar. 23 Y vuelto particularmente á [sus] discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis; 24 Porque os digo que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron. 25 Y hé aquí, un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26 Y él le dijo: ¿Qué esta escrito en la ley? ¿Cómo lees? 27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu projimo, como á tí mismo. 28 Y díjole. Bien has respondido: haz esto, y vivirás. 29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y cayó en [manos de] ladrones, los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron dejándole medio muerto. 31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole se pasó de un lado. 32 Y asimismo un Levita llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó de un lado. 33 Mas un Samaritano que transitaba, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; 34 Y llegándose, vendó sus heridas echándo[le] aceite y vino: y poniéndole sobre su cabalgadura, llevólo al meson, y cuidó de él. 35 Y otro dia al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que demás gastares, yo cuando vuelva te [lo] pagaré. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en [manos de] los ladrones? 37 Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entónces Jesus le dijo: Vé y haz tú lo mismo. 38 Y aconteció, que yendo, entró él en una aldéa; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa: 39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los piés del Señor, oia su palabra. 40 Empero Marta se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Díle, pues, que me ayude. 41 Pero respondiendo Jesus, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: 42 Empero una cosa es necesaria; y María escogió la buena parte, la cual no le será quitada. CAPITULO 11. 1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino. Sea hecha tu voluntad, como en el cielo, así tambien en la tierra. 3 El pan nuestro de cada dia, dános[le] hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metas en tentacion, mas líbranos del malo. 5 Díjoles tambien: ¿Quien de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes: 6 Porque un amigo mio ha venido á mí de camino, y no tengo qué ponerle delante? 7 Y [si] él de dentro respondiendo, dijere: No me seas molesto; la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y darte: 8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. 9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallaréis; tocad, y os será abierto. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca halla; y al que toca, se abre. 11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ó, si pescado, ¿en lugar de pescado le dará una serpiente? 12 O, si [le] pidiere un huevo, ¿le dará un escorpion? 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que lo pidieren de él? 14 Y estaba él lanzando un demonio el cual era mudo: y aconteció que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las gentes se maravillaron. 15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. 16 Y otros, tentando, pedian de el señal del cielo. 17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y una casa [dividida] contra sí misma, cae. 18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo estará en pié su reino? porque decís, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios. 19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos en quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces. 20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros. 21 Cuando el fuerte armada guarda su atrio, en paz está lo que posee. 22 Mas si sobreviniendo [otro] más fuerte que él, le venciere, le toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos. 23 El que no es conmigo, contra mí es, y el que conmigo no recoge, desparrama. 24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo; y no hallándo[le,] dice: Me volveré á mi casa, de donde salí. 25 Y viniendo la halla barrida y adornada. 26 Entónces va, y toma otros siete espíritus peores que el; Y entrados, habitan allí; y lo postrero del tal hombre es peor que lo primero. 27 Y aconteció que diciendo estas cosas, una mujer de la compañía levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos, que mamaste. 28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la guardan. 29 Y juntándose las gentes á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es: señal busca, mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás. 30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del hombre á esta generacion. 31 La reina del Austro se levantará en juicio con los hombres de esta generacion, y los condenará; porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduría de Salomon; y hé aquí más que Salomon en este lugar. 32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque á la predicacion de Jonás se arrepintieron; y hé aquí más que Jonás en este lugar. 33 Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la luz. 34 La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien todo tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo será tenebroso. 35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas. 36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luminoso, como cuando una antorcha de resplandor te alumbra. 37 Y luego que hubo hablado, rogóle un Fariséo que comiese con él: y entrado Jesus, se sentó á la mesa. 38 Y el Fariséo como [le] vió, maravillóse de que no se lavó ántes de comer. 39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y del plato 1impiais; mas lo interior de vosotros está lleno de rapiña y de maldad. 40 Necios, ¿él que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro? 41 Empero de lo que os resta dad limosna; y hé aquí, todo os será limpio. 42 Mas ¡ay de vosotros, Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais de largo. Pues estas cosas era necesario hacer, y no dejar las otras. 43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. 44 ¡Ay de vosotros! que sois como sepulcros que no se ven, y los hombres que andan encima no [lo] saben. 45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, tambien nos afrentas á nosotros. 46 Y el dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los hombres con cargas que no pueden llevar; mas vosotros ni aun con un dedo tocais las cargas. 47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres. 48 De cierto dais testimonio que consentís en los hechos de vuestros padres: porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros. 49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas, y apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán; 50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo; 51 Desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacarías, que murió entre el altar y el templo: así os digo, será demandada de esta generacion. 52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que habeis quitado la llave de la ciencia: vosotros mismos no entrasteis, y á los que entraban impedisteis. 53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á apretar[lo] en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas; 54 Asechándole, y procurando cazar algo de su boca para acusarle. CAPITULO 12. 1 EN esto, juntándose muchas gentes, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos primeramente: Guardáos de la levadura de los Fariséos, que es hipocresía. 2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. 3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, á la luz serán oidas; y lo que hablasteis al oido en las cámaras, será pregonado en los terrados. 4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues no tienen más que hacer. 5 Mas os enseñará á quien temais: Temed á aquel que despues de haber quitado la vida, tiene poder de echar en la gehenna: así os digo: A este temed. 6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios. 7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temais pues: de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos. 8 Y os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambien el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios: 9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios: 10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado; mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será perdonado. 11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no esteis solícitos cómo ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir; 12 Porque el Espíritu Santo os ensenará en la misma hora lo que será necesario decir. 13 Y díjole uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: hombre, ¿quién me puso por juez ó partidor sobre vosotros? 15 Y díjoles: Mirad, y guardáos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16 Y refirióles una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia llevado mucho; 17 Y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde junte mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré; derribaré mis alfolíes, y edificaré[los] mayores; y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes, 19 Y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes almacenados para muchos años: repósate, come, bebe, huélgate. 20 Y díjole Dios: ¡Necio! esta noche vuelven á pedir tu alma: y lo que has prevenido, ¿de quién será? 21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. 22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo, no esteis afanosos de vuestra vida, que comeréis, ni del cuerpo, qué vestiréis. 23 La vida más es que la comida, y el cuerpo que el vestido. 24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta. ¿Cuánto de más estima sois vosotros que las aves? 25 ¿Y quién de vosotros podrá con [su] afan añadir á su estatura un codo? 26 Pues si no podeis aun lo que es ménos, ¿para qué estaréis afanosos de lo demás? 27 Considerad los lirios, como crecen; no labran, ni hilan: y os digo, que ni Salomon con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto más á vosotros, [hombres] de poca fé? 29 Vosotros, pues, no procuréis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber, ni estéis en ansiosa perplejidad. 30 Porque todas estas cosas buscan las gentes del mundo: que vuestro Padre sabe que necesitais estas cosas. 31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. 32 No temais, manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseeis, y dad limosna; hacéos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falta; donde ladron no llega, ni polilla corrompe. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon. 35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestras] antorchas encendidas: 36 Y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere, y tocare, luego le abran. 37 Bienaventurados aquellos siervos á los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando; de cierto os digo, que se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa y pasando les servirá. 38 Y aunque venga á la segunda vigilia: y aunque venga á la tercera vigilia, y [los] hallare así, bienaventurados son los tales siervos. 39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á que hora habia de venir el ladron, velaria ciertamente y no dejaria minar su casa. 40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no pensais, el Hijo del hombre vendrá. 41 Entónces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien á todos? 42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que en tiempo les de [su] racion? 43 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así. 44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes. 45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor tarda en venir, y comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á embriagarse, 46 Vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora que [él] no sabe, y le apartará, y pondrá su parte con los infieles. 47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no se apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho. 48 Mas el que no entendió, é hizo cosas dignas de azotes, será azotado poco: porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, mas le será pedido. 49 Fuego vine á meter en la tierra: ¿y qué quiero, si ya está encendido? 50 Empero de bautismo me es necesario ser bautizado: y ¡cómo me angustio hasta que sea cumplido! 51 Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo; mas disension. 52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre, la madre contra la hija, y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. 54 Y decia tambien á las gentes: Cuando veis la nube que sale del Poniente, luego decís: Agua viene: y es así. 55 Y cuando sopla el Austro, decís: Habrá calor; y lo hay. 56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra: ¿Y cómo no reconoceis este tiempo? 57 ¿Y por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo? 58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino librarte de él; porque no te arrastre al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allá, hasta que hayas pagado hasta el último maravedí. CAPITULO 13. 1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galiléos cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios. 2 Y respondiendo Jesus les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos las Galiléos? 3 No, os digo: ántes, si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente. 4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre de Siloé, y los mató, ¿pensais que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem, 5 No, os digo: ántes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo. 6 Y dijo esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no [lo] halló. 7 Y dijo al viñero: Hé aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no [le] hallo; córtala, ¿por que ocupará aun la tierra? 8 El entónces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que [yo] la excave, y estercole. 9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues. 10 Y enseñaba en una sinagoga en Sábado. 11 Y hé aquí una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años, andaba agobiada que en ninguna manera [se] podia enhestar. 12 Y como Jesus la vió, llamó[la,] y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. 13 Y puso las manos sobre ella, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios. 14 Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese curado en el Sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en dia de Sábado. 15 Entónces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en Sábado su buey, ó su asno del pesebre, y [lo] lleva á beber? 16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí que Satanás la habia ligado diez y ocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de Sábado? 17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas. 18 Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé? 19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándo[lo] un hombre [le] metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. 20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios? 21 Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y [la] escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado. 22 Y pasaba por todas las ciudades y aldéas enseñando, y caminando á Jerusalem. 23 Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán. 25 Despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzaréis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos: y respondiendo [él] os dirá: No os conozco de donde seais: 26 Entónces comenzaréis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Y [os] dirá: Dígoos que no os conozco de donde seais: apartáos de mí, todos los obreros de iniquidad. 28 Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluidos. 29 Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte, y del Mediodia, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios. 30 Y hé aquí, que son postreros los que eran los primeros; y que son primeros los que eran los postreros. 31 Aquel mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndoles: Sal y véte de aquí, porque Heródes te quiere matar. 32 Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios, y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer dia soy consumado. 33 Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine: porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem. 34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados á tí: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de [sus] alas, y no quisiste! 35 Hé aquí os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis, hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito el que viene en nombre del Señor. CAPITULO 14. 1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un Sábado á comer pan, ellos le acechaban. 2 Y hé aquí un hombre hidrópico estaba delante de él. 3 Y respondiendo Jesus, habló á los doctores de la ley, y á los Fariséos diciendo: ¿Es lícito sanar en Sábado? 4 Y ellos callaron. Entónces él tomándo[le,] lo sanó, y despidió[le.] 5 Y respondiendo á ellos, dijo: ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de Sábado? 6 Y no le podian replicar á estas cosas. 7 Y observando como escogian los primeros asientos á la mesa, propuso una parábola á los convidados, diciéndoles: 8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te sientes en el primer lugar; no sea que otro mas honrado que tú esté por él convidado, 9 Y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este: y entónces comiences con vergüenza á tener el lugar último. 10 Mas cuando fueres convidado, vé, y siéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entónces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa. 11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. 12 Y dijo tambien el que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena,^ no llames á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á [tus] vecinos ricos; porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha compensacion. 13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos, 14 Y serás bienaventurado; porque no te pueden retribuir: mas te será recompensado en la resurreccion de los justos. 15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos. 16 El entónces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y convido á muchos. 17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya todo esta aparejado. 18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado una hacienda, y necesito salir, y verla; te ruego que me des por excusado. 19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos: ruégote que me des por excusado. 20 Y el otro dijo: Acabo de casarme y por tanto no puedo ir. 21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entónces enojado el padre de la familia, dijo á su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar. 23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos y por los vallados, y fuérza[los] á entrar, para que se llene mi casa. 24 Porque os digo que ninguno de aquellos hombres que fueron llamados, gustará mi cena. 25 Y muchas gentes iban con él; y volviéndose les dijo: 26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y cualquiera que no trae su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene [lo que necesita] para acabar[la?] 29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabar[la,] todos los que [lo] vieren, no comiencen á hacer burla de él, 30 Diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero, no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 De otra manera, cuando aun el otro está léjos, le ruega por la paz, enviándole embajada. 33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. 34 Buena es la sal; mas si aun la sal fuere desvanecida ¿Con qué se adobará? 35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena; fuera la arrojan. Quien tiene oidos para oir, oiga. CAPITULO 15. 1 Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle. 2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come. 3 Y él les propuso esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle? 5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso; 6 Y viniendo á casa junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido. 7 Os digo, que así habrá [más] gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento. 8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil y barre la casa. y busca con diligencia hasta hallar[la?] 9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabien, porque he hallado la dracma que habia perdido. 10 Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente. 11 Y dijo: Un hombre tenia dos hijos; 12 Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda que [me] pertenece: y [él] les repartió la hacienda. 13 Y no muchos dias despues, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada, y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 14 Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar. 15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos. 16 Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comian los puercos; mas nadie se [las] daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí; 19 Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle, y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus piés; 23 Y traed el becerro grueso, y matad[lo,] y comamos, y hagamos fiesta. 24 Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse. 25 Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; 26 Y llamando uno de los criados, preguntóle qué era aquello. 27 Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. 28 Entónces [él] se enojó, y no queria entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba [que entrase.] 29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [há que] te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Mas cuando vino este tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras has matado para él el becerro grueso. 31 El entónces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. 32 Mas era menester hacer fiesta y holgar[nos,] porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. CAPITULO 16. 1 Y DIJO tambien á sus discípulos; Habia un hombre rico, el cual tenia un mayordomo; y este fué acusado delante de él como disipador de sus bienes. 2 Y lo llamó, y le dijo: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu mayordomía, porque ya no podrás más ser mayordomo. 3 Entónces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía. Cavar, no puedo, mendigar, tengo vergüenza. 4 [Yo] sé lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor? 6 Y él dijo: Cien barriles de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y siéntate presto, y escribe cincuenta. 7 Y despues dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligacion, y escribe ochenta. 8 Y alabó el señor al mayordomo malo por haber hecho discretamente; porque los hijos de este siglo son en su generacion mas sagaces que los hijos de luz. 9 Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltareis, os reciban en las moradas eternas. 10 El que es fiel en lo muy poco, tambien en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, tambien en lo mas es injusto. 11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero? 12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro? 13 Ningun siervo puede servir á dos señores; porque ó aborrecerá al uno y amará al otro; ó se allegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á Dios y á las riquezas. 14 Y oian tambien todas estas cosas los Fariséos, los cuales eran avaros, y se burlaban de él. 15 Y díjoles: Vosotros sois los que os justificais á vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los hombres [tienen] por sublime, delante de Dios [es] abominacion. 16 La ley y los profetas hasta Juan: desde entónces el reino de Dios es anunciado, y quien quiera se esfuerza á entrar en él. 17 Empero más fácil cosa es pasar el cielo y la tierra, que frustrarse un tilde de la ley. 18 Cualquiera que repudia á su mujer, y se casa con otra, adultera: y el que se casa con la repudiada del marido, adultera. 19 Habia un hombre rico, que se vestia de púrpura y de lino fino, y hacia cada dia banquete con esplendidez: 20 Habia tambien un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas, 21 Y deseando hartarse de las migajas que caian de la mesa del rico; y aun los perros venian y le lamian las llagas. 22 Y aconteció que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió tambien el rico, y fué sepultado. 23 Y en el infierno alzó sus ojos estando en los tormentos, y vió á Abraham de lejos, y á Lázaro en su seno. 24 Entónces él dando voces dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envia á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque soy atormentado en esta llama. 25 Y díjole Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro tambien males; mas ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. 26 Y además de todo esto, una grande sima está constituida entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Y dijo: Ruégote, pues, padre, que le envies á la casa de mi padre; 28 Porque tengo cinco hermanos; para que les testifique, porque no vengan ellos tambien á este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dice: A Moisés y á los profetas tienen; óiganlos. 30 El entónces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se arrepentirán. 31 Mas [Abraham] le dijo: Si no oyen á Moisés y á los profetas, tampoco se persuadirán, si alguno se levantare de os muertos. CAPITULO 17. 1 Y A sus discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar uno de estos pequeñitos. 3 Mirad por vosotros: Si pecare contra tí tu hermano, repréndelo; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al dia pecare contra tí, y siete veces al dia se volviere á tí, diciendo: Pésame; perdónale. 5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fé. 6 Entónces el Señor dijo: Si tuvieseis fé como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá. 7 ¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa? 8 ¿No le dice ántes: Adereza que cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y despues de esto come tú y bebe? 9 ¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le habia sido mandado? Pienso que no. 10 Así tambien vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos; porque lo que debiamos hacer, hicimos. 11 Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galiléa. 12 Y entrando en una aldéa, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de léjos, 13 Y alzaron la voz diciendo: Jesus, Maestro, ten misericordia de nosotros. 14 Y como él [los] vió, les dijo: Id, mostráos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. 15 Entónces uno de ellos como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz; 16 Y derribóse sobre el rostro á sus piés, dándole gracias: y este era Samaritano. 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve donde [están?] 18 ¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios, sino este extranjero? 