The Project Gutenberg EBook of Viajes de un Colombiano en Europa, II by José Maria Samper This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net Title: Viajes de un Colombiano en Europa, II Volume 2 of 2 Volumes Author: José Maria Samper Release Date: February 14, 2005 [EBook #15054] Language: Spanish Character set encoding: ISO-8859-1 *** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK VIAJES DE UN COLOMBIANO *** Produced by Miranda van de Heijning, Chuck Greif and the Online Distributed Proofreading Team. VIAJES DE UN COLOMBIANO EN EUROPA POR JOSÉ M. SAMPER. SEGUNDA SERIE SUIZA Y SABOYA.-ALEMANIA DEL RIN.-BÉLGICA.-FRANCIA. PARIS IMPRENTA DE E. THUNOT Y Cª, CALLE RACINE, 26. 1862 A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE. MONSIEUR, Désirant vivement donner à la savante Société dont vous êtes le digne président, un témoignage de ma reconnaissance et de mon attachement, j'ai l'honneur de vous prier d'accepter la dédicace que je suis heureux de faire à la Société d'Ethnographie, du second volume de mes _Voyages en Europe_. Veuillez accepter aussi, mon savant et respectable collègue, l'assurance de ma considération la plus distinguée. JOSÉ M. SAMPER. Paris, le 1er juillet 1862. ÍNDICE. A MONSIEUR LE PRÉSIDENT DE LA SOCIÉTÉ D'ETHNOGRAPHIE ORIENTALE ET AMÉRICAINE DE FRANCE v INTRODUCCIÓN. 1 PRIMERA PARTE SUIZA Y SABOYA. CAPÍTULO I.--DE PARIS A GINEBRA.--La Francia centro-oriental.--Los paisanos franceses.--Las campiñas bresanas.--La vuelta del vencedor. 7 CAP. II.--IDEA GENERAL DE SUIZA.--Configuracion orográfica. --Hidrografía.--Historia de los Suizos.--Instituciones políticas --Division general del país. 19 CAP. III.--GINEBRA.--Geografía del Canton.--El lago Laman.--Resúmen histórico.--Estructura general de Ginebra.--Sus condiciones políticas y sociales.--Monumentos é instituciones públicas.--Las casas de prision.--Ginebra como centro social europeo. 38 CAP. IV.--LOS ALPES SABOYARDOS.--Los compañeros de viaje.--La hoya del Arve.--El valle de Chamonix.--El grupo del Monte-Blanco.--Las neveras.--Contrastes naturales y curiosidades. 58 CAP. V.--LA HOYA DEL ALTO RODANO.--El camino de la «Cabeza-Negra.»--El canton de Valais.--El valle del Dranza y Martigny.--El Ródano. 74 CAP. VI.--EL CANTON DE VAUD.--Territorio y poblacion del Canton.--Su historia;--sus instituciones;--sus producciones;--sus institutos.--La ciudad de Vevey y su panorama.--Objetos interesantes y curiosos. 83 CAP. VII.--VAUD Y NEUCHATEL.--Losana y sus cercanías.--Sus monumentos é institutos.--De Losana á Iverdun.--Iverdun.--El lago de Neuchâtel.--El Canton.--Su historia.--Sus instituciones y productos.--El régimen comunal.--La ciudad de Neuchâtel.--Un panorama suizo. 95 CAP. VIII.--EL CANTON DE FRIBURGO.--La diligencia suiza.--Los tres lagos hermanos.--Morat.--Geografía del Canton;--su historia;--sus instituciones.--Panorama de Friburgo.--Sus monumentos y curiosidades.--La ermita de la Magdalena. 115 CAP. IX.--EL CANTON DE BERNA.--De Friburgo á Berna.--Los artistas y artesanos viajeros.--Topografía del Canton.--Historia de la república bernesa;--su poblacion é instituciones.--Producciones, industria y objetos mas notables.--La ciudad de Berna;--sus institutos y curiosidades. 132 CAP. X.--LA REGION DEL OBERLAND.--De Berna á Thun.--Una reflexion sobre la civilizacion moderna.--La villa de Thun.--Magnificencias de su lago.--Unterseen é Interlaken.--El tipo de las paisanas.--El Lütschina.--Grindelwald.--Las neveras y sus grutas.--Escenas sociales.--La vida campestre. 149 CAP. XI.--EL CANTON DE UNTERWALDEN.--El lago de Brienz.--Giessbach. --Brienz.--El valle de Meyringen.--El cuello de Brünig.--Los valles de Sarnen.--Un paisaje de parroquia.--Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton. 165 CAP. XII.--LOS CUATRO-CANTONES.--Idea general topo-hidrográfica.--La ciudad de Lucerna.--Curiosidades.--Un contraste social.--Condiciones generales del canton de Lucerna.--El lago de los Cuatro-Cantones.--Su navegacion y aspecto interior.--Recuerdos de la independencia. 180 CAP. XIII.--LOS PEQUEÑOS CANTONES.--Altorf.--El canton de Urí--Los valles de Schwyz.--Goldau.--La ascencion del Rigi.--Escenas del Rigi-Kulm.--Panorama de la Suiza central. 195 CAP. XIV.--ZUG Y ZURIC.--Küssnach, Immensée y el lago de Zug.--La capital y el canton de Zug.--Horgen y el lago de Zuric.--Instituciones y condiciones sociales del Canton.--La ciudad de Zuric, situacion y aspecto.--Historia, monumentos y curiosidades. 216 CAP. XV.--LA HOYA DEL RIN.--Las comunicaciones en Suiza.--De Zuric á Schaffhousen.--La catarata del Rin.--La ciudad y el canton de Schaffhousen.--Navegacion del alto Rin.--La ciudad de Constanza.--Los lagos internacionales. 229 CAP. XVI.--TRAVESIA DE SUIZA.--El canton de San-Gall;--su historia, sus instituciones, sus elementos económicos.--La ciudad de San-Gall,--su situacion, sus monumentos y curiosidades.--El canton de Turgovia.--El canton de Argovia.--Solera y Basilea-Campaña. 241 CAP. XVII.--BASILEA Y LA SUIZA.--La ciudad de Basilea; situacion y panorama.--El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.--Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.--Observaciones comparativas respecto de la Confederacion. 248 SEGUNDA PARTE. LA REGION DEL RIN. CAPÍTULO I.--EL GRAN-DUCADO DE BADEN.--De Basilea á Freiburgo.--El Rin central y sus panoramas.--Nociones importantes respecto del gran-ducado.--Costumbres alemanas.--La ciudad de Freiburgo. 267 CAP. II.--ALGO DE LA FRANCIA ALEMANA.--Kohl.--Un portero frances.--Estrasburgo.--La campaña alsaciana.--Una familia francesa en el campo. 281 CAP. III.--BADEN-BADEN.--El paso de la frontera.--Aspecto general de Báden-Báden.--El mundo á la moda y las ciudades de aguas medicinales.--Monumentos y curiosidades de Báden-Báden.--Sus cercanías. 295 CAP. IV.--LAS CIUDADES BADENSES.--Carlsruhe.--Las ciudades nuevas de Alemania.--Heidelberg;--su Universidad y sus curiosidades.--Los estudiantes de Alemania.--Las ruinas del Castillo. 307 CAP. V.--DE HEIDELBERG A FRANCFORT.--Mannheim y el Rin.--El gran ducado de Darmstad; su gobierno y sus condiciones generales.--La ciudad capital.--Una familia típica. 317 CAP. VI.--DOS ESTADOS ALEMANES.--La república de Francfort; --su importancia comercial y política.--La ciudad de Francfort;--su situacion;--su movimiento social;--sus banqueros y sus judíos.--El ducado de Nassau.--Wiesbáden y sus cercanías. 327 CAP. VII.--EL RIN.--Cástel.--Mayenza.--Las riberas del rio.--Una hija de la pérfida Albion, á bordo de un vapor y en tierra. 338 CAP. VIII.--LA PRUSIA RINEANA.--Idea general del país.--Coblenza.--El castillo de Stolzenfels.--El Rin abajo de Coblenza.--Colonia;--su catedral;--las fábricas de Juan María Farina. 346 CAP. IX.--DEL RIN A LIEJA.--Trayecto entre Colonia y Aquisgran.--La ciudad de Carlomagno;--sus monumentos y curiosidades.--El Sud-este de Bélgica. 357 TERCERA PARTE. BÉLGICA. CAPITULO I.--LA NACION BELGA.--Resúmen histórico.--Topografía general del país.--Instituciones políticas.--Poblacion.--Estadística. --Agricultura.--Industria y minería.--Comercio y vías de comunicacion. 365 CAP. II.--LIEJA Y EL BRABANTE.--Poblacion y panorama de Lieja.--Importancia industrial de la ciudad.--Su aspecto interior y sus monumentos.--Tirlemont.--Lováina.--Malínas. 375 CAP. III,--AMBÉRES.--Aspecto general de la ciudad.--Comercio y bellas artes.--Carácter múltiple de Ambéres.--Sus calles, monumentos, museos y curiosidades. --Jardines y paseos 384 CAP. IV.--BRUSÉLAS.--La sociedad belga bajo el punto de vista político.--Estructura general de Brusélas.--El periodismo y la librería.--Fisonomía moral de Brusélas;--su poblacion.--Monumentos civiles;--la casa municipal,--varios palacios.--Monumentos religiosos.--Museos, bibliotecas y estatuas públicas.--Jardines científicos. 395 CAP. V.--EL PAÍS FLAMENCO.--Idea general de Flándes.--La raza, la literatura y el arte flamencos.--Gante: su estructura y sus alderredores.--Monumentos é institutos civiles; el Beffroi y sus tradiciones.--Monumentos é institutos religiosos; el «Béguinage.»--Objetos de arte; el Museo de pinturas; el Jardin botánico y el zoológico. 405 CAP. VI.--LA REGION MARÍTIMA.--La ciudad de Brujas; aspecto general.--Monumentos é institutos diversos.--Objetos de arte y prácticas religiosas.--Ostende; su panorama; sus baños; su sociedad.--El comercio y la pesca de los Belgas. 417 CAP. VII.--DE OSTENDE A PARIS.--El nor-oeste de Bélgica.--Courtrai y la frontera.--La ciudad de Lila.--Donai.--Arras. 426 INTRODUCCION. La buena descripcion de un viaje, aunque requiere ciertas condiciones poco vulgares, es un trabajo ménos laborioso de lo que generalmente se piensa. Pero viajar, ó _saber viajar_ es un arte mas delicado y difícil de lo que á muchos parece. Cuando se viaja puramente por gozar y sacudir el fastidio, no se hace otra cosa que vagar en un país ó vegetar moviéndose. El pseudo-viajero, impelido por una curiosidad sin consecuencias, se parece entónces á la hoja que flota en el torbellino de un huracan, sin tendencia propia ni significacion. El viaje es un arte complejo de investigacion metódica al mismo tiempo que de _capricho inteligente_. Él requiere, por una parte, cualidades de viva impresionabilidad, imaginacion poética, severo criterio, curiosidad de observacion y libertad de espíritu, conjuntamente; y por otra, tiempo, dinero, paciencia, conocimiento de las lenguas y ciertas ventajas aplicables al país que se visita. Por eso, al emprender una serie de _excursiones_, mas bien que _viajes_, en Europa, he comprendido bien, sin alucinarme, las desventajas de mi posicion personal. Colombiano de nacimiento, aunque cosmopolita por mis convicciones, le pertenezco ante todo á mi patria colombiana, de la cual no puedo estar por largo tiempo ausente. Pero ansioso de buscar la verdad, siguiendo y comparando el movimiento vario de los pueblos mas adelantados en civilizacion, he tenido que conciliar dos necesidades igualmente imperiosas.--No pudiendo disponer de mas de cinco años en Europa, he tenido forzosamente que reducirme al estudio atento de las dos sociedades mas adelantadas--Francia é Inglaterra,--y en cuanto á las demas, hacer rápidas excursiones que me permitan palpar y comprender apénas los hechos mas característicos y sobresalientes, las formas ó los fenómenos mas visibles de la civilizacion europea. Es del conjunto de esas grandes formas que un hijo del Nuevo Mundo, ansioso de luz pero sin experiencia, puede obtener la nocion sintética del giro y de la índole de esa civilizacion. Si hubiera de dirigirme á lectores europeos, ó no escribiria la relacion de mis modestos viajes, ó habría procurado darles á estos otras proporciones, trazándome un método que me permitiese emprender estudios de alguna seriedad ó trascendencia, dentro de la medida de mis débiles fuerzas. Pero no: viajo por mi patria, es decir con el solo fin de serle útil, y escribo para mis compatriotas y hermanos los Hispano-Colombianos. He creido que lo que importa mas por el momento no es profundizar ciertos estudios, sino vulgarizar ó generalizar nociones. A los pueblos de Hispano-Colombia no les ha llegado todavía el momento de los estudios fuertes, por la sencilla razón de que la inmensa masa popular no tiene aún la nocion general del progreso europeo. Hasta tanto que esa masa no haya recibido la infusion elemental de luz y fuerza que necesita para emprender su marcha (porque hoy no se _marcha_ sino que se anda á tientas) el mejor servicio que se le puede hacer es el de la simple vulgarizacion de las ideas elementales. Despues vendrá el tiempo de los trabajos laboriosos y profundos. La inmensa mayoría de los Hispano-Colombianos no conoce, por falta de contacto íntimo con Europa, los rudimentos ó las verdaderas condiciones del juego general de la política, las letras, la industria, el comercio y todos los grandes intereses vinculados en Europa. De ahí provienen graves errores de apreciacion, de imitacion ó de indiferencia, que se revelan en la política, la literatura, la legislacion y las manifestaciones económicas de Hispano-Colombia. Desvanecer, si puedo, esos errores, dándole á la expresion de lo que me parece la verdad las formas simpáticas de lo pintoresco y el atractivo de una rápida, fiel y animada narración, tal es el objeto de estas páginas de impresiones. Hasta ahora no han llegado á Colombia, relativamente á Europa, sino dos géneros de escritos: ó _memorias_ novelescas, escritas con un fin de especulacion literaria, como las de Alejandro Dumas y muchos otros escritores franceses, que desnaturalizan las cosas, á fuerza de ingenio, exageracion y fantasía, y prescinden de los hechos _sociales_, ocupándose solo de lo pintoresco y divertido; ó estudios especiales y científicos, que presuponen el conocimiento de las situaciones generales. El primero de esos géneros de narracion ó de estudio es pernicioso en Colombia, porque propaga las mas falsas nociones. El segundo es incompleto y árido, incomprensible para los que no conocen la fisonomía general del país de que se trata. Mi proceder, como narrador de rápidas y modestas excursiones, es muy sencillo: consiste en no dejar en olvido nada de lo que he observado, ó mirado siquiera, interesante por algun rasgo característico; y en no inventar nada, sino relatar con candor cuanto me ha impresionado por cualquier motivo, manteniendo en la exposicion de todos los pormenores, por variados que sean, la armonía de la verdad, de lo bello y lo útil, de lo natural y social. Es así como surge de la narracion la imágen compleja de un país, semejante á una fisonomía humana en que se ven armonizar diversas formas: el ojo ardiente y luminoso, que revela un espíritu; la boca palpitante, que respira pasion, y la protuberancia huesosa ó muscular, donde reside una fuerza. Aun limitando mis viajes á humildes proporciones, he querido seguir cierto método.--Primero Francia, el gran foco de la civilizacion moderna, de donde irradia toda inspiracion fecunda, en el vasto grupo de sociedades que tuvo su punto de partida en la civilizacion latina.--En seguida España, el país análogo, la fuente europea de las repúblicas Hispano-Colombianas.--Despues la Confederacion Helvética, cuya constitucion política corresponde en sus formas generales á las de mi patria natal.--Luego Alemania, Bélgica y Holanda, donde se asiste, en la primera, á la lucha de instituciones y civilizaciones distintas, revelando una grande y laboriosa transicion; ó se ven en dos pequeños y prósperos Estados los efectos de la libertad política y civil. Mas tarde he estudiado ese gran pueblo de tan peculiares condiciones,--la Gran Bretaña,--que resume en su genio y sus manifestaciones lo que hay de mas cosmopolita, de mas industrial y vigoroso en el juego complicado de la moderna civilizacion. Al fin le llegará su turno á Italia, el país de los grandes recuerdos y de los refinamientos del arte, que representa hoy la aspiracion esencial del siglo: la idea de la _unificacion_. Y por último, al dejar á Europa, iré á observar las modificaciones profundas que le ha impreso á la vieja civilizacion europea ese pueblo formidable de colonizadores del Nuevo Mundo, que se llama la Union Americana. Suiza me picaba vivamente la curiosidad por sus especialidades, que la hacen tan singular é interesante en Europa. Su topografía y composicion geológica, su sistema hidrográfico y sus neveras colosales y vastísimas, le dan la prioridad de interes en el estudio de esa maravillosa historia del progreso de la Creacion ó de la fisiología del globo, escrita en grandes y pequeños caractéres en las rocas aglomeradas en el trascurso de millares de siglos, por una serie de revoluciones naturales de la materia orgánica, para ofrecerle al hombre la base de su imperio divino. Las admirables hermosuras de ese inmenso archipiélago de montañas, lagos y nevados que se llama Suiza, excitaban en mí esa irresistible inclinacion hácia lo bello, lo grandioso y poético, que eleva el sentimiento y le da expansion al alma, haciéndole admirar, con éxtasis ó arrebato alternativamente, las obras del Inefable Artífice. Ademas, yo sentia un vivo deseo de conocer, siquiera fuese someramente, la manera como funciona el espíritu democrático en la sola _república_ importante de Europa, enclavada en el corazon de este viejo mundo de tradiciones formidables y rodeada de poderosas monarquías y aristocracias. Queria observar la yuxtaposicion de dos razas que pasan por antagonistas,--germánica y latina,--esta representada por los cantones franceses é italianos. Queria inquirir ese movimiento ascendente de asociacion que, comenzando en la _familia_, se condensa en el _Distrito_, enlaza los distritos en el _Canton_ ó Estado, y fortifica á los cantones en la liga de la _Confederacion_. Queria buscar el secreto de esa prosperidad que hace de Suiza, relativamente á sus proporciones, el país mas activo y poderoso por su produccion. Queria, en fin, darme cuenta de la relacion en que se hallan respecto de la civilizacion dos de las tres grandes comuniones cristianas de Europa (protestantes y católicos) colocadas frente á frente y en íntimo contacto y lucha permanente, en el terreno comun de la libertad federal. Mis esperanzas no fueron frustradas. En cuanto era dable obtener nociones importantes, mediante una incompleta y rápida excursion, pude sacar en consecuencia esta conviccion: el estudio atento de la Confederacion Helvética es el que, por las condiciones múltiples y peculiares de ese país, puede ofrecer las pruebas mas perentorias en favor del principio de libertad y justicia, ó de justicia en la libertad, como la base de toda civilizacion fecunda en progreso y bienestar. Tengo la confianza de que algunas de las páginas de esta narracion, sinceramente verídica, justificarán esa conviccion. PARTE PRIMERA. SUIZA Y SABOYA. * * * * * CAPITULO I. DE PARIS A GINEBRA. La Francia centro-oriental.--Los paisanos franceses.--Las campiñas bresanas.--La vuelta del vencedor. El sol de julio doraba con sus tibios y alegres rayos matinales los pabellones de las magníficas arboledas, las cúpulas y torres de los altos monumentos y el enjambre desigual de los techos de pizarra, que se destacaban sobre las plazas y calles todavía silenciosas de Paris. Apénas comenzaba á despertar la ilustre metrópoli de su sueño de estío, cuando entrábamos á la inmensa estacion ó embarcadero del ferrocarril que conduce á Lyon y el Mediterráneo. Tal debia ser nuestra via para penetrar á Suiza por el lado meridional, y visitar la Saboya del norte, país pintoresco, montañoso y esencialmente estratégico que despues ha sido el objeto de una complicacion para la diplomacia europea. Al subir á un wagon del tren, mi esposa me decia con dulce confianza: «Por fin vamos á visitar ese país de las montañas y los lagos, el padre de casi todos los grandes rios del continente europeo. Eso nos producirá emociones que nos harán evocar á cada momento la imágen querida de la patria».... La via férrea, en su primera mitad, era la misma que yo habia tomado, algunos meses antes, para ir á España, y debíamos seguirla hasta Macón, torciendo de allí hácia el este, en direccion al Ródano central y Ginebra. Teníamos que atravesar algunos de los departamentos mas vinícolas de Francia y, en las cercanías del Ródano, despues de cortar la estrecha hoya del _Ain_, una comarca pintoresca, entrecortada por los estribos y contrafuertes mas meridionales del Jura. Aquellos departamentos, surcados por la via férrea en extension muy desigual, eran: El del _Sena_, con 1,727,000 habitantes, cuyas siete octavas partes constituyen la poblacion de Paris; El de _Sena-y-Marna_ con 341,000, que tiene por capital á la graciosa y pequeña ciudad de Melun. El del _Yona_, con 368,000, que cuenta algunas villas y ciudades bastante industriales, como Auxerre (la capital), Sens, Joigny, Tonnerre, etc. Despues la via sale de la hoya del Sena para pasar á la del Saona, de modo que se sirve sucesivamente del curso de valles que se inclinan, en opuestos sentidos, hácia el canal de la Mancha y el Mediterráneo. De esa manera el ferrocarril sigue por los departamentos de: La _Costa-de-oro_, con 386,000 habitantes, centro principal da la antigua Borgoña, teniendo por capital á Diyon (_Dijon_), ciudad tan interesante por sus monumentos y su historia como por su movimiento social. El de _Saona-y-Loira_, con 575,000 almas, no ménos importante que el anterior por sus vinos, y cuya capital es Macón. Por último, el del _Ain_, con 370,000 habitantes, capital la ciudad de Burgo ó Villa (_Bourg_), antiguo centro administrativo de la provincia de _Bresa_ (_Bresse_); comarca que se extiende entre el Saona, el Ródano y las montañas del Jura, partiendo límites con los cantones helvéticos de Ginebra y Vaud y la alta Saboya, ó Saboya setentrional, hoy departamento frances. Quiso la fortuna que nuestro primer dia de viaje fuese favorable al natural deseo de recoger impresiones, siquiera fuese al pasar. Aguardábase al emperador de los Franceses, quien volvía de su campaña de Italia,--ese episodio extraño, grandioso por sus formas y contradictorio en su objeto y resultados. Napoleon III venia de Italia vencedor y vencido al mismo tiempo: vencedor en las batallas; vencido despues en el terreno diplomático, caliente todavía la atmósfera con el fuego terrible de _Solferino_. Pero los pueblos, que jamas juzgan la política sino por las apariencias,--sobre todo los que tienen la candidez campestre,--no sabian de la guerra de Italia sino dos cosas: que los Franceses, sus compatriotas y hermanos, se habian batido heróicamente, según su costumbre, y eran los vencedores, y que su jefe, el emperador, volvia á recibir las ovaciones del triunfo. Donde quiera, desde Macón hasta adelante de Bourg, se veian los mas curiosos grupos de paisanos, resaltando en los cuadros pintorescos y risueños de las pequeñas poblaciones ó las estaciones del ferrocarril, rodeadas de enanos sauces de ampuloso follaje, huertos y jardines, viñedos escalonados en las faldas de las colinas, lucientes praderas y plantaciones de cereales. Se veia bien que las autoridades habian trabajado con actividad en preparar recepciones oficiales con honores de _populares_, como acontece donde quiera. En toda la línea se ostentaban bosques de banderas, arcos de triunfo, alegres y vistosos pabellones, escudos de armas y trofeos, inscripciones y medios de iluminacion. Aquello nada tenia da curioso, porque era artificial: era una fiesta de sub-prefectos y alcaldes principalmente. Lo que llamaba la atencion era el largo cordon de grupos de paisanos, llenos de curiosidad, impacientes pero joviales, á veces burlones, que hacian estallar sus estentóreas carcajadas al derredor de las estaciones de la línea. A cada trecho veíamos, bajo los sombreros de fieltro burdo, ó de paja amarilla y anchas álas, fisonomías femeninas bastante graciosas, con ese color vago del tipo de la Francia centro-oriental, que no es ni el rubio delicado de Picardía y Normandía, ni el suave sonrosado de las alturas jurásicas, ni el moreno picante de las gentes que pueblan las comarcas meridionales de Francia. Donde quiera tambien nos interesaba la robustez del campesino, su rusticidad mezclada de buen sentido y astucia, sus movimientos desembarazados y su insaciable y cándida curiosidad. Y todo eso realzado por cierta originalidad de vestidos que, sin tener la gracia de los alpestres y meridionales, ni la curiosa extravagancia de los bretones, normandos y alsacianos, nos revelaban una tendencia notable hácia las combinaciones pintorescas. Al pasar ó detenerse el tren que nos trasportaba, estallaba en cada uno de esos numerosos grupos de paisanos un _hurrah!_ borrascoso, por via de saludo, y no faltaban quienes, queriendo sazonar algun chiste del vecino, exclamaban por este estilo: --Eh, señor maquinista! digale U. á Su Majestad que se dé priesa! --Bah, gaznápiro! quién te ha dicho que Su Majestad corre como el chorro de tu molino? --Diantre! si se hace esperar! --Si así se portara el Recaudador!... --Que nos sirvan refrescos miéntras viene!--gritaba otro mas atolondrado. --Y si no viene? --Será mas largo el refresco. --Sí; comeremos mas! El emperador pagará todo! --Viva el emperador! Mas adelante, al ver que llegaba nuestro tren, un paisano poco erudito en geografía y otras cosas, gritó con todos sus pulmones: --Bravo! viva el emperador! --Bruto!--le dijo uno de los compañeros,--¿no ves que ese tren viene de Paris? --Y ¿qué me importa eso, si me han encargado que grite cuando llegue el tren? --Tambien podia ser de carbon ó leña, y serías capaz de tomarlo por el tren imperial.... --Aguarda un poco, Juanillo, añadió otro; ya tendrás ocasion de gritar y dejar contento al alcalde. En otra estacion, al notar que renovaban el agua en las calderas de la locomotiva, un paisano mazorral observó: --Diantre! hasta la máquina bebe, miéntras que yo estoy á seco! --Ella bebe á la salud de la compañía, dijo un chusco, aludiendo á los viajeros del tren. Y cada cual agregaba una tosca chanzoneta ó un retruécano del mas rústico ingenio. Á este propósito me permitiré una digresion respecto del tipo social en escena. El paisano frances tiene cualidades muy características que le hacen digno de atencion. Mas tarde tuve ocasion de observarlo así en varias excursiones hechas á los departamentos del centro y del oeste, y en las escenas semi-campestres de las cercanías de Paris. Curioso y desconfiado por igual, todo le llama la atencion, pero lo observa todo con cautela y recelo. Detesta ó teme la guerra, pero se encanta con las escenas militares, por lo que tienen de pintoresco y sorprendente, porque en el fondo de su carácter esencialmente conservador, reácio al progreso y apegado á las tradiciones, hay cierta veleidad de novelería que le tienta á inquirir en las poblaciones todo lo que tiene el sello de lo desconocido, ó que es superior á los alcances, los hábitos y las nociones que implica la vida campestre. A la desconfianza y la curiosidad se añaden en el paisano frances (de las regiones no montañosas) un rasgo que es comun á todas las clases del país,--el genio burlon y epigramático,--y dos mas que le son peculiares al hombre del campo: cierto instinto _diplomático_, y una tendencia enérgica hácia la propiedad territorial. Su inteligencia es lenta en la comprension de las cosas y carece de la soltura y ardentía que provienen de la imaginacion. Pero él sabe _rumiar_ una idea, revolverla, pesarla y _digerirla_ con calma y malicia, y acaba siempre por trazarse un plan en cuya ejecucion persiste con invencible tenacidad. Cuando se le hace una proposicion, por halagüeña que sea, vacila un momento, guarda silencio con aire cazurro, se rasca una oreja y acaba por decir: «Compadre, lo pensaremos.» Ninguno le arrancará jamas una resolucion improvisada ó una respuesta categórica por sorpresa. Pero una vez que reflexiona y se forma una idea fija y clara,--buena ó mala,--no hay razonamiento ni objecion que le desvie de su propósito. A toda réplica responde, tocándose la frente con el índice de la mano derecha: --«Compadre, tengo otra cosa aquí adentro. Será como U. dice, pero yo tengo mi idea.» Ello es que la lentitud de espíritu del paisano frances tiene su compensacion en la malicia calculadora, la desconfianza, casi mas intencional que instintiva, y el conocimiento práctico de sus intereses individuales. No hay tipo mas personal, mas individualista que el paisano frances. Él no comprende los hechos ni los intereses colectivos, sino los que afectan íntimamente á su hogar. Si el trabajo, el hábito de los negocios y las relaciones de vecindad le permiten penetrar la situacion económica ó doméstica del vecino, se guarda bien de darle consejos, ó de justificar, con la ingerencia en las cosas ajenas, la de cualquier otro en las suyas propias. En esto los hábitos del paisano son diametralmente opuestos á los del obrero de las ciudades, en quien el instinto de sociabilidad, fuertemente estimulado por el medio en que vive, favorece mucho la comprension de las cosas colectivas. El paisano, desentendiéndose de lo que preocupa á los vecinos de la cabecera del distrito, calcula y considera á su modo lo que se relaciona con su terruño, su mercado, su feria y sus contribuciones. A eso se reducen toda su política y su economía social. Sabiendo que el Cura, el Alcalde y el Recaudador de contribuciones son tres fuerzas ó personas distintas que forman una sola potencia verdadera para dominar el distrito, la diplomacia del paisano consiste en lisonjear, á esas tres entidades, vivir en buena armonía con ellas, ocultarles los recursos de que dispone y dejar que ruede la bola del vecino, sin inquietarse por nada. Su egoismo es tan calculado como su diplomacia, porque llegado el momento de hacer bien, sabe mostrarse caritativo y consagrado sin ostentacion, Pero como el círculo de su actividad es tan reducido, maneja sus intereses con acierto y permanece en la mas completa inmobilidad de relaciones y hábitos. Adherido al trabajo y la tierra por necesidad, sus operaciones son de un positivismo estrecho. El paisano se dice: «Mi hijo ha de ser paisano como yo; poco importa que no aprenda a leer ni escribir, con tal que sepa ganar dinero y tenga fortuna.» Así, léjos de enviarle a la escuela, le asocia á todos sus trabajos, le hace siervo del _campo_ y del arado, y le trasmite rigorosamente sus preocupaciones y costumbres. Su manía consiste en adquirir propiedad territorial ó aumentarla que tiene, aunque el producto de la tierra sea muy inferior al de las especulaciones ó la industria; sin perjuicio de reservar la suma necesaria para rescatar al hijo mayor de la conscripcion militar. Dominado por esa idea fija, se hace económico y avaro, imponiéndose mil privaciones y atesorando franco sobre franco y escudo sobre escudo. El paisano sabe esperar la buena ocasion, disimulando su tesoro. Cuando llega el momento de una compra ventajosa se sirve de toda su diplomacia para reunir á su fanega de tierra[1] otra contigua, y otra y otras, sin satisfacerse nunca. [1] El paisano frances no calcula nunca por _hectaras_, sino por fanegas, _arpents_. Su sueño constante de ser propietario de tierra no corresponde á una verdadera aspiracion á gozar de los productos del suelo dándose comodidades: él busca en la tierra una consideracion que le satisfaga su vanidad personal y de familia, y una seguridad tangible contra toda catástrofe, como guerra, hurto, dilapidacion ó cosa semejante. Su frase favorita expresa bien su conviccion: «El viento arranca las mieses en ocasiones, pero nunca se lleva la tierra.» De algunos años acá el paisano frances está pasando por una crísis peligrosa, especie de fiebre que domina sobre todo á la juventud campesina. La noticia de los altos salarios que obtienen en las grandes ciudades manufactureras ó comerciales ciertas clases de obreros, ha conmovido profundamente á los paisanos proletarios, inspirándoles el deseo ardiente de mayor lucro. Para ellos cada gran ciudad ejerce la misma atraccion fascinadora que la fabulosa California, de 1848 á 1853, para los emigrantes europeos. De ahí esa constante emigracion de paisanos de todas las campiñas de Francia, que abandonan sin pesar sus risueños valles, sus pacíficas llanuras y montañas por aglomerarse á centenares de miles en las sombrías é insalubres callejuelas de las grandes ciudades manufactureras: Paris, Lyon, Roan, Lila, Estrasburgo, Mulhouse, San-Estévan, Marsella y Burdeos. Y cosa rara! lo que preocupa á los paisanos al ceder á esa corriente de concentracion, no es en realidad la aspiracion clara y precisa á mejorar de condicion adquiriendo mas bienestar positivo. Lo que les tienta, lo que les impulsa es el deseo de la mayor _ganancia_, de obtener mas alto _salario_, sin cuidarse de las consecuencias ni averiguar si ese salario elevado de las ciudades manufactureras, debiendo satisfacer mil necesidades facticias y gastos muy considerables, es realmente superior, en el centro de fabricacion, al salario modesto pero suficiente que ofrecen los trabajos agrícolas. Como quiera que sea, la manufactura ha revolucionado la vida del paisano frances, y las condiciones de su existencia íntima y social van sufriendo profundas modificaciones. A las manufacturas se une la conscripcion militar, como una causa de perturbacion, exagerada en extremo por las exigencias de la política. Cada año salen de los distritos (ciudades y campiñas) cerca ó mas de 100,000 conscritos que van á reemplazar á otros 100,000 en el servicio de las armas. Pero de los reemplazados una gran porcion se queda en las ciudades (sin contar los que han sucumbido bajo el uniforme), de manera que la sangría militar de todos los años no tiene compensacion. En cuanto á los que vuelven, su trasformacion ha sido completa, y su regreso a las campiñas produce una infusion de bienes y males que modifica mucho los hábitos y las nociones de los que no han salido jamas de la comarca. Por una parte, el soldado licenciado, suponiendo que vuelva sano y cabal, trae los hábitos de mando altivo ú de obediencia servil, las tradiciones de la taberna militar, las costumbres y el lenguaje libre de los cuarteles y campamentos, el desprecio por el trabajo pacífico y la tendencia á la holgazanería y las querellas ruidosas. Por otra, su espíritu se ha ensanchado con el contacto del mundo, sus nociones sociales son mas claras y extensas, sabe leer y escribir pasablemente, ha olvidado algo su patué provincial detestable, y trae en el corazon los sentimientos de la patria, del honor y de la valentía, fuertemente desarrollados por el espectáculo á que ha asistido durante algunos años como actor y espectador al mismo tiempo. ¿Será mayor la suma de los males que la de los bienes? Tendré ocasion de tratar este asunto al escribir mis observaciones generales respecto de Francia y las particularmente relativas a Paris. Que el lector me disimule entretanto esta digresion, de que no he podido prescindir. * * * * * Al dejar la estacion de Macón, siguiendo la direccion hácia los contrafuertes meridionales del Jura, al traves de los departamentos de Saona-y-Loira y Ain, el paisaje comenzó á presentar un aspecto mas risueño y hermoso que el de las llanuras burguiñonas. En vez de esas planicies desnudas, ligeramente interrumpidas por colinas graníticas ó pedregosas, sin majestad ni riqueza de tintas en la vegetacion, se extendia hácia el Oriente un inmenso plano inclinado, onduloso, reluciente de verdura y de contornos pintorescos que, dilatándose en escalones de suaves faldas ascendentes, iba á encuadrarse en el marco magnífico de las montañas de poderosa caliza que forman las abruptas serranías paralelas del Jura. Donde quiera los frescos vallecitos, las alegres faldas y lomas arrugadas y los planos sucesivos ostentaban su vegetacion multiforme y de variados matices, á la luz mate del sol poniente. Vastas plantaciones de viñedos y cereales se encuadraban en los ondulosos pliegues del terreno, orillados en sus bordes superiores por las espesas arboledas de abetos ó las franjas de abedules y los relieves severos de las altas rocas ó barrancas, que sirven de asiento a los estribos de los primeros contrafuertes jurásicos. El tren tocó en la ciudad de Bourg, localidad de unos 11,000 habitantes, sin importancia, y al pasar pudimos ver, destacándose sobre el fondo poco lejano de las montañas, las torres de la iglesia gótica de _Brou_, monumento magnífico que es uno de los mas acabados y de gusto mas delicioso que cuenta Francia entre sus numerosos templos de la edad média. Poco despues, cuando habíamos salvado por un hermoso puente el rio _Ain_, afluente del Ródano, y la noche cobijaba ya con sus vagas sombras el bello paisaje de las campiñas bresanas, el tren se lanzó en un laberinto de estrechos y profundos callejones formados por vallecitos muy tortuosos que sirven de lecho á un limpio riachuelo. El ruido de la locomotiva y los carruajes resonaba ronco y estridente entre las dos filas de altos murallones de caliza, salpicados de matorrales y bosquecillos de abetos, que encajonan aquella sucesion de vallecitos, dándoles la forma de tortuosas calles y románticas encrucijadas. En el fondo, bajo numerosos puentes ó casi escondido al pié de las rocas y la vegetacion, serpenteaba el riachuelo. De trecho en trecho, al voltear los recodos de la via, veíamos algunos pobres pueblecitos, trepados en caprichosos anfiteatros sobre las faldas empinadas, á la vera del camino, ó sobre los relieves abruptos de las rocas que dominan las angosturas. Al cabo la oscuridad fué completa, y despues de cortar la cadena de bajas montañas que liga al Jura con los Alpes de la baja Saboya, nos hallamos en el angosto valle del Ródano central que debíamos orillar hasta Ginebra. En medio de las tinieblas solo se sentia á veces, confusamente, el ruido casi subterráneo del Ródano, estrechado entre peñascos formidables y aun escondido en cierto trecho en abismos que nadie ha podido sondear; ruido que se perdia, como la voz grandiosa de la naturaleza, confundido con el del tren--la voz de la industria humana--en las lejanas concavidades del complicado laberinto de cerros. El tren se detuvo largo tiempo en la estacion de _Culoz_ para darle paso (porque el ferrocarril es de una sola via) á otro convoy que venia de Chambery. Algunos soldados, franceses y suizos, formados en grupos cerca de la estacion, lanzaban tiros de fusil y gritos estentóreos de alegría que contrastaban con el silencio y la actitud reservada de algunos paisanos atraidos por la curiosidad. ¿Qué iban á buscar allí? Querian conocer á su emperador, detenido en la estacion por algunos momentos para hacerles á sus fieles súbditos el raro honor de tomar un ligero refrigerio y dejarse contemplar un poco. Tuvimos ocasion de oir á un admirador maravillarse de que Su Majestad hubiese tomado un helado y dos ó tres bizcochos (hubo disputas sobre si fueron dos ó tres). Esa circunstancia inaudita (hablo con absoluta verdad y nada invento) le hizo exclamar á otro curioso entusiasta: --Conque el emperador ha comido!... --Pues; su Majestad come á veces, cuando quiere probar su benevolencia. --Qué bondad! qué bondad! Al fin la sombra gigantesca del tren imperial se movió y pasó casi tocando el nuestro, dejándonos ver en él fondo de un carruaje la figura del vencedor de _Solferino_ y negociador de _Villafranca_.... El silencio era completo; ningún grito estalló en medio de las sombras y el soberano se perdió en las tinieblas del valle. Eran las once y media de la noche cuando, rendidos de cansancio, llegábamos á la activa y poética Ginebra, cuyas mil luces de gas se reflejaban admirablemente en la superficie murmurante de las ondas del Ródano y del lago Leman. * * * * * CAPITULO II. IDEA GENERAL DE SUIZA. Configuracion orográfica.--Hidrografía.--Historia de los Suizos.--Instituciones políticas.--Division general del país. La descripcion social y pintoresca de un país es incomprensible cuando no se posee la idea general de su configuracion y aspecto, de su historia, sus instituciones fundamentales y su division administrativa. Digamos, pues, con la mayor concision posible, ántes de comenzar la narracion de nuestras impresiones, lo que es Suiza como territorio y nacion. Nada mas difícil que determinar con absoluta precision, siguiendo un sistema, el aspecto múltiple de ese admirable país, cuyos rasgos, de prodigiosa variedad, rechazan toda clasificacion rigorosamente metódica. Suiza es un aparente cáos de formaciones geológicas, orográficas é hidrográficas en que todo interesa y admira, todo tiene su carácter particular, y sinembargo todo se combina y multiplica maravillosamente. No hay dos valles, dos alti-planicies, colinas, montañas, picos colosales, gargantas, páramos, desfiladeros, rios, lagos ó nevados que se parezcan totalmente entre sí, entre innumerables formaciones análogas. Imaginad por un momento un inmenso grupo ú archipiélago terrestre compuesto de jardines lucientes de verdura y abismos de concavidad insondable y aterradora; de alegres huertos y rocas desnudas, formidables y sombrías que los dominan; de lujosos plantíos entrecortados por habitaciones campestres de imponderable gracia, al pié de coronas y guirnaldas seculares de negros pinos y abetos, ciñendo los ásperos relieves y las concavidades abruptas de cerros que parecen gigantes evocados en una pesadilla; de ciudades risueñas, industriosas y activas, donde abundan los bellos monumentos del arte y de la ciencia, y rústicos y solitarios caseríos encuadrados ó perdidos en las profundidades de las selvas. Suponed ese archipiélago de mil formas en contraste, rodeado, cortado por laberintos de mil direcciones y por innumerables lagos azules y dormidos; mil cascadas caprichosas que se precipitan sobre los valles de lo alto de rocas tajadas y estupendas, en brillantes remolinos entre cuyas espumas vagan las gasas tornasoladas del arco íris; rios saltadores ó de pérfida mansedumbre, de color gris al pié de los nevados y de un azul trasparente en las regiones bajas; bancos inmensos de hielo, ondulosos y resplandecientes de blancura, que parecen mares mediterráneos de cristal trepados sobre las montañas en momentos de grandes cataclismos, donde imperan el silencio, la soledad y la tristeza; vastas alfombras de verdura, frescas y matizadas de mil flores y tintas diversas, y en derredor barreras colosales de granito y caliza, en cuyas cimas se cierne el águila imperial ó saltan el ciervo de enorme cornamenta y el gamo fugitivo por encima de los abismos;--barreras que encierran tantas hermosuras, escondiéndolas á la vista del viajero que no penetra hasta el fondo mismo del laberinto. Suponed todo eso, repito, y tendreis apénas una idea muy vaga de las maravillas que contiene Suiza. El habitante de Colombia que no ha viajado en Europa, no tiene idea de las formas de este continente, con solo imaginar valles y llanuras, lagos y rios, bosques y praderas, montañas y mares. El aspecto de los paisajes es absolutamente distinto, aun en zonas análogas por su latitud ó elevacion, como es distinta la composicion geológica de los dos continentes en su corteza exterior. En los Andes la hermosura principal está en la grandiosidad del conjunto,--de los vastos panoramas, las inmensas selvas ó pampas, mas ó ménos desiertas ó salvajes, que parecen océanos interiores, en contraste con estupendas cordilleras que siguen la coordinacion general de un sistema. Allí los pormenores son poco severos, los relieves poco _acentuados_ (permítaseme el neologismo) y el espectáculo de la naturaleza tiene cierta uniformidad imponente, á veces monótona, que agrada mas de léjos que de cerca. En los Alpes y las montañas que corresponden á su sistema irregular y trunco, la grandiosidad está mas en los pormenores que en el conjunto; en el contraste de lo natural y social, que produce variedades infinitas; en la severa estructura de las rocas abruptas, las hoyas y ramblas estrechas y profundas, los abismos insondables, los picos desnudos en forma de agujas, las neveras fascinadoras y llenas de piélagos (de muy diversa composicion que las colombianas), la multiplicidad de los lagos, y sobre todo la estrechez de los horizontes. En Colombia se registra desde cualquier altura algun ancho valle, algun vasto anfiteatro de faldas sin violento declive, alguna selva inmensa, algun largo cordon de montañas en direccion regular, alguna pampa en cuyo horizonte luminoso y sin límites se pierde la mirada como en el Océano. En Europa todos los horizontes continentales, excepto los que es extienden hácia el bajo Danubio, son reducidos, y en cada panorama lo inmenso está reemplazado por todo lo que es saliente, condensado y enérgico. El mundo colombiano es un mundo de grandes rasgos y formas, de _síntesis_ topográfica; el europeo, es un mundo de pormenores ó _análisis_. Aunque pudiera decirse que Suiza no tiene en realidad sino dos formas generales,--las montañas y las planicies, mas ó ménos interrumpidas,--es exacta la division que se hace del país en tres sistemas topográficos que se enlazan entre sí: la zona de los Alpes, la de las Planicies y la del Jura; la primera oriental, la segunda central y la tercera occidental. Las tres zonas giran en una direccion generalmente paralela de sur á norte. Pero es de notar una curiosa diferencia: miéntras que las mayores alturas de los Alpes se hallan al sur, de modo que sus grupos y eslabones van decreciendo á medida que se acercan al norte, hácia el lago superior de Constanza, las cadenas regulares del Jura, derivadas de los Alpes saboyardos, son mas bajas al sur y se elevan a proporcion que se acercan al Rin en la direccion norte. Partiendo límites con Francia al sur, por la Saboya septentrional, y al este, por los departamentos del Jura; con el gran ducado de Báden y los reinos de Wurtemberg y Baviera, al norte y nordeste; con Austria, por el Tirol, al este, y con Italia al sud-sudeste,--el territorio suizo mide 41,170 kilómetros cuadrados de superficie, 384 kil. de longitud extrema (del este al oeste) y 200 kil. de latitud, de sur á norte. La hoya ó cuenca multiforme de Suiza está determinada por los Alpes y el Jura, montañas que, enlazadas al sur de Ginebra, no obstante la ruptura del Ródano, describen dos cuerdas irregulares, idealmente paralelas, cuyos extremos reposan al Norte, en cuanto á Suiza, en Schaffhouse y la punta superior del lago de Constanza, encerrando así todo el país. Suponed dos ondas sólidas encadenadas, la una colosal, que al descender produce una vasta hoya sinuosa ó quebrada en mil pliegues, y vuelve á levantarse adelante para reproducir su forma general en otra onda mucho menor, que al descender á su turno se disuelve en una serie de planos inclinados y llanuras, tal es la estructura de Suiza. La grande onda es la cadena de los Alpes que va descendiendo de oriente á poniente, como de sur á norte, en escalones despedazados y rugosos, para descansar en una hoya intermediaria, region de planicies y bajas montañas. En seguida el terreno se levanta de nuevo hácia el occidente, tambien en escalones, forma las cadenas del Jura, y al llegar á los puntos culminantes desciende sobre Francia, en anfiteatros y planos inclinados, para perderse en los valles del Doubs y el Ain. Los dos sistemas de montañas difieren en todo. En los Alpes no hay ni paralelismo de cadenas ni enlace alguno de formas regulares ó sostenidas. Es una serie de seis grupos colosales ligados por ramificaciones tortuosas, despedazadas y revueltas, cuyos innumerables estribos y contrafuertes se desprenden en todas direcciones. De ahí provienen numerosos sistemas hidrográficos enteramente distintos y aun opuestos, que corresponden á las hoyas del Rin, el Danubio, el Po y el Ródano. En los Alpes el granito es el elemento casi único de las formaciones geológicas, y así como en la orografía falta la regularidad de formas y direcciones, en la estructura de las rocas son rarísimas las estratificaciones regulares y horizontales. Allí se encuentran los terribles ventisqueros, los páramos desiertos y sombríos, las neveras perpetuas de movimiento misterioso, tan vastas y grandiosas que algunas miden hasta 18 leguas de longitud en varias direcciones, abarcando mas de la décima parte de la superficie del país. Las elevaciones son generalmente muy considerables, contándose muchas de 3, 4 y 4,500 metros sobre el nivel del mar. En esas cimas reina el invierno perpetuo, con mas rigor que en los polos; el hombre está proscrito de allí; la vegetacion ofrece la mas variada escala de gradaciones que es posible en la zona templada del hemisferio boreal. Es de los Alpes suizos que surgen casi todos los grandes rios de Europa, llevando la fecundidad y el movimiento á las comarcas mas opuestas. El solo grupo complicado y maravilloso que, por un sistema de enlaces, se extiende desde el extremo oriental del _San-Gotardo_ hasta las alturas de _Sidelhorit_ (pasando por _Matthorn_ y _Gries_, _Diechterhorn_ y _Grimsel_), da orígen á los siguientes rios que toman las mas opuestas direcciones: Al sur, el _Tesino_, el _Maggia_ y el _Tosa_ y _Toccia_, que llevan sus aguas al lago _Mayor_ y constituyen luego el caudal principal del Po. Al sud-oeste, el _Ródano_, que va á llenar la cuenca magnífica del lago _Leman_ ó de Ginebra, y sigue su curso por Francia hasta el golfo de Lyon. Al oeste, el _Aar_ ó _Aare_, que despues de ensancharse en los lagos de _Brienz_ y _Thun_ y bañar á Berna y Solera (Soleure ó Solothurn) desemboca en el Rin, entre Schaffhouse y Basilea. Al norte, el _Reuss_, rio que alimenta al lago de los _Cuatro-Cantones_ (ó de Lucerna), se escapa de esa cuenca en medio de la ciudad de ese nombre y va á engrosar el Aar, no léjos de la confluencia del _Limmat_. En fin, al nordeste, las fuentes del Rin, llamadas _Rin superior_ y _medio_. No debe olvidarse que el canton suizo de los Grisones le envia al Danubio superior su mas importante afluente, el _Inn_. Así, pues, de los Alpes de Suiza nomas surgen las aguas principales que, por el Danubio, el Rin, el Ródano y el Po, llevan los aluviones del corazon de Europa hasta las hoyas lejanísimas del mar Negro y el del Norte, el Mediterráneo y el Adriático. Las montañas del Jura tienen otro carácter. De ellas no surge ningún sistema hidrográfico importante; las neveras perpetuas faltan en sus cimas absolutamente; las formaciones de caliza reemplazan á las de granito; los grupos desordenados, complicados y muy abruptos no existen, sino que en su lugar giran tres cadenas de montañas paralelas y de extension desigual: dos de ellas de 15 leguas cada una, y de 18 la que llega hasta Schaffhouse. La mas alta cima del Jura no excede de una elevacion de 1,720 metros sobre el nivel del mar, y el espesor total de las tres cadenas no pasa de 55 kilómetros; miéntras que los Alpes tienen un espesor de 112 á 285 kilómetros. Por último, la vegetacion del Jura es mucho ménos variada, por el hecho de ser sus zonas ménos numerosas y elevadas. La region intermediaria ó de la baja Suiza (formada principalmente por los cantones de Vaud, Friburgo, Berna, Solera, Lucerna, Zug, Zuric, Argovia y Turgovia) se compone, como he dicho, de planicies ondulosas, vallecitos estrechos y poco profundos, planos inclinados y colinas, con una elevacion sobre el nivel del mar que varía entre 250 y 390 metros, y algunas montañas cuya altura no excede da 975. Toda esa risueña y pintoresca region está muy poblada y cultivada, y tiene por marco, de un lado la línea occidental de los lagos Leman, de Neuchâtel y de Biena y del bajo Aar,--del otro la línea oriental que, partiendo del mismo lago Leman y terminando en el superior de Constanza, gira por los de Thun, Brienz, Lucerna, Zug y Zuric. Puesto que he mencionado algunos lagos, diré algo mas sobre el conjunto de los que tiene Suiza. El territorio de la Confederacion contiene, en totalidad ó en parte, 18 lagos de primer órden (aunque muy desiguales en extension), 9 de segundo órden y mas de 60 de tercero, es decir casi microscópicos relativamente á los primeros. Casi todos los de primera clase son navegados por buques de vapor y barcas veleras; algunos solo son surcados por barquichuelos ó canoas de remo insignificantes; el mayor número carece de toda navegacion. La gran multitud de lagos de tercer órden se halla en los laberintos encumbrados de los Alpes, en las cabeceras de los rios ó al pié de las neveras. En cuanto á los de primero y segundo órden mas importantes, se hallan distribuidos así: En la hoya central del Ródano, el de _Leman_, el mas considerable de todos. En las hoyas cuyas aguas recoge el Tesino italiano, los lagos _Mayor_ y de _Lugano_. En el curso del Rin, los pequeños de _Sils_, _Siva-Plana_ y _Moriz_, y los dos de _Constanza_, de los cuales el superior es el segundo de la Confederacion. En la region occidental, al pié del Jura, los de _Neuchâtel_, _Biena_ y _Morat_. En la hoya del Aar central, los de _Brienz_ y _Thun_. En las del Reuss y el Limmat y las planicies comarcanas, los de _Lucerna_, _Wallenstadt_, _Zug_, _Zuric_, _Baldeg_, _Sempach_, _Hallveil_, _Greiffen_, _Pfoeffikon_, _Egeri_, _Lowez_ y _Sarnen_. De toda esa multitud de lagos, admirablemente bellos, cinco son internacionales: el de Leman, que demarca límites con Francia (á virtud de la anexin de Saboya); los de Lugano y Mayor, que ligan á Suiza con Italia; el de Constanza superior, límite respecto de Austria, Baviera, Wurtemberg, y el gran-ducado de Báden, y el de Constanza inferior (_Unter-See_) respecto del mismo Báden. Los demas lagos le pertenecen exclusivamente á la Confederacion. * * * * * La circunstancia de hallarse Suiza en la zona templada, al mismo tiempo que posee tan altas montañas de la mas variada configuracion, le da la singular ventaja de tener, durante la primavera, el verano y el otoño, tres elementos de variedad climatérica y consiguientemente de vegetacion, industrias, costumbres, etc. Las estaciones producidas á virtud de la latitud y las evoluciones del globo, son constantemente modificadas en Suiza, mas que en ningún otro país de Europa, por la influencia de las alturas y la exposicion de los lugares. De ese modo, el territorio suizo tiene tres temperaturas simultáneas de primer órden, determinadas por el sol, la altura atmosférica y las corrientes de aire que descienden de las heladas montañas por los boquerones ó gargantas estrechas. Con excepcion de los frutos vegetales exclusivos á la zona tórrida, en Suiza crecen al aire libre todas las plantas que pueden vivir desde la zona baja de las viñas hasta las regiones del polo boreal. He visto florecer en plena tierra, en las márgenes del lago Leman, naranjos, granados y otros árboles frutales y arbustos que se ostenian con abundancia en Italia y España. No es, pues, extraño que Suiza sea tan pintoresca, ofreciendo los mas variados paisajes de topografía y vegetacion, desde el profundo valle y la ondulosa planicie hasta las agujas graníticas, negras y completamente abruptas, y las cúpulas de nieves eternas que se pierden en los abismos de la atmósfera, casi jamas holladas por el hombre. Así, en los valles del Ródano, el Rin y sus afluentes y el Tesino, lo mismo que en las riberas de los lagos de la region central (particularmente en los de Leman, Neuchâtel, Zuric y Constanza) las viñas constituyen la base principal de la agricultura. A 200 ó 300 metros mas arriba, en las planicies montuosas y quebradas, los campos están cubiertos de legumbres, cereales, granos y hortalizas de todas clases, y árboles frutales en mucha abundancia, como el manzano, el peral, el albaricoque y el ciruelo. Se sube un poco mas y aparecen los bosques de hayas ó variedades de encinas, los matorrales interminables de avellanos silvestres y muchos otros árboles frutales resistentes, como el cerezo. Las legumbres escasean ó faltan, los trigos no medran, reemplazados por el heno; todo va cambiando de aspecto. En otra zona superpuesta no viven sino las coníferas, es decir los pinos y abetos en increíble variedad de especies, y las malezas ásperas. Mas arriba desaparecen esos pabellones sombríos de las altas montañas, dejando el campo casi exclusivamente á las gramíneas enanas, que se extienden hácia las cimas de las faldas en inmensas y tupidas alfombras. Encima está la region de los helechos enanos, líquenes y musgos de tintas pálidas ó sombrías. Por último, toda vegetacion desaparece, la vida termina bajo todas sus formas risueñas, las aguas se coagulan ó se filtran para perderse en los abismos subterráneos, y no quedan sino, desiertos de granito y mares de hielo, donde solo se siente el grito estridente del águila ó el mugido aterrador del huracan.... En aquellas alturas el sol mismo pierde frecuentemente su esplendor; la soledad de un eterno invierno impera sobre abismos insondables, que guardan en sus concavidades el misterio admirable de la fisiología del globo. Esa gran variedad de temperaturas y producciones simultáneas de la flora suiza, ha hecho nacer naturalmente muchos órdenes de industrias y costumbres, escalonados desde el fondo de los valles hasta las mas altas eminencias habitables. Así, hácia las márgenes de los lagos y rios encuentra el viajero activas ciudades fabricantes, manufactureras y comerciales, como Ginebra, Losana y Vevey, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, Basilea y Schaffhouse, y numerosísimos cultivadores de viñas y bateleros. En la region inmediata superior halla las bellas artes, las obras de mano delicadas, tales como los trabajos de relojería, escultura en madera, porcelanas, sombreros de paja, encajes y bordados, en Chaux-de-Fonds, Berna, Friburgo, San-Gall, Appenzell, etc. Mas arriba recorre la zona de los pintorescos _chalets_, de las queserías, las praderas cubiertas de ganados, la vida y las costumbres apacibles del pastor. Por último, en la region mas elevada, el fabricante y el batelero, el comerciante y el artista, el agricultor y el pastor han desaparecido totalmente; allí solo se ve al Inglés extravagante que hace excursiones á los nevados, ó al cazador de ciervos y gamuzas, rey de las soledades que despierta con las detonaciones de su fusil los ecos de los abismos, y sorprende en su voluptuosa somnolencia al águila posada sobre los conos graníticos. Abajo, los trenes y los buques de vapor lanzan sus silbidos estridentes, en los ferrocarriles que surcan los valles y planicies y sobre las ondas azules de los lagos. Mas arriba no encontrais sino las diligencias y sillas de posta, cuyos conductores de curioso uniforme hacen resonar la voz aguda de sus clarines por carreteras ondulosas que giran al traves de los bosques, ya trepando sobre las altas colinas, ya descendiendo hasta el fondo de las ramblas. Subis algunas centenas mas de metros, y por entre selvas seculares de abetos, pinos y avellanos silvestres, seguis fragosos caminos, tan bien conservados como es posible, caballero en algun caballo ó macho gigantesco, de constitucion férrea, que os conduce á paso lento y seguro por los senderos mas dificiles basta los bancos de hielo. Mas arriba solo existen las sendas imperceptibles, los surcos variables de los torrentes y de los derrumbes del invierno, que sigue el cazador en sus audaces excursiones. Por último, si quereis marchar sobre el lomo brillante y resbaloso de las neveras, exponiendo la vida por un capricho de _turista_, necesitareis saltar sobre grietas profundas de cristal, y trepar cuidadosamente por escalones que vuestro guia va practicando en el hielo á golpes de pico ú hacha. ¡Qué de transiciones y variedades físicas y sociales entre la region de los ferrocarriles y la de las neveras,--entre el ingeniero y el cazador salvaje! Toda la distancia que média entre una civilizacion muy avanzada y la ausencia completa de la vida!... * * * * * La Confederacion suiza ó helvética es un pueblo formado por la aglomeracion de muchas razas ó derivaciones de razas constituidas sucesivamente en Estados ó entidades que, gozando de soberanía propia, se han ido aliando en nacionalidad compleja, sin perder en manera alguna sus tradiciones y su personalidad política y social. Ese orígen contrasta evidentemente con el de todas las naciones de Europa, cuya unidad ha resultado de una serie de conquistas ó absorciones. De ahí la especialidad del tipo suizo, donde todo tiene el sello de la vida local ó de la independencia y la variedad dentro de la unidad federativa. Sin pretender resumir la historia complicadísima de ese país, que ha sufrido la influencia de muchas ó muy distintas invasiones y dominaciones (romanas, italianas, sarracenas, francesas, alemanas, saboyardas y aun británicas), indicaré rápidamente los episodios generales de primer órden; reservando los pormenores mas curiosos para la página que corresponda á cada canton en particular. La primera época hasta donde alcanza la historia con alguna precision respecto de los habitantes que los Romanos denominaron _Helvecios_ ó _Helvetos_, ofrece apénas un enjambre de tribus bárbaras, de carácter áspero y ruda constitucion física, diseminadas en las montañas y planicies desde la orilla setentrional del lago Leman hasta la márgen izquierda del Rin central, y desde las alturas alpestres de los _Grisones_ ó _Rhetianos_ hasta las faldas del Jura vertientes del lado del Franco-condado meridional. Ocupando un territorio intermediario de razas y civilizaciones invasoras, los Suizos sufrieron sucesivamente tres dominaciones extranjeras de primer órden: la del imperio romano,--conquista comenzada 60 años ántes de la era cristiana, y completada por César;--la del imperio franco, que terminó en el siglo IX, poco despues de la muerte de Carlomagno,--y la de los Alemanes y la casa austríaca de Habsbourg, dominacion comenzada á sacudir por la liga de la independencia que inició Guillermo Tell al principio del siglo XIV. Así, puede decirse que la historia de Suiza se resume en tres grandes épocas. La primera fué de barbarie, de _tribus libres_ que se llamaron _Ambronos, Tigurios, Tuginios_ y _Verbigenos_, en el centro, el oeste y el norte; _Allobroges_ del lado de Ginebra; _Rhetianos_ en los Alpes orientales, etc. La segunda época, que César inauguró con la gran batalla de Autun (ó Bibracte), fué de _conquista_, romana durante cinco siglos, continuada luego por los Francos y Germanos durante siete y medio siglos mas. El país se llama entónces _Helvecia_ y recibe poderosamente la infusion del feudalismo. La tercera fué la época _federal y_ de independencia, inaugurada por Guillermo Tell y los cantones de Urí, Schwyz y Unterwalden, coligados para sacudir la dominacion de los Habsbourg representada por el odioso Gessler. Es entónces que el país toma el nombre de Suiza (_Schweiz_), derivado del de los _Schweizer_ ó habitantes del canton de Schwyz. En la primera época falta todo lazo de union entre las tribus. En la segunda, despues de los progresos introducidos por la civilizacion romana, el feudalismo hace surgir por todas partes obispos, abades, condes, bailios y señores que dominan porciones de territorio y ciudades libres importantes y privilegiadas. Todas esas porciones rinden vasallaje sucesivamente á los emperadores francos y soberanos alemanes, y la política de los grandes vasallos consiste solo en atacarse mutuamente para engrandecerse unos á expensas de otros; sin perjuicio de las luchas sociales entre los señores y sus siervos y los ciudadanos y paisanos. Así, la verdadera historia _nacional_ de los Suizos no comienza sino en el siglo XIV. La batalla sangrienta de Morgarten, ganada contra el duque Leopoldo de Austria, descendiente de Rodolfo de Habsbourg, y contra la nobleza del país coligada para oprimir á los pueblos, aseguró la independencia de los tres cantones que fueron el núcleo de la Confederacion. Desde 1308 hasta 1848 Suiza ha pasado por una serie de cruentas luchas y de los mas extraños episodios, peleando unas veces por su libertad doméstica, otras rechazando las invasiones extranjeras, no pocas veces atacándose entre sí los cantones para disputarse territorios contiguos. Durante algunos siglos ese pueblo ha ofrecido al mundo un extraño contraste: miéntras que defendia con ardor su libertad é independencia, daba el escándalo infamante de sus capitulaciones y enganches para suministrar regimientos de mercenarios á casi todos los tiranos ó déspotas de Europa. Hoy, gracias a la energía del gobierno federal y sobre todo á la revolucion italiana, esa ignominia de la civilizacion desaparece, y Suiza no verá en sus hijos sino soldados de su propia causa. Prescindiendo de los acontecimientos que no se han relacionado directamente con la formacion de la liga federal, los mas notables episodios de la historia de los Suizos se pueden resumir así: El ejemplo de la fuerza adquirida para la defensa por los tres cantones coligados en 1308 hace entrar sucesivamente en la Confederacion, durante medio siglo, á otros