The Project Gutenberg EBook of Reina Valera New Testament of the Bible 1858 (#2 in our series of Spanish Bibles) Copyright laws are changing all over the world. Be sure to check the copyright laws for your country before downloading or redistributing this or any other Project Gutenberg eBook. This header should be the first thing seen when viewing this Project Gutenberg file. Please do not remove it. Do not change or edit the header without written permission. Please read the "legal small print," and other information about the eBook and Project Gutenberg at the bottom of this file. Included is important information about your specific rights and restrictions in how the file may be used. You can also find out about how to make a donation to Project Gutenberg, and how to get involved. **Welcome To The World of Free Plain Vanilla Electronic Texts** **eBooks Readable By Both Humans and By Computers, Since 1971** *****These eBooks Were Prepared By Thousands of Volunteers!***** Title: Reina Valera New Testament of the Bible 1858 Author: Anon. Release Date: June, 2004 [EBook #5878] [Yes, we are more than one year ahead of schedule] [This file was first posted on September 15, 2002] Edition: 10 Language: Spanish Character set encoding: Latin1 *** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK, REINA VALERA NEW TESTAMENT OF THE BIBLE 1858 *** La Valera 1858 de la SBBE. Aviso: Este texto del Nuevo Testamento (Valera 1858) fue bajado de la pagina de web: Antigua Versión Valera 1909 – La palabra de Dios en español. (www.valera1909.com) Este texto no tiene derechos reservados, puedes distribuirlo como quieres. Solamente pedimos que por respeto del trabajo que invertimos en dándote este texto (Encontrando, escaneando, y corrigiendo.), que dejes este aviso y la siguiente introducción (Todo entre [Empieza…] y [Termina…]) en cualquier copia que publicas sobre el Internet. Si tienes cualquier pregunta o comentario por favor escribe a: info@valera1909.com. Introducción a la Valera 1858 de la SBBE. El texto siguiente fue escaneado de un Nuevo Testamento en Español que compré de una colección privada en León, Guanajuato, México, en 1986. Impresa en Londres en 1865 por Spottiswoode y Compañía, New Street Square, representa la condición de la Valera 1602 en la segunda mitad del siglo 19, siendo revisado mayormente en su ortografía. Todos los otros tipos de revisión son escasos en este texto. Hemos supuesto que el texto de este Nuevo Testamento es la revisión hecha por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera (SBBE) en 1858. Sin embargo, el Nuevo Testamento que escaneamos no fue impreso por la SBBE, y hasta ahora no han confirmado la identidad del texto que representa. La revisión SBBE 1858 era una de tres revisiones de Valera circulando en la era de su impresión (1865), y este texto es diverso que las otras dos revisiones (SPCC 1862, SBA 1865), por eso parece apropiado asumir que el texto en esta impresión es verdaderamente el NT Español de la SBBE 1858. Algunas revisiones ligeras nos confunden, sin embargo, siendo idénticas a las revisiones hechas por la SPCC en 1862 (e.g. Lucas 6.1: panes - sembrados), y nos hace suponer la posibilidad que había otra revisión que ambas usaron, de otra manera tendríamos que suponer que la SPCC 1862 usó en parte la revisión de la SBBE 1858. (Hubo revisión de la Valera en 1831-2 por la Sociedad Bíblica de Glasgow, pero no tenemos ningún ejemplar). Este Nuevo Testamento reproducimos aquí no solo para documentar tales revisiones, sin embargo, sino para proveer una representación precisa de la original Valera 1602, modernizada ortográficamente para facilitar comparación con revisiones posteriores. Si por medio de información futura averiguamos que no es la revisión de la SBBE de 1858, nos disculpamos ahora por la mala representación, pero por ser el texto siguiente mayormente una Valera 1602 revisada ortográficamente, el propósito de esta reproducción se mantiene igual. En todos nuestros textos, letra itálica se reproduce entre corchetes [...], para que se convierta fácilmente el Nuevo Testamento a muchos diferentes formatos. Algunas ediciones impresas tenían tanto letra itálica y palabras entre corchetes. En estos casos, para mantener la integridad de la reproducción, aún corcheteamos palabras inicialmente itálicas, pero para indicar la diferencia encerramos entre símbolos relativos <...> las palabras originalmente entre corchetes. Todas las copias impresas que hemos escaneado y duplicado contienen errores de impresión y puntuación. Algunos son obvios, pero de vez en cuando había varias posibilidades en la corrección. En tales casos determinamos la corrección según la original 1602, o la norma actual, la 1909. En todos los casos que hicimos correcciones señalamos la palabra alterada con el circunflejo (^). Además señalamos con la misma marca aquellos lugares donde parecía haber error, pero por no estar seguros, no cambiamos nada. Todos los asteriscos (*) en el texto son reproducciones de la impresión original. Significan alguna referencia en la margen, la cual reproducimos en abrazaderas {*...} al final del versículo. Guillermo Kincaid [Termina Aviso e Introducción] EL NUEVO TESTAMENTO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO, Ó SEAN LOS ESCRITOS EVANGÉLICOS Y APOSTÓLICOS. VERSION REVISTA Y CONFRONTADA CON EL TEXTO GRIEGO, Y CON DIVERSAS TRADUCCIONES, POR CIPRIANO DE VALERA. LONDRES. 1865 IMPRESO POR SPOTTISWOODE Y COMPANIA, NEW-STREET SQUARE LONDRES EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO SEGUN S. MATEO. CAPITULO 1 1 LIBRO de la generacion de Jesu Cristo, hijo de David, hijo de Abraham. 2 Abraham engendró á Isaac; é Isaac engendró á Jacob; y Jacob engendró á Judá y á sus hermanos; 3 y Judá engendró de Thamár á Pharés y á Zara; y Pharés engendró á Hesrón; y Hesrón engendró á Ram; 4 y Ram engendró á Aminadáb; y Aminadáb engendró á Naasón; y Naasón engendró á Salmón; 5 y Salmón engendró de Raáb á Booz; y Booz engendró de Ruth a Obéd; y Obéd engendró á Isaí; 6 é Isaí engendró al rey David; y el rey David engendró á Salomón de la [que fué mujer] de Urías; 7 y Salomón engendró á Roboam; y Roboam engendró á Abiám; y Abiám engendró á Asa; 8 y Asa engendró á Josaphát; y Josaphát engendró á Jorám; y Jorám engendró á Ozías; 9 y Ozías engendró á Joathám; y Joathám engendró á Acház; y Acház engendró á Ezechías; 10 y Ezechías engendró a Manassé; y Manassé engendró á Amón; y Amón engendró á Josías; 11 y Josías engendró <á Joacím; y Joacím engendró> á Jechonías, y á sus hermanos, en la trasmigracion de Babilonia; 12 y despues de la trasmigracion de Babilonia, Jechonías engendró a Salathiél; y Salathiél engendró á Zorobabél; 13 y Zorobabél engendró á Abiud; y Abiud engendró á Eliacím; y Eliacím engendró á Azór; 14 y Azór engendró á Sadóc; y Sadóc engendró á Achím; y Achím engendró á Eliud; 15 y Eliúd engendró á Eleazár; y Eleazár engendró á Mathán; y Mathán engendró á Jacob; 16 y Jacob engendró á Joseph marido de María, de la cual nació Jesus, el cual es llamado el Cristo. 17 De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David, [son] catorce generaciones; y desde David hasta la trasmigracion de Babilonia, catorce generaciones; y desde la trasmigracion de Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones. 18 Y EL nacimiento de Jesu Cristo fué así: Que siendo María su madre desposada con Joseph, antes que se juntasen, fué hallada estar preñada del Espíritu Santo. 19 Y Joseph su marido, como era justo, y no la quisiese infamar, quiso dejarla secretamente. 20 Y pensando él esto, hé aquí, que el ángel del Señor le aparece en sueños, diciendo: Joseph, hijo de David, no temas de recibir á María tu mujer: porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es : 21 y parirá hijo, y llamarás su nombre JESUS: porque él salvará á su pueblo de sus pecados. 22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: 23 He aquí, que una vírgen será preñada, y parirá hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que declarado es: Con nosotros Dios. 24 Y despertado Joseph del sueño, hizo como el ángel del Señor le habia mandado, y recibió á su mujer. 25 Y no la conoció hasta que parió á su Hijo primogénito; y llamó su nombre JESUS. CAPITULO 2 1 Y COMO fué nacido Jesus en Bethlehem de Judea en los dias del rey Herodes, hé aquí, que Magos vinieron del oriente á Jerusalem, 2 diciendo: ¿Dónde está el Rey de los Judíos, que ha nacido? porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos á adorarle. 3 Y oyendo [esto] el rey Herodes, se turbó, y toda Jerusalem con él. 4 Y convocados todos los príncipes de los sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde habia de nacer el Cristo. 5 Y ellos le dijeron: En Bethlehem de Judea: porque así está escrito por el profeta: 6 Y tú, Bethlehem, [de] tierra de Judá, no eres muy pequeña entre los príncipes de Judá: porque de tí saldrá Guiador, que apacentará á mi pueblo Israel. 7 Entonces Herodes, llamados los Magos en secreto, entendió de ellos diligentemente el tiempo del aparecimiento de la estrella. 8 Y enviándolos á Bethlehem, dijo: Andad allá, y preguntad con diligencia por el niño; y despues que le halláreis, hacédmelo saber, para que yo venga y le adore. 9 Y ellos, habiendo oido al rey, se fueron; y hé aquí, que la estrella, que habian visto en el oriente, iba delante de ellos, hasta que llegando, se puso sobre donde estaba el niño. 10 Y vista la estrella, se gozaron mucho de gran gozo. 11 Y entrando en la casa, hallaron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron dones, oro, e incienso, y mirra. 12 Y siendo avisados por revelacion en sueños, que no volviesen a Herodes, se volvieron á su tierra por otro camino. 13 Y partidos ellos, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á Joseph, diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y huye á Egipto, y estáte allá, hasta que yo te [lo] diga: porque ha de acontecer que Herodes buscara al niño para matarle. 14 Y él despertando, tomó al niño y á su madre de noche, y se fué á Egipto; 15 y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que fué dicho por el Señor por el profeta, que dijo: De Egipto llamé á mi Hijo. 16 Herodes entonces, como se vió burlado de los Magos, se enojó mucho; y envió, y mató todos los niños que habia en Bethlehem, y en todos sus términos, de edad de dos años abajo, conforme al tiempo que habia entendido de los Magos. 17 Entonces fué cumplido lo que se habia dicho por el Señor por el profeta Jeremías, que dijo: 18 Voz fué oida en Ramá, lamentacion, lloro, y gemido grande: Rachél que llora sus hijos, y no quiso ser consolada, porque perecieron. 19 Mas muerto Herodes, hé aquí, el ángel del Señor aparece en sueños á Joseph en Egipto, 20 diciendo: Levántate, y toma al niño, y á su madre, y véte á tierra de Israél: que muertos son los que procuraban la muerte del niño. 21 Entonces él se levantó, y tomó al niño, y á su madre, y se vino á tierra de Israél. 22 Y oyendo que Arquelao reinaba en Judéa por Herodes su padre, tuvo temor de ir allá: mas amonestado por revelacion en sueños, se fué á las partes de Galiléa. 23 Y vino, y habitó en la ciudad que se llama Nazaret: para que se cumpliese lo que fué dicho por los profetas, que habia de ser llamado Nazareno. CAPITULO 3 1 Y EN aquellos dias vino Juan el Bautista, predicando en el desierto de Judéa, 2 y diciendo: Enmendáos: que el reino de los cielos se acerca. 3 Porque este es aquel del cual fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor; enderezad sus veredas. 4 Y tenia Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel montés. 5 Entonces salia á él Jerusalem, y toda Judea, y toda la provincia al rededor del Jordan, 6 y eran bautizados de él en el Jordan, confesando sus pecados. 7 Y viendo él muchos de los Fariséos y de los Saducéos, que venian á su bautismo, les decia: Generacion de víboras, ¿quién os ha enseñado á huir de la ira que vendrá? 8 Haced pues frutos dignos de conversion. 9 Y no penseis á deciros: A Abraham tenemos por padre: porque yo os digo, que puede Dios despertar hijos á Abraham aun de estas piedras. 10 Ahora, ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles; y todo árbol que no hace buen fruto, es cortado, y echado en el fuego. 11 Yo á la verdad os bautizo en agua para conversion: mas el que viene tras mí, mas poderoso es que yo, los zapatos del cual yo no soy digno de llevar: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. 12 Su aventador en su mano, y aventará su era, y allegará su trigo en el alfolí, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará. 13 ENTONCES Jesus vino de Galiléa á Juan al Jordan, para ser bautizado de él. 14 Mas Juan le resistia mucho, diciendo: Yo he menester de ser bautizado de tí, ¿y tu vienes á mí? 15 Empero respondiendo Jesus le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene cumplir toda justicia. Entonces le dejó. 16 Y Jesus despues que fué bautizado, subió luego del agua, y, hé aquí, los cielos le fueron abiertos, y vió al Espíritu de Dios que descendia como paloma. Y venia sobre él; 17 y, hé aquí, una voz de los cielos que decia: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo contentamiento. CAPITULO 4 1 ENTONCES Jesus fué llevado del Espíritu al desierto, para ser tentado del diablo. 2 Y habiendo ayunado cuarenta dias y cuarenta noches, despues tuvo hambre. 3 Y llegándose á él el tentador, dijo: Si eres Hijo de Dios, dí que estas piedras se hagan pan. 4 Mas él respondiendo, dijo: Escrito está: No con solo el pan vivirá el hombre: mas con toda palabra que sale por la boca de Dios. 5 Entonces el diablo le pasa á la santa ciudad; y le puso sobre las almenas del templo, 6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate [de aquí] abajo; que escrito está: Que á sus ángeles mandará por tí; y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces [con] tu pié á piedra. 7 Jesus le dijo: Otra vez está escrito: No tentarás al Señor tu Dios. 8 Otra vez le pasa el diablo á un monte muy alto, y le muestra todos los reinos del mundo, y su gloria, 9 y le dice: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesus le dice: Véte, Satanás: que escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y á él solo servirás. 11 El diablo entonces le dejó; y hé aquí, los ángeles llegaron, y le servian. 12 MAS oyendo Jesus que Juan era preso, se volvió á Galiléa; 13 y dejando á Nazaret, vino, y habitó en Capharnaum, [ciudad] marítima, en los confines de Zabulón y de Nephthalím: 14 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: 15 La tierra de Zabulón, y la tierra de Nephthalím, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galiléa de los Gentiles, 16 pueblo asentado en tinieblas, vió gran luz: y á los asentados en region y sombra de muerte, luz les esclareció. 17 Desde entonces comenzó Jesus á predicar, y á decir: Enmendáos: que el reino de los cielos se ha acercado. 18 Y andando Jesus junto á la mar de Galiléa, vió á dos hermanos, Simon, que es llamado Pedro, y Andres su hermano, que echaban la red en la mar: porque eran pescadores. 19 Y les dice: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando luego las redes, le siguieron. 21 Y pasando de allí, vió otros dos hermanos, Jacobo, hijo de Zebedéo, y Juan su hermano, en la nave con Zebedéo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos luego, dejando la nave, y á su padre, le siguieron. 23 Y rodeó Jesus á toda Galiléa, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda flaqueza en el pueblo. 24 Y corria su fama por toda la Siria: y traian á él todos los que tenian mal, los tomados de diversas enfermedades y tormentos, y los endemoniados, y lunáticos, y paralíticos; y los sanaba. 25 Y le seguian muchas compañías de Galiléa, y de Decápolis, y de Jerusalem, y de Judéa, y de la otra parte del Jordán. CAPITULO 5 1 Y VIENDO Jesus las compañías, subió en el monte; y sentándose él, se llegaron á él sus discípulos. 2 Y abriendo [él] su boca, los enseñaba, diciendo: 3 Bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. 4 Bienaventurados los tristes: porque ellos recibirán consolacion. 5 Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por herencia. 6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos. 7 Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. 8 Bienaventurados los de limpio corazon: porque ellos verán á Dios. 9 Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10 Bienaventurados los que padecen persecucion por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. 11 Bienaventurados sois, cuando dijeren mal de vosotros, y [os] persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo. 12 Gozáos y alegráos: porque vuestro salario [es] grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que [fueron] antes de vosotros. 13 Vosotros sois la sal de la tierra; y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? no vale mas para nada, sino que sea echada fuera, y sea hollada de los hombres. 14 Vosotros sois la luz del mundo. La ciudad asentada sobre el monte no se puede esconder: 15 ni se enciende el candil, y se pone debajo de un almud, mas en el candelero, y alumbra á todos los que están en casa. 16 Así [pues] alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos. 17 No penseis que he venido para desatar la ley, ó los profetas: no he venido para desatar[la], mas para cumplirla. 18 Porque de cierto os digo, [que] hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota, ni un tilde perecerá de la ley, que todas las cosas no sean hechas. 19 De manera que cualquiera que desatare uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere, y enseñare, este será llamado grande en el reino de los cielos. 20 Porque [yo] os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariséos, no entrareis en el reino de los cielos. 21 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No matarás: mas cualquiera que matare, será culpado de juicio: 22 yo pues os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado de juicio; y cualquiera que dijere á su hermano: Raca, será culpado de concilio; y cualquiera que [á su hermano] dijere: Loco, será culpado del quemadero del fuego. 23 Por tanto si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares que tu hermano tiene algo contra tí, 24 deja allí tu presente delante del altar, y vé: vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces vé, y ofrece tu presente. 25 Sé amigo de tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino: porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil; y seas echado en prision. 26 De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el postrer cornado. 27 Oisteis que fué dicho á los antiguos: No adulterarás: 28 yo pues os digo, que cualquiera que mira la mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazon. 29 Por tanto si tu ojo derecho te fuere ocasion de caer, sácale, y échale de tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al quemadero. 30 Y si tu mano derecha te fuere ocasion de caer, córtala, y échala de tí: que mejor te es, que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al quemadero. 31 Tambien fué dicho: Cualquiera que enviare su mujer, déle carta de divorcio: 32 mas yo os digo, que el que enviare su mujer, fuera de causa de fornicacion, hace que ella adultere; y el que se casare con la enviada, comete adulterio. 33 Tambien, oisteis que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás: mas pagarás al Señor tus juramentos: 34 yo pues os digo: No jureis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey; 36 ni por tu cabeza jurarás: porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro; 37 mas sea vuestro hablar, Sí, sí: No, no: porque lo que es mas de esto, de mal procede. 38 Oisteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente: 39 mas yo os digo: No resistais con mal: antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele tambien la otra. 40 Y al que quisiere ponerte á pleito, y tomarte tu ropa, déjale tambien la capa. 41 Y á cualquiera que te cargare por una legua, vé con él dos. 42 Al que te pidiere, dále; y al que quisiere tomar de tí emprestado, no le rehuses. 43 Oisteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo; y aborrecerás á tu enemigo: 44 yo pues os digo: Amad á vuestros enemigos: bendecid á los que os maldicen: haced bien á los que os aborrecen; y orad por los que os calumnian y os persiguen: 45 para que seais hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos; y llueve sobre justos é injustos. 46 Porque si amáreis á los que os aman, ¿qué salario tendreis? ¿No hacen tambien lo mismo los publicanos? 47 Y si abrazáreis á vuestros hermanos solamente, ¿qué haceis de mas? ¿No hacen tambien así los publicanos? 48 Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. CAPITULO 6 1 MIRAD que no hagais vuestra limosna delante de los hombres, para que seais mirados de ellos: de otra manera no tendreis salario acerca de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Pues cuando haces limosna, no hagas tocar trompeta delante de tí, como hacen los hipócritas en las sinagogas, y en las plazas, para ser estimados de los hombres: de cierto os digo, [que ya] tienen su salario. 3 Mas cuando tú haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha: 4 que sea tu limosna en secreto; y tu Padre, que mira en lo secreto, el te pagará en público. 5 Y cuando orares, no seas como los hipócritas: porque ellos aman el orar en las sinagogas, y en los cantones de las calles en pié, para que sean vistos. De cierto que [ya] tienen su salario. 6 Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto: y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en público. 7 Y orando, no seais prolijos, como los Gentiles, que piensan que por su parleria serán oidos. 8 No os hagais pues semejantes á ellos: porque vuestro Padre sabe de que cosas teneis necesidad antes que vosotros le pidais. 9 Vosotros, pues, orareis así: Padre nuestro, que estás en los cielos: sea santificado tu nombre. 10 Venga tu reino: sea hecha tu voluntad, como en el cielo, [así] tambien en la tierra. 11 Dános hoy nuestro pan cotidiano. 12 Y suéltanos nuestras deudas, como tambien nosotros soltamos á nuestros deudores. 13 Y no nos metas en tentacion: mas líbranos de mal: porque tuyo es el reino, y la potencia, y la gloria, por [todos] los siglos. Amen. 14 Porque si soltáreis á los hombres sus ofensas, os soltará tambien á vosotros vuestro Padre celestial. 15 Mas si no soltáreis á los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os soltará vuestras ofensas. 16 Y cuando ayunais, no seais como los hipócritas, austeros: que demudan sus rostros para parecer á los hombres que ayunan. De cierto os digo, [que ya] tienen su salario. 17 Mas tú, cuando ayunas, unge tu cabeza, y lava tu rostro, 18 para no parecer á los hombres que ayunas, sino á tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te pagará en público. 19 No hagais tesoros en la tierra, donde la polilla y el orin corrompe, y donde ladrones minan, y hurtan: 20 mas hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orin corrompe, y donde ladrones no minan, ni hurtan. 21 Porque donde estuviere vuestro tesoro, allí estará vuestro corazon. 22 El candil del cuerpo es el ojo: así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso. 23 Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que si la lumbre que en tí hay, son tinieblas, ¿cuántas [serán] las mismas tinieblas? 24 Ninguno puede servir á dos señores: porque ó aborrecerá al uno, y amará al otro; ó se llegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á Dios y á Mammon. 25 Por tanto os digo: No os congojeis por vuestra vida, que habeis de comer, ó que habeis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habeis de vestir. ¿La vida no es mas que el alimento, y el cuerpo que el vestido? 26 Mirad á las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas? 27 ¿Mas quién de vosotros podrá congojándose añadir á su estatura un codo? 28 Y por el vestido, ¿por qué os congojais? Aprended [de] los lirios del campo, como crecen: no trabajan, ni hilan: 29 mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria fué vestido así como uno de ellos. 30 Y si la yerba del campo, que hoy es, y mañana es echada en el horno, Dios [la] vista así, ¿no [hará] mucho mas á vosotros, [hombres] de poca fé? 31 No os congojeis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, O qué beberemos, ó con qué nos cubriremos? 32 Porque los Gentiles buscan todas estas cosas: porque vuestro Padre celestial sabe que de todas estas cosas teneis necesidad. 33 Mas buscad primeramente el reino de Dios, y su justicia; y todas estas cosas os serán añadidas. 34 Así que, no os congojeis por lo de mañana; que la mañana traerá su congoja: baste al dia su afliccion. CAPITULO 7 1 No juzgueis, porque tambien no seais juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgais, sereis juzgados; y con la medida que medis, [con ella] os volverán á medir. 3 Y ¿por qué mires la arista que [está] en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo? 4 O ¿cómo dirás á tu hermano: Espera, echaré de tu ojo la arista; y, hé aquí, [una] viga en tu ojo? 5 ¡Hipócrita! echa primero la viga de tu ojo; y entonces mirarás en echar la arista del ojo de tu hermano. 6 No deis lo santo á los perros; ni echeis vuestras perlas delante de los puercos: porque no las rehuellen con sus piés, y vuelvan, y os despedacen. 7 Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y se os abrirá. 8 Porque cualquiera que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, se abre. 9 ¿Qué hombre hay de vosotros, á quien si su hijo pidiere pan, le dará una piedra? 10 ¿Y, si [le] pidiere pescado, le dará serpiente? 11 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, vuestro Padre que está en los cielos, ¿cuánto mas dará buenas cosas a los que piden de él? 12 Así que, todas las cosas que querriais que los hombres hiciesen con vosotros, así tambien haced vosotros con ellos: porque esta es la ley, y los profetas. 13 Entrad por la puerta estrecha: porque el camino, que lleva á perdicion, es ancho y espacioso; y los que van por él, [son] muchos. 14 Porque la puerta es estrecha, y angosto el camino que lleva á la vida; y pocos son los que lo hallan. 15 Tambien, guardáos de los falsos profetas, que vienen á vosotros con vestidos de ovejas: mas de dentro son lobos robadores. 16 Por sus frutos los conocereis. Cógense uvas de los espinos, ó higos de los cambrones? 17 De esta manera, todo buen árbol lleva buenos frutos: mas el árbol podrido lleva malos frutos. 18 No puede el buen árbol llevar malos frutos; ni el árbol podrido llevar buenos frutos. 19 Todo árbol que no lleva buen fruto, córtase, y échase en el fuego. 20 Así que por sus frutos los conocereis. 21 No cualquiera que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos: mas el que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos. 22 Muchos me dirán en aquel dia Señor, Señor, ¿no profetizamos [en] tu nombre, y [en] tu nombre sacamos demonios, y [en] tu nombre hicimos muchas grandezas? 23 Y entonces les confesaré: Nunca os conocí: apartáos de mí, obradores de maldad. 24 Pues, cualquiera que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al varon prudente, que edificó su casa sobre peña: 25 y descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó: porque estaba fundada sobre peña. 26 Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al varon loco, que edificó su casa sobre arena: 27 que descendió lluvia, y vinieron rios, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó; y fué su ruina grande. 28 Y FUÉ [que] como Jesus acabó estas palabras, las compañías se espantaban de su doctrina: 29 porque los enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. CAPITULO 8 1 Y COMO descendió del monte, le seguian muchas compañías. 2 Y, hé aquí, un leproso vino, y le adoró, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 3 Y extendiendo Jesus su mano, le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada. 4 Entonces Jesus le dijo: Mira, no [lo] digas á nadie: mas vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece el presente que mandó Moisés, para que les conste. 5 Y entrando Jesus en Capharnaum, vino á él el centurion, rogándole, 6 y diciendo: Señor, mi mozo está echado en casa paralítico, gravemente atormentado. 7 Y Jesus le dijo: Yo vendré, y le sanaré. 8 Y respondió el centurion, y dijo: Señor, no soy digno que entres debajo de mi techumbre: mas solamente dí con la palabra, y mi mozo sanará: 9 porque tambien yo soy hombre debajo de potestad; y tango debajo de mi [potestad] soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace. 10 Y oyéndo[lo] Jesus, se maravilló, y dijo á los que [le] seguian: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fé. 11 Mas [yo] os digo, que vendrán muchos del oriente, y del occidente, y se asentarán con Abraham, é Isaac, y Jacob, en el reino de los cielos. 12 Y los hijos del reino serán echados á las tinieblas de fuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 13 Entonces Jesus dijo al centurion: Vé, y como creiste, sea hecho contigo. Y su mozo fué sano en el mismo momento. 14 Y vino Jesus á casa de Pedro, y vió á su suegra echada en la cama, y con fiebre. 15 Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servia. 16 Y como fué ya tarde, trajeron á él muchos endemoniados, y echó [de ellos] los demonios con la palabra, y sanó todos los enfermos: 17 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta Isaías, que dijo: El tomó nuestras enfermedades, y llevó [nuestras] dolencias. 18 Y VIENDO Jesus muchas compañías al rededor de sí, mandó que se fuesen de la otra parte [del lago.] 19 Y llegóse un escriba, y díjole: Maestro, te seguiré donde quiera que fueres. 20 Y Jesus le dijo: las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde acueste su cabeza. 21 Y otro de sus discípulos le dijo: Señor, dáme licencia que vaya primero, y entierre á mi padre. 22 Y Jesus le dijo: Sígueme, y deja que los muertos entierren á sus muertos. 23 Y entrando él en [un] navío, sus discípulos le siguieron. 24 Y, hé aquí, fué hecho en la mar un gran movimiento, que el navío se cubria de las ondas; y él dormia. 25 Y llegándose sus discípulos, le despertaron, diciendo: Señor, sálvanos, perecemos. 26 Y [él] les dice: ¿Por qué temeis, [hombres] de poca fé? Entonces despierto reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué [hombre] es este, que aun los vientos y la mar le obedecen? 28 Y como él vino de la otra parte en la provincia de los Gergesenos, le vinieron al encuentro dos endemoniados que salian de los sepulcros, fieros en gran manera, que nadie podia pasar por aquel camino. 29 Y, hé aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesus, Hijo de Dios? ¿Has venido ya acá á molestarnos antes de tiempo? 30 Y estaba lejos de ellos un hato de muchos puercos paciendo. 31 Y los demonios le rogaron, diciendo: Si nos echas, permítenos que vamos en aquel hato de puercos. 32 Y les dijo: Id. Y ellos salidos, se fueron en aquel hato de puercos; y hé aquí, todo el hato de los puercos se precipitó de un despeñadero en la mar; y murieron en las aguas. 33 Y los porqueros huyeron, y viniendo á la ciudad, contaron todas las cosas, y lo que habia pasado con los endemoniados. 34 Y, hé aquí, toda la ciudad salió á recibir á Jesus: y cuando le vieron, le rogaban que se fuese de sus términos. CAPITULO 9 1 ENTONCES entrando en el navío, pasó de la otra parte, y vino á su ciudad. 2 Y, hé aquí, le trajeron un paralítico echado en [una] cama: y viendo Jesus la fé de ellos, dijo al paralítico: Confia, hijo; tus pecados te son perdonados. 3 Y, hé aquí, algunos de los escribas decian dentro de sí: Este blasfema. 4 Y viendo Jesus sus pensamientos, dijo: ¿Por qué pensais mal en vuestros corazones? 5 ¿cuál es mas fácil, decir: los pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda? 6 mas porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados (dice entonces al paralítico): Levántate, toma tu cama, y véte á tu casa. 7 Entonces él se levantó, y se fué á su casa. 8 Y las compañías viéndo[lo], se maravillaron, y glorificaron á Dios, que hubiese dado tal potestad á hombres. 9 Y PASANDO Jesus de allí, vió á un hombre, que estaba sentado al banco [de los públicos tributos], el cual se llamaba Matéo, y dícele: Sígueme. Y se levantó, y le siguió. 10 Y aconteció que estando él sentado á la mesa en casa, hé aquí que muchos publicanos y pecadores, que habian venido, se sentaron juntamente á la mesa con Jesus y sus discípulos. 11 Y viendo [esto] los Fariséos, dijeron á sus discípulos: ¿Por qué come vuestro Maestro con los publicanos y pecadores? 12 Y oyéndo[lo] Jesus, les dijo: los que están sanos, no tienen necesidad de médico; sino los enfermos. 13 Andad, antes aprended qué cosa es: Misericordia quiero, y no sacrificio: Porque no he venido á llamar los justos, sino los pecadores á penitencia.* {* A enmienda, á conversion.} 14 Entonces los discípulos de Juan vienen á él, diciendo: ¿Por qué nosotros y los Fariséos ayunamos muchas veces, y tus discípulos no ayunan? 15 Y les dijo Jesus: ¿Pueden los que son de bodas tener luto entre tanto que el esposo está con ellos? Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de ellos, y entonces ayunarán. 16 Y nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo: porque el tal remiendo tira del vestido, y se hace peor rotura. 17 Ni echan vino nuevo en cueros viejos: de otra manera los cueros se rompen, y el vino se derrama, y se pierden los cueros: mas echan el vino nuevo en cueros nuevos; y lo uno y lo otro se conserva juntamente. 18 HABLANDO él estas cosas á ellos, hé aquí, un principal vino, y le adoró, diciendo: Mi hija es muerta poco há: mas ven, y pon tu mano sobre ella, y vivirá. 19 Y se levantó Jesus, y le siguió, y sus discípulos. 20 Y, hé aquí, una mujer enferma de flujo de sangre doce años habia, llegándose por detrás, tocó la fimbria de su vestido: 21 porque decia entre sí: Si tocare solamente su vestido, seré libre. 22 Mas Jesus volviéndose, y mirándola, dijo: Confia, hija, tu fé te ha librado. Y la mujer fué libre desde aquella hora. 23 Y venido Jesus á casa del principal, viendo los tañedores de flautas, y la compañía que hacia bullicio, 24 díceles: Apartáos, que la moza no es muerta; mas duerme. Y se burlaban de él. 25 Y como la compañía fué echada fuera, entró, y la tomó de la mano; y la moza se levantó. 26 Y salió esta fama por toda aquella tierra. 27 Y pasando Jesus de allí, le siguieron dos ciegos dando voces, y diciendo: Ten misericordia de nosotros, Hijo de David. 28 Y venido á casa, vinieron á él los ciegos; y Jesus les dice: ¿Creeis que puedo hacer esto? Ellos dicen: Sí, Señor. 29 Entonces tocó los ojos de ellos, diciendo: Conforme á vuestra fé os sea hecho. 30 Y los ojos de ellos fueron abiertos; y Jesus les encargó [rigurosamente], diciendo: Mirad, nadie [lo] sepa. 31 Mas ellos salidos, divulgaron su fama por toda aquella tierra. 32 Y saliendo ellos, hé aquí, le trajeron un hombre mudo, endemoniado. 33 Y echado fuera el demonio, el mudo habló. Y las compañías se maravillaron, diciendo: Nunca ha sido vista cosa semejante en Israél. 34 Mas los Fariséos decian: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. 35 Y RODEABA Jesus por todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad, y toda flaqueza en el pueblo. 36 Y viendo las compañías, tuvo misericordia de ellas: que eran derramados y esparcidos, como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dice á sus discípulos: A la verdad la mies es mucha: mas los obreros, pocos: 38 rogad pues al Señor de la mies, que envie obreros á su mies. CAPITULO 10 1 ENTONCES llamando sus doce discípulos, les dió potestad contra los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y sanasen toda enfermedad, y toda flaqueza. 2 Y los nombres de los doce apóstoles son estos: El primero, Simon, que es dicho Pedro, y Andres su hermano: Jacobo [hijo] de Zebedéo, y Juan su hermano: 3 Felipe, y Bartolomé: Tomás, y Matéo el publicano; Jacobo [hijo] de Alféo, y Lebéo, por sobrenombre Tadéo: 4 Simon de Caná, y Judas Iscariote, que tambien le entregó. 5 Estos doce envió Jesus, á los cuales dió mandamiento, diciendo: Por el camino de los Gentiles no ireis, y en ciudad de Samaritanos no entreis: 6 mas id antes á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 7 Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos ha llegado. 8 Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios: de gracia recibisteis, dad de gracia. 9 No poseais oro, ni plata, ni dinero en vuestras bolsas; 10 ni alforja para el camino, ni dos ropas de vestir, ni zapatos, ni bordon: porque el obrero digno es de su alimento. 11 Mas en cualquier ciudad ó aldea, donde entráreis, buscad [con diligencia] quien sea en ella digno, y reposad allí hasta que salgais. 12 Y entrando en la casa, saludadla. 13 Y si la casa fuere digna, vuestra paz vendrá sobre ella: mas si no fuere digna, vuestra paz se volverá á vosotros. 14 Y cualquiera que no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa ó ciudad, y sacudid el polvo de vuestros piés. 15 De cierto os digo: [Que el castigo] será mas tolerable á la tierra de los de Sodoma, y de los de Gomorrha en el dia del juicio, que á aquella ciudad. 16 Hé aquí, yo os envio como á ovejas en medio de lobos: sed pues prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. 17 Y guardáos de los hombres: porque os entregarán en concilios, y en sus sinagogas os azotarán. 18 Y aun á príncipes, y á reyes sereis llevados por causa de mí, para que les conste á ellos, y á los Gentiles. 19 Mas cuando os entregaren, no os congojeis cómo, ó qué habeis de hablar: porque en aquella hora os será dada que hableis. 20 Porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu de vuestro Padre, que habla en vosotros. 21 El hermano entregará al hermano á la muerte, y el padre al hijo; y los hijos se levantarán contra los padres, y los harán morir. 22 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que soportare hasta el fin, este será salvo. 23 Mas cuando os persiguieren en esta ciudad, huid á la otra: porque de cierto os digo, [que] no acabareis de andar todas las ciudades de Israél, que no venga el Hijo del hombre. 24 El discípulo no es mas que su Maestro, ni el siervo mas que su Señor. 25 Bástele al discípulo ser como su Maestro, y al siervo como su Señor: si al [mismo] Padre de la familia llamaron Beelzebub, ¿cuánto mas á los de su casa? 26 Así que no los temais: porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y [nada] oculto, que no haya de saberse. 27 Lo que os digo en tinieblas, decidlo en luz; y lo que ois á la oreja, predicadlo de los tejados. 28 Y no tengais miedo de los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar: temed antes á aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el quemadero. 29 ¿No se venden dos pajarillos por una blanca? y uno de ellos no cae á tierra sin vuestro Padre. 30 Y vuestros cabellos tambien, todos están contados. 31 No temais pues: mas valeis vosotros que muchos pajarillos. 32 Pues cualquiera que me confesare delante de los hombres, le confesaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos. 33 Y cualquiera que me negare delante de los hombres, le negaré yo tambien delante de mi Padre, que está en los cielos. 34 No penseis que he venido para meter paz en la tierra: no he venido para meter paz, sino cuchillo. 35 Porque he venido para hacer disension del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. 36 Y los enemigos del hombre, los de su casa. 37 El que ama á padre ó á madre mas que á mí, no es digno de mí; y el que ama á hijo ó á hija mas que á mí, no es digno de mí. 38 Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que hallare su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. 40 El que os recibe á vosotros, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió. 41 El que recibe profeta en nombre de profeta, salario de profeta recibirá; y el que recibe justo en nombre de justo, salario de justo recibirá. 42 Y cualquiera que diere á uno de estos pequeñitos un jarro de [agua] fria solamente, en nombre de discípulo, de cierto os digo, [que] no perderá su salario. CAPITULO 11 1 Y FUÉ, que acabando Jesus de dar mandamientos á sus doce discípulos, se fué de allí á ensenar y á predicar en las ciudades de ellos. 2 Y OYENDO Juan en la prision los hechos de Cristo, envióle dos de sus discípulos, 3 diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro? 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, haced saber á Juan las cosas que ois y veis. 5 los ciegos ven, y los cojos andan: los leprosos son limpiados, y los sordos oyen: los muertos son resucitados, y á los pobres es anunciada la alegre nueva. 6 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 7 E idos ellos, comenzó Jesus á decir de Juan á las compañías: ¿Qué salisteis á ver al desierto? ¿[alguna] caña que es meneada del viento? 8 O ¿qué salisteis á ver? ¿un hombre cubierto de blandos vestidos? Cierto los que traen [vestidos] blandos, en las casas de los reyes están. 9 O ¿qué salisteis á ver? ¿profeta? Tambien os digo, y mas que profeta. 10 Porque este es de quien está escrito: Hé aquí, yo envio mi ángel delante de tu faz, que aparejará tu camino delante de tí. 11 De cierto os digo, [que] no se levantó entre los que nacen de mujeres otro mayor que Juan el Bautista: mas el que es muy pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. 12 Desde los dias de Juan el Bautista hasta ahora al reino de los cielos se hace fuerza, y los valientes lo arrebatan. 13 Porque todos los profetas, y la ley, hasta Juan profetizaron. 14 Y si quereis recibir, él es aquel Elías que habia de venir. 15 El que tiene oidos para oir, oiga. 16 Mas, ¿á quien compararé esta generacion? Es semejante á los muchachos que se sientan en las plazas, y dan voces á sus compañeros, 17 y dicen: Os tañimos flauta, y no bailasteis: os endechamos, y no lamentasteis. 18 Porque vino Juan, que ni comia ni bebia, y dicen: Demonio tiene. 19 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: Hé aquí un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. Mas la sabiduría es aprobada de sus hijos. 20 ENTONCES comenzó á zaherir [el beneficio] á las ciudades en las cuales habian sido hechas muy muchas de sus maravillas, porque no se habian enmendado, [diciendo:] 21 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! porque si en Tyro y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, en otro tiempo hubieran hecho penitencia en saco y en ceniza. 22 Por tanto [yo] os digo, [que] á Tyro y a Sidón será mas tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que á vosotras. 23 Y tú, Capharnaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta los infiernos serás bajada: porque si en los de Sodoma fueran hechas las maravillas que han sido hechas en tí, hubieran quedado hasta el dia de hoy. 24 Por tanto [yo] os digo, [que] á la tierra de los de Sodoma será mas tolerable [el castigo] en el dia del juicio, que a tí. 25 En aquel tiempo respondiendo Jesus, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, que hayas escondido esto de los sabios y de los entendidos, y lo hayas revelado á los niños. 26 Así, Padre, pues que así agradó en tus ojos. 27 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie conoció al Hijo, sino el Padre: ni al Padre conoció alguno, sino el Hijo, y [aquel] á quien el Hijo le quisiere revelar. 28 Venid á mí, todos los que estais trabajados, y cargados, que yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazon, y hallareis descanso para vuestras almas. 30 Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. CAPITULO 12 1 EN aquel tiempo iba Jesus por unos sembrados en sábado; y sus discípulos tenian hambre, y comenzaron á coger espigas, y á comer. 2 Y viéndo[lo] los Fariséos, le dijeron: Hé aquí, tus discípulos hacen lo que no es lícito hacer en sábado. 3 Y él les dijo: ¿No habeis leido, qué hizo David, teniendo hambre él, y los que estaban con él? 4 ¿Cómo entró en la casa de Dios, y comió los panes de la proposicion, que no le era lícito comer de ellos, ni a los que estaban con él, sino á solos los sacerdotes? 5 O ¿no habeis leido en la ley, que los sábados en el templo los sacerdotes profanan el sábado, y son sin culpa? 6 Pues os digo, que mayor que el templo está aquí. 7 Mas si supiéseis qué es: Misericordia quiero, y no sacrificio, no condenariais á los inocentes. 8 Porque Señor es aun del sábado el Hijo del hombre. 9 Y partiéndose de allí, vino á la sinagoga de ellos. 10 Y hé aquí, habia [allí] uno que tenia una mano seca; y le preguntaron, diciendo: ¿Es lícito curar en sábado? por acusarle. 11 Y él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si cayere esta en una fosa en sábado, no le eche mano, y [la] levante? 12 ¿Pues cuánto mas vale un hombre que una oveja? Así que licito es en los sábados hacer bien. 13 Entonces dijo á aquel hombre: extiende tu mano. Y él [la] extendió, y [le] fué restituida sana como la otra. 14 Y salidos los Fariséos consultaron contra él para destruirle. 15 Mas sabiéndo[lo] Jesus, se apartó de allí; y le siguieron muchas compañías, y sanaba á todos. 16 Y él les defendia rigurosamente, que no le descubriesen: 17 para que se cumpliese lo que estaba dicho por el profeta Isaías, que dijo: 18 Hé aquí mi siervo, al cual he escogido, mi amado, en el cual se agrada mi alma: pondré mi Espíritu sobre él, y á los Gentiles anunciará juicio; 19 no contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles su voz: 20 la caña cascada no quebrará; y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio; 21 y en su nombre esperarán los Gentiles. 22 ENTONCES fué traido á él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo hablaba y veia. 23 Y las compañías estaban fuera de sí, y decian: ¿Es este aquel Hijo de David? 24 Mas los Fariséos, oyéndo[lo], decian: Este no echa fuera los demonios, sino por Beelzebub, príncipe de los demonios. 25 Y Jesus, como sabia los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es desolado; y toda ciudad ó casa, dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y Si Satanás echa fuera á Satanás, contra sí mismo está dividido: ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27 Y Si yo por Beelzebub echo fuera los demonios, ¿vuestros hijos, por quién [los] echan? Por tanto ellos serán vuestros jueces. 28 Y si por Espíritu de Dios yo echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado á vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del valiente, y saquear sus alhajas, si primero no prendiere al valiente? y entonces saqueará su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no coge, derrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado á los hombres: mas la blasfemia del Espíritu no será perdonada á los hombres. 32 Y cualquiera que hablare contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas cualquiera que hablare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo, ni en el venidero. 33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno; ó haced el árbol podrido, y su fruto podrido: porque del fruto es conocido el árbol. 34 Generacion de víboras, ¿cómo podeis hablar bien, siendo malos? porque de la abundancia del corazon habla la boca. 35 El buen hombre del buen tesoro del corazon saca buenas cosas; y el mal hombre del mal tesoro saca malas cosas. 36 Mas [yo] os digo, que toda palabra ociosa que hablaren los hombres, de ella darán cuenta en el dia del juicio. 37 Porque de tus palabras serás justificado, y de tus palabras seras condenado. 38 Entonces respondieron unos de los escribas y de los Fariséos, diciendo: Maestro, deseamos ver de tí señal. 39 Y él respondió, y les dijo: La generacion mala y adulterina demanda señal: mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. 40 Porque como estuvo Jonás en el vientre de la ballena tres dias y tres noches, así estará el Hijo del hombre en el corazon de la tierra tres dias y tres noches. 41 Los de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque ellos hicieron penitencia á la predicacion de Jonás; y hé aquí, mas que Jonás en este lugar. 42 La reina del austro se levantará en juicio con esta generacion, y la condenará: porque vino de los fines de la tierra para oir la sabiduría de Salomón; y hé aquí, mas que Salomón en este lugar. 43 Cuando el espíritu inmundo ha salido del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándole. 44 Entonces dice: Me volveré á mi casa, de donde salí. Y cuando viene, [la] halla desocupada, barrida, y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados moran allí; y son peores las postreras del tal hombre, que sus primeras. Así tambien acontecerá á esta generacion mala. 46 Y ESTANDO él aun hablando á las compañías, hé aquí, su madre y sus hermanos estaban fuera, que le querian hablar. 47 Y le dijo uno: Hé aquí, tu madre y tus hermanos están fuera, que te quieren hablar. 48 Y respondiendo él al que le decia [esto], dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hácia sus discípulos, dijo: Hé aquí, mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hiciere la voluntad de mi Padre, que [está] en los cielos, ese es mi hermano, y hermana, y madre. CAPITULO 13 1 Y AQUEL dia, saliendo Jesus de la casa, se sentó, junto á la mar. 2 Y se allegaron á él muchas compañías; y entrándose él en un navío, se sentó, y toda la compañía estaba á la ribera. 3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: Hé aquí, el que sembraba salió á sembrar. 4 Y sembrando, parte [de la simiente] cayó junto al camino, y vinieron las aves, y la comieron. 5 Y parte cayó en pedregales, donde no tenia mucha tierra; y nació luego, porque no tenia tierra profunda: 6 mas en saliendo el sol, se quemó, y se secó, porque no tenia raiz. 7 Y parte cayó en espinas, y las espinas crecieron, y la ahogaron. 8 Y parte cayó en buena tierra, y dió fruto, uno de á ciento, y otro de á sesenta, y otro de á treinta. 9 Quien tiene oidos para oir, oiga. 10 Entonces llegándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 Y él respondiendo, les dijo: Porque á vosotros es concedido saber los misterios del reino de los cielos, mas á ellos no es concedido. 12 Porque á cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá mas: mas al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: De oido oireis, y no entendereis; y viendo vereis, y no mirareis. 15 Porque el corazon de este pueblo está engrosado, y de los oidos oyen pesadamente, y de sus ojos guiñan: porque no vean de los ojos, y oigan de los oidos, y del corazon entiendan, y se conviertan, y yo los sane. 16 Mas bienaventurados vuestros ojos, porque ven, y vuestros oidos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que [vosotros] veis, y no [lo] vieron; y oir lo que [vosotros] ois, y no [lo] oyeron. 18 Oid pues vosotros la parábola del que siembra. 19 Oyendo cualquiera la palabra del reino, y no entendiéndo[la], viene el Malo, y arrebata lo que fué sembrado en su corazon. Este es el que fué sembrado junto al camino. 20 Y el que fué sembrado en pedregales, este es el que oye la palabra, y luego la recibe con gozo. 21 Mas no tiene raiz en sí, antes es temporal: que venida la afliccion ó la persecucion por la palabra, luego se ofende. 22 Y el que fué sembrado en espinas, este es el que oye la palabra: mas la congoja de este siglo, y el engaño de las riquezas ahoga la palabra, y se hace sin fruto. 23 Mas el que fué sembrado en buena tierra, este es el que oye y entiende la palabra, y el que lleva el fruto; y lleva uno á ciento, y otro á sesenta, y otro á treinta. 24 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al hombre que siembra buena simiente en su haza. 25 Mas durmiendo los hombres, vino su enemigo, y sembró zizaña entre el trigo, y se fue. 26 Y como la yerba salió, é hizo fruto, entonces la zizaña pareció tambien. 27 Y llegándose los siervos del padre de la familia, le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu haza? ¿pues de dónde tiene zizaña? 28 Y él les dijo: Un hombre enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Pues quieres que vamos, y la cojamos? 29 Y él dijo: No: porque cogiendo la zizaña, no arranqueis tambien con ella el trigo: 30 dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega [yo] diré á los segadores: Coged primero la zizaña, y atadla en manojos, para quemarla: mas el trigo allegadle en mi alfolí. 31 Otra parábola les propuso, diciendo: El reino de los cielos es semejante al grano de mostaza, que tomándolo alguno lo sembró en su haza: 32 el cuál á la verdad es el mas pequeño de todas las simientes: mas cuando ha crecido, es el mayor de [todas] las hortalizas; y se hace árbol, que vienen las aves del cielo, y hacen nidos en sus ramas. 33 Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante á la levadura, que tomándola una mujer, la esconde en tres medidas de harina, hasta que toda se leude. 34 Todo esto habló Jesus por parábolas á las compañías: y nada les habló sin parábolas: 35 para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: Abriré en parábolas mi boca: rebosaré cosas escondidas desde la fundacion del mundo. 36 Entonces, enviadas las compañías, Jesus se vino á casa; y llegándose á él sus discípulos, le dijeron: Decláranos la parábola de la zizaña de la haza. 37 Y respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena simiente es el Hijo del hombre; 38 y la haza es el mundo; y la buena simiente, estos son los hijos del reino; y la zizaña son los hijos del Malo; 39 y el enemigo que la sembró, es el Diablo; y la siega es el fin del mundo; y los segadores son los ángeles: 40 de manera que como es cogida la zizaña, y quemada á fuego, así será en el fin de este siglo: 41 enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los estorbos, y los que hacen iniquidad; 42 y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán, como el sol, en el reino de su Padre. El que tiene oidos para oir, oiga. 44 Tambien el reino de los cielos es semejante al tesoro escondido en la haza, el cual hallado, el hombre [lo] encubre, y de gozo de él, va, y vende todo lo que tiene, y compra aquella haza. 45 Asimismo el reino de los cielos es semejante al hombre tratante, que busca buenas perlas: 46 que hallando una preciosa perla, fué, y vendió todo lo que tenia, y la compró. 47 Tambien el reino de los cielos es semejante á la red, que echada en la mar coge de todas suertes: 48 la cual siendo llena, la sacaron á la orilla; y sentados cogieron lo bueno en vasos, y lo malo echaron fuera. 49 Así será en la fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán á los malos de entre los justos: 50 y los echarán en el horno del fuego: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 51 Jesus les dice: ¿Habeis entendido todas estas cosas? Ellos responden: Sí, Señor. 52 Y él les dijo: Por eso todo escriba docto en el reino de los cielos es semejante á un padre de familia, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas. 53 Y ACONTECIÓ [que] acabando Jesus estas parábolas, pasó de allí. 54 Y yendo á su tierra, les enseñó en la sinagoga de ellos, de tal manera que ellos estaban fuera de sí, y decian: ¿De dónde tiene este esta sabiduría, y [estas] maravillas? 55 ¿no es este el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María; y sus hermanos, Jacobo, y Joses, y Simon, y Judas? 56 ¿y no están todas sus hermanas con nosotros? ¿de dónde pues tiene este todo esto? 57 Y se escandalizaban en él: mas Jesus les dijo: No hay profeta sin honra, sino en su tierra, y en su casa. 58 Y no hizo allí muchas maravillas, a causa de la incredulidad de ellos. CAPITULO 14 1 EN aquel tiempo Herodes el tetrarca oyó la fama de Jesus; 2 y dijo á sus criados: Este es Juan el Bautista: él ha resucitado de los muertos, y por eso virtudes obran en él. 3 Porque Herodes habia prendido á Juan, y le habia aprisionado, y puesto en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano. 4 Porque Juan le decia: No te es lícito tenerla. 5 Y queria matarle, mas tenia miedo de la multitud: porque le tenian como á profeta. 6 Y celebrándose el dia del nacimiento de Herodes, la hija de Herodías danzó en medio, y agradó á Herodes. 7 Y prometió con juramento de darle todo lo que pidiese. 8 Y ella, instruida primero de su madre, dijo: Dáme aquí en un plato la cabeza de Juan el Bautista. 9 Entonces el rey se entristeció: mas por el juramento, y por los que estaban juntamente á la mesa, mandó que se [le] diese. 10 Y enviando, degolló á Juan en la cárcel. 11 Y fué traida su cabeza en un plato, y dada á la moza; y ella [la] presentó á su madre. 12 Entonces sus discípulos llegaron, y tomaron el cuerpo, y le enterraron; y fueron, y dieron las nuevas á Jesus. 13 Y OYÉNDO[LO] Jesus, se apartó de allí en un navío á un lugar desierto apartado; y cuando las compañías [lo] oyeron, le siguieron á pié de las ciudades. 14 Y saliendo Jesus, vió una grande compañía; y tuvo misericordia de ellos, y sanó los que de ellos habia enfermos. 15 Y cuando fué la tarde del dia, se llegaron á él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y el tiempo es ya pasado: envia las compañías, que se vayan por las aldeas, y compren para sí de comer. 16 Y Jesus les dijo: No tienen necesidad de irse: dadles vosotros de comer. 17 Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces. 18 Y él les dijo: Traédmelos acá. 19 Y mandando á las compañías recostarse sobre la yerba, y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, bendijo; y partiendo los panes, [los] dió á los discípulos, y los discípulos á las compañías. 20 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró, los pedazos, doce esportones llenos. 21 Y los que comieron fueron varones como cinco mil, sin las mujeres y muchachos. 22 Y luego Jesus hizo á sus discípulos entrar en el navío, é ir delante de él de la otra parte [del lago,] entre tanto que él despedia las compañías. 23 Y despedidas las compañías, subió en el monte apartado á orar. Y como fué la tarde del dia, estaba allí solo. 24 Y ya el navío estaba en medio de la mar, atormentado de las ondas: porque el viento era contrario. 25 Mas á la cuarta vela de la noche Jesus fué á ellos andando sobre la mar. 26 Y los discípulos, viéndole andar sobre la mar, se turbaron, diciendo: [Alguna] fantasma es; y dieron voces de miedo. 27 Mas luego Jesus les habló, diciendo: Aseguráos: yo soy, no tengais miedo. 28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si tú eres, manda que yo venga á tí sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro del navío, anduvo sobre las aguas para venir á Jesus. 30 Mas viendo el viento fuerte, tuvo miedo; y comenzándose á hundir, dió voces, diciendo: Señor, sálvame. 31 Y luego Jesus extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh [hombre] de poca fé, ¿por qué dudaste? 32 Y como ellos entraron en el navío, el viento reposó. 33 Entonces los que [estaban] en el navío vinieron, y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios. 34 Y llegando de la otra parte, vinieron en la tierra de Gennezaret. 35 Y como le conocieron los varones de aquel lugar, enviaron por toda aquella tierra al rededor, y trajeron á él todos los enfermos. 36 Y le rogaban que solamente tocasen el borde de su manto; y todos los que tocaron, fueron salvos. CAPITULO 15 1 ENTONCES llegaron á Jesus ciertos escribas y Fariséos de Jerusalem, diciendo: 2 ¿Por qué tus discípulos traspasan la tradicion de los ancianos? porque no lavan sus manos cuando comen pan. 3 Y él respondiendo, les dijo: ¿Por qué tambien vosotros traspasais el mandamiento de Dios por vuestra tradicion? 4 Porque Dios mandó, diciendo: Honra al padre y á la madre; tambien: El que maldijere al padre ó á la madre, muera de muerte. 5 Mas vosotros decis: Cualquiera dirá al padre ó á la madre: Toda ofrenda mia á tí aprovechará; y no honrará á su padre ó á su madre. 6 Y habeis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradicion. 