19 Y díjole: Levántate, véte; tu fé te ha salvado. 20 Y preguntado por los Fariséos cuando habia de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia; 21 Ni dirán: Hélo aquí, ó hélo allí; porque hé aquí el reino de Dios entre vosotros está. 22 Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los dias del Hijo del hombre, y no [lo] veréis. 23 Y os dirán: Hélo aquí, ó hélo allí. No vayais ni sigais. 24 Porque como el relámpago relampagueando desde una parte debajo del cielo, resplandece hasta [la otra] debajo del cielo, así tambien será el Hijo del hombre en su dia. 25 Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generacion. 26 Y como fué en los dias de Noé, así tambien será en los dias del Hijo del hombre. 27 Comian, bebian, [los hombres] tomaban mujeres, y las mujeres maridos hasta el dia que entró Noé en el arca y vino el diluvio, y destruyó á todos. 28 Asimismo tambien como fué en los dias de Lot: comian, bebian, compraban, vendian, plantaban, edificaban: 29 Mas el dia que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos: 30 Como esto será el dia en que el Hijo del hombre se manifestará. 31 En aquel dia, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. 32 Acordáos de la mujer de Lot. 33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará. 34 Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado. 35 Dos mujeres estarán moliendo juntas; la una será tomada, y la otra dejada. 36 Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado. 37 Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde [estuviere] el cuerpo, allá se juntarán tambien las águilas. CAPITULO 18. 1 Y PROPÚSOLES tambien una parábola sobre que es necesario orar siempre, y no desmayar. 2 Diciendo: Habia un juez en una ciudad, el cual ni temia á Dios, ni respetaba hombre. 3 Habia tambien en aquella ciudad una viuda, la cual venia á él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. 4 Pero él no quiso por [algun] tiempo: mas despues de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre; 5 Todavia porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, porque al fin no venga y me muela. 6 Y dijo el Señor: Oíd lo que dice el juez injusto. 7 ¿Y Dios no hará justicia á sus escogidos, que claman á él dia y noche, aunque sea longánime acerca de ellos? 8 Os digo que los defenderá presto. Empero cuando el Hijo del hombre viniere, ¿hallará fé en la tierra? 9 Y dijo tambien á unos que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo á orar; el uno Fariséo, y el otro publicano. 11 El Fariséo, en pié, oraba consigo de esta manera: Dios, te doy gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano. 12 Ayuno dos veces en la semana; doy diezmos de todo lo que poseo. 13 Mas el publicano estando lejos, no queria ni aun alzar los ojos al cielo; sino que heria su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió á su casa [más] justificado que el otro: porque cualquiera que se ensalza, será humillado, y el que se humilla, será ensalzado. 15 Y traian á él los niños para que los tocase; lo cual viéndo[lo] los discípulos, les reñian. 16 Mas Jesus llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidais, porque de tales es el reino de Dios. 17 De cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 18 Y preguntóle un príncipe diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 19 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? ninguno [hay] bueno sino solo Dios. 20 Los mandamientos sabes: No matarás, No adulterarás, No hurtarás, No dirás falso testimonio, Honra á tu padre, y á tu madre. 21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. 22 Y Jesus, oido esto, le dijo: Aun te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y da á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme. 23 Entónces él, oidas estas cosas, se puso muy triste, porque era muy rico. 24 Y viendo Jesus que se habia entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 25 Porque más fácil cosa es entrar un camello por el ojo de una aguja, que un rico entrar en el reino de Dios. 26 Y los que [lo] oian, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? 27 Y él [les] dijo: Lo que es imposible para con los hombres, posible es para Dios. 28 Entónces Pedro dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado las posesiones nuestras, y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo que nadie hay que haya dejado casa, ó padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, 30 Que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Y Jesus tomando [aparte] los doce, les dijo: Hé aquí subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre. 32 Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido. 33 Y despues que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercer dia resucitará. 34 Pero ellos nada de estas cosas entendian, y esta palabra les era encubierta; y no entendian lo que se decia. 35 Y aconteció que acercándose él á Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando: 36 El cual como oyó la gente que pasaba, preguntó qué era aquello. 37 Y dijéronle que pasaba Jesus Nazareno. 38 Entónces dió voces, diciendo: Jesus, hijo de David; ten misericordia de mí. 39 Y los que iban delante, le reñian que callase; mas él clamaba mucho mas: Hijo de David, ten misericordia de mí. 40 Jesus entónces parándose, mandó traerle á sí: y como él llegó, le preguntó, 41 Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea. 42 Y Jesus le dijo: Vé: tu fé te ha hecho salvo. 43 Y luego vió, y le seguia, glorificando á Dios: y todo el pueblo como vió [esto,] dió á Dios alabanza. CAPITULO 19. 1 Y HABIENDO entrado [Jesus,] iba pasando por Jericó: 2 Y hé aquí un varon llamado Zaquéo, el cual era el principal de los publicanos, y era rico. 3 Y procuraba ver á Jesus quien fuese; mas no podia á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, subióse á un árbol sicómoro para verle; porque habia de pasar por allí. 5 Y como vino á aquel lugar Jesus, mirando le vió, y díjole: Zaquéo, dáte priesa, desciende, porque hoy es necesario que pose en tu casa. 6 Entónces el descendió aprisa, y le recibió gozoso. 7 Y viendo [esto] todos, murmuraban, diciendo que habia entrado á posar con un hombre pecador. 8 Entónces Zaquéo, puesto en pié, dijo al Señor: Hé aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto. 9 Y Jesus le dijo: Hoy ha venido la salvacion á esta casa; por cuanto él tambien es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se habia perdido. 11 Y oyendo ellos estas cosas, prosiguió y dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego habia de ser manifestado el reino de Dios. 12 Dijo pues: Un hombre noble partió á una provincia lejos, para tomar para sí un reino, y volver. 13 Mas llamados diez siervos suyos les dió diez minas, y díjoles: Negociad entretanto que vengo. 14 Empero sus ciudadanos le aborrecian; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros. 15 Y aconteció que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á si á aquellos siervos, á los cuales habia dado el dinero, para saber lo que habia negociado cada uno. 16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 Y él le dice: Está bien, buen siervo; pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades. 18 Y vino otro diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas. 19 Y tambien á este dijo: Tú tambien se sobre cinco ciudades. 20 Y vino otro diciendo: Señor, hé aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo, 21 Porque tuve miedo de tí, que eres hombre recio; tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entónces [él] le dijo: Mal siervo, de tu boca te juzgo. Sabias que yo era hombre recio, que tomo lo que no puse, y siego lo que no sembré; 23 ¿Por qué pues no diste mi dinero al banco; y yo viniendo lo demandará con el logro? 24 Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Pues [yo] os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado; mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 27 Y tambien á aquellos mis enemigos, que no querian que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí. 28 Y dicho esto, iba delante subiendo á Jerusalem. 29 Y aconteció, que llegando cerca de Bethfage, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos. 30 Diciendo: Id á la aldéa de enfrente; en la cual como entrareis, hallaréis un pollino atado, en el que ningun hombre se ha sentado jamás: desatadle, y traed[lo.] 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué [le] desatais? le responderéis así: Porque el Señor lo ha menester. 32 Y fueron los que habian sido enviados, y hallaron como [él] les dijo. 33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por que desatais el pollino? 34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester. 35 Y trajéronlo á Jesus; y habiendo echado sus vestidos sobre el pollino pusieron á Jesus encima. 36 Y yendo él, tendian sus capas por el camino. 37 Y como llegasen ya cerca de la bajada del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habian visto, 38 Diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en el cielo, y gloria en lo altísimo. 39 Entónces algunos de los Fariséos de la compañía le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos. 40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán. 41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella, 42 Diciendo: ¡Oh si tambien tú conocieses, á lo ménos en este tu dia, lo que [toca] á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Porque vendrán dias sobre tí, que tus enemigos te cercarán con baluarte; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho; 44 Y te derribarán á tierra, y á tus hijos, [los que están] dentro de tí; y no dejarán sobre tí piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitacion. 45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendian y compraban en él, 46 Diciéndoles: Escrito esta: Mi casa, casa de oracion es; mas vosotros la habeis hecho cueva de ladrones. 47 Y enseñaba cada dia en el templo mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los principales del pueblo procuraban matarle. 48 Y no hallaban qué hacerle, porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole. CAPITULO 20. 1 Y ACONTECIÓ un dia, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el Evangelio, llegáronse los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, con los ancianos, 2 Y le hablaron, diciendo: Dínos ¿con qué potestad haces estas cosas? ¿ó quién es el que te ha dado esta potestad? 3 Respondiendo entónces Jesus, les dijo: Os preguntaré yo tambien una palabra; respondedme: 4 El bautismo de Juan ¿era del cielo, ó de los hombres? 5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; dirá: ¿Por qué pues no le creisteis? 6 Y si dijéremos: De los hombres: todo el pueblo nos apedreará; porque están ciertos que Juan era profeta. 7 Y respondieron, que no sabian de donde [habia sido.] 8 Entónces Jesus les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas. 9 Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre planto una viña, y arrendóla á labradores, y se ausentó por mucho tiempo. 10 Y al tiempo envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; mas los labradores le hirieron, y enviaron vacío. 11 Y volvió á enviar otro siervo: mas ellos á este tambien herido y afrentado le enviaron vacío. 12 Y volvió á enviar al tercer siervo; mas ellos tambien á este echaron herido. 13 Entónces el señor de la vina dijo: ¿Qué haré? enviaré mi hijo amado: quizás cuando á este vieren, tendrán respeto. 14 Mas los labradores viéndole, pensaron entre sí diciendo: Este es el heredero, venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15 Y echáronlo fuera de la viña, y [le] mataron. ¿Qué pues les hará el señor de la viña? 16 Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su vina á otros. Y como ellos [lo] oyeron, dijeron: Guarda. 17 Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, esta fué por cabeza de esquina? 18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra, será quebrantado; mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará. 19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, porque entendieron que contra ellos habia dicho esta parábola; mas temieron al pueblo. 20 Y acechándo[le] enviaron espías que se simulasen justos, para sorprenderle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente: 21 los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien, y que no tienes respeto á persona; ántes enseñas el camino de Dios con verdad. 22 ¿Esnos lícito dar tributo á Cesar, ó no? 23 Mas él, entendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais? 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imágen y la inscripcion? Y respondiendo dijeron: De César. 25 Entónces les dijo: Pues dad a César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. 26 Y no pudieron reprender sus palabras delante del pueblo, ántes maravillados de su respuesta, callaron. 27 Y llegándose unos de los Saducéos, los cuales niegan haber resurreccion, le preguntaron, 28 Diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano. 29 Fueron pues siete hermanos: y el primero tomó mujer, y murió sin hijos. 30 Y la tomó el segundo, el cual tambien murió sin hijos. 31 Y la tomó el tercero, asimismo tambien todos siete: y murieron sin dejar prole. 32 Y á la postre de todos murió tambien la mujer. 33 En la resurreccion, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer. 34 Entónces respondiendo Jesus, les dijo: los hijos de este siglo se casan, y son dados en casamiento: 35 Mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo, y de la resurreccion de los muertos, ni se casan, ni son dados en casamiento: 36 Porque no pueden ya mas morir; porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurreccion. 37 Y que los muertos hayan de resucitar, aun Moisés lo enseñó junto á la zarza, cuando dice al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. 38 Porque Dios no es [Dios] de muertos, mas de vivos; porque todos viven [cuanto] á él. 39 Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. 40 Y no osaron más preguntarle algo. 41 Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es Hijo de David? 42 Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Siéntate á mi diestra, 43 Entretanto que pongo tus enemigos [por] estrado de tus piés. 44 Así que David le llama Señor: ¿como pues es su hijo? 45 Y oyéndo[lo] todo el pueblo, dijo á sus discípulos: 46 Guardáos de los escribas; que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas: 47 Que devoran las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oracion: estos recibirán mayor condenacion. CAPITULO 21. 1 Y MIRANDO, vió los ricos que echaban sus ofrendas en el gazofilacio. 2 Y vió tambien una viuda pobrecilla que echaba allí dos blancas. 3 Y dijo: De verdad os digo, que esta pobre viuda echó mas que todos. 4 Porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios mas ésta de su pobreza echó todo el sustento que tenia. 5 Y á unos que decian del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: 6 Estas cosas que veis, dias vendrán que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. 7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿Y qué señal [habrá] cuando estas cosas hayan de comenzar á ser hechas? 8 El entónces dijo: Mirad, no seais engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy, y el tiempo está cerca: por tanto no vayais en pos de ellos. 9 Empero cuando oyereis guerras y sediciones no os espanteis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero: mas no luego [será] el fin. 10 Entónces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino: 11 Y habrá grandes terremotos en [varios] lugares, y hambres, y pestilencias; y habrá espantos, y grandes señales del cielo. 12 Mas ántes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán entregándo[os] á las sinagogas, y á las cárceles, siendo llevados á los reyes y á los gobernadores por causa de mi nombre. 13 Y os será [esto] para testimonio. 14 Poned pues en vuestros corazones no pensar ántes como habeis de responder. 15 Porque yo os daré boca y sabiduría á la cual no podrán resistir ni contradecir todos los que se os opondrán. 16 Mas seréis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos: y matarán [á algunos] de vosotros. 17 Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre. 18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. 19 En vuestra paciencia poseeréis vuestras almas. 20 Y cuando viereis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entónces que su destruccion ha llegado. 21 Entónces los que estuvieren en Judéa, huyan á los montes; y los que en medio de ella, váyanse, y los que [estén] en los campos, no entren en ella. 22 Porque estos son dias de venganza; para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23 Mas ¡ay de las preñadas y de las que crian en aquellos dias! porque habrá apuro grande sobre [esta] tierra, é ira en este pueblo. 24 Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos á todas las naciones: y Jerusalem será hollada de las gentes, hasta que los tiempos de las gentes sean cumplidos. 25 Entónces habrá señales en el sol y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra angustia de gentes por la confusion del sonido de la mar y de las ondas: 26 Secándose los hombres á causa del temor y espectacion de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. 27 Y entónces verán al Hijo del hombre, que vendrá en una nube con potestad y majestad grande 28 Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas, porque vuestra redencion está cerca. 29 Y díjoles una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles: 30 Cuando ya brotan, viéndolo de vosotros mismos entendeis que el verano está ya cerca. 31 Así tambien vosotros, cuando viereis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios. 32 De cierto os digo que no pasará esta generacion, hasta que todo sea hecho. 33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 34 Y mirad por vosotros, que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida; y venga de repente sobre vosotros aquel dia. 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad pues orando en todo tiempo, que seais tenidos por dignos de evitar todas estas cosas que han de venir y de estar en pié delante del Hijo del hombre. 31 Y enseñaba de dia en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas. 38 Y todo el pueblo venia á el por la mañana, para oirle en el templo. CAPITULO 22. 1 Y ESTABA cerca el dia de la fiesta de los ázimos, que se llama la Pascua. 2 Y los príncipes de los sacerdotes y los escribas buscaban cómo le matarian, mas tenian miedo del pueblo. 3 Y entró Satanás en Júdas, por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del número de los doce; 4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se lo entregaria, 5 Los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. 6 Y prometió, y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin bulla. 7 Y vino el dia de los ázimos, en el cual era necesario matar [el cordero de] la Pascua. 8 Y envió á Pedro, y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos [el cordero de] la Pascua, para que comamos. 9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? 10 Y él les dijo: Hé aquí, cuando entrareis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare. 11 Y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde esta el aposento donde tengo de comer [el cordero de] la Pascua con mis discípulos? 12 Entónces él os mostrará un gran cenáculo aderezado; aparejad allí. 13 Fueron pues, y hallaron como les habia dicho; y aparejaron [el cordero de] la Pascua. 14 Y como fué hora, sentóse á la mesa, y con él los apóstoles. 15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros esta Pascua ántes que padezca; 16 Porque os digo que no comeré mas de ella, hasta que se cumpla en el reino de Dios. 17 Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, dijo: Tomad esto, y partid entre vosotros; 18 Porque os digo, que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19 Y tomando el pan, habiendo dado gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 Asimismo tambien [tomó y les dió] el vaso, despues que hubo cenado, diciendo: Este vaso [es] el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. 21 Con todo eso hé aquí la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. 22 Y á la verdad el Hijo del hombre va, segun lo que está determinado; empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! 23 Ellos entónces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos seria el que habia de hacer esto. 24 Y hubo entre ellos una contienda: Quién de ellos parecia [que habia de] ser el mayor. 25 Entonces él les dijo: los reyes de las gentes se enseñorean de ellas; y los que sobre ellas tienen potestad, son llamados bienhechores: 26 Mas vosotros, no así; ántes el que es menor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve. 27 Porque ¿cuál es mayor, el que se sienta á la mesa, ó el que sirve? ¿No es el que se sienta á la mesa? y yo soy entre vosotros como el que sirve. 28 Empero vosotros sois los que habeis permanecido conmigo en mis tentaciones: 29 Yo pues os ordeno un reino, como mi Padre me lo ordeno [á mí,] 30 Para que comais y bebais en mi mesa en mi reino: y os senteis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel. 31 Dijo tambien el Señor: Simon, Simon, hé aquí [que] Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo; 32 Mas yo he rogado por tí que tu fé no falte; y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos. 33 Y él le dijo: Señor, pronto estoy á ir contigo aun á cárcel, y á muerte. 34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy ántes que tú niegues tres veces que me conoces. 35 Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa tóme[la,] y tambien la alforja; y el que no tiene, venda su capa y compre espada. 37 Porque os digo, que es necesario se cumpla todavia en mí aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que [está escrito] de mí, [su] cumplimiento tiene. 38 Entónces ellos dijeron: Señor, hé aquí dos espadas. Y él les dijo: Basta. 39 Y saliendo, se fué, como solia, al monte de las Olivas; y sus discípulos tambien le siguieron. 40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entreis en tentacion. 41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, 42 Diciendo: Padre, si quieres pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya. 43 Y le apareció un ángel del cielo confortándole. 44 Y estando en agonía, oraba mas intensamente; y fué su sudor como gotas de sangre que descendian hasta la tierra. 45 Y como se levantó de la oracion, y vino á sus discípulos, hallólos durmiendo de tristeza. 46 Y les dijo: ¿Por qué dormís? Levantáos, y orad que no entreis en tentacion. 47 Estando él aun hablando, hé aquí una turba, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y llegóse á Jesus para besarlo. 48 Entónces Jesus le dijo: Júdas, ¿con beso entregas al Hijo del hombre? 49 Y viendo los que estaban con él lo que habia de ser, le dijeron: Señor, herirémos á cuchillo? 50 Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. 51 Entónces respondiendo Jesus, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. 52 Y Jesus dijo á los que habian venido á él, [de] los príncipes [de] los sacerdotes, y [de] los magistrados del templo, y [de] los ancianos: ¿Como á ladron habeis salido con espadas y con palos? 53 Habiendo estado con vosotros cada dia en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. 54 Y prendiéndole, trajéronlo, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguia de lejos. 55 Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos alrededor, se sentó tambien Pedro entre ellos. 56 Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, fijóse en él, y dijo: Y este con él estaba. 57 Entónces él lo negó, diciendo: Mujer, no le conozco. 58 Y un poco despues viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. 59 Y como una hora pasada, otro afirmaba diciendo: Verdaderamente tambien este estaba con él; porque es Galiléo. 60 Y Pedro dijo: Hombre, no sé que dices. Y luego, estando aun él hablando. el gallo cantó. 61 Entónces, vuelto el Señor, miró á Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le habla dicho: Antes que el gallo cante me negarás tres veces. 62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. 63 Y los hombres que tenian á Jesus, se burlaban de él hiriéndole. 64 Y cubriéndolo, herian su rostro, y preguntábanle diciendo: Profetiza quien es el que te hirió. 65 Y decian otras muchas cosas injuriándole. 66 Y cuando fué de dia, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escritas, y le trajeron á su concilio, 67 Diciendo: ¿Eres tú el Cristo? Dínos[lo.] Y les dijo: Si os [lo] dijere, no creeréis; 68 Y tambien si os preguntare, no me responderéis, ni [me] soltaréis: 69 Mas despues de ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios. 70 Y dijeron todos: ¿Luego tú eres Hijo de Dios? Y él les dijo: Vosotros [lo] decís que yo soy. 71 Entónces ellos dijeron: ¿Qué más testimonio deseamos? porque nosotros [lo] hemos oido de su boca. CAPITULO 23. 1 LEVANTÁNDOSE entónces toda la multitud de ellos lleváronle á Pilato. 2 Y comenzaron á acusarle diciendo: A este hemos hallado que pervierte la nacion, y que veda dar tributo á Cesar, diciendo que él es el Cristo, el Rey. 3 Entónces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiendo él, dijo: Tu [lo] dices. 4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las gentes: Ninguna culpa hallo en este hombre. 5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judéa, comenzando desde Galiléa hasta aquí. 6 Entónces Pilato, oyendo [hablar] de Galiléa, pregunto si el hombre era Galiléo. 7 Y como entendió que era de la jurisdiccion de Heródes, le remitió á Heródes, el cual tambien estaba en Jerusalem en aquellos dias. 8 Y Heródes, viendo á Jesus, holgóse mucho, porque hacia mucho [tiempo] que deseaba verle; porque habia oido de él muchas cosas, y tenia esperanza que le veria hacer alguna señal. 9 Y le preguntaba con muchas palabras; mas él nada le respondió. 10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes y los escribas acusándole con gran porfía. 11 Mas Heródes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica; y volviólo á enviar á Pilato. 12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Heródes en el mismo dia; porque ántes eran enemigos entre sí. 13 Entónces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 14 Les dijo: Me habeis presentado á este por hombre que desvía al pueblo; y hé aquí, preguntando yo delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusais. 15 Y ni aun Heródes; porque os remití á él, y hé aquí que ninguna cosa digna de muerte ha hecho. 16 Le soltaré pues castigado. 17 Y tenia necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18 Mas toda la multitud dió voces á una diciendo: Quita á este [la vida,] y suéltanos á Barrabás: 19 El cual habia sido echado en la cárcel por una sedicion hecha en la ciudad, y una muerte. 