cinco cantones ó Estados independientes: Lucerna, Zuric, Glaris, Zug y Berna,--el primero adherido en 1332 y los demas de 1351 á 1353. Desde entónces la nacion se hace respetable, y uniendo sus fuerzas obtiene conquistas en los territorios aledaños. La lucha contra la nobleza y la casa de Austria continúa con ventaja creciente para los pueblos, y su prosperidad es muy notable. Hácia fines del siglo XV los Grisones, que habian formado su liga separada, se constituyen en canton independiente. Cárlos el Temerario, duque de Borgoña, ha sido batido por los Confederados en las memorables batallas de Grandson y Morat. La dieta federal de Stans admite en la Confederacion, en 1481, á los cantones de Friburgo y Solera. Las guerras civiles y exteriores renacen poco despues, y la Confederacion, triunfante una vez mas de los Austríacos en 1499, se acrecienta, de 1501 á 1513, con los nuevos cantones independientes de Appenzell, Basilea y Schaffhouse. Otros cantones libres existian entónces, tales como Neuchâtel, San-Gall, Grisones y Valles, pero no figuraban respecto de la Confederacion sino como simples aliados para la defensa comun. La reforma religiosa dividió profundamente á los Suizos en guerras civiles muy cruentas y tenaces, complicadas con las cuestiones político-sociales entre la nobleza y los ciudadanos y paisanos, y entre los cantones aristocráticos y católicos y los de organizacion democrática y religion protestante ó reformada. Fué en 1553 que los cantones católicos dieron el ejemplo del _mercenarismo_, celebrando la primera capitulacion que puso un regimiento suizo al servicio del rey de Francia Enrique II. Los partidos ó cantones católicos y reformados tuvieron alternativamente la victoria y la preponderancia, y la nacion se vió hasta fines del siglo XVIII envuelta en mil dificultades y aun á punto de disolverse. La revolucion francesa de 1789 conmovió profundamente los espíritus en Suiza y produjo cambios y episodios muy importantes. Los Franceses invaden el país y los pueblos oprimidos se agitan y levantan donde quiera contra los obispos ó abades soberanos y los señores ó nobles. En unas partes reclaman libertades y garantías, como en Basilea (ó Basel) y los cantones de Vaud, del Tesino, los Grisones, San-Gall, Schaffhouse, Solera y Friburgo; en otras cambian su gobierno, como la república independiente de Ginebra. El general frances Brune se apodera de Berna; la Confederacion queda disuelta y recibe una reorganizacion impuesta por las armas francesas y la revolucion. Suiza es entónces República una é indivisible, basada en el principio democrático y compuesta de 18 cantones. El de los Grisones queda como aliado; la república de Ginebra y varios territorios del Jura son usurpados por Francia. Algunos cantones alemanes, los mas antiguos, resistieron; pero en breve fueron sometidos. Así, la Confederacion iniciada por Guillermo Tell habia durado 490 años, Nacida del triunfo sobre una dominacion venida del lado de los Alpes, sucumbia bajo el peso de otra invasion procedente del lado del Jura. Suiza fué entónces un vasto campo de batalla entre los grandes beligerantes europeos, donde Massena y Korsakof se disputaron el terreno palmo á palmo. La paz de Amiens habia suspendido la lucha, que fué reemplazada por la guerra civil. El partido federalista destruyó el gobierno unitario, y Napoleon intervino violentamente, imponiéndole al país la célebre _Acta de mediacion_ que reconstituyó la Confederacion y provocó la nueva guerra europea. Desde 1803, el número de cantones se elevó de 13 á 19, por el ingreso de los de Argovia, Grisones (desmembrado), San-Gall, Tesino, Turgovia y Vaud. Ginebra continuó anexada á Francia, lo mismo que Mulhouse y otros territorios del Jura. Esa Constitucion establecia la igualdad social y cantonal, suprimiendo las prerogativas aristocráticas y todo vasallaje, y asegurando á los Suizos libertades bien importantes. Vencido Napoleon, todas sus obras de artificio político se fueron á tierra. Los coligados invadieron á Suiza para penetrar á Francia; el acta de mediacion fué abolida, y el partido aristocrático quiso recuperar su antigua posicion. Al cabo de dos años de agitaciones é incertidumbre la Dieta de Zuric expidió la constitucion del 7 de agosto de 1815, llamada _Pacto federal_, que restableció la vieja nacionalidad suiza. Entretanto, el Congreso europeo de Viena habia acordado resoluciones muy importantes respecto de la Confederacion, entre otras la de hacer ingresar como cantones federales los de Ginebra, Neuchâtel y Valais (ó Valles), poco ántes dominados por Napoleon. Así, Suiza quedó compuesta definitivamente de 22 cantones, formando un cuerpo de nacion cuya inviolabilidad y neutralidad fueron por primera vez solemnemente reconocidas por las potencias europeas en el Congreso de Paris. Si bien los cantones reformaron, en su mayor número, sus constituciones particulares, en 1830, bajo el influjo de la segunda revolucion francesa, la Constitucion federal no sufrió alteracion ninguna hasta setiembre de 1848, á virtud del triunfo de la revolucion radical sobre la liga del _Sonderbund_. Los 22 cantones, aunque ligados por el pacto federal, se hallaban profundamente divididos por cuestiones políticas y sociales, económicas y religiosas. No solo habia tres ó cuatro razas en antagonismo, sino tambien dos religiones y sobre todo dos principios que se excluian: el democrático y el aristocrático. El catolicismo aristocrático era preponderante ó absoluto en casi todos los cantones de raza alemana; miéntras que el liberalismo protestante predominaba en los de raza ó infusion latina: contraste singular y curioso, que tuvo sinembargo sus excepciones. En 1841 Ginebra realizaba su revolucion radical ó democrática, que se reprodujo en 46. En 1844 el canton de Valles respondia con una reaccion aristocrática, y luego la guerra civil se hizo general. Ella habia sido provocada por la _liga separada (Sonderbund)_, verdadera confederacion dentro de la Confederacion, que tomó por pretexto la expulsion de los Jesuitas y otras medidas liberales de la Dieta nacional. Los cantones de Friburgo, Lucerna, Schwyz, Urí, Unterwalden, Valles y Zug hicieron esa liga particular para defenderse mutuamente y resistir á la autoridad y las reformas de la Confederacion, y esta tuvo que apelar á la fuerza para disolver el Sonderbund en 1847. En breve Friburgo se rindió al general Dufour, sin combatir; Lucerna capítulo despues de dos dias de pelea, y los demas cantones disidentes se sometieron bajo condiciones. El triunfo de la revolucion radical, sostenida principalmente por los cantones de Ginebra, Vaud, Berna, Zuric y Tesino, hizo necesaria una reforma definitiva. La Constitucion federal del 12 de setiembre de 1848, aceptada desde su sancion por quince y medio cantones, lo fué poco despues por los seis y medio restantes. Las reformas interiores y liberales de los que habian hecho la revolucion fueron seguidas de las que hicieron en sus constituciones, de 1848 á 1850, diez de los otros cantones. Las últimas reformas en sentido liberal han tenido lugar en Neuchâtel, Tesino y Vaud, en 1858, 59 y 61. * * * * * Si las constituciones cantonales son en su gran mayoría muy liberales, la de la Confederacion nada ó poco deja que desear, en punto á libertades políticas y personales, igualdad y elementos de fuerza y armonía. Gracias á ella el país ha hecho grandes progresos en los doce últimos años, consolidando sus instituciones de todo género y adquiriendo respetabilidad en el mundo, apesar de su pequeñez como territorio y poblacion. La Constitucion garantiza á todos los Suizos la igualdad de derechos y deberes, la libertad de la prensa, de la industria, del tránsito, del domicilio, de asociacion y del ejercicio de todo culto cristiano; manteniendo así vínculos estrechos de union y comunidad, sin perjuicio de la autonomía comunal y cantonal. Los cantones tienen el deber de ajustar sus constituciones al principio republicano, representativo ú democrático, y respetar el derecho público de la Confederacion. El ejército es federal, como el sistema monetario y de pesas y medidas, los correos y las relaciones exteriores que afectan á la nacionalidad entera; de modo que las facultades reservadas al gobierno federal en nada vulneran la autonomía de los Estados ó cantones. Ningún país en el mundo tiene una organizacion tan natural y lógica como la de Suiza. Allí la nacionalidad no es mas que una síntesis, un elemento de fuerza comun respecto del extranjero. El _distrito_ es la verdadera forma social de los Suizos, la forma íntima y elemental. Cada distrito tiene su autonomía, sus bienes propios, sus ciudadanos o vecinos y su régimen de vida fraternal. La sociedad suiza no está realmente sino en la entidad comunal. Lo demas es accesorio ó de interes secundario. Es para atender á los intereses secundarios, que requieren cierta fuerza y respetabilidad, que los distritos se han aglomerado en cantones. Es para alcanzar la fuerza puramente internacional que los cantones se han confederado como potencia europea. Al hablar de cada canton indicaré los rasgos particulares que los distinguen. En cuanto á la Confederacion, su gobierno es ejercido por tres divisiones del poder, de las cuales la fundamental emana, en parte, del sufragio universal. El poder legislativo está á cargo de una _Asamblea federal_ compuesta de dos Cámaras: el _Consejo de los Estados_, especie de Senado, cuyos 44 miembros representan á los cantones en razón de 2 por cada canton, y uno por cada _medio canton_; y el _Consejo nacional_ ó Cámara de Diputados, elegidos por los cantones en razón igual de su poblacion. El poder Ejecutivo lo ejerce un _Consejo federal_ compuesto de siete miembros elegidos cada tres años por las Cámaras reunidas, uno por un canton á lo mas. De su seno sale el presidente de la Confederacion, nombrado anualmente por la misma Asamblea nacional. En fin, el poder Judicial es ejercido por un _Tribunal federal_, tambien de orígen parlamentario, asociado en ciertas ocasiones á un jurado. La Confederacion se compone de 22 cantones, de los cuales dos están divididos en _medios cantones_ con administracion y representacion distinta. La mayor parte tienen el mismo nombre que sus capitales respectivas. Su rango, en el órden en que han entrado á la Confederacion, en el siguiente: 1° Urí (capital Altorf)--2° Schwyz--3° Unterwalden, dividido en los medio-cantones de Obwalden (c. Sarnen) y Nidwalden (c. Stans)--4° Lucerna--5° Zuric--6° Zug--7º Glaris--8º Berna--9º Solera--10 Friburgo--11 Basilea, dividido en los medio-cantones de Basilea-ciudad y Basilea-campaña (c. Liesthal)--12 Schaffhouse--13 Appenzell--14 San-Gall--15 Grisones (c. Coira ó Coire)--16 Argovia (c. Aarau)--17 Turgovia (c. Frauenfeld)--18 Tesino (capitales Bellinzona, Locarno y Lugano)--19 Vaud (c. Losana)--20 Valais ó Valles (c. Sion)--21 Neuchâtel--22 Ginebra. Al terminar esta narracion presentaré á los lectores un cuadro comparativo de los cantones, según su extension territorial, poblacion, razas y religiones, naturaleza de industrias é instituciones. Por ahora, lo expuesto basta para tener una idea general. * * * * * CAPITULO III. GINEBRA. Geografía del Canton.--El lago Leman.--Resúmen histórico.--Estructura general de Ginebra.--Sus condiciones políticas y sociales.--Monumentos é instituciones públicas.--Las casas de prision.--Ginebra como centro social europeo. No sin razón decia Voltaire, haciendo resaltar la pequeñez física de Ginebra en contraste con su alto valor social, que «cuando él sacudia su peluca en aquella ciudad, cubria de polvo á todo el canton.» Jamas un puñado de tierra encerrado en tan estrechos horizontes fué mas encantador por su aspecto, ni mas ampliamente fecundo para la civilizacion, por sus genios eminentes y sus esfuerzos seculares en servicio de la libertad. En mis excursiones en Europa no he visitado pueblos que me hayan inspirado tantas simpatías como el ginebrino en Suiza y el vascongado en España. Es realmente extraordinario ese fenómeno social de tanta grandeza moral relativa, contenida en un recinto, tan estrecho, casi microscópico, cual es el canton ó Estado federal de Ginebra. A virtud de la reciente anexion de Saboya á Francia (que ha sido uno de esos actos de justicia y progreso que la diplomacia suele consumar por medios disputables) el canton de Ginebra se halla hoy completamente enclavado entre una curva de fronteras francesas, cuyo círculo no es interrumpido sino por las aguas del lago Leman y el extremo meridional del canton de Vaud, uno de los mas extensos y prósperos de la Confederacion. Mide el territorio ginebrino unos 33 kilómetros en su mayor longitud, de oriente á poniente, por 15 kilómetros de anchura, de sur á norte, conteniendo la superficie total de 242 kilómetros cuadrados. Su clima es generalmente suave y apacible, habida consideracion á la latitud y á la orografía del país circunvecino; sus terrenos son poco fértiles, pero hábil y totalmente cultivados; sus horizontes reducidos, pero admirablemente bellos y seductores. La ciudad de Ginebra tiene apénas una elevacion máxima de 375 metros sobre el nivel del mar, lo que le permite no solo poblar sus términos de mieses, frutas y legumbres, sino tambien cultivar sus graciosos viñedos, que le dan al panorama en las riberas del lago, en las colinas cercanas y en los valles del Ródano y el Arve, una melancolía que seduce y cautiva, al lado de los mas alegres paisajes campestres. Desde la ciudad misma, subiendo á las torres de su catedral, que desde lo alto de su colina domina todo el paisaje como el atalaya del lago, se registra con la mirada todo el territorio del Canton, así como las faldas y los contrafuertes mas ó ménos distantes de las montañas de la Saboya setentrional (Faucigny) y del Jura. Al sur se ven los valles del Ródano y el Arve, que se confunden á corta distancia de Ginebra, girando en direccion á la baja Saboya ó las provincias de Annecy y Chambery, y dominados por los contrafuertes alpinos y jurásicos, ostentándose en sus hoyas las gracias de la vegetacion artificial y las praderas, las altas curvas de los bosques de pinos y los grupos de algunas poblaciones. Al oriente, una sucesion de suaves faldas y colinas arranca desde la ribera misma del lago para irse levantando y detenerse á bastante distancia al pié de la cadena de _Voirons_, ondulosa y cubierta de praderas que han reemplazado los antiguos bosques del lado occidental, pero abruptas y severas por su vegetacion salvaje en el costado opuesto. Esa cadena es el término del encrespado y áspero sistema orográfico de las antiguas provincias de Chablais y Faucigny, comprendidas entre la hoya del Arve y el lago Leman. Al poniente, los planos inclinados, sus estrechos vallecitos, las colinas, las faldas empinadas y al fin los altísimos cerros se van sucediendo en bellos y entrecortados anfiteatros, desde las ondas del lago basta las crestas culminantes del Jura. Todo ese panorama topo-orográfico es de un efecto maravilloso, en contraste, ó mejor dicho, haciendo juego con el lago; pues si en el fondo se ve la angosta y larga superficie azul, mas arriba se ostenta la faja de viñedos, de alegres huertos, graciosas quintas y caprichosas sementeras; faja de mil colores que sube basta encuadrarse en el marco sombrío, soberbiamente majestuoso de la alta vegetacion jurásica (los bosques de pinos y abetos) y de las rocas de composicion caliza que descuellan en algunos picos. Por último, al norte se dilatan, entre líneas de irregulares contornos, las ondas luminosas, prodigiosamente azules y trasparentes del lago, unas veces violentamente sacudidas por los huracanes que soplan de los Alpes, otras dormidas y murmurantes, gimiendo frecuentemente bajo la quilla de algun vapor ó bergantin, inmóbiles como un inmenso espejo en que se refleja todo el esplendor de los azules é infinitos abismos del cielo. Y esas ondas, que siempre arrebatan ó cautivan, van á detenerse en el marco pintoresco de las riberas y colinas del canton de Vaud, ondas terrestres de luciente verdura. El lago de Ginebra ó Leman es, sin disputa, el mas hermoso y útil de los que contiene Suiza, rivalizado apénas por el de Constanza bajo el punto de vista comercial. Teniendo en su totalidad la forma de un arco ó media luna, cuyas extremidades inclinadas al E. y al S. O. se hallan en Villa-nueva (Villeneuve) y Ginebra, es decir hácia la entrada y la salida del Ródano, sus riberas se estrechan entre Ivoire (Saboya setentrional) y el cabo que determina el pequeño golfo largo y angosto. La parte superior se llama el «gran lago»; la inferior el «pequeño lago» ó el de Ginebra propiamente dicho. Su mayor longitud es de 71 kilómetros, y su anchura máxima de 14--4 kilómetros, entre Evian (puerto y pequeña villa de Saboya) y Morges, villa del canton de Vaud; conteniendo una superficie total de 1,430 kilómetros cuadrados. La profundidad varía mucho, pues llega en el centro del lago hasta 350 metros (prodigiosa en un lago cuyas montañas mas vecinas son poco elevadas en lo general), miéntras que entre Nion y Ginebra nunca excede de 97 metros. Abunda todo el lago en peces (como 30 especies) y en pájaros de especies mucho mas numerosas; ofreciendo la pesca ocupacion lucrativa á muchas gentes. Las aguas son de un azul turquí admirable, sin igual tal vez, y de tal trasparencia que se alcanza á ver perfectamente el fondo á muchos metros de profundidad. Esta profundidad enorme, los fenómenos singulares de las corrientes interiores, y la accion de los contrarios vientos que dominan el lago, impiden que sus aguas se congelen nunca, aun en los inviernos mas rigorosos, excepto en las orillas, donde se acumulan escarchas. No se tiene memoria de que la congelacion total haya tenido lugar sino dos veces, en los siglos VIII y IX. Las tempestades del lago son muy terribles y funestas á veces; pero los fenómenos de calma y violencia, de crecidas y disminuciones de volúmen, se producen y suceden con extraordinaria rapidez. Cuarenta y dos rios afluyen á las riberas del Leman, suaves y arenosas del lado setentrional, rocallosas, abruptas y fuertemente empinadas del lado de Saboya. De esos rios los mas considerables son: el Ródano, desde luego, que por sí solo equivale al mayor número de los otros, y el _Dranza_ (que no se debe confundir con el _Dranza_ afluente del Ródano), rio que despues de surcar las rudas montañas de Chablais, desemboca entre _Thonon_ y _Evian_. El mismo Ródano es el único desaguadero del lago, escapándose como una ancha cinta de lázuli, á la altura de 368 metros sobre el nivel del mar, al traves de Ginebra, de cuya circunstancia deriva su nombre la ciudad, según la etimología céltica de _gin_, salida, y _av_, rio. Es tan enorme la masa de arenas graníticas y calizas y limo que el Ródano acumula en el Leman, hácia su entrada y su salida, que cada dia crecen los bancos peligrosos en las cercanías de Ginebra, y las aguas se retiran de Villa-nueva, surgiendo una llanura de aluviones en el extremo superior; al mismo tiempo que las ondas invaden la ribera setentrional ó del canton de Vaud. Es curioso el contraste del Ródano superior é inferior: el primero, vomitando sobre la cuenca del lago sus turbiones de lodo ceniciento; el segundo, saliendo del lago purificado y límpido, como si hubiese de simbolizar la pureza de las costumbres y claridad de las libres instituciones de Ginebra y Vaud. Esa circunstancia, que tambien se nota en otros lagos, como los de Brienz y Thun, se explica por la existencia, en el fondo, de una sustancia purificante y colorante que obra como reactivo poderoso. La navegacion del Leman es activa, extensa y muy valiosa. A parte de las innumerables góndolas ó faluchos que pueblan todos los puertos concurridos, y particularmente el de Vevey y la dársena extensa de Ginebra, navegan en todas direcciones buques de vapor, cuyo movimiento es incesante, para el solo trasporte de pasajeros[2]. En cuanto al tráfico de mercancías (prescindiendo de las numerosísimas barcas pescadoras) se hace por tres clases de buques de vela: bergantines, barcas de puente completo, y _cocheras_, ó barcas de una forma singular, descubiertas en gran parte y destinadas al trasporte de maderas, combustible y materiales de construccion. [2] El primer vapor, con el nombre glorioso de _Guillermo Tell_, fué echado al agua en Ginebra en 1823. La fecha es significativa. La República de Ginebra, que durante siglos estuvo reducida á la ciudad de ese nombre, se acrecentó en 1816, á virtud de los tratados de Viena y Paris que le anexaron quince distritos saboyardos y seis franceses. La poblacion del canton ha subido (en 1860) á 83,345 habitantes, de los cuales mas de 9,000 son ciudadanos de otros Estados de la Confederacion, y unos 12,000 extranjeros,--franceses hoy en su mayor número. La sola capital contiene 41,415 habitantes, que hacen de Ginebra la primera ciudad de la Confederacion. Aunque en el Estado dos tercios de los habitantes profesan la religion reformada ó del rito llamado calvinista, y los católico-romanos componen, con unos 1,000 judíos, el otro tercio, en la capital la mayoría de reformados no está en la misma proporcion. Por lo demas, si bien á cada paso se oye en las conversaciones el acento aleman-suizo, italiano, inglés (por la abundancia de viajeros), y aun el _roman_ mismo, dialecto que se habla en los Grisones, la lengua francesa es la oficial y comun para todos los habitantes. Ginebra ha tenido una historia tan tormentosa y difícil como fecunda, sufriendo, como todos los pueblos de la raza de los _Alobroges_, las invasiones y dominaciones sucesivas de los Romanos, los Bárbaros del siglo V, los Burguiñones, Ostrogodos y Francos, los Suizos y Saboyardos mismos y últimamente los Franceses republicanos en 1798. Dominada por los Romanos hasta el año de 426, fué alternativamente una de las capitales de los Burguiñones, luego capital del reino de los Francos hasta mediados del siglo IX, y del segundo reino de Borgoña hasta casi mediados del XI, poseída por los sucesores de Carlomagno; cayendo despues bajo la autoridad mas alternativa aún de sus obispos soberanos y de los condes y duques de Saboya, que se la disputaron entre sí con tenacidad, no ménos que á los Ginebrinos mismos. Si desde el principio del siglo XVI el pueblo comenzó á luchar por su independencia contra obispos y condes, la reforma religiosa fué la que le aseguró su autonomía civil, lo mismo que su emancipacion respecto de Roma. Gracias á Calvino, que regularizó el movimiento y consolidó sus resultados, Ginebra se hizo la _metrópoli_ del protestantismo reformado y la base de la organizacion republicana en el sur de Suiza[3]. Admira la energía con que esa pequeña ciudad, rodeada de enemigos y aislada entre sus fortificaciones, pudo hacer respetar su nacionalidad hasta 1798, servir de asilo seguro á todos los proscritos y perseguidos en el continente, aun en presencia del poderoso Luis XIV, y glorificarse como centro fecundo de civilizacion, actividad económica y propaganda literaria, política y religiosa. Al poner el pié en Ginebra, sobre la ribera de su lago, no se puede ménos que contemplar alternativamente la isla microscópica contigua al gran puente, llamada _de Juan Jacobo Rousseau_, el punto no lejano que indica la situacion de _Ferney_, en uno de los planos inclinados que remontan hácia el Jura, y las altas eminencias que escalara Saussure con el barómetro en la mano;--objetos que hacen evocar las glorias mas conspicuas de la literatura, la filosofía y la ciencia, en que Ginebra ha tenido tan envidiable parte. [3] Con todo, las luchas continuaron hasta 1602, época en que el duque de Saboya perdió toda esperanza de recuperar á Ginebra. Llamábanse entónces _Mamelucos_ los partidarios de los obispos y condes, y _Eigenossen_ ó aliados por juramento, los defensores de la independencia. Ese nombre aleman, pronunciado _Higenós_, dió orígen al de _Huguenots_, con que se llamó á los calvinistas ó reformados. Desde mediados del siglo XVI hasta 1816 Ginebra no careció de su independencia sino durante los diez y seis ó diez y siete años de la dominacion francesa, á cuyo torrente no pudieron resistir ni los mas grandes imperios. Incorporada á la Confederacion suiza al caer Napoleon, la república ginebrina continuó su antigua marcha, regida por instituciones que se alejaban bastante de la democracia y de la tolerancia religiosa. La huella de Calvino habia quedado profundamente marcada en la _Aténas_ del protestantismo reformado. Andando los tiempos, la clase mas alta del país habia constituido una aristocracia ú oligarquía intolerante y privilegiada, y para destruir su poder el pueblo emprendió una lucha tenaz, que se manifestó por revoluciones mas ó ménos incompletas y poco fecundas en 1830, 41 y 43, hasta triunfar definitivamente en 46. La organizacion radical data de 47, y en los trece años de gobierno popular y libre que desde entónces ha tenido Ginebra ha hecho las mas bellas conquistas en la via del progreso. El gobierno de ese Estado es democrático-representativo. Todo ciudadano mayor de 21 años es elector y elegible. La Constitucion garantiza á todos los habitantes la plena libertad de religion y culto[4], así como la de la prensa, del tránsito, de la industria, la enseñanza, la peticion y asociacion, la inviolabilidad del domicilio y la correspondencia. Allí la autoridad no invade con sus reglamentos la esfera de la actividad y del derecho individual; sin que por eso les falte una proteccion eficaz á la instruccion primaria y profesional, la beneficencia pública, las vias de comunicacion y algunos otros objetos de primer interes. Como los ciudadanos saben que el poder reside en sus manos, en su opinion, la prensa tiene la mas notable actividad y variedad para servir todos los intereses, y las juntas y sociedades de todo género son muy numerosas y frecuentes. El principio de asociacion tiene las mas fecundas aplicaciones en la política, como en las letras, el comercio, la industria, etc. Acaso, con excepcion de Stuttgard y Leipzic, ciudades alemanas cuyo movimiento de publicidad es vastísimo, no hay en Europa ninguna ciudad que, relativamente á sus proporciones, haga un uso tan extenso, variado y fecundo de la prensa, como Ginebra. [4] Excepto, por desgracia, á los judíos. El Canton es gobernado conforme al principio de la separacion completa de los poderes, aunque todos emanan del voto popular, directa ó indirectamente; y el régimen municipal es muy libre. El poder legislativo lo ejerce en todo el Canton una Asamblea ó _Gran Consejo_ de eleccion bienal y popular, que se compone de 93 miembros. El ejecutivo está á cargo de un _Consejo de Estado_, cuyos miembros, de igual duracion, son nombrados por el Gran Consejo. En Ginebra no hay tropa permanente ni jerarquías militares. Todos los ciudadanos de 20 á 50 años son miembros de la milicia del Estado, que presta su servicio cuando la autoridad la llama, y de cuyo seno sale un contingente anual para el modesto ejército federal. No hay gendarmería: la policía es invisible, porque no tiene distintivo ninguno, ni incomoda á quien hace uso de su derecho, ni se hace sentir sino por los servicios eficaces que presta. Si se comete algun delito en la calle, todo el mundo le presta su concurso voluntario á la autoridad para reprimirlo y aprehender al culpable. En realidad, la policía en Ginebra es obra de los ciudadanos, y son ellos los que, guiados por el interes comun de la libertad y del honor del Estado, mantienen el órden mas perfecto, en armonía con la mas completa libertad personal en cuanto puede ser inocente y lógica. En todos los lugares públicos de Ginebra se ve una tabla ó cartulon con esta leyenda: «Estando los paseos públicos destinados á la utilidad y el placer de todos, el Consejo administrativo (el de la ciudad) los pone bajo la salvaguardia de los ciudadanos.» Hay en esas palabras de admirable simplicidad, de las cuales los Ginebrinos se muestran muy dignos, toda una teoría ó enseñanza profunda y universal de moral y política, de economía social y legislacion y de filosofía histórica. Si la etnografía del pueblo ginebrino explica el predominio en él y en todas sus manifestaciones literarias, de la lengua francesa, su genio político, industrial y social y sus instituciones corresponden á un curioso amalgama de elementos diversos. Las emigraciones europeas de gentes superiores, atraidas á Ginebra por la libertad que esa república garantizaba en tiempos de despotismo universal (no obstante la antigua distincion de cinco clases de ginebrinos) han introducido allí la sangre y el genio de otros pueblos, de tal modo que abundan mucho los apellidos alemanes, italianos, ingleses y aun españoles, y los tipos de diversas razas, mas ó ménos confundidos. Esto le da á Ginebra un notable carácter de cosmopolitismo. En ninguna parte mas que allí es tan manifiesto ese fenómeno de fisiología social,--tan frecuente en el mundo y sinembargo casi siempre olvidado por la historia,--de la trasformacion moral de una raza casi por la sola virtud de sus instituciones. Ciudad en otro tiempo reducida, por las necesidades de la defensa, al aislamiento material dentro de sus bastiones y fortalezas, Ginebra se ha hecho luego cosmopolita,--refugio de todo idea proscrita y de todo hombre perseguido,--acogiendo todo lo bueno de la civilizacion, practicando resueltamente la democracia, penetrando en todas las esferas de la actividad intelectual, yendo á buscar hasta en el Nuevo Mundo la fórmula moderna de la filosofía penal. Raza esencialmente francesa por su orígen, su lengua y sus tradiciones, el pueblo ginebrino tiene las cualidades sin los defectos del genio frances. Posee el espíritu de investigacion, simultáneamente analítico y generalizador, la tendencia cosmopolita en las aspiraciones, el sentimiento artístico, literario y generoso en alto grado, y no poco de esa jovialidad expansiva y elástica, de esa facultad de asimilacion, que distinguen al Frances. Pero carece de ese instinto funesto de centralizacion, de esa idolatría respecto de la autoridad,--servilismo que abdica la iniciativa individual ante la del gobierno,--de esa ligereza en las costumbres é indiferencia para con las convicciones tenaces, que han contrariado la adquisicion de la libertad en el seno de la sociedad francesa. El Ginebrino cultiva con esmero todo lo que tiene algo de artístico y delicado: la pintura, la escultura, la música, el grabado, la relojería, la joyería y hasta la disecacion de vegetales y animales curiosos. Pero ha sabido aliar el arte con la industria, sus disposiciones poéticas y altamente francesas, con la seriedad y profundidad de investigacion y el sentimiento severo de la personalidad ó del derecho individual, característico de las razas germánicas[5]. [5] Es tan inseparable de esas razas el espíritu de independencia personal, que siempre me ha parecido que un Aleman (ó sus asimilables) que no profesa en religion la doctrina del libre exámen, es un hombre incompleto y contradictorio. ¿De donde proviene ese feliz amalgama? Evidentemente de la accion del protestantismo reformado (cuyos abusos é intolerancia de otros tiempos estoy muy léjos de aprobar) el cual, creando la nocion y el hábito del libre exámen, de la creencia razonada y profunda (sin materialismo pagano) y de la autonomía personal, ha modificado fuertemente los instintos latinos y franceses de la raza, sostenidos por las tradiciones y la lengua. En Ginebra todas las manifestaciones sociales armonizan, haciendo un juego seductor: las poéticas perspectivas del territorio y el lago; los caprichos de las antiguas construcciones feudales; la elegancia suntuosa de la arquitectura moderna; los bellos museos y bibliotecas abundantemente provistas; las casas de correccion y penalidad; las fábricas y los vapores, cuyas chimeneas humeantes contrastan con las lindas fachadas, los templetes y jardines de las innumerables quintas situadas entre parques magníficos en las cercanías del lago; el movimiento mercantil de las calles y los muelles; las pacientes labores de 8 ú 9,000 _artistas_, que trabajan en la fabricacion de 150,000 relojes de oro por año, en muchos grabados excelentes (en piedra, madera y metal), en la elegante y delicada joyería, las esculturas y pinturas, y en la preparacion de muchos instrumentos científicos, musicales, industriales, etc. Todo ese conjunto de manifestaciones de actividad agrada en esa ciudad de estructura semi-feudal y semi-moderna, cuyos habitantes, al eco de los silbidos de las locomotivas en los vapores del lago y en dos ferrocarriles, trabajan con empeño por demoler todas las fortificaciones y reemplazarlas con monumentos, jardines, fábricas, arboledas, muelles y barrios enteros elegantes y pulcros. Eso llama la atencion del viajero, cautiva sus miradas y le hace respetar una civilizacion que, desarrollándose bajo la influencia de la libertad, demuestra que la grandeza de un pueblo no consiste en la masa de su poblacion nativa y la extension de su territorio, sino en la fecunda energía y la armonía de sus progresos. Ginebra está dividida por el Ródano en dos partes desiguales. En el vértice del lago, á los dos lados de la islita sombreada por hermosos árboles en que se destaca la estatua de Rousseau, se escapa el Ródano en dos brazos bajo de un extenso puente de madera, produciendo un islote cubierto de casas y molinos, baños de natacion, etc., que reposan sobre estacadas. A la márgen derecha se extiende el barrio de _San Gervasio_, lleno de fábricas, almacenes y relojerías, dominado por la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Francia, Losana y Neuchâtel, y ostentando en los malecones y muelles, en las riberas del lago y del rio, hileras de casas espléndidas y hoteles que parecen palacios suntuosos, y mas léjos un enjambre de graciosas ú opulentas quintas, parques, huertas y jardines. Es en una de las calles antiguas de ese barrio que se encuentra la sombría casucha de dos pisos donde nació Juan Jacobo. La _ciudad_ propiamente dicha se extiende á lo largo de la márgen izquierda del lago y del rio, presentando en gran parte de la línea una vasta fachada de hermosos edificios modernos. Despues de cubrir la ribera, trepa hasta la cima de una colina casi abrupta, formando un laberinto de callejuelas, cuestas y graderías rígidas, de antigua y extravagante construccion, en cuyo centro se levantan la catedral, el palacio del Gobierno, la casa de detencion y otros edificios públicos, y gira un extenso paseo sobre las murallas de las antiguas fortificaciones. Por último desciende hácia el sud-este, y se dilata en una planicie ligeramente accidentada, entre el Ródano, el valle del Arve y las colinas del oriente que se desprenden de los contrafuertes saboyardos. Es allí donde, al derredor de la _Puerta-Nueva_, se encuentran los jardines públicos, el teatro, el conservatorio de música, el museo Rath, el palacio electoral y las construcciones mas recientes, y donde va surgiendo la nueva Ginebra que, libre del obstáculo de las fortificaciones, se extenderá indefinidamente hasta ligarse con _Carouge_, villa de 4,500 habitantes situada sobre la márgen izquierda del Arve. Nada mas delicioso que un paseo en coche por la ribera izquierda del lago, en direccion á _Collonge_, al traves de quintas y parques bellísimos, huertos, jardines y viñedos, y dominando con la vista el soberbio panorama del lago y las montañas del Jura; ó bien, mecido suavemente en una góndola por el vaiven de las azules ondas del lago, surcar su superficie á las nueve de la noche, cuando las estrellas fulguran en el fondo de un magnífico cielo, se despiertan las brisas nocturnas cargadas de perfumes, y se ve á lo léjos en la ribera el vasto semicírculo de luz que producen las hileras de faroles en todos los muelles, á cuya línea se sobreponen las mil luces caprichosas de la parte antigua de la ciudad que se levanta en anfiteatros irregulares sobre la colina. Ginebra tiene entónces tanta poesía y su lago tan arrobadora seduccion en sus reflejos múltiples, sus rumores vagos, su trasparencia deslumbradora y sus ondulaciones suavísimas, que uno se siente como encantado por un sueño y trasportado á regiones muy lejanas de los Alpes y el Jura. Si el Ginebrino se distingue del Frances por la seriedad y circunspeccion, careciendo de esa viveza retozona y esa agudeza de chiste que llaman _esprit_; si su acento es duro y su frances muy defectuoso (en la generalidad de la clase _media_ y las masas); y si los tipos fisonómicos, aunque revelando mucha inteligencia, son apacibles y carecen de la energía de líneas propia de las razas puras, posee tambien cualidades muy estimables. Entusiasta por los intereses públicos y las bellas causas; sobrio de palabras y grave en sus convicciones; laborioso y persuadido de la nobleza del trabajo, sus costumbres son puras, sin gazmoñería ninguna, y en todos sus actos manifiesta tener la conciencia igual del derecho y del deber. En Ginebra no se ve un solo mendigo ni un hombre ebrio, y á excepcion de los que viajan por recreo ninguno está desocupado allí. El verbo frances _flaner_[6] tan característico de Paris, no tiene significacion en Ginebra. [6] Pasar el tiempo como un gandul, paseándose por los lugares públicos sin objeto y con curiosidad insustancial. Como obras de arte, los monumentos de esa ciudad no son de mucho interes. Si los modernos de la _Puerta-Nueva_ y algunos otros son elegantes y bien adecuados á sus objetos, los antiguos son de una arquitectura sólida, pesada y fría. El jardin botánico, aunque pequeño y relativamente nuevo, es gracioso y está bien provisto y mantenido. Las colecciones del _Museo académico_ son abundantes y valiosas. Ademas de la Biblioteca pública, que contiene mas de 40,000 volúmenes impresos y 500 manuscritos, algunos de estos muy interesantes ó curiosos[7], la Sociedad de lectura posee un gabinete superior en que hay 35,000 volúmenes impresos y un surtido de 140 periódicos de todas clases. El museo _Rath_, fundado por el general de este nombre, contiene una notable coleccion de obras de escultura y pintura, antiguas y modernas. La Academia ó universidad es digna de toda estimacion. Ginebra, siendo tan pequeña, posee ademas: un observatorio astronómico, un conservatorio de música, varios colegios secundarios, un arsenal, una excelente máquina hidráulica que funciona en el Ródano para el servicio de la ciudad, y numerosos establecimientos de enseñanza primaria, beneficencia, crédito y economía. El Canton tiene el mérito de contar en sus escuelas primarias de 7,000 alumnos que reciben anualmente la instruccion elemental. [7] Por ejemplo: un manuscrito de Ciceron, iluminado, las homilías de San Agustin, escritas en el siglo VI, y algunos volúmenes de cartas autógrafas, sermones y manuscritos de Calvino. Como era natural, nada me llamó tanto la atencion en Ginebra como las casas de correccion ó penalidad. La pena de muerte está abolida allí desde hace muchos años, y Ginebra es tal vez el segundo Estado europeo que ha adoptado el régimen penitenciario de los Estados Unidos. Aunque hay algunas diferencias entre las dos penitenciarias de Ginebra, su sistema de administracion se basa en los principios de la legislacion penal filosófica: el aislamiento, el trabajo, la vigilancia, la economía y el estímulo ofrecido á la enmienda del culpable, Ensayaré describirlos, según las observaciones que pude hacer en una visita á cada establecimiento. La casa de _Detencion_ tiene un doble objeto: es penitenciaria para las mujeres, cuya reclusion puede durar hasta por largos años, según la gravedad del delito, y es lugar de simple correccion para los varones que, desde la edad de diez años, son condenados á detencion celular hasta por un año, por delitos, si son mayores de edad, ó por crímenes, si el reo es un menor. El edificio, construido en 1842, tiene la forma de un cuadrilongo regular, dividido en tres compartimientos de cuatro pisos, inclusive el del nivel de la calle. En el centro están la entrada, la sala de recibo, la oficina del director, las habitaciones de este y los demas empleados, y la cocina y demas piezas del servicio doméstico. A la derecha está el departamento de los hombres, que puede contener hasta 120 detenidos, y á la izquierda el de las mujeres, capaz para 112[8], análogos en todo, separados y simultáneamente vigilados. El local de los hombres que visité, es un salon de altísimo techo, cuyas celdas ocupan solo una ala, superpuestas en cuatro hileras ó pisos que se comunican por escaleras y corredores angostos, girando en el interior del salon como en un teatro. De este modo, situándose en cualquier punto se registran todos los corredores y las puertas de las celdas. Ademas de esos cuatro pisos hay otro subterráneo en que se hallan los calabozos para el encierro de los que, por una conducta en extremo rebelde y reprensible, merecen el castigo adicional y transitorio de una reclusion mas severa. Esos calabozos son completamente oscuros y carecen de ventilacion. Detras del edificio están cercados por altas y sólidas murallas los patios á donde salen los reclusos, de uno en uno y por turno, á descansar y gozar del sol, del aire puro y algun ejercicio. [8] Cuando estuve allí habia 80 reclusos, número que es el ordinario, y 30 reclusas solamente. Cada detenido se encuentra en su celda trabajando, obligado á una tarea de mínimum fijo, y constantemente vigilado. Frecuentemente, cuando la conducta de algunos detenidos es muy buena y se considera necesario asociarlos, dos ó tres trabajan juntos en una celda, sin perjuicio de dormir siempre separados. Las celdas tienen bastante luz y reciben aire puro por ventanas de fierro altas y muy sólidas. Cada detenido tiene, ademas de los materiales y útiles de trabajo, su cama, una silla y algunos muebles indispensables que le permiten comer, dormir, etc., en aislamiento absoluto. Cada puerta de celda tiene practicado un pequeño y sencillo aparato que permite vigilar al detenido sin que este se aperciba de ello. El director y tres empleados subalternos bastan para la administracion puntual y rigorosa del establecimiento. Los detenidos se ocupan en la fabricacion de zapatos, esteras y otros objetos sencillos y de consumo popular, y los productos son destinados á cubrir los gastos del establecimiento y formar un fondo de economías para cada detenido, según el valor de su trabajo. La predicacion y enseñanza religiosa que se da á los reclusos es austera, inteligente y afable. Si el encierro en el calabozo, la privacion transitoria de alimentos, del paseo en los patios, etc. son medios de coercision ó represion adicional, tambien tiene el recluso estímulos poderosos para meditar en su delito, arrepentirse y moralizarse. En caso de buena conducta, dando pruebas de arrepentimiento, obtiene mayor participacion en el fruto de su trabajo, permiso para trabajar en compañía de uno ó dos mas, pero siempre en silencio, y una reduccion de pena que puede llegar hasta la mitad de su duracion legal. Nótase que las reincidencias son rarísimas entre los varones adultos, y algo frecuentes entre las mujeres y los púberes ó impúberes cuando no obtienen ocupacion segura al salir de la prision. Por lo demas, en el establecimiento reinan el órden, el silencio, la pulcritud y la economía. El director y uno de los celadores me manifestaron la conviccion profunda de la eficacia del sistema en todos sentidos; aunque reconocían, como otras personas, la necesidad de que el régimen celular tenga su complemento en una institucion social que permita ofrecerle instruccion y trabajo por algun tiempo al recluso libertado, á fin de que, siéndole suave la transicion del encierro y el trabajo forzado á la libertad con el trabajo libre pero inseguro, se conjuren los peligros de la reincidencia. Llegará un dia, no lo dudo, en que las sociedades civilizadas reconocerán que la fecunda correccion del culpable y el deber supremo de la justicia exigen la íntima correlacion de tres instituciones: el lugar de castigo, la escuela, y el taller ó cosa parecida; y que el poder social no tiene plena autoridad para castigar, sino á condicion de instruir y moralizar al culpable, y abrirle, una vez arrepentido, la via infinita de toda rehabilitacion: la del trabajo, y la independencia personal. La Casa Penitenciaria tiene formas y condiciones distintas, no obstante la comunidad del sistema. El edificio tiene la forma exterior de una media rueda de carro de tres radios y horizontal. En el centro está la fachada, que da sobre un vestíbulo de tres pisos correspondientes á los del interior. La parte interna y baja del vestíbulo es semicircular, y paralela á la gran semicircunferencia descrita por dos altos murallones igualmente paralelos entre sí que, separados por una callejuela, encierran toda la fortaleza. Del centro á la circunferencia se extienden como radios dos edificios iguales y cuadrilongos y otra construccion intermedia coronada por una cúpula, separados por muros que encierran cuatro patios. Todos ellos y las murallas del contorno están á cubierto de las miradas exteriores y dominados por la cúpula y algunas ventanas para ejercer la vigilancia. La oficina del director y de su ayudante se halla en el interior del peristilo, y en el centro del arranque de los radios están los intersticios que permiten observar á los presos y comunicar órdenes al traves de los muros, sin ser visto. De los tres pisos de esos radios el inferior contiene los talleres de trabajo, y los dos superiores las celdas de habitacion de los reos, miéntras que en la parte central se hallan los locales destinados al servicio de los empleados. Debajo del despacho, al nivel de los patios, están el locutorio para las visitas á los reos, la oficina y otras piezas de menaje. El edificio entero, al parecer complicado, pero en realidad muy sencillo, costó apénas 30,000 pesos y solo exige un gasto anual de 5,000, á lo sumo, como déficit del producto que deja, respecto de los gastos, el trabajo de los reclusos. Puede contener 56 reos, á juzgar por el número de celdas; pero jamas se ha colmado y ordinariamente no tiene sino unos 46. De este número que habia cuando visité la Penitenciaria, 12 eran reincidentes: solo 7 pertenecian al canton de Ginebra (donde hay libertad, instruccion y actividad industrial) y la mayoría de reclusos se componia de saboyardos, pertenecientes á una poblacion excesivamente pobre, ignorante, sin industria, comercio ni comunicaciones, encerrada entre los Alpes y las líneas de aduanas. El gran número de los reclusos representaba los crímenes de hurto y robo, crímenes que, en la generalidad de los casos, no indican perversion, sino miseria y falta de instruccion y trabajo. El número de protestantes y católico-romanos del Canton se equilibra en la Penitenciaria, aunque en la totalidad hay gran mayoría de católicos. Cada reo duerme en su celda en absoluto aislamiento. Las celdas son pequeñas pero suficientes, muy limpias y bien ventiladas, alumbradas por la luz natural, y provistas de los modestos muebles necesarios. Los reclusos trabajan y toman los alimentos en comun guardando silencio absoluto, y divididos en secciones según su criminalidad. Hacen tres comidas por dia, abundantes, sencillas y sanas, y despues de cada una de ellas salen por turno a pasar media hora al aire libre en alguno de los patios. Solo un caso de evasion ha ocurrido hasta ahora, y eso por negligencia de un celador. Jamas recluso alguno ha perdido la razon ni atentado contra los guardianes. El encierro total sin trabajo ni luz, y la privacion temporal de alimentos ó cama en que dormir, son los medios coercitivos ó de represion. El trabajo de los reclusos consiste en fabricar zapatos y esteras ó pilar granos. Cada uno de los talleres comunes es vigilado interiormente por un celador que gana, ademas de la manutencion y el alojamiento, tres francos diarios. El director, un ayudante ó secretario y esos celadores son los únicos empleados activos del establecimiento, y lo sirven muy bien. Los capellanes concurren los domingos á hacer los oficios religiosos y morales, sin perjuicio de su concurso accidental. Cuando un recluso se hace merecedor de consideraciones, se le permite recibir de tiempo en tiempo la corta visita de algun deudo. Esta se verifica en un locutorio, al traves de una reja de alambre fino, que permite la conversacion y el cambio de miradas, bajo la vigilancia del celador presente, pero que impide todo contacto y comunicacion de cartas, dinero, armas, etc. Se llevan libros que hacen constar escrupulosamente todos los hechos de la economía interior y las observaciones sobre la estadística y moralidad de los reclusos. Según esos documentos, si la conducta de un reo es irreprensible obtiene un tratamiento menos rigoroso y una rebaja de condena, que llega hasta la mitad. Esas rebajas son muy frecuentes. En cuanto al producto del trabajo, el sistema es análogo al de la Casa de Detencion, pero una parte se destina á socorrer, si son pobres, á los hijos, padres, ó consorte del recluso. La Penitenciaria sirve solo para los condenados, por crímenes ó delitos graves, á mas de un año de reclusion celular. El máximum de la duracion es de 20 años, aplicado solo en casos de reincidencia en crímenes muy graves. Lo que mas me llamó la atencion en la Penitenciaria fué la capilla, local de extrema sencillez, sin adornos ningunos y provisto de bancas en anfiteatro. Allí los reclusos son divididos en secciones, según su criminalidad. En el fondo, junto á la modesta cátedra del capellan, está un pequeño altar reducido á un Cristo, la imágen de la Vírgen y los vasos y objetos necesarios para el culto romano. Ese altar está provisto de un cortinaje oscuro y espeso. Cuando los reclusos católico-romanos están en la capilla, el altar está descubierto y funciona el sacerdote respectivo. Cuando á su turno asisten los protestantes, se cubre el altar y no queda á la vista sino la Biblia sobre la mesa. Así, el mismo púlpito y local sirven al sacerdote y al pastor. Jamas en mi vida habia encontrado un espectáculo social tan sublime como el de esa humilde capilla, igualmente consagrada al servicio de dos comuniones religiosas que han ensangrentado la tierra con sus luchas impías. ¡Qué profunda enseñanza de espiritualismo en la religion, de noble sencillez en el culto, de fraternidad y tolerancia, de universalidad en la idea religiosa,--sin parar mientes en las diferencias de símbolos y formas,--de verdadero cristianismo, en fin! Enseñanza escondida en el fondo de una prision,--símbolo de la igualdad de la conciencia ante el deber y la justicia,--para inculcarle al culpable la nocion de la fraternidad en Dios y en el hombre, del derecho igual de todos, cuya violacion constituye precisamente lo que se llama falta, delito ú crímen! Al dejar á Ginebra, llevaba no solo una impresion de profundo respeto por ese pequeño Estado de filósofos, artistas y hombres libres é industriosos, sino tambien una especie de consuelo y confianza en el porvenir de la humanidad. ¡Qué de grandes ejemplos y altísimas inspiraciones le debe la civilizacion europea a ese pequeñisimo pueblo que, habituado á fabricar relojes y ejercitar el libre exámen, parece tener en su genio la regularidad severa del cronómetro y la expansion independiente de las organizaciones libres! Allí han nacido, para gloria de las letras y de las ciencias de todo género, naturalistas audaces y pacientes como Saussure y Candolle; jurisconsultos como Burlamaqui; historiadores como Sismondi y Mallet; economistas como Juan B. Say y el mismo Sismondi; hombres de Estado como Necker; literatos como madama Necker, Topffer y Cherbuliez; artistas distinguidos, pensadores filósofos como el inmortal Rousseau! * * * * * CAPITULO IV. LOS ALPES SABOYARDOS. Los compañeros de viaje.--La hoya del Arve.--El valle de Chamonix.--El grupo del Monte-Blanco.--Las neveras.--Contrastes naturales y curiosidades. Un enorme carruaje abierto, dividido en tres compartimientos y conteniendo unas 23 personas, aparte de los equipajes, debia conducirnos por el valle del _Arve_ hácia Chamonix, al pié del grupo colosal de montañas en cuyo centro se ostenta la admirable cúpula del Monte-Blanco. Los ingleses, como sucede en todos los sitios, vehículos y líneas de excursion, estaban en mayoría, representados principalmente por una media docena de _young ladies_ robustas, rubias, rosadas y vestidas caprichosamente. Soberanamente fastidiado siempre con las espesas brumas, la vida uniforme y el aislamiento geográfico de su opulenta isla, el Inglés es eminentemente cosmopolita, por razon higiénica, por genio y tradicion, y por curiosidad, frecuentemente pueril. Hasta en el último rincon del mundo y sobre las mas altas cimas se le encuentra,--imperioso, exigente, intratable, cuando no necesita de los demas, lacónico, frio, cargado de bastones, paraguas y mil enseres, impasible cuando los demas se conmueven, afeitado y perfumado en regla aun en el fondo de los precipicios y las neveras, y ataviado con su singular vestido de un solo color y un solo corte, que á fuerza de ser uniforme toca en la extravagancia. Fino, caballeroso, hospitalario y cumplido en su isla (_at home_), el Inglés se hace duro en país extranjero, medio salvaje á veces, porque el orgullo de su raza y su nacionalidad le da la conciencia de que á todas partes lleva su patria consigo, es decir con su derecho individual, su nombre y su bolsa. De ahí su carencia absoluta de elasticidad y tolerancia para acomodarse en país extranjero á los usos de los demas pueblos y á las necesidades de las circunstancias. Es ciertamente curioso ese fenómeno de trasformacion moral que se verifica en el Inglés, viajero tan apegado á la _idea_ de la patria, y al mismo tiempo tan adicto á los viajes que le alejan del _suelo_ patrio. El Frances, al contrario, hombre de _espíritu_ mas bien que de convicciones, de expansion indefinida mas que de hábitos, socialista por excelencia, deja la patria al cruzar la frontera de Francia, y encuentra una adoptiva, provisoria y _ad hoc_ donde quiera que se le presenta un medio de sociabilidad, un círculo de ideas. De ese modo, se asimila con admirable facilidad todas las condiciones de vida, y acepta con el mejor humor todas las situaciones posibles, lo mismo en los _Campos Eliseos_ de Paris que en el fondo de una selva americana, ó de un desierto de Africa. Es por eso que, cuando se viaja en Europa entre ingleses y franceses, se ve siempre á los primeros silenciosos, esquivos, encerrándose en su personalidad rigorosa; miéntras que los otros entran desde luego en el amplio carril de la conversacion desembarazada y múltiple, llegando fácilmente hasta la jovialidad. Estas observaciones, que por ser personales nada tienen de nuevas ú originales sinembargo, y que he confirmado en todas mis excursiones, me vinieron desde luego á las mientes al seguir, en la diligencia de Ginebra, la carretera que conduce á Chamonix. La conversacion era tan animada entre nosotros y dos ó tres franceses y algunos suizos de la misma raza, como notable el silencio contemplativo de los ingleses. Llamónos la atencion particularmente un ministro ó pastor protestante del canton de Vaud, que viajaba muy modestamente con su hija,--una inteligente y graciosa señorita de diez y seis años,--con ánimo de hacer fructuosas excursiones á pié. Era un hombre de modales finos, lleno de modestia y distincion en su porte, sencillo, tolerante y filósofo, fuertemente empapado en el sentimiento de la fraternidad y caridad cristianas, amigo de la buena conversacion y la discusion, observador atento, entusiasta por todas las bellezas naturales, de instruccion general y sólida y particularmente adicto á la geología, la física, la botánica y la historia natural. Su hija, tan instruida como amable, tan candorosa como inteligente, le acompañaba siempre en sus peregrinaciones. A pié, provistos de bastones y de un modestísimo ajuar de viaje, habian recorrido juntos las mas interesantes regiones de la Suiza central, escalado las alturas del Jura, las neveras del Oberland bernés, etc., recogiendo plantas curiosas y haciendo atentas observaciones. Llevaban la intencion de recorrer en parte las neveras del Monte-Blanco y visitar todas las curiosidades naturales de Chamonix. Raras veces he viajado con un compañero tan instructivo como ese digno pastor vaudense, que me pareció uno de los mas bellos tipos del sacerdocio moderno. Doce horas mortales de diligencia y coche debíamos soportar para hacer el trayecto de 90 kilómetros hasta Chamonix, entre espesas nubes de polvo y bajo los rayos de un sol que parecia tropical. De otro modo no es posible admirar las bellezas de tan variados paisajes que ofrece la via. Ella es poco interesante hasta _Bonneville_, capital que fué de la antigua provincia de Faucigny, con 1,500 habitantes. Es allí donde, cerca de las montañas de _Môle_ y atravesando por un hermoso puente el Arve para remontar su márgen izquierda hasta _Cluses_, el viajero comienza á contemplar de cerca las hermosuras de los Alpes. El rio corre por el fondo de una hoya profunda formada por altos contrafuertes ó cordones de montañas ásperas, sobre un lecho pedregoso, llevando en sus revueltas ondas una espesa disolucion de arenas graníticas y calizas que le dan su tinta cenicienta. A veces la hoya se ensancha en vastos pliegues y severas curbas, y el valle se presenta lleno de ondulaciones y pequeñas colinas, donde brillan al sol limpios viñedos, hermosas mieses y verdes legumbres, ó se extienden en tupidos tapices algunas pequeñas praderas que van á perderse al pié de los barrancos estratificados de caliza, ó de las rígidas y verticales rocas graníticas que parecen amenazar al viajero desde lo alto de sus bastiones formidables. En otras partes, el valle se estrecha: la carretera gira sobre el borde de alguna falda ó barranca que domina las ondas del rio; este salta, se disloca y retuerce espumante sobre su revuelto lecho de pedriscos; los cerros se levantan á uno y otro lado como murallas colosales, ofreciendo las mas románticas formas en sus altas cavernas, sus rugosos relieves, sus enormes grietas verticales; sus derrumbes, sus picos desiguales y severos, sus cascadillas que se lanzan al valle en delgados hilos para convertirse en menudo polvo argentino, sus matorrales ásperos y tristes flotando casi al viento y apénas adheridos á los intersticios de las rocas, y sus franjas superpuestas de un verde sombío,--guirnaldas de abetos enhiestos que las nieves respetan en las montañas de los Alpes, dejándoles su eterna majestad. Y por en medio y encima de todo eso, se abre un cielo esplendoroso, y á lo léjos, al oriente, se alcanza á ver, sobre un enjambre de colosos de granito coronados de hielo, la cúpula del Monte-Blanco, digno baluarte de dos grandes naciones,--Italia y Francia,--soberana de aquel mundo de magníficos horrores que llaman los Alpes! En toda la hoya del Arve abundan los sitios salvajes, las curiosidades naturales y los puntos de vista encantadores. Como la sociedad es allí muy poco interesante, la naturaleza, llena de fuerza y majestad, es el primer actor. Poblacion pobre, raza sin tipo bien determinado, aunque tradicionalmente valerosa, los saboyardos de ese valle inspiran cierta simpatía compasiva, sin que sus localidades llamen la atencion del viajero. Gentes sencillas, resignadas á los rigores de su clima y amantes de sus montañas, viven sin admirar las bellezas de su suelo, hablan muy mal frances y no piensan en la política del mundo. Solo suspiraban, antes de la anexion á Francia, por una situacion que les permitiese mejorar de condicion económica. En toda la ruta, _Bonneville_ y _Sallanches_ son las únicas localidades de alguna importancia. En _San-Martin_, pobre pero graciosa aldea del valle de Sallanches, dejamos la diligencia para tomar un cochecito de cuatro asientos, y en breve, acompañados por el estimable pastor protestante, comenzamos á alejarnos de la orilla del Arve, siguiendo por su lado derecho, y á trepar la pendiente cuesta de _Chede_. Desde sus altos recodos veíamos los abismos inmensos en cuyo fondo se despeña el rio, iracundo y desbocado, despertando con el ruido de sus cascadas los mil ecos de las montañas. El camino gira, entónces á la altura de _Servoz_, por entre laberintos de peñascos destrozados y bosques seculares y espesos de pinos y abetos, donde yacen dispersas esas rocas _erráticas_ que han sido uno de los misterios de la geología,--revelaciones del poder asombroso de las neveras viajando sobre las faldas de los cerros. En el fondo del bosque brama el Arve, torrente furioso allí, y donde quiera reina la majestad de la naturaleza salvaje. Al cabo, el bosque termina, el terreno se nivela, el Arve presenta un curso ménos tormentoso, las montañas se abren un poco, y el valle de Chamonix, tapizado de flores, helechos y gramales, y poblado de mieses y animales de cria, se desarrolla seductor, dominado á un lado y otro por estupendos peñascos ó cerros de granito, bosques elevados de abetos y pinos, y mares de hielo que tienen la triste solemnidad de la desolacion. El valle de Chamonix, situado a cerca de 1,000 metros de elevacion sobre el nivel del mar, mide una longitud de 20 á 25 kilómetros del N.-E. al S.-O., y una anchura de 1,500 á 2,000 metros. Súrcalo en toda su extension el Arve, rio que, naciendo en las heladas alturas del cuello de _Balme_, se acrecienta fuertemente con las aguas que arrojan al valle las inmediatas neveras que lo dominan. Encerrado entre montañas estupendas y abruptas, el valle ofrece los mas raros contrastes de alegría risueña y salvaje aspereza, de rústica tranquilidad y de grandiosidad en las formas y desolacion en algunos objetos. Al poniente, las neveras faltan del todo: cerros altísimos, cubiertos de negros bosques de pinos y abetos, en su mayor extension, se alzan á hundir en las nubes sus severos picos ó conos graníticos, y presentan á trechos esos derrumbes espantosos, rastros de los catástrofes de la primavera que se llaman _avalanchas_ Al lado opuesto del valle se levantan los contrafuertes del Monte-Blanco, revueltos, despedazados por innumerables y gigantescas grietas, aterradores de hermosura y severidad,--ora terminando en neveras que derraman sobre el valle sus ondas congeladas; ora cubiertos de ásperas malezas, helechos y bosques de abetos; ora aguzándose en sus cimas en penachos extravagantes y agujas colosales, desnudas y sombrías,--para servir de apoyo á un inmenso anfiteatro de invisibles montañas y neveras cuyo pináculo es la cabeza admirable del Monte-Blanco. Hay tanta majestad en aquel mundo de granito y hielo, que casi es un atrevimiento injurioso el aspirar á describirlo de cualquier modo. La aldea de Chamonix ocupa el centro mismo del valle á igual distancia de las neveras llamadas de _Bois_ y _Bossons_, que son las mas próximas á la planicie. La poblacion en toda ella se reduce á Chamonix y cinco ó seis caseríos pobrísimos, con 2,000 habitantes á lo sumo. Chamonix es literalmente un pueblo de hoteles y posadas, mas ó ménos confortables y de apariencias mas ó ménos seductoras. Los edificios son todos de granito con pisos de tablas.