7 Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, diciendo: 8 Este pueblo de su boca se acerca de mí, y de labios me honra: mas su corazon lejos está de mí: 9 mas en vano me honran, enseñando doctrinas, mandamientos de hombres. 10 Y llamando á sí las compañías, les dijo: Oid, y entended: 11 no lo que entra en la boca contamina al hombre: mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12 Entonces llegándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los Fariséos oyendo esta palabra se ofendieron? 13 Mas respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada: 14 dejadlos: guias son ciegas de ciegos; y si el ciego guiare al ciego, ambos caerán en el hoyo. 15 Y respondiendo Pedro, le dijo: Decláranos esta parábola. 16 Y Jesus dijo: ¿Aun tambien vosotros sois sin entendimiento? 17 ¿No entendeis aun, que todo lo que entra en la boca, va al vientre, y es echado en la letrina? 18 Mas lo que sale de la boca, del [mismo] corazon sale, y esto contamina al hombre. 19 Porque del corazon salen los malos pensamientos, muertes, adulterios, fornicaciones, hurtos, falsos testimonios, maledicencias. 20 Estas cosas son las que contaminan al hombre: que comer con las manos por lavar no contamina al hombre. 21 Y SALIENDO Jesus de allí, se fué á las partes de Tyro y de Sidón. 22 Y hé aquí, una mujer Cananéa, que habia salido de aquellos términos, clamaba, diciéndole: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí: mi hija es malamente atormentada del demonio. 23 Mas él no le respondió palabra. Entonces llegándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Envíala, que da voces tras nosotros. 24 Y él respondiendo, dijo: No soy enviado sino á las ovejas perdidas de la casa de Israel. 25 Entonces ella vino, y le adoró, diciendo: Señor, socórreme. 26 Y respondiendo él, dijo: No es bien tomar el pan de los hijos, y echarle á los perrillos. 27 Y ella dijo: Sí, Señor: porque los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus señores. 28 Entonces respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh mujer! grande [es] tu fé: sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora. 29 Y PARTIDO Jesus de allí, vino junto al mar de Galiléa; y subiendo en [un] monte, se sentó allí. 30 Y llegaron á él muchas compañías, que tenian consigo cojos, ciegos, mudos, mancos, y otros muchos [enfermos;] y los echaron á los piés de Jesus, y los sanó: 31 de tal manera, que las compañías se maravillaron, viendo hablar los mudos, los mancos sanos, andar los cojos, ver los ciegos; y glorificaron al Dios de Israél. 32 Y Jesus llamando sus discípulos, dijo: Tengo misericordia de la compañía, que ya [hace] tres dias [que] perseveran conmigo, y no tienen que comer; y enviarlos ayunos no quiero: porque no desmayen en el camino. 33 Entonces sus discípulos le dicen: ¿Dónde tenemos nosotros tantos panes en el desierto, que hartemos tan gran compañía? 34 Y Jesus les dice: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete, y unos pocos pececillos. 35 Y mandó á las compañías que se recostasen en tierra. 36 Y tomando los siete panes y los peces, dando gracias, partió, y dió á sus discípulos, y los discípulos á la compañía. 37 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que sobró de los pedazos, siete espuertas llenas. 38 Y eran los que habian comido cuatro mil varones, sin las mujeres y los niños. 39 Entonces despedidas las compañías, subió en un navío, y vino en los términos de Magdalá. CAPITULO 16 1 Y LLEGÁNDOSE los Fariséos y los Saducéos, tentando, le pedian que les mostrase señal del cielo. 2 Mas él respondiendo, les dijo: Cuando es la tarde del dia, decis: Sereno: porque el cielo tiene arreboles. 3 Y á la mañana: Hoy tempestad: porque tiene arreboles el cielo triste. Hipócritas, que sabeis hacer diferencia en la faz del cielo; ¿y en las señales de los tiempos no podeis? 4 La generacion mala y adulterina demanda señal: mas señal no le será dada, sino la señal de Jonás profeta. Y dejándolos, se fué. 5 Y viniendo sus discípulos de la otra parte [del lago,] se habian olvidado de tomar pan. 6 Y Jesus les dijo: Mirad, y guardáos de la levadura de los Fariséos, y de los Saducéos. 7 Y ellos pensaban dentro de sí, diciendo: No tomamos pan. 8 Y entendiéndo[lo] Jesus, les dijo: ¿Qué pensais dentro de vosotros, [hombres] de poca fé, que no tomasteis pan? 9 ¿No entendeis aun, ni os acordais de los cinco panes [entre] cinco mil [varones], y cuántos esportones tomasteis? 10 ¿Ni de los siete panes [entre] cuatro mil, y cuántas espuertas tomasteis? 11 ¿Cómo? ¿No entendeis que no por el pan os dije, que os guardáseis de la levadura de los Fariséos, y de los Saducéos? 12 Entonces entendieron que no les habia dicho que se guardasen de la levadura de pan, sino de la doctrina de los Fariséos, y de los Saducéos. 13 Y VINIENDO Jesus en las partes de Cesaréa de Filipo, preguntó á sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? 14 Y ellos dijeron: Unos: Juan el Bautista; y otros: Elías; y otros: Jeremías, ó alguno de los profetas. 15 El les dice: Y vosotros, ¿quién decis que soy? 16 Y respondiendo Simon Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. 17 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Bienaventurado eres, Simon, hijo de Jonás: porque no te lo reveló carne ni sangre, mas mi Padre que está en los cielos: 18 mas yo tambien te digo, que tú eres Pedro; y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella: 19 y á tí daré las llaves del reino de los cielos: que todo lo que ligares en la tierra, será ligado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra, será desatado en los cielos. 20 Entonces mandó á sus discípulos que á nadie dijesen que él era Jesus el Cristo. 21 Desde aquel tiempo comenzó Jesus á declarar á sus discípulos, que le convenia ir á Jerusalem, y padecer mucho de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer dia. 22 Y Pedro, tomándolo aparte, comenzó á reprenderle, diciendo: Señor, ten compasion de tí: en ninguna manera esto te acontezca. 23 Entonces él volviéndose, dijo á Pedro: Quítate de delante de mí; adversario: me eres estorbo: porque no entiendes lo que [es] de Dios, sino lo que [es] de los hombres. 24 Entonces Jesus dijo á sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á si mismo, y tome su cruz, y sígame. 25 Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, la hallará. 26 Porque, ¿de qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O, qué recompensa dará el hombre por su alma? 27 Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles; y entonces pagará á cada uno conforme á sus obras. 28 De cierto os digo, [que] hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el Hijo viniendo en su reino. CAPITULO 17 1 DESPUES de seis dias Jesus toma á Pedro, y á Jacobo, y Juan su hermano, y los saca aparte á un monte alto. 2 Y se trasfiguró delante de ellos; y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos fueron blancos como la luz. 3 Y hé aquí, les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él. 4 Y respondiendo Pedro, dijo á Jesus: Señor, bien es que nos quedemos aquí: si quieres, hagamos aquí tres cabañas ¡para tí una, y para Moisés otra, y para Elías otra. 5 Estando aun hablando él, hé aquí, una nube de luz [que] los cubrió; y hé aquí, una voz de la nube, que dijo: Este es mi Hijo amado, en el cual tome contentamiento: á él oid. 6 Y oyendo [esto] los discípulos, cayeron sobre sus rostros, y temieron en gran manera. 7 Entonces Jesus llegando, los tocó, y dijo: Levantáos, y no temais. 8 Y alzando [ellos] sus ojos, á nadie vieron, sino á solo Jesus. 9 Y como descendieron del monte, les mandó Jesus, diciendo: No digais á nadie la vision, hasta que el Hijo del hombre resucite de los muertos. 10 Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Qué pues dicen los escribas, que es menester que Elías venga primero? 11 Y respondiendo Jesus, les dijo: A la verdad Elías vendrá primero, y restituirá todas las cosas: 12 mas os digo, que ya vino Elías, y no le conocieron: antes hicieron en él todo lo que quisieron: así tambien el Hijo del hombre padecerá de ellos. 13 los discípulos entonces entendieron que les decia de Juan Bautista. 14 Y COMO ellos llegaron á la compañía, vino á él un hombre hincándosele de rodillas, 15 y diciendo: Señor, ten misericordia de mi hijo, que es lunático, y padece malamente: porque muchas veces cae en el fuego, y muchas en el agua: 16 y le he presentado á tus discípulos, y no le han podido sanar. 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¡Oh generacion infiel y torcida! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele acá. 18 Y Jesus le reprendió, y salió el demonio de él; y el mozo fué sano desde aquella hora. 19 Entonces llegándose los discípulos á Jesus aparte, dijeron: ¿Por qué nosotros no le pudimos echar fuera? 20 Y Jesus les dijo: Por vuestra infidelidad: porque de cierto os digo, que si tuviéreis fé como un grano de mostaza, direis á este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará: y nada os será imposible: 21 mas este linaje [de demonios] no sale sino por oracion y ayuno. 22 Y ESTANDO ellos en Galiléa, les dijo Jesus: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres; 23 y le matarán: mas al tercer dia resucitará. Y [ellos] se entristecieron en gran manera. 24 Y COMO llegaron á Capharnaum, vinieron á Pedro los que cobraban las dos dracmas, y dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? 25 Y [él] dice: Sí. Y entrado él en casa, Jesus le habló antes, diciendo: ¿Qué te parece, Simon? ¿los reyes de la tierra, de quién cobran los tributos, ó el censo? ¿de sus hijos, ó de los extraños? 26 Pedro le dice: De los extraños. Jesus le dijo: Luego francos son los hijos: 27 mas porque no los ofendamos, vé á la mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que viniere, tómale, y abierta su boca hallarás un estatero, dásele por mí, y por tí. CAPITULO 18 1 EN aquel tiempo se llegaron los discípulos á Jesus, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? 2 Y llamando Jesus un niño, le puso en medio de ellos, 3 Y dijo: De cierto os digo, que si no os volviéreis, y fuéreis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. 4 Así que cualquiera que se bajare como este niño, este es el mayor en el reino de los cielos. 5 Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe. 6 Y cualquiera que ofendiere á alguno de estos pequeños, que creen en mí, mejor le fuera que le fuera colgada del cuello una piedra de molino de asno, y que fuera anegado en el profundo de la mar. 7 ¡Ay del mundo por los escándalos! porque necesario es que vengan escándalos: mas ¡ay de aquel hombre, por el cual viene el escándalo! 8 Por tanto, si tu mano ó tu pié te fuere ocasion de caer, córtalos y écha[los] de tí: mejor te es entrar cojo ó manco á la vida, que teniendo dos manos ó dos piés ser echado al fuego eterno. 9 Y si tu ojo te es ocasion de caer, sácale, y écha[le] de tí: que mejor te es entrar con un ojo á la vida, que teniendo dos ojos ser echado al quemadero del fuego. 10 Mirad no tengais en poco á alguno de estos pequeños: porque [yo] os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la cara de mi Padre, que está en los cielos. 11 Porque el Hijo del hombre es venido para salvar lo que se habia perdido. 12 ¿Qué os parece? Si tuviese algun hombre cien ovejas, y se perdiese una de ellas, ¿no iria por los montes, dejadas las noventa y nueve, á buscar la que se habia perdido? 13 Y si aconteciese hallarla, de cierto os digo, que mas se goza de aquella, que de las noventa y nueve que no se perdieron. 14 Así no es la voluntad de vuestro Padre, que [está] en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. 15 Por tanto si tu hermano pecare contra tí, vé, y redargúyele entre tí y él solo: si te oyere, has ganado á tu hermano. 16 Mas, si no te oyere, toma aun contigo uno ó dos, para que en boca de dos ó de tres testigos conste toda palabra. 17 Y si no oyere á ellos, dí[lo] á la congregacion; y si no oyere á la congregacion ténle por un étnico, y un publicano. 18 De cierto os digo [que] todo lo que ligáreis en la tierra, será ligado en el cielo; y todo lo que desatáreis en la tierra, será desatado en el cielo. 19 Tambien os digo, que si dos de vosotros consintieren en la tierra, de toda cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre, que [está] en los cielos. 20 Porque donde están dos ó tres congregados en mi nombre, ahí estoy en medio de ellos. 21 ENTONCES Pedro llegándose á él, dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré á mi hermano que pecare contra mí? ¿hasta siete? 22 Jesus le dice: No te digo hasta siete, mas aun hasta setenta veces siete. 23 Por lo cual el reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que quiso hacer cuentas con sus siervos. 24 Y comenzando á hacer cuentas, le fué presentado uno que le debia diez mil talentos. 25 Mas á este, no pudiendo pagar, mandó su señor vender á el, y á su mujer, é hijos, con todo lo que tenia, y pagar. 26 Entonces aquel siervo postrado le adoraba, diciendo: Señor, deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. 27 El señor movido á misericordia de aquel siervo, le soltó, y le perdonó la deuda. 28 Y saliendo aquel siervo, halló uno de sus compañeros, que le debia cien denarios; y trabando de él, le ahogaba, diciendo: Paga lo que debes. 29 Entonces su compañero, postrándose á sus piés, le rogaba, diciendo: Deten la ira para conmigo, y todo te lo pagaré. 30 Mas él no quiso, sino fué, y le echó en la cárcel hasta que pagase la deuda. 31 Y viendo sus compañeros lo que pasaba, se entristecieron mucho, y viniendo declararon á su señor todo lo que habia pasado. 32 Entonces llamándole su señor, le dice: Mal siervo, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste: 33 ¿no te convenia tambien á tí tener misericordia de tu compañero, como tambien yo tuve misericordia de tí? 31 Entonces su señor enojado le entregó á los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debia. 35 Así tambien hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáreis de vuestros corazones cada uno á vuestros hermanos sus ofensas. CAPITULO 19 1 Y ACONTECIÓ, [que] acabando Jesus estas palabras, se pasó de Galiléa, y vino en los términos de Judéa, pasado el Jordan. 2 Y le siguieron muchas compañías, y los sanó allí. 3 Entonces se llegaron á él los Fariséos, tentándole, y diciéndole: ¿Es lícito al hombre enviar á su mujer por cualquiera causa? 4 Y él respondiendo, les dijo: ¿No habeis leido que el que [los] hizo ál principio, macho y hembra los hizo, 5 y dijo: Por tanto el hombre dejará padre y madre, y se llegará á su mujer y serán dos en una carne? 6 Así que no son ya mas dos, sino una carne. Por tanto lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre. 7 Dícenle: ¿Por qué pues Moisés mandó dar carta de divorcio, y enviarla? 8 Díjoles: Por la dureza de vuestro corazon Moisés os permitió enviar vuestras mujeres: mas al principio no fué así. 9 Y yo os digo, que cualquiera que enviare á su mujer, sino fuere por fornicacion, y se casare con otra, adultera; y el que se casare con la enviada, adultera. 10 Dícenle sus discípulos: Si así es el negocio del hombre con su mujer, no conviene casarse. 11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de este negocio, sino [aquellos] á quien es dada: 12 porque hay eunucos, que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos, que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos, que se hicieron á sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos: el que puede tomar, tome: 13 ENTONCES le fueron presentados unos niños, para que pusiese las manos sobre ellos, y orase; y los discípulos les riñeron. 14 Y Jesus dice: Dejad á los niños, y no los impidais de venir á mí: porque de los tales es el reino de los cielos. 15 Y habiendo puesto sobre ellos las manos, se partió de allí. 16 Y HÉ aquí, uno llegándose, le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré, para tener la vida eterna? 17 Y él le dijo: ¿Por qué me dices bueno? ninguno es bueno sino uno, [es á saber], Dios: y si quieres entrar á la vida, guarda los mandamientos. 18 Dícele: ¿Cuáles? Y Jesus dijo: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: 19 Honra al padre y á la madre: tambien: Amarás á tu prójimo, como á tí mismo. 20 Dícele el mancebo: Todo esto guardé desde mi mocedad: ¿qué mas me falta? 21 Dícele Jesus: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dá[lo] á los pobres; y tendrás tesoro en el cielo; y vén, sígueme. 22 Y oyendo el mancebo esta palabra, se fué triste: porque tenia muchas posesiones. 23 Entonces Jesus dijo á sus discípulos: De cierto os digo, que el rico dificilmente entrará en el reino de los cielos: 24 mas os digo, que mas liviano trabajo es pasar un cable por el ojo de una aguja, que el rico entrar en el reino de Dios. 25 Sus discípulos oyendo [estas cosas] se espantaron en gran manera, diciendo: ¿Quién pues podrá ser salvo? 26 Y mirándo[los] Jesus, les dijo: Acerca de los hombres imposible es esto: mas acerca de Dios, todo es posible. 27 Entonces respondiendo Pedro, le dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado todo, y te hemos seguido: ¿qué pues tendremos? 28 Y Jesus les dijo: De cierto os digo, que vosotros que me habeis seguido, cuando en la regeneracion se asentará el Hijo del hombre en el trono de su gloria, vosotros tambien os sentareis sobre doce tronos, para juzgar á las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que dejare casas, ó hermanos, ó hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó tierras, por mi nombre, recibirá cien veces tanto, y la vida eterna tendrá por herencia. 30 Mas muchos primeros serán postreros; y postreros, primeros. CAPITULO 20 1 Porque el reino de los cielos es semejante á un hombre, padre de familia, que salió por la mañana á coger peones para su viña. 2 Y concertado con los peones por un denario al dia, los envió á su viña. 3 Y saliendo cerca de la hora de las tres, vió otros que estaban en la plaza ociosos, 4 y les dijo: Id tambien vosotros á mi viña, y os daré lo que fuere justo. Y ellos fueron. 5 Salió otra vez cerca de las seis y de las nueve horas, é hizo lo mismo. 6 Y saliendo cerca de las once horas, halló otros que estaban ociosos, y les dijo: ¿Por qué estais aquí todo el día ociosos? 7 Dícenle: Porque nadie nos ha cogido. Díceles: Id tambien vosotros á la viña, y recibireis lo que fuere justo. 8 Y cuando fué la tarde del dia, el señor de la viña dijo á su administrador: Llama los peones, y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. 9 Y viniendo los que [habian venido] cerca de las once horas, recibieron cada uno un denario. 10 Y viniendo tambien los primeros, pensaron que habian de recibir mas: pero tambien ellos recibieron cada uno un denario. 11 Y tomándo[lo] murmuraban contra el padre de la familia, 12 diciendo: Estos postreros han hecho una hora, y los has hecho iguales á nosotros, que hemos llevado la carga, y el calor del dia. 13 Y él respondiendo dijo á uno de ellos: Amigo, no te hago agravio: ¿no te concertaste conmigo por un denario? 14 toma lo que es tuyo, y véte: y quiero dar á este postrero como á tí: 15 ¿no me es lícito á mí hacer lo que quiero en mis [cosas?] ¿ó es malo tu ojo, porque yo soy bueno? 16 Así los primeros serán postreros; y los postreros primeros: porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. 17 Y SUBIENDO Jesus á Jerusalem, tomo sus doce discípulos aparte en el camino, y les dijo: 18 Hé aquí, subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte, 19 y le entregarán á los Gentiles, para que [le] escarnezcan, y azoten, y crucifiquen: mas al tercer dia resucitará. 20 ENTONCES se llegó á él la madre de los hijos de Zebedéo con sus hijos, adorando, y pidiéndole algo. 21 Y él le dijo: ¿Qué quieres? [Ella] le dijo: Dí que se asienten estos dos hijos mios, el uno á tu mano derecha, y el otro á tu izquierda, en tu reino. 22 Entonces Jesus respondiendo, dijo: No sabeis lo que pedis: ¿podeis beber el vaso que yo tengo que beber, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? Dicen [ellos:] Podemos. 23 El les dice: A la verdad mi vaso bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, sereis bautizados: mas sentaros á mi mano derecha, y á mi izquierda, no es mio darlo, sino á los que está aparejado de mi Padre. 24 Y como los diez oyeron [esto,] se enojaron de los dos hermanos. 25 Entonces Jesus llamándolos, dijo: Ya sabeis que los príncipes de los Gentiles se enseñorean sobre ellos, y los que son grandes ejecutan sobre ellos potestad: 26 mas entre vosotros no será así: sino el que entre vosotros quisiere hacerse grande, será vuestro servidor; 27 y el que entre vosotros quisiere ser el primero, será vuestro siervo: 28 como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. 29 ENTONCES saliendo ellos de Jericó, le seguia gran compañía. 30 Y hé aquí, dos ciegos sentados junto al camino, como oyeron que Jesus pasaba, clamaron, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 31 Y la compañía les reñia que callasen: mas ellos clamaban mas, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros. 32 Y parándose Jesus, los llamó, y dijo: ¿Qué quereis [que] haga por vosotros? 33 [Ellos] le dicen: Señor, que sean abiertos nuestros ojos. 34 Entonces Jesus teniéndoles misericordia, tocó los ojos de ellos; y luego sus ojos recibieron la vista, y le siguieron. CAPITULO 21 1 COMO se acercaron de Jerusalem, y vinieron á Bethphage, al monte de las Olivas, entonces Jesus envió dos discípulos, 2 diciéndoles: Id á la aldea que está delante de vosotros, y luego hallareis una asna atada, y un pollino con ella: desatadla, y traédme[los.] 3 Y si alguno os dijere algo, decid: El Señor los ha menester: y luego los dejará. 4 Y todo esto fué hecho, para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta, que dijo: 5 Decid á la hija de Sión: Hé aquí, tu Rey te viene, manso, sentado sobre una asna y un pollino, hijo de [animal de] yugo. 6 Y los discípulos fueron, é hicieron como Jesus les mandó. 7 Y trajeron el asna y el pollino, y pusieron sobre ellos sus mantos: y se sentó sobre ellos. 8 Y muy mucha compañía tendian sus mantos en el camino; y otros cortaban ramos de los árboles, y tendian por el camino. 9 Y las compañías que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban, diciendo: Hosanna al Hijo de David: Bendito el que viene en el nombre del Señor: Hosanna en las alturas. 10 Y entrando él en Jerusalem, toda la ciudad se alborotó, diciendo: ¿Quién es este? 11 Y las compañías decian: Este es Jesus, el profeta, de Nazaret de Galiléa. 12 Y entró Jesus en el templo de Dios, y echó fuera todos los que vendian y compraban en el templo, y trastornó las mesas de los cambiadores, y las sillas de los que vendian palomas; 13 y les dice: Escrito está: Mi casa, casa de oracion será llamada: mas vosotros cueva de ladrones la habeis hecho. 14 Entonces vinieron á él ciegos y cojos en el templo, y los sanó. 15 Mas los príncipes de los sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacia, y los muchachos aclamando en el templo, y diciendo: Hosanna al Hijo de David: se enojaron, 16 y le dijeron: ¿Oyes lo que estos dicen? Y Jesus les dice: Sí: ¿nunca leisteis: De la boca de los niños, y de los que maman perfeccionaste la alabanza? 17 Y dejándolos, se salió fuera de la ciudad á Bethania; y posó allí. 18 Y por la mañana volviendo á la ciudad, tuvo hambre. 19 Y viendo una higuera cerca del camino, vino á ella, y no halló nada en ella, sino hojas solamente; y le dijo: Nunca mas nazca de tí fruto para siempre. Y luego la higuera se secó. 20 Entonces viendo esto los discípulos, maravillados decian: ¡Cómo se secó luego la higuera! 21 Y respondiendo Jesus, les dijo: De cierto os digo, que si tuviéreis fé, y no dudáreis, no solo hareis esto de la higuera, mas si á este monte dijéreis: Quítate, y échate en la mar, será hecho. 22 Y todo lo que pidiéreis con oracion creyendo, [lo] recibireis. 23 Y COMO vino al templo, los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo llegaron á él, cuando estaba enseñando, diciendo: ¿Con qué autoridad haces esto? ¿y quién te dió esta autoridad? 24 Y respondiendo Jesus, les dijo: Yo tambien os preguntaré una palabra, la cual si me dijéreis, tambien yo os diré con qué autoridad hago esto. 25 El bautismo de Juan, ¿de dónde era? ¿del cielo, ó de los hombres? Ellos entonces pensaron entre sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; nos dirá: ¿Por qué pues no le creisteis? 26 Y si dijéremos: De los hombres; tememos al pueblo: porque todos tienen á Juan por profeta. 27 Y respondiendo á Jesus, dijeron: No sabemos. Y él tambien les dijo: Ni yo os diré con qué autoridad hago esto. 28 Mas, ¿qué os parece? Un hombre tenia dos hijos, y llegando al primero, le dijo: Hijo, vé hoy á trabajar en mi viña. 29 Y respondiendo él, dijo: No quiero: mas despues arrepentido, fué. 30 Y llegando al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Yo, Señor, [voy;] y no fué. 31 ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Dicen ellos: El primero. Díceles Jesus: De cierto os digo, que los publicanos, y las rameras os van delante al reino de Dios: 32 porque vino á vosotros Juan por via de justicia, y no le creisteis; y los publicanos, y las rameras le creyeron; y vosotros viendo [esto] nunca os arrepentisteis para creerle. 33 Oid otra parábola: Fué un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, y la cercó de vallado, y fundó en ella lagar, y edificó torre, y la dió á renta á labradores, y se partió lejos. 34 Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos á los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35 Mas los labradores, tomando los siervos, al uno hirieron, y al otro mataron, y al otro apedrearon. 36 Envió otra vez otros siervos mas que los primeros, é hicieron con ellos de la misma manera. 37 Y á la postre les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto á mi hijo. 38 Mas los labradores, viendo al hijo, dijeron entre si: Este es el heredero: venid, matémosle, y tomemos su herencia. 39 Y tomado, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40 Pues cuando viniere el señor de la viña, ¿qué hará á aquellos labradores? 41 Dícenle [ellos:] A los malos destruirá malamente; y su viña dará á renta á otros labradores, que le paguen el fruto á sus tiempos. 42 Díceles Jesus: ¿Nunca leisteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los que edificaban, esta fué hecha por cabeza de esquina: por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 43 Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado á gente que haga el fruto de él. 44 Y el que cayere sobre esta piedra, será quebrantado; y sobre quien [ella] cayere, le desmenuzará. 45 Y oyendo los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos sus parábolas, entendieron que hablaba de ellos. 46 Y buscando como echarle mano, temieron al pueblo: porque le tenian por profeta. CAPITULO 22 1 Y RESPONDIENDO Jesus, les volvió á hablar en parábolas, diciendo: 2 El reino de los cielos es semejante á un hombre rey, que hizo bodas á su hijo. 3 Y envió sus siervos para que llamasen los llamados á las bodas: mas no quisieron venir. 4 Volvió á enviar otros siervos, diciendo: Decid á los llamados: Hé aquí, mi comida he aparejado, mis toros y animales engordados [son] muertos, y todo [está] aparejado: venid á las bodas. 5 Mas ellos no hicieron caso, y se fueron, uno á su labranza, y otro á sus negocios; 6 y otros, tomando sus siervos, afrentáronlos, y matáronlos. 7 Y el rey, oyendo [esto,] se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyo á aquellos homicidas, y puso á fuego su ciudad. 8 Entonces dice á sus siervos: las bodas á la verdad están aparejadas: mas los que eran llamados no eran dignos: 9 id pues á las salidas de los caminos, y llamad á las bodas á cuantos halláreis. 10 Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11 Y entró el rey para ver los convidados, y vió allí un hombre no vestido de vestido de boda; 12 y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo vestido de boda? Y á él se le cerró la boca. 13 Entonces el rey dijo á los que servian: Atado de piés y de manos, tomadle, y echadle en las tinieblas de fuera: allí será el lloro, y el crujir de dientes. 14 Porque muchos son llamados, y pocos escogidos. 15 ENTONCES idos los Fariséos, consultaron como le tomarian en [alguna] palabra. 16 Y envian á él sus discípulos, con los de Herodes, diciendo: Maestro, sabemos que eres amador de verdad, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie: porque no tienes acepcion de persona de hombres: 17 Dínos pues, ¿qué te parece? ¿Es lícito dar tributo á César, ó no? 18 Mas Jesus, entendida su malicia, [les] dice: ¿Por qué me tentais, hipócritas? 19 mostradme la moneda del tributo. Y ellos le mostraron un dinero. 20 Entonces les dice: ¿Cuya es esta figura, y lo que está encima escrito? 21 [Ellos] le dicen : De César. Y les dice: Pagad, pues, á César lo que es de César, y á Dios, lo que es de Dios. 22 Y oyendo [esto] se maravillaron, y dejáronle, y se fueron. 23 Aquel dia llegaron á él los Saducéos, que dicen no haber resurreccion, y le preguntaron, 24 diciendo: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se case con su mujer, y despertará simiente á su hermano. 25 Fueron, pues, entre nosotros siete hermanos; y el primero tomó mujer, y murió; y no teniendo generacion, dejó su mujer á su hermano. 26 De la misma manera tambien el segundo, y el tercero, hasta los siete. 27 Y despues de todos murió tambien la mujer. 28 En la resurreccion, pues, ¿cuya de los siete será la mujer? porque todos la tuvieron. 29 Entonces respondiendo Jesus, les dijo: Errais, ignorando las Escrituras, y la potencia de Dios. 30 Porque en la resurreccion, ni maridos tomarán mujeres, ni mujeres maridos: mas son como los ángeles de Dios en el cielo. 31 Y de la resurreccion de los muertos, ¿no habeis leido lo que es dicho de Dios á vosotros, que dice: 32 Yo soy el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de los muertos, mas de los que viven. 33 Y oyendo [esto] las compañías estaban fuera de sí de su doctrina. 34 Entonces los Fariséos, oyendo que habia cerrado la boca á los Saducéos, se juntaron á una; 35 y preguntó uno de ellos, intérprete de la ley, tentándole, y diciendo: 36 Maestro, ¿cuál [es] el mandamiento grande en la ley? 37 Y Jesus le dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de toda tu mente. 38 Este es el primero y el grande mandamiento. 39 Y el segundo [es] semejante á este: Amarás á tu prójimo como á tí mismo. 40 De estos dos mandamientos depende toda la ley, y los profetas. 41 Y estando juntos los Fariséos, Jesus les preguntó, 42 diciendo: ¿Qué os parece del Cristo? ¿cuyo Hijo es? [Ellos] le dicen: De David. 43 El les dice: Pues, ¿cómo David en Espíritu le llama Señor, diciendo: 44 Dijo el Señor á mi Señor: Asiéntate á mi diestra, entre tanto que pongo tus enemigos por estrado de tus piés? 45 Pues si David le llama Señor, ¿cómo es su Hijo? 46 Y nadie le podia responder palabra: ni osó alguno desde aquel dia preguntarle mas. CAPITULO 23 1 ENTONCES Jesus habló á las compañías, y á sus discípulos, 2 diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se asentaron los escribas y los Fariséos: 3 así que todo lo que os dijeren que guardeis, guardadlo, y hacedlo: mas no hagais conforme á sus obras, porque dicen y no hacen. 4 Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y [las] ponen sobre los hombros de los hombres: mas ni aun con su dedo las quieren mover. 5 Antes todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres: porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6 y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7 y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres, Rabbí, Rabbí. 8 Mas vosotros, no querais ser llamados Rabbí: porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos. 9 Y vuestro Padre no llameis á nadie en la tierra: porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos. 10 Ni os llameis doctores: porque uno es vuestro Doctor, el Cristo. 11 El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo. 12 Porque el que se ensalzare será humillado; y el que se humillare será ensalzado. 13 Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque cerrais el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entrais, ni á los que entran dejais entrar. 14 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque comeis las casas de las viudas con color de larga oracion: por esto llevareis mas grave juicio. 15 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque rodeais la mar y la tierra por hacer un convertido; y cuando fuere hecho, le haceis hijo del quemadero doblado mas que vosotros. 16 ¡Ay de vosotros, guias ciegas! que decis: Cualquiera que jurare por el templo, es nada: mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es. 17 ¡Locos y ciegos! ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo que santifica al oro? 18 Tambien: Cualquiera que jurare por el altar, es nada: mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre él, deudor es. 19 ¡Locos y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, ó el altar que santifica al presente? 20 Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que [está] sobre él: 21 y el que jurare por el templo, jura por él, y por el que habita en él : 22 y el que jurare por el cielo, jura por el trono de Dios, y por el que está sentado sobre él. 23 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque diezmais la menta, y el eneldo, y el comino, y dejasteis lo que es lo mas grave de la ley, [es á saber,] el juicio, y la misericordia, y la fé. Esto era menester hacer, y no dejar lo otro. 24 ¡Guias ciegas! que colais el mosquito, mas tragais el camello. 25 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque limpiais lo que esta de fuera del vaso, ó del plato: mas de dentro está [todo] lleno de robo y de injusticia. 26 ¡Fariséo ciego! limpia primero lo que está dentro del vaso y del plato, para que tambien lo que está fuera se haga limpio. 27 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos: mas de dentro están llenos de huesos de muertos, y de toda suciedad. 28 Así tambien vosotros, de fuera, á la verdad, os mostrais justos á los hombres: mas de dentro, llenos estais de falsedad é iniquidad. 29 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! porque edificais los sepulcros de los profetas, y adornais los monumentos de los justos, 30 y decis: Si fuéramos en los dias de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas: 31 así que testimonio dais á vosotros mismos que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas. 32 Vosotros tambien llenad la medida de vuestros padres. 33 ¡Serpientes, generacion de víboras! ¿cómo evitareis el juicio del quemadero? 34 Por tanto, hé aquí, yo envio á vosotros profetas, y sábios, y escribas; y de ellos [unos] matareis y crucificareis, y [otros] de ellos azotareis en vuestras sinagogas, y perseguireis de ciudad en ciudad: 35 para que venga sobre vosotros toda la sangre justo que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacharías, hijo de Barachías, al cual matasteis entre el templo y el altar. 36 De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generacion. 37 ¡Jerusalem! ¡Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas á los que son enviados á tí, cuantas veces, quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisisteis. 38 Hé aquí, vuestra casa os es dejada desierta. 39 Porque [yo] os digo, que desde ahora no me vereis, hasta que digais: Bendito el que viene en el nombre del Señor. CAPITULO 24 1 Y SALIDO Jesus del templo, íbase; y se llegaron sus discípulos, para mostrarle los edificios del templo. 2 Y respondiendo él, les dijo: ¿Veis todo esto? de cierto os digo, que no será dejada aquí piedra sobre piedra que no sea destruida. 3 Y sentándose él en el monte de las Olivas, se llegaron á el [sus] discípulos aparte, diciendo: Dínos cuando serán estas cosas, y qué seña [habrá] de tu venida, y del fin del siglo. 4 Y respondiendo Jesus, les dijo: Mirad que nadie os engañe. 5 Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y á muchos engañarán. 6 Y oireis guerras y rumores de guerras: mirad [que] no os turbeis: porque es menester que todo [esto] acontezca: mas aun no es el fin. 7 Porque se levantará nacion contra nacion, y reino contra reino; y serán pestilencias, y hambres, y terremotos por los lugares. 8 Y todas estas cosas, principio de dolores. 9 Entonces os entregarán para ser afligidos, y os matarán; y sereis aborrecidos de todas naciones, por causa de mi nombre. 10 Y muchos entonces serán escandalizados; y se entregarán unos á otros, y unos á otros se aborrecerán. 11 Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán á muchos. 12 Y por haberse multiplicado la maldad, la caridad de muchos se resfriará. 13 Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14 Y será predicado este evangelio del reino en toda la [tierra] habitable, por testimonio á todas las naciones, y entonces vendrá el fin. 15 Por tanto cuando viéreis la abominacion del asolamiento, que fué dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo, el que lee, entienda. 16 Entonces los que [estuvieren] en Judéa, huyan á los montes; 17 y el que sobre la techumbre, no descienda á tomar algo de su casa; 18 y el que en el campo, no vuelva otra vez á tomar sus ropas. 19 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias! 20 Orad pues que vuestra huida no sea en invierno, ni en dia de fiesta. 21 Porque habrá entonces grande afliccion, cual no fué desde el principio del mundo hasta ahora, ni será. 22 Y si aquellos dias no fuesen acortados, ninguna carne seria salva: mas por causa de los escogidos, aquellos dias serán acortados. 23 Entonces, si alguno os dijere: Hé aquí, [está] el Cristo, ó allí; no creais. 24 Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas; y darán señales grandes y prodigios, de tal manera que engañarán, si es posible, aun á los escogidos. 25 Hé aquí, os lo he dicho antes. 26 Así que si os dijeren: Hé aquí, en el desierto está; no salgais. Hé aquí, en las cámaras; no creais. 27 Porque como relámpago que sale del oriente, y se muestra hasta el occidente, así será tambien la venida del Hijo del hombre. 28 Porque donde quiera que estuviere el cuerpo muerto, allí se juntarán tambien las águilas. 29 Y luego despues de la afliccion de aquellos dias, el sol se oscurecerá; y la luna no dará su lumbre; y las estrellas caerán del cielo; y las virtudes de los cielos serán conmovidas. 30 Y entonces se mostrará la señal del Hijo del hombre en el cielo, y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra; y verán al Hijo del hombre que vendrá sobre las nubes del cielo, con grande poder y gloria. 31 Y enviará sus ángeles con trompeta y gran voz; y juntarán sus escogidos de los cuatro vientos, del un cabo del cielo hasta el otro. 32 [Del árbol] de la higuera aprended la comparacion: Cuando ya su rama se enternece, y las hojas brotan, sabeis que el verano [está] cerca. 33 Así tambien vosotros, cuando viéreis todas estas cosas, sabed que está cercano, á las puertas. 34 De cierto os digo, que no pasará esta edad, que todas estas cosas no acontezcan. 35 El cielo y la tierra perecerán, mas mis palabras no perecerán. 36 Mas del dia ó hora, nadie [lo] sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino mi Padre solo. 37 Mas como los dias de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. 38 Porque como eran en los dias del diluvio comiendo y bebiendo, tomando mujeres [los maridos,] y dándolas [los padres,] hasta el dia que Noé entró en el arca, 39 y no conocieron hasta que vino el diluvio, y llevó á todos: así será tambien la venida del Hijo del hombre. 40 Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado, y otro será dejado: 41 dos [mujeres] moliendo á un molinillo; la una será tomada, y la otra será dejada. 42 Velad pues, porque no sabeis á que hora ha de venir vuestro Señor. 43 Esto empero sabed, que si el padre de la familia supiese á cual vela el ladron habia de venir, velaria, y no dejaria minar su casa. 44 Por tanto tambien vosotros estad apercibidos: porque el Hijo del Hombre ha de venir á la hora que no pensais. 45 ¿Quién pues es el siervo fiel y prudente, al cual el Señor puso sobre su familia, para que dé alimento al tiempo? 46 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando su Señor viniere, le hallare haciendo así. 47 De cierto os digo [que] sobre todos sus bienes le pondrá. 48 Y si aquel siervo malo dijere en su corazon: Mi Señor se tarda de venir; 49 y comenzare á herir sus compañeros, y aun á comer y beber con los borrachos: 50 vendrá el Señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora que [él] no sabe, 51 y le apartará, y pondrá su parte con los hipócritas: allí será el lloro, y el crujir de dientes. CAPITULO 25 1 ENTONCES el reino de los cielos será semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo. 2 Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco locas. 3 Las que [eran] locas, tomando sus lámparas, no tomaron aceite consigo. 4 Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas. 5 Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron. 6 Y á la media noche fué oido un clamor, que decia: Hé aquí, el esposo viene, salid á recibirle. 7 Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas. 8 Y las locas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. 9 Mas las prudentes respondieron: diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras. 10 E idas ellas á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta. 11 Y despues vinieron tambien las otras vírgenes, diciendo: Señor, señor, ábrenos. 12 Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, [que] no os conozco. 13 Velad pues, porque no sabeis el dia ni la hora, en la cual el Hijo del hombre ha de venir. 14 Porque [el reino de los cielos es] como un hombre que partiéndose lejos, llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes. 15 Y á este dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno, á cada uno conforme á su facultad, y se partió luego lejos. 16 Y partido él, el que habia recibido cinco talentos, granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos. 17 Semejantemente tambien el que había recibido dos, ganó tambien él otros dos. 18 Mas el que habia recibido uno, fué, y lo enterró en la tierra, y escondió el dinero de su señor. 19 Y despues de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos. 20 Y llegando el que habia recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; hé aquí, otros cinco talentos he ganado con ellos. 21 Y su señor le dijo: Bien [está,] buen siervo y fiel: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 22 Y llegando tambien el que habia recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; hé aquí, otros dos talentos he ganado sobre ellos. 23 Su señor le dijo: Bien [está,] buen siervo y fiel: sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor. 24 Y llegando tambien el que habia recibido un talento, dijo: señor, yo te conocia que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y coges donde no derramaste: 25 por tanto tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: hé aquí, tienes lo que es tuyo. 26 Y respondiendo su señor, le dijo: Mal siervo y negligente, sabias que siego donde no sembré, y [que] cojo donde no derramé: 27 por tanto te convenia dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, recibiera lo que es mio con usura: 28 quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos. 29 Porque á cualquiera que tuviere le será dada, y tendrá mas; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 30 Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de á fuera: allí será el llorar, y el crujir de dientes. 31 Y CUANDO el Hijo del hombre vendrá en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria. 32 y serán juntados delante de él todas las gentes, y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos; 33 y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda. 34 Entonces el Rey dirá á los que [estarán] á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, poseed el reino aparejado para vosotros desde la fundacion del mundo: 35 porque tuve hambre, y me disteis de comer: tuve sed, y me disteis de beber: fuí huesped, y me recogisteis: 36 desnudo, y me cubristeis: enfermo, y me visitasteis: estuve en la cárcel, y venisteis á mí. 37 Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber'? 38 ¿y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos? 39 ¿ó cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y venimos á tí? 40 Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo, que en cuanto [lo] hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí [lo] hicisteis. 41 Entonces dirá tambien á los que [estarán] á la izquierda: Idos de mí, malditos, al fuego eterno, que está aparejado para el diablo y sus ángeles: 42 porque tuve hambre, y no me disteis de comer: tuve sed, y no me disteis de beber: 43 fuí huésped, y no me recogisteis: desnudo, y no me cubristeis: enfermo, y en la cárcel [estuve,] y no me visitasteis. 44 Entonces tambien ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos? 45 Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo, [que] en cuanto no [lo] hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí [lo] hicisteis. 46 E irán estos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna. CAPITULO 26 1 Y ACONTECIÓ que como hubo acabado Jesus todas estas palabras, dijo á sus discípulos: 2 Sabeis que dentro de dos dias se hace la pascua, y el Hijo del hombre es entregado para ser crucificado. 3 Entonces los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos del pueblo se juntaron al patio del pontífice, el cual se llamaba Caifás. 4 Y tuvieron consejo para prender por engaño á Jesus, y matar[le.] 5 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto en el pueblo. 6 Y estando Jesus en Bethania, en casa de Simon el leproso, 7 vino á él una mujer, con un [vaso de] alabastro de ungüento de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado á la mesa: 8 lo cual viendo sus discípulos, se enojaron, diciendo: ¿Por qué se pierde esto? 9 porque este ungüento se podia vender por gran precio, y darse á los pobres. 10 Y entendiéndolo Jesus, les dijo: ¿Por qué dais pena á [esta] mujer? que me ha hecho buena obra: 11 porque siempre tendreis pobres con vosotros: mas á mí no siempre me tendreis: 12 porque echando este ungüento sobre mi cuerpo, para sepultarme [lo] ha hecho: 13 de cierto os digo, [que] donde quiera que este evangelio fuere predicado en todo el mundo, tambien será dicho para memoria de ella lo que esta ha hecho. 14 Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, fué á los príncipes de los sacerdotes, 15 y les dijo: ¿Qué me quereis dar, y yo os le entregaré? Y ellos le señalaron treinta [piezas] de plata. 16 Y desde entonces buscaba oportunidad para entregarle. 17 Y EL primer [dia de la fiesta] de los [panes] sin levadura, vinieron los discípulos á Jesus, diciéndole: ¿Dónde quieres que te aderecemos para comer [el cordero de] la pascua? 18 Y él dijo: Id á la ciudad á uno, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca: en tu casa haré la pascua con mis discípulos. 19 Y los discípulos hicieron como Jesus les mando, y aderezaron la pascua. 20 Y como fué la tarde del dia, se sentó á la mesa con los doce. 21 Y comiendo ellos, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar. 22 Y [ellos] entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos á decirle: ¿Soy yo, Señor? 23 Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, este me ha de entregar. 24 A la verdad el Hijo del hombre va, como está escrito de él: mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera al tal hombre no haber nacido. 25 Entonces respondiendo Judas, que le entregaba, dijo: ¿Soy yo quizá, Maestro? Dícele: Tú [lo] has dicho. 26 Y comiendo ellos, tomó Jesus el pan, y habiendo dada gracias [lo] partió, y dió á sus discípulos, y dijo: Tomad, comed: esto es mi cuerpo. 27 Y tomando el vaso, y hechas gracias, dióles, diciendo: Bebed de él todos: 28 porque esto es mi sangre del Nuevo Testamento, la cual es derramada por muchos para remision de los pecados: 29 y os digo, [que] desde ahora no beberé mas de este fruto de la vid, hasta aquel dia, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre. 30 Y cuando hubieron dicho el himno, salieron al monte de las Olivas. 31 Entonces Jesus les dice: Todos vosotros sereis escandalizados en mí esta noche: porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas de la manada serán derramadas. 32 Mas despues que haya resucitado, os esperaré en Galiléa. 33 Y respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos sean escandalizados en tí, yo nunca seré escandalizado. 34 Jesus le dice: De cierto te digo, que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces. 35 Dícele Pedro: Aunque me sea menester morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo. 36 ENTONCES llegó Jesus con ellos á la aldea, que se llama Gethsemané, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, hasta que vaya allí, y ore. 37 Y tomando á Pedro, y á los dos hijos de Zebedéo, comenzó á entristecerse, y á angustiarse en gran manera. 38 Entonces Jesus les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte: quedáos aquí, y velad conmigo. 39 Y yéndose un poco mas adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mio, si es posible, pase de mí este vaso: empero no como yo quiero, mas como tú. 40 Y vino á sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo á Pedro: ¿No habeis podido velar conmigo una hora? 41 velad y orad, para que no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad está presto, mas la carne enferma. 42 Otra vez, fué segunda vez, y oró, diciendo: Padre mio, si no puede este vaso pasar de mí sin que [yo] lo beba, hágase tu voluntad. 43 Y vino, y los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos eran agravados. 44 Y dejándolos, fué otra vez, y oró tercera vez, diciendo las mismas palabras. 45 Entonces vino á sus discípulos, y les dice: Dormid ya, y descansad: hé aquí, ha llegado la hora, y el Hijo del hombre es entregado en manos de pecadores: 46 levantáos, vamos: hé aquí, ha llegado el que me ha entregado. 47 Y hablando aun él, hé aquí, Judas, uno de los doce, vino, y con él mucha compañía, con espadas y bastones, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los ancianos del pueblo. 48 Y el que le entregaba les habia dado señal, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendedle. 49 Y luego que llegó á Jesus, dijo: Tengas gozo, Maestro. Y le besó. 50 Y Jesus le dijo: ¿Amigo, á qué vienes? Entonces llegaron, y echaron mano á Jesus, y le prendieron. 51 Y hé aquí, uno de los que [estaban] con Jesus, extendiendo la mano, sacó su cuchillo, é hiriendo á un siervo del pontífice, le quitó una oreja. 52 Entonces Jesus le dice: Vuelve tu cuchillo á su lugar: porque todos los que tomaren cuchillo, á cuchillo morirán: 53 ó ¿piensas que no puedo ahora orar á mi Padre, y él me daria mas de doce legiones de ángeles? 54 ¿cómo pues se cumplirian las Escrituras, [de] que así conviene que sea hecho? 56 En aquella hora dijo Jesus á las compañías: Como á ladron habeis salido con espadas y con bastones á prenderme: cada dia me sentaba con vosotros enseñando en el templo, y no me prendisteis. 56 Mas todo esto se hace, para que se cumplan las Escrituras de los profetas. Entonces todos los discípulos huyeron, dejándole. 57 Y ELLOS, prendido Jesus, le trajeron á Caifás sumo pontífice, donde los escribas y los ancianos estaban juntos. 58 Mas Pedro le seguia de lejos hasta el patio del sumo pontífice; y entrado dentro, se estaba sentado con los criados, para ver el fin. 59 Y los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y todo el concilio buscaban [algun] falso testimonio contra Jesus, para entregarle á la muerte, 60 y no hallaban: aunque muchos testigos falsos se llegaban, no [lo] hallaron. Mas á la postre vinieron dos testigos falsos, 61 que dijeron: Este dijo: Puedo derribar el templo de Dios, y reedificarle en tres dias. 62 Y levantándose el sumo pontífice, le dijo: ¿No respondes nada? qué testifican estos contra tí? 63 Mas Jesus callaba. Y respondiendo el sumo pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas, Si eres tú el Cristo, Hijo de Dios. 64 Jesus le dice: Tú [lo] has dicho: y aun os digo, que desde ahora habeis de ver al Hijo del hombre asentado á la diestra de la potencia [de Dios,] y que viene en las nubes del cielo. 65 Entonces el sumo pontífice rasgó sus vestidos, diciendo: Blasfemado ha: ¿qué mas necesidad tenemos de testigos? hé aquí, ahora habeis oido su blasfemia: 66 ¿qué os parece? Y respondiendo ellos dijeron: Culpado es de muerte. 67 Entonces le escupieron en su rostro, y le dieron de bofetadas, y otros le herian con mojicones, 68 diciendo: Profetízanos, oh Cristo, quién es el que te ha herido. 69 Y Pedro estaba sentado fuera en el patio; y se llegó á él una criada, diciendo: Y tú con Jesus el Galiléo estabas. 70 Mas él negó delante de todos, diciendo: No sé lo que dices. 71 Y saliendo á la puerta, le vió otra, y dijo á los que estaban allí: Tambien este estaba con Jesus Nazareno. 72 Y negó otra vez con juramento, [diciendo:] No conozco á [ese] hombre. 73 Y desde á un poco llegaron los que servian, y dijeron á Pedro: Verdaderamente tambien tú eres de ellos: porque aun tu habla te hace manifiesto. 74 Entonces comenzó á anatematizarse, y á jurar, [diciendo:] No conozco á [ese] hombre. Y el gallo cantó luego. 75 Y se acordó Pedro de las palabras de Jesus, que le dijo: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliéndose fuera, lloró amargamente. CAPITULO 27 1 Y VENIDA la mañana, entraron en consejo todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos del pueblo, contra Jesus, para entregarle á muerte. 2 Y le trajeron atado, y le entregaron á Poncio Pilato presidente. 3 ENTONCES Judas, el que le habia entregado, viendo que era condenado, volvió arrepentido las treinta [piezas] de plata á los príncipes de los sacerdotes, y á los ancianos, 4 diciendo: [Yo] he pecado entregando la sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué [se nos da] á nosotros? viéraslo tú. 5 Y arrojando las [piezas] de plata al templo, se partió, y fué, y se ahorcó. 6 Y los príncipes de los sacerdotes, tomando [las piezas] de plata, dijeron: No es lícito echarlas en el arca de la limosna, porque es precio de sangre. 7 Mas habido consejo, compraron de ellas el campo del Ollero, por sepultura para los extranjeros. 8 Por lo cual fué llamado aquel campo: Hacéldama, [Campo de sangre,] hasta el dia de hoy. 9 Entonces se cumplió lo que fué dicho por el profeta Jeremías, que dijo: Y tomaron las treinta [piezas] de plata, precio del apreciado, que fué apreciado por los hijos de Israel: 10 y las dieron para comprar el campo del Ollero, como me ordenó el Señor. 11 Y JESUS estuvo delante del presidente, y el presidente le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y Jesus le dijo: Tu [lo] dices. 12 Y siendo acusado por los príncipes de los sacerdotes, y por los ancianos, nada respondió. 13 Pilato entonces le dice: ¿No oyes cuántas cosas testifican contra tí? 14 Y no le respondió ni una palabra, de tal manera que el presidente se maravillaba mucho. 15 Y en el dia de la fiesta acostumbraba el presidente soltar al pueblo un preso cual quisiesen. 16 Y tenian entonces un preso famoso, que se llamaba Barrabás. 17 Y juntas ellos, les dijo Pilato: ¿Cuál quereis que os suelte? ¿á Barrabás, ó á Jesus, que se llama el Cristo? 18 Porque sabia que por envidia le habian entregado. 19 Y estando él sentado en el tribunal, su mujer envió á él, diciendo: No tengas que ver con aquel justo: porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él. 20 Mas los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, persuadieron al pueblo, que pidiese á Barrabás, y á Jesus matase. 21 Y respondiendo el presidente, les dijo: ¿Cuál de los dos quereis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás. 22 Pilato les dijo: ¿Qué pues haré de Jesus que se llama el Cristo? Dícenle todos: Sea crucificado. 23 Y el presidente [les] dijo: Pues ¿qué mal ha hecho? Mas ellos gritaban mas, diciendo: Sea crucificado. 24 Y viendo Pilato que nada aprovechaba, antes se hacia mas alboroto, tomando agua lavó sus manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo: védlo vosotros. 25 Y respondiendo todo el pueblo, dijo: Su sangre [sea] sobre nosotros, y sobre nuestros hijos. 26 Entonces les soltó á Barrabás; y habiendo azotado á Jesus, le entregó para ser crucificado. 27 ENTONCES los soldados del presidente tomando á Jesus á la audiencia, juntaron á él toda la cuadrilla. 28 Y desnudándole, cercáronle de un manto de grana. 29 Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha: é hincando la rodilla delante de él, burlaban de él diciendo: Tengas gozo, rey de los Judíos. 30 Y escupiendo en él, tomaron la caña, y le herian en la cabeza. 31 Y despues que le hubieron escarnecido, le desnudaron el manto, y le vistieron de sus vestidos, y le llevaron para crucificarle. 32 Y saliendo, hallaron á un Cirenéo que se llamaba Simon: á este cargaron para que llevase su cruz. 33 Y como llegaron al lugar que se llama Gólgotha, que es dicho, el lugar de la Calavera, 34 le dieron á beber vinagre mezclado con hiel; y gustando, no quiso beberlo. 35 Y despues que le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes: para que se cumpliese lo que fué dicho por el profeta: Se repartieron mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. 36 Y le guardaban, sentados allí. 37 Y pusieron sobre su cabeza su causa escrita: ESTE ES JESUS, EL REY DE LOS JUDÍOS. 38 Entonces crucificaron con él dos ladrones: uno á la derecha, y otro á la izquierda. 39 Y los que pasaban, le decian injurias, meneando sus cabezas, 40 y diciendo: Tú, el que derribas el templo [de Dios,] y en tres dias [le] reedificas, sálvate á tí mismo: si eres Hijo de Dios, desciende de la cruz. 41 De esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, con los escribas, y los Fariséos, y los ancianos, decian: 42 A otros salvó, á sí no se puede salvar: si es el rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en el: 43 confia en Dios: líbrele ahora, si le quiere: porque ha dicho: Soy Hijo de Dios. 44 Lo mismo tambien le zaherian los ladrones que estaban crucificados con él. 45 Y desde la hora de las seis fueron tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de las nueve. 46 Y cerca de la hora de las nueve Jesus exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lamma sabachthani? esto es: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? 47 Y algunos de los que estaban allí, oyéndole, decian: A Elías llama este. 48 Y luego corriendo uno de ellos tomó una esponja, y la llenó de vinagre, y poniéndola en una caña, le daba para que bebiese. 49 Y los otros decian: Deja, veamos si vendrá Elías á librarle. 50 Mas Jesus habiendo otra vez exclamado con grande voz, dió el espíritu. 51 Y hé aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de alto á bajo; y la tierra se movió; y las piedras se hendieron; 52 y los sepulcros se abrieron, y muchos cuerpos de santos, que habia dormido, se levantaron. 53 Y salidos de los sepulcros, despues de su resurreccion, vinieron á la santa ciudad, y aparecieron á muchos. 54 Y el centurion, y los que estaban con él guardando á Jesus, visto el terremoto, y las cosas que habian sido hechas, temieron en gran manera, diciendo: Verdaderamente Hijo de Dios era este. 55 Y estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habian seguido de Galiléa á Jesus, sirviéndole: 56 entre las cuales era María Magdalena, y María de Jacobo, y la madre de Joses, y la madre de los hijos de Zebedéo. 57 Y COMO fué la tarde del dia, vino un hombre rico de Arimathéa, llamado Joseph, el cual tambien habia sido discípulo de Jesus. 