20 Y hablóles otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesus. 21 Pero ellos volvieron á dar voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. 22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Pues qué mal ha hecho este? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré, pues, y soltaré[lo.] 23 Mas ellos instaban á grandes voces pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos y de los príncipes de los sacerdotes crecian. 24 Entónces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedian. 25 Y les soltó á aquel que habia sido echado en la cárcel por sedicion y una muerte, al cual habian pedido; y entregó á Jesus á la voluntad de ellos. 26 Y llevándole, tomaron á un Simon Cirenéo, que venia del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesus. 27 Y le seguia una grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. 28 Mas Jesus, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloreis á mí, mas llorad por vosotras mismas, y por vuestros hijos. 29 Porque hé aquí vendrán dias en que dirán; Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y los pechos que no criaron. 30 Entónces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros; y á los collados: Cubridnos. 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32 Y llevaban tambien con él otros dos, malhechores, á ser muertos. 33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí, y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. 34 Y Jesus decia: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35 Y el pueblo estaba mirando; y se burlaban [de el] los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos; sálvese á sí, si este es el Mesías, el escogido de Dios. 36 Escarnecian de él tambien los soldados, llegándose y presentándole vinagre, 37 Y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á tí mismo. 38 Y habia tambien sobre él un título escrito con letras griegas, y latinas, y hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á tí mismo y á nosotros. 40 Y respondiendo el otro, reprendióle diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenacion, 41 Y nosotros, á la verdad, justamente [padecemos;] porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas este ningun mal hizo. 43 Y dijo á Jesus: Acuerdate de mí cuando vinieres á tu reino. 43 Entónces Jesus le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraiso. 44 Y cuando era como la hora de sexta fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de nona. 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rompió por medio. 46 Entónces Jesus, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. 47 Y como el centurion vió lo que habia acontecido, dió gloria á Dios diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que habia acontecido, se volvian hiriendo sus pechos. 49 Mas todos sus conocidos, y las mujeres que le habian seguido desde Galiléa estaban de léjos mirando estas cosas. 50 Y hé aquí un varon llamado José, el cual era senador, varon bueno y justo, 51 El cual no habia consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, de Arimatéa, ciudad de la Judéa, el cual tambien esperaba el reino de Dios; 52 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus. 53 Y quitado, le envolvió en una sábana: y le puso en un sepulcro abierto en una peña, en la cual ninguno habia aun sido puesto. 54 Y era dia de la víspera [de la Pascua;] y estaba para rayar el Sábado. 55 Y las mujeres que con él habian venido de Galiléa, siguieron tambien, y vieron el sepulcro, y como fué puesto su cuerpo. 56 Y vueltas aparejaron [drogas] aromáticas, y ungüentos; y reposaron el Sábado, conforme al mandamiento. CAPITULO 24. 1 Y EL primer [dia] de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las [drogas] aromáticas que habian aparejado, y algunas [otras mujeres] con ellas. 2 Y hallaron la piedra revuelta [de la puerta] del sepulcro. 3 Y entrando, no hallaron el cuerpo del Señor Jesus. 4 Y aconteció que estando ellas espantadas de esto, hé aquí se pararon junto á ellas dos varones con vestiduras resplandecientes; 5 Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscais entre los muertos al que vive? 6 No está aquí, mas ha resucitado: acordáos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galiléa, 7 Diciendo: Es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer dia. 8 Entónces ellas se acordaron de sus palabras. 9 Y volviendo del sepulcro dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás. 10 Y eran María Magdalena, y Juana, y María [madre] de Jacobo, y las demás [que estaban] con ellas, las que dijeron estas cosas á los apóstoles. 11 Mas á ellos les parecian como locura las palabras de ellas, y no las creyeron. 12 Pero levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y como miró dentro, vió solo los lienzos [allí] echados, y se fué maravillándose de lo que habia sucedido. 13 Y hé aquí, dos de ellos iban el mismo dia á una aldéa que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús; 14 E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habian acaecido. 15 Y aconteció, que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesus se llegó é iba con ellos juntamente. 16 Mas los ojos de ellos estaban embargados, para que no le conociesen. 17 Y díjoles: ¿Qué platicas son estas que tratais entre vosotros andando, y estais tristes? 18 Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleofas, le dijo: ¿Tu solo peregrino eres en Jerusalem, y no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos dias? 19 Entónces él les dijo: ¿Que? Y ellos le dijeron: De Jesus Nazareno, el cual fué varon profeta, poderoso en obra y en palabra delante de Dios y de todo el pueblo: 20 Y cómo le entregaron los príncipes de los sacerdotes, y nuestros príncipes á condenacion de muerte, y le crucificaron. 21 Mas nosotros esperábamos que él era el que habia de redimir á Israel; y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer dia que esto ha acontecido. 22 Aunque tambien unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales ántes del dia fueron al sepulcro; 23 Y no hallando su cuerpo, vinieron diciendo que tambien habian visto vision de ángeles, los cuales dijeron que el vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron [ser] así como las mujeres habian dicho; mas á él no le vieron. 25 Entónces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazon para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara [así] en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, declarábales [esto] en todas las escrituras que de él [hablaban.] 28 Y llegaron á la aldéa á donde iban; y él hizo como que iba más léjos. 29 Mas ellos le detuvieron por fuerza diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el dia ya ha declinado. Entró pues á estarse con ellos. 30 Y aconteció que estando sentado con ellos á la mesa, tomando el pan, bendijo, y partió, y dióles. 31 Entónces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron; mas él se desapareció de los ojos de ellos. 32 Y decian el uno al otro: ¿No ardia nuestro corazon en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abria las escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora tornáronse á Jerusalem, y hallaron á los once reunidos, y á los que estaban con ellos, 34 Que decian: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simon. 35 Entónces ellos contaban las cosas que [les habian acontecido] en el camino y como habia sido conocido de ellos al partir el pan. 36 Y entretanto que ellos hablaban estas cosas, él se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz [sea] á vosotros. 37 Entónces ellos espantados, y asombrados, pensaban que veian [algun] espíritu. 38 Mas él les dice: ¿Por qué estais turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones? 39 Mirad mis manos y mis piés, que yo mismo soy. Palpad, y ved: que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y en diciendo esto, les mostró las manos y los piés. 41 Y no creyéndolo aun ellos de gozo y maravillados, díjoles: ¿Teneis aquí algo de comer? 42 Entónces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Y el tomó, y comió delante de ellos. 44 Y les dijo: Estas son las palabras que os habló, estando aun con vosotros: Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas de mí en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los salmos. 45 Entónces les abrió el sentido, para que entendiesen las escrituras. 46 Y díjoles: Así está escrito, y así fué necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer dia; 47 Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y la remision de pecados en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 Y hé aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seais investidos de potencia de lo alto. 50 Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos los bendijo. 51 Y aconteció que bendiciéndoles, se fué de ellos, y era llevado arriba al cielo. 52 Y ellos, despues de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo. 53 Y estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo á Dios. Amen. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU-CRISTO SEGUN SAN JUAN. CAPITULO 1. 1 EN el principio [ya] era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que es hecho, fué hecho. 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron. 6 Fué un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la Luz, para que todos creyesen por él. 8 No era él la Luz; sino para que diese testimonio de la Luz. 9 [Aquel Verbo] era la Luz verdadera que alumbra á todo hombre que viene á este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él, y el mundo no le conoció. 11 A lo [que era] suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre: 13 Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varon, mas de Dios. 14 Y aquel Verbo fué hecho carne, y habitó entre nosotros, (y vimos su gloria, gloria como del Unigénito del Padre,) lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dió testimonio de él, y clamó diciendo: Este es del que [yo] decia: El que viene tras mí, es ántes de mí; porque es primero que yo. 16 Porque de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia, 17 Porque la ley por Moisés fué dada: [mas] la gracia y la verdad por Jesu- Cristo fué hecha. 18 A Dios nadie le vió jamás: el Unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él [nos le] declaró. 19 Y este es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen, ¿Tú, quién eres? 20 Y confesó, y no negó; mas declaró: No soy yo el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿Eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú [el] profeta? Y respondió: No. 22 Dijéronle, pues, ¿Quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron. ¿Qué dices de tí mismo? 23 Dijo: Yo [soy] la voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta. 24 Y los que habian sido enviados eran de los Fariséos. 25 Y preguntáronle, y dijéronle: ¿Por qué, pues, bautizas si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni el profeta? 26 Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua, mas en medio de vosotros ha estado, á quien vosotros no conoceis. 27 Este es el que ha de venir tras mí, el cual es ántes de mí; del cual yo no soy digno de desatar la corréa del zapato. 28 Estas cosas acontecieron en Bethábara, de la otra parte del Jordan, donde Juan bautizaba. 29 El siguiente dia ve Juan á Jesus que venia á él, y dice: Hé aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es del que dije: Tras mí viene un varon, el cual es ántes de mí; porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocia: mas para que fuese manifestado á Israel, por eso vine yo bautizando con agua. 32 Y Juan dió testimonio, diciendo: Ví al Espíritu que descendia del cielo como paloma, y reposó sobre él. 33 Y yo no le conocia; mas el que me envió á bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, éste es el que bautiza con Espíritu Santo. 34 Y yo [le] ví, y he dado testimonio que este es el Hijo de Dios. 35 El siguiente dia otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando á Jesus que andaba [por allí,] dijo: Hé aquí el Cordero de Dios. 37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesus. 38 Y volviéndose Jesus, y viéndoles seguir[le,] díceles: ¿Qué buscais? Y ellos dijeron: Rabí, (que declarado, quiere decir, Maestro,) ¿dónde moras? 39 Díceles: Venid, y ved. Vinieron, y vieron donde moraba, y quedáronse con él aquel dia: porque era como la hora de las diez. 40 Era Andrés, hermano de Simon Pedro, uno de los dos que habian oido de Juan, y le habian seguido. 41 Este halló primero á su hermano Simon, y díjole: Hemos hallado al Mesías, (que declarado es, el Cristo.) 42 Y le trajo á Jesus. Y mirándole Jesus dijo: Tú eres Simon, hijo de Jonás: tu serás llamado Cephas, (que quiere decir piedra.) 43 El dia siguiente quiso Jesus ir á Galiléa; y halla á Felipe, al cual dijo: Sígueme. 44 Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andrés y de Pedro. 45 Felipe halló á Natanael, y dícele: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y [tambien] los profetas; á Jesus, el hijo de José, de Nazaret. 46 Y díjole Natanael: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Vén, y ve. 47 Jesus vió venir á sí á Natanael, y dijo de él: Hé aquí un verdadero Israelita, en el cual no hay engaño. 48 Dícele Natanael: ¿De dónde me conoces? Respóndele Jesus, y díjole: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te ví. 49 Respondió Natanael, y díjole: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesus, y díjole: ¿Porque te dije: Víte debajo de la higuera, crees? cosas mayores que estas verás. 51 Y dícele: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre. CAPITULO 2. 1 AL tercer dia hiciéronse unas bodas en Caná de Galiléa; y estaba allí la madre de Jesus. 2 Y fué tambien llamado Jesus y sus discípulos á las bodas, 3 Y faltando el vino, la madre de Jesus le dijo: Vino no tienen. 4 Y dícele Jesus: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora, 5 Su madre dice á los que servian: Haced todo lo que os dijere. 6 Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificacion de los Judíos, que cabian en cada una dos ó tres cántaros. 7 Díceles Jesus: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba. 8 Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáron[le.] 9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabia de dónde era, (mas lo sabian los sirvientes, que habian sacado el agua,) el maestresala llama al esposo, 10 Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando están satisfechos, entónces lo que es peor: mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 11 Este principio de señales hizo Jesus en Caná de Galiléa, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. 12 Despues de esto descendió á Capernaum él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos dias. 13 Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesus á Jerusalem. 14 Y halló en el templo á los que vendian bueyes, y ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados. 15 Y hecho un azote de cuerdas. echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas. 16 Y á los que vendian las palomas dijo: Quitad de aquí esto; y no hagais la casa de mi Padre casa de mercado. 17 Entónces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió. 18 Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto? 19 Respondió Jesus, y díjoles: Destruid este templo, y en tres dias le levantaré. 20 Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres dias le levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por tanto cuando resucitó de los muertos sus discípulos se acordaron que habia dicho esto; y creyeron á la escritura, y á la palabra que Jesus habia dicho. 23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el dia de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacia. 24 Mas el mismo Jesus no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocia á todos; 25 Y no tenia necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabia lo que habia en el hombre. CAPITULO 3. 1 HABIA un hombre de los Fariséos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. 2 Este vino á Jesus de noche, y díjole: Rabí, sabemos que has venido de Dios [por] Maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él. 3 Respondió Jesus, y díjole: De cierto de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. 4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesus: De cierto, de cierto é digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer otra vez. 8 El viento de donde quiere sopla, y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. 9 Respondió Nicodemo, y díjole: ¿Cómo puede esto hacerse? 10 Respondió Jesus, y díjole: ¿Tú eres el maestro de Israel, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creeis; ¿cómo creeréis, si os dijere las celestiales? 13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, [á saber,] el Hijo del hombre que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado: 15 Para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, sino que tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo; mas para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado: mas el que no cree, ya es condenado, porque no creyó en el nombre del Unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la [causa de su] condenacion, [á saber,] porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz; porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo aborrece la luz, y no viene á la luz; porque sus obras no sean redargüidas. 21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifiestas que son hechas en Dios. 22 Pasado esto, vino Jesus con sus discípulos á la tierra de Judéa; y estaba allí con ellos, y bautizaba. 23 Y bautizaba tambien Juan en Enon junto á Salim, porque habia allí muchas aguas: y venian, y eran bautizados. 24 Porque Juan no habia sido aun puesto en la cárcel. 25 Y hubo cuestion entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificacion. 26 Y vinieron á Juan, y dijéronle: Rabí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordan, del cual tú diste testimonio, hé aquí bautiza, y todos vienen á él. 27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo, si no le fuere dado del cielo. 28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo, sino que soy enviado delante de él. 29 El que tiene la esposa, es el esposo; mas el amigo del esposo, que esta en pié y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo: así pues este mi gozo es cumplido. 30 A él conviene crecer; mas á mí menguar. 31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. 32 Y lo que vió y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. 33 El que recibe su testimonio, este signó que Dios es verdadero 34 Porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: Porque no [le] da Dios el Espíritu por medida. 35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano. 36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna: mas el que es incrédulo al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. CAPITULO 4. 1 DE manera que como Jesus entendió que los Fariséos habian oido que Jesus hacia y bautizaba mas discípulos que Juan, 2 (Aunque Jesus no bautizaba, sino sus discípulos,) 3 Dejó á Judéa, y fuése otra vez á Galiléa. 4 Y era menester que pasase por Samaria. 5 Vino pues á una ciudad de Samaria que se llama Sichar, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo. 6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesus, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta. 7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: [y] Jesus le dice: Dame de beber. 8 (Porque sus discípulos habian ido á la ciudad á comprar de comer.) 9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me demandas á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos. 10 Respondió Jesus, y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dáme de beber, tú pedirias de él, y él te daria agua viva. 11 La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacar[la,] y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes agua viva? 12 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo; del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados? 13 Respondió Jesus, y díjola: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed: 14 Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. 15 La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que [yo] no tenga sed, ni venga aca á sacar[la.] 16 Jesus le dice: Vé, llama á tu marido, y ven acá. 17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Dícele Jesus: Bien has dicho: No tengo marido: 18 Porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad. 19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte; y vosotros decís, que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar. 21 Dícele Jesus: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem, adoraréis al Padre. 22 Vosotros adorais lo que no sabeis: nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salud viene de los Judíos. 23 Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque tambien el Padre tales adoradores busca que le adoren. 24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. 25 Dícele la mujer: [Yo] sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas. 26 Dícele Jesus: Yo soy, que hablo contigo. 27 Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con [aquella] mujer; mas ninguno [le] dijo: ¿Qué preguntas? ó ¿Qué hablas con ella? 28 Entónces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres: 29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es este el Cristo? 30 Entónces salieron de la ciudad, y vinieron á él. 31 Entretanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. 39 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabeis. 33 Entónces los discípulos decian el uno al otro: ¿Si le habrá traido alguien de comer? 34 Díceles Jesus: Mi comida es, que yo haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros, Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? Hé aquí yo os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega. 36 Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna: para que el que siembra tambien goce, y el que siega. 37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrásteis: otros labraron, y vosotros habeis entrado en sus labores. 39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer que daba testimonio [diciendo:] Que me dijo todo lo que he hecho. 40 Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos dias. 41 Y creyeron muchos más por la palabra de él; 42 Y decian á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oido, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. 43 Y dos dias despues, salió de allí, y fuése á Galiléa. 44 Porque el mismo Jesus dió testimonio, que el profeta en su tierra no tiene honra. 45 Y como vino á Galiléa, los Galiléos le recibieron, vistas todas las cosas que habia hecho en Jerusalem en el dia de la fiesta: porque tambien ellos habian ido á la fiesta. 46 Vino, pues, Jesus otra vez á Caná de Galiléa, donde habia hecho el vino del agua: y habia en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, como oyó que Jesus venia de Judéa á Galiléa, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase su hijo; porque se comenzaba á morir. 48 Entónces Jesus le dijo: Si no viereis señales y milagros, no creeréis. 49 El del rey le dijo: Señor, desciende ántes que mi hijo muera. 50 Dícele Jesus: Vé, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesus le dijo, y se fué. 51 Y cuando ya él descendia, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas diciendo: Tu hijo vive. 52 Entónces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entónces entendió, que aquella hora era cuando Jesus le dijo: Tu hijo vive: y creyó él y toda su casa. 54 Esta segunda señal volvió Jesus á hacer cuando vino de Judéa á Galiléa, CAPITULO 5. 1 DESPUES de estas cosas, era un dia de fiesta de los Judíos, y subió Jesus á Jerusalem. 2 Y hay en Jerusalem á [la puerta] del ganado un estanque, que en Hebráico es llamado Beth-esda, el cual tiene cinco portales. 3 En estos yacia multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua. 4 Porque un ángel descendia á cierto tiempo al estanque, y revolvia el agua: y el que primero descendia en el estanque despues del movimiento del agua, era sano de cualquiera enfermedad que tuviese. 5 Y estaba allí un hombre que habia treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Como Jesus vió á este echado, y entendió que ya habia mucho tiempo, dícele; ¿Quieres ser sano? 7 Señor, le respondió el enfermo, no tengo hombre que me meta en el estanque, cuando el agua fuere revuelta porque entretanto que yo vengo, otro ántes de mí ha descendido. 8 Dícele Jesus: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase; y era Sábado aquel dia. 10 Entónces los Judíos decian á aquel que habia sido sanado: Sábado es: no te es lícito llevar tu lecho. 11 Respondióles: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda. 12 Preguntáronle entónces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda, 13 Y el que habia sido sanado, no sabia quién fuese; porque Jesus se habia apartado de la gente que estaba en aquel lugar. 14 Despues le halló Jesus en el templo, y díjole: Hé aquí has sido sanado; no peques más, porque no te venga alguna cosa peor. 15 El se fué [entónces,] y dió aviso á los Judíos, que Jesus era el que le habia sanado. 16 Y por esta causa los Judíos perseguian á Jesus, y procuraban matarle, porque hacia estas cosas en Sábado. 17 Y Jesus les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro. 18 Entónces, por tanto, mas procuraban los Judíos matarle, porque no solo quebrantaba el Sábado, sino que tambien á su Padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios. 19 Respondió entónces Jesus, y díjoles: De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer algo de sí mismo, sino lo que viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto tambien hace el Hijo juntamente. 20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace: y mayores obras que estas le mostrará, de suerte que vosotros os maravilleis. 21 Porque como el Padre levanta los muertos, y [les] da vida, así tambien el Hijo á los que quiere da vida. 22 Porque el Padre á nadie juzga, mas todo el juicio dió al Hijo, 23 Para que todos honren al Hijo como honran al Padre; el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. 24 De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna, y no vendrá á condenacion, mas pasó de muerte á vida. 25 De cierto, de cierto os digo: Vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que oyeren, vivirán. 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió tambien al Hijo que tuviese vida en sí mismo. 27 Y tambien le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. 