--Cuando termina el verano, época en que el valle es visitado por muchos millares de curiosos, Chamonix queda reducido á unos 500 ó 600 vecinos: todo el ruido de mulas y coches se disipa; los hoteles quedan totalmente desiertos, y el valle vuelve á la sepulcral desolacion del invierno. Frecuentemente la nieve es tan abundante en ese tiempo y los derrumbes de los cerros son tan temibles, que las gentes duran dias enteros incomunicadas y reclusas, porque las casas se cubren de nieve por todos lados en capas muy espesas. La vida es entónces bien triste y miserable en aquel desierto de hielo. En Chamonix se encuentran casi todas las comodidades que el viajero puede apetecer. Donde quiera se ven tiendas ó pequeños museos de objetos de arte en mármol, granito, madera, hueso, etc., y muestras de la flora, la fauna y la geología de aquellas montañas, que los viajeros compran por curiosidad y por llevar recuerdos de sus excursiones. Chamonix es en realidad un pueblo de guias ó conductores de viajeros, que prestan su servicio por turno rigoroso, son propietarios de mulas aperadas y viven asociados en su profesion, conforme á un reglamento de la autoridad. Durante la primavera todos esos hombres son agricultores. En los meses de verano pasan á ser guias y muleteros, sin descuidar por eso sus labores. Cuando el invierno suprime esos medios de actividad, se consagran á los trabajos domésticos y fabrican objetos artísticos; ó bien se van á buscar trabajo en Ginebra y otras ciudades. No omitiré decir que, en su gran mayoría, los habitantes del valle se distinguen por dos cualidades muy notables: la probidad mas acrisolada, y la ventaja de saber leer por lo ménos, corrientemente. Esto hace honor á esos sencillos montañeses tanto como al Gobierno de Cerdeña que hasta 1860 los regia, interesándose sobre todo en favorecer la instruccion primaria y las vias de comunicacion y excursion. Son numerosas é interesantes las excursiones que puede hacer el viajero curioso en Chamonix. Las ménos fatigantes son las de las neveras de _Bois_ y _Bossons_, que se hacen en coche ó á pié como simples paseos. Las de los altos cerros llamados _Jardin_, _Brevent_ y _Buet_ no son tolerables sino para los que gustan de muy fuertes emociones y saben marchar á pié con energía. En fin, las del _Mar-de-hielo_ y la _Flégère_ son las preferidas por los que desean observar de cerca los nevados y aman las excursiones á caballo ó en silla de manos. Nosotros[9] resolvimos trepar al Montanvers por la mañana, en solicitud del «Mar-de-hielo», y visitar por la tarde, á pié, las cascadas de los _Peregrinos_ y el _Dard_ y la nevera de «Bossons.» [9] Cuando hablo en plural me refiero á mi esposa y yo. Nada mas curioso y pintoresco que la escena que se ofrece á la vista en el pueblo de Chamonix, desde las cuatro ó cinco de la mañana, cuando los centenares de viajeros que pueblan los hoteles y se renuevan sin cesar, como hormigas ávidas é inquietas, comienzan á emprender sus excursiones. Las mas altas cimas de la cadena de Monte-Blanco, cuya cúpula no es posible ver desde Chamonix, brillaban ya iluminadas por los argentinos rayos del sol, en tanto que en el valle, á las cuatro y media de la mañana, vagaban todavía las últimas sombras de la noche. Donde quiera reinaba el movimiento: en las puertas de los hoteles, en las calles vecinas y en los afueras del pueblo. Enormes mulas, lerdas y toscas pero de suma resistencia y solidez, y habituadas á caminar según su instinto y voluntad por los mas agrios desfiladeros y páramos, aguardaban á sus caballeros y amazonas prosáicas, modestamente ataviadas; en tanto que muchos peones cargueros alistaban sus sillas de manos para trasportar á las señoras enfermas ó incapaces de montar. Al salir de Chamonix se dispersaban, en largos é irregulares cordones y en muy distintas direcciones, mas de 250 excursionistas, provistos de los mas variados atavíos y venidos desde las extremidades de Rusia, las llanuras de Alemania, las Islas británicas ó las ciudades y selvas del Nuevo Mundo, para rendir homenaje á las magnificencias de los Alpes. Hácia las alturas del Jardin, Brevent, etc., se dirigian los aficionados á las peregrinaciones pedestres, las mas duras pero tambien las mas libres, fructuosas y económicas. Eran en su mayor número jóvenes resueltos, acaso contando demasiado con sus fuerzas, y marchaban con regularidad, provistos de largos bastones de abeto, sólidamente calzados, vestidos con mucha sencillez, y llevando algunos sobre las espaldas ligeros morrales que contenian el humilde ajuar del peregrino. El mayor número de los excursionistas se encaminaban hácia Montanvers para ver el Mar-de-hielo, ó hácia la vasta nevera, mucho mas lejana, de la Flégère. Era curioso ver á casi todos los ingleses cabalgando como si anduviesen de paseo en Hyde Park, ú otro de los parques favoritos de los _fashionables_ de Lóndres; provistos de sombreros negros de alta copa, lentes ó binóculos, elegantes bastoncitos, delgados botines de charol, levitas ó fracs de aparato, corbatas blancas ó rojas, chales de fina gasa para defender contra los rigores del viento y el sol sus delicadas y afeitadas mejillas, y delgados guantes de cabritilla. Un pequeño grupo de tres insulares fastidiados, acompañados por tres ó cuatro guias, emprendia nada ménos que ir á escalar el Monte-Blanco para sacudir en sus hielos el _esplin_, pasar por encima del inmenso lomo y descender á los valles del Piamonte. Esa manía enteramente británica se va generalizando mucho, por desgracia, entre los hijos de Albion, sin que sean bastante á reprimirla ni el ridículo que acompaña á los que ostentan ese salvaje y estéril heroismo, sin coronarlo de buen éxito, ni las terribles catástrofes que han ocurrido con frecuencia en las soledades y los abismos del Monte-Blanco. La audacia fria y terca de los excursionistas de los precipicios sería muy honorífica, si el objeto de esos extravagantes _espliníticos_ fuese hacer estudios y descubrimientos que prestasen servicios importantes á la ciencia. Pero esta no entra por nada en semejantes empresas. Los _héroes_ de los hielos van por pura vanidad á despeñarse en las neveras y sepultarse bajo de los bancos de hielo. Su único anhelo es lograr que los periódicos de Europa le digan al mundo: «Mr. Tal y Mr. Cual han hecho el prodigio de pasar, sanos y salvos, del valle de Chamonix al Piamonte, por encima del Monte-Blanco.» O en último caso: «Mr. Tal y Mr. Cual han perecido tristemente en uno de los precipicios del Monte-Blanco; y sus compañeros Mr. Mengano y Mr. Perensejo, han tenido la satisfaccion de salvarse con las piernas rotas.» La subida desde el valle de Chamonix hasta el sitio llamado «Hospicio de Montanvers» es larga y laboriosa. El áspero sendero serpentea por entre enormes peñascos, bosques mas ó ménos tupidos de abetos y pinos, enmarañadas malezas y pedriscos tapizados de musgo y helechos enanos. A medida que se trepa la empinada falda, el valle se hace mas interesante por sus contrastes de claridad brillante y oscuras sombras, de vegetacion artificial y salvaje, de variadas tintas. En el fondo corre el Arve por un lecho gris y pedregoso, como un torrente de ceniza y lodo, produciendo islas despedazadas y cubiertas de alisos, y tristes playas que muestran la desolacion causada por las violentas avenidas del fin de la primavera y el principio del verano. Al pié de la nevera de Bois se ve el pobre caserío del mismo nombre, que parece como amedrentado por el peligro de que lo arrope algun derrumbe de la onda cristalizada que lo domina. La impresion que se siente al llegar al pequeño hotel que corona la cuesta de Montanvers[10] es profunda y sorprendente para el viajero que llega por primera vez al «Mar-de-hielo.» Desde la eminencia en que está situado el edificio, batido frecuentemente por violentos huracanes y dominando un abismo, se ve el panorama mas tristemente hermoso y severo que las montañas pueden ofrecer. Una especie de valle ó golfo larguísimo y estrecho, que termina en el caserío de Bois y trepa en plano inclinado hácia el corazon de los Alpes para ligarse á todas las encrucijadas del Monte-Blanco, constituye el fondo de la hoya profundísima producida por dos cordones de cerros ó contrafuertes estupendos. Sus cimas, á uno y otro lado, ora desnudas, ora cubiertas de hielo y nieve, se despedazan en enjambres de agujas, picos, conos truncados, soberbios obeliscos, pirámides y cúpulas de los mas extraños relieves y el mas severo aspecto. Mas arriba se destacan en lontananza gigantes mas y mas colosales, cuyas cabezas refulgentes se pierden en las vagas ondulaciones de las nubes[11]. En unos trechos los hielos descienden hácia el golfo congelado, en desiguales latitudes, como las puntas desgarradas de un encaje terminando una inmensa colgadura de armiño. En otros, los peñascos graníticos se presentan desnudos, ennegrecidos, destrozados por enormes grietas verticales, de cuyas bocas surgen mil torrentes ó cascadas, ó salpicados de manchas de pinos y abetos enanos, cuya tinta sombría hace el mas soberbio contraste con la vastísima sábana de hielo que va á perderse en las vagas perspectivas del cielo. En el fondo del abismo,--frio, silencioso y desolado como una inmensa tumba de hielo,--están las ondas revueltas y cristalizadas de ese golfo que se llama _la Mer-de-glace_. [10] Traduccion literal, _Subiendo hácia_, acaso porque aquella via es una de las que conducen al Monte-Blanco. [11] Si los cercanos picos, tales como el del _Sombrero_ y la aguja de _Bochard_ no son muy notables por su elevacion, los que se ostentan detras ó continúan la cordillera en direccion al Sur, alcanzan las siguientes elevaciones sobre el nivel del mar: la aguja del _Fraile_, 3,858 met.; la de _Dru_, 3,906; la _Verde_, 4,081; las de _Charmoz_, 2,783; la del _Greppond_, 3,670; las de _Blaitière_ y _Plan_, 3,688; la del _Mediodía_, 3,916; la del _Tacul_, 4,625; el _Monte-Blanco_, 4,811. Los geólogos que han estudiado atentamente esa y otras neveras[12] han apelado á diversas hipótesis, mas ó ménos fundadas, para explicar la extraña formacion que con tanta propiedad ha recibido el nombre mencionado. Su aspecto es efectivamente el de «un mar que, despues de una gran borrasca, se hubiese congelado repentinamente en el momento de comenzar á calmarse, pues toda la superficie es una sucesion de bancos ondulosos de nieve que imitan exactamente no las grandes olas del Océano irritado, pero sí las de un mar mediterráneo.» Todo hace creer que esa forma es debida á lentas y seculares aglomeraciones producidas por la accion combinada de la presion atmosférica, la tendencia de gravitacion de los bancos y depósitos de hielo y nieve, la fuerza poderosa de las corrientes subterráneas, las condiciones químicas del suelo y de las rocas, y la facultad explosiva del cristal de hielo comprimido en todas direcciones. Aterra y maravilla el pensar en los misterios de vida, de organismo mineral, que se agitan bajo la inmobilidad aparente de esas neveras allá en las profundidades insondables de los abismos _subheláneos._ [12] Es de notarse que, así como la vegetacion alpestre y andina difiere enteramente, las neveras de los Alpes no tienen semejanza de composicion y _vitalidad_ con los nevados de los Andes. Todavía acompañados por nuestro consabido pastor vaudense, que hacia la peregrinacion á pié con su hija, descendimos del «Hospicio», [13] muy paso á paso, para ir á contemplar de cerca la nevera, que tiene allí como 550 metros de latitud. Sintiéndonos poco dispuestos á llevar nuestra curiosidad hasta el extremo de exponer la vida en la travesía de toda la nevera, vimos al pastor protestante alejarse con su animosa hija, marchando lentamente, apoyados en sus largos bastones y escalando los bancos ó colinas de hielo para pasar al lado opuesto del golfo congelado y descender por otra via. Apénas nos atrevimos á caminar por entre aquellos abismos de cristal en un trayecto de 80 á 90 metros. Nos conducian dos guias que, con el auxilio de hachas y picos, iban practicando en el hielo pequeñas hendeduras que nos servian de escalones para trepar hasta la cima de alguna onda ó colina. Si, visto en su conjunto y de léjos, el «Mar-de-hielo» no tiene la nitidez y tersura de los altos nevados de la cadena, porque los derrumbes y los vientos cubren la superficie de una capa terrosa, de cerca el aspecto de las hondas es de una hermosura sorprendente. [13] A 885 met. de altura sobre Chamonix. Donde quiera esas ondas están destrozadas ó separadas por grandes grietas de insondable profundidad, en cuyo seno surgen y se deslizan ó saltan como surtidores mil filtraciones, cascaditas y arroyuelos caprichosos, cuyas aguas purísimas van á perderse en recónditas cavidades donde se elabora un rio, el _Aveiron_, compuesto de innumerables é invisibles torrentes. Aquellas grietas, donde al caer ó deslizarse hay muy rara esperanza de salvacion, ofrecen los mas bellos variantes de colores, reflejos, cortes y relieves: en unas partes, blancos y fúlgidos cómo el diamante pulido, ó azules como el cielo; en otras, verdes ó cristalinos como las ondas de un lago, ó ligeramente sonrosados como los pálidos pétalos del lirio silvestre. Aquel espectáculo tiene una majestad imponente y sublime, que humilla y hace enmudecer en el primer momento, como una de las mas solemnes manifestaciones de la pujanza, la maravillosa eternidad reproductiva y los misterios de la naturaleza, siempre viva, trabajando y progresando aun bajo las formas en que se la cree muerta ó inanimada. Pero al pasar la primera impresion de sorpresa, de respetuoso horror y admiracion _material_, la meditacion se abre campo: el alma, como resbalando sobre la superficie de aquel Mediterráneo de hielo, se remonta por encima de las soberbias cúpulas hasta lo infinito del cielo; aspira á cosas mas grandes que las visibles en el mundo, á sondear horizontes mas dilatados; se fortifica y ensancha con su secreta y vaga aspiracion, y comprende toda la grandeza y divinidad de este sér, en apariencia tan pequeño, que se llama el Hombre,--sér que no solo ha tenido genio y audacia para estudiar y adivinar los misterios de la Creacion, sino que, siendo materialmente un átomo al pié del Monte-Blanco, tiene el poder de alzarse por encima de ese coloso formidable hasta darle la mano á Dios, confundiéndose con él en la idea de la inmortalidad y la nocion de lo infinito.... Para convencernos una vez mas de que lo risible se halla comunmente muy cerca de lo sublime, el pequeño hotel de Montanvers, á donde volvímos poco despues, nos llamó la atencion con sus curiosidades. La sala principal contenia un verdadero museo artístico y alpestre, donde cada viajero compraba algunas graciosas fruslerías. Pero mas que todo nos interesó un libro ó _registro_ de excursionistas, mueble infalible en todos los sitios de esa clase, como en los museos, las bibliotecas y otros establecimientos públicos y privados de las ciudades. Cada visitante es invitado á inscribir su nombre en ese registro, que viene a ser no solo un elemento curioso de estadística, sino tambien un objeto de gran valor por los millares de autógrafos que reune, cuando concurren personajes eminentes, y por las curiosas observaciones morales á que puede prestarse. Pusímonos á hojear el consabido registro y hallamos tan interesantes extravagancias que no pudimos ménos que reir á carcajadas. ¡Cómo se revelan en esos libros las vanidades humanas y las diferencias de los tipos sociales! Las firmas de rusos eran de un laconismo severo. Las inglesas, uniformes como hechas en molde, contenían á veces observaciones de una singular candidez como estas: «_Chamonix is a very beautiful country!_--John Belton.»--«_I am very happy indeed;_--William Carter.» Las de italianos abundaban en citas de versos de Dante, Ariosto y otros poetas ilustres. Las francesas aparecian no pocas veces acompañadas de breves comentarios burlándose de los anteriores firmantes; siendo notable sobre todo las dos siguientes. A continuacion de un desahogo pasablemente insípido de un viajero anónimo que lamentaba la ausencia de su adorada, un tal _P. Farnel_ habia escrito: «_Monsieur l'amoureux, vous mentez; l'amour est une bêtise ou un mensonge._» En otra página decia otro, bajo la firma de _Un Parisien_, estas filosóficas palabras: «_Tous ceux qui mettent leurs signatures dans ce livre sont des bêtes, y compris le soussigné._» Pero nada era tan curioso como la literatura de los excursionistas de la Union Americana, que se hacian notar por sus preocupaciones gastronómicas, su entusiasmo por el _brandy_ (como la cosa mejor posible en Montanvers), sus lamentaciones sobre las mulas que habian cabalgado, ó algun dolor de estómago que les acongojara, y sus recuerdos consagrados á la lejana patria. Brillaba entre todos esos americanos (que se mostraban muy convencidos de su importancia) un cierto «ciudadano del Estado libre de Massachusetts,» cuya muestra literaria hubiera sido digna de figurar en una coleccion especial de barbaridades insignes. Si la fuente del rio _Aveiron_ es interesante por varios motivos y ha provocado serias investigaciones científicas, la nevera de _Bossons_, situada hácia el sur de Chamonix, y las vecinas cascadas de los _Peregrinos_ y el _Dard,_ nos llamaron de preferencia la atencion por sus agrestes paisajes. ¡Con cuánto gozo recorrimos el valle, siguiendo la márgen izquierda del Arve y cruzando los humildes caseríos de _Praconduit, Barraz_ y _Favrans_, que demoran entre praderas lustrosas, plantaciones de lino y pequeños bosques de alisos y abedules! ¡Con cuánto gozo tambien nos internamos en las vecinas selvas, sombrías y llenas de magníficos rumores, que suben en planos inclinados hácia las montañas! Bajo de aquellas cúpulas de negra verdura, sostenidas por los altos mástiles de los abetos, los senderos cruzan un terreno sembrado de peñascos graníticos y rocas erráticas, surcado por saltadores arroyuelos cuyas armonías se confunden en la espesura del bosque con los ecos de los lejanos mugidos de las vacas, los sonoros repiques de las campanillas que llevan en el cuello las cabras, mulas, vacas, etc., el estruendo mas lejano de las cascadas y los torrentes que se despeñan de lo alto de las montañas, y los recónditos pios de algunos pajaritos saltando de rama en rama y buscando su alimento en las semillas de los abetos. La cascada de los Peregrinos es determinada por un torrente que, descendiendo á saltos y casi perpendicularmente por entre las fracturas del cerro, recoge sus aguas en una especie de taza granítica, en el fondo de una rambla profunda, destrozada y sombría, y se lanza luego en semicírculo á una hondura de 50 metros, escondiendo su hermoso chorro entre una vegetacion enteramente agreste. Al lado de la cascada, entre ella y el grueso torrente del Dard, reside durante el verano una pobre paisana, en una humilde choza situada como un mirador sobre el alto peñascal, Su oficio es vender á los excursionistas algunos ligeros comestibles y refrescos y esa multitud de pequeñas curiosidades artísticas, vegetales y minerales que aparecen reunidas en modestos museos en todos los sitios concurridos de Saboya y Suiza. Mas arriba se ostenta en toda su majestad la vasta nevera de Bossons, en tanto que en lo alto de las rocas y de las asperezas de un bosque desolado por los hielos brilla al lado de la nevera la cascada del Dard, dividida en dos caídas, una de 13 metros de altura y otra de 50. En el fondo de esos despeñaderos demoran los pueblecitos ó caseríos de Bossons y los Peregrinos ó _Nant_, tranquilos y pobres, rodeados de bosques y praderas. Mas abajo se desarrolla el valle, luciente de lozanía, rico en flores y perfumes, y salpicado de animales de cria cuyo movimiento desigual por las tortuosas márgenes del Arve completa el encanto de aquel bellísimo paisaje. * * * * * CAPITULO V. LA HOYA DEL ALTO RODANO. El camino de la «Cabeza-Negra.»--El canton de Valais.--El Valle del Dranza y Martigny.--El Ródano. El trayecto que média entre el valle de Chamonix y el del alto Ródano es en extremo interesante, si no bajo su aspecto social (curioso pero subalterno), bajo el punto de vista geológico y topográfico. Allí el viajero se encuentra totalmente rodeado de los magníficos cuadros de la naturaleza alpestre, de tal manera análogos, aunque multiformes, que no se percibe muy fácilmente la transicion al pasar del país monárquico de Saboya á la republicana Suiza. Caballeros en dos robustas y pacientes mulas y guiados por un excelente muletero, hombre sencillo, inteligente, locuaz, benévolo y muy conocedor del país y de sus tradiciones,--como son casi todos los guias saboyardos,--emprendímos la marcha de Chamonix á Vevey, tomando el camino de la _Cabeza-Negra_. Es este el ménos elevado y grandioso, pero mas seguro que el del «Cuello-de-Balme», páramo encumbrado donde las borrascas son frecuentes, casi repentinas y temibles en todo caso. La via, que es solo de herradura, gira durante un trayecto de 9 ó 10 kilómetros por el valle del Arve, remontándolo. Poco á poco se va estrechando entre las altas montañas; algunas aldeas, como la muy graciosa de _Argentière_, se destacan en la planicie y van quedando atras. El lindo valle de Chamonix sigue su curso ascendente, regado por el Arve, hasta el pié de las montañas de Balme. El viajero, torciendo hácia el N. O., comienza á trepar las faldas pedregosas, áridas y tristes y los boquerones abruptos que médian, en la serranía del «Brevent» y las _Agujas-Rojas_, entre la hoya del Arve y la del _Trient_, tributarios del Ródano en sentido opuesto. La vegetacion artificial, las rústicas praderas y los graciosos _chalets_ ó casas de campo alpinas, han desaparecido. Todo á los ojos del viajero es salvaje y solemne. Allí se camina por el fondo de gargantas profundas, ó por encima de faldas muy arrugadas, que se van eslabonando en tortuosos giros, conduciendo al viandante de sorpresa en sorpresa. Donde quiera se alzan peñascos colosales como de una sola pieza, de oscura tinta y medroso aspecto, ora desgarrados en sus flancos por los derrumbes, ora desnudos como torres ó bastiones de fortalezas titánicas, ó cubiertos de malezas y bosques de abetos diezmados por los huracanes. Poco despues se llega al punto culminante de esas gargantas solitarias, determinándose la opuesta direccion de los sistemas hidrográficos. La hoya del _Agua-Negra_, riachuelo atormentado que mas abajo reune sus aguas á las del Trient, se abre allí con toda su salvaje hermosura de paisajes, encerrada entre la serranía del Brevent, que va á terminar en Balme, y la que, arrancando en ella del nevado de las _Agujas-Rojas_, se dirige hácia el norte para terminar en el valle del Ródano, presentando en su curso los bellos nevados del _Buet_ y del grupo de montañas llamado _Diente ó Muela-del-Mediodía_. El riachuelo del Agua-Negra (_L'eau-noire_) desciende atropellado y espumoso por un lecho profundo, entrecortado por grandes peñascos de granito y bancos de esquisto arcilloso negro que le dan su turbio color. Donde quiera se multiplican los mas _románticos_ grupos de colinas, faldas arrugadas, ramblas hondísimas y cavernosas y empinados peñascos, en medio de los cuales, al estruendo de numerosas cascadas, á la sombra de bosques vírgenes de abetos y en el fondo de lindas praderas en miniatura, demoran algunas pobres aldeas en las mas pintorescas situaciones. He ahi la _Valorsina_, aldea que vive arrullada por los rumores de la Agua-Negra, que recibe el tributo del _Barberina_, torrente que á corta distancia del camino ostenta los íris de una bellísima cascada de 100 metros de altura. En breve comienza el territorio del canton suizo de los _Valles_ (_Valais_). La via remonta desfiladeros espantosos, orillando el cerro estupendo de la Gran-Gradería (_Le Gros-Perron_), base del pico que tiene el nombre de «Cabeza-Negra.» El camino, abierto á pico en la inmensa roca sobre el borde de abismos que amedrentan, pasando hasta por un socavon tallado laboriosamente, hace mucho honor á los Suizos, que manifiestan sumo interes por las vias de comunicacion. Al volver un recodo del desfiladero se encuentra la union de las estrechas gargantas ú hoyas del Agua-Negra y del Trient, riachuelo que desciende del extremo setentrional de los nevados que forman la cadena del Monte-Blanco. Dos horas despues, cuando se ha salvado el cuello de _Forclaz_ (á 1,516 metros de altura), el viajero pierde de vista esa gran cadena de nevados que queda atras, al sur; los bosques de abetos desaparecen de la via totalmente; las áridas gargantas, los peñascos, abismos y torrentes profundos se alejan; el panorama que se ofrece á los ojos del viandante es enteramente distinto del que ha contemplado con recogimiento: es risueño, apacible y grandioso al mismo tiempo. La Saboya ha terminado, y el país suizo, lleno de encanto y majestad, desarrolla sus contrastes de ricos y complicados valles y montañas colosales y abruptas. Es el canton _vallesino_ el que allí cautiva las miradas. El canton de los Valles ó Valais está comprendido entre dos grandes cadenas de los Alpes: la que al sur continúa la del Monte-Blanco y, partiendo límites entre Italia y Suiza, va á bifurcarse en las alturas que médian entre _Gries_, _Fibia_, y _Mutthorn_, separando allí á los cantones del Tesino, los Grisones y los Valles, y la que al norte se desprende del nudo colosal de montañas llamado _Diechterhorn_, donde tiene sus fuentes el Ródano, y con el nombre general de «Alpes Berneses» va á terminar con una de sus ramificaciones en los contrafuertes de los _Diablerets_, cerca del lago Leman, entre los cantones de Valles y Vaud. La vasta hoya intermediaria de esas grandes cadenas es la del alto Ródano, que abarca en su totalidad al Canton de que me ocupo. Su territorio es de una hidrografía y orografía tan _bifurcadas_ ó complejas, que en realidad es un conjunto de 41 valles mas ó ménos considerables, surcados por rios todos convergentes hácia el valle central del Ródano. Esa multiplicacion de contrafuertes, valles y rios casi paralelos entre sí y perpendiculares á la línea del Ródano, haciendo juego con las estupendas montañas que sirven de elemento generador del sistema orográfico, le da al canton de Valais, visto desde las alturas, el aspecto mas variado, interesante y pintoresco. Ese canton, que es el tercero de la Confederacion por su extension territorial, numera unos 90,800 habitantes y mide una longitud de 178 kilómetros, de oriente á poniente, por una latitud de 17 kilómetros, de sur á norte. El Valais es relativamente uno de los cantones pobres de la Confederacion, y bajo un aspecto el ménos afortunado. Exclusivamente agrícola como es, carece de industria y de comercio propio; si bien su desarrollo económico va siendo ya notable, á virtud del ferrocarril que, partiendo de las orillas del lago Leman y remontando el curso del Ródano, llega ya hasta Sion (la capital del Canton) y será continuado hasta salir á la alta Italia por la via del Simplon. No muy tarde se podrá ir de Paris á Milan en ferrocarril, al traves de todas las montañas de Suiza (el Jura, los Alpes, etc.) y de las de la alta Italia. Las viñas ó la produccion de vinos, suaves en lo general, constituyen la base de la agricultura vallesina, y en segundo lugar los cereales, las legumbres y frutas, algunos granos y las modestas crias de ganado vacuno. El canton de los Valles es, por desgracia, el país clásico del coto y el idiotismo, enfermedades horribles, sobre todo la segunda, que tienen allí los mas aflictivos caracteres. Acaso esa espantosa calamidad (porque en el mundo todo es una cadena de compensaciones) es la causa principal de las virtudes que distinguen á los Vallesinos. El sentimiento de caridad y fraternidad es allí profundo, y el espíritu de dulce y benévola hospitalidad es proverbial y comun. El triste espectáculo de los idiotas (_cretins_) séres que, si fuese permitida una frase grosera y que puede parecer impía, podrían ser designados con el nombre muy exacto de _huevos movidos de la especie humana_; ese espectáculo, digo, es profundamente doloroso para el observador filántropo. Esos séres nacidos para la inaccion, fetos hasta la hora de la muerte, en quienes todas las facultades del alma y del corazon parecen ausentes ó en eterno sueño, como si Dios les hubiese negado su inefable soplo, y en cuyas masas inertes el sol mismo parece ser impotente para producir una emocion, han provocado naturalmente una tierna solicitud muy propia para perpetuar las mas dulces inclinaciones. La necesidad de asistir y cuidar á esas criaturas sin vida, como bienaventuradas, y la humildad de carácter que el coto y el idiotismo han inspirado á los pacíficos habitantes del Valais, han alimentado allí las ideas piadosas, las costumbres benévolas, las tradiciones llenas de poesía religiosa, la sencillez en los gustos, la modestia en todas las aspiraciones, y cierta tendencia al ascetismo y la beatitud contemplativa, que dan á las poblaciones una fisonomía particular. Donde quiera se ven en los caminos públicos, á cortas distancias, dos objetos que llaman mucho la atencion, revelando la índole de los Vallesinos: nichos de piedra establecidos á la vera del camino, conteniendo pequeños altares con Cristos y estatuas de la Vírgen ó de santos, cuajados de _votos_ ó reliquias y guirnaldas de flores y muy venerados por los paisanos; y al lado del nicho sagrado, ó por lo ménos de una cruz, una fuente bien conservada ó una canal de abeto al aire libre, que lanza sobre algun receptáculo de piedra ó madera un hermoso chorro de agua cristalina y deliciosa. El nicho ó la cruz revela el sentimiento profundamente religioso de aquellas gentes; la fuente indica la prevision caritativa, en beneficio del viandante y sus caballerías. Hasta hace poco tiempo las gentes de los campos alimentaban ciertas preocupaciones groseras que les eran muy nocivas. Creian, por ejemplo, que el nacimiento de un idiota en la familia era una verdadera felicidad, una muestra de la proteccion divina, puesto que el idiota alejaba del hogar muchas calamidades y nacia condenado á purgar con su miserable estupidez é inaccion los pecados de toda la familia. Así, los paisanos léjos de procurar la extirpacion de la enfermedad la sostenian. Hoy esas preocupaciones ó han desaparecido totalmente en algunos lugares, ó en otros se han debilitado tanto que en breve estarán extinguidas. El tráfico con los extranjeros y los demas habitantes de Suiza, el desarrollo dado á la enseñanza primaria y las vias de comunicacion, los esfuerzos hechos por la autoridad pública y las sociedades filantrópicas á fin de extirpar las dos enfermedades, y el despertamiento moral que se va produciendo en esas poblaciones, á virtud de las instituciones democráticas que rigen al Canton y exigen el concurso activo de todos los ciudadanos, van combatiendo con muy buen suceso aquellas calamidades. Ellas son de orígen complejo, puesto que las causas no solo existen en la exposicion de los lugares á los vientos frios de los nevados, la naturaleza de las aguas y del aire atmosférico y un vicio tradicional ó hereditario en la constitucion orgánica, sino tambien en el desaseo, la vida sedentaria y las preocupaciones. La historia del canton de Valais (cuyo último dominador extranjero fué Napoleon) es poco interesante, aunque las luchas de sus partidos han sido bien tormentosas y sangrientas, á causa de la tenacidad de los anteriores obispos y señores feudales en mantener sus privilegios, monopolios y tiranía, excluyendo al pueblo del bienestar y del gobierno. La constitucion enteramente democrática del Canton data de 1839, y no obstante la reaccion aristocrática de 1844, pasajera, el país continúa regido por instituciones liberales y hombres amigos de la democracia. Agregaré que las lenguas que se hablan en el Canton son la francesa y alemana, bastante alteradas ó convertidas en dialectos ó patués. * * * * * Al descender del cuello de Forclaz hácia la llanura de Martigny, el espectáculo que se domina con la vista es tan grandioso como pintoresco. Al frente se ven las complicadas serranías de los Alpes berneses, cubiertas de abetos ó praderas en sus faldas, ó mostrando algunos flancos y picachos desnudos, y en cuyas mas altas eminencias brillan como coronas de diamante los nevados de «_Diablerets, Arbelt, Strubel_, etc.» En el fondo se ve el valle del Ródano, violentamente truncado en ángulo recto, y los valles convergentes del «Dranza»,--rio que desciende de la cadena suizo-italiana y desemboca en el Ródano cerca de Martigny,--y del Trient, que sale de entre su laberinto de montañas salvajes á engrosar el mismo Ródano un poco mas abajo de la confluencia del Dranza. Por último, al derredor y bajo el paso mismo del viajero, se desarrolla una vasta complicacion de faldas muy accidentadas que ofrecen tres órdenes superpuestos de vegetacion y de paisajes: arriba, en las crestas de los cerros, espesos bosques vírgenes de abetos y pinos, cuya tinta oscura tiene una severidad casi solemne; en el centro descienden, en cien planos inclinados, estrechas hondonadas, vallecitos risueños y lucientes planicies entrecortadas, bosques de avellanos silvestres, hayas y otros árboles de las alturas inferiores, é innumerables huertos y plantaciones de nogales, castaños, cerezos, perales y otros muchos árboles frutales, cultivados entre sementeras de heno, lino, papas y legumbres variadas, árboles que, ora sombrean el camino alineados en calles interminables de tupidas bóvedas, ora se muestran dispersos en mil grupos irregulares, dando á la campiña la mas pintoresca variedad en las formas y las tintas de la vegetacion.--Abajo, en fin, se extienden los viñedos tapizando vastas extensiones, tanto en las colinas y faldas mas vecinas á los valles como en estos mismos, salpicados de villas y aldeas del mas gracioso y original aspecto. Despues de atravesar la pequeña villa (_bourg_) de «Martigny», de poco mas de 1,000 vecinos, situada al pié de una montaña y de las ruinas soberbias de un antiquísimo castillo feudal, la via gira enteramente por la llanura del valle del Dranza. Al cabo de veinte minutos el viajero va á reposarse en «Martigny-la ciudad» de los ardores del sol y las fatigas de una marcha de diez horas hecha á discrecion de la mazorral mula. Esa pequeña ciudad, la segunda localidad del Canton, cuenta apénas unos 1,100 vecinos. Se halla situada al pié de la serranía que separa los valles del Ródano y el Dranza y casi en la confluencia de los dos rios, en el centro de una alegre, fértil y bien cultivada llanura. No obstante la originalidad que se nota en la estructura de sus casas y los puentes vecinos, la ciudad de por sí no ofrece interes ninguno, sino como centro del movimiento agrícola del bajo Valais. Dos horas despues tomamos un tren del ferrocarril, recientemente inaugurado entónces, que conduce á las márgenes del Leman. La campiña es notablemente variada. Dominado y estrechado el valle por los contrafuertes de las dos opuestas serranías, que bajan casi hasta tocarse en _San-Mauricio_ por los estribos del grupo del _Mediodía_ y el de _Morcles_, donde quiera se ofrece el bello contraste de los inmensos murallones alpestres, de severo aspecto y vegetacion sombría; los grandes derrumbes que surcan las faldas de los cerros; el curso atropellado del Ródano, cuyas cenicientas aguas desbordan sobre la llanura pedregosa, produciendo pequeñas ciénagas, y las alegres plantaciones de todo género en cuyo fondo se destacan numerosas aldeas, no sin gracia en su aspecto, pero desnudas de interes. La bella cascada de _Pissevache_, producida por el torrente ó riachuelo de _Sallenche_, que se despeña con estrépito entre gargantas salvajes, llama la atencion por sus formas caprichosas. Mide la caída 64 metros de elevacion, y su espectáculo es de muy agradable efecto sobre la llanura. San-Mauricio, villa antiquísima y de aspecto enteramente feudal, con 1,250 habitantes, es la única localidad que llama la atencion en todo el trayecto de Martigny al puerto de _Boveret_ en el lago Leman. Algunos excursionistas muy aficionados á ciertas antiguallas suelen detenerse allí para ver algunas curiosidades de poco valor. En ese punto el ferrocarril se bifurca, con el Ródano de por medio: la línea de la ribera izquierda va á terminar en Boveret; la de la márgen derecha, que es muy reciente, sigue su curso por Bex, Aigle y Villeneuve, costea la ribera setentrional del Leman, por Verey, y sigue por Losana en direccion á varios cantones de la Suiza central y occidental. Un vapor nos condujo, en momentos en que una recia tempestad amenazaba en el lago, de Boveret á Vevey, ciudad interesante y curiosa del canton ó Estado de Vaud. * * * * * CAPITULO VI. EL CANTON DE VAUD. Territorio y poblacion del Canton.--Su historia;--sus instituciones; --sus producciones;--sus institutos.--La ciudad de Vevey y su panorama.--Objetos interesantes y curiosos. Si el lector ha acogido con benevolencia el plan que me he propuesto seguir al trazar los rasgos principales de los cantones suizos, en lo moral y material, me permitirá que antes de hablar de las tres ciudades principales de _Vaud_, que tuve ocasion de visitar, indique brevemente las condiciones características de esa pequeña pero muy interesante república confederada. El territorio de Vaud (en aleman _Waadtland ó Waadt_), que es por su extension el cuarto en la Confederacion, pertenece en su mayor parte á la region intermedia ó de alti-planicies ondulosas del centro de Suiza. Limitado del lado meridional por la convexidad del lago Leman, su extremo superior arranca en el valle del alto Ródano, y el inferior toca en los límites de Ginebra, extendiéndose desde las alturas de los Alpes berneses, en la nevera de Diablerets, hasta las del Jura, en las cimas de _Mont-d'Or_ y _Dôle_, de la frontera francesa. Ese territorio tiene los mas irregulares contornos, partiendo límites en el alto Ródano y los Alpes con los cantones de Valles y Berna, y en la planicie central, al E., N. O, y N., con el de Neuchâtel. Aunque dentro del Canton existen en totalidad tres pequeños lagos, uno de ellos (el de _Joux_) de segundo órden, los mas interesantes para Vaud son los de _Leman_, _Neuchâtel_ y _Morat_, en que tiene una parte muy considerable de riberas. Mide el territorio vaudense, en su mayor longitud, 100 kilómetros, de N. E. á S. O., encerrando una área de 3,850 kilómetros cuadrados. En su suelo, sumamente risueño y fértil y admirablemente cultivado, llama mucho la atencion la baja y pequeña cadena de montañas del _Jorat_. Esta, con sus graciosas inflexiones, determina no solo el sistema hidrográfico del Canton, sino tambien las mil ondulaciones pintorescas de los vallecitos y colinas, los planos inclinados y montuosos y las entrecortadas planicies de la parte central del país. Esa cadena, destinada por la naturaleza á mantener el equilibrio entre dos grandes sistemas hidrográficos, nace en _Vevey_ casi sobre la orilla del lago, lo costea siguiendo la direccion E. O. hasta adelante de _Losana_, y luego se dirige al N. O., apartándose del Leman, hácia Sarraz, al pié de los primeros contrafuertes del Jura. De ese modo, el Jorat es el lazo de union trasversal entre los Alpes berneses y los montes jurásicos. Bellísima por sus formas y vegetacion,--que ofrecen donde quiera los mas risueños paisajes,--la cadena del Jorat, cuya elevacion alcanza rara vez á 1,000 metros, es interesante por la demarcacion á que da lugar en la agricultura, y por la separacion que produce entre las aguas que vierten sobre el lago Leman, para ir al Mediterráneo, y las que tienden hácia la hoya del Aar para descender por el Rin al mar del Norte, en direccion absolutamente opuesta. El rio _Venoge_ que, como sus tributarios, nace en las montañas del Jura y afluye al Leman, entre Morges y Ouchy, es el único centro hidrográfico de alguna consideracion que corresponde á la hoya del Ródano. Al lado opuesto de los montes de Jorat corren: el _Orbe_, cuyas aguas son la base principal del lago de Neuchâtel, y el _Broya_ (_Broye_), que riega los cantones de Vaud y Friburgo, forma el pequeño lago de _Morat_ y afluye luego al de Neuchâtel. El _Sarina_, centro hidrográfico de Friburgo, riega tambien una pequeña parte de Vaud en la region montañosa de los Alpes berneses. Si en las extremidades del Canton, es decir en las montañas alpinas y jurásicas, la composicion geológica, la vegetacion, la agricultura, la ganadería, la industria y las costumbres tienen respectivamente las condiciones comunes á las altas regiones de Suiza, en la parte central, doble regazo de los montes del Jorat, todo tiene un aspecto que alegra la vista y seduce al viajero,--todo sigue las leyes físicas y económicas de las planicies secundarias. Allí se manifiesta la vida en todas partes, llena de poesía, frescura y lozanía. El territorio está naturalmente dividido en tres regiones que tienen su aspecto y vegetacion particulares. En la montañosa, principalmente del lado del Jura, se ven ricos prados naturales, poblados de pastores, ganados, queserías y _chalets_, y de extensos y espesos bosques de pinos, hayas y abetos explotados para el comercio de maderas. En las faldas y planicies ondulosas del sistema _jorático_, innumerables plantaciones de tabaco, cereales, lino y cáñamo, plantas oleaginosas y medicinales, crias de excelentes caballos, y bellísimos bosques ó huertos de árboles frutales muy aprovechados, tales como la higuera, el almendro, el olivo, el castaño, el manzano y el nogal. Por último, sobre la ribera del Leman (y en parte sobre las de los lagos de Neuchâtel y Morat) se extiende una ancha faja de mas de 50 kilómetros de longitud, cuyo suelo se compone de colinas suaves y planos inclinados hácia el lago; faja enteramente cubierta de viñedos innumerables y salpicada de villas ó pequeñas ciudades, aldeas, caprichosos caseríos y graciosas quintas ó habitaciones campestres. Es sobre esa larga faja que demoran casi todos los centros de poblacion mas importantes, cuyos campanarios, casas y terrazas se miran en el límpido y azul espejo del Leman. La explotacion de bancos de sal gemma y fuentes saladas y de ricas minas de asfalto, mármoles, hierro, piedras importantes, azufre, hulla y otras sustancias, le da tambien al Canton, en notable proporcion, el carácter de minero[14]. [14] Se hace tambien en las montañas un considerable cultivo de genciana, sustancia que se destila y exporta en gran cantidad. La poblacion de Vaud, que en 1837 era de 183,582 individuos, y en 1850 de 199,575, subió en 1860 á 213,606. Cerca de la vigésima parte se compone de ciudadanos de otros cantones y unos 3,500 extranjeros. La religion reformada ó calvinista es la que profesa la inmensa mayoría de los habitantes, en términos que solo cuatro pequeños distritos son principalmente católico-romanos, no excediendo su número de unos 7,000 en todo el Canton y de 400 el de los judíos. Si bien se hablan algunos dialectos en que entran mas ó ménos las lenguas francesa y alemana y algunas palabras de idiomas indígenas extinguidos, el frances es el idioma social y oficial de los Vaudenses. Sinembargo, no es difícil distinguir por el acento la diferencia entre un habitante del país y un frances. La poblacion de Vaud se distingue por su moralidad, su amor á la paz y el trabajo, su carácter dulce y honrado, su espíritu de investigacion, independencia personal, fraternidad ilustrada y liberalismo democrático. Admira realmente la calma y sinceridad de conciencia con que el pueblo vaudense delibera y resuelve, reunido en comicios, sobre los intereses públicos, y el entusiasmo perseverante con que se sostienen allí, en todas las ciudades y villas, numerosas asociaciones científicas, literarias, industriales, patrióticas, etc., que gozan de plena libertad y ejercen fecunda accion sobre el progreso moral, intelectual y material. Los ferrocarriles y caminos, la navegacion de los lagos, las escuelas populares, los colegios, museos y bibliotecas, los institutos de caridad, beneficencia, crédito y economía, y cuantos pueden distinguir á una sociedad civilizada, son atendidos con gran solicitud por las autoridades y los ciudadanos, y no hay progreso que no encuentre acogida simpática entre los Vaudenses, dignos émulos de los Ginebrinos. La historia de Vaud tiene mucha analogía con la de Ginebra: la misma sucesion de conquistas y dominaciones bajo los Romanos, los Bárbaros, los Francos y Burguiñones, los condes de Saboya, los obispos y condes del país, y los Franceses desde 1798 hasta 1814. Sinembargo, Vaud estuvo sometido en los últimos siglos (de 1536 á 1798) á la dominacion de Berna, que no llegó á pesar sobre Ginebra. La revolucion francesa independizó al país de Vaud respecto de Berna, haciéndolo figurar en diversas combinaciones de Napoleon. Así, de 1798 á 1803 fué primero _República lemánica_; despues hizo parte de la _República rodánica_ (bajo la proteccion francesa), y al cabo fué _Canton_ independiente confederado á Suiza. Su constitucion con este carácter data de 1803, ratificada luego por los tratados de 1815. Por lo demas, los Vaudenses han sido poco belicosos, como lo indica la ausencia de fortificaciones en sus principales ciudades, excepto en Losana (donde las han demolido) y en la pequeña ciudad interior de Romont. La poblacion vaudense está muy esparcida en los campos y en pequeñas ciudades, aldeas y distritos, circunstancia que explica bien el esmero con que están cultivadas todas las campiñas, graciosamente salpicadas de casas de labor y alegres quintas. El Canton está dividido en 19 circúitos político-judiciales, 60 círculos electorales con jueces de paz, y 388 distritos ó _comunes_ con municipalidad, aparte de las aldeas que, por su pequeñez, carecen de personalidad política. Así, el término proporcional es de unos 500 habitantes por distrito. Los centros político-sociales mas importantes del Canton son diez, de los cuales siete corresponden á la hoya del Ródano y tres á la del Aar ó el Rin. Los primeros son: _Losana_, ciudad algo industrial, que cuenta cerca de 20,500 habitantes. _Vevey_, centro muy fabril y comercial, con 5,500. _Morges_, ciudad comercial, con 3,500. _Bex_, situada en el valle del Ródano y notable por sus salinas, con 3,200. _Nyon_, con 2,600, y _Rolle_ con 1,400 en la ribera del Leman. _Villa-nueva_, con 1,300, puerto importante del extremo oriental del lago y punto de escala para el comercio que toma la via que conduce de Ginebra á Milan por el Simplon. En las comarcas interiores solo tienen importancia algunas pequeñas ciudades: _Iverdun_, con 3,800 habitantes, situada en el extremo meridional del lago de Neuchâtel, notable como punto de escala comercial y de la navegacion por vapor; _Moudon_, con 2,450 vecinos, una de las mas antiguas ciudades de Suiza, y _Romont_, plaza fortificada (con 1,250) muy frecuentada por los agricultores á causa de sus férias de ganado y caballos. * * * * * El canton de Vaud estuvo en 1814 á punto de perder su autonomía, y para salvarla hubo de hacer el sacrificio de algunas libertades. Hasta 1830 conservó su primera constitucion cantonal, pero la impulsion dada al movimiento liberal en Europa por la revolucion francesa de julio, provocó en Vaud una reforma democrática exigida por el pueblo en masa. Con todo, la reforma de 1831 pareció mas tarde insuficiente, y en 1845 una nueva revolucion hizo surgir la constitucion vigente hoy que es completamente democrático-republicana[15]. [15] En 1861 se ha votado una importante reforma constitucional mas avanzada aún en el sentido democrático. Conforme á ella todos los hijos ó vecinos permanentes del Estado, de edad de 23 años, son ciudadanos y ejercen la soberanía en comicios ó asambleas, ó eligiendo sus representantes. El pueblo se ha reservado el poder constituyente y solo delega la autoridad legislativa, ejecutiva y judicial, en los negocios generales. En los distritos que tienen ménos de 600 habitantes, ejerce el poder administrativo y legislativo propio un _Gran-Consejo_, enteramente patriarcal y democrático, que se compone de todos los jefes de familia mayores de 25 años. En los distritos de mayor poblacion, la autoridad legislativa es confiada á un _Consejo comunal_ de eleccion popular, compuesto de 25 á 100 vecinos; y la administracion y policía están a cargo de una _municipalidad_ presidida por un _sindico_. Los circúitos en que se divide el Estado son administrados por prefectos. El poder legislativo cantonal reside en un _Gran Consejo_, compuesto de 195 miembros elegidos popularmente por los _círculos_, el cual se reune en Losana dos veces por año en sesiones ordinarias, sin derecho á remuneracion. Los poderes de los representantes duran cuatro años. El Gran Consejo nombra los diputados á las Cámaras de la Confederacion y los altos funcionarios, entre estos los 9 miembros del _Consejo de Estado_, que ejerce el poder ejecutivo por períodos de seis años. Esos 9 consejeros deben salir del seno del Gran Consejo, y ellos nombran anualmente de entre sí el presidente ó jefe del gobierno. El _órden judicial_ está bajo la dependencia del cuerpo legislativo. El Estado atiende á todas sus necesidades con un presupuesto anual de unos 550,000 pesos. En Vaud están abolidas desde hace algunos años las penas de muerte, trabajos forzados en presidio, vergüenza pública y confiscacion. El sistema penitenciario es enteramente análogo al de Ginebra, y el bello panóptico de Losana es el primero que se ha fundado en Europa. Los vaudenses y demas residentes gozan de la mas amplia libertad de religion, publicidad, instruccion, locomocion, asociacion, etc. Excepto las vias de comunicacion y la enseñanza pública gratúita, que el Estado sostiene, las manifestaciones de la actividad social pertenecen á la iniciativa privada. Es tan grande el interes que allí se tiene por el progreso de la instruccion pública que casi no hay una ciudad que no tenga su biblioteca bien surtida, su museo y muchos institutos y colecciones importantes. Hay en el Estado cerca de 800 escuelas primarias, 10 colegios comunales y 22 escuelas secundarias, unas clásicas y otras politécnicas. Allí se mira con particular atencion la ciencia económica, y no ha muchos meses[16] que Losana reunió un congreso y un concurso de economistas europeos para combinar el mejor sistema de impuestos. Es muy pequeña en el Estado la minoría de los individuos que carecen de alguna instruccion. [16] En 1861. * * * * * De las localidades de Vaud en que tocamos, tres nos llamaron particularmente la atencion y á ellas reduciré algunas rápidas observaciones. Vevey, donde desembarcamos al atravesar el Leman desde Boveret, es una ciudad tan graciosa por su estructura, su admirable situacion y sus bellos paisajes de las cercanías, como interesante por su movimiento social. Arrancando desde la ribera misma del lago, en cuyas ondas baña sus pequeños muelles, sus elegantes quintas, terrazas y jardines y los muros de muchas de sus casas, se extiende primero sobre un terreno llano de poca extension y luego trepa por en medio de viñedos y huertos hasta la colina que la domina, la cual sirve de asiento á la catedral de _San-Quintin_ y varias obras de un antiguo castillo, limitados por una gran terraza que sombrean frondosos olmos y castaños. Al pié de los muros que sostienen la ciudad del lado del lago se balancean en las ondas numerosos barquichuelos barnizados con vivos colores, y de todas partes se levantan mil rumores llenos de poéticas armonías. El hotel mismo de las «Tres-Coronas» en que nos alojamos, extiende sus terrazas elegantes hasta el lago, repletas de flores y arbustos, entre otros el naranjo, el jazmin y el _habano_ de hojas lanceoladas, plantas que crecen al aire libre y en plena tierra, como en los climas meridionales. Vevey, rodeada de ondulosas colinas y lindas laderas, y en cuyas cercanías son numerosos los bellos puntos de vista y agradables paseos, ofrece uno de los mas encantadores panoramas que se pueden imaginar, sobre todo si se la contempla desde la terraza ó la encumbrada torre de San-Quintin, monumento gótico de estilo muy sencillo y severo. Al pié se desarrolla la ciudad como un jardin de los mas variados contornos y colores; despues se extiende el vasto lago, tranquilo y murmurante, lleno de luz y poesía y surcado por numerosos vapores, buques de vela y barcas y faluchos de remos, y limitado en su márgen meridional por la barrera abrupta, rocallosa y severa por su sombría vegetacion, que forman las montañas de Saboya ó de la antigua provincia de Chablais. En la ribera misma, al pié de esas montañas, se ven las pequeñas localidades de _Meillerie_ y _San-Gingolfo_ (donde comienza la nueva frontera de Francia), puertos dominados por los contrafuertes y las altas cimas del _Diente-de-Oche_ y _Chaumeny_. Mas léjos se levanta el magnífico grupo nevado del _Diente-del-Mediodía_ y detras y al S. E., en un inmenso horizonte de colosos de granito, las inextricables y estupendas montañas que forman las cadenas del _Monte-Blanco_ y el _San-Bernardo_. Nada mas majestuoso en su género que esas montañas empinadas casi verticalmente sobre el lago, cubiertas de bosques seculares y sombríos, con algunas praderas naturales en las estrechas faldas, salpicadas de numerosísimos _chalets_ ó casas de pastores que de léjos parecen microscópicas moradas de animales alpestres. Si se torna la mirada á derecha é izquierda, sobre la costa misma de Vevey, se ve donde quiera un enjambre pintoresco de casas de campo y viñedos entrecortados por cercas de palos, y sostenidos en anchos anfiteatros de muchos escalones por pretiles ó muros de construccion sólida y sencilla que impiden los derrumbes del terreno. Aquello es una inmensa ola de sarmientos que las brisas encrespan, y cuyo verde claro hace el mas gracioso juego con el azul turquí resplandeciente del lago y las lejanas tintas oscuras de las montañas. Es imposible no sentirse profundamente seducido por los encantos de ese incomparable panorama, lleno de risueña poesía, de promesas de amor y dulce movilidad en su conjunto y sus pormenores. No es, pues, extraño que Vevey sea en Europa una de las residencias predilectas de los extranjeros que viajan en solicitud no de los placeres del juego, las vanidades del lujo y las emociones violentas, sino de la calma de la naturaleza, la dulzura del clima y los goces moderados y delicados. Baste decir que Vevey ha sido visitada con delicia por Voltaire y J. J. Rousseau, Byron y Víctor Hugo y mil viajeros eminentes. * * * * * Aquella ciudad sorprende bajo el punto de vista social, no solo al hijo de las comarcas solitarias ó salvajes de Colombia sino tambien á los habitantes de las capitales europeas. En Europa, en lo general, una localidad de 5,000 habilantes es un átomo; y sinembargo, son muchas las ciudades de 25 á 30,000 vecinos que carecen de verdadera cultura. En Suiza, donde, á excepcion de las montañas, todo es pequeño, gracioso y esmerado, las pequeñeces valen mucho y los pormenores son todo. Es ciertamente admirable hallar en la modesta ciudad de Vevey, de poco mas de 5,500 habitantes, un gran número de institutos y todas las comodidades de la vida, que regularmente no se encuentran sino en las grandes ciudades muy avanzadas en civilizacion. Si las condiciones físicas del país han favorecido ese desarrollo, no puede negarse que la libertad individual y colectiva, la bondad de las instituciones y el espíritu de independeneia y dignidad que engendra el calvinismo, aliado á las generosas cualidades de la raza francesa, son las causas principales. En efecto, Vevey contiene, entre otras cosas interesantes: dos bibliotecas, la una religiosa y popular y la otra de la ciudad, con 13,000 volúmenes; un número muy considerable de colegios, escuelas, hospitales, hospicios y otros institutos de enseñanza y beneficencia; varios pequeños museos ó colecciones científicas, literarias y artísticas; tres círculos, con gabinetes de lectura; muy buenos edificios para todos los servicios públicos; excelente alumbrado de gas, muelles y mercados; centenares de talleres y pequeñas fábricas, y una multitud de sociedades que atienden á los intereses literarios, religiosos, económicos, etc. Son muy notables entre ellas las de _mosqueteros, arcabuceros y carabineros_, que se ejercitan en el tiro,--instituciones esencialmente nacionales y muy interesantes por su carácter político-social en Suiza, donde cada ciudadano es un soldado en reserva y las montañas hacen vivir al cazador. Vevey no solo es un centro de primer órden en el Estado, en la produccion y exportacion de vinos (blancos y muy suaves, del género _Champaña_), sino que es notable por la explotacion de mármoles y otros objetos minerales, la fabricacion de relojes, joyas y máquinas, el comercio de maderas y la cria de gusanos de seda. Asi, aunque por su poblacion es la segunda ciudad vaudense, es la primera por su industria y comercio. Entre las asociaciones libres de Vevey hay una que, ademas de ser curiosa por las tradiciones y costumbres que mantiene, da la medida del interes que allí se toma por la agricultura, y de la fecundidad del espíritu de asociacion: hablo de la _Abadía de los Viñadores_, congregacion muy antigua de los cultivadores de viñas y propietarios mas interesados en ellas. Teniendo por divisa las palabras _Ora y trabaja_, su objeto no es otro que el de favorecer la prosperidad de las viñas y sus cultivadores. Así, todos los años envia comisionados á recorrer minuciosamente los viñedos del distrito, y en virtud de sus informes la congregacion discierne premios á los cultivadores que mas se distinguen y toma las medidas necesarias para mejorar el cultivo, ensanchar el comercio de vinos veveisinos y extirpar toda enfermedad ó mal que pueda atacar á los viñedos. No es ménos curiosa _la Fiesta de los viñadores_, que estos celebran cinco ó seis veces en cada siglo, en las épocas de grandes cosechas,--fiesta que, según nos contaron, ofrece las mas singulares escenas de costumbres, y tiene cierto carácter pagano que la hace muy original en la época presente. * * * * * CAPITULO VII. VAUD Y NEUCHATEL. Losana y sus cercanías.--Sus monumentos é institutos.--De Losana á Iverdun.--Iverdun.--El lago de Neuchâtel.--El Canton.--Su historia.--Sus instituciones y productos.--El régimen comunal.--La ciudad de Neuchâtel.