58 Este llegó á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus. Entonces Pilato mandó que el cuerpo se [le] diese. 59 Y tomando Joseph el cuerpo, le envolvió en una sábana limpia, 60 y le puso en un sepulcro suyo nuevo, que habia labrado en peña; y revuelta una grande piedra á la puerta del sepulcro, se fué. 61 Y estaban allí María Magdalena, y la otra María, sentadas delante del sepulcro. 62 Y el siguiente dia, que es despues de la preparacion [de la Pascua,] se juntaron los príncipes de los sacerdotes y los Fariséos á Pilato, 63 diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aun: Despues de tres dias resucitaré. 64 Manda, pues, fortificar el sepulcro hasta el dia tercero: porque no vengan sus discípulos de noche, y le hurten, y digan al pueblo: Resucitó de los muertos: y será el postrer error peor que el primero. 65 Pilato les dice: La guardia teneis: id, fortificad como entendeis. 66 Y yendo ellos, fortificaron el sepulcro con la guardia, sellando la piedra. CAPITULO 28 1 Y LA víspera de los sábados, que amanece para el primero de los sábados, vino María Magdalena, y la otra María, á ver el sepulcro. 2 Y hé aquí, fué hecho un gran terremoto: porque el ángel del Señor descendiendo del cielo y llegando, habia revuelto la piedra de la puerta [del sepulcro,] y estaba sentado sobre ella. 3 Y su aspecto era como un relámpago; y su vestido blanco como la nieve. 4 Y del miedo de él los guardas fueron asombrados, y fueron vuelto como muertos. 5 Y respondiendo el ángel, dijo á las mujeres: No temais vosotras: porque yo sé que buscais á Jesus, [el que fué] crucificado: 6 no está aquí, porque ha resucitado, como dijo: venid, ved el lugar donde fué puesto el Señor; 7 y presto id, decid á sus discípulos, que ha resucitado de los muertos; y hé aquí, os espera en Galiléa: allí le vereis: hé aquí, os [lo] he dicho. 8 Entonces [ellas] saliendo del sepulcro con temor y gran gozo, fueron corriendo á dar las nuevas á sus discípulos. Y yendo á dar las nuevas á sus discípulos, 9 hé aquí, Jesus les sale al encuentro, diciendo: Tengais gozo. Y ellas se llegaron, y abrazaron sus piés, y le adoraron. 10 Entonces Jesus les dice: No temais: id, dad las nuevas á mis hermanos, para que vayan á Galiléa; y allá me verán. 11 Y yendo ellas, hé aquí, unos de la guardia vinieron á la ciudad, y dieron aviso á los príncipes de los sacerdotes de todas las cosas que habian acontecido. 12 Y juntados con los ancianos, habido consejo, dieron mucho dinero á los soldados, 13 diciendo: Decid: Sus discípulos vinieron de noche, y le hurtaron, durmiendo nosotros: 14 y si esto fuere oido del presidente, nosotros le persuadiremos, y os haremos seguros. 15 Y ellos, tomado el dinero, hicieron como estaban instruidos: y este dicho fué divulgado entre los Judíos hasta el dia de hoy. 16 Mas los once discípulos se fueron á Galiléa, al monte, donde Jesus les habia ordenado. 17 Y como le vieron, le adoraron: mas algunos dudaban. 18 Y llegando Jesus, les habló, diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra: 19 por tanto id, enseñad á todas las gentes, bautizándolos en nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo: 20 enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y hé aquí, yo estoy con vosotros todos los dias, hasta el fin del siglo. Amen. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO SEGUN S. MARCOS. CAPITULO 1 1 PRINCIPIO del Evangelio de Jesu Cristo, Hijo de Dios. 2 Como está escrito en los profetas: Hé aquí, yo envio á mi ángel delante de tu faz, que apareje tu camino delante de tí. 3 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor: enderezad sus veredas. 4 Bautizaba Juan en el desierto, y predicaba el bautismo de penitencia* para remision de pecados. {* De enmienda, ó de arrepentimiento, de conversion.} 5 Y salia á él toda la provincia de Judéa, y los de Jerusalem; y eran todos bautizados de él en el rio del Jordán, confesando sus pecados. 6 Y Juan andaba vestido de pelos de camello, y de [una] cinta de cuero al rededor de sus lomos; y comia langostas, y miel montés. 7 Y predicaba, diciendo: Viene tras mí el que es mas fuerte que yo, al cual no soy digno de desatar encorvado la correa de sus zapatos: 8 yo á la verdad os he bautizado con agua: mas él os bautizará con Espíritu Santo. 9 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, [que] Jesus vino de Nazaret de Galilea, y fué bautizado de Juan en el Jordán. 10 Y luego, subiendo del agua, vió abrirse los cielos, y al Espíritu, como paloma, que descendia sobre él. 11 Y fué [una] voz de los cielos, [que decia:] Tú eres mi Hijo amado: en tí tomo contentamiento. 12 Y luego el Espíritu [Santo] le impele al desierto. 13 Y estuvo allí en el desierto cuarenta dias; y era tentado de Satanás: y estaba con las fieras; y los ángeles le servian. 14 MAS despues que Juan fué entregado, Jesus vino á Galiléa, predicando el evangelio del reino de Dios, 15 y diciendo: El tiempo es cumplido; y el reino de Dios está cerca: enmendáos, y creed al Evangelio. 16 Y pasando junta á la mar de Galiléa, vió á Simon, y á Andres su hermano, que echaban la red en la mar, porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesus: Venid en pos de mí, y haré que seais pescadores de hombres. 18 Y luego, dejadas sus redes, le siguieron. 19 Y pasando de allí un poco mas adelante, vió á Jacobo, [hijo] de Zebedéo, y á Juan su hermano, tambien ellos en el navío, que aderezaban las redes. 20 Y luego los llamó; y dejando á su padre Zebedéo en el navío con los jornaleros, fueron en pos de él. 21 Y ENTRAN en Capharnaum: y luego los sábados entrando en la sinagoga enseñaba. 22 Y se espantaban de su doctrina; porque los enseñaba como quien tiene potestad, y no como los escribas. 23 Y habia en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, el cual dió voces, 24 diciendo: ¡Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesus Nazareno? ¿has venido á destruirnos? sé quien eres, el Santo de Dios. 25 Y riñóle Jesus, diciendo: Enmudece, y sal de él. 26 Y haciéndole pedazos el espíritu inmundo, y clamando á gran voz, salió de él. 27 Y todos se maravillaron, de tal manera que inquirian entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿qué nueva doctrina es esta, que con potestad aun á los espíritus inmundos manda, y le obedecen? 28 Y luego vino su fama por toda la provincia al rededor de Galiléa. 29 Y luego salidos de la sinagoga, vinieron á casa de Simon y de Andres, con Jacobo y Juan. 30 Y la suegra de Simon estaba acostada con calentura; y le dijeron luego de ella. 31 Entonces llegando [él,] la tomó de su mano, y la levantó; y luego la dejó la calentura, y les servia. 32 Y cuando fué la tarde, como el sol se puso, traian á él todos los que tenian mal, y endemoniados. 33 Y toda la ciudad se juntó á la puerta. 34 Y sanó á muchos que estaban enfermos de diversas enfermedades; y echó fuera muchos demonios; y no dejaba decir á los demonios que le conocian. 35 Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salio, y se fué á un lugar desierto, y allí oraba. 36 Y le siguió Simon, y los que estaban con él. 37 Y hallándole, le dicen: Todos te buscan. 38 Y les dice: Vamos á los lugares vecinos, para que predique tambien allí: porque para esto he salido. 39 Y predicaba en las sinagogas de ellos en toda Galiléa, y echaba fuera los demonios. 40 Y UN leproso vino á él, rogándole; é hincada la rodilla, le dice: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y Jesus teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero: sé limpio. 42 Y habiendo él dicho esto, luego la lepra se fué de él, y fué limpio. 43 Y le defendió, y luego le echó, 44 y le dice: Mira [que] no digas á nadie nada: sino vé, muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza lo que Moisés mandó para que les conste. 45 Y él salido, comenzó á predicar muchas cosas, y á divulgar el negocio, que ya Jesus no podia entrar manifiestamente en la ciudad: mas estaba fuera en los lugares desiertos, y venian á él de todas partes. CAPITULO 2 1 Y ENTRÓ otra vez en Capharnaum despues de [algunos] dias; y se oyó que estaba en casa. 2 Y luego se juntaron á él muchos, que ya no cabian ni aun á la puerta; y les hablaba la palabra. 3 Entonces vinieron á él [unos] trayendo un paralítico, que era traido de cuatro. 4 Y como no podian llegar á él á causa de la compañía, descubrieron la techumbre donde estaba, y horadando bajan el lecho en que el paralítico estaba echado. 5 Y viendo Jesus la fé de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. 6 Y estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensando en sus corazones, 7 decian: ¿Por qué habla este blasfemias? ¿quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? 8 Y conociendo luego Jesus en su espíritu que pensaban esto dentro de sí, les dijo: ¿Por qué pensais estas cosas en vuestros corazones? 9 ¿cuál es mas fácil: Decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados; ó decirle: Levántate, y toma tu lecho, y anda? 10 Pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico): 11 A tí digo: Levántate, y toma tu lecho, y véte á tu casa. 12 Entonces [él] se levantó luego; y tomando su lecho, se salió delante de todos, de manera que todos se espantaron, y glorificaron á Dios, diciendo: Nunca tal hemos visto. 13 Y VOLVIÓ á salir á la mar, y toda la compañía venia á el, y los enseñaba. 14 Y pasando vió á Leví, [hijo] de Alféo, sentado al banco [de los públicos tributos,] y le dice: Sígueme. Y levantándose, le siguió. 15 Y aconteció, que estando Jesus á la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban tambien á la mesa juntamente con Jesus, y con sus discípulos: porque habia muchos, y le habían seguido. 16 Y los escribas, y los Fariséos, viéndole comer con los publicanos, y con los pecadores, dijeron á sus discípulos: ¿Qué es esto, que [vuestro Maestro] come y bebe con los publicanos, y con los pecadores? 17 Y oyéndo[lo] Jesus, les dice: los sanos no tienen necesidad de médico, mas los que tienen mal: no he venido á llamar á los justos, mas los pecadores á penitencia.* {* A enmienda de la vida.} 18 Y los discípulos de Juan, y de los Fariséos ayunaban; y vienen, y le dicen: ¿Por qué los discípulos de Juan, y [los] de los Fariséos ayunan; y tus discípulos no ayunan? 19 Y Jesus les dice: No pueden ayunar los que son de bodas, cuando el esposo está con ellos: entre tanto que tienen consigo el esposo no pueden ayunar. 20 Mas vendrán dias, cuando el esposo será quitado de ellos; y entonces en aquellos dias ayunarán. 21 Nadie echa remiendo de paño recio en vestido viejo; de otra manera el mismo remiendo nuevo tira del viejo, y se hace peor la rotura. 22 Ni nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera el vino nuevo rompe los odres, y se derrama el vino, y los odres se pierden: mas el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar. 23 Y ACONTECIÓ, que pasando él [otra vez] por los sembrados en sábado, sus discípulos andando comenzaron á arrancar espigas. 24 Entonces los Fariséos le dijeron: Hé aquí, ¿por qué hacen [tus discípulos] en sábado lo que no es lícito? 25 Y él les dijo: ¿Nunca leisteis qué hizo David cuando tuvo necesidad, y tuvo hambre, él y los que [estaban] con él? 26 ¿cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiathár sumo Pontífice, y comió los panes de la proposicion, de los cuales no es lícito comer, sino á los sacerdotes, y aun dió á los que estaban consigo? 27 Díjoles tambien: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado: 28 así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado. CAPITULO 3 1 Y OTRA vez entró en la sinagoga; y habia allí un hombre que tenia una mano seca. 2 Y le acechaban, si en sábado le sanaria, para acusarle. 3 Entonces dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate en medio. 4 Y les dice: ¿Es lícito hacer bien en sábados, ó hacer mal? ¿salvar la persona, ó matarla? Mas ellos callaban. 5 Y mirándolos al rededor con enojo, condoleciéndose de la ceguedad de su corazon, dice al hombre: Extiende tu mano. Y la extendió, y su mano fué restituida sana como la otra. 6 Entonces saliendo los Fariséos tomaron consejo con los Herodianos contra él, para matarle. 7 MAS Jesus se apartó á la mar con sus discípulos; y le siguió gran multitud de Galiléa, y de Judéa, 8 y de Jerusalem, y de Iduméa, y de la otra parte del Jordán; y de los que [moraban] al rededor de Tyro y de Sidón, grande multitud, oyendo cuan grandes cosas hacia, vinieron á él. 9 Y dijo á sus discípulos que la navecilla le estuviese siempre apercibida, por causa de la compañía, porque no le oprimiesen. 10 Porque habia sanado á muchos, de tal manera que caian sobre él, cuantos tenian plagas, por tocarle. 11 Y los espíritus inmundos, en viéndole, se postraban delante de él, y daban voces, diciendo: Tú eres el Hijo de Dios. 12 Mas él les reñia mucho que no le manifestasen. 13 Y SUBIÓ al monte, y llamó á si los que él quiso; y vinieron á él. 14 Y ordenó á los doce para que estuviesen con él, y para enviarlos á predicar; 15 y que tuviesen potestad de sanar enfermedades, y de echar fuera demonios: 16 á Simon, al cual puso por nombre Pedro; 17 y á Jacobo, hijo de Zebedéo, y á Juan hermano de Jacobo, y les puso nombre Boanerges, que es, Hijos del trueno; 18 y á Andres, y á Felipe, y á Bartolomé, y á Matéo, y á Tomás, y á Jacobo, [hijo] de Alféo, y á Tadéo, y á Simon el Chananéo, 19 y á Judas Iscariote, el que le entregó: y vinieron á casa. 20 Y OTRA vez se juntó la compañía, de tal manera que ellos ni aun podian comer pan. 21 Y como le oyeron los suyos, vinieron para prenderle: porque decian: Está fuera de sí. 22 Y los escribas que habian venido de Jerusalem, decian que tenia á Beelzebub, y que por el príncipe de los demonios echaba fuera los demonios. 23 Y llamándolos, les dijo por parábolas: ¿Cómo puede Satanás echar fuera á Satanás? 24 Y si [algun] reino contra si mismo fuere dividido, no puede permanecer el tal reino. 25 Y si [alguna] casa fuere dividida contra sí misma, no puede permanecer la tal casa. 26 Y si Satanás se levantare contra sí mismo, y fuere dividido, no puede permanecer: mas tiene fin. 27 Nadie puede saquear las alhajas del valiente entrando en su casa, si antes no prendiere al valiente; y entonces saqueará su casa. 28 De cierto os digo, [que] todos los pecados serán perdonados á los hijos de los hombres, y las blasfemias cualesquiera con que blasfemaren: 29 mas cualquiera que blasfemare contra el Espíritu Santo, no tiene perdon para siempre: mas está obligado á eterno juicio. 30 Porque decian: Tiene espíritu inmundo. 31 Vienen pues sus hermanos y su madre, y estando de fuera, enviaron á él llamándole. 32 Y la compañía estaba asentada al rededor de él, y le dijeron: Hé aquí, tu madre y tus hermanos te buscan fuera. 33 Y él les respondió, diciendo: ¿Quién es mi madre, y mis hermanos? 34 Y mirando al rededor á los que estaban sentados al rededor de él, dijo: Hé aquí mi madre, y mis hermanos: 35 porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, este es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. CAPITULO 4 1 Y OTRA vez comenzó á enseñar .junto á la mar, y se juntó á él gran compañía, tanto que entrándose él en un navío, se sentó en la mar, y toda la compañía estaba en tierra junto á la mar. 2 Y les enseñaba por parábolas muchas cosas, y les decia en su doctrina: 3 Oid: Hé aquí, el que sembraba salió á sembrar. 4 Y aconteció sembrando, que una parte cayó junto al camino; y vinieron las aves del cielo, y la tragaron. 5 Y otra parte cayó en pedregales donde no tenia mucha tierra; y luego salió, porque no tenia la tierra profunda; 6 mas, salido el sol, se quemó; por cuanto no tenia raiz se secó. 7 Y otra parte cayó en espinas; subieron las espinas, y la ahogaron y no dió fruto. 8 Y otra parte cayó en buena tierra y dió fruto, que subió y creció: y llevó uno á treinta, y otro á sesenta, y otro á ciento. 9 Entonces les dijo: El que tiene oidos para oir, oiga. 10 Y cuando estuvo solo le preguntaron, los que estaban con él con los doce, de la parábola. 11 Y les dijo: A vosotros es dado saber el misterio del reino de Dios: mas á los que están fuera, por parábolas todas las cosas: 12 para que viendo, vean y no vean; y oyendo, oigan y no entiendan: porque no se conviertan, y les sean perdonados los pecados. 13 Y les dijo: ¿No sabeis esta parábola? ¿cómo pues entendereis todas las parábolas? 14 El que siembra [es el que] siembra la palabra. 15 Y estos son los de junto al camino, en los que la palabra es sembrada: mas despues que la oyeron, luego viene Satanás, y quita la palabra que fué sembrada en sus corazones. 16 Y asimismo estos son los que son sembrados en pedregales; los que cuando han oido la palabra, luego la toman con gozo: 17 mas no tienen raiz en sí, antes son temporales: que en levantándose la tribulacion, ó la persecucion por causa de la palabra, luego se escandalizan. 18 Y estos son los que son sembrados entre espinas; los que oyen la palabra: 19 mas las congojas de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias que hay en las otras cosas, entrando ahogan la palabra, y es hecha sin fruto. 20 Y estos son los que fueron sembrados en buena tierra; los que oyen la palabra, y [la] reciben, y hacen fruto, uno á treinta, otro á sesenta, otro á ciento. 21 Díjoles tambien: ¿Viene el candil para ser puesto debajo del almud, ó debajo de la cama? ¿No [viene] para ser puesto en el candelero? 22 Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni secreto, que no haya de venir en descubierto. 23 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 24 Díjoles tambien: Mirad lo que oís: con la medida que medis, os medirán otros; y será añadido á vosotros los que oís. 25 Porque al que tiene, le será dada; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 26 Decia mas: Así es el reino de Dios, como si un hombre eche simiente en la tierra; 27 y duerma y se levante de noche de dia, y la simiente brote y crezca como él no sabe. 28 Porque de suyo fructifica la tierra, primero yerba, luego espiga, luego grano lleno en la espiga. 29 Y cuando el fruto fuere producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada. 30 Y decia: ¿A qué haremos semejante el reino de Dios? ¿ó con qué parábola le compararemos? 31 Como el grano de la mostaza, que cuando es sembrado en tierra es el mas pequeño de todas las simientes que hay en la tierra: 32 mas cuando fuere sembrado sube, y se hace la mayor de todas las legumbres; y hace grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo puedan hacer nidos debajo de su sombra. 33 Y con muchas tales parábolas les hablaba la palabra, conforme á lo que podian oir. 34 Y sin parábola no les hablaba: mas á sus discípulos en particular declaraba todo. 35 Y LES dijo aquel dia, cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte. 36 Y enviando la compañía, le tomaron, como estaba en el navío, y habia tambien con él otros navichuelos. 37 Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las ondas en el navío, de tal manera que ya se llenaba. 38 Y él estaba en la popa durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no mires que perecemos? 39 Y levantándose [él,] riñó al viento y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento; y fué hecha grande bonanza. 40 Y á ellos dijo: ¿Por qué sois así temerosos? ¿cómo no teneis fé? 41 Y temieron con gran temor, y decian el uno al otro: ¿Quién es este, que aun el viento y la mar le obedecen? CAPITULO 5 1 Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos. 2 Y salido él del navío, luego le salió al encuentro de los sepulcros un hombre con un espíritu inmundo, 3 que tenia manida en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podia alguien atar: 4 porque muchas veces habia sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habian sido hechas pedazos de él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podia domar. 5 Y siempre de dia y de noche andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose á las piedras. 6 Y como vió á Jesus de lejos, corrió, y le adoró; 7 y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesus, hijo del Dios Altísimo? te conjuro [por] Dios que no me atormentes. 8 Porque le decia: Sal de este hombre, espíritu inmundo. 9 Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió, diciendo: Legion me llamo: porque somos muchos. 10 Y le rogaba mucho que no le echase fuera de aquella provincia. 11 Y estaba allí cerca de los montes una grande manada de puercos paciendo. 12 Y le rogaron todos [aquellos] demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos. 13 Y les permitió luego Jesus, y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos; y la manada cayó por un despeñadero en la mar, los cuales eran como dos mil, y se ahogaron en la mar. 14 Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver que era aquello que habia acontecido. 15 Y vienen á Jesus, y ven al que habia sido atormentado del demonio, sentado, y vestido, y en seso el que habia tenido la legion; y tuvieron temor. 16 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia acontecido al que habia tenido el demonio, y de los puercos. 17 Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos. 18 Y entrando él en el navío, le rogaba el que habia sido fatigado del demonio, para estar con él. 19 Mas Jesus no le permitió, sino le dijo: Véte á tu casa á los tuyos, y cuéntales cuan grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y [como] ha tenido misericordia de tí. 20 Y se fué, y comenzó á predicar en Decápolis cuan grandes cosas Jesus habia hecho con él; y todos se maravillaban. 21 Y PASANDO otra vez Jesus en un navío de la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar, 22 y vino uno de los príncipes de la sinagoga llamado Jairo; y como le vió, se postró á sus piés, 23 y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella, para que sea salva, y vivirá. 24 Y fué con él, y le seguia gran compañía, y le apretaban. 25 Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacia, 26 y habia sufrido mucho de muchos médicos, y habia gastado todo lo que tenia, y nada habia aprovechado, antes le iba peor, 27 como oyó [decir] de Jesus, vino en la compañía por las espaldas, y tocó su vestido. 28 Porque decia: Si [yo] tocare tan solamente su vestido, seré salva. 29 Y luego la fuente de su sangre se secó, y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30 Y Jesus luego conociendo en sí mismo la virtud que habia salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado a mis vestidos? 31 Y le dijeron sus discípulos: Ves que la compañía te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32 Y [él] miraba al rededor por ver a la que habia hecho esto. 33 Entonces la mujer temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí habia sido hecho, vino, y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34 Y el le dijo: Hija, tu fé te ha hecho salva: vé en paz, y sé sana de tu azote. 35 Hablando aun él, vinieron del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta: ¿para qué fatigas mas al Maestro? 36 Mas Jesus luego, en oyendo esta razon que se decia, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas: cree solamente. 37 Y no permitió que alguno viniese tras él, sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo. 38 Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemian mucho. 39 Y entrando les dice: ¿Por qué os alborotais, y llorais? la muchacha no es muerta, mas duerme. 40 Y hacian burla de él: mas el, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde estaba la muchacha echada. 41 Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á tí digo, levántate. 42 Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenia doce años: y se espantaron de grande espanto. 43 Mas [él] les mandó mucho que nadie lo supiese; y dijo que diesen á la muchacha de comer. CAPITULO 6 1 Y SALIÓ de allí, y vino a su tierra; y le siguieron sus discípulos. 2 Y llegado el sábado, comenzó á enseñar en la sinagoga; y muchos oyéndole estaban atónitos, diciendo: ¿De dónde tiene este estas cosas? ¿y qué sabiduría es esta que le es dada; y tales maravillas que por sus manos son hechas? 3 ¿no es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, y de Joses, y de Judas, y de Simon? ¿no están tambien aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban en él. 4 Mas Jesus les decia: No hay profeta deshonrado sino en su tierra, y entre sus parientes, y en su casa. 5 Y no pudo allí hacer alguna maravilla: solamente sanó [unos] pocos enfermos poniendo sobre ellos las manos. 6 Y estaba maravillado de la incredulidad de ellos; y rodeaba las aldeas de al rededor enseñando. 7 Y LLAMÓ á los doce, y comenzó á enviarlos de dos en dos, y les dio potestad [contra] los espíritus inmundos; 8 y les mandó que no llevasen nada para el camino, sino solamente [un] bordon; ni alforja, ni pan, ni dinero en la bolsa: 9 mas que calzasen zapatos; y no vistiesen dos ropas. 10 Y les decia: En cualquier casa que entráreis, posad allí hasta que salgais de allí. 11 Y todos aquellos que no os recibieren, ni os oyeren, saliendo de allí, sacudid el polvo que está debajo de vuestros piés en testimonio á ellos: de cierto os digo, que mas tolerable será [el castigo] de los de Sodoma, ó de los de Gomorrha el dia del juicio, que él de aquella ciudad 12 Y saliendo predicaban, que hiciesen penitencia.* {* O, que se enmendasen.} 13 Y echaban fuera muchos demonios, y ungian con aceite á muchos enfermos, y sanaban. 14 Y OYÓ el rey Herodes [la fama de Jesus,] porque su nombre era hecho notorio, y dijo Juan, el que bautizaba, ha resucitado de los muertos; y por tanto virtudes obran en él. 15 Otros decian: Elías es. Y otros decian: Profeta es; ó alguno de los profetas. 16 Y oyéndo[lo] Herodes, dijo: Este es Juan el que yo degollé: él ha resucitado de los muertos. 17 Porque el mismo Herodes habia enviado y prendido á Juan, y le habia aprisionado en la cárcel á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano: porque la habia tomado por mujer. 18 Porque Juan decia á Herodes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano. 19 Mas Herodías le acechaba, y deseaba matarle, y no podia: 20 porque Herodes temia á Juan, sabiendo que era varon justo y santo; y le tenia respeto, y obedeciéndole hacia muchas cosas; y le oia de buena gana. 21 Y viniendo un dia oportuno, en que Herodes, en la fiesta de su nacimiento, hacia cena a sus príncipes y tribunos, y á los principales de Galiléa, 22 y entrando la hija de Herodías, y danzando, y agradando á Herodes, y á los que estaban con él á la mesa, el rey dijo á la muchacha: Pídeme lo que quisieres, que yo te lo daré. 23 Y le juró: Todo lo que me pidieres te daré hasta la mitad de mi reino. 24 Y saliendo ella, dijo á su madre: ¿Qué pediré? Y ella dijo: La cabeza de Juan Bautista, 25 Entonces [ella] entró prestamente al rey, y pidió, diciendo: Quiero que ahora luego me dés en un plato la cabeza de Juan Bautista. 26 Y el rey se entristeció mucho: [mas] á causa del juramento, y de los que estaban con él á la mesa, no quiso entristecerla. 27 Y luego el rey, enviando uno de la guardia, mandó que fuese traida su cabeza. 28 El cual fué, y le degolló en la cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dió á la muchacha, y la muchacha la dió á su madre. 29 Y oyéndo[lo] sus discípulos, vinieron, y tomaron su cuerpo, y le pusieron en un sepulcro. 30 Y LOS apóstoles se juntaron á Jesus, y le contaron todo lo que habian hecho, y lo que habian enseñado. 31 Y [él] les dijo: Venid vosotros aparte al lugar desierto, y reposad un poco: porque eran muchos los que iban y venian, que ni aun tenian logar de comer. 32 Y se fueron en un navío al lugar desierto aparte. 33 Y los vieron ir muchos, y lo conocieron; y concurrieron allá muchos á pié de las ciudades, y vinieron antes que ellos, y se juntaron á él. 34 Y saliendo [Jesus] vió [una] grande compañía, y tuvo misericordia de ellos, porque eran como ovejas sin pastor; y les comenzó á enseñar muchas cosas. 35 Y como ya fué el dia muy entrado, sus discípulos llegaron á él, diciendo: El lugar es desierto, y el dia es ya muy entrado: 36 envíalos para que vayan á los cortijos y aldeas de al rededor, y compren para sí pan, porque no tienen que comer. 37 Y respondiendo él, les dijo: Dadles de comer vosotros; y le dijeron: ¿[Qué] vamos y compremos pan por doscientos denarios, y les demos de comer? 38 Y él les dice: ¿Cuántos panes teneis? id, y vedlo. Y sabiéndolo, dijeron: Cinco, y dos panes. 39 Y les mandó que hiciesen recostar á todos por mesas sobre la yerba verde. 40 Y se recostaron por partes, por mesas, de ciento en ciento, y de cincuenta en cincuenta. 41 Y tomados los cinco panes y los dos panes, mirando al cielo, bendijo, y partió los panes, y dió á sus discípulos que les pusiesen delante. Y los dos panes repartió á todos. 42 Y comieron todos, y se hartaron. 43 Y alzaron de los pedazos doce esportones llenos, y de los panes. 44 Y eran los que comieron cinco mil varones. 45 Y LUEGO dió priesa á sus discípulos á subir en el navío, é ir delante de él á Bethsaida de la otra parte, entre tanto que él despedia la compañía. 46 Y despues que los hubo despedido, se fué al monte á orar. 47 Y como fué la tarde, el navío estaba en medio de la mar, y él solo en tierra. 48 Y los vió que se trabajaban navegando, porque el viento les era contrario; y cerca de la cuarta vela de la noche vino á ellos andando sobre la mar, y queria pasarlos. 49 Y viéndole ellos, que andaba sobre la mar, pensaron que era fantasma, y dieron voces: 50 porque todos le veian, y se turbaron. Mas luego habló con ellos, y les dijo: Aseguráos, yo soy: no tengais miedo. 51 Y subió á ellos en el navío, y el viento reposó, y [ellos] en gran manera estaban fuera de sí, y se maravillaban: 52 porque aun no habian cobrado entendimiento en los panes: porque sus corazones estaban ciegos. 53 Y cuando fueron de la otra parte, vinieron á tierra de Gennezaret, y tomaron puerto. 54 Y saliendo ellos del navío, luego le conocieron. 55 Y corriendo toda la tierra de al rededor, comenzaron á traer de todas partes enfermos en lechos, como oyeron que estaba allí. 56 Y donde quiera que entraba, en aldeas, ó ciudades, ó heredades, ponian en las calles los que estaban enfermos, y le rogaban que tocasen siquiera el borde de su vestido, y todos los que le tocaban eran salvos. CAPITULO 7 1 Y SE juntaron á él Fariséos, y algunos de los escribas que habian venido de Jerusalem. 2 los cuales viendo á algunos de sus discípulos comer pan con manos comunes, es á saber, por lavar, los condenaban. 3 (Porque los Fariséos, y todos los Judíos, teniendo la tradicion de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen; 4 y [volviendo] de la plaza, si no se lavaren, no comen; y otras muchas cosas hay que tomaron para guardar, como el lavar de los vasos [ de beber] y de los jarros, y de los vasos de metal, y de los lechos.) 5 Y le preguntaron los Fariséos y los escribas: ¿Por qué tus discípulos no andan conforme á la tradicion de los ancianos, mas comen pan con las manos por lavar? 6 Y respondiendo él, les dijo: Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo con los labios me honra, mas su corazon lejos está de mi; 7 y en vano me honran, enseñando doctrinas, mandamientos de hombres: 8 porque dejando el mandamiento de Dios, teneis la tradicion de los hombres: el lavar de los jarros, y de los vasos [de beber;] y haceis muchas cosas semejantes á estas. 9 Les decia tambien: Bien invalidais el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradicion. 10 Porque Moisés dijo: Honra á tu padre y á tu madre; y: El que maldijere al padre ó á la madre morirá de muerte. 11 Y vosotros decis: El hombre dirá al padre ó á la madre: El Corban (quiere decir, don mio) á ti aprovechará, 12 y no le dejais mas hacer por su padre, ó por su madre; 13 invalidando la palabra de Dios con vuestra tradicion que disteis: y muchas cosas haceis semejantes á estas. 14 Y llamando á toda la compañía, les dijo: Oidme todos, y entended. 15 Nada hay fuera del hombre que entre en él, que le pueda contaminar: mas lo que sale de él, aquello es lo que contamina al hombre. 16 Si alguno tiene oidos para oir, oiga. 17 Y entrándose de la compañía en casa, le preguntaron sus discípulos de la parábola. 18 Y les dice: ¿Así tambien vosotros sois sin entendimiento? ¿no entendeis que todo lo de fuera que entra en el hombre, no le puede contaminar? 19 porque no entra en su corazon, sino en el vientre; y sale [el hombre] á la secreta, y purga todas las viandas. 20 Mas decia: Que lo que del hombre sale, aquello contamina al hombre: 21 porque de dentro, del corazon de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, 22 los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, las desvergüenzas, el mal ojo, las injurias, la soberbia, la locura: 23 todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre. 24 Y LEVANTÁNDOSE de allí , se fué á los términos de Tyro y de Sidón, y entrando en casa quiso que nadie [lo] supiese: mas no pudo esconderse. 25 Porque una mujer, cuya hija tenia un espíritu inmundo, luego que oyó de él vino, y se echó á sus piés. 26 Y la mujer era Griega, Syrophenisa de nacion, y le rogaba que echase fuera de su hija al demonio. 27 Mas Jesus le dijo: Deja primero hartarse los hijos: porque no es bien tomar el pan de los hijos, y echarlo á los perrillos. 28 Y respondió ella, y le dijo: Sí, Señor, porque los perrillos debajo de la mesa comen de las migajas de los hijos. 29 Entonces le dice: Por esta palabra, vé: el demonio ha salido de tu hija. 30 Y como fué á su casa, halló que el demonio habla salido, y la hija echada sobre la cama. 31 Y VOLVIENDO á salir de los términos de Tyro y de Sidón, vino á la mar de Galiléa por mitad de los términos de Decápolis. 32 Y le traen un sordo y tartamudo, y le ruegan que le ponga la mano encima. 33 Y tomándole de la compañía aparte, metió sus dedos en las orejas de él, y escupiendo tocó su lengua. 34 Y mirando al cielo gimió, y dijo: Ephata; que es [decir:] Sé abierto. 35 Y luego fueron abiertas sus orejas; y fué desatada la ligadura de su lengua, y hablaba bien. 36 Y les mandó que no lo dijesen á nadie: mas cuanto mas les mandaba, tanto mas y mas [lo] divulgaban; 37 y en grande manera se espantaban, diciendo: Bien lo ha hecho todo: hace á los sordos oir, y á los mudos hablar. CAPITULO 8 1 EN aquellos dias, como hubo gran compañía, y no tenian que comer, Jesus llamó sus discípulos, y les dijo: 2 Tengo misericordia de la compañía, porque ya hace tres dias que están conmigo; y no tienen que comer: 3 y si los envio en ayunas á sus casas, desmayarán en el camino: porque algunos de ellos han venido de lejos. 4 Y sus discípulos le respondieron: ¿De dónde podrá alguien hartar á estos de pan aquí en el desierto? 5 Y les preguntó: ¿Cuántos panes teneis? Y ellos dijeron: Siete. 6 Entonces mandó á la compañía que se recostasen á tierra; y tomando los siete panes, habiendo dada gracias, partió, y dió á sus discípulos que pusiesen delante; y pusieron delante á la compañía. 7 Tenian tambien unos pocos pescadillos, y habiendo bendecido, dijo que tambien los pusiesen delante. 8 Y comieron, y se hartaron, y levantaron de los pedazos que habian sobrado, siete espuertas. 9 Y eran los que comieron, como cuatro mil: y los despidió. 10 Y LUEGO entrando en el navío con sus discípulos, vino en las partes de Dalmanuta. 11 Y vinieron los Fariséos, y comenzaron á altercar con él, demandándole señal del cielo. tentándole. 12 Y gimiendo de su espíritu, dice: ¿Por qué pide señal esta generacion? de cierto os digo, que no se dará señal á esta generacion. 13 Y dejándolos, volvió á entrar en el navío, y se fué de la otra parte. 14 Y se habian olvidado de tomar pan, y no tenian sino un pan consigo en el navío. 15 Y les mandó, diciendo: Mirad, guardáos de la levadura de los Fariséos, y de la levadura de Herodes. 16 Y altercaban los unos con los otros, diciendo: Pan no tenemos. 17 Y como Jesus lo entendió, les dice: ¿Qué altercais, porque no teneis pan? ¿no considerais, ni entendeis? ¿aun teneis ciego vuestro corazon? 18 ¿teniendo ojos no veis, y teniendo oidos no oís? ¿y no os acordais? 19 cuando partí los cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Doce. 20 Y cuando los siete panes en cuatro mil, ¿cuántas espuertas llenas de los pedazos alzasteis? Y ellos dijeron: Siete. 21 Y les dijo: ¿Cómo aun no entendeis? 22 Y VINO á Bethsaida, y le traen un ciego, y le ruegan que le tocase. 23 Entonces tomando al ciego de la mano, le sacó fuera de la aldea, y escupiendo en sus ojos, y poniéndole las manos encima, le preguntó, si veía alga. 24 Y [él] mirando, dijo: Veo los hombres: porque veo que andan, como árboles. 25 Luego le puso otra vez las manos sobre sus ojos, y le hizo que mirase; y fué sano, y vió de lejos y claramente á todos. 26 Y le envió á su casa, diciendo: No entres en la aldea, ni [lo] digas á nadie en la aldea. 27 Y SALIO Jesus y sus discípulos por las aldeas de Cesaréa de Filipo. Y en el camino preguntó á sus discípulos, diciéndoles: ¿Quién dicen los hombres que soy yo? 28 Y ellos respondieron: Juan Bautista; y otros: Elías; y otros: Alguno de los profetas. 29 Entonces el les dice: ¿Y vosotros, quién decis que soy yo? Y respondiendo Pedro le dice: Tú eres el Cristo. 30 Y los amenazó que no dijesen de el á ninguno. 31 Y comenzó á enseñarles, que convenia que el Hijo del hombre padeciese mucho, y ser reprobado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y ser muerto, y resucitar despues de tres dias. 32 Y claramente decia esta palabra. Entonces Pedro le tomó, y le comenzó á reñir. 33 Y él, volviéndose, y mirando á sus discípulos, riñó á Pedro, diciendo: Apártate de mí, Satanás: porque no sabes las cosas que [son,] de Dios, sino las que [son] de los hombres. 34 Y llamando á la compañía con sus discípulos, les dijo: Cualquiera que quisiere venir tras mí, niéguese á sí mismo y toma su cruz, y sígame: 35 porque el que quisiere salvar su vida, la perderá; y el que perdiere su vida por causa de mí y del Evangelio, este la salvará. 36 Porque ¿qué aprovechará al hombre si granjeare todo el mundo, y pierda su alma? 37 ¿O qué recompensa dará el hombre de su alma? 38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generacion adulterina y pecadora, el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles. CAPITULO 9 1 Díjoles tambien: De cierto os digo, que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto el reino de Dios que viene con potencia. 2 Y SEIS dias despues tomó Jesus á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y los sacó aparte solos á un monte alto, y fué trasfigurado delante de ellos. 3 Y sus vestidos fueron vueltos resplandecientes, muy blancos como la nieve, cuales lavador no los puede blanquear en la tierra. 4 Y les apareció Elías con Moisés, que hablaban con Jesus. 5 Entonces respondiendo Pedro, dice á Jesus: Maestro, bien será que nos quedemos aquí, y hagamos tres cabañas: para tí una, y para Moisés otra, y para Elías otra: 6 porque no sabia lo que hablaba, que estaba fuera de sí. 7 Y vino una nube que los asombró, y una voz de la nube que decia: Este es mi Hijo amado, á él oid. 8 Y luego, como miraron, no vieron mas á nadie consigo, sino á solo Jesus. 9 Y descendiendo ellos del monte, les mandó que á nadie dijesen lo que habian visto, sino cuando el Hijo del hombre hubiese resucitado de los muertos. 10 Y [ellos] retuvieron el caso en sí altercando que seria aquello: Resucitar de los muertos. 11 Y le preguntaron, diciendo: ¿Qué es lo que los escribas dicen, que es menester que Elías venga antes? 12 Y respondiendo él, les dijo: Elías á la verdad, cuando viniere antes, reformará todas las cosas y como está escrito del Hijo del hombre, que padezca mucho, y sea tenido en nada: 13 empero os digo que Elías [ya] vino, y le hicieron todo lo que quisieron, como está escrito de él. 14 Y COMO vino a los discípulos, vió grande compañía al rededor de ellos, y los escribas que disputaban con ellos. 15 Y luego toda la compañía, viéndole, se espantó, y corriendo á él, le saludaron. 16 Y preguntó á los escribas: ¿Qué disputais con ellos? 17 Y respondiendo uno de la compañía, dijo: Maestro, traje mi hijo á tí, que tiene un espíritu mudo, 18 el cual donde quiera que le toma, le despedaza, y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 19 Y respondiendo él, le dijo: ¡Oh generacion infiel! ¿hasta cuándo estaré con vosotros? ¿hasta cuándo os tengo de sufrir? traédmele. 20 Y se le trajeron: y como [él] le vió, luego el espíritu le comenzó á despedazar; y cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos. 21 Y preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo ha que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: 22 y muchas veces le echa en el fuego, y en aguas, para matarle: mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. 23 Y Jesus le dijo: Si puedes creer esto, al que cree todo es posible. 24 Y luego el padre del muchacho dijo, clamando con lágrimas. Creo, Señor: ayuda mi incredulidad. 25 Y como Jesus vió que la compañía concurria, riñó al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres mas en él. 26 Entonces [el espíritu] clamando, y despedazándole mucho, salió; y [él] quedó como muerto, que muchos decian, que era muerto. 27 Mas Jesus tomándole de la mano, le enhestó, y se levantó. 28 Y como él se entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros no pudimos echarle fuera? 29 Y les dijo: Este género con nada puede salir, sino con oracion y ayuno. 30 Y SALIDOS de allí, caminaron juntos por Galiléa; y no queria que nadie lo supiese. 31 Porque enseñaba á sus discípulos, y les decia: El Hijo del hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán: mas muerto [él,] resucitará al tercer dia. 32 Mas ellos no entendian [esta] palabra, y tenian miedo de preguntarle. 33 Y VINO á Capharnaum; y como vino á casa, les preguntó: ¿Qué disputabais entre vosotros en el camino? 34 Mas ellos callaron: porque los unos con los otros habian disputado en el camino, quién de ellos habia de ser el mayor. 35 Entonces sentándose, llamó á los doce, y les dice: Si alguno quisiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos. 36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos; y tomándole en sus brazos, les dice: 37 El que recibiere en mi nombre uno de los tales niños, á mí recibe; y el que á mí recibe, no me recibe á mí, mas al que me envió. 38 Y le respondió Juan, diciendo: Maestro, hemos visto á uno, que en tu nombre echaba fuera los demonios, el cual no nos sigue; y se lo defendimos, porque no nos sigue. 39 Y Jesus le dijo: No se lo defendais: porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre que luego pueda maldecirme. 40 Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 41 Porque cualquiera que os diere un jarro de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo, que no perderá su salario. 42 Y cualquiera que escandalizare uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera que le fuera puesta cerca de su cuello una piedra de molino, y que fuera echado en la mar. 43 Mas si tu mano te fuere ocasion de caer, córtala: mejor te es entrar á la vida manco, que teniendo dos manos ir al quemadero, al fuego que no puede ser apagado: 44 donde su gusano no muere, y su fuego nunca se apaga. 45 Y si tu pié te fuere ocasion de caer, córtale: mejor te es entrar á la vida cojo, que teniendo dos piés ser echado en el quemadero, al fuego que no puede ser apagado: 46 donde su gusano no muere, y su fuego nunca se apaga. 47 Y si tu ojo te fuere ocasion de caer, sácale: mejor te es entrar al reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al quemadero del fuego: 48 donde su gusano no muere, y su fuego nunca se apaga. 49 Porque todo [hombre] será salado con fuego, y todo sacrificio será salado con sal. 50 Buena es la sal: mas si la sal fuere desabrida, ¿con qué la adobareis? Tened en vosotros mismos sal; y tened paz los unos con los otros. CAPITULO 10 1 Y PARTIÉNDOSE de allí, vino en los términos de Judéa por tras el Jordán: y volvió la compañía á juntarse á él; y volviólos á enseñar, como acostumbraba. 2 Y llegándose los Fariséos, le preguntaron: Si era lícito al marido repudiar a su mujer, tentándole. 3 Mas él respondiendo, les dijo: ¿Qué os mandó Moisés? 4 Y ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar. 5 Y respondiendo Jesus, les dijo: Por la dureza de vuestro corazon os escribió este mandamiento: 6 que al principio de la creacion macho y hembra los hizo Dios. 7 Por esto (dice) dejará el hombre á su padre y á la madre, y se juntará á su mujer; 8 y los que [eran] dos, serán hechos una carne: así que no son mas dos, sino una carne: 9 pues lo que Dios juntó, no [lo] aparte el hombre. 10 Y en casa volvieron los discípulos á preguntarle de lo mismo. 11 Y les dice: Cualquiera que repudiare á su mujer, y se casare con otra, comete adulterio contra ella: 12 y si la mujer repudiare á su marido, y se casare con otro, adultera. 13 Y LE presentaban niños para que les tocase; y los discípulos reñian á los que los presentaban. 14 Y viéndolo Jesus, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se los defendais: porque de los tales es el reino de Dios: 15 de cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecia. 17 Y SALIENDO él para ir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para poseer la vida eterna? 18 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices bueno? ninguno [hay] bueno, sino un Dios: 19 los mandamientos sabes: No adulteres: No mates: No hurtes: No digas false testimonio: No defraudes: Honra á tu padre, y á tu madre. 20 El entonces respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto he guardado desde mi mocedad. 21 Entonces Jesus mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: vé, todo lo que tienes vende, y dá á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sigueme, tomando tu cruz. 22 Mas él, entristecido por esta palabra, se fué triste, porque tenia muchas posesiones. 23 Entonces Jesus mirando al rededor, dice á sus discípulos: ¡Cuán dificilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas! 24 Y los discípulos se espantaron de sus palabras: mas Jesus respondiendo, les volvió á decir: ¡Hijos, cuán difícil es entrar al reino de Dios, los que confian en las riquezas! 25 mas fácil es pasar un cable por el ojo de una aguja, que el rico entrar al reino de Dios. 26 Y ellos se espantaban mas, diciendo dentro de sí: ¿Y quién podrá salvarse? 27 Entonces Jesus mirándolos, dice: Acerca de los hombres, [es] imposible; mas acerca de Dios, no: porque todas cosas son posibles acerca de Dios. 28 Entonces Pedro comenzó á decirle: Hé aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 29 Y respondiendo Jesus, dijo: De cierto os digo, que ninguno hay que haya dejado casa, ó hermanos, hermanas, ó padre, ó madre, ó mujer, ó hijos, ó heredades, por causa de mí y del Evangelio, 30 que no reciba cien tantos, ahora en este tiempo, casa, y hermanos y hermanas, y madres, é hijos, y heredades, con persecuciones; y en el siglo venidero, vida eterna: 31 empero muchos primeros serán postreros, y postreros primeros. 32 Y ESTABAN en el camino subiendo á Jerusalem; y Jesus iba delante de ellos, y se espantaban, y le seguian con miedo: entonces volviendo á tomar á los doce [aparte] les comenzó á decir las cosas que le habian de acontecer: 33 Hé aquí, subimos á Jerusalem, y el Hijo del hombre será entregado á los príncipes de los sacerdotes, y á los escribas, y le condenarán á muerte, y le entregarán á los Gentiles; 34 [los cuales] le escarnecerán, y le azotarán, y escupirán en él, y le mataran: mas al tercer dia resucitará. 35 ENTONCES Jacobo y Juan, hijos de Zebedéo, se llegaron á el, diciendo: Maestro, querriamos que nos hagas lo que pidiéremos. 36 Y él les dijo: ¿Qué quereis que os haga? 37 Y ellos le dijeron: Danos que en tu gloria nos sentemos el uno á tu diestra, y el otro á tu siniestra. 38 Entonces Jesus les dijo: No sabeis lo que pedis: ¿podeis beber el vaso que yo bebo, y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado? 39 Y ellos le dijeron: Podemos. Y Jesus les dijo: A la verdad el vaso que yo bebo, bebereis; y del bautismo de que yo soy bautizado, sereis bautizados: 40 mas que os senteis á mi diestra, y á mi siniestra, no es mio darlo, sino á los que está aparejado. 41 Y como [lo] oyeron los diez, comenzaron á enojarse de Jacobo y de Juan. 42 Mas Jesus llamándolos, les dice: Ya sabeis que los que se ven ser príncipes entre las gentes, se enseñorean de ellas; y los que entre ellas son grandes, tienen sobre ellas potestad: 43 mas no será así entre vosotros, antes cualquiera que quisiere hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor: 44 y cualquiera de vosotros que quisiere hacerse el primero, será siervo de todos: 45 porque el Hijo del hombre tampoco vino para ser servido, mas para servir, y dar su vida en rescate por muchos. 46 ENTONCES vienen á Jericó; y saliendo el de Jericó, y sus discípulos y [una] gran compañía, Bartiméo el ciego, hijo de Timéo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47 Y oyendo que era Jesus el Nazareno, comenzó á dar voces, y decir: Jesus, hijo de David, ten misericordia de mí. 48 Y muchos le reñian, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí. 49 Entonces Jesus parándose, mandó llamarle; y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levantate, [que] te llama. 50 El entonces echando su capa, se levantó, y vino á Jesus. 51 Y respondiendo Jesus, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista. 52 Y Jesus le dijo: Vé: tu fé te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguia á Jesus en el camino. CAPITULO 11 1 Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethphage, y de Bethania, al monte de las Olivas, envia dos de sus discípulos, 2 y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallareis un pollino atado, sobre el cual ningun hombre ha subido: desatadle, y traedle. 3 Y si alguien os dijere: ¿Por qué haceis eso? decid que el Señor le ha menester; y luego le enviará acá. 4 Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta fuera, entre dos caminos; y le desatan. 5 Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Que haceis desatando el pollino? 6 Ellos entonces les dijeron como Jesus habia mandado; y los dejaron. 7 Y trajeron el pollino á Jesus, y echaron sobre él sus vestidos, y [él] se sentó sobre él. 8 Y muchos tendian sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y tendian por el camino. 9 Y los que iban delante, y los que iban detrás daban grita, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! 10 Bendito el reino que viene en el nombre del Señor de nuestro padre David: ¡Hosanna en las alturas! 11 Y entró Jesus en Jerusalem, y en el templo; y habiendo mirado al rededor todas las cosas, y siendo ya tarde se salió á Bethania con los doce. 12 Y el dia siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre. 13 Y viendo de lejos una higuera, que tenia hojas, vino [á ver] si quizá hallaria en ella alga, y como vino á ella, nada halló sino hojas: porque no era tiempo de higos. 14 Entonces Jesus respondiendo, dijo á la higuera: Nunca mas nadie coma de tí fruto para siempre. Y [esto] oyeron sus discípulos. 15 Vienen pues á Jerusalem; y entrando Jesus en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendian y compraban en el templo: y trastornó las mesas de los monederos, y las sillas de los que vendian palomas. 16 Y no consentia que alguien llevase vaso por el templo. 17 Y les enseñaba, diciendo: ¿No está escrito, que mi casa, casa de oracion será llamada de todas las gentes? y vosotros la habeis hecho cueva de ladrones. 18 Y oyéron[lo] los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban como le matarian: porque le tenian miedo, por cuanto toda la compañía estaba fuera de si de su doctrina. 19 Mas como fué tarde, Jesus salió de la ciudad. 20 Y PASANDO por la mañana, vieron que la higuera se habia secado desde las raices. 21 Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, hé aquí, la higuera que maldijiste se ha secado. 22 Y respondiendo Jesus, les dice: Tened fé de Dios. 23 Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere á este monte: Quítate, y échate en la mar; y no dudare en su corazon, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho. 24 Por tanto os digo, que todo lo que orando pidiéreis, creed que [lo] recibireis, y os vendrá. 25 Y cuando estuviéreis orando, perdonad, si teneis alga contra alguno, para que vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdone á vosotros vuestras ofensas. 26 Porque si vosotros no perdonáreis, tampoco vuestro Padre que [está] en los cielos, os perdonará vuestras ofensas. 27 Y VOLVIERON á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos, 28 y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas, y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas? 29 Y Jesus entonces respondiendo, les dice: Os preguntaré tambien yo una palabra, y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas: 30 ¿El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los hombres? respondedme. 31 Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo, dirá: ¿Por que pues no le creisteis? 32 Y si dijéremos: De los hombres, tememos al pueblo: porque todos tenian de Juan, que verdaderamente era profeta. 33 Y respondiendo, dicen á Jesus: No sabemos. Entonces respondiendo Jesus, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas. CAPITULO 12 1 Y COMENZÓ á hablarles por parábolas: Plantó un hombre una viña, y la cercó con seto, y le hizo un foso, y edificó una torre, y la arrendó á labradores, y se partió lejos. 2 Y envió un siervo á los labradores, al tiempo, para que tomase de los labradores del fruto de la viña: 3 mas ellos tomándole le hirieron, y le enviaron vacío. 4 Y volvió á enviarles otro siervo: mas [ellos] apedreándole, le hirieron en la cabeza, y volvieron á enviarle afrentado. 5 Y volvió á enviar otro, y á aquel mataron: y á otros muchos, hiriendo unos y matando á otros. 6 Teniendo, pues, aun un hijo suyo amado, le envió tambien á ellos el postrero, diciendo: Porque tendrán en reverencia á mi hijo. 7 Mas aquellos labradores dijeron entre sí: Este es el heredero, venid, matémosle, y la herencia será nuestra. 8 Y prendiéndole, le mataron, y echaron fuera de la viña. 9 ¿Qué, pues, hará el señor de la viña? Vendrá, y destruirá á estos labradores, y dará su viña á otros. 10 ¿Ni aun esta escritura habeis leido: La piedra que condenaron los que edificaban, esta es puesta por cabeza de esquina: 11 por el Señor es hecho esto, y es cosa maravillosa en nuestros ojos? 12 Y procuraban prenderle: mas temian la multitud, porque entendian que decia a ellos aquella parábola: y dejándole se fueron. 13 Y ENVIAN á él algunos de los Fariséos y de los Herodianos, para que le tomasen en [alguna] palabra. 14 Y viniendo ellos, le dicen: Maestro, ya sabemos que eres hombre de verdad; y no te cuidas de nadie: porque no miras á la apariencia de hombres, antes con verdad enseñas el camino de Dios: ¿es lícito dar tributo á César, ó no? ¿daremos, ó no daremos? 15 Entonces él como entendia la hipocresía de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais? traedme la moneda para que la vea. 16 Y ellos se la trajeron; y les dice: ¿Cuya es esta imágen, y esta inscripcion? Y ellos le dijeron: De César. 17 Y respondiendo Jesus, les dijo: Dad lo que [es] de César, á César; y lo que [es] de Dios, á Dios. Y se maravillaron de ello. 18 Entonces vienen á él los Saducéos, que dicen que no hay resurreccion, y le preguntaron, diciendo: 19 Maestro, Moisés nos escribió, que si el hermano de alguno muriese, y dejase mujer, y no dejase hijos, que su hermano tome su mujer, y despierte simiente á su hermano. 20 Fueron, pues, siete hermanos; y el primero tomó mujer; y muriendo, no dejó simiente. 21 Y la tomó el segundo, y murió; y ni aquel tampoco dejó simiente; y el tercero, de la misma manera. 22 Y la tomaron los siete; y tampoco dejaron simiente: á la postre murió tambien la mujer. 23 En la resurreccion, pues, cuando resucitaren, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer. 24 Entonces respondiendo Jesus, les dice: ¿No errais por eso, porque no sabeis las Escrituras, ni la potencia de Dios? 25 Porque cuando resucitaran de los muertos, ni maridos tomarán mujeres, ni mujeres maridos: mas son como los ángeles que [están] en los cielos. 26 Y de los muertos que hayan de resucitar, ¿no habeis leido en el libro de Moisés, como le habló Dios en el zarzal, diciendo: Yo [soy] el Dios de Abraham, y el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob? 27 No es Dios de muertos, mas Dios de vivos: así que vosotros mucho errais. 28 Y llegándose uno de los escribas, que los habia oido disputar, y sabia que les habia respondido bien, le preguntó: ¿Cuál era el mas principal mandamiento de todos? 29 Y Jesus le respondió: El mas principal mandamiento de todos [es:] Oye Israél, el Señor nuestro Dios, el Señor, uno es: 30 amarás pues al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todo tu pensamiento, y de todas tus fuerzas: este es el mas principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante á él: Amarás á tu prójimo, como á tí mismo. No hay otro mandamiento mayor que estos. 32 Entonces el escriba le dijo: Bien, Maestro, verdad has dicho, que uno es Dios, y no hay otro fuera de él; 33 y que amarle de todo corazon, y de todo entendimiento, y de toda el alma, y de todas las fuerzas, y amar al prójimo como á sí mismo, mas es que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesus entonces viendo que habia respondido sábiamente, le dice: No estás lejos del reino de Dios. Y ninguno le osaba ya preguntar. 35 Y respondiendo Jesus decia, enseñando en el templo: ¿Cómo dicen los escribas que el Cristo es hijo de David? 36 Porque el mismo David dijo por Espíritu Santo: Dijo el Señor á mi Señor: Asiéntate á mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus piés. 37 Luego llamándole el mismo David Señor, ¿de dónde pues es su hijo? Y mucha compañía le oia de buena gana. 38 Y LES decia en su doctrina: Guardáos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas, 39 y las primeras sillas en las sinagogas, y los primeros asientos en las cenas: 40 que tragan las casas de las viudas, y ponen delante que hacen largas oraciones: estos recibirán mayor juicio. 41 Y estando sentado Jesus delante del arca de la ofrenda, miraba como el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. 42 Y como vino una viuda pobre, echó dos minutos que son un cuarto. 43 Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo, que esta viuda pobre echó mas que todos los que han echado en el arca: 44 porque todos han echado de lo que les sobra: mas esta de su pobreza echó todo lo que tenia, todo su alimento. CAPITULO 13 1 Y SALIENDO del templo le dice uno de sus discípulos: Maestro, mira qué piedras, y qué edificios. 2 Y Jesus respondiendo, le dijo: ¿Ves estos grandes edificios? no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. 3 Y sentándose en el monte de las Olivas delante del templo, le preguntaron aparte Pedro, y Jacobo, y Juan, y Andres: 4 Dínos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿y qué señal [habrá] cuando todas las cosas han de ser acabadas? 5 Y Jesus respondiéndoles, comenzó á decir: Mirad que nadie os engañe: 6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy [el Cristo;] y engañarán á muchos. 7 Mas cuando oyéreis de guerras, y de rumores de guerras, no os turbeis: porque conviene hacerse [así,] mas aun no [será] el fin. 8 Porque gente se levantará contra gente, y reino contra reino; y habrá terremotos en cada lugar, y habrá hambres, y alborotos: principios de dolores [serán] estos. 9 Mas vosotros mirad por vosotros: porque os entregarán en concilios, y en sinagogas: sereis azotados; y delante de presidentes y de reyes sereis llamados por causa de mi, por testimonio á ellos. 10 Y á todas las gentes conviene que el Evangelio sea predicado antes. 11 Y cuando os trajeren entregándoos, no premediteis que habeis de decir, ni [lo] penseis: mas lo que os fuere dado en aquella hora, eso hablad: porque no sois vosotros los que hablais, sino el Espíritu Santo. 