28 No os maravilleis de esto: porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; 29 Y los que hicieron bien, saldrán á resurreccion de vida: mas los que hicieron mal, á resurreccion de condenacion. 30 No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo, y mi juicio es justo; porque no busco mi voluntad, mas la voluntad del que me envió, del Padre. 31 Si yo doy testimonio de mí mismo mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero. 33 Vosotros enviásteis á Juan, y [él] dió testimonio á la verdad. 34 Empero yo no tomo el testimonio de hombre; mas digo esto, para que vosotros seais salvos: 35 El era antorcha que ardia, y alumbraba; y vosotros quisisteis recrearos por un poco á su luz. 36 Mas yo tengo mayor testimonio que [el] de Juan; porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, [es á saber,] las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí que el Padre me haya enviado. 37 Y el que me envió, el Padre, él ha dado testimonio de mí. Ni nunca habeis oido su voz, ni habeis visto su parecer; 38 Ni teneis su palabra permanente en vosotros: porque al que él envió, á este vosotros no creeis. 39 Escudriñad las escrituras; porque á vosotros os parece que en ellas teneis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de mí. 40 Y no quereis venir á mí, para que tengais vida. 41 Gloria de los hombres no recibo. 42 Mas yo os conozco, que no teneis amor de Dios en vosotros. 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquel recibiréis. 44 ¿Cómo podeis vosotros creer, pues tomais la gloria los unos de los otros, y no buscais la gloria que de solo Dios viene? 45 No penseis que yo os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os acusa: Moisés, en quien vosotros esperais. 46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeriais á mí; porque de mí escribió él. 47 Y si á sus escritos no creeis, ¿cómo creeréis á mis palabras? CAPITULO 6. 1 PASADAS estas cosas fuése Jesus de la otra parte de la mar de Galiléa, [que es] de Tiberias. 2 Y seguíale grande multitud, porque veian sus señales que hacia en los enfermos. 3 Y subió Jesus á un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la Pascua, la fiesta de los Judíos. 5 Y como alzó Jesus los ojos, y vió que habia venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde comprarémos pan para que coman estos? 6 Mas esto decia para probarle; porque él sabia lo que habia de hacer. 7 Respondióle Felipe: Doscientos denarios de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. 8 Dícele uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simon Pedro: 9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos? 10 Entónces Jesus dijo: Haced recostar la gente. Y habia mucha yerba en aquel lugar: y recostáronse como número de cinco mil varones. 11 Y tomó Jesus aquellos panes, y habiendo dado gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los peces cuanto querian. 12 Y como fueron saciados, dijo á sus discípulos: Recoged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 13 Cogieron pues, é hinchieron doce cestas de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habian comido. 14 Aquellos hombres entónces, como vieron la señal que Jesus habia hecho, decian: Este verdaderamente es el profeta, que habia de venir al mundo. 15 Y entendiendo Jesus que habian de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á retirarse al monte, él solo. 16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar. 17 Y entrando en un barco, venian de la otra parte de la mar hácia Capernaum. Y era ya oscuro, y Jesus no habia venido á ellos. 18 Y levantábase la mar con un gran viento que soplaba. 19 Y como hubieron navegado como veinte y cinco ó treinta estadios, ven á Jesus que andaba sobre la mar, y se acercaba al barco: y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy, no tengais miedo. 21 Ellos entónces gustaron recibirle en el barco: y luego el barco llegó á la tierra donde iban. 22 El dia siguiente, la gente que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no habia allí otra navecilla sino una, y que Jesus no habia entrado con sus discípulos en ella, sino que sus discípulos se habian ido solos, 23 Y que otras navecillas habian arribado de Tiberias junto al lugar donde habian comido el pan, despues de haber el Señor dado gracias, 24 Como vió pues la gente que Jesus no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos en las navecillas, y vinieron á Capernaum buscando á Jesus. 25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 26 Respondióles Jesus, y dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscais, no porque habeis visto las señales, sino porque comisteis el pan, y os hartásteis. 27 Trabajad, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á este señaló el Padre, [es á saber,] Dios. 28 Y dijéronle: ¿Qué harémos para que obremos las obras de Dios? 29 Respondió Jesus, y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creais en el que él ha enviado. 30 Dijéronle entónces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? 31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer. 32 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo, [que] no os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo. 34 Y dijéronle: Señor, dános siempre este pan. 35 Y Jesus les dijo: Yo soy el pan de vida; el que á mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas [ya] os he dicho que, aunque me habeis visto, no [me] creeis. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene, no [le] echo fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad del que me envió. 39 Y esta es la voluntad del que me envió, [es á saber,] del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el dia postrero. 40 Esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero. 41 Murmuraban entónces de él los Judíos, porque habia dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. 42 Y decian: ¿No es este Jesus, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice este: Del cielo he descendido? 43 Y Jesus respondió, y díjoles: No murmureis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre, que me envió, no le trajere: y yo le resucitaré en el dia postrero. 45 Escrito esta en los profetas: Y serán todos enseñados de Dios: así que todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. 46 No que alguno haya visto al Padre sino aquel que vino de Dios, este ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52 Entónces los Judíos contendian entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos su carne á comer? 53 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo [que] si no comiereis la carne del Hijo del hombre, y bebiereis su sangre, no tendréis vida en vosotros. 54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero. 55 Porque mi carne es verdadera comida: y mi sangre es verdadera bebida. 56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él tambien vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan vivirá eternamente. 59 Estas cosas dijo en la sinagoga enseñando en Capernaum. 60 Y muchos de sus discípulos oyéndo[lo,] dijeron: Dura es esta palabra; ¿[y] quién la puede oir? 61 Y sabiendo Jesus en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, díjoles: ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Pues [qué será,] si viereis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero? 63 El Espíritu es el que da vida; la carne nada aprovecha: las palabras que yo os he hablado, son espíritu, y son vida. 64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesus desde el principio sabia quiénes eran los que no creian, y quién le habia de entregar. 65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado del Padre. 66 Desde esto, muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entónces Jesus á los doce: ¿Quereis vosotros iros tambien? 68 Y respondióle Simon Pedro: Señor ¿á quién irémos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. 70 Jesus les respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y el uno de vosotros es diablo? 71 Y hablaba de Judas Iscariote [hijo] de Simon; porque este era el que le habia de entregar, el cual era uno de los doce. CAPITULO 7. 1 Y PASADAS estas cosas, andaba Jesus en Galiléa: que no queria andar en Judéa, porque los Judíos procuraban matarle. 2 Y estaba cerca la fiesta de los Judíos, [la] de los tabernáculos. 3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y véte á Judéa para que tambien tus discípulos vean las obras que haces. 4 Que ninguno que procura ser claro hace algo en oculto: Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos creian en él. 6 Díceles entónces Jesus: Mi tiempo aun no ha venido; mas vuestro tiempo siempre está presto. 7 No puede el mundo aborreceros á vosotros; mas á mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. 8 Vosotros subid á esta fiesta: yo no subo aun á esta fiesta; porque mi tiempo aun no es cumplido. 9 Y habiéndoles dicho esto, quedóse en Galiléa. 10 Mas como sus hermanos hubieron subido, entónces él tambien subió á la fiesta, no manifiestamente, sino como en secreto. 11 Y buscábanle los Judíos en la fiesta, y decian: ¿Dónde está aquel? 12 Y habia grande murmullo de él entre la gente; porque unos decian: Bueno es. Y otros decian: No, ántes engaña las gentes. 13 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, por miedo de los Judíos. 14 Y al medio de la fiesta subió Jesus al templo, y enseñaba. 15 Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, no habiendo aprendido? 16 Respondióles Jesus, y dijo: Mi doctrina no es mia, sino de aquel que me envió. 17 El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, ó si yo hablo de mí mismo. 18 El que habla de sí mismo, propia gloria busca: mas el que busca la gloria del que le envió, éste es verdadero, y no hay en él injusticia. 19 ¿No os dió Moisés la ley, y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me procurais matar? 20 Respondió la gente, y dijo: Demonio tienes: ¿quién te procura matar? 21 Jesus respondió y díjoles: Una obra hice, y todos os maravillais. 22 Cierto Moisés os dió la circuncision, (no porque sea de Moisés, mas de los padres,) y en Sábado circuncidais al hombre. 23 Si recibe el hombre la circuncision en Sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojais conmigo porque en Sábado hice sano todo un hombre? 24 No juzgueis segun lo que parece, mas juzgad justo juicio. 25 Decian entónces unos de los de Jerusalem: ¿No es este al que buscan para matarle? 26 Y hé aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Si habrán entendido verdaderamente los príncipes, que este es el Cristo? 27 Mas este, sabemos de donde es; y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea. 28 Entónces clamaba Jesus en el templo enseñando, y diciendo: Y á mí me conoceis, y sabeis de donde soy: y no he venido de mí mismo; mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros no conoceis. 29 Yo le conozco: porque de él soy, y él me envió. 30 Entónces procuraban prenderle mas ninguno metió en él mano, porqué aun no habia venido su hora. 31 Y muchos del pueblo creyeron en él, y decian: ¿El Cristo, cuando viniere hará mas señales que las que este hace? 32 Los Fariséos oyeron la gente que murmuraba de él estas cosas, y los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos enviaron servidores que le prendiesen. 33 Y Jesus dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré al que me envió. 34 Me buscaréis, y no [me] hallaréis; y donde yo estaré, vosotros no podréis venir. 35 Entónces los Judíos dijeron entre sí: ¿A dónde se ha de ir este que no le hallemos? ¿Se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar á los Griegos? 36 ¿Qué dicho es este que dijo: Me buscaréis, y no [me] hallaréis: y donde yo estaré, vosotros no podréis venir? 37 Mas en el postrer dia grande de la fiesta, Jesus se ponia en pié, y clamaba diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí, y beba. 38 El que cree en mí, como dice la escritura, rios de agua viva correrán de su vientre. 39 (Y esto dijo del Espíritu que habian de recibir los que creyesen en él; pues aun no habia [venido] el Espíritu Santo; porque Jesus no estaba aun glorificado.) 40 Entónces algunos de la multitud, oyendo este dicho, decian: Verdaderamente este es el profeta. 41 Otros decian: Este es el Cristo. Algunos empero decian: ¿De Galiléa ha de venir el Cristo? 42 ¿No dice la escritura: Que de la simiente de David, y de la aldéa de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo? 43 Así que habia disension entre la gente acerca de él. 44 Y algunos de ellos querian prenderle; mas ninguno echó sobre él manos. 45 Y los ministriles vinieron á los principales sacerdotes y á los Fariséos; y ellos les dijeron: ¿Por qué no lo trajísteis? 46 Los ministriles respondieron: Nunca ha hablado hombre así como este hombre [habla.] 47 Entónces los Fariséos les respondieron: ¿Estais tambien vosotros engañados? 48 ¿Ha creido en él alguno de los príncipes, ó de los Fariséos? 49 Mas estos comunales, que no saben la ley, malditos son. 50 Díceles Nicodemo, (el que vino á él de noche, el cual era uno de ellos,) 51 ¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? 52 Respondieron y dijéronle: ¿No eres tú tambien Galiléo? Escudriña y ve que de Galiléa nunca se levantó profeta. 53 Y fuése cada uno á su casa. CAPITULO 8. 1 Y JESUS se fué al monte de las Olivas. 2 Y por la mañana volvió al templo y todo el pueblo vino á él; y sentado él, los enseñaba. 3 Entónces los escribas y los Fariséos le traen una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio. 4 Dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho, adulterando; 5 Y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: ¿Tú, pues, qué dices? 6 Mas esto decian tentándole, para poderle acusar. Empero Jesus, inclinado hacia abajo, escribia en tierra con el dedo. 7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y díjoles: El que de vosotros esté sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero. 8 Y volviéndose á inclinar hacia abajo, escribia en tierra. 9 Oyendo pues ellos [esto,] redargüidos de la conciencia, salíanse uno á uno, comenzando desde los mas viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesus, y la mujer que estaba en medio. 10 Y enderezándose Jesus, y no viendo á nadie mas que á la mujer, díjole: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado? 11 Y ella dijo: Señor, ninguno. Entónces Jesus le dijo: Ni yo te condeno: véte, y no peques mas. 12 Y hablóles Jesus otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el queme sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida. 13 Entónces los Fariséos le dijeron: Tú de tí mismo das testimonio; tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesús, y díjoles: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero; porque sé de donde he venido, y á donde voy: mas vosotros no sabeis de donde vengo, y á donde voy. 15 Vosotros segun la carne juzgais: mas yo no juzgo á nadie. 16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; porque no soy solo; sino yo, y el que me envió, el Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mí mismo: y da testimonio de mí el que me envió, el Padre. 19 Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesús: Ni á mí [me] conoceis, ni á mi Padre. Si á mí me conocieseis, á mi Padre tambien conocierais. 20 Estas palabras habló Jesus en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo; y nadie le prendió, porque aun no habia venido su hora. 21 Y díjoles otra vez Jesus: Yo me voy, y me buscaréis, mas en vuestro pecado moriréis: adonde yo voy, vosotros no podeis venir. 22 Decian entónces los Judíos: ¿Hase de matar á sí mismo, que dice: Adonde^ voy, vosotros no podeis venir? 23 Y decíales: Vosotros sois de abajo yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creyereis que yo soy, en vuestros pecados moriréis. 25 Y decíanle: ¿Tú quién eres? Entónces Jesus les dijo: El que al principio tambien os he dicho. 26 Muchas cosas tengo que decir, y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero; y yo lo que he oido de él, esto hablo en el mundo. 27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. 28 Díjoles, pues, Jesus: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entónces entendereis que yo soy, y que nada hago de mí mismo; mas como el Padre me enseñó, esto hablo. 29 Porque el que me envió, conmigo está: no me ha dejado solo el Padre porque yo, lo que á él agrada, hago siempre. 30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. 31 Y decia Jesus á los Judíos que le habian creido: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; 32 Y conoceréis la verdad, y la verdad os libertará 33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie: ¿cómo dices tú: Seréis libres? 34 Y Jesús les respondió: De cierto os digo que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. 35 Y el siervo no queda en casa para siempre: [mas] el Hijo queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres. 37 [Yo] sé que sois simiente de Abraham; mas procurais matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros. 38 Yo hablo lo que he visto cerca del Padre; y vosotros haceis lo que habeis oido cerca de vuestro Padre. 39 Respondieron, y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesus: Si fuerais hijos de Abraham, las obras de Abraham hariais. 40 Empero ahora procurais matarme; hombre que os he hablado la verdad, la cual he oido de Dios: no hizo esto Abraham. 41 Vosotros haceis las obras de vuestro padre. Dijéronle entónces: Nosotros no somos nacidos de fornicacion: un Padre tenemos, [es á saber,] Dios. 42 Jesus entónces les dijo: Si vuestro Padre fuera Dios, ciertamente me amariais [á mí,] porque yo de Dios he salido, y he venido: que no he venido de mí mismo, mas él me envió, 43 ¿Por qué no reconoceis mi lenguaje? [es] porque no podeis oir mi palabra. 44 Vosotros de [vuestro] padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre quereis cumplir. El homicida ha sido desde el principio; y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira. 45 Y porque yo digo verdad, no me creeis. 46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creeis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye: por esto no [las] oís vosotros, porque no sois de Dios. 48 Respondieron entónces los Judíos y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y [que] tienes demonio? 49 Respondió Jesus: Yo no tengo demonio: ántes honro á mi Padre, y vosotros me habeis deshonrado. 50 Y no busco mi gloria: hay quien [la] busque, y juzgue. 51 De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. 52 Entónces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre. 53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? Y los profetas murieron: ¿quién te haces á tí mismo? 54 Respondió Jesus: Si yo me glorifico á mí mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica; el que vosotros decís que es vuestro Dios: 55 Y no le conoceis: mas yo le conozco: y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso: mas conózcole, y guardo su palabra. 56 Abraham vuestro padre se gozó por ver mi dia: y [le] vió, y se gozó. 57 Dijéronle entónces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años, ¿y has visto á Abraham? 58 Díjoles Jesus: De cierto, de cierto os digo, Antes que Abraham fuese, Yo soy. 59 Tomaron entónces piedras para tirarle: mas Jesus se encubrió, y salió del templo; y atravesando por medio de ellos, se fué. CAPITULO 9. 1 Y PASANDO [Jesus,] vió un hombre ciego desde [su] nacimiento. 2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó este ó sus padres, para que naciese ciego? 3 Respondió Jesus: Ni este pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él. 4 Conviéneme obrar las obras del que me envió, entretanto que el dia dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar. 5 Entretanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo. 6 Esto dicho, escupió en tierra, é hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo sobre los ojos del ciego; 7 Y díjole: Vé, lávate en el estanque de Siloé, que significa, si [lo] interpretares, Enviado: y fué entónces, y lavóse, y volvió viendo. 8 Entónces los vecinos, y los que ántes le habian visto que era ciego, decian: ¿No es este el que se sentaba, y mendigaba? 9 Unos decian: Este es; Y otros: A él se parece: [Y] él decia: Yo soy. 10 Y dijéronle: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: [Aquel] hombre que se llama Jesus, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Vé al Siloé, y lávate: y fuí, y me lavé, y recibí la vista. 12 Entónces le dijeron: ¿Dónde está aquel? [El] dijo: No sé. 13 Llevaron á los Fariséos al que ántes habia sido ciego. 14 Y era Sábado cuando Jesus habia hecho el lodo, y le habia abierto los ojos. 15 Y volviéronle á preguntar tambien los Fariséos de qué manera habia recibido la vista. Y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entónces unos de los Fariséos decian: Este hombre no es de Dios, que no guarda el Sábado. Otros decian. ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y habia disension entre ellos. 17 Vuelven á decir al ciego: ¿Tú que dices del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18 Mas los Judíos no creian de él, que habia sido ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á los padres del que habia recibido la vista. 19 Y preguntáronles, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 Mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quien le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos: él tiene edad; preguntadle á él; él hablará de sí. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenian miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habian resuelto que si alguno confesase ser él el Mesías, fuese fuera de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene; preguntadle á él. 24 Así que, volvieron á llamar al hombre que habia sido ciego, y dijéronle: Dá gloria á Dios; nosotros sabemos que este hombre es pecador. 25 Entónces él respondió, y dijo: Si es pecador, no [lo] sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 Respondióles: Ya os [lo] he dicho, y no habeis atendido: ¿por qué [lo] quereis otra vez oir? ¿Quereis tambien vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le ultrajaron, y dijeron: Tú seas su discípulo: que nosotros discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas este no sabemos de donde es. 30 Respondió aquel hombre, y díjoles: Por cierto, maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabeis de donde sea, y [á mí] me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á este oye. 32 Desde el siglo no fué oido, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego. 33 Si este no fuera [venido] de Dios, no pudiera hacer nada. 34 Respondieron, y dijéronle: En pecados eres nacido todo: ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. 35 Oyó Jesus que le habian echado fuera: y hallándole, díjole: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Y díjole Jesus: Y le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dice: Creo, Señor. Y adoróle. 39 Y dijo Jesus: Yo, para juicio he venido á este mundo, para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados. 40 Y [algunos] de los Fariséos que estaban con él oyeron esto, y dijéronle: Somos nosotros tambien ciegos? 41 Díjoles Jesus: Si fuerais ciegos, no tuvierais pecado; mas ahora porque decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece. CAPITULO 10. 1 DE cierto, de cierto os digo [que] el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal es ladron y robador. 2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y á sus ovejas llama por nombre y las saca. 4 Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas: y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Mas al extraño no seguirán, ántes huirán de él; porque no conocen la voz de los extraños. 6 Esta parábola les dijo Jesus; mas ellos no entendieron qué era lo que les decia. 7 Volvióles pues Jesus á decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que ántes de mí vinieron, ladrones son y robadores; mas no los oyeron las ovejas. 9 Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. 10 El ladron no viene sino para hurtar, y matar, y destruir [las ovejas:] yo he venido para que tengan vida, y para que [la] tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen pastor: el buen pastor su vida da por [sus] ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo las arrebata, y esparce las ovejas. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis [ovejas,] las mias me conocen. 15 Como el Padre me conoce [á mí,] y yo conozco al Padre: y pongo mi vida por las ovejas. 16 Tambien tengo otras ovejas que no son de este redil: aquellas tambien me conviene traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla á tomar. 18 Nadie me la quita, mas yo la pongo de mí mismo; [porque] tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. 19 Y volvió á haber disension entre los Judíos por estas palabras. 20 Y muchos de ellos decian: Demonio tiene, y está fuera de sí: ¿^para qué le oís? 21 Decian otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? 22 Y se hacia la fiesta de la dedicacion en Jerusalem, y era invierno. 23 Y Jesus andaba en el templo por el portal de Salomon. 24 Y rodeáronle los Judíos, y dijéronle: ¿Hasta cuándo nos has de turbar el alma? Si tú eres el Cristo, dínos[lo] abiertamente. 25 Respondióles Jesus: Os [lo] he dicho, y no creeis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí. 26 Mas vosotros no creeis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28 Y yo les doy vida eterna; y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me [las] dió, mayor que todos es: y nadie [las] puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre una cosa somos. 31 Entónces volvieron á tomar piedras los Judíos para apedrearle. 32 Respondióles Jesus: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de esas me apedreais? 33 Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34 Respondióles Jesus: ¿No está escrito en vuestra ley: Yo dije: Dioses sois? 35 Si dijo dioses á aquellos, á los cuales fué hecha palabra de Dios, y la escritura no puede ser quebrantada: 36 ¿A [mí á] quien el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas; porque dije: Hijo de Dios soy? 37 Si no hago obras de mi Padre, no me creais. 38 Mas si [las] hago, aunque á mí no creais, creed á las obras, para que conozcais y creais que el Padre está en mí, y yo en el Padre. 39 Y procuraban otra vez prenderle; mas él se salió de sus manos. 40 Y volvióse tras el Jordan, á aquel lugar donde primero habia estado bautizando Juan, y estúvose allí. 41 Y muchos venian á él, y decian: Juan á la verdad ninguna señal hizo; mas todo lo que Juan dijo de este era verdad. 42 Y muchos creyeron allí en él. CAPITULO 11. 1 ESTABA entónces enfermo uno [llamado] Lázaro, de Bethania, la aldéa de María y de Marta su hermana. 2 (Y María, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo, era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus piés con sus cabellos.) 