--Un panorama suizo. El sol de la tarde brillaba con melancólica hermosura sobre las crestas de las montañas jurásicas y el lago y las campiñas riberanas, cuando nos embarcamos en el vapor _Aigle_ y nos dirigimos hácia el puerto de _Ouchy_, costeando la ribera setentrional. Las brisas rizaban las ondas del lago, resplandeciente y lleno de murmullos deliciosos, como agitaban las guirnaldas de tupidos sarmientos en los viñedos de la _costa_; y en el fondo de ellos, á 100 metros de distancia, vimos destacarse cinco ó seis pueblecitos ó aldeas llenos de gracia en sus pormenores, y como descendiendo de sus suaves colinas en pintoresco desórden, para bañar en el lago los festones y las terrazas de sus alegres casitas. Cada uno de esos pueblecitos parece el original de uno de esos _pesebres ó nacimientos_ tan populares en las sociedades españolas en el mes de Navidad. _Ouchy_, pequeño caserío de la ribera, sombreado por hermosas arboledas y rodeado de quintas elegantes, jardines y parques, es el puerto de Losana. Allí mismo, ó á muy corta distancia, existió la antigua _Lausanium_, destruida en el año de 563 por el choque violento de las aguas del lago, producido por la caída de una montaña en la ribera opuesta. Los habitantes, aterrados, buscaron el sitio mas alto de la comarca vecina y en él fundaron á Losana, con increíble capricho, á tres kilómetros de distancia de Ouchy. Un ómnibus nos condujo inmediatamente á esa ciudad, por un amplio camino, que en realidad es una inmensa calle orillada por quintas suntuosas y terrazas, parques de espeso follaje y jardines cargados de perfumes. La ciudad, cortada en el fondo por dos arroyos que se juntan en profundas ramblas, demora sobre tres colinas y sus faldas interiores y estrechos vallecitos intermedios. Así sus formas son tan irregulares y complicadas que llegan hasta la extravagancia. Sus calles, casi todas estrechas, oscuras, tortuosas y muy pendientes, forman un laberinto de cuestas que obligan á subir ó bajar en todo caso. No ha mucho la comunicacion entre las calles de las tres colinas era muy lenta y penosa; pero luego el magnífico puente _Pichard_ (que reposa sobre una doble arcada y mide 180 metros de longitud, de una colina á otra), algunas calles que faldean esas colinas y los hermosos caminos de ruedas y paseos exteriores, han mejorado mucho la ciudad y facilitado el movimiento de las gentes y de los carruajes. Nada mas extraño que el contraste que ofrecen los primorosos contornos de Losana (donde todo respira alegría y el horizonte se abre en derredor lleno de encantos), contornos que son enjambres de jardines y elegantes quintas, y el aspecto interior de la ciudad, feo y repelente en lo general, á pesar de algunos graciosos edificios modernos. Losana se compone de tres partes muy distintas, que revelan su orígen ó la época de su fundacion: la una, la mas alta, es la _Cité ó Ciudad_ propiamente dicha, donde se establecieron en la edad media el obispo y los canónigos. Allí se hallan la Catedral, el antiguo palacio episcopal y el castillo fuerte de los viejos tiempos, ya desmantelado y trasformado. El aislamiento del pequeño mundo clerical era tan completo, que una muralla separaba la ciudad ó fortaleza eclesiástica del barrio aristocrático y el mercantil ó plebeyo. En aquellos tiempos en que la iglesia era militante y cada obispo un soberano mas ó ménos poderoso, el templo tenia por lo común el aspecto ó la posicion de una fortaleza, y cada canónigo tenia el aire de un combatiente. Los nobles edificaron sus residencias sobre la colina de _Bourg_ (la _Villa_), miéntras que los negociantes y plebeyos, los verdaderos ciudadanos, se establecieron en la ladera de _San-Lorenzo_ y las honduras pantanosas de la _Palud_, formando el arrabal ó _faubourg_, es decir _la falsa-villa._ De ese modo, como dice un autor muy entendido en la materia, regían simultáneamente en la triple ciudad tres derechos: el canónico en la _ciudad_; el germánico en la villa noble; y el derecho popular ó revolucionario, preludio de la democracia, en los arrabales de la vecindad ó _burgosía_, organizados en numerosas cofradías, según las industrias, y regidos por las libertades conquistadas palmo á palmo en la lucha tenaz contra los señores feudales, y no pocas veces contra el alto clero tambien. La reunion de las tres partes de Losana no se efectuó sino en 1481, y poco despues la ciudad entera se constituyó segun los principios de todas las ciudades libres de Suiza, gobernada por un gran consejo y aliada con Berna y Friburgo. Mas tarde la muralla divisoria desapareció enteramente, y así como la reforma religiosa niveló el derecho de las conciencias, nobles y plebeyas, las revoluciones políticas pusieron al pueblo en posesion de su soberanía. En Suiza, país tan visitado por los excursionistas europeos, se encuentra á cada paso algun sitio que conserva el recuerdo de uno ó mas personajes célebres. Asi, el hermoso hotel _Gibbon_ en que nos hospedamos, y cuya situacion es muy feliz para contemplar el panorama del Leman, ocupa el lugar de un antiguo jardin donde el ilustre historiador inglés de aquel nombre escribió, según afirman, en 1787, las últimas páginas de su bella «Historia de la decadencia y ruina del imperio romano». Voltaire se encantaba con su residencia en Losana, y allí se reunieron con frecuencia muchos hombres ilustres, tales como Fox, Mercier, Raynal, Servan, Brissot y Zímmermann. El extraordinario Byron, el bardo atrevido inspirado por la terrible musa del resentimiento y del orgullo herido, escribió, según cuentan, en dos dias, detenido en Ouchy, su magnífico poema del «Prisionero de Chillón.» Si el tránsito por las calles interiores dé la ciudad es desigual y desapacible, á causa, de las subidas y bajadas, la tristeza de las callejuelas tortuosas y el aspecto poco agradable de la generalidad de los edificios, muy al contrario, el espectáculo que se domina desde los puntos culminantes de las colinas es encantador, sea que se abarque con la vista la extension del lago y de las montañas que lo rodean, coronadas á lo léjos de nevados, sea que se torne la mirada en derredor de la ciudad misma, por su risueño término, ó en direccion á los graciosos montes del Jorat. Todo ese país circunvecino forma un admirable paisaje, comprendido entre aquellos montes y el lago, repletos de viñedos y otras plantaciones y salpicado en todas partes de jardines y parques, huertos de simétrica verdura, quintas que reposan sobre elegantes terrazas, é innumerables casitas campestres que parecen desgranadas de los pueblos vecinos. Losana tiene pocos monumentos importantes como obras históricas y de arte superior, pero no carece de todo interés bajo ese aspecto. Una gradería de 300 escalones de piedra, pendiente casi como una escala, conduce del centro de la ciudad á la cima ó pequeña alti-planicie donde tienen su asiento la Catedral, el Colegio académico (especie de Universidad cantonal), el viejo Castillo, resto de construcciones feudales, donde reside el Consejo de Estado, y las «Casas cantonales», donde se reune el Gran Consejo y funciona el Tribunal del Estado. Amigo como soy de las comparaciones y de buscar la significacion de los contrastes, confieso que me sentí encantado al recorrer esa pequeña alti-planicie, en cuyos edificios veia la prueba del progreso humano y de los triunfos de la democracia. En efecto, la historia entera de los pueblos parece concretarse en la coexistencia actual de aquellos edificios. La catedral, símbolo del cristianismo, subsiste allí despues de nueve siglos, y representa la renovacion de las sociedades y la inmortalidad de los principios esenciales del cristianismo, puesto que, habiendo sido en sus primeros siglos catedral católico-romana, el pueblo la convirtió en catedral _reformada_, sin mas operacion que la de suprimir las imágenes y algunos símbolos. El templo queda siempre venerable, porque representa la libertad de la conciencia humana en su culto de adoracion al Ser Supremo, El castillo feudal, fundado para sostener la dominacion despótica sobre los pueblos, es hoy el asilo de otro poder, de un Consejo que ejerce la autoridad basada en la _ley_, inspirada por el _derecho_ común, limitada por el _deber_ y la _opinion_. Los bastiones y las otras obras de la antigua fortaleza clerical, donde un tiempo reinara la autoridad que se llamaba infalible y monopolizaba el saber, han desaparecido para dar lugar al Colegio académico, símbolo de la libre discusion y de la universalidad de la luz intelectual. En fin, ese pueblo que en un tiempo se viera reducido a sus pantanos del fondo de Losana, ha luchado sin tregua, y al fin, escalando la colina «sagrada», ha plantado en la cima su bandera y edificado _su palacio_, donde legisla el Gran Consejo en nombre de la soberanía, la libertad y la igualdad del pueblo. La catedral es considerada con razón como una de las mas hermosas de Suiza, lo que no es mucho decir, sinembargo, porque ese país no brilla, en la generalidad de sus ciudades, por los monumentos de arquitectura superior. Sus mejores monumentos son sus montañas y sus lagos, donde el Suizo se manifiesta pastor y fabricante, libre, independiente, laborioso, honrado y sencillo. Aquella catedral, fundada en el año 1,000, construida en el siglo XIII y reconstruida en parte a principios del XVI, ofrece en sus formas y adornos el contraste de varios estilos de arquitectura gótica, Su mayor elevacion es de 60 metros, por 93 de longitud, y su forma es la de cruz latina, tan usada en las catedrales de la edad média. En una de sus torres (la que esta completa) contiene los archivos del Estado, y en el interior del templo se encuentran no pocas bellezas de escultura y algunas curiosidades históricas. Desde lo alto de la terraza (á 47 met. de altura sobre el suelo del templo) dominada por el _beffroi_ ó torre-atalaya, se contempla uno de los mas bellos panoramas de Suiza. En la parte baja de la ciudad se encuentra la _Casa municipal, y_ no léjos de ella el _Hospital cantonal_, edificios importantes pero sin interés artístico. Losana es notable por sus numerosos institutos de enseñanza, beneficencia, etc., y entre los primeros es muy digno de atencion el mencionado Colegio académico. Este contiene cerca de 50,000 volúmenes en dos bibliotecas (la una cantonal y la otra de los estudiantes), un excelente gabinete de física, el museo cantonal (bien provisto y ordenado), la escuela normal, etc. Como se ve, la pintoresca Losana, cuyos habitantes muy simpáticos se distinguen por su moralidad y amabilidad, es bien digna de ser la capital de uno de los mas prósperos y estimables Estados de la Confederacion, que puede figurar como un modelo en Europa. * * * * * De Losana a Iverdun el ferrocarril recientemente construido toca en cuatro ó cinco pequeñas localidades ó estaciones que carecen de todo interés; pero gira por en medio de campiñas pintorescas y risueñas (cortando los montes del Jorat) cuyo aspecto hace muy gratas las pocas horas del trayecto. Es un país accidentado por multitud de pequeñas colinas y suaves ondulaciones, que determinan una sucesion caprichosa de llanuritas y vallecitos llenos de lozanía, poblados de huertos, diversas plantaciones y bosques productivos, en cuyo fondo se destacan muy graciosamente las casas campestres del estilo peculiar de Suiza. Se echa de ver que el bienestar reina en esas campiñas, al reparar la dulce y contenta fisonomía de los campesinos, la pulcritud y propiedad de sus vestidos, la belleza candorosa de las mujeres, la robustez algo rubicunda de los niños, el órden y holgura de las habitaciones, y el esmero con que son cultivadas las tierras. Y esas gentes, realmente sencillas, nada tienen de rústicas sinembargo: saben leer, escribir y calcular, en lo general, comprenden sus derechos y deberes civiles y políticos, y tienen esa conciencia de su personalidad que les viene de la libertad, del trabajo independiente y de las prácticas sencillas y austeras de la religion reformada. En el seno de esas poblaciones laboriosas el sacerdote es un hermano, un verdadero pastor, porque no domina ni explota las conciencias, tiene instruccion sólida, vive modestamente, sin aspiraciones políticas, ni á ser canónigo ni obispo, es padre de familia, y como tal sus intereses están en perfecta armonía con los de los ciudadanos. Iverdun demora sobre la márgen derecha y una pequeña isla del _Orbe_, á muy corta distancia de la desembocadura de ese pequeño rio en el lago de Neuchâtel y al extremo de una fértil y bien cultivada llanura. Esa ciudad ha adquirido notable incremento de pocos años acá, a causa del ferrocarril que la comunica con Losana, Morges y Ginebra, que se acaba de ligar con otro que de allí gira por Neuchâtel en direccion á Solera y Basilea. Como la ensenada que forma el Orbe es el puerto de los vapores y las barcas de remolque ó vela que navegan el lago, el movimiento comercial de Iverdun es considerable. Compónese la ciudad de tres grandes calles paralelas, en su parte principal, y solo es notable en cuanto á su estructura por las formas extrañas y el color amarillento de las casas, y un antiguo castillo feudal flanqueado en sus cuatro esquinas por torreones de severo aspecto. Iverdun esta rodeada de hermosas arboleda y paseos, y así tan pequeña como es (con solo 3.800 habitantes) se distingue por la posesion de una biblioteca pública, un colegio, un hospital, varias escuelas y casas de educacion y varios institutos de beneficencia y economía. En Suiza no hay una ciudad, por pequeña que sea, que no posea--como las mejores pruebas de civilizacion, fraternidad é interes por la cosa pública--estos elementos: una ó mas bibliotecas públicas, museo mas ó ménos surtido y ordenado, caja de ahorros, colegio, numerosas escuelas, hospital y hospicio. En vista de esto es fácil comprender por qué el pueblo suizo es uno de los mas honrados, libres é instruidos que se conocen, relativamente á la estrechez de su territorio, lleno de obstáculos, inhabitable en mucha parte y encerrado entre montañas en el centro de Europa. Iverdun conserva piadosamente la memoria del célebre Pestalozzi, fundador del método de enseñanza primaria mas popular y fecundo: hombre pobrísimo (como casi todos los grandes benefactores) cuya vida fué una serie de actos de abnegacion en obsequio de la infancia ignorante y desvalida. Fué en esa humilde ciudad donde Pestalozzi ensayó y probó durante muchos años la excelencia de su método; y todavía subsiste allí una casa de educacion dirigida por uno de sus discípulos. En Iverdun nos embarcamos á bordo de un bonito vapor para surcar el lago hasta Neuchâtel. Sus ondas de color verde claro son bellísimas, aunque no comparables con las del Leman. La ribera del lado derecho ó N. E. es triste y desapacible, y en sus rocas abruptas y elevadas, de estratificacion caliza, que las ondas golpean con violencia, se ve casi reinar la soledad, porque los puertos son rarísimos y la poblacion escasa. Pero del lado S. O. el aspecto de la ribera y las colinas y montañas circunvecinas es pintoresco y animado. Por allí gira el ferrocarril de Neuchâtel, cuya construccion ha exigido en muchos trechos costosos trabajos de mina en las rocas, ó nivelaciones entre las ondas del lago. Desde sus playas cascajosas el terreno se levanta en planos inclinados y muy ondulosos, enteramente cubiertos de viñedos; pequeñas y graciosas poblaciones lo salpican[17] situadas sobre la ribera, y luego, elevándose en una sucesion de colinas mas ó ménos empinadas y rocallosas, va á confundirse con las montañas del Jura, cuyos mas bajos estribos y contrafuertes bajan hasta el lago mismo arrojando por sus hondas ramblas algunos arroyos. Esas montañas tienen un aspecto infinitamente ménos majestuoso que las alpinas, siendo mas bien risueñas por sus menudas formas y vegetacion variada. [17] La mas notable es la villa de Grandson, perteneciente á Vaud, que tiene 1,500 habitantes. El lago de Neuchâtel (en aleman _Neuenburger-See_) da riberas á cuatro cantones circunvecinos: Vaud, Neuchâtel, Berna y Friburgo; mide 27 kilómetros de longitud de sur á norte, por 6 de anchura, y contiene de área 242 kilómetros cuadrados. Su profundidad es considerable, pero no excede de 150 metros; y es muy notable por sus frecuentes y violentas borrascas, bastante peligrosas para la navegacion porque son casi siempre repentinas y los puertos carecen de abrigo. * * * * * Antes de hablar de la ciudad de Neuchâtel, una de las mas graciosas de Suiza (aunque casi todas demoran á orillas de lagos ó de rios, en situacion muy pintoresca), resumiré las mas importantes nociones relativas al Canton ó Estado. El territorio neuchâtelés se extiende en su region baja sobre las dos terceras partes de la ribera occidental del lago, y siguiendo la orilla izquierda del rio _Thiele_, que es el desaguadero de aquel, abarca una pequeña porcion de la ribera tambien occidental del vecino lago de _Biena_ (_Bienne_), que es en cierto modo la reproduccion reducida del de Neuchâtel. De resto, el Canton se extiende sobre las tres cadenas paralelas del Jura, y aunque contiene algunos estrechos valles intermedios es esencialmente montañoso. Parte límites al O. con Francia, al S. con el canton de Vaud, al N. con el de Berna, y al E. tiene el lago de por medio respecto del canton de Friburgo. Su mayor longitud es de 43 kilómetros, su mayor latitud de 20, y contiene en su área 7,678 kilómetros cuadrados. La poblacion del Canton alcanzó en 1860 á 87,847 habitantes, incluyendo unos 15,000 suizos de otros cantones y mas de 3,000 extranjeros, la mayor parte franceses. La igualdad de lengua y religion (francesa y reformada) hace que Neuchâtel, Vaud y Ginebra formen un grupo de pueblos completamente análogos. En todos tres domina plenamente en las instituciones el radicalismo democrático, la industria es homogénea en tres de los ramos principales (fabricacion de relojes, produccion vinícola y corte de maderas), y las costumbres y el carácter y espíritu de los habitantes los hacen muy análogos. En realidad se pudiera definir á los Ginebrinos, Vaudenses y Neuchâteleses, llamándolos: _Franceses serios_. Si la religion reformada les ha inspirado el espíritu de independencia personal y creencia razonada y profunda, la república democrática los ha fortalecido en el amor á la libertad y el horror por el tutelaje oficial. La historia del canton de Neuchâtel _(Castillo-nuevo_, nombre derivado de su orígen feudal) es tambien análoga á la de Ginebra y Vaud, en cuanto á los Francos, el antiguo reino de la segunda Borgoña, las luchas con los condes de Saboya y los Berneses, etc. A virtud de enlaces de familia de los antiguos dominadores de Neuchâtel y Valengin, la casa francesa de Orleans-Longueville poseyó el país como suyo hasta el principio del siglo XVIII. Extinguida entónces esa familia, presentáronse muchos pretendientes, y entre estos el pueblo neuchatelés (ya que por entónces ninguno podia vivir sin señor) tuvo el acierto de escoger al mas lejano, y por lo mismo el ménos, temible: el rey de Prusia, Federico I. Esta dinastía dominó suavemente el principado hasta el principio del presente siglo, en que hubo de cederlo al imperio frances. Napoleon, que entre otras habilidades tenia la muy famosa de regalar Estados y pueblos como cajas de tomar rapé, dispuso del país (en 1805) para constituírle un patrimonio al mariscal Berthier. El tratado de 1814 le dió á _Neuchâtel-Valengin_ un carácter mixto, haciéndolo entrar en la Confederacion helvética como Estado ó Canton libre, y devolviéndolo en su gobierno interior al rey de Prusia. Desde esa época hasta 1848 gozó de una constitucion bastante liberal y benéfica; pero el interes de la independencia arrastró al pueblo neuchâtelés á la revolucion general de ese año; no sin que ántes, en 1831, hubiese estallado una insurreccion que fué reprimida por los Prusianos. El pueblo se dió en 48 una constitucion democrática ó radical, y aunque el rey de Prusia continuaba llamándose príncipe de Neuchâtel y reclamando sus pretendidos _derechos_ (anulados por el mismo pueblo que se los concediera en 1707) la independencia del Canton era efectiva de hecho y tenia que serlo. En 1857 se suscitó una grave cuestion diplomática que amenazó producir la guerra entre Prusia y Suiza; pero las grandes potencias intervinieron, Francia ofreció su mediacion, y aunque el rey de Prusia conserva su vano título de «príncipe de Neuchâtel,» como otros se llaman «reyes de Jerusalem,» la absoluta autonomía del Canton, como Estado federal, quedó reconocida. El pueblo votó directamente la Constitucion en 1858, y esta rige en el país á satisfaccion de sus habitantes. Conforme á ella el pueblo es soberano, y se gobierna por sí en los negocios comunales y por el sistema representativo en los generales del Canton, siguiendo reglas análogas á las de Ginebra y Vaud. Todos los ciudadanos son hábiles para los empleos públicos, están sujetos al servicio militar y soportan las contribuciones con igualdad proporcional. La Constitucion abolió las antiguas regalías de los señores feudales, sin perjudicar á los propietarios de tierras, así como los títulos, privilegios y distinciones nobiliarias. Todos los ciudadanos son iguales ante la ley, y la Constitucion les garantiza la libertad absoluta de religion y culto, el derecho de peticion, asociacion, uso de armas y libre establecimiento en el Canton, la libertad de la prensa y la seguridad individual, con el domicilio, la correspondencia y la propiedad inviolables. * * * * * El canton de Neuchâtel es esencialmente fabricante, en términos que su fabricacion es una de las mas valiosas del mundo, relativamente á su poblacion y territorio. En efecto, el Canton fabrica en sus tres centros principales, anualmente, cerca de 300,000 relojes de oro, plata, acero, etc., y un número muy considerable de péndulos, cronómetros y otros instrumentos análogos y de música, física y matemáticas. Tiene ademas numerosas fábricas de papel, telas de algodon impresas, cuchillería, artículos de hierro y cobre, encajes, guantes y otros objetos de bonetería. La sola industria de relojería (introducida en el país en el siglo XVII) ocupa á cerca de 11,000 obreros. La pequeña ciudad de _Chaux-de-Fonds_ produce por sí sola mas de 250,000 relojes; el resto es fabricado en _Locle_ y _Neuchâtel_. En seguida de la fabricacion figuran en considerable valor los productos de las viñas (vinos blancos muy suaves y estimados), de la extraccion de maderas en los extensos bosques de las montañas (pinos, abetos, hayas y encinas), de la cria de ganados muy apreciables, en las praderas naturales, y del cultivo de cereales, árboles frutales, etc. El comercio es activo, y el Canton no solo tiene la navegacion de los lagos y buenas carreteras, sino que mantiene comunicaciones hácia Francia y los demas cantones por medio de cuatro ferrocarriles. Los principales centros del Canton, como he indicado, son: Neuchâtel, la capital, que cuenta unos 10,300 habitantes,--ciudad donde tiene su foco el pequeño partido conservador ó aristocrático; Chaux-de-Fonds, con 14,500, (bonita ciudad que es el centro del radicalismo y de la prensa activa del Canton, y el que sostiene mas extensas relaciones con Francia), y Locle, que tiene 8,800 habitantes. Así, tres localidades nomas reunen el 38% de la poblacion cantonal, hecho que se produce en mayor ó menor proporcion en todos los Estados manufactureros ó fabricantes, donde es inevitable la concentracion de grandes masas de obreros, sobre todo cuando las tierras son escasas ó están en pocas manos. La altura de esas tres ciudades es muy diversa: así, la de Neuchâtel sobre el nivel del mar es de 480 metros en su parte mas alta; miéntras que Locle y Chaux-de-Fonds, situadas en la region montañosa, tienen respectivamente 921 y 1,000 metros de elevacion. Locle fabrica principalmente relojes y encajes. Chaux-de-Fonds es una ciudad de considerable movimiento y que no pocas veces ha sido el asilo, como Ginebra, de franceses proscritos. Allí se oye sin cesar el ruido de mil martillos y todo es actividad en los talleres y forjas. Acaso sus mayores progresos y su rara perfeccion y prontitud en la fabricacion dependen principalmente de la division del trabajo, llevada allí hasta sus últimas consecuencias. Cada obrero trabaja en una sola operacion, mas ó ménos sencilla, de manera que un péndulo ó reloj representa el concurso de centenares de obreros. Estos trabajan en sus casas por tarea, con taller ú obrador propio, sin descuidar á sus familias y aprovechando el concurso de estas. Su independencia personal es tan evidente como su moralidad. Y sinembargo de esa independencia y division, como un reloj se compone de tan numerosas piezas, su complicacion misma establece la solidaridad ó comunidad de intereses de todos los obreros. Acaso uno de esos relojes es la mejor manifestacion de esa verdad profunda de la armonía de las cosas y las sociedades, que concilla y hace coexistir perfectamente la personalidad del hombre y la solidaridad social, donde quiera que la libertad permite y favorece la plena accion de esa ley de la naturaleza. En efecto, de esa situacion resulta en Chaux-de-Fonds este hecho notable: que en todo caso una crísis comercial ó industrial afecta igualmente á todos los empresarios y obreros, haciendo comun la desgracia, lo mismo que en los años de prosperidad la ventaja es comun. De ese modo el capital no puede dar la ley al salario, ni viceversa, y sus relaciones son las del interes legítimo fundado en la libre competencia y la independencia y dignidad del trabajo. Es aquí el caso de indicar un rasgo característico de muchos de los cantones, ó casi todo el pueblo suizo, que ofrece el medio de dulcificar la situacion del obrero en los tiempos de crísis. En Suiza la organizacion política ha seguido el movimiento lógico y natural de las leyes que presiden á la _conglomeracion social_,--muy al contrario de Francia y otras naciones donde el _Estado_, absorbiéndolo todo, ha hecho del _distrito_ (que es la realidad) una ficcion puramente administrativa, y de la nacion una _causa_ en vez de un _efecto_. En Suiza, el _comun_ ó distrito es mas que la base fundamental de la sociedad política, es la sociedad misma. Los distritos, gozando de su autonomía primitiva y natural, se han aglomerado para fortalecerse, formando el _Canton_ ó Estado, y no para limitar ó abdicar su vitalidad propia. Los cantones, despues de muchos años y aun siglos de plena soberanía, armonizando sus intereses bajo el punto de vista de la nacionalidad, se han confederado para estrechar y simplificar sus relaciones, asegurar cierta solidaridad y hacerse respetar como una potencia. Pero en realidad la vida del ciudadano suizo está en el distrito comunal. Es allí donde él se siente realmente soberano (en su parte respectiva), adherido á la sociedad por derechos, deberes é intereses, y miembro activo de una confraternidad. Los derechos y deberes políticos que se refieren á la Confederacion son comunes en toda ella, sin distincion de domicilio; pero el suizo de Zuric, Berna ó Ginebra, aunque ligado al de Chaux-de-Fonds por esos vínculos, es realmente extraño á la comunidad neuchâtelesa, en tanto que no acepta el compromiso local. Allí el _vecino_ comunal es mucho mas que el _ciudadano_ confederado, porque los vecinos constituyen verdaderamente Una _familia_. Cada cual tiene el deber de la residencia ordinaria, de servir al distrito de cierto modo, contribuir constantemente para el fondo comun de socorros ó aseguros mutuos. Y cada cual tiene el derecho, en caso de enfermedad, invalidez, miseria ó falta de trabajo, de obtener la proteccion directa y eficaz de la comunidad. Así, cada uno de esos distritos es en rigor y por sí solo una república democrática, libre en su vida interior, al mismo tiempo que una asociacion de aseguros mutuos; sin que eso obste para que los ciudadanos se interesen vivamente por la prosperidad del Canton y la Confederacion. * * * * * La ciudad de Neuchâtel, situada en la desembocadura del _Seyon_, demora en la falda de una montaña considerable y montuosa que es uno de los mas grandes contrafuertes de la cadena oriental del Jura, y se levanta en graciosos anfiteatros, despues de cubrir una angosta faja de terreno llano sobre la ribera del lago. Pocas ciudades he conocido en Europa tan pintorescas y llenas de capricho como Neuchâtel, que algunos comparan por su situacion á Nápoles. Ceñida en la ribera por lujosas arboledas, que al mirarse en las ondas sombrean las playas y terrazas, y coronada en la parte superior por las guirnaldas de sus lindos jardines y los tupidos festones de sarmientos, parece una ciudad de casas de baños y de recreo sembrada en el fondo de un jardin, rica en colorido y arrullada por los rumores del lago y las brisas generosas de las montañas que la dominan. Y sinembargo, si se observan los rasgos particulares, recorriendo el interior, se encuentran dos tipos diferentes. En la parte llana, á lo largo de la ribera, hallais alegres puertos á donde llegan numerosos barquichuelos; en uno de aquellos humean las chimeneas de los vapores y se amontonan las barcas veleras y de remolque, repletas de mercancías. Allí veis calles espaciosas, limpias y bien niveladas, casas elegantes, bonitos hoteles, edificios monumentales, tiendas vistosas y cafés bulliciosos, en fin, la ciudad moderna y confortable. Si echais á andar hácia los arrabales, encontrareis las calzadas que sirven de carreteras y paseos, orilladas por bellísimas quintas en que el gusto artístico de la arquitectura hace juego con la magnificencia de los jardines y la gracia de los pequeños parques. Si penetrais en la parte antigua, que arranca en la base misma de la montaña y se eleva en desiguales escalones, encontrareis calles de severo aspecto, callejuelas tortuosas y pendientes, construcciones de estilo semi-gótico, los talleres de la industria, fuentes tradicionales de extraña forma y coronadas por gigantes de piedra muy característicos, representando soldados del siglo XV armados hasta los dientes. En fin, en la cima de una colina rocallosa, el viejo castillo feudal, curioso monumento establecido en el siglo XIII por uno de los condes Bertoldos, y casi á su lado la catedral (la fortaleza del clero), edificio de estilo gótico del segundo período, fundado en el siglo X y reconstruido en el XII. Aparte de esos monumentos curiosos, Neuchâtel tiene varios modernos que son bien estimables por su arquitectura y su objeto. Citaré entre estos la hermosa _Casa municipal_, el _Hospital_ de la ciudad, el de _Pourtalès_ (del nombre de su fundador), de servicio universal, el _Templo-nuevo_ y el _Gimnasio_. Este contiene el colegio cantonal y un bellísimo museo particularmente curioso por sus colecciones suizas de historia natural, en que los animales figuran en la actitud de la vida y según sus costumbres. Esa pequeña ciudad (que ha producido artistas muy notables, como Calame, Moritz y Osterwald, especial en la construccion de panoramas en relieve) contiene colecciones particulares de pinturas que son muy estimables; y se hace notar ademas de lo que llevo indicado, por sus dos bibliotecas públicas, su escuela normal, su excelente caja de ahorros, las sociedades Bíblica y Filarmónica, y numerosas escuelas gratúitas y establecimientos de beneficencia y crédito. Para tener idea completa de la hermosura de aquellas comarcas, nada mejor que la ascension á la cumbre de la montaña de _Chaumont_, que se eleva hasta 1,772 metros sobre el nivel del mar, ó sea 1,340 sobre el del lago. Una pequeña tartana tirada por una guapa yegua nos condujo por la excelente carretera que faldea el cerro caracoleando hasta la cumbre y se prolonga por el fondo de un valle hasta Chaux-de-Fonds. Hasta una altura muy considerable la carretera gira estrechándose poco á poco, por entre espesos bosques de abetos y pinos colosales, en cuyo fondo sombrío no se ve sino interminables columnatas de mástiles desnudos bajo la alta capa de verdura que los rayos del sol no pueden penetrar. De trecho en trecho se rasga la espesura del bosque, dejando columbrar por pequeños espacios el admirable panorama que se desarrolla al N. N.-E.; pero apénas se tiende la mirada para contemplarlo cuando el inmenso cortinaje de verdura vuelve á cerrarse, y en vez de los nevados y montañas, los lagos y lejanos valles y planicies entrevistos por un segundo, torna á rodearlo á uno la tupida floresta de pinos, abetos, hayas y pequeñas encinas. Hácia la cumbre el bosque disminuye y se aclara, y las pequeñas praderas de pasto natural se desarrollan como hermosas alfombras, salpicadas de lindas flores de mil matices y bosquecillos de avellanos enanos, y se aspiran con infinita delicia las brisas de las montañas, cargadas de aromas desconocidos. La escena que se contempla desde el sitio mas encumbrado de Chaumont, llamado la _Señal_, es tan magnífica, tan vasta y soberanamente bella, que casi es imposible describirla. Al Occidente se alzan las cadenas del Jura, cubiertas de rica vegetacion y altas praderas, entrecortadas por risueños valles de esmerado cultivo, entre los cuales es perfectamente visible de un lado el de _Ruz_ ó el _Seyon_. Al S., N. y E. se contempla el prodigioso almácigo de nevados y montañas colosales que se extiende desde el Monte-Blanco hasta el _Titlis_, es decir la mas espléndida region de los Alpes, casi todo el canton de Vaud y la parte inferior del de Berna que se llama el _Oberland_ (país alto). Al N. y N.-E. se registra toda la region de planicies accidentadas y bajas montañas que ocupan los cantones de Berna, Solera, Argovia, Lucerna y Friburgo,--país del mas pintoresco y variado aspecto, que tiene el Aar como centro hidrográfico. Y en el fondo, al pié de la gran montaña, se admira la belleza serena de los lagos de Neuchâtel, Biena y Morat, cuyas riberas, pobladas de viñedos, aldeas y cortijos, tienen tintas de un verde melancólico, y en cuyas ondas, rizadas por el viento é incendiadas por el sol de la tarde, se alcanzan á ver como nubes flotantes los vapores, y como mariposas las blancas velas de las barcas que navegan allí. Aquel panorama inmenso tiene todas las condiciones que constituyen la hermosura compleja, todos los contrastes posibles en la naturaleza europea: la grandeza y la pequeñez, la majestad imponente y el encanto, la fuerza y la suavidad, la luz esplendorosa y las sombras profundas, los colores alegres y las tintas melancólicas, la tristeza del invierno eterno de los hielos y el brillo de la vegetacion del verano, las maravillas de la mano de Dios y las pruebas del genio y la actividad del Hombre.... La Suiza entera parece desarrollar todas sus galas y todos sus horrores naturales en ese cuadro compuesto de millares de paisajes. Tal es la hermosura del espectáculo que la noche nos iba sorprendiendo en la cumbre de Chaumont, cuyo admirable mirador no se quisiera abandonar. Es tan dulce olvidarse á veces del mundo y entregar el alma y los sentidos á la sola contemplacion y el amor supremo de la naturaleza!... * * * * * CAPITULO VIII. EL CANTON DE FRIBURGO. La diligencia suiza.--Los tres lagos hermanos.--Morat.--Geografía del Canton;--su historia;--sus instituciones.--Panorama de Friburgo.--Sus monumentos y curiosidades.--La hermita de la Magdalena. Estábamos listos para continuar nuestra excursion, dirigiéndonos de Neuchâtel á Berna por la via de Morat y Friburgo, cuando el clarin del postillon nos avisó que la diligencia iba á partir. En Suiza el servicio de postas y diligencias por las carreteras está monopolizado por los gobiernos federal y cantonales, según la naturaleza de la via. Cada canton tiene sus carreteras y trenes propios de diligencias, que giran de frontera á frontera ó combinadas por tratados. Como los trayectos que hay que recorrer de unas ciudades á otras son tan cortos, las diligencias se suceden y renuevan en cada capital, y los vehículos (como lo requieren las fuertes ondulaciones de un territorio tan montañoso) son mucho ménos incómodos y voluminosos que los que se usan en España, en Italia y otros países. Ninguno de los rasgos característicos de la diligencia española, esencialmente barbara, se encuentra en la de Suiza. Dos ó tres hermosos caballos indígenas, fuertes, robustos y pacientes, componen el tiro, y los atavíos son ligeros y graciosos. El postillon sobre todo es un tipo curioso por su actitud y uniforme oficial, en que parecen amalgamarse el militar y el arlequín. Un pantalon estrecho, de paño azul con franjas amarillas, que llega hasta las rodillas y se ajusta bajo dos grandes botas charoladas; un chaleco de paño amarillo ó rojo, sobre el cual va una chupa de cola microscópica, forrada con anchas solapas y con puños de color rojo y enormes botones de metal reluciente; un sombrerito de charol ó fieltro, de copa larga, estrecha y puntiaguda y con adornos; un larguísimo foete, y un clarin terciado al costado, componen el vestido y los arreos del príncipe de la diligencia suiza. Ese curioso uniforme, que provoca á reir, contrasta con el aire militar y seriote del _rechoncho_ personaje, quien desde lo alto de su trono ambulante se anuncia al llegar á las localidades ó salir de ellas, y en las estaciones de relevo, con los toques agudos de su clarin y los prolongados traqueteos de su foete que producen extraños ecos en las montañas y los bosques de la via. Por lo demas, el postillon suizo, que comprende que su individuo es un funcionario público, se hace notar por su amabilidad, su inteligencia en la conduccion del vehículo y la regularidad de todos sus actos, exentos de brutalidad. El funcionario suizo es así en todas las escalas: atento, comedido, lacónico, íntegro y fiel á su consigna. Hay en su regularidad y precision algo que recuerda al soldado (porque en Suiza todo el mundo está obligado al servicio militar); como hay en su porte comedido algo que mantiene el tipo del ciudadano libre, educado por el principio de la igualdad. La carretera, despues de salir de Neuchâtel por un arrabal poblado de bellas quintas y alegres jardines, costeando la ribera del lago en direccion al N., tuerce al N.-E., atraviesa el rio _Thiele_ (arteria de reunion entre dos grandes vasos del organismo hidrográfico del país), corta el estrecho istmo pantanoso que média entre los lagos (de Neuchâtel y Biena) y comienza á remontar, en direccion al E., una sucesion de planos inclinados y colinas montuosas, casi despuntando el extremo septentrional del lago de Morat. Excepto en la parte llana del istmo, expuesta siempre á inundaciones, el cultivo de la viña es casi exclusivo en las riberas poco elevadas de esos lagos. El horizonte es allí extenso y melancólico, sobre todo á la luz crepuscular de la tarde, que produce en los tres lagos un reflejo suave, cuya poesía incita á dejar vagar el espíritu en el mundo de los ensueños dulcemente tristes. Los tres lagos, que tienen entre sí mucha analogía de aspecto, son navegados por vapores, barcas y faluchos. El de Biena (_Bieler-See_), casi todo contenido en territorio bernés, tiene la particularidad de su graciosa isla de _San-Pedro_ que ilustró con su residencia el inmortal utopista Juan Jacobo, en 1765. La longitud del Biena no excede 14 kilómetros por 3-1/2 de latitud, con 434 metros de altura sobre el nivel del mar y 70 de profundidad. Risueño por el color de sus aguas y el aspecto de sus riberas pintorescas tapizadas de viñas, en cuyo fondo se destacan, como suburbios caprichosos de algunas localidades, numerosos grupos de bonitas casas campestres, el lago es sinembargo severo y majestuoso en la region inferior de su cuenca, por el soberbio semicírculo, abrupto como un inmenso y colosal baluarte, que forman las montañas del Jura del S.-O. al N.-O. El lago de Morat (ó _Murten-See_), separado del de Neuchâtel apénas por una montaña y algunos planos ondulosos, mide solo 7,795 metros de longitud, 3,186 de latitud, 52 de profundidad y unos 23 kilómetros de circunferencia. En él son riberanos solamente los cantones de Friburgo y Vaud. Al abarcar con la mirada el conjunto de los tres lagos, no se puede ménos que notar la íntima _fraternidad_ que los enlaza en un sistema. Tal es el carácter del mayor número de los lagos de primer y segundo órden que se encuentran en Suiza. Unos engendran á otros, multiplicando la vida y los encantos de la naturaleza. No es de extrañar que el pueblo suizo imite con sus instituciones y costumbres la variedad y la fraternidad de la naturaleza. Allí todo es diverso, y sinembargo todo armoniza y se enlaza como los grupos admirables de los Alpes y el juego primoroso de su hidrografía. Es sobre la márgen derecha ú oriental del lago Morat que demora la villa ó pequeña ciudad del mismo nombre (de unos 1,800 habitantes), construida sobre una colina en su parte superior. La parte baja ó riberana es industrial y mercantil. La alta tiene un aspecto curioso y original, por sus calles de arcadas macizas, oscuras y pesadas, sus casas de estructura antigua, semi-feudales, y sus fuentes de historia secular, análogas á las de Neuchâtel. Morat es de orígen antiquísimo y muy ligado á tradiciones heróicas, y célebre por la famosa batalla que ganaron en sus cercanías, en junio de 1476, los confederados de Berna, Friburgo, Basilea y otras comarcas, contra el poderoso ejército de Cárlos el Temerario,--batalla que aseguró la independencia de esos pueblos respecto de los duques de Borgoña. Una columna de piedra erigida en 1822 por la república friburguesa consagra en el centro mismo de su campo la memoria de esa batalla, de tan fecundos resultados para los Suizos. Morat es el centro de la minoría de reformados que hay en el canton de Friburgo. La noche cubrió con sus vagas sombras el paisaje (porque la luna estaba velada por espesas nubes) cuando atravesábamos aquella comarca, donde la diligencia rodaba por entre tupidos bosques de hayas y praderas y mieses. Buen trabajo nos costó el hacernos abrir un hotel en Friburgo, á las diez de la noche, cuando bajamos de la diligencia. En esa ciudad, donde los jesuitas y los frailes han impreso su profunda huella, todo tiene en las costumbres como en los edificios el tipo de lo feudal y monacal. Se trabaja poco y se duerme bastante, y en todos los pormenores de la vida se encuentra el sello de lo vetusto y la autoridad del hábito. --El canton de Friburgo, que es el 8° de la Confederacion, por su poblacion y extension territorial, cuenta hoy mas de 106,000 habitantes [18], y su área contiene 1,435 kilómetros cuadrados. Su territorio, cuya longitud es del S.-E. al N.-O., se halla contenido entre los de Berna y Vaud y dividido en tres porciones muy desiguales. La masa principal, de área continua, está surcada en su centro por el bello y pequeño rio _Sarina_, casi de extremo á extremo, y arranca desde los contrafuertes ó terrazas ásperas de los Alpes berneses. Las otras porciones, muy pequeñas, están enclavadas en el territorio vaudense, y una de ellas es tambien riberana del lago de Neuchâtel. Exceptuando la comarca montañosa que se extiende hácia el _Oberland_ bernés, el territorio de Friburgo (cuya hoya del Sarina va á confundirse con la del Aar) se compone de planicies ondulosas y entrecortadas, estrechos vallecitos y una complicada sucesion de bajas colinas pobladas de alegres y tupidos bosques (pinos, abetos, hayas, etc.) y de planos inclinados cubiertos de prados naturales y sementeras. Es un país admirablemente pintoresco, donde toda la grandiosidad de las regiones montañosas está reemplazada por la gracia de las ondulaciones y la belleza suave de una vegetacion intermediaria. [18] En 1851 tenia 99,801, de los cuales eran católico-romanos 87,753 y los demas reformados ó calvinistas. El Sarina y el _Broya_, los rios principales, son apénas navegados por pequeños botes, balsas y canoas. El comercio de tránsito es considerable; no faltan en el Canton algunos establecimientos industriales (molinos, aserríos de madera, cervecerías y tenerías) y es notable la produccion de sombreros de paja indígena ó italiana, muy elegantes y ligeros. Con todo, el Canton es principalmente agrícola. Aparte del cultivo de granos, legumbres, tabaco, frutas y plantas filamentosas, y el corte de maderas, la riqueza principal consiste en las viñas, las crias de ganados (de muy buena calidad) y la fabricacion de los excelentes y afamados quesos de _Gruyères_ y otras clases. La poblacion friburguesa se compone de dos razas, mas ó ménos mezcladas, que se sirven de los dos idiomas respectivos, aunque degenerados. El frances es la lengua oficial; pero el que hablan las gentes en el uso familiar es tan vicioso como su aleman. En realidad ninguna de las lenguas domina totalmente, pues el dialecto aleman llamado _welsch_ predomina en las ciudades de Friburgo y Morat y sus campiñas y distritos, miéntras que el dialecto frances llamado _romanche_ es el del resto de la poblacion, particularmente en las ciudades y villas. En cuanto á las razas, aunque su orígen se presta á discusiones, como el de todas las razas europeas, la latina ó franco-suiza (75 p. 100) y la germánica (25 p. 100) están allí reunidas, pero fraternizan y se han mezclado tanto que, aunque el canton de Friburgo es el que demarca la geografía de las dos razas en Suiza, en una línea que gira desde las montañas de los Grisones hasta las del Jura en Berna, es muy difícil determinar la zona en que terminan las razas que pueblan los cantones del Tesino, Valles, Vaud, Ginebra, Neuchâtel, Friburgo y parte de los Grisones y Berna, y la que ocupa los demas cantones de la Confederacion. * * * * * Se puede decir que toda la historia del canton de Friburgo (_Villa-libre_) está, como la del de Ginebra, concentrada en la capital. Las épocas de los Romanos y Bárbaros no han dejado en el país sino tradiciones oscuras ó tristes. Fué en el siglo XII que, bajo la autoridad superior del imperio de los Francos, á la cual estaba sometido el país como parte de la Borgoña trasjurásica, los duques de Zaehringen resolvieron crear un sistema de ciudades libres que resistiese á la ambicion y las depredaciones de los nobles salteadores llamados señores feudales. Con tal fin fué fundada Friburgo en 1179, con privilegios especiales de ciudad _libre_, pero feudataria del imperio, como su nombre lo indica, bajo una constitucion análoga á la de Colonia. La poderosa ciudad de Berna nació de la misma aspiracion, siendo de notarse la semejanza de posicion de Friburgo y Berna, ámbas ocupando inexpugnables penínsulas formadas por rios profundos y dotadas de fuertes medios de defensa estratégica. Hasta la mitad del siglo XV Friburgo estuvo dominada primero por sus fundadores y despues por el imperio germánico, sucesor del de los Francos, y principalmente por la casa de los Habsbourg. Así figuró en las guerras contra Berna y los Confederados Suizos. Aquella casa le devolvió su libertad; pero en breve cayó Friburgo, como insolvente, en manos de los condes de Saboya, sus acreedores. La guerra emprendida por Cárlos el Temerario dió lugar á que Friburgo se aliase con los patriotas suizos y recuperase su independencia con la victoria de Morat. En 1481, agrandada con diversas adquisiciones, entró á figurar como Canton de la Confederacion, y posteriormente ensanchó su territorio á expensas de los vecinos, por medio de conquistas locales ó pactos amigables. El régimen aristocrático dominó enteramente en Friburgo hasta 1798, época en que la intervencion francesa favoreció la revolucion democrática. La coalicion europea restableció en 1814 el estado anterior, pero las revoluciones de 1831 y 1847 (sobre todo la segunda) aseguraron el triunfo de la república democrática. Con todo, no se debe tomar á la letra esta calificacion, pues hay bastante diferencia entre el liberalismo ó la democracia relativa de Friburgo y el radicalismo de Ginebra, Vaud, Neuchâtel, etc. El partido aristocrático ha hecho vanos esfuerzos por recuperar el poder, es verdad, y el Canton, que hasta 1847 habia sido uno de los mas retrógrados de la Confederacion (como Lucerna, donde todavía dominaban los Jesuitas), es hoy una de las fuerzas del liberalismo. El gobierno es popular representativo y los poderes funcionan con independencia, aunque el Ejecutivo y Judicial emanan del Gran Consejo legislativo. Esa fórmula que hace nacer toda autoridad y eleccion del cuerpo legislativo (único representante directo) es tan general en Suiza que se la encuentra en casi todos los cantones, aun en los que difieren en sus instituciones fundamentales de otro género. En Friburgo la duracion de los períodos legales es bien considerable. Las mas importantes libertades, la igualdad legal, la seguridad personal, están garantizadas á los ciudadanos. Apesar de los doce años ya trascurridos desde que se inauguró el régimen liberal, el canton de Friburgo me pareció uno de los ménos adelantados de la Suiza central y occidental, particularmente en lo relativo á instruccion pública é industria. La mayor parte de la Confederacion mantiene todavía los gremios ó corporaciones industriales privilegiadas, y esto contrasta mucho con la libertad política y el genio emprendedor de los Suizos. Pero allí donde ese mal se ha ligado con el de la ignorancia ó una educacion viciosa, mantenidas por las instituciones aristocráticas y monacales, como ha sucedido en Friburgo, la fisonomía social, triste y aletargada, contrasta mucho con el risueño aspecto de la naturaleza. La larga dominacion que los Jesuitas ejercieron en Friburgo, hasta 1847 ó 48, léjos de propagar la instruccion en el pueblo la concentró en un estrecho círculo, entretuvo á las masas en la mas deplorable ignorancia, y solo sirvió para mantener en auje las ideas de la casuística, el espíritu aristocrático, la rutina en todo, el culto de lo superficial en religion, el monopolio de la luz, y principalmente el de la _riqueza_. Friburgo es acaso (relativamente) el canton que ha tenido mas conventos (16 ó 17), y es casi el único en donde he encontrado mendigos y gentes ociosas, desaseo, incuria y muy poco espíritu de empresa. ¿Será que las instituciones monásticas llevan consigo, como consecuencias forzosas, los hábitos de mendicidad, pereza, rutina y humillacion y el estancamiento de las aspiraciones libres y elevadas? Entre las instituciones de Friburgo hay una muy curiosa que no he hallado en ninguna otra nacion de Europa: la ley obliga á todo propietario de casa ó edificio á asegurarla contra incendios y otros accidentes, y el Gobierno cantonal es el asegurador que especula con el monopolio de la empresa. Esa institucion que, bien comprendida, ampliada y aplicada de otro modo sería fecunda (porque en el fondo hay una grande idea), tal como existe en Friburgo no es sino un monopolio socialista y del peor socialismo posible. Por lo demas, las rentas del Canton, que se equilibran con los gastos, alcanzan á unos 90,000 pesos anuales, producto de las aduanas (pues en Suiza cada canton tiene las suyas), de los bienes cantonales, los impuestos indirectos y sobre las bebidas, los sellos, correos y peajes, y el monopolio de la sal y la pólvora. De toda aquella suma no se invierten 2,000 pesos en favor de la instruccion pública, que está bajo la direccion de la autoridad! Pero en compensacion el Canton, que es pobre, ignorante y atrasado, tiene la ventaja de que le canten responsos y maitines 325 clérigos seculares y 450 frailes y monjas distribuidos en 17 conventos.... El guarismo no es tan pequeñito para 106,000 habitantes, que ocupan apénas un área de 1,400 kilómetros cuadrados. Por fortuna, despues de 1847, se ha trabajado en las vias de comunicacion, aunque no en grande escala, y el ferrocarril que se está concluyendo de Losana á Berna, pasando por Friburgo,--obra de una compañía franco-suiza,--desarrollará notablemente la riqueza y prosperidad del Canton. * * * * * El panorama de Friburgo, contemplado desde el lado opuesto del Sarina, hácia la via que conduce á Berna, es admirablemente pintoresco y gracioso. Allí falta el doble marco de las montañas y los lagos que les da su interes principal á Ginebra, Neuchâtel y otras ciudades. El encanto está todo en la situacion, los relieves, los contornos el aspecto propio. Me detendré á describir á Friburgo porque pocas ciudades ofrecen tan extraño contraste como esa entre sus formas generales y sus rasgos interiores. Situada á 628 metros de altura sobre el nivel del mar y de 60 á 90 sobre el fondo del vallecito del Sarina, la ciudad ocupa la planicie ondulosa de una colina que, rodeada en mas que semicírculo por su lindo rio, tiene, por sus colosales barrancas abruptas, todo el aire de una estupenda fortaleza. En la planicie misma el terreno se levanta hácia el N. N.-O. en otras colinas, produciendo una demarcacion notable en la ciudad, en términos que en muchos puntos las callejuelas que ligan los dos barrios altos (el _Bourg_ ó la Villa y las _Plazas_ ó planicies) no son otra cosa que escaleras pendientes, estrechas y del mas extraño aspecto. Pero la ciudad, sintiendo la atraccion del rio y su valle, ha _derramado_ en cierto modo sus edificios y sus extravagantes callejuelas sobre uno de los flancos de la colina peninsular, y descolgándose así por medio de un barrio suspendido sobre el abismo, casi aéreo, en que cada casa parece un relieve del peñasco calizo,--el barrio del _Auge_,--Friburgo ha llegado al fin, asentada sobre su roca y con la cabeza en las colinas secundarias, á sentar un pié sobre las playas del Sarina; creando así el barrio moderno y de la industria,--la _Villa-nueva_. Por tanto la comunicacion entre los barrios altos y el bajo, entre la cima y el fondo del abismo, no tiene lugar sino por una via, en extremo curiosa, que luego describiré. Desde el sitio que he indicado como el mejor para contemplar á Friburgo, se admira un paisaje encantador. Al frente se destaca la masa de la ciudad, sin perspectiva de calles, porque los edificios están como amontonados sobre el borde de la barranca, cual si quisiesen todos mirarse, por los huecos de sus innumerables balcones y ventanas, en las ondas azules y trasparentes del fondo del abismo, y aspirar las brisas de las campiñas de la márgen derecha. Al pié de la ciudad, arrancando desde la orilla izquierda, trepa el cordon de sólidas murallas y torreones antiguos, como un enorme brazo que Friburgo extiende desde sus alturas para cerrar la puerta á todo escalamiento. En las suaves colinas que coronan el barrio de las _Plazas_ se alza el grandioso _Pensionado_ (edificio que perteneció á los Jesuitas) asentado sobre su terraza de verdura, y detras se destacan el _Liceo_, la hermosa torre de la Catedral (cuyo juego de campanas da sus conciertos grátis á cada hora) y las humildes torres de algunas otras iglesias. En el _Bourg_ la cintura de edificios parece formar un segundo baluarte, como si el de la enorme roca no fuese bastante,--baluarte de formas caprichosas, cuya desnudez contrasta con los huertos llenos de verdura que yacen en el fondo del valle y trepan hácia la mitad de la barranca. Allí caracolea el Sarina (dominando por un soberbio puente colgante), límpido, murmurante y risueño. En el fondo tambien se alcanza á ver, en el vértice del ángulo que forma el rio, el extremo de la _Villa-nueva_, donde arrojan sus columnas de humo algunas fábricas y se hallan los molinos y las tintorerías. Levantando la vista sobre las colinas del E. S.-E., que dominan la márgen derecha del rio, se ven sobre alfombras de grama los mas alegres bosquecillos y huertos, y senderos caprichosos cavados en las peñas, y luego se extienden hasta perderse en el horizonte lejano de los Alpes berneses, bajo un cielo sereno y dulce, lustrosas praderas donde pacen los ganados de cria y alegres campiñas donde medran las mieses y numerosos grupos de árboles frutales. Si se mira la península ó roca de Friburgo por el lado opuesto, es decir situándose en la parte superior del rio, el aspecto es enteramente distinto. La ciudad se presenta allí sin solucion de continuidad pero con muy extrañas formas. Es un torrente de casas extravagantes que se desploma desde la cima, como si fuese una catarata de peñascos en lugar de ondas y chorros de agua. En el fondo del valle, que mide á lo sumo 300 metros de latitud, las calles de la _Villa-nueva_ son irregulares, caprichosas, húmedas, de formas modestas ó vulgares. Allí no encontrais sino tenerías, molinos, tintorerías, etc.; pero eso tiene vida, tiene la alegría del valle. Arriba, en todo el flanco de la enorme roca, no se ve sino un _palomar_ habitado por hombres, que parece estar siempre á punto de derrumbarse de un momento á otro. La calle del _Camino-corto_ (si es permitido llamar _calle_ aquel desfiladero) es el centro y la via principal de ese barrio. Desde el borde de la barranca, dominado por la _Torre-maldita_, hasta el fondo del valle, desciende una cuesta ó callejuela sumamente empinada y compuesta de varios centenares de escalones al aire libre, paralelos á un pasadizo análogo de madera. Ambos forman un caracol de encrucijadas violentas, orilladas por casas y casuchas del mas sombrío, revuelto, sucio é inextricable aspecto. De trecho en trecho desembocan otras callejuelas trasversales mas estrechas, que son otros tantos desfiladeros escalonados sobre el abismo. Los techos de las casas correspondientes á la callejuela mas baja sostienen literalmente los cimientos de la inmediatamente superior, esta apoya á los de mas arriba, y así sucesivamente hasta la cima. De ese modo se produce un laberinto de construcciones empatadas unas en otras, y el barrio entero no es otra cosa que una _estratificacion discordante_, ó un monton de peñascos artificiales habitados como cavernas. * * * * * Friburgo posee unos 10,400 habitantes, de los cuales cerca de 600 son reformados y los demas católico-romanos. Sus barrios altos son verdaderamente curiosos bajo el punto de vista artístico, en términos que la ciudad es una de las mas interesantes de Suiza, en ese sentido. Me detendré solo á bosquejar ó mencionar los monumentos mas importantes. Desde luego llama la atencion en el _Bourg_ la Catedral ó iglesia de San-Nicolas, edificada de 1183 á 1500,--monumento de algun mérito interior y muy notable en el exterior por su magnífica torre única, aislada sobre el gran portal. Esa torre, de un estilo gótico severo y grandioso en sus formas superiores y que mide 117 metros de altura, es por sí sola un monumento. Es muy notable la portada, cuyos bajos relieves representan _el juicio final_, cuadro tan favorito de las iglesias de la edad média. El juego de campanas de la torre, de muy variadas _sinfonías_, es acaso el mejor de Suiza. Pero el interes principal para el viajero está en el admirable órgano de la iglesia, obra del artista Aloys Moser, que no tiene rival en Europa, ni en los famosos órganos de Berna y Harlem. Consta nada ménos que de 7,800 tubos, con 64 registros, y sus proporciones son tan enormes que algunos de los tubos miden 10 metros de longitud. Nada mas curioso y romántico que un concierto nocturno de ese coloso de plomo. Todos los viajeros y curiosos que quieren oirlo compran sus billetes para cierta hora, de modo que la catedral se convierte en una sala de concierto. En Suiza, como en Bélgica y otros países, los sacristanes especulan mucho con las curiosidades de las iglesias, lo mismo que en Alemania especulan los príncipes y reyes con sus ricos palacios, los pasaportes y las casas de juego. Eran las ocho de la noche cuando entramos al templo, que se hallaba en absoluta oscuridad. En breve los curiosos ocuparon les asientos; cerráronse las puertas y unos cien espectadores aguardábamos el gran concierto. Los tibios rayos de la luna penetraban horizontalmente por las altas ventanas ogivales, quebrándose en las rejas de alambres y proyectando sobre el inmenso órgano y los arcos, relieves y concavidades de las naves un juego magnífico de sombras irregulares y cintas de luz pálida y suave. Bello contraste con las tinieblas del fondo de la catedral, vasto sepulcro de piedra donde se sentia el reprimido murmullo de los espectadores invisibles! Aquella escena tenia no sé qué de profundamente misterioso y solemne, como una iniciacion masónica ó de _iluminados_. De repente estalló un coro de rumores cavernosos que hizo estremecer el aire, despertó los ecos mas severos en la mole cóncava de piedra y nos obligó á todos no solo á enmudecer sino á suspender la respiracion. La montaña de plomo comenzaba á llenar con su voz múltiple todos los senos de la montaña artificial de piedra. El concierto infinito, remedo de todas las interjeciones, los gritos y lamentos de la Creacion, habia comenzado. Durante una hora la inmensa arpa metálica nos hizo oir todos los ecos, los rumores, los cantos, las sinfonías, las detonaciones de esa arpa viviente de millones de cuerdas siempre vivas y vibrantes, que se llama Naturaleza. Tal parecia como si escuchásemos el sublime, el inefable concierto del Sinay. Ya percibíamos la armonía de coros de voces infinitamente finas, infantiles, como si cantasen cien querubines invisibles desde las profundidades áereas de un mundo beatífico; ya sentíamos la queja lastimera, el gemido amante y profundo, el susurro vago, casi imperceptible, como un soplo del zéfiro. Ora dominaba los ecos el canto religioso de toda una comunidad de monjas ó frailes, que parecia comenzar en el coro mismo y luego alejarse en un interminable claustro; ora el canto de guerra, de caza, de victoria, de muerte, de alegría, de esperanza, de tristeza,--todo alternativa ó simultáneamente y en admirable armonía. Tan presto oíamos el silbido lúgubre del viento, el zumbido de los árboles azotados por la borrasca, el ruido del agua al caer sobre las hojas en tenue lluvia ó en violento aguacero, el estruendo del torrente y la cascada, como la voz del ave que canta, gime ó arrulla, el grito del águila sobre las altas rocas, los indefinibles rumores del bosque umbrío, la vibracion metálica del aire desgarrado por el rayo, los rugidos del huracan y el estallido del trueno retumbante. Unas veces las voces y los ruidos aturdian como si estallaran sobre los tímpanos; otras se alejaban repentinamente ó iban suavizándose por grados hasta desvanecerse cadenciosamente en un eco vago, infinitamente lejano, como si el sonido se perdiese entre los pliegues invisibles del cielo, en los desiertos y abismos del Océano ó en las profundidades recónditas de una selva americana sin fin. Durante un minuto dominaba sola, como un himno divino, una voz de tenor ó de soprano; luego otra de contra-alto, de mezzo-soprano, de barítono, de bajo profundísimo, ó la explosion de un coro de millares de acentos. Ya se sentia la vibracion clarísima de la cuerda ó de la flauta; ya la del clarin, de la corneta-piston, del tambor ó del estrombon. Todo lo que la voz humana puede remedar lo remedan aquellas 8,000 gargantas de plomo, animadas por el alma misteriosa de la armonía y el soplo del aire espiritualizado por la magia del artista. Todos los rumores, ecos, acentos, gritos, detonaciones y voces que la naturaleza puede producir en sus mas sublimes y poéticas manifestaciones,--eternos conciertos de vida y trasformacion ofrecidos á Dios,--surgen con todo el vigor onomatópico posible de aquel enorme pulmon metálico que no cesa de respirar torrentes de armonía, multiplicando sus himnos como el Océano multiplica las secretas leyendas de la Creacion que se agita en su seno; y llegando á veces á tan maravillosa pureza de sonidos, que parece como si cada tubo estuviese recitando un verso, un salmo, ó pronunciando distintamente una plegaria, imprecacion ó sentencia. No léjos de la Catedral vive todavía, en el centro de una plazuela, sostenido por pilastras de piedra y barras de fierro, un venerable anciano de cuatro siglos, que es el monumento mas querido de los Friburgueses. Es un tilo sembrado el dia de la victoria de Morat, en honor del acontecimiento y del combatiente que llevó primero la noticia. Con cuánto amor se sientan al pié del venerable tronco, casi cadáver ya, los hijos de la multitud! Bello y poético culto tributado á la vida, cuatro veces secular! Cerca de la plazuela muestra su sombría cabeza la _Torre-maldita_, donde se guardaban los instrumentos de tortura, verdadera irrision de aquel árbol, símbolo de victoria y emancipacion. Muy cerca tambien están: la _Casa de la ciudad_, el hotel ó _Palacio_ del gobierno cantonal y la graciosa iglesia de _Nuestra-Señora_. Ese templo y los demas que existen en los barrios altos se distinguen por su estilo del Renacimiento, sumamente recargados en su interior de mármoles, dorados, relieves y mil adornos que tanto abundan en todas las iglesias donde los Jesuitas han puesto la mano. Como su sistema consiste en deslumbrar y seducir con exterioridades, decoraciones y cosas de aparato, que hacen de cada templo un _teatro_ religioso y de las ceremonias del culto verdaderas _representaciones_,--sistema muy eficaz sobre el espíritu curioso del infante, la mujer y el anciano, y que pervierte el sentimiento religioso,--los Jesuitas prodigan siempre en sus iglesias los mármoles, dorados y adornos, las decoraciones y banderolas de colores vivos, las pinturas muy animadas, en fin todo lo que tiene colorido y brillo, lo que atrae, seduce y somete el sentimiento religioso á la fascinacion artística, excluyendo la meditacion, evocando lo mundanal y favoreciendo la táctica de la casuistica. No hay país de Europa que yo haya visitado donde estas observaciones no hayan sido confirmadas sin excepcion: en Francia como en España, en Suiza como en Bélgica, en Austria y en toda la Alemania. Es preciso reconocerlo: el Jesuita es un animal muy hábil para su negocio. Por eso, nada hay que él deteste tanto como la sencillez elocuente, sombría, desnuda y solemne de las catedrales ó iglesias góticas. El _Pensionado_ y el _Liceo_ son los mas notables monumentos modernos de Friburgo. El primero es un edificio inmenso y regular que tiene al mismo tiempo las proporciones de un palacio real y el aspecto y las formas interiores de un convento. Allí tuvieron su colegio los Jesuitas hasta su expulsion en 1847. Al recorrer los vastos corredores, las soberbias escaleras y los innumerables salones y aposentos del edificio, no puede uno ménos que admirar el talento y la prevision con que la tenaz Compañía sabe establecer donde quiera su residencia y hacerla seductora para la tierna juventud y la infancia. Hoy están en completo abandono el teatro, el salon de música y otros locales que estaban destinados al placer. El inmenso palacio está desierto, y apénas se encuentra en él una pequeña fábrica de sombreros de paja. Los pájaros negros han hecho su nido en otra parte: acaso en otro extremo del mundo. ¡Extraña asociacion que no sabe suscitar sino la admiracion fanática ó el odio! El Liceo cantonal, especie de Universidad para estudiantes externos, hace honor á Friburgo. En la parte baja se dictan cursos sobre todas las materias profesionales. En los pisos superiores del vasto edificio se encuentran: una hermosa biblioteca de 30 á 40,000 volúmenes, un rico y bien ordenado museo de historia natural, algunas muestras de escultura y varias colecciones muy interesantes de mineralogía, numismática y antigüedades. Pero los mas grandiosos monumentos de Friburgo, los que revelan el espíritu de la época, son sus dos puentes colgantes, gigantescos en todo, que dominan los abismos del Sarina y su afluente vecino. El primero, construido en cuatro meses en 1834 y emprendido por una compañía particular, se compone de dos cables principales de fierro, apoyados en las extremidades contra hermosos pórticos de órden dórico. Esos cables de formidable potencia sostienen todo el peso de la obra y su resistencia fué ensayada con pruebas increibles. Mide el puente de un pórtico al otro 287 metros de longitud, con 7 de latitud y 55 de elevacion sobre el valle del Sarina. El peso del material empleado en fierro y madera es de 200,000 kilógramos y los cables pueden soportar uno de 240,000. La obra, que costó cerca de 370,000 francos, no solo hace mucho honor al ingeniero y á Friburgo, sino que ha sido de gran utilidad para la vida de la ciudad y su comercio. Baste decir que los carruajes que ahora atraviesan el valle en dos minutos, gastaban en otro tiempo una hora en bajar y subir desfiladeros para pasar de un lado al otro del rio. El segundo puente, construido en 1840, domina otro abismo: el profundo vallecito del _Gotleron_, riachuelo que baja al Sarina, despuntando casi la Villa-nueva, por entre un enjambre de molinos. La longitud de ese puente (que no tiene relacion directa con la ciudad) es de 210 metros nomas; pero su elevacion alcanza 97 metros sobre el fondo del vallecito. Si me detengo en estos pormenores no es por manía de hacer descripciones. Repito que no escribo sino para los Hispano-colombianos, y por eso quiero ofrecerles en todo ejemplos provechosos. Friburgo, ciudad pobre de 10,000 habitantes, ha gastado en dos puentes colosales (que son de los mas bellos de Europa en su género) mas de 600,000 francos; y los gobiernos de Hispano-Colombia, con fuerzas enormemente superiores, dejan vegetar en la inaccion á los pueblos por falta de obras semejantes, en tanto que gastan millones y millones en soldados y en tener á sueldo las rebeliones de cuartel ó de sacristía. Y cosa extraña y que entristece!