12 Y entregará á la muerte el hermano al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán. 13 Y sereis aborrecidos de todos por mi nombre: mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo. 14 Empero cuando viéreis la abominacion de asolamiento, que fué dicha por el profeta Daniél, que estará donde no debe, (el que lee, entienda,) entonces los que [estuvieren] en Judéa huyan á los montes; 15 y el que [estuviere] sobre la casa, no descienda á la casa, ni entre para tomar algo de su casa; 16 y el que estuviere en el campo, no torne atrás, [ni aun] á tomar su capa. 17 Mas ¡ay de las preñadas, y de las que criaren en aquellos dias! 18 Orad pues que no acontezca vuestra huida en invierno. 19 Porque serán aquellos dias [una] afliccion, cual nunca fué desde el principio de la creacion [de las cosas] que crió Dios, hasta este tiempo, ni será. 20 Y si el Señor no hubiese acortado aquellos dias, ninguna carne se salvaria: mas por causa de los escogidos, que él escogió, acortó aquellos días. 21 Y entonces si alguno os dijere: Hé aquí, aquí está el Cristo; ó hé aquí, allí [está,] no [le] creais: 22 porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas; y darán señales y prodigios, para engañar, si se pudiese hacer, aun á los escogidos. 23 Mas vosotros mirad: hé aquí, os lo he dicho antes todo. 24 Empero en aquellos dias, despues de aquella afliccion, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor. 25 Y las estrellas caerán del cielo, y las virtudes que [están] en los cielos serán conmovidas. 26 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con mucha potestad y gloria. 27 Y entonces enviará sus ángeles, y juntará sus escogidos de los cuatro vientos, desde el un cabo de la tierra hasta el cabo del cielo. 28 De la higuera aprended la semejanza: Cuando su rama ya se hace tierna, y brota hojas, conoceis que el verano está cerca. 29 Así tambien vosotros cuando viéreis hacerse estas cosas, conoced que está cerca á las puertas. 30 De cierto os digo, que no pasara esta generacion que todas estas cosas no sean hechas. 31 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras nunca pasarán. 32 Empero de aquel dia, y de la hora, nadie sabe ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el mismo Hijo, sino el Padre. 33 Mirad, velad, y orad: porque no sabeis cuando será el tiempo. 34 Como el hombre que partiéndose lejos, dejó su casa, y dió á sus siervos su hacienda, y á cada uno cargo, y al portero mandó que velase: 35 velad pues, porque no sabeis cuando el señor de la casa vendrá; á la tarde, ó á la media noche, ó al canto del gallo, ó á la mañana; 36 porque cuando viniere de repente, no os halle durmiendo. 37 Y las cosas que á vosotros digo, á todos [las] digo: Velad. CAPITULO 14 1 Y ERA la pascua, y [los dias] de los panes sin levadura dos dias despues, y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas como le prenderian por engaño, y le matarian. 2 Y decian: No en el dia de la fiesta, porque no se haga alboroto del pueblo. 3 Y estando él en Bethania en casa de Simon el leproso, y sentado á la mesa, vino una mujer teniendo un [vaso de] alabastro de ungüento de nardo espique de mucho precio, y quebrando el alabastro se lo derramó en la cabeza. 4 Y hubo algunos que se enojaron dentro de sí, y dijeron: ¿Para qué se ha hecho esta perdicion de ungüento? 5 porque podia esto ser vendido por mas de trescientos denarios, y darse á los pobres. Y bramaban contra ella. 6 Mas Jesus dijo: Dejadla: ¿por qué la fatigais? buena obra me ha hecho: 7 que siempre tendreis los pobres con vosotros, y cuando quisiereis les podreis hacer bien: mas á mí no siempre [me] tendreis: 8 esta, lo que pudo, hizo: porque ha prevenido á ungir mi cuerpo para la sepultura: 9 de cierto os digo, que donde quiera que fuere predicado este Evangelio en todo el mundo, tambien esto que ha hecho esta, será dicho para memoria de ella. 10 Entonces Judas Iscariote, uno de los doce, vino á los príncipes de los sacerdotes, para entregarsele. 11 Y ellos oyéndolo se holgaron, y prometieron que le darian dineros. Y buscaba oportunidad como le entregaria. 12 Y EL primer dia [de la fiesta] de los panes sin levadura, cuando sacrificaban la pascua, sus discípulos le dicen: ¿Dónde quieres que vamos á aparejarte, para que comas la pascua? 13 Y envia dos de sus discípulos, y les dice: Id á la ciudad, y os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua, seguidle; 14 y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde tango que comer la pascua con mis discípulos? 15 Y él os mostrará un gran cenadero aparejado, aderezad para nosotros allí. 16 Y fueron sus discípulos, y vinieron á la ciudad, y hallaron como les habia dicho, y aderezaron la pascua. 17 Y llegada la tarde, vino con los doce. 18 Y como se sentaron á la mesa, y comiesen, dice Jesus: De cierto os digo, que uno de vosotros, que come conmigo, me ha de entregar. 19 Entonces ellos comenzaron á entristecerse, y á decirle cada uno por sí: ¿[Seré] yo? y el otro: ¿[Seré] yo? 20 Y él respondiendo, les dijo: Uno de los doce que moja conmigo en el plato: 21 á la verdad el Hijo del hombre va, como está de él escrito: mas ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado! bueno le fuera, si no fuera nacido el tal hombre. 22 Y estando ellos comiendo, tomó Jesus el pan, y bendiciendo partió, y les dió, y dijo: Tomad, comed, esto es mi cuerpo. 23 Y tomando el vaso, habiendo dado gracias, les dió; y bebieron de él todos. 24 Y les dice: Esto es mi sangre del Nuevo Testamento, que por muchos es derramada: 25 de cierto os digo, que no beberé mas del fruto de la vid hasta aquel dia, cuando lo beberé nuevo en el reino de Dios. 26 Y como hubieron cantado el himno, se salieron al monte de las Olivas. 27 Jesus entonces les dice: Todos sereis escandalizados en mi esta noche, porque escrito está: Heriré al pastor, y serán derramadas las ovejas: 28 mas despues que haya resucitado, iré delante de vosotros á Galiléa. 29 Entonces Pedro le dijo: Aunque todos sean escandalizados, mas no yo. 30 Y le dice Jesus: De cierto te digo, tú, hoy, esta noche, antes que el gallo haya cantado dos veces, me negarás tres veces. 31 Mas él mucho mas decia: Si me fuere menester morir contigo, no te negaré. Tambien todos decian lo mismo. 32 Y VIENEN al lugar que se llama Gethsemane, y dice á sus discípulos: Sentáos aquí, entre tanto que oro. 33 Y toma consigo á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y comenzó á atemorizarse, y á angustiarse. 34 Y les dice: De todas partes está triste mi alma hasta la muerte: esperad aquí, y velad. 35 Y yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró, que si fuese posible, pasase de él aquella hora: 36 y dijo: Abba, Padre, todas las cosas son á tí posibles: traspasa de mí este vaso: empero no lo que yo quiero, sino lo que tú. 37 Y vino, y los halló durmiendo; y dice á Pedro: ¿Simon, duermes? ¿no has podido velar una hora? 38 velad, y orad, no entreis en tentacion: el espíritu á la verdad [es] presto, mas la carne enferma. 39 Y volviéndose á ir, oró, y dijo las mismas palabras. 40 Y vuelto, los halló otra vez durmiendo: porque los ojos de ellos estaban cargados, y no sabian que responderle. 41 Y vino la tercera vez, y les dice: Dormid ya, y descansad: basta: la hora es venida: hé aquí, el Hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores: 42 levantáos, vamos: hé aquí, el que me entrega está cerca. 43 Y luego, aun hablando él, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha compañía con espadas y bastones, de parte de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y de los ancianos. 44 Y el que le entregaba les habia dado señal comun, diciendo: Al que yo besare, aquel es: prendedle, y llevadle seguramente. 45 Y como vino, se llegó luego á él, y le dice: Maestro, Maestro, y le besó. 46 Entonces ellos echaron en él sus manos, y le prendieron. 47 Y uno de los que estaban allí, sacando el cuchillo, hirió al siervo del sumo pontífice, y le cortó la oreja. 48 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Como á ladron, habeis salido con espadas y con bastones á tomarme? 49 cada dia estaba con vosotros enseñando en el templo, y no me tomasteis. Mas, para que se cumplan las Escrituras. 50 Entonces dejándole todos [sus discípulos] huyeron. 51 Empero un mancebillo le seguia cubierto de una sábana sobre [el cuerpo] desnudo; y los mancebillos le prendieron. 52 Mas él, dejando la sábana, se huyó de ellos desnudo. 53 Y TRAJERON á Jesus al sumo pontífice; y se juntaron á él todos los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos, y los escribas. 54 Empero Pedro le siguió de lejos hasta dentro del patio del sumo pontífice; y estaba sentado con los servidores, y calentándose al fuego. 55 Y los príncipes de los sacerdotes, y todo el concilio, buscaban [algun] testimonio contra Jesus, para entregarle á la muerte: mas no hallaban. 56 Porque muchos decian falso testimonio contra él: mas sus testimonios no concertaban. 57 Entonces levantándose unos, dieron falso testimonio contra él, diciendo: 58 Nosotros le hemos oido decir: Yo derribaré este templo, que es hecho de manos, y en tres dias edificaré otro hecho sin manos. 59 Mas ni aun así se concertaba el testimonio de ellos. 60 El sumo pontífice entonces, levantándose en medio, preguntó á Jesus, diciendo: ¿No respondes algo? ¿qué atestiguan estos contra tí? 61 Mas él callaba, y nada respondió. El sumo pontífice le volvió á preguntar, y le dice: ¿Eres tú el Cristo, Hijo del Bendito? 62 Y Jesus le dijo: Yo soy; y vereis al Hijo del hombre asentado á la diestra de la potencia [de Dios,] y que viene en las nubes del cielo. 63 Entonces el pontífice, rasgando sus vestidos, dijo: ¿Qué mas tenemos necesidad de testigos? 64 oido habeis la blasfemia: ¿qué os parece? Y ellos todos le condenaron ser culpado de muerte. 65 Y algunos comenzaron á escupir en él, y cubrir su rostro, y á darle bofetadas, y decirle: Profetiza. Y los servidores le herian de bofetadas. 66 Y estando Pedro en el palacio abajo, vino una de las criadas del sumo pontífice; 67 y como vió á Pedro que se calentaba, mirándole, dice: Y tú con Jesus el Nazareno eras. 68 Mas él negó, diciendo: No [le] conozco, ni sé lo que te dices. Y se salió fuera á la entrada, y cantó el gallo. 69 Y la criada viéndole otra vez, comenzó á decir á los que estaban allí: Este es de ellos. 70 Mas él negó otra vez. Y poco despues otra vez los que estaban allí, dijeron á Pedro: Verdaderamente eres de ellos; porque eres Galiléo, y tu habla es semejante. 71 Y él comenzó á anatematizarse y jurar: No conozco á este hombre que decis. 72 Y el gallo cantó la segunda vez; y Pedro se acordó de las palabras que Jesus le habia dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces: y comenzó á llorar. CAPITULO 15 1 E LUEGO por la mañana, hecho consejo, los sumos sacerdotes con los ancianos, y con los escribas, y con todo el concilio, trajeron á Jesus atado, y le entregaron á Pilato. 2 Y le preguntó Pilato: ¿Eres tú el rey de los Judíos? Y respondiendo él, le dijo: Tú lo dices. 3 Y le acusaban los príncipes de los sacerdotes mucho. 4 Y le preguntó otra vez Pilato, diciendo: ¿No respondes algo? mira cuán muchas cosas atestiguan contra tí. 5 Mas Jesus ni aun con eso respondió, que Pilato se maravillaba. 6 Empero en el dia de la fiesta les soltaba un preso, cualquiera que pidiesen. 7 Y habia uno que se llamaba Barrabás, preso con sus compañeros de la revuelta, que en una revuelta habian hecho muerte. 8 Y la multitud, dando voces, comenzó á pedir como siempre les habia hecho. 9 Y Pilato les respondió, diciendo: ¿Quereis que os suelte al rey de los Judíos? 10 Porque conocia que por envidia le habian entregado los príncipes de los sacerdotes. 11 Mas los príncipes de los sacerdotes incitaron á la multitud, que les soltase antes á Barrabás. 12 Y respondiendo Pilato, les dice otra vez: ¿Qué pues quereis que haga de él que llamais rey de los Judíos? 13 Y ellos volvieron á dar voces: Crucifícale. 14 Mas Pilato les decia: ¿Pues, qué mal ha hecho? Y ellos daban mas voces: Crucifícale. 15 Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó á Barrabás, y entregó á Jesus, azotado, para que fuese crucificado. 16 Entonces los soldados le llevaron dentro de la sala, es á saber, á la audiencia; y convocan toda la cuadrilla, 17 y le visten de púrpura, y le ponen una corona tejida de espinas; 18 y comenzaron á saludarle: Tengas gozo, rey de los Judíos. 19 Y le herian su cabeza con una caña, y escupian en él, y le adoraban hincadas las rodillas. 20 Y cuando le hubieron escarnecido, le desnudaron la [ropa de] púrpura, y le vistieron sus propios vestidos; y le sacan para crucificarle. 21 Y cargaron á uno que pasaba, (Simon Cirenéo, padre de Alejandro y de Rufo, que venia del campo,) para que llevase su cruz. 22 Y le llevan al lugar de Gólgotha, que declarado quiere decir, lugar de la Calavera. 23 Y le dieron á beber vino mirrado; mas él no le tomó. 24 Y cuando le hubieron crucificado, repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos, qué llevaria cada uno. 25 Y era la hora de las tres cuando le crucificaron. 26 Y el título escrito de su causa era: EL REY DE LOS JUDÍOS. 27 Y crucificaron con él dos ladrones, uno á su mano derecha, y otro á su mano izquierda. 28 Y se cumplió la Escritura que dice: Y con los inícuos fué contado. 29 Y los que pasaban le denostaban, meneando sus cabezas, y diciendo: ¡Ah! que derribas el templo de Dios, y en tres dias le edificas: 30 sálvate á tí mismo, y desciende de la cruz. 31 Y de esta manera tambien los príncipes de los sacerdotes escarneciendo, decian unos á otros, con los escribas: A otros salvó, á si mismo no puede salvar: 32 el Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos. Tambien los que estaban crucificados con él, le denostaban. 33 Y cuando vino la hora de las seis, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora de las nueve. 34 Y á la hora de las nueve exclamó Jesus á gran voz, diciendo: Eloi, Eloi, ¿lamma sabachthani? que declarado, quiere decir: Dios mio, Dios mio, ¿por qué me has desamparado? 35 Y oyéndole unos de los que estaban [allí,] decian: Hé aquí, á Elías llama. 36 Y corrió uno, y llenando de vinagre una esponja, y poniéndola en una caña, le dió de beber, diciendo: Dejad, veamos si vendrá Elías á quitarle. 37 Mas Jesus, dando una grande voz, espiró. 38 Entonces el velo del templo se partió en dos de alto á bajo. 39 Y el centurion, que estaba delante de él, viendo que habia espirado así clamando, dijo: Verdaderamente este hombre era el Hijo de Dios. 40 Y tambien estaban [algunas] mujeres mirando de lejos: entre las cuales era María Magdalena, y María de Jacobo el menor, y la madre de Joses, y Salomé; 41 las cuales, estando aun él en Galiléa le habian seguido, y le servian; y otras muchas que juntamente con el habian subido a Jerusalem. 42 Y CUANDO fué la tarde, porque era la preparacion, es saber, la víspera del sábado, 43 Joseph de Arimathéa, senador noble, que tambien esperaba el reino de Dios, vino, y osadamente entró á Pilato, y pidió el cuerpo de Jesus. 44 Y Pilato se maravilló, si ya fuese muerto; y hacienda venir al centurion, le preguntó, si era ya muerto. 45 Y entendido del centurion, dió el cuerpo á Joseph. 46 El cual compró una sábana, y quitado, le envolvió en la sábana, y le puso en un sepulcro que era cortado de piedra; y revolvió la piedra á la puerta del sepulcro. 47 Y María Magdalena, y María [madre] de Joses, miraban donde era puesto. CAPITULO 16 1 Y COMO pasó el sábado, María Magdalena, y María [madre] de Jacobo, y Salomé, compraron [drogas] aromáticas, para venir á ungirle. 2 Y muy de mañana, el primer [dia] de los sábados, vienen al sepulcro, ya salido el sol. 3 Y decian entre sí: ¿Quién nos revolverá la piedra de la puerta del sepulcro? 4 Y como miraron, ven la piedra revuelta: porque era grande. 5 Y entradas en el sepulcro, vieron un mancebo sentado á la mano derecha cubierto de una ropa larga blanca; y se espantaron. 6 Mas él les dice: No tengais miedo: buscais á Jesus Nazareno, crucificado: resucitado es, no está aquí: hé aquí, el lugar donde le pusieron: 7 mas id, decid á sus discípulos y á Pedro, que él va antes que vosotros á Galiléa: allí le vereis, como os dijo. 8 Y ellas se fueron huyendo prestamente del sepulcro; porque las habia tomado temblor y espanto: ni decian nada á nadie: porque tenian miedo. 9 MAS como Jesus resucitó por la mañana, el primer [día] de los sábados, primeramente apareció á María Magdalena, de la cual habia echado siete demonios. 10 Yendo ella, lo hizo saber á los que habian estado con él, [que estaban] tristes y llorando. 11 Y ellos como oyeron que vivia, y que habia sido visto de ella, no lo creyeron. 12 Mas despues apareció en otra forma á dos de ellos que iban en camino, yendo á la aldea. 13 Y ellos fueron, y lo hicieron saber á los otros, y ni aun á ellos creyeron. 14 Finalmente se apareció á los once, estando sentados á la mesa: y les zahirió su incredulidad y la dureza de corazon, que no hubiesen creido los que le habian visto resucitado. 15 Y les dijo: Id por todo el mundo, predicad el Evangelio á toda criatura: 16 el que creyere, y fuere bautizado, será salvo: mas el que no creyere será condenado: 17 y estas señales seguirán á los que creyeren: Por mi nombre echarán fuera demonios: hablarán nuevas lenguas: 18 quitarán serpientes: y si bebieren cosa mortífera, no les dañará: sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 19 Y el Señor, despues que les habló, fué recibido arriba al cielo, y se asentó á la diestra de Dios. 20 Y ellos, saliendo, predicaron en todas partes, obrando con ellos el Señor, y confirmando la palabra con las señales que se seguian. Amen. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO SEGUN S. LUCAS. CAPITULO 1 1 HABIENDO muchos tentado á poner en órden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, 2 como nos [lo] enseñaron los que desde el principio [lo] vieron de sus ojos, y fueron ministros del negocio: 3 me ha parecido tambien [á mí] despues de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribirte[las] por órden, oh muy buen Teófilo, 4 para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado. 5 HUBO en los dias de Herodes rey de Judéa, un sacerdote llamado Zacharías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabeth. 6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprension. 7 Y no tenian generacion: porque Elisabeth era estéril, y ambos eran venidos en dias. 8 Y aconteció, que administrando Zacharías el sacerdocio delante de Dios por el órden de su vez, 9 conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en su vez á poner el perfume, entrando en el templo del Señor. 10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del perfume. 11 Y le apareció el ángel del Señor que estaba á la mano derecha del altar del perfume. 12 Y se turbó Zacharías viéndole, y cayó temor sobre él. 13 Mas el ángel le dijo: Zacharías, no temas: porque tu oracion ha sido oida; y tu mujer Elisabeth te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan; 14 y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento: 15 porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre: 16 y á muchos de los hijos de Israél convertirá al Señor Dios de ellos: 17 porque él irá delante de él con el Espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto. 18 Y dijo Zacharías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer venida en dias. 19 Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas: 20 y hé aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el dia que esto sea hecho: por cuanto no creiste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo. 21 Y el pueblo estaba esperando á Zacharías, y se maravillaban que él se tardaba en el templo. 22 Y saliendo, no les podia hablar; y entendieron que habia visto vision en el templo: y él les hablaba por señas; y quedó mudo. 23 Y fué, que cumplidos los dias de su oficio, se vino á su casa. 24 Y despues de aquellos dias concibió su mujer Elisabeth, y se encubria por cinco meses, diciendo: 25 Porque el Señor me hizo esto en los dias en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres. 26 Y AL sexto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios á [una] ciudad de Galiléa, que se llama Nazaret, 27 á una vírgen desposada con un varon que se llamaba Joseph, de la casa de David; y el nombre de la vírgen [era] María. 28 Y entrando el ángel á ella, dijo: Tengas gozo, amada, el Señor [es] contigo: bendita tú entre las mujeres. 29 Mas ella, como le vió, se turbó de su hablar; y pensaba qué salutacion fuese esta. 30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia acerca de Dios: 31 y hé aquí, que concebirás en el vientre, y parirás hijo, y llamarás su nombre JESUS: 32 este será grande, é Hijo del Altísimo será llamado, y le dará el Señor Dios la silla de David su padre; 33 y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá cabo. 34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varon. 35 Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por lo cual tambien lo Santo que de tí nacerá, será llamado Hijo de Dios: 36 y hé aquí, Elisabeth tu parienta, tambien ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril: 37 porque ninguna cosa es imposible para Dios. 38 Entonces María dijo: Hé aquí la criada del Señor, cúmplase en mí conforme á tu palabra. Y el ángel se partió de ella. 39 En aquellos dias levantándose María, fué á la montaña con priesa á [una] ciudad de Judá. 40 Y entró en casa de Zacharías, y saludó á Elisabeth. 41 Y aconteció, que como oyó Elisabeth la salutacion de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabeth fué llena de Espíritu Santo, 42 y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre: 43 ¿y de dónde esto á mí, que venga la madre de mi Señor á mí? 44 porque hé aquí, que como llegó la voz de tu salutacion á mis oidos, la criatura saltó con alegría en mi vientre: 45 y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas [de parte] del Señor. 46 Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor: 47 y mi espíritu se alegró en Dios mi Salud. 48 Porque miró á la bajeza de su criada: porque hé aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las edades. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso: y su santo nombre, 50 y su misericordia de generacion á generacion á los que le temen. 51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazon. 52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes. 53 A los hambrientos llenó de bienes; y á los ricos envió vacíos. 54 Recibió á Israél su criado, acordándose de la misericordia, 55 como habló á nuestros padres, á Abraham y á su simiente para siempre. 56 Y SE quedó María con ella como tres meses: y se volvió á su casa. 57 Y A Elisabeth se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo. 58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios habia hecho grande misericordia con ella, y se alegraron con ella. 59 Y aconteció, que al octavo dia vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban del nombre de su padre, Zacharías. 60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado. 61 Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llama de este nombre. 62 Y hablaron por señas á su padre, como le queria llamar. 63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron. 64 Y luego fué abierta su boca, y su lengua, y habló bendiciendo á Dios. 65 Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos: y en todas las montañas de Judéa fueron divulgadas todas estas cosas. 66 Y todos los que [lo] oían, se maravillaban, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor era con él. 67 Y Zacharías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 68 Bendito el Señor Dios de Israel, que visitó, é hizo redencion á su pueblo. 69 Y nos enhestó el cuerno de salud en la casa de David su siervo. 70 Como habló por boca de los santos que fueron desde el principio, sus profetas: 71 salud de nuestros enemigos, de mano de todos los que nos aborrecieron: 72 haciendo misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo testamento: 73 del juramento que juró á Abraham nuestro padre, que nos habia de dar: 74 que sin temor, libertados de nuestros enemigos, le serviriamos, 75 en santidad y justicia delante de él, todos los dias de nuestra vida. 76 Tú, empero, oh niño, profeta del Altísimo serás llamado: porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar sus caminos: 77 dando ciencia de salud á su pueblo para remision de sus pecados: 78 por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el oriente, 79 para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte: para encaminar nuestros piés por camino de paz. 80 Y EL niño crecia, y era confortado del Espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el dia que se mostró á Israel. CAPITULO 2 1 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada. 2 Este empadronamiento primero fué hecho, siendo presidente de la Siria Cirenio. 3 E iban todos para ser empadronados cada uno á su ciudad. 4 Y subió Joseph de Galiléa, de la ciudad de Nazaret, á Judéa, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David; 5 para ser empadronado, con María su mujer desposada con él, la cual estaba preñada. 6 Y ACONTECIÓ, que estando [ellos] allí, los dias en que ella habia de parir se cumplieron. 7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió, y le acostó en el pesebre: porque no habia lugar para ellos en el meson. 8 Y habia pastores en la misma tierra, que velaban, y guardaban las velas de la noche sobre su ganado. 9 Y hé aquí, el ángel^ del Señor vino sobre ellos; y la claridad de Dios los cercó de resplandor de todas partes, y tuvieron gran temor. 10 Mas el ángel les dijo: No temais, porque, hé aquí, os doy nuevas de gran gozo, que será á todo el pueblo: 11 que os es nacido hoy Salvador, que es el Señor, el Cristo, en la ciudad de David: 12 y esto os [será por] señal: hallareis el niño envuelto en pañales, echado en el pesebre. 13 Y repentinamente fué con el ángel multitud de ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decian: 14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, y á los hombres buena voluntad. 15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos, pues, hasta Bethlehem, y veamos este negocio que ha hecho Dios, y nos ha mostrado. 16 Y vinieron á priesa, y hallaron á María, y á Joseph, y al niño acostado en el pesebre. 17 Y viéndo[le], hicieron notorio lo que les habia sido dicho del niño. 18 Y todos los que [lo] oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decian. 19 Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndo[las] en su corazon. 20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habian oido y visto, como les habia sido dicho. 21 Y PASADOS los ocho dias para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesus, el cual [le] fué puesto del ángel antes que él fuese concebido en el vientre. 22 Y como se cumplieron los dias de la purificacion de María conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la ley del Señor: Todo macho que abriere la matriz, será santo al Señor: 24 y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor, un par de tórtolas, ó dos pollos de palomas. 25 Y hé aquí, habia un hombre en Jerusalem llamado Simeon, y este hombre, justo y pio, esperaba la consolacion de Israel; y el Espíritu Santo era sobre él. 26 Y habia recibido respuesta del Espíritu Santo, que no veria la muerte antes que viese al Cristo del Señor. 27 Y vino por Espíritu al templo. Y como metieron al niño Jesus sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley, 28 entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo: 29 Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz: 30 porque han vista mis ojos tu Salud, 31 la cual has aparejado en presencia de todos los pueblos: 32 luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel. 33 Y Joseph y su madre estaban maravillados de las cosas que se decian de él. 34 Y los bendijo Simeon, y dijo á su madre María: Hé aquí, que este es dado para caida y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal á quien será contradicho; 35 y tu alma de tí misma traspasará cuchillo, para que de muchos corazones sean manifestados los pensamientos. 36 Estaba tambien [allí] Anna, profetisa, hija de Phanuél, de la tribu de Asér, la cual habia venido en grande edad, y habia vivido con su marido siete años desde su virginidad. 37 Y [era] viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, en ayunos y oraciones sirviendo de noche y de dia. 38 Y esta sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redencion en Jerusalem. 39 MAS como cumplieron todas las cosas segun la ley del Señor, se volvieron á Galiléa, á su ciudad de Nazaret. 40 Y el niño crecia, y era confortado del Espíritu, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él. 41 E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta, de la Pascua. 42 Y como fué de doce años, ellos subieron á Jerusalem conforme á la costumbre del dia de la fiesta. 43 Y acabados los dias, volviendo ellos, se quedó el niño Jesus en Jerusalem, sin saberlo Joseph y su madre. 44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de [un] dia; y le buscaban entre los parientes, y entre los conocidos. 45 Y como no le hallasen, volvieron á Jerusalem , buscandole. 46 Y aconteció, que tres dias despues le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos, y preguntándolos. 47 Y todos los que le oian, estaban fuera de sí por su entendimiento y respuestas. 48 Y como le vieron, se espantaron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? hé aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor. 49 Entonces [él] les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿no sabiais que en los negocios que son de mi Padre me conviene estar? 50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló. 51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazon. 52 Y Jesus crecia en sabiduría, y en edad, y gracia acerca de Dios y de los hombres. CAPITULO 3 1 Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo presidente de Judéa Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galiléa, y su hermano Felipe tetrarca de Ituréa y de la provincia de Tracónite, y Lisania tetrarca de Abilina; 2 siendo sumos sacerdotes Annás y Caifás, fué palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacharías, en el desierto. 3 Y él vino en toda la tierra al rededor del Jordán, predicando el bautismo de penitencia para remision de pecados; 4 como está escrito en el libro de los sermones del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas: 5 todo valle se llenará, y todo monte y collado se bajará; y los [caminos] torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados; 6 y verá toda carne la salud de Dios. 7 Y decia á las compañías que salian para ser bautizadas de él: Generacion de víboras, ¿quién os enseñó á huir de la ira que vendrá? 8 haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no comenceis á decir en vosotros mismos: [Por] padre tenemos á Abraham; porque os digo, que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham: 9 y ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es talado, y echado en el fuego. 10 Y las compañías le preguntaban, diciendo: ¿Pues, qué haremos? 11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos ropas, dé al que no tiene; y él que tiene alimentos, haga lo mismo. 12 Y vinieron tambien [á él] los publicanos para ser bautizados, y le dijeron: ¿Maestro, qué haremos? 13 Y él les dijo: No demandeis mas de lo que os está ordenado. 14 Y le preguntaron tambien los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No maltrateis á nadie, ni oprimais; y sed contentos con vuestros salarios. 15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo, 16 respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua: mas viene quien es mas valeroso que yo, que no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego: 17 el aventador del cual está en su mano; y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará. 18 Así que amonestando otras muchas cosas tambien, anunciaba el Evangelio al pueblo. 19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que habia hecho Herodes, 20 añadió tambien esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel. 21 Y aconteció, que como todo el pueblo se bautizaba, y Jesus fuese bautizado, y orase, el cielo se abrió. 22 y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre él, y fué hecha una voz del cielo que decia: Tú eres mi Hijo amado, en tí es mi placer. 23 Y EL mismo Jesus comenzaba á ser como de treinta años, hijo de Joseph, como se creia, que fué hijo de Elí, 24 que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué de Melchi, que fué de Janne, que fué de Joseph, 25 que fué de Mathathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Heslí, que fué de Nagge, 26 que fué de Maath, que fué de Mathathías, que fué de Semei, que fué de Joseph, que fué de Judá, 27 que fué de Joanna, que fué de Resa, que fué de Zorobabél, que fué de Salathiél, que fué de Nerí, 28 que fué de Melchí, que fué de Addí, que fué de Cosán, que fué de Elmodán, que fué de Her, 29 que fué de Joseph, que fué de Eliezer, que fué de Jorim, que fué de Mathat, que fué de Leví, 30 que fué de Simeon, que fué de Judá, que fué de Joseph, que fué de Jonán, que fué de Eliacim, 31 que fué de Melea, que fué de Menan, que fué de Mathatha, que fué de Nathán, que fué de David, 32 que fué de Isaí, que fué de Obéd, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naasán, 33 que fué de Aminadáb, que fué de Ram, que fué de Hesrón, que fué de Pharés, que fué de Judá, 34 que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Tharé, que fué de Nachór, 35 que fué de Serúg, que fué de Reu, que fué de Phalég, que fué de Hebér, que fué de Salé, 36 que fué de Cainán, que fué de Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Laméch, 37 que fué de Mathusalém, que fué de Henóch, que fué de Jaréd, que fué de Malaleél, que fué de Cainán, 38 que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios. CAPITULO 4 1 Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fué agitado del Espíritu al desierto, 2 por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos dias: los cuales pasados, despues tuvo hambre. 3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí á esta piedra que se haga pan. 4 Y Jesus respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios. 5 Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró todos los reinos [de la tierra] habitada en un momento de tiempo. 6 Y le dijo el diablo: A tí te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos: porque á mi es entregada, y á quien quiero la doy: 7 tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos. 8 Y respondiendo Jesus, le dijo: Véte de mí, Satanás; porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y á él solo servirás. 9 Y le llevó á Jerusalem, y le puso sobre el cimborio del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo: 10 porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de tí, que te guarden; 11 y que en las manos te llevarán, porque no dañes tu pié á piedra. 12 Y respondiendo Jesus, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios. 13 Y acabada toda tentacion, el diablo se fué de él por [algun] tiempo. 14 Y JESUS volvió en virtud del Espíritu á Galiléa, y salió la fama de él por toda la tierra de al rededor. 15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos. 16 Y vino á Nazaret, donde habia sido criado, y entró, conforme á su costumbre, el dia del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer. 17 Y le fué dado el libro del profeta Isaías: y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor [es] sobre mí, por cuanto me ha ungido: para dar buenas nuevas á los pobres me ha enviado; para sanar los quebrantados de corazon; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para enviar en libertad á los quebrantados; 19 para predicar el año agradable del Señor. 20 Y cerrando el libro, como le dió al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban atentos á él. 21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oidos. 22 Y todos le daban su testimonio, y estaban maravillados de sus palabras de gracia que salian de su boca, y decian: ¿No es este el hijo de Joseph? 23 Y les dijo: Sin duda me direis: Medico, cúrate á tí mismo: de tantas cosas que hemos oido haber sido hechas en Capharnaum, haz tambien aquí en tu tierra. 24 Y dijo: De cierto os digo, que ningun profeta es acepto en su tierra: 25 en verdad os digo, [que] muchas viudas habia en Israel en los dias de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra: 26 mas á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda: 27 y muchos leprosos habia en Israél en tiempo del profeta Eliséo: mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Syro. 28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas. 29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle. 30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué. 31 Y DESCENDIÓ á Capharnaum, ciudad de Galiléa, y allí los enseñaba en los sábados. 32 Y estaban fuera de sí de su doctrina: porque su palabra era con potestad. 33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz, 34 diciendo: Ah, ¿qué tenemos contigo, Jesus Nazareno? ¿has venido á destruirnos? yo te conozco quién eres, el Santo de Dios. 35 Y Jesus le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno. 36 Y fué espanto sobre todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué cosa es esta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen? 37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca. 38 Y levantándose Jesus de la sinagoga, se entró en casa de Simon: y la suegra de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella. 39 E inclinándose hácia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió. 40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas enfermedades, los traian á él: y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba. 41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, Hijo de Dios: mas [él] riñiéndoles no los dejaba hablar, porque sabian que él era el Cristo. 42 Y siendo ya de dia salió, y se fué al lugar desierto; y las compañías le buscaban, y vinieron hasta él: y le detenian que no se fuese de ellos. 43 Y él les dijo: Que tambien á otras ciudades es menester que anuncie el evangelio del reino de Dios: porque para esto soy enviado. 44 Y predicaba en las sinagogas de Galiléa. CAPITULO 5 1 Y ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Gennezaret, las compañías se derribaban sobre él por oir la palabra de Dios. 2 Y vió dos navíos que estaban cerca de la orilla del logo; y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes. 3 Y entrado en uno de estos navíos, el cual era de Simon, le rogó que le desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el navío las compañías. 4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Lleva en alto mar, y echad vuestras redes para tomar. 5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompia. 7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro navío, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos navíos de tal manera que se anegaban. 8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo: Salte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la presa de los peces que habian tomado: 10 y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas: desde ahora tomarás hombres. 11 Y como llegaron á tierra los navíos, dejándolo todo, le siguieron. 12 Y ACONTECIÓ que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme. 13 Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él. 14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas vé, (dice), muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para que les conste. 15 Empero el hablar de él andaba mas; y se juntaban muchas compañías á oir, y ser sanadas por él de sus enfermedades. 16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba. 17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y Fariséos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldeas de Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos. 18 Y hé aquí, unos hombres, que traian en una cama un hombre que estaba paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él. 19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de Jesus. 20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados. 21 Entonces los escribas y Fariséos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿quien puede perdonar pecados, sino solo Dios? 22 Jesus entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensais en vuestros corazones? 23 ¿cuál es mas fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda? 24 pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): Á tí digo : Levántate, toma tu cama; y véte á tu casa. 25 Y luego levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fué á su casa glorificando á Dios. 26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Que hemos visto maravillas hoy. 27 Y DESPUES de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco [de los públicos tributos,] y le dijo: Sígueme. 28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió. 29 E hizo Leví gran banquete en su casa, y habia mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos. 30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué comeis y bebeis con los publicanos y pecadores? 31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos: 32 no he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores á penitencia. 33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos comen y beben? 34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que son de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos? 35 empero vendrán dias cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos dias. 36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo. 37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán. 38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserve. 39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor. CAPITULO 6 1 Y ACONTECIÓ que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, fregándolas con las manos. 2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito hacer en sábados? 3 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido, que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban? 4 ¿cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y comió, y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes? 5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado. 6 Y aconteció tambien en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca. 7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en sábado, por hallar de qué le acusasen. 8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pié. 9 Entonces Jesus les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados bien hacer, ó mal hacer? ¿hacer salva [una] persona, ó matarla? 10 Y mirándolos á todos al rededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra. 11 Y ellos fueron llenos de locura, y hablaban los unos á los otros qué harian á Jesus. 12 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios. 13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales tambien llamó Apóstoles: 14 á Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, 15 Matéo y Tomás, y Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon, el que se llama Zeloso, 16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que tambien fué el traidor. 17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y grande multitud de pueblo de toda Judéa, y de Jerusalem, y de la costa de Tyro y de Sidón, que habian venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades; 18 y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y eran sanos. 19 Y toda la compañía procuraba, de tocarle: porque salia de él virtud, y sanaba á todos. 20 Y ALZANDO él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados los pobres: porque vuestro es el reino de Dios. 21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre: porque sereis hartos. Bienaventurados los que ahora llorais: porque reireis. 22 Bienaventurados sereis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os esparcieren, y [os] denostaren, y rayeren vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre. 23 Gozáos en aquel dia, y alegráos: porque, hé aquí, vuestro galardon [es] grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas. 24 Mas ¡ay de vosotros ricos! porque teneis vuestro consuelo. 25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendreis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentareis y llorareis. 26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacian sus padres á los falsos profetas. 27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos: haced bien á los que os aborrecen. 28 Bendecid á los que os maldicen; y orad por los que os calumnian. 29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra; y del que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas. 30 Y á cualquiera que te pidiere, dá; y al que tomare lo que [es] tuyo, no vuelvas á pedir. 31 Y como quereis que os hagan los hombres, hacedles tambien vosotros así. 32 Porque si amais á los que os amen, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores aman á los que los aman. 33 Y si hiciéreis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores hacen lo mismo. 34 Y si prestáreis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. 35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y emprestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardon grande, y sereis hijos del Altísimo: porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos. 36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso. 37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no sereis condenados: perdonad, y sereis perdonados: 38 dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo: porque con la misma medida que midiéreis, os será vuelto á medir. 39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo? 40 El discípulo no es sobre su maestro: mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto. 41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que [está] en tu propio ojo no consideras? 42 ¿O cómo puedas decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la paja que [está] en el ojo de tu hermano. 43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto. 44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas. 45 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazon saca mal: porque de la abundancia de su corazon habla su boca. 46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo? 47 Todo aquel que viene á mi, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os ensenare á quien es semejante. 48 Semejante es al hombre que edifica una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre piedra; y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre piedra. 49 Mas el que oyó, y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó: y fué grande la ruina de aquella casa. CAPITULO 7 1 Y COMO acabó todas sus palabras en oidos del pueblo, entró en Capharnaum. 2 Y el siervo de un centurion enfermo se iba muriendo, el cual él tenia en estima. 3 Y como oyó de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo. 4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto: 5 que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga. 6 Y Jesus fué con ellos: mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurion amigos á él, diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy digno que entres debajo de mi tejado: 7 por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí: mas manda con la palabra, y mi criado será sano. 8 Porque tambien yo soy [hombre] puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace. 9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las compañías que le seguian: Os digo, [que] ni aun en Israel, he hallado tanta fé. 10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo que habia estado enfermo. 11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí, que sacaban un difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda; y habia con ella grande compañía de la ciudad. 13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia de ella, y le dice: No llores. 14 Y acercándose, tocó las andas; y los que [le] llevaban, pararon, y dice: Mancebo, á tí digo, levántate. 15 Entonces, volvióse á sentar el que habia sido muerto, y comenzó á hablar; y le dió á su madre. 16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, diciendo: Que profeta grande se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha mirado su pueblo. 17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de al rededor. 18 Y DIERON las nuevas á Juan de todas estas cosas sus discípulos; y llamó Juan unos dos de sus discípulos, 19 y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro? 20 Y como los varones vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro? 21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista. 22 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habeis visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el Evangelio. 23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí. 24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las compañías: Qué salisteis á ver al desierto? [¿alguna] caña que es agitada del viento? 25 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] hombre cubierto de vestidos delicados? Hé aquí, que los que están en vestido precioso, y en delicias, en los palacios de los reyes están. 26 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] profeta? Tambien os digo, y aun mas que profeta. 27 Este es de quien está escrito: Hé aquí, envio mi ángel delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de tí. 28 Porque [yo] os digo [que] entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el mas pequeño en el reino de los cielos es mayor que él. 29 Y todo el pueblo oyéndo[le,] y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. 30 Mas los Fariséos, y los sábios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él. 31 Y dice el Señor: ¿Á quién pues compararé los hombres de esta generacion, y á qué son semejantes? 32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis. 33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni bebia vino, y decís: Demonio tiene. 34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Hé aquí, un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores. 35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos. 36 Y LE rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariséo, se sentó á la mesa. 37 Y hé aquí, una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro de ungüento; 38 y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus piés, y ungía[los] con el ungüento. 39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia llamado, dice en sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le toca; que es pecadora. 40 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte. Y él le dice: Dí, Maestro. 41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el otro cincuenta: 42 y no teniendo ellos de qué pagar, soltó [la deuda] á ambos: dí, pues, ¿cuál de estos le amará mas? 43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual soltó mas. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis piés; y esta ha regado mis piés con lágrimas, y limpiádo[los] con los cabellos de su cabeza. 45 No me diste beso: esta desde que entré no ha cesado de besar mis piés. 46 No ungiste mi cabeza con óleo; y esta ha ungido con ungüento mis piés. 47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama. 48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados. 49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es este, que tambien perdona pecados? 50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz. CAPITULO 8 1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él; 2 y algunas mujeres que habian sido curadas [de él] de malos espíritus, y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete demonios; 3 y Juana mujer de Chuzas, procurador de Herodes; y Susanna, y otras muchas que le servian de sus haciendas. 4 Y COMO se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola: 5 Uno que sembraba salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron. 6 Y otra [parte] cayó sobre piedra; y nacida, se secó, porque no tenia humedad. 7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron. 8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento [por uno.] Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir, oiga. 9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola. 10 Y él dijo: Á vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios: mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan. 11 Es pues esta parábola: La simiente es la palabra de Dios. 12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no se salven creyendo. 13 Y los de sobre piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra con gozo: mas estos no tienen raices: que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentacion se apartan. 14 Y lo que cayó entre espinas, estos son los que oyeron; mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto. 15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia. 16 Ninguno empero que enciende el candil, le cubre con [algun] vaso, ó le pone debajo de la cama: mas le pone en un candelero, para que los que entran, vean la lumbre. 17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz. 18 Mirad pues como oís: porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener será quitado de él. 19 Y VINIERON á él su madre y hermanos, y no podian llegar á él por causa de la multitud. 20 Y le fué dada aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que quieren verte. 21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen. 22 Y ACONTECIÓ un dia [que] él entró en un navío con sus discípulos, y les dijo: Pasemos de la otra parte del lago; y subieron. 23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el lago; y se llenaban, y peligraban. 24 Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, [que] perecemos. Y despertado él, riño al viento y á la tempestad del agua, y cesaron: y fué hecha grande bonanza. 25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y [ellos] temiendo, fueron maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen? 26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa. 27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que tenia demonios ya de muchos tiempos; y no vestia vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros. 28 El cual como vió á Jesus, exclamó, y postróse delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus Hijo del Dios Altísimo? ruégote que no me atormentes. 29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos: mas rompiendo las prisiones era agitado del demonio por los desiertos.) 30 Y le preguntó Jesus, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion: porque muchos demonios habian entrado en él. 31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo. 32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó. 33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos: y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el logo, y se ahogó. 34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades. 35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus; y hallaron sentado al hombre, del cual habian salido los demonios, vestido, y en seso, á los piés de Jesus; y tuvieron temor. 36 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia sido salvado aquel endemoniado. 37 Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al rededor le rogaron, que se fuese de ellos: porque tenian gran temor. Y él subiendo en el navío se volvió. 38 Y aquel hombre, del cual habian salido los demonios, le rogó para estar con él: mas Jesus le despidió, diciendo: 39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, predicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho con él. 40 Y ACONTECIÓ que volviendo Jesus la compañía le recibió: porque todos le esperaban. 41 Y hé aquí, un varon llamado Jairo, el cual tambien era príncipe de la sinagoga vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa: 42 porque una hija única que tenia, como de doce años, se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía. 43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia doce años, la cual habia gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno habia podido ser curada, 44 llegándose por las espaldas tocó el borde de su vestido: y luego estancó el flujo de su sangre. 45 Entonces Jesus dijo: ¿Quién [es] el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿quién [es] el que me ha tocado? 46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien^: porque yo he conocido que ha salido virtud de mí. 47 Entonces como la mujer vió que no se escondia, vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa porque le habia tocado, y como luego habia sido sana. 48 Y él le dijo: Confia, hija, tu fe te ha salvado: vé en paz. 49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro. 50 Y oyéndo[lo] Jesus le respondió: No temas: cree solamente, y será salva. 51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza. 52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él dijo: No lloreis: no es muerta, mas duerme. 53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta. 54 Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó, diciendo: Moza, levántate. 55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer. 56 Y sus padres estaban fuera de sí, á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que habia sido hecho. CAPITULO 9 1 Y JUNTANDO sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades. 2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos. 3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni varas, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengais dos vestidos: 4 y en cualquiera casa que entráreis, quedad allí, y salid de allí: 5 y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos. 6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldeas anunciando el Evangelio, y sanando por todas partes. 7 Y OYÓ Herodes el tetrarca todas las cosas que hacia, y estaba en duda, porque decian algunos: Que Juan ha resucitado de los muertos; 8 y otros: Que Elias habia aparecido; y otros: Que algun profeta de los antiguos habia resucitado. 9 Y dijo Herodes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle. 10 Y VUELTOS los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y tomándolos, se apartó aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida. 11 Lo cual como las compañías entendieron, le siguieron; y él los recibió, y les hablaba del reino de Dios: y sanó los que tenian necesidad de cura. 12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide las compañías, para que yendo á las aldeas, y heredades de al rededor, vayan y hallen viandas: porque aquí estamos en lugar desierto. 13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos mas de cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía. 14 Y estaban como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos recostar por mesas de cincuenta en cincuenta. 15 Y así lo hicieron; y recostáronse todos. 16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo; y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las compañías. 17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones. 18 Y ACONTECIÓ, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las compañías que soy? 19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado. 20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simon Pedro, dijo: El Cristo de Dios. 21 Entonces él amenazándolos, les mandó que á nadie dijesen esto, 22 diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los Escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer dia. 23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame. 24 Porque cualquiera que quisiere salvar su alma, la perderá; y cualquiera que perdiere su alma por causa de mí, este la salvará. 