3 Enviaron pues sus hermanas á él, diciendo: Señor, hé aquí, el que amas está enfermo. 4 Y oyéndo[lo] Jesus, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. 5 Y amaba Jesus á Marta, y á su hermana, y á Lázaro. 6 Como oyó, pues, que estaba enfermo, quedóse aun dos dias en aquel lugar donde estaba. 7 Luego, despues de esto, dijo á [sus] discípulos: Vamos á Judéa otra vez. 8 Dícenle los discípulos: Rabí, ahora procuraban los Judíos apedrearte; ¿y otra vez vas allá? 9 Respondió Jesus: ¿No tiene el dia doce horas? El que anduviere de dia, no tropieza; porque ve la luz de este mundo. 10 Mas el que anduviere de noche tropieza: porque no hay luz en él. 11 Dicho esto, díceles despues: Lázaro nuestro amigo duerme; mas voy á despertarle del sueño. 12 Dijeron entónces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. 13 Mas [esto] decia Jesus de la muerte de él; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14 Entónces, pues, Jesus les dijo claramente: Lázaro es muerto: 15 Y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, para que creais. Mas vamos á él. 16 Dijo entónces Tomás, el que se dice el Dídimo, á sus condiscípulos: Vamos tambien nosotros, para que muramos con él. 17 Vino pues Jesus, y halló que habia ya cuatro dias [que estaba] en el sepulcro, 18 Y Bethania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios^. 19 Y muchos de los Judíos habian venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano. 20 Entónces Marta, como oyó que Jesus venia, salió á encontrarle; mas María se estuvo en casa. 21 Y Marta dijo á Jesus: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto. 22 Mas tambien sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios. 23 Dícele Jesus: Resucitará tu hermano. 24 Marta le dice: Yo sé que resucitará en la resurreccion en el dia postrero. 25 Dícele Jesus: Yo soy la resurreccion y la vida: el que cree en mí, aun que este muerto, vivirá. 26 Y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? 27 Dícele: Sí, Señor, yo he creido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. 28 Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El maestro está aquí, y te llama. 29 Ella, como [lo] oyó, levántase prestamente, y viene á él. 30 (Que aun no habia llegado Jesus á la aldéa, mas estaba en aquel lugar donde Marta le habia encontrado.) 31 Entónces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se habia levantado prestamente, y habia salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí. 32 Mas María como vino donde estaba Jesus, viéndole, derribóse á sus piés diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano. 33 Jesus entónces, como la vió llorando, y á los Judíos que habian venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse. 34 Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve[lo.] 35 [Y] lloró Jesus. 36 Dijeron entónces los Judíos: Mirad como le amaba. 37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podia este, que abrió los ojos del ciego, hacer que este no muriera? 38 Y Jesus conmoviéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro: era una cueva, la cual tenia una piedra encima. 39 Dice Jesus: Quitad la piedra. Marta, la hermana del que se habia muerto le dice: Señor, hiede ya; que es de cuatro dias. 40 Jesus le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? 41 Entónces quitaron la piedra de donde el muerto habia sido puesto: y Jesus, alzando los ojos arriba, dijo: Padre, gracias te doy que me has oido. 42 Que yo sabia que siempre me oyes; mas por causa de la compañía que esta alrededor, [lo] dije, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera. 44 Y el que habia estado muerto, salió, atadas las manos y los piés con vendas; y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesus: Desatadle, y dejadle ir. 45 Entónces muchos de los Judíos que habian venido á María, y habian visto lo que habia hecho Jesus, creyeron en él. 46 Mas algunos de ellos fueron á los Fariséos, y dijéronles lo que Jesus habia hecho. 47 Entónces los pontífices, y los Fariséos juntaron concilio; y decian: ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales. 48 Si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nacion. 49 Y Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabeis nada; 50 Ni pensais que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nacion se pierda. 51 Mas esto no lo dijo de sí mismo; sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesus habia de morir por la nacion; 52 Y no solamente por aquella nacion, mas tambien para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados. 53 Así que desde aquel dia consultaban juntos de matarle. 54 Por tanto Jesus ya no andaba manifiestamente entre los Judíos; mas fuese de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos. 55 Y la Pascua de los Judíos estaba cerca: y muchos subieron de aquella tierra á Jerusalem ántes de la Pascua, para purificarse. 56 Y buscaban á Jesus, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá á la fiesta? 57 Y los pontífices y los Fariséos habian dado mandamiento, que, si alguno supiese donde estuviera, [lo] manifestase para que le prendiesen: CAPITULO 12. 1 Y JESUS, seis dias ántes de la Pascua, vino á Bethania, donde estaba Lázaro que habia sido muerto, al cual [Jesus] habia resucitado de los muertos. 2 E hiciéronle allí una cena; y Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él. 3 Entónces María tomó una libra de ungüento de nardo liquido de mucho precio, y ungió los piés de Jesus, y limpió sus piés con sus cabellos: y la casa se llenó del olor del ungüento. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Júdas Iscariote, [hijo] de Simon, el que le habia de entregar: 5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres? 6 Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenia de los pobres, sino porque era ladron, y tenia la bolsa, y traia lo que se echaba [en ella.] 7 Entónces Jesus dijo: Déjala: para el dia de mi sepultura ha guardado esto. 8 Porque á los pobres siempre los teneis con vosotros, mas á mí no siempre me teneis. 9 Entónces mucha gente de los Judíos entendió que él estaba allí: y vinieron no solamente por causa de Jesus, mas tambien por ver á Lázaro, al cual habia resucitado de los muertos. 10 Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar tambien á Lázaro: 11 Porque muchos de los Judíos iban y creian en Jesus por causa de él. 12 El siguiente dia mucha gente que habia venido al dia de la fiesta, como oyeron que Jesus venia á Jerusalem, 13 Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle, y clamaban: Hosanna, Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel. 14 Y halló Jesus un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito: 15 No temas, hija de Sion; hé aquí tu Rey viene sentado sobre un pollino de asna. 16 Estas cosas no las entendieron sus discípulos de primero: empero cuando Jesus fué glorificado, entónces se acordaron que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas. 17 Y la gente que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18 Por lo cual tambien habia venido la gente á recibirle; porque habia oido que él habia hecho esta señal. 19 Mas los Fariséos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovechais? hé aquí que el mundo se va tras de él. 20 Y habia ciertos Griegos de los que habian subido á adorar en el dia de la fiesta. 21 Estos, pues se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galiléa, y rogáronle, diciendo: Señor, queríamos ver á Jesus. 22 Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entónces, y Felipe, [lo] dicen á Jesus. 23 Entónces Jesus les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo que si el grano de trigo no cae en la tierra, y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí tambien estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará. 27 Ahora está turbada mi alma: ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora: mas por esto he venido en esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entónces vino una voz del cielo: Y [le] he glorificado, y [le] glorificaré otra vez. 29 Y la gente que estaba presente, y [la] habia oido, decia que habia sido trueno; otros decian: Angel le ha hablado. 30 Respondió Jesus, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo. 33 Y esto decia dando á entender de qué muerte habia de morir. 34 Respondióle la gente: Nosotros hemos oido de la ley: Que el Cristo permanece para siempre: ¿Cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre? 35 Entónces Jesus les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que teneis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe donde va. 36 Entre tanto que teneis la luz, creed en la luz, para que seais hijos de luz. Estas cosas habló Jesus, y fuése, y escondióse de ellos. 37 Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creian en él: 38 Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: Señor, ¿quién ha creido á nuestro dicho, ¿y el brazo del Señor á quien es revelado? 39 Por esto no podian creer, porque otra vez dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazon; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazon, y se conviertan, y yo los sane. 41 Estas cosas dijo Isaías, cuando vió su gloria, y habló de él. 42 Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariséos no [lo] confesaban, por no ser echados de la sinagoga. 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44 Mas Jesus clamó y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me envió. 45 Y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo [la] luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas. 47 Y el que oyere mis palabras, y no [las] creyere, yo no le juzgo; porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. 48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el dia postrero. 49 Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo. CAPITULO 13. 1 ANTES de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesus que su hora habia venido para que pasase de este mundo al Padre, como habia amado á los suyos, que estaban en el mundo, amólos hasta el fin. 2 Y la cena acabada, como el diablo ya habia metido en el corazon de Judas, [hijo] de Simon, Iscariote, que le entregase, 3 Sabiendo Jesus que el Padre le habia dado todas las cosas en las manos, y que habia salido de Dios, y á Dios iba, 4 Levántase de la cena, y quítase su ropa, y tomando una toalla, ciñóse. 5 Y luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los piés de los discípulos, y á limpiar[los] con la toalla con que estaba ceñido. 6 Entónces vino á Simon Pedro, y Pedro le dice: Señor, ¿tú me lavas los piés? 7 Respondió Jesus, y díjole: Lo que yo hago, tu no entiendes ahora; mas [lo] entenderás despues. 8 Dícele Pedro: No me lavarás los piés jamás. Respondióle Jesus: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Dícele Simon Pedro: Señor, no solo mis piés, mas aun las manos, y la cabeza. 10 Dícele Jesus: El que está lavado, no necesita sino que lave los piés, mas está todo limpio. Y vosotros limpios estais, aunque no todos. 11 Porque sabia quién le habia de entregar; por eso dijo: No estais limpios todos. 12 Así que, despues que les hubo lavado los piés, y tomado su ropa, volviéndose á sentar á la mesa, díjoles: ¿Sabeis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamais Maestro y Señor; y decís bien, porque [lo] soy: 14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros piés, vosotros tambien debeis lavar los piés los unos á los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros tambien hagais. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor; ni el apóstol es mayor que el que le envió. 17 Si sabeis estas cosas, bienaventurados seréis, si las hiciereis. 18 No hablo de todos vosotros; yo sé los que he elegido: mas para que se cumpla la escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mi su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo ántes que se haga, para que cuando se hiciere, creais que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo [que] el que recibe al que yo enviare, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió. 21 Como hubo dicho Jesus esto, fué conmovido^ en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo que uno de vosotros me ha de entregar. 22 Entónces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de quién decia. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesus amaba, estaba recostado en el seno de Jesus. 24 A este pues hizo señas Simon Pedro, para que preguntase quien era aquel de quien decia. 25 El entónces recostándose sobre el pecho de Jesus, dícele: Señor, ¿quién es? 26 Respondió Jesus: Aquel es á quien yo diere el pan mojado: y mojando el pan, dió[le] á Júdas Iscariote, [hijo] de Simon. 27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entónces Jesus le dice: Lo que haces, haz[lo] mas presto. 28 Mas ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito le dijo esto. 29 Porque los unos pensaban, porque Júdas tenia la bolsa, que Jesus le decia: Compra lo que necesitamos para la fiesta; ó, que diese algo para los pobres. 30 Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió; y era [ya] noche. 31 Entónces como él salió, dijo Jesus: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es glorificado en él, Dios tambien le glorificará en sí mismo; y luego le glorificará. 33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscaréis; mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podeis venir; así digo á vosotros ahora. 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis unos á otros: como os he amado, que tambien [os] ameis los unos á los otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros. 36 Dícele Simon Pedro: Señor, ¿adónde vas? Respondióle Jesus: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir; mas me seguirás despues. 37 Dícele Pedro: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por tí. 38 Respondióle Jesus: ¿Tu alma pondrás por mi? De cierto, de cierto te digo, [que] no cantará el gallo, sin que me hayas negado tres veces. CAPITULO 14. 1 NO se turbe vuestro corazon: creeis en Dios, creed tambien en mí. 2 En la casa de mi padre muchas moradas hay; de otra manera, os [lo] hubiera dicho: voy pues á preparar lugar para vosotros. 3 Y si me fuere, y os aparejare lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo; para que donde yo estoy, vosotros tambien esteis. 4 Y sabeis á donde yo voy, y sabeis el camino. 5 Dícele Tomás: Señor, no sabemos adonde vas: ¿cómo pues podemos saber el camino? 6 Jesus le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí. 7 Si me conocieseis, tambien á mi Padre conocierais: y desde ahora le conoceis, y le habeis visto. 8 Dícele Felipe: Señor, muéstranos al Padre, y nos basta. 9 Jesus le dice: ¿Tanto tiempo [ha que] estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre. ¿Como, pues, dices tú: Muéstranos al Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no [las] hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera creedme por las mismas obras. 12 De cierto, de cierto os digo [que] el que en mí cree, las obras que yo hago tambien el [las] hará, y mayores que estas hará; porque yo voy al Padre: 13 Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, esto haré; para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiereis en mi nombre, yo [lo] haré. 15 Si me amais, guardad mis mandamientos: 16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre; 17 Al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; mas vosotros le conoceis, porque está con vosotros, y será en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros. 19 Aun un poquito, y el mundo no me verá más; empero vosotros me veréis: porque yo vivo, y vosotros tambien viviréis. 20 En aquel dia vosotros conoceréis que yo [estoy] en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama: y el que me ama, será amado de mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré á él. 22 Dícele Júdas, no el Iscariote: Señor, ¿qué hay porque te hayas de manifestar á nosotros, y no al mundo? 23 Respondió Jesus, y díjole: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendrémos á él, y harémos con él morada. 24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habeis oido no es mia, sino del Padre que me envió. 25 Estas cosas os he hablado estando con vosotros. 26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, el os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho. 27 La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la] doy: no se turbe vuestro corazon, ni tenga miedo. 28 Habeis oido como yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amaseis, ciertamente os gozariais porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo. 29 Y ahora os [lo] he dicho ántes que se haga, para que cuando se hiciere, creais. 30 Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo; mas no tiene nada en mí. 31 Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y que como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí. CAPITULO 15. 1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará; y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. 4 Estad en mí, y yo [estaré] en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuviereis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto: (porque sin mí nada podeis hacer.) 6 El que en mí no estuviere, será echado fuera como [mal] pámpano, y se secará: y los cogen, y [los] echan en el fuego, y arden. 7 Si estuviereis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, todo lo que quisiereis pediréis, y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que lleveis mucho fruto, y seais [así] mis discípulos. 9 Como el Padre me amó, tambien yo os he amado: estad en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, estaréis en mi amor; como yo tambien he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 12 Este es mi mandamiento: Que os ameis los unos á los otros, como [yo] os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hiciereis las cosas que yo os mando. 15 Ya no os diré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he dicho amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os he hecho notorias. 16 No me elegisteis vosotros [á mí,] mas yo os elegí á vosotros; y os he puesto para que vayais y lleveis fruto, y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiereis del Padre en mi nombre, [él] os lo dé. 17 Esto os mando: Que os ameis los unos á los otros. 18 Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció ántes que á vosotros. 19 Si fuerais del mundo, el mundo amaria lo suyo: mas porque no sois del mundo, ántes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. 20 Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor. Si á mí me han perseguido, tambien á vosotros perseguirán; si han guardado mi palabra, tambien guardarán la vuestra. 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre; porque no conocen al que me ha enviado. 22 Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrian pecado; mas ahora no tienen excusa de su pecado. 23 El que me aborrece, tambien á mi Padre aborrece. 24 Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningun otro ha hecho, no tendrian pecado; mas ahora, y [las] han visto, y me aborrecen á mí, y á mi Padre. 25 Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron. 26 Empero cuando viniere el Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Y vosotros daréis testimonio, porque estais conmigo desde el principio. CAPITULO 16. 1 ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandaliceis. 2 Os echarán de las sinagogas: y aun viene la hora, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio á Dios. 3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre ni á mí. 4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis que yo os lo habia dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque yo estaba con vosotros. 5 Mas ahora voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Adónde vas? 6 Antes porque os he hablado estas cosas, tristeza ha henchido vuestro corazon. 7 Empero yo os digo la verdad: Os es necesario que yo vaya; porque si yo no fuese, el Consolador no vendria á vosotros: mas si yo fuere os le enviaré. 8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio: 9 De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí: 10 Y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me veréis más: 11 Y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo [ya] es juzgado. 12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no [las] podeis llevar, 13 Pero cuando viniere aquel Espíritu de verdad, él os guiará á toda verdad; porque no hablará de sí mismo, sino que hablará todo lo que oyere; y os hará saber las cosas que han de venir. 14 El me glorificará, porque tomará de lo mio, y os [lo] hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre, mio es: por eso dije que tomará de lo mio, y os [lo] haré saber. 16 Un poquito, y no me veréis: y otra vez un poquito, y me veréis: porque yo voy al Padre. 17 Entónces dijeron [algunos] de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poquito, y no me veréis: y otra vez un poquito y me veréis; y, porque yo voy al Padre? 18 Decian pues: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? No entendemos lo que habla. 19 Y conoció Jesus que le querian preguntar, y díjoles: ¿Preguntais entre vosotros de esto que dije, Un poquito, y no me veréis; y otra vez un poquito, y me veréis? 20 De cierto, de cierto os digo que vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará: empero aunque vosotros estaréis tristes, vuestra tristeza se tornará en gozo. 21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora; mas despues que ha parido un niño, ya no se acuerda de la apretura, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22 Tambien, pues, vosotros ahora á la verdad teneis tristeza: mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazon, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo. 23 Y aquel dia no me preguntaréis nada. De cierto, de cierto os digo que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os [lo] dará. 24 Hasta ahora nada habeis pedido en mi nombre: pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido. 25 Estas cosas os he hablado en proverbios: mas viene la hora cuando ya no os hablaré por proverbios, sino que claramente os anunciaré de mi Padre. 26 Aquel dia pediréis en mi nombre; y no os digo, que yo rogaré al Padre por vosotros: 27 Porque el misino Padre os ama, por cuanto vosotros me amasteis, y habeis creido que yo salí de Dios. 28 Salí del Padre, y he venido al mundo; otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. 29 Dícenle sus discípulos: Hé aquí ahora hablas claramente, y ningun proverbio dices. 30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no necesitas que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios. 31 Respondióles Jesus: ¿Ahora creeis? 32 Hé aquí la hora viene, y ha venido que seréis esparcidos cada uno por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengais paz: en el mundo tendréis apretura; mas confiad, yo he vencido á mundo. CAPITULO 17. 1 ESTAS cosas habló Jesus y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora es llegada; glorifica á tu Hijo; para que tambien tu Hijo te glorifique á tí: 2 Como le has dado la potestad de toda carne, para que de vida eterna á todos los que le diste. 3 Esta empero es la vida eterna: Que te conozcan solo Dios verdadero, y á Jesu-Cristo, al cual has enviado. 4 Yo te he glorificado en la tierra; he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de tí mismo con aquella gloria que tuve cerca de tí ántes que el mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra. 7 Ahora han conocido que todas las cosas que me diste, son de tí. 8 Porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos [las] recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de tí, y han creido que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son. 10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas. 11 Y ya no estoy en el mundo; mas estos están en el mundo, y yo á tí vengo. Padre santo, á los que me has dado, guárdalos por tu nombre, para que sean una cosa, como tambien nosotros. 12 Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; á los que me diste, yo los guardé y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdicion, para que la escritura se cumpliese. 13 Mas ahora vengo á tí; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les he dado tu palabra, y el mundo los aborreció; porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos en tu verdad: tu palabra es [la] verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, tambien yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo; para que tambien ellos sean santificados en verdad. 20 Mas no ruego solamente por estos, sino tambien por los que han de creer en mí por la palabra de ellos; 21 Para que todos sean una cosa: como tú, oh Padre, en mí, y yo en tí, que tambien ellos sean en nosotros una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 Y yo, la gloria que me diste, les he dado; para que sean una cosa, como tambien nosotros somos una cosa. 23 Yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, que el mundo conozca que tú me enviaste, que los has amado, como tambien á mí me has amado. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos estén tambien conmigo; para que vean mi gloria que me has dado: por cuanto me has amado desde ántes de la constitucion del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. 26 Y yo les he manifestado tu nombre, y manifestaré[lo aun;] para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. CAPITULO 18. 1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedron, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus discípulos. 2 Y tambien Júdas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos. 3 Júdas, pues, tomando una compañía [de soldados,] y ministros de los pontífices y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió delante, y díjoles: ¿A quién buscais? 5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. (Y estaba tambien con ellos Júdas el que le entregaba.) 6 Y como les dijo: Yo soy, volvieron atrás, y cayeron en tierra. 7 Volvióles, pues, á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus Nazareno. 8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad ir á estos: 9 Para que se cumpliese la palabra que habia dicho: De los que me diste, ninguno de ellos perdí. 10 Entónces Simon Pedro, que tenia espada, sacóla, é hirió al siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesus entónces dijo á Pedro: Mete tu espada en la vaina: el vaso que el Padre me ha dado, ¿no lo tengo de beber? 12 Entónces la compañía [de los soldados] y el tribuno, y los ministros de los Judíos, prendieron á Jesus, y le ataron. 