--esos admirables puentes colgantes no son otra cosa que plagios fecundos que el ingeniero de Europa hace de los puentes que nuestros indígenas inventaron hace siglos. Pero el europeo reemplaza las fuertes pero poco durables lianas con el hierro, el bambú con la tabla de abeto, y el árbol que sustenta el puente con el poderoso estribo de calicanto donde agarra el cable; y la invencion se civiliza y ennoblece. ¿Y qué hacemos los Hispano-colombianos respecto de los europeos? Olvidamos sus grandes invenciones ó aplicaciones útiles, y solo pensamos en plagiar las paradas militares, hacer con nuestros dictadores caricaturas de soberanos, y remedar las modas, el lujo, las vanidades y los vicios de las sociedades europeas. * * * * * A distancia de hora y media de Friburgo visitamos un _monumento_ extraño, de las mas curiosas formas: la ermita ó gruta de la _Magdalena_. Ella prueba que el hombre, cuando no tiene humor ni fuerza para _destruir_, se suele entretener por lo ménos en _crear_ estorbos ó cosas inútiles. Despues de atravesar risueñas campiñas regularmente cultivadas, descendimos del coche para bajar á pié por un sendero montuoso, entre bosques de avellanos y hayas, hasta la cima de un enorme peñasco de caliza estratificada, abrupto y severo, que domina la márgen derecha del Sarina. Es en el seno de ese peñasco que se encuentra la gruta. Desde hace algunos siglos álguien, muy tonto y desocupado, se entretuvo en cavar la gruta sobre el borde del abismo. Un solitario mas tenaz, piadosamente ocioso, ensanchó la _obra_ y la completó, hácia fines del siglo XVIII, trabajando con solo un compañero por espacio de veinte años. Juan Dupré de Gruyères (así se llamaba el romántico _arquitecto_) convirtió así la gruta, por sustraccion de materia, en una ermita monumental. Un estrecho pasadizo abierto en un relieve de la roca da entrada del bosque de hayas que cubre el terreno al interior de la ermita, por una cavidad que tiene los honores de puerta. Allí vive un pobre viejo, cuyo dialecto aleman incomprensible equivale á la mudez; pero sus gestos son expresivos. Su vida consiste en hacerle á cada curioso la misma explicacion, presentarle un viejo registro para que firme y recibir la propina. Todo en el interior es triste, romántico y curioso. Los dos zapadores de la roca ó artistas en arquitectura negativa lograron, á fuerza de inaudita labor de demolicion, practicar en el corazón de la peña una iglesia de 20 metros de longitud, 11 de latitud y 7 de altura, con su campanario que mide 22 metros de elevacion. Ademas, una cocina con su chimenea de 29 metros que arroja el humo en medio del bosque superior, un refectorio, una gran sala, sacristía, dos gabinetes, varias celdas, algunas ventanas que dan vista al enorme abismo y las campiñas circunvecinas, una caballeriza, en fin un sótano donde se encuentra un manantial de agua deliciosa. Qué de trabajo empleado allí! Es curioso ver en todos los muros interiores innumerables y embrolladas inscripciones escritas por los viajeros ó visitantes, unas reducidas á la simple firma (entre las cuales noté el nombre de Alejandro Dumas y de otros hombres célebres), otras exornadas con versos, sentencias y exclamaciones en todos los idiomas. Algún español hubo de visitar la ermita, porque en un muro alcancé á ver cierta interjeccion característica. Al asomarse por alguna de las _ventanas_ se descubre al frente un bellísimo paisaje, pero se siente vértigo al sondear con la mirada el abismo. El Sarina se desliza en el fondo, limpio y silencioso, á mas de 100 metros de profundidad. Si en el primer momento no puede uno ménos que hacerse la reflexion que he apuntado sobre la inquietud del espíritu del hombre, al salir de la ermita y aspirar de nuevo el aire embalsamado del bosque y las praderas, sabiendo ya que la obra se debe al trabajo paciente y prodigioso de un solitario, infatigable en cavar durante veinte años, tambien se dice uno con orgullo y consuelo: Si el genio humano y el trabajo pueden producir una obra tan notable en lo inútil, qué no han de producir cuando los inspira una idea fecunda y una gran necesidad de creacion! * * * * * CAPITULO IX. EL CANTON DE BERNA. De Friburgo á Berna.--Los artistas y artesanos viajeros.--Topografía del Cantón.--Historia de la república bernesa;--su poblacion é instituciones.--Producciones, industria y objetos mas notables.--La ciudad de Berna;--sus institutos y curiosidades. El trayecto que media entre Friburgo y Berna, que se hace en ménos de cuatro horas, no ofrece bajo el punto de vista social nada que interese la curiosidad del viajero. Desde que se deja la primera de esas ciudades desaparece toda huella de la raza que puebla los cantones meridionales antes recorridos. La raza germánica, aunque no muy pura, impera sola y se manifiesta donde quiera: en las costumbres, las instituciones, la vida social y política, la estructura de las localidades y cuanto puede ser característico. Lo que seduce al viajero en el tránsito de Friburgo á Berna es el encanto del panorama que le rodea, de una variedad deliciosa. Es tal la belleza de las campiñas, y su aspecto indica de tal modo el modesto bienestar de las poblaciones y el genio campestre ó agrícola que las domina, que el ojo no se cansa de admirar los sitios pintorescos y las ondas caprichosas de aquel mar de verdura extendido sobre enjambres de colinas, vallecitos profundos, planicies en miniatura y faldas de contornos risueños, dividiéndose en suaves planos inclinados que descienden en todas direcciones. En toda esa sucesion, de planicies, valles y colinas ó pequeñas montañas, cuyo conjunto parece formar un inmenso jardin ó parque inglés, alternan en la mas graciosa armonía limpios arroyos saltadores, perdiéndose en medio de rocas hundidas entre abismos de verdura; espesos bosques de abetos, hayas y encinas, á veces de tan admirable regularidad natural, que parecen como decoraciones de ópera en un teatro sin límites; lustrosas praderitas sobre cuyas alfombras hacen contraste en algunos puntos los terraplenes y puentes de un ferrocarril; alegres cortijos que se muestran á la vera del camino, casi invadidos por las bóvedas umbrías de los bosques de abetos; en fin, numerosas casas rústicas trepadas sobre las lomas, en medio de hortalizas, árboles frutales, plantaciones de cereales y rebaños de ganados diversos, redondos y lustrosos como las lindas lomas en que pacen. Todo eso tiene un encanto indefinible, un aspecto de dulce tranquilidad, de candor y bienestar que seduce ó halaga como una égloga viviente. Si las ondulaciones del terreno producen una constante sucesion de subidas y bajadas, que le van procurando al viajero mil sorpresas agradables, las vueltas del camino contribuyen tambien á los cambios instantáneos de paisaje y horizonte. Unas veces la diligencia rueda suavemente por entre tupidos bosques, basílicas perfumadas de verde y blando tapiz y elegantísima techumbre, donde la mirada se siente como aprisionada entre artesonados de verdura aérea coronando interminables columnatas de color gris ó rojizo, como parecen los mástiles de los abetos y pinos; otras se desciende al fondo de un estrecho vallecito lleno de aromas y rumores salvajes, ó salpicado de _chalets_ y sementeras, ó colmenas de abejas domesticadas, que le dan el aspecto de un huerto caprichoso y variado; otras, en fin, al trepar á una eminencia, sobre alguna de las mas altas montañas, ó al pasar por delante de una abra de los grupos ó cordones que las forman, se registra un vasto horizonte que abarca toda la Suiza central, y se ve á lo léjos, al S.S.-E., el grandioso anfiteatro de montañas graníticas y nevadas de los Alpes berneses. En una de esas eminencias de la via, miéntras que la diligencia hacia un relevo, vímos pasar algunos jóvenes, modestamente ataviados, que viajaban á pié, cada cual con su maleta sobre la espalda y su baston en la mano. Creímos en el primer momento que aquellos viajeros de infantería serían meros _amateurs_ de excursiones á pié, como hay tantos en Suiza, donde las bellezas del país y las facilidades de comunicacion convidan á esa clase de peregrinaciones, indispensables para el naturalista y las mas fructuosas y económicas para los estudiantes y _turistas_ pobres y curiosos. Pero uno de los suizos que nos acompañaban en la diligencia nos dijo que los jóvenes viajeros pedestres no eran sino artistas ó artesanos peregrinos, que viajaban grátis conforme á una institucion particular que solo existe en Suiza y aun en algunos Estados alemanes. La institucion es curiosa en efecto, porque manifiesta no solo la organizacion que tiene la industria en la mayor parte de los cantones suizos (todavía sometida en ciertos ramos al sistema de _compañías_ ó _gremios_ privilegiados), sino tambien el espíritu de fraternidad que predomina en las poblaciones confederadas. Cuando algun jóven ha obtenido su diploma que lo reconoce como miembro de alguno de los gremios de artistas ó artesanos, si no encuentra colocacion ventajosa en la ciudad de su domicilio, ó si quiere procurarse una mejor en otra parte, se echa á viajar á pié de ciudad en ciudad, y su diploma le da el derecho de obtener gratúitamente la hospitalidad y los auxilios necesarios en los lugares del tránsito, en las casas campestres de la via y en la ciudad misma donde se detiene á ejercer su industria, arte ú oficio, miéntras carece de colocacion. La explicacion que nos dieron de tan bella institucion (que según creo es obra de las costumbres tradicionales y no de las leyes) nos causó vivo placer, haciéndonos hasta cierto punto excusar el vicioso régimen de los gremios, en gracia de ese noble espíritu de fraternidad y hospitalidad. * * * * * El canton ó Estado de Berna es bajo todos aspectos el mas importante y respetable de la Confederacion, no obstante que ocupa el octavo lugar en el órden ó rango histórico de los cantones, por la fecha de su ingreso á la confederacion primitiva. Su territorio, el mas extenso de la Suiza entera, es relativamente enorme, y su topografía sumamente variada y de muy bello aspecto. Divide casi toda la Confederacion en dos partes, la una al S.-O., casi totalmente compuesta de poblaciones de lengua, costumbres y tradiciones francesas, y la otra al N.-E., completamente germánica por sus elementos históricos y sociales. Al N. el territorio bernés parte límites en una extensa línea con Francia, penetrando por una punta al Franco-condado, en direccion al alto Saona, en medio de los departamentos franceses de Doubs y el Alto Rin. Del lado opuesto, hácia el S. y S-E., ese territorio arranca en la extensa línea de colosales nevados de los Alpes que separan las hoyas del Ródano, el Aar y el Reuss, y de este modo parte límites con los cantones de Vaud, Valles y Urí. Al E. y N. se extienden sobre las fronteras de Berna los cantones de Urí, Unterwalden, Lucerna, Argovia, Solera y Basilea, describiendo con sus contornos una línea sumamente irregular y angulosa; miéntras que al S., S.-O., O., N.-O, y N. toca sucesivamente con los cantones de Vaud, Friburgo y Neuchâtel y el territorio frances. El canton de Berna mide dentro de las fronteras unos 150 kilómetros de longitud, de S. á N., por cerca de 50 de anchura média, conteniendo 9,545 kilómetros cuadrados de superficie. Extendiéndose desde las mas colosales alturas de los nevados de los Alpes suizos hasta las faldas occidentales de las montañas del Jura, el canton de Berna contiene en sí solo todos los elementos y todas las variedades de la geología, la topografía, la hidrografía, la flora y la fauna de Suiza,--sea en la admirable region de intrincados laberintos graníticos de los Alpes, sea en las bellas y benignas comarcas del centro (de planicies ondulosas, fértiles y pobladas), y las montañas calizas y de mas benigno clima que las alpinas, que componen la cadena del Jura. La parte meridional ó alpina se llama _Oberland_, miéntras que la setentrional ó jurásica tiene el nombre general de _Leberberg_. Si la variedad topográfica favorece tanto en Berna la variedad de climas y producciones, la de su hidrografía le da no solo las condiciones mas grandiosas y pintorescas sino tambien considerables ventajas de navegacion. Así, por una parte cuenta con las aguas del Aar propiamente dicho y de varios afluentes importantes, como el Sarina, el Thiela, el Emmen y el Simmen, navegables en mucha parte por balsas y pequeños botes y canoas; y por otra se sirve de los bellos lagos navegables de Brienz y Thun, enteramente encerrados en el territorio bernés, y de los de Neuchâtel y Biena, en cuyas riberas tienen participacion otros cantones. La agricultura propiamente dicha, la ganadería y el corte de maderas son los elementos principales de riqueza y prosperidad y de vida social en el canton de Berna. En las regiones montañosas el territorio está cubierto de inmensos bosques de abetos, hayas, pinos y otros árboles de construccion, que se explotan en vasta escala, aprovechando todas las corrientes considerables para hacer bajar hasta el Rin central las maderas del interior; pero esas florestas de inagotable fecundidad están donde quiera entrecortadas, á alturas mas ó ménos considerables, por extensas praderas naturales, donde pacen numerosísimos rebaños, principalmente vacunos, que son la base de una valiosa exportacion de ganados de raza muy afamada en Europa, y de quesos superiores cuyo valor monta á muchos millones. En las regiones bajas ó centrales la agricultura bernesa, muy esmerada pero insuficiente para el consumo interior, se divide en tres órdenes principales, perfectamente determinados por la naturaleza: en el fondo de los valles lacustres y fluviales de temperatura suave, medran y prosperan las viñas sobre las riberas; en las planicies y colinas demoran donde quiera enjambres de cortijos, que reunen el cultivo de todos los cereales, las plantas filamentosas de Europa, las legumbres, los árboles frutales, la cria de abejas, etc.; en fin, en las bajas montañas que surcan esas mismas planicies se explotan igualmente los bosques de abetos, encinas, hayas, etc., y se ven no pocos rebaños de ganado mayor y menor y hermosas yeguadas muy estimadas en Europa. El Canton de Berna no es únicamente agrícola. Su comercio es considerable. Explota minas de fierro, plomo y cobre, algunas de hulla (en la region del Jura) y numerosas canteras de mármoles y piedras diversas. En cuanto á la fabricacion, consiste principalmente en tejidos de lino y algodon, sederías, cueros curtidos y labrados, destilacion de licores, artículos de fierro y cobre, relojería (en los distritos del Jura fronterizos del canton de Neuchâtel), sombreros finos de paja y preciosas esculturas en madera (juguetes, curiosidades, etc.) que constituyen la industria de los pastores artistas del Oberland. Es curioso observar á este propósito que las manos mas toscas al parecer, por ser las mas rústicas, son precisamente las que en Berna y otros cantones suizos fabrican los objetos artísticos mas delicados. Así, los rudos y candorosos pastores que han pasado el verano y principio del otoño sobre montañas encumbradas, fabricando quesos y guiando sus rebaños por en medio de precipicios y bosques salvajes, al aproximarse el invierno (hácia el mes de octubre) descienden de sus praderas y bosques á convertirse en artistas. Con sus manos callosas y rudas fabrican entónces, al derredor del hogar, unos, en Berna y otros cantones análogos, una infinidad de objetos primorosos de madera, cuerno, marfil, hueso, etc., que el viajero admira y solicita, por la gracia de su composicion, la originalidad de las formas, la delicadeza de ejecucion, la exactitud perfecta de imitacion de los animales, montañas, habitaciones, etc., etc.; y otros, en los cantones de San-Gall y Appenzell, ejecutan labores de otro género, produciendo esos admirables encajes, bordados y tejidos de mano que todas las mujeres de gusto solicitan en Europa como verdaderas obras de arte y de lujo. ¿Quién les enseña esa habilidad artística á los toscos y sencillos pastores de las montañas suizas? Nadie, al ménos en lo mas esencial. ¿De dónde les viene su inspiracion caprichosa y admirablemente fiel? La naturaleza y el hábito lo hacen todo. La constante contemplacion de los nevados, los abismos, las cascadas, los torrentes, los bosques solitarios y salvajes, los ganados de cria, los cuadrúpedos y pájaros silvestres, los sublimes ó risueños paisajes que rodean los _chalets_, y todas las obras de esa incomparable y fecundísima artista que llamanos Naturaleza;--esa contemplacion, digo, y el espectáculo del cielo, y las armonías de mil rumores preñados de misterio y poesía, no pueden ménos que inspirar al pastor de los Alpes, del Jura y otras montañas, ese genio artístico que le permite fabricar objetos cuya gracia y finura maravillan al viajero. El canton de Berna, á pesar de ser tan montañoso, se distingue por sus numerosas y excelentes vias de comunicacion. No solo tiene buenas carreteras en todas direcciones, y en las montañas muy quebradas buenos caminos de herradura, sino que ademas de la navegacion á vapor en los lagos y el Aar, ha establecido ferrocarriles que mantienen comunicaciones fáciles y baratas respecto de Francia y casi todos los cantones limítrofes. * * * * * La historia del Canton de Berna se confunde en sus rasgos mas notables con la de toda la Confederacion, en cuya balanza ha tenido siempre un peso muy considerable la política bernesa. En lo demas tiene analogía muy estrecha con la historia de Friburgo. El orígen de la república de Berna, como de casi todos los cantones, fué bien humilde. Hasta fines del siglo XII el país que hoy pertenece al Estado era un enjambre de dominios ó señoríos feudales, cuyos nobles propietarios vivian como bandidos, cometiendo depredaciones de todo género bajo la autoridad superior de las emperadores francos. El propósito de poner á las poblaciones á cubierto de esas violencias animó al duque Bertoldo V de Zahringen al fundar una pequeña ciudad fortificada, de constitucion libre, al derredor del castillo de Nydeck, sobre la bella península que determina en la planicie ondulosa el curso tortuoso del Aar. El duque, en una de sus cacerías, habia muerto un oso en aquel sitio, y en recuerdo del incidente le dió á la nueva ciudad el nombre de _Bern_, derivado de _Boer_ que en aleman significa oso. En su principio Berna estuvo reducida á la ciudad libre y un territorio muy pequeño en derredor, formando una colonia aislada y expuesta a muchos ataques; pero sus instituciones libres y su excelente posicion atrajeron inmigrantes numerosos; la ciudad se ligó con otros pueblos vecinos por medio de alianzas y pactos de fusion, y gracias á esto y á varias conquistas sucesivas, mas ó ménos audaces, al cabo de tres siglos (á partir de 1,191, época de la fundacion) el país vino á ser una República aristocrático-patricia muy poderosa, que hizo respetar su independencia y extendió su dominacion hasta los cantones de Vaud, Argovia y otros. Berna adquirió en esos tiempos gran reputacion militar, primero sola ó aliada á Friburgo y otros países, despues confederada con los cantones de la liga fundamental; y sostuvo constantemente luchas muy violentas y gloriosas para los Berneses, ya contra los emperadores de Alemania y los duques de Austria, ya contra las coaliciones de otros príncipes y señores feudales, algunas formidables. Si en su orígen Berna fué una ciudad de gobierno comunal ó democrático, su engrandecimiento modificó tan notablemente su política, que el poder se halló al cabo concentrado en manos de unas pocas familias de patricios; en tanto que los paisanos se hallaban respecto de los nobles propietarios en una situacion análoga á la de los siervos de Rusia, Austria, Alemania, etc. La revolucion francesa y la invasion de 1798 cambiaron ese estado de cosas. Berna perdió conquistas muy importantes, por la independencia de Vaud, Argovia y otros países; las instituciones democráticas triunfaron en la Constitucion y las leyes; los paisanos quedaron emancipados, y la nobleza perdió sus títulos y privilegios. Sinembargo, la reaccion recuperó el poder en 1814, apoyada por la coalicion europea; la Confederacion se reorganizó conforme á bases conservadoras, y la aristocracia bernesa, ya que no logró restaurar todo lo que habia perdido en cuanto á posesiones, volvió al poder y al goce de privilegios políticos muy importantes. Pero la segunda revolucion francesa hizo sentir tambien su contragolpe en Suiza. El pueblo se levantó y triunfó, y el 31 de Julio de 1831 quedó aceptada una constitucion que consagró el reinado de la democracia. Se reconoció la soberanía popular, el sistema representativo, la igualdad de todos los ciudadanos y la libertad de la prensa, los cultos, la industria, la peticion y asociacion, el tránsito, etc., y la garantía de la seguridad individual. Desde entónces el canton de Berna entró resueltamente en la via de la libertad y del progreso, y el triunfo del radicalismo sobre el _Sonderbund_ completó para los Berneses la regeneracion política. Su Constitucion actual, que data de 1846, es mucho mas liberal que la de 1831, y tiene grandes analogías con las de los otros cantones radicales de cuyas instituciones he tratado anteriormente. La inmensa mayoría de la poblacion de Berna se compone de protestantes reformados pertenecientes á la raza germánica. Así, en 1850 habia en el canton 458,301 habitantes, de los cuales 403,768 eran reformados, 54,045 católico-romanos y 488 judíos. En 1860 la poblacion se ha elevado al número total de 468,515. Un aumento tan pequeño en 10 años (10,214 individuos) en un Estado tan libre y próspero como el de Berna, no es explicable sino por la corriente constante de la emigracion, que busca en el Nuevo Mundo tierras ménos ingratas y de mas amplio porvenir que las de Suiza. En cuanto á la proporcion de las razas en el canton de Berna, la germánica absorbe las nueve décimas partes de la poblacion, poco mas ó ménos, hallándose concentradas en la region del Jura todas las poblaciones que corresponden al grupo frances ó franco-helvético. Se hablan, pues, las dos lenguas en el país, aunque en proporcion enormemente desigual, y el aleman es el idioma oficial, si bien es cierto que las gentes de buena educacion hablan indiferentemente aleman y frances, como lo exige la promiscuidad de esos idiomas en la literatura, la legislacion, el periodismo y las costumbres de la Confederacion. Sinembargo, no puede decirse en rigor que lo que hablan los Berneses en su gran mayoría es aleman, sino mas bien un dialecto de la opulenta y complicada lengua alemana, mucho mas análogo al que se habla en las comarcas del Danubio que al aleman castizo de las bajas regiones de Hanóver, Brémen y Berlin. El canton de Berna ofrece, en mayor escala que ninguno otro de la Confederacion, la prueba evidente de lo que constituye el secreto de la prosperidad de las sociedades modernas: instruccion pública y vias de comunicacion. Por lo que hace á la primera, sus progresos son admirables, y el canton de Berna, como el de Ginebra, puede figurar en el mundo como un Estado modelo, digno rival de Prusia ó del Estado americano de Nueva-York. En efecto, los Berneses han comprendido la lógica de los deberes sociales, reconociendo que, si el interes de la instruccion primaria es altamente político y social, desde el momento en que la sociedad interviene en la materia, concediendo la enseñanza popular gratúita, es inevitable hacer obligatoria la instruccion, como lo son el servicio militar de todos los ciudadanos, el pago de las contribuciones, etc. La asistencia á las escuelas populares en cierta edad es, pues, obligatoria en el canton de Berna. Ya desde 1830 la comunion protestante por sí sola tenia en servicio 700 escuelas (hoy hay cerca de 800) en las cuales recibian instruccion anualmente 70,000 alumnos. En la actualidad, computadas las escuelas de las diversas comuniones religiosas, no hay en el Canton ménos de 900, con un total de alumnos que excede en mucho de la quinta parte de la poblacion de la República bernesa. Si á estos hechos y á la existencia de tan numerosas y excelentes vias de comunicacion de todo género, se agrega que el Canton posee una bella universidad y multitud de colegios y escuelas superiores, unas literarias, otras profesionales, politécnicas ó normales, y si se tiene en cuenta el gran número de hospicios, hospitales y otros diversos establecimientos de beneficencia, que prestan los mas eficaces servicios, se vendrá en conocimiento de que la prosperidad y el grado tan notable de civilizacion que ha alcanzado el canton de Berna se debe á la feliz combinacion de las instituciones libres, la propagacion de la instruccion, las vias de comunicacion activa, la beneficencia y los institutos de economía ó prevision, que mantienen la moralidad en las costumbres, elevan la dignidad y la conciencia del pueblo, hacen efectiva la igualdad, en lo posible, socorren al desvalido y favorecen el desarrollo de la industria, el comercio y todos los elementos de riqueza y bienestar. El sistema fiscal del canton de Berna es muy análogo al de Friburgo, y llama la atencion tambien por la curiosa institucion del aseguro forzoso de las casas, á cargo y en provecho del Estado. En 1836 las rentas alcanzaban á la suma de 3,912,390 francos (782,478 pesos) y los gastos anuales eran algo menores. Hoy las rentas y los gastos exceden ordinariamente de 900,000 pesos, suma bien reducida si se la compara con los beneficios ó ventajas de una excelente administracion que favorece todos los intereses. * * * * * La capital del Canton y de la Confederacion es, sin disputa, la mas bella ciudad de Suiza, no obstante que carece de las ventajas de perspectiva pintoresca y poética que los lagos procuran á otras ciudades muy graciosas, tales como Ginebra, Losana, Neuchâtel, Lucerna, Zuric, etc. La posicion elevada de Berna, tan análoga á la de Friburgo, le ofrece al mismo tiempo los mas elegantes contornos en su estructura, y en derredor un panorama inmenso, variado y hermosísimo. Del lado N.-O. la planicie se extiende y ensancha indefinidamente en una vasta sucesion de campiñas alegres y esmeradamente cultivadas. Es de ese lado que se hallaban las fortificaciones de la ciudad hoy demolidas, donde se encuentra la estacion de los ferrocarriles que giran hácia Friburgo, Solera, Lucerna, Zuric y Thun, y á donde afluyen las carreteras principales. Por allí abundan los bellos jardines, las hermosas y elegantes quintas, los parques y verjeles. Despues, el asiento de Berna se avanza rodeado por el Aar en forma de península, de manera que de cualquier punto de los bordes de la ciudad se ve en el fondo el precioso vallecito donde se atropellan en un lecho profundo las ondas azules del clarísimo rio, dominadas por muros de verdura. La altura de Berna sobre el nivel del Aar es de 76 metros, tomada en el Observatorio, miéntras que la del fondo del estrecho vallecito es de 507 metros sobre el nivel del mar. Si se tiende la vista en derredor, desde lo alto de la Catedral ó del Observatorio, no solo se registra la encantadora region de las planicies, que se extiende en todas direcciones, sino tambien, y esto es mas interesante por su majestad y hermosura, la cadena de nevados soberbios del Oberland, desde las alturas meridionales de _Stockhorn_ (2.356 met.) hasta las orientales de _Wetterhorn_ (3,718 met.), pasando por un cordon de colosos resplandecientes, tales como el _Jungfrau_, que mide 4,175 metros de elevacion, y el _Finsteraarhorn_ todavía mas elevado. Ese espectáculo, contemplado así de léjos y de frente, es de una grandiosidad que embelesa y llena el alma de admiracion y recogimiento, y que, por el contraste que hace con las planicies de la hoya del Aar, completa uno de los mas sublimes panoramas que la Europa continental puede ofrecer. Sinembargo, hay algo superior á esas magnificencias, como pocos dias despues tuvimos ocasion de admirarlo desde la cima del monte Righi. Lo primero que llama la atencion al recorrer las calles principales de Berna, elegantes, limpias y muy animadas en lo general, es la curiosa estructura de sus viejas arcadas en la gran via central y otras adyacentes. Casi todo lo que la ciudad tiene de mas curioso y característico se encuentra reunido en la parte central. Casi todas las calles giran paralelamente de oriente á poniente, en la direccion de la península, cortadas generalmente en ángulos rectos; y los edificios tienen todos mucha analogía en sus formas y el color pardo de sus piedras. Todas las calles están surcadas por cañerías cubiertas que proveen las fuentes públicas de aguas abundantes y puras, y esas fuentes tienen todas cierto carácter que las hace muy curiosas, por las figuras de caballeros antiguos y animales feroces que representan. La gran calle central es interesante bajos diversos aspectos: allí todas las casas reposan ó se avanzan sobre extensas y sombrías arcadas de mampostería ó bastiones muy macizos, de unos ocho piés de latitud y muy bajas, donde circula todo el mundo á cubierto del sol y de las lluvias. Es allí donde están aglomeradas las tiendas de comercio, exhibiendo en gracioso desórden todos los objetos mas notables de la industria bernesa. Como la calle misma sirve de mercado en ciertos dias, y allí se encuentran casi todos los hoteles ó fondas de la ciudad, se produce un movimiento social que abunda en interes, colorido y variedad. En efecto, por una parte llama la atencion el cruzamiento de diligencias, ómnibus y sillas de posta que llegan á cada momento á derramar á las puertas de los hoteles y de la casa de Correos y Postas sus contingentes de viajeros de todos los países, correspondientes por lo mismo á los mas diversos tipos. Por otra, interesan mucho al extranjero los grupos de campesinos que estacionan á orillas de la calle y al derredor de las fuentes, vendiendo sus frutas y provisiones: gentes de fisonomías candorosas y amables, sobre todo las mujeres, ataviadas del modo mas original. Las campesinas en casi todo el Canton, y las mujeres de las clases subalternas en la capital, se hacen notar por un vestido que no carece de algunas analogías con los que se usan en Holanda, pero que en Suiza es infinitamente mas gracioso. Como los tipos mas elegantes y curiosos los vímos en Interlaken y Grindelwald, reservo la descripcion de esos vestidos nacionales para el capítulo siguiente. Si el movimiento de las gentes que circulan en la calle es curioso en un sentido, el de las que hormiguean bajo las arcadas y visitan las tiendas no es ménos entretenido Allí se codean: el indolente y espiritual frances, haciendo comentarios que revelan su eterno buen humor; el inglés vestido como un dandy, grave, tieso, altivo, maravillado de todo lo que ve, pero muy reservado en sus manifestaciones el aleman de las ciudades, locuaz hasta el prodigio, armado de su enorme pipa de porcelana y tubo de madera por donde arroja torrentes de humo, descuidado, brusco y casi primitivo en sus maneras, pero bondadoso y amable hasta hacerse perdonar sus toscos modales; la bernesa elegante, de rubia y hermosa cabellera, pero de fisonomía poco expresiva y belleza muy dudosa; en fin, el negociante activo, negligente en el vestir y preocupado solo con sus compras ó ventas. Cada tienda es en realidad un pequeño museo, desde la de relojes superiores, cronómetros é instrumentos de precision, ó de bonitas joyas de las fábricas nacionales, hasta la tienda que no contiene sino canastos de todas las formas y tintas imaginables, ó muñecas y juguetes de toda clase. En una de esas tiendas no encontrareis sino encajes y bordados primorosos de produccion nacional, ó sombreros muy finos y elegantes de paja blanca ó amarilla, ó canastillas de obras de arte. En otra vereis solamente estampas, grabados y mapas en relieve que os ofrecen la fiel reproduccion de todos los panoramas suizos, de todos los tipos y monumentos nacionales, y las vistas en fotografía, ó grabadas ó iluminadas con esmero, ó al óleo, de todos los paisajes interesantes, las ciudades, los lagos, las montañas, etc.; ó bien encontrareis inagotables surtidos de curiosidades artísticas del Oberland, tan graciosas, originales ó tentadoras, que el mas repleto bolsillo corre buen riesgo de quedar vacío en veinte minutos, si el viajero no sabe reprimir su entusiasmo por todas esas futilezas primorosas. En fin, si os interesan las ciencias naturales, hallareis tambien almacenes donde comprar las mas variadas colecciones de muestras de cristales, mármoles, etc., álbums de flores y plantas disecadas, cuadrúpedos y aves hábilmente preparados para los museos, y mil otros objetos que el viajero curioso se complace en recoger donde quiera. Berna es una ciudad bastante considerable, al ménos en proporcion al país, y por su poblacion es la tercera capital de Suiza, despues de Ginebra y Basilea. En 1860 tenia Berna 29,010 habitantes, casi en su totalidad de raza germánica, de los cuales solo 1,500 eran católicos. Relativamente a sus proporciones es una capital muy rica en establecimientos públicos estimables, entre los cuales citaré la Universidad, el Liceo académico, el Gimnasio literario, la Escuela politécnica, la Escuela de sordo-mudos, el Observatorio astronómico, una hermosa Biblioteca de la ciudad con 40,000 volúmenes y 1,500 manuscritos, la Biblioteca medical (7,000 vol.), el Jardin de plantas, y un excelente museo mixto de historia natural, mineralogía y cuadros de pintura: todo eso por lo que hace á la instruccion pública, sin contar las escuelas primarias y algunas pensiones particulares. Si atendemos á los institutos de beneficencia y de servicio oficial de la ciudad ó del gobierno cantonal, son muy notables: el Arsenal cantonal, con una hermosa coleccion de armas y armaduras antiguas, el Banco de préstamos, la Caja de aseguras contra incendios, la Casa de moneda, que acuña tambien para muchos otros cantones de la Confederacion, la Casa de reclusion ó de forzados, en que caben 400 detenidos y que es una de las mejores de Europa, en su género, la Casa criminal de detencion, el Granero público de la ciudad, la Fábrica de pólvora, cuyos productos son de los mejores de Europa, y en fin algunos bellos hospitales ricamente dotados. Esa abundancia de establecimientos públicos excusa en cierto modo una extravagancia peculiar de los Berneses, que no carece de originalidad como símbolo del sentimiento nacional. Me refiero al _Hoyo de los osos_, encanto y orgullo de los ciudadanos de Berna. En esa ciudad tropieza uno con un par de osos de piedra á la vuelta de cada esquina, al pié de las fuentes públicas, de la estatua de Bertoldo V en la plaza de la catedral, y en cuantos lugares ofrecen ocasion para ostentar el símbolo tradicional, como en las puertas de la ciudad y las fachadas de los monumentos ó edificios oficiales. Pero los Berneses, cuyo nombre les da parentesco con los osos, no se han contentado con tributar culto al animal, en pintura ó escultura. La ciudad mantiene con sus rentas tres ó cuatro grandes osos negros, en una fosa circular situada en la márgen derecha del Aar, y la manutencion de los feroces brutos le cuesta no poco dinero al vecindario. Todas las tardes vecinos y forasteros corren á contemplar á los salvajes prisioneros, admirar sus gracias é inteligentes evoluciones de todo estilo, y obsequiarlos, según la predileccion de cada cual, con bizcochos y golosinas. Cada oso tiene su nombre y sus partidarios: los Berneses los admiran con deleite como maravillas, y el extranjero que se atreviese a burlarse de la _institucion_, ó á injuriar á un oso ó negarle sus méritos, sería mirado como enemigo del país y del honor nacional. La industria de Berna es notable por su fabricacion de armas de fuego superiores, instrumentos de precision, máquinas y aparatos, sombreros finos de paja, papeles y cueros curtidos. En cuanto á sus monumentos, aparte de las curiosidades del _Lauben_ (la calle de las Arcadas) lo mejor de la ciudad es: su bella y muy elegante catedral gótica, el espléndido palacio federal (donde funcionan los Poderes de la Confederacion), y el puente de _Nydeck_, sobre el Aar, obra de arte bien notable, de granito y gres, que costó 600,000 pesos. La catedral tiene todo su mérito en el exterior, ó mejor dicho, en la fachada y su torre única, de 62 metros de altura, de un gusto delicioso y muy seductor. Ese interesante monumento data del siglo XV y muestra las tendencias de trasformacion ó transicion hácia el Renacimiento que dominaron generalmente en la arquitectura gótica de ese tiempo. Como la catedral está destinada al culto reformado, carece en el interior de todo atractivo, y su desnudez no es disimulada sino por una serie de escudos heráldicos alusivos á la historia de Berna y un órgano monumental que casi rivaliza al de Friburgo. * * * * * CAPITULO X. LA REGION DEL OBERLAND. De Berna á Thun.--Una reflexion sobre la civilizacion moderna.--La villa de Thun.--Magnificencias de su lago.--Unterseen é Interlaken.--El tipo de las paisanas.--El Lütschina.--Grindelwald.--Las neveras y sus grutas.--Escenas sociales.--La vida campestre. Al tomar el tren que debia conducirnos por el ferrocarril que gira de Berna á Thun, atraidos por el interes del Oberland y sus lagos, fuímos agradablemente sorprendidos por un sistema de _wagones_ ó carruajes que no conocíamos aún, y que mas tarde hallamos adoptado en otros cantones suizos, así como en Wurtemberg y otros Estados alemanes. Era simplemente la aplicacion, en pequeña escala, del sistema de comunidad democrática que, como es sabido, existe en los ferrocarriles de los Estados Unidos de América. En Berna los wagones suntuosos de Alemania, llamados de _primera clase_, no tienen cabida, y casi todas las gentes de buena sociedad entran en los de segunda. Estos son wagones inmensos, con dos filas de asientos arreglados como las bancas de un teatro, separadas por un pasadizo por donde circulan los viajeros y los empleados conductores que mantienen la vigilancia. En vez de los ocho ó diez viajeros que van encerrados en los wagones de Francia, Inglaterra, etc., en Suiza se reunen cuarenta, cincuenta ó mas en un solo carruaje, y el viajero curioso de observar el país puede salir a la pequeña plataforma que se halla entre cada dos wagones y desde allí contemplar con arrebato ú embeleso las magnificencias del paisaje. El sistema de ese viaje en comun tiene la doble ventaja de mantener la vigilancia de los conductores, á fin de que los viajeros no cometan imprudencias, y que no puedan ocurrir desórdenes y crímines como los que han tenido lugar en muchos ferrocarriles de Europa; y la de establecer entre los que viajan cierta familiaridad cortés y pasajera que hace mas entretenido el viaje y permite el cambio de noticias y observaciones instructivas. Sinembargo, es preciso reconocer que tal sistema sería inaceptable en los viajes largos ó de mas de cinco horas, en los cuales el viajero desea tener independencia y, al sentirse fatigado, reposar con comodidad. La promiscuidad de los grandes wagones no se acomoda en rigor sino á las costumbres democráticas, y bajo este aspecto me pareció perfectamente suiza. Confieso que el incidente, fútil en apariencia, me dió lugar á una reflexion que, en mi concepto, contiene toda la síntesis de la civilizacion. El ferrocarril, el periódico, el buque de vapor, el telégrafo eléctrico, las exhibiciones industriales, artísticas, etc., y los congresos científicos internacionales, son evidentemente los símbolos ó caractéres distintivos del presente siglo, puesto que en el fondo no significan sino libre competencia, comunidad de intereses, publicidad y cosmopolitismo. La universalidad es, pues, la condicion esencial de todas esas manifestaciones del progreso. Pero es evidente que si la universalidad hubiese de llevar consigo la uniformidad, la civilizacion se hallaría estancada en breve por falta de personalidad en cada uno de los grandes grupos humanos, y que el espectáculo del progreso se haría tristemente monótono. A ese mal se opone la libre accion de los pueblos, felizmente, y es por esto que la libertad de todos los pueblos interesa mucho á la humanidad entera. En efecto, cada pueblo, según su genio particular, sus recursos y las condiciones de su territorio, se sirve á su modo del instrumento universal de progreso, dándole su fisonomía propia y local; y es de la múltiple y simultánea aplicacion de tantas fuerzas desiguales que resulta la grande armonía de la civilizacion. Así, todos los pueblos civilizados tienen periódicos, es decir, un instrumento comun y universal, pero cada cual les da á los suyos un estilo, una forma y tendencia que lo revelan y le conservan su fisonomía propia, su personalidad. Todos viajan por ferrocarriles y en vapores, pero cada pueblo, según su índole y su territorio, adopta el sistema parcial que mejor le conviene, sin que por eso desaparezca ó sufra la armonía general. ¿No es muy interesante y bello este fenómeno? Por mi parte, á despecho de los que vierten tantos improperios contra el materialismo y la indiferencia del presente siglo, admiro y bendigo en él la creacion venturosa de la alianza entre el cosmopolitismo humano y la personalidad de los pueblos, y entre esta y la del individuo. Que el lector me disimule esta digresion, de que no he podido prescindir ántes de decirle que de Berna á Thun, remotando el risueño valle del Aar central ó sub-lacustre, el viajero se siente subyugado por el encanto indefinible que atesora la Suiza central. El rio serpentea con rapidez como una inmensa y tortuosa veta de lázuli entre festones de graciosa y límpida verdura; las planicies se desarrollan en mil ondulaciones primorosas; las praderas, los bosques y las plantaciones alternan formando como interminables é irregulares tableros de damas; los caseríos, las aldeas y los rústicos cortijos se destacan donde quiera en pintoresca diseminacion; y bajo un cielo de verano, admirablemente sereno en algunos dias y mas azul que el de las regiones bajas de Europa, se contempla con arrobamiento ese mundo de colosos de hielo, semillero de rios y torrentes, de lagos y cataratas, salpicado de formidables torreones de granito levantados por el arquitecto invisible y divino, y ceñido por anchas fajas de vegetacion sombría y terrazas y anfiteatros admirables, que se llama el Oberland bernés. En dos horas llegamos á la villa de Thun, asentada graciosamente sobre las márgenes del Aar al pié de una montaña ó colosal peñasco que tiene el mas romántico aspecto. No era nuestro ánimo detenernos en Thun, villa que cuenta mas de nueve siglos de existencia, y que no carece de interes por las excursiones á que convidan sus cercanías. Haré notar solamente á propósito de ese lugar, por donde no hicimos mas que pasar, que teniendo apénas 3,400 habitantes (todos reformados) posee una biblioteca de mas de 7,000 volúmenes con numerosos é interesantes manuscritos, excelentes escuelas, un hermoso hospital y otras ventajas análogas. Esto es característico de Suiza, donde bajo las formas de lo pequeño se encuentran donde quiera las mejores cosas de la civilizacion, gracias á las inspiraciones que la libertad ha dado al genio nacional, y al espíritu de emulacion desarrollado por la autonomía federativa y municipal de los pueblos. * * * * * En el puerto del Aar, situado en el centro de la villa, tomamos el vapor que debia conducirnos por el lago de _Thun_ hasta el pintoresco istmo interlacustre donde demoran _Unterseen_ é _Interlaken_. Despues de algunos minutos de navegacion remontando el rio, por en medio de primorosas quintas y hoteles que orillan y dominan las dos márgenes, penetramos al lago. Confieso que no tenia idea de la suprema hermosura semi-salvaje que se desarrolla sobre el estrecho horizonte de la cuenca del lago. Verdad es que en Suiza se anda de sorpresa en sorpresa. El conjunto parece tener ciertas formas generales que se resumen en montañas y nevados, rios y lagos, cascadas y torrentes, praderas y _chalets_, risueñas campiñas y graciosas ciudades y aldeas; y sinembargo, no hay dos objetos de esos que se parezcan: la diversidad de aspectos y formas es infinita, y esto es precisamente lo que difunde el encanto en toda la Suiza. Los lagos de Ginebra y Neuchâtel nos habian parecido muy bellos é interesantes bajo todos aspectos; pero en ellos hay no sé qué de _civilizado_, de regular y cadencioso, que agrada mucho pero no sorprende. En los lagos de Thun y Brienz la naturaleza es áspera, sombría y de una melancolía grandiosa. Allí se siente el soplo de las neveras mas penetrante; los rumores son mas acentuados; las cuencas de los lagos tienen, permítaseme la expresion, mucho de _personal_, privativo y soberanamente original. Así como los lagos Leman y de Neuchâtel tienen un aspecto _frances_, los de Thun y Brienz lo tienen _aleman_. Se echa de ver, aunque no se supiera, que las aguas del Leman están destinadas á regar un país frances y perderse en un mar meridional ó latino; miéntras que las del Aar, pasando por románticas cuencas, han de llevarle su tesoro al Rin, el gran rio germánico, y al mar del Norte, como símbolo de esa grande y bella raza alemana, soñadora, individualista, profundamente original, semi-salvaje por su carácter y encumbrada y nebulosa por su espíritu. Mide el lago de Thun, desde su extremo superior en la isla de _Wissenau_ hasta el inferior, donde se destaca entre magníficos árboles el elegante castillo moderno de _Schadau_, una longitud de 18 ½ kilómetros por 3,606 metros de anchura, y tiene en su mayor profundidad 234 metros. Sus brisas son variables pero generalmente tranquilas; su altura sobre el nivel del mar es de 586 metros, y sus aguas son de un color verde-azul muy hermoso. En el lago de Thun como en el de Brienz se observa el mismo fenómeno de coloracion que en el Leman, aunque en distinto grado. En efecto, ademas de 19 torrentes, casi todos cristalinos, que recibe en sus márgenes el lago de Thun, su caudal se acrecienta por la ribera izquierda con las aguas muy turbias del _Kander_ y el _Simmen_ reunidos, rios algo considerables que descienden, por estrechas gargantas y angostos valles, de las neveras situadas al sur del grupo resplandeciente de _Jungfrau_. Pero todas esas aguas, turbias como las del Aar en la region superior, pierden su tinta cenicienta al confundirse en el magnífico recipiente de granito que las trasforma en tranquilas ondas de esmeralda azulosa. El espectáculo es tranquilo, imponente y completamente rústico. No obstante la irregularidad de los contornos, casi se domina toda la extension del lago de un extremo al otro, y el viajero sorprendido que surca las dormidas ondas á bordo de un vapor, por el centro del valle líquido, se siente rodeado por la majestad de una naturaleza pomposa en su conjunto y alternativamente risueña ó severa en sus rasgos. En derredor se alza un cerco de peñascos abruptos, unos escalonados, otros unidos en poderosas cuchillas, altas montañas arrugadas y ásperos y enormes bastiones de titanes. La cuenca es tan cerrada que apénas deja ver un pedazo del cielo, al mismo tiempo que por entre el abra determinada por el valle del Aar se ve la espléndida mole de Jungfrau reverberando como una inmensa urna de plata.... Pero ese poderoso cerco de montañas graníticas que arrancan desde las ondas mismas, donde bañan sus piés para elevar sus crestas y picos á considerables alturas, tiene un aspecto en que todo interesa, en que lo salvaje y rudo se combina con lo gracioso y apacible. Arriba se ve asomar unas veces la calva cabeza de una roca formidable por entre las grandes manchas formadas por los bosques de abetos que remedan las naves sombrías de las catedrales góticas. Mas abajo las faldas aparecen á trechos cubiertas con las alfombras frescas y tupidas de algunas praderas, ó de repente se ve una rambla estrecha y profunda por cuyos agrios peñascales se precipita algun torrente, saltando de roca en roca en luminosos torbellinos de perlas y espumas y regalando á las brisas su eterno concierto de salvajes rumores. En fin, hácia las márgenes se ven donde quiera graciosísimas aldeas, unas trepadas como centinelas del lago sobre el recuesto de alguna loma, otras sobre la ribera misma, adormecidas á los suspiros de las ondas, á la sombra de algun peñasco enorme, en el fondo de un puertecito en miniatura donde se balancean suavemente algunos barquichuelos toldados con telas de color azul. Ningún ruido se escapa de esas aldeas donde la vida parece deslizarse en eterna paz, en la dulce calma de la humildad que nada ambiciona. Así, es vivísimo el contraste que hacen con aquel silencio sublime los silbidos prolongados y agudos de la válvula del vapor, al acercarse a algun puerto, los ecos de la música, producidos por una pequeña banda de aficionados, y las conversaciones á bordo entre gentes de todos los países y de diversas condiciones, explicando sus impresiones simultáneamente en las lenguas de Cervantes y Voltaire, de Milton y Goethe, de Dante y Camoens, en medio de aquel paisaje que tiene todo el sello de una originalidad, solemnidad y rusticidad eminentemente poéticas.... * * * * * Desembarcamos en _Neuhaus_, á poca distancia de la desembocadura del Aar, y allí tomamos un cochecito que nos condujo en veinte minutos á _Interlaken_, pasando por _Unterseen_, situado en el centro del valle de _Baedeli_, es decir del istmo que media entre los lagos de Thun y Brienz. Unterseen, pequeña villa de cerca de 1,400 habitantes, que despues recorrimos á pié, no ofrece particularidad ninguna, si bien son curiosas algunas de sus viejas casas de madera de un aspecto que el tiempo y el humo de los hogares han hecho casi sombrío. Es en el extremo superior ó el arrabal de _Aarmuhle_ que comienza la porcion del valle verdaderamente bella, donde se halla el grupo de semi-palacios, tiendas graciosas y jardines que se llama Interlaken (_Entre-lagos_). Tal parece como si lo que hay de mas culto y elegante entre los excursionistas de Europa se hubiera dado cita para ir á encontrarse durante algunos dias de cada verano en aquel lindo sitio, que parece un pedazo de algunos de esos elegantes arrabales compuestos de palacios y quintas que se ven en los alrededores de Lóndres, Paris y Berlin. En efecto, desde la salida del arrabal de Aarmuhle comienza una hermosa alameda que va á terminar en el puerto de los vapores del lago de _Brienz_, compuesta de dos filas de magníficos olmos y nogales, detras de las cuales se extienden lustrosas praderas y se destacan formando calle veinticinco ó treinta hoteles de construccion elegante, rodeados de jardines, terrazas y pabellones de verdura; hoteles que alternan en su larga fila con numerosas casitas de artístico aspecto, donde el viajero encuentra tiendas de perfumería y objetos de viaje, armas y una gran profusion de pequeños museos compuestos de vistas de tipos y paisajes, curiosidades alpestres, cristales tallados, juguetes y muebles nacionales trabajados con madera, hueso, marfil, cuerno, etc., y curiosas muestras de los bordados y tocados del país. Cada uno de esos hoteles está siempre repleto de viajeros que se suceden y renuevan sin cesar, llegando de todas las comarcas de Europa y dispersándose en direcciones diversas; y por la gran alameda como por los jardines y prados vecinos circulan sin cesar los alegres y apuestos grupos de viajeros, ya visitando las tiendas para comprar curiosidades; ya paseando á caballo ó en ligeros cochecitos en solicitud de los admirables paisajes de las montañas vecinas; ya haciéndose recíprocas visitas, yendo al tiro de carabina, ó dirigiéndose por las mañanas á la elegante _Casa de conversacion_ á tomar los zueros medicinales, ó por las noches á bailar, divertirse, y no pocas veces amontonarse, á horas avanzadas, al derredor de la _carpeta verde_, plaga inevitable de casi todos los sitios á la moda en Europa durante los veranos. Es curioso ver el contraste que forman allí los acicalados dandys ingleses con los paisanos berneses, y los vestidos encantadores de las hijas del país, llenos de gracia, candor y originalidad, con los ampulosos y espléndidos trajes de seda ó de ricos linones que arrastran allí las _leonas_ de Lóndres y Paris, barriendo el suelo con sus colas _pontificales_, y ofreciendo al viento de los nevados solitarios materia para trabajar con brio en las monumentales crinolinas. Se ha dicho siempre que los hombres se revelan comiendo y jugando; y en verdad que nada es mas propio para juzgar á las razas europeas, en su conjunto, que uno de esos banquetes ó comidas de _table d'hôte_ que ofrecen los grandes hoteles, sobre todo en Interlaken, á orillas del Aar, en medio de dos preciosos lagos y ante la majestad de las montañas y los nevados del Oberland. La mesa, muy buena y barata en Interlaken, estaba espléndidamente servida, en el hotel de los _Alpes_, donde nos habíamos hospedado, y mas de 150 personas teníamos asiento allí. Se hablaba en todos los idiomas y aun en dialectos, pero el inglés y el frances estaban en enorme mayoría. Los Ingleses sobre todo tienen particular predileccion por Interlaken. Los franceses trataban de política ó referian sus excursiones, riendo con llaneza y hablando ruidosamente y casi todos á un tiempo, pero siempre corteses, galantes y procurando agradar, por instinto y hábito. Los ingleses, ó guardaban un silencio desdeñoso, como si estuvieran fuera de su esfera, ó comian mucho y bebian mas, sin hacer caso de nadie ni preocuparse con ninguna galantería, ó conversaban sobre cosas _profundamente insustanciales_; pero unos y otros querian ser los primeros servidos en todo caso y ponderaban candorosamente el gusto de todo plato con su inevitable _very nice_ que les sirve para lodo. Es curioso observar que el Inglés en todo país extranjero tiene el privilegio de mirar, _with reluctance_, todo lo social, y encontrar que toda cosa comible es _very nice_ y todo objeto físico, aun la piedra mas insignificante, _very beautiful indeed_. Nada nos agradó tanto en esas horas de banquete ó mesa comun como el gracioso tipo de las mujeres que servian, pues en Interlaken el servicio de la mesa es femenino y esta proscrita la peste de los _garçons_ vestidos de baile, tiesos y ceremoniosos como dandys de cocina. La linda muchacha bernesa que servia la parte de la mesa en que nos hallábamos tenia el tipo mas simpático y se nos grabó mucho en la memoria. Que el lector me permita retratarla, y tendrá idea de las paisanas de Interlaken, semejantes en lo mas notable á las del resto del canton de Berna. Era la _chica_ una apuesta jóven de 22 á 24 años, sencilla, candorosa y muy servicial, de mediana talla, pelo de un rubio casi amarillento, cara ovalada, fina y sonrosada, ojos de un bello azul oscuro, grandes y tímidos, nariz delicada y preciosa boca. Su complicado y elegantísimo vestido, que era el del país, se componia de una camisa de muselina muy blanca, sin cuello, graciosamente plegada en el pecho, con anchas mangas abombadas hasta la mitad de los brazos; un corpino de seda violeta con ribetes azules, abotonado por delante y muy avanzado hácia abajo, llegando solo hasta la altura de la mitad del pecho y la espalda, y sujeto con unas cadenas de plata en forma de calzonarias; estas se desprendian de los hombros, por dos piezas de seda azul que los cubrian, y caian pendientes hasta abajo de la cintura, sobre enaguas muy plegadas y nada ampulosas, de una especie de muselina de color de castaña, que salian debajo del corpiño. Agregad á eso un lindo chal de listas azules atado al cuello en forma de corbata con el nudo atras, una rosa natural prendida del borde superior del corpiño, un espeso moño de hermosas trenzas ceñido por una ancha cinta negra en forma de corona, dos redes de seda negra en los brazos atadas con cintas arriba de los codos, bajando hasta los puños y dejando ver la redondez y la frescura de esos miembros, y en fin un par de botines calzando sencillamente dos piés enanos: agregad esos pormenores, digo, y tendreis completo el atavío de una paisana de Interlaken. * * * * * Entre las diversas excursiones muy interesantes que se pueden hacer hácia las montañas nevadas, tales como las de _Grindelwald_, _Lauterbrunnen_, _Kandersteg_, etc., escogimos la primera, esperando, no sin razón, encontrar variadas y muy gratas impresiones. El camino, que es carretero, aunque difícil y muy pendiente cuando trepa las montañas, atraviesa el valle, y pasando por delante de tres ó cuatro aldeas rodeadas de bosques y vergeles, casi por el pié de una colina donde se destacan aún las ruinas del castillo de _Unspunnen_, penetra al estrecho valle del _Lutschine_, riachuelo que desciende á saltos, atormentado y espumante, por un lecho de grandes rocas y peñascales. En breve el valle se va estrechando entre empinadas y ásperas montañas de salvaje aspecto, donde descuellan cien picos abruptos entre bosques magníficos de abetos, y el viajero contempla con arrebato sucesivamente los soberbios nevados de la _Jungfrau [19],_ del _Monch_, el _Eiger_ y el _Wetterhorn_. [19] La _Jóven Doncella_: llamado así porque hasta 1811 nadie habla podido escalarlo y hollar sus blanquísimas nieves. Despues se encuentra la confluencia de los dos riachuelos del mismo nombre de Lütschina, llamado el uno _blanca (Weisse)_, que baja de las alturas de Lauterbrunnen, y el otro _negra (Schwarze_,) que desciende, por la derecha del Eiger y su base, de las neveras de Grindelwald. Pasamos el ruidoso riachuelo y comenzamos a subir lentamente, por encima de la márgen derecha del Lütschina negro, la cuesta que conduce al alto vallecito objeto de nuestra excursion. Confieso que jamas en mi vida habia experimentado tan suprema felicidad como en aquellos momentos. Tenia delante y en derredor todas las hermosuras de una naturaleza severa, salvaje, grandilocuente por sus rumores y su aspecto, deslumbradora y preñada de infinita poesía; y á mi lado, soñando despierta como y o, la mujer adorada, la compañera y el ángel guardián de mi vida.... El cochero nos parecía invisible; creíamos que alguna fuerza nos arrastraba como por encanto: tal era el embeleso de nuestra completa contemplacion de la naturaleza. A cuántos séres no habrá hecho dichosos la admirable Suiza! Habíamos olvidado enteramente la sociedad y sus pasiones, sus luchas, miserias y pesares, y solo sentíamos nuestras almas empapadas de amor y de ese sentimiento infinitamente religioso que se llama la adoracion de lo bello y lo sublime.... La cuesta caracoleaba por entre lomas y peñascos, en el centro de una angosta garganta formada por colosales y desnudas moles de granito, cercadas en sus bases por bosques seculares de abetos. De trecho en trecho encontrábamos algun rústico _chalet_ solitario aguardando que el otoño hiciese volver sus habitantes, ó veíamos alguna praderita medio escondida en medio de los bosques. En el fondo del abismo bramaba el torrente, sacudiendo su parda y espumante melena, colérico y oprimido, contra cada peñasco que le cerraba el paso para procurarle una caída. Y arriba ... un cielo maravillosamente bello, como un lago Leman suspendido en la atmósfera, coronando y arropando las cúpulas de los nevados, que nos parecian los tronos resplandecientes y severos del genio de la Suiza.... Al llegar al onduloso vallecito de _Grindelwald_ la escena cambió notablemente, ofreciéndonos un bello cuadro de contrastes. Nos habíamos apeado del ligero cochecito delante del elegante hotel del _Águila (Eiger)_ de formas enteramente nacionales. Detras de nosotros, en la direccion del lago de Brienz, teníamos una formidable barrera de montañas casi desnudas y de aspecto rudo. A nuestra izquierda se extendia, hácia el N.-E., lo que se llama el valle, que es una sucesion de planos inclinados, ascendentes hácia lejanas neveras, muy accidentados y cubiertos de aldeas y _chalets_ en gracioso desórden, pequeñas praderas y muchas plantaciones de legumbres, árboles frutales y cereales. Al frente se ostentaban como dos gigantes el soberbio nevado del _Eiger_, al S., redondo en su base, y al N.-E. el _Mettenberg_, teniendo en medio, en la parte baja, la nevera inferior de Grindelwald, que descendía hasta el fondo del valle, y en la parte superior los nevados _Viescherhorner_, cerrando el horizonte como una fortaleza colosal de cristal ó de plata. En derredor tentamos el pueblo de Grindelwald, que cuenta casi 3,000 habitantes (todos reformados); y nos halláiamos a 1,550 metros de altura, casi en el centro del valle, que mide 20 kilómetros de longitud y 5 de anchura. La nevera nos atraía poderosamente con la solemne fascinacion de su hermosura, y la contemplábamos á la distancia de 1,500 metros con infinito encanto. Un guia nos condujo á pié hasta los primeros bancos de hielo. Queríamos ver de cerca la fuente ó salida del Lütschina-negro y penetrar en las grutas de hielo, magníficas alcobas de cristal que la naturaleza fabrica en masa y que los paisanos se encargan de perfeccionar para seducir al viajero curioso. El espectáculo de la salida del grueso torrente es realmente bello. El banco inmenso de hielo, pardo y onduloso, se detiene repentinamente á la vera del valle, formando una alta muralla que parece cortada á pico. Bajo su borde se abre la boca sombría del abismo de misterios que se esconde bajo la montaña de hielo, y por la abertura abovedada sale como una furia el torrente, repentino y atormentado cual si lo vomitase algun gigante abrumado por el peso de la inmensa mole cristalina. Es un rio sin principio visible, rio de torbellinos y borbotones espumantes y de rocas de hielo desprendidas de los abismos interiores, que salta en ondas frenéticas sobre un lecho de pedriscos grises y arenas graníticas, haciendo un ruido ensordecedor que contrasta mucho con la majestad silenciosa de la gran fábrica helada de torrentes. Comenzamos á trepar lentamente, sobre los bancos de hielo para llegar, por en medio de profundas grietas, hasta la gruta principal abierta en el fondo de una ancha hendedura en forma de callejón. Descendimos y entramos por la boca principal. La cavidad de la gruta era apénas de unos cinco piés de anchura y nueve de elevacion, y seguia un giro tortuoso, en una longitud de 35 metros. Teníamos encima de nuestras cabezas una capa de hielo de 50 piés de espesor, y en el extremo interior de la gruta habian practicado, aprovechando una grieta, un conducto de tres piés de cavidad por donde entraba la luz y se subia, con el auxilio de una escalera de palos, hasta salir el aire libre sobre la superficie de la nevera. Las paredes y el techo de la gruta tenian una hermosura luminosa increíble; por todas partes se escapaban hilos de agua purísima como cascadillas de perlas sonrosadas, y los muros presentaban colores muy variados, ya el blanco de la esmeralda pálida ó el blanco mate de la nieve, ¡Qué indifinible emocion la que sentímos allí, cogidos de la mano, en aquella atmósfera de la mas deliciosa frescura, bajo esa bóveda de cristal húmedo y tornasolado, aislados del mundo entero y en inefable arrobamiento!... Nuestro guia habia trepado por la escalera para darnos el ejemplo; por eso no pudo percibir si un eco delicioso del interior de la gruta era producido por el rumor de las cascadillas microscópicas, ó por un ósculo de infinito amor que habia saludado aquella mansion de los misterios de la naturaleza.... Cuando salimos á lo alto de la escalera nos parecia que habíamos vivido en cinco minutos diez años de ventura desconocida. * * * * * Una hora despues, cuando reposábamos en el hotel del _Águila,_ comiendo frutas, deliciosa leche, miel de abejas y riquísimo queso auténtico del valle, vímos desfilar sucesivamente por delante del hotel una procesion de paisanos y una carabana de ingleses excursionistas, que nos llamaron la atencion. El contraste vale la pena de una breve descripcion. La carabana de ciudadanos de la Gran Bretaña se componia de diez ó doce individuos. Bajaban de las altas montañas, á donde habian ido á hacer una excursion, y venían á paso lento, caballeros en enormes y pacientes mulas, montados en sillas del país bastante rústicas y de notables dimensiones. Todos vestían casaca, pantalon, corbata y chaleco negros, como si vinieran de un entierro, y soportaban los picantes rayos del sol con singular filosofía, cubiertos con sus sombreros negros de ala plana y copa encumbrada, enteramente como si anduvieran de paseo por _Regent Street ó Hyde Park_. Dos ó tres mas cuidadosos de sus personas traían paraguas abiertos; otros dos bajaban armados de grandes anteojos de larga vista, y los demas, completamente dandys, empuñaban flexibles bastoncitos _fashionables_, con las manos finamente cubiertas con guantes amarillos de cabritilla. Es incuestionable que el tipo inglés se presta mucho á la risa en sus excursiones de todo género; pero tambien es preciso reconocer que en esa filosofía altanera que le distingue aun en medio de los abismos alpinos, el Inglés no manifiesta, en el fondo, otra cosa que dos fuertes y bellos sentimientos: el de la personalidad, que se sobrepone á los usos ajenos, y el de la patria, que le hace tener la ilusion de que al andar por un valle de los Alpes se está paseando en su parque de Inglaterra ó su calle favorita. La interesante procesion de paisanos salia de la iglesia principal (era domingo) y se dirigia, silenciosa pero de buen humor, hácia una casa donde se iba á celebrar una boda. Mas de trescientos paisanos de uno y otro sexo desfilaron por delante de nosotros, por pares ó en pequeños grupos. Los hombres, en lo general de talla mas que mediana, delgados y bien musculados, eran notables por el mirar franco de sus ojos azules, sus fisonomías rudas pero sencillas, abiertas y simpáticas, y el andar lento y seguro. Vestian todos calzon angosto y chupa de paño burdo, color de castaña ó pardo, sombreros de paja, pintados de negro, de alas angostas y copas monumentales á estilo de _cubiletes_; y calzaban gruesos botines claveteados ó zuecos de madera bien trabajados. Cada cual llevaba en la boca una enorme pipa de porcelana con pinturas, empatada en una caña negra ó amarilla de un pié de longitud y pendiente del labio inferior sin apoyo ninguno de la mano. En cuanto á las mujeres, sus fisonomías eran mas dulces y sus vestidos verdaderamente graciosos. Todas tenian cabelleras abundantes de un rubio color de oro, atadas por fuera de las cofias formando enormes roscas, ó pendientes sobre las espaldas en espesas trenzas con grandes lazos de cintas negras. Si el mayor número de las paisanas no llevaban en la cabeza sino sus grandes cofias negras con anchos encajes de punto, muchas tenian coronas de enormes rosas artificiales. Usaban todas corpiño y enaguas de paño negro ó color de castaña, con mangas, pechera y delantal de muselina ó indiana blanca. Así mismo, todas revelaban su benignidad de carácter y su modesto bienestar en sus redondas carnes, sus rosadas mejillas, su risa candorosa y afable y sus ojos azules llenos de dulzura. Toda esa poblacion de Grindelwald tiene sus habitaciones fijas en el valle, pues á pesar de su altura y de la vecindad de los nevedos está protegido contra muchas borrascas. En el verano cultivan unos los campos, y otros suben á las montañas á cortar maderas ó cuidar los rebaños y fabricar quesos. En el invierno descienden á su distrito y aldeas del valle, y miéntras los mas fuertes se ocupan en bajar de las montañas las maderas cortadas, los demas se encierran en sus casas á trabajar bordados y encajes, fabricar curiosidades de madera, tallar y pulir cristales, etc. El dia declinaba y era preciso volver á Interlaken: montamos otra vez en nuestro cochecito y emprendímos la bajada, dando un saludo de admiracion al espectáculo prodigiosamente bello y variado que con tanta delicia habíamos contemplado. * * * * * CAPITULO XI. EL CANTON DE UNTERWALDEN. El lago de Brienz.