25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí? 26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles. 27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios. 28 Y ACONTECIÓ que despues de estas palabras, como ocho dias, tomó á Pedro, y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar. 29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente. 30 Y hé aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías, 31 que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de cumplir en Jerusalem. 32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él. 33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para tí, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decia. 34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube. 35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado, á él oíd. 36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian vista. 37 Y ACONTECIÓ el dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía le salió al encuentro; 38 y hé aquí, que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo que tengo único: 39 y hé aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza con espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole: 40 y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron. 41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? trae tu hijo acá. 42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió á su padre. 43 Y TODOS estaban fuera de sí en la grandeza de Dios, y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos: 44 Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras: porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres. 45 Mas ellos no entendian esta palabra: y les era encubierta para que no la entendiesen; y temian de preguntarle de esta palabra. 46 ENTONCES entraron en disputa, cual de ellos seria el mayor. 47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y le puso junta á sí, 48 y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió: porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande. 49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos vista á uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo defendimos, porque no [te] sigue con nosotros. 50 Jesus le dijo: No [le] defendais, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. 51 Y ACONTECIÓ [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem. 52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para aderezarle [allí.] 53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba á Jerusalem. 54 Y viendo [esto] sus discípulos, Jacobo y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo, y los consume, como hizo Elías? 55 Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabeis de qué espíritu sois: 56 porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los hombres, mas para salvar[las.] Y se fueron á otra aldea. 57 Y ACONTECIÓ que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, [yo] te seguiré donde quiera que fueres. 58 Y le dijo Jesus: las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza. 59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre á mi padre. 60 Y Jesus le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé, anuncia el reino de Dios. 61 Entonces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesus le dijo: ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios. CAPITULO 10 1 Y DESPUES de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos, delante de sí á todas las ciudades y lugares á donde él habia de venir. 2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies. 3 Andad, hé aquí, yo os envio como á corderos en medio de lobos. 4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y á nadie saludeis en el camino. 5 En cualquier casa donde entráreis, primeramente decid: Paz [sea] á esta casa. 6 Y si hubiere allí algun hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros. 7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren: porque el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa. 8 Y en cualquier ciudad donde entráreis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante; 9 y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha allegado á vosotros el reino de Dios. 10 Mas en cualquier ciudad donde entráreis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid: 11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en vosotros: esto empero sabed que el reino de los cielos se ha allegado á vosotros. 12 Y os digo, que los de Sodoma tendrán mas remision aquel dia, que aquella ciudad. 13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tyro, y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya dias ha, que sentados en cilicio y ceniza, hubieran hecho penitencia: 14 por tanto Tyro y Sidón tendrán mas remision que vosotras en el juicio. 15 Y tú, Capharnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los enfiernos serás bajada. 16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió. 17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. 18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo: 19 hé aquí, [yo] os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará: 20 mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujeten: mas antes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos. 21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Te confieso, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas los sábios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó. 22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo le quisiere revelar. 23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis: 24 porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron. 25 Y HÉ aquí, [que] un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna? 26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees? 27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo, como á tí mismo. 28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás. 29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi prójimo? 30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y cayó en ladrones; los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. 31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole, se pasó del un lado. 32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó del un lado. 33 Y un Samaritano, que iba camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia; 34 y llegándose, le vendó las heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al meson, y le cuidó. 35 Y otro dia partiéndose, sacó dos dineros y los dió al huesped, y le dijo: Cuídale; y todo lo que de mas gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré. 36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en ladrones? 37 Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesus le dijo: Vé, y haz tú lo mismo. 38 Y ACONTECIÓ, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa. 39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los piés de Jesus oia su palabra. 40 Marta empero se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? díle, pues, que me ayude. 41 Respondiendo Jesus entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada: 42 empero una cosa es necesaria: mas María escogió la buena parte, la cual no le será quitada. CAPITULO 11 1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enseñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus discípulos. 2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el cielo [así] tambien en la tierra. 3 El pan nuestro de cada dia dános[le] hoy. 4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metes en tentacion: mas líbranos de mal. 5 Les dijo tambien: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes, 6 porque un mi amigo ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante; 7 y él dentro respondiendo, diga, No me seas molesto: la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte? 8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester. 9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y os será abierto. 10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, es abierto. 11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ¿ó, si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? 12 ¿ó, si [le] pidiere un huevo, le dará un escorpion? 13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que le pidieren de él? 14 TAMBIEN echó fuera un demonio, el cual era mudo; y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las compañías se maravillaron. 15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios. 16 Y otros, tentando, pedian de él señal del cielo. 17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y casa cae sobre casa. 18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pié su reino? porque decis, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios. 19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos, en quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces. 20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros. 21 Cuando el fuerte armada guarda su palacio, en paz está lo que posee. 22 Mas si otro mas fuerte que él sobreviniendo le venciere, [le] toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos. 23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no apaña, derrama. 24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándo[le], dice: Me volveré á mi casa, de donde salí. 25 Y viniendo, la halla barrida y adornada. 26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postreras del tal hombre peores que las primeras. 27 Y aconteció, que diciendo [él] estas cosas, una mujer de la compañía levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y las tetas que mamaste. 28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan. 29 Y juntándose las compañías á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es: señal busca, mas señal no le será dado, sino la señal de Jonás profeta. 30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del hombre á esta generacion. 31 La reina del austro se levantará en juicio con los hombres de esta generacion, y los condenará: porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduria de Salomón: y hé aquí, mas que Salomón en este lugar. 32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque á la predicacion de Jonás hicieron penitencia; y hé aquí, mas que Jonás en este lugar. 33 Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la lumbre. 34 El candil del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien todo tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo será tenebroso. 35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas. 36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente como cuando un candil de resplandor te alumbra. 37 Y DESPUES que hubo hablado, le rogó un Fariséo que comiese con él; y entrado Jesus, se sentó á la mesa. 38 Y el Fariséo como [lo] vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer. 39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y del plato limpiais: mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad. 40 Locos, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro? 41 Empero lo que resta, dad limosna: y hé aquí, todo os será limpio. 42 Mas ¡ay de vosotros Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais [de largo.] Empero estas cosas era menester hacer, y no dejar las otras. 43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas. 44 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se parecen, y los hombres que andan encima no [lo] saben. 45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, tambien nos afrentas á nosotros. 46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los hombres con cargas que no pueden llevar: mas vosotros, ni aun con un dedo tocais las cargas. 47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres. 48 Cierto dais testimonio que consentis en los hechos de vuestros padres: porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros. 49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán. 50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo: 51 desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacharías que murió entre el altar y la casa: así os digo, será demandada de esta generacion. 52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que [os] tomasteis la llave de la ciencia: vosotros no entrasteis, y á los que entraban impedisteis. 53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á apretarle en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas, 54 acechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle. CAPITULO 12 1 EN esto juntándose muchas compañías, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos: Primeramente guardáos de la levadura de los Fariséos, que es hipocresía. 2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido. 3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, en lumbre serán oidas; y lo que hablasteis al oido en las camaras, será pregonado en los tejados. 4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues no tienen mas que hagan: 5 mas os enseñaré á quien temais: Temed á aquel que despues que hubiere muerto, tiene potestad de echar en el quemadero: así os digo: A este temed. 6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas, y uno de ellos no está olvidado de Dios? 7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están contados. No temais pues: de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos. 8 Pero os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambien el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios. 9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios. 10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será perdonado. 11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no esteis solícitos cómo, ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir. 12 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será menester decir. 13 Y LE dijo uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo la herencia. 14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez, ó partidor sobre vosotros? 15 Y les dijo: Mirad, y guardáos de avaricia: porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. 16 Y les dijo una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia llevado muchos frutos; 17 y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde junte mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores; y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes en depósito para muchos años: repósate, come, bebe, huélgate. 20 Y le dijo Dios: ¡Loco! esta noche vuelven á pedir tu alma; ¿y lo que has aparejado, cuyo será? 21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios. 22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No esteis solícitos de vuestra vida, qué comereis; ni del cuerpo, qué vestireis. 23 La vida mas es que la comida; y el cuerpo, que el vestido. 24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan: que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta: ¿cuánto de mas estima sois vosotros que las aves? 25 ¿Quién de vosotros podrá con [su] solicitud añadir á su estatura un codo? 26 Pues si no podeis aun lo que es menos, ¿para qué estareis solícitos de lo demás? 27 Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. 28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto mas á vosotros, [hombres] de poca fé? 29 Vosotros, pues, no procureis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber, y no andeis elevados: 30 porque todas estas cosas las gentes del mundo las buscan: que vuestro Padre sabe que habeis menester estas cosas. 31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. 32 No temais, oh manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino. 33 Vended lo que poseeis, y dad limosna: hacéos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falte: donde ladron no llega, ni polilla corrompe. 34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon. 35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestros] candiles encendidos; 36 y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y tocare, luego le abran. 37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que [él] se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá. 38 Y aunque venga á la segunda vela, y aunque venga á la tercera vela, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos. 39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora habia de venir el ladron, velaria ciertamente, y no dejaria minar su casa. 40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no pensais, el Hijo del hombre vendrá. 41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien á todos? 42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que en tiempo les dé [su] racion? 43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así. 44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes. 45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor se tarda de venir y comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á borrachear, 46 vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora que [él] no sabe; y le apartará, y pondrá su suerte con los infieles. 47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no [se] apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho. 48 Mas el que no entendió, é hizo por qué ser azotado, será azotado poco, porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, mas será de él pedido. 49 Fuego vine á meter en la tierra, ¿y qué quiero, si ya está encendido? 50 Empero, de bautismo me es necesario ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que sea cumplido! 51 ¿Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo: mas disension. 52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres. 53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre: la madre contra la hija, y la hija contra la madre: la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. 54 Y decia tambien á las compañías: Cuando viéreis la nube que sale del poniente, luego decis: Agua viene; y es así. 55 Y cuando sopla el austro, decis: Que habrá calor; y lo hay. 56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra, ¿y este tiempo, cómo no lo examinais? 57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo? 58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino de librarte de él, porque no te traiga al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel. 59 Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas pagado hasta el postrer cornado. CAPITULO 13 1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galiléos, cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios. 2 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han padecido tales cosas, hayan sido mas pecadores que todos los Galiléos? 3 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así. 4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Silóe, y los mató, ¿pensais que ellos fueron mas deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem? 5 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así. 6 Y decia esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña; y vino á buscar fruto en ella, y no halló. 7 Y dijo al viñero: Hé aquí, tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no [lo] hallo: córtala, ¿por qué ocupará aun la tierra? 8 El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que [yo] la escave, y la estercole. 9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues. 10 Y ENSEÑABA en una sinagoga en sábados. 11 Y hé aquí, una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años, y andaba agoviada que en ninguna manera podia mirar arriba. 12 Y como Jesus la vió, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad. 13 Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios. 14 Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es menester obrar: en estos pues venid, y sed curados; y no en dia de sábado. 15 Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, ó su asno del pesebre, y le lleva á beber? 16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí, que Satanás la habia ligado diez y ocho años. ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de sábado? 17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas. 18 Y decia: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé? 19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole el hombre le metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande; y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas. 20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios? 21 Semejante es á la levadura, que tomándola la mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado. 22 Y PASABA por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando á Jerusalem. 23 Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo: 24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque [yo] os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán; 25 despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo [él,] os dirá: No os conozco de donde seais. 26 Entonces comenzareis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste. 27 Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seais: apartáos de mí todos los obreros de iniquidad. 28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viéreis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera. 29 Y vendrán [otros] del oriente, y del occidente, y del norte, y del mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios. 30 Y hé aquí, que son postreros, los que eran los primeros; y que son primeros, los que eran los postreros. 31 AQUEL mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndole: Sal, y véte de aquí: porque Herodes te quiere matar. 32 Y les dice: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado: 33 empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine: porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem. 34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados á tí, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos, como el ave sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste? 35 Hé aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo, que no me vereis, hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito, el que viene en nombre del Señor. CAPITULO 14 1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un sábado á comer pan, ellos le acechaban. 2 Y hé aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él. 3 Y respondiendo Jesus, dijo á los doctores de la ley, y á los Fariséos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado? 4 Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió. 5 Y respondiendo á ellos, dijo ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de sábado? 6 Y no le podian replicar á estas cosas. 7 Y dijo una parábola á los convidados, atento como escogian los primeros asientos á la mesa, diciéndoles: 8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te asientes en el primer lugar: porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él; 9 y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este; y entonces comiences con vergüenza á tener el postrer lugar. 10 Mas cuando fueres llamado, vé, asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa. 11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla será ensalzado. 12 Y decia tambien al que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena, no llamas á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á tus vecinos ricos: porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha paga. 13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos; 14 y serás bienaventurado: porque no te pueden pagar: mas te será pagado en la resurreccion de los justos. 15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos. 16 El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó á muchos. 17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya todo está aparejado. 18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado un cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por excusado. 19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; te ruego que me tengas por excusado. 20 Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir. 21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces el padre de la familia, enojado dijo su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos. 22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar. 23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y fuerzalos á entrar, para que se llene mi casa; 24 porque [yo] os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena. 25 Y MUCHAS compañías iban con él; y volviéndose les dijo: 26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo. 28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene [lo que ha menester] para acabar[la?] 29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él, 30 diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar. 31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil? 32 De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada. 33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo. 34 Buena es la sal: mas si la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará? 35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena: en la calle la echan. Quien tiene oidos para oir, oiga. CAPITULO 15 1 SE llegaban á él todos los publicanos, y pecadores á oirle. 2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come. 3 Y él les dice esta parábola, diciendo: 4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle? 5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso; 6 y viniendo á casa, junta á los amigos, y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido. 7 Os digo, que así habrá gozo en el cielo de un pecador que se enmienda, [mas que] de noventa y nueve justos, que no han menester enmendarse. 8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia, hasta hallar[la?] 9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas, y las vecinas, diciendo: Dadme el parabien: porque he hallado la dracma que habia perdido. 10 Así os digo, que hay gozo en los ángeles de Dios de un pecador que se enmienda. 11 Tambien dice: Un hombre tenia dos hijos; 12 y el mas mozo de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda que [me] pertenece. Y [él] les repartió la hacienda. 13 Y despues de no muchos dias, juntándolo todo el hijo mas mozo, se partió lejos, á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente. 14 Y despues que lo hubo todo desperdiciado, vino una grande hambre en aquella provincia; y comenzóle á faltar. 15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su cortijo, para que apacentase los puercos. 16 Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras que comian los puercos; mas nadie se [las] daba. 17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí: 19 ya no soy digno de ser llamado tu hijo: hazme como á uno de tus jornaleros. 20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, le vió su padre, y fué movido á misericordia; y corriendo á él, se derribó sobre su cuello, y le besó. 21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí: ya no soy digno de ser llamado tu hijo. 22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en sus piés; 23 y traed el becerro grueso, y matadle; y comamos, y hagamos banquete: 24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se habia perdido, y es hallado. Y comenzaron á hacer banquete. 25 Y su hijo el mas viejo estaba en el campo, el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas; 26 y llamando uno de los siervos, le preguntó qué era aquello. 27 Y él le dijo: Tu hermano es venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo. 28 Entonces [él] se enojó, y no queria entrar. El padre entonces saliendo, le rogaba [que entrase.] 29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [ha que te] sirvo, que nunca he traspasado tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para que haga banquete con mis amigos: 30 mas despues que vino este tu hijo, que ha engullido tu hacienda con rameras, le has matado el becerro grueso. 31 El entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas: 32 mas hacer banquete y holgar[nos] era menester: porque este tu hermano muerto era, y revivió: habíase perdido, y es hallado. CAPITULO 16 1 Y DECIA tambien á sus discípulos: Habia un hombre rico, el cual tenia un mayordomo; y este fué acusado delante de él, como disipador de sus bienes. 2 Y le llamó, y le dice: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu mayordomía: porque ya no podrás mas ser mayordomo. 3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía: cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza: 4 [yo] se lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas. 5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor? 6 Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y siéntate presto, y escribe cincuenta. 7 Después dijo á otro: ¿Y tú, cuánto debes? Y él dijo: Cien coros de trigo. Y él le dijo: Toma tu obligacion, y escribe ochenta. 8 Y alabó el señor al mayordomo malo, por haber hecho prudentemente: porque los hijos de este siglo mas prudentes son que los hijos de luz en su género. 9 Y yo os digo: Hacéos amigos de las riquezas de maldad, para que cuando faltáreis, seais recibidos en las moradas eternas. 10 El que es fiel en lo muy poco, tambien en lo mas es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, tambien en lo mas es injusto. 11 Pues si en las malas riquezas no fuisteis fieles, ¿lo que es verdadero, quién os lo confiará? 12 Y si en lo ajeno no fuisteis fieles, ¿lo que es vuestro, quién os lo dará? 13 Ningun siervo puede servir á dos señores: porque, ó aborrecerá al uno y amará al otro, ó se allegará al uno, y menospreciará al otro. No podeis servir á Dios, y á las riquezas. 14 Y oían tambien los Fariséos todas estas cosas, los cuales eran avaros; y burlaban de él. 15 Y les dice: Vosotros sois los que os justificais á vosotros mismos delante de los hombres: mas Dios conoce vuestros corazones: porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominacion. 16 La ley y los profetas hasta Juan: desde entonces el reino de Dios es anunciado, y quienquiera hace fuerza contra él. 17 Empero mas fácil cosa es perecer el cielo y la tierra, que perderse una tilde de la ley. 18 Cualquiera que envia á su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la enviada del marido, adultera. 19 Y habia un hombre rico, que se vestia de púrpura y de lino fino, y hacia cada dia banquete espléndidamente. 20 Habia tambien un mendigo llamado Lázaro, el cual estaba echado á la puerta de él, lleno de llagas, 21 y deseando hartarse de las migajas que caian de la mesa del rico y aun los perros venian, y le lamian las llagas. 22 Y aconteció, que murió el mendigo, y fué llevado por los ángeles al seno de Abraham: y murió tambien el rico, y fué sepultado. 23 Y en el infierno, alzando sus ojos, estando en los tormentos, vió á Abraham lejos, y á Lázaro en su seno. 24 Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envia á Lázaro que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua: porque soy atormentado en esta llama. 25 Y le dijo Abraham: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro tambien males: mas ahora este es consolado, y tú atormentado: 26 y además de todo esto, una grande sima está confirmada entre nosotros y vosotros, que los que quisieren pasar de aquí á vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. 27 Y dijo: Ruégote^, pues, padre, que le envies á la casa de mi padre: 28 porque tengo cinco hermanos, para que les proteste, porque no vengan ellos tambien á este lugar de tormento. 29 Y Abraham le dice: A Moisés, y á los profetas tienen, óiganlos. 30 El entonces dijo: No, padre Abraham: mas si alguno fuere á ellos de los muertos, se enmendarán. 31 Mas Abraham le dijo: Si no oyen á Moisés, y á los profetas, tampoco se persuadirán, Si alguno se levantare de los muertos. CAPITULO 17 1 Y Á sus discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos: mas ¡ay de aquel por quien vienen! 2 Mejor le fuera, si una muela [de un molino] de asno le fuera puesta al cuello, y fuera echado en la mar, que escandalizar uno de estos pequeñitos. 3 Mirad por vosotros. Si pecare contra tí tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale. 4 Y si siete veces al dia pecare contra tí, y siete veces al dia se volviere á tí, diciendo: Pésame: perdónale. 5 Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fé. 6 Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fé como un grano de mostaza, direis á este sicomoro: Desarráigate, y plántate en la mar, y os obedeceria. 7 ¿Y cuál de vosotros tiene un siervo que ara, ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa? 8 ¿No le dice antes: Adereza que cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y despues de esto come tú y bebe? 9 ¿Hace gracias al siervo porque hizo lo que le habia sido mandado? Pienso que no. 10 Así tambien vosotros, cuando hubiéreis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos: porque lo que debiamos de hacer hicimos. 11 Y ACONTECIÓ, que yendo él^ á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria, y de Galiléa. 12 Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro [diez] hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos; 13 y alzaron la voz, diciendo: Jesus, Maestro, ten misericordia de nosotros. 14 los cuales como él vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios. 15 Entonces el uno de ellos, como se vió que era limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz. 16 Y se derribó sobre su rostro á sus piés, haciéndole gracias: y este era Samaritano. 17 Y respondiendo Jesus, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿y los nueve, dónde [están?] 18 ¿no hubo quien volviese, y diese gloria á Dios, sino este extranjero? 19 Y le dijo: Levántate, véte: tu fé te ha salvado. 20 Y PREGUNTADO de los Fariséos, cuando habia de venir el reino de Dios, les respondió, y dijo: El reino de Dios no vendrá manifiesto; 21 ni dirán: Héle aquí, ó héle allí: porque, hé aquí, el reino de Dios entre vosotros está. 22 Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando deseareis ver uno de los dias del Hijo del hombre, y no le vereis. 23 Y os dirán: Héle aquí, ó héle allí. No vais ni sigais. 24 Porque como el relámpago relampagueando desde una parte que está debajo del cielo resplandece hasta la [otra] que está debajo del cielo, así tambien [será] el Hijo del hombre en su dia: 25 mas primero es menester que padezca mucho, y sea reprobado de esta generacion. 26 Y como fué en los dias de Noé, así tambien será en los dias del Hijo del hombre: 27 comian, bebian, [maridos] tomaban mujeres, y mujeres maridos, hasta el dia que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos. 28 Asimismo tambien como fué en los dias de Lot: comian, bebian, compraban, vendian, plantaban, edificaban: 29 mas el dia que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos: 30 como esto será el dia que el Hijo del hombre se manifestará. 31 En aquel dia, el que estuviere en el tejado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. 32 Acordáos de la mujer de Lot. 33 Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará. 34 Os digo, que aquella noche estarán dos en una cama: el uno será tomado, y el otro será dejado. 35 Dos [mujeres] estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra será dejada. 36 Dos estarán en el campo: el uno será tomado, y el otro será dejado. 37 Y respondiéndole, le dicen: ¿Dónde, Señor? y él les dijo: Donde [estuviere] el cuerpo, allá se juntarán tambien las águilas. CAPITULO 18 1 Y LES dijo tambien una parábola, que es menester orar siempre, y no cansarse, 2 diciendo: Habia un juez en una ciudad, el cual ni temia á Dios, ni respetaba hombre. 3 Habia tambien en aquella ciudad una viuda, la cual venia á él, diciendo: Defiéndeme de mi adversario. 4 Mas él no quiso por tiempo: mas despues de esto, dijo dentro de sí: Aunque ni temo á Dios, ni tengo respeto á hombre; 5 todavia, porque esta viuda me es molesta, la defenderé, porque al fin no venga y me muela. 6 Y dijo el Señor: Oid lo que dice el mal juez: 7 ¿y Dios no defenderá á sus escogidos que claman á él dia y noche, aunque sea longánimo acerca de ellos? 8 os digo que los defenderá presto: empero el Hijo del hombre, cuando viniere, ¿hallará fé en la tierra? 9 Y dijo tambien á unos, que confiaban de sí como justos, y menospreciaban á los otros, esta parábola: 10 Dos hombres subieron al templo á orar, el uno Fariséo, y el otro publicano. 11 El Fariséo en pié oraba consigo de esta manera: Dios, te hago gracias, que no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros; ni aun como este publicano. 12 Ayuno dos veces en la semana: doy diezmos de todo lo que poseo. 13 Mas el publicano estando lejos, no queria, ni aun alzar los ojos al cielo: mas heria su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí, pecador. 14 Os digo que este descendió á su casa [mas] justificado que el otro: porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado. 15 Y TRAIAN á él los niños para que los tocase, lo cual viéndolo los discípulos, les reñian. 16 Mas Jesus llamándolos, dijo: Dejad los niños venir á mí, y no los impidais: porque de tales es el reino de Dios: 17 de cierto os digo, que cualquiera que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 18 Y LE preguntó un príncipe, diciendo: ¿Maestro bueno, qué haré para poseer la vida eterna? 19 Y Jesus le dijo: ¿Por qué me dices, bueno? ninguno hay bueno sino solo Dios: 20 los mandamientos sabes: No matarás: No adulterarás: No hurtarás: No dirás falso testimonio: Honra á tu padre, y á tu madre. 21 Y él dijo: Todas estas cosas he guardado desde mi juventud. 22 Y Jesus oido esto, le dijo: Aun una cosa te falta: todo lo que tienes, véndelo, y dálo á los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y vén, sígueme. 23 Entonces él, oidas estas cosas, fué muy triste, porque era rico mucho. 24 Y viendo Jesus que se habia entristecido mucho, dijo: ¡Cuán dificultosamente entrarán en el reino de Dios, los que tienen dineros! 25 Porque mas fácil cosa es entrar un cable por un ojo de una aguja, que un rico entrar al reino de Dios. 26 Y los que [lo] oian, dijeron: ¿Y quién podrá ser salvo? 27 Y él les dijo: Lo que es imposible acerca de los hombres, posible es acerca de Dios. 28 Entonces Pedro dijo: Hé aquí, nosotros hemos dejado todas las cosas, y te hemos seguido. 29 Y él les dijo: De cierto os digo, que nadie hay que haya dejado casa, ó padres, ó hermanos, ó mujer, ó hijos, por el reino de Dios, 30 que no haya de recibir mucho mas en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna. 31 Y JESUS tomando [aparte] los doce, les dijo: Hé aquí, subimos á Jerusalem, y serán cumplidas todas las cosas que fueron escritas por los profetas del Hijo del hombre. 32 Porque será entregado á las gentes, y será escarnecido, é injuriado, y escupido; 33 y despues que le hubieren azotado, le matarán: mas al tercer dia resucitará. 34 Mas ellos nada de estas cosas entendian, y esta palabra les era encubierta; y no entendian lo que se decia. 35 Y ACONTECIÓ, que acercándose él de Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando, 36 el cual como oyó la compañía que pasaba, preguntaba qué era aquello. 37 Y le dijeron, que Jesus Nazareno pasaba. 38 Entonces dió voces, diciendo: Jesus, Hijo de David, ten misericordia de mí. 39 Y los que iban delante, le reñian que callase: mas él clamaba mucho mas: Hijo de David, ten misericordia de mí. 40 Jesus entonces parándose, mandó traerle á sí. Y como él llegó, le preguntó^. 41 diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea. 42 Y Jesus le dijo: Ve: tu fé te ha hecho salvo. 43 Y luego vió, y le seguia, glorificando á Dios: y todo el pueblo como vió [esto,] dió alabanza á Dios. CAPITULO 19 1 Y ENTRADO, pasó adelante á Jericó. 2 Y hé aquí, un varon llamado Zachéo el cual era príncipe de los publicanos, y era rico. 3 Y procuraba ver á Jesus quién fuese; y no podia á causa de la multitud, porque era pequeño de estatura. 4 Y corriendo delante, se subió en un árbol cabrahigo, para verle: porque habia de pasar por allí. 5 Y como vino á aquel lugar Jesus, mirando le vió, y le dijo: Zachéo, dáte priesa, desciende: porque hoy es menester que pose en tu casa. 6 Entonces él descendió á priesa, y le recibió gozoso. 7 Y viendo esto todos, murmuraban, diciendo, que habia entrado á posar con un hombre pecador. 8 Entonces Zachéo, puesto en pié, dijo al Señor: Hé aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con los cuatro tantos. 9 Y Jesus le dijo: Hoy ha sido salva esta casa: por cuanto tambien él es hijo de Abraham. 10 Porque el Hijo del hombre vino á buscar, y á salvar lo que se habia perdido. 11 Y OYENDO ellos estas cosas, prosiguiendo [él,] dijo una parábola, por cuanto estaba cerca de Jerusalem; y porque pensaban que luego habia de ser manifestado el reino de Dios. 12 Y dijo: Un hombre noble se partió á una provincia lejos, para tomar para sí el reino, y volver. 13 Mas llamados diez siervos suyos, les dió diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Empero sus ciudadanos le aborrecian; y enviaron tras de él una embajada, diciendo: No queremos que este reine sobre nosotros. 15 Y aconteció, que vuelto él, habiendo tomado el reino, mandó llamar á sí á aquellos siervos, á los cuales habia dado el dinero, para saber lo que habia negociado cada uno. 16 Y vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17 Y él le dice: Está bien, buen siervo: pues que en lo poco has sido fiel, tendrás potestad sobre diez ciudades. 18 Y vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha hecho cinco minas. 19 Y tambien á este dijo: Tú tambien sé sobre cinco ciudades. 20 Y vino otro, diciendo: Señor, hé aquí tu mina, la cual he tenido guardada en un pañizuelo: 21 porque tuve miedo de tí, que eres hombre recio: tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22 Entonces [él] le dijo : Mal siervo, de tu boca te juzgo: sabias que yo era hombre recio, que quito lo que no puse, y que siego lo que no sembré: 23 ¿por qué pues no diste mi dinero al banco: y yo viniendo lo demandara con el logro? 24 Y dijo á los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25 Y ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26 Porque [yo] os digo que á cualquiera que tuviere, le será dado: mas al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado. 27 Y tambien á aquellos mis enemigos, que no querian que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y degolladlos delante de mí. 28 Y DICHO esto, iba delante subiendo á Jerusalem. 29 Y aconteció, que llegando cerca de Bethphage, y de Bethania, al monte que se llama de las Olivas, envió dos de sus discípulos, 30 diciendo: Id á la aldea que está delante, en la cual como entráreis, hallareis un pollino atado, en el cual ningun hombre jamás se ha sentado: desatadle, y traedle. 31 Y si alguien os preguntare: ¿Por qué [le] desatais? le direis así: Porque el Señor le ha menester. 32 Y fueron los que habian sido enviados, y hallaron, como [él] les dijo. 33 Y desatando ellos el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatais el pollino? 34 Y ellos dijeron: Porque el Señor le ha menester. 35 Y le trajeron á Jesus; y echando [ellos] sus vestidos sobre el pollino, pusieron encima á Jesus. 36 Y yendo él, tendian sus capas por el camino. 37 Y como llegasen ya cerca de la descendida del monte de las Olivas, toda la multitud de los discípulos, gozándose, comenzaron á alabar á Dios á gran voz por todas las maravillas que habian visto, 38 diciendo: Bendito el rey que viene en nombre del Señor: paz en cielo, y gloria en lo altísimo. 39 Entonces algunos de los Fariséos de la compañía le dijeron: Maestro, reprende á tus discípulos. 40 Y él respondiendo, les dijo: Os digo que si estos callaren, las piedras clamarán. 41 Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella, 42 diciendo: Porque tambien tú, si conocieses, á lo menos en este tu dia, lo que [toca] á tu paz: mas ahora está encubierto de tus ojos. 43 Por lo cual vendrán dias sobre tí, que tus enemigos te cercarán con baluarte; y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho; 44 y te derribarán á tierra, y á tus hijos, los que están dentro de tí; y no dejarán sobre tí piedra sobre piedra: por cuanto no conociste el tiempo de tu visitacion. 45 Y entrando en el templo, comenzó á echar fuera á todos los que vendian y compraban en él, 46 diciéndoles: Escrito está: Mi casa, casa de oracion es: mas vosotros la habeis hecho cueva de ladrones. 47 Y enseñaba cada dia en el templo: mas los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los príncipes del pueblo procuraban matarle. 48 Y no hallaban que hacerle: porque todo el pueblo estaba suspenso oyéndole. CAPITULO 20 1 Y ACONTECIÓ un dia, que enseñando él al pueblo en el templo, y anunciando el Evangelio, se juntaron los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, con los ancianos, 2 y le hablan, diciendo: Dínos ¿con qué potestad haces estas cosas: ó quién es el que te ha dado esta potestad? 3 Respondiendo entonces Jesus, les dijo: Os preguntaré yo tambien una palabra; respondedme: 4 ¿El bautismo de Juan, era del cielo, ó de los hombres? 5 Mas ellos pensaban dentro de sí, diciendo: Si dijéremos: Del cielo; dirá; ¿Por qué pues no le creisteis? 6 Y si dijéremos: De los hombres, todo el pueblo nos apedreará: porque están ciertos que Juan era profeta. 7 Y respondieron, que no sabian de donde [habia sido.] 8 Entonces Jesus les dijo: Ni yo os digo con qué potestad hago estas cosas. 9 Y comenzó á decir al pueblo esta parábola: Un hombre plantó una viña, y la arrendó á labradores, y se ausentó por muchos tiempos. 10 Y al tiempo envió un siervo á los labradores, para que le diesen del fruto de la viña; y los labradores hiriéndole, le enviaron vacío. 11 Y volvió á enviar otro siervo: mas ellos á este tambien herido y afrentado, le enviaron vacío. 12 Y volvió á enviar al tercer siervo: mas ellos tambien á este echaron herido. 13 Entonces el señor de la viña dijo: ¿Qué haré? enviaré mi Hijo amado: quizá cuando á este vieren, tendrán respeto. 14 Mas los labradores viéndole, pensaron entre sí, diciendo: Este es el heredero: venid, matémosle, para que la heredad sea nuestra. 15 Y echándole fuera de la viña, le mataron. ¿Qué pues les hará el señor de la viña? 16 Vendrá, y destruirá á estos labradores; y dará su viña á otros. Y como ellos [lo] oyeron, dijeron: Guarda. 17 Mas él mirándolos, dice: ¿Qué pues es lo que está escrito: La piedra que condenaron los edificadores, esta fué por cabeza de esquina? 18 Cualquiera que cayere sobre aquella piedra será quebrantado: mas sobre el que la piedra cayere, le desmenuzará. 19 Y procuraban los príncipes de los sacerdotes y los escribas echarle mano en aquella hora, mas tuvieron miedo del pueblo: porque entendieron que contra ellos habia dicho esta parábola. 20 Y ACECHÁNDOLE, enviaron espiones que se simulasen justos, para tomarle en palabras, para que le entregasen al principado y á la potestad del presidente: 21 los cuales le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas bien; y que no tienes respeto á persona, antes enseñas el camino de Dios con verdad: 22 ¿nos es lícito dar tributo á César, ó no? 23 Mas él, entendida la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentais? 24 Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imágen, y la inscripcion? Y respondiendo, dijeron: De César. 25 Entonces les dijo: Pues dad á César lo que es de César; y lo que es de Dios, á Dios. 26 Y no pudieron reprender su dicho delante del pueblo: antes maravillados de su respuesta, callaron. 27 Y llegándose unos de los Saducéos, los cuales niegan haber resurreccion, le preguntaron, 28 diciendo: Maestro, Moisés nos escribió: Si el hermano de alguno muriere teniendo mujer, y muriere sin hijos, que su hermano tome la mujer, y levante simiente á su hermano. 29 Fueron pues siete hermanos y el primero tomó mujer, y murió sin hijos. 30 Y la tomó el segundo, el cual tambien murió sin hijos. 31 Y la tomó el tercero: asimismo tambien todos siete; y no dejaron simiente, y murieron. 32 Y á la postre de todos murió tambien la mujer. 33 En la resurreccion, pues, ¿mujer de cuál de ellos será? porque los siete la tuvieron por mujer. 34 Entonces respondiendo Jesus, les dijo: los hijos de este siglo se casan, y [ellas] son dadas en casamiento: 35 mas los que fueren tenidos por dignos de aquel siglo, y de la resurreccion de los muertos, ni [ellos] se casan, ni [ellas] son dadas en casamiento. 36 Porque no pueden ya mas morir: porque son iguales á los ángeles, y son hijos de Dios, cuando son hijos de la resurreccion. 37 Y que los muertos hayan de resucitar, Moisés aun lo enseñó junto al zarzal, cuando dice al Señor: Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob. 38 Porque Dios no es [Dios] de muertos, mas de vivos: porque todos viven [cuanto] á él. 39 Y respondiéndole unos de los escribas, dijeron: Maestro, bien has dicho. 40 Y no osaron mas preguntarle algo. 41 Y él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? 42 Y el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor á mi Señor: Asiéntate á mi diestra, 43 entre tanto que pongo tus enemigos [por] estrado de tus piés. 44 Así que David le llama Señor, ¿cómo pues es su hijo? 45 Y OYÉNDOLO todo el pueblo, dijo á sus discípulos: 46 Guardáos de los escribas, que quieren andar con ropas largas, y aman las salutaciones en las plazas: y las primeras sillas en las sinagogas: y los primeros asientos en las cenas: 47 que engullen las casas de las viudas, poniendo por pretexto la larga oracion: estos recibirán mayor condenacion. CAPITULO 21 1 Y MIRANDO, vió los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de la limosna. 2 Y vió tambien á una viuda pobrecilla, que echaba allí dos minutos. 3 Y dijo: De verdad os digo, que esta viuda pobre echó mas que todos: 4 porque todos estos, de lo que les sobra echaron para las ofrendas de Dios: mas esta de su pobreza echó todo su sustento que tenia. 5 Y Á unos que decian del templo, que estaba adornado de hermosas piedras y dones, dijo: 6 Estas cosas que veis, dias vendrán, que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida. 7 Y le preguntaron, diciendo: Maestro, ¿cuándo será esto? ¿y qué señal [habrá] cuándo estas cosas hayan de comenzar á ser hechas? 8 El entonces dijo: Mirad, no seais engañados: porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy; y el tiempo está cerca: por tanto no vayais en pos de ellos. 9 Empero cuando oyéreis de guerras y sediciones, no os espanteis: porque es menester que estas cosas acontezcan primero: mas no luego [será] el fin. 10 Entonces les dijo: Se levantará gente contra gente, y reino contra reino; 11 y habrá grandes terremotos en cada lugar, y hambres, y pestilencias; y habrá prodigios, y grandes señales del cielo. 12 Mas antes de todas estas cosas os echarán mano, y perseguirán, entregándo[os] á las sinagogas, y á las cárceles, trayéndoos á los reyes, y á los presidentes, por causa de mi nombre. 13 Y os será [esto] para testimonio. 14 Poned pues en vuestros corazones de no pensar antes cómo hayais de responder. 15 Porque yo os daré boca y sabiduría, á la cual no podrán resistir, ni contradecir todos los que se os opondrán. 16 Mas sereis entregados aun de vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán de vosotros. 17 Y sereis aborrecidos por todos, por causa de mi nombre. 18 Mas un pelo de vuestra cabeza no perecerá. 19 En vuestra paciencia poseereis vuestras vidas. 20 Y cuando viéreis á Jerusalem cercada de ejércitos, sabed entonces que su destruccion ha llegado. 21 Entonces los que estuvieren en Judéa, huyan á los montes; y los que [estuvieren] en medio de ella, váyanse; y los que en las [otras] regiones, no entren en ella. 22 Porque estos son dias de venganza, para que se cumplan todas las cosas que están escritas. 23 Mas, ¡ay de las preñadas, y de las que crian en aquellos dias! porque habrá apretura grande sobre [esta] tierra, é ira en este pueblo. 24 Y caerán á filo de espada, y serán llevados cautivos por todas las naciones; y Jerusalem será hollada de los Gentiles, hasta que los tiempos de los Gentiles sean cumplidos. 25 Entonces habrá señales en el sol, y en la luna, y en las estrellas; y en la tierra apretura de gentes por la confusion del sonido de la mar, y de las ondas; 26 secándose los hombres á causa del temor, y de la esperanza de las cosas que sobrevendrán á la redondez de la tierra: porque las virtudes de los cielos serán conmovidas. 27 Y entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en la nube, con potestad y majestad grande. 28 Y cuando estas cosas comenzaren á hacerse, mirad, y levantad vuestras cabezas: porque vuestra redencion está cerca. 29 Y les dijo tambien una parábola: Mirad la higuera, y todos los árboles: 30 cuando ya meten, viéndolos, de vosotros mismos entendeis que el verano está ya cerca: 31 así tambien vosotros, cuando viéreis hacerse estas cosas, entended que está cerca el reino de Dios. 32 De cierto os digo, que no pasará esta generacion, hasta que todo sea hecho. 33 El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán. 34 Y mirad por vosotros; que vuestros corazones no sean cargados de glotonería y embriaguez, y de los cuidados de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel dia. 35 Porque como un lazo vendrá sobre todos los que habitan sobre la faz de toda la tierra. 36 Velad, pues, orando á todo tiempo, que seais tenidos dignos de evitar todas estas cosas que han de venir, y de estar en pié delante del Hijo del hombre. 37 Y ENSEÑABA entre dia en el templo; y de noche saliendo, estábase en el monte que se llama de las Olivas. 38 Y todo el pueblo venia á él por la mañana, para oirle en el templo. CAPITULO 22 1 Y ESTABA cerca el dia de la fiesta de los panes sin levadura, que se llama la Pascua. 2 Y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas procuraban como le matarian: mas tenian miedo del pueblo. 3 Y entró Satanás en Judas, que tenia por sobrenombre Iscariote, el cual era uno del numero de los doce. 4 Y fué, y habló con los príncipes de los sacerdotes, y con los magistrados, de cómo se le entregaria. 5 los cuales se holgaron, y concertaron de darle dinero. 6 Y prometió; y buscaba oportunidad para entregarle á ellos sin las compañías. 7 Y VINO el dia de los panes sin levadura, en el cual era menester matar [el cordero de] la Pascua. 8 Y envió á Pedro, y á Juan, diciendo: Id, aparejadnos [el cordero de] la Pascua, para que comamos. 9 Y ellos le dijeron: ¿Dónde quieres que aparejemos? 10 Y él les dijo: Hé aquí, como entráreis en la ciudad, os encontrará un hombre que lleva un cántaro de agua: seguidle hasta la casa donde entrare; 11 y decid al padre de la familia de la casa: El Maestro te dice: ¿Dónde está el aposento donde tengo de comer [el cordero de] la Pascua con mis discípulos? 12 Entonces él os mostrará un gran cenadero aderezado, aparejad allí. 13 Y yendo [ellos] halláronlo todo como les habia dicho; y aparejaron [el cordero de] la Pascua. 14 Y como fué hora, se sentó á la mesa; y con él los doce apóstoles. 15 Y les dijo: En gran manera he deseado comer con vosotros este [cordero de la] Pascua antes que padezca: 16 porque os digo, que no comeré de él, hasta que sea cumplido en el reino de Dios. 17 Y tomando el vaso, habiendo hecho gracias, dijo: Tomad esto, y partid entre vosotros. 18 Porque os digo, que no beberé del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga. 19 Y tomando el pan, habiendo hecho gracias, partió, y les dió, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado: haced esto en memoria de mí. 20 Asimismo tambien [tomó y les dió] el vaso, despues que hubo cenado, diciendo: Este vaso [es] el nuevo testamento en mi sangre, que por vosotros se derrama: 21 con todo eso, hé aquí, la mano del que me entrega, conmigo en la mesa. 22 Y á la verdad el Hijo del hombre va segun lo que está determinado: empero ¡ay de aquel hombre por el cual es entregado! 23 Ellos entonces comenzaron á preguntar entre sí, cuál de ellos seria el que habia de hacer esto. 24 Y fué entre ellos una contienda, quién de ellos parecia [que habia de] ser el mayor. 25 Entonces él les dijo: los reyes de los Gentiles se enseñorean de ellos; y los que sobre ellos tienen potestad son llamados bienhechores: 26 mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el mas mozo; y el que es príncipe, como el que sirve: 27 porque, ¿cuál es mayor, el que se asienta á la mesa, ó el que sirve? ¿no es el que se asienta á la mesa? y yo soy entre vosotros como el que sirve: 28 empero vosotros sois los que habeis permanecido conmigo en mis tentaciones: 29 yo pues os ordeno el reino, como mi Padre me lo ordenó [á mí]: 30 para que comais y bebais en mi mesa en mi reino; y os asenteis sobre tronos juzgando á las doce tribus de Israel. 31 Dijo tambien el Señor: Simon, Simon, hé aquí, [que] Satanás os ha pedido para zarandaros como á trigo: 32 mas yo he rogado por tí que tu fé no falte; y tú vuelve alguna vez y confirma á tus hermanos. 33 Y él le dijo: Señor, aparejado estoy á ir contigo, y á cárcel, y á muerte. 34 Y él dijo: Pedro, te digo que el gallo no dará hoy voz antes que [tú] niegues tres veces que me conoces. 35 Y á ellos dijo: Cuando os envié sin bolsa, y sin alforja, y sin zapatos, ¿os faltó algo? Y ellos dijeron: Nada. 36 Y les dijo: Pues ahora el que tiene bolsa, tóme[la;] y tambien la alforja; y el que no tiene, venda su capa y compre espada: 37 porque os digo, que aun es menester que se cumpla en mi aquello que está escrito: Y con los malos fué contado: porque lo que [está escrito] de mí, [su] cumplimiento tiene. 38 Entonces ellos dijeron: Señor, hé aquí, dos espadas [hay] aquí. Y él les dijo: Basta. 39 Y SALIENDO, se fué, como solia, al monte de las Olivas; y sus discípulos tambien le siguieron. 40 Y como llegó á aquel lugar, les dijo: Orad que no entreis en tentacion. 41 Y él se apartó de ellos como un tiro de piedra; y puesto de rodillas, oró, 42 diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí: empero no se haga mi voluntad, mas la tuya. 43 Y le apareció un ángel del cielo, esforzándole. 44 Y puesto en agonía, oraba mas intensamente; y fué su sudor como gotas de sangre, que descendian hasta la tierra. 45 Y como se levantó de la oracion, y vino á sus discípulos, los halló durmiendo de tristeza. 46 Y les dijo: ¿Qué dormis? levantáos, y orad que no entreis en tentacion. 47 Estando aun hablando él, hé aquí, la compañía, y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba delante de ellos; y se llegó á Jesus, para besarle. 48 Entonces Jesus le dijo: ¿Judas, con beso entregas al Hijo del hombre? 49 Y viendo los que estaban con él lo que habia de ser, le dijeron: Señor, ¿heriremos á cuchillo? 50 Y uno de ellos hirió á un siervo del príncipe de los sacerdotes, y le quitó la oreja derecha. 51 Entonces respondiendo Jesus, dijo: Dejad hasta aquí. Y tocando su oreja, le sanó. 52 Y Jesus dijo á los que habian venido á él, [de] los príncipes [de] los sacerdotes, y [de] los magistrados del templo, y [de] los ancianos: ¿Como á ladron habeis salido con espadas y con bastones? 53 habiendo estado con vosotros cada dia en el templo, no extendisteis las manos en mí: mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. 54 Y PRENDIÉNDOLE, le trajeron, y metiéronle en casa del príncipe de los sacerdotes. Y Pedro le seguia de lejos. 55 Y habiendo encendido fuego en medio de la sala, y sentándose todos al rededor, se sentó tambien Pedro entre ellos. 56 Y como una criada le vió que estaba sentado al fuego, puestos los ojos en él, dijo: Y este con él era. 57 Entonces él lo negó, diciendo: mujer, no le conozco. 