13 Y lleváronle primeramente á Anás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año. 14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos: Que era necesario que un hombre muriese por el pueblo. 15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo: y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesus al atrio del pontífice. 16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera y metió dentro á Pedro. 17 Entónces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy. 18 Y estaban en pié los siervos y los ministros que habian allegado las ascuas, porque hacia frio, y calentábanse; y estaba tambien con ellos Pedro en pié, calentándose. 19 Y el pontífice preguntó á Jesus [acerca] de sus discípulos, y de su doctrina. 20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo; yo siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto. 21 ¿Qué me preguntas á mí? Pregunta á los que han oido, qué les haya [yo] hablado: hé aquí, esos saben lo que yo he dicho. 22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí dió una bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? 23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien ¿por qué me hieres? 24 Y Anás le habia enviado atado á Caifás pontífice. 25 Estaba, pues, Pedro en pié calentándose; y dijéronle: ¿No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy. 26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia cortado la oreja, [le] dice: ¿No te ví yo en el huerto con él? 2'7 Y negó Pedro otra vez: y luego el gallo cantó. 28 Y llevaron á Jesus de Caifás al Pretorio; y era por la mañana: y ellos no entraron en el Pretorio por no ser contaminados, sino que comiesen la Pascua. 29 Entónces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra este hombre? 30 Respondieron, y dijéronle: Si este no fuera malhechor, no te lo habríamos entregado. 31 Díceles entónces Pilato: Tomadle vosotros y juzgadle segun vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie. 32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender de qué muerte habia de morir. 33 Así que Pilato volvió á entrar en el Pretorio y llama á Jesus, y díjole: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? 34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otro de mí? 35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? Tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho? 36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los Judíos; ahora, pues, mi reino no es de aquí. 37 Díjole entónces Pilato: ¿Luego Rey eres tú? Respondió Jesus: Tu dices que yo soy Rey: yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio á la verdad. Todo aquel que es [de la parte] de la verdad, oye mi voz. 38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, salió otra vez á los Judíos, y díceles: Yo no hallo en él algun crimen. 39 Empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua: ¿quereis, pues, que os suelte al Rey de los Judíos? 40 Entónces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á Barrabas. Y Barrabas era ladron. CAPITULO 19. 1 ASÍ que entónces tomó Pilato á Jesus, y azotó[le.] 2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron[la] sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana, 3 Y decian: ¡Salve, Rey de los Judíos! Y dábanle de bofetadas. 4 Entónces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: Hé aquí os le traigo fuera para que entendais que ningun crimen hallo en él. 5 Y salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre. 6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle, porque yo no hallo en él crimen. 7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios. 8 Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo; 9 Y entró otra vez en el Pretorio, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas Jesus no le dió respuesta. 10 Entónces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? 11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entónces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César. Cualquiera que se hace rey, á Cesar contradice. 13 Entónces Pilato oyendo este dicho llevó fuera á Jesus, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en Hebréo, Gabbatha. 14 Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta; entónces dijo á los Judíos: Hé aquí vuestro Rey. 15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á César. 16 Así que entónces se lo entregó para que fuese crucificado: y tomaron á Jesus, y le llevaron. 17 Y llevando su cruz, salió al lugar que se dice de la Calavera, y en Hebréo, Gólgotha; 18 Donde le crucificaron, y con él otros dos, uno á cada lado, y Jesus en medio. 19 Y escribió tambien Pilato un título, que puso encima de la cruz: y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y estaba escrito en Hebréo, en Griego y en Latin. 21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas, Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes, (para cada soldado una parte), y la túnica: mas la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba. 24 Y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella de quien será. Para que se cumpliese la escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi^ vestidura echaron suertes. Y los soldados hicieron esto. 25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre, María [mujer] de Cleofas, y María Magdalena. 26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, hé ahí tu hijo. 27 Despues dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo. 28 Despues de esto, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo. 29 Y estaba [allí] un vaso lleno de vinagre. Entónces ellos hinchieron una esponja de vinagre, y rodeada á un hisopo se la llegaron á la boca: 30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, dió el espíritu. 31 Entónces los Judíos, por cuanto era la víspera [de la Pascua,] para que los cuerpos no quedasen en la cruz en el Sábado, pues era el gran dia del Sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados. 32 Y vinieron los soldados, y quebraron las piernas al primero, y asimismo al otro que habia sido crucificado con él. 33 Mas cuando vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas: 34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. 35 Y el que [lo] vió, da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros tambien creais. 36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la escritura: Hueso no quebrantaréis de él. 37 Y tambien otra escritura dice: Mirarán [á aquel] al cual traspasaron. 38 Despues de estas cosas, José de Arimatéa, el cual era discípulo de Jesus, mas secreto, por miedo de los Judíos, rogó á Pilato que pudiera quitar el cuerpo de Jesus: y permitió[selo] Pilato. Entónces vino, y quitó el cuerpo de Jesus. 39 Y vino tambien Nicodemo, el que ántes habia venido á Jesus de noche, trayendo un compuesto de mirra y de aloes, como cien libras. 40 Tomaron pues el cuerpo de Jesus, y envolviéronle en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. 41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el huerto, un sepulcro nuevo en el cual aun no habia sido puesto alguno. 42 Allí, pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus. CAPITULO 20. 1 Y EL primer [dia] de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro. 2 Entónces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesus, y díceles: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto. 3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. 4 Y corrian los dos juntos, mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos echados; mas no entró. 6 Llegó luego Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos echados; 7 Y el sudario que habia estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte. 8 Y entónces entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al monumento, y vió, y creyó. 9 Porque aun no sabian la escritura: Que era necesario que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos á los suyos. 11 Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y estando llorando, bajóse [á mirar] el sepulcro. 12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto. 13 Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no se donde le han puesto. 14 Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesus que estaba [allí;] mas no sabia que era Jesus. 15 Dícele Jesus: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, díjole: Señor, si tú le has llevado, díme dónde le has puesto, y yo lo llevaré. 16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Raboni, que quiere decir, Maestro. 17 Dícele Jesus: No me toques, porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á mis hermanos, y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, y á mi Dios, y á vuestro Dios. 18 Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos que habia visto al Señor, y le habia dicho estas cosas. 19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de la semana, y estando las puertas cerradas, donde los discípulos estaban juntos, por miedo de los Judíos, vino Jesus, y púsose en medio, y díjoles: Paz á vosotros. 20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado. Y los discípulos se gozaron viendo al Señor. 21 Entónces les dijo Jesus otra vez; Paz á vosotros: como me envió el Padre, así tambien yo os envio. 22 Y como hubo dicho esto, sopló, y díjoles: Tomad el Espíritu Santo: 23 A los que remitiereis los pecados, les son remitidos: á quienes los retuviereis, serán retenidos. 24 Empero Tomás, uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesus vino. 25 Dijéronle, pues, los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y púsose en medio, y dijo: Paz á vosotros. 27 Luego dice á Tomas: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y alarga acá tu mano y méte[la] en mi costado: y no seas incrédulo, sino fiel. 28 Entónces Tomás respondió, y dícele: Señor mio, y Dios mio. 29 Dícele Jesus: Porque me has visto, oh Tomás, creiste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron. 30 Y tambien hizo Jesus muchas otras señales en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. 31 Estas empero son escritas para que creais que Jesus es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre. CAPITULO 21. 1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias; y manifestóse de esta manera. 2 Estaban juntos Simon Pedro y Tomás, llamado el Dídimo, y Natanael, el que [era] de Caná de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, y otros dos de sus discípulos. 3 Díceles Simon: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros tambien contigo. Fueron, y subieron en una barca; y aquella noche no cogieron nada. 4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera: mas los discípulos no entendieron que era Jesus. 5 Y díjoles: Mozos ¿teneis algo de comer? Respondiéronle: No. 6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del barco, y hallaréis. Entónces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. 7 Entónces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, dijo á Pedro: El Señor es. Y Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar. 8 Y los otros discípulos vinieron con el barco (porque no estaban léjos de tierra sino como doscientos codos), trayendo la red de peces. 9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Díceles Jesus: Traed de los peces que cogisteis ahora. 11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió. 12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de sus discípulos osaba preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Viene pues Jesus, y toma el pan, y dáles; y asimismo del pez. 14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos. 15 Y cuando hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas más que estos? Dícele: Si, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. 16 Vuélvele á decir la segunda vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Respóndele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas. 17 Dícele la tercera vez: Simon, [hijo] de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo [que] cuando eras más mozo, te ceñías, é ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adonde no quieras. 19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme. 20 Volviéndose Pedro, ve á aquel discípulo al cual amaba Jesus, que seguia, el que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho: Señor ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Así que Pedro vió á este, dice á Jesus: Señor, ¿y este, qué? 22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te da] á tí? Sígueme tú. 23 Salió entónces este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no habia de morir. Mas Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué á tí? 24 Este es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas: y sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se habrian de escribir. Amen. LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES. CAPITULO 1. 1 EN el primer tratado, oh Teófilo, he hablado de todas las cosas que Jesus comenzó á hacer, y á enseñar, 2 Hasta el dia en que, habiendo dado mandamientos por el Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba: 3 A los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándo[les] del reino de Dios. 4 Y estando juntos, les mandó que no se fuesen de Jerusalem, sino que esperasen la promesa del Padre, que oisteis, [dijo,] de mí. 5 Porque Juan á la verdad bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo no muchos dias despues de estos. 6 Entónces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restituirás el reino á Israel en este tiempo? 7 Y les dijo: No toca á vosotros saber los tiempos ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad: 8 Mas recibiréis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me seréis testigos en Jerusalem, y en toda Judéa, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fué alzado; y una nube le recibió, [y le quitó] de sus ojos. 10 Y estando con los ojos puestos en el cielo entretanto que él iba, hé aquí dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos; 11 Los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al cielo? este mismo Jesus que ha sido tomado desde vosotros arriba en el cielo, así vendrá como le habeis visto ir al cielo. 12 Entónces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama del Olivar, el cual está cerca de Jerusalem camino de un Sábado. 13 Y entrados, subieron al aposento alto, donde moraban Pedro, y Jacobo y Juan, y Andrés, Felipe, y Tomás, Bartolomé, y Mateo, Jacobo [hijo] de Alféo, y Simon Zelotes, y Judas [hermano] de Jacobo. 14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesus, y con sus hermanos. 15 Y en aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los hermanos, dijo (y era la compañía junta como de ciento y veinte en número): 16 Varones hermanos, convino que se cumpliese la escritura, la cual dijo ántes el Espíritu Santo por la boca de David, de Júdas, que fué guia de los que prendieron á Jesus. 17 El cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio. 18 Este pues adquirió un campo del salario de [su] iniquidad; y colgándose, reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem: de tal manera que aquel campo es llamado en su propia lengua, Acéldama, que es, Campo de sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitacion, y no haya quien more en ella: y tome otro su obispado. 21 Conviene, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros, 22 Comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia en que fué recibido arriba de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccion. 23 Y señalaron á dos: á José, llamado Barsabás, que tenia por sobrenombre Justo, y á Matías. 24 Y orando, dijeron. Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cuál escoges de estos dos. 25 Para que tome el oficio de este ministerio, y del apostolado, del cual cayó Júdas por transgresion, para irse á su lugar. 26 Y les echaron suertes, y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles. CAPITULO 2. 1 COMO se cumplieron los dias de Pentecostes, estaban todos unánimes juntos: 2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento recio que corria, el cual hinchió toda la casa donde estaban sentados. 3 Y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu les daba que hablasen. 5 (Moraban entónces en Jerusalem Judíos, varones religiosos, de todas las naciones debajo del cielo). 6 Y hecho este estruendo, juntóse la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oia hablar su propia lengua. 7 Y estaban atónitos, y maravillados, diciendo: Hé aquí, ¿no son Galiléos todos estos que hablan? 8 ¿Como, pues, les oimos nosotros [hablar] cada uno en nuestra lengua en que somos nacidos? 9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia, 10 En Phrygia y en Pamphylia, en Egipto y en las partes de Africa que está de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, Judíos, y convertidos, 11 Cretenses, y Arabes, les oimos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y perplejos, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto? 13 Mas otros burlándose decian: Que están llenos de mosto. 14 Entónces Pedro, poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y hablóles diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea notorio, y oid mis palabras: 15 Porque estos no están borrachos como vosotros pensais, siendo la hora tercia del dia. 16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel: 17 Y será en los postreros dias, (dice Dios) derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños: 18 Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos dias derramaré de mi Espíritu; y profetizarán. 19 Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego, y vapor de humo. 20 El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, ántes que venga el dia del Señor grande y manifiesto. 21 Y será que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 22 Varones Israelitas, oid estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de Dios entre vosotros en maravillas y prodigios, y señales, que Dios hizo por él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis, 23 A este, entregado por determinado consejo y providencia de Dios, [vosotros] prendisteis y matasteis por manos de los inicuos, crucificándole: 24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella. 25 Porque David dice de él: Veia al Señor siempre delante de mí: porque está á mi diestra, no seré conmovido. 26 Por lo cual mi corazon se alegró, y gozóse mi lengua; y aun mi carne descansará en esperanza: 27 Que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu santo que vea corrupcion. 28 Hicísteme notorios los caminos de la vida; me henchirás de gozo con tu presencia. 29 Varones hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy. 30 Empero siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios jurado, que del fruto de su lomo, cuanto á la carne, levantaria al Cristo que se sentaria sobre su trono, 31 Viéndolo ántes, habló de la resurreccion de Cristo, que su alma no fué dejada en el infierno, ni su carne vió corrupcion. 32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. 34 Porque David no subió á los cielos; empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor, Siéntate á mi diestra, 35 Hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés. 36 Sepa pues ciertisimamente toda la casa de Israel, que á este Jesus, que vosotros crucificasteis, Dios ha hecho Señor y Cristo. 37 Entónces oido [esto,] fueron compungidos de corazon, y dijeron á Pedro, y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿que harémos? 38 Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesu-Cristo para perdon de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están léjos; [para] cuantos el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba y exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacion. 41 Así que los que recibieron su palabra, fueron bautizados: y fueron añadidas [á la iglesia] aquel dia como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. 43 Y toda persona tenia temor; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes. 45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y repartíanlas á todos, como cada uno habia menester. 46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon. 47 Alabando á Dios y teniendo gracia con todo el pueblo. Y el Señor añadia cada dia á la iglesia los que habian de ser salvos. CAPITULO 3. 1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de oracion, la de nona. 2 Y un hombre, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido, al cual ponian cada dia á la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3 Este como vió á Pedro y á Juan que iban á entrar en el templo, rogaba que le diesen limosna. 4 Y Pedro con Juan, fijando los ojos en él, dijo: mira á nosotros. 5 Entónces el estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo. 6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro; mas lo que tengo te doy: En el nombre de Jesu-Cristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus piés y tobillos; 8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando á Dios. 9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios. 10 Y conocian que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del templo la Hermosa: y fueron llenos de asombro y de espanto por lo que le habia acontecido. 11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al pórtico que se llama de Salomon, atónitos. 12 Y viendo [esto] Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravillais de esto? ó ¿por qué poneis los ojos en nosotros como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este? 13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado á su Hijo Jesus; al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando el que habia de ser suelto. 14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un homicida; 15 Y matasteis al Autor de la vida: al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo que nosotros somos testigos. 16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis ha confirmado su nombre: y la fe que por él es, ha dado á este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. 17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habeis hecho, como tambien vuestros príncipes. 18 Empero Dios ha cumplido así lo que habia ántes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo habia de padecer. 19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; pues que vendrán los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor. 20 Y enviará á Jesu-Cristo, que os fué ántes anunciado: 21 Al cual de cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas, que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde el siglo, 22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos como yo; á él oiréis en todas las cosas que os hablare. 23 Y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo. 24 Y todos los profetas desde Samuel, y en adelante todos los que han hablado, han anunciado estos dias. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado á su Hijo, le envió para que os bendijese, á fin que cada uno se convierta de su maldad. CAPITULO 4. 1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saducéos, 2 Resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesus la resurreccion de los muertos. 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente; porque era ya tarde. 4 Mas muchos de los que habian oido la palabra creyeron; y fué el numero de los varones como cinco mil. 5 Y aconteció al dia siguiente^, que se juntaron en Jerusalem los príncipes de ellos, y los ancianos, y los escribas, 6 Y Anás, príncipe de los sacerdotes y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal: 7 Y haciéndolos presentar en medio les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre habeis hecho vosotros esto, 8 Entónces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israel, 9 Pues que somos hoy demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado; 10 Sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesu-Cristo de Nazaret, el que vosotros crucificasteis, y Dios le resucito de los muertos, por él [mismo] este hombre esta en vuestra presencia sano. 11 Este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza del ángulo. 12 Y en ningun otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo dado á los hombres en que podamos ser salvos. 13 Entónces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é ignorantes, se maravillaban; y les conocian que habian estado con Jesus. 14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian decir nada en contra. 15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre sí, 16 Diciendo: Qué hemos de hacer á estos hombres? porque de cierto señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en Jerusalem, y no [lo] podemos negar. 17 Todavia, porque no se divulgue más por el pueblo, amenacémosles que no hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre. 18 Y llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesus. 19 Entónces Pedro y Juan, respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer ántes á vosotros que á Dios: 20 Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido. 21 Ellos entónces los despacharon amenazándoles, no hallando ningun modo de castigarles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo que habia sido hecho. 22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era de mas de cuarenta años. 23 Y sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron todo lo que los príncipes de los sacerdotes y los ancianos les habian dicho. 24 Y ellos, habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron. Señor, tú [eres] el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todo lo que en ellos [hay:] 25 Que por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas? 26 Asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesus, al cual ungiste, Heródes y Poncio Pilato, con los Gentiles y los pueblos de Israel, 28 Para hacer lo que tu mano y tu consejo habian ántes determinado que habia de ser hecho. 29 Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra: 30 Que extiendas tu mano á que sanidades y milagros y prodigios sean hechos por el nombre de tu santo Hijo Jesus. 31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza. 32 Y de la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y ninguno decia ser suyo algo de lo que poseia, mas todas las cosas les eran comunes. 33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos; 34 Que ningun necesitado habia entre ellos; porque todos los que poseian heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido, 357 Y lo ponian á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno segun que habia menester. 36 Entónces José, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre Bernabé, (que es, interpretado, Hijo de consolacion,) Levita, [y] natural de Cipro, 37 Como tuviese una heredad, [la] vendió, y trajo el precio, y púso[lo] á los piés de los apóstoles. CAPITULO 5. 