--Giessbach.--Brienz.--El valle de Meyringen.--El cuello de Brünig.--Los valles de Sarnen.--Un paisaje de parroquia.--Condiciones históricas, sociales y políticas del Canton. El cielo estaba lleno de luz y esplendor y las brisas de la mañana rizaban las ondas y nos llegaban de las montañas cargadas de los ricos aromas que emanan de los bosques de abetos, cuando subíamos á bordo de un gracioso vaporcito, que en breve comenzó á cortar como un cisne pardo las bellas aguas del lago de _Brienz_. Mas de cuarenta pasajeros nos hallábamos sobre el puente de popa, y no pocos iban apiñados hácia la proa. Algunos iban directamente á desembarcar en _Brienz_, en el extremo superior del lago; otros debian detenerse en el puertecito intermediario de _Boenigen_; los del mayor número íbamos á visitar de paso, durante algunas horas, la bellísima cascada de _Giessbach_. A la derecha veíamos distintamente la ancha faja cenicienta de las aguas del Lütschina, afluyendo sobre la ribera izquierda del lago como un reguero de ceniza echado sobre el verde tapiz de una pradera. Mas adelante, del mismo lado, pasamos casi tocando con la primorosa islita de _Boenigen_ ó _Schnecker-Insel_ (_Isla-de-los-caracoles_), que parece una miniatura fabricada por ondinas. El lago de Brienz, perfectamente análogo por su color al de Thun y producido por el mismo rio Aar, es de los ménos considerables entre los de primer órden, pero el mas profundo de todos los de Suiza. Mide apénas unos 15 kilómetros de longitud, de N.-O. á S.-E., por 6 de anchura, y su profundidad llega hasta la prodigiosa medida de 600 metros en algunos puntos. El lago recibe algunos torrentes, de los cuales el mas curioso es el que da salida á las aguas del _Faulen-see_ (ó _Lago-podrido_), situado encima de las montañas, torrente que perdiéndose en cavidades subterráneas no reaparece sino en el momento de arrojarse al lago de Brienz. Las montañas que determinan la cuenca de este son mucho mas ásperas, salvajes y elevadas que las del lago de Thun, y se levantan repentinamente en estupendos murallones tajados á pico que parecen amenazar desplomarse sobre las ondas. Sinembargo, en la circunferencia prolongada de la cuenca se ven unos diez ó doce pueblecitos, de los cuales los mas notables son los de Brienz y Boenigen, con una poblacion total de cerca de 7,000 habitantes: unos pintorescamente trepados sobre las lomas abruptas y al pié de tupidos bosques de abetos, y otros reposando muellemente sobre las riberas del lago. Al aproximarnos á la cascada de _Giessbach_ el espectáculo nos sorprendió por su gracia imponderable. Allí no hay nada de esa majestad imponente y sublime de la catarata de _Tequendama_, capaz, como otras de Colombia, de hacer profundamente poeta y religioso á un ateo (si es que puede haber alguno) con solo mostrarle el colosal prodigio de la Creacion. No: el interes de la de Giessbach, como de las mejores cascadas suizas, está en la gracia, el capricho, la variedad encantadora. En su presencia se puede amar, conversar, reir y galantear; miéntras que delante del Tequendama no es permitido sino contemplar con asombro, admirar y meditar en lo infinito. Al saltar al puertecito de Giessbach, casi al pié mismo de la cascada, todos los pasajeros nos dispersamos por las diversas encrucijadas de la cuesta, ávidos de emociones que contentasen nuestra curiosidad. La montaña, cubierta de espesos bosques, se abre en un recuesto que produce en cierto modo un vallecito, á unos 60 ó mas metros de altura sobre el lago, teniendo su límite inferior en el peñasco enorme que domina la ribera, y elevándose del lado interior por la espesa montaña hasta una altura bien considerable. En el extremo de ese recuesto se halla un elegante hotel precedido de hermosas terrazas, y al frente de él se precipita la cascada, dando saltos estrepitosos por entre vastas alcobas de verdura sombría tapizadas de líquenes y musgos. Allí cada viajero va sitúandose sucesivamente en los balcones ó miradores de piedra que permiten de trecho en trecho contemplar de cerca la cascada. El torrente se precipita de lo alto de la montaña por una abra estrecha, semejante á un enorme chorro que se lanzase de una azotea por entre balcones de piedra cuajados de guirnaldas y cubiertos con flotantes cortinajes de severa verdura. Compónese la cascada de una sucesion de catorce caidas ó cascadas, de proporciones y aspectos diferentes, formando como una inmensa escalera de torbellinos y de peñascos, sobre los cuales se lanzan las aguas en brillantes plumajes, en enormes chorros ó en espirales cristalinas y nubes tornasoladas de menuda lluvia Si el conjunto, visto de frente, es encantador, se experimenta suma delicia al situarse debajo de uno de los mas enormes peñascos, donde gira un pasadizo practicado en la concavidad de la roca; sintiéndose uno arropado por el turbion que salta por encima, formando una soberbia boveda líquida y espumante que se encuadra primorosamente en el doble marco de los bosques. El contraste es muy sensible si se aleja uno de la cascada para subir hasta el mirador que se encuentra sobre el borde de la roca poderosa que se destaca sobre la ribera del lago. Desde allí se abarca con la mirada un paisaje soberanamente bello. A la derecha, al N.-O., se ve el valle superior del Aar ó de _Hasli_, la entrada del turbio rio al lago, y Brienz y algunos otros pueblos; á la izquierda, el lindo valle de Interlaken, y mas léjos el lago de Thun; al frente, una inmensa fortaleza de montañas de rústica majestad; en el fondo, la extension total del lago, silencioso, dormido y solitario, que parece como indiferente á la cólera del torrente de Giessbach que le lanza sus chorros espumantes, y cuya tranquilidad engañosa fascina al viajero maravillado, que á la sombra de los abetos contempla el abismo de esmeralda líquida que tiene á sus piés. Añadid á todo eso los silbidos de la locomotiva de algun vapor que atraviesa el lago, despertando los ecos de aquellos senos de granito y proyectando entre el cielo y las ondas su blanquísimo penacho de humo, y tendreis el cuadro completo que estimulaba nuestra admiracion. * * * * * Brienz es una pequeña villa de unos 1,800 habitantes, bastante animada y curiosa, gracias á su comercio considerable de excelentes quesos, su fabricacion de esculturas y curiosidades de madera, su viejo castillo arruinado, sus renombradas cantatrices de canciones nacionales, y su vecina cascada de _Muhlbach_ que mide 360 metros de altura. En Brienz nos detuvimos apénas el tiempo necesario para tomar un refrigerio y hacer enganchar un carricoche que debia llevarnos por el valle del Aar en direccion al canton de Unterwalden, pasando por el cuello de _Brünig_. Al llegar al pié de la montaña, al extremo de un puente que atraviesa el Aar, nos apeamos de la pequeña tartana: el cochero se convirtió en muletero y guia, dejó el carruaje á la vera del camino carretero, ensilló los dos robustos y lerdos caballos del tiro, montamos y comenzamos á trepar la cuesta, encerrada entre modestos cortijos é hileras de nogales corpulentos. Despues de una hora de marcha lenta y perezosa por un sendero pedregoso y rudo, subímos á un estrecho volador que ceñia el costado del cerro. Toda vegetacion artificial habia desaparecido, y caminábamos al traves de enormes derrumbes que las nieves y las lluvias producen, al pié de manchas de abetos deteriorados por los huracanes. Mirando hácia atras contemplábamos el romántico panorama del lago de Brienz; abajo teníamos el gracioso valle de Hasli (en cuyo centro demora _Meyringen_) surcado por el Aar y dominado por altísimos muros de montañas perpendiculares, á uno y otro lado. Era interesante el contraste de los objetos que componian el cuadro. El Aar estaba muy crecido y, saliendo de madre, habia inundado con sus ondas grises muchas porciones del valle, arrastrando chozas y cercas destrozadas, montones de piezas de madera, árboles enteros y algunos animales. En el resto del valle todo era alegre y risueño, gracias á las variadas sementeras y los pueblos, caseríos y cortijos dispersos en todo sentido. Arriba, al S.-E., se destacaban á lo léjos los magníficos nevados de donde surge el Aar; mas cerca, en el segundo término de la perspectiva, enjambres de montañas cubiertas de abetos; y en el primer término, dominando el valle, se alzaba como una muralla artificial, inmensa, la roca desnuda y de tintas melancólicas por donde se precipitan paralelamente de grandes alturas, como cintas de acero bruñido, las bellas cascadas de _Oltschibach, Wandelbach y Falchernbach[20]_. Así, el cuadro era un conjunto de desolación, tristeza, majestad y pintorescos paisajes, resumiendo diversos géneros de poesía. [20] La terminacion _bach_ significa en aleman _cascada ó torrente_. Por lo demas, el valle de Hasli, en cuya region superior nace el Aar y termina el territorio del canton de Berna, es uno de los mas renombrados de Suiza. Tiene la particularidad, según la crónica y las observaciones hechas, de que toda su poblacion se compone de los restos de dos razas puras, originarias del Norte, á virtud de una inmigracion de 6,000 Suecos y 1,200 Ostfrisones que fué á establecerse en el valle en el siglo V. Toda esa poblacion, hermosa y de tipo vigoroso, profesa la religion reformada, miéntras que al lado opuesto de la montaña que íbamos trasmontando la religion católica domina con la misma exclusion. Acaso entre los fenómenos sociales no hay ninguno mas curioso y digno de atencion que el de la geografía de las religiones, tan misteriosa en apariencia. En Suiza, mas que en ningún otro país de Europa, léjos del artificio actual de las religiones convencionales, se puede observar ese fenómeno en el seno de poblaciones rústicas y sencillas. En efecto, se ve que entre dos valles separados por alguna montaña secundaria, ó en una planicie cortada por un riachuelo, de un lado reina sin competencia el catolicismo y del otro el calvinismo. Y sinembargo la topografía, las producciones y los climas son exactamente iguales ó semejantes, la raza y la lengua unas mismas, y las diferencias de instituciones y costumbres poco sensibles. ¿Qué influencia ha podido determinar la absoluta discordancia religiosa? Evidentemente la accion ó presion histórica de los gobiernos. Por mucho que se diga en contrario, son los gobiernos los que hacen á los pueblos, y es por eso que la responsabilidad de los primeros es infinitamente mayor que la de los segundos. Que el lector me disimule esta digresion moral (acaso inoportuna desde el corazón de una montaña) y se digne acompañarnos á trasmontar el cuello de Brünig; dejando de la hoya magnífica de los _Cuatro-Cantones,_ al traves de una selva llena de rumores, de ricas, y salvajes bellezas, de majestad y misterio. La selva era inmensa y su hermosura solo comparable con la poesía de su soledad. Caminábamos sin ver ni un rayo del sol poniente, bajo bóvedas y pabellones interminables de verdura sombría reposando sobre columnatas colosales de abetos, revestidas de líquenes y musgos. Ningún ruido extraño se mezclaba al eco de las pisadas de nuestros caballos y á ese rumor vago, sin causa visible pero eterno, que es la voz misteriosa de las florestas. Pero de tiempo en tiempo sentíamos las explosiones causadas por las minas en las rocas que taladraban en el fondo de la selva algunos peones, abriendo un camino carretero por en medio de abismos. Despues volvía á reinar el silencio, cuando no lo interrumpía por momentos el canto melancólico y gutural de nuestro guia, y, caminando con recogimiento, nos creímos errantes en un mundo enteramente salvaje.... ¡Error! á nuestro lado, por encima de nuestras cabezas, iba tambien de árbol en árbol, escondiéndose bajo las ramas, un compañero, un espíritu invisible, que acaso nos iba diciendo algo al oído sin que pudiésemos percibir su admirable lenguaje ni adivinar su pensamiento. ¿Quién era ese misterioso compañero? Era simplemente el alambre del telégrafo eléctrico, alambre que, animado como nosotros por un fluido y un pensamiento, por el alma natural y social, atestiguaba la presencia de la civilizacion en el fondo de la selva solitaria.... Cada pueblo, como he dicho no ha mucho, se revela en su manera de adoptar los grandes progresos de la civilizacion. La refinada Francia y la positiva Inglaterra hacen girar sus alambres eléctricos por larguísimas series de postes artificiales, barnizados y llenos de piezas de loza ó cristal que aislan el fluido y separan los alambres. En Suiza no se toman la pena de ejecutar esos trabajos; los telégrafos se acomodan á todos los caprichos de la topografía, y las series de sus postes son las columnatas naturales de sus bosques de abetos, los mas lujosos salones de la poética Suiza. * * * * * Habíamos entrado al territorio del canton de _Unterwalden_ cuando descendíamos la montana de Brünig, en direccion al precioso vallecito de _Lungern_. El sol se habia escondido detras de la mole gigantesca de ásperas montañas que se extienden desde el grupo de _Giswylerstock_ hasta el cerro de _Pilatos_. En algunos puntos de la vía, donde la floresta se aclaraba un poco, asomaba un pedazo del horizonte inferior y podiamos destinguir perfectamente la configuracion de los valles y lagos que desde el pié del Brünig se dirigen hácia la hoya caprichosa, irregular y magnífica del lago de Lucerna ó los Cuatro-Cantones. El canton de Unterwalden se compone de dos medio-cantones ó cantones gemelos, que giran paralelamente en la direccion del S.-E. al N.-O., teniendo en su conjunto un aspecto simultáneamente severo y gracioso, por la yuxtaposicion de las montañas y contrafuertes que los surcan en todas direcciones y de sus numerosos y risueños vallecitos, en algunos de los cuales se encuadran pequeños lagos del mas poético aspecto. Los dos gemelos de aquel país tienen muy desiguales proporciones: así, el medio canton inferior de _Nidwalden (Valles-de-Abajo)_ apénas abarca la cuarta parte del territorio total, y carece de lagos exclusivos, si bien tiene riberas en los de los Cuatro-Cantones y _Alpnach_. La cadena de montes de _Kernwald_ los divide, pero su fraternidad se mantiene hasta en los nombres de sus principales rios, llamados ámbos _Aa_ [21]. El territorio de los dos medio-cantones se extiende desde los magníficos nevados del _Titlis_, al E. hasta el monte _Pilatos_, al O., y desde las alturas de _Bothorn_, al S., hasta la ribera izquierda del lago de los _Cuatro-Cantones,_ al N., cerca del célebre sitio de _Grütli_; partiendo límites así con los cantones de Urí, Berna, Lucerna y Schwyz, y midiendo 48 kilómetros en su mayor longitud, 36 en su mayor anchura y 687 kilómetros cuadrados de área total. [21] Palabra céltica que significa _agua_, y que con la adicion de una r (aar) significa corriente de agua ó rio. El medio-canton que teníamos mas á la vista y que íbamos á recorrer en lo mas notable era el de _Obwalden (Valles-de-Arriba)_, que tiene su capital propia. Desde lo alto de la montaña velamos la hoya estrecha y muy risueña del _Aa_ superior, en cuyo fondo aparecian, con esa serenidad melancólica de las aguas que no reflejan ningún rayo de luz, los lagos de _Lungern_, _Sarnen_ y _Alpnach_[22], eslabonados entre sí por la cinta graciosa del Aa, como tres placas desiguales de _aluminium_ en un magnífico brazalete de esmalte imitando esmeralda. Nada mas apacible y gracioso en su género que el vallecito de Lungern, rodeado de muy altas montañas por tres lados, como una calle sin salida, y cuyas praderitas verdes y lustrosas se encuadran maravillosamente en el marco sombrío de los bosques de abetos surcados por algunos derrumbes. El pueblo de Lungern, que cuenta poco mas de 1,400 habitantes, está como disperso en el fondo del vallecito y al pié de las suaves faldas que remontan hácia la montaña de un lado, mostrando en todos sus objetos la gracia y el candor de sus vecinos. Mas abajo se encuentra el lago, de un kilómetro de longitud ó poco mas, y unos 250 metros de anchura, cuya graciosa cuenca formada por peñascos está rodeada de praderitas y cortijos. [22] El lago de _Alpnach_, que en otro tiempo estuvo, sin duda, completamente aislado, ha degenerado en golfo del de los Cuatro-Cantones. En otro tiempo ese pequeño lago era mas considerable, pero los vecinos de Lungern, que carecen de terrenos arables suficientes, quisieron disecarlo para destinar su lecho al cultivo. Desde 1790 hasta 1836 se ejecutaron de tiempo en tiempo trabajos costosos, y se logró practicar en la roca una galería subterránea de 439 metros de longitud que debia darles salida á las aguas. Pero la galería no fué practicada á una profundidad suficiente, y aunque una zona considerable de la cuenca quedó libre, bajando mucho el nivel de las aguas, jamas se pudo aprovechar parte ninguna del lecho. El lago quedó diminuto y deteriorado, se gastó en balde trabajo y dinero, y la agricultura nada ganó. Recorriendo á pié las praderitas de Lungern, por en medio de graciosas casitas y cortijos, nos sentímos atraidos por un pequeño paisaje encantador, digno de fijar el pincel del mejor artista. Una modesta iglesia, rodeada por su cementerio y algunos huertecitos de árboles frutales; á un lado una linda casa de paisanos, resaltando sobre el rico y florido tapiz de grama; del otro un arroyuelo cristalino que iba por entre cercas de palos á hundirse en una ramblita cubierta de festones para darle movimiento á un aserrío de tablas; y en el centro, en una plazoleta, un grupo de mujeres y niños con sus atavíos originales,--tales eran los elementos del gracioso cuadro. Nada mas sencillo, mas comun en apariencia, y sinembargo, nada mas completo como cuadro social y de la naturaleza suiza. La puerta principal de la iglesia estaba abierta de par en par, porque se acercaba la hora de las oraciones de la tarde, y desde afuera se veia la profusion de ornamentos candorosamente pintorescos que distinguen á las iglesias católicas en los distritos rurales[23]. El cementerio no tenia muros, sino cercas de madera en forma de rústicas barandas, que le daban la apariencia de un jardin. En el interior se veian numerosos y humildísimos sepulcros casi á flor de tierra, en medio de los cuales se destacaban innumerables cruces negras coronadas de guirnaldas, y con hojas negras de laton en que se veian en letras blancas ó amarillas los nombres de los que reposaban en la paz de la inmortalidad. Era notable la abundancia de nombres españoles, tan queridos en los países alemanes, tales como _María_, _Isabel_, _Luisa_, _Mariana_, _Gertrúdis_ y _Francisca_. En solo un pequeño espacio contamos mas de 15 _Marías_, lo que nos indicó la poética predileccion particular por la Vírgen. Es que la religion tiene sus sexos como las almas que la alimentan. El cementerio era literalmente un jardin: jardin admirablemente armonioso de flores, cruces y sepulcros. ¿En dónde tienen mejor cabida las flores, si no es en las cunas y los cementerios, en los altares y en el casto retrete de la mujer virtuosa y amante?... [23] La poblacion de Unterwalden es católica en su totalidad La casa que hacia juego con la iglesia, el cementerio y el arroyo, era completamente típica Vista por su fachada presentaba cuatro pisos superiores al del suelo, los dos inferiores de igual anchura, y los superiores disminuyendo gradualmente al elevarse, á virtud de la forma triangular de la techumbre exterior. En cada piso se veian anchas vidrieras compuestas de pequeñísimos vidrios empatados en marcos de madera, sin abras exteriores y formando una curiosa simetría; y del suelo de la casa, á los lados de la puerta, se alzaban robustas plantas de madreselvas que trepaban hasta los pisos altos, formando en la fachada flotantes cortinajes floridos que se entrelazaban sobre los marcos de las ventanas. La casa reposaba en un cimiento de piedras menudas hasta el suelo del primer piso, y de ahí para arriba todo el edificio se componia de tablas de abeto graciosa y cuidadosamente unidas. En derredor todo era guirnaldas flotantes, enhiestos arbolitos y alfombras de grama salpicada de flores silvestres. En cuanto al grupo de paisanas que aguardaban el toque de oraciones, sus vestidos originales y pintorescos realzaban la gracia y sencillez de sus fisonomías inocentes. Lo que mas nos llamaba la atencion era su singular tocado de hermosos moños medio cubiertos por cofias negras con encajes, moños trenzados con cintas blancas y prendidos con enormes placas de oro y plata imitando aletas y escamas, adorno que no carece de analogía con el que despues vímos en el tocado de las paisanas de Holanda, sobre todo del lado de Rotterdam. ¿Se me dirá que estos pormenores carecen de interes? Es bien posible; y sinembargo la escena se nos grabó profundamente en la memoria. Había tanto candor, tanta naturalidad y poesía en esa iglesia abierta y repleta de adornos pintorescos;--ese cementerio-jardin, defendido mas por la piedad comun que por su humilde cerca cubierta de guirnaldas;--esa _casa-chalet_, toda trasparente (con mas vidrieras que muros) y envuelta en un manto de flores y verdura,--y ese grupo de mujeres sencillas, de tipo original, esperando una campanada en la iglesia para entrar á orar! La escena era por sí sola una revelacion completa de las creencias, las costumbres, los hábitos, la raza y las virtudes campestres de aquella modesta poblacion. * * * * * Eran las cinco de la mañana cuando partíamos de Lungern al dia siguiente, en un ligero cochecito, orillando sucesivamente los valles de Lungern, Sachseln y Sarnen. La excursion al traves del pueblo de _Sachseln_ es realmente encantadora. El lugar (que apénas tiene unos 1,500 vecinos) está literalmente escondido, al pié de una magnífica montaña, en una vasta y primorosa floresta de árboles frutales, repleta de perfumes y alfombrada de heno y flores de mil colores. Los grupos de manzanos, perales y ciruelos alternan con los de cerezos, nogales y otros árboles en la mas graciosa confusion. Así, el distrito es literalmente un verjel, y sus habitantes viven entre flores, frutas y bóvedas perfumadas. Dudo mucho que los jueces tengan oficio allí. El crímen debe de ser desconocido en ese pueblo de humildes hortelanos, nacidos entre flores. El lago de _Sarnen_, haciendo abstraccion de las ciénagas vecinas, es de un aspecto suave y sereno. Sus orillas se confunden casi con el valle, y el camino pasa rozándole sus murmurantes y adormecidas olas. Al lado opuesto se ven campiñas bien cultivadas y dos ó tres pueblos análogos al de Sachseln. La longitud del lago no excede de 6,366 metros, con 1,916 de anchura y unos 70 de profundidad; y la navegacion se hace en barquichuelos de sencilla construccion. _Sarnen_, que cuenta poco mas de 3,400 habitantes, está trepada en parte sobre la falda de una montaña, reposando muellemente en las dos márgenes del Aa y rodeada de bellas arboledas. El estilo de esa pequeña ciudad es tan original como gracioso, y al notar su simplicidad de formas ninguno podría pensar que se halla en la _capital de un Sitado soberano_. Pero esa simplicidad se comprende con simpatía al saber que el doble canton de Unterwalden no es otra cosa que una humilde y dichosa confederacion de distritos que son otras tantas repúblicas democráticas. Unterwalden, por su pequeñez, no vale la pena de una relacion detenida, como cuerpo político; pero por algunas de sus instituciones características merece que se le cite como un modelo, y que se le respete por la filosofía y el buen sentido de sus ciudadanos. La poblacion de Unterwalden, de raza primitiva ó mas bien germánica, habla exclusivamente el aleman (muy viciado) y cuenta apénas 24,960 individuos, distribuidos en 13 parroquias, de las cuales 7 corresponden á Obwalden y 6 á Nidwalden. Desde el año de 1150 se estableció la division del Estado en dos entidades de gobierno independiente, teniendo la una su capital en Sarnen y la otra en Stanz. Unterwalden fué uno de los tres confederados que formaron la liga de Guillermo Tell para constituir la nacionalidad suiza, y sus soldados valerosos tomaron parte en todas las batallas de la independencia. El Canton en su totalidad no contiene sino florestas naturales, praderas y verjeles, siendo casi totalmente nulos el cultivo de cereales y la fabricacion. Así, sus producciones se reducen al corte de maderas, las cosechas de frutas (peras, manzanas, cerezas, ciruelas, duraznos, albaricoques y nueces de nogal), la extraccion de cidra (_kirchenwasser_), aceite de nueces y exquisita miel de abejas, y la fabricacion de quesos; todo lo cual rinde valores relativamente considerables, así como las crias de ganados. Cada una de las parroquias forma una república democrática, independiente en su gobierno propio y regida por asambleas de todos los ciudadanos, y por funcionarios electivos para los servicios permanentes. Cada medio-canton tiene sus ciudadanos propios, y solo poseen el sufragio comun unas cien familias de patricios primitivos que gozaban del derecho ántes de la division del Estado. Las instituciones de los dos medio-cantones ó gemelos políticos son tan análogas que basta indicar las de uno de ellos para dar idea del todo. Cada año se reunen en Asamblea todos los ciudadanos _activos_ de la confederacion de parroquias[24] con el objeto de discutir y votar las leyes y los presupuestos, aprobar las cuentas de la administracion, nombrar, si es oportuno, la parte de representantes que han de figurar en los cuerpos legislativos de la Confederacion helvética, y elegir los altos magistrados encargados de la administracion comun de la pequeña confederacion. La Asamblea no tiene iniciativa en las leyes y se reduce á aprobar ó rechazar lo que le propone el Poder Ejecutivo. Este se compone de 12 ó 14 magistrados llamados _Propuestos_ (_Vorgesetzten_), presididos por el _Landammann_ (_Hombre que gobierna el país_), especie de Presidente elegido anualmente por la Asamblea ó _Landsgemeinde_. Los _Propuestos_ son inamovibles. [24] Mas de la cuarta parte de los habitantes son ciudadanos. Obwalden tiene unos 13,400 habitantes y Nidwalden el resto. La ciudadanía se adquiere á la edad de 20 años. El rasgo mas bello de esas dos confederaciones microscópicas, que viven tan felizmente con su democracia pura, es la institucion relativa á la pena de muerte. Esta no puede ser pronunciada ni ordenada, cuando por gran casualidad ocurre un crímen capital, sino por un gran jurado compuesto de los jueces permanentes y todos los ciudadanos mayores de 30 años (excepto los eclesiásticos) que no son parientes de las partes y pueden prestar juramento. Despues del principio de la inviolabilidad de la vida, que vale mas que todo, nada hay tan bello como ese reconocimiento del principio de la familia social, en virtud del cual no es permitido privar de la vida á uno de sus miembros sin que toda la comunidad dé su voto y lo consienta. Es extraño que un estadito microscópico, perdido entre los contrafuertes y lagos de los Alpes, le esté dando lecciones al mundo que se llama civilizado acerca de la solidaridad fraternal de los hombres y los derechos de la vida humana! No olvidaré hacer notar que el Poder Ejecutivo es asistido en cada medio-canton por un Gran Consejo de representantes, y que el tribunal superior de cada grupo federal es igualmente un conjunto de jueces ó diputados judiciales de las parroquias. Así, la idea federativa se muestra en todas las entidades, desde la confederacion de los individuos hasta la de las distritos, como se muestra luego en la asociacion de los cantones soberanos. En el puerto de _Alpnach_, al pié del monte Pilatos, nos embarcamos á bordo de un vapor para cruzar el lago de los Cuatro-Cantones, en direccion á Lucerna. A nuestra derecha veíamos á _Stanz_, dormida en su gracioso valle, y el lago desarrollaba á nuestra vista encantada sus ondas reverberantes, sus magníficas montañas y todo un panorama de las mas poéticas y variadas formas, que evoca en todos sus sitios mil recuerdos de los tiempos heróicos de Suiza. * * * * * CAPITULO XII. LOS CUATRO-CANTONES. Idea general topo-hidrográfica.--La ciudad de Lucerna.--Curiosidades. --Un contraste social.--Condiciones generales del canton de Lucerna.--El lago de los Cuatro-Cantones.--Su navegacion y aspecto interior.--Recuerdos de la independencia. Casi en el centro del territorio suizo, en la region donde termina en cierto modo la zona montañosa y comienza la de las planicies ondulosas ó muy accidentadas, se produce una hoya relativamente considerable que, teniendo por centro hidrográfico al rio _Reuss_, ofrece á la vista del viajero el mas variado y acaso el mas bello panorama de ese país de maravillas naturales. Esa hoya, de formas muy irregulares y cerrada por todos lados ménos al Norte, es determinada por los numerosos contrafuertes que los Alpes arrojan sobre las planicies en muy diversas direcciones, y su conjunto produce la yuxtaposicion de numerosos valles, bastante estrechos y profundos, que giran todos sobre el valle central del Reuss, rio que, naciendo en las alturas de la _Furka_, á corta distancia de las fuentes del Ródano, corre en direccion absolutamente opuesta y va, de Sur á Norte, á llevar sus aguas al Rin, confundidas con las del Aar y el Limmat. El _sinus_ ó ensanche del Reuss en el fondo de una cuenca de inmensas rocas perpendiculares, es lo que constituye el lago de los Cuatro-Cantones (_Vier-Waldstatter-See_), el mas irregular y, sin disputa, el mas curioso de cuantos tiene Suiza. Al derredor de esa cuenca lacustre y dentro de la hoya indicada se encuentran, en todo ó en parte, los cuatro cantones que le dan su nombre al lago: al O. el de _Unterwalden_; al S. el de _Urí_; al E. el de _Schwyz_, y al N. el de _Luzern_ ó Lucerna,--rodeados por los de Berna, Glaris, Zug, Argovia, etc. Así, los cuatro cantones forman el mas pintoresco enjambre de montañas empinadas y abruptas (algunas de ellas nevadas), angostos y risueños vallecitos, colinas y riachuelos, bosques, praderas y verjeles, que se amontonan ó alternan al derredor del lago múltiple y caprichoso, como las mil variadas formas de un vasto parque semi-salvaje y semi-artificial al derredor de un enorme estanque de granito en que murmuran ondas trasparentes y azules. Si la topografía y la comunidad de intereses, de esfuerzos patrióticos, lengua, religion, raza y tradiciones, han creado una íntima confraternidad entre los cuatro ó mas bien _cinco_ cantones mencionados, la conformacion de su admirable lago indica, con no ménos evidencia que la orografía, que aquellos pueblos nacieron destinados á la comunidad social. En efecto, si se observa la extraña configuracion del conjunto del lago, la direccion opuesta de sus golfos y la de los cinco rios ó riachuelos principales que vierten sus aguas en la cuenca granítica comun, se reconoce fácilmente que en un tiempo muy lejano del actual no existió sino una serie de cinco ó seis lagos, ligados entre sí por los rios que los determinaban y tendiendo todos á confundirse en la cuenca del de _Lucerna_. Así, teniendo su caudal y cauce principales en el Reuss, el lago total (que debió formarse por la ruptura de diques naturales y el ensanche mas ó ménos lento de los cauces afluentes) recibe: al E., las aguas del _Muotta,_ riachuelo central del canton de Schwyz; al O., sucesivamente el _Isenthal_, el _Aa_ inferior ó del medio canton de Nidwalden, y el _Aa_ superior, que, como he dicho, recoge las aguas del medio canton de Obwalden. El lago en su totalidad tiene la forma irregular de una especie de cruz latina con el asta quebrada hácia abajo, pero tendida en sentido inverso. El pié quebrado es la pequeña cuenca correspondiente al valle de Altorf, llamada particularmente _lago de Urí_, y alimentada solo por las aguas del Reuss y el Isenthal. La parte central del cuerpo de la cruz es determinada por otra cuenca de muy distinta direccion, casi cerrada por dos estrechos, que tiene el nombre particular de _lago de Buochs_, y recibe en su extremo superior las aguas del Muotta, y hácia el N.-O. las del _Aa_ inferior. Mas abajo se abre otra cuenca que, siendo uno de los rayos de una magnífica estrella de cuatro golfos, es al mismo tiempo el principio del cuerpo ó tronco de la gran cruz. Allí las aguas se dividen en cuatro receptáculos de formas bastante análogas: el de la derecha gira por el pié de la magnífica montaña de _Rigi_ ó _Righi_, teniendo en su vértice á _Küssnach_; el de la izquierda, que es el otro brazo de la cruz, se dirige hácia el pié de la mole colosal del _Pilatos_, y se divide en dos golfos pequeños, uno de los cuales es el _lago de Alpnach_; en fin, el que determina la cabeza de la cruz toma su direccion hácia Lucerna, con el nombre particular de _lago de Lucerna_, se abre paso por en medio de bellísimas, colinas, dividiendo en dos partes la ciudad; y restablece el cauce del rio Reuss. Esta imperfecta y pálida descripcion dará alguna idea del singular capricho ó la multiplicidad de formas del lago de los Cuatro-Cantones, el mas interesante de todos los de Suiza por su aspecto y la composicion geológica de las cuencas encadenadas que lo forman, y el mas poético tambien, á causa de los espectáculos que ofrece y de los recuerdos que hace evocar relativamente á la historia de la Confederacion, Considerado en su totalidad, el lago tiene una elevacion de 438 a 450 metros sobre el nivel del mar, y mide en su máximum 38,530 metros de longitud, 15,100 de anchura, y 360 de profundidad. La varia direccion de los valles ó las abras que se inclinan hácia la cuenca del lago determina las mas diversas y aun opuestas corrientes de vientos, lo que unido á la composicion abrupta y rocallosa de todo el lecho, produce las mas violentas borrascas, que se repiten con frecuencia y a veces súbitamente. Lucerna es, sin duda, por su situacion y las campiñas primorosas que la rodean, una de las mas graciosas ciudades de Suiza, ó por lo ménos de las que demoran sobre márgenes lacustres. Asi, su conjunto ó aspecto general, sea que se le mire desde el lago, sea que se le contemple desde alguna eminencia, es admirablemente poético y risueño. Sinembargo, en su interior, aparte de algunos curiosos pormenores, Lucerna no corresponde á sus apariencias ni á la idea que su reputacion le hace concebir de antemano al viajero. La _fachada_ no coincide en nada con é interior de la ciudad. Cuando llegábamos á bordo del vapor que nos condujo desde Alpenach eran las once de la mañana, y bajo un cielo lleno de esplendor brillaban bajo el rayo casi perpendicular del sol el lago y el rio, sus muelles y puentes, los grandes y bellos edificios modernos que dominan un ancho malecon en escuadra, los campanarios de la catedral y otras iglesias, y las numerosas torres feudales y bastiones de las murallas almenadas que rodean la ciudad. Ese conjunto era realmente seductor, y sus bellezas se completaban con la magnificencia del paisaje circunvecino, hacinamiento de lindas colinas ondulosas, cubiertas de huertos y jardines y salpicadas de quintas y casas campestres en pintoresca dispersion. Pero al penetrar al interior de la ciudad, apénas detras de la primera fila de edificios que dominan el lago, todo cambió de aspecto. Allí encontramos donde quiera desaseo en las calles, vestidos tristes, descuidados y sin ningún carácter, calles tortuosas, feas y desapacibles, y casas de aspecto muy poco simpático. Por fortuna, si la mugre y la basura aumentan la tristeza de esas calles, el movimiento industrial y comercial les da alguna animacion de otro género. El viajero se detiene con curiosidad á observar las fuentes públicas de formas tradicionales y características (acaso las mas originales de cuantas se ven en Suiza), y los puentes echados sobre el Reuss para unir las dos partes de la ciudad, casi todos de madera, cubiertos, y adornados con las mas curiosos retablos. Cada país se manifesta en sus monumentos: Suiza, el país de las puras y abundantes aguas, ha prodigado en todas sus ciudades esas fuentes conmemorativas de las tradiciones nacionales, cuyas formas son tan características. Lucerna no es notable por ninguna especialidad artística, industrial ó literaria, ni por sus monumentos ó edificios públicos. Sus singulares puentes de madera, tan característicos de Suiza, como las fuentes públicas de piedra coronadas por figuras de guerreros ó animales, por curiosos que sean no merecen en rigor el nombre de monumentos. El mas hermoso edificio de la ciudad, situado en la parte S.-O., á la izquierda del rio, es el antiguo colegio de los Jesuitas (hoy convertido en Liceo cantonal), y esa superioridad es una prueba mas de que en todas partes la Compañía de Jesus ha logrado el mejor lote. De los cuatro puentes de Lucerna los mas notables son: el de _Hof_, que mide 360 metros de longitud y atraviesa el vértice del lago, ofrece un admirable punto de vista sobre las montañas, y está adornado en su interior con 238 malos cuadros pintados al óleo que representan pasajes bíblicos; y el de _Kapell_, que domina el punto en que el lago se convierte en rio, mide 324 metros y contiene 154 cuadros de muy antigua fecha que representan sucesos de la historia de Suiza y la vida y milagros de los dos santos patronos de la ciudad, Por curiosos que sean esos puentes vetustos es de aplaudirse la resolucion de la ciudad de demolerlos para establecer malecones y muelles á lo largo de las márgenes del rio, y reemplazarlos con mas sólidas y elegantes construcciones. De todas las curiosidades de Lucerna la que mas llama la atencion de los viajeros _paseantes_ es el _monumento_ consagrado, fuera de la ciudad, a la memoria de los soldados suizos que murieron al servicio de Luis XVI en la famosa jornada del 10 de agosto de 1792, peleando contra el pueblo de Paris. Consiste el monumento de un enorme león alegórico (de 9 metros de longitud y 6 en altura) esculpido en el fondo de una especie de gruta cavada en un gran peñasco. Una cascadita que salta por encima del león, cayendo en un estanque, una capilla cercana, una casita elegante dentro de la cual se hallan de venta mil curiosidades, y los pabellones de verdura que rodean el monumento, completan el gracioso cuadro. Allí encontramos a un guardián vestido con el uniforme de los suizos de Luis XVI, asegurando con mucho aplomo á tres señoras inglesas que él se habia batido como un león en la consabida jornada del 10 de agosto, escapando por milagro. Aunque el _ilustre_ combatiente no manifestaba tener mas de sesenta años, ni se mostraba muy erudito en punto á geografía francesa, eso no impedia que un grave ciudadano de «la pérfida Albion» estuviese recogiendo con avidez las _reminiscencias_ del suizo y anotándolas cuidadosamente en una cartera de viaje, como novedades de primer orden. Si la credulidad candorosa del insular nos hizo sonreír, confieso que no pude comprender el orgullo con que los ciudadanos de Lucerna conservan ese extraño monumento, que á mis ojos no era sino un padrón de infamia, ó por lo menos una tristísima reminiscencia. En vez de consagrar monumentos á la memoria de la degradacion del noble y libre pueblo suizo, los ciudadanos de la Confederacion deberían hacer todo lo posible por condenar al olvido ese mercenarismo extravagante que desde hace tantos siglos ha hecho de la Suiza un semillero de soldados de las mas odiosas tiranías y de los mas corrompidos y corruptores gobiernos. Si en los últimos diez años se ha visto á los mercenarios suizos saqueando a Peruza, como soldados del Papa, y defendiendo con atrocidades la causa de los Borbones de Nápoles, debe recordarse tambien, en honor del radicalismo helvético, que las asambleas y el gobierno de la Confederacion han adoptado en esta época medidas enérgicas para poner término al mercenarismo. Gracias al incomparable Garibaldi y á Gialdini y otros generales italianos, los soldados suizos han desaparecido ya de la Italia meridional; y entre los grandes resultados de la revolucion italiana no será uno de los ménos apreciables la sustitucion del _voluntario_ heróico y desinteresado (instrumento de emancipacion y símbolo de la fraternidad de los pueblos) en lugar del _mercenario_ de otra época, instrumento de opresion y símbolo de la degradacion humana. * * * * * Lucerna, ciudad esencialmente católica, tiene unos 11,500 habitantes, de los cuales en 1857 solo 317 eran protestantes. Gracias á la navegacion por vapor del lago, en relacion con la via que conduce á Italia por el San-Gotardo, y al reciente ferrocarril que la ha puesto en rápida comunicacion con Berna y los ferrocarriles del occidente y norte de Suiza, Lucerna comienza á tener notable importancia comercial, aunque acaso la perderá en parte cuando Italia y Suiza tengan comunicaciones directas y prontas. La industria de Lucerna se reduce á algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y de objetos de _bonetería_, y sus fábricas son muy subalternas. Produce tambien sombreros de paja y otros artículos de poca importancia. Por lo demas, Lucerna es fiel al pensamiento general (fruto de la emulacion que engendra el régimen de autonomía federal) que inspira á los Suizos tan cuidadoso interés por los establecimientos de instruccion y beneficencia. El aislamiento en que la naturaleza habia tenido á los pueblos suizos, ántes de las invenciones modernas de la industria en materia de comunicaciones, les habia hecho comprender que debían sacar toda su fuerza de ellos mismos. Por eso ha sido tan profundo y general en Suiza el sentimiento de fraternidad, que se manifiesta en los numerosos hospitales, hospicios y otros establecimientos análogos. En cuanto á los de enseñanza, la emulacion, por una parte, sostenida por la autonomía política y social de los cantones, y por otra el progreso de las ideas é instituciones democráticas despues de 1798, y de 1848 particularmente, han favorecido la multiplicacion de institutos destinados á propagar los conocimientos de todo género en la masa popular. Haré notar aquí, á reserva de posteriores observaciones, ciertos contrastes curiosos que el viajero atento observa fácilmente en las ciudades de Suiza. En ningún país son tan oportunas las comparaciones como en Suiza, donde en un pequeño pero variadísimo territorio coexisten confederadas varias razas muy distintas, con religiones, prácticas, artes é instituciones muy diversas. Sin querer en manera alguna deducir reglas generales en favor ó en contra de ningúna religion, puedo afirmar que sin excepcion ninguna notable, he observado en todas las ciudades de Suiza un contraste evidente respecto del mercenarismo, el desaseo, la situacion de los establecimientos públicos y las costumbres é instruccion de las masas populares. Los cantones protestantes han suministrado un número insignificante á los déspotas, en calidad de mercenarios; la inmensa mayoría ó casi la totalidad de estos ha salido siempre de los cantones católicos. ¿Es que el protestantismo es favorable á la libertad y mantiene y estimula el sentimiento de la dignidad personal? Creo que sí, á juzgar por los hechos que he observado en muchos de los Estados europeos, correspondientes á distintas razas y religiones. En cuanto al instinto ó el gusto por el aseo y la decencia, he visto en Suiza (y mas tarde haré notar lo mismo respecto de otros países) el contraste que ofrecen doce de las capitales de cantones que he visitado. En la serie de ciudades que visitamos desde Ginebra hasta Schaffhousen, pasando por Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Altorf, Zug y Zuric, y desde San-Gall hasta Basilea, hemos visto, no obstante la alternacion en que se hallan esas ciudades, por razón de sus creencias religiosas, esta diferencia: en Ginebra, Losana, Neuchâtel, Berna, Zuric, San-Gall, Basilea y Schaffhousen, ciudades protestantes, decencia, pulcritud y esmero en todas las cosas públicas; en Friburgo, Lucerna, Altorf y Zug, desaseo, incuria en las masas y las calles, ausencia ó escasez de gusto. El mismo contraste ofrecen las ciudades suizas en lo relativo a la instruccion popular, á la situacion de los establecimientos públicos y á las manifestaciones de actividad y progreso que se resumen en las costumbres, la industria y las instituciones, sean cuales fueren las razas sujetas á la observacion. En la region central de Suiza, dominando un territorio perfectamente homogéneo en su aspecto, sus producciones, etc., y favorecidas por una igual autonomía, he visto un cordón de ciudades, desde el lago Leman hasta el Rin, enlazadas en este orden: Ginebra, Losana, Neuchâtel, Friburgo, Berna, Lucerna, Zug, Zuric. De esas ciudades las tres primeras y la cuarta y octava son reformadas, y en ellas se encuentra: actividad industrial y comercial, culto por las artes, gran desarrollo de la instruccion, evidente liberalismo en las instituciones, pulcritud, esmero por las cosas públicas, costumbres apreciables y progresistas y solicitud en favor de la beneficencia, Al contrario, en las demas de las ciudades mencionadas, que son católicas y han mantenido numerosos institutos monásticos, todo concurre á manifestar una evidente inferioridad relativa, tendencias al quietismo, la incuria, la rutina y el desaseo. Puede ser que estos fenómenos tengan otra explicacion; pero hasta ahora creo que el materialismo de ciertas prácticas, el espíritu de obediencia pasiva y el ejemplo de holgazanería dado por las comunidades monásticas, explican en mucha parte las diferencias que se notan en el seno de razas que ocupan un territorio homogéneo. La historia del canton de Lucerna, cuyo nombre, como es bien sabido, proviene del antiguo fanal _(lucerna_ en italiano) que brillaba en una torre de la ciudad, construida en medio del Reuss y llamada Torre-del-agua _(Wasserthurm)_,--esa historia, digo, es bien sencilla y se resume toda en la de la ciudad, como sucede con todos los cantones suizos. Un convento ó abadía fundado á fines del siglo VII, por un señor ó propietario feudal del país, fué el núcleo de la actual ciudad. Cedida en el siglo VIII por el rey franco Pepino el Breve a los abades de Murbach, uno de estos la vendió mas tarde, con otros distritos adyacentes, al emperador Rodolfo de Habsburg. En 1332 Lucerna, despues de sostener como vasalla varias luchas contra los tres cantones confederados que fueron el núcleo de la gran Confederacion, entró en alianza con ellos, luchó contra el Austria y aseguró su independencia. La dominacion de la ciudad de Lucerna sobre todo el canton fué absoluta y sus instituciones enteramente aristocráticas. La invasion francesa de 1798 modificó profundamente la situacion, pero la reaccion de 1815 restableció las antiguas instituciones. La causa democrática volvió á triunfar en 1831, para sufrir nuevos descalabros en 40 y 42, pero gracias á la revolucion radical de 48 que destruyó el _Sonderbund_, el Canton ha entrado en la via general trazada por el derecho público de la Confederacion. Con todo, sus instituciones particulares están muy distantes aún de ser democráticas, aunque en apariencia la soberanía reside en el pueblo. El gobierno es ejercido por un Gran Consejo (cuerpo legislativo) de 100 diputados de larga duracion, de los cuales (por una extraña combinacion que no he hallado en ningún otro país) 80 son elegidos por los ciudadanos electores y 20 por los 80 diputados; y por un Pequeño-Consejo (_Kleine-Rath_) compuesto de 15 miembros encargados del Poder Ejecutivo, elegidos cada tres años por el _Groose-Rath_ ó Gran Consejo. El Tribunal supremo se compone de 13 jueces elegidos por el mismo Consejo. El Canton está dividido en cinco circúitos ó _Amts_, que poseen consejos municipales y se subdividen en distritos comunales (_Gemeinde_) administrados por funcionarios únicos. La poblacion del canton de Lucerna es exclusivamente alemana por la raza dominante y la lengua, y casi totalmente católica. En 1850 habia 132,843 habitantes, de los cuales solo 1,563 reformados. En 1860 la poblacion habia bajado á 130,965 individuos. La disminucion depende enteramente de la emigracion. El Canton mantiene el catolicismo romano como _única_ religion del Estado. Cuenta en su suelo mas de 15,000 casas, tiene una área total de 1,540 kilómetros cuadrados, y mide en su mayor longitud 50 kilómetros y 41 en su mayor latitud. La mayor parte de su territorio se compone de fértiles y pintorescos valles surcados por afluentes del Aar, tales como el Reuss, el _Marienthal_, el _Vigger_, el _Suren_, el _Winen_, etc. Ademas de las aguas del lago de los Cuatro-Cantones, de que participa notablemente, y de unos tres ó cuatro laguitos microscópicos, encierra los de _Sempach_ y _Baldeg_ y una pequeña parte del de _Halwyl_, que son navegables. Los productos principales del Canton son agrícolas: granos, plantas filamentosas y crias de ganados; en su industria solo son notables algunos tejidos de algodon, lino y cáñamo y la fabricacion de cidra. * * * * * La navegacion del lago de los Cuatro-Cantones, á bordo de uno de los numerosos vaporcitos que parten de Lucerna cada hora, en diversas direcciones, es una de las mas entretenidas. Desde que se atraviesa el centro de la estrella lacustre llamado _Kreuztrichter_, y se pasa por en medio de _Woegis y Kirsiten_, teniendo á la izquierda la _costa_ del canton de Schwyz y á la derecha la del de Unterwalden, todo cambia de aspecto y adquiere el sello de la majestad y la hermosura agreste. Ya no se ven colinas ondulosas, alegres quintas ni verjeles, sino inmensas murallas de rocas formidables, perpendiculares, que parecen amenazar con desplomarse de repente y encajonan las ondas verdi-azules como en una taza profundísima de los mas extraños relieves y variadas tintas. Las pequeñas poblaciones aparecen al pié de las montañas ó trepadas sobre los peñascos, como formas de fantasía ó de capricho que se ciernen sobre los abismos. Dos promontorios que se avanzan de los lados opuestos el uno hácia el otro, determinan un estrecho de poco mas de un kilómetro de anchura. El vapor penetra entónces en la hoya que llaman «_lago de Buochs_,» dejando atras la de Kreuztrichter, y la cuenca se desarrolla como un estanque inmenso, cerrando el horizonte por todos lados y llena de magnificencia. Al poniente descuellan en sus marcos rocallosos y de sombría vegetacion los distritos de _Buochs y Beggenried_; al este, _Gersau_, villa del canton de Schwyz cuya historia política es una de las curiosidades de Suiza. Donde quiera las montañas ofrecen los mas bellos contrastes, sea por sus formaciones geológicas, sea por su vegetacion. Verdes praderitas alternan con tupidos bosques de abetos corpulentos; ásperos derrumbes se nuestran al lado de rocas perpendiculares y estupendas que parecen de una sola pieza, y magníficas estratificaciones, mas ó ménos desnudas, unas horizontales y de capas delgadas, otras inclinadas en diversos sentidos y compuestas de poderosos bancos. Tal parece como si una legion de titanes hubiese edificado allí, para escalar el cielo, un enjambre de colosales fortificaciones de diversas formas, superponiendo las rocas como las capas de calicanto de una muralla, y que una tremenda conmocion del suelo hubiese luego desquiciado, destrozado y revuelto esas construcciones titánicas en mil moles discordantes y pavorosas. Donde quiera las ondas del lago se sacuden oprimidas por la cintura de montañas,--desnudas, ásperas y medrosas abajo, verdes en el centro, majestuosas en todas sus formas, y empinadas hasta dividirse en soberbios picos y cúpulas disformes, por encima de los cuales se ven reverberar los lejanos nevados de Unterwalden y Urí. _Gersau_, como he dicho, es una curiosidad histórica. Allí descolló en otro tiempo la mas pequeña república democrática, independiente y soberana que haya existido jamas en el mundo. El paisaje que ofrece la humilde villa, asentada en su llanurita de aluvion y dominada por su linda iglesia, es tan risueño como raro en aquella cuenca de peñascos. Hoy cuenta unos 1,600 habitantes católicos. Sometida á diversas dominaciones hasta el siglo XIV, y luego _hipotecada_ como una finca, se rescató en 1390, despues de haber hecho alianza con los tres cantones de la primitiva confederacion. Desde mediados del siglo XV, en plena posesion de todos sus derechos, Gersau fué una república soberana hasta el fin del siglo XVIII, «fuerte de unos 900 ciudadanos de todo sexo, edad y condicion, entre gobernantes y gobernados, _ejército_, _marina_» y demas adminículos de una nacion. Las guerras de la revolucion francesa y los sucesos posteriores trastornaron la pacífica _nacionalidad_ de Gersau, y despues de sus esfuerzos infructuosos de 1814 y 1846 por recuperar su independencia, la microscópica república quedó anexada definitivamente al canton de Schwyz. Dejando la burla á un lado, confieso que nada me ha parecido tan sublime como la historia de ese pueblecito de pastores rústicos. Jamas en forma tan pequeña se vió representado principio tan grande y sagrado como el de la libertad y la soberanía de los pueblos. Otro promontorio muy pronunciado, el de _Treib_, estrecha la cuenca del lago, en frente á la confluencia del Muotta y la aldea de _Brunnen_, y, dando una media vuelta, el vapor entra á la cuenca ó lago de Urí, de aspecto mucho mas grandioso aún que la de Buochs.--Brunnen es el puerto del canton de Schwyz por ese lado, miéntras que _Art_ lo es en el extremo meridional del lago de Zug. El vapor nos condujo directamente á _Flüelen_, el puerto del canton de Urí, dejándonos ver de paso la eminencia de _Grütli_, mas adelante la curiosa _Capilla_ de Guillermo Tell, y donde quiera, en las rocas tajadas, un enjambre de obeliscos y pirámides de aspecto basáltico y singulares tintas. Lo que se llama Grütli es una pradera rodeada de bosques, que corona una alta loma situada sobre la raíz del promontorio de _Wylenstein_. Allí se encuentra una casa solitaria que los muy curiosos visitan, y cerca de ella tres fuentes que pertenecen á la poética leyenda de la independencia ó de Guillermo Tell. Fué en ese sitio que se reunieron el 8 de diciembre da 1307, en ausencia de Guillermo que se hallaba preso, los tres famosos patriotas de los cantones de Urí, Schwyz y Unterwalden, que juraron ligarse para luchar contra la tiranía de Gessler ó la casa de Austria y fundar la independencia federativa. La _Capilla de Tell_, objeto de alta y justa veneracion en el país, no por lo que ella es, sino por las tradiciones que hace evocar, es un templete abierto en forma de arcada, construido sobre una roca y casi al nivel del lago, y encuadrado en un marco de abetos y peñascos. Las ondas golpean las gradas que dan acceso al _Tellenplatte_, y á veces sus espumas van á desvanecerse al pié de los dos altares de piedra que adornan el interior. En los muros y el techo se ven frescos del mas macarrónico estilo, que representan varios pasajes de la historia de la emancipacion. Todos los años, en dia fijo, se dice allí una misa en conmemoracion de los hechos evocados; y se asegura que la capilla fué inaugurada por 114 individuos que conocieron en persona á Guillermo Tell. El motivo de la ereccion de ese _monumento_ es una tradicion que recuerdo haber visto traducida en una estampa de colores, en cierto albergue de mi país, cuando tenia nueve años. Guillermo, prisionero de Gessler, á bordo de una barca, algunas horas despues de la terrible prueba de la manzana, logró, gracias á una súbita borrasca, que se le desliase para dirigir la embarcacion. Al pasar por el pié de la roca en que se encuentra la capilla, saltó á tierra, se escapó y fué á esperar á Gessler en el istmo que media entre Küssnach y el lago de Zug, al pié del monte Righi, donde logró darle muerte, libertando á su país y vengándose de las crueldades sufridas. Algunos viajeros, al pasar por delante de los _monumentos_ consagrados á la memoria de Guillermo Tell, se burlan de los Suizos y califican de fábula todo lo que se refiere á la leyenda heróica del libertador de los Tres-Cantones; y por mucho que se haya dicho en comprobacion, es general la opinion de que aquel personaje no existió. Los Suizos se ofenden mucho de eso, y tienen razón. Por mi parte, creo en Guillermo Tell como en la libertad, el patriotismo y la gloria. Ni el héroe tuvo en si nada de fabuloso, nada que no fuese natural y comprensible, ni hay razón para rechazar la autenticidad de una leyenda que es la de todos los pueblos libres, con diferencias de pormenores y estilo. De todos modos, un pueblo que sabe mantener el culto de semejantes epopeyas revela sólidas virtudes y es digno de la libertad. * * * * * CAPITULO XIII. LOS PEQUEÑOS CANTONES. Altorf.--El canton de Urí.--Los valles de Schwyz.--Goldau.--La ascencion del Rigi.--Escenas del Rigi-Kulm.--Panorama de la Suiza central. La grandiosa montaña del Rigi no es solo interesante como punto de vista que domina un inmenso y admirable panorama: lo es tambien por la circunstancia muy particular de ser el centro de los pequeños cantones ó Estados independientes que sirvieron de núcleo á la Confederacion, y al mismo tiempo el centro de una encantadora region de lagos y montañas, que se agrupan con maravillosa variedad y armonía de formas y aspectos. En efecto, al N.-O. y O. del monte Rigi se extienden sobre las riberas del lago de los Cuatro-Cantones los territorios de Lucerna y Unterwalden, que acabo de describir rápidamente; al S., el canton de Urí; al E. el de Schwyz, que encierra el gracioso lago de _Lauerz ó Lowerz_ y es riberano de los de Zug, Zuric y Vier-Waldstatter; al N.