58 Y un poco despues viéndole otro, dijo: Y tú de ellos eras. Y Pedro dijo: Hombre, no soy. 59 Y como una hora pasada, otro afirmaba, diciendo: Verdaderamente tambien este era con él: porque es Galiléo. 60 Y Pedro dice: Hombre, no sé que te dices. Y luego, estando aun él hablando, el gallo cantó. 61 Entonces, vuelto el Señor, miró á Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, como le habia dicho: Antes que el gallo dé voz me negarás tres veces. 62 Y saliendo fuera Pedro, lloró amargamente. 63 Y los hombres que tenian á Jesus, burlaban de él, hiriéndo[le.] 64 Y cubriéndole herian su rostro, y preguntábanle, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te hirió? 65 Y decian otras muchas cosas injuriándole. 66 Y COMO fué de dia, se juntaron los ancianos del pueblo, y los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y le trajeron á su concilio, 67 diciendo: ¿Eres tú el Cristo? dínoslo. Y les dijo: Si os lo dijere, no creereis; 68 y tambien si os preguntare, no me respondereis, ni [me] soltareis: 69 mas desde ahora el Hijo del hombre se asentará á la diestra de la potencia de Dios. 70 Y dijeron todos: ¿Luego tú Hijo eres de Dios? Y él les dijo: Vosotros [lo] decís, que yo soy. 71 Entonces ellos dijeron: ¿Qué mas testimonio deseamos? porque nosotros lo hemos oido de su boca. CAPITULO 23 1 LEVANTÁNDOSE entonces toda la multitud de ellos, lleváronle á Pilato. 2 Y comenzaron á acusarle, diciendo: A este hemos hallado que pervierte nuestra nacion, y que veda dar tributo á César, diciendo que él es el Cristo el Rey. 3 Entonces Pilato le preguntó, diciendo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? Y respondiéndole él, dijo: Tú [lo] dices. 4 Y Pilato dijo á los príncipes de los sacerdotes, y á las compañías: Ninguna culpa hallo en este hombre. 5 Mas ellos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judéa, comenzando desde Galiléa hasta aquí. 6 Entonces Pilato, oyendo de Galiléa, preguntó si [este] hombre era Galiléo. 7 Y como entendió que pertenecia al señorío de Herodes, le remitió á Herodes, el cual tambien estaba en Jerusalem en aquellos dias. 8 Y Herodes, viendo á Jesus, se holgó mucho: porque habia mucho que le deseaba ver: porque habia oido de él muchas cosas; y tenia esperanza que le veria hacer alguna señal. 9 Y le preguntaba con muchas palabras: mas él nada le respondió. 10 Y estaban los príncipes de los sacerdotes, y los escribas acusándole con gran porfía. 11 Mas Herodes con su corte le menospreció, y escarneció, vistiéndole de una ropa rica: y le volvió á enviar á Pilato. 12 Y fueron hechos amigos entre sí Pilato y Herodes en el mismo dia: porque antes eran enemigos entre sí. 13 Entonces Pilato, convocando los príncipes de los sacerdotes, y los magistrados, y el pueblo, 14 les dijo: Me habeis presentado á este por hombre que aparta al pueblo; y hé aquí, yo preguntando delante de vosotros, no he hallado alguna culpa en este hombre de aquellas de que le acusais: 15 y ni aun Herodes: porque os remití á él; y hé aquí, que ninguna cosa digna de muerte se le ha hecho: 16 le soltaré pues castigado. 17 Y tenia necesidad de soltarles uno en cada fiesta. 18 Y toda la multitud dió voces á una, diciendo: Mata á este, y suéltanos á Barrabás: 19 el cual habia sido echado en la cárcel por una sedicion hecha en la ciudad, y una muerte. 20 Y les habló otra vez Pilato, queriendo soltar á Jesus. 21 Mas ellos volvian á dar voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. 22 Y él les dijo la tercera vez: ¿Por qué? ¿qué mal ha hecho este? ninguna culpa de muerte he hallado en él: le castigaré pues, y le soltaré. 23 Mas ellos instaban á grandes voces, pidiendo que fuese crucificado; y las voces de ellos, y de los príncipes de los sacerdotes crecian. 24 Entonces Pilato juzgó que se hiciese lo que ellos pedian. 25 Y les soltó á aquel que habia sido echado en la cárcel por sedicion y una muerte, al cual habian pedido y entregó á Jesus á la voluntad de ellos. 26 Y LLEVÁNDOLE, tomaron á un Simon, Cirenéo, que venia del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesus. 27 Y le seguia grande multitud de pueblo, y de mujeres, las cuales le lloraban, y lamentaban. 28 Mas Jesus, vuelto á ellas, les dice: Hijas de Jerusalem, no me lloreis á mí: mas lloráos á vosotras mismas, y á vuestros hijos. 29 Porque, hé aquí, que vendrán dias, en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no engendraron, y las tetas que no criaron. 30 Entonces comenzarán á decir á los montes: Caed sobre nosotros; y los collados: Cubridnos. 31 Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué se hará? 32 Y llevaban tambien con él otros dos malhechores á matar con él. 33 Y como vinieron al lugar que se llama de la Calavera, le crucificaron allí; y á los malhechores, uno á la derecha, y otro á la izquierda. 34 Mas Jesus decia: Padre, perdónalos: porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes. 35 Y el pueblo estaba mirando; y burlaban de él los príncipes con ellos, diciendo: A otros hizo salvos: sálvese á sí, si este es el Mesías, el escogido de Dios. 36 Escarnecian de él tambien los soldados, llegándose, y presentándole vinagre, 37 y diciendo: Si tú eres el Rey de los Judíos, sálvate á tí mismo. 38 Y habia tambien un título escrito sobre él con letras griegas, y romanas, y hebráicas: ESTE ES EL REY DE LOS JUDÍOS. 39 Y uno de los malhechores que estaban colgados, le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate á tí mismo, y á nosotros. 40 Y respondiendo el otro, le riñó, diciendo: ¿Ni aun tú temes á Dios, estando en la misma condenacion? 41 y nosotros á la verdad, justamente [padecemos,] porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos: mas este ningun mal hizo. 42 Y dijo á Jesus: Señor, acuérdate de mí cuando vinieres en tu reino. 43 Entonces Jesus le dijo: De cierto te digo, que hoy serás conmigo en el Paraiso. 44 Cuando era como la hora de las seis, fueron hechas tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora de las nueve. 45 Y el sol se oscureció, y el velo del templo se rasgó por medio. 46 Entonces Jesus, clamando á gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, espiró. 47 Y como el centurion vió lo que habia acontecido, dió gloria á Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo. 48 Y toda la multitud de los que estaban presentes á este espectáculo, viendo lo que habia acontecido, se volvian hiriendo sus pechos. 49 Mas todos sus conocidos estaban de lejos, y las mujeres que le habian seguido desde Galiléa, mirando estas cosas. 50 Y HÉ aquí, un varon llamado Joseph, el cual era senador, varon bueno, y justo: 51 el cual no habia consentido en el consejo ni en los hechos de ellos, de Arimathéa, ciudad de Judea: el cual tambien esperaba el reino de Dios. 52 Este llegó á Pilato, y pidió el, cuerpo de Jesus. 53 Y quitado, le envolvió en una sábana, y le puso en un sepulcro que era labrado de piedra, en el cual aun ninguno habia sido puesto. 54 Y era dia de la víspera de la Pascua; y el sábado se seguia. 55 Y viniendo tambien las mujeres que le habian seguido de Galiléa, vieron el sepulcro, y como fué puesto su cuerpo. 56 Y vueltas aparejaron [drogas] aromáticas, y ungüentos; y reposaron el sábado conforme al mandamiento. CAPITULO 24 1 Y EL primer [dia] de los sábados, muy de mañana vinieron al monumento; trayendo las [drogas] aromáticas que habian aparejado; y algunas [otras mujeres] con ellas. 2 Y hallaron la piedra revuelta [de la puerta] del sepulcro. 3 Y entrando no hallaron el cuerpo del Señor Jesus. 4 Y aconteció, que estando ellas espantadas de esto, hé aquí, dos varones que se pararon junto á ellas, vestidos de vestiduras resplandecientes. 5 Y teniendo ellas temor, y bajando el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscais entre los muertos al que viva? 6 no está aquí, mas ha resucitado: acordáos de lo que os habló, cuando aun estaba en Galiléa, 7 diciendo: Que es menester que el Hijo del hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y resucitar al tercer dia. 8 Entonces ellas se acordaron de sus palabras. 9 Y volviendo del sepulcro, dieron nuevas de todas estas cosas á los once, y á todos los demás. 10 Y eran María Magdalena, y Juana, y María, [madre] de Jacobo, y las demas que estaban con ellas, las que decian estas cosas á los apóstoles. 11 Mas á ellos les parecian como locura las palabras de ellas; y no las creyeron. 12 Y levantándose Pedro, corrió al sepulcro; y como miró dentro, ve solo los lienzos [allí] echados, y se fué maravillado entre sí de este cosa. 13 Y HÉ aquí, dos de ellos iban el mismo dia á una aldea que estaba de Jerusalem sesenta estadios, llamada Emmaús: 14 é iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habian acaecido. 15 Y aconteció, que yendo hablando entre sí, y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesus se llegó, é iba con ellos juntamente. 16 Mas los ojos de ellos eran detenidos, que no le conociesen. 17 Y les dijo: ¿Qué pláticas son estas que tratais entre vosotros andando, y estais tristes? 18 Y respondiendo el uno, que se llamaba Cleophas, le dijo: ¿Tú solo peregrino eres en Jerusalem, que no has sabido las cosas que en ella han acontecido estos dias? 19 Entonces él les dijo: ¿Qué? Y ellos le dijeron: De Jesus Nazareno, el cual fué varon profeta poderoso en obra y en palabra, delante de Dios y de todo el pueblo: 20 y como le entregaron los príncipes de los sacerdotes, y nuestros príncipes, á condenacion de muerte, y le crucificaron. 21 Mas nosotros esperábamos que él era el que habia de redimir á Israél; y ahora sobre todo esto, hoy es el tercer dia que esto ha acontecido. 22 Aunque tambien unas mujeres de los nuestros nos han espantado, las cuales antes del dia fueron al sepulcro; 23 y no hallando su cuerpo, vinieron, diciendo que tambien habian visto vision de ángeles, los cuales dicen que él vive. 24 Y fueron algunos de los nuestros al sepulcro, y hallaron ser así como las mujeres habian dicho: mas á él no le vieron. 25 Entonces él les dijo: ¡Oh locos, y tardos de corazon para creer á todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿no era menester que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara [así] en su gloria? 27 Y comenzando desde Moisés, y de todos los profetas, les declaraba [esto] en todas las escrituras que [eran] de él. 28 Y llegaron á la aldea á donde iban: y él fingió que iba mas lejos. 29 Mas ellos le detuvieron por fuerza, diciendo: Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y el dia es ya bajo. Y entró con ellos. 30 Y aconteció, que estando sentado á la mesa con ellos, tomando el pan, bendijo, y partió, y les dió. 31 Entonces fueron abiertos los ojos de ellos, y le conocieron: mas él se desapareció de los ojos de ellos. 32 Y decian el uno al otro: ¿No ardia nuestro corazon en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abria las Escrituras? 33 Y levantándose en la misma hora, tornáronse á Jerusalem; y hallaron á los once congregados, y á los que eran con ellos, 34 que decian: Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido á Simon. 35 Entonces ellos contaban las cosas que [les habian acontecido] en el camino; y como habia sido conocido de ellos en el partir del pan. 36 Y entre tanto que ellos hablaban estas cosas, Jesus se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz [sea] á vosotros. 37 Entonces ellos espantados y asombrados, pensaban que veian [algun] espíritu. 38 Mas él les dice: ¿Por qué estais turbados, y suben pensamientos á vuestros corazones? 39 mirad mis manos y mis piés, que yo mismo soy: palpad y ved: que el espíritu ni tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo. 40 Y en diciendo esto, les mostró las manos y los piés. 41 Y no creyéndolo aun ellos de gozo y maravillados, les dijo: ¿Teneis aquí algo de comer? 42 Entonces ellos le presentaron parte de un pez asado, y un panal de miel. 43 Lo cual él tomó^, y comió delante de ellos: 44 y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros: Que era necesario que se cumpliesen todas las cosas que están escritas en la ley de Moisés, y en los profetas, y en los Salmos, de mí. 45 Entonces les abrió el sentido, para que entendiesen las Escrituras. 46 Y les dijo: Así está escrito, y así fué menester que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer dia: 47 y que se predicase en su nombre penitencia, y remision de pecados, en todas las naciones, comenzando de Jerusalem. 48 Y vosotros sois testigos de estas cosas. 49 Y hé aquí, yo enviaré al prometido de mi Padre sobre vosotros: mas vosotros asentad en la ciudad de Jerusalem, hasta que seais investidos de lo alto de potencia. 50 Y LOS sacó fuera hasta Bethania, y alzando sus manos los bendijo. 51 Y aconteció, que bendiciéndolos, se fué de ellos, y era llevado arriba al cielo. 52 Y ellos despues de haberle adorado, se volvieron á Jerusalem con gran gozo. 53 Y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo á Dios. Amen. EL SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO SEGUN S. JUAN. CAPITULO 1 1 EN el principio [ya] era la Palabra: y la Palabra era acerca de Dios, y Dios era la Palabra. 2 Esta era en el principio acerca de Dios. 3 Todas las cosas por esta fueron hechas; y sin ella nada de lo que es hecho, fué hecho. 4 En ella estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. 5 Y la luz en las tinieblas resplandece: mas las tinieblas no la comprendieron. 6 FUÉ un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan. 7 Este vino por testimonio, para que diese testimonio de la luz, para que todos creyesen por él. 8 El no era la luz: sino para que diese testimonio de la luz. 9 [Aquella Palabra] era la luz verdadera, que alumbra á todo hombre, que viene en este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo fué hecho por él, y el mundo no le conoció. 11 A lo [que era] suyo vino; y los suyos no le recibieron. 12 Mas á todos los que le recibieron, dióles potestad de ser hechos hijos de Dios, á los que creen en su nombre: 13 los cuales no son engendrados de sangres, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varon, mas de Dios. 14 Y aquella Palabra fué hecha carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan dió testimonio de él, y clamó, diciendo: Este es del que [yo] decia: El que viene tras mí, es antes de mí: porque es primero que yo. 16 Y de su plenitud tomamos todos, y gracia por gracia. 17 Porque la ley por Moisés fué dada: mas la gracia y la verdad por Jesu Cristo fué hecha. 18 A Moisés nadie le vió jamás: el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él [nos le] declaró. 19 Y ESTE es el testimonio de Juan, cuando los Judíos enviaron de Jerusalem sacerdotes y Levitas, que le preguntasen: ¿Tú, quién eres? 20 Y confesó, y no negó: confesó que él no era el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Qué pues? ¿eres tú Elías? Dijo: No soy. ¿Eres tú profeta? Y respondió: No. 22 Dijéronle pues: ¿Quién eres? para que demos respuesta á los que nos enviaron: ¿qué dices de tí mismo? 23 Dijo: Yo, voz del que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor, como dijo Isaías profeta. 24 Y los que habian sido enviados eran de los Fariséos. 25 Y preguntáronle, y le dijeron: ¿Por qué pues bautizas, si tú no eres el Cristo, ni Elías, ni profeta? 26 Y Juan les respondió, diciendo: Yo bautizo con agua: mas en medio de vosotros ha estado, quien vosotros no conoceis: 27 este es el que ha de venir tras mí, el cual es antes de mí, del cual yo no soy digno de desatar la correa del zapato. 28 Estas cosas acontecieron en Bethábara de la otra parte del Jordan, donde Juan bautizaba. 29 El siguiente dia ve Juan á Jesus que venia á él, y dice: Hé aquí, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. 30 Este es del que dije: Tras mí viene un varon, el cual es antes de mí: porque era primero que yo. 31 Y yo no le conocia: mas para que fuese manifestado á Israél, por eso vine yo bautizando con agua. 32 Y Juan dió testimonio, diciendo: Que ví al Espíritu que descendia del cielo como paloma, y reposó sobre él. 33 Y yo no le conocia: mas el que me envió á bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre aquel que vieres descender el Espíritu, y que reposa sobre él, este es el que bautiza con Espíritu Santo: 34 y yo ví, y he dado testimonio, que este es el Hijo de Dios. 35 El siguiente dia otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando á Jesus que andaba [por allí,] dijo: Hé aquí, el Cordero de Dios. 37 Y oyéronle los dos discípulos hablar, y siguieron á Jesus. 38 Y volviéndose Jesus, y viéndolos seguirle, díceles: ¿Qué buscais? Y ellos le dijeron: Rabbí, que declarado, quiere decir, Maestro, ¿dónde moras? 39 Díceles: Venid, y ved. Vinieron, y vieron donde moraba: y quedáronse con él aquel dia: porque era como la hora de las diez. 40 Era Andres, el hermano de Simon Pedro, uno de los dos que habian oido de Juan, y le habian seguido. 41 Este halló primero á su hermano Simon, y le dijo: Hemos hallado al Mesías, que declarado es, el Cristo. 42 Y le trajo á Jesus. Y mirándole Jesus, dijo: Tú eres Simon, hijo de Jonás: tu serás llamado Cephas, que quiere decir, Piedra. 43 El dia siguiente quiso Jesus ir á Galiléa, y halla á Felipe; al cual dice: Sígueme. 44 Y era Felipe de Bethsaida, la ciudad de Andres y de Pedro. 45 Felipe halló á Nathanaél, y le dice: Hemos hallado á aquel de quien escribió Moisés en la ley, y los profetas: Jesus, el hijo de Joseph de Nazaret. 46 Y le dijo Nathanaél: ¿De Nazaret puede haber algo de bueno? Dícele Felipe: Ven, y ve. 47 Jesus vió venir á sí á Nathanaél, y dijo de él: Hé aquí [un] verdaderamente Israelita, en el cual no hay engaño. 48 Dícele Nathanaél: ¿De dónde me conoces? Respóndele Jesus, y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te ví. 49 Respondió Nathanaél, y le dijo: Rabbí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israél. 50 Respondió Jesus, y le dijo: Porque te dije: Víte debajo de la higuera, crees: cosas mayores que estas verás. 51 Y le dice: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante vereis el cielo abierto, y ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del hombre. CAPITULO 2 1 Y AL tercer dia hiciéronse unas bodas en Caná de Galiléa; y estaba allí la madre de Jesus. 2 Y fué tambien llamado Jesus, y sus discípulos, á las bodas. 3 Y faltando el vino, la madre de Jesus le dijo: Vino no tienen. 4 Y le dice Jesus: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora. 5 Su madre dice á los que servian: Haced todo lo que os dijere. 6 Y estaban allí seis tinajuelas de agua de piedra, conforme á la purificacion de los Judíos, que cabia en cada una dos ó tres cántaros. 7 Díceles Jesus: Llenad estas tinajuelas de agua. Y las llenaron hasta arriba. 8 Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle. 9 Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabia de donde era: mas los que servian, lo sabian, que habian sacado el agua: el maestresala llama al esposo, 10 y le dice: Todo hombre pone primero el buen vino; y cuando [ya] están hartos, entonces lo que es peor: mas tú has guardado el buen vino hasta ahora. 11 Este principio de señales hizo Jesus en Caná de Galiléa, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él. 12 Despues de esto descendió á Capharnaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos dias. 13 Y ESTABA cerca la Pascua de los Judíos, y subió Jesus á Jerusalem. 14 Y halló en el templo los que vendian bueyes, y ovejas, y palomas, y los cambiadores sentados. 15 Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes, y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas. 16 Y á los que vendian las palomas dijo: Quitad de aquí esto, y no hagais la casa de mi Padre casa de mercado. 17 Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió. 18 Y los Judíos respondieron, y le dijeron: ¿ Qué señal nos muestras de que haces esto? 19 Respondió Jesus, y les dijo: Destruid este templo, y en tres dias [yo] le levantaré. 20 Dijeron luego los Judíos: ¿En cuarenta y seis años fué este templo edificado, y tú en tres dias le levantarás? 21 Mas él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por tanto cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que les habia dicho esto, y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesus habia dicho. 23 Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el dia de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo sus señales que hacia. 24 Mas el mismo Jesus no se confiaba á si mismo de ellos, porque él conocia á todos, 25 y no tenia necesidad que alguien le diese testimonio del hombre: porque él sabia lo que habia en el hombre. CAPITULO 3 1 Y HABIA un hombre de los Fariséos que se llamaba Nicodemo, príncipe de los Judíos. 2 Este vino á Jesus de noche, y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de Dios [por] maestro: porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no fuere Dios con él. 3 Respondió Jesus, y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere otra vez, no puede ver el reino de Dios. 4 Dícele Nicodemo: ¿Cómo puede el hombre nacer, siendo viejo? ¿puede entrar otra vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesus: De cierto, de cierto te digo, que el que no renaciere de agua y de Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de carne, carne es; y lo que es nacido de Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Necesario os es nacer otra vez. 8 El viento de donde quiere sopla; y oyes su sonido, mas ni sabes de donde viene, ni donde vaya: así es todo aquel que es nacido de Espíritu. 9 Respondió Nicodemo, y le dijo: ¿Cómo puede esto hacerse? 10 Respondió Jesus, y le dijo: ¿Tú eres el maestro de Israél, y no sabes esto? 11 De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos; y lo que hemos visto, testificamos, y no recibís nuestro testimonio. 12 Si os he dicho cosas terrenas, y no creeis: ¿cómo creereis, si os dijere las celestiales? 13 Y nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, [es á saber,] el Hijo del hombre, que está en el cielo. 14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del hombre sea levantado: 15 para que todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida eterna. 16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que haya dado á su Hijo unigénito: para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque no envió Dios á su Hijo al mundo, para que condene al mundo: mas para que el mundo sea salvo por él. 18 El que en él cree, no es condenado: mas el que no cree, ya es condenado: porque no creyó en el nombre del unigénito Hijo de Dios. 19 Y esta es la condenacion, [es á saber,] porque la luz vino al mundo, y los hombres amaron mas las tinieblas que la luz: porque sus obras eran malas. 20 Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene á la luz, porque sus obras no sean redargüidas. 21 Mas el que obra verdad, viene á la luz, para que sus obras sean manifiestas, que son hechas en Dios. 22 PASADO esto, vino Jesus y sus discípulos á una tierra de Judéa; y estaba allí con ellos, y bautizaba. 23 Y bautizaba tambien Juan en Enon junto á Salim, porque habia muchas aguas; y venian, y eran bautizados. 24 Porque aun Juan no habia sido puesto en la cárcel. 25 Y hubo cuestion entre los discípulos de Juan y los Judíos acerca de la purificacion. 26 Y vinieron á Juan, y le dijeron: Rabbí, el que estaba contigo de la otra parte del Jordán, del cual té diste testimonio, hé aquí, bautiza, y todos vienen á él. 27 Respondió Juan, y dijo: No puede el hombre recibir algo si no le fuere dado del cielo. 28 Vosotros mismos me sois testigos que dije: Yo no soy el Cristo: mas soy enviado delante de él. 29 El que tiene la esposa, es el esposo: mas [el] amigo del esposo, que está en pié y le oye, se goza grandemente de la voz del esposo. Así, pues, este mi gozo es cumplido. 30 A él conviene crecer: mas á mí ser disminuido. 31 El que de arriba viene, sobre todos es: el que es de la tierra, terreno es, y cosas terrenas habla: el que viene del cielo, sobre todos es. 32 Y lo que vió y oyó, esto testifica; y nadie recibe su testimonio. 33 El que recibe su testimonio, este signó, que Dios es verdadero: 34 porque el que Dios envió, las palabras de Dios habla: porque no [le] da Dios el Espíritu por medida. 35 El Padre ama al Hijo, y todas las cosas dió en su mano. 36 El que cree en el Hijo, tiene vida eterna: mas el que al Hijo es incrédulo, no verá la vida: mas la ira de Dios está sobre él. CAPITULO 4 1 DE manera que, como Jesus entendió que los Fariséos habian oido que Jesus hacia discípulos, y bautizaba mas que Juan, 2 (aunque Jesus no bautizaba, sino sus discípulos,) 3 dejó á Judéa, y se fué otra vez á Galiléa. 4 Y era menester que pasase por Samaria. 5 Vino pues á una ciudad de Samaria que se llama Sichár, junto á la heredad que Jacob dió á Joseph su hijo. 6 Y estaba allí la fuente de Jacob. Así que Jesus, cansado del camino, así se sentó al lado de la fuente. Era como la hora de las seis. 7 Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesus le dice: Dáme de beber. 8 (Porque sus discípulos eran idos á la ciudad á comprar de comer.) 9 Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me demandas á mí de beber' que soy mujer Samaritana? Porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos. 10 Respondió Jesus, y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dáme de beber: tu pedirias de él, y él te daria agua viva. 11 La mujer le dice: Señor, no tienes con que sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva? 12 ¿ eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados? 13 Respondió Jesus, y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed: 14 mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él fuente de agua, que salte para vida eterna 15 La mujer le dice: Señor, dáme esta agua, para que [yo] no tenga sed, m venga acá á sacarla. 16 Jesus le dice: Vé, llama á tu marido, y vén acá. 17 Respondió la mujer, y le dijo: No tengo marido. Dícele Jesus: Bien has dicho, que no tengo marido: 18 porque cinco maridos has tenido; y el que ahora tienes, no es tu marido: esto has dicho con verdad. 19 Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta: 20 nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís, que en Jerusalem es el lugar donde es menester adorar. 21 Dícele Jesus: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adorareis al Padre: 22 vosotros adorais lo que no sabeis: nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos: 23 mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad: porque tambien el Padre tales adoradores busca que le adoren: 24 Dios es Espíritu, y los que le adoran, en espíritu y en verdad es menester que adoren. 25 Dícele la mujer: [Yo] sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice, el Cristo: cuando él viniere, nos declarará todas las cosas. 26 Dícele Jesus: Yo soy, que hablo contigo. 27 Y en esto vinieron sus discípulos, y se maravillaron de que hablaba con [aquella] mujer: mas ninguno le dijo: ¿Qué preguntas; ó, qué hablas con ella? 28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres: 29 Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si es quizá el Cristo? 30 Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él. 31 Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come. 32 Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabeis. 33 Entonces los discípulos decian el uno al otro: ¿Si le ha traido alguien de comer? 34 Díceles Jesus: Mi comida es, que [yo] haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. 35 ¿No decís vosotros que aun hay cuatro meses hasta la siega? Hé aquí, [yo] os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones: porque ya están blancas para la siega. 36 Y el que siega recibe salario, y allega fruto para vida eterna: para que el que siembra tambien goce, y el que siega. 37 Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega. 38 Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habeis entrado en sus labores. 39 Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, [diciendo:] Que me dijo todo lo que he hecho. 40 Mas viniendo los Samaritanos á él, le rogaron que se quedase allí: y se quedó allí dos dias. 41 Y creyeron muchos mas por la palabra de él. 42 Y decian á la mujer: Que ya no creemos por tu dicho: porque nosotros mismos hemos oido, y sabemos, que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo. 43 Y dos dias despues salió de allí, y se fué á Galiléa. 44 Porque el mismo Jesus dió testimonio: Que el profeta en su tierra no tiene honra. 45 Y como vino á Galiléa, los Galiléos le recibieron, vistas todas las cosas que habia hecho en Jerusalem en el dia de la fiesta: porque tambien ellos habian venido al dia de la fiesta. 46 Vino pues Jesus otra vez á Caná de Galiléa, donde habia hecho el vino del agua: y habia en Capharnaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo. 47 Este, como oyó que Jesus venia de Judéa en Galiléa, fué á él, y le rogaba que descendiese, y sanase su hijo: porque se comenzaba á morir. 48 Entonces Jesus le dijo: Si no viéreis señales y milagros, no creereis. 49 El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. 50 Dícele Jesus: Vé, tu hijo vive. Creyó el hombre á la palabra que Jesus le dijo, y se fué. 51 Y viniendo ya él, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. 52 Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor; y le dijeron: Ayer á las siete le dejó la fiebre. 53 El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesus le dijo: Tu hijo vive: y creyó él, y toda su casa. 54 Esta segunda señal volvió Jesus á hacer cuando vino de Judéa á Galiléa. CAPITULO 5 1 DESPUES de estas cosas, era un dia de fiesta de los Judíos, y subió Jesus á Jerusalem. 2 Y está en Jerusalem á [la Puerta] del Ganado un estanque, que en hebráico es llamado Beth-esda, el cual tiene cinco portales. 3 En estos estaba echada grande multitud de enfermos, ciegos, cojos, secos, que estaban esperando el movimiento del agua: 4 porque el ángel descendia á cierto tiempo al estanque, y revolvia el agua; y el que primero descendia en el estanque, despues del movimiento del agua, era sano de cualquier enfermedad que tuviese. 5 Y estaba allí un hombre, que habia treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Como Jesus vió á este echado, y entendió que ya habia mucho tiempo, dícele: ¿Quieres ser sano? 7 Y el enfermo le respondió: Señor, no tengo hombre, que cuando el agua fuere revuelta, me meta en el estanque: porque entre tanto que yo vengo, otro antes de mí ha descendido. 8 Dícele Jesus: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9 Y luego aquel hombre fué sano, y tomó su lecho, é íbase: y era sábado aquel dia. 10 Entonces los Judíos decian á aquel que habia sido sanado: Sábado es, no te es lícito llevar tu lecho. 11 Respondióles: El que me sanó, el mismo me dijo: Toma tu lecho, y anda. 12 Y le preguntaron entonces: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho, y anda? 13 Y el que habia sido sanado, no sabia quién fuese: porque Jesus se habia apartado de la compañía que estaba en aquel lugar. 14 Despues le halló Jesus en el templo, y le dijo: Hé aquí, eres [ya] sano: no peques mas, porque no te venga alguna cosa peor. 15 El se fué [entonces,] y dió aviso á los Judíos, que Jesus era el que le habia sanado. 16 Y por esta causa los Judíos perseguian á Jesus, y procuraban matarle, porque hacia estas cosas en sábado. 17 Y Jesus les respondió: Mi Padre hasta ahora obra, y yo obro. 18 Entonces mas procuraban los Judíos matarle: porque no solo quebrantaba el sábado, mas aun tambien á su padre llamaba Dios, haciéndose igual á Dios. 19 Respondió pues Jesus, y les dijo: De cierto, de cierto os digo: [Que] no puede el Hijo hacer algo de si mismo, sino viere hacer al Padre; porque todo lo que él hace, esto tambien hace el Hijo juntamente. 20 Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, que vosotros os maravilleis. 21 Porque como el Padre levanta los muertos, y [les] da vida, así tambien el Hijo á los que quiere da vida. 22 Porque el Padre á nadie juzga: mas todo el juicio dió al Hijo, 23 para que todos honren al Hijo, como honran al Padre: el que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió. 24 De cierto, de cierto os digo: [Que] el que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá á juicio, mas pasó de muerte á vida. 25 De cierto, de cierto os digo: [Que] vendrá hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que oyeren, vivirán. 26 Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así dió tambien al Hijo que tuviese vida en sí mismo. 27 Y tambien le dió poder de hacer juicio, en cuanto es el Hijo del hombre. 28 No os maravilleis de esto: porque vendrá hora, cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz: 29 y los que hicieron bienes, saldrán á resurreccion de vida: mas los que hicieron males, á resurreccion de juicio. 30 No puedo yo de mí mismo hacer algo: como oigo, juzgo; y mi juicio es justo: porque no busco mi voluntad, mas la voluntad de aquel que me envió, del Padre. 31 Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio de mí; y sé que el testimonio que da de mí, es verdadero. 33 Vosotros enviasteis á Juan, y [él] dió testimonio á la verdad. 34 Mas yo no tomo el testimonio de hombre: mas digo esto, para que vosotros seais salvos. 35 El era candil que ardia, y alumbraba: mas vosotros quisisteis engreíros por un poco á su luz. 36 Mas yo tengo mayor testimonio que el de Juan: porque las obras que el Padre me dió que cumpliese, [es á saber,] las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, que el Padre me haya enviado. 37 Y el que me envió, el Padre, él dió testimonio de mí. Ni nunca habeis oido su voz, ni habeis visto su parecer, 38 ni teneis su palabra permanente en vosotros: porque al que él envió, á este vosotros no creeis. 39 Escudriñad las Escrituras: porque á vosotros os parece, que en ellas teneis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí: 40 y no quereis venir á mí, para que tengais vida. 41 Gloria de los hombres no recibo. 42 Mas yo os conozco, que no teneis amor de Dios en vosotros. 43 Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís: si otro viniere en su propio nombre, á aquel recibireis. 44 ¿Cómo podeis vosotros creer, pues tomais la gloria los unos de los otros? y no buscais la gloria que de solo Dios viene. 45 No penseis que os tengo de acusar delante del Padre: hay quien os acusa, Moisés, en quien vosotros esperais. 46 Porque si vosotros creyeseis á Moisés, creeriais á mí: porque de mí escribió él. 47 Y si á sus escritos no creeis, ¿cómo creereis á mis palabras? CAPITULO 6 1 PASADAS estas cosas, se fué Jesus de la otra parte de la mar de Galiléa, [que es] de Tiberias. 2 Y seguíale grande multitud, porque veian sus señales que hacia en los enfermos. 3 Subió pues Jesus á un monte, y estuvo allí con sus discípulos. 4 Y estaba cerca la Pascua, el dia de la fiesta de los Judíos. 5 Y como alzó Jesus los ojos, y vió que habia venido á él grande multitud, dice á Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman estos? 6 Mas esto decia tentándole: porque él sabia lo que habia de hacer. 7 Respondióle Felipe: Doscientos dineros de pan no les bastarán, para que cada uno de ellos tome un poco. 8 Dícele uno de sus discípulos, Andres, hermano de Simon Pedro: 9 Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos: ¿mas qué es esto entre tantos? 10 Entonces Jesus dijo: Haced recostar la gente. Y habia mucha yerba en aquel lugar; y recostáronse como número de cinco mil varones. 11 Y tomó Jesus aquellos panes, y habiendo hecho gracias, repartió á los discípulos, y los discípulos á los que estaban recostados: asimismo de los panes cuanto querian. 12 Y como fueron hartos, dijo á sus discípulos: Coged los pedazos que han quedado, porque no se pierda nada. 13 Cogieron pues, y llenaron doce esportones de pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron á los que habian comido. 14 Aquellos hombres entonces, como vieron la señal que Jesus habia hecho, decian: Que este verdaderamente es el Profeta, que habia de venir al mundo. 15 Y entendiendo Jesus que habian de venir para arrebatarle, y hacerle rey, volvió á huirse al monte él solo. 16 Y como se hizo tarde, descendieron sus discípulos á la mar, 17 y entrando en un navío, venian de la otra parte de la mar hácia Capharnaum. Y era ya oscuro, y Jesus no habia venido á ellos. 18 Y la mar se comenzó á levantar con un gran viento. 19 Y como hubieron navegado como veinte y cinco, ó treinta estadios, ven á Jesus que andaba sobre la mar, y se acercaba al navío; y tuvieron miedo. 20 Mas él les dijo: Yo soy: no tengais miedo. 21 Y ellos le recibieron de buena gana en el navío, y luego el navío llegó á la tierra donde iban. 22 El dia siguiente la compañía que estaba de la otra parte de la mar, como vió que no habia allí otra navecilla sino una, en la cual se habian entrado sus discípulos, y que Jesus no habia entrado con sus discípulos en el navío, mas que sus discípulos solos se habian ido; 23 y que otras navecillas habian arribado de Tiberias, junto al lugar donde habian comido el pan, despues de haber el Señor hecho gracias; 24 como vió pues la compañía que Jesus no estaba allí, ni sus discípulos, entraron ellos tambien en las navecillas, y vinieron á Capharnaum buscando á Jesus. 25 Y hallándole de la otra parte de la mar, dijéronle: ¿Rabbí, cuándo llegaste acá? 26 Respondióles Jesus, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que me buscais, no por las señales que habeis visto, mas por el pan que comisteis, y os hartasteis. 27 Obrad, no [por] la comida que perece, mas [por] la comida que á vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará: porque á este señaló el Padre, [es á saber,] Dios. 28 Y le dijeron: ¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios? 29 Respondió Jesus, y les dijo: Esta es la obra de Dios, [es á saber,] que creais en el que él envió. 30 Dijéronle entonces: ¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿qué obras? 31 nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió á comer. 32 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo, [que] no os dió Moisés pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo: 33 porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo, y da vida al mundo. 34 Y dijéronle: Señor, danos siempre este pan. 35 Y Jesus les dijo: Yo soy el pan de vida: el que á mí viene, nunca tendrá hambre: y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 36 Mas [ya] os he dicho, que aunque me habeis visto, no [me] creeis. 37 Todo lo que el Padre me da, vendrá á mí; y al que á mí viene no le echo fuera. 38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, mas la voluntad de aquel que me envió. 39 Y esta es la voluntad de aquel que me envió, [es á saber,] del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, mas que lo resucite en el dia postrero. 40 Y esta es la voluntad de aquel que me envió: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero. 41 Murmuraban entonces de él los Judíos, porque habia dicho: Yo soy el pan que descendí del cielo. 42 Y decian: ¿No es este Jesus, el hijo de Joseph, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo pues dice este: Que del cielo he descendido? 43 Y Jesus respondió, y les dijo: No murmureis entre vosotros. 44 Ninguno puede venir á mí, si el Padre que me envió, no le trajere; y yo le resucitaré en el dia postrero. 45 Escrito está en los Profetas: Y serán todos enseñados de Dios; así que todo aquel que oyó del Padre, y aprendió, viene á mí. 46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios, este ha visto al Padre. 47 De cierto, de cierto os digo, [que] el que cree en mí, tiene vida eterna. 48 Yo soy el pan de vida. 49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y son muertos. 50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él comiere, no muera. 51 Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo: si alguno comiere de este pan vivirá para siempre: y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 52 Entonces los Judíos contendian entre sí, diciendo: ¿Cómo puede este darnos su carne á comer? 53 Y Jesus les dijo: De cierto, de cierto os digo, [que] si no comiéreis la carne del Hijo del hombre, y bebiéreis su sangre, no tendreis vida en vosotros. 54 El que come mi carne, y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el dia postrero. 56 Porque mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida. 56 El que come mi carne, y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, así tambien el que me come, él tambien vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo: no como vuestros padres comieron el maná, y son muertos: el que come de este pan, vivirá eternamente. 59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capharnaum. 60 Y muchos de sus discípulos oyéndo[le,] dijeron: Dura es esta palabra, ¿y quién la puede oir? 61 Y sabiendo Jesus en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os escandaliza? 62 ¿Pues [qué será,] si viéreis al Hijo del hombre que sube donde estaba primero? 63 El espíritu es el que da vida: la carne á nada aprovecha: las palabras que yo os hablo, espíritu son, y vida son. 64 Mas hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesus desde el principio sabia quiénes eran los que no habian de creer, y quién le habia de entregar. 65 Y decia: Por eso os he dicho: Que ninguno puede venir á mí, si no le fuere dado de mi Padre. 66 Desde esto muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 67 Dijo entonces Jesus á los doce: ¿Quereis vosotros iros tambien? 68 Y respondióle Simon Pedro: ¿Señor, á quién iremos? tienes palabras de vida eterna: 69 y nosotros creemos y conocemos, que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. 70 Jesus les respondió: ¿No os he yo escogido doce, y el uno de vosotros es diablo? 71 Y hablaba de Judas Iscariote, [hijo] de Simon: porque este era el que le habia de entregar, el cual era uno de los doce. CAPITULO 7 1 Y pasadas estas cosas andaba Jesus en Galiléa: que no queria andar en Judéa, porque los Judíos procuraban de matarle. 2 Y ERA cerca el dia de la fiesta de los Judíos, de las cabañas. 3 Y dijéronle sus hermanos: Pásate de aquí, y véte á Judéa, para que tus discípulos vean tus obras que haces: 4 que ninguno que procure ser claro, hace algo en oculto: si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos creian en él. 6 Díceles entonces Jesus: Mi tiempo aun no es venido: mas vuestro tiempo siempre es presto. 7 No puede el mundo aborreceros á vosotros: mas á mí me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas. 8 Vosotros subid á esta fiesta: yo no subo aun á esta fiesta; porque mi tiempo no es aun cumplido. 9 Y habiéndoles dicho esto, se quedó en Galiléa. 10 Mas como sus hermanos hubieron subido, entonces él tambien subió á la fiesta, no manifiestamente, mas como en secreto. 11 Y buscábanle los Judíos en el dia de la fiesta, y decian: ¿Dónde está aquel? 12 Y habia grande murmullo de él en la compañía: porque unos decian: Bueno es; y otros decian: No, antes engaña las compañías. 13 Mas ninguno hablaba abiertamente de él, de miedo de los Judíos. 14 Y al medio de la fiesta, subió Jesus al templo, y enseñaba. 15 Y maravillábanse los Judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, no habiendo aprendido? 16 Respondióles Jesus, y dijo: Mi doctrina no es mia, sino de el que me envió. 17 El que quisiere hacer su voluntad, conocerá de la doctrina si viene de Dios, ó si yo hablo de mí mismo. 18 El que habla de sí mismo, gloria propia busca: mas el que busca la gloria del que le envió, este es verdadero, y no hay en él injusticia. 19 ¿No os dió Moisés la ley; y ninguno de vosotros hace la ley? ¿Por qué me procurais matar? 20 Respondió la compañía, y dijo: Demonio tienes: ¿quien te procura matar? 21 Jesus respondió, y les dijo: Una obra hice, y todos os maravillais. 22 Cierto, Moisés os dió la circuncision, no porque sea de Moisés, mas de los padres, y en sábado circuncidais al hombre. 23 Si recibe el hombre la circuncision en sábado, para que la ley de Moisés no sea quebrantada, ¿os enojais conmigo porque en sábado hice sano todo un hombre? 24 No juzgueis segun lo que parece, mas juzgad justo juicio. 25 Decian entonces unos de los de Jerusalem: ¿No es este al que buscan para matarle? 26 y hé aquí, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿si han entendido verdaderamente los príncipes que este es el Cristo? 27 mas este, sabemos de donde es; y cuando viniere el Cristo, nadie sabrá de donde sea. 28 Entonces clamaba Jesus en el templo enseñando, y diciendo: Y á mí me conoceis, y sabeis de donde soy: empero no he venido de mí mismo: mas el que me envió es verdadero, al cual vosotros ignorais: 29 empero yo le conozco: porque de él soy, y él me envió. 30 Entonces procuraban prenderle: mas ninguno metió en él mano, porque aun no habia venido su hora. 31 Y de la compañía, muchos creyeron en él, y decian: ¿ El Cristo, cuando viniere, hará mas señales que las que este hace? 32 los Fariséos oyeron la compañía que murmuraba de él estas cosas; y los príncipes de los sacerdotes, y los Fariséos enviaron servidores que le prendiesen. 33 Y Jesus les dijo: Aun un poco de tiempo estaré con vosotros, é iré á aquel que me envió: 34 me buscareis, y no [me] hallareis; y donde yo estaré, vosotros no podreis venir. 35 Entonces los Judíos dijeron entre sí: ¿Dónde se ha de ir este que no le hallaremos? ¿se ha de ir á los esparcidos entre los Griegos, y á enseñar los Griegos? 36 ¿Qué dicho es este que dijo: Me buscareis, y no [me] hallareis: y donde yo estaré, vosotros no podreis venir? 37 Mas en el postrer dia grande de la fiesta, Jesus se ponia en pié, y clamaba, diciendo: Si alguno tiene sed, venga á mí, y beba: 38 el que cree en mí, como dice la Escritura, rios de agua viva correrán de su vientre. 39 Y esto dijo del Espíritu, que habian de recibir los que creyesen en él: porque aun no era el Espíritu Santo, porque Jesus aun no era glorificado. 40 Entonces muchos de la compañía oyendo este dicho, decian: Verdaderamente este es el Profeta. 41 Otros decian: Este es el Cristo. Algunos empero decian: ¿De Galiléa ha de venir el Cristo? 42 ¿no dice la Escritura: Que de la simiente de David, y de la aldea de Bethlehem, de donde era David, vendrá el Cristo? 43 Así que habia disension en la compañía por él. 44 Y algunos de ellos le querian prender: mas ninguno metió sobre él manos. 45 Y los porquerones vinieron á los pontífices, y á los Fariséos, y ellos les dijeron: ¿Por qué no le trajisteis? 46 los porquerones respondieron: Nunca así ha hablado hombre, como este hombre habla. 47 Entonces los Fariséos les respondieron: ¿Sois tambien vosotros engañados? 48 ha creido en él alguno de los príncipes, ó de los Fariséos? 49 sino este vulgo que no sabe la ley, malditos son. 50 Díceles Nicodemo, el que vino á él de noche, el cual era uno de ellos: 51 ¿Juzga nuestra ley á hombre, si primero no oyere de él, y entendiere lo que ha hecho? 52 Respondieron, y dijéronle: ¿No eres tú tambien Galiléo? Escudriña, y ve, que de Galiléa nunca se levantó profeta. 53 Y volviéronse cada uno á su casa. CAPITULO 8 1 Y JESUS se fué al monte de las Olivas. 2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino á él; y sentado él los enseñaba. 3 Entonces los escribas y los Fariséos traen á el una mujer tomada en adulterio; y poniéndola en medio, 4 dícenle: Maestro, esta mujer ha sido tomada en el mismo hecho adulterando: 5 y en la ley Moisés nos mandó apedrear á las tales: ¿tú, pues, qué dices? 6 Mas esto decian tentándole, para poderle acusar: empero Jesus bajado hácia abajo escribia en tierra con el dedo. 7 Y como perseverasen preguntándole, enderezóse, y les dijo: El que de vosotros es sin pecado, arroje contra ella la piedra el primero. 8 Y volviéndose á bajar hácia abajo, escribia en tierra. 9 Oyendo pues [ellos] esto salíanse uno á uno, comenzando desde los mas viejos y quedó solo Jesus, y la mujer que estaba en medio. 10 Y enderezándose Jesus, y no viendo á nadie mas que á la mujer, le dijo: ¿Mujer, dónde están los que te acusaban? ¿ninguno te ha condenado? 11 Y ella dijo: Señor, ninguno. Entonces Jesus le dijo: Ni yo te condeno: véte, y no peques mas. 12 Y hablóles Jesus otra vez diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá lumbre de vida. 13 Entonces los Fariséos le dijeron: Tú de tí mismo das testimonio: tu testimonio no es verdadero. 14 Respondió Jesus, y les dijo: Aunque yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio es verdadero: porque sé de donde he venido, y á donde voy: mas vosotros no sabeis de donde vengo, y á donde voy. 15 Vosotros segun la carne juzgais: mas yo no juzgo á nadie. 16 Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero: porque no soy solo, mas yo, y el que me envio, el Padre. 17 Y en vuestra ley está escrito, que el testimonio de dos hombres es verdadero. 18 Yo soy el que doy testimonio de mi mismo; y da testimonio de mí el que me envió, el Padre. 19 Y decíanle: ¿Dónde está tu Padre? Respondió Jesus: Ni á mí [me] conoceis, ni á mi Padre: si á mí me conociéseis, á mi Padre tambien conoceriais. 20 Estas palabras habló Jesus en el lugar de las limosnas, enseñando en el templo; y nadie le prendió: porque aun no habia venido su hora. 21 Y díjoles otra vez Jesus: Yo voy, y me buscareis, mas en nuestro pecado morireis: á donde yo voy, vosotros no podeis venir. 22 Decian entonces los Judíos: ¿Se ha de matar á sí mismo, que dice: A donde yo voy, vosotros no podeis venir? 23 Y decíales: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. 24 Por eso os dije, que moririais en vuestros pecados: porque si no creyéreis que yo soy, en vuestros pecados morireis. 25 Y decíanle: ¿Tú, quién eres? Entonces Jesus les dijo: El que al principio tambien os he dicho: 26 muchas cosas tengo que decir, y juzgar de vosotros: mas el que me envió, es verdadero: y yo lo que he oido de él, esto hablo en el mundo. 27 Mas no entendieron que él les hablaba del Padre. 28 Díjoles pues Jesus: Cuando levantareis al Hijo del hombre, entonces entendereis que yo soy, y que nada hago de mí mismo: mas como el Padre me enseñó, esto hablo: 29 porque el que me envió, conmigo está: no me ha dejado solo el Padre: porque yo, lo que á él agrada. hago siempre. 30 Hablando él estas cosas, muchos creyeron en él. 31 Y decia Jesus á los Judíos que le habian creido: Si vosotros permaneciéreis en mi palabra, sereis verdaderamente mis discípulos; 32 y conocereis la verdad, y la verdad os libertará. 33 Y respondiéronle: Simiente de Abraham somos, y jamás servimos á nadie: ¿como dices tú: Sereis libres? 34 Jesus les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es siervo de pecado. 35 Y el siervo no queda en casa para siempre: mas el Hijo queda para siempre. 36 Así que, si el Hijo os libertare, sereis verdaderamente libres. 37 [Yo] sé que sois simiente de Abraham: mas procurais matarme, porque mi palabra no cabe en vosotros. 38 Yo, lo que he visto acerca de mi Padre, hablo; y vosotros lo que habeis visto acerca de vuestro padre, haceis. 39 Respondieron, y dijéronle: Nuestro padre es Abraham. Díceles Jesus: Si fuérais hijos de Abraham, las obras de Abraham hariais: 40 empero ahora procurais de matarme, hombre que os he hablado la verdad, la cual he oido de Dios: no hizo esto Abraham: 41 vosotros haceis las obras de vuestro padre. Dijéronle pues: Nosotros no somos nacidos de fornicacion: un padre tenemos, [es á saber,] Dios. 42 Jesus entonces les dijo: Si vuestro padre fuera Dios, ciertamente me amariais [á mí:] porque yo de Dios he salido, y he venido: que no he venido de mí mismo, mas él me envió. 43 ¿Por qué no reconoceis mi lenguaje? que no podeis oir mi palabra. 44 Vosotros de padre diablo sois, y los deseos de vuestro padre quereis cumplir: él homicida ha sido desde el principio; y no permaneció en verdad: porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla: porque es mentiroso, y padre de mentira. 45 Y porque yo digo verdad, no me creeis. 46 ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Si digo verdad, ¿por qué vosotros no me creeis? 47 El que es de Dios, las palabras de Dios oye: [las cuales] por tanto no oís vosotros, porque no sois de Dios. 48 Respondieron entonces los Judíos, y dijéronle: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres Samaritano, y [que] tienes demonio? 49 Respondió Jesus: Yo no tengo demonio: antes honro á mi Padre, y vosotros me habeis deshonrado. 50 Y no busco mi gloria: hay quien [la] busque, y juzgue. 51 De cierto, de cierto os digo, que el que guardare mi palabra, no verá muerte para siempre. 52 Entonces los Judíos le dijeron: Ahora conocemos que tienes demonio: Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guardare mi palabra, no gustará muerte para siempre. 53 ¿Eres tú mayor que nuestro padre Abraham, el cual murió? y los profetas murieron: ¿quién te haces? 54 Respondió Jesus: Si yo me glorifico á mi mismo, mi gloria es nada: mi Padre es el que me glorifica: el que vosotros decís, que es vuestro Dios. 55 Y no le conoceis: mas yo le conozco: y si dijere que no le conozco, seré como vosotros, mentiroso: mas le conozco, y guardo su palabra. 56 Abraham vuestro padre se gozó por ver mi dia: y le vió. Y se gozó. 57 Dijéronle entonces los Judíos: Aun no tienes cincuenta años: ¿y viste á Abraham? 58 Díjoles Jesus: De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, yo soy. 59 Tomaron entonces piedras para arrojarle: mas Jesus se encubrió, y se salió del templo; y atravesando por medio de ellos se fué. CAPITULO 9 1 Y PASANDO Jesus, vió un hombre ciego desde [su] nacimiento. 2 Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: ¿Rabbí, quién pecó, este ó sus padres, porque naciese ciego? 3 Respondió Jesus: Ni este pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él: 4 á mí [me] conviene obrar las obras de aquel que me envió, entre tanto que el dia dura: la noche viene, cuando nadie puede obrar: 5 entre tanto que estuviere en el mundo, luz soy del mundo. 6 Esto dicho, escupió en tierra; é hizo lodo de la saliva, y untó [con] el lodo sobre los ojos del ciego, 7 y le dijo: Vé, lava [los ojos] en el estanque de Siloé, que significa, si [lo] declares, Enviado; y fué entonces, y [los] lavó, y volvió viendo. 8 Entonces los vecinos, y los que antes le habian visto que era ciego, decian: ¿No es este el que se sentaba, y mendigaba? 9 Otros decian: ¿Que este es? y otros: Parécese á él; y él decia: Que yo soy. 10 Y le decian: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él, y dijo: Aquel hombre que se llama Jesus, hizo lodo, y me untó los ojos, y me dijo: Vé al estanque de Siloé, y láva[te;] y fuí, y lavé [los ojos,] y recibí la vista. 12 Y dijéronle: ¿Dónde está aquel? Dice [él:] No sé. 13 Llévanle á los Fariséos, al que antes habia sido ciego. 14 Y era sábado cuando Jesus habia hecho el lodo, y le habia abierto los ojos. 15 Y volviéronle á preguntar tambien los Fariséos, de qué manera habia recibido la vista; y él les dijo: Púsome lodo sobre los ojos, y [los] lavé, y veo. 16 Entonces unos de los Fariséos le decian: Este hombre no es de Dios, que no guarda el sábado. Y otros decian: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y habia disension entre ellos. 17 Vuelven á decir al ciego: ¿Tú, qué dices de el que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta. 18 Mas los Judíos no creian de él, que habia sido él ciego, y hubiese recibido la vista, hasta que llamaron á sus padres de el que habia recibido la vista. 19 Y preguntáronles, diciendo: ¿Es este vuestro hijo, el que vosotros decís, que nació ciego? ¿cómo, pues, ve ahora? 20 Respondiéronles sus padres, y dijeron: Sabemos que este es nuestro hijo, y que nació ciego: 21 mas cómo vea ahora, no sabemos; ó quién le haya abierto los ojos, nosotros no lo sabemos: él tiene edad, preguntadle á él, él hablará de sí. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenian miedo de los Judíos: porque ya los Judíos habian concluido que si alguno confesase ser él el Mesías, que fuese fuera de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Que edad tiene, preguntadle á él. 24 Así que volvieron á llamar al hombre que habia sido ciego, y le dijeron: Da gloria á Dios: nosotros sabemos que este hombre es pecador. 25 Entonces él respondió, y dijo: Si es pecador no lo sé: una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Y volviéronle á decir: ¿Qué te hizo? ¿cómo te abrió los ojos? 27 Respondióles: Ya os [lo] he dicho, y lo habeis oido: ¿por qué [lo] quereis otra vez oir? ¿quereis tambien vosotros haceros sus discípulos? 28 Y maldijéronle, y dijeron: Tú eres su discípulo: que nosotros discípulos de Moisés somos: 29 nosotros sabemos que á Moisés habló Dios: mas este no sabemos de donde es. 30 Respondióles aquel hombre, y les dijo: Cierto maravillosa cosa es esta, que vosotros no sabeis de donde sea, y [á mí] me abrió los ojos: 31 y sabemos que Dios no oye á los pecadores: mas si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, á este oye: 32 desde el siglo no fué oido, que abriese alguno los ojos de uno que nació ciego: 33 Si este no fuera [venido] de Dios, no pudiera hacer nada. 34 Respondieron, y le dijeron: En pecados eres nacido todo; ¿y tú nos enseñas? Y echáronle fuera. 35 Oyó Jesus que le habian echado fuera; y hallándole, le dijo: ¿Tú crees en el Hijo de Dios? 36 Respondió él, y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Y díjole Jesus: Y le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dice: Creo, Señor. Y le adoró. 39 Y dijo Jesus: Yo, para juicio he venido á este mundo, para que los que no ven, vean; y los que ven, sean cegados. 40 Y oyeron esto algunos de los Fariséos que estaban con él, y le dijeron: ¿Somos nosotros tambien ciegos? 41 Díjoles Jesus: Si fuérais ciegos, no tuviérais pecado: mas ahora porque decís: Vemos; por tanto vuestro pecado permanece. CAPITULO 10 1 DE cierto, de cierto os digo, [que] el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, mas sube por otra parte, el tal ladron es y robador. 2 Mas el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3 A este abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y á sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4 Y como ha sacado fuera sus ovejas, va delante de ellas; y las ovejas le siguen: porque conocen su voz. 5 Mas al extraño no seguirán, antes huirán de él: porque no conocen la voz de los extraños. 6 Esta parábola les dijo Jesus: mas ellos no entendieron qué [era lo que] les decia. 7 Volvióles pues Jesus á decir: De cierto, de cierto os digo, que yo soy la puerta de las ovejas. 8 Todos los que antes de mí vinieron, ladrones son y robadores, mas no los oyeron las ovejas. 9 Yo soy la puerta: el que por mí entrare, será salvo; y entrará y saldrá, y hallará pastos. 10 El ladron no viene sino para hurtar, y matar, y destruir [las ovejas:] yo he venido para que tengan vida, y para que [la] tengan en abundancia. 11 Yo soy el buen Pastor: el buen pastor su alma da por [sus] ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, cuyas no son propias las ovejas, ve al lobo que viene, y deja las ovejas, y huye; y el lobo arrebata, y disipa las ovejas. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no tiene cuidado de las ovejas. 14 Yo soy el buen Pastor; y conozco mis ovejas, y las mias me conocen, 15 como el Padre me conoce [á mí,] y yo conozco al Padre; y pongo mi alma por las ovejas. 16 Tambien tengo otras ovejas que no son de este corral: aquellas tambien me conviene traer, y oirán mi voz; y se hará un corral, y un pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi alma, para volverla á tomar. 18 Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo: [porque] tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla á tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre. 19 Y volvió á haber disension entre los Judíos por estas palabras. 20 Y muchos de ellos decian: Demonio tiene, y está fuera de sí: ¿para qué le oís? 21 Decian otros: Estas palabras no son de endemoniado: ¿puede el demonio abrir los ojos de los ciegos? 