1 MAS un varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion, 2 Y defraudó del precio, sabiéndo[lo] tambien su mujer; y trayendo una parte, púso[la] á los piés de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿Por qué ha llenado Satanás tu corazon á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudases del precio de la heredad? 4 Reteniéndola ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba [el precio] en tu potestad? ¿Por qué pusiste esto en tu corazon? No has mentido á los hombres, sino á Dios. 5 Entónces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los mancebos le tomaron; y sacándo[lo,] sepultáron[le.] 7 Y pasado espacio como de tres horas, sucedió que entró su mujer, no sabiendo lo que habia acontecido. 8 Entónces Pedro le dijo: Díme: ¿vendísteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertásteis para tentar al Espíritu del Señor? Hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido, y te sacarán [á sepultar.] 10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron^ muerta; y [la] sacaron, y [la] sepultaron junto á su marido. 11 Y vino un gran temor en toda la iglesia y en todos los que oyeron estas cosas. 12 Y por las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; (y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomon: 13 Y de los otros, ninguno osaba juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente. 14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, gran número así de hombres como de mujeres:) 15 Tanto que echaban los enfermos por las calles, y [los] ponian en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo ménos su sombra tocase á alguno de ellos. 16 Y aun de las ciudades vecinas concurria multitud á Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos, los cuales todos eran curados. 17 Entónces levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la secta de los Saducéos, se llenaron de zelo, 18 Y echaron mano á los apóstoles, y pusiéronlos en la cárcel pública. 19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándoles, dijo: 20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida. 21 Y oido que hubieron [esto,] entraron de mañana en el templo, y enseñaban. Entretanto viniendo el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israel, y enviaron á la cárcel para que fuesen traidos. 22 Mas como llegaron los ministros, y no les hallaron en la cárcel, volvieron, y dieron aviso, 23 Diciendo: Por cierto la cárcel hemos hallado cerrada con toda seguridad, y los guardas que estaban delante de las puertas, mas cuando abrimos, á nadie hallamos dentro. 24 Y cuando oyeron estas palabras el pontífice y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban en qué vendria á parar aquello. 25 Pero viniendo uno, dióles [esta] noticia: Hé aquí los varones que echásteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. 26 Entónces fué el magistrado con los ministros, y trájoles sin violencia, porque temian del pueblo ser apedreados. 27 Y como los trajeron, [los] presentaron en el concilio; y el príncipe de los sacerdotes les preguntó, 28 Diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre, y hé aquí habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, y quereis echar sobre nosotros la sangre de este hombre. 29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es menester obedecer á Dios ántes que á los hombres. 30 El Dios de nuestros padres levantó a Jesus, al cual vosotros matásteis colgándole en un madero. 31 A este ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remision de pecados. 32 Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambien el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le obedecen. 33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban matarles. 34 Entónces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles; 35 Y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habeis de hacer. 36 Porque ántes de estos dias se levantó [un] Teudas, diciendo que era alguien; al que se agregó un número de hombres, como cuatrocientos; el cual fué matado, y todos los que le creyeron fueron dispersos, y reducidos á nada. 37 Despues de este se levantó Júdas el Galiléo en los dias del empadronamiento, y llevó mucho pueblo tras sí. Pereció tambien aquel, y todos los que consintieron con el fueron derramados. 38 Y ahora os digo: Dejáos de estos hombres, y dejadles; porque si este consejo, ó esta obra es de los hombres, se desvanecerá; 39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: [mirad] no seais tal vez hallados resistiendo á Dios. 40 Y convinieron con él: y llamando á los apóstoles, despues de azotados, [les] intimaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y soltáronlos. 41 Y ellos partieron de delante del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de [Jesus.] 42 Y todos los dias, en el templo. y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar á Jesu-Cristo. CAPITULO 6. 1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion de los Griegos contra los Hebréos; de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cotidiano. 2 Así que los doce convocaron la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas. 3 Buscad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra. 4 Y nosotros persistirémos en la oracion y en el ministerio de la palabra. 5 Y plugo el parecer á toda la multitud; y eligieron á Esteban, varon lleno de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor y á Timon, y á Parmenas, y á Nicolás, prosélito de Antioquía. 6 A estos presentaron delante de los apóstoles, los cuales orando les pusieron las manos encima. 7 Y crecia la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: tambien una gran multitud de los sacerdotes obedecia á la fé. 8 Empero Esteban, lleno de gracia y de potencia, hacia prodigios y milagros grandes en el pueblo. 9 Levantáronse entónces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los de Cilicia, y de Asia, disputando con Esteban. 10 Mas no podian resistir á la sabiduría y al espíritu con que hablaba. 11 Entónces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios. 12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos y á los escribas; y arremetiendo, le arrebataron y trajeron al concilio. 13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra este lugar santo y la ley. 14 Porque le hemos oido decir, que este Jesus de Nazaret destruirá este lugar, y mudará las ordenanzas que nos dió Moisés. 15 Entónces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. CAPITULO 7. 1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entónces: ¿Es esto así? 2 Y él dijo: Varones hermanos, y padres, oid: El Dios de la gloria apareció á nuestro padre Abraham, estando en Mesopotamia, ántes que morase en Charan, 3 Y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré. 4 Entónces salió de la tierra de los Caldéos, y habitó en Charan: y de allí, muerto su padre, le traspaso á esta tierra, en la cual vosotros habitais ahora. 5 Y no le dió herencia en ella, ni aun para asentar un pié: mas le prometió que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo aun hijo. 6 Y hablóle Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y que los reducirian á servidumbre, y maltratarian por cuatrocientos años. 7 Mas yo juzgaré, dijo Dios, la nacion á la cual serán siervos: y despues de esto saldrán, y me servirán en este lugar. 8 Y dióle el pacto de la circuncision: y así [Abraham] engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo dia; é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas. 9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á José para Egipto; mas Dios era con él, 10 Y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Pharaon, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa. 11 Vino entónces hambre en toda la tierra de Egipto, y de Chanaan, y grande tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda José fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Pharaon el linaje de José. 14 Y enviando José, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en [número de] setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob á Egipto, donde murió él y nuestros padres; 16 Los cuales fueron trasladados á Sichem, y puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemor, [padre] de Sichem. 17 Mas como se acercaba el tiempo de la promesa la cual Dios prometió á Abraham, el pueblo creció y multiplicóse en Egipto, 18 Hasta que se levantó otro rey en Egipto que no conocia á José. 19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, á fin de que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la generacion. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre. 21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaon le tomó, y le crió como á hijo suyo. 22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios; y era poderoso en sus dichos y hechos. 23 Y cuando hubo cumplido la edad de cuarenta años, le vino voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israel. 24 Y como vió á uno que era injuriado, defendióle, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado. 25 Pues él pensaba que sus hermanos entendian que Dios les habia de dar salud por su mano: mas ellos no [lo] habian entendido. 26 Y al dia siguiente riñendo ellos, se les mostró, y les metia en paz, diciendo: Varones hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros? 27 Entónces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? 28 ¿Quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio? 29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madian, donde engendró dos hijos. 30 Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sina en fuego de llama de una zarza. 31 Entónces Moisés mirando, se maravilló de la vision; y llegandose para considerar, fué hecha á él voz del Señor: 32 Yo [soy] el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y^ el Dios de Jacob. Mas Moisés, temeroso, no osaba mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que estás, es tierra santa. 34 He visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y he oido el gemido de ellos, y he descendido para librarlos. Ahora pues ven, te enviaré á Egipto. 35 A este Moisés, al cual habian rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza. 36 Este los saco, habiendo hecho prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israel: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; á él oiréis. 38 Este es aquel que estuvo en la congregacion en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte Sina, y con nuestros padres; y recibió las palabras de vida para darnos: 39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer; ántes [le] desecharon, y se apartaron de corazon á Egipto, 40 Diciendo á Aaron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque á este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos qué le ha acontecido. 41 Y entónces hicieron un becerro, y ofrecieron sacrificios al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron, 42 Y Dios se apartó y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israel? 43 Antes trajísteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remfan, figuras que os hicísteis para adorarlas: os trasportaré pues más allá de Babilonia. 44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del Testimonio en el desierto como habia [Dios] ordenado, hablando á Moisés que le hiciese segun la forma que habia visto. 45 El cual recibido, metieron tambien nuestros padres con Josué en la posesion de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los dias de David: 46 El cual halló gracia delante de Dios, y pidió hallar tabernáculo para el Dios de Jacob. 47 Mas Salomon le edificó casa. 48 Si bien el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta dice: 49 El cielo [es] mi trono, y la tierra el estrado de mis piés. ¿Qué casa me edificaréis? dice el Señor: ó ¿cuál [será] el lugar de mi reposo? 50 ¿No hizo mi mano todas estas cosas? 51 Duros de cerviz, é incircuncisos de corazon y de oidos; vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, [así] tambien vosotros. 53 ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? y mataron á los que ántes anunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habeis sido entregadores y matadores: 53 Que recibísteis la ley por disposicion de ángeles, y no [la] guardásteis. 54 Y oyendo estas cosas, regañaban de sus corazones, y crujian los dientes contra él. 55 Mas él estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesus que estaba á la diestra de Dios. 56 Y dijo: Hé aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios. 57 Entónces dando grandes voces, se taparon sus oidos, y arremetieron unánimes contra él. 58 Y echándolo fuera de la ciudad, [le] apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos á los piés de un mancebo que se llamaba Saulo. 59 Y apedrearon á Esteban, invocando él, y diciendo: Señor Jesus, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les imputes este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió [en el Señor.] CAPITULO 8. 1 Y SAULO consentia en su muerte. Y en aquel dia se hizo una grande persecucion en la iglesia que [estaba] en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judéa y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y llevaron [á enterrar] á Esteban varones piadosos, é hicieron gran llanto sobre él. 3 Entónces Saulo asolaba la iglesia entrando por las casas; y trayendo hombres y mujeres, [los] entregaba en la cárcel. 4 Mas los que fueron esparcidos, iban por todas partes anunciando la palabra. 5 Entónces Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo. 6 Y las gentes escuchaban atentamente unánimes las cosas que decia Felipe, oyendo y viendo las señales que hacia. 7 Porque de muchos que tenian espíritus inmundos, salian [estos] dando grandes voces: y muchos paralíticos y cojos eran sanados. 8 Así que habia gran gozo en aquella ciudad. 9 Y habia un hombre llamado Simon, el cual habia sido ántes mágico en aquella ciudad, y engañado la gente de Samaria diciéndose ser algun grande, 10 Al cual oian todos atentamente desde el más pequeño hasta el mas grande, diciendo: Este es la grande virtud de Dios. 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los habia embelesado mucho tiempo. 12 Mas cuando creyeron á Felipe, que anunciaba el Evangelio del reino de Dios, y el nombre de Jesu-Cristo, se bautizaban hombres y mujeres. 13 El mismo Simon creyó tambien entónces, y bautizándose se llegó á Felipe; y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacian, estaba atónito. 14 Y los apóstoles que estaban en Jerusalem, habiendo oido que Samaria habia recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan: 15 Los cuales venidos, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo. 16 (Porque aun no habia descendido sobre alguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesus.) 17 Entónces les impusieron las manos, y recibieron el Espíritu Santo. 18 Y como vió Simon que por la imposicion de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, 19 Diciendo: Dadme tambien á mí esta potestad, que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. 20 Entónces Pedro le dijo: Tú dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero. 21 No tienes tú parte ni suerte en este negocio: porque tu corazon no es recta delante de Dios. 22 Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazon. 23 Porque en hiel de amargura y en prision de maldad veo que estás. 24 Respondiendo entónces Simon, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas, que habeis dicho, venga sobre mí. 25 Y ellos habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaron el Evangelio. 26 Empero el ángel del Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate y vé hacia la Mediodia, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza, la cual es desierta. 27 Entónces él se levantó, y fué: y hé aquí un Etiope, eunuco, gobernador de Candace, reina de los Etiopes, el cual era puesto sobre todos sus tesoros, y habia venido á adorar á Jerusalem, 28 Se volvia, sentado en su carro, y leyendo el profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate y júntate á este carro. 30 Y acudiendo Felipe, le oyó que leia al profeta Isaías; y dijo Mas ¿entiendes lo que lees? 31 Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él. 32 Y el lugar de la escritura que leia, era este: Como oveja á la muerte fué llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca. 33 En su humillacion su juicio fué quitado: mas su generacion, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida. 34 Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno? 35 Entónces Felipe abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el Evangelio de Jesus. 36 Y yendo por el camino llegaron á cierta agua; y dijo el eunuco: Hé aquí agua; ¿qué impide que yo sea bautizado? 37 Y Felipe dijo: Si crees de todo corazon, bien puedes: Y respondiendo dijo: Creo que Jesu-Cristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco; y bautizóle. 39 Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe, y no le vió mas el eunuco: y se fué por su camino gozoso. 40 Felipe empero se halló en Azoto: y pasando anunciaba el Evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó á Cesaréa. CAPITULO 9. 1 Y SAULO, respirando aun amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, 2 Y demandó de él letras para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos hombres ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem. 3 Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Y él dijo: ¿Quién eres, Señor, Y él dijo: Yo soy Jesus á quien tú persigues: dura cosa te es dar coces contra el aguijon. 6 El temblando y temeroso dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le dice: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad la voz, mas no viendo á nadie. 8 Entónces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veia á nadie: así que llevándole por la mano, metiéronle en Damasco, 9 Donde estuvo tres dias sin ver; y no comió, ni bebió. 10 Habia entónces un discípulo en Damasco, llamado Ananías; al cual el Señor dijo en vision: Ananías. Y él respondió: Héme aquí, Señor. 11 Y el Señor le [dijo:] Levántate, y vé á la calle, que se llama la Derecha, y busca en casa de Júdas á [uno] llamado Saulo, de Tarso: porque hé aquí él ora; 12 Y ha visto en vision un varon llamado Ananías, que entra, y le pone la mano encima para que reciba la vista. 13 Entónces Ananías respondió: Señor, he oido á muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho á tus santos en Jerusalem. 14 Y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á todos los que invocan tu nombre. 15 Y le dijo el Señor: Vé; porque instrumento escogido me es este, para que lleve mi nombre en presencia de los Gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel. 16 Porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre. 17 Ananías entónces fué, y entró en la casa; y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo, hermano, el Señor Jesus, que te apareció en el camino por donde venias, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno de Espíritu Santo. 18 Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al punto la vista: y levantándose fué bautizado. 19 Y como comió fué confortado. Y estuvo Saulo por algunos dias con los discípulos que estaban en Damasco. 20 Y luego en las sinagogas predicaba á Cristo, [diciendo] que este era el Hijo de Dios. 21 Y todos los que [le] oian estaban atónitos, y decian: ¿No es este él que asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre, y á eso vino acá, para llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes? 22 Empero Saulo mucho más se esforzaba, y confundia á los Judíos que moraban en Damasco, afirmando que este es el Cristo. 23 Y como pasaron muchos dias, los Judíos hicieron entre sí consejo de matarle. 24 Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo: y ellos guardaban las puertas de dia y de noche para matarle. 25 Entónces los discípulos, tomándole de noche, [le] bajaron por el muro [metido] en una espuerta. 26 Y como [Saulo] vino á Jerusalem tentaba de juntarse con los discípulos mas todos tenian miedo de él, no creyendo que era discípulo. 27 Entónces Bernabé, tomándole, [le] trajo á los apóstoles; y contóles como habia visto al Señor en el camino, y qué le habia hablado, y cómo en Damasco habia hablado confiadamente en el nombre de Jesus. 28 Y entraba y salia con ellos en Jerusalem. 29 Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los Griegos; mas ellos procuraban matarle. 30 Lo cual como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesaréa y le enviaron á Tarso. 31 Las iglesias entónces tenian paz por toda Judéa, y Galiléa, y Samaria, y eran edificadas andando en el temor del Señor; y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas. 32 Y aconteció que Pedro, andándolos á todos, vino tambien á los santos que habitaban en Lidda. 33 Y halló allí á uno que se llamaba Eneas, que hacia ocho años que estaba en cama, que era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesu-Cristo te sana: levántate, y hazte tu cama. Y luego se levantó. 35 Y viéronle todos los que habitaban en Lidda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor. 36 Entónces en Joppe habia una discípula llamada Tabita, que si lo declaras, quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras, y de limosnas que hacia. 37 Y aconteció en aquellos dias que enfermando, murió; á la cual, despues de lavada, pusieron en una sala. 38 Y como Lidda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos hombres rogándole: No te detengas en venir hasta nosotros. 39 Pedro entónces levantándose, fué con ellos: y llegado que hubo, le llevaron á la sala, donde le rodearon todas las viudas, llorando, y mostrándole las túnicas y los vestidos que Dorcas hacia, cuando estaba con ellas. 40 Entónces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró, y vuelto al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y viendo á Pedro, incorporóse. 41 Y él le dió la mano, y levantóla: entónces llamando los santos y las viudas, la presentó viva. 42 Esto fué notorio por toda Joppe: y creyeron muchos en el Señor. 43 Y aconteció que se quedó muchos dias en Joppe, en casa de un cierto Simon. curtidor. CAPITULO 10. 1 HABIA un varon en Cesaréa, llamado Cornelio, centurion de la compañía que se llamaba la Italiana, 2 Pio, y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacia muchas limosnas al pueblo, y oraba á Dios siempre. 3 Este vió en vision manifiestamente como á la hora nona del dia, que un ángel de Dios entraba á él, y le decia: Cornelio. 4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo ¿Qué es, Señor? Y díjole: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria á la presencia de Dios. 5 Envia pues ahora hombres á Joppe y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre Pedro. 6 Este posa en casa de un Simon, curtidor, que tiene su casa junta á la mar: él te dirá lo que te conviene hacer. 7 E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llama dos de sus criados, y un devoto soldado de los que le asistian: 8 A los cuales, despues de habérselo contado todo, les envió á Joppe. 9 Y el dia siguiente, yendo ellos su camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotéa á orar, cerca de la hora de sexta. 10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer: pero mientras [se lo] disponian, sobrevínole un éxtasi, 11 Y vió el cielo abierto, y que descendia un vaso, como un gran lienzo, que atado de los cuatro cabos, era bajado á la tierra; 12 En el cual habia de todos los animales cuadrúpedos de la tierra, y reptiles^, y aves del cielo. 13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata y come. 14 Entónces Pedro dijo: Señor, no; porque ninguna cosa comun é inmunda he comido jamás. 15 Y volvió la voz hacia él la segunda vez: Lo que Dios limpió no [lo] llamas tú comun. 16 Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el cielo. 17 Y estando Pedro dudando dentro de sí, qué seria la vision que habia visto, hé aquí los hombres que habian sido enviados por Cornelio, que preguntando por la casa de Simon, llegaron á la puerta. 18 Y llamando, preguntaron si un Simon, que tenia por sobrenombre Pedro, posaba allí. 19 Y estando Pedro pensando en la vision, le dijo el Espíritu: Hé aquí tres hombres te buscan. 20 Levántate pues, y desciende, y no dudes ir con ellos; porque yo los he enviado. 21 Entónces Pedro descendiendo á los hombres que eran enviados por Cornelio, dijo: Hé aquí, yo soy el que buscais: ¿qué [es] la causa por que habeis venido? 22 Y ellos dijeron: Cornelio, el centurion, varon justo, y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nacion de los Judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de tí palabras. 23 Entónces metiéndoles dentro, los hospedó: y al dia siguiente levantándose se fué con ellos; y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe. 24 Y al otro dia entraron en Cesaréa. Y Cornelio les estaba esperando, habiendo llamado sus parientes y los amigos más familiares. 25 Y como Pedro entró, salió Cornelio á recibirle; y derribándose á sus piés, adoró. 26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Levántate: yo mismo tambien soy hombre. 27 Y hablando con él, entró, y halló á muchos que se habian juntado. 28 Y les dijo: Vosotros sabeis que es abominable á un varon Judío juntarse ó llegarse á extranjero; mas me ha mostrado Dios, que á ningun hombre llame comun ó inmundo. 29 Por lo cual llamado, he venido sin dudar. Así que pregunto, ¿por qué causa me habeis hecho venir? 30 Entónces Cornelio dijo: Cuatro dias ha que á esta hora yo estaba ayuno; ya la hora de nona estando orando en mi casa, hé aquí un varon se puso delante de mí en vestido resplandeciente, 31 Y dijo: Cornelio, tu oracion es oida, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios. 32 Envia pues á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre Pedro; este posa en casa de Simon, un curtidor, junto á la mar, el cual venido te hablará. 33 Así que, luego envié á tí; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oir todo lo que Dios te ha mandado. 34 Entónces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepcion de personas, 35 Sino que de cualquier nacion, que le teme y obra justicia, se agrada. 36 Envió palabra [Dios] á los hijos de Israel, anunciando la paz por Jesu- Cristo: este es el Señor de todos. 37 Vosotros sabeis lo que fué divulgado por toda Judéa, comenzando desde Galiléa, despues del bautismo que Juan predicó, 38 [Cuanto] á Jesus de Nazaret; como le ungió Dios de Espíritu Santo y de potencia: el cual anduvo haciendo bienes, y sanando todos los oprimídos del diablo: porque Dios era con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judéa, y en Jerusalem; al cual mataron colgándole en un madero. 