-E. y N., el canton de Zug, dueño de la mayor parte del lago del mismo nombre y de todo el de _Egeri_. Es curioso observar que, con excepcion del canton de Lucerna, es al derredor del monte Rigi y sobre las riberas de esa serie de lagos que se hallan los mas pequeños y antiguos cantones de Suiza,--pequeños sobre todo por su poblacion y sus recursos,--los que han sido la cuna de la libre Confederacion Suiza, dándole hasta su nombre, y los que, al traves de todas las revoluciones y peripecias políticas, han mantenido con mas pureza y energía dos formas sociales que en casi todo el mundo han figurado como contradictorias despues del siglo VIII, á saber: el catolicismo romano y la república democrática. Ya se ha visto cual es la organizacion política y social de Obwalden y Nidwalden: ahora indicaré los rasgos principales de esa organizacion en los cantones de Urí, Schwyz y Zug, que me han llamado mucho la atencion no obstante la extrema rapidez con que recorrí algunas partes de sus territorios. En _Flüelen_ descendimos del vapor que nos habia llevado desde Lucerna del un extremo al otro del magnífico lago. Flüelen no tiene valor ninguno como localidad: es un miserable villorrio de 600 habitantes, cuya importancia consiste solo en la ventaja de ser el puerto comercial del canton de Urí y el extremo setentrional de la gran via que, remontando el valle del Reuss, va á buscar en Italia los lagos _Maggiore_ y de _Lugano_, pasando por el célebre cuello de San-Gotardo, objeto de tantas atenciones estratégicas en los tiempos de guerras ó desconfianzas europeas. La hoya encerrada entre la formidable barrera oriental de montañas que pasando por el San Gotardo se dirige hácia las soberbias neveras del _Mont-Rose_, y la que por la _Furka_ gira al occidente en direccion al grupo magnífico del _Titlis_, constituye la totalidad del canton de Urí, el primero de la Confederacion en el rango de antigüedad ó de cancillería. Esa hoya hermosísima, dominada por tan grandiosas montañas y neveras, tiene por centro hidrográfico el pequeño rio Reuss, al cual afluyen las aguas de seis ó siete riachuelos que bañan otros tantos valles casi paralelos entre sí, á uno y otro lado, trasversales ó perpendiculares al del Reuss. Es en esa serie de valles elevados que se halla distribuida la escasisíma poblacion de Urí, poblacion de rudos montañeses y pastores, libres, independientes, sencillos, candorosos y profundamente adheridos á su suelo ingrato y sus queridas tradiciones religiosas, sociales y políticas. Un modesto coche de movimientos repulsivos nos condujo por el húmedo y melancólico valle, en cuarenta minutos, á la célebre _ciudad_ de Altorf, capital del Canton, donde Guillermo Tell ganó la inmortalidad con la famosa proeza de la manzana y la flecha. La triste y pobrísima capital del Estado soberano de Urí demora en el fondo del valle, al pié de la amenazante mole de _Grumberg_, y teniendo de un lado el Reuss, de otro el _Schachoenbach_, su afluente, y al norte la cercana ribera del lago. El aspecto de las calles es triste y desolado, y donde quiera se ven ruinas que manifiestan cuánto ha tardado la ciudad en reponerse del terrible incendio que la devoró en 1799. Apesar del orgullo con que los vecinos señalan su bonita _catedral_ (que no carece de algunos objetos interiores apreciables) y sus cuatro ó mas conventos, de los cuales tienen por muy interesante el de _Capuchinos_ (que dicen es el mas antiguo de toda la Suiza); apesar de eso, digo, Altorf con sus 2,150 habitantes, su silencio y quietud y su miseria, no interesa al viajero sino por los recuerdos que despierta con sus fuentes conmemorativas del heroismo de Guillermo Tell, y su torre de curioso aspecto, que se alzan en la calle principal. Una de esas fuentes está situada en el lugar donde el terrible Gessler hizo colocar al hijo de Guillermo para que este traspasase con su flecha la manzana puesta sobre la cabeza del inocente niño. La fuente está coronada por la estatua del heróico patriota con una bandera en la mano. A poco mas de cien pasos se halla la otra fuente con el grupo de Guillermo y su hijo. Guillermo, condenado á la terrible prueba, que podia costarle tan caro pero que le devolvia la libertad necesaria para servir á la patria, estrecha contra su corazon al fruto de su amor, muestra la alabarda debajo de un brazo, y alza la mirada con altivez, confiando en Dios y en la santidad de su causa. Mas allá está la torre de sencillas formas, pintada en su exterior con frescos que representan la historia de Guillermo. La calle estaba solitaria, y los tres monumentos nada valian á nuestros ojos como obras de arte, ni nos recordaban una epopeya que pudiera interesarnos personalmente. Y sinembargo nos sentímos profundamente conmovidos. Había tanta elocuencia en esos monumentos de tan vulgar ejecucion, tal candor en el culto que les tributan los humildes y pobres habitantes de Altorf, y tantos motivos para comprender el valor de esa sublime virtud que se llama el patriotismo!... Esa inmortalidad de un nombre y una leyenda al traves de tantos siglos, y esa elocuencia de dos toscas estatuas en el fondo de un pobre valle de Suiza,--inmortalidad comprendida y elocuencia bien sentida por dos almas viajeras nacidas en el corazon de los Andes,--¿no eran las mejores pruebas de que el patriotismo no es un delirio sino una gran virtud, una religion, y que la gloria no es una quimera, sino una eterna auréola de los grandes caractéres y de los pueblos libres? * * * * * Las proporciones del canton de Urí son bien reducidas. Jamas Estado alguno ofreció mejor la prueba de que no era vana la promesa de Cristo: los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros. Urí, primer Estado de la Confederacion en el órden de admision, es el último por su riqueza ó producciones y su poblacion: esta apénas excede de 14,700 habitantes, todos católicos y que hablan la lengua alemana muy adulterada, lo mismo que los de Unterwalden, Schwyz y Zug. El humilde canton es sinembargo superior á otros diez cantones en cuanto á la extension territorial, pues mide una superficie de 1,092 kilómetros cuadrados, teniendo en su mayor longitud (de S. á N.) 25 kilómetros, y en su mayor anchura 43. El Canton es visiblemente pobre, apesar de sus numerosos valles, algunos bastante abrigados, y de contar con la via internacional de San-Gotardo. Sus producciones de alguna importancia se reducen á la cria y exportacion de ganados, fabricacion y exportacion de quesos, corte de maderas en las magníficas florestas de las montañas y cultivo de árboles frutales y _papas_ ó patatas. Por lo que hace á las instituciones y costumbres, bastará dar una idea general de los tres cantones que son objeto de este capítulo, y que tienen completa analogía en su historia, condicion social y económica y organizacion política, judicial y religiosa. Mas adelante, al hablar del canton de Schwyz, diré lo que me parece mas interesante. Desde ahora solo haré notar una circunstancia que es comun á los tres cantones. Nacidos, como Estados soberanos, de una liga heróica, espontánea y fraternal para conquistar la independencia respecto de la antigua casa de Austria, su suerte ha sido comun en todo tiempo, tanto en las contiendas interiores de la Confederacion como en el largo período de guerras á que dió lugar la revolucion francesa. A esa comunidad histórica y política y á la de raza, lengua, religion, costumbres, instituciones y producciones agrícolas, se agrega la de la topografía, cuya influencia ha sido muy notable. La doble circunstancia de estar esos cantones compuestos de series de valles que se bifurcan ó reunen en admirable armonía, no obstante su variedad y de ofrecer paso hácia la via del San-Gotardo (comercial y estratégica al mismo tiempo), ha provocado naturalmente la colision de ejércitos enemigos, en los tiempos de guerras europeas, sobre el teatro de los pequeños cantones del centro de Suiza. Así, el viajero no recorre ninguno de esos valles sin encontrar uno ó mas campos de batalla donde los Franceses lucharon con prodigiosa energía y audacia contra las fuerzas muy superiores de los generales rusos y austríacos. Al atravesar esos campos de batalla no puede uno ménos que admirar el contraste entre la humildad y el silencio de aquellos lindos valles solitarios y recónditos, y la grandeza de las cuestiones europeas que el genio de la revolucion y el de la guerra debatieron allí sobre un campo neutral. ¡Con cuánta majestad y aterradora solemnidad debieron resonar los ecos del cañon en el seno de aquellas concavidades de granito coronadas de hielo! ¡Cuán triste es pensar que la guerra, aparte de todas sus violencias, sus horrores y los ultrajes que infiere á la humanidad y la civilizacion, comete con frecuencia el gran crímen de escoger como teatro de sus barbaridades el suelo de algun pueblo pacífico, neutral, indefenso y humilde! Bastaría recordar que el hijo de Burdeos ó del Havre se ha batido terriblemente con el salvaje Cosaco de los desiertos mas lejanos, en el fondo de los valles de Suiza, para comprender todo lo que la guerra de ambiciones y conquistas tiene de inicuo y detestable. * * * * * Volvímos á Flüelen, y en vez de embarcarnos de nuevo en un vapor para dirigirnos á Schwyz por Brunnen, tomamos una pequeña barca manejada por solo un remero. Este era el único medio de poder apreciar de cerca las magnificencias geológicas de la parte del Waldstatter llamada lago de Urí. En efecto, no recuerdo haber visto en ningún otro país de Europa, excepto sobre las orillas del Elba, en la admirable comarca llamada «Suiza sajona», estratificaciones rocallosas tan extrañas y grandiosas, tan sorprendentes por sus variadas formas y su aspecto romántico, tan _originales_, por decirlo así, como las que ofrecen las formidables paredes que circuyen el lago, sobre todo en la orilla oriental, en el trayecto que média entre Flüelen y Brunnen. La ligera barquilla, de muy tosca construccion, saltaba como un pez, cediendo á las fuertes ondulaciones del agua agitada por el viento del sur. En los primeros minutos no dejamos de tener miedo, porque los movimientos eran muy desordenados, el viento nos azotaba con fuerza y á veces saltaban sobre el fondo de la barca chispazos espumosos que nos mojaban. Ademas, sabíamos que en el lago las borrascas eran casi siempre repentinas y peligrosas para frágiles barcas. Pero nuestro batelero, hombre de fisonomía ruda pero honrada, y conversador como pocos (tanto mas cuanto que tenia que conversar por tres, porque no entendia jota de frances, inglés ni ménos español, y nosotros éramos incapaces de decirle mas de seis ú ocho palabras en aleman) nuestro batelero, digo, nos tranquilizó á fuerza de señas, haciéndonos comprender que no habría borrasca sino tres horas despues, y que la extrema agitacion de las ondas no dependia sino de la proximidad de las rocas y los ocultos arrecifes. Por lo demas, era tal nuestro encanto á la vista de las maravillas naturales que nos rodeaban, que en breve nos faltó tiempo y espíritu para tener miedo. El lago estaba en aquellos momentos absolutamente desierto, y nosotros, á pesar de los aires nacionales que silbaba de tiempo en tiempo el humilde batelero, íbamos completamente entregados á la suprema delicia de la contemplacion de la naturaleza, á cuyo poema se mezclaban los silenciosos himnos del amor y los recuerdos de la patria,--esa dulce querida que no tiene sexo para sus adoradores. Tocamos en la roca donde Guillermo Tell puso el pié para escaparse de la barca de Gessler, y visitamos la capilla que apénas habíamos mirado de paso cuando íbamos á bordo del vapor. Cuarenta minutos despues llegábamos al puerto de Brunnen, y tomábamos un coche que debia llevarnos por la via de Schwyz á Goldau, al pié del monte Rigi. Brunnen que, como he dicho, es el puerto del canton de Schwyz para sus relaciones comerciales del lado del lago de Waldstatter, es un pueblecito insignificante, situado en el límite del valle del Muotta (_Muottathal_), pero que no carece de interes bajo el punto de vista histórico. Fué en Brunnen donde, el 9 de diciembre de 1315, los delegados de los tres cantones primitivos contrajeron la alianza definitiva que fundó la base de la Confederacion; allí se reunian las dietas ó asambleas de diputados y jefes de Schwyz, Urí y Unterwalden para resolver sobre los negocios comunes de la Confederacion madre; y allí combatieron con furor, al fin del siglo pasado y principio del actual, los ejércitos de Francia y Austria que se disputaban la via del San-Gotardo. El valle de Brunnen, regado por las aguas reunidas de los valles opuestos de Muotta y Lowerz, y limitado al norte por la serranía que tiene su núcleo en el Rigi, es muy gracioso, fértil y pintoresco. Donde quiera el viajero mira con delicia enjambres de huertos rodeados de húmedas praderas que tienen su límite en las montuosas faldas de las montañas; y echa de ver que en ese valle demora una poblacion de costumbres apacibles, contenta con su modesta condicion y fuertemente adherida á sus tradiciones y á los hábitos de libertad democrática y culto católico-romano. * * * * * A una hora y cuarto de Brunnen, al pié de una cadena de montañas y dominando la confluencia de los valles de Muotta y Lowerz, demora _Schwyz_, capital del canton del mismo nombre, bonita ciudad de unos 5,500 habitantes, graciosamente asentada sobre las faldas ondulosas que descienden de la serranía de los _Mythen_. Su linda iglesia parroquial, sus edificios públicos de instruccion, beneficencia, etc., sus vecinas aldeas anexas, sus bellas campiñas que se desarrollan en planos inclinados, trepando hácia las montañas ó descendiendo hácia los valles, y los puntos de vista encantadores que ofrece su término, le dan un interes pintoresco y de color local que aumenta el valor histórico de la ciudad. Schwyz, en efecto, tiene el primer rango entre las ciudades de los cantones primitivos, por haber no solo tomado la iniciativa en la lucha de la independencia y en otras posteriores, bajo el principio federal, ostentando el valor, la tenacidad y el buen sentido de sus hijos, sino tambien por haberle dado su nombre á toda la Confederacion (_Schweiz_ ó _Schweizerland_), nombre que se ha mantenido con preferencia al de _Helvecia_ de orígen latino. Se puede decir que no ha ocurrido en ese país un grande acontecimiento político en que los ciudadanos-soldados de Schwyz no hayan hecho un papel muy importante, desde el tiempo de la primera liga hasta la que, bajo el nombre de Sonderbund, fué vencida por el radicalismo en 1848; luchando sucesivamente en Morgarten, Sempach y otras batallas, contra los Austríacos, en Grandson y Morat contra Cárlos el Temerario, en los combates de 1799 á 1801, contra las tropas de la Francia revolucionaria, y en los conflictos posteriores de la Confederacion que terminaron felizmente en 48. El canton de Schwyz es el mas importante de los primitivos por su riqueza y poblacion. Cuenta unos 45,600 habitantes que ocupan una área total de 908 kilómetros cuadrados, y mide en su mayor longitud, del E. al O., 45 kilómetros, por 38 en su mayor anchura; partiendo límites con los cantones de Urí y Glaris, al S. y S.-E.; de San-Gall y Zuric, al E.; de Zug y Lucerna, al N., y de Unterwalden al O., con riberas en las lagos importantes de Lucerna, Zug y Zuric. Aunque el suelo del canton no es generalmente fértil y está cortado en todas direcciones por un cáos de montañas, su agricultura es muy esmerada, sus productos variados y de importancia, y posee alguna industria, que consiste en tejidos de seda y otros artículos, así como explota algunas turberas y canteras de cal. Sinembargo, su riqueza principal está en las crias de excelentes ganados, la valiosa fabricacion de quesos, la explotacion de sus florestas de abetos y el cultivo de frutas, legumbres, etc. Un hecho muy notable llama la atencion en Schwyz y los tres cantones pequeños que lo rodean por varios lados y le son enteramente homogéneos: hablo de la prerogativa que se han reservado los distritos de elegir sus curas ó pastores, ventaja excepcional que la corte de Roma ha negado siempre á los pueblos católicos. En aquellos cantones el sacerdote encargado de administrar los intereses religiosos de la libre grey recibe su autoridad de los creyentes que depositan en él su confianza, y el obispo no hace otra cosa que confirmar la eleccion ó consagrarla. Es el derecho de patronato ejercido por su legítimo propietario, el pueblo creyente; ó es en cierto modo la reminiscencia de la primitiva iglesia. Creo que á esta singular ventaja debe atribuirse principalmente el fenómeno (que lo es hoy y no lo fué en un tiempo) de la coexistencia del catolicismo romano con la libertad y la república democrática _pura_ en los cantones de que voy hablando El catolicismo, practicado como existió en los primeros siglos de la iglesia, es en efecto una religion esencialmente democrática, porque así es no solo la religion de las muchedumbres fraternizando, sino tambien la prueba de la libre voluntad de la grey en la aceptacion de sus pastores. El hábito de elegirlos libremente ha debido mantener vivo y persistente en Urí, Schwyz y Unterwalden el sentimiento democrático del derecho de todos y cada uno de los asociados, porque nada influye tan poderosamente sobre las ideas, costumbres é instituciones políticas de un pueblo como las prácticas y tradiciones religiosas. Son estas las que inician al hombre en la posesion de su _conciencia_, y el que tiene una conciencia libre, sana y digna en religion, no puede ménos que tenerla en asuntos de moral y política. Otro fenómeno curioso que se nota en esos cantones correspondientes á las hoyas de los lagos de Zuric y los Cuatro-Cantones, es el del contraste de tradiciones políticas entre pueblos que en nada difieren en cuanto á raza, lengua y religion, y cuyas fronteras son en realidad imperceptibles, puesto que la topografía es homogénea. En efecto, se ven en contacto en esas dos hoyas lacustres siete ú ocho cantones cuyas instituciones han diferido y aun difieren mucho, como el espíritu de sus habitantes. En Lucerna han predominado la tendencia aristocrática muy exagerada y la centralizacion absoluta. En los medio-cantones de Unterwalden y en Urí, Schwyz y Zug, la república democrática pura, descentralizada en todos los distritos. En Glaris ha regido algo peor que el gobierno aristocrático: el de la teocracia mas retrógrada ó estancadora. Por último, en San-Gall (en otro tiempo dominado por abades y obispos) y en Zuric, ha predominado un espíritu liberal temperado: el de la república representativa, que hace emanar toda autoridad de la Asamblea legislativa elegida por el pueblo. ¿Cómo explicar tan notables diferencias entre poblaciones análogas que tienen casi la misma historia y ocupan un suelo casi comun? Se buscará la explicacion en el aislamiento secular de las unas y el contacto comercial de las otras con pueblos avanzados? Esa explicacion es la ménos admisible, porque no cuadra con los hechos, que son absolutamente contradictorios. Por mas que medito, no encuentro nada que se acerque tanto á la racional y mas general explicacion del fenómeno como la que se deduce de las tradiciones religiosas. En Lucerna ha dominado, como en Glaris, el catolicismo de mala ley, el aristocrático, que, faltando á las primeras tradiciones de la iglesia y á su espíritu de igualdad y fraternidad, ha hecho de las jerarquías un dogma y de la explotacion de las conciencias un sistema, prescindiendo de contar con la voluntad de los fieles, que es el símbolo de la libertad de la conciencia. En los cantones democráticos el catolicismo ha sido democrático, inofensivo, armonizando sus intereses con los de la sociedad. En Zuric, el protestantismo ha mantenido la nocion de la libertad personal, abriendo el camino á la república; pero no ha ido directamente hasta la democracia pura, porque los hábitos de individualismo que adquiere el protestante como creyente, no se amalgaman sino al cabo de mucho tiempo (ó en circunstancias excepcionales, como en los Estados Unidos) con los hábitos de accion colectiva que engendra el catolicismo. Por último, en el canton de San-Gall, aunque los católicos están en mayoría, la minoría reformada es muy fuerte y respetable, en términos que ámbas comuniones están representadas en el gobierno casi con iguales fuerzas. Esa coexistencia política y social del catolicismo, que tiende hácia la democracia pero se ha complicado con jerarquías é instituciones viciosas, y del calvinismo, que no admite jerarquías y hace del pastor un ciudadano padre de familia y de libre eleccion y responsabilidad;--esa coexistencia, digo, ha debido equilibrar las fuerzas de las dos comuniones, depurarlas por la emulacion, armonizarlas por el contacto íntimo y necesario, y conducirlas á un régimen de conciliacion ó transaccion, cual es el de la república representativa. Volviendo á los cantones primitivos diré, para terminar mis breves observaciones sobre organizacion social, que todo lo que llevo indicado acerca de Unterwalden es aplicable á Urí, Schwyz y Zug, con pocas diferencias secundarias. Por punto general son electores y ciudadanos gobernantes todos los varones mayores de 20 años. Allí no hay Asambleas legislativas, en la acepcion general del término. El pueblo se gobierna á sí mismo, ya en todo el canton, reuniéndose anualmente al aire libre para elegir sus mandatarios de toda clase, aprobar cuentas, votar presupuestos, sancionar leyes y nombrar los representantes para la Dieta federal; ya en los distritos, ejecutando las mismas operaciones en escala reducida. Los pueblos viven contentos con ese noble régimen de confraternidad política y social, de libertad, igualdad y autonomía; y cada uno de esos ciudadanos manifiesta en su porte y en los actos de su vida que tiene la conciencia de su derecho, el hábito de ejercerlo constantemente, y la altivez modesta y la fidelidad á las tradiciones de independencia y libertad que son necesarias á todo pueblo digno de vivir en la tierra bajo la proteccion de Dios. * * * * * El valle que se extiende entre el Muotta y el lago de Zug, encerrado por los montes Mythen y los que corresponden al grupo del Rigi, es gracioso y apacible, levantado hácia la mitad por los derrumbes de Goldau y algunas lomas pedregosas. En su primera parte, la mas cercana á Schwyz, yace en el fondo de la hoya el pequeño y muy gracioso lago de _Lowerz_, rodeado de planos inclinados y ondulosas colinas. El solitario laguito, por cuyas orillas giran dos caminos carreteros, y en cuyas claras ondas reposan algunos barquichuelos perdidos entre juncos á la vera de puertecitos que no carecen de gracia, mide apénas 5 kilómetros de longitud, como 2 y 1/2 de anchura y unos 18 metros de profundidad. Es uno de tantos juguetes de la hidrografía de Suiza, propios mas bien para encantar al viajero que para servir al comercio y la navegacion. En el punto en que la gran mole del Rigi presenta su flanco oriental, haciendo frente al _Rossberg_, que se alza del lado opuesto como un monstruo descarnado, el valle tiene un aspecto de desolacion que acongoja, sobre todo por los recuerdos que despiertan los enormes y desnudos pedrizcos dispersos en el sitio que en 1806 ocupaba el pueblo ó aldea de _Goldau_. Hoy no existen allí sino una capilla, un hotel para los viajeros y algunas casas formando una calle, construidas en época reciente. Miéntras nos preparaban los caballos que debíamos montar para subir el Rigi, quisimos recorrer á pié, por entre rudas malezas, peñascos destrozados y hacinamientos desordenados de los restos del espantoso derrumbe, el teatro de desolacion que atestigua la catástrofe. Todavía encontramos algunas charcas de lecho calcinado, restos de las aguas del lago de Lowerz, que llegaba hasta allí y que fué violentamente colmado en parte por la caida súbita de un cuarteron del Rossberg. Arriba se ostenta la horrible faz de la montaña, cuyo flanco se desprendió en mil enormes moles de peñascos y polvo, cayendo sobre el valle y aplastando y triturando el antiguo pueblo de Goldau. El inmenso parche rojizo que quedó en la montaña le da un aspecto de muerte y horror que hace temblar, porque el viajero recuerda que muchas poblaciones de Suiza viven bajo la constante amenaza de semejantes derrumbes. La desolacion de Goldau y del flanco de la montaña hace el mas rudo contraste con el bello panorama de la hoya y el resto del valle, desde el lago de Zug hasta las márgenes del Muotta. Eran las tres de la tarde cuando empezamos á subir el Rigi, en caravana con otros diez ó doce excursionistas. La montaña se ostentaba á nuestros ojos llena de hermosura y majestad en su conjunto y de gracias y sorpresas en sus relieves, sus hondas ramblas, sus magníficos bosques, sus solitarias praderas, sus dispersos _chalets_ y sus mil rasgos interesantes. De repente, cuando el sol era mas punzante y el calor mas fuerte, apesar de la ascencion hácia cimas elevadas, el aire nos trajo ráfagas amenazantes, el cielo se anubló, y todo cambió de aspecto con la prontitud con que en un teatro se cambia una decoracion. La borrasca se desató con violencia, por fortuna cuando llegábamos a una casa de parada, pero al cabo de veinte minutos se disipó con la misma prontitud. Así son las borrascas en casi todos los lagos y las regiones montañosas de Suiza. Confieso que el accidente, léjos de contrariarnos, nos causó vivo placer, ya porque nos ofreció la ocasion de ver una de esas violentas é interesantes transiciones meteorológicas de Suiza, ya porque nos presentó un espectáculo de imponderable hermosura, que jamas habíamos contemplado en condiciones análogas y que solo se puede hallar en valles estrechos formados por altas montañas y con lagos en el fondo. En el momento en que la lluvia caia con mas violencia y abundancia sobre la altura en que nos hallábamos, el valle era teatro de una admirable escena de luz, sombras y colores en soberbio contraste. El valle, verde, húmedo y reluciente, perfectamente iluminado por los rayos oblicuos del sol, parecia un inmenso tapiz de esmeralda salpicado de manchas de azabache y ópalo, y en el fondo se agitaban las ondas del lago de Lowerz con los últimos estremecimientos causados por el soplo de la borrasca. Las dos serranías abruptas de Rossberg y Rigi estaban aún perfectamente negras, encapotadas por falanges de nubes sombrías que parecian adheridas al oscuro crespon de los bosques de abetos, duplicando la majestad de los desnudos picos y los medrosos derrumbaderos. En fin, en la mitad del flanco de las dos montañas opuestas, descansaban los extremos de un inmenso arco íris, el mas perfecto y luminoso que yo haya visto, echado sobre el valle y el lago, de un lado al otro, como un puente aéreo levantado para darle paso por encima del luminoso abismo á una legion de hadas ó genios invisibles. No he visto jamas en tan pequeño espacio un espectáculo de las hechicerías de la naturaleza tan súbito, grandioso y variado como el que allí contemplamos durante diez minutos. La pedregosa cuesta, poco ántes sedienta y asfixiada por el sol de agosto, se embriagó con el baño de la borrasca, y cuando seguímos la marcha apénas se veian las señales en la humedad del suelo, las perlas de las verdes praderitas, las trenzas luminosas de cabellos líquidos que caian de los follajes cónicos de los abetos, y el caudal duplicado de algunos arroyuelos que se perdian saltando en cascaditas escondidas en las profundidades de los bosques y de los abismos. El aire estaba impregnado de los mas ricos perfumes; los matorrales de helechos sacudian sus húmedas melenas sobre las alas de la brisa, y al concierto de rumores salvajes que se alzaba del seno de las profundas ramblas ó torrentes se juntaba el ruido de las campanillas que agitaban las vacas y las cabras, al vagar por las entrecortadas praderitas de la montaña, devorando con avidez y delicia la grama humedecida. Desde el albergue donde nos habíamos defendido de la borrasca comienza una serie de capillitas ó nichos (12 ó 13) colocadas á ciertas distancias en sitios mas ó ménos pintorescos, á la vera del camino. Si en todos los cantones católicos abundan en los caminos esas señales de culto religioso, en las subidas del Rigi, y sobre todo en la de Goldau, hacen un papel importante. Por una parte marcan las estaciones de los peregrinos que van á visitar á _Nuestra Señora de las Nieves_; por otra sirven de apostaderos á infelices inválidos que piden limosna á los viajeros y hacen durante los meses de verano su provision para todo el año. A poca distancia de la cumbre del Rigi demora en medio de bosques y praderitas muy accidentadas el famoso hospicio de _Nuestra-Señora_, muy venerado por los milagros que á la _Vírgen de las Nieves_ se le atribuyen y habitado por tres ó cuatro frailes. Al derredor de la capilla y el hospicio se destacan numerosas hospederías, algunas considerables y de bonito aspecto, habitadas por toda una poblacion de señoras nerviosas y gentes enfermizas que van á curarse con sueros, ejercicios y aire puro. No habia ménos de doscientas personas alojadas allí cuando pasamos, y á juzgar por su cordial familiaridad la residencia debia de serles grata. Cuarenta minutos despues llegábamos á la eminencia de _Staffel_, especie de introduccion á la superior llamada _Kulm_. Allí se reunen las tres principales vias que de puntos opuestos conducen á la cumbre, y el viajero se siente repentinamente en presencia de un panorama soberbio, saliendo de la cuenca cerrada del camino á una pequeña planicie que permite registrar con la vista todo el canton de Lucerna y parte del de Unterwalden. Media hora mas tarde, caminando sobre el lomo desnudo de la montaña, fuímos á apearnos á la puerta del estupendo hotel de _Rigi-Kulm_, que es el punto mas elevado de la montaña y el término de la excursion. Nada mas curioso que aquella Babel europea edificada sobre tan alta cumbre, en medio de un enjambre de lagos, valles y montañas, en el centro de la libre y pintoresca Suiza. Allí se reunen en una noche todas las razas europeas y aun algunas del Nuevo Mundo, se hablan todas las lenguas, y se ponen en contacto no solo las mas diversas fisonomías sino todas las vanidades, las extravagancias, las puerilidades, las candideces, las notabilidades en excursion y todos los géneros de fastidio y _esplin_ que es fácil encontrar en una gran reunion de viajeros. Mas de trescientas personas nos hallábamos allí reunidas, la mayor parte en el hotel de Kulm, y era de ver el contraste de fisonomías y maneras que ofrecian las parejas de esposos en luna de miel (todavía novicios, candorosos en sus tiernas y sentimentales demostraciones); los literatos andariegos y desocupados, á caza de asuntos para fabricar cuentos y novelas; las mujeres fatigadas del mundo, de la raza de las _mal comprendidas_, arrastrando sus colas de tafetan ó linon sobre la alfombra de grama; los hombres _serios_, habilitados de personajes por sí y ante sí, con la seguridad de no ser desmentidos por sus interlocutores desconocidos; los ingleses extravagantes, ó taciturnos, ó aburridos, siempre en mayoría ó en número muy considerable; en fin, los negociantes _retirados_, empeñados en darse aires de condes viajando _de incógnito_, y revelando con sus modales que debajo de sus guantes resistian al tiempo las callosidades contraídas en los años de plebeya labor. Acaso en ninguna parte son mas ridículas y palpables las vanidades y tonterías de la flaca humanidad, que en esos sitios donde la naturaleza ostenta como soberana la casta desnudez de sus gracias ó la majestad de sus grandiosas formas. El panorama que la vista abarca desde el Kulm es imponderablemente sublime, variado y sorprendente. La Suiza aparece en derredor con todos sus contrastes, sus formas colosales y horribles en unas partes, apacibles y pintorescas en otras, donde quiera bellas y seductoras, ó imponentes. Eran las seis de la tarde cuando contemplábamos á la tibia luz del sol poniente aquel mundo de montañas y lagos, valles y planicies, florestas y praderas, verjeles y ciudades y pueblos. La naturaleza tiene en cada hora sus encantos distintos, porque en cada una tiene sus misterios de vida y amor, según el modo como la acaricia esa maga divina que se llama la Luz. Así, nosotros teníamos avidez de _admirar_, tanto en las últimas horas de la tarde como en las primeras de la mañana. Si al dia siguiente debíamos ver, por una singular fortuna, los tres grandes fenómenos de óptica y meteorología á que se suele prestar el Rigi, en la tarde, que estaba despejada pero llena de poética melancolía, pudimos contemplar el inmenso panorama bajo su aspecto apacible. Desde el alto mirador del Kulm registrábamos, á la simple vista ó por medio de un enorme anteojo, casi todo el territorio de la Suiza centro-oriental y una vasta region del sur, en direccion á las cadenas mas colosales de los Alpes. Teníamos á la vista, en todo ó en parte, las planicies, los valles y los altos relieves de trece ó catorce cantones de la Confederacion que corresponden á la grande hoya del Rin y sus afluentes; y veíamos abajo, ya á nuestros piés como abismos de ópalo y azul pálido, ya á distancias mas ó ménos considerables y con las mas diversas formas, doce lagos importantes: el de los Cuatro-Cantones, en partes, los de Sempach, Baldeg y Hallwyl, al O.; los de Zug, Zuric, Greiffertz, Egeri y Pfoeffikon, al N., y los de Lowerz y Wallenstatter (entre Glaris y San-Gall) al N.-E. Con el anteojo veíamos distintamente todas las casas, y aun objetos pequeños de Lucerna, Art, Zug, Zuric y muchas otras localidades; y en la circunferencia de cien leguas que se abarca, nos hallábamos perplejos para escoger lo mas bello entre tantas hermosuras. Al norte la mirada se pierde en direccion al Rin, deteniéndose en la lejana cadena de la _Floresta-Negra_, que forma el sistema orográfico del gran-ducado de Báden y de una parte del reino de Wurtemberg. Al sur, del lado de Unterwalden, se ve tambien el lago de Sarnen, y la mirada tropieza con la mole severa del _Pilatos_ y las magníficas cimas de los Alpes. Al poniente se extienden las risueñas planicies del canton de Lucerna y las hoyas del Reuss y el Aar, cuyas ondulaciones les dan el aspecto de un mar de pálida ó amarillenta verdura. Por último, al oriente se desarrolla el cáos tumultuoso de los Alpes de Glaris, Appenzel y los Grisones, descollando hácia el S.-E. las mas gigantescas neveras. Aquello es inmenso en proporciones y prodigiosamente bello! * * * * * Eran las cuatro de la mañana cuando el agudo son de la cornamusa alpestre nos despertó y puso en movimiento á todos. Ibamos á contemplar la salida del sol, que es uno de los mas sublimes espectáculos que se pueden observar desde una cumbre elevada de los Alpes. Nuestra fortuna fué tal que no solo tuvimos ese placer durante algunos minutos, sino que logramos ver el espectro solar en toda su aterradora magnificencia, y la formacion súbita de una borrasca del lago de Lucerna. El alba comenzaba apénas cuando mas de trescientas personas nos hallábamos en el punto culminante, acechando el momento en que el sol debia asomar por encima de los Alpes. Todo el inmenso panorama que en la tarde anterior habíamos contemplado estaba en las tinieblas, pero no ya en una oscuridad profunda, sino cubierto de un crespon vago de tinta gris oscura, algo mas clara en los espacios de las lagos, de cuyos senos se levantaban nieblas y vapores fijos al parecer, al principio, y luego errantes y dispersos. Las estrellas brillaban aún con un fulgor pálido y moribundo, y un silencio sepulcral reinaba en el fondo de todos los abismos. Un lampo de claridad apareció en el oriente como una mota de indecisa blancura; despues se extendió al pié del horizonte en una inmensa cinta luminosa y rosada, y los astros apagaron su tembloroso brillo. Pocos minutos pararon y la luz apareció clara y purísima en las alturas del cielo; vímos que comenzaban á brillar las cúpulas de los mas altos y lejanos nevados, miéntras que la gran masa del panorama estaba cubierta de profundas sombras. En seguida el inmenso anfiteatro de los Alpes fué ofreciéndonos una sucesion de apariciones: la luz, cayendo sobre las alti-planicies y los valles en infinitas cataratas, se desplomaba de repente, de instante en instante, de una cima estupenda al escalon de otra mas baja, de esta á otra inferior, y así sucesivamente hasta inundar de claridad toda la gradería titánica de sierras y montañas. Entónces una luz mas cercana, semejante al resplandor de una hoguera invisible, apareció sobre la primera cima del oriente, superior al Rigi; un minuto despues asomó el borde del disco solar, luego un cuarto, la mitad, en fin todo el astro soberano de la creacion física, inmenso, rojo como la enorme boca de un horno repleto de fuego, y tan cercano á virtud de la ilusion óptica, que parecia como adherido al lomo de la montaña y amenazando venir sobre nosotros. Todo entónces se inundó con aquel mar de luz que brotaba del océano celeste; todos los abismos se aclararon, los lagos reverberaron como espejos, y un grito acorde y unísono de trescientas gargantas saludó la aparicion del amante universal! Me sentí tentado á caer de rodillas ante aquella majestad cuya suprema hermosura me ofrecia la mejor imágen, la única bastante expresiva de la suprema prevision, sabiduría y bondad y el inagotable amor de Dios.... Me parecia sentir que en la delicia de mi sangre y en la muda adoracion de mi alma se resumian todos los estremecimientos de la vida orgánica de la Creacion al saludar la aparicion del astro portentoso.... Pero cuán poco debia durar aquel incomparable espectáculo! Al mismo tiempo que se acercaba la divina aparicion, se iba levantando del fondo del lago de Lucerna, desde el pié del Pilatos hasta el vértice de Küssnach, una borrasca espantosa, y los fenómenos se sucedieron en la cuarta parte del tiempo necesario para describirlos rápidamente. Toda la parte del lago al N.-O. del Kulm habia estado en la oscuridad cuando la luz reinaba en las alturas del Oriente; y miéntras que del lado de Alpnach venia alzándose un inmenso torbellino que hacia del horizonte inferior un horrible cáos, del fondo del golfo de Küssnach se levantaba un enorme muro de vapores negros y espesos, produciendo entre su línea y la mole del Rigi un valle imaginario del mas extraño aspecto. El muro habia llegado hasta la mitad de la altura del Rigi cuando el sol mostró todo su disco. Fué entónces que, durante un minuto, pudimos ver el fenómeno del espectro solar. La imágen de la cumbre del Rigi se reflejaba con todos los objetos que la coronaban en el muro vertical de nubes negras, y las figuras humanas aparecian en aquella fantasmagoría con las mas extravagantes formas y las tintas mas románticas. Pero sol, espectro solar, cielo, lagos, paisajes y montañas, un momento visibles, desaparecieron luego como por encanto en pocos segundos. La borrasca de Alpnach, engendrada por el soplo traidor del Pilatos, subia, subia y subia, con una rapidez prodigiosa, escalando la montaña como una furia y revolcando en el abismo sus remolinos de ráfagas y lluvia con la violencia del mar irritado que sacude su melena sobre inmensos arrecifes. La tromba subió hasta la cumbre, envolvió completamente la montaña, oscureció cuanto habíamos visto, reproduciendo la noche con sus grandes horrores, y vomitó sus cataratas de granizo menudo y dardos de agua sobre la cima que el sol acababa de dorar con sus lenguas de fuego. Todos volvímos al hotel y solicitamos el sueño. Cuando á las diez de la mañana volvímos á salir, el tiempo se habia serenado, y cada lago y cada nevera lejana reverberaba con esplendor, reproduciendo la magnífica iluminacion del cielo.... * * * * * CAPITULO XIV. ZUG Y ZURIC. Küssnach, Immensée y el lago de Zug.--La capital y el canton de Zug.--Horgen y el lago de Zuric.--Instituciones y condiciones sociales del Canton.--La ciudad de Zuric, situacion y aspecto.--Historia, monumentos y curiosidades. Mi esposa, que ademas de tener un gusto decidido por los bellos espectáculos de la naturaleza, es animosa en los viajes, habia tenido el capricho de proponerme que bajásemos el Rigi á pié, en direccion á Küssnach. Aunque el descenso es algo fatigante y requiere cerca de tres horas, no renunciamos al proyecto. Un guia tomó nuestro modesto bagaje, nos proveímos de grandes bordones herrados y comenzamos á bajar la cuesta. Si el bello panorama del N.-O. que teníamos al frente, en direccion á Lucerna y el valle de Reuss, nos ofrecia constantemente motivos de embeleso, los mil graciosos objetos del camino en sus vueltas y revueltas, y las praderas, los bosques, verjeles y cortijos que lo orillan á uno y otro lado, nos produjeron mil dulces emociones, que eran con usura la recompensa de las fatigas de la marcha. Casi al caer al fondo del valle vímos las ruinas del Castillo de Gessler (destruido en 1308) que mantienen de un modo negativo las tradiciones de la independencia. Küssnach, villa de unos 2,800 habitantes perteneciente al canton de Schwyz, carece de interes aunque no de gracia, arrancando del fondo de su golfo ó lago para prolongarse por el valle ó trepar hácia la montaña, á la sombra de sus nogales, sus perales y otros árboles frutales en gran profusion. La Suiza es realmente el país de los verjeles, y tanto que, relativamente al escaso territorio aplicable á ese cultivo en los valles y las faldas ó planicies no muy elevadas, no he visitado en Europa ninguno que le aventaje en huertos de frutales. Hay poblaciones enteras que no viven de otra cosa; y acaso en mucha parte debe atribuirse la índole dulce y laboriosa de los Suizos al hábito de cuidar con esmero los árboles, admirarlos repletos de flores y aromas y recoger sus frutos al lado de muy numerosas colmenas. A unos 2 kilómetros de Küssnach, en direccion al lago de Zug, nos bajamos del coche para hacer una corta visita á una curiosa capilla, reedificada muchas veces, que conmemora un hecho decisivo de Guillermo Tell. Pequeñita y muy léjos de ser monumental, la capilla tiene cierta gracia rústica que invita al viajero á visitar el interior. Un cuadro al óleo y algunos frescos relativos á la muerte de Gessler y á los hechos de Guillermo, son todo lo que hay interesante. Fué allí donde Guillermo, despues de su escapada en el lago de Urí, esperó á Gessler, oculto en el bosque, y le disparó la flecha certera que libró á la patria de su tirano. Mal librado saldría el viajero que se atreviese á poner en duda el hecho, ó á censurarlo bajo el punto de vista moral. Media hora despues, pasando por en medio de arboledas graciosas, llegamos al pueblecito de _Immenssée_, sobre la ribera izquierda del lago de Zug, en cuyo puerto hubimos de esperar algunas horas el vapor que debia conducirnos á Zug. El lago de este nombre, abierto en su mayor extension y rodeado de planos ondulosos y bajas colinas en cultivo, carece de esa majestad de aspecto que distingue á los lagos de las regiones enteramente montañosas; pero sus puras ondas y sus graciosos promontorios, de los cuales dos situados hácia el centro lo dividen en dos cuencas de nombres diferentes, hacen un bonito juego con las campiñas riberanas cubiertas de árboles frutales, viñas y legumbres. El lago se extiende de sur á norte, midiendo entre los dos extremos (de Arth á Chaam) unos 15 kilómetros, por 5 en su mayor anchura. La pequeña ciudad de Zug inspira muy pocas simpatías al viajero que se acerca á su puerto al traves del lago. Es un poblachon de poco mas de 3,300 habitantes, sin gracia ninguna y con un aire de vejez vulgar, de indolencia y tristeza, que no coincide en nada con lo que se espera de la capital de una república democrática. Sinembargo, la parte _nueva_ de Zug manifiesta algunas veleidades ó tendencias progresistas. En cuanto á la antigua (cuyo orígen es desconocido) las curiosidades que encierra y la forma singular de sus edificios pierden mucho de su atractivo, porque el viajero encuentra en casi todas las calles horrible desaseo, fetidez y señales de incuria. Entre los edificios y establecimientos públicos de Zug hay dos que nos llamaron la atencion, el uno por su originalidad como monumento patriótico, y el otro por su significacion característica de Suiza. Me refiero al _Osario_, depósito de calaveras mas ó ménos históricas que, segun me dijeron, pasan de 1,500, todas rotuladas con los nombres de los que fueron sus propietarios,--lo que no deja de prestarse á curiosos comentarios--y la _Casa-del-tiro_, institucion esencialmente suiza, porque caracteriza á ese pueblo de ciudadanos libres, todos soldados y prontos á defender la patria en cualquier momento de alarma ó de peligro. Casi todos los cantones suizos tienen un establecimiento permanente donde los ciudadanos se ejercitan en el tiro de fusil ó carabina, como en otro tiempo en el de alabarda. Así como en los países españoles y españolizados tenemos las corridas de toros como características, y en los italianos el carnaval, los suizos tienen sus fiestas nacionales ó locales en los nobles ejercicios del patriota, celoso siempre de defender como soldado el derecho que tiene como ciudadano. Los cantones se reparten por turno el honor de ofrecer la hospitalidad á sus confederados en la fiesta del tiro, haciendo los gastos y preparativos necesarios. Los buenos tiradores concurren de todos los puntos de la Confederacion á disputarse los premios y el honor del triunfo, fraternizando siempre; y no pocas veces toman parte en la pacífica lucha algunos aficionados de Inglaterra, Francia, Italia y Alemania. * * * * * El canton de Zug, dominado en sus primeros tiempos por señores feudales y luego por la casa de Austria, no entró á la Confederacion suiza hasta el año de 1622. Desde entónces ha sido fiel á sus compromisos de alianza primitiva, pero su papel es demasiado subalterno para llamar la atencion. Su poblacion en 1860 ascendia apénas á, 19,667 habitantes, y su territorio es tan reducido que ocupa el último lugar en la Confederacion. Sus 300 kilómetros cuadrados de superficie no alcanzarían en rigor sino para un importante distrito. Aunque no carece de montañas, sobre todo hácia el S.-E., la mayor parte del suelo es llana, compuesta de pequeñas planicies bien cultivadas que alternan con algunas colinas montuosas. Su excelente clima y la fertilidad del suelo permiten al Canton, ademas de la cria de ganados y abejas, mantener un notable cultivo de granos, viñas y árboles frutales. Produce licores de frutas y _cidra_ en cantidad considerable; posee algunas fábricas de papel y telares de filoseda, y explota algunos depósitos de turba. Ya he dicho, en cuanto a sus instituciones puramente democráticas, que son enteramente análogas á las de los tres cantones primitivos. La carretera que gira de Zug á Horgen (en la ribera izquierda del lago de Zuric) corta el rio _Sihl_, que es la frontera de los dos cantones, y pasa por una comarca sumamente bella y pintoresca. Allí no se encuentran los relieves ni los aspectos severos de los Alpes; todo es risueño, suave y onduloso; el camino es literalmente una calle de verdura, que gira entre verjeles, prados floridos, murmurantes arroyos y tupidos bosques ricos en aroma y frescura. Donde quiera se ven colonias de abejas, cuyas colmenas se destacan en graciosos grupos en medio de campos floridos, ó se repara en los montones simétricos de cuarterones ó pequeños adobes de turba, de cuyo seno se escapan turbias espirales de humo que se pierden en el follaje de los árboles. Era casi la noche cuando llegábamos á _Horgen_, pintoresca y simpática villa de unos 5,000 habitantes, perteneciente al canton de Zuric, cuyo aspecto de bienestar, exquisita pulcritud y buen gusto contrasta mucho con el de las tristes localidades que acabábamos de visitar (Altorf, Zug, etc.). Resolvímos detenernos allí, dejando partir el vapor que á las ocho de la tarde seguia en direccion á Zuric, y esperamos la siguiente mañana para visitar las curiosidades de Horgen. Una montaña cubierta de bosques, en forma de cordon, paralela á la ribera del lago y que casi arranca desde la limpia y verde márgen, domina enteramente á Horgen, de manera que la graciosa villa, encerrada entre el lago y la montaña, se prolonga á lo largo de la orilla, ó muestra algunas de sus fábricas y muchas de sus casas de estilo pintoresco trepadas en escalones como escalando la montaña, en medio de jardines y huertos. Aunque la agricultura es la ocupacion de la mayoría de los habitantes, la villa es muy fabricante, como todo el canton á que pertenece. Donde quiera se ven grupos de obreros, almacenes de materias primas y fábricas bien montadas y en actividad, las mas importantes de tejidos de seda baratos, sencillos y que no carecen de elegancia, y de pañuelos de algodon y otras telas, de colores vivos y populares. El propietario de una de las mejores fábricas tuvo la bondad de permitirnos la entrada y mostrarnos con mucha obsequiosidad todas las operaciones y los aparatos. Hablaba bien frances y parecia contento de que dos hijos de Colombia hubiesen ido á visitarle su fábrica. Nos explicó muchas cosas útiles, confirmándonos respecto de los tejidos lo que ya sabíamos acerca de otros productos de la industria suiza. Es curioso observar, en efecto, que los fabricantes suizos, careciendo de puertos marítimos y hallándose á tanta distancia del Mediterráneo, el Atlántico y el mar del Norte, para procurarse las materias primas á buen precio, hacen una operacion singular: compran en Inglaterra, en Francia y otros países los tejidos en blanco ó bien los hilos necesarios, y se reducen en muchos casos á darles los colores convenientes ó someterlos á operaciones complementarias, para luego reexportar los mismos artículos, sosteniendo la competencia con ventaja no solo en países lejanos sino aun en los mismos de donde han tomado las telas ó los hilos. Esto mismo sucede con los excelentes relojes suizos, cuyos mecanismos proceden generalmente de Inglaterra. ¿Cómo explicar ese fenómeno industrial? Fácil es comprender que la completa division del trabajo, la sobriedad y moralidad que les inspira el calvinismo, la tenaz laboriosidad á que los condenan las condiciones del suelo, la emulacion inteligente que la libertad engendra, y los hábitos de fraternidad que imperan en las costumbres, han debido poner á los Suizos en capacidad de producir bien y barato, á pesar de las distancias que los separan de los mares y las numerosas aduanas ó fronteras que su comercio tiene que salvar. Al embarcarnos á bordo de un vapor, con direccion á Zuric, pudimos admirar en su conjunto la gracia y los contornos de Horgen, cuyos pormenores nos habian seducido. La villa es literalmente un conjunto de fábricas y bonitas casas de elegantes formas, terrazas y jardines. La vida debe de ser dulce, apacible y dichosamente laboriosa en ese lindo pueblo. El lago de Zuric es, sin disputa, el mas _civilizado_ de cuantos encierra Suiza. Mirando desde el centro hácia la ribera oriental, se ve en una extension de muchos kilómetros una interminable sucesion de quintas y pequeñas poblaciones, que son como los arrabales de Zuric, tan enlazadas ó en contacto que parecen formar una ciudad. Las riberas son bajas, sin peñascos ni asperezas, descendiendo hasta las ondas en pintorescos planos inclinados. Donde quiera viñas, jardines y verjeles, elegantes casas de campo y pruebas evidentes de actividad, bienestar, esmero y pulcritud; donde quiera bonitos puertos y muelles, establecimientos de baños, vapores, barcas y faluchos, graciosas torres y á lo léjos numerosas y buenas carreteras. El lago de Zuric tiene formas muy regulares, pero su anchura no guarda proporcion ninguna con su longitud. Tiene la forma general de un arco, y mide desde su extremo sur, donde desemboca el rio _Limmat_ que es su principal determinante, hasta Zuric, donde vuelve á seguir su curso el rio, una longitud de 45 kilómetros, teniendo apénas 8 y 3/4 en su mayor anchura, con la elevacion de 418 metros sobre el mar. Sus ondas son de un verde pálido bellísimo; su navegacion es activa y muy importante; sus borrascas no muy frecuentes pero violentas; su temperatura suave y deliciosa durante las noches de verano, pero fuerte y enérgica durante el dia. * * * * * El canton de Zuric es uno de los mas ricos, fuertes, importantes é ilustrados de la Confederacion. Ademas de contener la mayor parte del lago de Zuric y en su totalidad los de Pfoeffikon y Greiffertz, aprovecha las aguas que de ellos y del lago Wallenstatter se dirigen al Rin por los rios Limmat, Glatt y Thur. Sus centros de poblacion considerable (relativamente) son numerosos, sin faltarle por eso la gran ventaja de tener poblado y cultivado _todo_ su territorio, que se compone de planicies y colinas. La poblacion total en 1850 ascendió á 250,698 habitantes, de los cuales 244,200 reformados, 90 judíos y los demas católico-romanos. En 1860 el total subió á 267,641 individuos. Así, el canton de Zuric es el segundo de la Confederacion en cuanto á la masa de poblacion. Aunque las gentes ilustradas hablan frances en caso necesario, la lengua del país es la alemana corrompida, muy áspera, descuidada y llena de provincialismos: es mas bien un dialecto. La raza es tambien totalmente germánica. El canton de Zuric, riberano del Rin en una proporcion regular, extiende una punta de su territorio sobre la márgen derecha de ese gran rio, partiendo límites con el gran-ducado de Báden. Está rodeado por los cantones de Schaffhousen, Turgovia, San-Gall, Schwyz, Zug y Argovia, y su área total apénas abraza una superficie de 1,760 kilómetros cuadrados, lo que da la proporcion de 152 individuos por kilómetro cuadrado, proporcion que no se conoce en ningún otro país de Europa. Su mayor longitud, de sur á norte, es de 66 kilómetros, por 48 en su mayor anchura. La poblacion está concentrada en ocho ciudades y 188 distritos parroquiales, con un total de mas de 47,000 casas de habitacion. Si el Canton se distingue mucho por su activo comercio y el movimiento de sus ferrocarriles, navegacion y carreteras, es difícil decir si su produccion es principalmente agrícola ó fabril. En efecto, la actividad es casi igual en todos los ramos, y Zuric sostiene con sus numerosísimas fábricas la competencia de cualquier otro país en su género de industria. Se cuentan por centenares sus molinos de toda aplicacion y sus aserríos de maderas. Su explotacion minera, aunque reducida en sus proporciones, no carece de importancia. Sus tenerías son muy numerosas y producen excelentes cueros curtidos. La fabricacion de telas, que emplea á muchos miles de obreros y consume fuertes cantidades de materias primas, está contraida principalmente á los tejidos de seda, en que le hace competencia a Lyon, los de algunos géneros de algodon de consumo popular, y de hiladillos ó cintas de algodon. Ademas, se hace una considerable impresion de colores sobre telas blancas importadas de Inglaterra. La agricultura de Zuric es floreciente. Como el suelo es poco fértil y las lluvias escasas, el arte ha balanceado el mal; así, ninguno de los otros cantones tiene tanto esmero en el cultivo ni ha hecho iguales progresos en los métodos. Su produccion de cereales casi abastece el consumo interior; pero su principal riqueza agrícola consiste en las viñas (que producen algunos vinos excelentes), las abundantes crias de ganados diversos (notablemente del vacuno, que es superior), sus verjeles innumerables de manzanos, perales, cerezos, etc. (que ademas del fruto ofrecen la base de una valiosa produccion de licores finos y cidra), y sus florestas esmeradamente conservadas y explotadas, que permiten una extensa expedicion de maderas, particularmente de bayas y encinas. Todavía, volviendo á la industria, haré notar que el Canton posee numerosas fábricas de productos químicos, máquinas, instrumentos y aparatos agrícolas é industriales, tipografías, papelerías, fundiciones, etc. En aquel país libre, sinceramente religioso, honrado y eminentemente hospitalario, nadie está ocioso. El trabajo es la sola fuente de consideracion; la prensa es activa y bastante ilustrada; la instruccion, universal. Allí se reunen con mas seguridad que en ningún otro Estado todos los proscritos de Europa que buscan asilo, desde el príncipe destronado ú pretendiente hasta el mas humilde ciudadano. La instruccion pública tiene la mas completa y eficaz proteccion, en todos sus grados y ramos. La escuela es obligatoria para todo adulto de 6 á 15 años, en diversas proporciones de asistencia. Así, no hay un ciudadano ó una madre de familia que no sepa á lo ménos leer, escribir y calcular; y ademas de unas 400 escuelas primarias para ámbos sexos, existen en actividad varios colegios, la Universidad y una _multitud_ de escuelas técnicas, normales y de objetos especiales. He ahí lo que se llama un pueblo civilizado, libre, activo y digno de su independencia! Si á todo ese tren de enseñanza se agrega la actividad de la prensa libre, las abundantes bibliotecas y las numerosas sociedades literarias y científicas del Canton, se comprenderá fácilmente la alta respetabilidad de que goza el Estado de Zuric. No olvidemos sus institutos de crédito, sus numerosos establecimientos de beneficencia, su excelente caja de ahorros, la de socorros mutuos, etc. La organizacion política, administrativa, judicial y eclesiástica del canton de Zuric es muy análoga á la que rige en el de Vaud: es en todo una combinacion del sistema representativo y la república democrática. Todo ciudadano mayor de 20 años es elector, y elegible á los 30, en cuanto á los negocios generales; en los locales tiene su parte directa en el gobierno. Todo varón de 19 á 40 años está obligado al servicio militar, en la milicia común, dividida en cuatro clases, activas ó en reserva, un Gran-Consejo compuesto de 212 miembros, de los cuales 179 elegidos por los ciudadanos directamente y 33 de eleccion indirecta, ejerce el poder legislativo general, y elige los altos magistrados, así como los 19 miembros del Consejo de Gobierno que, presididos por el Burgomaestre, ejercen el poder ejecutivo, El Estado se divide en 11 circúitos y estos en distritos, teniendo cada entidad su administracion propia. Los circúitos (_bezirks_) son la reproduccion del Estado; los distritos no tienen asambleas representativas, sino que los ciudadanos vecinos legislan en asamblea y hacen ejecutar sus decretos por medio de pequeños consejos. En los negocios religiosos presiden las reglas del calvinismo, y la autoridad disciplinaria emana de sínodos de todos los pastores reunidos. Como se ve, Zuric es un Estado próspero y libre, laborioso y muy ilustrado, ¿A qué atribuirlo, si la tierra es poco fértil, si subsisten algunos monopolios como recursos fiscales, y si el territorio es tan escaso para la poblacion? Evidentemente las causas de prosperidad están en los hábitos de personalidad religiosa, de libertad de discusion y accion individual y colectiva; en la esmerada proteccion dada á la instruccion pública, las costumbres hospitalarias respecto del extranjero y los confederados, la práctica, de la beneficencia pública, y la completa descentralizacion qué permite el desarrollo simultáneo de todos los intereses. * * * * * La situacion de Zuric es muy pintoresca. Demora la ciudad hácia el vértice inferior del lago, dividida en dos partes por el _Limmat_, que se escapa del lago entre muelles, malecones y casas de baños, pasando bajo cinco puentes. La parte antigua y mas considerable (donde se hallan los, principales monumentos y edificios públicos y lo mas notable del comercio y la fabricacion) yace sobre la márgen derecha, al pié de un cordón de colinas, sobre el cual se extiende en un anfiteatro irregular de quintas, terrazas, arboledas y calles nuevas; tendiendo a salir del recinto de las fortificaciones, que el Gobierno ha tenido el buen gusto de hacer demoler como inconducentes y perniciosas. La parte nueva, cortada en parte por canales del riachuelo _Sihl_, afluente del Limmat, es en lo general muy elegante. Allí se encuentran calles anchas y limpias orilladas por hermosas casas y espléndidos hoteles; y en tanto que de un lado la ciudad nueva llega hasta la orilla del lago, por entre arboledas y jardines, del otro se extiende hácia la estacion de los ferrocarriles, en una vasta sucesion de quintas elegantes, pequeños parques y magníficas alamedas. Zuric cuenta unos 19,800 habitantes (de los cuales 16,600 son reformados); su movimiento es bien considerable, y sus progresos han sido muy rápidos en los últimos doce años. Su renovacion es palpable y corre parejas con la de Ginebra en todos sentidos. La ciudad de Zuric con sus pueblos anexos tiene una historia complicada y bien interesante, llena de episodios bélicos y trasformaciones políticas. Es sobre todo desde la época de la Reforma que Zuric viene haciendo un papel de primer órden en la Confederacion. Constituida en feudo de varios duques y condes sucesivamente, y luego tributaria del Austria, quedó elevada al rango de ciudad-libre imperial desde 1218, y así pudo poco despues emprender una lucha eficaz contra los señores feudales que la rodeaban, En 1335 se rebeló contra la autoridad de la aristocracia militar y de patricios que la dominaba, y amenazada por el poder de la casa de Austria entró despues (1351) en alianza con la Confederacion de los Cuatro-Cantones. Es desde entónces que la Confederacion suiza ha ejercido mas decisiva influencia sobre los destinos de los demas pueblos del país, que se fueron agrupando sucesivamente al derredor del núcleo fundamental. Sinembargo de la expulsion de la aristocracia dominante hasta 1335, la igualdad no reinó en Zuric hasta 1798, época en que cesó la distincion sustancial de ciudadanos y paisanos, estos sin derechos y en condicion servil, y los primeros dominando solamente. Con todo, quedaron trazas de la organizacion aristocrática en la constitucion que se dió el Estado en 1831, y solo desde 1839 data la reforma que fundó el régimen actual completamente republicano. Zuric es célebre por haber sido el teatro de la famosa batalla ganada allí en 1799, en los dias 3 y 4 de setiembre, por el ilustre Massena contra el general Korsakof, batalla que es reputada como uno de los hechos de armas mas extraordinarios y decisivos de las guerras de la Revolucion francesa. Tambien es muy notable Zuric por haber sido la cuna de hombres ilustres, tales como el reformador Zuinglio, el sabio Lavater, Zímmermann y Pestalozzi. La ciudad abunda en interesantes monumentos é institutos públicos, y posee curiosidades y particularidades diversas que le dan interes. Es notable, aunque sin ligereza ninguna, su sencilla catedral de estilo bizantino, que data del siglo XI. Aparte de la Universidad, el Arsenal y una multitud de edificios públicos de diversa aplicacion, mas ó ménos apreciables, la Biblioteca de la ciudad llama particularmente la atencion, por su buena configuracion y distribucion de los objetos, y su riqueza de libros, manuscritos, curiosidades, autógrafos interesantes, etc. No cuenta ménos de 51,000 volúmenes, 3,000 manuscritos y 4,000 medallas. Ademas contiene la ciudad una Biblioteca cantonal con 25,000 volúmenes, otra de la Sociedad de ciencias naturales con 10,000, el jardin botánico, una galería pública de pinturas, y excelentes colecciones ó museos especiales de mineralogía, zoología, entomología, etc. Los tres dias que pasamos en Zuric no fueron perdidos, pues durante ellos aprendimos mucho mas que con un año de lecturas. Nada es mas propio para fortalecer el espíritu en su confianza en la libertad y el progreso, que el espectáculo sencillo, prosaico en apariencia, de un pueblo que, centuplicando sus pequeños recursos por medio del trabajo y de la emulacion, se eleva hasta un grado muy alto de civilizacion, probando que la libertad y la práctica del derecho son los medios mas seguros y eficaces de fomentar el bienestar comun. * * * * * CAPITULO XV. LA HOYA DEL RIN. Las comunicaciones en Suiza.--De Zuric á Schaffhousen.--La catarata del Rin.--La ciudad y el canton de Schaffhousen.--Navegacion del alto Rin.--La ciudad de Constanza.