22 Y se hacia la fiesta de la Dedicacion en Jerusalem, y era invierno. 23 Y Jesus andaba en el templo por el portal de Salomón. 24 Y rodeáronle los Judíos, y le dijeron: ¿Hasta cuándo nos quitarás la vida? si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. 25 Respondióles Jesus: Os [lo] he dicho, y no [lo] creeis: las obras que yo hago en nombre de mi Padre, estas dan testimonio de mí. 26 Mas vosotros no creeis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; 28 y yo les doy vida eterna, y para siempre no perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me [las] dió, mayor que todos es; y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. 30 Yo y el Padre una cosa somos. 31 Entonces volvieron á tomar piedras los Judíos, para apedrearle. 32 Respondióles Jesus: Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre, ¿por cuál obra de ellas me apedreais? 33 Respondiéronle los Judíos, diciendo: Por la buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; y porque tú, siendo hombre, te haces Dios. 34 Respondióles Jesus: ¿No está escrito en vuestra ley: Que yo dije: Dioses sois? 35 Si dijo dioses á aquellos, á los cuales fué hecha palabra de Dios, y la Escritura no puede ser quebrantada, 36 ¿á mí que el Padre santificó, y envió al mundo, vosotros decís: Tú blasfemas: porque dije: Hijo de Dios soy? 37 Si no hago obras de mi Padre, no me creais. 38 Mas si [las] hago, aunque á mí no creais, creed á las obras, para que conozcais y creais, que el Padre es en mí, y yo en él. 39 Y procuraban otra vez prenderle: mas él se salió de sus manos. 40 Y volvióse tras el Jordán, á aquel lugar donde primero habia estado bautizando Juan, y se estuvo allí. 41 Y muchos venian á él, y decian: Que Juan á la verdad ninguna señal hizo: mas todo lo que Juan dijo de este, era verdad. 42 Y muchos creyeron allí en él. CAPITULO 11 1 ESTABA entonces enfermo uno [llamado] Lázaro, de Bethania, la aldea de María y de Marta sus hermanas. 2 Y María era la que ungió al Señor con ungüento, y limpió sus piés con sus cabellos, cuyo hermano Lázaro estaba enfermo. 3 Enviaron pues sus hermanas á él, diciendo: Señor, hé aquí, el que amas está enfermo. 4 Y oyéndo[lo] Jesus, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, mas por gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. 5 Y amaba Jesus á Marta, y á su hermana, y á Lázaro. 6 Como oyó, pues, que estaba enfermo, entonces á la verdad se quedó dos dias en aquel lugar donde estaba. 7 Luego despues de esto dijo á sus discípulos: Vamos á Judéa otra vez. 8 Dícenle los discípulos: Rabbí, ahora procuraban los Judíos apedrearte, ¿y vas otra vez allá? 9 Respondió Jesus: ¿No tiene el dia doce horas? el que anduviere de dia, no tropieza, porque ve la luz de este mundo: 10 mas el que anduviere de noche, tropieza, porque no hay luz en él. 11 Dicho esto, díceles despues: Lázaro nuestro amigo duerme: mas voy á despertarle del sueño. 12 Dijéronle entonces sus discípulos: Señor, si duerme, salvo estará. 13 Mas esto decia Jesus de la muerte de él: y ellos pensaron que hablaba de sueño de dormir. 14 Entonces pues Jesus les dijo claramente: Lázaro es muerto; 15 y huélgome por vosotros, que yo no haya estado allí, porque creais: mas vamos á él. 16 Dijo entonces Tomás, el que se dice el Dídimo, á los condiscípulos: Vamos tambien nosotros, para que muramos con él. 17 Vino pues Jesus, y hallóle, que habia cuatro dias [que estaba] en el sepulcro. 18 Y Bethania estaba cerca de Jerusalem como quince estadios. 19 Y muchos de los Judíos habian venido á Marta y á María, á consolarlas de su hermano. 20 Entonces Marta, como oyó que Jesus venia, le salió á recibir: mas María se estuvo en casa. 21 Y Marta dijo á Jesus: Señor, si estuvieras aquí, mi hermano no fuera muerto: 22 mas tambien sé ahora, que todo lo que pidieres de Dios, te dará Dios. 23 Dícele Jesus: Resucitará tu hermano. 24 Marta le dice: [Yo] sé que resucitará en la resurreccion en el dia postrero. 25 Dícele Jesus: Yo soy la resurreccion y la vida: el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá: 26 y todo aquel que vive, y cree en mí, no morirá eternamente: ¿crees esto? 27 Dícele: Sí, Señor, yo he creido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo. 28 Y esto dicho, se fué, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí, y te llama. 29 Ella, como [lo] oyó, se levanta prestamente, y viene á él. 30 (Que aun no habia llegado Jesus á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le habia salido á recibir.) 31 Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se habia levantado prestamente, y habia salido, la siguieron, diciendo: Que va al sepulcro á llorar allí. 32 Mas María, como vino donde estaba Jesus. viéndole, derribóse á sus piés, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano. 33 Jesus entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habian venido juntamente con ella llorando, embravecióse en espíritu, y alborotóse á sí mismo, 34 y dijo: ¿^Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y velo. 35 Y lloró Jesus. 36 Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba. 37 Y algunos de ellos dijeron: ¿No podia este, que abrió los ojos del ciego, hacer que este no muriera? 38 Y Jesus, embraveciéndose otra vez en sí mismo, vino al sepulcro donde habia una cueva, la cual tenia una piedra encima. 39 Dice Jesus: Quitad la piedra Marta, la hermana del que habia sido; muerto, le dice: Señor, hiede ya: que es de cuatro dias. 40 Jesus le dice: ¿No te he dicho que si creyeres, verás la gloria de Dios? 41 Entonces quitaron la piedra de donde el muerto habia sido puesto: y Jesus, alzando los ojos arriba, dijo Padre, gracias te hago que me has oido: 42 que yo sabia que siempre me oyes: mas por causa de la compañía que está al rededor [lo] dije, para que crean que tú me has enviado. 43 Y habiendo dicho estas cosas, clamó á gran voz: Lázaro, ven fuera. 44 Entonces el que habia sido muerto, salió, atadas las manos y los piés con vendas: y su rostro estaba envuelto en un sudario. Díceles Jesus: Desatadle, y dejadle ir. 45 Entonces muchos de los Judíos que habian venido á María, y habian visto lo que habia hecho Jesus, creyeron en él. 46 Mas algunos de ellos fueron á los Fariséos, y les dijeron lo que Jesus habia hecho. 47 Y los pontífices, y los Fariséos juntaron concilio, y decian: ¿Qué hacemos? que este hombre hace muchas señales: 48 si le dejamos así, todos creerán en él; y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nacion. 49 Entonces Caifás, uno de ellos, sumo pontífice de aquel año, les dijo: Vosotros no sabeis nada, 50 ni pensais que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nacion se pierda. 51 Mas esto no lo dijo de sí mismo: sino que, como era el sumo pontífice de aquel año, profetizó que Jesus habia de morir por la nacion; 52 y no solamente por aquella nacion, mas tambien para que juntase en uno los hijos de Dios que estaban derramados. 53 Así que desde aquel dia consultaban juntos de matarle. 54 De manera que Jesus ya no andaba manifiestamente entre los Judíos: mas se fué de allí á la tierra que está junto al desierto, á una ciudad que se llama Ephraim: y estábase allí con sus discípulos. 55 Y la Pascua de los Judíos estaba cerca; y muchos de la tierra subieron á Jerusalem antes de la Pascua para purificarse. 56 Y buscaban á Jesus, y hablaban los unos con los otros estando en el templo: ¿Qué os parece, que no vendrá al dia de la fiesta? 57 Y los pontífices y los Fariséos habian dado mandamiento, que si alguno supiese donde estuviera, que lo manifestase, para que le prendiesen. CAPITULO 12 1 JESUS, pues, seis dias antes de la Pascua vino á Bethania, donde Lázaro habia sido muerto, al cual [Jesus] habia resucitado de los muertos. 2 E hiciéronle allí una cena, y Marta servia; y Lázaro era uno de los que estaban sentados á la mesa juntamente con él. 3 Entonces María tomó una libra de ungüento de nardo líquido de mucho precio, y ungió los piés de Jesus, y limpió sus piés con sus cabellos; y la casa se llenó del olor del ungüento. 4 Y dijo uno de sus discípulos, Judas Iscariote, [hijo] de Simon, el que le habia de entregar: 5 ¿Por qué no se ha vendido este ungüento por trescientos dineros, y se dió á los pobres? 6 Mas dijo esto, no por el cuidado que él tenia de los pobres: mas porque era ladron; y tenia la bolsa, y traia lo que se echaba [en ella.] 7 Entonces Jesus dijo: Déjala: para el dia de mi sepultura ha guardado esto: 8 porque á los pobres siempre los tendreis con vosotros, mas á mí no siempre me tendreis. 9 Entonces mucha compañía de los Judíos entendió que él estaba allí y vinieron no solamente por causa de Jesus, mas tambien por ver á Lázaro al cual habia resucitado de los muertos. 10 Consultaron asimismo los príncipes de los sacerdotes, de matar tambien á Lázaro: 11 porque muchos de los Judíos iban y creian en Jesus por causa de él. 12 El siguiente dia mucha compañía que habia venido al dia de la fiesta, como oyeron que Jesus venia á Jerusalem, 13 tomaron ramos de palmas, y saliéronle á recibir, y clamaban: Hosanna: Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israél. 14 Y halló Jesus un asnillo, y se sentó sobre él, como está escrito: 15 No temas, ¡oh hija de Sión! hé aquí, tu Rey viene asentado sobre una pollina de una asna. 16 Mas estas cosas no las entendieron sus discípulos primero: empero cuando Jesus fué glorificado, entonces se acordaron que estas cosas estaban escritas de él, y que le hicieron estas cosas. 17 Y la compañía que estaba con él, daba testimonio de cuando llamó á Lázaro del sepulcro, y le resucitó de los muertos. 18 Por lo cual tambien habian venido las compañías á recibirle: porque habian oido que él habia hecho esta señal. 19 Mas los Fariséos dijeron entre sí: ¿Veis que nada aprovechais? hé aquí, que el mundo se va tras él. 20 Y habia ciertos Griegos de los que habian subido á adorar en el dia de la fiesta. 21 Estos, pues, se llegaron á Felipe, que era de Bethsaida de Galiléa, y le rogaron, diciendo: Señor, querriamos ver á Jesus. 22 Vino Felipe, y lo dijo á Andres: Andres entonces, y Felipe, lo dicen á Jesus. 23 Entonces Jesus les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado. 24 De cierto, de cierto os digo, que si el grano que cae en la tierra, no muriere, él solo queda: mas si muriere, mucho fruto lleva. 25 El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. 26 El que me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí tambien estará mi servidor. El que me sirviere, mi Padre le honrará. 27 Ahora es turbada mi alma: ¿y que diré? Padre, sálvame de esta hora: mas por esto he venido en esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y he glorificado, y le glorificaré otra vez. 29 Y la compañía que estaba presente, y [la] habia oido, decia que habia sido trueno: otros decian: Angel le ha hablado. 30 Respondió Jesus, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros: 31 ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera: 32 y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mi mismo. 33 Y esto decia dando á entender de que muerte habia de morir. 34 Respondióle la compañía: Nosotros hemos oido de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿quién es este Hijo del hombre? 35 Entonces Jesus les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que teneis luz, porque no os sorprendan las tinieblas: porque el que anda en tinieblas, no sabe donde va: 36 entre tanto que teneis la luz, creed en la luz, para que seais hijos de luz. Estas cosas habló Jesus, y se fué, y se escondió de ellos. 37 Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creian en él: 38 para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién creerá á nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, á quién es revelado? 39 Por esto no podian creer, porque otra vez dijo Isaías: 40 Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazon: porque no vean de los ojos, y entiendan de corazon, y se conviertan y [yo] los sane. 41 Estas cosas dijo Isaías, cuando vió su gloria, y habló de él. 42 Con todo eso aun de los príncipes muchos creyeron en el: mas por causa de los Fariséos no confesaban, por no ser echados de la sinagoga. 43 Porque amaban mas la gloria de los hombres que la gloria de Dios. 44 Mas Jesus clamó, y dijo: El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me envió. 45 Y el que me ve, ve al que me envió. 46 Yo la luz he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí, no permanezca en tinieblas. 47 Y el que oyere mis palabras, y no creyere, yo no le juzgo: porque no he venido á juzgar al mundo, sino á salvar al mundo. 48 El que me desecha, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ella le juzgará en el dia postrero. 49 Porque yo no he hablado de mí mismo: mas el Padre que me envió, él me dió mandamiento de lo que tengo de decir, y de lo que tengo de hablar. 50 Y sé que su mandamiento es vida eterna: así que lo que yo hablo, como el Padre me lo ha dicho, así hablo. CAPITULO 13 1 ANTES del dia de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesus que su hora era venida para que pasase de este mundo al Padre, como habia amado á los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin. 2 Y la cena acabada, como el diablo ya habia metido en el corazon de Judas de Simon Iscariote, para que le entregase: 3 sabiendo Jesus que el Padre le habia dado todas las cosas en las manos, y que habia salido de Dios, y á Dios iba: 4 levántase de la cena, y se quita su ropa, y tomando una toalla, se ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó á lavar los piés de los discípulos, y á limpiarlos con la toalla con que estaba ceñido. 6 Vino pues á Simon Pedro; y Pedro le dice: ¿Señor, tú me lavas los piés? 7 Respondió Jesus, y le dijo: Lo que yo hago, tú no lo sabes ahora: mas lo sabrás despues. 8 Dícele Pedro: No me lavarás los piés jamás. Respondióle Jesus: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. 9 Dícele Simon Pedro: Señor, no solo mis piés, mas aun las manos, y la cabeza. 10 Dícele Jesus: El que está lavado, no ha menester sino que lave los piés, mas es todo limpio: y vosotros limpios sois, aunque no todos. 11 Porque sabia quien era el que le entregaba: por eso dijo: No sois limpios todos. 12 Así que, despues que le hubo lavado los piés, y tomado su ropa, volviéndose á asentar á la mesa, les dijo: ¿Sabeis lo que os he hecho? 13 Vosotros me llamais Maestro y Señor; y decís bien: porque lo soy: 14 pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros piés, vosotros tambien debeis lavar los piés los unos á los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros tambien hagais. 16 De cierto, dé cierto os digo: El siervo no es mayor que su Señor: ni el apóstol es mayor que el que le envió. 17 Si sabeis estas cosas, bienaventurados sereis si las hiciéreis. 18 No hablo de todos vosotros: yo sé los que he elegido: mas para que se cumpla la Escritura: El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. 19 Desde ahora os lo digo, antes que se haga, para que cuando se hiciere, creais que yo soy. 20 De cierto, de cierto os digo, [que] el que recibe al que yo enviare, á mí recibe; y el que á mí recibe, recibe al que me envió. 21 Como hubo dicho esto Jesus, fué conmovido en el espíritu, y protestó, y dijo: De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me ha de entregar. 22 Entonces los discípulos mirábanse los unos á los otros, dudando de quién decia. 23 Y uno de sus discípulos, al cual Jesus amaba, estaba asentado á la mesa al lado de Jesus. 24 A este pues hizo señas Simon Pedro, para que preguntase quién era aquel de quien decia. 25 El entonces recostándose sobre el pecho de Jesus, le dice: ¿Señor, quién es? 26 Respondió Jesus: Aquel es, á quien yo diere el pan mojado: y mojando el pan, dióle á Judas de Simon Iscariote. 27 Y tras el bocado Satanás entró en él. Entonces Jesus le dice: Lo que haces, hazlo mas presto. 28 Mas esto ninguno de los que estaban á la mesa entendió á qué propósito se lo dijo. 29 Porque los unos pensaban, porque Judas tenia la bolsa, que Jesus le decia: Compra las cosas que nos son necesarias para el dia de la fiesta: ó que diese algo á los pobres. 30 Como él pues hubo tomado el bocado, luego salió; y era [ya] noche. 31 Entonces como [él] salió, dijo Jesus: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. 32 Si Dios es glorificado en él, Dios tambien le glorificará en sí mismo; y luego le glorificará. 33 Hijitos, aun un poco estoy con vosotros. Me buscareis: mas, como dije á los Judíos: Donde yo voy, vosotros no podeis venir: y ahora os lo digo. 34 Un mandamiento nuevo os doy: Que os ameis los unos á los otros: como os amé, que tambien [os] ameis los unos á los otros. 35 En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviéreis amor los unos con los otros. 36 Dícele Simon Pedro: ¿Señor, á dónde vas? Respondióle Jesus: Donde yo voy, no me puedes ahora seguir: mas [me] seguirás despues. 37 Dícele Pedro: ¿Señor, por qué no te puedo seguir ahora? mi alma pondré por tí. 38 Respondióle Jesus: ¿Tu alma pondrás por mí? de cierto, de cierto te digo, [que] no cantará el gallo, que no me hayas negado tres veces. CAPITULO 14 1 NO se turbe vuestro corazon: creeis en Dios, creed tambien en mí. 2 En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera, os lo diria: porque voy á aparejaros el lugar. 3 Y si me fuere, y os aparejare el lugar, vendré otra vez, y os tomaré á mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros tambien esteis. 4 Así que sabeis donde yo voy, y el camino sabeis. 5 Dícele Tomás: Señor, no sabemos donde vas: ¿cómo pues podemos saber el camino? 6 Jesus le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí: 7 si me conoceis, tambien á mi Padre conoceriais: y desde ahora le conoceis, y le habeis visto. 8 Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. 9 Jesus le dice: ¿Tanto tiempo [ha que] estoy con vosotros, y no me habeis conocido? Felipe, el que me ha visto, ha visto al Padre: ¿cómo pues dices tú: Muéstranos el Padre? 10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no [las] hablo de mí mismo: mas el Padre que está en mí, él hace las obras. 11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí: de otra manera creedme por las mismas obras. 12 De cierto, de cierto os digo, [que] el que en mí cree, las obras que yo hago tambien él [las] hará, y mayores que estas hará: porque yo voy al Padre. 13 Y todo lo que pidiéreis al Padre en mi nombre, esto haré: para que el Padre sea glorificado en el Hijo. 14 Si algo pidiéreis en mi nombre, esto haré. 15 Si me amais, guardad mis mandamientos. 16 Y yo rogaré al Padre, el cual os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre: 17 al Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce: mas vosotros le conoceis, porque está con vosotros, y será en vosotros. 18 No os dejaré huérfanos: vendré á vosotros. 19 Aun un poquito, y el mundo no me verá mas: empero vosotros me vereis, porque yo vivo, y vosotros vivireis. 20 Aquel dia vosotros conocereis que yo soy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros. 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama: y el que me ama, será amado de mi Padre; y yo le amaré á él, y me manifestaré á él 22 Dícele Judas, no el Iscariote: ¿Señor, qué hay porque te has de manifestar á nosotros, y no al mundo? 23 Respondió Jesus, y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos á él, y haremos con él morada. 24 El que no me ama, no guarda mis palabras: y la palabra que habeis oido, no es mia, sino del Padre que me envió. 25 Estas cosas os he hablado estando con vosotros. 26 Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os acordará todas las cosas que os he dicho. 27 La paz os dejo: mi paz os doy: no como el mundo [la] da, yo os [la] doy: no se turbe vuestro corazon, ni tenga miedo. 28 Habeis oido como yo os he dicho: Voy, y vengo á vosotros. Si me amáseis, ciertamente os gozariais, porque he dicho que voy al Padre: porque el Padre mayor es que yo. 29 Y ahora os [lo] he dicho antes que se haga, para que cuando se hiciere, creais. 30 Ya no hablaré mucho con vosotros: porque viene el príncipe de este mundo, mas no tiene nada en mí. 31 Empero para que conozca el mundo que amo al Padre, y como el Padre me dió el mandamiento, así hago. Levantáos, vamos de aquí. CAPITULO 15 1 YO soy la vid verdadera, y mi Padre es el Labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, le quitará; y todo aquel que lleva fruto, le limpiará, para que lleve mas fruto. 3 Ya vosotros sois limpios por la palabra que os he hablado. 4 Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de si mismo, si no estuviere en la vid, así ni vosotros, si no estuviéreis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto, porque sin mí nada podeis hacer. 6 El que en mí no estuviere, será echado fuera como [mal] pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden. 7 Si estuviéreis en mí, y mis palabras estuvieren en vosotros, todo lo que quisiéreis, pedireis, y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, [en] que lleveis mucho fruto, y seais mis discípulos. 9 Como el Padre me amó, tambien yo os he amado: estad en mi amor. 10 Si guardáreis mis mandamientos, estareis en mi amor: como yo tambien he guardado los mandamientos de mi Padre, y estoy en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 12 Este es mi mandamiento: Que os ameis los unos á los otros, como [yo] os amé. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su alma por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hiciéreis las cosas que yo os mando. 15 Ya no os diré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: mas os he dicho amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre os he hecho notorias. 16 No me elegisteis vosotros [á mí;] mas yo os elegí á vosotros, y os he puesto para que vayais, y lleveis fruto; y vuestro fruto permanezca: para que todo lo que pidiéreis del Padre en mi nombre [él] os lo dé. 17 Esto os mando: Que os ameis los unos á los otros. 18 Si el mundo os aborrece, sabed que á mí me aborreció antes que á vosotros. 19 Si fuérais del mundo, el mundo amaria lo que es suyo: mas porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso os aborrece el mundo. 20 Acordáos de la palabra que yo os he dicho: No es el siervo mayor que su señor: si á mí me han perseguido, tambien á vosotros perseguirán: si han guardado mi palabra, tambien guardarán la vuestra. 21 Mas todo esto os harán por causa de mi nombre: porque no conocen á aquel que me ha enviado. 22 Si no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tuvieran pecado: mas ahora no tienen excusa de su pecado. 23 El que me aborrece, tambien á mi Padre aborrece. 24 Si no hubiese hecho entre ellos obras cuales ningun otro ha hecho, no tendrian pecado: mas ahora, y [las] han visto, y aborrecen á mí, y á mi Padre. 25 Mas para que se cumpla la palabra que está escrita en su ley: Que sin causa me aborrecieron. 26 Empero cuando viniere aquel Consolador, el cual yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual precede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Y vosotros dareis testimonio, porque estais conmigo desde el principio. CAPITULO 16 1 ESTAS cosas os he hablado, para que no os escandaliceis. 2 Os echarán de las sinagogas: antes la hora viene, cuando cualquiera que os matare, pensará que hace servicio á Dios. 3 Y estas cosas os harán, porque no conocen al Padre, ni á mí. 4 Mas os he dicho esto, para que cuando aquella hora viniere, os acordeis de ello, que yo os lo habia dicho: esto empero no os lo dije al principio, porque [yo] estaba con vosotros. 5 Mas ahora voy al que me envió; y ninguno de vosotros me pregunta: ¿Dónde vas? 6 Antes, porque os he hablado estas cosas, tristeza ha llenado vuestro corazon. 7 Empero yo os digo la verdad, que os es necesario que yo vaya: porque si yo no fuese, el Consolador no vendria á vosotros: mas si [yo] fuere, os le enviaré. 8 Y cuando él viniere, redargüirá al mundo de pecado, y de justicia, y de juicio. 9 De pecado ciertamente, por cuanto no creen en mí: 10 y de justicia, por cuanto voy al Padre, y no me vereis mas: 11 mas de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ya es juzgado. 12 Aun tengo muchas cosas que deciros, mas ahora no [las] podeis llevar. 13 Mas cuando viniere aquel Espíritu de verdad, [él] os guiará á toda verdad: porque no hablará de sí mismo, mas todo lo que oyere hablará; y las cosas que han de venir os hará saber. 14 El me glorificará, porque tomará de mio, y os [lo] hará saber. 15 Todo lo que tiene el Padre, mio es: por eso dije que tomará de mio, y os [lo] hará saber. 16 Un poquito, y no me vereis; y otra vez un poquito, y me vereis: porque yo voy al Padre. 17 Entonces dijeron [algunos] de sus discípulos unos á otros: ¿Qué es esto que nos dice: Un poquito, y no me vereis; y otra vez, un poquito, y me vereis: porque yo voy al Padre? 18 Así que decian: ¿Qué es esto que dice: Un poquito? no entendemos lo que habla. 19 Y conoció Jesus que le querian preguntar, y les dijo: ¿Preguntais entre vosotros de esto que dije: Un poquito, y no me vereis; y otra vez, un poquito, y me vereis? 20 De cierto, de cierto os digo, que vosotros llorareis y lamentareis, y el mundo se alegrará: vosotros empero sereis tristes, mas vuestra tristeza será vuelta en gozo. 21 La mujer cuando pare, tiene dolor, porque es venida su hora: mas despues que ha parido un niño, ya no se acuerda de la apretura por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo. 22 Tambien pues vosotros ahora á la verdad teneis tristeza: mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazon, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo. 23 Y aquel dia no me preguntareis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiéreis á [mi] Padre en mi nombre, os [lo] dará. 24 Hasta ahora nada habeis pedido en mi nombre: pedid, y recibireis, para que vuestro gozo sea cumplido. 25 Estas cosas os he hablado en proverbios: la hora viene cuando ya no os hablaré por proverbios, mas claramente os anunciaré de mi Padre. 26 Aquel dia pedireis en mi nombre, y no os digo que yo rogaré al Padre por vosotros: 27 porque el mismo Padre os ama, por cuanto vosotros me amasteis, y habeis creido que yo salí de Dios. 28 Salí del Padre, y he venido al mundo: otra vez dejo el mundo, y voy al Padre. 29 Dícenle sus discípulos: Hé aquí, ahora hablas claramente, y ningun proverbio dices. 30 Ahora entendemos que sabes todas las cosas, y no has menester que nadie te pregunte: en esto creemos que has salido de Dios. 31 Respondióles Jesus: ¿Ahora creeis? 32 Hé aquí la hora viene, y ya es venida, que sereis esparcidos cada uno por su cabo, y me dejareis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. 33 Estas cosas os he hablado para que en mí tengais paz: en el mundo tendreis apretura: mas confiad, yo he vencido al mundo. CAPITULO 17 1 ESTAS cosas habló Jesus, y levantados los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora viene, glorifica á tu Hijo, para que tambien tu Hijo te glorifique á tí. 2 como le has dado la potestad de toda carne, para que á todos los que le diste, les dé vida eterna. 3 Esta empero es la vida eterna, que te conozcan solo Dios verdadero, y al que enviaste, Jesu Cristo. 4 Yo te he glorificado en la tierra, he acabado la obra que me diste que hiciese. 5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú acerca de tí mismo de aquella gloria que tuve acerca de tí antes que este mundo fuese. 6 He manifestado tu nombre á los hombres que del mundo me diste: tuyos eran, y me los diste, y guardaron tu palabra. 7 Ahora han [ya] conocido que todas las cosas que me diste, son de tí. 8 Porque las palabras que me diste, les he enseñado; y ellos [las] recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de tí, y han creido que tú me enviaste. 9 Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque tuyos son. 10 Y todas mis cosas son tus cosas, y tus cosas son mis cosas: y he sido glorificado en ellas. 11 Y ya no estoy en el mundo: mas estos están en el mundo, que yo á tí vengo. Padre santo, guárdalos por tu nombre; á los cuales me has dado, para que sean una cosa, como tambien nosotros. 12 Cuando [yo] estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba por tu nombre, á los cuales me diste: yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió sino el hijo de perdicion, para que la Escritura se cumpliese. 13 Mas ahora vengo á tí, y hablo esto en el mundo, para que tengan gozo cumplido en sí mismos. 14 Yo les enseñé tu palabra, y el mundo los aborreció: porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 15 No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. 16 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. 17 Santifícalos con tu verdad: tu palabra es la verdad. 18 Como tú me enviaste al mundo, tambien yo los he enviado al mundo. 19 Y por ellos yo me santifico á mí mismo, para que tambien ellos sean santificados con verdad. 20 Mas no ruego solamente por ellos; sino tambien por los que han de creer en mí por la palabra de ellos. 21 Para que todos sean una cosa: como tú, ¡oh Padre! en mí, y yo en tí; que tambien ellos en nosotros sean una cosa: para que el mundo crea que tú me enviaste. 22 Y yo la gloria que me diste, les he dado: para que sean una cosa, como tambien nosotros somos una cosa: 23 yo en ellos, y tú en mí, para que sean consumadamente una cosa, y que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado, como tambien á mí me has amado. 24 Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, ellos esten tambien conmigo: para que vean mi gloria que me has dado, por cuanto me has amado desde antes de la constitucion del mundo. 25 Padre justo, el mundo no te ha conocido: mas yo te he conocido; y estos han conocido que tú me enviaste. 26 Y yo les hice notorio tu nombre, y [le] haré notorio: para que el amor, con que me has amado, esté en ellos, y yo en ellos. CAPITULO 18 1 COMO Jesus hubo dicho estas cosas, salióse con sus discípulos tras el arroyo de Cedrón, donde estaba un huerto, en el cual entró Jesus, y sus discípulos. 2 Y tambien Judas, el que le entregaba, sabia aquel lugar, porque muchas veces Jesus se juntaba allí con sus discípulos. 3 Judas pues tomando una compañía [de soldados,] y criados de los pontífices y de los Fariséos, vino allí con linternas y antorchas, y con armas. 4 Empero Jesus, sabiendo todas las cosas que habian de venir sobre él, salió delante, y les dijo: ¿A quién buscais? 5 Respondiéronle: A Jesus Nazareno. Díceles Jesus: Yo soy. Y estaba tambien con ellos Judas el que le entregaba. 6 Y como les dijo: Yo soy: volvieron atrás, y cayeron en tierra. 7 Volvióles pues á preguntar: ¿A quién buscais? Y ellos dijeron: A Jesus Nazareno. 8 Respondió Jesus: [Ya] os he dicho que yo soy: pues si á mí buscais, dejad ir á estos: 9 para que se cumpliese la palabra que habia dicho: Que los que me diste, ninguno de ellos perdí. 10 Entonces Simon Pedro, que tenia cuchillo, le sacó, é hirió á un siervo del pontífice, y le cortó la oreja derecha; y el siervo se llamaba Malco. 11 Jesus entonces dijo á Pedro: Mete tu cuchillo en la vaina: ¿el vaso que el Padre me ha dado, no le tengo de beber? 12 Entonces la compañía [de los soldados,] y el tribuno, y los servidores de los Judíos prendieron á Jesus, y le ataron. 13 Y le trajeron primeramente á Annás, porque era suegro de Caifás, el cual era pontífice de aquel año. 14 Y era Caifás el que habia dado el consejo á los Judíos, que era necesario que un hombre muriese por el pueblo. 15 Y seguia á Jesus Simon Pedro, y otro discípulo; y aquel discípulo era conocido del pontífice, y entró con Jesus al patio del pontífice. 16 Mas Pedro estaba fuera á la puerta: y salió aquel discípulo que era conocido del pontífice, y habló á la portera, y metió dentro á Pedro. 17 Entonces la criada portera dijo á Pedro: ¿No eres tú tambien de los discípulos de este hombre? Dice él: No soy. 18 Y estaban en pié los siervos y los criados que habian allegado las ascuas, porque hacia frio, y se calentaban: y estaba tambien con ellos Pedro en pié calentándose. 19 Y el pontífice preguntó á Jesus de sus discípulos, y de su doctrina. 20 Jesus le respondió: Yo manifiestamente he hablado al mundo: yo siempre he enseñado en la sinagoga, y en el templo, donde se juntan todos los Judíos; y nada he hablado en oculto: 21 ¿qué me preguntas á mí? pregunta á los que han oido, qué les haya [yo] hablado: hé aquí, estos saben lo que yo he dicho. 22 Y como él hubo dicho esto, uno de los criados que estaba allí, dió una bofetada á Jesus, diciendo: ¿Así respondes al pontífice? 23 Respondióle Jesus: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres? 24 Así le envió Annás atado á Caifás pontífice. 25 Estaba pues Pedro en pié calentándose: y le dijeron: ¿ No eres tú de sus discípulos? El negó, y dijo: No soy. 26 Uno de los siervos del pontífice, pariente de aquel á quien Pedro habia cortado la oreja, le dice: ¿No te ví yo en el huerto con él? 27 Y negó Pedro otra vez; y luego el gallo cantó. 28 Y llevan á Jesus de Caifás á la audiencia: y era por la mañana; y ellos no entraron en la audiencia por no ser contaminados, mas que comiesen [el cordero de] la Pascua. 29 Entonces salió Pilato á ellos fuera, y dijo: ¿Qué acusacion traeis contra este hombre? 30 Respondieron, y le dijeron: Si este no fuera malhechor, no te le hubiéramos entregado. 31 Díceles entonces Pilato: Tomádle vosotros, y juzgádle segun vuestra ley. Y los Judíos le dijeron: A nosotros no es lícito matar á nadie. 32 Para que se cumpliese el dicho de Jesus que habia dicho, dando á entender de que muerte habia de morir. 33 Así que Pilato volvióse á entrar en la audiencia, y llamó á Jesus, y le dijo: ¿Eres tú el Rey de los Judíos? 34 Respondióle Jesus: ¿Dices tú esto de tí mismo, ó te lo han dicho otros de mí? 35 Pilato respondió: ¿Soy yo Judío? tu gente, y los pontífices, te han entregado á mí: ¿qué has hecho? 36 Respondió Jesus: Mi reino no es de este mundo: si de este mundo fuera mi reino, mis servidores pelearian para que [yo] no fuera entregado á los Judíos: ahora pues mi reino no es de aquí. 37 Díjole entonces Pilato: ¿Luego rey eres tú? Respondió Jesus: Tú dices que yo soy rey: yo para esto soy nacido, y para esto he venido al mundo, [es á saber,] para dar testimonio á la verdad: todo aquel que es [de la parte] de la verdad, oye mi voz. 38 Dícele Pilato: ¿Qué cosa es verdad? Y como hubo dicho esto, volvió á los Judíos, y les dice: Yo no hallo en él algun crímen: 39 empero vosotros teneis costumbre, que [yo] os suelte uno en la Pascua: ¿quereis pues que os suelte al rey de los Judíos? 40 Entonces todos dieron voces otra vez, diciendo: No á este, sino á Barrabás. Y este Barrabás era ladron. CAPITULO 19 1 ASÍ que entonces tomó Pilato á Jesus, y le azotó. 2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y la pusieron sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana, 3 y decian: Tengas gozo, Rey de los Judíos; y le daban de bofetadas. 4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y les dijo: Hé aquí, os le traigo fuera, para que entendais que ningun crímen hallo en él. 5 Así salió Jesus fuera llevando la corona de espinas, y la ropa de grana. Y díceles [Pilato:] Hé aquí el hombre. 6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes. y los servidores, dieron voces, diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomádle vosotros, y crucificadle: porque yo no hallo en él crimen. 7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y segun nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios. 8 Pues como Pilato oyó esta palabra, tuvo mas miedo. 9 Y entró otra vez á la audiencia, y dijo á Jesus: ¿De dónde eres tú? Mas Jesus no le dió respuesta. 10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte? 11 Respondió Jesus: Ninguna potestad tendrias contra mí, si [esto] no te fuese dado de arriba: por tanto el que á tí me ha entregado, mayor pecado tiene. 12 Desde entonces procuraba Pilato de soltarle: mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á este sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, á César contradice. 13 Entonces Pilato oyendo este dicho, llevó fuera á Jesus, y se sentó en el tribunal, en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebráico Gabbatha. 14 Y era la víspera de la Pascua, y como á las seis horas: entonces dijo á los Judíos: Hé aquí vuestro Rey. 15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey tengo de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey, sino á César. 16 Así que entonces se le entregó para que fuese crucificado: y tomaron á Jesus, y le llevaron. 17 Y llevando la cruz para sí, vino al lugar que se dice el lugar de la Calavera, y en hebráico Gólgotha: 18 donde le crucificaron, y con él otros dos, de una parte y de otra, y Jesus en medio. 19 Y escribió tambien Pilato un título, el cual puso encima de la cruz: y el escrito era: JESUS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS. 20 Y muchos de los Judíos leyeron este título: porque el lugar donde estaba crucificado Jesus, era cerca de la ciudad: y era escrito en hebráico, y en griego, y en latin. 21 Y decian á Pilato los pontífices de los Judíos: No escribas: Rey de los Judíos; sino que él dijo: Rey soy de los Judíos. 22 Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito. 23 Y como los soldados hubieron crucificado á Jesus, tomaron sus vestidos, é hicieron cuatro partes (á cada soldado una parte), y la túnica era sin costura, toda tejida desde arriba; 24 y dijeron entre ellos: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella cuya será: para que se cumpliese la Escritura que dice: Partieron para sí mis vestidos, y sobre mi vestidura echaron suertes. Y los soldados ciertamente hicieron esto. 25 Y estaban junto á la cruz de Jesus su madre, y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofas, y María Magdalena. 26 Y como vió Jesus á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, hé ahí tu hijo. 27 Y luego dice al discípulo: Hé ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo. 28 Despues, sabiendo Jesus que todas las cosas eran ya cumplidas, para que la Escritura se cumpliese, dijo: Sed tengo. 29 Estaba pues [allí] un vaso lleno de vinagre. Entonces ellos llenaron una esponja de vinagre, y revuelta con hisopo se la llegaron á la boca. 30 Y como Jesus tomó el vinagre, dijo: Consumado es. Y bajada la cabeza, dió el espíritu. 31 Entonces los Judíos, porque los cuerpos no quedasen en la cruz en el sábado, porque [entonces] era la víspera [de la Pascua,] porque era el gran dia del sábado, rogaron á Pilato que se les quebrasen las piernas, y fuesen quitados. 32 Y vinieron los soldados, y á la verdad quebraron las piernas al primero, y al otro que habia sido crucificado con él: 33 mas como vinieron á Jesus, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. 34 Empero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y luego salió sangre y agua. 35 Y el que lo vió da testimonio, y su testimonio es verdadero: y él sabe que dice verdad, para que vosotros tambien creais. 36 Porque estas cosas fueron hechas, para que se cumpliese la Escritura: Hueso no quebrantareis de él. 37 Y otra vez otra Escritura dice: Verán [á aquel] al cual traspasaron. 38 Pasadas estas cosas, rogó á Pilato Joseph de Arimathéa, el cual era discípulo de Jesus, mas secreto, por miedo de los Judíos, que [él] quitaria el cuerpo de Jesus: lo cual permitió Pilato. Entonces [él] vino, y quito el cuerpo de Jesus. 39 Entonces vino tambien Nicodemo, el que habia venido á Jesus de noche antes, trayendo un compuesto de mirra y de aloés, como cien libras. 40 Y tomaron el cuerpo de Jesus y envolviéronle en lienzos con especias, como es costumbre de los Judíos sepultar. 41 Y en aquel lugar, donde habia sido crucificado, habia un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el cual aun no habia sido puesto alguno. 42 Allí pues, por causa de la víspera [de la Pascua] de los Judíos, porque aquel sepulcro estaba cerca, pusieron á Jesus. CAPITULO 20 1 Y EL primer [dia] de los sábados, María Magdalena vino de mañana, siendo aun oscuro, al sepulcro, y vió la piedra quitada del sepulcro. 2 Entonces corrió, y vino á Simon Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesus, y les dice: Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos donde le han puesto. 3 Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro. 4 Y corrian los dos juntos: mas el otro discípulo corrió mas presto que Pedro, y vino primero al sepulcro. 5 Y bajándose [á mirar,] vió los lienzos puestos: mas no entró. 6 Vino pues Simon Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos puestos, 7 y el sudario que habia sido [puesto] sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino aparte en un lugar envuelto. 8 Entonces pues entró tambien el otro discípulo, que habia venido primero al monumento; y vió, y creyó. 9 Porque aun no sabian la Escritura, que era menester que él resucitase de los muertos. 10 Y volvieron los discípulos á los suyos. 11 Empero María estaba llorando al sepulcro fuera, y estando llorando bajóse [á mirar] el sepulcro. 12 Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los piés, donde el cuerpo de Jesus habia sido puesto. 13 Y le dijeron: ¿Mujer, por que lloras? Díceles: Han llevado á mi Señor, y no sé donde le han puesto. 14 Y como hubo dicho esto, volvió atrás, y vió á Jesus que estaba [allí:] mas no sabia que era Jesus. 15 Dícele Jesus: ¿Mujer, por qué lloras? ¿á quien buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dice: Señor, si tú le has llevado, dime donde le has puesto, y yo le llevaré. 16 Dícele Jesus: María. Volviéndose ella, dícele: Rabboni, que quiere decir, Maestro. 17 Dícele Jesus: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas vé á mis hermanos; y díles: Subo á mi Padre, y á vuestro Padre, á mi Dios, y á vuestro Dios. 18 Vino María Magdalena dando las nuevas á los discípulos: Que habia visto al Señor, y estas cosas me dijo. 19 Y como fué tarde aquel dia, el primero de los sábados, y las puertas estaban cerradas, donde los discípulos estaban juntos por miedo de los Judíos, vino Jesus: y púsose en medio, y les dijo: Paz tengais. 20 Y como hubo dicho esto, mostróles las manos y el costado: entonces los discípulos se gozaron, viendo al Señor. 21 Entonces díceles otra vez: Paz tengais: como me envió el Padre, así tambien yo os envio. 22 Y como hubo dicho esto, sopló, y les dijo: Tomad el Espíritu Santo: 23 á los que soltáreis los pecados, les son sueltos: á los que los retuviéreis, serán retenidos. 24 Empero Tomás uno de los doce, que se dice el Dídimo, no estaba con ellos cuando Jesus vino. 25 Dijéronle pues los otros discípulos: Al Señor hemos visto. Y él les dijo: Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré. 26 Y ocho dias despues estaban otra vez sus discípulos dentro, y con ellos Tomás: vino Jesus, las puertas cerradas, y se puso en medio, y dijo: Paz tengais. 27 Luego dice á Tomás: Mete tu dedo aquí, y ve mis manos; y da acá tu mano, y méte[la] en mi costado, y no seas incrédulo, sino fiel. 28 Entonces Tomás respondió, y le dice: Señor mio, y Dios mio. 29 Dícele Jesus: Porque me has visto, ¡oh Tomás! creiste: bienaventurados los que no vieron, y creyeron. 30 TAMBIEN muchas otras señales hizo Jesus en presencia de sus discípulos, que no están escritas en este libro. 31 Estas empero son escritas, para que creais que Jesus es el Cristo, Hijo de Dios; y para que creyendo, tengais vida en su nombre. CAPITULO 21 1 DESPUES se manifestó Jesus otra vez á sus discípulos á la mar de Tiberias: y se manifestó de esta manera: 2 Estaban juntos Simon Pedro, y Tomás, que se dice el Dídimo y Nathanaél, el que era de Cana de Galiléa, y los [hijos] de Zebedéo, otros dos de sus discípulos. 3 Díceles Simon: A pescar voy. Dícenle: Vamos nosotros tambien contigo. Fueron, y subieron luego en un navío; y aquella noche no tomaron nada. 4 Y venida la mañana, Jesus se puso á la ribera; mas los discípulos no entendieron que era Jesus. 5 Así que díceles: ¿Mozos, teneis algo de comer? Respondiéronle: No. 6 Y él les dice: Echad la red á la mano derecha del navío, y hallareis. Entonces echaron, y no la podian en ninguna manera sacar, por la multitud de los peces. 7 Dijo entonces aquel discípulo, al cual amaba Jesus, á Pedro: El Señor es. Entonces Simon Pedro, como oyó que era el Señor, ciñóse la ropa, porque estaba desnudo, y echóse á la mar. 8 Y los otros discípulos vinieron con el navío (porque no estaban lejos de tierra, sino como doscientos codos), trayendo la red de peces. 9 Y como descendieron á tierra, vieron ascuas puestas, y un pez encima de ellas, y pan. 10 Díceles Jesus: Traed de los peces que tomasteis ahora. 11 Subió Simon Pedro, y trajo la red á tierra, llena de grandes peces, ciento y cincuenta y tres: y siendo tantos, la red no se rompió. 12 Díceles Jesus: Venid, comed. Y ninguno de los discípulos le osaba preguntar: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. 13 Así que viene Jesus, y toma el pan, y dáles, y asimismo del pez. 14 Esta [era] ya la tercera vez que Jesus se manifestó á sus discípulos, habiendo resucitado de los muertos. 15 Pues como hubieron comido, Jesus dijo á Simon Pedro: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas mas que estos? Dícele: Sí, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis corderos. 16 Vuélvele á decir la segunda vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas? Respóndele: Si, Señor: tú sabes que te amo. Dícele: Apacienta mis ovejas. 17 Dícele la tercera vez: ¿Simon, [hijo] de Jonás, me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? Y le dice: Señor, tú sabes todas las cosas: tú sabes que te amo. Dícele Jesus: Apacienta mis ovejas: 18 de cierto, de cierto te digo, [que] cuando eras mas mozo, te ceñias, é ibas donde querias: mas cuando ya fueres viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te pasará donde no querrias. 19 Y esto dijo, dando á entender con que muerte habia de glorificar á Dios. Y dicho esto, dícele: Sígueme. 20 Vuelto Pedro, ve á aquel discípulo, al cual amaba Jesus que seguia, el que tambien se habia recostado á su pecho en la cena, y [le] habia dicho: Señor, quién es el que te ha de entregar? 21 Así que, como Pedro vió á este, dice á Jesus: ¿Señor, y este qué? 22 Dícele Jesus: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué [se te da] á tí? sígueme tú. 23 Salió pues este dicho entre los hermanos, que aquel discípulo no habia de morir: y Jesus no le dijo: No morirá; sino: Si quiero que él quede hasta que [yo] venga, ¿qué á tí? 24 ESTE es aquel discípulo que da testimonio de estas cosas, y escribió estas cosas, y sabemos que su testimonio es verdadero. 25 Y hay tambien otras muchas cosas que hizo Jesus, que si se escribiesen cada una por sí, ni aun en el mundo pienso que cabrian los libros que se habrian de escribir. Amen. LOS ACTOS DE LOS APOSTOLES. CAPITULO 1 1 HEMOS hablado primero, ¡oh Teófilo! de todas las cosas que Jesus comenzó á hacer, y á enseñar, 2 hasta el dia que, habiendo dado mandamientos por Espíritu Santo á los apóstoles que escogió, fué recibido arriba: 3 á los cuales, despues de haber padecido, se presentó vivo en muchas pruebas, apareciéndoles por cuarenta dias, y hablándoles del reino de Dios. 4 Y juntándolos, les mandó, que no se fuesen de Jerusalem, mas que esperasen la promesa del Padre, que oisteis, [dice,] de mí. 5 Porque Juan á la verdad bautizó en agua, mas vosotros sereis bautizados en Espíritu Santo no muchos dias despues de estos. 6 Entonces los que se habian juntado le preguntaron, diciendo: ¿Señor, restituirás el reino á Israél en este tiempo? 7 Y les dijo: No es vuestro saber los tiempos, ó las sazones que el Padre puso en su sola potestad: 8 mas recibireis la virtud del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros, y me sereis testigos en Jerusalem, y en toda Judea, y Samaria, y hasta lo último de la tierra. 9 Y habiendo dicho estas cosas, viéndole ellos, fué alzado, y una nube le recibió, y le quitó de sus ojos. 10 Y estando [ellos] con los ojos puestos en el cielo entre tanto que él iba, hé aquí, dos varones se pusieron junto á ellos en vestidos blancos; 11 los cuales tambien les dijeron: Varones Galiléos, ¿qué estais mirando al cielo? este Jesus que ha sido tomado arriba de vosotros al cielo, así vendrá, como le habeis visto ir al cielo. 12 Entonces se volvieron á Jerusalem del monte que se llama el Olivar, el cual está cerca de Jerusalem, camino de un sábado. 13 Y entrados, subieron al cenadero, donde estaban Pedro y Jacobo, Juan y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Matéo, Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon el Zeloso, y Judas [hermano] de Jacobo. 14 Todos estos perseveraban unánimes en oracion y ruego con las mujeres, y con María la madre de Jesus, y con sus hermanos. 15 Y EN aquellos dias Pedro, levantándose en medio de los discípulos, dijo: (y era la compañía junta como de ciento y veinte por nombre: ) 16 Varones, hermanos, convino que se cumpliese esta escritura, la cual dijo antes el Espíritu Santo por la boca de David, de Judas, que fué el guia de los que prendieron á Jesus; 17 el cual era contado con nosotros, y tenia suerte en este ministerio. 18 Este pues adquirió el campo del salario de iniquidad, y colgándose reventó por medio, y todas sus entrañas se derramaron. 19 Y fué notorio á todos los moradores de Jerusalem, de tal manera que aquel campo sea llamado en su propia lengua Hacéldama, que es, Campo de Sangre. 20 Porque está escrito en el libro de los Salmos: Sea hecha desierta su habitacion, y no haya quien more en ella. Tambien: Tome otro su obispado. 21 Conviene, pues, que de estos varones, que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesus entró y salió entre nosotros, 22 comenzando desde el bautismo de Juan, hasta el dia que fué tomado arriba de [entre] nosotros, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurreccion. 23 Y señalaron á dos, á Joseph, que se llama Barsabas, que tiene por sobrenombre el Justo, y á Matías. 24 Y orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, muestra cual escoges de estos dos, 25 para que tome la suerte de este ministerio, y del apostolado, del cual rebeló Judas, por irse á su lugar. 26 Y les pusieron las suertes; y cayó la suerte sobre Matías; y fué contado con los once apóstoles. CAPITULO 2 1 COMO se cumplieron los dias de las siete semanas, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino un estruendo del cielo como de un viento vehemente que venia [con ímpetu,] el cual llenó toda la casa donde estaban sentados. 3 Y les aparecieron [unas] lenguas repartidas como de fuego, que se asentó sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos de Espíritu Santo, y comenzaron á hablar en otras lenguas, como el Espíritu Santo les daba que hablasen. 5 (Moraban entonces en Jerusalem Judíos, varones religiosos de todas las naciones que [están] debajo del cielo.) 6 Y hecho este estruendo, se juntó la multitud: y estaban confusos, porque cada uno les oia hablar su propia lengua. 7 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros: Veis, ¿no son Galiléos todos estos que hablan? 8 ¿cómo, pues, los oímos nosotros [hablar] cada uno en su lengua en que somos nacidos? 9 Partos, y Medos, y Elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judéa, y en Capadocia, en el Ponto, y en Asia, 10 en Frigia y en Panfilia, en Egipto, y en las partes de Africa que están de la otra parte de Cirene, y Romanos extranjeros, y Judíos, y convertidos, 11 Cretenses, y Arabes: los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios. 12 Y estaban todos atónitos y maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Qué quiere ser esto? 13 Mas otros burlándose, decian: Que están [estos] llenos de mosto. 14 Entonces Pedro poniéndose en pié con los once, alzó su voz, y les habló, diciendo: Varones Judíos, y todos los que habitais en Jerusalem, esto os sea notorio, y oíd mis palabras: 15 porque estos no están borrachos, como vosotros pensais, siendo la hora de las tres del dia. 16 Mas esto es lo que fué dicho por el profeta Joel: 17 Y será en los postreros dias, (dice Dios,) derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos, y vuestras hijas profetizarán, y vuestros mancebos verán visiones, y vuestros viejos soñarán sueños: 18 y de cierto sobre mis siervos, y sobre mis criadas en aquellos dias derramaré de mi Espíritu; y profetizarán: 19 y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre, y fuego, y vapor de humo: 20 el sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el dia del Señor grande y manifiesto: 21 y será, que todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. 22 Varones Israelitas, oíd estas palabras: Jesus Nazareno, varon aprobado de Dios entre vosotros en maravillas, y prodígios, y señales que Dios hizo por él en medio de vosotros, como tambien vosotros sabeis: 23 este, por determinado consejo y providencia de Dios entregado, tomándo[le vosotros,] le matasteis con manos inícuas, crucificándole. 24 Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte; por cuanto era imposible ser detenido de ella. 25 Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí: porque le tengo á la diestra, no seré removido: 26 por lo cual mi corazon se alegró, y mi lengua se gozó, y aun mi carne descansará en esperanza: 27 que no dejarás mi alma en el infierno, ni darás á tu Santo que vea corrupcion: 28 me hiciste notorios los caminos de la vida: me llenarás de gozo con tu presencia. 29 Varones, hermanos, se os puede libremente decir del patriarca David, que murió, y fué sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el dia de hoy. 30 Así que siendo profeta, y sabiendo que con juramento le habia Dios jurado, que del fruto de su lomo cuanto á la carne, le levantaria el Cristo, que se asentaria sobre su silla: 31 viéndolo antes, habló de la resurreccion del Cristo, que su alma no haya sido dejada en el infierno, ni su carne haya visto corrupcion. 32 A este Jesus resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. 33 Así que levantado por la diestra de Dios, y recibiendo del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros ahora veis y oís. 34 Porque David no subió á los cielos: empero él dice: Dijo el Señor á mi Señor, Asiéntate á mi diestra, 35 hasta que ponga tus enemigos [por] estrado de tus piés. 36 Sepa pues certísimamente toda la casa de Israél, que á este ha hecho Dios el Señor y el Cristo, á este Jesus que vosotros crucificasteis. 37 Entonces oídas estas cosas, fueron compungidos de corazon, y dijeron á Pedro, y á los otros apóstoles: Varones, hermanos, ¿qué haremos? 38 Y Pedro les dice: Haced penitencia,* y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesu Cristo para perdon de los pecados; y recibireis el don del Espíritu Santo: {* Arrepentíos, ó, endmendáos.} 39 porque á vosotros es [hecha] la promesa, y á vuestros hijos, y á todos los que están lejos: á cuales quiera que el Señor nuestro Dios llamare. 40 Y con otras muchas palabras testificaba, y [los] exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generacion. 41 Así que los que recibieron su palabra fueron bautizados: y fueron añadidas [á la Iglesia] aquel dia como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, y en la comunion, y en el partimiento del pan, y en las oraciones. 43 Y toda persona tenia temor: y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Y todos los que creian estaban juntos; y tenian todas las cosas comunes. 45 Y vendian las posesiones y las haciendas, y las repartian á todos, como cada uno habia menester. 46 Y perseverando unánimes cada dia en el templo, y partiendo el pan en las casas, comian juntos con alegria y con sencillez de corazon, 47 alabando á Dios, y teniendo gracia acerca de todo el pueblo. Y el Señor añadia cada dia á la Iglesia los que habian de ser salvos. CAPITULO 3 1 PEDRO y Juan subian juntos al templo á la hora de la oracion de las nueve. 2 Y un varon, que era cojo desde el vientre de su madre, era traido; al cual ponian cada dia á la puerta del templo, que se dice la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3 Este como vió á Pedro y á Juan que comenzaban á entrar en el templo, [les] rogaba para haber limosna. 4 Y Pedro con Juan poniendo los ojos en él, dijo: Mira á nosotros. 5 Entonces él estuvo atento á ellos, esperando recibir de ellos algo. 6 Y Pedro dijo: Ni tengo plata ni oro: mas lo que tengo, eso te doy: en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, levántate, y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha, le levantó: y luego fueron afirmados sus piés y tobillos. 8 Y saltando, se puso en pié, y anduvo, y entró con ellos en el templo, andando y saltando, y alabando á Dios. 9 Y todo el pueblo le vió andar, y alabar á Dios. 10 Y le conocian, que él era el que se sentaba á la limosna á la puerta del templo, la Hermosa: y fueron llenos de miedo y de espanto de lo que le habia acontecido. 11 Y teniendo á Pedro y á Juan el cojo que habia sido sanado, todo el pueblo concurrió á ellos al portal que se llama de Salomón atónitos. 12 Lo cual viendo Pedro, respondió al pueblo: Varones Israelitas, ¿por qué os maravillais de esto? ¿ó por qué poneis los ojos en nosotros como si con nuestra virtud ó piedad hubiésemos hecho andar á este? 13 El Dios de Abraham, y de Isaac, y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado á su Hijo Jesus, al cual vosotros entregasteis, y negasteis delante de Pilato, juzgando él que habia de ser suelto. 14 Mas vosotros al Santo y al Justo negasteis, y pedisteis que se os diese un hombre homicida; 15 y matasteis al Autor de la vida, al cual Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16 Y en la fé de su nombre, á este que vosotros veis y conoceis, ha confirmado su nombre: y la fé que por él [es], ha dado á este esta sanidad en presencia de todos vosotros. 17 Mas ahora, hermanos, [yo] sé que por ignorancia [lo] habeis hecho, como tambien vuestros príncipes. 18 Empero Dios lo que habia antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo habia de padecer, así lo ha cumplido. 19 Así que arrepentíos, y convertíos, para que sean raidos vuestros pecados: pues que los tiempos del refrigerio de la presencia del Señor son venidos: 20 el cual os ha enviado á Jesus el Cristo, que os ha sido antes anunciado: 21 al cual cierto es menester que el cielo tenga hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas: del cual habló Dios por boca de todos sus profetas que han sido desde el siglo. 22 Porque Moisés dijo á los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de vuestros hermanos, como yo: á él oireis, [haciendo] conforme á todas las cosas que os hablare: 23 y será, [que] cualquiera alma que no oyere á aquel profeta, será desarraigada del pueblo. 24 Y todos los profetas desde Samuél, y en adelante, todos los que han hablado, han prenunciado estos dias. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y del concierto que Dios concertó con nuestros padres, diciendo á Abraham: Y en tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. 26 A vosotros primeramente Dios, levantando á su Hijo Jesus, le envió que os bendijese, para que cada uno se convierta de su maldad. CAPITULO 4 1 Y HABLANDO ellos al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes, y el magistrado del templo, y los Saducéos, 2 pesándoles de que enseñasen el pueblo, y anunciasen en el nombre de Jesus la resurreccion de los muertos. 3 Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el dia siguiente: porque era ya tarde. 