40 A este levantó Dios al tercer dia, é hizo que apareciese manifiesto, 41 No á todo el pueblo, sino á los testigos que Dios ántes habia ordenado, [es á saber,] á nosotros, que comimos y bebimos con él, despues que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos: Que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 A este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en el creyeren, recibirán perdon de pecados por su nombre. 44 Estando aun hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oian el sermon. 45 Y se espantaron los fieles que eran de la circuncision que habian venido con Pedro, de que tambien sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oian que hablaban en lenguas, y que magnificaban á Dios. Entónces respondió Pedro: 47 ¿Puede alguno impedir el agua para que no sean bautizados estos que han recibido el Espíritu Santo tambien como nosotros? 48 Y les mandó bautizar en el nombre del Señor Jesus. Entónces le rogaron que se quedase [con ellos] por algunos dias. CAPITULO 11. 1 Y OYERON los apóstoles y los hermanos que estaban en Judéa, que tambien los Gentiles habian recibido la palabra de Dios. 2 Y como Pedro subió á Jerusalem, contendian contra él los que eran de la circuncision, 3 Diciendo: ¿Por qué has entrado á hombres incircuncisos, y has comido con ellos? 4 Entonces comenzando Pedro, les declaró por órden [lo pasado,] diciendo: 5 Estaba yo en la ciudad de Joppe orando, y ví en rapto de entendimiento una vision; un vaso, como un gran lienzo, que descendia, que por los cuatro cabos era abajado del cielo, y venia hasta mí: 6 En el cual como puse los ojos, consideré y ví animales terrestres de cuatro piés, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 7 Y oí una voz que me decia: Levántate, Pedro; mata y come. 8 Y dije: Señor, no; porque ninguna cosa comun ni inmunda entró jamás en mi boca. 9 Entónces la voz me respondió del cielo segunda vez: Lo que Dios limpió no [lo] llamas tu comun. 10 Y esto fué hecho por tres veces: y volvió todo á ser tomado arriba en el cielo. 11 Y hé aquí que luego sobrevinieron tres hombres á la casa donde yo estaba, enviados á mí de Cesaréa. 12 Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Y vinieron tambien conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varon, 13 El cual nos contó como habia visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envia á Joppe, y haz venir á un Simon que tiene por sobrenombre Pedro; 14 El cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15 Y como comencé á hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, tambien como sobre nosotros al principio. 16 Entónces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua, más vosotros seréis bautizados en Espíritu Santo. 17 Así que, si Dios les dió el mismo don tambien como á nosotros que hemos creido en el Señor Jesu-Cristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar á Dios? 18 Entónces, oidas estas cosas, callaron, y glorificaron á Dios, diciendo: De manera que tambien á los Gentiles ha dado Dios arrepentimiento para vida. 19 Y los que habian sido esparcidos por causa de la tribulacion que sobrevino en tiempo de Esteban, anduvieron hasta Fenicia, y Cipro, y Antioquia, no hablando á nadie la palabra, sino á solos los Judíos. 20 Y de ellos habia unos varones Ciprios y Cirenenses, los cuales como entraron en Antioquia, hablaron á los Griegos, anunciando el Evangelio del Señor Jesus. 21 Y la mano del Señor era con ellos; y creyendo gran numero [de gente,] se convirtió al Señor. 22 Y llegó la fama de estas cosas á oidos de la iglesia que estaba en Jerusalem; y enviaron á Bernabé que fuese hasta Antioquia. 23 El cual, como llegó, y vió la gracia de Dios, regocijóse, y exhortó á todos que permaneciesen en el propósito del corazon en el Señor. 24 Porque era varon bueno y lleno de Espíritu Santo y de fé: y mucha compañía fué agregada al Señor. 25 Despues partió Bernabé á Tarso á buscar á Saulo; y hallado, le trajo á Antioquia. 26 Y conversaron todo un año allí con la iglesia y enseñaron mucha gente; y los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquia. 27 Y en aquellos dias descendieron de Jerusalem profetas á Antioquia. 28 Y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba á entender por Espíritu, que habia de haber una grande hambre en toda la redondez de las tierras; la cual tambien hubo en tiempo de Claudio. 29 Entónces los discípulos, cada uno conforme á lo que tenia, determinaron enviar subsidio á los hermanos que habitaban en Judéa. 30 Lo cual asimismo hicieron, enviándo[lo] á los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo. CAPITULO 12. 1 EN el mismo tiempo el rey Heródes echó mano á maltratar algunos de la iglesia. 2 Y mató á cuchillo á Jacobo, hermano de Juan: 3 Y viendo que habia agradado á los Judíos, pasó adelante para prender tambien á Pedro. Eran entónces los dias de los ázimos. 4 Y habiéndole preso, púso[lo] en la cárcel, entregándole á cuatro cuaterniones de soldados que le guardasen; queriendo sacarle al pueblo despues de la Pascua. 5 Así que, Pedro era guardado en la cárcel; y la iglesia hacia oracion á Dios sin cesar por él. 6 Y cuando Heródes le habia de sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas: y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. 7 Y hé aquí el ángel del Señor sobrevino, y una luz resplandeció en la cárcel; é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8 Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. 9 Y saliendo, le seguia, y no sabia que era verdad lo que hacia el ángel; mas pensaba que veia vision. 10 Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron á la puerta de hierro, que va á la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de él. 11 Entónces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Heródes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba. 12 Y habiendo considerado [esto,] llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban juntos orando. 13 Y tocando Pedro á la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar, llamada Rhode: 14 La cual, como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió el postigo, sino corriendo dentro, dió nueva que Pedro estaba al postigo. 15 Y ellos le dijeron: Estás loca: mas ella afirmaba que así era. Entónces ellos decian: Su ángel es. 16 Mas Pedro perseveraba en llamar: y cuando abrieron, viéronle, y se espantaron. 17 Mas él haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó cómo el Señor le habia sacado de la cárcel, y dijo: Haced saber esto á Jacobo y á los hermanos. Y salió, y partió á otro lugar. 18 Luego que fué de dia, hubo no poco alboroto entre los soldados sobre qué se habia hecho de Pedro. 19 Mas Heródes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisicion de los guardas, los mandó llevar. Despues descendiendo de Judéa á Cesarea, se quedó [allí.] 20 Y Heródes estaba enojado contra los de Tiro, y los de Sidon: mas ellos vinieron concordes á él, y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedian paz: porque las tierras de ellos eran abastecidas por las del rey. 21 Y un dia señalado, Heródes vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y arengóles. 22 Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. 23 Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y espiró comido de gusanos. 24 Mas la palabra del Señor crecia, y era multiplicada. 25 Y Bernabé y Saulo volvieron de Jerusalem cumplido su servicio, tomando tambien consigo á Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos. CAPITULO 13. 1 HABIA entónces en la iglesia que estaba en Antioquia, profetas y doctores; Bernabé, y Simon el que se llamaba Niger, y Lucio Cirenéo, y Manahen, que habia sido criado con Heródes el tetrarca, y Saulo. 2 Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme á Bernabé y á Saulo para la obra para la cual los he llamado. 3 Entónces habiendo ayunado, y orado, y puéstoles las manos encima, despidiéron[les.] 4 Y ellos, enviados así por el Espíritu Santo, descendieron á Seleucia; y de allí navegaron á Cipro. 5 Y llegados á Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenian tambien á Juan en el ministerio. 6 Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafo, hallaron un hombre mago, falso profeta Judío, llamado Barjesus: 7 El cual estaba con el procónsul Sergio Paulo, varon prudente. Este, llamando á Bernabé y á Saulo, deseaba oir la palabra de Dios. 8 Mas les resistia Elimas el encantador, (que así se interpreta su nombre), procurando apartar de la fé al procónsul. 9 Entónces Saulo, que tambien [es] Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, 10 Dijo: Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia, ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11 Ahora, pues, hé aquí, la mano del Señor [es] contra tí, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayeron en él oscuridad y tinieblas; y andando alrededor, buscaba quien le condujese por la mano. 12 Entónces el procónsul, viendo lo que habia sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 13 Y partidos de Pafo, Pablo y sus compañeros arribaron á Perge de Pamphylia: entónces Juan, apartándose de ellos, se volvió á Jerusalem. 14 Y ellos pasando de Perge, llegaron á Antioquia de Pisidia, y entrando en la sinagoga un dia de Sábado, sentáronse. 15 Y despues de la leccion de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron á ellos diciendo: Varones hermanos, si teneis alguna palabra de exhortacion para el pueblo, hablad. 16 Entónces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que temeis á Dios, oid. 17 El Dios del pueblo de Israel escogió á nuestros padres, y ensalzó el pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 18 Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto: 19 Y destruyendo siete naciones en la tierra de Chanaan, les repartió por suerte la tierra de ellas. 20 Y despues, como por cuatrocientos y cincuenta años, dió los jueces hasta el profeta Samuel. 21 Y entónces demandaron rey; y les dió Dios á Saul, hijo de Cis, varon de la tribu de Benjamin, por cuarenta años. 22 Y quitado aquel, levantóles por rey á David, al que dió tambien testimonio, diciendo: He hallado á David, [hijo] de Jessé, varon conforme á mi corazon, el cual hará todo lo que yo quiero. 23 De la simiente de este, Dios, conforme á la promesa, levantó á Jesus por Salvador á Israel; 24 Predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de arrepentimiento á todo el pueblo de Israel. 25 Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensais que soy? No soy yo: mas hé aquí viene tras mí [aquel] cuyo calzado de los piés no soy digno de desatar. 26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen á Dios, á vosotros es enviada la palabra de esta salud. 27 Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo á este, y las voces de los profetas que se leen todos los Sábados, condenándo[le las] cumplieron. 28 Y sin hallar [en él] causa de muerte, pidieron á Pilato que le matasen. 29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él estaban escritas, quitándo[le] del madero, [le] pusieron en el sepulcro. 30 Mas Dios le levantó de los muertos: 31 Y él fué visto por muchos dias de los que habian subido juntamente con él de Galiléa á Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo. 32 Y nosotros tambien os anunciamos el Evangelio de aquella promesa que fué hecha á los padres, la cual Dios ha cumplido á los hijos de ellos, á nosotros, resucitando á Jesus; 33 Como tambien en el salmo segundo esta escrito: Mi Hijo eres tú, yo te engendré hoy. 34 Y que le levantó de los muertos para nunca más volver á corrupcion, así [lo] dijo: Os daré las misericordias fieles de David. 35 Por eso dice tambien en otro [lugar:] No permitirás que tu Santo vea corrupcion. 36 Porque á la verdad David, habiendo servido en su edad á la voluntad de Dios, durmió, y fué juntado con sus padres, y vió corrupcion. 37 Mas aquel que Dios levantó, no vió corrupcion. 38 Séaos pues notorio, varones hermanos, que por este os es anunciada remision de pecados: 39 Y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en este es justificado todo aquel que creyere. 40 Mirad pues que no venga sobre vosotros lo que ésta dicho en los profetas: 41 Mirad, oh menospreciadores, y entontecéos, y desvanecéos: porque yo obro una obra en vuestros dias, obra que no creeréis, si alguien os la contare. 42 Y salidos de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron que el Sábado siguiente les hablasen estas palabras. 43 Y despedida la congregacion, muchos de los Judíos y de los religiosos prosélitos siguieron á Pablo y á Bernabé: los cuales hablándoles, les persuadian que permaneciesen en la gracia de Dios. 44 Y el Sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad á oir la palabra de Dios. 45 Mas los Judíos, visto el gentío, llenáronse de zelo, y se oponian á lo que Pablo decia, contradiciendo y blasfemando. 46 Entónces Pablo y Bernabé, usando de libertad, dijeron: A vosotros á la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios; mas pues que la desechais, y os juzgais indignos de la vida eterna, hé aquí nos volvemos á los Gentiles. 47 Porque así nos ha mandado el Señor: Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas salud hasta lo postrero de la tierra. 48 Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna. 49 Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia. 50 Mas los Judíos concitaron mujeres pias y honestas, y á los principales de la ciudad, y levantaron persecucion contra Pablo y Bernabé, y los echaron de sus términos. 51 Ellos entónces sacudiendo en ellos el polvo de sus piés, se vinieron á Iconio. 52 Y los discípulos estaban llenos de gozo, y de Espíritu Santo. CAPITULO 14. 1 Y ACONTECIÓ en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. 2 Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron y corrompieron los ánimos de los Gentiles contra los hermanos. 3 Con todo eso se detuvieron [allí] mucho tiempo confiados en el Señor, el cual daba testimonio á la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos. 4 Mas el vulgo de la ciudad estaba dividido; y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles. 5 Y haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles, juntamente con sus príncipes para afrentar[los] y apedrearlos, 6 Habiéndo[lo] entendido, huyéronse á Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra alrededor. 7 Y allí predicaban el Evangelio. 8 Y un hombre de Listra, impotente de los piés, estaba sentado cojo desde el vientre de su madre, que jamás habia andado. 9 Este oyó hablar á Pablo, el cual como puso los ojos en él, y vió que tenia fé para ser sano, 10 Dijo á gran voz: Levántate derecho sobre tus piés. Y [él] saltó, y anduvo. 11 Entónces las gentes, visto lo que Pablo habia hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua Licaónica: Dioses semejantes á hombres han descendido á nosotros. 12 Y á Bernabé llamaban Júpiter; y á Pablo, Mercurio, porque era el que llevaba la palabra. 13 Y el sacerdote de Júpiter que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y guirnaldas delante de las puertas, queria con el pueblo sacrificar. 14 [Lo cual] como oyeron los apóstoles Bernabé y Pablo, rotas sus ropas, se lanzaron al gentío, dando voces, 15 Y diciendo; Varones, ¿por qué haceis esto? Nosotros tambien somos hombres semejantes á vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtais al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos: 16 El cual en las edades pasadas ha dejado á todas las gentes andar en sus caminos; 17 Si bien no se deja á sí mismo sin testimonio, haciendo bien, dándoos lluvias del cielo, y tiempos fructíferos, y hinchiendo de mantenimiento y de alegria nuestros corazones. 18 Y diciendo estas cosas, apénas apaciguaron el pueblo para que no les ofreciesen sacrificio. 19 Entónces sobrevinieron unos Judíos de Antioquia y de Iconio, que persuadieron á la multitud, y habiendo apedreado á Pablo, [le] sacaron fuera de la ciudad, pensando que [ya] estaba muerto. 20 Mas rodeándole los discípulos, se levantó, y entró en la ciudad, y un dia despues partió con Bernabé á Derbe. 21 Y como hubieron anunciado el Evangelio á aquella ciudad, y enseñado á muchos, volvieron á Listra y á Iconio, y á Antioquia. 22 Confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles á que permaneciesen en la fé, y [enseñándoles] que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23 Y habiéndoles constituido ancianos en cada una de las iglesias, y habiendo orado con ayunos, les encomendaron al Señor en el cual habian creido. 24 Y pasando por Pisidia vinieron á Pamphylia. 25 Y habiendo predicado la palabra en Perge, descendieron á Atalia. 26 Y de allí navegaron á Antioquia, donde habian sido encomendados á la gracia de Dios para la obra que habian acabado. 27 Y habiendo llegado, y reunido la iglesia, relataron cuán grandes cosas habia Dios hecho con ellos, y cómo habia abierto á los Gentiles la puerta de la fé. 28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos. CAPITULO 15. 1 ENTONCES algunos que venian de Judéa enseñaban á los hermanos: Que si no os circuncidais, conforme al rito de Moisés, no podeis ser salvos. 2 Así que suscitada una disension y contienda no pequeña á Pablo y á Bernabé contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Bernabé á Jerusalem, y algunos otros de ellos, á los apóstoles y á los ancianos sobre esta cuestion. 3 Ellos, pues habiendo sido acompañados de la iglesia [al salir,] pasaron por la Fenicia y Samaria, contando la conversion de los Gentiles, y daban gran gozo á todos los hermanos. 4 Y llegados á Jerusalem, fueron recibidos de la iglesia, y de los apóstoles, y de los ancianos: y refirieron todas las cosas que Dios habla hecho con ellos. 5 Mas algunos de la secta de los Fariséos, que habian creido, se levantaron diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandar[les] que guarden la ley de Moisés. 6 Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio. 7 Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabeis como ya hace algun tiempo que Dios escogió que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del Evangelio, y creyesen. 8 Y Dios, que conoce los corazones les dió testimonio, dándoles el Espíritu Santo tambien como á nosotros: 9 Y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fé sus corazones. 10 Ahora pues, ¿por qué tentais á Dios poniendo yugo sobre la cerviz de los discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 Antes por la gracia del Señor Jesus creemos que serémos salvos, como tambien ellos. 12 Entónces toda la multitud calló, y oyeron á Bernabé y á Pablo que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios habia hecho por ellos entre los Gentiles. 13 Y despues que hubieron callado, Jacobo respondió diciendo: Varones hermanos, oidme. 14 Simon ha contado cómo Dios primero visitó á los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16 Despues de esto volveré, y restauraré la habitacion de David que estaba caida, y repararé sus ruinas, y la volveré á levantar; 17 Para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace estas cosas. 18 Conocidas son á Dios desde el siglo todas sus obras. 19 Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten á Dios, no han de ser inquietados; 20 Sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicacion, y de ahogado, y de sangre. 21 Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leido cada Sábado. 22 Entónces pareció bien a los apóstoles, y á los ancianos con toda la iglesia, elegir varones de ellos, y enviar[los] á Antioquia con Pablo, y Bernabé; á Júdas, que tenia por sobrenombre Barsabas, y á Silas, varones principales entre los hermanos; 23 Y escribir por mano de ellos [así:] los apóstoles y los ancianos y los hermanos, á los hermanos de los Gentiles, que están en Antioquía, y en Siria, y en Cilicia, salud: 24 Por cuanto hemos oido que algunos, que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, á los cuales no mandamos; 25 Nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarles á vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo, 26 Hombres que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesu- Cristo. 27 Así que, enviamos á Júdas, y á Silas, los cuales tambien por palabra [os] harán saber lo mismo. 28 Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, no imponeros ninguna carga mas que estas cosas necesarias: 29 Que os abstengais de cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicacion; de las cuales cosas si os guardareis, bien haréis. Pasadlo bien. 30 Ellos entónces enviados, descendieron á Antioquia, y juntando la multitud, dieron la carta. 31 La cual, como leyeron, fueron gozosos de la consolacion. 32 Júdas tambien y Silas, como ellos tambien eran profetas, consolaron y confirmaron los hermanos con abundancia de palabra. 33 Y pasando [allí] algun tiempo, fueron enviados de los hermanos á los apóstoles en paz. 34 Mas á Silas pareció bien de quedarse allí. 35 Y Pablo y Bernabé se estaban en Antioquia enseñando la palabra del Señor, y anunciando el Evangelio con otros muchos. 36 Y despues de algunos dias Pablo dijo á Bernabé: Volvamos á visitar los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están. 37 Y Bernabé queria que tomasen consigo á Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos; 38 Mas á Pablo no le parecia bien llevar consigo al que se habia apartado de ellos desde Pamphylia, y no habia ido con ellos á la obra. 39 Y hubo tal contencion entre ellos, que se apartaron el uno del otro; y Bernabé tomando á Marcos, navegó á Cipro, 40 Y Pablo escogiendo á Silas, partió encomendado de los hermanos á la gracia del Señor. 41 Y anduvo la Siria y la Cilicia confirmando las iglesias. CAPITULO 16. 1 DESPUES llegó á Derbe, y á Listra: y hé aquí, estaba allí un discípulo, llamado Timotéo, hijo de una mujer Judía fiel, mas de padre Griego: 2 De este daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3 Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándo[le,] le circuncidó por causa de los Judíos que estaban en aquellos lugares; porque todos sabian que su padre era Griego. 4 Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos que habian sido determinados por los apóstoles y los ancianos que estaban en Jerusalem. 5 Así que, las iglesias eran confirmadas en fé, y eran aumentadas en número cada dia. 6 Y pasando á Phrygia, y la provincia de Galacia, les fué prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia. 7 Y como vinieron á Misia, tentaron de ir á Bitinia; mas el Espíritu no les dejó [ir.] 8 Y pasando á Misia, descendieron á Troas. 9 Y fué mostrado á Pablo de noche una vision: Un varon Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa á Macedonia, y ayúdanos. 10 Y como vió la vision, luego procuramos partir á Macedonia, dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio. 11 Partidos pues de Troas, vinimos camino derecho á Samotracia, y el dia siguiente á Nápoles: 12 Y de allí á Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, [y] una colonia; y estuvimos en aquella ciudad algunos dias. 13 Y un dia de Sábado salimos de la puerta junto al rio, donde solia ser la oracion; y sentándonos hablamos á las mujeres que se habian juntado. 14 Entónces una mujer, llamada Lidia, que vendia púrpura en la ciudad de Tiatira, temerosa de Dios, estaba oyendo; el corazon de la cual abrió el Señor para que estuviese atenta á lo que Pablo decia. 15 Y cuando fué bautizada, y su familia, [nos] rogó, diciendo: Si habeis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y constriñiónos. 16 Y aconteció, que yendo nosotros á la oracion, una muchacha que tenia espíritu pitónico, nos salió al encuentro, la cual daba grande ganancia á sus amos adivinando. 17 Esta, siguiendo á Pablo, y á nosotros, daba voces diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud. 18 Y esto hacia por muchos dias: mas desagradando á Pablo, se volvió, y dijo al espíritu; Te mando, en el nombre de Jesu-Cristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora. 19 Y viendo sus amos que habia salido la esperanza de su ganancia, prendieron á Pablo y á Silas, y los trajeron al foro, al magistrado. 20 Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres, siendo Judíos, alborotan nuestra ciudad. 21 Y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos Romanos. 22 Y agolpóse el pueblo contra ellos; y los magistrados rompiéndoles sus ropas, [los] mandaron azotar con varas. 23 Y despues que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia. 24 El cual recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de más adentro, y les apretó los piés en el cepo. 25 Mas á media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos á Dios; y los que estaban presos los oian. 26 Entónces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movian; y luego todas las puertas se abrieron, y las prisiones de todos se soltaron. 27 Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se queria matar, pensando que los presos se habian huido. 28 Mas Pablo clamo á gran voz diciendo: No te hagas ningun mal; que todos estamos aquí. 29 El entónces pidiendo luz, entró dentro, y temblando, derribóse á los piés de Pablo y de Silas; 30 Y sacándoles fuera, les dice: Señores: ¿Qué es menester que yo haga para ser salvo? 31 Y ellos [le] dijeron: Crée en el Señor Jesu-Cristo, y serás salvo tú, y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor, y á todos los que estaban en su casa. 33 Y tomándolos en aquella misma hora de la noche, les lava los azotes; y se bautizó luego él, y todos los suyos. 34 Y llevándolos á su casa, les puso la mesa; y se gozó de que con toda su casa habia creido á Dios. 35 Y como fué de dia, los magistrados enviaron los alguaciles, diciendo: Deja ir á aquellos hombres. 36 Y el carcelero hizo saber estas palabras á Pablo: los magistrados han enviado [á decir] que seais sueltos: así que ahora salid, é id en paz. 37 Entónces Pablo les dijo: Azotados públicamente, sin ser condenados, siendo hombres Romanos, nos echaron en la cárcel; ¿y ahora nos echan encubiertamente? No de cierto, sino vengan ellos y sáquennos. 38 Y los alguaciles volvieron á decir á los magistrados estas palabras: y tuvieron miedo, oido que eran Romanos. 39 Y viniendo les rogaron; y sacándolos, les pidieron que saliesen de la ciudad. 40 Entónces salidos de la cárcel, entraron en [casa de] Lidia; y habiendo visto á los hermanos, los consolaron, y se salieron. CAPITULO 17. 1 Y PASANDO por Anfípolis y Apolonia, llegaron á Tesalónica, donde estaba la sinagoga de Judíos. 2 Y Pablo, como acostumbraba, entró á ellos, y por tres Sábados disputó con ellos de las escrituras, 3 Declarando y proponiendo, que convenia que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesus (el cual yo os anuncio, [decia él]) este era el Cristo. 4 Y algunos de ellos creyeron, y se juntaron con Pablo y con Silas; y de los Griegos religiosos grande multitud, y mujeres nobles no pocos. 5 Entónces los Judíos que eran incrédulos, teniendo zelos, tomaron consigo á algunos ociosos, malos hombres, y juntando compañía, alborotaron la ciudad; y acometiendo la casa de Jason procuraban sacarlos al pueblo. 6 Mas no hallá