--Los lagos internacionales. El canton de Zuric contiene en su capital y en la pequeña ciudad de Winterthur dos centros importantes de ferrocarriles, los cuales procuran un gran movimiento de comunicaciones á toda la region de Suiza correspondiente á la vasta hoya del Rin. De Zuric parten dos líneas que se subdividen ó enganchan sucesivamente: la primera se dirige hácia el occidente, siguiendo el curso del rio Limmat, y se bifurca en el canton de Argovia, cerca de la confluencia de aquel rio y del Reus con el Aar; de allí una rama se aparta hácia el norte, orillando el Aar hasta el Rin, atraviesa este gran rio y sigue su márgen derecha por todo el territorio del gran-ducado de Báden, hasta ligarse á las numerosas y complicadas líneas de ferrocarriles alemanes y franceses; miéntras que la línea suiza, cortando el territorio de Argovia, por la via de _Aarau_, se liga en _Olten_ con los ferrocarriles que en opuestas direcciones giran hácia Basilea, Solera, Berna y Lucerna. La otra línea de Zuric salva el Limmat á corta distancia de la capital, y luego se bifurca en _Walliselten_. Allí, una rama va hácia el S. E., por en medio de los lagos de Greiffen y Pfaffikon, costea luego los de Zuric (en su extremo superior) y Wallenstatter, soltando un ramal sobre Glaris, y va á terminar en Coira, capital del canton de los Grisones, el mas montañoso y el segundo en extension de la Confederacion. La otra rama avanza hasta _Winterthur_ y allí se divide en tres ramificaciones: la primera penetra á los cantones de Turgovia y San-Gall, pasa por la capital de este, toca en el lago de Constanza y remontando el valle del alto Rin llega hasta Coira; la segunda pasa por la capital de Turgovia (la ciudad de _Frauenfeld_) y termina en el puerto de _Romishorn_, en el mismo lago de Constanza; en fin, la tercera se dirige á _Schaffhousen_, pasando por encima de la famosa catarata. Esta última ramificacion era nuestra via al partir de Zuric. No es sin objeto que hago esta ligera indicacion de las líneas de ferrocarriles que posee la Suiza en la hoya del Rin, aparte de las numerosas líneas que corresponden á la hoya del Ródano. He querido hacer notar con esa simple indicacion cuánta es la importancia que esos pueblos libres y progresistas de Suiza dan al desarrollo de las vias de comunicacion que, en el presente siglo, son la manifestacion mas característica y enérgica de la civilizacion. Comunicarse es vivir, progresar, multiplicar la luz, la fuerza y el tiempo; y los Suizos, acaso mejor que nadie, relativamente, han comprendido muy bien que el aislamiento es el estancamiento, la muerte,--porque en esta época el que se queda atras caduca y perece. No hay un rio ni un lago susceptible de navegacion que no esté surcado en Suiza por numerosos vapores, para cuyo servicio se aprovecha en caso necesario el inagotable combustible que ofrecen las florestas de los Alpes y el Jura. La red de caminos carreteros es extensa y complicadísima, y donde el terreno se presta poco á las carreteras se encuentran al ménos excelentes caminos de herradura muy bien conservados. En todas las vias importantes, aun por encima de los abismos de los lagos y al traves de las espesas selvas, hay líneas telegráficas, con un alambre por lo ménos. Los ferrocarriles se cruzan en todas direcciones, y no muy tarde la Europa occidental, así como los pueblos del Rin, tendrán sus comunicaciones directas con Italia y la hoya del Adriático por medio de los ferrocarriles suizos del Rin y el Ródano. Todo eso es prodigioso, aun relativamente á los demas países europeos, y hace mucho honor al espíritu práctico y progresista de la Confederacion suiza; ademas, es un ejemplo muy digno de ser imitado, porque contiene una gran demostracion en favor de esa política moderna que tiende á suprimir las fronteras, y busca la fuerza de los pueblos no en el número de sus bayonetas y el poder de sus fortificaciones y precauciones egoistas y suspicaces, sino en la multiplicacion de los _cambios_, sean de ideas ó de valores económicos. Con un territorio asombrosamente sembrado de obstáculos y una poblacion reducida á ménos de dos y medio millones de individuos (pobres en gran parte, en las montañas y los valles alpinos) la Suiza ha podido sinembargo, á fuerza de voluntad y liberalismo, realizar prodigios en pocos años. Los Alpes han dejado de ser barreras divisorias de Europa; y en doce años, gracias al movimiento producido por el triunfo del radicalismo en 1848, la Confederacion ha hecho inmensos progresos que se manifiestan en todas partes con evidencia, particularmente en Ginebra, Zuric, San-Gall y Basilea. La via que tomamos en Zuric gira por una comarca de alegres y pintorescas planicies hábilmente cultivadas, salpicadas de lindos bosques, pueblos y cortijos, y entrecortada por graciosas colinas que algunas veces ofrecen las proporciones de pequeñas montañas. Todo ese país, hasta las cercanías del Rin, seduce al viajero con sus mil rasgos que indican en la poblacion de las campañas y las localidades inteligencia, pulcritud, actividad y bienestar. Donde quiera los graciosos campanarios de bonitas iglesias, la estructura de las casas, las numerosas arboledas y la disposicion de los objetos ofrecen á la vista del viajero paisajes pintorescos, que contrastan con los severos de las montañas y los valles alpestres. _Winterthur_, situada casi en la mitad del trayecto, es la única villa ó pequeña ciudad importante en que se toca. Y en realidad pocas localidades hay en Suiza, de proporciones análogas (5,600 habitantes reformados) que inspiren tanta simpatía como la bella y limpia Winterthur. Demora esta ciudad á orillas del riachuelo llamado _Eulach_, en el fondo de una bonita llanura rodeada de colinas, unas cubiertas de viñedos y otras de bosques de hayas y encinas, y todas salpicadas de alegres casas de campo ú labor. La regularidad de sus formas, compuesta como está de dos grandes calles rectas cortadas por siete ú ocho trasversales, le da un aspecto enteramente moderno, no obstante que data del siglo XII; y si sus numerosos edificios públicos, muy estimables y dignos de atencion, y sus elegantes casas modernas le dan un aire de bienestar y progreso muy simpático, su multitud de fábricas, su movimiento comercial y el de su gran estacion de ferrocarriles hacen comprender que allí reina la actividad de los negocios, aliándose muy bien con la pulcritud y la hermosura. * * * * * Al llegar al valle mismo del Rin, orillando su márgen izquierda, el paisaje toma un aspecto magnífico y apacible. El rio desciende lento y silencioso por en medio de florestas y viñedos extensos, y donde quiera se comienzan á ver á lo léjos, sobre las colinas rocallosas, unos cuantos de esos castillos feudales tan prodigiosamente numerosos en el Rin, algunos de gracioso aspecto y muchos de ellos románticos por sus hermosas ruinas. Al cabo el ferrocarril se aproxima tanto á la catarata que se percibe el ruido de sus remolinos espumantes; el tren penetra en un pequeño túnel, pasando bajo las rocas que sostienen un antiguo castillo, y al salir de la caverna artificial el viajero se siente sorprendido, hallándose sobre el puente de hierro que atraviesa el Rin en el punto donde se pronuncia el raudal que determina la catarata. Esa impresion momentánea es una de las mas profundas y sorprendentes que se experimentan en Suiza, pues en ménos de un minuto se pasa de las tinieblas del túnel al magnífico espectáculo de la catarata, y de esta, perdiéndola de vista, al valle algo profundo del rio hasta la ciudad de _Schaffhousen_. Teníamos priesa de dirigirnos al hermoso hotel establecido sobre la márgen derecha del rio, en frente de la caída ó catarata, para donde partímos al momento mismo en un coche, reservando para el dia siguiente la inspeccion de la ciudad. El hotel _Weber_, cuyo nombre es una poética reminiscencia de las obras de uno de los mas simpáticos artistas alemanes, tiene una situacion muy feliz para el viajero que desea admirar ese magnífico rasgo de la poesía suprema de la naturaleza. Trepado sobre un collado á mayor altura que la catarata, en medio de jardines y bosquecillos, domina completamente el abismo azul y trasparente, redondeado en forma de lago, en cuyo fondo se precipita el rio en deslumbradores torbellinos, como una borrasca de perlas y chispas de diamante. Habiendo llegado á las cuatro de la tarde, tuvimos la triple delicia de contemplar ese tesoro á la luz de la tarde, desde la ribera, y á la de la luna y del alba desde los balcones del hotel. Desde el pié del collado en que nos hallábamos, sobre la orilla misma del rio, teníamos al frente un soberbio cuadro formado por la catarata y las riberas que le sirven de marco. A nuestra izquierda, es decir sobre la márgen derecha del rio, se destacaba sobre un collado de base rocallosa la masa caprichosa y desordenada de la pequeña villa de _Neuhausen_, que vive ensordecida por el estruendo de las ondas irritadas, y cuyos edificios se avanzan en parte sobre las rocas del raudal, ó trepan hácia la colina, ó se pierden de vista en el fondo del valle superior, á la sombra de algunos grupos é hileras de álamos blancos. A nuestra derecha, del lado opuesto del rio, se levantaba un enorme peñasco abrupto, como una fortaleza, dominado por el castillo de _Lauffen_, que le da su nombre aleman á la caída: y al pié de ese romántico edificio, siguiendo el curso del rio, giraba un alto y verde collado que iba á perder su graciosa curba en un horizonte estrecho de bosques espesos que dominan el cauce. Al frente, en medio de las dos vigorosas líneas del marco, se ve el puente del ferrocarril casi saliendo de la negra boca del túnel, y debajo un enjambre de rocas desiguales y revueltas que comienzan el raudal, dislocan el movimiento de las ondas, se estrechan en un espacio de 100 metros y terminan en tres grandes peñascos de formas destrozadas y salpicados de matorrales, que forman una barrera de 15 á 20 metros de altura. Por sus espacios ó boquerones se precipita la enorme mole líquida, espumante, frenética, en chorros desiguales que se multiplican en numerosas cascadas, llenando el aire de nubes de chispas luminosas, retorciéndose en el vacío como legiones de boas diamantinos, azotando las rocas con desesperacion y hundiéndose en el vasto recipiente en remolinos sorprendentes cuyo estridor aturde, impone y hace enmudecer de admiracion.... Tal parece como si el noble y viejo Rin, tan glorioso y fecundo en la historia de Alemania, animado por la conciencia de un genio misterioso, sintiese al mismo tiempo la desesperacion de perder su unidad y su calma generosa en ese abismo de rocas que lo despedazan, y el remordimiento de interrumpir la comunicacion, sobre sus azules ondas, de pueblos hermanos por la lengua, la raza, las tradiciones y los intereses. Se diría que los Alpes, orgullosos de los magníficos horrores que guardan en su seno, han querido perseguir al Rin, el fruto de sus admirables neveras, atravesando en su curso un cordon de peñascos que les hagan recordar á los pueblos de las llanuras alemanas que el imperio de los gigantes graníticos de la Suiza alcanza hasta muy léjos de sus altísimas cascadas, sus picos formidables, sus torrentes coléricos y sus lagos románticos! Sinembargo de la profunda impresion que nos causó tan bello espectáculo, confieso que no sentímos ese horror que experimentan en su presencia los excursionistas europeos que no han viajado en América. Por grandioso que sea el espectáculo de Lauffen, á causa del volúmen de agua principalmente, no tiene la horrible majestad de las grandes cataratas del Nuevo Mundo, mucho mas imponentes que las de Europa. Esos sublimes desórdenes de la naturaleza parecen exigir siempre en derredor un marco salvaje en armonía con la cólera del torbellino y la grandiosidad del abismo. Así, la caída de Lauffen nos pareció mas hermosa y poética que sublime y aterradora, á la luz del sol de la tarde y bajo los resplandores del crepúsculo matinal. Pero durante la noche, cuando la contemplamos desde los altos balcones de nuestro aposento, á la luz melancólica de la luna, nos pareció de una hermosura imponderable. Era un espectáculo tan romántico, tan soberanamente triste y elocuente, que sentímos nuestras almas conmovidas hasta lo mas hondo y soñamos despiertos durante horas enteras.! Qué de misterios penetra y analiza el alma, excitada por el sentimiento de admiracion, en aquellos momentos en que Dios se revela en sus sublimes obras y ningún rumor humano se interpone en medio del Creador y el hombre, del corazon y la naturaleza! Entónces, soñando sin sentirlo y perdiéndose en un mundo de cavilaciones luminosas, el alma descubre mil verdades que el bullicio del mundo le habia ocultado,--verdades que brillan, que palpitan por decirlo así, lo mismo en la onda suspendida en el abismo y preñada de la luz de la luna, que en los senos oscuros de la roca y el bosque, y tanto en los maravillas del cielo como en los rumores de la brisa, las ecos del torrente y el sueño tranquilo de la naturaleza orgánica. * * * * * El canton de Schaffhousen se compone de tres porciones aisladas y desiguales de territorio, sobre la márgen derecha del Rin, enclavadas en medio del gran-ducado de Báden y los cantones de Zuric y Turgovia, y con un área total de 300 kilómetros cuadrados. La mas considerable de esas tres porciones es la que tiene por centro á la ciudad capital. Aunque el Canton no carece de industria y de alguna explotacion mineral (particularmente de hierro) la agricultura es su mas importante elemento de riqueza, consistente en la produccion de buenos vinos, crias de ganados y corte de maderas. Casi todo el territorio proviene de adquisiciones hechas por compras verificadas por la ciudad de Schaffhousen en otros tiempos. La poblacion, casi totalmente calvinista, no excede de unos 35,700 habitantes, de raza alemana. Ciudad libre imperial desde fines del siglo XI y dominando el país anexo, despues de haber vivido bajo la soberanía de un abad, Schaffhousen mantuvo hasta 1798 la constitucion semi-aristócratica que se habia dado en 1411. Su primera liga con los Cantones suizos, que le aseguró la independencia, tuvo lugar á mediados del siglo XV, pero su entrada definitiva á la Confederacion no se efectuó sino al principio del XVI. Los sucesos de 1798 produjeron la reforma de las instituciones que les negaban derechos á los paisanos; y, á pesar de la reaccion de 1814, el Canton está regido desde 1834 por una constitucion liberal y democrática, análoga en lo sustancial á las de otros cantones de gobierno popular representativo. La ciudad de Schaffhousen, si no es bella según el gusto moderno, es sumamente curiosa por sus formas singulares, enteramente fieles á las tradiciones de la edad média. Bajo este aspecto es la ciudad mas interesante de Suiza. Cuenta unos 7,800 habitantes y está situada en un suelo onduloso á la márgen derecha del Rin, á corta distancia de la caída, lo que unido á sus murallas que la cercan en parte y van desapareciendo, le da un aspecto que no carece de gracia. Sus calles angostas y tortuosas, sus edificios de formas extrañas, cubiertos de frescos históricos ó religiosos y dominados por torreones salientes que proyectan sobre las calles sus balcones cerrados de la edad média, y otros pormenores análogos, le dan un aire de vetustez que contrasta mucho con el de casi todas las ciudades suizas. Por lo demas, Schaffhousen manifiesta con sus establecimientos públicos (entre ellos una biblioteca con mas de 20,000 volúmenes, y colecciones estimables) que donde quiera el genio suizo y el espíritu de emulacion son favorables al servicio público. Despues de una ligera inspeccion de la ciudad nos embarcamos á bordo de un vapor que debia remontar el Rin y conducirnos á Constanza para luego surcar el lago y dirigirnos á San-Gall. Salvo algunos graciosos paisajes que ofrecen los pueblos de las dos riberas, los castillos que las dominan, el movimiento de los vapores que se cruzan, etc., casi todo el trayecto carece de interes. El Rin no tiene allí contornos bien determinados; las orillas, cubiertas de viñedos literalmente y rara vez encerradas entre pequeñas montañas, son llanas y de triste aspecto; y el rio, dilatado á veces entre juncos espesos y desbordándose, ofrece considerables dificultades á la navegacion, que exigen muchas precauciones. * * * * * _Constanza_, cuyo nombre y tradiciones político-religiosas predisponen al viajero á la curiosidad, la justifica apénas con algunos objetos. Apesar del valor de algunos templos regulares, su mérito principal consiste en los recuerdos que hace evocar. La ciudad, situada sobre la márgen izquierda del Rin y enclavada en el territorio del canton de Turgovia, pertenece al gran-ducado de Báden, y aunque comienza á renacer de su profunda decadencia, tiene muy poco movimiento industrial y apénas cuenta unos 5,700 habitantes. Su posicion es algo pintoresca, en el fondo de una vasta planicie y dominando la estrecha garganta del Rin que enlaza los dos lagos de Constanza llamados de _arriba_ (_Ubersee_, el mas considerable) y de _abajo_ (_Untersee_). El horizonte es vasto y generalmente desapacible, como el de todos los lagos que, siendo considerables, carecen del magnífico marco de altas montañas en todas direcciones. Constanza es una plaza fortificada, si bien sus fortificaciones nada tienen hoy de formidables. Por una singular contradiccion es al mismo tiempo un puerto franco, y es á esta circunstancia que debe la mediana actividad comercial que en su seno se va desarrollando. Fundada por Constantino Cloro al fin del siglo III, adquirió, despues de hacer muchos progresos en la edad média, el rango de ciudad libre imperial, del cual la privó el emperador Cárlos V, en castigo de su _rebeldía_ religiosa ó la adopcion del protestantismo. Los monumentos y las calles antiguas de la ciudad no carecen de interes por algunos pormenores curiosos. Sinembargo, lo que mas nos llamó la atencion durante las cuatro ó cinco horas que gastamos en visitar á Constanza, fueron las ruinas del convento de los _Dominicanos_ (que yacen en una graciosa islita determinada por un canal y el Rin) y el extraño y tristísimo edificio, especie de museo del horror, donde tuvo sus sesiones el célebre concilio de odiosa memoria que funcionó de 1414 á 1418. Los nombres de Juan Huss y su discípulo Jerónimo de Praga, esos heróicos precursores de la Reforma que preparó el triunfo de la libertad de la conciencia, parecen vagar aún por todo el ámbito de la ciudad y darle no sé qué de solemne y melancólico. En la islita que he mencionado se encuentra una admirable enseñanza que no impresiona al vulgo de los excursionistas. La iglesia del antiguo convento es una bella ruina cubierta de verdura; los claustros y salones de habitacion, que sirvieron de prision á Juan Huss, están hoy ocupados por una fábrica de tejidos de algodon; y á su lado subsisten aún, olvidados, los restos de una fortaleza romana. Como se ve, el cuadro es en apariencia muy sencillo; y sinembargo él resume la historia de la civilizacion durante la era cristiana. La fortaleza romana, casi borrada del suelo, es el símbolo de la conquista y la fuerza vencidas,--instrumentos de civilizacion en lejana época. Las ruinas del convento son las de un nuevo género de fortaleza y de conquista,--la fortaleza monástica y la conquista religiosa de la edad média,--recordando el martirio de un hombre de conciencia libre y sentimiento indomable. En fin, la manufactura de algodon, fortaleza pacífica del trabajo, es el símbolo del sistema moderno de conquista y civilizacion: el de las colonizaciones fecundas, el comercio libre, la emancipacion del hombre por el trabajo, y la potencia maravillosa de las máquinas que espiritualizan la materia y mejoran la condicion de la humanidad. La fortaleza romana ha desaparecido casi; la iglesia _conventual_ es una ruina; la fábrica prospera, y el nombre de Juan Huss se ha salvado del olvido, porque simboliza la gloria de la conciencia libre, santifica el martirio y condena los crímenes y horrores del fanatismo religioso. El edificio gótico, de interior casi escueto, donde tuvo sus deliberaciones el Concilio, nos inspiró disgusto. Así como es penosa la visita de una cárcel ó un lugar de suplicio, no se puede penetrar sin repugnancia á un recinto donde se ha perpetrado un gran crímen. El concilio de Constanza, no solo cruel sino pérfido, consumó allí dos, haciendo perecer en la hoguera á los dos heróicos sectarios; y si con eso acabó de justificar la futura Reforma, no comprometió ménos el porvenir del catolicismo con la eleccion de Martin V en reemplazo de dos papas depuestos. Hay actos de autoridad que son por sí solos la condenacion de la misma autoridad en que se fundan. * * * * * Al embarcarnos en el muelle de la ciudad, á bordo de un bonito vapor, comenzamos á navegar el lago de Constanza propiamente dicho, que los alemanes llaman _Boden-See_. En breve tuvimos á la vista el angosto golfo que se prolonga hácia el N.-E., haciendo un abra en el territorio de Báden, con el nombre particular de _Uberlinger-See_. A la derecha teníamos, primero, el territorio del canton de Turgovia (ó Thurgovia) y luego el de San-Gall, que íbamos casi orillando; á la izquierda, en lejano horizonte, las costas ó riberas del gran-ducado de Báden, de los reinos de Wurtemberg y Baviera en el centro, y del Austria, en el extremo superior del lago. En todas direcciones veíamos riberas bajas y de tintas melancólicas, rara vez dominadas por colinas de alguna consideracion, literalmente cubiertas de viñedos, y salpicadas de una multitud de pequeñas ó regulares poblaciones. Muy frecuentemente íbamos encontrando ó divisando á lo léjos buques de vapor y barcas veleras considerables, cuyo activo movimiento alimenta un tráfico de grandes proporciones entre los pueblos de las cinco naciones riberanas. El Boden-See, expuesto á frecuentes y terribles borrascas y muchas veces completamente oscurecido por nieblas espesas, es el lago mas importante de las regiones alpinas, por su carácter internacional, y sus proporciones son muy considerables. Su perímetro es de 194 kilómetros, conteniendo un área de 466 kilóm. cuadrados. Mide en su mayor longitud 64 kilóm., de S.-E. á N.-O., es decir desde _Bregens_, en la ribera austríaca del Vorarlberg, hasta el fondo del golfo de Uberlinger; y en su mayor anchura 14 kilóm., de _Borschbach_ (en la ribera de San-Gall) á _Wasserburg_, en la de Baviera. Su profundidad alcanza hasta cerca de 300 metros, y ademas de las aguas del Rin, que forman su caudal principal, recibe las de algunos rios ó riachuelos procedentes de los cinco países riberanos. Desembarcamos, sintiendo una grata impresion, en el hermoso puerto de Borschbach, pequeña villa de cerca de 2,800 habitantes, graciosa y muy notable por su movimiento comercial é industrial, como por sus grandes mercados de granos. Allí tomamos un tren del ferrocarril que conduce á San-Gall, y una hora despues llegábamos á la bellísima capital del Canton, al traves de risueños paisajes, huertos y jardines, por en medio de los cuales gira el ferrocarril en plano inclinado y ascendente, hasta cortar la ciudad misma bajo la sombra de graciosos collados y hermosas y alegres arboledas. * * * * * CAPITULO XVI. TRAVESIA DE SUIZA. El canton de San-Gall;--su historia, sus instituciones, sus elementos económicos.--La ciudad de San-Gall,--su situacion, sus monumentos y curiosidades.--El canton de Turgovia.--El canton de Argovia.--Solera y Basilea-Campaña. Ya se ha visto que de los veintidos cantones de la Confederacion (todos sometidos desde 1848 á ciertas instituciones liberales y comunes bajo el nombre de _garantías_) unos son esencialmente reformados ó evangélicos y otros esencialmente católicos,--teniendo cada uno su carácter particular, pero correspondiente á uno de los dos grandes grupos. Solo los cantones de San-Gall y Turgovia tienen la particularidad de ser mixtos en su organizacion social y oficial. Acaso ninguno de los cantones ó Estados suizos ofrece con tanta evidencia como el de San-Gall la prueba de que la libertad, la tolerancia y la justicia son las mejores soluciones de todos los problemas sociales, porque armonizan los intereses mas contradictorios en apariencia, en beneficio del derecho de todos y el progreso comun. En ningún estado europeo se ve mejor practicado el principio de la igualdad y tolerancia religiosa, y gracias á eso los católicos y reformados han dejado de ser dos partidos enemigos para convertirse en dos confraternidades en accion, aunando sus esfuerzos con una noble emulacion que á todos aprovecha. La ciudad de San-Gall, base del Estado que lleva su nombre, debió su prosperidad y su importancia á una célebre Abadía que en la edad média hizo muy notables servicios á la civilizacion. Con el tiempo los Abades adquirieron el rango de príncipes soberanos, y desde entónces, haciéndose ambiciosos, batalladores y altivos, vivieron en lucha constante con los pueblos deseosos de asegurar su libertad y sus derechos. Despues de su alianza é ingreso en la Confederacion y las trasformaciones acarreadas por la revolucion francesa, la Abadía, perdiendo su autoridad temporal, quedó reducida á la impotencia, y mas tarde fué suprimida. El Canton se dió en 1831 la Constitucion democrática templada que lo rige actualmente, y el liberalismo de las instituciones ha sido fecundo en muy notables progresos. Conforme á la Constitucion, las dos comuniones religiosas están representadas en proporcion á su fuerza numérica. La poblacion (de raza y lengua alemanas) era, en 1850, de 169,625 habitantes, de los cuales 106,000 católico-romanos y los demas evangelistas. En 1860 el guarismo total subió á 181,091. Cada comunion tiene su consejo ó comision constitucional que dirige los negocios relativos al culto y las escuelas, independientemente del Gobierno propiamente dicho. El poder legislativo es ejercido por un Gran-Consejo, de eleccion de los ciudadanos de edad de 21 años, renovable cada dos años y compuesto de 150 miembros. De estos, 88 representan á los católicos y 62 á los protestantes. Esa coexistencia en la separacion, y esa autonomía de las dos comuniones en la direccion del culto y la enseñanza, impiden toda colision en las elecciones, toda lucha que pueda despertar el fanatismo y afectar los mas caros intereses de la familia, que son los religiosos y de la instruccion pública. El poder ejecutivo está á cargo de un Pequeño-Consejo de 7 miembros, elegidos por el Grande, renovables cada cuatro años y presididos sucesivamente por dos _Landamman_ de duracion semestral que tienen la direccion personal del Estado. El Gran-Consejo elige tambien los representantes á la Dieta federal y los altos magistrados y oficiales del Estado. Los poderes están perfectamente separados; todas las garantías mas importantes son fielmente mantenidas; los ciudadanos son libres, y el régimen municipal favorece el progreso de todas las localidades. El Canton, sumamente favorecido por la fertilidad de su suelo y las ventajas que le ofrece la navegacion del Rin, de los lagos de Constanza, Zuric y Wallenstatter y de algunos riachuelos, se compone de dos regiones distintas: una montañosa y elevada, del lado del alto Rin ó el sur, y la otra muy ondulosa, surcada por pequeñas colinas y dividida en una multitud de vallecitos pintorescos y muy cultivados. El Canton encierra dentro de su territorio, en su totalidad, al pequeño canton de Appenzel, montañoso y alto, y curioso por su afamada fabricacion de encajes y bordados y sus poblaciones de pastores y escultores en madera[25]. El área del canton de San-Gall contiene 1,952 1/4 kilómetros cuadrados, y su mayor longitud es de unos 78 kilómetros. [25] El canton de Appenzel, dividido en dos grupos, según las religiones, cuenta 60,624 habitantes, de ellos 48,604 reformados, llamados _Ródas exteriores_. Por razón de su agricultura, su industria y su comercio, San-Gall es uno de los mas valiosos é importantes Estados de la Confederacion. Sus productos agrícolas son muy considerables, relativamente á la extension territorial, consistiendo principalmente en vinos, granos, maderas y ganados; y su industria floreciente abarca una multitud de ramos de fabricacion, distinguiéndose por la especialidad de sus preciosos bordados y encajes, sus bellas muselinas y otros artículos de gusto. La ciudad de San-Gall, poco feliz por su situacion para ofrecer de léjos un panorama ostensible, es sinembargo, por sus graciosos pormenores ó rasgos, una de las mas pintorescas y bellas ciudades de Suiza. Demora en el fondo de un primoroso vallecito formado por dos cordones de altos collados ó colinas que lo encierran, dándole al conjunto el aspecto de una inmensa bandeja de verdura salpicada en su fondo de vivos colores. Así, despues de llenar completamente el lindo vallecito, la ciudad se extiende en dispersos arrabales sumamente graciosos, que trepan por los flancos de los collados y se esparcen en las praderitas bajo las bóvedas que forman innumerables árboles frutales ó de adorno. Sus calles anchas y pulcras, sus graciosos edificios (muchos de ellos de lujoso aspecto y artísticas formas), sus numerosas fuentes públicas (como 120), sus terrazas, á veces escalonadas en anfiteatros irregulares, sus bellos edificios públicos de todo género, sus plazas orilladas de árboles, y los centenares de jardines y aun pequeños parques de estilo inglés que entrecortan las calles y embellecen las casas en el interior, ó afuera en derredor,--forman un paisaje lleno de frescura y gracia, animado por el movimiento industrial y comercial y el ruido de los trenes del ferrocarril que atraviesa de un extremo á otro la ciudad[26]. [26] La capital numera 14,522 habitantes, de los cuales unos 10,000 reformados. Son notables en San-Gall: la iglesia catedral católica (de la antigua Abadía) restaurada según el estilo italiano, sin mérito exterior particular, pero muy elegante en su interior y riquísima en mármoles soberbios y frescos del pintor italiano Moreto; la iglesia protestante de _San Estévan_ (tambien renovada), edificio muy curioso por su estilo y decoraciones del gusto arábigo y su estructura interior de suma sencillez, que tiene el aspecto de un teatro; en fin el gran edificio de la Abadía, donde reside el Consejo gubernativo y se reune el Gran Consejo,--monumento triste y sin ningún valor artístico, pero importante por la biblioteca (mas de 26,000 volúmenes) y las colecciones que contiene. Entre estas las mas notables son las de manuscritos y antigüedades, donde pudimos admirar obras de caligrafía, escultura en marfil y miniatura verdaderamente maravillosas. Ademas, llaman la atencion en San-Gall: la Casa de detencion, muy bien organizada; una excelente Penitenciaria; los colegios ó gimnasios de las dos comuniones religiosas; numerosas escuelas públicas bien mantenidas, y muchos institutos de crédito, beneficencia, economía y prevision, debidos al espíritu de asociacion. Todo contribuye en San-Gall á producir en el ánimo del viajero una impresion grata, que es la mejor justificacion del espíritu de libertad y tolerancia que allí reina. No olvidaré un rasgo curioso, aun á riesgo de incurrir en una repeticion. Al recorrer la ciudad en todas direcciones y visitar algunos almacenes de bordados y objetos artísticos, nos parecia que íbamos á encontrar muchedumbres de obreras trabajando en esos bordados y preciosos encajes, que ostentan con vanidad las damas elegantes de Paris, Lóndres ó Viena. Nada de eso. Esos primores artísticos son obra de las manos mas rudas y callosas,--de los pastores de Appenzell y las montañas de San-Gall,--que al terminar los veranos bajan de las altas praderas con sus rebaños, y se consagran durante los inviernos á labrar sus admirables encajes ó bordados de gran valor, cuando no á esculpir juguetes y graciosas figuras en madera de abeto ó pino, de haya ó encina. Así, uno de los objetos de mas lujo en los grandes salones de Paris, procede de las manos mas humildes y toscas. ¡Cuántas veces el mundo, en su loca admiracion por las apariencias deslumbradoras, olvida las humildes existencias cuyo concurso ha producido las maravillas que se admiran! * * * * * El tren que partió de San-Gall nos condujo á Zuric, de paso, por la via de Winterthur, al traves de una parte, ó casi el vértice, del curioso triángulo que forma el territorio del canton de Turgovia. Como allí no tocamos sino en localidades insignificantes, no me es dado hacer respecto de ese canton ninguna observacion particular. Solo diré que el triángulo de su territorio tiene su base sobre el Rin y el lago de Constanza, con sus lados limítrofes hácia San-Gall y Zuric. Su poblacion (que es tambien alemana) no excede de 90,500 habitantes, protestantes en mas de los dos tercios. Las instituciones de ese canton son liberales y muy análogas á las de San-Gall; y, aunque no carece de regular industria, su riqueza principal es agrícola. Un segundo tren nos condujo de Zuric á Basilea, al traves del canton de Argovia, de una parte del de Solera y de todo el de Basilea-Campaña. De ese modo, en poco mas de ocho horas (incluyendo detenciones) hicimos la travesía de toda la region de planicies comprendida entre los Alpes de San-Gall y el Jura, en la grande hoya del Rin, casi desde la frontera de Austria hasta la de Francia. Toda esa comarca es bellísima, pintoresca en extremo, y es la mas poblada y mejor cultivada de toda la Confederacion. Al atravesar los cantones de Argovia, Solera y Basilea-Campaña, desaparece el encanto de los lagos y toda esa majestad de las montañas soberbias de los Alpes; pero la civilizacion manifiesta sus progresos en todos los objetos visibles, y el viajero se deleita admirando los lindos valles de los afluentes del Rin, y luego los mil caprichos de las montañas del Jura que surcan el país entre _Aarau_, capital de Argovia, y _Liesthal_, que lo es del medio-canton de Basilea-Campaña. Diré apénas lo esencial respecto de esos tres cantones, por los cuales no hicimos mas que pasar. El de Argovia (cuya poblacion es de raza alemana, como los de Solera, Basilea-Ciudad y Basilea-Campaña) es muy industrial y agrícola, y feliz por la fertilidad de su suelo y su excelente sistema hidrográfico del Rin, el Aar y sus afluentes. Su área territorial contiene 1,389 kilómetros cuadrados, con cerca de 194,600 habitantes (en 1860), reformados en su gran mayoría. Es de notarse que en 1850 la poblacion era de 199,852; la emigracion es la sola causa de la disminucion. Las instituciones del Canton son muy liberales y le dan las formas de una república representativa. El canton de Solera (ó _Solothurn_), completamente surcado por las cadenas del Jura y correspondiente á la hoya del Aar inferior, tiene un área excesivamente irregular ó dislocada, de 811 kilómetros cuadrados. El suelo es muy fértil y rico en productos agrícolas y minerales; la agricultura floreciente; la industria manufacturera activa, así como la explotacion de diversas minas y canteras, y el comercio de tránsito considerable. La poblacion alcanzó en 1860 á 69,675 habitantes, católicos en su gran mayoría, y conforme á la constitucion de 1840-41 el Estado forma una república democrática representativa. En cuanto á Basilea-Campaña, su condicion es particular. En otro tiempo todo el país dependia de la ciudad de Basilea, y esta y los pueblos de la _Campaña_ vivian en lucha permanente. En 1832 se decretó la separacion, que se consumó al año siguiente, y desde entónces el Estado está dividido en dos medio-cantones que tienen sus constituciones separadas y gobierno independiente, representados por mitad en la Dieta federal. Basilea-Campaña, que comprende casi todo el territorio del antiguo canton (el de la izquierda del Rin), cuenta 51,773 habitantes, reformados en mas de sus cuatro quintas partes; es esencialmente manufacturero, sin perjuicio de su agricultura y comercio de tránsito, y es muy estimable por sus libres instituciones democráticas. Allí no hay culto oficial, no existe privilegio ninguno, y la libertad individual es tan completa como la igualdad política y social. * * * * * CAPITULO XVII. BASILEA Y LA SUIZA. La ciudad de Basilea; situacion y panorama.--El medio-canton: su historia, sus instituciones, su industria y condiciones sociales.--Monumentos de la ciudad, institutos y costumbres.--Observaciones comparativas respecto de la Confederacion. _Basilea_ (llamada en frances _Bâle_ y en aleman _Basel_) hace un juego muy particular con Ginebra, con la cual tiene muchos puntos de analogía. Ambas demoran á orillas de uno de los dos grandes rios que constituyen las bases del sistema hidrográfico de Suiza; ámbas son como las puertas de la Confederacion abiertas sobre las fronteras de Francia, en las dos extremidades de la region surcada por las cadenas del Jura ó sus contrafuertes; ámbas obedecieron en un tiempo á la dominacion de obispos y del imperio franco-burguiñon; ámbas vivieron la vida mas agitada, se distinguieron por su ilustracion y su riqueza, manifiestan en sus monumentos é institutos un alto espíritu de progreso, han sido fieles á la reforma religiosa (á cuyo influjo deben sus mayores ventajas), y se hacen notar por su genio altamente industrial y comercial y las grandes riquezas de sus numerosos capitalistas. Hablar de Basilea es lo mismo, en rigor, que hablar del medio-canton da Basilea-Ciudad, toda vez que su territorio está reducido al que ocupa la ciudad sobre las dos márgenes del Rin, y su término circunvecino de jurisdiccion, que en su mayor parte está enclavado en el territorio del gran-ducado de Báden. Precisamente ocupa el vértice del enorme ángulo que describe el Rin, cuya direccion general de oriente á poniente desde Constanza hasta Basilea (que es la region central del gran rio) cambia allí repentinamente, torciendo en línea casi recta hácia el norte. El bajo Rin comienza, pues, en Basilea, y es allí que se halla el extremo superior de su gran navegacion, que mantiene tan valiosos cambios entre Suiza, Francia, los Países Bajos, los Estados occidentales de Alemania y otras naciones. La situacion de Basilea es, pues, sumamente feliz bajo el punto de vista comercial, y su panorama, aunque muy diferente de los de otras ciudades suizas, interesa al viajero y abunda en bellos pormenores artificiales. Sus fortificaciones, que en un tiempo la estrechaban, han desaparecido casi completamente para abrir campo á nuevos edificios, fábricas, almacenes y jardines, y á los rieles y trenes de los ferrocarriles. Basilea, como casi todas las ciudades del principio de nuestra era y particularmente de la edad feudal, nació al derredor de un castillo fuerte (el de _Basilia_) en el curso del siglo V.... Su notable prosperidad data del siglo X, bajo la autoridad mixta de una serie de obispos. Pasando de la jurisdiccion suprema del reino de Borgoña á la del imperio germánico, vivió durante siglos en lucha constante contra los obispos y sus aliados los nobles, forcejando por asegurar su libertad y sacudir la dominacion eclesiástica. Su entrada á la Confederacion suiza (en 1501) y la adopcion de la reforma religiosa, la pusieron en posesion de su autonomía, agrandada con adquisiciones hechas en el territorio de Liesthal ó la Campaña, y el de la márgen derecha del Rin. Pero á su turno la _burgosía_ ó clase media de ciudadanos dominó como privilegiada, oprimiendo á los paisanos, hasta que la revolucion francesa, en 1798, y luego el «Acto de mediacion», fundaron la igualdad democrática, La lucha sangrienta de 1833 redujo á Basilea á sus proporciones actuales, quedando el primitivo Canton dividido en dos entidades políticas independientas. Basilea-Ciudad no se ha quedado atras de ningún canton progresista en materia de instituciones. Estas son liberales y hospitalarias; aseguran todas las garantías que puede necesitar un pueblo para ser lire y civilizado, y hacen de la democracia sincera la base fundamental de ese pequeño Estado que, siendo tan insignificante por su territorio y reducido á solo 41,300 habitantes, ejerce sinembargo una influencia muy considerable sobre toda la Confederacion y ocupa una posicion de primer órden entre las plazas industriales y comerciales del Rin. Si las líneas de ferrocarriles que la ligan con el interior de Suiza y de Francia y con las comarcas alemanas y francesas del Rin, le dan á Basilea tan considerable movimiento, su industria propia y de concentracion y sus institutos de crédito y especulacion variada multiplican la animacion de la ciudad. Ademas de la actividad fabril que los capitales de Basilea alimentan en Basilea-Campaña y las comarcas vecinas, la ciudad misma es una vasta manufactura cuyos productos son de valor considerable, particularmente en cintas, hilados y tejidos de seda y algodon. Acaso algunos de los lectores pensarán que muchas de mis indicaciones acerca de la industria suiza son inoportunas en un libro de impresiones de viaje que puede parecer de carácter principalmente literario. Debo decir, sinembargo, que, así como ninguno de mis viajes ó excursiones ha sido asunto de diversion para mí, pues mi objeto principal ha sido el de adquirir conocimientos útiles, del mismo modo mis incorrectos apuntamientos no tienen por objeto entretener á mis lectores hispano-colombianos, sino hacerles, en la medida de mis fuerzas, un servicio provechoso. Estoy bien convencido de que en Hispano-Colombia se sufre un error al creer generalmente que solo Inglaterra y Francia, y en parte la Alemania del Norte, merecen grande atencion, como elementos de la gran masa de cambios ó especulaciones que subsisten y se van desarrollando entra el mundo europeo y nuestras jóvenes repúblicas. Hay en Europa dos pequeños Estados muy estimables en todos sentidos á cuyo comercio prestamos poca atencion (involuntariamente, sin duda) los Hispano-colombianos,--Estados que pueden ofrecernos mil ventajas, mediante un sistema de especulaciones directas, y cuyo trato nos conviene aun bajo el punto de vista político-internacional: tales son Bélgica y Suiza, cuyos productos tienen la triple ventaja de la solidez, la baratura y el buen gusto. Oportunamente haré resaltar esta verdad en cuanto á Bélgica; por ahora debo decir, con absoluta conviccion, en lo que respecta á Suiza, que si sus excelentes vinos del Rin y sus afluentes, sus relojes é instrumentos de Ginebra y Neuchâtel, sus tejidos delicados y elegantes de San-Gall, ó muy populares de Zuric, Basilea y otras ciudades, así como otra multitud de productos, fuesen suficientemente conocidos en Hispano-Colombia, se ganaría mucho con establecer relaciones directas, pues los mercados suizos no solo ofrecen productos buenos y baratos, y sus negociantes se distinguen por su probidad y puntualidad, sino que tambien los Hispano-colombianos tendrían un buen campo donde colocar ventajosamente mucha parte de sus metales preciosos, su algodon, su tabaco (que en Suiza no está sujeto á ningún monopolio) y otros muchos productos del continente Colombiano. * * * * * Si la situacion de Basilea, ciudad tan célebre por su famoso Concilio, que duró allí diez y seis años haciendo oposicion al pontificado y estableciendo graves precedentes en la Iglesia romana, es notable por su industria, su comercio y sus instituciones liberales, no lo es ménos por los rasgos particulares de sus costumbres y la multitud de establecimientos públicos que le dan el rango de una ciudad muy civilizada. Allí todo parece indicar una constante preocupacion con los intereses públicos,--el celo esmerado con que se ha cuidado de erigir monumentos sólidos á la instruccion, la beneficiencia, la economía popular, etc. La Universidad de Basilea alcanzó gran celebridad en Europa en otros tiempos, y hoy es todavía un instituto muy digno de estimacion. Las escuelas son numerosas y excelentes; y se consagra mucha atencion á las bibliotecas, los museos y las colecciones públicas. El edificio llamado _Museo_ es un espléndido palacio digno de una extensa capital, y en él se hallan reunidos: una hermosa biblioteca con 52,000 volúmenes y mas de 4,000 manuscritos (algunos de gran valor); una abundante galería de pinturas, rica sobre todo en excelentes cuadros de Holbein; colecciones estimables de medallas y antigüedades; un museo de historia natural completo, y de mineralogía y otros ramos; y todo eso sin perjuicio de importantes colecciones particulares, de un bonito jardin botánico y otros institutos importantes. En cuanto á los monumentos antiguos de la ciudad el único bien digno de atencion es la Catedral, edificio de orígen bizantino y reconstruido según el estilo gótico del siglo XI. Esta circunstancia, que produce el contraste de dos estilos entre algunas partes del monumento, el color rojo de su mampostería, su bella situacion sobre una colina dominando el Rin, y algunas curiosidades interiores, así como las tradiciones que estas evocan, dan á la Catedral interes considerable, no obstante la ausencia total de esas obras artísticas de adorno que la sencillez y el espiritualismo del culto protestante excluyen de los templos cristianos. El viajero no puede ménos que notar en Basilea ciertos rasgos característicos de las costumbres, que solo se encuentran en las localidades pertenecientes á razas germánicas. Donde quiera, en nuestras excursiones por Alemania, Holanda y la Bélgica flamenca, hemos encontrado un cierto espejito, símbolo original de curiosidad recatada, que en Basilea se muestra en todas las ventanas. Las mujeres asoman rarísima vez la cara al balcon ó la ventana, sea por recato de raza ó tradicion, sea por motivos de secta religiosa, ó acaso por gazmoñería huraña; pero como no por vivir encerradas y evitar las miradas indiscretas del que pasa por la calle dejan de ser mujeres, y por lo mismo curiosas, han inventado desde tiempos antiguos el consabido espejo, adherido a la ventana en el exterior, sobre un gancho que permite darle la situacion é inclinacion que se quiera. De ese modo la imágen de todos los que pasan por la calle y entran á las tiendas se reproduce delante de la curiosa, escondida detras de su ventana y ocupada en su labor ó su lectura, sin que nadie pueda escrutar el interior con indiscretas miradas, ni aun se aperciba de que su fisonomía ó sus actos están llamando la atencion arriba. La misma operacion se reproduce en todos los pisos de cada casa, que presentan interminables hileras de espejos giratorios; y no pocas llevan su curiosidad hasta duplicar el aparato en sus alcobas para tener la imágen completa de lo que pasa en la calle, lo que equivale para su curiosidad á aquello de _mascar á dos carrillos_. La pulcritud de las casas y calles de Basilea, como de todo mobiliario, es admirable. Se diría que allí vive una colonia de Holandeses, eternamente ocupada en las faenas del cepillo, la esponja y la brocha. Causa admiracion el extraordinario aseo de las casas en su interior y exterior, de las calles, los muelles y todos los edificios y lugares públicos; y es tal el prestigio de esa pulcritud que aun las casas mas viejas, pintadas con esmero y lustrosas, parecen acabadas de edificar. No pocos viajeros se rien de esos y otros rasgos curiosos; por mi parte diré que todo eso me encanta, porque la pulcritud es, en mi concepto, la prueba material del sentimiento de la dignidad y de la pureza moral, ó del candor de las costumbres ó las inclinaciones de una persona ó de una sociedad. En todos mis viajes he tenido ocasion de observar, sin excepcion, que los hechos jamas dejan de corresponder rigorosamente á la buena impresion de simpatía que causa á primera vista una ciudad aseada, ó al disgusto invencible que inspira una localidad sucia, pestilente y empolvada, como hay tantas en los países católicos de Europa. No hay quien visite á Basilea que no sienta su curiosidad muy picada por la chistosa tradicion de una costumbre muy original que hubo en la ciudad hasta fines del último siglo: la de tener todos los relojes públicos adelantados una hora, en prueba de gratitud, dicen, por un hecho análogo y casual que en otro tiempo salvó a la ciudad de un gran peligro. Confieso que la especie, aunque singular, no me pareció tan extravagante, considerada filosóficamente. Entre relojes desarreglados, preferiré siempre los adelantados á los atrasados, porque, despues de todo, con los primeros se vive mas apriesa y se trabaja mas en la via del progreso. Ya querría yo que adelantaran su reloj, siquiera un minuto por año, muchos hombres, partidos políticos, religiosos y económicos, y aun gobiernos y Estados, que no solo lo usan _atrasado_ sino hasta _parado_, porque no tienen valor para darle cuerda ni aceite _(ideas)_ para hacerlo andar. * * * * * En Basilea terminaba nuestra rápida excursion en Suiza, que debíamos continuar por la region del bajo Rin. Habíamos omitido visitar unos pocos cantones, ya porque carecen de interés particular, ya porque debian mas tarde, según nuestro plan, servir á nuestro itinerario respecto de Italia, del lado de la alta Lombardía. Pero los que habíamos recorrido, sobre ser los mas importantes, nos parecian suficientes para juzgar por comparacion del estado general de Suiza en la gran mayoría de los Estados confederados. Así, para terminar esta parte de mi segunda serie de observaciones de viajes, el lector me permitirá hacer el resúmen de los hechos generales mas importantes, del cual se podrán deducir consecuencias útiles y aplicables en mucho á nuestros pueblos hispano-colombianos. Veámos primero en qué órden se hallan los 22 cantones (de los cuales están subdivididos los marcados con asteriscos) por razón de su rango federal ó de admision, su extension territorial, su masa de poblacion y sus razas y religiones. ----------------------------------------------------------------------- | CANTONES | O d | E | O d | CIFRA | RAZAS | RELIGION | | | r e | x | r e | de | principales | dominante | | | d | t | d | poblacion | [27] | | | | e s | e | e p | en | | | | | n u | n | n o | 1860 | | | | | | s | b | | | | | | a | i | l | | | | | | d | o | a | | | | | | m | n | c | | | | | | i | | i | | | | | | s | t | o | | | | | | i | e | n | | | | | | o | r | | | | | | | n | r | | | | | | | | i | | | | | | | | t | | | | | | | | o | | | | | | | | r | | | | | | | | i | | | | | | | | a | | | | | | | | l | | | | | | | | | | | | | ----------------------------------------------------------------------- |Urí | 1º| 11| 22| 14,761| Alemana |Catª-romana| |Schwyz | 2º| 16| 17| 45,593| _id_. | _id_. | |Unterwalden*| 3º| 13| 20|[28] 24,960| _id_. | _id_. | |Lucerna | 4º| 9º| 7º| 130,965| _id_. | _id_. | |Zuric | 5º| 7º| 2º| 267,611| _id_. | Evangélica| |Zug | 6º| 22| 21| 19,667| _id_. |Catª-romana| |Glaris | 7º| 17| 19| 33,459| _id_. |Evangélica | |Berna | 8º| 1º| 1º| 468,515| _id_. | _id_. | |Solera | 9º| 15| 15| 69,527| _id_. |Catª-romana| |Friburgo | 10| 8º| 8º| 105,970| Francesa | _id_. | |Basilea* | 11| 18| 9º|[29] 93,024| Alemana |Evangélica | |Schaffhousen| 12| 20| 18| 35,616| _id_. | _id_. | |Appenzel* | 13| 19| 16|[30] 60,624| _id_. | _id_. | |San-Gall | 14| 6º| 5º| 181,091| _id_. |Catª-romana| |Grisones | 15| 2º| 10| 91,877| Italianas |Evangélica | |Argovia | 16| 10| 4º| 191,600| Alemana | _id_. | |Turgovia | 17| 12| 12| 90,347| _id_. | _id_. | |Tesino | 18| 5º| 6º| 131,396| Italiana |Catª-romana| |Vaud | 19| 4º| 3º| 213,606| Francesa |Evangélica | |Valles | 20| 3º| 11| 90,880| _id_. |Catª-romana| |Neuchâtel | 21| 14| 13| 87,847| _id_. |Evangélica | |Ginebra | 22| 21| 14| 83,345| _id_. | _id_. | ----------------------------------------------------------------------- [27] No incluyo aquí la raza judáica, porque está disemeninada en casi todos los cantones, en proporciones muy reducidas ó insignificantes. [28] _Obwalden_, 13,399; _Nidwalden_, 11,561. [29] _Basilea-Ciudad_, 41, 251, _Basilea-Campaña_, 51, 773. [30] _Exterior_, 48,604; _Interior_, 12,020. Ahora, si se atiende á la proporcion en que se encuentran las razas y las religiones, tendremos los siguientes resultados generales: RAZAS, POR CANTONES. Germánicas puras 14 cantones Latinas (francesa é italiana) 4 " Mixtas (es decir, con poblacion germánica y francesa, ó romano-germánica) 4 " La proporcion numérica de las razas en toda la Confederacion es la siguiente: Germánicas 1,743,519 almas Latinas 791,792 ----------- 2,535,341 INDUSTRIAS. La poblacion total de Suiza está distribuida, en cuanto á su condicion económica, del modo siguiente: En la agricultura, la ganadería y el corte de maderas 1,900,000 individuos En el comercio 140,000 En la industria 150,000 Artes, oficios, empleos, fuerza permanente, trasportes, etc. 315,311 ----------- Total 2,535,341 Tomando el término medio de las diversas estimaciones que se han hecho de la extension superficiaria de Suiza (unos 40,000 kilómetros cuadrados) resulta la proporcion média de 63 habitantes por kilómetro cuadrado; pero si se tiene en cuenta que los rios, lagos, nevados y montañas inhabitables ocupan por lo ménos 2/5 partes de la superficie, se encuentra la proporcion de 105--65 hab. por kilóm. cuadrado, densidad de primer órden, que explica en gran parte los progresos de Suiza, al mismo tiempo que la persistencia de su corriente de emigracion. RELIGIONES. Esa misma poblacion se halla distribuida, por razón de las comuniones religiosas, del modo siguiente, en números redondos: Evangelistas, ó protestantes calvinistas, ó reformados 1,492,737 Católico-romanos 1,039,304 Israelitas 3,500 Como se ve, las dos razas principales de Europa, segun las modernas denominaciones generales, que han vivido en profundo antagonismo durante muchos siglos, por no decir durante toda la era cristiana, coexisten en Suiza sin lucha ni colision alguna en el momento actual. Del mismo modo subsisten en el territorio comun de la Confederacion las dos grandes religiones enemigas (consideradas en lo esencial) en que está dividido el mundo cristiano. Pero ¿de qué manera se han distribuido esas razas en el territorio y se han implantado en ellas la iglesia evangelista y la católica-romana? Ningún principio perceptible, ninguna regla ha presidido á ese fenómeno de clasificacion social. La industria, la agricultura y el comercio han tenido que ajustarse en Suiza, como es inevitable, á las leyes de la topografía, superponiéndose ó concentrándose por zonas, según las facilidades que les ofrecen los climas, la composicion del suelo, lo elementos de navegacion y comunicaciones terrestres, etc. Así, nada es mas natural que la existencia de ciudades comerciales é industriales á orillas del Ródano y el Rin ó de los grandes lagos, la floreciente agricultura de las planicies y los valles, la explotacion de los bosques y praderas de las altas regiones montañosas, y la aclimatacion de ciertas industrias artísticas (como la fabricacion de relojes é instrumentos) allí donde el suelo, por su estrechez ó su pobreza, no es favorable á los trabajos agrícolas en escala considerable. Pero en punto á religion los fenómenos que se observan en Suiza parecen desmentir todas las reglas que algunos escritores han pretendido establecer acerca de la relacion natural entre la índole y las tradiciones de las razas y la índole de las religiones que les convienen. En efecto, juzgando por los hechos generales en Europa, se ha dicho que las razas latinas tienen instintos esencialmente católicos ó romanos y son las mas accesibles á esa religion, miéntras que las razas germánicas son mas congénitas del protestantismo. Y en realidad se nota la doble coincidencia de que las primeras obran colectivamente en lo politico y social bajo el principio de autoridad, en tanto que las germánicas tienen tendencias de fuerte individualismo, según el principio de libertad, que se acomoda muy bien á los sistemas protestantes. En Suiza es precisamente la raza germánica la que constituye la fuerza principal del catolicismo romano (en los cantones del lago de Lucerna, San-Gall, Friburgo, Solera, etc.), miéntras que las razas latinas son protestantes en su gran mayoría, formada por la poblacion de Vaud, Neuchâtel, Ginebra y los Grisones. Las religiones se han distribuido sin seguir ningún principio geográfico, y solo en virtud de causas artificiales, y se las ve entremezcladas en todo el territorio, ó separadas en algunas partes por fronteras invisibles ó completamente imaginarias. Así, la fidelidad de cada fraccion á su creencia respectiva no es mas que el resultado de la influencia poderosa, irresistible, que ejercen las tradiciones sobre los pueblos relativamente sedentarios ó confinados por la naturaleza á vivir dentro de los límites de un territorio particular. Sea de esto lo que fuere, lo que importa averiguar es la causa determinante de esa coexistencia ó armonía que subsiste en Suiza entre las muy distintas razas y religiones que predominan en el país. Allí viven en paz y fraternalmente el montañes y el habitante de los valles y las planicies, el franco-italiano y el aleman, el católico y el protestante; como viven en paz el Canton y la Confederacion, el individuo y la municipalidad. ¿A qué atribuir esa feliz situacion, que contrasta con el antagonismo en que viven las razas, las religiones, las clases sociales y los intereses en la mayor parte de los Estados europeos? No encuentro una explicacion satisfactoria sino en la organizacion política y social de Suiza, que en el fondo no es otra cosa que un conjunto armonioso de confederaciones libres eslabonadas en tres escalas. La Confederacion nacional es una república democrática cuyos miembros ó individuos se llaman _cantones_, todos iguales en derechos y deberes, todos libres y gozando de personalidad ó autonomía completa en sus negocios particulares. Cada Canton es una confederacion ó república democrática de distritos, tambien libres, autónomos é iguales entre sí, verdaderas repúblicas de 500--2,000--5,000 ó mas almas, en la mayor parte de los cantones, ó cuando ménos favorecidas por un régimen municipal muy liberal. Por último, cada distrito (que en muchos de los cantones parece mas bien una gran _familia_ que una entidad política) es una confederacion de vecinos libres, iguales, cuyo concurso simultáneo es indispensable para toda disposicion colectiva, y que gozan de autonomía real y efectiva en sus negocios personales. Esa triple escala de confederaciones ha sido prodigiosamente fecunda en bienes de todo género. Todas las razas y religiones han podido subsistir con seguridad y concurrir, según su genio particular, á la obra comun del progreso. Todas las formas del gobierno propio han podido tener aplicacion y ponerse á prueba para que los resultados, permitiendo la comparacion, hiciesen conservar lo bueno y desechar lo malo. Todas las industrias, todas las fuerzas y los intereses sociales han podido desarrollarse simultáneamente y, gracias al espíritu de emulacion consiguiente á la libertad autonómica, erizar á Suiza de bellas ciudades, fábricas activas, excelentes caminos, institutos de todo género, ferrocarriles, vapores, esmerados cultivos y mil manifestaciones de vitalidad y progreso. Las instituciones de Suiza han reposado por punto general en un principio fecundo: la armonía entre el derecho individual y la iniciativa ó autoridad colectiva. De este modo les gobiernos cantonales, municipales y federal han atendido eficazmente á todos los objetos de interes comun que exigen grandes esfuerzos colectivos,--al propio tiempo que los individuos han tenido siempre un vasto y libre campo donde ejercer su iniciativa y actividad personal. Esa libertad de que los Suizos han gozado y gozan ha producido dos grandes resultados: en primer lugar, cada suizo, sintiéndose libre y con dignidad, ha nutrido en su corazon el mas profundo y altivo sentimiento de patriotismo y fidelidad á la nacion, al canton y al distrito, en virtud del cual está pronto siempre á defender la patria y consagrarle su vida. Por eso la Suiza, en un dia de peligro, puede presentar en batalla 100,000 soldados que no están gravando su tesoro, y una reserva de 200,000 que forman la milicia de los cantones. Es inexacto decir que la Suiza se compone de varias razas y comuniones religiosas _separadas_; en realidad allí no hay mas que una raza: la de los hombres libres,--ni mas que un culto: el del patriotismo. En segundo lugar, como ningún producto natural del país está monopolizado[31], y el ciudadano es libre en su conciencia y su pensamiento,--libre para trabajar, viajar, asociarse, etc.,--la accion del interes individual ha hecho prodigios donde quiera en servicio de la riqueza y todos los elementos de la civilizacion. Y digo _prodigios_ intencionalmente, porque en ningún país de Europa el hombre ha tenido que luchar con tantos obstáculos como en Suiza, donde el suelo es un cáos y la fertilidad poco notable, y donde la nacionalidad se ha visto amenazada siempre por vecinos poderosos en antagonismo constante. [31] Los únicos artículos monopolizados en Suiza son: la pólvora y, en algunos cantones, la sal extranjera. Varios gobiernos se reservan los aseguros contra incendios y la amonedacion, y los correos y diligencias casi totalmente. Terminaré haciendo una observacion general que manifiesta cuánto las condiciones particulares de la Suiza se prestan al estudio comparativo de las razas y su civilizacion. Donde quiera noté en ese país, en las mesas de los hoteles como en los cafés, en los paseos y lugares públicos lo mismo que en las diligencias, los vapores y los ferrocarriles, la influencia benéfica que ejercen los cruzamientos de las razas, cuando ellos son el resultado de relaciones libres y de un contacto natural y espontáneo. Las razas que así se cruzan, léjos de degenerar mejoran notablemente, perdiendo mucho de sus defectos y fortaleciendo y puliendo sus cualidades, sin privarse por eso de toda su originalidad. El _Aleman_ de Suiza es mucho ménos nebuloso que el de la verdadera Alemania, mucho mas práctico, demócrata, generoso y accesible al progreso; miéntras que el Suizo de raza francesa es mucho mas formal, mas celoso de su personalidad, mas positivamente liberal y emprendedor que el _Frances_ puro (habituado siempre á recibir toda impulsion de la autoridad, á buscar la tutela del gobierno para todo). El libre contacto de las dos razas, favorecido por la emulacion y las instituciones democráticas, ha producido una feliz combinacion de las cualidades generosas y el espíritu lógico y claro del Frances, con la tenacidad, el sentimiento de personalidad, y la fidelidad á las tradiciones que distinguen á las razas germánicas. Sinembargo, salta á la vista la diferencia profunda de las dos razas en materia de gusto, si se observan con atencion las ciudades de los dos tipos, tales como Ginebra y Zuric. El espiritualismo aleman es mas bien de fantasía ó imaginacion y exagerado que práctico y natural. Sueña con éxtasis, perdido en las _nebulosas_, adora la música y la poesía; y sinembargo se distingue por su mal gusto. Cuando sueña es teniendo delante un enorme jarro de cerveza y dos kilógramos de pan; fuma brutalmente; come con voracidad y glotonería, y en todas sus manifestaciones es inculto, pero con candor y sin caer en cuenta de su mal gusto. El Suizo aleman no le va en zaga, contrastando en todo lo que es asunto de finura, gusto y elegancia con el suizo ginebrino, neuchatelés ó vaudense. Sinembargo, la sencillez, la sinceridad _cruda_ pero noble, y las cualidades morales y de actividad económica que adornan al honrado Suizo aleman, hacen que el viajero le disimule con benevolencia las asperezas de una corteza que encubre sérias y estimables virtudes. Por lo que hace á los negocios colectivos, los resultados no han sido ménos felices. Aglomerados en confederacion los veintidos cantones, algunos de territorio microscópico, han comprendido que para mantenerse en el rango de _Estados_, bajo el pié de igualdad, necesitaban rivalizar en progresos, consagrándose con noble emulacion á la obra de su engrandecimiento;--haciendo mucho, sin embarazar la accion individual. De ahí esa prodigiosa abundancia de museos, bibliotecas, colecciones científicas, hospicios y hospitales, colegios, escuelas especiales y escuelas primarias[32] que se encuentra en Suiza; de ahí tambien la excelencia de las carreteras que surcan el país en todas direcciones, la multiplicidad de ferrocarriles, el buen servicio de correos y telégrafos, y el esmero que se tiene porque las oficinas y los establecimientos públicos tengan una residencia material digna y agradable. A este propósito haré notar que el pueblo suizo, esencialmente práctico en todo, pero muy accesible á las reformas generosas que pasan por utopias en otros países, no obstante su palpable conveniencia, es el primero que en Europa ha ensayado el mejor de los sistemas penitenciarios de los Estados Unidos. Las modestas pero muy suficientes y bien mantenidas penitenciarias de Ginebra, Losana y San-Gall, y las casas de detencion de esas ciudades y de Berna, Basilea, Zuric, etc., son verdaderos modelos en su clase. En la gran mayoría de los cantones subsiste la pena capital, pero su aplicacion es muy rara. [32] Recordaré que en casi todos los cantones es obligatoria la instruccion primaria, y que el solo canton de Berna tiene 1,700 escuelas populares. Ademas de las grandes formalidades que para decretarla se requieren en casi todos los cantones, y particularmente en el de Unterwalden, la conciencia popular rechaza su aplicacion. Así, cuando se suele cometer un crímen capital, casi siempre se adopta la conmutacion, en términos que en Suiza es fenomenal el odioso espectáculo de una ejecucion. Casi está por demas decir que allí ningún delito _político_ tiene asignada la pena capital, barbarie que subsiste en gran parte de la Europa civilizada. Si esos rasgos hacen honor al carácter y la moralidad de los Suizos, hay otros dos, uno positivo y otro negativo, no ménos generales y estimables: me refiero á los hábitos hospitalarios y la ausencia de mendigos. Todo el mundo sabe que la Suiza, como país libre, neutral y central en Europa, es clásico en materia de hospitalidad. Allí encuentra el proscrito político simpatías, proteccion y asilo, particularmente en Ginebra, Zuric, Berna, Basilea, San-Gall y Losana, y no pocas veces sus gobiernos han probado su energía resistiendo á las exigencias de poderosos gobiernos implacables en la persecucion. En cuanto á la mendicidad, la organizacion comunal la evita con su prevision, la libertad del trabajo la conjura, la ley la prohibe severamente y la emulacion de los cantones la desacredita. No he visto algunos mendigos sino en Friburgo, que fué el cuartel general de frailes y jesuitas. Por lo que hace á manifestaciones materiales, no omitiré indicar algunas que me parecen características del pueblo suizo, y que son signos siempre seguros de bondad, moralidad, buen gusto y dignidad. Ya he dicho que la pulcritud es general, sobre todo en las localidades protestantes. Agréguese á ese rasgo: la extraordinaria ab