4 Mas muchos de los que habian oido el sermon creyeron: y fué hecho el número de los varones, como cinco mil. 5 Y aconteció el dia siguiente, que los príncipes de ellos se juntaron, y los ancianos, y los escribas, en Jerusalem; 6 y Annás, príncipe de los sacerdotes, y Caifás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linaje sacerdotal; 7 y haciéndolos presentar en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, ó en qué nombre habeis hecho vosotros esto? 8 Entonces Pedro, lleno de Espíritu Santo, les dijo: Príncipes del pueblo, y ancianos de Israél: 9 pues que somos hay demandados acerca del beneficio [hecho] á un hombre enfermo, [es á saber,] de qué manera este haya sido sanado; 10 sea notorio á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israél, que en el nombre de Jesu Cristo, el Nazareno, el que vosotros crucificasteis, y Dios le resucitó de los muertos, en esto este está en vuestra presencia sano: 11 este es la piedra reprobada de vosotros los edificadores, la cual es puesta por cabeza de esquina: 12 y en ningun otro hay salud: porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos. 13 Entonces viendo la constancia de Pedro y de Juan, sabido que eran hombres sin letras é idiotas, se maravillaban; y los conocian que habian estado con Jesus. 14 Y viendo al hombre que habia sido sanado, que estaba con ellos, no podian decir nada en contra. 15 Mas les mandaron que se saliesen fuera del concilio; y conferian entre sí, 16 diciendo: ¿Qué hemos de hacer á estos hombres? porque cierto señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria á todos los que moran en Jerusalem, y no lo podemos negar. 17 Todavía, porque no se divulgue mas por el pueblo, amenacémosles que no hablen de aquí adelante á hombre ninguno en este nombre. 18 Y llamándolos les denunciaron que en ninguna manera hablasen, ni enseñasen en el nombre de Jesus. 19 Entonces Pedro y Juan respondiendo, les dijeron: Juzgad si es justo delante de Dios obedecer antes á vosotros que á Dios: 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oido. 21 Ellos entonces no hallando en qué castigarlos, los enviaron amenazándoles, por causa del pueblo: porque todos glorificaban á Dios de lo que habia sido hecho. 22 Porque el hombre en quien habia sido hecho este milagro de sanidad, era de mas de cuarenta años. 23 Sueltos [ellos,] vinieron á los suyos, y contaron lo que los príncipes de los sacerdotes, y los ancianos les habian dicho. 24 los cuales habiéndolo oido, alzaron unánimes la voz á Dios, y dijeron: Señor, tú eres el Dios, que hiciste el cielo y la tierra, la mar, y todas las cosas que en ellas están: 25 que en Espíritu Santo por la boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué han bramado las gentes, y los pueblos han pensado cosas vanas? 26 asistieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. 27 Porque verdaderamente se juntaron en esta ciudad contra tu Santo Hijo Jesus, al cual ungiste, Herodes, y Poncio Pilato, con los Gentiles, y los pueblos de Israél, 28 para hacer lo que tu mano y tu consejo antes habian determinado que habia de ser hecho. 29 Y ahora, Señor, pon los ojos en sus amenazas, y da á tus siervos que con toda confianza hablen tu palabra: 30 que extiendas tu mano á que sanidades, y milagros, y prodigios sean hechos por el nombre de tu Santo Hijo Jesus. 31 Y como hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló: y todos fueron llenos de Espíritu Santo, y hablaron la palabra de Dios con confianza. 32 Y DE la multitud de los que habian creido era un corazon y un alma; y ninguno decia ser suyo algo de lo que poseian, mas todas las cosas les eran comunes. 33 Y los apóstoles daban testimonio de la resurreccion del Señor Jesus con gran esfuerzo: y gran gracia era en todos ellos. 34 Que ningun necesitado habia entre ellos: porque todos los que poseian heredades ó casas, vendiéndolas, traian el precio de lo vendido, 35 y le depositaban á los piés de los apóstoles, y era repartido á cada uno como tenia la necesidad. 36 Entonces Joses, que fué llamado de los apóstoles por sobrenombre Barnabás, que declarado es, hijo de consolacion, Levita, natural de Cipro, 37 como tuviese una heredad, la vendió, y trajo el precio, y le depositó á los piés de los apóstoles. CAPITULO 5 1 UN varon llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una posesion, 2 y defraudó del precio, sabiéndolo tambien su mujer; y trayendo una parte, la depositó á los piés de los apóstoles^. 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazon á que mintieses al Espíritu Santo, y defraudáses del precio de la heredad? 4 quedándose, ¿no se te quedaba á tí? y vendida, ¿no estaba en tu potestad? ¿por qué pusiste esto en tu corazon? no has mentido á los hombres, sino á Dios. 5 Entonces Ananías, oyendo estas palabras, cayó, y espiró. Y fué hecho un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los mancebos, le tomaron: y sacándole, le sepultaron. 7 Y pasado espacio como de tres horas, tambien su mujer entró, no sabiendo lo que habia acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Díme: ¿vendisteis en tanto la heredad? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os concertasteis para tentar al Espíritu del Señor? hé aquí á la puerta los piés de los que han sepultado á tu marido: y te sacarán á [sepultar.] 10 Y luego cayó á los piés de él, y espiró: y entrados los mancebos, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto á su marido. 11 Y fué hecho un gran temor en toda la Iglesia, y en todos los que oyeron estas cosas. 12 Y POR las manos de los apóstoles eran hechos muchos milagros y prodigios en el pueblo; y estaban todos unánimes en el portal de Salomón. 13 Y de los otros, ninguno se osaba juntar con ellos: con todo eso el pueblo los alababa grandemente. 14 Y los que creian en el Señor se aumentaban mas, así de varones como de mujeres. 15 Tanto, que echaban los enfermos por las calles, y los ponian en camas y en lechos, para que viniendo Pedro, á lo menos su sombra tocase á alguno de ellos. 16 Y aun de las ciudades vecínas concurria multitud á Jerusalem, trayendo enfermos, y atormentados de espíritus inmundos: los cuales todos eran curados. 17 ENTONCES levantándose el príncipe de los sacerdotes, y todos los que estaban con él, que es la herejía de los Saducéos, fueron llenos de zelo. 18 Y echaron mano á los apóstoles, y los pusieron en la cárcel pública. 19 Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: 20 Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las cosas de esta vida. 21 [Ellos] entonces, como oyeron, entraron por la mañana en el templo, y enseñaban. Viniendo pues el príncipe de los sacerdotes, y los que eran con él, convocaron el concilio, y á todos los ancianos de los hijos de Israél; y enviaron á la cárcel, para que fuesen traidos. 22 Y como vinieron los servidores no los hallaron en la cárcel, y vueltos, dieron aviso, 23 diciendo: Cierto la cárcel hallamos cerrada con toda diligencia, y los guardas que estaban delante de las puertas: mas como abrimos, á nadie hallamos dentro. 24 Entonces como oyeron estas palabras el pontífice, y el magistrado del templo, y los príncipes de los sacerdotes, dudaban que seria hecho de ellos. 25 Y viniendo uno, les avisó: Hé aquí, los varones que echasteis en la cárcel, están en el templo, y enseñan al pueblo. 26 Entonces el magistrado fué con los servidores, y los trajo sin violencia, porque tenian miedo del pueblo, de ser apedreados. 27 Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: entonces el príncipe de los sacerdotes les preguntó, 28 diciendo: ¿No os denunciamos denunciando, que no enseñáseis en este nombre? y hé aquí, habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, ¿y quereis echar sobre nosotros la sangre de este hombre? 29 Y respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Obedecer es menester á Dios mas que á los hombres. 30 El Dios de nuestros padres levantó á Jesus, al cual vosotros matasteis colgándole en el madero: 31 á este enalteció Dios con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israél penitencia y remision de pecados: 32 y nosotros le somos testigos de estas cosas, y tambien el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios á los que le han obedecido. 33 Ellos oyendo [esto] regañaban, y consultaban de matarlos. 34 Entonces levantándose en el concilio un Fariséo, llamado Gamaliél, doctor de la ley, venerable á todo el pueblo, mandó que sacasen fuera un poco á los apóstoles, 35 y les dijo: Varones Israelitas, mirad por vosotros acerca de estos hombres en lo que habeis de hacer. 36 Porque antes de estos dias fué un Teudas, diciendo que era alguien; al cual se allegaron un número de varones, como cuatrocientos, el cual fué matado: y todos los que le creyeron, fueron disipados, y vueltos en nada. 37 Despues de este fué Judas el Galiléo en los dias del empadronamiento; y llevó mucho pueblo tras sí: pereció tambien aquel, y todos los que consintieron con él, fueron derramados. 38 Y ahora os digo, dejáos de estos hombres, y dejádlos: porque si este consejo, ó esta obra, es de los hombres, se desvanecerá. 39 Mas si es de Dios, no la podreis deshacer: porque no parezca que quereis repugnar á Dios. 40 Y consintieron con él: y llamando á los apóstoles, habiendolos azotado, les denunciaron que no hablasen en el nombre de Jesus, y los soltaron. 41 Mas ellos iban gozosos de delante del concilio, de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por el nombre de Jesus. 42 Y todos los dias no cesaban en el templo, y por las casas, enseñando, y predicando el evangelio de Jesu Cristo. CAPITULO 6 1 EN aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, hubo murmuracion de los Griegos contra los Hebréos, de que sus viudas eran menospreciadas en el ministerio cuotidiano. 2 Así que los doce, convocada la multitud de los discípulos, dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, y sirvamos á las mesas: 3 considerad pues, hermanos, siete varones de vosotros de buen testimonio, llenos de Espíritu Santo y de sabiduría, los cuales pongamos en esta obra: 4 y nosotros instaremos en la oracion, y en el ministerio de la palabra. 5 Y plugo este parecer á toda la multitud; y eligieron á Estévan, varon lleno de fé y de Espíritu Santo, y á Felipe, y á Procoro, y á Nicanor, y á Timon, y á Parmenas, y á Nicolás extranjero de Antioquía. 6 A estos presentaron en presencia de los apóstoles: los cuales orando les pusieron las manos encima. 7 De manera que la palabra del Señor crecia; y el número de los discípulos se multiplicaba mucho en Jerusalem: mucha compañía de los sacerdotes tambien obedecia á la fé. 8 EMPERO Estévan, lleno de fé y de potencia, hacia prodigios y milagros grandes en el pueblo. 9 Levantáronse entonces unos de la sinagoga que se llama de los Libertinos, y Cirenéos, y Alejandrinos, y de los que eran de Cilicia, y de Asia, disputando con Estévan. 10 Mas no podian resistir á la sabiduría, y al Espíritu con que hablaba. 11 Entonces sobornaron á unos que dijesen que le habian oido hablar palabras blasfemas contra Moisés y Dios. 12 Y conmovieron al pueblo, y á los ancianos, y á los escribas; y arremetiendo, le arrebataron, y le trajeron al concilio. 13 Y pusieron testigos falsos que dijesen: Este hombre no cesa de hablar palabras blasfemas contra el lugar santo y la ley: 14 porque le hemos oido decir: Que este Jesus Nazareno destruirá este lugar, y mudará las tradiciones que nos dió Moisés. 15 Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, puestos los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel. CAPITULO 7 1 EL príncipe de los sacerdotes dijo entonces: ¿Es esto así? 2 Y él dijo: Varones, hermanos, y padres, oíd. El Dios de gloria apareció á nuestro padre Abraham estando en Mesopotamia, antes que morase en Charan, 3 y le dijo: Sal de tu tierra, y de tu parentela, y ven á la tierra que te mostraré. 4 Entonces salió de la tierra de los Chaldéos, y habitó en Charan: y de allí, muerto su padre, le traspasó á esta tierra, en la cual vosotros habitais ahora. 5 Y no le dió posesion en ella, ni aun una pisada de un pié: mas le prometió que se la daria en posesion, y á su simiente despues de él, no teniendo [aun] hijo. 6 Y le habló Dios así: Que su simiente seria extranjera en tierra ajena, y que los sujetarian en servidumbre, y que los maltratarian, por cuatrocientos años: 7 mas á la nacion á quien serán siervos, yo [la] juzgaré, dijo Dios: y despues de esto saldrán, y me servirán en este lugar. 8 Y le dió el concierto de la circuncision: y así engendró á Isaac, y le circuncidó al octavo dia: é Isaac á Jacob, y Jacob á los doce patriarcas. 9 Y los patriarcas, movidos de envidia, vendieron á Joseph para Egipto: mas Dios era con él; 10 y le libró de todas sus tribulaciones, y le dió gracia y sabiduría en la presencia de Pharaón, rey de Egipto, el cual le puso por gobernador sobre Egipto, y sobre toda su casa. 11 Vino entonces hambre en toda la tierra de Egipto y de Chanaán, y grande tribulacion: y nuestros padres no hallaban alimentos. 12 Y como oyese Jacob que habia trigo en Egipto, envió á nuestros padres la primera vez. 13 Y en la segunda, Joseph fué conocido de sus hermanos, y fué sabido de Pharaón el linaje de Joseph. 14 Y enviando Joseph, hizo venir á su padre Jacob, y á toda su parentela, en setenta y cinco personas. 15 Así descendió Jacob en Egipto, donde murió él, y nuestros padres, 16 los cuales fueron traspasados á Sichém, y fueron puestos en el sepulcro que compró Abraham á precio de dinero de los hijos de Hemór, [hijo] de Sichém. 17 Mas como se acercó el tiempo de la promesa la cual Dios habia jurado á Abraham, creció el pueblo, y se multiplicó en Egipto, 18 hasta que se levantó otro rey, que no conocia á Joseph. 19 Este, usando de astucia con nuestro linaje, maltrató á nuestros padres, que pusiesen á peligro [de muerte] sus niños, para que cesase la generacion. 20 En aquel mismo tiempo nació Moisés, y fué agradable á Dios: y fué criado tres meses en casa de su padre. 21 Mas siendo puesto al peligro, la hija de Pharaón le tomó, y le crió por su hijo. 22 Y fué enseñado Moisés en toda la sabiduría de los Egipcios: y era poderoso en sus dichos y hechos. 23 Y como se le cumplió el tiempo de cuarenta años, le vino en voluntad de visitar á sus hermanos los hijos de Israél. 24 Y como vió á uno que era injuriado, le defendió, é hiriendo al Egipcio, vengó al injuriado. 25 Pero él pensaba que sus hermanos entendian, que Dios les habia de dar salud por su mano: mas ellos no lo hablan entendido. 26 Y el dia siguiente riñiendo ellos, se les mostró, y los metia en paz, diciendo: Varones, hermanos sois, ¿por qué os injuriais los unos á los otros? 27 Entonces el que injuriaba á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto [á tí] por príncipe y juez sobre nosotros? 28 ¿quieres tú matarme, como mataste ayer al Egipcio? 29 A esta palabra Moisés huyó: y se hizo extranjero en tierra de Madián, donde engendró dos hijos. 30 Y cumplidos cuarenta años, el ángel del Señor le apareció en el desierto del monte de Sinaí, en fuego de llama de un zarzal. 31 Entonces Moisés mirando, fué maravillado de la vision: y llegándose para considerar, fué hecha á él voz del Señor: 32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, y Dios de Isaac, y Dios de Jacob: mas Moisés temeroso no osaba mirar. 33 Y le dijo el Señor: Quita los zapatos de tus piés, porque el lugar en que estás tierra santa es: 34 he visto, he visto la afliccion de mi pueblo que está en Egipto, y el gemido de ellos he oido, y he descendido para librarlos: ahora pues ven, te enviaré á Egipto. 35 A este Moisés, al cual habian rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á este envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en el zarzal. 36 Este los saco, haciendo prodigios y milagros en la tierra de Egipto, y en el mar Bermejo, y en el desierto por cuarenta años. 37 Este es el Moisés, el cual dijo á los hijos de Israél: Profeta os levantará el Señor Dios vuestro, de vuestros hermanos, como yo; á él oireis. 38 Este es el que estuvo en la congregacion en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte de Sinaí, y con nuestros padres: y recibió las palabras de vida para darnos. 39 Al cual nuestros padres no quisieron obedecer: antes le desecharon; y se apartaron de corazon á Egipto, 40 diciendo á Aarón: Haznos dioses que vayan delante de nosotros: porque á este Moisés, que nos sacó de tierra de Egipto, no sabemos que le ha acontecido. 41 Y entonces hicieron el becerro, y ofrecieron sacrificio al ídolo, y en las obras de sus manos se holgaron. 42 Mas Dios se apartó, y los entregó que sirviesen al ejército del cielo, como está escrito en el libro de los profetas: ¿Me ofrecisteis víctimas y sacrificios en el desierto por cuarenta años, casa de Israél? 43 antes trajisteis el tabernáculo de Moloch, y la estrella de vuestro dios Remphan, figuras que os hicisteis para adorarlas: os trasportaré pues de ese cabo de Babilonia. 44 Tuvieron nuestros padres el tabernáculo del testimonio en el desierto, como les ordenó Dios, hablando á Moisés, que le hiciese segun la forma que habia visto. 45 El cual recibido, metieron tambien nuestros padres con Josué en la posesion de los Gentiles, que Dios echó de la presencia de nuestros padres, hasta los dias de David. 46 El cual halló gracia delante de Dios, y pidió de hallar tabernáculo al Dios de Jacob. 47 Y Salomón le edificó casa. 48 Mas el Altísimo no habita en templos hechos de mano, como el profeta dice: 49 El cielo es mi trono; y la tierra el estrado de mis piés: ¿qué casa me edificareis? dice el Señor: ¿ó cual es el lugar de mi reposo? 50 ¿no hizo mi mano todas estas cosas? 51 Duros de cerviz, é incircuncisos de corazon y de oidos: vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres [así] tambien vosotros. 52 ¿A cuál de los profetas no persiguieron nuestros padres? y mataron á los que antes denunciaron la venida del Justo, del cual vosotros ahora habeis sido entregadores y matadores: 53 que recibisteis la ley por disposicion de ángeles, y no la guardasteis. 54 Y oyendo estas cosas regañaban de sus corazones, y crujian los dientes contra él. 55 Mas él estando lleno de Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesus que estaba á la diestra de Dios, 56 y dice: Hé aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre que está á la diestra de Dios. 57 Entonces [ellos] dando grandes voces, taparon sus orejas; y arremetieron unánimes contra él. 58 Y echándole fuera de la ciudad le apedreaban: y los testigos pusieron sus vestidos á los piés de un mancebo que se llamaba Saulo. 59 Y apedrearon á Estévan, invocando él, y diciendo: Señor Jesus, recibe mi espíritu. 60 Y puesto de rodillas, clamó á gran voz: Señor, no les pongas este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió en el Señor. CAPITULO 8 1 Y SAULO consentia en su muerte. Y en aquel dia fué hecha una grande persecucion en la Iglesia que estaba en Jerusalem; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judéa y de Samaria, salvo los apóstoles. 2 Y cuidaron de Estévan [algunos] varones pios, é hicieron gran llanto sobre él. 3 Entonces Saulo asolaba la Iglesia, entrando por las casas: y trayendo varones y mujeres, los entregaba en la cárcel. 4 Mas los que eran esparcidos, pasaban [por la tierra] anunciando la palabra del Evangelio. 5 ENTONCES Felipe, descendiendo á la ciudad de Samaria, les predicaba á Cristo. 6 Y las compañías escuchaban atentamente unánimes las cosas que decia Felipe, oyendo y viendo las señales que hacia. 7 Porque muchos espíritus inmundos salian de los que los tenian, dando grandes voces: y muchos paralíticos, y cojos eran sanados. 8 Así que habia gran gozo en aquella ciudad. 9 Entonces [habia] un varon llamado Simon, el cual habia sido antes mágico en aquella ciudad, y habia engañado la gente de Samaria, diciéndose ser algun grande. 10 Al cual oian todos atentamente desde el mas pequeño hasta el mas grande, diciendo: Este es virtud de Dios, la grande. 11 Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas los habia entontecido mucho tiempo. 12 Mas como creyeron á Felipe, que les anunciaba el evangelio del reino de Dios, y el nombre de Jesu Cristo, se bautizaban, varones y mujeres. 13 Simon entonces, creyó él tambien: y bautizándose, se llegó á Felipe: y viendo los milagros y grandes maravillas que se hacian, estaba atónito. 14 Oyendo pues los apóstoles, que estaban en Jerusalem, que Samaria habia recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan. 15 los cuales venidos, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo: 16 porque aun no habia descendido en alguno de ellos, mas solamente eran bautizados en el nombre de Jesus. 17 Entonces les pusieron las manos encima, y recibieron el Espíritu Santo. 18 Y como vió Simon que por la imposicion de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les presentó dineros, 19 diciendo: Dádme tambien á mí esta potestad: que á cualquiera que pusiere las manos encima, reciba el Espíritu Santo. 20 Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, que piensas que el don de Dios se gane por dinero: 21 no tienes tú parte ni suerte en este negocio: porque tu corazon no es recto delante de Dios: 22 arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado este pensamiento de tu corazon: 23 porque en hiel de amargura, y en prision de maldad veo que estás. 24 Respondiendo entonces Simon, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, que ninguna cosa de estas, que habeis dicho, venga sobre mí. 25 Y ellos habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron á Jerusalem, y en muchas tierras de los Samaritanos anunciaban el Evangelio. 26 EMPERO el ángel del Señor habló á Felipe, diciendo: Levántate, y vé hácia el mediodía, al camino que desciende de Jerusalem á Gaza: la cual es desierta. 27 El entonces se levantó, y fué: y hé aquí un Etíope, eunuco, gobernador de Candaces, reina de los Etíopes, el cual era [puesto] sobre todos sus tesoros, y habia venido á adorar á Jerusalem, 28 se volvia, sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. 29 Y el Espíritu dijo á Felipe: Llégate, y júntate á este carro. 30 Y acudiendo Felipe, le oyó que leia al profeta Isaías; y dijo: ¿Mas entiendes lo que lees? 31 Y él dijo: ¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare? Y rogó á Felipe que subiese, y se sentase con él. 32 Y el lugar de la Escritura que leia, era este: Como oveja á la muerte fué llevado; y como cordero mudo delante del que le trasquila, así no abrió su boca: 33 en su humillacion su juicio fué quitado: mas su generacion, ¿quién la contará? porque es quitada de la tierra su vida. 34 Y respondiendo el eunuco á Felipe, dijo: Ruégote, ¿de quién el profeta dice esto? ¿de sí, ó de otro alguno? 35 Entonces Felipe, abriendo su boca y comenzando de esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesus. 36 Y yendo por el camino, vinieron á una agua; y le dijo el eunuco: Hé aquí agua, ¿qué impide que yo no sea bautizado? 37 Y Felipe dijo: Si crees de todo corazon, bien puedes. Y respondiendo [él,] dijo: Creo que Jesu Cristo es el Hijo de Dios. 38 Y mandó parar el carro: y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco: y le bautizó. 39 Y como subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Felipe, y no le vió mas el eunuco: y se fué su camino gozoso. 40 Felipe empero se halló en Azoto: y pasando anunciaba el Evangelio en todas las ciudades hasta que vino á Cesaréa. CAPITULO 9 1 Y SAULO, aun resoplando amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al príncipe de los sacerdotes, 2 y demandó de él cartas para Damasco á las sinagogas, para que si hallase algunos varones, ó mujeres de esta secta, los trajese presos á Jerusalem. 3 Y yendo por el camino, aconteció que llegando cerca de Damasco, súbitamente le cercó un resplandor de luz del cielo. 4 Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 Y [él] dijo: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesus á quien tu persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijon. 6 El temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que haga? Y el Señor le [dice:] Levántate, y entra en la ciudad; y te se dirá lo que te conviene hacer. 7 Y los varones que iban con Saulo, se pararon atónitos, oyendo á la verdad la voz, mas no viendo á nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos no veia á nadie: así que llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres dias sin ver; y no comió, ni bebió. 10 Habia entonces un discípulo en Damasco, llamado Ananías, al cual el Señor dijo en vision: Ananías. Y él respondió: Hé aquí estoy, Señor. 11 Y el Señor le [dijo:] Levántate, y vé á la calle que se llama la Derecha, y busca en casa de Judas á Saulo, llamado él de Tarso: porque hé aquí él ora: 12 y ha visto en vision un varon llamado Ananías, que entra, y le pone la mano encima para que reciba la vista. 13 Entonces Ananías respondió: Señor, he oido á muchos de este varon, cuantos males ha hecho á tus santos en Jerusalem, 14 y aun aquí tiene facultad de los príncipes de los sacerdotes de prender á todos los que invocan tu nombre. 15 Y le dijo el Señor: Vé; porque instrumento escogido me es este para que lleve mi nombre en presencia de gentes, y de reyes, y de los hijos de Israél; 16 porque yo le mostraré cuánto le sea menester que padezca por mi nombre. 17 Ananías entonces fué, y entró en la casa: y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo, hermano, el Señor Jesus, que te apareció en el camino por donde venias, me ha enviado para que recibas la vista, y seas lleno de Espíritu Santo. 18 Y luego le cayeron de los ojos como escamas, y recibió luego la vista: y levantándose fué bautizado. 19 Y como comió, fué confortado. Y estuvo Saulo con los discípulos que estaban en Damasco, por algunos dias. 20 Y luego [entrando] en las sinagogas predicaba á Cristo, que este era el Hijo de Dios. 21 Y todos los que le oían estaban atónitos, y decian: ¿No es este el que asolaba en Jerusalem á los que invocaban este nombre: y á eso vino acá para llevarlos presos á los príncipes de los sacerdotes? 22 Empero Saulo mucho mas se esforzaba, y confundia á los Judíos que moraban en Damasco, afirmando que este es el Cristo. 23 Y como pasaron muchos dias, hicieron consejo en uno los Judíos de matarle. 24 Mas las asechanzas de ellos fueron entendidas de Saulo: empero [ellos] guardaban las puertas de dia y de noche, para matarle. 25 Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro metido en una espuerta. 26 Y como Saulo vino á Jerusalem, tentaba de juntarse con los discípulos: mas todos tenian miedo de él, no creyendo que era discípulo. 27 Entonces Barnabas, tomándole, le trajo á los apóstoles; y contó, como habia visto al Señor en el camino, y que le habia hablado, y como en Damasco habia hablado confiadamente en el nombre de Jesus. 28 Y entraba y salia con ellos en Jerusalem. 29 Y hablaba confiadamente en el nombre del Señor Jesus, y disputaba con los Griegos: mas ellos procuraban de matarle. 30 Lo cual como los hermanos entendieron, le acompañaron hasta Cesaréa, y le enviaron á Tarso. 31 Las Iglesias entonces por toda Judéa, y Galiléa, y Samaria, tenian paz, y eran edificadas, andando en el temor del Señor: y con consuelo del Espíritu Santo eran multiplicadas. 32 Y ACONTECIÓ, que Pedro andándolos á todos, vino tambien á los santos que habitaban en Lydda. 33 Y halló allí á uno que se llamaba Eneas, que habia ya ocho años que estaba en cama, que era paralítico. 34 Y le dijo Pedro: Eneas, Jesu Cristo te sana: levántate, y házte [tu cama.] Y luego se levantó. 35 Y viéronle todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, los cuales se convirtieron al Señor. 36 Entonces en Joppe habia una discípula llamada Tabitha, que declarado quiere decir Dorcas. Esta era llena de buenas obras, y de limosnas que hacia. 37 Y aconteció en aquellos dias, que enfermando, murió: la cual despues de lavada, la pusieron en un cenadero. 38 Y como Lydda estaba cerca de Joppe, los discípulos, oyendo que Pedro estaba allí, le enviaron dos varones, rogándole: No te detengas de venir hasta nosotros. 39 Pedro entonces levantándose, vino con ellos: y como llegó, le llevaron al cenadero, donde le rodearon todas las viudas, llorando y mostrándole las túnicas y los vestidos que Dorcas les hacia, cuando estaba con ellas. 40 Entonces echados fuera todos, Pedro puesto de rodillas, oró: y vuelto al cuerpo, dijo: Tabitha, levántate. Y ella abrió los ojos: y viendo á Pedro, se volvió á asentar. 41 Y dándole él la mano, la levantó: entonces llamando los santos y las viudas, la presentó viva. 42 Esto fué notorio por toda Joppe: y creyeron muchos en el Señor. 43 Y aconteció que se quedó muchos dias en Joppe, en casa de un cierto Simon curtidor. CAPITULO 10 1 Y HABIA un varon en Cesaréa llamado Cornelio, centurion de la compañía que se llamaba la Italiana, 2 pio, y temeroso de Dios, con toda su casa, y que hacia muchas limosnas al pueblo, y que oraba á Dios siempre. 3 Este vió en vision manifiestamente, como á la hora de las nueve del dia, que un ángel de Dios entraba á él, y le decia: Cornelio. 4 Y él, puestos en él los ojos, espantado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido en memoria en la presencia de Dios: 5 envia pues ahora varones á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre Pedro: 6 este posa en casa de un Simon curtidor, que tiene su casa junto á la mar: este te dirá lo que te conviene hacer. 7 E ido el ángel que hablaba con Cornelio, llamó dos de sus criados, y un soldado temeroso del Señor, de los que se llegaban á él: 8 á los cuales, despues de habérselo contado todo, los envió á Joppe. 9 Y un dia despues, yendo ellos camino, y llegando cerca de la ciudad, Pedro subió á la azotea á orar, cerca de la hora de las seis. 10 Y aconteció que le vino una grande hambre, y quiso comer, y aparejándole ellos, cayó sobre él un exceso de entendimiento. 11 Y vió el cielo abierto, y que descendia á él un vaso, como un gran lienzo, que [atado] de los cuatro cantos era bajado del cielo á la tierra: 12 en el cual habia [de] todos los animales de cuatro piés de la tierra, y fieras, y reptiles, y aves del cielo. 13 Y le vino una voz: Levántate, Pedro, mata, y come. 14 Entonces Pedro dijo: Señor, no: porque ninguna cosa comun, é inmunda, he comido jamás. 15 Y volvió la voz á decirle la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo ensucies. 16 Y esto fué hecho por tres veces; y el vaso volvió á ser recogido en el cielo. 17 Y estando Pedro dudando dentro de sí, qué seria la vision que habia visto, hé aquí, los varones que habian sido enviados de Cornelio, que preguntando por la casa de Simon, llegaron á la puerta. 18 Y llamando, preguntaron, si un Simon, que tenia por sobrenombre Pedro, posaba allí. 19 Y estando Pedro pensando en la vision, le dijo el Espíritu: Hé aquí, tres varones te buscan: 20 levántate pues, y desciende, y no dudes de ir con ellos, porque yo los he enviado. 21 Entonces Pedro descendiendo á los varones que le eran enviados de Cornelio, dijo: Hé aquí, yo soy el que buscais: ¿qué es la causa por qué habeis venido? 22 Y ellos dijeron: Cornelio, el centurion, varon justo, y temeroso de Dios, y que tiene testimonio de toda la nacion de los Judíos, ha recibido respuesta por un santo ángel, de hacerte venir á su casa, y oir de [tí algunas] cosas. 23 Entonces metiéndolos dentro, los hospedó: y el dia siguiente levantándose se fué con ellos: y le acompañaron algunos de los hermanos de Joppe. 24 Y otro dia despues entraron en Cesaréa. Y Cornelio los estaba esperando, habiendo llamado sus parientes, y los amigos mas familiares. 25 Y como Pedro entró, Cornelio le salió á recibir: y derribándose á sus piés, adoró. 26 Y Pedro le levantó, diciendo: Levántate, que yo mismo soy hombre. 27 Y hablando con él, entró: y halló á muchos que se habian juntado. 28 Y les dijo: Vosotros sabeis, que es abominable á un varon Judío juntarse, ó llegarse á extranjero: mas me ha mostrado Dios, que á ningun hombre llame comun ó inmundo: 29 por lo cual llamado, he venido sin dudar: así que pregunto, ¿por qué causa me habeis hecho venir? 30 Entonces Cornelio dijo: Cuatro dias ha que á esta hora yo estaba ayuno: y á la hora de las nueve estando orando en mi casa, hé aquí, un varon se puso delante de mí en vestido resplandeciente, 31 y dijo: Cornelio, tu oracion es oida, y tus limosnas han venido en memoria en la presencia de Dios: 32 envia pues á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre Pedro: este posa en casa de Simon, un curtidor junto á la mar, el cual venido, te hablará. 33 Así que, luego envié á tí: y tú has hecho bien viniendo: ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios para oir todo lo que Dios te ha mandado. 34 Entonces Pedro, abriendo su boca, dijo: Por verdad hallo que Dios no hace acepcion de personas: 35 sino que de cualquiera nacion, que le teme y obra justicia, se agrada. 36 Envió palabra Dios á los hijos de Israél, anunciando la paz por Jesu Cristo: este es el Señor de todos. 37 Vosotros sabeis que la cosa ha sido hecha por toda Judéa: que comenzando desde Galiléa, despues del bautismo que Juan predicó: 38 á Jesus de Nazaret, como le ungió Dios de Espíritu Santo, y de potencia, que anduvo haciendo bienes, y sanando todos los oprimidos del diablo: porque Dios era con él. 39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en la tierra de Judéa, y en Jerusalem, al cual mataron colgándole en un madero. 40 A este Dios le levantó al tercer dia, é hizo que apareciese manifiesto: 41 no á todo el pueblo, sino á los testigos que Dios antes habia ordenado, [es á saber,] á nosotros, que comimos, y bebimos juntamente con él, despues que resucitó de los muertos. 42 Y nos mandó que predicásemos al pueblo, y testificásemos que él es el que Dios ha puesto por Juez de vivos y muertos. 43 A este dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdon de pecados por su nombre. 44 Estando aun hablando Pedro estas palabras, el Espíritu Santo cayo sobre todos los que oían el sermon. 45 Y se espantaron los fieles que eran de la circuncision, que habian venido con Pedro, de que tambien sobre los Gentiles se derramase el don del Espíritu Santo. 46 Porque los oian que hablaban en lenguas, y que magnificaban á Dios. Entonces Pedro respondió: 47 ¿Puede alguien impedir el agua, que no sean bautizados estos, que han recibido el Espíritu Santo tambien como nosotros? 48 Y los mandó bautizar en el nombre del Señor Jesus. Y le rogaron que se quedase con ellos por algunos dias. CAPITULO 11 1 Y OYERON los apóstoles, y los hermanos que estaban en Judéa, que tambien los Gentiles habian recibido la palabra de Dios. 2 Y como Pedro subió á Jerusalem, contendian contra él los que [eran] de la circuncision, 3 diciendo: ¿Por qué has entrado á varones incircuncisos, y has comido con ellos? 4 Entonces comenzando Pedro, les declaró por órden [lo pasado,] diciendo: 5 Estando yo en la ciudad de Joppe orando, ví, en exceso de entendimiento, una vision, [es á saber,] un vaso, como un gran lienzo, que descendia, que por los cuatro cantos era bajado del cielo, y venia hasta mí: 6 en el cual como puse los ojos, consideré, y ví animales terrestres de cuatro piés, y fieras, y reptiles, y aves del cielo: 7 y oí tambien una voz que me decia: Levántate, Pedro, mata, y come. 8 Y dije: Señor, no: porque ninguna cosa comun ni inmunda entró jamás en mi boca. 9 Entonces la voz me respondió del cielo la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo ensucies tú. 10 Y esto fué hecho por tres veces: y volvió todo á ser tomado arriba en el cielo. 11 Y hé aquí que luego tres varones sobrevinieron en la casa donde yo estaba, enviados á mí de Cesaréa. 12 Y el Espíritu me dijo, que me fuese con ellos sin dudar. Y vinieron tambien conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varon, 13 el cual nos contó como habia visto un ángel en su casa, que se paró, y le dijo: Envia á Joppe, y haz venir á un Simon, que tiene por sobrenombre Pedro, 14 el cual te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa. 15 Y como comencé á hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos, tambien como sobre nosotros al principio. 16 Entonces me acordé del dicho del Señor, como dijo: Juan ciertamente bautizó en agua: mas vosotros sereis bautizados en Espíritu Santo. 17 Así que, si Dios les dió el mismo don tambien como á nosotros que hemos creido en el Señor Jesu Cristo, ¿quién era yo que pudiese estorbar á Dios? 18 Entonces, oidas estas cosas, callaron, y glorificaron á Dios, diciendo: De manera que tambien á los Gentiles ha dado Dios penitencia para vida.* {*Lugar de convertirse á él para que vivan.} 19 Y LOS que habian sido esparcidos por [causa de] la tribulacion que fué hecha en tiempo de Estévan, anduvieron hasta Phenicia, y Cipro, y Antioquía, no hablando á nadie la palabra, sino á solos los Judíos. 20 Y de ellos habia unos varones Ciprios y Cirenenses, los cuales como entraron en Antioquía, hablaron á los Griegos, anunciando el Evangelio del Señor Jesus. 21 Y la mano del Señor era con ellos: y mucho número creyendo se convirtió al Señor. 22 Y llegó la fama de estas cosas á oidos de la Iglesia que estaba en Jerusalem: y enviaron á Barnabas que fuese hasta Antioquía: 23 el cual como llegó, y vió la gracia de Dios, se gozó; y exhortó á todos que permaneciesen en el propósito del corazon en el Señor. 24 Porque era varon bueno, y lleno de Espíritu Santo, y de fé: y mucha compañía fué allegada al Señor. 25 Y se partió Barnabas á Tarso á buscar á Saulo: y hallado, le trajo á Antioquía. 26 Y conversaron todo un año allí con la Iglesia: y enseñaron mucha compañía, de tal manera que los discípulos fueron llamados Cristianos primeramente en Antioquía. 27 Y EN aquellos dias descendieron de Jerusalem profetas á Antioquía. 28 Y levántandose uno de ellos, llamado Agabo, daba á entender por Espíritu, que habia de haber una grande hambre en toda la redondez de las tierras, la cual tambien fué en tiempo de Claudio César. 29 Entonces los discípulos, cada uno conforme á lo que tenia, determinaron de enviar subsidio á los hermanos que habitaban en Judéa. 30 Lo cual asimismo hicieron, enviando á los ancianos por mano de Barnabas y de Saulo. CAPITULO 12 1 Y EN el mismo tiempo el rey Herodes envió compañías [de soldados] para maltratar algunos de la Iglesia. 2 Y mató á Jacobo, el hermano de Juan, á cuchillo. 3 Y viendo que habia agradado á los Judíos, pasó adelante para prender tambien á Pedro, y eran los dias de los panes sin levadura. 4 El cual prendido, le echó en la cárcel, entregándole á cuatro cuaterniones de soldados, que le guardasen: queriendo sacarle al pueblo despues de la Pascua. 5 Así que, Pedro era guardado en la cárcel: y la Iglesia hacia oracion á Dios sin cesar por él. 6 Y cuando Herodes le habia de sacar, aquella misma noche, estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, preso con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta que guardaban la cárcel. 7 Y hé aquí, el ángel del Señor sobrevino, y la luz resplandeció en la cárcel: é hiriendo á Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate prestamente. Y las cadenas se le cayeron de las manos. 8 Y le dijo el ángel: Cíñete, y átate tus zapatos. Y lo hizo así. Y le dijo: Rodéate tu ropa, y sígueme. 9 Y saliendo, le seguia; y no sabia que era verdad lo que hacia el ángel: mas pensaba que veía vision. 10 Y como pasaron la primera y la segunda guarda, vinieron á la puerta de hierro, que va á la ciudad, la cual se les abrió de suyo: y salidos, pasaron una calle; y luego el ángel se apartó de el. 11 Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente, que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo el pueblo de los Judíos que me esperaba. 12 Y considerando [esto,] llegó á casa de María la madre de Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban congregados, y orando. 13 Y tocando Pedro á la puerta del patio, salió una muchacha, para escuchar: se llamaba Rhode. 14 La cual como conoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino corriendo dentro, dió nueva, que Pedro estaba á la puerta. 16 Y ellos le dijeron: Estás loco: mas ella afirmaba que era así. Entonces ellos decian: Su ángel es. 16 Mas Pedro perseveraba en llamar: y como le abrieron, le vieron, y se espantaron. 17 Y [él] haciéndoles señal con la mano que callasen, les contó como el Señor le habia sacado de la cárcel; y dijo: Haced saber esto á Jacobo y á los hermanos. Y salido, se partió á otro lugar. 18 Siendo pues de dia, habia no poco alboroto entre los soldados, sobre qué se habia hecho de Pedro. 19 Mas Herodes, como le buscó, y no le halló, hecha inquisicion de los guardas, los mandó llevar. Y descendiendo de Judéa á Cesaréa, se quedó [allí.] 20 Y Herodes estaba enojado contra los de Tyro, y los de Sidón: mas ellos vinieron concordes á él; y sobornado Blasto, que era el camarero del rey, pedian paz: porque las tierras de ellos eran mantenidas del rey. 21 Y un dia señalado, Herodes, vestido de ropa real, se sentó en el tribunal, y les habló. 22 Y el pueblo aclamaba: Voz de Dios, y no de hombre. 23 Y luego el ángel del Señor le hirió, por cuanto no dió la gloria á Dios; y comido de gusanos espiró. 24 Mas la palabra del Señor crecia, y era multiplicada. 25 Y Barnabas y Saulo volvieron de Jerusalem, cumplido su servicio, tomando juntamente [consigo] á Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos. CAPITULO 13 1 HABIA entonces en la Iglesia, que estaba en Antioquía, profetas y doctores, Barnabas, y Simon el que se llamaba Niger, y Lucio Cirenéo, y Manahen, que habia sido criado con Herodes el tetrarca, y Saulo. 2 Ministrando pues estos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme á Barnabas y á Saulo para la obra para la cual los he llamado. 3 Entonces ayunando y orando, y poniéndoles las manos encima, los enviaron. 4 Y ellos entonces, enviados por el Espíritu Santo, descendieron á Seleucia: y de allí navegaron á Cipro. 5 Y llegados á Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los Judíos: y tenian tambien á Juan en el ministerio. 6 Y habiendo atravesado la isla hasta Pafo, hallaron á un varon mago, falso profeta, Judío, llamado Bar-jesus: 7 el cual estaba con el Procónsul Sergio Paulo, varon prudente: este, llamando á Barnabas y á Saulo, deseaba oir la palabra de Dios. 8 Mas les resistia Elimas el encantador, (que así se interpreta su nombre,) procurando de apartar de la fé al Procónsul. 9 Entonces Saulo, que tambien [es] Pablo, lleno del Espíritu Santo, poniendo en él los ojos, 10 dijo: ¡Oh, lleno de todo engaño y de toda maldad, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿no cesarás de trastornar los caminos rectos del Señor? 11 ahora, pues, hé aquí, la mano del Señor [es] contra tí, y serás ciego, que no veas el sol por tiempo. Y luego cayó en él oscuridad y tinieblas: y andando al rededor buscaba quién le diese la mano. 12 Entonces el Procónsul, viendo lo que habia sido hecho, creyó, maravillado de la doctrina del Señor. 13 Y partidos de Pafo, Pablo, y los que estaban con él, vinieron á Perges de Panfilia: entonces Juan, apartándose de ellos, se volvió á Jerusalem. 14 Y ELLOS pasando de Perges, vinieron á Antioquía de Pisidia; y entrando en la sinagoga un dia de sábado, se asentaron. 15 Y despues de la leccion de la ley y de los profetas, los príncipes de la sinagoga enviaron á ellos, diciendo: Varones hermanos, si hay entre vosotros alguna palabra de exhortacion para el pueblo, hablad. 16 Entonces Pablo, levantándose, hecho silencio con la mano, dice: Varones Israelitas, y los que temeis á Dios, oíd. 17 El Dios del pueblo de Israél escogió á nuestros padres, y ensalzó el pueblo, siendo ellos extranjeros en la tierra de Egipto, y con brazo levantado los sacó de ella. 18 Y por tiempo como de cuarenta años soportó sus costumbres en el desierto. 19 Y destruyendo las siete gentes en la tierra de Chanaán, les repartió por suerte la tierra de ellas. 20 Como por cuatrocientos y cincuenta años despues dióles jueces hasta el profeta Samuél. 21 Y entonces demandaron rey: y les dió Dios á Saúl, hijo de Cis, varon de la tribu de Benjamin, por cuarenta años. 22 Y quitado aquel, les levantó el rey David, al cual dió testimonio, diciendo: He hallado á David, [hijo] de Isaí, varon conforme á mi corazon, el cual hará todo lo que yo quiero. 23 De la simiente de este, Dios, conforme á la promesa, levantó á Jesus por Salvador á Israél; 24 predicando Juan delante de la faz de su venida el bautismo de penitencia á todo el pueblo de Israél. 25 Mas como Juan cumpliese su carrera, dijo: ¿Quién pensais que soy? no soy yo: mas, hé aquí, viene tras mí [aquel,] cuyos zapatos de los piés no soy digno de desatar. 26 Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros temen á Dios, á vosotros es enviada esta palabra de salud. 27 Porque los que habitaban en Jerusalem, y sus príncipes, no conociendo á este, y las voces de los profetas que se leen todos los sábados, condenándo[le las] cumplieron. 28 Y sin hallar en él causa de muerte, pidieron á Pilato que le matasen. 29 Y habiendo cumplido todas las cosas que de él eran escritas, quitándole del madero, le pusieron en el sepulcro. 30 Mas Dios le levantó de los muertos. 31 El cual fué visto por muchos dias de los que habian subido juntamente con él de Galiléa á Jerusalem, los cuales son sus testigos al pueblo. 32 Y nosotros tambien os anunciamos el Evangelio de aquella promesa que fué hecha á los Padres, la cual Dios ha cumplido á los hijos de ellos, á nosotros, resucitando á Jesus: 33 como tambien en el Salmo segundo está escrito: Mi hijo eres tú, yo te engendré hoy. 34 Y que le levantó de los muertos para nunca mas volver á corrupcion, así dijo: Que os daré las misericordias fieles [prometidas] á David. 35 Por tanto en otra parte dice: No darás tu Santo que vea corrupcion. 36 Porque á la verdad David, habiendo servido en su edad á la voluntad de Dios, durmió, y fué juntado con sus padres, y vió corrupcion. 37 Mas aquel que Dios levantó, no vió corrupcion. 38 Séaos pues notorio, varones hermanos, que por este os es anunciada remision de pecados: 39 y de todo lo que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en este es justificado todo aquel que creyere. 40 Mirad pues que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas: 41 Mirad, oh menospreciadores, y entontecéos, y desvanecéos: porque yo obro obra en vuestros dias, obra que no la creeréis si alguien os la contare. 42 Y SALIDOS de la sinagoga de los Judíos, los Gentiles les rogaron, que el sábado siguiente les hablasen estas palabras. 43 Y enviada la congregacion, muchos de los Judíos, y de los religiosos extranjeros siguieron á Pablo y á Barnabas: los cuales hablándoles, les persuadian que permaneciesen en la gracia de Dios. 44 Y el sábado siguiente se juntó casi toda la ciudad á oir la palabra de Dios. 45 Entonces los Judíos, vista la compañía, fueron llenos de zelo, y contradecian á lo que Pablo decia, contradiciendo y blasfemando. 46 Entonces Pablo y Barnabas, usando de libertad, dijeron: A vosotros á la verdad era menester que se os hablase la palabra de Dios: mas, pues que la desechais, y os juzgais indignos de la vida eterna, hé aquí, [nosotros] nos volvemos á los Gentiles. 47 Porque así nos lo mandó el Señor: Te he puesto para luz de los Gentiles, para que seas por salud hasta lo postrero de la tierra. 48 Y los Gentiles oyendo esto, fueron gozosos, y glorificaban la palabra del Señor; y creyeron todos los que estaban antes ordenados para vida eterna. 49 Y la palabra del Señor era sembrada por toda aquella provincia. 50 Mas los Judíos concitaron mujeres pias y honestas, y á los principales de la ciudad, y levantaron persecucion contra Pablo y Barnabas, á los cuales echaron de sus términos. 51 Ellos entonces sacudiendo en ellos el polvo de sus piés, se vinieron á Iconio. 52 Y los discípulos estaban llenos de gozo, y de Espíritu Santo. CAPITULO 14 1 Y ACONTECIÓ en Iconio, que entrados juntamente en la sinagoga de los Judíos, hablaron de tal manera que creyó una grande multitud de Judíos, y asimismo de Griegos. 2 Mas los Judíos que fueron incrédulos, incitaron, y corrompieron los ánimos de los Gentiles contra los hermanos. 3 Con todo eso se detuvieron allí mucho tiempo confiados en el Señor, el cual daba testimonio á la palabra de su gracia, dando que señales y milagros fuesen hechos por las manos de ellos. 4 Y el vulgo de la ciudad fué dividido: y unos eran con los Judíos, y otros con los apóstoles. 5 Y haciendo ímpetu los Judíos y los Gentiles, juntamente con sus príncipes, para afrentarlos y apedrearlos, 6 entendiéndolo se huyeron á Listra y Derbe, ciudades de Licaonia, y por toda la tierra al rededor. 7 Y allí predicaban el Evangelio. 8 Y un varon de Listra, impotente de los piés, estaba sentado, cojo desde el vientre de su madre, que jamás habia andado. 9 Este oyó hablar á Pablo: el cual, como puso los ojos en él, y vió que tenia fé para ser sano, 10 dijo á gran voz: Levántate derecho sobre tus piés. Y [él] saltó, y anduvo. 11 Entonces las compañías, visto lo que Pablo habia hecho, alzaron la voz, diciendo en lengua Licaónica: Dioses semejantes á hombres han descendido á nosotros. 12 Y á Barnabas llamaban Júpiter; y á Pablo, Mercurio, porque este era el que hablaba. 13 Y el sacerdote de Júpiter que estaba delante de la ciudad de ellos, trayendo toros y coronas delante de las puertas, queria con el pueblo sacrificar[les.] 14 Lo cual como oyeron los apóstoles Barnabas y Pablo, saltaron á las compañías, rasgadas sus ropas, dando voces, 15 y diciendo: Varones, ¿por qué haceis esto? nosotros tambien somos hombres semejantes á vosotros, que os anunciamos que de estas vanidades os convirtais al Dios vivo, que hizo el cielo, y la tierra, y la mar, y todo lo que está en ellos: 16 el cual en las edades pasadas ha dejado á todas las gentes andar en sus caminos: 17 aunque no se dejó á sí mismo sin testimonio, bien haciendo, dándonos lluvias del cielo, y tiempos fructíferos, llenando de mantenimiento, y de alegría nuestros corazones. 18 Y diciendo estas cosas, apenas apaciguaron las compañías á que no les sacrificasen. 19 Entonces sobre vinieron unos judíos de Antioquía y de Iconio, que persuadieron á la multitud: y habiendo apedreado á Pablo, le trajeron arrastrando fuera de la ciudad, pensando que ya estaba muerto. 20 Mas rodeándole los discípulos, se levantó, y se entró en la ciudad: y un dia despues se partió con Barnabas á Derbe. 21 Y como hubieron anunciado el Evangelio á aquella ciudad, y enseñado á muchos, volviéronse á Listra, y á Iconio, y á Antioquía, 22 confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándolos que permaneciesen en la fé; y [enseñándoles] que es menester que por muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios. 23 Y habiéndoles constituido ancianos en cada una de las Iglesias, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en el cual habian creido. 24 Y pasando por Pisidia vinieron á Panfilia. 25 Y habiendo hablado la palabra [del Señor] en Perges, descendieron á Atalia. 26 Y de allí navegaron á Antioquía, donde habian sido encomendados á la gracia de Dios para la obra que ya habian acabado. 27 Y como vinieron, y juntaron la Iglesia, relataron cuán grandes cosas habia hecho Dios por [medio de] ellos; y cómo habia abierto á los Gentiles la puerta de la fé. 28 Y se quedaron allí mucho tiempo con los discípulos. CAPITULO 15 1 ENTONCES algunos que venian de Judéa enseñaban á los hermanos: Que si no os circuncidais, conforme al rito de Moisés, no podeis ser salvos. 2 Así que hecha una sedicion y contienda no pequeña á Pablo y á Barnabas contra ellos, determinaron que subiesen Pablo y Barnabas, y algunos otros de ellos á los apóstoles y á los ancianos á Jerusalem sobre esta cuestion 3 Ellos pues, acompañados [de algunos] de la Iglesia, pasaron por Phenicia y Samaria, contando la conversion de los Gentiles: y hacian gran gozo á todos los hermanos. 4 Y venidos á Jerusalem, fueron recibidos de la Iglesia, y de los apóstoles, y de los ancianos: y les hicieron saber todas las cosas que Dios habia hecho por [medio de] ellos. 5 Mas algunos de la secta de los Fariséos, que habian creido, se levantaron, diciendo: Que es menester circuncidarlos, y mandar[les] que guarden la ley de Moisés. 6 Y se juntaron los apóstoles y los ancianos para conocer de este negocio. 7 Y habiendo habido grande contienda, levantándose Pedro, les dijo: Varones hermanos, vosotros sabeis como ya ha algun tiempo que Dios escogió, que los Gentiles oyesen por mi boca la palabra del Evangelio, y que creyesen: 8 y Dios, que conoce los corazones, les dió testimonio, dándoles el Espíritu Santo tambien como á nosotros: 9 y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando con la fe sus corazones: 10 ahora pues, ¿por qué tentais á Dios poniendo yugo sobre la cerviz de los discípulos, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar? 11 antes por la gracia del Señor Jesu Cristo creemos que seremos salvos, como tambien ellos. 12 Entonces toda la multitud calló, y oyeron á Barnabas y á Pablo que contaban cuán grandes maravillas y señales Dios habia hecho por [medio de] ellos entre los Gentiles. 13 Y despues que hubieron callado, Jacobo respondió, diciendo: Varones hermanos, oídme. 14 Simon ha contado como primero Dios visitó á los Gentiles, para tomar de ellos pueblo para su nombre. 15 Y con esto concuerdan las palabras de los profetas, como está escrito: 16 Despues de esto volveré, é instauraré la cabaña de David que estaba caida: y restauraré sus ruinas, y la volveré á levantar: 17 para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los Gentiles sobre los cuales es llamado mi nombre, dice el Señor, que hace todas estas cosas. 18 Notorias son á Dios desde el siglo todas sus obras. 19 Por lo cual yo juzgo, que los que de los Gentiles se convierten á Dios, no han de ser inquietados: 20 sino escribirles que se aparten de las contaminaciones de los ídolos, y de fornicacion, y de ahogado, y de sangre. 21 Porque Moisés desde los tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien le predique en las sinagogas, donde es leido cada sábado. 22 Entonces pareció bien á los apóstoles, y á los ancianos con toda la Iglesia, elegir varones de ellos, y enviarlos á Antioquía con Pablo y Barnabas, á Judas que tenia por sobrenombre Barsabas, y á Sílas, varones principales entre los hermanos; 23 y escribir por mano de ellos [así:] Los apóstoles, y los ancianos, y los hermanos, á los hermanos de los Gentiles que están en Antioquía, y en Syria, y en Cilicia, salud: 24 Por cuanto hemos oido que algunos, que han salido de nosotros, os han inquietado con palabras, trastornando vuestras almas, mandando circuncidaros y guardar la ley, á los cuales no mandamos: 25 nos ha parecido, congregados en uno, elegir varones, y enviarlos á vosotros con nuestros amados Barnabas y Pablo, 26 hombres que han entregado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesu Cristo: 27 así que, enviamos á Judas, y á Silas, los cuales tambien por palabra os harán saber lo mismo. 28 Que ha parecido bien al Espíritu Santo, y á nosotros, de ninguna carga poneros mas que estas cosas necesarias: 29 que os aparteis de las cosas sacrificadas á ídolos, y de sangre, y de ahogado, y de fornicacion: de las cuales cosas si os guardáreis, hareis bien. Bien tengais. 30 Ellos entonces enviados, descendieron á Antioquía, y juntando la multitud, dieron la carta. 31 La cual como leyeron, fueron gozosos de la consolacion. 32 Judas y Silas, como ellos tambien eran profetas, consolaron y confirmaron los hermanos con abundancia de palabra. 33 Y pasando allí algun tiempo fueron enviados de los hermanos á los apóstoles en paz. 34 Mas á Silas pareció bien de quedarse allí. 35 Y Pablo y Barnabas se estaban en Antioquía enseñando la palabra del Señor, y anunciando el Evangelio con otros muchos. 36 Y DESPUES de algunos dias Pablo dijo á Barnabas: Volvamos á visitar los hermanos por todas las ciudades en las cuales hemos anunciado la palabra del Señor, cómo están. 37 Y Barnabas queria que tomasen consigo á Juan, el que tenia por sobrenombre Marcos: 38 mas á Pablo, le parecia que no habia de ser tomado el que se habia apartado de ellos desde Panfilia, y no habia ido con ellos á la obra. 39 Y hubo [tal] contencion [entre ellos,] que se apartaron el uno del otro: y Barnabas tomando á Marcos navegó á Cipro. 40 Y Pablo escogiendo á Silas, se partió, encomendado de los hermanos á la gracia de Dios: 41 y anduvo la Syria y la Cilicia confirmando las Iglesias. CAPITULO 16 l Y VINO hasta Derbe, y Listra: y hé aquí, estaba allí un discípulo, llamado Timotéo, hijo de una mujer Judía fiel, mas de padre Griego. 2 De este daban buen testimonio los hermanos que estaban en Listra y en Iconio. 3 Este quiso Pablo que fuese con él; y tomándole, le circuncidó, por causa de los Judíos que estaban en aquellos lugares: porque todos sabian que su padre era Griego. 4 Y como pasaban por las ciudades, les daban que guardasen los decretos, qué habian sido determinados por los apóstoles y los ancianos que [estaban] en Jerusalem. 5 Así que las Iglesias eran confirmadas en fé, y eran aumentadas en número cada dia. 6 Y pasando á Frigia, y la provincia de Galacia, les fué defendido por el Espíritu Santo de hablar la palabra en Asia. 7 Y como vinieron en Misia, tentaron de ir á Bitinia, mas no los dejó el Espíritu ir. 8 Y pasando á Misia, descendieron á Troas. 9 Y fué mostrada á Pablo de noche una vision: Un varon Macedonio se puso delante, rogándole, y diciendo: Pasa á Macedonia, y ayúdanos. 10 Y como vió la vision, luego procuramos partir á Macedonia, certificados que Dios nos llamaba para que les anunciásemos el Evangelio. ll Y partidos de Troas, venimos camino derecho á Samotracia, y el dia siguiente á Nápoles. 12 Y de allí á Filipos, que es la primera ciudad de la parte de Macedonia, [y es] colonia: y estuvimos en aquella ciudad algunos dias. 13 Y un dia de los sábados salimos de la ciudad al rio, donde solia ser la oracion; y sentándonos hablamos á las mujeres que se hablan juntado. 14 Entonces una mujer, llamada Lidia, que vendia púrpura en la ciudad de los Tiatiréos, temerosa de Dios, oyó: el corazon de la cual abrió el Señor, para que estuviese atenta á lo que Pablo decia. 15 Y como fué bautizada, con su casa, [nos] rogó, diciendo: Si habeis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad: y nos constriñió. 16 Y aconteció, que yendo nosotros á la oracion, una muchacha que tenia espíritu Pitónico, nos salió delante: la cual daba grande ganancia á sus amos adivinando. 17 Esta, siguiendo á Pablo, y á nosotros, daba voces, diciendo: Estos hombres son siervos del Dios Alto, los cuales os anuncian el camino de salud. 18 Y esto hacia por muchos dias, mas desagradando [esto] á Pablo, se volvió, y dijo al espíritu: Te mando en el nombre de Jesu Cristo, que salgas de ella. Y salió en la misma hora. 19 Y viendo sus amos que habia salido la esperanza de su ganancia, prendieron á Pablo y á Silas; y los trajeron á la audiencia, al magistrado. 20 Y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, siendo Judíos; 21 y predican ritos, los cuales no nos es lícito recibir ni hacer, pues somos Romanos. 22 Y concurrió el pueblo contra ellos: y los magistrados rasgándoles sus ropas los mandaron azotar con varas. 23 Y despues que los hubieron herido de muchos azotes, los echaron en la cárcel, mandando al carcelero que los guardase con diligencia. 24 El cual, recibido este mandamiento, los metió en la cárcel de mas adentro, y les apretó los piés en el cepo. 25 Mas á media noche orando Pablo y Silas, cantaban himnos: y los que estaban presos los oian. 26 Entonces fué hecho de repente un gran terremoto, de tal manera que los cimientos de la cárcel se movian: y luego todas las puertas se abrieron; y las prisiones de todos se soltaron. 27 Y despertado el carcelero, como vió abiertas las puertas de la cárcel, sacando la espada se queria matar, pensando que los presos se habian huido. 28 Entonces Pablo clamó á gran voz, diciendo: No te hagas ningun mal: que todos estamos aquí. 29 El entonces pidiendo lumbre, entró dentro, y temblando se derribó á los piés de Pablo y de Silas. 30 Y sacándolos fuera, les dice: Señores, ¿qué es menester que yo haga para ser salvo? 31 Y ellos le dijeron: Cree en el Señor Jesu Cristo, y serás salvo tú, y tu casa. 32 Y le hablaron la palabra del Señor, y